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“Preparación a la Navidad en tres actos”. Domingo 3º de Adviento. Ciclo B.

domingo, 17 de diciembre de 2017
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10439347_671801269570491_4602481636228923258_nFotograma de “Salomé el Musical”

Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La liturgia del tercer domingo de Adviento, teniendo en cuenta la cercanía de la Navidad, pretende ser una clara invitación a la alegría. El protagonista de la primera lectura afirma: “Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios”; san Pablo pide a los tesalonicenses “estad siempre alegres”. Juan Bautista es demasiado serio para hablar de alegría, pero da testimonio de la luz que inundará el mundo, y eso también es motivo de gozo. Aparte de este dato común, la mejor forma de entender las lecturas es imaginarnos espectadores de una obra de teatro en tres actos.

Acto primero

Cuando se descorre el telón se ve un personaje de pie en el centro del escenario, rodeado de una multitud sentada en el suelo, pobremente vestida. Son antiguos desterrados en Babilonia, actuales oprimidos por el imperio persa. La escena está en penumbra, transmitiendo al espectador una sensación de agobiante tristeza; sólo un foco ilumina el rostro del protagonista. Mira en silencio, durante largo rato, a la multitud que le rodea. Finalmente, abre la boca y dice algo inaudito: “El Espíritu del Señor está sobre mí”. Suena a blasfemia. El Espíritu del Señor hace siglos que no se posa sobre nadie. Eso dicen algunos sabios: que el Espíritu se retiró después de la destrucción del templo de Jerusalén. Pero el personaje parece muy seguro de lo que dice. Y les habla de la misión que llevará a cabo movido por el Espíritu: “daros una buena noticia a vosotros que sufrís, vendar los corazones desgarrados, proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, proclamar el año de gracia del Señor”.

Poco a poco, la luz que iluminaba sólo el rostro aumenta de intensidad y permite ver que el protagonista, a diferencia de los demás, está vestido de gala, envuelto en un manto regio y espléndido, que refuerzan la alegría de su rostro. Pero no habla como un rey a su corte. Se dirige a campesinos, con el lenguaje que pueden entender: “Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los cantos de alegría ante todos los pueblos.”

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.  Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor. Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas. Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos. (Lectura del libro de Isaías 61, 1-2a. 10-11)

Acto segundo

En el centro del escenario un muchacho de unos veinte años sentado a una mesa y escribiendo. Pablo camina por la habitación mientras dicta.

̶  “Guardaos de toda forma de maldad.

̶  No sigas. (Lo interrumpe el muchacho cuando acaba de escribir la frase). Ya van siete consejos.

Pablo lo mira extrañado.

̶  ¿Los has ido contando?

̶  Claro. Los seis anteriores han sido: “Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión. No apaguéis el espíritu. No despreciéis el don de profecía. Examinadlo todo, quedándoos con lo bueno.” Ahora basta con que los encomiendes a Dios y les asegures su protección.

̶  ¿Cuál de esos consejos te viene mejor?

El muchacho se queda releyendo los consejos y pensando mientras cae el telón.

De la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5,16-24

Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros. No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno. Guardaos de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la Paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas. 

Acto tercero

Escena a orilla del río Jordán. En el centro Juan Bautista, rodeado de un grupo de sacerdotes y levitas. Las noticias que han llegado a Jerusalén son alarmantes. Cada vez más gente acude al río, y las autoridades temen que se produzca una revuelta. ¿Quién es ese Juan? ¿Es el Mesías, el rey que los liberará del poder romano? ¿Es cierto, como dicen unos, que es el profeta Elías, que ha vuelto a la tierra? ¿O es el profeta del que habló Moisés, el que otros esperan antes del fin del mundo? ¿Qué dice él de sí mismo?

Lo asedian a preguntas, pero no consiguen arrancarle más que negativas, cada vez más escuetas: “No soy el Mesías”. “No lo soy”. “No”. Al final, cansado de tanto interrogatorio, les da una clave que ellos probablemente no comprenden. “Yo sólo soy una voz que grita en el desierto. Al que deberías buscar es a uno que no conocéis, que viene detrás de mí, mucho más importante que yo.”

Los sacerdotes y levitas dan a Juan por imposible y se retiran.

Juan mira a sus discípulos y les comenta:

̶  Han venido desde Jerusalén queriendo saber quién soy yo, y no les interesa lo más mínimo saber quién es el que viene detrás de mí.

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 6-8.19-28

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan:  este venia como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran:  ¿Tú quién eres?

El confesó sin reservas: Yo no soy el Mesías.

Le preguntaron: Entonces, ¿qué? ¿Eres tú Elías?

 Él dijo: No lo soy.

¿Eres tú el Profeta?

Respondió: No.

Y le dijeron: ¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?

Contestó: Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, Como dijo el profeta Isaías.

Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?

Juan les respondió: Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Crónica del periódico

Como preparación a la Navidad se representó ayer una extraña obra en tres actos que provocó bastante desconcierto entre el público presente. En opinión de este comentarista, la clave se encuentra en el contraste entre los actos primero y tercero: el primero habla de un personaje seguro de sí mismo y de su misión; el tercero de Juan, que se empequeñece a sí mismo para poner de relieve la grandeza del que lo sigue. Y el que lo sigue es precisamente el que lo ha precedido, el protagonista del primer acto. Alguien con un mensaje de esperanza y alegría para los que sufren. Quien no esté de acuerdo con estas sutilezas deberá contentarse con poner en práctica los buenos consejos de Pablo.

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Tercer Domingo de Adviento. Ciclo B. 17 Diciembre, 2017

domingo, 17 de diciembre de 2017
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3adviento

“Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz.”

(Jn 1, 6-8. 19-28)

En este tercer domingo de Adviento a la Familia Trinitaria se nos juntan dos “Juanes” importantes. El 17 de diciembre es la fiesta de Juan de Mata, nuestro fundador, y como coincide con el tercer domingo de Adviento tenemos como protagonista a otro Juan, el Bautista, el precursor.

Dos personas que supieron descubrir a Dios en sus vidas y vivieron para mostrar el tesoro que habían encontrado. Supieron ser testigos de la luz.

De modo que felicidades a todas esas personas que formamos la gran familia Trinitaria. Que el día de hoy sea la excusa perfecta para darle gracias a Dios por nuestro carisma y nuestra vocación.

El evangelio de este domingo nos ofrece un modelo de testimonio. Juan Bautista se presenta como el que señala, el que indica hacia quién debemos mirar.

Porque en lo que al evangelio se refiere se trata de anunciar y ser testigos, nunca protagonistas. Dios, en Jesús, no nos ha pedido que salvemos al mundo, ni siquiera que lo cambiemos. Lo único que nos pide es que anunciemos la Buena Noticia de su Reino.

Juan Bautista lo tiene claro, dice: Yo soy la voz. Eso mismo estamos llamados a ser todos los cristianos. Somos la voz de una Buena Noticia.

Sería estupendo que lo que nos queda de Adviento fuera un tiempo para descubrir o re-descubrir la Buena Noticia de la que tenemos que ser voz, porque es bueno que la voz esté en sintonía con el mensaje, tenga la entonación y el timbre adecuados.

Nos quedan unos días para descubrir, como si fuera la primera vez, la Palabra de la que estamos llamados a ser voz.

Oración.

Santa Ruah, sé tú el aire, el impulso de nuestra voz para que no sepamos decir otra cosa que la Palabra. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Solo soy un espejo pero que puede reflejar toda la Luz.

domingo, 17 de diciembre de 2017
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dezeen_reflet-by-claire-lavabre_ssJn 1,6-8,19-28

Las lecturas nos invitan a repensar nuestra condición de criaturas, limitadas pero con posibilidades infinitas. El tono es de alegría. La verdadera alegría nace del descubrimiento de lo que somos en Dios. No solo tenemos derecho a estar alegres, sino que tenemos la obligación de ser alegres. Puede ser interesante hablar de la alegría justo en este momento que estamos preparado la Navidad. ¿Qué alegría buscamos en esta fiesta?

El primer paso sería diferenciar el placer y el dolor de la alegría y la tristeza. El placer y el dolor son mecanismos, que la evolución ha desplegado para asegurar nuestra supervivencia como individuos y como especie. Son respuestas automáticas del organismo ante lo que es bueno o perjudicial para nuestra biología. Si el contacto con el fuego no me produjera dolor, me abrasaría sin poner remedio alguno.

El placer que nos proporciona la biología no es malo. Pero las necesidades de placer no tienen límite y nunca quedan satisfechas. Debemos encontrar otro camino para desplegar una vida feliz. Esa alegría es la clave para alcanzar la felicidad que permanece en el tiempo. La alegría es un estado que debemos alimentar desde dentro. Nacerá de un verdadero conocimiento de nuestro ser y de la estructura de nuestra psicología.

Una alegría que perdure tiene que estar fundamentada en nuestro ser profundo, no en lo accidental que podemos tener hoy y perder mañana. No se puede apoyar en la riqueza, en la fama, en los honores; realidades que vienen de fuera de nosotros mismos. Pero tampoco se puede apoyar en la salud, en la belleza, en el cuerpo, porque también esas realidades son efímeras y antes o después las perderemos.

Nuestra principal tarea como seres humanos es descubrir ese verdadero ser y vivir desde la perspectiva de su realidad inconmovible. Entonces nuestra alegría será completa y nuestra felicidad, absoluta y duradera. El ser felices o desgraciados, no depende de las circunstancias que nos rodean, sino de la manera como cada uno respondemos a esas influencias de lo externo y de lo interno.

Es probable que el versículo 6 fuera el principio del evangelio de JN. Muchos libros del AT comienzan así: “Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba…” Los otros 10 versículos son la continuación del prólogo, y nos narran una misión de los “judíos”. Da por supuesto que el lector conoce lo que el Bautista hacía en el desierto de Judea. Empieza con el interrogatorio al que le someten los enviados. Eran los responsables del orden, por tanto no tiene nada de extraño que se preocupen por lo que está haciendo.

La pregunta es simple: ¿Tú quién eres? Existían varias figuras mesiánicas. La principal era el Mesías, pero también la de un profeta escatológico (como Moisés). La de Elías que volvería. Juan atrajo mucha gente a oír su predicación y a participar en su bautismo. La pregunta quería decir: ¿Con cuál de las figuras mesiánicas te identificas? La respuesta es también sencilla: Con ninguna: No soy el Mesías, ni Elías, ni el Profeta. No quedan  satisfechos y le exigen que defina su papel. La respuesta es también simple: Soy una voz.

Allanad el camino al Señor. Es el grito de todo profeta. Esto es lo que nos dice Jesús por activa y por pasiva. Lo que debemos tener en cuenta hoy es que “el Señor” no tiene que venir de fuera sino dejarle surgir desde dentro. Con esta salvedad, esta sugerencia sigue siendo la clave de toda religiosidad. ¿Cómo conseguirlo? Apartando de nosotros todo lo que impide esa manifestación de lo divino en nosotros, el egoísmo e individualismo.

Entonces, ¿por qué bautizas? No se identifica con ninguno de los personajes previsibles, pero se siente enviado por Dios. La pregunta lleva en sí una acusación. Es un usurpador. El hecho de bautizar estaba asociado a una de las tres figuras anteriores. Consideran su bautismo como un movimiento en contra de las instituciones. En realidad era el símbolo de una liberación de las autoridades.

Yo bautizo con agua. La justificación de su bautismo es humilde. Se trata de un simple bautismo de agua. El que ha de venir bautizará en espíritu santo. Esta distinción entre dos bautismos, agua y Espíritu es típicamente cristiana, se trae a colación para dejar, una vez más, bien calara la diferencia entre el bautismo de Juan y el cristiano.

Entre vosotros hay uno que no conocéis. El bautista habla de una presencia velada que no es fácil de descubrir. Es el recuerdo de lo que les costó conocer a Jesús. Esa dificultad permanece hoy. Incluso los que repetimos como papagayos que Jesús es Hijo de Dios, no tenemos ni idea de quién es Dios y quién es Jesús. Ni lo tenemos como referente ni significa nada en nuestras vidas. En el mejor de los casos, lo único que nos interesa es la doctrina, la moral y los ritos oficiales para alcanzar una seguridad externa.

Para entender la relación entre la figura del Bautista y Jesús, es imprescindible que nos acerquemos a la narración sin prejuicios. Para nosotros, esto no es nada fácil, porque lo que primero hemos aprendido de Jesús es que era el Hijo de Dios, o simplemente que era Dios. Desde esta perspectiva, no podremos entender nada de lo que pasó en la vida real de Jesús. Este juicio previo (prejuicio) distorsiona todo lo que el evangelio narra. Lc dice que Jesús crecía en estatura, en conocimiento y en gracia ante Dios y los hombres.

Jesús desplegó su vida humana como cualquier otro ser humano. Como hombre, tuvo que aprender y madurar poco a poco, echando mano de todos los recursos que encontró a su paso. Fue un hombre inquieto que pasó la vida buscando, tratando de descubrir lo que era en su ser más profundo. Su experiencia personal le llevó a descubrir donde estaba la verdadera salvación del ser humano y entró por ese camino de liberación. Si no entendemos que Jesús fue plenamente hombre, es que no aceptamos la encarnación.

Es comprensible que los primeros cristianos no se sintieran nada cómodos al admitir la influencia de Juan Bautista en Jesús. Esta es la razón por la que siempre que hablan de él los evangelios, hacen referencia al precursor, que no tiene valor por sí mismo, sino en virtud de la persona que anuncia. A pesar de ellos, tenemos muchos datos interesantes sobre Juan Bautista. Incluso de fuentes extrabíblicas. El primer dato histórico sobre Jesús, que podemos constatar en fuentes no bíblicas, es el bautismo de Jesús por Juan.

Jesús aceptó la propuesta de Juan, pero no renunció a seguir buscando. Eso le llevó a distanciarse de él en muchos puntos. Están de acuerdo en que no basta la pertenencia a un pueblo ni los rituales externos para salvarse. Es necesaria una actitud interior de apertura a Dios que se traduzca en obras. Pero hay diferencias. Juan no predicaba una buena noticia, sino una estrategia para escapar del castigo. Jesús predica una buena noticia para todos. Enseña la manera de participar del amor, no de escapar de la ira.

Meditación

“No era él la luz, sino testigo de la luz”.
La luz física no puede ser percibida directamente.
El ojo ve los objetos que reflejan la luz que los alcanza.
El ser humano Jesús, tampoco era la Luz,
pero dejaba ver con toda claridad la Luz que es Dios.
La Luz te está alcanzando siempre. ¡Refléjala!

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Jesús, profeta itinerante.

domingo, 17 de diciembre de 2017
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OLYMPUS DIGITAL CAMERA ¡La salvación ha llegado al mundo! (Tannhäuser)

 17 de diciembre, domingo III de adviento

 Jn 1, 6-8. 19-28

Entre vosotros está uno que no conocéis

El jesuita alemán Johannes Beutler (1933) dice en Comentario al Evangelio de Juan, que la teología de dicho Evangelio ve en el Bautista exclusivamente al “testigo de Jesús”. Cualidad, que podría ser calificada como una de las cosas más grandes que se puede decir del ser humano. Y un “testigo” –el que da testimonio- no pude detenerse en su tarea y congelarse en la orilla del camino. Dejaría de ser lo que es y, con ello, traicionaría su vocación de profeta itinerante.

Mostraos tal como sois y sed tal como os mostráis”, aconsejaba Rumi -notable denunciante de embusteros- a los suyos. Todo crecimiento personal demanda previamente reconocimiento y aceptación de la propia verdad, sólidos cimientos sobre los que cabe construir nuestra persona. Así lo entendía la Comunidad monástica de Qumram (s. II a.C.) en cuya Regla se planifica la vida de la comunidad para el futuro, proponiendo como meta: buscar a Dios para practicar el bien delante de sus ojos.

En su obra Mi experiencia de fe, escribe José Enrique Galarreta que “Jesús es un predicador itinerante que recorre Galilea predicando en las sinagogas a campo abierto y curando enfermedades. Es el principio de su estilo: anunciar y curar”. Talante inexcusable de todo fiel seguidor de sus huellas.

En la ópera Tannhäuser, de Richard Wagner, canta el Coro: “¡La salvación ha llegado al mundo!”). Un caminar también el suyo –mejor, un navegar- en busca del amor perdido. Y un despertar movilizador que es garantía de resurrección personal.

“Cristiano”, dice en Abajarse Luis Pernía, “es quien diariamente oye los gemidos de los crucificados y está seducido por la libertad que implica la Resurrección. Si leemos efectivamente los relatos de Resurrección, podemos comprobar que la Resurrección es movilizadora. ¿Por qué? porque la Resurrección es garantía de otro mundo es posible y anticipo de nuestra resurrección personal y de la propia historia”.

En el capítulo primero del Evangelio de Juan, leemos lo que de Jesús dijo el Bautista: “En medio de vosotros hay uno que no conocéis”, y “que vino como testigo, para dar testimonio de la luz”Un albor que nace, crece, y se extiende como energía itinerante para testimoniar la luz del Sol. Isaías le profetiza mensajero de la paz: “¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del heraldo que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que anuncia la victoria” (Is 52, 7). La semana pasada tuve la oportunidad de asistir a una presentación de El Mesías, en el Auditorio de Madrid. Una Coral de 150 componentes, y la London Vienna Kammerorchester dirigida por el ruso Ilia Korol, entonaban este mismo lamento del profeta. Las notas escritas por Friedrich Haendel hace dos siglos, inundaban la sala con las voces del coro y los tonos musicales –siempre itinerantes- de los instrumentos.

El músico y cantaor andaluz Juan Peña Fernández (1941-2016), conocido como El Lebrijano, es el autor de del siguiente Poema, en el que entona a son de cuerda de su guitarra:

Dame la libertad del agua, de los mares,

dame la libertad de la tormenta,

dame la libertad de la tierra misma,

dame la libertad del aire,

dame la libertad de los pájaros, de la marisma

vagadores de las sendas nunca vistas”

  Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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En el desierto.

domingo, 17 de diciembre de 2017
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desierto(Jn 1,6-8.19-28)

El desierto tiene una larga tradición espiritual. Simbólicamente representa un lugar privilegiado de encuentro con la divinidad. También es el lugar de la preparación, de la austeridad y de la búsqueda de Dios. Bíblicamente representa un lugar especial para Israel que ha tenido que atravesarlo antes de llegar a la tierra prometida. Los profetas eligen este lugar como símbolo de la restauración: del desierto, Dios sacará una tierra fértil. Y en el NT, Juan Bautista y Jesús mismo tendrán que atravesarlo.

La descripción del desierto bíblico no coincide con nuestra idea actual. La RAE lo define como un lugar despoblado, o como un lugar en el que la falta de agua hace que no haya vegetación. El ambiente en el que está el bautista, por ejemplo, no es así: hay agua para bautizar (y sumergirse) y concurren personas de distintos lugares.

Así Juan el bautista se presenta en este desierto, como la voz que clama en el desierto, retomando el anuncio del profeta Isaías. Y lo que anuncia es que el Reino está cerca.

A nivel personal podemos hablar de desierto espiritual: “El desierto es parte de la condición y del espíritu humano. Es la experiencia del vacío, la soledad, la frustración, la ruina y aridez que periódicamente nos invade” (Segundo Galilea 1928-2010). Y a nivel colectivo hoy muchos desiertos aparecen en medio de las personas debido a las serias dificultades de comunicación. Aunque estamos juntos, constatamos sorderas generadas por la falta de atención e incomprensiones. Muchas veces, en especial las mujeres, decimos y repetimos, con más y distintos argumentos, nuestras formas de entender la vida, las relaciones y nuestra experiencia de Dios pero no es lo habitual ser escuchados con empatía y mucho menos que la realidad se reordene en diálogo con nuestra voz. Somos con Juan una voz que grita en el desierto, que cae en el vacío, que no se escucha.

Y esto es así porque, por otro lado, saber escuchar es un don y una tarea. Jesús nos pide: “Estén atentos”, porque el Reino está entre nosotros. Pero ello es un regalo para los pobres, para los sencillos, para los enfermos, para quienes trabajan por la justicia…

Es entre ellos, donde se hace eco débil o con más fuerza de la voz que anuncia que el Reino está cerca, a la puerta. Y donde se constata que Dios saca de los desiertos una tierra fértil y fecunda. El desierto, como lugar de pobreza espiritual y social y como hábito de atención, es así lugar privilegiado de encuentro con Dios.

Paula Depalma

Fuente Fe Adulta

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¿Yo soy o me lo creo?

domingo, 17 de diciembre de 2017
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juanDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

Jn 1,6-8: Fue un hombre enviado por Dios, Juan … que viene para dar testimonio de la luz … no era él la luz.

o Es propio del ser humano vivir en la luz, en la verdad o, cuando menos, en búsqueda de la verdad y la luz. No es sano vivir en la apatía o en el fanatismo fundamentalista político o eclesiástico.

La desidia lleva al abandono en la vida, el fanatismo a la agresión y violencia. Fundamentalismos no, búsquedas.

o Se trata de vivir en la luz, de amar y buscar la luz de la Verdad.

o Es noble tarea la de ser testigos de la verdad y de la luz: ante los hijos, familia, amigos, en el trabajo, en la sociedad, en la misma Iglesia, en la injusticia, en las tinieblas. Más vale encender una vela que maldecir la oscuridad.

o Nunca faltarán hombres y mujeres libres que viven desde la LUZ.

o A veces ser testigos de la verdad tiene sus riesgos: mártir significa: testigo. La verdad os hará libres, (Jn 8,32). La libertad nos puede costar brillo social, cargos, puestos, dinero y ello en la vida social, en la vida diocesana.

o ¿Soy testigo de la verdad, de la luz?

Jn 1,19 Este es el testimonio de Juan

o Testigo quien ha experimentado una vivencia y la transmite. El testimonio es una especie de vida que se hace palabra y se comunica a los demás. Tanto la cultura, como la historia, como la fe se fundamentan en el testimonio. Transmitir la fe no es ser un charlatán papanatas del catecismo, sino comunicar lo vivido desde JesuCristo.

o Nadie da lo que no tiene. Transmitiremos si es que tenemos la experiencia vivida en el orden de los valores: familia, justicia, libertad, cristianismo

desert_walkJn 1,8.20ss Juan Bautista no era la luz ni el Mesías.

o Todo el evangelio de san Juan está compuesto (sobre todo la cristología) desde un continuo “YO SOY” aplicado a Cristo.

o Desde el comienzo en el evangelio de Juan late ya el ser: en el principio ERA la Palabra … Y todo el evangelio es un continuo “YO SOY”: Yo soy el pan de vida, Yo soy el agua, Yo soy la luz del mundo, Yo soy el Buen pastor, Yo soy el camino, las verdad y la vida, yo soy la resurrección y la vida, yo soy rey …

o En una civilización del vacío, de la nada (nihilismo), bueno es que nos afirmemos en el ser, en quien es fundamento de la existencia.

o Juan Bautista es un hombre contracultural. Vive lejos de la sociedad (en el desierto), lejos del Templo. No es un eclesiástico de conveniencia y acomodaticio a los vaivenes de las ideologías religiosas y del poder.

o Juan Bautista dice de él que “no es”: YO NO SOY: no soy la luz, no soy el Mesías, no soy el Cristo, no soy Elías, no soy profeta, no soy digno…

o Juan Bta “no se cuelga medallas”, ni busca puestos o sedes, Jesús es (“Yo soy”), Juan Bautista “no es” (“NO SOY”). Juan es testigo de la luz. Muchas veces “nos lo tenemos muy creído” en la vida: yo soy tal, soy de tal familia, soy amigo de, he estudiado en tal sitio, soy o tengo tal cargo, yo soy el que mando, etc …

No es lo mismo ser la luz, lo cual solamente es Cristo: Yo soy la luz del mundo, (Jn 812), que ser un “iluminado y creído” en la vida familiar, social, política, en la Iglesia.

Mucho menos Juan Bautista es -ni se siente- el Mesías. Siempre se han dado “pseudo-mesías”, “salvadores de diócesis”, “salvapatrias” y “redentores”. No faltan hoy. Tal vez me tengo por más y mejor que los demás, tengo mis “toques” racistas y desprecio al emigrante, al que no es de los nuestros, etc. (¿)

o ¿Quizás me siento en posesión de la verdad, de la fe, de la solución política, me falta poco para suplantar al Mesías?

Jn 1,22-23 ¿Quién eres tú? YO SOY LA VOZ, que grita en el desierto.

o Juan Bautista es la voz; la Palabra es Cristo: En el principio existía la Palabra, (Jn 1,1). Juan es voz, “porta-voz”. La Palabra es otro: Cristo.

o Muchas veces nos creemos que nosotros somos la Palabra, que tenemos la verdad, que estamos en posesión de la verdad. Harto haremos en la vida si escuchamos y transmitimos la Palabra.

o El desierto evoca la esclavitud de Egipto, los cuarenta años de desierto en la vida, el exilio de Babilonia. Juan Bautista se sitúa en el desierto, en la dureza de la vida y anuncia al Libertador. Juan Bta no es el Libertador, pero lo anuncia viviendo el desierto.

o A Cristo no se le anuncia a bombo y platillo litúrgicos o de grandes concentraciones, sino “a pie de obra”, sufriendo con quien sufre en el desierto de la vida.

o ¿Soy voz que intenta trasmitir el Evangelio del Señor?

Jn 1,24-27 Los enviados eran judíos, sacerdotes, levitas y fariseos … En medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.

imageo Es la ironía de San Juan. Los que preparan toda la película son “los del partido”, los judíos , los eclesiásticos: sacerdotes, levitas, fariseos … y son precisamente quienes desconocen a Cristo ¡Vosotros no conocéis al que está en medio del pueblo!

o Quienes más hablan son quienes menos conocen -¡y menos aman!- al Mesías. El Mesías no tiene más remedio que decir y hacer lo que “yo” pienso y digo.

o Juan Bautista se considera que -ante el Mesías- no está ni a la altura del zapato. NO SOY digno de desatar sus sandalias …

o Los fariseos, sacerdotes, levitas, etc. se creen, ¿nos creemos?, que podemos dominar tanto al Mesías como al pueblo. La honestidad personal de Juan Bautista hace bien.

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«Dejar espacio al señor», por Carmen Barba Pérez.

sábado, 16 de diciembre de 2017
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028«Sales al encuentro del que practica gozosamente la justicia y recuerda tus caminos» (Is 64,4)

Instituto Superior de Pastoral, 25 de noviembre de 2017

1. Introducción: una nueva oportunidad

Con la fiesta de Cristo Rey los cristianos terminamos el año litúrgico confesando a Jesús como el centro de nuestras vidas, como el eje sobre el que gira toda nuestra existencia, confesando –como nos ha recordado el Papa Francisco en el Mensaje con motivo de la primera Jornada mundial de los pobres– que “el inocente clavado en la cruz, pobre, desnudo y privado de todo, encarna y revela la plenitud del amor de Dios”1.

El Adviento nos abre las puertas de un nuevo año. Del mismo modo que el inicio de cada año natural se nos ofrece como una oportunidad, como una posibilidad abierta, para dar lo mejor de nosotros mismos en los 365 días que tenemos por delante…, así tendríamos que vivir el comienzo de cada año litúrgico que se no ofrece como novedad, oportunidad, nuevo comienzo…

Creo –es mi percepción, quizás equivocada– que los cristianos solemos caer en un error: considerar el año litúrgico como un “ciclo” como un tiempo circular que vuelve una y otra vez, sin cambio, repitiéndose monótonamente: otro Adviento, otra Navidad…, después vendrá otra Cuaresma, otra Pascua…, y así para volver a empezar.

Esta sensación de circularidad imprime monotonía y rutina y no se corresponde con lo que proclamamos como creyentes que es, justamente, lo contrario: domingo a domingo celebramos al Dios de la sorpresa, al Dios de la novedad, a Aquel que va siempre por delante, que no se repite, a Aquel que sostiene y empuja nuestra historia (personal, comunitaria, mundial, eclesial…), que nos interpela y compromete en la construcción del Reino, hasta que Jesús (el centro de nuestra vida) sea realmente todo en todos.

Nuestro caminar personal, familiar, social, histórico… es un caminar hacia delante, hacia lo mejor, hacia la superación constante…, es un caminar que se nos abre lleno de posibilidades, que nos debe ilusionar, que nos debe llenar de nuevas energías… porque Dios, que es novedad constante, lo impulsa desde dentro.

Creo que si miramos el nuevo año litúrgico desde esta perspectiva, seremos capaces de romper con la rutina para dejarnos sorprender, conmover y movilizar. Ya no será “otro Adviento más”, sino “un Adviento nuevo y distinto”; ni “una Navidad más”, sino “una Navidad nueva e inolvidable”…

Nuestra experiencia nos dice que todo comienzo pone en marcha nuevos resortes, nuevas actitudes. Voy a detenerme en cuatro movimientos a las que, expresamente, nos invita el Adviento y la Navidad.

2. Ponernos en marcha

2.1. Primer movimiento: despertar para servir

En los tiempos en que vivimos es urgente estar despiertos, vigilantes, atentos, en vela. Si vamos por la vida dormidos, distraídos, inconscientes… no tendremos el gozo y la oportunidad de descubrir la novedad que se nos ofrece. Si no estamos despiertos, pasarán este Adviento y esta Navidad, acabará el “cansancio” de estas fiestas y todo volverá a ser igual que antes “a la espera de otro Adviento”.

La Palabra de Dios insiste en la necesidad de despertar del sueño, de estar vigilantes. Se nos llama a “velar y orar porque no sabemos ni el día ni la hora”2. Estar despiertos y conscientes es la condición para acoger la permanente venida de Dios a nosotros, su constante adviento.

Es la actitud que descubriremos en los pastores de Belén, aquellos marginados de la historia que se mantenían despiertos y vigilantes en medio de la noche, con esa atención necesaria para poder percibir y acoger lo importante.

No se trata de un esfuerzo titánico y voluntarista sino de esa forma de ser y de vivir que se transforma en movimiento cotidiano de apertura, de disponibilidad, de acogida, de espera paciente y activa, porque como decía Simone Weil: «los bienes más preciados no deben ser buscados, sino esperados»3.

Estar despiertos, espabilarnos… equivale a caer en la cuenta de nuestra realidad y de la realidad de quienes nos rodean. Es descubrir que no estamos solos, que todos nos necesitamos, que nada ni nadie puede sernos indiferente porque “nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en el corazón del seguidor de Jesús”4. Se trata de vivir con consciencia nuestro día a día, poniendo lo mejor de nosotros mismos en lo cotidiano.

Estar despiertos es, en definitiva, sentirnos vivos, ponernos en marcha, salir de nuestras rutinas y hacer de nuestra vida un servicio, a pesar de la indiferencia o el escepticismo que podamos encontrar a nuestro alrededor.

Estar despiertos exige aprender a discernir los signos de los tiempos para reconocer la presencia de Dios y de su reino en los acontecimientos de la vida y actuar en consecuencia.

Una forma de vida despierta, atenta y vigilante, en servicio al otro, comporta superar el «no tengo tiempo» (para lo más valioso: la escucha de la Palabra, la oración-contemplación reposada, la dedicación a los demás) por el «aquí estoy». Supone una permanente atención para rechazar las “obras de la oscuridad” (apatía, comodidad, indiferencia, rutina, afán de protagonismo, hedonismo, corrupción de toda índole) y acoger “las armas de la luz” (paz, justicia, dignidad personal, derechos humanos para todos, compromiso en la transformación de la sociedad y construcción de unas redes sociales nuevas)5.

SÓLO DESPIERTOS PODEMOS ESCUCHAR CON PACIENCIA, SALIR CON PRONTITUD Y ACOGER CON TERNURA.

2.2. Segundo movimiento: escuchar para liberar

Despiertos y vigilantes ¿para qué? ¿con qué objetivo?

Despiertos, atentos y expectantes, con los ojos y los oídos bien abiertos para poder sacudirnos todo lo que nos embota y atonta y emprender la apasionante tarea de liberarnos y liberar.

El Adviento es una llamada a la libertad, a romper las ataduras de todo aquello que nos encierra, nos encoge, nos empequeñece como personas. Es una llamada a eliminar los obstáculos que nos incapacitan para recibir a Aquel que, estando ya en nuestras vidas, nos invita a dejarle espacio, a ensanchar nuestra tienda, la tienda de nuestro corazón, para ser cada vez más conscientes de su presencia.

Escuchar con todo nuestro ser es desprendernos de todo aquello que nos impide abrirnos a la novedad de Dios. Es reencontrarnos con nuestro yo más profundo, superar la locura en la que nos sumergimos tantas veces, salir de la instalación en la superficie de nuestro ser, de la reducción de nosotros mismos a lo que tenemos, a lo que hacemos, a las funciones que ejercemos, a la imagen que damos.

Abrirnos a la escucha que libera es abandonar todo aquello que nos hace ir demasiado deprisa, demasiado encerrados en nuestros pensamientos, ocupaciones y problemas. Es –como decía Dietrich Bonhoeffer– “permitir que [en medio del trajín cotidiano] Dios nos interrumpa. Constantemente Él se cruzará en nuestro camino y cancelará nuestros proyectos humanos enviándonos personas que vienen con sus propios reclamos y peticiones. Puede que, absortos en nuestras importantes ocupaciones diarias, pasemos de largo como hizo el sacerdote ante el hombre que había caído en mano de los ladrones… quizás también enfrascados en la lectura de la Biblia. De este modo pasamos de largo ante el signo que Dios ha erigido bien visible en nuestra vida para mostrarnos que lo que cuenta no es nuestro camino sino el suyo” 6.

Por eso el Adviento es una llamada a la “conversión”.

Pero ¡cuidado!, convertirse no se trata tanto de hacer un nuevo esfuerzo voluntarista por cambiar, cuanto de caer en la cuenta de que nuestra única tarea es vivir lo que ya somos: hijos e hijas de Dios Padre/Madre y, por tanto, hermanos y hermanas entre nosotros.

En Jesús, hecho niño en Belén, se nos da la oportunidad de redescubrir nuestra identidad más profunda y celebrarla con gozo. Él no sólo nos revela quién es Dios, sino que proclama quienes somos cada uno de nosotros. Por eso, desde la contemplación expectante y humilde del misterio de la Encarnación tenemos que aprender que mirar a Jesús es como mirarnos en un espejo.

Es necesario abrir el oído y escuchar para vivir con un corazón limpio y libre de falsas tradiciones el misterio al que nos acercamos con “temor y temblor”7 experimentando en el hondón del ser la grandeza a la que hemos sido llamados: somos hijos e hijas de Dios, aunque aún no se haya manifestado plenamente8.

Sólo descubriendo con asombro lo que somos por don y gracia nos abriremos a la libertad9 que necesitamos para dejar que algo nuevo brote en nuestras vidas. En la libertad y desde la libertad, la violencia se torna justicia, la intolerancia se transforma en paciencia y consuelo; el cansancio por la rutina deja paso a la alegría de la novedad; el deseo de venganza da espacio al perdón sin condiciones…

Despiertos y liberados podemos salir al encuentro de Aquel que nos quiere encontrar.

2.3. Tercer movimiento: salir para dejarse encontrar

Sabemos que la palabra «Adviento» significa literalmente «advenimiento», «venida», «llegada». Son cuatro semanas en las que Dios (el que viene, el que tiene la iniciativa) y nosotros (los que le esperamos) somos los protagonistas. Es decir, son cuatro semanas de “movimiento” porque se va a producir un “encuentro” que va a trastocar nuestra vida.

Dios viene, se hace presente… nosotros esperamos su venida, nos preparamos para ella. Pero nuestra espera no puede ser pasiva.

En realidad, si lo pensamos despacio ¿podemos hablar de la venida del Señor? ¿No es verdad que Dios está ya siempre presente en nosotros, puesto que si existimos es gracias a su presencia en lo más profundo de nuestro ser? ¿No afirmamos con san Pablo que «en él vivimos, nos movemos y existimos»10?

Y si esto es así (que lo es) entonces, ¿tiene sentido hablar de que Dios sale a nuestro encuentro, de que Él viene? ¿acaso se ha ido?

Si Él ya ha venido, si ya está con nosotros, entonces ¿a quién esperamos?

Responder a esta pregunta es importante en nuestro camino creyente, porque en el fondo cuestiona cómo vivimos la Navidad: ¿es un recuerdo de algo que se produjo de forma puntual en Belén hace más de 2000 años, o es una realidad que sigue aconteciendo de un modo nuevo y distinto en este 2017 para ti…, para mí…, para todos…?

Afirmamos que Dios viene, que sale a nuestro encuentro. Todos tenemos experiencia de que, cuando nos abrimos con un corazón creyente a lo que nos rodea, somos capaces de percibir la constante venida de Dios que se hace presente y activo en la creación, en la historia, en la sociedad y en la vida de las personas.

Siempre y en todo lugar podemos escuchar los pasos de nuestro Dios. Él viene y está presente en la luz y en las tinieblas, en el gozo y en el dolor, en el trabajo y en el descanso… En cada instante (como dice el profeta) se rasga el cielo y desciende el salvador11.

Él sale a nuestro encuentro de un modo total y permanente. Viene a nuestro mundo, a nuestra historia, a cada uno de nosotros… Se hace presente presencia.

Y puesto que Dios nos ha dado en Jesús todo lo que nos podía dar, somos nosotros los que debemos dejarle sitio12 allí donde quiere dejarse encontrar13. “Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres […] en los rostros y en las personas de los hermanos más débiles”14: rostros “marcados por el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero”15.

Él viene, sigue viniendo, sigue saliendo a nuestro encuentro, recordándonos que el camino del Reino se construye desde la práctica gozosa de la justicia16 porque es en estos hermanos nuestros, los más pequeños y desamparados donde Él se hace presente, donde Él se hace de nuevo Navidad. Leer más…

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Puente al Prójimo. Adviento 2

lunes, 11 de diciembre de 2017
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«Convertirnos en prójimos en tender un puente para salvar la distancia que separa a la gente. En la medida en que haya distancia entre nosotros y no podamos mirarnos a los ojos, surgen todo tipo de ideas y se crean falsas imágenes. Ponemos nombres ofensivos a los demás, hacemos bromas sobre ellos, les hacemos pagar nuestros prejuicios y evitamos su contacto directo. Pensamos en ellos como si de enemigos se tratara. Olvidamos que ellos aman, igual que amamos nosotros, que cuidan de sus hijos igual que cuidamos nosotros de los nuestros, caen enfermos y mueren igual que nosotros .

Olvidamos que son nuestros hermanos y hermanas y los tratamos como objetos que podemos destruir cundo se nos antoje.

Únicamente si tenemos el valor de cruzar al otro lado del camino y mirarnos a los ojos, podemos ver que somos hijos del mismo Dios y miembros de la misma familia humana.»

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Henri Nouwen

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Preparad el camino del Señor.

domingo, 10 de diciembre de 2017
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Si la paciencia es la madre de la espera, es la misma espera la que produce nuevo gozo en nuestras vidas. Jesús nos ha hecho entrever no sólo nuestros sufrimientos sino también lo que está más allá de ellos. «También vosotros ahora estáis tristes, pero os veré de nuevo y vuestro corazón se llenará de gozo». Un hombre, una mujer que no alimentan su esperanza en el futuro, no están en disposición de vivir el presente con creatividad.

La paradoja de la espera está precisamente en el hecho de que los que creen en el mañana están en disposición de vivir mejor el hoy; que los que esperan que de la tristeza brote el gozo están en disposición de descubrir los rasgos inaugurales de una vida nueva ya en la vejez; que los que esperan con impaciencia la vuelta del Señor pueden descubrir que él ya está aquí y ahora en medio de ellos (…).

Precisamente en la espera confiada y fiel del amado es donde comprendemos cómo ya ha llenado nuestras vidas. Como el amor de una madre por su propio hijo puede crecer mientras espera su regreso, como los que se aman pueden descubrirse cada vez más durante un largo período de ausencia, así nuestra relación interior con Dios puede ser cada vez más honda, más madura mientras esperamos pacientemente su retorno.

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H. J. M. Nouwen,
Forza dalla solitudine, Brescia 1998, 59-62).

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Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías

«Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.»»

Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaba sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:

– «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo

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Marcos 1,1-8

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«Con Jesús comienza algo bueno». 2º Domingo de Adviento – B (Marcos 1,1-8). 10 de diciembre 2017

domingo, 10 de diciembre de 2017
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gargalloA lo largo de este nuevo año litúrgico, los cristianos iremos leyendo los domingos el evangelio de Marcos. Su pequeño escrito arranca con este título: «Comienzo de la buena noticia de Jesús, el Mesías, Hijo de Dios». Estas palabras nos permiten evocar algo de lo que encontraremos en su relato.

Con Jesús «comienza algo nuevo». Es lo primero que quiere dejar claro Marcos. Todo lo anterior pertenece al pasado. Jesús es el comienzo de algo nuevo e inconfundible. En el relato, Jesús dirá que «el tiempo se ha cumplido». Con él llega la buena noticia de Dios.

Esto es lo que están experimentando los primeros cristianos. Quien se encuentra vitalmente con Jesús y penetra un poco en su misterio sabe que con él empieza una vida nueva, algo que nunca había experimentado anteriormente.

Lo que encuentran en Jesús es una «Buena Noticia». Algo nuevo y bueno. La palabra «evangelio» que emplea Marcos es muy frecuente entre los primeros seguidores de Jesús y expresa lo que sienten al encontrarse con él. Una sensación de liberación, alegría, seguridad y desaparición de miedos. En Jesús se encuentran con «la salvación de Dios».

Cuando alguien descubre en Jesús al Dios amigo del ser humano, el Padre de todos los pueblos, el defensor de los últimos, la esperanza de los perdidos, sabe que no encontrará una noticia mejor. Cuando conoce el proyecto de Jesús de trabajar por un mundo más humano, digno y dichoso, sabe que no podrá dedicarse a nada más grande.

Esta Buena Noticia es Jesús mismo, el protagonista del relato que va a escribir Marcos. Por eso su intención primera no es ofrecernos doctrina sobre Jesús ni aportarnos información biográfica sobre él, sino seducirnos para que nos abramos a la Buena Noticia que solo podremos encontrar en él.

Marcos le atribuye a Jesús dos títulos: uno típicamente judío; el otro, más universal. Sin embargo, reserva a los lectores algunas sorpresas. Jesús es el «Mesías» al que los judíos esperaban como liberador de su pueblo. Pero un Mesías muy diferente del líder guerrero que muchos anhelaban para destruir a los romanos. En su relato, Jesús es descrito como enviado por Dios para humanizar la vida y encauzar la historia hacia su salvación definitiva. Es la primera sorpresa.

Jesús es «Hijo de Dios», pero no dotado del poder y la gloria que algunos hubieran imaginado. Un Hijo de Dios profundamente humano, tan humano que solo Dios puede ser así. Solo cuando termine su vida de servicio a todos, ejecutado en una cruz, un centurión romano confesará: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios». Es la segunda sorpresa.

José Antonio Pagola

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”Allanad los senderos del Señor”. Domingo 10 de diciembre de 2017. Domingo 2º de Adviento.

domingo, 10 de diciembre de 2017
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02advientoB2cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 40,1-5.9-11: Preparadle un camino al Señor.
Salmo responsorial: 84:
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
2Pedro 3,8-14: Esperemos un cielo nuevo y una tierra nueva.
Marcos 1,1-8: Allanad los senderos del Señor.

En los tiempos que escribe el profeta Isaías el pueblo de Israel se encuentra en el exilio de Babilonia y es inminente un posible retorno a la tierra de Israel. Isaías da aliento a su pueblo diciéndoles que ya han satisfecho la pena que tenía estipulada por sus culpas, satisfacción lograda por medio de la esclavitud y los trabajos forzosos que han vivido en Babilonia. Ahora vendrá un mensajero, que el escritor no le da nombre, proclamando que todo monte sea rebajado, allanando, aplanado para hacer una senda a nuestro Dios que regresa triunfante a Jerusalén conduciendo a su pueblo como en otro tiempo lo hizo con los israelitas saliendo de Egipto. El escritor ha tomado una costumbre de su época, según la cual cuando un rey ganaba una guerra o una batalla se hacían caminos ceremoniales en los cuales se celebraba el triunfo del rey sobre sus enemigos. Asimismo Yahvé es el Señor, el Dios de Israel que retorna glorioso triunfante a Jerusalén por un camino preparado por Él. El mensajero anuncia a todo el pueblo esta noticia, noticia de esperanza y de alegría para una comunidad que vivía marginación y explotación. Los evangelistas han asociado a este mensajero que prepara el retorno de Yahvé con Juan el Bautista.

El Salmo canta la esperanza del pueblo desterrado que ahora retorna. Ellos se preguntan hasta cuándo Dios estará alejados de ellos, y la respuesta es unánime: Él mora en aquellos que le son fieles. Ese día Yahvé se hará presente. La justicia y la paz reinarán y las cosechas, que no han producido lo esperado, prosperarán. Es un himno al Dios compasivo que ahora retorna a su tierra para hacerla fructificar. Es la espera y la esperanza en un futuro mejor.

La segunda lectura de la carta de Pedro, nos sitúa dentro del debate sobre el día de la segunda venida del Señor. La comunidad para la que esta dirigida la carta de Pedro se preguntaba cuándo sería ese día en que Jesucristo resucitado volvería. En un principio se les había dicho que pronto pero pasaba el tiempo y no retornaba. El apóstol le responde diciéndole que el Señor no se retrasa en el cumplimiento de la promesa como ellos suponen, sino que usa de la paciencia de los hombres queriendo que todos lleguen a la salvación; por que un día es como mil años y mil años como un día para el Señor. En ese día se inaugurara un nuevo cielo y nueva tierra. Lo que nosotros tenemos que hacer es esforzarnos para ser hallados en paz ante él, y ésta debe ser una actitud permanente pues no sabemos el día en que vendrá. Pedro anima a la espera a una comunidad impaciente, y más que a una espera a vivir esperanzadamente en un futuro mejor. No niega que haya problemas en la comunidad (divisiones, persecuciones), pero lo que nos debe identificar como cristianos es la confianza en un futuro mejor.

El evangelio de Marcos se centra en la predicación de Juan el Bautista. En él se cumple la profecía de Malaquías según la cual vendrá un mensajero delante del Mesías (que sería Elías); y del profeta Isaías que expresa la misión del precursor preparar el camino de aquel que ha de venir. Juan proclamaba un bautismo de conversión el cual era signo del perdón de los pecados y que implicaba el compromiso de cambio de vida. Predicaba un castigo inminente de Dios y ante esa amenaza debíamos reconocernos pecadores, débiles, que hemos fallado, por lo cual el bautismo era expresión de un real cambio de vida y no solo un simple rito. Esta predicación era muy aceptada por las gentes de Jerusalén y de Judea, especialmente los más pobres (luego evangelistas nos dirán que los fariseos y los doctores de la ley, personas importantes, no creyeron en él). Caracteriza a Juan su vestimenta y su dieta, que significaba su talante profético. Se viste a sí porque las tradiciones de la época identificaban con estos rasgos a los profetas. La venida inminente de quien bautizará en Espíritu, es la esperanza que el grupo de seguidores de Juan arraiga en su corazón.

Como vemos, la liturgia del día de hoy nos invita a esperanza, a creer que en medio de las dificultades, de las persecuciones, de las realidades más duras de la vida; es posible un futuro mejor, porque el Señor es fiel a quienes asumen los valores de la verdad, de la justicia, de la fraternidad. Todas estas esperanzas que nos invitan las lecturas, como cristianos, las leemos en Jesús, sobre todo en este tiempo de espera alegre de la Navidad, espera de un nuevo mundo. Que nuestra esperanza sepa dar testimonio ante el mundo de que un futuro mejor, en medio de las difíciles condiciones de nuestra realidad, es posible. Leer más…

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10.12.17. Adviento 2, Juan Bautista. Quien tenga dos túnicas dé una…

domingo, 10 de diciembre de 2017
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c5980732-a23f-4765-9f9f-f7efc4b3df6aDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 2 Adviento. Ciclo b. Mc 1, 1-8 La primera candela fue el pueblo judío, el camino de los profetas. La segunda es Juan, el último mayor de los profetas, testigo y promotor supremo del Adviento y mensaje de Jesús.

Conforme a Lc 1, Juan era de familia sacerdotal, del entorno de Jerusalén, pero dejó el sacerdocio del templo y se educó en el “desierto”, como los esenios de Qumrán (aunque quizá no con ellos).

Era levita, preocupado por el pecado y pureza del pueblo, pero abandonó su posible servicio sagrado, para actuar como profeta.

No aceptó el dominio de la ciudad sobre el campo, ni de los sacerdotes sobre el pueblo, y por eso volvió a los principios de Israel, en el desierto, para denunciar la injusticia imperante,esperando el juicio cercano de Dios, con un mensaje que, según el evangelio de Lucas, se condensa en tres mandamientos de Adviento:

‒ Economía universal: El que tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene ninguna, y el que tenga comida haga lo mismo.

‒ Economía para políticos y administradores. No exijáis nada fuera de lo establecido”

‒ Economía militar: Dijo a los soldados –No uséis la violencia, no hagáis extorsión a nadie, y contentaos con vuestra paga (3, 14).

Buen domingo a todos, con esta segunda «vela», de velar (estar atentos), con Juan, el último profeta.

Texto base:

Surgió en el desierto Juan el Bautista, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados. Toda la región de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él y, después de reconocer sus pecados, Juan los bautizaba en el río Jordán… Esto era lo que proclamaba: “Detrás de mí viene el que es Más Fuerte que yo. Yo no soy digno ni de postrarme ante él para desatar la correa de sus sandalias. Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo (Mc 1, 1.5.7-8).

Al optar por el desierto, Juan rechaza el modo de vida y las instituciones sacrales de la tierra de Canaán, volviendo al principio de la historia israelita (de Ex a Dt), reuniendo a sus seguidores en la zona de frontera, junto al río, para preparar el juicio de Dios y pasar a la tierra prometida. Mc 1, 6 afirma que él y sus discípulos comían saltamontes y miel silvestre, evocando un ideal de vuelta a la naturaleza, antes que los hebreos entraran en la tierra prometida. De esa forma instaura una comunidad contra-cultural (contra-económica): No compra en el mercado, ni adora en el templo, no acata las normas de pureza de fariseos y qumramitas.

Ese rechazo de Juan y su grupo (no comprar en mercado, no acudir al templo) culmina y se expresa en el bautismo del Jordán, que es un gesto de muerte y nuevo nacimiento: Los liberados del juicio podrán entrar de manera salvadora en la tierra prometida. El texto acentúa su función (¡yo os bautizo…!: Mc 1, 8) y su fuerte personalidad: ha convocado un grupo de seguidores, llevándoles al desierto y bautizándoles en el río de las promesas antiguas, con la certeza de que viene el Más Fuerte, el mismo Dios o su delegado final, en línea mesiánica .

Mensajero del juicio de Dios.

Juan es el profeta del otro lado, ante la gran frontera, pero sin atreverse a pasarla, hasta que Dios abra el río, para que los liberados pasen y tomen la tierra prometida. En el fondo de su gesto late el signo de Josué, la señal de que las aguas han de abrirse, cuando Dios decida, para que el pueblo entre en la tierra (Jos 5). Sólo Dios o su delegado mesiánico (el Más Fuerte) dividirá las aguas, a fin de que los elegidos crucen de la orilla del desierto a la tierra.

Juan creó, según eso, una agrupación de liberados contra-culturales, opuestos al mercado de alimentos
(¡no se compran ni venden, se comparten!), portadores de una esperanza de juicio, que se cumplirá cuando Dios abra el río para entrar en la tierra. Entre los que se situaron así, a la orilla del Jordán, dispuestos a escuchar la voz de Dios y pasar al otro lado, estuvo por un tiempo Jesús Galileo, que era quizá ya portador de una esperanza distinta. Pero las aguas no se abrieron y Jesús vino a Galilea, para iniciar un nuevo camino .

((Juan no fue el único en ponerse junto al río, esperando el juicio de Dios y la entrada en la tierra. Unos años más tarde, hacia el 44-45 d.C., se apostó también junto al río otro profeta apocalíptico:

“Siendo Fado procurador de Judea, un impostor de nombre Teudas persuadió a un gran número de personas que, llevando consigo sus bienes, lo siguieran hasta el río Jordán. Afirmaba que era profeta y que a su mando se abrirían las aguas del río y el tránsito les resultaría fácil. Con estas palabras engañó a muchos. Pero Fado no permitió que se llevara a cabo esta insensatez; envió una tropa de a caballo que los atacó de improvisto, mató a muchos y a otros muchos hizo prisioneros. Teudas fue también capturado y, habiéndole cortado la cabeza, la llevaron a Jerusalén” (F. Josefo, Ant XX, 97-98. Cf. Hech 5, 35-36).

En ese contexto puede situarse el milagro de la piscina probática (de ovejas, Jn 5, 1-15), donde se dice que Jesús no necesita un ángel de Dios para mover (dividir) el agua o río, pues él mismo lo hizo, precisamente en Sábado, superando así un tipo de sacralidad ritual israelita)).

La tradición sinóptica ha vinculado la muerte de Juan con su forma de criticar el nuevo matrimonio de Herodes (cf. Mc 6, 14-29). Insistiendo en un rasgo algo distinto, Flavio Josefo (que por otro lado le presenta como un profeta moralista) afirma que fue asesinado porque su mensaje escatológico (y su forma de vivir) podía provocar un levantamiento popular

Juan, de sobrenombre Bautista… era un hombre bueno que recomendaba a los judíos que practicaran las virtudes y se comportaran justamente en las relaciones entre ellos y piadosamente con Dios y que, cumplidas esas condicione, acudieran a bautizarse…, dando por sentado que su alma estaba ya purificada de antemano con la práctica de la justicia. Y como el resto de las gentes se unieran a él (pues sentían un placer exultante al escuchar sus palabras), Herodes, por temor a que esa enorme capacidad de persuasión que el Bautista tenía sobre las personas le ocasionara algún levantamiento popular (puesto que las gentes daban la impresión de que harían cualquier cosa si él se lo pedía), optó por matarlo, anticipándose así a la posibilidad de que se produjera una rebelión… Entonces, Juan, tras ser trasladado a la fortaleza de Maqueronte, fue matado en ella» (Ant XVIII, 116-119).

Josefo le hace así un moralista, parecido a los estoicos y cínicos de su entorno, un predicador de la virtud (cumplir la ley y contentarse cada uno con lo suyo), como supone de manera convergente Lc 3, 10-14. Pero de esa forma no se explicaría su condena, pues todo nos lleva a pensar que Herodes mandó matar a Juan porque tuvo miedo de su protesta social y de su anuncio del Más Fuerte:

Yo os bautizo en agua para conversión. Detrás de mí llega uno Más Fuerte que yo… Tiene el hacha levantada sobre la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. Él os bautizará en Espíritu Santo y Fuego. Lleva en su mano el bieldo y limpiará su era: y reunirá su trigo en el granero; pero quemará la paja en fuego que jamás se apaga (Mt 3, 9-12; cf. Lc 3, 3-9).

Con su gesto (bautismo) y su anuncio, Juan proclama su amenaza final, preparando la llegada del juicio, que es Hacha que corta los árboles sin fruto, Huracán que limpia la era y Fuego que quema la leña inútil y la paja. En esa línea, su bautismo evoca por un lado la muerte (¡todo será destruido!), y, por otro, abre una esperanza de salvación para aquellos que lo reciben, dejando que Juan les introduzca en el río, para renacer de esa forma a la vida que se acerca:

‒ Juan se opone al poder socio-religioso del Templo de Jerusalén, que ha tomado el monopolio de la religión judía. Por eso se distancia del templo y sus ritos, volviendo a la ribera oriental del Jordán, para anunciar e iniciar la nueva entrada en la tierra, en contra de un orden ritual que expulsa a publicanos y prostitutas, a quienes él acoge, como hará Jesús (cf. Mt 21, 31). Leer más…

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“Tres caminos hacia Jesús.” 2º Domingo de Adviento. Ciclo B

domingo, 10 de diciembre de 2017
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3623727-lgDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El camino poético (lectura de Isaías)

Hacia el año 540 a.C., los judíos llevaban casi cincuenta años desterrados en Babilonia. Años duros, de grandes sufrimientos, de ansia de libertad y de vuelta a la patria. Esa buena noticia es la que anuncia el profeta. Pero el largo camino, a través de zonas a menudo inhóspitas, puede asustar a muchos y desanimarles de emprender el viaje. Entonces, una voz misteriosa, da la orden, no se sabe a quién, de preparar el camino al Señor. No se dirige a hombres, porque la labor que realizarán es sobrehumana: construir un el desierto una espléndida autopista, allanando montes y colina, rellenando valles. Por ella volverá el pueblo judío, acompañado de su Dios, como un pastor apacienta a su rebaño.

“Consolad, consolad a mi pueblo, -dice vuestro Dios-; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle,  que se ha cumplido, su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha  recibido doble paga por sus pecados.”

Una voz grita: “En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos – ha hablado la boca del Señor”-

-Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá:  “Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con el su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres.”

El camino ético (Qumrán)

Con el tiempo, la idea de preparar un camino al Señor en el desierto adquirió un sentido nuevo: a mediados del siglo II a.C., un grupo de sacerdotes y seglares judíos, descontentos con el comportamiento de los sumos sacerdotes de Jerusalén y de las costumbres paganas que se estaban introduciendo, recordando el texto del libro de Isaías, decide retirarse al desierto de Judá y allí, en Qumrán, fundar una especie de comunidad religiosa. En el desierto preparan el camino del Señor. Ya no se trata de un camino poético, sino de una conducta conforme a la Ley del Señor. (En hebreo, derek puede significar “camino” y “forma de conducta”, igual que way en inglés).

El camino del Señor Jesús (evangelio)

Esta misma interpretación del texto de Isaías es la que aplica el evangelio a Juan Bautista. También él marcha al desierto a preparar un camino. A primera vista parece tratarse de un camino ético, como un Qumrán, ya que Juan exhorta a la conversión y al bautismo para el perdón de los pecados. Pero sus palabras dejan claro que prepara el camino a una persona más poderosa que él y que trae un bautismo superior al suyo: Jesús.

Está escrito en el profeta Isaías: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.” Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y é1 los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:  “Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero é1 os bautizará con Espíritu Santo.”

[A propósito de la diferencia entre el bautismo de Juan y el de Jesús conviene recordar que el verbo “bautizar” significa en griego “lavar”. Los fariseos, por ejemplo, “bautizan” los platos, los lavan. Pero se puede lavar con agua sola, como hace Juan, que es un lavado superficial, incapaz de limpiar las manchas más profundas; y se puede lavar con “Espíritu Santo” (o “con Espíritu Santo y fuego”, como dice otro texto) limpiando totalmente a la persona.]

Esperad y apresurad la venida del Señor (2 Pedro 3, 8-14)

A mediados y finales del siglo I, muchos cristianos empezaron a sentirse desconcertados. Les habían repetido que la vuelta del Señor y el fin del mundo eran inminentes. Sin embargo, pasaban los años y el Señor no volvía. El autor de la 2ª carta de Pedro (que no es san Pedro) sale al paso de esta inquietud, ofreciendo una respuesta que, después de veinte siglos, no convence demasiado: el Señor no se retrasa, sino que nos da un plazo para que podamos convertirnos. El autor mantiene la postura tradicional de que la llegada del Señor y el fin del mundo será algo repentino, inesperado. Y en vez de quejarnos de que el Señor se retrasa, debemos “esperar y apresurar la venida del Señor”. Además, el fin del mundo será el comienzo de un nuevo cielo y una nueva tierra, y hay que prepararse para recibirlos llevando una vida santa y piadosa, en paz con Dios, inmaculados e irreprochables.

Queridos hermanos:  No perdáis de vista una cosa: para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino  que todos se conviertan. El día del Señor llegará como un ladrón. Entonces el cielo desaparecerá con gran estrépito; los elementos se desintegrarán abrasados, y la tierra con todas sus obras se consumirá. Si todo este mundo se va a desintegrar de este modo, ¡qué santa y piadosa ha de ser vuestra vida! Esperad y apresurad la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos, consumidos por el fuego, y se derretirán los elementos. Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia. Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables.

Una ética basada en Jesús

La segunda lectura, igual que el evangelio, une el camino de la ética con el camino que lleva a Jesús: Juan Bautista lo relaciona con la primera venida; la carta de Pedro, con la segunda. La liturgia nos indica que el Adviento no es época de espera pasiva, como quien espera que empiece la película: hay que comprometerse activamente. Y ese compromiso debe basarse en el recuerdo de la venida del Señor y en la esperanza de su vuelta.

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Segundo Domingo de Adviento. Ciclo B. 10 Diciembre, 2017

domingo, 10 de diciembre de 2017
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“Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo. Yo no soy digno ni de postrarme ante él para desatar la correa de sus sandalias.”

(Mc 1, 1-8)

Encendemos la segunda vela de nuestra corona de adviento que nos ilumina con esta Palabra. Por una parte nos encontramos con algunas de las primeras palabras escritas sobre Jesús, el primer evangelio, que dice “comienzo de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios”. Así de claro; Jesús, Hijo de Dios, buena noticia… ¿qué más podemos pedir?

Por otra parte, nos encontramos con Juan el Bautista. Bien, por si fuera poco el primer versículo, por si nos parece que no tiene el peso, la profundidad suficiente, aquí tenemos un hombre que con su actitud nos lo dice todo. Es la primera persona a quien nos describe Marcos en su obra. Podría ser el protagonista pero no lo es, es más, su actitud es de quitarse del medio “detrás de mí viene…, yo no soy digno…”

Juan sabe bien estar atento, alerta, vigilante y anunciar. Sabe de alentar y de dar esperanza. Sabe de escuchar y escucharse, se conoce y reconoce sus límites “el que es más fuerte que yo”.

¿Y si unimos las dos ideas? Marcos comienza el evangelio pero no lo termina, no le pone un final. Habla de Jesús y al llegar al último capítulo vemos a las mujeres asustadas porque la tumba está vacía, incluso hay un añadido sobre experiencias de los discípulos, pero no termina. Queda abierto porque nosotras mismas, las cristianas de hoy, continuamos escribiendo la buena noticia de Jesús con nuestras actitudes, nuestro día a día. Y Juan nos da una pista importante de cómo hacerlo, estando atentas, vigilantes, a la escucha, con esperanza… adviento. Tarea fuerte para nuestro discipulado.

Oración

Ven Señor Jesús, el mundo te necesita.

Ven Señor Jesús, te esperamos.

Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Siempre hay profetas que ven antes el camino.

domingo, 10 de diciembre de 2017
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baptist_Mc 1, 1-8

El evangelio del domingo pasado no hablaba de estar despierto. Hoy hablan los  centinelas: los profetas. No se trata de un adivinador del porvenir. Tampoco se trata de un ser humano separado y elegido por Dios, que le va indicando lo que tiene que decir a los demás. Profeta es todo aquel que está despierto. La principal característica del profeta es precisamente su inserción en el pueblo y su preocupación por la suerte de los más humildes. Su principal objetivo ha sido denunciar la injusticia.

Verdadero profeta sería el que ha llegado a una experiencia de su verdadero ser y, fiel a ella, ayuda a los demás a descubrir el camino de lo humano. Falso sería el que conduce al hombre a mayor egoísmo. El problema está en que lo “humano” solo se puede valorar desde lo humano. Por eso no hay manera de distinguir lo falso de lo verdadero mientras no se tenga una mínima experiencia de humanidad.

No debemos extrañarnos de encontrar tantos y tan expresivos textos para este tiempo litúrgico. Lo que el segundo Isaías anuncia es un evangelio (buena noticia). El destierro había acabado con toda una teología triunfalista que invitaba a dormirse en los laureles de sentirse elegidos, sin aceptar ninguna responsabilidad para con Dios ni para con los demás. Las denuncias de todos los profetas advertían de que no se puede confiar en Dios mientras se practica toda clase de atropellos e injusticias.

La primera palabra del evangelio de Mc es “arje”, que en griego designa el comienzo de un texto, pero  también algo mucho más profundo. El evangelio de Jn comienza también con esta palabra y lo traducimos: “en el principio” = origen. “Arje” significa origen y fundamento; es decir, aquello que ha sido la causa de que otra cosa surja. La Vulgata lo tradujo por “Initium” que también significa “origen”. El texto se debía traducir: “Éste es el origen de la alegre noticia de Jesús el Ungido, el Hijo de Dios.

Tampoco euanggelion” debemos traducirlo por evangelio, que es un concepto muy elaborado, sino por buena noticia. Quiere decir que comienza el evangelio que es todo él una buena noticia. Lo mismo tenemos que decir de “Jesous”“Christos”  que en griego están separados y significan simplemente, Jesús el ungido. Con el tiempo, los cristianos unieron el nombre con el adjetivo y confesaron al Jesucristo que ha llegado hasta nosotros. Este texto es un resumen de todo lo que en él se va a proponer.

Este evangelio, a pesar de ser el primero que se escribió, no sabe nada de la infancia de Jesús. Esto es muy interesante a la hora de interpretar los textos de Lc y Mt, que vamos a leer en todo el tiempo de Navidad. Estos relatos se fueron elaborando a través de los primeros años de cristianismo y no tienen nada que ver con la historia. Son relatos míticos y leyendas, casi todas anteriores al cristianismo, que se han cristianizado para darnos un mensaje teológico, no para informarnos de lo que pasó.

Mc pasa directamente a hablarnos de Juan Bautista como último representante del profetismo. El Bautista es uno de los personajes claves en el tiempo de Adviento, porque se trata del último de los profetas del AT. Debemos recordar que hacía casi trescientos años que no se había conocido un verdadero profeta. Todos los evangelistas lo consideran el heraldo de Jesús, lo anuncia, lo propone al pueblo y es protagonista de su nacimiento en el Espíritu (bautismo), donde empieza Jesús a manifestar lo que realmente era.

No podemos asegurar que este relato responda a una situación histórica. Es muy poco lo que sabemos sobre la relación de Jesús con Juan. De todos modos, es cierto que el primer dato histórico sobre Jesús, que encontramos en fuentes extrabíblicas es su bautismo por parte de Juan. No es descabellado suponer que a Jesús, un buscador incansable, le llamara la atención un personaje como Juan que ya era famoso cuando él empezó su vida pública. A Juan, como a Jesús, no le gustaba el cariz que había tomado la religión judía.

Los primeros cristianos dieron al Bautista un papel relevante en la aparición del cristianismo; seguramente mayor del que hoy le reconocemos. La prueba está en que, en un momento determinado, vieron la necesidad de marcar distancias entre Jesús y Juan para dejar claro quién era el más importante. Seguramente esa relevancia se deba más a la necesidad de justificar una figura tan desconcertante como la de Jesús, conectándole con el profetismo del AT, que a una real influencia de Juan en la doctrina de Jesús

Preparadle el camino al Señor. Este grito es el mejor resumen del espíritu de Adviento. Pero fijaros que fuerza el sentido del texto, que habla de prepararle un camino a Yahvé, mientras Mc habla de preparar un camino a Jesús. El texto está insinuando que si Dios no llega a nosotros es porque se lo impedimos con nuestra actitud vital, que orienta su preocupación en otras direcciones. Él viene, pero nosotros nos vamos.

Yo bautizo con agua, pero él bautizará con Espíritu Santo. Es la clave del relato y marca la diferencia abismal entre Jesús y Juan. Las primeras comunidades tenían muy clara la originalidad de Jesús frente a los personajes del pasado. Toda la relación con Dios, hasta la fecha, era consideraba como externa al hombre y en relación desigual. Dios era el soberano y el ser humano el súbdito. Jesús manifiesta una relación con Dios distinta. Él está empapado del Espíritu y nos sumerge (bautiza) a todos en ese mismo Espíritu.

Los textos de este domingo nos hablan de utopía. Isaías dice: Aquí está vuestro Dios. Pedro: Nosotros esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habite la justicia. El salmo: La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan. Mc: Él bautizará con Espíritu Santo. En un mundo tan poco propicio al optimismo, encontrarnos con esta oferta, pude ser impactante. Pero tampoco tenemos que caer en el triunfalismo. Derrotismo y triunfalismo son estrategias extremas que utiliza el yo para fortalecerse.

Hoy la necesidad de estar alerta es más apremiante que nunca, porque jamás se han ofrecido al ser humano más caminos falsos de salvación. Hay toda una gama de productos disponibles en el mercado, desde las drogas hasta los gurús a medida. Por eso necesitamos más que nunca de la figura del profeta. Seres humanos que por su experien­cia personal puedan arrojar alguna luz en esa maraña de senderos que se entrecruzan y que la inmensa mayoría son sendas perdidas que no llevan a ninguna parte.

Podemos volcarnos sobre lo sensible, buscando el placer inmediato o descubrir las posibilidades de plenitud que todos tenemos. El no tomar una decisión, es ya tomar partido por lo que nos pide el cuerpo. No despertar, es seguir dormidos. Decidirse por lo más difícil solo es posible después de una toma de conciencia, que tiene que ir más allá de los sentidos y de la razón. Es una iluminación que me empuja por un camino que ni siquiera sé a donde me va a llevar, pero estoy convencido que me hará más humano.

Meditación

La experiencia del bautismo es la clave para entender a Jesús.
Después de esa experiencia personal, dice a Nicodemo:
Hay que nacer del agua y del Espíritu.
El único camino hacia lo humano es el que Jesús recorrió.
Tenemos que sumergirnos en lo sagrado.
Tenemos que dejarnos inundar por lo divino.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Camino abierto a otros Caminos.

domingo, 10 de diciembre de 2017
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1172982384_f1El agua que no corre se estanca, se pudre y huele mal; eso lo sabemos todos. Pero también se pudre y huele mal toda vida que no fluye (Pablo D’Ors)

10 de diciembre, domingo II de adviento

Mc 1, 1-8

Una voz clama en el desierto: Preparad los caminos del Señor, allanad sus senderos 

José Mª Castillo (1929), escritor y teólogo exjesuita granadino, nos indica con el siguiente texto de su libro La religión de Jesús, la mejor manera de seguir los caminos espíritu: “La Buena Noticia de Jesús no empezó en el Templo, ni vino de sus funcionarios y sus ceremonias, sino del desierto, de un profeta del desierto. El Evangelio no empieza en lo religioso, sino en lo laico. El principio y fundamento para respetar y vivir lo religioso es empezar por respetar lo laico. Cuando la religión no respeta este criterio, hace daño a la gente y la aleja de Dios”. Y hace la idea de que, frente a la propuesta de Juan el Bautista centrada en el pecado y la confesión de los pecados (Lc 3, 3), el interés de Jesús fue la vida, la felicidad y la alegría de la gente. 

El Evangelio, Camino abierto a otros caminosEn cada una de sus amplias rotondas encontramos múltiples direcciones, todas ellas idóneas para que cada persona pueda alcanzar su meta. Lo importante es no detenerse nunca. Lo que Jesús nos aporta es descubrir que, como él, somos Vida.

Pablo, con su mapa de autopistas abiertas a los gentiles, dice en Romanos: “¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de prudencia el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones, qué incomprensibles sus caminos!” (Rom 11, 33)

La mejor y más segura, la de la humanidad. Del poema sinfónico del húngaro Franz Liszt Lo que se oye en la montaña, dice el musicólogo alemán Carl Dahlhaus en su obra La música del siglo XIX“El poeta percibe dos voces: una dice ‘Naturaleza’, la otra ‘Humanidad’. Ambas forcejean entre sí, se entrecruzan y fusionan hasta que finalmente se disuelven y extinguen en una contemplación sagrada”Liszt nos muestra con hondura y profundidad interior, caminos abiertos hacia todos los seres que nos acompañan en la aventura de la existencia. En su oratorio, Christus, encontramos tanto aspectos humanistas como espirituales. No olvidemos que, junto con la música, la lectura de los Evangelios le llevó a adoptar actitudes místicas en algunos momentos de su vida.

En el Antiguo Testamento, dos mujeres del paganismos, Ruth y Noemí. Lo que importa es que estas dos mujeres, unidas por la solidaridad y el amor, van a recorrer un camino juntas y van a acercarse juntas a la experiencia de Dios: “No insistas en que te deje y me vuelva. A donde tú vayas, yo iré, donde tú vivas, yo viviré; tu pueblo será el mío, tu Dios será mi Dios” (Rut 1, 16). Un Dios, Yahvé, que escoge a los oprimidos, que escoge a los marginados, que escoge a los pobres y que les acompaña en su proceso de liberación, y para el que, siglos más tarde, Isaías demanda se le prepare un buen pasaje: “Una voz grita: En el desierto; preparad un camino al Señor; allanad en la estepa un camino para nuestro Dios” (Is 40, 3).

El dramaturgo y novelista brasileño, Paulo Coelho, nos dice en El Peregrino de Santiago –concha, bastón y calabaza– que la paz se logra siempre que se sigue recorriendo caminos“Todo el entorno reflejaba una paz infinita, la paz de un mundo que todavía tenía mucho más para crecer y crear, y que sabía que para esto era necesario continuar caminando, siempre caminando”. Sin detenerse, porque, como escribió Pablo D’Ors en Biografía del silencio: “El agua que no corre se estanca, se pudre y huele mal; eso lo sabemos todos. Pero también se pudre y huele mal toda vida que no fluye”.

TEXTO

“No se enciende un candil para taparlo con un celemín, sino que se pone en el candelero para que alumbre a todos en la casa” (Mt 5, 15)

Él es, y yo soy consciente
de sentir la misma piel.
Bordamos los pensamientos
sobre la arena del mar.
Es un tejer y bordar
de pensar y sentimientos.
Serie perfecta de acordes
en las riberas del mar.
Es un tejer y bordar
de glorias misericordes.

(Evangélico Cuarteto. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Mensajeros y constructores de caminos.

domingo, 10 de diciembre de 2017
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thumb_8_battista_predica_opa(Mc 1,1-8)

“Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”. Me pregunto cómo habría sido, en los inicios del cristianismo, la transmisión oral de las palabras y acciones de Jesús, cuántas personas compartirían historias sobre él, cómo habrían repetido sus enseñanzas, cómo se narrarían unos a otros la experiencia de encuentro con él y cómo, pasados los años, comenzarían a poner todo por escrito. Un tiempo de gestación oral y escrita para que en nuestras manos se encuentre hoy este evangelio, ¡esta buena noticia!

Me sobrecoge este inicio tan solemne que formula una orden concreta, como si fuera condición sine qua non para continuar con la lectura: preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos. Esta Palabra, siempre oportuna, se nos regala especialmente en el tiempo de Adviento y nos recuerda que acoger al Señor no es una cuestión de planteamientos racionales. Prepara el camino al Señor implica, además, deseo, conversión, empeño y confianza.

  • DESEO de acoger a nuestro Señor del mejor modo posible. Deseamos que no encuentre obstáculos en el trayecto, que no existan murallas ni concertinas que lo frenen, que pueda venir libre y sereno. Deseamos que encuentre acogida, espera decidida, mesa preparada, abrazo y calor de hogar. Deseamos que venga pronto, que no tarde, para que con su luz ilumine la noche de nuestro mundo y nuestras oscuridades. Deseamos no distraernos para poder reconocerlo.
  • CONVERSIÓN, porque preparar un camino requiere transitar por él. La con-versión supone movimiento y conlleva itinerancia, capacidad para salir del espacio conocido y atreverse a pisar ahí donde todavía no hay confirmación de suelo seguro. Conversión y movimiento porque el imperativo es en plural: “¡preparad!”, invitándonos a encontrarnos con otros para realizar la misión a la que somos enviados y, así, a convertirnos en oteadores de la mejor senda, la que posibilita el cruce con otros caminos, el encuentro y el diálogo.
  • EMPEÑO, porque la Palabra nos habla de allanar y esto supone asumir el sudor y dedicar el esfuerzo necesario para llevar a cabo tal empresa. Empeño porque se requiere perseverancia, permanencia, fortaleza y valentía, capacidad para recomenzar siempre de nuevo, aunque una y otra vez surja algún inconveniente en el camino. Requiere capacidad para interpretar los signos de los tiempos para acertar en qué lugar concreto hemos de adentrar la pala en la tierra.
  • Y CONFIANZA. La que nace de la certeza de que el Señor está viniendo, la que nos hace apostar porque todo merece la pena. Confianza en la Promesa. Confianza en su Palabra. Confianza en que su invitación permanece en el tiempo, a pesar de que él conoce bien nuestras colinas y oquedades. Confianza en que, con él, todo es posible.

Juan nos recuerda este envío desde el desierto, el lugar privilegiado para la conversión, el cambio y la transformación; el espacio donde se vence la tentación de adorar a otros dioses. Quizás lo hace porque es allí a donde debemos marchar en este tiempo de Adviento para preparar el camino, y no a las calles encendidas de luces fugaces, a las tiendas repletas o a las mesas abundantes. Cada uno conocerá cuál debe ser el desierto por el que transitar este tiempo para allanarle el sendero al Señor, que viene.

“Preparad el camino”. Las palabras de Juan nos remiten a Isaías y podemos rememorar el imperativo que el profeta pronuncia antes: “Consolad, consolad a mi pueblo, habladle al corazón”. Como Juan, también hoy nosotros somos invitados a convertirnos en mensajeros de esta buena noticia de Dios que, en la persona de Jesús, nos trae a todos consuelo y esperanza.

Hay que preparar el camino, es el tiempo oportuno para ello. Deseémoslo, convirtámonos, empeñémonos, confiemos. El Señor viene.

Inma Eibe, ccv

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Principio de la buena noticia…

domingo, 10 de diciembre de 2017
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1jlfbwePrincipio de la buena noticia... El comienzo del  evangelio de Marcos nos plantea una cuestión central de nuestra vida cristiana: ¿es Jesucristo buena noticia para cada uno de nosotros? No una costumbre, ni una fe heredada que no se ha convertido en opción personal, sino una relación que está en el centro de nuestra existencia, un tesoro que  hemos encontrado gratuitamente, una suerte maravillosa que nos llena de alegría. Estamos a tiempo: es el principio…

Esa buena noticia la siguen anunciando hoy los que expresan con sus vidas y a veces con sus palabras la misma pasión y el mismo fuego que incendió la vida de Juan Bautista.

Nos recuerdan  que  quienes hemos recibido en el bautismo la unción profética, tenemos la tarea de consolar, reconciliar,  enderezar lo torcido,  allanar lo sinuoso y  “ver la belleza de nuestro Dios”. ¿Dónde acudiremos  para descubrirla? Porque es verdad que resplandece en la hermosura de la creación y en las maravillas de que es capaz el ser humano, hecho a su  imagen y semejanza, pero el desafío está en  descubrirla también en los “lugares de abajo”, allí donde campean la oscuridad, la enfermedad, la pobreza o la muerte.

El Evangelio invita a recibir revelación y consuelo precisamente en esos lugares,  a hacer la experiencia de que la belleza y la bondad de Dios residen también ahí y que nos toca ahora a nosotros prolongar esa belleza en nuestro mundo y dejar en él un rastro de sanación, plenitud y alegría.

Dolores Aleixandre

Fuente Fe Adulta

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El Evangelio es anterior a los evangelios

domingo, 10 de diciembre de 2017
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feastofchristthekingpaintingDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. COMIENZO DEL EVANGELIO DE JESUCRISTO.

En vida de Jesús no se habían escrito los evangelios. Los cuatro evangelios se irán redactando entre el año 70 y el año 100, más o menos.

Pero, aunque en vida de Jesús no había evangelios, había evangelio, había buena noticia: él mismo, JesuCristo es la buena noticia. El evangelio es anterior a los evangelios.

En cierto sentido el comienzo del evangelio de san Marcos tiene algún parecido al menos teológico con el comienzo del evangelio de San Juan.

San Juan inicia su evangelio con la expresión: En el principio, (en el origen) existía la Palabra (Evangelio), (Jn 1,1).

San Marcos inicia su experiencia cristiana, su vivencia de JesuCristo (que eso es un evangelio) con la expresión: Comienzo del Evangelio de JesuCristo.

El comienzo no se refiere al comienzo de un libro, el comienzo de la vida de Jesús. (Los evangelios tienen relatos de la vida de Jesús, pero los evangelios no son “vidas de Jesús”).

Tanto san Juan como san Marcos expresan su fe en que desde el origen, “por principio” el fundamento de la existencia humana y el sentido de la vida y de la historia es el Evangelio, la Palabra de Dios, la buena noticia de JesuCristo, la salvación.

Marcos y Juan lo dejan bien claro: por principio, desde el origen la creación y la vida son eu (buena) angelion (noticia).

Estamos en una historia de salvación.

02. ¿CUÁL O QUÉ ES EL EVANGELIO DE JESÚS?

250px-brotvermehrungskirche_bw_3-2Podríamos pensar que el Evangelio de JesuCristo es un anecdotario de palabras y algunos hechos de Jesús, como un recuento de algunas cosas que Jesús dijo e hizo. Dicho así eso no sería ni el evangelio, ni tan siquiera un evangelio.

También podríamos pensar que Los evangelios son como las constituciones de una congregación religiosa, o una serie de normas que, proviniendo de Jesús, habrían renovado la religión mosaica, la religión judía. Tampoco sería esto el Evangelio de JesuCristo.

El Evangelio de JesuCristo no es un entramado de dogmas, ritos y preceptos religiosos. El Evangelio de JesuCristo consiste en llevar la buena noticia a los pobres, anunciar libertad a los presos y a dar vista a los ciegos; poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año de gracia y salvación del Señor.
(Lc 4,18-19)

Jesús pasó su vida haciendo el bien: haciendo el bien y sanando a cuantos sufrían bajo el poder del diablo, porque Dios estaba con él (HH 10,38).

El Evangelio de Jesús consistió y consiste en aliviar sufrimientos. Jesús curó y dio vida a infinidad de enfermos: leprosos, ciegos, paralíticos, neuróticos y epilépticos, mujeres que perdían la vida (hemorroísa), Jesús pone como modelo de comportamiento a los pobres (viuda que echa veinte céntimos en el Templo), a un samaritano (extranjero y maldito) que deja de ir a Misa, porque tiene que llevar al hospital a un hombre al que habían asaltado y le habían dejado medio muerto en la cuneta de la vida. El evangelio de Jesús es dar de comer a la gente (entendamos como entendamos la multiplicación de los panes).

El Evangelio de JesuCristo “es” el comedor social ATERPE, villa BETANIA (SIDA), el BANCO DE ALIMENTOS; el evangelio de Jesús es acoger o ayudar a los REFUGIADOS. El Evangelio de Jesús “son” los gestos del papa Francisco con los mendigos, con los refugiados. Evangelio es la presencia de D. Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia, en Bayona haciendo de mediador en el desarme por la paz en el pueblo vasco. El evangelio de Jesús es bondad, misericordia, es hacer el bien. El Evangelio “es” y estaba en Mons Oscar Romero, en Ignacio Ellacuría y sus compañeros mártires.

03. NO ME AVERGÜENZO DEL EVANGELIO.

San Pablo dirá en su carta a los Romanos que: no me avergüenzo del evangelio, que es la fuerza de Dios para que se salve todo el que cree. (Rom 1,16).

Me parece que el evangelio de JesuCristo se resuelve en las diatribas, persecuciones y condenaciones dogmáticas o litúrgicas de las que no pocas veces sentimos vergüenza histórica.

Este mismo año celebramos quinientos aniversario del nacimiento de la Reforma protestante. ¡Cuántas barbaridades se han dicho y hecho en ambas partes de las que hoy sentimos vergüenza! Ahí no estaba el evangelio.

No nos avergoncemos de quien hace el bien, de quien entrega o nosotros mismo entregamos la vida a las misiones, a los pobres a hacer el bien. La fuerza de Dios es el bien, la bondad, no la ley ni el poder.

De este evangelio de Jesús no sentimos vergüenza, sino estima y gratitud.

04. CONSOLAD A MI GENTE, (Isaías – 1ª lectura).

multiplicacion-de-los-panes-y-de-los-pecesEstas cosas, este evangelio es de enorme consuelo

Pocas veces pensamos y hablamos del consuelo, tan necesario en la vida.

El consuelo es el descanso y alivio de las penas y sufrimientos que afligen y oprimen al ser humano.

Dios nos consuela: consolad, consolad a mi pueblo, (Isaías).

Volvamos al principio, volvamos a fundamentar la existencia: Nuestro Dios no amenaza, ni condena, más bien alivia y consuela, que son actitudes muy de nuestro Dios, de JesuCristo y, por tanto, entra también en nuestro

PRINCIPIO para con nosotros mismos y para con los demás. Seremos consolados por el Señor.

La misericordia, sentir compasión, consolar son cuidados muy evangélicos y cristianos.

Dios no nos abandona nunca, terminará en nosotros su evangelio.

Y esto existe y es desde el PRINCIPIO hasta el final.

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Adviento y Vida

sábado, 9 de diciembre de 2017
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Del blog de Amigos de Thomas Merton:

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«El misterio de Adviento en nuestras vidas es el comienzo del fin de todo lo que en nosotros no es todavía Cristo. Es el comienzo del fin de la irrealidad. Y eso, sin duda, es motivo de alegría. Pero por desgracia nos aferramos a nuestra irrealidad, preferimos la parte al todo, continuamos siendo fragmentos, no queremos ser ”un solo hombre en Cristo”.

Adviento, para nosotros, significa aceptación de ese comienzo totalmente nuevo. Significa una disposición para hacer que la eternidad y el tiempo se encuentren no sólo en Cristo sino en nosotros, en el Hombre, en nuestra vida, en nuestro mundo, en nuestro tiempo. Si hemos de entrar en el comienzo de lo nuevo, debemos aceptar la muerte de lo viejo. El comienzo, pues, es el fin. Hemos de aceptar el fin, antes de poder empezar. O más bien, para ser más fieles a la complejidad de la vida, hemos de aceptar el final en el comienzo, ambos juntos».

*

Thomas Merton

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