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Solemnidad de la Ascensión. 28 Mayo, 2017

domingo, 28 de mayo de 2017
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ascen

“Y sabed que yo estoy con vosotras todos los días, hasta el fin del mundo.”

(Mt 28, 16-20)

Que Jesús se queda con nosotras lo sabemos, pero aun así la tentación de quedarse mirando al cielo es grande. Y es que esa manera tan “encarnada” de quedarse que tiene Jesús da bastante vértigo por eso sale espontáneo lo de mirar al cielo por si cambia de opinión.

La escena me recuerda a cuando era pequeña y alguien con “autoridad” te decía que tenías que hacer algo que a ti te parecía muy difícil o te daba vergüenza. Sabías que tenías que hacerlo pero te daba miedo y levantabas los ojos buscando el coraje que te faltaba…

Aquellos primeros discípulos estaban como niños desconcertados. Entre tímidos y asustados. Con esa mirada que busca en las alturas el valor que le falta por dentro.

Y a nosotras nos pasa exactamente lo mismo. Se acaba la Pascua. La Vigilia Pascual con el “subidón” de alegría nos queda ya lejos. Nuestras “Galileas” personales nos imponen nuevos retos y viejos obstáculos. Pero en medio de esta cotidianidad Tú nos desafías de nuevo. A nosotras se nos escapa una mirada al cielo: ¿yo?, ¿ahora?, ¿cómo?

Y tú, de mil maneras diferentes, a cada una según sus posibilidades, nos repites el encargo:

“-Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.”

Sí, esto es lo que nos pides. Tan grande y a la vez tan sencillo. Imposible pero real.

Real porque eres Tú quien está “con nosotras todos los días.” no es en el cielo donde encontraremos el coraje que nos falta, sino junto a nosotras mismas, en tu mirada compañera y cómplice.

Oración

¡Gracias Trinidad Santa por quedarte con nosotras de una manera tan cotidiana que a veces nos despista, pero siempre nos acompaña!

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Muerto Jesús, está fuera de tiempo y espacio.

domingo, 28 de mayo de 2017
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ASCENSIONMt 28, 16-20

Si hemos vislumbrado en alguna medida lo que nos decía Jn los dos domingos pasados, se nos hará muy cuesta arriba entender la fiesta de hoy y la de los tres domingos siguientes. La subida de Jesús al cielo, la venida del Espíritu, la Trinidad, la Eucaristía están presentadas por los textos litúrgicos como realidades externas que se dieron en otro tiempo. Entendiendo mal los textos, desenfocamos el verdadero sentido.

No podemos seguir utilizando un lenguaje que responde a una visión mítica de la realidad. Cuando se creía que Dios estaba en lo más alto, que el hombre estaba en el medio y que el demonio estaba en lo más bajo, el lenguaje utilizado se entendía perfectamente. De Jesús se dice expresamente: Bajó del cielo, se hizo hombre, descendió a los infiernos y volvió a subir. Nuestra manera de entender la realidad ha cambiado. Hoy no nos dice nada un cielo o un infierno como lugares de referencia.

Debemos entender la ascensión como parte del misterio pascual que es una única realidad. Ni la resurrección, ni la ascensión, ni el sentarse a la derecha del Padre, ni la glorificación, ni la venida del Espíritu, son hechos separados. Se trata de una realidad única que está sucediendo en este mismo instante, porque está fuera del tiempo y del espacio. Decir de Jesús después de muerto: a los tres días, a los ocho días, a los cuarenta días, a los cincuenta días, no tiene sentido ninguno. Hablar de Galilea o de Jerusalén, o decir que está sentado a la derecha de Dios, es absurdo literalmente.

Esto no quiere decir que sea una realidad inventada. Todo lo contrario, esa es la ÚNICA REALIDAD. Es lo que está sujeto al tiempo y al espacio la que no tiene consistencia. Esa realidad intangible ha tenido una repercusión real en la vida de los cristianos, y eso sí se puede descubrir a través de los sentidos. Esa realidad no temporal, es la que hay que descubrir para que tenga también en nosotros la misma eficacia transformadora. Si seguimos creyendo que es un acontecimiento que sucedió hace veinte siglos en un lugar y un tiempo determi­nado, ¿Qué puede significar para nosotros hoy?

Las realidades espirituales, por ser atemporales, pertenecen al hoy como al ayer, son tan nuestras como de Pedro o Juan. No han sucedido en el pasado, sino que están sucediendo en este instante. Son realidades que están afectando a nuestra propia vida. Puedo vivirlas yo como las vivieron los apóstoles. Es más, el único objetivo del mensaje evangélico, es que todos lleguemos a vivirlas como las vivieron ellos.

La ascensión empezó en el pesebre y terminó en la cruz: Todo está cumplido. Ahí terminó la trayectoria humana de Jesús y sus posibilidades de crecer como criatura. Después de ese paso no existe el tiempo, por lo tanto, no puede suceder nada en él. Es todo como un chispazo que dura toda la eternidad. Él había llegado a la plenitud total en Dios. Por haberse despegado de todo lo que en él era transitorio y terreno, solo permaneció de él lo que había de Dios, y con Él se identificó absolutamente.

¿De verdad queremos ser cristianos? ¿Tenemos la intención de recorrer la misma senda, de alcanzar la misma plenitud, la misma meta? ¿Estamos dispuestos a dejarnos aniquilar en esa empresa, a aceptar que no quedará nada de lo que creo ser? Es duro, pero no puede haber otro camino. Si renuncio al don total de mí mismo, renuncio a alcanzar la meta. Como en Jesús, ese don total solo será posible cuando descubra que Dios Espíritu se me ha dado totalmente, y está en mí para llevar a cabo esa obra de amor.

Tal vez nos conformemos con quedarnos pasmados mirando al cielo y esperando que él vuelva. Esa es la mejor manera de hacer polvo todo el quehacer de Jesús en esta tierra. La idea de que Dios o Jesús o el Espíritu pueden hacer, en un momento determinado, algo por mí, ha desvirtuado la religiosidad cristiana. Dios, Jesús y el Espíritu lo están haciendo todo por mí en todo instante. Yo soy el que tengo que hacer algo en un momento determinado para descubrir esa realidad y hacerla mía viviéndola.

El relato de Mt que acabamos de leer, es un prodigio de síntesis teológica. No hay en él ninguna alusión a la subida al cielo, ni a dejar de verlo. Consta simplemente, de una localización dada, una proclamación de poder y tres ideas básicas. Situar la escena en un monte, es una indicación suficiente de que lo que le interesa no es el lugar, sino el simbolismo. El monte significa el ámbito de lo divino, donde está Dios y donde quiere situar también a Jesús. Que lo sitúe en Galilea, tiene un significado muy importante. Judea había rechazado a Jesús y no era ya el lugar donde encontrarse con Dios.

Jesús no pudo decir que se le ha dado todo poder, porque después del bautismo rechazó el poder como una tentación. Este doble lenguaje nos ha despistado. No hay un poder bueno y otro malo. Todos son perversos. Se trata de expresar que ha alcanzado la plenitud absoluta por haberse identificado con Dios en el don total de sí mismo. Debemos tener en cuenta que la primera interpretación del misterio pascual, está formulada en términos de glorificación; antes incluso de hablar de resurrección.

El envío a predicar. También tiene un carácter absoluto “todos los pueblos”. El tema de la misión es crucial en todos los relatos pascuales. La primera comunidad intenta justificar lo que era ya práctica generalizada de los cristianos. El predicar el “Reino de Dios” no es un capricho de unos iluminados sino mandato expreso de Jesús. Todo cristiano tiene, como primera obligación, llevar a los demás el mensaje de su Maestro.

Es muy importante la particularidad de la enseñanza. No se trata de enseñar doctrinas ni ritos ni normas morales sino de instar a una manera de proceder. Esto está muy de acuerdo con la insistencia de los evangelios en las obras como manifestación de la presencia de Dios en Jesús, y como consecuencia de la adhesión a Jesús. Si tenemos en cuenta que el núcleo del evangelio es el amor, comprenderemos que en la práctica, el amor es lo primero que tiene que manifestarse en un cristiano.

Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Fue el tema del evangelio de los dos domingos pasados. Ya habían dejado claro que todo lo que hizo Jesús era obra del Padre o que era el Espíritu el que actuaba en él. Ahora sigue siendo Dios en sus tres dimensiones el que va a continuar la obra de salvación a través de sus seguidores. Recordar que Jesús habla de enviar al Espíritu, de quedarse él con nosotros, de que el Padre vendrá a cada uno. Esta manera de hablar puede hundirnos. Los tres “vendrán” a mi conciencia cuando me dé cuenta de que están ahí ya.

Meditación-contemplación

Celebramos la Ascensión, pero estará con nosotros siempre.
En esta contradicción (coan) está el secreto.
Ni se va ni se queda. Para Jesús resucitado no hay lugar ni tiempo.
En Dios, estoy fuera del tiempo y del espacio.

No puede haber Vida si no trascendemos el tiempo y el espacio.
Nuestra Vida “divina” es la misma ahora y siempre.
Contemplar, es salir del tiempo y del espacio.
Es identificarse con Dios que es eternidad.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Buda también se transfiguró.

domingo, 28 de mayo de 2017
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buddha_and_jesus1Qué feliz sería la vida si sólo viviéramos para amar (Kalman)

28 de Mayo. VII domingo de Pascua.

Mt 28, 16-20

Yo estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo

Una transfiguración, se dice, sucedió dos veces en la vida de Buda. Justamente antes de su muerte, su cuerpo brilló tanto, que “los nuevos mantos dorados que estaba portando, parecían haber perdido su lustre”En Jesús se repite la historia con el episodio del Monte Tabor“Delante de ellos se transfiguró: su rostro resplandeció como el sol, sus vestidos se volvieron blancos como la luz” (…) “Jesús se acercó, los tocó y les dijo: ¡Levantaos, no temáis” (Mt 17, 2 y 17, 6).  En nuestro caso, el Maestro de Nazareth se percata del miedo de los suyos –”estaban llenos de miedo”– (Mc 9, 6) y toma conciencia de que necesitan experimentar su cercanía humana. Es decir, el contacto carnal de su mano, y no sólo el resplandor divino de su rostro que probablemente fue lo que, unido a la voz salida de la nube, les amedrentaba. Esta es la Pascua que nos presenta el relato evangélico y la figura de Jesús. Miguel Ángel pintó a Dios en la Capilla Sixtina tocándole su dedo. Hechos de los que podemos concluir que en esta ocasión como en tantas otras, hay historias en todas las culturas que se relatan para ensalzar a sus héroes.

-Es famosa la frase del maestro al principiante: “Si te encuentras a Buda, mátalo, porque no es Buda, sino la imagen que te has construido sobre él a partir de tu propio yo”. Y el Maestro Eckhart dijo: Pido a Dios que me libre de Dios”. Sr. Suzuki, ¿dónde se encuentra Buda?, le preguntó un periodista al Doctor Kotaró Suzuki, director de la sección Internacional de la Asociación budista Kosei-kai. Esta fue la respuesta: “El misterio llamado Buda, Dios o lo Sagrado está en nuestro interior. Montes y ríos, valles y arroyos, todo es cuerpo de Buda, manifestación de su vida. ¿Lo llamaremos Buda, Dios, o Allah? El nombre no importa”.

Las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales, son un vademecum (del latín vade, ‘anda’, ‘ven’, y mecum, ‘conmigo’-, que es una referencia elemental para la práctica del Evangelio: Dar de comer al hambriento…, dar posada al peregrino…, enseñar al que no sabe…, consolar al triste…etc, etc. El Papa Francisco, fiel seguidor de Jesús y fiel cristiano, las pone en práctica cada día cubriendo las necesidades del hombre aquí en la tierra, y preguntado a los demás  cristianos: “qué hacéis ahí mirando al cielo”  (Hch 1, 11)

El compositor húngaro Rudolf Kalman (1930-2016) pone en boca de uno de sus protagonistas estas palabras: “¡Qué feliz sería la vida si sólo viviéramos para amar!”. Las transfiguraciones –la iluminación en el caso de Siddharta Gautama- cobran pleno sentido y son eficaces cuando van teñidos del sentimiento plenamente humano del amor.

Mi amigo José Paz Campos, inspirado poeta gallego, pone de relieve en este Poema de su obra El Legendario mundo de Nadá, la idea de ser antorcha de llama que brille en el firmamento y que la doctrina de Jesús se perpetúa en el Reino. Y yo me pregunto: ¿Es que me sirve de algo que, quedarme siguiéndole con los ojos fijos mientras se marchaba para sentarse a la diestra de Dios Padre?

CIENCIA TOTAL (Fragmento)

Nadá se fue pensativo
y a sus hijos reunió.
Les dijo con voz de padre:
“Mirán, Atar y Senita:
un dios nos dejó escrita
esta ley”, y se calló
Y quitándose el complejo
que te crea el mandamiento,
tiende los brazos al viento
y con ardor así exclama:
“¡Seré una antorcha de llama
que brille en el firmamento!”

(………………………………)

”Pero si queréis saber
lo que pasó con Nadá,
ningún hombre os dirá
lo que pudo acontecer;
aunque en mi corto entender
lo más probable sería
que Nadá entregaría
su cuerpo al mundo letal,
pero su Ciencia Total
en el Reino quedaría”.

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Contigo al fin del mundo.

domingo, 28 de mayo de 2017
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7-ASCENSION-297x300Mt 28, 16-20

Tras la Resurrección se fue. Y lo hizo abiertamente. Los discípulos se quedaron mirando atolondrados mientras se iba y pudieron ratificar que realmente se marchó. El Señor tenía que dejar claro que comenzaba una etapa nueva en su forma de estar con nosotros. ¿Qué relación no pasa en su historia por distintas fases para crecer? De hecho, Él insistió en que estaría acompañándonos todos los días hasta el fin del mundo. Por tanto, nada de ruptura. Su decisión apuntaba a un cambio cualitativo para impulsar la unión. Pero ¿cómo se puede permanecer cuando uno se va?

La presencia es algo tan misterioso que es casi imposible de definir. Porque no queda encerrada en los límites de lo físico. Trasciende lo que se puede ver y tocar. Por eso los sentidos más “adelantados” que mejor la perciben son el olfato y el oído. Se pueden escuchar sonidos reales que nos emocionan aunque estén lejos; se puede oler un aroma único que se nos escapa de las manos pero que nos rodea y envuelve, y nos hace soñar y recordar. La realidad es más amplia que aquello que abarcan nuestros ojos. Se puede reconocer al Señor en signos apenas perceptibles que muestran que de verdad no nos ha abandonado: personas que tienen sus mismos gestos, que pronuncian con autenticidad sus palabras, que son como una prolongación de su ser. Quizás por ello animó a los discípulos a guardar y reproducir todo lo que les había enseñado. Para que otros reconocieran su presencia en ellos y creyeran que el amor y la vida no tienen fecha de caducidad.

 “No es lo mismo marcharse que huir”, escribió la poeta Gloria Fuertes. Tenía razón. Jesucristo no “se fue a por tabaco y no volvió” para evadirse de los problemas de este mundo, sino que, destruyendo a la muerte, fortaleció el vínculo que nos une, irrompible ya, para continuar actuando a nuestro favor de un modo distinto. Por eso quiso dejar claro que la resurrección no suponía irse Más Allá, a vivir cómodamente y disfrutar de un merecido descanso después de tanto sufrido. Con esa presencia nueva mostró que resucitar significa vivir más, amar más, compartir más plenitud. Una inyección de ánimo para vacilantes y temerosos. A Jesucristo resucitado, y a los que han resucitado con Él, nadie nos los puede arrebatar.

Así, ser misionero es posible. Contamos de verdad con unos aliados fieles e indestructibles ante las adversidades y la intemperie: El Señor y los que nos han precedido. Jesucristo nos hizo una promesa que ya ha cumplido: estar con nosotros hasta el fin del mundo. Y tú… ¿estarías dispuesto a irte con Él?

María Dolores López Guzmán

Fuente Fe Adulta

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En la Pietá, el Descendimiento es Ascensión

domingo, 28 de mayo de 2017
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3811200748_009b605605De su blog Vivir y pensar en la Frontera:

En la asignatura transversal sobre Arte y Teología, una pregunta con trampa desconcertó al alumnado interdisciplinar.

Pregunta el profesor: “Si Pilatos, cincuenta días después de la tragedia del Gólgota, manda abrir la tumba de Jesús y encuentran un cadáver en putrefacción, ¿que problema crearía este testimonio contra la predicación sobre el resucitado?

Un alumno de teología, fundamentalista y timorato, responde: “No era el cadáver de Jesús, sino otro que habían colocado allí por orden del consejo de ancianos. Fueron los mismos sobornados por los principales sacerdotes para extender el rumor de que los discípulos robaron el cadáver de Jesús, como se cuenta en Mt 28, 11-15”.

Otro alumno de filosofía, incrédulo y cientificista, responde: “Ese descubrimiento desmonta el argumento de la tumba vacía. Hoy se confirmaría con la prueba del ADN”.

Una alumna de informática, abriendo en su celular la aplicación “túnel del tiempo», responde; “La foto de la tumba está manipulada. En el twitter siguiente, vemos una instantánea del despegue de la Ascensión, en cohete hacia las nubes, vale para refutar la foto del cadáver en la tumba”.

Otra alumna, de estética y bellas artes, se gana sobresaliente respondiendo así : “Aunque el ADN confirmase que el cadáver es de Jesús, eso no niega la resurrección. Como tampoco niega la resurrección el hecho palpable del cadáver de Jesús sobre el regazo de María en la escena del Descendimiento. Si el momento de la muerte es el mismo de la resurrección, el hecho del cadáver es compatible con la realidad del Viviente. Lo comprendió genialmente Miguel Ángel al representar a la madre contemplando en los restos del crucificado la Presencia de El Que Vive”.

Tenía razón esta alumna, acreedora de Premio extraordinario. Efectivamente, la Piedad de Miguel Ángel es imagen dinámica de Ascensión, como el Cristo de Velázquez es icono sereno de Resurrección.

Haciendo búsqueda de imágenes en la historia del arte, hallaremos otras diferentes. Por ejemplo, la que vemos en la catedral de Notre Dame tiene más de Angustias que de Consuelo. Está con los brazos abiertos en cruz y la mirada hacia el cielo, como si clamase: “¿Por qué le han hecho esto? ¿Por qué nos has hecho esto, Dios mío? ¿Por qué has dejado que le hicieran esto?” Y el cadáver del crucificado, dejándose caer en diagonal hacia el suelo, anticipa un cierre de la tumba sin retorno.

Otras imágenes medievales representan el Descendiemiento con una postura de María inclinada en un abrazo hacia el cadáver del hijo, como cuando lo acunaba hace más de treinta años, pero ahora la sonrisa que amamanta se torna llanto desconsolado.

Por el contrario, la escultura de Miguel Ángel no es Dolorosa, ni Angustias, ni Soledad, sino Piedad de Fe que alumbra Compasión.

Por eso el cuerpo muerto no es trágico, rígido y violentado, sino plácido, sereno y apolíneo, como el Cristo de Velázquez. Por eso la madre no protesta dolorosa hacia las nubes, ni se inclina desconsolada ante el hijo muerto, sino conserva la misma verticalidad con que estaba, stabat mater, de pie ante la cruz. Ahora sigue enhiesta contemplando con fe, no un cadáver, sino un viviente. Su serenidad apacible puede competir con las mejores esculturas orientales de meditación iluminada, a la vez que de su lucidez nace una compasión ilimitada sugerida en el ademán inefable del rostro, ligeramente inclinado para identificar su mirada con los ojos, a la vez cerrados y abiertos, de El Crucificado que Vive.

Al contemplar el Descendimiento como Ascensión, nuestra mirada recorre el cuerpo de Jesús desde los pies a la cabeza. Superado el ángulo recto de la rodilla, único residuo de rigidez mortal, comienza una curva elegante de ascensión hasta la cima y, al cruzarse con la verticalidad de la madre, columna y torre ebúrnea, configura una cruz, que ya no es patíbulo, sino sede gloriosa.

Definitivamente, esta Piedad de Miguel Ángel y el Cristo de Velázquez son para mí las mejores imágenes de Resurrección y Ascensión.

Unamuno no habría logrado la maravilla del poema al Cristo de Velázquez
, si lo hubiera compuesto ante la imagen del Cristo Yacente de Santa Clara, al que en otra ocasión dedicó terribles versos…”. Pero para contemplar la blancura serena de La Pietá como reflejo de la Ascensión del hijo y anticipo de la Asunción de la madre, me ayuda la inspiración unamuniana:

Eres Tú de los muertos primogénito,
Tú el fruto, por la Muerte ya maduro,
del árbol de la vida que no acaba…

Eres Tú, la Verdad que con su muerte,
resurrección al fin, nos vivifica

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Domingo 7º De Pascua. La Ascensión

domingo, 28 de mayo de 2017
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comentarios_desglose_ilustComentarios a las dos primeras lecturas

Hechos 1, 1-11

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles que había escogido movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo, Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y apareciéndoseles durante cuarenta días les habló del reino de Dios. Una vez que estaban juntos les recomendó:

– No os alejéis de Jerusalén; aguardad a que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua; dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.

Ellos lo rodearon preguntándole:

– Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel?

Jesús les contestó:

– No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y hasta los confines del mundo.

Dicho esto lo vieron levantarse hasta que una nube se lo quitó de la vista: mientras miraban fijos al cielo. Viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:

– Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse.

Repasemos el conjunto de relatos y textos del NT en torno a la Ascensión para poder comprenderlos mejor.

MATEO

Para Mateo, no hay apariciones del Resucitado en Jerusalén. La «despedida de Jesús» se produce en Galilea, en un monte. No se señala cuándo. El final es:

«Se me ha concedido pleno poder en el cielo y en la tierra. Por tanto, id a hacer discípulos entre todos los pueblos, bautizadlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo y enseñadles a cumplir cuanto os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo.»

MARCOS (En el epílogo añadido)

Los discípulos novan a Galilea. La despedida se hace en el Cenáculo, en Jerusalén, el mismo domingo de resurrección. Jesús les da un mensaje de misión semejante el de Mateo. El texto termina así:

«El Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba y confirmaba el mensaje con las señales que les acompañaban.»

LUCAS (Lo hemos leído en el texto del evangelio de hoy)

Los discípulos no van a Galilea. La despedida se hace en el camino de Betania, el domingo de Resurrección. El último párrafo es:

«Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y, mientras los bendecía, se separó de ellos. Ellos se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios»

JUAN (Primera conclusión)

La despedida se hace en el cenáculo, ocho días después del Domingo de Resurrección. El «discurso de despedida» se ha puesto ocho días antes, en la aparición sin Tomás. Dice:

«Paz a vosotros, como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a los que se los retengáis, les quedan retenidos.»

En la aparición con Tomás no hay discurso de misión. No se hace mención alguna a la «partida» de Jesús.

Tras la primera conclusión, se presenta a un grupo de discípulos pescando en el lago Genesaret. Jesús se manifiesta, come con ellos y confirma la misión de Pedro.

HECHOS (La primera lectura de hoy)

La despedida se hace desde el Monte de los olivos, cuarenta días después de la resurrección. Hay un sermón de misión y una descripción de la subida de Jesús al cielo, por los aires, con la promesa de que volverá.

Resumiendo las semejanzas y las diferencias:

Los cuatro evangelios y los Hechos constatan un sermón de Misión como final del mensaje de Jesús.

Mateo y Juan no hablan de la «partida» de Jesús, pero recogen la tradición de Galilea, mientras que…

Marcos, Lucas y Hechos describen la partida: «El Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios». «Y, mientras los bendecía, se separó de ellos.» Ambos sitúan la acción en Jerusalén y sus alrededores. HECHOS describe la partida como un despegar hacia las nubes.

El primer Marcos, Lucas y Juan (1ª conclusión) terminan el mismo domingo de la resurrección.

El final añadido a Marcos, Mateo y Juan (2ª conclusión) suponen un tiempo intermedio indefinido.

Hechos habla expresamente de cuarenta días.

El mismo Pablo, en 1Cor,15, nos da otra versión, y también diferente.

«Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron. Luego se apareció a Santiago; más tarde, a todos los apóstoles. Y en último término se me apareció también a mí, como a un abortivo.«

Evidentemente, por todo ello, no nos encontramos ante la simple narración de un suceso, sino de algo más, del significado del suceso, de la fe en lo que sucede en el fondo de lo que se ve. En este sentido, no debemos olvidar algunas conclusiones claras:

• No es posible la reconstrucción de una «cronología de la resurrección y ascensión del Señor». No lo dan los textos.

• No es posible ignorar el carácter de «relatos de los sucesos de aquel fin de semana» que tienen los textos en las primeras escenas, junto al sepulcro, y el carácter de «profesiones de fe en Jesús-Señor» que van adquiriendo los relatos.

• Los textos de la Ascensión son de género literario «Teofanía», están escritos desde la intención de manifestar la Fe en Jesús Señor. Serían los textos propios de la Fiesta de Cristo Rey del Universo. Alguno de ellos tiene incluso fuerte carácter litúrgico.

• El hecho de que Juan los omita – en paralelismo con la omisión del mismo Juan del pasaje de la institución de la Eucaristía – nos muestra a las claras que hay en los evangelistas varias maneras de proclamar la Fe en Jesús Resucitado Señor.

En conclusión. Nos encontramos en la transición del relato de historia (la muerte de Jesús en la cruz y su entierro) y la proclamación de la Fe en Jesús Señor exaltado por Dios. Y todo ello, en la perspectiva de la Misión, y con la promesa del Espíritu.

EFESIOS 1, 17-23

[Por tanto, también yo, el enterarme de cómo creéis en el Señor Jesús y amáis a todos los consagrados, no ceso de dar gracias por vosotros y, recordándoos en mis oraciones pido…]

Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro.

Y todo lo puso bajo sus pies y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

La carta a los efesios, probablemente no es una carta, sino un tratado, redactado casi con seguridad por un discípulo de Pablo (el estilo es muy diferente del de las cartas de Pablo). Es uno de los textos del Nuevo Testamento más ricos en cuanto a su tema, que es fundamentalmente acerca de la Iglesia, nueva creación y humanidad nueva, edificio compacto y cuerpo en crecimiento, pueblo de Dios y esposa del Mesías. Predominan en la carta, más que los aspectos jurídicos, los místicos, la fuerza del Espíritu como fuente de la unidad de la Iglesia.

El texto de hoy pide luz para la esperanza; es un escrito que linda con las imágenes del Apocalipsis, pero lleno de ideas, tan sublimes que escapan un tanto a la explicación:

Cristo es presentado como manifestación de la fuerza poderosa de Dios, que le hace resucitar y subir al cielo, por encima de todo lo creado;

la Iglesia es la plenitud de la obra de Dios, la que completa a Cristo, cuerpo de Cristo, plenitud y consumación de todo.

Tenemos quizá la tentación de reducir los símbolos a realidades históricas: Cristo subiendo como un cohete y sentándose en un trono; la Iglesia con el Papa al frente reconocida y aclamada por todos los Estados del planeta…

Pero estos no son relatos de sucesos sino profesiones de fe. Son símbolos de la realidad espiritual, del triunfo de Dios y el triunfo de la humanidad, por el conocimiento y la conversión.

También puede leerse como segunda lectura la siguiente…

Hebreos 9, 28-48 y 10, 19-23

Cristo ha entrado, no en un santuario construido por hombres -imagen del auténtico – sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros. Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces -como el sumo sacerdote que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena-. Si hubiese sido así, Cristo tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, en el momento culminante de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo.

El destino de los hombres es morir una sola vez, y, después de la muerte, el juicio. De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, para salvar definitivamente a los que lo esperan

Teniendo entrada libre en el santuario, en virtud de la sangre de Jesús; contando con el camino nuevo y vivo que él ha inaugurado para nosotros a través de la cortina, o sea de su carne; y teniendo un gran sacerdote al frente de la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero y llenos de fe, con el corazón purificado de mala conciencia y con el cuerpo lavado en agua pura. Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien hizo la promesa.

La carta a los Hebreos es un escrito doctrinal, escrita en círculos cercanos a Pablo. (Tertuliano dice que su autor es Bernabé, y Clemente de Alejandría dice que fue Lucas quien tradujo al griego el original hebreo).

Dirigida a judíos, posiblemente a judíos deseosos de convertirse, se basa en continuas correspondencias entre el Antiguo Testamento y Jesús. Jesús el gran Mediador (como Moisés), el Sumo Sacerdote (sólo comparable a Melquisedec).

En este texto se ilustra la muerte de Jesús con la imagen del sacrificio anual de Expiación (el día del Yom-Kippur) del Sumo Sacerdote de Israel. Cristo no ofrece víctimas, sino que se ofrece, y una sola vez, como en la muerte de todos los humanos. Cristo no entra en el templo, un santuario de piedras, sino en el Santuario definitivo, del cual el templo de la tierra no es más que una imagen.

La imagen es cercana a la del texto anterior: la iglesia y la humanidad tendiendo a la plenitud, a la consumación, por la acción poderosa de Dios manifestada en Jesucristo.

Así pues, los tres textos propuestos para hoy se mueven entre el simbolismo y el mensaje, y, juntos, nos ayudan a comprender la Ascensión del Señor. Demasiadas veces trivializamos la Ascensión como si fuera un episodio de la vida de Jesús, un «viaje final». La muerte en cruz, el sepulcro vacío, son sucesos: hubo testigos, creyentes o no, que podrían atestiguarlos. La Encarnación, la Resurrección y la Ascensión no son sucesos que los ojos vieron. Son «sucesos de la fe». Y sus relatos no cuentan lo que vieron los ojos, sino lo que la fe creyó.

José Enrique Galarreta, S.J.

Fuente Fe Adulta

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“El Espíritu de la Verdad”. 21 de mayo de 2017. 6 Pascua (A). Juan 14, 15-21.

domingo, 21 de mayo de 2017
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1398445799_315714_1398446224_album_normalJesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y abatidos. Pronto no lo tendrán con él. ¿Quién podrá llenar su vacío? Hasta ahora ha sido él quien ha cuidado de ellos, los ha defendido de los escribas y fariseos, ha sostenido su fe débil y vacilante, les ha ido descubriendo la verdad de Dios y los ha iniciado en su proyecto humanizador.

Jesús les habla apasionadamente del Espíritu. No los quiere dejar huérfanos. Él mismo pedirá al Padre que no los abandone, que les dé “otro defensor” para que “esté siempre con ellos”. Jesús lo llama “el Espíritu de la verdad”. ¿Qué se esconde en estas palabras de Jesús?

Este “Espíritu de la verdad” no hay que confundirlo con una doctrina. Esta verdad no hay que buscarla en los libros de los teólogos ni en los documentos de la jerarquía. Es algo mucho más profundo. Jesús dice que “vive con nosotros y está en nosotros”. Es aliento, fuerza, luz, amor… que nos llega del misterio último de Dios. Lo hemos de acoger con corazón sencillo y confiado.

Este “Espíritu de la verdad” no nos convierte en “propietarios” de la verdad. No viene para que impongamos a otros nuestra fe ni para que controlemos su ortodoxia. Viene para no dejarnos huérfanos de Jesús, y nos invita a abrirnos a su verdad, escuchando, acogiendo y viviendo su Evangelio.

Este “Espíritu de la verdad” no nos hace tampoco “guardianes” de la verdad, sino testigos. Nuestro quehacer no es disputar, combatir ni derrotar adversarios, sino vivir la verdad del Evangelio y “amar a Jesús guardando sus mandatos”.

Este “Espíritu de la verdad” está en el interior de cada uno de nosotros defendiéndonos de todo lo que nos puede apartar de Jesús. Nos invita abrirnos con sencillez al misterio de un Dios, Amigo de la vida. Quien busca a este Dios con honradez y verdad no está lejos de él. Jesús dijo en cierta ocasión: “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. Es cierto.

Este “Espíritu de la verdad” nos invita a vivir en la verdad de Jesús en medio de una sociedad donde con frecuencia a la mentira se le llama estrategia; a la explotación, negocio; a la irresponsabilidad, tolerancia; a la injusticia, orden establecido; a la arbitrariedad, libertad; a la falta de respeto, sinceridad…

¿Qué sentido puede tener la Iglesia de Jesús si dejamos que se pierda en nuestras comunidades el “Espíritu de la verdad”? ¿Quién podrá salvarla del autoengaño, las desviaciones y la mediocridad generalizada? ¿Quién anunciará la Buena Noticia de Jesús en una sociedad tan necesitada de aliento y esperanza?

José Antonio Pagola

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“Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor”. Domingo 21 de mayo de 2017. 6º Domingo de Pascua.

domingo, 21 de mayo de 2017
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28-PascuaA6 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 8,5-8.14-17: Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo
Salmo responsorial: 65: Aclamad al Señor, tierra entera.
1Pedro 3,15-18: Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida
Juan 14,15-21: Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor

La palabra de Felipe, un misionero que lleva el mensaje de Jesús a nuevas fronteras, es escuchada con atención porque hay coherencia entre lo que dice y lo que hace. La palabra y el poder sanador de Felipe son motivo de alegría para la comunidad samaritana. Para que una comunidad se mantenga firme en el evangelio es necesario tener la fuerza y la gracia del Espíritu Santo, algo que solo se logra con la oración, la imposición de las manos como signo de herencia fraterna y el bautismo comprometido con la misión de Jesús. Los discípulos y discípulas de ayer y de hoy tenemos la gracia de haber recibido el Espíritu Santo a través del Bautismo y la imposición de las manos. El Espíritu Santo es el único que puede garantizar el éxito y la eficacia de la misión. Discipulado, Espíritu y misión son las marcas que identifican al misionero de Jesús.

El pasaje de la carta de Pedro insta a la comunidad a ser santos. Una santidad que está siempre ligada al seguimiento y a las consecuencias que esta opción misionera imponga en nuestras vidas.

El Evangelio de Juan nos da la clave del verdadero seguimiento: AMAR. Este amor es el mandamiento que Jesús da a quienes quieran seguirlo. Ser discípulos o discípulas de Jesús implica tener como norma de vida el amor, un amor activo, liberador y eficaz. Ésta es la esencia del Evangelio, éste es el corazón de la vida y la práctica de Jesús, esto es lo que identifica a todos aquellos y aquellas que han asumido su misión.

Jesús teme por el futuro de sus discípulos. Sabe que las fuerzas del mal son poderosas y no escatiman esfuerzos para eliminar a las fuerzas del bien. Reconoce que sus discípulos no tienen todavía la formación y la convicción necesaria para enfrentar estas fuerzas malignas. Por esto, en un gesto de amor profundo, Jesús le pide al Padre que derrame el Espíritu sobre los discípulos de ayer y de hoy, para no dejarnos huérfanos, para que permanezca siempre con nosotros en la continuidad de la misión. Mientras el mundo permanece ciego, el Espíritu permite a los discípulos de Jesús reconocerlo en los hermanos. En el amor a los demás se reconoce el verdadero rostro de Jesús. Sólo el amor, al que somos llamados, es garantía de la presencia de Dios en nosotros y en nuestras comunidades. Si el amor es la clave del seguimiento de Jesús, tendremos que preguntarnos que estamos haciendo en nuestra vida y en nuestras comunidades para impregnar el mundo de amor, un amor que con la fuerza del Espíritu, permita que la verdad, la justicia y la fraternidad sean las huellas del Reino en el mundo de hoy.


La 1ª lectura, tomada del libro de los Hechos, nos presenta a Felipe predicando a los samaritanos en su capital. Es una noticia inusitada si tenemos en cuenta la enemistad tradicional entre judíos y samaritanos, tan presente en los evangelios, en pasajes como la parábola del buen samaritano (Lc 10,29-37), o la conversación de Jesús con la samaritana (Jn 4,1-42) o en otros pasajes más breves (Mt 10,5; Lc 9,51-56; 17,16; Jn 8,48). Los judíos consideraban a los samaritanos como herejes y extranjeros (cfr. 2Re 17,24-41) pues, aunque adoraban al único Dios y vivían de acuerdo con su ley, no querían rendir culto en Jerusalén, ni aceptaban ninguna revelación ni otras normas que las contenidas en el Pentateuco. Los samaritanos pagaban a los judíos con la misma moneda, pues los habían hostigado en los períodos de su poderío y habían llegado a destruir su templo en el monte Garitzín. Por todo esto nos parece sorprendente encontrar a Felipe predicando entre ellos, en su propia capital, y con tanto éxito como sugiere el pasaje que hemos leído, hasta concluir con un hermoso final: que su ciudad, la de los samaritanos, “se llenó de alegría”.

Esta obra evangelizadora que rompe fronteras nacionales, que supera odios y rivalidades ancestrales, provocando en cambio la unidad y la concordia de los creyentes, es obra del Espíritu Santo, como comprueban los apóstoles Pedro y Juan, que con su presencia en Samaria confirman la labor de Felipe. Se trata de una especie de Pentecostés, de venida del Espíritu Santo sobre estos nuevos cristianos procedentes de un grupo tan despreciado por los judíos. Para el Espíritu divino, no hay barreras ni fronteras. Es Espíritu de unidad y de paz.

La 2ª lectura sigue siendo, como en los domingos anteriores, un pasaje de la 1ª carta de Pedro. Escuchamos una exhortación que con frecuencia se nos repite y recuerda: que los cristianos debemos estar dispuestos a «dar razón de nuestra esperanza» a todo el que nos la pida. ¿Por qué creemos, por qué esperamos, por qué nos empeñamos en confiar en la bondad de Dios en medio de los sufrimientos de la existencia, las injusticias y opresiones de la historia? Porque hemos experimentado el amor del Padre, y porque Jesucristo ha padecido por nosotros y por todos, para darnos la posibilidad de llegar a la plenitud de nuestra existencia en Dios. Por esta misma razón el apóstol nos exhorta a mostrarnos pacientes en los sufrimientos, contemplando al que es modelo perfecto para nosotros, a Jesucristo, el justo, el inocente, que en medio del suplicio oraba por sus verdugos y los perdonaba. La breve lectura termina con la mención del Espíritu Santo por cuyo poder Jesucristo fue resucitado de entre los muertos.

A quince días de que termine la cincuentena pascual, la Iglesia comienza a prepararnos para la gran celebración que la concluirá: la de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. La manifestación pública de la Iglesia. Podríamos decir que su inauguración –teológicamente hablando, no históricamente hablando–. En la lectura del evangelio de san Juan, tomada de los discursos de despedida de Jesús que encontramos en los capítulos 13 a 17 de su evangelio, el Señor promete a sus discípulos el envío de un “Paráclito”, un Defensor o Consolador, que no es otro que el Espíritu mismo de Dios, su fuerza y su energía, Espíritu de verdad porque procede de Dios que es la verdad en plenitud, no un concepto, ni una fórmula, sino el mismo Ser Divino que ha dado la existencia a todo cuanto existe y que conduce la historia humana a su plenitud.

Los grandes personajes de la historia permanecen en el recuerdo agradecido de quienes les sobreviven, tal vez en las consecuencias benéficas de sus obras a favor de la humanidad. Cristo permanece en su Iglesia de una manera personal y efectiva: por medio del Espíritu divino que envía sobre los apóstoles y que no deja de alentar a los cristianos a lo largo de los siglos. Por eso puede decirles que no los dejará solos, que volverá con ellos, que por el Espíritu establecerá una comunión de amor entre el Padre, los fieles y El mismo.

El «mundo» (en el lenguaje de Juan) no puede recibir el Espíritu divino. El mundo de la injusticia, de la opresión contra los pobres, de la idolatría del dinero y del poder, de las vanidades de las que tanto nos enorgullecemos a veces los humanos. En ese mundo no puede tener parte Dios, porque Dios es amor, solidaridad, justicia, paz y fraternidad. El Espíritu alienta en quienes se comprometen con estos valores, esos son los discípulos de Jesús.

Esta presencia del Señor resucitado en su comunidad ha de manifestarse en un compromiso efectivo, en una alianza firme, en el cumplimiento de sus mandatos por parte de los discípulos, única forma de hacer efectivo y real el amor que se dice profesar al Señor. No es un regreso al legalismo judío, ni mucho menos. En el evangelio de San Juan ya sabemos que los mandamientos de Jesús se reducen a uno solo, el del amor: amor a Dios, amor entre los hermanos. Amor que se ha de mostrar creativo, operativo, salvífico. Leer más…

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Dom 21.5.17. Se acerca Pentecostés. Experiencia y teología del Espíritu Santo

domingo, 21 de mayo de 2017
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Domingo 6º de Pascua. Juan 14,15-21. El evangelio de hoy presenta la Pascua de Jesús como promesa y Esperanza del Espíritu Santo:

Yo rogaré al Padre y os enviará otro Defensor”, es decir, el “paráclito de Dios”, Dios mismo como Amado compañero, Consolador y defensor de los hombres.

Nos acercamos a la Ascensión del Señor, nos acercamos a Pentecostés. En esa línea quiero presentar mi reflexión dominical…que en este día tendrá dos partes bien diferenciadas:

(1) Un comentario exegético del evangelio, centrado como he dicho en la promesa del Espíritu Santo, analizando las palabras del evangelio, con la promesa del Paráclito, desde sus diversas perspectivas Puede servir de meditación personal o de guión para una predicación dominical.

La Pascua viene a presentarse en este contexto como experiencia de intimidad orante, Dios en nosotros. Ésta es la promesa que sostiene el camino de la historia tantas veces oscura y angustiosa de los hombres: Llega el Espíritu de Dios, la verdad auténtica, la nueva humanidad

(2) En la segunda parte quiero presentar una teología del Espíritu Santo, comentando dos obras fundamentales de H. Mühlen, que fue a finales del siglo XX el gran pensador alemán que renovó el estudio de la «Vida de Dios», hecha fuente de vida en la existencia de los hombres.

H. Mühlen fue un gran teólogo… un carismático. De esa forma pasó de la cátedra (sin dejarla) a las comunidades pentecostales católica, apostando por una renovación vivencial de la Iglesia.

Las dos partes (experiencia y teología) se vinculan. Las dos nos ayudan a pentrar en la vida de Dios que es su Espíritu. Buen domingo a todos.

Imagen 1. Un signo del Espíritu Santo. El fuego de Dios, hecho paloma…
Imagen 2. El lugar tradicional del Cenáculo y de Pentecostés en Jerusalén…

b2ed404cd66d00ae6bf0e3c40c635b81_lEs una estancia gótica del siglo XIV, un lugar entrañable, signo del Espíritu Dios, en la Jerusalén dividida: Al lado está el gran templo cristiano de Sión, debajo el «cenotafio» de David, revestido de negro y copado por nacionalistas judíos… y este salón del Cenáculo (construído por los franciscanos el año 1342, es ahora propiedad de un musulmán, que deja entrar a los devotos y rezar en privado, pero no celebrar liturgias…).

Buen domingo, buena espera del Espíritu Santo a todos, que buena falta nos hace.
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Texto:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor (=Paráclito), que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.

No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros.

El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él (Juan 14,15-21).

EXPERIENCIA DEL ESPÍRITU SANTO. COMENTARIO EXEGÉTICO

Introducción.
Evangelio de Juan: Catequesis del Espíritu

jednosc-wiara7(Traducción polaca de un libro sobre el Espíritu Santo, que publiqué el año 2002)

El evangelio de Juan puede entenderse como una catequesis del Espíritu, como dice el mismo Jesús a Nicodemo, maestro de Israel: «En verdad te digo, si alguien no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios» (Jn 2, 5). El evangelio es experiencia de nacimiento: nos hace ver que somos hijos de Dios, con Jesús, en el Espíritu. La religión anterior ha pasado, los montes sagrados y templos, los cultos antiguos. Llega en Jesús la novedad de una adoración gratuita, abierta a todos:

«Créeme, mujer: viene la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre… Pero llega la hora y es ésta en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y en Verdad; estos son los adoradores que Dios busca: Dios es Espíritu, y quienes le adoran deben adorarle en Espíritu y Verdad» (Jn 4, 21-24).

Los hombres estaban divididos por sacralidades. Ahora han de unirse en el Espíritu y Verdad universal. Eso lo sabían los judíos helenistas (Filón y Sabiduría), pero no habían podido concretarlo. Muchos cristianos posteriores han seguido encerrados en una cultura o ciudad (nación) particular. En contra de eso, Jesús quiere que todos se vinculen por el Espíritu, que brota como río de su seno:

«Esto lo dijo refiriéndose al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él; pues todavía no había Espíritu, porque Jesús no había sido aún glorificado» (Jn 7, 39).

Jesús resucitado es manantial del Espíritu, que mana hacia todos los humanos (como las aguas del paraíso: Gen 2, 10-14; Ap 22, 1-2).

Jesús pascual, los textos del Paráclito:

En ese fondo se sitúan los textos del Espíritu-Paráclito, como abogado, defensor de los fieles en la prueba (cf. Mc 13, 11 par), intérprete y autoridad de Jesús en la iglesia.

images1(1) Rogaré al Padre y os dará otro Paráclito, que esté con vosotros para siempre (Jn 14, 16). Ésta es la palabra clave del evangelio de hoy. Jesús mismo había sido el Paráclito, defensor de sus discípulos. Pero ahora que se va y les deja en plano físico, pide al Padre otro, que sea presencia interior y compañía (no os dejaré huérfanos: 14, 18).

Los hombres que están cerrados en el “mundo” viven en un plano de carne, de lucha mutua, mentira. La misma vida se les cierra y aparece como círculo de muerte. Por el contrario, aquellos que viven iluminados por Jesús (desde la presencia de Dios) reciben la promesa del el Espíritu. Están acompañados. Esta experiencia del Dios-Compañía es la clave de pascua cristiana.

(2) El Paráclito… os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que os dije, como Maestro interior divino (Jn 14, 26). La iglesia ha corrido a veces el riesgo de entender la verdad como algo impuesto por fuera, resuelto y enseñado desde arriba. Pero Jesús promete a los suyos un magisterio interior: los cristianos sólo conocen la autoridad del Espíritu-Paráclito, que interpreta y actualiza a Cristo. Leer más…

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Alegría, esperanza, amor. Domingo 6º de Pascua.

domingo, 21 de mayo de 2017
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jsalvDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Las lecturas continúan las tres situaciones de la iglesia que comenté el domingo pasado.

Iglesia naciente: modelo de una nueva comunidad (Hechos de los apóstoles)

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aún no había bajado sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Tras la institución de los diáconos, Lucas nos cuenta la actividad de uno de ellos, Felipe, en la fundación de la comunidad de Samaria. Esto le sirve para indicar las características que debería tener cualquier nueva comunidad.

1) No debe excluir a nadie. Felipe se dirige a Samaria, la región más despreciada y odiada por un judío.

2) Felipe predica a Cristo. Los misioneros no proponen una filosofía moral ni una ética; su intención primordial no es reformar las costumbres sino dar a conocer a Jesús.

3) La palabra va acompañada de la acción. Lucas la concreta en signos y prodigios semejantes a los que realizaron Jesús y los apóstoles: curación de todo tipo de enfermos.

4) El fruto de esta actividad es que «la ciudad se llenó de alegría». El evangelio no es un mensaje triste.

5) Sólo falta algo que el diácono Felipe no puede dar: el Espíritu Santo. Eso lo concede la oración de los apóstoles Pedro y Juan, que simbolizan al mismo tiempo con su presencia la unión entre la nueva comunidad y la iglesia madre de Jerusalén.

Iglesia sufriente: calumnias y esperanza (1 de Pedro)

Queridos hermanos: Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo; que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal. Porque también Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.

La carta de Pedro menciona el tema de las calumnias que sufrían los primeros cristianos. Recuerdo dos de ellas, tomadas de textos de Tertuliano y Minucio Félix.

Se decía que cuando uno iba a incorporarse a la comunidad e iniciarse en los misterios, se tomaba a un niño muy pequeño, se lo recubría por completo de harina y se lo colocaba sobre una mesa. Cuando el neófito entraba en la sala, le ordenaban golpear con fuerza aquella masa. Él lo hacía, pensando que no se trataba de nada grave. Y golpeaba una y otra vez hasta matar al niño. Entonces, todos se lanzaban sobre el niño muerto para lamer su sangre y repartirse sus miembros, sellando de ese modo la alianza con Dios.

Otra acusación era la del incesto. Según ella, los cristianos se reúnen en sus días de fiesta para celebrar un gran banquete. Acuden con sus hijos, hermanas, madres, personas de todo sexo y edad. La sala está iluminada sólo por un candelabro, al que se encuentra atado un perro. Cuando han comido y bebido abundantemente, ya medio borrachos, excitan al perro tirándole trozos de carne a un sitio al que no puede llegar, hasta que el perro tira el candelabro, se apaga la luz, y todos se abrazan al azar y se entregan a la mayor orgía entre hermanos y hermanas.

En este contexto, la carta de Pedro recomienda:

1) Saber dar razón de nuestra esperanza con mansedumbre y respeto. Es decir, saber explicar qué creemos y esperamos, pero sin usar condenas y descalificaciones.

2) Es mejor padecer haciendo el bien que padecer haciendo el mal.

Esta conducta, humanamente tan difícil, sólo se puede conseguir recordando el ejemplo de Jesús que, siendo inocente, murió por los culpables. E igual que él resucitó, también nosotros recibiremos el premio de nuestra paciencia.

Iglesia creyente: «obras son amores» (evangelio de Juan)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.»

El evangelio, en pocas palabras, reúne temas tan distintos que resulta difícil encontrar un elemento común. No se puede pedir un discurso lógico y ordenado a una persona que se despide de sus seres más queridos poco antes de morir. Destaco tres temas.

1) Este breve fragmento comienza y termina con palabras muy parecidas: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.» «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama». Como dice el refrán: «Obras son amores, y no buenas razones».

La relación entre el amor y la observancia de los mandamientos es muy antigua en Israel: se remonta al Deuteronomio, donde amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser, se concreta en la observancia de sus leyes, mandatos y decretos. En el caso de Jesús hay una gran diferencia, sus mandamientos se resumen en uno solo: «Esto os mando: que os améis los unos a los otros como yo os he amado».

2) Teniendo en cuenta la proximidad de la fiesta de Pentecostés, son importantes las palabras: «Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.» Parece una contradicción manifiesta pedir al Padre que nos dé algo que ya vive en nosotros. Son los dos tiempos en los que se mueven a menudo estos discursos: el de Jesús, que mira al futuro y pide al Padre que nos dé un defensor; y el nuestro, que ya hemos recibido el Espíritu y vive en nosotros.

3) La unión plena del cristiano con el Padre y con Jesús. «No os dejaré huérfanos, volveré.» «Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros

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Sexto Domingo de Pascua.

domingo, 21 de mayo de 2017
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pascua

Las lecturas de este sexto domingo de Pascua nos pasean por nuestro interior a modo de guías turísticas para despertarnos a lo esencial, que, como decía El Principito, es invisible a los ojos. Nos llevan hacia lo que habita dentro, nuestros amores, lo que escuchamos, lo que vemos y conocemos y, muy importante, nuestros descubrimientos. Esas experiencias que anclan la existencia en Dios.

Felipe en Samaría es capaz de alegrar a toda la ciudad hablando de Jesús, de Cristo. Contando que vive y que su presencia es sanadora, liberadora, permite volar al viento del Espíritu. Durante toda la Pascua afirmamos en la Eucaristía que la efusión del gozo pascual desborda el mundo de alegría.

Así que la primera parada en nuestra ruta turística interior, es la calle de la alegría. Aquella que descubrimos cuando Dios se hizo presente en nuestra vida, o nos dimos cuenta de que siempre había estado ahí, acompañándonos con su mirada enamorada. ¿Cómo andamos de alegría? Atención, cuidado con desviarse por la calle de la amargura porque se nos avinagra la sonrisa.

Si pasamos a la segunda lectura, nos encontramos con una carta de Pedro. Nos anima a ser valientes y explicar abiertamente a quien nos lo pregunte, sin pudor, qué es lo que llena nuestra vida de esperanza, de confianza, de serenidad. Nos invita a hablar de Dios a quien nos quiera escuchar… pero nos pide que lo hagamos con delicadeza y respeto. Nada de caer en la tentación de imponer nuestra experiencia a otras personas, o despreciarlas y sentirnos por encima.

Nuestra guía interior después de mostrarnos la calle de la alegría nos para frente a la fuente de la esperanza… Agua fresca y gratuita, para todas las personas que se quieran acercar. Y digo que nos para porque es precisamente lo que se necesita, parar. Parar para comprender y contemplar cuál es nuestra verdadera fuente, qué aguas bebemos que a veces nos arrugan la mirada y nos decoloran la sonrisa.

Para escuchar las palabras de Jesús la Iglesia durante la Pascua nos acerca al Evangelio de Juan, que para algunas personas es belleza y poesía y para otras es más bien enigmático y filosófico. Este domingo, igual es porque escribimos desde una monasterio trinitario, lo que más resuena en el corazón es la presencia de las Tres Divinas Personas a lo largo del texto. Y, como no puede ser de otra manera, para hablar de Dios Trinidad habla de amar, del amor que damos, del que recibimos, del Amor. Y lo hace como simulando una danza de entrega y acogida.

El Espíritu mora en vosotros”… “yo estoy en mi Padre, vosotros en mí, yo en vosotros”… “quien me ama, será amado por mi Padre, y yo también lo amaré”

Si leemos el texto con serenidad nos está invitando a participar en la danza del Amor, con Jesús, con Abba, con el Espíritu Santo. Así que, para nuestras sorpresa, esta ruta por nuestro interior no nos lleva a una clase teórica de dogmática cristiana sino a un taller de danza. La torpeza no es una excusa, porque el taller está preparado para quien se decida a dejar a un lado el pequeño mundo de los razonamientos y dejarse llevar por el ritmo trinitario del Amor. El Amor que habita en ti. Tan solo escucha, y que el latir del corazón se acompase con el latir de Dios. ¡A danzar!

Oración.

Tus palabras refrescan nuestra alma,
todo se hace posible,
envueltas y a la vez habitadas por Ti,
nos hacemos música para Ti.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El único amor es el que se manifiesta en obras.

domingo, 21 de mayo de 2017
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enfants1Se habla de la presencia de Dios de Jesús y del Espíritu en la primera comunidad. Se trata de hacer ver a los cristianos de finales del s. I, que no estaban en inferioridad de condiciones con relación a los que habían conocido a Jesús; por eso es tan importante este tema, también para nosotros hoy. Nos pone ante la realidad de Jesús vivo, que nos hace vivir a nosotros con la misma Vida que él tenía antes y después de su muerte; y que ahora se manifiesta de una manera nueva. Se trata de la misma Vida de Dios (Zoe). Esto explica que entre en juego un nuevo protagonista: el Espíritu.

No debemos dejarnos confundir por la manera de formular estas ideas sobre la relación de Jesús, Dios y el Espíritu por aquellos cristianos de finales del s. I. No se trata de una relación con alguna entidad exterior al ser humano. Tampoco se está hablando de tres realidades separadas. Si uno se fija bien en el lenguaje, descubrirá que se habla de la misma realidad con nombres distintos. Una y otra vez insisten los textos en la identidad de los tres. Después de morir, el Jesús que vivió en Galilea, se identificó absolutamente con Dios que es Espíritu. Ahora los tres son indistinguibles.

Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Mandamientos que en el capítulo anterior quedaron reducidos a uno solo: amar. Quien no ama a los demás no puede amar a Jesús, ni a Dios. Los mandamientos son exigencia del amor. Las “exigencias” no son obligaciones impuestas desde fuera, sino la exigencia de amar, que viene del interior y que se debe manifestar en cada circunstancia concreta. Para Jn, “el pecado del mundo” era la opresión, que se manifiesta en toda clase de injusticias. El “amor” es también único, que se despliega en toda clase de solidaridad y entrega a los demás.

Yo pediré al Padre que os mande otro defensor que esté con vosotros siempre.Cuando Jesús dice que el Padre mandará otro defensor, no está hablando de una realidad distinta de lo que él es o de lo que es Dios. Está hablando de una nueva manera de experimentar el amor, que será mucho más cercana y efectiva que su presencia física durante la vida terrena. Primero dice que mandará al Espíritu, después que él volverá para estar con ellos, y por fin que el Padre y él vendrán y se quedarán. Esto significa que se trata de una realidad múltiple y a la vez única, Dios.

“Defensor” (paraklêtos) = el que ayuda en cualquier circunstancia; abogado, defensor cuando se trata de un juicio. Se trata de una expresión metafórica. La defensa a la que se refiere, no va a venir de otra entidad, sino que será la fuerza de Dios-Espíritu que actuará desde dentro de cada uno. Tiene un doble papel: interpretar el mensaje de Jesús y dar seguridad y guiar a los discípulos. El Espíritu será otrovaledor. Mientras estaba con ellos, era el mismo Jesús quien les defendía. Cuando él se vaya, será el Espíritu el único defensor, pero será mucho más eficaz, porque defenderá desde dentro.

“El Espíritu de la verdad”. La ambivalencia del término griego (alêtheia) = verdad y lealtad, pone la verdad en conexión con la fidelidad, es decir con el amor. “De la verdad” es genitivo epexegético; quiere decir, El Espíritu que es la verdad. Jesús acaba de decir que él era la verdad. “El mundo” es aquí el orden injusto que profesa la mentira, la falsedad. El mundo propone como valor lo que merma o suprime la Vida del hombre. Lo contrario de Dios. Los discípulos tienen ya experiencia del Espíritu, pero será mucho mayor cuando esté en ellos como único principio dinámico interno.

No os voy a dejar desamparados. En griego órfanoús = huérfanos se usa muchas veces en sentido figurado. En 13,33 había dicho Jesús: hijitos míos. En el AT el huérfano era prototipo de aquel con quien se pueden cometer impunemente toda clase de injusticias. Jesús no va a dejar a los suyos indefensos ante el poder del mal. Pero esa fuerza no se manifestará eliminando al enemigo sino fortaleciendo al que sufre la agresión, de tal forma que la supere sin que le afecte lo más mínimo.

El mundo dejará de verme; vosotros, en cambio, me veréis, porque yo tengo vida y también vosotros la tendréis. La profundidad del mensaje puede dejarnos en lo superficial de la letra. “Dejará de verme” y “me veréis”, no hace referencia a la visión física. No se trata de verlo resucitado, sino de descubrir que sigue dándoles Vida. Esta idea es clave para entender bien la resurrección. El mundo dejará de verlo, porque solo es capaz de verlo corporalmente. Ellos, que durante la vida terrena lo habían visto como el mundo, externamente, ahora serán capaces de verlo de una manera nueva.

Aquel día experimentaréis que yo estoy identificado con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. Al participar de la misma Vida de Dios, de la que el mismo Jesús participa, experimentarán la unidad con Jesús y con Dios. Es una experiencia de unidad e identificación tan viva que nadie podrá arrancársela. Es una comunión de ser absoluta entre Dios y el hombre. Por eso, al amar ellos, es el mismo Dios quien ama. El amor-Dios se manifiesta en ellos como se manifestó en Jesús.

“El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; a quien me ama le amará mi Padre y le amaré yo y yo mismo me manifestaré a él”. Su mensaje es el del amor al hombre y no el del sometimiento. La presencia de Jesús y Dios se experimenta como una cercanía interior, no externa. En (14,2) Jesús iba a preparar sitio a los suyos en el “hogar”, familia del Padre. Aquí son el Padre y Jesús los que vienen a vivir con el discípulo. En el AT la presencia de Dios se localizaba en un lugar, la tienda del encuentro o el templo, ahora cada miembro de la comunidad será morada de Dios. No será sólo una experiencia interior; el amor manifestado hará visible esa presencia.

Un versículo después de lo que hemos leído dice: el que me ama cumplirá mi mensaje y mi Padre le demostrará su amor: vendremos a él y permaneceremos con él. Los discípulos tienen garantizada la presencia del Padre y la de Jesus. Esa presencia no será puntual, sino continuada. Una vez más se utiliza el verbo “permanecer” que expresa una actitud decidida de Dios con el hombre. También queda una vez más confirmada la identidad del Jesús con Dios, una vez que ha terminado su trayectoria terrena.

Jesús vivió una identificación con Dios que no podemos expresar con palabras. “Yo y el Padre somos uno.” A esa misma identificación estamos llamados nosotros. Hacernos una cosa con Dios, que es espíritu y que no está en nosotros como parte alícuota de un todo que soy yo, sino como fundamento de mi ser, sin el cual nada puede haber de mí. Esa presencia de Dios en mí no altera para nada mi individualidad. Yo soy totalmente humano y totalmente divino. El vivir esta realidad es lo que constituye la plenitud del hombre.

Meditación

Nos empeñamos en meter en conceptos lo indecible.
Solo la vivencia puede saciar el ansia de conocer y amar.
Lo que te empeñas en buscar fuera, no existe más que dentro.
El ojo ya no existe, ni hay nada que mirar.

Vete al centro de ti y descubre tu esencia.
Ese descubrimiento colmará tus anhelos.
Descubre que la Vida, desde el centro de ti,
ha transformado todo tu ser en Luz.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Otro Paráclito

domingo, 21 de mayo de 2017
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766c2beac81bb1ac7b41ec146ec21e38He tenido la cabeza inclinada hacia las estrellas desde que puedo recordar. Pero, ¿sabes lo que me sorprendió? No les estaba mirando a ellas. Te estaba encontrando a ti. (Película “Arrival” 2017)

19 de mayo. Domingo IV de Pascua

Jn 14, 15-21

Le pediré al Padre que os envíe otro Valedor que esté siempre con vosotros.

Al otro Paráclito que Jesús pide al Padre para que esté siempre con nosotros podríamos liberarle de la esclerotización en que la teología y los ritos arcaicos le han hecho prisionero, y lanzarle a volar por el mundo en plenitud de alas sobre los horizontes de la realidad humana como apunta Leonardo Boff en Los Sacramentos de la vida“Este espíritu vive hoy en los manantiales de nuestra experiencia cultural. Es como un río subterráneo que alimenta las fuentes, y éstas a los ríos de superficie. No lo vemos, pero es lo más importante, porque hominiza las cosas y humaniza nuestras relaciones con ellas. Detecta el sentido secreto en ellas inscrito”.

Los Hechos de los Apóstoles nos dicen que esa era la labor de sus discípulos cuando después de dar testimonio, anunciaban la Buena Nueva por las aldeas de Samaria (Hch 8, 25). Esta es la manera más acorde de hacer realidad la Pascua cada día. Y en este caso sí que la vemos, porque se hace evidente en la tarea de atención humanitaria en que tantos están comprometidos, pues como dice San Pablo en Rom 1, 19, lo que se puede conocer de Dios lo tenemos a la vista.Y ésta era también la del señor Mansueto, profesor de Boff. “Para quienes le conocimos y fuimos sus alumnos, dice, representó el símbolo fundamental de los valores de la existencia, tales como el idealismo, la abnegación, la humildad, el amor al prójimo, la sabiduría de la vida. Valores que no se comunican en abstracto sino proclamándolos o defendiéndolos. Y más en concreto, viviéndolos y refiriéndolos a personas que los encarnan con sus vidas”.

Quien mejor supo hacerlo fue nuestro Maestro siendo sacramento de aquellos valores que vivió hasta su máxima radicalidad y encarnó en la más cristalina limpidez. En él, como relata el NT, apareció la benignidad y el amor humanitario de Dios, nuestro salvador (Ti 3,4; 2 Tim 1,10). Era la forma visible del Dios invisible (Col 1,15), la irrupción epifánica de la divinidad en la diafanía de la carne visible y palpable (Col 2,9). «Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre», dice a Felipe (Jn 14, 9).

En la película estadounidense Arrival (2017), de ciencia ficción y drama, el director Denis Villeneuve pone en boca de Ian Donnelly estas palabras dirigidas a Louise Banks: “He tenido la cabeza inclinada hacia las estrellas desde que puedo recordar. Pero, ¿sabes lo que me sorprendió? No les estaba mirando a ellas. Te estaba encontrando a ti”. A las que le respondió Louise: “Olvidé lo bien que se sentía el ser sostenida por ti”. Referencias que con toda propiedad nosotros podemos aplicar a la didascálica figura del Espíritu y de Jesús.

Figuras que no sería descabellado sospechar ocultas en estos versos del poema El aire, de Jorge Guillén:

Aquellos días de entonces
vagan ahora disueltos
en este esplendor que impulsa
lo más leve hacia lo eterno.

En Mírame, del vate mexicano Antonio Torres Villén (1760-1812), se resaltan la ansias que el poeta tiene -y nosotros con él- de que la luz que nos viene de Jesús nos ilumine y penetre en el alma.

MÍRAME (Fragmento)

Sólo me basta Señor
Tu Gracia en mí derramada,
como un perfume preciado
que por amor tú me has dado
y así, mi vida inundada…
…se siente cuando yo miro
Tu gloria cada mañana,
y en la noche cuando el Sol
se ha puesto, sigue tu amor
iluminando mi cama.

Me basta que tú me mires
al levantarme en el alba,
y que tu gloria me llene
de esa luz, que de ti viene
y que penetra en mi alma.

(…………)

En esta noche, y a solas,
quiero venir ante ti,
y mañana al despertarme
quiero en tus ojos mirarme
y que te fijes en mí.

 Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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La Vida en nosotros

domingo, 21 de mayo de 2017
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holy-spirit-3Jn 14, 15-21

La dimensión escatológica de este texto es sorprendente. A partir del capítulo 13 nos enfrentamos a un extenso discurso de despedida: El evangelista nos presenta a un Jesús consciente de que va a morir. Los discípulos son como sus hijos; él los ha cuidado y protegido, y no quiere que ahora estén desconsolados. Por eso les dice: “No los dejará huérfanos”. La muerte se acerca, pero Jesús les promete: “Regresaré con ustedes”. Los discípulos sienten miedo a quedarse solos, al abandono. Pero Jesús los consuela y les explica que la muerte no tiene la última palabra y que volverá porque, dice, “yo vivo” y “ustedes vivirán”.

Los verbos “vive”, “está en”, “está con” que aparecen en este evangelio en el capítulo 14 llaman la atención sobre todo porque parecen referirse no solo a los discípulos sino a todo creyente, a cada lector u oyente de esta palabra. ¿Quién o quiénes viven?

La respuesta es pluriforme y vincular. Los que “viven” son el Espíritu consolador en nosotros (v. 17); el Padre y Jesús en quienes amen a Jesús (v. 23) y Jesús y los creyentes mutuamente relacionados “porque yo vivo y ustedes vivirán” (v. 19). Las comunidades de los orígenes comprendían que ser cristiano era dejarse llevar por el Espíritu que consuela, el espíritu del Resucitado. Comprendían que Jesús estaba vivo en ellos, y que ellos vivían un vida nueva en esta dinámica de la vida que no tiene fin.

Este texto no permite interpretaciones morales relacionadas con el cumplimiento de los mandamientos, y, sin embargo, apunta a ellas. La única tarea que deja a los discípulos consiste en amar; y ese amor desencadena la acción de cumplir los mandamientos. Recordemos a Agustín de Hipona en su clásico “Ama y haz lo que quieras”, o a Teresa de Jesús “El amor, cuando es crecido, no puede estar sin obrar”. El amor en el centro y como condición imprescindible y, a partir de allí, la acción.

Los cristianos de las comunidades joánicas pasaban momentos difíciles y sus vidas corrían peligro. Tal vez por ello el evangelista dedica tantos capítulos a los discursos de despedida: para ofrecer sentido a situaciones difíciles, para brindar plenitud de vida incluso ante la muerte. Y para poder encontrar en Jesús una propuesta de una vida con sentido. Un sentido y un estilo de vida en plenitud, que se vuelven más importantes y significativos que la misma muerte.

En conclusión, la vida, para el cuarto evangelista, consiste en esta continuidad propia del amor, de la justicia, de la reciprocidad y de la trascendencia. La vida que ofrece el Jesús joánico es vida en abundancia, vida que no se acaba, vida compartida, vida en comunión, vida en relación, vida propia de la justicia, vida para quien ama y vida para quien cree. Es presente y plenitud de ser.

Paula Depalma

Fuente Fe Adulta

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Domingo 6º De Pascua

domingo, 21 de mayo de 2017
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comentarios_desglose_ilustComentarios a las dos primeras lecturas

Hechos 8, 5-17

Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo.

El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos, lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban.

La ciudad se llenó de alegría.

Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que en Samaria habían recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aún no había bajado sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús.

Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Siguen presentando imágenes de la primera Iglesia En conjunto, sus ideas son similares a las de los domingos anteriores. Pero hay algunos matices significativos.

En primer lugar, la Iglesia ha salido de Jerusalén, y no solamente a evangelizar a judíos residentes en otros lugares, sino a los samaritanos, tenidos por herejes y medio-paganos.

Es el primer paso hacia la ruptura con el judaísmo y la apertura a todas las naciones. Este paso no lo da alguno de «los doce» sino el «diacono» Felipe, del que, por cierto, se dice en Hechos que tenía cuatro hijas profetisas.

En segundo lugar, los de Jerusalén parecen sentirse responsables de las comunidades que van surgiendo, y les envían emisarios que los visiten; es el nacimiento de lo que llamaríamos «apóstoles itinerantes«. La palabra «Apóstoles» recupera aquí su sentido original, es decir «enviados».

Los doce son enviados por Jesús, y más tarde, muchos otros son enviados por las comunidades, tal como sucede con los viajes de Pablo y Bernabé. Pero además llama la atención que la comunidad de Jerusalén envía nada menos que a Pedro y a Juan. Una vez más, el protagonista principal de todas las decisiones es la comunidad.

Pedro 3, 15-18

Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y buena conciencia, para que, en aquello mismo en que sois calumniados, queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo; que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal.

Porque también Cristo murió una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. Murió en la carne, pero volvió a la vida por el Espíritu.

La carta «de Pedro» ofrece reflexiones sobre el comportamiento de los que siguen a Jesús y una breve pincelada de la cristología «de Pedro», que en realidad pertenece a una época más bien tardía, un tanto impregnada del concepto de satisfacción vicaria, que nos produce cierta inquietud.

José Enrique Galarreta, S.J.

Fuente Fe Adulta

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“El Camino”. 14 de mayo 2017. 5 Pascua (A). Juan 14, 1-12.

domingo, 14 de mayo de 2017
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cristo_caminando1Al final de la última cena, los discípulos comienzan a intuir que Jesús ya no estará mucho tiempo con ellos. La salida precipitada de Judas, el anuncio de que Pedro lo negará muy pronto, las palabras de Jesús hablando de su próxima partida, han dejado a todos desconcertado y abatidos. ¿Qué va ser de ellos?

Jesús capta su tristeza y su turbación. Su corazón se conmueve. Olvidándose de sí mismo y de lo que le espera, Jesús trata de animarlos: ”Que no se turbe vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí”. Más tarde, en el curso de la conversación, Jesús les hace esta confesión: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí”. No lo han de olvidar nunca.

“Yo soy el camino”. El problema de no pocos no es que viven extraviados o descaminados. Sencillamente, viven sin camino, perdidos en una especie de laberinto: andando y desandando los mil caminos que, desde fuera, les van indicando las consignas y modas del momento.

Y, ¿qué puede hacer un hombre o una mujer cuando se encuentra sin camino? ¿A quién se puede dirigir? ¿Adónde puede acudir? Si se acerca a Jesús, lo que encontrará no es una religión, sino un camino. A veces, avanzará con fe; otras veces, encontrará dificultades; incluso podrá retroceder, pero está en el camino acertado que conduce al Padre. Esta es la promesa de Jesús.

“Yo soy la verdad”. Estas palabras encierran una invitación escandalosa a los oídos modernos. No todo se reduce a la razón. La teoría científica no contiene toda la verdad. El misterio último de la realidad no se deja atrapar por los análisis más sofisticados. El ser humano ha de vivir ante el misterio último de la realidad

Jesús se presenta como camino que conduce y acerca a ese Misterio último. Dios no se impone. No fuerza a nadie con pruebas ni evidencias. El Misterio último es silencio y atracción respetuosa. Jesús es el camino que nos puede abrir a su Bondad.

“Yo soy la vida”. Jesús puede ir transformando nuestra vida. No como el maestro lejano que ha dejado un legado de sabiduría admirable a la humanidad, sino como alguien vivo que, desde el mismo fondo de nuestro ser, nos infunde un germen de vida nueva.

Esta acción de Jesús en nosotros se produce casi siempre de forma discreta y callada. El mismo creyente solo intuye una presencia imperceptible. A veces, sin embargo, nos invade la certeza, la alegría incontenible, la confianza total: Dios existe, nos ama, todo es posible, incluso la vida eterna. Nunca entenderemos la fe cristiana si no acogemos a Jesús como el camino, la verdad y la vida.

José Antonio Pagola

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“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”. Domingo 14 de mayo de 2017. 5º Domingo de Pascua.

domingo, 14 de mayo de 2017
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27-PascuaA5 cerezoLeído en Koinonia:

Hch 6,1-7: Eligieron a siete hombres llenos de espíritu
Salmo responsorial 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti
1Pe 2,4-9: Ustedes son una raza elegida, un sacerdocio real
Jn 14,1-12: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida

En la comunidad lucana descrita en la primera lectura, los apóstoles tienen plena conciencia que no lo pueden hacer todo y que necesitan valerse de otros para atender a las necesidades urgentes de la comunidad pero sin desatender el ministerio de la Palabra. Pero ellos no imponen. Invitan a la comunidad a escoger sus propios servidores, animadores. Les presentan a siete personas que son «autorizados» por los apóstoles para satisfacer las necesidades de la comunidad. No son servidores de segunda. Son personas encargadas o enviadas a realizar ministerios diferentes. Pero todos estaban empeñados en la difusión de la Palabra y en el crecimiento numérico y cualificado de la comunidad.

Así mismo, el autor de la carta de Pedro quiere subrayar el papel de todos los miembros de la comunidad creyente en la construcción del templo vivo de Dios. Jesús es la piedra viva, el fundamento, la base para construir la casa de Dios. Sobre esa piedra se instalan las demás piedras, los seguidores de Jesús. De manera pues que no somos sólo espectadores de la construcción. Somos artífices y al mismo tiempo materia fundamental para alcanzar la construcción del gran edificio humano, levantado sobre la roca, Jesucristo, sostenido por la columna del Espíritu Santo y estructurado con la activa cooperación de cada uno de los bautizados. El sacerdocio, más que un honor, un privilegio, una casta… es un dinamismo desatado por el Espíritu para el servicio de la comunidad eclesial. Todos somos ministros, todos sacerdotes, todos servidores en una densa experiencia fraternal al servicio del Reinado de Dios.

El evangelio de Juan revela la situación crítica que vive la comunidad naciente provocada por el ambiente hostil y peligroso en que se va desarrollando. Jesús no sólo es la piedra fundamental, sino que Jesús es también camino, verdad y vida. Los discípulos están confundidos ante las Palabras de Jesús. En los anteriores versículos Jesús ha anunciado la traición de Judas y la negación de Pedro. Este episodio refleja la situación de crisis de los discípulos porque no entienden el camino de Jesús. Las palabras que Jesús pronuncia pretenden alentarles en la esperanza, fortalecerlos en medio de la angustia, devolverles el horizonte de vida.

Jesús es camino, es decir, es proyecto, horizonte de vida para muchos. Su muerte está llena de sentido porque en ella se manifiesta el amor de Dios por la Humanidad y les devuelve la razón de vivir en momentos de confusión y desesperación.

Jesús es verdad: la mentira, el engaño, la corrupción se apodera del corazón de la persona humana. La Palabra anunciada y testimoniada por Jesús, que es la Palabra del Padre, se convierte en criterio de verdad, en transparencia que devuelve la luz.

Es vida: frente a las fuerzas de la muerte que causan terror, Jesús da sentido a la vida, se revela como Señor de la vida y vencedor de la muerte. Y en él todos los que apuestan a favor de un proyecto de vida, de verdad y amor como horizonte que puede salvar a la Humanidad del caos, la injusticia, la corrupción, la exclusión y la maldad.

Quién cree en Jesús cree en el Padre y será transparencia del Resucitado. En el fondo eso es ser cristiano, que es una forma de ser en plenitud hijos/hijas de Dios. Pero la propuesta de Jesús no es un asunto meramente individual, intimista, espiritualista. El proyecto de su seguimiento es exigente y radical. También la persona cristiana, integrada al cuerpo comunitario, debe ser camino, verdad y vida. Estamos llamados a ser una alternativa de vida, junto con otras alternativas de vida -representadas por otras personas y comunidades inspiradas por otras religiones- en medio de un mundo desorientado que con frecuencia no encuentra el sentido de la existencia. Somos servidores de la Vida aún en medio de la muerte que siembra el egoísmo humano cuando desatiende la sabiduría que se manifiesta «por los muchos caminos de Dios». La desatención a esta sabiduría divina manifestada por tantos caminos, repercute en las crecientes injusticias sociales y guerras que pretenden justificarse con apelos a la defensa de la libertad y de la seguridad, o a la imposición de la democracia o de la «libertad de comercio»… pero que en el fondo esconden mezquinos intereses económicos y hegemónicos de las grandes potencias y plagan de hambre y de miseria a los pueblos pobres.

Nuestra misión, pues, como personas cristianas, es juntarnos con muchas otras personas y comunidades creyentes, practicantes de otras religiones, y ser alternativa de vida, de resistencia y esperanza para todos.

En una época como la que vivimos, marcada por la entrada en curso en un nuevo paradigma, el paradigma pluralista, hemos de leer y proclamar con cuidado tanto la expresión de Pedro de un «linaje escogido», como la expresión de Juan, que él pone en labios de Jesús: «Yo soy ‘el’ Camino»… Esta última sobre todo no deja de ser una expresión propia de un lenguaje confesional, un lenguaje de amor y de fe, cultual, y en ese contexto hay que entenderla. No hay que perder de vista que, en otro sentido, son muchos los caminos de Dios, «sus caminos, que no son nuestros caminos», y que nos pueden sorprender siempre con el descubrimiento de «nuevos caminos» de Dios. Recomendamos la lectura de la serie «Por los muchos caminos de Dios», de la Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo, en la colección «Tiempo axial» (http://latinoamericana.org/tiempoaxial). O el libro de José María VIGIL Teología del pluralismo religioso, disponible en la red (http://cursotpr.adg-n.es/?page_id=3). Leer más…

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Dom 14.5.17. Yo soy la Verdad.

domingo, 14 de mayo de 2017
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 5 Pascua. Juan 14,1-12. El evangelio de este domingo, tomado de Juan, igual que el del anterior, no presenta una aparición del resucitado, sino al mismo Resucitado, que se presenta y habla en la Iglesia, diciendo yo soy el camino, la verdad y la vida.

En un primer momento resulta insoportable que alguien diga yo de esa manera, añadiendo soy el camino, la verdad y la vida. ¿Quién puede hablar así en un mundo de relativismos y de post-verdades? ¿Quién puede identificar la verdad con su vida?

Éste es un texto insoportable, pero a medida que vamos entrando en su movimiento interior descubrimos que quien habla no es un hombre ya muerto del pasado, ni un fantasma de mentira, sino aquel que ha muerto por los demás (lo ha dado todo, no se reserva nada…), de manera que entonces, sin tener nada, puede decir «yo» (el yo de alguien que no es para sí, sino que se entrega…), añadiendo: «soy el camino, la verdad, vida…

images-1Ésta no es una voz de ultratumba (de un muerto aparecido), ni una voz de dominio, la voz de la Intra-Vida, la voz de aquel es es al darse todo.

Algunos de los temas de este evangelio del Camino, la Verdad y la Vida del Cristo Pascual son los más importantes de la historia cristiana, vinculados a las figuras de Tomás y de Felipe, pero no quiero ni puedo desarrollarlos aquí sino fijarme sólo en Jesus como Verdad.

Hoy que hablamos de verdades y mentiras, de ortodoxias y heterodoxias, de ideologías y engaños… hoy que hablamos de la post-verdad, hay Alguien que puede decirnos y nos dice: Yo soy la Verdad.

imagesImagen 3, en hebreo: emunah, verdad.

Texto

En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»

Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»

Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí?

Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.» (Jn 14, 1-12).

Temas

Quizá nunca se han dicho las cosas que aquí se están diciendo, condensadas, luminosas, palabras como rayos que rasgan la oscuridad e iluminan la noche de la vida. Éstos son algunos de los temas:

Las moradas del Padre. “En la casa de mi Padre hay muchas moradas o estancias…”. Todos los caminos llevan no a Roma, sino al Padre, a las Moradas del amor, que supo describir Santa Teresa. Del Padre/Madre venimos y al Padre/Madre vamos… Esa es la experiencia suprema de la vida.

Jesús, el Camino. Caminantes somos (¡ayer dije: navegantes!), caminantes somos y todos los caminos se centran y condensan para los creyentes en el Cristo. Por eso, quien toma su camino, que es camino de Evangelio, está ya en manos del Padre.

Los maestros que preguntas. En este evangelio aparecen dos voces que preguntan: una es de Tomás, otra de Felipe. Significativamente, ellos aparecen más tarde como autores de los dos evangelios apócrifos más significativos de la Iglesia. Pues bien, aquí no actúan como autores des evangelios, sino como discípulos del único Cristo

El “yo” de Jesús: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida… Éste es el Jesús pascual que se atreve a decir “yo”, como el Dios del Antiguo Testamento (¡Yo soy el que soy!), pero no un yo aislado en sí, sino abierto al Padre (un yo-camino) y dirigido a todos los que quieran acogerle (un yo-ensanchado, que se hace verdad y vida para todos).

El que me ve a mí ve al Padre… Ésta es la experiencia de los cristianos: ver a Jesús resucitado es ver a Dios. No hay un “más allá” de Jesús en un sentido de verdad o vida más alta. En Jesús, abierto al Padre, en Jesús que es Camino, está la verdad, está la vida.

El que cree en mí hará las “obras que yo hago”. Jesús no está cerrado, como maestro exclusivo, sino como maestro que ofrece y comparte, que enseña y promueve. Por eso, sus seguidores, que somos nosotros, podemos hacer no sólo sus obras, sino aún mayores… La obras del Espíritu de Dios.

Una aplicación. Yo soy la Verdad.

Resulta imposible desarrollar todos los temas de este evangelio. Por eso voy a centrarme en la verdad, distinguiendo algunos de sus tipos (siguiendo un esquema que solía emplear X. Zubiri).

1. En griego, verdad se dice aletheia:

desvelamiento del Ser (de Dios), que rompe el velo del engaño y olvido, para desplegarse en desnudez fundamental, en todo su misterio. Dos son sus aspectos o momentos principales:

– Dios es voluntad y poder de manifestación: no se oculta primero y luego viene a desvelarse de manera caprichosa; no se esconde para burlar a los humanos, ofreciéndoles un rostro que varía según las circunstancias, de manera que ellos nunca pueden conocerle plenamente; no es esfinge indescifrable que jamás conoceremos porque nunca desvela totalmente su misterio. En contra de eso, Dios es verdad manifestada: descorre el velo de su rostro y nos deja penetrar en el misterio de su vida (cf. 2 Cor 3, 12-18).

– El humano aparece en muchos mitos como viviente superior que puede desvelar enigmas, penetrando de esa forma en el misteri¬o de las cosas. Pues bien, el ser humano puede conocer el gran Misterio no por ser más hábil, sino porque Dios mismo ha querido desvelarlo. El conocimiento ofrece a este nivel un signo religioso: no es dominio técnico del mundo, ni pensamiento caprichoso que inventamos según las conveniencias, sino aletheia: desvelamiento más profundo del misterio de Dios en nuestra vida.

Ciertamente, en un nivel de ciencia conocemos solamente aquello que nosotros mismos vamos construyendo con la mente. Pero, en el nivel más alto, conocemos a Dios porque Él mismo hace presente su Verdad en nuestra vida: su presencia es verdadera, porque Él mismo ha querido desnudarse en amor y claridad ante nosotros, en actitud fontal de gracia.

2. En hebreo verdad es «emuna» o fidelidad:

verdadero es lo firme, aquel que ofrece garantía y da confianza, tanto en plano activo como receptivo. Pues bien, Dios nos ofrece la máxima confianza; por eso nos sentimos seguros en su presencia. La verdad ha de entenderse así en clave personal: es fidelidad de Dios que asiste a los humanos a lo largo del camino; es fidelidad de los humanos que se fían de su gracia de Dios, viviendo su presencia. Por eso, ella es siempre dialoga¬da:

– La Verdad es Presencia fiel de Dios, que ofrece su palabra y la mantiene por encima de las dificultades y rechazos del humano. Dios es Verdadero, pues se afirma como Roca firme en la que pueden asentarse los creyentes. No es una ilusión de ensueño, un espejismo que nos deja vacíos cuando le queremos tocar con nuestras manos. No es mentira que va y viene, que se dice primero sin firmeza y después se niega o se retira, cuando llega el tiempo malo. La Verdad de Dios es Fidelidad, Presencia amistosa para siempre.

– La Verdad ha de expresarse como Presencia fiel de los humanos, confianza entre personas. Sólo ellas, las personas, pueden ser en ese plano verdaderas. Así lo certifica la Biblia Hebrea cuando dice que el conocimiento más perfecto surge a nivel de relación interhumana, allí donde el varón y la mujer se encuentran y conocen como tales, en amor enamorado.

Pues bien, Dios y el humano se vinculan en un tipo de Verdad de matrimonio, en Presencia de alianza, como sabe la tradición profética (Os, Jer, Is). Este es el Dios que se preocupa de los pobres, los perdidos y pequeños de su pueblo, siendo fiel, portador de emuna.

Sólo conoce quien ama, haciéndose presente. Dios conoce en verdad: se fía de los humanos, siendo Presencia para ellos. El humano conoce en verdad cuando, apoyado en la promesa de Dios, acoge su presencia y se acerca en amor a los hermanos. En este plano, la Presencia de Dios está ligada al despliegue de su propia Verdad como confianza creadora, susci¬tando para los humanos un camino fiable de existencia compartida.

3. En latín verdad es «veritas»:

es la justicia en las relaciones interhumana. Para convivir sobre la tierra, los humanos tienen que aceptar la ley y respetarse mutuamen¬te. Ésta es la verdad de la justicia que se aplica a todos, por encima de cada uno, como expresión de un orden social…Ésta es la verdad que ha querido expresarse en el proceso político y social de occidente, pero que ha corrido el riesgo de caer en manos de las diversas ideologías….

Marx ha demostrado que la verdad económica y social de la justicia se ha hecho ideologías. Esa pretendida verdad ha servido (y sirve) para tapar la boca a los pequeños. La misma estructura religiosa de los pueblos triunfadores se utiliza para sacralizar el poder establecido. Ellos dicen “yo tengo la verdad”, pero oprimen a los vencidos.

Nietzsche ha descubierto los mecanismos de proyección vengativa de algunos oprimidos que tienden a satanizar a los triunfadores, haciendo de la religión principio de venganza. Por eso, cuando ellos dicen “yo soy la verdad” están imponiendo su propia envidia y su resentimiento…
Freud ha hablado también de una verdad que es “mentira”, la verdad de un amor que es proyección de las propias envidias

Jesús, el Jesús muerto y resucitado, dice: Yo soy la verdad

Cuando Jesús dice “yo soy la verdad” está diciendo lo que es el camino de Dios, que es camino de vida. Jesús no descubre los secretos del cosmos, ni los grados del ser, ni la profunda experiencia de las almas que descienden a la tierra; no nos introduce en un camino de ascética o mística de tipo intelectual. Interpretado en un millar de variaciones, su tema es siempre el mismo: él proviene del Padre y Dios mismo es, por lo tanto, quien le envía. Así puede presentarse a los humanos como pan de vida, luz del mundo, puerta, camino, verdad y vida, resurrección y viña verdadera. El Jesús de los sinópticos proclama la llegada del reino. El de Juan habla del Padre como testigo y signo de su gracia (cf. 6, 35; 8, 12; 10, 9. 11. 14; 11, 25; 14, 6; 15, 1).

Esta es la verdad de Jesús: Dios es Padre universal. Este su programa: vincular a todos los humanos partiendo desde el Padre, superando así el antiguo exclusivismo; como enviado del Padre ha realizado su obra sobre el mundo, enseñando lo que manda (12, 48-49), cumpliendo lo que quiere (6, 38). Revelándose a sí mismo, Jesús revela al Padre. Pero él no se limita a cumplir una función impersonal y pasajera: no es un medio que se emplea un momento y que después se deja, un camino que se corre y se abandona. Jesús mismo pertenece al misterio de Dios, de manera que ambos se vinculan en encuentro permanente. Así podemos afirmar que la verdad del Padre es su amor hacia Jesús y la de Jesús su amor al Padre:

– Está conmigo aquel que me ha enviado (Jn 8, 16; cf. 8, 18).
– Como el Padre me conoce y yo conozco al Padre… (10, 15).
– Yo y el Padre somos uno (10, 30).

Esta verdad de amor (presencia, comunión, conocimiento mutuo) constituye la entraña y mensaje superior del evangelio, su buena nueva: Dios ama a Jesús, Jesús ama a Dios y en su mutuo amor (Espíritu Santo) se funda todo lo que existe. Ese conocimiento y entrega fundante del Padre y el Hijo es el misterio del ser, la verdad de la existencia. Ser es amarse. Existir es entregarse, habitar uno en otro; por eso, Jesús puede afirmar «quien que me ha visto, ha visto al Padre” (14, 9; cf. 14, 10). Esta inhabitación amorosa constituye el principio y meta de toda verdad, es la verdad del Espíritu santo, entendido como vida compartida y donación recíproca (14, 20).

– El Padre ama al Hijo y lo ha puesto todo en sus manos… (Mc 3, 35)
Como el Padre me ha amado, también Yo os he amado a vosotros (15, 9).
Si alguien me ama cumplirá y mi Padre le amará
y vendremos a él haremos en él una morada” (14, 23).
– Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en tí…
para que sean uno como Nosotros somos uno; Yo en ellos y Tú en mí…
para que el mundo conozca que Tú me has enviado
y que les amas como a mí me has amado (17, 20-23).

Esta verdad es el camino de la vida

— Si el Padre envía al Hijo, lo hace para salvar al mundo (3, 16-18).
— Si el Hijo cumple la voluntad del Padre, lo hace también para salvar (juzgar) al mundo (5, 19-27).
De esa forma se expande y expansiona su camino de amor: como el Padre me amó, os amo yo a vosotros; permaneced en mi amor (15, 9). Lo que Dios y el Hijo viven en amor, encuentro poderoso de entrega creadora, ha de expresarse en la existencia de todos los humanos (cf. 16, 26), que penetran en el círculo de amor de lo divino, pudiendo así compartir su vida y realizar sus obras:

– El que crea en mí realizará el también las obras que Yo hago (14, 12).
– Como el Padre me ha enviado así os envío Yo a vosotros (20, 21).
– Como Tú me has enviado al mundo también Yo les he enviado al mundo (17, 18).

En la entraña más profunda de su ser, los elegidos de Jesús (discípulos, cristianos) tienen un origen y existencia trascendente: nacen de Dios, son enviados con su Hijo (cf. 1, 12-13). No son ya esclavos del mundo, ni siervos de Dios, ni extranjeros. Se llaman y son hijos de Dios, amigos del Cristo y amigos entre sí, para realizar en la tierra el nuevo mandamiento: amaos unos a los otros, es decir, «vivid en comunión de amor, como el Padre y el Hijo son en comunión» (cf. 15, 1-17):

– Que sean uno como Tú, Padre, en mí y Yo en ti;
que también ellos sean uno
y el mundo conozca que Tú me has enviado (17, 21).

Una aplicación, una comparación

He presentado a Jesús como verdad. Sería bueno comparar su postura con la del budismo, centrado en la cuatro nobles verdades de Gautama, el Iluminado. Pero con eso entraríamos en otro tema. Por hoy basta recordar y situar en su contexto pascual, dentro de todo su evangelio, lo que Jesús ha dicho “yo soy la verdad”.

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Iglesia naciente, sufriente, creyente. Domingo 5º de Pascua

domingo, 14 de mayo de 2017
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Caminando-con-Jesus-300x300Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Como indiqué el domingo pasado, las tres lecturas de los domingos de Pascua nos hablan de los orígenes de la Iglesia, de las persecuciones de la Iglesia, y de nuestra relación con Jesús.

Iglesia naciente

La primera lectura nos cuenta la institución de los diáconos y el aumento progresivo de la comunidad, subrayando el hecho de que se uniesen a ella incluso sacerdotes.

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron:

No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra

La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

La comunidad de Jerusalén estaba formada por judíos de lengua hebrea y judíos de lengua griega (probablemente originarios de países extranjeros, la Diáspora). Los problemas lingüísticos, tan típicos de nuestra época, se daban ya entonces. Los de lengua hebrea se consideraban superiores, los auténticos. Y eso repercute en la atención a las viudas. Lucas, que en otros pasajes del libro de los Hechos subraya tanto el amor mutuo y la igualdad, no puede ocultar en este caso que, desde el principio, se dieron problemas en la comunidad cristiana por motivos económicos.

Los diáconos son siete, número simbólico, de plenitud. Aunque parecen elegidos para una misión puramente material, permitiendo a los apóstoles dedicarse al apostolado y la oración, en realidad, los dos primeros, Esteban y Felipe, desempeñaron también una intensa labor apostólica. Esteban será, además, el primer mártir cristiano.

Iglesia sufriente

La primera carta de Pedro recuerda las numerosas persecuciones y dificultades que atravesó la primitiva iglesia. Lo vimos el domingo pasado y lo veremos en los siguientes. Pero este domingo, aunque se menciona a quienes rechazan a Jesús y el evangelio, la fuerza recae en recordar a cristianos difamados e insultados la enorme dignidad que Dios les ha concedido: «Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa».

Queridos hermanos: Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo. Dice la Escritura: «Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado.» Para vosotros, los creyentes, es de gran precio, pero para los incrédulos es la «piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra angular», en piedra de tropezar y en roca de estrellarse. Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino. Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.

Iglesia creyente

El evangelio nos sitúa en la última cena, cuando Jesús se despide de sus discípulos. Sabe el miedo que puede embargarles a quedar solos. Y los anima a no temblar, insistiéndoles en que volverán a encontrarse y estarán definitivamente juntos.

Aparece en este texto una de las mejores definiciones de Jesús, de las más adecuadas para presentar su persona: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.»

Camino para llegar al Padre (el evangelio parece sugerir que para llegar a Dios hay muchos caminos, pero para llegar a Dios como Padre el único camino es Jesús).

Verdad en medio de las dudas y frente al escepticismo que mostrará poco más tarde Pilato preguntando: «¿Qué es la verdad?»

Vida que todos anhelamos que no termine nunca, la vida eterna, que empieza ya en este mundo y que consiste «en que te conozcan a ti, único dios verdadero, y a quien enviaste, Jesucristo».

Como ocurre siempre en el cuarto evangelio, el texto supone también un reto para la fe. Nos invita a creer en Jesús como se cree en Dios; a creer que, quien lo ve a él, ve al Padre; quien lo conoce a él, conoce al Padre; que él está en el Padre y el Padre en él. Y al final, el mayor desafío: creer que nosotros, si creemos en Jesús, haremos obras más grandes que las que él hizo. Parece imposible. El padre del niño epiléptico habría dicho: «Creo, Señor, pero me falta mucho. Compensa tú a lo que en mí hay de incrédulo».

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»
Tomás le dice:
-«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde:
-«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»
Felipe le dice:
-«Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Jesús le replica:
-«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.»

    

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Quinto Domingo de Pascua. 14 Mayo, 2017

domingo, 14 de mayo de 2017
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pascua

Llevo tanto tiempo con vosotros, ¿y todavía no me conoces, Felipe?”.

(Jn 14, 1-12)

Así, de primeras, ¿cómo te imaginas a Jesús en este momento?

Sí, sí, así… me refiero a eso que percibes que puede haber detrás de sus palabras, de esta frase; además, sin reparar en el contexto. Más bien tal vez te suene algo así como “Llevo taaaaaaanto tiempo…, ¡¡¿y todavía no me conoces, Felipeee?!!”, a modo mosqueo in crescendo. Aunque también se me ocurre que tal vez, solo tal vez, te lo imagines desanimado; Jesús desanimado, frustrado, triste, encontrándose con sus límites y su ser de barro. En definitiva, Jesús humano.

Pero vamos a entrar en el contexto. Este evangelio nos sitúa en la que llamamos última cena. Jesús ha hecho un gesto de servicio a sus discípulos, les ha lavado los pies; un servicio en esa época asignado a las mujeres y a los esclavos. Y ahí se ha encontrado con la objeción de Pedro, un tanto fanfarrón: “no me lavarás los pies”, pero también con su seguimiento incondicional cuando le responde: “Señor, no sólo los pies, también las manos y la cabeza”. En definitiva, Pedro humano.

Cenan, y al terminar Jesús parte un pan y se lo reparte, toma una copa de vino y se la pasa. Hace un gesto de entrega. Y ahí, se encuentra con que otro discípulo, Judas, sale del lugar en el que están porque ha quedado con las autoridades religiosas para llevarles, a cambio de unas monedas, hasta Jesús. Judas el oportunista, el “por interés te quiero Andrés”, el negociante. Judas humano, al fin y al cabo.

Y ahora, después de estos gestos tan significativos y culmen de su vida, ahora que les está hablando del Padre, que se reconoce Hijo y Hermano… es aquí cuando descubre que otro de los suyos, Felipe, o no se ha enterado de nada o de muy poco. Felipe el despistado, distraído, tal vez incluso el “mente embotada”. Felipe humano, claramente humano.

Ahora sí. Ahora, ¿cómo te imaginas a Jesús en este momento? Adéntrate a verlo, apostando por los suyos una vez más, dándoles otra oportunidad a pesar de todo. En definitiva… Jesús humano.

Oración

Abre nuestros ojos, Señor.

Y abre nuestro corazón, Señor.

Abre nuestra escucha a tu susurro “no temáis, soy yo”.

Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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