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Tú eres mi prójimo. Adviento 1

martes, 5 de diciembre de 2017
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Del blog de Henri Nouwen:

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«Nos convertimos en prójimos cuando estamos dispuestos a cruzar al otro lado del camino por los demás.Existe un gran abismo y segregación entre negros y blancos, entre homosexuales y heterosexuales, entre jóvenes y viejos, entre enfermos y sanos, entre presos y quienes gozan de libertad. entre judíos y gentiles, entre musulmanes y cristianos, entre protestantes y católicos, entre católicos ortodoxos y católicos latinos.

Existen muchos caminos a los que cruzar al otro lado. Todos estamos muy ocupados en nuestro propio medio. Ya tenemos nuestra propia gente de la que ocuparnos. Pero si de vez en cuando fuéramos capaces de cruzar al otro lado del camino y prestar atención a cuanto allí sucede, podríamos, efectivamente, convertirnos en prójimos.

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Henri Nouwen

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Adviento 2017 en una parada de autobús

lunes, 4 de diciembre de 2017
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Del blog del Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa:

El adviento me sabe a parada de autobús, a ese espacio en el que te sientas y esperas. No es un espacio muerto, no es tampoco un tiempo perdido.  Si te implicas en el momento puedes conversar con quien tienes al lado, también esperando. Quizás te cuente a dónde se dirige, o a lo mejor tenéis amigos en común y os ponéis al día respecto a viejos conocidos.  A veces también sucede que ese desconocido pierde tal categoría y empieza a ser “el de la parada del bus”, sobre todo si tienes costumbres fijas.

En la parada del autobús te da tiempo a mirar alrededor (si es esa tu actitud), a ver formarse un charco cuando la lluvia arrecia, o a observar cómo los estorninos del Paseo sobrevuelan ruidosos.

Te da tiempo a esperar sin desesperarte y a encontrarle gusto a la espera.

En la parada del autobús puedes ejercer la generosidad al dejarle el sitio a alguien que lo necesita más,… o quizás no, pero tú ya sabes que cada minuto es una oportunidad para realizar un acto de amor puro.

También puede sucederte que llegas a la parada justo en el momento en el que se aproxima el autobús que quieres tomar. No te ha dado ni tiempo a esperar, pero… bueno, una vez dentro del autobús también puedes experimentar vivencias interesantes.

Ahora te encuentras algunas marquesinas en las que tienes conexión wifi e incluso puedes cargar el móvil. Supongo que entonces poco de lo dicho anteriormente será posible, porque viviremos la espera ajenos a ella misma, perdiéndonos al desconocido, al habitual, el charco y los estorninos,  y el minuto amoroso.

A esto me suena el adviento.

A esto y a mucho más.

No tengo intención de esperar la Navidad en una marquesina con posibilidad de conectarme a la wifi gratis.

Prefiero desconectarme de la red y engancharme a los caminos que me llevan a tu rostro.

Que tengas un Adviento lleno de sencillez y cercanía.

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Velad

domingo, 3 de diciembre de 2017
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La espera no es una actitud muy común. No se suele pensar con mucha simpatía en la espera. De hecho, la mayor parte de la gente piensa que la espera es una pérdida de tiempo…; quizás porque la cultura que nos ha tocado vivir dice «¡Venga!, ¡haz algo! ¡Demuestra que eres capaz de actuar! ¡No te quedes sentado esperando!»

Sin embargo, esperar es una actitud enormemente radical en la vida. Es confiar en que sucederá algo que supera con mucho nuestra imaginación. Es abandonar el control de nuestro futuro y dejar que sea Dios quien determine nuestra vida. Es vivir con la convicción de que Dios nos va formando con su amor divino y no con nuestros temores. La vida espiritual es una vida en la que esperamos, estamos a la espera, activamente presentes en el momento actual, esperando la novedad que acontecerá, novedad que va más allá de nuestra propia imaginación o previsión. Esta actitud, ciertamente, es muy radical en la vida en este mundo preocupado en controlar los acontecimientos .

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H. J. M. Nouwen,
The Patn of Waiting, Nueva York 1995.

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En aquel tiempo, dijo Jesús sus discípulos

«Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!»

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Marcos 13,33-37

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“Una Iglesia despierta”. 1 Domingo de Adviento – B (Marcos 13,33-37)

domingo, 3 de diciembre de 2017
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1609802_527682714013418_497079345_nLas primeras generaciones cristianas vivieron obsesionadas por la pronta venida de Jesús. El resucitado no podía tardar. Vivían tan atraídos por él que querían encontrarse de nuevo cuanto antes. Los problemas empezaron cuando vieron que el tiempo pasaba y la venida del Señor se demoraba.

Pronto se dieron cuenta de que esta tardanza encerraba un peligro mortal. Se podía apagar el primer ardor. Con el tiempo, aquellas pequeñas comunidades podían caer poco a poco en la indiferencia y el olvido. Les preocupaba una cosa: «Que, al llegar Cristo, nos encuentre dormidos».

La vigilancia se convirtió en la palabra clave. Los evangelios la repiten constantemente: «vigilad», «estad alerta», «vivid despiertos». Según Marcos, la orden de Jesús no es solo para los discípulos que le están escuchando. «Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: Velad». No es una llamada más. La orden es para todos sus seguidores de todos los tiempos.

Han pasado veinte siglos de cristianismo. ¿Qué ha sido de esta orden de Jesús? ¿Cómo vivimos los cristianos de hoy? ¿Seguimos despiertos? ¿Se mantiene viva nuestra fe o se ha ido apagando en la indiferencia y la mediocridad?

¿No vemos que la Iglesia necesita un corazón nuevo? ¿No sentimos la necesidad de sacudirnos la apatía y el autoengaño? ¿No vamos a despertar lo mejor que hay en la Iglesia? ¿No vamos a reavivar esa fe humilde y limpia de tantos creyentes sencillos?

¿No hemos de recuperar el rostro vivo de Jesús, que atrae, llama, interpela y despierta? ¿Cómo podemos seguir hablando, escribiendo y discutiendo tanto de Cristo, sin que su persona nos enamore y trasforme un poco más? ¿No nos damos cuenta de que una “Iglesia dormida” a la que Jesucristo no seduce ni toca el corazón, es una Iglesia sin futuro, que se irá apagando y envejeciendo por falta de vida?

¿No sentimos la necesidad de despertar e intensificar nuestra relación con él? ¿Quién como él puede liberar nuestro cristianismo de la inmovilidad, de la inercia, del peso del pasado, de la falta de creatividad? ¿Quién podrá contagiarnos su alegría? ¿Quién nos dará su fuerza creadora y su vitalidad?

José Antonio Pagola

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” Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa”. Domingo 03 de diciembre de 2017. Domingo 1º de Adviento.

domingo, 3 de diciembre de 2017
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01advientoB1cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 63,16b-17.19b;64,2b-7: ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!.
Salmo responsorial: 79: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
1Corintios 1,3-9: Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Marcos 13,33-37: Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa.

La comunidad judía que retorna del exilio enfrenta un gran desafío: reconstruir los fundamentos de la nación, la ciudad y el Templo. No era una tarea fácil. La mayoría de los exiliados ya se habían organizado en Babilonia y en otras regiones del imperio caldeo. La mayor parte de los que habían llegado desde Judea cincuenta años antes ya habían muerto y los descendientes no sentían gran nostalgia por la tierra de sus padres. Los profetas los habían invitado continuamente a reconocer los errores que habían conducido a la ruina, pero la mayor parte de los exiliados ignoraban a los mediadores de Yahvé.

Algunos tomaron entre sus manos el proyecto de reconstruir la identidad, las instituciones y la vida de la nación. Sin embargo, no contaron inicialmente con mucho apoyo, Parecía una idea loca e innecesaria: para qué volver a Jerusalén si ya no haía remedio… Lo mismo nos ocurre a veces a nosotros, vivimos de la nostalgia del pasado pero no nos comprometemos a transformar la realidad del presente. Añoramos otros tiempos en que se vivía mejor, pero no rescatamos los valores que hacen posible una convivencia humana justa y equitativa.

Jesús hace a sus discípulos una recomendación que hoy nos sorprenden: mantenerse despiertos. ¡Todo lo contrario de lo que nosotros haríamos! Pero él tiene sus razones. Si cada día estamos embargados por las preocupaciones más superfluas, lo más seguro es que se nos pase la hora apropiada para realizar la misión que Jesús nos encomienda. Jesús, en el evangelio, nos enseña a estar en guardia contra los que creen que las enseñanzas cristianas son algo superfluo. El evangelio debe ser proclamado donde sea necesario, deber ser colocado donde se vea, debe ponerse al alcance de todos. Nuestra misión es hacer del evangelio una lámpara que ilumine el camino de la vida y nos mantenga en actitud vigilante.

 La interpretación que se daba a estos textos del evangelio que apuntan hacia el futuro o hacia la escatología estuvo casi siempre revestida de un tinte apocalíptico y de temor: el Señor había establecido un plazo, que se nos podría acabar en cualquier momento, imprevisiblemente, por lo cual necesitábamos estar preparados para un juicio sorpresivo y castigador que el Señor podría abrir en cualquier momento contra nosotros. «Que la muerte nos sorprenda confesados». Este miedo funcionó durante mucho tiempo, durante tantos siglos como duró una imagen mítica de Dios, excesivamente calcada de la imagen del señor soberano feudal que dispone despóticamente sobre sus súbditos. El miedo a la condenación eterna, tan impregnado en la sociedad cristiana medieval y barroca, hizo que la «huelga de confesonarios» pudo ser en determinados momentos un arma esgrimida por el clero contra las clases altas, por ejemplo por parte de los misioneros defensores del pueblo contra los conquistadores españoles dueños de esclavos (recuérdese el film La misión). Causa sonrisas pensar en la eficacia que una tal «huelga de confesionarios» pudiera tener hoy día… Y es que la estrella de la «vida eterna», el dilema de la salvación/condenación eternas, brillaba con su potencia indiscutible en el firmamento de la cosmovisión del hombre y la mujer premodernos… Pero son tiempos idos. Sería un error enfocar el comentario a evangelios como el que hoy leemos en esa misma perspectiva, pensando que nuestros contemporáneos son todavía premodernos…

El estado de alerta, la mirada atenta al futuro que evita el adocenamiento o la rutina… sí que es una categoría y una dimensión del hombre y de la mujer modernos. Si lo interpretamos como «esperanza», la pertinencia del mensaje aún es más vigente.

¿Qué puede significar «Adviento» para la sociedad actual? Como nombre de un tiempo litúrgico significa bien poco, y no habría que lamentarse mucho ni gastar pólvora inútilmente, pues cualquier día –tal vez más pronto que tarde- la Iglesia cambiará el esquema de los ciclos de la liturgia, que clama a gritos por una renovación. Lo que importa no es el tiempo litúrgico, sino el Adviento mismo, el «Advenimiento» –que eso significa la palabra–, el «noch nicht Sein» como diría Ernst Bloch, aquello cuya forma de ser consiste en «no ser todavía pero tratando de llegar a ser»… Ateo como era, Bloch construyó toda su poderoso edificio filosófico sobre la base de la utopía y la esperanza, y presentó en bellas páginas inolvidables la grandeza heroica del santo y del mártir ateo, capaz de dar la vida en aras de su esperanza… Ebeling, en la misma línea decía: «lo más real de lo real, no es la realidad misma, sino sus posibilidades»… Lo real más real no es sin más lo real, sino las posibilidades de ser que lo que hoy es lleva consigo.

Después de los años 90 del siglo pasado, estamos en un tiempo en el que se dice que se ha dado un «desfallecimiento utópico». Con el triunfo del neoliberalismo y la derrota de las utopías (no «de las ideologías», alguna de las cuales siguen muy vivas), la cultura moderna –o mejor posmoderna- castiga al pensamiento esperanzado y utopista. El ser humano moderno-posmoderno está escarmentado. Ya no cree en «grandes relatos». Se nos ha impuesto una cultura anti-utópica, antimesiánica, a-escatológica, ¿sin esperanza?, a pesar de la brillantez de que hacen gala los productos de la industria mundial del entretenimiento; detrás del atractivo seductor de ese entretenimiento, la imagen de ser humano que queda está ayuna de toda esperanza que trascienda siquiera mínimamente el «carpe diem» o el «disfruta la vida». ¿Qué advenimiento («adviento») espera el hombre y la mujer contemporáneos? ¿Cómo vivir el adviento en una sociedad que no espera ningún «advenimiento»? Desde luego, no reduciendo el adviento a un «tiempo litúrgico», o a un tiempo pre-navidad… ¿Cómo pues?

El Advenimiento que esperamos los cristianos no es la Navidad… Ni siquiera es «el cielo»… ¡Es el Reino! No es otro mundo… es este mismo mundo… ¡pero «totalmente otro»! Se puede ser cristiano sin celebrar el adviento, ¡pero no sin preparar el Advenimiento! Ser cristiano es hacer propia en el corazón la nostalgia de Aquel que decía: «fuego he venido a traer a la tierra, y ¡cómo deseo que arda…!». Los cristianos no pueden inculturarse del todo en esta cultura anti-utópica y sin «grandes relatos», porque somos hijos de la gran Utopía de la Causa de Jesús, y tenemos el «gran relato» del Proyecto de Dios… Podríamos no celebrar el adviento, pero no podemos dejar de darnos la mano con los santos y mártires ateos (quedan pocos) y con todos los hombres y mujeres de la tierra, de cualquier religión del planeta, para trabajar denodadamente por el Advenimiento del Nuevo Mundo.

Cada vez se perfila mejor: crear un Mundo Nuevo, fraterno-sororal y solidario, sin imperios ni instituciones transnacionales o mundiales explotadoras de los pobres, lo que Jesús llamó «malkuta Yahvé» en su boca aramea, Reino de Dios, pero dicho con palabras y hechos de este ya tercer milenio, ése es el Advenimiento que esperamos, el sueño que nos quita el sueño, lo que nos hace estar en «alerta». Leer más…

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Dom 3.12.17. Ésta es la hora. Meditación de Adviento

domingo, 3 de diciembre de 2017
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 1 Adviento, ciclo B. Mc 13, 33-36.Ha terminado litúrgicamente el año del Señor, con la llamada a juicio de Mt 25, 31-46. Hoy empieza el nuevo año del Señor, con sus cuatro domingos de preparación (Adviento).

Ésta es la hora de la promesa, como indicará esta meditación de Advientocon la palabra de llamada y esperanza: Despertaos:

− Una Palabra de Dios (y de aquellos que nos han llamado a esta vida ) nos ha traído al mundo, y por ella seguimos viviendo en esperanza, pues si no fuera así (sin esperar) habríamos muerto hace milenios.

− Pero vivimos y seguimos avanzando, sobre un foso de amenazas, pero también de bellísimas tareas , y por eso debe os despertar un año más y superar las tempestades y los riesgos, en un tiempo que sigue amenazado por la muerte.

La liturgia de este domingo primero de adviento se atreve proclamar de nuevo su esperanza, como una gran trompeta, que no llama ya para la muerte, sino para la vida, por encima de las cuatro bestias que un día como hoy descubrió en el horizonte el profeta Daniel (Dan 7), como friso de pavor en la pared de los imperios: Un león, un oso, un leopardo… (poder de violencia…)y finalmente una más fuerte que todas, la del hierro de la guerra sobre pies de barro.

images-1Perseguidos por esa gran bestia (¡barro somos, con armas de hierro pretende matarnos!), podemos detenernos un año más (viene 2018), para escuchar lallegada (el Adviento) del Hombre de Dios, conforme a la esperanza profética, recreada por Jesús, de manera que podemos y debemos despertar. Es el tiempo de la gran palabra: Despertaos.

Empieza así otra vez el Adviento y vamos a celebrar de nuevo la esperanza, marcada por la Venida de Dios en quien creemos, Dios del sol y de la tarde huidiza sobre el agua de la vida. Así lo proclama este evangelio, que extiende ante nosotros una vía de esperanza. La palabra de este tiempo es “velad”, es decir, despertaos (agrhypneite: salid del sueño), mantened vuestra esperanza ante la llegada del Hombre Nuevo, no dejéis que el miedo o el sueño os domine. Buen día a todos, buen Adviento. Llega Dios, es decir, debemos llegar nosotros mismos, como nueva humanidad.

Texto litúrgico ampliado: Mc 13, 28-36

No me quiero limitar al texto reducido de la liturgia (Mc 13, 33-36). Prefiero verlo en su entorno (Mc 13, 28-26), mirado desde todo Mc 13, el más duro y más consolador de todos los textos de esperanza cristiana, un pasaje lleno de guerras y enfrentamientos, de hambres y terrores, pero también de caminos abiertos y presencias activas.

Este capítulo recoge la palabra que Jesús dirigió a sus cuatro discípulos primeros (Pedro y Andrés, Santiago y Juan), sobre el Monte de los Olivos, abriendo sus ojos, para que vieran el misterio de los tiempos (cf. Mc 13, 3-4).(El material de este comentario lo tomo de mi Evangelio de Marcos, Verbo Divino, Estella 2012)

a. (Está a las puertas)….
28 Fijaos en lo que sucede con la higuera. Cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, conocéis que se acerca el verano. 29 Pues lo mismo vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que ya está cerca, a las puertas.

b. (En esta generación, ya ha llegado)
30 Os aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

b’ (Ni Cristo sabe, ni lo sabe el Hijo)
32 En cuanto al día y la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre.

a’ (despertad)
¡Cuidado! Despertaos (agrhypneite: salid del sueño), porque no sabéis cuándo llegará el momento. 34 Sucederá lo mismo que con aquel que se ausentó de su casa, encomendó a cada uno de los siervos su tarea y encargó al portero que velase. 35 Así que velad, porque no sabéis cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a media noche, al canto del gallo o al amanecer. 36 No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. 37 Lo que a vosotros os digo, lo digo a todos: ¡Velad!

Éste es el final del final

evangelio-de-marcosEl evangelio de Marcos ha dicho lo importante sobre la crisis de los tiempos, con la llegada del Hijo del Hombre, es decir, de la humanidad verdadera (Mc 13,24-27). Pero a fin de completar ese mensaje (¡viene el Hijo del Hombre!) en forma positiva, en clave de advertencia eclesial, este pasaje recoge dos palabras distintas pero complementarias.

(a) Por un lado la certeza de que hay Dios, y Dios mismo nos despierta, desde dentro, para que podamos asumir nuestra más honda realidad de humanos/divinos.
(b) Por otro lado la exigencia de que nosotros mismos salgamos del sueño en que estamos hundidos, un sueño de fantasías y violencias (Heidegger), de impotencias aprovechadas por los “opresores de turno”.

Esta es nuestra definición más honda: Somos seres que podemos despertar…

— (b) Todas estas cosas han de suceder en esta generación (13, 30).Ésta es una palabra que se puede atribuir al Jesús histórico: en esta misma generación (en este tiempo que es el nuestro) se cumple ya todo. Estamos al fin de los tiempos, ante la Hora decisivo. El Evangelio de Marcos dirige esta palabra de Jesús a los lectores/oyentes de su evangelio. Ahora, cuando se proclama esta palabra, sucederán estas cosas.

— (b’) Pero el día y la hora nadie sabe nada, ni siquiera Cristo, ni siquiera el Hijo de Dios, sino sólo el Padre (Mc 13, 32). Estas palabras han de tomarse absolutamente en serio: ni siquiera Cristo supo o calculó los tiempos; anunció y preparó la llegada de Dios, pero no anduvo fijando fechas. Esto significa que debemos evitar todo cálculo de tiempo; vivir en vigilancia, pero sin adivinanzas que no tienen sentido. El mismo Cristo deja el tiempo en manos de Dios Padre.

La culminación del tiempo es Dios (=nuestra vida en Dios)

Ante el misterio del fin (ante la hora) sólo existe una respuesta, sólo puede darse una palabra: ¡Estamos en manos del Padre, el único que sabe! Desaparecen todas las instancias de poder o ciencia, de lucha o angustia del mundo. Quedan en segundo plano los ángeles, lo mismo que los hombres y mujeres de la tierra, todo lo que pueden hacer o maquinar los poderes de la tierra. El mismo Hijo, a quien Dios ha dado su Espíritu y palabra (cf. Mc 1, 9-11), está a la escucha de Dios. En la raíz y meta de todo se halla el Padre, él solo es quien sabe.

Dios es Dios, ésta es la palabra, por tanto «despertad» (que Dios despierte en vosotros)

Pero, al mismo tiempo, sabiendo que todo se condensa en Dios, el evangelio nos sigue diciendo que estamos en la noche que precede a la aurora de la salvación. Como siervos vigilantes debemos mantenernos en el tiempo de tiniebla de este mundo, llenos de esperanza. Leer más…

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Súplica, realidad, vigilancia. Domingo 1º de Adviento. Ciclo B.

domingo, 3 de diciembre de 2017
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Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

¿Cuatro semanas para prepararnos a recordar el nacimiento de Jesús? No. El Adviento es más que eso. No se trata de recordar romanticamente un hecho pasado, se trata de comprender a fondo lo ocurrido y prepararnos para el encuentro definitivo con el Señor.

Suplica (Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7)

La primera lectura nos sitúa siglos antes de la venida de Jesús. El pueblo de Israel se ve como un trapo sucio, como árbol de ramas secas y hojas marchitas. La situación no sería muy distinta de la nuestra. Pero el pueblo, en vez de culpar a los políticos, a los banqueros, al FMI, a Putin y a Trump, piensa que todo se debe a que Dios le oculta su rostro por culpa de sus pecados, porque nadie invoca su nombre ni se aferra a Él. Lo lógico sería que el pueblo prometiese cambiar de conducta, interesarse por Dios. Sin embargo, en vez de prometer un cambio le pide a Dios que sea él quien cambie: que recuerde que es nuestro Padre (la idea aparece al comienzo y al final de la lectura), que vuelva, rasgue el cielo y baje. ¿Cómo responderá Dios a esta petición?

Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es Nuestro redentor. Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te tema? Vuélvete, por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad. iOjalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia! Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia. Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en e1. Sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos. Estabas airado, y nosotros fracasamos: aparta nuestras culpas, y seremos salvos. Todos éramos impuros, nuestra justicia era un paño manchado; todos nos marchitábamos como follaje, nuestras culpas nos arrebataban como el viento. Nadie invocaba tu nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas en poder de nuestra culpa. Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano.

Realidad (1 Corintios 1,3-9)

La respuesta de Dios supera con creces lo que pedía el pueblo en la lectura de Isaías, aunque de modo distinto. Dios Padre no rasga el cielo, no sale a nuestro encuentro personalmente. Envía a Jesús, y mediante él nos ha enriquecido en todo y nos llama a participar en la vida de su Hijo. Por consiguiente, añade Pablo, “No carecéis de ningún don”. En una época de crisis, en la que tanta gente se lamenta, a veces con razón, de las muchas cosas de que carece, estas palabras pueden resultar casi hirientes: “No carecéis de ningún don”. Buen momento el Adviento para pensar en qué cosas valoramos: si las materiales, que a menudo faltan, o las que proporciona Jesús: la certeza de que Dios es fiel, está de nuestra parte y nos mantendrá firmes hasta el encuentro final con Él.

Hermanos: La gracia y la Paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros. En mi acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús. Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado, el testimonio de Cristo. De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. El os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de que acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. ¡Y él es fiel!

Vigilancia (Marcos 13, 33-37)

No deja de ser irónico que precisamente el evangelio no hable de Dios Padre ni de Jesús. Se centra por completo en nosotros, en la actitud que debemos tener: “vigilad”, “velad”, “velad”. Tres veces la misma orden en pocas líneas. Porque el Adviento no es sólo recordar la venida del Señor, es también prepararse para el encuentro final con Él.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Mirad, vigilad: pues no sabéis cuando es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejo su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: !Velad!”

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Primer Domingo de Adviento. Ciclo B. 3 diciembre, 2017

domingo, 3 de diciembre de 2017
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“Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos. ¡Velad!”

(Mc 13, 33-37)

¡Ya está cerca! Es lo que nos dice y nos repite este tiempo de Adviento. Es la cuenta atrás de algo querido y esperado. La emoción empieza a hacernos cosquillas en el corazón porque lo que esperamos, mejor dicho, a quien esperamos es bueno, ¡muy bueno!

Como sucede cuando esperas a alguien miramos el reloj una y otra vez, como si al mirarlo hiciéramos que el tiempo pasara más deprisa. Y repetimos con emoción: ¡Ya llega!, ¡Ya queda menos! ¡MARANATHA!

Es Jesús mismo quien, al empezar el Adviento, nos aconseja que estemos despiertas. ¡Velad!  El día de Navidad tiene fecha en el calendario, pero el momento en el que Él se va a hacer presente en nuestra vida no sabemos cuál es.

Nos puede sorprender en la oración, pero también en el autobús, en una enfermedad, o en la mirada de una persona querida.

No, no sabemos el día ni la hora. Tampoco el lugar. En este primer domingo de Adviento te invitamos a traer al corazón algún momento de encuentro con Dios que haya sido significativo en tu vida, ese momento, o momentos, que guardas como un tesoro.

Acércate a él, destápalo despacio, como quien saca un objeto valioso de su caja y contémplalo. Deja que haga vibrar tu corazón, que lo ponga en marcha para empezar este Adviento. No tengas prisa; saborea tu recuerdo. Y cuando termines, no lo guardes, déjalo visible. Sí, como un adorno navideño. O como ese objeto que solo tú y otra persona sabéis que tiene mensaje.

Los símbolos nos conectan con nuestra realidad más profunda, por eso ante ellos experimentamos algo más que recuerdos. Son aliento y confianza.

Oración.

Enciende, Trinidad Santa, en nuestro corazón, esos recuerdos de tu paso por nuestras vidas, para que nuestro corazón pueda ser un lugar acogedor en el que vengas a nacer.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Sólo el despierto descubrirá que vive.

domingo, 3 de diciembre de 2017
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jesus-meditando-600x400Mc 13, 33-37

Estamos en el día de Año Nuevo de la liturgia. Comenzamos con el Adviento, que no es solamente un tiempo litúrgico, sino toda una filosofía de vida. Se trata de una actitud vital que tiene que atravesar toda nuestra existencia. No habremos entendido el mensaje de Jesús, si no nos obliga a vivir en constante Adviento. Lo importante no es recordar la primera venida de Jesús; eso es solo el pretexto para descubrir que ya está aquí. Mucho menos prepararnos para la última, que solo es una gran metáfora (mitología). Lo verdaderamente importante es descubrir que está viniendo en este instante.

Todo el AT está atravesado por la promesa y por la espera. Según el relato bíblico. Dios les va prometiendo lo que ellos, en cada momento más ansían. A Abrahán, descendencia; a los esclavos en Egipto, libertad; a los hambrientos en el desierto, una tierra que mana leche y miel; cuando han conquistado Canaán, una nación fuerte y poderosa; cuando están en el Exilio, volver a su tierra; cuando destruyen el templo, reconstruirlo; etc., etc. En el AT siempre les promete cosas terrenas porque es lo único que ellos esperan. Jesús promete algo muy distinto. «He venido para que tengan vida y la tengan abundante.»

Según el AT Dios les puso la zanahoria delante de las narices o el palo en el trasero para hacerles caminar según su voluntad. Tomado al pie de la letra sería ridículo. Dios no hace promesas para el futuro, porque ni tiene nada que dar ni tiene futuro. Las promesas de Dios son hechas por los profetas, como una estratagema para ayudar al pueblo a soportar momentos de adversidad, que ellos interpretaban como castigo por sus pecados. Nada de lo que anunciaron los profetas, se cumplió en Jesús. Gracias a Dios, porque todos los textos están encaminados hacia una salvación de seguridades materiales. Hoy podemos entender aquellas imágenes como metáforas de la verdadera salvación.

La clave del relato evangélico está en la actitud de los criados. Nos quiere decir que Dios está siempre viniendo. Él es “el que viene”. La humanidad vive un constante adviento, pero no por culpa de un Dios cicatero que se complace en hacer rabiar a la gente obligándole a infinitas esperas antes de darle lo que ansía. Estamos todavía en Adviento, porque estamos dormidos o soñando con logros superficiales, y no hemos afrontado con la debida seriedad la existencia. Todo lo que espero de fuera, lo tengo ya dentro.

Vigilad. Para ver no solo se necesita tener los ojos abiertos, se necesita también luz. No se trata de contrarrestar el repentino y nefasto ataque de un ladrón. Se trata de estar despierto para afrontar la vida con una conciencia lúcida. Se trata de vivir a tope una vida que puede transcurrir sin pena ni gloria. Si consumes tu vida dormido, no pasa nada. Esto es lo que tendría que aterrarte; que pueda transcurrir tu existencia sin desplegar las posibilidades de plenitud que te han dado. La alternativa no es salvación o condenación. Nadie te va a condenar. La alternativa es: o plenitud humana o simple animalidad.

Pues no sabéis cuándo es el ‘momento’. En griego hay dos palabras que traducimos al castellano por “tiempo”: “kairos” y “chronos”. Chronos significa el tiempo astronómico, relacionado con el movimiento de los cuerpos celestes. Kairos sería el tiempo psicológico, el momento oportuno para tomar una decisión. Por no tener en cuenta esta sencilla distinción, se han hecho interpretaciones descabelladas. En el evangelio que acabamos de leer, se habla de kairos. Naturalmente que el hombre, como criatura se encuentra siempre en el chronos, pero lo verdaderamente importante para él es descubrir el kairos.

El punto clave de nuestra reflexión debe ser: ¿Esperamos nosotros esa misma salvación que esperaban los judíos? Si es así, también nosotros hemos caído en la trampa. Jesús no puede ser nuestro salvador. La mejor prueba de que los primeros cristianos, verdaderos judíos, no estaban en la auténtica dinámica para entender a Jesús, es que no respondió a sus expectativas y creyeron necesaria una nueva venida. Esta vez sí, nos salvará de verdad, porque vendrá con “poder y gloria”. ¿No os parece un poco ridículo? La médula de su mensaje es que la salvación, que Dios nos ofrece, está en la entrega y el don total.

Las primeras comunidades oraban: “Maranatha” (ven Señor). Vivieron la contradicción de una escatología realizada y otra futura. “Ya, pero todavía no”. “Ya” por parte de Dios, que nos ha dado ya la salvación. “Todavía no” porque seguimos esperando una salvación a nuestra medida y no hemos descubierto la verdadera salvación, que ya poseemos. Aquí radica el sentido del Adviento. Porque “todavía no” ha llegado la verdadera salvación, tenemos que tratar de adelantar el ya. Eso no lo conseguiremos si seguimos dormimos.

Luchar por un mayor consumismo, y creyendo que en él está la verdadera salvación, sería una trampa. Descubrir ese engaño sería estar despiertos. El ser humano sigue esperando una salvación que le venga de fuera, sea material, sea espiritual. Pero resulta que la verdadera salvación está dentro de cada uno. En realidad Jesús nos dijo que no teníamos nada que esperar, que el Reino de Dios estaba ya dentro de nosotros. En este mismo instante está viniendo. Si estamos dormidos, seguiremos esperando.

La falta de encuentro se debe a que nuestras expectativas van en una dirección equivocada. Esperamos un Dios que llegue desde fuera. Esperamos actuaciones espectaculares por parte de Dios. Esperamos una salvación que se me conceda como un salvoconducto, y eso no funciona. Da lo mismo que la espere aquí o para el más allá. Lo que depende de mí no lo puede hacer Dios ni lo puede hacer otro ser humano. Esta es la causa de nuestro fracaso. Seguimos esperando que otro haga lo que solo yo puedo hacer.

La religión me ofrece salvación, pero solo me salva de las ataduras que ella mismo me ha colocado. Dios es la salvación y ya está en mí. Lo que de Dios hay en mí es mi verdadero ser. No tengo que conseguir nada ni cambiar nada en mí auténtico ser, simplemente tengo que despertar y dejar de potenciar mi falso yo. Tengo que dejar de creer que soy lo que no soy. Esta vivencia me descentrará de mí mismo y me proyectará hacia los demás. Me identificaré con todo y con todos. Mi falso ser, mi individualidad, se desvanece.

El verdadero problema está en la división que encontramos en nuestro ser. En cada uno de nosotros hay dos fieras luchando a muerte: Una es mi verdadero ser, que es amor, armonía y paz; otra es mi falso yo, que es egoísmo, soberbia, odio y venganza. ¿Cuál de las dos vencerá? Muy sencillo y lógico. Vencerá aquella a quien tú mismo alimentes.

Como los judíos, seguimos esperando una tierra que mane leche y miel; es decir mayor bienestar material, más riquezas, más seguridades de todo tipo, poder consumir más… Seguimos pegados a lo caduco, a lo transitorio, a lo terreno. No necesitamos para nada la verdadera salvación o, a lo máximo, para un más allá. Si no sientes necesidad no habrá verdadero deseo, y sin deseo no hay esperanza. Hoy ni los creyentes ni los ateos esperamos nada más allá de los bienes materiales. También Dios sigue esperando.

Meditación

Para ver se necesita tener los ojos abiertos,
Pero también se necesita la luz.
Para nosotros la luz es Jesús.
Despertar solo depende de mí.
Puedo pasarme la vida entera dormido,
pero entonces no podrás culpar a nadie.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Una película dirigida a nadie

domingo, 3 de diciembre de 2017
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the-savior-suffers-in-gethsemane-_dsc0589-1800El amor da sentido a este mundo (Mónica Naranjo)

3 de diciembre, domingo I de adviento

Mc 13, 33-37

Que, al llegar de repente, no os sorprenda dormidos

El pueblo pide una teofanía, y el profeta Isaías la pide en arrebato: “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes (Is 63, 19b) con tu presencia, como fuego que prende en los sarmientos o hacer hervir el agua!” (64, 1).

Cicatrices grabadas –(¿o filmadas, quizás?) – a sangre y fuego sobre la piel sensible de la Tierra. Penetrantes heridas que nos permiten ver el Evangelio con ojos de Proyecto salvador de Vida. Ojos de visión persistente y aguda, con aires de novedad y frescor de existencia“El amor da sentido a este mundo”, canta la artista Mónica Naranjo, protagonista de un videoclip rodado en la catedral de la Sagrada familia, acompañada por la Orquesta Sinfónica de Barcelona, el coro Piug-reig y las gaitas Xuntanza de Cataluña: “Avui vull agrair la fie del sel, y amb tu celebrar que soc viu”. (“Hoy quiero agradecer la vida al cielo, y contigo celebrar que estoy vivo”). Un amor como el mostrado el pasado domingo 19 por el Papa Francisco en la Jornada Mundial de los Pobres, invitando a comer a 2500 menesterosos en Roma.

Quiso mantenerles alegres y despiertos, haciéndoles vivir durante un tiempo como la abeja que disfruta del néctar del pétalo de la flor y, al mismo tiempo, la fecunda. Y que, como dice el Evangelio: “Que al llegar Jesús, no os sorprenda dormidos” (Mc. 13, 36).

El inglés John Newton (17234-1807), comerciante de esclavos, y luego clérigo protestante, se hizo líder de la campaña parlamentaria para suprimir la trata de esclavos africana. Vio restañadas dichas cicatrices en su himno “Amacing Grace”, en el dolorido rostro de la esclavitud. Dice así:

“Sublime gracia del Señor que un infeliz salvó.
Fui ciego, mas hoy miro yo, perdido y él me halló. 

Su gracia me enseñó a temer, mis dudas ahuyentó.
¡Oh, cuán precioso fuera a mi ser al dar mi corazón!

En los peligros y aflicción que yo he tenido aquí,
su gracia siempre me libró, y me guiará feliz.

Y cuando en Sión por siglos mil, brillando esté cual sol,
yo cantaré por siempre allí, su amor que me salvó”.

(La violinista japonesa Ayako Ishikawa, tiene una versión preciosa del mismo, que puede audiovisualizarse en Internet).

Pablo Neruda lo cantó también de esta manera:

“Tengo deberes de mañana.
Trabajos de mediodía.
Debo abrir ventanas, echar abajo puertas,
romper muros, iluminar rincones.
Debo repartirme hasta que todo sea día,
hasta que todo sea claridad
y alegría en la tierra”.

En definitiva, Una película sin destino particular, pero llena de esperanza, dirigida al mundo entero, como lo canta en esta Oda el poeta chileno:

ODA A LA CLARIDAD

No puedo
quedarme sentado.
Hasta luego.
Mañana
nos veremos.
Hoy tengo muchas
batallas que vencer.
Hoy tengo muchas sombras
que herir y terminar.
Hoy no puedo
estar contigo, debo
cumplir mi obligación
de luz:
ir y venir por las calles,
las casas y los hombres
destruyendo
la oscuridad. Yo debo
repartirme
hasta que todo sea día,
hasta que todo sea claridad
y alegría en la tierra.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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¿Deterioro o evolución? ¿Vejez o gestación?

domingo, 3 de diciembre de 2017
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cosmosEmpieza el Adviento. ¿Para qué sirve el calendario litúrgico – los tiempos litúrgicos?

Si lo representamos gráficamente visualizamos un círculo donde empezando con el Adviento, recorremos los tiempos de la vida de Jesús, con sus celebraciones más importantes y los tiempos ordinarios que culmina con la celebración de Cristo Rey del Universo.

¿Acaso no es así la rueda de la vida? Tiempos de gestar, de dar a luz, de alimentar y cuidar de esa vida, tiempos ordinarios de vivir la rutina, el día a día buscándole el sentido a todo lo que ocurre en estos tiempos a veces áridos, o sin más. Otros, tiempos de persecución, de sufrimiento, de muerte, de enterrar y dejar ir, y tiempos de primavera en que la vida brota de nuevo. Y al final, de las etapas, un reconocimiento en los y las discípulas de que Jesús es el Señor, el “kerygma” de la comunidad cristiana.

Luego necesitamos tiempos de asimilar, de ser iluminados por dentro (Pentecostés: Él se hace presente, es el aliento de nuestra vida, de nuestra historia y de la del Universo, y por fin, empoderadas con esa Vida, llega el tiempo de trabajar, la misión, el envío en su nombre: las múltiples tareas en las que posiblemente los que leemos estos comentarios estamos involucrados pero, ¡observad! Cuán poco se nos consulta para tomar decisiones, para ir reformando la iglesia, desde abajo, para actualizarla y que diga algo al mundo de hoy.

Podemos decir que nos miramos en el tiempo litúrgico, como en un espejo, para entendernos desde las claves: “Jesús” y “comunidad cristiana”.

Buscando un icono de Adviento que me ayude a entrar e interiorizar este tiempo con su mensaje profético, me brota con fuerza el abrazo de Isabel y María. Mujeres embarazadas de la Vida, por obra del Espíritu. Mujeres bisagra entre el primer testamento y el segundo.

Isabel, mujer del Antiguo Testamento o primero, lo que llamamos la Ley, es estéril. Es decir, nos dice Lucas que el A.T. ha llegado a su fin, ya no puede engendrar más.

Nuestro texto de hoy, (Mc 13,33-37) típico de finales del año litúrgico, con lenguaje apocalíptico: “no sabéis cuando va a ser el momento” se refiere a la pasión del discípulo; “deja su casa” se refiere a la nueva comunidad. “Su autoridad” se refiere al Espíritu para borrar el pasado y comunicar vida. “Su tarea”, al modo personal de ejercer el servicio. “El portero,” a la comunidad en cuanto ha de abrir las puertas a todos. “Mantenerse despiertos”, a mantenerse fieles a las actitudes de Jesús y aceptar sus consecuencias…

Como decía, el texto de hoy adquiere vida, para mí, si lo leo desde el prisma del encuentro de Isabel y María, como icono de abrazar el pasado, para despedirlo, dejarlo ir, porque está estéril ya, y acoger el futuro, la comunidad de Jesús, que María está gestando. ¿Deterioro o Evolución? Depende de cómo se mire. Mejor interpretar que si dejamos con respeto ir lo viejo, evolucionamos, como el cosmos mismo, hacia un presente-futuro en continuo cambio, en continuo proceso hacia la Vida.

Isabel es bisagra porque está abierta. Zacarías representa lo viejo, lo incrédulo, por ello se le representa mudo, el primer testamento ya no tiene nada que comunicar. Su fe está dormida, anclada en un pasado. Isabel, aun siendo estéril biológicamente, queda llena del proceso de ir formando la vida que Dios ha querido regalarle.

¡Cuánta miga para nuestro hoy! “No os durmáis” nos dice Marcos, el sestear ralentiza la evolución. Si bloqueamos la energía de Dios, enmudecemos. No tenemos nada que decir. Y nos dedicamos a servirnos de las necesidades de los demás para sentirnos útiles, y justificar nuestra esterilidad.

Si seguimos mirando el pasado, la curia, envejecida y siempre con necesidad de renovación, paralizada, las parroquias cada vez con más espacio y el mundo cristiano no cristianizado, los que no están y tendrían que estar, los hijos que no aparecen por la iglesia…

Pero, la sabiduría del Adviento, mágico tiempo, nos va dando luz progresivamente indicándonos, de nuevo, que el camino es de Dios y éste me invita a dejar de dormitar, a ponerme en camino a la montaña donde Isabel me espera, porque ella como tú y yo está desconcertada por la vida que le sobrepasa.

El ponernos en camino, la apertura al misterio, el estar conectados, despiertos, abiertas al paso de Dios, permite que su energía desbloquee los tumores del alma, y siga la evolución de la comunidad cristiana, regalo y responsabilidad.

La iglesia necesita este Adviento. No es un tiempo de preparación para la Navidad, o sea de compras, de organización de comidas…sólo los y las que están despiertos son las vírgenes que engendran vida. Su inocencia les permite creer en el misterio.

Hoy la comunidad científica está revolucionada porque ha podido escuchar el eco del big bang o explosión original que dio origen a la vida.

Hoy la comunidad cristiana está a la escucha del paso de Dios, en nuestro mundo, en nuestra vida. Porque lo nuevo no viene de fuera, sino que lo sentimos y tocamos por dentro. “Manteneos despiertos, ahuyentad el sueño que no sabéis cuando va a ser el momento”.

¡Maranatha!

Magdalena Bennásar Oliver

www.espiritualidadintegradoracristiana.es

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Fuente Fe Adulta

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Quien deja de esperar, deja de vivir.

domingo, 3 de diciembre de 2017
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01advientob1Del blog de Tomás Muro, La Verdad es libre:

ADVIENTO.

Comenzamos el año litúrgico con el tiempo de Adviento formado por los cuatro domingos, las cuatro semanas en las que nos preparamos a celebrar la Navidad.

02. VELAD.

El ser humano vive humanamente en cuanto aspira y proyecta, es decir, en cuanto espera.
Podríamos definir al ser humano como aquel que continuamente espera y queremos salir de nuestras limitaciones hacia una vida más plena y mejor. Somos una inquietud radical hacia el futuro.

En lo profundo de nuestro corazón hay una extraña potencia que nos dice que, aunque nuestra vida está tocada por las limitaciones y la muerte, no obstante, la vida tiene sentido y tiene un futuro.

Vivimos nuestra propia existencia como llamados al futuro. Somos un proyecto humilde y sencillo a realizar.

03. ¿QUÉ SERÁ DE MÍ?

77b5b734c8bb1540513e7236a3a2f885La experiencia que tenemos de nuestra vida, del mundo y de la historia es la de ser cuestiones penúltimas (no últimas) y de aquí nace la aspiración a una realidad plena y definitiva.

Todo ser humano que viva despierto -velad- vive con la pregunta de ¿qué será de mí mañana, pasado mañana? ¿Qué será de mí mismo, de mi trabajo, de mis proyectos, de mis aspiraciones, de mi familia y de otros seres cercanos o lejanos? ¿Qué será de la sociedad, de los desarrollos políticos, qué será de la vida, del universo?

La cuestión del futuro está ligada inseparablemente a la vida humana.

Velar, vivir lúcidamente es vivir esperanzadamente.

04. LA SEDACIÓN DEL BLACK FRIDAY
.

Si en otros tiempos no lejanos se vivió -vivimos- con una esperanza tortuosa, quizás hoy en día vivimos con la esperanza anestesiada, o simplemente sin esperanza.

Las grandes cuestiones de la vida han sido recortadas y la cultura de la sociedad actual en occidente vive narcotizada. La vida es un divertimento, una supuesta “black (negritud – noche) freeday (libertad, día de libertad)”.

Pero cuando, por las circunstancias que fueren, uno despierta del sueño de esa “noche mágica” de ofertas, descuentos, de vuelos y viajes de consumismos, tiene -tenemos- ante nuestros ojos los eternos problemas humanos: ¿qué sentido tiene todo esto, si es que tiene alguno? ¿Por qué tanto sufrimiento y dolor? ¿Y la muerte?

No vendamos el presente fascinante a precio de futuro absoluto.

04. LA ESPERANZA PROTEGE.

f9ab959dd76581dea4215cc491a54139La esperanza protege de la desesperación y libera de la esclavitud de la frustración y el fracaso.

El cristiano que espera vive libre, no esclavo de los totalitarismos del consumo capitalista. Quien espera procede de modo no neurótico, ni fanático, ni con ansiedad.

El futuro que vigilantemente esperamos es la alegría del presente. El“más allá” es la fuerza del “más acá”.

05. EVANGELIZAR ESPERANZA.

Llama la atención que la Iglesia y gran parte de sus preocupaciones pastorales en nuestros ámbitos estén en cuestiones y problemas muy secundarios y no comuniquemos a unas gentes tan deprimidas y adormecidas un poco de esperanza.

Se habla y se achaca mucho a la gente, a la sociedad de laicismo, de secularización, de postcristianismo, etc. Se condenan divorcios, homosexualidades, incluso independentismos (cardenal Cañizares y el obispo de Almería), pero el problema es muy otro. El problema es que la gente no tiene ni futuro, ni ganas de vivir. (En el País Vasco tenemos un suicidio cada dos días, y hay que pensar que los intentos de suicidio hay que multiplicarlos por diez. No olvidemos el problema de la depresión, que si es un problema médico, mucho más es un problema cultural y de criterios).

Evangelizar hoy en día entre nosotros podría ser comunicar confianza en el futuro, esperanza.

06. EL FUTURO ES DIOS.

acb6c736023e921f629777512eba108fLa solución es el Mesías, salvador. Y el futuro absoluto del hombre es Dios

Estamos comenzando el Adviento, que fortalece nuestra esperanza en el futuro absoluto. Nosotros no esperamos ya una navidad, un nacimiento de Jesús. Agradecemos la Encarnación de Dios en Jesús, pero nosotros miramos al futuro absoluto, esperamos y confiamos en nuestra conclusión en Dios.

Decía el filósofo alemán Martín Heidegger que solamente Dios puede salvarnos.

En las situaciones de crisis sociales, culturales, eclesiásticas o personales más profundas, escuchemos la Palabra: pronto viene el Señor, no hurgues más en la herida. Te salvaré no temas, hemos rezado-cantado en el Rorate.

Esta vivencia acontece en lo profundo de nuestro ser y después se traduce en la vida. Esta experiencia liberadora surge en la debilidad de la esperanza.

La esperanza es débil, es la virtud (virtus: fuerza) más humilde. La esperanza, como el grano de trigo, es humilde, sencilla, pero llena de vida.

Porque la esperanza es débil la podemos perder con alguna facilidad. De esto saben mucho los depresivos, los psiquiatras, los maestros de espiritualidad, posiblemente todos nosotros.

Esperemos atentamente contra toda esperanza.

VEN PRONTO, SEÑOR.

 

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El Adviento de José y María

martes, 20 de diciembre de 2016
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Ojos limpios y serenos
para otear el horizonte sin miedo
y verte en otros rostros siempre.

Brazos fuertes y extendidos
para abrazar con seguridad y mimo
a todos los débiles y perdidos.

Manos suaves y cálidas
para acariciar a ancianos y niños
y crear redes de vida.

Oídos abiertos y atentos
para escuchar los susurros y gritos
y llegar a tiempo a tu encuentro.

Olfato sensible y bien dispuesto
para percibir las fragancias y olores
que te preceden y hacen presente.

Pies firmes y ligeros
para andar por la vida
siguiendo tu brisa y tus sendas.

Corazón tierno y grande
para sentir tus latidos
en este aquí y ahora que vivimos.

Entrañas maternales
para acogerte siempre
aunque nos sorprendas y descoloques…

en las noches oscuras
y en las alboradas,
vengan con pesadillas o blanca escarcha.

Así es el Adviento de José y María,
Así queremos que sea el nuestro cada día.

*

Florentino Ulibarri

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***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

Concebido por el Espíritu Santo (cada ser humano engendrado por Dios)

martes, 20 de diciembre de 2016
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imagesDel blog de xabier Pikaza:

He comentado anteayer el evangelio de este domingo 4º de Adviento (Mt 1, 18-25), pero sin ocuparme de las palabras centrales del ángel a José:

No tengas miedo de recibir a María, tu mujer,
porque lo que ella ha concebido es del Espíritu Santo (1, 20)

Estas palabras han pasado a todos los credos cristianos: «fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María». Ellas han sido objeto de grandes disputas, desde el comienzo de la Iglesia (como indican los primeros concilios de Nicea y de Éfeso…), y en la actualidad siguen siendo tergiversadas, criticadas y aceptada con pasión (según los casos).

En la reflexión que sigue quiero comentarlas brevemente, sin distinguir entre creado, engendrado y concebido (como sería necesario), sin separar el plano eterno del Hijo de Dios y el plano histórico de Cristo (con otros temas igualmanente discutibles y distinguidos). Para situar el tema quiere recoger dos experiencias:

— La primera es muy antigua (del año 1951 o 1952). Yo me examinaba por libre en el Instituto de Bilbao. Éramos muchos, el examen era público y oral, y el cura de religión nos iba haciendo las preguntas pertinentes. Llegó mi turno, miró la lista, me dijo si me llamaba así y me pregunto si Dios era creador de todo… Le respondí como pude (no recuerdo bien cómo), y de pronto me dijo: «¡O sea, que ahora Dios no crea nada!». Yo le respondí con gran aplomo: «No, no es así, Dios sigue creando un alma para cada hombre que nace».

Yo no sé si entendía lo que decía, pero sé que nos lo había dicho el profesor de Religión de Durango, José M. Duñabeitia, y me había quedado muy grabado, y se lo dije con todo aplomo. Duñabeitia se cansaba a veces en las clases, y nos contaba sus historia, sobre todo la del Penal de Ocaña donde le internaron tras la guerra (en el mismo penal donde estuvo y murió Miguel Hernández, de quien entonces no nos hablaban).

No recuerdo mucho más. Sólo que el examinador, un Canónigo de Bilbao, me miró fijamente y me dijo: ¡Bien, Chaval, puedes irte!

— Segunda experiencia… El recuerdo de aquel examen y de aquella respuesta que di sin entenderla me ha guiado toda la vida (y parte de mi teología ha sido un intento de responder a ella)… Hoy (2016) creo como entonces que Dios sigue creando almas, aunque quizá lo diría de otra forma: Dios no crea» almas sin más, sino que «engendra personas», por obra de su Espíritu, como engendró a Jesús .

Desde ese fondo entiendo un modo mejor (sin entenderlo del todo) este relato de Mt 1, 18-25, donde se nos recuerda la palabra del ángel a Jesús: Lo que María tu esposa ha concebido viene del Espíritu Santo, por eso acógelo como don de Dios. Sabes que ese niño es tuyo y de María, su Madre, viniendo directamente de Dios.

De eso tratan las reflexiones que siguen, algo más técnicas, elaboradas a partir del texto de Mt 1, 18-25, en sintonía con las cosas tan hermosa que ha dicho en este mismo lugar Juan Masiá (RD: 11.12.16) al decir que todos los padres son «adoptivos» en el sentido profundo del término, pues cada niño es engendrado y nace (crece, vive…) por obra del Espíritu Santo.

Me gustaría poder decir cosas tan hondas y verdaderas que ha dicho mi amigo Juan Masiá, que han ayudado a tantos padres, a tantos creyentes. Pero quizá también las mías, un poco más técnicas, en la línea de las postales anteriores de este blog podrán acompañar a mis lectores. Buen final de adviento para todos.

Concepción por el Espíritu, una experiencia pascual

Este pasaje (1, 18-25) nos sitúa ante la ruptura mesiánica, que sólo se entiende en clave pascual: El mismo Dios, Señor de Israel (kyrios) ha pedido a José que supere su justicia anterior, poniéndose al servicio de la Mujer que engendra y da a luz, por encima de la Ley israelita, para ponerse así al servicio de la vida que se expande a todas las naciones, de manera que parece repetirse el modelo de Gen 3, 20, donde se decía que Adán llamó a su mujer Eva, reconociendo así que era “madre de todos los vivientes”. Aquí es José el israelita, hombre de ley, quien debe aceptar a María, reconociendo que el Espíritu de Dios actúa en ella y aceptando el valor salvador de su Hijo . Leer más…

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18.12.16. Así fue la generación de Jesucristo (2017, año de Mateo).

lunes, 19 de diciembre de 2016
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sanmateoHe venido presentando, con las primeras lecturas de los cuatro domingos de Adviento de este año el evangelio de Isaías, retomando así la esperanza mesiánica israelita, la búsqueda y camino de todos los pueblos y culturas de la tierra.

Pero hoy, cuarto domingo de Adviento de este año (que para la Iglesia es ya de alguna forma el 2017) quiero comentar ya el evangelio de Mateo, que nos irá acompañando a lo largo de todo el año litúrgico, pues como bien sabemos la liturgia nos invita a recorrer cada tres año el camino de un evangelio sinóptico (el de Juan va mezclado entre los tres).

Empieza, pues, el evangelio de Mateo, para leer, para vivir, para soñar, para practicar a lo largo del 2017. Si Dios me sigue dando salud, os acompañaré con Mateo cada domingo normal de este nuevo año, pues me he venido preparando durante muchos años (y ahora al fin durante varios meses) para publicar un comentario de Mateo, verá la luz hacia el verano (si todo va normal). Pero aquí puedo empezar ofreciendo algunos materiales.

Debería haber comenzado con la genealogía de Jesús (Mt 1, 17), pero la liturgia de este domingo de Adviento nos introduce en la Navidad (y en todo el año 2017) con el texto de la generación de Jesucristo (Mt 1, 18-25), como seguirá viendo quien lea.

Es un acontecimiento gozoso éste de poder volver al evangelio de Mateo, y leerlo cada domingo, y gozarse una vez más de leerlo, de vivirlo… Con esa alegría ofrezco esta primera postal de Mateo, mi viejo amigo, compañero fiel a través de tantos años… Buen domingo final de Adviento a todos, buena preparación de Navidad, con los tres primeros de Mateo, en este orden: José, María y Jesús.

Imagen. Logotipo de Mateo: Evangelista con ángel. Desde tiempo muy antiguo, la Iglesia ha representado a Mateo con un ángel (Marcos con León, Lucas con Toro,Juan con Águila…), quizá porque escribe como un ángel, o porque un ángel le enseña a ver las cosas… o porque su primer personaje (como veremos en la lectura de hoy) es un ángel dialogando con José, de manera que algunos han podido decir que el signo del ángel representa a José, más que Mateo (o a los dos a la vez)

Notas: Ofrezco un texto de cierta densidad, pero quiero que puedan leerlo todo los interesados por el tema. Por eso dejo para el fin cuatro notas de tipo más erudito, con bibliografía (para más curiosos o especialistas).

Nacido por el Espíritu Santo (1, 18-25) (1).

La genealogía de Mateo nos sitúa ante el conjunto de la historia israelita, representada por los patriarcas (1ª parte), los reyes de Judá (2ª parte) y los retornados del exilio (3ª parte), que no han logrado reconstruir el reino, hasta Jesús. Las cuatro mujeres anteriores de esa genealogía han puesto de relieve la aportación o, quizá mejor, la novedad femenina en el origen de la vida, y esto es algo que aparecerá con toda fuerza en el caso de Jesús, hijo de María, por el Espíritu Santo, como supone este pasaje cuando dice, al final de la genealogía que “Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, el llamado Cristo” (1, 16).

Así dice el evangelio de este domingo… con él ángel que dialoga con José sobre el misterio (por eso he dicho que Mateo es un evangelio con ángel):

1 18 Así fue la generación de Jesucristo estando María, su madre, desposada con José, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

19 José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. 20 Mientras pensaba en ello, se le apareció en sueños el ángel del Señor que le dijo: José, hijo de David, no tengas reparo en llevar a María, tu mujer, a casa, porque lo engendrado en ella viene del Espíritu Santo. 21 Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.

22 Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: 23 Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa «Dios-con-nosotros». 24 Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer 25. Y no la conoció hasta que dio a luz un hijo, a quien puso el nombre Jesús (1, 18-25) .

Este relato incluye aspectos de carácter teológico y antropológico, cristológico y sacral, que no pueden resolverse en un simple comentario. Aquí dejo a un lado variosrasgos que son importantes en otro plano (de crítica histórico/literaria) para centrarme en aquellos que son más significativos, en línea de mensaje, es decir, en perspectiva de novedad cristiana:

– Este pasaje nos sitúa ante una concepción nacimiento irregular. En clave de ley, desde el punto de vista de José, Hijo de David y portador de su promesa, el surgimiento de Jesús se opone al orden patriarcal y nos sitúa en los bordes del mayor “pecado” posible: El adulterio como ruptura del orden familiar. El esposo/padre José, que decide abandonar a María, dejándola a su suerte, aunque sin condenarla externamente, con el hijo ya engendrado, es el signo de una religión que quiere separar a los judíos de los extraños, impuros, diferentes (gentiles), no pudiendo acogerles en su casa, en su comunidad (que en este caso sería la comunidad judeo-cristiana) .

– El evangelio amplía la visión de Dios. En contra de lo que podía esperar cierto judaísmo (o judeo-cristianismo), Dios se expresa y actúa a través de una mujer irregular, María, en la línea de las cuatro ya indicadas (extranjeras, problemáticas) para fecundarla con su Espíritu Santo, a fin de que ella sea madre del mesías. Ciertamente, José, que es hombre justo, hijo de David “según la carne” (cf. Rom 1, 3), quiere actuar según ley, en obediencia a la legalidad del propio grupo (es decir, de un tipo de judeo-cristianismo) .

– El Espíritu Santo se identifica con la misma acción y presencia de Dios que se revela creadoramente, a través del gesto acogedor de María, superando un tipo de ley patriarcalista simbolizada por José, que era hombre justo (di,kaioj: 1, 19). Allí donde reinaba un orden de justicia eterna, simbolizada por el padre de familia, en línea de buena ley (por medio de José, hombre justo), viene a elevarse/revelarse la más alta función de María, mujer y madre, que aparece como signo de acogida universal humana, en línea de gratuidad . Leer más…

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«Experiencia interior». 4 Adviento – A (Mateo 1,18-24)

domingo, 18 de diciembre de 2016
Comentarios desactivados en «Experiencia interior». 4 Adviento – A (Mateo 1,18-24)

04-adv-a-600x883El evangelista Mateo tiene un interés especial en decir a sus lectores que Jesús ha de ser llamado también «Emmanuel». Sabe muy bien que puede resultar chocante y extraño. ¿A quién se le puede llamar con un nombre que significa «Dios con nosotros»? Sin embargo, este nombre encierra el núcleo de la fe cristiana y es el centro de la celebración de la Navidad.

Ese misterio último que nos rodea por todas partes y que los creyentes llamamos «Dios» no es algo lejano y distante. Está con todos y cada uno de nosotros. ¿Cómo lo puedo saber? ¿Es posible creer de manera razonable que Dios está conmigo si yo no tengo alguna experiencia personal, por pequeña que sea?

De ordinario, a los cristianos no se nos ha enseñado a percibir la presencia del misterio de Dios en nuestro interior. Por eso muchos lo imaginan en algún lugar indefinido y abstracto del universo. Otros lo buscan adorando a Cristo presente en la eucaristía. Bastantes tratan de escucharlo en la Biblia. Para otros, el mejor camino es Jesús.

El misterio de Dios tiene, sin duda, sus caminos para hacerse presente en cada vida. Pero se puede decir que, en la cultura actual, si no lo experimentamos de alguna manera vivo dentro de nosotros, difícilmente lo hallaremos fuera. Por el contrario, si percibimos su presencia en nosotros podremos rastrear su presencia en nuestro entorno.

¿Es posible? El secreto consiste sobre todo en saber estar con los ojos cerrados y en silencio apacible, acogiendo con un corazón sencillo esa presencia misteriosa que nos está alentando y sosteniendo. No se trata de pensar en eso, sino de estar «acogiendo» la paz, la vida, el amor, el perdón… que nos llega desde lo más íntimo de nuestro ser.

Es normal que, al adentrarnos en nuestro propio misterio, nos encontremos con nuestros miedos y preocupaciones, nuestras heridas y tristezas, nuestra mediocridad y nuestro pecado. No hemos de inquietarnos, sino permanecer en el silencio. La presencia amistosa que está en el fondo más íntimo de nosotros nos irá apaciguando, liberando y sanando.

Karl Rahner, uno de los teólogos más importantes del siglo XX, afirma que, en medio de la sociedad secular de nuestros días, «esta experiencia del corazón es la única con la que se puede comprender el mensaje de fe de la Navidad: Dios se ha hecho hombre». El misterio último de la vida es un misterio de bondad, de perdón y salvación, que está con nosotros: dentro de todos y cada uno de nosotros. Si lo acogemos en silencio conoceremos la alegría de la Navidad.

José Antonio Pagola

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«Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David». Domingo 18 de diciembre de 2016 4º de Adviento

domingo, 18 de diciembre de 2016
Comentarios desactivados en «Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David». Domingo 18 de diciembre de 2016 4º de Adviento

04-advientoa4-cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 7,10-14: Mirad: la virgen está encinta. Salmo responsorial: 23: Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria. Romanos 1,1-7: Jesucristo, de la estirpe de David, Hijo de Dios. Mateo 1,18-24: Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David.

 Vamos a hacer en primer lugar un comentario litúrgico-pastoral a estos textos bíblicos en una línea más bien tradicional. Luego haremos una nota crítica.

En el pasaje de Isaías que escuchamos hoy resuena ese anuncio esperanzador del nacimiento de alguien que estará permanentemente inserto en medio de su pueblo. Al parecer estas palabras del profeta al rey Acaz se dieron en un contexto en el que las esperanzas del mantenimiento de la seguridad del reino de Judá se centraban más en el poder político y militar, dejando a un lado la confianza en el Dios YHWH. Isaías ha visto los afanosos intentos del rey para aliarse con sus vecinos en orden a defenderse de las amenazas del reino del norte, quienes a su vez se han aliado con otros para defenderse del poderoso de turno.

Para despertar de nuevo la confianza en Dios, el profeta se vale de un hecho probablemente histórico, el embarazo de alguna de las doncellas del rey. Así como esa joven dará a luz un primogénito, del mismo modo enviará Dios un descendiente davídico que asuma los destinos del pueblo, en medio del cual estará siempre; por eso su nombre “Emmanuel”, Dios con nosotros. Con base en esta profecía, se fue fomentando la idea de que el Mesías nacería de una virgen. Desde entonces, toda primeriza en Israel albergaba la esperanza de ser la madre del Mesías; todo ello debido a la misma terminología empleada tanto en el hebreo como en el griego y luego en nuestra lengua. Cuando Mateo relata la concepción de Jesús, se hace eco de esta profecía de Isaías y la cita textualmente.

La segunda lectura está tomada de la carta de san Pablo a los romanos, concretamente se trata del encabezamiento de la carta. Allí relata Pablo a los cristianos de Roma su propia vocación al apostolado, para lo cual fue elegido por el mismo Dios. Para Pablo está claro que el evangelio que él predica es Jesucristo mismo, su persona, su obra, su muerte y resurrección. Es muy importante para el apóstol subrayar que este Jesús es descendiente de David en cuanto a lo humano, pero que Dios le otorgó su Espíritu constituyéndolo en Mesías todopoderoso, Señor Único, resucitándolo de entre los muertos. Otra cosa que recalca Pablo es que su actividad evangelizadora le ha sido otorgada por puro don, por vocación; de ahí que su preocupación haya sido durante toda su vida el dar a conocer a la noticia de Jesucristo especialmente a los gentiles.

En el evangelio, Mateo nos narra el origen de Jesucristo. María estaba desposada con José, pero aún no vivían juntos. Ello indica que estaban en un período que llamaban desposorio o compromiso matrimonial, período que podía durar de seis meses a un año, tiempo prudente para el esposo construir o acondicionar la casa en donde recibiría a su esposa. En el entretiempo la novia seguía viviendo con sus padres, dependiendo de su papá hasta que pasara formalmente a depender de su marido. La promesa de matrimonio o desposorio implicaba completa fidelidad al novio; todo acto de infidelidad era adulterio, y como tal podía ser castigado conforme a la ley mosaica.

En esas circunstancias, nos narra el evangelio que María resultó embarazada; pero aclara diciendo: “por obra del Espíritu Santo”. El hecho haría sentirse muy mal a José; sin embargo, agrega Mateo, que como “era un hombre justo, y para no exponerla a la infamia, decidió abandonarla en secreto”. José hubiera podido hacer valer sus derechos, exigir el castigo previsto por la ley…; con todo, quizá sin darse cuenta, va colaborando también él con los planes divinos.

En estos planes divinos no todo está garantizado, pues en ellos también están involucradas la libertad y la voluntad humanas. Es una constatación que podemos hacer en toda la historia de la salvación partiendo desde el mismo paraíso. Parece que los planes de Dios caminaran sobre el filo de la navaja (!). Un ejemplo de ello lo tenemos en el relato que hoy nos cuenta Mateo.

Pero en esos planes hay siempre una cosa muy importante que se llama diálogo. Precisamente en el diálogo con el ángel que le habla en sueños a José se nos muestra cómo Dios va incorporando a su proyecto a sus mismas criaturas. El silencio de aceptación de José es la respuesta que Dios nos pide también a nosotros. Le ponemos muchas trabas y condiciones a la obra de Dios. A veces intentamos “corregir” la manera como Dios actúa; ¡no es necesario! Basta que pongamos nuestra fuerza y voluntad al servicio del plan de Dios, lo demás Él sabe cómo lo hace.

Aunque en nuestro pasaje se resalta la figura de José en su duda, en su aceptación de ser padre de Jesús y de ponerle el nombre, la verdad es que María, que apenas es nombrada, está también allí recordándonos su actitud de fe y sumisión a los planes de Dios que son vida para el hombre y la mujer de todos los tiempos.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 133 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil, titulado «Una noche de dudas». El audio, el guión del texto, y su comentario bíblico-teológico, puede ser tomado de aquí: https://radialistas.net/article/133-una-noche-de-dudas/

Como nota crítica podríamos decir algo que hace mucho tiempo que es ya un «lugar común» en el mundo bíblico: los profetas no fueron en su tiempo adivinos del futuro, ni muchas de las cosas que los primeros cristianos creyeron ser «cumplimiento de lo anunciado por las Escrituras» realmente lo fueron. Ese esquema apologético de que lo sucedido en Jesucristo estaría previsto y anunciado en el pasado, hace tiempo que ha sido abandonado en los estudios bíblicos. Más. Desde hace apenas unos años, menos de veinte, se está hablando de una nueva ola, un «revolcón» en el tema de la historicidad bíblica. Ya sabíamos que había muchas cosas y figuras (importantes) de la Biblia que no eran literalmente histórica. Los grandes especialistas bíblicos ya exhibían hace tiempo una visión bastante matizada de la base histórica de la Biblia. Los planteamientos concordistas de La Biblia tenía razón, aquel famoso libro (1955), hace mucho tiempo que no gozan de audiencia. Pero en los últimos años, como decimos, se ha dado una vuelta de tuerca. Hay toda una corriente arqueológica última, la más actual, que se pronuncia ya con claridad por una postura bastante más radical sobre la historicidad. No quieren ya utilizar la arqueología para ornamentar con curiosidades la ciencia bíblica, sino que creen que debemos ser honrados y someter los estudios bíblicos a lo que la arqueología descubre y cree poder probar. Es, de alguna manera, una nueva edición del conflicto entre la ciencia y la fe, pero a estas alturas, la solución del conflicto está ya muy precocinada, y no caben componendas. Ya no vamos a condenar a Galileo… ni a los arqueólogos.

No podemos entrar aquí en más profundidad. Remitimos a un libro clave, de Finkelstein, La Biblia desenterrada. Una nueva visión arqueológica del antiguo Israel y de los orígenes de sus textos sagrados, Siglo XXI Editores, Madrid y Buenos Aires, 2003. O vean cualquiera de estos cuatro videos: https://vimeo.com/user10361814/videos, que son de toda calidad científica. Leer más…

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Dom 18.12.16. Adviento, una Mujer Embarazada

domingo, 18 de diciembre de 2016
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Domingo 4º de Adviento. Ciclo A. He comentado los domingos de Adviento de este año con textos y signos del profeta Isaías: de las espadas forjarán arados, juntos pacerán el lobo y el cordero….

Pues bien, el mayor de todos , cuarto cirio de Adviento, árbol de la Navidad es una Muchacha Embarazada, que va a dar a luz a un niño y le pondrá por nombre Emmanuel, Dios está con nosotros.

Es una simple una mujer gestante, sin marido conocido, firme en medio de la guerra, en una ciudad asediada como Alepo… Así estaba Jerusalén en aquel tiempo, en medio de la guerra entre sirios y samaritanos con judíos, como verá quien siga leendo… Una mujer que cree en la vida entre las bombas, que cree en el «Dios» que le ha hecho fecunda, simplemente una muchacha, todo el universo.

imagessEn el centro del gran huracán de la lucha entre los pueblos, del hambre y la venganza, caminando, refugiada entre ruinas, quizá en una patera, ella mantiene su fidelidad al hijo que nace, que es hijo de Dios, siendo hijo de todos y de nadie en este mundo, y le pone como nombre Emmanuel, Dios con nosotros.

Éste es uno de los signos más fuertes de la historia humana, el signo supremo de la Navidad. Es el signo de todas las madres que acogen al niño de su entraña, a pesar de que no tengan marido (como José), a pesar de que los reyes de la tierra no se ocupen de ellas, ni de sus hijos, sino de ganar sus guerras.

Entre los 30.000 niños que mueren cada día de hambre y desamparo social, sin nadie que les acoja, en ciudades asediadas, en cambios de refugiados… en villas de miseria, hoy celebramos (con ellos, por ellos, para ellos) al niño acogido por una mujer/madre, un niño que vivirá para que un día no mueran los niños del mundo.

Esa madre con niño, ese niño que nacerá en cada ser humano que nace y empieza sufriendo, es la mayor protesta y esperanza de la historia humana, la revolución definitiva de la vida.

No todo es malo en la tierra. Hubo una madre embarazada que decidió acoger al niño y llamarse Emmanuel. Ayudar a esa madre y a todas las madres con niño, y a todos los niños que no tienen ni siquiera madre capaz de acogerles: eso es Adviento, eso será Navidad. Feliz domingo de esperanza a todos

Texto

El Adviento nos conduce año tras año a las raíces del Antiguo Testamento: al hontanar de donde brota nuevamente la esperanza, al principio del camino que Dios mismo camina con los hombres. Por eso, la lectura principal de este domingo último de adviento ha de ser Is 7, 10-14, con el signo de Emmanuel, Dios con nosotros. Sólo en esa perspectiva se entienden las otras dos lecturas: Mt 1, 18-24 y Rom 1, 1-7.

En tiempo de Ajaz , rey de Judá, subió Rasón, rey de Siria, con Pécaj, rey de Israel, a Jerusalén para atacarla, más no pudieron hacerlo. 2 La casa de David había recibido este aviso: «Aram se ha unido con Efraím», y se estremeció el corazón del rey y el corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles del bosque por el viento. 3 Entonces Yahveh dijo a Isaías: «Ea, sal con tu hijo Sear Yasub al final del caño de la alberca superior, por la calzada del campo del Batanero, al encuentro de Ajaz, 4 y dile: «¡Alerta, pero ten calma! No temas, ni desmaye tu corazónpor ese par de cabos de tizones humeantes…1 En aquellos días, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.» Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor.» Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros» Cuajada y miel comerá hasta que sepa rehusar lo malo y elegir lo bueno (Is 7, 1-14)

Situemos el texto. Estamos hacia el 733 a. de C. Los reyes de la costa siro-palestina (de Samaría y de Damasco) quieren oponerse al rey de Asiria, que intenta invadir el territorio, desde el sur de la actual Turquía hasta Egipto.. Buscan el apoyo del rey de Jerusalén, pero Jerusalén se opone (porque ha pactado en secreto del Egipto). Por eso le declaran guerra y suben dispuestos al com¬bate. Tiemblan los habitantes de la ciudad sagrada de Sión, el rey prepara la defensa. Recordemos que el rey es eficiente y, conforme a los principios de este mundo, debe defenderse. Pero ante el rey se alza el profeta.

Ya están frente a frente. El rey confía en las armas y en los pactos militares: inspecciona las defensas de la ciudad y espera la ayuda de los egipcios. El profeta confía solamente en Dios… y en una mujer embarazada; por eso ofrece un signo de carácter humano, no militar. El rey no quiere signos de profetas que rechazan el uso de las armas y que dejan a los hombres indefensos ante la llamada vacía de la gracia. El profeta insiste: «la virgen (la doncella, la mujer) está encinta y dará a luz un niño…».

Sentido y tareas del signo de la mujer embarazada

En un sentido muy profundo, esa palabra sobre la muchacha que da a luz y cuida al hijo en medio de la guerra es, para los cristianos, la comulminación del Testamento israelita, la más honda palabra del Adviento. Por eso queremos comentarla brevemente, resaltando nueve de sus rasgos. Según las circunstan¬cias podrá (y deberá) acentuarse más alguno de ellos.

1) Éste es ante todo el signo de la paz.

Acab deseaba una señal de guerra: cien mil pares de jinetes bien armados, capaces de triunfar en la batalla. En contra de eso, el profeta le presenta una señal de paz: una muchacha encinta, un niño que va a nacer, precisamente ahora, en medio de la guerra, cuando mueren por doquier los hombres, cuando el hambre se extiende, cuando tiemblan de miedo los corazones de todos los hombres. Este es camino de Dios: los grandes varones armados se levantan para la guerra y se combaten mutuamente (se dominan, se destruyen) por cuestiones de poder y de dinero; pero ellos no son signo de Dios; sus armas son muerte, su lucha no es Navidad. Leer más…

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Asombro ante el misterio. Domingo 4º de Adviento. Ciclo A

domingo, 18 de diciembre de 2016
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jose-angel-600x300Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

El evangelio del domingo pasado hablaba del desconcierto de Juan Bautista, y nos obligaba a pensar en el desconcierto y escándalo que podemos sentir ante la conducta y el mensaje de Jesús. El evangelio del cuarto domingo da un paso adelante. El desconcierto y el escándalo se pueden superar. El asombro se da ante el misterio y no acaba nunca, dura toda la vida. Mt da un título a lo que va a contar: El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera. Sin embargo, no es eso lo que cuenta, se limita a ofrecer una serie de datos sobre ese misterio.

            María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

‒ José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa «Dios-con-nosotros«.»

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

El relato del evangelio consta de los elementos típicos: planteamien¬to, nudo y desenlace. Como en cualquier novela poli¬cíaca. Pero existe una diferencia. Mientras Agatha Christie dedica la mayor parte al nudo, a las peripecias de Hércules Poirot en busca del asesino, Mateo es brevísimo en las dos primeras partes y pasa enseguida al desenlace. No se trata de un relato dramático, sino didáctico.

Planteamiento

Parte de unos personajes que da por conocidos para el lector, María y José, y de una costumbre que también da por conocida entre judíos: después de los desposorios (la petición de mano), los novios son considerados como esposos, con el compromi¬so de fidelidad mutua, pero siguen viviendo por separado. De repente, resulta que María espera un hijo del Espíritu Santo. Mt no deja al lector ni un segundo de duda. Con perdón del Espíritu Santo, y siguiendo el símil policiaco, el lector sabe desde el principio quién es el asesino.

Nudo

La duda es para José, hombre bueno. Según el Deuteronomio, si un hombre se casa con una mujer y resulta que no es virgen, si la denuncia, “sacarán a la joven a la puerta de la casa paterna y los hombres de la ciudad la apedrearán hasta que muera, por haber cometido en Israel la infamia de prostituir la casa paterna” (Dt 22,20ss). José prefiere interpretar la ley en la forma más benévola. La ley permite denunciar, pero no obliga a hacerlo. Por eso, decide repudiar a María en secreto para no infamarla. Mt escribe con enorme sobriedad, no detalla las dudas y angustias de José. Como mejor se advierte esto es comparando el relato con un fragmento del Génesis Apócrifo encontrado en Qumrán, en el que leemos algo parecido a propósito del patriarca Lamec: advierte que su mujer, Bitenós, está encinta, y duda de que ese hijo sea suyo (el estado fragmentario del texto no permite saber por qué duda). La angustia del personaje la refleja el autor de forma casi patética:

“Entonces pensé que la concepción era obra de los Vigilantes, y la preñez de los Santos, y pertenecía a los Gigantes […] y mi corazón se trastornó en mi interior por causa de este niño. Entonces yo, Lamec, me asusté y acudí a Bitenós, mi mujer, y dije […]: júrame por el Altísimo, por el Gran Señor, por el Rey del Universo […] que de veras me harás saber todo, me harás saber de veras y sin mentiras si esto […]. Júrame por el Rey de todo el Universo que me estás hablando sinceramente y sin mentiras […] Entonces Bitenós, mi esposa, me habló muy reciamente, lloró y dijo: ¡Oh mi hermano y señor! Recuerda mi placer, el tiempo del amor, el jadear de mi aliento en mi pecho […] Yo te juro por el Gran Santo, por el Rey de los cielos, que de ti viene esta semilla, de ti viene este embarazo, de ti viene la siembra de este fruto, y no de ningún extranjero, ni vigilante, ni hijo del cielo. ¿Por qué está la expresión de tu rostro tan alterada y deformada, y tu espíritu tan deprimido?” (1QapGn Col. II, 1-17).

Ni siquiera con estas palabras de su esposa queda tranquilo Lamec; acude a su padre, Matusalén, para que le pregunte a Henoc y se informe de todo con certeza. Es una pena que la columna esté tan estropeada en algunos momentos capitales para la interpretación del argumento. El relato de Mt parece en muchos detalles como la antítesis del Génesis Apócrifo.

Desenlace

En cuanto José toma la decisión, se aparece el ángel que resuelve el problema. José obedece, y María da a luz un hijo al que José pone por nombre Jesús. En esta sección final, entre las palabras del ángel y la obediencia de José introduce Mt unas palabras para explicar el misterio: se trata de cumplir la profecía de Is 7,14 (que se lee hoy como 1ª lectura).

Mensaje

Este análisis literario demuestra que Mt no ha intentado poner en tensión al lector. Sabe desde el comienzo a qué se debe el misterio. Entonces, ¿qué pretende decirnos con este episodio? Tres cosas fundamentales a propósito del protagonista de su obra.

¿Quién es Jesús? Al comienzo del evangelio, en la genealogía, Mt acaba de indicarnos que es verdadero israelita y verdadero descendiente de David. ¿Significa que sea el Mesías? Para eso hace falta algo más según la tradición de ciertos grupos judíos. El Mesías debe nacer de una virgen, según está anunciado en Is 7,14. Este episodio demuestra que Jesús cumple ese requisito. Pero hay otro dato que no contiene el texto de Isaías: Jesús viene del Espíritu Santo, con lo cual se quiere expresar su estrecha relación con Dios.

¿Qué hará Jesús? Lo indica su nombre: salvar a su pueblo de los pecados. Salvar de los pecados no es lo mismo que perdonar los pecados. Perdonar los pecados se puede hacer de forma cómoda, sentado en el confesionario, o incluso paseando o tomando un café. Salvar de los pecados sólo se puede hacer ofreciendo la propia vida. Sabemos desde niños que Jesús, para salvarnos de nuestros pecados, dio su vida por nosotros. Pero no debe dejar de asombrarnos. Porque la actitud normal de un judío piadoso ante el pecado no es comprenderlo ni justificarlo, mucho menos morir por el pecador. Es condenarlo.

¿Qué repercusiones tiene su aparición? Mt, al escribir su evangelio, parte de la experiencia de su comunidad, perseguida y rechazada por aceptar a Jesús como Mesías. Mt le indica desde el comienzo que las dificultades son normales. Incluso las personas más ligadas al Mesías, sus propios padres, sufren problemas desde que es concebido. El cristiano debe ver en José un modelo que le ayuda y anima. No debe tener miedo a aceptar a Jesús y seguirlo, porque “viene del Espíritu Santo” y “salvará a su pueblo de los pecados”.

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Cuarto Domingo de Adviento. 18 diciembre, 2016

domingo, 18 de diciembre de 2016
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iv-dadviento-2016

“José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le podrás por nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de los pecados.”

(Mt 1, 18-24)

¡Ya viene! se puede decir que ya se oye el rumor de sus pasos… La Navidad ya está muy cerca recordándonos que Dios ha querido ponerse en nuestras manos frágil, pequeño y desnudo.

Y supongo que nos pasa un poco como a José: ¡que no acabamos de creerlo! Se nos llena el corazón de dudas…

¿Cómo es posible que Dios tenga algo que ver en esta historia nuestra? ¿Cómo lo vamos a reconocer envuelto en tanta fragilidad, con una apariencia tan vulnerable?

No tuvo que ser nada fácil para José reconocer el paso de Dios por su vida precisamente en la “irregularidad” del embarazo de su prometida. Porque, vamos a ver, no es fácil reconocer el paso de Dios en aquello que nos hiere y nos complica de quienes más cerca tenemos: una novia embarazada, un marido enfermo, una amiga con sida, un primo con cáncer… no parece, a simple vista, la tarjeta de visita de la felicidad, de la vida plena, del amor. No, no lo parece.

Pero Dios, Nuestro Dios Amor, nos sorprende haciendo brillar aquello que nos parecía una terrible oscuridad. Así viene Dios a nuestras vidas bajo unas apariencias sospechosas, que muchas veces nos dan miedo y nos llenan de dudas.

María y José pueden ser un ejemplo de cómo puede llegar a descolocar la vida cuando Dios viene a tu historia. Muchas veces nos empeñamos en hacer de las grandes figuras bíblicas o de las personas con fama de santidad unas criaturas extrañas, especiales, que tenían muy claro lo que Dios quería de ellas y cómo tenían que llevarlo a cabo, pero no fue así. Todas ellas tuvieron sus dudas y dificultades. Pasaron por momentos de desconcierto, de no entender. Todas probaron el sabor amargo de tener que cambiar sus planes, sus vidas.

El evangelio de este domingo nos muestra la lucha de José. A nosotras que nos sabemos el final de la historia nos pasa casi desapercibido. Pero el texto dice claramente: “José, su esposo, que era bueno y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto”. Llegar a tomar esta decisión debió de costarle más de una noche sin dormir. A fin de cuentas, lo único en claro que podía sacar José era que María le había engañado. Ella estaba embarazada y él no tenía nada que ver…

Llevamos todo el adviento diciéndole a Dios que venga: ¡Maranatha, ven Señor Jesús! Hoy podemos pararnos a pensar si estamos dispuestas a dejarles venir como él quiera…

¿Le abriríamos la puerta si viene llenando nuestras vidas de dificultades? ¿Dejaremos que entre si viene poniendo en tela de juicio nuestra buena fama y la de nuestra familia? ¿Podremos dejarle entrar si viene con una enfermedad?

Quién sabe, tal vez este año tampoco encuentre posada y es que las cosas de Dios son bastante complicadas…

Oración

Si te decides a venir, Buen Jesús, no te olvides de traer algo de valentía, de esa que ensancha el corazón y abre los ojos a la luz que tú pones en toda oscuridad.

Si vienes, insiste, que aunque dudamos y no queremos complicarnos la vida, tampoco podemos vivir sin ti.

Ven que cuando ya estés aquí, se nos quitarán los miedos y desaparecen las dudas.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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