Este IV domingo de cuaresma es denominado en la liturgia “laetare”, haciendo referencia a la antífona ¡Alégrate, Jerusalén! Se rompe el esquema de la Cuaresma, tradicionalmente vista como un tiempo gris, para introducir un tono de alegría por la próxima llegada de la Pascua. El texto que hoy nos ocupa nos da claves interesantes para poder vivir en esa alegría, más existencial que emocional, y que procede de la profundidad de nuestra persona.
Comienza el texto haciendo referencia a Moisés iniciándose así un diálogo entre Jesús y el judaísmo a través del encuentro con Nicodemo. Todo este discurso de Jesús concentra tres mensajes en uno y que puede ayudarnos a redirigir nuestra vida para avanzar en un camino más auténtico.
El primer mensaje hace referencia a la vida eterna. Inmediatamente la mente nos lleva al más allá, a lo escatológico, a la vida tras la muerte. Sin embargo, el texto está expresado en presente, por tanto, la vida eterna es una realidad de nuestro interior que ya existe y configura nuestra raíz más profunda. Esta vida eterna está hecha de la misma Divinidad que se encarna en nuestra humanidad para “no perecer” nunca.
¿Te animas a conectar y ser más consciente de esta vida eterna que forma parte de tí?
El segundo mensaje quizá puede incomodar mucho a los creyentes que entienden la Religión como una elección divina a determinadas personas para juzgar lo que es bueno y lo que es malo, lo puro y lo impuro; una elección personal para salvar al mundo de las garras del mal y del “pecado”. Y, precisamente, quien pone el criterio de la bondad, la luz, la verdad, según el evangelio, es Dios mismo a través de Jesús. No puede ser más claro: Él no viene a condenar a nadie, no viene a decidir qué ovejas son de buena calidad y cuáles no. La existencia “del Hijo” tiene sentido para mostrar el camino de la plenitud humana, en lenguaje teológico, el camino de la salvación.
¿Te animas a vivir en coherencia con esta visión que no busca condenar sino acoger, incluir y bendecir?
El tercer mensaje podríamos resumirlo como la ética de la luz; vivir en la luz tiene un impacto en nuestra persona, en las acciones, decisiones y relaciones. Vivir en la luz es vivir en transparencia, honradez, más cerca de la verdad, pero también en una valentía y fuerza que puede descolocar y, en muchos casos, sofocar “las tinieblas«. La persona que decide vivir en la luz, movida por Dios según este texto, va dejando un rastro de bondad, de coherencia, de profundidad y de osadía; se trata de una luz integradora, inclusiva y que vence la mentira, las trampas y la mediocridad.
¿Te animas a vivir en la luz y liberar a tu mundo, nuestro mundo, de las sombras que ocultan, matan, maldicen y dividen?
Una formación moralista, rígida y perfeccionista puede inducirnos a pensar que vivir en la luz significa ser perfectos, sin lugar para las sombras. Sin embargo, tal actitud, además de inhumana porque exige algo inalcanzable para la persona, provoca justo los efectos contrarios a los que pretendía lograr.
La actitud moralista y perfeccionista produce, entre otros, un doble efecto: por una parte, suele engordar el ego, alimentando el orgullo y la vanidad de quien se cree más “cumplidor” que los demás; por otra, es fuente de tensión y rigidez que fácilmente desemboca en peligrosas y dolorosas tendencias neuróticas.
Tales efectos resultan fáciles de comprender: la sobreexigencia y rigidez fácilmente fracturan a la persona, que compensará su tensión interior cultivando una imagen neurótica de sí misma.
Vivir en la luz no tiene nada que ver con lo que esa formación enseñaba. Significa, por el contrario, vivir en la verdad o, si se prefiere, en la humildad, entendida en el sentido teresiano de “caminar en verdad”.
La humildad permite aceptar la propia verdad con todas sus aristas. Sabe que no hay luz exenta de sombras. Y reconoce que los humanos no estamos llamados a ser “perfectos” -como una mala traducción del evangelio dio a entender-, sino a ser “completos”.
La expresión “vivir en la luz” posee un doble significado: por un lado, significa ser transparentes; por otro, comprender que, en nuestra identidad profunda, sin negar las sombras propias del nivel personal, somos luz. Por lo que vivir en la luz no es otra cosa que vivir la verdad de lo que somos.
Por el contrario, “preferir la tiniebla” significa vivir en la mentira y el engaño -aparentando ser lo que no somos o maquillando aquello que podría dejarnos en mal lugar- o en la ignorancia, desconociendo lo que somos en profundidad.
Comentarios desactivados en La luz de Cristo es un gozo, no una carga angustiosa
Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:
01.- Nicodemo un hombre de la noche.
El pasaje del evangelio que hemos escuchado hoy forma parte del diálogo entre Jesús y Nicodemo, (Juan 3).
Nicodemo era un fariseo importante en Jerusalén: de la élite religioso cultural. Pero Nicodemo está de noche, que no significa solamente la noche horaria, sino que está en las tinieblas. Sin embargo Nicodemo busca la luz que no halla en su mundo judío. Por eso se acerca a Jesús.
El evangelio de San Juan emplea algunas contraposiciones: verdad – mentira, vida – muerte, luz – tinieblas (noche).
La noche es una de esas contraposiciones y significa la carencia de luz, la ausencia de verdad, falta de la Palabra, Cristo no está presente y, cuando Cristo no está presente, estamos de noche.
Nicodemo, como los Magos o como el ciego de nacimiento: buscan la luz en la noche de la vida, en su noche personal, social y religiosa, en la noche de la vida.
Es una postura honesta: amar y buscar la luz, la verdad.
Seguramente que también nosotros estamos faltos de luz, quizás porque la luz se hizo presente y no la recibimos, quizás porque hemos apagado la luz en nuestras vidas y preferimos las tinieblas a la luz.
Al menos ¿nos queda nostalgia de la luz?
02.- El siglo XVIII es el siglo de las luces.
En Europa (quizás en todo el mundo occidental) el siglo XVIII es denominado el “siglo de las luces”, es la época de la Ilustración.
En la modernidad ilustrada la razón sustituye a la fe, las ciencias remplazan a la teología, la autoridad político-científica se superpone a la Biblia, al Magisterio creyente, la esperanza queda dinamitada por la confianza en el progreso, en la tecnología.
Podemos observar que –ciertamente- con la modernidad tenemos más cosas, más medios para vivir. Solemos decir que hoy vivimos mejor que antes. Yo no sé si vivimos mejor que antes. No creo. Tenemos más medios técnicos que nuestros mayores; basta mirar la cocina de nuestra casa, los medios y cosas que tenemos, pero lo que no sé es si vivimos, si nos encontramos más serenos y centrados en la vida.
Las bajas por salud mental en Euskadi se duplican en seis años y rozan las 43.500.
Del año 2019 a hoy las enfermedades mentales han aumentado en un 51%
Diario Vasco el 4. Marzo. 2024
03.- La razón y las ciencias no responden a las grandes cuestiones de la vida.
La razón, las ciencias, el progreso, la tecnología no son capaces de responder a las grandes cuestiones de la vida. Sobre todo no arrojan mucha luz a las cuestiones ético-morales, y callan ante las cuestiones del sentido de la vida y de la muerte.
Decía un matemático-filósofo austriaco del siglo XX (L. Wittgenstein, 1889-1951) que: “las cuestiones que no podemos responder no son ni verdaderas ni falsas, sino carentes de sentido”; por lo tanto esas cuestiones mejor no planteárselas.
¿La vida tiene sentido? No lo sabemos, pues entonces déjala de lado. ¿Hay algo después de esta vida? No lo sabemos, pues entonces ni te lo plantees.
Sin embargo, él mismo (Wittgenstein) se dio cuenta de que tales problemas de fondo siguen haciendo carrera en la vida del ser humano. Siempre aflora el problema del sentido de la vida, la cuestión acerca de qué nos cabe esperar, el problema de la muerte…
Quizás hoy en día estas cuestiones se plantean en la consulta de la psiquiatría, pero salen a la luz.
La sociedad ilustrada ha prescindido de estas cuestiones. No se permite que los grandes problemas salgan a flote ni en la educación escolar y universitaria, ni en medios de comunicación, ni en los parlamentos, etc… Ni te plantees esas cosas.
Ahora bien: dos cuestiones:
El hambre y la sed no son enfermedades, son necesidades humanas.
Por mucho que la sociedad me diga que no me plantee el sentido de la vida, yo tengo hambre y sed de sentido de la vida, de esperanza.
Por otra parte, ¿Vivimos mejor prescindiendo y al margen de todo pensamiento? ¿Se es más moderno, más progresista y más feliz sin Dios y sin fe?
Nietzsche (1844-1900), padre del ateísmo y del nihilismo más radical “nos condenó a vivir errantes, sin horizonte y sin nada: Estamos condenados a una espesa noche, errantes por la existencia…
Posiblemente hoy en día social y culturalmente estamos en esa noche espesa.
¿A qué se debe, si no, el enorme aumento de enfermedades mentales, depresiones y suicidios? ¿A qué se debe ese descentramiento ético y social?
04.- En el ámbito cristiano.
Por otra parte en el seno de las Iglesias cristianas: católico, luterana, anglicana, etc. vivimos una profunda deserción. Las Iglesias se han vaciado; el clero escasea y el número de seminaristas ha descendido enormemente. La Iglesia apenas tiene relevancia ni significación en la sociedad, en la cultura, en la educación, etc.
No sé hasta qué punto los planes de pastoral, las posiciones ideológicas religiosas son la luz que pueda iluminar las tinieblas que nos embargan.
Pensar que las iglesias se van a llenar y que los seminarios y conventos se van a ver repletos de seminaristas y novicios me parece que es muy poco real y una fantasía ilusoria.
05.- ¿La red barredera?
En los evangelios aparece aquella imagen de la Iglesia como una barca que pesca una gran cantidad peces, de cristianos con red, incluso la barca casi se hundía.
Hoy no va a ocurrir eso, al menos entre nosotros.
Ni la evangelización, ni la fe van a ser masivas, sino muy personales. Habremos de trabajar estas cosas no en régimen de cristiandad.
Guipúzcoa tiene 730.000 habitantes. ¿Todos los guipuzcoanos somos cristianos o creyentes? No. Eso es pensar en régimen de cristiandad, que si lo fue, hace tiempo que ya no cierto.
No nos hagamos, ni creemos falsos espejismos de que en tres o cuatro años nuestra diócesis va a ser una Iglesia de Pentecostés.
El cristianismo en los países europeos en las próximas décadas será, probablemente, una iglesia de minorías y probablemente será, como anunciaba K Rahner allá por los años 60’ del siglo pasado, el creyente del futuro será místico o no será.
06.- La fe es una dicha
Tal estado de cosas no debe hacernos perder la paz, ni crear un desasosiego pensando nostálgicamente que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Vivamos gozosamente en la luz de la fe. Vivamos con calma y serenidad en la luz de Cristo en nuestro interior.
La luz de Cristo acontece en nuestro interior, en el fondo de nuestro ser. Ilumina nuestra vida y es algo gozoso.
Esa luz es misericordia. La luz de Cristo nos hace bien en la noche que estamos viviendo.
La lecturas de hoy y toda la Palabra son un canto a la vida y a la salvación por la misericordia de Dios: que tengan vida, que ninguno perezca, que todos se salven…
Todo el evangelio de san Juan es una invitación y una siembra de la vida: en el principio había vida, Yo soy el pan de vida, el agua de vida, Yo soy el camino la verdad y la vida, el grano de trigo ha de caer en tierra para dar vida…
Si la fe os resulta una carga insoportable y de angustia, es que no es el Evangelio del Señor. Si el sistema eclesiástico os da miedo y cansera, es que no es la luz de Cristo.
No sufráis la fe, disfrutad de ella, de la luz de Cristo. Disfrutad de la luz, de la vida.
Comentarios desactivados en La «belleza moral» del Evangelio…
Seguimos con Pasolini y su Evangelio…
Pasolini, escribió en junio de 1963 a un productor: «Para mí, la belleza es siempre una ‘belleza moral’; pero esta belleza nos llega siempre mediada: a través de la poesía, o de la filosofía, o de la práctica; el único caso de ‘belleza moral’ no mediada, sino inmediata, en estado puro, lo he experimentado en el Evangelio«.
¿Estaba Pier Paolo pensando en el príncipe Myshkin de El Idiota de Dostoyevski, según el cual la verdadera Belleza coincide con el Bien y es esa Belleza la que salva al mundo?. El escritor ruso también había escrito en una carta: «En el mundo solo hay un ser absolutamente bello, Cristo, pero la aparición de este ser inmensa e infinitamente bello es ciertamente un milagro infinito».
“Cogí el libro de los Evangelios que había en todas las habitaciones y empecé a leerlo…”¿Fue este encuentro en Asís, entre Pasolini y Jesús, un «milagro» casual, un episodio anómalo que quedó aislado (y olvidado) en su itinerario intelectual y humano?
Según Gabriella Pozzetto, en absoluto. El Evangelio según san Mateo es el corazón de todo su viaje. En su libro «Lo busco en todas partes». Cristo en las películas de Pasolini (Ancora), escribe: «El elemento sagrado nunca se separa de Pasolini, comienza en la poesía con la representación de una vida impregnada de religiosidad y cuando elige el cine sigue un camino que tiene como destino ideal el único gran texto sagrado que inspiró su vida: el Evangelio«.
Añade a continuación que esta película «es el punto central, inconsciente y consciente, de toda su producción o, mejor, de su existencia«.
Y concluye: «Las películas anteriores al Evangelio… parecen haber sido realizadas para alcanzar ese objetivo específico, y las posteriores tienen la connotación de la pérdida de esa referencia, que es entonces la simple lectura de la realidad sin Cristo«. De hecho, «la vitalidad inicial del poeta» se transforma con los años «en un ‘entusiasmo sombrío‘ ante la realidad del escenario social».
En una entrevista televisiva (en italiano con subtítulos en inglés) en Pasolini confiesa que su visión del mundo es «religiosa». Ve en todas las cosas «un milagro», y en el Evangelio «un gran edificio de pensamiento» que «llena, integra, regenera», pero… para él, «no consuela», entendiendo la «consolación» como «esperanza».
Fuente: de unos papeles encontrados por casualidad…
Comentarios desactivados en «Ya no vale una moral impuesta desde arriba y prioritariamente preceptiva; un problema para sociedades como la española, tradicionalmente católicas», por Jesús Espeja.
De su blog La Iglesia se hace diálogo:
El Evangelio en una sociedad laica y en la ambigüedad del mundo (V)
«Hombres y mujeres desean actuar según el dictamen de su conciencia, sin coacciones o imposiciones de fuera, incluida la normativa religiosa»
«Ya no vale una moral impuesta desde arriba y prioritariamente preceptiva. Un problema para sociedades como la española, tradicionalmente católicas, donde por mucho tiempo ha funcionado una moral religiosa prioritariamente preceptiva»
«Se ha insistido en los cumplimiento de lo mandado, en los méritos, en la ascesis. Con el peligro de olvidar que todo eso sin la gracia o experiencia de Dios como amor, queda en el aire»
«La crisis que hoy estamos viendo en la Iglesia no es porque falten normas; hay de sobra. La crisis es de fe. Urge dar prioridad a esta experiencia cuando la moral bastante generalizada es prioritariamente preceptiva, mientras hoy las personas quieren ser ellas mismas y rechazan imposiciones desde arriba o desde fuera»
“En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente” (Vaticano II)
En el proceso de la modernidad las personas y las sociedades reclaman libertad y autonomía. Hombres y mujeres desean actuar según el dictamen de su conciencia, sin coacciones o imposiciones de fuera, incluida la normativa religiosa.
Ya no vale una moral impuesta desde arriba y prioritariamente preceptiva. Un problema para sociedades como la española, tradicionalmente católicas, donde por mucho tiempo ha funcionado una moral religiosa prioritariamente preceptiva: las personas se consideran buenas aceptando y poniendo en práctica sin más lo prescrito en unos mandamientos.
En el Vaticano II la Iglesia declaró que los seres humanos hemos sido puestos en manos de nuestra propia decisión. La persona humana “participa la luz de la inteligencia divina; en lo más profundo de su conciencia descubre una ley escrita por Dios en su corazón en cuya obediencia consiste la dignidad humana; esta dignidad requiere que la persona actúe según su conciencia y libre elección”.
Lógicamente los conciliares vieron la necesidad de cambio en la orientación y práctica de la moral prioritariamente preceptiva. Pero no elaboraron un documento, aunque dejaron unas valiosas pinceladas “Póngase cuidado especial en perfeccionar la teología moral, cuya exposición científica, más nutrida de la doctrina de la Sagrada Escritura, explique la grandeza de la vocación de los fieles en Cristo, y la obligación que tienen de producir su fruto para la vida del mundo en la caridad”.
02.- Una moral secular
El ser humano puede y debe ajustar su comportamiento en la situación concreta pues no funciona solo por instinto como los animales. Y puede hacerlo porque tiene su propia conciencia y ha sido puesto en manos de su propia decisión.
Luego cabe una moral o ética desde la conciencia de las personas y de los consensos comunitarios. Un ejemplo puede ser la Declaración Universal de los Derechos Humanos, 1948 que no acude a Dios ni a la religión.
Es significativo que esta Declaración salió como reacción para evitar en el futuro enfrentamientos tan inhumanos como los sufridos en la segunda guerra mundial. Parece que punto de partida para una ética secular es la compasión indignada viendo el deterioro de lo humano. Sin esta compasión. las religiosas no pueden ser bendecidas.
3.- Moral religiosa
Es la moral consiguiente a la visión y práctica de las religiones que suponen la existencia de una divinidad.
Los seres humanos llevamos dentro un deseo de infinitud; el mayor bien logrado todavía es pequeño. Así brota de modo espontáneo el sentimiento de religación a una realidad última de la que dependemos y a la que debemos honrar. Consiguientemente la moral en las religiones será una forma de vivir tratando de responder a lo exigido por la divinidad en que se cree.
Moral de miedo. Si la divinidad es todopoderosa y celosa de su honor, nosotros tenemos que vivir como siervos siempre con miedo a ofenderla.
Moral de resignación. Se piensa que Dios es dueño absoluto del mundo. Todo sucede porque está programado y dirigido por su voluntad. Luego la conducta moral es resignarnos y aceptar sin más lo que sucede. .
Moral de sacrificios para aplacar a la divinidad ofendida en su honor por los pecados de la humanidad. El pecado se ve como desobediencia y rebeldía contra Dios; hay que reparar el honor ofendido con sacrificios expiatorios.
Moral impositiva que sofoca la libertad. La divinidad en el esquema religioso común dicta mandamientos, impone leyes y preceptos, impide lo que nos gusta. La verdadera conducta moral es la obediencia y la sumisión.
Moral de cumplimientos religiosos. Se piensa que divinidad está en el cielo; un mundo alejado y separado de nuestro mundo. Por eso la conducta moral buena se concreta ritos, y oraciones que nos conectan con la divinidad aposentada en su trono cielo.Moral estoica: obsesión de justificarse por las obras. Llevamos dentro el deseo de hacernos valer solo por nuestros méritos, y así tratamos de satisfacer el deseo con obras que llamen la atención y nos hagan ante las demás personas respetables. Y esa misma estrategia empleamos mirando a la divinidad.
Son algunos ejemplos de moral religiosa, no infrecuentes en la conducta de muchos cristianos. Una moral que nos hace esclavos de la divinidad y de la religión.
4.- Moral cristiana
Su punto de partida es la fe o experiencia de Dios que se está dando como amor. A esa experiencia gratuita llamamos gracia que nos hace gratos agradecidos y agradables. Gratos porque estamos brotando de ese amor gratuito. Agradecidos a esa Presencia de amor que se está dando en nuestra intimidad. Y agradables porque nos inspira mirar con amor a los demás también agraciados por esa Presencia.
Camina en mi Presencia. Fue la vocación de Abrahán, prototipo del creyente en la historia bíblica y anuncio de Jesucristo, primogénito de los creyentes. La experiencia fontal de Jesucristo fue sentirse amado, y estar continuamente brotando de ese amor gratuito.
La presencia de ser gratuitamente amados que llamamos gracia, inspira y principio de la moral cristiana. No somos amados por nuestros méritos ni solo cuando somos buenos; también cuando somos incoherentes y pecadores.
Caminar en la presencia de ese amor que nos constituye y nos inspira salir de la propia tierra, es el nuevo nacimiento del Espíritu Santo que se manifiesta en la fe “que obra por el amor”.
La gracia perfecciona la naturaleza. En Jesucristo la presencia de la divinidad no fue algo pegado a la humanidad, sino la entraña y la fuerza para la perfección de la misma. De modo análogo esa presencia de la divinidad como amor en nosotros que llamamos gracia, no anula ni aminora sino que significa nuevo impuso y crecimiento de nuestra condición humana.
Llevamos dentro la semilla de la divinidad. Hay en la intimidad de los humanos “un exceso”, “un deseo natural” nunca satisfecho. Es como la “huella” de Dios impresa en nuestro corazón. Nosotros amamos, porque nos precede la comunicación gratuita de Dios: no le buscaríamos si antes no le hubiéramos encontrado. Desde su experiencia mística, lo dice San Juan de la Cruz: “Que estando la voluntad,de divinidad tocada, no puede quedar pagada sino con divinidad”.
Prioridad de la conciencia. Se trata de una palabra o dictamen que la persona no se da a sí misma y desde su intimidad espontáneamente habla: “haz esto, evita aquello”. Los cristianos creemos que la conciencia es el sagrario donde la persona humana se encuentra a solas con Dios, y en la obediencia a esa voz consiste su dignidad.
Con esa visión, la libertad religiosa es un derecho de toda persona que nunca debe actuar en contra de su conciencia.
Moral prioritariamente mística. Jesús de Nazaret no fue un ácrata un asceta. Como piadoso judío vivió el significado profundo de la Alianza de la Ley Dios que gratuitamente se está dando. Para vivir y practicar esa experiencia tenían sentido las leyes y preceptos. Pero, sin esa experiencia, fácilmente caemos en la idolatría de las leyes y observancias que prostituyen la conducta moral. Jesús denunció esa deformación habiendo curaciones, cosa que estaba prohibido por el descanso sabático, para dar a entenderé que el cumplimiento de la ley sin compasión y gratuidad ante la vida y dignidad de las personas. En otra ocasión dejo claro que hace crecer a la personas sale de dentro de ellas mismas, de su buen corazón.
En la teoría y en la práctica se ha generalizado entre los mismo cristianos una moral prioritariamente preceptiva. Se ha insistido en los cumplimiento de lo mandado, en los méritos, en la ascesis. Con el peligro de olvidar que todo eso sin la gracia o experiencia de Dios como amor, queda en el aire.
Las normas y preceptos son necesarios porque la fe cristiana, si bien solo termina en Dios revelado en Jesucristo, en su modo de realización es eclesial, se practica en sociedad donde son imprescindibles normas y cumplimientos. Pero alma de la comunidad cristiana es la fe o experiencia del encuentro con Dos revelado en Jesucristo.
La crisis que hoy estamos viendo en la Iglesia no es porque falten normas; hay de sobra. La crisis es de fe. Urge dar prioridad a esta experiencia cuando la moral bastante generalizada es prioritariamente preceptiva, mientras hoy las personas quieren ser ellas mismas y rechazan imposiciones desde arriba o desde fuera. Un signo para recuperar la moral de la gracia.
Comentarios desactivados en «En el realismo de la encarnación, alma y cuerpo no son separables. No son dos cosas, sino dos principios de una sola totalidad», por Jesús Espeja.
El Evangelio en una sociedad laica y en la ambigüedad del mundo (III)
«Se dice que los cristianos debemos “estar en el mundo sin ser del mundo”. Luego la fe o experiencia cristiana de que Jesucristo es camino de salvación para todos, implica vivir como parte de la familia humana participando en sus logros y fracasos»
«No responde a la fe cristiana una doctrina o una práctica que, como exigencia de lo divino, anule o reprima lo verdaderamente humano. El sobrenaturalismo desentendido de los procesos humanos nada tiene que ver con el evangelio de la encarnación»
«Es necesario discernir en los signos del tiempo la llamada del Espíritu. En lo que sucede cada día continúa la encarnación, presencia de lo divino en lo humano»
“Tiene pues, ante sí la Iglesia al mundo, esto es, la entera familia humana con el conjunto universal de las realidades entre las que ésta vive; el mundo, teatro de la historia humana, con sus afanes, fracasos y victorias; el mundo, que los cristianos creen fundado y conservado por el amor del Creador, esclavizado bajo la servidumbre del pecado, pero liberado por Cristo, crucificado y resucitado, roto el poder del demonio, para que el mundo se transforme según el propósito divino y llegue a su consumación” (Vaticano II)
Se dice que los cristianos debemos “estar en el mundo sin ser del mundo”. Luego la fe o experiencia cristiana de que Jesucristo es camino de salvación para todos, implica vivir como parte de la familia humana participando en sus logros y fracasos. Pero al mismo tiempo hay un lado sombrío en el mundo que se opone al Evangelio, buena noticia de salvación para todos ¿Cómo vivir ahí la fe cristiana?
1. La mirada del Concilio sobre el mundo
Cuando se celebró el Vaticano II, 1962-1965 en la comunidad cristiana latina prevalecía una visión negativa del mundo. Se le consideraba enemigo del alma como el demonio y la carne. La huida de este mundo era imprescindible para la espiritualidad.
En el Concilio esa visión prevalentemente negativa pasó a segundo plano, y prevaleció la mirada positiva. El mundo sigue “acompañado por el amor del Creador y aunque todavía sufre la servidumbre del pecado, está siendo liberado por Cristo”.
El mundo posee bienes, realiza tareas, expresa pensamientos y artes: merece alabanza en su ser, en su evolución, en su propio reino aún no bautizado. Sus logros y fracasos son también de la Iglesia. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en el corazón de los cristianos.
2.Algunas implicaciones de la nueva mirada
Si creemos de verdad en la encarnación continuada o Presencia de amor que habita en todas las personas, en las realidades creadas y en todo lo que acontece, no hay espacio para un mundo profano, aunque sí para un mundo profanado por el egoísmo de los humanos.
No responde a la fe cristiana una doctrina o una práctica que, como exigencia de lo divino, anule o reprima lo verdaderamente humano. El sobrenaturalismo desentendido de los procesos humanos nada tiene que ver con el evangelio de la encarnación.
Hay que superar el dualismo maniqueo que se opone frontalmente a la fe o experiencia cristiana en la encarnación.
Las realidades creadas tienen su propia consistencia. Deben ser gestionadas por los humanos respetando sus leyes y sus finalidades.
No hay acciones espirituales y acciones materiales. Solo hay acciones motivadas por el amor solidario y acciones motivadas por el egoísmo.
En el realismo de la encarnación, alma y cuerpo no son separables. No son dos cosas, sino dos principios de una sola totalidad.
En las liberaciones parciales de la humanidad dentro de la historia ya se está fraguando la liberación definitiva y plena realización de la humanidad.
Es necesario discernir en los signos del tiempo la llamada del Espíritu. En lo que sucede cada día continúa la encarnación, presencia de lo divino en lo humano. En nuestra sociedad hoy se multiplican los nuevos signos
3. “No os acomodéis al mundo”
Al escuchar que “fuera del mundo no hay salvación”, alguno puede concluir indebidamente que todo lo que hay en el mundo es bueno y verdadero. Pero es manifiesto el lado sombrío del mundo.
Dios es amor que continuamente se está dando; pero el ser humano puede cerrarse a esa Presencia de amor. El evangelista San Juan celebra el amor de Dios a este mundo en la encarnación del Hijo. Pero también constata que hay en el mundo “concupiscencia de la carne, codicia de los ojos, y soberbia de la vida”. Por eso, en vísperas de su muerte pide por sus discípulos: que estén en el mundo sin ser del mundo; que no salgan del mundo pero que vivan libres del mal.
La “huida del mundo” sigue siendo necesaria como exigencia de la espiritualidad cristiana. Sobre todo en una sociedad de bienestar como la nuestra, donde amenaza la tentación de claudicar y convertir el cristianismo en una religión aburguesada, olvidando esa exigencia. Pero ¿cómo interpretar esa “fuga mundi” en la nueva visión conciliar del mundo?
No vale ya una huida de todo lo que sucede en el mundo y en cuyo entramado está teniendo lugar la presencia salvadora de Dios y la liberación de los seres humanos. La comunidad cristiana es parte de la familia humana con todas las realidades entre las que vive. Jesús de Nazaret, singular místico, fue contemplativo dentro del mundo, en los conflictos de aquella sociedad judía y comprometiendo su vida hasta la muerte en aras de la paz y de fraternidad entre todos.
Siguiendo la conducta de Jesús, ¿cómo debemos interpretar y practicar hoy la necesaria huida del mundo para que sea expresión de la espiritualidad cristiana? Sintiéndonos parte de la sociedad secular, siendo solidarios en los éxitos y fracasos de nuestros conciudadanos; escuchando los latidos, inquietudes y anhelos del corazón humano. Pero sin arrodillarnos ante los ídolos o falsos absolutos que una y otra vez esclavizan a la humanidad.
“No os acomodéis a este mundo”, dice San Pablo a los cristianos de Roma, una sociedad próspera con muchas falsas divinidades. Y añade: “antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente”, fijos en Jesús iniciador y consumador de la fe o experiencia cristiana.
Comentarios desactivados en Y al entrar en el templo…
Y al entrar en el templo…
Demasiados monseñores y excelentísimas,
demasiados vicarios y reverendísimas
para ser espacio de igualdad y libertad;
¡ y cuántos padres para vivir en fraternidad,
cuando Tú nos dijiste que sólo aceptáramos
y llamáramos así a quien hace salir para todos el sol
y nos da gratuitamente su ternura y amor !
Demasiados títulos, honores y poderes,
demasiadas intrigas, prebendas e intereses
para ser casa solariega familiar;
¡ y cuántos códigos, normas y leyes,
burocracia, papeles e imposiciones
para ser posada de abrazos y acogida
para quienes andan necesitados !
Un espacio abierto que se amuralla,
un oasis que ya no atrae ni serena,
un refugio que cierra sus puertas y ventanas,
una barca para náufragos que anda a la deriva,
una casa solariega que exige reserva,
una viña con lagar que no alegra…
¡ ya no es lugar de Dios ni de oración !
Yo quiero una Iglesia en la que se pueda respirar,
que tenga pastores que huelan a oveja,
que acoja y defienda a emigrantes y sin papeles,
que se embarre con los que no pueden limpiarse,
que tenga un aire festivo y alegre,
que sus puertas permanezcan abiertas
aunque no haya dueños ni porteros vigilantes…
Quiero una Iglesia que sea templo de Dios,
lugar de encarnación,
punto de encuentro,
casa de fraternidad,
fábrica de sueños y proyectos,
experta en humanidad…
¡ no cueva de ladrones ni refugio de vividores !
Las lecturas litúrgicas de hoy para el tercer domingo de Cuaresma se pueden encontrar aquí.
Últimamente he estado pensando mucho en las leyes. Como mujer queer, tengo muy presente el panorama político que cambia rápidamente para las personas LGBTQ+ en los Estados Unidos. La Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) está rastreando 469 proyectos de ley anti-LGBTQ en Estados Unidos en este momento. En 2023 se presentó una cantidad récord de proyectos de ley anti-LGBTQ en 2023: al menos 510, lo que representa casi el triple de la cantidad de proyectos de ley presentados en 2022. En 2024, 11 Estado tienen leyes que impiden que las personas transgénero utilicen instalaciones sanitarias acordes con sus identidades de género .
Estas leyes tienen consecuencias reales para las personas trans y no binarias, especialmente para jóvenes como Nex Benedict, un joven no binario de 16 años Two-Spirit (de dos espíritus) de ascendencia Chahta (Choctaw) que vivía en Owasso, Oklahoma. A Nex le encantaba la naturaleza, dibujar, leer, jugar videojuegos como Ark y Minecraft, ver The Walking Dead y tener un gato, Zeus. El 7 de febrero de 2024, Nexfue violentamente atacado por compañeros de estudios en el baño de niñas de su escuela. Nex murió al día siguiente a causa de sus heridas. Nex es al menos la segunda persona trans o no binaria violentamente asesinada en 2024..
La muerte de Nex no ocurrió en un vacío político. Oklahoma ha aprobado varias leyes duramente anti-trans en los últimos años. La muerte de Nex fue el resultado de una pelea en el baño de una escuela que Nex estaba obligado a usar por ley, y el ataque ocurrió en un estado que prohíbe los cuidados de afirmación de género. Su fallecimiento es fundamentalmente inseparable de la legislación transfóbica que controlaba su vida y su autonomía.
Las leyes son el tema central de la primera lectura litúrgica del Éxodo de hoy en la que se presenta lo que ahora se conoce como los Diez Mandamientos. Aunque memoricé estas reglas en la escuela primaria, una frase llamó mi atención nuevamente: “Honra a tus [padres], para que tengas una larga vida en la tierra” (Éxodo 20:12, énfasis mío).
Allison Connelly-Vetter
En este versículo, Dios revela el verdadero propósito de los Diez Mandamientos. Dios no tiene la intención de avergonzar o controlar al pueblo de Dios para que siga algún plan rígido. Más bien, Dios da estas leyes como una bendición, para que el pueblo de Dios “tenga una larga vida” en el contexto de su comunidad y su hogar.
Cuán diferentes son las leyes de amor de Dios de las leyes anti-trans de Oklahoma, que se elaboran a través del miedo, la intolerancia y la ignorancia deliberada. Nex Benedict, como todos los hijos de Dios, merecía una larga vida en su tierra. La muerte de Nex Benedict fue permitida por las leyes de Oklahoma, pero está prohibida por la ley de Dios.
El mensaje de que las leyes de Dios están hechas para ayudar a las personas a prosperar, no para explotarlas, aparece en la lectura del Evangelio de hoy, que contiene la famosa historia de Jesús limpiando el Templo. Al crecer, pensé que Jesús simplemente estaba molesto porque la gente vendía cosas en un lugar de culto. Sin embargo, como aprendí en el seminario, la compra y venta de animales en el Templo era una práctica esperada y casi necesaria, ya que los viajeros al Templo necesitaban comprar animales para un sacrificio.
Los cambistas del Templo cobraban precios exorbitantes y depredadores por las palomas, la compra sacrificial más asequible para los pobres. Estos comerciantes obligaban a los viajeros pobres (muchos de los cuales eran agricultores y pescadores que apenas sobrevivían bajo los aplastantes impuestos del Imperio Romano) a pagar grandes sumas de dinero para poder hacer el sacrificio requerido. Por eso Jesús se dirige específicamente a los vendedores de palomas y les dice que “saquen [las palomas] de aquí”. Al limpiar el Templo, Jesús estaba protestando por la explotación de los pobres.
Esta historia ha sido interpretada con narrativas que promueven una agenda antijudía, pero se aplica apropiadamente a los legisladores y cabilderos cristianos en los Estados Unidos que promulgan el mismo tipo de violencia económica y legal contra los marginados. En Oklahoma, el senador estatal David Bullard presentó un proyecto de ley en 2023 que “constituiría un delito grave que los médicos proporcionen procedimientos de transición de género a cualquier persona menor de 26 años”. Citando la fe cristiana como motivación para esta ley anti-trans, Bullard, un diácono bautista, dijo que “el nombre de la ley alude a un pasaje del Libro de Mateo que sugiere que cualquiera que haga pecar a un niño debe ser ahogado en el mar con un una piedra de molino colgaba de sus cuellos”. Me imagino que si Jesús hubiera estado presente en la audiencia de ese proyecto de ley en el Senado del estado de Oklahoma, también habría volteado algunas mesas allí.
No puedo dejar de pensar en Nex Benedict y en cómo deberían seguir aquí, acurrucando a su gato y subiendo de nivel en su videojuego. Nex Benedict, y todos y cada uno de los jóvenes trans y no binarios, merecen una vida larga, una vida larga y fácil de alegría, juego y amor. Una larga vida en la tierra, en su tierra, ya sea que esa tierra sea Oklahoma o Tennessee o cualquiera de los otros, ya demasiados, estados con legislación anti-trans en los libros.
Espero que nunca olvidemos a Nex Benedict. Espero que nuestra fe cristiana nos obligue a trabajar por la vida y la liberación de cada hijo de Dios, mientras que al mismo tiempo denunciamos y condenamos la transfobia y el acoso. Espero que volteemos pronto todas las mesas de explotación, violencia y muerte que nos arrebatan a nuestros jóvenes trans y queer.
Nex Benedict, decimos tu nombre. Honramos tu memoria. Nunca dejaremos de luchar por la larga vida que mereces.
—Allison Connelly-Vetter (ella/ella), 3 de marzo de 2024
Comentarios desactivados en El verdadero Templo… Predicamos a Cristo crucificado… y resucitado.
Versión de Dios
En la oquedad de nuestro barro breve
el mar sin nombre de Su luz no cabe.
Ninguna lengua a Su Verdad se atreve.
Nadie lo ha visto a Dios. Nadie lo sabe.
Mayor que todo dios, nuestra sed busca,
se hace menor que el libro y la utopía,
y, cuando el Templo en su esplendor Lo ofusca,
rompe, infantil, del vientre de María.
El Unigénito venido a menos
traspone la distancia en un vagido;
calla la Gloria y el Amor explana;
Sus manos y Sus pies de tierra llenos,
rostro de carne y sol del Escondido,
¡versión de Dios en pequeñez humana!
*
Pedro Casaldáliga El tiempo y la espera
Editorial Sal Terrae, Santander 1986
***
“Predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los hombres,
pero, para los llamados, sabiduría de Dios.
Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres;
y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.”
*
(1ª Corintios 1,22-25)
***
El templo del que hablaba Jesús era su propio cuerpo.
Por eso, cuando Jesús resucitó de entre los muertos, los discípulos recordaron lo que había dicho y creyeron en la Escritura y en las palabras que él había pronunciado.
(Juan 2,13-25)
La encarnación del Verbo de Dios en el seno de la Virgen María inaugura una etapa absolutamente nueva en la historia de la Presencia de Dios: etapa nueva y también definitiva, pues ¿qué mayor don podrá ser dado al mundo? No hay ya sino un templo en el que podamos adorar, rezar y ofrecer y en el que encontremos verdaderamente a Dios: el cuerpo de Cristo. En él el sacrificio deviene enteramente espiritual al mismo tiempo que real: no sólo en el sentido de que no es otra cosa que el mismo hombre adhiriéndose filialmente a la voluntad de Dios, sino también en el sentido de que procede en nosotros del Espíritu de Dios que nos ha sido dado.
A partir de la Encarnación, ha sido dado el Espíritu Santo verdaderamente; es, en los fieles, un agua que brota en vida eterna (Jn 4,14) y los constituye en hijos de Dios, capaces de poseerle de verdad por el conocimiento y el amor. Ya no se trata sólo de una presencia, sino de una inhabitación de Dios en los fieles. Cada uno personalmente y todos en conjunto, en su misma unidad, son el templo de Dios, porque son el cuerpo de Cristo, animado y unido por su Espíritu. Así es el templo de Dios en los tiempos mesiánicos. Pero en este templo espiritual, tal como existe en la trama de la historia del mundo, lo carnal continúa todavía no sólo presente, sino dominador y obsesionante. Cuando todo haya sido purificado, cuando todo sea gracia, cuando la parte de Dios aparezca de tal modo victoriosa que “Dios sea todo en todos”, cuando todo proceda de su Espíritu, entonces el Cuerpo de Cristo será establecido para siempre, con su Cabeza, en la casa de Dios.
La alabanza del mundo precisa la del hombre, quien ha de ser su intérprete y mediador por su trabajo y, sobre todo, por el canto de sus labios (Heb 13,15). Mas el culto espiritual del hombre y la gracia que hacen de él un templo de Dios no son perfectos sino en cuanto representan aquella religión filial, única relación auténtica de la criatura con su Dios, que no puede venir sino de Jesucristo. Es Cristo quien es, en definitiva, el único templo verdadero de Dios. “Nadie sube al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo” (Jn 3,13).
*
Yves Marie Congar, El misterio del templo, Barcelona 1964, 264-265.275-276, passim.
Comentarios desactivados en “Qué religión es la nuestra”. 3º de Cuaresma – B (Juan 2,13-25)
Todos los evangelios se hacen eco de un gesto audaz y provocativo de Jesús dentro del recinto del Templo de Jerusalén. Probablemente no fue muy espectacular. Atropelló a un grupo de vendedores de palomas, volcó las mesas de algunos cambistas y trató de interrumpir la actividad durante algunos momentos. No pudo hacer mucho más.
Sin embargo, aquel gesto cargado de fuerza profética fue lo que desencadenó su detención y rápida ejecución. Atacar el Templo era atacar el corazón del pueblo judío: el centro de su vida religiosa, social y política. El Templo era intocable. Allí habitaba el Dios de Israel. ¿Qué sería del pueblo sin su presencia entre ellos?, ¿cómo podrían sobrevivir sin el Templo?
Para Jesús, sin embargo, era el gran obstáculo para acoger el reino de Dios tal como él lo entendía y proclamaba. Su gesto ponía en cuestión el sistema económico, político y religioso sustentado desde aquel «lugar santo». ¿Qué era aquel Templo?, ¿signo del reino de Dios y su justicia o símbolo de colaboración con Roma?, ¿casa de oración o almacén de los diezmos y primicias de los campesinos?, ¿santuario del perdón de Dios o justificación de toda clase de injusticias?
Aquello era un «mercado». Mientras en el entorno de la «casa de Dios» se acumulaba la riqueza, en las aldeas crecía la miseria de sus hijos. No. Dios no legitimaría jamás una religión como aquella. El Dios de los pobres no podía reinar desde aquel Templo. Con la llegada de su reinado perdía su razón de ser.
La actuación de Jesús nos pone en guardia a todos sus seguidores y nos obliga a preguntarnos qué religión estamos cultivando en nuestros templos. Si no está inspirada por Jesús, se puede convertir en una manera «santa» de cerrarnos al proyecto de Dios que Jesús quería impulsar en el mundo. Lo primero no es la religión, sino el reino de Dios.
¿Qué religión es la nuestra?, ¿hace crecer nuestra compasión por los que sufren o nos permite vivir tranquilos en nuestro bienestar?, ¿alimenta nuestros propios intereses o nos pone a trabajar por un mundo más humano? Si se parece a la del Templo judío, Jesús no la bendeciría.
Comentarios desactivados en “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”. Domingo 03 de marzo de 2024. Domingo tercero de Cuaresma
Leído en Koinonia:
Éxodo 20,1-17: La Ley se dio por medio de Moisés. Salmo responsorial: 18: Señor, tú tienes palabras de vida eterna. 1Corintios 1,22-25: Predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los hombres, pero, para los llamados, sabiduría de Dios. Juan 2,13-25: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.
El evangelio de Juan coloca esta manifestación mesiánica de Jesús al comienzo de su actividad pública y en el contexto de una fiesta de Pascua en Jerusalén. Para Juan es muy importante poner a Jesús y a su comunidad en ese marco de la sucesión de las fiestas judías. Eso lo vemos a lo largo de todo el evangelio, pues no hay ningún acontecimiento fuera de ese marco. Juan optó por encuadrar toda la actividad pública de Jesús en el tiempo religioso de los que su propio Evangelio define como “los judíos” (!). Al organizar la narración en función de una serie de fiestas judías, deja entrever una construcción ideológica y cultural rica, articulada e intencionada (hoy sabemos que las cosas no se sucedieron así, sino que se trata de una organización literaria de la narración, con una intención significativa).
La pascua judía es confrontada por Jesús y su comunidad discipular tres veces en el evangelio de Juan. Es evidente el simbolismo: con Jesús irrumpe una nueva Alianza (tres siempre simboliza el nacimiento de algo nuevo). El tiempo del Reino construye una nueva festividad. El tiempo de las fiestas judías es contrapuesto con un tiempo inusual y alternativo. El relato centra su interés en la dialéctica entre la estructura simbólica y temporal del judaísmo, y una estructura nueva alternativa que se quiere afirmar e institucionalizar.
El simbolismo de la revelación mesiánica de Jesús es sumamente resaltado en la confrontación con el templo. El relato necesita hacerlo; al fin y al cabo se está construyendo y afirmando una nueva identidad. El templo de Jerusalén es el centro de las instituciones y símbolo de la gloria y el poder de la nación judía (tanto la residente en Palestina como la que se encuentra en la Diáspora). El evangelio emplea un símbolo conocido para indicar la presentación mesiánica de Jesús: el “látigo con cuerdas”. Era proverbial la frase “el látigo del Mesías” para significar la violencia que implica la irrupción de la era mesiánica. El uso que Jesús hace del “látigo” no deja la menor duda acerca de su identidad y del proyecto que encarna: con él arroja fuera del templo el ganado que se vendía para los sacrificios, las ovejas y los bueyes. Sacrificios, como ovejas y bueyes, así como sus potenciales compradores (sólo los ricos podían ofrecer este tipo de ganado en el sacrificio) son puestos fuera del horizonte del nuevo proyecto mesiánico-profético.
Al echar todos afuera del templo con sus ovejas y sus bueyes, Jesús declara la invalidez del culto de los potentados, del que los sacrificios constituían el momento cumbre. Jesús no denuncia solamente, como habían hecho los profetas, «el culto que encubre la injusticia», sino que declara infame «el culto que es en sí mismo una injusticia», por ser medio de explotación, pero sobre todo «por ser legitimación religiosa de la injusticia y del crimen». No propone una reforma del culto, sino su abolición.
La expulsión de los bueyes tiene que ver con la misma constitución de la sociedad tributaria-monárquica. El primer rey de Israel se constituyó a partir del “grupo de campesinos propietarios de bueyes”. No es de extrañar que a partir de entonces, latifundistas, bueyes y sacrificios en el templo estén articulados en un solo proyecto, y que se correspondan ideológica y religiosamente. Además el dios Baal de los agricultores cananeos se representaba con un buey. La agricultura y la ganadería necesitan su propio dios y su propio culto. Los latifundistas fueron aliados importantes de Herodes para la consolidación de su poder, y él, como retribución, mantuvo en forma opulenta al templo. Así podemos entender por qué el templo estaba lleno de bueyes, si la ideología religiosa dominante cuyo centro simbólico estaba allí era la justificación principal del sistema social estratificado y concentrador en Palestina desde la Reforma de Josías.
La expulsión de las ovejas del templo tiene también un rico sentido simbólico. Las ovejas son figura del pueblo, encerrado en el recinto donde está condenado al sacrificio. Los dirigentes explotan y asesinan al pueblo –verdadera víctima del culto–, sacrifican y destruyen al rebaño, a cuya costa viven. Jesús no se propone reformar aquella institución religiosa propósito por cierto inútil, sino rescatar al pueblo de ella.
Todos los grupos judíos esperaban la utopía del Reino, de forma que la agitación del primer siglo hizo a muchos pensar que la hora estaba próxima. Para los zelotas era la hora de tomar las armas contra la ocupación romana para instaurar el reino de Dios en el cual el templo y su personal ya no estuvieran sujetos a ningún imperio. Los saduceos no esperaban activamente el Reino y se contentaban con mantener como mejor podían el culto del templo con la ayuda de las autoridades romanas. Los esenios, como los zelotas, estaban listos para tomar las armas por el Reino, pero se habían retirado al desierto en espera del momento oportuno (kairós), considerando que el templo estaba en manos ilegítimas. Los fariseos también consideraban que para que llegara el Reino había que acabar con el dominio extranjero y restaurar la autonomía del templo. Sin embargo, no entraron a ninguna guerrilla y se dedicaron a la más riguroso observancia de la ley.
A diferencia de los grupos anteriores, la actitud de Jesús y de su comunidad discipular es de tajante oposición al templo, lo que aparece de una manera mucho más radicalmente –no sólo como rechazo de un culto de los poderosos– en las acciones contra los cambistas, a quienes les desparrama las monedas, y contra los vendedores de palomas, a quienes les ordena quitar de en medio su mercancía.
Los cambistas representaban “el sistema financiero” de la época. Todos los varones judíos mayores de 21 años estaban obligados a pagar un tributo anual al templo, e infinidad de donativos en dinero iban a parar al tesoro del templo. Además, en la antigüedad, los templos, por la inmunidad que les confería su carácter sagrado, eran el lugar elegido por los pudientes para depositar sus tesoros. El templo de Jerusalén llegó a ser uno de los mayores bancos de la antigüedad. Pero pagar el tributo y los donativos no se podía hacer en monedas que llevasen la efigie imperial, considerada idolátrica por los judíos: el templo acuñaba su propia moneda y los que iban a pagar tenían que cambiar sus monedas por las del templo. Los cambistas cobraban, naturalmente, su comisión. Al volcar sus mesas y desparramar sus monedas, Jesús estaba atacando directamente el tributo al templo y, con él, al sistema económico religioso dominante. El templo es para Jesús una empresa que explota económicamente al pueblo. De hecho, el culto proporcionaba enormes riquezas a la ciudad y a los comerciantes, sostenía a la nobleza sacerdotal, al clero y a los empleados. La acción de Jesús toca, por tanto, un punto neurálgico: el sistema económico e ideológico que representaba el templo en Israel.
La acción contra los vendedores de palomas es igualmente de enorme impacto ideológico. Las palomas eran animales sacrificiales de menor importancia, pues con ellas los pobres ofrecían sus cultos a Dios; sin embargo el hecho de que sus vendedores hayan sido los únicos a quienes Jesús se dirige y a los que hace responsables de la corrupción del templo, quiere hacer ver la enorme preocupación de Dios por la suerte de los pobres y su enojo por quienes hacen negocio con su pobreza. En contraste con las dos acciones anteriores, Jesús no ejecuta acción alguna, sino que se dirige a los vendedores mismos acusándolos de explotar a los pobres por medio del culto, del impuesto, y del fraude de lo sagrado.
El templo es “casa del mercado”, y allí el dios es el dinero. Al llamar a Dios mi Padre, Jesús no lo identifica con el sistema religioso del templo. La relación con Dios no es religiosa sino familiar, está en el ámbito de la casa familiar. La relación se desacraliza y se familiariza. En la casa del Padre ya no puede haber comercio ni explotación, siendo casa-familia acoge a quien necesite amor, intimidad, confianza, afecto.
Aún, Jesús da un paso más en su confrontación radical con el templo al proponerse él mismo como santuario de Dios. Frente al poder de Herodes (cuarenta y seis años de construcción del templo) emerge el poder del resucitado (tres días). En el Reino de Dios no se requiere templos sino cuerpos vivos. Éstos son los santuarios de Dios, donde brilla su presencia y su amor, si viven dignamente. Jesús no viene a continuar la línea religiosa tradicional. Vino a proponer una humanidad restaurada a partir del principio de la ultimidad de la vida en cuerpos que viven con dignidad. Sobre esta base es posible soñar y construir otra manera de vivir y otra manera de creer. Leer más…
Comentarios desactivados en Cuaresma Dom 3 (3.3.24). Destruiré este templo: Cueva de ladrones, casa de negocios (Jn 2, 23-15)
Del blog de Xabier Pikaza:
Tras entrar en Jerusalén, para proclamar el Reino, Jesús quiso limpiar la religión, expulsando del templo a los ladrones/negociantes que se habían allí establecido.
Tres fueron las tentaciones de Jesús según Mt 4 y Lc 4 (dinero, poder y mala religión). Las tres se condensan aquí en el templo, que Jesús “purifica” (quiere destruir/cambiar) para comenzar su ministerio de nueva humanidad/iglesia.
Los sinópticos (cf. Mc 1, 15-17) sitúan esa purificación al final del ministerio mesiánico de Jesús, como principio de su pasión y muerte. Jn 2, 14-16 la sitúa al comienzo. Sólo tras haber “limpiado” el tiemplo puede iniciar su tarea de humanidad.
| Xabier Pikaza
Dos evangelios, una experiencia de fondo.
Marcos.“Llegaron a Jerusalén y entrando en el templo comenzó a expulsar a los que vendían y compraban en el templo. Volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían las palomas, y no consentía que nadie pasase por el templo llevando cosas. Luego se puso a enseñar diciéndoles: ¿No está escrito: Mi casa será casa de oración para todos los pueblos? Vosotros, sin embargo, la habéis convertido en cueva de bandidos/ladrones” (Mc 11, 15-18).
Juan: “Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: “Quitad esto de aquí; no convirtáis la casa de mi Padre en un Oikos emporiou (casa, emporio o centro de negocios)” (Jn 2, 14-17).
Marcos, cueva de bandidos.
Su comparación de fondo (el templo/iglesia es una cueva de ladrones económicos o bandidos políticos, pues ambas cosas significa lestes) viene de Mc 15, 17, que la toma de Jer 7, 11. Según ella, el templo/religión es una cueva/guarida de ladrones económicos y/o bandidos político-sacerdotales (lêstôn), que emplean su poder y religión para robar con violencia y guardar (justificar) así lo robado.
El profeta Jeremías utilizó esa expresión en torno al 600 a.C., cuando Nabucodonosor rey de Babel (actual Irak) se creía justificado por Dios para conquistar/robar medio mundo, haciéndose llamar “civilizador”, enviado del Dios Marduk. Pues bien, a juicio de Jeremías, los sacerdotes/ricos de Jerusalén seguían en el fondo la misma política/religión de Nabucodonosor, justificando sus robos con el templo. Como nuevo Jeremías habla y sufre Jesús por criticar el poder/opresión del templo.
Juan, casa de negocios, emporio económico.
Interpreta la “cueva de bandidos” (lenguaje profético de Marcos), en forma de centro comercial, oikos emporiou, un gran centro comercial. De esa forma ha pasado del lenguaje de reyes/bandidos militares y de templos ligados a esos reyes al lenguaje “comercial” de fenicios y griegos que, en vez de robar haciendo guerras de conquista con soldados, crearon “emporios” o colonias comerciales, a lo largo y a lo ancho del Mediterráneo y del mundo occidental, enriqueciéndose a costa de los pobres. Todavía actualmente, una antigua ciudad comercial de los griegos, ubicada en Cataluña/España se llama, se llama Ampurias” o el emporio.
Pues bien, conforme a la visión de Jesús, según el evangelio de Juan, el templo de Jerusalén se había convertido en un emporio, centro o casa comercial al servicio de los ricos (conforme a la nueva economía de mercado griegos. Este es el tema de fondo del evangelio de este domingo 3.3.24 (3º de Cuaresma) que comentaré en lo que sigue, comparando la visión de Marcos y la de Juan, teniendo a fondo las dos expresiones: Cueva de ladrones, casa de negocios. Para los evangelistas ambas cosas son en el fondo lo mismo.
La gran transformación, el cambio de la iglesia.
Son muy importantes otros temas: los vinculados al “sexo pervertido” (posible pederastia, poca madurez afectiva de algunos cristianos, clérigos o laicos…), los del tema de la autoridad (discusiones sobre el sínodo de la iglesia alemana o de las iglesias del mundo entero, con violencias y opresiones de diverso tipo… Pero el evangelio de este domingo, que sigue al anterior de la transformación/transfiguración del Tabor, se centra en el dinero. La transformación de la iglesia empieza por lo económico: Echar de la iglesia a los ladrones de la cueva, convertir la casa/emporio de economía en lugar de comunión y servicio mutuo en amor.
El tema de fondo (de Jesús y de la iglesia) sigue siendo el dinero, con el poder/bandidaje que ello implica. El Papa Francisco y otros líderes eclesiales están consiguiendo cambios importantes en una línea de transformación sinodal de la iglesia, pero se les hace casi imposible el tema de la “conversión económica”, vinculada a la conversión ecológica y a la creación de una hermandad/fraternidad de “pobres”.
Conforme al lenguaje de la iglesia, desde el AT, el tema no consiste en no tener, sino en tener compartiendo, poniendo pobreza y/o dinero al servicio de la fraternidad.
Marcos, un tema de bandidos.
Según Marcos los responsables del templo lo han convertido en “cueva de ladrones” (spelaion lêstôn: cf. Jer 7, 11), un lugar para robar al pueblo fiel, en nombre de Dios, con medios de bandidaje anti-legal (engañando, robando, matando) o con medios de bandidaje aparentemente legal, propio de reyes y dirigentes políticos (en aquel entorno de Jer 7, donde los que robaban eran precisamente reyes nobles del pueblo). Ese es el modelo más oriental de los imperios ladrones, que estaban conquistando y robando a lo grande, es decir, en aquel tiempo (en torno al 600 a.C. los babilonios).
Pues bien, Jeremías dice a los sacerdotes de Jerusalén y “nobles” de Jerusalén que están haciendo lo mismo que los ladrones del imperio de los babilonios, que conquistan el mundo para apoderarse de sus riquezas.
En el fondo, los sacerdotes del templo de Jerusalén (en tiempo de Jesús, en nuestro tiempo) corren el riesgo de convertir el gran templo, la gran iglesia, en una sucursal de los bandidos político/militares, con la diferencia de que lo hacen en nombre del Dios de Israel o del Dios de Jesucristo El tema de fondo del templo de Jerusalén en el evangelio de Marcos sigue siendo este maridaje entre religión y dinero injusto (dinero de bandidos), puesto al servicio de una religión de engaño.
Juan: Nuevos bandidos, agentes de negocios.
Según Juan, los sacerdotes han convertido la Casa de su Padre en centro de negocios (oikos emporiou, casa de comerciantes). De esa forma pasa del modelo del imperio-ladrón de oriente (Babilonia) a la terminología de un comercio colonial, conforme al esquema de los fenicios y griegos que habían creado “colonias” a lo ancho del Mar Mediterráneo para “cambiar mercancías con ventaja”, para así enriquecerse, sin necesidad de mantener grandes tropas imperiales, que eran caras.
Por oro fueron muchos hispanos, anglosajones, holandeses, alemanes y rusos por el mundo entero, diciendo que iban a evangelizar o civilizar a los salvajes… pero de hecho buscando dineros o comercio al servicio de la metrópoli.
El evangelio de Juan utiliza una terminología comercial moderna, empleada también por el Evangelio de Tomás 64). Según esa terminología, los soldados/bandidos de Marcos (cueva de ladrones, que roban que roban pero no sabe negociar, sino que meten lo robado en una cueva) se convierten en agentes comerciales, en directores económicos de emporio (que van por ahí sin robar a mano armada, pero están protegidos por ejércitos de soldados, legisladores y jueces de diverso tipo…).
Este cambio de la imagen “cueva de bandidos” a “casa de negocios” se impone en la iglesia de occidente a partir del siglo XII d.C., cuando la iglesia aparece (con ciertos banqueros judíos, florentinos, renanos o flamencos como creadora de un tipo de economía capitalista.
Conforme a su lógica de gratuidad (de Reino), Jesús ha subido Jesús al templo de Jerusalén, para culminar su obra, que en este contexto tiene sentido destructor. No se limita a purificarlo o reformarlo un poco, condenando sus excesos, para que volviera a estar limpio, como siempre debió hallarse, sino que anuncia y expresa simbólicamente su ruina (como hizo al presentar en este contexto signo de la higuera): ¡Qué nadie coma nunca más de sus frutos! (cf. Mc 11, 14).
‒ Expulsa a vendedores y compradores de animales para los sacrificios… ( Mc 11,15b). De esa forma hace imposible todo el ejercicio de los sacrificios de animales, fundados en la compra y ofrecimiento de animales a Dios. Según eso, Jesús ha «expulsado» del templo (es decir, de lo sagrado) a los poderes económicos que lo controlan
‒ Derriba las mesas de cambistas de dinero y de los vendedores de palomas (Mc 11,15c). No se limita a expulsar a los vendedores, sino que derriba ese centro material del templo que es la mesa de los cambios, el banco de la economía y de la venta de palomas. Ése es un gesto simbólico: Como derriba Jesús estas mesas, vendrá a derrumbarse en el suelo el edificio «sagrado» del templo.
– Jesús no deja que pasen por el templo con utensilios de compra-venta y de servicios materiales… Jesús impide así que el templo tenga otras funciones sociales de transformación económica o laboral. Quiere que el templo (la religión) sea espacio de encuentro humano, de comunicación personal.
– Jesús quiere que el templo sea casa de encuentro (de oración) entre todas las naciones: Espacio y camino de comunión con Dios y de diálogo entre los hombres y mujeres, sin intermediarios sacerdotales (es decir, sin funcionarios de lo sagrado).
Tema actual. Tres conversiones del templo
Conversión económica, un templo-iglesia que no sea cueva de bandidos ni emporio económico. El templo de Jerusalén constituía el centro mercantil del pueblo israelita, que se había comprometido a mantener sus instituciones y su culto, al menos tras la “restauración” del exilio (año 525 a. C.) y las reformas de Esdras y Nehemías (cf. Neh 10, 2-39). El templo así entendido ejercía funciones económicas que podían ayudar al pueblo… pero se terminó convirtiendo en cueva de bandidos/emporio de ricos. Sin un cambio radical en este campo no ser puede hablar
de conversión cristiana. No se trata de expulsar del templo a los bandidos/bandidos, sino a los “arribistas económicos”. En eso estamos, en eso quiere estar en Roma en Papa Francisco, en su forma actual de administración, ese cambio/conversión que quiso Jesús se le está (se nos está) resistiendo. Hay tarea para muchas cuaresmas.
Conversión política. En un plano, los judíos habían separado religión y vida social, de tal forma que podían conservar su propia identidad religiosa y su culto mientras que el orden político quedaba bajo el Imperio. En esa línea, Jesús dijo dad a Dios lo que es Dios, devolver al Cesar lo que es del César…Pero de hecho las grandes iglesias se han aliado con los políticos… En Europa Occidental el gran cambio jurídico se dio hace 800 años, en el concordato de Worms (1222) y después en la revolución francesa, con la separación de la iglesia y el poder político…
Pero el tema sigue pendiente. Un tipo de “derecha política” (perdónese) la expresión quiere mantener el poder utilizando a la iglesia (y a la inversa, un tipo de iglesia se apoya en la derecha)… En otra línea ha existido y existe un tipo de izquierda que quiere tomar el poder religioso, desde los celotas/sicarios del tiempo de Jesús.
No parece que haya solución hasta que se supere un tipo de poder de imposición social, económica y religiosa. No se trata de cambiar el poder, sino de superarlo, no se trata de tomar el poder, sino de transformarlo en gratuidad-servicio. Hay tema largo para superar un tipo de iglesia-emporio económico, para convertirla mercado gratuito de intercambio de vida. Convertir el mercado monetario en “merced”-regalo de vida. Por andaba Jesús al expulsar a los imperiales/comerciantes de emporio. Le quedan algunos por expulsar, del Vaticano y de sus alrededores, no sólo católicos, sino protestantes, ortodoxos y de otras tendencias “cristianas”.
Conversión religiosa, conversión cristiana de iglesia.En tiempos de Jesús, el templo se había convertido en gran edificio de imposición religiosa. Lo mejor que le podía suceder a aquel templo, para bien de la gente, es que fuera destrucción, convertido en “casa de comunión/oración” de todos los pueblos. El templo simbolizaba y expresaba el poder religioso de unos sacerdotes sobre l conjunto del pueblo… Se sigue tratando hoy de superar el poder religioso, convirtiendo la religión verdadera en principio de perdón, fraternidad y libertad. Eso quiso Jesús, por eso le mataron.
‒ Yo destruiré este templo, hecho con manos humanas… (cf. Mc 14, 58). Sin destrucción de un templo construido por “intereses humanos” de poder-dinero-sometimiento no puede haber evangelio. Jesús va en contra de un templo construido por manos humanas, lo mismo que la torre de Babel (cf. Gen 10), un templo construido al servicio como capital externo, signo de pecado. Quizá pudiéramos decir con Esteban (cf. Hech 7, 47-53), que este templo, cerrado en sí mismo, ha sido el “pecado originario” de Israel, pues ha servido para negar la profecía universal y liberadora del mensaje original de Dios.
‒ Y en tres días edificaré otro, no hecho por manos humanas (Mc 14, 58). El templo antiguo era un edificio hecho por intereses humanos (kheiropiêton, cf. Hech 7, 41.48), de forma que más que signo de Dios era un ídolo satánico, en la línea de la “mammona”, el Dios dinero opresor( Mt 6, 24). Frente al “ídolo” de aquellos que quieren encerrar a Dios en sus propias construcciones, al servicio de su seguridad y su poder ( se eleva Dios que creará precisamente “humanidad”, a los “tres días”, es decir, en el tiempo de plenitud escatológica del Reino.
La escena de la expulsión de los mercaderes del templo la cuentan los cuatro evangelios. Pero, como ocurre a menudo, hay algunas diferencias entre ellos.
Preguntas para un concurso
¿Cuándo tuvo lugar dicha escena? ¿Al comienzo de la vida de Jesús o al final?
Esta escena ha sido pintada por numerosos artistas, entre ellos el Greco. En todas ellas aparece Jesús empuñando un azote de cordeles. Pero, de los cuatro evangelios, sólo uno menciona dicho azote; en los otros tres Jesús no recurre a ese tipo de violencia. ¿De qué evangelio se trata?
Sólo un evangelio dice que Jesús prohibió transportar objetos por la explanada del templo. ¿Cuál?
¿Qué evangelista cuenta la escena de la forma más breve?
¿Quién la cuenta con más detalle, incluyendo una discusión con las autoridades judías?
Respuestas
Juan la sitúa al comienzo de la vida de Jesús. Mateo, Marcos y Lucas al final, pocos días antes de morir.
El único que menciona el azote es Juan.
Esa prohibición sólo se encuentra en Marcos.
El más breve es Lucas.
Juan.
El relato de Juan (Jn 2,13-25)
El concurso anterior no se debe a un capricho. Pretende recordar que los evangelistas no cuentan el hecho histórico tal como ocurrió, sino transmitir un mensaje. Por eso alguno insiste en un detalle, mientras otros lo omiten por no considerarlo adecuado para su auditorio. Lucas, por ejemplo, reduce al mínimo la actitud violenta de Jesús, mientras que Juan la subraya al máximo. El relato de Juan se divide en dos partes: la expulsión de los mercaderes y la breve discusión con los judíos.
Un gesto revolucionario
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
̶ Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
A nuestra mentalidad moderna le resulta difícil valorar la acción de Jesús, no capta sus repercusiones. Nos ponemos de su parte, sin más, y consideramos unos viles traficantes a los mercaderes del templo, acusándolos de comerciar con lo más sagrado. Pero, desde el punto de vista de un judío piadoso, el problema es más grave. Si no hay vacas ni ovejas, tórtolas ni palomas, ¿qué sacrificios puede ofrecer al Señor? ¿Si no hay cambistas de moneda, cómo pagarán los judíos procedentes del extranjero su tributo al templo? Nuestra respuesta es muy fácil: que no ofrezcan nada, que no paguen tributo, que se limiten a rezar. Esa es la postura de Jesús. A primera vista, coincide con la de algunos de los antiguos profetas y salmistas. Pero Jesús va más lejos, porque usa una violencia inusitada en él. Debemos contemplarlo trenzando el azote, golpeando a vacas y ovejas, volcando las mesas de los cambistas.
Imaginemos la escena en nuestros días. Jesús entra en una catedral o una iglesia. Se fija en todo lo que no tiene nada que ver con una oración puramente espiritual, lo amontona y lo va tirando a la calle: cálices, copones, candelabros, imágenes de santos, confesionarios, bancos… ¿Cuál sería nuestra reacción? Acusaríamos a Jesús de impedirnos decir misa, poder comulgar, confesarnos, incluso rezar.
¿Por qué actúa Jesús de este modo? En el evangelio de Marcos, lo explica como un buen maestro, empalmando dos textos proféticos, de Isaías y Jeremías: “¿No esta escrito: Mi casa será casa de oración para todos los pueblos? Pues vosotros la tenéis convertida en una cueva de bandidos”.
En el evangelio de Juan, Jesús no actúa como maestro sino como hijo: “No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.” Estamos al comienzo del evangelio (lo único que se ha contado después de la vocación de los discípulos ha sido el episodio de las bodas de Caná), y ya se anuncia lo que será el gran tema de debate entre Jesús y las autoridades judías en Jerusalén: su relación con el Padre. Ese sentirse Hijo de Dios en el sentido más profundo es lo que le provoca esa fuerte reacción de cólera, incluso trenzando y usando un látigo (detalle que no aparece en los Sinópticos).
Juan explica esta reacción con unas palabras que no aparecen en los otros evangelios: «Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: El celo de tu casa me devora.» El celo por la causa de Dios había impulsado a Fineés a asesinar a un judío y a una moabita; a Matatías, padre de los Macabeos, lo impulsó a asesinar a un funcionario del rey de Siria. El celo no lleva a Jesús a asesinar a nadie, pero sí se manifiesta de forma potente. Algo difícil de comprender en una época como la nuestra, en la que todo está democráticamente permitido. El comentario de Juan no resuelve el problema del judío piadoso, que podría responder: «A mí también me devora el celo de la casa de Dios, pero lo entiendo de forma distinta, ofreciendo en ella sacrificios». Quienes no tendrían respuesta válida serían los comerciantes, a los que no mueve el celo de la casa de Dios sino el afán de ganar dinero.
La reacción de las autoridades
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
̶ ¿Qué signos nos muestras para obrar así?
Jesús contestó:
̶ Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.
Los judíos replicaron:
̶ Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
En contra de lo que cabría esperar, las autoridades no envían la policía a detener a Jesús (como le ocurrió siglos antes al profeta Jeremías, que terminó en la cárcel por mucho menos). Se limitan a pedir un signo, un portento, que justifique su conducta. Porque, en ciertos ambientes judíos, se esperaba del Mesías que, cuando llegase, llevaría a cabo una purificación del templo. Si Jesús es el Mesías, que lo demuestre primero y luego actúe como tal.
La respuesta de Jesús es aparentemente la de un loco: “Destruid este templo y en tres días lo reconstruiré”. El templo de Jerusalén no era como nuestras enormes catedrales, porque no estaba pensado para acoger a los fieles, que se mantenían en la explanada exterior. De todas formas, era un edificio impresionante. Según el tratado Middot, medía 50 ms de largo, por 35 de ancho y 50 de alto; para construirlo, ya que era un edificio sagrado, hubo que instruir como albañiles a mil sacerdotes. Comenzado por Herodes el Grande el año 19 a.C., fue consagrado el 10 a.C., pero las obras de embellecimiento no terminaron hasta el 63 d.C. En el año 27 d.C., que es cuando Juan parece datar la escena, se comprende que los judíos digan que ha tardado 46 años en construirse. En tres días es imposible destruirlo y, mucho menos, reconstruirlo.
Curiosamente, Juan no cuenta cómo reaccionaron las autoridades a esta respuesta de Jesús. (Resulta más lógica la versión de Marcos: los sumos sacerdotes y los escribas no piden signos ni discuten con Jesús; se limitan a tramar su muerte, que tendrá lugar pocos días después.) Pero el evangelista sí nos dice cómo debemos interpretar esas extrañas palabras de Jesús. No se refiere al templo físico, se refiere a su cuerpo. Los judíos pueden destruirlo, pero él lo reedificará. Tenemos aquí, también desde el comienzo del evangelio, algo equivalente a los tres anuncios de la Pasión y Resurrección en los Sinópticos, aunque dicho de forma mucho más breve: “Destruid este templo (Pasión) y en tres días lo levantaré” (Resurrección).
Cuaresma y resurrección
Esto último explica por qué se ha elegido este evangelio para el tercer domingo. En el segundo, la Transfiguración anticipaba la gloria de Jesús. Hoy, Jesús repite su certeza de resucitar de la muerte. Con ello, la liturgia orienta el sentido de la Cuaresma y de nuestra vida: no termina en el Viernes Santo sino en el Domingo de Resurrección.
Jesús, nuevo templo de Dios
Hay otro detalle importante en el relato de Juan: el templo de Dios es Jesús. Es en él donde Dios habita, no en un edificio de piedra. Situémonos a finales del siglo I. En el año 70 los romanos han destruido el templo de Jerusalén. Se ha repetido la trágica experiencia de seis siglos antes, cuando los destructores del templo fueron los babilonios (año 586 a.C.). Los judíos han aprendido a vivir su fe sin tener un templo, pero lo echan de menos. Ya no tienen un lugar donde ofrecer sus sacrificios, donde subir tres veces al año en peregrinación. Para los judíos que se han hecho cristianos, la situación es distinta. No deben añorar el templo. Jesús es el nuevo templo de Dios, y su muerte el único sacrificio, que él mismo ofreció.
Portentos y sabiduría (1 Corintios 1,22-25)
En la segunda lectura aparece también el tema de los prodigios. Pablo, judío de pura cepa, pero que predicó especialmente en regiones de gran influjo griego, debió enfrentarse a dos problemas muy distintos. A la hora de creer en Cristo, los judíos pedían portentos, milagros (como se ha contado en el evangelio), mientras los griegos querían un mensaje repleto de sabiduría humana. Poder o sabiduría, según qué ambiente. Pero lo que predica Pablo es todo lo contrario: Cristo crucificado. El colmo de la debilidad, el colmo de la estupidez. Ninguna universidad ha dado un doctorado “honoris causa” a Jesús crucificado; lo normal es que retiren el crucifijo. Pero ese Cristo crucificado es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Quien sienta la tentación de considerar el mensaje cristiano una doctrina muy sabia humanamente, digna de ser aceptada y admirada por todos, debe recordar la experiencia tan distinta de Pablo.
Hermanos:
Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero, para los llamados -judíos o griegos-, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
El Decálogo: tercer momento de la Historia de la salvación (1ª lectura)
Pensando especialmente en los catecúmenos se recuerda en la primera lectura el Decálogo. A pesar de su enorme interés, es difícil tratar las tres lecturas en la homilía. Por su estrecha relación con la Cuaresma convendría limitarse a la segunda y al evangelio.
Jesús se dirige a Jerusalén, lugar donde está situado el templo. Templo de piedra, de tradición, donde la ley es la norma. En él se encontraba el arca de la Alianza y, por lo tanto, la presencia de Dios.
Lo que pone de relieve este texto es que la absolutización de la religión trae los totalitarismos. La dualidad entre lo profano y lo religioso ha provocado demasiado enfrentamiento y sufrimiento.
Sin embargo, Jesús inaugura una época nueva, no la de la ley, sino la de la experiencia, del Encuentro.
Él también tuvo que expulsar fuera de sí muchos “animales”, todos aquellos que no le permitían vivir en la coherencia, y le sometían a la ira, el miedo, el no entender…
Hoy Jesús nos habla de no vaciar de contenido lo esencial. Las piedras son piedras, pero su cuerpo es templo del Espíritu. Un templo que no admite cambistas, ni trueques, ni animales. Es espacio vacío, desalojado de todo aquello que no le permite vivir en ese silencio y soledad que hacen que el Espíritu haga en Él su morada.
Un cuerpo como el de Jesús que está habitado por el Espíritu y que nadie puede destruir. En la fluidez que da la libertad de pensar, sentir y obrar en coherencia, en esa autenticidad de llevar a cabo la voluntad de Dios.
Jesús es el ser humano libre, que crece en la medida que experimenta el amor por su Padre y por las personas, por eso su ser se dilata y dinamiza a medida que se expone al amor del Espíritu.
Las piedras son duras, rígidas, solo son receptáculos. Si pierden el espíritu, son edificios muertos, son obras de arte que nos recuerdan otros tiempos, por eso Jesús inaugura un templo nuevo, SU CUERPO, un cuerpo que se llena de vida, a medida que se vacía de sí mismo para llenarse del Amor de Dios.
Oración
Padre, ayúdanos a poner a punto nuestro cuerpo para que sea templo, como lo fue el de Jesús, dinamizado por tu espíritu.
Comentarios desactivados en Jesús denuncia un culto externo que no exige un cambio interno.
DOMINGO 3 º DE CUARESMA (B)
Jn 2,13-25
En las tres primeras lecturas de los domingos que llevamos de cuaresma, se nos ha hablado de pacto. Después de la alianza con Noe y con Abraham, se nos narra hoy la tercera alianza del Sinaí. La alianza con Noe fue la alianza cósmica del miedo. La de Abrahán fue la familiar de la promesa. La de Moisés fue la nacional de la Ley. ¿Cómo debemos entender estos relatos? Noe, Abrahán y Moisés son personajes legendarios.
La historia “sagrada” que narra la vida y milagros de estos personajes se escribió hacia el s. VII antes de Cristo. Son míticas leyendas que no debemos entender al pie de la letra. Se trata de experiencias vitales que responden a las categorías religiosas de cada época. Hoy nadie puede pensar que Dios le dio a Moisés unas tablas de piedra con los diez mandamientos. No fue Dios quien utilizó a Moisés para comunicar su Ley, sino Moisés el que utilizó a Dios para hacer cumplir unas normas que él elaboró sabiamente.
Dios no puede hacer pactos porque no puede ser “parte”. Una cosa es la experiencia de Dios que los hombres tienen según su nivel y otra muy distinta lo que Dios es. Jesús habló del Dios de la “alianza eterna”. Dios actúa de una manera unilateral y desde el ágape, no desde un «toma y da acá«. Dios se da totalmente sin condiciones ni requisitos, porque el darse es su esencia. En el Dios de Jesús no tienen cabida pactos ni alianzas. Lo único que espera de nosotros es que descubramos el don total de sí mismo.
No se trata de purificar el templo sino de sustituir. El relato del Templo lo hemos entendido de manera simplista. Siempre interpretamos la Escritura de manera que nos permita tranquilizar nuestra conciencia echando la culpa a los demás. Como buen judío, Jesús desarrolló su vida espiritual en torno al templo; pero su fidelidad a Dios le hizo comprender que lo que allí se cocía no era lo que Dios esperaba. Recordemos que cuando se escribió este evangelio, ni existía ya el templo ni la casta sacerdotal tenía ninguna influencia. Pero el cristianismo se había convertido ya en una religión que imitó la manera de dar culto a Dios. Es el culto de ayer y de hoy el que debe ser purificado.
Es casi seguro que algo parecido a lo que nos cuentan sucedió realmente, porque el relato cumple perfectamente los criterios de historicidad. Por una parte, lo narran los cuatro evangelios. Por otra es algo que podía interpretarse por los primeros cristianos, (todos judíos) como desdoro de Jesús, no es fácil que nadie se pudiera inventar un relato que critica todo el organigrama del culto desde una mayor fidelidad a Dios.
Nos han dicho que lo que hizo Jesús en el templo fue purificarlo. Esto no tiene fundamento, puesto que lo que estaban haciendo allí los vendedores, era imprescindible para la actividad del templo. Se vendían bueyes ovejas y palomas, que eran la base de los sacrificios. Los animales vendidos estaban controlados por los sacerdotes; así se garantizaba que cumplían todos los requisitos de pureza. También eran imprescindibles los cambistas, porque al templo solo podía recibir dinero puro, es decir, acuñado por el templo. En la fiesta de Pascua, llegaban a Jerusalén israelitas de todo el mundo; para hacer la ofrenda no tenían más remedio que cambiar su dinero por el del templo.
Jesús quiso manifestar con un acto profético, que aquella manera de dar culto a Dios no era la correcta. En esos días de fiesta podía haber en el atrio del templo unas 8.000 personas. Es impensable que un solo hombre con unas cuerdas pudiera arrojar del templo a tanta gente. El templo tenía su propia guardia, que se encargaba de mantener el orden. Además, en una esquina del templo se levantaba la torre Antonia, con una guarnición romana. Los levantamientos contra Roma tenían lugar siempre durante las fiestas. Eran momentos de alerta máxima. Cualquier desorden hubiera sido sofocado.
Las citas son la clave para interpretar el hecho. Para citar la Biblia se recordaba una frase y con ella se hacía alusión a todo el contexto. Los sinópticos citan a (Is 56,3-7) «mi casa será casa de oración para todos los pueblos; y a (Jer 7,8-11) «pero vosotros la habéis convertido en cueva de bandidos». Is hace referencia a los extranjeros y a los eunucos, y dice: “yo los traeré a mi monte santo y los alegraré en mi casa de oración. Sus sacrificios y holocaustos serán gratos sobre mi altar, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos». En los tiempos mesiánicos, los eunucos y los extranjeros podrán dar culto a Dios. Ahora no podían pasar del patio de los gentiles.
El texto de (Jer 7,8-11) dice así: «No podéis robar, matar, adulterar, jurar en falso, incensar a Baal, correr tras otros dioses y luego venir a presentaros ante mí, en este templo consagrado a mi nombre, diciendo: ‘Estamos seguros’ para seguir cometiendo los mismos crímenes. ¿Acaso tenéis este templo por una cueva de bandidos?” Los bandidos no son los vendedores, sino los que hacen las ofrendas sin conversión. Son bandidos, no por ir a rezar, sino porque solo buscaban seguridad. Lo que Jesús critica es que, con los sacrificios, se intente comprar a Dios. Como los bandidos se esconden en las cuevas, seguros hasta que llegue la hora de volver a robar y matar.
Juan cita un texto de (Zac 14,20) «En aquel día se leerá en los cascabeles de los caballos: «consagrado a Yahvé», y serán las ollas de la casa del Yahvé como copas de aspersión delante de mi altar; y toda olla de Jerusalén y de Judá estará consagrada a Yahvé y los que vengan a ofrecer comerán de ellas y en ellas cocerán; y ya no habrá comerciantes en la casa de Yahvé». La inscripción «consagrado a Yahvé» la llevaban los cascabeles de las sandalias de los sacerdotes y las ollas donde se cocía la carne consagrada. En los días mesiánicos, no habrá distinción entre cosa sagrada y profana.
Los vendedores interpelados (los judíos) le exigen un prodigio que avale su misión. No reconocen a Jesús ningún derecho para actuar así. Ellos son los dueños y Jesús un rival que se ha entrometido. Ellos están acreditados por la institución misma, quieren saber quién le acredita a él. No les interesa la verdad de la denuncia, sino la legalidad de la situación, que les favorece. Pero Jesús les hace ver que sus credenciales han caducado. Las credenciales de Jesús serán, hacer presente la gloria de Dios a través de su amor.
Suprimid este santuario y en tres días lo levantaré. Aquí encontramos la razón por la que leemos el texto de Jn y no el de Mc. Esta alusión a su resurrección da sentido al texto en medio de la cuaresma. Le piden una señal y contesta haciendo alusión a su muerte. Su muerte hará de él el santuario definitivo. La razón para matarlo será que se ha convertido en un peligro. El fin de los tiempos, en Jn, va ligado a la muerte de Jesús.
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Jn 2, 13-25
«Quitad esto de aquí. No hagáis de la casa de mi Padre una casa de mercado»
Entraron en el patio de los gentiles por el ángulo Suroeste, y allí se encontraron con los puestos de venta de animales para los sacrificios y las mesas de los cambistas de dinero extranjero por dinero del Templo. En ambos casos su función era necesaria para el buen funcionamiento del Templo, pues quien llegaba allí con la intención de ofrecer un sacrificio, precisaba de los unos y de los otros. Además, no estaban en el Templo propiamente dicho, sino en uno de los patios de libre acceso.
Pero todo el negocio era controlado por los sacerdotes, que habían convertido la actividad normal del Templo en algo muy lucrativo. Cada vez era mayor el número de nimiedades que requerían un sacrificio para que el infractor recuperase la pureza perdida, y así, los beneficios de esta empresa crecían sin cesar. Se multiplicaba la fortuna de aquellos privilegiados pertenecientes a la aristocracia sacerdotal, y ello a costa de los hombres y mujeres de las clases populares que, por su propia forma de vida, estaban más expuestos a verse inmersos en situaciones que requerían sacrificio para su expiación.
Jesús se había indignado muchas veces ante el espectáculo de esta mercadería, pues convertía al propio Dios en cómplice de las supercherías de las autoridades religiosas, pero la simple indignación no era motivo suficiente para intervenir en los negocios de aquella gente. En cambio, ahora, el motivo era muy distinto, pues Jesús quería hacer un gesto claro e inequívoco para mostrar que el Templo estaba acabado; que era estéril; que no tenía ningún papel en el Reino; que era el más rancio símbolo de lo viejo, de lo muy viejo; tanto, que ya los profetas habían proclamado en nombre de Yahvé: «Misericordia quiero, y no sacrificios».
Pero el Templo significaba sacrificios: sacrificio de animales y sacrificio de judíos y galileos para mantenerlo. Y en el Templo la palabra misericordia había perdido todo su significado. Por eso, Jesús le había dicho a la mujer samaritana: «Créeme mujer: Se acerca el tiempo en que no daréis culto al Padre ni en Garizim ni en Jerusalén. Llega la hora en que los que den culto auténtico, darán culto al Padre en espíritu y en verdad».
Era necesario destruir el Templo con sus sacrificios, sus tributos, su culto externo, su poder, sus sacerdotes corruptos, su mentalidad nacionalista… pues si permanecía en pie, nunca podría reinar Abbá; nunca podría instaurarse su Reino. Era necesario rasgar los odres viejos, porque no podían contener el vino nuevo.
Evidentemente, no le era posible derribar aquella inmensa edificación, pero al menos podía realizar un gesto que pusiese de manifiesto su rechazo; que lanzase un mensaje claro al pueblo de Jerusalén. Debían saber que su opción rompía con lo antiguo porque lo antiguo se había vuelto infecundo; porque había llegado el tiempo de convertirse a Abbá; porque había que optar, y hacerlo urgentemente; radicalmente.
Al entrar en el gran patio volvieron a aparecer ante sus ojos los puestos de venta de animales y los mostradores de los cambistas, y se volvió a indignar ante aquel espectáculo. Derribó las mesas de los cambistas. Luego se dirigió a los puestos de los vendedores de palomas y estrelló las jaulas contra el suelo. De entre las ramas rotas de sus jaulas, los pobres animales salían volando, despavoridos, provocando gran confusión y alboroto. Los vendedores de bueyes y ovejas, al ver lo que les venía encima, arrearon a sus animales hacia la puerta de salida más cercana.
Algunos de los vendedores —los más corajudos— decidieron permanecer en sus puestos de venta, porque no estaban dispuesto a dejarse avasallar por aquel hombre. Pero cuando llegó a ellos aquella fuerza desatada, con aquella determinación y aquel arrojo, con aquella mirada iracunda que taladraba el ánimo, decidieron no enfrentarse a él y seguir la estela de sus compañeros.
Los discípulos que habían entrado con él en el Templo estaban en un rincón del patio agrupados y desconcertados por la escena inaudita que se abría ante sus ojos. Ya estaban acostumbrados a que les sorprendiese con sus hechos y sus dichos, pero nunca hubiesen sospechado que pudiese hacerlo hasta ese punto. Pedro y los Zebedeos no entendían nada, pero estaban prestos a entrar en acción si alguien se le enfrentaba. Judas, estupefacto, contemplaba cómo Jesús actuaba justo en sentido contrario a como esperaba, pues en vez de atacar a los romanos, atacaba al Templo. Las mujeres temían por él, y el resto no salía de su asombro.
Al fin salieron del edificio central doce sacerdotes de túnica fastuosa y se dirigieron hacia donde él estaba. Sus ademanes nada tenían que ver con la pompa y el boato de los que habitualmente hacían gala, sino que eran apresurados; casi marciales. El que parecía su jefe, un hombretón iracundo de barba negra y abundante, se colocó a un palmo de las narices de Jesús, y le gritó en tono amenazador: «¿Con qué derecho haces estas cosas?»
Mucha gente contemplaba la escena desde la distancia. Los Zebedeos dieron un paso adelante para dirigirse hacia donde estaba Jesús; solo y rodeado de sacerdotes beligerantes. Pedro, que conocía mejor que nadie su coraje y su personalidad, les cogió del brazo y no les dejó ir. Si la cosa iba a mayores, él sería el primero en dar la cara, pero dudaba mucho que fuese necesario.
Jesús, todavía sofocado por el esfuerzo, calmó su espíritu, esbozó una sonrisa y les contestó: «También voy a haceros yo una pregunta, y si me respondéis, os diré con qué poder hago yo estas cosas: El bautismo de Juan ¿era del cielo o era de los hombres?… Respondedme».
Se retiraron unos metros y se pusieron a cavilar. Eran conscientes de que la gente estaba siendo testigo de toda la escena y redoblaron sus esfuerzos por salir de aquel atolladero en que se habían metido; pero no tenía salida porque cualquier respuesta que diesen era mala para ellos: «No lo sabemos» … «Entonces, yo tampoco os digo con qué poder hago estas cosas». Y desentendiéndose de ellos, se acercó a sus amigos.
Cuando salió del Templo, los sacerdotes se reunieron con los escribas para ver la forma de perderle… Acababa de llegar y ya le temían.
Miguel Ángel Munárriz Casajús
Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí
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Al recibir las tablas de la Ley y sellar la Alianza con Yahvé, el pueblo, que peregrinaba hacia la Tierra Prometida, consideraba que el arca que albergaba las piedras contenía la “presencia del mismo Dios”.
Cuando David decidió trasladar el arca de la alianza a Jerusalén lo hizo con el propósito de construir un magnífico edificio para albergarla. El Templo de Jerusalén era concebido como la morada donde residía físicamente Yahvé, el Dios de Israel.
Sabemos que el Templo fue arrasado hasta sus cimientos en varias ocasiones; ya no se menciona la presencia del arca de la alianza, tal vez perdida para siempre durante el saqueo babilónico.
Herodes el Grande acometió sobre el 20 a.C. obras de ampliación y embellecimiento del Templo que no habían concluido en el tiempo de Jesús.
Y es en este momento, en el que el evangelio de Juan nos describe la subida de Jesús a Jerusalén.
Al llegar al templo nos presenta un panorama desolador: el templo, centro religioso y símbolo nacional de Israel, convertido en lugar de comercio y explotación.
“Encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas instalados, y haciendo como un azote de cuerdas, a todos los echó del templo. –Quitad eso de ahí: no convirtáis la casa de mi Padre en una casa de negocios”. (Jn.2: 14, 16)
Me resultaría relativamente fácil hacer un comentario a este pasaje basándome en la simbología del “azote de cuerdas”, en lo que significan las “ovejas” y las “palomas” pero nos quedaríamos en el cambio que realizó Jesús con respecto al Antiguo Testamento.
Ya sabemos que Jesús establece una nueva relación entre Dios y las personas. Ya sabemos que Jesús es el nuevo templo y que a partir de Él no necesitamos intermediarios para nuestra relación con Dios.
También sabemos que los vendedores del templo representan a la jerarquía que explotaba a los pobres con el fraude de lo sagrado y que el dinero se había convertido en el dios del templo en lugar del Padre.
El arca de la Alianza ya no estaba en el templo, se había perdido por tanto el propósito del mismo. El lugar que había sido construido para recordar que Dios permanecía fiel y que el pueblo, que había hecho un compromiso de reciprocidad se había convertido en lugar de negocios, de explotación de los pobres en nombre de Dios.
¿Cómo no iba a enfadar a Jesús un panorama tan desolador como ese? ¿Cómo hubiera podido dejar de pronunciarse antes las autoridades judías, a pesar de estar seguro de que no le entenderían?
¿Son nuestros “templos” hoy lugar de oración, de relación con Dios?
No hace falta remontarnos a los tiempos de Jesús, sino leer algunos de los titulares que aparecen en nuestros periódicos de los últimos meses, me refiero a periódicos religiosos de Estados Unidos y España para pronunciar:
Basta ya de profanar el cuerpo, la mente y el espíritu de tantas mujeres, niñas y niños por parte de aquellos que creen tener “poder” porque se les ha otorgado un ministerio que era para estar al servicio, no para “servirse de”.
Basta también de tergiversar el mensaje de Jesús por parte de aquellos que considerándose sucesores en la línea de los apóstoles, ni hacen ni dejan hacer: frustrados, amargados por una soledad invivible que cortan las iniciativas, que acallan la voz del Espíritu en ese cuerpo de Cristo que somos todas y todos.
¿Hasta cuándo vamos a aguantar tanta humillación, tanto dolor, tanta frustración?
“La pasión por tu casa me consumirá”.
No hermanos, no os confundáis, no nos tratéis con condescendencia ni os escudéis en que estos son solo unos pocos casos. Las mujeres en la iglesia sí, reclamamos el diaconado, el sacerdocio, la plena participación en las decisiones que conciernen a la comunidad local como a la comunidad universal; pero lo que realmente reclamamos es que consideréis nuestro cuerpo y por tanto nuestra mente y nuestro espíritu como templo sagrado, como lo hizo Jesús.
Hay algunos hermanos enfermos que abusan sexualmente de mujeres, hombres, niñas y niños, pero el peligro de hacer del poder y del dinero ídolos, está en todos nosotros. También el conformismo “ñoño” de los que miran para otro lado, o que intentan calmar las aguas que esconden su mediocridad y tibieza.
La acción de Jesús descrita en este pasaje es violenta. El enfrentamiento con las autoridades judías no puede ser más dura. Han usurpado el lugar de Dios y se sirven del templo para enriquecerse haciendo uso de un poder que se han otorgado a sí mismos.
-“¿Qué señal nos presentas para hacer estas cosas? Les replicó Jesús:
– Suprimid este santuario y en tres días lo levantaré.”Jn 2:18-19
“Él se refería al santuario de su cuerpo.” Jn. 2:21
Cuando la verdad molesta lo más fácil es quitar a la persona de en medio. Jesús se está convirtiendo en alguien indeseable.
¿Cuál es la verdadera conversión, la metanoia, el cambio de mente y corazón al que se nos invita en esta cuaresma?
La verdadera alianza ya nos la ha mostrado Jesús dando su vida por la realización del proyecto de Dios desde siempre: hacernos hijxs y hermanxs. Solo hay un camino: Cristo crucificado, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Porque la locura de Dios es más sabia que los hombres; y la debilidad de Dios es más potente que los hombres. (1Cor 1:24-25)
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Domingo III de Cuaresma
3 marzo 2024
Jn 2, 13-25
Si nos atenemos al testimonio del cuarto evangelio, Jesús no era muy amante del templo. Al gesto simbólico que narra este texto habría que añadir aquellas otras palabras que Juan pone en boca del Maestro de Galilea: “Ha llegado la hora en que, para dar culto al Padre, no tendréis que subir a este monte ni ir a Jerusalén [al templo]… Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad” (Jn 4,21-24).
Las religiones han visto el templo como “la casa de Dios”, la morada de la divinidad. Eso casaba bien con la idea de un dios más o menos “controlado” por la autoridad religiosa. Jesús desmonta ese engaño y, con ello, desnuda cualquier idea sobre dios. La divinidad, según sus palabras, habita en nuestro cuerpo y, por extensión, en todo el mundo, en toda la realidad.
El dios del templo es el dios secuestrado. O, al menos, el dios hecho a nuestra propia medida. El Dios del que habla Jesús es Aquello que no tiene nombre -porque trasciende las formas- y que constituye la Profundidad de todo lo que es.
No es, por tanto, un dios separado, un ser antropomorfo, fruto de proyecciones humanas, hijo de nuestras necesidades y de nuestros miedos. La palabra “Dios” evoca, más bien, la dimensión profunda de lo real que se hace manifiesta en cada forma concreta, en el universo, en el planeta, en cada ser humano…
Quien ve a dios en el templo, puede caer en la trampa de pensar que es posible una relación con él al margen de la que fuera la relación con las cosas y las personas. Aquí se asientan el legalismo y el ritualismo religioso de quienes creen que se puede amar a dios independientemente de las actitudes que puedan vivir hacia los otros o hacia el mundo. Por el contrario, trascendida esa creencia, se comprende y experimenta que lo que se ha llamado “Dios” es tan radicalmente inseparable de las formas, que algún místico ha dicho de él que es lo no-otro de todo lo que es.
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:
01.- Sustituciones de Jesús en el evangelio de San Juan
v 13 La Pascua, pero de los judíos.
Comienza el evangelio de hoy diciendo que se celebraba la Pascuade los judíos.
Nunca en el Antiguo Testamento se habla de la Pascua del pueblo, ni de la Pascua de los judíos. La Pascua era la Pascua del Dios liberador, del Éxodo, de la tierra de promisión.
San Juan habla de la Pascua de los judíos, de “vuestra Pascua”, que no es la Pascua del Señor. Ya no es la celebración del Éxodo, de la libertad, sino de los judíos. La Pascua de los judíos se había convertido en unos ritos religiosos comercializados.
Jesús sustituye el Templo por su propia persona. Destruid este templo y en tres días los resucitaré.
Igualmente Jesús sustituye el culto de la vieja religión veterotestamentaria. En el Evangelio de San Juan san Juan se produce la sustitución, la renovación del culto.
A la pregunta de la mujer samaritana (Jn 4): ¿dónde hay que adorar a Dios: aquí en Garizín (Samaria) o en Jerusalén (Judea)? Jesús responde:
A Dios se le adora en Espíritu y en verdad
02.- Jesús expulsa a los vendedores del Templo.
Jesús se encuentra en un templo y con un culto reducido a mercantilización de los sacrificios, ritos, venta de animales, etc.
El templo, la religión se ha convertido en la “Banca” de Israel, en una pura comercialización.
Toda buena realidad se pervierte cuando es utilizada como instrumento de poder. Corruptio optimi pesssima: cuando lo mejor se corrompe resulta algo pésimo.
En nuestro caso se trata de una concepción mercantilista del cristianismo: yo me justifico a mí mismo con mis actos de culto en el Templo y así “compro” la gracia y la justificación (todo el problema de las indulgencias todavía no resuelto); y con todo ello, y de paso, aplaco a Dios.
Es la visión más contraria a la gracia y al amor de Dios. El templo y el mundo religioso tienen el peligro, como todo, de convertirse en compra-venta. ¿Se vende lo gratuito?
03.- Jesús hace un látigo
La expulsión de los comerciantes del Templo es un gesto profético mesiánico. El Mesías haría un látigo… Jesús destruye el sistema económico, de poder de lo religioso.
El Templo cristiano es Cristo.
A Dios se le adora no en este templo que tiene más indulgencias, o en aquel que lo preside determinada persona. A Dios se le da culto en espíritu y en verdad
Y sabemos que el espíritu de Jesús es el amor fraterno, la honradez (verdad), el servicio, la cercanía a los pobres y débiles.
04.- Tiempos de sinodalidad, de renovación eclesial.
Llevamos unos tres años en la Iglesia católica con la cuestión de la sinodalidad, de la renovación en la Iglesia.
Sínodo significa caminar juntos y sinodalidad significaría la Iglesia como Pueblo de Dios en camino, en peregrinación hacia el Reino. La sinodalidad subraya la dignidad común de todos los cristianos y afirma su corresponsabilidad en la misión evangelizadora.
Parece que la sinodalidad sería un recorrido que caminamos juntos hacia una reforma y renovación de la Iglesia, sería un cambio y adaptación al mundo a los problemas de hoy, etc. Cuestiones muy deseadas y deseables en la Iglesia.
Pero mi impresión es que muchos tenemos una visión distorsionada de la cuestión. Muchos cristianos -jerarcas y laicos- piensan que la sinodalidad es como lo que ocurre en política: unas trasferencias que el gobierno central de la Iglesia entendida como jerarquía, Curia, Roma, Vaticano, va a conceder -o no- a las Iglesias locales. Los laicos hablan, piden y vamos a ver qué responde Roma…
Pero eso no va a ser así ni es deseable que así sea.
La Iglesia no es una multinacional, ni un gobierno central del que la gran mayoría de laicos pende y depende.
La Iglesia no es como un Estado cuyas instituciones y legislación hay que acatar porque lo dice que “gobierno central”.
05.- La Iglesia es la comunidad que vive del Espíritu del Señor. Ecclesia semper reformanda, siempre en Renovación.
La Iglesia -toda la iglesia- es pueblo de Dios y vive de y en un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre, (Efe 4,5).
La reforma en la Iglesia -creo yo- no va a venir porque se permitan o se prohíban desde la Curia determinadas cuestiones en la Iglesia.
Renovación
Renovación significa “volver a lo nuevo”. Lo nuevo, lo más nuevo en la Iglesia es siempre el Evangelio del Señor, el espíritu de JesuCristo.
Posiblemente nos decepcione, pero para los cristianos lo nuevo, lo más nuevo no es el último canon o documento romano, sino que lo más nuevo es el Evangelio de Jesús, el espíritu de Jesús.
La renovación en la Iglesia, la sinodalidad se producirá cuando todos volvamos al Espíritu de Jesús: el amor fraterno, a la honradez (verdad), al servicio, a la cercanía, a los pobres y débiles.
La jerarquía, la Curia se impone. (Es lamentable la actitud frente al episcopado alemán). Los laicos, -aunque a lo mejor hayan podido decir una palabra-, esperan pasivamente a que Roma emane unas cuantas disposiciones.
El centro y la piedra angular de la Iglesia es Cristo. La sinodalidad, la renovación de la Iglesia se producirá cuando todos: jerarquía y pueblo volvamos al evangelio del Señor y cuando su espíritu embargue nuestro caminar.
Decía el patriarca oriental Ignacio IV (1920-2012) en 1968 en el Consejo Ecuménico de Upsala
Sin Espíritu, Dios está lejos, Cristo permanece en el pasado, el Evangelio es letra muerta, la Iglesia una simple organización, la autoridad un dominio, la misión una propaganda, el culto una evocación y el actuar cristiano una moral de esclavos.
Pero en el Espíritu, Cristo resucitado está aquí, el Evangelio es fuerza de vida, la Iglesia significa la comunión trinitaria, la autoridad es un servicio liberador, la misión es un pentecostés, la liturgia es memorial y anticipación, el actuar humano queda divinizado.
Cuando el espíritu del Señor esté en el Pueblo de Dios, en la Iglesia, se producirá la sinodalidad, la renovación, la reforma.
Comentarios desactivados en «El Evangelio en una sociedad laica: Oportunidad del tema», por Jesús Espeja.
De su blog la Iglesia se hace diálogo:
«En Cristo, humanización de Dios y divinización de la humanidad»
«La lectura e interpretación de los evangelios desde las nuevas situaciones y signos del tiempo es condición imprescindible para que la Palabra de Dios que es Jesucristo sea vida y alimento para los creyentes»
«Según la fe cristiana, en el acontecimiento Jesucristo ha tenido lugar de modo único y definitivo la encarnación: humanización de Dios y divinización de la humanidad»
1. En la fe o experiencia cristiana Jesucristo es el Evangelio viviente: la encarnación de Dios invocado como “Abba, en la humanidad seducida y transformada por esa Presencia de amor. Es lo que ahora llaman “primer anuncio”, pero que ya en 2013 el papa Francisco llamó “anuncio fundamental”.
Este único Evangelio, vivido en las primeras comunidades cristianas dentro de distintas situaciones culturales, es el origen y la entraña de los cuatro evangelios reconocidos y proclamados en la Iglesia. La lectura e interpretación de esos evangelios desde las nuevas situaciones y signos del tiempo es condición imprescindible para que la Palabra de Dios que es Jesucristo sea vida y alimento para los creyentes.
2. Es manifiesto el cambio cultural en nuestro mundo en la modernidad. Ciñéndonos a la sociedad española, estamos viendo cómo ya no es sostenible un consorcio de la Iglesia con el poder político ni una presencia de la misma reconocida como religión oficial del Estado. Sencillamente porque nuestra sociedad es laica: los ciudadanos quieren ser ellos mismos y decidir por su cuenta sin imposiciones foráneas incluidas las religiosas.
El Vaticano II trató de actualizar el Evangelio leyendo los nuevos signos de la sociedad moderna y esa lectura quedó en los documentos conciliares. Pero la recepción de esa versión del Evangelio dada por el Concilio no está siendo fácil en la misma comunidad cristiana dentro de una sociedad que se libera de la tutela religiosa pero no encuentra referencia firme de sentido.
3. En esta situación de la sociedad española y escuchando la actualización del Evangelio que diseñó el Concilio, han sido elaboradas las reflexiones sobre algunos temas fundamentales que irán saliendo en Religión Digital el miércoles de la semana. Son resumen y anticipo de un texto que próximamente verá la luz en la editorial San Esteban-Edibesa.
II. En el dinamismo de la encarnación
“En Jesucristo la naturaleza humana asumida, no absorbida, ha sido elevada también en nosotros la dignidad sin igual El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre” (Vaticano II)
1. La humanización de Dios, Presencia de amor en el corazón y en la historia de la humanidad, es la singularidad de la religión cristiana. Nadie ha visto a Dios, todo lo que digamos sobre ese misterio es deficiente. Como un rayo de luz y nueva noticia, San Juan confiesa la fe o experiencia de la comunidad cristiana “Dios es amor”.
Y aquí está la novedad inaudita: ese Dios, que es amor, “se hace carne”; está presente y activo en la condición humana. Tomás de Aquino escribió: “La religión cristiana se funda en la fe en la encarnación”. En la conducta histórica de Jesús hemos percibido esa Presencia que está dando a la humanidad consistencia e impulso para que llegue a su plena realización
2.Según la fe cristiana, en el acontecimiento Jesucristo ha tenido lugar de modo único y definitivo la encarnación: humanización de Dios y divinización de la humanidad. Y esa encarnación continúa de algún modo a lo largo de la historia: el Hijo de Dios en la encarnación se ha unido, en cierto modo, a todo ser humano con todas las realidades entre las que vive.
3. Si la encarnación continúa, Dios, Presencia de amor, “a todos y a todo da vida y aliento”. Lo intuye bien el creyente bíblico en el Libro de la Sabiduría: “Tu, Señor, amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has hecho; si hubieses odiado alguna cosa, no la habrías creado ¿y cono subsistirían las cosas si tu no las hubieses querido? ¿cómo conservarían su existencia si tu no las hubieses llamado?”
De ahí nuestra conducta ética en la relación con todas las realidades creadas; tienen algo de sagrado que suscita respeto y al mismo tiempo cuidado.
Y esa Presencia también se está dando en todos los acontecimientos; no es verdad que todo lo que sucede sea conforme a esa Presencia de amor, pero todo sucede en esa Presencia.
La persona humana está siendo especial y continuamente creada y sostenida por esa presencia de amor. Ahí están el fundamento, la consistencia y la valía del “yo”. Puede tener confianza en la propia vida. Y también valorar la vida, dignidad y derechos humanos de todas las personas que tienen algo de divino.
En un mundo alborotado y ensombrecido por la inequidad y violencia sobran profetas que anuncian calamidades en el futuro. Nuestro mundo con su historia está habitado por esa Presencia de amor y su final no ha de ser la catástrofe, sino será acompañado por esa Presencia que llamamos gracia.
La encarnación continuada es la clave para el enfoque y comprensión de los temas siguientes
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