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3.12.23. Dom 1 Adviento: Ni el Hijo (=Cristo) sabe cuándo ni cómo, pero Dios es Padre: Velad en la noche

domingo, 3 de diciembre de 2023
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IMG_1649Del blog de Xabier Pikaza:

No hay evangelio más fuerte y esperanzado que éste: Ni los ángeles, ni el Hijo (=Cristo) saben; pero lo sabe Dios y es Padre (Mc 13, 32; cf. Mt 24, 36) que  deja en manos de los hombres su futuro, la responsabilidad de la historia.

Un tipo de teología y piedad ha olvidado este texto. Por eso quiero destacarlo, en este tiempo de guerras “justicieras” (Ucrania, Gaza), en los días del COB 28, que parece celebrarse de un modo suicida  sobre barriles encendidos de petróleo … Ni el Hijo/Cristo sabe cómo, pero Dios es Padre y Cristo nos pide que confiemos y vivamos en vela/vigilancia, de Adviento, según Mc 13, 32. 

Lectura extendida:  Mc 13, 27-39 La lectura del domingo es sólo la parte final (Mc 13, 33-37)  pero quiero situarla en su contexto para entenderla mejor. Tiene tres partes:

 (a. Parábola de la higuera: Mc 13, 27-32: A la higuera seca de la humanidad un tallo verde le ha salido) 28 Aprended la parábola de la higuera. Cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, conocéis que se acerca el verano. 29 Pues lo mismo vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que ya está cerca, a las puertas.

(b. Declaración: ni el Hijo (=Cristo) sabe, sino sólo el Padre. Mc 12, 20-32:)30 Os aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 32 En cuanto al día y la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre.

(c. Vigilancia: Mc 13, 33-37: Estad atentos en medio de la noche) 33 ¡Cuidado! Estad alerta, porque no sabéis cuándo llegará el momento. 34 Entones sucederá lo mismo que con aquel que se ausentó de su casa, encomendó a cada uno de los siervos su tarea y encargó al portero que velase. 35 Así que velad, porque no sabéis cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a media noche, al canto del gallo o al amanecer. 36 No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. 37 Lo que a vosotros os digo, lo digo a todos: ¡Velad!

1. Parábola: A la higuera seca unos brotes verdes le han nacido (13, 28-29).

Jesús ha declarado ya el signo de higuera estéril que no da fruto… (Mc 11, 12-26). Pues bien, Marcos vuelve a presentar el signo de la higuera: Este es el signo de un adviento amenazados por grandes persecuciones y derrumbamientos sin remedio, pero un adviento que nos  evangelio nos sitúa ante el signo de la higuera, que no es ya una señal del templo estéril, sino expresión y signo de un tiempo de esperanza, de Adviento de Dios.

Adviento es primavera en plano invierno, anticipo y adelanto de una cosecha de vida, como indican los nuevos brotes de la higuera, que se ablandan, de forma que por ellas se expanda la blanca y fuerte savia de la vida, y brotan de nuevo las hojas, pues va a llegar pronto la cosecha. ¿Cuándo? Muy pronto. Faltan sólo unos meses, el tiempo en que madure la cosecha dulce de los higos.

2. Declaración: Ni el Hijo (Cristo) sabe, ni puede asegurar cuándo será (13, 30-32)… Pero hay Dios (=existe el Padre).Este pasaje dice dos cosas inseparables.

(a) Por un lado asegura que todas estas cosas han de suceder en esta generación(13, 30), conforme a una palabra que se puede atribuir al Jesús histórico (en la línea de 9, 1, donde se dice algo semejante), pues estamos en los últimos tiempos: ahora, cuando se proclama esta palabra, sucederán estas cosas, en el tiempo que tardan en madurar los hijos de la higuera.

(b) Por otro afirma que del día y hora nadie sabe nada,ni siquiera Cristo (el Hijo) a quien mataban echándole de la viña (parábola de los viñadores: (Mc 12, 6). Le matan, en un sentido no entiende, pero confía en el Padre.  que aquí aparece en sentido absoluto, no como un hijo, sino como el Hijo.

El Hijo/Cristo no sabe cómo ni cuándo, pero confía  en  Padre, en (Mc 13, 32). El Hijo (Cristo, la humanidad) sabe que es Padre y confía en la noche (como enseña siempre Juan de la Cruz).  El Hijo/Cristo confía, se deja matar,  confiando  en el Padre/Dios en medio de la noche, sin saber cuando llegará la aurora, eso es Adviento.

  El tiempo de Dios es Camino en la noche… Una apuesta de vida en medio de la gran tiniebla Ni el Hijo querido sabe,  ni en Mesías/Cristo conoce cómo… Pero confía en el padre… Dios viene porque es Dios; pero, al mismo tiempo, viene porque se ha encarnado en la vida de los hombres que son (somos) Adviento de Dios.  Viene, pero no sabemos cómo…

 3. Vigilancia (13, 33-37). Vivir alerta en Dios, estamos en vela, ante la hora de Dios…

No sabemos  cuándo, cómo vendrá (no los sabe Cristo, no lo sabe el Hijo, tampoco lo saben los ángeles…?. ¿Qué se puede hacer en estas circunstancias? La respuesta normal es comamos y bebamos, que mañana (no sabemos cuándo) moriremos (Is 22, 13; 1 Cor 15, 32). Esta es la respuesta, que est está tomando el COP 288 de Dubai, que se celebra hoy mismo, bailando con fuego sobre barriles de petróleo (como dice desde la ONU el secretario General Antonio Guterres,  como dice desde el Vaticano el   Papa Francisco). Frente a esa respuesta  comamos, bebamos  el evangelio de Marcos responde: Velad, estar atentos, de la noche a l mañana. No sabemos cuándo, ni cómo y, sin embargo debemos  “velar” (tener cuidado, actuar siempre a favor de la vida y del futuro del amor de Dios, en forma de amor interhumano).  La responsabilidad, la respuesta, la tiene el hombre que confía en Dios Padre.

Aquí se centra el mensaje de Mc 13, ésta es la palabra central del Adviento:

  1. Ni Cristo/Hijo sabe… Dios no le ha dicho cuándo, ni como (¡ni los ángeles saben)
  2. Por eso velad… Pero Dios es Padre…Podemos confiar en él, podemos y debemos velar.

Estamos en los días finales (no pasará esta generación: Mc 13,30), pero al mismo tiempo descubrimos que el adviento de Dios nos trasciende, y así tenemos que dejarlo en manos de Dios (sólo el Padre conoce la hora: 13,32).

Sobre ese fondo puede y debe repetirse la palabra “vigilad”, como último sentido y exigencia del mensaje escatológico (13,37). Limitado y sujeto a la muerte es el mundo, como ha recordado Jesús cuando nos habla de caída del sol y terremotos. Violento y destructivo es el mismo ser humano que introduce el miedo de la guerra universal sobre el tortuoso camino de este cosmos. Pues bien, superando ese riesgo de fragilidad y muerte, los discípulos de Jesús podrán anunciar el evangelio, como una vela o vigilia de Dios.

¿Cuándo? No lo saben ni los ángeles, ni tampoco el Hijo (cf. 1, 11; 9, 7) ¡Sólo el Padre! Será cuando él lo quiera (13, 32).  No hay por tanto revelaciones de cuando/cómo, no las ha tenido ni el Hijo Cristo…  Pero hay algo más grande, Dios es Padre. Hay algo más grande: Podemos mantenernos en vela en el tiempo del adviento de Dios.

De esta forma ratifica Marcos la experiencia radical de la transcendencia de Dios, marcada en los lugares clave de su texto (cf. 8, 33; 10, 18.40). Al servicio de Dios ha realizado Jesús su tarea. No puede usurpar sus funciones. No hay un tiempo limitado de venida de Dios. El Adviento es “siempre”, hasta que culmine Dios y sea todo en todos por Cristo (1 Cor 15, 28)

¿Dónde? Tampoco lo dice. Pero es claro que Marcos rechaza un tipo idea judeocristiana de la venida y cumplimiento mesiánico en el templo. Jesús ha pedido a los discípulos que huyan de la ciudad que no esperen allí la victoria del mesías (cf. 13, 14). Jerusalén ha matado a Jesús y sólo tiene un sepulcro vacío. El Adviento de Dios se realiza en todo el mundo, en los cuatro ángulos o “vientos” de la tierra, en el cosmos entero.

REFLEXIÓN. PODEMOS DESTRUIR EL ADVIENTO DE DIOS

‒ Velar es superar la bomba, superar de la guerra universal (tarea de Isaías 2,2-4: De las espadas forjarán arados…). Esto le dice Isaías a Israel (pueblo de bombas), esto nos dice todos nosotros. Leer más…

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Súplica, admiración, vigilancia. Domingo 1º de Adviento. Ciclo B

domingo, 3 de diciembre de 2023
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 IMG_1629Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

¿Cuatro semanas para prepararnos a recordar el nacimiento de Jesús? No. El Adviento es más que eso. No se trata de recordar románticamente un hecho pasado, sino de comprender a fondo lo ocurrido y prepararnos para el encuentro definitivo con el Señor. Para ello, la liturgia nos sugiere tres actitudes: súplica (1ª lectura), admiración ante los bienes recibidos (2ª lectura) y vigilancia (evangelio).

            Suplica (Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7)

            La primera lectura nos sitúa unos cinco siglos antes de la venida de Jesús, cuando la situación en Jerusalén y Judá dejaba mucho que desear desde todos los puntos de vista: político, social, religioso. El pueblo de Israel se ve como un trapo sucio, un árbol de ramas secas y hojas marchitas. La situación no sería muy distinta de la nuestra. Pero el pueblo, en vez de culpar a los políticos, a los independentistas, a los banqueros, al FMI, a los Presidentes de las grandes potencias, se reúne en asamblea litúrgica y entona una lamentación.

Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es Nuestro redentor. Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te tema? Vuélvete, por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad. ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia! Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia. Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en e1. Sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos. Estabas airado, y nosotros fracasamos: aparta nuestras culpas, y seremos salvos. Todos éramos impuros, nuestra justicia era un paño manchado; todos nos marchitábamos como follaje, nuestras culpas nos arrebataban como el viento. Nadie invocaba tu nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas en poder de nuestra culpa. Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano.

            Las palabras del pueblo ofrecen un curioso contraste al hablar de Dios. A veces destaca sus rasgos positivos: es «nuestro padre», «nuestro redentor», «sales al encuentro del que practica la justicia», «somos todos obra de tu mano». Otras se queja de que «nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón», «estabas airado y nosotros fracasamos», «nos ocultabas tu rostro». Pero el pueblo reconoce que la culpa no es de Dios, sino suya: «todos éramos impuros, nuestra justicia era un paño manchado, nuestras culpas nos arrebataban como el viento, nadie invocaba tu nombre, ni se esforzaba por aferrarse a ti».

            ¿Cuál es la solución? Sorprendentemente, que Dios se convierta: «vuelve por amor a tus siervos», «ojalá rasgases el cielo y bajases», «aparta nuestras culpas». Los profetas anteriores (Amós, Isaías, Jeremías…) habían concedido gran importancia a la conversión, al hecho de que el pueblo volviese a Dios y cambiase su forma de actuar. Quienes rezan esta lamentación no confían en ellos mismos. Debe ser Dios mismo quien vuelva y, como buen alfarero, moldee una nueva vasija.

            En el contexto del Adviento, la frase que más llama la atención y ha motivado la inclusión de este texto en la liturgia es: «¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!». Aunque el profeta piensa en una venida de Dios, la liturgia nos hace pensar en la venida de Jesús. Pero ese recuerdo debe ir acompañado del reconocimiento de nuestra debilidad y la necesidad de ser salvados.

            Admiración (1 Corintios 1,3-9)

            La respuesta de Dios supera con creces lo que pedía el pueblo en la lectura de Isaías, aunque de modo distinto. Dios Padre no rasga el cielo, no sale a nuestro encuentro personalmente. Envía a Jesús, y desde el momento en el que lo aceptamos, nuestra vida cambia por completo.

            Hermanos: La gracia y la Paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros. En mi acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús. Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado, el testimonio de Cristo. De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de que acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. ¡Y él es fiel!

            Pablo habla de nuestro pasado, nuestro futuro y nuestro presente.

            En el pasado, Dios nos ha enriquecido en todo; nos ha llamado a participar de la vida de su Hijo, Jesucristo. La imagen es potente y extraña. Recuerda a la experiencia de un hijo con su madre, de la que recibe la vida. Pero esa relación vital no termina cuando se corta el cordón umbilical, perdura siempre.

            Con respecto al futuro, aguardamos la manifestación de Jesucristo, la segunda y definitiva venida del Señor, tema esencial para los primeros cristianos y que debería serlo para nosotros en este tiempo de Adviento.

            En el presente, «no carecemos de nada». Cuando tanta gente se lamenta, a veces con razón, de las muchas cosas de que carece, estas palabras pueden resultar casi hirientes: «No carecéis de ningún don». Buen momento, este del Adviento, para pensar en qué cosas valoramos: si las materiales, que a menudo faltan, o la riqueza espiritual que proporciona Jesús.

            Esta enseñanza de Pablo no se produce en un contexto de fría reflexión teológica, sino de oración y acción de gracias al pensar en sus cristianos de Corinto, la más complicada y problemática de sus comunidades.

            Vigilancia (Marcos 13, 33-37)

            No deja de ser irónico que precisamente el evangelio no hable de Dios Padre ni de Jesús. Se centra en nosotros, en la actitud que debemos tener: «vigilad», «velad», «velad». Tres veces la misma orden en pocas líneas. Porque el Adviento no solo pretende recordar la venida del Señor, sino también prepararnos para el encuentro final con Él.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuando es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejo su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!»

            La actividad pública de Jesús termina con un discurso sobre el fin del mundo y su segunda venida, que no está dirigido a todos los discípulos, como sugiere la introducción del evangelio de hoy, sino solo a los cuatro primeros llamados por Jesús: Pedro, Santiago, Juan y Andrés (Mc 13,3-37). Jesús ha dicho poco antes que de los grandes edificios del templo no quedará piedra sobre piedra. Para estos cuatro, el fin del templo de Jerusalén equivale al fin del mundo, y desean saber cuándo ocurrirá y qué señales lo precederán. Un tema que a nosotros nos parece más propio de los Testigos de Jehová, pero que creaba enorme preocupación en las primeras comunidades cristianas. El discurso responde a estas cuestiones, pero termina con esta exhortación a la vigilancia, que la liturgia, con pleno sentido, aplica a todos los discípulos y a todos nosotros.

            ¿En qué consiste la vigilancia? Se sugiere con muy pocas palabras: «dio a cada uno de sus criados su tarea». Esa es, en parte, la misión del Adviento: reflexionar sobre la propia tarea recibida de Dios y examinar si la cumplimos debidamente.

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Primer Domingo de Adviento. Ciclo B. 03 de diciembre, 2023

domingo, 3 de diciembre de 2023
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Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos. ¡Velad!”

(Mc 13, 33-37)

¡Ya está cerca! Es lo que nos dice y nos repite a todos este tiempo de Adviento. Es la cuenta atrás de algo querido y esperado. La emoción empieza a hacernos cosquillas en el corazón porque lo que esperamos, mejor dicho, a quien esperamos es bueno, ¡muy bueno!

Como sucede cuando esperas a alguien miramos el reloj una y otra vez, como si al mirarlo hiciéramos que el tiempo pasara más deprisa. Y repetimos con emoción: ¡Ya llega!, ¡Ya queda menos! ¡MARANATHA!

Es Jesús mismo quien, al empezar el Adviento, nos aconseja que estemos despiertas. ¡Velad!  El día de Navidad tiene fecha en el calendario, pero el momento en el que Él se va a hacer presente en nuestra vida no sabemos cuál es.

Nos puede sorprender en la oración, pero también en el autobús, en una enfermedad, o en la mirada de una persona querida.

No, no sabemos el día ni la hora. Tampoco el lugar. En este primer domingo de Adviento te invitamos a traer al corazón algún momento de encuentro con Dios que haya sido significativo en tu vida, ese momento, o momentos, que guardas como un tesoro.

Acércate a él, destápalo despacio, como quien saca un objeto valioso de su caja y contémplalo. Deja que haga vibrar tu corazón, que lo ponga en marcha para empezar este Adviento. No tengas prisa; saborea tu recuerdo. Y cuando termines, no lo guardes, déjalo visible. Sí, como un adorno navideño. O como ese objeto que solo tú y otra persona sabéis que tiene mensaje.

Los símbolos nos conectan con nuestra realidad más profunda, por eso ante ellos experimentamos algo más que recuerdos. Son aliento y confianza, experiencia que se renueva.

Oración.

Enciende, Trinidad Santa, en nosotras, esos recuerdos de tu paso por nuestras vidas, para que nuestro corazón pueda ser un lugar acogedor en el que vengas a nacer.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Él está adviniendo siempre.

domingo, 3 de diciembre de 2023
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jesus-meditando-600x400DOMIGO 1º DE ADVIENTO (B)

Mc 13,33-37

Estamos en el primer día del Nuevo Año litúrgico. El Adviento no es solamente un tiempo litúrgico, sino toda una filosofía de vida. Se trata de una actitud vital que tiene que atravesar toda nuestra existencia. Adviento viene de la palabra “adventum” del verbo “advenio” que no significa venir sin sobrevenir. Este matiz es muy importante, porque nos obliga a pensar en algo que se añade a lo que ya somos. Lo importante no es recordar la primera venida de Jesús; eso es solo el pretexto para descubrir que ya está aquí. Mucho menos prepararnos para la última, que solo es una gran metáfora.

Todo el AT está atravesado por la promesa y por la espera. Según el relato bíblico, Dios les va prometiendo lo que ellos más ansían. A Abrahán, descendencia; a los esclavos en Egipto, libertad; En el desierto, una tierra que mana leche y miel; cuando han conquistado Canaán, una nación fuerte y poderosa; cuando están en el Exilio, volver a su tierra; cuando destruyen el templo, reconstruirlo; en aquel momento librarles de los romanos. En el AT siempre les promete cosas terrenas porque es lo único que ellos esperan. Jesús promete algo muy distinto. «He venido para que tengan Vida y la tengan abundante.»

Según el AT Dios les puso la zanahoria delante de las narices o el palo en el trasero para hacerles caminar según su voluntad. Tomado al pie de la letra sería ridículo. Dios no puede hacer promesas para el futuro, porque ni tiene nada que dar ni tiene futuro. Las promesas de Dios son hechas por los profetas, para ayudar al pueblo a soportar momentos de adversidad. Nada de lo que anunciaron los profetas se cumplió en Jesús. Gracias a Dios, porque todos los textos están encaminados hacia una salvación material. Hoy podemos entender aquellas imágenes como metáforas de la verdadera salvación.

La clave del relato evangélico está en la actitud de los criados. Nos quiere decir que Dios está siempre viniendo. Él es “el que viene”. La humanidad vive un constante adviento, pero no por culpa de un Dios cicatero que se complace en hacer rabiar a la gente obligándola a infinitas esperas antes de darle lo que ansía. Estamos todavía en Adviento, porque estamos dormidos o soñando con logros superficiales, y no hemos afrontado con la debida seriedad la existencia. Todo lo que espero de Dios, lo tengo ya dentro de mí.

Vigilad. Para ver no solo se necesita tener los ojos abiertos, se necesita también luz. No se trata de contrarrestar el repentino y nefasto ataque de un ladrón. Se trata de estar despierto para afrontar la vida con una conciencia lúcida. Se trata de vivir a tope una vida que puede transcurrir sin pena ni gloria. Si consumes tu vida, dormido, no pasa nada. Esto es lo que tenía que aterrarte; que pueda transcurrir tu existencia sin desplegar las posibilidades de plenitud que te han dado. La alternativa no es salvación o condenación. Nadie te va a condenar. La alternativa es o plenitud humana o simple animalidad.

Pues no sabéis cuando es el ‘momento’. En griego hay dos palabras que traducimos al castellano por “tiempo”: “kairos” y “chronos”. Chronos significa el tiempo astronómico, relacionado con el movimiento de los cuerpos celestes. Kairos sería el tiempo psicológico, el momento oportuno para tomar una decisión. Por no tener en cuenta esta sencilla distinción, se han hecho interpretaciones descabelladas. En el evangelio que acabamos de leer, se habla de kairos. Naturalmente que el hombre, como criatura se encuentra siempre en el chronos, pero lo verdaderamente importante para él es vivir el kairos.

El punto clave de nuestra reflexión debe ser: ¿Esperamos nosotros la misma salvación que esperaban los judíos? Si es así, también nosotros hemos caído en la trampa. Jesús no puede ser nuestro salvador. La mejor prueba de que los primeros cristianos, verdaderos judíos, no estaban en la auténtica dinámica para entender a Jesús, es que no respondió a sus expectativas y creyeron necesaria una nueva venida. Esta vez sí, nos salvará de verdad, porque vendrá con “poder y gloria”. No os parece un poco ridículo. La médula de su mensaje es que la salvación que Dios nos ofrece está en la entrega y el don total.

Las primeras comunidades oraban: “Maranatha” (ven Señor). Vivieron la contradicción de una escatología realizada y otra futura. “Ya, pero todavía no”. “Ya” por parte de Dios, que nos ha dado ya la salvación. “Todavía no” porque seguimos esperando una salvación a nuestra medida y no hemos descubierto la verdadera salvación, que ya poseemos. Aquí radica el sentido del Adviento. Porque “todavía no” ha llegado la verdadera salvación, tenemos que tratar de adelantar el ya. Eso no lo conseguiremos si seguimos dormimos.

Luchar por un mayor consumismo y creyendo que en él está la verdadera salvación sería una trampa. Descubrir ese engaño sería estar despiertos. El ser humano sigue esperando una salvación que le venga de fuera, sea material, sea espiritual. Pero resulta que la verdadera salvación está dentro de cada uno. En realidad, Jesús nos dijo que no teníamos nada que esperar, que el Reino de Dios estaba ya dentro de nosotros. En este mismo instante está viniendo. Si estamos dormidos, seguiremos esperando.

La falta de encuentro se debe a que nuestras expectativas van en una dirección equivocada. Esperamos un Dios que llegue desde fuera. Esperamos actuaciones espectaculares por parte de Dios. Esperamos una salvación que se me conceda como un salvoconducto, y eso no puede funcionar. Da lo mismo que la espere aquí o para el más allá. Lo que depende de mí no lo puede hacer Jesús ni lo puede hacer Dios. Esta es la causa de nuestro fracaso. Seguimos esperando que otro haga lo que solo yo puedo hacer.

La religión me ofrece salvación, pero solo me salva de los lazos que ella misma me ha colocado. Dios es la salvación y ya está en mí. Lo que de Dios hay en mí es mi verdadero ser. No tengo que conseguir nada ni cambiar nada en mí auténtico ser, simplemente tengo que despertar y dejar de potenciar mi falso yo. Tengo que dejar de creer que soy lo que no soy. Esta vivencia me descentrará de mí mismo y me proyectará hacia los demás. Me identificaré con todo y con todos. Mi falso ser y mi individualidad serán disueltos.

El verdadero problema está en la división que encontramos en nuestro ser. En cada uno de nosotros hay dos fieras luchando a muerte: Una es mi verdadero ser que es amor, armonía y paz; otra es mi falso yo, que es egoísmo, soberbia, odio y venganza. ¿Cual de los dos vencerá? Muy sencillo y lógico. Vencerá aquella a quien tú mismo alimentes.

Como los judíos, seguimos esperando una tierra que mane leche y miel; es decir mayor bienestar material, más riquezas, más seguridades de todo tipo, poder consumir más… Seguimos pegados a lo caduco, a lo transitorio, a lo terreno. No necesitamos para nada la verdadera salvación o, a lo máximo, para un más allá. Si no sientes necesidad no habrá verdadero deseo, y sin deseo no hay esperanza. Hoy, ni los creyentes ni los ateos esperamos nada más allá de los bienes materiales. También Dios sigue esperando.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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¡Viene el Señor!

domingo, 3 de diciembre de 2023
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Mc 13, 33-37

«Velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa»

La Navidad es una de las dos cumbres del calendario litúrgico, y viene precedida de un tiempo de preparación para celebrarla mejor; el Adviento. Pero una celebración será importante para mí en la medida en que lo sea el hecho que se celebra, y cuanto más lo sea, más me afanaré en prepararla bien. Por tanto, me importará preparar bien la Navidad si lo que ocurre en ella es importante; y si no, no.

Pero ¿qué ocurre en Navidad?…

En Navidad celebramos el nacimiento de Jesús, su aniversario; podríamos decir que celebramos su cumpleaños, pero Jesús murió hace mucho tiempo y nadie celebra el cumpleaños de los muertos. Si lo seguimos celebrando es porque no está muerto, sino tan vivo en nosotros que lo consideramos parte de nuestra vida; porque la llegada de Jesús es algo que sucedió y que sigue sucediendo. Pero, ¿Quién es Jesús para mí? …  ¿Qué importancia tiene en mi vida?

Jesús es importante para mí porque es el que da sentido a mi vida. Porque en Jesús he descubierto que Dios no es un arcano inaccesible, sino que es Abbá, la madre que nos acompaña en esta vida y nos espera al otro lado de la muerte. En Jesús hemos aprendido que la forma de vivir es perdonando, compartiendo, compadeciendo, ayudando, sirviendo, trabajando por la paz y la justicia… y de Jesús hemos recibido una misión: ser sal, ser luz, ser semilla, ser levadura… para que el mundo tenga sabor, para que no camine en tinieblas, para que dé buena cosecha; para que de buenos frutos.

Jesús es para nosotros presencia de Dios salvador en el mundo, y al encontrarnos con él, nos estamos encontrando con Dios mismo. Y desde esta perspectiva, la Navidad cobra toda su importancia. Estamos celebrando que “Dios está con nosotros”, que ha apostado por nosotros, es decir, que la aventura humana —la mía en particular y la de del conjunto de la humanidad en general— tiene sentido, que nuestra vida es mucho más de lo que ven los ojos, que está pensada por Dios y que nuestro destino no es morir, sino Vivir.

La venida histórica de Jesús marcó una encrucijada para el pueblo de Israel, y también es una encrucijada para nosotros. Hay que elegir entre conformarse con esta vida, con sus valores y sus satisfacciones, y resignarse a morir… o no conformarse, fiarse de la Palabra de Jesús y aspirar a más, a más vida, a otros valores que el orín no puede corroer. Por eso, nosotros, la Iglesia, aprovechamos todos los años la Navidad para que Jesús vuelva a nacer con más fuerza en cada uno, para que conociéndole mejor, aceptándole más, creyendo más en él, nuestra vida se vaya trasformando todos los días y tenga sentido.

El Adviento es por tanto un tiempo de urgencia, de despertar si nos habíamos dormido, de avivar nuestra fe. ¡Viene el Señor! ¡Qué alegría! Dios está con nosotros, es nuestro aliado y nunca nos abandona.

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche

Fuente Fe Adulta

 

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Mirada apocalíptica en tiempos coyunturales.

domingo, 3 de diciembre de 2023
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IMG_1321Mc 13, 33-37

El relato de Mc 13,33-37 se inserta al final de un discurso llamado de género apocalíptico. En él se ven reflejados momentos que pueden ser críticos en la historia o también que son propicios para el desenlace de determinados acontecimientos. Este capítulo 13 se enmarca en una etapa ciertamente decisiva: comienza con la plausible destrucción de Jerusalén y está ubicado justo antes del complot para arrestar a Jesús. ¿Cómo vivir estas situaciones que conmueven las mismas bases religiosas? La respuesta apunta en primer lugar a la atención, a la observación vigilante e incluso la aceptación, tanto de los acontecimientos globales (caída del templo, guerras, destrucción…) como de los individuales (los azotarán, los entregarán…). En segundo lugar, el texto da pistas espirituales para vivir en estos momentos: la constancia, el cuidado recíproco, la confianza… son algunas de las actitudes para sobrellevar las situaciones conflictivas. Y, en tercer lugar, el relato agrega unas “tareas” (cf. Mc 13,34: “asignó a cada uno una tarea”) que se deben realizar durante este tiempo que tiene un plazo determinado y concreto.

Como venimos describiendo, el género apocalíptico es muy sugerente sobre todo para leer en momentos difíciles, por ejemplo, durante una pandemia o una guerra, o incluso con la cercanía de la muerte de algún ser querido. Los relatos apocalípticos desarrollan, explican, y hasta dan detalles acerca del devenir de los acontecimientos que son ciertamente coyunturales. Y además proponen cómo vivir y afrontar este tipo de situaciones: con atención a la realidad -sin huir de ellas-, con la mirada atenta y conscientes de que el desenlace está próximo -no durará mucho-.

Este texto de género tan marcadamente apocalíptico se proclama en la liturgia del tiempo de Adviento. Probablemente se debe a que la tradición de la Iglesia asocia el Adviento a un momento sumamente decisivo en la historia: la esperanza de una próxima y radical venida de Jesús. La Iglesia trae al recuerdo cómo los primeros cristianos, pasada la muerte de su maestro y aun percibiendo las señales de su resurrección, lo esperan y desean apasionadamente que vuelva. En este tiempo de esperanza era posible ser radicales en todas las opciones y acciones porque era “por poco tiempo”. La motivación para vivir los principios del Reino era exigente entonces y el tiempo estrechamente limitado. Como dice el relato de Marcos, al igual que un señor que se va de viaje y deja tareas a sus empleados, así también cada uno tiene una misión que cumplir, durante este “corto tiempo intermedio”. Pasados los años y las primeras generaciones, la esperanza se alarga, el tiempo se prolonga, y se espera que el Señor venga “pronto”, que «no tarde» (como rezan muchos himnos).

El Adviento pretende entonces volver a acortar el tiempo y sugiere afrontar la realidad con una mirada clara y profunda, podríamos decir desde la proximidad de un devenir que lo transforma todo. Los acontecimientos, todos ellos, han de leerse con ojos atentos, confiados e incluso vivirse con la radicalidad de un desenlace próximo. Atención a cada instante, a cada momento. La hondura del presente, siempre y en toda circunstancia, se consolida como el tiempo propicio para acoger una presencia próxima y transformadora. ¡Que este Adviento nos encuentre alerta!

Paula Depalma

Fuente Fe Adulta

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Vivir en la atención

domingo, 3 de diciembre de 2023
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IMG_1320Domingo I de Adviento

03 Diciembre 2023

Mc 13, 33-37

Algunas parábolas, probablemente por influjo de los responsables de las primeras comunidades, acabaron tomando un tono, no ya solo moralizante, sino incluso amenazador: el “dueño de la casa” podría aparecer en el momento menos pensado, dispuesto a castigar el menor descuido.

Es una pena, porque el tono moralizante y amenazador, no solo desvirtúa la sabiduría que la parábola contiene, sino que hace que sea desechada por una mente adulta.

La sabiduría se mueve en otra dirección: no hay que “velar” para que no nos castiguen, sino para vivir cada vez más en plenitud, es decir, en coherencia con lo que realmente somos.

Velar significa estar despierto, por contraposición al sueño, que es sinónimo de despiste, ignorancia y confusión, que acaban en sufrimiento. Así entendida, la parábola plantea esta cuestión: ¿quieres vivir despierto, consciente de quien eres, acogiendo la vida y permitiendo que la vida se viva en ti, o prefieres seguir sobreviviendo en la superficie, a merced de lo que suceda, ignorante de tu referencia interna o brújula interior?

Pues bien, lo que marca la diferencia entre vivir despierto o sobrevivir adormilado es la atención: eso significa la invitación a “velar”. Atención no es tensión, como alguien parece entenderla, sino todo lo contrario: descanso consciente apoyado en la confianza.

Vivir en la atención -la única manera de vivir con gusto y sentido- significa vivir en presente. Desde ahí, podemos recordar el pasado e incluso preparar el futuro, utilizar la mente -como una herramienta- cuando la necesitamos y comprometernos en procesos de cambio individual o colectivo. Peri nada de eso tiene por qué sacarnos del presente y, en último término, de la presencia que somos.

Vivir en la atención significa vivir en conexión con nuestra verdadera identidad, en ese “lugar” donde, más allá de los movimientos mentales y emocionales, experimentamos de manera estable la paz y la vida.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Nadie invocaba tu nombre, nadie salía del letargo (Isaías) … Como hoy

domingo, 3 de diciembre de 2023
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IMG_1560Del blog de Tomás Muro, La Verdad es libre:

Primer Domingo de Adviento (ciclo B)

01.- Adviento.

    Comencemos serena y esperanzadamente el Adviento. Es un tiempo de calma y de despertar la esperanza.

    Por mal que vayan las cosas, a pesar de nuestras propias limitaciones y debilidades, confiemos, “esperemos contra toda desesperanza” (S Pablo).

02.- Dios es nuestro Padre y nuestro libertador.

Es espléndida la primera lectura del libro de Isaías.

El pueblo de Israel se ha olvidado de Dios y vive a la deriva. Nadie invocaba tu nombre, nadie salía del letargo para adherirse a ti. Como siempre y como todos, como nuestro propio pueblo. Las Iglesias se van vaciando, nadie se acuerda de Dios…

Posiblemente muchos no estaréis de acuerdo, pero un pueblo que vive sin Dios, buscando simplemente crecer económicamente y subsistir, el “Friday black”, vegetar y porno en el móvil, no tiene futuro, porque no tiene esperanza en Dios Padre.

El profeta Isaías nos presenta un pensamiento y una forma de vida sana y liberadora: Dios es nuestro Padre y nuestro liberador.

Isaías tiene nostalgia y ora para que los cielos se rasguen  y Dios descienda sobre nosotros: que las nubes lluevan al justo. San Pablo, en la segunda lectura subraya la misma idea: aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo

La manifestación de JesuCristo ya ha acontecido: Jesús está ya en medio de nosotros y nos ha dicho que Dios es nuestro Padre y nuestro liberador.

03.- Esperamos a Cristo. Vivir en esperanza.

    El ser humano por naturaleza es un ser esperanzado.

     3.1. La esperanza es la materia de la que estamos hechos los seres humanos. El ser humano es esperanza.

Vivir es esperar. Esperanza es la relación de confianza que establezco con el futuro. Esperamos un futuro mejor del que actualmente somos y tenemos, sobre todo aguardamos un futuro absoluto y pleno, que es Dio: Padre y libertador.

Cuando no se confía en el futuro comienzan a abrirse brechas a la desesperanza, si no desesperación, lo cual comienza a ser más que problemático.

    El médico Laín Entralgo decía que el ser humano espera por naturaleza “algo” que no está en su naturaleza”. Estamos abiertos Dios, caminamos hacia Él fragmentariamente, con pequeños pasos, por lo que cualquier pequeño paso de verdad, de amabilidad, de ayuda, de esperanza, es enormemente valioso.

      3. 2. Segunda venida:

El Adviento (y toda la vida es un Adviento) es aguardar la “segunda” venida del Señor, es decir esperar  el encuentro personal y de toda la humanidad con quien ha dado sentido a la historia.

Este mundo y el hombre creado por Dios y redimido por Jesucristo no terminará en el vacío.

Somos barro, pero: Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú nuestro alfarero: todos somos obra de tu mano.

 En el Adviento de la vida Dios alentará en nosotros la esperanza cristiana, el aliento vital, el espíritu: todo acabará bien, en las manos de Dios.

       3.3. Velad, estad preparados:

Vivamos lúcidos y despiertos. ¡Alegres en la esperanza! La esperanza de lo que aguardamos es la alegría del presente. Lo decisivo en la vida no es lo que tenemos, sino lo que esperamos.

El Señor viene a concluir la historia. Él es nuestra fortaleza. Esperemos contra toda esperanza.

Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú nuestro alfarero: todos somos obra de tu mano.

Ven pronto, Señor.

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Ayudante del Maestro Pintor, que nada te inquiete!

sábado, 2 de diciembre de 2023
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Del blog de Alfonso J. Olaz El Rincón del Peregrino:

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( Mural de  Duncan Grant, Russell Chantry, catedral de Lincoln, Inglaterra )

Nada te inquiete hijo mío
Respira hondo y mira al Cielo
Y fíjate bien lo que contemplas
Y entenderás que nada puedes hacer.

Nada, nada, nada puedes hacer

Pero Todo, todo, todo es posible conmigo.

Nada es posible sin mi
Confía, confía, Créetelo.

Como todas las noches,
te dejaré un lienzo preparado

En la madrugada dibujaras con el lápiz de la confianza
lo que hoy deberás hacer.

Al salir el sol pintaras con tus pinceles.
y mis pinturas la historia de tu amor.

Déjate llevar,
Para ser amor

Déjate hacer
Para ser paz

Déjate amar
Para ser bien.

Donde no hay amor, Déjate llevar,
Para ser Amor y serás Amor.

Donde no hay Paz, Déjate hacer,
Para ser Paz y serás Paz.

Donde no hay Bien, Déjate amar,
Para ser bien y serás Bien.

Ayudante del Maestro,
Si hoy todos han visto tu obra
Habrás aprendido esta lección divina

*

Alfonso Olaz
05.11.2023

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***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

Nos mirará

lunes, 27 de noviembre de 2023
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rosto-de-jesus-na-multidao

No tenemos en nuestras manos
la solución a los problemas del mundo;
pero, frente a los problemas del mundo,
tenemos nuestras manos.
Cuando el Dios de la historia venga,
nos mirará las manos.

No tenemos en nuestro corazón
ternura para calmar tantos mares de violencia;
pero, frente a esos mares de violencia,
tenemos nuestro corazón.
Cuando el Dios de la historia venga,
nos mirará el corazón.

No tenemos en nuestras entrañas
consuelo para serenar este valle de lágrimas;
pero, frente a este valle de lágrimas,
tenemos nuestras entrañas.
Cuando el Dios de la historia venga,
nos mirará las entrañas.

No tenemos en nuestra cabeza
sabiduría e inteligencia suficiente
para cambiar las cosas que no funcionan
pero, frente a la realidad nos queda la dignidad.
Cuando el Dios de la historia venga,
nos preguntará por nuestra dignidad.

No tenemos en nuestro poder
la palabra con autoridad que manda
y, obedecida, cambia situaciones y circunstancias,
pero, frente a esas situaciones, tenemos palabra.
Cuando el Dios de la historia venga,
nos preguntará por nuestras palabras.

No tenemos en nuestra cartera
dinero suficiente para alegrar a los pobres;
pero a pesar de tanta pobreza y miseria
todavía ahorramos y nos sobra.
Cuando el Dios de la historia venga,
de nada nos servirán nuestros ahorros y monedas.

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

***

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La Fiesta Antifascista de Cristo Rey

lunes, 27 de noviembre de 2023
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IMG_1524La reflexión de hoy es de Allison Connelly, colaboradora de Bondings 2.0, cuya biografía está disponible aquí.

Las lecturas litúrgicas de hoy para la Solemnidad de Cristo Rey se pueden encontrar aquí.

Hoy, último domingo del año litúrgico, se designa como Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. Este título me molesta, como suele suceder. Parte de mi desafío con la solemnidad de hoy es que las iglesias y los cristianos la utilizan con frecuencia para pontificar sobre el secularismo, el patriotismo y el liderazgo político. Los cristianos blancos con demasiada frecuencia han interpretado el concepto de “Cristo Rey” para justificar obligar a los Estados Unidos a “someterse a la realeza de Cristo”. Al preparar este ensayo, me encontré con demasiadas homilías, oraciones y canciones que expresaban los temores de los cristianos blancos conservadores de un “creciente secularismo” y una “hostilidad contra la iglesia”. En otras palabras, esta versión del “reino de Cristo” busca imponer un tipo estrecho y opresivo de “cristianismo”, practicado sólo por algunos, a toda la población de la nación.

Para muchos cristianos que suscriben tales puntos de vista, algunos de los cuales conozco personalmente, una queja clave sobre la “secularización” es que su homofobia es menos tolerada. Estos cristianos se alinean con instituciones religiosas homofóbicas y transfóbicas, afirmando que la “libertad de religión” significa que tienen derecho a discriminar a las personas LGBTQ+. Temen que una sociedad “secularizada” les niegue este derecho. ¿Cómo puedo encontrarle sentido a la celebración de una fiesta utilizada para justificar la supremacía cristiana e incluso la violencia?

Al luchar con el concepto de “Cristo Rey”, las reflexiones de la teóloga pública Rev. Elle Dowd me han resultado increíblemente útiles para proporcionar un contexto para el día festivo. Ella escribe:

“[L]a solemnidad de Cristo Rey fue establecida recientemente por el Papa Pío XI en 1925 en respuesta a la creciente amenaza del ascenso del fascismo en Europa que condujo a la Segunda Guerra Mundial. En ese momento, los líderes autoritarios de los regímenes fascistas estaban siendo elevados como semidioses todopoderosos, y la Iglesia Católica Romana creó este día santo en un intento de reclamar poder para la iglesia. Si esta fiesta nos dice algo es esto: el fascismo es diametralmente opuesto al Evangelio de Jesucristo. El Reino de Jesucristo se opone firmemente a las políticas mortíferas de tiranos y fascistas”.

Conocer esta historia me ayuda: la celebración de Cristo Rey comenzó no como una oportunidad para convertir el poder religioso en un arma, sino más bien como un recordatorio a las personas de buena fe de que el nacionalismo y el fascismo no son nuestras autoridades morales. Esta fiesta rechaza la idea de que tales ideologías deberían controlar la narrativa del mundo.

Aunque mucho ha cambiado en aproximadamente un siglo desde que se creó esta solemnidad, un recordatorio de los límites del fascismo y el nacionalismo parece tan necesario como siempre. Como persona queer, siento esto especialmente profundamente: grupos católicos en todo el país han estado encabezando esfuerzos para prohibir libros sobre personas LGBTQ+. El candidato presidencial Ron DeSantis ha defendido un proyecto de ley “No digas gay” en Florida y prohibió la atención médica que afirme el género para las personas transgénero. Y, apenas la semana pasada, muchos de nosotros honramos el Día del Recuerdo Trans, cuando recordamos a las 26 personas trans asesinadas en los EE. UU. debido a la violencia transfóbica, que está en aumento este año. Claramente, los temas que llevaron a la fundación de esta fiesta en 1925 son más relevantes que nunca en 2023.

Entonces, si el fascismo, el nacionalismo y el liderazgo político corrupto no son nuestra máxima autoridad moral, ¿cuál lo es? Nuestras lecturas de hoy ofrecen una alternativa. Escucho las palabras de Jesús:

“Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, forastero y me acogisteis, desnudo y me vestisteis, enfermo y me cuidasteis, en prisión y me visitasteis…Amén, yo Os digo que todo lo que hicisteis a uno de mis más pequeños, a mí lo hicisteis.”

Estas palabras contrastan marcadamente con el acaparamiento de poder y recursos, la xenofobia, la degradación de los pobres, la atención sanitaria inadecuada y los sistemas deshumanizantes de encarcelamiento y castigo, que fueron un sello distintivo de la época de Jesús tanto como lo son de la nuestra. Debemos recordar que, al igual que las personas LGBTQ+ de hoy, Jesús, un judío de Galilea, fue él mismo víctima del fascismo y el nacionalismo a manos del opresivo Imperio Romano. En el Evangelio de hoy, Jesús nos recuerda que su autoridad no es el camino de este mundo, no la forma en que nuestras mentes y espíritus muy humanos son llamados a alejarse de lo que es correcto y justo cuando son tentados por el poder y la comodidad. Más bien, la autoridad de Jesús, que también debería ser la nuestra, es el sueño de Dios de bondad, justicia y paz para todas las personas.

Cuando pienso en Cristo Rey en relación con mis propias fuentes de autoridad y sabiduría, esta fiesta se vuelve significativa, afirmativa e incluso liberadora. No dependo únicamente de mí mismo, ni de los sistemas imperfectos de la política y la sociedad, para encontrar mi base ética y moral. Si Cristo es Rey y la máxima autoridad moral, entonces yo no lo soy, como tampoco lo son las personas que prohíben los libros, la atención médica que afirma el género o las conversaciones honestas sobre sexualidad e identidad. Hoy y todos los días, recordemos que las fuerzas que guían nuestro universo no son el fascismo, el nacionalismo ni el odio, sino el amor, el cuidado y la justicia, y actuemos en consecuencia.

—Allison Connelly-Vetter (ella/ella), 26 de noviembre de 2023

Fuente New Ways Ministry

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Los benditos de mi Padre

domingo, 26 de noviembre de 2023
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Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios, Padre santo y justo, Señor rey de cielo y tierra (cf Mt 11,25), te damos gracias por ti mismo, pues por tu santa voluntad, y por medio de tu único Hijo con el Espíritu Santo, creaste todas las cosas Espirituales y corporales, y a nosotros, hechos a tu imagen y semejanza, nos colocaste en el paraíso (cf Gu 1,26; 2,15). Y nosotros caímos por nuestra culpa.

Y te damos gracias porque, al igual que nos creaste por tu Hijo, así, por el santo amor con que nos amaste (cf Jn 17,26), quisiste que él, verdadero Dios y verdadero hombre, naciera de la gloriosa siempre Virgen beatísima Santa Maria, y quisiste que nosotros, cautivos, fuéramos redimidos por su cruz, y sangre, y muerte (Francisco de Asís,

*

“Reglas para los hermanos menores”, XXIII, 2-3,
en San Francisco de Asís. Escritos. Biografías. Documentos de la época,
Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1978, 109-110).

*

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***

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha:

-“Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.”

Entonces los justos le contestarán:

-“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?

Y el rey les dirá:

“Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.”

Y entonces dirá a los de su izquierda:

-“Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de deber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.

Entonces también éstos contestarán:

“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”

Y él replicará:

-“Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.

Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.”

*

Mateo 25,31-46

***

Es importante saber lo que pasa a nuestro lado y tener conciencia de las personas y las situaciones. Es importante saber que Jesús es el Señor y que él representa la visita personal definitiva de Dios a la humanidad. Es importante saber que debemos ser sensibles a las necesidades urgentes de los otros, especialmente de los más pobres, sucios y malolientes. Pero el saber no es decisivo. Lo decisivo es el hacer efectivo. No se salva el que sabe y dice; “Señor, Señor…”, sino el que hace lo que Dios pide. La salvación tiene lugar cuando se da el salto de la teoría a la práctica verdadera. Lo que nos proporciona la salvación es el amar desinteresadamente, el perdonar con sinceridad y el extender la mano generosa.

Simón de Cirene fue el buen samaritano para Jesús que sufría en el camino. El no socorrió a un condenado y criminal a los ojos de la justicia romana y judía. Dio asistencia y ayuda al mismo Dios.

“Señor, ¿cuándo te vimos sufriendo y te servimos? ¿Cuándo te vimos caído y bañado en sangre te levantamos? ¿Cuándo te vimos llevando la cruz y te ayudamos llevándola nosotros mismos?”Y el Señor nos dirá: “En verdad os digo que cada vez que hagáis como Simón de Cirene, que cargó con la cruz de un condenado, conmigo lo hacéis”.

Verdaderamente, Dios se esconde y va de incógnito debajo de todo necesitado. Suplica compasión. Implora liberación. Quiere ser auxiliado. Es importante saberlo, Pero más importante, incluso decisivo, es ayudar, abajarse, tomar sobre sí la cruz y caminar junto al otro. Es la elección perenne que Simón de Cirene nos legó.

Al juzgar sobre nuestra salvación seremos juzgados de amor. Los pobres no constituyen un tema del Evangelio. Pertenecen a la esencia misma del Evangelio. Porque “evangelio” quiere decir “buena nueva”, alegría de la justicia mesiánica para quien se encuentra sometido a la injusticia, liberación para quien se ve oprimido y salvación para quien se halla perdido. Sólo a partir del lugar de los pobres se entiende la esperanza del Evangelio de Jesús. Y solo se salva quien asume la perspectiva de los pobres

El Evangelio, ciertamente, va destinado a todos. Todos son interpelados por él; los que poseen el control de los bienes de este mundo y los desposeídos; los que poseen el privilegio de saber y los ignorantes. No se restringe a una clase. Pero solo participa del Reino de Dios y se salva el que vive y trabaja, aun siendo rico, asumiendo los clamores de los pobres, suplicando justicia; quien en su proyecto de vida incluye el anhelo mayor de los pobres, que es el de la construcción y el logro de una convivencia equitativa y fraterna para todos, y ayuda a concretarlo .

*

Leonardo Boff,
Via crucis de la justicia,
Ediciones Paulinas, Madrid 1980, 58-64; traducción, Antonio Alonso.

*

***

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“Un juicio extraño”. 26 de noviembre de 2023. Jesucristo Rey del Universo. Mateo 25, 31 – 46

domingo, 26 de noviembre de 2023
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IMG_1436Las fuentes no admiten dudas. Jesús vive volcado hacia aquellos que ve necesitados de ayuda. Es incapaz de pasar de largo. Ningún sufrimiento le es ajeno. Se identifica con los más pequeños y desvalidos y hace por ellos todo lo que puede. Para él, la compasión es lo primero. El único modo de parecernos a Dios: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».

No nos debería extrañar que, al hablar del Juicio final, Jesús presente la compasión como el criterio último y decisivo que juzgará nuestras vidas y nuestra identificación con él. ¿Cómo nos va a sorprender que se presente identificado con todos los pobres y desgraciados de la historia?

Según el relato de Mateo, «todas las naciones» comparecen ante el Hijo del hombre, es decir, ante Jesús el compasivo. No se hace diferencia alguna entre «pueblo elegido» y «pueblos paganos». Nada se dice de las diferentes religiones y cultos. Se habla de algo muy humano y que todos entienden: ¿qué hemos hecho con los que han vivido sufriendo junto a nosotros?

El evangelista no se detiene propiamente a describir los detalles de un juicio. Lo que destaca es un doble diálogo que arroja una luz inmensa sobre nuestro presente, y nos abre los ojos para ver que, en definitiva, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos o nos desentendemos y los abandonamos.

El que habla es un juez que está identificado con todos los pobres y necesitados: «Cada vez que ayudasteis a uno de estos mis pequeños hermanos, conmigo lo hicisteis». Quienes se han acercado a ayudar a un necesitado se han acercado a él. Por eso han de estar junto a él en el reino: «Venid, benditos de mi Padre».

Luego se dirige a quienes han vivido sin compasión: «Cada vez que no ayudasteis a uno de estos pequeños, lo dejasteis de hacer conmigo». Quienes se han apartado de los que sufren se han apartado de Jesús. Es lógico que ahora les diga: «Apartaos de mí». Seguid vuestro camino.

Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida

José Antonio Pagola

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“Se sentará en el trono de su gloria”. 26 de Noviembre de 2023. Ciclo A. Jesucristo Rey del universo

domingo, 26 de noviembre de 2023
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57-OrdinarioA34Leído en Koinonia:

Ezequiel 34,11-12.15-17: A vosotras, mis ovejas, voy a juzgar entre oveja y oveja.
Salmo responsorial: 22: El Señor es mi pastor, nada me falta.
1Corintios 15,20-26.28:Devolverá a Dios Padre su reino, y así Dios lo será todo para todos.
Mateo 25,31-46:Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros.

Problemática pastoral concreta de la festividad de Cristo Rey

Vamos a comenzar removiendo obstáculos, porque hay problemas respecto a los posibles significados de esta fiesta. Veamos algunos:

a) El origen de esta fiesta y su contexto original. Esta fiesta fue establecida en un contexto anterior al Vaticano II, en 1925, por Pío XI, y con un espíritu muy cercano al de cristiandad, cuando el Vaticano expresaba claramente su deseo de que el cristianismo fuera la religión oficial, la religión de los Estados cristianos. Al confesar a Cristo como Rey universal se quería con ello vehicular el deseo de que también la Iglesia fuese testigo y participante ya aquí en la tierra de esa realeza: una realeza de Cristo reconocida, redundaba inevitablemente en una Iglesia respetada, favorecida por el Estado, con alto estatus en la sociedad, fuerte y organizada, que aunque no podía ya revestirse de poder político temporal, al menos podía participar de él por una relación estrecha y armoniosa con los poderes sociales. Durante mucho tiempo, el título de “Cristo Rey”, el “reinado social del Corazón de Jesús”… incluyeron esos aspectos de autoencumbramiento de la Iglesia, olvidando que la práctica de Jesús de Nazaret fue muy distinta, incluso totalmente contraria.

b) El concepto de Reino-monárquico. El Reino no es hoy día la forma más frecuente de organización sociopolítica. La mayor parte de los países son repúblicas, de diferentes rostros, y los reinos que persisten, ya no lo son en su forma clásica, sino en adaptaciones a la cultura política actual (por ejemplo las monarquías “parlamentarias”) que, al superarla, niegan en el fondo la esencia misma de lo que era un “reino”.

Aun siendo conscientes de la limitación inevitable que todo lenguaje teológico tiene por su misma naturaleza analógica, figurada, simbólica, apofática… cada vez más se viene insistiendo en que la palabra “reino” no sería la más adecuada para expresar la utopía bíblico-mesiánica del Reino de Dios, porque en esta altura de la historia la palabra «Reino» ya no expresa una forma de organización sociopolítica deseable para los humanos. Cada vez se evidencia más la dificultad de hablar de Dios (y de Cristo) como “rey”, y de su proyecto escatológico como un “reino”. ¿Estamos seguros de que un reino, una monarquía, podría ser una analogía del “Reino de Dios” realizado? La realización del reino de Dios, ¿no exigiría la superación de muchos aspectos de lo que es una monarquía, un “reino”? Acaso una comunidad, ¿puede ser comparada con un «reino», con una «monarquía»? ¿Y una familia?

Pablo Suess viene proponiendo la expresión “democracia participativa del RD” para corregir la evocación que el término clásico conlleva. Ya sabemos que no se puede simplemente sustituir una expresión por otra, pero es bueno aludir con frecuencia a esa insuficiencia de la expresión clásica, para hacer caer en la cuenta a los oyentes, y para liberar al contenido (el Reino mismo, el significado), de las limitaciones del significante (una palabra no completamente adecuada).

Para hablar del Reino puede ser mejor hablar del Proyecto, de la Utopía de Dios… que hacemos nuestra: queremos «construir la Democracia de Dios, cósmica, pluralista, inclusiva, y por eso, amorosa, encarnación viva del Dios de los mil rostros, colores, géneros, culturas, etnias, sentidos…».

c) Connotación de género en la palabra “Reino”.

Es útil saber que en el ámbito de la teología feminista angloparlante se rechaza también la expresión (God’s Kingdom), a causa de su machismo larvado (kingdom alude directamente a king, no a queen…). En castellano no tenemos ese problema en esta expresión, pero el saber que existe en otras lenguas invita a prevenirlo en su uso consciente.

Los grandes temas de la fiesta de hoy y de la semana

Hay varios grandes temas que podrían servir para orientar la reflexión de la homilía o la reflexión del círculo bíblico o la comunidad cristiana en torno a los textos de este domingo. Habrá que elegir entre ellos. Aquí sólo los apuntamos:

a) El Reino de Dios, como contenido del mensaje de Jesús. Jesús nunca se proclamó Rey: nada más lejos de Él. Lo que Jesús hizo fue ponerse al servicio total del Reino, de forma que éste fue el centro mismo de su predicación y de su vida, la Causa por la que dio la vida. Importa pues hacer honor a la identidad verdadera de Jesús: Él no fue rey, ni lo quiso ser nunca, por mucho que algunos cristianos crean que llamándolo así lo honran… La intención puede ser buena, pero el título que de hecho se le atribuye no podría ser de su agrado.

Jesús habló del Reino, fue su servidor y su mensajero, pero sus seguidores se olvidaron del Reino. y lo constituyeron a él como el Reino mismo, como el Rey… El mensaje fue sustituido por el mensajero. Jesús nos indicaba el Reino, como la Causa por la que estaba apasionado y por la que dio su vida, y un buen grupo de seguidores se olvidaron de esa causa, y se enamoraron de Jesús. Es preciso volver a Jesús, y su Causa…

Para hablar concretamente del Reino es bueno reparar en el texto del prefacio de esta fiesta, que da una «descripción» muy plástica de su contenido. Esa idea fue recogida en el conocido estribillo del Salmo 71 del compositor Manzano, que dice: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia… es Paz… es Gracia… es amor, ¡venga a nosotros tu Reino, Señor». Bien glosada, y debidamente justificada esa perspectiva teológica, puede ser un buen guión para la homilía. Y no debería faltar ese canto en la celebración de hoy.

b) La relación entre cristocentrismo y reinocentrismo. Una cierta interpretación de esta fiesta –muy común por lo demás en el cristianismo en general– propicia un cristocentrismo exagerado, absoluto, que no hace justicia a la verdad de la revelación, al mensaje real de Jesús, a lo que Jesús realmente dijo, no a lo que después dijeron que había dicho. Importa pues pastoralmente discernir una «correcta jerarquía de valores», que la teología de la liberación fue la primera que dio en llamar “reinocentrismo”, con tal fuerza de persuasión, que no hay teología ni espiritualidad honesta que se puedan resistir.

c) El mesianismo de Jesús. La aclamación o la espera de Jesús como Rey se dio en el contexto del mesianismo: se esperaba un liberador. Hoy la postración es tal que ni siquiera se espera nada, pudiendo hacer de la aclamación de Jesús como Rey algo bien alejado de lo que el mesías supuso realmente para los que lo esperaron.

d) La dimensión escatológica: el final de los tiempos, nuestro ineludible caminar en la historia, el “juicio final”… El final del año litúrgico nos hace tematizar en nuestra reflexión el final mismo de la historia, y el final también de nuestras vidas personales. Pero ya en un contexto mental diferente, en el que sabemos que nuestra aventura humana no es la razón del cosmos, que el mundo no acabará el día que Dios decida acabar el ciclo de la humanidad y pasar a la vida eterna, y que no se trata de que estemos aquí para una prueba que se verificará en el día del juicio final, tras lo cual iríamos al cielo o al infierno…

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26.11.23. Cristo-Rey: Salvación en la historia, liberar a los condenados (Mt 25, 31-46)

domingo, 26 de noviembre de 2023
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IMG_1499Del blog de Xabier Pikaza:

Culmina el año litúrgico 2023 (año de Mateo), con un texto dividido en dos niveles:(a) El plano superior presenta la venida de Cristo-Rey (Hijo del hombre) que  separa a los hombres y pueblos según haya sido su conducta, poniendo a los buenos (ovejas) a su derecha en el cielo, y arrojando los malos (cabras) a su izquierda (al infierno). (b) El plano inferior distingue a los hombres conforme a sus obras: Dar de comer, acoger, vestir, curar, cuidar, liberar a los demás, o no hacerlo, mostrando así que Dios libera a los hombres haciendo que ellos se liberen a sí mismo.

La iglesia en general ha dado más importancia a la venida final del Cristo-Juez que a las obras de los hombres, sin advertir que hay una clara relación entre ambos planos: El Cristo-juez pide a los hombres que alimenten, acojan, curen y salven a otros seres humanos, comprometiéndose él mismo con su vida y muerte a liberarles.

Escribí sobre este texto una larga y premiosa tesis doctoral, Aquí me atrevo a condensarla, ofreciendo así un compendio de la historia y teología humana. Detalles, bibliografía y sentido del tema en  tesis citada,  en libro sobre teología bíblica   comentario de Mateo.

Mt 25, 31-46

Parábola del juicio, “obra de Dios:  25 31 Pues cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria, y todos los ángeles con Él, entonces se sentará en el trono de su gloria; 32 y serán reunidas delante de Él todas las naciones; y separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. 33 Y colocará las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Obras de los hombres, historia humana:

[Salvación] 34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui extranjero y me acogisteis; 36 estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. 37 Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuando te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? 38 ¿y cuándo te vimos extranjero y te acogimos o desnudo, y te vestimos? 39 Y cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, vinimos a ti? 40 Respondiendo el Rey, les dirá: En verdad os digo: cada vez que lo hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí lo hicisteis.

[Condena] 41 Entonces dirá también a los de su izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el Diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; 43 fui extranjero y no me acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis. 44 Entonces ellos también responderán, diciendo: Señor, cuando te vimos hambriento o sediento, o extranjero o desnudo o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? 45 El entonces les responderá, diciendo: En verdad os digo: cada vez que no lo hicisteis a uno de esto más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.

[Conclusión] 46 E irán estos al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna..

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Carta magna del cristianismo

Mt 25, 31-46 es un texto de revelación suprema de Dios y de juicio humano, elaborado por la Iglesia desde una perspectiva israelita de pacto, condensando de esa forma el mensaje de Jesús, en línea de apertura universal (revelación de Dios) y de compromiso creyente, identificando a Dios (a su representante) con los necesitados, en un camino que va del hambre a la cárcel:

‒ Este pasaje responde al mensaje de Jesús, según el evangelio de Mateo, que había vinculado su Reino con el juicio que ha de aplicarse a todos los hombres, partiendo de la misericordia de Dios, la curación de los enfermos y la salvación de los pecadores. En esa línea, el mismo Jesús o sus seguidores inmediatos han podido afirmar que Dios se identifica con los pequeños y los pobres, con quienes sufre y a quienes ofrece salvación. Éstos son sus rasgos principales:

– Juicio de Dios, las grandes necesidades de los hombresque pueden dividirseen tres niveles: material (hambre y sed), social (exilio y desnudez), radical (enfermedad y cárcel). Esas necesidades expresan y condensan los males más corrientes de los hombres y mujeres, bien conocidos en la historia de los pueblos.  No existe, que sepamos, ningún texto judío o pagano (egipcio, mesopotamio, chino…) que haya sistematizado las necesidades humanas de esa forma y las haya entendido como efecto de una falta de justicia de unos hombres que no ayudan a los otros y como expresión del sufrimiento de Dios, que padece en los necesitados.

 Este pasaje no discute la causa radical de esos males, aunque sabe que están vinculados con la injusticia humana (unos hombres no ayuda a los otros)… y sabe también que en esos males se expresa de un modo misterioso el mismo ser divino. El texto no razona sobre el origen del hambre o de la cárcel, sino que supone su existencia y busca una forma de solucionarlos, no en clave de imposición legal, sino de llamada a la conversión (transformación) humana, en una línea gratuidad, desde la experiencia del Dios que se hace presente en las necesidades de los hombres, y les pide que sean solidarios unos con los otros, en perspectiva de juicio final.

 Cielo: Venid, benditos de mi Padre.

 La trama del sufrimiento humano pide una respuesta que ha de darse en la historia, pero que la desborda, pues se expresa y ratifica en la culminación del tiempo (con la venida o manifestación del Hijo del Hombre). De esa manera, desde ese fin se entiende la acción en favor de los expulsados del conjunto social (hambrientos, exilados, enfermos, encarcelados…), una acción que no se ejerce en línea de antítesis violenta (lucha de pobres contra ricos, de libres  contra encarcelados), sino de solidaridad transformadora entre todos los hombres y mujeres, de manera que el reino de Dios se identifica con el amor gratuito que unos ofrecen entre sí, sabiendo que los necesitados son el signo supremo de Dios y que los justos (los servidores, los que acogen y cuidan a los otros) son la expresión de su presencia en la historia.

En un sentido, el texto se encuentra construido en forma de antagonismo simétrico entre ovejas y cabras, derecha a izquierda, servicio y no servicio, premio y castigo, situándose así en un plano legal, que responde de manera muy significativa al mensaje israelita y de la iglesia primitiva. Las  dos partes de esa escena del juicio (derecha e izquierda, bien y mal) forman una especie de tablero simbólico, de tipo universal, para que en su fondo se destaque mejor lo inaudito: la preponderancia plena de la gracia de Jesús, Hijo de Hombre, que, tras contar esta “parábola”, según Mateo, seguirá caminando hacia la cruz para ofrecer su redención a muchos, es decir, a todos (cf. 20, 28; 26, 28). Sólo en ese fondo de entrega de Jesús puede entenderse este pasaje.

  Del hambre a la cárcel. El camino de muerte de la historia humana

 ‒ Ésta es, quizá, la primera tabla social (universal) de los derechos humanos,la más concreta e importante de todas. Éstos no son los derechos de una nación, de un Estado social, de una Iglesia… sino los derechos de la humanidad empezando por los pobres. Éstos son ante todo los derechos de los pobres (hambrientos, encarcelados), no en sentido general, como en la Revolución francesa (libertad, igualdad, fraternidad), sino en una línea concreta, que implica y exige la presencia, ayuda y asistencia del conjunto social (=dar de comer, visitar al encarcelado).  Éstos son los derechos que todos los hombres y mujeres tienen a ser atendidos.

Esos derechos marcan y definen el carácter divino de la vida humana, pues son los deberes y derechos del mismo Dios, que se ha encarnado en Cristo, no sólo de un modo individual (en Jesús, un hombre concreto), sino en sentido universal: en todos los hombres, y de un modo especial, en cada uno de los pobres en concreto, que son “hermanos” de Jesús, presencia de Dios. Esta encarnación de Dios (de Cristo) en los pobres-necesitados marca identidad suprema de la vida humana, como vida de Dios.

Esos derechos suscitan unos deberes correspondientes, que se fundan en la gracia y compromiso básico de reconocer, acoger y ayudar al mismo Dios que está presente en los necesitados. En esa línea, el deber fundamental no es el de honrar a los poderosos, sino el de atender, acoger y cuidar a los necesitados.

 ‒ Estas seis necesidades no son en principio de tipo religioso ni de estructura eclesial (el problema de fondo no es la falta de evangelización estricta, de buena religión o sacramentos…), sino de tipo humano, en el sentido básico del término. La iglesia cristiana, comprometida a cumplir estas “obras” (dar de comer, acoger al extranjero, visitar al encarcelado…), según el evangelio, ha de ponerse ante todo al servicio de la humanidad necesitada, por encima de un pueblo concreto (Israel, Antiguo Testamento), no para negarlo, sino para universalizar su aportación, o por encima de la misma iglesia, como institución creyente, tampoco aquí para negarla, sino para indicar mejor el sentido universal de su experiencia de Dios y su tarea de servicio humano.

‒ Son obras abiertas a todos los pueblos, es decir, a todas las unidades sociales, entendidas en forma cultural o social, cada uno de esos pueblos con su propia identidad, conforme a una visión común del Antiguo Testamento, que divide a los hombres y mujeres en lenguas y naciones (no en imperios, estados o clases sociales), para vincularlos después desde las necesidades de cada uno de los hombres. Significativamente, este pasaje deja a un lado las grandes unidades políticas (imperios, estados, reino…) que, a su entender son secundarias, para situarnos ante los pueblos, entendidos como unidades culturales y sociales de convivencia. Pero después tampoco los pueblos como tales importan, pues en contra de las grandes diatribas de los mensajes proféticos contra los estados-pueblos (cf. Ez 25-32), aquí esos estados-pueblos  desaparecen inmediatamente, de manera que ante el juez final quedan sólo hombres concretos, de cualquier pueblo o nación. Esas necesidades son las que vinculan a todos los pueblos y las que suscitan una serie de “obras”.

Éstas obras está estructuradas de un modo creciente, entre el hambre y el encarcelamiento.Es muy importante poner de relieve el orden progresivo, como si formaran una “cadena”, es decir, un proceso o progreso que va desde el hambre a la cárcel, que aparece como culminación de todos los males de la historia humana. Resulta fundamental tener en cuenta este ordenamiento, pues nos permite descubrir que la cárcel no nace de sí mismo, sino que, según Mt 25, 31-45, es la consecuencia y culminación de un tipo de males que empiezan con el hambre.

               Como seguiré indicando, estas seis obras son de tipo humano integral, aunque después la Iglesia ha tendido a llamarles obras corporales, añadiendo una séptima (que sería enterrar a los muertos) y poniendo a su lado unas siete obras también importantes, que serían “espirituales” (enseñar a quien no sabe, dar buen consejo a quien lo necesita, corregir al que yerra…). Pues bien, conforme al esquema de Jesús, cuidadosamente estructurado por Mt 25, todas las obras de misericordia se condensan en estas seis, que son espirituales y corporales, que son cristianas siendo universales, que empiezan por el hambre y culminan en la cárcel, como seguiré indicando.

               Por eso, según Mt 25, 31-46, no se puede visitar (liberar) a los encarcelados de verdad si es que no se empieza desde el principio, es decir, dando de comer a los hambrientos, para ir pasando desde ahí a todas las restantes (dar de beber, acoger a los exilados, vestir a los desnudos…). En ese sentido el “apostolado carcelario” (es decir, el envío de los cristianos a las cárceles del mundo) ha de entenderse como culmen y compendio de un testimonio completo de vida mesiánica, es decir, de compromiso al servicio de los necesitados.

  1. Tuve hambre y me disteis de comer (Mt 25, 35)

En principio, el hambre es una necesidad material, y parece fácilmente remediable, pues la tierra ofrece mucho alimento, y el hombre actual sabe producir, de manera que hay comida suficiente para todos. Pero de hecho los hombres concretos no saben o no quieren compartir la comida (los bienes), de forma que unos tienen pan sobrante y otros mueren por falta de alimento. Por eso, aunque el hambre tiene varias raíces(escasez de recursos, desgracias, subdesarrollo de algunos colectivos…), en sentido más profundo, ella proviene de dos principales: el egoísmo de algunos y la injusticia del sistema social.

Ciertamente, hay otros temas y cuestiones en el fondo del hambre, como principio de un camino que, en su forma actual, desemboca en la cárcel. Pero es evidente que sin una transformación económica, si no se empieza replanteando y resolviendo el tema del hambre es imposible resolver el de la cárcel. En el principio de un camino de libertad, tal como lo ha propuesto Jesús, se encuentra el don y la exigencia (la experiencia concreta) de comer juntos, compartiendo panes y peces, a campo abierto, sin expulsiones ni exclusiones, como muestran los relatos de las multiplicaciones (cf. Mc 6, 35-44; 8, 1-9 par). Leer más…

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Dos regalos, con una condición. Fiesta de Cristo Rey. Domingo 34 Ciclo A.

domingo, 26 de noviembre de 2023
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IMG_1485Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj: 

El próximo domingo termina el año litúrgico, con más de un mes de anticipación al año civil. Los domingos siguientes los dedicaremos a preparar la Navidad (tiempo de Adviento) y a celebrarla. Ahora nos toca cerrar el año, y la Iglesia lo hace con la fiesta de Cristo Rey.

Motivo y sentido de la fiesta

            No se trata de una fiesta muy antigua, la instituyó Pío XI en 1925. Para comprenderlo hay que recordar los principales acontecimientos de la época. En 1917 ha tenido lugar la revolución rusa y la instauración del comunismo. Un año después termina la Primera Guerra Mundial; Alemania, Francia, Italia, Rusia, Inglaterra, Austria, incluso los Estados Unidos, han tenido millones de muertos. La crisis económica y social posterior fue tan dura que provocó la aparición del fascismo en Italia, con la marcha sobre Roma de Mussolini en 1922, y la del nazismo, con el Putsch de Hitler en 1923. Mientras en los Estados Unidos se vive una época de euforia económica, que llevará a la catástrofe de 1929, en Europa la situación de paro, hambre y tensiones sociales es terrible.

            Ante esta situación, Pío XI no hace un simple análisis sociopolítico-económico. Se remonta a un nivel más alto, y piensa que la causa de todos los males, de la guerra y de todo lo que siguió, fue el “haber alejado a Cristo y su ley de la propia vida, de la familia y de la sociedad”; y que “no podría haber esperanza de paz duradera entre los pueblos mientras los individuos y las naciones negasen y rechazasen el imperio de Cristo Salvador”. Por eso, piensa que lo mejor que él puede hacer como Pontífice para renovar y reforzar la paz es “restaurar el Reino de Nuestro Señor”. Las palabras entre comillas las he tomado del comienzo de la encíclica Quas primas, con la que instituye la fiesta.

            La posible objeción es evidente: ¿se pueden resolver tantos problemas con la simple instauración de una fiesta en honor de Cristo Rey?, ¿conseguirá una fiesta cambiar el corazón de la gente? Los casi cien años que han pasado desde entonces demuestran que no.

            Por eso, en 1970 se cambió el sentido de la fiesta. Pío XI la había colocado en el mes de octubre, el domingo anterior a Todos los Santos. En 1970 fue trasladada al último domingo del año litúrgico, como culminación de lo que se ha venido recordando a propósito de la persona y el mensaje de Jesús.

            Ahora, la celebración no pretende primariamente restaurar ni reforzar la paz entre las naciones sino felicitar a Cristo por su triunfo. Como si después de su vida de esfuerzo y dedicación a los demás, hasta la muerte, le concedieran el mayor premio.

            Pero las lecturas no hablan de una celebración de campanas al vuelo y ceremonias deslumbrantes. Hablan de lo bien que se porta Cristo Rey con nosotros y de la respuesta que espera de nuestra parte.

Primer regalo: su preocupación por nosotros (Ezequiel)

            En el Antiguo Oriente, la imagen habitual para hablar del rey era la del pastor. Simbolizaba la preocupación y el sacrificio por su pueblo, como la de un pastor por su rebaño. En la práctica, no siempre era así. El c. 34 de Ezequiel habla de los reyes judíos como malos pastores que han abusado de su pueblo y luego se han desinteresado de él y lo han abandonado cuando se produjo la caída de Jerusalén y la deportación a Babilonia.

Pero Dios no va a permanecer impasible: eliminará a esos malos reyes y ocupará su puesto haciendo dos cosas: 1) como Rey-pastor, buscará a sus ovejas, las cuidará, etc. 2) como Rey-juez, juzgará a su rebaño, defendiendo a las ovejas y salvándolas de los machos cabríos (por eso llamamos en España “cabrones” a los que se portan mal con otros).

            El texto del evangelio (el Juicio Final) empalma con el segundo tema. Pero la liturgia se ha centrado en el primero, que subraya la preocupación de Dios por su pueblo. Es interesante advertir la cantidad de acciones que subrayan su amor e interés: «seguiré el rastro de mis ovejas, las libraré, apacentaré, las haré sestear, buscaré, recogeré, vendaré a las heridas, curaré a las enfermas». En el contexto de la fiesta de hoy, estas frases habría que aplicarlas a Jesús y ofrecen una imagen muy distinta de Cristo Rey: no lo caracterizan el esplendor y la gloria sino su cercanía y entrega plena a todos nosotros. Buen momento para recordar cómo se ha comportado con cada uno, buscándonos, librándonos, curando…

Así dice el Señor Dios:

«Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro.  Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear -oráculo del Señor Dios-. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; curaré a las enfermas: a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré« como es debido.  Y a vosotras, mis ovejas, así dice el Señor: Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío.» 

Segundo regalo: victoria sobre la muerte (1ª carta a los Corintios)

            Pablo, influido sin duda por las campañas romanas de su tiempo, presenta a Dios Padre como el gran emperador que termina triunfando y sometiendo todo. Pero quien guerrea en su nombre es Cristo, que debe enfrentarse a numerosos enemigos. El último de ellos, el más peligroso, es la muerte, a la que Jesús vence en el momento de resucitar. De esa victoria sobre la muerte participamos también todos nosotros. El fin del año litúrgico, que recuerda el fin de la vida, es un momento adecuado para superar la incertidumbre y la angustia ante la muerte y agradecer la esperanza de la resurrección.

Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Y, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo había sometido todo. Y así Dios lo será todo para todos.

Una condición (evangelio)

            El evangelio no se centra en el triunfo de Cristo, que da por supuesto, sino en la conducta que debemos tener para participar de su Reino.

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha:

̶  Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme. 

Entonces los justos le contestarán:

̶  Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? 

Y el rey les dirá: 

̶  Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. 

Y entonces dirá a los de su izquierda:

̶  Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.

Entonces también éstos contestarán:

̶  Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?

Y él replicará:

̶  Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.

Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

            La parábola es tan famosa y clara que no precisa comentario, sino intentar vivirla. Pero indico algunos datos de interés.

  1. A diferencia de otras presentaciones del Juicio Final en la Apocalíptica judía, quien lo lleva a cabo no es Dios, sino el Hijo del Hombre, Jesús. Es él quien se sienta en el trono real y el que actúa como rey, premiando y castigando.
  2. Los criterios para premiar o condenar se orientan exclusivamente en la línea de preocupación por los más débiles: los que tienen hambre, sed, son extranjeros, están desnudos, enfer­mos o en la cárcel. Estas fórmulas tienen un origen muy antiguo. En Egipto, en el capítulo 125 del Libro de los Muertos, encontramos algo pareci­do: «Yo di pan al hambriento y agua al que padecía sed; di vestido al hombre desnudo y una barca al náufrago». Dentro del AT, la formulación más parecida es la del c. 58 de Isaías: «El ayuno que yo quiero es éste: partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no cerrarte a tu propia carne.» Lo único que Jesús tendrá en cuenta a la hora de juzgarnos será si en nuestra vida se han dado o no estas acciones capitales. Otras cosas a las que a veces damos tanta importancia (creencias, prácti­cas religiosas, vida de oración…) ni siquiera se mencionan.
  3. La novedad absoluta del planteamiento de Jesús es que lo que se ha hecho con estas personas débiles se ha hecho con Él. Algo tan sorprendente que extraña por igual a los condenados y a los salvados. Ninguno de ellos ha actuado o dejado de actuar pensando en Jesús; pero esto es secundario.

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Jesucriso Rey del Universo. 26 noviembre, 2023

domingo, 26 de noviembre de 2023
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Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.”

(Mt 25, 31-46)

Estos textos bíblicos en los que los buenos quedan separados de los malos me lleva a preguntarme: ¿somos imagen de Dios o hacemos a Dios a nuestra imagen?

Cada vez me cuesta más pensar en un Dios que se sienta a separar. ¿Cómo puede Dios Trinidad, que es comunión, sentarse a separar?

Tampoco me convence el otro extremo de pensamiento: “Total, si todo vale, vivo a mi bola sin preocuparme.” Creo que nuestra vida cuenta, y nuestras acciones y oraciones la encaminan en un sentido o en otro. Nos vamos haciendo personas cada vez más plenas o cada vez más vacías. Con todo, siempre, siempre, estamos a tiempo de volvernos hacia la plenitud.

La bondad y la maldad no son dos fuerzas iguales y contrarias. El mal no puede ya vencer porque ya fue vencido. No tiene poder sino que se encamina a su fin. Esta es nuestra esperanza, nuestra fe.

Creemos que Dios ha vencido al mal, a la muerte, a la oscuridad. Caminamos hacia la VIDA.

Muchas veces la realidad parece decir todo lo contrario. Seguramente más de una persona estará pensando: “¿cómo puede decir que el bien ya ha vencido cuando estamos viviendo una situación mundial de pandemia, cuando los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres y numerosos, cuando la naturaleza entera parece no resistir más… (aunque algunos sigan negado el cambio climático…)?

Es verdad, la lista de cosas que no funcionan es larga. Pero lo bueno es más grande y más resistente. Por cada gesto de violencia y desconfianza, por cada injusticia  hay cientos de gestos de generosidad, de acogida y de reconciliación que nos van trasformando. No los apreciamos porque nos parecen “lo normal”, lo que debiera ser. Eso significa que la inmensa mayoría de la humanidad desea lo bueno, lo justo, lo que nos permite convivir.

La fiesta de Jesucristo como Rey del Universo nos viene a recordar la bondad que ya somos en semilla y en la que debemos esforzarnos por crecer. Si Cristo comienza a Reinar es que la Vida, lo Bueno, el Bien…¡ha vencido!

Podemos repetir con confianza las palabras de la mística medieval Juliana de Norwich: ¡Todo irá bien, y todo irá bien y absolutamente todo acabará bien!

Oración

Aumenta nuestra fe y nuestra confianza. Danos una mirada llena de esperanza que sepa descubrir y agradecer la bondad escondida en cada corazón humano en todos los rincones de la creación. ¡Amén!

*
Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Del Dios Todopoderoso al Jesús Rey del Universo.

domingo, 26 de noviembre de 2023
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00 jesus_choco_cerezoDOM 34 CRISTO REY (A)

Mt 25,31-46

Es muy difícil dar sentido “cristiano” a esta fiesta. Jesús nunca reivindicó ningún reino para sí. Todo lo contrario, afirmó de palabra y con su vida, que él “no venía a ser servido, sino a servir”. Después del ayuno en el desierto, el ser dueño y señor del mundo se le presenta como una tentación. ¿No hemos ocupado el lugar del tentador, cuando, sin pedirle consentimien­to, le hemos dado todos los reinos del mundo? Jesús criticó muy duramente todo poder. Después de la multiplicación de los panes, Nos dice Juan: «Viendo que querían proclamarle rey, se retiró a la montaña él solo.»

¿No hemos superado la burla macabra de los soldados, poniéndole una corona de oro, un manto real y un cetro cargado de brillan­tes? Este cetro y esta corona son mucho más denigrantes para Jesús que la caña y las espinas. Cuando Pilato escribe: «Éste es el rey de los judíos», lo hace para burlarse de él y de los judíos. ¿No será también una burla llamarle rey del universo? La intención de Pío XI al instituirla hace un siglo no nos ayuda a darle sentido hoy. Lo que él pretendió fue que todos los hombres y todas las naciones le reconocieran a él como representante de ese Cristo Rey.

El ego narcisista nunca podrá asumir su desaparición. Tiene una capacidad increíble para revolverse y salir con la suya. Como la propuesta de Jesús era inasumible, la presenta como una estrategia para conseguir plenitud de gloria. Así, cuando Jesús dice que la meta de su vida es el don total a los demás, el ego la interpreta como el único medio para ser glorificado por Dios. Una vez presentada así la trayectoria de Jesús, será muy fácil hacernos ver que la nuestra debe seguir el mismo camino.

El ser humano, como la vela, está hecho para dar luz, pero la vela nada más encenderla se empieza a consumir. La vela, hasta que no es encendida es un trasto que rueda por los cajones. El día que se va la luz, la buscamos y la encendemos. En ese momento empieza a ser vela. Nuestro ego nos impide aceptar esta perspectiva. Nada ni nadie le puede convencer de que su objetivo es desaparecer, menos aún, en beneficio de los demás. Pero descubrió la manera de emplear toda la parafernalia espiritual para conseguir su objetivo. No hay forma de que cambie de perspectiva.

Fijaros qué contradicción. Para celebrar la gloria de Jesús recordamos el momento de su vida donde mejor dejó reflejada su actitud vital, la eucaristía. Yo, como el pan, me parto y me reparto para que me coman. Me dejo masticar, tragar, asimilar para alimentar a otros, a costa de desaparecer. Yo entrego mi vida (sangre) a los demás para que la hagan suya y puedan trasformar su propia vida. La sangre solo se puede entregar a costa de la propia vida. Si la doy a los demás, me quedaré sin ella.

La importancia del rey para el pueblo de Israel se remonta a la época de la conquista de Palestina por el pueblo judío. Para un nómada, la idea de un rey nada significaba; pero cuando entran en contacto con las estructuras de las ciudades, los israelitas piden a Dios un rey. Esto fue interpretado por los profetas, como una traición a Yahvé. Poco a poco se va enriqueciendo esa idea y termina por ser la imagen clave. El final será un Reino de Dios que termina por sobreponerse a todos los demás.

Solo en este contexto cultural entenderemos la predicación de Jesús sobre el Reino de Dios. Sin embargo, el contenido que le da es muy distinto. En tiempo de Jesús, el futuro Reino de Dios se entendía como una victoria del pueblo judío sobre los gentiles y de los buenos sobre los malos. Jesús predica un Reino de Dios, del que van a quedar excluidos los buenos y van a entrar las prostitu­tas, los pecadores, los marginados. Los gentiles serán llamados y muchos judíos quedarán fuera.

El Reino de Dios está dentro de vosotros. Esta idea desbarata todo nuestro montaje. No se trata de preparar un reino para Dios, se trata de un Reino que es Dios, no de que Dios tenga un reino. Haremos que se vea con nuestra manera de actuar, pero solo después de haber descubierto su presencia en nosotros. Es un reinado del AMOR. No es un reino de personas físicas, sino de actitudes vitales. Cuando me acerco al que me necesita preocupándome por él, hago presente el Reino que es Dios.

Cuando Pilato le pregunta si es rey, contesta Jesús: “mi reino no es de este mundo”. No quiere decir que vendrá después o que estará en otro lugar, sino que no tiene nada que ver con lo que él entendía por reino. Al insistir Pilato, Jesús le dice: «sí, soy rey, yo para esto he venido al mundo, para ser testigo de la verdad.» Ser testigo de la verdad, ser auténtico, ser verdad, es la única manera de ser dueño de sí mismo y ser dueña de la realidad entera. Jesús es rey de sí mismo y así es Rey en absoluto.

El Reino de Dios, lo divino que nos inunda, es un fermento, un alma, una luz que transforma mi ser. Se manifiesta como una cualidad, pero en realidad, es mi esencia. Yo tengo que esforzarme por hacerla surgir desde lo hondo de mí mismo, aceptando que viene a absorberme. Es necesario que, tras haber cooperado con todas mis fuerzas a hacerla brotar, consienta en la comunión en la que mi propia individualidad se hundirá y acepte convertirme en su alimento (Teilhard de Chardin).

Después de lo dicho podemos comprender que no se trata de entronizar a Jesús ni antes ni después de morir. Lo que significa y encarna la figura de Jesús es lo que tiene que reinar entre nosotros. Cuando decimos: reina la armonía, reina la paz, etc. estamos hablando de un ambiente envolvente que permite su desarrollo. Hablar del reinado de Cristo significa que su mismo espíritu mueve también nuestra existencia. Jesús se dio totalmente, no para ser glorificado sino para llevar a plenitud el amor.

En el relato que hemos leído encontramos la clave. Dios no se hace un hombre, sino que se hace hombre. El que juzga es el Hombre, el punto de contraste para valorar una vida humana es la semejanza con Jesús “el Hombre”. No tenemos que esperar ningún juicio desde fuera. Mis actitudes van manifestando en cada momento el grado de identificación con el modelo de Hombre. En la medida que me identifique con el modelo, me salvo; en la medida que me separe de él, me voy condenando.

Hemos conseguido un cristianismo cómodo, colocando a Dios en el cielo. Sería demasiado peligroso descubrir a Dios encarnado en cada uno de los seres humanos. Pero no hay escapatoria. Dios es encarnación y lo tenemos que descubrir en las criaturas. “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”. La pregunta de los rechazados deja bien claro que, si hubieran descubierto la presencia de Dios en el necesitado, lo hubieran socorrido.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Porque tuve hambre…

domingo, 26 de noviembre de 2023
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El Greco (Domenikos Theotokopoulos) (Greek, 1541 - 1614 ), Saint Martin and the Beggar, 1597/1599, oil on canvas with wooden strip added at bottom, Widener Collection

El Greco (Domenikos Theotokopoulos) (Greek, 1541 – 1614 ), San Martín y el mendigo

Mt 25, 31-46

«…Tuve sed y me disteis de beber»

Es una temeridad juzgar con criterios actuales unos hechos acaecidos en otra época histórica, pero lo cierto es que hoy nos cuesta entender las razones de Pío XI para proclamar la solemnidad de “Cristo Rey del Universo”. Imaginamos que en aquel contexto estas declaraciones pomposas provocaban la devoción de los fieles, pero nos tememos que hoy producen mayoritariamente rechazo. No; en el mundo no reina Jesús (los reyes no lavan los pies), sino la ambición, la opresión y el confort, y contra eso no se lucha haciendo grandes manifestaciones, sino siendo fieles al evangelio.

Pero todavía resulta más asombroso que los liturgos hayan situado esta solemnidad “tapando” el mensaje central del evangelio de Mateo, por lo que nos vamos a olvidar de ella (de la solemnidad) y centrarnos en lo verdaderamente importante.

Mateo nos presenta la parábola del juicio final como compendio y resumen de toda la predicación de Jesús. Para resaltar su importancia, la envuelve en una escenografía colosal propia de las grandes ocasiones, y a través de ella, nos transmite un mensaje que es la esencia misma de la predicación de Jesús. Todo el evangelio es importante, pero quizás hay dos expresiones que resaltan sobre todas las demás: «Abbá» y «A mí me lo hicisteis».

La esencia de la buena Noticia es la revelación de Dios. Saber que “Dios es Abbá” lo cambia todo. En primer lugar, nos quita el miedo a Dios; nadie teme a su madre y lo único que puede temer es disgustarle. En segundo lugar, nos da un inmenso sentido de dignidad; soy Hijo y no me conformo con menos; por supuesto, no hago lo que no es digno de mi padre. En tercer lugar, nos sitúa ante nuestra mayor responsabilidad como cristianos: atender a sus Hijos necesitados. Dios “no está” y no puedo responder directamente a su amor, pero sus hijos, mis hermanos, sí que están, y yo estoy aquí para lo que me necesiten.

Y desde esta perspectiva, la parábola de hoy cobra todo su sentido. Es mi hermano el que está hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo o encarcelado, y soy yo quien se afana en darle de comer, o de beber, o acogerle, o vestirle o visitarle… Y aquí no caben coartadas, porque el mensaje es de una claridad meridiana y no admite interpretaciones abstractas, ni metafóricas, ni simbólicas. Es el núcleo más íntimo del mensaje evangélico dicho en el lenguaje más llano que cabe imaginar. Es la norma de conducta que, generalizada, cambiaría radicalmente la faz de la Tierra.

Como decía Ruiz de Galarreta: «El resumen de la buena Noticia es un gozoso descubrimiento: mi padre me quiere, mis hermanos me necesitan. Y, al contrario, yo necesito de ellos, de padre, de madre y de hermanos: y sé que puedo contar con su cariño»

Termino. No nos conocerán por ser piadosos, ni por ir mucho al templo a orar, ni por conocer al dedillo la exégesis más moderna e independiente, ni por meditar muy bien, ni por desarrollar planteamientos metafísicos fastuosos… nos conocerán por ser fraternos… «En esto conocerán que sois mis discípulos…»

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Jesucristo servidor de todos.

domingo, 26 de noviembre de 2023
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os_he_dado_ejemploMt 25, 31-46

Toda persona escucha una voz misteriosa en su interior, que lo impulsa a amar al prójimo por encima de todo

Desde el Concilio Vaticano II, la fiesta de Cristo Rey se sitúa en un nuevo contexto social dentro de las perspectivas litúrgicas del Viernes Santo, “ser testigo de la verdad” (Jn 18,37). La realeza de Cristo, no se visibiliza en la Iglesia por su poder o su grandiosidad, en un anacronismo que el mismo Papa Francisco denuncia, sino por la justicia, el servicio y la caridad. No es casual, que las lecturas de hoy hablen de un pastor, del servicio, del servidor de los más débiles, no de privilegios ni de poderosos.

La antigüedad familiarizada con la cultura pastoril acuñó la imagen del pastor, para referirse a los guías de los pueblos. Hoy podríamos utilizar una imagen sacada del mundo en que nos movemos… que, en definitiva, viene a significar lo mismo: frente a los pastores que explotan el rebaño o lo conducen al abismo, frente a los poderosos ávidos de poder, ambición, carentes de ética y conciencia moral para resolver los problemas de los ciudadanos y de la sociedad, Dios reúne a los dispersos, a los descartados… y les conduce a la fuente de la vida. El profeta Ezequiel (34,11-12. 16) anuncia la salvación de Dios al pueblo destruido. “Así seguiré yo el rastro de mis ovejas… las libraré sacándolas de los lugares donde se desperdigaron el día de los nubarrones y de la oscuridad… vendaré a las heridas, curaré a las enfermas”. Jesús actualizó esa imagen (Jn 10,1ss). El ejercicio del profetismo en el mundo que nos toca vivir es tarea esencial cristiana. Anuncio y denuncia.

Podríamos pensar que los cristianos tenemos la exclusiva de la salvación pero no así los demás. Ni unos ni otros somos conscientes de que al luchar a favor de los pobres, de los oprimidos, de los presos, luchamos a favor de Cristo. Y es que toda persona escucha una voz misteriosa en su interior, que lo impulsa a amar al prójimo por encima de todo. Aquellos que, por razones insondables, no han sabido reconocer o discernir explícitamente a Dios, son también creyentes… “ateos”, “escépticos”. No es ni siquiera una actitud religiosa, sino una actitud vital en relación con los más vulnerables.

Jesús habla muchas veces del Reino de Dios pero no reivindica para sí ningún reino, ni dice expresamente qué es, o en qué consiste esa “soberanía de Dios”. Lo único que dice es: “está cerca”, “está aquí”, “está dentro de vosotros” (Lc 17,20-22). Si estamos despiertos, atentos a las palabras y acciones de Jesús, podremos descubrir la clave para entender lo que significa y exige el Reino de Dios, y lo más importante, cómo hemos de vivir para entrar y construir el Reino.

El modo como Jesús anunció el Reino, así como el modelo del Reino que concibió, quién puede entrar en el Reino de Dios y quién no, provocó dos efectos simultáneos, entusiasmo por parte del pueblo y un rechazo brutal de los grupos dirigentes (fariseos, escribas, sumos sacerdotes, poder romano…) [1]

Entender la dinámica del Reino de Dios, podría compararse con las modernas Constituciones, en las que se recogen los principios que rigen la vida de los ciudadanos, el funcionamiento de los distintos poderes: el legislativo, encargado de elaborar las leyes, el ejecutivo que tiene como obligación hacer efectivas las leyes, que se cumplan, y el judicial, encargado de juzgar y decidir sobre las infracciones a las leyes o si las leyes se ajustan a lo que la Constitución determina.

El evangelio de Mateo (Mt 5, 2-12) explicita con claridad las leyes del Reino:

· Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de los Cielos.

· Dichosos los que estáis tristes, porque Dios os consolará.

· Dichosos los humildes, porque heredaréis la tierra.

· Dichosos los que tenéis hambre y sed de hacer la voluntad de Dios, porque Dios os saciará.

· Dichosos los misericordiosos, porque Dios será misericordioso con vosotros.

· Dichosos los que tenéis el corazón limpio, porque veréis a Dios.

· Dichosos los que construís la paz, porque seréis llamados hijos de Dios.

· Dichosos si os persiguen por hacer la voluntad de Dios, porque vuestro es el Reino.

· Dichosos si os insultan, piensan mal de vosotros, digan contra vosotros calumnias por mi causa. Alegraos porque vuestra recompensa será grande en los cielos, pues así persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

El poder ejecutivo nos dice cómo deben ser los gobernantes (Mc 10,42-45), y ¿cómo deben gobernar? (Jn 13,12-15)

– Jesús los llamó y les dijo: “Sabéis que los que figuran como jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente y que sus magnates las oprimen. No ha de ser así entre vosotros. El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea esclavo de todos. Pues tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su propia vida por todos”.

– Después de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a sentarse a la mesa y dijo a sus discípulos: “¿Comprendéis lo que acabo de hacer? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón, porque efectivamente lo soy. Pues bien, si yo, que soy el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, vosotros debéis hacer lo mismo unos con otros. Os he dado ejemplo, para que hagáis lo que yo he hecho con vosotros”.

En cuanto al poder judicial: Mateo lo describe con rotundidad en el evangelio de hoy (Mt 25, 31-46). El criterio para juzgar es la actitud de amor o indiferencia ante los necesitados, los sencillos, los disminuidos por cualquier causa, las personas corrientes. Ellos se convierten así en la representación de Cristo como juez.

Las ovejas y los cabritos no se refieren a dos clases de personas, unas buenas y otras malas, sino a dos realidades dentro de cada persona. Se salvará, pues, lo bueno que hay en cada uno (amor) y se perderá lo malo de cada uno (indiferencia, mentira, ego, ambición…) Esto significa infierno; la pérdida definitiva de plenitud del ser.

Frente a la desesperanza, la mentira, la inequidad, la supremacía de unos sobre otros, apostemos por el coraje y la firmeza en tiempo de desolación. Hay muchas buenas personas que aman “la solidaridad entre los españoles, la igualdad ante la justicia, el bien común, y la unidad como un bien moral forjado en nuestra historia [2]. Alcemos nuestra palabra con respeto, con verdad. No entremos al trapo de quienes provocan enfrentamientos y división. No seamos cómplices de los veletas. La nueva humanidad está por encima de toda esa inmundicia. “Que nada sea capaz de quitarte tu paz. Cuando te  sientas apesadumbrado/a, triste, adora y confía…” (T. de Chardin)

¡Shalom!

Mª Luisa Paret

 

[1] Paz Garrido, Mujeres y Teología, Madrid.

[2] Santos Montoya, Obispo de Logroño.

Fuente Fe Adulta

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