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7.11.21. DOM 32. Religión de Escribas, Religión de Viudas (Mc 12, 38-44)

Domingo, 7 de noviembre de 2021

20190110-Dios-o-el-dinero-mockup-final.1jpgDel blog de Xabier Pikaza:

Escribas son en general los expertos en escritura, los funcionarios de tipo político, social, cultural y religioso, que interpretan textos y aplican leyes, organizando así la vida económico-social. Empiezan siendo “administradores” buenos del capital humano (social, político, religioso)y terminan convirtiéndose en dueños, no sólo del capital, sino de las personas.

Según el evangelio de este domingo, esos escribas-funcionarios se han vuelto ministros, ejecutores y jueces de la religión, los que están en la cúpula del capital religiosos, como la primera y más importante de las “castas sociales”, con poder/dominio social y espiritual sobre el conjunto de la población.

Viudas son, en principio, las mujeres desamparadas (sin capacidad económica, ni derecho social: Sin padre, marido o hijo o conjunto social que las defienda). En la Biblia, ellas forman un tipo de “subclase”, con los huérfanos y extranjeros (sin ley que les defienda). Por eso, cuando el evangelio habla de la viuda se está refiriendo a todos excluidos, descartados y pobres de la sociedad.

Este evangelio ejemplifica la religión en estos dos personajes: Un escriba y una viuda. Al aprovecharse de la viuda (del huérfano, extranjero, pobre etc.) para así hacer carrera religiosa), el escriba (funcionario religioso) se convierte en enemigo principal y destructor de la religión. Esta es la paradoja: Como todo grupo social, la religión necesita un tipo de funcionarios (escribas, sacerdotes, expertos…); pues bien, aquellos mismos que debían estar al servicio de  la religión de todos la acaban destruyendo la acaban destruyendo, al servicio de sí mismos.

Así dice en este evangelio. Pero, en contra del escriba (funcionario religioso), Jesús se fija en una viuda (de la “clase” más baja de los de huérfanos, extranjeros, pobres…) que aparece como representante de la los verdaderos religión, “salvadora” del mundo. Así lo indicare, comentado en tres partes este evangelio: presentación del tema, profundización y aplicación más teológica.

PRESENTACIÓN. LECTURA DE MC12, 38-44

Mc 12, 38 En su enseñanza decía también: Tened cuidado con los escribas, a quienes gusta pasear con largos vestidos y ser saludados en las plazas 39 Buscan las primeras cátedras en las sinagogas y los primeros asientos en los banquetes. 40 Estos, que devoran las casas de las viudas con el pretexto de largas oraciones, tendrán un juicio muy riguroso.

 41 Y estando sentado frente gazofilacio (=al lugar de las ofrendas), observaba cómo la gente iba echando dinero en el gazofilacio. Muchos ricos depositaban en cantidad. 42 Pero llegó una viuda pobre, que echó dos moneditas (leptá), que son dos cuartos. 43 Jesús llamó entonces a sus discípulos y les dijo: Os aseguro que esa viuda pobre ha echado en el gazofilacio más que todos los demás. 44 Pues todos han echado de lo que les sobraba; ella, en cambio, ha echado de su carencia, toda su vida.(cf. Dios y dinero)

Sentido básico

 Relato complejo y duro, esperanzado y exigente, que forma como cruz y cara de una misma enseñanza mesiánica. Hay un tipo de judaísmo (y cristianismo) está reflejado en los escribas, que viven a costa de su pretendida religión, oprimiendo a los demás. Y hay otro tipo de judaísmo y de religión o humanidad universal, que se expresa en la viuda que entrega lo que tiene, convirtiéndose en parábola viviente de Jesús. Consta de dos textos complementarios:

– Un texto critica a los escribas, que pretenden ser representantes del mesianismo de David (12, 38-40), pero que sólo buscan sus ventajas y poder de grupo. No ofrecen su vida, no se hacen pan como Jesús, sino al contrario: viven del aplauso de los otros y devoran la casa de las viudas.

– Otro alaba a una viuda (12, 41-44) que aparece como el signo más perfecto de Jesús a quien el texto anterior ha llamado señor de David. No es Señor porque tiene poder para imponer sino, al contrario, porque entrega todo lo que tiene.

1.- Diatriba contra los escribas (12, 38-40).

 Su signo distintivo es la búsqueda de prestigio, interpretado como poderío. Precisamente ellos, hombres del libro, han convertido su saber (leen la Escritura, interpretan la Ley) en fuente de dominio sobre los demás. Así aparecen como representantes de la imposición sagrada: ellos expresan la patología de lo religioso, que aparece cuando un grupo utiliza su autoridad cultural, religiosa, política, social en beneficio propio.

El poder de este escriba judío (judeo-cristiana) no es en principio de tipo militar (no brota de las armas), económico (tampoco proviene en principio del dinero) o administrativo. Los escriban poseen y cultivan un poderío religioso/administrativo, fundado en la pretendida sabiduría (conocen el Libro) y en la apariencia de religión, propia de aquellos que “oran” (dicen tener relación con Dios) para provecho propio. Por eso, al fin, sin querer fundarse en el dinero, los escribas terminan haciéndose ricos, a costa de los pobres (viudas, huérfano…). Estos son sus signos:

— Largos vestidos (stolais: Mc 12, 38). No son nada en sí, no se sienten seguros en sí mismos; por eso necesitan crear una apariencia. Viven de fachada, enmascarados dentrás de unas telas y adornos que les sirven para distinguirse de los otros e imponerles su dominio. En ellos critica Jesús la mentira de las vestiduras sagradas que la Ley israelita (y las costumbres rituales de muchas iglesias, incluidas las cristianas) han preceptuado para sacerdotes y ministros religiosos. Jesús la condena como expresión de poder falso (que estaría en la línea de las purezas nacionales de 7, 3-5).

— Saludos en las plazas (12, 38). La religión les convierte en funcionarios y ellos la pervierten, haciéndola principio de autoridad pública: utilizan el Libro para representar su teatro de prestigios. Quieren ser (hacerse honrar) sobre las bases de un conocimiento religioso que utilizan para así imponerse sobre los demás. Es evidente que no viven para crear comunidad sino al contrario, para elevarse sobre ella.

‒ Las primeras cátedras (prôtokakhedrias) en las sinagogas (12, 39). Pasamos de la calle a la casa, de la plaza al recinto donde se reunen los creyentes. También en ese espacio imponen su dominio los escribas, convirtiendo el lugar comunitario de estudio y plegaria en medio para imponerse sobre los demás. Así buscan las primeras cátedras para controlar o dirigir desde allí a los inferiores, imponiéndoles su ley.

— Los primeros asientos (prôtoklisias) en los banquetes (12, 39). Jesús invitaba a comer a los demás, en grupos fraternos, ofreciéndoles los panes y los peces de su propio grupo. En contra de eso, los escribas se aprovechan de su religión (su dominio del Libro) para comer a costa de los otros. No forman iglesia, no crean verdadera comunión, sino que emplean su pretendida superioridad para vivir a costa de los demás.

 Esta es la consecuencia: ¡Devoran las casas de las viudas con pretexto de largas oraciones! (12, 40). El teatro de apariencias (vestidos, saludos, privilegios en sinagogas y mesas) se ha vuelto principio de muerte. Quien empieza aparentando de aquel modo acaba destruyendo (matando) a los más pobres.

 Ésta es la iniquidad que Mc 3, 29 interpretaba como blasfemia contra el Espíritu Santo (impedir la curación de los posesos) y Mc 9,42-47 como escándalo contra los pequeños (aprovecharse de ellos). Estos escribas de los libros de Dios, profesionales de la religión, jerarcas de la iglesia judía (o cristiana), se han vuelto principio de opres´n y muerte.

El evangelio había vinculado la oración con la misión salvadora (1, 35-39), la expulsión de los demonios (9, 29) y el perdón interhumano (11, 25). En todos estos casos, el encuentro con Dios se explicitaba en forma de comunicación, creadora de familia. En contra de eso, los escribas judíos (y quizá los cristianos que Mc critica) utilizan la oración para su servicio, se aprovechan de Dios para imponerse a los demás: comen de las viudas. Han pervertido la religión, son cueva de bandidos (cf.11, 17). (tomado de Evangelio de Marcos)

2.- Parábola de la viuda (12, 41-44).

 Invirtiendo el tema anterior, la diatriba contra los escribas se vuelve enseñanza parabólica a favor de las viudas (de los pobres en  general). Jesús se sienta ante el gazofilacio o “banco” donde los creyentes depositan las ofrendas voluntarias, planteando nuevamente el tema del dinero, esto es, de la utilización pública del dinero.

 El gazofilacio es signo de los bienes ofrecidos a Dios, es decir, para servicio de los pobres (de la obra social de la religión, de la administración). En este contexto vuelven a presentarse los escribas importantes, convertidos ya en ricos, por ser administradores del dinero social o religioso.  Ellos viven (medran, aparecen como representantes de la religión y de la sociedad aprovechándose del dinero de las viudas y los pobres(12, 42-44),

  La viuda es por definición una mujer que ha perdido su medio de vida (marido, hijos), que tiene familia que pueda sustentarla, apareciendo así como equivalente al huérfano (niño abandona)  al extranjero (mayor abandonado, también sin derech social). Parece que la viuda debería volverse egoísta, buscando su seguridad, una pensión de vejez, medios para subsistir como persona. Pues bien, ella se olvida de sí misma, piensa en los demás y entrega lo que tiene, poniéndose en manos de Dios, es decir, en manos de la administración para bien de todos.

 Frente a los escribas que comen de los demás, frente a los ricos que dan por apariencia, Jesús la presenta como signo de Dios sobre la tierra: es el símbolo supremo de su mesianismo, modelo de la iglesia, en la línea de la mujer del vaso de alabastro de de Mc 14, 3-9. Ella es el verdadero Israel como familia que se va construyendo en gratuidad, allí donde alguien da su vida en don para los otros. Jesús no ha querido el dinero del rico de 10, 21; tampoco ha definido su postura frente a los impuestos imperiales (12, 13-18). Pero ahora ha destacado las dos moneditas de la viuda, convertidas en signo de entrega de la vida. Ella ha confiado en Dios; evidentemente confía en una comunidad en cuyas manos (en cuyo gazofilacio o caja de dinero) pone todo lo que tiene; así aparece como signo del reino

PROFUNDIZACIÓN. RELECTURA DE MC 12, 38-44

   Entre los dos polos  que acabo de indicar (escribas avaros y viuda pobre que da todo) sitúa Jesús a sus discípulos, ofreciéndoles una visión comprometida de su tarea eclesial (social, económica).

 Perversión de los escribas (12, 38-40).

Un signo especial de los escribas (judíos y/o cristianos) es la búsqueda de prestigio, interpretado como poderío. Precisamente ellos, hombres del libro (de conocimiento, de autoridad), tienden a convertir su saber en fuente de dominio y así aparecen como representantes de laimposición sagrada:patología religiosa, que aparece cuando un grupo utiliza su ascendiente sacral en beneficio propio. El poder que ellos tienen no es de tipo militar (no brota de las armas), ni puramente económico (no proviene directamente del dinero) o administrativo, sino social religioso, fundado en su pretendida sabiduría (conocen el Libro) y religión (dicen tener relación con Dios), para provecho propio.

En su enseñanza decía también: Tened cuidado con los escribas, a quienes gusta pasear con largos vestidos y ser saludados en las plazas. Buscan las primeras cátedras en las sinagogas y los primeros asientos en los banquetes. Estos, que devoran las casas de las viudas con el pretexto de largas oraciones, tendrán un juicio muy riguroso (Mc 12, 38-40).

 Estos escribas (judíos o cristianos) cultivan una religión de honores y apariencias, que desemboca en la opresión económica y social de los pobres, pues el pasaje termina diciendo que ¡devoran las casas de las viudas con pretexto de largas oraciones! (12, 40). La búsqueda de formas externas (vestidos, saludos, privilegios en sinagogas y mesas) se ha vuelto principio de violencia económica: quien empieza aparentando de ese modo acaba destruyendo (robando) a los pobres e indefensos. Ésta es la iniquidad que Mc 3, 29 había interpretaba como blasfemia contra el Espíritu Santo (impedir la curación de los posesos) y 9,42-47 como escándalo contra los pequeños (aprovecharse de ellos).

Estos escribas, profesionales de una iglesia “económica” (judía o cristiana), se han vuelto portadores de muerte, auténticos ladrones, pues devoran las casas de las viudas, convirtiendo así la religión en cueva de bandidos (cf. 11, 17), ostentación (enfermedad) religiosa, en principio de dominio que se expresa en dos formas complementarias: aparentar ante Dios y aprovecharse de los otros.

‒ Ellos no entienden la religión como libertad y servicio, sino como dominio sobre los demás, pensando que el conocimiento de la Ley (de la que se creen de alguna forma dueños) les da derecho para vivir a costa de los demás. Por eso aprovechan los banquetes de los ricos y, lo que es más grave, devoran la poca riqueza de los pobres (viudas). Son profesionales de una iglesia convertida en fuente de opresión y dominio, que quizá abundaban en tiempo de Jesús, pero que también pueden/suelen multiplicarse en la actualidad, allí donde una estructura eclesial (incluso cristiana) convierte su autoridad en ostentación al servicio propio.

Ellos se imponen por encima de los pobres, y utilizan los bienes de los fieles al servicio de sus intereses. De esa forma se vinculan con los ricos falsamente piadosos que manejan la religión para justificar su injusticia, sentando en su mesa a esos escribas, para así aparecer como protectores de la religión, hombres devotos que sostienen el culto y clero con donaciones ostentosas. Esta simbiosis de riqueza y religión aparece criticada aquí con fuerza por Jesús, y podemos añadir que los culpables principales (directamente desenmascarados en el texto) no son los ricos, sino los escribas, que apoyan a los ricos y se aprovechan de ellos.

‒ Devoran las casas de las viudas…, es decir, de las personas piadosas que no pueden defenderse por sí mismas y que buscan su ayuda, porque confían en ellos. Pero en vez de proteger a las viudas, ellos devoran sus casas, aprovechándose de ellas. Elaboran de esa forma un tipo de piedad que sirve para oprimir a los pobres y aprovecharse de sus bienes con excusas de piedad y servicio religioso. Pues bien, ellas, las viudas devoradas por los escribas ricos, son el signo de Jesús, a quien terminarán condenando los mismos escribas. Su pecado no es de tipo sexual (aprovecharse afectivamente de las viudas), sino económico: Devorar sus bienes, vivir a costa de ellas, convirtiendo así la religión en forma de utilización de los demás.

La viuda pobre

Expandiendo el tema anterior, la diatriba contra los escribas se vuelve enseñanza parabólica. Jesús se sienta ante el gazofilacio o depósito donde los creyentes depositan las ofrendas voluntarias, y plantea el tema del dinero, no en clave de impuesto obligatorio y discutido (cf. 12, 13-17) sino como participación voluntaria en las cargas de la administración comunitaria, con fines religiosos.

En el fondo está la imagen del tesoro donde los judíos ofrecen sus dones, en un templo cuya economía cuya economía (la economía de la sociedad, el capital de las grandes empresas) debía estar al servicio de los pobres, pero que de hecho se ha convertido en cueva de ladrones (cf. Mc 11, 15-17). Marcos amplía aquí esa imagen: el gazofilacio es signo de los bienes ofrecidos a Dios, es decir, para servicio de los pobres. En este contexto pasamos de los escribas importantes, ansiosos de honor, a los ricos que pueden invertir un dinero que les sobra al servicio de sus pretensiones de prestigio religioso (12, 41). Frente a ellos sitúa Marcos a la viuda que entrega su bios(12, 42-44), lo que necesita para vivir.

 Y estando sentado frente gazofilacio (=al lugar de las ofrendas), observaba cómo la gente iba echando dinero en el gazofilacio. Muchos ricos depositaban en cantidad. Pero llegó una viuda pobre, que echó dos moneditas (leptá), que son dos cuartos. Jesús llamó entonces a sus discípulos y les dijo: Os aseguro que esa viuda pobre ha echado en el gazofilacio más que todos los demás. Pues todos han echado de lo que les sobraba; ella, en cambio, ha echado de su carencia, toda su vida (Mc 12, 41-44).

El gazofilacio, que es como un arca o caja de caudales donde vienen a ponerse las ofrendas, impuestos y dineros de la sociedad. Jesús ha estado ya en los patios de ese templo, condenando su estructura económico-sacral (Mc 11,15-19). Pero, como homenaje o monumento ejemplar a los valores no oficiales de ese templo, que ha sido para muchos un signo de gracia, abierta al mesianismo del amor, ha presentado Marcos a esta viuda que entrega a su tesoro (que ella piensa que se emplea para culto de Dios y servicio de otros pobres) todo lo que tiene. En contra del escriba que pervierte la religión haciéndola mentira para su provecho, ella la entiende y cumple como ejercicio de gratuidad:

‒ Los escribas de Mc 12,38-40 representaban la anti-religión: han pervertido el espíritu y letra de la ley, como indicaban los textos arriba señalados. En contra de ellos ha situado este pasaje (12,41-44) a la viuda más necesitada, que no aparece ya como en Sant 1,27 (o Mc 12,38-40) en actitud pasiva, esperando que otros vengan y le ayuden, sino en gesto activo, dando todo lo que tiene. Frente a los ricos, que entregan con ostentación aquello que les sobra, ella ha puesto en manos de Dios su vida entera

La viuda pobre es quien más ofrece, su dinero es el más alto dinero, pues todos dan de aquello que les sobra, y ella en cambio da lo que necesita, su vida entera (12,43-4) No aparece como discípula expresa de Jesús no necesita que le curen para levantarse y seguirle en el camino como Bartimeo (10,46-52) Pero en su misma pobreza, sin ser profesional de la Escritura (en contra de los escribas), ella se eleva ante Jesús como signo de Dios, participante de su reino

Esta viuda realiza así la verdad del nuevo templo que Jesús estaba buscando en Mc 11,15-19, pues sabe ya que la casa de Dios es casa de oración y de confianza para todos los pueblos, apareciendo así como el signo más profundo de Jesús, que ha encontrado en la tierra viudas como ella, mujeres generosas que saben servir y ayudar a los demás, en la línea de la suegra de Simón en Mc 1, 29-39 y de la profetisa de la unción (14,3-9). Jesús no ha tenido que enseñarle su doctrina, pues ella la sabe desde siempre y la cumple, apareciendo así como ejemplo para todos.

 Muchos escribas han convertido la Escritura en propiedad particular y la utilizan para dominar a los demás. Pero hay viudas y pobres que han asumido el mensaje mesiánico, abriendo así un camino de evangelio. Condenarán a Jesús los escribas (con sacerdotes y ancianos), pero el verdadero Israel de la promesa de Dios está representado y realizado por aquellos que son como esta viuda, que da todo lo que tiene (la vida entera) para gloria de Dios, es decir, para que los otros vivan. Con esta imagen termina la vida pública de Jesús. Frente a los ricos que regalan ostentosamente aquello que les sobra, esta mujer pone en manos de Dios toda su vida[1].

Frente a los escribas, que devoran las casas de las viudas, frente a los ricos que convierten la religión en apariencia, Jesús presenta a esta viuda como signo de la iglesia mesiánica: símbolo supremo de su mesianismo, modelo de vida en gratuidad. Él no ha querido el dinero del rico de Mc10, 21; tampoco ha definido su postura frente a los impuestos imperiales (12, 13-18). Sin embargo, él ha valorado mucho las dos moneditas de la viuda, convertidas en signo de entrega de la vida.

UNA EVOCACIÓN. DIOS VIUDO, DIOS DE LAS VIUDAS

 El Dios de este pasaje no está en la línea del clérigo/escriba. No lee los libros para ser más sabio que los otros, ni interpreta la religión desde su altura, para elevarse así sobre los pobres. No vive de apariencias, ni de honores, no busca compensaciones, no hace negocios con su divinidad, ni oprime con su grandeza a las viudas.

Es un Dios misterioso al que no podemos definir, pues no sabemos cómo actúa. No quiere justificarse, ni imponerse, no sale siempre con la suya. Simbólicamente (¡todo es aquí símbolo!), el texto dice que es un Dios/mujer a la que se le ha muerto el marido (o se le ha ido, dejándola sola); es un Dios sin hijos (o se le han muerto los hijos). Y así se encuentra sola, pero es capaz de dar todo lo que tiene, lo que es, su propia vida.

Es un Dios/Viuda, pero está al comienzo de la vida. Es un Dios que no tiene nada, porque lo esta dando todo, siempre.

Dios es viuda amorosa que da todo (se da ella misma), no es un rico lleno de argumentos y apariencias. Los ricos dan lo que les sobra, para así aparentar y dominar mejor a los pobres, a través de sus limosnas. Tocan la campana, publican sus “regalos” en los periódicos. Viven así de la apariencia del dar, llenos de argumentos y razones. Pueden poseer grandes fortunas, millones y millones que invierten en negocios “religiosos”, es decir, para provecho de sí mismos.

El Dios de este pasaje no está con los ricos que dan mucho dinero. El verdadero Dios no tiene nada que dar fuera de sí: no tiene riquezas exteriores para aparentar, no calcula con argumentos y razones lo que hace, para bien de sí mismo. Este Dios es el más pobre: sólo se tiene a sí mismo, no domina sobre nadie y, sin embargo, se da: da lo que tiene, se da a sí mismo, sin más finalidad que el dar, el darse, porque el don es la riqueza y transparencia de la vida.

Ese Dios/Pobre no es un Dios miseria, que lleva a todos al hambre, sino que es el Dios/Riqueza, porque da, se da a sí mismo. Donde mandan e imponen su lógica los sabios/ricos el mundo se acaba. Pero allí donde hay personas como esta viuda que dan lo que son, el mundo empieza: comienza aquí un mundo de abundancia nueva, que vida de amor compartida. Esta viuda pobre es la más rica de todos los ricos: es promesa de abundancia.

Las viudas son “Dios”, por eso son Iglesia

 La tradición israelita (de Éxodo y Deuteronomio) pide que la comunidad ayude a huérfanos/viudas/extranjeros). Así podemos y debemos decir que Dios es “amigo y protector de viudas”; debemos añadir que “no están las viudas para la Iglesia, sino la Iglesia para las viudas”. En esa línea tenemos a un Dios fuerte y a una Iglesia fuerte, capaz de crear instituciones al servicio de huérfanos, viudas y pobres.

Eso es bueno. Pero nuestro texto ha dado otro paso y dice algo más hondo: los que “dan” de verdad no son los ricos/clérigos a las pobres/viudas, sino al revés: los que enriquecen a los demás, los que “sostienen el mundo”, son aquellos hombres y mujeres que se dan a sí mismos, dando las dos últimas monedas que tienen (que les quedan).

Este Dios/Pobre, este Dios/Viuda es el más poderoso, desde su pobreza de amor. Así lo muestra la imagen anterior, donde se supone que la mujer de la unción de Mc 14, 3-9 es la viuda de nuestro pasaje: ella da a Jesús todo lo que tiene, ungiéndole con el aceite del amor y de la vida, para que realice su tarea de evangelio.

La “riqueza del mundo”, la riqueza de Dios, no son los escribas/clérigos que dan buenas doctrinas y consejos (para engrandecerse a sí mismos), ni los ricos/aparentes que invierten inmensas fortunas en el templo religioso o social (para seguir enriqueciéndose). La verdadera riqueza, la fortuna y la gracia de Dios (Dios mismo) es esta viuda que se da a sí misma, dando todo lo que tiene.

Las viudas como ésta son las que crean la iglesia: las viudas y los pobres, los extranjeros y huérfanos… Ellos, sólo ellos, desde su gratuidad, dando lo que son (dándose a sí mismos) pueden crear verdadera humanidad, verdadera iglesia. Ellos pueden ser y son amor generoso, que no vive de la pura nostalgia del pasado y del deseo de revancha, sino del don de la vida, don gratuito, total, del don que es pura gracia y que pone en marcha el camino mesiánico de la humanidad. Aquí sucede el milagro, aquí se revela Dios: surge la vida, la nueva creación.

Sólo desde aquí, desde esta viuda que se da a sí misma, generosamente, sin apariencias ni deseos de poder, se puede hablar del nuevo amor, del amor gratuito, que pone en marcha todo; los nuevos amores enamorados, las nuevas maternidades, la nueva comunión creyente, fundada en el amor, no en el saber de los privilegiados (escribas), ni en el poder de los potentados (ricos aparentes).

Conclusión. El gazofilacio (el “banco” de Dios).

 Los escribas sostienen el gran templo del sistema con su sabiduría vendida al poder. Los ricos millonarios sostienen también el gran sistema con sus inmensas fortunas, al servicio de su grandeza. No dan “limosnas” por gracia de Dios, sino que invierten saberes y poderes, para así sostenerse a sí mismos, para edificar su templo del poder, un templo que Jesús interpretó como “cuerva de bandidos” (en la escena de la “expulsión” de los mercaderes: cf. Mc 11, 15). Dios no tiene esos saberes, ni tiene esas fortunas.

Por el contrario, nuestra viuda (que en la imagen aparece con hijos), da lo es ella misma, se dan con sus hijos, poniendo lo que tiene (lo que es) al servicio de la vida. El Dios del evangelio es puramente gracia y se hace presente en el mundo como gracias, a través de esa viuda.

Desde aquí se entiende el sentido del gazofilacio, que era el lugar de las ofrendas del templo de Jerusalén. Para los ricos/escribas era un lugar de intercambio: para comprar a Dios, para organizar su mundo. Le gazofilacio de la viuda es el mismo don de la vida, que da lo que tiene, lo es, por los demás: para edificar así comuniòn, para crear el verdadero mundo de la vida.

Queda abierta la inmensa pregunta: ¿Por qué esta viuda es Dios? ¿No hubiera sido mejor que este “Dios” no fuera viuda, sino joven enamorada, llena de promesas de vida? ¿No hubiera sido mejor que “Dios” fuera una mujer/madre, acompañada por su marido, educando a siete buenos que forman a su lado la esperanza del futuro? ¿No sería mejor…que Dios fuera rico-rico, multi-supra-millonario capaz de enriquecer con mil millones a cada persona del mundo?

Ciertamente, el evangelio habla también del “Dios” de la muchacha enamorada y de la madre generosa, del escriba sabio (Mt 13, 52) o de los ricos generosos que dan da comer a los pobres (Mt 25, 31-46).   Pero, en sentido radical, el Dios del evangelio, el Dios/Iglesia se identifica con esta viuda, una mujer que se da a sí misma. Pues bien, sólo desde este Dios/Viuda se podrá hablar también del Dios/Enamorada, del Dios Esposa y Madre…, del Dios/Comunión donde cabemos todos.

Si Dios estuviera sólo en las felices enamoradas correspondidas y en las fecundas madres de muchos hijos, con maridos ricos (cf. Canto de Ana, 1 Sal2)… sería un Dios parcial y partidista, habría abandonado a las viudas y pobres. Por el contrario, el Dios de este pasaje, puede abrirse y se abre, desde las viudas y pobres, a todos los hombres y mujeres del mundo. Esta viuda pobre que da todo es el comienzo de una alegría mayor, de una vida compartida; es signo del milagro de Dios.

Desde los escribas/ricos no se puede hacer ya nada: son lo que son, pueden lo que pueden, construyen su sistema al servicio de sí mismos… y ya sabemos lo que es este sistema, con millones de viudas, huérfanos y expulsados, muriendo de hambre cada día. Pero desde esta viuda que da y comparte todo lo que tiene se puede comenzar la nueva creación, la nueva iglesia… A partir de aquí todo es soñar: ¿Soñamos en un mundo de viudas que dan, que se dan, porque están dispuestas a un nuevo amor, un amor distinto, gratuito, abierto al enamoramiento y a los hijos, a la solidaridad entre todos los hombres y muejres del mundo? ¿Soñamos en un mundo de pobres y huérfanos que dan, se da, aprenden a compartir…? ¿Soñamos de nuevo en un evangelio de los pobres?

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