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La novedad de Jesús.

domingo, 12 de febrero de 2023
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amor-a-dios-y-al-projimo-300x300Mt 5, 17-37

«Habéis oído que se dijo a los antiguos … pero yo os digo»

Hay quien concibe el evangelio como culminación del antiguo testamento. Otros van más lejos y hablan de ruptura, pero, en cualquier caso, es innegable la gran novedad que supuso Jesús; una novedad tan patente y arrolladora, que el propio Mateo —un escriba posiblemente de secta farisea— no tiene más remedio que reconocer. Y aunque en el texto de hoy se hace un pequeño lío por tratar de ser fiel a su tradición —«no he venido a abolir la ley…»—, se muestra más explícito en su capítulo nueve donde compara a Jesús con el vino nuevo que rompe los odres viejos.

Y es que Jesús se está ofreciendo como alternativa a Moisés, y está pidiendo a sus seguidores que superen el concepto de Ley y se abracen al evangelio. Les viene a decir que no se trata de ser santos e irreprochables a los ojos de Dios, sino de crear humanidad; que no se trata de cumplir una serie de preceptos y tradiciones, sino de sentirse amados por Dios y responder amando, sirviendo, perdonando…

Como decía Ruiz de Galarreta: «La diferencia entre la ley y el evangelio es que la ley deja a la persona a sus propias fuerzas, le pone preceptos que ha de esforzarse en cumplir, le amenaza, le premia… mientras que el evangelio la coloca ante el don de Dios, le hace conocer a su Padre, le convierte en hijo, lo cambia por dentro… y ya no tiene que mandarle nada».

Sabemos que la reacción de la gente ante este mensaje fue muy dispar. Aquellos que se sintieron necesitados de ese Dios, le siguieron hasta el final. En cambio, los ricos y acomodados estaban tan satisfechos tal como estaban que prefirieron al Juez que da a cada uno según su mérito, porque a ellos ya les había juzgado y —a la vista de la prosperidad de la que gozaban— les había declarado justos y dignos de premio.

Los escribas y fariseos lo rechazaron desde el principio y se posicionaron de manera inequívoca en su contra. Y no les faltaba razón. Habían consagrado su vida al Dios de Abraham, al Dios de Moisés, en definitiva, al Dios de la Tradición, y aquella nueva doctrina era para ellos la mayor de las imposturas. No les cabía duda de que aquel nazareno que la proclamaba era un impostor; además un impostor peligroso, porque si lo suyo triunfaba, ellos, junto con los sacerdotes, serían los más perjudicados.

Para todo israelita la conversión a Abbá suponía abandonar al Dios de sus padres, renunciar a la tradición de Israel y lanzarse al vacío… y sus mentes no estaban preparadas para asimilar ese mensaje. Les entusiasmaba lo de Jesús, pero no podían aceptar que aquello pudiese entrar en conflicto con sus creencias milenarias. Por eso, todo cuanto le oían decir quedaba amoldado a la horma de sus tradiciones, y acababa interpretándose más en clave política que religiosa…

Para hacernos una idea de la novedad que en su tiempo supuso Jesús, baste pensar que, veinte siglos después, nosotros, la Iglesia, no acabamos de digerir sus palabras y retornamos, una y otra vez, al Dios juez justo y misericordioso que va a juzgarnos y premiarnos por nuestras buenas acciones.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fe Adulta

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¿Llamados, llamadas a cumplir la ley o a darle su plenitud?

domingo, 12 de febrero de 2023
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sermon-on-the-mountMateo 5,17-37

¿Qué era la Ley para Jesús?  ¿Qué es para mí cumplir la ley?

En el evangelio de este domingo Jesús nos invita a pararnos y reflexionar sobre la ley. Tema posiblemente poco atractivo para la mayoría y más en estos tiempos, en los que en cada telediario oímos hablar de leyes nuevas, o leyes que se modifican, en unos tonos y términos que nos hacen sospechar que no siempre es el bien común o la justicia lo único que hay detrás.

Por eso, es posible que al escuchar esta primera afirmación que Mateo pone en boca de Jesús “No he venido a abolir la ley, sino a darle su plenitud”, o su cumplimiento, como se traduce a veces, no nos sintamos especialmente emocionados.

Las primeras comunidades cristianas procedentes del judaísmo, a las que se dirige Mateo, tienen la experiencia de haber vivido siempre buscando cumplir la Ley. Esa Ley que liberó al pueblo en tiempos de Moisés pero que en tiempos de Jesús se ha convertido en un montón de preceptos, 613 prescripciones que había que cumplir escrupulosamente o encontrar una justificación para saltárselos “quedando bien”. Y Jesús afirma que ha venido a cumplir y dar plenitud a la ley y a enseñar a todos a cumplirla. Y que quien haga como Él será grande en el Reino.

Esto nos lleva a preguntarnos, ¿qué era la Ley para Jesús? y ¿qué es para mí cumplir la ley? ¿Desde dónde hago lo que “tengo que hacer”? ¿Desde la rutina o la costumbre? ¿Desde la presión del qué dirán de mí?… ¿o desde el corazón?

El evangelio continúa introduciendo una nueva palabra, justica. Siempre en boca de Jesús Mateo afirma sorprendentemente que si nuestra justicia no es mayor que la de estos grupos que “oficialmente” son los cumplidores de la ley, no entraremos en el Reino. Esta afirmación es luminosa y liberadora, descubrimos en ella que Jesús no nos está hablando del cumplimiento de una multitud de preceptos al pie de la letra, deshumanizados y lejos de lo que se fragua en el corazón. Para Jesús la plenitud de la Ley es la justicia.

Si buscamos el significado de justica en el diccionario encontramos: “Principio moral que lleva a determinar que todos deben vivir honestamente. (…) constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido.” (rae)

Es decir, que cumplir la ley en su plenitud no es cumplir preceptos, sino vivir en referencia a Dios y a los otros, a todo hombre y mujer que es mi prójimo. Y esta referencia a Dios y a los demás no de una forma aislada o separada. Si mi hermano o mi hermana, cualquiera que este sea, tiene algo contra mí, eso me impide acercarme a Dios intentando “cumplir” lo que entiendo como preceptos religiosos. Porque ¿cómo va a aceptar Dios, padre y madre misericordioso, una ofrenda nuestra si sus otros hijos tienen quejas contra nosotros y no las atendemos? La exigencia de esta manera de vivir la ley hace que nos vayamos transformando por dentro, que nuestro corazón se haga más comprensivo, que sepamos perdonar, que la reconciliación sea nuestro talante para poder hacer comunidad… porque la plenitud de la ley está en el corazón no solo en los hechos externos.

Lo que sigue en el texto evangélico concreta y expresa esta forma de cumplir la ley que Jesús quiere en situaciones candentes en las primeras comunidades, el tema del divorcio y de los juramentos.

El acta de repudio que cualquier varón podía dar a su mujer por causas mínimas, dejándola sin posibilidades de una vida digna, despreocupándose de ella, es claramente una costumbre injusta que va contra el fondo, el objetivo último de la ley y Jesús avisa de esto a sus seguidores. Ampliando nuestra mirada, ¿qué nos dice hoy a nosotros? ¿A cuántas personas damos cualquier tipo de “acta de divorcio” y nos desentendemos de ellas? Porque no son de los nuestros, porque no nos gusta lo que hacen o piensan….  Y luego, ¿podemos acercarnos sin más a celebrar la eucaristía?

En una sociedad en la que el valor de la palabra era inmenso porque no había otro tipo de contrato, se había llegado a desvirtuar el juramento. Ya no se apoyaba en la verdad de lo que se afirmaba jurar o prometer, sino en por quién o por qué se juraba, con lo que la verdad podía quedar abolida por retorcidas afirmaciones. El evangelio rechaza cualquier forma de juramento. Jesús nos invita a amar la verdad, a vivir en verdad y decir la verdad. Simplemente, sencillamente… lo demás no es del Reino.  Seguro que estamos recordando ese otro pasaje en el que Jesús afirma que es la Verdad. (Jn 14, 6) ¿Qué valor real damos a la verdad? ¿La disimulamos, la ignoramos, hacemos pactos para lograr otros intereses que la desvirtúan?

Cuando este domingo escuchemos “Habéis oído que se dijo, pero yo os digo” caeremos en la cuenta de que Jesús no cambia, añade o quita preceptos, sino que los da hondura, los lleva al corazón, al centro, la raíz de la persona, de donde brota la justicia.

Acojamos esta invitación a dar plenitud a la ley en nuestra vida.  Escuchemos la voz de Jesús que nos dice: ¡Cuidado! Hay formas de cumplir la ley que no nos hacen justos, buenos… Se lo dice a sus primeros discípulos y a nosotros, a nosotras, ¿somos justos, buenos, santos al cumplir la ley, los mandamientos, los preceptos de la Iglesia?

Si vivimos profundamente la Palabra de Dios, si su Ley cala directamente en nuestro corazón, lo que pensemos, digamos o hagamos será sincero, auténtico, profundo. Será expresión del amor, del perdón y la comprensión a los hermanos y así, solo así, el vivir los mandamientos, la Ley, nos acercará a Dios y nos hará felices. Porque, como dice el evangelio eso es llevar la Ley a su plenitud.
Mª Guadalupe Labrador Encinas fmmdp

Fuente Fe Adulta

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Radicalidad

domingo, 12 de febrero de 2023
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A80315DF-AAB8-40FD-89F0-0321CCA59602Domingo VI del Tiempo Ordinario 

12 febrero 2023

Mt 5, 17-37

Mateo, que escribe a una comunidad de origen judío, se ve obligado a hacer equilibrios entre la continuidad y la ruptura que supone el mensaje de Jesús. En esa línea, afirma que cumple con toda la ley judía pero que, al mismo tiempo, la trasciende de manera radical.

Más allá de los casos propuestos -y superado el apego a la literalidad del texto-, lo que parece evidente es el carácter radical de la propuesta de Jesús. A veces, nuestra mente suele asociar “radicalidad” a exigencia, voluntarismo, perfeccionismo, mortificación… Es probable que en esta misma trampa cayera el propio Mateo cuando habla de “sacarse un ojo” o “cortarse una mano”.

Sin embargo, en su sentido propio, radicalidad remite a “raíz”. Con lo cual, el acento pasa de lo que hago al desde dónde lo hago. Porque es precisamente este “desde dónde” el que, si quiero vivir coherentemente, me guía a la raíz o núcleo de lo que somos.

La radicalidad no consiste, por tanto, en cambiar el “contenido” de la norma -cambiar el qué-, sino en vivirse en aquel “lugar” -el dónde- en el que de habita nuestra verdadera identidad.

En concreto, todo lo que emprendemos podemos hacerlo desde el ego que creemos ser o desde la consciencia que somos. Y los frutos serán radicalmente diferentes, porque nacen de raíces muy distintas.

Dado que la diferencia se da entre lo que creemos ser y lo que realmente somos, si queremos vivir con radicalidad -desde la raíz-, necesitamos crecer en comprensión. Es la comprensión la que nos permite salir de las creencias acerca de nosotros mismos para vivir en la certeza de ser. Y es ahí donde somos transformados. Si no la reducimos a mero razonamiento mental, la comprensión transforma porque nos hace ver: qué somos, qué son los otros, que es esta sociedad, qué es nuestro mundo… Nuestra mirada cambia y de ella brotará la acción adecuada.

¿De dónde brotan mis acciones?


Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Se os dijo: cumplid… pero yo os digo: amad…

domingo, 12 de febrero de 2023
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88F159D8-869F-4D6B-BF9E-BB3A79F9C551Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Anotaciones previas.

Continuamos escuchando las «conclusiones» que se derivan del sermón de la montaña, de las bienaventuranzas.

01.2     Recordemos y tengamos presente que Mateo es un evangelio escrito para comunidades cristianas compuestas por personas de origen judío, de cultura y religión judías. Por tanto, estas comunidades conocen y viven del AT, de la ley de Moisés y de la cantidad de preceptos (613), normas que de la ley habían extraído los escribas y la tradición judía.

Este tránsito, este paso del AT al NT lo podríamos comparar con el cambio que se produjo en gran parte de la Iglesia preconciliar a la Iglesia postconciliar (Vaticano II), nos sentimos liberados. Hay quien nunca pasó del Sinaí a las bienaventuranzas. Hay quien nunca amó el Vaticano II

01.3     Jesús después de proclamar la “nueva ley” en las Bienaventuranzas, comienza a desmantelar todo el sistema religioso del AT.

Todo el capítulo quinto de San Mateo seguirá ya esta estructura: SE OS DIJO, PERO YO OS DIGO, Se os dijo en el AT, pero yo os digo

Mt 5, 1-12   BIENAVENTURADOS los pobres, los humildes, los que trabajan por la paz…

Mt 5, 13-16  Sed LUZ y SAL (testimonio) de la tierra.

Mt 5, 21-26  SE OS DIJO: no matarás… PERO YO OS DIGO ni tan siquiera os peleéis …

Mt 5, 27-31  SE OS DIJO: no cometerás adulterio… PERO YO OS DIGO, sé siempre fiel en tu amor…

Mt 5, 33-37  SE OS DIJO: no jurarás en falso… PERO YO OS DIGO que digáis la verdad.

Mt 5, 38-42  SE OS DIJO: Ojo por ojo y diente por diente… PERO YO OS DIGO: no hagáis mal a nadie.

Mt 5 43-48   SE OS DIJO: ama a tu prójimo y odia a tu enemigo… PERO YO OS DIGO: amad a vuestros enemigos.

02.- La plenitud de la ley es el amor.

    Jesús dice que no ha venido a abolir la ley, sino a darle plenitud.

Fácil y precipitadamente solemos pensar –y vivir- un cristianismo como si fuesen unas “rebajas teológicas” del AT; una especie de “saldos religiosos” a buen precio, unas leyes más fáciles de cumplir, una Iglesia más permisiva y tolerante.

Y no es eso.

Muchos de nosotros esperamos un cristianismo, una Iglesia que “facilite las cosas”, que “rebaje los precios”.

Pero esa no es la cuestión.

Jesús cuando habla de dar plenitud está hablando de que la ley ha terminado y ha comenzado “el tiempo del amor”. “Se os dijo…”, “pero yo os digo” que la plenitud de la vida está en el amor, o -lo que es lo mismo-, toda la ética y la moral cristiana hay que leerla y vivirla desde el amor.

En palabras de San Agustín, la plenitud de la moral de Cristo es: Ama y haz lo que quieras.

Ante las dudas y dilemas de la vida, actúa con amor y estarás haciendo lo correcto.

(Quizás el libro del Eclesiástico (1ª lectura) es un poco optimista cuando al hablar de la libertad dice: Si quieres, guardarás los mandatos del Señor. El mismo San Pablo “le corregirá” un poco la plana cuando dice: no hago el bien que quiero, sino que hago el mal que no quiero… Rom 7,19).

El hombre es amado por Dios siempre –y sobre todo- en la situación de pecado.

03.- Los sistemas religiosos permanecen en el plano de la ley:

Las religiones construyen una serie de doctrinas, normas, ritos y obligaciones: se puede hacer esto, no se puede hacer lo otro para así obtener el favor de los dioses

También entre nosotros, los católicos, ocurre algo de esto. Para muchas personas, para muchos eclesiásticos, se trata de cumplir con la ley y cuanto más fácil sea esa ley, mejor.

Probablemente nuestra concepción del cristianismo es puramente legal: hemos reducido el evangelio a Derecho canónico

    Pero el cristianismo no es eso, el cristianismo es sentirse amado por Dios y vivir desde ese amor con los demás. La plenitud de la ley es el amor. La ley de Jesús ha desembocado en el amor.

04.- Se os dijo, pero yo os digo.

También a nosotros se nos dijeron muchas cosas más propias del AT, que de Jesús: se trataba (se os dijo) que había que confesarse y comulgar una vez al año, por Pascua. Se trataba (se os dijo) de ir a Misa los domingos, (se os dijo) que no se puede controlar la natalidad, (se os dijo) ayunar unas cuantas veces al año, etc…

Esa moralidad es la propia del AT: de la ley, del cumplimiento.

La moral habitual parte como criterio único de lo que está permitido o prohibido. La moral evangélica parte del amor del seguimiento de Jesús. Vivir según la ley o según el amor son modos distintos de vivir.

Vivir desde la ley es la moral de los fariseos, es la moral del hermano mayor de la parábola del hijo pródigo, la del joven rico del evangelio, la de gente autosuficiente.

Jesús ve la vida desde el amor (y sus variantes: compasión, lástima, etc.) Así surge el cristianismo del amor. La moral cristiana es la del Buen Samaritano, la de Magdalena, de Zaqueo, del Hijo pródigo, que viven conforme al corazón y al amor.

la plenitud de la ley es el amor

Ama y haz lo que quieras

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Faustino Vilabrille: «El pecado no ofende a Dios absolutamente en nada»

viernes, 10 de febrero de 2023
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Cordero-Dios_2524557525_16369123_660x371Leído en su blog:

«La idea del pecado, asociada al mismo tiempo a la del infierno como castigo del mismo por ser una terrible ofensa a Dios, fue uno de los mas grandes martillos, usado durante siglos por la Iglesia oficial para mantener a sus fieles sumisos, dominados, obedientes y dóciles»

«La muerte de Jesús no fue cargar con nuestros pecados como víctima propiciatoria de un ser humano ofrecida a Dios para reparar las graves ofensas de los hombres a Dios»

«El infierno no es una venganza de Dios, ni un castigo reparador, pues Dios no necesita ser reparado de nada»

Cuenta el Evangelio de hoy que Juan Bautista, al ver a Jesús que se acercaba exclamó: “este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

La idea del pecado, asociada al mismo tiempo a la del infierno como castigo del mismo por ser una terrible ofensa a Dios, fue uno de los mas grandes martillos, usado durante siglos por la Iglesia oficial para mantener a sus fieles sumisos, dominados, obedientes y dóciles. Nada más lejos de Jesucristo y su mensaje, porque:

– El pecado es simplemente el mal que hacemos, a nosotros mismos, a los demás o a la creación, o el bien que dejamos de hacernos a nosotros mismos, a los demás o a la creación.

– El pecado no ofende a Dios absolutamente en nada.

Dios no necesita ningún sacrificio reparador de nadie.

 – La muerte de Jesús no fue una ofrenda a Dios por los pecados del mundo.

– La muerte de Jesús no fue cargar con nuestros pecados como víctima propiciatoria de un ser humano ofrecida a Dios para reparar las graves ofensas de los hombres a Dios.

– La muerte de Jesús no fue una víctima sacrificada exigida por Dios para sentirse reparado de las ofensas de los hombres. Esto sería ser un dios, cruel, tirano, justiciero, vengativo, sádico…, que exige ser expiado. Ya el Salmo 39 lo predecía así: “Tu no quieres sacrificios ni ofrendas; no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios”. El sacrificio por el sacrificio, o sea, el sufrimiento por el sufrimiento es absurdo: no tiene sentido, solo tiene sentido en función del servicio a los demás, como fue el caso de Jesús y de tantas personas que dan lo mejor de si mismas al servicio de los demás, y en especial de los más empobrecidos, enfermos y necesitados.

El infierno no es una venganza de Dios, ni un castigo reparador, pues Dios no necesita ser reparado de nada. El miedo a Dios fue un invento de los hombres. La muerte de Jesús fue un asesinato tramado por las “autoridades” religiosas y políticas, confabuladas contra El, por defender a los oprimidos y denunciar a los opresores religioso-políticos del pueblo, que vivían a costa del pueblo al que “imponían grandes cargas a los demás sin mover ni un dedo para ayudarles, que banqueteaban espléndidamente a costa del pueblo, que se hacían llamar señores”.

Jesús dice: “quien me ve a mi ve al Padre”. Por tanto, Jesús es la verdadera imagen de Dios. Dios es lo que vemos en Jesús.

¿Qué vemos en Jesús? Preocupación por los enfermos, por lo hambrientos, por los marginados, por los débiles, por los despre-ciados, por los indefensos, por los vulnerables.

¿Qué vemos en Jesús? Bondad, ternura, compresión, perdón, fraternidad, amistad, sensibilidad, delicadeza, acogida.

 ¿Qué vemos en Jesús? Hambre y sed de justicia, de paz, de igualdad, de solidaridad, de verdad, de vida, de amor.

¿Qué vemos en Jesús? Honradez, lealtad, misericordia, nobleza, sinceridad.

Todo eso es lo que vemos en Jesús. Por tanto, todo eso es Dios. Todo eso es lo que debemos ser nosotros. Jesús mismo dice: “yo he venido para que todos tengan vida y vida en abundancia”. Nuestra misión en este mundo es luchar con El y como El para que haya vida en abundancia para Todos los Seres Humanos y para Toda la Creación.

Por tanto, quitar el pecado del mundo es quitar las injusticias, el hambre, las guerras, la corrupción, la violencia, el odio, los malos tratos, los abusos, los engaños, las mentiras, las desigualdades, los miedos, todo aquello que hace sufrir al Ser Humano o a la Creación. Todos esos males son el pecado que vino a quitar Jesús del mundo, que ahora es misión nuestra eliminar. Creer en Jesús es seguirlo a El para hacer en este mundo lo mismo que El hizo.

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Jesús lo sintetizó todo en un único mandamiento promulgado por primera vez en la historia de la humanidad, que El formuló así: “un mandamiento nuevo os doy,  que os améis unos a otros”, y lo repite: “este es mi mandamiento, que os améis unos a otros”. Donde hay amor, no hacen falta leyes. Donde no hay amor, no hay leyes que valgan.

Y nunca mejor dicho: Un abrazo muy cordial a tod@s.-Faustino

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Con o sin el Dios de Jesús de Nazaret

jueves, 9 de febrero de 2023
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untaljesusALERTA: desenmascarar la más peligrosa alternativa para la humanidad

Son muchos los problemas o temas que nos envuelven, pero por encima de todos ellos, hay uno que nos condiciona acaso sin saberlo: vivir o no bajo la acción primera de alguien, a quien llamamos Dios, creador del universo

Obviamente, la humanidad incluye a todas las personas, pueblos, naciones y continentes del orbe. Y esa común humanidad viene dotada para convivir en relaciones de igualdad

Ahora, ¿quién fue ese Alguien que vino a revelarnos que Dios es también Padre nuestro y, en consecuencia, nosotros hijos suyos y todos hermanos entre sí?

Es lo primero. Son muchos los problemas o temas que nos envuelven, pero por encima de todos ellos, hay uno que nos condiciona acaso sin saberlo: vivir o no bajo la acción primera de alguien, a quien llamamos Dios, creador del universo.

Hacía millones y millones de años que el mundo comenzó a existir un mundo que no salió de la nada, ni fue efecto del azar.

En ese mundo emergía el ser humano que, tras sospecharlo e indagar, dedujo que ese alguien era Dios, pero sin averiguar nombre ni figura.

En el devenir del tiempo, Dios mismo decidió manifestarse para realizar y mostrar ell modo de ser humano.

Dios Padre envió a su hijo, que nació de María y de José y que marcó, hace más de dos mil años, el punto más alto y esclarecedor de la vida humana. Acampado entre nosotros, se dio a conocer como Jesús de Nazaret, el Mesías esperado, Creador y Señor del universo.

Jesús de Nazaret y su Dios

Obviamente, la humanidad incluye a todas las personas, pueblos, naciones y continentes del orbe. Y esa común humanidad viene dotada para convivir en relaciones de igualdad. Es mulitforme pero concuerda en lo esencial, por compartir idéntica naturaleza.

Ahora, ¿quién fue ese Alguien que vino a revelarnos que Dios es también Padre nuestro y, en consecuencia, nosotros hijos suyos y todos hermanos entre sí?

Hoy, entidades de esta gran humanidad (Naciones, Imperios…) pretenden negar la global realidad humana tal como es, sustrayéndole su igualdad esencial, para reducirla a otra configuración, ajena a la histórica de Jesús de Nazaret: Dios creador, hecho hombre y que recorrió el camino de serlo plenamente .

Para quienes pretenden negarlo, Jesús ni era Dios ni podía manifestarlo en su humanidad. Tal atribución era considerada una farsa y un escándalo que cundió y recorrió siglos, precisamente porque Jesús de Nazaret reivindicaba para todos igual dignidad, con especial prioridad para los más despreciados y oprimidos.

Si para el Dios de Jesús es connatural la defensa de los más despreciados y oprimidos, aparece entonces como el Dios liberador de las mayorías empobrecidas.

Nunca, de nadie, en ningún lugar, se dijo lo que de Jesús: HA RESUCITADO

Tal novedad, Jesús la dejó inapelablemente sellada con su resurrección, pero ni por esas los que disponían del Poder y de la Ley dejaron de espiarlo y perseguirlo hasta conseguir crucificarlo por rebelde y subversivo.

La contienda era, y es, radical pues prescindir de Jesús de Nazaret para suplantarlo por un proyecto de convivencia internacional, que somete a todas las naciones al superexaaaaltado ídolo del imperialismo yanqui, supone un objetivo sin precedentes, que clama contra el ser y el destino real de la humanidad.

Es la guerra de hoy, la más cruel, insensata y global: eliminar y suplantar al Dios de Jesús, históricamente liberador de todos, por un imperio, repelente y tiraníco sobre la vida humana y el universo.

El discípulo amado Juan: Seguidores somos de Jesùs de Nazaret, verdadero Dios y verdadero hombre

Con razón, y por suerte, tenemos al evangelista Juan, el discípulo amado, (Jn. 1,19-50) quien pudo vivirlo y supo expresarlo con sencilla maestría:

“Jesús de Nazaret existió desde el principio, era hijo único de Dios, estaba lleno de amor y lealtad, hizo todo lo creado, se hizo hombre y era vida y luz que ilumina a todo hombre. Pero, vino a su casa y los suyos no lo recibieron. Y a los que lo recibieron los hace nacer hijos de Dios”.

Palabras que coinciden con las que un día, Jesús en su propio pueblo, en la sinagoga, pronunció, con gran conternación e indignación de todos:

“El espíritu del Señor está sobre mi, porque El me ha ungido, para que de la noticia a los pobres. Me ha enviado para anunciar la libertad a los cautivos y la vida a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor (Is. 61,12).

Y añadió : «Hoy en vuestra presencia se ha cumplido este pasaje».

Y Jesús lo reitera para que todo el mundo lo entienda:

* Entre el amor a Dios y al prójimo no hay contraposición. Nadie puede presumir de amar a Dios a quien no ve, si aborrece al prójimo a quien ve. Quien odia al hermano no ha salido de las tinieblas. Y no sabe dónde va. Y sin este amor no se puede entrar en el reino de Dios.

* La construcción de este reino de Dios comienza por uno mismo, dando muerte al egoismo, a la codicia al orgullo y dedicándose a cultivar la fraternidad , puesto que la vida de todo ser humano vale tanto como la de uno mismo.

* La entrada en el reino de Dios exige el cultivo de la fraternidad universal, mediante una relación de apertura a todos los pueblos , en que viven personas de toda raza y cultura.

Por muy astutamente programado que venga el embuste, no se logrará que se imponga la aniquilante trampa de su mal disimulada alternativa.

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Broche de oro de Pedro Casaldáliga

Por Jesús de Nazaret,
el Señor, el Hermano

“¡Creo que creo de verdad en El! Creo en El y lo adoro. Le amo. Vivo de El, por El. Me gustaría dar la vida por El. Espero, en todo caso, morir en El para vivir con El eternamente.

¡Creo en este amigo que me presentaron mis padres, la Iglesia; Dios hecho hombre, nacido en Belén, de la casta de David, venida a menos, hijo verdadero de María , judío y obrero, natural de un pueblo colonizado; hombre, que ama y sufre y muere, perseguido y condenado por el Poder de los hombres, Resucitado por el Poder de Dios, Hombre Hijo de Dios, misteriosamente igual al Padre, “en quien habita corporalmente la plenitud de la Divinidad”, cuyo Espíritu anima a la Iglesia, Camino, Verdad y Vida, Salvador de los Hombres, el Señor!

Muertos los ídolos y los fantasmas, creo firmemente, creo únicamente en El, el Dios Hombre que ha asumido y revolucionado y solucionado la Historia humana , y es el rostro verdadero del Dios vivo y el rostro primogénito del Hombre Nuevo”.

NO a la tiranía idolátrica del imperialismo yanqui. SI al Dios de Jesús de Nazaret, Creador y Presencia humana viva entre nosotros del ser y destino de la humanidad.

NO al horror de una tiranía la más inhumana y la más opuesta al Dios de Jesús, Padre y Creador del universo.

Fuente Religión Digital

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Cambiando la Iglesia convirtiéndose en Sal y Luz

lunes, 6 de febrero de 2023
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3C9A1B96-3B73-4612-8CDC-86B6229FAF95Las lecturas litúrgicas de hoy para el quinto domingo del tiempo ordinario se pueden encontrar aquí.

A menudo, las personas católicas LGBTQ+ y sus simpatizantes me preguntan cuál es la mejor manera de ayudar a la Iglesia católica a aceptar y dar más la bienvenida a las personas LGBTQ+. He trabajado en esta área durante más de 30 años y una cosa que he aprendido es que ninguno de nosotros tiene realmente el poder de cambiar una institución global tan grande como la Iglesia Católica. Solo podemos actuar localmente, tratando de efectuar un cambio en nuestras comunidades locales, nuestros líderes de la iglesia local y compañeros católicos.

Las lecturas litúrgicas de hoy ofrecen una recomendación aún más radicalmente local para lograr el cambio y construir la justicia: comienza por ti mismo. En la primera lectura, el consejo de Isaías no tiene nada que ver con la estrategia política o la organización comunitaria. En cambio, sugiere una combinación de Mateo 25 y los Diez Mandamientos: alimentar al hambriento, vestir al desnudo, albergar a los desamparados, no mentir, respetar a los de su familia y comunidad.

Isaías promete que si hacemos estas cosas, sucederá lo siguiente:

Tu luz brillará como el alba,
y tu herida sanará pronto;
Tu justicia irá delante de ti,
y la gloria de Dios será vuestra retaguardia.
Entonces llamarás, y Dios te responderá,
clamarás por ayuda, y Dios dirá: ¡Aquí estoy!”

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Esas son promesas maravillosas, pero debo admitir que estas sugerencias no suenan mucho como un plan de acción concertado. ¿Dónde están las “listas de tareas”, los organigramas, los cronogramas, los presupuestos, el plan estratégico?

Isaías está sugiriendo que en lugar de enfocarnos en nuestras formas humanas de hacer las cosas, debemos adoptar los caminos de Dios, que nunca parecen tener mucho sentido si los comparamos con la lógica humana. Como San Pablo nos dice hoy, nuestra fe “no descanse en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios”.

Isaías está ofreciendo lo que en nuestros días se considera un buen consejo psicológico: no intentes cambiar a los demás, solo trabaja en ti mismo. Sé el cambio que quieres ver en el mundo.

Es mucho más fácil (¿y quizás más divertido?) señalar las fallas de otras personas y advertirles que cambien que tratar de cambiarnos a nosotros mismos. ¿Y cómo cambiarnos a nosotros mismos realmente puede hacer algún cambio en la iglesia o en el mundo?

Jesús proporciona la respuesta a esa pregunta en el evangelio de hoy. Se supone que somos la sal de la tierra, dice. Para hacer eso, tenemos que estar en guardia para asegurarnos de mantener nuestra propia «sabor salado» porque, «si la sal pierde su sabor, . . . ya no sirve para nada.” También tenemos que ser un faro que “alumbre a todos en la casa”.

Pero tanto en la sociedad y en la iglesia parece desanimar continuamente a las personas LGBTQ+. ¿Cómo nos aseguramos de no perder nuestro sabor y nuestra luz en nuestras vidas? El salmo 112 hoy continúa con el tema de trabajar en nosotros mismos y ser el cambio que queremos ver. Hacer esto logrará dos cosas. Por un lado, traerá justicia:

“La justicia de los justos permanecerá para siempre;
Su cuerno será exaltado en gloria.”

En segundo lugar, nos mantendrá firmes:

El justo nunca será conmovido;
el justo estará en memoria eterna.
La mala fama no temerá el justo;
sus corazones están firmes, confiados en Dios.”

Para aquellos que trabajan por la justicia para las personas LGBTQ+, la decepción y el desánimo son resultados comunes que a menudo pueden llevar al agotamiento: nuestra luz se apaga. Jesús quiere que mantengamos esa luz viva y brillante. La renovación no ocurre redoblando nuestros esfuerzos para cambiar estructuras injustas. En cambio, tenemos que cambiarnos a nosotros mismos, asegurándonos de no estar tan atrapados en nuestros ideales que descuidemos las obras de misericordia y que actuemos con justicia para ser un faro de luz para aquellos que viven en la oscuridad.

—Francis DeBernardo, New Ways Ministry, 5 de febrero de 2023

Fuente New Ways Ministry

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Ser luz, ser sal…

domingo, 5 de febrero de 2023
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El canto quiere ser luz…

El canto quiere ser luz.
En lo oscuro el canto tiene
hilos de fósforo y luna.
La luz no sabe qué quiere.
En sus límites de ópalo,
se encuentra ella misma,
y vuelve.

*

Federico García Lorca

***

El Señor ha puesto su mirada sobre nosotros;
ha puesto su confianza y su esperanza;
el Señor Dios ha hablado y cuenta con nosotros.

Nos pusiste , Señor, en esta tierra,
como luz, como hoguera abrasadora,
a nosotros que apenas mantenemos encendida
la fe de nuestras lámparas.

Nos dejaste , Señor, como testigos,
como anuncio brillante entre la gente,
a nosotros, tu pueblo vacilante,
tus seguidores de lengua temblorosa.

No te oirán si nosotros nos callamos,
si tus hijos te apartan de sus labios.
no verán el fulgor de tu presencia,
si tus fieles te ocultan con sus sombras.

Fortalece , Señor, nuestra flaqueza,
que tus siervos anuncien tu Palabra;
resuene tu voz en nuestra boca;
que tu Luz resplandezca en nuestras vidas;
que tu fuego sea siempre llama viva en nuestros corazones.

Quiero entrar en el ritmo gozoso de tu Palabra;
quiero encontrar en tu llamada, mi libertad.
Dame tu fe, que rompan los esquemas que me cercan;
Dame tu fe, que entre en la luz de tu camino.
Dame tu fe, para que ame la verdad de corazón.

Aquí estoy , Señor,
desbordado por el sermón de la montaña,
fascinada por tus retos,
desconcertada ante tus exigencias.

Aquí estoy, Señor, apasionado por la utopía,
eres audaz, eres arriesgado en tu mensaje,
eres un imposible al corazón de la persona,
sólo posible en tu Espíritu.

Necesito un corazón pobre, humilde , sencillo,
capaz de firmeza y esperanza,
capaz de buscar tu voluntad y hacerla ley en mi comportamiento.
Un corazón misericordioso, compasivo,
que acoge al que sufre,
que vive en la verdad y la transparencia,
que trabaja por la paz y la justicia.

Jesús, Señor del camino lleno de exigencias, de utopía, de esperanza,
abre mi corazón a tu horizonte,
y alienta mi empeño con tu Espíritu de vida.

Jesús ha puesto su mirada en nosotros
y nos dice que seamos sal y luz de la tierra.
Sal y luz para dar sentido a la vida;
para hacer ver que merece la pena ser vivida
desde el proyecto de Jesús.

*

(De una celebración de las Hijas de la Caridad)

***

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.”

*

Mateo 5,13-16

***

*

***

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“Si la sal se vuelve sosa”. 5 Tiempo ordinario – A (Mateo 5,13-16)

domingo, 5 de febrero de 2023
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Sugar on a black background. Sugar pours from a man's hand. Excessive sugar intake

Pocos escritos pueden sacudir hoy el corazón de los creyentes con tanta fuerza como el pequeño libro de Paul Evdokimov, El amor loco de Dios. Con fe ardiente y palabras de fuego, el teólogo de San Petersburgo pone al descubierto nuestro cristianismo rutinario y satisfecho.

Así ve P. Evdokimov el momento actual: «Los cristianos han hecho todo lo posible para esterilizar el evangelio; se diría que lo han sumergido en un líquido neutralizante. Se amortigua todo lo que impresiona, supera o invierte. Convertida así en algo inofensivo, esta religión aplanada, prudente y razonable, el hombre no puede sino vomitarla». ¿De dónde procede este cristianismo inoperante y amortiguado?

Las críticas del teólogo ortodoxo no se detienen en cuestiones secundarias, sino que apuntan a lo esencial. La Iglesia aparece a sus ojos no como «un organismo vivo de la presencia real de Cristo», sino como una organización estática y «un lugar de autonutrición». Los cristianos no tienen sentido de la misión, y la fe cristiana «ha perdido extrañamente su cualidad de fermento». El evangelio vivido por los cristianos de hoy «no encuentra más que la total indiferencia».

Según Evdokimov, los cristianos han perdido contacto con el Dios vivo de Jesucristo y se pierden en disquisiciones doctrinales. Se confunde la verdad de Dios con las fórmulas dogmáticas, que en realidad solo son «iconos» que invitan a abrirnos al Misterio santo de Dios. El cristianismo se desplaza hacia lo exterior y periférico, cuando Dios habita en lo profundo.

Se busca entonces un cristianismo rebajado y cómodo. Como decía Marcel More, «los cristianos han encontrado la manera de sentarse, no sabemos cómo, de forma confortable en la cruz». Se olvida que el cristianismo «no es una doctrina, sino una vida, una encarnación». Y cuando en la Iglesia ya no brilla la vida de Jesús, apenas se constata diferencia alguna con el mundo. La Iglesia «se convierte en espejo fiel del mundo», al que ella reconoce como «carne de su carne».

Muchos reaccionarán, sin duda, poniendo matices y reparos a una denuncia tan contundente, pero es difícil no reconocer el fondo de verdad hacia el que apunta Evdokimov: en la Iglesia falta santidad, fe viva, contacto con Dios. Faltan santos que escandalicen porque encarnan «el amor loco de Dios», faltan testigos vivos del evangelio de Jesucristo.

Las páginas ardientes del teólogo ruso no hacen sino recordar las de Jesús: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salaran? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente».

José Antonio Pagola

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“Vosotros sois la luz del mundo”. Domingo 5 de febrero de 2023. 5º Domingo Ordinario

domingo, 5 de febrero de 2023
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13-ordinarioa5Leído en Koinonia:

Isaías 58,7-10: Romperá tu luz como la aurora.
Salmo responsorial: 111: El justo brilla en las tinieblas como una luz.
1Corintios 2,1-5: Os anuncié el misterio de Cristo crucificado.
Mateo 5,13-16: Vosotros sois la luz del mundo.

Las lecturas de hoy tienen como tema central la justicia de Dios, expresada plenamente en el amor misericordioso para con el prójimo. El relato que leemos del profeta Isaías se enmarca en el contexto del ayuno, en donde se realiza una fuerte crítica al pueblo de Israel por sus prácticas religiosas desarticuladas de la fe y la justicia con los pobres. El profeta llama a realizar el verdadero culto a Yahvé, ligado íntimamente con la justicia y la misericordia. Las prácticas religiosas deben salir del corazón y deben dar como fruto una verdadera justicia social, concretizada en el compartir del pan con el hambriento, en la solidaridad con los que sufren, en preocuparse visceralmente por los hermanos pobres, pues en ellos, en los abatidos, en los mal vistos, es donde el mismo Dios se revela; es en ellos donde la luz de Dios se hace presente; es donde el Dios de Israel verdaderamente habita.

En relación con lo anterior, Pablo expresa a los corintios que el misterio de Dios anunciado por él no se fundamenta en la sabiduría humana, sino en el mismo Señor crucificado, lo cual significa que es Dios quien ha actuado en Pablo y en la comunidad. Es relevante que Pablo se refiera a la cruz de Cristo como el elemento esencial de su predicación. Con ello quiere hacer presente el verdadero rostro de Dios que se revela no a los sabios ni a los poderosos, sino a los más vulnerables de la sociedad. De ahí que el anuncio de la Palabra transformadora de Dios no pertenezca al mundo de la sabiduría humana, sino a la fuerza salvífica del Espíritu de Dios; es decir, que la fe y su debido comportamiento moral, sintetizado en la justicia y en la misericordia, sea una iniciativa exclusiva de Dios, una acción liberadora que penetra en el corazón del ser humano y que lo empuja a actuar de una manera coherente con la Palabra escuchada. Por tanto, el anuncio del misterio de Dios realizado por Pablo a la comunidad griega de Corinto es su propia experiencia de Cristo; lo que realmente anuncia es la vivencia de ese mensaje.

El evangelio de hoy, de Mateo, expresa cuál es la misión de los creyentes de todos los tiempos: ser sal y luz para el mundo. Tanto la sal como la luz son elementos necesarios en la vida cotidiana de las familias. La sal da sabor a las comidas, conserva los alimentos, purifica; en la antigua Palestina servía para encender y mantener el fuego de los hornos de tierra. Por su parte, como es sabido, la luz disipa las tinieblas, ilumina y orienta a las personas; es la metáfora perfecta que emplea el AT para hacer referencia a Dios; y es la tarea de los profetas y en especial la del Mesías: ser luz de las naciones (Is 42,6). Sal y luz, entonces, hablan de la tarea del seguidor fiel de Jesús: Expresar la fe, su integración con el proyecto de Dios a través del testimonio de vida, a través de las buenas obras, de los buenos frutos; tiene la misión de mantener el sabor y la luminosidad de la Palabra de Dios en todo tiempo y lugar del mundo –empresa que únicamente se logra por medio de una conciencia plena de la necesidad de fomentar en la comunidad mundial la justicia y la solidaridad entre los hermanos. Leer más…

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Pikaza

domingo, 5 de febrero de 2023
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La sal y la luz. Domingo 5º TO. Ciclo A

domingo, 5 de febrero de 2023
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imagesDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

El evangelio de este domingo consta de dos breves parábolas muy fáciles de entender. Pero se puede profundizar en ellas situándolas en su contexto y utilizándolas para un examen de conciencia.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

               Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

               Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del candelero, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

Diseccionando el texto

               Aunque empiezan de forma muy parecida, el desarrollo de las dos parábolas es distinto.

               La primera consta de dos elementos: afirmación (vosotros sois la sal) y advertencia sobre el peligro de perder el sabor.

               La segunda es más compleja, consta de cuatro elementos: entre la afirmación(vosotros sois la luz) y la advertencia sobre el peligro de meter la lámpara en el armario, encontramos una nueva imagen sobre la ciudad en lo alto del monte, y termina con una exhortación a hacer brillar nuestra luz.

               Pido perdón por destripar el texto, pero lo hago para dejar claro la difícil tarea de los evangelistas, que reunieron palabras pronunciadas por Jesús en diversos momentos, y no tenían la posibilidad moderna de marcar bloque y trasladar o borrar sin enorme gasto de tiempo y de dinero.

El contexto: las parábolas y las bienaventuranzas

               El evangelio de Mateo sitúa estas dos parábolas inmediatamente después de las bienaventuranzas. Como vimos el domingo pasado, las bienaventuranzas hablan de las personas que pueden interesarse por el mensaje de Jesús y entenderlo; de las que pueden entrar a formar parte de la comunidad cristiana (el reinado inicial de Dios) por los motivos más diversos en su actitud ante Dios y el prójimo. Proclamando los valores más inauditos, son un canto de esperanza para todos los que se sienten marginados por la sociedad y el estamento religioso: Dios Rey los acoge como súbditos.

               Pero Mateo, siempre tan realista, no quiere que los cristianos lancemos las campanas al vuelo, que nos sintamos maravillosos y al seguro. Por eso, antes de entrar en el cuerpo central del Sermón del Monte, nos da un doble toque de atención con estas dos parábolas.

Los dos peligros

               Leídas juntas, las dos parábolas pretende ilusionar a los oyentes recordándoles que Dios les ha concedido la capacidad de dar sabor, y energía para iluminar a todos los hombres, redundando en gloria de Dios.

               Pero caben dos peligros: el prime­ro, perder la energía (parábola de la sal); el segundo, ocultarla (parábola de la luz del mundo).

               ¿Cómo se puede perder la energía? Más adelante, en la parábola del sembrador, Mateo ofrece unas pistas cuando habla de la semilla sembrada entre cardos: las preocupaciones mundanas y la seducción de la riqueza lo ahogan, y no da fruto (Mt 13,22).

               ¿Cómo conservar la energía? Si tomamos como modelo a Jesús, sus dos fuentes de energía fueron la oración (tema que subrayan los cuatro evangelios) y el contacto directo con el prójimo, especialmente con los más necesitados (enfermos, marginados).

               ¿Cómo ocultar la luz? Dejándonos arrastrar por lo cómodo y fácil. Jesús fue luz del mundo porque no se recluyó cómodamente en su mundo, prefirió el esfuerzo, el riesgo, el cansancio, la adversidad y la muerte.

¿Cómo hacer que brille nuestra luz?

               La primera lectura, tomada del c.58 de Isaías, encaja perfectamente con la parábola de la luz.

               Así dice el Señor:

Parte tu pan con el hambriento,

hospeda a los pobres sin techo,

viste al que ves desnudo,

y no te cierres a tu propia carne.

Entonces romperá tu luz como la aurora,

en seguida te brotará la carne sana;

te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor.

Entonces clamarás al Señor, y te responderá;

gritarás, y te dirá: «Aquí estoy.

Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.

               Tras la destrucción de Jerusalén y la deportación a Babilonia (año 586 a.C.), la situación del pueblo judío fue trágica, incluso después de la vuelta del destierro (año 538 a.C.). La capital siguió prácticamente despoblada hasta mediados o finales del siglo V (época de Nehemías) y la situación económica era de absoluta penuria. El pueblo se sentía como un cuerpo enfermo y sumergido en tinieblas.

               En esas circunstancias de desánimo, busca la solución en una serie de ceremonias religiosas, especialmente el ayuno (que implicaba no sólo abstenerse de alimentos sino también realizar otros ritos, como cubrirse de saco y ceniza, etc.), para ganarse el favor de Dios. Pero Dios no hace nada. Y el pueblo se queja y protesta. «¿Para qué ayunar si no haces caso?» Dios responde por medio del profeta: si quieres que tu situación mejore, que brille tu luz en las tinieblas, que rompa tu luz como la aurora, comprométete con el que pasa hambre, tiene sed, está desnudo y sin techo (las famosas obras de misericordia, que se conocían ya en el antiguo Egipto); destierra la opresión y la maledicencia.

               Hay una idea capital en esta lectura. Cuando habla de los necesitados termina diciendo: «y no te cierres a tu propia carne». El hambriento, desnudo o sin techo no es un ser extraño, ajeno a mí, al que hago un favor si me apetece. Es mi propia carne, que reclama cuidado y atención, como un miembro cualquiera de nuestro cuerpo.

¿Cómo hizo brillar Pablo su luz? 2ª lectura (1 Corintios 2,1-5)

            Buscando una relación entre esta lectura y el evangelio, la luz con la que Pablo intenta iluminar a los corintios es la persona y el mensaje de Jesucristo. Pero la fuerza del texto recae en el modo de hacer brillar esa luz. La comunidad de Corinto había sido fundada por Pablo. Pero cuando apareció por allí Apolo, un judío convertido al cristianismo, encandiló a todos con su sabiduría y su excelente oratoria. Muchos terminaron prefiriendo a Apolo y su modo de transmitir el evangelio. Pablo reacciona con dureza, afirmando que él nunca quiso presumir de sabio o elocuente, sino anunciar a Jesucristo, y no de cualquier manera, sino en su aspecto más escandaloso: crucificado. «Para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios».

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Domingo V del Tiempo Ordinario. 5 febrero, 2023

domingo, 5 de febrero de 2023
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“Alumbre así vuestra luz a las gentes

para que vean vuestras buenas obras

y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.”

(Mt 5, 13-16)

Imagínate por un momento que eres una artista famosa en el campo que quieras: poesía, escultura, pintura, cine, fotografía, moda, canto…

Tienes que imaginarte que eres una renombrada artista. Famosa, conocida, valorada. De esas que se han abierto camino poco a poco y con dificultades. Con un talento que no siempre se ha sabido reconocer.

¿Estás en situación? ¡Bien! Ahora ya eres famosa y reconocida. Lo que significa que tu talento ha sido probado y educado. Te encuentras en lo mejor de tu carrera profesional y acabas de realizar tu gran obra. Todo gran artista tiene una gran obra que lo define.

Estas delante de tu escultura, tu película o tu novela acabada. Sabes que es la mejor. La cumbre del trabajo de toda tu vida.

Pues ahora redobla tu capacidad de imaginar e imagínate (si puedes) que decides no firmar tu obra maestra. No corras, piénsalo despacio.

Piensa en qué podría moverte por dentro a hacer algo así. Para ayudarte a tu reflexión puedes pensar en aquellas obras conocidas de autoras anónimas. Tantos libros y canciones antiguas…

Quizá alguna vez ha caído en tus manos algo hermoso, tan hermoso que has querido saber quién lo ha hecho y cuando te has puesto a investigar no has podido dar con el autor/autora. ¿Quién es capaz de hacer algo bonito y no firmarlo? ¿Qué puede buscar quién hace algo así?

Podemos pensar que a veces sale algo de nosotras tan bueno y bonito que descubrimos que en ello hay algo más que nuestra impronta personal, nuestro trabajo y nuestro esfuerzo.

Imagínate ahora algo más sencillo y cotidiano: un buen guiso, un jardín bonito, una casa limpia y ordenada, un cliente bien atendido, o una buena gestión…Una cosa sencillita que te ha salido tan bien que hasta tú misma te has quedado sorprendida y se te escapa una sonrisa acompañada de un gracias.

Pues algo así parece que nos invita a hacer el evangelio de hoy. A dejar que nuestras obras (grandes o pequeñas) alumbren, den luz, pero una luz, un calor, que quienes las reciban (e incluso nosotras mismas) lo que les salga sea dar gracias a Dios. O lo que es lo mismo: “den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.”

Oración

“Alumbre así vuestra luz a las gentes para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.”

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Solo si estás ardiendo, iluminarás.

domingo, 5 de febrero de 2023
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DOMINGO 5º (A)

Mt 5,13-16

El texto que acabamos de escuchar es continuación de las bienaventuranzas, que leímos el domingo pasado. Estamos en el principio del primer discurso de Jesús en el evangelio de Mateo. Es, por tanto, un texto al que se le quiere dar suma importancia. Se trata de dos comparaciones aparentemente sin importancia, pero que tienen un mensaje de gran calado para la vida humana. La tarea más importante sería estar ardiendo e iluminar.

El mensaje de hoy es simplicísimo, con tal de demos por supuesta una realidad que es de lo más complicada. Efectivamente, todo el que ha alcanzado la iluminación ilumina. Si una vela está encendida, necesariamente tiene que iluminar. Si echas sal a un alimento, quedará salado. Pero, ¿qué queremos decir cuando aplicamos a una persona humana el concepto iluminado? Somos plenitud de luz, pero no es fácil tomar conciencia de ello.

Todos los líderes espirituales, pero sobre todo en el budismo, enseñan lo mismo. Buda significa eso: el iluminado. ¡Qué difícil es entender lo que eso significa! Solo lo podemos comprender en la medida que nosotros estemos iluminados. Está claro, sin embargo, que no nos referimos a ninguna clase de luz material ni de ningún conocimiento especial. Nos referimos más bien a un ser humano que ha despertado, es decir que ha desplegado todas sus posibilidades de ser humano. Estaríamos hablando del ideal de ser humano.

Esto es precisamente lo que nos está diciendo el evangelio. Da por supuesto todo el proceso de despertar y considera a los discípulos ya iluminados y capaces de iluminar a los demás. Pero como nos dice el budismo, eso no se puede dar por supuesto, tenemos que emprender la tarea de despertar. Sería inútil que intentáramos iluminar a los demás estando nosotros apagados, dormidos. En el budismo, el iluminar a los demás estaría significado por la primera consecuencia de la iluminación, la compasión.

Hay un aspecto en el que la sal y la luz coinciden. Ninguna es provechosa por sí misma. La sal sola no sirve de nada para la salud, solo es útil cuando acompaña a los alimentos. La luz no se puede ver, es absolutamente oscura hasta que tropieza con un objeto. La sal, para salar, tiene que deshacerse, disolverse, dejar de ser lo que era. La lámpara o la vela producen luz, pero el aceite o la cera se consumen. ¡Qué interesante! Resulta que mi existencia solo tendrá sentido en la medida que me consuma en beneficio de los demás.

La sal es uno de los minerales más simples (cloruro sódico), pero también más imprescindibles para nuestra alimentación. Pero tiene muchas otras virtudes que pueden ayudarnos a entender el relato. En tiempo de Jesús se usaban bloques de sal para revestir por dentro los hornos de pan. Con ello se conseguía conservar el calor para la cocción. Esta sal con el tiempo perdía su capacidad de aislante térmico y había que sustituirla. Los restos de las placas retiradas se utilizaban para compactar los caminos.

Ahora podemos comprender la frase del evangelio: “pero si la sal se desvirtúa, ¿con qué se salará?; no sirve más que para tirarla y que la pise la gente”. La sal no se vuelve sosa. Esta sal de los hornos, sí podía perder la virtud de conservar el calor. La traducción está mal hecha. El verbo griego que emplea tiene que ver con “perder la cabeza”, “volverse loco”. En latín “evanuerit” significa desvirtuarse, desvanecerse. Debía decir: si la sal se vuelve loca o si la sal pierde su virtud. Esa sal quemada, no servía más que para pisarla.

No podemos conocer lo que Jesús pensaba cuando ponía estos ejemplos pero seguro que no hacía referencia a conocimiento doctrinal, ni a normas morales, ni a ningún rito. Seguro que ya intuían lo que hoy nosotros sabemos: la sal y la luz es lo humano. Es curioso que haya llegado a nosotros un proverbio romano que, jugando con las palabras, dice: no hay nada más importante que la sal y el sol. Probablemente estas comparaciones, utilizadas por Jesús, hacen referencia a algún refrán ancestral que no ha llegado hasta nosotros.

La sal actúa desde el anonimato, ni se ve ni se aprecia. Si un alimento tiene la cantidad precisa, pasa desapercibida, nadie se acuerda de la sal. Cuando a un alimento le falta o tiene demasiada, entonces nos acordamos de ella. Lo que importa no es la sal, sino la comida sazonada. La sal no se puede salar a sí misma. Pero es imprescindible para los demás alimentos. Era tan apreciada que se repartía en pequeñas cantidades a los trabajadores, de ahí procede la palabra tan utilizada todavía de “salario” y “asalariado”

Jesús dice: sois la sal, sois la luz. El artículo determinado nos advierte que no hay otra sal ni otra luz. Todos esperan algo de nosotros. El mundo de los cristianos no es un mundo cerrado y aparte. La salvación que propone Jesús es la salvación para todos. El mundo tiene que quedar sazonado e iluminado por la vida de los que siguen a Jesús. Pero cuidado, cuando la comida tiene exceso de sal se hace intragable. La dosis tiene que estar bien calculada. No debemos atosigar a los demás con nuestras imposiciones.

Cuando se nos pide que seamos luz, se nos está exigiendo algo decisivo para la vida espiritual propia y de los demás. La luz brota siempre de una fuente incandescente. Si no ardes no podrás emitir luz. Pero si estás ardiendo, no podrás dejar de emitir luz y calor. Solo si vivo mi humanidad, puedo ayudar a los demás a desarrollarla. Ser luz significa desplegar nuestra vida espiritual y poner todo ese bagaje al servicio de los demás.

Debemos de tener cuidado de iluminar, no deslumbrar. Estar al servicio del otro, pensando en el bien del otro y no en mi vanagloria. Debemos dar lo que el otro espera y necesita, no lo que nosotros queremos imponerle. Cuando sacamos a alguien de la oscuridad, debemos dosificar la luz para no dañar sus ojos. Los cristianos somos mucho más aficionados a deslumbrar que a iluminar. Cegamos a la gente con imposiciones excesivas y hacemos inútil el mensaje de Jesús para iluminar la vida real de cada día.

En el último párrafo, hay una enseñanza esclarecedora: “Para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre”. La única manera eficaz de transmitir el mensaje son las obras. Una actitud evangélica se transformará inevitablemente en obras. Evangelizar no es proponer una doctrina elaborada y convincente. No es obligar a los demás a aceptar nuestra ideología o manera de entender la realidad. Se trataría de ayudarle a descubrir su propio camino desde los condicionamientos personales en lo que vive.

En las obras se ponen al descubierto mis actitudes internas. Las obras que son fruto de una programación externa no ayudan a los demás a encontrar su camino. Solo las obras que son reflejo de una actitud vital auténtica son cauce de iluminación para los demás. Lo que hay en mi interior, solo puede llegar a los demás a través de las obras. Toda obra hecha desde el amor y la compasión es luz. Los que tenemos una cierta edad nos hemos conformado con un cristianismo de programación, por eso nadie nos hace caso.

Meditación

Puedo desplegar mi capacidad de sazonar
Puedo vivir encendido y dar calor y luz
Soy sal para todos los que me rodean
en la medida en que hago participar a otros de mi plenitud humana.
Soy luz en la medida en que vivo mi verdadero ser
y muestro a otros el camino que les puede llevar a ser en plenitud.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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La misión.

domingo, 5 de febrero de 2023
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Mt 5, 13-16

«Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo»

No es frecuente plantearse la vida desde la misión, pero eso es lo que nos pide Jesús. Y la misión no consiste en elucubrar sobre la Palabra, sino en responder a la Palabra. Tampoco consiste en promover filosofías o teologías que suplanten a la Palabra, sino en una forma determinada de vivir … Y ¿para qué?… pues «para que los hombres vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo». Por tanto, la misión no tiene nada que ver con un mensaje de palabras, sino en vivir de forma que nuestros actos hagan patente el amor del Padre.

El fundamento que soporta al cristiano es Abbá: el padre que nos quiere con locura y a cuyo amor respondemos amando a los demás (a sus otros hijos). Pero es muy difícil creer en el amor del Padre cuando lo que habitualmente vemos en el mundo no es amor, sino injusticia y opresión. Los cristianos hemos visto el amor de Dios en Jesús, y la misión que Jesús nos pide es que le ayudemos a que los demás vean ese amor en nuestras buenas obras. «Así como el Padre me envió … os envío yo a vosotros».

Según el texto de hoy, la misión a la que Jesús nos invita se concreta en ser luz y en ser sal; luz para poner de manifiesto ese amor, y sal para darle al mundo su auténtico sabor.

El signo de la luz tiene una larga tradición en Israel, y no es extraño que Jesús lo adopte para definir la misión. La luz no pone nada sobre lo que ya hay, pero permite ver las cosas mejor y vivir con más sentido… No obstante, la invitación a ser luz tiene un peligro, y es que caigamos en la pedantería de ir por la vida creyéndonos luz de los demás. Debemos tener muy claro que esa luz no es nuestra; que, en todo caso, somos meros portadores de la luz de Dios que hemos visto reflejada en Jesús.

Todos, creyentes y no creyentes, tenemos un poco de luz de Dios, y ofreciendo la que tenemos y recibiendo la que nos dan, podemos caminar por el mundo como hermanos que se esfuerzan en avanzar sin tropiezos. Ruiz de Galarreta comparaba la vida cristiana con un cirio que, si no se consume para dar luz, no sirve para nada. Y ponía de ejemplo a Jesús; cirio encendido que se quemó hasta el último cabo para iluminar el mundo con la luz de Dios.

El signo de la sal es mucho más humilde, menos pretencioso, y tan ajustado al estilo de Jesús, que podemos imaginar que es invento suyo. La sal solo sirve para añadirse a otros alimentos y resaltar su sabor, y esto tan sencillo, tan cotidiano, puede ser una excelente parábola de lo que ocurre con Jesús, que es la sal que da sabor a todo lo que hacemos: a vivir, a trabajar, a descansar, a triunfar, a fracasar, a estar sano, a estar enfermo, a morir… a todo.

Nuestra vida tiene sabor en Jesús; nuestra sal; la sal de Dios. Un mundo sin Dios no tiene sabor… y de ahí la misión que tenemos encomendada: «Vosotros sois la sal de la Tierra, y si la sal se vuelve insípida ¿con qué se la salará?».

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Emergencia.

domingo, 5 de febrero de 2023
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mt-5-13-16Mt 5, 13-16

Acabas de proclamar el manifiesto de las Bienaventuranzas (Mt 5, 1-12)  y a reglón seguido dices a los que te siguen que son sal y luz.

Hemos escuchado tantas veces estas lecturas que quizás no nos estimulen, no nos pongan en pie, puede que parezca que no van con nosotros, no provocan una escucha sincera y comprometida.

¿Qué nos dices hoy desde lo alto del monte? ¿Qué nos dices hoy tecleando desde el ordenador tus palabras inquietantes: “Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará?

Pero estamos sosos, incluso de bajón.

¿Qué nos dices desde el ambón?: “Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín, sino en el candelero, para que alumbre a todos los que están en la  casa”.

Pero estamos apagados, no hay conexión.

¿Qué nos dices desde las periferias del mundo? Periferias que no están lejos de nadie. Que están en la puerta de al lado (esto es del Papa Francisco) o a unas pocas estaciones de metro.

Pero estamos absortos en pantallas y a la espera del “metaverso”… hasta que sepamos en qué consiste.

Si nos regalamos un espacio de soledad y silencio, si dejamos de que la palabra invada y los pensamientos nos acosen, escucharemos tu voz en lo alto, en lo interno, a la derecha, a la izquierda, eclipsando el ruido ambiental, grosero, constante, idiotizante:

– ¡Esto es una emergencia! ¡Tan ciegos estáis que no lo veis! “Vosotros sois la sal de la tierra… La luz del mundo”. ¡Despertad, que no estáis solos!

Un grano de sal es poca cosa. Una pequeña vela, también. Todo lo grande empieza en pequeño. Nos llamas a unirnos en la emergencia de un mundo dividido, de una Iglesia dividida, de cristianos que, no caminan juntos sino enfrentados o, sencillamente  desinteresados.

Nos llamas a aportar lo poco que somos como sal y como luz. Un pequeño grano de sal encerrado en un salero de poco sirve; una mínima vela en la noche de este mundo poco puede iluminar. Pero millones de pequeños granos de sal y millones de pequeñas velas encendidas… sería la estabilidad armoniosa del Reino de Dios.

¿Quién dijo utopía?… ¡Atrévete a soñar, hermano! ¡Da un paso hacia delante, hermana, y haz el “poco” que tú puedes hacer!

Atrevámonos a soñar…

Mari Paz López Santos

2023.01.05 – FEADULTA

Fuente Fe Adulta

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La sal da sabor sin saberlo.

domingo, 5 de febrero de 2023
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B601C1D2-053E-433A-9541-7C5D74B0759EV Domingo del Tiempo Ordinario

5 febrero 2023

Mt 5, 13-16

La sabiduría que contienen las metáforas de la sal y de la luz radica en que ponen el acento en la desapropiación: la sal da sabor y la luz ilumina sin hacer ningún esfuerzo, sin proponérselo y sin presumir de ello. Y, sin embargo, son eficaces: si está en buen estado, la sal no puede sino dar sabor; si está encendida, la luz no puede sino alumbrar.

Todo se tergiversa cuando las palabras de Jesús se leen -como en tantas otras ocasiones- en clave moralista y voluntarista. Tal lectura da lugar a proclamas del tipo: “tenemos que ser sal, tenemos que ser luz”… El voluntarismo y la apropiación, incluso cuando nacen de la mejor voluntad, constituyen un alimento jugoso para el ego, que se fortalece así incluso con lo más sagrado.

¿Qué da sabor a nuestras vidas?, ¿qué las ilumina? Tal vez nos ayude a descubrirlo volver la vista hacia atrás y preguntarnos qué ha sido aquello que ha aportado sabor y luz a nuestra existencia. Seguramente nos aparecerán rostros con calidad de presencia amorosa que, sin aspavientos, supieron vernos, acogernos, escucharnos, ayudarnos, hablarnos…, sin ni siquiera ser conscientes de todo lo que nos estaban aportando en ese momento.

Si bien es cierto que no pueden separarse -de la misma manera que no puede separarse la sal del sabor-, parece claro que el acento no está en el hacer, sino en el ser. Y cuando es así, todo lo demás “se nos dará por añadidura”, diría el mismo Jesús.

Todo consiste en ser: en vivir en conexión y en coherencia con lo que somos en profundidad. Acallando los ruidos de la mente y las apetencias del ego, nos dejamos escuchar la voz del anhelo que clama en nuestro interior. Silencio del ego, aceptación, gratitud, paz, unidad: esas son las señales que nos permiten ver si estamos en el “buen lugar”, en el lugar donde -aunque no lo sepamos- somos sal y luz.

¿Desde dónde me vivo?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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¿Se habrá vuelto sosa la sal? Porque esta Iglesia ni divierte ni convierte

domingo, 5 de febrero de 2023
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5b91b-luz2bdel2bmundoDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Sal y luz: sabor y color de la vida.

    El evangelio de hoy es la conclusión de las bienaventuranzas, que meditábamos el pasado domingo.

El texto evangélico de hoy ensambla dos símbolos: la sal y la luz. Vosotros sois la luz y la sal de la tierra.

Sal

    La sal conserva los alimentos además de dar sabor a la comida. La sal es un símbolo de cierta viveza: sabor y saber vivir, sabiduría.

(Saber) Sabiduría no es lo mismo que ciencia: Se puede tener conocimientos y carreras universitarias, pero no saber vivir ni saborear la vida. Y al revés, cuántas personas no tienen ciencia, pero saben vivir, tienen sabiduría.

    Los cristianos, la comunidad eclesial es sal de la tierra: Vosotros sois la sal de la tierra. La sabiduría y el sabor cristiano es el de las bienaventuranzas.

 Luz

    El símbolo de la luz está muy presente en la Biblia (y en la vida). La luz es el principio de la creación de la vida (Gn 1,3). El pueblo que vivía en tinieblas, vio una gran luz, (Mt 4,16). Yo soy la luz (Jn 8,12; 9,5).

Solemos emplear este símbolo en los dos momentos más importantes de la vida: las madres “dais a luz”. Cuando muramos, alguien nos deseará y pedirá a Dios Padre que nos “conceda la luz eterna”: lux aeterna luceat eis.

En situaciones difíciles no vemos la luz, la salida. A veces nos encontramos con personas que “no tienen luces” o a nosotros mismos nos “faltan las luces” por debilidad, cansancios, dificultades de la vida etc.

    Como cristianos nos acercamos a quien es la Luz para que Él ilumine nuestra vida y nosotros transmitamos, reflejemos un poco de luz. Los cristianos somos como Juan Bautista, no somos la luz: Cristo es la luz. Yo soy la luz del mundo, (Jn 8,12). Nosotros nos acercamos a la luz.

02.- ¿Hoy el evangelio no ilumina ya la vida?

    Quizás también a vosotros os asalta la cuestión de porqué la Iglesia tiene hoy en día tan poca presencia en la sociedad, apenas tiene relevancia en la vida pública, política, en la Universidad, en el mundo cultural, económico, etc.

¿A qué puede ser debido que en el seno de la misma “tradición del pueblo que ha sido cristiano”, la Iglesia ya no cuente: entre nosotros se bautiza menos de la mitad de los niños que nacen, el número de primeras comuniones ha descendido mucho lo mismo que el de matrimonios, no son pocos los que mueren ya sin sacramentos, sin funeral… La descristianización es grande.

    Una razón –débil, pero razón- pudiera ser que en épocas no lejanas vivíamos un régimen de cristiandad más bien sociológico: “todos éramos cristianos” pero con una “fe”·sociológica, masiva, poco personal. Hoy en día en pasado a un ateísmo / agnosticismo también de sociológico, masivo: hoy en día “todos somos ateos”, está “bien visto” ser anticristiano, agnóstico, etc…

    Pudiera ser.

    Pero me da la impresión de que –quizás- lo que “presentamos” el mundo eclesiástico –al menos entre nosotros- no es el evangelio de JesuCristo, sino más bien una doctrina, un sistema dogmático-moral, que ya no es la buena noticia del Evangelio.

    ¿La sal se habrá vuelto sosa? La doctrina ilumina poco, la levadura ya no fermenta la masa?

    Si esto es así, estamos en lo que decía Jesús: No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente

03.- No es lo mismo evangelio que doctrina (Un inciso)

El evangelio es buena noticia. La doctrina, el dogma, el catecismo son intentos de formulación de la buena noticia, del evangelio.

Un ejemplo (nada más que un ejemplo): cuando un médico trata a un paciente y éste se cura de su enfermedad. Entonces el médico le dice: enhorabuena, estás curado. Eso es evangelio, buena noticia.

Cuando tal médico explica a sus alumnos en el aula de la Facultad de medicina y les dice: las características de tal enfermedad son estas, el diagnóstico es “este”, y la terapia requiere estos pasos… Eso es doctrina; necesaria pero doctrina

Santo Tomás decía aquello de: la fe (el evangelio) no termina en los enunciados (en la doctrina), en las palabras, sino en la realidad, que no la poseemos. Una afirmación, un dogma puede expresar aspectos, parcelas de verdad, pero no son la Verdad. Algo podemos decir y se ha dicho sobre el amor, sobre la libertad, sobre la paz, sobre Dios, pero Dios es mucho más de lo que podemos decir de ´Él.

    Nos podríamos aplicar aquello que decía Antonio Machado:

¿Tu verdad? ¡No!, la verdad y ven conmigo a buscarla, la tuya guárdatela.

    La Verdad –probablemente- es una búsqueda continua.

04.- Yo soy el camino, la verdad y la vida, yo soy la luz.

    ¿Y si volviéramos al Evangelio de JesuCristo?

    La doctrina y el dogma son lo que son y dicen lo que dicen, que a duras penas se aproxima a la realidad última. El Evangelio es vida y salvación.

    Por otra parte el mundo clerical no es portavoz de Dios, ni mucho menos. El clero debería ser humilde servidor del pueblo de Dios.

    ¿Y cómo acercarnos al evangelio, a la luz, a ser sal de la tierra?

Termino la homilía pensando que Iglesia recuperará credibilidad si seguimos las palabras de Isaías de la primera lectura de hoy:

Veremos cuando compartamos tu pan con el hambriento, tu oscuridad se tornará mediodía, cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia… Entonces brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.

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“Las bienaventuranzas se han convertido en un bálsamo para mi alma queer”

lunes, 30 de enero de 2023
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9B1DB9FD-D2B5-43DB-BD55-A71F0D3B22A1M. Hakes

La reflexión de hoy es del colaborador invitado M. Hakes (ellos/ellos), el Subdirector del Ministerio Universitario y Director del Instituto de Teología Juvenil en el Colegio de St. Scholastica en Duluth, Minnesota. Su trabajo se centra en ayudar a los estudiantes a profundizar en la espiritualidad, participar en el trabajo de servicio y justicia, y participar en el discernimiento de identidad, valores y vocación.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el cuarto domingo del tiempo ordinario se pueden encontrar aquí.

“Soy una persona queer, trans no binaria”. Qué aterradoras me parecieron esas palabras mientras crecía en una familia cristiana conservadora. Era una frase que arriesgaba todo: mi fe, mi familia, mi futuro. Me coloreó como un paria, como alguien condenado e irredimible. Traté desesperadamente de hacer que esas palabras fueran menos ciertas.

Mucha gente queer tiene historias similares. El ridículo, el distanciamiento y el vitriolo a menudo provenían de las personas que nos rodeaban. Familia, amigos, colegas: personas que se llaman a sí mismas cristianas y hablan desde un lugar equivocado de preocupación o juicio. Nuestra Iglesia y nuestras escrituras a menudo se usaban como espadas en lugar de rejas de arado.

Durante mucho tiempo, no supe lo que es no sentirse roto; saber en cambio a nivel del corazón que soy bueno, amado y digno. Las Bienaventuranzas me parecían metas inalcanzables, aspiraciones de las que me excluía mi extrañeza.

“Bienaventurados los pobres en espíritu… Bienaventurados los que lloran…  Bienaventurados los mansos… Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia… Bienaventurados los misericordiosos… Bienaventurados los limpios de corazón… Bienaventurados los pacificadores… Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia…  bienaventurados seréis cuando os insulten y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros…»

Las Bienaventuranzas se han convertido ahora en un bálsamo para mi alma queer. En palabras de Joseph Tetlow, SJ, “cargan mis penas sin sentido con significado y… hacen que mi dolor esté preñado de poder”. Paso a paso en mi camino de fe, he sido llamado a una entrega más completa al amor incomprensible, transformador y dador de vida de Dios. Dios nos invita a cada uno de nosotros a comenzar el trabajo de no perdernos más en nuestras crucifixiones, sino de encontrar en nuestras heridas fuentes de la gracia más profunda a través de su poder resucitador.

Amir Rabiyah, una poeta trans y discapacitada de dos espíritus queer femme, escribió estas líneas:

“… Mi gente hermosa, soñemos hacia
lo que nosotros queremos
más allá de la supervivencia

Soñemos con amarnos a nosotros mismos
hasta que nos convirtamos en amor una y otra vez
mi gente hermosa
Puedo saborear nuestra dulce victoria

Mi gente hermosa…”

Para otras personas queer, espero que escuchen en las Bienaventuranzas una afirmación de su viaje. Eres hermosa, buena y amada. Sé que este mundo y nuestra Iglesia no siempre se sienten hospitalarios, y a menudo parece que aquellos con poder para afectar el cambio se sienten cómodos siendo cómplices de la opresión. Si bien el mundo no siempre es seguro, hay personas y lugares seguros, y espero que los encuentres.

Somos más fuertes juntos, ya que nuestra liberación exige nuestra solidaridad. Como escribe Pablo en la segunda lectura de hoy, “… Dios escogió lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y Dios escogió lo débil del mundo para avergonzar a lo fuerte, y Dios escogió lo humilde y despreciado del mundo, los que cuentan por nada, para reducir a nada a los que son algo, para que ningún ser humano se gloríe delante de Dios”. Sigue brillando con tu fabulosa luz queer y juntos «soñemos con lo que queremos más allá de la supervivencia… soñemos con amarnos a nosotros mismos…«

Para aquellos que quieran viajar con nosotros hacia la liberación, sepan que a las personas queer se les recuerda a diario que la elección de vivir abierta y externamente la verdad de quién Dios nos ha creado para ser conlleva un riesgo sustancial. Tómese el tiempo para considerar lo que realmente sabe sobre la comunidad queer y edúquese mejor. Interrogue los sistemas de los que forma parte. Utiliza cualquier poder y privilegio que puedas tener para nuestra liberación colectiva, siempre enraizados en los principios de solidaridad y subsidiariedad. Como nos recuerda hoy el profeta Sofonías, debemos buscar la justicia, buscar la humildad. Recuerda, si no estás escuchando activamente y trabajando en solidaridad con la gente queer por la liberación queer, entonces es probable que seas cómplice de nuestra opresión.

San Francisco de Sales dijo una vez:sé quien eres y sé así de bien”. A lo que una querida amiga mía, la Hna. Mary Margaret McKenzie, VHM, de bendita memoria, añadió estas sabias palabras: “Pero para ser quien eres, debes saber quién eres. Y eso requiere trabajo duro. Pero empiezas con el amor”.

Nuestro llamado como cristianos es atender las fronteras, las periferias, los márgenes de nuestra sociedad. Estamos llamados a levantarnos y hablar en solidaridad con los más vulnerables, los rechazados, los marginados. Para citar nuevamente a San Francisco de Sales, la razón de vivir es “… recibir y llevar al manso Jesús: en nuestra lengua proclamándolo; en nuestros brazos haciendo buenas obras; sobre nuestros hombros soportando el yugo de la sequedad y la esterilidad tanto en el sentido interior como en el exterior…”.

Hoy, que cada uno de nosotros acepte más plenamente las personas fabulosas y únicas para las que hemos sido creados, que cada uno de nosotros viva un poco más plenamente en lo que somos y en lo que nos estamos convirtiendo, y que cada uno de nosotros escuche profundamente y aprenda de las historias. y experiencias de quienes nos rodean.

– M. Hakes, 29 de enero de 2023

Fuente New Ways Ministry

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Dichosos…

domingo, 29 de enero de 2023
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MESIAS

Te seguiré donde quiera que Tú vayas
y tu Palabra siempre escucharé.
Serás mi luz, mi vida, mi esperanza,
serás el agua viva de mi fe.

Yo creo en ti, en tu sueño de fraternidad
porque el amor el mundo cambiará,
voy a sembrar contigo la felicidad
en casa, en el trabajo, en mi ciudad.

Será Jesús manantial en el camino
y su Palabra el agua de verdad,
será su amor la fuerza y la alegría,
la luz que nuestros pasos guiará.

Y se unirán a nosotros mil amigos,
compartiremos agua, vida y pan
y viviremos juntos como hermanos,
seremos mensajeros de la paz.

***

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:

“Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa.

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.”

*

Mateo 5,1-12a

***

Entre los diez grupos en que se pueden distribuir y agrupar las diferentes bienaventuranzas bíblicas, sólo una hace referencia a la posesión de bienes materiales. Es lo dicho de aquel padre que, por la fecundidad de su mujer, se encuentra rodeado de un determinado numero de hijos, sanos y robustos, y que, por ello, es honrado y respetado entre sus congéneres. Otras Bienaventuranzas de tipo material no existen. Ni los ricos, ni los poderosos, ni los prepotentes, ni los dominadores, ni mucho menos los vividores, tienen cabida, directamente, en las bienaventuranzas bíblicas, entre el número de los bienaventurados. Ni la riqueza, altamente estimada entre los bienes deseables de la vida del hombre en la mentalidad bíblica veterotestamentaria. Es verdad que pobreza e indigencia nunca tuvieron buena acogida. En cambio, a diferencia de las bienaventuranzas egipcias o griegas, las bienaventuranzas bíblicas nunca consideraron que la riqueza, por si sola, bastase para dar la felicidad. Ni tampoco la gloria, el honor o el prestigio.

Ciertamente, todos estos bienes san altamente apreciados y estimadas. Pero nunca han sido considerados como constitutivos de la felicidad humana. Son bienes complementarios, pero no constitutivos.

Sirviéndonos de esta distinción, bienes constitutivos y bienes complementarios, en realidad el mayor bien constitutivo, según nueve de los diez grupos de bienaventuranzas, no es otro que Dios. O dicho de otra forma, la posesión por parte del hombre de todas las actitudes mas genuinas y auténticas relacionadas can la realidad divina: fe en un único Dios (grupo I); plena confianza y esperanza en su acción salvífica (II); respeto profundo, temor y amor (III); confesión humilde de los pecados y deseo de perdón (IV); estima y anticipación activa en el culto y la liturgia del templo (IV); mirada vigilante y escucha atenta a la presencia de Dios en el mundo y en la historia (V); consideración de la Ley como reflejo y testimonio de la manifestación de la acción salvadora de Dios (VI); respetuoso comportamiento ante la justicia (VII) y, finalmente, aceptación humilde de algunas carencias físicas, de un estado de sufrimiento (VIII).

Estamos, como se puede apreciar; ante un conjunto de actitudes religiosas, mediante las cuales las personas toman conciencia de sus incapacidades, limitaciones, y no se cierran orgullosamente en si mismas, sino que reconocen que solo en Dios encuentran su plenitud.

*

A. Mattioli,
Beatifudini e Felicita nella Bibbia d’IsraeIe,
Prato I992, 542ss.

***

***

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