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Archivo para Domingo, 30 de enero de 2022

Hoy se cumple esta Escritura

Domingo, 30 de enero de 2022

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Claridad

Decir el pan, la lucha, el gozo, el llanto,
el monótono sol, la noche ciega.
Verter la vida en libación de canto,
vino en la paz y sangre en la refriega.

Desnuda al viento mi palabra os llega.
Sobre la plaza de la fiesta canto.
Pido que todos entren en la siega.
Vengo a espantar las fieras del espanto.

Mediterráneamente luminosa
escancio en mi palabra cada cosa,
vaso de luz y agua de verdad.

Si el Verbo se hace carne verdadera,
no creo en la palabra que adultera.
Yo hago profesión de claridad.

*

Pedro Casaldáliga
El Tiempo y la Espera, Sal Terrae, 1986

***

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:

– “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

Y decían:

– “¿No es éste el hijo de José?”

Y Jesús les dijo:

“Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.” Y añadió: “Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, mas que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, mas que Naamán, el sirio.”

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

*

Lucas 4, 21-30

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Me parece urgente volver a tomar conciencia de la naturaleza profética de la Iglesia. Fue en Pentecostés cuando nació como pueblo profetice Pero esta vocación significa prestar una atención constante a la venida del Reino de Dios en la historia. Testimonio, palabra y sabiduría son las tres manifestaciones de la cualidad profética de la Iglesia. Ahora bien, en la raíz del testimonio de vida y de la palabra explícita está el «sentido de la fe». Hablar de «sentido de la fe» significa reconocer que cada cristiano, al esforzarse por ser fiel a Cristo y a la inspiración de su Espíritu, recibe una iluminación que le permite discernir lo que debe o no debe hacer. Puede encontrar, en una situación concreta, lo que requiere la fe. Con todo, debe verificar, evidentemente, con los otros eso que intuye.

El profetismo no es una predicción del futuro, sino una lectura honda del presente. A partir de esta lectura, podemos detectar qué palabra y qué acción son urgentes. En una Iglesia que ya no se encuentra en una posición de fuerza en la sociedad, el cristiano vuelve a disponer de la posibilidad de lanzar una propuesta más libre y un testimonio más convincente: dice lo que tiene que decir, expresa lo que considera que está obligado a expresar. Ser profeta hoy podría significar disponer de la libertad de ser una instancia crítica, considerando con desprendimiento las seducciones actuales: individualismo, comodidad, seguridad… La conciencia escatológica que habita en la vocación cristiana debe infundir el valor necesario para ir contracorriente en algunas cuestiones, como la familia y la esfera conyugal.

La respuesta cristiana echa sus raíces en una elevada concepción del ser humano y en la convicción de que no estamos atados a la repetición de lo que siempre es igual: de que es posible la novedad. El cristianismo debe manifestar hoy su capacidad de humanización del hombre, que es la vía de la verdadera divinización.

*

B. Chenu,
«La chiesa popólo di profeti», en Parola spiríto e vita 41 [2000],
238-239.246, passim.

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“El miedo a ser diferentes”. 4 Tiempo ordinario – C (Lucas 4,21-30)

Domingo, 30 de enero de 2022

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Pronto pudo ver Jesús lo que podía esperar de su propio pueblo. Los evangelistas no nos han ocultado la resistencia, el escándalo y la contradicción que encontró, incluso en los ambientes más cercanos. Su actuación libre y liberadora resultaba demasiado molesta. Su comportamiento ponía en peligro demasiados intereses.

Jesús lo sabe desde el inicio de su actividad profética. Es difícil que alguien que se decide a actuar escuchando fielmente a Dios sea bien aceptado en un pueblo que vive de espaldas a él. «Ningún profeta es bien mirado en su tierra».

Los creyentes no lo debiéramos olvidar. No se puede pretender seguir fielmente a Jesús y no provocar, de alguna manera, la reacción, la crítica y hasta el rechazo de quienes, por diversos motivos, no pueden estar de acuerdo con un planteamiento evangélico de la vida.

Nos resulta difícil vivir a contracorriente. Nos da miedo ser diferentes. Hace mucho tiempo que está de moda «estar a la moda». Y no solo cuando se trata de adquirir el traje de invierno o escoger los colores de verano. El «dictado de la moda» nos impone los gestos, las maneras, el lenguaje, las ideas, las actitudes y las posiciones que hemos de defender.

Se necesita una gran dosis de coraje para ser fieles a las propias convicciones, cuando todo el mundo se acomoda y adapta a «lo que se lleva». Es más fácil vivir sin un proyecto personal de vida, dejándonos llevar por el convencionalismo. Es más fácil instalarnos cómodamente en la vida y vivir según lo que nos dictan desde fuera.

Al comienzo, quizá uno escucha todavía esa voz interior que le dice que no es ese el camino acertado para crecer como persona ni como creyente. Pero pronto nos tranquilizamos. No queremos pasar por un «anormal» o un «extraño». Se está más seguro sin salirse del rebaño.

Y así seguimos caminando. En rebaño. Mientras desde el Evangelio se nos sigue invitando a ser fieles al proyecto de Jesús, incluso cuando pueda acarrearnos la crítica y el rechazo por parte de la sociedad, e incluso dentro de la Iglesia.

José Antonio Pagola

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“Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado sólo a los judíos”. Domingo 30 de enero de 2022.4º domingo del Tiempo Ordinario

Domingo, 30 de enero de 2022

12-ordinario4 (C) cerezoLeído en Koinonia:

Jeremías 1, 4-5. 17-19: Te nombré profeta de los gentiles.
Salmo responsorial: 70: Mi boca contará tu salvación, Señor.
1Corintios 12, 31-13, 13: Quedan la fe, la esperanza, el amor; la más grande es el amor.
Lucas 4, 21-30: Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado sólo a los judíos

El texto de Jeremías tiene dos partes, la primera (vv. 4-5) se refiere a su vocación, y la segunda (vv. 17-19) a su envío profético. El llamado de Jeremías está marcado desde el inicio por la palabra: “me llegó una palabra de Yahvé”. El profeta es llamado por la palabra para ser palabra de Dios en medio de su pueblo. La palabra lo conoce desde antes de su nacimiento, lo que significa una intimidad profunda de Dios con el profeta. La palabra lo consagra, es decir, Dios se lo reserva para sí, desde antes de nacer. Conocer y consagrar son el marco para la misión de Jeremías: ser profeta de las naciones.

A partir del v. 17 Jeremías se convierte en palabra de Dios ambulante. Debe decir en público lo que Dios le mande. Pero decir la verdad siempre ha sido problemático y peligroso porque se tocan los intereses de muchas personas y de las estructuras sociales. Por esto Dios se anticipa a decirle que no tenga miedo de afrontar su misión. El temor no es ajeno a la vocación profética; lo importante es no abandonar la vocación porque entonces sería Dios el que podría asustarnos, es decir, dejar de llamarnos, de elegirnos y de consagrarnos, dejar de confiar en nosotros, y ¿qué susto peor puede recibir un profeta?

La promesa de Dios no plantea su intervención para salvar al profeta en tiempos difíciles, sino que a él, personalmente, lo fortalecerá internamente como un “pilar de hierro”, y externamente lo consolidará como una “muralla de bronce”. La palabra será su fuerza en su lucha contra las autoridades (reyes, ministros, sacerdotes y propietarios), que han olvidado la alianza de Yahvé, oprimiendo y marginando a su propio pueblo. La fortaleza también la encuentra el profeta en la obediencia a la palabra que recibe y anuncia. Esto le asegura la compañía permanente de Yahvé.

Este bello canto al amor, tiene como contexto la discusión de los corintios en torno a los carismas. Con el texto de hoy, Pablo afirma categóricamente que el único “carisma” absoluto es el del amor. El amor al que se refiere el autor no es el amor helenista (eros), sino el amor cristiano (ágape), que es un amor que se recibe, se entrega, se sirve y hasta da la vida por los hermanos. Sin amor, no tiene sentido ni el mejor de los carismas; sin amor, la palabra profética queda en el vacío, sin amor el amor de Dios pasa de largo en nuestras vidas.

Podemos dividir el canto en tres partes. En la primera (vv. 1-3) se enumera una serie de carismas que no son nada si falta el amor. En la segunda (vv. 4-7) se enumeran quince características del amor cristiano; siete se plantean de forma positiva y ocho de forma negativa. En la tercera parte (vv. 8-13) Pablo termina su canto reafirmando la eternidad del amor. El amor, que puede cambiarlo todo, es el único que no cambiará, que será el mismo eternamente. Entre la fe, la esperanza y el amor, este último es el mayor, quedando clara, para los corintios y para los cristianos de todos los tiempos, la superioridad del amor sobre cualquier otro carisma.

El domingo pasado, después de la lectura que hizo Jesús del profeta Isaías, el evangelioterminaba diciendo que “todos los presentes tenían fijos los ojos en él…”. El evangelio de hoy continúa la escena, que —recordemos— se desarrolla en la sinagoga de Nazaret. Jesús dice que en él se cumplen las palabras de Isaías, es decir, que es «el ungido» (Mesías) para anunciar la Buena Noticia a los pobres y oprimidos… y el «año de gracia» del Señor.

Los vv. 22-30 los podemos dividir así: v. 22: la reacción de la gente; vv. 23-27: la respuesta de Jesús; vv. 28-29: indignación e intentos de matar a Jesús por parte de los nazarenos; vv. 30: Jesús continúa su camino.

Es interesante constatar el contraste entre la reacción de la gente en el v. 22 y la de los versículos 28-29. Inicialmente los de su pueblo aprobaban, y se admiraban de su paisano, pero no alcanzaban a ver en Jesús la gracia de Dios que salía de sus labios, ni al profeta anunciado por Isaías, sino simplemente al Jesús hijo de José. Jesús percibe que sus paisanos no están interesados en sus palabras sino en sus hechos, les interesa ante todo un espectáculo milagrero, que cure los enfermos del pueblo y basta. Jesús les responde con otro refrán: “ningún profeta es bien recibido en su patria”, dejando claro que en Nazaret no hará ningún milagro.

Entre los vv. 25-27 Jesús acude al AT para explicar su situación. El verdadero profeta no se deja acaparar ni mucho menos presionar para satisfacer a un auditorio interesado sólo por el espectáculo o por intereses individuales, aunque sean los de sus familiares o su propio pueblo. El profeta es libre y se debe a la palabra de Dios. La historia de Elías y Eliseo recuerda a los nazarenos cómo éstos tuvieron que irse a tierra de paganos porque su propio pueblo no quería escucharlos. La característica de la mujer de Sarepta es su confianza en Dios, confiando su vida y la de su propio hijo en un extraño como Elías; y característico del sirio Naamán es que depone su orgullo y soberbia nacionalistas ante las palabras de Eliseo. La misma Iglesia reconocerá en este texto su misión de anunciar la Buena Noticia a los más alejados, es decir, que la Palabra echa sus primeras raíces en las personas y en las familias, pero ése no es su destino final; tiene que ser una palabra que busque siempre el camino de los más alejados y necesitados.

Las palabras finales de Jesús enfurecen a los presentes e intentan arrojar a Jesús por un barranco en las afueras del pueblo. Es curioso cómo los pobres de Nazaret, sujetos preferenciales del Anuncio de la Buena Nueva, desprecian la palabra presente en su tierra. Pero la palabra no puede morir, y Jesús continúa su camino misionero al servicio de los pobres, marginados y excluidos, con una palabra de vida, aunque amenazada siempre de muerte por quienes hacen de su vida una mala noticia de egoísmo.

Algunos recursos para trabajar catequéticamente estos temas: Leer más…

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Dom 30.1.22: A fin de despeñarle (Lc 4, 21-30). Del linchamiento “frustrado” de Jesús al “deseado” de Francisco

Domingo, 30 de enero de 2022

76781-Jesus Cliff Luke 4 Chrisian artDel blog de Xabier Pikaza:

He iniciado el tema el domingo pasado (23.1.22), evocando la controversia de Jesús en Nazaret. Lo he retomado el 25.1.22, mostrando el rechazo de Pablo entre su gente. Desde ese fondo comparo aquí el linchamiento “fracasado” de Jesús en Nazaret con el de Francisco (“deseado” por algunos en el Vaticano). conforme al tema del evangelio del próximo domingo

Los judíos “establecidos” de Nazaret intentaron despeñar a Jesús conforme a un “ley”bien establecida y estudiada de linchamiento. Todos hablan de gentes del entorno vaticano que quieren linchar a Jesús, a través de una campaña, también bien conocida, de desprestigio y condena mediática.

Ciertamente, la comparación no se puede establecer de forma simplista. Ni Francisco es Jesús. Ni los del Vaticano son los nazarenos que quisieron linchar a Jesús, todos a una,  despeñándole desde desde la cresta de su monte.  Pero las semejanzas son muchas, como podrá seguir viendo el lector.

Es extraño que los exegetas no hayamos destacado más el  lichamiento nazareno de Jesús por despeñamiento, comparándolo con el Jn 10, 31-42, por lapidación. En esto han sido más agudos algunos antropólogos, como R. Girard, que han visto aquí la clave del destino de Jesús.

Quizá el hecho no haya sido histórico, en el sentido positivista del término, pero lo es en el sentido más profundo, como seguiré indicando. Sus “sombras” se alargan hasta el linchamiento mediático de algunos en contra del Papa Francisco. Está en el fondo el tema de que los  profetas no son bien recibido en su tierra, con la afirmación convergente de que todos los profetas han sido asesinados.

Controversia y crisis profética (Lc 1, 21- 30)

A Jesús no le mataron en Nazaret, pero su “causa de muerte” siguió pendiente  y lo harán en Jerusalén. A Francisco no le han matado ni expulsado del papado,, pero muchos quisieran hacerlo (al menos de un modo simbólico, sin lapidación por linchamiento).

   Al fondo de este motivo,  esgrime y formula Jesús un eslogan sorprendente: Un profeta no es bien recibido entre su gente y en su tierra. Un eslogan  ampliado en una formulación que aparecen en muchos textos judíos y cristianos: Los judíos antiguos mataron a (casi todos) los profetas.

(a) Si Jesús hubiera sido defensor de los intereses del sistema no sería profeta, sino ideólogo al servicio de unos “privilegiados”.

(b) Un verdadero profeta, tiene que defender a todos los pobres (de fuera y dentro de Israel, por encima del sistema); lógicamente, los que viven y medran por su servicio al sistema tienen que “perseguirle” a muerte, pues son peligros peligro para ellos.

(c) En ese fondo se cita la tesis judía de los antiguos “deuteronomistas” (desde el siglo VI a.C. en adelante) según la cual vuestros (nuestros) padres mataron a los profetas. En en fondo, muchos judíos como Jesús pensaban que sus antepasados habían matado a los profetas, es decir, que ser profeta implica un fuerte riesgo de muerte.

Sigan leyendo estas reflexiones quienes quieran plantear el tema desde el evangelio de Lucas.

 Texto (Lc 4, 21-30)

Jesús comenzó a decir en la sinagoga: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. “Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

Pero decían: “¿No es éste el hijo de José?”. Y Jesús les dijo: “Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm.”

Y añadió: “Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio. Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarle. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Difícilmente se podrían haber condensado mejor los momentos de la acción liberadora universal de Jesús, que supera las fronteras “nacionales” de un tipo de judaísmo o iglesia y sistema, y el proyecto de Jesús que se abre a todos, de un modo especial a los extranjeros, como siguen mostrando proféticamente sus palabras, desde la tradición del mensaje y milagros de Elías y Eliseo, que ofrecieron su ayuda a enfermos extranjeros.

De un modo consecuente, en vez de alegrarse por ello y de tomar las acciones liberadoras de Elías y Eliseo como modelo de la apertura universal de Jesús (que acoge y ofrece salvación a los de fuera: Enfermos e “impuros” sexuales y sociales), sus paisanos de Nazaret le expulsan y quieren asesinarle, conforme a una ley de linchamiento colectivo (cf. Lc 4, 20-29).

No pueden aceptar que Dios cure (trasforme) por igual a nacionales y extraños: no quieren libertad para todos, ni evangelio para aquellos que, a su juicio, no lo merecen (como son los encarcelados y extraños, los oprimidos y “extranjeros” sociales y sexuales). Leído así, el conjunto del pasaje (Lc 4, 16-30) cobra una inquietante y escandalosa actualidad. Es evidente que a los buenos nazarenos del judaísmo establecido les extraña y escandaliza la actitud de Jesús, lo mismo que extraña y escandaliza a muchos hombres del sistema “social” y sacral de la Iglesia la “tímida” pero evidente apertura universal del Papa Francisco.

También a muchos nosotros nos turba y extraña ese universalismo: queremos libertad, pero sólo para algunos, para los buenos paisanos de mi pueblo o mi grupo; queremos prosperidad, pero sólo para los que pertenecen al sistema del “buen capitalismo” (como dicen otros). Así añadimos que las “divisiones” y fronteras siguen siendo para defender el buen sistema de los “nazarenos” (de una iglesia y sociedad establecida frente al riesgo los de otros grupos sociales y raciales, sexuales y culturales, empezando incluso por las mujeres.

Pues bien, en contra de eso, este pasaje de Jesús (con la actitud inicial del Papa Francisco) empieza mostrando que, para ser verdadera, la libertad ha de ser universal, abriendo estructuras de comunicación y vida, de acogida y de misión salvadora para todos, sin cerrarse en una iglesia propia del sistema establecido. Si Jesús quiere ser de verdad profeta no puede ser bien recibido por su “pueblo”. Desde aquí ha de entenderse la continuación del pasaje.

Todos daban testimonio sobre ély estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca. Y (pero) decían: –¿No es este el hijo de José? (Lc 4, 22)

Los nazarenos parecen admirarse por las palabras de gracia que Jesús ha proclamado, como empiezan haciendo muchos hombres del sistema de la Iglesia, en especial entre sus clérigos del “orden vaticano”. Pero pronto descubrimos que esa admiración esconde una condena. Admiran a Jesús, pero le rechazan. Admiran a Francisco, pero les molesta su actitud abierta a todos, en contra del sistema.

Ciertamente, los nazarenos (judíos del sistema)  aceptaban entonces y siguen aceptando ahora la palabras de gracia (logoi tês kharitos) de Jesús; pero les parece esas palabras y esa gracia sólo valen para ellos, no para los de fuera, los paganos del tiempo de Elías y Eliseo, los enfermos e impuros del mensaje de Jesús, los emigrantes y exilados, los homosexuales y excluidos del sistema a quienes quiere dirigirse hoy Francisco.

Es fácil amar a los demás y perdonar, siempre que ello no ponga en riesgo los privilegios del sistema nazareno o vaticano. En esa línea, los nazarenos del tiempo de Jesús descubren que las palabras de gracia de Jesús (gracia que él ofrece a todos) se vuelven amenazadoras para ellos, pues les hacen perder sus privilegios, ya que ahora todos son privilegiados.

Una aceptación sesgada de Jesús y los profetas

 En esa línea, los nazarenos preguntan con admiración: «¿No es ese el hijo de José?». Ciertamente, saben que es hijo de José (en plano legal, nacional). Por eso, su pregunta no es para que respondamos «sí» y de esa manera ratifiquemos el origen familiar de Jesús, sino para que  le distingamos de José, que a los ojos de esos nazarenos tenía que haber sido un buen “luchador” nacional, un partidario de la separación entre los “buenos” israelitas legales y los malos extranjeros. Por eso, la pregunta puede sonar de esta manera: «¿Cómo siendo hijo de José puede este Jesús comportarse como hace?».

Jesús inicia un camino de apertura universal que le separa de los buenos “nazarenos”, que quieren “capitalizar” la gracia de Dios sea para ellos. mientras que y la justicia o venganza de Dios caiga sobre los de fuera.

En este contexto se sitúa el refrán de Jesús que les responde diciendo, «un profeta no es bien recibido en su tierra» (Lc 4, 24), porque el profeta, si lo es de verdad, debe proclamar la gracia de Dios para todos (rompiendo así el monopolio de los nazarenos legales y de unos “fieles del sistema vaticano”, que parecen colocarse por encima del evangelio). Por eso, en general, los profetas verdaderos han sido y son asesinados, como seguían diciendo muchísimos judíos (y cristianos) desde el siglo VI a.C. en adelante. Leer más…

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Fracaso de Jesús en Nazaret. Domingo 4º. Ciclo C.

Domingo, 30 de enero de 2022

Jesus - expulsoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Como en una serie de televisión, el evangelio de este domingo comienza recordando lo contado en el episodio anterior. Jesús ha leído en la sinagoga de Nazaret un texto de Isaías que proclama una buena noticia a los pobres, ciegos, prisioneros, oprimidos. Cuando termina, afirma: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». ¿Cómo reaccionará el auditorio a estas palabras? Es lo que se cuenta en el evangelio de hoy, en el que podemos distinguir tres momentos: la reacción inicial del auditorio, un ataque desconcertante de Jesús, y la reacción final de los nazarenos.

La reacción inicial del auditorio

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»

            Aparte de leer a Isaías, Jesús no ha dicho prácticamente nada. Sin embargo, Lucas indica de inmediato la triple reacción de los presentes: aprobación, admiración y desconcierto. Al parecer, les gusta lo que han oído, pero no comprenden que lo diga alguien a quien conocen desde pequeño.

Un ataque desconcertante de Jesús

            Si Jesús hubiera sido un político, habría aprovechado la ocasión para ganarse más aún al auditorio, solventando las posibles dudas sobre su autoridad. Sabe lo que esperan de él: no que lea textos de la Biblia sino que haga milagros. Le bastaría realizar algunos parecidos a los que ha hecho en Cafarnaúm para que todos le aplaudan y crean en él.

            Sin embargo, se niega a ello e incluso adopta una postura agresiva. Sin que los nazarenos hayan dado motivo, Jesús da por supuesto que lo van a rechazar. No se basa en nada concreto que hayan hecho o dicho, sino en un proverbio:“Ningún profeta es bien mirado en su tierra”. En consecuencia, tampoco él mira bien a los nazarenos y no hará allí ningún milagro. Igual que Elías fue enviado por Dios a ayudar a una viuda fenicia, y Eliseo a un leproso sirio, él también se siente enviado a los paganos.

Y Jesús les dijo:

– «Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm.» Y añadió: «Os aseguro ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel habla muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos habla en Israel en tiempos del profeta Elíseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»

Reacción final de los nazarenos

            ¿Cuál sería la reacción lógica de los nazarenos? Levantarse e irse de la sinagoga, soltando probablemente bastantes maldiciones contra Jesús. Sin embargo, lo que cuenta Lucas es mucho más fuerte:

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.

. Un relato desconcertante

           Cuando se lee con atención el relato de Lucas surgen varias preguntas:

            ¿Por qué adopta Jesús una postura tan agresiva?

            ¿Por qué da por supuesto que lo van a rechazar?

            ¿Por qué compara su actitud con la de Elías y Eliseo, enviados a los paganos, cuando reconoce haber hecho milagros en Cafarnaúm, que no es una ciudad pagana sino israelita?

            ¿Por qué reaccionan los nazarenos de forma tan terrible, queriendo matarlo?

            Para responder a estas preguntas conviene recordar cómo cuenta Marcos la visita de Jesús a Nazaret.

La versión de Marcos

            Marcos cuenta la visita de forma muy distinta. Jesús ya es bastante conocido cuando vuelve a Nazaret con sus discípulos. Y ocurre lo siguiente:

“Un sábado se puso a enseñar en la sinagoga. Muchos al escucharlo comentaban asombrados: ¿De dónde saca éste todo eso? ¿Qué clase de sabiduría se le ha dado? Y, ¿qué hay de los grandes milagros que realiza con sus manos? ¿No es éste el artesano, el hijo de María, el hermano de Santiago y José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas? Y esto lo sentían como un obstáculo. Jesús les decía: “A un profeta sólo lo desprecian en su tierra, entre sus parientes y en su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo sanar a unos pocos enfermos a quienes impuso las manos. Y se asombraba de su incredulidad.”

            Las diferencias son claras. En Marcos, la reacción del auditorio no es de aprobación, admiración y desconcierto, sino de desconcierto y rechazo. Entonces es cuando Jesús recuerda que “a un profeta solo lo desprecian en su tierra”. Pero nadie intenta matarlo. Simplemente, no creen en él ni en su poder. Y Jesús se admira de su incredulidad.

Nazaret como símbolo

            ¿Por qué ha escrito Lucas un relato tan distinto? Porque él no ha pretendido contar lo ocurrido, sino convertir la visita de Jesús a Nazaret en símbolo de la relación de Jesús con el pueblo judío y con los paganos.

            Para ello, lo primero que hace es comenzar la actividad de Jesús con esta visita. Mientras Mateo y Marcos dicen que Jesús comenzó predicando por los pueblos y aldeas de Galilea, sin concretar cuáles, Lucas nos sitúa en la sinagoga de Nazaret. Sabe que Jesús no fue aceptado por los nazarenos, ni tampoco por su familia, que lo consideraba medio loco. Recoge y lleva al límite ese rechazo, convirtiéndolo en símbolo de la oposición de la mayor parte del pueblo judío, que terminó provocando su muerte.

            En el Nuevo Testamento se indican distintos motivos por los que Jesús entró en conflicto con las autoridades judías: por no observar el sábado, por ser un peligro desde el punto de vista político… En el relato de Lucas, el motivo principal de conflicto es el nacionalismo de los que quieren un Mesías al servicio exclusivo de Israel, mientras que Jesús se ve enviado a toda la humanidad. Pero nadie debe escandalizarse de eso, mucho menos los judíos: también Elías y Eliseo fueron enviados por Dios a los paganos en unos momentos en que los israelitas estaban muy necesitados de ayuda.

La primera lectura (Jeremías 1,4-5. 17-19)

            Ha sido elegida para probar que “ningún profeta es bien visto en su tierra”. Al contrario, encuentra la oposición de los más diversos estamentos del país: reyes, príncipes, sacerdotes, grandes propietarios (el término “gente del campo” fue cambiando de sentido, pero parece que aquí se refiere a los propietarios de grandes fincas).

En los días de Josías, recibí esta palabra del Señor:

«Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta de los gentiles.

Tú cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando.

No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos.

Mira; yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo.

Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte.»

Oráculo del Señor.

Las palabras finales coinciden muy bien con el final del evangelio, donde Jesús pasa serenamente entre quienes intentan matarlo y se aleja. Con una gran diferencia: Jeremías se verá libre gracias a la compañía de Dios; Jesús tiene en sí mismo el poder para enfrentarse al enemigo. Cuando muera será porque él lo acepta libremente.

Reflexión final

            El evangelio de hoy podría interpretarse como un ataque al nacionalismo político. En parte lo es, porque los judíos identificaban religión y política. Pero el ataque de Jesús se dirige sobre todo al “nacionalismo” religioso. Aplicándolo a nuestros días, a los cristianos que pensasen que son los elegidos de Dios y los únicos que merecen su atención. Cabe el peligro de parecernos a los nazarenos, de pecar de exclusivistas al hablar de la salvación de Dios.

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30 de Enero. Domingo IV. Tiempo Ordinario

Domingo, 30 de enero de 2022

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“Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo… Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.”

(Lc 4, 21-30)

Con lo bien que había empezado todo… La semana pasada Jesús volvía con la fuerza del Espíritu y anunciaba una Buena Noticia. Y, además, nos decía que más que una noticia era una realidad, era nuestra realidad, pero veinte versículos después todo ha cambiado.

El clima ha dado un vuelco radical. Quienes “expresaban su aprobación y se admiraban” ahora están furiosos y quieren acabar con Jesús.

¿Qué ha pasado? Que Jesús nos ha dicho nuestra verdad, toda nuestra verdad, la imagen que somos, pero también las sombras que queremos ocultar. No se ha callado nuestra mediocridad. Nunca se calla. Y nuestro orgullo se revela.

Viene y despierta nuestros demonios, aquellos con los que ya nos hemos acostumbrado a vivir. A fin de cuentas no somos malas personas. Es más, para lo que se ve por ahí, somos de lo mejorcito que hay.

Este Jesús, ¿quién se cree que es?

Somos buena gente y acabamos pensando que tienen que pasarnos cosas buenas. ¿Por qué va a ser Jesús menos generoso con nosotras que somos buenas que con los de Cafarnaúm?

Queremos los milagros, queremos los dones y bueno, Jesús también se puede quedar… Pero que no nos falte la salud, ni tampoco a nuestros seres queridos. Que tengamos trabajo y un buen sueldo. Que gane mi equipo de futbol y ya de paso que el año que viene me toque la lotería de Navidad. A fin de cuentas, soy buena gente.

Pero ahora viene Jesús a decirnos lo que nos falta, a decir en voz alta aquello que tanto nos esforzamos por silenciar. ¿Quién se ha creído que es? Nos enfadamos, y con razón.

¿Quién se cree que es ese conductor para pitarme? ¿O esa dependienta para ponerme mala cara? ¿Quiénes se creen que son los funcionarios para hacerme esperar? ¿Quién se cree que es el crío ese para faltarme al respeto? Todos juntos y cada uno por separado son Jesús viniendo a despertar nuestros demonios, nuestras mediocridades. ¡Ah! Y también viene con la apariencia cercana de: marido, hijos, mujer, hermanos. En sus gestos más desagradables, precisamente en los que nos enfurecen.

Por eso también nosotros, más de una vez, queremos despeñarlo. Sacar a ese molesto Jesús de nuestro pueblo. Sí, también nos pasa. Pero tampoco es para asustarse. Jesús no se asusta. Solo se aleja para que podamos tomar la perspectiva necesaria.

Oración

Te presentamos, Trinidad Santa, nuestras oscuridades, esas que son el verdadero motivo de nuestros enfados. ¡Ilumínalas! y serán luz. Amén.


*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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La verdadera salvación no vendrá de fuera, ya la tenemos dentro.

Domingo, 30 de enero de 2022

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DOMINGO 4º (C)

Lc 4,21-30

Seguimos con el tema del domingo pasado. “Hoy se cumple esta escritura”, pero no va a ser como esperan los de su pueblo. En todos los evangelios se habla de los milagros de Jesús como manifestación de su divinidad pero, a la vez, se critica que pretendan poner en las curaciones la salvación ofrecida por Jesús. Una salvación por el poder de Dios, directo o a través de un intermediario, no tiene sentido. Seguimos arrastrando la idea de un dios todopoderoso que pondrá su poder a mi servicio si cumplo unos requisitos.

Hoy se cumple esa Escritura en cada uno de nosotros. Dios la cumple siempre sin tener que hacer nada. Que se cumpla hoy depende exclusivamente de mí. Por no tener en cuenta estos dos planos, la religión nos ha metido por un callejón sin salida y nos ha hundido en la miseria. Seguimos esperando que Dios haga que me toca hacer a mí. Soy yo el que tengo que preguntarme: ¿cumplo yo hoy esa escritura que acabáis de oír?

La Iglesia, ya desde muy pronto, prefirió potenciar en Jesús la idea de Hijo de Dios y se olvidó de la de Mesías; aunque está claro que en los orígenes querían decir lo mismo. Así, la salvación que se pensaba como acontecimiento que debía darse en la historia, se convirtió en la salvación trascendente y ahistórica para el más allá. El mordiente que encerraba la imagen del Mesías se disolvió como un azucarillo. Jesús ya no necesita hacer presente la liberación desde la historia sino desde la estratosfera de su divinidad.

Hemos leído: “todos le daban su aprobación y se admiraban”. Pero hay una alternativa: El verbo (martyreo) = dar testimonio, que se traduce por “dar su aprobación”, cuando está construido con dativo, significa “testimoniar en contra”. Por otra parte, (thaumazo) = Admirarse, significa también extrañarse. La traducción sería: “todos se declaraban en contra, extrañados del discurso sobre la gracia (para todos) que salía de sus labios”. Así cobra sentido la respuesta de Jesús, que de otro modo, parece que inicia él la gresca.

La importancia de suprimir la última frase del texto de Isaías queda más clara con la explicación que da hoy Jesús. Tiene que rectificar el texto de Isaías, pero menciona a otros dos profetas que avalan esa aparente mutilación. Elías y Eliseo son ejemplos de cómo actúa Dios con relación a los no judíos. Para entenderlo hoy, podíamos decir que Elías atendió a una viuda libanesa y Eliseo a un general sirio. ¡Qué poco han cambiado las cosas! La atención a la viuda de Sarepta y Naamán el sirio deja en evidencia la pretensión de salvación exclusiva que los judíos, como pueblo elegido, pretendían.

El evangelista quiere subrayar que este argumento contundente, no solo no les convence, sino que provoca la ira de sus vecinos que se sienten agredidos porque les echa en cara su ceguera. La tradición de Mc, que copia Mt, no hace alusión ni al texto de Isaías ni a Elías y Eliseo. Esto indica la intención de recalcar la oposición de sus paisanos. Los primeros cristianos se esforzaron por proponer a Jesús como continuación del AT aprovechando cualquier resquicio para demostrar que en él “se cumplen las Escrituras”. Jesús sobrepasó, con mucho, todo lo que pudieron insinuar las Escrituras.

¿No es este el hijo de José? La razón para rechazar las pretensiones de Jesús es que es uno del pueblo, conocido de todos. La grandeza de Jesús está en que, siendo uno de tantos, fue capaz de descubrir lo que Dios esperaba de él. Jesús no es un extraterrestre que trae de otro mundo poderes especiales, sino un ser humano que saca de lo hondo de su ser lo que Dios ha puesto en todos. Habla de lo que encontró dentro de sí mismo y nos invita a descubrir y vivir en nosotros lo mismo que él descubrió y vivió.

El primer rechazo que sufre Jesús en Mateo no viene de los sumos sacerdotes ni de los escribas o fariseos, sino del pueblo sencillo. Sus paisanos ven que no va a responder a las expectativas del judaísmo oficial, y se enfadan. Cualquier visión que vaya más allá de los intereses del gueto (familia, pueblo, nación) será interpretada como traición a la institución. Las instituciones tienen como primer objetivo la defensa de unos intereses frente los intereses de los demás. Incluso nuestra manera de entender el ecumenismo responde, la mayoría de las veces, a esta dinámica contraria al evangelio.

No pueden aceptar un mesianismo para todos. Ellos esperaban un Mesías poderoso que les iba a librar de la opresión de los romanos y a solucionar todos los problemas materiales. Si Jesús se presenta como tal liberador, ellos tenían que ser los primeros beneficiarios de ese poder. Al darse cuenta de que no va a ser así, arremeten contra él. El odio es siempre consecuencia de un amor imposible. El evangelista echa mano del AT para demostrar que los profetas ya habían manifestado esa actitud de Dios a favor de los extranjeros. Quiere decir que su mensaje no es contrario ni ajeno a la Escritura.

El Dios de Jesús no puede tener privilegios, ama a todos infinitamente. Dios no nos ama por lo que somos o por lo que hacemos. Dios nos ama por lo que Él es. Ama igual al pobre y al rico, al blanco y al negro, al cristiano y al musulmán, a la prostituta y a la monja de clausura, a Teresa de Calcuta y a Bin Laden. En algún momento de esta escala progresiva nos patinarán las neuronas. Es más de lo que podemos aguantar. Nos pasa lo que a los paisanos de Jesús. Mientras sigamos pensando que Dios me ama porque soy bueno, nadie nos convencerá de que debemos amar al que no lo es.

Jesús viene a anunciar una salvación de todas las opresiones. Pero esa salvación no depende de Dios ni de un intermediario sino de cada uno de nosotros. Su salvación no va contra nadie, sino a favor de todos. Ahora bien, no debemos ser ingenuos, lo que es buena noticia para los oprimidos, es mala noticia para los opresores. De ahí que, en tiempo de Jesús, y en todos los tiempos, los que gozan de privilegios se opongan a esa práctica liberadora. Si no estamos dispuestos a liberar al oprimido, somos opresores.

Tenemos que comprender que el opresor no hace mal porque daña al oprimido, sino que hace mal porque se hace daño a sí mismo. El que explota a otro le priva de unos bienes que pueden ser vitales, pero lo grave es que él mismo se está deteriorando como ser humano. El daño que hace le afecta al otro en lo accidental. El daño que se hace a sí mismo le afecta en lo esencial. El que muere por mi culpa puede morir repleto de humanidad; pero yo, al causar su muerte, me hundo en la más absoluta miseria.

¿Hemos caído en la cuenta de que lo único que puede garantizar mi religiosi­dad es el servicio a los demás? ¿Nos hemos parado a pensar que sin amor no soy nada? Ahora bien, el único amor del que podemos hablar es el amor a los demás. Sin éste, el amor que creemos tener a Dios, es una falacia. La única pregunta a la que debo contestar es esta. ¿Amo sin exclusión? Sin amor, nuestra vida cristiana se convertirá en un absurdo.

Meditación

Ignoramos lo que realmente somos.
Tú eres, como Jesús, ungido.
Estás capacitado para la tarea que debes realizar.
Cuando despliegues tu verdadera salvación,
estarás en condiciones de ayudar a otros a encontrarla.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Camino de espinas

Domingo, 30 de enero de 2022

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Lc 4, 21-30

«… lo llevaron a un barranco del monte sobre el que estaba edificada la ciudad…»

Tenemos tendencia a pensar que la vida pública de Jesús tuvo dos etapas distintas; la primera gloriosa en Galilea con multitudes que le seguían entusiasmadas, y la segunda dramática en Jerusalén, donde fue sometido a pasión y muerte.

Pero ésta es una percepción errónea, o al menos incompleta, porque la predicación de Jesús estuvo siempre marcada por la incomprensión. Ni sus discípulos más cercanos le entendían, y aunque le seguían fascinados, tuvo que morir para que le entendiesen y creyesen en él (Jn 20,8). En esta situación, no es difícil imaginar que en muchos momentos Jesús se habría sentido frustrado y fracasado.

¿Pero, por qué no le entendían?…

Pues porque eso era lo natural. Su misión era proclamar a Abbá —el Padre que nos ha engendrado por amor y nos perdona siempre y sin condiciones—, y precisamente en el origen de la misión estaba también el origen del problema; porque Abbá tenía poco que ver con el Dios que proclamaban los doctores y los santos de Israel.

Ambos colectivos habían rechazado su mensaje desde el principio y se habían posicionado inequívocamente en su contra. Y no les faltaba razón. Habían consagrado su vida al Dios de Abraham, al Dios de Moisés, en definitiva, al Dios de la Tradición, y aquella nueva doctrina era para ellos la mayor de las imposturas. No les cabía duda de que aquel nazareno que la pregonaba era un farsante; y además un farsante peligroso, porque si triunfaba, ellos —junto a los sacerdotes— serían los más perjudicados.

Pero, aparte de escribas y fariseos, para cualquier israelita la conversión a Abbá suponía abandonar al Dios de sus padres, renunciar a la tradición y lanzarse al vacío, y éste era un plato demasiado fuerte para el que no estaban preparados. Por eso, todo cuanto le oían decir lo amoldaban a la horma de sus tradiciones, y todo acababa interpretándose en clave política. Les entusiasmaba lo de Jesús, pero no podían aceptar que aquello pudiese entrar en conflicto con sus creencias milenarias.

Como decía Ruiz de Galarreta: «Los judíos estaban dispuestos a aceptar que “Jesús era el Mesías”, pero Jesús les invita a otra aceptación: aceptar que “el Mesías era él”, y no lo que esperaban, sino otra cosa muy distinta…»

La consecuencia fue que sufrió un permanente acoso, que en Nazaret trataron de despeñarlo, que los fariseos le acusaron de blasfemo y de actuar en nombre de Belcebú, y que sus familiares se lo quisieron llevar porque pensaban que estaba loco. Finalmente, una muchedumbre quiso proclamarle rey, y al negarse, se produjo tal desbandada entre sus seguidores que tuvo que replantearse todos sus planes.

Cuando subió a Jerusalén por la Pascua, ocurrió que los levitas lo prendieron, el sanedrín lo condenó a muerte y los romanos lo crucificaron… Ciertamente no fue un camino de rosas, pero tuvo el coraje de mantener su compromiso hasta el final.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

 Fuente Fe Adulta

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Una larga tradición profética que llega hasta hoy.

Domingo, 30 de enero de 2022

images(Lc 4, 14-30)

Domingo IV T.O. ciclo C

Lc 4, 21-30

Jesús ofrece su enseñanza en diferentes lugares. A veces enseña en la montaña o en lugares abiertos. Otras veces, como en este caso (Lc 4,21-30), enseña en la sinagoga. Sigue los métodos de enseñanza de los judíos, que proclaman un texto profético y lo explican. Lo que dice Jesús es que los textos no son algo del pasado. La acción de Dios, al igual que aconteció en tiempos de los profetas, sigue estando vigente: “Hoy se ha cumplido esta Escritura”. Esta no es una enseñanza solo para el tiempo de los profetas o para el tiempo de Jesús. El hoy es siempre actual. Hoy, podemos decir también nosotros los habitantes del año 2022, que se cumple la palabra de Dios anunciada por los profetas y recordada y enseñada por Jesús.

Los oyentes, según el relato, no entienden esto y creen que la cuestión se centra solo en Jesús. Para ellos él es un judío normal, el hijo de José. Pero Jesús vuelve a indicar que se trata de una larga tradición de profetas, de la que él es parte, y que la profecía es también actual. Pero que, en esa misma línea, los profetas fueron rechazados y, por lo tanto, él también lo será. En principio no parece que nadie lo rechace. Sin embargo, al advertirles Jesús de una actitud de no aceptación, se muestra la verdadera intención de los oyentes. Quieren signos y milagros que muestren la autenticidad de sus palabras, que corroboren lo que dice. Pero las acciones de Jesús nunca responden a reclamos soberbios, sino que son acciones de misericordia ante los sencillos y necesitados. Jesús no va a acceder a sus pedidos. Y eso genera rechazo. Al igual que todos los profetas, Jesús será rechazado porque muestra la misericordia de Dios para con los humildes y rechaza a los que se creen dueños de la verdad.

La larga tradición profética sigue vigente hoy. Las acciones de misericordia de Dios siguen siendo percibidas entre los necesitados y los que tienen una fe confiada. Por el contrario, quienes reclaman signos, no los verán. El hoy de la salvación está en juego.

Paula Depalma

Fuente Fe Adulta

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Fanatismo: El peligro de absolutizar las creencias.

Domingo, 30 de enero de 2022

8A8E4B2E-88B0-4AE0-8BA1-710D6ED28D66Domingo IV del Tiempo Ordinario

30 enero 2022

Lc 4, 21-30

Más allá de que algún redactor mezcló aquí dos textos que no guardaban relación entre sí -solo así se explica la contradicción manifiesta que, sin solución de continuidad, transforma la aprobación en escepticismo e incluso en furia-, resulta llamativa la reacción de sus paisanos: les bastó que Jesús manifestase una actitud “universalista” para que quisieran despeñarlo.

En la etapa mítica de la humanidad -y en las personas que viven en ese nivel de consciencia-, el propio grupo y la propia creencia se absolutizan: el propio punto de vista se identifica con la verdad y el propio grupo (tribu, pueblo, raza, partido político, comunidad religiosa…) es el único portador de la misma.

La absolutización de la creencia se halla en el origen de todo dogmatismo, fundamentalismo y fanatismo excluyente. Quien se cree poseedor de la verdad apenas podrá tolerar a quien piensa diferente. De hecho, a lo largo de la historia, la pretensión de poseer la verdad se ha traducido en amenaza para todos aquellos que no compartían las creencias del grupo dominante. Una amenaza que iba desde el afán de convencerlos (“convertirlos” a la verdad) a la eliminación o la condena de quienes eran tachados de “herejes”.

Apenas tomamos un poco de distancia y conocemos mejor cómo funciona nuestra mente, unido a la capacidad de relativizar la propia perspectiva, nos hacemos conscientes de que toda creencia es solo un constructo mental -una creación de la mente- en el que intentamos plasmar nuestra particular lectura de la realidad. En ese sentido, se trata apenas de un “mapa” que, en el mejor de los casos, puede orientarnos en la búsqueda del “territorio”.

El problema surge siempre que el mapa se absolutiza, hasta el extremo de confundirlo con el propio territorio. Una vez generada la confusión, el sufrimiento será inevitable: la creencia se habrá convertido en un arma arrojadiza contra cualquier persona discrepante. En ese mismo instante, deja de interesar la verdad; lo que se busca es la imposición a cualquier precio.

Se ha olvidado que el mapa no es el territorio, la miel no es el dulzor y la creencia no es la verdad.

¿Soy capaz de relativizar mis puntos de vista?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Todos en la vida necesitamos amar y ser amados.

Domingo, 30 de enero de 2022

islas-de-misericordia-amor-corintios-pDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Hoy nos fijamos en la lectura de San Pablo a los corintios:

  • Un canto al amor.

La reforma litúrgica que realizó el Concilio Vaticano II (Constitución: Sacrosanctum Concilium) dispuso que en las Eucaristías de los días de fiesta leyéramos tres lecturas: normalmente la primera lectura tomada del Antiguo Testamento, la segunda del Nuevo T y la tercera tomada del Evangelio.

En la práctica, las homilías versan normalmente sobre el Evangelio.

Sin embargo hoy vamos a centrarnos en el texto sobre el amor que S Pablo escribió a los cristianos de Corinto. Es un canto al amor.

02.- La dimensión humana del amor.

    El amor no es una dimensión, un valor específicamente cristiano, es una dimensión y una necesidad humana. Probablemente el amor es la dimensión más importante y más primaria y necesaria de la vida.

    Todos en la vida necesitamos amar y ser amados.

    Podemos vivir –hemos vivido- sin libertades cívicas en la época de la dictadura, podemos vivir en una gran escasez humana (como la que todavía recordamos de la “época del hambre” en la larga posguerra), podemos vivir con poco dinero, nos puede amenazar la represión sociopolítica y eclesiástica.

    Lo que no podemos vivir sanamente es sin amor.

    Me parece a mí que el no haber conocido, no haber experimentado el amor familiar, el amor que la misma condición humana despierta en el transcurrir de la vida, el no sentirse querido en la vida, en la comunidad, en la amistad, es fuente de graves problemas personales, psicológicos, problemas de madurez personal y de serenidad en la vida, y es fuente, a su vez, de desequilibrios, de fanatismos fundamentalistas político-religiosos, etc. (El que se siente amado y ama no es fanático, no es, no puede ser fundamentalista).

Quien más, quien menos, hacemos cábalas y nuestras quinielas acerca de quien pueda ser el próximo obispo de San Sebastián. Quiera Dios que nos manden (triste afirmación: “que nos manden”), pero cuando menos que sea un hombre bueno y bondadoso. ¿Progresista? ¿guipuzcoano? ¿Muy inteligente? Que sea bueno, que sepa amar: basta.

Juan XXIII no era un hombre especialmente progresista, ni brillante intelectualmente, pero Juan XXIII era un hombre bueno, amaba.

03.- Amor.

El amor es lo único que hacer salir al ser humano de su guarida, de su propio “yo”. Quien se pasa la vida pensando en sí mismo, es imposible que llegue a abrirse por el amor a los demás: ni a la Verdad, ni se alegre del bien ajeno, ni respete los modos y estilos de vida de los demás. Quien vive pensando todo el día –y toda la vida- en sí mismo, en su salud, en su economía, en sus derechos, en su patria, en su dogma, en lo que le corresponde, ese tal no vive, porque no ama.

    En el fondo el amor es una postura inteligente propia solamente del ser humano. Las posiciones de odio y venganza, de mantener enfrentamientos, las posiciones enquistadas, de agresión fanática no es que sean solamente éticamente malas, sino que más bien son poco inteligentes: aunque solamente sea por el hecho de que se vive mejor en paz que en guerra. Los odios, enrocamientos, los “no diálogos”, los atrincheramientos fanáticos político-eclesiásticos son posiciones poco inteligentes, propias de etapas anteriores a Atapuerca.

Por otra parte El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. (1Juan 4,8.21).

04.- Dimensión política del amor.

    Llama poderosamente la atención cómo en la vida social, política, incluso eclesiástica, hay dimensiones casi completamente ausentes, entre ellas el amor, el perdón, la verdad, la esperanza, la alegría por el bien ajeno, la afabilidad, que curiosamente son los valores de Cristo y son valores que construyen personas. Más bien en nuestra sociedad predominan la competitividad, la lucha, el poder, la venganza, el brillo social, las multinacionales que explotan y son los rectores del poder.

    Curiosamente estos valores: amor y perdón no tienen cabida en la vida sociopolítica.

Sin embargo, el amor, el amor cristiano tiene una vertiente política (polis significa: ciudad), que nos ha de llevar al compromiso cívico con los pobres, con una sociedad más justa, con trabajo, con perdón.

Hay problemas sociales que no verán la solución solamente con medidas políticas, legislativas, policiales, etc. La violencia de género, la agresividad (agresiones) sexuales, la higiene-salud mental necesitan “otros tratamientos” como son la educación para el respeto, el amor, la esperanza, la educación, el valor de la persona en sí misma.

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Cuarto domingo después de Epifanía, por el pastor Rubén Bernal Pavón

Domingo, 30 de enero de 2022

jesus-christ-light-of-the-world-1401917-galleryEl programa inclusivo de Jesús

Comentario del San Lucas 4: 21-30

Continuamos el pasaje de la semana anterior. Jesús ha expuesto el texto de Isaías ante la audiencia de la sinagoga y tiene sobre él toda la atención (v. 20). Explica a los asistentes que estas palabras de las Escrituras han sido cumplidas delante de ellos (v. 21). Si bien el programa de Jesús está volcado hacia las personas pobres, excluidas u oprimidas, ahora veremos que el evangelista ha querido enseñar que este ministerio del Mesías no se circunscribe únicamente al pueblo judío.

En el v. 22 la gente reacciona con asombro planteando la pregunta “¿no es éste el hijo de José?” Esta familiaridad de conocerle a él o a su familia les lleva a considerarle incapaz de ser la persona a través de quien se cumpliría aquella promesa. La pregunta esconde un segundo prejuicio que queda manifestado en los vv. 25-29, pues no toleran que el mensaje y la acción de Jesús les recuerden el favor de Dios hacia los gentiles.1

Jesús podría haber mantenido un discurso que le hubiese conservado su “honor” conforme a los paradigmas sociales, pero prefiere realizar una defensa de sí mismo y de su programa que le conduce al menosprecio de la gente.2 El desprecio va a ser tan grande que sus nuevos enemigos, en vez de humillarle a golpes,3 van más allá prendiéndolo para despeñarle y atentar contra su vida. Esto se debe a que Jesús pasa a ser considerado una amenaza para el orden social. De este modo, al principio de su evangelio, Lucas enseña que el mesianismo de Jesús tendrá oposición y rechazo, y que su legítimo honor, como veremos a lo largo del evangelio, será únicamente reconocido por quienes creen en él, principalmente personas socialmente indefensas e incapaces de defender el honor propio (según la Biblia esta indefensión es ejemplificada principalmente por huérfanos, viudas, extranjeros, etc.).4 Jesús no solo se pone de lado de los débiles, sino que pierde su propio honor por defender el de ellos. Es más, en lugar de regirse por los estereotipos sociales y las apariencias (Mc 12:14), en su trato con los demás no hace acepción de personas.

Lucas, que redacta su evangelio para una comunidad compuesta por judíos y gentiles, también trata de explicar cómo Jesús, siendo el Mesías, tiene el rechazo de la mayor parte del pueblo escogido mientras que, por el contrario, es acogido por muchos paganos (sugeridos en la viuda de Sarepta mencionada en el v. 26 y Naamán el sirio mencionado en el v. 27). En los años en que Lucas escribe, los creyentes se enfrentan al problema teológico de la incredulidad judía respecto a Jesús.5

Cuando Jesús expone en los vv. 24-27 la atención de Dios a personas paganas como la viuda de Sarepta y Naamán el sirio, la audiencia de la sinagoga se siente herida en su honor por estas pretensiones inclusivas y se llenan de ira (v. 28). Por tanto, no es que el auditorio allí congregado se ofenda porque Jesús se aplique a sí mismo y a su ministerio el tiempo del fin,6 ni se trata meramente de personas que en su orgullo rechazan la voluntad de Dios (aunque hay algo de eso).7 El problema es que Jesús argumenta que ante Dios no hay ningún favoritismo por el hecho de ser judío. La noticia de liberación conforme al texto de Isaías que Jesús expone es una buena noticia para todas las personas. Sin embargo, como ya se insinúa en el pasaje, la misión de Jesús tendrá que pasar por un aparente fracaso y por el continuo rechazo que finalmente le conducirá a la muerte.8

El evangelista apunta que el pueblo, desde su nacionalismo exclusivista, había renegado del propósito original de ser una nación escogida para ser luz de las naciones (Dt 7:6-8; Is 49:6,8), y que Jesús recupera y cumple este propósito universal hacia todos los pueblos (cf. Is 49:6). La cuestión está ahora en manos de su comunidad de seguidores.

Resulta evidente que Jesús, tras la lectura del pasaje de Isaías en la sinagoga, está declarando que entre los beneficiarios del jubileo, del perdón y la liberación, están también los extranjeros, lo que supone una auténtica bofetada para los oyentes que sufrían la dominación romana.9 Por tanto, hay una relación con su enseñanza pública sobre el amor a los enemigos (Mt 5:44).10 El jubileo escatológico esperado, desde la óptica de Jesús, contiene el perdón de las deudas de Israel, pero, en vez de incluir el castigo a los enemigos como lo expresaba Isaías, Jesús expone que las buenas noticias son también para esas mismas naciones enemigas.11 Implica la reconciliación de Dios con los seres humanos, y de los seres humanos entre ellos.

Tenemos un pasaje potente contra las actitudes exclusivistas, clasistas o racistas,12 y contra quienes hacen “uso” de Dios para estas causas. Al mismo tiempo es un texto que nos habla de inclusión y de aceptación en el pueblo de Dios y nos abre la esperanza de un jubileo escatológico para toda la humanidad.

Durante el discurso en la sinagoga, Jesús habló a un número de personas que podían haberse unido a su proyecto. Sin embargo, la sujeción a la normatividad social y los prejuicios les impidieron el seguimiento. ¿Qué prejuicios sociales nos llevan hoy a rechazar a Jesús con nuestros actos? ¿Cuál es nuestro trato hacia las personas social y culturalmente rechazadas?

El Espíritu nos lleva a aceptar incluso a quienes consideramos socialmente impuros pues, como señala un texto lucano de Hechos: “… a mí me ha mostrado Dios que a nadie llame común o impuro” (Hch 10:28b), puesto que “Dios no hace acepción de personas” (Hch 10:34b).


Notas

  1. S. S. PARK, La fe del carbonero, 1ª ed. (Valladolid: Camino Viejo, 2020), 28.
  2. Es decir, en el paradigma honor y vergüenza, la vergüenza es entendida como un valor positivo que sirve para conservar la dignidad dentro de las reglas de la interacción humana. Cf. B. J. MALINA, El mundo del Nuevo Testamento. Perspectivas desde la antropología cultural. 2ª ed. (Estella: Verbo Divino, 2016), 70-71.
  3. MALINA, El mundo del Nuevo Testamento.59-60.
  4. MALINA, El mundo del Nuevo Testamento.63.
  5. RODRIGUEZ CARMONA, “La obra de Lucas (Lc-Hch),” en: R. AGUIRRE y A. RODRIGUEZ, Evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles. Nueva edición actualizada y ampliada (Estella: Verbo Divino, 2012), 447.
  6. Esta opinión aparece en: C. S. KEENER, Comentario del contexto cultural de la Biblia. Nuevo Testamento (El Paso: Mundo Hispano, 2003), 196.
  7. M. HENRY, Comentario de la Biblia Matthew Henry. 1ªed. (Miami: Unilit, 1999), 779.
  8. D. MARGUERAT- Y. BOURQUIN, Cómo leer los relatos bíblicos. Iniciación al análisis narrativo (Santander: Sal Terrae, 2000), 277.
  9. N. T. WRIGHT, Sencillamente Jesús. 2ª ed. (Madrid: PPC, 2018), 98-99.
  10. WRIGHT, Sencillamente Jesús, 99.
  11. WRIGHT, Sencillamente Jesús, 100.
  12. L. M. RUSSELL, La Iglesia como comunidad inclusiva: una interpretación feminista de la Iglesia (San José/Buenos Aires: Universidad Bíblica Latinoamericana/ISEDET, 2004), 144.

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