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Archivo para julio, 2018

¡Basta que tengas confianza!

domingo, 1 de julio de 2018
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canaanite%2bwoman%2band%2bjesusMc 5, 21-42

Del final del c. 4 de Mc, pasamos al final de c. 5. En este capítulo, antes del relato que vamos a leer, se narra un episodio muy raro: Jesús cura a un endemoniado y permite que los espíritus inmundos se metan en una piara de cerdos, que, acto seguido, se precipita en el mar. Jesús vuelve a atravesar el lago en dirección a Galilea, y allí encuentra de nuevo a la multitud que le busca. Tomando un poco de perspectiva descubrimos que el domingo pasado nos hablaba del “poder” de Jesús sobre la naturaleza (la tempestad calmada). Continúa el evangelio con la manifestación de “poder” sobre los espíritus inmundos (curación del endemoniado en Gerasa), que no hemos leído. Hoy damos dos pasos más: “Poder” sobre la enfermedad (la hemorroísa); Y “poder” sobre la muerte (la hija de Jairo). No cabe una síntesis más clara, ordenada y progresiva de la actividad salvadora de Jesús.

En el doble relato de hoy, descubrimos un mensaje muy profundo. Por una parte, la niña y su padre son imagen de los sometidos a la institución. Jairo es un cargo público, aunque no estrictamente religioso. La mujer enferma representa a los marginados y excluidos por una interpretación demasiado legalista de la Ley. Este simbolismo se hace más claro por el anonimato de las dos mujeres, y los doce años de enfermedad de la mujer y los doce años de vida de la niña. El número doce es símbolo de Israel.

Jairo (símbolo de la institución) no encuentra salida en la religión y busca la salvación en Jesús, que ya había sido rechazado por sus jefes. La decisión es tan difícil que espera hasta el último momento para ir en busca de Jesús. La mujer enferma, también se había gastado toda su fortuna en buscar salvación, sin hallarla. Tampoco le quedaba otra salida. La religión no sólo no le daba solución, sino que la marginaba y la excluía hasta límites inimaginables hoy. Uno viola formalmente la Ley acudiendo a un proscrito. La otra viola literalmente la Ley tocando a Jesús. En ambos casos, Jesús apela a la fe-confianza como motor de salvación.

Para descubrir la importancia del relato hay que tener en cuenta las leyes de pureza que afectaban a la mujer. El Levítico dice: «La mujer permanecerá impura cuando tenga su menstruación o hemorragias». La mujer era considerada impura y causante de impureza. Podemos imaginar la tara psicológica que dejaba en la mujer esta considera­ción de impura. La hemorroísa tenía prohibido tocar y ser tocada. Ella sabe que el acto que puede salvarle, está expresamente prohibido por la Ley. Sin embargo, doce años de sufrimiento la empujan. Esta valentía no está exenta de temor, se acerca por detrás. Tocar a Jesús no solo manifiesta la confianza en él, sino en sí misma. Su valentía le devuelve la salud.

Con una aguda sensibilidad más que humana, percibe que le han tocado (todos le están apretujando). Cuando Jesús pregunta “¿Quién me ha tocado?”, está dando a entender que alguien ha llegado hasta él buscando una respuesta a su opresión. Aceptando ser tocado, más allá de la norma, entra en la dinámica que la mujer había iniciado. Se abre a la comunicación profunda y sanadora a través del cuerpo. Los dos están expresando lo mejor de sí mismos. El cuerpo “impuro” de la mujer, es reconocido y aceptado como normal. Dejándose tocar Jesús se coloca por encima de los códigos sociales y religiosos. Los cuerpos son instrumentos de encuentro liberador. El tabú de la impureza queda roto. Una relación que abarca todos los aspectos del ser, el físico, el psíquico y el religioso. La mujer obra saltándose la Ley, pero Jesús va aún más allá, y reacciona como si la Ley no existiera.

El milagro se produce sin que intervenga la voluntad expresa de Jesús (una fuerza especial que sale de él. La fe-confianza de la mujer desencadena los aconteci­mientos. Este relato es una mina para tratar de descubrir qué es lo que sucedía de verdad cuando el evangelio habla de “milagros”. No significa una acción que va en contra de las leyes de la naturale­za. Todo lo contrario, es dejar libre la naturaleza para que pueda desarrollar su ley sin las trabas que le pone la racionalidad. Porque estar en armonía con la naturaleza no es lo normal, llegamos a llamar milagro los procesos que serían los más naturales del mundo cuando no hay obstrucción a esas fuerzas. Claro que se produce un milagro, una verdadera maravilla. Mucho más grande que convertir una piedra en pan. Un ser humano liberado de sus complejos, de sus miedos, de una religión opresora e inhumana. Un ser humano que puede empezar a ser él mismo, que empieza a valorarse porque se siente apreciado.

Se reanuda el relato de la hija de Jairo con la llegada de los emisarios, que traen noticias de muerte. Jesús es portador de vida y le dice a Jairo: basta que tengas fe. La multitud se pone de parte de los emisarios de muerte y se pone a llorar; pero Jesús no hace ningún caso y sigue adelante. Cogió de la mano a la muchacha, pero a diferencia de la suegra de Pedro, no la levanta, sino que le dice: ¡levántate!, el mismo verbo Mc emplea para hablar de resurrección. En contra de lo que dice expresamente la Ley, toca a un muerto, y en vez de quedar él contaminado de muerte, comunica la vida al cadáver.

No os engañemos, la importancia de estos relatos no está en el hecho de curar o de resucitar, sino en el simbolismo que encierran. Pensar que la obra de Jesús se puede encerrar en tres resurrecciones y en una docena de curaciones, es ridiculizar la figura de Jesús. Objetivamente, los curados volverán a enfermar y entonces no estará allí Jesús para curarlos. Los resucitados volverán a morir sin remedio. Sabemos que Jesús no puso el objetivo de su misión en una solución de los problemas. La salvación de Jesús es para todos y en cualquier circunstancia. También para los enfermos, marginados, explotados. Si no tenemos esto en cuenta, puedo pensar que la salvación de Jesús no es para mí.

Ya en el AT queda muy claro que Dios no hizo la muerte. Jesús va más allá y nos dice que Dios no quiere nada negativo para el hombre. Aunque las limitaciones son inherentes a nuestra condición de criaturas, la salvación de Dios es siempre de un plano superior y más pleno que cualquier limitación; por eso se puede dar en plenitud, a pesar de cualquier limitación, incluida la muerte. La verdadera salvación, la que propone Jesús, libera siempre. No se trata de un premio para unos pocos privilegiados, sino de una oferta absoluta de Dios desde lo hondo de cada ser. Esa fuerza, que Jesús era capaz de poner en marcha, está disponible para todos, lo único que tenemos que hacer, es dejar que actúe en nosotros. No se trata de magia sino de conocimiento de las posibilidades que el ser humano tiene de utilizar las leyes de la naturaleza a su favor. De la misma manera que tiene poder para bloquear los procesos naturales y causar así un daño a su propio ser y/o a los demás.

En los dos casos, la multitud queda al margen de los acontecimientos y de la salvación que representan. Para Jesús, los entes de razón (multitud, pueblo, iglesia) no pueden ser objetos de salvación. Lo único que le importa es la persona, porque es lo único real. Esto lo hemos olvidado, y hemos cometido y seguimos cometiendo, el disparate de sacrificar a la persona en aras de la institución. Nada hay más antievangélico que este atropello. También hoy tendría que ser nuestra principal tarea el liberar a tantos seres humanos atrapadas en las interpretaciones aberrantes de Dios y de su Ley. La religión seguirá oprimiendo y esclavizando mientras seguimos dando más importancia a la institución que a la persona.

Meditación

En el orden espiritual, es imprescindible la fe-confianza.
Sin confianza en el OTRO no daremos un paso.
Tu lámpara está capacitada para iluminarse.
Toda la energía está a tú disposición.
Solo tienes que dejar que fluya la energía.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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¿Quién me ha mirado?

domingo, 1 de julio de 2018
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artworks-000121602575-x6rh7u-t500x500“Escuchar con nuestros ojos y ver con nuestros oídos nos enseña cómo abrir nuestras orejas y mentes en un nivel más profundo de receptividad y escucha” (Mark Coleman)

1 de julio. Domingo XIII del TO

Mc 5, 21- 43

Él miraba alrededor para descubrir a la que lo había tocado

La hemorroísa del evangelio de este domingo no se atrevía a hablar y utiliza el lenguaje corporal expresando con un gesto lo que quería decirle a Jesús. Como el propio Jesús, sensible siempre a los problemas humanos, advirtió que: “Alguien me ha tocado, yo he sentido que una fuerza salía de mí” (Lc 8, 46).

¿Sabía que el Maestro de Nazaret, siguiendo el ejemplo del maestro cordobés y filósofo latino Lucio Anneo Séneca (4 a.C- 65 d.C) aconsejaba: “escucha aún a los pequeños, porque nadie es despreciable en ellos”? Y así como hay un arte del bien hablar, existe también un arte del bien escuchar.

Tu enfermedad se esfumó de tu cuerpo y se cumplió en ti lo que Gong Li, protagonista de la película china Adiós a mi concubina (1993) dirigida por Chen Kaige exclamó: La vida en este mundo es como una noche en primavera”. Y tú, querida hemorroísa, la viste florecer en tu cuerpo y tu espíritu. Y también te encontraste con Jesús, como Saulo en el camino de Damasco; en aquella ocasión fue él quien le miro, pero en esta quien le miró fuiste tú. El poeta escocés Robert Burns (1759-1796), escribió un poema que comienza con unos versos referidos igualmente a floraciones estacionales:

 “O my Luve’s like a red, red rose,

That’is newly sprung in June”.

Una imagen -en este caso una mirada- dice mucho más que mil palabras, dice el refrán. El contacto visual es un arma facilitadora de la seducción, que bien utilizada, nos asegurará el éxito en nuestro quehacer de conquistadores: un cruce de miradas en medio de la multitud, una mirada fugaz que se pierde entre la gente, una mirada penetrante que te gana la de la persona que te gusta. El contacto con los ojos apenas dura unos segundos, pero la información que podemos obtener de ellos es mucho más de lo que necesitamos para lanzarnos hacia la deseada conquista.

Tu vida, floreció como la del mundo, como la del camino, como la de la primavera y el verano. En el AT encontramos elocuentes imágenes varias de transformación. Por ejemplo: el cayado de Moisés, en serpiente (Éx 7, 10); la roca de Horeb en fuente de agua fresca (Éx 17, 6). Imágenes bíblicas que nos muestran la posibilidad de transformar nuestro interior, sin dejar de ser nosotros mismos.

Vincent van Gogh (1853-1890), pintor holandés, lo expresó de este modo considerando su vida llena de nuevos comienzos, cambios de paisaje e ideas de cosas cada vez mejor: transformación constante. Y así lo quiso representar en su cuadro Rama de almendro en flor, sobre un cielo iluminado de azul: óleo sobre lienzo (Museo Van Gogh, Ámsterdam, Países Bajos).

Jesús te miró a ti y tú le miraste a él. Y así tu enfermedad se esfumó de tu cuerpo a no sabemos dónde, y amanecieron en ti sugerentes floraciones estacionales.

“Escuchar con nuestros ojos y ver con nuestros oídos nos enseña cómo abrir nuestras orejas y mentes en un nivel más profundo de receptividad y escucha” (Mark Coleman).

Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), religiosa mexicana de la Orden de San Jerónimo y escritora exponente del Siglo de Oro de la literatura en española, canta en el siguiente poema la relación amorosa entre Jesús y los necesitados:

Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me viese deseaba.

Y Amor, que mis intentos ayudaba,
Venció lo que imposible parecía,
pues entre el llanto que el amor vertía,
el corazón deshecho destilaba.

Baste ya de rigores, mi bien, baste,
no te atormenten los celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste

con sombras necias, con indicios vanos,
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Dejemos de perder la vida.

domingo, 1 de julio de 2018
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talita-cumi550Este evangelio nos toca de una manera especial a las mujeres de cualquier edad y condición aunque el mensaje es universal y no va dirigido únicamente a nosotras.

Me impresiona ver a  Jesús  buscando la liberación radical de las personas, de todo lo que pudiera ser un obstáculo en sus relaciones, crecimiento personal, realización total.

Si nos quedamos únicamente en su capacidad de sanar enfermedades, es una visión de Jesús demasiado superficial sin captar el deseo de devolver a cada persona su identidad más profunda.

Él, por su experiencia de Dios, libre de las ataduras de la cultura, de las costumbres, hasta de la imagen de Dios proporcionada por la autoridad religiosa, es capaz de mirar a la persona y ver en ella una hija de Dios como Él.

Por eso el evangelio nos ilustra a través de sus enseñanzas y de sus obras el mensaje profundo de Dios de querer que sus hijos e hijas se desarrollen en plenitud.

Por eso en esa doble actuación de Jesús, en cada uno de los detalles que nos presenta el evangelista hay un sinfín de mensajes en los que no nos podemos parar pero intentaremos remarcar alguno que nos ayude en nuestro caminar de fe.

Nos encontramos con  la situación de dos mujeres, a ambos extremos de la vida: la hemorroísa lleva doce años enferma, (el tiempo de maduración de una mujer), y la muchacha que apenas empieza a vivir (como persona adulta desde la visión de ese tiempo), con doce años. Su condición por género hace que se les considere como pertenencia del varón y todas las consecuencias que eso  trae para sus vidas. Y todo ello en nombre de la religión.

La mujer madura, cansada de sufrir física y moralmente por su enfermedad (la pérdida constante de sangre) rompe con las normas que le separan de los demás, incluso de Dios y busca a quien pueda devolverle la salud.

Para ello rompe con todas las normas de alejarse de todo lo que puede contaminar por su impureza y en su deseo de ser sanada se abre camino entre la multitud para llegar a Jesús de quien le han  hablado muchos.

Jesús nota que alguien le toca el manto, de una manera especial y ante su pregunta, ¿quién me ha tocado?, la mujer se lo cuenta todo. “Tu fe te ha salvado”, es lo que obtiene como respuesta.

Jesús le recuerda el poder y la confianza que existe dentro de ella. Es esa confianza la que dignifica a la persona. De ahora en adelante no tendrá que depender de nadie. Esta es la gran enseñanza de Jesús: descubre tu propia dignidad y camina de acuerdo con ella.

La grave enfermedad de la joven, que apenas empieza a abrirse a la vida con doce años, contrasta con lo que parece que el destino tiene preparado para ella, la muerte inminente que de hecho se confirma antes de que Jesús se pueda acercar a ella.

Dentro de la cultura judía esta niña está a punto de pasar de la pertenencia al padre a la del esposo, a vivir en una situación donde el varón y la religión dirigida por una mentalidad patriarcal, deja muy poco espacio a la mujer para realizarse, para ser ella misma. Por eso Jesús dice: “La chiquilla no ha muerto, está durmiendo”. Todavía hay esperanza; al cogerla de la mano la levanta (la resucita) como a la hemorroísa y se la devuelve a los padres para que pueda vivir como hija de Dios.

Tanto una mujer como la otra han entrado dentro la nueva vida que comunica Jesús a través de sus palabras y obras.

¿Quién les salva y les devuelve su salud? Ciertamente que es a través de Jesús que recobran la vida y renacen de nuevo pero en los dos casos Jesús pone el énfasis en su fe y confianza. Es tu fe, tu confianza la que te hace volver a tu ser original.

No nos resultan tan extrañas hoy estas historias de mujeres, de niños cuya dignidad es pisoteada por intereses personales en situaciones de guerra, conflictos, trata de personas… refugiados huyendo de sus países en situaciones infrahumanas.

Es un gran interrogante para los países que nos consideramos cristianos la manera en que olvidamos la manera de actuar de Jesús, cerrando los ojos a realidades que nos pasan por delante cada día.

Hoy, igual que ayer, hay una gran cantidad de gente que busca la liberación, clama por su dignidad como hija de Dios.

Carmen Notario

www.espiritualidadintegradoracristiana.es

Fuente Fe Adulta

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El encuentro con Cristo es vida.

domingo, 1 de julio de 2018
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resurreccion-de-la-hija-de-jairo_thumbDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. NOTA PREVIA: UN RELATO PECULIAR.

Marcos construye este relato con dos momentos de vida: la curación de la hemorroísa y la resurrección de la hija de Jairo. Es un relato cargado de simbolismo.

Recientemente decía el teólogo Juan Masiá que no entenderemos la Palabra, la Biblia si no tenemos un sentido poético.

Para comprender estos relatos nos hace falta sensibilidad poética, intuir los símbolos con los que están construidos. De otro modo nos quedaremos en una lectura literalista que nos abrirá las puertas del fanatismo.

02. PERSONAJES DEL RELATO.

JAIRO

Era un personaje importante, jefe de la sinagoga.

A Jesús no le fue muy bien ni en el Templo ni en las sinagogas. Cuando Jesús termina de predicar en la sinagoga de su pueblo, Nazaret, los jefes de la sinagoga querían echarlo por un barranco, (Lc 4,28).

Sin embargo Jesús no duda en acoger y “sanar – levantar” a la hija de Jairo.

Jesús sana a todo aquel que se encuentra con él. La misericordia es también para con sus enemigos.

(Levantar es una de las palabras que el NT emplea para hablar de la resurrección de Jesús).

LA HIJA DE JAIRO Y LA HEMORROÍSA.

Dos mujeres. Las dos perdían la vida.

La niña estaba dormida-muerta.

La hemo – rroísa: hemo: sangre / reo: correr (flujo) perdía también la vida.

Se trata de dos mujeres, enfermas de gravedad –una terminará en la muerte, que se curan y viven al encuentro con Jesús.

Por otra parte, es sabido que la mujer en el mundo judío no era lo más mínimo considerada ni valorada. Jesús “nunca debió” haber tratado con mujeres, ni tener discípulas, ni curar a una mujer. Pero “lo de Jesús” es algo muy diferente de la religión judía (probablemente de todas las religiones). Jesús se acerca a todo el mundo: hombres, mujeres y niños, judíos y paganos, buenos y malos. Y se acerca no para recriminar nada, sino para que tenga vida.

TOCAR

Jesús se acerca a la niña, la coge de la mano y la levanta, la devuelve a la vida.

Se entienda como se entienda la situación de aquella niña, Jesús la devuelve a la vida, la levanta.

La hemorroísa toca el manto de Jesús y queda curada. Tocar el manto no significa tocar mágicamente una reliquia o el pie de la estatua de San Pedro en el Vaticano. El manto significaba el “entorno” de Jesús, entrar en el ámbito de Jesús

En situaciones de muerte, de depresión, de droga, de hundimientos personales, de pérdida de la vida, el encuentro con Cristo, devuelve la vida, nos devuelve a la vida.


DOCE

Curiosamente en las dos mujeres se repite la cifra: “Doce”. La niña tenía doce años y la hemorroísa llevaba doce años enferma.

No es casual, el simbolismo es evidente.

El número doce es símbolo del pueblo judío, Israel. Doce es la totalidad de Israel.

Ambas mujeres representan a Israel, que no encuentra solución en sus instituciones ni en su religión -la sinagoga, la Torah-, sino que se va extinguiendo, después de haber hecho lo indecible –«se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor»-, hasta morir.

Podemos ser viejos católicos, religiosos de toda la vida; solamente el encuentro con Cristo es el que nos liberará y nos dará o nos devolverá a la vida.

JESÚS

Es la figura central.

Jesús se muestra como liberador de aquello que más nos asusta y esclaviza: la opresión –interna y externa-, la enfermedad, la marginación y la muerte.

En algún otro momento Jesús ya lo había dicho: Dios no es un Dios de muerte, sino de vida, (Lc 20,38).

En la Eucaristía de hoy lo hemos escuchado en la primera lectura: DIOS NO HIZO LA MUERTE NI GOZA DESTRUYENDO LOS VIVIENTES.

El enigma del ser humano, todas las realidades humanas, incluida la muerte, quedan iluminadas desde la Vida que se manifiesta en Jesús.

NOSOTROS.

Cada cual podemos reconocernos como Jairo que acude a Jesús, como la mujer que siente estar perdiendo su vida, o como la niña que escucha la palabra que le dice: «levántate».

Y, a esa luz, podemos preguntarnos: ¿por dónde se me escapa la vida?, ¿qué es lo que me tiene hundido?, ¿tengo fuerzas para levantarme, vivir y trabajar por la vida?

Y es muy probable que, creyente o no, en la respuesta a esos interrogantes, se reconozca a sí mismo en la persona, la vida y el mensaje del Maestro de Nazaret.

La cuestión crucial no es: ¿qué ocurre después de la muerte?, sino: ¿quiénes somos y cómo estamos?

El encuentro con Cristo es vida.

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