Se cumplen 25 años desde que Juan Pablo II condenó el Orgullo Gay
En unos días se cumplirán 25 años de la primera vez que un Papa condenó el Orgullo Gay. Fue Juan Pablo II quien, mientras el Vaticano encubría a Marcial Maciel, el mayor delincuente pederasta y negaba los delitos sexuales perpetrados por miles de sacerdotes sobre niños y adolescentes, se permitió el lujo de condenar el Orgullo.
Fue en el Ángelus del 9 de julio del 2000, condenando «las conocidas manifestaciones que han tenido lugar en Roma durante los días pasados» manifestando amargamente su LGTBIfobia por la «afrenta al Jubileo» de ese año y los valores cristianos.
El Papa Juan Pablo II criticó con palabras indecentes la Manifestación del Orgullo que tuvo lugar en Roma durante el Año Santo, durante el rezo del Ángelus el 9 de julio del año 2000. Estas fueron sus palabras:
«… creo que es necesario aludir a las conocidas manifestaciones que han tenido lugar en Roma durante los días pasados.
En nombre de la Iglesia de Roma no puedo por menos de expresar mi amargura por la afrenta hecha al gran jubileo del año 2000 y por la ofensa a los valores cristianos de una ciudad tan querida para el corazón de los católicos de todo el mundo.
La Iglesia no puede callar la verdad, porque faltaría a su fidelidad a Dios Creador y no ayudaría a discernir lo que está bien de lo que está mal.
A este propósito, quisiera limitarme a leer lo que dice el Catecismo de la Iglesia católica, que, después de afirmar que los actos homosexuales son contrarios a la ley natural, prosigue así: «Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición» (n. 2358)».
Y que este personaje esté en los altares… Una vergüenza, una inmensa vergüenza…
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