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Debemos encontrar la salvación, no en Jesús, sino en como Jesús la encontró.

domingo, 24 de diciembre de 2023
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navidad-de-cerezoNOCHEBUENA (B)

Lc 2,1-14

Cualquier clase de discurso que podemos hacer hoy se me antoja superfluo y ridículo. Nada se puede expresar con propiedad del misterio que estamos celebrando. Hoy mejor que nunca debíamos aplicar el proverbio oriental: “Si tu palabra no es mejor que el silencio, cállate”. Solo en clave de silencio seremos capaces de entender algo. Esta noche debemos intentar una meditación sosegada sobre Jesús y sobre lo que su figura supone para todos nosotros. Jesús es el modelo a seguir. Lo que tienes que descubrir y vivir no puede venir de fuera, tiene que surgir de lo hondo de ti mismo.

El evangelio que acabamos de leer nos coloca ante el misterio, pero tendrás que adentrarte tú solito en él. Es fácil que se desborden los sentimientos en este tiempo de Navidad, pero eso no basta para vivir el misterio que celebramos. Es una noche, no para el folclore sino para la meditación. Sin esta contemplación, se quedará en algo vacío, sin ningún sentido religioso. El valor de esta fiesta depende de mi actitud. Nada suplirá el itinerario que debo emprender hacia el centro de mí mismo. Solo allí se desarrolla el misterio. Solo en lo hondo de mi ser descubriré la presencia de Dios.

Recordar el nacimiento de Jesús nos puede ayudar a encontrar a Dios dentro de nosotros y en los demás. Jesús vivió y murió en un lugar y un tiempo determinado, pero no estamos celebrando un cumpleaños. Los datos históricos no tienen importancia. Jesús nació, no sabemos dónde, no sabemos cuándo, ni en qué día, ni en qué mes, ni en qué año. Todo lo que digamos de él, desde el punto de vista histórico, apunta al desconcierto. El encuentro con Jesús, que apareció en un momento de la historia, me tiene que llevar a un encuentro como el de Jesús con Dios, que no tiene historia. Dios es siempre el mismo, pero para mí será siempre diferente.

La encarnación no es un hecho puntual, sino una actitud eterna de Dios. Dios no tiene actos. Todo lo que hace, lo es. Si se encarnó, es encarnación, es Emmanuel. Si en Jesús se hizo presente a Dios, debemos buscar en nosotros lo que descubrimos en él. No se trata de recordar y celebrar lo que pasó hace dos mil años sino de descubrir que la presencia de Dios se da hoy en mí y debo descubrir y vivir conscientemente esa realidad sublime. Lo que pasó en Jesús, está pasando en cada uno de nosotros, está pasando en mí. Este es el sentido de la Navidad que debemos recuperar.

Ni María ni José ni nadie de los que estuvieron relacionados con los acontecimiento que estamos celebrando, se pudo enterar de lo que estaba pasando, porque Dios actúa siempre acomodándose a la naturaleza de cada ser. En lo externo no pudo acontecer nada que diera cuenta de la insondable realidad que estaba en juego. Seguimos sin enteramos del significado de la Navidad, porque nos limitamos a recordar acontecimientos externos y extraordinarios que nunca se dieron. Si yo quiero enterarme tendré que tomar conciencia de lo que Dios me ofrece en este instante.

Ponernos en el lugar del que escribe es la clave para poder entender lo que nos quiere trasmitir. Para Lucas, de mentalidad mítica, Dios está en el cielo. Si quiere hacerse presente, tiene que bajar. Viene a salvar a los pobres y empieza por compartir su condición. La salvación se hará desde abajo, pero para llevarla a cabo, Dios tiene que bajar. Pero solo lo encontrará el que está buscando, no los que están satisfechos, instalados cómodamente en este mundo. No lo encontrarán en el bullicio de las relaciones sociales del día, sino en el silencio de la noche y en absoluta soledad.

Los dioses necesitan intermediarios, se ponen en acción y anuncian la noticia. ¿Quién estará preparado para escucharla? Solo los pastores, la profesión más despreciada y marginada de aquella sociedad. La salvación se anuncia en primer lugar a los oprimidos, a los que menos cuentan. Los demás están descansando, dormidos, cómodos; no necesitan ninguna salvación. Este dato es decisivo porque nosotros nos encontramos entre ese grupo que para nada necesita la salvación que el ángel anunció. Instalados en el hedonismo, solo necesitamos que nos confirmen en nuestro bienestar.

El anuncio es ‘buena noticia’. Dios es siempre buena noticia. En Jesús hemos descubierto la salvación de Dios. Pero es una salvación para todos. Dios está encarnado en mí como estuvo encarnado en Jesús. “Os ha nacido un Salvador”. Hoy, la noticia sería: Dios está viniendo siempre hacia mí para darme plenitud. Los pastores salen corriendo. No será fácil encontrarlo. Alguna pista: Un niño en un pesebre desnudo y entre pajas. Él mismo es alimento. Sus padres no dicen ni palabra. ¿Qué podrían decir? Dios decide enviar su Palabra y nos envía a un niño que no sabe hablar.

En el ambiente de la celebración de la Navidad hoy, corremos el peligro de quedemos en las pajas y no descubrir el grano. La importancia del acontecimiento se la tengo que dar yo con mi actitud de escucha. Dios no tiene que venir de ninguna parte. Dios está donde nosotros le descubrimos y le hacemos presente. Dios está donde hay amor. Allí donde un ser humano es capaz de superar su egoísmo y darse al otro. Allí donde hay comprensión, perdón, tolerancia, allí está Dios. Dios no será nada si yo no lo hago presente con mi postura ante los demás, con mi entrega, con mi amor.

Todo lo que nos hace más humano debemos incorporarlo a la fiesta. La reunión con la familia, la comida, los abrazos, todo puede ayudarnos a descubrir lo que somos y a manifestarlo con alegría. La fiesta cobrará sentido para todos en el momento que sepamos aunar lo humano y lo divino de cada ser. Si sabemos ir más allá del folklore, nos podemos encontrar celebrando la única realidad que interesa. La VIDA que está en mí y espera ser desplegada. Merece la pena hacer un esfuerzo en estos días y tratar de ser hoy más humanos que ayer y menos que mañana.

Lo que tratamos de vivir estos días de Navidad lo debíamos vivir todo el año. Dios se encarna en cada uno de nosotros para llevarnos a una plenitud que nunca podríamos soñar. Nos asusta esta propuesta porque seguimos pensando en un Dios lejano y extraño que solo se relaciona con nosotros desde su trascendencia absoluta. Tenemos tan arraigada esta idea que no nos atrevemos a ver que Dios es a la vez trascendente e inmanente. No es un día para razonamientos teológicos sino para experiencia mística. Vivir lo que somos en lo más hondo de nuestro ser y manifestarlo a través de nuestras relaciones con los demás. Todo está ya hecho y todo está por hacer.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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“Recuperar lo esencial de la Navidad”, por Consuelo Vélez.

domingo, 24 de diciembre de 2023
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IMG_1987De su blog Fe y Vida:

Diciembre es un mes lleno de esperanza, alegría, fiesta, familia, novedad. A nivel social se celebra el fin de año con todo lo que esto trae de celebración, de terminar tareas y de esperar nuevos proyectos para el año que viene

A nivel religioso, para los que somos cristianos, se suma el acontecimiento que cambió la historia hace XXI siglos: la encarnación del Hijo de Dios y con ello la posibilidad de conocer a Dios a través de Jesús, de comprender lo que quiere sobre la humanidad, de experimentar que nuestro Dios no está lejos

Diciembre es un mes lleno de esperanza, alegría, fiesta, familia, novedad. A nivel social se celebra el fin de año con todo lo que esto trae de celebración, de terminar tareas y de esperar nuevos proyectos para el año que viene. A nivel religioso, para los que somos cristianos, se suma el acontecimiento que cambió la historia hace XXI siglos: la encarnación del Hijo de Dios y con ello la posibilidad de conocer a Dios a través de Jesús, de comprender lo que quiere sobre la humanidad, de experimentar que nuestro Dios no está lejos, sino que vive en medio de nosotros, porque Él es el Emanuel: “Dios con nosotros (Mt 1, 23).

Sin embargo, en medio de nuestras sociedades cada vez más secularizadas, se hace urgente volver a recordar el significado de esta fiesta y hacer el esfuerzo de vivirla con la profundidad que ella merece. No es una tarea fácil porque el clima de fiesta que acompaña estos días, no distingue mucho entre una tradición cultural y una religiosa. No quiere decir que han de oponerse, sino que muchos viven la navidad porque la sociedad de consumo la utiliza para promocionar sus ventas, pero no entienden prácticamente nada de lo que significa.

Navidad es alegría y fiesta, pero no puede ser ajena al dolor del mundo, a la exclusión de miles de personas de una vida digna, a las víctimas de las guerras y a tantos dolores, fruto del egoísmo humano y que no logramos revertir o no ponemos el suficiente empeño para ello. De eso nos habla lo que sufrieron María y José al llegar como peregrinos a Belén y “no encontrar sitio para ellos en el mesón (Lc 2, 7).

Donación y generosidad

Navidad es alegrarnos porque Dios ha tomado rostro humano y podemos reconocerlo en nuestra realidad, pero esto no puede ser ajeno a que vivimos en un mundo donde no se reconoce la presencia de Dios en los más vulnerables, en los más pobres, en los más necesitados. Continuamente se cumple lo que pasó en aquella noche del nacimiento de Jesús: solo los pastores creen el anuncio de los ángeles y van a ver al Niño, reconociéndolo y alabando a Dios por lo que habían visto y oído (Lc 2, 15-20). Los demás habitantes de Belén ni se dan cuenta de esa presencia divina en medio de ellos.

Navidad es donación y generosidad, pero lamentablemente este tiempo es más de derroche y lujo, gastos y desborde, pero no práctica de la solidaridad, constitutiva de la vida cristiana. Algunos se contentan con comprar regalos para algunos niños pobres, pero no lo relacionan con la urgente actitud de dar y repartir no solo de lo que nos sobra sino de incluso lo que estrictamente tenemos para vivir, a imagen de la primera comunidad cristiana, donde todo lo ponían en común para que nadie pasara necesidad entre ellos” (Hc 2, 44-45).

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Necesitamos volver a la simplicidad del relato de Lucas sobre el nacimiento de Jesús (Lc 2, 1-20), dejando que este texto tan conocido, tan representado, tan invocado, vuelva a conectarnos con lo esencial de la Buena Noticia que nos transmite. Es urgente recuperar lo esencial de la Navidad, liberándonos de tanta superficialidad que no tienen nada que ver con este acontecimiento. Lo esencial de la navidad es reconocer al niño Jesús entre nosotros, sentirlo en nuestro mundo, alegrarnos porque se ha hecho parte de nuestra historia y sigue viviendo entre nosotros. Lo esencial también es darnos cuenta que Jesús al encarnarse se puso de un lado de la historia: del lado de los más necesitados, de los excluidos, de los pobres. Pero también del lado de la justicia, de la misericordia, de la entrega, de la paz, de la reconciliación, del perdón, del cuidado de la creación. ¿Será que, junto a la fiesta, las luces, la música, los regalos, la comida, las novenas y todo el trajín de la navidad como tradición cultural, podremos volver a lo esencial, buscar lo esencial, querer lo esencial? Este podría ser el mejor propósito que podamos tener para este tiempo de navidad que viviremos. Vale la pena recrear, resignificar, recuperar la navidad con todo lo que ella trae para alimentar nuestra fe, nuestra esperanza, nuestro amor.

Especial importancia tiene también en la navidad la presencia de María por su papel en la historia de salvación. El sí que dio cuando el ángel le anunció los planes de Dios sobre ella, hizo posible la navidad. No fue un sí ingenuo, irreflexivo, ciego. Fue un sí consciente y comprometido: ¿Cómo podrá ser esto si no conozco varón? (Lc 1, 34) y ante la respuesta del ángel, confirmó su aceptación y se dispuso a colaborar para hacerlo posible. De alguna manera, navidad también es una pregunta a cada cristiano sobre nuestra disposición a colaborar en hacer presente a Dios en la historia que vivimos. No somos espectadores de algo que pasó hace tantos siglos, sino que somos continuadores del misterio de la salvación en este presente.

Pidamos, entonces, que este tiempo navideño sea más que un tiempo festivo. Que sea la renovación de nuestro sí al estilo de María, que aceptó, gestó, dio a luz y acompañó la vida de su Hijo hasta el final. Estamos llamados a trasparentar a Jesús en nuestras vidas, testimoniarlo con nuestras actitudes, hacerlo creíble con nuestras obras. Navidad es el compromiso de hacer posible un mundo donde “amor y verdad se han dado cita, justicia y paz se abrazan, la verdad brota de la tierra y de los cielos baja la justicia (Salmo 85,10).

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“Alégrate”. 4 Domingo de Adviento – B (Lucas 1,26-38)

domingo, 24 de diciembre de 2023
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12251El relato de la anunciación a María es una invitación a despertar en nosotros algunas actitudes básicas que hemos de cuidar para vivir nuestra fe de manera gozosa y confiada. Basta que recorramos el mensaje que se pone en boca del ángel.

«Alégrate». Es lo primero que María escucha de Dios, y lo primero que hemos de escuchar también nosotros. «Alégrate»: esa es la primera palabra de Dios a toda criatura. En estos tiempos, que a nosotros nos parecen de incertidumbre y oscuridad, llenos de problemas y dificultades, lo primero que se nos pide es no perder la alegría. Sin alegría, la vida se hace más difícil y dura.

«El Señor está contigo». La alegría a que se nos invita no es un optimismo forzado ni un autoengaño fácil. Es la alegría interior que nace en quien se enfrenta a la vida con la convicción de que no está solo. Una alegría que nace de la fe. Dios nos acompaña, nos defiende y busca siempre nuestro bien. Podemos quejarnos de muchas cosas, pero nunca podremos decir que estamos solos, pues no es verdad. Dentro de cada uno, en lo más hondo de nuestro ser, está Dios, nuestro Salvador.

«No tema. Son muchos los miedos que pueden despertarse en nosotros. Miedo al futuro, a la enfermedad, a la muerte. Nos da miedo sufrir, sentirnos solos, no ser amados. Podemos sentir miedo a nuestras contradicciones e incoherencias. El miedo es malo, hace daño. El miedo ahoga la vida, paraliza las fuerzas, nos impide caminar. Lo que necesitamos es confianza, seguridad y luz.

«Has hallado gracia ante Dios». No solo María, también nosotros hemos de escuchar estas palabras, pues todos vivimos y morimos sostenidos por la gracia y el amor de Dios. La vida sigue ahí, con sus dificultades y preocupaciones. La fe en Dios no es una receta para resolver los problemas diarios. Pero todo es diferente cuando vivimos buscando en Dios luz y fuerza para enfrentarnos a ellos.

En estos tiempos no siempre fáciles, ¿no necesitamos despertar en nosotros la confianza en Dios y la alegría de sabernos acogidos por él? ¿Por qué no nos liberamos un poco de miedos y angustias enfrentándonos a la vida desde la fe en un Dios cercano?

José Antonio Pagola

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“Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo”. Domingo 24 de diciembre de 2023. Domingo 4º de Adviento.

domingo, 24 de diciembre de 2023
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04advientoB4cerezoLeído en Koinonia:

2Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16: El reino de David durará por siempre en la presencia del Señor.
Salmo responsorial: 88: Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.
Romanos 16,25-27: El misterio, mantenido en secreto durante siglos, ahora se ha manifestado.
Lucas 1,26-38: Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

La lectura del segundo libro de Samuel nos cuenta que, deseando David edificarle una casa Yahvé en Jerusalén, Yahvé dirigió la palabra al profeta Natán, para comunicarle que no sería David quien le edificaría una casa a Yahvé, sino que Yahvé le edificaría una casa a David. En aquellos tiempos «casa» se entendía de varias maneras, como Templo, como morada, o como descendencia. Esta profecía quiere decir es que Dios le dará una descendencia a David, es decir, la permanencia del linaje de David sobre el trono de Israel. Esta es la promesa que hace Yahvé a David y que la tradición posterior interpretará en relación con el Mesías como hijo-descendiente de David. La primitiva Iglesia entendió estas palabras en relación con Jesús como el verdadero Mesías. Mateo y Lucas se esfuerzan en presentar en sus genealogías a Jesús como descendiente de David, y varias veces se le llama Hijo de David. Es claro, Jesús es el Mesías esperado, en él se cumplen las promesas de Dios.

En los versículos que hemos leído del largísimo salmo 88 están dispuestos en la liturgia para mostrarnos la relación de Jesús con Dios. El salmo es un himno al Creador seguido de un oráculo mesiánico. En este oráculo el salmista pone en boca de Dios estas palabras: yo lo nombraré mi primogénito, altísimo entre los reyes de la tierra. Se refiere al Mesías, al salvador esperado, pero que nosotros como cristianos lo leemos claramente referido a Jesús. Él es el Hijo, la primicia por la que todos seremos salvados, el primogénito entre todos los hombres. Por su predicación, por su sencillez y servicio a los más pequeños, por su sí incondicional a Dios hasta la muerte, Dios lo resucitó haciéndolo altísimo entre los reyes de la tierra.

La segunda lectura tomada de la carta de Pablo a los Romanos nos presenta una oración de alabanza a Dios (doxología) con la que concluye toda la carta. La oración está dirigida a Jesucristo, en él cual se revela el misterio que Dios había mantenido oculto por siglos, pero que ahora, gracias a la Escritura y la predicación del mismo Jesucristo fue dado a conocer a todos, pero especialmente a los gentiles para la obediencia de la fe. Finaliza con una bendición tomada de las costumbres judías. Reconocemos que el misterio oculto por los siglos, es Jesús mismo que ahora nos revela el rostro del Padre y que se convierte en salvación para de todos los hombres.

En el evangelio leemos el anuncio del ángel a María del nacimiento de Jesús, que la convierte en la primera discípula y evangelizada: escucha la palabra de Dios, es capaz de reconocer que la acción de Dios pasa por los más pequeños y humildes. María era una mujer joven y pobre de un pueblo muy pequeño del norte del país. Ella recibe el anuncio del ángel, que la sorprende pero que sabe reconocer la acción de Dios en el anuncio. Le dice sí a Dios. A diferencia de Zacarías el signo que pide María no parte de la incredulidad, sino de la necesidad de poner por obra las palabras del ángel.

El evangelista Lucas pone de manera consecutiva el anuncio a Zacarías y el anuncio a María para resaltar que la acción de Dios se manifiesta fuera del Templo, fuera del lugar sagrado, en medio de los pobres y abandonados, como lo es María triplemente excluida por ser mujer, por ser pobre y por ser joven. Y es en ese lugar de marginación y pobreza donde el proyecto de Dios para la humanidad va a fructificar, por medio del sí consciente de María y de todos los que se identifican con ella.

El niño que nacerá de María será el Salvador, el Mesías, un «Hijo de Dios». Dios se hace ser humano en la persona de Jesús para que siendo como él, los seres humanos seamos semejantes a Dios. Pero no lo hace en contra de la voluntad de los hombres. María, con su «sí» al proyecto de Dios, introduce a Jesús en la historia, haciéndose hombre pobre y creyente.

Adviento es tiempo de preparación, de espera de la fiesta de la Natividad, de la manifestación del Mesías. Participar de esta fiesta es asumir la misma dinámica de María que le dice sí a Dios, y la misma actitud de Dios que se hace pobre para nuestra salvación en la persona de Jesús de Nazaret. Leer más…

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Abiertos a las sorprendentes encarnaciones de Dios

domingo, 24 de diciembre de 2023
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IMG_1990La publicación de hoy es del colaborador de Bondings 2.0, M. Hakes (ellos).

Las lecturas litúrgicas de hoy para el cuarto domingo de Adviento se pueden encontrar aquí.

Este domingo, nuestro camino de Adviento alcanza su culminación justo al borde de la gozosa celebración de la Navidad. El Adviento, una temporada de anticipación, preparación y espera esperanzada, y la Navidad, una celebración de la Encarnación, cuando Dios asume plenamente nuestra humanidad en el Niño Jesús, ambos parecen tiempos apropiadamente extraños.

El poder transformador del amor, encarnado en la Encarnación, es un faro que nos guía hacia una comprensión de la fe más inclusiva y compasiva. Como escribió sabiamente Santa Catalina de Siena: “Sé quien Dios quiso que fueras y prenderás fuego al mundo”. La alegría de la Navidad no es simplemente una festividad sentimental sino una afirmación radical del amor ilimitado de Dios por todos. También revela el trabajo que debemos hacer para lograr este reino de Dios, paciencia y perseverancia.

Nosotros, los católicos queer y nuestros compañeros, hemos trabajado incansablemente por una Iglesia que realmente dé la bienvenida y abrace a las personas LGBTQ+: una Iglesia firmemente arraigada en el encargo de Jesús de compartir la luz y el amor del Evangelio con todas las personas, especialmente aquellas que están marginadas. En medio de nuestra anticipación, preparación y espera esperanzada, hemos visto un progreso (a menudo lento) hacia una Iglesia que se asemeja más al llamado radical de Cristo al amor y la inclusión.

La segunda lectura litúrgica de hoy de la carta de San Pablo a los Romanos es una doxología final que alaba la sabiduría de Dios y la revelación del misterio escondido durante siglos pero ahora manifestado a través de Jesucristo. Este misterio, que abarca la salvación para todas las naciones, es fuente de alegría y esperanza y este misterio de salvación continúa desarrollándose. Cada tiempo de Adviento reaviva nuestra conciencia de la obra continua de Dios en nuestras vidas y en el mundo. El gozo expresado en la doxología de Pablo se vuelve nuestro, al reconocer que el plan de Dios para la salvación no está limitado por el tiempo, el espacio o la comprensión humana, sino que es una invitación universal extendida a todos.

Qué momento tan profundo de alegría navideña temprana fue leer la noticia de que el Papa Francisco abrió la Iglesia para bendecir a las parejas queer. Esta decisión parece un cambio radical cuando hace sólo dos años la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe proclamó: Dios “no puede bendecir el pecado”. En verdad, nuestro llamado liberador a la inclusión queer encuentra su expresión consumada en la alegría radiante de la Navidad. En las palabras del salmo de este domingo: “Por siempre cantaré la bondad del Señor”.

En el relato evangélico de hoy de la Anunciación, escuchamos el fiat de María, su “sí” a lo que el ángel Gabriel acaba de proclamar. El consentimiento de María ejemplifica la esencia misma del Adviento: anticipando la Encarnación, el Verbo hecho carne, el momento en que el soplo vital de Dios entró en un tabernáculo de carne, sangre y hueso. A través de este acto de inmenso amor, cuando Jesús toma nuestro manto de humanidad, somos sanados, renacidos como Hijos de la Luz.

La apertura de María al plan de Dios y su profunda confianza y entrega nos sirven de modelo mientras continuamos esforzándonos por una Iglesia construida sobre el amor, que acoja a todos. El fiat de María nos desafía a examinar la profundidad de nuestra propia confianza en la providencia de Dios, especialmente cuando nos enfrentamos a lo inesperado y lo desconocido. Como lo revelan constantemente las Escrituras, los planes de Dios a menudo se desarrollan de maneras que quizás no comprendamos de inmediato, o dicho de otra manera, “Dios escribe derecho con líneas torcidas”, palabras que a menudo se atribuyen a Santa Teresa de Ávila.

El Cuarto Domingo de Adviento nos llama al umbral de la Navidad (este año un poco más literalmente), invitándonos a reflexionar sobre los temas entrelazados de la esperanza, la confianza y el cumplimiento de las promesas de Dios. Al encender la cuarta vela de Adviento, llevemos a nuestra vida diaria la anticipación cultivada durante esta temporada. Que nosotros, como María, estemos abiertos a las sorprendentes encarnaciones de Dios. Que nosotros, como David, reconozcamos que los planes de Dios superan los nuestros. Y que nosotros, con Pablo, ofrezcamos nuestra propia doxología, regocijándonos en el misterio del amor redentor de Cristo que trasciende todas las barreras.

A medida que nuestro viaje de Adviento llega a su fin, que nuestros corazones hagan eco de las palabras del salmista: “Florecerá en su tiempo la justicia, y la plenitud de la paz para siempre” (Salmo 72:7).

– M. Hakes, New Ways Ministry , 24 de diciembre de 2023

Fuente New Ways Ministry

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Tres mensajeros, tres promesas y un misterio. Domingo 4º de Adviento. Ciclo B

domingo, 24 de diciembre de 2023
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fray-angelico-la-anunciacion-museo-nacional-del-pradoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

A las puertas de la Navidad, en las tres lecturas de este domingo podemos ver a tres mensajeros con tres promesas distintas y un misterio de fondo.

Primer mensajero (Natán) y primera promesa (a David)

(2 Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16)

            Al final de numerosas aventuras, David se ha convertido en rey del Norte y del Sur, de Israel y Judá. Ha conquistado una ciudad, Jebús (Jerusalén) que le servirá de capital. Se ha construido un palacio. Y ahí es donde comienzan los problemas. Mientras se aloja cómodamente en sus salas, le avergüenza ver que el arca de Dios, símbolo de la presencia del Señor, está al aire libre, protegida por una simple tienda de campaña. Decide entonces construirle una casa, un templo. El profeta Natán está de acuerdo. Dios, no. Será Él quien le construya a David una casa, una dinastía. A su heredero lo tratará como un padre a su hijo. «Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre».

            En esta antigua promesa se basa la esperanza mesiánica. Vendrán crisis políticas, morirán reyes judíos asesinados, terminará desapareciendo la monarquía cuando los babilonios deporten a los últimos reyes. Pero algunos grupos siempre mantendrán la certeza de que Dios no ha abandonado a David y le suscitará un descendiente, concebido con rasgos cada vez más grandiosos.

Cuando el rey David se asentó en su casa y el Señor le hubo dado reposo de todos sus enemigos de alrededor, dijo al profeta Natán:

̶  Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios habita en una tienda.

Natán dijo al rey:

̶  Ve y haz lo que desea tu corazón, pues el Señor está contigo.

Aquella noche vino esta palabra del Señor a Natán:

̶  Ve y habla a mi siervo David: «Así dice el Señor: ¿Tú me vas a construir una casa para morada mía? Yo te tomé del pastizal, de andar tras el rebaño, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. He estado a tu lado por donde quiera que has ido, he suprimido a todos tus enemigos ante ti y te he hecho tan famoso como los grandes de la tierra. Dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que resida en él sin que lo inquieten, ni le hagan más daño los malvados, como antaño, cuando nombraba jueces sobre mi pueblo Israel. A ti te he dado reposo de todos tus enemigos. Pues bien, el Señor te anuncia que te va a edificar una casa. En efecto, cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará para siempre.

Segundo mensajero (Gabriel) y segunda promesa (a Israel) (Lucas 1,26-38)

El anuncio de Gabriel a María es como un cuadro que solo comprendemos bien cuando lo comparamos con otro situado a su izquierda: el anuncio de Gabriel a Zacarías. Contemplando las diferencias captamos mejor su mensaje.

1) El anuncio a Zacarías tiene lugar en el espacio sagrado del templo, el de María, en un pueblecillo desconocido de Galilea, de doscientos habitantes.

2) Gabriel se aparece a un anciano venerable, casado con una mujer muy piadosa, los dos israelitas modélicos; luego Dios lo envía a una pareja joven, todavía sin casar, de los que no se menciona ninguna virtud.

3) En el primer caso, el protagonista es un varón (Zacarías); en el segundo, una muchacha (María).

4) A Zacarías se le aparece provocándole un miedo sagrado; a María la saluda con palabras tan elogiosas que se siente turbada y sorprendida.

5) En ambos casos se anuncia el nacimiento de un niño, pero con enormes diferencias entre ellos: Juan será un profeta, al estilo de Elías, y su misión consistirá en preparar al pueblo; Jesús será un rey que gobernará en la Casa de David eternamente. A menudo se pasa por alto el fuerte contenido político de las palabras relativas a Jesús: «Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Si tenemos en cuenta que «Hijo del Altísimo» no significa «Segunda persona de la Santísima Trinidad», sino que es un título del rey de Israel, las palabras de Gabriel repiten insistentemente la idea de la realeza de Jesús. Pero su reino no es universal, se limita a «la casa de Jacob».

6) En ambos casos, el nacimiento parece imposible: Zacarías e Isabel son ancianos; María no ha tenido relaciones con José. [La traducción habitual: “no conozco varón” se presta a malentendido, ya que María conoce a José, es su novio; lo que quiere decir es «no he tenido relaciones sexuales con ningún hombre».]

7) Ante esa dificultad, Zacarías pide una garantía de que eso pueda ocurrir [algo que solo se percibe claramente en el texto griego: kata. ti, gnw,somai tou/toÈ]; María se limita a formular una pregunta: «¿Cómo puedo quedarme embarazada si no he tenido relaciones con un hombre?» [pw/j e;stai tou/to( evpei. a;ndra ouv ginw,skwÈ].

8) En consecuencia, mientras Zacarías queda mudo hasta el día del nacimiento de Juan, María es la que pronuncia la última palabra: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Esta frase sintetiza la actitud de María en toda su vida y, al mismo tiempo, la presenta al cristiano como modelo de disponibilidad absoluta.

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:

̶  Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:

̶  No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Y María dijo al ángel:

̶  ¿Cómo será eso, pues no conozco varón?

El ángel le contestó:

̶  El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.

María contestó:

̶  He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

Y el ángel se retiró.

Tercer mensajero (Pablo) y tercera promesa (al mundo entero) (Rom 16,25-27)

            Pablo no ha visitado todavía Roma cuando escribe su carta a los romanos. Pero tiene una larga experiencia de apostolado y de reflexión. Sobre todo, ha tenido una experiencia fundamental en el momento de su vocación: el Mesías Jesús no ha sido destinado por Dios solo al pueblo de Israel, sino a todas las naciones.

Hermanos:
Al que puede consolidaros según mi Evangelio y el mensaje de Jesucristo que proclamo, conforme a la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora mediante las Escrituras proféticas, dado a conocer según disposición del Dios eterno para que todas las gentes llegaran a la obediencia de la fe; a Dios, único sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

El misterio

Desde David hasta Pablo se recorre un largo camino y la perspectiva se abre de modo asombroso: lo que comenzó siendo la promesa a un rey, más tarde a un pueblo, termina siendo la promesa al mundo entero. Como dice la segunda lectura, esta es «la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos».

Tres reacciones a tres mensajeros

            ¿Cómo reaccionan los interesados antes los mensajes que reciben?

            La respuesta de David no la recoge la lectura, pero es una extensa oración dealabanza y acción de gracias por la promesa que Dios le hace (2 Samuel 7,18-29).

           María reacciona con aceptación y fe. No imagina los momentos tan duros que tendrá que aceptar por causa de Jesús («una espada te atravesará el alma») ni la cantidad de fe que necesitaría cuando vea a su hijo criticado y condenado por terrorista y blasfemo.

         La reacción de Pablo, la que desea inculcar a sus lectores romanos, es cantar la sabiduría y la gloria de Dios a través de Jesucristo.

 

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24 Diciembre. Cuarto Domingo de Adviento, ciclo B.

domingo, 24 de diciembre de 2023
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“-No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús”.

(Lc 1, 26-38)

Ahora que la Navidad ya se asoma la liturgia nos regala este texto de la anunciación. Nos colocamos en la intimidad de uno de los momentos más importantes de la vida de María, y también más decisivo.

María, una mujer joven de Nazaret, escucha la voz de Dios en su vida y recibe una misión: ser la Madre de Jesús. Es el encuentro de dos libertades. La libertad de Dios que quiere depender, que elige necesitar de su criatura. Y la libertad de María que se abre a la promesa de Dios sin seguridades.

La escena es bonita, la hemos visto representada de mucha maneras. Hay muchos cuadros, esculturas, películas y representaciones sencillas que recrean aquel idílico momento en el que, digámoslo, todo parece fácil.

El ángel le dice: “concebirás a y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús”. Suena sencillo, parece que ya está todo pensado y solucionado. Pero cuando María se queda sola, cuando el ángel la deja, empiezan a emerger las dificultades. Un embarazo fuera de la vida de pareja todavía hoy es un problema, pero en el caso de María podía suponer la pena de muerte.

La misión de María fue difícil y arriesgada, llena de libertad y de compromiso. No fue una vida apacible y despreocupada, no hizo lo que quería sino que tuvo que salir al paso de lo que iba llegando.

Ahora que vamos a comenzar el Tiempo de Navidad podemos contemplar la valentía y la fortaleza de María, la mujer valiente de Nazaret.

Oración

Gracias, Trinidad Santa, por regalarnos a María como Madre y como compañera de camino

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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La encarnación de Dios es la clave.

domingo, 24 de diciembre de 2023
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annunciation-mary-bible-video-1398414-galleryLc 1,26-38

DOMINGO 4º DE ADVIENTO (B)

Lc 1,26-38

Los textos que vamos a leer estos días están tomados de los “evangelios de la infancia”. Debemos tomar conciencia del sentido no histórico de los textos. El anuncio del nacimiento de un hijo de dios, el nacimiento de madre virgen, el nacimiento en una gruta, los pastores adorando al niño, el intento de matar al niño, la huída después de un aviso, la muerte de los inocentes, el anuncio por medio de una estrella, la adoración de unos magos, etc.; todos son relatos míticos ancestrales y ninguno es original del cristianismo.

El decir “mítico” no quiere decir “mentira”. Este es el primer error a superar. El mito es un relato que intenta desvelar una verdad radical que atañe al hombre entero, y que no se puede explicar por medio de discursos racionales. Al decir que estos relatos son míticos, no estamos devaluando su contenido, sino todo lo contrario; nos estamos obligando a descubrir el significado profundo y vital que tienen. Lo nefasto es haber considerado los relatos míticos como crónicas de sucesos sin mayor alcance vital.

Todo esto lo ha descubierto la exégesis hace muchas décadas. No acabo de comprender por qué existe tanto miedo a que el pueblo conozca la verdad. ¿No nos dice el mismo evangelio que la verdad os hará libres? ¿O es que lo que nos asusta es esa libertad? Es verdad que la explicación del sentido profundo de estos textos no es sencilla, pero es precisamente esa dificultad la que debía espolearnos. He visto a la gente abrir ojos como platos cuando han comprendido la profundidad del mensaje que habían entendido literalmente.

En las lecturas de hoy destaca el contraste entre la actitud de David, que después de hacerse un palacio, decide hacer un favor a Dios, construyéndole un templo para que habite; y la actitud de María que ve solo la gratuidad de Dios para con ella. La humildad de María hace posible el acercamiento a Dios. La soberbia de David le aleja de Él. La lección es clara: Nosotros no podemos hacer nada por Dios, es Él quien lo hace todo por nosotros. Ni siquiera tenemos que comprar su voluntad con sacrificios y oraciones.

Lo que Lucas nos propone es la teología de la encarnación entendida desde el AT. Todas las palabras del relato hacen referencia a situaciones bíblicas. El evangelista acaba de narrar la concepción de Juan, que tiene como modelo la de Isaac. Para la concepción de Jesús, Lucas toma como modelo la creación de Adán. Como Adán, Jesús nace de Dios sin intermediarios; y como él va a ser el comienzo de una nueva humanidad. No es uno más de los grandes personajes de la historia de Israel. Esta es la clave de todo el relato.

Ángel=mensajero, no tiene, en el AT, la misma connotación que tiene para nosotros. No debemos pensar en unos seres al servicio de Dios, sino en la presencia de Dios de una manera humana para que el hombre pueda soportarla. El pueblo de Nazaret no es nombrado en todo el AT; es algo completamente nuevo. Galilea era la provincia alejada del centro de la religiosidad oficial. La intervención divina en Jesús rompe con el pasado y va a constituir una auténtica novedad. Todo sucede lejos del templo y de la oficialidad.

La escena se desarrolla en una casa sencilla de un pueblecito desconocido. A una virgen= doncella, no ligada a la institución, sino completamente anónima. Ni tiene ascendencia ni cualidad alguna excepcional. De los padres de Juan acaba de hacer grandes elogios, de los de María, ninguno. Virgen no debemos entenderla según nuestro concepto actual. Se trata de una niña aun no casada. Alude a la absoluta fidelidad a Dios, por oposición a la imagen del pueblo rebelde, tantas veces representado por los profetas como la adúltera o prostituta. María representa al pueblo humilde, sin relieve social alguno, pero fiel.

Alégrate, agraciada, el Señor está de tu parte. Alusión también a los profetas: “Alégrate hija de Sión, canta de júbilo hija de Jerusalén”. Es un saludo de alegría en ambiente de salvación. Cercanía de Dios a los israelitas fieles. Dios se ha volcado sobre ella con su favor. La traducción oficial, “llena de gracia”, nos despista, porque el concepto que nosotros ponemos detrás de la palabra “gracia” se inventó muchos siglos después. No se trata de la gracia, (un ser divino) sino de afirmar que le ha caído en gracia a Dios.

Al contrario que en Mateo, José, descendiente de David, no tiene papel alguno en el plan de salvación anunciado en Lucas; María misma impondrá el nombre a Jesús (Salvado). No será hijo de David, sino del Altísimo. Ser Hijo, para un judío, no significa generación biológica, sino heredar la manera de ser del padre, y tener por modelo al Padre. No será David ni cualquier otro ser humano, el modelo para Jesús, sino Dios. Jesús no puede tener padre humano, porque en ese caso tendría la obligación de obedecerle e imitarle.

El Espíritu Santo y la fuerza del Altísimo son lo mismo. Cubrir con su sombra hace referencia a la gloria de Dios que en el Génesis se representaba por una nube. Santo=Consagrado, Hijo de Dios, son designaciones mesiánicas. Consagrado hace referencia a una misión. El rey ungido era hijo de Dios. El Espíritu actúa sobre el ser de Jesús, dándole calidad divina. “De la carne nace carne, del Espíritu nace Espíritu”, dice Juan. No es la carne de Jesús la que procede del Espíritu, sino su verdadero ser. Claro que Jesús fue ‘engendrado’ por obra del Espíritu, pero de un modo más profundo de lo que pensamos.

Aquí esta la esclava del Señor. Hemos insistido tanto en los privilegios de María que hemos convertido en impensable la encarnación de Dios en alguien, que no sea perfecto. Pablo nos habla del misterio escondido y revelado. El misterio mantenido en secreto por generaciones, es que Dios es encarnación. Dios salva desde dentro de cada persona, no desde fuera con actos espectaculares. La buena noticia es una salvación que alcanza a todos. Misterio que está ahí desde siempre, pero que muy pocos descubren. No es que Dios realice la salvación en un momento determinado, Dios no tiene momentos.

Cambia el concepto de Dios para el evangelista. El Dios que a través de todo el AT se manifiesta como el poderoso, el invencible, el dador de la muerte y la vida, pide ahora el consentimiento a una humilde muchacha para llevar a cabo la oferta más extraordinaria en favor de los hombres. Ese formidable cambio de la manera de concebir a Dios no es fácil de comprender. Una y otra vez, hemos vuelto al Júpiter tonante, que está a nuestro favor y en contra de nuestros enemigos, pero estará también contra nosotros si fallamos.

Dios se hace presente en la sencillez. Seguimos esperando portentos y milagros en los que se manifieste el dios que nos hemos fabricado. Ningún acontecimiento espectacular hace presente a Dios. Al contrario, en cualquier acontecimiento, por sencillo que sea, podemos descubrirlo. Somos nosotros los que ponemos a Dios allí donde lo vemos. Pascal dijo: “Toda religión que no predique un Dios escondido, es falsa”. Los budistas repiten: “Si te encuentras al Buda, mátalo”. Todo dios que percibimos viniendo de fuera es un ídolo.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Hacia Belén va… Caminos hacia Jesús.

domingo, 24 de diciembre de 2023
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IMG_1925Una silla de ruedas, en la que va montada una abuela con un letrero que dice “hacia Belén…” y esta silla de ruedas la empuja una boliviana. Simplemente se trata de trasladar los tiempos y las personas.

La abuela quiere ver al niño Jesús, a María y a José. Y como el camino se hace largo y pesado ha buscado una silla de ruedas. Pero con riesgo de camino, de piedras, de baches, y valladares… se ha apuntado también el marido de la boliviana.

El trayecto se hace largo y se encuentran con dos personas a pie. Es raro el encontrar personas andando. Llevan una alforja, un hatillo de ropa al hombro. Quizás le sirva alguna pieza al Niño.

# Cruza un coche a toda velocidad, pero tiene una avería y tiene que parar; llaman por móvil a un mecánico. Pensaban llegar pronto a Belén, pero necesitan primero arreglar la pieza estropeada.

# Es raro, pero camina un agricultor con su azada al hombro. Y un saco de semillas. Quiere sembrar y camina hacia Belén, porque le han dicho que es tierra de pan.

#Dos personas están paradas al borde del camino quejándose de la sequía tremenda. No hay agua para regar. Van buscando agua y esperan que en alguna cueva de aquellos territorios encuentren un chorrito que sacie su sed.

No lo sabían, pero la abuela va marcando la dirección. Y todos los caminantes se encuentran y dialogan con ella. Les preguntan qué es Belén y qué hay allí. Les cuenta que ha nacido Jesús. Todos se dirigen hacia esa cueva.

Unas personas van en grupo, con ropa pobre… Hablan otro idioma. Vienen de Ucrania y van dando vueltas al mundo. Ya no pueden más. Sueñan con una cueva en la que poder descansar.

Se oyen golpes muy fuertes, disparos, cohetes de guerra… Otros van hacia unos terrenos muy peligrosos. Están en Judea. ¿Llegarán sanos a la Paz?

De todo el mundo caminamos hacia Belén. Hacia la Paz, hacia Jesús que ha nacido. Él trae el gran Mensaje, la Salvación. Por eso merece la pena pasar las dificultades del camino. Encontraremos a Jesús.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo. Hoy.

domingo, 24 de diciembre de 2023
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annonciationDOMINGO 4º ADVIENTO (B)

Lc 1,26-38

El anuncio de las promesas culmina con la anunciación del ángel. Éste, como un evangelizador o un profeta, trae la buena noticia de que la expectativa del pueblo no quedará decepcionada.

El pueblo, las mujeres y hombres sencillos, anónimos, los pobres, los descartados… continúan esperando un Mesías. También hoy. La Iglesia nos muestra la fuerza real del mesianismo. Jesús viene a salvar no sólo las almas sino los cuerpos, no sólo las personas sino las estructuras; sobre todo, porque los dones/carismas que nos ofrece son los que la sociedad y el mundo actual necesitan: la libertad de todas las esclavitudes que parten del pecado, la justicia y la paz. El Salvador “viene” para que el pueblo tome conciencia de que él mismo puede librarse de las cadenas de los poderosos, de las guerras fratricidas, de las desigualdades… y convertir la tierra y la humanidad en la casa donde todos gocen de la fraternidad/sororidad y de la abundancia de bienes.

Lo importante es descubrir y confiar en la fuerza que Dios nos da para afrontar el camino. El Salvador del pueblo es un Mesías terreno porque está ungido del Espíritu de Dios que está en el origen de todo lo creado, y quiere que el ser humano sea unidad de espíritu y materia.

Dios es absolutamente libre en la elección de aquellas personas o comunidades que Él destina para ejercer una misión salvadora. No hay privilegios históricos de ninguna clase. La economía de la salvación no está sujeta a ninguna ley humana.

Como cada día, como cada año, cuando el corazón de la persona se encuentra libre, desapegado de riquezas materiales o espirituales, de dependencias que nos hemos creado nosotros/as mismos/as… se acerca el tiempo del verdadero alumbramiento. María representa ese estado de apertura a lo Divino, recibe la visita del ángel en lo más profundo de su ser, en su interior. Es el ámbito de lo sagrado que irrumpe en la contemplación. Una comprensión lúcida, íntima, que no proviene de la memoria ni de la razón. También para ti. También para nosotros, hoy.

– El ángel, entrando a su presencia, dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres”.

Cuántas veces hemos imaginado esta escena como un hecho ocurrido en el pasado, ajeno a nuestra realidad actual, en un marco casi irreal, con ángel incluido, voz celestial… pero que no sentimos como propio. Y, sin embargo, es lo que acontece en nuestro interior lo que constituye nuestra verdadera historia, lo que da un significado real a nuestra vida. Los acontecimientos que nos narran los evangelios son el relato de un suceso interior por el que cada persona ha de pasar necesariamente en su camino de salvación. Es encarnación íntima, personal, vivida. En ese sentido, es continuación de aquella experimentada por María.

– Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:

– No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

La persona que experimenta esa presencia que en un momento dado, pone patas arriba su misma vida, queda turbada, sobrecogida… y, quizá, tras un período de quietud, de silencio, se da cuenta o descubre algo que no había percibido antes. Eso sobrecoge, ciertamente. Cuando se desvela lo que estaba oculto y comprendes la verdad que se te muestra, aunque sea difícil de descifrar o interpretar, las referencias cambian.

– María dijo al ángel: ¿Cómo será eso, pues no conozco varón?

– El ángel le contestó: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra… Ahí tienes a tu parienta Isabel que ha concebido un hijo, la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.

– María contestó: Hágase en mí según tu palabra.

¿Cómo será eso en este mundo desgarrado de dolor, sufrimiento y opresión? ¿Cómo afrontar el egoísmo, el rencor, propio y ajeno, que generan maldad, ruptura, desencuentro o muerte? ¿Damos cabida al Espíritu, hoy, entre nosotros, en medio de las prisas, el ruido, el consumismo, las luces engañosas…? ¿Cómo aunar embarazo-encarnación y vaciamiento, fertilidad y esterilidad, amanecer y anochecer… todo ello percibido en el hondón de cada persona?

Sin embargo, lo paradójico se va abriendo camino: un largo proceso personal, también comunitario como hermanos y hermanas de un mismo Abbá, donde los “yoes” no tengan el protagonismo que oculten o anestesien la Presencia de lo Divino en mí, en nosotros. No se puede detener el flujo sanguíneo de la nueva vida que se está gestando en cada persona. Es el “hágase”, “que me suceda según dices”. Eso creemos. Lo estamos realizando a pesar de nuestras limitaciones, de nuestras resistencias, de nuestros errores, de nuestras desesperanzas… basta estar vigilantes, atentos/as a no dejar entrar “lo falso”, lo que no nutre el alma y nos enreda en nuestro ego; basta la humilde apertura a la nueva criatura que me habita en mi seno virginal. Todo lleva el sello divino aun en las situaciones más desconcertantes, más dramáticas. Saber confiar en momentos de debilidad, de vacío, porque Él/Ella nos hace fuertes y no nos suelta de su mano.

Fertilidad y esterilidad se abrazan, reciben y dan luz, se quedan “unos meses” en la casa común hasta que el nuevo alumbramiento sea llegado. Es entonces, cuando salta el gozo y la explosión de alegría del alma enamorada que ha recibido la Gracia, manifestado de forma bellísima en el Magníficat de María: “Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador…” ¿Recuerdas la historia de amor que el Buen Dios tejió contigo desde el principio, todos estos años?

La promesa sigue cumpliéndose en mí, en nosotros/as. Hoy. Como cada día, sea 24 de diciembre o 17 de junio… en la tierra que habitamos, en el presente que  con-vivimos, en el futuro que construimos… ¡Feliz nacimiento!

¡Shalom!

Mª Luisa Paret

Fuente Fe Adulta

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“No temas”.

domingo, 24 de diciembre de 2023
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IMG_1879Domingo IV de Adviento

24 diciembre 2023

Lc 1, 26-38

En un mundo en el que parece que las amenazas se multiplican y el miedo se propaga y amplifica, es bueno volver al silencio de la mente para escuchar en nuestro interior la voz que dice: “No temas”.

En otro tiempo, las personas pensaban que esa voz provenía de un dios separado que, como buen “padre”, cuidaba de nosotros e iba dirigiendo la barca de nuestra existencia. Era una forma de expresarlo. Sin embargo, el cambio cultural y, en particular, la revolución cognitiva que caracteriza a nuestro tiempo, va haciendo caer aquellas imágenes, potentes en otro tiempo, pero disonantes en el nuestro.

La voz que nos invita a no tener miedo -a confiar- no viene de ningún dios ni se dirige a alguna persona «elegida». Es una voz que nos habita y que se halla disponible para nosotros en todo momento. Solo precisamos estar atentos a ella, acallando el ruido mental y permaneciendo en silencio.

No tienes que creer nada, puedes experimentarlo por ti mismo. Si en este mismo momento, tu mente entra en silencio, ¿queda algún miedo? Claro que existen amenazas objetivas de las que necesitamos protegernos. Y el miedo es una alarma valiosa que nos avisa y previene. Pero no estoy hablando de esas amenazas objetivas ni de esos miedos saludables. Me refiero al miedo enfermizo que nos hace vivir asustados y temerosos. Este miedo es creado por la mente, se alimenta a sí mismo y construye escenarios fantasmagóricos que nos terminamos creyendo y que envenenan toda nuestra existencia y nuestras relaciones.

Frente a este tipo de miedos, nuestro maestro o maestra interior nos sigue repitiendo: “No temas”. No temas, porque lo que realmente eres se halla siempre a salvo.


Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Textos evangélicos a leer con delicadeza y elegancia espiritual.

domingo, 24 de diciembre de 2023
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anunciacion_ustungDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Nota previa.

   El relato de la Anunciación que acabamos de escuchar es bueno acogerlo desde la fe como un texto poético bien lleno de contenido cristiano.

      Esta narración conviene escucharla con delicadeza y elegancia espiritual.

02.- v 26. Al sexto mes.

        Parece que no se trata -todavía- de la gestación de Jesús, pues lo que hemos escuchado ha sido el anuncio del ángel a María de su maternidad.

        Dios crea al hombre el día sexto. Dios entra en la historia humana en el día sexto.

           Podríamos pensar que la evolución del cosmos toma conciencia (inteligencia) con la creación del ser humano.

          Ahora, en la Encarnación de Jesús, el tiempo llega a su plenitud. Con la Encarnación de Jesús llega la plenitud de los tiempos, de la historia, (S Pablo).

El ángel Gabriel

      Ángel significa en griego: noticia / anuncio.

      Gabriel significa: fuerza de Dios.

      María – e Isabel – tienen noticia de la grandeza y potencia de Dios que entra en la historia.

      Bueno será que caigamos en cuenta de que también hoy Dios entra en nuestra historia, en nuestra vida. También hoy tenemos noticias de Dios, rumores de ángeles…

En Galilea – en Nazaret.

     Dios no entra en la historia humana en la grandeza de Jerusalén, del templo, ni en Judea, la religión más religiosa. Dios se acerca al ser humano en la comarca más pagana y gentil: Galilea: Galilea de los gentiles, que dice S Mateo (Mt 4,15).

     Y entra en la historia en un pueblo “de mala muerte”: Nazaret. ¿De Nazaret puede salir algo bueno? (Jn 1,46).

       Y entra en la historia a través de una humilde chica.

        La misericordia de Dios se hace presente en la debilidad, en los pequeños.

        También hoy Dios se hace presente en los niños hambrientos, en los bombardeados en Gaza, en Ucrania…

03.- v 27. Una joven Virgen

        La virginidad de María significa sobre todo que quien va a nacer es puro don: es gracia de Diosllena eres de gracia.

        El ser humano es poca cosa, más bien vacío; por otra parte las capacidades humanas no pueden abarcar a Dios.

        La Virginidad de María significa renunciar a la acción humana, a las mediaciones para dejar que Dios haga.

        No lo que haga el ser humano, sino su vacío es la única posibilidad de acoger a Dios.

        Solamente el vacío y la “nada” humana pueden concebir y acoger al que es.

        El escultor Oteiza decía de los vacíos de sus piedras en las esculturas de los apóstoles de Aránzazu que esos vacíos solamente los puede llenar Dios.

        Los vacíos humanos solamente los puede llenar Dios.

        La virginidad de María se realiza en el acontecimiento de la fe. María acepta a Dios en su vida. María acoge y concibe en su vida al inconcebible.

        La fe rompe los límites de toda incapacidad humana y se hace capaz de Dios.

        ¿Acojo a Dios en mis vacíos, en mi vida?

04.- 
v 28. Alégrate, el Señor está contigo.

        Porque el ser humano no puede conocer o llegar a Dios, Dios decide ser hombre y compartir el destino de la humanidad

             El Señor está con María, con la humanidad.

            El lejano se hace presente y cercano en Jesús. El eterno se hace tiempo. El Altísimo se abaja. El inmenso se hace pequeño, niño.

05.- v 31. Concebirás

        Concebirás a Aquel que no podía ser pensado, ni visto. Concebirás en tu vida a Dios.

        Esta es la gracia concedida por Dios a la virginidad de María: concebir lo inconcebible.

       ¿Hacemos presente a Dios en nuestras vidas, en “nuestro vacío” y en el medio en que nos toca vivir?

06. – ¿Cómo será esto, pues no conozco a varón?

       Si María conociera a varón, el que naciese no sería hijo de Dios.

      Los hijos son expresión de los padres. En este sentido Jesús no es expresión de José, de la religión judía, de la ley. Jesús es expresión de Dios.

       La Palabra (de Dios) se hizo carne, (Jn 1).

       ¿No sabíais que tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre? (Jn 5,17).

        También nosotros somos hijos de Dios. ¿Vivo conforme a los criterios, a la Palabra de JesuCristo?

07.- El Espíritu vendrá sobre Ti.

        Dios obra lo imposible comunicándole su aliento vital, su Espíritu.

  • Es el Espíritu que aleteaba en el caos original de la creación.
  • Dios comunica su aliento vital -su espíritu- al barro humano, a Adán,
  • (Gn 2,7).
  • Es el espíritu que estaba en el Sinaí para comunicar la Palabra (decálogo).
  • Es el Espíritu que está sobre los profetas.
  • El espíritu que presidió la vida de Jesús: El espíritu está sobre mí

     El Espíritu de Dios comunica vida: Señor y dador de vida… Vivir conforme al espíritu de Jesús confiere vida

08.- Anunciación en nuestro mundo.

        La Palabra, la luz  y la vida que se anuncian en el Evangelio de hoy, no fueron acogidas; vino a los suyos, pero no la recibieron.

        Tampoco hoy parecen estar presentes ni en nosotros mismos, ni en las metas de nuestra cultura y sociedad, ni en los criterios y medios que empleamos.

La razón, la Palabra, el sentido – sensatez  (el Logos), la vida no están ni en la guerra, ni en el poder, ni en la corrupción, ni en la economía, ni en el superlujo…

        El Espíritu que presida la tierra y la humanidad habrá de ser otro para que brote la vida. El mismo Espíritu que descendió sobre María, habrá de cubrir la faz de la tierra para que brote la vida.

Que se haga también nosotros la voluntad del Señor.

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“Ayunar de imágenes, escuchar rumores”, por Dolores Aleixandre.

sábado, 23 de diciembre de 2023
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nacimientolr_3De su blog Un grano de mostaza:

Al llegar Diciembre, reemplazando a los engendros de Halloween y en dura competición con Papá Noel,  emergen en nuestros belenes, felicitaciones o escaparates, una serie de personajes que la Navidad ha «esponsorizado» y que la costumbre y el folclore han ido encogiendo y trivializando: los pastorcillos, la mulita y el buey, Herodes en su castillo, los tres reyes magos con sus camellos y sus pajes… Para mucha gente no son ya más que pobladores de un peculiar país de liliputienses a quienes se contempla con paternal condescendencia y a quienes se soporta con la misma resignación que al colectivo Peces-en-el-río atacando de nuevo y amenazando con beberse toda la cuenca hidrográfica.

También es verdad que existen otros ámbitos en los que se intenta darles un tratamiento diferente pero a veces es peor si el «entendido» de turno, carraspeando un poco e impostando levemente la voz, trata de sacar a su auditorio de su ignorancia bíblica:  «Bien, como de todos Vds. es sabido, estamos ante narraciones de género midrásico, carentes de intencionalidad histórica…» Y da en hueso porque el auditorio no suele arder en ansias de ser ilustrado y además se enfada mucho cuando alguien pretende tocarles las cosas que  aprendieron de pequeños.

Tratando de encontrar una vía alternativa, mi propuesta es «hacer un ayuno» de imágenes y releer los relatos de la infancia de Jesús en los dos primeros capítulos de Lucas, prestando atención solamente a su «banda sonora«.

Empezar por escuchar los «rumores«, el murmullo de conversaciones que suscita el nacimiento de Jesús, captando la «ebullición comunicativa» que va alcanzando e implicando a todos los personajes: nace del ámbito de Dios que envía al ángel Gabriel a hablar con Zacarías en el templo mientras, fuera, la gente se hace preguntas inquietas. La conversación se reanuda entre María y el ángel, continúa después entre ella e Isabel que pronuncia su bendición «con una voz fuerte» y la escena desemboca en un himno de alabanza; cuando Zacarías recuperó el habla y se puso a bendecir al Señor, «lo sucedido se contaba por toda la serranía de Judea y cuantos lo oían pensaban en su interior ¿qué va a pasar con este niño».  En las afueras de Belén se escuchan himnos de ángeles y los pastores que los han escuchado en silencio, toman enseguida la palabra, cuentan en Belén lo que les han dicho y se vuelven glorificando a Dios; Simeón entona otro himno, bendice a los padres del niño y Ana se pone a hablar de él a todos.

  Y en medio de este tejido sonoro de palabras humanas, se van entrecruzando la gracia y la Palabra de Dios que descienden y la bendición que asciende hacia él dándole respuesta, avanza por ondas concéntricas y contagia cada vez a más gente: a los que rodean la oración de Zacarías; a amigos y vecinos  que escuchaban y se preguntaban; a los destinatarios del anuncio de la salvación; a todos los que en Belén oyen a los pastores, a las naciones que vislumbra Simeón como últimas destinatarias de la luz que trae el niño, a «los que esperaban el rescate de Jerusalén» y son evangelizados por Ana la profetisa . Hasta los ángeles se dejan arrastrar por ese movimiento multiplicador: «se les juntó un ejército celeste cantando…». «Ver no es suficiente«, insinúa discretamente Lucas, «sólo la Palabra desvela el fondo de las cosas que, detrás de sus apariencias banales, esconden un sentido que sólo saben percibir los que estén dispuestos a escuchar.»

Un año más está ante nosotros la posibilidad de que los «rumores y murmullos» que suscita el nacimiento de Jesús  nos hagan más capaces de  «bien decir»  de Dios, de la vida y de las personas. Una vez más se deja oír  esa «banda sonora» que cuestiona, provoca, invita a desplazamientos, a cambios de lugar y de postura y convoca a búsqueda y a urgencia.

Feliz Navidad y próspero año nuevo para escucharla y bailar a su ritmo.

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Alégrate: es realista, radical y revolucionario.

lunes, 18 de diciembre de 2023
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IMG_1873La reflexión de hoy es de Michaelangelo Allocca, colaborador de Bondings 2.0. Las lecturas litúrgicas de hoy para el tercer domingo de Adviento se pueden encontrar aquí.

¡ALEGRARSE! … ¿En realidad? Afuera está oscuro y húmedo, y la luz del día sigue disminuyendo. Y no importa eso: actualice la página de cualquier fuente de noticias que tenga a mano y vea una lista de titulares que podrían hacer que cualquiera quiera volver a esconderse bajo las sábanas, en lugar de salir y enfrentar lo que parece ser algo así. hora por día de luz natural. Es fácil ser cínico y preguntar: “Con todas las malas noticias, ¿cómo podemos regocijarnos?”

Para los lectores habituales de este blog, las “malas noticias” pueden incluir la decepción por la invisibilidad de la comunidad LGBTQ+ y nuestras preocupaciones en el informe elaborado después de la asamblea del Sínodo de este otoño en Roma (particularmente después de toda la preparación: al menos una persona preguntó (me preguntó si el Sínodo iba a ser “sobre la igualdad de los homosexuales y las mujeres en la Iglesia”, reflejando cómo los medios populares habían transmitido la prevalencia de estos temas en las sesiones de escucha previas al Sínodo).

Ahora que he sacado el Eeyore (búsquenlo, niños) de mi sistema… ¡Alégrate! Sí, en serio. El tercer domingo de Adviento se conoce como “Domingo Gaudete”, cuyo nombre es el imperativo plural latino que simplemente significa “¡Alégrate!” Esa es la primera palabra de la segunda lectura de hoy, donde Pablo les dice a los tesalonicenses (y a nosotros) “Estad siempre gozosos. Orar sin cesar.» La misma palabra aparece de alguna forma un total de siete veces en las lecturas litúrgicas de hoy, y la tradición de la Iglesia usa el simbolismo de este tercer domingo de Adviento para decir: “¡Aguanta, ya casi llegamos, y eso es motivo para celebrar!”

Las lecturas de este domingo nos recuerdan que la exhortación bíblica a regocijarnos nunca es una sugerencia para permitirnos una pretensión tonta, ingenua y poliyana, cerrando los ojos y negando que haya algo malo en el mundo. Es, más bien, tremendamente realista, radical e incluso revolucionario: nos dice que reconozcamos la oscuridad y las dificultades, pero que estemos gozosos a pesar de ellas, cimentados en la fe y la esperanza de que nuestro Dios siempre está obrando (y invitándonos a ayudar en ello). este trabajo) para superar y eliminar estas sombrías realidades.

Nuestra primera lectura es la que Jesús mismo (ver Lucas 4:18-19) proclamó y expuso en la sinagoga de Nazaret, diciendo a sus oyentes que “hoy se cumple este pasaje de la Escritura que habéis oído”. El “alegre” viene en la segunda parte, cuando Isaías dice que lo hará porque Dios “me ha vestido un traje de gala  y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas”. Después de hacer una pausa para saborear el hermoso equilibrio de género de las imágenes, debemos señalar que este regocijo sigue al profeta diciendo que ha sido ungido y enviado para “dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad. No se puede negar que hay pobres, con el corazón quebrantado, cautivos y prisioneros: hay regocijo por haber sido el vehículo para hacer justicia a todos ellos.

De manera similar, la oración responsorial de hoy es un evangelio, no un salmo. Es el Magnificat de Lucas 1, donde María proclama «Mi alma se regocija en Dios mi salvador» como estribillo. Entre las iteraciones de este grito, nuevamente está el reconocimiento realista del quebrantamiento y el desequilibrio, y el grito desafiante de gozosa esperanza de que la intención de Dios es corregir estos errores. Si no hubiera poderosos en sus tronos, si no hubiera gente rica, María no podría celebrar que Dios los derribó y los envió vacíos. Si no hubiera hambre, ella no podría celebrar que Dios los llenara de cosas buenas.

Y finalmente, el pasaje del Evangelio del primer capítulo de Juan (irónicamente, el único de las lecturas de hoy que no contiene “gozo” o “alegre”) armoniza maravillosamente con los demás de dos maneras. Primero, llama a Jesús la luz que viene a las tinieblas del mundo. En segundo lugar, el Bautista insiste en identificarse con la profecía de Isaías, como la voz que clama para enderezar el camino del Señor. La predicación de Juan es clara en el sentido de que “enderezar” era exactamente la aflicción de los cómodos y el consuelo de los afligidos que hace que otros profetas se regocijen. Como nos recordó el fallecido erudito y activista sudafricano Albert Nolan, OP, Jesús se alineó con Juan desde el principio, mostrando que sus prioridades estaban tan radicalmente dedicadas a derribar las estructuras de opresión como las de su primo Juan.

Todos estos mensajes deberían recordarnos que sí, nuestra comunidad LGBTQ+ puede que todavía sea pobre, con el corazón roto, cautiva y hambrienta, pero debemos recordar lo sorprendente que es que nuestras preocupaciones fueran, de hecho, discutidas abiertamente durante el Sínodo (en serio: bajo ningún otro pontífice en mi vida habría siquiera soñado que esto podría suceder). Aunque distorsionada y demasiado simplificada, la cobertura de los medios populares dio la impresión de que el Sínodo sería «sobre los derechos de las mujeres y LGBTQ+» precisamente porque estos se mencionaron constantemente como preocupaciones de quienes participaron en las sesiones preparatorias, y esto no fue cerrado ni eliminado de los resúmenes. .

Aún más, considere lo sorprendente que durante el mes de la asamblea del Sínodo, el Papa Francisco dio la bienvenida y honró a los líderes del New Ways Ministry en el Vaticano, así como a otros defensores de los católicos LGBTQ+, incluida la Red Global de Católicos Arcoíris y el p. James Martín, SJ.

Puede que aún no esté completamente aquí, pero la luz ciertamente está llegando para disipar la oscuridad.

—Michaelangelo Allocca, New Ways Ministry, 17 de diciembre de 2023

Fuente New Ways Ministry

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“En medio del desierto”. 3 Domingo de Adviento – B (Juan 1,6-8.19-28)

domingo, 17 de diciembre de 2023
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IMG_1809Los grandes movimientos religiosos han nacido casi siempre en el desierto. Son los hombres y las mujeres del silencio y la soledad los que, al ver la luz, pueden convertirse en maestros y guías de la humanidad. En el desierto no es posible lo superfluo. En el silencio solo se escuchan las preguntas esenciales. En la soledad solo sobrevive quien se alimenta de lo interior.

En el cuarto evangelio, el Bautista queda reducido a lo esencial. No es el Mesías, ni Elías vuelto a la vida, ni el Profeta esperado. Es «la voz que grita en el desierto». No tiene poder político, no posee título religioso alguno. No habla desde el templo o la sinagoga. Su voz no nace de la estrategia política ni de los intereses religiosos. Viene de lo que escucha el ser humano cuando ahonda en lo esencial.

El presentimiento del Bautista se puede resumir así: «Hay algo más grande, más digno y esperanzador que lo que estamos viviendo. Nuestra vida ha de cambiar de raíz». No basta frecuentar la sinagoga sábado tras sábado, de nada sirve leer rutinariamente los textos sagrados, es inútil ofrecer regularmente los sacrificios prescritos por la Ley. No da vida cualquier religión. Hay que abrirse al Misterio del Dios vivo.

En la sociedad de la abundancia y del progreso se está haciendo cada vez más difícil escuchar una voz que venga del desierto. Lo que se oye es la publicidad de lo superfluo, la divulgación de lo trivial, la palabrería de políticos prisioneros de su estrategia, y hasta discursos religiosos interesados.

Alguien podría pensar que ya no es posible conocer a testigos que nos hablen desde el silencio y la verdad de Dios. No es así. En medio del desierto de la vida moderna podemos encontrarnos con personas que irradian sabiduría y dignidad, pues no viven de lo superfluo. Gente sencilla, entrañablemente humana. No pronuncian muchas palabras. Es su vida la que habla.

Ellos nos invitan, como el Bautista, a dejarnos «bautizar», a sumergirnos en una vida diferente, recibir un nuevo nombre, «renacer» para no sentirnos producto de esta sociedad ni hijos del ambiente, sino hijos e hijas queridos de Dios.

José Antonio Pagola

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“En medio de vosotros hay uno que no conocéis.”. Domingo 17 de diciembre de 2023. Domingo 3º de Adviento

domingo, 17 de diciembre de 2023
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03advientoB3cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 61,1-2a.10-11: Desbordo de gozo con el Señor.
Interleccional: Lucas 1,46-54: Me alegro con mi Dios.
1Tesalonicenses 5,16-24: Que vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado hasta la venida del Señor.
Juan 1,6-8.19-28: En medio de vosotros hay uno que no conocéis.

 El profeta Isaías invita a todo el pueblo que retorna del destierro, y que ha visto que las promesas con que esperaban encontrar su tierra no son tan ciertas; lo invita a la esperanza. La acción de Dios es efectiva y eficaz. La Jerusalén que ahora ven arruinada, será en un futuro centro de peregrinaciones y a la que acudirán todas las naciones de la tierra. Es una realidad muy dura de pobreza, de tristeza y de cautiverio. Por eso, la vocación del profeta esta dirigida hacia esas personas. Se siente capacitado por Dios para el anuncio de «buenas noticias» de esperanza a los marginados del país. Las cosas están difíciles pero podemos salir adelante, Dios no nos abandona, parece decir el profeta. Aunque haya dificultades al regreso el Señor ha revestido al pueblo de ropas de salvación, le ha retornado el don de la tierra, y así como está hace germinar los frutos, quien hace germinar la justicia y la alabanza es el Señor.

El salmo recoge hoy la oración de María cuando visita a Isabel, que la tradición llama Magnificat. La oración esta basada en el cántico de Ana que encontramos en el 1Sam 2, 1-10. Se centra en dos grandes temas, por una parte los pobres y humildes son socorridos en detrimento de los poderosos, y por otra, el hecho de que Israel es objeto del favor de Dios desde la promesa hecha a Abraham (Gn 15,1; 17,1). María canta la grandeza de Dios salvador que se ha fijado en los humildes, especialmente en la pequeñez de María, y nos muestra que la lógica de Dios no siempre coincide con la lógica e los poderosos. Precisamente ha hecho una promesa con un pueblo pequeño cumpliendo la promesa de Abraham, se ha fijado en la humildad y pequeñez de María, ha derribado del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. La lógica de Dios pasa por el reconocimiento de los más pequeños como sujetos preferenciales de su acción. En eso consiste ser creyente. Esta es la palabra profética que la tradición pone en boca de María.

En la segunda lectura vemos como el apóstol Pablo invita a la comunidad de Tesalónica a la fidelidad. La vida de la comunidad tenía algunas dificultades: problemas con los animadores de la comunidad, peleas, desánimo, falta de fe, fornicación. Es una comunidad que se ha convertido del paganismo al cristianismo (1,9) y que ha dejado los ídolos, sus dioses, para seguir al Dios verdadero, pero que le cuesta desprenderse del todo de sus tradiciones antiguas, de su legado cultural. Parece que la exigencia de la vida de comunidad no le era satisfactoria a muchos que se sentían desilusionados. Es por esto que Pablo les llama la atención; reconoce que ha sido una comunidad que se ha esforzado por seguir a Jesús, que posee el Espíritu del Resucitado, pero que aún puede dar más. Les llama a estar alegres, a orar constantemente, a no dejarse desanimar. No se trata de rechazar todo lo que les viene de fuera y que les impide la vida de comunidad, se trata de examinar todo y quedarse con lo bueno. Les llama a fidelidad y a continuar en el camino que han emprendido. No hay que dejarse desanimar por los problemas, que siempre habrán, se trata de ser fieles al camino emprendido y vivirlo con alegría pues estamos convencidos que es el mejor camino a la felicidad.

El evangelio de Juan no presenta el testimonio de Juan el Bautista que ahondaremos a lo largo de esta semana litúrgica. La lectura nos introduce diciendo que este es el testimonio de Juan y luego nos cuenta que de Jerusalén los dirigentes judíos enviaron delegados para preguntarle si era el Mesías o Elías que precedería a la llegada del Mesías. La respuesta de Juan es ambigua. Si bien no se reconoce como Mesías tampoco se reconoce como Elías que ha de venir; sin embargo, sí se reconoce como la voz que clama en el desierto, que prepara la venida del Mesías. La respuesta genera una pregunta lógica en los emisarios judíos: si no eres, entonces ¿por qué bautizas? Su respuesta es parecida a la primera, el bautismo de agua es un bautismo purificador, si se quiere externo, pero quien vendrá traerá un bautismo que purificará a todo el ser humano y ante el cual el bautismo de Juan es solo anticipo. Es claro que la figura de Juan el Bautista tiene gran importancia para las primeras generaciones cristianas. Además de homologarlo con el profeta Elías, muchos de los seguidores de Juan pertenecieron a las primeras comunidades cristianas. Por otro lado, fue crítico ante el poder dominante de los romanos y de Herodes, lo que le llevó a la muerte. Fue un hombre que supo entregarse a su misión y que supo ver en el futuro que se avecinaba, los tiempos esperados. Leer más…

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17.12.23. Voz/vox que clama en el desierto y Palabra verdadera (Dom 3 adviento, Jn 2,19-28)

domingo, 17 de diciembre de 2023
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IMG_1847Del blog de Xabier Pikaza:

El evangelio de Juan afirma que Juan Bautista no es importante por sí mismo (como profeta o mesías), sino como voz/vox que conduce a la verdad de la Palabra, sin mentir ni engañar.

Es un evangelio durísimo: Supone que la mayor parte de las veces la voz/vox miente, engaña y oprime. Sólo una voz/vox como la de Juan en el desierto conduce al “nacimiento de la verdad” (encarnada en Jesús).

Ruego al lector que esté atento al juego entre voz/vox que es mentira y logos/verdad del hombre auténtico.

Juan 1,6-8.19-28

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.

Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?» Él confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.» Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?» El dijo: «No lo soy.» «¿Eres tú el Profeta?» Respondió: «No.» Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado ¿qué dices de ti mismo?»

Él contestó: «Yo soy la voz (fônê) que grita en el desierto: «Allanad el camino del Señor», como dijo el profeta Isaías.» Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de las sandalias». Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Evangelio polémico, distinguiendo voz y palabra

a) Hay una voz/vox (en hebreo qol,קוֹל, en griego, φωνὴ, foné) cuya función consiste en engañar, en el “desierto” antiguo o nuevo, sin más finalidad que seducir a los incautos, que oprimir a los hombres, al gritar voces pero sin palabra (sin verdad). En contra de esa voz/vox de engaño clama desde el principio el evangelio de Juan, apelando a Juan Bautista que es voz verdadera en el desierto.

b) Juan, la voz auténtica, lleva a la verdad que es la palabra (logos). Esa es la vox/qol/foné, que se abre en forma de dabar (hebreo), al logos (griego), es decir a la palabra verdadera de comunicación, iluminación y amor. (Jn 1,14)

Problema de fondo de este evangelio: que la voz (los discursos externos, los gritos…) lleven al dabar/logos, palabra de verdad y comunicación. El evangelio de Juan se enfrenta con las voces que mienten, engañan, oprimen… porque no son palabra, sino anti/palabra, no son verdad, sino anti/verdad… En un mundo de mentiras (cf. 2ª Bestia de Ap 13), puras voces/gritos para engañar y oprimir, Juan en el desierto es una voz que lleva a la palabra (cf Jn 1,1-14, el comienzo y compendio del evangelio).

Juan, maestro de Jesús: Voz que lleva del desierto a la Palabra verdadera  Juan era una voz, un grito en el desierto… no para oprimir a los hombres, sino para conducirles a la palabra verdadera. Sabía que este mundo tiene que acabar, porque está podrido, y, en ese contexto, pesar de ello, pedía a los hombres y mujeres que se convirtieran, ofreciéndoles un bautismo de perdón para la palabra verdadera

(1) Este mundo está maduro para (es digno de)  ser destruido: por eso anunciaba Juan el Juicio que viene como Huracán y como Fuego que abrasa a los perversos, un juicio de condena que no procede de Dios, sino del pecado de los hombres, a quienes Dios ha confiado el mundo para que lo cuiden, pero ellos se han empeñado de destruirlo por un tipo de fuego (calentamiento, bomba).

(2) En ese contexto, Juan ofrecía una bautismo de esperanza, para escaparse «de la ira que se acerca» (cf. Mt 3, 7) y alcanzar así la salvación, en la tierra prometida, tras el río de las aguas divisorias. Era necesario un cambio urgente, rápido y completo, pues de lo contrario caería el hacha ya para destruir a los perversos…

(3) Una voz grita en el desierto: ¡Preparad! Una voz que lleva a la palabra de la comunicación verdadera.  Sin esta voz del desierto no podemos  comenzar  la verdadera vida humana, en fraternidad y justicia (4) El anuncio de Juan incluía la llegada de uno que es más fuerte, de alguien que viene en nombre de Dios (que es Dios mismo) para realizar las promesas. Juan era sólo un mensajero,  una “voz” (no la palabra) alguien que anuncia aquello que ha de llegar .

En un sentido, Juan afirma que la historia de los hombres ha fracasado, pero queda un resquicio de esperanza y en ese resquicio quiere mantenerse, para abrir la puerta a los que vengan, en el borde del desierto, ante el río que evoca el paso de la muerte a la vida y el nuevo nacimiento en la tierra de Dios.

Se han acabado las oportunidades de los poderosos del mundo, pero queda Dios y, en su nombre, Juan acoge y ofrece su promesa a los excluidos de la tierra, a los publicanos y las prostitutas… (cf. Mt 21. 32). De esa forma, Juan  se planta, como profeta de Dios para los pobres y para todos los que quieran convertirse, junto al río, vestido de piel de camello y comiendo alimentos silvestres (Mc 1, 6). Sólo así puede exigir la conversión y anunciar la salvación de Dios a los que han sido expulsados de las pretendidas salvaciones de la tierra.

Juan es un hombre del confín, en la frontera de los lugares y los tiempos, acusando a los culpables, pidiendo conversión a todos, desde el mismo desierto. Los que no quieran volver a ese principio, aquellos que se aferren a su vida muelle, a su egoísmo y su riqueza acabarán destruyéndose a sí mismos y destruyendo a los demás.

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La voz/vox dice: Preparar el camino del Dios, abríos a la palabra:

  1. Volver al desierto… Éste es el mensaje clave de este día. No se trata de hacer ayuno por ayuno, sino de aprender a simplificar, centrándose en lo esencial (¡sólo con lo esencial se puede vivir en el desierto!), sin adornos falsos, sin complejos de superioridad, simplemente «a cuerpo», reyes y mendigos, todos… Ésa es la voz que se escucha en el desierto
  2.  Elevar lo que está hundido (cuidad a los pobres, los aplastados, los humillados…, hacer que haya espacio para los expulsados). Éste motivo de la elevación de los que están aplastados y humillados forma parte de la experiencia original de los judíos, desde el canto de Ana (en 1 Sam 2) hasta el de María, la madre de Jesús (en Lc 1).
  3. Abajar lo que está exaltado (que nadie se imponga desde arriba…); que nadie puede destruir a los pequeños… Que bajen los de arriba, no por espíritu de venganza o resentimiento, sino sólo porque abajo (desde abajo) se pueden ver las cosas, empezando en el desierto, con todos, para todos…

ANTIGUO TESTAMENTO. El desierto recibe dos sentidos básicos:

Es un lugar de prueba y castigopor donde los israelitas tienen que vagar durante cuarenta años, para superar su pecado y prepararse para entrar en la tierra prometida, como han puesto de relieve las grandes tradiciones del Pentateuco (sobre todo de Ex, Num y Lev), que puede interpretarse así como guía de hombres y mujeres que marchan sin fin por desiertos, buscando la vida;

Es un lugar de purificación y nuevo nacimiento, para retomar la historia de amor del principio de Israel. El segundo tema, que implica una vuelta al desierto, como medio de purificación y conversión, constituye uno de los motivos básicos de la profecía de Oseas, Jeremías y el Segundo Isaías.

TEXTOS DE DESIERTO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

El Dios de Oseas (2, 14-15)  se queja porque su pueblo le ha abandonado. Por eso planea llevarla al desierto, es decir, significa enamorarla de nuevo: volver al comienzo de un encuentro donde las dificultades eran estímulo y germen de amor fuerte. Se trata de volver de las voces falsas y mentiras a la verdad del amor

En esa línea se mantiene y avanza Jeremías: «Me acuerdo de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas  a mi lado en el desierto, en tierra no sembrada» (Jer 2, 2). También el Dios de Jeremías quiere volver al desierto en amor, recordando y recreando la historia del primer noviazgo con el pueblo.

Esos temas culminan con el Segundo Isaías: «Voz que clama en el desierto: Preparad los caminos de Yahvé…. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane (Is 40, 3-4). Ésta es la voz que lleva a la palabra del amor,  al encuentro enmamorado (Is 41, 18-20). Esta imagen de la trasformación del desierto el tierra fértil, de encuentro con Dios, constituye uno de los símbolos más importantes de la historia israelita.

NUEVO TESTAMENTO

(a) Desierto de los opresores: voz/vox,qol, fone de violencia, sin palabra. Voz de engaño, sin comunicación. Así aparece como lugar de peligros y engaños, donde se esconden y surgen y engañan al pueblo los falsos mesías (cf. Flavio Josefo, Ant. 20, 188; BJ 2, 59). La misma iglesia antigua ha puesto en guardia a los fieles en contra de estos profetas del desierto: «Si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis…» (Mt 24, 26).

(b) Desierto con voz (vox, qol, foné…) del diablo, que parece hablar pero no habla, sino que engaña. El diablo tiene voz, pero no tiene palabra…Su voz (qol, foné…) es mentira y opresión. Parece que habla, pero engaña. Es pura propaganda, sin palabra  Es lugar de prueba, vinculado al mesianismo de Jesús (cf. Mc 1, 12; Mt 4, 1; Lc 4, 1) que se enfrenta allí con su tarea, superando allí el riesgo del pan-poder-milagro. (c)  Desierto de profetas. Juan Bautista: Una voz (fone) abierta a la palabra (dabar), voz que se hace transparencia del Dios de Jesús que es palabra/logos (Jn 1,14).El desierto es lugar de iniciación profética, lugar donde Juan Bautista ha venido a preparar los caminos del Señor (segúnIs 40, 3), no solamente el camino de unos bautistas o esenios como los de Qumrán (cf. 1 QS 8, 14; Mc 1, 2-3), sino el camino de la Palabra de Dios que es Jesús

CONCLUSIÓN:

Juan no es profeta ni mesías.  No realiza una función personal egoísta, al servicio de sí mismo. No busca su triunfo como persona, (como profeta o mesías) en contra de los grupos “bautistas” que le quieren “divinizar”. Él no importa en sí mismo; no es un “ego, una vox/phônê”, egolátrica cerrada en sí, que miente y engaña a los demás… No es palabrería (palabra de pos-verdad), sino “voz que vincula, pues lleva a la palabra

Juan es una voz voz/vox (קוֹל, qol, φωνὴ, phônê)… que no miente, sino que nos conduce a la Palabra, que es dabar, logos (דָבָר, Λόγος) Dios como verdad, comunión de amor y de justicia entre los hombres.  Por la voz auténtica (dabar, fonos, fonética) se llega la Palabra, que es el logos (que es Jesús…). Hay voces que son falsas, mentirosas, que engañan, que mienten, como dice 1 Cor 13: Voces que ocultan, engañan y mienten… En contra de esa voces que engañan y mienten viene Juan como voz que anuncia la verdadera palabra, la verdad que es Dios como principio de vida y comunión.

(He evocado el tema en Diccionario de la Biblia. El mejor comentario del texto sigue siendo el de San Agustín, en Comentario al evangelio de Juan).

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“Preparación a la Navidad en tres actos”. Domingo 3º de Adviento. Ciclo B.

domingo, 17 de diciembre de 2023
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IMG_1834Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Yo soy la voz que clama en el desierto.

La liturgia del tercer domingo de Adviento, teniendo en cuenta la cercanía de la Navidad, pretende ser una clara invitación a la alegría. El protagonista de la primera lectura afirma: «Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios»; san Pablo pide a los tesalonicenses: «Estad siempre alegres». Juan Bautista es demasiado serio para hablar de alegría, pero da testimonio de la luz que inundará el mundo, y eso también es motivo de gozo. Aparte de este dato común, la mejor forma de entender las lecturas es imaginarnos espectadores de una obra de teatro en tres actos.

Acto primero

Cuando se descorre el telón se ve un personaje de pie en el centro del escenario, rodeado de una multitud sentada en el suelo, pobremente vestida. Son antiguos desterrados en Babilonia, actuales oprimidos por el imperio persa. La escena está en penumbra, transmitiendo al espectador una sensación de profunda tristeza; sólo un foco ilumina el rostro del protagonista. Mira en silencio, durante largo rato, a la multitud que le rodea. Finalmente, abre la boca y dice algo inaudito: «El Espíritu del Señor está sobre mí». Suena a blasfemia. El Espíritu del Señor hace siglos que no se posa sobre nadie. Eso dicen algunos sabios: que el Espíritu se retiró después de la destrucción del templo de Jerusalén. Pero el personaje parece muy seguro de lo que dice. Y les habla de la misión que llevará a cabo movido por el Espíritu: «daros una buena noticia a vosotros que sufrís, vendar los corazones desgarrados, proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, proclamar el año de gracia del Señor».

Poco a poco, la luz que solo iluminaba el rostro aumenta de intensidad y permite ver que el protagonista, a diferencia de los demás, está vestido de gala, envuelto en un manto regio y espléndido, que refuerzan la alegría de su rostro. Pero no habla como un rey a su corte. Se dirige a campesinos, con el lenguaje que pueden entender: «Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los cantos de alegría ante todos los pueblos».

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor. Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas. Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.

Acto segundo

En el centro del escenario, un muchacho de unos veinte años sentado a una mesa y escribiendo. Pablo camina por la habitación mientras dicta.

̶  Guardaos de toda forma de maldad.

̶ No sigas. (Lo interrumpe el muchacho cuando acaba de escribir la frase). Ya van siete consejos.

Pablo lo mira extrañado.

̶ ¿Los has ido contando?

̶ Claro. Los seis anteriores han sido: «Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión. No apaguéis el espíritu. No despreciéis el don de profecía. Examinadlo todo, quedándoos con lo bueno». Ahora basta con que los encomiendes a Dios y les asegures su protección.

̶ ¿Cuál de esos consejos te viene mejor?

El muchacho se queda releyéndolos y pensando mientras cae el telón.

Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros. No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno. Guardaos de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas.

Acto tercero

 Escena a orilla del río Jordán. En el centro Juan Bautista, rodeado de un grupo de sacerdotes y levitas. Las noticias que han llegado a Jerusalén son alarmantes. Cada vez más gente acude al río, y las autoridades temen que se produzca una revuelta. ¿Quién es ese Juan? ¿Es el Mesías, el rey que los liberará del poder romano? ¿Es cierto, como dicen unos, que es el profeta Elías, que ha vuelto a la tierra? ¿O es el profeta del que habló Moisés, el que otros esperan antes del fin del mundo? ¿Qué dice él de sí mismo?

Lo asedian a preguntas, pero no consiguen arrancarle más que negativas, cada vez más escuetas: «No soy el Mesías». «No lo soy». «No». Al final, cansado de tanto interrogatorio, les da una clave que ellos probablemente no comprenden. «Yo solo soy una voz que grita en el desierto. Al que deberíais buscar es a uno que no conocéis, que viene detrás de mí, mucho más importante que yo».

Los sacerdotes y levitas dan a Juan por imposible y se retiran.

Juan mira a sus discípulos y les comenta: «Han venido desde Jerusalén queriendo saber quién soy yo, y no les interesa saber quién es el que viene detrás de mí».

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?»

Él confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.»

Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?»

El dijo: «No lo soy.»

«¿Eres tú el Profeta?»

Respondió: «No.»

Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?»

Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: «Allanad el camino del Señor», como dijo el profeta Isaías.»

Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?»

Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.»

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Crítica del periódico

Como preparación a la Navidad se representó ayer una extraña obra en tres actos que provocó bastante desconcierto entre el público presente. En opinión de este comentarista, la clave se encuentra en el contraste entre los actos primero y tercero: el primero habla de un personaje seguro de sí mismo y de su misión; el tercero, de Juan, que se empequeñece a sí mismo para poner de relieve la grandeza del que lo sigue. Y el que lo sigue es precisamente el que lo ha precedido, el protagonista del primer acto. Alguien con un mensaje de esperanza y alegría para los que sufren. Quien no esté de acuerdo con estas sutilezas deberá contentarse con poner en práctica los buenos consejos de Pablo.

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17 Diciembre, 2023. Tercer Domingo de Adviento.Domingo “Gaudete”. Ciclo B

domingo, 17 de diciembre de 2023
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Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz.”

(Jn 1, 6-8. 19-28)

El evangelio de este domingo nos ofrece un modelo de testimonio. Juan Bautista, el enviado por Dios,  se presenta como el que señala, el que indica hacia quién debemos mirar.

Porque en lo que al evangelio se refiere se trata de anunciar y ser testigos, nunca protagonistas. Dios, en Jesús, no nos ha pedido que salvemos al mundo, ni siquiera que lo cambiemos. Lo único que nos pide es que anunciemos la Buena Noticia de su Reino.

Juan Bautista lo tiene claro, dice: Yo soy la voz. Eso mismo estamos llamados a ser todos los cristianos. Somos la voz de una Buena Noticia. Y la Buena Noticia es que Dios en Amor infinito.

Sería estupendo que lo que nos queda de Adviento fuera un tiempo para descubrir o re-descubrir la Buena Noticia de la que tenemos que ser voz, porque es bueno que la voz esté en sintonía con el mensaje, tenga la entonación y el timbre adecuados.

Nos quedan unos días para descubrir, como si fuera la primera vez, la Palabra de la que estamos llamados a ser voz. Estos días podríamos hacer algo tan sencillo como leernos de seguido uno de los evangelios, el que más nos guste y disfrutar dejando que la Palabra nos toque el corazón. Como tenemos la costumbre de leer los evangelios por fragmentos, cuando lo leemos todo seguido, como un libro, descubrimos mensajes nuevos. Y para quienes no se atrevan con todo el evangelio que tal con los dos primeros capítulos de Mateo o Lucas que nos cuentas los relatos de la Navidad. Seguro que no te defrauda.

Oración.

Santa Ruah, sé tú el aire, el impulso de nuestra voz para que no sepamos decir otra cosa que la Palabra. Amén.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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La voz es signo inconfundible de una persona.

domingo, 17 de diciembre de 2023
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 IMG_1832DOMINGO 3º DE ADVIENTO (B)

Jn 1,6-8,19-28

La antífona de entrada de la misa de hoy dice: “estad siempre alegres en el Señor, os lo repito estad alegres, el Señor está cerca”. La verdadera alegría nace del descubrimiento de lo que ya somos, no porque Dios esté cerca. No solo tenemos derecho a estar alegres, sino que tenemos la obligación de ser alegres. Puede ser interesante hablar de la alegría justo en este momento que estamos rodeados de tristezas. ¿Qué alegría buscamos en esta fiesta?

El primer paso sería diferenciar el placer y el dolor de la alegría y la tristeza. El placer y el dolor son mecanismos que la evolución ha desplegado para asegurar nuestra supervivencia como individuos y como especie. Son respuestas automáticas del organismo ante lo que es bueno o perjudicial para nuestra biología. Si el contacto con el fuego no me produjera dolor, me abrasaría sin poner remedio alguno.

El placer que nos proporciona la biología no es malo. Pero las necesidades de placer no tienen límite y nunca quedan satisfechos. Debemos encontrar otro camino para desplegar una vida feliz. Esa alegría es la clave para alcanzar la felicidad de permanece en el tiempo. La alegría es un estado que debemos alimentar desde dentro. Nacerá de un verdadero conocimiento de nuestro ser y de la estructura de nuestra psicología.

Una alegría que perdure tiene que estar fundamentada en nuestro ser profundo, no en lo accidental que podemos tener hoy y perder mañana. No se puede apoyar en la riqueza, en la fama, en los honores; realidades que vienen de fuera de nosotros mismos. Pero tampoco se puede apoyar en la salud, en la belleza, en el culto al cuerpo, porque también esas realidades son efímeras y antes o después las perderemos. Nuestra principal tarea es descubrirlo y vivirlo. Entonces nuestra alegría será completa absoluta y duradera. El ser felices, o desgraciados, no depende de las circunstancias que nos rodean, sino de la manera como cada uno respondemos a esas influencias de lo externo y de lo interno.

Es probable que el versículo 6 fuera el principio del evangelio de JN. Muchos libros del AT comienzan así: “Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba…” Los otros 10 versículos son la continuación del prólogo, y nos narran una misión de los “judíos”. Da por supuesto que el lector conoce lo que el Bautista hacía en el desierto de Judea. Empieza con el interrogatorio al que le someten los enviados. Eran los responsables del orden, por tanto, no tiene nada de extraño que se preocupen por lo que está haciendo.

La pregunta es simple: ¿Tú quién eres? Existían varias figuras mesiánicas. La principal era el Mesías, pero también la de un profeta escatológico (como Moisés). La de Elías que volvería. Juan atrajo mucha gente a oír su predicación y a participar en su bautismo. La pregunta quería decir: ¿Con cuál de las figuras mesiánicas te identificas? La respuesta es también sencilla: Con ninguna: No soy el Mesías ni Elías ni el Profeta. No quedan satisfechos y le exigen que defina su papel. La respuesta es también simple: Soy una voz.

Allanad el camino al Señor. Es el grito de todo profeta. Esto es lo que nos dice Jesús por activa y por pasiva. Lo que debemos tener en cuenta hoy es que “el Señor” no tiene que venir de fuera sino dejarle surgir desde dentro. Con esta salvedad, esta sugerencia sigue siendo la clave de toda religiosidad. ¿Cómo conseguirlo? Apartando de nosotros todo lo que impide esa manifestación de lo divino en nosotros, el egoísmo e individualismo.

Entonces, ¿por qué bautizas? No se identifica con ninguno de los personajes previsibles, pero se siente enviado por Dios. La pregunta lleva en sí una acusación. Si no eres el Mesías ni Elías ni el Profeta, eres un usurpador. El hecho de bautizar estaba asociado a una de las tres figuras anteriores. Consideran su bautismo como un movimiento en contra de las instituciones. En realidad, era el símbolo de una liberación de las autoridades.

Yo bautizo con agua. La justificación de su bautismo es humilde. Se trata de un simple bautismo de agua. El que ha de venir bautizará en espíritu santo. Esta distinción entre dos bautismos, agua y Espíritu, es típicamente cristiana, se trae a colación para dejar, una vez más, bien clara la diferencia entre la propuesta de Juan y la de Jesús.

Entre vosotros hay uno que no conocéis. El bautista habla de una presencia velada que no es fácil de descubrir. Es el recuerdo de lo que les costó conocer a Jesús. Esa dificultad permanece hoy. Incluso los que repetimos como papagayos que Jesús es Hijo de Dios, no tenemos ni idea de quién es Dios y quién es Jesús. Ni lo tenemos como referente ni significa nada en nuestras vidas. En el mejor de los casos, lo único que nos interesa es la doctrina, la moral y los ritos oficiales para alcanzar una seguridad externa.

Para entender la relación entre la figura del Bautista y Jesús, es imprescindible que nos acerquemos a la narración sin prejuicios. Para nosotros, esto no es nada fácil, porque lo que primero hemos aprendido de Jesús, es que era el Hijo de Dios, o simplemente que era Dios. Desde esta perspectiva, no podremos entender nada de lo que pasó en la vida real de Jesús. Este prejuicio distorsiona todo lo que el evangelio narra. Lucas dice que Jesús crecía en estatura, en conocimiento y en gracia ante Dios y los hombres.

Jesús desplegó su vida humana como cualquier otro ser humano. Como hombre, tuvo que aprender y madurar poco a poco, echando mano de todos los recursos que encontró a su paso. Fue un hombre inquieto que pasó la vida buscando, tratando de descubrir lo que era en su ser más profundo. Su experiencia personal le llevó a descubrir donde estaba la verdadera salvación del ser humano y entró por ese camino de liberación. Si no entendemos que Jesús fue plenamente hombre, es que no aceptamos la encarnación.

Es comprensible que los primeros cristianos no se sintieran nada cómodos al admitir la influencia de Juan Bautista en Jesús. Esta es la razón por la que siempre que hablan de él los evangelios, hacen referencia al precursor, que no tiene valor por sí mismo, sino en virtud de la persona que anuncia. A pesar de ellos tenemos muchos datos interesantes sobre Juan Bautista. Incluso de fuentes extrabíblicas. El primer dato histórico sobre Jesús que podemos constatar en fuentes no bíblicas, es el bautismo de Jesús por Juan.

Jesús aceptaba la propuesta de Juan, pero no renunció a seguir buscando. Eso le llevó a seguir caminando, yendo más allá de él en muchos puntos. Están de acuerdo en que no basta la pertenencia a un pueblo ni los rituales externos para salvarse. Es necesaria una actitud interior de apertura a Dios que se traduzca en obras. Juan insiste en una estrategia para escapar del castigo. En Jesús prevalece una propuesta de amor de Dios a todos y definitiva. Enseña la manera de participar del amor, no solo de escapar de la ira.

 Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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