Archivo

Archivo para la categoría ‘Biblia’

24.4.22. La pascua de Tomas: Vivir en comunión, curar las llagas de los crucificados (Jn 20, 19-29)

domingo, 24 de abril de 2022
Comentarios desactivados en 24.4.22. La pascua de Tomas: Vivir en comunión, curar las llagas de los crucificados (Jn 20, 19-29)

2D2F0619-DB52-4D6A-8E85-FF6D0900E238Del blog de Xabier Pikaza:

Dos problemas hay todavía en contra de la “pascua”: (a) Con esta iglesia que se dice signo de resurrección es muy dificícil creer en ella. (b) Ante las llagas de un mundo cargado de cruces parece imposible toda pascua.

Estos son eran problemas de Tomás según Jn 20. Estos  siguen siendo los nuestros. ¿Cómo creer en la resurrección si la iglesia no está resucitada y crecen (hacemos que crezcan) las llagas de cristo en el mundo?

Para empezar  

Los sinópticos incluyen a Tomás entre los apóstoles (Mt 10, 3; Mc 3, 8; Lc 6, 15),lo mismo que Hech 1, 13, sin añadir nada sobre él, como si sólo conocieran su “mote” (el mellizo ¿mellizo de quién?) como si no supieran o no quisieran decir nada más sobre él.

Por el contrario, Juan le presenta tres veces como «Tomás, llamado el mellizo»(cf. Jn 11, 16; 20, 24; 21, 2), sin decir tampoco cuál era su nombre, y le concede un papel especial en su evangelio.

Tomás aparece, en primer lugar, como discípulo valiente, que anima al resto de los discípulos, a fin de que superen su miedo y suban con Jesús a Jerusalén, para morir con él (Jn 11, 16). En la última cena aparece como uno de los «mistagogos», que plantean a Jesús las preguntas básicas sobre el sentido de su entrega y de su gloria, con Felipe [Jn 14, 8] y Judas [Jn 14, 22]).

Después que Jesús había dicho “en la casa de mi Padre hay muchas moradas”, como indicando que en su iglesia y en su cielo había espacios de vida diversos (Jn 14, 2), Tomás se atrevió a decirle: Señor, no sabemos a dónde vas ¿Cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida… (Jn 14, 5-7).

Este es el tipo de preguntas y respuesta características de los textos de revelación, que serán dominantes en los evangelios gnósticos posteriores. Eso significa que Tomás es para Juan un iniciado, algo que ha penetrado en el conocimiento del Mesías.

Una iglesia con huecos, falta Tomás

            Esta semana de pascua hemos ido evocando diversas “experiencias” de la resurrección de Jesús, empezando por las mujeres (en especial por Magdalena), para seguir con Pedro. Pero, conforme al evangelio de Marcos (16, 1-8), lo mismo que el de Mateo (Mt 28, 16), muchos o por lo menos algunos seguían dudando de Jesús, como supone este relato:  

A la tarde de aquel día primero de la semana, y estando cerradas las puertas del lugar donde estaban los discípulos, por el medio a los judíos, vino Jesús y se colocó en medio de ellos diciendo: – ¡La paz con vosotros! Y diciendo esto les mostró las manos y el costado.

Los discípulos se alegraron viendo al Señor. Y les dijo de nuevo: – ¡La paz con vosotros! Como me ha enviado el Padre os envío también yo. Y diciendo esto sopló y les dijo: – Recibid el Espíritu Santo, a quienes perdonéis los pecados les serán perdonados; y a quienes se los retengáis les serán retenidos (Jn 20, 19-23).

            Los discípulos están reunidos. No se dice cuántos son. Ciertamente, no son los “doce” como tales. En el grupo hay sin duda mujeres (pues el grupo ha comenzado con ellas). En ese contexto descubren a Jesús, que ha   venido y está con ellos. No se dice cómo, cómo le ven, como le siente. Pero es evidente que en un plano superior le ven, le sienten y le escuchan, pues les die:

 – La Pascua  se con vosotros (Eirênê hymin: 20,19.21). Sobre un mundo atormentado por la guerra y la violencia, ofrece Cristo paz. Sobre una comunidad encerrada por el miedo extiende el Cristo pascual la gracia de su vida y su misión universal.

 – La pascua es presencia gloriosa del crucificado. Por eso dice el texto que  Jesús mostró a sus discípulos las manos y el costado (20, 20), en gesto que después va a recibir nuevo contenido ante el rechazo de Tomás (cf 20, 24-29). Creer en la pascua es descubrir la gloria y presencia del crucificado

La pascua es Pentecostés. Jesús infunde su espíritu (su vida, su presencia) sobre sus discípulos diciendo recibid el Espíritu Santo(20,22), como había hecho Dios en el principio, concediendo su respiración a los primeros hombres (Gén 2, 7). Ahora es Jesús quien besa y sopla:  compartiendo su vida con todos aquellos que le acogen.

Por eso les envía: ¡como el Padre me ha enviado así os envío yo! (20, 21). Los cristianos son no sólo enviados de Jesús, sino que son (somos) el mismo Jesús presente. Por eso, como he dicho, sin iglesia “resucitada” es difícil

La iglesia perdón: a quienes perdonéis los pecados… (20, 23).Este es el problema del mundo: no hay perdón, los hombres se encuentran divididos, destruidos; carecen de medios para expresar el perdón, no hay para ellos sacrificios que puedan transformarles. Ha perdido su sentido el sacerdocio de Jerusalén, no consigue perdonar el templo. Pues bien, sobre ese desierto de pecado (falta de perdón), Jn ha interpretado la pascua como experiencia transformante de perdón.

El texto sigue diciendo: Aquellos a quienes perdonéis quedarán perdonados…Pero aquello a quienes retengáis… Si no perdonáis (si no sois perdón completo) no se podrá extender este perdón de Cristo sobre el mundo. Si este mundo está “loco y perdido” de violencia, de guerra y opresión, de pecado, es porque los cristianos dicen que son (somos) de Jesús pero no perdonamos. No se trata de una pequeña confesión sacramental privada… sino del perdón mas hondo de la vida, de toda la vida, de todos los cristianos, incluidos los de la guerra española del 36-39 y los de las iglesias de Rusia y Ucrania…

Tocar a Jesús. Signo de Tomás (20, 24-29).

            Bastaban las señales anteriores: la paz de Cristo, el recuerdo de su entrega (manos y costado), el perdón en el Espíritu. Pero el texto sigue diciendo que faltaba Tomás, precisamente uno de los Doce. No es un cristiano normal el que ha dejado de participar en la asamblea; es uno de los antiguos compañeros de Jesús, de sus Doce seguidores. Los otros discípulos le dicen hemos visto al Señor (20, 25), pero él duda: pide un signo (si no veo en sus manos la huella de los clavos…) y Jesús se lo concede.

Dos cosas le faltan para creer en la resurrección. (a) Encontrar una iglesia de creyentes, de personas que sean portadoras de la pascua de Cristo. (b) Descubrir y tomar las llagas de Cristo en la historia de los hombres (las llagas de la historia de los hombres en la verdad del Cristo):

Y ocho días después, estaban de nuevo sus discípulos en casa y Tomás con ellos; llegó Jesús, estando las puertas cerradas, se puso en medio y dijo:- ¡Pas a vosotros! Luego dijo a Tomás: – Trae tu dedo aquí y mira mis manos, trae tu mano y métela en mi costado y no seas incrédulo sino fiel!

Respondió Tomás y dijo: – ¡Señor mío y Dios mío! Y Jesús le dijo: Porque has visto has creído ¡Felices los que no han visto y han creído! (20, 26-29).

             En medio de la comunidad reunida, como signo supremo de falta de fe y de confesión creyente, ha destacado Juan la figura de Tomás, elaborando en torno a él esta bellísima escena pascual. Tomás es la expresión del ser humano al que le cuesta creer porque es honrado; quiere signos, necesita certezas y en algún sentido Jesús se las ofrece. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

“Dichosos los que crean a pesar de lo que ven”. Domingo 2º de Pascua. Ciclo C.

domingo, 24 de abril de 2022
Comentarios desactivados en “Dichosos los que crean a pesar de lo que ven”. Domingo 2º de Pascua. Ciclo C.

thomas-et-jesusDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

[NOTA PREVIA: Este domingo se conoce como de la Divina Misericordia, devoción promovida a partir de 1930 por una religiosa polaca, Sor María Faustina, e instituida como fiesta por Juan Pablo II. Ya que el tema de la misericordia divina ha sido central en la Semana Santa, me limito a comentar los textos bíblicos, centrados especialmente en la fe.]

Todas las apariciones de Jesús resucitado son peculiares. Incluso cuando se cuenta la misma, los evangelistas difieren: mientras en Marcos son tres las mujeres que van al sepulcro (María Magdalena, María la de Cleofás y Salomé) y también tres en Lucas, pero distintas (María Magdalena, Juana y María la de Santiago), en Mateo son dos (las dos Marías) y en Juan una (María Magdalena, aunque luego habla en plural: «no sabemos dónde lo han puesto»). En Mc ven a un muchacho vestido de blanco sentado dentro del sepulcro; en Mt, a un ángel de aspecto deslumbrante junto a la tumba; en Lc, al cabo de un rato, se les aparecen dos hombres con vestidos refulgentes. En Mt, a diferencia de Mc y Lc, se les aparece también Jesús. Podríamos indicar otras muchas diferencias en los demás relatos. Como si los evangelistas quisieran acentuarlas para que no nos quedemos en lo externo, lo anecdótico. Uno de los relatos más interesantes y diverso de los otros es el del próximo domingo (Juan 20,19-31).

             Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

            – Paz a vosotros.

            Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

            – Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. 

            Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

            – Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados! quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

            Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

            – Hemos visto al Señor.

            Pero él les contestó:

            – Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.

            A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

            – Paz a vosotros.

            Luego dijo a Tomás:

            – Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

            Contestó Tomás:

            – ¡ Señor Mío y Dios Mío!

            Jesús le dijo:

            – ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto. 

            Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo tengáis vida en su nombre.

Las peculiaridades de este relato de Juan

1.- El miedo de los discípulos. Es el único caso en el que se destaca algo tan lógico, y se ofrece el detalle tan visivo de la puerta cerrada. Acaban de matar a Jesús, lo han condenado por blasfemo y por rebelde contra Roma. Sus partidarios corren el peligro de terminar igual. Además, casi todos son galileos, mal vistos en Jerusalén. No será fácil encontrar alguien que los defienda si salen a la calle.

2.- El saludo de Jesús: «paz a vosotros». Tras la referencia inicial al miedo a los judíos, el saludo más lógico, con honda raigambre bíblica, sería: «no temáis». Sin embargo, tres veces repite Jesús «paz a vosotros». Algún listillo podría presumir: «Normal; los judíos saludan shalom alekem, igual que los árabes saludan salam aleikun». Pero no es tan fácil como piensa. Este saludo, «paz a vosotros» sólo se encuentra también en la aparición a los discípulos en Lucas (24,36). Lo más frecuente es que Jesús no salude: ni a los once cuando se les aparece en Galilea (Mc y Mt), ni a los dos que marchan a Emaús (Lc 24), ni a los siete a los que se aparece en el lago (Jn 21). Y a las mujeres las saluda en Mt con una fórmula distinta: «alegraos». ¿Por qué repite tres veces «paz a vosotros» en este pasaje? Vienen a la mente las palabras pronunciadas por Jesús en la última cena: «La paz os dejo, os doy mi paz, y no como la da el mundo. No os turbéis ni os acobardéis» (Jn 14,27). En estos momentos tan duros para los discípulos, el saludo de Jesús les desea y comunica esa paz que él mantuvo durante toda su vida y especialmente durante su pasión.

3.- Las manos, el costado, las pruebas y la fe. Los relatos de apariciones pretenden demostrar la realidad física de Jesús resucitado, y para ello usan recursos muy distintos. Las mujeres le abrazan los pies (Mt), María Magdalena intenta abrazarlo (Jn); los de Emaús caminan, charlan con él y lo ven partir el pan; según Lucas, cuando se aparece a los discípulos les muestra las manos y los pies, les ofrece la posibilidad de palparlo para dejar claro que no es un fantasma, y come delante de ellos un trozo de pescado. En la misma línea, aquí muestra las manos y el costado, y a Tomás le dice que meta en ellos el dedo y la mano. Es el argumento supremo para demostrar la realidad física de la resurrección. Curiosamente se encuentra en el evangelio de Jn, que es el mayor enemigo de las pruebas física y de los milagros para fundamentar la fe. Como si Juan se hubiera puesto al nivel de los evangelios sinópticos para terminar diciendo: «Dichosos los que crean sin haber visto».

4.- La alegría de los discípulos. Es interesante el contraste con lo que cuenta Lucas: en este evangelio, cuando Jesús se aparece, los discípulos «se asustaron y, despavoridos, pensaban que era un fantasma»; más tarde, la alegría va acompañada de asombro. Son reacciones muy lógicas. En cambio, Juan sólo habla de alegría. Así se cumple la promesa de Jesús durante la última cena: «Vosotros ahora estáis tristes; pero os volveré a visitar y os llenaréis de alegría, y nadie os la quitará» (Jn 16,22). Todos los otros sentimientos no cuentan.

5.- La misión. Con diferentes fórmulas, todos los evangelios hablan de la misión que Jesús resucitado encomienda a los discípulos. En este caso tiene una connotación especial: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo». No se trata simplemente de continuar la tarea. Lo que continúa es una cadena que se remonta hasta el Padre.

6.- El don de Espíritu Santo y el perdón. Mc y Mt no dicen nada de este don y Lucas lo reserva para el día de Pentecostés. El cuarto evangelio lo sitúa en este  momento, vinculándolo con el poder de perdonar o retener los pecados. ¿Cómo debemos interpretar este poder? No parece que se refiera a la confesión sacramental, que es una práctica posterior. En todos los otros evangelios, la misión de los discípulos está estrechamente relacionada con el bautismo. Parece que en Juan el perdonar o retener los pecados tiene el sentido de admitir o no admitir al bautismo, dependiendo de la preparación y disposición del que lo solicita.

“Dichosos los que crean a pesar de lo que ven”

            En este pasaje del evangelio se da un importante cambio en los destinatario. En la primera parte, Jesús se dirige a los once: a ellos les saluda con la paz, a ellos los envía en misión y les da el Espíritu. En la segunda se dirige a Tomás, invitándolo a no ser incrédulo. En la tercera se dirige a todos nosotros: “Dichosos los que crean sin haber visto”.

  Podríamos añadir: “Dichosos los que crean a pesar de lo que ven”. Basta pensar en las desgracias que ocurren a menudo en nuestro mundo, en los grandes fallos de la Iglesia, en las luchas más o menos ocultas por el poder dentro de ella, en otros detalles contrarios al evangelio. Para muchos, estos motivos son suficientes para abandonar la Iglesia o incluso la fe. Conviene escuchar a Jesús, que nos dice: “Bienaventurados los que creen a pesar de lo que ven”.

Una primera lectura que hay que leer con atención (Hechos 5,12-16)

            El evangelio ha proclamado dichosos a quienes creen sin ver. La primera lectura habla de la dicha de ver milagros y beneficiarse de ellos. Comienza diciendo que “los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo”. Y termina subrayando el papel principal de Pedro; en opinión de la gente, incluso su sombra basta para curar a alguno. Por eso le traen enfermos hasta de los alrededores de Jerusalén.

            En una lectura rápida, parece que son estos milagros los que favorecen la expansión de la comunidad cristiana (“crecía el número de los que se adherían al Señor”). Sin embargo, lo que cuenta Lucas es más sutil.

            Además de los apóstoles, juega un papel capital la comunidad (“los fieles se reunían en común en el pórtico de Salomón”). Y es a ella a la que se adhieren los nuevos creyentes.

            Los milagros de los apóstoles y de Pedro continúan la labor de Jesús, que “pasó haciendo el bien”. Esos enfermos se benefician de ellos, pero no entran en la comunidad cristiana. Los que pasan a formar parte de ella son los que ven la forma de vida de la comunidad. En esta época de secularización, con la disminución creciente de los cristianos, es importante recordar que el numero de los creyentes depende en gran parte del ejemplo que demos a los demás.

Por manos de los apóstoles se realizaban muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Todos se reunían con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, una multitud tanto de hombres como de mujeres, que se adherían al Señor.

La gente sacaba a los enfermos a las plazas y los ponía en catres y camillas para que, al pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno. Acudía incluso mucha gente de las ciudades cercanas a Jerusalén, llevando enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos eran curados.

Lectura del libro del Apocalipsis 1,9-11a.12-13.17-19

Durante los domingos de Pascua, la segunda lectura se toma del libro del Apocalipsis, recogiendo pasajes sueltos, sin conexión especial entre ellos. Pero el Apocalipsis de Juan es una obra muy adecuada para la época de Pascua, porque alienta la esperanza en medio de las persecuciones y asegura que el triunfo ya conseguido por Jesús repercutirá en toda la Iglesia. El fragmento de hoy constituye el comienzo (mutilado, naturalmente) de la obra.

Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el Reino y en la perseverancia en Jesús, estaba desterrado en la isla llamada Patmos a causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús.

El día del Señor fui arrebatado en espíritu y escuché detrás de mí una voz potente, como de trompeta, que decía: «Lo que estás viendo, escríbelo en un libro y envíalo a las siete iglesias».

Me volví para ver la voz que hablaba conmigo y, vuelto, vi siete candelabros de oro, y en medio de los candelabros como un Hijo de hombre, vestido de una túnica talar y ceñido el pecho como un cinturón de oro. Cuando lo vi caí a sus pies como muerto, pero él puso su mano derecha sobre mí diciéndome: «No temas; yo soy el Primero y el Último, el Viviente; estuve muerto pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. Escribe, pues, lo que estás viendo: lo que es y lo que ha de suceder después de esto.

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

II Domingo de Pascua. 24 de Abril, 2022

domingo, 24 de abril de 2022
Comentarios desactivados en II Domingo de Pascua. 24 de Abril, 2022

E18547CB-4807-486E-8F83-59A0D02B3C5D

 

“En la tarde de aquel día, el primero de la semana,
y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo:
“¡La paz esté con vosotros!”

(Jn 20, 19-31)

Tal vez nos resulta una escena muy familiar la de los discípulos. Un domingo por la tarde, encerrados en casa, ellos por miedo a los judíos, nosotros por… pánico al lunes. Sí, una razón tan simple como real. Pereza, modorra, o como lo queramos llamar, por comenzar otra semana, comenzar nuestras obligaciones, trabajo, estudios, gimnasio, extraescolares de los niños, aguantar al jefe, a los compañeros, a los clientes, y así, un largo etcétera.

Aguantar a los demás. Reflexionemos un poco. Los demás. Todos, absolutamente todos formamos parte de ese “los demás” para alguien. Esto quiere decir que a ti y a mí también nos tienen que aguantar los demás; con nuestras risas y también con nuestras lágrimas; con todo lo bueno que les aportamos y también con nuestras puertas cerradas; con nuestros viernes pero también sacamos a relucir nuestras tardes de domingo… ¿nos damos cuenta de ello o solo vemos lo de “los demás”?

Y es entonces, sin duda, en nuestras lágrimas, en nuestras puertas cerradas, en nuestras tardes de domingo cuando se pone Jesús en el medio y nos dice: “¡La paz esté con vosotros!” Él llena con su presencia cualquier resquicio de temor, cualquier oscuridad.

Y ahora, otro interrogante, ¿para creernos esto nos bastan las palabras o dejamos que aparezca nuestro Tomás interior?

Oración

Jesús, tú eres nuestro Maestro, a quien seguimos.
Tú nos dices una y otra vez “dichosos los que creen sin haber visto”.
Ayúdanos a creer que estás en medio de nuestras noches dándonos paz,
en medio de nuestras tormentas, en medio de nuestras soledades.
Ayúdanos a creer que estás cuando no te vemos.

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

A Jesús resucitado no le vieron en frente sino dentro de ellos.

domingo, 24 de abril de 2022
Comentarios desactivados en A Jesús resucitado no le vieron en frente sino dentro de ellos.

michel-ciry_-incredulite-de

DOMINGO 2º DE PASCUA  (C)

Jn 20,19-31

Lo que los textos pascuales quieren expresar con la palabra resurrección es la clave de todo el mensaje cristiano. Pero es algo mucho más profundo que la reanimación de un cadáver. Sin esa Vida que va más allá de la vida, nada de lo que dice el evangelio tendría sentido. El relato fue la manera trasmitir la vivencia pascual después de la experiencia de su pasión y muerte. Lo que quieren comunicar a los demás es la experiencia pascual de que seguía vivo y, además, les estaba comunicando a ellos esa misma Vida. Éste es el mensaje de Pascua.

Como todos los años leemos este mismo evangelio y lo explicamos el año pasado. Vamos a referirnos hoy al aspecto general de la experiencia pascual. Los exégetas han rastreado los primeros escritos del NT y han llegado a la conclusión de que la cristología pascual no fue ni la primera ni la única forma de expresar la experiencia de Jesús vivo que tuvieron los discípulos después de su muerte. Hay por lo menos tres cristologías que se dieron entre los primeros cristianos, antes o al mismo tiempo de hablar de la resurrec­ción de Jesús.

En las primeras comunidades, se habló de Jesús como el juez escatoló­gico que vendría al fin de los tiempos a juzgar, a salvar definitiva­mente. Fijándose en la predicación por parte de Jesús de la inminente venida del Reino de Dios y apoyados en el AT, pasaron por alto otros aspectos de la figura de Jesús y se fijaron en él como el Mesías que viene a salvar definitivamente a su pueblo. Predicaron a Jesús, el Cristo (Ungido), como dador de salvación (Vida) última y definitiva sin hacer referencia explicita al hecho de la resurrección.

Otra cristología que se percibe en los textos que han llegado a nosotros de algunas comunidades primitivas, es la de Jesús como taumaturgo. Manifestaba con su poder de curar, que la fuerza de Dios estaba con él. Para ellos los milagros eran la clave que permitía la compren­sión de Jesús. Esta cristolo­gía es muy matizada ya en los mismos evangelios; seguramente, porque, en algún momento, tuvo excesiva influencia y se quería contrarrestar el carácter de magia que podría tener. En los evangelios se utiliza y se critica a la vez.

Una tercera cristología, que tampoco se expresa con el término resurrección, es la que considera a Jesús como la Sabiduría de Dios. Sería el Maestro que, conectando con la Sabiduría preexistente, nos enseña lo necesario para llegar a Dios. También tiene un trasfondo bíblico muy claro. En el AT se habla innumerables veces de la Sabiduría, incluso personalizada, que Dios envía a los seres humanos para que encuentren su salvación.

Todas estas maneras de explicar su experiencia fueron concentrándose en la cristología pascual, que encontró en la idea de resurrección el marco más adecuado para comunicar la vivencia de los seguidores de Jesús después de su muerte. Sin embargo, la cristología pascual más primitiva tampoco hace referencia explícita a la resurrección. La experiencia pascual fue interpretada en una primera instancia, como exaltación y glorificación del humillado, tomando como modelo una vez más el AT y aplicando a Jesús la idea del justo doliente.

La inmensa mayoría de los exégetas están de acuerdo en que ni las apariciones ni el sepulcro vacío fueron el origen de la primitiva fe. Los relatos de apariciones y del sepulcro vacío se habrían elaborado poco a poco como leyendas sagradas, muy útiles en el intento de comunicar, con imágenes muy vivas y que entraran por los ojos, la experiencia pascual. Esa vivencia fue fruto de un proceso interior en el que tuvieron mucho que ver las reuniones de los discípulos. Todos los relatos hacen referencia, implícita o explícita a la comunidad reunida.

En ninguna parte se narra el hecho de la resurrección porque no puede ser un fenómeno constatable empíricamente; cae fuera de nuestra historia, no puede ser objeto de nuestra percepción sensorial. Todos los intentos por demostrar la resurrección como un fenómeno verificable por los sentidos estarán abocados al fracaso. Toda discusión científica sobre la resurrección es una estupidez. Cuando decimos que no es un hecho “histórico”, no queremos decir que no fue “Real”. El concepto de real es más amplio que lo sensible o histórico.

En Jesús no pasó nada, pero en los discípulos se dio una enorme transformación que les hizo cambiar la manera de entender la figura de Jesús. Sería muy interesante el descubrir como llegaron los discípulos a ese descubrimiento, sobre todo teniendo en cuenta que en el momento de la detención, todos lo abandonaron y huyeron. Ese proceso de “iluminación” de los primeros discípulos se ha perdido. No solo sería importante para conocer lo que pasó en ellos, sino porque es ese mismo proceso el que tiene que realizarse en nosotros mismos.

La resurrección quiere expresar la idea de que la muerte no fue el final. Su meta fue la Vida, no la muerte. La misma Vida de Dios, como dice el mismo Jn: “El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre”.  Vaciándose del «ego», queda en él lo que había de Dios. No cabe mayor glorificación. “Aquilatar” el oro es ir quitando las impurezas: 12, 18, 22… hasta llegar a 24 quilates que es oro puro; ya no se puede ir más allá. Este vaciamiento no supone la anulación de la “persona”, sino su máxima potenciación. Desde la antropología judía se puede entender muy bien. El hombre es un todo monolítico, desde la carne al espíritu.

La base de todo el mensaje y la credibilidad que quieren darle está en las apariciones a los doce, para trasmitir la idea de que no se trata de una alucinación personal. Todos los relatos responden a un esquema teológico que nos dan la clave de interpretación:

a) Una situación de la vida real. Jesús se hace presente en la vida real. La nueva manera de estar presente Jesús no tiene nada que ver con el templo o con los ritos religiosos. Ni siquiera están orando cuando se hace presente. El movimiento cristiano no empezó su andadura como una nueva religión, sino como una forma de vida. De hecho los romanos los persiguieron por ateos. En todos los relatos de apariciones se quiere decir a los primeros cristianos que en los quehaceres de cada día se tiene que hacer presente Jesús. Si no lo encontramos en las situaciones de la vida real, no lo encontraremos en ninguna parte.

b) Jesús sale al encuentro inesperadamente. Este aspecto es muy importante. Él es el que toma siempre la iniciativa. La presencia que experimentan no es una invención ni surge de un deseo o expectativa de los discípulos. A ninguno de ellos les había pasado por la cabeza que pudiera aparecer Jesús una vez que habían sido testigos de su fracaso y de su muerte. Quiere decir que el encuentro con él no es el fruto de sus añoranzas o expectativas. La experiencia se les impone desde fuera, desde una instancia superior a ellos mismos.

c) Jesús les saluda. Es el rasgo que conecta lo que está sucediendo con el Jesús que vivió y comió con ellos. La presencia de Jesús se impone como figura cercana y amistosa, que manifiesta su interés por ellos y que sigue tratando de llevarles a la plenitud de Vida.

d) Hay un reconocimiento que se manifiesta en los relatos como problemático. No dan ese paso alegremente, sino con muchas vacilaciones y dudas. En el relato de hoy se pone de manifiesto esa incredulidad personalizada en una figura concreta, Tomás. No quiere decir que Tomás era más incrédulo que los demás, sino que se insiste en la reticencia de uno para que quede claro lo difícil que fue a todos aceptar la nueva realidad que les desbordaba.

e) Reciben una misión. Esto es muy importante porque quiere dejar bien claro que el afán de proclamar el mensaje de Jesús, que era una práctica constante en la primera comunidad, no es ocurren­cia de los discípulos, sino encargo expreso del mismo Jesús, que ellos aceptan como la tarea más urgente que tienen que llevar a cabo si quieren ser fieles al Maestro.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Fe adulta.

domingo, 24 de abril de 2022
Comentarios desactivados en Fe adulta.

Juan-20-19-31-1

Jn 20, 19-31

«Dichosos los que no han visto y han creído»

Los discípulos que formaban el círculo más cercano a Jesús creyeron en él hasta el punto de dejarlo todo por seguirle. Convivieron con él largo tiempo, escucharon mil veces su doctrina, pero llegaron al pie de la cruz convencidos de que seguían al Mesías davídico que iba a unir al pueblo, derrocar al gobierno corrupto de Herodes, expulsar a los romanos, devolverle a Israel su antiguo esplendor y someter a sus vecinos al culto a Yahvé en el Templo de Jerusalén.

Por fortuna para nosotros aquella fe murió en la cruz y fue definitivamente enterrada en el sepulcro vacío. De sus cenizas nació la verdadera fe; la fe en el crucificado; una fe que ni siquiera pudieron imaginar antes de aquel asombroso proceso de conversión que hemos llamado experiencia pascual. En el evangelio de hoy, Juan expresa esta fe de forma brillante en boca de Tomás: «Señor mío y Dios mío». Probablemente en aquel momento Tomás cayó en la cuenta de que aquello no era lo que ellos habían esperado, sino algo mucho mejor

Juan también nos narra el instante en que él mismo se vio iluminado por esta fe, y comprobamos, con asombro, que reconoce no haber creído, o haber creído mal, hasta el momento en que vio las vendas y el sudario en el suelo del sepulcro: «Entró también el otro discípulo, vio y creyó»…

Nosotros hemos creído en Jesús «sin haber visto» y nos sentimos dichosos por ello, pero corremos el mismo riesgo que sus discípulos: que tratemos de amoldarlo a nuestra ideología o nuestros deseos y perdamos la dicha de vivir sus criterios. Una fe adulta nos alerta de este riesgo y nos empuja a revisar nuestra fe; a preguntarnos si también nosotros estamos creyendo mal y no lo sabemos…

¿Pero cómo hacerlo?…

Pues la mejor forma es preguntarnos si nuestra fe en Jesús cambia o no cambia nuestra vida; si nos lleva a compadecer y compartir, a trabajar por la paz y la justicia, si nos hace más veraces, si nos mueve a perdonar, si nos libra de la esclavitud del dinero… y, en definitiva, si nos empuja a rechazar los valores que nos ofrece esta sociedad que llamamos “civilizada” aun sabiendo que nos hace esclavos de nuestros deseos y nos deshumaniza…

Si la respuesta es que no, que no nos cambia, es posible que creamos en algo estupendo y maravilloso, pero no en Jesús.

La fe en Jesús necesita estar permanentemente alimentada y, como decía Ruiz de Galarreta, se puede alimentar de tres fuentes distintas: la contemplación, las obras y la comunidad. La contemplación de Jesús multiplica la fascinación y la adhesión hacia él, las obras nos confortan y nos reafirman en sus criterios, y la comunidad nos contagia la fe porque al vivirla en común se fortalece.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí.

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

A los ocho días llegó Jesús.

domingo, 24 de abril de 2022
Comentarios desactivados en A los ocho días llegó Jesús.

37ccc91824d528e3fab643f8cf002759

DOMINGO 2º DE PASCUA (C)

(Jn 20, 19-31)

Cristo ha resucitado. Pero este acontecimiento histórico solamente ha sucedido ante Dios. Ningún ser humano ha sido testigo directo del momento en que Cristo resucitó. Sin embargo, podemos percibir este suceso por otros caminos y ser testigos veraces de este hecho singular. El Resucitado se hace presente, “se aparece” y los discípulos/as le pueden “ver”. Con esto los evangelios nos sugieren que hay unos signos por los que el Resucitado se hace presente.

Para llegar a percibir estos signos es necesaria la fe. El Resucitado pertenece a una esfera del mundo totalmente nueva, nos remite a la situación definitiva que nos espera. No hay ningún hecho conocido en la historia comparable a la resurrección de Jesús. Es algo nuevo y, además, pertenece al futuro, no al pasado; por eso sólo se puede creer y esperar.

La liturgia pascual insiste machaconamente en la gratuidad de la fe. La resurrección es el objeto fundamental de la fe. Ante ella solo podemos creer. Es más, los que sin haber visto han creído son llamados bienaventurados: “Dichosos los que creen sin haber visto”. Solo en la comunidad que se reúne podemos descubrir a Jesús vivo: “Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,15-20) y les comunica el Espíritu, el Aliento que da la verdadera Vida.

Uno de los signos más reveladores del Resucitado es el estilo de vida de la comunidad: ésta surge cuando se establecen relaciones fraternas hasta llegar a poner todo en común. Se manifiesta también en el perdón de nuestras faltas, unos a otros, sin rencores ni culpabilidades absurdas, así como en la capacidad de superación que Dios nos concede para caminar hacia la consecución de la promesa, ya cumplida en Cristo.

El simbolismo del número ocho es específicamente cristiano; los evangelistas lo usan como símbolo del mundo definitivo, más allá de la primera creación (el siete). Juan  nos dice que a los ocho días acontece la segunda aparición de Jesús resucitado a los discípulos/as e indica el carácter pleno del tiempo mesiánico, la presencia en la historia de la realidad futura; completa así el carácter de novedad del “primer día de la semana” (el domingo).

Pero los signos del resucitado no se agotan en este mundo desgarrado en el que vivimos. Hay incontables señales que nos indican cómo el poder de Dios va dirigiendo la historia hacia su plenitud. ¿Percibimos algunos de estos signos en nuestro tiempo? ¿Cómo se va manifestando el Espíritu en tu vida?

En la comunidad cristiana actual ¿comprendemos el gesto de la vida misma de Jesús y de sus actitudes? Él no guardó nada para sí sino que todo lo puso en común, como el pan que se parte y se reparte en la mesa para que todos coman. Porque esa es la esencia y el significado de la vida cristiana que celebramos en la Eucaristía: no aferrarse a nada, ponerlo todo en común: capacidades, carismas, bienes materiales y espirituales, la escucha interpelante de la Palabra, transmitir la experiencia de fe a los adultos, jóvenes, niños, el compromiso social irrenunciable. Quien no ha descubierto a Cristo en su vida, ¿cómo podrá llegar a descubrirlo en los signos del pan y el vino? No entramos en comunión con un mero recuerdo del pasado sino con aquel que estaba muerto y vive hoy.

Una fe adulta, comprometida, profética, que anuncia la Buena Noticia de Jesús entre nosotros/as y denuncia lo que es obstáculo para el Reino de Dios; una fe que nos  impulsa, como a los discípulos/as de aquella casa, a hacer signos y “prodigios” en lo cotidiano, sabedores de nuestras limitaciones pero también de nuestros dones. De lo contrario, ¿cómo va a crecer el número de los creyentes que se adhieren al Señor, es decir, que se solidarizan con su causa, con la misión a la que estamos llamados?

El éxito de las primeras comunidades cristianas se debió precisamente a la actitud práctica de no monopolizar la posesión de los bienes, “ninguno pasaba necesidad”, la superación de todo aquello que discriminaba y excluía y a la acogida prioritaria a los “descartados” y “diferentes” de aquella sociedad. Eso fue posible entonces y también hoy. El itinerario espiritual de una fe encarnada, principalmente en los pequeños y vulnerables, se materializa en el compromiso personal y social de cada día. ¿Cómo nos implicamos?

Los que sin haber visto han creído, hacen posible esos prodigios y signos en el ámbito de la comunidad cristiana. Jesús reprocha a Tomás, todos lo somos, que estar separado de la comunidad nos impide llegar a la experiencia de un Jesús vivo y, además, se pone en riesgo de perderse. Sólo cuando estamos unidos es posible ver a Jesús porque él se manifiesta en el amor a los demás y nos invita a que lo hagamos en memoria suya. El amor trasciende fronteras, rompe barreras, prejuicios y esquemas morales rígidos que causan dolor y rechazo. Sólo el amor nos desinstala de la comodidad, de la rutina o del conformismo paralizante. No somos cristianos que vamos por libre sino hijos e hijas de un Dios que nos hizo hermanos y hermanas unos de otros. Ese es el único argumento de credibilidad para los seguidores de Jesús, para la misma Iglesia. ¿Qué experiencias tenemos de una Iglesia que camina hacia la sinodalidad?

Termina Juan el evangelio con la frase “Muchos otros signos hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que… creyendo tengáis vida en su nombre”. El Espíritu que nos habita lo hace posible cada día. ¿Crisis de fe o indiferencia cómplice? ¡Tú eliges!

Shalom!

Mª Luisa Paret

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Miedo y Paz

domingo, 24 de abril de 2022
Comentarios desactivados en Miedo y Paz

A2A9F159-1449-4DE8-9E2F-85EB87421E7FDomingo II de Pascua

24 abril 2022

Jn 20, 19-31

Como los niños, los humanos hemos tendido a pensar que nuestra “salvación” -como la paz, el gozo, la plenitud…- se hallaban “fuera”. Se trataba, por tanto, de conquistarla por la fuerza o esperar a recibirla de un dios gracias a nuestra sumisión a él.

Tal creencia se puede sostener durante un tiempo…, exactamente el mismo que dura nuestra adhesión a ella.  Pero no ofrece ninguna base segura, más allá de nuestra propia idea. Por lo tanto, nos hace vivir “encerrados” y “con miedo”.

Creencias, encierro, miedo… hablan, sencillamente, de nuestra ignorancia radical, de aquella falta de comprensión básica que nos hace tomarnos por lo que no somos -la apariencia o la mera “personalidad”-, olvidando nuestra verdadera “identidad”, en cuanto plenitud de consciencia y de vida…, aun experimentándose en una forma sumamente frágil y vulnerable.

Así como el miedo nace de la ignorancia, la paz es fruto de la comprensión. Comprensión que, cuando es tal, nos permite vivirnos en conexión con lo que realmente somos o, al menos, volver a conectar con ello en cuanto cualquier señal de malestar nos muestra que nos hemos perdido una vez más en la ignorancia.

La comprensión hace ver que lo que realmente somos se halla siempre a salvo, al mismo tiempo que nos permite crecer en desidentificación del yo. Porque no cabe avanzar en aquella dirección sin hacerlo en esta. El motivo de la ignorancia -y, por tanto, del sufrimiento mental- es la identificación con el yo. La comprensión, al liberarnos de tal identificación, nos ayuda a no tomarnos las cosas tan “personalmente” y, sobre todo, a anclarnos en ese Fondo consciente que constituye nuestra verdadera identidad.

¿Dónde busco la paz?


Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Si una comunidad no vive en paz, en alegría y aliento vital (Espíritu), tal vez sea porque Cristo no esté presente.

domingo, 24 de abril de 2022
Comentarios desactivados en Si una comunidad no vive en paz, en alegría y aliento vital (Espíritu), tal vez sea porque Cristo no esté presente.

tomas-1Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre: 

01.- Algunas notas iniciales.

1.1. Jesús ha muerto el viernes. Judas se ha suicidado, Pedro le ha traicionado, los discípulos se ha dispersado. No es pensable que -al día siguiente, el domingo- estuviera ya constituida la iglesia, la comunidad cristiana naciente.

1.2.- Estos relatos reflejan el proceso de fe por el que los primeros cristianos llegan a la fe en el Señor resucitado.

1.3.- El camino de creación de la comunidad cristiana seguramente fue lento y difícil, porque los primeros cristianos eran judíos y les costó no poco separarse del mundo judío.

1.4.- Dice el texto que era el primer día de la semana. Es el primer día de la nueva creación, de la nueva humanidad que Cristo ha creado.

02.- Cristo no estaba en el grupo, en la comunidad,

    Estaban reunidos los discípulos, pero no estaba Cristo.

   Y porque no estaba Cristo aquella comunidad naciente se encontraba encerrada, triste, con miedo y sin ganas de vivir

           Estaban los discípulos encerrados y con miedo

           Nacimiento de la Iglesia más que difícil.

     Aquellos “Diez” (faltaban Judas y Tomás), estaban encerrados y con miedo, porque Cristo no estaba entre ellos.

     ¿Como nosotros?

   ¿No es ésta la situación de muchas iglesias-diócesis, estructuras eclesiásticas? ¿No vivimos encerrados y con miedo a todo: miedo a la libertad, al Vaticano II, a las ciencias, a las ideologías, a los cambios, al pensamiento teológico, moral, litúrgico, etc.?

     En el impasse  en el que nos encontramos, no parece que nuestro momento diocesano sea especialmente alentador. ¿En nuestra diócesis se vive en paz, con alegría e ilusión? ¿No estamos más bien en una división eclesial, enfrentamientos y en una honda tristeza?

       El miedo bloquea, paraliza. ¿No estamos bloqueados, paralizados? “Aquí no se mueve nada ni nadie”? Es la actitud de muchos obispos.

     Por otra parte, ¿A qué será debido la huida de la Iglesia –como Tomás o los dos de Emaús- de tantas y tantas personas de la sociedad? ¿Por qué se han vaciado las Iglesias?

03.- JesuCristo confiere paz, alegría y aliento vital (Espíritu)

     Cuando Cristo está presente en una persona, en una comunidad, en una diócesis confiere: paz, alegría y ganas de vivir:paz a vosotros… se llenaron de alegría… Recibid espíritu santo.

    Una comunidad de Jesús se caracteriza por vivir en paz, alegría y Espíritu. Si no hay paz, alegría, aliento vital, puede que sea una buena organización religiosa con magnífica estructura y doctrina, con leyes perfectas y disciplina, pero seguramente que no es una comunidad de Jesús.

      El evangelista Juan recoge las palabras del Génesis. Dios infunde aliento vital al barro humano. Ahora Jesús, exhaló su aliento sobre la comunidad naciente y recobran las ganas de vivir, coraje, la ilusión.

    En los momentos de crisis personales, de sufrimientos eclesiásticos que afectan a la vida eclesial, habremos de abrir puertas, ventanas y, sobre todo, nuestro espíritu a Cristo resucitado para que ventile nuestras vidas y oxigene la vida eclesial.

   Evoco lo que decía el papa Juan XXIII del concilio Vaticano II: abramos las ventanas para que salga el aire viciado y entre aire puro.

    Si en nuestra Iglesia no hay paz, serenidad, alegría y aliento vital, es que Cristo no está presente.

04.- Tomás no estaba en el grupo.

    Tomás se había marchado ya del grupo. Tomás es la versión de los dos de Emaús de Lucas. Es la versión lucana de la decepción. El asunto “Jesús” no valía la pena. Ha sido un fracaso total. Por eso se marchan del grupo. Nosotros esperábamos, pero todo ha sido un “sueño de verano”…

    Por esta razón, Tomás no estaba en el grupo. Vivir a descampado es muy difícil.

    ¿Y si la iglesia fuese un remanso de paz, de sosiego, de convivencia, de contento, de vida o un hospital donde se curan heridas (Francisco)? ¿Quién no quiere vivir en paz y alegría?

05.- Se intuye en la Iglesia una vuelta al origen en las intuiciones de Francisco

    Gracias a Dios que el estilo y tono cristiano y eclesial de Francisco es más evangélico del que pulula en algunas diócesis y obispos.

El paradigma ha cambiado con Francisco.

    Aunque el papa Francisco no logre muchas cosas y cambios que quisiera y son necesarios, al menos el paradigma ha cambiado. Quedémonos con el espíritu de Francisco, el espíritu que Jesús infundió en la comunidad naciente. Lo principal en la Iglesia ya no es el miedo y la represión, la condenación y el infierno, la doctrina a ultranza y contra quien sea. Francisco no carga machacona y agresivamente contra el pueblo el laicismo, el secularismo, contra el ateísmo, contra los homosexuales, los divorciados, etc.

    Si el poder eclesiástico y religioso te hace daño, si una moral legalista te ha hecho daño: el Señor te alivia, te confiere paz, alegría. El ¡Señor mío y Dios mío! Es JesuCristo y nadie más ni en el ámbito social-político, ni ninguna jerarquía eclesiástica sustituye a JesuCristo.

    El grupo, la familia, el pueblo, la iglesia nos arropa, nos protege. En el fondo la complejidad de todo el entramado cultural es un “techo” que nos resguarda.

32F7075D-E9B3-4312-86D2-9AADFB4E7B03

06.- ¡Señor mío y Dios mío! Cristo centro de nuestra vida personal y eclesial.

    Lo primero lo decisivo es la presencia y cercanía de Cristo. Hemos de volver a Cristo: como Tomás, como los dos de Emaús, como todo hijo pródigo. Necesitamos una eclesiología, una Iglesia cuya piedra angular sea Cristo, no el funcionariado.

     Tomás se encuentra con Cristo en la fe: ¡Señor mío y Dios mío! Los dos de Emaús dicen: ¿No ardía nuestro corazón?, ¡lo hemos reconocido al partir el pan! La salvación no está en un obispo, sino en Cristo.

    Es Cristo, la memoria eclesial de Cristo quien nos hace guardar la serenidad, la paz, la ilusión, la alegría, la esperanza y la misericordia.

    Solamente a Cristo le decimos:

Señor mío y Dios mío

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

“ Celebremos la Pascua en femenino”, por Consuelo Vélez.

sábado, 23 de abril de 2022
Comentarios desactivados en “ Celebremos la Pascua en femenino”, por Consuelo Vélez.

0564D532-1E72-4463-82D2-7C8CD7E2656FDe su blog Fe y Vida:

Los estudios sobre los orígenes cristianos y la presencia de las mujeres en ellos, nos están permitiendo descubrir otra manera de leer lo femenino y de remarcar el protagonismo que ellas tuvieron

Hasta ahora es que se hace el esfuerzo de visibilizar a las mujeres en estas celebraciones, no desde el papel asignado a ellas en la sociedad patriarcal sino desde lo que en realidad significaron en esos momentos cruciales de la vida de Jesús

Lo que sucede en el triduo pascual es bastante conocido para los que celebramos la fe. Entre la historia sagrada que nos contaron de niños/as, las muchas películas que relatan los acontecimientos de estos días y la liturgia anual con la que conmemoramos el triduo pascual, logramos conocer los personajes y los hechos acontecidos. Sin embargo, hasta ahora es que se hace el esfuerzo de visibilizar a las mujeres en estas celebraciones, no desde el papel asignado a ellas en la sociedad patriarcal sino desde lo que en realidad significaron en esos momentos cruciales de la vida de Jesús.

En el imaginario patriarcal es normal que las mujeres estén presentes en los acontecimientos, pero que no cuenten demasiado. Por ejemplo (aunque este texto no se refiere al misterio pascual, pero es muy conocido), en la multiplicación de los panes, el escritor sagrado dice que hubo comida para casi 5000 hombres sin contar mujeres y niños (Mt 14, 13-21). Ellas forman esa multitud que ronda la vida, pero no hace falta identificarlas con detenimiento; en ese caso sirven para mostrar que la multitud era inmensa y esto es suficiente. Es Jesús quien multiplica los panes y los discípulos los que los reparten.

En los momentos dolorosos, con más razón están presentes las mujeres porque el sufrimiento forma parte del papel que han de cumplir en la vida y que la sociedad patriarcal, refuerza. Las mujeres no le huyen al dolor, están ahí, de pie, más, si son sus seres queridos los que están sufriendo. Por eso no extraña que María, la madre de Jesús este allí, porque así son las madres, siempre acompañando a sus hijos en todas las situaciones. Y las otras mujeres, también aparecen solidarias y entre todas forman aquellos cuadros que las películas nos muestran de gritos, dolor, desgarro, haciendo muy trágicos y dolorosos esos relatos. No estoy diciendo que no hubo demasiado dolor en un hecho como la crucifixión, lo que quiero expresar es que las mujeres son las que lo encarnan ya que los discípulos, según el relato, habían huido muy asustados y preferían negar su pertenencia a ese grupo para no correr la misma suerte del maestro (curiosamente, aunque negaron a Jesús, parece que a los varones se les perdonan las cosas más fácilmente porque luego no se les recrimina demasiado…)

Ahora bien, los estudios sobre los orígenes cristianos y la presencia de las mujeres en ellos, nos están permitiendo descubrir otra manera de leer lo femenino y de remarcar el protagonismo que ellas tuvieron. Al acudir a las fuentes bíblicas, con los medios que hoy tenemos para interpretarlas, se rescatan sus nombres, liberándolas de ese anonimato plural de “las mujeres” que casi siempre se les aplica. Al pie de la cruz, según el evangelio de Marcos (15, 40-41) estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén. Según los exégetas, para referirse a ellas se usan los dos verbos que tipifican el discipulado: “le seguían y le servían”. Es decir, estas mujeres son verdaderas discípulas y no solo ellas tres sino “otras muchas”, como dice el evangelista, quienes estaban con Jesús desde Galilea hasta Jerusalén. No es un grupo de mujeres que se conmueven ante el sufrimiento de Jesús y le acompañan por el sentimentalismo propio de las mujeres en la sociedad patriarcal, sino porque son discípulas y forman parte del movimiento de Jesús.

El evangelista Mateo (27, 55-56) nombra a María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. Como podemos ver, a diferencia de Marcos que nombra a Salomé, Mateo nombra a la madre de los hijos de Zebedeo. Mateo dice que le servían. Esto podría identificarse con el servicio propio de las mujeres, con lo cual se quita fuerza al discipulado, pero convendría recordar que si algo caracteriza a los discípulos es el servicio. Según Lucas, Jesús les dice que “El está en medio de ellos como el que sirve” (22,27). Si esto es así, ¿por qué cuando relacionamos esa palabra con las mujeres se refiere al servicio ordinario y cuando es a los varones al servicio propio del discipulado? Necesitamos cambiar la mentalidad para asociar las palabras a las mujeres y recuperar todo el protagonismo que tuvieron.

Lucas no nombra a las mujeres que están al pie de la cruz porque este evangelista tiende a invisibilizarlas. Se refiere al genérico las mujeres que le habían seguido desde Galilea y que estaban lejos mirando estas cosas (Lc 23, 49). Pero al inicio del evangelio si había dado nombres concretos (8, 1-3): Algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían con sus bienes. Por supuesto esta expresión de servirle con sus bienes, las vuelve a colocar en el papel que la sociedad patriarcal les asigna de ayudar de muchas maneras. Pero lo que interesa es el conjunto de los evangelios que testimonian esa presencia discipular de las mujeres en el movimiento de Jesús.

El evangelista Juan (19, 25) es quien nos presenta a María la madre de Jesús, a la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y a María Magdalena. Pero aquí no podemos olvidar que Juan presentó a María como discípula en las bodas de Caná, cuando ella dice: “hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5). Por tanto, María no es solamente la madre que acompaña a su hijo hasta el final de sus días, es ante todo la primera discípula que estará en el acontecimiento de pentecostés, testimoniando que esta comunidad es, en verdad, un grupo de varones y mujeres que excede el clericalismo que hoy se sigue esgrimiendo como círculo dominante en la Iglesia y que nuestras liturgias siguen reforzando con la presencia de tanto clérigo en los altares.

María Magdalena llevará el día de la resurrección un protagonismo único: Jesús se le aparece y la envía a anunciar la buena noticia a los hermanos (Jn 20, 17-18; Mt 28, 8-10; Mc 16, 9-11). De ahí que hoy se le reconozca como primera testiga de la resurrección y apóstola entre los apóstoles.

Por lo tanto, recuperar los nombres de estas mujeres de los orígenes nos ayuda a pensar la pascua en femenino y esto no por una moda actual sino por justicia con el proyecto de reino, proyecto por el que Jesús entregó su vida y que consiste en esta familia de hermanas y hermanos, donde todos están llamados a ejercer los distintos ministerios para el bien de la comunidad. Dejar a las mujeres en el anonimato sigue sumergiendo a la Iglesia en esa institución anacrónica para este presente porque las mujeres ya no admiten más un segundo lugar, así, las autoridades eclesiásticas se empeñen en justificarlo como voluntad divina.

(Foto tomada de: https://salamancartvaldia.es/noticia/2015-03-18-las-mujeres-junto-a-la-cruz-salome-228294)

Biblia, Espiritualidad , , ,

Resurrección: El amor es más fuerte que la muerte

viernes, 22 de abril de 2022
Comentarios desactivados en Resurrección: El amor es más fuerte que la muerte

resucitado-damos-testimonio_2328677139_15456643_660x371Del blog de Jesús Espeja La Iglesia se hace diálogo:

«Si la vivimos de verdad podemos ser signos de esperanza también para los que ya no esperan»

«El amor brota en nosotros sin saber cómo, gratuita y espontáneamente. Y en su entraña puja un reclamo de eternidad. El que ama de verdad está diciendo a la persona amada: quiero que vivas siempre, que nunca mueras»

«En los sentimientos y acciones de personas compasivas. En los empeños por lograr una mejora de vida para todos. En los que siguen mirando confiadamente al porvenir cuando aparentemente no hay razones para esperar»

Hay en el interior del ser humano cierto desajuste: su anhelo de vida sin sombras no cede mientras sufre que sus días se acaban. Ya en el atardecer de la existencia humana, el desajuste se hace más palpable y fácilmente entra en crisis la esperanza: ¿nuestro destino último será la muerte? No hay argumentos racionales apodícticos para decir lo contrario.

Nos cuesta resignarnos a la muerte y quizás esta inconformidad sea un indicio de que no todo acaba en el sepulcro. Tal ver por eso antiguas religiones iraníes prometían la supervivencia o continuidad en la existencia después de la muerte. Ya en el pensamiento griego se propuso la inmortalidad del alma: prisionera y limitada en el cuerpo, la muerte supone  quedar libre de su prisión.

Gracias a la ciencia y a los cuidados estamos viendo la posibilidad de alargar el tiempo de nuestra existencia. Pero hay formas de vida que ya no merecen la pena y una pervivencia o continuidad después de la muerte sin cambio cualitativo, tampoco satisface nuestro anhelo insaciable de felicidad. Por otro lado, la teoría platónica sobre la inmortalidad del alma es totalmente gratuita y tampoco saciaría dicho anhelo.

El amor brota en nosotros sin saber cómo, gratuita y espontáneamente. Y en su entraña puja un reclamo de eternidad. El que ama de verdad está diciendo a la persona amada: quiero que vivas siempre, que nunca mueras. Es posible concluir  que el verdadero amor al otro es participación de esa Presencia inagotable de amor que llamamos Dios. En esa Presencia se fundamenta mi confianza en la victoria sobre la muerte. Si nos ha sostenido y animado a lo largo de nuestra vida ¿cómo nos abandonará en ese trance?

Esta confianza no es imaginación más o menos calenturienta. Se apoya en el encuentro con Jesucristo a quien experimentamos vencedor de la muerte mientras pasó por este mundo siendo totalmente para los demás. Cuando entregó finalmente por amor su propia vida en la muerte injusta, tuvo lugar esa victoria definitiva que llamamos resurrección. No es pervivencia o continuidad en el tiempo. Tampoco inmortalidad del alma. Es la humanidad que ha madurado desde el amor; a este Jesús que pasó por el mundo haciendo el bien y curando heridas, Dios, Presencia de amor, no me podía abandonarlo en el sepulcro.  La victoria de Jesús sobre la muerte es una puerta abierta que nunca se cerrará. Una luz que inspira confianza y nos libera del miedo a no ser.

Nada tiene que ver esta fe o experiencia cristiana con la minusvaloración o menosprecio de este mundo que pasa. El crecimiento en humanidad, la resurrección o victoria sobre la muerte tiene lugar a lo largo de la existencia siempre que amamos de verdad saliendo de nuestro egocentrismo. El que se verdad cree en Jesús, trata de re-crear su conducta en la propia historia: dar vida donde hay muerte. Por eso el que de verdad cree y práctica el evangelio del amor, aunque muera y cuando muera, entra en la plenitud de vida. Queda sumergido en esa Presencia de amor donde habitó mientras estuvo en el tiempo. Si de verdad caminamos en la vida sostenidos e impulsados por esa Presencia, no quedaremos aniquilados en la muerte.

Esta visión cristiana permite atisbar esta victoria sobre la muerte en muchos brotes de trascendencia que pujan en nuestro tiempo. En los sentimientos y acciones de personas compasivas. En los empeños por lograr una mejora de vida para todos. En los que siguen mirando confiadamente al porvenir cuando aparentemente no hay razones para esperar. En quienes siguen trabajando por la fraternidad entre todos y gastan su tiempo apasionados por esa causa. Es la experiencia que los cristianos celebramos en la resurrección de Jesús. Si la vivimos de verdad podemos ser signos de esperanza también para los que ya no esperan.

Fuente Religión Digital

Biblia, Espiritualidad , , ,

Encuentro de las mujeres compasivas con el Resucitado: María Magdalena, primera testigo.

jueves, 21 de abril de 2022
Comentarios desactivados en Encuentro de las mujeres compasivas con el Resucitado: María Magdalena, primera testigo.

marc2002-f11cDel blog de Juan José Tamayo:

«Esperanza en la capacidad de hacer menos inhóspita la realidad»

En una hermenéutica feminista actualizada, Francisco hace tres afirmaciones sobre la actitud de las mujeres en el encuentro con el Resucitado, antes Crucificado: “ven, escuchar, anuncian”

Tradiciones divergentes coinciden en presentar a María Magdalena como la primera testigo del Resucitado. Parece tratarse de una tradición muy antigua

«Es a las mujeres a quienes hay que reconocer autoridad, la de las víctimas. Una autoridad que emana de sus sufrimientos y de la resistencia que ofrecen a los victimarios»

«La principal discípula y seguidora de Jesús se convierte en la persona que se encuentra con el Resucitado antes que los propios discípulos varones»

Feliz Pascua de Resurrección. Hoy quiero compartir esta reflexión sobre el Encuentro con el Resucitado de las Mujeres que acompañaron a Jesús el Nazareno practicando la com-pasión y la ética del cuidado desde el comienzo en Galilea hasta su trágico final. Dicho Encuentro me ha ayudado a mantener viva la esperanza y la creatividad, al menos mental, en esta larga noche de la pandemia, y mirar al futuro desde la luminosidad que irradia el Resucitado, sabiendo que la resurrección dará sus frutos en otro estilo de vida más fraterno-sororal y volverá a florecer la esperanza de Otro Mundo Posible.

Coincido con el filósofo grecofrancés heterodoxo Cornelius Castoriadis, creador del colectivo “Socialismo o Barbarie” junto con Edgard Morin, en que “más allá de la propaganda contra la esperanza, en nosotros pervive la capacidad de moldear la realidad y hacerla menos inhóspita”, Refiriéndose a la afirmación de Tucídides: “hay que elegir: ser libres o descansar”, él optó por ser libre. Comparto la misma opción (Mar Padilla, El filósofo que prefirió ser libre a descansar “: IDEAS-EL PAÍS, 17 de abril de 2022, p. 9).

El confinamiento debe traer cambios importantes y necesarios en nuestra vida personal, entre ellos: el cambio de actitud ante la naturaleza (cuidado) y ante nuestras hermanas y hermanos más vulnerabizados (com-pasión), la transformación de las estructuras injustas, el compromiso por la paz, la lucha por la justicia, la práctica de la solidaridad, la experiencia del compartir y la convivencia eco-humana. Son lecciones que esta vez sí tenemos que aprender y practicar.

Las mujeres ven, escuchan, anuncian

En esa dirección van las reflexiones que siguen a continuación. Con ellas  pretendo subrayar el protagonismo de las mujeres seguidoras de Jesús en la experiencia de la Resurrección, que el Papa Francisco ha sabido captar de manera admirable en la homilía de la Vigilia Pascual del Sábado Santo de este año, empezando por la utilización de un lenguaje inclusivo: “En esta noche, hermanas y hermanos, dejémonos tomar de la mano por las mujeres del Evangelio para descubrir con ellas la manifestación de la luz de Dios que brilla en las tinieblas del mundo”, en clara referencia a la guerra contra Ucrania, pero también a los otros conflictos que hay en el mundo.

En una hermenéutica feminista actualizada, Francisco hace tres afirmaciones sobre la actitud de las mujeres en el encuentro con el Resucitado, antes Crucificado: “ven, escuchar, anuncian”. “Las mujeres ven. El primer anuncio de la Resurrección no se presenta como una fórmula que hay que comprender, sino como un signo que hay que contemplar”.

“Las mujeres -continúa el Papa- escuchan. Cada vez que creemos saber todo sobre Dios, que lo podemos encasillar en nuestros esquemas, repitámonos a nosotros mismos: ¡no está aquí! Cuando lo buscamos solo en la emoción pasajera o en el momento de la necesidad, para después hacerlo a un lado y olvidarnos de Él en las situaciones y en las decisiones concretas de cada día, repitámonos: ¡no está aquí! Y cuando pensamos que lo hemos aprisionado en nuestras palabras, fórmulas y costumbres, pero nos olvidamos de buscarlo en los rincones más oscuros de la vida, donde hay alguien que llora, lucha, sufre y espera, repitámonos: ¡no está aquí! No tengamos miedo de buscarlo también en el rostro de los hermanos, en la historia del que espera y del que sueña, en el dolor del que llora y sufre: ¡Dios está allí!”.

En tercer lugar, “las mujeres anuncian. La luz de la Resurrección no quiere retener a las mujeres en el éxtasis de un gozo personal, no tolera actitudes sedentarias, sino que genera discípulos misioneros [y discípulas misioneras] que regresa del sepulcro y llevan a todos el Evangelio del Resucitado”. 

María Magdalena, primera testigo del Resucitado

Las distintas tradiciones evangélicas coinciden en presentar a las mujeres como las primeras personas que se encontraron con el Resucitado. Los sinópticos narran esta experiencia con distintos matices a cuál más ricos. Según Mateo, cuando las mujeres visitan el sepulcro el primer día de la semana, un ángel les comunica que el Crucificado ha resucitado y les pide que vayan a anunciar la noticia a los discípulos (Mt 28,2-8). Inmediatamente después es Jesús Resucitado quien les sale al encuentro y les hace la misma petición: «No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán» (Mt 28, 9-10). El miedo es lo primero que hay que vencer cuando se trata de anunciar una noticia que trastoca y subvierte el orden establecido- El matiz de Marcos es que el ángel manda a las mujeres que lo comuniquen «a sus discípulos y a Pedro» (Mc 16,7).

Tradiciones divergentes coinciden en presentar a María Magdalena como la primera testigo del Resucitado. Parece tratarse de una tradición muy antigua. El «final de Marcos» (Mc 16, 9-20) -añadido tardío al evangelio- afirma que Jesús «se apareció primero a María Magdalena, de quien había echado siete demonios» (Mc 16,9). Es ella la que transmite la noticia a los discípulos que habían compartido su vida con él (Mc 16,10). La reacción de estos ante el anuncio de María Magdalena es de incredulidad.

El testimonio de las mujeres carecía de valor entonces. ¡Cuánto más en un asunto de tanta trascendencia! Hoy tristemente siguen careciendo de credibilidad, sobre todo cuando relatan sus testimonios de violencia de género. Pero, en vano. Es a ellas a quienes hay que reconocer autoridad, la de las víctimas. Una autoridad que emana de sus sufrimientos y de la resistencia que ofrecen a los victimarios.

    El Evangelio de Juan también presenta la aparición de Jesús a María Magdalena como la primera. La principal discípula y seguidora de Jesús se convierte en la persona que se encuentra con el Resucitado antes que los propios discípulos varones. El primer dato a tener en cuenta en este relato es que, al hallar el sepulcro vacío, Pedro y Juan se retiran, mientras que María Magdalena, según un sermón francés del siglo XVIII descubierto por el poeta Rainer María Rilke en 1911, «busca por doquier a su único, al único objeto de su amor, al único e inalterable apoyo de su corazón exánime».

En ese encuentro hay una tonalidad íntima que no aparece en el evangelio de Marcos. Jesús llama a María por su nombre. Ella lo reconoce al instante y le llama «Rabbonní», que es la forma de dirigirse los discípulos más cercanos al maestro (Jn 20,16-17). El breve diálogo que se entabla entre ambos brota de la confianza que había caracterizado sus relaciones anteriores. Como observa Schillebeeckx, entre María y Jesús sigue dándose la misma «comunicación vital» que mantuvieran en vida. Más aún: María experimenta a Jesús como Viviente, afirma.

    Pero ahí no termina todo. Por indicación de Jesús, María comunica a los discípulos su experiencia del Resucitado: «He visto a Jesús» (Jn 20,18). Ella cumplió las tres condiciones para ser admitida en el grupo apostólico: haber seguido a Jesús desde Galilea (Lc 8, 2-3); haber visto a Jesús resucitado (Jn 20,18); haber sido enviada por él a anunciar la resurrección a sus hermanos (Jn 20,17).

    El evangelio de Lucas es especialmente significativo a este respecto, ya que mantiene una línea de continuidad en lo que se refiere a la actitud de las mujeres en tres momentos fundamentales y fundantes del movimiento de Jesús: durante la vida pública de Jesús, ante la cruz y en la resurrección. En relación a la presencia y participación de las mujeres en el movimiento de Jesús, leemos en Lucas: «Le acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras que le servían con sus bienes» (Lc 8,3).

Las mujeres siguen a Jesús también camino del Gólgota: «Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y lamentaban por él» (Lc 23,27). Las mismas mujeres que le habían acompañado desde Galilea asisten con José de Arimatea al entierro (Lc 23,55). El primer día de la semana, cuando van al sepulcro con aromas, reciben la noticia del ángel de que Jesús ha resucitado.

En la explicación de la noticia, el ángel les comunica la relación entre la cruz y la resurrección, apelando al propio testimonio de Jesús de Nazaret: «Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado, pero al tercer día resucitará» (Lc 24,7). Como sucede en el «final de Marcos», cuando las mujeres dan la noticia «a los Once y a todos los demás», estos consideran su testimonio como desatino (Lc 24,11).

Según Schillebeeckx, «parece que las experiencias de estas mujeres contribuyeron a que la causa de Jesús se pusiera en movimiento». Opinión compartida y sólidamente fundamentada por la hermenéutica bíblica feminista. En concreto, el reconocimiento de María Magdalena como primera testigo del Resucitado explica su protagonismo en el cristianismo primitivo. Hipólito de Roma le reconoce la condición de apostola apostolorum. Gregorio Magno la llama «nueva Eva» en cuanto anuncia la vida. León Magno la califica de persona Ecclesiae gerens.

Sin embargo, en las cartas paulinas y otros escritos del Nuevo Testamento el testimonio de las mujeres sobre Jesús resucitado no aparece y María Magdalena es sustituida por Pedro. Ello se debe, cree Lorenzen, «a la situación jurídica, unida a una Iglesia bajo el dominio masculino que muy pronto comenzó a suprimir el importante puesto que Jesús dio a las mujeres».

A pesar del silencio de Pablo y de otros escritos neotestamentarios, comenta con razón Suzanne Tunc, las mujeres constituyen el eslabón indispensable de la transmisión del mensaje evangélico, más aún, el eslabón esencial para la fe en Cristo resucitado y el nacimiento de la comunidad cristiana. Sin el testimonio de las mujeres quizá hoy no habría Iglesia cristiana. ¿Quién podría narrar en las primeras asambleas eucarísticas las experiencias de la muerte y de la resurrección de Jesús, sino las mujeres, sus principales testigos? Ellas fueron testigos de cómo una víctima era rehabilitada y el Crucificado vence a la muerte por la fuerza del Dios de la vida.

¿Legitimación de la autoridad de los Doce?

¿Constituyen las apariciones una legitimación de la autoridad de aquellas personas a quienes se cita expresamente en los relatos y fórmulas de fe sobre la resurrección de Jesús?

    Varias y divergentes son las opiniones de los especialistas al respecto. A favor de considerar el encuentro con el Resucitado como reconocimiento de la autoridad de los responsables del movimiento de Jesús se definen autores como U. Wilckens, W. Marxsen y Th. Lorenzen. U. Wilckens cree que se trata de «fórmulas de legitimación» cuyo objetivo es mostrar que a través de las apariciones los dirigentes de la comunidad se sentirían legitimados desde el cielo. Interpreta el anuncio de una aparición de Jesús «a sus discípulos y a Pedro», que hace el ángel sentado sobre la tumba vacía (Mc 16, 7), como una llamada a predicar la Buena Noticia de la salvación. La misma intención descubre en el relato tardío de Jn 21, que narra la aparición en Galilea y el encargo a Pedro de apacentar «mis ovejas» (Jn 21,16-17).

El mismo Pablo confirma este planteamiento cuando reivindica su condición de apóstol en función de la visión de Jesús resucitado: «¿No soy yo apóstol? ¿Acaso no he visto yo a Jesús, Señor nuestro?» (1Cor 9,1). La dificultad surge a la hora de explicar la aparición a «más de 500 hermanos» (1Cor 15, 6). Pero Wilckens despeja la duda diciendo que parece tratarse de una noticia ofrecida de manera más libre y no de una fórmula acuñada definitivamente.

Marxsen cree que la insistencia en presentar a Pedro como la primera persona a quien se le aparece Jesús resucitado (1Cor 15,5; Lc 24,34) pudo tener como objetivo el fundamentar su función directiva en la comunidad cristiana primitiva. Lo mismo puede decirse de la referencia explícita a la aparición a Santiago (1Cor 15,7).

Th. Lorenzen considera que algunas de las personas que vivieron la experiencia pascual adquirieron una categoría especial. Éste fue el caso de Pedro, Santiago, Pablo y los Doce, que vieron legitimadas así sus funciones de liderazgo y autoridad espiritual en la comunidad. En consecuencia, el silenciamiento, por parte de Pablo y de otras tradiciones neotestamentarias, de la aparición de Jesús a María Magdalena y a otras mujeres supuso la exclusión de estas de los ámbitos de responsabilidad comunitaria.

Con la pronta instauración de estructuras patriarcales y de la teología androcéntrica en la vida y organización de la comunidad cristiana se interrumpieron las posibilidades y expectativas que se abrían con el reconocimiento de las mujeres como primeras testigos del Resucitado.

Schillebeeckx indica a este respecto que los relatos evangélicos de las apariciones presuponen «una Iglesia ya jerárquica». Sólo los Doce, los jefes de las primeras comunidades cristianas son favorecidos con apariciones «oficiales». Al testimonio de las mujeres no se les da crédito hasta contar con el reconocimiento apostólico oficial.

     Otro es el parecer de H. Kessler, para quien las afirmaciones sobre las apariciones no pueden reducirse a meras «fórmulas de legitimación» literaria de quienes ejercían el poder en el cristianismo primitivo. Prueba de ello es que Pablo refiere la aparición a más de 500 hermanos (1Cor 15,6), que no parece ejercieran funciones directivas en la comunidad.

Moltmann introduce un matiz que me parece importante en la discusión: la expresión ‘Pedro y los Doce’ utilizada en los relatos de las apariciones, «posee una significación meramente simbólica», pues no parece que Pedro ejerciera una función rectora en la comunidad, y si la ejerció, quizá no fuera de forma duradera.

Biblia, Espiritualidad

“ Que nuestras obras muestren que creemos en la resurrección”, por Consuelo Vélez

martes, 19 de abril de 2022
Comentarios desactivados en “ Que nuestras obras muestren que creemos en la resurrección”, por Consuelo Vélez

B24C242A-2FC6-4403-A037-A1CB72E9ABBBDe su blog Fe y Vida:

La vida cristiana gira en torno al misterio pascual

«‘Si Cristo no resucitó vana es nuestra fe’ (1 Cor 15,14). La resurrección de Jesús fue la superación de su muerte con el ‘sí’ de Dios a toda su vida»

«Estamos cercanos a celebrar nuevamente el misterio pascual y podríamos preguntarnos qué gestos, qué signos, qué señales harían creíble para nuestros contemporáneos nuestra fe en la resurrección del Señor»

«Creemos en la resurrección y la testimoniamos cuando defendemos la vida, toda vida. Haría falta que nuestra voz se levante más claramente en todas las circunstancias donde la vida está en peligro»

«Creemos en la resurrección cuando nos ponemos del lado de las víctimas. Creemos en la resurrección cuando cuidamos la creación. Creemos en la resurrección cuando apostamos por una iglesia sinodal»

«La forma cómo la iglesia hoy está organizada, no está siendo un testimonio creíble para muchos. No podrá ser la iglesia en la que se palpe que la resurrección de Jesús nos convoca y nos anima en todo nuestro compromiso»

«Que la Semana Santa que celebraremos esta próxima semana, nos comprometa a dar un testimonio de la resurrección de Jesús a través de todas nuestras obras»

La vida cristiana gira en torno al misterio pascual. “Si Cristo no resucitó vana es nuestra fe (1 Cor 15,14), resurrección que no solo es un recuerdo del pasado, sino que se sigue viviendo cada vez que se pasa “de la muerte a la vida” en nuestra historia actual.

La resurrección de Jesús fue la superación de su muerte con el “” de Dios a toda su vida. Ante el aparente triunfó de aquellos que gestaron su asesinato, se fue generando un movimiento de seguidores que afirmaban que Jesús había resucitado y seguía vivo entre ellos. Y no se quedaban en repetir las frases sino en mostrar con su vida que eso era así. Se notaba por las obras y prodigios que realizaban en el pueblo (Hc 5, 12) y sobre todo por el amor que vivían entre ellos: “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos” (Hc 4, 32).

Estamos cercanos a celebrar nuevamente el misterio pascual y podríamos preguntarnos qué gestos, qué signos, qué señales harían creíble para nuestros contemporáneos nuestra fe en la resurrección del Señor. Cómo decirles no solo con palabras, sino sobre todo con hechos, que la vida del Resucitado nos sigue impulsando hoy a comprometernos para transformar las realidades de muerte en realidades de vida. Intentemos proponer algunas actitudes pero que cada cual señale las que cree son más necesarias.

Creemos en la resurrección y la testimoniamos cuando defendemos la vida, toda vida y en todas las circunstancias. A veces los cristianos somos muy dados a levantar la voz cuando se habla del inicio de la vida o del final de la misma, pero olvidamos la vida de los niños, de los jóvenes, de los adultos y, sobre todo, la vida de los más empobrecidos, excluidos, marginados. Haría falta que nuestra voz se levante más claramente en todas las circunstancias donde la vida está en peligro. Ha sido muy valiosa la voz de los obispos del pacífico colombiano que han hablado claro y de manera contundente defendiendo la vida de sus comunidades de la convivencia de los alzados en armas con las fuerzas estatales. Verdaderamente han levantado su voz y corren peligro, pero si no hacen, desdicen del evangelio que predican.

C416E79D-5264-4ED3-B944-83CAF75710F7Creemos en la resurrección cuando nos ponemos del lado de las víctimas, de los que exigen sus derechos, de los que trabajan por hacer de este mundo, un lugar posible para todos y todas. Aquí muchos rostros encarnan esas realidades: las mujeres, los indígenas, los negros, los jóvenes, la población de diversidad sexual, los migrantes, y podríamos nombrar a otros colectivos que realmente son excluidos y marginados, que no gozan de los derechos que por ser personas les pertenecen.

Creemos en la resurrección cuando cuidamos la creación, casa común para el bien de toda la humanidad. Está siendo muy difícil que los gobiernos tomen las medidas necesarias para detener la devastación ambiental. Además, los poderosos nos convencen de que es necesario generar ingresos y por eso no se pueden tomar otras alternativas. Y entonces ¿cuándo empezaremos a cuidar la creación? Recordemos que la resurrección no es solo de las personas sino de toda la creación, como lo dice Pablo en la primera carta a los Corintios: “Cuando hayan sido sometidas a él todas las cosas, entonces también el Hijo se someterá a Aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (15, 28). La “nueva creación” como se suele llamar en los estudios de escatología no será algo nuevo que baje del cielo, sino este mismo mundo cuidado por quienes lo habitamos.

Creemos en la resurrección cuando apostamos por una iglesia sinodal, es decir, por una iglesia comunión, una iglesia donde todos y todas puedan sentirse en igualdad de condiciones, con los mismos derechos y deberes. La Iglesia es sacramento de Cristo Resucitado, por lo tanto, si no se esfuerza por mostrar los valores del reino, no puede hacer presente al Señor en medio de su pueblo. Y el papa Francisco ha propuesto el sínodo sobre la sinodalidad porque es consciente de que la forma cómo la iglesia hoy está organizada, no está siendo un testimonio creíble para muchos.

EB1B57A5-9159-49B7-8173-823D836E99A9Mientras no haya más espacios de participación para el laicado -mujeres y varones-, no se acabe el clericalismo -no sólo de los mismos clérigos sino de tanto laicado que lo fomenta- y mientras no sea una iglesia en salida, es decir, una Iglesia con las puertas abiertas que salga hacia las periferias humanas (…) que no tema herirse o accidentarse por salir a la calle en lugar de quedarse como una iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades (…) Una iglesia con menos miedo a equivocarse y más a quedarse encerrada en sus estructuras, en las normas que la vuelven implacable, en las costumbres donde se siente tranquila mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: ‘dadles de comer’ (Mc 6, 37) (Evangelii Gaudium nn. 46.49), no podrá ser la iglesia en la que se palpe que la resurrección de Jesús nos convoca y nos anima en todo nuestro compromiso.

Que la Semana Santa que celebraremos esta próxima semana, nos comprometa a dar un testimonio de la resurrección de Jesús a través de todas nuestras obras. Los discípulos afirmaban: “Dios lo resucitó de entre los muertos y nosotros somos testigos de ello” (Hc 3, 15) y hoy somos nosotros los que hemos de seguir dando este testimonio. El Señor nos lo confía, esperemos no defraudarlo.

(Foto tomada de https://www.dialhope.org/en-verdad-ha-resucitado/)

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“El nuevo rostro de Dios”. Domingo de Resurrección – C (Juan 20,1-9)

domingo, 17 de abril de 2022
Comentarios desactivados en “El nuevo rostro de Dios”. Domingo de Resurrección – C (Juan 20,1-9)

24_D-PASCUA_C_1507191

Ya no volvieron a ser los mismos. El encuentro con Jesús, lleno de vida después de su ejecución, transformó totalmente a sus discípulos. Lo empezaron a ver todo de manera nueva. Dios era el resucitador de Jesús. Pronto sacaron las consecuencias.

Dios es amigo de la vida. No había ahora ninguna duda. Lo que había dicho Jesús era verdad: «Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos». Los hombres podrán destruir la vida de mil maneras, pero, si Dios ha resucitado a Jesús, esto significa que solo quiere la vida para sus hijos. No estamos solos ni perdidos ante la muerte. Podemos contar con un Padre que, por encima de todo, incluso por encima de la muerte, nos quiere ver llenos de vida. En adelante solo hay una manera cristiana de vivir. Se resume así: poner vida donde otros ponen muerte.

Dios es de los pobres. Lo había dicho Jesús de muchas maneras, pero no era fácil creerle. Ahora es distinto. Si Dios ha resucitado a Jesús, quiere decir que es verdad: «Felices los pobres, porque tienen a Dios». La última palabra no la tiene Tiberio ni Pilato, la última decisión no es de Caifás ni de Anás. Dios es el último defensor de los que no interesan a nadie. Solo hay una manera de parecerse a él: defender a los pequeños e indefensos.

Dios resucita a los crucificados. Dios ha reaccionado frente a la injusticia criminal de quienes han crucificado a Jesús. Si lo ha resucitado es porque quiere introducir justicia por encima de tanto abuso y crueldad que se comete en el mundo. Dios no está del lado de los que crucifican, está con los crucificados. Solo hay una manera de imitarlo: estar siempre junto a los que sufren, luchar siempre contra los que hacen sufrir.

Dios secará nuestras lágrimas. Dios ha resucitado a Jesús. El rechazado por todos ha sido acogido por Dios. El despreciado ha sido glorificado. El muerto está más vivo que nunca. Ahora sabemos cómo es Dios. Un día él «enjugará todas nuestras lágrimas, y no habrá ya muerte, no habrá gritos ni fatigas. Todo eso habrá pasado».

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Resurrección, mutación divina de la vida humana

domingo, 17 de abril de 2022
Comentarios desactivados en Resurrección, mutación divina de la vida humana

37AE7122-5E80-42D4-B19E-D5D9DCB79AEDDel blog de Xabier Pikaza:

Todo tenía que haber terminado. Los hombres han matado a Jesús, mensajero de la vida de Dios, hombre de amor sobre la muerte.  Humanamente todo tenía que haber terminado, muertos todos, por no aceptar la vida de amor de Jesús. Pero el amor de Dios en Jesús ha triunfado de la muerto. Y así confesamos que ha resucitado y que nosotros resucitamos con él. 

Tras haber recorrido como vencedores triunfales la travesía constantiniana (con esquemas platónicos y sistemas imperiales y/o feudales), para ser fieles al evangelio y retomar el principio de Jesús, los cristianos deben volver a su tumba Jesús, subiendo como Ezequiel al Carro de Dios que les lleva al exilio (fuera de los campos de poder, al valle de los huesos muertos), para ser testigos del Dios de la gracia, presente en los pobres y exilados (cf. Mc 16, 1-8; Mt 28, 16-20).

Resulta conveniente (inevitable) que caiga o se abandone un templo de violencia sagrada (imposición legal), no para elevar en su lugar otro (que todo cambie para seguir siendo lo mismo), sino para transformar la vida, en comunicación transpersonal, humanidad resucitada. Las dificultades actuales no se solucionan con unos pequeños cambios de estructura, sino que los cristianos abandonar (transcender) la estructura sacral del templo, para descubrir a Dios como vida de su propia vida[1].

La historia antigua ha culminado en la muerte de Jesús, que sus discípulos han interpretado como “desbordamiento de vida”, conforme al Arquetipo que había comenzado a expresarse en el Antiguo Testamento y que culmina en el Nuevo, en forma de revelación de Dios, plenitud y sentido (pervivencia) de la vida humana, en comunicación personal, pues el mismo Jesús muerto vive en aquellos que le acogen. Ésta es la gran transmutación, que podría estar simbolizada con algunas variantes en un tipo de “alquimia” superior que no se realiza ya en metales, sino en el mismo movimiento de la vida humana (cf. Hch 15, 28), en línea de elevación, pues sólo aquello (aquel) que muere puede re‒vivir (ser en los otros), mientras que aquel que quiera cerrarse en sí mismo acabará perdiendo aquello que es y tiene, pues “quien quiera salvar su vida la perderá”; sólo quien la pierda por los otros la encontrará en ellos (cf. Mt 10, 39; 16, 25 par.). En esa línea, el Ser‒en‒Sí‒Mismo de Dios (su En Sof, según la cábala) se expresa como Ser‒dándose, esto es, muriendo, para que sean los otros[2].

La muerte de Jesús no fue un castigo (sacrificio) impuesto por Dios, sino el don o regalo más hondo de su vida, la expansión de su conciencia, que consiste en morir para vivir en plenitud (resucitar) en los demás, en nueva creación (mutación), esto es, en comunicación personal abierta al futuro de la plenitud de Dios que será todo en todos (1 Cor 15, 28). Así releyeron y recrearon los cristianos el AT desde la experiencia pascual de Jesús. No condenaron y rechazaron la Biblia de Israel por violenta y contraria al amor universal (como hicieron muchos gnósticos), sino que la entendieron en clave de resurrección. No buscaron la coherencia entre el AT y NT en detalles secundarios, no ocultaron la intensísima violencia de muchos pasajes del AT, pero descubrieron en la trama a veces sinuosa y quebrada del pueblo de Israel un camino que desemboca en la vida y don del Dios que entrega su vida por los hombres[3].

Los cristianos entendieron (descubrieron) esa muerte como “resurrección”, experiencia de vida trans‒personal, pero no en abstracto, ni como algo que viene después, tras la desaparición de su cadáver, sino en el mismo gesto de entrega total que es resurrección. Morir como Jesús es dar la vida, sin volverse atrás, como siembra del trigo de Dios (Jn 12, 20‒33), que fructifica en la experiencia pascual de los discípulos, cuando descubren que él (Jesús) vive en ellos, abriéndoles los ojos, de manera que puedan compartir y compartan en amor lo que son, regalándose la vida los unos a los otros. La historia de un hombre como Jesús no acaba en su tumba física, sino que se expresa de un modo radical tras/por ella, en su recuerdo, en su influjo y presencia en aquellos que le han conocido, y que siguen quizá recreando su figura y actualizando su obra. En ese sentido, la resurrección no es negación de la muerte, sino ratificación del sentido (semilla) de esa muerte, como dadora de vida[4].

“Apariciones”: Experiencias de presencia, comunicación comunión personal

Según el NT, el testimonio clave de la resurrección de Jesús han sido sus apariciones, como expresión de una forma intensa de presencia trans‒personal (en línea de transcendimiento y culminación, no de negación de la persona), en clave de fe (de acogida y comunicación creadora), no de imposición física. Jesús ha entregado su vida por los demás, y lo ha hecho de tal forma que ha podido mostrarse ante ellos (en ellos) vivo tras la muerte, como presencia y poder de vida, iniciando en (por) ellos un tipo más alto de existencia humana (es decir, una mutación mesiánica). Las apariciones son signos de presencia de Jesús resucitado, una experiencia nueva de vida, en línea de comunicación transpersonal.

Esas apariciones no son imaginaciones de algo que externamente no se ve, sino sentimiento y certeza radical de la presencia de aquel que ha vivido y muerto regalando su vida, como vida de Dios, como principio de renacimiento, un modo superior de entender (experimentar) el pasado y de comprometerse en el presente, desde el don de Dios en Jesús, en forma de mutación antropológica. Desde ese fondo pascual, la vida cristiana es una experiencia de renacimiento, la certeza vital de unos hombres y mujeres que se sienten/saben ya resucitados, tras haber pasado de la muerte a la vida, es decir, de una vida que es muerte (pues desemboca en ella) a la muerte que es vida en el Reino de Dios.

En un sentido, las apariciones, que Pablo ha recogido de forma oficial en 1 Cor 15, 3-7, podrían entenderse como simples visiones (manifestaciones) sobrenaturales de unos entes superiores, favorables o desfavorables (dioses, difuntos, demonios…), un tema que encontramos en muchas religiones. Pero, desde la perspectiva marcada por el Antiguo Testamento, esas apariciones han de entenderse como expresión de un modelo más alto de vida, en línea de mutación humana y comunicación transpersonal. No se trata de “ver” en forma milagrosa, sino de vivir de un modo nuevo (de renacer desde Cristo), superando/cumpliendo el arquetipo anterior, iniciando una forma superior de comunicación que comienza precisamente ahora, con la resurrección de Jesús[5].

‒ “Ver” a Jesús resucitado, descubrir su presencia. Sus seguidores saben y afirman que ellos mismos son él, es decir, que él vive en ellos y que ellos forman parte de su vida, pues son el mismo Jesús renacido, presente, mesiánico. En ese sentido, la visión‒presencia de alguien que han muerto tras haber dado la vida a (por) aquellos que les siguen forma el arquetipo o símbolo central de una humanidad, que nace y vive en (de) aquellos que mueren, en un mundo donde nada ni nadie acaba totalmente, sino que todo deja huella y sigue siendo (existiendo) al transformarse, no en línea de eterno retorno de lo que ya era (nada se crea, nada se destruye, sino que se transforma), sino de creación de lo que ha de ser. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Tres protagonistas inesperados. Domingo de Pascua de resurrección. Ciclo C.

domingo, 17 de abril de 2022
Comentarios desactivados en Tres protagonistas inesperados. Domingo de Pascua de resurrección. Ciclo C.

Juan-20-Resureccion-tumba-vacia-Maria-Magdalena-Pedro-JuanDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Una elección extraña

Las dos frases más repetidas por la iglesia en este domingo son: “Cristo ha resucitado” y “Dios ha resucitado a Jesús”. Resumen las afirmaciones más frecuentes del Nuevo Testamento sobre este tema.

Sin embargo, como evangelio para este domingo se ha elegido uno que no tiene como protagonistas ni a Dios, ni a Cristo, ni confiesa su resurrección. Los tres protagonistas que menciona son puramente humanos: María Magdalena, Simón Pedro y el discípulo amado. Ni siquiera hay un ángel. El relato del evangelio de Juan se centra en las reacciones de estos personajes, muy distintas.

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo:

Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

María reacciona de forma precipitada: le basta ver que han quitado la losa del sepulcro para concluir que alguien se ha llevado el cadáver; la resurrección ni siquiera se le pasa por la cabeza.

Simón Pedro actúa como un inspector de policía diligente: corre al sepulcro y no se limita, como María, a ver la losa corrida; entra, advierte que las vendas están en el suelo y que el sudario, en cambio, está enrollado en sitio aparte. Algo muy extraño. Pero no saca ninguna conclusión.

El discípulo amado también corre, más incluso que Simón Pedro, pero luego lo espera pacientemente. Y ve lo mismo que Pedro, pero concluye que Jesús ha resucitado.

El evangelio de san Juan, que tanto nos hace sufrir a lo largo del año con sus enrevesados discursos, ofrece hoy un mensaje espléndido: ante la resurrección de Jesús podemos pensar que es un fraude (María), no saber qué pensar (Pedro) o dar el salto misterioso de la fe (discípulo amado).

¿Por qué espera el discípulo amado a Pedro?

Es frecuente interpretar este hecho de la siguiente manera. El discípulo amado (sea Juan o quien fuere) fundó una comunidad cristiana bastante peculiar, que corría el peligro de considerarse superior a las demás iglesias y terminar separada de ellas. De hecho, el cuarto evangelio deja clara la enorme intuición religiosa del fundador, superior a la de Pedro: le basta ver para creer, igual que más adelante, cuando Jesús se aparezca en el lago de Galilea, inmediatamente sabe que “es el Señor”. Sin embargo, su intuición especial no lo sitúa por encima de Pedro, al que espera a la entrada de la tumba en señal de respeto. La comunidad del discípulo amado, imitando a su fundador, debe sentirse unida a la iglesia total, de la que Pedro es responsable.

Las otras dos lecturas: beneficios y compromisos.

A diferencia del evangelio, las otras dos lecturas de este domingo (Hechos y Colosenses) afirman rotundamente la resurrección de Jesús. Aunque son muy distintas, hay algo que las une:

  1. a) las dos mencionan los beneficios de la resurrección de Jesús para nosotros: el perdón de los pecados (Hechos) y la gloria futura (Colosenses);
  2. b) las dos afirman que la resurrección de Jesús implica un compromiso para los cristianos: predicar y dar testimonio, como los Apóstoles (Hechos), y aspirar a los bienes de arriba, donde está Cristo, no a los de la tierra (Colosenses).

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

― Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4

Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Domingo de Pascua de Resurrección. Ciclo C

domingo, 17 de abril de 2022
Comentarios desactivados en Domingo de Pascua de Resurrección. Ciclo C

1D-de-Pascua

 

“- Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto.”

(Jn 20, 1-9)

Que en Dios no hay tiempo ni espacio, es algo que sabemos bien a estas alturas de la vida. En muchos sitios leemos o escuchamos que “la historia se repite”; que no se trata de algo lineal sino circular; las modas, las cosas, las situaciones, todo vuelve.

Sin perder esta idea de vista centrémonos en el evangelio de hoy. La primera persona que aparece es María Magdalena, ella sola. El texto nos dice que: “el domingo por la mañana, muy temprano, antes de salir el sol,…”. Veamos, el domingo antes de salir el sol aparece alguien de género femenino, sola. ¿No te evoca a algo? Algo así como a un caos en el que dijo Dios: “que exista la luz”. El día primero.

Y continúan los dos textos. En el del Génesis, la primera vez que las palabras de Dios se refieren a sí mismo, después de ir creándolo casi todo, dice un “Hagamos a los hombres a nuestra imagen”. Hagamos, en plural. Y en el evangelio de hoy, la primera palabra que utiliza María de Magdala para referirse a sí misma, también es un plural: “sabemos”. Aparece sola en escena, y cuando va donde Pedro y Juan y les cuenta que Jesús no está en el sepulcro, en lugar de decir “no sé donde lo han puesto”, habla en plural. No sabemos… pero ¿quiénes no sabemos?

La historia se repite, vivimos en una dimensión circular, todo vuelve… incluso el principio, la creación. Todo, la VIDA también; y vida en abundancia.

Oración

Bendita seas, Trinidad Santa.

Solamente en ti encontramos la Vida Eterna.

Solo tú. Eso es todo.

Amén.

***

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

En la experiencia pascual, los discípulos descubrieron la verdadera Vida.

domingo, 17 de abril de 2022
Comentarios desactivados en En la experiencia pascual, los discípulos descubrieron la verdadera Vida.

Resurrección

DOMINGO DE PASCUA (C)

Jn 20,1-9

En este día de Pascua, debemos recordar a Pablo: si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es vana. Aunque hay que hacer una pequeña aclaración. La formulación condicional (si) nos puede despistar y entender que Jesús podía no haber resucitado, lo cual no tiene sentido porque Jesús había alcanzado la VIDA antes de morir. Su Vida era la misma de Dios. Por lo tanto la posibilidad de que no resucitara es absurda. Todo el esfuerzo de la predicación de Jesús consistió en hacer ver a sus seguidores la posibilidad de esa Vida. Seré seguidor de Jesús solo en la medida que viva la misma Vida de Dios como él.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que estamos celebrando hechos teológicos, no históricos ni científicos. Todavía la muerte de Jesús fue un acontecimiento histórico, pero la resurrec­ción no es constatable científicamente porque se realiza en otro plano fuera de la historia. Esto no quiere decir que no ha resucitado, quiere decir que para llegar a la resurrección, no podemos ir por el camino de los sentidos y los razonamientos. Nadie pudo ver, ni demostrar con ninguna clase de argumentos, la resurrección de Jesús. No es un acontecimiento que se pueda constatar por los sentidos. Esto es clave para salir del callejón en que nos encontramos por interpretar los textos de una manera literal.

La muerte y la vida física no son objetos de teología, sino de biología. La teología habla de otra realidad que no puede ser metida en conceptos. En ningún caso debemos entender la resurrección como la reanimación de un cadáver. Esta interpretación ha sido posible gracias a la antropología griega (alma–cuerpo), que no tiene nada que ver con lo que entendían los judíos por “ser humano”. La reanimación de un cadáver da por supuesto que los despojos del fallecido mantienen una relación con el ser que estuvo vivo. Pero la muerte devuelve el cuerpo al mundo de la materia de manera irreversible.

¿Qué pasó en Jesús después de su muerte? Nada. Absolutamente nada. La trayectoria histórica de Jesús termina en el instante de su muerte. En ese momento pasa a otro plano en el que no hay tiempo. En ese plano no puede “suceder” nada. En los apóstoles sí sucedió algo muy importante. Ellos no habían comprendido nada de lo que era Jesús, porque estaban en su falso yo, pegados a lo terreno y esperando una salvación que potenciara su ser contingente. Solo después de la muerte del Maestro, llegaron a la experiencia pascual. Descubrieron, no por razonamientos, sino por vivencia, que Jesús seguía vivo y que les comunicaba Vida. Eso es lo que intentaron transmitir a los demás, utilizando el lenguaje humano que es siempre insuficiente para expresar lo trascendente.

Todos estaríamos encantados de que se nos comunicara esa Vida, la misma Vida de Dios. El problema consiste en que no puede haber Vida, sin antes no hay muerte. Es esa exigencia de muerte lo que no estamos dispuestos a aceptar. “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto”. Esa exigencia de ir más allá de la vida biológica, es la que nos hace quedar a años luz del mensaje de esta fiesta de Pascua. Celebrar la Pascua es descubrir la Vida en nosotros y estar dispuestos a dar más valor a la Vida que se manifestó en Jesús que a la vida biológica tan apreciada.

No debo quedarme en la resurrección de Jesús. Debo descubrir que yo estoy llamado a esa misma Vida. A la Samaritana le dice Jesús: El agua que yo le daré se convertirá en un surtidor que salta hasta la Vida definitiva. A Nicodemo le dice: Hay que nacer de nuevo; lo que nace de la carne es carne, lo que nace del espíritu es Espíritu. El Padre vive y yo vivo por el Padre, del mismo modo el que me coma, (el que me asimile), vivirá por mí. Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque haya muerto vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Creemos esto? Entonces, ¿qué nos importa lo demás? Poner a disposición de los demás todo lo que somos y tenemos es la consecuencia de este descubrimiento de la verdadera Vida.
Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Vio y creyó.

domingo, 17 de abril de 2022
Comentarios desactivados en Vio y creyó.

HE-RISEN-708x350@2xJn 20, 1-9

«Entró también el otro discípulo… vio y creyó»

Los textos de la resurrección coinciden entre sí hasta el momento en que las mujeres encuentran la losa removida y el sepulcro vacío, pero a partir de ahí son tantas las discrepancias en los relatos, que solo son entendibles asumiendo que la intención de sus autores no es la descripción de hechos, sino la expresión de una experiencia que cambió la vida de aquellos hombres y el rumbo de la humanidad.

Pongámonos en situación. A Jesús lo prenden el jueves por la noche y lo crucifican el viernes. Desde que lo prenden, los hombres del grupo permanecen atrancados por miedo a los judíos esperando el momento de huir a Galilea. Las mujeres se muestran más enteras, y las vemos primero al pie de la cruz, y luego yendo el primer día de la semana a ungirle al sepulcro.

Mateo afirma que las mujeres que van el domingo de madrugada al sepulcro son María Magdalena y María la Madre de Santiago, y añade que Jesús se les aparece a todos juntos dentro de la casa a continuación. Allí los cita para Galilea y les encarga la misión: «Id por el mundo y proclamad el evangelio a todas las gentes».

Marcos añade también que tras mostrarse a los discípulos y encomendarles la misión, es llevado al cielo y está sentado a la derecha del Padre.

Lucas nos da dos versiones radicalmente distintas; una en su Evangelio y otra en Hechos. Según la primera, las mujeres que van a ungirle —entre las que incluye también a Juana—, corren a contárselo a los discípulos pero no les creen. No obstante, Pedro va al sepulcro y lo comprueba. Ese mismo día, Jesús camina un largo trecho con dos seguidores que vuelven descorazonados a su casa de Emaús, y por la tarde se presenta donde están reunidos los discípulos y les encomienda la misión. Finalmente los saca camino de Betania y es elevado al cielo.

En la versión de Hechos, Lucas afirma que se aparece a los discípulos a lo largo de cuarenta días, y que luego se eleva en presencia de ellos hasta que una nube lo oculta a sus ojos.

Juan sitúa solo a María Magdalena en la escena del sepulcro. Cuando regresa a casa para contarlo, se encuentra con Pedro y Juan y los tres vuelven corriendo al sepulcro. Los hombres van a contar la noticia y María se queda sola llorando. Se le aparece Jesús, la consuela y le dice que va a subir al Padre. Juan sitúa ese mismo día la primera aparición a los discípulos, y la repite ocho días después. En un segundo epílogo, Jesús se encuentra con sus discípulos en el lago Genesaret, a donde han vuelto y retomado sus ocupaciones habituales…

Tal como habíamos dicho, son evidentes las contradicciones que presentan estos textos, pero a pesar de ellas, todos participan de tres elementos comunes que sobresalen sobre todo lo demás. El primero es la misión, el segundo, la efusión del Espíritu y el tercero, la exaltación de Jesús a la derecha del Padre.

En el fondo de todos los relatos encontramos un testimonio fundamental: Jesús se muestra vivo tras su muerte. Y nuestra tendencia natural es a dudar, pero dentro del simbolismo que encierran los textos, encontramos un hecho que no tiene explicación sin haber mediado una experiencia extraordinaria capaz de remover el ánimo de aquellos hombres hasta extremos inconcebibles.

Y es que un tiempo después de haber salido de Jerusalén aterrorizados por miedo a las autoridades judías, desmoralizados por la muerte de su maestro y sumidos en angustiosas dudas de fe por este hecho, aquellos hombres se presentan de nuevo en el Templo afirmando, y empeñando su vida en esta afirmación, que lo han visto vivo después de su muerte y han recibido de él una misión.

«Varones israelitas, escuchad estas palabras —es Pedro quien les habla—: Jesús de Nazaret, varón probado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales, fue entregado y muerto en la cruz por vosotros por medio de hombres sin Ley (los romanos). Pero Dios lo resucitó después de soltar las ataduras de la muerte, por cuanto no era posible que fuera dominado por ella; y nosotros somos testigos de ello».

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

He visto al Señor y me ha dicho esto.

domingo, 17 de abril de 2022
Comentarios desactivados en He visto al Señor y me ha dicho esto.

Domingo-de-Resurreccion-Ciclo-C-5-660x330Jn 20, 1-9

Es ya un lugar común identificar a María de Magdala con el domingo de resurrección pues cada año leemos el relato, que preservó el evangelio de Juan, sobre su encuentro con Jesús resucitado la mañana de Pascua. Pero lo curioso es que el Domingo de Pascua no se suele leer la parte más significativa de su experiencia sino el primer momento en el que ella se encuentra el sepulcro vacío y se lo cuenta a Pedro y Juan y ambos se acercan a constatar el hecho. El relato se cierra con la profesión de fe del “discípulo amado” y se renuncia a recordar el encuentro que Magdalena tienen a continuación con Jesús y el mandato que recibe.

Hoy, la invitación es a encontrarnos con esta mujer cuyo testimonio fue central para impulsar de nuevo a la misión a la comunidad de Jesús. Ella supo atravesar el dolor y la impotencia que suponía la cruz de Jesús y abrirse a la Vida que Dios le regalaba en su encuentro con el Maestro. Ella tuvo la audacia de confiar en lo que no parecía posible. A través de su fe pudo buscar sentido a lo acontecido e inviar a su comunidad a hacer lo mismo.

Magdalena en la memoria del evangelio según Juan [1]

La aparición a María Magdalena en el evangelio de Juan está enmarcada en la construcción literario-teológica que define el capítulo 20 de este evangelio. El capítulo se construye a través de cuatro episodios que describen como fue creciendo y ahondándose la fe en Jesús en la primera comunidad a partir de los acontecimientos pascuales. Más allá de los rasgos personales de los protagonistas, lo que se resalta es el carácter prototípico de la experiencia vivida por la comunidad en su conjunto (Jn 20, 1-18). Este proceso encarnado en los primeros seguidores y seguidoras de Jesús es propuesto como referente para las generaciones futuras (Jn 20, 30-31).

La figura de María Magdalena aparece en los dos primeros episodios. En ellos va a encarnar un itinerario hacia la fe desarrollado en varias secuencias narrativas. Los dos primeros versículos la muestran perpleja ante lo que ve. Sola llega al sepulcro y lo encuentra vacío (Jn 20, 1). En este momento no es capaz de ver más que la ausencia de Jesús en él y sale corriendo a contárselo a Pedro y al discípulo amado (Jn 20,2). Los tres regresan al sepulcro y contemplan los signos que permanecen tras la desaparición del cuerpo: las vendas de lino y el paño de la cabeza que había recubierto el cuerpo de Jesús. El texto dice que el discípulo amado vio y creyó, es decir interpreto los signos a la luz de los recuerdos de Jesús. Pero esto no parece suficiente y los discípulos regresan a casa y guardan silencio.

Los versículos siguientes describen un segundo paso en la fe (Jn 20, 3-18). María Magdalena se encuentra ante el sepulcro llorando la pérdida del maestro. En su dolor vuelve a interrogar a los hechos, buscando comprender lo que ha pasado. El encuentro con los ángeles primero y con Jesús después, la encaminan a comprender la hondura que lo que está viendo y a verbalizar su confesión de fe.

El camino que recorre desde que ve la piedra rodada del sepulcro al comienzo del relato hasta su confesión de su fe al final, es la síntesis de su itinerario como creyente. Su diálogo con el resucitado irá mostrando el proceso de ese itinerario. Al comienzo la presencia de Jesús es extraña y desconocida, lo confunde con un jardinero (Jn 20, 15). Pero Jesús toma la iniciativa y la llama por su nombre y ella entonces lo reconoce (Jn 20, 16). El reconocimiento viene acompañado por una revelación y un envío a la comunidad (Jn 20, 17). María regresa a la comunidad y proclama su fe: he visto al Señor y narra su encuentro con él (Jn 20, 18).

María Magdalena, en su encuentro con Jesús, lo llama maestro, reconociéndose, así como discípula y capacitándose para recibir una enseñanza nueva, ahora a la luz de la experiencia pascual (Jn 2016-17). En las palabras que Jesús le dirige se cumple lo que él les había anunciado en los discursos de despedida: “Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros” (Jn 14, 20). Ahora María comprende y corre a anunciar a los demás discípulos/as: “He visto al Señor y que le había dicho estas palabras” (Jn 20, 28). Ella en la perspectiva joánica se hace portadora de la auténtica revelación. Ella entra a formar parte de aquellos o aquellas por los/as que otros/as llegaran a creer (Jn 17,20).

María de Magdala, modelo de fe

Los relatos que evocan el encuentro de Magdalena con Jesús resucitado la proponen como paradigma de fe para todo/a creyente. Su testimonio encarna para nosotros/as ese camino que va de la incertidumbre y la oscuridad de la cruz, a la luz y las certezas hondas que emergen en el encuentro personal con el Resucitado.

Ella es modelo de actuación para todo aquel o aquella que quiera hacer el camino de encuentro con Jesús, el Cristo y se quiera configurar con él, viviendo su fe en una comunidad construida desde los valores del reino.

Ella fue enviada por el Resucitado a anunciar lo que había visto y experimentado. Sus palabras apenas vislumbradas en los textos evangélicos iluminaron, sin duda, el corazón de la primera comunidad. Hoy, su figura, su fe sigue siendo provocadora de experiencia e indicador que oriente el caminar de todos aquellos o aquellas, que se arriesguen a ser discípulos y discípulas de Jesús de Nazaret.

Carme Soto Varela

[1] Cfr. Carme Soto Varela “María Magdalena, discípula y testigo”, Reseña Bíblica, 77, (2013), 35-43.

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Desarrollar nuestra capacidad de ver

domingo, 17 de abril de 2022
Comentarios desactivados en Desarrollar nuestra capacidad de ver

Entender-comprenderDomingo de Pascua

17 abril 2022

Jn 20, 1-9

En el relato, se dice que los dos discípulos vieron lo mismo y, sin embargo, únicamente Juan “vio” (en el lenguaje del cuarto evangelio: “creyó”).

Hay un “ver” asociado a la vista y a la mente que, incapaz de trascenderlas, se queda en las apariencias o en las formas. Pero hay otro “ver” que, naciendo de la atención, provoca asombro, amplía la mirada y hace posible la comprensión.

En el primer caso, hemos quedado encerrados en el “pensar”; en el segundo, nos situamos en el “atender” y el silencio de la mente. Si aquel va asociado a la rutina, este es siempre novedad. Porque pensar es volver una y otra vez sobre la ya sabido (o mentalmente elaborado), mientras que atender implica dejarse sorprender por lo nuevo (que nos había quedado oculto).

La mente nos ayuda a entender; la atención, a comprender. Y no es lo mismo. Como dice la filósofa Teresa Gaztelu, “al entender, nuestra mente se representa una realidad: hace un dibujo o un `mapaʼ que refleje lo más fielmente posible lo dibujado; al comprender, no nos re-presentamos una realidad, sino que la presenciamos de forma directa y con todas las dimensiones de nuestro ser (cuerpo, mente, espíritu)”.

La teología, siguiendo la huella de Aristóteles y Tomás de Aquino, define la verdad como “adaequatio rei et intellectus”, es decir, como “correspondencia” entre la realidad y la idea que nuestra mente se hace de ella. Sin embargo, con los datos que hoy nos aportan las ciencias, sabemos que la trampa radica en el hecho de que nuestra mente no ve la realidad, sino solo una interpretación mental de la misma; con frecuencia sin ser consciente de ello, lo que la mente ve es una imagen que ella misma ha elaborado.

“Si comprender es ver algo en sí mismo -sigue diciendo Teresa Gaztelu-, para comprender necesitamos mirar las cosas con desapego, sin pretensión personal -de que las cosas sean de una determinada manera-, evitando colarse uno mismo en escena”.

Pues bien, esto solo es posible gracias a la atención, capacidad que se halla en todos nosotros y que podemos educar o entrenar hasta llegar a ser diestros en ella. Atendiendo lo que hacemos en cada momento, observando la mente, practicando el silencio… Silenciada la mente pensante, juzgadora y etiquetadora, se abrirá paso la comprensión: habremos pasado del “entender” al “comprender”, habremos empezado a “ver”, más allá de las apariencias y más allá de nuestras ideas previas.

¿Vivo más en el pensar o en el atender?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Recordatorio

Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.

Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.

Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada. no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.

Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.