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Un PCR al verbo amar en tiempos de pandemia.

domingo, 25 de octubre de 2020
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JESUS PEDROEn el asunto del amor nos va la vida y precisamente por eso necesitamos recordar con cuánta facilidad nos engañamos a la hora de ponerlo en práctica. Quizá por eso Jesús le hace a Pedro junto al lago un test de diagnóstico rápido: Y cuando le oye responder afirmativamente a su pregunta “¿Me amas más que…?, le pone inmediatamente delante el camino en que verificar la autenticidad de su amor: “Apacienta a los míos, cuídalos, preocúpate, hazte cargo de ellos”.

El test sigue siendo eficaz hoy y quizá en este tiempo de pandemia nos venga bien actualizar sus imperativos[1] y escucharlos como dirigidos personalmente a cada uno de nosotros.

– Si me amas, huye de la obsesión por que termine cuanto antes este tiempo de crisis para poder volver “a lo de antes”. Eso “de antes” estaba absolutamente descompensado y urge reequilibrar el mundo: el sueño de un crecimiento y un consumo sin límites está teniendo consecuencias devastadoras.

– Si me amas, aprende las lecciones de la pandemia: los límites de la autosuficiencia y la común fragilidad, la conciencia de que, frente al virus de la Covid 19, no hay más defensa que el virus de la solidaridad.

– Si me amas, hazte de nuevo las preguntas esenciales, reflexiona sobre los retos planteados, el sentido de la vida, de las cosas y del mundo. Prepárate para defender la vida, apreciarla como nunca, amarla, vivirla; no desde el temor a la muerte, sino desde la alegría de estar vivos.

– Si me amas, piensa junto a otros y a largo plazo sobre el futuro de la condición humana: qué decisiones y políticas públicas son necesarias para defender la vida y su disfrute, su sentido y su sentir.

– Si me amas, desconfínate mentalmente por rebeldía y no resignación, por esperanza y con esperanza. Ponte a favor de una política y una economía de la vida y por la vida y escucha las preguntas de las generaciones futuras sobre qué mundo mejor pueden esperar.

– Si me amas, apacienta las GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft): eres tú el encargado de apacentarlas, no dejes que sea su poder de distracción quien tome el control de tu vida.

– Si me amas, enciende en la oscuridad luz de visión, de orientación y de esperanza.

NOTA por si a alguno le pasa como a Pedro: las consecuencias del amor que Jesús le ponía delante le venían tan grandes, que trató de salirse por la tangente: “- Vale, yo lo intento, pero ¿qué pasa con fulanito y menganito y el otro, que no están por la labor de vivir todo eso?” El corte recibido fue fulminante: “-¿Y a ti qué te importa? Tú, sígueme”. Que en el fondo no es más que la versión adulta del juego “Antón Pirulero” que nos sabíamos los niños de antes: “Cada cual, cada cual, que atienda a su juego”.

Dolores Aleixandre

Fuente Fe Adulta

 

[1] Están inspirados en el excelente artículo de Manuel Montobbio “Desconfinarnos mentalmente: la invocación a la vida de Jacques Attali” en el que comenta el libro de ese autor: L´économie de la vie. Se préparer a ce qui vient” (El Ciervo, Sept –Oct 2020, p 20-21)

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Amor, defensas y sustitutos

domingo, 25 de octubre de 2020
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Amor.2Domingo XXX del Tiempo Ordinario

25 octubre 2020

Mt 22, 34-40

La pregunta que los fariseos formulan a Jesús no era ociosa: por una parte, se trataba de una cuestión debatida entre ellos y, por otra, parecía necesario establecer una cierta jerarquía entre la jungla de normas que los propios fariseos habían desarrollado al comentar la Torá.

   La respuesta de Jesús se enmarca dentro de la ortodoxia tradicional: el primer mandamiento para un judío es el famoso Shemá Israel (“Escucha, Israel”), tal como fue recogido en el Libro del Deuteronomio (6,4-9). En su respuesta, Jesús une el Shemá Israel con el amor al prójimo. Lo que hace es anudar dos textos de la Torá: Deut 6,4-5 y Lev 19,18. Sin embargo, tampoco esta unión sería completamente original de Jesús, ya que su propio interlocutor –otro rabino– la reconoce del mismo modo.

     No es casual que diferentes tradiciones sapienciales, de un modo u otro, establezcan el amor como “el mandamiento más importante”. Porque tal “mandamiento” no depende de alguna voluntad arbitraria, sino que es expresión de la naturaleza de lo real. Al afirmar que el amor es “lo más importante” no se hace sino reconocer la unidad profunda de lo real, la no-separación de todo lo que es. Porque eso es el amor, no un sentimiento o emoción, sino la certeza de que no existe nada separado de nada, por lo que todo lo que hago a alguien o a algo me lo estoy haciendo a mí. Y es aquí justamente donde se enraíza la llamada regla de oro, presente en todas las tradiciones espirituales: “No hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti” o “trata a los demás como desearías que ellos te tratasen a ti”.

   Lo que ocurre es que, al querer amar, solemos encontrar no pocas resistencias. Por un lado, el amor humano es reactivo. Eso significa que, cuando no nos hemos sentido amados de un modo incondicional, nuestra propia capacidad de amar ha podido quedar bloqueada y nosotros mismos atrapados en diferentes mecanismos de defensa, al tratar de protegernos del sufrimiento generado por aquella carencia. Por otro, el miedo a darnos o entregarnos suele hacer que nos defendamos del amor, prefiriendo permanecer en nuestra zona de confort.

    A raíz de una parábola de Jesús, hace unas semanas comentaba que, en el nivel profundo, la realidad es como la fiesta de un banquete de bodas. Sin embargo, al no verla así –porque estamos alejados de aquella profundidad–, podemos pensarla como un castigo, un absurdo ­–“pasión inútil” la llamó algún filósofo existencialista–, una prueba o un aprendizaje. Y al alejarnos de aquella misma profundidad que es plenitud, buscamos sustitutos de la fiesta, para entre-tenernos –necesita entretenerse el que no se “tiene” a sí mismo–, en un intento desesperado de evitar la superficialidad y el vacío.

    Cuando desconectamos del amor –entendido como certeza de no separación–, nos alejamos de nosotros mismos y, en el mismo movimiento, de la vida que somos. Tal vez necesitemos recorrer el camino que nos permita mantener una cercanía amorosa con nosotros mismos y con toda la realidad, en la certeza de que somos uno con todo lo que es.

¿Amo o me distancio?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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La experiencia cristiana más profunda es sentirse amablemente querido por Dios.

domingo, 25 de octubre de 2020
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_21_1_1_1130_1.El amor es la actitud más realizadora y sanante del ser humano.

         Podríamos decir que las personas somos un entramado de dimensiones, que hemos de integrar bien en la vida para que resultemos equilibrados, serenos, pacíficos interiormente y en las relaciones con los demás.

         Somos seres corpóreos, inteligentes, sociales-políticos, libres, seres culturales, seres históricos, etc. Todas estas dimensiones las viviremos serenamente si vivimos en amor.

Cuando otra realidad o perspectiva humana se alza como “dios”, pueden surgir graves desajustes y polarizaciones en la vida personal y comunitaria. Cuando el dios de mi vida es la patria, el poder, el sexo, el dinero, etc. entonces todo queda distorsionado.

         Uno vive en bondad y una comunidad social o cristiana vive en paz, cuando vive en un clima de amor. Decía San Juan de la Cruz que el amor ni cansa, ni se cansa.

         Podemos vivir sin dinero, con hambre, sin justicia, sin libertad (¡hemos vivido!). Lo que no podemos vivir es sin ser amados y sin amar.

2.Dios es amor.

         Dios nos ama ya en la creación

         Dios es amor, al menos el Dios de Jesús es amor. Dios nos ha creado porque nos ha amado ya en el seno materno (salmo 138).

Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has hecho;

si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado.

Tú tienes compasión de todos”,

y tú amas todo lo que tiene vida,

         (Sabiduría 11,24.26)

Dios es bueno siempre con nosotros.

Ya en el AT Dios había hecho una -muchas- Alianza de amor con su pueblo: Dios no abandona nunca a “su gente”, y su gente somos todos, toda la humanidad. Dios está siempre de parte de sus hijos, de la humanidad. El pueblo hacía lo que podía, que era más bien poco y regular. Pero Dios siempre es fiel, su misericordia es eterna, repite un salmo.

La seriedad de nuestra existencia humana y cristiana se entiende desde la infinita misericordia de Dios.

         El ser humano y los cristianos nos entendemos como tales desde el amor, desde la bondad de Dios.

         Jesús no fue un monje religioso que pudiera haber vivido en Qumrám. Jesús fue el hombre para los demás.

 3. El amor no es ley religiosa. (A vueltas con la religión).

         El amor no es una norma o ley, al estilo de los 248 preceptos y de las 365 prohibiciones de la religión judía. El amor es esa fuerza que abre nuestra existencia hacia los demás.

         Y el amor se realiza en lo que hemos escuchado en la primera lectura del libro del Éxodo:

No oprimirás ni vejarás al extranjero, porque extranjeros fuisteis vosotros en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, no siendo usurero ni extorsionando al pobre.

         Es muy semejante a lo que Jesús dice en el NT (Mt 25,31-46):

Amamos cuando damos de comer al hambriento, damos de beber al sediento, vestimos al desnudo, acogemos al extranjeros, visitamos a los enfermos y encarcelados.

4. a propósito del extranjero

         En la lectura del libro del Éxodo (1ª lectura) hemos escuchado algo que es constante en la Biblia y está muy presente en el pensamiento de Jesús: «No oprimirás ni vejarás al extranjero, porque extranjeros fuisteis vosotros en Egipto

Jesús no es racista, ni mucho menos, y el cristiano, tampoco debe serlo.

Por una parte, Jesús era judío, más bien galileo, nazareno, pero conocía “al dedillo” la Palabra y sabía también el hondo respeto que Israel sentía -debía sentir- hacia el extranjero: porque extranjeros fuisteis vosotros en Egipto. Son decenas los textos en los que se recuerda esta actitud:

Él hace justicia al huérfano y a la viuda, y muestra su amor al extranjero dándole pan y vestido. Mostrad, pues, amor al extranjero, porque vosotros fuisteis extranjeros en la tierra de Egipto, (Dt 10,18-19).

         Cuando el mismo Mateo “escenifica el “juicio final” dice: Fui extranjero y me acogisteis, (Mt 25,35), o no me acogisteis…

         No es fácil ser extranjero y menos cuando se es extranjero por debilidad y pobreza. Pensemos en tantos miles de emigrantes por razones de hambre, falta de trabajo, exilios políticos, etc., etc.

Por otra parte, Jesús siempre, siempre mira primero al ser humano. Jesús no le pide a nadie el “carnet del partido” o el DNI o el pasaporte, ni tan siquiera la partida de bautismo. “San Pedro” en la “puerta del cielo” no le pide absolutamente a nadie el pasaporte, la nacionalidad, etc., y Dios Padre, menos. En el cielo no hay “sin papeles”, ni indocumentados, ni extranjeros, ni emigrantes

         Jesús cura, perdona, sana, alivia, acompaña a todo el mundo sea de la nación que sea, sin hacer acepción de personas, (Rom 2,11). A Jesús le da lo mismo da que seamos leprosos, endemoniados, medio locos, paralíticos, hombres o mujeres, samaritanos y samaritanas, centurión romano, cananeos, cobradores de impuestos, o que estemos muertos moral o físicamente. Jesús cura, salva.

         Parece que las naciones y las Iglesias tienen fronteras, pero la salvación de Jesús no tiene límites. ¿Fuera de la Iglesia no hay salvación? ¿Y quién y por qué hay que poner rayas rojas en la Iglesia?

Salid a los cruces de los caminos e invitad a todos los que encontréis, buenos y malos. (Mt 22).

5. volvamos al Dios del amor

         La tradición (los escritos) de San Juan hace gran hincapié en el amor a los demás como criterio del amor a Dios:

Quien dice que está en la luz, pero odia a su hermano, todavía está en las tiniebla. El que ama a su hermano vive en la luz y no hay nada que le haga caer en pecado. (1Jn 2,9)

El que no ama no ha conocido a Dios, (1Jn 4,8)

El que no ama, aún está muerto. (1Jn 3,14)

El que dice: “Yo amo a Dios”, pero al mismo tiempo odia a su hermano, es un mentiroso. (1Jn 4,20)

         La persona religiosa pretende contentar a Dios como los fariseos y el mundo judío: cumpliendo la ley, los ritos El cristiano ama a Dios a través del prójimo.

Llama la atención que hoy en día los obispos tienen la gran preocupación de la escasez de curas y, por tanto, de que no se celebre Misa en tal pueblo a tal hora. Ahora con la pandemia les preocupa si la Misa por TV “vale o no vale” (¿Y qué será valer o no valer? En Roma hay dicasterios, congregaciones y curias para todo: de culto, de religiosos, Secretaría de estado, etc, pero no hay una Congregación para los pobres.

Sin embargo, decía K. Rahner, el único criterio moral cristiano es el amor, el amor a los demás y, por tanto, a Dios. De otro modo: amar a Dios es ser buen samaritano, lo demás son “milongas” lucernarias.

6. El amor hace bien.

         Probablemente la experiencia humana y cristiana más profunda sea el amor o la ausencia de amor.

         Detrás de tantos comportamientos de ansiedad, de deseo de poder, de fanatismo, hay una falta de afecto fundamental, probablemente desde la infancia.

         Quien ha sido y es amado, se encuentra centrado y sereno en la vida.

Hay estudios acerca de la falta de afecto inicial en los comportamientos fanáticos de tipo religiosos (Islam / ultracatólicos). Quien ha experimentado en su vida el amor, no será fundamentalista fanático. Cuando no se tiene la experiencia íntima del amor, se está tocando a vísperas de fanatismos.

El amor abre nuestra existencia a la vida, a la creatividad.

  1. ser cristiano es sentirse querido por Dios.

Todos nos hemos encontrado con alguna o algunas personas buenas, bondadosas en la vida; personas buenas que nos quieren (sin memeces ni alharacas). Esa es la experiencia cristiana, sentirse amablemente querido por Dios.

Yo no sé si a Dios le preocupa ni le interesa mucho todo el tinglado eclesiástico, el trasiego de obispos, el cumplimiento de la normativa litúrgica y todo el tinglado ultraortodoxo, más bien pienso que a Dios le importa poco toda esa coreografía.

Dios siente lástima y le conmueve mucho más la pandemia, los enfermos, el hambre de los niños, el paro, la madre soltera, la chica que anda angustiada y le da vueltas la cabeza y el corazón por el aborto que le ronda. A Dios -al Dios de Jesús – le preocupan mucho más los deprimidos, los suicidas, los encarcelados, que si hay que ponerse casulla o cómo se celebra la penitencia.

Y es que Dios nos quiere, nos ama a los seres humanos. Dios es amor. Lo demás es “pompa y circunstancia”.

Puede ocurrir que seamos unos perfectos cumplidores, unos buenos fariseos, pero que no tengamos la experiencia de ser cristianos, ni humanos. Y esto no es que esté bien o mal jurídicamente, sino que es una pena que no sintamos en la vida la bondad de Dios.

Dios no nos ama porque nosotros seamos buenos, sino porque Él es bueno. Ser cristiano es sentirse querido por Dios y vivir en esa bondad que transmite.

         Buenos cristianos son el hijo pródigo, la pecadora que se postra a los pies de Jesús, la pobre mujer a la que quieren apedrear y a la que Jesús “no condena”, el buen samaritano, Zaqueo ¿Con quién trataba y comía Jesús? Pues todos esos son malos religiosos, pero excelentes cristianos, etc.

7. a veces no es fácil.

Nadie dice que -a veces- sea fácil amar. En problemas serios en los que entran en juego viejos contenciosos, viejas cuestiones familiares, modos de ser y psicologías, no es tarea sencilla.

         Llegar a ciertos convencimientos de bondad y amor es, en muchos casos, tarea lenta que requiere procesos y recorridos en los que se ve implicada toda la persona: la inteligencia, la libertad.

Los sentimientos negativos estarán y aflorarán -probablemente- siempre, pero habremos de aplicar la inteligencia y la razón sobre los sentimientos para saber dejar de lado, aparcar viejas cuestiones, cerrar carpetas abiertas y vivir en la mayor entereza y paz posibles.

         El amor, el respeto, hacer el bien humaniza también a todo el mundo: a uno mismo y a los demás.

Ama y haz lo que quieras, o lo que quieras (amas), hazlo

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Nada está fuera de Dios

martes, 20 de octubre de 2020
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A esto estamos llamados…

Del blog de Henri Nouwen:

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Todo ministerio opera bajo la convicción de que nada, absolutamente nada, en nuestra vida está por fuera de la misericordia y del criterio de Dios. Al esconder alguna parte de nuestra propia historia, ya sea de nosotros mismos o de los ojos de Dios, nos estamos atribuyendo un papel de divinidad. Así, nos convertimos en jueces de nuestro propio pasado y limitamos la misericordia de Dios a nuestros propios temores. Nos desconectamos no solo de nuestro propio sufrimiento, sino también del sufrimiento de Dios por nosotros.

El reto del ministerio es ayudar a las personas que atraviesan situaciones muy concretas, tales como la enfermedad o el dolor emocional, las limitaciones físicas o mentales, la pobreza, la opresión, o el estar atrapados en las complejas redes de instituciones seculares o religiosas, a ver y experimentar su historia como parte del continuo trabajo de redención que Dios lleva a cabo en el mundo. Esta perspectiva y esas experiencias tienen la capacidad de sanar precisamente porque regeneran la conexión perdida entre Dios y el mundo, y porque crean una nueva unidad en la que los recuerdos que antes parecían destructivos por completo, ahora forman parte de un suceso redentor.

*

Henri Nouwen

(Momentos de paz…)

***

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«La vida solo es para Dios». 29 Tiempo ordinario – A (Mateo 22,15-21)

domingo, 18 de octubre de 2020
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dad-al-cesarLa exégesis moderna no deja lugar a dudas. Lo primero para Jesús es la vida, no la religión. Basta con analizar la trayectoria de su actividad. Se le ve siempre preocupado por suscitar y desarrollar, en medio de aquella sociedad, una vida más sana y más digna.

Pensemos en su actuación en el mundo de los enfermos: Jesús se acerca a quienes viven su vida de manera disminuida, amenazada o insegura, para despertar en ellos una vida más plena. Pensemos en su acercamiento a los pecadores: Jesús les ofrece el perdón que les haga vivir una vida más digna, rescatada de la humillación y el desprecio. Pensemos también en los endemoniados, incapaces de ser dueños de su existencia: Jesús los libera de una vida alienada y desquiciada por el mal.

Como ha subrayado Jon Sobrino, pobres son aquellos para quienes la vida es una carga pesada, pues no pueden vivir con un mínimo de dignidad. Esta pobreza es lo más contrario al plan original del Creador de la vida. Donde un ser humano no puede vivir con dignidad, la creación de Dios aparece allí como viciada y anulada.

Por eso Jesús se preocupa tanto de la vida concreta de los campesinos de Galilea. Lo primero que necesitan aquellas gentes es vivir, y vivir con dignidad. No es la meta final, pero es ahora mismo lo más urgente. Jesús les invita a confiar en la salvación última del Padre, pero lo hace salvando a la gente de la enfermedad y aliviando dolencias y sufrimientos. Les anuncia la felicidad definitiva en el seno de Dios, pero lo hace introduciendo dignidad, paz y dicha en este mundo.

A veces, los cristianos exponemos la fe con tal embrollo de conceptos y palabras que, a la hora de la verdad, pocos se enteran de lo que es exactamente el reino de Dios del que habla Jesús. Sin embargo, las cosas no son tan complicadas. Lo único que Dios quiere es esto: una vida más humana para todos y desde ahora, una vida que alcance su plenitud en la vida eterna. Por eso nunca hay que dar a ningún César lo que es de Dios: la vida y la dignidad de sus hijos.

José Antonio Pagola

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“Dadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Domingo 18 de octubre de 2020. 29º domingo del Tiempo ordinario.

domingo, 18 de octubre de 2020
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52-OrdinarioA29Leído en Koinonia:

Isaías 45,1.4-6: Llevó de la mano a Ciro para doblegar ante él las naciones. 
Salmo responsorial: 95: Aclamad la gloria y el poder del Señor.
1Tesalonicenses 1,1-5b: Recordamos vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza.
Mateo 22,15-21: Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?” Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: “Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.” Le presentaron un denario. Él les preguntó: “¿De quién son esta cara y esta inscripción?” Le respondieron: “Del César.” Entonces les replicó: “Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.”

En la primera lectura nos encontramos ante un texto que se encuentra ubicado en lo que se llama el «Segundo Isaías» o «libro de la consolación» de pueblo de Israel. Este dato, aparentemente simple, nos permite entrar al texto desde una clave de interpretación especial. Isaías, el profeta del juicio y el castigo, siempre tiene al final una palabra de ánimo, de esperanza, de consolación, sobre todo en estos tiempos en los que las propuestas alternativas son buscadas por el sistema globalizante para eliminarlas.

Yahvé habla a Ciro –una persona que «no conoce a Dios», insiste el texto- y le habla, para encomendarle una misión. Es decir: el no conocer a Dios no es una limitación para ser llamados por Dios a una misión, y la de Ciro va a ser la de anunciar palabras de consuelo. El monopolio de la elección de Dios por parte de sólo un pueblo entre todos los pueblos de la humanidad, se desdibuja ante este relato del profeta. Constatamos que un «no judío» puede servir también de mediación adecuada para la actuación de Dios. En buena parte, eso es una gran novedad.

En Pablo, la realidad que Isaías presenta como alianza es elección en comunidad («tenemos presente la obra de su fe, los trabajos y sobre todo la tenacidad de su esperanza»): Son las palabras de Pablo y compañía a la comunidad que se reúne en Tesalónica, quienes se dejan guiar por la acción del Espíritu Santo…

El evangelio de Mateo –el más comentado en la historia de la iglesia y a la vez el evangelio del cual se ha hecho la interpretación más dogmática y espiritualista– es el marco de un texto polémico en un contexto social en el que se divinizaba al Emperador. El evangelio de Mateo es la primera síntesis de la tradición judía y cristiana después de la destrucción del templo de Jerusalén en la guerra de los años 66-74 d.C. El fragmento que hoy leemos forma parte de una serie de controversias entre Jesús y los fariseos (y otros grupos) sobre temas como el tributo, la resurrección de los muertos, el mandamiento principal, el hijo de David… Todas estas controversias tienen como telón de fondo la confrontación de Jesús con la ley romana.

Bajo el tema del tributo, una realidad que sufrían las comunidades cristianas (en las que se fue elaborando el texto del evangelio) bajo el dominio del imperio romano, el pueblo de Israel –que siglos antes había soñado una sociedad como confederación de tribus, en la que el único Señor fuese Dios, el Dios de la liberación–, vive ahora las consecuencias de una monarquía que exprime al pobre para sostener su estructura. Los más pobres son los más afectados por la política fiscal, pues la tasación recaía más directamente sobre los que trabajaban la tierra, campesinos o inquilinos.

Pero yendo un poco más allá del tributo, fijémonos en la figura del Emperador. Roma cargaba sobre sí la influencia del mundo religioso de Egipto y Grecia. La relación de los romanos con estos dioses forma parte de la estructura ordinaria y cotidiana de la vida social: se entendía al Emperador como un dios; Roma era una teocracia.

Las comunidades cristianas que habían optado por otra forma de entender la relación con Dios, con el Dios de Jesús, con el Abba, no podían entender cómo el emperador se presentaba como Dios, y se enfrentan a la religión oficial optando por lo alternativo, que en este caso es la propuesta de vida en pequeñas comunidades de hermanos y hermanas.

Ante esta realidad, la comunidad cristiana busca en la experiencia vivida con el maestro y nos trae al escenario esta frase que ha conseguido ser aceptada como adagio popular: «al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Por tanto ya en los albores de la reflexión de la comunidad está la conciencia de que el emperador no es Dios, y nunca lo será, porque Dios es amor, justicia, amor, igualdad… valores ausentes en cualquier imperio, de cualquier época.

Con el correr del tiempo, lo que es alternativo se transforma en oficial, y se hace necesario reemprender el camino de la creatividad, de la renovación, de lo alternativo.

En la actualidad no hay emperadores que se presenten como Dios, pero sí nos encontramos con ciertas estructuras religiosas monárquicas e imperiales que lejos de reflejar la vivencia de la comunión entre los hermanos y hermanos, pretenden imponer la explotación de los pobres al mejor estilo del imperio Por eso, al leer este texto desde el hoy, tenemos que decir con voz profética: «a la estructura oficial religiosa lo que es de ella» y «a Dios lo que es de Dios», o sea, «a Dios Padre y a su Reino toda nuestra entrega y fidelidad».

El evangelio de Mateo con su fuerza eclesiológica renovadora, nos impulsa a trabajar incansablemente por una iglesia más cercana a la propuesta de Jesús, más centrada en las personas, en las relaciones entre los hermanos, y menos pendiente de la norma y estructura, que cuya atención no puede ponerse por encima de la Justicia y de la defensa de los pequeños, los predilectos de Dios. Leer más…

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18 octubre 2020. Dom 29 TO. Pagad a César lo que es del César…

domingo, 18 de octubre de 2020
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render-unto-caesarDel blog de Xabier Pikaza:

En un sentido, el proyecto se oponía al orden imperial de Roma, que mantenía su poder armado sobre fundamentos de dinero. Pero no es una oposición en el mismo nivel (en forma de contradicción entre iguales o semejantes), sino en una oposición en otro plano. No se trata de luchar contra el César y su Dinero (mammon) en un plano imperial, sino de subir de nivel.

En ese contexto se sitúa y ha de entenderse el tema clave sobre el tributo del César, que sus adversarios le plantean para “cazarle” en algún tipo de contradicción y así acusarle ante el pueblo (si defiende el tributo del César) o ante la administración romana (si lo rechaza). Así lo suponen, según el evangelio de Lucas, las autoridades de Jerusalén cuando llevan a Jesús ante Pilato, acusándole de presentarse como pretendiente mesiánico y de impedir el pago de los tributos del César (Lc 23, 2). En ese fondo se sitúa el texto de este domingo.

Texto según Mateo

 En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?» Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.» Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?» Le respondieron: «Del César.» Entonces les replicó: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.» (Mt 22, 15-21)

   Ésta es la pregunta que le plantean a Jesús en Jerusalén, en el momento clave de su revelación mesiánica. El tema es la moneda del tributo,  que significativamente él no posee, no por casualidad (como si sele hubiera olvidado tomarla), sino por principio, porque no utiliza ese tipo de monedas. Él  ha pedido a sus discípulos que anuncien el Reino  sin bolsa de dinero o vestidos de repuesto (cf. Mc 6, 6b-13). He desarrollado el tema en Comentario de Mateo y en Economía y teología.

Introducción

Por eso mismo, Jesús ha dicho al rico que venda lo que tiene, que reparta lo obtenido entre los pobres, para iniciar así un camino donde puedan compartirse casas-campos y relaciones familiares (Mc 10, 17-31). En este contexto se sitúa este relato, que  fija las relaciones entre el movimiento de Jesús y el imperio, en el contexto de la tensa situación de Palestina (Israel), que desembocará poco después (tras el 66 d. C.) en una dura guerra contra Roma, que ha de entenderse en clave económica:

 ‒ Losdefensores del Imperio, tenderán a justificar la economía y política de Roma, pagando unos impuestos que se entienden como un modo de participar en ese Imperio, en comunión con otros pueblos cultos de aquel tiempo. El denario del tributo es para ellos una forma de contribuir al orden externo (mundano) de Dios.

Los enemigos del Imperio, entenderán el tributo como atentado contra la sacralidad israelita. Posiblemente, identifican la familia de Dios con el grupo nacional judío y quieren acuñar moneda propia, avalada con el nombre de Jerusalén. Por eso rechazan al César y su impuesto. Diga Jesús lo que diga, podrán acusarle: si afirma, le llamarán colaboracionista; si niega, insumiso, anti-romano.

Más allá de la ley imperial

En su respuesta, Jesús no defiende la oposición violenta (guerra contra Roma), pero tampoco apoya el orden de Roma, pues  a quienes le preguntan (le tientan) les responde que devuelvan el dinero a Roma, es decir, al César. En ese contexto, debemos suponer que él fue contrario al pago del tributo a Roma, no sólo por lo que ello implicaba de colaboración con el orden económico del Imperio, sino porque implicaba un tipo de economía fundada en el dinero. En esa línea, la respuesta de Jesús (¡devolved al César lo que es del César y dad a Dios lo que es de Dios!) no se puede entender como declaración de guerra  contra Roma, pero tampoco como aceptación de su tributo, sino como algo mucho más profundo: una subida de nivel, una llamada a la creación de un tipo de comunión humana en un nivel más alto que el de Roma.

  Según este relato , Jesús se sitúa “fuera de ley”, no en contra, sino al margen de ella, buscando las “cosas de Dios” (cf. Mc 8, 33) más allá del dinero y de la espada, pero no en un plano de ideales espiritualistas, sino de relaciones humanas (como indica en otra perspectiva el Sermón de la Montaña: Mt 5-7; Lc 6, 20-46). Las “cosas” de Dios definen la identidad del proyecto cristiano, en un espacio de gratuidad y pan compartido, no de dinero, desbordando el plano del talión, como sabe Mt 5, 21-48: “habéis oído que se ha dicho; yo, en cambio, os digo…”.

 ¿Es lícito pagar o no? Fariseos y herodianos quieren situar a Jesús ante la alternativa de pagar o rechazar el pago, pero siempre en un plano monetario, en una sociedad campesina en la que apenas corre el dinero, de forma que, para muchos, no existe casi más moneda que la utilizada para los tributos. Pero Jesús ha roto esa alternativa. No se trata de pagar o no pagar, sino de situarse en una dimensión más alta de revelación de Dios, es decir, de humanidad solidaria, por encima de una economía y política fundada en la posesión de la moneda. Jesús no acepta el tributo ni lo rechaza, sino que hace algo más radical,  supera el nivel monetario del dinero (pagar o no pagar a Roma), pidiendo que se devuelva a Roma su dinero (con sus impuestos) para situar el tema en clave de evangelio.

‒  Jesús no tiene moneda, por eso se la pide a sus tentadores.  Ellos se la traen, y el la mira, preguntando por la inscripción y la imagen rabadas en ella. (a) Por un lado, Jesús quiere superar el nivel de economía en que parecen situase todo, para colocarse más allá del dinero. (b) Por otra parte, la moneda del tributo (que los “tentadores” muestran a Jesús), tiene valor de curso legal (económico), pero no es profana, en el sentido moderno del término, pues el Cesar cuya imagen esta grababa en ella actúa como autoridad religiosa, es decir, como signo de la divinidad. También la inscripción (que podía ser “Tiberio César Augusto, hijo del divino Augusto”) tenía carácter sagrado. De esa manera, el tributo de César situaba a los hombre ante un “dios” que actúa por interés de dinero, y eso es lo que Jesús no puede aceptar.

‒ Devolved al César… Jesús no combate con armas contra el César, pero tampoco le obedece (no emplea su dinero), sino que sale fuera del espacio de su dominio, para situarse en un ámbito de vida y convivencia donde ya no sea necesario el tributo del César. Aquellos que le tientan  llevan consigo un dinero del César, dispuestos a emplearlo. Pues bien, Jesús les dice que “devuelvan” ese dinero, de modo que no tengan nada que deberle, nada que pagarle. No se trata, por tanto, de luchar en guerra contra el César y su dinero (como pretendían los celotas, para crear después su impuesto), sino de devolverle su dinero, para que haga con él lo que quiera, pues aquello que los cristianos han de construir no se logra con moneda. Jesús no ha caído en la trampa que quieren tenderle (pagar o no pagar), sino que propone otra salida: Devolver la moneda al César, darle lo suyo, salir de su imperio económico.

‒  Y dad a Dios lo que es de Dios… Sólo allí donde al César se le devuelve la moneda (sin entrar en cálculos con él) se puede dar a Dios lo que es de Dios, es decir, todo lo que somos y tenemos de verdad, inaugurando un tipo de vida distinta, en gratuidad, es decir, sin “capital” imperial, sin la violencia política y económica que simboliza el tributo. Esta palabra de Jesús sobre el impuesto ha de entenderse a la luz de todo el evangelio. Cerrada en sí misma, ella podría tomarse como puro enigma, una salida ingeniosa, llena quizá de ironía, pero recibe su sentido a la luz de aquello que Jesús ha dicho y realizado en su búsqueda de casa y comida compartida. Ciertamente, el dinero valdría para comprar y compartir los panes y peces con los necesitados (cf. 6, 37; 10, 17-22; 14, 3-9), pero Jesús no se ha situado en ese nivel de comprar y vender, sino que ha querido y quiere situar su movimiento (como han mostrado los dos temas anterior: del rico que quiere seguirle y de Pedro que dice que lo han dejado todo….) en un plano de gratuidad y vida compartida.

 Habían querido tenderle una trampa (pagar el tributo oponiéndose al nacionalismo judío, o no pagarlo, enfrentándose con Roma).  Pero Jesús se elevó de nivel, sin caer en la trampa de fariseos y herodianos. No dice “sí” (hay que pagar), ni dice “no” (hay que negarse a pagar), sino algo anterior y mucho más profundo: apodote (devolvedle) al César lo que es del César, a fin de “dar” a Dios lo que es de Dios (es decir, para realizar su obra en el mundo). Por eso, el texto acaba diciendo que se admiraban de él, pero sus acusadores pueden decir y dicen que él ha venido diciendo a la gente que no pague tributos al César, con lo que eso significa en aquel contexto (cf. Lc 23, 2).

Jesús no sataniza al dinero y a su César (contra los celotas), ni lo diviniza, pero lo expulsa en cuanto tal del ámbito mesiánico y, lo que es mucho más grave, él se ha atrevido a proclamar y mostrar con su vida que lo opuesto a Dios es Mammón , el dinero convertido en “dios” supremo de este mundo (cf. Mt 6, 24), por encima del imperio de Roma y del mismo templo de Jerusalén. Parece que su evangelio no se centra en temas o motivos de economía particular, sino en una experiencia y tarea de gratuidad universal, superando el plano del dinero, como parece haber puesto de relieve Mc 10, 17-31. Pero eso no es más que una “apariencia”. En realidad, todo el proyecto de Jesús va en contra del dinero del César, no en un sentido militar (luchar contra las legiones de Roma), sino en un sentido mucho más profundo: Devolver el dinero al Cesar, saliendo así de su campo de dominación, de su espacio vital y comercial.

Ciertamente, el mismo Jesús, que ha derribado por el suelo las monedas del templo (es decir, la estructura sacral del judaísmo interpretada como culto a Dios), no condena y rechaza de esa forma la moneda del César (no la tira por el suelo),  pero hace algo mucho más hondo y peligroso: Sitúa  esa moneda, con toda la economía imperial, fuera de su movimiento mesiánico. De esa forma, la expulsa de su comunidad, pero sin luchar militarmente contra ella, sino situándose en otro nivel, que es el más peligroso para Roma y para su imperio económico: Jesús sale de su espacio de dominio, queda fuera, no necesita del César[1].

Devolver la moneda al César significa dejar que ande por ahí, dejar que exista el orden de este mundo (como supone Pablo en Rom 13, 1-6),  pero sin participar de él, sin emplear su moneda. Se trata, pues, de dejar al César a un lado, sin luchar contra él, pero sin aceptarle. Este pasaje nos sitúa ante un gesto supremo de “insumisión activa”.  Jesús está anunciando la llegada de un Reino donde no exista moneda del césar, un Reino en el que los hombres no se dominen unos a los otros por dinero. Éste es el texto base, ésta la aportación  suprema del evangelio, que después los cristianos han interpretado y siguen interpretando de diversas maneras.

Interpretaciones

‒ La primera, la propia de Jesús, es la oposición de planos. Jesús ha invitado a devolver el dinero al César, a no utilizar su moneda, a no emplear su economía. De esa manera, sus seguidores han de quedar liberados del peso y la carga de toda economía monetaria, pero llamados a buscar otros tipos de colaboración y comunión económica, sea en la línea del proyecto de Mc 10, 29-31, con el ciento por uno, o en la línea de los sumarios de Hch 2-4). Leer más…

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A Dios lo que es de Dios y la carta más antigua. Domingo 29. Ciclo A.

domingo, 18 de octubre de 2020
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denario-tiberioDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Dos posturas ante el tributo al César

Seguimos en la explanada del templo de Jerusalén, en medio de los enfrentamientos de diversos grupos con Jesús. Esta vez, fariseos y herodianos lo van a poner en un serio compromiso preguntándole sobre la licitud del tributo al emperador romano. Por entonces, además de los impuestos que se pagaban a través de peajes, aduanas, tasas de sucesión y de ventas, los judíos debían pagar el tributo al César, que era la señal por excelencia de sometimiento a él.

            Fariseos y herodianos no tenían dudas sobre este tema; ambos grupos eran partida­rios de pagarlo. Los fariseos, porque no querían con­flictos con los romanos mientras les permitieran observar sus prácticas religiosas. Los herodianos, porque mantenían buenas relaciones con Roma.      Como a nadie le gusta pagar, los rabinos discutían si se podía eludir el tributo. Y algunos adoptaban la postura pragmática que refleja el tratado Pesajim 112b: «… no trates de eludir el tributo, no sea que te descubran y te quiten todo lo que tienes».       Sin embargo, otros judíos adoptaban una postura de oposición radical, basada en motivos religiosos. Dado que el pago del tributo era signo de sometimiento al César, algunos lo interpretaban como un pecado de idolatría, ya que se reconocía a un señor distinto de Dios. Este era el punto de vista de los sicarios, grupo que comienza con Judas el Galileo, cuando el censo de Quirino, a comienzos del siglo I de nuestra era. Al narrar los comienzos del movimiento cuenta Flavio Josefo: «Durante su mandato [de Coponio], un hombre galileo, llamado Judas, indujo a los campesinos a rebelarse, insultándolos si consentían pagar tributo a los romanos y toleraban, junto a Dios, señores morta­les» (Guerra de los Judíos II, 118). Más adelante repite afirmaciones muy pareci­das: «Judas, llamado el galileo…, en tiempos de Quirino había atacado a los judíos por someterse a los romanos al mismo tiempo que a Dios» (Guerra de los Judíos II, 433).

La trampa de la pregunta

            Con este presupuesto, se advierte que la pregunta que le hacen a Jesús sobre si es lícito pagar el tributo podía compro­meterlo gravemente ante las autoridades romanas (si decía que no), o ante los sectores más progresistas y politizados del país (si decía que sí). Además, la pregunta es especialmente insidiosa, porque no se mueve a nivel de hechos, sino a nivel principios, de licitud o ilicitud.

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron:

̶ Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?

La respuesta de Jesús

            Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:

– Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.

Le presentaron un denario. Él les preguntó:

̶ ¿De quién son esta cara y esta inscripción?

Le respondieron:

̶ Del César.

Entonces les replicó:

̶ Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

            Jesús, que advierte enseguida la mala intención, ataca desde el comienzo: «¿Por qué me tentáis, hipócritas?» Pide la moneda del tributo, devuelve la pregunta y saca la conclusión. Jesús, como sus contemporáneos, acepta que el ámbito de dominio de un rey es aquel en el que vale su moneda. Si en Judá se usa el denario, con la imagen del César, significa que quien manda allí es el César, y hay que darle lo que es suyo.

            Estas palabras de Jesús, tan breves, han sido de enorme trascen­dencia al elaborar la teoría de las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Y se han prestado también a inter­pretaciones muy distin­tas.

Las cosas de Dios

            Si analizamos el texto, las palabras: «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios», no constituyen una evasiva, como algunos piensan. Van al núcleo del problema. Los fariseos y herodianos han preguntado si es lícito pagar tributo desde un punto de vista religioso, si ofende a Dios el que se pague. La respuesta contundente de Jesús es que a Dios le interesan otras cosas más importantes, y ésas no se las quieren dar. Teniendo presente el conjunto del evangelio, «las cosas de Dios», lo que le interesa, es que se escuche a Jesús, su enviado, que se acepte el mensaje del Reino, que se adopte una actitud de conversión, que se ponga término al raquitismo espiritual y religioso, que se sepa acoger a los débiles, a los menesterosos, a los marginados. Eso no interesa ni preocupa a fariseos y herodianos, pero es la cuestión principal. Si el evangelio no fuese tan escueto, podría haber parafraseado la respuesta de Jesús de esta manera: ¿Es lícito poner el sábado por encima del hombre? ¿Es lícito cargar fardos pesados sobre las espaldas de los hombres y no empujar ni con un dedo? ¿Es lícito llamar la atención de la gente para que os hagan reverencias y os llamen maestros? ¿Es lícito impedir a la gente el acceso al Reino de Dios? ¿Es lícito hacer estúpidas disquisiciones sobre los votos y juramentos? ¿Es lícito dejar morir de hambre al padre o a la madre por cumplir un voto? ¿Es lícito pagar los diezmos de la menta y del comino, y olvidar la honradez, la compasión y la sinceridad? En todo esto es donde están en juego «las cosas de Dios», no en el pago del tributo al César.

            Naturalmente, la comunidad cristiana pudo sacar de aquí conse­cuencias prácticas. Frente a la postura intransigente de los sicarios, defender que no era pecado pagar tributo al César. Y, con una perspectiva más amplia, fundamentar una teoría sobre la conviven­cia del cristiano en la sociedad civil, sin necesidad de buscar por todas partes enfrentamientos inútiles. Siempre, incluso en las peores circunstancias políticas, nadie podrá arrebatarle a la iglesia y al cristiano la posibilidad de dar a Dios lo que es de Dios.

El emperador no siempre es enemigo (1ª lectura)

         En Israel, desde los primeros siglos, hubo gente fanática y enemiga de conceder el poder político a un hombre mortal. El único rey debía ser Dios, aunque no quedaba claro cómo ejercía en la práctica esa realeza. Otros grupos, sin negarle la autoridad suprema a Dios, aceptaban el gobierno de un rey humano. Pero siempre debía tratarse de un israelita, no de un extranjero. La novedad del texto de Isaías, una auténtica revolución teológica para la época, es que Dios, aunque afirma su suprema autoridad («Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios»), él mismo escoge al rey persa Ciro, lo lleva de la mano, le pone la insignia y le concede la victoria. Porque Ciro, al cabo de pocos años, será quien conquiste Babilonia y libere a los judíos, permitiéndoles volver a su tierra.

            Este proceso de esclavitud – liberación – vuelta a la tierra recuerda al ocurrido siglos antes, cuando el pueblo salió de Egipto. La gran novedad, escandalosa para muchos judíos, es que ahora el salvador humano no es un nuevo Moisés sino un emperador pagano.

            El texto ha sido elegido para confirmar con un ejemplo histórico que se puede respetar al emperador, pagar tributo, sin por ello ofender a Dios.

Asi dice el Señor a su Ungido, a Ciro, a quien lleva de la mano: «Doblegaré ante él las naciones, desceñiré las cinturas de los reyes, abriré ante él las puertas, los batientes no se le cerrarán. Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios. Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor, y no hay otro.

El escrito más antiguo del Nuevo Testamento (2ª lectura)

            Desde este domingo hasta el 33 inclusive la segunda lectura se toma de la 1ª carta de Pablo a los tesalonicenses, escrita en Corinto hacia el año 49/50.

Tesalónica, ciudad fundada por Alejandro Magno, es la segunda en territorio europeo que pisan Pablo y sus compañeros, después de Filipos. Aunque el libro de los Hechos sugiere que su estancia duró unos quince días, las cartas a los Tesalonicenses y las relaciones que se establecieron en los misioneros y la comunidad hacen pensar en varios meses. A estos cristianos dirige Pablo su primera carta, que es también el documento más antiguo del Nuevo Testamento.

La carta comienza con una larga acción de gracias, recordando la forma en que los apóstoles transmitieron el evangelio y la acogida que tuvieron por parte de los tesalonicenses (1,2-2-16). Tras una sección sobre los acontecimientos posteriores (2,17-3,13) insiste en cómo debe ser la vida cristiana en lo que respecta a la castidad, el amor fraterno y el trabajo (4,1-12). La parte final se centra en dos cuestiones muy relacionadas: la suerte de los difuntos (4,13-18) y el tiempo y las circunstancias de la venida del Señor (5,1-11).

La finalidad de la carta se ha prestado a bastante debate, existiendo tres teorías:

  1. a) Pablo escribe para responder a una carta que le han enviado los tesalonicenses. b) Pablo escribe para exhortar, animar, robustecer en la fe, dadas las serias dificultades en que vive la comunidad y las persecuciones de todo tipo, especialmente de los judíos. c) Pablo pretende, sobre todo en el c.2, una apología de su persona y de su actividad apostólica frente a sus enemigos.

           El breve fragmento elegido por la liturgia de hoy solo contiene el exordio, con los elementos típicos (remitentes, destinatarios, saludo) y el comienzo de la acción de gracias, donde Pablo recuerda las tres grandes virtudes de los tesalonicenses (fe, amor, esperanza) y el don de la elección. Adviértase el tono tan cordial con que escribe Pablo.

Pablo, Silvano y Timoteo, a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz. Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor. Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros no hubo sólo palabras, sino, además, fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda, como muy bien sabéis.

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Domingo XXIX. 18 Octubre, 2020

domingo, 18 de octubre de 2020
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Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: -¡Hipócritas!, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.”

(Mt 22, 15-21)

El evangelio de este domingo nos enseña que podemos caer en la tentación de creernos mejores que los fariseos y pensar: “mira qué mala gente, cómo quería pillar a Jesús.”

Bien, precisamente esa fue la tentación en la que cayeron los fariseos. Ellos se creían mejores que Jesús y eso les llevó a buscar dejarle en evidencia.

Creernos ser mejores que las demás es una gran tentación y un gran peligro. De hecho, está en la base de los grandes conflictos de la historia pasada y la que vamos escribiendo.

Los grandes conflictos surgen de la creencia de que lo propio es mejor y por lo mismo nos consideramos con derecho a imponerlo o a rechazar lo diferente.

Pensemos por un momento en la situación política actual en la que cada quien repite su maravillosa idea sin escuchar la realidad ajena. ¿Cómo puede haber diálogo? No puede haberlo. Si no estamos dispuestos a dejarnos afectar por las ideas y puntos de vista ajenas no hay comunicación.

En el evangelio los fariseos se presentan como queriendo dialogar, cuando en realidad su intención es comprometer a Jesús. Jesús en lugar de entrar en su juego pone de manifiesto sus intenciones y zanja el problema sin evadirse en largas discusiones estériles, otorgando a cada cosa su lugar: “al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios.”

Dialogar no es aportar una idea sino arriesgarla. “Comprendiendo su mala voluntad”. Se trata de exponer mi propio punto de vista, aceptando que no es el único y ni siquiera es el mejor. Es más, quizá ni siquiera sea bueno para otras personas que ven otras cosas porque tienen diferentes realidades.

Para dialogar se necesita mucha humildad y apertura, un corazón pacífico y una mente flexible. Es una pena que en nuestras sociedades modernas, en la era de la comunicación, nos enseñen a hablar y a opinar, pero no a dialogar.

Oración

Trinidad Santa, comunión en la diferencia, enséñanos el arte de la escucha que nos abre a la realidad ajena. Danos la humildad que necesitamos para poder encontrarnos y dialogar

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Devolved a Dios lo que le arrebatasteis, el hombre.

domingo, 18 de octubre de 2020
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crop_shutterstock_453166906Mt 22, 15-21

Los jefes comprendieron que las tres parábolas se referían a ellos, (los obreros de última hora, los hermanos mandados a la viña y el banquete de boda). Contraatacan con tres preguntas que intentan tenderle una trampa para tener de qué acusarlo. La primera es la del tributo al César, que acabamos de leer. La segunda es sobre la resurrección de los muertos. La tercera, cuál es el primer mandamiento, que leeremos el próximo domingo.

Merece atención el texto del segundo Isaías que hemos leído. Es muy interesante, porque es la primera vez que la Biblia habla de un único Dios. Estamos a mediados del s. VI a. c. y hasta ese momento, Israel tenía su Dios, pero no ponía en cuestión que otros pueblos tuvieran sus propios dioses. Esto no lo hemos tenido nunca claro. El creer en un Dios único es un salto cualitativo increíble en el proceso de maduración de la revelación.

El evangelio de hoy no es sencillo. Con la frasecita de marras, Jesús contesta a lo que no le habían preguntado. No se mete en política, pero apunta a una actitud vital que supera la disyuntiva que le proponen. Una nefasta interpretación de la frase de Jesús la convirtió en un argumento para apoyar el maniqueísmo en nombre del evangelio. Seguimos entendiendo la frase como una oposición entre lo religioso y lo profano. Hoy entre la Iglesia y el Estado. Se trata de una falta absoluta de perspectiva histórica.

Moisés utilizó a Dios para agrupar a varias tribus en un solo pueblo. Israel fue siempre una teocracia en toda regla. Cuando se instauró la monarquía por influencia de las naciones próximas, al rey se le consideró como un representante de Dios (hijo de Dios), sin ningún poder al margen del conferido por la divinidad. Al proponer la pregunta, los fariseos no piensan en una confrontación entre el poder religioso y el poder civil, sino entre su Dios y el César divinizado. La moneda es clave para entender la respuesta.

TI(berius) CAESAR DIVI AUG(usti) F(ilius) AUGUSTUS:     PONTIF(ex)  MAXIM(us)

Tiberio César Augusto, hijo del divino Augusto                       sumo pontífice

Jesús dice: “¿De quién es la imagen y la inscripción?”. Lo que se cuestiona es, si un judío tiene que aceptar la soberanía del César o seguir teniendo a Dios como único soberano. Con su respuesta, Jesús no está proponiendo una separación del mundo civil y el religioso. En tiempos de Jesús tal cosa era impensable. No hay en el evangelio base alguna para convertir la religión en una especulación de sacristía, sin influencia en la vida real.

Fariseos y herodianos, enemigos irreconciliables, se unen contra Jesús. Los fariseos eran contrarios a la ocupación, pero se habían acomodado. Los herodianos eran partidarios del poder de Roma. La pregunta era una trampa. Si decía que no, se ponía en contra de Roma. Los herodianos lo podían acusar de subversivo. Si decía sí, los fariseos podían acusarlo de contrario al judaísmo, porque se ponía en contra del sentir del pueblo.

El verbo que emplea Jesús, «apodídômi», no significa dar, sino devolver. El que emplean los fariseos (dídomi), sí significa “dar”. Una pista interesante para comprender la respuesta. Estaban contra el César, pero utilizaban su moneda y tienen derecho a exigir que se la devuelvan. Un verdadero judío tenía que renunciar a utilizar el dinero de Roma. Les hace ver que ya han contestado, pues han aceptado la soberanía de Roma.

Al preguntar por la imagen, Jesús está haciendo clara referencia al Génesis, donde se dice que el hombre fue creado a imagen de Dios. Si el hombre es imagen de Dios, hay que devolver a Dios lo que se le ha escamoteado, el hombre. La moneda que representa al César, tiene un valor relativo, pero el hombre tiene un valor absoluto, porque representa a Dios. Jesús no pone al mismo nivel a Dios y al César, sino que toma claro partido por Dios. Esta idea es una de las claves del mensaje de Jesús.

Tampoco se puede utilizar la frase para justificar el poder. Si algo está claro en el evangelio es que todo poder es nefasto, porque machaca al hombre. Se ha repetido hasta la saciedad, que todo poder viene de Dios. Pues bien, según el evangelio, ningún poder puede venir de Dios, ni el político ni el religioso. En toda organización humana, el que está más arriba, está allí para servir a los demás, no para dominar.

Jesús dice que el César no es Dios, pero no hemos dudado en convertir a Dios en un César. (He leído una homilía: “el único César que existe es Dios”). No es fácil asimilar que tampoco Dios es un César. No se trata de repartir dependencias, ni siquiera con ventaja para Dios. Dios no hace competencia a ningún poder terreno, sencillamente porque no tiene ningún poder. Esto, bien entendido, evitaría toda solución falsa. El problema es una trampa en sí mismo. No existe una alternativa entre César y Dios.

Se ha predicado que había que estar más pendiente del César religioso que del César civil. Ningún ejercicio del poder es evangélico. No hay nada más contrario al mensaje de Jesús que el poder. Siempre que pretendemos defender los derechos de Dios, estamos defendiendo nuestros propios intereses. El que te diga que está defendiendo a Dios, en realidad lo está suplantando. Tampoco el estado tiene derecho alguno que defender. Los dirigentes civiles tienen que defender siempre los derechos de los ciudadanos.

No defendemos el anarquismo. Al contrario, una sociedad, aunque sea de dos personas, tiene que estar ordenada y en relaciones mutuas de dependencia. En ella una tiene mayor responsabilidad; pero todas las relaciones humanas deben surgir del servicio y la entrega a los demás, no del dominio. Ningún ser humano es más que otro ni está por encima del otro. “No llaméis a nadie padre, no llaméis a nadie jefe, no llaméis a nadie señor…”

No existe una realidad sagrada y otra profana. En la expulsión de los vendedores del templo, Jesús está apostando por la no diferencia de lo sagrado y lo profano, para Dios todo es sagrado. Es descabellado hacer creer a la gente que tiene unas obligaciones para con Dios y otras con la sociedad civil. Dios se encuentra en todo lo terreno, pero en lo más hondo del ser. Si solo lo encontramos en la iglesia, hemos caído en la idolatría.

La única manera de entender todo el alcance del mensaje de hoy es superar la idea de un Dios fuera que arrastramos desde el neolítico. La creación no es más que la manifestación de lo divino. No hay nada que sea de Dios, porque nada hay fuera de Él. Somos imagen de Dios, pero no pintada o esculpida, sino reflejada. Para que Dios se refleje, tiene que estar ahí. No hay reflejo en un espejo si la cosa reflejada no está del otro lado.

Meditación

La tarea fundamental del ser humano es solo una:
reflejar con nitidez la imagen de Dios.
A medida que vaya desprendiéndome de mi falso yo,
irá apareciendo el verdadero Ser.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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En primer lugar, la persona.

domingo, 18 de octubre de 2020
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primer-lugar-la-persona18 octubre. DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO

Los edificios, como las personas, deben ser en primer lugar sinceros, deben ser auténticos, además, tan atractivos y bonitos como sea posible. (Franc Lloid Wright).

Mt 12, 15-21 Le seguían muchos, sanaba a todos (V 15)

El origen era su poder taumatúrgico: “entonces le llevaron en endemoniado ciego y mudo, y lo sanó, de modo que recobró la vista y el habla, con gran escándalo de los fariseos” (v 22)

En este capítulo, el evangelista nos habla de la gran hostilidad habida de los fariseos contra Jesús. Las polémicas resultantes sirven para dilucidar aspectos de su misión. Atravesando un campo de trigo en día de sábado, sus hambrientos discípulos se pusieron a arrancar espigas y comérselas (v 1, 2).

En la gran importancia que da Mateo a estas réplicas, podemos leer entre líneas los problemas por los que atravesaban las comunidades cristianas a las que dirige su evangelio. El entorno religioso, dominado por la casuística la legalidad farisaica, les era muy hostil.

El fragmento de hoy nos muestra dos situaciones en las que Jesús se opone a la ley a le ley en beneficio de la persona: el hambre y la enfermedad.

En los dos casos la mentalidad farisaica prefería al precepto del sábado sobre la situación del que estaba enfermo del que tenía hambre.

El descanso sabático fue en su origen una institución humanitaria que el mismo Dios instituyó: “Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda la obra que había hecho” (Génesis 2, 2).

Dicha institución humanitaria se convirtió en muchos casos en una carga asfixiante; y ante tal abuso, Jesús reaccionó ante las acusaciones de los fariseos con dos frases que provocaron un escándalo total: “Pues yo os digo que aquí hay alguien mayor que el templo” (v 6), y “Porque el hombre es mayor que el sábado” (v 8).

Una de las estructuras opresoras de las que Jesús se siente libre y trata liberar al pueblo es la estructura religiosa de la que forma parte la ley del sábado, y por eso impugnar este mandato, aún para realizar el bien, era una provocación para la élite más profundamente religiosa.

Un legalismo casuístico, el de los fariseos de aquel tiempo, que nos puede parecer desfasado y que, a pesar de todo, es un mal endémico que continúa afectando a las personas y a las instituciones religiosas. Los cristianos tienen la tendencia a inmortalizar ciertas normas inmemoriales que fueron respuestas a problemas muy concretos de una época. Primero el reinado de Dios y después sus añadiduras y así todo culto cristiano personal público, desvinculado de una opción seria y comprometida por el excluido y el pobre, será un culto vacío y sin misericordia alguna.

Franc Lloid Wright (1959) es un arquitecto, diseñador de interiores, escritor y educados estadounidense, que diseñó más de mil estructuras y que, en cierta ocasión dijo: “Los edificios, como las personas, deben ser en primer lugar sinceros, den ser auténticos, además tan atractivos y bonitos como sea posible”

En el lenguaje cotidiano, la palabra persona hace referencia a un ser con poder de raciocinio que posee conciencia sobre sí mismo y que cuenta con su propia identidad.

Gabriela Mistral fue una poeta, diplomática y pedagoga chilena. Fue galardonada con el premio Nobel de Literatura en 1945. Copio este poema suyo donde refleja el dolor de un amor perdido:

RIQUEZA

Tengo la dicha fiel
y la dicha perdida:
la una como rosa,
la otra como espina.

De lo que me robaron
no fui desposeída;
tengo la dicha fiel
y la dicha perdida,
y estoy rica de púrpura
y de melancolía.

¡Ay, qué amante es la rosa
y qué amada la espina!
como el doble contorno
de dos frutas mellizas
tengo la dicha fiel
y la dicha perdida

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Un evangelio que nos confronta con la verdad.

domingo, 18 de octubre de 2020
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render-unto-caesar-and-unto-god_900x600_72dpi_2Mateo 22,15-21

Estamos hoy frente a un texto evangélico muy conocido y citado. A la vez, y más allá de cómo se ha interpretado muchas veces, estamos ante un texto sugerente y profundo, que nos puede interpelar si dejamos a un lado ideas preconcebidas o tantas veces repetidas.

Al leer con atención los primeros párrafos de este evangelio, en estos tiempos que corren, es posible que encuentre eco en nosotros una palabra, una realidad, que muchas veces ha pasado desapercibida. En estas líneas se habla de la VERDAD, de lo que realmente es verdadero, de las intenciones profundas y del uso que hacen de la verdad estos personajes. Se habla de cómo fariseos y herodianos, que defienden “verdades” distintas frente al tema del tributo al César, la disimulan, la sacrifican, la someten a tejemanejes poco honestos buscando solo perjudicar a Jesús. Le presentan como búsqueda de la verdad lo que no tiene nada que ver con ella.

Esto que pasaba hace veinte siglos, ¿no nos recuerda muchas realidades actuales? ¿Es, nuestra sociedad, una sociedad sensible a la verdad? ¿No es común en nuestros medios de comunicación relativizar, ignorar e incluso falsear la verdad para que una noticia venda, se haga viral en las redes o perjudique al adversario? No hace falta ser muy críticos para poner ejemplos de estos casos. Y si damos un paso más, personalmente ¿no hemos sacrificado nunca la verdad, o la hemos callado para lograr algo, para perjudicar a un adversario o para otros muchos intereses?

¿Somos de los que descubren y desenmascaran la mentira, como Jesús, o de los que pactan y se callan ante ella? ¿Damos valor a la verdad o es tan solo una moneda de cambio frente a otros valores?

Sin creérselo quizá del todo o sin pretender valorarle, sino solo adularle, los fariseos le dicen a Jesús “sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie…” Reconocen en él a una persona sincera, fiel a la verdad y por ello libre. Seguro que recordamos lo que el evangelio de Juan pone en boca de Jesús “la verdad os hará libres” (Jn 8, 32)  o “Yo he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.” (Jn 18, 37)

¿Somos personas libres? ¿Buscamos y escuchamos la verdad, a Aquel que es la verdad? ¿No intentamos muchas veces recorrer caminos de libertad que transitan muy lejos de la verdad?

Desde esta introducción, en la que Jesús desenmascara la falsedad e hipocresía de los fariseos y verbaliza que conoce sus intenciones pretendidamente ocultas, escuchamos la pregunta planteada: ¿Es lícito pagar impuesto al César o no?

El tema era muy serio en tiempos de Jesús. Va más allá de pagar el impuesto o no. Plantea una concepción de la vida que tiene que ver con ser libres o esclavos. Son el pueblo de Israel, pueblo elegido por Dios ¿cómo se van a someter al César?

Jesús, en su respuesta sigue desenmascarando la mentira e hipocresía de los que le tienden la trampa, al pedirles la moneda. Todos llevan en el bolsillo el denario, la moneda que es el sueldo diario con el que cubren sus necesidades. Todos la están usando a pesar de que su imagen sea del “César”. De hecho han aceptado la moneda del César para poder vivir. Y aquí nos deslumbra la palabra de Jesús: “Pues, si es así, si tenéis lo que es del César “devolverle” al César lo que es suyo” (el verbo que usa el evangelio (apodidômi), no significa “dar” sino “devolver”. El que han empleado los fariseos (dídomi) si significa “dar”) Una clave interesante.

Pero Jesús continúa dándole a la respuesta una profundidad que sus adversarios no esperaban y contestando a lo que no han preguntado. “Y a Dios lo que es de Dios”  ¿Qué es de Dios? Para los judíos, como para nosotros, todo es de Dios. Si la moneda tiene la imagen del César, toda persona humana es en sí misma imagen de Dios, como hijos e hijas suyas. Y desde esa realidad surge todo en nuestra vida. Por tanto no se trata de repartir, de hacer proporciones y equilibrios de hasta dónde y cuanto tengo que dar… Jesús no pone en el mismo plano a Dios y al César, a tantos césares a los que pagamos tributo, de los que nos hacemos súbditos…

Sugiero que, para descubrir toda la fuerza de esta frase tan controvertida y de la que se han sacado todo tipo de conclusiones, la formulemos al revés: “Dadle a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”. Jesús deja claro que toda realidad y respuesta parte de esta realidad: Todo lo hemos recibido como hijos e hijas de Dios. Y todo lo que compartamos con nuestros hermanos y hermanas, lo estamos compartiendo con Él. Este es el gran cambio social, el camino que traerá una auténtica revolución. Si le damos a Dios lo que es de Dios, veremos con más claridad si hay que pagar impuestos, a quien, cómo y cuando. Siempre, desde nuestra pertenencia a Él como sus hijos e hijas.

Mª Guadalupe labrador Encinas fmmdp

Fuente Fe Adulta

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“César“ y “Dios” en clave transpersonal

domingo, 18 de octubre de 2020
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Espejo.4Domingo XXIX del Tiempo Ordinario

18 octubre 2020

Mt 22, 15-21

La pregunta de los fariseos era una trampa difícil de resolver, teniendo en cuenta la realidad sociopolítica y religiosa del pueblo judío, sometido al Imperio Romano. La respuesta de Jesús es una salida airosa, inteligente y astuta, que confronta a los fariseos con su propia mentira.

   En ocasiones, dicha respuesta ha servido como pretexto para fragmentar la realidad, de manera dualista, entre el “reino de Dios” y el “reino del César”, como si por un lado fuera “lo espiritual” y por otro “lo material”.

    Sin entrar ahora en ese debate, prefiero hacer una lectura “transpersonal” de aquella respuesta, refiriéndome a la “doble dimensión” o “doble nivel” de lo real (y de nosotros mismos).

   “Dar a Dios lo que es de Dios”: en una lectura teísta que piensa a Dios como un ser separado, tal expresión subraya la sumisión a Dios –mejor o peor entendida–, como Señor de la propia existencia.

  En la comprensión transpersonal, “Dios” –etimológicamente: “luz”– es otro nombre para referirnos al misterio último de lo real, la plenitud que constituye el fondo o identidad profunda de todos los seres. “Dar a Dios lo que es de Dios” podría traducirse, por tanto, por: “Vivid en conexión con vuestra verdadera identidad”.

    Siempre dentro de esa clave de lectura, y utilizando los términos “César” y “Dios” como símbolos, cabría decir que el primero representa al “yo” o la “personalidad” –estamos en el nivel fenoménico o de las formas–, mientras que el segundo alude a nuestra verdadera identidad.

   Ahora bien, en contra de lo que cree la mente separadora, no hay ningún dualismo, ya que ambos niveles se hallan abrazados en una unidad mayor: hay polaridad –dos niveles–, pero no dualismo. La realidad es no-dual, lo Uno se manifiesta y despliega en lo múltiple.

    Se trata de “dar al yo” lo que le pertenece, lo cual significa reconocerlo en su nivel como expresión en la que se está experimentando lo que somos. Y de “dar a Dios” lo que es de Dios, reconocer nuestra identidad profunda y vivirnos desde ella.

     Al afirmar que la referencia última es “lo que somos”, no se está absolutizando el yo como criterio último de comportamiento. Porque “lo que somos” no es el yo, sino aquella identidad, más allá del yo –transpersonal– que compartimos con todos los seres. Dicho de otro modo: “dar a Dios lo que es de Dios” –vivir en conexión consciente con lo que somos– supone la mayor toma de distancia posible del ego, la liberación de aquella creencia que nos identificaba con él.

    En resumen, entendida simbólicamente y en esta clave, la respuesta de Jesús constituye una síntesis preciosa de toda la sabiduría. ¿Qué es vivir sabiamente? Atender el yo –el nivel de las formas– desde la conexión consciente con nuestra verdadera identidad: la consciencia, la vida, la plenitud de presencia.

¿Desde dónde me vivo y actúo?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Si lo eclesiástico te ha hecho daño, el evangelio te sanará

domingo, 18 de octubre de 2020
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11-4Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. DÍA DE LAS MISIONES.

Celebramos hoy el ya clásico día de las MISIONES (DOMUND).

Misión significa envío. En la vida podemos desempeñar diversas misiones, tareas, envíos.

El mismo Jesús misionó: he sido enviado a anunciar la buena noticia a los pobres… (Lc 4,18 ss). Jesús en diversos momentos envió a los suyos a evangelizar. Salid a las periferias, que dice el papa Francisco: a las periferias geográficas, ideológicas, religiosas, morales.

Misionar, evangelizar es comunicar la buena noticia del evangelio en lo que tiene de salvación, de sentido de la vida, de horizonte.

Sin embargo el Evangelio es amable, sanante, salvífico para nuestra vida.

El habitat evangélico y eclesial es “un hospital de campaña tras una batalla. Lo que la Iglesia necesita con urgencia es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones”.

Misionar es transmitir algo bueno, NO MANTENER EL ORDEN PÚBLICO.

02. MISIONAR NO ES ADOCTRINAR (NI A LOS DE LEJOS NI A LOS DE CERCA)
Todavía perviven entre nosotros, en nuestras tramoyas eclesiásticas modos y maneras doctrinarias.

Evangelizar es ante todo, curar heridas. He venido a sanar…

Si un misionero diera una conferencia en Guinea Ecuatorial o en Senegal sobre lo pernicioso que es el colesterol, tendría “toda la razón” del mundo, pero sería algo perfectamente insensato. ¡Pero no ves que los niños y la gente se está muriendo de hambre, de malaria y de pena!

¿Para qué tanta precisión teorizante, tanto “filioque” si la gente entre nosotros no tiene ganas de vivir, se suicida, sufre angustia, está en paro, etc.?

59134015c7ff3_evangeliogLos ministros de la Iglesia deben ser, ante todo, ministros de misericordia … a las personas hay que acompañarlas, las heridas necesitan curación … ¿Cómo estamos tratando al pueblo de Dios? Los ministros de la Iglesia tienen que ser misericordiosos, hacerse cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela a su prójimo. Dios es más grande que el pecado.

Volvamos al Evangelio. Sintamos el alivio, la misericordia de Dios en nuestro interior.

A lo mejor a alguien le pueda parecer heterodoxa la expresión, pero hay ocasiones y situaciones en las que nos hace bien echar mano del Evangelio: si lo eclesiástico te ha hecho daño, el Evangelio te aliviará.

En nuestro contexto eclesiástico van colocando obispos doctrinarios, pero no bondadosos, ni que transmitan bondad, ni evangelio. Estos modos eclesiásticos cansan mucho en la vida… Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviare. (Mt 11,28).

03. SER MISIONERO NO ES MANTENER EL “ORDEN PÚBLICO”.

Alivian el alma las frecuentes alusiones que el papa Francisco hace al Evangelio de misericordia, a ser misericordiosos. El evangelio solamente será tal si es bondad y amabilidad.

Ser misionero, catequista, servir en la Iglesia no es mantener el “orden público”, sino transmitir la bondad de Dios.

Los ministros del Evangelio deben ser personas capaces de caldear el corazón de las personas, de caminar con ellas en la noche, de saber dialogar e incluso descender a su noche … El pueblo de Dios necesita pastores y no funcionarios “clérigos de despacho”.

Yo no sé si hacen falta funcionarios en las curias y en los entramados episcopales (más bien creo que no o desde luego no más que lo que un funcionario significa en la Kutxa), lo que sí hace falta es evangelio, el evangelio de la misericordia. Y en el cristianismo, para sentirse querido “no hay que pasar por ventanilla”.

En nuestra propia diócesis de San Sebastián se están nombrando, –“a veces de aquél modo-” funcionarios episcopales no tanto para anunciar la bondad y el alivio del evangelio, sino para mantener el orden público.

Posiblemente a muchos de nosotros, el momento actual de Francisco nos ayude a recuperar el Evangelio de JesuCristo.

Allá por loa años conciliares-postconciliares, 1962-1978 vivimos una esperanza llena de ilusión, incluso de euforia: un pequeño Pentecostés. Era una esperanza alegre y entusiasmada. Hoy también hemos de mantener la esperanza, quizás ya no alborozada, pero sí una esperanza humilde, sencilla, audaz.

04. NOSOTROS NECESITAMOS SER EVANGELIZADOS.

29029504-pol-tica-mapa-del-mundo-sobre-fondo-azul-marino-con-todos-los-estados-etiquetados-y-seleccionar-la-eHace cincuenta años, más o menos, “no había un lugar del mundo” en el que no hubiera un misionero de nuestras diócesis.

Hoy en día somos nosotros los que hemos de ser evangelizados.

San Pablo en la carta a los Romanos (10,14-15) tiene un texto que parece estuviera escrito para nosotros:

¿cómo van a invocar a Dios, si no han creído en él? ¿Y cómo van a creer, si no han oído hablar de él? ¿Y cómo van a oír, si nadie les anuncia el mensaje? ¿Y cómo van a anunciarlo, si no hay quien los envíe? Como dice la Escritura: “¡Qué hermosa es la llegada de los que traen buenas noticias!”

¿Cómo vamos a ser creyentes y disfrutar del evangelio, si no hemos oído hablar del evangelio, aunque hayamos oído hablar de la doctrina religiosa? ¿Cómo vamos anunciar la bondad que desconocemos? Ya ni nuestra misma Iglesia diocesana transmite bondad.

Sigue la eterna discusión entre Iglesia y Estado sobre la religión en los planes de educación, en los colegios.

         La primera evangelización (y la más importante) se hace en casa, en la familia. Lo que no hace la familia, no lo podrá suplir la escuela, ni la ciencia, ni la psicología. El profesor podrá -en el mejor de los casos- transmitir doctrina (aunque no es menos cierto que hay maestros vocacionados que transmiten fe), pero normalmente la fe viene comunicada como por ósmosis por el ambiente familiar, la semilla está ahí.

qué hermoso es anunciar las buenas noticias de la vida, del Señor

Id por todo el mundo y predicad el evangelio de la bondad de Dios

[1] Francisco, Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos. Entrevista de Antonio Spadaro, director de Civiltà Cattolica, Quaderno N° 3918 del 19/09/2013 – (Civ. Catt. III 449-552)En español: Razón y Fe, pp 14-15).

[2] Ibid, p 13

[3] Ibid, p 13.

QUÉ HERMOSO ES ANUNCIAR LAS BUENAS NOTICIAS DE LA VIDA, DEL SEÑOR
ID POR TODO EL MUNDO Y PREDICAD EL EVANGELIO DE LA BONDAD DE DIOS

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Jesús fue un laico

viernes, 16 de octubre de 2020
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«Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros»
(Jn. 1,14)

Jesús comenzó un proceso de desacralización desplazando el centro de gravedad del templo, el culto y el sacerdocio en favor de una vida entregada a los demás, especialmente a los más vulnerables

El cristianismo se constituyó como una comunidad de personas, que vivían la salvación como un proyecto de sentido en el mundo y que estaban lejanos a las dinámicas ascéticas y cultuales de Israel y otros grupos religiosos del imperio romano

El ministerio (diáconos, presbíteros y entre ellos el obispo) no era solo una dignidad sino una carga, ya que los dirigentes eran los primeros perseguidos por las autoridades. Vivían en el seno de las comunidades que les habían elegido y como ciudadanos del imperio, casados y con familias, con un trabajo profano y un estilo de vida laical

Hay que recuperar la alternativa cristiana a la religión y a la sociedad, pero esto implica una reforma radical de la Iglesia y del cristianismo, recuperando el Vaticano II y yendo más allá de él. Quizás la crisis actual de la Iglesia sea la base para una nueva etapa evangélicamente innovadora

La amistad que me une con el profesor Juan Antonio Estrada S.J. me permite tomar en esta editorial algunas de sus ideas para justificar  el presente número de nuestro BOLETÍN que aparece bajo el provocador título de ‘Jesús fue un laico’ (1).

Nadie con juicio puede negar que Jesús fue un laico judío sin ninguna formación rabínica, al tiempo que cambió la forma de comprender la Escritura y la ley religiosa. Con la predicación de Jesús comenzó un proceso de desacralización desplazando el centro de gravedad del templo, el culto y el sacerdocio en favor de una vida entregada a los demás, especialmente a los más vulnerables. La reacción violenta de la religión amenazada y del poder político, hostil a todo mesianismo, fue su ajusticiamiento.

Participó así del destino de los profetas y de todos los que lucharon por cambiar la sociedad y religión judías. Una vida sacrificada a los demás, siguiendo el modelo de Jesús, un culto existencial y el paso de la comunidad discipular a la Iglesia fueron señales características del cristianismo (2).

El cristianismo se constituyó como una comunidad de personas, que vivían la salvación como un proyecto de sentido en el mundo y que estaban lejanos a las dinámicas ascéticas y cultuales de Israel y otros grupos religiosos del imperio romano.

No rehusaron la herencia judía y romana, pero la transformaron. Se adoptaron estructuras y cargos no religiosos del judaísmo (presbíteros o ancianos) y del imperio romano (obispos y diáconos). Al ser una religión perseguida no podían tener templos y surgieron las iglesias domésticas. El ministerio (diáconos, presbíteros y entre ellos el obispo) no era solo una dignidad sino una carga, ya que los dirigentes eran los primeros perseguidos por las autoridades. Vivían en el seno de las comunidades que les habían elegido y como ciudadanos del imperio, casados y con familias, con un trabajo profano y un estilo de vida laical. Su forma de vida y de entender la relación con Dios, el culto y las leyes religiosas fueron también la causa de la hostilidad que encontraron en el imperio romano, como antes en Israel.

Quizás la crisis actual de la Iglesia sea la base para una nueva etapa evangélicamente innovadora

De ahí se podía esperar una nueva forma de vivir la religión. La de un grupo centrado en la comunidad y en la misión, cuyos protagonistas eran todos los cristianos y no solo los clérigos. Especial relevancia tuvieron las mujeres, cuya conversión arrastraba a toda la familia, las cuales protegieron y financiaron a las incipientes iglesias domésticas.

Paradójicamente, el éxito social y religioso en el Imperio romano fue la causa de un progresivo distanciamiento del proyecto de Jesús y del de la Iglesia primitiva. La creciente clericalización, la pérdida de la comunidad en favor de los ministros, la creación de un culto rejudaizado y romanizado marcaron al cristianismo, cada vez más cercano al modelo religioso preponderante en el imperio.

Dos mil años después vivimos el reto de volver a inspirarnos en Jesús y en el cristianismo primitivo. El futuro está en volver a los orígenes, en la creación de comunidades, en el protagonismo de los laicos y en la igualdad eclesial de las mujeres.

Desde ahí será posible afrontar el reto que plantea al cristianismo una sociedad secularizada y laicizada, que ha sustituido a la iglesia de cristiandad. Hay que recuperar la alternativa cristiana a la religión y a la sociedad, pero esto implica una reforma radical de la Iglesia y del cristianismo, recuperando el Vaticano II y yendo más allá de él. Quizás la crisis actual de la Iglesia sea la base para una nueva etapa evangélicamente innovadora.

Con el magnífico elenco de colaboraciones que ponemos a tu disposición intentamos abrir un proceso de puesta al día de una Iglesia atrapada por el paso del tiempo en estructuras que contradicen la aseveración “ecclesiae semper reformanda” con el compromiso de estar muy atentos a los signos de los tiempos que nos ha tocado vivir.

Manuel Pozo Oller
Director

1 Cf. www.religiondigital.org (27 diciembre 2019). Ver también La espiritua-
lidad de los laicos en una eclesiología de comunión (Madrid 1990)

2 Cf. RUFINO VELASCO, “Laicidad” 62.2 (Junio 2007)

Fuente Boletín Iesus Caritas de la Familia Carlos de Foucauld Octubre-Diciembre 2020

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«Ir a los cruces de los caminos». 28 Tiempo ordinario – A (Mateo 22,1-14)

domingo, 11 de octubre de 2020
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homeless-1Jesús conocía muy bien la vida dura y monótona de los campesinos. Sabía cómo esperaban la llegada del sábado para «liberarse» del trabajo. Los veía disfrutar en las fiestas y en las bodas. ¿Qué experiencia podía haber más gozosa para aquellas gentes que ser invitados a un banquete y poder sentarse a la mesa con los vecinos a compartir una fiesta de bodas?

Movido por su experiencia de Dios, Jesús comenzó a hablarles de una manera sorprendente. La vida no es solo esta vida de trabajos y preocupaciones, penas y sinsabores. Dios está preparando una fiesta final para todos sus hijos e hijas. A todos nos quiere ver sentados junto a él, en torno a una misma mesa, disfrutando para siempre de una vida plenamente dichosa.

No se contentaba solo con hablar así de Dios. Él mismo invitaba a todos a su mesa y comía incluso con pecadores e indeseables. Quería ser para todos la gran invitación de Dios a la fiesta final. Los quería ver recibiendo con gozo su llamada, y creando entre todos un clima más amistoso y fraterno que los preparara adecuadamente para la fiesta final.

¿Qué ha sido de esta invitación?, ¿quién la anuncia?, ¿quién la escucha?, ¿dónde se pueden tener noticias de esta fiesta? Satisfechos con nuestro bienestar, sordos a todo lo que no sea nuestro propio interés, no creemos necesitar de Dios. ¿No nos estamos acostumbrando poco a poco a vivir sin necesidad de una esperanza última?

En la parábola de Mateo, cuando los que tienen tierras y negocios rechazan la invitación, el rey dice a sus criados: «Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda». La orden es inaudita, pero refleja lo que siente Jesús. A pesar de tanto rechazo y menosprecio habrá fiesta. Dios no ha cambiado. Hay que seguir convidando.

Pero ahora lo mejor es ir a «los cruces de los caminos» por donde transitan tantas gentes errantes, sin tierras ni negocios, a los que nadie ha invitado nunca a una fiesta. Ellos pueden entender mejor que nadie la invitación. Ellos pueden recordarnos la necesidad última que tenemos de Dios. Pueden enseñarnos la esperanza.

José Antonio Pagola

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“A todos los que encontréis, convidadlos a la boda”. Domingo 11 de octubre de 2020. 28º domingo de tiempo ordinario

domingo, 11 de octubre de 2020
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51-OrdinarioA28Leído en Koinonia:

Isaías 25,6-10a: El Señor preparará un festín, y enjugará las lágrimas de todos los rostros.
Salmo responsorial: 22: Habitaré en la casa del Señor por años sin término.
Filipenses 4,12-14.19-20: Todo lo puedo en aquel que me conforta.
Mateo 22,1-14: A todos los que encontréis, convidadlos a la boda.

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda.” Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.” Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. [Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?” El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.” Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.”]

El Salmo interleccional y la epístola de Pablo a los cristianos de Filipos ponen de relieve el cuidado y protección de Dios. El primero recurre a las imágenes de pastor y anfitrión señalando el significado del “tú conmigo” (v. 4) en el camino y en el descanso. Por su parte la epístola señala la compañía divina en la vida del apóstol y la seguridad que ella se hará extensiva a los cristianos de la comunidad.

El pasaje del evangelio recurre a la misma imagen y comparte el horizonte universalista. En él podemos distinguir dos partes. En la primera, se presenta el Reino de Dios con ayuda de las acciones de un rey que quiere celebrar la boda de su hijo. Los símbolos de autoridad están expresamente seleccionados ya que esta sección, que tiene lugar en Jerusalén, gira en torno de la autoridad de Jesús.

Para la celebración el rey envía a sus “sirvientes”, en dos oportunidades, a notificar a los que han sido previamente invitados que el banquete está pronto. La reacción es de una violencia creciente.

Ante este fracaso, el rey ordena a los sirvientes de extender la invitación a la gente que está “al extremo de la calle” sin distinción de comportamiento ético, ya que entran al banquete “malos y buenos” (v. 10). La invitación ahora surte efecto ya que la sala se llena de invitados. Se trata de una llamada universal que supera todas las diferencias humanas y que reúne a todos en un mismo banquete.

Esta perspectiva universal, aunque ocasionada por el rechazo de los invitados, va mucho más allá de lo que puede, en el rey, motivar ese rechazo. Se trata de una voluntad salvífica sin límites que aprovecha un momento de hostilidad para manifestarse.

Los vv. 11-14 cambian bruscamente la perspectiva: viene la segunda parte. Aquí se trata de un caso particular de la participación al banquete. El ámbito universal continúa estando presente, pero se subraya la reacción de uno de los comensales.

El cambio de perspectiva toma su punto de partida en la entrada del rey en la sala del banquete. Con esa entrada se señala un acontecimiento decisivo, un juicio que se opera en cada uno de los invitados.

Haber entrado no da derecho automático a permanecer. Para participar plenamente al banquete es necesario haber aceptado el “vestido de fiesta”, el don de la fe. Uno de los presentes, aunque también llamado, no ha endosado el ropaje adecuado, no ha sido capaz del compromiso ético que acompaña a la llamada.

La mudez ante la pregunta del rey, indica la ineficacia de la llamada en tal convidado y motiva la sentencia condenatoria que el rey pronuncia en un juicio instantáneo y decisivo que lo arroja a las tinieblas exteriores, donde reinan el llanto y el rechinar de dientes (v. 13). La tristeza ante Israel por no haber aceptado la invitación puede transferirse a los miembros de la comunidad eclesial que no sean capaces de las exigencias que dimanan de la fiesta. Este destino reservado a los miembros “mudos” de la comunidad, incapaces de producir fruto coherente con su confesión de fe, pretende hacer un llamado concreto a cada uno de los integrantes comunitarios a tomar en serio la invitación que en principio han aceptado.

La advertencia se hace más urgente gracias a la mención del mayor número de los llamados que de los escogidos (v. 14) que no busca determinar número sino fundamentar la seriedad con que se debe tomar la decisión frente al Reino.

El banquete del Reino es un don gratuito de Dios pero exige que cada hombre sea capaz de aceptar la invitación que se le dirige y, llevar una vida coherente con el significado de la invitación. Sólo con esas dos actitudes es posible mantenerse en el ámbito de la gracia divina que aunque ilimitada jamás avasalla la libertad humana.

A pesar de todo lo dicho, no podemos menos de hacernos cargo de la «objeción a la totalidad» que muchos oyentes, personas cultas y con verdadera sensibilidad de hoy, van a sentir ante este texto del evangelio y toda la cosmovisión teológica a la que echamos mano para tratar de explicarla y aplicarla. La sensación cierta, aun en muchos que no acaban de poder expresarla con nitidez, es que este tipo de metáforas globales son profundamente inadecuadas, están gastadas y sobrepasadas, y no sólo no dicen ya nada (por eso necesitan de tanta explicación), sino que resultan ininteligibles, y hasta producen rechazo. Como afirma la teóloga Sally McFague, son metáforas no sólo obsoletas, sino dañinas. Con toda probabilidad Jesús ya no las usaría hoy, y se pasmaría de vernos muchos domingos dando vueltas en torno a ellas, queriendo dar vida a una simbología y una doctrina que está muerta. Es otro tema, muy importante, que tenemos que acostumbrarnos a plantear más y más. Cfr «Hacen falta nuevas imágenes religiosas», Agenda Latinoamericana’2011, p. 228, accesible también en el Archivo digital de la Agenda: servicioskoinonia.org/agenda/archivo Leer más…

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11 octubre 2020. Dom 28 TO Mt 22, 1-14 El problema no es que Dios mande al infierno, es que nosotros no queramos su cielo

domingo, 11 de octubre de 2020
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78940884-8B45-49BF-89AB-9C2E9736706CDel blog de Xabier Pikaza:

Dijeron y dicen muchos que la religión nació del miedo: «Timor fecit Deos» (el temor hizo a los dioses). La parábola de hoy (Mt 22, 1-14) invierte ese motivo: Habla de un «Señor» que ofrece a los hombres su banquete (¡amor de cielo!), pero que muchos no lo quieren, matándose y muriendo por otros «falsos amores»

El Dios de Jesús «invita», no impone su banquete. No pide a los hombres que vengan por miedo, sino que suscita en ellos un amor más grande de vida (banquete/comida, bodas/amor),que empieza en este mismo mundo. Este Dios no es temor, es deseo de cielo. Pero allí donde los hombres no quieren ser camino de cielo (banquete, bodas) se vuelven matanza de infierno.

Los animales no tienen ese deseo de cielo, simplemente viven, son lo que son en armonía inconsciente de vida y de muerte (generación y corrupción). Los hombres, en cambio, podemos desear y deseamos un cielo de vida universal, somos deseantes de cielo. Ese es el motivo de fondo de esta parábola, contada (como casi todas) de forma paradójica, para hacernos pensar y desear el cielo, superando el infierno.

En la línea de esta parábola se entiende la encíclica de Francisco, Tutti Fratelli e sorelle, Todos hermanos/hermanas, amantes/amigos, llamados al «cielo» de la vida, al Gran Banquete/Bodas de la Humanidad divina.

Argumento básico

Lo presentado ya en el subtítulo. Aquí lo resume de nuevo, para ofrecer después la parábola y comentarla desde el evangelio. Éstos son sus cinco temas:

  1. La parábola supone que hombre/mujer (humanidad entera) «es» deseo de «cielo», esperanza de fraternidad y vida. Éste es el gran descubrimiento: Hay Dios, hay deseo y posibilidad de banquete/boda para todos. El banquete y boda universal de vida no es una ilusión, no es engaño al servicio de algunos. Es el gran deseo que mueve las estrellas, que pone en marcha la vida de los hombres como «aspirantes de cielo.
  2. La parábola supone desde el judaísmo que hubo un pueblo pionero de ese camino de cielo, que han sido los judíos. Un budista contaría esta parábola de otra manera, lo mismo un chino mandarín. Jesús la cuenta desde el judaísmo, que  es Antigua Alianza de vida. Los judíos (con Elías, Isaías, Juan Bautista, María de Nazaret) han sido un pueblo privilegiado, aspirante de cielo. En ese sentido, todos somos de algún modo judíos.
  3. Un tipo de judaísmo no ha culminado su camino, ha rechazado el banquete de cielo para todos, ha querido sólo su propio cielo. Un judaísmo entendido como «capitalista de Dios» no ha querido culminar su camino, ofreciendo su amor de reino/cielo y su promesa de bodas para todos. Ha querido su boda especial, su banquete propio, rechazado así (por ahora) el amor universal del Dios-amor que Banquete y Boda.
  4. Jesús judío universal ha extendido para todos el deseo y camino de cielo, el banquete;  de esa forma ha sido judío-judío, judío universal de banquete enamorado y boda para todos,   empezando por los últimos del mundo,  publicanos y prostitutas, cojos-mancos-ciegos, excluidos de todos los banquetes y bodas del mundo. Jesús, testigo del banquete de la vida, ha venido a cursar por sí mismo y por su iglesia esa gran invitación de cielo: La vida es un banquete de amor para todos, una mesa y casa abierta (alimento, fiesta, para todos los pueblos, como había dicho Isaías 24-27); una boda de amor para todos, los bien casados de la ley antigua, y los que parecían mal-casados, mal-queridos, empezando por prostitutos y prostitutas, por excluidos de la vida (homo- y hetero sexuales…), todos novios y novias de la vida, no de la muerte.
  5. Pero entre los invitados cristianos hay algunos que no llevan el «vestido de cielo», que no viven conforme al amor del banquete. Ésta es la gran novedad que este evangelio de Mateo introduce en la parábola, la novedad más actual en este tiempo (año 2020), que está en el fondo de la «parábola del Papa Francisco» (Fratelli tutti…). Algunos de la iglesia vienen a la boda sin «cambiar su ropa», vienen a imponerse y mandar a los demás, a destruir el amor de las bodas…
  6. Por eso es necesario volver volver al amor primero. No olvidemos que la parábola es «parábola» (no es un argumento, ni un dogma impuesto…), un camino para pensar y cambiar. Jesús nos ha dicho que somos deseo de cielo, que la religión de la vida es amor (banquete y bodas para todos). Pero nosotros podemos convertir  el mismo banquete en infierno, en bodas de sangre y de muerte, de opresión y miedo. A partir de aquí leamos la parábola.

He desarrollado extensamente el tema en  varias entradas de Palabras de amor y de un modo especial en mi Comentario de MateoCon estas palabras deseo a todos mis amigos un buen fin de semana  de amor.

Parábola. Mt 22,1-14. El gran banquete

   Tiene varias partes, las iré leyendo y comentando una por una. El texto es complejo, la interpretación es larga, tomada de mi comentario a Mt. Siga leyendo quien quiera y tenga tiempo, para pensar conmigo, con gran libertad, con deseo de entender el mensaje de Jesús tal como lo interpretó la Iglesia de Mateo.

Parábola original según Mateo (22 1-10) 22 1 Y respondiendo Jesús de nuevo, les habló en parábolas diciendo: 2 El reino de los cielos se parece a un hombre rey que hizo las bodas para su hijo. 3 Y mandó a sus siervos para que llamaran a los invitados a las bodas, pero no quisieron venir. 4 Volvió a mandar otros siervos, encargándoles que les dijeran: He aquí que tengo el banquete preparado, he matado terneros y reses cebadas, y todo está dispuesto. Venid a las bodas. 5 Pero ellos, no haciendo caso, se fueron: uno a su propio campo; otro a su negocio; 6 y los restantes, echando mano a los siervos, les maltrataron hasta matarles.‒ 7 Pero el rey montó en cólera, y, enviando a su ejército, destruyó a aquellos asesinos y prendió fuego a su ciudad. 8 Entonces dijo a sus siervos: Las bodas están preparada, pero los convidados no eran dignos. 9 Id pues a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda. 10 Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. Y la sala de bodas se llenó de comensales[2].

 El banquete como signo del Reino de Dios o de la culminación escatológica aparece en varios lugares del Antiguo Testamento y de la tradición apocalíptica. Un texto a menudo evocado es Is 25, 5-10, donde se dice que el Señor de los ejércitos prepara en el Monte Sión un festín de manjares suculentos, aniquilando allí a la muerte. En ese contexto suelen citarse también unas palabras de Zac 9, 16: ¡Qué espléndido será, qué hermoso! El trigo hará florecer a los jóvenes, el mosto a las doncellas! (Zac 9, 17) [3].

Ese banquete se sitúa sobre el Monte Sión, que Is 2, 1-5 presentaba como centro de reconciliación universal (¡de las espadas forjarán arados!). En esa línea avanzan las Parábolas de Henoc (1 Hen 37-71), del tiempo de Jesús, hablando de un banquete del Hijo del Hombre como salvador escatológico: «Dios habitará con ellos; morarán y comerán con este Hijo del hombre, se acostarán y se levantarán por los siglos» (1 Hen 62, 7-14). También los libros tardíos de la apocalíptica (Ap. de Baruc, 4º Esdras), escritos a finales del I dC, siguen destacando la abundancia del banquee final (cf. ApBar 29, 5-8)[4].

Esta parábola contiene un recuerdo original de Jesús, que puede y debe situarse en el contexto de su misión final, quizá durante su ascenso a Jerusalén, tras la culminación (¿fracaso?) de su mensaje en Galilea, con el recuerdo de la misión y llamada de Dios por los profetas. Así lo ha destacado EvTom 64, que entiende este motivo de manera más intimista, aunque al fin añade, de modo sorprendente, el logion de los mercaderes y compradores que no entrarán en el Reino de mi Padre[5].

Lucas ha situado esta parábola en el contexto general de la llamada de Jesús (Lc 14, 16-24), en el principio del camino que va a Jerusalén (cf 13, 22. 31-35), sin referencia al rechazo de los sacerdotes y escribas, y sin juicio sobre Jerusalén. Mateo, en cambio, la presenta como alegoría de la llamada al Reino, dirigida primero a los invitados (judíos) y luego a todos (en la línea de EvTom 64), dándole al mismo tiempo un tinte apocalíptico: destrucción para aquellos que rehúsan la llamada (22, 7) y para aquellos que aceptándola no se mantienen fieles (añadido de 22, 11-14).

‒ Primera parte: una misión judía (22, 1-5). Evoca la llamada de Jesús a los invitados(judíos: 22, 3; cf. 14, 17) israelitas, a quienes Dios había preparado como pueblo, a través de los profetas. Esta invitación se formula en dos fases: La primera responde  de tipo genérico (22, 3), rechazada por los invitados, y otra más concreta (22, 4) e insistente, que ellos rechazan también.

La primera invitación (22, 3) tiene un sentido amplio y, en la perspectiva de Mateo, puede referirse a los profetas, y de un modo más concreto a Jesús y a los primeros ministros del evangelio, que anuncian la pascua, es decir, el banquete del Hijo del Rey a los judíos. En ese contexto se supone que los invitados debían hallarse dispuestos, para compartir el gozo del rey en la boda de su hijo. La segunda (22, 4) puede referirse, ya de un modo más preciso, a los profetas, sabios y escribas que el mismo Jesús pascual sigue enviando a Israel, y que están siendo rechazados por los escribas y fariseos del nuevo judaísmo (cf. 23, 34-35).

Esta doble invitación sorprende por su gratuidad. El rey no impone obligación a los llamados. Simplemente quiere honrarles, pidiéndoles que compartan con él las bodas de su hijo. El texto supone que los llamados son súbditos del rey, al que han de obedecer, estando preparados para responderle y compartir su fiesta. Pero el texto indica por dos veces que no fueron: La primera (22, 3) no quisieron, sin más; la segunda (22, 4-6) se negaron ostentosamente, marchando cada uno a su trabajo (tierras, negocios) y matando además a los siervos del rey, para quedar así tranquilos. Leer más…

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Un banquete que termina mal. Domingo 28. Ciclo A

domingo, 11 de octubre de 2020
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banquete-de-bodaDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

… un rey celebraba la boda de su hijo…

El domingo anterior, la parábola de los viñadores homicidas terminaba diciendo que la viña sería consignada «a un pueblo que produzca sus frutos» (v.43). Algo parecido afirma la parábola de hoy, la de los invitados al banquete, que nos ha llegado a través de Mateo y Lucas. Para comprender el enfoque de Mateo considero esencial tener en cuenta no solo la primera lectura (Isaías) sino también la versión de Lucas.

El punto de partida: un festín de manjares suculentos (Is 25,6-10a)

            La parábola de los invitados a la boda se inspira en un poema del libro de Isaías a propósito del gran banquete que Dios organizará “en este monte”, Jerusalén, que supondrá la alegría, la salvación y la victoria sobre la muerte para todos los pueblos.

            Aquel día,

            el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos,

            en este monte,

            un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera;

            manjares enjundiosos, vinos generosos.

            Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos,

            el paño que tapa a todas las naciones.

            Aniquilará la muerte para siempre.

            El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros,

            y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país.

            Aquel día se dirá:

            «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara;

            celebremos y gocemos con su salvación.

            La mano del Señor se posará sobre este monte».

La reinterpretación irónica de Lucas (Lc 14,15-24)

            El texto de Isaías podía provocar en cualquiera el sentimiento que pone Lucas en boca de un oyente de Jesús: «¡Dichoso el que coma en el Reino de Dios!». Entonces Jesús, con gran dosis de ironía y realismo, cuenta una parábola que podemos dividir en dos actos:

            Acto I:

  • un hombre organiza un gran banquete;
  • envía a un criado a llamar a los invitados;
  • los invitados se excusan de buena manera.

            Acto II:

  • El hombre, irritado, manda al criado a invitar al banquete a pobres, lisiados, ciegos y cojos;
  • el criado obedece, pero todavía sobra sitio;
  • el hombre vuelve a enviarlo «hasta que se llene la casa».

            Moraleja:

«Ninguno de aquellos invitados probará mi banquete».

            En la versión de Lucas, la parábola contada por Jesús explica por qué en la comunidad cristiana (el banquete) no están los que cabría esperar (los judíos), sino otros (los paganos). Del optimismo exagerado de Isaías pasamos al terrible realismo con que Jesús enfoca siempre las cuestiones.

La reinterpretación más dura y crítica de Mateo (Mt 22,1-14)

            La versión de Lucas podía suscitar en las comunidades cristianas un sentimiento de satisfacción y de falsa seguridad. Para evitarlo, Mateo añade una última escena e introduce también interesantes cambios; los dos actos se convierten cuatro:

          «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: «Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda. » Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: «La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.» Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.

            Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?» El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: «Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.» Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

            Acto I:

  • Un rey invita a la boda de su hijo;
  • envía criados (en plural);
  • los invitados no quieren ir.

            Acto II:

  • El rey vuelve a enviar criados;
  • los invitados no hacen caso a los criados e incluso matan a algunos de ellos;
  • el rey mata a los asesinos y prende fuego a su ciudad.

            Acto III:

  • El rey manda a recoger por las calles a todos, malos y buenos;
  • La sala se llena de comensales.

            Acto IV:

  • El rey descubre a un comensal sin traje de fiesta;
  • manda expulsarlo del banquete.

            Moraleja:

                        «Hay más llamados que escogidos».

            Mateo ha reinterpretado la parábola a la luz de los acontecimientos posteriores y en clara polémica con las autoridades religiosas judías.

            En el Acto I, el protagonista no es un hombre cualquiera, sino un rey (Dios), que celebra la boda de su hijo (Jesús). Y no envía a un solo criado, sino a muchos (referencia a los antiguos profetas y a los misioneros cristianos). Los invitados, en vez de excusarse de buena manera, como en Lucas, simplemente no quieren ir.

            Entonces introduce Mateo un acto nuevo (II), donde la invitación del rey encuentra una oposición mucho mayor (incluso llegan a matar a algunos criados) y la reacción del monarca es terrible, porque manda su ejército a acabar con los asesinos y a prender fuego a la ciudad (destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70).

            El Acto III también representa una novedad con respecto a Lucas: no se invita a pobres, lisiados, ciegos y cojos, sino a todos, buenos y malos. El enfoque socioeconómico de Lucas (en el banquete entran los marginados sociales) lo sustituye Mateo por el moral (todo tipo de personas).

            Pero Mateo añade un nuevo Acto, el IV, que es la que más le interesa: un invitado se presenta sin vestido de boda y es echado fuera.

            Con estos cambios, la parábola explica por qué la comunidad cristiana está compuesta de personas tan imprevisibles y, al mismo tiempo, contiene un toque de atención para todas ellas. En el Reino de Dios puede entrar cualquiera, bueno o malo. Pero, si se acepta la invitación, hay que presen­tarse dignamente vestido.

Ni frac ni maxifalda

            Para entrar en una mezquita hay que descalzarse. Para entrar en una sinagoga hay que cubrirse la cabeza. Para entrar en cualquier iglesia se aconseja o exige un vestido digno. Pero el vestido del que habla la parábola no se mide en centímetros ni se debe caracterizar por su elegancia. Es una forma de comportarse con Dios y con el prójimo. O, utilizando una metáfora de san Pablo, hay que vestirse de nuestro Señor Jesucristo. No es un disfraz. Es un modo de vivir y de actuar que recuerde a los demás, dentro de lo posible, como él vivió y actuó.

La generosidad de los filipenses y la de muchas personas actuales (Fil 4,12-14.19-20)

            Pablo no quería ser gravoso a las comunidades que fundaba. No aceptaba que le ayudasen económicamente, prefería ganarse de vivir trabajando con sus manos. Pero hay ocasiones en las que no puede hacerlo, como ocurre cuando está preso en la cárcel de Éfeso. Entonces acepta y agradece la ayuda que le envían los filipenses, y les asegura que Dios se lo recompensará con creces.

            La pandemia actual, con todo lo que tiene de malo, ha puesto también de relieve la bondad y generosidad de muchas personas, dispuestas a ayudar y a sacrificarse por el prójimo. A ellas puede aplicarse lo que dice Pablo. En recompensa, «Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia».

 

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11 Octubre. Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario.

domingo, 11 de octubre de 2020
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Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis convidadlos a la boda. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.”

(Mt 22, 1-14)

Leyendo este evangelio surge una pregunta: ¿no le pasa lo mismo a nuestras eucaristías dominicales? ¡Nuestras fiestas están vacías! Las invitadas no quieren venir, pero de momento no nos hemos atrevido a salir a los caminos y llenar nuestras iglesias de “malos y buenos”.

Todo está preparado, pero sin invitadas no hay fiesta. Las invitadas no quieren venir y demasiadas veces simplemente nos quedamos cada vez más solas con nuestras tristes quejas.

No, las cosas ya no son como eran. La sociedad cristiana del siglo pasado pasó. Y no volverá. Ahora hay que buscar nuevas invitadas que harán nueva nuestra fiesta. Hay que salir a los caminos y a los cruces. Es urgente saber de qué tiene hambre y sed nuestra sociedad de hoy.

El cristianismo. El seguimiento de Jesús es mucho más versátil de lo que nos quieren hacer creer. Hay infinidad de maneras de vivirlo con fidelidad y coherencia. Y ha sido precisamente su capacidad de adaptación la que le ha permitido atravesar siglos de historia y fronteras culturales. La esencia de nuestro mensaje cristiano todavía tiene algo que decir. Pero para proclamarlo primero tendremos que sentarnos a escucharlo pacientemente.Para contagiar a otras gentes primero tendremos que estar convencidas.

Tendremos que habernos implicado con esfuerzo en la preparación de esa fiesta para poder salir al camino y convencer a otras para que vengan. Cuando de verdad veamos que hay comida, bebida y espacio para todas, nuestros pies nos conducirán a quienes tiene hambre, sed y soledad. Quien tiene un porqué en la vida siempre encuentra un cómo.

Oración

Trinidad Santa, esperanza activa, despierta nuestra ilusión. Haznos conectar con el amor primero. Que nuestra mirada diga aquello que ninguna palabra puede pronunciar: Que el amor nos mueve.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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