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Muere a los 84 años Pedro Moreno ‘Violeta la Burra’, emblemático transformista del cabaret barcelonés

Viernes, 7 de febrero de 2020

37357071-9BF3-4163-9D70-F7E0CCE9F289El cantante Pedro Moreno, más conocido por su nombre artístico Violeta la Burra, falleció el pasado día 29 de enero en Sevilla a los 84 años de edad. El sevillano, que ha sido enterrado en el cementerio del municipio de Herrera —su localidad natal— está considerado un transformista emblemático del cabaret barcelonés y, durante sus últimos años de vida, vendía flores y sus propias casettes en la coctelería barcelonesa Dry Martini.

Pedro Moreno nació en Sevilla el mismo año en que estalló la Guerra Civil. De pequeño, trabajó de aprendiz en un taller de zapatería y en los campos de olivos de Herrera, el pequeño municipio en el que nació y se crió. En 1955, y totalmente decidido a dedicarse al mundo de la música, emigró a Barcelona, donde adquirió su nombre artístico —Violeta la Burra— y empezó a actuar como transformista, bailando flamenco —aunque nunca recibió formación al respecto— e imitando a las folclóricas de la época, en alguno de los locales más emblemáticos en ese momento —como Los Claveles, el Teatro Arnau o Andalucía de Noche— en una ciudad condal que ya no existe. De ahí, el sevillano pasó a trabajar en la célebre sala Barcelona de Noche. Luego se incorporó al cuerpo de baile de Lola Flores, en los espectáculos que la artista gaditana representaba en los teatros Victoria y Calderón, y llegó a hacerse bastante amigo del pintor español Salvador Dalí.

Pero su suerte cambió por completo el día que un empresario francés, Jean Marie Rivière, le vio actuando en el Whisky Twist y decidió llevarle a París, donde Violeta la Burra se convertiría en una de las estrellas de la sala de espectáculos Le Paradis Latin. En aquel cabaret parisino, la clientela masculina se rindió a los pies del artista sevillano al verle realizar espectáculos como el de La Violetera. «Me mezclaba alrededor de las mesas con mi cesta [con uvas, plátanos y pepinos]. Mientras cantaba ‘La Violetera’, me acercaba a los hombres, les hacía abrir la boca y les metía dentro una uva, o medio plátano. Luego, yo mordía la otra mitad de la fruta al mismo tiempo, mientras mis labios tocaban los de ellos», confesó el artista al cineasta Eduardo Gión en una entrevista para la revista Candy Magazine.

«[Violeta] Me contaba en esa entrevista cómo en los años setenta se convirtió en un mito, alegrando las fiestas privadas de Dalí en el Hotel Ritz. El pintor la iba a ver exclusivamente a los cabarets para luego invitarla a sus ‘happening’», señala Gión a dosmanzanas. Dos años después de empezar a actuar en París, Violeta la Burra decidió volver a España para cuidar de su enferma madre. «Ella era más francotiradora, más subversiva y volvió a su Barcelona canalla, donde con sus hortalizas por vestido y arma arrojadiza se metía al público en el bolsillo. Tuve la suerte de poder grabar una entrevista de dos horas con ella y que ahora montaremos en forma de homenaje, para que se pueda ver en el 2021», añade Gión.

En España, Violeta grabó varios álbumes —algunos autofinanciados— y llegó a realizar un cameo —en el papel de un preso travesti— en la película de Óscar Aibar El Gran Vázquez (2010). En sus últimos años de vida, solía vender sus propias casettes, así como flores, en la coctelería barcelonesa Dry Martini, de cuyo dueño era buen amigo. El artista, que falleció el pasado día 29 de enero en su Sevilla a los 84 años, ha sido enterrado en el cementerio de su localidad natal.

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