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Pedro Casaldáliga, poeta de la esperanza

Sábado, 28 de noviembre de 2015

pedro-casaldaliga-y-luis-miguel-modino_560x280El corresponsal de RD en Brasil viaja a la cuna del profeta de la Amazonía

Al encuentro de Pedro Casaldáliga, icono del Cristo Libertador

Me repite con fuerza en cuanto aprieta mi mano: ‘oración, comunidad y vida por el pueblo'”

Recuerdos de la visita de Luis Miguel Modino a la Prelatura de São Félix do Araguaia

“Una esperanza que le lleva a ser fiel hasta el final a aquello en lo que siempre creyó y esperó”

“La marca del profeta del Araguaia sigue presente y viva en el pueblo”
Pedro Casaldáliga, un legado permanente para la Iglesia y los descartados
El ministro Patrus Ananías dice que “su legado va a ser permanente en la historia de Brasil”

Nos han parecido muy interesante la serie de reportajes acerca de este obispo de l Pueblo, fiel al Evangelio, gastada su vida por los más desfavorecidos, viviendo entre ellos, lejos de palacios episcopales lujosos y fortaleza…

(Luis Miguel Modino, corresponsal de RD en Brasil).- Todo lo que nos enriquece, aunque suponga un esfuerzo, vale la pena. Recorrer buena parte de este inmenso Brasil durante dos días, utilizando diferentes medios de transporte, para encontrarse con alguien, puede tener cierta dosis de locura. Esta vez el encuentro es con Pedro Casaldáliga, alguien por quien siempre he sentido admiración y respeto, y en el que en muchos momentos me he fijado para intentar hacer realidad hoy el mensaje de Jesús de Nazaret, viviendo la fe en comunidad.

Su compromiso con los más pobres, a través de una vida entregada hasta el extremo, y su forma de entender la Iglesia, a partir de las Comunidades Eclesiales de Base, me llevan a acercarme a él con temor y temblor, pues estoy llegando hasta alguien que considero un icono del Cristo Libertador.

Durante cientos de kilómetros la carretera serpentea entre grandes haciendas, en las que los dueños, movidos por el lucro a cualquier precio, han destruido la un día abundante vegetación para criar ganado y plantar soja, convirtiéndose en los grandes perseguidores de Pedro, al que muchas veces pretendieron matar, expulsar del país, difamar..., pues él se había posicionado del lado de los indígenas, moradores originarios de estas tierras, y de los pequeños agricultores y trabajadores rurales, unos y otros también perseguidos y expulsados.

Una de las paradas es en Riberão Cascalheira, la ciudad donde en 1976 fue asesinado João Bosco Burnier, uno de sus más estrechos colaboradores y donde se encuentra el Santuario de los Mártires de la “Caminhada”, lugar al que cada cinco años llegan de todos los rincones de Brasil quienes participan de la Romería de los Mártires y que en julio de 2016 celebrará una nueva edición.

El camino continúa, ahora por una carretera sin asfalto, propia de esas periferias del mundo en las que Pedro y muchos otros escogieron vivir. Después de horas y horas de autobús el cansancio aprieta, pero la expectativa por llegar hace que se lleve mejor.

Finalmente llego a San Félix, una pequeña ciudad bañada por el río Araguaia, cuyas aguas se deslizan lentamente. Me dirijo a su casa y compruebo lo que ya había escuchado de muchos que antes le habían visitado, es una casa simple hasta el extremo, propia de alguien que cree y vive en una Iglesia pobre y para los pobres, de alguien que encarna a la perfección a esos obispos no príncipes que tanto le gusta al Papa Francisco que estuviesen más presentes en nuestra Iglesia.

La puerta de la casa está abierta, en señal de acogida. Le encuentro rezando junto con la comunidad de agustinos con los que convive y que tan bien le cuidan. Espero en cuanto llega y al verle pasan por mi mente muchas imágenes, como flashes que se disparan, y que me producen una sensación de alegría.

Ahora se desplaza en silla de ruedas, consecuencia de la fractura de fémur que sufrió meses atrás y de la que dice irse recuperando poco a poco. También le acompañan su hermano Parkinson y sus 87 años. Me siento a su lado y conversamos durante un rato, me presento y le digo de donde vengo y lo que me ocupa en el día a día y juntos compartimos experiencias misioneras. Al lado de alguien que recorre estas tierras desde 1968, mis nueve años de misión hacen que me sienta un pipiolo. Al hablar de la misión se me quedan grabadas tres ideas que me repite con fuerza en cuanto aprieta mi mano: “oración, comunidad y vida por el pueblo“.

Estas palabras vienen a reafirmar que quien sostiene la vida del cristiano, que siempre debe ser discípulo misionero, es el propio Dios, a quien en la oración sentimos más próximo y nos muestra el camino a seguir, que siempre debe ser vivido en comunidad y no como entes aislados, un Dios que en los que en Él creemos da la vida por el pueblo.

En el tiempo que estoy con él llega gente constantemente, de todo tipo y condición, lo que muestra el respeto y admiración que muchos le tienen. Una de las visitas le anuncia que esta tarde llegarán para saludarle Gilberto Carvalho, ministro jefe de la Secretaria General de la Presidencia y uno de los hombres fuertes del gobierno Dilma, y Patrus Ananias, ministro de Desenvolvimiento Agrario, lo que muestra que sus puertas están abiertas para todos y que sus sabios consejos orientan a quien acude a él.

Sin duda, Pedro Casaldáliga es alguien que deja traslucir la presencia de ese Dios que continúa haciéndose presente entre los pobres, entre los crucificados, ese Dios que levanta del polvo al desvalido, que siempre está ahí para acompañar nuestras luchas por un mundo mejor para todos.

(Luis M. Modino, corresponsal en Brasil).- Una forma de ser, de vivir, de relacionarse con los pequeños y pobres, con los descartados por una sociedad construida a partir del lucro. Podríamos decir que ese es el principal legado de Pedro Casaldáliga. Estar a su lado lleva a descubrir eso en pocos instantes. Pedro es alguien que sabe acoger desde el primer momento, que recibe a la gente diciendo “esta es nuestra casa, aquí cabemos todos”.

Sobre la dimensión acogedora de Casaldáliga me habla Secundino Movilla, acogido en la Prelatura de São Félix desde que fue expulsado de la Congregación de los Claretianos y actualmente trabajando en la comunidad eclesial de base de Luciara. En su opinión, “Pedro representa una Iglesia que acoge, con un sentido de apertura universal, especialmente a aquellos que sintonizan con la Iglesia del Reino y que, en consecuencia, han tenido problemas con la Iglesia Jerárquica”.

Relata esto a partir de una experiencia personal de acogida, no sólo con él como con sus compañeros expulsados de los claretianos y que quisieron continuar viviendo en comunidad a partir del espíritu claretiano.

Estar con Pedro es ver como recuerda con emoción momentos y personas que marcaron su vida, como Monseñor Romero, quien el mismo día en que fue martirizado le escribió una carta en respuesta al apoyo manifestado por él y otros obispos brasileños ante la situación de persecución en que vivía, o al padre João Bosco Burnier, jesuita asesinado en 1976, cuando en realidad era el propio Casaldáliga el albo de la bala asesina, y a quien recuerda una vez más al hablar de una manguera, que está en su casa, y que plantaron juntos.

Es la misma emoción que le embarga al hablar de la primera Asamblea del Pueblo de Dios, realizada de forma semiclandestina en Pontinópolis, en el año 1971, época en que la Dictadura Militar reprendía con mano de hierro cualquier tentativa de organización popular y que fue registrada en una foto presente en el lugar donde Pedro pasa buena parte del día recibiendo unos y otros, como aquel que llegó y le saluda diciendo: “Hola, obispo Pedro, compañero de lucha”.

El padre José Saraiva, uno de los agustinos que conviven con Pedro Casaldáliga, resalta que su principal legado es su capacidad para “vincular la fe cristiana con la vida del pueblo, sobre todo de los pobres, que aquí en el Araguaia son los pueblos indígenas, los pequeños agricultores, los peones, las comadres, las familias más carentes de los asentamientos”. Todo esto basado en “una espiritualidad de la liberación, comprometida, con los pies en el suelo”.

Destaca así mismo, cómo la vida de Pedro está fundamentada “en el encuentro personal con Jesucristo a través de la oración”. Cuenta cómo, cuando él vivió en la Parroquia de Vila Rica y recibía las visitas pastorales de Casaldáliga, éste dedicaba, en los albores del día, antes de la oración comunitaria, una hora a esa experiencia de encuentro personal con el Señor. Es donde, en su opinión, “continúa encontrando fortaleza, a pesar de la debilidad física de la enfermedad, que le da una fuerza espiritual que siempre va a permanecer entre nosotros”. Acaba diciendo que “para mi es una gracia haberle conocido, convivido, trabajado y estar con él en este momento”.

Pero no sólo es en la convivencia que uno descubre el legado de Pedro, también en los muchos testimonios recabados en conversaciones con quienes diariamente se hacen presentes en São Felix, todavía más en estos días en que la Prelatura celebra su Asamblea del Pueblo de Dios, en la que todavía se siente, en las intervenciones, celebraciones, cantos…, que la marca del profeta del Araguaia sigue presente.

En ese sentido, Monseñor Adriano Ciocca, obispo de São Félix reconoce que “la presencia de Pedro es fundamental para nuestra Iglesia”. En opinión del misionero italiano él se hizo “presente en medio del pueblo, con una solidaridad que pasa por acciones concretas para defender la Iglesia de los pobres y de los indios”, algo que “no puede perderse”. También destaca en Casaldáliga “su capacidad para comunicarse a través de su ser poético y de la mística”, lo que continúa influyendo “en la vida de cada uno de nosotros y en la “caminhada” de esta Iglesia”.

El obispo de los indios, tuvo un papel decisivo en la formación del CIMI (Consejo Indigenista Misionero, por sus siglas en portugués), junto a su gran amigo, fallecido el año pasado, Monseñor Tomás Balduino. El testimonio del matrimonio formado por Eunice y Luis, agentes de pastoral en la Prelatura desde 1970, y que desde 1973 acompañan a los tapirapé, señala que “desde el principio Pedro asumió la causa indígena, pues percibió que entre los oprimidos de la región estaban los indígenas, los pequeños agricultores y los trabajadores de las haciendas, asumiendo decididamente la cuestión indígena, sobre todo lo referente a la educación y demarcación de las tierras”.

A él se debe la continuidad de la vida de esos pueblos que dependen de sus territorios para poder vivir en paz. Sirve como ejemplo el hecho de que los tapirapé tienen hoy dos territorios demarcados y una escuela dirigida por ellos, trabajo que también se llevó a cabo entre los karajás y los xavantes, en los lugares donde fue posible establecer equipos del CIMI, delante de las prohibiciones sufridas en tiempo de la Dictadura.

En este campo de la pastoral indigenista, también resaltan que “Pedro incorporó en nuestra religiosidad y celebraciones la causa indígena”. Esto es recogido en la “Misa de la Tierra Sin Males”, donde “es colocada la cuestión indígena como un salmo de nuestra vida y de la vida de toda la Iglesia”.

En este mismo sentido, la hermana Odile, hermanita de Jesús de Charles de Foucould, presente entre los tapirapé desde 1982, constata que Pedro supo comprender el modo de celebrar y relacionarse con el Desconocido de estos pueblos, permitiendo caminar mejor a una Iglesia que vivía el postconcilio muy insípidamente. Ella destaca en Casaldáliga su “capacidad de incluir, pues nunca dejó a nadie fuera de participar de ningún ritual”, respetando las particularidades de los indígenas y sabiendo derribar barreras.

Juntamente con los indígenas, los pequeños agricultores siempre han sido una gran preocupación en la vida de Pedro. No olvidemos que él es uno de los fundadores de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT). En la Prelatura esto se concretizó en la ANSA (Asociación de Educación y Asistencia Social Nuestra Señora de la Asución, por sus siglas en portugués), creada en 1974 por un grupo de militantes para mejorar las condiciones de vida de las personas más excluidas (agricultores familiares e indígenas) y que a lo largo de estos más de 40 años ha luchado por educación, sanidad, agricultura alternativa y formación política.

En esta lucha tuvo un papel fundamental la hermana Irene Franceschini, fallecida en 2008, y conocida en la Prelatura como Tía Irene, así como el agustino español Félix Valenzuela Cervera, presente en estas tierras desde hace más de 30 años.

Hoy la ANSA camina gracias al trabajo de un grupo de 14 personas, mayoritariamente jóvenes, que continúan haciéndose presentes en la vida de los pequeños agricultores, principalmente en dos asentamientos, el Don Pedro y el Mãe María, donde ayudan en la preservación del medio ambiente, sobre todo de las nacientes, y en la comercialización de los productos recolectados. En opinión de Vania, la actual coordinadora de la ANSA “la persistencia nacida de Pedro es lo que ha ayudado a superar las continuas presiones de los políticos”.

El reconocimiento de la importancia de Pedro en la lucha por la tierra y los derechos de los trabajadores rurales no sólo se da a nivel local, sino también a nivel nacional. En este sentido, el actual ministro de Desarrollo Agrario, Patrus Ananías, que reconoce haber aprendido a ser militante cristiano y social en la Pastoral de la Juventud, presente en estos días en la región, resalta que “el legado de Don Pedro Casaldáliga es un legado histórico, que está presente en varios frentes, como es la justicia social, el derecho a la vida…”

El ministro cita una conversación entre ellos en la que departían sobre “la necesidad de integrar cada vez más la cuestión rural y urbana, pues la tierra y el agua son las mismas, integrando reforma agraria y urbana en una perspectiva de la función social de la tierra y de la propiedad de las riquezas”. Desde ellas debe ser articulada la reforma tributaria en la que “los ricos paguen más impuestos en la perspectiva del bien común”.

Patrus Ananías se atreve a decir que “el legado de Don Pedro va a ser permanente en la historia de Brasil”. Recuerda cómo influyó en él, siendo todavía joven, la lectura del documento “Una Iglesia de la Amazonia en conflicto con el latifundio y con la marginación social”, publicado en la semiclandestinidad en 1971, el periodo más cruel de la Dictadura. Esto continuó con las posteriores lecturas de sus escritos y poemas, entre los que destaca “Yo Creo en la Justicia y en la Esperanza” y “Descalzo sobre la Tierra Roja”, convertido posteriormente en un film biográfico.

Por eso, reconoce que “São Félix do Araguaia se va convirtiendo, cada vez más, en una referencia para Brasil, porque aquí ha vivido, vive y da testimonio aquel que considero, en el mejor sentido de la palabra, sin ningún pietismo y sin concesiones a ningún tipo de fe infantilizada, un santo y un profeta, que asumió por completo los destinos del pueblo brasileño, en una lucha para construir un Brasil más justo y soberano, que atienda las necesidades fundamentales de nuestro pueblo”.

Al preguntarle si es posible el sueño de Don Pedro, de una Tierra Sin Males, responde abiertamente que sí, pues “es una utopía que todos llevamos con nosotros a partir de una fe en Jesús y en el Evangelio”. Al mismo tiempo reconoce que es una conquista a largo plazo, pero que “nos inspira y da fuerza para enfrentar los desafíos de cada momento”. Entre los desafíos para llegar a esta Tierra Sin Males, resalta la importancia del agua y de la alimentación saludable, como desafíos urgentes y concretos. Para superarlos “desde la perspectiva de la vida, la utopía es fundamental”.

Todo un legado que no puede ser perdido y que no se va perder, pues cada vez son más los interesados en la obra de Casaldáliga. Edson Flavio, doctorando en estudios literarios sobre la obra poética de Don Pedro Casaldáliga, en la Universidad del Estado de Mato Grosso (UNEMAT), destaca que “Pedro tiene una actuación, que es política y profética, pero que por encima de todo es poética”. Su obra “trae de cierta forma esa experiencia de misión y de lucha para dentro de sus textos literarios”.

El doctorando resalta que no consigue “desvincular hoy el hombre Pedro del poeta Pedro, pues son muy fuertes en su obra esos elementos de lucha y las causas por las que él lucha, el negro, el indio, el pequeño propietario”. Su poesía “es un instrumento de lucha, que puede ser utilizada para llevar a otras personas a juntarse a esa lucha, a esa utopía, a esa esperanza, a esa causa mayor que él asume” pues cuando Pedro dice que “mis causas valen más que mi vida”, muestra que “su poesía carga esa fuerza de vida y de humanidad”.

Para conservar este legado fue creado el Archivo de la Prelatura de São Felix do Araguaia, del que su responsable, Zilda Martins, resalta su importancia por “el hecho de recoger no sólo aquello que está relacionado con la religión sino con otros temas, dando la posibilidad de investigar, no sólo a las personas de la región, como muchos otros de fuera y amigos de Pedro”. En este archivo están recogidos todos sus pronunciamientos, cartas, millares de fotografías, trabajos de investigación sobre su vida y obra, lo que sin duda va a preservar su historia y la de su pueblo.

Ha sido el Archivo de la Prelatura quien ha organizado una exposición que lleva por título “Tierra de Esperanza” y que recoge la vida de esta Iglesia que camina en medio de los descartados. Me quedo con las palabras de Leonardo Boff, uno de los muchos amigos de Casaldáliga, y que aparecen reflejadas en el panel de entrada: “Pertenecemos a la tierra: somos tierra.

Venimos de la tierra y volveremos a la tierra. Tenemos la tierra dentro de nosotros. Somos la propia tierra”. Pedro se ha hecho tierra del Araguaia, una tierra donde plantó su vida como semilla que nunca dejará de dar frutos.

(Luis Miguel Modino, corresponsal de RD en Brasil).- Los jóvenes, movidos por su espíritu inconformista, que les lleva a enfrentar la vida desde la indignación, siempre buscan referencias que puedan alentar sus luchas e iluminar sus caminos.

Pedro Casaldáliga siempre ha sido un referente en la vida de mucha gente y su testimonio vital continúa irradiando a través de su presencia y palabra. A pesar de las limitaciones físicas, motivadas por la compañía de su “hermano Parkinson”, su reciente fractura de fémur y sus bien entrados 87 años, Pedro no se deja vencer por las dificultades e intenta hacerse presente en momentos que él considera importantes.

En la reciente Asamblea del Pueblo de Dios de la Prelatura de São Félix do Araguaia, apareció cada uno de los días y los momentos finales supusieron una grata experiencia para la gran mayoría de los presentes. La Pastoral de la Juventud de la Prelatura escribió una carta con la que pretendían reconocer la figura de quien siempre ha sido, además de obispo, compañero de lucha “en sus trabajos y causas sociales que siempre estuvieron dirigidas a la defensa de los más pobres y oprimidos”.

Fueron palabras emotivas y en la medida en que una joven iba leyendo la carta, las lágrimas fueron apareciendo en los ojos de muchos, inclusive en los de Pedro, que no esperaba esta muestra de cariño. Palabras que reconocen que él “es un sinónimo de amor por la tierra, por la floresta, por el hombre, por la mujer, por la vida y por la paz”.

Lo que más esperanza genera es la disposición de los jóvenes, que les lleva a decir que “asumimos hoy su legado y el compromiso de luchar por la vida de todos los pueblos”. Una prueba más de que ese legado cuenta con gente dispuesta a perpetuarlo.

Una Carta de la Juventud de la Prelatura para Don Pedro

Comenzar un texto es difícil, todavía más es hablar de un icono que se convirtió en un ideal de fuerza y lucha para varias generaciones.

Dentro de la Prelatura de São Félix do Araguaia no hay nadie que no conozca, o al menos, no tenga oído las historias y aventuras vividas por Don Pedro Casaldáliga.

Al hablar de Don Pedro no se le puede recordar apenas como fundador de la Prelatura, hay que recordarle como un todo: en sus trabajos y causas sociales que siempre estuvieron dirigidas a la defensa de los más pobres y oprimidos.

En esta historia de Prelatura hubo muchos jóvenes que estuvieron al lado de Pedro en la búsqueda de justicia, y en esta tierra, que fue tan bien preparada por las generaciones anteriores, nosotros, como juventud, queremos ser semilla, para que las futuras generaciones, que no tendrán el privilegio de convivir con este hombre ejemplar, puedan fructificar sus ideales. Tenemos la obligación de no dejar que muera esta lucha por una tierra justa.

Pues entre el legado de Pedro, la juventud se fija en su esperanza y rebeldía, pues esas son palabras que reflejan su lucha y también la trayectoria de las más diversas pastorales, juntos en la inmensa “caminhada” y batallas por amor al prójimo en ésta nuestra inmensa tierra roja, pues Pedro es un sinónimo de amor por la tierra, por la floresta, por el hombre, por la mujer, por la vida y por la paz.

Por eso la Pastoral de la Juventud, reconociendo el trabajo de este mártir vivo y de todos los otros los otros mártires que lucharon por nuestra Prelatura, asumimos hoy su legado y el compromiso de luchar por la vida de todos los pueblos. Como sus hijos y admiradores permanecemos en oración por ti y pedimos, humildemente, su bendición.

 

(Luis Miguel Modino, corresponsal de RD en Brasil).- Conocer la realidad nos ayuda a hacer un juicio de valor más acorde con las circunstancias, a no vivir de estereotipos o repetir aquello que los otros dicen, que es una actitud presente en la vida de muchos, sin ganas o capacidad de tener pensamientos propios a partir de un análisis crítico de la realidad. Cuando uno vive experiencias impactantes, poco a poco va asimilando lo que éstas representan en nuestra vida.

Visitar la Prelatura de São Félix do Araguaia y a aquel que la ha hecho conocida en todo el mundo me ha llevado a reflexionar, ahora ya desde la distancia física, y así intentar traer para mi vida cotidiana aquello que viví y aprendí.

Recuerdo que una vez, en una entrevista con Mercedes Budallés, ésta me decía que Pedro Casaldáliga decía de sí mismo que no era profeta, ni santo, ni nada de lo que los otros decían, que él era poeta, y a esto yo añadiría poeta de la esperanza.

Cuando me despedía de él, me apretó la mano con fuerza y dijo “mucha esperanza”. En el caso de Pedro no tengo duda de que esa esperanza viene de Dios, una esperanza que le lleva a ser fiel hasta el final a aquello en lo que siempre creyó y esperó, a una tierra y una gente que durante tanto tiempo ha dado sentido a su vida, esa tierra roja que ha pisado y defendido con firmeza, con valentía, con una fe que le ha ayudado a superar los miedos humanos que siempre aparecen, a estar al lado de los indios, de los pequeños agricultores, de los peones de las haciendas muchas veces explotados, al lado de los pobres de Iahveh, aunque eso haya puesto su vida en riesgo repetidas veces.

Una fe que le lleva a vivir con esperanza cuando el peso de los años y de la enfermedad aprieta, a asumir que su ritmo vital es otro, que sigue aportando cosas, aunque sea de un modo diferente. Todo esto le sigue haciendo referente en la vida de muchos, sobre todo de aquellos que ven la vida con los ojos de Aquel que movido por la confianza en el Padre apostó por una nueva forma de vivir y de dar vida en abundancia para todos.

Refiriéndose a un proverbio nacido en la teología musulmana, presente en uno de los muchos cuadros que adornan el lugar donde pasa la mayor parte del día, por dos veces, el primer día que me encontré con él y el mismo día en que me iba, dijo que “el empeño es sólo de Dios”. No le pregunté lo que quería decir con esto, pero sí que me ha llevado a pensar en lo que puede suponer en la vida de quien cree en Dios y en cómo podemos hacer realidad ese empeño de Dios.

Quedan los recuerdos y las preguntas, que nos llevan a vivir abiertos para encontrar caminos que hagan posible vivir y mostrar cómo la vida puede ser enfrentada de un modo diferente. ¿Cómo podemos ser sembradores de esperanza? ¿Cómo podemos ayudar a mirar hacia adelante a aquellos a los que nunca les dejaron levantar la cabeza? ¿Cómo hacer realidad ese mundo mejor para todos, ese Reino de Dios al que Pedro y tantos otros consagraron su vida?

Al fin y al cabo, creer en la esperanza es algo no puede separarse de luchar por la justicia, por aquello por lo que el propio Jesucristo dio la vida. Pedro Casaldáliga siempre estuvo dispuesto a eso, siempre dejó claro que “mis causas, valen más que mi vida”. Asumir eso es condición para ser discípulo de aquel que dijo “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú”. Que movidos por la esperanza creamos y anunciemos siempre eso.

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