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Deja de buscar, déjate encontrar.

domingo, 1 de diciembre de 2019
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wachsam-1030x687Domingo I de Adviento

1 diciembre 2019

Mt 24, 37-44

Entre los creyentes, el término “adviento” –“venida del Señor”– evoca la esperanza de una plenitud futura que habría de saciar todos nuestros anhelos. Es sabido que los primeros discípulos de Jesús –y, probablemente, él mismo– esperaban un final del mundo inminente. Eso es, al menos, lo que indican las palabras que Marcos pone en su boca: “Os aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto [la “venida del Hijo del hombre”] suceda” (Mc 13,30; Mt 24,34).

El texto que se lee en este primer domingo de Adviento pertenece al llamado género apocalíptico. Este género literario, recurriendo a imágenes y a palabras que parecen evocar catástrofes, se utiliza para hablar de un futuro que se entiende como “renovación” o novedad radical.

Más allá de las imágenes utilizadas, la intención parece clara: es una llamada a “despertar”, a “estar en vela”, a “estar preparados”

¿En qué consiste “despertar”? En comprender qué somos. Lo cual significa salir de la creencia que nos identifica con el yo separado para llegar a la comprensión de nuestra verdadera identidad.

El yo separado se define por la carencia. Y eso mismo es lo que hace que se proyecte hacia “fuera” y hacia el “futuro”, buscando ahí la plenitud de la que carece. Donde hay identificación con el yo habrá inexorablemente soledad, miedo y ansiedad. Porque lo que llamamos “yo” es un haz de necesidades y miedos, invencibles en tanto en cuanto nos mantengamos en esa creencia errada, que constituye la ignorancia radical o, si se prefiere simbólicamente, nuestro “pecado original”. Ahí se encuentra, en efecto, el origen de nuestra confusión y de nuestro sufrimiento.

Es evidente que la persona en la que nos experimentamos es sumamente débil, frágil y vulnerable: pura necesidad. Pero la personalidad no constituye nuestra identidad. La primera es, en todo caso, la “identidad” pensada –lo que pensamos que somos, lo que nos han transmitido–; la segunda es “Eso” inefable que compartimos con todos los seres y constituye el “misterio” último de todo lo real.

“Personalidad” e “identidad” constituyen los dos niveles en los que nos movemos. La sabiduría pasa por desplegar nuestra personalidad en conexión con la identidad profunda.

La pregunta “¿quién soy yo?” remite a mi persona. Sin embargo, la de “¿qué soy yo?” apunta a mi identidad. A aquello a lo que se refería sabiamente José Saramago cuando expresaba: “Dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre; ese algo es lo que somos”.

Y si bien nuestra persona se define por la necesidad y la carencia, lo que somos realmente es plenitud. La comprensión de ello nos libera de la falsa creencia original y de la ansiedad que busca y proyecta fuera y en el futuro aquello que echa en falta.

A partir de ahí, dejamos de buscar y nos dejamos encontrar. Pero no por “alguien” que, desde fuera, nos salvara, sino por Aquello que somos en profundidad y que teníamos olvidado. Deja de correr ansiosamente y déjate “alcanzar” por aquello que eres.

Comprende qué eres y vive desde esa comprensión. Ahí se resume la invitación de Jesús: “Estad en vela”. El “Hijo del hombre” –otro modo de expresar nuestra identidad– “viene” –está viniendo–, pero no del futuro, sino de lo profundo.

¿Vivo buscando o dejándome encontrar por lo que soy?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Vivir lúcidamente, no a lo tonto

domingo, 1 de diciembre de 2019
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DROhGuWV4AAh_5TDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Noé.

Los tiempos cambian pero el ser humano se repite, al menos en muchos aspectos.

En tiempos de Noé pasaba lo mismo que nos ocurre hoy y siempre (al menos en cierto sentido): la gente comía, bebía, ahorraba, viajaba, se casaba, vivía de un modo un tanto inconsciente y se moría.

La gente se reía de Noé, porque el buen hombre estaba haciendo un arca, un barco, en pleno desierto: ¿para qué sirve una barca en el desierto? ¿Cuándo se han visto inundaciones en el Sahara?

Pero el diluvio llegó y arrastró al gentío que paseaba por las boutiques, por las playas y estaciones de nieve. Vivían, como hoy en una dulce estupidez.

Los diluvios y tsunamis llegan siempre en la vida y de las más variadas formas: enfermedades, rupturas matrimoniales, conflictos familiares, crisis de trabajo-paro, tensiones eclesiásticas, crisis del sentido de la vida, depresiones, de muerte. Y como no andemos espabilados, estos tsunamis nos llevan por delante sin enterarnos.

Las posibilidades son:

  1. vivir a lo tonto”, sin pensar, sin asumir la vida en su complejidad. Sería el “comamos y bebamos que mañana moriremos”, que ya decía San Pablo (1Cor 15,32). Por muy “Titanic” que sea el momento actual y seamos nosotros, también nos podemos hundir.
  2. quedarse atrancado en el sufrimiento y la amargura sin ver salida y, por tanto, sin esperanza. Dando vueltas a los problemas que no hacen sino hurgar en la herida sin curarla nunca y doliendo cada vez más.
  3. Caminar a la luz (Isaías), cayendo en cuenta del momento en que vivimos, despiertos del sueño (Romanos) y por tanto: Velad, estad despiertos, (Mateo).

El diluvio nos llega siempre.[1]

         Daos cuenta del momento en que vivís

  1. vivir a lo tonto: anestesia cultural.

La primera opción es claramente el capitalismo que pretende sumergirnos en una sedación crónica, cuando no en una marginación de los problemas, de las cuestiones más hondas del ser humano.

A este respecto podíamos aplicarnos lo que decía Ernst Bloch (neomarxista) ¿qué sentido tiene seguir “cocinando un plato” que no lo vamos a degustar definitivamente nunca?

No se permite que afloren las cuestiones fundamentales. Sobre todo los problemas del sentido de la vida, la muerte y las cuestiones éticas se pretenden resolver también por narcotización.

         Corta respuesta para cuestiones tan densas, Sancho.

  1. caminar despiertos y hacia la luz.

         Hay un refrán algo pesimista y un tanto corrosivo, como muchos otros proverbios: “vísperas de mucho, días de nada”. Pero, también podemos pensar que no estamos condenados a ser una “sinfonía incompleta”. La luz, la esperanza humanista y cristiana nos anuncian que hay futuro para todos.

         El barro del que estamos hechos los seres humanos es la esperanza y la nostalgia. Vivir es esperar. La esperanza rompe las desesperanzas, incluso el límite de la muerte.

Hoy en día vivimos en el club de los proyectos vivos y las esperanzas muertas. Pero solo se puede vivir humanamente con la esperanza como resorte estructural de la existencia.

El ser humano es esperante. La esperanza es una dimensión esencial a la condición humana. Las antropologías han definido en la esencia del ser humano de maneras varias. Hoy cabe que pongamos el acento en el ser humano como esperante. Vivir es esperar. La esperanza ha construido bien, serena y sensatamente la vida de los hombres y los pueblos. No es lo mismo vivir esperanzadamente que desesperadamente o en desesperación.

         La esperanza no es una virtud[2], como las demás, es una virtud contra las demás, escribía Charles Peguy, aunque en el fondo el pensamiento es de San Pablo: esperar contra toda desesperanza, (Rom 4,18). La esperanza amanece cuando nos embarga la noche de los fracasos y diluvios. Para quien todo se ha perdido, queda Dios.

La esperanza engrandece la vida, porque la abre hasta el infinito. Cuando todo se hunde y nos hunde, la esperanza renace.

         Pedro Laín Entralgo -médico humanista (1908-2001)-, lo decía brillante y esperanzadamente: el ser humano espera por naturaleza algo que no está en su naturaleza. No es una afirmación científica, ni siquiera lógica, pero es hondamente humana. Lo más profundo de mi ser es nostalgia y esperanza.

         Ser lúcido, vivir despiertos es vivir con la esperanza que escudriña el horizonte.

  1. Comencemos esperanzadamente el adviento.

         Comenzamos hoy el adviento (y el año litúrgico), el tiempo de la santa esperanza. La vida es un adviento continuo.

         La esperanza no se pone en cualquier cosa. La esperanza tiene su mirada puesta en el ser, en la ultimidad, en el Dios, que se nos hace presente en JesuCristo.

         Es bueno vivir las relaciones humanas en un tejido de respeto y confianza, pero la esperanza última descansa en Dios. Solamente en Dios descansa mi vida, (Salmo 61).

vivamos despiertos y atentos.

[1] ¿Habrá existido en la historia alguna persona que no haya atravesado por valles de tinieblas?

[2] Virtud: virtus en latín; significa fuerza, vitalidad.

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“Transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso”. 2 de noviembre de 2019. Conmemoración todos los Difuntos

sábado, 2 de noviembre de 2019
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CrossofLGBTQMartyrs800pxLeído en Koinonia:

Job 19,1.23-27a: Yo sé que está vivo mi Redentor.
Salmo responsorial: 24: A ti, Señor, levanto mi alma.
Filipenses 3,20-21: Transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso.
Marcos 15,33-39;16,1-6: Jesús, dando un fuerte grito, expiró

El tema de la «vida eterna» no es un tema tan claro e intocable como en el ámbito de la fe tradicional nos ha parecido. Buena parte de la reflexión teológica renovadora actual está pidiendo replantear nuestra tradicional visión al respecto, la que habíamos aceptado con ingenuidad cuando niños, y que mantenemos ahí como guardada en el frigorífico del subconsciente, y que no nos atrevemos a mirar de frente.

 A la luz de lo que hoy sabemos, no es fácil, en efecto, volver a profesar en plenitud de conciencia lo que tradicionalmente hemos creído: que somos un «compuesto de cuerpo y alma», que el alma la ha creado Dios directamente en el momento de nuestra concepción, y que como tal es inmortal; que la muerte consiste en la «separación de cuerpo y alma», y que en el momento de la muerte Dios nos hace un «juicio particular» en el que nos juzga y nos premia con el cielo o nos castiga con el infierno, con lo que ya sabemos tradicionalmente de estas dos imágenes. No resulta fácil hablar de estos temas, ni siquiera con nosotros mismos, en la soledad de nuestra conciencia frente a la esperada hermana muerte. Pero es conveniente hacerlo. La teología está asumiendo este desafío. Citamos sólo tres obras:

– Roger LENAERS, Otro cristianismo es posible, colección «Tiempo axial», Abya Yala (www.abyayala.org), Quito, Ecuador, 2007, con un capítulo expreso sobre el más allá, la vida eterna. El libro está puesto en internet y es muy recomendable como manual de texto para un grupo de formación que quiera actualizar su fe con valentía. Puede tomarse libremente, por capítulos (http://2006.atrio.org/?page_id=1616).

– También, John Shelby SPONG, Ethernal Life. A new vision, HarperCollins, 2010, 288 pp, publicado en español por la editorial Abya Yala de Quito, en su colección «Tiempo axial» (tiempoaxial.org).

– Hace ya unos 30 años Leonardo BOFF publicó su libro sobre escatología: «Hablemos de la otra vida» (Sal Terrae, que sigue reeditándolo actualmente; y está en la red, por cierto). Es una visión de los temas escatológicos desde una filosofía actualizada y desde una espiritualidad liberadora.

Los tres son muy recomendables, tanto para la lectura/estudio/oración personal, como para tomarlos como un manual de base para un cursillo de formación/actualización de nuestra fe en este ámbito de temas.

 • La fiesta de los fieles difuntos es continuación y complemento de la de ayer. Junto a todos los santos ya gloriosos, queremos celebrar la memoria de nuestros difuntos. Muchos de ellos formarán parte, sin duda, de ese «inmenso gentío» que celebrábamos ayer. Pero hoy no queremos rememorar su memoria en cuanto «santos» sino en cuanto difuntos.

Es un día para hacer presente ante el Señor y ante nuestro corazón la memoria de todos nuestros familiares y amigos o conocidos difuntos, que quizá durante la vida diaria no podemos estar recordando. El verso del poeta «¡Qué solos se quedan los muertos!», expresa también una simple limitación humana: no podemos vivir centrados exhaustivamente en un recuerdo, por más que seamos fieles a la memoria de nuestros seres queridos. Acabamos olvidando de alguna manera a nuestros difuntos, al menos en el curso de la vida ordinaria, para poder sobrevivir.

Por eso, este día es una ocasión propicia para cumplir con el deber de nuestro recuerdo agradecido. Es una obra de solidaridad el orar por los difuntos, es decir, de sentirnos en comunión con ellos, más allá de los límites del espacio, del tiempo y de la carne.

 • En algunos lugares, la celebración de este día puede ser buena ocasión para hacer una catequesis sobre el sentido de la «oración de petición respecto a los difuntos», para la que sugerimos esquemáticamente unos puntos:

-el juicio de Dios sobre cada uno de nosotros es sobre la base de nuestra responsabilidad personal, no en base a otras influencias (como si la eficacia de la oración de intercesión por los difuntos pudiera actuar ante Dios como “argolla, enchufe, recomendación, padrino, coima…”);

-Dios no necesita de nuestra oración para ser misericordioso con nuestros hermanos difuntos…; nuestra oración no añade nada al amor infinito de Dios, en cierto es innecesaria;

-no rezamos para cambiar a Dios, sino para cambiarnos a nosotros mismos;

-la «vida eterna» no es una prolongación de nuestra vida en este mundo; la «vida eterna», como todo el resto del lenguaje religioso, es una metáfora, que tiene contenido real, pero no un contenido “literal-descriptivo”. Leer más…

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“Transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso”. 2 de noviembre de 2018. Conmemoración todos los Difuntos

viernes, 2 de noviembre de 2018
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Cruz “mártires gays

CrossofLGBTQMartyrs800pxLeído en Koinonia:

Job 19,1.23-27a: Yo sé que está vivo mi Redentor.
Salmo responsorial: 24: A ti, Señor, levanto mi alma.
Filipenses 3,20-21: Transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso.
Marcos 15,33-39;16,1-6: Jesús, dando un fuerte grito, expiró

El tema de la «vida eterna» no es un tema tan claro e intocable como en el ámbito de la fe tradicional nos ha parecido. Buena parte de la reflexión teológica renovadora actual está pidiendo replantear nuestra tradicional visión al respecto, la que habíamos aceptado con ingenuidad cuando niños, y que mantenemos ahí como guardada en el frigorífico del subconsciente, y que no nos atrevemos a mirar de frente.

 A la luz de lo que hoy sabemos, no es fácil, en efecto, volver a profesar en plenitud de conciencia lo que tradicionalmente hemos creído: que somos un «compuesto de cuerpo y alma», que el alma la ha creado Dios directamente en el momento de nuestra concepción, y que como tal es inmortal; que la muerte consiste en la «separación de cuerpo y alma», y que en el momento de la muerte Dios nos hace un «juicio particular» en el que nos juzga y nos premia con el cielo o nos castiga con el infierno, con lo que ya sabemos tradicionalmente de estas dos imágenes. No resulta fácil hablar de estos temas, ni siquiera con nosotros mismos, en la soledad de nuestra conciencia frente a la esperada hermana muerte. Pero es conveniente hacerlo. La teología está asumiendo este desafío. Citamos sólo tres obras:

– Roger LENAERS, Otro cristianismo es posible, colección «Tiempo axial», Abya Yala (www.abyayala.org), Quito, Ecuador, 2007, con un capítulo expreso sobre el más allá, la vida eterna. El libro está puesto en internet y es muy recomendable como manual de texto para un grupo de formación que quiera actualizar su fe con valentía. Puede tomarse libremente, por capítulos (http://2006.atrio.org/?page_id=1616).

– También, John Shelby SPONG, Ethernal Life. A new vision, HarperCollins, 2010, 288 pp, publicado en español por la editorial Abya Yala de Quito, en su colección «Tiempo axial» (tiempoaxial.org).

– Hace ya unos 30 años Leonardo BOFF publicó su libro sobre escatología: «Hablemos de la otra vida» (Sal Terrae, que sigue reeditándolo actualmente; y está en la red, por cierto). Es una visión de los temas escatológicos desde una filosofía actualizada y desde una espiritualidad liberadora.

Los tres son muy recomendables, tanto para la lectura/estudio/oración personal, como para tomarlos como un manual de base para un cursillo de formación/actualización de nuestra fe en este ámbito de temas.

 • La fiesta de los fieles difuntos es continuación y complemento de la de ayer. Junto a todos los santos ya gloriosos, queremos celebrar la memoria de nuestros difuntos. Muchos de ellos formarán parte, sin duda, de ese «inmenso gentío» que celebrábamos ayer. Pero hoy no queremos rememorar su memoria en cuanto «santos» sino en cuanto difuntos.

Es un día para hacer presente ante el Señor y ante nuestro corazón la memoria de todos nuestros familiares y amigos o conocidos difuntos, que quizá durante la vida diaria no podemos estar recordando. El verso del poeta «¡Qué solos se quedan los muertos!», expresa también una simple limitación humana: no podemos vivir centrados exhaustivamente en un recuerdo, por más que seamos fieles a la memoria de nuestros seres queridos. Acabamos olvidando de alguna manera a nuestros difuntos, al menos en el curso de la vida ordinaria, para poder sobrevivir.

Por eso, este día es una ocasión propicia para cumplir con el deber de nuestro recuerdo agradecido. Es una obra de solidaridad el orar por los difuntos, es decir, de sentirnos en comunión con ellos, más allá de los límites del espacio, del tiempo y de la carne.

 • En algunos lugares, la celebración de este día puede ser buena ocasión para hacer una catequesis sobre el sentido de la «oración de petición respecto a los difuntos», para la que sugerimos esquemáticamente unos puntos:

-el juicio de Dios sobre cada uno de nosotros es sobre la base de nuestra responsabilidad personal, no en base a otras influencias (como si la eficacia de la oración de intercesión por los difuntos pudiera actuar ante Dios como “argolla, enchufe, recomendación, padrino, coima…”);

-Dios no necesita de nuestra oración para ser misericordioso con nuestros hermanos difuntos…; nuestra oración no añade nada al amor infinito de Dios, en cierto es innecesaria;

-no rezamos para cambiar a Dios, sino para cambiarnos a nosotros mismos;

-la «vida eterna» no es una prolongación de nuestra vida en este mundo; la «vida eterna», como todo el resto del lenguaje religioso, es una metáfora, que tiene contenido real, pero no un contenido “literal-descriptivo”. Leer más…

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“Un juicio extraño”. 26 de noviembre de 2017. Solemnidad de Cristo Rey. Mateo 25, 31 – 46

domingo, 26 de noviembre de 2017
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Las fuentes no admiten dudas. Jesús vive volcado hacia aquellos que ve necesitados de ayuda. Es incapaz de pasar de largo. Ningún sufrimiento le es ajeno. Se identifica con los más pequeños y desvalidos y hace por ellos todo lo que puede. Para él la compasión es lo primero. El único modo de parecernos a Dios: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».

¿Cómo nos va a extrañar que, al hablar del Juicio final, Jesús presente la compasión como el criterio último y decisivo que juzgará nuestras vidas y nuestra identificación con él? ¿Cómo nos va a extrañar que se presente identificado con todos los pobres y desgraciados de la historia?

Según el relato de Mateo, comparecen ante el Hijo del Hombre, es decir, ante Jesús, el compasivo, «todas las naciones». No se hacen diferencias entre «pueblo elegido» y «pueblo pagano». Nada se dice de las diferentes religiones y cultos. Se habla de algo muy humano y que todos entienden: ¿Qué hemos hecho con todos los que han vivido sufriendo?

El evangelista no se detiene propiamente a describir los detalles de un juicio. Lo que destaca es un doble diálogo que arroja una luz inmensa sobre nuestro presente, y nos abre los ojos para ver que, en definitiva, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos, o nos desentendemos y los abandonamos.

El que habla es un Juez que está identificado con todos los pobres y necesitados: «Cada vez que ayudasteis a uno de estos mis pequeños hermanos, lo hicisteis conmigo». Quienes se han acercado a ayudar a un necesitado, se han acercado a él. Por eso han de estar junto a él en el reino: «Venid, benditos de mi Padre».

Luego se dirige a quienes han vivido sin compasión: «Cada vez que no ayudasteis a uno de estos pequeños, lo dejasteis de hacer conmigo». Quienes se han apartado de los que sufren, se han apartado de Jesús. Es lógico que ahora les diga: «Apartaos de mí». Seguid vuestro camino…

Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida.

José Antonio Pagola

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“Se sentará en el trono de su gloria”. 26 de Noviembre de 2017. Ciclo A. Jesucristo Rey del universo

domingo, 26 de noviembre de 2017
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Leído en Koinonia:

Ezequiel 34,11-12.15-17: A vosotras, mis ovejas, voy a juzgar entre oveja y oveja.
Salmo responsorial: 22: El Señor es mi pastor, nada me falta.
1Corintios 15,20-26.28:Devolverá a Dios Padre su reino, y así Dios lo será todo para todos.
Mateo 25,31-46:Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros.

Problemática pastoral concreta de la festividad de Cristo Rey

Vamos a comenzar removiendo obstáculos, porque hay problemas respecto a los posibles significados de esta fiesta. Veamos algunos:

a) El origen de esta fiesta y su contexto original. Esta fiesta fue establecida en un contexto anterior al Vaticano II, en 1925, por Pío XI, y con un espíritu muy cercano al de cristiandad, cuando el Vaticano expresaba claramente su deseo de que el cristianismo fuera la religión oficial, la religión de los Estados cristianos. Al confesar a Cristo como Rey universal se quería con ello vehicular el deseo de que también la Iglesia fuese testigo y participante ya aquí en la tierra de esa realeza: una realeza de Cristo reconocida, redundaba inevitablemente en una Iglesia respetada, favorecida por el Estado, con alto estatus en la sociedad, fuerte y organizada, que aunque no podía ya revestirse de poder político temporal, al menos podía participar de él por una relación estrecha y armoniosa con los poderes sociales. Durante mucho tiempo, el título de “Cristo Rey”, el “reinado social del Corazón de Jesús”… incluyeron esos aspectos de autoencumbramiento de la Iglesia, olvidando que la práctica de Jesús de Nazaret fue muy distinta, incluso totalmente contraria.

b) El concepto de Reino-monárquico. El Reino no es hoy día la forma más frecuente de organización sociopolítica. La mayor parte de los países son repúblicas, de diferentes rostros, y los reinos que persisten, ya no lo son en su forma clásica, sino en adaptaciones a la cultura política actual (por ejemplo las monarquías “parlamentarias”) que, al superarla, niegan en el fondo la esencia misma de lo que era un “reino”.

Aun siendo conscientes de la limitación inevitable que todo lenguaje teológico tiene por su misma naturaleza analógica, figurada, simbólica, apofática… cada vez más se viene insistiendo en que la palabra “reino” no sería la más adecuada para expresar la utopía bíblico-mesiánica del Reino de Dios, porque en esta altura de la historia la palabra «Reino» ya no expresa una forma de organización sociopolítica deseable para los humanos. Cada vez se evidencia más la dificultad de hablar de Dios (y de Cristo) como “rey”, y de su proyecto escatológico como un “reino”. ¿Estamos seguros de que un reino, una monarquía, podría ser una analogía del “Reino de Dios” realizado? La realización del reino de Dios, ¿no exigiría la superación de muchos aspectos de lo que es una monarquía, un “reino”? Acaso una comunidad, ¿puede ser comparada con un «reino», con una «monarquía»? ¿Y una familia?

Pablo Suess viene proponiendo la expresión “democracia participativa del RD” para corregir la evocación que el término clásico conlleva. Ya sabemos que no se puede simplemente sustituir una expresión por otra, pero es bueno aludir con frecuencia a esa insuficiencia de la expresión clásica, para hacer caer en la cuenta a los oyentes, y para liberar al contenido (el Reino mismo, el significado), de las limitaciones del significante (una palabra no completamente adecuada).

Para hablar del Reino puede ser mejor hablar del Proyecto, de la Utopía de Dios… que hacemos nuestra: queremos «construir la Democracia de Dios, cósmica, pluralista, inclusiva, y por eso, amorosa, encarnación viva del Dios de los mil rostros, colores, géneros, culturas, etnias, sentidos…».

c) Connotación de género en la palabra “Reino”.

Es útil saber que en el ámbito de la teología feminista angloparlante se rechaza también la expresión (God’s Kingdom), a causa de su machismo larvado (kingdom alude directamente a king, no a queen…). En castellano no tenemos ese problema en esta expresión, pero el saber que existe en otras lenguas invita a prevenirlo en su uso consciente.

Los grandes temas de la fiesta de hoy y de la semana

Hay varios grandes temas que podrían servir para orientar la reflexión de la homilía o la reflexión del círculo bíblico o la comunidad cristiana en torno a los textos de este domingo. Habrá que elegir entre ellos. Aquí sólo los apuntamos:

a) El Reino de Dios, como contenido del mensaje de Jesús. Jesús nunca se proclamó Rey: nada más lejos de Él. Lo que Jesús hizo fue ponerse al servicio total del Reino, de forma que éste fue el centro mismo de su predicación y de su vida, la Causa por la que dio la vida. Importa pues hacer honor a la identidad verdadera de Jesús: Él no fue rey, ni lo quiso ser nunca, por mucho que algunos cristianos crean que llamándolo así lo honran… La intención puede ser buena, pero el título que de hecho se le atribuye no podría ser de su agrado.

Jesús habló del Reino, fue su servidor y su mensajero, pero sus seguidores se olvidaron del Reino. y lo constituyeron a él como el Reino mismo, como el Rey… El mensaje fue sustituido por el mensajero. Jesús nos indicaba el Reino, como la Causa por la que estaba apasionado y por la que dio su vida, y un buen grupo de seguidores se olvidaron de esa causa, y se enamoraron de Jesús. Es preciso volver a Jesús, y su Causa…

Para hablar concretamente del Reino es bueno reparar en el texto del prefacio de esta fiesta, que da una «descripción» muy plástica de su contenido. Esa idea fue recogida en el conocido estribillo del Salmo 71 del compositor Manzano, que dice: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia… es Paz… es Gracia… es amor, ¡venga a nosotros tu Reino, Señor». Bien glosada, y debidamente justificada esa perspectiva teológica, puede ser un buen guión para la homilía. Y no debería faltar ese canto en la celebración de hoy.

b) La relación entre cristocentrismo y reinocentrismo. Una cierta interpretación de esta fiesta –muy común por lo demás en el cristianismo en general– propicia un cristocentrismo exagerado, absoluto, que no hace justicia a la verdad de la revelación, al mensaje real de Jesús, a lo que Jesús realmente dijo, no a lo que después dijeron que había dicho. Importa pues pastoralmente discernir una «correcta jerarquía de valores», que la teología de la liberación fue la primera que dio en llamar “reinocentrismo”, con tal fuerza de persuasión, que no hay teología ni espiritualidad honesta que se puedan resistir.

c) El mesianismo de Jesús. La aclamación o la espera de Jesús como Rey se dio en el contexto del mesianismo: se esperaba un liberador. Hoy la postración es tal que ni siquiera se espera nada, pudiendo hacer de la aclamación de Jesús como Rey algo bien alejado de lo que el mesías supuso realmente para los que lo esperaron.

d) La dimensión escatológica: el final de los tiempos, nuestro ineludible caminar en la historia, el “juicio final”… El final del año litúrgico nos hace tematizar en nuestra reflexión el final mismo de la historia, y el final también de nuestras vidas personales. Pero ya en un contexto mental diferente, en el que sabemos que nuestra aventura humana no es la razón del cosmos, que el mundo no acabará el día que Dios decida acabar el ciclo de la humanidad y pasar a la vida eterna, y que no se trata de que estemos aquí para una prueba que se verificará en el día del juicio final, tras lo cual iríamos al cielo o al infierno…

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 100 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El juicio de las naciones». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1500100 Puede ser escuchado aquí:http://www.untaljesus.net/audios/cap100b.mp3

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo (5 minutos de entrevista con Jesús que vuelve a la Tierra) titulado «¿Fin del mundo?», relacionado con el escenario en el que transcurre la imagen del evangelio de este domingo; puede ser recogido en:http://emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=180089

Para la revisión de vida

El Reino de Dios fue el “leit motiv”, el estribillo de la vida de Jesús, el centro de su predicación, el motivo de sus milagros, la razón de ser de su fidelidad hasta la muerte, la corona de su resurrección. ¿Qué es para mí el Reino de Dios? ¿Está también en el centro de mi vida? ¿Es mi «Causa», como fue la de Jesús?
Tal vez yo soy de los muchos a quienes la expresión «Reino de Dios» vela más que revela el valor supremo de la vida de Jesús… ¿Me he preocupado por renovar mi comprensión de esa Utopía de Jesús, y de re-formularla adecuadamente?

Para la reunión de grupo

– Basándose en este texto del evangelio, se dice en la teología latinoamericana que, al fin y al cabo, los pobres (el amor efectivo hacia ellos, la opción por su causa) son el «único sacramento universal e imprescindible para la salvación». Todos los demás sacramentos, no son ni tan universales, ni tampoco imprescindibles. Comentar la frase y el tema.

– Si Jesús no fue rey históricamente –bien lejos que estuvo de serlo–, ni se llamó rey, ni dejó que le llamaran así, ni le hubiera gustado que le llamaran así, ¿tiene sentido que nosotros le aclamemos con ese título? ¿Por qué? ¿Podría un cristiano o una comunidad rechazar el dar ese título a Jesús, o ese título expresa un dogma? ¿Puede un cristiano ignorar o rechazar una advocación, una devoción, incluso una devoción oficial? ¿Por qué?

– La llamada “parábola del juicio final” nos cuenta claramente cuál es el criterio con el que «se nos va a examinar»: “tuve hambre y me diste de comer…”. ¿Me doy cuenta de que Dios no nos está pidiendo que hagamos nada «religioso», sino, sencilla y llanamente, que nos preocupemos del prójimo y lo ayudemos en todo lo que podamos?

– Contemplemos una imagen tradicional de “Cristo Rey”: corona, cetro, trono, ropaje… Hagamos un análisis simbólico de la imagen: ¿Qué evoca cada uno de estos elementos simbólicos en la mente o en la piedad de un cristiano/a sencillo/a? Hagamos a continuación un análisis teológico de lo expresado en la pregunta anterior. ¿Cómo calificar esas evocaciones? ¿Cuáles son evangélicas y cuáles antievangélicas? ¿En qué y por qué?

-Utilizar el episodio nº 100 de la serie radiofónica “Un tal Jesús” –citado más arriba– para una reunión de trabajo en el grupo o la comunidad. Tanto el texto como el audio –así como un sugerente comentario bíblico teológico– pueden ser tomados dehttp://radialistas.net/category/un-tal-jesus/

– ¿Qué podemos sugerir al sacerdote para la homilía e esta fiesta?http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/

Para la oración de los fieles

– Por la Iglesia de Jesús, para que siga siempre los pasos de aquél no vino a ser servido sino a servir, roguemos al Señor…

– Por todos los que ejercen poder y autoridad en este mundo, para que, como quería Jesús, acepten el poder como la herramienta que permite un servicio más universal y más eficaz, roguemos al Señor…

– Por las religiones que -como en otro tiempo el catolicismo- todavía hoy pretenden estados confesionales, santas cruzadas o repúblicas religiosas, en las que una religión impone a la sociedad la “realeza” de un Dios intolerante y uniformizador: para que comprendan que Dios es amor y pluralidad, y que está contra toda manipulación de su nombre, roguemos al Señor…

– Para que Jesús, el que “pasó haciendo el bien” y “se humilló pasando por uno de tantos” sea nuestro modelo, nuestro guía y -en ese sentido, sí- nuestro rey y nuestra fuerza en la “militancia” por el Reino de Dios, roguemos al Señor…

– Para que los cristianos, y especialmente los teólogos, entremos cada vez más en el nuevo paradigma del diálogo de las religiones, para que siempre sospechemos desconfiadamente de todo planteamiento cristocéntrico que venga a reducirse de hecho en un planteamiento eclesiocéntrico, roguemos al Señor…

Oración comunitaria

 Oh Dios que quisiste fundar todas las cosas en tu amor universal a todos los Pueblos, y en tu comunicación multiforme e inefable con todos ellos. Haz que toda la Creación y la Humanidad, unidas por el Cuidado mutuo y el Diálogo, logre la plenitud del Amor hacia el que siempre le has estado atrayendo. Tú que vives y estás presente en todos los pueblos y religiones desde siempre y para siempre. Amén.

Dios, Padre nuestro, que quieres que en nuestra vida nos veamos libres de toda esclavitud y que luchemos para liberar a los oprimidos, haciendo así presente tu Reino entre nosotros, te pedimos que guíes nuestros pasos para que construyamos un mundo en el que todos vivamos como hermanos, como auténticos hijos tuyos, en paz, en justicia y en libertad. Por Jesucristo.

Dios nuestro y de todos los Pueblos, Tú que, de un modo u otro, esperas a la Humanidad revestido de todos los nombres, por los caminos de todas las religiones; haznos comprender que Tú no quieres encomendarnos una evangelización que someta a los pueblos, ni que arranque culturas y religiosidades, sino un diálogo que promueva el Amor y la Justicia, la Verdad generosa y la Vida para todos y todas. Tú que vives y estás presente en todos los pueblos y religiones desde siempre y para siempre. Amén.

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Dom 26.12.17. Cristo Rey, Dios encarnado. Un examen de conciencia (1)

domingo, 26 de noviembre de 2017
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23755124_889165477927312_4790226567752676245_nDel blog de Xabier Pikaza:

Fiesta de Cristo Rey, termina el curso/año litúrgico 2017, y es hora de sentarse a «juzgar» (quizá mejor, a discernir), el sentido y marcha de la vida,a partir de la conciencia de humanidad que llevamos dentro.

El evangelio de este domingo de juicio/discernimiento y salvación, es Mt 25, 31-46, el «retablo» o parábola del juicio, que, como indicaré en la próxima postal, es un auto-retrato de Dios. Ciertamente, este pasaje pone a los hombres ante su más honda conciencia. Pero,al mismo tiempo, ofrece un retrato-robot del Dios de Cristo, que se encarna en los hambrientos y oprimidos de la historia.

Sólo desde el fondo del Dios encarnado puede hablarse de un «juicio de la historia de los hombres», que no es pura comedia, ni simple tragedia, sino un drama fuerte de vida, una aventura increíble de apertura al misterio de la libertad, el drama gozoso y fuerte del Dios de la Vida, que se sitúa ante sí mismo al situarse ante la historia invertida de los hombres.

— El juicio es ante todo un don gracia: el mismo Dios que es Rey viviendo, amando y animando en los oprimidos y expulsados (los sufrientes) de la historia,no desde arriba, sino dentro de ella.

— El juicio es un camino de los hombres en Dios. Viviendo y animando en nuestra propia vida, el Dios de Cristo nos anima a ser como él, dando de comer y beber, acogiendo y ofreciendo dignidad, cuidando a enfermos y encarcelados.

Entendido así, el juicio es un reto de los hombres, pero en especial un reto de Dios, que camina con nosotros como sabe el evangelio al llamarle «emmanuel». Desde ese fondo quiero ofrecer como texto base de mi visión de Mt 25, 31-45 el trabajo que envié al Encuentro mundial de Pastoral Penitenciaria Católica, que se celebró en Panamá,del 7 al 10 de Febrero de este año, bajo el patrocinio del CELAM.

Por diversas razones no pude acudir al encuentro, pero envié mi estudio bíblico, que ahora, al final del 2017,ofrezco a mis lectores,en un momento cristianamente luminoso y difícil, cuando gran parte de la población (incluso la cristiana) parece ir en contra de lo que dice este pasaje, empezando por los hambrientos y terminando por los encarcelados

Aprovecho esta ocasión para agradecer la invitación de los promotores de aquel encuentro y vuelvo a publicar en dos postales los elementos centrales de mi ponencia, dedicada al estudio de Mt 25, 31-46, desde la perspectiva de los encarcelados, que aparecen en el juicio como signo de los últimos del mundo, los juzgados y condenados de la historia

.A la luz de esos juzgados/condenados del mundo actal quiero ofrecer mi comentario (examen de conciencia) del juicio (¿condena?) de la historia de Dios, perspectiva de la parábola final del Evangelio de Mateo, que hemos venido estudiando este año.

Retomo para ello también las claves de lectura de mi Comentario de Mateo, que se ocupa de un modo especial de este pasaje, con otros trabajos que he dedicado al tema. Buen domingo a todos.

1. Un texto clave (25, 31-46)

En esta parábola, que constituye el final y compendio de las enseñanzas de Jesús, según el evangelio de Mateo, culminan los diversos aspectos del discurso escatológico de Mt 23-25 y de todo el evangelio, desde una perspectiva de revelación de Dios y juicio de los hombres. Algunos rasgos de la revelación y juicio de ese texto pueden encontrarse no sólo en Israel, sino en otras naciones y culturas cercanas y lejanas (de Mesopotamia a Grecia, de Egipto a China…). Pero en su conjunto, este pasaje ofrece un mensaje que es único en la historia de la humanidad y ha marcado no sólo la visión del cristianismo, sino de toda la cultura de occidente (y del mundo) .

[Parábola] 25 31 Pues cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria, y todos los ángeles con Él, entonces se sentará en el trono de su gloria; 32 y serán reunidas delante de Él todas las naciones; y separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. 33 Y colocará las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
[Salvación] 34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui extranjero y me acogisteis; 36 estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. 37 Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuando te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? 38 ¿y cuándo te vimos extranjero y te acogimos o desnudo, y te vestimos? 39 Y cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, vinimos a ti? 40 Respondiendo el Rey, les dirá: En verdad os digo: cada vez que lo hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí lo hicisteis.
[Condena] 41 Entonces dirá también a los de su izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el Diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; 43 fui extranjero y no me acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis. 44 Entonces ellos también responderán, diciendo: Señor, cuando te vimos hambriento o sediento, o extranjero o desnudo o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? 45 El entonces les responderá, diciendo: En verdad os digo: cada vez que no lo hicisteis a uno de esto más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.
[Conclusión] 46 E irán estos al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna .

1. Un texto mesiánico central
Mt 25, 31-46 es un texto de revelación suprema de Dios y de juicio humano, elaborado por la Iglesia desde una perspectiva israelita de pacto, condensando de esa forma el mensaje de Jesús, en línea de apertura universal (revelación de Dios) y de compromiso creyente, identificando a Dios (a su representante) con los necesitados, en un camino que va del hambre a la cárcel :

‒ Este pasaje responde al mensaje de Jesús, que había vinculado su Reino con el juicio que ha de aplicarse a todos los hombres, partiendo de la misericordia de Dios, la curación de los enfermos y la salvación de los pecadores. En esa línea, el mismo Jesús o sus seguidores inmediatos han podido afirmar que Dios se identifica con los pequeños y los pobres, con quienes sufre y a quienes ofrece salvación .

‒ Este pasaje responde al mensaje de Mateo, y contiene aspectos (elementos) des “derecho escatológico” (Lc 12, 8-9; Mc 8, 38), expresado en la figura del Hijo del hombre, que, por un lado, comparte la suerte de los pobres (con quienes se identifica) y, por otro, juzga a los pueblos según la manera que ellos han tenido de tratarles. En esa línea podemos afirmar que ha sido formulado en su sentido actual por una iglesia judeocristiana como la de Mateo .

El texto de Mt 25, 31-46 se encuentra poderosamente influido por la teología israelita del pacto de Dios con los hombres, tal como ha sido reformulada por Jesús en su anuncio del Reino de Dios, con su forma de servir a los necesitados y con su muerte mesiánica. Éstos son sus rasgos principales:

‒Todos los pueblos. Por una parte, el mismo Jesús aparece como Mesías que muere por los hombres (es decir, como Hijo del Hombre) y así viene a revelarse al fin como juez y/o sentido de la historia humana, recibiendo ante su tribunal a todos los pueblos, sin distinción de superioridad de unos sobre otros. Se trata de un juicio “civil”, sin referencia al pueblo de Israel, ni a la Iglesia en cuanto tal, ni a los signos estrictamente religiosos.

‒ Juicio a cada individuo. El juez final se identifica con los necesitados concretos, que ya no aparecen como “pueblos” (¡no hay uno buenos y otros malos, pueblos salvados y otros condenados!), sino como personas, esto es, como individuos concretos, y juzga a cada hombre o mujer en concreto, cada uno con su responsabilidad ante los otros hombres o mujeres en cuanto necesitados, por encima de su pertenencia a un pueblo a otros.

‒ “Justicia” mesiánica. Esa justicia, que es la paz de Dios (la reconciliación final) viene a revelarse por medio de Jesús, el Emmanuel, Dios con nosotros (1, 23), que, por un lado, aparece como el pobre por excelencia (hambriento, extranjero, desnudo, enfermo, encarcelado) y, por otro, vine a presentarse, como aquel que ayuda a los pobres (hambrientos, enfermos, hambrientos, encarcelados). Dios mismo viene a revelarse por lo tanto como el necesitado (¡plano místico!) y como aquel que se expresa en la ayuda a los necesitados (¡plano de redención activa!).

2. Juez final, necesidades humanas

Éste es un texto paradójico en varios sentidos, pues recoge de forma universal la novedad del mensaje judío y cristiano de Jesús y de la Iglesia primitiva, sin que aparezcan expresamente sus rasgos confesionales, de manera que puede y debe entenderse como expresión del sentido de la humanidad en su conjunto:

‒ Por un lado, esta palabra proviene de la historia de Israel, y así recoge el mensaje central de la Ley y los profetas. Pero lo hace de un modo abierto a todos, pues no contiene nada exclusivamente judío, ni en su formulación (no habla del Dios Yahvé, ni del templo…), de manera puede aplicarse y se aplica por igual a todos pueblos, que vienen ante el Gran Juez con los mismos derechos y deberes, como si la pertenencia israelita no contara (y no cuenta en ese plano). El juez final aparece como Hijo del Hombres, es decir, como humanidad universal, como eso que pudiéramos llamar el principio divino de la humanidad.

‒ Es un texto cristiano y eclesial, y, sin embargo, no contiene ninguna referencia a la Iglesia, ni a Jesús, entendido de un modo confesional, pues el juez final no aparece como fundador de una religión especial, ni siquiera como el Cristo cristiano, sino simplemente como Hijo del Hombre, esto es, como principio divino de la humanidad y signo (portador) de las necesidades humanas . Ciertamente, el cristiano puede afirmar que ese juez final es el mismo Jesús de Nazaret, cuya historia está contando el evangelio de Mateo, pero ello no se dice expresamente. El texto en sí sólo supone y afirma el Dios del juicio se identifica con las mismas necesidades humanas (o, mejor dicho, con los necesitados). Leer más…

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Dos regalos, con una condición. Fiesta de Cristo Rey. Domingo 34 Ciclo A.

domingo, 26 de noviembre de 2017
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a_7Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj: 

El último domingo del año litúrgico se dedica a celebrar la victoria del Señor, después de haber recordado los momentos difíciles y duros de su vida. Pero las lecturas no nos hablan de una celebración de campanas al vuelo y ceremonias deslumbrantes. Hablan de lo bien que se porta Cristo Rey con nosotros y de la respuesta que espera de nuestra parte.

Primer regalo: su preocupación por nosotros (lectura de Ezequiel)

                En el Antiguo Oriente, la imagen habitual para hablar del rey era la del pastor. Simbolizaba la preocupación y el sacrificio por su pueblo, como la de un pastor por su rebaño. En la práctica, no siempre era así. El c. 34 de Ezequiel habla de los reyes judíos como malos pastores que han abusado de su pueblo y luego se han desinteresado de él y lo han abandonado cuando se produjo la caída de Jerusalén y la deportación a Babilonia.

Pero Dios no va a permanecer impasible: eliminará a esos malos reyes y ocupará su puesto haciendo dos cosas: 1) como Rey-pastor, buscará a sus ovejas, las cuidará, etc. 2) como Rey-juez, juzgará a su rebaño, defendiendo a las ovejas y salvándolas de los machos cabríos (por eso llamamos en España “cabrones” a los que se portan mal con otros).

                El texto del evangelio (el Juicio Final) empalma con el segundo tema. Pero la liturgia se ha centrado en el primero, que subraya la preocupación de Dios por su pueblo. Es interesante advertir la cantidad de acciones que subrayan su amor e interés: «seguiré el rastro de mis ovejas, las libraré, apacentaré, las haré sestear, buscaré, recogeré, vendaré a las heridas, curaré a las enfermas». En el contexto de la fiesta de hoy, estas frases habría que aplicarlas a Jesús y ofrecen una imagen muy distinta de Cristo Rey: no lo caracterizan el esplendor y la gloria sino su cercanía y entrega plena a todos nosotros. Buen momento para recordar cómo se ha comportado con cada uno, buscándonos, librándonos, curando…

Así dice el Señor Dios: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro.  Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear -oráculo del Señor Dios-. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; curaré a las enfermas: a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré« como es debido.  Y a vosotras, mis ovejas, así dice el Señor: Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío.»

Segundo regalo: victoria sobre la muerte (lectura la 1ª carta a los Corintios)

Pablo, influido sin duda por las campañas romanas de su tiempo, presenta a Dios Padre como el gran emperador que termina triunfando y sometiendo todo. Pero quien guerrea en su nombre es Cristo, que debe enfrentarse a numerosos enemigos. El último de ellos, el más peligroso, es la muerte, a la que Jesús vence en el momento de resucitar. De esa victoria sobre la muerte participamos también todos nosotros. El fin del año litúrgico, que recuerda el fin de la vida, es un momento adecuado para superar la incertidumbre y la angustia ante la muerte y agradecer la esperanza de la resurrección.

Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Y, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo había sometido todo. Y así Dios lo será todo para todos.

Una condición (evangelio)

El evangelio no se centra en el triunfo de Cristo, cosa que da por supuesta, sino en la conducta que debemos tener para participar de su Reino.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha:

̶  Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme. 

Entonces los justos le contestarán:

̶  Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? 

Y el rey les dirá: 

̶  Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. 

Y entonces dirá a los de su izquierda:

̶  Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.

Entonces también éstos contestarán:

̶  Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?

Y él replicará:

̶  Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.

Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

La parábola es tan famosa y clara que no precisa comentario, sino intentar vivirla. Pero indico algunos datos de interés.

                1. A diferencia de otras presentaciones del Juicio Final en la Apocalíptica judía, quien lo lleva a cabo no es Dios, sino el Hijo del Hombre, Jesús. Es él quien se sienta en el trono real y el que actúa como rey, premiando y castigando.

                2. Los criterios para premiar o condenar se orientan exclusivamente en la línea de preocupación por los más débiles: los que tienen hambre, sed, son extranjeros, están desnudos, enfer­mos o en la cárcel. Estas fórmulas tienen un origen muy antiguo. En Egipto, en el capítulo 125 del Libro de los Muertos, encontramos algo pareci­do: «Yo di pan al hambriento y agua al que padecía sed; di vestido al hombre desnudo y una barca al náufrago». Dentro del AT, la formulación más parecida es la del c.58 de Isaías: «El ayuno que yo quiero es éste: partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no cerrarte a tu propia carne.» Lo único que Jesús tendrá en cuenta a la hora de juzgarnos será si en nuestra vida se han dado o no estas acciones capitales. Otras cosas a las que a veces damos tanta importancia (creencias, prácti­cas religiosas, vida de oración…) ni siquiera se mencionan.

                3. La novedad absoluta del planteamiento de Jesús es que lo que se ha hecho con estas personas débiles se ha hecho con El. Algo tan sorprendente que extraña por igual a los condenados y a los salvados. Ninguno de ellos ha actuado o dejado de actuar pensando en Jesús; pero esto es secundario.

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Jesucristo Rey del Universo. 26 noviembre, 2017

domingo, 26 de noviembre de 2017
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“Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.”

(Mt 25, 31-46)

Estos textos bíblicos en los que los buenos quedan separados de los malos me lleva a preguntarme: ¿somos imagen de Dios o hacemos a Dios a nuestra imagen?

Cada vez me cuesta más pensar en un Dios que se sienta a separar. ¿Cómo puede Dios Trinidad, que es comunión, sentarse a separar?

Tampoco me convence el otro extremo de pensamiento: “Total, si todo vale, vivo a mi bola sin preocuparme.” Creo que nuestra vida cuenta, y nuestras acciones y oraciones la encaminan en un sentido o en otro. Nos vamos haciendo personas cada vez más plenas o cada vez más vacías. Con todo, siempre, siempre, estamos a tiempo de volvernos hacia la plenitud.

La bondad y la maldad no son dos fuerzas iguales y contrarias. El mal no puede ya vencer porque ya fue vencido. No tiene poder sino que se encamina a su fin. Esta es nuestra esperanza, nuestra fe.

Creemos que Dios ha vencido al mal, a la muerte, a la oscuridad. Caminamos hacia la VIDA.

Muchas veces la realidad parece decir todo lo contrario. Seguramente más de una persona estará pensando: “¿cómo puede decir que el bien ya ha vencido cuando estamos viviendo una situación política tan convulsa, cuando los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres y numerosos, cuando la naturaleza entera parece no resistir más… (aunque algunos sigan negado el cambio climático…)?

Es verdad, la lista de cosas que no funcionan es larga. Pero lo bueno es más grande y más resistente. Por cada gesto de violencia y desconfianza, por cada injusticia hay cientos de gestos de generosidad, de acogida y de reconciliación que nos van trasformando. No los apreciamos porque nos parecen “lo normal”, lo que debiera ser. Eso significa que la inmensa mayoría de la humanidad desea lo bueno, lo justo, lo que nos permite convivir.

La fiesta de Jesucristo como Rey del Universo nos viene a recordar la bondad que ya somos en semilla y en la que debemos esforzarnos por crecer. Si Cristo comienza a Reinar es que la Vida, lo Bueno, el Bien…¡ha vencido!

Podemos repetir con confianza las palabras de la mística medieval Juliana de Norwich: ¡Todo irá bien, y todo irá bien y absolutamente todo acabará bien!

Oración

Aumenta nuestra fe y nuestra confianza. Danos una mirada llena de esperanza que sepa descubrir y agradecer la bondad escondida en cada corazón humano en todos los rincones de la creación. ¡Amén!

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El “Jesús del Gran Poder” es el reflejo de nuestros sueños.

domingo, 26 de noviembre de 2017
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169f5f0a-6e48-4119-af5d-049213cb9633Mt 25, 31-46

Jesús nunca reivindicó ningún reino para sí. Todo lo contrario, dijo expresamente que, “el que quiera ser primero, sea el servidor”. Afirmó de palabra y con su vida, que él “no venía a ser servido, sino a servir”. Después del ayuno en el desierto, el ser dueño y señor del mundo se le presenta como una tentación. ¿No hemos ocupado el lugar del tentador, cuando, sin pedirle consentimien­to, le hemos dado todos los reinos del mundo? Jesús criticó muy duramente todo poder. Después de la multiplicación de los panes, nos dice Juan: «Viendo que querían echarle mano para proclamarle rey, se retiró a la montaña.»

¿No hemos superado la burla macabra de los soldados, poniéndole una corona de oro, un manto real y un cetro cargado de brillan­tes? O no he entendido nada del evangelio o este cetro y esta corona es mucho más denigrante para Jesús, que la caña y las espinas. Cuando Pilato pone el título sobre la cruz, «Éste es el rey de los judíos», lo hace para burlarse de él y de los judíos. ¿No será también una burla llamarle rey del universo?

¿Cómo surge esta tergiversación del mensaje de Jesús? Nuestro ego narcisista está incapacitado para asumir su desaparición. Tiene una capacidad increíble para revolverse sobre la punta de una aguja y salirse con la suya. Como la propuesta de Jesús era inasumible, la presenta como una estrategia para conseguir plenitud de gloria. Así, cuando Jesús dice que la meta de su vida es el don total a los demás, el ego la interpreta como el único medio para ser glorificado por Dios. Una vez presentada así la trayectoria de Jesús, será muy fácil hacernos ver que la nuestra debe seguir el mismo camino.

El ser humano, como la vela, está hecho para dar luz, pero la vela, nada más encenderla, se empieza a consumir. La vela, hasta que no es encendida, es un trasto que rueda por los cajones. El día que se va al luz, la buscamos y la encendemos. En ese momento empieza a ser vela. Nuestro ego nos impide aceptar esta perspectiva. Nada ni nadie le puede convencer de que su objetivo es desaparecer, menos aún, en beneficio de los demás. El colmo del desastre fue que descubrió la manera de emplear toda la parafernalia espiritual para conseguir su propio objetivo. No hay forma de que pueda cambiar de perspectiva.

Fijaros qué contradicción. Para celebrar la gloria de Jesús recordamos el momento de su vida donde mejor dejó reflejada su actitud vital, la eucaristía. Yo, como el pan, me parto y me vuelvo a partir para que me coman. Me dejo masticar, tragar, asimilar para alimentar a otros, aunque sea a costa de desaparecer. Yo entrego mi vida (mi sangre) a los demás para que la hagan suya y puedan trasformar su propia vida. La sangre solo se puede entregar a costa de la propia vida. Si la doy a los demás, me quedaré sin ella. Todo esto lo celebramos como un rito más, pero para nada condiciona mi propia existencia.

Sin duda, el Reino de Dios fue el centro de la predicación de Jesús. La imagen de Dios como rey de Israel se remonta a la época de la entrada en Palestina del pueblo judío. Para un nómada nada podía significar la idea de un rey; pero cuando entran en contacto con las estructuras sociales de la gente que vivía en ciudades, los israelitas piden a Dios un rey. Esto fue interpretado por los profetas, como una traición a Yahvé. Poco a poco se va enriqueciendo esa idea y termina por ser la imagen clave para la apocalíptica. El final de la historia será un Reino de Dios que termina por sobreponerse a todos los demás.

Solo en este contexto cultural podemos entender la predicación de Jesús sobre el Reino de Dios. Sin embargo, el contenido que le da es muy distinto. En tiempo de Jesús, el futuro Reino de Dios se entendía como una victoria del pueblo judío sobre los gentiles y una victoria de los buenos sobre los malos. Jesús predica un Reino de Dios, del que van a quedar excluidos lo que se creían buenos y van a entrar las prostitu­tas, los pecadores, los marginados. Los gentiles serán llamados y muchos judíos quedarán fuera.

El Reino predicado por Jesús ya está aquí, ha comenzado ya: «el Reino de Dios está dentro de vosotros”. Esta idea desbarata todo nuestro montaje sobre el reino de Dios. No se trata de preparar un reino para Dios, se trata de un Reino que es Dios, no de que Dios tenga un reino. Haremos que se vea con nuestra manera de actuar, pero solo después de haber descubierto su presencia en lo más hondo de nuestro corazón. Es un reinado del AMOR. No es un reino de personas físicas, sino de actitudes vitales. Cuando me acerco al que me necesita preocupándome por él, hago presente el Reino de Dios.

Cuando Pilato le pregunta si es rey, contesta Jesús: “mi reino no es de este mundo”. No quiere decir que vendrá después o que estará en otro lugar, sino que no tiene nada que ver con lo que él entendía por reino. Al insistir Pilato, Jesús le dice: «sí, soy rey, yo para esto he venido al mundo, para ser testigo de la verdad.» Ser testigo de la verdad, ser auténtico, ser verdad, es la única manera de ser dueño de sí mismo, y por la tanto de ser dueña de la realidad entera. Jesús es rey de sí mismo y así es Rey en absoluto.

El Reino de Dios, lo divino que nos inunda, es un fermento, un alma, una luz que transforma mi ser y toda la realidad. Se manifiesta como una cualidad, pero en realidad, es mi esencia. Yo tengo que esforzarme por hacerla surgir desde lo hondo de mí mismo, aceptando que viene a absorberme. Es necesario que tras haber cooperado con todas mis fuerzas a hacerla brotar, consienta en la comunión, en la que mi propia individualidad se hundirá y acepte convertirme en su alimento (Teilhard de Chardin).

Después de lo dicho podemos comprender que no se trata de entronizar a Jesús ni antes ni después de morir. Lo Crístico, es decir, lo que significa y encarna la figura de Jesús, es lo que tiene que reinar entre nosotros. Cuando decimos: reina la armonía, reina la paz, etc. estamos hablando de un ambiente envolvente que permite su desarrollo. Hablar del reinado de Cristo significa que su mismo espíritu mueve también nuestra existencia.

En el relato que hemos leído, encontramos la clave de la encarnación. Dios no se hace un hombre, sino que se hace hombre. El que juzga es el Hombre, el punto de contraste para valorar una vida humana es la semejanza con Jesús “el Hombre”. No tenemos que esperar ningún juicio desde fuera. Mis actitudes van manifestando en cada momento el grado de identificación con el modelo de Hombre. En la medida que me identifique con el modelo, me salvo; en la medida que me separe de él, me voy condenando.

Hemos conseguido un cristianismo cómodo colocando a Dios en el cielo. Sería demasiado peligroso descubrir a Dios encarnado en cada uno de los seres humanos que nos rodean. Pero no hay escapatoria. Dios es encarnación y lo tenemos que descubrir en las criaturas. “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”. La pregunta de los rechazados deja bien claro que, si hubieran descubierto la presencia de Dios en el necesitado, lo hubieran socorrido. La tarea es descubrir lo que somos.

Meditación

A Dios no le servimos para nada.
Los demás sí necesitan de nosotros.
Si quieres llegar a Dios cuida del otro.
En él lo encontrarás pobre y necesitado.
Al cuidar con amor de sus heridas,
restañarás las tuyas.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

 

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Amigo de la vida

domingo, 26 de noviembre de 2017
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e439d58f-60eb-427a-a47f-3bb100fb79eeEl primer encanto de la vida es servir a la humanidad (Luigi Cherubini en Les deux journées)

26 de noviembre, Festividad de Cristo Rey.

Mt 25, 31-46

Os aseguro que lo que hayáis hecho a uno de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis

El gran filósofo griego Aristóteles defendía que el hombre debía tener como gran objetivo la práctica del bien, pues solamente adoptando esta conducta tendría una vida virtuosa y, consecuentemente, feliz. Su ética era fundamentalmente humana y de carácter social, vertida desde el interior hacia el exterior. Una visión socio-teológica que él consideraba clave en el comportamiento de los hombres para el logro de su felicidad. Idea que condensaba en estas palabras: “El desarrollo de los potenciales personales en el contexto de una vida equilibrada puede convertirse en la llave del bienestar”.

Así lo reconoció san Pablo en el discurso de despedida a los efesios, en uno de sus viajes apostólicos: “Más felicidad hay en dar que en recibir”, les dijo (Hch 20, 35). No podía ser de otro modo, dado el espíritu de caridad reinante en las primeras comunidades cristianas. En aquellos años iniciales no se utiliza aún el vocablo “iglesia”. El término comunidad era “los hermanos”. Se les reconocía por lo que era su dimensión más característica: su sentido de la fraternidad. Pedro recuerda que esto fue lo que hizo Jesús: “Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal, porque Dios estaba con él” (Hch, 10, 38).

Los “cristianos” (Nombre de fecha tardía aplicado a los seguidores de Jesús) saben y entienden cómo aplicar en su dimensión humanitaria la doctrina del Maestro: “Todos los que iban creyendo abrigaban el mismo propósito y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y lo repartían entre todos según la necesidad de cada uno” (Hch 2, 44)

Los investigadores han podido demostrar que nuestro bienestar no depende únicamente de nuestra actividad, sino también del hecho de estar presentes o no a lo que hagamos. El teólogo suizo Hans Küng lo expresa en su obra Un nuevo mundo ahora, en estos términos: “El despertar espiritual no es ya una opción sino una necesidad, si queremos que la humanidad y el planeta sobrevivan” (Sin olvidar aquello de que cambiar el mundo significa transformarse a sí mismo para servir mejor a los demás).

Esta conducta de compromiso hacia los otros se hace palmaria en el Evangelio. La doctrina de Jesús se centra en el servicio caritativo al prójimo y, en particular, a los más débiles y más necesitados. Quienes así hacen serán los más dignos del Reino, porque: “Os aseguro que lo que hayáis hecho a uno de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40).

Como ejemplo reciente de este comportamiento altruista podemos presentar, entre tantas otras, la figura del británico Nicholas Winton (1909-2015), filántropo hebreo, banquero de profesión, que salvó a casi 700 niños judíos de la muerte a manos de los nazis en 1939; hecho ampliamente reconocido por la sociedad. La reina Isabel II le nombró en 1993 Miembro del Imperio; en diciembre de 2002 le condecoró con el título de Caballero por sus servicios a la Humanidad y, en 2010, el Gobierno británico le concedió además la medalla de Héroe del Holocausto. Tiene un monumento escultórico en la estación principal de ferrocarril de Praga.

El coro final de la ópera Les deux journées, del compositor italiano Luigi Cherubini (1760-1842), expresó con satisfacción la idea del servicio: “El primer encanto de la vida es servir a la humanidad”.

LA ALONDRA, UNA MANERA DE PENSAR

Soñé también que alondra era
sobre la era de un pueblo castellano.

Un punto allá en el cielo,
bendiciendo trigales con sus versos.

Los labriegos buscaban su cantar
y su figura en las alturas.

Mas sólo la veían las miradas
comprometidas con lo que cantaba.

……………………….

Admirados un día se quedaron
todos los del pueblo.

“El Búho y la Alondra darán juntos
un extraño concierto”.

Se reunieron todos en la era,
que era un comunal espacio.

Actuaban el Búho Soliloquio
y la Alondra del pueblo castellano.

Entonaron celestiales ideas
Sembradas en besanas terrenales.

Les escucharon todos y aplaudieron,
porque lo que cantaron

¡era Forma de Vida para Todos!
También estaba Dios en el teatro.

(SOLILOQUIOS. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Diferencias irreconciliables.

domingo, 26 de noviembre de 2017
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imagesMt 25,31-46. Evangelio del domingo 26-noviembre-2017

La imagen del Hijo del Hombre sentado en el trono, separando las cabras de las ovejas, donde las primeras sufren un castigo eterno, mientras que las segundas se quedan con Él, nos deja algo perplejos y con un nudo en la garganta. Cuesta reconocer a un pastor bueno tan selectivo. ¿Cómo leer en este relato la buena noticia del evangelio?

En primer lugar, hay que situar la narración en un contexto rural. Y la gente del campo maneja un dato fundamental: que las cabras van más a su aire, mientras que a las ovejas les gusta la pertenencia y por eso necesitan estar en un rebaño y dejarse guiar por su dueño. Las ovejas no son más perfectas que otras criaturas, sino menos independientes; se comprenden a sí mismas en el grupo, y tienen en cuenta a las demás.

En segundo lugar, no debemos perder de vista el carácter del Señor (que lo mantiene siempre). El profeta Ezequiel ya adelantaba en la primera lectura que el modo de proceder de Dios es salir permanentemente por los caminos a buscar en persona a los descarriados y a los enfermos para curarlos y llevarlos con Él. Nunca nos da por perdidos. Jesús se encargó una y otra vez de ratificar esta idea en múltiples parábolas en las que nos dibujó un buen retrato de sí mismo. Capaz de dejarlo todo por una sola oveja extraviada.

En tercer lugar, recordar que Jesucristo ha vencido a la muerte para ensanchar la vida. La acción más importante y definitiva que el Señor ha hecho sobre la historia ha sido precisamente abrir ya aquí la puerta a un reino que no tiene fin, en el que Él es Rey sin dejar de ser ese Pastor que nos mima y cuida continuamente. Este es el verdadero significado de la festividad de hoy: este modo de ser Señor.

Por último, caer en la cuenta de que, entonces, lo que nos queda por hacer, es estar en sintonía con Él (incluso aunque no le reconozcamos ni sepamos pronunciar su nombre). La praxis de la misericordia y la compasión es lo que más nos asemeja y acerca a Dios; mientras que el desprecio y la indiferencia ante el sufrimiento de los otros es lo que más nos aleja. El Señor no nos condena, al contrario; sería absurdo e incompatible con todo lo que ha hecho y sigue haciendo por nosotros. La propuesta de esta narración del evangelio justamente ahonda en esta misma dirección, porque nos invita a reflexionar en la radicalidad de la misericordia y a concluir que, entre el modo de ser de este Rey Pastor y el del egoísmo existen “diferencias irreconciliables”. La indiferencia y el desprecio no van con Él, allí nunca lo encontraremos. Únicamente en el amor hacia nosotros mismos y hacia los otros, experimentaremos liberación y salvación.

María Dolores López Guzmán

Fuente Fe Adulta

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Venid benditos de mi Padre

domingo, 26 de noviembre de 2017
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cropped-cristo-reyDel blog de Tomas Muro La Verdad es libre:

01. FIESTA DE XTO REY.

Terminamos hoy el año litúrgico con la fiesta de Xto rey del Universo.

Es una fiesta relativamente reciente, ya que la instituyó el papa Pío XI en 1925, como queriendo mostrar la dimensión social del cristianismo. (Pío XI fue el papa que fundó la Acción Católica).

No obstante en algunos países, como España, esta fiesta y este título de Cristo rey fue cargado de connotaciones políticas muy poco, nada cristianas, y más bien ultraconservadoras, cuando no violentas.

Sin embargo el simbolismo de Cristo como rey, el Reino de Dios, el Reino de los cielos está presente en el mismo Jesús, en el evangelio. Ante Pilatos Jesús confiesa: YO SOY REY, aunque mi reino no es como el de este mundo, (Jn 18,33-37).

El título que le ponen a Jesús en la cruz es el de que “se hizo pasar” como rey de los judíos, (Jn 19,19: INRI).

Cuando Jesús se muestra como rey o habla del Reino de Dios no está hablando de un régimen político, ni aunque este fuese de cristiandad, sino que está pensando e iniciando un mundo de valores, de criterios que tienden a sembrar una situación de justicia, de libertad, de paz en la historia de la humanidad.

Toda manipulación, toda utilización de este universo simbólico del Reino de Dios con matices de aprovechamiento político, de poder, etc., no es cristiana. Ninguna ideología, ningún partido tiene derecho a apropiarse y aprovecharse del Reino de Dios.

02. XTO SEÑOR DEL UNIVERSO DA SENTIDO A LA VIDA.

Respetando y acogiendo de buen grado la simbología sobre el Reino empleada por Jesús, podemos también entender esta fiesta en el sentido de que JESUCRISTO ES SEÑOR DEL UNIVERSO.

En el principio existía la Palabra, Cristo, y la Palabra era Dios, (Jn 1,1) y al final será Cristo quien dé plenitud a la historia: cuando venga el Hijo del Hombre; Cristo es el final de la historia.

En la liturgia lo celebramos en la noche pascual cuando “inscribimos” en el cirio: Cristo alfa y omega, principio y fin.

El arco del cosmos, del Universo, el recorrido de la historia humana y de nuestra historia personal se encuentra en la longitud de onda de Cristo. Venimos de la Palabra creadora y terminaremos en Él. La vida tiene sentido. Es lo que Teilhard de Chardin, teólogo me mediados del siglo XX, denominaba: CRISTOFINALIZACIÓN: estamos llamados a finalizar en Cristo.

No somos seres erráticos (Nietzsche), que vamos de aquí para allá medio deambulando, somos una flecha. Nuestro pasado nace en Cristo y se dirige hacia un “punto focal y final”, que es el mismo Cristo.

La vida tiene sentido. Vivir la vida con sentido y con la mirada oteando el futuro deseado infunden una profunda paz y serenidad.

03. TRANSCURRIR EN LA HISTORIA CON LOS DEMÁS COMO SACRAMENTOS DE DIOS

Todas las religiones y culturas merecen respeto y tienes valores, pero no todas las religiones son iguales. El cristiano no encuentra a Dios en los ritos religiosos, en un éxtasis, en un nirvana, etc.
Posible, probablemente el yoga, la meditación transcendental, el zen el eneagrama, etc. sean terapias buenísimas, pero no es el eje cristiano. No quiero decir que sean malas, simplemente que no son cristianas. El budismo, el sintoísmo, el hinduismo son religiones excelentes, pero tienen perspectivas diversas al cristianismo.

Es como si nosotros, cristianos, fuésemos a India o Japón y les dijéramos que la Eucaristía es buenísima porque relaja un montón. El asunto es otro.

El cristianismo es otra historia.

¿Cuándo te vimos o no te vimos a ti, Cristo – Dios? Cada vez que lo hicisteis con un pobre, un enfermo, un extranjero, un encarcelado, un necesitado, un refugiado …

Para Jesús el “otro”, especialmente el débil es sacramento, presencia de Dios para nosotros. El cristiano encuentra -ve- a Dios en el ser humano, especialmente en el pobre

El reinado de Jesús se comenzó a realizar no en grandes apariciones, éxtasis, catástrofes cósmicas o en grandes concentraciones y celebraciones religiosas. El Reinado de Jesús comenzó a realizarse en los necesitados y en los pobres: curando dolencias y enfermedades.

04. CONCLUSIÓN.

JesuCristo es señor del Universo.

Él es el sentido de nuestra existencia: es nuestro pasado, nuestra esperanza y nuestro futuro.

Pero su realeza no es como las de este mundo, sino que es una relación de servicio y ayuda al ser humano, los débiles y pobres.

A nuestro Dios le veremos en la misericordia para con los demás.

VENID BENDITOS DE MI PADRE.

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“Búsqueda creativa”. 19 de noviembre de 2017. 33 Tiempo ordinario(A). Mateo 25, 14-30

domingo, 19 de noviembre de 2017
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007-parable-talentsA pesar de su aparente inocencia, la parábola de los talentos encierra una carga explosiva.

Sorprendentemente, el “tercer siervo” es condenado sin haber cometido ninguna acción mala. Su único error consiste en “no hacer nada”: no arriesga su talento, no lo hace fructificar, lo conserva intacto en un lugar seguro.

El mensaje de Jesús es claro. No al conservadurismo, sí a la creatividad. No a una vida estéril, sí a la respuesta activa a Dios. No a la obsesión por la seguridad, sí al esfuerzo arriesgado por transformar el mundo. No a la fe enterrada bajo el conformismo, sí al trabajo comprometido en abrir caminos al reino de Dios.

El gran pecado de los seguidores de Jesús puede ser siempre el no arriesgarnos a seguirlo de manera creativa. Es significativo observar el lenguaje que se ha empleado entre los cristianos a lo largo de los años para ver en qué hemos centrado con frecuencia la atención: conservar el depósito de la fe; conservar la tradición; conservar las buenas costumbres; conservar; la gracia; conservar la vocación…

Esta tentación de conservadurismo es más fuerte en tiempos de crisis religiosa. Es fácil entonces invocar la necesidad de controlar la ortodoxia, reforzar la disciplina y la normativa; asegurar la pertenencia a la Iglesia… Todo puede ser explicable, pero ¿no es con frecuencia una manera de desvirtuar el evangelio y congelar la creatividad del Espíritu?

Para los dirigentes religiosos y los responsables de las comunidades cristianas puede ser más cómodo “repetir” de manera monótona los caminos heredados del pasado, ignorando los interrogantes, las contradicciones y los planteamientos del hombre moderno, pero ¿de qué sirve todo ello si no somos capaces de transmitir luz y esperanza a los problemas y sufrimientos que sacuden a los hombres y mujeres de nuestros días?

Las actitudes que hemos de cuidar hoy en el interior de la Iglesia no se llaman “prudencia”, “fidelidad al pasado”, “resignación”… Llevan más bien otro nombre: “búsqueda creativa”, “audacia”, “capacidad de riesgo”, “escucha al Espíritu” que todo lo hace nuevo.

Lo más grave puede ser que, lo mismo que le sucedió al tercer siervo de la parábola, también nosotros creamos que estamos respondiendo fielmente a Dios con nuestra actitud conservadora, cuando estamos defraudando sus expectativas. El principal quehacer de la Iglesia hoy no puede ser conservar el pasado, sino aprender a comunicar la Buena Noticia de Jesús en una sociedad sacudida por cambios socioculturales sin precedentes.

José Antonio Pagola

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“Has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu señor.” Domingo 19 de noviembre de 2017. 33º domingo de tiempo ordinario

domingo, 19 de noviembre de 2017
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56-OrdinarioA33Leído en Koinonia:

Proverbios 31,10-13.19-20.30-31: Trabaja con la destreza de sus manos.
Salmo responsorial: 127: Dichoso el que teme al Señor.
1Tesalonicenses 5,1-6: Que el día del Señor no os sorprenda como un ladrón.
Mateo 25,14-30: Has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu señor.

La «parábola de los talentos» es sin duda el texto capital entre los tres de hoy. Un comentario pastoral a esta lectura podrá ir por la senda usual con este texto: Mateo acaba de hablar de la venida futura del Hijo del Hombre para el juicio, y a continuación nos dice cuáles son las actitudes adecuadas ante esa venida, a saber, la vigilancia (parábola de las diez vírgenes) y el compromiso de la caridad (parábolas de los talentos y del juicio de las naciones). La parábola de los talentos es, en este contexto interpretativo, un elogio del compromiso, de la efectividad, del trabajo, del rendimiento. Podrá ser aplicada fructuosamente al trabajo, la profesión, las realidades terrestres, el compromiso secular…

Sin embargo, el contexto de la hora histórica que vivimos es tal, que este mensaje, en sí mismo bueno y hasta naif, ingenuo, se puede resultar funcional respecto a la ideología actualmente dominante, el neoliberalismo. Éste, en efecto, predica, como grandes valores suyos, la eficacia, la competitividad, la creación de riqueza, el aumento de la productividad, el crecimiento económico (si tenemos un crecimiento bajo o no crecemos nos declaramos en crisis), los altos rendimientos de interés bancario, la inversión en valores, etc. Son nombres modernos bien adecuados para lo que se presenta en la parábola, aunque si se los utiliza en la homilía, no pocos oyentes pensarán que el orador sagrado se salió de su competencia (o peor: «se metió en política»). Por una casualidad del destino, esta parábola se hizo bien actual, y los teólogos neoconservadores (también hay «neocons» en teología) la valoran altamente. Algunas de sus frases, sin necesidad siquiera de interpretaciones rebuscadas, avalan directamente principios neoliberales. Pensemos, por ejemplo en el enigmático versículo de Mt 25, 29: «Al que produce se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no produce, se le quitará hasta lo que tiene». No será fácil hacer una predicación aplicada que no haga el juego a un sistema que, para muchos cristianos de hoy, está en los antípodas de los principios cristianos.

La eficacia, la productividad, la eficiencia… no son malas en principio. Diríamos que no son valores en sí mismas, sino “cuantificaciones” que pueden ser aplicadas a unos u otros valores. Se puede ser eficiente en muchas dimensiones, muy distintas (unas buenas y otras malas) y con unas intenciones muy diversas (malas y buenas también). La eficacia en sí misma, abstraída de su aplicación y de su intención… no existe, o no nos interesa ahora. El juicio que hagamos sobre la eficacia dependerá de la materia a la que apliquemos esa eficiencia, así como del objetivo al que se oriente.

Cabe entonces imaginar una “eficiencia” cristiana (agrupando en este símbolo varios otros valores semejantes). El mismo evangelio la presenta en otros lugares, en su célebre inclinación hacia la praxis: No todo el que dice ‘Señor, Señor’, sino el que hace…, la parábola de los dos hermanos (el que dice pero no hace y el que hace aunque había dicho que no), bienaventurados más bien los que escuchan la palabra y la ponen en práctica… y más paradigmáticamente, el texto que continúa al de hoy, el que meditaremos el domingo próximo, Mt 25,31ss, en el que el criterio del juicio escatológico que allí aparece será precisamente lo que hayamos “hecho” efectivamente a los pobres…

La eficiencia aceptada y hasta encomiada por el evangelio es la eficiencia “por-el-Reino”, la que está puesta al servicio de la causa de la solidaridad y del amor. No es la eficiencia del que logra aumentar la rentabilidad (reduciendo empleos por la adopción de tecnologías nuevas), o la del que logra conquistar mercados por su competitividad (reduciendo la capacidad de auto-subsistencia de los países pequeños, o pobres, sin tecnología), o la del que logra ingresos fantásticos por inversiones especulativas del capital “golondrina” en este gran casino mundial financiero…

La «eficiencia por la eficiencia» no es un valor cristiano, ni siquiera es un valor verdaderamente humano (no parece que nos humanice, más bien parece que lo heredamos de nuestro pasado como depredadores). Quizá sea cierto que el capitalismo, sobre todo en su expresión salvaje actual, sea “el sistema económico que más riqueza crea”; pero no es menos cierto que lo hace aumentando simultáneamente el abismo entre pobres y ricos, la concentración de la riqueza a costa de la expulsión del mercado de masas crecientes de excluidos. El criterio supremo, para nosotros, no es una eficiencia económica que produce riqueza y distorsiona la sociedad y la hace más desequilibrada e injusta. No sólo de pan vive el ser humano. Cristianamente no podemos aceptar un sistema que en favor del (o en culto al) crecimiento de la riqueza, sacrifica idolátricamente la justicia, la fraternidad y la participación de masas humanas. Poner la eficiencia por encima de todo esto, es una idolatría, es la idolatría del culto del dinero, verdadero dios neoliberal. Y sobre la “idolatría del mercado” y el carácter sacrificial de la ideología neoliberal, ya se ha escrito mucho…

No, no es pues que nosotros no queramos ser eficientes, competentes (más que competitivos), o que no seamos partidarios de la “calidad total”, ni mucho menos… Somos partidarios de la mayor «eficacia en el servicio al Reino», así como de «la competencia y la calidad total en el servicio al Evangelio». (In ordinariis non ordinarius, decía un viejo adagio de la ascética clásica, queriendo llevar la calidad total a los detalles más pequeños de la vida ordinaria u oculta).

Y no es que no haya que reconocer que con frecuencia los más “religiosos” hayan estado ajenos a las implicaciones económicas de la vida real, predicando fácilmente una generosa distribución donde no se consigue una producción suficiente, esperándolo todo de la limosna o los piadosos mecenas. También en el campo de la economía teórica –sobre todo en esta hora– necesitamos un renovado compromiso de los cristianos.

Si Jesús se lamentó de que los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz, ello significa que la «astucia» (otro tipo de eficacia) no es mala; lo malo es ponerla al servicio de las tinieblas y no de la luz. Leer más…

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Dom 19.11.17. Talentos para el Reino: producir y compartir

domingo, 19 de noviembre de 2017
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23559859_887681394742387_3958786061188678572_nDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 33, Mt 25, 14-30.Esta durísima y y bellísima parábola(continuación y concreción de la anterior: Mt 25, 1-13), que Mateo ha tomado del Q (cf. Lc 19, 12-27), ha inquietado a generaciones de creyentes.

Ésta es una de las cuatro que J. P. Meier (Judío marginal V)considera auténtica de Jesús (con el grano de mostaza, la gran cena y los viñadores homicidas) y que, según eso, nos permite llegar a su mensaje originario.

He tratado de ella veces veces, en diversas perspectiva, en este mismo blog, y lo hago de nuevo, retomando y adaptando el texto de mi Comentario de Mateo, desde la perspectiva del día mundial de los pobres, hoy 19.11.17, sabiendo que es importante producir, pero producir humanamente, en la línea de Dios, al servicio del Reino, para compartir con gozo aquello que producimos

— Parece que algunos sólo quieren producir y producir… con los talentos más externos de la vida, multiplicados por mil a través de un tipo de revolución industrial. Pues bien, en general, esos no producen para crecer humanamente y compartir, sino para tener y más tener, y dominar sobre los otros, queriendo asegurar su vida en el capital.

 En contra de eso, lo que importa es producir para ser mejores y mejorar la vida de los otros (de todos), y la misma tierra, esto es, ganar de un modo humano, no para el dueño egoísta y malvado de la parábola, sino al servicio de la humanidad, del bien universal, y en especial de los pobres.

En esa línea, quizá más que de producir y de ganar se podría hablar de ser y darse, de una forma humana, sin agobio material, pero sin miedo y sin holgazanería, para así mejorar la vida de todos, en gratuidad, en confianza, no por ley, sino por gracia, sabiendo que al fin el Reino de Dios (y la vida entera) es un don.

Así quiero entender ahora este pasaje originario de Jesús, como parábola personal y social, dirigida a todos, pero en especial a los más ricos, con dos exigencias fundamentales:

a) Importa producir, pero sobre todo hacerlo en gratuidad para servicio universal: Que los hambrientos coman y los extranjeros encuentren patria (en la línea del texto siguiente de Mt 25, 31-46).

b) Hay que producir en forma de transformación personal, con los recursos de la más honda sabiduría, sabiendo que la «ganancia mayor» no es de tipo solamente material sino de oración, de madurez interior, educación, de acompañamiento mutuo, de acogida, de cuidado de los pobres y extranjeros, sin enterrar los talentos, de manera que la humanidad sea un lugar de gozo y concordia para todos.

adcsupport-1c) Se trata de saber, en esa línea, que al fin los pobres son los que más pueden producir, los que más aportan, según todo el evangelio, reinterpretando la imagen 2, pero en forma humana, a fin de que los dos, pobre y rico se den de comer y compartan la vida, y al fin se abracen, cada uno como es (hombre o mujer, judío o gentil), sin oprimir nadie a nadie.

En esa línea, los más grandes productores de humanidad son orantes, los contemplativos, aquellos que convierten toda su vida en don ante Dios, para los otros, en la línea del amor que canta el Cantar de los Cantares de la Biblia o el Cántico Espiritual de Juan de la Cruz.

Se trata, pues, de entender la parábola desde todo el evangelio, como texto provocativo que Jesús dirige históricamente, en especial, a los más ricos, texto y proclama de juicio contra una humanidad que ha aprendido a producir con sus talentos malos más talentos, pero no a producir bien (en línea humana), ni a servicio de todos….

Ésta no es, en principio, una parábola para pordioseros y excluidos, sino para los ricos herodianos y su gente (terratenientes, sacerdotes) condenados a producir para un amo malo… Pero ella puede servir también en otro plano, para los mismos pobres, a quienes Jesús anima para que pongan sus talentos al servicio del Reino, invirtiendo así la dinámica exterior de la misma parábola, desde su camino de entrega personal, a favor de todos.

Buen domingo a todos, buena eucaristía el día de los pobres.

Una parábola inquietante

Tanto la versión de Lucas como la de Mateo hablan de un préstamo inmenso de dinero, que un hombre rico confía a sus criados (esclavos) mientras tiene que “alejarse” para resolver unos asuntos. Lucas habla de minas, que son unidades de peso y moneda que equivalen, más o menos, a un kilo de oro o de plata, de manera que la cuantía del dinero que el “hombre” presta a sus siervos es grande, pero no impensable. Por el contrario, Mateo habla de talentos, una cantidad inmensa, casi imposible para un hombre o mujer particular.

Esta es una parábola inquietante que, como verá el lector, puede interpretarse en varios registros, con tonos diversos. Es una parábola que muchas veces se ha sacado de contexto, interpretándose en forma sólo espiritualista (haciendo temblar a los más devotos) y otras veces en forma triunfalista, para sellar y justificar así una forma injusta de ganar dinero, sin escrúpulos, sin tener en cuenta a los pobres.

Pero es, al mismo tiempo, una parábola inmensamente gozosa,pues quiere que pongamos nuestra vida (cada uno su talento humano más que monetario, pero también monetario) al servicio del Reino de Dios, es decir, de todos. Quiero interpretarla en forma exegética… pero teniendo en cuenta que este día (19.11.17) se celebra en la Iglesia católica la “Jornada mundial de (a favor de) los pobres. En ese sentido quiero desarrollar cuatro afirmaciones principales:

1. Hombres y pueblos (estados, empresas, multinacionales…) no somos dueños de la riqueza y el dinero, sino administradores, al servicio de todos (en especial, en este caso, de los más pobres).

2. La cantidad de dinero o riqueza que se gana no se mide un modo puramente material, sino que ha de verse en sentido integral: Se debe trabajar y “ganar” al servicio del reino de Dios, es decir, del bien de todos, y no del egoísmo particular de un reyezuelo de turno.

3. La responsabilidad no es igual para todos… sino que es mayor para los que tienen (han recibido, a veces “robado”) más. Se trata de una responsabilidad social y personal

4. En este contexto, la humanidad se está jugando su propio futuro… Una humanidad que no “gana” (no produce) al servicio de los pobres, de la necesidad de todos, del bien de la tierra entera está corriendo el riesgo de destruirse a sí misma.

Buen domingo a todos, buena lectura de la parábola.

Tema de dinero, tema de humanidad

El talento era la máxima unidad monetaria de oriente, cuyo peso y valor cambió según los tiempos y las circunstancias, variando entre 30 y 60 kilos de oro (o de plata, según los casos), tanto en Grecia como en Palestina. La economía de los pequeños reinos tributarios de Roma se medía en talentos de impuestos y renta. Así a la muerte de Herodes el Grande (4. aC), la renta anual del reino de Judea (bajo Arquelao) era de 600 talentos y la de Antipas (Galilea) de 200.

La parábola trata, por tanto, de un hombre rico que marcha de viaje y deja a sus esclavos su tesoro (unas minas o talentos de oro), para que lo administren. En el fondo parece que ese hombre puede ser uno de los miembros de la familia de Herodes, que iban con frecuencia a Roma, para negociar la adquisición de reinos y/o de principados, teniendo que encargar la administración de sus bienes a funcionarios más o menos inteligentes (y en general poco escrupulosos). En contra de lo que a veces se ha pensado, en un primer momento, el hombre-rico (rey) de esta parábola no es Dios, sobre todo en la versión de Lucas, más cercana al original, donde él aparece como tirano sangriento.

evangelio-de-mateoMateo ha dulcificado el tema, pero tampoco su hombre rico es el Dios del Sermón de la Montaña, aunque su acción y figura pueden emplearse para evocar el juicio (como el Novio de la parábola anterior, 24, 1-13, que tampoco era Cristo, ni Dios como tal, pero nos ayudaba a entender la figura y acción del Cristo Esposo). Mateo ha situado esta nueva parábola al final de la vida pública de Jesús para reelaborar, desde ella, el sentido del juicio, partiendo de la conducta de tres siervos/esclavos (en la línea de 24, 45), que le sirven para poner de relieve las respuestas de los hombres. También en este caso resulta importante el motivo del “retraso”, es decir, del largo tiempo de espera y preparación, como 24, 48 y en 25, 5:

Texto

25 14 Porque es como un hombre que, yendo de viaje, llamó a sus esclavos y los dejó encargados de sus bienes: 15 y a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno; a cada cual según su capacidad; luego se marchó. En seguida, 16 el que recibió cinco talentos fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. 17 El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. 18 En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
19 Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos esclavos y se puso a ajustar las cuentas con ellos. 20 Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco. 21 Su señor le dijo: Muy bien. Eres un esclavo fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo de mucho; pasa al banquete de tu señor. 22 Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos. 23 Su señor le dijo: Muy bien. Eres un esclavo fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entre en la alegría de tu señor.
24 Vino, en fin, el que había recibido un talento y dijo: Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; 25 tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo. 26 El señor le respondió: Eres un esclavo negligente y holgazán. ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? 27 Por eso te convenía haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. 28 Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. 29 Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. 30 Y a ese esclavo inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes .

1. Interpretación.

Ésta es una parábola, no un texto de doctrina sobre la responsabilidad humana, un relato simbólico para pensar y comprometerse, aceptando y cultivando la vida como un “don” que debemos recibir agradecidos, a fin de que produzca fruto, sin miedo al riesgo necesario, asumiendo así la tarea de nuestra libertad responsable. Como he dicho, el dueño no es Dios (como lo muestra su actuación final, cuando castiga duramente al holgazán), pero hay algo de Dios en el relato, que así aparece como espejo de la vida, tiempo de tarea, desde el Poder más alto a quien descubrimos no sólo como esposo (parábola anterior), sino como señor que nos ha confiado una tarea.

‒ Parábola justa.

Conforme al conjunto de Mateo, la vida es un don que no puede compararse con el manejo de dinero. Por eso, tomada en sí misma, esta parábola de administradores monetarios, con la exigencia de producir grandes beneficios, parece ir en contra (¡va en contra!) del mensaje que Jesús dirige a los pobres, un mensaje de vida amorosa, de puro regalo. Ciertamente, la vida es don, no comercio, pero hay en ella un elemento que también puede compararse al comercio, entendido como intercambio y producción de bienes. Se nos ha dado todo aquello que tenemos, de forma que somos una especie de “inversión” de Dios, que se arriesga al crearnos, y así quiere que produzcamos buenos frutos (cf. 3, 8; 7, 16-20; 13, 8. 23-26; 21, 34-43). Leer más…

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El empleado miedoso y la empresaria modelo. Domingo 33. Ciclo A.

domingo, 19 de noviembre de 2017
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Jesus TalentoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La parábola del domingo pasado (las diez muchachas) animaba a ser inteligentes y previsores. La de hoy anima a la acción, a sacar partido de los dones recibidos de Dios. Jesús ha usado poco antes, en otra parábola, la imagen del señor y sus empleados. Ahora vuelve a hacerlo, pero usando el contexto de la cultura urbana y pre-capitalista. La riqueza del señor no consiste en tierras, cultivos y rebaños de vacas y ovejas. Consiste en millones contantes y sonantes, porque los famosos “talentos” no tienen nada que ver con la inteligencia. El talento era una cantidad de plata que variaba según los países, oscilando entre los 26 kg en Grecia, 27 en Egipto, 32 en Roma y 59 en Israel. Por consiguiente, los tres administradores reciben, aproximadamente, 300, 120 y 60 kg de plata.

 La parábola

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: 

Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. 

Se acercó el que habla recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco.” Su señor le dijo: “Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.”

Se acercó luego el que habla recibido dos talentos y dijo: “Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos.” Su señor le dijo: “Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.”

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: “Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.”

El señor le respondió: “Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabias que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues deblas haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez.

Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

 El empleado miedoso, negligente y holgazán

 Los dos primeros duplican esa cantidad negociando con el dinero que les han confiado. Pero la parábola se detiene en el tercero, que se molesta en buscar un sitio escondido, cava un hoyo, y entierra el talento. El lector actual, conocedor de tantos casos parecidos, se pregunta quién ha sido el más inteligente. ¿Es preferible colocar el capital en acciones arriesgadas o guardarlo en una caja fuerte? En cambio, el propietario de la parábola lo tiene claro: había que invertir el dinero y sacarle provecho, como hicieron los dos primeros empleados.

¿Por qué no ha hecho lo mismo el tercero? Él mismo lo dice: ha actuado así porque conoce a su señor, le tiene miedo, y prefirió no correr riesgo. Y termina con un lacónico: “Aquí tienes lo tuyo”.

Sin embargo, el señor no comparte esa excusa ni esa actitud. Lo que ha movido al empleado no ha sido el miedo, sino la negligencia y la holgazanería. Le traen sin cuidado su señor y sus intereses. Y toma una decisión que, actualmente, habría provocado manifestaciones y revueltas de todos los sindicatos: lo mete en la cárcel (“echadlo fuera, a las tinieblas”).

 Aplicándonos el cuento

 Los sindicatos llevarían razón, y conseguirían que readmitieran al empleado, incluso con un gran resarcimiento por daños y perjuicios. Pero el Señor de la parábola no depende de sindicatos ni tribunales del trabajo. Tiene pleno derecho a pedirnos cuentas a cada uno del tesoro que no ha encomendado.

Como ocurría con el aceite en la parábola de las muchachas, los talentos se han prestado a múltiples interpretaciones: cualidades humanas, don de la fe, misión dentro de la iglesia, etc. Ninguna de ellas excluye a las otras. La parábola ofrece una ocasión espléndida para realizar un autoexamen: ¿qué he recibido de Dios, a todos los niveles: humano, religioso, familiar, profesional, eclesial? ¿Qué he hecho con ello? ¿Ha quedado escondido en un cajón? ¿Ha sido útil para los demás? Como se dice en el mismo evangelio de Mateo: ¿Ha resplandecido mi luz ante los hombres para que glorifiquen al Dios del cielo? Pienso que será suficiente decirle: “Aquí tienes lo tuyo”.

 Una moraleja desconcertante

 La parábola, termina con unas palabras muy extrañas: “Al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”. ¿En qué quedamos? ¿Tiene o no tiene? Pero la frase no se debe al error de un copista, se encuentra así en los tres evangelios sinópticos (Mt 13,12; Mc 4,25; Lc 19,26). Es posible que el mismo Jesús intentara aclararla más tarde mediante la historia de un señor que encomienda su capital a tres empleados. El sentido de la frase resulta ahora más claro: “Al que produzca se le dará, y al que no produzca se le quitará lo que tiene”. Esa parábola terminó en dos versiones bastante distintas, la de Mateo, que se lee hoy, y la de Lucas 19,11-27. Lucas, para no provocar las iras de los sindicatos, no mete al empleado holgazán en la cárcel, se limita a quitarle el denario.

 La empresaria modelo (1ª lectura)

 En el contexto económico de la parábola encaja perfectamente la imagen de la mujer empresaria de la que habla el libro de los Proverbios. La liturgia traduce “mujer hacendosa”. Pero el texto sugiere mucho más. Habla de una mujer que es, al mismo tiempo, excelente empresaria (cosa que quedaría más clara si la liturgia no hubiera mutilado el texto), generosa con los necesitados y con las personas a su servicio, preocupada por sus hijos y su marido, gozando del respeto y estima de sus conciudadanos, porque ella misma respeta al Señor. Es interesante esta imagen propuesta por un libro bíblico hace veintitrés o veinticuatro siglos, tan distinta de nuestro proverbio: “La mujer casada, la pata quebrada… y en casa”.

 Una mujer hacendosa, ¿quién la hallará? Vale mucho más que las perlas.  Su marido se fía de ella, y no le faltan riquezas.  Le trae ganancias y no pérdidas todos los días de su vida. Adquiere lana y lino, los trabaja con la destreza de sus manos.  Extiende la mano hacia el huso, y sostiene con la palma la rueca. Abre sus manos al necesitado y extiende el brazo al pobre. Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura, la que teme al Señor merece alabanza. Cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en la plaza.

 Quien lee el poema entero (se encuentra en Proverbios 31,10-31) advierte la enorme actividad que esta mujer desarrolla desde la mañana temprano hasta avanzada la noche. El capital recibido de Dios (sean cinco talentos, dos o uno) ha sabido invertirlo perfectamente.

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Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario. 19 noviembre, 2017

domingo, 19 de noviembre de 2017
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d-33

“… el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.”

(Mt 25, 14-30)

El otro día tuve una interesante (también sorprendente) conversación telefónica. Había llamado a una empresa para hacer un pedido. Cuando la persona que estaba al otro lado del teléfono me dijo: “Mira, yo no soy monja, pero a mí me gusta decir que soy cristiana, por qué voy a callarme. ¡Si tenemos una religión que es un chollo! Podemos beber vino, podemos comer de todo. Lo único que se nos pide es que no hagamos daño a nuestro vecino.

¡Correcto! El seguimiento de Jesús es un chollo, pero la mayoría de los cristianos lo metemos en el pañuelo y lo enterramos.

Nos han dado un Don, un talento, un regalo y en lugar de disfrutarlo lo escondemos bajo tierra. Me llama la atención la vergüenza que da manifestarse como cristiano. Mucha gente casi parece pedir perdón cuando dice que es cristiana. Es como si fuera algo íntimo y privado. Lo que debería darnos vergüenza no es ser cristianas sino no ser consecuentes con nuestro seguimiento, eso sí que debería sonrojarnos.

Hay otro fenómeno actual que también es sorprendente. En este mundo globalizado en el que vivimos nos hacemos enseguida solidarios de lo que nos queda más o menos cerca ya sea geográfica, cultural o ideológicamente. Por ejemplo, cuando ha habido algún triste atentado de cierta envergadura empiezan a circular frases como: “Todos somos Niza”, “Todos somos Barcelona”. Apoyamos a quienes han sufrido una violencia injusta y eso está bien. Pero… hay un matiz que oscurece la buena intención y es que parece que nuestra capacidad de solidarizarnos solo alcanza hasta aquellos con quienes nos “identificamos”. Si hay un atentado en un país europeo nos movilizamos, si es en África o en un país musulmán…

Con todo, lo más llamativo es que no nos sentimos solidarios con las personas que son perseguidas por ser cristianas. Dudo que haya mucha gente dispuesta a hacer circular frases como: “todos somos cristianos” cuando se atenta contra la vida de muchas personas en Siria, Irán, Irak, Egipto, Afganistán…

No, no ponemos en juego nuestro talento. Ni arriesgamos nuestra imagen o nuestra reputación. No nos manifestamos abiertamente cristianos y es por una sencilla razón: nos da vergüenza. Ser cristiano en occidente no está de moda. La imagen que se tiene del cristianismo es tan chata, tan reducida y ridícula que hay que reconocer que un poco de vergüenza sí que da. Pero si deseamos que esa imagen cambie solo hay un camino: desenterrar ese talento, ponerlo a la vista y mostrar su valor.

Oración

Trinidad Santa, danos la audacia necesaria para decir abiertamente que creer en Ti es creer en una vida digna para todas las personas, para la creación entera. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El verdadero valor está en lo esencial

domingo, 19 de noviembre de 2017
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bwgeyencaaamqv4Mt 25, 14-30

Mateo sigue con sus amonestaciones. Estamos en el tiempo de la comunidad, antes de que llegue el tiempo escatológico, que creían inminente. Cada miembro de la comunidad debe tomar la parte de responsabilidad que le corresponde y no defraudar ni a Dios ni a los demás. En tiempo de Mt, ya muchos se hacían cristianos, no por convicción, sino para vivir del cuento, sin dar golpe. Es curioso que las tres parábolas de este c. 25 hagan referencia a omisiones, a la hora de ponderar las consecuencias de nuestras acciones.

El talento no era una moneda real. En griego “tálanton” significa el contenido de un platillo de la balanza (pesada). Era una cantidad desorbitada, que equivalía a 26-41 kilos de plata = 6.000 denarios; el salario de 16 años de un jornalero. Para entender lo de enterrar el talento, hay que tener en cuenta, que había una norma jurídica, según la cual, el que enterraba el dinero, que tenía en custodia, envuelto en un pañuelo, no tenía responsabilidad civil, si se perdía. Enterrar el dinero se consideraba una buena práctica.

Durante mucho tiempo se ha interpretado la parábola materialmente, creyendo que nos invitaba a producir y acaparar bienes materiales. De esta mala interpretación nace el capitalismo salvaje en Occidente, que nos ha llevado a desigualdades sangrantes que no hacen más que crecer, incluso en plena crisis. Una vez más, hemos utilizado el evangelio en contra del mensaje de Jesús. Me gusta más la versión de Lc, en la que todos los empleados reciben lo mismo; la diferencia está en la manera de responder.

También sería insuficiente interpretar “talentos” como cualidades de la persona. Esta interpretación es la más común y ha quedado sancionada por nuestro lenguaje. ¿Qué significa tener talento? Tampoco es éste el verdadero planteamiento de la parábola. En el orden de las cualidades, estamos obligados a desplegar todas las posibilidades, pero siempre pensando en el bien de todos y no para acaparar más y desplumar a los menos capacitados. Para mayor “inri”, dando gracias a Dios por ser más listos que los demás.

Si nos quedamos en el orden de las cualidades, podíamos concluir que Dios es injusto. La parábola no juzga las cualidades, sino el uso que hago de ellas. Tenga más o menos, lo que se me pide es que las ponga al servicio de mi auténtico ser, al servicio de todos. En el orden del ser, todos somos idénticos. Si percibimos diferencias es que estamos valorando lo accidental. En lo esencial, todos tenemos el mismo talento. Las bienaventuranzas lo dejan muy claro: por más carencias que sientas puedes alcanzar la plenitud humana.

En todos los órdenes tenemos que poner los talentos a fructificar, pero no todos los órdenes tienen la misma importancia. Como seres humanos tenemos algo esencial, y mucho que es accidental. Lo importante es la esencia que constituye al hombre como tal. Ese es el verdadero talento. Todo lo que puede tener o no tener (lo accidental) no debe ser la principal preocupación. Los talentos de que habla el evangelio, no pueden hacer referencia a realidades secundarias sino a las realidades que hacen al hombre más humano. Y ya sabemos que ser más humano significa ser capaz de amar más.

Los talentos son lo bienes esenciales que debemos descubrir. La parábola del tesoro escondido es la mejor pista. Somos un tesoro de valor incalculable. La primera obligación de un ser humano es descubrir esa realidad. La “buena noticia” sería que todos pusiéramos ese tesoro al servicio de todos. En eso consistiría el Reino predicado por Jesús. El relato del domingo pasado, el de hoy y el del próximo, terminan prácticamente igual: “Entraron al banquete de boda…” “Pasa al banquete de tu señor”. “Heredad el Reino…” Banquete, boda y Reino son símbolos de plenitud.

Algunos puntos necesitan aclaración. En primer lugar, el que no arriesga el dinero, no lo hace por holgazanería o comodidad, sino por miedo. El siervo inútil no derrocha la fortuna; simplemente la guarda. Debía hacernos pensar que se condene uno por no hacer nada. Creo que en nuestras comunidades, lo que hoy predomina es el miedo. No nos deja poner en marcha iniciativas que supongan riesgo de perder seguridades, pero con esa actitud, se está cercenando la posibilidad de llevar esperanza a muchos desesperados.

En segundo lugar, la actitud del Señor tampoco puede ser ejemplo de lo que hace Dios. Pensemos en la parábola del hijo pródigo, que es tratado por el Padre de una manera muy diferente. Quitarle al que tiene menos lo poco que tiene para dárselo al que tiene más, tomando al pie de la letra, sería impropio del Dios de Jesús. Dios no tiene ninguna necesidad de castigar. El que escondió el talento ya se ha privado de él haciéndolo inútil para él mismo y para los demás. Es algo que teníamos que aprender también nosotros.

Finalmente es también muy interesante constatar que, tanto el que negocia con cinco, como el que negocia con dos, reciben exactamente el mismo premio. Esto indica que en ningún caso se trata de valorar los resultados del trabajo, sino la actitud de los empleados. En una cultura en la que todo se valora por los resultados, es muy difícil comprender esto. En un ambiente social donde nadie se mueve si no es por una paga; donde todo lo que hace tiene que reportar algún beneficio, es casi imposible comprender la gratuidad que nos pide el evangelio. Si necesito premio es que no entendí nada.

La parábola nos habla de progreso, de evolución constante hacia lo no descubierto. El único pecado es negarse a caminar. El ser humano tiene que estar volcado hacia su interior para poder desplegar todas sus posibilidades. Todo el pasado del hombre (y de la vida) no es más que el punto de partida, la rampa de lanzamiento hacia mayor plenitud. La tentación está en querer asegurar lo que ya tengo, enterrar el talento. Tal actitud no demuestra más que falta de confianza en uno mismo y en la vida, y por lo tanto, en Dios.

Lo que tenemos que hacer es tomar conciencia de la riqueza que ya tenemos. Unos no llegamos a descubrirla y otros la escondemos. El resultado es el mismo. No es nada fácil, porque nos han repetido hasta la saciedad, que estamos en pecado desde antes de nacer, que no valemos para nada, que la única salvación posible tiene que venirnos de fuera. Lo malo es que nos lo seguimos creyendo. El relato del camello que se negaba a moverse porque se creía atado a la estaca, aunque no lo estaba. O el león que vivía con las ovejas como un borrego más, sin enterarse de lo que era, es el mejor ejemplo de nuestra postura.

Todo afán de seguridades, nos aleja del mensaje de Jesús. Todo intento de alcanzar verdades absolutas y normas de conducta inmutables, que nos dejen tranquilos, carece de sentido cristiano. Ninguna conceptualización de Dios puede ser definitiva; hace siempre referencia a algo mayor. Estamos aquí para evolucio­nar, para que la vida nos atraviese y salga de nosotros enriquecida. El miedo no tiene sentido, porque la fuerza y la energía no la tenemos que poner nosotros. Nuestro objetivo debía ser que al abandonar este mundo, lo dejáramos un poquito mejor que cuando llegamos a él, haciéndolo más humano.

Meditación

No hay un “yo” que posea un tesoro.
Soy, realmente, un tesoro de valor incalculable.
Solo hay un camino para poder disfrutar de lo que soy.
Poner toda esa riqueza a disposición de los demás
es la gran paradoja del ser humano.
Solo alcanza su plenitud cuando se da plenamente.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Un regalo de ser Dios.

domingo, 19 de noviembre de 2017
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the-talents-god-gave-us–“Lo que urge aprender es que no somos dioses, que no podemos –ni debemos– someter la vida a nuestros caprichos, que no es el mundo quien debe ajustarse a nuestros deseos, sino nuestros deseos a las posibilidades que ofrece el mundo (Pablo D’Ors)

19 de noviembre, domingo XXXIII del TO

Mt 25,14-30

Como tenía miedo, enterré tu bolsa de oro; aquí tienes lo tuyo

Juan Ramón Jiménez percibió el regalo de los talentos de lo divino como un algo esencial, pero al tiempo evanescente; quizás como algo que está en nosotros bastante más claramente humano que divino. En su Poema Te deshojé como una rosa, lo cantó de esta manera del ser que amaba:

Te deshojé, como una rosa,
para verte tu alma,
y no la vi.

Mas todo en torno
-horizontes de tierras y de mares-,
todo, hasta el infinito,
se colmó de una esencia
inmensa y viva.

Cada persona ha recibido unas cualidades, unos dones, para servir a Dios y al prójimo. Lo que nos obliga a poner en juego cuanto uno es y tiene. No podemos enterrar el talento bajo tierra, dejándonos llevar por la vagancia, como apunta el Evangelio. La mujer hacendosa “que vale mucho más que los corales” (Libro de los Proverbios, capítulo 31) es un ejemplo de lo contrario: pone todo su esfuerzo y trabajo al servicio de la familia y de los necesitados.

El Papa Francisco, pisando tierra como siempre, en una ocasión dijo: “Nunca he visto un camión de mudanzas detrás de un cortejo fúnebre, nunca. Pero existe un tesoro que podemos llevar con nosotros, un tesoro que nadie puede robar, que no es lo que hemos ahorrado sino lo que hemos dado a los demás”.

Es la mejor manera de estar con Dios y con los hombres. El prolífico naturalista escocés John Muir (1838-1914) lo expresó con esta frase: “Todos los objetos de la Naturaleza son conductores de la divinidad, y solo al entrar en contacto con ellos… podemos llenarnos del Espíritu Santo”.

El sacerdote y escritor madrileño, Pablo D’Ors (1963), hace resaltar nuestra condición de ser humano y de la necesidad de cultivar nuestros talentos con visión realista de la vida. En su magnífica y breve obra Biografía del silencio, escribe: “Lo que urge aprender es que no somos dioses, que no podemos –ni debemos– someter la vida a nuestros caprichos, que no es el mundo quien debe ajustarse a nuestros deseos, sino nuestros deseos a las posibilidades que ofrece el mundo”. Sólo así nos libraremos del castigo recibido por el criado temeroso por haber enterrado su bolsa de oro: “Como tenía miedo, enterré tu bolsa de oro; aquí tienes lo tuyo”.

En uno de los poemas, De Canto a mí mismo, el poeta americano Walt Whitman (181-1892), canta cómo todos los seres de la naturaleza deben entonar a coro un himno de alabanza a la Naturaleza.

CANTO DE AMOR

Creo que una brizna de hierba
no es menos que el camino
que recorren las estrellas.
Y que la hormiga es perfecta.
Y que también lo son
el grano de arena y el huevo del zorzal.
Y que la rana es una obra maestra,
digna de las más altas.
Y que la zarzamora podría
adornar los salones del cielo.
Y que la menor articulación de mi mano
puede humillar a todas las máquinas.
Y que una vaca, paciendo con la cabeza baja,
supera a todas las estatuas.
Y que un ratón, es un milagro capaz
de asombrar a millones de incrédulos.
Este es un canto de amor y respeto
a la más grande de todas las maravillas,
que es la vida humana.
Y yo también lo creo.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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