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Hoy el lavatorio de los pies es la ayuda a los demás, el trabajo del personal sanitario, el consuelo a quienes sufren

Jueves, 9 de abril de 2020

icono-del-lavatorio-de-los-pies-40x60-cmDel blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

Meditación para el jueves santo

  1. Sabiendo Jesús que estaba llegando su hora.

         La “hora” llega con la nueva Pascua (no con la de los judíos), que Jesús se dispone a celebrar: pasar de este mundo a Dios Padre.

Se trata del nuevo Éxodo, de la libertad definitiva.

         En nuestra vida también hay muchas “horas”, momentos cruciales, pasos difíciles, la pandemia que estamos sufriendo es uno de los “valles oscuros” que nos ha tocado vivir en nuestra existencia.

         Para Jesús llegaba no tanto la “hora” de la muerte”, sino de la vida. Y esa “hora” es la fuente de la vida. Es fuente de una gran esperanza.

         Es bueno que científicos, médicos, políticos y todos los ciudadanos trabajemos por la vida, por curar o salir de esta pandemia, pero la hora llega, llegará.

         Detrás de los problemas de la ciencia, están los problemas de conciencia. Quiera Dios que salgamos con bien de esta pandemia, pero detrás de ella sigue en pie el problema de la muerte y del sentido de la vida.

         Que nuestra hora sea la de Jesús: la hora de vivir.

  1. Jesús se reúne con los suyos.

         Los “suyos somos todos”: en la misma mesa están Jesús, los discípulos, Pedro: hombre de poder, Judas: traidor, el Discípulo que se siente amado por Jesús.

         Probablemente en nuestra vida ha habido y hay  momentos de todos esos “personajes”. Como a Pedro, también a nosotros nos gusta el poder; tal vez hemos sido algo “Judas” en la vida, en todo caso, todos y siempre somos amados por JesuCristo.

         Nos encontremos como nos encontremos, Dios es amor. Jesús se reúne siempre con los suyos, que somos nosotros. En estos momentos de enfermedad podemos sentir la lejanía de Dios. Sin embargo Jesús no nos deja solos, está reunido con nosotros: No os dejaré huérfanos, (Jn 14,18). Dios permanece, sufriente, con nosotros.

Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios y Dios permanece en él. (Jn 4,8)

  1. Lavar los pies.

El relato evangélico tiene un cierto tono solemne. Es una de  esas “ironías” que emplea el evangelista san Juan. Enmarca con gran solemnidad un gesto tan pobre y cotidiano como lavar los pies de los suyos.

El lavatorio no tiene lugar al comienzo de la Cena. No es un rito de purificación judío ni religioso, sino que tiene lugar en el transcurso de la cena. El servicio es una actitud central y fundante de la Iglesia.

Extrañamente en la Última Cena del evangelio de san Juan no hay Eucaristía. El pan de vida lo ha resuelto en el cp 6, en la multiplicación de los panes: Yo soy el pan de Vida.

A lo largo del tiempo de su vida pública, Jesús había comido frecuentemente con pecadores y publicanos, que eran auténticas eucaristías, comidas, encuentros salvíficos.

En la última Cena del evangelio de San Juan, el centro lo ocupa Jesús servidor, esclavo, que lava los pies a los suyos y un Jesús que ama hasta el final: servicio y amor.

  1. Servicio y amor en la iglesia.

Estamos viviendo esta ingente crisis de salud y de vida.

Resulta reconfortante ver tantos gestos de cercanía, de ayuda, de servicio: familias y vecinos que se ayudan, el personal sanitario que se entrega vocacionalmente a salvar vidas, voluntariado, instituciones, etc. Ese es el lavatorio de los pies de nuestro momento: ese es el servicio de hoy

Este año no hay Misas, ni procesiones (la procesión va por dentro). La Iglesia es una comunidad que nace no del poder, ni de la pomposidad de los ritos y procesiones, sino del lavatorio de los pies, del servicio. Hace bien que el obispo de Roma, Francisco, desee y repita con frecuencia el deseo de una “iglesia pobre y para los pobres donde se viva el amor, incluso la ternura” (Francisco).

Esta es la Iglesia del Jueves Santo: Una iglesia de servicio y amor a los débiles, una Iglesia que se quita el manto de Señor, (la muceta pontifical o de poder) y celebra la Eucaristía con los que sufren física o moralmente, una iglesia que sirve y ama, una iglesia que no impone, sino que sirve.

Os he dado ejemplo: haced vosotros lo mismo

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