«Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí»
Enfrentadas a los judíos y de espaldas al resto de iglesias cristianas, las comunidades joaneas se convirtieron en comunidades herméticas directamente enganchadas a Jesús. Eran carismáticas y muy poco jerárquicas, vivían en unión mística con Jesús, y esto se manifestaba en la comunión en el amor de cada uno con el resto de los miembros de la comunidad. Mantenían una visión tan espiritualizada del cristianismo, que el resto de cristianos no terminaba de entenderles.
Por eso, cuando Juan se refiere a la vid y los sarmientos no está pensando en ningún tipo de ligazón externa, como el “cuerpo de la Iglesia» organizado y jerarquizado para mantenerse unido tanto en la doctrina como en la liturgia, sino que está hablando de mantenerse unido al espíritu de Jesús, pues sólo a través de esta unión podemos convertirnos en sarmientos vivos que dan buenos frutos.
Pero murió el “discípulo amado” y las disputas internas se generalizaron. Una parte de sus miembros cayó en el docetismo, otra en el gnosticismo, y otra buscó refugio en las comunidades paulinas. Y esto nos debe servir de lección. Es muy sano criticar la jerarquización de la Iglesia, pero sin olvidar el destino de aquellas comunidades que lo fiaron todo al carisma, a la acción del Espíritu, y prescindieron de la jerarquía. Se podría pensar que las comunidades paulinas (que acentuaron el sentido jerárquico hasta el punto de entender la autoridad como poder por delegación divina) estaban en lo cierto porque prevalecieron, pero tampoco son un ejemplo, porque parece evidente que la jerarquía dificulta la acción del Espíritu.
Y estos son los dos extremos que siempre están tentando a la Iglesia. Por una parte, es lógico pensar que una jerarquía con poco poder propicia la acción del Espíritu, pero por otra, el énfasis en la vivencia personal del espíritu de Jesús puede dificultar la comunión con toda la Iglesia y romper el sentido de comunidad.
Ambas tendencias están hoy presentes entre nosotros. En el contexto cultural en que nos movemos, se echa de menos la confianza en el Espíritu. Posiblemente la tentación de nuestra Iglesia occidental sea confiar más en la autoridad, en la estructura, en el derecho, e incluso en el dinero, que en la acción del espíritu de Dios. Como reacción a esta mentalidad, a veces tendemos a desentendernos de la comunidad de la Iglesia y vivir el espíritu de Jesús por libre, como algo meramente personal.
Sería bueno admitir que resulta difícil lograr un equilibrio adecuado entre lo jerárquico y lo carismático. Que no es fácil reducir el nivel de jerarquización hasta el punto de no entorpecer la acción del Espíritu, y evitar a la vez que el movimiento que nació en Jesús se convierta en desconcierto. En todo caso, conviene tener muy claro que el test definitivo de la presencia del Espíritu en una comunidad, o en la Iglesia entera, es el amor y, en definitiva, las obras; los frutos. Si el amor está presente, el espíritu de Jesús reina en ella, y si no, no.
Miguel Ángel Munárriz Casajús
Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí
Comentarios desactivados en Permanecer, a pesar de todo.
Juan 15,1-8
Es invierno. Un adolescente, se dirige a casa de su vecino Daniel.
– ¿Qué te trae por aquí, Mateo?
– Necesito que me ayudes a podar las viñas. Mi padre se encargaba de hacerlo, pero como ha fallecido, tengo que podarlas yo; me da miedo estropear las vides de la familia, algunas tienen cerca de 100 años.
– Iré contigo y te voy explicando.
En el campo, Daniel empieza a podar con tanta energía que el chico se asusta.
– ¿No estás cortando demasiado? No dará tiempo a que salgan uvas este verano. Será nuestra ruina.
– Al contrario, Mateo, voy cortando las ramas secas, que ya no darán fruto, para que la savia suba con fuerza y haga crecer los brotes nuevos, los pámpanos. No tengas miedo, así la savia no se desperdicia y los frutos ganarán en cantidad y calidad. Si hacemos una buena poda, las ramas nuevas crecerán tanto como la longitud de mi dedo, cada día. Podréis cosechar algunos racimos con más de 100 uvas y os darán unos buenos denarios por ellos.
– ¿Y si hubiéramos dejado las vides sin podar?
– Cuando llegara el verano, es posible que algunos racimos tuvieran media docena de uvas y otros no tuvieran ninguna. Además, las vides están más expuestas a enfermar. Esta tarea es imprescindible y se necesitan manos expertas.
– ¿Y qué hacemos con todos los sarmientos que hemos quitado?
– Mañana vendremos a recogerlos, son muy buenos para el fuego.
– ¡Qué bien! Cuando acabemos de podar, podremos esperar tranquilamente a que llegue el final del verano, para recoger los frutos, – exclama Daniel, entusiasmado-
– No. Para que haya una buena cosecha será necesario que en verano hagamos otra pequeña poda, para quitar a las vides algunos tallos que no tienen fruto, y aquellas hojas que impiden que el sol llegue a las uvas. Cuando llegue el momento de la cosecha, verás que ha merecido la pena este trabajo, aunque sea duro.
—————————–
¿Cuántas veces vio Jesús una escena similar, o participó en la poda de las viñas, puesto que solía ser un trabajo colectivo, en el que participaban el vecindario o la aldea?
Jesús, en su pedagogía, utilizó ejemplos que eran significativos para la gente que le escuchaba, ya fuera una higuera que no daba frutos, la puerta de un redil o una viña. Y, a raíz de esos ejemplos, la comunidad de Juan añadió sus catequesis post pascuales, para educar y reavivar la vida comunitaria.
El adolescente Mateo puede representar bien nuestra actitud ante las podas que nos hacen el buen Dios y la propia vida. Son imprescindibles para desprendernos de “lo viejo, seco y caduco”. Es normal que nos de miedo perder aquello que nos ha adornado en el pasado: éxitos, reconocimiento, cargos…, pero la savia de Jesús no nos llega a través de todo eso.
Su savia nos llega a través de una actitud que el evangelio de Juan recoge con una palabra: permanecer. Juan utiliza esta palabra 40 veces en su evangelio. Es evidente que quiso decir algo importante para su comunidad.
Permanecer no significaba quedarse quieto, parado, inmóvil sino tener una conexión tan profunda que fluyera la vida.
Hoy podemos hacer un “ejercicio espiritual”, reflexionando sobre nuestra vida y rellenando los puntos suspensivos que hay a continuación:
· Permanecer sembrando en la familia los valores en los que creemos, aunque…
· Permanecer en al ámbito educativo, creyendo firmemente que …
· Permanecer en la comunidad eclesial, limpiando su rostro, salpicado de …
· Permanecer en el compromiso social, a pesar de…
· Permanecer en las fronteras de…
· Permanecer cuidando la naturaleza, con una actitud…
· Permanecer trabajando por la paz y la justicia en…
· …
Hoy puede ser un buen día para reflexionar sobre: ¿cómo vivimos, qué savia nos nutre y qué frutos estamos dando? ¿En qué lugares y grupos permanecemos, y de cuáles nos hemos separado, y por qué?
Hoy, podemos recuperar la esperanza, porque Dios, que es fiel, permanece como savia de la humanidad.
El fruto no llega porque la planta se contraiga en un esfuerzo voluntarista, sino cuando se han dado las condiciones adecuadas. Al ofrecerlo, la planta tampoco se lo apropia; sencillamente, lo entrega.
Se encuentran ahí dos características que acompañan al fruto genuino, creativo y constructivo: no hay voluntarismo ni apropiación. Más bien al contrario, el fruto fluye de la vitalidad y lo hace de manera desapropiada.
Sin duda, para evitar engañarnos y no dejar de tocar tierra, puede ser adecuado preguntarse qué frutos brotan de uno mismo. Pero, quizás, tan importante como esa pregunta es esta otra: ¿qué rasgos presentan los frutos que brotan de mí?
En una planta sana y bien enraizada, el fruto está asegurado; viene solo. De la misma manera, cuando la persona vive en la comprensión, conectada conscientemente al fondo o verdad profunda, vendrá el fruto adecuado.
En una lectura o creencia cristiana, ese fondo se nombra como Jesús. De ahí que se ponga en su boca esta afirmación: “Sin mí no podéis hacer nada”. En otras creencias, el mismo fondo recibirá un nombre diferente. No importa: el Fondo siempre es uno y el mismo; más allá de nombres -siempre limitados y proyectados por nuestra mente-, todos ellos aluden a la profundidad que somos. Profundidad, que no es una dimensión más entre otras, sino aquella que nos constituye y que sostiene a todas las demás.
Pues bien, solo de esa profundidad, única y compartida, podrán brotar, de manera fluida y desapropiada, los frutos adecuados en cada momento. Sin esa conexión, “no podemos hacer nada”. Hasta el punto de que todo lo que hagamos desconectados de ella, no hará sino incrementar la locura del mundo.
Comentarios desactivados en A veces para permanecer hay que cambiar
Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:
01.- San Juan: un evangelio centrado en Cristo.
El evangelio y las tres breves cartas de San Juan, la tradición joànica, está totalmente centrada en JesuCristo.
Algunas características de las comunidades de San Juan:
Los cristianos de las comunidades joánicas sufrieron la expulsión del mundo judío.
El año 70 Roma destruye el Templo y la ciudad de Jerusalén. Los judíos culparon a los cristianos de tal destrucción, pues los cristianos no reconocieron nunca al emperador romano como dios.
Por eso, los judíos expulsaron de su ámbito cultural y de su tradición religiosa a los primeros cristianos, que lógicamente eran judíos.
Por otra parte, comienza a adentrarse en las comunidades cristianas alguna duda acerca de la humanidad de Jesús: una especie de gnosticismo.
El gnosticismo es un “espiritualismo” de origen griego (no judío) que no valora la creación, lo corpóreo, lo material. Por tanto comienza ya una tendencia a negar la humanidad de Jesús. Jesús –para el gnosticismo- parecía, pero no era hombre. Por eso San Juan comienza su evangelio diciendo que el verbo se hizo carne (sarx): hombre.
Este gnosticismo provocó no pocas divisiones internas en las comunidades de Juan. Muchos cristianos fueron expulsados de sus comunidades.
02.- El “Yo soy”.
Dadas las decepciones y divisiones eclesiales de las comunidades joànicas, esta tradición vuelve su mirada a Cristo, que siendo hombre (carne: sarx) era Dios.
En el AT, (Ex 3,14), cuando Moisés le pregunta a Dios: ¿Quién le digo al faraón que eres Tú?. Dios le contesta: Yo soy el que soy. Por eso S Juan aplica a Cristo este “Yo soy”.
Se podría decir que el evangelio de Juan es un continuo “Yo soy” aplicado a Cristo. Los escritos de San Juan vuelven constantemente a Cristo: al que es: Yo soy el buen Pastor, yo soy la puerta y el Buen Pastor, yo soy, la luz, el pan, el agua, la resurrección y la vida o simplemente: “Yo soy”.
03.- Permaneced. Además de esa “vuelta” al “Yo soy”, otra característica de la tradición de san Juan es la constante invitación a sus comunidades a permanecer: Permaneced en mi amor, (Jn 15,9). Permaneced en lo que os enseñé desde el comienzo, (1Jn 2,27). La tradición de san Juan repite casi obsesivamente esta invitación a permanecer en el Señor. En el párrafo del evangelio que hemos escuchado hoy aparece 7 veces esta expresión: permaneced. (Además de dos veces en la primera lectura de la 1ª carta de Juan).
Permanezcamos en Cristo
04.- La Iglesia desde Cristo y no al revés.
La tradición de San Juan entiende la Iglesia desde Cristo, desde el encuentro con Cristo. Son unas comunidades que permanecen unidas a Cristo, a la vid. Aunque como siempre y como todos tuviesen sus limitaciones, los cristianos joánicos viven en intimidad con Cristo.
Así como San Pablo entiende la Iglesia de modo comunitario: la iglesia es el pueblo¸ es el templo, es la esposa, es el cuerpode Cristo, etc., estas son imágenes que subrayan lo comunitario (social) de la Iglesia. En Juan las imágenes eclesiales son distintas y centradas en Cristo.
En San Juan “no hay pueblo (de Dios)”, pero uno, Cristo, tiene que morir por el pueblo, (Jn 11,50)
San Juan no habla nunca del Reino. Pero “Yo soy Rey”, (Jn 18,37). [1]
La viña en el AT representa el pueblo de Dios. En San Juan “no hay viña”, pero “Yo soy la vid”, que hemos escuchado en el evangelio. La viña queda sustituida por la vid. Quien importa en la Iglesia y en la vida es la vid, el Señor. Importan el labrador, el Padre, y la vid: Cristo.
05.- La vid: La savia, la vida la recibimos de la vida, de otros.
Vivir unidos a Cristo.
La imagen de la viña, significa en el mundo bíblico al pueblo de Dios, que recibe la vida de Dios Padre.
Salmo 80,9 Sacaste una vid de Egipto.
Isaías 5 Mi amigo tenía una viña…
Mt 21 la célebre e intencionada parábola de los viñadores homicidas.
En San Juan el tema central de fondo es la vida, tener vida. Lo que los evangelios sinópticos llaman Reino de Dios / Reino de los cielos, San Juan lo denomina como vida.
Desde el comienzo en el Evangelio de Juan se nos dice que en Él estaba la vida, (Jn 1,4). Quien cree en Él tiene vida (Jn 3,4). Cristo es el agua de vida, (Jn 4,14). Es el pan de vida, Jn 6,51-54). Cristo es el Buen Pastor que da vida, (Jn 10). Cristo es la resurrección y la vida (Jn 11,25). Cristo es el camino, la verdad y la vida, (Jn 14,6).
La vida la recibimos de otros: padres, familia, pueblo, amigos, cultura, iglesia, de JesuCristo.
Ser cristiano en San Juan es vivir unidos a la vid de donde nos viene la savia, la vida.
Alimentémonos, pues, del pan de vida, bebamos el agua de vida eterna, recibamos la savia de Cristo, de la vida.
06.- Momento – situación eclesial actual.
La situación eclesiástica actual entre nosotros, en nuestra propia diócesis es como la parábola de las bodas de Caná: (Jn 2,1-12) se han quedado sin vino (viña), sin amor. Solamente tenemos tinajas de piedra (las tablas de la ley), normas litúrgicas y doctrinales y lo que es peor, la preocupación no es la vida, el evangelio – evangelización, sino la doctrina, la ley y cubrir las liturgias cumpliendo estrictamente las leyes.
El único problema en nuestra iglesia es que no hay curas, cuando el problema es que no hay fe ni adhesión a Cristo
Me resuena en el alma la actitud de San Juan; permaneced: unidos a la vid, al Señor.
Este permanecer lo interpreto para el momento actual y para nosotros -al menos para mí- como permanecer en dos aspectos:
Ante todo permanecer en la fe en la bondad y redención de Cristo Jesús.
Permaneced también en el Pentecostés lleno de aliento vital y creatividad del Concilio Vaticano II, que fue como un Éxodo liberador en el que fue madurando y liberándose nuestra fe en el Señor.
Permanezco en el bien que nos hizo la libertad creativa de Juan XXIII y Pablo VI llevando adelante el Vaticano II. Permanezco en el espíritu libre del papa Francisco, aunque no pueda -porque se lo impiden- llevar a cabo lo que piensa y cree.
Han venido otros tiempos y situaciones posteriores. Como escribe el mismo San Juan en la 1Jn 2,19: salieron de nosotros, pero no eran de nosotros.
Permanezcamos unidos a la vid para tener vida.
El Señor es la vida, nosotros los sarmientos.
[1] Solamente una vez Nicodemo le pregunta a Jesús por el Reino.
Comentarios desactivados en La imagen de la Vid habla más de comunidad que de individuos
De su blog Fe y Vida:
Comentario al evangelio del 5° domingo de Pascua
La unión entre Vid y sarmientos es otra forma de hablar de la comunidad cristiana
La vitalidad de la comunidad depende de su unión con Cristo, de la comunión con su espíritu
La imagen de la Vid habla más de comunidad que de individuos, más de relaciones interpersonales de todos los sarmientos entre sí que de individuos relacionándose exclusivamente con Jesús
Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto. Ustedes ya están limpios por la palabra que les he hablado. Permanezcan en mí, y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco ustedes si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí nada pueden hacer. Si alguno no permanece en mí, es echado fuera como un sarmiento y se seca; y los recogen, los echan al fuego y se queman. Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y les será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que den mucho fruto, y así prueben que son mis discípulos (Jn 15, 1-8).
El domingo pasado hicimos referencias a varios textos del evangelio de Juan donde el evangelista pone en boca de Jesús la definición de lo que Él es: Pan de vida, Luz, Buen Pastor. En este texto va a decir que es “Vid verdadera”. Junto a esta definición señala elementos muy importantes: es la Vid cuidada por el Padre, es la Vid que junto a los sarmientos da fruto en abundancia, cumpliendo una sola condición: que los sarmientos permanezcan unidos a la Vid, es decir a Él mismo. Si no se está unido, no se puede dar fruto, nada se podrá realizar, no se forma parte del discipulado.
Ahora bien, esa unión entre Vid y sarmientos es otra forma de hablar de la comunidad cristiana. Su vitalidad no depende de una excelente organización o de unos objetivos muy nobles. Depende de la unión con Cristo, de la comunión con su espíritu. En otras palabras, de beber de la misma fuente, recorriendo los mismos pasos de Jesús, transitando por sus mismos caminos. Por supuesto no se refiere a la literalidad del tiempo de Jesús sino al Espíritu que lo impulsó a la misión y que ahora nos ha de impulsar a vivir en el aquí y ahora de nuestro tiempo.
Pero es importante enfatizar que la imagen de la Vid y la permanencia en ella, no debe llevarnos a una espiritualidad individualista que, lamentablemente, caracteriza la piedad de bastantes cristianos. Parece que Jesús se hiciera a nuestra medida y solo interesara relacionarse con Él. Aumentan así las devociones y las peticiones de sus bendiciones para la propia vida, sin interesarse por la vida de los demás. Precisamente la imagen de la Vid, como dijimos antes, habla más de comunidad que de individuos, más de relaciones interpersonales de todos los sarmientos entre sí que de individuos relacionándose exclusivamente con Jesús. Hace mucha falta el cultivo de una espiritualidad más comunitaria, donde la suerte de los demás no sea indiferente para nadie. Es toda la Vid la que está llamada a mantener el alimento para toda la planta. No pueden vivir unas ramas, sin preocuparse por las otras. Aunque el texto diga que las ramas que se sequen, se cortan y se queman, es una manera simbólica de alertarnos de lo que puede pasar cuando la savia no recorre toda la planta. Pero no sería de extrañar que esas ramas secas vayan debilitando a toda la planta, es decir, minen, efectivamente, la vida comunitaria, dejándola estéril para dar algún fruto.
Que este tiempo de Pascua de frutos abundantes en la vida de las comunidades eclesiales. Tal vez si miráramos más a Jesús, encontraríamos caminos de renovación y creatividad que tanta falta hacen a la Iglesia actual. Tal vez alimentándonos del mismo espíritu de Jesús tendremos más audacia para transformar “lo que siempre se hizo así”, por estructuras más ágiles, más moldeables, más plurales, más incluyentes, más diversas. Y, talvez, sería muy posible que la primavera eclesial que saboreamos con el Papa Francisco llegue a florecer decididamente, mostrando así que la unión con Cristo no defrauda, sino que da frutos abundantes de amor fraterno/sororal, de comunidades eclesiales a imagen de las comunidades de los orígenes.
(Foto tomada de: https://www.redentoristasdecolombia.com/la-vid-y-los-sarmientos/)
Comentarios desactivados en Conociendo lo Divino en la Trinidad y el Tiempo Queer
La publicación de hoy es de la colaboradora invitada Barbara Anne Kozee, quien es estudiante de doctorado en Ética Teológica en Boston College y tiene un M.Div. de la Universidad de Santa Clara. Como católica queer, Barb investiga la ética sexual y familiar, la teología feminista queer y la ética política. Síguela en Twitter: @barbkozee.
Las lecturas litúrgicas de hoy para el quinto domingo de Pascua se pueden encontrar aquí.
El tiempo litúrgico entre el Domingo de Pascua y Pentecostés es uno de mis períodos favoritos debido a su misterio, liminalidad e incompletitud. Como comunidad, hemos sido testigos gozosos de la resurrección y esperamos con anticipación la venida del Espíritu Santo. Nuestra identidad trinitaria está en proceso de convertirse, ¡qué podría ser más extraño!
Igual de misteriosas son las lecturas a las que volvemos durante este tiempo, que no siempre son cronológicas. Por ejemplo, en la lectura del Evangelio de hoy, volvemos al último discurso de Jesús en el Evangelio de Juan, sus mensajes finales antes del comienzo de la narración de la Pasión. De esta manera, en realidad volvemos a las palabras de consuelo de Jesús a sus angustiados discípulos antes de su muerte y resurrección. En ellos, Jesús subraya que será conocido por ellos, y por nosotros como cristianos, de una manera nueva, por el don del Espíritu Santo. Estas lecturas nos muestran que el tiempo litúrgico en nuestra iglesia no es lineal ni progresivo.
Creo que este enfoque no lineal del tiempo de “ni aquí ni allá” tiene significados importantes sobre cómo debemos vivir como católicos, y creo que los católicos queer son particularmente conocedores de esta forma de vida.
Sandra Schneiders, IHM, una renombrada estudiosa de las Escrituras, escribe que el conocimiento en el Evangelio de Juan no es intelectual ni informativo, sino que es el tipo de conocimiento que uno tiene de un amigo que le hace decir: “Nos conocemos íntimamente”. Entonces, en el Evangelio de hoy, Jesús le pregunta a su amigo: «¿He estado contigo todo este tiempo, Felipe, y todavía no me conoces?» En esta pregunta, a Jesús le duele no ser reconocido por sus amigos más cercanos. Se esfuerza por consolarlos, afectado por la limitación del lenguaje para describir las percepciones divinas sobre el mundo venidero lleno del Espíritu.
Los católicos queer pueden resonar con este tipo de lucha para articular percepciones divinas a quienes nos rodean sobre nuestras experiencias vividas y formas de estar en el mundo. ¿Por qué nos quedamos en la iglesia? ¿Qué significa creer? ¿Es compatible con la identidad queer? Como muchos, siempre estoy luchando por encontrar formas de relacionar mejor las respuestas a estas preguntas para que otros en nuestra iglesia puedan llegar a saber sobre la fe y la vida queer.
“La Trinidad” de Lance McNeel
El tiempo queer celebra las vidas que existen en momentos únicos y la belleza dentro de líneas de tiempo contraculturales, fuera del tiempo definido por nuestra productividad o eficiencia. La memoria, la justicia y la encarnación se vuelven valores comunitarios especialmente importantes por esta razón. Asimismo, en este tiempo litúrgico intermedio y no lineal, en el ya de la resurrección y en el aún no de la dispensación del Espíritu, los invito a reflexionar y celebrar los caminos en los que siempre peregrinamos juntos. . Viajamos para saber lo que significa ser una iglesia trinitaria, una comunidad que celebra la morada del Espíritu y la presencia continua y misteriosa de Jesús resucitado. Nunca estamos completamente completos, siempre en movimiento liminal.
El teórico queer José Esteban Muñoz escribe que podemos sentir lo queer “como la cálida iluminación de un horizonte imbuido de potencialidad”. Miro hacia el horizonte queer dentro de nuestra Iglesia Católica, cuyos atisbos son posibles dentro del proceso sinodal actual. Sin embargo, también estoy en deuda con el momento presente radical y con las personas queer que me rodean, cuyo conocimiento espiritual me recuerda que el Espíritu siempre está obrando en nuestra vida diaria. Jesús en nuestro Evangelio de hoy no quiere que nos perdamos su mensaje sobre la naturaleza permanente de Dios a nuestro alrededor y entre nosotros.
Jesús está en un momento raro, y nuestra liturgia católica nos invita a estar allí con él también.
Comentarios desactivados en “¿Qué es el Cristianismo?: Una nueva forma de vivir. 07 de mayo 2023. 5 Pascua (A). Juan 14, 1-12.
Los cristianos de la primera y segunda generación nunca pensaron que con ellos estaba naciendo una religión. De hecho, no sabían con qué nombre designar a aquel movimiento que iba creciendo de manera insospechada. Todavía vivían impactados por el recuerdo de Jesús, al que sentían vivo en medio de ellos.
Por eso, los grupos que se reunían en ciudades como Corinto o Éfeso comenzaron a llamarse «iglesias», es decir, comunidades que se van formando convocadas por una misma fe en Jesús. En otras partes, al cristianismo lo llamaban «el camino». Un escrito redactado hacia el año 80 y que se llama carta a los Hebreos dice que es un «camino nuevo y vivo» para enfrentarse a la vida. El camino «inaugurado» por Jesús y que hay que recorrer «con los ojos fijos en él».
No hay duda alguna. Para estos primeros creyentes, el cristianismo no era propiamente una religión, sino una forma nueva de vivir. Lo primero para ellos no era vivir dentro de una institución religiosa, sino aprender juntos a vivir como Jesús en medio de aquel vasto imperio. Aquí estaba su fuerza. Esto era lo que podían ofrecer a todos.
En este clima se entienden bien las palabras que el cuarto evangelio pone en labios de Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Este es el punto de arranque del cristianismo. Cristiano es un hombre o una mujer que en Jesús va descubriendo el camino más acertado para vivir, la verdad más segura para orientarse, el secreto más esperanzador de la vida.
Este camino es muy concreto. De poco sirve sentirse conservador o declararse progresista. La opción que hemos de hacer es otra. O nos organizamos la vida a nuestra manera o aprendemos a vivir desde Jesús. Hay que elegir.
Indiferencia hacia los que sufren o compasión bajo todas sus formas. Solo bienestar para mí y los míos o un mundo más humano para todos. Intolerancia y exclusión de quienes son diferentes o actitud abierta y acogedora hacia todos. Olvido de Dios o comunicación confiada en el Padre de todos. Fatalismo y resignación o esperanza última para la creación entera.
Comentarios desactivados en “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”. Domingo 07 de mayo de 2023. 5º Domingo de Pascua.
Leído en Koinonia:
Hch 6,1-7: Eligieron a siete hombres llenos de espíritu Salmo responsorial 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti 1Pe 2,4-9: Ustedes son una raza elegida, un sacerdocio real Jn 14,1-12: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida
En la comunidad lucana descrita en la primera lectura, los apóstoles tienen plena conciencia que no lo pueden hacer todo y que necesitan valerse de otros para atender a las necesidades urgentes de la comunidad pero sin desatender el ministerio de la Palabra. Pero ellos no imponen. Invitan a la comunidad a escoger sus propios servidores, animadores. Les presentan a siete personas que son «autorizados» por los apóstoles para satisfacer las necesidades de la comunidad. No son servidores de segunda. Son personas encargadas o enviadas a realizar ministerios diferentes. Pero todos estaban empeñados en la difusión de la Palabra y en el crecimiento numérico y cualificado de la comunidad.
Así mismo, el autor de la carta de Pedro quiere subrayar el papel de todos los miembros de la comunidad creyente en la construcción del templo vivo de Dios. Jesús es la piedra viva, el fundamento, la base para construir la casa de Dios. Sobre esa piedra se instalan las demás piedras, los seguidores de Jesús. De manera pues que no somos sólo espectadores de la construcción. Somos artífices y al mismo tiempo materia fundamental para alcanzar la construcción del gran edificio humano, levantado sobre la roca, Jesucristo, sostenido por la columna del Espíritu Santo y estructurado con la activa cooperación de cada uno de los bautizados. El sacerdocio, más que un honor, un privilegio, una casta… es un dinamismo desatado por el Espíritu para el servicio de la comunidad eclesial. Todos somos ministros, todos sacerdotes, todos servidores en una densa experiencia fraternal al servicio del Reinado de Dios.
El evangelio de Juan revela la situación crítica que vive la comunidad naciente provocada por el ambiente hostil y peligroso en que se va desarrollando. Jesús no sólo es la piedra fundamental, sino que Jesús es también camino, verdad y vida. Los discípulos están confundidos ante las Palabras de Jesús. En los anteriores versículos Jesús ha anunciado la traición de Judas y la negación de Pedro. Este episodio refleja la situación de crisis de los discípulos porque no entienden el camino de Jesús. Las palabras que Jesús pronuncia pretenden alentarles en la esperanza, fortalecerlos en medio de la angustia, devolverles el horizonte de vida.
Jesús es camino, es decir, es proyecto, horizonte de vida para muchos. Su muerte está llena de sentido porque en ella se manifiesta el amor de Dios por la Humanidad y les devuelve la razón de vivir en momentos de confusión y desesperación.
Jesús es verdad: la mentira, el engaño, la corrupción se apodera del corazón de la persona humana. La Palabra anunciada y testimoniada por Jesús, que es la Palabra del Padre, se convierte en criterio de verdad, en transparencia que devuelve la luz.
Es vida: frente a las fuerzas de la muerte que causan terror, Jesús da sentido a la vida, se revela como Señor de la vida y vencedor de la muerte. Y en él todos los que apuestan a favor de un proyecto de vida, de verdad y amor como horizonte que puede salvar a la Humanidad del caos, la injusticia, la corrupción, la exclusión y la maldad.
Quién cree en Jesús cree en el Padre y será transparencia del Resucitado. En el fondo eso es ser cristiano, que es una forma de ser en plenitud hijos/hijas de Dios. Pero la propuesta de Jesús no es un asunto meramente individual, intimista, espiritualista. El proyecto de su seguimiento es exigente y radical. También la persona cristiana, integrada al cuerpo comunitario, debe ser camino, verdad y vida. Estamos llamados a ser una alternativa de vida, junto con otras alternativas de vida -representadas por otras personas y comunidades inspiradas por otras religiones- en medio de un mundo desorientado que con frecuencia no encuentra el sentido de la existencia. Somos servidores de la Vida aún en medio de la muerte que siembra el egoísmo humano cuando desatiende la sabiduría que se manifiesta «por los muchos caminos de Dios». La desatención a esta sabiduría divina manifestada por tantos caminos, repercute en las crecientes injusticias sociales y guerras que pretenden justificarse con apelos a la defensa de la libertad y de la seguridad, o a la imposición de la democracia o de la «libertad de comercio»… pero que en el fondo esconden mezquinos intereses económicos y hegemónicos de las grandes potencias y plagan de hambre y de miseria a los pueblos pobres.
Nuestra misión, pues, como personas cristianas, es juntarnos con muchas otras personas y comunidades creyentes, practicantes de otras religiones, y ser alternativa de vida, de resistencia y esperanza para todos.
En una época como la que vivimos, marcada por la entrada en curso en un nuevo paradigma, el paradigma pluralista, hemos de leer y proclamar con cuidado tanto la expresión de Pedro de un «linaje escogido», como la expresión de Juan, que él pone en labios de Jesús: «Yo soy ‘el’ Camino»… Esta última sobre todo no deja de ser una expresión propia de un lenguaje confesional, un lenguaje de amor y de fe, cultual, y en ese contexto hay que entenderla. No hay que perder de vista que, en otro sentido, son muchos los caminos de Dios, «sus caminos, que no son nuestros caminos», y que nos pueden sorprender siempre con el descubrimiento de «nuevos caminos» de Dios. Recomendamos la lectura de la serie «Por los muchos caminos de Dios», de la Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo, en la colección «Tiempo axial» (http://latinoamericana.org/tiempoaxial). O el libro de José María VIGIL Teología del pluralismo religioso, disponible en la red (http://cursotpr.adg-n.es/?page_id=3). Leer más…
Comentarios desactivados en 7.5.23. Camino, verdad y vida. Evangelio de cada día (2023), Biblia de toda la vida.
Del blog de Xabier Pikaza:
El evangelio de hoy (dom. 5 Pascua, Jn 14,1-12) presenta a Jesús camino, verdad y vida: ¿Quién ese ése que viene y me dice: Soy tu camino, tu verdad y vida? ¿Quién puede hablarme a sí en este mundo en un mundo de abandonados, perdidos, arrojados sin camino vida?
Ése que viene a tu encuentro esta mañana de pascua es Jesús, Dios amigo/compañero que te dice: Soy tu camino, verdad y vida… Así lo mostraré comentando este pasaje (Jn 14, 1-12), con el evangelio de todos los días del año (2023) y con la Biblia-Ciudad de todos los lugares y tiempos del mundo
| X. Pikaza
El evangelio de hoy (dom. 5 Pascua, Jn 14,1-12) presenta a Jesús camino, verdad y vida: ¿Quién ese ése que viene y me dice: Soy tu camino, tu verdad y vida? ¿Quién puede hablarme a sí en este mundo en un mundo de abandonados, perdidos, arrojados sin camino vida?
Ése que viene a tu encuentro en la mañana de pascua es Jesús, Dios amigo/compañero que me dice y te dice: Soy tu camino, verdad y vida… Así mostraré comentando este pasaje (Jn 14, 1-12), con los evangelio de todos los días del año (2023) Biblia-Ciudad de todos los lugares y tiempos del mundo
Voz que llama y nos dice: Quiero ser-con-vosotros ¿venís a mi casa, compartís mi ciudad?
No es un muerto del pasado, ni un fantasma de mentira, sino aquel que te da la mano, te abre el corazón, te pone en pie y te dice: vamos, soy contigo, hacemos camino, seremos Verdad, tendremos Vida, uno en el otro y para el otro.
No es voz de ultratumba(un muerto fantasma), ni mandato de dominio, que te niega (¡sólo yo soy, tú no eres…!), sino canto de amor hondo que te dice soy el que soy contigo para que tú seas, para que seamos… Invitación de amor que insiste diciendo: Tengo para ti y para mí, para nosotros (para todos) una casa, la casa de mi Padre, la casa de mis hermanos. Así empieza este diálogo de Jesús con sus dos amigos íntimos, uno se llama Tomás, otro Felipe… Pero pueden ser y son María, Salomé, Susana…
Texto. Tengo una casa para ti, una Ciudad para todos
En la casa de mi Padre hay muchas estancias (moradas, salas de estar, habitaciones íntimas…) si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos un lugar, un hogar? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»
Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»
Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí?… Creed en mis obras, en lo que yo hago, en lo que haréis vosotros:. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.» (Jn 14, 1-12).
Tengo una casa (la casa del Padre), soy tu ciudad, el espacio y tiempo de tu vida.
para que vengas, para que vengamos, para que nos amemos y seamos. Advertirá el lector que he cambiado un poco el final de la lectura, poniendo al final del camino, la verdad y la vida la casa de Dios, la morada- ciudad de la vida.
Las moradas del Padre, la casa de mi Padre, mi casa…. “En la casa de mi Padre hay muchas moradas o estancias…”. Todos los caminos llevan no a Roma, sino al Padre, a las Moradas del amor, que supo describir Santa Teresa, toda la vida buscando su casa, que era la casa del Padre, del amado, preparada para ella.
Jesús es Camino, es plaza, es ciudad Caminantes somos (¡navegantes!), y todos los caminos se centran y condensan para nosotros Cristo. Por eso, quien toma su camino, que es camino de Evangelio, está ya en manos del Padre.
En este evangelio hay dos maestros caminantes que preguntan, dos voces que preguntan: una es de Tomás, otra de Felipe. Significativamente, ellos aparecen más tarde como autores de los dos evangelios misteriosos más significativos de la Iglesia, uno es el de Tomás, otro el de Felipe… el tercero es tu evangelio, tu camino de Jesús
El “yo” de Jesús: soy el Camino, Verdad y la Vida…
Si alguien me ama cumplirá escuchará mi vos, nos amaremos y mi Padre le amará y vendremos a él haremos en él una morada” (Cf. Jn 14, 23). Que todos seamos uno, como tú, Padre, en mí y yo en tí…para que sean uno como nosotros somos uno; Yo en ellos y Tú en mí… para que el mundo conozca que Tú me has enviado y que les amas como a mí me has amado (17, 20-23).
En mi ciudad hay mucha tarea: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque voy al Padre (Jn 14, 12).
Así termina este evangelio, de un modo admirable… Es como si yo le dijera a Jesús: No soy nadie, no puedo nada, no te valgo. Pero Jesús me contesta, te contesta… Estoy contigo y puede. Yo te necesito, y harás mis obras y aún mayores…
No quiso que fuéramos menores que él, sino mayores, que hiciéramos lo que él hizo, y cosas aún más grandes que las suyas. Que no nos limitáramos a mirarle y adorarle diciendo «tú eres Dios y nosotros pobres hombres». Al contrario, precisamente por eso, por ser él Dios y nosotros hombres, pudo decirnos que hiciéramos sus obras y aún mayores, pues él se iba al Padre para eso, pues él iba al Padre y nos daba su Espíritu
No somos súbditos de un Jesús siempre mayor, sino herederos suyos, capaces de aumentar y mejora su obra.
Éste es un evangelio provocador y escandaloso que termina con unas palabras increíbles (que quizá pocos creen de verdad en esta iglesia): Os aseguro: quien cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo voy al Padre.
Las obras (erga) de Jesús han sido claras a lo largo del evangelio de Juan, en una línea semejante a la Mt 11, 2-4 (cf. Lc 7, 18-23):los ciegos ven, los cojos andan, que los leprosos quedan limpios, los sordos oyen… los pobres reciben la buena noticia.
La iglesia es según eso el lugar (la casa la comunidad comunidad) donde se realizan las obras de Jesús y aún mayores… Por eso, Jesús termina el evangelio de este domingo (Jn 14, 1-12) diciendo que ellos seguirán haciendo la obras que él ha hecho y aún mayores. Pues bien, yo me atrevo a pensar humildemente que, en sentido general, la iglesia posterior no ha creído ni cree en esto que ha dicho aquí Jesús: ¡Ella no se cree capaz de hacer las obras que hacía Jesús y aún mayores!
Éste es el tema del evangelio este 7 de Mayo del 2023, en un tiempo abierto a la nueva creación de Dios… Jesús fue haciendo unas obras, y al final, cuando se iba, nos dijo que el Padre quería hacer por nosotros sus obras, y aún mayores… Éste es el evangelio de nuestra casa, el Jesús de nuestra ciudad y camino..,, no para pararnos y morir, sino para retomar el camino de la verdad y la vida
Libro de la Casa/Iglesia del Padre, con el evangelio de cada día del año (2023)
En la línea de las reflexiones anteriores he preparado una introducción y comentario al evangelio de cada día de este año 2023. Un evangelio en cuya portada está la casa… la casa de Dios, la casa de la Iglesia… nuestra casa, con una reflexión para cada día.
Es un libro de reflexiones bíblicas, de oraciones, de contamplaci`´onpara buscar cada día un breve tiempo de lectura, meditación y contemplación de los evangelios según la liturgia
Evangelio de Dios somos, y por eso es importante que dediquemos cada día un pequeño tiempo (de diez a quince minutos) para leer, meditar, contemplar y aplicar el evangelio, siguiendo las lecturas de la misa, en unión con los cristianos que avivan, razonan y celebran su fe, siguiendo los textos de la liturgia. Leer más…
Como indiqué el domingo pasado, las tres lecturas de los domingos de Pascua nos hablan de los orígenes de la Iglesia, de las persecuciones de la Iglesia, y de nuestra relación con Jesús.
Iglesia naciente
La primera lectura nos cuenta la institución de los diáconos y el aumento progresivo de la comunidad, subrayando el hecho de que se uniesen a ella incluso sacerdotes.
En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron:
– «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.»
La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.
La comunidad de Jerusalén estaba formada por judíos de lengua hebrea y judíos de lengua griega (probablemente originarios de países extranjeros, la Diáspora). Los problemas lingüísticos, tan típicos de nuestra época, se daban ya entonces. Los de lengua hebrea se consideraban superiores, los auténticos. Y eso repercute en la atención a las viudas. Lucas, que en otros pasajes del libro de los Hechos subraya tanto el amor mutuo y la igualdad, no puede ocultar en este caso que, desde el principio, se dieron problemas en la comunidad cristiana por motivos económicos.
Los diáconos son siete, número simbólico, de plenitud. Aunque parecen elegidos para una misión puramente material, permitiendo a los apóstoles dedicarse al apostolado y la oración, en realidad, los dos primeros, Esteban y Felipe, desempeñaron también una intensa labor apostólica. Esteban será, además, el primer mártir cristiano.
Dignidad de la Iglesia sufriente
La primera carta de Pedro recuerda las numerosas persecuciones y dificultades que atravesó la primitiva iglesia. Lo vimos el domingo pasado y lo veremos en los siguientes. Pero este domingo, aunque se menciona a quienes rechazan a Jesús y el evangelio, la fuerza recae en recordar a los cristianos difamados e insultados la enorme dignidad que Dios les ha concedido.
Mientras los judíos, después de la caída de Jerusalén (año 70), se encuentran sin templo ni posibilidad de ofrecer sacrificios al Señor, los cristianos se convierten en un nuevo templo, en nuevos sacerdotes que ofrecen víctimas a Dios por medio de Jesucristo.
Al final, recogiendo diversas alusiones del Antiguo Testamento, traza una imagen espléndida de la comunidad cristiana: «Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa».
En nuestra época, cuando la Iglesia parece cada vez menos importante y se ve atacada y condenada en numerosos ambientes, estas palabras de la carta nos pueden servir de ánimo y consuelo.
Queridos hermanos:
Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.
Dice la Escritura: «Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado.» Para vosotros, los creyentes, es de gran precio, pero para los incrédulos es la «piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra angular», en piedra de tropezar y en roca de estrellarse. Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino.
Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.
Iglesia creyente
El evangelio nos sitúa en la última cena, cuando Jesús se despide de sus discípulos. En el pasaje seleccionado podemos distinguir tres partes: el hotel, el camino hacia él, los huéspedes.
El hotel
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»
En la primera parte, Jesús sabe el miedo que puede embargar a los discípulos cuando él desaparezca y queden solos. Y los anima a no temblar, insistiéndoles en que volverán a encontrarse y estarán definitivamente juntos en el gran hotel de Dios, repleto de estancias. Como diría san Pablo, hablando de lo que ocurrirá después de la muerte: «Y así estaremos siempre con el Señor». Esta primera parte, válida para todos los tiempos, adquiere especial significado en esos meses en los que la epidemia del coronavirus ha causado tantas muertes y miles de personas no han podido ni siquiera despedirse de su seres queridos. No están solos. Están con el Señor.
El camino.
Tomás le dice:
-«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde:
-«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»
La objeción lógica de Tomás, realista como siempre, le permite a Jesús ofrecer una de las mejores definiciones de sí mismo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.» ¿Cómo hablar de Jesús a quienes no lo conocen o lo conocen poco? La mejor fórmula no es la del Concilio de Calcedonia: «Dios de Dios, luz de luz…». Es preferible esta otra: camino, verdad y vida.
Sugiere que para llegar a Dios hay muchos caminos, pero para llegar a Dios como Padre el único camino es Jesús. El musulmán alaba a Dios como Fuerte (Alla hu akbar). El cristiano lo considera Padre.
Jesús es también la verdad en medio de las dudas y frente al escepticismo que mostrará más tarde Pilato. La pregunta correcta no es: «¿Qué es la verdad?», sino «¿Quién es la verdad?». La verdad no es un concepto ni un sistema filosófico, se encarna en la persona de Jesús.
Jesús es también la vida que todos anhelamos, la vida eterna, que empieza ya en este mundo y que consiste «en que te conozcan a ti, único dios verdadero, y a quien enviaste, Jesucristo».
Los huéspedes
Felipe le dice:
– «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Jesús le replica:
– «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.»
Una nueva interrupción, esta vez de Felipe, desemboca en el pasaje más difícil y desconcertante. Ahora no hace falta recorrer ningún camino para llegar al Padre. Para verlo, basta con mirar a Jesús. Estas palabras, que a oídos de los judíos sonarían como pura blasfemia, nos invitan a creer en Jesús como se cree en Dios; a creer que, quien lo ve a él, ve al Padre; quien lo conoce a él, conoce al Padre; que él está en el Padre y el Padre en él. Y al final, el mayor desafío: creer que nosotros, si creemos en Jesús, haremos obras más grandes que las que él hizo. Parece imposible. El padre del niño epiléptico habría dicho: «Creo, Señor, pero me falta mucho. Compensa tú a lo que en mí hay de incrédulo».
La Iglesia debatirá durante siglos la relación entre Jesús y el Padre, y no llegará a una formulación definitiva hasta casi cuatrocientos años más tarde, en el concilio de Calcedonia (año 452). El evangelio de Juan anticipa la fe que hemos heredado y confesamos.
Así, de primeras, ¿cómo te imaginas a Jesús en este momento?
Sí, sí, así. Me refiero a eso que percibes que puede haber detrás de sus palabras, de esta frase, además, sin reparar en el contexto. Más bien tal vez te suene algo así como “Llevo taaaaaaanto tiempo…, ¡¡¿y todavía no me conoces, Felipeee?!!”, a modo mosqueo in crescendo. Aunque también se me ocurre que tal vez, solo tal vez, te lo imagines desanimado; Jesús desanimado, frustrado, triste, encontrándose con sus límites y su ser de barro. En definitiva, Jesús humano.
Pero vamos a entrar en el contexto. Este evangelio nos sitúa en la que llamamos última cena. Jesús ha hecho un gesto de servicio a sus discípulos, les ha lavado los pies; un servicio en esa época asignado a las mujeres y a los esclavos. Y ahí se ha encontrado con la objeción de Pedro, un tanto fanfarrón: “no me lavarás los pies”, pero también con su seguimiento incondicional cuando le responde: “Señor, no sólo los pies, también las manos y la cabeza”. En definitiva, Pedro humano.
Cenan, y al terminar Jesús parte un pan y se lo reparte, toma una copa de vino y se la pasa. Hace un gesto de entrega. Y ahí, se encuentra con que otro discípulo, Judas, sale del lugar en el que están porque ha quedado con las autoridades religiosas para llevarles, a cambio de unas monedas, hasta Jesús. Judas el oportunista, el “por interés te quiero Andrés”, el negociante. Judas humano, al fin y al cabo.
Y ahora, después de estos gestos tan significativos y culmen de su vida, ahora que les está hablando del Padre, que se reconoce Hijo y Hermano… es aquí cuando descubre que otro de los suyos, Felipe, o no se ha enterado de nada o de muy poco. Felipe el despistado, distraído, tal vez incluso el “mente embotada”. Felipe humano, claramente humano.
Ahora sí. Ahora, ¿cómo te imaginas a Jesús en este momento? Adéntrate a verlo, apostando por los suyos una vez más, dándoles otra oportunidad a pesar de todo. En definitiva… Jesús humano.
Oración
Abre nuestros ojos, Señor.
Y abre nuestro corazón, Señor.
Abre nuestra escucha a tu susurro “no temáis, soy yo”.
Comentarios desactivados en Jesús no es otro Dios sino el mismo Dios-Vida.
DOMINGO 5º DE PASCUA (A)
Jn 14,1-12
El contexto de este evangelio es el discurso de despedida después de la cena en el evangelio de Juan. En el capítulo 13 el centro es Jesús. Termina con la despedida, diciendo: a donde yo voy vosotros no podéis venir. En este capítulo 14 el centro es el Padre. El ambiente es de profunda inquietud y zozobra. La traición de Judas, el anuncio de la negación de Pedro, el anuncio de la partida. Todo es terriblemente inquietante. Está justificada la repetida invitación a la confianza. La clave del mensaje en este capítulo es la relación de Jesús y la de sus discípulos con el Padre.
Aunque Juan pone en boca de Jesús todo el discurso, en realidad se trata de reflexiones de la comunidad a través de muchos años de vivencias. Lo que se propone como futuro es ya presente para el que escribe y la comunidad para la que se escribe. Pero este presente deja entrever un nuevo futuro que el Espíritu irá realizando. Se nota la dificultad que tiene la comunidad de expresar su experiencia. Esta vivencia pascual está anclada en la presencia viva de Jesús, del Espíritu y del Padre. Los tres forman parte de una Realidad que los acompaña y les transforma.
Creed en Dios y creed también en mí. “Pisteuete eis”, no significa creer, en el sentido que damos hoy a la palabra. Sería “creer en sentido bíblico, es decir, poned la confianza en alguien. Juan utiliza esta construcción 30 veces, aplicada a Jesús. Solo en 12,44 y aquí pone como término a Dios, indicando claramente la identidad de ambas adhesiones. La confianza en Jesús y la confianza en Dios son la misma realidad. Si buscan a Dios, están en el buen camino, porque están con él. No tienen nada que temer porque en Jesús está ya el Padre con el que está identificado.
En el hogar de mi Padre, hay sitio para todos. El lenguaje mítico nos puede despistar. Jesús va al Padre para procurarles un tipo de relación con Dios, similar a la suya. No se trata de un lugar, sino del ámbito del amor de Dios. En el corazón de Dios, todos tienen cabida. Todos estamos llamados a formar en Dios una misma Realidad con Él. Jesús está en el seno del Padre y todos pueden descubrirse allí.
Todo es lenguaje mítico-simbólico. Me voy, me quedo, vuelvo, no se puede entender literalmente. Esta teología es clave para entender la marcha de Jesús y a la vez, su permanencia. Aunque la formulación es mítica, el mensaje sigue siendo válido. Hoy tendríamos que decir que la meta de todo está en Dios. Lo que tenemos que descubrir y vivir ya aquí es esa identificación con Dios. En Jesús, Dios ha manifestado su proyecto para el hombre, que se tiene que realizar en cada uno.
Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Lo que se quiere decir está más allá de la capacidad del lenguaje. Camino, Verdad, Vida hacen referencia al Padre que está, identificado con Jesús. No hay un Jesús separado que se identifica con Dios sino una única Realidad que se manifiesta en Jesús. Se han dado infinidad de interpretaciones desde los primeros padres y siguen hoy los exégetas intentando desentrañar el significado del texto que desborda toda explicación.
Jesús es Camino, que empieza y termina en Dios. No hay ningún espacio entre Jesús y Dios. Desde Dios hasta Dios no puede haber ningún trecho. Jesús es, como todo ser humano, un proyecto ya realizado, porque recorrió el camino que le llevó a la plenitud humana. Ese camino es el amor total que abarca toda su vida. Los que le siguen deben recorrer también ese camino es decir ir de Dios que es su origen hasta Dios que es la meta. En el AT el camino era el cumplimiento de la Ley. Ahora es Jesús.
Yo soy verdad, es decir, soy lo que tengo que ser. No se trata de la verdad lógica sino de la verdad ontológica que hace referencia al ser. Jesús es auténtico, hace presente a Dios, que es su verdadero ser. Lo contrario sería ser falso. “Yo soy” es el nombre que se dio a sí mismo Dios en la zarza. Juan repite hasta la saciedad el “yo soy”. El complemento puede ser cualquiera: puerta, pastor, camino, vida, verdad, vid. Si descubro y vivo que Dios está identificado conmigo, ya lo soy todo.
Yo soy Vida, es decir, lo esencial de mi ser está en la energía (Dios) que hace que sea lo que soy. «El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me coma vivirá por mí.» Está hablando de la misma Vida-Dios que se le ha comunicado a él y que se nos comunica a nosotros. De la misma manera que no podemos encontrar la vida biológica independientemente de un ser que la posea, así no podemos encontrarnos con un Dios ahí fuera separado de un ser que lo manifieste.
Nadie va al Padre sino por mí. También se podía decir: a nadie viene el Padre si no es por mí. En c. 6 había dicho: “nadie viene a mí si el Padre no lo atrae”. Las dos ideas se complementan. Para el que nace del Espíritu, el Padre no es alguien lejano ni en espacio ni en tiempo, su presencia es inmediata. Hacerse hijo es hacer presente al Padre. La identificación con Jesús hace al discípulo participar de la misma Vida-Dios. Ni el Padre tiene que venir de ninguna parte ni nosotros tenemos que ir.
“Si llegáis a conocerme del todo, conoceréis también a mi Padre”. Una vez más se refleja el “ya, pero todavía no” de la primera comunidad. El seguimiento de Jesús es un dinamismo constante. No se trata de progresar en el conocimiento, sino en la comunión por amor. El conocimiento vivencial de Jesús, hará que el Padre se manifieste en el discípulo. Lo que pide Felipe es una teofanía como las narradas en el AT. Piensa que Jesús es un representante de Dios, no la presencia de Dios.
¿Cómo dices tú, muéstranos al Padre? Esta queja es una clara reflexión pascual. En su vida pública, sus seguidores no entendieron ni jota de lo que era Jesús. Felipe sigue separando a Dios del hombre. No ha descubierto el alcance del amor-Dios ni su proyecto sobre el hombre. No se han enterado de que Dios sólo es visible en el hombre. Desde esta perspectiva, Jesús podía decir: quien me ve a mí, ve a mi Padre. Y, si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre porque el Padre es más que yo. Seguimos cayendo en la trampa de querer ver a Dios.
“Las exigencias que os propongo no son mías”. “Remata” no significa dicho o palabra sino propuesta, exigencia manifestada en la vida. A continuación, habla de obras: “el Padre que permanece en mí, él mismo hace las obras”. Las obras son la manifestación de que Dios está en Jesús. El Padre ejerce su actividad creadora a través de Jesús. Él propone las “exigencias” que Dios le pidió y realizó.
Si hay un adjetivo que le cuadra bien al evangelio, es “interpelante”. Si el evangelio no nos interpela; si no afecta a nuestras vidas, no sirve para nada. Podemos sentirnos muy ufanos del conocimiento profundo que tenemos de él, podemos presumir de lo bien que lo interpretamos a la luz de la exégesis más moderna e independiente, podemos teorizar y elucubrar sobre él hasta la saciedad, pero si no respondemos, «de nada nos sirve».
El evangelio es una constante invitación a caminar, y Jesús es el camino. Pero un camino no es para conocerlo, sino para recorrerlo. Y es cierto que podemos decidir no caminar, optar por instalarnos en este mundo y olvidar nuestro destino, pero es evidente que a la larga esta actitud nos va a producir vacío y angustia, porque, como decía Kierkegaard, «no podemos ignorar lo eterno que hay en nosotros».
Una excelente metáfora de la vida podría ser la ascensión a una montaña. El montañero que sacude la pereza, abandona la comodidad del refugio y se echa al monte en busca de la cima, se siente vivo, motivado, estimulado por cada obstáculo que logra superar, y en muchos momentos exultante de optimismo y felicidad. El que decide permanecer al abrigo del refugio, se aburre, se hastía y acaba frustrado y asqueado. La cima que Jesús nos propuso a los cristianos es una sociedad fraterna, humana y solidaria, y el camino que nos lleva a la cima es Jesús mismo; sus criterios, su ejemplo, su compromiso con la misión hasta dar la vida por ella, su convencimiento de que merecía la pena hacerlo…
En momentos de máxima tribulación es cuando encontrar un buen camino adquiere toda su importancia. Imaginémonos perdidos en el monte, hace frío, se acerca la noche, no vemos salida… y de pronto encontramos un camino prometedor. ¡Estamos salvados!, pensamos, y nos apresuramos a tomarlo con la esperanza de que nos devuelva a la vida.
Hoy vivimos momentos de gran tribulación. Hoy estamos en una encrucijada histórica en la que está en juego nuestra civilización e incluso nuestra supervivencia. Hemos seguido el camino que nos proponía el mundo y es evidente que nos hemos equivocado. El resultado es un planeta herido de muerte donde las sequías se han generalizado y los océanos agonizan. Donde la ostentación y el derroche conviven con la miseria, donde la vida se banaliza, la sociedad se mercantiliza, las relaciones humanas han dejado de ser humanas y el hombre es todavía más lobo para el hombre…
Los cristianos conocemos otro camino, pero de momento preferimos seguir en el refugio discutiendo si los que vienen son galgos o podencos. Es preciso salir del refugio y enfilar la cima con decisión y con la esperanza de que otros nos sigan… o estamos perdidos. Jon Sobrino, jesuita compañero de Ignacio Ellacuría en el Salvador, nos invita a reanudar la marcha y nos marca una meta ajustada a la situación que vive el mundo: «Debemos caminar hacia la civilización de la austeridad compartida»… ¿Empezamos?
Miguel Ángel Munárriz Casajús
Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí
Comentarios desactivados en Estudio orante de la palabra.
Jn 14, 1-12
COMENTARIO V DOMINGO DE PASCUA
(7 de Mayo 2023)
Suenan cantos de Resurrección a la vez que tambores de guerra. Rememoramos los comienzos del Cristianismo y a la vez pasamos un poco ante tanta palabra, y tanto por asimilar. O tal vez, simplemente, un año más, pasamos página después de leer por encima los comentarios… yo preguntaría ¿Cuál es tu comentario? ¿Cuánto profundizas de todo lo leído? ¿Has probado de escribir tus reflexiones?
Sabemos que si no se trabajan los textos, entran y salen con demasiada facilidad y es por ello que necesitamos más y más. Es el síndrome del que no digiere bien y siempre tiene hambre.
Por ello voy a intentar, con mucha sencillez, invitaros a trabajar un poquito los textos de esta semana, método que puede servir para cualquier texto.
Es hacer el estudio orante de la Palabra. El trabajo del monje y de la monja que en su silencio escudriñan la Palabra hasta hacerla suya. Y el método es muy sencillo, y hoy es practicado por millones de cristianas y cristianos laicxs de todas las iglesias cristianas.
1. Leemos los textos, despacio, varias veces.
2. Dejamos que resuene dentro alguna palabra, sin forzar
3. Volvemos a leer, uno tras otro, los textos, despacio, a lo largo de la semana, en tu tiempo de silencio orante, de madrugada, sin noticias, sin ruido… y dejamos resonar una frase…
4. Tomamos nota y oramos lo que se nos ha comunicado
5. Tratamos de escuchar lo que Dios a través de su Palabra mezclada con mi vida, mi realidad socio-política me está comunicando.
6. Dialogo con esta Palabra dirigida a mí personalmente y después, sólo después, tomo decisiones, compromisos…
El evangelio de hoy a mí me resonaba así:
“No estéis intranquilos; mantened vuestra adhesión a Dios manteniéndola a mí… Si llegáis a conocerme conoceréis también a mi Padre… Quien me ve a mí está viendo al Padre… Os lo aseguro: Quien me presta adhesión, hará obras como las mías… (Jn 14, 1-12)
Hay una progresión del Evangelio donde Jesús comparte su identidad con el grupo y les hace partícipes de ella, indicándoles su linaje, su identidad compartida, el sentido de su consagración por su pertenencia consciente y libre a un envío claro, firme a anunciar esta buena noticia, porque la llevamos en nuestro ADN.
La segunda lectura, la 1Pe1, 5 y 9) me llega hondamente:
“…también vosotrxs como piedras vivas, vais entrando en la construcción del templo espiritual, formando un sacerdocio santo… Vosotrxs, sois linaje elegido, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo adquirido por Dios…” (1Pe1, 5 y 9)
¿Qué sientes ante esta Palabra dirigida a ti? Tú y yo somos piedras vivas, sacerdocio real, pertenencia de Dios… ¿Se nos puede dar, regalar más? ¿Nos quejamos de que los y las laicas no tenemos lugar en una institución hecha por varones que se apropian de lo de todos? Cuando lo sientas por dentro, reclama tu herencia, poniéndola al servicio del Pueblo de Dios…
Y la primera lectura nos dice cómo podemos hacerlo:
“…nosotrxs nos dedicaremos a la oración y al servicio del mensaje” (Hechos 6, 4)
Ahí está la fuerza. Dedicarnos al máximo al mensaje: orado y proclamado de mil maneras y estilos.
Ese compartir la Palabra o predicación no es exclusiva de los ordenados, es para todo creyente, como los textos de Resurrección le dicen a María Magdalena que anuncie que Él vive a los que luego se autoproclaman los herederos…
Reclamemos nuestra herencia con la Palabra en la mano y sobre todo en las entrañas, como fuego que quema la mediocridad y nos da la fuerza para surgir de entre las cenizas de un cristianismo que por falta de poner en práctica la Palabra está agonizando.
Es interesante que la primera lectura hace que nos identifiquemos con los invitados a servir las mesas en lugar de escuchar en el corazón que se nos envía como discípulxs a estar con el Resucitado, adheridas a él y compartirlo, comunicarlo.
Me atrevo a decir que una interpretación sesgada de estos textos nos han paralizado y puesto en multitud de servicios importantes sí, pero en detrimento de una predicación real, viva, en nuestros hogares, comunidades…
Muchas personas pueden servir las mesas, incluso los no creyentes lo hacen mejor que nosotrxs. Nosotrxs tenemos otra llamada, otra tarea, nos la concedan los ordenados canónicamente o no; es la llamada que viene de dentro. Desde los 16 años, después de una experiencia importante de Jesús Vivo en mí, predico, muy pocas veces en el contexto litúrgico, porque como mujer no tengo derecho. Pero como hija de Dios soy enviada y dotada de cualidades idóneas para ello: poder estudiar, escribir, proclamar presencial y online…es imparable.
Quien experimenta esta invitación por dentro deja de perder el tiempo y de poner pegas y de exigir espacio canónico, y como ellas y ellos, los primeros, en sus casas y aldeas, en sus campos y orillas comparten, comunican, forman comunidades de apoyo y de anuncio. Todo lo demás es historia. La fuerza está en el origen, en tu origen, en tu identidad y herencia.
Comentarios desactivados en Ver al “Padre”, vivir en paz.
Domingo V de Pascua
07 mayo 2023
Jn 14, 1-12
El autor (autores) del cuarto evangelio construye(n) un extenso “discurso de despedida” (o “testamento espiritual”) de Jesús, que abarca los capítulos 13 al 17, en el que insiste(n) en temas que al propio autor le resultan particularmente queridos, y entre los que destaca el referido a la unidad.
Si en un capitulo anterior había puesto en boca de Jesús la expresión: “El Padre y yo somos uno” (Jn 10,30), ahora vuelve sobre ello, haciéndole afirmar que “quien me ve a mí, ve al Padre”.
En el cuarto evangelio, Jesús se vive en la consciencia clara de ser uno con el Padre. Y esa es la fuente de su amor, su confianza, su paz y su alegría.
Ser uno con el Padre -ser uno con el Fondo de lo que es- no es una creencia, ni es fruto de la voluntad. No es algo que pudiéramos alcanzar tras haber cumplido determinados requisitos. Es lo que ya somos, aunque con frecuencia vivamos ignorándolo en la práctica. Es justamente esa ignorancia la que impide vivir los rasgos que acabo de enumerar.
“Quien me ve a mí, ve al Padre”: ¿qué significan esas palabras? Aplicadas a Jesús por el autor del evangelio, son válidas para todos nosotros. Si sabemos mirar, podremos ver al Padre en todos los seres, y lo veremos también en nosotros mismos. Porque lo que el evangelio llama “Padre” no es sino lo realmente real, el Fondo que sostiene y del que están brotando en permanencia todas las formas, nosotros incluidos.
El “Padre” es nuestra identidad última, Aquello que es consciencia, vida, amor… La experiencia y la palabra de Jesús constituyen una invitación para que sepamos descubrirlo y, más allá de las inercias que nos hacen vivir en la superficie de lo que somos, con sus secuelas de hastío y vacío, nos reencontremos con la verdad más profunda de nosotros mismos. Solo ahí es posible experimentar la plenitud.
Comentarios desactivados en No perdáis la calma / ¿Sacerdotes o psiquiatras?
Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:
01.05.2023
01.- Nuestro corazón está turbado, hemos perdido la calma.
Jesús nos anima a vivir en paz, que no se turbe nuestro corazón.
Estas palabras las dice Jesús en un contexto de mucha agitación: Judas ha salido ya de la cena, los acontecimientos últimos de Jesús se van precipitando, los discípulos presienten la pérdida de Jesús.
El mismo Jesús en el huerto de los olivos (Getsemaní) se siente angustiadoy con una tristeza mortal (Mc 14,33-34) ante lo que se le venía encima. Mi alma está triste hasta la muerte, (Mt 26,38).
También nosotros podemos estar turbados y perder la calma por mil motivos: por razones de salud-enfermedad, por desestabilizaciones físicas, psíquicas, por decepciones profundas, por el mismo pecado, por los cansancios existenciales…
La frustración, la decepción, la ansiedad, el miedo y la angustia, la acedia, la melancolía, la tristeza, el stress, la depresión, el vacío pueden embargar nuestra vida.
Incluso la misma religión ha sido y sigue siendo causa de pavor y angustia, porque la religión tiene un gran poder para crear angustia, miedo, culpabilidad, escrúpulos, condenación, infierno… Esta experiencia de terror religioso es la experiencia de la que parte Lutero hacia la confianza, hacia la justificación en Cristo.
Y lo malo es que ese miedo religioso parece que se quiere recuperar e instalar en muchos sectores del ámbito católico actual.
Sin embargo el miedo y el “terrorismo” (terror) no son cristianos, no es un “arma” con la que Cristo jugara. ¡Cuántas veces Jesús repite: No tengáis miedo
Jn 6,20 (saliendo del lago) Pero Él les dijo : Soy yo; no temáis.
Jn 14,1 No perdáis la calma, creed en Dios: creed también en mí.
Jn 14,17 La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tengáis miedo.
Jn 16, 33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tenéis tribulación; pero confiad, yo he vencido al mundo
Jn 20,19-21 Entonces, al atardecer de aquel día, el primero de la semana, y estando cerradas las puertas los discípulos encontraban por miedo a los judíos, Jesús vino y se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros.
Jesús crea paz y serenidad en la vida, Jesús no es fuente de angustia y tragedia religioso-eclesiástica. El cristianismo es la posibilidad de vivir en calma, en paz. No temáis: confiad.
02.- Depresión (y suicidio).
Tal vez en nuestro tiempo la depresión (y su deriva hacia el suicidio) [1] es una de las enfermedades más extendidas e impregnan la vida de muchos de nuestros conciudadanos
Se suele decir que la depresión es la enfermedad del alma de nuestro tiempo.
Por depresión entendemos el conjunto de síntomas que determinan un estado de ánimo triste y “abatido”, con una falta de interés y carencia impulsiva, una inhibición motriz y psíquica, con contenidos mentales típicamente depresivos y con determinados trastornos somáticos. [2]
Esta situación nos lleva a preguntarnos ¿por qué hoy en día la depresión, tristeza, la ansiedad invade el alma humana?
La sociedad científica moderna (postmoderna) nos ha llenado la vida de cosas para vivir, pero no nos ofrece ganas de vivir. Tenemos cosas para vivir, lo que no tenemos son ganas ni sentido para vivir.
03.- ¿Ocaso de la religión ó de del sentido de la vida?
Decía Einstein que “preguntarse por el sentido de la vida es ser religioso”.
Mucho se está discutiendo sobre si tiene que impartirse la asignatura de religión en la escuela o no. No lo sé. Pero es grave que no se imparta pensamiento, filosofía, sentido de la vida. Luego ya vendrá, si tiene que venir, el cristianismo. Un maestro –los planes de educación, la consejería de cultura y educación, el ministerio de educación- han de transmitir que la vida tiene sentido. El mismo Nietzsche, -ateo macizo- se dio cuenta de que mejor cualquier sentido- a ningún sentido.
Nos falta el espíritu del Génesis por el que el barro deviene ser viviente. Carecemos de “aliento vital”.
La depresión es una enfermedad psíquica con hondas raíces y causas espirituales.
Por eso su terapia habrá de ser psiquiátrico-farmacológica, pero también necesariamente de corte espiritual.
Dicho de manera coloquial, el psiquiatra es necesario, pero al mismo tiempo es necesario un tratamiento psíquico espiritual, un acompañamiento espiritual.
Cuando digo acompañamiento espiritual no me refiero a aquellos “confesores contables de pecados y dispensadores de broncas y condenaciones pontificales al penitente”, sino que me refiero a que la melancolía, el vacío existencial, la depresión necesitan de un mundo espiritual, quizás también alguien de la comunidad cristiana o humana que acompañe en ese valle de cañadas oscuras.
La farmacopea es necesaria, pero la depresión no es un problema exclusivamente médico, sino humano, que necesita una palabra cálida, serena y sensata que trate de devolver las ganas de vivir y, como los dos de Emaús, podamos sentir: ¿no ardía nuestro corazón?
04.- Confiad.
La confianza (fe) y el miedo son opuestos. En la confianza, en el amor no hay temor, (1Jn 4,18). No tenemos miedo a aquella persona en la que confiamos, más bien todo lo contrario, la estimamos, la queremos, nos fiamos de ella.
El Dios de JesuCristo no es de “armas tomar” (posiblemente el Dios que hemos recibido, sí es un Dios con el que hay que andar con “mucho cuidado”). Al Dios de Jesús no le hemos de temer, y no porque tengamos las “cuentas claras”, sino porque Dios es amor. Confiad…
La esperanza es la relación amable con el futuro. La relación amable nace de la confianza. Confío, me fío, por tanto, espero.
La esperanza será la fuerza que nos impulsa a vivir con ánimo tanto personal como comunitario en la paz de Cristo. Confiamos en el futuro, en el horizonte, en la Vida.
Jesús llama al futuro “estancias” o “banquete abierto a todos”, quizás “vuelta a la casa del padre del hijo perdido” que podemos ser nosotros. ¿Quién sabe cómo será el futuro? De algún modo hemos de hablar… La cuestión no es cómo será el futuro, el cielo [3], sino lo decisivo es que será.
El cielo no es un lugar, sino terminar en Cristo. El lugar final del ser humano, el sentido de la vida es Dios.
No perdáis la calma, confiad.
[1] La Consejería de Educación y Salud han presentado hace pocos meses un protocolo para reducir la conductas suicidas en los colegios de Euskadi.
[2] JOSÉ SARAIVA MARTINS, La depresión: fenómeno clínico, antropología bíblica, fe cristiana, en: Actas Actas de la XVIII conferencia internacional sobre la Depresión, Ciudad del Vaticano, 2004, p 19.
[3] ¿Hace cuánto tiempo que no hemos hablado ni hemos escuchado algo sobre el cielo, de la casa del Padre?
Comentarios desactivados en Los “días de gloria” son nuestra vida diaria ahora
La reflexión de hoy (15 de mayo de 2022) es del colaborador de Bondings 2.0 Michael Sennett, cuya breve biografía se puede encontrar haciendo clic aquí.
Las lecturas litúrgicas de hoy para el Quinto Domingo de Pascua se pueden encontrar aquí.
Cuando era niño, recuerdo que los adultos solían expresar su deseo de tener «días de gloria«. Pensando en mi infancia, puedo escuchar las historias que recuerdan a los deportes, la política, la religión, la tecnología, lo que sea. En ese entonces, sus historias resonaban en mi cabeza como un enigma. Ahora, como un adulto de veinticinco años, entiendo sus inclinaciones. Incluso la noción de cambio en mi palabra estable es suficiente para ponerme la piel de gallina.
Para aclarar, el cambio ha dado paso a una gran cantidad de cosas buenas y seguirá haciéndolo. Los avances en los derechos de las mujeres, las personas negras y marrones, las personas discapacitadas, la comunidad LGBTQ+, los inmigrantes, los refugiados y muchos grupos marginados son un testimonio de esto. Sin embargo, aceptar el cambio en mi propia vida no es fácil.
Actualmente, esperar la asignación de un nuevo párroco como empleado de la parroquia ha sido una montaña rusa emocional. En medio de esta importante transición en el lugar de trabajo, asumí el papel (totalmente inútil) de un Tomás incrédulo. Ser un hombre transgénero católico me plantea muchas preguntas. ¿Qué pasa si el próximo pastor es transfóbico? ¿Apoyará nuestros esfuerzos para atender a los católicos LGBTQ+? ¿Puedo ser visible a su alrededor sin miedo a las repercusiones? Escenarios como estos han estado pesando en mi mente. Inicialmente me consumía la culpa por mis pensamientos pesimistas. Entonces recordé la multitud de casos en los que los católicos LGBTQ+ han sido discriminados. Por injusto que sea temer a alguien que nunca he conocido, tampoco puedo fingir ignorancia sobre el trauma de los católicos homosexuales y mis propias experiencias.
La lectura del Evangelio de hoy, sin embargo, fue una bofetada para mí. Cuando Jesús les reveló a sus apóstoles que solo estaría con ellos por un poco más de tiempo, seguramente se sintieron consternados ante la perspectiva de un ministerio sin su líder. Los había guiado y protegido. ¿Cómo servirían sin él? Pero Jesús instruye a sus discípulos con un nuevo mandamiento: “ámense los unos a los otros. Como yo os he amado, así también vosotros debéis amaros los unos a los otros». El amor incondicional triunfa sobre las dudas y la incertidumbre. Amar a través del miedo revela la presencia de Dios.
En lugar de permitir que mis preocupaciones me abrumen, necesito reaccionar con amor. Dibujar líneas de división solo invita a Jesús a pararse del otro lado, con la parte aislada. Al final del día, todos los miembros del personal comparten la misión común de difundir el Evangelio y llevar el amor de Dios a la comunidad parroquial. Una cálida bienvenida al nuevo pastor, conocer sus dones y encontrarlo donde está son esenciales para cultivar un discipulado amoroso. El liderazgo del pastor actual también hace posible este proceso. Su apoyo me ha ayudado a aumentar mi confianza como persona trans católica, sentándome las bases para encontrar mi propósito y mi pasión. Crear el mismo ambiente para el próximo pastor es un acto de amor. La lectura del evangelio de San Juan, escrita por el discípulo a quien Jesús amaba, también enfatiza la gloria de Dios: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él». La gloria no es un resumen del pasado, existe ahora. Los “días de gloria” son nuestra vida diaria, y lo mejor verdaderamente está por venir cuando podamos regocijarnos con el Señor.
La aprensión ante el cambio es normal. Sin embargo, no debemos permitir que nuestros miedos superen nuestra capacidad de amar. Como discípulos estamos obligados a amar sin restricciones, venciendo las tinieblas de la incertidumbre con la Luz de Cristo. Ya no tenemos que revivir el gozo de los días del pasado, debemos deleitarnos en la gloria del presente y esperar la promesa del futuro.
—Michael Sennett, New Ways Ministry, 15 de mayo de 2022
Comentarios desactivados en “Un estilo de amar”. 5 Pascua – C (Juan 13,31-33a.34-35)
Los cristianos iniciaron su expansión en una sociedad en la que había distintos términos para expresar lo que nosotros llamamos hoy amor. La palabra más usada era filía, que designaba el afecto hacia una persona cercana y se empleaba para hablar de la amistad, el cariño o el amor a los parientes y amigos. Se hablaba también de eros para designar la inclinación placentera, el amor apasionado o sencillamente el deseo orientado hacia quien produce en nosotros goce y satisfacción.
Los primeros cristianos abandonaron prácticamente esta terminología y pusieron en circulación otra palabra casi desconocida, agape, a la que dieron un contenido nuevo y original. No querían que se confundiera con cualquier cosa el amor inspirado en Jesús. De ahí su interés en formular bien el «mandato nuevo del amor»: «Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado».
El estilo de amar de Jesús es inconfundible. No se acerca a las personas buscando su propio interés o satisfacción, su seguridad o bienestar. Solo piensa en hacer el bien, acoger, regalar lo mejor que tiene, ofrecer amistad, ayudar a vivir. Así lo recordarán años más tarde en las primeras comunidades cristianas: «Pasó toda su vida haciendo el bien».
Por eso su amor tiene un carácter servicial. Jesús se pone al servicio de quienes lo pueden necesitar más. Hace sitio en su corazón y en su vida a quienes no tienen sitio en la sociedad ni en la preocupación de las gentes. Defiende a los débiles y pequeños, los que no tienen poder para defenderse a sí mismos, los que no son grandes o importantes. Se acerca a quienes están solos y desvalidos, los que no conocen el amor o la amistad de nadie.
Lo habitual entre nosotros es amar a quienes nos aprecian y quieren de verdad, ser cariñosos y atentos con nuestros familiares y amigos, para después vivir indiferentes hacia quienes sentimos como extraños y ajenos a nuestro pequeño mundo de intereses. Sin embargo, lo que distingue al seguidor de Jesús no es cualquier «amor», sino precisamente ese estilo de amar que consiste en acercarnos a quienes pueden necesitarnos. No lo deberíamos olvidar.
Comentarios desactivados en “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros.”. Domingo 15 de de 2022. 5º Domingo de Pascua
Leído en Koinonia:
Hechos de los apóstoles 14, 21b-27: Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos. Salmo responsorial: 144: Bendeciré tu nombre por siempre jamás, Dios mío, mi rey. Apocalipsis 21, 1-5a: Dios enjugará las lágrimas de sus ojos. Juan 13, 31-33a. 34-35: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros.
El libro de los Hechos nos sigue presentado el éxito misionero de Pablo y Bernabé entre los gentiles, pues “Dios les había abierto la puerta a los no judíos para que también ellos pudieran creer” (v.27). Sus desvelos misioneros serían fuente de esa propagación del Evangelio que, extendiéndose a lo ancho del mundo “gentil”, llegaría hasta nosotros.
Por su parte Juan, el vidente de Patmos, alienta nuestra esperanza con su magnífica visión de “un cielo nuevo y una tierra nueva”, como la gran meta de nuestros esfuerzos por transformar las realidades de muerte que nos rodean y redimir al mundo con la fuerza vital arrolladora del Resucitado. Una nueva realidad de justicia, paz y amor fraterno habrá de traer “la nueva Jerusalén que descendía del cielo enviada por Dios y engalanada como una novia”. Es la esperanza maravillosa que podemos enarbolar frente a los catastrofistas que nos amenazan con una destrucción inexorable del mundo, sobre la base de supuestas profecías que en nada se condicen con las promesas de la Nueva Alianza que Cristo ha sellado con su pasión y su triunfo sobre la muerte. “Esta es la morada de Dios con los hombres –señala un entusiasmado Juan-; acampará entre ellos. Serán su pueblo, y Dios estará con ellos. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado. El que estaba sentado sobre el trono dijo: Ahora hago el universo nuevo”.
El evangelio nos presenta unos cuantos versículos del gran discurso de despedida de Jesús en la noche de la Cena, donde el Maestro entrega su testamento espiritual a los discípulos: el gran mandato del amor como signo visible de la adhesión de sus discípulos a él y de la vivencia real y afectiva de la fraternidad. El mundo podrá identificar de qué comunidad se trata si los discípulos guardan entre sí este mandato del amor. Jesús rescata la Ley, pero le pone como medio de cumplimiento el amor; quien ama demuestra que está cumpliendo con los demás preceptos de la Ley. Es posible que en la comunidad primitiva se hubiera discutido cuál debía ser su distintivo propio e inequívoco. Para eso apelan a las palabras mismas de Jesús. En un mundo cargado de egoísmo, de envidias, rencores y odios, la comunidad está llamada a dar testimonio de otra realidad completamente nueva y distinta: el testimonio del amor.
Una de las principales causas por las que tantos cristianos abandonan la Iglesia radica justamente en la falta de un testimonio mucho más abierto y decidido respecto al amor. Con mucha frecuencia nuestras comunidades son verdaderos campos de batalla donde nos enfrentamos unos contra otros; donde no reconocemos en el otro la imagen de Dios. Y eso afecta la fe y la buena voluntad de muchos creyentes. Por cierto, no se trata de que nuestras comunidades y agrupaciones sean totalmente ajenas al conflicto, no; el conflicto es necesario en cierta medida, porque a partir de él se puede crear un ambiente de discernimiento, de acrisolamiento de la fe y de las convicciones más profundas respecto al Evangelio; en el conflicto –llevado en términos de respeto y amor cristiano mutuo- aprendemos justamente el valor de la tolerancia, del respeto a la diversidad, y el mejoramiento de nuestra manera de entender y practicar el amor. Del conflicto así entendido -inevitable donde hay más de una persona-, es posible hacer el espacio para construir y crecer. Para ello hacen falta la fe, la apertura al cambio y, sobre todo, la disposición de ser llenados por la fuerza viva de Jesús. Sólo en esa medida nuestra vida humana y cristiana va adquiriendo cada vez mayor sentido y va convirtiéndose en testimonio auténtico de evangelización. Leer más…
Comentarios desactivados en Dom 15.5.22. Amaos unos a otros como os he amado. Jesús, historia de amor (Jn 13, 31-35)
Del blog de Xabier Pikaza:
En este amor insiste el Evangelio de Juan, preocupado por crear una comunión de amigos cercanos, una comunidad de hermanos, de enamorados.
Éste es un amor de hermanos, el decir, de cristianos que se vinculan sólo por amor (no tienen otra ley, otro mandamiento…) en un mundo donde parece que todos se enfrentan con todos. Éste es un amor de «en-amorados», hombres y mujeres que sienten el gozo de compartir y celebrar la vida, sin más finalidad (ni mandamiento) que aprender a quererse unos a otros.
Éste es un amor abierto a todos (incluso a los enemigos), pero condensado y expresado con gran fuerza en una comunión de amor.He comentado más veces en este blog el amor al enemigo.
Hoy quiero insistir en el amor de amigos y de enamorados, dentro de una comunidad de amor, conforme a la palabra de Jesús en el evangelio de Juan: Amaos unos a los otros, como yo os he amado… (Jn 13, 34).
El amor al enemigo cesará, cuando no existan enemigos, pero el amor a los amigos-hermanos durará por siempre, a modo de comunión de Dios, hasta el fin de los tiempos.
| X. Pikaza
TEXTO.
Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará.
Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»Juan 13, 31-33a. 34-35.
Preguntas, reflexión pevia
‒ ¿Quién habla en este texto? ¿Quién dice “como yo os he amado”: Jesús histórico o el Cristo de Pascua? ‒ ¿Cómo amó Jesús? ¿Cómo se relaciona su amor con el Dios? ¿Cómo entender su amor en relación con la justicia y con la libertad? ‒ ¿Cómo vivir en la Iglesia el amor de Jesús? ¿Qué cambios exige la experiencia de amor en la Iglesia y en la sociedad? ¿Cómo entender desde el amor la necesaria reforma de la Iglesia, la sinodalidad que propone el Papa Francisco? ‒ ¿Cómo entender y vivir ese amor fuera de la iglesia?
— Jn 13, 34 forma parte del último nivel de redacción de Jn, es quizá posterior al mismo capítulo final del evangelio (Jn 21). Forma parte de eso que muchos investigadores llaman en “estrato 3”, compuesto y/o añadido al “cuerpo de Jn” en el estadio final de la fijación del texto, en un momento en que la Comunidad del Discípulo Amado está “enfrentándose” con dos grandes tareas (y) o riesgos:
La Comunidad del Discípulo Amado está entrando en contacto con la Gran Iglesia, ajustando por eso, su teología y su visión de Jesús con la visión de las comunidades “oficiales”, vinculadas a Pedro (Jesús es el Verbo Encarnado, la Iglesia es una institución abierta…).
La Comunidad está corriendo el riesgo de dividirse (o, mejor dicho, se está dividiendo de hecho), de manera que los que se vinculan con la Gran Iglesia (los transmisores de nuestro texto actual de Jn) debe insistir en la necesidad del “amor mutuo” (un amor que se expresa en forma de vinculación con la comunidad, de permanencia en ella).
— Pero el hecho de que el texto de Jn 13, 34 sea quizá la “glosa” de un comentarista posterior del evangelio (si así quiere llamarse) no significa que tenga poca importancia, sino todo lo contrario. El glosista ha querido insistir en algo que está en el fondo de la vida de Jesús: Él ha sido un Mesías de Amor.
Jesús puede y debe presentarse como aquel que ha amado a los suyos hasta el extremo, en donación total, a fin de que todos formemos una “república de amigos”, si es que vale esta palabra… Re-pública significa “cosa pública”. Público y fuerte ha de ser el amor de los cristianos, como seguiré indicando en los nueve números que siguen.
COMO YO OS HE AMADO. PALABRA PASCUAL
— Por todo lo dicho, ésta no parece (no puede ser) una palabra directa del Jesús histórico, sino que proviene del Jesús resucitado, que se revela en la Iglesia como fuente y principio de amor, en la tradición del Discípulo Amado. Aquí se funda la “república cristiana”, en el amor de Jesús que vincula a sus amigos. Ésta es precisamente la experiencia de Pascua: Jesús, Hijo de Dios ama a los suyos y crea “con” (desde) ellos una comunión de amigos.
— Ciertamente, el Jesús de la historia amó a la gente de manera intensa, ofreciendo a los pobres, pecadores y excluidos el Reino de Dios… Más aún, es evidente que sus discípulos se sintieron amados por él, y así le han recordado por la pascua. Más todavía, Jesús ofreció a sus discípulos dos “mandamientos” fundamentales sobre el amor: (a) Uno sobre el amor a los enemigos; (b) y otro sobre el amor a Dios y el amor al prójimo.
— Pero debemos añadir que él no anduvo por ahí diciendo, como recoge tras la pascua esta glosa final del evangelio de Juan: ¡Amaos unos a los otros como yo os he amado! Esta palabra parece una reflexión y síntesis pascual de su proyecto de su presencia entre los hombres.
CÓMO AMÓ EL JESÚS HISTÓRICO
— El hecho de que esa palabra (como yo os he amado, así amaos vosotros…) no sea histórica sino pascual no le quita valor, sino que se lo añade, pues ella ha servido para interpretar y condensar toda la vida de Jesús (sus palabras y sus gestos) en clave de amor.
— Cuando sus discípulos recuerdan a Jesús le recuerdan como un “hombre” de amor, como un testigo de la misericordia de Dios, no sólo por sus palabras, sino y sobre por sus hechos, por toda su trayectoria mesiánica.
— Más aún, los discípulos recuerdan su muerte como un “gesto” de amor; no como un fracaso mesiánico (como pudo haber sido en un sentido), sino como la expresión suprema del amor de Dios, que se expresa en su entrega, que no es un sacrificio como expresión de violencia y venganza sino como gesto de gratuidad activa, al servicio del Reino.
EL TESTIMONIO DE UN EXTRAÑO: FLAVIO JOSEFO
— El testimonio más fuerte del amor de Jesús lo ofrece quizá un historiador judío, llamado Flavio Josefo, quien hacia el año 90 escribió un famoso testimonio sobre Jesús, a quien presenta como “hombre de amor”. Éste es el famoso testimonio “flaviano” donde Flavio Josefo ofrece su visión de Jesús, que es como sigue:
Apareció en este tiempo Jesús (en tiempos de Poncio Pilato). Fue autor de hechos sorprendentes; maestro de personas que reciben con gusto reciben la verdad. Muchos, tanto judíos como griegos, le siguieron. Algunos de nuestros hombres más eminentes le acusaron ante Pilato. Este lo condenó a la cruz. Sin embargo, aquellos que antes lo habían amado, no dejaron de hacerlo después. Y hasta hoy, la tribu de los cristianos, que le debe este nombre, no ha desaparecido (Ant. XVIII, 63-4). Leer más…
Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.
Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.
El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.
Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada.
no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.
Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.
Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.
Nuevos Miembros
Para unirse a este grupo es necesario REGISTRARSE y OBLIGATORIO dejar en el FORO un primer mensaje de saludo y presentación al resto de miembros.
Por favor, no lo olvidéis, ni tampoco indicar vuestros motivos en las solicitudes de incorporación.
Comentarios recientes