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¿Qué buscamos? ¿dónde? ¿cómo?

domingo, 17 de enero de 2021
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jn-1-35-42-eJuan 1, 35-42

En aquel tiempo, bastantes años después de la muerte de Jesús, el grupo de seguidores de Juan Bautista seguía creciendo. Con espíritu misionero habían extendido la doctrina de su maestro por muchos lugares. En Éfeso habían bautizado a parte de la población “con el bautismo de Juan”; el de Jesús ni se conocía.

Para muchas comunidades cristianas la situación era preocupante. La figura del Bautista, tras ser decapitado por Herodes, se había ido agrandado, hasta el punto de que en algunas zonas eclipsaba a Jesucristo, muerto y resucitado. ¿Qué podían hacer?

El autor del cuarto evangelio puso su granito de arena. En su relato, dejó a un lado la infancia de Jesús y comenzó su evangelio con un himno muy significativo para las comunidades. En ese himno se afirmaba que el Verbo no solo estaba junto a Dios, sino que era Dios; ese Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.

Sin embargo, Juan Bautista solo era testigo; él no era la luz, sino que daba testimonio de la luz. Como Isaías, era voz que clamaba en el desierto, pero no era la Palabra hecha carne. No nombró el bautismo de Jesús, ni quiso resaltar la figura del Bautista en ningún lugar de su evangelio, al contrario, Jesús debía crecer, y él debía menguar (Juan 3, 28-30).

El evangelio de este domingo nos presenta un ejemplo de cómo Juan daba testimonio. Cuando ve pasar a Jesús dice: “Este es el Cordero de Dios”. ¿No se saludan? ¿No se produjo un encuentro entre los dos? Lo que importa no es lo que pudo ocurrir, o no, desde el punto de vista histórico, sino el papel de Juan “introduciendo” o presentando la figura de Jesús.

Pero ¿cómo pudo decir esta frase que se formuló muchos años después? Es como si nos dijeran que alguien habló del Covid 19 hace 50 años. Imposible. Llamar a Jesús “Cordero de Dios” es una expresión (confesión de fe) que las comunidades cristianas acuñaron tras la experiencia de Pascua, en un proceso lento y muy elaborado.

El evangelista no nos ha querido engañar. Simplemente ha dejado a un lado la perspectiva histórica para ofrecer una catequesis, un relato de vocación sobre el seguimiento de Jesús.

En este contexto, tiene sentido el texto: los discípulos de Juan le abandonan para buscar algo nuevo junto a Jesús. No importa que le siguieran en ese mismo momento, o no. Esas decisiones repentinas que encontramos varias veces en el Evangelio nos indican (al estilo judío) que es una decisión importante, no necesariamente inmediata.

Es decir, la búsqueda conduce a dos discípulos de Juan hacia Jesús, para convivir con él. Y el “lugar” en el que habita Jesús expresa cómo vive su escala de valores. El evangelio nos recuerda en diferentes pasajes ese “lugar existencial”: era itinerante, no tenía dónde reclinar su cabeza, algunas mujeres le sostenían con sus bienes y estaba rodeado de personas marginadas y pecadoras.  Una vergüenza en su tiempo. ¿Merecía la pena seguir a un Rabí, a un Maestro que vivía de ese modo? Los dos discípulos dan testimonio de que merece la pena seguirle y animar a otras personas a hacerlo.

En otros relatos de vocación, Jesús es el que llama. En este nos muestra la importancia de buscar y experimentar. Nos invita a aguzar el oído y mirar atentamente. A tomar en serio nuestras búsquedas, fuera de nosotr@s y en nuestro interior. A leer los signos de los tiempos, como brújulas que nos orientan. A buscar como zahoríes los manantiales de agua viva que brotan en nuestras entrañas.

Nos habla de la hora undécima, quizá se refiere a las cuatro de la tarde, cuando el día ya declinaba y era hora de recogerse y volver al hogar. No olvidemos que el día empezaba al amanecer, con la salida del sol. Los dos discípulos reconocen que ese día ha merecido la pena ¡porque han encontrado a Cristo, al Mesías! La experiencia les ha dejado una huella tan honda que no quieren olvidar esa hora, ese Kairós.

¿Qué horas recordamos? ¿Las de los partos? ¿Las de algunos encuentros inolvidables? ¿La de la muerte de algún ser querido? Cada encuentro con Jesús “deja una huella en nuestro tiempo”, nos marca un antes y un después… A menos que pasemos superficialmente por esos encuentros o a carrera limpia. Y cada encuentro con Jesús hace más denso y comprometido el encuentro con cada hermano y hermana.

Era habitual en las primeras comunidades que el bautismo llevara aparejado un cambio de nombre, sobre todo cuando dejaban a un lado un nombre pagano y asumían el de alguien que había muerto como mártir de la fe. El evangelista nos dice que el encuentro entre Jesús y Pedro fue tan hondo que le cambió la identidad, fue como un segundo nacimiento. Aunque ese cambio lo fuera experimentando a lo largo de los años. Algo similar ocurre en las experiencias de enamoramiento, cuando alguien dice: “Desde que conocí a…, mi vida cambió totalmente”.

Hoy podemos preguntarnos: ¿Con qué nombre o título presentamos o anunciamos a Jesús? ¿Cómo experimentamos su mirada? ¿La sostenemos o la rechazamos? ¿Cómo miramos al mundo, con la mirada de Jesús? ¿Qué nombre nuevo recibimos? ¿Cómo expresa ese nombre nuestra misión, en un mundo injusto y desigual? ¿Cómo y con quién compartimos lo que encontramos, la perla preciosa?

Marifé Ramos

Fuente Fe Adulta

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Obligados a buscar.

domingo, 17 de enero de 2021
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BuscadoresDomingo II del Tiempo Ordinario

17 enero 2021

Jn 1, 35-42

Los sabios no imponen creencias ni exigen sumisión. Exigencias de ese tipo provienen de personas que, de un modo u otro, necesitan sentirse reconocidas, por lo que van en busca de aplauso, admiración o, simplemente, de “seguidores”.

  La persona sabia es consciente de que cada cual tiene su camino, su tiempo y su ritmo. Vive un respeto profundo y ha aprendido a confiar en la vida y a fluir con la realidad. En lugar de exigir adhesiones, invita a cada persona a indagar por sí misma y a encontrar su propio camino.

 Lo que suele provocarse, al encuentro con alguna persona que vive con sabiduría, es un cuestionamiento y una atracción profunda. Nos sentimos, de pronto, ante alguien cuya presencia despierta en nosotros “algo” que nos remueve y que nos lleva a preguntarle, como en el texto del evangelio: “¿Dónde vives?”, es decir, ¿cuál es el secreto de tu vida? Pero el camino habremos de hacerlo cada uno porque, queramos o no, no podemos dejar de buscar.

 De entrada, nos percibimos a nosotros mismos como “buscadores”. En un nivel superficial, nos percibimos como seres absolutamente carenciados, lo cual dispara nuestra búsqueda ansiando encontrar “fuera” algo que nos complete, nos alivie o incluso nos sacie. Sin embargo, no tardamos mucho en descubrir que la búsqueda no va a dar los frutos anhelados y empezamos a sospechar que es necesario modificar el rumbo, de acuerdo con el dicho según el cual “la salida es hacia dentro”.

 Pero no es solo nuestra necesidad la que nos impulsa a buscar. En un nivel más profundo, podemos experimentar, no el deseo que busca saciarse, sino el Anhelo que nos dinamiza desde dentro. Al hacernos consciente de ello, la búsqueda se modifica por completo, adquiriendo dos rasgos característicos.

 En primer lugar, pierde su componente ansioso y se convierte en un consentir al propio Anhelo que nos mueve y a lo que la vida nos va presentando. Sencillamente, nos vamos haciendo dóciles al impulso interior, para permitir que la dinámica del crecimiento haga su camino en nosotros. Hemos descubierto que, en este camino, todo empieza a conjugarse en pasiva: no nos hacemos, somos hechos.

 En segundo lugar, se abre paso en nosotros la certeza de que, visto en profundidad, la búsqueda carece de sentido. No hay nada que buscar porque somos ya todo aquello que buscamos.

 Y aquí es donde se hace patente nuestra naturaleza paradójica. En el plano profundo somos plenitud; en el plano de las formas, nos percibimos como un yo que busca “construirse”. La paradoja se resuelve cuando acogemos nuestra persona, con todas sus características, desde la comprensión de lo que somos en profundidad. A partir de ahí, entendemos la vida como un “juego” o representación, en el sentido más limpio y profundo de las palabras.

¿Dónde estoy en mi búsqueda?

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No es lo mismo la llamada de los eclesiásticos que la llamada del Señor

domingo, 17 de enero de 2021
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maxresdefaultDel blog de Tomás Muro, La Verdad es libre:

  1. Llamadas (vocaciones) en la vida.

         Dios le llama al pequeño Samuel. Jesús les pregunta a los que serán sus primeros compañeros-discípulos: ¿Qué buscáis?

         ¿Qué busco y pretendo yo en la vida?

Es curiosa la primera lectura que hemos escuchado hoy: la llamada a Samuel. El pequeño Samuel, siendo niño, vivía en el Templo con el sumo sacerdote Elí. Cuando Samuel escucha la llamada, cree que le llama Elí, el sacerdote mayor. Elí se da cuenta de que quien llama a Samuel es el Señor y honrada y elegantemente le dice a Samuel que él, Elí, no le ha llamado, y que quien le llama es el Señor. El sacerdote Elí le dice al pequeño Samuel: Si oyes una llamada responde: Habla, Señor, que tu siervo escucha.

Esto tiene mucha retranca para los eclesiásticos, que creen que poseen la palabra y la llamada de Dios. Lo que dicen y exigen los curas y obispos, aunque ellos piensen que sí, no es la llamada de Dios.

La existencia nos llama de diversos modos y hacia diversas metas o realidades. Calderón de la Barca en su auto.sacramental: El gran teatro del mundo escenifica algunas de las posibilidades o llamadas en la vida: la llamada del poder, del dinero, la llamada del placer, la envidia, la venganza,,,

También podemos tener llamadas positivas: llamadas del amor, de la amistad, llamadas al trabajo, a la cultura, a construir -siquiera un poco- una sociedad más justa, solidaria, más igual…

También podemos percibir la llamada desde lo que habitualmente hemos entendido por vocación: hay una vocación al matrimonio, a la vida religiosa, al ministerio en la Iglesia, a la misión.

Hay vocaciones (y profesiones), que dependen de las cualidades personales y sociológicas: llamada o vocación para la enseñanza, para la medicina, para la asistencia social, para escoger unos estudios u otros, etc. (Hay profesiones que no son un mero puesto de trabajo, sino que requieren un plus de vocación. Así, la medicina, El magisterio, la docencia, el ministerio eclesial, la vida religiosa…).

También hay una llamada de la vida, de nuestras propias cualidades y limitaciones: cuando sentimos nostalgia y quizás nos rebelamos ante las guerras, ante la muerte de tantas personas, ante la pandemia, cuando vemos la injusticia para con los más débiles, estamos escuchando la voz de la conciencia, que clama ante Dios.

También cuando contemplamos la creación, obra de Dios, o cuando nos adentramos en la cultura, obra de los seres humanos, estamos escuchando la llamada de Dios. En ocasiones la llamada de Dios surgirá de nuestro propio interior, de nuestra conciencia y reflexión, de nuestras búsquedas en la vida.

En la profundidad de la vida, todos tenemos una pregunta de fondo: ¿qué buscamos en la vida? ¿Qué pedimos, qué pretendemos en la vida?

  1. Hemos soñado en la vida.

         No hay sueño sin sueños. Hemos escuchado la preciosa llamada de Samuel.

         El sueño es una situación un poco extraña, pero necesaria. A veces soñamos dormidos y otras veces soñamos despiertos. Las culturas han tratado de interpretar siempre los sueños, que tienen muchas explicaciones, (S. Freud), pero podríamos decir que soñamos, al menos despiertos, con un mundo mejor, con una familia, una sociedad, una iglesia casi perfectas. Esos sueños son también como una llamada.

         En la Biblia hay infinidad de alusiones a los sueños: la mujer nace del costado de Adán, estando éste en sueños. José recibe en sueños la noticia del nacimiento de Jesús. Abraham, el rey David, Daniel, reciben noticias (revelación) en sueños, ¿dormidos o despiertos?

  1. Búsquedas – Fijarse en la vida – Venid y lo veréis.

         Podríamos decir que en el fragmento evangélico de hoy hay como un escalonamiento: buscar en la vida, fijarse en algo o en alguien y seguir esa llamada: venid y lo veréis. Hasta que finalmente llegan a la fe en el Mesías.

Búsqueda

En principio, todos buscamos algo en la vida. La búsqueda está incrustada en la condición humana.

         Vivir atentos y en búsqueda es sano. Lo malo es el estancamiento, la instalación, la seguridad. Cuando una persona o institución “han arrojado la toalla”, es síntoma de esclerosis, de obstrucción. Las aguas estancadas no son buenas…

Fijarse en la vida.

         Juan Bta se fijó en JesuCristo. Ante las muchas llamadas hay que fijarse en las que valen la pena y en lo que vale la pena definitivamente. San Pablo dirá: probadlo todo y quedaos con lo mejor (Flp 1,10).

         A la hora de emprender y seguir un camino es razonable pensar hacia dónde me lleva. Cuando elegimos una carrera, una profesión, un estilo de vida, conviene no equivocarse de criterios y saber hacia dónde nos lleva.

Nos podemos preguntar cuáles son los criterios y valores en los que me fijo para tomar una decisión, para educar a las nuevas generaciones. ¿Qué tomo en consideración para organizar mi vida?

         Juan Bta se fija en que Xto es el que quita los pecados del mundo. El sacerdote Leví se da cuenta de quien llama a Samuel no es él, Elí, sino que dice a Samuel que es el Señor quien le llama. Esto nos ha de hace pensar a todos, pero la alusión a los más jóvenes es más urgente: ¿Qué criterios ofrecemos, qué discernimiento hacemos y hacen los más jóvenes a la hora de escoger una carrera universitaria, un estilo de vida? ¿En qué nos fijamos en la vida? Muchas veces nos quedamos en la opción que nos garantice un puñado de euros, un puesto político o eclesiástico, una vida cómoda, etc. Lo estamos viendo en la vida política o en el carrerismo que le trae a mal traer al papa Francisco.

Jesús caminaba

En la Biblia -y en la vida- se camina siempre. Abraham, Éxodo, los Magos, Emaús, Jesús no tenía dónde reposar la cabeza.

Cuando las aguas se estancan, se corrompen. También el papa Francisco, viene a decir que prefiere una iglesia que pueda sufrir un accidente a una iglesia estancada

  1. Hemos encontrado al Mesías.

El que camina, termina por encontrar

A la pregunta ¿Dónde vives? Jesús les responde: “Venid y lo veréis” No se trata de pedirle a Jesús el domicilio, dónde vives. La casa del ser humano no es un redil o una guarida donde se refugia, sino que le están preguntando a Jesús: ¿Tú quién eres?  Aquellos primeros seguidores e Jesús terminan por llegar al acto de fe: Hemos encontrado al Mesías

Todo encuentro supone una relación personal. Seguir la llamada de Cristo es haberse encontrado con Él y ser conscientes de que solamente Él es el Mesías. Samuel -en la primera lectura-, tras escuchar al Señor responde: Aquí estoy.

Los ministros y maestros del cristianismo) no os llamamos al cristianismo, sino más bien al Nuevo Ser (JesuCristo), del cual el cristianismo debe ser testigo y nada más, sin confundirse jamás con ese Nuevo Ser (JesuCristo). Cuando oigáis la llamada de Jesús, olvidad todas las doctrinas cristianas, olvidad vuestras propias voluntades y vuestras dudas particulares. Si alguna vez Le seguís, olvidad toda la moral cristiana, vuestros logros y vuestras dudas particulares. Nada se os pide –ninguna idea de Dios, ninguna bondad especial propia, ni que seáis religiosos, ni que seáis cristianos, ni siquiera que seáis sabios, ni que os atengáis a una moral. Lo que se os pide es tan sólo que os abráis a lo que se os da y que queráis aceptarlo: el Nuevo Ser, el ser de amor, de justicia y de verdad que se manifiesta en Aquel cuyo yugo es llevadero y cuya carga es ligera. (Tillich)

Aquí estoy, Señor, para hacer tu Voluntad

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Leonardo Boff: «San José tiene todas las características para ser la personificación del Padre en la Trinidad»

viernes, 15 de enero de 2021
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San Jose y Jesus AdolescenteEl silencio de san José, padre de la palabra

El papa Francisco ha declarado el año 2021 como el año dedicado a la figura de san José con motivo del 150 aniversario de su proclamación como patrono de la Iglesia Universal

Leonardo Boff, que lo consdera el padre de la Iglesia doméstica, contribuyó con su libro San José, padre de Jesús en una sociedad sin padre a conocer mejor su figura

«El libro es un pequeño tratado de josefologia, cubriendo los aspectos bíblicos de la tradición, de la reflexión tardía y moderna sobre él e intentando renovar la comprensión de San José»

«Si Dios es esencialmente trinidad de divinas Personas, todas ellas, actuando siempre juntas, cada una en su singularidad, entonces ellas se han autocomunicado en la historia de la salvación»

«Por sus sueños que, según la tradición psicoanalítica, representa lo más profundo del ser humano, el inconsciente colectivo y por ser un trabajador, san José tiene todas las características del Padre»

«El silencio de san José tiene un sentido espiritual y existencial. En la Iglesia oficial son los papas, los obispos y sacerdotes los que hablan. El pueblo de Dios vive, generalmente un profundo silencio»

(Grupo de Comunicación Loyola).- El papa Francisco ha declarado el año 2021 como el año dedicado a la figura de san José con motivo del 150 aniversario de su proclamación como patrono de la Iglesia Universal. Con corazón de padre: así José amó a Jesús, llamado en los cuatro Evangelios «el hijo de José», describe en su carta apostólica Patris Corde. Todo un acontecimiento celebrado por el teólogo Leonardo Boff  por entender que san José es más bien el patrón de la Iglesia doméstica que de la Iglesia-gran institución. Él mismo ya contribuyó con su libro ‘San José, padre de Jesús en una sociedad sin padre’ a conocer mejor su figura. Le dedicó esta reflexión en Sal Terrae teniendo en cuenta la Biblia, la tradición, la doctrina del magisterio y de los teólogos, la liturgia y la piedad popular.

Como ha expresado el papa Francisco, los dos evangelistas que evidenciaron su figura, Mateo y Lucas, fue muy escasamente, “pero lo suficiente para entender qué tipo de padre fue y la misión que la Providencia le confió”. Y este libro profundiza en ese san José trabajador, esposo, padre y educador y expone de qué manera ilumina las cuestiones actuales de la familia y de la figura del padre. En el prólogo, Paulo Coelho dedica estas bonitas palabras: «Me complazco en la idea de que la mesa en la que Jesús consagró el pan y el vino habría sido hecha por José, porque allí habría quedado impresa la huella de la mano de un carpintero anónimo que se ganaba la vida con el sudor de su rostro y, precisamente por ello, permitía que los milagros se manifestaran».

– A la luz de su libro San José (Sal Terrae 2011) y las palabras del papa Francisco en su declaración del año 2021 Año de San José, ¿cree que la figura de san José hay que revalorizarla?

En la Iglesia prácticamente hasta los años 800 poco se menciona a san José. Como no dejó ninguna palabra, ha tenido solamente sueños, no sabían qué hacer con él. Solamente en 1870 fue proclamado patrono de la Iglesia universal, no directamente por el Papa Pio  IX, sino por un decreto de la Congregación de los Ritos. El Papa Juan XXIII era un gran devoto del santo y le confió el Concilio Vaticano II. Hizo más: introdujo “san José, esposo de María” en el canon de la Misa. La Exhortación Apostólica Patris Amore del papa Francisco y la proclamación de un año josefino le confirió más relevancia, particularmente por las siete virtudes que analizó en un sentido espiritual y pastoral. Pero hay que reconocer que la Santa Sede fue la última en ser conquistada por la devoción a san José. El pueblo siempre ha tenido una gran devoción por él, basta ver que el nombre José es dado a muchísimas personas, a escuelas, a calles etc. De hecho san José es más bien el patrón de la Iglesia doméstica que de la Iglesia-gran-institución.

– Probablemente, el objetivo de su libro fuera revalorizar la figura de san José. ¿Qué ecos ha recibido a lo largo de estos años de sus lectores y creyentes?

El libro fue muy bien recibido por la comunidad de los teólogos y por la Iglesia en general. Ha sido traducido en varios idiomas. Por ejemplo el cardenal Aloisio Lorscheider al leer mi libro recibió un gran impacto y no se había dado cuenta de cuánto se podía aprender de este santo singular. Personalmente me confesó que los últimos tres retiros espirituales que predicó fueron todos a la luz de lo he expuesto en mi texto. Lo que escribí es, en verdad, un pequeño tratado de josefologia, cubriendo los aspectos bíblicos, de la tradición, de la reflexión tardía y moderna sobre él e intentando renovar la comprensión de San José, especialmente, en una línea apuntada por el Papa Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica Redemptoris Custos de 15 de agosto de l989: su asunción en el misterio de la Encarnación dándole así una cierta dimensión hipostática.

– ¿Qué es lo que más desconocido de la figura de san José que cree más necesario destacar?

La tarea de la teología es descubrir más y más dimensiones del misterio inagotable de Dios. En el sentido de la Dei Verbum del Vaticano II, la revelación de Dios es más que dar a conocer verdades ocultas, sino significa más bien, una autocomunicación de Dios mismo, así como es. Si Dios es esencialmente trinidad de divinas Personas, todas ellas, actuando siempre juntas, cada una en su singularidad, entonces ellas se han autocomunicado en la historia de la salvación. Conocemos el Espíritu Santo que armó su tienda sobre María (Lc 1,35), el Hijo que también armó su tienda sobre Jesús (Jo 1,14) y no se hacia una reflexión sobre la autocomunicación del Padre, misterio fundamental, de toda divinidad. Cual seria la persona humana más adecuada a recibir la persona divina del Padre? Yo sostengo que san José tiene todas las características para ser la personificación del Padre.

Primero por sus sueños que, según la tradición psicoanalítica, representa lo más profundo del ser humano, el inconsciente colectivo; además no dijo ninguna palabra porque quien habla no es el Padre, sino el Hijo, el Verbo eterno. Por ultimo se dice en el evangelio de San Juan que el Padre trabaja, lo que es la característica de San José, de ser un trabajador. El seria, como padre terrestre, el sujeto de la recepción de la autocomunicación del Padre celeste. Así tendríamos la entera familia divina del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo presente en la familia humana. Dios se ha de hecho autocomunicado enteramente al mundo teniendo una presencia personal especifica en María, en Jesús y en José. Esta es una contribución que intenté dar a la josefología, no afirmada con esta claridad en la tradición. Esto no es todavía una doctrina oficial, sino, como se dice en teología un teologúmeno, una hipótesis bien fundada, siempre bajo la apreciación de la comunidad teológica y del Magisterio.

– Su libro ahonda en el silencio del esposo de María….un silencio que no le impide ser protagonista….¿qué podríamos aprender hoy en el siglo XXI de ese silencio?

El silencio de san José no es sin sentido. En nuestra interpretación es el modo en el que asume el misterio del Padre eterno, fuente y origen de toda la divinidad, lo que lo hace el sujeto adecuado para recibir el Padre en su autocomunicación. Pero tiene también un sentido espiritual y existencial. En la Iglesia oficial son los papas, los obispos y sacerdotes los que hablan. El pueblo de Dios vive, generalmente un profundo silencio. Hay un poderoso cristianismo popular, cotidiano y anónimo del que pocos se dan cuenta. Em esta situación de silencio viven gran parte de los cristianos, nuestros abuelos y abuelas, nuestros padres y los demás cristianos que toman em serio el evangelio y siguen el camino de Jesús. San José, por su silencio y anonimato, se inscribe dentro de este tipo de mundo.

Es el representante de los humildes, “gente de bien”, sepultados en su cotidianeidad de cenizas, ganando su vida con el trabajo generalmente mal pagado y llevando honradamente sus familias por el camino de Jesús, del amor, de la solidaridad, de la piedad familiar. Verdaderamente san José es el patrón de esta iglesia popular, anónima de los que Jesús llamó de “mis hermanos y hermanas menores” del capítulo 25 del Evangelio de San Mateo. De este silencio podemos sacar actitudes poco presentes en este mundo, lleno de palabras, de sonidos y de todas las formas de comunicación. El ser humano necesita de silencio, primero para escuchar el otro y después, auscultar su propio corazón, su interioridad que nadie puede penetrar sino Dios mismo. En este ambiente vivió San José y el mismo Jesús por 30 años antes de iniciar el anuncio del Evangelio.

– ¿El hombre actual puede responder al modelo de un padre y hombre como san José ?

San José fue un esposo, un  padre, un artesano y un educador que inició a su hijo Jesús en la piedad y en las tradiciones religiosas de su pueblo. Las virtudes citadas por el Papa Francisco en su Patris amore son las virtudes naturales de quien vive una vida como la vivió san José: el ser un padre  amable, tierno, obediente, acogedor, de un coraje creativo, trabajador y vivir en la sombra, es decir, en el anonimato común de la mayoría de las personas. Son valores transculturales. San José lo vivió en su cultura hebraica, nosotros, en otro tiempo, damos a estas virtudes fundamentales las características de nuestra época. Cambian los tiempos, pero no cambian las actitudes fundamentales. Por eso san José puede se presentado como referencia de un padre y de una familia bien integrada. El gran poeta Paul Claudel tenia una especial admiración por el silencio de san José. En  una carta de 1934 a un amigo escribió: ”El silencio es el padre de la Palabra. Allí en Nazaret hay solamente tres personas muy pobres que sencillamente se aman. Son aquellos que van a cambiar el rostro de la Tierra”.

 Fuente Religión Digital

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«El camino abierto por Jesús». Bautismo del Señor – B (Marcos 1,7-11)

domingo, 10 de enero de 2021
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09_baut_bNo pocos cristianos practicantes entienden su fe solo como una «obligación». Hay un conjunto de creencias que se «deben» aceptar, aunque uno no conozca su contenido ni sepa el interés que pueden tener para su vida; hay también un código de leyes que se «debe» observar, aunque uno no entienda bien tanta exigencia de Dios; hay, por último, unas prácticas religiosas que se «deben» cumplir, aunque sea de manera rutinaria.

Esta manera de entender y vivir la fe genera un tipo de cristiano aburrido, sin deseo de Dios y sin creatividad ni pasión alguna por contagiar su fe. Basta con «cumplir». Esta religión no tiene atractivo alguno; se convierte en un peso difícil de soportar; a no pocos les produce alergia. No andaba descaminada Simone Weil cuando escribía que «donde falta el deseo de encontrarse con Dios, allí no hay creyentes, sino pobres caricaturas de personas que se dirigen a Dios por miedo o por interés».

En las primeras comunidades cristianas se vivieron las cosas de otra manera. La fe cristiana no era entendida como un «sistema religioso». Lo llamaban «camino» y lo proponían como la vía más acertada para vivir con sentido y esperanza. Se dice que es un «camino nuevo y vivo» que «ha sido inaugurado por Jesús para nosotros», un camino que se recorre «con los ojos fijos en él» (Hebreos 10,20; 12,2).

Es de gran importancia tomar conciencia de que la fe es un recorrido y no un sistema religioso. Y en un recorrido hay de todo: marcha gozosa y momentos de búsqueda, pruebas que hay que superar y retrocesos, decisiones ineludibles, dudas e interrogantes. Todo es parte del camino: también las dudas, que pueden ser más estimulantes que no pocas certezas y seguridades poseídas de forma rutinaria y simplista.

Cada uno ha de hacer su propio recorrido. Cada uno es responsable de la «aventura» de su vida. Cada uno tiene su propio ritmo. No hay que forzar nada. En el camino cristiano hay etapas: las personas pueden vivir momentos y situaciones diferentes. Lo importante es «caminar», no detenerse, escuchar la llamada que a todos se nos hace de vivir de manera más digna y dichosa. Este puede ser el mejor modo de «preparar el camino del Señor».

José Antonio Pagola

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“Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”. Domingo 10 de enero de 2021. Bautismo del Señor. Domingo primero ordinario-

domingo, 10 de enero de 2021
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20160WLeído en Koinonia:

Isaías 42,1-4.6-7: Mirad mi siervo, a quien prefiero.
Salmo responsorial: 28: El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Hechos de los apóstoles 10, 34-38: Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo.
Marcos 1,7-11: Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto.

 Hoy, como comunidad de creyentes, celebramos el bautismo de Jesús y, junto con él, nuestro bautismo. Así pues, las lecturas de este día nos ofrecen tres elementos que identifican el verdadero bautismo en el Señor.

Un primer elemento lo encontramos en el texto de Isaías, quien nos habla de la actitud del siervo de Dios; éste ha sido llamado y asistido por el Espíritu para llevar a cabo una especial misión en el pueblo de Israel: hacer presente con su vida la actitud misma de Dios para con la humanidad; es decir, evidenciar que Dios instaura su justicia y su luz por medio de la debilidad del ser humano. Por tanto, la tarea de todo bautizado es testimoniar que Dios está actuando en su vida; signo de ello es su manera de existir en medio de la comunidad; debe ser una existencia que promueva la solidaridad y la justicia con los más débiles, pues en ellos Dios actúa y salva; en ellos se hace presente la liberación querida por Dios.

El segundo elemento está presente en el relato de los Hechos de los Apóstoles. La intención central de este relato es afirmar que el mensaje de salvación, vivido y anunciado por Jesús de Nazaret, es para todos sin excepción. La única exigencia para ser partícipe de la obra de Dios es iniciar un proceso de cambio (respetar a Dios y practicar la justicia), que consiste en abrirse a Dios y abandonar toda clase de egoísmo para poder ir, en total libertad, al encuentro del otro, pues es en el otro donde se manifiesta Dios. A ejemplo de Jesús, todo bautizado tiene el deber de pasar por la vida “haciendo el bien”; tiene la tarea constante de cambiar, de despojarse de todo interés egoísta para poder así ser testigo de la salvación.

El evangelio de Mateo desarrolla el tercer elemento que identifica el verdadero bautismo: La obediencia a la voluntad del Padre. “La justicia plena” a la que se refiere Jesús en el diálogo con Juan el Bautista manifiesta la íntima relación existente entre el Hijo de Dios y el proyecto del Padre. Esto significa que el bautismo es la plenitud de la justicia de Dios, ya que las actitudes y comportamientos de Jesús tienen como fin hacer la voluntad de Dios. Esta obediencia y apertura a la acción de Dios afirma su condición de hijo; es hijo porque obedece y se identifica con el Padre. Esta identidad de Jesús con el Padre (ser Hijo de Dios) se corrobora en los sucesos que acompañan el bautismo: El cielo se abre, desciende el Espíritu y una voz comunica que Jesús es Hijo predilecto de Dios. Es «hijo» a la manera del siervo sufriente de Isaías (Is 42,1): hijo obediente que se encarna en la historia y participa completamente de la realidad humana. El bautismo, en consecuencia, provoca y muestra la actitud de toda persona abierta a la divinidad y voluntad de Dios; y hace asumir, como modo normal de vida, el llamado a ser hijos de Dios, identificándonos en todo con el Padre y procurando, con nuestro actuar, hacer presente la justicia y el amor de Dios. Por desgracia, en la actualidad el bautismo se ha limitado al mero rito religioso, desligándolo de la vida y la experiencia de fe de la persona creyente. Se ha olvidado que el bautismo es el hecho fundamental del ser cristiano, pues evoca la vida, la muerte y la resurrección de Cristo y la participación de todo cristiano en este misterio. El bautismo viene a significar en síntesis, y teniendo en cuenta los elementos descritos anteriormente, la entrega generosa a Dios y a los hermanos a ejemplo del mismo Cristo. Leer más…

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10.1.2021 Fiesta del Bautismo de Jesús ¿cómo bautiza hoy la Iglesia?

domingo, 10 de enero de 2021
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586B5CE3-FE0E-4856-95FB-5AA85CE2FD93Del blog de Xabier Pikaza:

El tema del cristianismo (año 2021), no es el Vaticano, ni unos dogmas antiguos, ni un posible escándalo del clero, sino el bautismo. ¿Cómo debería bautizar hoy la Iglesia? ¿Por qué muchos cristianos de origen dejan hoy de bautizarse?

– Algunos echan la culpa a la “gente” (unos padres menos fieles, unas comunidades desengañadas…), pero el tema es la “gente”, sino la Iglesia: si ella es “útero de vida”, lugar de nacimiento y comunión atrayente y transformadora.

– El problema de fondo es si la Iglesia ofrece ofrece y representa actualmente el bautismo de Jesús, ei ella es de verdad un “baptisterio”: Útero de vida, espacio de amor para crecer en vida y perdón, en comunión y fraternidad. ¿Se puede hoy decir que la «casa» principal de la iglesia es el baptisterio?

– La iglesia no es un grupo más entre los grupos de poder económico y cultural, social y religiosa, sino hogar de inmersión y renacimiento personal y social . Por eso, los relatos y fiestas de Navidad culminan en el bautismo de Jesús, signo y principio del renacimiento cristiano.

07.01.2021 | X. Pikaza

El bautismo de Jesús

Bautismo de Jesús, su nuevo nacimiento.

Había nacido ya, como hemos celebrado en Navidad. Pero, en un momento dado, para culminad su nacimiento, Jesús fue a bautizarse, haciéndose discípulo de Juan. Abandonó la familia, dejó el trabajo como tekton y se integró en una poderosa “escuela bautismal”,

Y sucedió entonces que llegó Jesús, de Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio los cielos rasgados y al Espíritu descendiendo sobre él como paloma. Se oyó entonces una voz desde los cielos: Tú eres mi Hijo Querido, en ti me he complacido (Mc 1, 9-11).

Es difícil trazar suposiciones de tipo psicológico, pero es evidente que, recibiendo el bautismo, Jesús vino a vincularse con los “pecadores” de su pueblo, con su carga de trabajo y/o falta de trabajo, como tekton, artesano galileo (Mc 6,1‒5), en una sociedad que se desintegraba. Venía a bautizarse para asumir el camino de Juan, quizá para “despedirse” del Dios de las promesas fracasadas, como Elías sobre el Horeb (1 Rey 19; cf. cap. 13). Pero el Dios de su fe más profunda, vinculada a su tradición familiar mesiánica, el Dios de sus deseos más hondos, le salió al encuentro tras el agua, en la brisa del Espíritu, para engendrarle en novedad y confiarle su tarea. Aquel fue el momento y lugar de su verdad, su verdadero nacimiento.

Escuchó una voz que decía: ¡Tú eres mi Hijo Querido, en ti me he complacido!Escuchando esa voz interior, Jesús supo que Dios se le manifestaba como Padre (en su más honda verdad) y le constituía como Hijo, en gesto de nueva creación, de manera que podemos verle desde entonces como un renacido.

Jesús supo así que el principio de la vida humana es la voz del Padre que le instaura (engendra) como ¡Hijo!. Jesús supo así que Dios le llamaba (y le hacía ser) desde el fondo de su entraña, no desde fuera, instituyendo así la nueva identidad cristiana. La primera voz del Cielo (de Dios) no es ya Soy el que soy, Yahvé; (cf. Ex 3, 14 9), sino la afirmación engendradora del que sale de sí y suscita al otro, diciéndole ¡Tú eres!

Un tipo de judaísmo había comenzado su camino desde el Yo Soy de Dios como misterio incognoscible. El evangelio en cambio se fundamenta y expresa en el descubrimiento del Dios que es en sí mismo diciendo Tú Eres. Dios no empieza asegurando su ser, sino dando ser al otro; no es un Yo soy en mí, sino un Yo para y contigo, diciendo Tú eres mi Hijo.

2. Nacer en la Iglesia fraternidad universal (baptisterio de los ortodoxos en Ravenna)

La primera voz del Cielo (de Dios) no es Soy el que soy, Yahvé; (cf. Ex 3, 14 9), sino ¡Tú eres! Nosotros, todos, cada uno de los hombre y mujeres somos el “tú” de Dios; somos porque Dios nos ama, en él nacemos y somos. En el origen de la vida no está un Yo-Soy, planeando por encima de las cosas, ni la voz del hombre angustiado pidiendo la ayuda de Dios o de los dioses, sino la Palabra (Dios) que dice ¡Tú eres mi hijoquerido! (jhjd, agapêtos), y la respuesta del Hijo (Jesús), de cada hombre, que responde: Aquí estoy para ser en ti y con todos los hombres, mis hermanos.

La segunda palabra y experiencia del bautismo es escuchar y decir “nosotros somos”. En esa línea, he querido decir que el primer símbolo de la iglesia es un “baptisterio”, el lugar, el rito en que los hombres y mujeres nacemos a la vida en común. El bautizado en Cristo no es un simple “hijo de Dios”, sino un hermano-amigo de todos los hombres. Se ha discutido sobre las “palabras” del bautismo, pero en sí mismo ése es un tema secundario, pues en el NT hay diversas “fórmulas” bautismales, aunque la mas significativa ha terminado siendo la de Mt 28, 15-20: “En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…”. La verdad y realidad del bautismo está en el hecho de que la Iglesia, por medio de Jesús, se atreve a ofrecer a todos los hombres y pueblos un “hogar” de vida en fraternidad y justicia, en solidaridad y igualdad y justicia de amor.

Al asumir como propio el bautismo (signo fundante) de Jesús la iglesia ha ratificado su opción fundante, definiéndose a sí misma como pueblo mesiánico universal, por gracia de Dios, por inmersión creyente de sus miembros. No sabemos quién fue el primero en impartir/celebrar el bautismo entre los seguidores de Jesús, quizá Pedro (cf. Hech 3, 38). Tampoco sabemos si al principio entraban todos y siempre en el agua física o bastaba el «bautismo en el Espíritu», como renovación interior, en el aire de la Palabra/Respiración de Dios (cf. Gen 2, 7; Mt 12, 28). Lo que sabemos es que los cristianos se definen como “bautizados”, hombres y mujeres que nacen por Jesús a la vida “compartida”, en una iglesia o comunión de fraternidad. Leer más…

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Bautismo de Jesús. Domingo después del 6 de enero.

domingo, 10 de enero de 2021
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icono-bautismo-de-jesusDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Aunque se incluye dentro del Tiempo de Navidad, esta fiesta significa el comienzo de la actividad de Jesús y se centra en el programa que deberá llevar a cabo.

Para entender mejor la relación de las lecturas es preferible alterar el orden. La primera habla del programa encomendado al Siervo de Dios (Jesús).

El evangelio, de cómo se le comunica ese programa en el bautismo. La segunda lectura (Hechos), de cómo lo llevó a cabo.

***

El programa futuro de Jesús (Isaías 42,1-4.6-7)

              

Esto dice el Señor:

Mirad a mi siervo, a quien sostengo;
mi elegido, en quien me complazco.
He puesto mi espíritu sobre él,
manifestará la justicia a las naciones.

No gritará, no clamará, no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará,
La mecha vacilante no la apagará.

Manifestará la justicia con verdad.
No vacilará ni se quebrará,
hasta implantar la justicia en el país.

En su ley esperan las islas.
Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia,
te cogí de la mano, te formé
e hice de ti alianza de un pueblo,
y luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la cárcel,
de la prisión a los que habitan en tiniebla.

Como introducción al programa, se insiste en que el protagonista no lo llevará a cabo por sus propias fuerzas. Cuenta con la ayuda de Dios, que lo sostiene, se complace en él y le concede su espíritu.

El programa indica, ante todo, lo que no hará: gritar, clamar, vocear, que equivale a amenazar y condenar; quebrar la caña cascada y apagar la mecha vacilante, símbolos de seres peligrosos o débiles, que es preferible eliminar (basta pensar en Leví, el recaudador de impuestos, la mujer sorprendida en adulterio, la prostituta…).

Dice luego lo que hará: promover e implantar el derecho, o, dicho de otra forma, abrir los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la prisión; estas imágenes se refieren probablemente a la actividad del rey persa Ciro, del que espera el profeta la liberación de los pueblos sometidos por Babilonia; aplicadas a Jesús tienen un sentido distinto, más global y profundo, que incluye la liberación espiritual y personal.

El programa incluye también cómo se comportará: «no vacilará ni se quebrará». Su misión no será sencilla ni bien acogida por todos. Abundarán las críticas y las condenas, sobre todo por parte de las autoridades religiosas judías (escribas, fariseos, sumos sacerdotes). Pero en todo momento se mantendrá firme, hasta la muerte.

La comunicación del programa en el bautismo (Marcos 1,7-11)

¿Por qué Jesús decide ir al Jordán? ¿Cómo se enteró de lo que hacía y decía Juan Bautista? ¿Por qué le interesa tanto? Ningún evangelista lo dice. El relato de Marcos, el más antiguo, cuenta el bautismo con muy pocas palabras. Y ni siquiera se centra en el bautismo, sino en lo que ocurre inmediatamente después de él.

En aquel tiempo, proclamaba Juan:

̶ Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo, y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.

Y sucedió que por aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma. Se oyó una voz desde los cielos:

̶ Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.

Marcos destaca dos elementos esenciales: el Espíritu y la voz del cielo.

La venida del Espíritu tiene especial importancia, porque entre algunos rabinos existía la idea de que el Espíritu había dejado de comunicarse después de Esdras (siglo V a.C.). Ahora, al venir sobre Jesús, se inaugura una etapa nueva en la historia de las relaciones de Dios con la humanidad.

La voz del cielo. A un oyente judío, las palabras «Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto» le recuerdan dos textos con sentido muy distinto. El Sal 2,7: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy», e Isaías 42,1: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero». El primer texto habla del rey, que en el momento de su entronización recibía el título de hijo de Dios por su especial relación con él. El segundo se refiere a un personaje que salva al pueblo a través del sufrimiento y con enorme paciencia. Marcos quiere evocarnos las dos ideas: dignidad de Jesús y salvación a través del sufrimiento. En este sentido, es importante advertir que la vida pública de Jesús comienza con el testimonio de la voz del cielo («Tú eres mi hijo amado, mi predilecto») y se cierra con el testimonio del centurión junto a la cruz: «Realmente, este hombre era hijo de Dios» (Mc 15,39).

El lector del evangelio podrá sentirse en algún momento escandalizado por las cosas que hace y dice Jesús, que terminarán costándole la vida, pero debe recordar que no es un blasfemo ni un hereje, sino el hijo de Dios guiado por el Espíritu.

Misión cumplida: pasó haciendo el bien (Hechos 10,34-38)

En el discurso ante el centurión Cornelio y su familia, Pedro recuerda los momentos iniciales de la proclamación del evangelio y resume la actuación de Jesús con tres rasgos esenciales: ungido con el Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y curando, Dios estaba con él. No se puede decir más con menos palabras.

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

– Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos. Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

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Domingo del Bautismo del Señor.10 de enero, 2021

domingo, 10 de enero de 2021
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Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán”.

(Mc 1, 7-11)

El Niño que estaba ayer en pañales y recibía la visita de los Magos es hoy el que se pone a la fila de los pecadores como uno más. El Dios desconcertante. El Dios que aparece donde menos le iríamos a buscar (¡en un establo!) y se escapa de todos nuestros templos y palacios.

Ese es el Dios que nos muestra Jesús. El Dios que rompe nuestros esquemas. Nosotros querríamos que se manifestara con su fuerza. Le invocamos como Dios Omnipotente, Señor de los Ejércitos, pero él viene a que le bauticemos.

Se pone en la fila sin anticipos ni privilegios. Como uno más, como el más corriente. Sin escolta, sin anunciar su llegada, sin tratos especiales.

Pero, ¿no te das cuenta, Dios Omnipotente, Señor del Cielo y de la Tierra, que así no impresionas a nadie? Déjate asesorar por nosotros. Te falta “marketing”, te falta “puesta en escena”. Hay que cuidar la imagen y medir las palabras. También sería bueno que elijas mejor a las personas con las que te rodeas. Busca a personas influyentes. Rodéate de gente con buena imagen…

¡No hay quien pueda Contigo! Sigues tercamente empeñado en ir por tus caminos y hacer las cosas a tu manera. ¿Qué esconden la vulnerabilidad y la pobreza? ¿Por qué vienes a que te bauticemos en lugar de bautizarnos tú a nosotros? ¿Qué haces tú en la fila de los pecadores?

Así es nuestro Dios encarnado en Jesús. Viene a “necesitarnos”. Primero en la fragilidad de un recién nacido. Ahora como uno más que desea ser bautizado. Vienes a necesitarnos, nosotros querríamos que vinieras a solucionarnos la vida.

Oración

Trinidad Santa, ayúdanos a descubrirte allí donde tú quieras manifestarte. En la cola del autobús, entre quienes cruzan la calle o jugando con los niños del parque. Que como Juan Bautista sepamos reconocerte allí donde hayas querido manifestarte.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Jesús nace del agua y del Espíritu.

domingo, 10 de enero de 2021
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bautismo-jesusMc 1, 6-11

Estamos en el primer domingo del “tiempo ordinario”, pero no se trata de un cambio radical en la liturgia. Celebramos hoy una de las tres manifestaciones de Jesús que estuvieron durante los primeros siglos integradas en la fiesta de la Epifanía. Las dos lecturas nos preparan para entender el evangelio. Para Marcos, es el comienzo. El relato es la clave para comprender todo su evangelio. Hay pocas dudas sobre la historicidad del hecho. Lo narran los tres sinópticos, y Jn, más contundente, lo da por supuesto.

El bautismo de Jesús es el primer dato que se puede constatar históricamente por fuentes extra bíblicas. Es un relato que ningún cristiano se hubiera atrevido a inventar, porque compromete el altísimo concepto que tuvieron de su maestro. Si no hubieran creído en su importancia, seguramente se les hubiera olvidado. De ahí también la necesidad de dejar clara, en todos los relatos, la diferencia entre Jesús y Juan.

El mensaje teológico que se quiere trasmitir con el relato del bautismo de Jesús es de los más importantes de todo el NT. No fue un acto de humildad ni una comedia ante los demás, sino una actitud de búsqueda de su identidad. Resume toda su vida. Para aceptar este punto de vista, tenemos que admitir que fue verdadero hombre. Esto no es tan fácil, a pesar de que un concilio lo definió como dogma de fe. Un hombre al que hicieron tantas “judiadas” y murió como murió, tiene que obligarnos a aceptar que fue un hombre.

Los humanos no podemos aceptar racionalmente que una realidad sea, a la vez, dos cosas contradictorias entre sí. Desde nuestra racionalidad, no podemos pensar en un ser que es a al vez hombre y Dios, porque tenemos una idea equivocada de lo que es Dios. Como no podemos pensar en una bola de billar que sea a la vez, blanca y negra. El listo de turno nos puede decir que podemos poner la mitad de pigmento blanco y la mitad negro; pero entonces resultaría una bola gris… Esto es lo que hemos hecho con Jesús.

A través de la historia del cristianismo, nos hemos visto “obligados” a pensar a Jesús como hombre, olvidándonos de lo divino o pensarlo como Dios, olvidándonos de lo humano. En una palabra, parece que no podemos hacer cristología sin caer en la herejía. Lo mismo que no podemos hacer teología sin hacernos un ídolo. Tenemos dos salidas: a) repetir las formulaciones, aceptándolas sin entender ni palabra. b) aparcar la razón y buscar la vivencia para superara la contradicción: Lo divino y lo humano ni se mezclan ni se excluyen. En Jesús está la plenitud de la humanidad y la plenitud de la divinidad.

Si aceptamos que Jesús es un ser humano, tendremos que admitir una trayectoria humana como sucede en cualquier hombre. No fue un extraterrestre, sino que tuvo que desarrollarse hasta alcanzar su plenitud. Desde esta perspectiva, podemos entender lo que sería para Jesús descubrir a Juan Bautista. Hacía cientos de años que no aparecían profetas en Israel; es natural que se sintiera atraído por esta figura y que intentara aprender de él. El hecho de que se bautizara nos lleva mucho más allá de un encuentro fortuito. Jesús aceptó la predicación de Juan y se comprome­tió con ella.

Lo importante no es que narren lo que pasó, sino el cómo nos lo dicen para que descubramos el sentido espiritual del relato. La liturgia de hoy lo pone bien de manifiesto. Las tres lecturas nos hablan del Espíritu. El evangelio, para hablar del Espíritu, tiene que emplear una imagen sensible: “como una paloma”. No significa que vio una paloma que bajaba sobre él, como normalmente se entiende y reflejan pinturas que representan la escena. Oseas 8,1, dice: Como un águila cae el mal sobre la casa de Israel… Quiere decir que el Espíritu cayó sobre Jesús como un ave se lanza “en picado” desde lo alto. Recordemos que en la Biblia se dice que el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas.

El Espíritu transforma interiormente a Jesús, y le capacita para llevar a cabo la difícil tarea que le esperaba. En el AT se ungía al rey para que el Espíritu lo capacitara para su misión. Nos están hablando del nuevo nacimiento “del agua y del Espíritu”. Lo que Jesús pide más tarde a Nicodemo lo vivió primero él mismo. “Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es Espíritu”. No se puede concebir a Jesús sin el Espíritu… Porque nacer de la carne es menos importante que nacer del Espíritu, lo que estamos celebrando hoy es más importante que lo que acabamos de celebrar el día de Navidad.

No debemos caer en la tentación de pensar en fenómenos aparatosos. La manera de narrar el hecho puede ser una trampa. Ni Espíritu visible, ni voz audible, ni cielo rasgado. Todos estos fenómenos no son más que imágenes para comunicarnos verdades teológicas que nos lleven a la comprensión de Jesús. El Espíritu actúa siempre de la misma manera, silenciosamente, desde dentro, sin ruidos, sin aspavientos, sin violentar la naturaleza porque actúa siempre de acuerdo con ella. «No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha humeante no la apagará». (Isaías)

Aunque no tenemos datos suficientes para poder adentrarnos en la psicología de Jesús, los evangelios no dejan ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios. Fue una relación que desbordó todo lo conocido. Se atreve a llamarle “Abba” (papá); cosa inusitada en su época. Hace su voluntad: Le escucha siempre. Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar su experien­cia de Dios. El único objetivo de su misión fue que nosotros lleguemos a esa misma experiencia. Toda esa relación de Jesús con Dios era con un Dios que es Espíritu. En el diálogo con la Samaritana lo dejó claro. Dios es Espíritu…

Tú eres mi Hijo amado. La experiencia de ser amado es la base del verdadero amor. La comunicación de Jesús con su «Abba» fue a través de su ser profundo. Solo a través de la contemplación, el Hombre Jesús descubrió quién era Dios para él. Lucas, dice: “y mientras oraba…” El descubrimiento de esa presencia nace sencillamente de su concien­cia de hombre. Dios como creador está en la base de todo ser, constituyéndolo en ser. Yo soy yo, porque soy de Dios. Todo lo que tengo de positivo me lo está dando Él. Mi verdadero ser, es el mismo ser de Dios. Una cosa me diferencia de Dios: mis limitaciones.

El cielo rasgado recuerda unas palabras de Is: “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!”. El cielo se había cerrado. Hacía siglos que Dios no se dejaba oír a través de sus profetas; ahora se abre. La comunicación entre el cielo y la tierra queda abierta para siempre por medio de este ser humano que se siente identificado con Dios. Marcos está transmitiendo el descubrimiento de la vocación de Jesús y su conciencia de enviado del Padre.

Pedro nos ofrece el modelo: Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo porque Dios estaba con él. Dios también está contigo, solo falta que tú respondas como respondió él. La más importante tarea de tu vida es desplegar tus posibilidades de ser. Si despliegas solamente tus posibilidades biológicas, habrás desarrollado solo una parte de ti. Eres también Espíritu y si quieres alcanzar tu plenitud, tienes que desplegar el Espíritu.

Meditación

El Espíritu no tiene que venir de ninguna parte.
Ya estaba en él desde siempre,
como está en cada uno de nosotros.
Descubrir esa presencia es nacer del Espíritu.
Lo que nació de la carne, seguirá siendo carne.
Una vez nacido del Espíritu, la carne significará muy poco.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Hijos queridos.

domingo, 10 de enero de 2021
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3edadesEl límite de amar es amar sin medida (San Bernardo)

7 de enero.  Bautismo del Señor

Mc 1, 7-11

Tú eres mi hijo querido, mi predilecto

Uno de los personajes de la obra del Conde Lev Nikoláievich Tolstoi (1828-1910) -un estudiante-, le agradece cuanto ha hecho con ellos: “¿Quién, si no usted, nos ha enseñado, a ver la injusticia del reparto de todos los bienes humanos? Sólo usted con sus libros, ha emancipado nuestros corazones de un Estado, de una Iglesia y de un gobernante que protege la iniquidad que se comete contra los hombres, en lugar de amparar a la humanidad. Usted, y sólo usted, nos ha movido a dedicar toda nuestra vida a que ese falso orden sea definitivamente destruido”. Enseñanzas que todos los hijos queridos del Espíritu esperan recibir de él.

Gustav Klimt (1862-1918) nos muestra en una de sus geniales obras: Las tres edades de la mujer, en óleo sobre lienzo (Galleria Nationale d’Arte Moderna, Roma), el valor y transcendencia del amor a los hijosCristophe André, nos hace este análisis de la obra del pintor simbolista austríaco en su libro El arte de la felicidad“Observen el dedo meñique del niño, un poco separado como para captar mejor la dulzura tibia de la piel materna. La cabeza encajada en el hombro, para formar mejor un cuerpo con su madre. Obsérvese cómo la madre protege. Seguro que no le resulta demasiado cómoda, pero de ese modo ofrece una protección a su hijo, al que estrecha con un brazo grácil. Le alimenta de amor, corazón contra corazón, y también le transmite algo más, cabeza contra cabeza: ese niño es su pasado y su futuro.

Su pasado y su futuro para ella y para nosotros, garantizado por la generosa acogida que, en este caso hace el Padre, de todos sus queridos hijos, recordando las palabras de Mateo en 25, 34 con las que el Rey nos invita a heredar el reino que nos tiene preparado desde la fundación del mundo. Un “Venid benditos de mi Padre” al que el cineasta italiano Franco Zeffirelli puso música en su Película Jesús de Nazareth.

Heredad suficiente para colmar todas nuestras pretensiones, como nos pone de manifiesto el poeta y derviche sufí místico turco Yunus Emre (1240-1320) en el poema que este domingo ponemos como texto. Un paraíso, unos palacios y jardines para gozar del amor en esta vida y en la otra. En ellos, como dijo San Bernardo (1090-1153) fundador del Císter: El límite de amar es amar sin medida”. Otro místico, que soñaba con el amor y la entrega a los demás. Ya en el lecho de muerte, pronunció este memorable testimonio de donación a los demás: “Mi gran deseo es ir a ver a Dios y a estar junto a Él. Pero el amor hacia mis discípulos me mueve a querer seguir ayudándolos. Que el Señor Dios haga lo que a Él mejor le parezca”

Todo lo cual nos lleva a la vivificante conclusión de que el “Tu eres mi hijo querido, mi predilecto” del evangelio de este domingo, también es para nosotros. Y lo es, porque como cantaba La Coral Divertimento de Hoyo de Manzanares el pasado 16 de diciembre en nuestra iglesia de Parquelagos entonando un clásico villancico alemán, Stille Nacht, es un lucero que con su resplandor nos hace ser como Jesús, hijos de Dios: Noche de paz, / noche de amor. / Todo duerme en derredor; / sobre el santo niño Jesús. / Una estrella esparce su luz, / brilla sobre el Rey”.

En el Evangelio de Juan (1, 1-14) podemos disfrutar de la mejor definición de la expresión “Hijos queridos”, con la que hemos titulado nuestra colaboración de esta semana. El visionario de Patmos identifica nuestra filiación divina con la Palabra, que existía desde el principio, que era Dios y que nos hace dioses.

 TÚ ERES TODO LO QUE NECESITO

Tu amor me sacó de mí. Tú eres todo lo que necesito.
Ardiendo estoy día y noche. Tú eres todo lo que necesito.
Ni me contentan las riquezas, ni me asusta la pobreza.
Me basta con tu amor. Tú eres todo lo que necesito.

Tu amor disipa otros amores; los sumerge
en el mar del amor. Tú eres todo lo que necesito.
Tu presencia todo lo llena.
Tú eres todo lo que necesito.
He de beber el vino de tu amor, amarte como loco en el dolor.
Tú eres mi preocupación. Tú eres todo lo que necesito.
Eso que llaman paraíso, unos palacios, unos jardines,
a quien los quiera, dáselos. Tú eres todo lo que necesito.

Aunque tengas que matarme y dar al viento mis cenizas,
mi tierra seguirá diciendo: Tú eres todo lo que necesito.
Yunus, Yunus es mi nombre. Mi amor crece cada día.
En este mundo y en el otro, Tú eres todo lo que necesito.

Yunus Emre

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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El otro nacimiento.

domingo, 10 de enero de 2021
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10_Bautismo_BMc 1, 7-11

10 de enero de 2021

Con la fiesta del Bautismo de Jesús termina el tiempo litúrgico de la Navidad. Ahora comenzaremos a recordar el tiempo de la vida pública de Jesús, una visibilidad que ya no pone en escena relatos para demostrar su origen, en la línea de otros líderes importantes, sino el sentido de su existencia y la novedad que supuso su movimiento como principio de la nueva era cristiana.

El evangelio de Marcos parece tener prisa en revelar quién es Jesús y su lugar en la historia humana. Merece la pena que recordemos el comienzo del evangelio, apenas unos versículos anteriores al relato de este Domingo. Marcos comienza definiendo directamente a Jesús como Hijo de Dios. Omite los relatos de la infancia, omite genealogías; prefiere ir a lo esencial de manera parca y concisa. No parece ser una percepción suya, sino que, a modo de revelación, pone en palabras de Dios esta identidad: “Hijo de Dios”. Es el nuevo nacimiento de Jesús al que todos estamos llamados a despertar.

Juan se convierte en una breve alusión al Antiguo Testamento pero que se irá diluyendo hasta que, de una manera brusca, aparece Jesús con todo el protagonismo, generando un giro copernicano en la visión de Dios y del ser humano.  El Bautista nos pone en antecedentes; ahora, el bautismo, es decir la inmersión en la divinidad será a través del Espíritu. Revela así, que el Dios cristiano va a permanecer de una manera trascendente y actuante en la humanidad. Este bautismo “con el Espíritu Santo”, supone la presencia permanente de la potencia-luz divina que se va a convertir en el dinamismo que marcará los pasos de Jesús. De hecho, los siguientes versículos al texto que nos ocupa, ya es el Espíritu quien le conduce al desierto para discernir lúcidamente esta teofanía o experiencia reveladora, para diferenciar y conocer la voz del Dios con respecto a otras voces igualmente mesiánicas.

“Detrás de mí viene uno que es más fuerte que yo” nos pone de manifiesto la fuerza del liderazgo de Jesús y la claridad de su mensaje: no viene a reformar nada, a liberar de pagar impuestos, a echar a los poderes políticos y religiosos, aunque los cuestione duramente, sino a revelarnos nuestra verdadera identidad y la identidad de Dios. Jesús se presenta como prototipo de una nueva humanidad.

Dice el texto que “en cuanto salió del agua…”, es decir, pasado ya el tiempo del bautismo de purificación, se rasgan los cielos y desciende el Espíritu; el nuevo bautismo ya no es un ritual que requiere formas externas, sino que es un despertar a la verdadera esencia humana en conexión con la Divinidad. Fue Jesús quien vio los cielos abiertos, no describe algo que todos pudieran ver, sino que se trata de una experiencia interior que nos indica que “lo divino-el cielo” no está cerrado, que hay un punto de apertura y comunicación entre el cielo y la tierra. La divinidad irrumpe para darnos a conocer nuestra pertenencia original; hay un nacer de nuevo cuyos referentes ya no son los lazos de sangre, de familia humana; el nuevo nacimiento pasa por hacer pie en esta realidad que ya no se define por el tiempo, el espacio, el límite, sino en una nueva conciencia de ser Hij@s de Dios.

Esta nueva realidad revelada tiene unas consecuencias éticas de máximo nivel humano. Ser hijs@s, en plural, supone tener herman@s, en plural, en una relación simétrica que conduce a un reconocimiento de una dignidad que nos iguala. Toda la vida de Jesús es una puesta en escena de estos nuevos vínculos que implican inclusión y mesa compartida, respeto, tolerancia, libertad y profundidad. La situación que estamos viviendo no puede ser sostenida ni superada por personas líquidas que viven en un exceso de emociones, impulsos y reacciones que no tienen suelo. Hemos de dejar bautizarnos por la potencia del Espíritu que nos vigoriza y nos permite afrontar la noche desde la fuerza de la LUZ que tod@s llevamos dentro.

¡¡FELIZ DOMINGO!!

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

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Hijos amados, hijas amadas, siempre

domingo, 10 de enero de 2021
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Cataratas-Havasu.6Fiesta del Bautismo de Jesús

10 enero 2021

Mc 1, 7-11

En aquel tiempo proclamaba Juan: “Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo”. Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, mi predilecto”.

HIJOS AMADOS, HIJAS AMADAS, SIEMPRE

  En su brevedad, el relato que hace Marcos del bautismo de Jesús se halla repleto de símbolos elocuentes, que buscan presentar la identidad de Jesús como “el Hijo amado de Dios”.

  El cielo que se rasga simboliza la comunicación que se restablece entre el cielo y la tierra, entre Dios y la humanidad; la paloma parece significar el “aleteo” del Espíritu suave y fuerte, a la vez; la voz del cielo expresa el contenido último de todo el pasaje.

  Para la fe de aquella comunidad, es en Jesús, y gracias a él, donde todo eso ocurre: en él, cielo y tierra quedan unificados, y establecida de manera definitiva la comunión de Dios con la humanidad.

  Una lectura espiritual del texto ve al “Hijo amado” como metáfora que habla de todos nosotros. El término “hijo” contiene, al menos, dos significados inseparables: por un lado, el hijo es el que está naciendo del padre; por otro, es de su misma sangre. ¿Qué significa eso para nuestra comprensión?

 Somos de la misma “sangre” que el Fondo del que surgimos. Más aún, en nuestra identidad profunda, somos ese Fondo innombrable, al que nos referimos con términos como Vida, Consciencia, Ser, Dios, Padre… Y, a la vez, somos una forma concreta –una persona– en la que aquel Fondo se despliega, en cierto modo una “criatura”.

 La metáfora del “Hijo amado” –así, con mayúscula– viene a decirnos que somos uno con el “Padre” –que nuestra identidad última es una con todo lo que es– y que nuestro yo particular (“hijo”) –nuestra personalidad– está siendo constantemente “sostenido” por el Fondo que es y somos. Lo que brota de ahí es confianza, gozo y comunión efectiva con todos los seres.

¿Dónde se apoya mi confianza?

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Gracias a Jesús, los cielos están abiertos.

domingo, 10 de enero de 2021
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196757FB-834D-46A6-A3C2-D70AE5206227Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. 01. relatos de revelación

         Estos relatos: tanto el Bautismo de Jesús como la Transfiguración, (Mc 9,2) son relatos de Revelación. Ambos relatos están compuestos con algunos símbolos comunes: el cielo, la nube, la voz que surge, la expresión: éste es mi hijo.

         El Bautismo de Jesús y el de la Transfiguración son la experiencia de fe que tienen aquello primeros discípulos (y cristianos) de que Dios nos habla en la persona de Jesús, es la Palabra: Éste es mi hijo amado, escuchadle.

  1. Rahner decía -definía- al ser humano como aquel que en la historia presta atención a toda palabra que se pronuncia en la historia: palabra cultural, acontecimientos personales y sociales, catástrofes, logros de las ciencias, gestos de bondad y solidaridad y, también a toda posible palabra transcendente: Palabra de Dios.

         No parece constructivo “recortar” el campo de visión del ser humano. El ser humano está abierto a toda posible Palabra que se pronuncie en la historia. No es razonable recortar y desechar ni palabras que se han pronunciado en la historia: filosofía, arte, tradiciones, ni la misma Palabra.

         Parece como si el hombre moderno-postmoderno se levantara por la mañana y creyera que con él comienza la historia, el pensamiento, la cultura.

         La Palabra existía desde el comienzo: escuchadle.

  1. La verdad no se dice, se hace.

El Mesías va en serio en la vida: implanta el derecho y la justicia en la tierra. El Mesías cura: abre los ojos de los ciegos, sana a los enfermos, libera a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas. Eso fue lo que hizo Cristo durante su vida y por eso le llevaron a la cruz, donde consumó su bautismo de sangre.

         Ortodoxia significa recta doctrina. Ahora bien, la verdad no es una teoría ortodoxa, sino que la verdad se hace: ortopraxis: una práctica recta y correcta. La Teología de la Liberación entendió bien esto cuando decía y vivía que la verdad no es un libro teórico, no son unas afirmaciones doctrinales especulativas, sino que la verdad se hace en la vida, en la historia, sobre todo con los más débiles.

  1. Trabajar humildemente.

         Mucha gente sencilla trabaja humildemente:

  • Por la justicia y el derecho: en muchos ámbitos de la vida. Cuando se ayuda a un trabajador, a un anciano, a un emigrante a resolver sus papeles, posibles injusticias, estamos viviendo liberadoramente, estamos haciendo la verdad.
  • También se pueden ayudar a abrir los ojos a los que estamos ciegos. Un buen médico, un buen maestro, los padres abren caminos y luces.
  • También podemos contribuir a liberar a la gente de muchas prisiones ideológicas, morales. Liberar de algunos miedos y angustias físicas, psicológicas.
  1. Bautizado jesús, se rasgaron los cielos.

         El cielo era el “lugar” de Dios, pero estaba cerrado a los seres humanos. Con JesuCristo se abren los cielos, se inicia la vuelta a la casa y “lugar” del Padre; su casa está abierta definitivamente para la humanidad. De hecho Dios nunca dio un portazo a la humanidad.

         Este “rasgarse” es la misma expresión que utiliza el evangelista san Marcos cuando a la hora de la muerte de Jesús dice que el velo del templo se rasgó: la redención “rasga el velo del templo” (Mc 15,38 / Mt 27,51). Las alianzas religiosas de los templos quedan abolidas, rasgadas. Estamos ya en una amistad sellada definitivamente por JesuCristo.

05    El espíritu desciende como una paloma.

         La paloma y el Espíritu nos retrotraen a la primera creación y a la historia de la salvación:

  • El Espíritu de Dios se cernía creativo sobre las aguas iniciales (bautismo), (Gn 1,2).[1]
  • La paloma se cernía sobre las aguaspurificadoras (bautismales) del diluvio (Gn 8).
  • Dios como una paloma potente llevó a su pueblo a las aguas bautismales de la libertad (Mar Rojo / Éxodo). (Ex 194).
  • El Espíritu desciende sobre María para crear vida.
  • Ahora, en Jesús o con Jesús se abren los cielos, desciende ese mismo Espíritu que nos llevará a una nueva vida.
  1. Cargó con nuestros pecados

         Ratzinger, siendo papa Benedicto, hizo una hermosa interpretación de este relato del bautismo de Jesús:

         El que no era ni tenía pecado, cargó con los nuestros a las aguas bautismales del río Jordán, y así nos liberó de nuestra condición de pecadores.

         En cierto sentido, en el bautismo de Jesús, se nos perdonaron a nosotros los pecados y los cielos se abrieron.

  1. Este es mi Hijo amado.

         Los hijos son expresión de sus padres: incluso físicamente, más o menos, se parecen muchas veces a sus padres, a su familia. Cristo también “se parece”, es como su Padre. Los cristianos vemos y experimentamos a Dios en Jesús.

El relato de la transfiguración termina también con esta expresión: Este es mi Hijo amado y añade:escuchadle.  (Mc 9,7).

Respetemos otras culturas, religiones, (no es momento ahora de entrar en esa cuestión). Nuestra traditio es Cristo: escuchemos a Cristo, que es la expresión de la misericordia de Dios Padre

  1. Dos conclusiones.

8.1   Los cielos están siempre abiertos.

El escultor Oteiza decía (dejó escrito) que el arte es la brecha por la que se nos cuela la transcendencia. Podríamos decir que la vida, la cultura, la creatividad constituyen la brecha (se rasgaron los cielos) por donde llegamos, cuando menos intuimos, la transcendencia de Dios o la transcendencia de Dios llega a nosotros.

Una civilización, una Iglesia que no transcienden, se tornan intranscendentes, y, quizás, comienza a ser nuestro caso. Se quedan con velos en los templos, pero sin cielos. ¿No es intranscendente gran parte de los movimientos culturales actuales? Basta con ver la televisión.

Miremos al cielo: la felicidad del presente está en lo que esperamos del futuro.

El cielo es la meta de nuestra esperanza. El ser humano es esperante por naturaleza. Dirijamos nuestra mirada, nuestra esperanza hasta el cielo, no nos quedemos cortos.

8.2   el pábilo vacilante no lo apagará

         El pábilo es la mecha de la vela. Es algo muy débil, apenas parpadea e ilumina un poco. El Mesías ni apaga la poca luz que tenemos, ni elimina al débil, al sencillo. La sociedad funciona por potencia, eficacia y rentabilidad. Lo que no es eficaz o valioso, se pisa, se elimina: niños, ancianos, enfermos, otras razas.

¡Cuántos atropellos jurídicos se cometen con los desheredados! No tienen defensa, no tienen fuerza y son expropiados, explotados: nos llevamos sus maderas, sus minerales.  ¡Cuántos pobres niños, que apenas han estrenado la vida, mueren de hambre, de paludismo o de una bomba en algún país de Oriente Medio! El Mesías, el cristiano no va pisando por la vida. No apaguemos la luz, no pisemos a los pobres.

Este es el Hijo amado, escuchadle

O

[1] Lo mismo que el Espíritu “se cernía” sobre María.

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«El Carpintero de Nazaret», por Manuel Mandianes

jueves, 7 de enero de 2021
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carpintero2«Este año se habla equivocadamente de una Navidad diferente ignorando la esencia de la Navidad»

«El Cristo de Kazanzakis no es una deidad tan infalible y libre de pasiones, pero es un apasionado y emotivo ser humano a quien ha sido asignada una misión, que a veces se le hace difícil comprender y que con frecuencia le exige enfrentarse a su consciencia y sus emociones»

«A diferencia de otras cristologías, la de la teología social se articula en vista de una salvación que se espera aparezca ya en esta historia. A los novelistas les interesa la acción, lo que hacen sus protagonistas motivados por la fe en el Cristo»

«El Cristo social ha liberado al cristianismo de sus cadenas ideológicas, de sus corsés escolásticos, de sus delimitaciones filosóficas, ha arrancado a Cristo de las páginas de la Suma Teológica»

La sociedad postmoderna considera el dogma una imposición de tesis sin demostración científica, basadas en la tradición y en la autoridad, irreconciliable con la autonomía de la persona y la libertad de pensamiento. Desde mediados del siglo XX la teología, con sus diversos apellidos, ha destacado el aspecto social de la fe en Jesús, el carpintero de Nazaret, gente pobre y humilde, que se implicó en los asuntos sociales y políticos de su comunidad practicando las costumbres sociales y participando de las ceremonias y ritos religiosos, pero criticando agriamente el fariseísmo y la hipocresía de la autoridad política y religiosa de su tiempo.

Interesa la historia de Jesús, desde su nacimiento hasta su muerte y su resurrección, pero en nuestros días, interesa sobre todo lo que deben hacer y cómo deben de ser quienes creen en él; el conjunto de actividades que los hombres y mujeres de hoy que quieren operar sobre la realidad social y transformarla según el espíritu que se desprende de la lectura y el estudio del Nuevo Testamento y el amor a Jesús de Nazaret.

Esto es posible gracias al mismo espíritu que hizo a Jesús misericordioso con los pobres y fiel al misterio de Dios. La teología académica muestra ese aspecto desde un punto de vista estructural. La teología pastoral se guía por una indagación histórica en la que confluyen la memoria individual y la memoria colectiva de la miseria, de la exclusión, de la explotación, de la esclavitud, y eso le da fuerza y vitalidad arrolladoras y convierten el cristianismo en un compromiso social y un testimonio de vida trascendente. Al año se publican cientos de libros sobre la historia de Jesús, se filman muchas películas y se escriben novelas en las que él es el protagonista o el protagonista se entrega a los demás, a veces heroicamente, motivado por la fe y el amor a Jesús. Aquí interesan algunas de estas novelas.

coverLa figura de Jesús siempre estuvo presente en el pensamiento de Kazanzakis, desde su juventud hasta sus últimos años. «Desde mis años de niño, Cristo me obsesionó. Esa unión tan misteriosa y tan real del hombre y de Dios, esa nostalgia, tan humana y tan sobrehumana, de una reconciliación de Dios y del hombre al más alto nivel a que un ser pueda aspirar. Es necesario que podamos seguir a fondo, conocer su combate, que vivamos su agonía; que sepamos cómo desbarató las trampas floridas de la vida; cómo sacrificó las grandes y pequeñas alegrías del hombre; cómo subió, de sacrificio en sacrificio, de proeza en proeza, hasta la cima de la prueba, hasta la Cruz”.

El Cristo de Kazanzakis no es una deidad tan infalible y libre de pasiones, pero es un apasionado y emotivo ser humano a quien ha sido asignada una misión, que a veces se le hace difícil comprender y que con frecuencia le exige enfrentarse a su consciencia y sus emociones y, en última instancia, a sacrificar su propia vida para su cumplimiento. Kazanzakis, agnóstico enamorado de Jesús, plasmo su compromiso con Jesús en varias de sus novelas especialmente en ”Cristo de nuevo crucificado”, cuyo personaje, Manolius, especie de doble del autor, muere Crucificado por las autoridades políticas y religiosas.

51xje5LJRUL._SX309_BO1,204,203,200_Los cristianos, especialmente los sacerdotes de Los curas comunistas, viven y luchan por la defensa de los humildes y apoyan su práctica pastoral, su predicación y sacan fuerza para su testimonio de la meditación sobre la vida de Jesús. Para dar legitimidad a la corriente renovadora de la Iglesia, y más concretamente a la experiencia de los curas obreros, que constituye una de las expresiones de dicha renovación, el autor convierte la aventura personal del sacerdote que protagoniza la novela en una auténtica reescritura de la Pasión de Cristo. El amor al prójimo, sin distingo y como virtud más esencial del auténtico cristiano, es la energía y el motor de la evolución y del acercamiento del cristianismo a la clase obrera, “colectivo que ya ha desertado de esta Iglesia”. Francisco Quintas, sacerdote protagonista, vive en una modesta vivienda en el propio barrio obrero en que se ubica la fábrica, se viste el mono, vestidura propia de los obreros, y se mete a trabajar como peón, en una fábrica del ramo siderometalúrgico como prueba de su entrega a las exigencias del Evangelio.

portada_la-guerra-de-los-pobres_eric-vuillard_202007071047“La guerra de los pobres” es la puesta en acción de la teología de Tomas Muntzer, teólogo alemán del siglo XVI. Los campesinos del sur de Alemania, enardecidos por el teólogo, se sublevan esgrimiendo la Biblia. Se está desplazando el poder despótico y de dominación, por el poder de seducción. Lo que seduce se impone, y lo que más seduce es la bondad. La bondad es respeto, tolerancia, cercanía, cariño, simpatía que se traduce en darlo todo, hasta la vida, luchando por u nundo más justo, por hacer feliz al que lo pasa mal. La base de la predicación de Muntzer, al apartarse de los demás predicadores se volvió virulenta, hasta terrible: “Sublevad los pueblos y las ciudades, … No debemos dormir más tiempo”. Al final, encadenaron a Muntzer y lo mataron.

En blanco narra la participación de los cristianos latinoamericanos, resaltando el papel de los sacerdotes, en la lucha armada contra “el pecado estructural”, las estructuras de explotación. “No entiendo como podéis pensar que vais a lograr un mundo mejor matando gente”, le pregunta el protagonista de “En blanco” a los guerrilleros. Ellos le responden: “No matamos por matar; matamos a quien se opone a la construcción de un mundo más justo y fraternal y hacen todo lo posible por mantener y mantenerse de unas estructuras injustas, hechas a la medida de los poderosos”.

043018_cubierta-EN_BLANCO-WEBA diferencia de otras cristologías, la de la teología social se articula en vista de una salvación que se espera aparezca ya en esta historia. A los novelistas les interesa la acción, lo que hacen sus protagonistas motivados por la fe en el Cristo. El dolor de los que sufren es la hoz que siega la mala hierba. Ya no es sólo la palabra, como había intentado Erasmo con su “Elogio de la locura”. Manolius, Muntzer, los sacerdotes obreros y los curas guerrilleros están hartos de palabras y dan el paso a la acción tratando de vivir aquello del maestro: “Por sus obras los conoceréis”. Todos los protagonistas, Manolius, Tomas, el Padre Quintas y los sacerdotes guerrilleros actuaron y murieron por amor y ¿odiando al enemigo?

“El mundo que predica Jesús, como el que predica el Papa Francisco es una utopía”, le dijo un filósofo agnóstico al teólogo. Éste le respondió: “La mayor utopía es un mundo sin utopía. La utopía es necesaria, y la que tenemos que perseguir y realizar es la de que cada grupo o comunidad de cristianos vea de qué modo reunirse para celebrar la memoria de Jesús y compartirla. Jesús es la presencia de Dios en la vida, en toda la vida. El Cristo social ha liberado al cristianismo de sus cadenas ideológicas, de sus corsés escolásticos, de sus delimitaciones filosóficas, ha arrancado a Cristo de las páginas de la Suma Teológica.

Este año se habla equivocadamente de una Navidad diferente ignorando la esencia de la Navidad. Lo que este año cambia es la manera de celebrar la Navidad, pero la Navidad es la misma, la celebración del nacimiento de Jesús. Para aquellos que ven más allá de la farándula y la fanfarria de estos días y dejan salir la esencia de lo que aquello es aunque no se parezca en nada a lo que los demás ven, la Navidad no cambia nada.

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En el centro del mundo, nos sentimos alejados de todo y solos en la intimidad de la ausencia. Lo que está dentro de nosotros es lo más lejano y lo más cercano es lo que pasa en el otro cabo del mundo. Vivimos bajo el asombro de la lejanía. Lo que es sólo se puede escuchar en el silencio, en el cruce de los caminos del corazón, en el taller del Carpintero de Nazaret. Eso es la intimidad, la fusión del hombre consigo mismo, donde el hombre llega a la presencia de si mismo, absolutamente incomunicable, prendida a los recuerdos que tienen un dónde y un cuándo precisos, se acrecienta con cada amanecer, con cada atardecer, hasta con la soledad que impone la pandemia. Solo ahí uno se puede encontrar con Él.

Fuente Religión Digital

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“Nuestra incapacidad para adorar”. Epifanía del Señor – B (Mateo 2,1-12)

miércoles, 6 de enero de 2021
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epifania6-1024x785El hombre actual ha quedado en gran medida atrofiado para descubrir a Dios. No es que sea ateo. Es que se ha hecho «incapaz de Dios». Cuando un hombre o una mujer solo busca o conoce el amor bajo formas decadentes, cuando su vida está movida exclusivamente por intereses egoístas de beneficio o ganancia, algo se seca en su corazón.

Muchos viven hoy un estilo de vida que los abruma y empobrece. Envejecidos prematuramente, endurecidos por dentro, sin capacidad de abrirse a Dios por ningún resquicio de su existencia, caminan por la vida sin la compañía interior de nadie.

El teólogo Alfred Delp, ejecutado por los nazis, veía en este «endurecimiento interior» el mayor peligro para el hombre moderno: «Así el hombre deja de alzar hacia las estrellas las manos de su ser. La incapacidad del hombre actual para adorar, amar y venerar tiene su causa en su desmedida ambición y en el endurecimiento de su existencia».

Esta incapacidad para adorar a Dios se ha apoderado también de muchos creyentes, que solo buscan un «Dios útil». Solo les interesa un Dios que sirva para sus proyectos individualistas. Dios queda así convertido en un «artículo de consumo» del que disponer según nuestras conveniencias e intereses. Pero Dios es otra cosa. Dios es Amor infinito, encarnado en nuestra propia existencia. Y, ante ese Dios, lo primero es la adoración, el júbilo, la acción de gracias.

Cuando se olvida esto, el cristianismo corre el peligro de convertirse en un esfuerzo gigantesco de humanización, y la Iglesia en una institución siempre tensa, siempre agobiada, siempre con la sensación de no lograr el éxito moral por el que lucha y se esfuerza.

Sin embargo, la fe cristiana es, antes que nada, descubrimiento de la bondad de Dios, experiencia agradecida de que solo él salva: el gesto de los magos ante el Niño de Belén expresa la actitud primera de todo creyente ante Dios hecho hombre.

Dios existe. Está ahí, en el fondo de nuestra vida. Somos acogidos por él. No estamos perdidos en medio del universo. Podemos vivir con confianza. Ante un Dios del que solo sabemos que es Amor no cabe sino el gozo, la adoración y la acción de gracias. Por eso, «cuando un cristiano piensa que ya ni siquiera es capaz de orar, debería tener al menos alegría» (Ladislao Boros).

José Antonio Pagola

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”Venimos de Oriente para adorar al Rey”. Miércoles 6 de enero de 2021

miércoles, 6 de enero de 2021
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08-epifania (C) cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 60, 1-6: La gloria del Señor amanece sobre ti.
Salmo responsorial: 71: Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra.
Efesios 3, 2-6: Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos.
Mateo 2, 1-12: Venimos de Oriente para adorar al Rey

Hoy la Iglesia católica celebra con gozo desbordante la fiesta de los reyes magos. Litúrgicamente se denomina “epifanía” que significa manifestación de la salvación de Dios. Con esta fiesta vamos concluyendo el ciclo de navidad que nos permitirá contemplar a Jesús pequeño, humilde y pobre… niño que, a su vez, revela la grandeza del amor de Dios.

El profeta Isaías exalta la grandeza de la ciudad de Jerusalén porque se convertirá en luz para todos los pueblos. Es la luz para toda la humanidad, es la esperanza para los pobres. La oscuridad de la injusticia y la violencia, la opresión y la marginación será vencida definitivamente por la presencia luminosa de Dios manifestada en el niño de Belén. El salmo 71 también canta las maravillas que hace Dios en medio de su pueblo. Manifiesta la esperanza que todos los reyes y poderosos se abajen y se postren ante la pequeñez y la humildad. Los motivos de la alabanza es la justicia de Dios que derrota a los opresores y defiende a los pobres y oprimidos. La justicia de Dios a favor de lo empobrecidos y excluidos de todos los tiempos se hace motivo de regocijo y alabanza para el salmista.

 La época en que se escribe esta parte del libro del profeta Isaías (Tercer Isaías) corresponde a la restauración, es decir, al regreso a Jerusalén de los exiliados en Babilonia, regreso a la gran ciudad de Dios. Cuando este grupo de exiliados llegó a Israel encontró sus ciudades destruidas, sus campos abandonados o apropiados por otras familias, las murallas derruidas y el templo, el lugar donde Yahvé habitaba, incendiado. Esta dramática realidad los desanimó completamente, centrando sus esperanzas y sus motivaciones únicamente en la reconstrucción de sus viviendas y sus campos, dejando de lado la restauración del templo y, con ello, la confianza en la venida gloriosa de Yahvé, quien traería para Israel la salvación plena en la misma historia. Isaías anima la fe de su pueblo, los invita a poner nuevamente su fe y su corazón en la fuerza salvífica de Yahvé, quien traerá la paz y la justicia a su pueblo, por ello Jerusalén será una ciudad radiante, llena de luz, en donde la presencia de Dios como rey hará de ella una nación grande, ante cuya presencia se postrarán todos los pueblos de la tierra. El profeta manifiesta con esta gran revelación que Dios es quien dará inicio a una nueva época para Israel, una época donde reinará la luz de Dios y serán destruidas todas las fuerzas del mal, pues Dios se hace presente en Israel y ya más nadie podrá hacerle daño.

Esta visión profética posee una comprensión muy reducida de la acción salvífica de Dios, ya que es asumida como una promesa que se cumplirá en beneficio única y exclusivamente del pueblo de Israel y no de toda la tierra.

En la carta de Pablo a la comunidad de Éfeso hace caer en cuenta a todos los creyentes que las promesas hechas al pueblo de la ley y la alianza ahora se extienden a los gentiles, es decir, a toda la humanidad. De tal manera que la salvación no será propiedad exclusiva de un pueblo sino de todos los pueblos, del gran pueblo de Dios, es decir, de todos los seres humanos que se abren a la buena noticia de la salvación.

Pablo, a través de la carta a los Efesios, ampliará esa comprensión, afirmando que la salvación venida por Dios, a través de Jesús, es para “todos”, judíos y paganos. El plan de Dios, según Pablo, consiste en formar un solo pueblo, una sola comunidad creyente, un solo cuerpo, una sola Iglesia, un organismo vivo capaz de comunicar a toda la creación la vida y la salvación otorgada por Dios. La carta a los Efesios expresa que el misterio recibido por Pablo consiste en que la Buena Nueva de Cristo se hace efectiva también en los paganos, ellos son coherederos y miembros de ese mismo Cuerpo; esto significa que Dios se ha querido revelar a toda la humanidad, actúa en todos, salva a todos, reconcilia a todos sin excepción.

Dos actitudes totalmente opuestas se reflejan en el relato de la visita de los reyes, sabios o magos de oriente que presenta el evangelista Mateo. Más allá de si es o no es un acontecimiento histórico, lo hermoso de este texto es hacer ver al lector cómo el corazón de los poderosos de Israel se cierra ante la presencia de la pequeñez del niño de Belén. En cambio los gentiles, los paganos o extranjeros se abajan de su realeza para reconocer en la pobreza, humildad y pequeñez de aquel niño la revelación de la propuesta salvífica de Dios ofrecida a toda la humanidad que le busca con sincero corazón. ¿En qué personas y situaciones de la vida reconoces a Jesús?

El evangelio que leemos hoy, en la Fiesta de la «Epi-fanía», confirma este carácter universal de la salvación de Dios. Mateo expresa, por medio de este relato simbólico, el origen divino de Jesús y su tarea salvífica como Mesías, como rey de Israel, heredero del trono de David; para ello el evangelista insiste en nombrar con exactitud el lugar donde nació Jesús y en confirmar, a través del Antiguo Testamento, que con su presencia en la historia se da cumplimiento a las palabras de los profetas. Por otro lado, el rechazo de este nacimiento por parte de las autoridades políticas (Herodes) y religiosas (sumos sacerdotes y escribas) del pueblo judío y el gozo infinito de los magos, venidos de Oriente, anuncian desde ya ese carácter universal de la misión de Jesús, la apertura del evangelio a los paganos y su vinculación a la comunidad cristiana. La Epifanía del Señor es la celebración precisa para confesar nuestra fe en un Dios que se manifiesta a toda la humanidad, que se hace presente en todas las culturas, que actúa en todos, y que invita a la comunidad creyente a abrir sus puertas a las necesidades y pluralidades del mundo actual.

En un tiempo como el que vivimos, marcado radicalmente por el pluralismo religioso, y marcado también, crecientemente, por la teología del pluralismo religioso, el sentido de lo «misionero» y de la «universalidad cristiana» han cambiado profundamente. Hasta ahora, en demasiados casos, lo misionero era sinónimo de proselitismo, de «convertir al cristianismo» a los «gentiles», y la «universalidad cristiana» era entendida desde la centralidad del cristianismo: éramos la religión central, la (única) querida por Dios, y por tanto, la religión-destino de la humanidad. Todos los pueblos (universalidad) estaban destinados a abandonar su religión ancestral y a hacerse cristianos… Tarde o temprano el mundo llegaría a su destino: a ser «un sólo rebaño, con un solo pastor»…

Hoy todo esto ha cambiado, aunque muchos cristianos (incluidos muchos de sus pastores) todavía siguen en la visión tradicional. Buen día hoy, pues, para presentar estos desafíos y para profundizarlos. No desaprovechemos la oportunidad para actualizar también personalmente nuestra visión en estos temas. En la RELaT (servicioskoinonia.org/relat) hay muchos materiales para estudiar el tema, así como para debatirlo en grupos de estudio o de catequesis.

En el Nuevo Testamento, además de Juan 7,42, encontramos referencias a Belén en las narraciones de Mateo 2 y Lucas 2 acerca del nacimiento del Salvador en la ciudad de David. La tradición de que el Mesías debía nacer en Belén tiene su base en el texto de Miqueas 5,2, donde se señala que de Belén Efrata debía salir quien gobernaría Israel y sería pastor del pueblo. Hoy ya sabemos que Jesús nació probablemente en Nazaret, y que la afirmación de que nació en Belén es una afirmación con intenció teológica.

El término “magos” procede del griego “magoi”, que significa matemático, astrónomo y astrólogo. Estas dos últimas disciplinas eran una misma en la antigüedad, por lo que con ambas se podía estudiar el destino y designio de las personas. Es decir, los «reyes magos» no fueron ni reyes ni magos en el sentido actual de estas palabras; habrían sido astrólogos o estudiosos del cielo. Fue el teólogo y abogado cartaginés Tertuliano (160-220 d.C.) quien aseguró que los magos serían reyes y que procederían de Oriente. En la visita de los magos a Jesús, los Padres de la Iglesia vieron simbolizadas la realeza (oro), la divinidad (incienso) y la pasión (mirra) de Cristo. Leer más…

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Epifanía. La fiesta de los niños es la Vida Pregón de Reyes: Vosotros, Padres, sois Magos, fuego y vacuna de Vida

miércoles, 6 de enero de 2021
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DSC_0636Del blog de Xabier Pikaza:

Presenté el uno de Enero dos deseos (nacer de nuevo y perdonar) con Hanna Arendt, para superar el Holocausto antiguo del siglo XX; para superar el nuevo, la Pandemia del siglo XXI será necesaria la vacuna de los padres.

No se trata de negar las vacunas de la ciencia, pues Dios nos ha dado el poder para inventarlas, pero la principal es el hogar, la casa donde según el evangelio de Epifanía los magos encontraron por la Estrella al niño con sus padres (Mt 2), en Belén de Judá.

Los magos supieron así que la vacuna esencial de la vida son los padres, hogar de  para el niño Jesús y para todos  los niños del mundo.  Así lo ha descubierto y proclamado el Papa Francisco, decretando para el 2021, un año de familia, centrado en San José, a partir del 19 de Marzo.

Como descubren los niños muy pronto, los magos de verdad (y la vacuna más eficaz de la vida, Epifanía o revelación de Dios),  son unos padre que acogen, aman y educan al Hijo de Dios (a cada niño-Dios), en medio del riesgo y pandemia del mundo.

H. Aredt decía que necesitamos una «catarsis» paterna (materna), para el siglo XXI; de lo contrario, sin padres que nos enseñen a vivir en perdón y gratuidad,  acabaremos matándonos todos, tras haber matado primero a los niños, como quería el antiguo rey Herodes, el hombre más rico de oriente.

Éste es el tema de fondo de la Fiesta de los Magos (=creadores de la gran vacuna de la vida), que Mt 2 ha narrado en su estilo simbólico (oriente y estrella, magos y niño en la cuna, madre que llena la casa, padre-José que escucha a los ángeles y se arriesga en un camino de reyes bandidos, camino de Egipto etc.).

En esa línea, los «magos» (reyes-creadores) de la nueva humanidad buscada por los magos de la estrella son los padres con el niño; ellos son la vacuna verdadera, volver a la casa, con madre y con padre… Así culminan las fiestas de Navidad.No busquemos reyes del dinero o de las armas, ni magos de finanzas especiales,

En ese contexto, en un mundo de esperanza, apto para niños, que puedan crecer en amor y libertad (en un mundo donde caben todos), quiero revelaros el gran secreto que fue para muchos de nosotros, hoy mayores, el descubrimiento de que los Reyes Magos eran los padres.

Éste fue nuestro aprendizaje en la infancia: Habíamos creído que había unos Reyes Magos que venían de fuera, para arreglar por magia nuestros problemas. Pero luego descubrimos que los verdaderos reyes  y magos de la vida son los padres. Pueden traernos quizá algunos regalos más o menos significativos, pero el verdadero regalo son ellos: De su regalo nacemos, en su amor amamos, de su vida vivimos.

Epifanía es la fiesta de los «padres magos»: Dios se revela en unos padres con cada de amor para el niño,  con estrella de vida, en la noche del riesgo de muerte de Herodes, que trata a sus hijos como cerdos (no  hyos, sino  hys, como decía F. Josefo) ). La gran política del siglo XXI es política de cerdos, esto es, de «dinero» de muerte, no de hijos… La fiesta de la Epifanía, culmen de la Navidad, nos lleva a la experiencia de los niños como presencia de Dios, no como cerdos de matanza y dinero.

  Desde ese fondo quiero evocar y comentar, primero brevemente  y luego con más extensión el relato de la Epifanía de Dios, que se revela en Jesús (niño con estrella, en la casa de sus padres, que son sus verdaderos «magos»).

1. COMENTARIO BREVE. LECTURA FUNDAMENTAL

Epifanía es la «fiesta» de la revelación de Dios que enciende su estrella en Oriente (=donde nace el sol), para que todos los pueblos puedan contemplar y aceptar el misterio de la Vida . La estrella  nos lleva hasta un Niño que sólo podrá vivir si le acogemos y cuidamos, como María y José cuidaron al Niño de Belén. Ella nos dice que los «magos», creadores de religión y futuro, son los padres.

Texto. Mt 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
— ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:
— En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el Profeta: “Y tú. Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; Pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”.
Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén diciéndoles:
— Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que había visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron: después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Un niño, Rey de los judíos

Los magos vienen a Jerusalén porque han visto en oriente la estrella del Rey de los judíos… Ese tema nos sitúa en el centro de una extensa tradición astro-lógica y asto-nómica que vincula al ser humano (y especialmente al Salvador) con/como Astro del cielo. Esa luz atrae a los “magos”, que vienen hacia Jerusalén, iniciando la marcha de los pueblos hacia el futuro de su plena humanidad. Por eso, como venimos suponiendo, este pasaje debe interpretarse en la línea que lleva al mesianismo universal de Mt 28, 16-20.

Los magos preguntan por el Mesías en Jerusalén, pero no lo encuentran allí (en la ciudad del templo, donde habita un rey de este mundo), sino en Belén, capital donde se centran y cumplen las promesas. De esa forma, este segundo capítulo de Mt, con su procesión de pueblos buscando al Mesías, puede entenderse ya como anuncio de la culminación pascual del evangelio: una prolepsis de lo que será la misión final cristiana, interpretada aquí en forma centrípeta (desde el modelo de la gran peregrinación de pueblos hacia el centro de la tierra, que es Jerusalén). Esta es la salvación: buscar la presencia de Dios en un niño, en todos los niños del mundo.

De la Epifania de Jesús niño a la misión universal de la Iglesia

– Los magos son signo de todos los pueblos paganos de Oriente que vienen hacia Jerusalén, para adorar al Rey de los judíos, que ha nacido ya, pues ha surgido su Estrella. Ellos, los magos, marcan un camino de búsqueda y fe universal, que desborda el nivel israelita, tanto por su origen como por su meta.

Por su origen: la fuerza que les lleva hacia Jesús no es la ley de Israel, sino la luz o estrella de su propia religión (de su paganismo).

Por su meta: tras adorar a Jesús no quedan allí, para formar parte del pueblo judío, sino que vuelven a sus tierras, como indicando que el camino y luz del Rey israelita ha de interpretarse desde sus propias tradiciones religiosas y culturales. Ellos conocen la nueva verdad: Dios está en un niño, en todos los niños necesitados.

– Al final del evangelio de Mateo (Mt 28, 16-20), los cristianos tienen que salir de Belén y Galilea (como verdaderos padres-magos), para llevar a todos los pueblos el nuevo mensaje, propio de los Magos (que son judíos o cristianos, musulmanes o hindúes… o gentes que no tienen religión externa). Dios se ha hecho niño, Dios se encuentra y vive (alienta, espera) en todos los niños del mundo. Siendo religión del nacimiento, el cristianismo es religión de amor ofrecido a todos los necesitados de la tierra, empezando por los más necesitados de todos, que son los niños. Los discípulos de Jesús deben llevar ese mensaje, pero no desde Jerusalén (pues los sacerdotes no quieren ir), sino desde la montaña de la pascua.

Expertos en buscar y cuidar a los niños. Conclusiones

En este blog se habla con frecuencia de papas y obispos, de ceremonias y mandos. Pues bien, en este día de los Magos de Oriente (reyes, sacerdotes), tenemos que decir que ellos (los reyes, los magos, los pontífices y sacerdotes…) deben ser ante todo unos expertos en paternidad: en buscar y acoger a los niños, en darles regalos y en jugar con ellos. Leer más…

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Epifanía del Señor. Ciclo B

miércoles, 6 de enero de 2021
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9FA81411-5090-454E-B9B3-E254B0896C3DDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La fiesta de hoy, una de las más populares, es de las más difíciles de entender y valorar. Sería importantísima para los paganos de los primeros siglos que se convertían. Ahora, cuando, sociológicamente, la mayoría es cristiana y a los judíos no los vemos como superiores a nosotros desde el punto de vista religioso, el mensaje de la fiesta obliga a un cambio de mentalidad.

Los textos ofrecen tres puntos de vista. Isaías piensa que los importantes son los judíos, y los paganos estarán a su servicio. Pablo nos habla de un misterio que le ha sido revelado: para Dios, los paganos son iguales que los judíos. Mateo, rizando el rizo, presenta a los paganos como mejores que los judíos.

Una profecía: los paganos servirán al Señor en Jerusalén (Isaías 60,1-6)

Después de la caída de Jerusalén en manos de los babilonios (año 586 a.C.), la ciudad estuvo despoblada y en ruinas durante siglo y medio. A lo sumo, un templo modesto, reconstruido a finales del siglo VI. La reconstrucción comienza con Nehemías, en la segunda mitad del siglo V a.C. y alcanzará su máximo esplendor con Herodes el Grande. Esa gloria la anuncia un poeta-profeta, que habla a la ciudad de la vuelta de sus hijos e hijas, traídos por los reyes paganos, y de la riqueza que los pueblos derramarán sobre ella.

¡Levántate y resplandece, Jerusalén, porque llega tu luz;

la gloria del Señor amanece sobre ti!

Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos,

pero sobre ti amanecerá el Señor, y su gloria se verá sobre ti.

Caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora.

Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen hacia ti;

llegan tus hijos desde lejos, a tus hijas las traen en brazos.

Entonces lo verás y estarás radiante;

tu corazón se asombrará, se ensanchará,

porque la opulencia del mar se vuelca sobre ti,

y a ti llegan las riquezas de los pueblos.

Te cubrirá una multitud de camellos,

dromedarios de Madián y de Efá.

Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso,

y proclaman las alabanzas del Señor.

Una revelación: los paganos son iguales que los judíos (Efesios 3,2-3a.5-6)

Cuenta Pablo en su carta a los Gálatas que, después de su conversión, se retiró a Arabia, sin consultar a hombre alguno, ni siquiera a los apóstoles de Jerusalén, y que allí Jesús le reveló la buena noticia, el evangelio, que debía predicar: que judíos y gentiles son iguales para Dios. Algo que, después de veinte siglos nos resulta normal, pero que entonces resultaba casi blasfemo. Israel era el pueblo elegido, la raza santa. El pagano podía salvarse si se circuncidaba y observaba la Ley de Moisés. Pero siempre sería inferior al judío. En el caso de los cristianos ocurre lo mismo: los de origen judío se consideraba superiores a los de origen pagano, y algunos incluso exigían que se circuncidasen y cumplieran la ley judía. Pablo propone algo muy distinto.

Hermanos: Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado a favor de vosotros, los gentiles. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

Los paganos son mejores que los judíos (Mateo 2,1-12)

El autor del primer evangelio, que probablemente reside en Antioquía de Siria, lleva años viviendo una experiencia muy especial: aunque Jesús fue judío, la mayoría de los judíos no lo aceptan como Mesías, mientras que cada vez es mayor el número de paganos que se incorporan a la comunidad cristiana. Algunos podrían interpretar este extraño hecho de forma puramente humana: los paganos que se convierten son personas piadosas, muy vinculadas a la sinagoga judía, pero no se animan a dar el paso definitivo de la circuncisión; los cristianos, en cambio, no les exigen circuncidarse para incorporarse a la iglesia.

Mateo interpreta este hecho como una revelación de Dios a los paganos. Para expresarlo, se le ocurre una idea genial: anticipar esa revelación a la infancia de Jesús, usando un tipo de relato, el midrash hagádico: un cuento precioso y de gran hondura teológica. Y que nadie se escandalice de esto. Las parábolas del hijo pródigo y del buen samaritano son también cuentecitos, pero han cambiado más vidas que infinidad de historias reales.

La estrella

Los antiguos estaban convencidos de que el nacimiento de un gran personaje, o un cambio importante en el mundo, era anunciado por la aparición de una estrella. Orígenes escribía en el siglo III:

«Se ha podido observar que en los grandes acontecimientos y en los grandes cambios que han ocurrido sobre la tierra siempre han aparecido astros de este tipo que presagiaban revoluciones en el imperio, guerras u otros accidentes capaces de trastornar el mundo. Yo mismo he podido leer en el Tratado de los Cometas, del estoico Queremón, que han aparecido a veces en vísperas de algún aconteci­miento favorable; de lo que nos proporciona numerosos ejemplos» (Contra Celso I, 58ss).

Sin necesidad de recurrir a lo que pensasen otros pueblos, la Biblia anuncia que saldrá la estrella de Jacob como símbolo de su poder (Nm 24,17). Este pasaje era relacionado con la aparición del Mesías.

Los buenos: los magos

De acuerdo con lo anterior, nadie en Israel se habría extrañado de que una estrella anunciase el nacimiento del Mesías. La originalidad de Mt radica en que la estrella que anuncia el nacimiento del Mesías se deja ver lejos de Judá. Pero la gente normal no se pasa las noches mirando al cielo, ni entiende mucho de astronomía. ¿Quién podrá distinguirla? Unos astrónomos de la época, los magos de oriente.

La palabra «mago» se aplicaba en el siglo I a personajes muy distin­tos: a los sacerdotes persas, a quienes tenían poderes sobrenaturales, a propagandis­tas de religiones nuevas, y a charlatanes. En nuestro texto se refiere a astrólogos de oriente, con conocimientos profundos de la historia judía. No son reyes. Este dato pertenece a la leyenda posterior, como luego veremos.

Los malos: Herodes, los sumos sacerdotes y los escribas

La narración, muy sencilla, es una auténtica joya literaria. El arran­que, para un lector judío, resulta dramático. «Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes». Cuando Mt escribe su evangelio han pasado ya unos ochenta años desde la muerte de este rey. Pero sigue vivo en el recuerdo de los judíos por sus construcciones, su miedo y su crueldad. Es un caso patológico de apego al poder y miedo a perderlo, que le llevó incluso a asesi­nar a sus hijos y a su esposa Marianne. Si se entera del nacimiento de Jesús, ¿cómo reaccionará ante este competidor? Si se entera, lo mata.

Un cortocircuito providencial

Y se va a enterar de la manera más inesperada, no por delación de la policía secreta, sino por unos personajes inocentes. Mt escribe con asombrosa habili­dad narrativa. No nos presenta a los magos cuando están en Oriente, observando el cielo y las estre­llas. Omite su descubrimiento y su largo viaje.

La estrella podría haberlos guiado directamente a Belén, pero entonces no se advertiría el contraste entre los magos y las autoridades políticas y religiosas judías. La solución es fácil. La estrella desaparece en el momento más inoportuno, cuando sólo faltan nueve kilómetros para llegar, y los magos se ven obligados a entrar en Jerusalén.

Nada más llegar formulan, con toda ingenuidad, la pregunta más compromete­do­ra: «¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella y venimos a adorarlo». Una bomba para Herodes.

El contraste

Y así nace la escena central, importantísima para Mt: el sobresalto de Herodes y la consulta a sacerdotes y escribas. La respuesta es inmediata: «En Belén, porque así lo anunció el profeta Miqueas». Herodes informa a los magos y éstos parten. Pero van solos. Esto es lo que Mt quiere subrayar. Entre las autori­dades políticas y religiosas judías nadie se preocupa por rendir homenaje a Jesús. Conocen la Biblia, saben las respuestas a todos los proble­mas divinos, pero carecen de fe. Mientras los magos han realizado un largo e incómodo viaje, ellos son incapa­ces de dar un paseo de nueve kilómetros. El Mesías es rechazado desde el principio por su propio pueblo, anunciando lo que ocurrirá años más tarde.

Los magos no se extrañan ni desaniman. Emprenden el camino, y la reapari­ción de la estrella los llena de alegría. Llegan a la casa, rinden homenaje y ofrecen sus dones. Estos regalos se han interpretado desde antiguo de manera simbólica: realeza (oro), divinidad (incienso), sepultura (mirra). Es probable que Mt piense sólo en ofrendas de gran valor dentro del antiguo Oriente. Un sueño impide que caigan en la trampa de Herodes.

Mateo e Isaías: Belén frente a Jerusalén

Mateo se inspira en el texto de Isaías, pero la relación es de contraste. En Isaías, la protagonista es Jerusalén, la gloria de Dios resplandece sobre ella y los pueblos paganos le traen a sus hijos (los judíos desterrados), la inundan con sus riquezas, su incienso y su oro. En el evangelio, Jerusalén no es la protagonista; la gloria de Dios, el Mesías, se revela en Belén, y es a ella adonde terminan encaminándose los magos. Jerusalén es simple lugar de paso, y lugar de residencia de la oposición al Mesías: de Herodes, que desea matarlo, y de los escribas y sacerdotes, que se desinteresan de él.

Los Reyes magos no son los padres, somos nosotros

A alguno, el recurso al midrash quizá le resulte una interpretación muy racionalista del episodio, y puede sentirse como el niño que se entera de que los reyes magos no existen. Podemos sentir pena, pero hay que aceptar la realidad. De todos modos, quien lo desee puede interpretar el relato históricamente, con la condición de que no pierda de vista el sentido teológico de Mt. Desde el primer momento, el Mesías fue rechazado por gran parte de su pueblo y aceptado por los paganos. La comunidad no debe extrañarse de que las autoridades judías la sigan rechazando, mientras los paganos se convierten.

La mitificación de la estrella

La estrella ha atraído siempre la atención, y sigue ocupando un puesto capital en nuestros naci­mientos. Mt, al principio, la presenta de forma muy sencilla, cuando los magos afirman: «hemos visto salir su estrella». Sin embargo, ya en el siglo II, el Protoevangelio de Santiago la aumenta de tamaño y de capacidad lumínica: «Hemos visto la estrella de un resplandor tan vivo en medio de todos los astros que eclipsaba a todos hasta el punto de dejarlos invisibles». Y el Libro armenio de la infancia dice que acompañó a los magos durante los nueve meses del viaje.

En tiempos modernos incluso se la ha intentado explicar por la conjunción de dos astros (Júpiter y Saturno, ocurrida tres veces en 7/6 a.C.), o la aparición de un cometa (detectado por los astrónomos chinos en 5/4 a.C.). Esto es absurdo e ingenuo. Basta advertir lo que hace la estrella. Se deja ver en oriente, y reaparece a la salida de Jerusalén hasta pararse encima de donde está el niño. Puesta a guiarlos, ¿por qué no lo hace todo el camino, como dice el Libro armenio de la infancia? ¿Y cómo va a pararse una estre­lla encima de una cuna? Para Dios «nada hay imposible», pero dentro de ciertos límites.

Número, nombres y procedencia de los magos

En el Libro armenio de la infancia (de finales del siglo IV) se dice: «Al punto, un ángel del Señor se fue apresurada­mente al país de los persas a avisar a los reyes magos para que fueran a adorar al niño recién nacido. Y éstos, después de haber sido guiados por una estrella durante nueve meses, llegaron a su destino en el momento en que la Virgen daba a luz… Y los reyes magos eran tres hermanos: el primero Melkon (Melchor), que reinó sobre los persas; el segundo, Baltasar, que reinó sobre los indios, y el tercero, Gaspar, que tuvo en posesión los países de los árabes”.

Para Mt, el dato esencial es que no son judíos, sino extranjeros. Según Justino proceden de Arabia. Luego se impuso que venían de Persia. En cuanto al número, la iglesia siria habla de doce.

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06 Enero. Epifanía del Señor. Ciclo B.

miércoles, 6 de enero de 2021
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6-Epifania

“¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Hemos visto salir en Oriente su estrella, y venimos a adorarle.”

(Mt 2,1-12)

Hoy recordamos la visita de unos sabios extranjeros a Jesús acabado de nacer. La historia es como un juego de reyes muy diferentes entre ellos: en primer lugar, para entrar en el espíritu del Evangelio, podemos olvidarnos de todas las ideas sobre Melchor, Gaspar y Baltasar que pueblan nuestro imaginario. El segundo rey es Herodes, el rey de Judea. Y el tercer rey es Jesús, el Mesías judío que ya desde el comienzo atrae a gente de otras naciones.

En la escena, los sabios son quienes van de acá para allá. Vienen de lejos siguiendo una estrella que les ha de llevar hasta el rey de los judíos, a pesar de que ellos no lo son. Mirándoles sentimos el sabor que nos dejan las personas libres: lo que les guía es una estrella del cielo, están en movimiento, les llena la alegría. Van sin expectativas, prejuicios ni intereses, saben reconocer a Jesús. Y, lo más importante saben adorarle.

Esto es lo que la liturgia nos invita a hacer en este tiempo: como los sabios, ponernos delante de Jesús vacías de nosotras mismas, sin pedir, sin querer comprender, sin esperar nada. Solo permanecer en silencio.

La actitud de Herodes es completamente diferente. Quiere saber dónde está el Mesías, pero tiene miedo. Teme por su propio poder. Pretende encontrar a Jesús sin moverse de su palacio. Ahora diríamos que convoca a los expertos y quiere pruebas y evidencias científicas de lo que está sucediendo fuera de su control. Actúa con secretismo y engaño, con cálculo e interés.

Y Jesús, tan pequeñín, ya mueve a tanta gente. Este tiempo nos ayuda tal vez a acercarnos a él con más sencillez, confianza, silencio. Cuando crece, a veces sentimos que no le comprendemos, que le pedimos demasiado y hacemos demasiado poco, que no tenemos ganas de acercarnos a él por miedo a que la vida se nos complique más de lo que ya está… Hoy se nos regala una buena ocasión para estar, para poner el corazón, sin más propósito, delante del Señor de nuestra vida.

Oración

Padre, que tu Santa Ruah nos vaya transformando en personas sabias y libres, capaces de cruzar oasis y desiertos buscando a tu Hijo en nuestro mundo y adorarle.

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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