Archivo

Archivo para la categoría ‘Biblia’

9. XII. 18. Levántate Jerusalén, en marcha Iglesia. Pregón de Adviento.

domingo, 9 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en 9. XII. 18. Levántate Jerusalén, en marcha Iglesia. Pregón de Adviento.

5D4AB842-08B2-4B43-8AC7-D5042414F30EDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 2º de Adviento, ciclo c, Baruc 5, 1-9. . El pecado mayor de la Iglesia es que no espera.

– Se ha parado hace tiempo, no camina. Se paró en el siglo IV d.C., pactando con un tipo de jerarquía imperial.
– Se paró en el siglo XI, al imponer un tipo de poder clerical y de nuevo en el XVI-XVII, con su absolutismo.
– Y ahora nos parece a muchos que ha decidido sentarse en su pasado, como si no fuera Adviento, un camino abierto a la utopía real de la Nueva Humanidad.

Contra todos los mensajes de fracaso, contra todos los intentos de quedar en lo que fuimos (en el siglo IV, en el XI, en el XVI-XVII), nuestra Iglesia de Adviento debe levantarse ya y ponerse en marcha, ligera de equipaje, arrojando por la borda el lastre del siglo IV, XI y XVII, para ser de esa manera lo que siempre ha sido sido, sin un tipo de jerarquías clericales, de poderes feudales, de absolutismos… como dijo el mismo Papa Benedicto XVI en Spe Salvi (2009): hemos sido salvados en esperanza, siendo caminantes que nos dirigimos a la Nueva Jerusalén, la montaña de la Fraternidad Universal, sin armas, ni violencia.

Muchos afirman que no hay camino, que la esperanza ha terminado, pues somos lo que somos, sin más (¡ha llegado el fin de la historia!) en un mundo de poderes superiores y de miedos que nos paralizan… Muchos afirman que la Iglesia ha sido colonizada por un tipo de parálisis sagrado, sin más salida ni tarea que vivir de recuerdos que, al no renovarse, se mueren.

En este momento debemos superar nuestro complejo de museo, para ser de nuevo lo que somos: Una aventura «salvaje» de vida (perdónese la palabra), una tarea admirada de Jesús, que hizo camino en la línea de la lectura de Baruc, de este domingo, Así quiero y debo debe decir levántate Jerusalén, añadiendo en marcha iglesia.

Desde ese fondo, con la primera lectura de la misa, tomada del viejo Baruc, un escriba recuperado para la esperanza, quiero ofrecer yo también mi sencillo manifiesto de adviento, retomando algunos pasajes fundamentales de la esperanza y tarea de la Nueva Jerusalén, que llevamos dentro y que esperamos.

Imagen 1: Luz de ocaso/amanecer en Jerusalén
2. Cenáculo cristiano en Jerusalén. Signo de la venida del Espíritu
3. Sueño de la nueva Jerusalén

1ª Lectura: Baruc 5, 1-9

Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción y vístete las galas perpetuas de la gloria que Dios te da, envuélvete en el manto de la justicia de Dios y ponte en la cabeza la diadema de la gloria del Eterno, porque Dios mostrará tu esplendor a cuantos viven bajo el cielo. Dios te dará un nombre para siempre: «Paz en la justicia» y «Gloria en la piedad».

Levántare, Jerusalén, sube a la altura, mira hacia el oriente y contempla a tus hijos, reunidos de oriente a occidente a la voz del Santo, gozosos invocando a Dios.A pie se marcharon, conducidos por el enemigo, pero Dios te los traerá con gloria, como llevados en carroza real.

Dios ha mandado abajarse a todos los montes elevados y a las colinas encumbradas, ha mandado llenarse a los barrancos hasta allanar el suelo,para que Israel camine con seguridad, guiado por la gloria de Dios.Ha mandado al boscaje y a los árboles aromáticos hacer sombra a Israel. Porque Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria, con su justicia y su misericordia.

Texto. La utopía de la Nueva Jerusalén

Al final de los tiempos estará firme el Monte de la casa del Señor…
hacia él confluirán las naciones, caminarán pueblos numerosos.
Dirán: venid, subamos al monte del Señor;
él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas…
Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos.
De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra
(Is 2, 2-5; cf. Miq 4, 1 ss.)

Monte Sión, escuela de paz

Los profetas de Israel definieron al Dios de Dios como fuente de paz para los hombres. Por eso, sus fieles no necesitaban acudir a las armas, porque él mismo les defendía. De esa manera desarrollaron el tema de la no-violencia activa. Para responder al Dios de paz, sus fieles tienen que renunciar a la guerra, es decir, des-armarse, respondiendo así al ofrecimiento creador de Dios:

Ay de los que bajan a Egipto por auxilio, confiados en su caballería…
Porque los egipcios son hombres y no dioses;
sus caballos son carne y no espíritu (Is 31, 1-3).

La paz bíblica no se alcanza con pactos militares, que son una forma larvada de guerra, sino a través de una confianza superior en Dios, que se expresa en la comunión, a través de la palabra. Por eso hay que invertir de un modo radical el tipo de educación. Existía entonces y sigue existiendo ahora una educación para la guerra, expresaba en los ejercicios y pactos militares. En contra de eso, debe instaurarse una educación para paz, expresada en el diálogo y comunicación entre todos los hombres.

La misma existencia de un ejército va en contra de Dios, pues está mostrando, físicamente, que sus fieles no creen en la paz por la palabra. En esa línea, el ejército en cuanto tal aparece como idolatría: una forma falsa de entender la realidad. El verdadero ídolo de un pueblo (el más peligroso) no es una estatua de piedra o madera, sino su armamento y soldados.

Las mismas torres militares, los caballos y carros de combate, es decir, las armas de guerra, van en contra de la identidad de Dios y del don y promesa de vida, que se muestra en cada niño que nace (cf. Is 2, 7-9). Por eso, cuando los reyes de Damasco y Samaria amenazan con su ejército a Sión, el profeta responde presentando a un niño:

Ten cuidado, está tranquilo, no temas, ni desmaye tu corazón…
He aquí que la doncella concebirá y dará a luz un hijo
y le pondrán por nombre Emmanuel, Dios con nosotros (cf. Is 7, 13-14)
.

En otro tiempo, muchos israelitas habían pedido a Dios que les ayudará en la Guerra Santa y así luchaban, confiando en que el mismo Dios les daría la victoria. Pero ahora el profeta les pide que crean, sin hacer guerra, sin entablar batalla, siguiendo el modelo de Ex 14-15, cuando los fugitivos de Egipto habían confiado su defensa a Dios y Dios les había liberado. Pues bien, en otro tiempo, el signo de la liberación había sido el paso por el mar, a pie enjuto (mientras se ahogaban los enemigos). Ahora, en cambio, el signo de paz es un niño, en quien se halla encarnada la promesa de Dios.

Desde aquí se entiende la profecía del Emmanuel, en cuyo contexto se sitúa Is 7, 13-14:

«Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado… y se llamará Admirable Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz» (Is 9, 6).

En este ambiente surgen y se entienden las palabras más consoladoras y exigentes de la utopía pacificadora de los israelitas que han renunciado a las armas para defenderse. Al lado de Dios, no hay lugar para las armas, pues Dios lo ha creado todo a través de la Palabra (Gen 1), no por medio de algún tipo de guerra. La Palabra de amor crea (es Dios), la guerra destruye (no es divina). El Dios israelita no tuvo que luchar cuando creaba el mundo; tampoco los israelitas habrán de hacerlo, como muestras las palabras centrales del manifiesto ya citado:

Al final de los tiempos estará firme el monte de la casa del Señor…
De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra
(Is 2, 2-5; cf. Miq 4, 1 ss.)

Para superar la violencia de un sistema que para imponerse utiliza las armas, el Dios del Advient0 nos ofrece una enseñanza divina (nos instruirá en sus caminos…) y un compromiso humano, en una línea más personal (no se adiestrarán para la guerra) y más material (de las espadas forjarán arados…).

Esa nueva forma de actuar, definida aquí en forma negativa (¡no se adiestrarán…!) y positiva (¡de las espadas forjarán arados!), no puede ser el resultado de un pacto del sistema (pues los pactos necesitan armas, han de ser sancionados por la fuerza), sino que ha entenderse como alianza de humanidad, gratuitamente.

El Dios que supera la guerra

En otro tiempo, la ley del Monte Sinaí (cf. Ex 19-24), centrada en el decálogo y dirigida a los israelita, seguía manteniendo la paz de este mundo con medios de violencia y así justificaba la guerra y la pena de muerte. En contra de eso, la nueva ley del Dios de Monte de Sión, será enseñanza de paz, para todos los pueblos (pues es imposible la paz sin universalismo). Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

¿Hay motivos para estar alegres? Domingo 2º de Adviento. Ciclo C.

domingo, 9 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en ¿Hay motivos para estar alegres? Domingo 2º de Adviento. Ciclo C.

Preparad el camino al SeñorDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

«Preparad el camino al Señor…»

Vivo ahora mismo en Roma, en una comunidad internacional, y cuando se comenta la situación del propio país, desde Italia hasta Japón, pasando por la India, Francia, Estados Unidos, etc., es raro que alguien se muestre muy optimista. Nuestro mundo, el cercano de cada día, y el lejano, ofrece motivos de preocupación y tristeza. Y cuando un católico entra en la iglesia en los domingos de Adviento, la casulla morada del sacerdote parece confirmarle en su pesimismo.

Sin embargo, lo que intentan transmitirnos las lecturas de este domingo es alegría. La del profeta Baruc ordena expresamente a Jerusalén: “quítate tu ropa de duelo y aflicción”. Si el sacerdote que preside la eucaristía quisiese realizar una acción simbólica, al estilo de los antiguos profetas, podría quitarse la casulla morada y cambiarla por una blanca y dorada. También el Salmo habla de alegría: “la lengua se nos llenaba de risas, la lengua de cantares”; “el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. Pablo escribe a los cristianos de Filipos que reza por ellos “con gran alegría”. Y el evangelio recuerda el anuncio de Juan Bautista: “todos verán la salvación de Dios”. Las lecturas de este domingo no justifican que se suprima el Gloria, todo lo contrario. Hay motivos más que suficientes para cantar la gloria de Dios.

Primer motivo de alegría: la vuelta de los desterrados (Baruc 5,1-9)

Jerusalén, quítate tu ropa de duelo y aflicción, y vístete para siempre el esplendor de la gloria que viene de Dios. Envuélvete en el manto de la justicia que procede de Dios, pon en tu cabeza la diadema de gloria del Eterno. Porque Dios mostrará tu esplendor a todo lo que hay bajo el cielo. Pues tu nombre se llamará de parte de Dios para siempre: Paz de la Justicia y Gloria de la Piedad.

Levántate, Jerusalén, sube a la altura, tiende tu vista hacia el Oriente y ve a tus hijos reunidos desde oriente a occidente, a la voz del Santo, alegres del recuerdo de Dios.

Salieron de ti a pie, llevados por enemigos, pero Dios te los devuelve traídos gloria, como un trono real. Porque ha ordenado Dios que sean rebajados todo monte elevado y los collados eternos, y colmados los valles hasta allanar la tierra, para que Israel marche en seguro bajo la gloria de Dios. Y hasta las selvas y todo árbol aromático darán sombra a Israel por orden de Dios. Porque Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria, con la misericordia y la justicia que vienen de él.

La lectura de Baruc recoge ideas frecuentes en otros textos proféticos. Jerusalén, presentada como madre, se halla de luto porque ha perdido a sus hijos: unos marcharon al destierro de Babilonia, otros se dispersaron por Egipto y otros países. Ahora el profeta la invita a cambiar sus vestidos de duelo por otros de gozo, a subir a una altura y contemplar cómo sus hijos vuelven “en carroza real”, “entre fiestas”, guiados por el mismo Dios.

¿Qué impresión produciría esta lectura en los contemporáneos del profeta? Sabemos que a muchos judíos no les ilusionaba la vuelta de los desterrados; había que proporcionarles casas y campos, y eso suponía compartir los pocos bienes que poseían. Otros, mejor situados económicamente, verían ese retorno como un punto de partida de un resurgir nacional.

Y esto demuestra la enorme actualidad de este texto de Baruc. A primera vista, hoy día Jerusalén es Siria, Iraq, tantos países de África que están perdiendo a sus hijos porque deben desterrarse en busca de seguridad o de trabajo. Pero también nosotros podemos identificarnos con Jerusalén y ver a esos cientos de miles de personas no como una amenaza para nuestra sociedad y nuestra economía, sino como hijos y hermanos a los que se puede acoger y ayudar en su desgracia.

Segundo motivo de alegría: la bondad de la comunidad (Filipenses 1,4-6.8-11)

Rogando siempre y en todas mis oraciones con alegría por todos vosotros a causa de la colaboración que habéis prestado al Evangelio, desde el primer día hasta hoy; firmemente convencido de que, quien inició en vosotros la buena obra, la irá consumando hasta el Día de Cristo Jesús.

Pues testigo me es Dios de cuánto os quiero a todos vosotros en el corazón de Cristo Jesús.  Y lo que pido en mi oración es que vuestro amor siga creciendo cada vez más en conocimiento perfecto y todo discernimiento, llenos de los frutos de justicia que vienen por Jesucristo, para la gloria y alabanza de Dios.

Pablo sentía un afecto especial por la comunidad de Filipos, la primera que fundó en Macedonia. Era la única a la que le aceptaba una ayuda económica. Por eso, en su oración, recuerda con alegría lo mucho que los filipenses le ayudaron a propagar el evangelio. Y les paga rezando por ellos para que se amen cada día más y profundicen en su experiencia cristiana. La actitud de Pablo nos invita a pensar en la bondad de las personas que nos rodean (a las que muchas veces solo sabemos criticar), a rezar por ellas y esforzarnos por amarlas.

Tercer motivo de alegría: el anuncio de la salvación (Lucas 3,1-6)

En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios.

A diferencia de los otros evangelistas, Lucas sitúa con exactitud cronológica la actividad de Juan Bautista. No lo hace para presumir de buen historiador, sino porque los libros proféticos del Antiguo Testamento hacen algo parecido con Isaías, Jeremías, Ezequiel, etc. Con esa introducción cronológica tan solemne, y con la fórmula “vino la palabra de Dios sobre Juan”, al lector debe quedarle claro que Juan es un gran profeta, en la línea de los anteriores. El Nuevo Testamento no corta con el Antiguo, lo continúa. En Juan se realiza lo anunciado por Isaías.

Juan, igual que los antiguos profetas, invita a la conversión, que tiene dos aspectos: 1) el más importante consiste en volver a Dios, reconociendo que lo hemos abandonado, como el hijo pródigo de la parábola; 2) estrechamente unido a lo anterior está el cambio de forma de vida, que el texto de Isaías expresa con las metáforas del cambio en la naturaleza.

Pero, a diferencia de los grandes profetas del pasado, Juan no se limita a hablar, exigiendo la conversión. Lleva a cabo un bautismo que expresa el perdón de los pecados. Se cumple así la promesa formulada por el profeta Ezequiel en nombre de Dios: “Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará”.

Las dos conversiones

¿Se podría mandar a una persona como penitencia estar alegre? Parece una contradicción. Sin embargo, las lecturas de este domingo y de todo el Adviento nos obligan a examinarnos sobre nuestra alegría y nuestra tristeza, a ver qué domina en nuestra vida. Es posible que, sin llegar a niveles enfermizos, nos dominen altibajos de cumbres y valles, momentos de euforia y de depresión, porque no recordamos que hay motivos suficientes para vivir con serenidad la salvación de Dios.

Al mismo tiempo, las lecturas nos invitan también a convertirnos al prójimo, acogiéndolo, amándolo, rezando por ellos.

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

9 de Diciembre de 2018. Segundo Domingo de Adviento. Ciclo C.

domingo, 9 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en 9 de Diciembre de 2018. Segundo Domingo de Adviento. Ciclo C.

D50813CA-2EE7-4EDB-ABE9-6BA06B1F3497

“…vino la Palabra de Dios sobre Juan.”

(Lc 3,1-6)

¡Anunciad!. Si este adviento empezaba con la invitación a levantarnos, a ponernos en pie y alzar la cabeza, ahora nos urge a anunciar.

Nos presenta a Juan Bautista, un personaje peculiar, de esos a los que uno se vuelve a mirar cuando te los cruzas por la calle. Así fue, una persona peculiar de las que Dios nos regala con una cierta frecuencia. Un inconformista valiente, de los que no se callan la verdad, le pique a quien le pique. Es más, de esos que se atreven a gritar verdades y por eso se buscan problemas.

Juan Bautista era de esas personas que se han dejado transformar y por eso la esperanza habita en ellas. Saben que la realidad está llena de posibilidades y de bondad y están convencidas de que todo ser humano es capaz de cambiar, que lo bueno es patrimonio de todos, “…todos verán la salvación de Dios”.

A sus ojos no existen los obstáculos: los caminos se pueden allanar, los valles se pueden elevar, los montes y las colinas pueden descender y hasta lo torcido se puede enderezar. Su confianza no tiene límites por eso atraen a otras personas.

Necesitamos “Juanes”.  Cada uno de nosotros podríamos intentar esta semana ser un poco “Juan Bautista”, lo de vestirse de piel de camello es opcional, pero llevemos allá donde vayamos un mensaje lleno de esperanza. ¡Que se nos note que la Palabra de Dios nos ha tocado el corazón!
Confiemos y que esa confianza se dilate, se contagie. Quien tiene fe, aunque esa fe sea pequeña como un granito de mostaza, si se agarra a esa fe pequeñita, ¡podrá mover montañas!

Oración

¡Anunciad! para que lo torcido empiece a enderezarse.

¡Anunciad! para que la esperanza reverdezca.

¡Anunciad! para que todos vean la salvación de Dios.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Jesús aprendió de Juan pero fue más allá.

domingo, 9 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en Jesús aprendió de Juan pero fue más allá.

battistaLc 3, 1-6

Las tres figuras de la liturgia de Adviento son: Juan Bautista, Isaías y María. El evangelio de hoy nos habla del primero. La importancia de este personaje está acentuada por el hecho de que hacía trescientos años que no aparecía un profeta en Israel. Al narrar Lc la concepción y el nacimiento de Juan, antes de decir casi lo mismo de Jesús, manifiesta lo que este personaje significaba para las primeras comunidades cristianas. Para Lc la idea de precursor es la clave de todo lo que nos dice de él. Se trata de un personaje imprescindible.

Los evangelistas se empeñan en resaltar la superioridad de Jesús sobre Juan. Se advierte una cierta polémica en las primeras comunidades, a la hora de dar importancia a Juan. Para los primeros cristianos no fue fácil aceptar la influencia del Bautista en la trayectoria de Jesús. El hecho de que Jesús acudiese a Juan para ser bautizado, nos manifiesta que Jesús tomó muy en serio la figura de Juan, y que se sintió atraído e impresionado por su mensaje. Juan tuvo una influencia muy grande en la religiosidad de su época. En el momento del bautismo de Jesús, él era ya muy famoso, mientras que a Jesús no le conocía nadie.

Es muy importante el comienzo del evangelio de hoy. Estamos en el c. 3, y curiosamente, Lc se olvida de todo lo anterior. Como si dijera: ahora comienza, de verdad, el evangelio, lo anterior era un cuento. Intenta situar en unas coordenadas concretas de tiempo y lugar los acontecimientos para dejar claro que no se saca de la manga los relatos. Hay que notar que el “lugar” no es Roma ni Jerusalén sino el desierto. También se quiere significar que la salvación está dirigida a hombres concretos de carne y hueso, y que esa oferta implica no solo al pueblo judío, sino a todo el orbe conocido: “todos verá la salvación de Dios”.

Como buen profeta, Juan descubrió que para hablar de una nueva salvación, nada mejor que recordar el anuncio del gran profeta Isaías. Él anunció una liberación para su pueblo, precisamente cuando estaba más oprimido en el destierro y sin esperanza de futuro. Juan intenta preparar al pueblo para una nueva liberación, predicando un cambio de actitud por parte de Dios pero que dependería de un cambio de actitud en el pueblo.

Los evangelios presentan el mensaje de Jesús como muy apartado del de Juan. Juan predica un bautismo de conversión, de metanoya, de penitencia. Habla del juicio inminente de Dios, y de la única manera de escapar de ese juicio, su bautismo. No predica un evangelio – buena noticia- sino la ira de Dios, de la que hay que escapar. No es probable que tuviera conciencia de ser el precursor, tal como lo entendieron los cristianos. Habla de «el que ha de venir» pero se refiere al juez escatológico, en la línea de los antiguos profetas.

Jesús por el contrario, predica una “buena noticia”. Dios es Abba, es decir Padre-Madre, que ni amenaza ni condena ni castiga, simplemente hace una oferta de salvación total. Nada negativo debemos temer de Dios. Todo lo que nos viene de Él es positivo. No es el temor, sino el amor lo que tiene que llevarnos hacia Él. Muchas veces me he preguntado, y me sigo preguntando, por qué, después de veinte siglos, nos encontramos más a gusto con la predicación de Juan que con la de Jesús. ¿Será que el Dios de Jesús no lo podemos utilizar para meter miedo y tener así a la gente sometida?

La verdad es que la predicación de Jesús coincide en gran medida con el mensaje de Juan. Critica duramente una esperanza basada en la pertenencia a un pueblo o en las promesas hechas a Abrahán, sin que esa pertenencia conlleve compromiso alguno. Para Juan, el recto comporta­miento personal es el único medio para escapar al juicio de Dios. Por eso coincide con Jesús en la crítica del ritualismo cultual y de la observancia puramente externa de la Ley.

Dios no tiene ni pasado ni futuro; no puede “prometer” nada. Dios es salvación, que se da a todos en cada instante. Algunos hombres (profetas) experimentan esa salvación según las condiciones históricas que les ha tocado vivir y la comunican a los demás como promesa o como realidad. La misma y única salvación de Dios llega a Abrahán, a Moisés, a Isaías, a Juan o a Jesús, pero cada uno la vive y la expresa según la espiritualidad de su tiempo.

No encontraremos la salvación que Dios quiere hoy para nosotros si nos limitamos a repetir lo políticamente correcto. Solo desde la experiencia personal podremos descubrir esa salvación. Cuando pretendemos vivir de experiencias ajenas, la fuerza de atracción del placer inmediato acaba por desmontar la programación. En la práctica, es lo que nos sucede a la inmensa mayoría de los humanos. El hedonismo es la pauta: lo más cómodo, lo más fácil, lo que menos cuesta, lo que produce más placer inmediato y es lo que motiva nuestra vida.

Más que nunca, nos hace falta una crítica sincera de la escala de valores en la que desarrollamos nuestra existencia. Digo sincera, porque no sirve de nada admitir teóricamente la escala de Jesús y seguir viviendo en el más absoluto hedonismo. Tal vez sea esto el mal de nuestra religión, que se queda en la pura teoría. Apenas encontraremos un cristiano que se sienta salvado. Seguimos esperando una salvación que nos venga de fuera.

En la celebración de una nueva Navidad, podemos experimentar cierta esquizofrenia. Lo que queremos celebrar es una salvación que apunta a la superación del hedonismo. Lo que vamos a hacer en realidad es intentar que en nuestra casa no falte de nada. Si no disponemos de los mejores manjares, si no podemos regalar a nuestros seres queridos lo que les apetece, no habrá fiesta. Sin darnos cuenta, caemos en la trampa del consumismo. Si podemos satisfacer nuestras necesidades en el mercado, no necesitamos otra salvación.

En las lecturas bíblicas debemos descubrir una experiencia de salvación. No quiere decir que tengamos que esperar para nosotros la misma salvación que ellos anhelaban. La experien­cia es siempre intransferible. Si ellos esperaron la salvación que necesitaron en un momento determinado, nosotros tenemos que encontrar la salvación que necesitamos hoy. No esperando que nos venga de fuera, sino descubriendo que está en lo hondo de nuestro ser y tenemos capacidad para sacarla a la superficie. Dios salva siempre. Cristo está viniendo.

El ser humano no puede planificar su salvación trazando un camino que le lleve a su plenitud como meta. Solo tanteando, puede conocer lo que es bueno para él. Nadie puede dispensarse de la obligación de seguir buscando. No solo porque lo exige su progreso personal, sino porque es responsable de que los demás progresen. No se trata de imponer a nadie los propios descubrimientos, sino de proponer nuevas metas para todos. Dios viene a nosotros siempre como salvación. Ninguna salvación puede agotar la oferta de Dios.

Es importante la referencia a la justicia, que hace por dos veces Baruc y también Pablo, como camino hacia la paz. El concepto que nosotros tenemos de justicia es el romano, que era la restitución, según la ley, de un equilibrio roto. El concepto bíblico de justicia es muy distinto. Se trata de dar a cada uno lo que espera, según el amor. Normalmente, la paz que buscamos es la imposición de nuestros criterios, sea con astucia, sea por la fuerza. Mientras sigan las injusticias, la paz será una quimera inalcanzable.

Meditación-contemplación

Vivir lo que vivió-experimentó Jesús,
ha hecho libres a muchísimas personas.
¿Te está ayudando a ti a alcanzar la libertad total?
Ese es el primer objetivo de tu existencia.
El segundo es ayudar con tu Vida a liberar a otros.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Gozar del esplendor, dejar atrás la oscuridad.

domingo, 9 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en Gozar del esplendor, dejar atrás la oscuridad.

0Esta noite chora uma gitarra, (Fado portugués)

9 de diciembre. DOMINGO II DE ADVIENTO

Lc 3, 1-6

Una voz grita en el silencio: y verá todo mortal la salvación de Dios

La misión mesiánica no podrá ser asimilada si no hay una disposición interior, un camino “allanado” para recibir a Jesús.

Ese camino a que hace referencia el profeta Baruc en 5, 7 en el que Dios mostrará su esplendor: “Dios ha mandado aplanarse / a los montes elevados / y a las colinas perpetuas, / ha mandado llenarse a los barrancos / y a las colinas perpetuas / hasta allanar el suelo, / para que Israel camine / con seguridad / guiado por la gloria de Dios”.

La Navidad se acerca y es preciso que abajemos a flor de tierra el orgullo de nuestros montes elevados, y la presunción de nuestro henchido ego. En otro caso el Niño, no podrá recorrerlo. Quizás haya que cruzar también ríos y pantanos. Y entonces, precisaremos estar bien pertrechados de energías para que, como el gigante San Cristóbal, podamos subirlo a nuestros hombros, y llevarlo hasta la orilla opuesta sin cansarnos.

Jesús cargó sobre los suyos a quienes tenían necesidad de algo. Necesidad de atravesar desiertos, de desprender las hojas en otoño, de tiritar en invierno, de florecer en primavera, y de dar frutos en verano.  Sólo así se garantiza que podamos cruzar con júbilo el Mar Rojo (Éxodo 14, 16), apagar nuestra sed con el agua de la roca golpeada por el bastón de Moisés (Números 20,) y saciarnos de maná, blanco como la semilla de cilantro y gusto parecido a obleas de miel (Éxodo 16, 31).

Allí estaba la voz recia del Profeta manteniendo continuamente en Ley a los israelitas, y aquí la de Juan Bautista, clamando en el desierto, porque tampoco a él le hacían mucho caso.

Situación triste y tensa, en cuya noche de los tiempos lloraron las guitarras. Sobre el Negueb hebreo y el Algarbe portugués se oyó en la oscuridad un fado lusitano, compuesto y entonado por Maja Milikovic, que decía:

Esta noite chora uma guitarra
Só por mim, só para mim
Esta noite saudade amarra. 

Llegó el amanecer, y con él un “Gozar del esplendor, dejar atrás la oscuridad”, que acallaba el silencio, y permitía ver a todo mortal la salvación de Dios.

Ó LUZ DA ALEGRÍA

Eu ouvi um sereno canto
Nas alturas do céu cantar
E as montanhas da minha terra em silêncio a escutar…
Eu ouvi um canto sereno
Nas douradas ondas do mar
E nas praias da minha terra, muita gente a escutar…
Ó Luz da Alegria, Ó Alma da Vida!
Ó Luz da Alegria, só te vê quem dá…

Das montanhas da minha terra
Às sagradas praias do mar
Toda a gente escutando espera o Divino Cantar…
Ó Luz da Alegria. Ó Alma da Vida!
Ó Luz da Alegria, só te vé quem dá…
não tem fim.

Madredeus

Disco: Um amor infinito

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Escucha la voz de lo esencial.

domingo, 9 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en Escucha la voz de lo esencial.

john_the_baptist_002Lc 3, 1-6

Este 2º Domingo de Adviento nos sitúa ante el inicio del Capítulo 3 del Evangelio de Lucas. Ya hemos dejado atrás los capítulos de la Infancia cuya intención no era mostrar un rigor biográfico de Jesús sino la historicidad de su persona y su impacto socio-religioso. El personaje central de este texto parece ser Juan. Sin embargo, ya sus palabras enfocan al que será el verdadero protagonista de la trama que se irá desarrollando a lo largo de todo el Evangelio. Sin perder la tradición, Lucas va a desvelar a un Jesús que trasciende la historia, pero en la misma historia a través de sus hechos y dichos.

Comienza el texto con una datación histórica: “…el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio…”  que no pretende una precisión del dato concreto sino mostrar a Jesús como un elemento nuevo en la cultura socio-religiosa de Palestina. Aunque no existe acuerdo entre los biblistas, seguimos preguntándonos si podríamos encuadrar a Juan en la colectividad de los esenios. Los esenios formaban una comunidad (¿secta?) en el extrarradio de las ciudades, aunque algunos de ellos se fueron de estos lugares al entrar en conflicto con el Templo y desacuerdos con el sacerdocio. Estos esenios formaron la comunidad de Qumrán en el desierto del Mar Muerto, pues creían ser el último resto del verdadero Israel. Los esenios estaban totalmente convencidos de la proximidad de la llegada del Reino de Dios, que vendría tras la lucha contra el mal, representado por todos aquellos pueblos que rechazaban la Ley de Moisés, principalmente los romanos. El Bautista, claramente, no desentonaría en este grupo pero lo que nos interesa es que intuye la palabra de Dios en el desierto “…Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados…” y fiel a la tradición profética recupera “…lo que está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías…” La figura de Juan aparece como un paso previo a la transformación que traerá Jesús, un anuncio-voz para despertar la necesidad de encontrar una ruta alternativa a lo que ya iba careciendo de sentido en el judaísmo más excéntrico.

Es en esta cita de Isaías donde podemos encontrar el origen de un nuevo tiempo anunciado por Juan. Anunciará al Mesías como restaurador del nuevo pueblo de Israel que será transformado en una nueva Humanidad cuyas raíces serán el Reinado de Dios. Juan, retomando a Isaías, nos invita a preparar el camino del Señor, a allanar sus senderos. Está claro que Jesús va a irrumpir en la historia y trae un mensaje que no todos pueden comprender. Pero en nuestro momento Jesús ya está, ya vino y se quedó y lo divino se hizo unidad con lo humano. Este es el profundo sentido de la Encarnación: Dios en la realidad humana para que la humanidad se haga consciente de su profunda identidad.

Cuando conectamos con la esencia de lo que somos, las murallas de nuestra mente se convierten en contornos que podemos traspasar, como bien indica el profeta. Se genera un nuevo paisaje existencial por una fuerza, una nueva energía creadora que va transformando todo aquello que parecía imposible. No se están violentando las leyes de la naturaleza, simplemente es el inicio de una nueva percepción de lo que somos. Los valles serán rellenados, los montes y colinas serán rebajados: todo hueco, todo vacío no existe en la experiencia de un Dios que forma parte de nuestra realidad más radical; todo aquello que sobresale, que va haciendo puntiaguda la vida, va perdiendo su aspecto para apreciar una nueva visión que ordena nuestro conocimiento más allá de las fronteras que conocemos.

Como consecuencia “lo torcido será enderezado”; se da, pues, el enderezamiento de la persona haciendo pie en ese espacio compartido con lo Divino. En este sendero de conexión con la Fuente, lo escabroso se diluye para mostrar un camino llano porque, muchas veces, lo pedregoso de nuestra mente nos va liando hasta que el camino puede llegar a ser intransitable. Revisemos nuestra capacidad de ser desde una nueva interpretación de lo que verdaderamente nos mueve en la vida. Esta nueva percepción impacta claramente en nuestras relaciones humanas, en la visión de la vida, en el compromiso con ese Reinado de Dios, la nueva Humanidad que está llegando permanentemente y que cambia el orden de lo que superficialmente podemos percibir, creer y crear.

Termina este texto con un oráculo profético: Y toda carne verá la salvación de Dios. El Adviento no es para “hacer” mucho sino para conectar con otro nivel de conciencia. Es un momento que litúrgicamente recorremos en cuatro semanas; ahora bien, si trascendemos lo temporal, nos invitaría a vivir cada momento conscientes del suelo que nos sostiene en camino hacia la plenitud. “Ver la salvación” es recuperar una nueva mirada hacia la realidad interior y exterior, una oportunidad para experimentar que la Encarnación de lo Divino en lo humano es una acción permanente que vigoriza nuestra capacidad de avanzar en la vida en coherencia y profundidad. Escuchemos la voz que nos anuncia una vida llena de posibilidades y de transformación de aquello que daña nuestro mundo y nuestros pequeños mundos.

¡¡FELIZ DOMINGO!!

9 de Diciembre de 2018

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Preparar el camino de la vida.

domingo, 9 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en Preparar el camino de la vida.

1172982384_f[1]Domingo II de Adviento, 9 de diciembre de 2018. Lc 3, 1-6

De manera solemne, Lucas presenta el inicio de la actividad del Bautista situándolo en un marco histórico con referencias al emperador, al gobernador romano, a los virreyes judíos y a los sumos sacerdotes de Jerusalén. Con ello, parece perseguir un objetivo preciso: magnificar la figura y la obra de Juan, en cuanto “precursor” del Mesías, a la vez que sincronizar los hechos que va a narrar con la historia del mundo en el que se desarrollarán.

Las palabras que el evangelista pone en boca de Juan están tomadas de Isaías (40,3-5). Sigue así la estela de Marcos (1,3) y de Mateo (3,3), si bien Lucas alarga la cita. En los tres casos, se asume la traducción que hicieron “Los LXX”, que modificaba el inicio de la misma. No se decía: “Una voz grita en el desierto…”, sino: “Una voz grita: en el desierto…”.

En ambos casos, la riqueza simbólica del texto permanece en su verdad y en su belleza, así como en su capacidad evocadora. Con frecuencia, la “voz” que nos llama a la Vida –a vivir conscientemente lo que somos– cae “en el desierto”, es decir, no encuentra destinatario, porque nos hallamos despistados, distraídos en mil ocupaciones vividas desde la inconsciencia. Y se produce lo que recuerda la sabiduría popular: “predicar en el desierto” es tiempo perdido.

En la segunda acepción, la voz interior invita a “preparar el camino del Señor [justamente] en el desierto”. El “camino del Señor” no es otro que el camino de la Vida, por cuanto “el Señor” no es “alguien” separado, un Ente que dirigiera el mundo desde fuera, sino justamente ese Fondo último de todo lo real que constituye también –no podría ser de otro modo– nuestra verdadera identidad. Por eso, el “camino del Señor” es el camino que conduce a “casa”, el que nos ancla en lo que realmente somos.

La invitación –una llamada urgente porque en ello se ventila nuestro ser o no ser– podría traducirse de este modo: en el desierto de tu existencia en el que sueles andar perdido, busca el “camino” que conduce a lo que eres y transita por él de manera decidida y perseverante. Esa opción tendrá que plasmarse en cambios visibles: elevar los valles, abajar los montes, enderezar lo torcido, igualar lo escabroso… Todo ello se produce en cuanto nos abrimos a la comprensión de lo que somos y nos vivimos en conexión con ello: lo que ahí brota es precisamente ecuanimidad, paz y compasión.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Solemnidad de la Inmaculada Concepción

sábado, 8 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en Solemnidad de la Inmaculada Concepción

4grm_c

Leído en Koinonia:

Génesis 3,9-15.20

 Establezco hostilidades entre tu estirpe y la de la mujer

Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre:

– “¿Dónde estás?”

Él contestó:

– “Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.”

El Señor le replicó:

– “¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?”

Adán respondió:

– “La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.

El Señor dijo a la mujer:

– “¿Qué es lo que has hecho?”

Ella respondió:

– “La serpiente me engañó, y comí.”

El Señor Dios dijo a la serpiente:

– “Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.”

El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

Salmo responsorial: 97

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado /
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Efesios 1,3-6.11-12

Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.

Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.

 

Lucas 1,26-38

Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:

– “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.”

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:

– “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

Y María dijo al ángel:

– “¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?”

El ángel le contestó:

– “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.”

María contestó:

– “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.”

Y la dejó el ángel.

 

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy (8 de Diciembre de 1977)

AGRADECIMIENTOS AL SACERDOTE Y RELIGIOSAS

Yo quiero aprovechar esta oportunidad, pues, para agradecer a los padres norteamericanos este servicio tan insigne que nuestra diócesis aprecia inmensamente, así como también a las hermanas de San José que, junto con ellos los sacerdotes, están cultivando este mensaje de la palabra de Dios y alimentando con él a nuestro pueblo.

Quiero alegrarme también, porque junto a los sacerdotes y las religiosas un grupo de hombres y de mujeres, celebradores de la palabra, catequistas, asociaciones parroquiales y católicos que sienten la responsabilidad de la Iglesia en este momento tan trascendental de la historia de El Salvador no desfallecen en su difícil misión de predicar este mensaje del Señor. Celebrar la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, es tener la oportunidad de acercarnos a la fuente misma desde donde brota todo ese río que no terminará de correr hasta la consumación de los siglos. La Iglesia, con su mensaje, con su palabra, encontrará mil obstáculos, como el río encuentra peñascos, escollos, abismos; no importa; el río lleva una promesa: “estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos” y “las puertas del infierno no podrán prevalecer”, contra esta Voluntad del Señor.

EL PECADO DE ORIGEN

¿Cuál es la Voluntad del Señor?. El misterio de la Inmaculada Concepción de María nos está ofreciendo a la luz de esas lecturas que acaban de escuchar cuáles son los designios de Dios para con nosotros los hombres.

En la lectura se nos ha recordado la gran tragedia. Nuestros primeros padres, creados en Gracia de Dios para transmitirnos no sólo la vida natural, sino transmitirnos también la filiación Divina, pero bajo la condición de que hubieran sido obedientes a Dios, no obedecieron. Seducidos por el demonio, Eva seduce a Adán, los dos padres del género humano pierden la amistad de Dios porque han desobedecido. Desde entonces la humanidad ha caído en lo que se llama el pecado original, el pecado de origen, el pecado que traemos de nuestros primeros padres. Ahora se preguntan muchos: ¿qué culpa tengo yo de que Adán y Eva hayan pecado para decir que yo soy pecador?. Distingamos, hermanos, hay dos clases de pecados, el pecado original y el pecado personal. El pecado personal es el que tú cometes con tu propia voluntad cuando desobedeces un mandamiento de la ley de Dios; tú has pecado, tú eres responsable de ese pecado. Como Adán y Eva que personalmente desobedecieron a Dios, cometieron un pecado personal.

Pero ¿qué sucede cuando se comete un pecado personal?. Se pierde la amistad de Dios, el pecador es un desobediente a la ley de Dios; todo el que peca rompe la amistad con el Señor, prefiere su pasión a la Voluntad, a la ley del Señor. Así, Adán y Eva prefirieron alcanzar la felicidad no por los caminos de la ley de Dios sino por el engaño del demonio que se rió después del engaño; los hizo caer en pecado y ya están en la desgracia privados de la Gracia de Dios. De esa pareja, privada de la Gracia de Dios, ya no pueden nacer hijos que en el mismo momento de ser concebidos Dios le transmita también su vida divina, si la han perdido, y, habiendo perdido la vida de Dios, no la pueden transmitir; sólo transmiten la vida natural. Pero la vida natural que Adán y Eva comenzaron a transmitir a sus hijos y que esa vida ha llegado hasta nosotros a través de nuestro padre y de nuestra madre que nos engendraron es una vida privada de la Gracia de Dios. No supone una culpa personal, supone una herencia. Supongamos una comparación: un señor, dueño de hacienda, le dice al administrador: por premio y confianza que tengo vas a ser el dueño de mis fincas, pero mientras me obedezcas; todos los hijos que nazcan de tu familia considérense de esta hacienda, pero con tal que me obedezcan. Y un día, este administrador, creyéndose ya el dueño de todo, comienza a mal baratar la hacienda, a desobedecer a su jefe, a su patrón. El patrón le dice: te lo daba con la condición de obedecerme, no me has obedecido, lo siento mucho, vete de mi hacienda, quedas desheredado. Y naturalmente desde entonces, aquellos hijos que hubieran nacido también participantes de la felicidad de aquella hacienda, nacen ya fuera de la hacienda, desheredados, desechados de su patrón. Este es el caso del pecado original. Adán y Eva cometieron un pecado personal y Dios los arroja del Paraíso, les quita la amistad divina y tienen que nacer sus hijos, nosotros, privados de la Gracia. No es una culpa, el pecado original, es la falta de una herencia. Dios no está obligado a darnos su amistad divina cuando los que la perdieron, ya la perdieron para toda la familia, es una herencia que se ha perdido.

EL CRISTIANO REGENERADO

Esto nos decía la primera lectura, de tal manera que María, hija también de Adán tenía que nacer desheredada de la Gracia de Dios, en pecado. Sin embargo, hoy estamos celebrando que María fue concebida sin pecado, ¿cómo es esta excepción? San Pablo nos ha traído hoy la explicación. Si ahora cristianos -nosotros- tenemos la dicha de volver a encontrarnos en la Gracia de Dios porque un sacerdote administró el bautismo, y el hijo del pecado original que fue el niño que nació, que fui yo, ya le borró el bautismo, por la sangre de Cristo en la cruz, el pecado original; ese niño se ha vuelto a hacer hijo de Dios, el paraíso se ha recuperado gracias a Cristo. Y si por desgracia, yo bautizado, cometo un pecado personal, una desobediencia a la ley de Dios, Cristo ha dejado un sacramento de reconciliación. El sacerdote en el confesionario está devolviendo el paraíso a muchas almas que han perdido la amistad con Dios. Leer más…

Biblia, Espiritualidad ,

Dios está en María y está en cada uno de nosotros.

sábado, 8 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en Dios está en María y está en cada uno de nosotros.

inmaculada_isabel_guerraInmaculada de Isabel Guerra

Lc 1, 26-38

Estamos celebrando una fiesta entrañable, como todas las de María. Es una fiesta a la que podemos sacar mucho más jugo hoy que en ningún momento anterior de la historia. Si no existiera, tendríamos que inventarla. Vamos a intentar profundizar en su significado. El que me siga, intentando comprender, podrá descubrir una increíble riqueza de contenido. Os recuerdo que no escribo para que penséis como yo, sino para que os atreváis a pensar.

Un primer paso sería superar el error de confundir Inmaculada concepción con concepción virginal. La ‘Inmaculada’ hace referencia a la manera en que fue concebida María en el seno de su madre. La concepción ‘virginal’ se refiere a la manera de concebir María a su hijo Jesús. Son dos realidades completamente diferentes, y de muy diversa importancia desde el punto de vista teológico. Hoy tratamos de María totalmente pura desde su concepción.

Otra aclaración imprescindible es que ser fiel a los dogmas no es repetirlos como papagayos sin enterarnos del contenido teológico, que siempre está más allá de las palabras. En el caso que nos ocupa, hay que tener en cuenta que, aunque solo ha pasado siglo y medio de la proclamación del dogma, la manera de entender a Dios, al hombre y el pecado (sobre todo el original) ha cambiado drásticamente. Esta distinta perspectiva permite que el sentido teológico del dogma se profundice y se enriquezca.

Hoy sabemos que la grandeza del ser humano consiste en manifestar a Dios, no en su poder o en su grandeza, sino en su capacidad de darse, de amar. María es grande por su sencillez, porque acepta ser nada, separada de Dios. María no es una extraterrestre, sino una persona humana exactamente igual que cada uno de nosotros. Lo único extraordi­nario fue su fidelidad y disponibilidad, su capacidad de entrega. Toda la grandeza de María esta encerrada en una sola palabra: «FIAT». María no puso ningún obstáculo a que lo divino que había en ella se desplegara totalmente; por eso, llegó a la plenitud de lo humano. Debemos alegrarnos de que un ser humano pueda enseñarnos el camino de la plenitud, de lo divino.

¿Cómo fue posible que María alcanzara esa plenitud? Para mí, está aquí el verdadero sentido del dogma. Dentro de cada uno de nosotros, constituyendo el núcleo de nuestro ser, existe una realidad trascendente, que no puede ser contaminada. Lo divino que hay en nosotros, permanecerá siempre puro y limpio. María desplegó esta parte de su ser hasta empapar todo lo que ella era, alma y cuerpo, si queremos hablar así. Lo que celebramos es su plenitud, no un privilegio que consistiría en quitarle una mancha antes de tenerla.

Sabemos que Dios no actúa a la manera de las causas segundas. Dios es siempre causa primera. Dios no puede hacer o deshacer, poner o quitar, restar o sumar. Dios es acto puro. Actúa siempre, pero desde el ser, no desde fuera de él. Dios es la causa de que todo ser, mi propio ser, sea lo que es en su esencia. Dios no puede tener privilegios con nadie. Pablo nos acaba de decir que nos ha predestinado, a todos, a ser santos e inmaculados ante Él por el amor. (la Vulgata traduce amomous, por “immaculati”) ¿Hay que romperse la cabeza para traducirlo por “inmaculados”? Cuánto nos cuesta aceptar la evidencia.

No caigamos en la trampa de pensar que la elección de Dios es como la nuestra. Nosotros somos limitados y la elección lleva consigo siempre una exclusión. Dios no funciona así. Dios puede elegir a uno sin excluir a nadie, es decir puede elegir a todos con la misma intensidad. Si no entendemos esto, devaluamos a Dios y la fiesta perderá su verdadero sentido, que consiste en descubrir en nosotros lo que hemos descubierto en María. Lo que tiene de original María, lo puso ella, no Dios. Lo que celebramos es su respuesta a Dios. Si consideramos a María como una privilegiada, podemos decir: si yo hubiera tenido los mismos privilegios, hubiera sido igual que ella; y nos quedamos tan anchos. No, tú tienes todo lo que ella tuvo, porque Dios se te ha dado totalmente como a ella. Si no has llegado a lo que ella llegó, es por tu culpa. En todo caso, sigue siendo tu meta.

En el fondo, esta fiesta nos hace descubrir en María, lo que hemos descubierto en Jesús, la absoluta presencia de Dios en un ser humano. El único título que Jesús se dio a sí mismo fue “Hijo de hombre”, es decir modelo de hombre, hombre acabado. Claro que cuando decimos que Jesús es el “Hombre” queremos decir “ser humano”, es decir varón y mujer. Pues bien, María es la “Hija de mujer”, es decir la mujer acabada.

Lo que de verdad celebramos en esta fiesta es la posibilidad de descubrir en todo ser humano lo divino. Tú, hombre o mujer, descubrirás que eres inmaculado si eres capaz de ir más allá de toda la escoria que envuelve tu verdadero ser. Ese caparazón que confundimos con nuestro ser, es el “ego”. Jesús lo dejó muy claro, no solo cuando nos habla del tesoro escondido, de la perla preciosa, etc. sino cuando nos descubre el valor interior de una prostituta, de un pecador público o de una adúltera.

En María, como en Jesús, podemos descubrir que Dios es encarnación. Ya algunos santos dijeron hace mucho tiempo que en María se había dado una “casi encarnación”. Yo me atrevo a quitar el “casi”. Es muy fácil de comprender. En Dios, el obrar y el ser son lo mismo, pertenecen ambos a su esencia. Dios, todo lo que hace, lo es. Si en Jesús descubrimos que Dios se encarnó, podemos decir que Dios es encarnación. Si en la figura de Jesús, esto se nos escapa, porque tendemos a pensar que es un extraterrestre, en María lo podemos descubrir con total transparencia.

El núcleo íntimo de María es inmaculado, incontaminado porque es lo que de Dios hay en ella. Es el don de sí mismo que Dios hace a todos. Lo que debemos admirar en María es el haber vivido esa realidad y haber transparentado lo divino a través de todos los poros de su ser humano. María deja pasar la luz que hay en su interior sin disminuirla ni tamizarla. De esta manera, María nos ayuda a descubrir el auténtico Jesús: Dios hecho hombre.

Que nadie saque conclusiones apresuradas. No estamos hablando de una auto-salvación. Dios es el que salva al 100 por 100 y además salva siempre. Sin esa salvación, que se manifestó en Jesús, no tendríamos nada que hacer. Pero si Él salva siempre y a todos, que uno la alcance y que otro no alcance la salvación, no depende de Dios, sino de cada uno, porque mi salvación depende también al 100 por 100 de mí mismo.

En esta fiesta que estamos celebrando queda meridianamente claro el principio de que Dios no reacciona a las acciones de la criatura, sino que Él es el primero en actuar, y siempre por pura gracia y sin que lo merezcamos. María está llena de gracia desde el principio de su existencia, como todos los seres. Es curioso que el evangelio dice “llena de gracia” y el dogma diga: “preservada de pecado”. Podemos descubrir ahí, el maniqueísmo, que desde S. Agustín, enseña la oreja por todas partes en nuestro cristianismo.

Imagina tu “yo”, tu individualidad, como una cáscara, como un caparazón cerrado. Siempre has creído que no eras más que eso. Incluso la religión ha insistido que eras algo vacío, y lo has aceptado. Intenta romper ese cascarón y deslízate dentro de él… No has salido de ti, si no que has entrado hasta tu verdadero ser. No tenías ni idea. No lo conocías. Es el tesoro escondido. Es la perla preciosa. Es mucho más que eso. Es lo que hay de Dios en ti. Es la parte de ti, aún no manchada, que ni tú mismo puedes deteriorar. Ahí, eres inmaculado, eres inmaculada. Todo lo que no es esa realidad, son vestidos, son capisayos, son adornos o suciedad que impiden descubrir lo que cubren.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad ,

8.12.18. El reto de la Inmaculada (descolonizar a las mujeres en la Iglesia)

sábado, 8 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en 8.12.18. El reto de la Inmaculada (descolonizar a las mujeres en la Iglesia)

A7CD1BBA-FBC9-4D65-BEAC-E92B133C4C56Del Blog de Xavier Pikaza:

La advocación y fiesta de la Inmaculadaha cumplido funciones distintas a lo largo de la historia cristiana y posiblemente debe ser replanteada, para así ofrecer un mensaje de vida y esperanza a las nuevas generación.

– (1) La figura «semi-divina» de María Inmaculada ha servido para romper el círculo asfixiante de un tipo de pecado originalque muchos eclesiásticos habían impuesto sobre los creyentes: Hay una,María, que no tiene pecado, de forma que no tiene que someterse a los varones de la Iglesia.

(2) Siguiendo en esa línea, esta figura ha servido también para contrapesar el «dominio» patriarcal y masculino de un tipo de catolicismo, situándose en el centro de la vida de la iglesia, dominada por hombres, al lado de Jesús, como signo de la verdadera humanidad, querida por Dios en sí misma.

(3) Pero esta mujer Inmaculada que es María ha sido en gran medida una mujer colonizada por (al servicio de) los varones,un tipo de mujer ideal (des-humanizada, des-sexualizada), mientras las mujeres concretas han seguido estando dominadas por varones.

D79D3A7D-AAB0-4636-A6B8-38920F1CA592

En esa línea, este dogma se ha podido utilizar para elevar a una mujer distinta, pero manteniendo sometidas a las otras, como primera posesión y colonia de los hombres, y en especial de los sacerdotes.

Pues bien, reinterpretando el dogma de la Inmaculada, ha llegado el momento de «descolonizar» a las mujeres no sólo en la sociedad en general, sino, de un modo especial, en la iglesia, . En esa línea puede y debe actualizarse la fiesta de la Inmaculada:

1. Conforme al evangelio de esta fiesta (Lc 1, 26-38), María actúa como mujer libre, que decide por sí misma. No depende de un padre, ni tampoco de un marido, ni de una «tribu» de pretendidos hermanos o protectores, sino que dialoga con Dios y responde por sí misma. Ella aparece así como «tipo» y signo de mujeres autónomas, que no dependen de varones, sino que dialogan y deciden «con su espíritu» (el Espíritu de Dios), en libertad, ante sí mismas y ante sus posibles hijos). No pide permiso a nadie, quiere tener un hijo porque quiere.

2.María no es sólo una mujer «descolonizada» (no actúa como servidora de nadie), sino también descolonizadora, conforme al relato de la visitación (va a compartir su experiencia con otra mujer, sin someterse a padre o marido o hermanos), que culmina en el canto de la libertad suprema del evangelio, que es el Magnificat (Lc 2,46-55), en el que proclama, por sí misma que «Dios» derriba del trono a los poderosos y eleva a los oprimidos, que llena de bienes a los pobres y despide vacíos a los ricos…

F2CEC51B-39CC-4CCC-B75A-BD76AEA8F348Según eso, María es «Inmaculada» porque es libre ante Dios (por sí misma) y porque inicia un camino de liberación para todos los pobres y hambrientos, un himno de liberación de la mujeres, a servicio no sólo de ellas, sino de todos los seres humanos.

Desde este fondo quiero presentar unas reflexiones sobre María Inmaculada, desde la perspectiva de «descolonizar» a mujeres y a varones, para que todos podamos vivir en libertad el proyecto de vida que (según el cristianismo) nos ha ofrecido el mismo Dios.

Imagen 1 y 3: La mujer de la paloma-pandero es Miriam, la del éxodo, cantando la victoria de los pobres y oprimidos, con otras mujeres. Ella es el signo bíblico más hondo de María de Nazaret, dialogando en libertad y gozo con el Dios de la libertad, al servicio de la vida. Buen día a todas las inmaculadas.

AMIGA DE DIOS, MUJER LIBRE: INMACULADA

En la línea de Abraham, el amigo de Dios (cf. Is 41, 4), el evangelio de Lucas presenta a María también como amiga de Dios con quien dialoga y comparte un tarea (Lc 1, 26‒38), siendo madre de Jesús, de manera que la Iglesia le ha llamado Inmaculada, no en sentido negativo (sin pecado), sino muy positivo de cooperadora de Dios.

Ella aparece así como mujer de fe (bienaventurada tú porque has creído, Lc 1, 45), y como portadora de amor, conforme a la palabra de Jesús, no os llamo siervos sino amigos (cf. Jn 15, 15), y en esa línea el ángel de Dios le ha llamado kekharitômenê, llena de gracia, esto es amada (Lc 1, 28). En esa fe y amor se centra el dogma de la Inmaculada, que consiste en decirle a Dios “hágase y hagamos”, de tal forma que tu Palabra se haga carne en la historia de los hombres.

La madre de Emmanuel. Dios en busca de los hombres

luciara_virgenDios no ha querido trazar a solas el camino de la historia hombres (desde arriba, desde fuera), sino que lo ha hecho por ellos y con ellos, de manera que su Hijo, nacido en plena guerra de judíos, israelíes y sirios, se llamará Emmanuel, Dios con nosotros (Is 7, 14), como ratifica Mt 1, 23.

Dios había creado cielo y tierra, estrellas y mares, pero no había recibido una respuesta de amor, pues esos elementos no sabían decir lo que él quería, en diálogo de amor. Sólo al crear al ser humano, capaz de responderle, él ha quedado satisfecho, dialogando en amor con la madre de Emmanuel, una joven fiel a la Palabra y a la verdadera humanidad, en medio de guerra general de los reinos de oriente, entre Egipto y Asiria.

Y de esa manera, la madre de Emmanuel, aparece en la Biblia como la primera Inmaculada, signo de la Madre de Jesús, como dice el ángel de Mateo 1, 18‒25, pidiendo a José y a todos los creyentes que la acojan (la acojamos) en la casa de nuestro corazón y nuestra vida, como sigue indicando el evangelio de Juan 19, 25‒27, cuando afirma que el Discípulo Amado la recibió entre sus bienes.

Dios aparece así, en busca de amor, en el centro de la Biblia,desde el tiempo busca de Abraham (Gen 12, 1‒3) y de David (encontré a David, mi siervo: Sal 89, 20‒22), como si necesitara un pueblo amigo, un hombre fiel en el que reposar (Eclo 24). Pero en general los hombres no quisieron responderle, o lo hicieron a medias, de un modo parcial, egoísta, o poniendo siempre condiciones, como sabe la Biblia, desde el mismo “paraíso”. (Gen 2-3), hasta la encarnación de su amor hecho Palabra y Vida huma (vino a los suyos, y los suyos no le recibieron: Jn 1, 12)

Este ha sido y sigue siendo el pecado: La falta de comunicación con Dios, un diálogo roto, de forma que los hombres, en general, han caído en manos de su propia violencia de muerte. Pues bien, a pesar de ello, Dios ha seguido teniendo fe en los hombres que le han escuchado (Abraham, David, Isaías, el buen pueblo israelita…), t no ha querido dejarles morir en su pecado. Por eso, a pesar de las negaciones de los hombres, Dios ha vuelto a dirigirles siempre la Palabra, ofreciéndoles su amor, a través de los profetas, en un diálogo que él siempre ha renovado.

Israel, morada y casa de Dios

En esa línea, la historia mundial puede entenderse como intento repetido de Dios por dialogar con los hombres, por compartir vida con ellos, como dice el comienzo de hebreos (Hbr 1, 1‒3) y el prólogo de Juan (Jn 1, 9‒14). Grande ha sido el rechazo, fuerte el olvido y violencia de los hombres por siglos; pero más grande ha sido la fe y la gracia de Dios que ha seguido confiando en ellos. Leer más…

Biblia, Espiritualidad ,

Para Dios nada hay imposible.

sábado, 8 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en Para Dios nada hay imposible.

anunciacion_ustungLc 1, 26-38

El relato de la Anunciación es un texto ante el que podemos sentirnos tanto un poco incomodos/as ante los elementos sobrenaturales que parecen describirse en la historia como tentados/as a sublimar la actitud obediente de María ante el milagro que acaece en ella. Ambas percepciones impiden, sin embargo, entender del todo el horizonte de fe y esperanza con que Lucas lo propone en su evangelio.

El relato se inscribe dentro de un género literario (anunciación) muy conocido en la antigüedad con el que se quiere dar a conocer el nacimiento y misión de una figura relevante y el lugar que en esos hechos tiene la divinidad. Con él, el evangelista sitúa, en paralelo con la historia de Juan el bautista, el cumplimiento de la promesa mesiánica en Jesús y a la vez recrea el comienzo de su biografía.

Esta centralidad de Jesús en el relato no hace, sin embargo, a la figura de María un personaje secundario. Las palabras que le dirige el mensajero divino al inicio del encuentro no son meros piropos, sino que expresa mucho más. Ella es agraciada, regalada por la elección divina con la misión que se le va a anunciar y ante la que se le asegura de ante mano la presencia de Dios junto a ella.

El desconcierto de María no nace por la visita sorpresiva de un enviado divino, sino que lo que le turba es el hecho de que Dios pueda querer contar con ella para algo especial. Al escuchar al ángel se siente desafiada, situada ante algo desconocido y que le asusta. El mensajero divino a continuación, y antes de explicarle el motivo de su visita, le conforta diciendo: “No temas, María, pues Dios te ha concedido su favor”. Las palabras del ángel tienen fuertes resonancias veterotestamentarias y aparecen en contextos de misión y vocación. Ella, es así incluida en la larga lista de figuras que en momentos significativos de la historia de Israel, Dios convoca para ser mediadores de su acción salvadora.

María escucha, como un día escuchó Sara la promesa de su maternidad (Gn 18, 10). Una maternidad cargada de incertidumbre, pero ante la que María responde con profunda confianza porque comprende, como también lo hizo la matriarca que nada hay imposible para Dios (Lc, 1, 37; Gn 18,14). La promesa y la misión se convierten en la vida de la joven Nazarena en un camino de fidelidad en el que, a pesar de las dificultades, se sentirá acompañada y sostenida como lo sintió Israel tantas veces a lo largo de su historia: ¡Sed fuertes y valientes, no temáis, no os acobardéis ante ellos!, que el Señor, tu Dios, avanza a tu lado, no te dejará ni te abandonará”. (Dt 31, 6). En palabras de Lucas: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra” (Lc 1, 35)

María, de este modo, se hace agente activo del amor gratuito de Dios y engendra en su seno la palabra salvadora: Jesús. Acompañará su crecimiento, aceptará sus decisiones y acogerá su destino, Su maternidad, no será una misión fácil. Estará cargada de silencios y ausencias, pero también de risas y cantos. Ella es así testigo de que nada es imposible para Dios, no solo en su vida, sino en la de cada ser humano.

Carme Soto Varela

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , ,

María para Herejes

sábado, 8 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en María para Herejes

magnificat-wDel blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

01. GABRIEL, ZACARÍAS: JERUSALÉN, MARÍA: NAZARET.

Gabriel, el mensajero de Dios trae una buena noticia de parte de Yahvé, y se daban todas las condiciones favorables para su acogida.

Gabriel debía llevar la noticia a Jerusalén, al lugar más santo y religioso de la ciudad, a la parte más sagrada del Templo: al Santuario, a un sacerdote, Zacarías, observante escrupuloso no solo de los mandamientos, sino también de las más mínimas prescripciones de la ley. Con el Templo, con un sacerdote, Zacarías, se daban todas las premisas para un buen resultado de la misión.

Y sin embargo Zacarías, el sacerdote irreprensible, no ha creído al mensajero Gabriel, quien ofendido por tanta incredulidad, lo ha castigado por su torpeza: no podía hablar, (Lc 1,5ss).

Ahora el ángel tiene otro mensaje que llevar, pero las condiciones son del todo desfavorables. Gabriel no debe ir a la religiosa Judea-Jerusalén, sino a la descreída Galilea, tierra de gente chabacana. Gabriel ahora tiene que ir no a la santa Jerusalén, sino a Nazaret, pueblo de la peor fama, no al Templo, sino a un “tugurio” en las afueras del pueblo; no a donde un sacerdote de pura raza, sino a una mujer casada y, tal vez, en estado de impureza.

Además el mensaje presentaba enormes dificultades para ser acogido. Si el sacerdote Zacarías no había creído el anuncio (que, por otra parte, suele ocurrir en ocasiones: que una anciana quede embarazada), ¿cómo se las arreglará Gabriel para proponer a una niña algo que nunca ha ocurrido? Era algo imposible e inimaginable, y sobre todo algo que para su religión era una blasfemia,

fray-angelico-la-anunciacion-museo-nacional-del-prado¿Podrá María llegar a ser madre y madre del hijo de Dios?

¿Cómo irán las cosas?

La mujer no podía tomar ninguna decisión sin haberla consultado con el marido y haber obtenido su aprobación. María no informa a José, no pide ninguna autorización a su marido. María acepta:

María responde: Hágase en mí, según tu Palabra, (Lc 1,38)

Zacarías era un hombre piadoso, religioso, tan ocupado en sus ritos y en sus devociones que permanece sordo al anuncio de Dios.

María, que contrariamente a Zacarías no es descrita como “irreprensible” observante de todas las leyes y preceptos del Señor como Zacarías e Isabel:

Ambos eran justos delante de Dios y cumplían los mandatos y leyes del Señor, de tal manera que nadie los podía tachar de nada, (Lc 1, 6).

María es capaz de vibrar en sintonía con la Palabra que continuamente crea y renueva el universo. María llega así a ser colaboradora con Dios en el comunicar vida a la humanidad.

María sabía que Dios no puede ser visto, Dios es aquel que no puede ser conocido. María sabía todo esto. Lo ha escuchado muchas veces en la familia, en la sinagoga. Sin embargo María acepta la propuesta de Gabriel, en último término de Dios.

Será la madre del hijo de Dios.

La desconocida chica de Nazaret, que “nadie conocía” (Orígenes), será “proclamada por todas las generaciones”, (Lc 1,48).

La mujer, que no podía osar acercarse al santuario, “contendrá” al Dios que el santuario pretendía guardar-encerrar en sus muros, el arca en el Templo.

La mujer, que ni tan siquiera podía tocar la Biblia, acogerá dentro de sí la Palabra hecha carne.
La mujer, que no podía dirigirse al sacerdote y mucho menos tocarlo, será la madre del “Santo de los santos”.

La propuesta de Gabriel no ha sido nada más que la formulación y confirmación de lo que María siempre había intuido y nunca había sabido expresar: la esperada respuesta a aquellas profundas exigencias de plenitud de vida que había sentido dentro de sí, a aquella sed de eternidad que Dios había puesto en su corazón:

(Dios) puso además en la mente humana la idea de lo infinito,aun cuando el hombre no alcanza a comprender en toda su amplitud lo que Dios ha hecho y lo que hará. (Ecle 3,11).

La virgen de Nazaret, en profunda sintonía con Dios que hace nuevas todas las cosas (Ap 21,5), responde a la llamada de la vida que se abre y que, para nacer, exige que no se quede en las cosas pasadas:

María abandona lo viejo, “lo cierto”, lo seguro, la tradición de los padres para abrirse a lo nuevo, a lo desconocido. Se quita la camisa de fuerza de la ortodoxia, para poder ser plenamente libre para acoger la sacrílega-herética propuesta de Gabriel.

Herética (hereje) es, por tanto, María para la religión oficial.

Blasfemo herético será considerado su hijo y, por lo mismo, condenado y ejecutado, (Mt 26,65; Jn 8,48; 10,33).

Heréticos serán considerados los continuadores de la obra iniciada por Jesús: Os llevarán al sanedrín, seréis perseguidos en las sinagogas, seréis odiados por todos a causa de mi nombre, (Mc 13,9-13).

“MARÍA, SEÑORA DE LOS HEREJES”.

María será señora de hombres y mujeres que por deseo de plenitud de vida y ansia de libertad se han liberado de la prisión de la ortodoxia, de la moral, del orden establecido, de la tradición para ponerse, incluso con limitaciones y errores, a la búsqueda de la verdad, de lo auténtico y vital.

María será señora de los “enfermos que tienen necesidad de médico” (Mc 2,17), de quienes tienen sed…

En el camino de la búsqueda de la verdad y de la vida, encontraremos en el hombre de Nazaret la plena respuesta nuestras exigencias. Quien beba de esta agua no tendrá más sed, (Jn 4,14). Herejes, transgresores, pecadores, hambrientos y sedientos de la verdad (Mt 5,6), que los evangelistas presentan como antítesis de los satisfechos de sí mismos: los ortodoxos, los píos observantes, los justos, todos completamente cerrados y hostiles a la propuesta de vida que Dios, a través de Jesús, trata de ofrecerles.

Serán los paganos impuros (magos) y los excluidos de Israel (pastores) los primeros en captar y acoger el don de Dios a la humanidad. No los sacerdotes y los teólogos del Templo. Serán un pagano y un marginado los primeros en creer en Jesús: el centurión romano y un leproso infectado samaritano quien dé gracias por la curación. Igualmente será la hereje y adúltera samaritana quien comprenda lo que le resulta incomprensible al piadoso fariseo Nicodemo. Cómo puede un hombre viejo … (Jn 3,4.9; 4, 19-26.42).

Las autoridades civiles y religiosas se mantendrán muy distantes de Jesús, hijo de Dios. Los fariseos, Herodes y los herodianos, etc. buscaban matarlo, (Mc 3,6).

Prostitutas e incrédulos formarán parte de la comunidad de Jesús, no así los observantes de la ley.

Ladrones como Leví y Zaqueo abrirán las puertas de su casa y de su vida al Hijo de Dios (Mc 2,13-15; Lc 19, 1-10). Los religiosos, por el contrario, se burlaban de él.

Los fariseos, que eran amigos del dinero, al oír estas cosas se burlaban de Jesús.(Lc 16, 14).

Los piadosos le expulsarán de su pueblo:

los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira. Se levantaron y echaron del pueblo a Jesús. (Lc 4,29)

Los paganos lo acogerán con los brazos abiertos.

Agonizando en la cruz, ante la mofa de los sumos sacerdotes y de los teólogos, su propuesta de salvación será plenamente acogida por un criminal crucificado a su lado, (Lc 23, 40-43).

La historia continúa y se repite. Por cada “sumo sacerdote” que “mandará expresamente no enseñar” el subversivo mensaje de la libertad y de la vida, habrá siempre un “Ángel del Señor”, un “Gabriel”, que “abrirá las puertas de la prisión” e invitará a predicar la Palabra de vida, (HH 5,17-20.28).

Es el comienzo de la hereje aceptación de María.

ASÍ ES COMO MARÍA FUE INMACULADA

Biblia, Espiritualidad ,

Llamada a despertar.

lunes, 3 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en Llamada a despertar.

1687ceea-dbbd-4400-9a95-ca684b4c78f1Domingo I de Adviento, 2 de diciembre de 2018. Lc 21, 25-28.34-36

En la literatura apocalíptica, los “signos” que se nombran en el texto –movimientos en el sol, la luna y las estrellas; el estruendo del mar y el oleaje; la angustia de la gente, presa del miedo y la ansiedad– hablan del final del “mundo viejo” y de la emergencia de un “mundo nuevo”. Eso hace que se equiparen a los dolores del parto, que anuncian el nacimiento de una nueva vida.

En esa situación difícil surge la tentación de recurrir a compensaciones –“vicio, bebida, agobios de la vida…”– capaces de distraernos e incluso aletargarnos durante un tiempo. Pero todos esos “trucos” tienen en común que nos adormecen y, de ese modo, abortan la novedad que pudiera producirse en nosotros.

Frente a esa trampa, tan comprensible –los humanos tendemos a huir de todo aquello que nos asusta o simplemente nos descoloca–, la lectura evangélica que se nos propone en el inicio del año litúrgico –tiempo de Adviento– es una llamada a despertar.

El “despertar” requiere atención, consciencia, presencia…, y es lo opuesto a rutina, despiste, aturdimiento, confusión… Se trata de actitudes contrapuestas que remiten a dos estados de consciencia: el estado mental, caracterizado por la identificación con la mente y el pensar, en el que terminamos aturdidos, y el estado de presencia, que se sustenta en la atención y trae consigo lucidez y libertad interior. En este segundo se utiliza la mente como una herramienta, pero no se vive en ella, sino en la atención descansada y lúcida que impide la identificación con aquella.

El estado mental constituye una especie de “lazo” –por utilizar la imagen evangélica– que atrapa y ahoga. En él terminamos siendo marionetas de nuestra mente, a merced de los movimientos mentales y emocionales que se producen en nosotros. Por el contrario, al poner la atención, tal como se experimenta en la práctica del Silencio contemplativo, se produce un efecto extraordinario: se detiene el tobogán de la mente, se frena la noria de pensamientos y sentimientos porque dejamos de identificarnos con ellos, y nos encontramos en “casa”.

No somos el barullo mental y emocional que parecía gobernarnos –“miedo y ansiedad”, dice el texto–, sino la presencia consciente que permanece ecuánime, lúcida y amorosa, en medio de todos los vaivenes. Eso es levantar la cabeza –dejar de ser esclavos– y despertar: es la liberación.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

“Indignación y Esperanza”. 1 Adviento – C (Lucas 21, 25-28.34-36)

domingo, 2 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en “Indignación y Esperanza”. 1 Adviento – C (Lucas 21, 25-28.34-36)

d501c421-eb6d-45bd-a904-9eade193b1bfUna convicción indestructible sostiene desde sus inicios la fe de los seguidores de Jesús: alentada por Dios, la historia humana se encamina hacia su liberación definitiva. Las contradicciones insoportables del ser humano y los horrores que se cometen en todas las épocas no han de destruir nuestra esperanza.

Este mundo que nos sostiene no es definitivo. Un día la creación entera dará «signos» de que ha llegado a su final para dar paso a una vida nueva y liberada que ninguno de nosotros puede imaginar ni comprender.

Los evangelios recogen el recuerdo de una reflexión de Jesús sobre este final de los tiempos. Paradójicamente, su atención no se concentra en los «acontecimientos cósmicos» que se puedan producir en aquel momento. Su principal objetivo es proponer a sus seguidores un estilo de vivir con lucidez ante ese horizonte.

El final de la historia no es el caos, la destrucción de la vida, la muerte total. Lentamente, en medio de luces y tinieblas, escuchando las llamadas de nuestro corazón o desoyendo lo mejor que hay en nosotros, vamos caminando hacia el misterio último de la realidad que los creyentes llamamos «Dios».

No hemos de vivir atrapados por el miedo o la ansiedad. El «último día» no es un día de ira y de venganza, sino de liberación. Lucas resume el pensamiento de Jesús con estas palabras admirables: «Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación». Solo entonces conoceremos de verdad cómo ama Dios al mundo.

Hemos de reavivar nuestra confianza, levantar el ánimo y despertar la esperanza. Un día los poderes financieros se hundirán. La insensatez de los poderosos se acabará. Las víctimas de tantas guerras, crímenes y genocidios conocerán la vida. Nuestros esfuerzos por un mundo más humano no se perderán para siempre.

Jesús se esfuerza por sacudir las conciencias de sus seguidores. «Tened cuidado: que no se os embote la mente». No viváis como imbéciles. No os dejéis arrastrar por la frivolidad y los excesos. Mantened viva la indignación. «Estad siempre despiertos». No os relajéis. Vivid con lucidez y responsabilidad. No os canséis. Mantened siempre la tensión.

¿Cómo estamos viviendo estos tiempos difíciles para casi todos, angustiosos para muchos, y crueles para quienes se hunden en la impotencia? ¿Estamos despiertos? ¿Vivimos dormidos? Desde las comunidades cristianas hemos de alentar la indignación y la esperanza. Y solo hay un camino: estar junto a los que se están quedando sin nada, hundidos en la desesperanza, la rabia y la humillación.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

“Se acerca vuestra liberación”. Domingo 02 de Diiembre de 2018. Primer Domingo de Adviento (Comienza el ciclo C)

domingo, 2 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en “Se acerca vuestra liberación”. Domingo 02 de Diiembre de 2018. Primer Domingo de Adviento (Comienza el ciclo C)

01-advientoC1Leído en Koinonia:

Jeremías 33, 14-16. Suscitaré a David un vástago legítimo.
Salmo responsorial: 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14: A ti, Señor, levanto mi alma.
1Tesalonicenses 3, 12-4, 2: Que el Señor os fortalezca internamente, para cuando Jesús vuelva.
Lucas 21, 25-28. 34-36: Se acerca vuestra liberación.

Este primer domingo de adviento sirve de puente entre el tiempo ordinario y el tiempo de adviento. El tiempo ordinario termina reflexionando sobre la segunda venida de Jesús, sobre los acontecimientos del fin de los tiempos. En esta medida el primer domingo del adviento se inaugura con el tema del final de los tiempos, y nos va a introducir en el tiempo de la espera y de la esperanza, el tiempo de adviento.

La lectura del libro de Jeremías nos sitúa en el tiempo inmediatamente posterior a la destrucción de Jerusalén en el año 587 a.C. El pueblo está desolado y empieza a tomar conciencia de su situación. Jeremías dirige su palabra profética a su pueblo para decirle que Dios no los ha abandonado, que hará regresar a los cautivos y los perdonará, se construirán de nuevo las ciudades, los campos volverán a granar y los ganados a pastar. Es esos días el Señor hará brotar en rey justo, no como los reyes que los llevaron al destierro, el cual será llamado «Dios es nuestra justicia». Vendrá un rey justo a restaurar al pueblo de Israel.

El salmo responsorial expresará que esa esperanza que leemos en la primera lectura, no quedará defraudada, pues quien espera y quien es fiel al Señor no queda defraudado. Yahvé siempre lleva al cumplimiento su palabra. Por esta razón el salmo enfatiza la idea de Jeremías, el rey de justicia que esperamos sí llegará. Ese rey esperado es para nosotros los cristianos, Jesús el señor.

El Segundo Testamento a partir de la novedad de Jesús nos introducirá en otro tipo de espera y esperanza. Supone claramente que el rey esperado del Primer Testamento es Jesús, pero abre la puerta a una espera en el esperado, hacia el final de los tiempos. Jesús vino en humildad, como el campesino de Nazaret que fue obediente al Padre, y que por esa obediencia fue muerto y resucitado. Pero al final de los tiempos, él regresará a manifestar su gloria. Por eso en la carta de los Tesalonicenses, Pablo exhorta a la comunidad a mantenerse fieles a Jesús y prepararse para esa segunda venida. El evangelio de Lucas describe de manera metafórica, los acontecimientos que precederían a esa segunda venida de Jesús. Por este acontecimiento final es que Lucas invita a los hermanos y hermanas a mantenerse fieles y vigilantes para mantenerse en pie (fieles) ante el Hijo del Hombre.

El texto del evangelio de hoy es un texto difícil: la liberación llega. En los versículos anteriores Lucas nos hablaba del asedio a Jerusalén (21,20-23). Ahora, alude a la segunda venida de Jesús: es decir a lo que llamamos la parusía. El discurso de Jesús es apocalíptico y adaptado a la cultura de su tiempo (apocalipsis no significa catástrofe, como tendemos a pensar, sino revelación), y nosotros tenemos que releer esas señales del mundo natural en el mundo de la historia, que es el lugar en que el Espíritu se manifiesta. La segunda venida del Señor revelará la historia a sí misma. La verdad que estaba oculta aparecerá a plena luz. Todos llegaremos a conocernos mejor (1Cor 13,12b).

En nosotros existe la angustia, el miedo y el espanto, no causados por “las señales en el sol, la luna y las estrellas”. Nuestras angustias e inseguridades están causadas más bien por las crisis económicas, por los conflictos sociales, por el abuso del poder, por la falta de pan y trabajo, por la frustración… de tantas estructuras injustas, que solo podrán ser removidas por el paso -del amor de Dios y su justicia- en el corazón del ser humano.

El mensaje de Jesús no nos evita los problemas y la inseguridad, pero nos enseña cómo afrontarlos. El discípulo de Jesús tiene las mismas causas de angustia que el no creyente; pero ser cristiano consiste en una actitud y en una reacción diferente: lo propio de la esperanza que mantiene nuestra fe en las promesas del Dios liberador y que nos permite descubrir el paso de ese Dios en el drama de la historia. La actitud de vigilancia a que nos lleva el adviento es estar alerta a descubrir el “Cristo que viene” en las situaciones actuales, y a afrontarlas como proceso necesario de una liberación total que pasa por la cruz.

Por eso el Evangelio nos llama a “estar alerta”, a tener el corazón libre de los vicios y de los ídolos de la vida (la conversión), para hacernos dóciles al Espíritu de Cristo que habita las situaciones que vivimos en nuestro entorno. Nos llama a “estar despiertos y orando”, porque este Espíritu se descubre con una Esperanza viva, punto de encuentro entre las promesas de la fe y los signos precarios que hoy envuelven esas promesas. La esperanza es una memoria que tiende a olvidarse, se nutre con la oración, nos adhiere a las promesas de la fe y nos inspira, cada día, la búsqueda de sus huellas en las señales del tiempo. La Esperanza cristiana se hace por nuestra entrega a trabajar para que las promesas se verifiquen en nuestras vidas.

El adviento es tiempo de preparación de espera. Jesús cumplió las promesas del Antiguo Testamento con su vida y predicación. No esperamos su nuevo nacimiento. Esperamos que él vuelva a juzgar la creación. Es ese momento el que esperamos, y para ese momento en que creemos que la justicia, que la igualdad, que la solidaridad se impondrán. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Dom 2.12.18. Adviento, preparar con Jesús la llegada del Hombre

domingo, 2 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en Dom 2.12.18. Adviento, preparar con Jesús la llegada del Hombre

47310882_1123944121116112_6554130715150123008_nDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 1. Adviento. Lucas 21, 25-28. 34-36. Así puede resumirse el evangelio de este día, primero de Adviento:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.

Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación…
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»

47048760_1123946011115923_6346723231143034880_nAsí podemos imaginar a Jesús, tal como aparece en la primer imagen, como Diógenes con la linterna, buscando a un hombre, sobre el mar de Galilea… Pero se dice que Diógenes no encontró ninguno, allá en Atenas. Jesús, encontró a muchos, sobre el mar de Galilea, iniciando con ellos la travesía de Adviento, por mar y por tierra, hasta Jerusalén.

Así le presenta la imagen de un modo muy convencional, con cinco amigos compañeros en la barca… Pero cambiad la imagen, poned una barca más grande, con docenas de mujeres y hombres, de enfermos, impuros y niños… Jesús iniciando la travesía del Adviento.

Este es el tema. Dentro de un mundo lleno de terrores cósmicos, como sigue siendo el nuestro (año 2018), Jesús sigue esperando al Hombre, simplemente al Hombre, aguardando y preparando la llegada de la humanidad, iniciando su travesía en el lago de Galilea, el Adviento de la nueva humanidad

SEMBLANZA DE JESÚS, ADVIENTO DEL HOMBRE

historia-de-jesusSe llamaba Jesús (en hebreo Yeoshua, Dios-Salva), lo mismo que el primer conquistador de Israel (Josué=Jesús). Era un judío de Galilea, que nació en torno al año 6 a.C. (los que fijaron el calendario común o cristiano se equivocaron, suponiendo que nació el año “0”), en una familia de nazoreos (aspirantes mesiánicos al trono de David) de Nazaret que le transmitieron una identidad especial dentro de Israel.

Jesús creció y maduró en Galilea, dentro de una familia que le transmitió su identidad israelita. Quizá sabía leer, pero no era letrado (escriba, hombre de letras), aunque tampoco era analfabeto, en el sentido moderno, pues tenía gran cultura social y religiosa, como iremos indicando. Fue, como su padre, un artesano (albañil-carpintero) y por su oficio (con trabajo o en el paro) estuvo en contacto con la miseria de una situación social y religiosa opuesta a las promesas de Israel, pues creaba cada vez más pobres y los expulsaba del orden social.

Un día, siendo ya maduro y, al parecer, sin haberse casado, abandonó el trabajo (quizá no lo tenía) y se retiró al desierto, al otro lado del Jordán (Perea), donde fue discípulo de Juan, un profeta bautista que anunciaba el juicio de Dios, la destrucción del “orden” reinante y la nueva entrada en la tierra prometida, como en tiempos de Jesús-Josué, al principio de la historia israelita .

Cuando Juan fue ajusticiado, por orden de Herodes Antipas, soberano de Galilea/Perea, vasallo de Roma, Jesús no rechazó los ideales que con había compartido con él, ni volvió a su aldea, sino que avanzó en línea y, dando un paso en adelante, dejó el desierto (al otro lado del río), como si el mensaje de Juan ya se hubiera cumplido, y comenzó a proclamar la llegad del Reino de Dios en Galilea.

De esa manera, dejó de mantenerse en Perea (al otro lado), para iniciar en la tierra prometida (Galilea) su proyecto y camino de Reino. Fue compañero de los pobres, los expulsados y enfermos, los ilegales y manchados, y con ellos (pero también con otros que tenían tierras y les acogían en sus casas), intentó crear un movimiento de familia universal (de amigos de Dios), actuando como Cristo.

Formó un grupo de amigos, que asumieron, al menos en principio, su proyecto. Tuvo cierto éxito y logró crear grupos mesiánicos en diversos lugares de la periferia campesina de Galilea. Pero suscitó el rechazo de la autoridad establecida.

A pesar de ello (o por ello) subió a Jerusalén, para culminar su obra, esperando que Dios respondiera a su mensaje y ratificara su obra. Pero las autoridades de Jerusalén (y el representante del Imperio) tuvieron miedo de su movimiento y le mataron, como habían matado al Bautista. Así murió, rechazado por unos sacerdotes, crucificado por Roma, abandonado, según muchos, por el mismo Dios, sin más dignidad ni título que ser hijo de hombre, representante humano de Dios.

UN HOMBRE

Fue por su origen y condición un artesano (albañil-carpintero), lo mismo que su padre José, y de esa forma estuvo en contacto con un tipo de miseria social y religiosa que, a su juicio, se oponía a las promesas de Israel, según las cuales todos los buenos judíos tendrían casa, campos y abundancia sobre la tierra que Dios les había dado como herencia. Fue un hombre de profunda experiencia religiosa, un carismático al servicio del Reino de Dios .

Compartió su mensaje y camino con los expulsados y enfermos, los ilegales y manchados, los del otro lado, hombres y mujer, para sentar así las base de una familia universal (de amigos de Dios), sobre su misma tierra, porque el Reino de Dios estaba a las puertas, es decir, estaba viniendo por ellos.

No se limitó a decir que llegaba el Hombre (¡que lo dijo!), sino que fue creando espacios de humanidad reconciliada, desde y con los hombres «del otro lado», los niños y expulsados, las mujeres de vida distinta (y las de vida igual), descubriendo y creando así la nueva humanidad, no para tomar el poder e imponerse, en un tiempo y lugar controlado por los nuevos ricos, sacerdotes y grandes propietarios, bajo el Imperio de Roma, sino para cambiar las condiciones y modos de vida de los hombres y mujeres de su tierra, creando con ellos un movimiento mesiánico, fundado en su propia experiencia de Dios y en las tradiciones de los campesinos de su pueblo.

Era un hombre de inmensa capacidad de relación, amigo de los pobres; tenía dotes especiales para curar y animar a las personas, partiendo de los marginados, a quienes invitaba a compartir la mesa, el perdón y la esperanza, en gesto de fuerte solidaridad social y religiosa. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Justicia, paz y liberación. Domingo 1 de Adviento. Ciclo C

domingo, 2 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en Justicia, paz y liberación. Domingo 1 de Adviento. Ciclo C

jesus_les_envoieDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Comenzamos un nuevo año litúrgico, preparándonos, como siempre, para celebrar la Navidad. La primera lectura promete la venida de un descendiente de David que reinará practicando el derecho y la justicia y traerá para Judá una época de paz y seguridad. El evangelio anuncia la vuelta de Jesús con pleno poder y gloria, el momento de nuestra liberación. ¿Cómo se explica la unión de estas dos venidas tan distintas? Lo intentaré con la siguiente historia.

La esposa del astronauta y la Iglesia

            Un día la NASA decidió una misión espacial fuera de los límites de nuestro sistema solar. Una empresa arriesgada y larga que encomendaron al comandante más experimentado que poseía. Cuando se despidió de su mujer y sus hijos, la familia pasó horas ante el televisor viendo como la nave se alejaba de la tierra.

            Los niños, pequeños todos ellos, preguntaban continuamente: “¿Cuándo vuelve papá?” Y la madre les respondía: “Vuelve pronto, no os preocupéis”. Al cabo de unos meses, cansada de escuchar siempre la misma pregunta, decidió organizar una fiesta para celebrar la vuelta de papá. Fue la fiesta más grande que los niños recordaban. Tanto que la repitieron con frecuencia. La llamaban “la fiesta de la vuelta de papá”. Pero la inconsciencia de los niños creaba una sensación de angustia en la madre. ¿Cuándo volvería su marido? ¿El mes próximo? ¿Dentro de un año? “La fiesta de papá”, que podía celebrarse en cualquier día del mes y en cualquier mes del año, se le convirtió en una tortura. Hasta que se le ocurrió una idea: “En vez de celebrar la vuelta de papá ‒dijo a los niños‒ vamos a celebrar su cumpleaños. Sabéis perfectamente qué día nació, así que no me preguntéis más cuándo vamos a celebrar su fiesta.

            A la iglesia le ocurrió algo parecido. Al principio hablaba era de la pronta vuelta de Jesús, la que menciona el evangelio de este domingo. Pero esa esperanza no se cumplía, y la iglesia pasó de celebrar su última venida a celebrar la primera, el nacimiento. Sin embargo, no ha querido olvidar la estrecha relación entre ambas venidas, y así se explica que encontremos textos tan distintos.

De reyes inútiles y canallas a un rey justo (Jeremías 33, 14-16)

YA llegan días —oráculo del Señor— en que cumpliré la promesa

que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá.

En aquellos días y en aquella hora,

suscitaré a David un vástago legítimo

que hará justicia y derecho en la tierra.

En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos,

y la llamarán así: “El Señor es nuestra justicia”.

 Para comprender esta lectura hay que recordar la trágica historia de los últimos reyes judíos. Josías, del que tanto se esperaba a nivel religioso y político, murió en la batalla de Meguido luchando contra los egipcios (609). Su hijo, Joacaz, fue deportado a Egipto al cabo de tres meses de reinado. Le sucede Yoyaquim/Joaquin (608-598), al que el profeta Jeremías condena por sus terribles injusticias. Mientras tanto, el dominio internacional ha pasado de Egipto a Babilonia. Nabucodonosor deporta a Joaquín/Jeconías (598-597) y nombra rey a Matanías, cambiándole el nombre por el de Sedecías, que significa “Yahvé es mi justicia”. Este nombre parece una broma, un insulto. ¿De qué justicia habla Nabucodonosor? ¿Qué se puede esperar de un fantoche impuesto por el babilonio? Y la gente se preguntaría: ¿de qué sirve la promesa hecha por Dios a David de una dinastía eterna? ¿Para qué queremos un descendiente de David, si todos los reyes son inútiles o sinvergüenzas?

En este contexto se entiende la promesa hecha por Dios a Jeremías de un rey que se llamará “Yahvé es nuestra justicia”. Un monarca cuyo mismo nombre expresa la estrecha relación de Dios con todo el pueblo, y que salvará a Judá y Jerusalén mediante un gobierno justo. Frente a la angustia y la incertidumbre, implantará la tranquilidad.

Lo fundamental es la idea de un monarca que procura el bienestar del pueblo. En el contexto del Adviento, esta lectura nos recuerda que Dios no se desentiende de los graves problemas políticos y sociales de la humanidad.

El amor como preparación a la Navidad: 1 Tesalonicenses 3, 12- 4,2

Lectura muy importante: indica con qué espíritu debemos vivir siempre la vida cristiana, en especial estas semanas del Adviento.

Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos a vosotros; y que afiance así vuestros corazones, de modo que os presentéis ante Dios, nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos.

Por lo demás, hermanos os rogamos y os exhortamos en el Señor Jesús: ya habéis aprendido de nosotros cómo comportarse para agradar a Dios; pues comportaos así y seguir adelante. Pues ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús.

Esperar y preparar nuestra liberación: Lucas 21, 25-28. 34-36.

El evangelio comienza con las señales típicas de la literatura apocalíptica a propósito del fin del mundo (portentos en el sol, la luna y las estrellas) que provocan en las gentes angustia, terror y ansiedad. Pero el evangelio sustituye el fin del mundo con algo muy distinto: la venida de Jesús con gran poder y gloria; y esto no debe suscitar en nosotros una reacción de miedo, sino todo lo contrario: “cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación”.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.

A continuación, nos dice el evangelio cómo debemos esperar esta venida de Jesús. Negativamente, no permitiendo que nos dominen el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de la vida. Positivamente, con una actitud de vigilancia y oración.

Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

2 de Diciembre de 2018. Primer Domingo de Adviento. Ciclo C.

domingo, 2 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en 2 de Diciembre de 2018. Primer Domingo de Adviento. Ciclo C.

d-ad-1

“Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.”

(Lc 21, 25-28.34-36)

“¡Levantaos!”. Este tiempo de adviento irrumpe invitándonos no solo a la esperanza sino también al coraje. Porque hace falta ser valiente para “ponerse en pie y alzar la cabeza”, pues solo cuando estamos de pie es posible vivir el evangelio de verdad.

Quizá por eso Jesús se pasó buena parte de su “ministerio” (léase “servicio”) poniendo en pie a todas aquellas personas que encontraba postradas: paralíticas, poseídas, encorvadas, ciegas, muertas, incluso un recaudador de impuestos se puso en pie cuando descubrió lo que la presencia de Jesús significaba en su vida (Cfr. Lc 14, 1-9).

Pero, ¿por qué de pie? Porque solo quien se levanta se predispone a servir y solo desde el servicio descubrimos quién es el Dios de Jesús.

En la última cena, una vez más, Jesús, el que había dedicado tanto tiempo a “levantar” a otras y otros, “se levantó de la mesa, se quitó el manto, tomo la toalla…” y se dispuso a servir, se puso a lavarle los pies a sus discípulos, a esos mismos discípulos a los que unos días antes había invitado a esperar la liberación levantados y con la cabeza alzada.

“Esperar”, en cristiano, es sinónimo de servicio, el Reino llega en forma de semilla, Dios viene al mundo en la fragilidad de un recién nacido y todos nosotros, que esperamos el gran acontecimiento de su venida, tenemos que vivir nuestra espera al estilo del Maestro. Es decir con la “toalla ceñida”.

Por eso no vale esperar de manos cruzadas, ni a medio gas. El seguimiento de Jesús requiere el 100% de disponibilidad, esperanza y servicio. ¿A qué esperas?

Oración

¡Levantaos!, de pie y con la cabeza bien alta.

¡Levantaos! con una sonrisa en el alma.

¡Levantaos! para derrochar un tierno servicio.

¡Feliz Adviento!

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

En cada época el ser humano tiene que liberarse de su angustia.

domingo, 2 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en En cada época el ser humano tiene que liberarse de su angustia.
3fc1e26e-ea34-4d6f-8245-e484d0c288c3Lc 21, 25-36

Como pasó al principio del Renacimiento, es la ciencia la que nos vuelve a obligar a salir de nuestra ceguera. A Galileo casi le cuesta la vida atreverse a decir que la tierra se mueve. El argumento de la Iglesia era que la Biblia decía lo contrario. Al final resultó que la Biblia no tenía razón pero sí el condenado Galileo. Hoy el problema es mucho más grave, porque atañe a toda la manera que tenemos de interpretar los textos bíblicos. Ni una sola frase de la Biblia podemos entenderla literalmente, porque toda ella es teología narrativa.

Y es, una vez más la ciencia la que nos obliga a dar el cambio. Sobre todo la arqueología pero no solo ella. Los medios con que cuenta hoy la ciencia en todos los órdenes son increíbles. Podemos descubrir lo que hay varios metros por debajo de la tierra sin tocarla. Podemos datar con increíble precisión una mínima parte de materia orgánica o de roca. Muchas otras ciencias están al servicio de la arqueología. La sociología nos permite comprender las circunstancias en que vivían sociedades de las que antes no sabíamos nada. La historia es capaz de ir más allá de lo que podíamos imaginar hace solo unas décadas.

También el mejor conocimiento de las primeras lenguas escritas, nos permite aquilatar el significado de los textos de manera mucho más precisa. La exégesis nos permite interpretar esos mismos textos más de acuerdo con la manera de pensar de cada época. Todos estos avances científicos nos obligan a repensar lo que hasta ahora creíamos de los textos bíblicos. El resultado es que los relatos que han llegado a nosotros no quieren decir lo que, durante mucho tiempo, estábamos convencidos que nos decían.

Lo primero que llama la atención es que todo el AT se escribió entre el s. VII y el IV antes de Cristo. En el siglo séptimo no podían tener ni idea de lo que pasó en tiempo de Noé. Los grandes patriarcas son personajes míticos y todo lo que se dice de ellos no son más que relatos fantásticos utilizando los mitos y leyendas que circulaban en las culturas y religiones del entorno. Haber metido a Dios en los relatos no significa que haya intervenido en la historia para dirigirla y condicionarla. Dios no pudo elegir a un pueblo y hacer maravillas en su favor, sobre todo, si, como pasa casi siempre es en contra de los demás pueblos.

Está demostrado que David no fundó ningún imperio. Si existió realmente, no pasó de ser un jefe de bandoleros que en un momento determinado se hizo con el mando de toda una tribu. En los descubrimientos arqueológicos no hay ni rastro de ese poderío. En aquel entonces, Sión no era más que un pueblucho sin ninguna capacidad organizativa, menos para dirigir un imperio. La fastuosidad de Salomón no fue más que una leyenda fantástica. Puede ser que construyera el primer templo, pero ahí se acabaría todo su esplendor.

Los análisis genéticos han permitido concluir científicamente que los judíos no son una raza especial, que llegaron de alguna otra parte. Son de la misma estirpe que los demás habitantes de la región de Palestina. Tampoco se ha encontrado rastro alguno de que haya habido una emigración del pueblo judío a Egipto. Desde mucho ante de esa época, los egipcios llevaban a rajatabla las anotaciones de los acontecimientos importantes del imperio. No hay ni rastro de ninguna población judía en su territorio. En el tiempo en que se coloca el relato del Éxodo, los egipcios tenían controladas todas las fronteras, con militares colocados de trecho en trecho que les permitían controlar todo flujo de personas.

Es imposible que salieran de Egipto unos 600.000 varones sin que eso quedase reflejado como un peligro. Es imposible que un número tan descomunal de personas pasaran cuarenta años en el desierto sin dejar el más mínimo rastro. No hubo ninguna teofanía en el Sinaí ni Moisés recibió ninguna tabla con los mandamientos. No hubo ninguna conquista de las tierras de Canaán, porque los judíos siempre estuvieron allí. No pudieron derrumbarse las murallas de Jericó, porque en aquella época no era más que una aldea insignificante.

Pero, entonces ¿por qué se escribieron todos esos relatos fantásticos que no hacen más que ponderar la intervención de Dios a favor de un pueblo, casi siempre, machacando a otros pueblos? Todos los relatos tuvieron un objetivo muy claro: intentar mantener la esperanza de un pueblo que se sentía zarandeado por todas partes y con muy pocas posibilidades de subsistir. A la vuelta del destierro, el pueblo judío quedó reducido a un puñado de personas de los más bajos estamentos sociales. Lo que intentaron los escritores, y consiguieron, fue mantener la esperanza y la energía necesaria para superar la dificultad de sobrevivir.

Esto tiene que hacernos pensar y aceptar que hemos estado leyendo la Escritura de una manera equivocada o por lo menos, demasiado simplista. Aunque lo que cuentan no concuerde con lo que pasó, sigue teniendo su valor porque nos invita a buscar una salvación en Dios más allá de la que podemos lograr por nuestra cuenta. Pero las dificultades que encontraron y cómo fueron capaces de superarlas, eso sí es un hecho histórico. Esto nos prepara para aceptar la lección que aquella aptitud puede darnos hoy y buscar una salvación no venida de fuera, sino descubierta en lo profundo de todo ser humano.

El tiempo de Adviento y todo el año litúrgico es un montaje artificial que nos hemos construido. Dios no está sometido a este artificio. Dios no tiene que venir de ninguna parte. Está siempre ahí esperando a que lo descubramos. Pero nosotros sí necesitamos de esos artificios para aprovechar el tiempo y el lugar oportunos para preparar ese encuentro. Se trata de un intento de armonizar el presente con el pasado y el fin de los tiempos. Por eso empezamos el Adviento con lecturas apocalípticas que nos recuerdan los últimos domingos del año litúrgico. El pasado y el futuro debemos afrontarlos desde el presente.

El evangelio que hemos leído es el mismo relato que leímos el domingo 33º, esta vez de Lc que es el evangelista que utilizaremos este ciclo (C). Refleja el ambiente apocalíptico que se vivía todavía en las primeras comunidades cristianas. Están escritos desde una visión mítica del mundo, del hombre y de Dios. Desde esa perspectiva Dios había creado toda la realidad visible quedándose al margen de ella pero gobernándola desde las alturas. El hombre había envenenado la creación con sus malas acciones, pero no tenía capacidad de enderezarla. Finalmente Dios perdonaría a los humanos y con el mismo poder que creó, recrearía el mundo malogrado eliminando incluso a los malos y se lo entregaría a los buenos.

Nuestro universo conceptual es muy distinto. La creación no es un acto de la potencia de Dios que ‘hace’ algo fuera de Él, sino que todo lo que existe es la manifestación de lo divino que permanece escondido en lo más hondo de toda realidad. Como reflejo de lo divino todo es esencialmente bueno y el ser humano no tiene ninguna capacidad de estropearlo. El maniqueísmo empuja a dividir la realidad en opuestos e irreconciliables, pero para Dios todo es bueno y está en una eterna armonía. Nuestra falta de perspectiva nos hace ver el mal que solo está en nuestra cabeza. El ser humano no necesita ninguna salvación externa sino descubrir que nadie le puede arrebatar su plenitud, que debe descubrir en sí mismo.

Meditación

No tienes que esperar ninguna salvación venida de fuera.
Todo lo que puedes llegar a ser, ya lo eres.
Tu tarea es descubrir tu verdadero ser
y simplemente serlo.
Toda la parafernalia de la institución es engañosa,
porque va dirigida a satisfacer tu falso yo.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

El que manda como el que sirve.

domingo, 2 de diciembre de 2018
Comentarios desactivados en El que manda como el que sirve.
lavatorio-5“La ambición es un vicio, pero puede ser madre de la virtud” (Marco Aurelio)

2 de diciembre. Domingo I de Adviento

Lc 21, 25-28. 34-36

Vosotros no seáis así; antes bien, el más importante entre vosotros sea como el más joven y el que manda como el que sirve

La ambición es deseo ardiente de poseer riquezas, fama, poder u honores. Puede tratarse también como ambición, el deseo de obtener algo en grande; de tal manera que, como seres humanos, podemos fijarnos metas ambiciosas, refiriéndonos con esto al hecho de querer lograr superar las expectativas, sobresalir del resto de las personas. La ambición es lo que nos mueve y motiva día a día, el deseo por superarse y llegar mucho más lejos y lograr nuestros objetivos, que para algunos pueden resultar imposible, sin embargo, para la persona ambiciosa todo es posible con determinación, esfuerzo y dedicación. Provee la motivación y determinación necesaria para lograr objetivos, metas en la vida o el deseo de ser mejor.

A lo largo de la historia se pueden señalar numerosos ejemplos de ambiciosos, como por ejemplo, Napoleón Bonaparte, que quería extender su poder desde Francia  hacia el resto de Europa, o el griego Eróstrato, que tenía la ambición de volverse célebre por medio de la destrucción del Templo de Artemisa.

La iconología, no ha estado ausente a ella. Los romanos, por ejemplo, levantaron un templo a la ambición, representándola con alas a las espaldas, para expresar la extensión de sus designios y la prontitud con que quiere ejecutarlos o para expresar las fatigas y las humillaciones que sufre el ambicioso para llenar sus fines.

En el evangelio de este domingo, el relato no es ajeno al tema. Lucas dice en 22, 24, que “Surgió una disputa entre los discípulos sobre quién de ellos era el más importante”. Referente a lo cual, La Biblia de Nuestro Pueblo insiste sobre la inversión de valores que caracteriza el modelo de comunidad y de sociedad nueva que tiene que surgir con la instauración del reino. La respuesta de Jesús a sus discípulos es contundente: Vosotros no seáis así; antes bien, el más importante entre vosotros sea como el más joven y el que manda como el que sirve (Lc 21, 25).

La palabra ambición tiene una connotación negativa en nuestra cultura. Sobre todo en el ámbito de la eclesial, lo que no es del todo cierto.  Ya el emperador romano Marco Aurelio decía ya en el siglo I que “La ambición es un vicio, pero puede ser madre de la virtud”. El Evangelio nos muestra también esta connotación positiva.

Se supone que los cristianos no debemos ser ambiciosos, sino compartir nuestras posesiones con los demás. No perseguir en nuestra vida las cosas de este mundo, sino enfocarnos en las cosas de arriba (Col 3:2-3). ¿Podrías, evangelista Mateo, repetirnos aquello que tan ilustrativamente dices en la Parábola del tesoro escondido?

Pues claro que sí. Escuchad atentos: “El reino de los cielos es como un tesoro escondido en un campo. Cuando un hombre lo descubrió, lo volvió a esconder, y lleno de alegría fue y vendió todo lo que tenía y compró ese campo”. Lo escribí en el capítulo 13 de mi libro.

También en este sentido positivo, el salmo 67 resume en gran medida, la pasión con la que debemos anhelar la extensión del evangelio:

Dios nos tenga compasión y nos bendiga;
Dios haga resplandecer su rostro sobre nosotros,
para que se conozcan en la tierra sus caminos,
y entre todas las naciones su salvación.
Que te alaben, oh Dios, los pueblos;
que todos los pueblos te alaben.
Alégrense y canten con júbilo las naciones,
porque tú las gobiernas con rectitud;
¡tú guías a las naciones de la tierra!
Que te alaben, oh Dios, los pueblos;
que todos los pueblos te alaben.
La tierra dará entonces su fruto,
y Dios, nuestro Dios, nos bendecirá.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Recordatorio

Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.

Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.

Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada. no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.

Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.