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El encuentro con Cristo es vida.

Domingo, 1 de julio de 2018

resurreccion-de-la-hija-de-jairo_thumbDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. NOTA PREVIA: UN RELATO PECULIAR.

Marcos construye este relato con dos momentos de vida: la curación de la hemorroísa y la resurrección de la hija de Jairo. Es un relato cargado de simbolismo.

Recientemente decía el teólogo Juan Masiá que no entenderemos la Palabra, la Biblia si no tenemos un sentido poético.

Para comprender estos relatos nos hace falta sensibilidad poética, intuir los símbolos con los que están construidos. De otro modo nos quedaremos en una lectura literalista que nos abrirá las puertas del fanatismo.

02. PERSONAJES DEL RELATO.

JAIRO

Era un personaje importante, jefe de la sinagoga.

A Jesús no le fue muy bien ni en el Templo ni en las sinagogas. Cuando Jesús termina de predicar en la sinagoga de su pueblo, Nazaret, los jefes de la sinagoga querían echarlo por un barranco, (Lc 4,28).

Sin embargo Jesús no duda en acoger y “sanar – levantar” a la hija de Jairo.

Jesús sana a todo aquel que se encuentra con él. La misericordia es también para con sus enemigos.

(Levantar es una de las palabras que el NT emplea para hablar de la resurrección de Jesús).

LA HIJA DE JAIRO Y LA HEMORROÍSA.

Dos mujeres. Las dos perdían la vida.

La niña estaba dormida-muerta.

La hemo – rroísa: hemo: sangre / reo: correr (flujo) perdía también la vida.

Se trata de dos mujeres, enfermas de gravedad –una terminará en la muerte, que se curan y viven al encuentro con Jesús.

Por otra parte, es sabido que la mujer en el mundo judío no era lo más mínimo considerada ni valorada. Jesús “nunca debió” haber tratado con mujeres, ni tener discípulas, ni curar a una mujer. Pero “lo de Jesús” es algo muy diferente de la religión judía (probablemente de todas las religiones). Jesús se acerca a todo el mundo: hombres, mujeres y niños, judíos y paganos, buenos y malos. Y se acerca no para recriminar nada, sino para que tenga vida.

TOCAR

Jesús se acerca a la niña, la coge de la mano y la levanta, la devuelve a la vida.

Se entienda como se entienda la situación de aquella niña, Jesús la devuelve a la vida, la levanta.

La hemorroísa toca el manto de Jesús y queda curada. Tocar el manto no significa tocar mágicamente una reliquia o el pie de la estatua de San Pedro en el Vaticano. El manto significaba el “entorno” de Jesús, entrar en el ámbito de Jesús

En situaciones de muerte, de depresión, de droga, de hundimientos personales, de pérdida de la vida, el encuentro con Cristo, devuelve la vida, nos devuelve a la vida.


DOCE

Curiosamente en las dos mujeres se repite la cifra: “Doce”. La niña tenía doce años y la hemorroísa llevaba doce años enferma.

No es casual, el simbolismo es evidente.

El número doce es símbolo del pueblo judío, Israel. Doce es la totalidad de Israel.

Ambas mujeres representan a Israel, que no encuentra solución en sus instituciones ni en su religión -la sinagoga, la Torah-, sino que se va extinguiendo, después de haber hecho lo indecible –“se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor”-, hasta morir.

Podemos ser viejos católicos, religiosos de toda la vida; solamente el encuentro con Cristo es el que nos liberará y nos dará o nos devolverá a la vida.

JESÚS

Es la figura central.

Jesús se muestra como liberador de aquello que más nos asusta y esclaviza: la opresión –interna y externa-, la enfermedad, la marginación y la muerte.

En algún otro momento Jesús ya lo había dicho: Dios no es un Dios de muerte, sino de vida, (Lc 20,38).

En la Eucaristía de hoy lo hemos escuchado en la primera lectura: DIOS NO HIZO LA MUERTE NI GOZA DESTRUYENDO LOS VIVIENTES.

El enigma del ser humano, todas las realidades humanas, incluida la muerte, quedan iluminadas desde la Vida que se manifiesta en Jesús.

NOSOTROS.

Cada cual podemos reconocernos como Jairo que acude a Jesús, como la mujer que siente estar perdiendo su vida, o como la niña que escucha la palabra que le dice: “levántate”.

Y, a esa luz, podemos preguntarnos: ¿por dónde se me escapa la vida?, ¿qué es lo que me tiene hundido?, ¿tengo fuerzas para levantarme, vivir y trabajar por la vida?

Y es muy probable que, creyente o no, en la respuesta a esos interrogantes, se reconozca a sí mismo en la persona, la vida y el mensaje del Maestro de Nazaret.

La cuestión crucial no es: ¿qué ocurre después de la muerte?, sino: ¿quiénes somos y cómo estamos?

El encuentro con Cristo es vida.

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