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Archivo para Domingo, 25 de octubre de 2020

Amaos los unos a los otros. Como yo os he amado

Domingo, 25 de octubre de 2020

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Antes de la venida de Jesús, los imprecaciones de los profetas recordaban que los sacrificios no le agradaban o Dios y que era imposible darle culto sin un corazón humilde que no practicara la justicia con el prójimo   Un par de frases sólidas de los labios de Cristo nos bastan para que sepamos qué meditar y qué hacer hasta el final del mundo: “Os doy un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros. Como yo os he amado, así también amaos los unos o tos otros”. ¡Y es todo!

¿Por qué este mandamiento es nuevo? Antes de pronunciar estas palabras, a la pregunta: “Cual es el mandamiento mas importante de la Ley”, Jesús no hace otra cosa que recordar la Ley: “Amarás at Señor tu Dios, con todo tu corazón, con todo tu alma y con todo tu mente. Este es el primer mandamiento y el más importante. El segundo es semejante a éste: Amarás al prójimo como o ti mismo. En estos dos mandamientos se basó toda  la ‘Ley y los profetas’”. Después de recordar que en el Antiguo Testamento esté escrito:‘Amarás a tu prójimo, odiarás a tu enemigo”, “Ojo por ojo, diente por diente”, Jesús añade: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen; a quien os abofetee en la mejilla derecha presentadle también la otr”. Entiéndase: esto no es una aplicación, sino una consecuencia,

Lo nuevo en el mandamiento de amarnos unos a otros es, desde ahora, amar a nuestros hermanos como Jesús nos ama [..,]. Y aun hoy otro aspecto de este mandamiento del Señor, no siempre bien comprendido, sobre el que debemos reflexionar brevemente. En efecto, en el mandamiento de la Ley tenemos que amar al prójimo “como a ti mismo”. Se ha visto en esta  término uno especie de “minimización” del amor o los otros y casi la justificación de una solapada prudencia egoísta. Y ciertamente, no estamos obligados a amar o nuestros hermanos más que a nosotros mismos. No tenemos que pretender excesivas cosas con los otros, ya que es necesario empezar por nosotros mismos. Y se acaba con una filosofía de la vida muy mediocre y con una concepción muy humana y egoísta del amor al prójimo. El Señor repite este mandamiento y lo asume como propio .

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René Voillaume,
Con Jesús en el desierto, Brescio i969, 103ss

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En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:

“Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?”

Él le dijo:

“”Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.”Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.

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Mateo 22,34-40

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

“No olvidar lo esencial”. 30 Tiempo ordinario – A (Mateo 22,34-40)

Domingo, 25 de octubre de 2020

201110211226393d6463No era fácil para los contemporáneos de Jesús tener una visión clara de lo que constituía el núcleo de su religión. La gente sencilla se sentía perdida. Los escribas hablaban de seiscientos trece mandamientos contenidos en la ley. ¿Cómo orientarse en una red tan complicada de preceptos y prohibiciones? En algún momento, el planteamiento llegó hasta Jesús: ¿qué es lo más importante y decisivo? ¿Cuál es el mandamiento principal, el que puede dar sentido a los demás?

Jesús no se lo pensó dos veces y respondió recordando unas palabras que todos los judíos varones repetían diariamente al comienzo y al final del día: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». Él mismo había pronunciado aquella mañana estas palabras. A él le ayudaban a vivir centrado en Dios. Esto era lo primero para él.

Enseguida añadió algo que nadie le había preguntado: «El segundo mandato es: amarás a tu prójimo como a ti mismo». Nada hay más importante que estos dos mandamientos. Para Jesús son inseparables. No se puede amar a Dios y desentenderse del vecino.

A nosotros se nos ocurren muchas preguntas. ¿Qué es amar a Dios? ¿Cómo se puede amar a alguien a quien no es posible siquiera ver? Al hablar del amor a Dios, los hebreos no pensaban en los sentimientos que pueden nacer en nuestro corazón. La fe en Dios no consiste en un «estado de ánimo». Amar a Dios es sencillamente centrar la vida en él para vivirlo todo desde su voluntad.

Por eso añade Jesús el segundo mandamiento. No es posible amar a Dios y vivir olvidado de gente que sufre y a la que Dios ama tanto. No hay un «espacio sagrado» en el que podamos «entendernos» a solas con Dios, de espaldas a los demás. Un amor a Dios que olvida a sus hijos e hijas es una gran mentira.

La religión cristiana les resulta hoy a no pocos complicada y difícil de entender. Probablemente necesitamos en la Iglesia un proceso de concentración en lo esencial para desprendernos de añadidos secundarios y quedarnos con lo importante: amar a Dios con todas mis fuerzas y querer a los demás como me quiero a mí mismo.

José Antonio Pagola

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“Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo”. Domingo 25 de octubre de 2020. 30º domingo de tiempo ordinario.

Domingo, 25 de octubre de 2020

53-OrdinarioA30Leído en Koinonia:

Éxodo 22,20-26: Si explotáis a viudas y huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros.
Salmo responsorial: 17: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
1Tesalonicenses 1,5c-10:Abandonasteis los ídolos para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo.
Mateo 22,34-40: Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

Podríamos decir que hoy comenzamos la recta final del año litúrgico; esto significa que dentro de un mes estaremos finalizando un ciclo para dar inicio al siguiente. Nos vienen entonces de maravilla las lecturas de hoy para que desde ya comencemos a revisar nuestra vida de fe y cada una de nuestras acciones a lo largo de este año y para que nos preparemos de manera adecuada para vivir con más radicalidad y compromiso el año que viene. La frase clave del pasado domingo nos puede ayudar a entender con más precisión el mensaje de hoy y el de los próximos domingos. Escuchamos hace ocho días la bien conocida frase de Jesús: “den al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21). Centrémonos en lo que hay que dar a Dios; de este modo, lo que habría que “dar al césar” tendrá que ir disminuyendo cada día más y más, pues en la medida que vamos ampliando nuestra conciencia de ciudadanos/as del Reino, todo lo que somos y tenemos estará únicamente en función de ese proyecto de Reino que es la sociedad solidaria, igualitaria y fraterna; el “césar” y su sistema, tendrán que desaparecer, por fuerza. Y la manera práctica cómo Dios tiene en mente la creación de ese sistema humano social distinto al egipcio, lo expone maravillosamente en el Sinaí, en el contexto de la Alianza con su pueblo. Para ello se vale de tres figuras que simbolizan lo que NO es su proyecto: la viuda, como símbolo del más desvalido de los seres por no tener un macho que le de identidad; el forastero, por no tener un pedazo de tierra donde realizar su proyecto personal y familiar, y el que no posee nada y va de préstamo en préstamo, como símbolo del indigente. Si el seguidor de Yahveh pasa por alto estos tres extremos o declaradamente se aprovecha de su situación, o no hace nada por mejorarla (lo más común aún en nuestros días), él mismo está atrayendo sobre sí la desgracia por ir en contravía del proyecto de la justicia que es la esencia misma del proyecto de Dios que mueve todo el aparato liberador de Egipto. Nada más claro para ayudarnos a entender, además, el pasaje del evangelio que hoy escuchamos; Jesús sienta su posición respecto al camino que hay que seguir si se quiere estar en sintonía auténtica con el proyecto del Padre: no es el legalismo, no es la preocupación de si estamos o no cumpliendo este o aquel mandato; no se puede dudar: “ama a Dios por sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo”; en esto se resume toda la Revelación de Dios.

La legislación de Israel estaba orientada a mitigar los efectos del empobrecimiento de las grandes masas de campesinos. El exilio, el desplazamiento forzado por causa de la guerra, la usura… se convertían en una amenaza para la convivencia y, sobretodo, contradecían los fundamentos éticos del pueblo de Dios.

El «código de la alianza» hacía énfasis, no sólo en las rúbricas litúrgicas o en las orientaciones religiosas, sino en la protección de los sectores más vulnerables de la sociedad: forasteros, viudas, huérfanos, jornaleros y pobres en general. Los forasteros porque, en la mayoría de los casos, eran exiliados de la guerra que habían sufrido el desplazamiento forzado y llegaban a las tierras de Israel sin otro recurso que sus propias manos. La legislación recuerda los beneficios del éxodo y el cambio de situación del pueblo hebreo que pasó de la servidumbre a la libertad. Las viudas y los huérfanos estaban a merced de los parientes varones que detentaban el monopolio jurídico de la tierra. Los jornaleros estaban a merced de los terratenientes que les pagaban cuando se les venía en gana y no al terminar el día, como lo determinaba la Ley. El clamor de estas personas se convertía en una preocupación del Dios liberador que no podía dejar impune a los opresores, explotadores y usureros.

Un hombre del antiguo Israel, como Jesús, se sorprendería al ver que nuestra sociedad se basa en la usura. Para ellos, los exagerados intereses de una deuda eran una auténtica vergüenza. Y más se asustaría al saber que los grandes usureros gobiernan las políticas de los países y determinan quién vivirá satisfecho y cuantos millones de pobres morirán de hambre. La usura es, en la Biblia, un delito comparable sólo con el asesinato. La usura es la mayor amenaza para la gente pobre que se ve obligada a empeñar hasta la propia ropa para poder comer. La usura se origina en la injusta percepción de los valores sociales, pues la ambición y la acumulación se convierten en el objetivo de las relaciones sociales, quitándoles su carácter de gratuidad y solidaridad.

Esta situación queda consagrada igualmente en el plano internacional. Tan consagrada, que se considera «natural» la situación de sometimiento absoluto con el que las finanzas internacionales, impúdicamente especulativas, dominan la vida y el trabajo de las mayorías de los distintos países, mediante la subida y la bajada, casi enteramente caprichosa, de los intereses de «los mercados» internacionales. Hace unos años fue con la Deuda Externa: países enteros gravados con deudas que equivalían a muchas veces su producto nacional bruto anual… es decir, que debían todo lo que podían producir durante varios años, podríamos decir que de hecho se debían a sí mismos. Y todo ello, proviniendo de unos préstamos que habían sido ofrecidos a intereses bajísimos, pero «fluctuantes», intereses que una vez contraídas las deudas fueron internacionalmente alzados hasta un 18%, cuando a lo largo de la historia tales intereses nunca habían subido más allá de un 6%. En los préstamos personales sabemos cuándo unos intereses comienzan a ser usureros. ¿Por qué no se sabe en qué cifra de interés comienza la «usura» en el plano internacional? ¿No estamos viviendo una situación de usura en el sistema financiero internacional? Solemos pensar que el mundo civilizado y moderno es muy distinto de aquel mundo de masas pobres y de esclavos que no eran dueños de sí mismos, pero la diferencia no es tan grande: las grandes estructuras de injusticia son ahora mucho más complejas, sofisticadas y masivas.

 Pablo interpreta el paso de una mentalidad legalista y opresora, hacia una mentalidad creativa y liberadora, como un cambio de la idolatría al culto al Dios verdadero, al Dios de la Vida. Mientras los hebreos eran prisioneros de los interminables preceptos de la Ley (la escrita y la oral), los así llamados paganos eran esclavos de la incesante marea de modas de pensamiento y de religiones que les impedían descubrirse a sí mismos como esclavos de la idolatría del imperio. Pablo propone a los gentiles no una religión más, sino un nuevo estilo de vida donde el discernimiento, la gratuidad y la conciencia de ser libres constituía el fundamento de la relación con Dios y con el prójimo.

 El evangelio apunta, precisamente, en la misma dirección al mostrarnos que para Jesús, el fundamento de la relación con Dios y el prójimo es el amor solidario. Jesús sintetiza el decálogo y casi toda la legislación en su principio de amor fraternal y recíproco.

Los juristas gustaban de probar los conocimientos que Jesús tenía sobre la Ley. Para ellos el mandamiento más importante era la observancia del sábado. Ese día debían dedicarse por completo al reposo y a escuchar la lectura de la Escritura. Con el tiempo convirtieron esta ley en una carga que a duras penas soportaban los pobres.

El sábado había dejado de ser fiesta del Señor y se había convertido en un día lúgubre, lleno de prescripciones ridículas que impedían a las personas movilizarse, cocinar e incluso auxiliar al necesitado.

Cuando los juristas preguntan a Jesús por la ley más importante esperan que el cometa un error y se pronuncie contra la Ley misma. Jesús se les adelanta y les hace ver que en la Ley lo más importante es el amor a Dios y el amor al prójimo. El amor es el espíritu mismo de la legislación divina.

Al colocar estos dos mandamientos como el eje de toda la Escritura, Jesús pone en primer lugar la actitud filial con respecto a Dios y la solidaridad interhumana como los fundamentos de toda la vida religiosa. Incluso, la adecuada interpretación de la Escritura (la Ley y los Profetas) depende de que sean comprendidos y asumidos estos dos imperativos éticos.

Nosotros vivimos hoy en sociedades que tienen muchas más normas que el pueblo judío, incluso nuestras iglesias tienen extensas legislaciones. Vivimos también en un mundo que tiene muchísimos más millones de pobres oprimidos bajo la usura internacional, que los pobres oprimidos por los que clamaron los profetas. La Palabra de Jesús que hoy recordamos y actualizamos en nuestra celebración es una invitación a sacudir nuestra pasividad, a recuperar la indignación ética ante la situación intolerable de este mundo llamado moderno y civilizado, y a volver a lo esencial del Evangelio, al mandamiento principal, a los dos amores. Leer más…

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Dom 25 octubre. 30 T0 Amar a Dios y amar al prójimo. Éste es el credo y mandamiento. de la Iglesia

Domingo, 25 de octubre de 2020

amar-al-projimoDel blog de Xabier Pikaza:

El credo cristiano consta de dos artículos: Amar a Dios y amar al prójimo. No es aceptar una verdades o artículos de fe, sino confiar en el don (Dios) de la vida y amar a los demás hombres (que son prójimos), vinculado ambos principios en un tipo de simbiosis radical…Esa fe activa que defina la vida de los creyentes…

Esa era también también la fe radical del AT… pero un tipo de rabinismo había tendido a insistir en un tipo de “obras” de tipo ceremonial, sacral y religioso. Muchos cristianos han vuelto a insistir en algo parecido, en un tipo de “obras” religiosas y de prohibiciones de tipo moralista. Jesús, en cambio, no tiene (no enseña) más fe ni mandamiento que amar a Dios (fuente de vida) y al prójimo como a uno mismo (es decir, en comunión conmigo). Quien dice que cree y no vive la fe (no ama) se está mintiendo a sí mismo.

24.10.2020 | X.Pikaza

Un amor, dos amores que son uno, en el principio de la Iglesia 

Mc 12, 28-34 había presentado esta escena como diálogo de Jesús con un escriba que está cerca del Reino de los cielos, de manera que ambos, el fariseo y Jesús, iban en una misma línea. Pues bien, según Mateo, este fariseos es un  escriba experto en leyes (nomikos), y no viene para aprender o compartir un camino, sino para tentar a Jesús(22,35), como el Diablo de 4, 11, que actuaba también como experto en leyes, apelando a textos de Deuteronomio y Salmos. Este fariseo no quiere conocer y cumplir el mandamiento mayor, sino “cazar” a Jesús por su doctrina (cf. 22, 25), en una disputa que no busca el conocimiento y diálogo mutuo, sino el engaño y condena[1].

22 34 Y los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron todos a una, 35 y uno de ellos, que era experto en la Ley (escriba), le preguntó para ponerlo a prueba: 36 Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley? 37 Y él le dijo: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. 38 Éste es el mandamiento mayor y primero. 39 El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 En estos dos mandamientos se sostiene toda la Ley y los Profetas.

Éste es el primer credo cristiano, vinculado al credo israelita (y de alguna forma a la sahadamusulmana), que consta de dos artículos: el primero y más grande es amar a Dios; y el otro que es semejante, amar al prójimo. Se puede añadir que este doble mandamiento recoge la experiencia más profunda de la teología israelita, que se funda en el Shema (amar a Dios: Dt 6, 4-9; cf. también Dt 11, 13-21 y Num 15, 37-41) e incluye, en segundo lugar, el mandato de amar al prójimo, como propone Lev 19, 18 y otros textos semejantes.

Credo judío, credo universal. En esa línea, todo lo que dice este credo es judío, y puede ser aceptado por las religiones teístas que interpretan el amor como experiencia fundante de la vida. Este mandamiento se plantea desde el judaísmo, pero desborda sus fronteras[2].

‒ ¿Cuál es el mandamiento principal de la Ley? (22, 34-36). Ciertamente la pregunta es buena, aunque Mateo supone que ha sido preparada y formulada con malicia por los fariseos, que le siguen tentando (lo mismo que en el caso del tributo del César: 22, 15-16), mandándole a un maestro de la ley para que discuta con él. Pues bien, la malicia de la pregunta está en el hecho de que diversas escuelas judías discrepaban sobre el “primer” mandamiento y, sobre todo, en el hecho de que podía pensarse que Jesús no admitía el principio radical del judaísmo (confesar que Dios es uno), por dedicarse demasiado a la causa de los hombres (pareciendo a veces que por ayudar a los necesitados dejaba en un segundo plano a Dios).

Los fariseos que así preguntan son cuidadosos en cumplir los mandatos. Además, en contra de lo que suele decirse, su problema no está en que los mandatos sean numerosos (más tarde se dirá que hay 248 positivos y 365 negativos, en total 613), pues la mayoría resultaban obvios en aquella sociedad. El problema consistía en “organizarlos”, insistiendo en el más importante, y entendiendo los demás como una aplicación o consecuencia. En esa línea podían citarse maestros como Hilel que estaban cerca de Jesús (o viceversa)[3].

 ‒ No hay un solo mandamiento, sino dos (22, 37-39). Le piden que diga cuál el más grande (megalê), como si hubiera uno mayor, por encima de los demás, y él ha respondido que hay uno que es grande y primero (mega,lh kai. prw,th), para añadir inmediatamente que hay otro semejante(o`moi,a). (a) El grande y primero es amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón…, como dice el shema (escucha Israel, el Señor tu Dios es Uno…: Dt 6, 5), y en esa línea Jesús se muestra plenamente judío, pues mantiene el amor (=fidelidad) a Dios por encima de todas las cosas. (b) Pero Jesús añade que hay un segundo mandamiento, semejante (homoia): amarás a tu prójimo como a ti mismo (cf. Lev 19, 18).

Esta respuesta es decisiva para interpretar el movimiento de Jesús, tanto por lo que añade como por lo que niega. (a) Jesús añade algo fundamental: Junto al amor a Dios hay otro amor (fidelidad) semejante, en relación con el prójimo. Eso significa que, en un sentido, él ha puesto al prójimo al mismo nivel práctico que a Dios, igualando en importancia los dos mandamientos. (b) Jesús ha citado sólo un segundo mandamiento (amor al prójimo), semejante al primero, de manera que margina todos los restantes mandamientos, sean dos o seiscientos. De esa forma devalúa en su raíz la multitud de los preceptos legales del judaísmo nacional que, a su juicio, sólo tienen valor en la medida en que pueden tomarse como consecuencia (o expresión) del amor a Dios y al prójimo. Leer más…

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“Aprenda a salvarse en treinta segundos”. Domingo 30. Ciclo A.

Domingo, 25 de octubre de 2020

mandamientosDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj: 

¿Cuál es el mandamiento principal? Muchos católicos responderían: «Ir a misa el domingo». Los que piensan así probablemente no irán a misa este domingo. A los que piensen de otro modo y vayan, les gustará recordar lo que pensaba Jesús.

El problema de los contemporáneos de Jesús

En los domingos anteriores, diversos grupos religiosos se han ido enfrentado a Jesús, y no han salido bien parados. Los fariseos envían ahora a un especialista, un doctor de la Ley, que le plantea la pregunta sobre el mandamiento principal. Para comprenderla, debemos recordar que la antigua sinagoga contaba 613 mandamientos (248 preceptos y 365 prohibiciones), que se dividían en fáciles y difíciles: fáciles, los que exigían poco esfuer­zo o poco dinero; difíciles, los que exigían mucho dinero (como honrar padre y madre) o ponían en peligro la vida (la circuncisión). Generalmente se pensaba que los importantes eran los difíciles, y entre ellos estaban los relativos a la idolatría, la lascivia, el asesinato, la profanación del nombre divino, la santificación del sábado, la calumnia, el estudio de la Torá.

¿Se puede reducir todo a uno?

Ante este cúmulo de mandamientos, es lógico que surgiese el deseo de sintetizar, de saber qué era lo más importante. Este deseo se encuentra en una anécdota a propósito de los famosos rabinos Shammai y Hillel, que vivie­ron pocos años antes de Jesús. Una vez llegó un pagano a Shammai y le dijo: «Me haré prosélito con la condición de que me enseñes toda la Torá mien­tras aguanto a pata coja». Shammai lo despidió amenazándolo con una vara de medir que tenía en la mano. El pagano acudió entonces a Hillel, que le dijo: «Lo que no te guste, no se lo hagas a tu prójimo. En esto consiste toda la Ley, lo demás es interpreta­ción” (Schabat 31a). También el Rabí Aquiba (+ hacia 135 d.C.) sintetizó toda la Ley en una sola frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo; este es un gran princi­pio general en la Torá».

La novedad de Jesús

Mateo había puesto en boca de Jesús una síntesis parecida al final del Sermón del Monte: «Todo lo que querríais que hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos, porque eso significan la Ley y los Profetas» (Mt 7,12). Pero en el evangelio de hoy Jesús responde con una cita expresa de la Escritura:

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús habla hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:

̶ Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?

Él le dijo:

̶  Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

            «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente» (Deuteronomio 6,5). Son parte de las palabras que cualquier judío piadoso recita todos los días, al levantarse y al ponerse el sol. En este sentido, la respuesta de Jesús es irreprochable. No peca de originalidad, sino que aduce lo que la fe está confesando continuamente.

            La novedad de la respuesta de Jesús radica en que le han preguntado por el manda­miento principal, y añade un segundo, tan importante como el primero: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Levítico 19,18). Una vez más, su respuesta entronca en la más auténtica tradición profética. Los profetas denunciaron continuamente el deseo del hombre de llegar a Dios por un camino individual e intimista, que olvida fácilmente al prójimo. Durante siglos, muchos israelitas, igual que muchos cristianos, pensaron que a Dios se llegaba a través de actos de culto, peregrinaciones, ofrendas para el templo, sacrificios costosos… Sin embargo, los profetas les enseñaban que, para llegar a Dios, hay que dar necesariamente el rodeo del prójimo, preocuparse por los pobres y oprimidos, buscar una sociedad justa. Dios y el prójimo no son magnitudes separables. Tampoco se puede decir que el amor a Dios es más importante que el amor al prójimo. Ambos preceptos, en la mentalidad de los profetas y de Jesús, están al mismo nivel, deben ir siempre unidos. «De estos dos mandamientos penden la Ley entera y los Profetas» (v.40).

El prójimo son los más pobres (1ª lectura)

            En esta misma línea, la primera lectura es muy significativa. Podían haber elegido el texto de Deuteronomio 6,4ss donde se dice lo mismo que Jesús al principio: «Escucha, Israel, el Señor tu Dios es uno. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón…» Sin embargo, han elegido un texto del Éxodo que subraya la preocupación por los inmigrantes, viudas y huérfanos, que son los grupos más débiles de la sociedad (la traducción que se usa en España dice los «forasteros», pero en realidad son los inmigrantes, los obligados a abandonar su patria en busca de la supervivencia, marroquíes, senegaleses, rumanos, etc.). Luego habla del préstamo, indicando dos normas: si se presta dinero, no se pueden cobrar intereses; si se pide el manto como garantía, hay que devolverlo antes de ponerse ponerse el sol, para que el pobre no pase frío. Es una forma de acentuar lo que dice Jesús: sin amor al prójimo, sobre todo sin amor y preocupación por los más pobres, no se puede amar a Dios.

Así dice el Señor: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos. Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.»

El ejemplo de unos cristianos pobres (2ª lectura: 1 Tes 1,5c-10)

            La lectura de la primera carta a los Tesalonicenses, continuación del fragmento que leímos el domingo pasado, recuerda lo bien que acogieron «la Palabra, entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo». La continuación de la carta aclara que «tanta lucha» se refiere a las persecuciones de los judíos. La comunidad, quizá la más pobre de las que fundó Pablo, supo unir dos realidades aparentemente irreconciliables: sufrir y vivir alegres, gracias al Espíritu Santo. De este modo se convirtieron en modelo para otros muchos cristianos de Macedonia y Grecia y nos recuerdan el ejemplo parecido de otras comunidades actuales.

            El texto, aunque muy breve, contiene dos datos interesantes: 1) Resume la predicación de Pablo, al menos en sus primeros tiempos: el recurso para evitar el castigo futuro de Dios consiste en abandonar los ídolos, volverse al Dios verdadero y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús. 2) Hay comunidades cristianas no solo en Macedonia, sino también en Acaya y «en todas partes»; Acaya es la región situada al norte del Peloponeso, entre la región de Corintia y el mar Jónico. Esto demuestra que la predicación de Pablo y de los otros misioneros no se limitó a la ciudad de Corinto, sino que se extendió también hasta relativamente lejos.

Hermanos: Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la palabra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegaste a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya. Desde vuestra comunidad, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes; vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la visita que os hicimos: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que os librará del castigo futuro.

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Domingo XXX. 25 Octubre, 2020

Domingo, 25 de octubre de 2020

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“Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.”

(Mt 22, 34-40)

“Amarás al Señor tu Dios…y a tu prójimo.” Nos sabemos “el mandamiento del amor” de memoria, lo hemos escuchado cientos de veces y, como pasa con todo lo que se repite… ¡nos hemos acostumbrado!

Lo oímos o lo leemos y apenas nos llama la atención. Ya no nos hace pensar. Pero, probablemente, estas palabras tuvieron una resonancia muy distinta en los oídos de los fariseos que preguntaron, y también en los primeros judíos que escucharon las palabras de Jesús.

Los judíos del tiempo de Jesús, fariseos, saduceos o de cualquier otra escuela, ya sabían que tenían que amar a Dios. También sabían que tenían que amar al prójimo. Entonces, ¿dónde está la novedad?

Amar a Dios y amar al prójimo se había convertido en un mandamiento más, dentro de una lista excesivamente larga de mandamientos y preceptos. Con el paso del tiempo los judíos acabaron creyendo que amar a Dios era cumplir la Ley. Jesús les dice que cuando se ama de verdad a Dios y a las demás personas la Ley deja de tener importancia. El amor supera toda Ley.

Esta fue la gran novedad, la radicalidad del mensaje de Jesús. Pero, claro, con el correr de los años la fuerza de aquella novedad se tuvo que acomodar, y se fue institucionalizando. Los primeros discípulos dieron paso a las primeras comunidades, las cuales necesitaban organizarse. El mensaje se propagaba y con él hacía falta una “hoja de ruta”. Y el Amor tuvo que dejar espacio, de nuevo, a otras leyes.

Aquellos seiscientos preceptos que agobiaban a los judíos del tiempo de Jesús parecen poca cosa cuando te enfrentas con el Código de Derecho Canónico… Es así, necesitamos normas. Ya es difícil la convivencia habiendo leyes, ¡cómo sería si faltaran!

Las leyes son necesarias, pero no son absolutas. Absoluto es el AMOR, así, con mayúsculas, el verdadero, el que nace de lo más profundo y sincero del corazón humano.

Cuando alguien es capaz de vivir desde ahí las leyes se le quedan pequeñas. No necesita que le digan que no debe dañar a nadie, ya lo sabe. En el Reino ya no habrá normas, ni leyes. Habrá amor en grandes cantidades.

Oración

Trinidad Santa, ensancha nuestro corazón y llénalo de tu Amor para que empecemos a gustar ya ahora la felicidad del Reino.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Cualquier ser humano y Dios ‘no son dos’.

Domingo, 25 de octubre de 2020

love-neighborMt 22,34-40

La pregunta sobre el tributo al Cesar se la hicieron los fariseos y herodianos. A continuación, narra Mt otra pregunta de los saduceos sobre la resurrección de los muertos, en la que ellos no creían. Quieren ridiculizar la creencia en otra vida con el supuesto de siete hermanos que estuvieron casados con la misma mujer. Jesús desbarata sus argumentos. Por eso, a continuación, el texto de hoy dice: “Al oír que había hecho callar a los saduceos”, los fariseos vuelven a la carga: ¿Cuál es el primer mandamiento?

La pregunta no era tan sencilla. La mayoría consideraba que todos los mandamientos tenían la misma importancia. Otros defendían que guardar el sábado era el primero. Había quien defendía el amor al prójimo como el principal. A nadie se le había ocurrido que el principal mandamiento, eran dos. Jesús responde recitando la “shemá” (escucha), que todo israelita recitaba dos veces cada día (Dt 6, 4-9). Jesús la referencia al Lev 19,18, pero elimina la primera parte que dice: “No guardarás rencor ni tomarás venganza de los hijos de tu pueblo”, con lo que deja claro quién es el prójimo al que hay que amar.

La originalidad de Jesús está en unir los dos mandamientos. De hecho, lo único que hace es citar dos textos del AT. No se trata solo de una yuxtaposición o de una equiparación. Se trata de una identificación en toda regla que, además, prepara el terreno a Jn para poder decir con rotundidad: “Un mandamiento nuevo os doy, que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 13,34). Es el mandamiento nuevo, que convierte la Ley en vieja. Después de 20 siglos, seguimos sin aceptar la diferencia entre AT y NT.

El valor absoluto de cada persona es una propuesta exclusiva de Jesús. Hasta entonces el individuo no contaba más que como perteneciente e integrado en el grupo. Desde esa perspectiva, lo único que interesaba eran las manifes­taciones del amor, no el amor mismo. De ese modo, el precepto recaía sobre las manifestaciones. El amor que exige Jesús no se puede alcanzar con el cumplimiento de un precepto. Ya no se trata de una ley, sino de una actitud: “Un amor que responde a su amor”. El amor que pide Jesús no se impone.

El concepto de “prójimo” es modificado por Jesús de manera sustancial. Para un judío, prójimo era el que pertenecía al pueblo y, a lo sumo, el prosélito. Jesús desbarata esa barrera y postula que todos somos exactamente iguales para Dios. El cristianismo no siempre ha sabido trasmitir esta idea de igualdad y hemos seguido creyendo que nosotros somos los elegidos y que Dios es nuestro Dios, como los judíos de todos los tiempos.

Jesús no propone un amar a Dios ni un amor a él mismo. Dios ni ama ni puede ser amado, es amor. La exigencia de Jesús no es con relación a Dios sino con relación al hombre. Cuando seguimos proponiendo los mandamientos de “la Ley de Dios” como marco para la vida de la comunidad, es que no hemos entendido el mensaje de Jesús. S. Agustín lo entendió muy bien cuando dijo: “Ama y haz lo que quieras”. Pero Pablo lo había dicho con la misma claridad: “Quien ama, ha cumplido el resto de la Ley”. No se trata de una nueva ley, sino de hacer inútil toda ley, toda norma, todo precepto.

El “Como a ti mismo” (también superado por Jesús: “Como yo os he amado”) necesitaría un comentario más extenso. Únicamente diré que el amor solo se puede dar entre iguales. Si considero superior o inferior al otro, mi relación con él nunca será de amor. Desde esta perspectiva, ¿a dónde se van todas nuestras “caridades”? Lo que nos pide Jesús es que quiera para los demás todo lo que estoy deseando para mí.  ¡¿De verdad creo hacer caridad cuando doy al mendigo la ropa vieja que ya no voy a utilizar?!

Una vez más tenemos que resaltar la imposibilidad de aceptar el mensaje de Jesús, sin abandonar la idea de Dios del AT. Esta es la trampa en la que cayeron los primeros cristianos que eran todos judíos. Aquí está también, la clave para entender tantas aparentes contradicciones en los evangelios. Lo que pide Jesús es más de lo que puede enseñar cualquier institución. La excesiva fidelidad a la institución nos impide alcanzar el mandamiento nuevo. Por eso Jesús criticó tan duramente las instituciones religiosas de su tiempo, (Templo, Ley, culto). Se habían convertido en un obstáculo para llegar al hombre.

El amor consiste en desarrollar la capacidad que tiene un ser de salir de sí e ir al otro para enriquecerle y enriquecerse como persona. A Dios no se le puede amar directamente ni mucho ni poco, porque no le podemos conocer. Dios no es un sujeto con el que me pueda encontrar. No es nada distinto de mí o de la creación. Amar a Dios y amar al prójimo es un único acto. Dios y el prójimo no se pueden separar. Tampoco Dios puede amar a sus criaturas porque no son nada fuera de Él. Demuestro que estoy abierto al amor si amo a todos. Si dejo de amar a una persona, puedo estar seguro de que lo que me mueve no es amor, sino egoísmo, instinto, pasión, interés o la simple programación.

El amor no responde a necesidad alguna de mi ego. Acontece en la profundidad del ser, incluyendo todos sus aspectos. Es el único camino para un crecimiento armónico del ser, impidiendo que la parte material y biológica del mismo, se imponga y arrastre a la parte más noble, malográndole sus posibilidades de ser humano. Superar el egoísmo no significa una renuncia a nada sino un acopio de humanidad. No suprime ninguno de los aspectos de nuestra humanidad, sino que los colma y les da su verdadero sentido.

El amor no es consecuencia del conocimiento. Los escolásticos decían: “No se puede amar nada, si antes no se conoce”. Pero no basta con conocer, debo conocerlo como bueno para mí. El conocimiento racional será siempre egoísta, solo puede apreciar lo que es bueno para mi falso ser. Solo de un conocimiento vivencial puede nacer el verdadero amor. Si necesito motivos interesados para amar, no es amor. Si amamos para hacer un favor, tampoco funciona. Tengo que descubrir que soy yo el que me enriquezco al amar. Ese enriquecimiento se produce en mi verdadero ser, y eso no nos interesa demasiado.

El mayor peligro a la hora de comprender el amor evangélico es que lo confundimos con el deseo de que el otro me quiera. El deseo de que otro me ame es instintivo y no va más allá del interés egoísta. La mayoría de las veces, cuando decimos te amo, en realidad queremos decir: “Quiero que me quieras”. Esto no tiene nada que ver con el mensaje de Jesús. Cuando oímos decir a una persona: “No puedo vivir sin ti”, en realidad, lo que está diciendo es: “No te voy a dejar vivir, porque te voy a exigir que vivas solo para mí”.

Es ignorancia creer que podemos amar a Dios aunque no amemos al prójimo; o peor aún, que podemos amar a uno mucho y a otro poco o nada. El amor es uno solo porque es una actitud personal. El amor queda especificado en la persona que ama, no por la persona amada. Tiene que existir antes de manifestarse. Lo que llega a los demás, lo que se percibe al exterior, son solo las manifestaciones de ese amor. La actitud vital es única en cada persona, pero el amor evangélico tiene que ser práctico, tiene que manifestarse en obras. Solo puede manifestarse cuando me encuentro con otro, con el próximo.

Meditación

La buena noticia de Jesús es que puedo identificarme con Dios.
El amor que Jesús nos pide es fruto de un descubrimiento
que solo puedes hacer viajando hacia tu interior.
Más allá de lo razonable, tú puedes descubrir la Vida,
esa VIDA de Dios que está en ti y está en todas las cosas.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Las palabras de Jesús.

Domingo, 25 de octubre de 2020

1_pareja“Debes comprender que, al igual que la música, la vida está hecha de sentimiento y de instinto, más que de normas”. (Tony de Mello)

25 de octubre. DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mt 22 34, 40 “Amarás al prójimo como a ti mismo” (v39)

Los fariseos preguntaron: Maestro, ¿Cuál es el precepto más importante en la ley?La pregunta se explica porque los fariseos contaban seiscientos trece preceptos en la Ley que era necesario saberlos y practicarlos.

Jesús responde combinando Dt, 6, 5: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu  mente”, un amor que escucha la palabra, pero una escucha obediente que implica todos los aspectos de la vida y que debe ser transmitida como herencia a las nuevas generaciones.

Este es el precepto más importante pero el segundo es equivalente: Amarás al prójimo como a ti mismo” Estos dos preceptos sustentan la ley entera y los profetas” (v 39y40)

El fundamento de la relación con Dios y con el prójimo es para Jesús el amor solidario. Desde una perspectiva cristiana, sin amor al prójimo no hay amor a Dios, ni se alcanza la justicia que proclama el Sermón de la Montaña. Habitualmente ignoramos el amor práctico y solidario a quienes viven excluidos por la sociedad y olvidados por la religión. Abrazando la pobreza, Jesús, impulsado por su amor solidario, no hizo otra cosa que compartir la vida de los pobres, a quienes de modo particular vino a anunciar la Buena Nueva.

Levanta los ojos a tu alrededor y mira: se reúnen todos para venir a ti, por mi vida -oráculo del Señor- a todos los llevarás como vestido precioso, serán tu cinturón de novia” (Isaías 49, 16-18).

Para Paulo Coelho, “en toda historia de amor siempre hay algo que nos acerca a la eternidad y a la esencia de la vida, porque las historias de amor encierran en sí todos los secretos del mundo”.

Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro,

es pasar, pasar haciendo caminos,

sobre el mar. A.M.

Jesús pasó por el mundo haciendo el bien. Esta breve biografía de Jesús me recuerda al Poema de Antonio Machado.

CANTARES

Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse…
Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar…

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Un PCR al verbo amar en tiempos de pandemia.

Domingo, 25 de octubre de 2020

JESUS PEDROEn el asunto del amor nos va la vida y precisamente por eso necesitamos recordar con cuánta facilidad nos engañamos a la hora de ponerlo en práctica. Quizá por eso Jesús le hace a Pedro junto al lago un test de diagnóstico rápido: Y cuando le oye responder afirmativamente a su pregunta “¿Me amas más que…?, le pone inmediatamente delante el camino en que verificar la autenticidad de su amor: “Apacienta a los míos, cuídalos, preocúpate, hazte cargo de ellos”.

El test sigue siendo eficaz hoy y quizá en este tiempo de pandemia nos venga bien actualizar sus imperativos[1] y escucharlos como dirigidos personalmente a cada uno de nosotros.

– Si me amas, huye de la obsesión por que termine cuanto antes este tiempo de crisis para poder volver “a lo de antes”. Eso “de antes” estaba absolutamente descompensado y urge reequilibrar el mundo: el sueño de un crecimiento y un consumo sin límites está teniendo consecuencias devastadoras.

– Si me amas, aprende las lecciones de la pandemia: los límites de la autosuficiencia y la común fragilidad, la conciencia de que, frente al virus de la Covid 19, no hay más defensa que el virus de la solidaridad.

– Si me amas, hazte de nuevo las preguntas esenciales, reflexiona sobre los retos planteados, el sentido de la vida, de las cosas y del mundo. Prepárate para defender la vida, apreciarla como nunca, amarla, vivirla; no desde el temor a la muerte, sino desde la alegría de estar vivos.

– Si me amas, piensa junto a otros y a largo plazo sobre el futuro de la condición humana: qué decisiones y políticas públicas son necesarias para defender la vida y su disfrute, su sentido y su sentir.

– Si me amas, desconfínate mentalmente por rebeldía y no resignación, por esperanza y con esperanza. Ponte a favor de una política y una economía de la vida y por la vida y escucha las preguntas de las generaciones futuras sobre qué mundo mejor pueden esperar.

– Si me amas, apacienta las GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft): eres tú el encargado de apacentarlas, no dejes que sea su poder de distracción quien tome el control de tu vida.

– Si me amas, enciende en la oscuridad luz de visión, de orientación y de esperanza.

NOTA por si a alguno le pasa como a Pedro: las consecuencias del amor que Jesús le ponía delante le venían tan grandes, que trató de salirse por la tangente: “- Vale, yo lo intento, pero ¿qué pasa con fulanito y menganito y el otro, que no están por la labor de vivir todo eso?” El corte recibido fue fulminante: “-¿Y a ti qué te importa? Tú, sígueme”. Que en el fondo no es más que la versión adulta del juego “Antón Pirulero” que nos sabíamos los niños de antes: “Cada cual, cada cual, que atienda a su juego”.

Dolores Aleixandre

Fuente Fe Adulta

 

[1] Están inspirados en el excelente artículo de Manuel Montobbio “Desconfinarnos mentalmente: la invocación a la vida de Jacques Attali” en el que comenta el libro de ese autor: L´économie de la vie. Se préparer a ce qui vient” (El Ciervo, Sept –Oct 2020, p 20-21)

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Amor, defensas y sustitutos

Domingo, 25 de octubre de 2020

Amor.2Domingo XXX del Tiempo Ordinario

25 octubre 2020

Mt 22, 34-40

La pregunta que los fariseos formulan a Jesús no era ociosa: por una parte, se trataba de una cuestión debatida entre ellos y, por otra, parecía necesario establecer una cierta jerarquía entre la jungla de normas que los propios fariseos habían desarrollado al comentar la Torá.

   La respuesta de Jesús se enmarca dentro de la ortodoxia tradicional: el primer mandamiento para un judío es el famoso Shemá Israel (“Escucha, Israel”), tal como fue recogido en el Libro del Deuteronomio (6,4-9). En su respuesta, Jesús une el Shemá Israel con el amor al prójimo. Lo que hace es anudar dos textos de la Torá: Deut 6,4-5 y Lev 19,18. Sin embargo, tampoco esta unión sería completamente original de Jesús, ya que su propio interlocutor –otro rabino– la reconoce del mismo modo.

     No es casual que diferentes tradiciones sapienciales, de un modo u otro, establezcan el amor como “el mandamiento más importante”. Porque tal “mandamiento” no depende de alguna voluntad arbitraria, sino que es expresión de la naturaleza de lo real. Al afirmar que el amor es “lo más importante” no se hace sino reconocer la unidad profunda de lo real, la no-separación de todo lo que es. Porque eso es el amor, no un sentimiento o emoción, sino la certeza de que no existe nada separado de nada, por lo que todo lo que hago a alguien o a algo me lo estoy haciendo a mí. Y es aquí justamente donde se enraíza la llamada regla de oro, presente en todas las tradiciones espirituales: “No hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti” o “trata a los demás como desearías que ellos te tratasen a ti”.

   Lo que ocurre es que, al querer amar, solemos encontrar no pocas resistencias. Por un lado, el amor humano es reactivo. Eso significa que, cuando no nos hemos sentido amados de un modo incondicional, nuestra propia capacidad de amar ha podido quedar bloqueada y nosotros mismos atrapados en diferentes mecanismos de defensa, al tratar de protegernos del sufrimiento generado por aquella carencia. Por otro, el miedo a darnos o entregarnos suele hacer que nos defendamos del amor, prefiriendo permanecer en nuestra zona de confort.

    A raíz de una parábola de Jesús, hace unas semanas comentaba que, en el nivel profundo, la realidad es como la fiesta de un banquete de bodas. Sin embargo, al no verla así –porque estamos alejados de aquella profundidad–, podemos pensarla como un castigo, un absurdo ­–“pasión inútil” la llamó algún filósofo existencialista–, una prueba o un aprendizaje. Y al alejarnos de aquella misma profundidad que es plenitud, buscamos sustitutos de la fiesta, para entre-tenernos –necesita entretenerse el que no se “tiene” a sí mismo–, en un intento desesperado de evitar la superficialidad y el vacío.

    Cuando desconectamos del amor –entendido como certeza de no separación–, nos alejamos de nosotros mismos y, en el mismo movimiento, de la vida que somos. Tal vez necesitemos recorrer el camino que nos permita mantener una cercanía amorosa con nosotros mismos y con toda la realidad, en la certeza de que somos uno con todo lo que es.

¿Amo o me distancio?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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La experiencia cristiana más profunda es sentirse amablemente querido por Dios.

Domingo, 25 de octubre de 2020

_21_1_1_1130_1.El amor es la actitud más realizadora y sanante del ser humano.

         Podríamos decir que las personas somos un entramado de dimensiones, que hemos de integrar bien en la vida para que resultemos equilibrados, serenos, pacíficos interiormente y en las relaciones con los demás.

         Somos seres corpóreos, inteligentes, sociales-políticos, libres, seres culturales, seres históricos, etc. Todas estas dimensiones las viviremos serenamente si vivimos en amor.

Cuando otra realidad o perspectiva humana se alza como “dios”, pueden surgir graves desajustes y polarizaciones en la vida personal y comunitaria. Cuando el dios de mi vida es la patria, el poder, el sexo, el dinero, etc. entonces todo queda distorsionado.

         Uno vive en bondad y una comunidad social o cristiana vive en paz, cuando vive en un clima de amor. Decía San Juan de la Cruz que el amor ni cansa, ni se cansa.

         Podemos vivir sin dinero, con hambre, sin justicia, sin libertad (¡hemos vivido!). Lo que no podemos vivir es sin ser amados y sin amar.

2.Dios es amor.

         Dios nos ama ya en la creación

         Dios es amor, al menos el Dios de Jesús es amor. Dios nos ha creado porque nos ha amado ya en el seno materno (salmo 138).

Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has hecho;

si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado.

Tú tienes compasión de todos”,

y tú amas todo lo que tiene vida,

         (Sabiduría 11,24.26)

Dios es bueno siempre con nosotros.

Ya en el AT Dios había hecho una -muchas- Alianza de amor con su pueblo: Dios no abandona nunca a “su gente”, y su gente somos todos, toda la humanidad. Dios está siempre de parte de sus hijos, de la humanidad. El pueblo hacía lo que podía, que era más bien poco y regular. Pero Dios siempre es fiel, su misericordia es eterna, repite un salmo.

La seriedad de nuestra existencia humana y cristiana se entiende desde la infinita misericordia de Dios.

         El ser humano y los cristianos nos entendemos como tales desde el amor, desde la bondad de Dios.

         Jesús no fue un monje religioso que pudiera haber vivido en Qumrám. Jesús fue el hombre para los demás.

 3. El amor no es ley religiosa. (A vueltas con la religión).

         El amor no es una norma o ley, al estilo de los 248 preceptos y de las 365 prohibiciones de la religión judía. El amor es esa fuerza que abre nuestra existencia hacia los demás.

         Y el amor se realiza en lo que hemos escuchado en la primera lectura del libro del Éxodo:

No oprimirás ni vejarás al extranjero, porque extranjeros fuisteis vosotros en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, no siendo usurero ni extorsionando al pobre.

         Es muy semejante a lo que Jesús dice en el NT (Mt 25,31-46):

Amamos cuando damos de comer al hambriento, damos de beber al sediento, vestimos al desnudo, acogemos al extranjeros, visitamos a los enfermos y encarcelados.

4. a propósito del extranjero

         En la lectura del libro del Éxodo (1ª lectura) hemos escuchado algo que es constante en la Biblia y está muy presente en el pensamiento de Jesús: “No oprimirás ni vejarás al extranjero, porque extranjeros fuisteis vosotros en Egipto

Jesús no es racista, ni mucho menos, y el cristiano, tampoco debe serlo.

Por una parte, Jesús era judío, más bien galileo, nazareno, pero conocía “al dedillo” la Palabra y sabía también el hondo respeto que Israel sentía -debía sentir- hacia el extranjero: porque extranjeros fuisteis vosotros en Egipto. Son decenas los textos en los que se recuerda esta actitud:

Él hace justicia al huérfano y a la viuda, y muestra su amor al extranjero dándole pan y vestido. Mostrad, pues, amor al extranjero, porque vosotros fuisteis extranjeros en la tierra de Egipto, (Dt 10,18-19).

         Cuando el mismo Mateo “escenifica el “juicio final” dice: Fui extranjero y me acogisteis, (Mt 25,35), o no me acogisteis…

         No es fácil ser extranjero y menos cuando se es extranjero por debilidad y pobreza. Pensemos en tantos miles de emigrantes por razones de hambre, falta de trabajo, exilios políticos, etc., etc.

Por otra parte, Jesús siempre, siempre mira primero al ser humano. Jesús no le pide a nadie el “carnet del partido” o el DNI o el pasaporte, ni tan siquiera la partida de bautismo. “San Pedro” en la “puerta del cielo” no le pide absolutamente a nadie el pasaporte, la nacionalidad, etc., y Dios Padre, menos. En el cielo no hay “sin papeles”, ni indocumentados, ni extranjeros, ni emigrantes

         Jesús cura, perdona, sana, alivia, acompaña a todo el mundo sea de la nación que sea, sin hacer acepción de personas, (Rom 2,11). A Jesús le da lo mismo da que seamos leprosos, endemoniados, medio locos, paralíticos, hombres o mujeres, samaritanos y samaritanas, centurión romano, cananeos, cobradores de impuestos, o que estemos muertos moral o físicamente. Jesús cura, salva.

         Parece que las naciones y las Iglesias tienen fronteras, pero la salvación de Jesús no tiene límites. ¿Fuera de la Iglesia no hay salvación? ¿Y quién y por qué hay que poner rayas rojas en la Iglesia?

Salid a los cruces de los caminos e invitad a todos los que encontréis, buenos y malos. (Mt 22).

5. volvamos al Dios del amor

         La tradición (los escritos) de San Juan hace gran hincapié en el amor a los demás como criterio del amor a Dios:

Quien dice que está en la luz, pero odia a su hermano, todavía está en las tiniebla. El que ama a su hermano vive en la luz y no hay nada que le haga caer en pecado. (1Jn 2,9)

El que no ama no ha conocido a Dios, (1Jn 4,8)

El que no ama, aún está muerto. (1Jn 3,14)

El que dice: “Yo amo a Dios”, pero al mismo tiempo odia a su hermano, es un mentiroso. (1Jn 4,20)

         La persona religiosa pretende contentar a Dios como los fariseos y el mundo judío: cumpliendo la ley, los ritos El cristiano ama a Dios a través del prójimo.

Llama la atención que hoy en día los obispos tienen la gran preocupación de la escasez de curas y, por tanto, de que no se celebre Misa en tal pueblo a tal hora. Ahora con la pandemia les preocupa si la Misa por TV “vale o no vale” (¿Y qué será valer o no valer? En Roma hay dicasterios, congregaciones y curias para todo: de culto, de religiosos, Secretaría de estado, etc, pero no hay una Congregación para los pobres.

Sin embargo, decía K. Rahner, el único criterio moral cristiano es el amor, el amor a los demás y, por tanto, a Dios. De otro modo: amar a Dios es ser buen samaritano, lo demás son “milongas” lucernarias.

6. El amor hace bien.

         Probablemente la experiencia humana y cristiana más profunda sea el amor o la ausencia de amor.

         Detrás de tantos comportamientos de ansiedad, de deseo de poder, de fanatismo, hay una falta de afecto fundamental, probablemente desde la infancia.

         Quien ha sido y es amado, se encuentra centrado y sereno en la vida.

Hay estudios acerca de la falta de afecto inicial en los comportamientos fanáticos de tipo religiosos (Islam / ultracatólicos). Quien ha experimentado en su vida el amor, no será fundamentalista fanático. Cuando no se tiene la experiencia íntima del amor, se está tocando a vísperas de fanatismos.

El amor abre nuestra existencia a la vida, a la creatividad.

  1. ser cristiano es sentirse querido por Dios.

Todos nos hemos encontrado con alguna o algunas personas buenas, bondadosas en la vida; personas buenas que nos quieren (sin memeces ni alharacas). Esa es la experiencia cristiana, sentirse amablemente querido por Dios.

Yo no sé si a Dios le preocupa ni le interesa mucho todo el tinglado eclesiástico, el trasiego de obispos, el cumplimiento de la normativa litúrgica y todo el tinglado ultraortodoxo, más bien pienso que a Dios le importa poco toda esa coreografía.

Dios siente lástima y le conmueve mucho más la pandemia, los enfermos, el hambre de los niños, el paro, la madre soltera, la chica que anda angustiada y le da vueltas la cabeza y el corazón por el aborto que le ronda. A Dios -al Dios de Jesús – le preocupan mucho más los deprimidos, los suicidas, los encarcelados, que si hay que ponerse casulla o cómo se celebra la penitencia.

Y es que Dios nos quiere, nos ama a los seres humanos. Dios es amor. Lo demás es “pompa y circunstancia”.

Puede ocurrir que seamos unos perfectos cumplidores, unos buenos fariseos, pero que no tengamos la experiencia de ser cristianos, ni humanos. Y esto no es que esté bien o mal jurídicamente, sino que es una pena que no sintamos en la vida la bondad de Dios.

Dios no nos ama porque nosotros seamos buenos, sino porque Él es bueno. Ser cristiano es sentirse querido por Dios y vivir en esa bondad que transmite.

         Buenos cristianos son el hijo pródigo, la pecadora que se postra a los pies de Jesús, la pobre mujer a la que quieren apedrear y a la que Jesús “no condena”, el buen samaritano, Zaqueo ¿Con quién trataba y comía Jesús? Pues todos esos son malos religiosos, pero excelentes cristianos, etc.

7. a veces no es fácil.

Nadie dice que -a veces- sea fácil amar. En problemas serios en los que entran en juego viejos contenciosos, viejas cuestiones familiares, modos de ser y psicologías, no es tarea sencilla.

         Llegar a ciertos convencimientos de bondad y amor es, en muchos casos, tarea lenta que requiere procesos y recorridos en los que se ve implicada toda la persona: la inteligencia, la libertad.

Los sentimientos negativos estarán y aflorarán -probablemente- siempre, pero habremos de aplicar la inteligencia y la razón sobre los sentimientos para saber dejar de lado, aparcar viejas cuestiones, cerrar carpetas abiertas y vivir en la mayor entereza y paz posibles.

         El amor, el respeto, hacer el bien humaniza también a todo el mundo: a uno mismo y a los demás.

Ama y haz lo que quieras, o lo que quieras (amas), hazlo

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