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22.10.23. Devolved al César… Mataron a Jesús porque no pagó tributo y hoy haríamos lo mismo (DO 29; Mt 22, 15-21)

domingo, 22 de octubre de 2023
Comentarios desactivados en 22.10.23. Devolved al César… Mataron a Jesús porque no pagó tributo y hoy haríamos lo mismo (DO 29; Mt 22, 15-21)

IMG_0988Del blog de Xabier Pikaza:

Jesús quiso el Reino de Dios para pobres y excluidos de los reinos y templos de este mundo. Pero, mientras llegaba el Reino (a fin de que llegue), muchos cristianos optaron por pagar tributo, convirtiéndose ellos mismos a veces en César.  

Por eso es importante volver a la palabra enigmática “devolved” (apodôte) al César…, no entréis en la disputa de tributos, en un mundo de césares contrapuestos, donde cada uno quiere su tributo: los legionarios de Roma y los celotas del monte de Galilea.

Este pasaje puede ayudarnos a entender y situar los conflictos económico-políticos del momento actual entre los que se cuentan el de Ucrania/Rusia, Palestina/Israel. Mientras muchos luchan, matan y mueren por tributos, el camino del reino de Dios sigue abierto para los que creen en el evangelio.

Texto

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?» Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.» Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?» Le respondieron: «Del César.» Entonces les replicó: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.” (Mt 22, 15-21)

Lectura del texto

Ésta es la pregunta que plantean en Jerusalén, en el momento clave de su revelación mesiánica. El signo de fondo es el denario del tributo, que significativamente Jesús no lleva, no por casualidad (como si hubiera olvidado tomarlo), sino por principio, pues él mismo ha pedido a sus discípulos que anuncien el Reino sin dinero o vestidos de repuesto (Mc 6, 6b-13). Por eso ha dicho al rico que venda lo que tiene, que reparta lo obtenido entre los pobres, para iniciar un camino en el que deben compartirse casas-campos y relaciones familiares (Mc 10, 17-31). En este contexto fija este relato la relación entre el movimiento de Jesús y el imperio, sobre el fondo de la tensa situación de Palestina (Israel), que desembocará tras unos años (67 d.C.) en una dura guerra contra Roma:

IMG_0989 ‒ Los defensores del Imperio, tenderán a justificar la economía y política de Roma, pagando unos impuestos que se entienden como un modo de participar en ese Imperio, en comunión con otros pueblos de aquel tiempo. El denario del tributo constituye una forma de contribuir al orden externo (mundano) de Dios.

Los enemigos del Imperio, entenderán el tributo como atentado contra la sacralidad israelita. Posiblemente, identifican la familia de Dios con el grupo nacional judío y quieren acuñar moneda propia, avalada con el nombre de Jerusalén. Por eso rechazan al César y su impuesto. Unos u otros, diga Jesús lo que diga, podrán acusarle: si afirma, le llamarán colaboracionista; si niega, insumiso, anti-romano.

Pues bien, Jesús no defiende la oposición violenta (no pagar, guerra contra Roma), ni apoya el orden de Roma (pagar), pues sabe que le tientan y, subiendo de nivel, responde que devuelvan (apodôte) al César el dinero que pertenece al César. En principio, podemos suponer que él era contrario al pago del tributo, no sólo por lo que ello implicaba de colaboración con el Imperio, sino también porque ese impuesto estaba al servicio de una economía fundada en el dinero. En esa línea, su respuesta (¡devolved al César lo que es del César y dad a Dios lo que es de Dios!) no se puede entender como declaración de guerra contra Roma, pero tampoco como aceptación de su tributo, sino que nos obliga a subir nivel, invitándonos a un tipo distinto de comunión humana.

Jesús no se pronuncia, por tanto, en contra de la ley, sino “fuera de ella”, esto es, al margen, pues busca las “cosas de Dios” (cf. Mc 8, 33) más allá del dinero y de la espada, no en un plano de ideales espiritualistas, sino de relaciones humanas (como indica en otra perspectiva el Sermón de la Montaña: Mt 5-7; Lc 6, 20-46). Se sitúa en el margen y desde el margen responde, para resolver así desde Dios los temas de conflicto de los hombres: Pagar o no pagar; pagar a quién (al Cesar o a los guerrilleros celotas enemigos del César). Las “cosas” de Dios que definen la identidad de su proyecto mesiánico, se sitúan en un espacio de gratuidad y pan compartido, no de dinero y talión, como sabe Mt 5, 21-48: “habéis oído que se ha dicho; yo, en cambio, os digo…”.

¿Es lícito pagar o no? Fariseos y herodianos quieren situar a Jesús ante la alternativa entre el sí y el no, en un plano monetario, en una sociedad campesina en la que apenas circula el dinero, de forma que, para muchos, no existe casi más moneda que la del tributos. Pero Jesús ha superado esa alternativa. No se trata de pagar o no pagar, sino de situarse en una dimensión más alta de revelación de Dios, es decir, de humanidad solidaria, por encima de una economía y política fundada en la posesión de la moneda. Jesús no acepta el tributo ni lo rechaza, sino que supera ese plano monetario (pagar o no pagar), pidiendo que se devuelva a Roma el dinero de sus impuestos, para iniciar de esa manera un camino distinto de evangelio.

20190110-Dios-o-el-dinero-mockup-final.1jpg‒ Jesús no tiene moneda, y así pide una a sus tentadores. Ellos se la traen, y él la mira, preguntando por la inscripción y la imagen grabadas en ella. Por una parte, él quiere superar el nivel de economía en que parecen situase todos. Por otra parte, él sabe que la moneda tiene valor de curso legal (económico), pero no es profana, en el sentido moderno del término, sino que lleva grabada una imagen del César, que en ella actúa como autoridad religiosa, es decir, como signo de divinidad. También la inscripción (que podía ser “Tiberio César Augusto, hijo del divino Augusto”) tenía carácter sagrado. Según eso, el tributo del César situaba a los hombre ante un “dios” que actúa por interés de dinero (Mammón), y eso Jesús no lo puede aceptar, como ha dicho en Mt 6, 24.

‒ Devolved al César… No combate con armas contra el César, pero tampoco le obedece (no emplea su dinero), sino que sale fuera del espacio de su dominio, para situarse en un ámbito de vida y convivencia donde el tributo al César sea innecesario. Aquellos que le tientan están dispuestos a emplear la moneda del César. Pues bien, Jesús les dice que se la devuelvan, de modo que no tengan nada que deberle, nada que pagarle. No se trata, por tanto, de luchar en guerra contra el César (no pagarle, como pretendían los celotas, para crear después su propio impuesto), sino de devolverle su dinero al César, para que él lo emplee como él quiera, pues el Reino se le alcanza y crea con monedas.

Jesus no ha caído, por tanto, en la trampa que quieren tenderle (pagar o no pagar), sino que propone un camino distinto: Devolver la moneda al César, darle lo suyo, es decir, salid de su imperio económico, para así ocuparse en verdad de las cosas de Dios. Devolved al Cesar lo que es del César, es decir, “salid de su imperio”, salid de su dinero… romper el esquema imperial del denario

‒ Y dad a Dios lo que es de Dios… Sólo allí donde al César se le devuelve la moneda (sin entrar en cálculos con él) se puede dar a Dios lo que es de Dios, es decir, todo lo que somos y tenemos, inaugurando un tipo de vida distinta, en gratuidad, esto es, sin “capital” de imperio, sin la violencia política y económica que simboliza el tributo. Esta propuesta ha de entenderse a la luz de todo el evangelio. Cerrada en sí misma, ella podría tomarse como puro enigma, una salida ingeniosa, llena quizá de ironía, pero sin sentido positivo. Pues bien, ella recibe un sentido más preciso a la luz de toda la enseñanza y conducta de Jesús, que no ha querido comprar con dinero los panes y los peces de las multiplicaciones (cf. 6, 37; 10, 17-22; 14, 3-9), sino que ha mandado a los suyos que compartan lo que tienen.

 Habían querido tenderle una trampa (pagar el tributo, oponiéndose a los nacionalistas judíos, o no pagarlo, enfrentándose con Roma). Pero Jesús se elevó de plano, sin caer en la trampa de fariseos y herodianos. No dice “sí” (paguen), ni dice “no” (niéguense a pagar), sino algo anterior y mucho más profundo: Apodote (devolvedle) al César lo que es suyo (salid de su campo), a fin de “dar” a Dios lo que es de Dios (para realizar su proyecto en el mundo). Por eso, el texto acaba comentando que se admiraban de él, aunque sus acusadores podrán decir más tarde que él ha ido soliviantando a la gente, para que no pague tributos al César, con lo que eso significa en aquel contexto (cf. Lc 23, 2).

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Jesús no sataniza al dinero y a su César (contra los celotas), ni lo diviniza (como hace Roma), sino que lo expulsa el ámbito mesiánico, pues él mismo ha dicho que lo opuesto a Dios es Mammón, el dinero convertido en “dios” supremo de este mundo (cf. Mt 6, 24), por encima incluso del imperio de Roma y del templo de Jerusalén. En esa línea debemos añadir que tarea y proyecto de Reino es una experiencia y tarea de gratuidad universal, superando el plano del dinero (cf. Mc 10, 17-31). En esa línea debemos seguir afirmando que el proyecto de Jesús va en contra de la raíz económica y religiosa del Imperio, pues él pide a los suyos que devuelvan el dinero al Cesar, saliendo así de su dominio.

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A Dios lo que es de Dios y la carta más antigua. Domingo 29. Ciclo A.

domingo, 22 de octubre de 2023
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denario-tiberioDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Dos posturas ante el tributo al César

Seguimos en la explanada del templo de Jerusalén, en medio de los enfrentamientos de diversos grupos con Jesús. Esta vez, fariseos y herodianos lo van a poner en un serio compromiso preguntándole sobre la licitud del tributo al emperador romano. Por entonces, además de los impuestos que se pagaban a través de peajes, aduanas, tasas de sucesión y de ventas, los judíos debían pagar el tributo al César, que era la señal por excelencia de sometimiento a él.

            Fariseos y herodianos no tenían dudas sobre este tema; ambos grupos eran partida­rios de pagarlo. Los fariseos, porque no querían con­flictos con los romanos mientras les permitieran observar sus prácticas religiosas. Los herodianos, porque mantenían buenas relaciones con Roma. Como a nadie le gusta pagar, los rabinos discutían si se podía eludir el tributo. Y algunos adoptaban la postura pragmática que refleja el tratado Pesajim 112b: «… no trates de eludir el tributo, no sea que te descubran y te quiten todo lo que tienes».

          Sin embargo, otros judíos adoptaban una postura de oposición radical, basada en motivos religiosos. Dado que el pago del tributo era signo de sometimiento al César, algunos lo interpretaban como un pecado de idolatría, ya que se reconocía a un señor distinto de Dios. Este era el punto de vista de los sicarios, grupo que comienza con Judas el Galileo, cuando el censo de Quirino, a comienzos del siglo I de nuestra era. Al narrar los comienzos del movimiento cuenta Flavio Josefo: «Durante su mandato [de Coponio], un hombre galileo, llamado Judas, indujo a los campesinos a rebelarse, insultándolos si consentían pagar tributo a los romanos y toleraban, junto a Dios, señores morta­les» (Guerra de los Judíos II, 118). Más adelante repite afirmaciones muy pareci­das: «Judas, llamado el galileo…, en tiempos de Quirino había atacado a los judíos por someterse a los romanos al mismo tiempo que a Dios» (Guerra de los Judíos II, 433).

La trampa de la pregunta

            Con este presupuesto, se advierte que la pregunta que le hacen a Jesús sobre si es lícito pagar el tributo podía compro­meterlo gravemente ante las autoridades romanas (si decía que no), o ante los sectores más progresistas y politizados del país (si decía que sí). Además, la pregunta es especialmente insidiosa, porque no se mueve a nivel de hechos, sino a nivel principios, de licitud o ilicitud.

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron:

̶ Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?

La respuesta de Jesús

Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:

– Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.

Le presentaron un denario. Él les preguntó:

̶ ¿De quién son esta cara y esta inscripción?

Le respondieron:

̶ Del César.

Entonces les replicó:

̶ Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

            Jesús, que advierte enseguida la mala intención, ataca desde el comienzo: «¿Por qué me tentáis, hipócritas?» Pide la moneda del tributo, devuelve la pregunta y saca la conclusión. Jesús, como sus contemporáneos, acepta que el ámbito de dominio de un rey es aquel en el que vale su moneda. Si en Judá se usa el denario, con la imagen del César, significa que quien manda allí es el César, y hay que darle lo que es suyo.

            Estas palabras de Jesús, tan breves, han sido de enorme trascen­dencia al elaborar la teoría de las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Y se han prestado también a inter­pretaciones muy distin­tas.

Las cosas de Dios

            Si analizamos el texto, las palabras: «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios», no constituyen una evasiva, como algunos piensan. Van al núcleo del problema. Los fariseos y herodianos han preguntado si es lícito pagar tributo desde un punto de vista religioso, si ofende a Dios el que se pague. La respuesta contundente de Jesús es que a Dios le interesan otras cosas más importantes, y ésas no se las quieren dar. Teniendo presente el conjunto del evangelio, «las cosas de Dios», lo que le interesa, es que se escuche a Jesús, su enviado, que se acepte el mensaje del Reino, que se adopte una actitud de conversión, que se ponga término al raquitismo espiritual y religioso, que se sepa acoger a los débiles, a los menesterosos, a los marginados. Eso no interesa ni preocupa a fariseos y herodianos, pero es la cuestión principal. Si el evangelio no fuese tan escueto, podría haber parafraseado la respuesta de Jesús de esta manera: ¿Es lícito poner el sábado por encima del hombre? ¿Es lícito cargar fardos pesados sobre las espaldas de los hombres y no empujar ni con un dedo? ¿Es lícito llamar la atención de la gente para que os hagan reverencias y os llamen maestros? ¿Es lícito impedir a la gente el acceso al Reino de Dios? ¿Es lícito hacer estúpidas disquisiciones sobre los votos y juramentos? ¿Es lícito dejar morir de hambre al padre o a la madre por cumplir un voto? ¿Es lícito pagar los diezmos de la menta y del comino, y olvidar la honradez, la compasión y la sinceridad? En todo esto es donde están en juego «las cosas de Dios», no en el pago del tributo al César.

            Naturalmente, la comunidad cristiana pudo sacar de aquí conse­cuencias prácticas. Frente a la postura intransigente de los sicarios, defender que no era pecado pagar tributo al César. Y, con una perspectiva más amplia, fundamentar una teoría sobre la conviven­cia del cristiano en la sociedad civil, sin necesidad de buscar por todas partes enfrentamientos inútiles. Siempre, incluso en las peores circunstancias políticas, nadie podrá arrebatarle a la iglesia y al cristiano la posibilidad de dar a Dios lo que es de Dios.

El emperador no siempre es enemigo (1ª lectura)

            En Israel, desde los primeros siglos, hubo gente fanática y enemiga de conceder el poder político a un hombre mortal. El único rey debía ser Dios, aunque no quedaba claro cómo ejercía en la práctica esa realeza. Otros grupos, sin negarle la autoridad suprema a Dios, aceptaban el gobierno de un rey humano. Pero siempre debía tratarse de un israelita, no de un extranjero. La novedad del texto de Isaías, una auténtica revolución teológica para la época, es que Dios, aunque afirma su suprema autoridad («Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios»), él mismo escoge al rey persa Ciro, lo lleva de la mano, le pone la insignia y le concede la victoria. Porque Ciro, al cabo de pocos años, será quien conquiste Babilonia y libere a los judíos, permitiéndoles volver a su tierra.

            Este proceso de esclavitud – liberación – vuelta a la tierra recuerda al ocurrido siglos antes, cuando el pueblo salió de Egipto. La gran novedad, escandalosa para muchos judíos, es que ahora el salvador humano no es un nuevo Moisés sino un emperador pagano.

          El texto ha sido elegido para confirmar con un ejemplo histórico que se puede respetar al emperador, pagar tributo, sin por ello ofender a Dios.

Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro, a quien lleva de la mano: «Doblegaré ante él las naciones, desceñiré las cinturas de los reyes, abriré ante él las puertas, los batientes no se le cerrarán. Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios. Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor, y no hay otro.

El escrito más antiguo del Nuevo Testamento (2ª lectura)

            Desde este domingo hasta el 33 inclusive la segunda lectura se toma de la 1ª carta de Pablo a los tesalonicenses, escrita en Corinto hacia el año 49/50.

            El breve fragmento elegido por la liturgia de hoy solo contiene el exordio, con loselementos típicos (remitentes, destinatarios, saludo) y el comienzo de la acción de gracias, donde Pablo recuerda las tres grandes virtudes de los tesalonicenses (fe, amor, esperanza) y el don de la elección. Adviértase el tono tan cordial con que escribe Pablo.

Pablo, Silvano y Timoteo, a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz. Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor. Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros no hubo sólo palabras, sino, además, fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda, como muy bien sabéis.

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Domingo XXIX. 22 Octubre, 2023

domingo, 22 de octubre de 2023
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Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: -¡Hipócritas!, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.”

(Mt 22, 15-21)

El evangelio de este domingo nos enseña que podemos caer en la tentación de creernos mejores que los fariseos y pensar: “mira qué mala gente, cómo quería pillar a Jesús.”

Bien, precisamente esa fue la tentación en la que cayeron los fariseos. Ellos se creían mejores que Jesús y eso les llevó a buscar dejarle en evidencia.

Creernos ser mejores que las demás es una gran tentación y un gran peligro. De hecho, está en la base de los grandes conflictos de la historia pasada y la que vamos escribiendo.

Los grandes conflictos surgen de la creencia de que lo propio es mejor y por lo mismo nos consideramos con derecho a imponerlo o a rechazar lo diferente.

Pensemos por un momento en la situación política actual en la que cada quien repite su maravillosa idea sin escuchar la realidad ajena. ¿Cómo puede haber diálogo? No puede haberlo. Si no estamos dispuestos a dejarnos afectar por las ideas y puntos de vista ajenas no hay comunicación.

En el evangelio los fariseos se presentan como queriendo dialogar, cuando en realidad su intención es comprometer a Jesús. Jesús en lugar de entrar en su juego pone de manifiesto sus intenciones y zanja el problema sin evadirse en largas discusiones estériles, otorgando a cada cosa su lugar: “al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios.”

Dialogar no es aportar una idea sino arriesgarla. “Comprendiendo su mala voluntad”. Se trata de exponer mi propio punto de vista, aceptando que no es el único y ni siquiera es el mejor. Es más, quizá ni siquiera sea bueno para otras personas que ven otras cosas porque tienen diferentes realidades.

Para dialogar se necesita mucha humildad y apertura, un corazón pacífico y una mente flexible. Es una pena que en nuestras sociedades modernas, en la era de la comunicación, nos enseñen a hablar y a opinar, pero no a dialogar.

Oración

Trinidad Santa, comunión en la diferencia, enséñanos el arte de la escucha que nos abre a la realidad ajena. Danos la humildad que necesitamos para poder encontrarnos y dialogar

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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No hay un Dios-César ni un César-Dios.

domingo, 22 de octubre de 2023
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Mt 22, 15-21

Los jefes comprendieron que las tres parábolas se referían a ellos (los obreros de última hora, los hermanos mandados a la viña, el banquete de boda. Contraatacan con tres preguntas que intentan tenderle una trampa para tener de qué acusarlo. La primera es la del tributo al César que acabamos de leer. La segunda es sobre la resurrección de los muertos. La tercera, cuál es el primer mandamiento, que leeremos el próximo domingo.

Merece atención el texto del segundo Isaías que hemos leído. Es muy interesante, porque es la primera vez que la Biblia habla de un único Dios. Estamos a mediados del s. VI a. c., y hasta ese momento, Israel tenía su Dios, pero no ponía en cuestión que otros pueblos tuvieran sus propios dioses. Esto no lo hemos tenido nunca claro. El creer en un Dios único es un salto cualitativo increíble en el proceso de maduración de la revelación.

El evangelio de hoy no es sencillo. Con la frasecita de marras, Jesús contesta a lo que no le habían preguntado. No se mete en política, pero apunta a una actitud vital que supera la disyuntiva que le proponen. Una nefasta interpretación de la frase de Jesús la convirtió en un argumento para apoyar el maniqueísmo en nombre del evangelio. Seguimos entendiendo la frase como una oposición entre lo religioso y lo profano; hoy entre la Iglesia y el Estado. Se trata de una falta absoluta de perspectiva histórica.

Moisés utilizó a Dios para agrupar a varias tribus en un solo pueblo. Israel fue siempre una teocracia en toda regla. Cuando se instauró la monarquía por influencia de las naciones próximas, al rey se le consideró como un representante de Dios (hijo de Dios), sin ningún poder al margen del conferido por su divinidad. Al proponer la pregunta, los fariseos no piensan en una confrontación entre el poder religioso y el poder civil, sino entre su Dios y el César divinizado. La moneda es clave para entender la respuesta.

TI(berius)CAESAR DIVI AUG(usti) F(ilius) AUGUSTUS: PONTIF(ex) MAXIM(us)

Tiberio César, glorioso hijo del divino Augusto, sumo pontífice

Jesús pregunta: ¿De quién es esa imagen e inscripción? Se cuestiona si un judío tiene que aceptar la soberanía del César o seguir teniendo a Dios como único soberano. Con su respuesta, Jesús no está proponiendo una separación del mundo civil y el religioso. En tiempo de Jesús tal cosa era impensable. No hay en el evangelio base alguna para convertir la religión en una especulación de sacristía sin influencia en la vida real.

Fariseos y herodianos, enemigos irreconciliables, se unen contra Jesús. Los fariseos eran contrarios a la ocupación, pero se habían acomodado. Los herodianos eran partidarios del poder de Roma. La pregunta era una trampa. Si decía que no, se ponía en contra de Roma. Los herodianos lo podían acusar de subversivo. Si decían sí, los fariseos podían acusarlo de contrario al judaísmo, porque se ponía en contra del sentir del pueblo.

El verbo que emplea Jesús, «apodídômi«, no significa dar sino devolver. El que emplean los fariseos (dídomi), sí significa “dar”. Una pista para comprender la respuesta. Estaban contra el César, pero utilizaban su moneda y tiene derecho a exigir que se la devuelvan. Un verdadero judío tenía que renunciar a utilizar el dinero de Roma. Les hace ver que ya han contestado, pues han aceptado la soberanía de Roma.

Al preguntar por la imagen, Jesús está haciendo clara referencia al Génesis, donde se dice que el hombre fue creado a imagen de Dios. Si el hombre es imagen de Dios, hay que devolver a Dios lo que se le ha arrebatado, el hombre. La moneda que representa al César tiene un valor relativo, pero el hombre tiene un valor absoluto, porque representa a Dios. Jesús no pone al mismo nivel a Dios y al César, sino que toma claro partido por Dios. El hombre como valor supremo es la clave del mensaje de Jesús.

Tampoco se puede utilizar la frase para justificar el poder. Si algo está claro en el evangelio es que todo poder es nefasto, porque machaca al hombre. Se ha repetido hasta la saciedad que todo poder viene de Dios. Pues bien, según el evangelio, ningún poder puede venir de Dios, ni el político ni el religioso. En toda organización humana, el que está más arriba está allí para servir a los demás, no para dominar.

Jesús dice que el César no es Dios, pero no hemos dudado en convertir a Dios en un César (he leído una homilía: “el único César que existe es Dios”). No es fácil asimilar que tampoco Dios es un César. No se trata de repartir dependencias, ni siquiera con ventaja para Dios. Dios no hace competencia a ningún poder terreno, sencillamente porque no tiene ningún poder. Esto, bien entendido, evitaría toda solución falsa. El problema es una trampa en sí mismo. No existe una alternativa entre César y Dios.

Se ha predicado que había que estar más pendiente del César religioso que del César civil. Ningún ejercicio del poder es evangélico. No hay nada más contrario al mensaje de Jesús que el poder. Siempre que pretendemos defender los derechos de Dios, estamos defendiendo nuestros propios intereses. El que te diga que está defendiendo a Dios, en realidad lo está suplantando. Tampoco el estado tiene derecho alguno que defender. Los dirigentes civiles tienen que defender siempre los derechos de los ciudadanos.

No hablamos de anarquismo. Al contrario, una sociedad, aunque sea de dos personas, tiene que estar ordenada y en relaciones mutuas de interdependencia. En ella, una tiene mayor responsabilidad; pero todas las relaciones humanas deben surgir del servicio a los demás, no del dominio. Ningún ser humano es más que otro ni está por encima de otro. “No llaméis a nadie padre, no llaméis a nadie jefe, no llaméis a nadie señor”.

No existe una realidad sagrada y otra profana. Hoy no existe un César con poder absoluto, ni existe un Dios que disputa el poder al César. Es descabellado hacer creer a la gente que tiene unas obligaciones para con Dios y otras con la sociedad civil. Dios se encuentra en todo lo terreno, pero en lo más hondo del ser. Si solo lo encontramos en la iglesia, hemos caído en la idolatría. La única manera de entender todo el alcance del mensaje de hoy es superar la idea de un Dios fuera que arrastramos desde el neolítico.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Lo profano y lo sagrado.

domingo, 22 de octubre de 2023
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Mt 22, 15-21

«Hipócritas, ¿por qué me tentáis?»

Los fariseos y los herodianos se odiaban a rabiar, y el objeto de la extraña alianza que muestra el texto es sin duda tapar todo resquicio por el que Jesús pudiese escapar de la trampa que le habían tendido. Si contestaba que sí, que era lícito pagar tributo al César, los fariseos le acusarían ante el pueblo de ser amigo de sus opresores romanos, y si contestaba que no, que no era lícito, los herodianos lo prenderían por sedicioso. Lo que no esperaban era que Jesús fuese capaz de salir airoso de aquel atolladero: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

Y como argumento para conjurar la trampa que le habían tendido es genial… pero lo del César también es de Dios.

El cronista del capítulo primero del Génesis se inventa un relato precioso para decirnos una sola cosa: que todo es obra de Dios; que todo es reflejo de Dios. Y por eso, en el mundo no hay nada que pueda considerarse profano, sino que todo es sagrado; obra de Dios. Nosotros hacemos distinción entre lugares sagrados, los templos, y lugares profanos, el resto. También distinguimos en tiempos sagrados, en los que vamos al templo a cumplir con Dios, y tiempos profanos, que son para nosotros y en los que Dios no tiene parte alguna.

Para Jesús todo es sagrado. Ve a Dios en todas las cosas; todo es revelación de Dios para él, reflejo de Dios, y por eso es capaz de hablar de Él con las cosas más sencillas y cotidianas. Tampoco hace distinción entre tiempos sagrados y profanos; todo el tiempo es de Dios; tanto el que dedica a la oración de madrugada para confortarse en presencia de Abbá, como el que consagra luego a curar y enseñar; a proclamar el Reino por los caminos de Palestina.

Recuerdo que Ruiz de Galarreta se despedía de nosotros al finalizar la eucaristía con estas palabras: «Ya nos hemos alimentado… ahora a trabajar». El mundo no es un lugar profano para dedicarnos sin más a nuestras cosas, sino nuestro lugar de trabajo como cristianos. El templo es sagrado en la medida en que vayamos a él alimentarnos. El mundo lo es en la medida en que nos tomemos en serio nuestro compromiso de proclamar el Reino; de ser sal, de ser luz, de ser semilla…

Una de las cosas más característica y distintiva de la propuesta de vida que nos hace el evangelio, es que no nos propone huir de la realidad humana, sino dar pleno sentido a toda realidad humana. Porque el Reino no es esencialmente renunciar a nada, sino dirigirlo todo hacia ese fin. Ni poseer, ni casarse, ni trabajar, ni descansar, ni disfrutar, ni esforzarse, ni dimensión humana alguna, está fuera de esta categoría esencial: medios para construir el Reino.

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Dad a Dios lo que es de Dios: ¿Podemos darle algo mejor que el cuidado de la vida humana?

domingo, 22 de octubre de 2023
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Un día más, estábamos sentados en la ladera del monte, esperando que Jesús abriera su corazón y nos hablara. Cuando vimos que se acercaba un grupo de herodianos, y observamos la expresión de sus rostros, supimos que venían buscando el conflicto. Desde hacía tiempo, tanto ellos como los fariseos, tenían interés en dejar a Jesús en ridículo, públicamente. Querían desprestigiarle ante la gente que le seguíamos y le escuchábamos con atención.

– ¡Vienen a por él! Se oyó a lo lejos. Y asentimos con la cabeza.

Saludaron a Jesús con la falsedad que era habitual en ellos y rápidamente abordaron el tema de los impuestos. Un tema espinoso, porque cada grupo político tenía su posición particular, lo que provocaba enfrentamientos y violencia.

Los herodianos, junto con muchos sacerdotes de alto rango, se beneficiaban directamente de los impuestos; lo mismo que muchos funcionarios, recaudadores, etc. Por eso no querían ningún cambio. Años antes, Herodes el Grande se distinguió por vivir entre la tiranía, la ambición y el despilfarro; impuso grandes tributos que sus seguidores han venido manteniendo, año tras año, a costa de la sangría de nuestro pueblo.

Por otra parte, algunos grupos revolucionarios nos proponían que nos negáramos a pagar impuestos; nos decían que así proclamábamos que Dios es el único Señor de Israel. Era muy difícil tomar postura, porque me arriesgaba a ser perseguida.

Me preguntaba: ¿qué hará Jesús ante esta trampa que le tienden los discípulos de los fariseos y los herodianos?

Jesús mantuvo la calma y pidió un denario. Rápidamente le ofrecieron uno, acuñado con el rostro del César. Por el hecho de tener ese rostro, las autoridades religiosas consideran que la moneda es impura, tan impura que no podemos usarla en el templo de Jerusalén, ni para pagar los servicios religiosos, ni para dar limosna.

Dentro del templo se acuñan las monedas “puras”, las de uso religioso. Los cambistas reciben las monedas impuras, las pesan y nos entregan el equivalente de su valor en monedas del templo. Bueno, se encargan también de quedarse con un porcentaje que muchas veces es abusivo, sobre todo a costa de la gente más pobre e ignorante.

– “Dad al César lo que es del César”, dijo Jesús, mirando fijamente al grupo.

Los herodianos respiraron tranquilos. Se dieron media vuelta para retirarse. No había de qué preocuparse. Entonces Jesús dijo con voz potente:

– “Y dad a Dios lo que es de Dios”.

Se armó un revuelo. En el aire fueron quedando muchas preguntas: ¿Qué es de Dios y qué no es de Dios? ¿Qué hay que darle? ¿Dios necesita lo que le damos? ¿No es suficiente con alguna limosna?

Entonces recordé que, pocos días antes, Jesús había dicho: Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Y me pareció entender que todas las personas son de Dios, ya sean galileas o samaritanas, judías o gentiles, justas o pecadoras… Y que solo puedo darle a Dios aquello que le doy al prójimo.

Me volví pensativa a casa. Por la noche, apague el candil para no gastar aceite, y salí a meditar bajo las estrellas, pidiendo al Abbá que me ayudara a comprender con hondura lo que nos había dicho Jesús con tanto énfasis.

María, discípula amada.

Han pasado casi 2.000 años. Y este fin de semana, ante los inhumanos acontecimientos que están viviendo el pueblo palestino y el pueblo judío, también podemos hacernos preguntas:

· ¿Por qué se mezclan las noticias para que confundamos a un grupo terrorista con toda la población palestina y al fundamentalismo judío con todo el pueblo judío?

· Unos intereses económicos brutales han acallado la voz de quienes deben y pueden parar la masacre que se ha anunciado ¿Hasta cuándo el dinero hará enmudecer a quienes tienen en su mano abrir caminos para la paz?

· Una vez más, se mueve el negocio de las armas y de ese río revuelto saldrán grandes fortunas. ¿Qué podemos hacer?

· A los ojos de Dios ¿qué valor puede tener una tierra, frente al valor de miles y miles de vidas humanas inocentes?

· ¿Contrastamos la información que recibimos, antes de compartirla desde lo más visceral de nuestro ser?

· ¿Buscamos gestos de esperanza y compromiso, contra toda desesperanza? ¿Oramos por la paz del mundo?

Que el Abbá nos ayude a comprender con hondura las palabras de Jesús: “Mi paz os dejo, mi paz os doy”

Marifé Ramos

Fuente Fe Adulta

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Debates y trampas.

domingo, 22 de octubre de 2023
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IMG_0944Domingo XXIX del Tiempo Ordinario

22 octubre 2023

Mt 22, 15-21

En gran medida, los debates le encantan al ego, porque lo entretienen y lo alimentan. Lo entretienen porque, mientras discute, evita mirar su propia problemática interna. Y lo alimentan porque le permiten compararse con otros, luchar por imponerse y, en definitiva, creerse “alguien”. Todo ello explica que, como es fácil observar, es muy extraño que una persona que debate de esta manera cambie su opinión. Más bien sucede al revés: cada cual se fortalece y atrinchera en su posición.

Criticar el debate, al que estamos acostumbrados a través de los diferentes medios, no significa negar el valor del diálogo. Pero este tiene unos requisitos, que son los que marcan la diferencia. El primero de ellos es que el objetivo del diálogo no es “tener razón”, ni “salirse con la suya”, sino la búsqueda desapropiada de la verdad. Y, en paralelo, otro segundo requisito es la capacidad de reconocer la parte de verdad que toda posición contiene, porque no se olvida que cada persona tiene su verdad.

Pero, así como al ego le encanta el debate, de la misma manera disfruta poniendo trampas. Porque, al no buscar la verdad, sino lograr imponerse al otro y descalificarlo, desarrollará todas las artimañas a su alcance para ridiculizar o, al menos, acallar a aquel de quien discrepa.

Ante las trampas, carece de sentido el diálogo, porque falla otra de las condiciones básicas: la honestidad. De ahí que el mejor recurso sea evitarlas. A no ser que se posea el ingenio suficiente -como en el caso del relato evangélico que leemos hoy- para mostrar al desnudo la falsedad que la misma trampa encierra.

Quien solo busca la verdad vive el diálogo desde la humildad y el más profundo respeto a la otra persona, por más que no pueda compartir su punto de vista. Pero no entra en debates interminables ni, mucho menos, trata de “cazar” al otro por medio de trampas. Porque, en última instancia, no vive buscándose a sí mismo, sino dejando o permitiendo que la vida fluya y se exprese.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Dad al César… ¿La fe es ineficaz?

domingo, 22 de octubre de 2023
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IMG_0965Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- PREGUNTA TRAMPA

La pregunta que los fariseos le lanzan a Jesús es una pregunta trampa: le preguntan «para comprometer a Jesús». ¿Es lícito pagar el impuesto al César, al opresor extranjero romano?

Jesús se da cuenta de «su mala voluntad». ¿Por qué me tentáis, hipócritas?

Si Jesús contesta que no hay que pagar impuesto al opresor (al César, a los romanos), los fariseos y la clase alta de Israel puede descansar, pues así pueden poner a Jesús en manos de la justicia romana, quienes lo ejecutarán por revolucionario zelota

Si dice que hay que pagar impuesto, todavía es peor, Jesús sería una especie de traidor a la causa judía y el pueblo se pondría en contra de Jesús.

02.-  JESÚS CONOCE LA MALICIA E HIPOCRESÍA DE AQUELLA GENTE (v 18).

El ámbito de las relaciones entre el poder del César y la autoridad de Dios es siempre un campo minado, tanto en tiempos de Jesús, como hoy en día: fe e ideologías, Iglesia y estado, razón y fe…

Por eso se suele decir que la Iglesia, los curas, incluso los movimientos religiosos no han de entrar en política, pues es competencia del César.

En la respuesta de Jesús hay una cierta ironía.

Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Césares ha habido y hay siempre muchos, demasiados, y en todas las esferas de la vida: en política, en economía, en los entresijos eclesiásticos.

Las palabras Kaiser y Zar, son variantes de César.

Hay mucho Kaiser suelto en la vida social, política, económica y eclesiástica.

¿Y qué es lo del César, qué quiere el César? Los zares y césares quieren escaños parlamentarios, mayorías absolutas, poder, dineros, palacios, etc. Pues eso es lo que hay que darles.

Por una parte Jesús conocía la malicia e hipocresía de aquellos fariseos. Por otra parte, Jesús, como buen creyente, conocía bien los mandamientos de los que el primero es: Amarás al Señor tu Dios con toda tu alma…

Por eso ni Jesús, ni los cristianos adoraron nunca al César, al emperador (y por eso murieron, más bien los mataron: mártires). El primer mártir fue el mismo Jesús, y en la historia matarán después a muchos cristianos que no adoraron al emperador romano; a Bonhoeffer que no se postró ante Hitler, asesinaron a Monseñor Oscar Romero, que no pagó el tributo de Dios a los militares, o a Ignacio Ellacuría que sirvió a Dios y al pueblo en su enseñanza y pastoral universitaria y no a los poderes económicos, etc.

“Mi Reino no es como los de este mundo”. El Reino de Dios es de justicia y de paz. Vivir en ese ámbito de Dios es dar a Dios lo que es de Dios.

03.- ¿LA FE ES INEFICAZ?

Una cuestión candente suele ser si el cristiano, la Iglesia ha de entrar en política o no.

En la sociedad, en la vida socio-política la eficacia está en el César, en el Ayuntamiento, en el Gobierno, etc.

Si se quiere construir una casa de cultura, un polideportivo o un colegio en el pueblo, en el barrio hay que recurrir al César: al ayuntamiento, a la diputación-gobierno vasco o al gobierno central. La misma atención médica, la docencia, el tráfico, etc. funcionan sin la fe. La eficacia está en las ideologías, en el poder.

La fe es humilde y -en este sentido- la fe es ineficaz. Solamente con la fe no se construye un hospital o una escuela.

Pero al mismo tiempo la fe es fuerte. La fe es una reserva, una instancia crítica capaz de poner en crisis las tesis del César. Tú, César, tendrás poder, pero no sensatez ni verdad. Tendrás dineros, escaños, monedas, sedes pero –tal vez- no tienes verdad, ni posiblemente bondad (ética). Lo que emanan de los parlamentos y ámbitos de poder en muchos casos no es ni verdad ni bueno.

La fe es la instancia última que ejerce en el creyente una doble función:

a. Por una parte la fe ilumina el camino de la existencia humana, le confiere sentido y horizonte.

b. Por otra parte la fe es enormemente crítica con lo que supone el “César”, con la ética con la que se regulan las cosas en la sociedad.

Por esto el cristiano, el ciudadano cristiano en la medida de sus cualidades, posibilidades y opciones, ha de entrar en la vida social, política, etc. y trabajar incluso “manchándose las manos”. Pero el que cree en Dios, trabaja con la reserva crítica de la fe.

Recordemos cómo hace unas décadas D. José Mª Arizmendiarrieta creaba e impulsaba todo el movimiento cooperativista de Mondragón: Fagor, etc… Recordemos los movimientos obreros: JOC, HOAC, JEC… Recordemos el movimiento de los curas obreros, etc…

El César, el presidente de gobierno, el banquero, el Obispo tienen poder, pero mi fe está en Dios, no en el César.

Trabajo desde una ideología pero yo no creo ni en Marx, ni en mi ideología-partido político, ni en un movimiento eclesiástico determinado…

No adoréis nunca al César, al poderoso. A los “césares” echadles -dadles- lo que os piden: votos, tarjetas opacas, “Moncloas y Ajuria-eneas” pero no deis al Cesar lo que es de Dios.

Yo creo en Dios. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios (1ªlectura)

En último término, si somos algo valientes en ocasiones habremos de hacer nuestro aquello de San Pedro y los apóstoles: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres, (HH 5,29).

DADLE AL CÉSAR LO QUE LE GUSTA, LO DE DIOS ES OTRA COSA

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‘C’est la confiance’. Exhortación Apostólica sobre Teresa de Lisieux: «La confianza puede conducirnos al Amor»

martes, 17 de octubre de 2023
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teresaCon motivo del 150º aniversario del nacimiento de Santa Teresa del niño Jesús

Prender fuego en el corazón de la Iglesia: El tesoro de la santa de Lisieux, descrito por Francisco

El Papa Francisco publica la exhortación apostólica sobre la confianza en el amor misericordioso de Dios, con motivo del 150 aniversario del nacimiento de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz -del Carmelo de Lisieux-

En ella, reconoce el tesoro de su ‘caminito espiritual: «es la confianza la que nos permite poner en las manos de Dios lo que sólo Él puede hacer»

«Poner fuego en el corazón de la Iglesia más que a soñar con su propia felicidad (42) le permitió a santa Teresita pasar de un fervoroso deseo del cielo a un constante y ardiente deseo del bien de todos… Llegando de este modo a la última síntesis personal del Evangelio, que partía de la confianza plena hasta culminar en el don total por los demás»

De manera especial los Pontífices siguieron de cerca su vida… Una alma misionera, señala Francisco, que enseña «su modo de entender la evangelización por atracción, no por presión o proselitismo. Vale la pena leer cómo lo sintetiza ella misma: ‘Al atraerme a mí, atrae también a las almas que amo…'»

(Vatican News).-La nueva Exhortación Apostólica «C’est la confiance» del Papa Francisco publicada este 15 de octubre, es dedicada a la confianza en el amor misericordioso de Dios, con motivo del 150 aniversario del nacimiento de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz: «La confianza, y nada más que la confianza, puede conducirnos al Amor» (1), palabras de la joven santa francesa que «resumen la genialidad de su espiritualidad» (2).

En el 2023 se han conmemorado dos fechas importantes de Santa Teresa del Niño Jesús, el 2 de enero fue el 150º aniversario del nacimiento y el 23 de abril el centenario de su beatificación. El Papa Francisco ha querido que esta exhortación apostólica vaya más allá de una celebración y «sea asumido como parte del tesoro espiritual de la Iglesia». Además, «la fecha de esta publicación, memoria de santa Teresa de Ávila, quiere presentar a santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz como fruto maduro de la reforma del Carmelo y de la espiritualidad de la gran santa española» (4)

En cuatro capítulos: Jesús para los demás; El caminito de la confianza y del amor; Seré el amor; En el corazón del Evangelio; y mediante 53 parágrafos el Pontífice presenta la vida y experiencia espiritual la santa francesa del Carmelo de Lisieux que dejó la vida terrena a los 24 años.

 «La Iglesia reconoció rápidamente el valor extraordinario de su figura y la originalidad de su espiritualidad evangélica», de manera espacial los Pontífices siguieron de cerca su vida: “Teresitaconoció al Papa León XIII en su peregrinación a Roma en 1887 a quien pidió permiso para entrar al Carmelo a la edad de 15 años. Pío X percibió su enorme estatura espiritual, luego de la muerte de joven santa. Y Benedicto XV la declara Venerable en 1921, elogiando «sus virtudes centrándolas en el “caminito” de la infancia espiritual», fue canonizada el 17 de mayo de 1925 por Pío XI: «quien agradeció al Señor por permitirle que Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz fuera “la primera beata que elevó a los honores de los altares y la primera santa canonizada por él”. El mismo Papa la declaró patrona de las Misiones en 1927». Luego fue proclamada una de las patronas de Francia en 1944 por el venerable Pío XII.

Posteriormente san Pablo VI recordaba con frecuencia sus virtudes cristianas. San Juan Pablo II en «1997 la declaró doctora de la Iglesia, considerándola además «como experta en la scientia amoris». También, «Benedicto XVI retomó el tema de su “ciencia del amor”, proponiéndola como «guía para todos, sobre todo para quienes, en el pueblo de Dios, desempeñan el ministerio de teólogos». Y el Papa Francisco canonizó «a sus padres Luis y Celia en el año 2015, durante el Sínodo sobre la familia» (6).

Jesús para los demás

El Papa Francisco en el primer capítulo presenta la experiencia cristiana en la santa, desde su oración, vida mística, pero con alma misionera y sin autoreferencialidad: «En el nombre que ella eligió como religiosa se destaca Jesús: el “Niño” que manifiesta el misterio de la Encarnación y la “Santa Faz”» (7), y «el Nombre de Jesús es continuamente “respirado” por Teresa como acto de amor, hasta el último aliento» (8).

Como Patrona de las misiones, recuerda el Papa en la exhortación apostólica, que «como sucede en todo encuentro auténtico con Cristo, esta experiencia de fe la convocaba a la misión. Teresita pudo definir su misión con estas palabras:En el cielo desearé lo mismo que deseo ahora en la tierra: amar a Jesús y hacerle amar”» (9).

Una alma misionera, señala Francisco, que enseña «su modo de entender la evangelización por atracción, no por presión o proselitismo. Vale la pena leer cómo lo sintetiza ella misma: “Al atraerme a mí, atrae también a las almas que amo…» (9), así lo escribía la santa en las últimas páginas de «Historia de un alma» (10) como su testamento misionero «con un ferviente espíritu apostólico» (11), dejándose guiar por la acción del Espíritu Santo: «Yo pido a Jesús que me atraiga a las llamas de su amor, que me una tan íntimamente a Él que sea Él quien viva y quien actúe en mí» (12).

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Teresa de Ávila y Teresa de Lisieux

El caminito de la confianza y del amor

En el segundo capítulo el Santo Padre recuerda el valor de “El camino de la infancia espiritual” (14) propuesto por Santa Teresa del Niño Jesús que subraya la primacía de la acción de Dios y “la confianza” plena en la misericordia de Cristo:

«Teresita relató el descubrimiento del caminito en la Historia de un alma: “A pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Agrandarme es imposible; tendré que soportarme tal cual soy, con todas mis imperfecciones. Pero quiero buscar la forma de ir al cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo”» (15).

Francisco señala que la santa en su época «frente a una idea pelagiana de santidad, individualista y elitista, más ascética que mística, que pone el énfasis principal en el esfuerzo humano, Teresita subraya siempre la primacía de la acción de Dios, de su gracia» (17), por ello «prefiere destacar el primado de la acción divina e invitar a la confianza plena mirando el amor de Cristo que se nos ha dado hasta el fin» (19).

«Por consiguiente -escribe el Papa Francisco-, la actitud más adecuada es depositar la confianza del corazón fuera de nosotros mismos: en la infinita misericordia de un Dios que ama sin límites y que lo ha dado todo en la Cruz de Jesucristo» (20).

Sobre esta confianza el Santo Padre sugiere no asumirla solo en referencia a la santificación y salvación, sino también como un “abandono cotidiano” en Dios: «Tiene un sentido integral, que abraza la totalidad de la existencia concreta y se aplica a nuestra vida entera, donde muchas veces nos abruman los temores, el deseo de seguridades humanas, la necesidad de tener todo bajo nuestro control» (23).

El Papa recuerda las palabras de Santa Teresita que se refieren a ese “santo abandono” en el Amor: «Los que corremos por el camino del amor creo que no debemos pensar en lo que pueda ocurrirnos de doloroso en el futuro, porque eso es faltar a la confianza» (24).

Este testimonio es considerado por Francisco como “un fuego en medio de la noche”, ya que vivió su última etapa a finales del siglo XIX que la edad de oro del ateísmo moderno: «pero la oscuridad no puede extinguir la luz: ella ha sido conquistada por Aquel que ha venido al mundo como luz (cf. Jn 12,46). El relato de Teresita manifiesta el carácter heroico de su fe, su victoria en el combate espiritual, frente a las tentaciones más fuertes» (26).

Seré el amor

IMG_0941«“La Historia de un alma” es un testimonio de caridad, donde Teresita nos ofrece un comentario sobre el mandamiento nuevo de Jesús: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado (Jn 15,12)» (31), escribe el Papa Francisco en el tercer capítulo de su exhortación ofreciendo un panorama de la repuesta confiada del amor de la santa, a través del prójimo, al amor misericordiosos de Dios.

Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, recuerda el Santo Padre, expresaba en sus escritos su «amor esponsal» (32) con Cristo: «Teresita tiene la viva certeza de que Jesús la amó y conoció personalmente en su Pasión: Me amó y se entregó por mí (Ga 2,20)» (33). Y «el acto de amor “Jesús, te amo”, continuamente vivido por Teresita como la respiración, es su clave de lectura del Evangelio» (34), asegura el Pontifice.

Amor que santa Teresita vivió en la mayor sencilles y experimento en la vida cotidiana (35): «Teresita vive la caridad en la pequeñez, en las cosas más simples de la existencia cotidiana» (36), y en el corazón de la Iglesia, donde buscó su lugar (38): «…Comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que ese corazón estaba ardiendo de amor. Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre…» (39).

«No es el corazón de una Iglesia triunfalista, es el corazón de una Iglesia amante humilde y misericordiosa» (40), señala Francisco. Afirmando además que «Tal descubrimiento del corazón de la Iglesia es también una gran luz para nosotros hoy, para no escandalizarnos por los límites y debilidades de la institución eclesiástica, marcada por oscuridades y pecados, y entrar en su corazón ardiente de amor, que se encendió en Pentecostés gracias al don del Espíritu Santo» (41).

Explica el Papa Francisco que este llamado de Dios a «poner fuego en el corazón de la Iglesia más que a soñar con su propia felicidad» (42) le permitió a santa Teresita «pasar de un fervoroso deseo del cielo a un constante y ardiente deseo del bien de todos, culminando en el sueño de continuar en el cielo su misión de amar a Jesús y hacerlo amar» (43). Llegando de este modo «a la última síntesis personal del Evangelio, que partía de la confianza plena hasta culminar en el don total por los demás» (44).

El Papa Francisco llega a un punto central de su exhortación apostólica, indicando que «C’est la confiance. Es la confianza la que nos lleva al Amor y así nos libera del temor, es la confianza la que nos ayuda a quitar la mirada de nosotros mismos, es la confianza la que nos permite poner en las manos de Dios lo que sólo Él puede hacer. Esto nos deja un inmenso caudal de amor y de energías disponibles para buscar el bien de los hermanos. Y así, en medio del sufrimiento de sus últimos días, Teresita podía decir: «Sólo cuento ya con el amor» (45).

En el corazón del Evangelio

En el cuarto capítulo el santo Padre recuerda que el anuncio de una Iglesia misionera se centra en lo esencial: «la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado» (47), y el aporte especifico que regala Teresita, “doctora de la síntesis”: «consiste en llevarnos al centro, a lo que es esencial, a lo que es indispensable. Ella, con sus palabras y con su propio proceso personal, muestra que, si bien todas las enseñanzas y normas de la Iglesia tienen su importancia, su valor, su luz, algunas son más urgentes y más estructurantes para la vida cristiana» (49).

El Papa Francisco afirma que la actualidad de santa Teresa del Niño Jesús perdura en toda su «pequeña grandeza: …En un tiempo de repliegues y de cerrazones, Teresita nos invita a la salida misionera, cautivados por la atracción de Jesucristo y del Evangelio» (52).

“Un siglo y medio después de su nacimiento, Teresita está más viva que nunca en medio de la Iglesia peregrina, en el corazón del Pueblo de Dios” (53), dice Francisco finzalizando con la oración:

«Querida santa Teresita, la Iglesia necesita hacer resplandecerel color, el perfume, la alegría del Evangelio. ¡Mándanos tus rosas! Ayúdanos a confiar siempre,como tú lo hiciste, en el gran amor que Dios nos tiene, para que podamos imitar cada díatu caminito de santidad. Amén.»

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Texto íntegro de la exhortación apostólica ‘C’est la confiance‘ del Papa Francisco sobre la confianza en el amor misericordioso de Dios

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EXHORTACIÓN APOSTÓLICA C’EST LA CONFIANCE DEL SANTO PADRE FRANCISCO SOBRE LA CONFIANZA EN EL AMOR MISERICORDIOSO DE DIOS CON MOTIVO DEL 150.º ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS Y DE LA SANTA FAZ 

1. «C’est la confiance et rien que la confiance qui doit nous conduire à l’Amour»: «La confianza, y nada más que la confianza, puede conducirnos al Amor»[1]

2. Estas palabras tan contundentes de santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz lo dicen todo, resumen la genialidad de su espiritualidad y bastarían para justificar que se la haya declarado doctora de la Iglesia. Sólo la confianza,nada más”, no hay otro camino por donde podamos ser conducidos al Amor que todo lo da. Con la confianza, el manantial de la gracia desborda en nuestras vidas, el Evangelio se hace carne en nosotros y nos convierte en canales de misericordia para los hermanos.

3. Es la confianza la que nos sostiene cada día y la que nos mantendrá de pie ante la mirada del Señor cuando nos llame junto a Él: «En la tarde de esta vida, compareceré delante de ti con las manos vacías, pues no te pido, Señor, que lleves cuenta de mis obras. Todas nuestras justicias tienen manchas a tus ojos. Por eso, yo quiero revestirme de tu propia Justicia y recibir de tu Amor la posesión eterna de Ti mismo».[2] 

4. Teresita es una de las santas más conocidas y queridas en todo el mundo. Como sucede con san Francisco de Asís, es amada incluso por no cristianos y no creyentes. También ha sido reconocida por la UNESCO entre las figuras más significativas para la humanidad contemporánea. [3] Nos hará bien profundizar su mensaje al conmemorar el 150.º aniversario de su nacimiento, que tuvo lugar en Alençon el 2 de enero de 1873, y el centenario de su beatificación. [4] Pero no he querido hacer pública esta Exhortación en alguna de esas fechas, o el día de su memoria, para que este mensaje vaya más allá de esa celebración y sea asumido como parte del tesoro espiritual de la Iglesia. La fecha de esta publicación, memoria de santa Teresa de Ávila, quiere presentar a santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz como fruto maduro de la reforma del Carmelo y de la espiritualidad de la gran santa española.

5. Su vida terrena fue breve, apenas veinticuatro años, y sencilla como una más, transcurrida primero en su familia y luego en el Carmelo de Lisieux. La extraordinaria carga de luz y de amor que irradiaba su persona se manifestó inmediatamente después de su muerte con la publicación de sus escritos y con las innumerables gracias obtenidas por los fieles que la invocaban.

6. La Iglesia reconoció rápidamente el valor extraordinario de su figura y la originalidad de su espiritualidad evangélica. Teresita conoció al Papa León XIII con motivo de la peregrinación a Roma en 1887 y le pidió permiso para entrar en el Carmelo a la edad de quince años. Poco después de su muerte, san Pío X percibió su enorme estatura espiritual, tanto que afirmó que se convertiría en la santa más grande de los tiempos modernos. Declarada venerable en 1921 por Benedicto XV, que elogió sus virtudes centrándolas en el “caminito” de la infancia espiritual, [5] fue beatificada hace cien años y luego canonizada el 17 de mayo de 1925 por Pío XI, quien agradeció al Señor por permitirle que Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz fuera “la primera beata que elevó a los honores de los altares y la primera santa canonizada por él”. [6].

El mismo Papa la declaró patrona de las Misiones en 1927. [7] Fue proclamada una de las patronas de Francia en 1944 por el venerable Pío XII, [8] que en varias ocasiones profundizó el tema de la infancia espiritual. [9] A san Pablo VI le gustaba recordar su bautismo, recibido el 30 de septiembre de 1897, día de la muerte de santa Teresita, y en el centenario de su nacimiento dirigió al obispo de Bayeux y Lisieux un escrito sobre su doctrina. [10] Durante su primer viaje apostólico a Francia, en junio de 1980, san Juan Pablo II fue a la basílica dedicada a ella y en 1997 la declaró doctora de la Iglesia, [11] considerándola además «como experta en la scientia amoris». [12] Benedicto XVI retomó el tema de su “ciencia del amor”, proponiéndola como «guía para todos, sobre todo para quienes, en el pueblo de Dios, desempeñan el ministerio de teólogos». [13] Finalmente, tuve la alegría de canonizar a sus padres Luis y Celia en el año 2015, durante el Sínodo sobre la familia, y recientemente le dediqué una catequesis en el ciclo sobre el celo apostólico. [14]

1.- Jesús para los demás 

7. En el nombre que ella eligió como religiosa se destaca Jesús: el “Niño” que manifiesta el misterio de la Encarnación y la “Santa Faz”, es decir, el rostro de Cristo que se entrega hasta el fin en la Cruz. Ella es “santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz”. 

8. El Nombre de Jesús es continuamente “respirado” por Teresa como acto de amor, hasta el último aliento. También había grabado estas palabras en su celda: “Jesús es mi único amor”. Fue su interpretación de la afirmación culminante del Nuevo Testamento: «Dios es amor» (1 Jn 4,8.16).

Alma misionera 

9. Como sucede en todo encuentro auténtico con Cristo, esta experiencia de fe la convocaba a la misión. Teresita pudo definir su misión con estas palabras: «En el cielo desearé lo mismo que deseo ahora en la tierra: amar a Jesús y hacerle amar». [15] Escribió que había entrado al Carmelo «para salvar almas». [16] Es decir, no entendía su consagración a Dios sin la búsqueda del bien de los hermanos. Ella compartía el amor misericordioso del Padre por el hijo pecador y el del Buen Pastor por las ovejas perdidas, lejanas, heridas. Por eso es patrona de las misiones, maestra de evangelización.

10. Las últimas páginas de Historia de un alma [17] son un testamento misionero, expresan su modo de entender la evangelización por atracción[18] no por presión o proselitismo. Vale la pena leer cómo lo sintetiza ella misma: «“Atráeme, y correremos tras el olor de tus perfumes”. ¡Oh, Jesús!, ni siquiera es, pues, necesario decir: Al atraerme a mí, atrae también a las almas que amo. Esta simple palabra, “Atráeme”, basta. Lo entiendo, Señor. Cuando un alma se ha dejado fascinar por el perfume embriagador de tus perfumes, ya no puede correr sola, todas las almas que ama se ven arrastradas tras de ella. Y eso se hace sin tensiones, sin esfuerzos, como una consecuencia natural de su propia atracción hacia ti. Como un torrente que se lanza impetuosamente hacia el océano arrastrando tras de sí todo lo que encuentra a su paso, así, Jesús mío, el alma que se hunde en el océano sin riberas de tu amor atrae tras de sí todos los tesoros que posee… Señor, tú sabes que yo no tengo más tesoros que las almas que tú has querido unir a la mía».[19] 

11. Aquí ella cita las palabras que la novia dirige al novio en el Cantar de los Cantares (1,3-4), según la interpretación profundizada por los dos doctores del Carmelo, santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz. El Esposo es Jesús, el Hijo de Dios que se unió a nuestra humanidad en la Encarnación y la redimió en la Cruz. Allí, desde su costado abierto, dio a luz a la Iglesia, su amada Esposa, por la que entregó su vida (cf. Ef 5,25). Lo que llama la atención es cómo Teresita, consciente de que está cerca de la muerte, no vive este misterio encerrada en sí misma, sólo en un sentido consolador, sino con un ferviente espíritu apostólico.

La gracia que nos libera de la autorreferencialidad 

12. Algo semejante ocurre cuando se refiere a la acción del Espíritu Santo, que adquiere de inmediato un sentido misionero: «Esa es mi oración. Yo pido a Jesús que me atraiga a las llamas de su amor, que me una tan íntimamente a Él que sea Él quien viva y quien actúe en mí. Siento que cuanto más abrase mi corazón el fuego del amor, con mayor fuerza diré: “Atráeme”; y que cuanto más se acerquen las almas a mí (pobre trocito de hierro, si me alejase de la hoguera divina), más ligeras correrán tras los perfumes de su Amado. Porque un alma abrasada de amor no puede estarse inactiva». [20] 

13. En el corazón de Teresita, la gracia del bautismo se convierte en un torrente impetuoso que desemboca en el océano del amor de Cristo, arrastrando consigo una multitud de hermanas y hermanos, lo que ocurrió especialmente después de su muerte. Fue su prometida «lluvia de rosas». [21]

2.-  El caminito de la confianza y del amor 

14. Uno de los descubrimientos más importantes de Teresita, para el bien de todo el Pueblo de Dios, es sucaminito”, el camino de la confianza y del amor, también conocido como el camino de la infancia espiritual. Todos pueden seguirlo, en cualquier estado de vida, en cada momento de la existencia. Es el camino que el Padre celestial revela a los pequeños (cf. Mt 11,25).  Leer más…

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La inclusión trans no es suficiente para una verdadera sinodalidad

lunes, 16 de octubre de 2023
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IMG_0939 La publicación de hoy es parte de la serie de reflexiones teológicas de Bondings 2.0 sobre cuestiones LGBTQ+ y el Sínodo sobre la Sinodalidad, que se publicará cuando la Asamblea General del Sínodo se reúna en el Vaticano este mes. Para conocer toda la cobertura del Sínodo de Bondings 2.0, incluidos los informes de Roma, haga clic aquí.

La publicación de hoy es de la Dra. Nicolete Burbach, líder de justicia social y ambiental en el Centro Jesuita de Londres. Su investigación se centra en utilizar las enseñanzas del Papa Francisco para superar las dificultades en el encuentro de la Iglesia con la transidad.

El proceso sinodal ha galvanizado un movimiento para que los grupos marginados sean incluidos activamente en la vida deliberativa de la Iglesia. El objetivo es que todos puedan contribuir con las diversas riquezas de su fe y sus ideas. Y esto también se extiende a nosotras las personas trans.

En contra de esta idea, algunos católicos afirman que aquellos de nosotros que somos trans deberíamos encontrar nuestra identidad en Cristo por encima de nuestras otras identidades. Según este punto de vista, deberíamos participar en la sinodalidad no sobre la base de la diversidad como “personas trans”, sino simplemente como “católicos”.

Sin embargo, ninguno de estos enfoques contextualiza adecuadamente la transidad. Como resultado, no abordan las verdaderas complejidades de la inclusión trans. Estas deficiencias se destacan desde una tercera perspectiva: la liberación trans.

Hay muchas formas diferentes de ser trans, pero lo que une a todas las personas trans es que nuestras vidas no cumplen con ciertas normas en torno al sexo y el género. Estas normas sustentan culturas e instituciones que directa o indirectamente nos penalizan por vivir nuestras vidas; algo conocido como “castigo social”. Esto puede significar discriminación directa, como cuando es menos probable que los empleadores contraten a personas trans. También puede significar discriminación indirecta, como cuando la pobreza trans resultante dificulta el alquiler de alojamiento. Y puede significar una desventaja sistémica, por ejemplo, cuando la falta de vivienda dificulta el registro con un proveedor de atención médica. Finalmente, también puede significar exclusiones, incluidas las activas, como que se te niegue la Comunión, o las más pasivas, como el efecto de que las personas de tu comunidad te vean como engañados (incluso si son amables al respecto).

Estas dinámicas son un punto de distinción dentro de la sociedad, que nos distingue como un grupo con una identidad compartida; uno definido por nuestro estar sujetos a estos castigos. Esto es, al menos en parte, lo que significa ser trans; así es como se “produce” la transidad como una “cosa” distintiva en la sociedad. El liberacionismo trans se basa en esta idea para argumentar que la inclusión en la sociedad o en instituciones como la Iglesia no es suficiente para las personas trans. Si bien la sociedad y las instituciones que la gobiernan y reflejan castigan la vida trans, nunca podremos florecer verdaderamente dentro de ellas. En lugar de una simple inclusión, deberíamos buscar transformar la sociedad y sus instituciones para liberar a las personas del castigo social que las señala como trans.

Un enfoque de liberación trans también cuestiona la idea de que las personas trans deberían ocupar nuestro lugar en la vida de la Iglesia simplemente como católicos, sin hacer referencia a nuestra transidad. ‘Trans‘ es el nombre que le damos al colectivo que es señalado por estos castigos sociales. Esto es algo objetivo, no una etiqueta que simplemente desechamos por aspiración a un modelo particular de pertenencia a la Iglesia. Para que podamos participar en la Iglesia simplemente como “católicos”, nuestras comunidades tendrían que arrepentirse de los castigos sociales que nos definen como personas “trans”. Tendría que convertirse en el tipo de sociedad que busca la liberación trans: una que esté libre de los castigos sociales que producen la transidad como tal.

También creo que esta perspectiva liberacionista es la mejor para la sinodalidad. La vida sinodal de la Iglesia se enriquece con las diferencias en la Iglesia. Pero para enriquecer, estas diferencias deben ser vivificantes, en lugar de girar en torno al castigo. De ahí que el Instrumentum Laboris para el Sínodo en curso establezca que la sinodalidad:

…reconstituye la Iglesia en la unidad: cura sus heridas y reconcilia su memoria, acoge las diferencias que lleva y la redime de divisiones enconadas, permitiéndole así encarnar más plenamente su vocación de ser ‘en Cristo como un sacramento o como un signo’. e instrumento a la vez de una unión muy íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano’ (LG 1)”. (IL 28)

La dinámica del castigo que produce la transidad produce tal “división enconada”. Es la división entre el grupo que castiga y el grupo que es castigado. Deberíamos estar libres de estas divisiones y así poder ser simplemente católicos.

De hecho, la liberación trans en la Iglesia también puede ser la única manera para que las personas trans sean verdaderamente parte de la vida sinodal de la Iglesia. El Instrumentum Laboris identifica sinodalidad con comunión, afirmando que:

“La comunión no es un encuentro sociológico como miembros de un grupo identitario sino que es ante todo un don del Dios Trino, y al mismo tiempo una tarea… de construcción del nosotros del Pueblo de Dios” (46).

En otras palabras, la comunión, y por tanto la sinodalidad, no es simplemente una cuestión de procesos sociales como la identificación. Más bien, tiene sus raíces en una realidad espiritual. El documento identifica esto con la unidad de la humanidad en Dios, algo que todavía tenemos que lograr, pero de lo cual “recibimos una anticipación” en la Eucaristía (47).

El documento también enseña que ocupamos nuestro lugar dentro de esta comunión a través de la “participación”. Esto, entre otras cosas, es “una manera de alimentar las relaciones de hospitalidad, acogida y bienestar humano que unen en el corazón de… la comunión” (56). La verdadera “inclusión” en el proceso sinodal significa esta participación, por la cual entramos en la comunión sinodal.

Cuesta ver cómo las relaciones de “hospitalidad, acogida y bienestar humano” que lo caracterizan son compatibles con el castigo social que define a las personas trans como grupo. Tampoco pertenece a la paz que vislumbramos en la Eucaristía.

En este contexto, necesitamos ir más allá de nuestra inclusión en la vida sinodal de la Iglesia, ya sea específicamente como personas trans o sin tener en cuenta nuestra transidad. Necesitamos lograr la participación trans. Y esto no puede suceder mientras seamos rechazados en el altar, mientras seamos rechazados y condenados (o incluso simplemente compadecidos por engañados), o mientras los miembros de nuestras comunidades continúan apoyando políticas que buscan eliminar la trans de la esfera pública. A menos que superemos estas cosas, nuestra comunión siempre se verá empañada por la división enconada del castigo social. La mera inclusión no es suficiente. Para vivir verdaderamente a la altura de nuestra vocación eucarística a la sinodalidad, lo que necesitamos es liberación trans.

—Nicolete Burbach, 15 de octubre de 2023

Fuente New Ways Ministry

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“También hoy es posible escuchar a Dios”. 28 Tiempo ordinario – A (Mateo 22,1-14)

domingo, 15 de octubre de 2023
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IMG_0856Lo dicen todos los estudios. La religión está en crisis en las sociedades desarrolladas de Occidente. Son cada vez menos los que se interesan por las creencias religiosas. Las elaboraciones de los teólogos no tienen apenas eco. Los jóvenes abandonan las prácticas religiosas. La sociedad se desliza hacia una indiferencia creciente.

Hay, sin embargo, algo que nunca hemos de olvidar los creyentes. Dios no está en crisis. Esa Realidad suprema hacia la que apuntan las religiones con nombres diferentes sigue viva y operante. Dios está también hoy en contacto inmediato con cada ser humano. La crisis de lo religioso no puede impedir que Dios se siga ofreciendo a cada persona en el fondo misterioso de su conciencia.

Desde esta perspectiva, es un error «demonizar» en exceso la actual crisis religiosa, como si fuera una situación imposible para la acción salvadora de Dios. No es así. Cada contexto sociocultural tiene sus condiciones más o menos favorables para el desarrollo de una determinada religión, pero el ser humano mantiene intactas sus posibilidades de abrirse al Misterio último de la vida, que le interpela desde lo íntimo de su conciencia.

La parábola de «los invitados a la boda» lo recuerda de manera expresiva. Dios no excluye a nadie. Su único anhelo es que la historia humana termine en una fiesta gozosa. Su único deseo, que la sala espaciosa del banquete se llene de invitados. Todo está ya preparado. Nadie puede impedir a Dios que haga llegar a todos su invitación.

Es cierto que la llamada religiosa encuentra rechazo en no pocos, pero la invitación de Dios no se detiene. La pueden escuchar todos, «buenos y malos», los que viven en «la ciudad» y los que andan perdidos «por los cruces de los caminos». Toda persona que escucha la llamada del bien, del amor y de la justicia está acogiendo a Dios.

Pienso en tantas personas que lo ignoran casi todo de Dios. Solo conocen una caricatura de lo religioso. Nunca podrán sospechar «la alegría de creer». Estoy seguro de que Dios está vivo y operante en lo más íntimo de su ser. Estoy convencido de que muchos de ellos acogen su invitación por caminos que a mí se me escapan.

José Antonio Pagola

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“A todos los que encontréis, convidadlos a la boda”. Domingo 15 de octubre de 2023. 28º domingo de tiempo ordinario

domingo, 15 de octubre de 2023
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51-OrdinarioA28Leído en Koinonia:

Isaías 25,6-10a: El Señor preparará un festín, y enjugará las lágrimas de todos los rostros.
Salmo responsorial: 22: Habitaré en la casa del Señor por años sin término.
Filipenses 4,12-14.19-20: Todo lo puedo en aquel que me conforta.
Mateo 22,1-14: A todos los que encontréis, convidadlos a la boda.

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda.” Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.” Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. [Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?” El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.” Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.”]

El Salmo interleccional y la epístola de Pablo a los cristianos de Filipos ponen de relieve el cuidado y protección de Dios. El primero recurre a las imágenes de pastor y anfitrión señalando el significado del “tú conmigo” (v. 4) en el camino y en el descanso. Por su parte la epístola señala la compañía divina en la vida del apóstol y la seguridad que ella se hará extensiva a los cristianos de la comunidad.

El pasaje del evangelio recurre a la misma imagen y comparte el horizonte universalista. En él podemos distinguir dos partes. En la primera, se presenta el Reino de Dios con ayuda de las acciones de un rey que quiere celebrar la boda de su hijo. Los símbolos de autoridad están expresamente seleccionados ya que esta sección, que tiene lugar en Jerusalén, gira en torno de la autoridad de Jesús.

Para la celebración el rey envía a sus “sirvientes”, en dos oportunidades, a notificar a los que han sido previamente invitados que el banquete está pronto. La reacción es de una violencia creciente.

Ante este fracaso, el rey ordena a los sirvientes de extender la invitación a la gente que está “al extremo de la calle” sin distinción de comportamiento ético, ya que entran al banquete “malos y buenos” (v. 10). La invitación ahora surte efecto ya que la sala se llena de invitados. Se trata de una llamada universal que supera todas las diferencias humanas y que reúne a todos en un mismo banquete.

Esta perspectiva universal, aunque ocasionada por el rechazo de los invitados, va mucho más allá de lo que puede, en el rey, motivar ese rechazo. Se trata de una voluntad salvífica sin límites que aprovecha un momento de hostilidad para manifestarse.

Los vv. 11-14 cambian bruscamente la perspectiva: viene la segunda parte. Aquí se trata de un caso particular de la participación al banquete. El ámbito universal continúa estando presente, pero se subraya la reacción de uno de los comensales.

El cambio de perspectiva toma su punto de partida en la entrada del rey en la sala del banquete. Con esa entrada se señala un acontecimiento decisivo, un juicio que se opera en cada uno de los invitados.

Haber entrado no da derecho automático a permanecer. Para participar plenamente al banquete es necesario haber aceptado el “vestido de fiesta”, el don de la fe. Uno de los presentes, aunque también llamado, no ha endosado el ropaje adecuado, no ha sido capaz del compromiso ético que acompaña a la llamada.

La mudez ante la pregunta del rey, indica la ineficacia de la llamada en tal convidado y motiva la sentencia condenatoria que el rey pronuncia en un juicio instantáneo y decisivo que lo arroja a las tinieblas exteriores, donde reinan el llanto y el rechinar de dientes (v. 13). La tristeza ante Israel por no haber aceptado la invitación puede transferirse a los miembros de la comunidad eclesial que no sean capaces de las exigencias que dimanan de la fiesta. Este destino reservado a los miembros “mudos” de la comunidad, incapaces de producir fruto coherente con su confesión de fe, pretende hacer un llamado concreto a cada uno de los integrantes comunitarios a tomar en serio la invitación que en principio han aceptado.

La advertencia se hace más urgente gracias a la mención del mayor número de los llamados que de los escogidos (v. 14) que no busca determinar número sino fundamentar la seriedad con que se debe tomar la decisión frente al Reino.

El banquete del Reino es un don gratuito de Dios pero exige que cada hombre sea capaz de aceptar la invitación que se le dirige y, llevar una vida coherente con el significado de la invitación. Sólo con esas dos actitudes es posible mantenerse en el ámbito de la gracia divina que aunque ilimitada jamás avasalla la libertad humana.

A pesar de todo lo dicho, no podemos menos de hacernos cargo de la «objeción a la totalidad» que muchos oyentes, personas cultas y con verdadera sensibilidad de hoy, van a sentir ante este texto del evangelio y toda la cosmovisión teológica a la que echamos mano para tratar de explicarla y aplicarla. La sensación cierta, aun en muchos que no acaban de poder expresarla con nitidez, es que este tipo de metáforas globales son profundamente inadecuadas, están gastadas y sobrepasadas, y no sólo no dicen ya nada (por eso necesitan de tanta explicación), sino que resultan ininteligibles, y hasta producen rechazo. Como afirma la teóloga Sally McFague, son metáforas no sólo obsoletas, sino dañinas. Con toda probabilidad Jesús ya no las usaría hoy, y se pasmaría de vernos muchos domingos dando vueltas en torno a ellas, queriendo dar vida a una simbología y una doctrina que está muerta. Es otro tema, muy importante, que tenemos que acostumbrarnos a plantear más y más. Cfr «Hacen falta nuevas imágenes religiosas», Agenda Latinoamericana’2011, p. 228, accesible también en el Archivo digital de la Agenda: servicioskoinonia.org/agenda/archivo Leer más…

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15.10.23. Endyma Gamou: Mt 22, 1-14. O nos revestimos de Paz/Cristo o nos mataremos/moriremos todos. Con Gaza al fondo (Dom 29 TO)

domingo, 15 de octubre de 2023
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IMG_0935Del blog de Xabier Pikaza:

La postal anterior trataba de las mesas redondas del sínodo de Roma y las interpretaba como mesas de comida, desde la perspectiva de la “multiplicación  de los panes. El evangelio de hoy (15.10.23) interpreta esa comida  como banquete de bodas del Hijo del Rey e insiste en la necesidad de llevar traje adecuado, vestirse de boda (=hacerse boda).

Está al fondo la parábola de Lc 14, 16-24, en la que Jesús invita al Reino a todos  los hombres y mujeres de Israel y el mundo entero, un texto que, según  J.P. Meir (Judío Marginal 5), forma parte del mensaje original de Cristo, pero Mateo lo ha cambiado, dividiendo el texto en dos partes e insistiendo en la necesidad de llevar un  endyma gamou, vestirse de bodas.

  He desarrollado el tema en varias entradas del Gran diccionario de la Biblia, en comentario de Mateo y algunas postales de RD y FB. Aquí insisto en la urgencia de la hora y el vestido de paz de Jesús crucificado, conforme a la teología de san Pablo: Revestíos de Cristo, (endysasthe Kriston: Rom 3, 14)

Primera parte del texto

 22 1 Y respondiendo Jesús de nuevo, les habló en parábolas diciendo: 2 El reino de los cielos se parece a un hombre rey que hizo las bodas para su hijo. 3 Y mandó a sus siervos para que llamaran a los invitados a las bodas, pero no quisieron venir. 4 Volvió a mandar otros siervos, encargándoles que les dijeran: He aquí que tengo el banquete preparado, he matado terneros y reses cebadas, y todo está dispuesto. Venid a las bodas. 5 Pero ellos, no haciendo caso, se fueron: uno a su propio campo; otro a su negocio; 6 y los restantes, echando mano a los siervos, les maltrataron hasta matarles.‒ 7 Pero el rey montó en cólera, y, enviando a su ejército, destruyó a aquellos asesinos y prendió fuego a su ciudad. 8 Entonces dijo a sus siervos: Las bodas están preparada, pero los convidados no eran dignos. 9 Id pues a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda. 10 Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. Y la sala de bodas se llenó de comensales(Mt 22, 1-10) [1].

  Lucas ha situado esta parábola en el contexto general de la llamada de Jesús (Lc 14, 16-24), en el principio del camino que conduce a Jerusalén (cf 13, 22. 31-35), sin referencia al rechazo de los sacerdotes y escribas, y sin juicio sobre Jerusalén. Mateo, en cambio, la presenta como alegoría de la llamada al Reino, dirigida primero a los invitados (judíos) y luego a todos (en la línea de EvTom 64), dándole al mismo tiempo un tinte apocalíptico: destrucción para aquellos que rehúsan la llamada (22, 7) y para aquellos que aceptándola no se mantienen fieles (añadido de 22, 11-14).

Releo a contrapelo esta parábola/alegoría de Mt 22. Insisto en su dureza, pongo de relieve su amenaza. Para entenderla bien debemos transponer y recrear sus rasgos, cambiar nuestra visión de Dios, revestirnos de la paz de Cristo. De lo contrario puede llegar el gran Apocalipsis. Quien lea entienda, decía ante este mismo motivo el evangelio de Marcos (Mc 13, 14). Quien sea aplique este evangelio (anti-evangelio) a su propia vida. Este mundo no tiene garantía de vida, tal como ahora existe. Ciertamente, hay Dios Pero el Dios de Cristo nos dice cosas como éstas, a fin de que cambiemos y vivamos.

‒  Primera invitación (22, 1-5 y rechazo de la invitación

 Jesús llama a todos, pero los invitados no quieren su banquete, hacerse como él, compartir el Reino de Dios, revestirse de su vida. Los invitados no aceptan la llamada del rey porque están ocupados en sus campos y negocios, en problemas de trabajo y dinero, como Mateo supone desde 19, 16 ss (joven rico) y desde 6, 24 (mamona). En esa línea, el conjunto de Israel (en especial los galileos, luego los jerosolimitanos) no han aceptado el banquete de bodas del hijo del Rey, sino que han preferido quedarse en sus negocios (mejor especificados por Lucas y Ev.Tomas).

‒   Respuesta del rey… (22, 6-7). Quemar la ciudad rebeldes,  duro talión

 ‒ El rey arruinó a aquellos asesinos… (23, 7). Mateo emplea aquí una lógica de “talión”, de forma que parece situar en el mismo plano el asesinato de los enviados de Jesús (los que anuncian su banquete) y la “venganza” de Dios que arruina (apôlesen) a aquellos asesinos. Aquí se utiliza, según eso, una lógica de retribución histórica, que parece contraria al mensaje de Reino (y a las últimas antítesis de 5, 38-48, donde Jesús superaba el talión y la venganza).

IMG_0936Y prendió fuego su ciudad. Sigue en línea de talión. Esa frase parece calcada de la historia actual de la lucha entre judíos y gazatíes (15.10.23). Los gazatíes no quieren el banquete de los judíos; los judíos quieren prender fuego, hacer que estalle la ciudad de los gazatías…Esa ciudad es Jerusalén, y el texto evoca su destino trágico, cuando los romanos la tomaron y quemaron tras dura guerra del 67-70 dC. Pues bien, conforme al estilo de la apocalíptica, el texto atribuye esa destrucción a Dios (como hacen los apocalípticos judíos del siglo II dC y el mismo Flavio Josefo).

Desde la perspectiva actual, hubiéramos querido que Mateo formulara de otra forma esa caída, pero él utiliza el género que emplearon los profetas (Jeremías…), 2 Reyes y el libro de Lamentaciones al hablar de la destrucción de Jerusalén por los babilonios, el 587 aC. De esa forma indica que la caída de Jerusalén forma parte del misterio de la revelación de Dios, que será al final revelación de gracia [2].

‒ Segunda parte, Misión universal (22, 8-10).  Estamos de nuevo invitados, pero…

 La primera misión ha fracasado, no sólo porque muchos invitados prefirieron sus negocios (campos, empresas), sino porque otros rechazaron y mataron a los siervos de Dios, encendiendo la ira del Rey, que destruyó a los homicidas e incendió su ciudad (22, 7). Como he dicho, todo nos permite suponer que Mateo está evocando la caída de Jerusalén (70 dC), sabiendo bien que ella fue realizada en un plano militar por los romanos.

Pero el rey insiste en el banquete y llama a todos los hombres y mujeres de los campos y caminos de la vida para que compartan su banquete, el banquete de la vida… ¿Merece la pena esta nueva invitación universal al banquete después de la destrucción de “gaza” (Jerusalén). No haría mejor el rey dejando que cada uno campara a sus anchas,  sin invitaciones, ni reinos… Es evidente que el texto es una alegoría y que ha de entenderse en forma simbólica….

Última oportunidad (Mt 22, 11-13). Vestirse de bodas, hacerse Cristo

22 11 Pero entrando el rey para ver a los reclinados, vio allí a un hombre que no llevaba puesto el vestido de bodas; 12 y le dijo: Amigo ¿cómo has entrado aquí sin llevar puesto el vestido de boda? Pero él quedó callado. 13 Entonces dijo el rey a los servidores: Atándolo de pies y manos, arrojadlo fuera, a las tinieblas exteriores, donde será el llanto y el crujir de dientes.

 IMG_0937En un primer momento, este durísimo añadido texto, comparable a 22, 8, que mandaba matar a los homicidas y destruir la ciudad, no parece palabra de Jesús, que invitaba a todos, para que vinieran con el traje que tuvieran, sin vestido especial, cojos, mancos, ciegos, judíos y gentiles,  gazatíes y cisjordanos…. Pero es muy importante y necesario, pues exige que todos cambiemos de traje, pongamos un traje de boda,  aprendamos a comer y beber juntos, sobre las ruinas antiguas, creando una humanidad de bodas

 ‒ Venir a las bodas de Dios, que son bodas de todos los hombres  mujeres de la tierra, revestirse de bodas, de amor mutuo… Cambiar el traje antiguo, de guerras y enfrentamientos,  revestirse de utopía de nueva humanidad…

El tema es claro: O nos vestimos de bodas de amor… y moriremos expulsados en las tinieblas exteriores.  No se trata de que unos cambien y otros no, sino de que todos nos revistamos de nueva humanidad. Ciertamente, no todos son (somos) iguales…Pero en la misma barca (arca de Noe, en medio del diluvio, Gen 6-8) estamos todos, con plantas y animales… Tenemos que pensar todos en todos. Si seguimos en plan de enfrentamiento moriremos.

Dejo el tema así, en toda su crudeza… Ha sido una guerra, ha sido una segunda, ha venido la tercera… Pero nos empeñamos en seguir con el viejo traje de guerra, unos y otros, sin revestirnos de humanidad, sin abandonar las armas de guerra.

Tema de fondo: endyma gamou, traje de bodas.

Tanto en el At como en el NT se habla mucho de vestidos de diverso tipo, pero sólo aquí se habla de un vestido específico de bodas…. El texto es simbólico y la exigencia de llevar un “traje de bodas” resulta paradójica,  pues los enviados del rey han corrido a los campos y a los cruces de caminos para invitar a todos al banquete. ¿De dónde pueden sacar un vestido de boda?

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Un banquete que termina mal. Domingo 28. Ciclo A

domingo, 15 de octubre de 2023
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IMG_0881Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado, la parábola de los viñadores homicidas terminaba diciendo que la viña sería consignada «a un pueblo que produzca sus frutos» (v.43). Algo parecido afirma la parábola de hoy, la de los invitados al banquete, que nos ha llegado a través de Mateo y Lucas. Para comprender el enfoque de Mateo considero esencial tener en cuenta no solo la primera lectura (Isaías) sino también la versión de Lucas.

El punto de partida: un festín de manjares suculentos (Is 25,6-10a)

            La parábola de los invitados a la boda se inspira en un poema del libro de Isaías a propósito del gran banquete que Dios organizará “en este monte”, Jerusalén, que supondrá la alegría, la salvación y la victoria sobre la muerte para todos los pueblos.

            Aquel día,

            el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos,

            en este monte,

            un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera;

            manjares enjundiosos, vinos generosos.

            Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos,

            el paño que tapa a todas las naciones. 

            Aniquilará la muerte para siempre.

            El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros,

            y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país.

            Aquel día se dirá:

            «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara;

            celebremos y gocemos con su salvación.

            La mano del Señor se posará sobre este monte».

La reinterpretación irónica de Lucas (Lc 14,15-24)

            El texto de Isaías podía provocar en cualquiera el sentimiento que pone Lucas en boca de un oyente de Jesús: «¡Dichoso el que coma en el Reino de Dios!». Entonces Jesús, con gran dosis de ironía y realismo, cuenta una parábola que podemos dividir en dos actos:

            Acto I:

                         un hombre organiza un gran banquete;

                         envía a un criado a llamar a los invitados;

                         los invitados se excusan de buena manera.

            Acto II:

                    El hombre, irritado, manda al criado a invitar al banquete a pobres, lisiados,  ciegos y cojos;

                          el criado obedece, pero todavía sobra sitio;

                          el hombre vuelve a enviarlo «hasta que se llene la casa».

            Moraleja:

                           «Ninguno de aquellos invitados probará mi banquete».

            En la versión de Lucas, la parábola contada por Jesús explica por qué en la comunidad cristiana (el banquete) no están los que cabría esperar (los judíos), sino otros (los paganos). Del optimismo exagerado de Isaías pasamos al terrible realismo con que Jesús enfoca siempre las cuestiones.

La reinterpretación más dura y crítica de Mateo (Mt 22,1-14)

            La versión de Lucas podía suscitar en las comunidades cristianas un sentimiento de satisfacción y de falsa seguridad. Para evitarlo, Mateo añade una última escena e introduce también interesantes cambios; los dos actos se convierten cuatro:

            «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: «Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda. » Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: «La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.» Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.

            Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?» El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: «Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.» Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

            Acto I:

                        Un rey invita a la boda de su hijo;

                        envía criados (en plural);

                        los invitados no quieren ir.

            Acto II:

                         El rey vuelve a enviar criados;

                         los invitados no hacen caso a los criados e incluso matan a algunos de ellos;

                         el rey mata a los asesinos y prende fuego a su ciudad.

            Acto III:

                           El rey manda a recoger por las calles a todos, malos y buenos;

                           La sala se llena de comensales.

            Acto IV:

                           El rey descubre a un comensal sin traje de fiesta;

                           manda expulsarlo del banquete.

            Moraleja:

                            «Hay más llamados que escogidos».

            Mateo ha reinterpretado la parábola a la luz de los acontecimientos posteriores y en clara polémica con las autoridades religiosas judías.

            En el Acto I, el protagonista no es un hombre cualquiera, sino un rey (Dios), que celebra la boda de su hijo (Jesús). Y no envía a un solo criado, sino a muchos (referencia a los antiguos profetas y a los misioneros cristianos). Los invitados, en vez de excusarse de buena manera, como en Lucas, simplemente no quieren ir.

            Entonces introduce Mateo un acto nuevo (II), donde la invitación del rey encuentra una oposición mucho mayor (incluso llegan a matar a algunos criados) y la reacción del monarca es terrible, porque manda su ejército a acabar con los asesinos y a prender fuego a la ciudad (destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70).

            El Acto III también representa una novedad con respecto a Lucas: no se invita a pobres, lisiados, ciegos y cojos, sino a todos, buenos y malos. El enfoque socioeconómico de Lucas (en el banquete entran los marginados sociales) lo sustituye Mateo por el moral (todo tipo de personas).

            Pero Mateo añade un nuevo Acto, el IV, que es la que más le interesa: un invitado se presenta sin vestido de boda y es echado fuera.

            Con estos cambios, la parábola explica por qué la comunidad cristiana está compuesta de personas tan imprevisibles y, al mismo tiempo, contiene un toque de atención para todas ellas. En el Reino de Dios puede entrar cualquiera, bueno o malo. Pero, si se acepta la invitación, hay que presen­tarse dignamente vestido.

Ni frac ni maxifalda

            Para entrar en una mezquita hay que descalzarse. Para entrar en una sinagoga hay que cubrirse la cabeza. Para entrar en cualquier iglesia se aconseja o exige un vestido digno. Pero el vestido del que habla la parábola no se mide en centímetros ni se debe caracterizar por su elegancia. Es una forma de comportarse con Dios y con el prójimo. O, utilizando una metáfora de san Pablo, hay que vestirse de nuestro Señor Jesucristo. No es un disfraz. Es un modo de vivir y de actuar que recuerde a los demás, dentro de lo posible, como él vivió y actuó.

La generosidad de los filipenses y los mejicanos que esperan a La Bestia (Fil 4,12-14.19-20)

            Pablo no quería ser gravoso a las comunidades que fundaba. No aceptaba que le ayudasen económicamente, prefería ganarse de vivir trabajando con sus manos. Pero hay ocasiones en las que no puede hacerlo, como ocurre cuando está preso en la cárcel de Éfeso. Entonces acepta y agradece la ayuda que le envían los filipenses, y les asegura que Dios se lo recompensará con creces.

            En Méjico hay una red de trenes de carga conocida como La Bestia, o El tren de la muerte. Son los trenes escogidos por muchos migrantes de Venezuela, Colombia, Honduras, etc., para llegar a la frontera de Estados Unidos, montándose en el techo y jugándose la vida. Cuando pasa por algunas estaciones, gente muy pobre y sencilla lo espera para lanzarles bolsas con comida y bebida. Un ejemplo maravilloso, que recuerda la generosidad de los filipenses.

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15 Octubre. Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario.

domingo, 15 de octubre de 2023
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Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis convidadlos a la boda. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.”

(Mt 22, 1-14)

Leyendo este evangelio surge una pregunta: ¿no le pasa lo mismo a nuestras eucaristías dominicales? ¡Nuestras fiestas están vacías! Las invitadas no quieren venir, pero de momento no nos hemos atrevido a salir a los caminos y llenar nuestras iglesias de “malos y buenos”.

Todo está preparado, pero sin invitadas no hay fiesta. Las invitadas no quieren venir y demasiadas veces simplemente nos quedamos cada vez más solas con nuestras tristes quejas.

No, las cosas ya no son como eran. La sociedad cristiana del siglo pasado pasó. Y no volverá. Ahora hay que buscar nuevas invitadas que harán nueva nuestra fiesta. Hay que salir a los caminos y a los cruces. Es urgente saber de qué tiene hambre y sed nuestra sociedad de hoy.

El cristianismo. El seguimiento de Jesús es mucho más versátil de lo que nos quieren hacer creer. Hay infinidad de maneras de vivirlo con fidelidad y coherencia. Y ha sido precisamente su capacidad de adaptación la que le ha permitido atravesar siglos de historia y fronteras culturales. La esencia de nuestro mensaje cristiano todavía tiene algo que decir. Pero para proclamarlo primero tendremos que sentarnos a escucharlo pacientemente.Para contagiar a otras gentes primero tendremos que estar convencidas.

Tendremos que habernos implicado con esfuerzo en la preparación de esa fiesta para poder salir al camino y convencer a otras para que vengan. Cuando de verdad veamos que hay comida, bebida y espacio para todas, nuestros pies nos conducirán a quienes tiene hambre, sed y soledad. Quien tiene un porqué en la vida siempre encuentra un cómo.

Oración

Trinidad Santa, esperanza activa, despierta nuestra ilusión. Haznos conectar con el amor primero. Que nuestra mirada diga aquello que ninguna palabra puede pronunciar: Que el amor nos mueve.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Preferimos los placeres y las seguridades al Reino.

domingo, 15 de octubre de 2023
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banquete-de-bodas-brueghelDOMINGO 28 (A)

Mt 22,1-14

El domingo pasado el simbolismo se tomaba de la viña, hoy la imagen es el banquete. También es un relato polémico que acusa a los dirigentes judíos de haber rechazado la oferta de salvación que Dios les hace por medio de Jesús. El relato intenta superar el trauma de la separación de la religión judía y advertir del peligro de repetir los mismos errores en la comunidad. Insiste en el tema de la universalidad, que tantos quebraderos de cabeza produjeron a los primeros cristianos. No es fácil renunciar a los privilegios.

El texto de Is es una joya. El profeta tiene que hablar a un pueblo que atraviesa la peor crisis de su historia. Lo hace con una visión de futuro muy lúcida. Creo que hoy el texto del AT supera al evangelio, en belleza formal y en mensaje teológico. Naturalmente es un lenguaje simbólico. Habla de manjares enjundiosos y vinos generosos, de quitar el luto de todos los pueblos, de alejar el oprobio y enjugar las lágrimas de todos los rostros, de aniquilar la muerte para siempre. Bella oferta para un pueblo hundido en la miseria.

Se trata de una salvación total por parte de un Dios en quien confía el profeta a pesar de las circunstancias adversas. El intento de Is es que todo el pueblo soporte la dura prueba, confiando en su Dios, en cuyas manos está su futuro. Lo verdaderamente importante del relato de Is es el chispazo apuntado que tenemos que descubrir; es éste: Dios salva a todos. Y digo apuntado, porque también allí se ponen condiciones: los que no son judíos se ven obligados a venir a “este” monte (Jerusalén) para encontrar salvación.

Como la viña, el banquete es una imagen repetida en el AT. Para Jesús significa el Reino de Dios. Para los que pasan hambre diariamente, es una ocasión única para quitar las penas. En concreto, el banquete de boda era la única ocasión que tenía el pueblo sencillo de celebrar una fiesta y olvidarse de la dura realidad de una vida cuyo primer objetivo era llenar el estómago. Naturalmente no se trata más que de una metáfora para indicar que Dios está dispuesto a saciar los anhelos del ser humano.

También hoy, Mt alegoriza el relato y lo completa con la segunda parte (ausencia del vestido de boda) que no está en Lc. Es el Padre el que invita a la boda de su Hijo. Los primeros invitados son los jefes religiosos judíos que se negaron a aceptar el mensaje de Jesús. El prender fuego a la ciudad hace una alusión clara a la destrucción de Jerusalén. Los nuevos invitados son todos los seres humanos, sin importar ni raza ni condición social y, lo que es más escandaloso, sin importar si son buenos o malos.

Podemos pensar que en el relato, leído literalmente, existe una distorsión del mensaje de Jesús. El Dios de Jesús no es un señor que monta en cólera y manda acabar con aquellos asesinos. Esto no tiene nada que ver con la idea que Jesús tiene de Dios, pero responde muy bien al Dios del AT que a su vez refleja la manera de ser del hombre, proyectada sobre Dios. Es una pena que sigamos insistiendo hoy en esa idea de Dios. Nos sentimos más a gusto con el Dios que premia y castiga que con el de Jesús.

Tampoco el añadido del individuo que no llevaba traje de fiesta, tiene mucho que ver con el evangelio. Si salen a los cruces de los caminos para obligar a toda la gente que encuentren, ¿qué sentido tiene que se le exija un vestido de boda? ¿Es que la gente va por los caminos vestidos de boda? Puede hacer referencia a la túnica blanca que se entregaba a los recién bautizados. Claro que la intención del evangelista es buena, pero se ha entendido literalmente y nos ha metido por callejones sin salida.

El texto quiere evitar malas interpretaciones de la pertenencia a la comunidad. Era muy fácil entrar a formar parte de la comunidad y aprovechar todas las ventajas sin vivir de acuerdo con el evangelio. No basta pertenecer a una comunidad. Solo el que de verdad se revista de Cristo (Pablo), puede estar seguro de entrar en el Reino. Dios no toma represalias contra nadie. Solo se queda fuera el que no acepta el don.

El mensaje de las lecturas de hoy tiene una acuciante actualidad. Dios llama a todos, hoy como ayer. La respuesta vital de cada uno puede ser sí o no. Esa respuesta es la que marca la diferencia entre unos y otros. Si preferimos las tierras o los negocios, quiere decir que es eso lo que de verdad nos interesa. El banquete es el mismo para todos, pero a los que valoran más los bienes materiales, no les interesa. Todo el evangelio es una invitación; si no respondemos que sí con nuestra vida, estamos diciendo que no.

Cuando el texto dice que los primeros invitados no se lo merecían, tiene razón, pero existe el peligro grave de creer que los llamados en segunda convocatoria lo merecían. El centro del mensaje del evangelio está en que invitan a todos: malos y buenos. Esto es lo que no terminamos de comprender y aceptar. Seguimos creyéndonos los elegidos, los privilegiados, los buenos con derecho a excluir: “fuera de la Iglesia no hay salvación”.

Como parábola, el punto de inflexión está en rechazar la oferta. Nadie rechaza un banquete. Ojo a los motivos de los primeros invitados para rechazar la oferta. La llamada a una vida en profundidad queda ofuscada, entonces y ahora, por el hedonismo superficial. El peligro está en tener oídos para los cantos de sirenas, y no para la invitación que viene de lo hondo de nuestro ser que nos invita a una plenitud humana. La clave está en descubrir lo que es bueno y separarlo de lo que es aparentemente bueno.

No puede haber banquete, no puede haber alegría, si alguno de los invitados tiene motivos para llorar. Solamente cuando hayan desaparecido las lágrimas de todos los rostros, podremos sentarnos a celebrar la gran fiesta. La realidad de nuestro mundo nos muestra muchas lágrimas y sufrimiento causados por nuestro egoísmo. Seguimos empeñados en el pequeño negocio de nuestra salvación individual, sin darnos cuenta de que una salvación que no incorpora la salvación del otro, no es cristiana ni humana.

Dios no nos puede prometer nada, porque ya nos lo ha dado todo. Nuestra existencia es el primer don. Ese regalo está demasiado envuelto, podemos pasar toda la vida sin descubrirlo. Esta es la cuestión que tenemos que dilucidar como cristianos. El problema de los creyentes es que presentamos un regalo excelente en una envoltura que da asco. No presentamos un cristianismo que lleve a la felicidad humana más allá del hedonismo.

Efectivamente, es la mejor noticia: Dios me invita a su mesa. Pero el no invitar a mi propia mesa a los que pasan hambre, es la prueba de que no he aceptado su invitación. La invitación no aceptada se volverá contra mí. Sigue siendo una trampa el proyectar la fiesta, la alegría, la felicidad para el más allá. Nuestra obligación es hacer de la vida, aquí y ahora, una fiesta para todos. Si no es para todos, ¿quién puede alegrarse de verdad?

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Ciencia y Religión (La Vida)

domingo, 15 de octubre de 2023
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Continuamos el relato iniciado la semana pasada; entonces hablábamos del cosmos, ahora, de la vida.

Según nos dice la ciencia, el proceso que dio lugar a la vida pudo haberse producido a partir de los elementos químicos inorgánicos disponibles en algún entorno favorable. No sabemos cuál puede haber sido ese entorno ni la probabilidad de que todos los elementos precisos se hallasen en él, pero sabemos que su combinación espontánea pudo haber dado lugar a moléculas orgánicas cada vez más complejas, luego a agregados caóticos de moléculas poliméricas (protobiontes), y finalmente a la primera célula viva: una bacteria considerada el ancestro común de todos los seres vivos que pueblan la Tierra.

El problema es que en el transcurso de este breve relato hemos dado un salto que quizás haya pasado desapercibido, pues hemos comenzado hablando de materia y en un momento determinado hemos pasado a hablar de vida; como si la materia tuviese la facultad de generar vida.

Lo que no cabe duda es que al final del proceso se formó una estructura celular capaz de albergar la vida, pero no sabemos si esa estructura estaba dotada de vida. Y el origen de nuestra duda es triple. Por una parte, está el argumento ontológico que determina que lo inferior (la materia) no puede dar lugar a lo superior (la vida). Por otra, la evidencia empírica de que en laboratorio nunca se ha podido reproducir la vida ni hacer funcionar a una célula muerta (a pesar de los infinitos intentos de lograrlo). Finalmente, la evidencia histórica de que cada célula transmite a su descendencia la vida, y que no se conoce otro mecanismo capaz de trasmitirla.

En la Naturaleza nada puede ser origen de algo que está más alto que ella en la escala ontológica, aunque puede degenerar en lo que está por debajo. Cuando muere un ser vivo desciende en la escala ontológica, pero los muertos no pueden resucitar; no pueden ascender. Por eso, para que esa primera estructura celular se pusiese en funcionamiento tuvo que haber recibido un “principio vital”; un soplo de vida proveniente que de una realidad superior a todo lo conocido por nuestra mente.

En el mundo que conocemos, la vida debe estar soportada en la materia, pero es una realidad muy superior a la materia (al igual que la música se soporta en la flauta, pero es una realidad muy superior a la flauta). Las culturas primitivas creen en ese “principio vital” al que nos referimos, mientras que el judaísmo nos habla del “soplo de Dios”, y ambas nos aportan una explicación ontológica mucho más coherente de la realidad vital que la que aportan las hipótesis científicas.

En la Grecia clásica, ese principio vital recibe el nombre de “alma” (“ánemos” en griego y “ánima” en latín; que significan, viento, soplo, aliento). Por tanto, la vida se concibe como soplo, como aliento que anima lo inanimado. Un ser vivo está animado, y cuando el alma, el ánima, le abandona, se convierte en un ser inanimado. Ese hálito, soplo o principio vital se encuentra en todos los seres vivos y desaparece cuando el individuo muere.

Para que algo exista hace falta un “principio de su existencia”. Para que ese algo viva, hace falta además un “principio vital”; un alma.

El misterio de la vida no está por tanto en saber cómo los elementos químicos se convirtieron en nucleótidos o aminoácidos, ni en cómo estos polimerizaron, ni en cómo llegaron a convertirse en estructuras celulares, sino en cómo ese “principio vital” se coló en la Tierra dando lugar a la vida… Antes no había vida; en aquel mundo inerte ni siquiera el concepto “vida” tenía algún significado; era imposible concebir una idea tan distinta a la única realidad existente que era la materia. Pero en un momento dado ésta aparece… ¿En base a qué?… Desde luego no a la materia, porque la materia es un mero soporte biológico de la vida que no posee en sí ningún “principio vital”

Una última consideración. La vida de aquella primera bacteria se limitaba a la nutrición, la reproducción y poco más, lo que nada tiene que ver con las formas superiores de vida que hoy conocemos. Aquel evento crucial para nuestra propia existencia no supuso singularidad alguna; podríamos decir que pasó desapercibido. En apariencia todo seguía igual, pero todo había cambiado. Es como una semilla “insignificante” que se siembra en el campo y al principio ni siquiera se ve, pero luego se convierte en árbol majestuoso que se yergue sobre todo lo demás.

Aquella primera forma de vida “insignificante” tenía la potencialidad de crear nueva vida, y ésta, la de ir conformando seres cada vez más complejos en los que el concepto “vida” iba teniendo un significado más rotundo, más pleno. La vida, al principio vegetativa, se convirtió en sensitiva, aparecieron los sentidos, el aparato locomotor, el cerebro, los instintos… Luego se convirtió en intelectiva, y no solo apareció la razón, sino la conciencia, la libertad, el amor…

Con tres partículas “insignificantes” Dios formó el cosmos, y con una bacteria “insignificante”llenó nuestro planeta de vida… ¡Fascinante! …

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Fuente Fe Adulta

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Si te llama a la fiesta.

domingo, 15 de octubre de 2023
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il-regno-dei-cieli-e-simile-a-un-re-che-fece-una-festa-di-nozze-per-suo-figlioMt 22, 1-14

(Mt 22, 1-14)

“En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo”.

El primer grupo de “convidados” son los que se da por hecho que se sentirán alagados de recibir la invitación, son los más cercanos a quien invita: familia, amigos, compañeros de trabajo, algún vecino, gente con la que sigue compartiendo vida. Pero en la parábola parece que no hicieron ningún aprecio a la invitación.

Aun así fueron requeridos por segunda vez, haciendo de nuevo caso omiso con pegas y excusas. Se dieron media vuelta creando, incluso, violencia contra los enviados. Invitación fallida a la fiesta del reino de los cielos.

El segundo grupo de “convidados” fue convocado en “los cruces de caminos” sin importar ni el número ni si eran buenos o malos. Con muy buen resultado, “la sala del banquete se llenó de comensales”.

Sorprendente esta última convocatoria al banquete del reino de los cielos que llama con toda libertad a quienes no se reconocen merecedores de semejante invitación. Seguro que sintieron alegría, agradecimiento y emoción al ser saludados como invitados de primera.

Pero algo no cuadraba en el grupo de los que llegaron sin invitación previa: había uno que “no llevaba traje de fiesta”. “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda? El otro no abrió la boca”.

Me he preguntado en qué consiste ese vestido de boda que unifica a los que lo aceptan. Debe tratarse de un vestido diseñado con agradecimiento, teñido de agradecimiento y cosido con puntadas de ilusión por participar en la boda del hijo y en la celebración del Amor.

Sobresalía mucho a la vista el que había entrado sin el vestido de boda. ¡Pobre!… quizás es el prototipo de quien pasa de todo, se deja llevar por la marea humana sin hacerse preguntas, critica los buenos momentos de los otros, pone cara de circunstancias y de estar de vuelta de todo, y no aporta más que una triste sombra de negatividad.

En este tiempo Jesús sigue llamando y convidando al banquete de la fiesta del reino de los cielos a los cercanos, a los lejanos, a los que una vez le siguieron, los que tienen una cierta curiosidad, los cansados y los que creen que esa llamada no es para ellos. Jesús sigue llamando a la fiesta a muchos… ¿muchos? Más que muchos, a todos.

Si te llama párate y piensa a qué tipo de fiesta te está invitando; quién eres tú para ser invitado. Mira a ver si te alegras de participar en el convite; si rechazas la invitación porque tienes otros temas de más interés, provecho o rentabilidad o, sencillamente, vas porque total ya si eso, que dicen ahora, o te da igual ocho que ochenta, que se decía antes.

Sigue llamando, lo hemos escuchado recientemente: “En la Iglesia caben todos, todos, todos«, de boca del Papa Francisco.

Si cabemos todos, todos, todos… es la fiesta de los encuentros. ¿Quién se anima?

Mari Paz López Santos

Domingo, 15 octubre 2023

Fuente Fe Adulta

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Invitados e invitadas a la vida.

domingo, 15 de octubre de 2023
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FiestaDomingo XXVIII del Tiempo Ordinario

15 octubre 2023

Mt 22, 1-14

Es frecuente que muchos grupos, en sus inicios, adopten ciertos tics más o menos sectarios. Y eso ocurrió también con aquellas primeras comunidades que seguían a Jesús (y que son quienes escribieron ese final de la parábola): pretendían que, para participar en la fiesta de la vida, toda persona debía vestir el «traje» que ellos mismos vestían, so pena de graves castigos o condenas para quien se negara a ello.

Pero no. Para participar en la fiesta de la vida no se requiere ningún traje especial: todos y todas, sin excepción, estamos invitados. Cada cual con su propio traje y su propia situación. O como dice Jesús, “malos y buenos”.

La parábola original solo insiste en un punto: que nadie quede fuera. Y esa es la gran tragedia de nuestro mundo: que dejamos a muchas personas “en los cruces de los caminos”. Son muchos los hombres y mujeres que se ven excluidos por un sistema injusto y son también muchos quienes se autoexcluyen, encerrados en su ignorancia y girando en torno a su propio ego. En realidad, quien excluye a los otros de la fiesta de la vida también se ha autoexcluido a sí mismo. Se trata de un círculo vicioso que se retroalimenta constantemente.

Con lo cual, la parábola parece lanzar un doble cuestionamiento: ¿me siento personalmente invitado/a a la fiesta de la vida?; ¿soy consciente de que todo ser humano es invitado exactamente igual que yo?

Y las preguntas pueden seguir: si no me siento invitado, ¿a qué se debe?, ¿cómo veo la vida?, ¿qué actitudes me están ofuscando?; si no considero a cada persona en igualdad radical conmigo, ¿a qué se debe?, ¿qué relato ignorante me estoy contando?, ¿en qué burbuja narcisista sigo encerrado?

Queriendo ir más a la raíz, antes o después, nos toparemos con la pregunta en cuya respuesta se ventila todo: ¿cómo me veo a mí mismo?, ¿qué soy yo? Porque si me reduzco al yo y me veo separado de la vida, mucho me temo que, por más trabajo psicológico que haga, me resultará muy difícil, no solo sentirme invitado, sino sentir la vida como una fiesta. Solo cuando comprendo de manera experiencial que, en nuestra identidad última, somos vida, seremos capaces de verlo de otro modo. Solo cuando entregas «tu» vida a la Vida, comprendes.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Todos tenemos un sitio en la mesa del Señor.

domingo, 15 de octubre de 2023
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eucaristia-720_270x250Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- La Mesa.

La Palabra de este domingo gira en torno a la Mesa. Dios prepara una mesa, un banquete de bodas para la humanidad … Tú preparas ante mí una mesa… El Reino de los cielos se parece a un banquete -una mesa- de bodas.

En torno a una mesa vivimos y acontecen muchas cosas a lo largo de nuestra vida, en la sociedad y en la Iglesia.

En la vida nos sentamos a muchas mesas por mil motivos.

O2.- La mesa familiar.

    Desde niños, incluso todavía en brazos de nuestros padres, abuelos o hermanos mayores, nos hemos o nos han sentado a la mesa familiar.

    En torno a la mesa familiar todos somos iguales.

En la mesa familiar nos alimentamos y no solamente del alimento material, que ya es mucho, sino del alimento de la fraternidad-familiaridad. En la mesa familiar hemos recibido y compartido la acogida a la vida, el afecto, el amor, la cultura, el idioma, la fe, las tradiciones, las costumbres, los valores, el alimento. En la mesa familiar hemos celebrado, hemos cantado de alegría y de fiesta; en otros momentos hemos sufrido juntos.

En la mesa familiar de la cocina de casa hemos nacido a la vida y a la convivencia.

03.- La mesa de la palabra y cultura.

    Hemos pasado y pasamos muchas horas en la mesa de estudio, e búsqueda de la verdad. De niños nos sentamos en  aquella mesa-pupitre de la escuela muchos de nosotros con la pizarra y con aquel viejo tintero de porcelana, hasta nuestra mesa de trabajo actual con ordenador. Hemos ido aprendiendo las letras, las diversas asignaturas, hemos ido creciendo en el pensamiento, hemos leído y leemos la Palabra.

    Quizás en la pequeña mesa de nuestra habitación o en la mesa de la biblioteca hemos pensado mucho las cosas y hemos ido creciendo, evolucionando y cambiando de mentalidad: cambios en el pensamiento político, teológico, cultural, etc.

En la mesa hemos buscado la verdad.

04.- Mesa de trabajo.

    Cuántas horas pasan muchas personas sentados a la mesa de trabajo: la mesa-banco  del carpintero, la mesa de la oficina, la mesa del relojero, del dibujante, de los sastres, de los químicos, de la panadería, la mesa del profesor, etc.

    La mesa es lugar de trabajo y de ganarse el pan.

05.- Mesas de diálogo.

    Según los momentos y etapas de la vida y al ritmo de los problemas nos hemos sentado a algunas mesas de diálogo: reuniones de padres en los colegios, reuniones de vecinos, reuniones culturales o de orden deportivo en el barrio, en la parroquia.

06.- Mesas políticas.

No tienen muy buena fama las mesas de los políticos, pero son necesarias.

Sentarse a la mesa y hablar, negociar, buscar salidas a los problemas es necesario y sano. Buscar la pacificación es noble.

Mejor sería que Moscú y Kiev, Palestina e Israel se sentaran a la mesa del diálogo.

Nos queda la Palabra, que decía Blas de Otero (1916-1979).

En la mesa se buscan soluciones.

07.- Mesa del quirófano (enfermedad).

    Quizás en algún momento de la vida nos ha tocado pasar por la mesa del quirófano, mesa de dolor pero de curación…

    Una intervención quirúrgica es pasar por valles de tinieblas, que hemos rezado en el salmo 22. Para el enfermo esta mesa es una difícil amalgama de angustia y esperanza. El que lo ha vivido, lo sabe.

    En la mesa hemos sufrido y nos hemos curado.

08.- Mesas eclesiales.

    A decir verdad  no son muchas las mesas eclesiales en las que se dialogue, se comparta. En estos momentos se está celebrando el sínodo el Roma, que hasta cierto punto es como una mesa de diálogo. Quiera Dios que sea una mesa eficaz.

09.- Aterpe / comedores sociales: (la mensa de la Caridad).

    No sé si los que estamos aquí reunidos nos hemos sentado a este tipo de mensas. (Aunque aquellos lejanos años 1940-50 no fueron precisamente de banquetes mesiánicos para muchos de nosotros). Pero estas “mesas sociales”, los bancos de alimentos existen. Son muchas las personas que se sientan a estas mesas de la caridad. Si la mensa de Aterpe es algo, es caridad.

    En la mesa compartimos. La mesa es caridad.

10.- La mesa de la Eucaristía.

La Eucaristía es también una mesa. Una mesa abierta en la que nos alimentamos de la palabra y del pan de vida. El altar es una mesa.

Muchas veces en nuestra vida nos hemos sentado a la mesa de la Eucaristía. Las más de las veces con los problemas, crisis y alegrías del transcurrir de la vida cotidiana. Otros han sido momentos de una densidad existencial más profunda: cuando os casasteis o cuando accedimos al ministerio o a la vida religiosa. La Eucaristía a la muerte de nuestros padres o seres cercanos adquiere una gran profundidad.

11.- La mesa del banquete del Reino

* La mesa del Señor está abierta a todos: Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos.

El papa Francisco decía hace unos días a los cardenales que se le han enfrentado con sus ‘dubia’: «No podemos constituirnos en jueces que sólo niegan, rechazan, excluyen«. La mesa del Señor está abierta a todos.

* A la mesa del Señor estamos invitados todos y no por nuestra condición moral: todos, buenos y malos. Dios no hace acepción de personas.

La Mesa del Señor es gratuita: gratis: gracia: Eu – Xaris: buen regalo, don. A los restaurantes de lujo van los que van, los que tienen para poder pagar tal comida. La mesa del Señor es gratis y para todos.

12.- La mesa de amor.

    El Señor habla de un banquete de bodas. Un banquete de bodas es encuentro y amor.

    Las mesas de la vida y la Eucaristía nos abren a la mesa definitiva del Señor. Es una mesa gratuita (gracia). Nosotros no podemos darnos la plenitud a nosotros mismos: es una gracia, un regalo de Dios. Es el amor de Dios.

Que nuestra mesa, nuestras capacidades, nuestro alimento material o espiritual esté abierto a todos, como lo está la mesa del Señor.

Prepara tu mesa, Señor para nuestro pueblo, para todos los pueblos, para todas las iglesias, para toda la humanidad.

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