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Ser nosotros mismos.

domingo, 2 de febrero de 2020
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239094_350x3502 de febrero. PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

Si quieres construir tu personalidad, no lo hagas de una manera extraordinaria, solo procede como un ser humano (Mohammad Rishad Sakhi)

Lc 2, 22-40

El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría

La presentación del niño en el templo, no fue un mero cumplimiento de normas y preceptos, es una manifestación de lo que él sería en la vida.

Se sentía impulsado a ser profundamente humano, como deseaba ser humana, la Sirenita de la ópera Rusalka del bohemio Antonin Dvorak, a la que una vez descubierta por el Príncipe, llamará “mi niña soñada”, como será para nosotros el “niño soñado”, presentado en el templo.

Un deseo que siempre nos acompaña, y nos incita a conseguirlo, que nos acompaña día a día, una pasión que necesitamos y debemos compartir, porque compartir con los demás, es un propósito de la vida: no hacerlo, es renunciar a ser sí mismo y porque, al final, cuando renunciamos a nosotros mismos, no somos nadie.

Y como la cosa, aunque necesaria, no es fácil, Rusalka pide ayuda a la Luna:

“Tus hechizos nocturnos asustan a las ninfas, / consigues extraños remedios / para nosotros y para los hombres”.

rusalkarusalka1

Con ello nos da denominación de origen y sonoridad, que nos identifica, y descubrimos también un mundo nuevo diferente, como nos revela la Sinfonía del Nuevo Mundo, del mismo compositor bohemio.

Y eso es lo que Jesús hizo “presentándonos” un nuevo mundo de ideas que nos llevaran a pensar de otra manera, fortaleciéndonos y llenándonos de sabiduría, aunque sin desarraigarnos de lo que éramos, y manteniendo cada uno su propia sonoridad: Rusalka, suena como el arpa, y el príncipe como la trompeta, significativos ambos de la personalidad de los personajes: más femenina la primera, más masculina la segunda.

Las ideas de Jesús, sonorizadas en nosotros, no nos impiden sernos, y que hace que los seres de nuestro entorno se conviertan en transparentes.

Para realizarse como humana, la Sirenita ha tenido que calzarse unos zapatos rojos, que dificultan caminar con seguridad, lo que a veces nos sucede también a nosotros cuando no somos interiormente creyentes.

Una llamada a la caza de nuestra humanidad, como la de El coro de los cazadores” de la ópera de Carl María von Weber, El cazador furtivo.

Si quieres construir tu personalidad, no lo hagas de una manera extraordinaria, solo procede como un ser humano, con esta frase, Mohammad Rishad Sakhi nos recuerda que basta con ser nosotros mismos.

EL CAMELLO

Eres como un poblado despoblado,
una aldea desierta en el desierto.

Quiero buscarte, Dios.
Pero por más que miro no Te veo
en ninguna parte.

Arrastro mis recuerdos por la calle
de Tu vida, Señor, y por la mía.
El olvido es el único habitante
de esa aldea.

Jamás me arrancarás de Ti y de ella,
pues Tu piel y la mía
forman un mismo sentimiento.

El viento siempre sopla a favor Tuyo
en el desierto.

A mí sólo me queda:
abrazarte y morir…
o no abrazarte.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Felices por creer en el Reino de Dios y su justicia.

domingo, 2 de febrero de 2020
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0_ac2010_044_32dom_comum_071110El sermón del monte es la primera predicación extensa de Jesús en el evangelio de Mateo. Este hecho da a este discurso programático un valor esencial. En el se plantea un horizonte diferente hacia el que hay que caminar. Este horizonte no dibuja un mundo idílico ni pretende ofrecer una consolación pietista o moralizante. Por el contrario, es una llamada a la esperanza, fortalecida en la fe en Jesús.

Seguir al Maestro galileo supone reconfigurar la vida con un estilo nuevo y unas expectativas diferentes. Entrar a formar parte de la comunidad del Reino que Jesús instaura no es compartir únicamente un espacio religioso, sino abrirse a construir relaciones basadas en el amor, la bondad y el perdón, pero sin renunciar a luchar contra el mal que sigue dominando la conducta de los poderosos, que destruye la armonía de la naturaleza, que descarta o margina a muchos seres humanos por la codicia de nos pocos.

Las bienaventuranzas van mostrando a los oyentes situaciones y acciones que Dios considera honorables, aunque a muchos/as les pueda parecer lo contrario. Si para Dios son dignas de elogio y portadoras de felicidad no es porque supongan sufrimiento sino porque relevan la acción liberadora de Dios e invitan a transformar junto a él las estructuras opresoras, las relaciones alienantes, las conductas perversas.

El hecho de considerar dichoso a alguien remite a la idea de bendición, de favor, de reconocimiento. Algo que parece chocar con las situaciones y conductas que se presentan. La paradoja del texto de las Bienaventuranzas es que muestra a un Dios que actúa desde los márgenes, desde los lugares y actitudes que tienen todas las de perder en nuestro mundo.

El Señor hará brotar la justicia (Is 61, 11)

Las cuatro primeras bienaventuranzas describen situaciones de opresión, angustia y desgracia de las que Jesús anuncia que serán transformadas radicalmente.  En el trasfondo resuena el texto de Isaías 61 como respuesta a la injusticia política, social e incluso religiosa que el sistema vigente genera cada día.

Dichos@s l@s pobres de espíritu porque suyo es el Reino de los cielos.  El calificativo con que Mateo define a los pobres puede hacer pensar en que se trata de personas humildes, de pobres por opción, pero en realidad se está hablando de quienes están abatidos, los que está aplastados, de los que sufren las consecuencias destructivas de la carencia injusta de bienes.

La actuación de Jesús, esta diciendo ya a quienes lo observan que el Dios del Reino no viene a convivir con los ricos y satisfechos, sino con los heridos y pobres. Esto es lo que la primera bienaventuranza confirma: Dios busca con todas sus fuerzas hacer felices a los que el sistema económico injusto y egoísta les ha arrebatado la dicha.

Dichosos l@s que lloran porque serán consolad@s.  Quien se muestra desconsolado en su aflicción, quien no puede evitar mostrar su dolor. no han de desesperar porque Dios sostiene su vida y cumplirá la promesa que ya Isaías proclamaba: “A cambio de su vergüenza y sonrojo, ellos obtendrán una porción doble; poseerán el doble en su país, y gozarán de alegría perpetua. Porque yo, el Señor, amo la justicia, detesto la rapiña y el crimen. Les daré su salario fielmente y haré con ellos un pacto perpetuo. (Is 61,7-8 ).

Estas palabras del profeta se cumplen en Jesús que ha sido enviado para dar una buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la liberación a los cautivos y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor, el día del desquite de nuestro Dios; para consolar a los afligidos; (Is 61, 1-2; Cfr. Lc 4 ).

Cualquier encuentro de Jesús con enferm@s, marginad@s… Cualquier relato de curación, muestran en acto estas dos primeras bienaventuranzas.

Dichos@s l@s mans@s porque heredarán la tierra.  Esta tercera situación no define a quien no es violento, sino a quienes no tienen poder, a los que son humillados, a quienes sufren mobbing (diríamos hoy). Detrás encontramos el salmo 37 en el que se hace referencia a quienes acosados y oprimidos han perdido la esperanza.

Para ellos la felicidad no vendrá de la venganza, sino de la valentía de reconstruir sus vidas acompañados por la comunidad, por las manos amigas que sin duda son vehículo incuestionable del Dios de las/os humildes, socorredor de las/os pequeñas, protector de las/os débiles, defensor de las/os desanimados, salvador de las/os desesperados como mucho tiempo atrás había proclamado el libro de Judit (Jdt 9,11).

Dichos@s l@s que tienen hambre y sed de la justicia porque Dios los saciará.  Las situaciones anteriormente descritas urgen a mujeres y hombres a que no cesen de buscar la justicia, pero no cualquier justicia sino la que nace del corazón y la mirada del Dios del reino.  Una justicia que devuelve la armonía a la creación, que busca la equidad, que impulsa las prácticas sostenibles y gratuitas.

Jesús vivió y se comprometió con esa justicia y confrontó a quienes se justifican en la legalidad de las normas y procedimientos que benefician a unos pocos y ponen a merced de la avaricia de una minoría los recursos que a todos pertenecen: “Ay de vosotros los que estáis satisfechos, porque tendréis hambre…” (Lc 6, 24-26)

El Señor cambiará tu corazón de piedra en un corazón de carne

El segundo grupo de benaventuranzas  nombran acciones humanas que sostenidas en el Reino de Dios expresan la transformación que la llegada del reino provoca.  Con personas que actúan así, es posible que la justicia, la vida y salvación que Jesús anuncia de parte de Dios se hagan realidad.

Dichos@s l@s misericordios@s porque Dios tendrá misericordia de ell@s. ; Dios quiere ofrecer salvación y vida sin imponer, dejándose conmover por el dolor y la impotencia de muchas personas. Dios tiene entrañas maternas y pide a quienes creen en él se dejen afectar del mismo modo por quien sufre o está desvalido.

A Jesús se le conmovieron las entrañas muchas veces, se dejó impactar por las historias dolientes de quienes se acercaban a él. Su compasión no era un mero sentimiento sino el reflejo del amor y el perdón divino (Lc 7, 11-17).

Dichos@s l@s limpi@s de corazón porque verán a Dios.  El corazón es el núcleo de nuestras acciones y pensamientos. Donde pongamos el corazón tendremos nuestro tesoro. Todo lo que hasta ahora se ha proclamado en las bienaventuranzas tienen aquí un foco significativo. Solo una vida integra, impulsada por la gratuidad, sostenida en la fe puede ser considerada dichosa. Esta dicha será plena cuando se comparta con los demás construyendo justicia, equidad y la paz.

Ser limpi@s de corazón es tener las manos limpias para adorar a Dios y para tocar a la hermana o hermano que ha sido contaminado por el mal propio o ajeno y ayudarla a reconstruirse.

Dichos@s l@s que trabajan por la paz porque serán llamad@s hij@s de Dios.  La violencia ha sido y es compañera de camino de la humanidad. Los conflictos bélicos, las rencillas personales, los abusos de poder…impiden que la paz sea el espacio que habitemos la humanidad.

La comunidad del Reino que Jesús proclama se sostiene solo si en ella habita la paz. La paz hace hermanas y hermanos. La paz hace hijas e hijos de Dios porque posibilita el encuentro, la amistad, la reconciliación, el perdón. La paz sin embargo no es ausencia de guerra, la paz a veces es conflictiva y necesita gran cantidad de coraje, compasión y bondad para que prime sobre cualquier amenaza que la pueda destruir.

Dichos@s l@s que son perseguid@s por causa de la justicia porque de ell@s es EL Reino de los cielos.  El estilo de vida que según proclama Jesús hace dichosos a los seres humanos pone en tela de juicio el poder abusivo, los intereses perversos, las estructuras que justifican el mal. Esto supone que no va a ser fácil cambiar el mundo para que todos y todas seamos felices como Dios quiere.

La fidelidad y el compromiso con esta propuesta que Jesús hace lleva al discípulo o discípula muchas veces al conflicto, a la persecución o a la confrontación, del mismo modo que a Jesús lo llevó a la cruz. Este horizonte no nos ha de acobardar porque Dios nos sostiene en sus buenas manos, porque es la única opción de vivir a fondo el seguimiento de Jesús y porque otro mundo es posible, aunque muchos quieran negarlo.

Pero como quedó ya dicho: “Buscad ante todo el Reino de Dios y lo que es propio de él, y Dios os dará lo demás” (Mt 6, 33).

Carme Soto Varela

Fuente Fe Adulta

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Saber ver

domingo, 2 de febrero de 2020
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Mente-en-silencio.2Fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo

2 febrero 2020

Lc 2, 22-40

El evangelista Lucas ve a Jesús como “luz de las naciones” y, con el objetivo de presentarlo como tal, construye esta escena, en la que pondrá aquella afirmación en boca de un anciano venerable.

          Pero, más allá del objetivo catequético de Lucas, una lectura simbólica del texto resulta profundamente rica: para quien sabe ver, en todo es posible descubrir la “luz”. Simeón y Ana la ven en un bebé. Y cuando se ve, lo que brilla en el corazón de las personas es paz: Simeón abandona su ansiedad y se entrega confiado –“Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz”–, en la certeza de que todo tiene un sentido.

          Con frecuencia, buscamos el sentido “fuera”, en algún acontecimiento, circunstancia o persona que pudiera “salvarnos” de una situación que percibimos “incompleta” o “defectuosa”. Sin embargo, lo adecuado no es mantener la esperanza en “algo” que transformaría nuestra vida, sino modificar nuestra mirada para ser capaces de ver en profundidad. Todo es ya ahora; lo único que necesitamos es verlo.

          Ahora bien, para verlo, es preciso acallar la mente, tal como insistía Krishnamurti: “Solo una mente en silencio puede ver la verdad, no una mente que se esfuerza por verla”. Lo cual implica un entrenamiento perseverante en la práctica meditativa para, más allá de los vaivenes mentales y emocionales, más allá también de la inercia mental que busca en todo momento el protagonismo, ejercitarnos en saborear el Silencio…, hasta reconocernos en él.

          Somos Silencio consciente, que se expresa y despliega en la “persona” que nuestra mente percibe. Cuando nos anclamos en el Silencio, todo se hace luminoso ante nuestros ojos. Y es entonces cuando podemos hacer nuestro el canto del anciano Simeón: “Ahora puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto”. Porque el Silencio -que somos y que se manifiesta en la práctica meditativa de “solo ser / solo estar”– es Paz y es Gozo, “Perfecta Brillante Quietud”.

¿Me abro a ver lo que hay “más allá” de la mente, cuando esta se silencia?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Jesús no fue un «niño prodigio», fue creciendo…

domingo, 2 de febrero de 2020
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imagesDel blog de Tomás Muro, la Verdad es libre:

  1. fiesta del encuentro.

         En la tradición eclesial oriental (iglesias ortodoxas) esta fiesta es llamada del encuentro. Jesús es presentado al Señor y se encuentra con Dios siguiendo la tradición de su pueblo: ofreciendo unas tórtolas y unos pichones.

  1. Fiesta de sencillez y debilidad.

La Presentación es una celebración amable y humilde: una pobre familia: la de Jesús, un niño, dos ancianos: Simeón y Ana…

Simeón da gracias a Dios porque sus ojos han visto la salvación…

Ana también da gracias a Dios por aquel niño…

Los “grandes” del Templo no están presentes, ni sacerdotes, ni saduceos, fariseos, etc.  (Se irán haciendo presentes hasta la crucifixión).

Para el pensamiento religioso, las realidades profanas no pueden ser religiosas. Sin embargo lo cristiano se halla en lo humano. A Cristo -a Dios- le encontramos en la sencillez.

Este relato es un canto a la debilidad humana.

  1. El niño iba creciendo.

Como todo niño, Jesús fue creciendo, robusteciéndose, llenándose de sabiduría y la gracia, la amistad de Dios le acompañaba.

Jesús no fue un “Superman”, un niño prodigio, un “extraterrestre” que ya se lo sabía todo y “se las sabía todas”. Jesús fue llegando (creciendo) al misterio de Dios.

Jesús fue tomando conciencia de su mesianismo poco a poco: en la vida familiar, en la sinagoga, en la propia tradición religioso-cultural judía, con Juan Bautista, en su propia reflexión y en las polémicas con el mundo del Templo, de los sacerdotes, de los fariseos por cuestiones de la ley, la lepra y enfermedades, por el perdón de los pecados, por el cercamiento de Jesús a pecadores y publicanos, a extranjeros, etc. Todo ello era muy distante al Dios de Jesús y a los que Dios nos quería decir.  Es la cristología ascendente.

Será la cristología de la tradición de Juan la que dé pie para pensar en un Cristo (el Verbo), preexistente: En el principio existía la Palabra (el Verbo), Jn 1,1): una cristología descendente.

El problema es siempre cómo Dios eentra en nuestra historia.

  1. Luz para alumbrar a las naciones.

         La Presentación es también una fiesta llena de luz. El anciano Simeón dice de Jesús que es luz para alumbrar a las naciones.

         Podríamos pensar con afecto que la Presentación de Jesús, su humanidad, lo humano de Jesús se encuentra con el misterio de Dios, si bien, poco a poco, habrá de ir adentrándose y ganando intimidad con Dios Padre, para que en Él, en JesuCristo se exprese el misterio de Dios.

  1. misterio

Misterio no es un “trágala intelectual”. No es que el Misterio supere nuestra inteligencia: es que la ilumina… El Misterio es aquello que no procede de nosotros y que no podemos abarcar; y, sin embargo, misterio es aquello que nos hace vivir. El misterio no es una barrera que se impone a nuestra inteligencia, sino que es un camino y un horizonte.

Su oscuridad no es la de la noche que ciega y no deja ver, sino la que proviene de la limitación de nuestra capacidad de ver. Una limitación que va reduciéndose a medida que vamos penetrando en la Luz.

06    La fe y el entendimiento

Creer no es entender o comprender intelectualmente; pero sí es acoger aquello sin lo cual realmente no se entendería nada. Lo que se cree, se cree como algo necesario para comprender plenamente aquello que se conoce. Fe y conocimiento no son lo mismo, pero se necesitan mutuamente, se complementan, pero nunca se identifican sin más. En este sentido decía bien san Agustín: cree para comprender.

        Lo que creemos ilumina nuestras vidas.

  1. Atención a los nuevos gnosticismos

         El gnosticismo es un modo religioso ya presente en el mundo griego. Es la pretensión de un “exceso de luz”, es la pretensión de explicarlo todo, de saberlo todo, pero sin apertura al misterio. Hay quien pretende saberlo y decirlo todo. En el campo cristiano no pocos teólogos y obispos aspiran a saberlo todo, a tener e imponer la verdad absoluta sin apertura al misterio. Hay personas “iluminadas” que funcionan como si estuviesen en posesión del misterio. Eso es puro intelectualismo. Amigos míos, Deus semper maior, Dios es siempre mayor de lo que me puedas decir o imponer. Lo que nos salva es el horizonte absoluto, el misterio de Dios, no una doctrina del conocimiento religioso.

         El misterio es como el horizonte: está allá al final del mar, pero por mucho que me acerque, siempre estará “allá”. Yo no domino la luz, el horizonte. Que nuestras palabras, el arte, la cultura abran al misterio de la vida y de Dios. Tal es la diferencia entre ídolo e icono. El ídolo lo reclama todo para sí, el icono abre al misterio.

El anciano Simeón y la anciana Ana intuyeron el misterio, al Mesías, en la debilidad de un niño. En Jesús, niño, humano, vieron la Palabra de Dios que se les abría.

         Eso se llama transcendencia: ver siempre más allá de lo tenemos delante. Cuando te hacen un regalo, lo valioso no es tanto el objeto que te regalan sino la amabilidad de quien te lo regala. Transcender es ver la bondad y salvación de Dios en un niño. Nunca abarcaremos el misterio, pero hacia él caminamos. El misterio guía nuestros pasos.

JesuCristo es luz de todos los pueblos.

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“¿En qué hemos de cambiar?”. 3 Tiempo ordinario – A (Mateo 4,12-23)

domingo, 26 de enero de 2020
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No es difícil resumir el mensaje de Jesús: Dios no es un ser indiferente y lejano, que se mueve en su mundo, interesado solo por su honor y sus derechos. Es alguien que busca para todos lo mejor. Su fuerza salvadora está actuando en lo más hondo de la vida. Solo quiere la colaboración de sus criaturas para conducir al mundo a su plenitud: «El reino de Dios está cerca. Cambiad».

Pero ¿qué es colaborar en el proyecto de Dios?, ¿en qué hay que cambiar? La llamada de Jesús no se dirige solo a los «pecadores» para que abandonen su conducta y se parezcan un poco más a los que ya observan la ley de Dios. No es eso lo que le preocupa. Jesús se dirige a todos, pues todos tienen que aprender a actuar de manera diferente. Su objetivo no es que en Israel se viva una religión más fiel a Dios, sino que sus seguidores introduzcan en el mundo una nueva dinámica: la que responde al proyecto de Dios. Señalaré los puntos clave.

La compasión ha de ser siempre el principio de actuación

Hay que introducir en el mundo compasión hacia los que sufren: «Sed compasivos como es vuestro Padre». Sobran las grandes palabras que hablan de justicia, igualdad o democracia. Sin compasión hacia los últimos no son nada. Sin ayuda práctica a los desgraciados de la tierra no hay progreso humano.

La dignidad de los últimos ha de ser la primera meta

«Los últimos serán los primeros». Hay que imprimir a la historia una nueva dirección. Hay que poner la cultura, la economía, las democracias y las Iglesias mirando hacia los que no pueden vivir de manera digna.

Hay que impulsar un proceso de curación que libere a la humanidad de lo que la destruye y degrada: «Id y curad»

Jesús no encontró un lenguaje mejor. Lo decisivo es curar, aliviar el sufrimiento, sanear la vida, construir una convivencia orientada hacia una vida más sana, digna y dichosa para todos.

Esta es la herencia de Jesús. Nunca en ninguna parte se construirá la vida tal como la quiere Dios, si no es liberando a los últimos de su humillación y sufrimiento. Nunca será bendecida por Dios ninguna religión, si no busca justicia para ellos.

José Antonio Pagola

 

 

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«Se estableció en Cafarnaún. Así se cumplió lo que había dicho Isaías.». Domingo 26 de enero de 2017 Domingo 3º del tiempo ordinario

domingo, 26 de enero de 2020
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11-OrdinarioA3Leído en Koinonia:

Isaías 8,23b-9,3: En la Galilea de los gentiles el pueblo vio una luz grande.
Salmo responsorial: 26: El Señor es mi luz y mi salvación.
1Corintios 1,10-13.17: Poneos de acuerdo y no andéis divididos.
Mateo 4,12-23: Se estableció en Cafarnaún. Así se cumplió lo que había dicho Isaías.

Es sabido que la liturgia católica está pendiente de una reforma sustancial. La necesidad de reordenar la elección de los textos conforme a criterios nuevos y sobre todo explícitos no es la menor. La incorporación de la segunda lectura a la temática unitaria (en vez de que campe siempre por sus fueros propios), y la posibilidad de que sean varios los ordenamientos litúrgicos de los textos, según objetivos y necesidades distintas, a escoger según variables diversas, serían otras tantas posibilidades. Mientras, es bueno saber que la liturgia no «es» así, sino que la tenemos así a la espera de que le llegue el turno de la renovación. La coyuntura actual nos inspiraría un cierto optimismo… ¿Será posible?

La primera lectura parece haber sido escogida estrictamente por coincidir con la tercera lectura en la alusión geográfica a la zona de Zabulón y Neftalí, en la que Jesús se vino a establecer. La segunda -como hemos dicho que sucede casi siempre- va por sus caminos propios, siendo puramente aleatorio que alguna vez encaje con el mensaje de las otras dos. Diríamos que el evangelio de hoy –dada la altura a la que estamos en el año litúrgico– se adecúa bien a la altura que correspondería dentro de la vida de Jesús siguiendo un criterio simplemente cronológico: el inicio de su actividad pública, el comienzo del despliegue de lo que será el Jesús predicador del Reino en su plenitud.

Son bastantes los detalles que merecen comentario en este evangelio.

-Jesús comienza su actividad tomando como referencia los signos de los tiempos. Al menos el evangelista hace notar que no empezó Jesús sin más cuando quiso, sino al ver que habían encarcelado a Juan. Jesús reacciona ante los hechos de la historia que le rodea. No viene a cumplir una misión ya programada previamente y que ha de llevarse a cabo con la indiferencia del «pase lo que pase».

-Jesús «fue a vivir» a Cafarnaúm. Algunos teólogos (Nolan por ejemplo) hacen notar que «se estableció» allí, y que, probablemente, la que varias veces en los evangelios se cita como «su casa» sería casa no de Pedro, sino la casa de Jesús… No hay seguridad, pero no es improbable. Una duda sobre esa imagen tan fácil que nos hemos hecho del Jesús evangelizador itinerante.

-El contenido de lo que sería la «primera predicación» de Jesús, o más bien, la tónica dominante de la predicación de Jesús: la venida del Reinado de Dios, como buena noticia que invita al cambio… Hoy ya esto lo saben los niños en la catequesis parroquial, cuando hace cuarenta años lo ignorábamos todos los cristianos adultos, incluidos los predicadores: que el centro de la predicación de Jesús fue el «Reinado de Dios», un concepto entre profético y escatológico… O sea: que Jesús no fue un predicador doctrinal teórico, ni un maestro de sabiduría religiosa, ni un asceta… sino un profeta dominado por la urgencia de una pasión, la pasión por el Reinado de Dios que él creía inminente…

-No era sólo un anuncio, sino una con-moción: Jesús anunciaba para empujar al cambio, para animar la esperanza en el cambio que Dios mismo estaba a punto de empujar… Por eso, su anuncio era para la conversión: «cambien su vida y su corazón porque el Reino de los Cielos se ha acercado», traduce la Biblia Latinoamericana.

-Aquí hay una doble dirección: hay que cambiar (convertirse) «porque» viene el Reinado de Dios, y, también, hay que cambiar «para que» venga, para hacer posible que venga, porque cambiando, en nuestro cambiar, ya está viniendo ese Reinado… Son las dos dimensiones: activa y pasiva, receptiva y provocativa, de contemplación y de lucha… sin unilateralismos.

-El carácter concreto del tipo de praxis que Jesús adopta, que no es la de transformar la sociedad él mismo directamente, con sus propias prácticas, no es la de afrontar directamente la tarea, sino la de enrolar a otros, convencer a otros para sumarse a la tarea, y para ello, dedicarse a desbloquear las mentes, a iluminar los corazones, abrir la visión de los demás… para que puedan incorporarse a la transformación de la sociedad. Si se nos permite decirlo así, Jesús, más que una práctica, asume una práctica teórica y simbólica. Él no se hace médico ni se dedica a curar a los enfermos, sino a dar la Buena Noticia, aunque salpica su predicación constantemente con «signos» de curación: «predicaba y sanaba». Teoría y práctica. Esta práctica era apoyo de aquella teoría, y la teoría no era realmente tal, sino una práctica teórica: Jesús ejercía de abridor de mentes, iluminador de corazones, generador de esperanza, transmisor de energías…

-En esa línea se puede enmarcar mejor aún lo de convertir a sus más allegados en «pescadores de personas» (no «de hombres»), lo que él mismo estaba siendo, lo que cualquier discípulo debe también ser. El expansionismo evangelizador misionero proselitista, el querer extender el cristianismo a todo el mundo haciendo tabla rasa de las demás religiones, ya no tiene lugar en una visión a la altura de los tiempos actuales. El ser realmente «evangelizador» apasionado por la Utopía del Reino (utopía que no es enemiga de las demás religiones ni pretende imponer ninguna cultura) sigue teniendo plenamente sentido. Leer más…

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26.1.2020. Fiesta de la Palabra de Dios Una Palabra de Dios y tres biblias

domingo, 26 de enero de 2020
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A023D056-01AC-44A4-93BC-122F73FB8A89Del blog de Xabier Pikaza:

Biblia judeo-cristiana: Por los caminos «adversos» De Dios

 El Papa Francisco ha creado ha creado la Fiesta de la Palabra de Dios, que ha de celebrarse el domingo más cercano a la Conversión de San Pablo (25 de enero). Ésta es la fiesta que celebramos este año, por primera vez, el 26 de enero, como introducción al Año de la Biblia, al que me he referido ya en otra postal (en referencia a mi libro Ciudad‒Biblia).

Esta Fiesta de la Biblia es la Fiesta de la Palabra como encuentro  de los hombres con Dios. Esta fiesta toma como punto de partida y clave el enunciado de Jn 1, 14 (la Palabra se hizo carne, es decir, se hizo hombre, humanidad). En esa línea, haciéndose “carne”, podemos decir que Dios se ha hecho Palabra en la Historia, una Palabra evocada y expresada de un modo especial en el libro de la Historia de Israel y de los Evangelios de Jesús, como expresión de la presencia de Dios entre los hombres.  Una Biblia judeo‒cristiana, tres biblias. Pero esta Biblia de la historia judeo‒cristiana es inseparable de la Biblia Universal, esto es, de la Palabra de Dios, que se expresa en la vida de los hombres. En esa línea se puede hablar de tres religiones y tres biblias:

1. TRES RELIGIONES

 Religiones de la naturaleza, esto es, del cosmos. Suelen ser “paganas” y divinizan los poderes del mundo y de la vida, de una forma que para otras, que se dicen más avanzada, resulta “idolátrica”. En general no tienen libros sagrados, aunque sí mitos y tradiciones que se han transmitido y recreado a lo largo de milenios. En un sentido extenso, en esas religiones se puede hablar de una Biblia Cósmica, que es el mundo entero, la vida sagrada, como saben sus tradiciones

Religiones místicas, de la interioridad.Son más propias del Oriente (India, China). Tienden a descubrir lo sagrado (divino) en la misma vida interior, en el proceso de maduración personal, de inmersión en la realidad absoluta. La primera Palabra de Dios no es un libro exterior (en piedra, ladrillo, papiro o pergamino), sino la Voz que Dios o lo divino graba de una forma viva en cada corazón de hombre o mujer que la escucha o responde.

 Religiones históricas o proféticas.Son más propias del occidente “semita”: judaísmo, cristianismo, Islam. Han tendido a fijar la revelación de Dios en unos libros sagrados, revelados por un Dios personal, que actúa en la historia a los grandes profetas (Moisés, Jesús, Muhammad), de forma distintas, aunque complementarias. Sólo estas religiones tienen libros “canónicos” o normativos estrictamente dicho

 2. TRES BIBLIAS

 Biblia de la Naturaleza

Es la más antigua, y suele identificarse con la “revelación natural”, que viene dada por la misma vida (el mundo), antes de las revelaciones positivas o posteriores.Las escrituras posteriores, judeo/cristiano/musulmanas, dependen de aquella Biblia Universal del cosmos, que se expresa en mil mitos o relatos sagrados que han ido fundando la historia religiosa de la humanidad.

              La Biblia Cristiana no quiere destruir el valor de ese Libro de la Naturaleza, sino dialogar con él y completarlo. Ella sólo será Palabra de Dios en la medida en que permita recuperar el valor sagrado de la naturaleza y la vida de los hombres y mujeres del mundo. Esta Biblia Universal (propia de la mayoría de la humanidad actual) es variada y unitaria, desplegada a lo largo de toda la cultura humana. Ella ha tenido y tiene infinidad de variantes, pero se funda en el hecho de que Dios (lo divino) habla a los hombres en el mundo y en la vida.

Biblia de la interioridad.

Está vinculada a la capacidad de penetración interior de los hombres, pues como dice San Pablo hay una Escriturao Carta de Dios, escrita en nuestros propios corazones(cf. 2 Cor 3-4).  Sin esa voz interior, sin esta Palabra que resuena en la intimidad de cada ser humano (como sabe también Jr 31, 33), no se puede hablar después de una Biblia judía o cristiana.

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26.1. Fiesta de la Palabra: para leer, celebrar y «vivir» la Biblia

domingo, 26 de enero de 2020
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aves-cables-alta-tension-2Del blog de Xabier Pikaza:

Canto de Dios: Iniciación a la Palabra (hermenéutica)

Desde antiguo se viene comparando la Biblia con la música de Dios, y así lo ha destacado el Papa Francisco al instituir esta Fiesta de la Palabra, para leer y celebrar, compartir y liberar, como germen e impulso de Dios en el camino de los hombres. Desde ese fondo he querido:

  1. Presentar de nuevo dos reflexiones que expuse hace unos meses en youtube sobre la hermenéutica en la Biblia y en la historia (estudio) de las religiones, poniendo de relieve el hecho de que la Biblia sólo es palabra de Dios en la medida en que se escucha, se lee, se comparte, se interpreta y se celebra, como una obra musical, que no es la “partitura” en sí, sino la celebración de su música.
  2. Exponer algunos elementos básicos de la hermenéutica o interpretación de la Biblia, en línea judía y cristiana, conforme a mi libro Biblia‒Ciudad. Esta segunda parte es más técnica y servirá para descubrir el otro lado de la Biblia, como libro de instrucciones, para manejar, entender, re-interpretar y aplicar la Biblia, en la vida de los hombres y mujeres que la leen y quieren entenderla, actualizarla, recrearla, recreándose por ella.

Un ejemplo triste. La Biblia de Pizarro y Atahualpa

 9788490731765-esA principios del siglo XVI, cuando los españoles al mando de F. Pizarro tomaron el imperio incaico, hubo un encuentro famoso entre el Inca Atahualpa y y Pizarro, el conquistar, representado  por su capellán,Vicente de Valverde, que se acercó al Inca y le ofreció  la Escritura Cristiana (Biblia o Breviario) diciéndole:

‒ Escucha y cumple: Ésta es la Palabra de Dios, y ella te pide que te conviertas a la verdadera fe de Jesucristo.

Atahualpa tomó el libro, lo puso en su oído y no oyendo nada lo dejó caer al suelo. Entonces, el P. Valverde, buen teólogo, alumno de Salamanca y escolar de los Dominicos de Valladolid, exclamó: ¡Cristianos, este hombre ha arrojado por tierra los evangelios, que son la palabra de Dios, prendedle…!

Aquel fue un encuentro fallido… No se podía presentar la “Palabra de Dios” (que se expresa en la Biblia) de esa manera… Para Atahualpa aquel libro no podía ser palabra de Dios, no le podía hablar. Por su parte, Valverde y los españoles tampoco sabían (o no querían saber) lo que implica la Biblia, que es la experiencia de un encuentro personal con Dios…

   Evidentemente, para que Atahualpa escuchara la «música» de la Biblia, Valverde y sus colegas soldados tendrían que habérsela cantado y vivido de otra forma y para ello no estaban (=no querían estar) «preparados». Fue tristísimo: La Biblia en el suelo y Atahualpa condenado, al fin, a muerte y ejecutado, con la excusa de que la había «profanado» la Biblia. El Papa Francisco es heredero de aquel desencuentro y «crimen» de la Biblia. En esa línea se puede hablar de muchas biblias «malas»:

  1. La Biblia amuleto,   de los que la llevan o tienen en casa como un talismán protector, en línea de idolatría más que de Palabra de Dios.
  2. La Biblia incensada en las celebraciones, biblia olorosa y lujosa en un ambón callado, que a nadie habla.
  3. La Biblia arrojadiza propias, de aquellos que la emplean sólo para argumentar y condenar a los demás, sin jamás llegar a sus entrañas para dejarse convertir por la Palabra.
  4. La Biblia olvidada y polvorienta, en el rincón de una oscura esquina o biblioteca de la casa, como el arpa del poeta (Becquer), con mil melodías y gritos de amor escondidos y mudos en su seno.
  5. Biblia clerical, domada o dogmatizada por algunos, que la interpretan e imponen a su medida, mientras el conjunto de los fieles no pueden leerla, porque está prohibido que piensan… Esa era la Biblia de mis tías muy mayores de Ceberio, heredada de su hermano cura de principios del siglo XX en un gran armario al que los niños no podíamos llegar…

   Esas y otras semejantes son biblias muertas,  que están ahí pero no hablan, que no son (no se hacen) palabra de vida, ciudad donde uno habita por dentro. En contra de eso, ha de estar en nuestra casa y parroquia la Bibia compartida, de la familia y de la juventud, Biblia que se lee y estudia, que se goza y de discute, que se aprende en la medida en que se lee al caminar.

Para los que tienen y leer esa Biblia, quiero ofrecer las reflexiones que siguen, partiendo de lo que he dicho en Ciudad-Biblia, libro preparado precisamente para los que quieran celebrar esta fiesta del 26.1.2020.

HERMENÉUTICA BÍBLICA

Presentación básica de algunos elementos de hermenéutica, para situar, entender y revivir la Biblia como palabra de Vida en la vida de los hombres.

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 HERMENÉUTICA JUDÍA

La Biblia es Palabra de Dios en la medida se lee y actualiza, se comenta y aplica, de una forma viva, activa, comprometida y creadora dentro de una comunidad de creyentes, es decir, de lectores vivos que descubren y despliegan a través de ella su experiencia y camino creyente.

Tres principios

  1. La Biblia es Palabra de Dios en la medida en que habla, esto es, Dios sigue hablando por ella en el corazón y en la mente de los hombres y mujeres que la toman como referencia básica de su encuentro con Dios. Cerrada en sí, como libro que está ahí, como una “cosa”, por bella o importante que sea, la Biblia no es palabra de Dios.
  2. La Biblia es un libro vivo de toda una comunidad creyente… Cuando algunos particulares, por importantes que sean (ministros‒jerarcas o estudiosos‒escribas…) se apoderan de ella y la toman como propia, esa Biblia deja de ser Palabra de Dios y se convierte en ideología o signo de poder de algunos grupos especiales de especialistas (perdónese la redundancia).
  3. El Papa Francisco ha querido “devolver la Biblia a todos los cristianos católicos”, pues antes, por siglos, había estado secuestrada por estamentos jerárquico‒académicos, de forma que ella no era el libro de reverencia de la Palabra de Dios, sino texto heráldico o de dominación de algunos.

Todo el judaísmo es una interpretación bíblica, como he puesto de relieve al final del estudio del AT (Biblia y judaísmo).  Teniendo eso en cuenta, quiero recoger algunas normas de la  lectura e interpretación de la Biblia, elaboradas por el judaísmo,  desde el mismo interior del texto, entendido como un libro vivo.

Punto de partida.

Los escribas judíos (los grandes rabinos) no se preocupan por deducir de la Biblia unas teorías sobre Dios o sobre el mundo, sino por fijar a partir de ella y de las tradiciones del judaísmo unas normas de vida para el pueblo. Ciertamente, ellos saben que la Ley es gracia, don de Dios, revelación de un misterio que les sobrepasa, regalo sagrado y salvador que Dios mismo ha querido dar a su pueblo para guiarle sobre el mundo a lo largo de una historia que se narra en los libros proféticos (la primera parte de los libros proféticos son los que suelen llamarse históricos, de Josué a 2 Reyes).

Reglas de interpretación

Hay varios métodos de exégesis rabínica, que pueden resumirse en las reglas de Hillel, de R. Ismael o de R. Jose ha-Galili (siglos I y II d. C.). Leer más…

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Comienzo de la actividad de Jesús. Domingo tercero Tiempo Ordinario. Ciclo A

domingo, 26 de enero de 2020
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2f847-pesca_milagrosa_2bDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

En los dos domingos anteriores estuvimos junto al río Jordán, recordando el bautismo de Jesús y el testimonio que ofreció de él Juan Bautista. La liturgia da ahora un salto notable. Omite las tentaciones de Jesús (que se leerán el primer domingo de Cuaresma) y nos sitúa en un momento posterior, cuando Herodes, molesto por la predicación de Juan, decide meterlo en la cárcel. Lo que ocurre a continuación lo cuenta el evangelio de Mateo en tres pasajes breves: actividad inicial de Jesús, vocación de los cuatro primeros discípulos, y resumen de la actividad en Galilea. La liturgia permite limitarse al primero, eligiendo la forma breve del evangelio. Dada su importancia, quizá sea lo más aconsejable. Pero añadiré algo sobre los otros dos.

  1. La actividad inicial de Jesús (Mt 4,12-17)

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.» Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.

            Quien se sienta desconcertado por la presentación inicial de Jesús, poniéndose en la fila de los pecadores para bautizarse, tiene motivos para desconcertarse todavía más al leer los comienzos de su actividad. Dicho en palabras muy rápidas, lo primero que hace es huir; lo segundo, actuar en la región más olvidada; lo tercero, repetir al pie de la letra la predicación de Juan Bautista. Pero todo esto encierra un misterio que Mt nos ayuda a desentrañar. Una vez más, para comprender este pasaje conviene compararlo con el de Marcos, que presenta los hechos del siguiente modo.

«Cuando detuvieron a Juan, Jesús se fue a Galilea a pregonar de parte de Dios la buena noticia. Decía: Se ha cumplido el plazo, el reinado de Dios está cerca. Arrepentíos y creed la buena noticia».

            La breve noticia de Marcos contiene tres datos: 1) momento en que comienza a actuar Jesús; 2) lugar de su actividad (Galilea); 3) contenido de su predicación. Mt modifica el primero y el tercero y amplía el segundo.

            Momento de actividad

            Es una pena que los evangelistas sean tan sobrios, porque el primer dato resulta más profundo de lo que parece a primera vista. Jesús no empieza a actuar hasta que encarcelan a Juan Bautista. Como si ese acontecimiento despertase en él la conciencia de que debe continuar la obra de Juan.

            Nosotros estamos acostumbrados a ver a Jesús de manera demasiado divina, como si supiese perfectamente lo que debe hacer en cada instante. Pero es muy probable que Dios Padre le hablase a Jesús igual que nos habla a nosotros, a través de los acontecimientos. Y el gran acontecimiento es la desaparición de Juan Bautista y la necesidad de llenar su vacío.

            Pero hay una diferencia muy sutil entre Mc y Mt. Según Mc, en cuanto encarcelan a Juan comienza Jesús a predicar. Según Mt, lo primero que hace Jesús es retirarse a Nazaret. Desde un punto de vista histórico y psicológico parece una interpretación más adecuada, que abre paso también a una visión más humana de Jesús, como si se tomase un tiempo de reflexión y decisión.

            Lugar de actividad

            La elección del lugar de actividad es sorprendente, más aún que en el caso de Juan Bautista. Juan no predica su mensaje de penitencia en Jerusalén, pero el lugar donde actúa, el desierto, está lleno de reminiscencias simbólicas. Es el lugar donde se espera la manifestación de Dios. Jesús, en cambio, se retira a una región que carece de importancia dentro de la historia judía, incluso conocida con el despreciativo nombre de «Galilea de los paganos». «Si alguien quiere enriquecerse, que vaya al norte; si desea adquirir sabiduría, que venga al sur», comen­taba un rabino orgulloso. El evangelio de Juan recoge una idea parecida, cuando los sumos sacerdotes y los fariseos dicen a Nicodemo: «Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta» (Jn 7,52).

            La elección de Galilea por parte de Jesús tiene sus ventajas y sus riesgos. Ventajas: moverse en una región conocida, y la posibilidad de escapar fácilmente hacia el norte en caso de persecución. Riesgo: proclamar su mensaje en la zona más politizada de Palestina, en un ambiente bastante revolucionario, que se presta a graves conflictos.

            Dentro de Galilea, escoge Cafarnaúm, ciudad de pescadores, campesinos y comerciantes, lugar de paso, que le permite el contacto con gran variedad de gente y un fácil acceso a los pueblecitos cercanos.

            Sin embargo, Mt ve las cosas de forma distinta que el historiador moderno. La elección de Galilea le recuerda una profecía de Isaías, en la que se habla de las terribles desgracias sufridas por esa región durante la invasión asiria del siglo VIII a.C. y se le anuncia la salvación para el futuro. El poema de Isaías 8,23b-9,6 habla de tres motivos de alegría: el fin de la opresión, el fin de la guerra, y el nacimiento de un niño (¿el rey Ezequías?). Pero a Mateo le interesa el primero, para presentar a Jesús como la luz grande que ilumina a Galilea. En esto se centra la primera lectura.

En otro tiempo, humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.

            El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín. Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.

            Para Mateo, lo esencial es que Jesús no va a dirigirse a la gente importante, a los que pueden cambiar el mundo, sino a «los que habitan en tinieblas», «los que habitaban en tierra y sombra de muerte». La gente más despreciada y olvidada (campesinos y pescadores) será el primer auditorio de Jesús. Para ellos se convierte en una «gran luz».

            El mensaje inicial

            Mateo lo sintetiza en dos cuestiones: conversión e inminencia del reinado de Dios. «Convertíos, que el reinado de Dios está cerca».

            La conversión abarca dos aspectos: vuelta a Dios (como el hijo pródigo vuelve a su padre) y el consiguiente cambio de forma de vida, actuando como Dios quiere.

            Mientras lo anterior lo entendeos todos, la inminencia del reinado de Dios puede provocar bastante desconcierto, sobre todo si la relacionamos con el fin del mundo. Para comprender lo que dice Jesús (lo mismo que decía Juan) hay que partir de la experiencia histórica. Desde el siglo VI a.C. el pueblo judío estuvo sometido a potencias extranjeras (Babilonia, Persia, Grecia, Egip­to, Siria). La opresión cada vez resultó más dura, y fue despertando el anhelo de que Dios reinase en el mundo para acabar con toda esa serie de arbitrariedades e injusticias que lo dominaban. Surge así la idea del reinado de Dios (o «de los cielos», para evitar pronunciar el nombre divino). Algunos grupos lo entienden de forma simbólica: Dios reina a través de las autoridades religiosas judías. Otros lo interpretan en sentido estricto, como auténtica veni­da de Dios para establecer un mundo nuevo y definitivo. Estos grupos apocalípticos estaban convencidos de que esa venida de Dios, el fin del mundo presente, era inminente.

            Se entiende el éxito que encuentra este mensaje entre los contemporáneos: a gente pobre, sencilla, opri­mida por los romanos y sus colaboradores, anuncia un mundo nuevo, de justicia, paz, tranquilidad, amor, en el que Dios será el verdadero rey. ¿Es eso lo que piensa y promete Jesús? Mateo despejará las dudas muy pronto, en el Sermón del Monte, que leeremos los próximos domingos.

            Nuestra respuesta

            Este breve pasaje nos obliga a interrogarnos sobre nuestra propia vida. ¿Sería la misma si Jesús no hubiera comenzado a actuar y proclamar su mensaje? ¿Somos conscientes de que nosotros, como los habitantes de Galilea, estábamos sumergidos en la tiniebla y hemos visto una gran luz? ¿Nos dejamos interpelar por la llamada de Jesús a volver a Dios y a cambiar nuestra forma de vida?

  1. Los primeros discípulos (Mt 4,18-22)

Vocación pescadoresPasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo:

            ‒ Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.

            Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

            Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

            Este breve pasaje, aparentemente tan fácil de entender, está plagado de misterios cuando se piensa en los principales protagonistas.

            Empezando por Jesús, ¿quién contrataría a cuatro pescadores para fundar y dirigir una multinacional? Solo un loco. No necesitan un título de las universidades de Jerusalén o Babilonia. No es preciso que hayan estudiado con los mejores rabinos ni que se sepan la Torá de memoria. Basta que quieran seguirlo renunciando a todo.

            Si misteriosa resulta la conducta de Jesús, también lo es la de los cuatro llamados. ¿Qué los mueve a dejarlo todo, incluso al padre, y seguir a Jesús sin conocerlo previamente? Aquí hay dos cuestiones distintas: el conocimiento previo y el seguimiento radical.

            Que ya conocían a Jesús lo dan por seguro algunos aludiendo al cuarto evangelio, donde se dice que Jesús entró en contacto con ellos cuando el bautismo (Jn 1,35-51). O afirmando que el verdadero orden de los acontecimientos es el que se ha conservado en el evangelio de Lucas (4,31-5,11): después de curar a un hombre con espíritu inmundo, a la suegra de Pedro, después de otras muchas curaciones y expulsiones de demonios, cuando Jesús es ya de sobras conocido, es cuando llama a los cuatro primeros discípulos y estos lo siguen.

            Pero este conocimiento previo no resuelve el problema del seguimiento radical, renunciando a todo. ¿Qué les movió a ello? Marcos no lo dice en este momento. Más adelante indicará que Santiago y Juan lo hicieron, al menos en parte, por ambición política: estaban convencidos de que Jesús llegaría a reinar en Jerusalén y ellos pretendían los dos primeros puestos en su corte (Mc 10,35-37). También Simón, al confesar a Jesús como Mesías, rechazando el sufrimiento y la muerte, demuestra una preocupación política. Cosa que deja muy clara Lucas cuando habla de los discípulos de Emaús y en el último diálogo antes de la ascensión: concebían a Jesús como quien había de liberar a Israel (Lc 24,21) e instaurar su soberanía (Hch 1,6). Sin embargo, la explicación anterior, aunque sea válida, supone adelantar datos. En este momento nos quedamos sin saber qué movió a los cuatro a seguir a Jesús.

            Lo que no admite duda es que lo siguieron. Estos cuatro discípulos representan el primer fruto de la predicación de Jesús: creen en la buena noticia del Reinado de Dios, lo siguen y cambian radicalmente de vida.

            Y esto debía provocar en los primeros lectores del evangelio un profundo asombro ante el poder de atracción de Jesús y de la disponibilidad absoluta de los discípulos. Algo en lo que se verían reflejados, porque también ellos y ellas habían sentido la llamada de Jesús y, a pesar de todas las dificultades y críticas, lo habían seguido.

  1. Resumen (Mt 4,23)

Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

            Esta frase tan breve puede pasar desapercibida. Pero supone un complemento esencial a lo dicho en el punto 1. Allí, la actividad de Jesús se centra en la enseñanza. Aquí, la enseñanza va acompañada de la acción: recorre, enseña, proclama, cura. Curar enfermedades y dolencias ocupa gran parte del tiempo de Jesús. Hace dos domingos, Pedro resumía todo con las palabras: «pasó haciendo el bien».

            Pero hay en este resumen algo que generalmente no valoramos: Recorría toda Galilea. Supone esfuerzo, sacrificio, pasar de 38º en el lago a pueblecillos nevados en invierno. Por eso añado un complemento sobre esta región tan importante en la vida de Jesús, tomado de José Luis Sicre, El cuadrante. Parte IILa apuesta, Editorial Verbo Divino, Estella 1997, p. 45-46. Todo el capítulo 2 de esa obra lo dedico a “La tierra que conoció Jesús” (págs. 29-52).

GALILEA

        Galilea2 «Quedaba comprendida entre el Jordán, el Líbano, la llanura fenicia, el monte Carmelo y la llanura de Yezrael. Sus dimensiones eran 70 km de largo por 40 de ancho. Según Josefo estaba dividida en dos regiones, la Alta y la Baja, delimitadas geográficamente por el valle que corre hacia Tolemaida (Acco). La Alta Galilea se sitúa entre los 600 y los 1200 m con el Jermak como altura máxima. En cambio, la Baja Galilea está entre los 300 y los 600 m: el monte más alto, el Tabor, tiene 588 m.

En la Baja Galilea comienza Jesús su actividad y en ella reside la mayor parte del tiempo. No debemos imaginarla como una zona pobre y marginada. La antigua alusión que encontramos en el libro de Isaías (“Galilea de los paganos”) ha jugado una mala pasada a muchos lectores del evangelio. Es cierto que en el Antiguo Testamento Galilea cuenta muy poco. Pero en tiempos de Jesús era una zona rica, importante y famosa, como afirma Flavio Josefo en el libro tercero de la Guerra judía (BJ III, 41-43).

Wilkinson admite para Séforis una población de 50.000 habitantes; Josefo indica 40.000 para Tariquea y Jotapata; y para Jaffa, el “pueblo” más grande de Galilea, muy cercano a Nazaret, 17.130 personas. Según Wilkinson, ya que Josefo habla de 204 pueblos, admitiendo un promedio de 500 habitantes, tendríamos unos 365.000 para toda Galilea.

Más importante que el número es la población en sí misma. Galilea, tras numerosas vicisitudes, en tiempo de Jesús se ha estabilizado como región judía. Sólo en Séforis y Tiberíades abunda el elemento pagano. Sin embargo, los judíos del sur no sentían gran estima de los galileos: “Si alguien quiere enriquecerse, que vaya al norte; si desea adquirir sabiduría, que venga al sur”, comentaba un rabino orgulloso. Y el evangelio de Juan recoge una idea parecida, cuando los sumos sacerdotes y los fariseos dicen a Nicodemo: “Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta” (Jn 7,52).»

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Domingo III del Tiempo Ordinario. 26 enero, 2020

domingo, 26 de enero de 2020
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Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando enfermedades y dolencias del pueblo”.

(Mt 4, 12-23)

Este fragmento del Evangelio de Mateo es muy intenso, trata muchos y variados temas: las dificultades, la misión, la vocación, el Reino, la Buena Noticia…

Y esa Buena Noticia, es la Palabra. Hoy celebramos por primera vez el Domingo de la Palabra, una fiesta liturgica dedicada a las Sagradas Escrituras. A la Palabra viva que nos sigue vivificando. ¿Y qué nos dice hoy esa Palabra?

Empieza con una noticia inquietante: Juan Bautista ha sido encarcelado y Jesús al enterarse se retira. Es lo más sensato. Si a Juan lo han arrestado mejor será “quitarse de en medio”.

Pero parece que ese retirarse de Jesús es solo para tomar impulso porque unos versículos más abajo empiezan a predicar. “Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: -Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos”.

Jesús no se esconde. Toma el relevo. Si Juan no está alguien tendrá que continuar con su misión. La misión de anunciar el Reino.

Pero el Reino se construye siempre en comunidad por eso Jesús mientras predica va llamando a otras personas: “Venid y seguidme”.

De la propia misión surgen las vocaciones. El Reino de Dios cautiva, trasforma. Y lo hace de forma rápida y eficaz.

La pasión por el Reino no admite demoras: “Inmediatamente”. La invitación personal de Dios al corazón de cada persona tiene que ir ligada a una respuesta inmediata y totalizante. Las medias tintas, las dudas, las excusas…¡no tienen cabida!

Si la llamada de Dios no trasforma tal vez no ha encontrado la tierra buena donde germinar. Si hay demasiados “peros” para seguirle probablemente nunca se inicie el seguimiento verdadero.

Y, además, la respuesta siempre implica una renuncia. “Dejaron las redes”. Hay que soltar, dejar a tras lo valioso de nuestra propia vida, aquello que nos da seguridad.

“Inmediatamente dejaron las redes (la barca y a su padre) y le siguieron”. La respuesta a Dios tiene que ser como su llamada: plena.

Y termina este evangelio con tres verbos: enseñando, proclamando y curando. Vuelve a tomar protagonismo la figura de Jesús que ahora recorre la misma Galilea a la que se había retirado.

Oración

Ensancha, Trinidad Santa, nuestro corazón a la medida exacta de tu Amor para que podamos responderte con la misma generosidad con la que tú nos llamas.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El Reinado de Dios ya está en mí.

domingo, 26 de enero de 2020
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cristoy-jovenMt 4,12-23

Desde el punto de vista teológico, es muy importante para Mt dejar claro que Jesús comienza su actividad lejos de Judea, de Jerusalén, del templo, de las autoridades religiosas. Quiere desligar la actividad de Jesús de toda posible conexión con la institución. También quiere dejar claro que la predicación de Jesús es continuación de la de Juan, iniciando las dos con la misma frase. Otra obsesión de Mt consiste en explicar la actividad de Jesús desde el AT. Estamos al comienzo del evangelio y ya ha repetido seis veces: “Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura”.

Hace sesenta años que comencé a predicar el evangelio y dada día que pasa me cuesta más esfuerzo el comprenderlo y mucho más explicarlo. Al principio me preguntaba por qué se nos proponía un texto tan pequeño en cada liturgia. Hoy cada frase me parece un pozo sin fondo del que nunca seremos capaces de extraer toda el agua que contiene. También hoy nos vamos a concentrar en una sola frase para intentar sacarle más jugo. “Arrepentíos porque está cerca el Reino de los cielos”. Ya hemos dicho que es la misma que pone Mt en boca del Bautista.

Arrepentíos. La primera palabra es ya una dificultad. El primer significado del “metanoeo” griego no es arrepentirse ni hacer penitencia sino cambiar de opinión, rectificar y de ahí, cambiar de mentalidad. Si cambias de mentalidad, cambiarás de rumbo. Etimológicamente sería ir más allá de lo que tienes en la mente. Al traducirlo por arrepentirse, damos por supuesto que la actitud anterior era pecaminosa. Pero también se puede cambiar de una opinión buena a otra mejor. Por no tener esto en cuenta, damos por supuesto que solo se tiene que convertir el “pecador”.

Todos tenemos que estar cambiando de mentalidad todos los días. Convertirse es rectificar la dirección que llevo, cuando me he dado cuenta de que la meta no está en la dirección que llevo sino en otra. El esfuerzo debe orientarse a descubrir lo que me hace más humano, que es la meta. Debemos tener en cuenta que muchas veces no es posible descubrir que una senda es equivocada, hasta que no la hemos recorrido. Por eso el rectificar es de sabios, como decían los antiguos. El mayor peligro es creer que no tengo nada que rectificar. Por muy clara que tengamos la meta, siempre podemos descubrir otra más ajustada.

Está cerca el Reino. Para dar cuenta de la dificultad de esta idea basta recordar dos textos de los evangelios. Los fariseos le preguntan cuándo llegará el Reino, contesta: no está aquí ni está allá, está dentro de vosotros (entre vosotros). Cuando Pilato le pregunta, Jesús responde: mi Reino no es de este mundo. Me encanta reflexionar sobre las contradicciones del evangelio porque nos obligan a no tomar ninguna formulación como absoluta. Está aquí y no está. Los primeros cristianos decían: ya pero todavía no. Esta aparente contradicción nos obliga a no instalarnos sino estar siempre en marcha hacia una meta aún no conseguida.

Reino de los Cielos. Los demás evangelis­tas (también alguna vez Mt) hablan de «el Reino de Dios». Las dos fórmulas expresan la misma realidad. A los judíos les resultaba violento emplear la palabra Dios y empleaban circunloquios para evitarla. Uno de ellos era la expresión “los Cielos”. Sería el ámbito de lo divino. En los escritos más tardíos del NT se habla ya del Reino de Cristo. Expresión muy peligrosa porque nos induce pensar que Jesús es la meta y olvidarnos que Jesús nunca se predicó a sí mismo sino que predicó e hizo presente el Reino de Dios.

Hoy podemos asegurar que el núcleo de la predicación de Jesús, fue «El Reinado de Dios». Jesús acentúa la presencia liberadora de Dios. Lo contrario del Reino de Dios no es el reino de Herodes sino el  “ego-ismo”. Si no reina el amor no puede haber Reino de Dios. La predicación de Jesús fue fruto de una profunda experiencia, que tuvo como punto de partida su religión, pero que la superó. La importancia de Jesús estriba en que fue la fiel manifestación del Reino que es Dios.

La palabra griega “basileia” se refiere en primer lugar, al poder ejercido por el rey, no al territorio ni a los súbditos. Sería más acertado traducirlo por “Reinado de Dios”. Es muy difícil concretar lo que entendió Jesús por ‘Reino de Dios’. Aunque hay decenas de imágenes, nunca se explica su significado en los evangelios. Seguramente se fue desvelando a través de su vida. Pudo partir del significado que tenía para los judíos de su tiempo y que se fuera enriqueciendo con su experiencia. También es probable que pensara en una llegada inmediata de ese Reino.

Es imposible entender esta expresión si no salimos de la idea de un dios soberano, todopoderoso que desde su trono del cielo gobierna el universo. Mientras no superemos ese dios mítico no habrá manera de entender el mensaje de Jesús. Dios es Espíritu. Cuando decimos: Reina la paz, “reina la oscuridad” o “reina el amor”, no pensamos en entes que están dominando alguna parte de la realidad sino en un ambiente, en un medio inmaterial en el que se desarrolla la realidad.

Reinado de Dios, quiere decir que el ser humano debe desarrollarse por lo que tiene de espiritual, que el ámbito de lo divino está presente en lo humano y constituye su atmósfera y su fundamento propio. El Reino es una atmósfera en que las relaciones humanas conmigo mismo, con los demás, con las cosas son posibles. Juan dijo: Él bautizará con Espíritu Santo. Siempre que el hombre se deja mover por el Espíritu y actúa desde él, está haciendo presente el Reino.

No se trata de que Dios, en un momento determinado de la historia, haya decidido establecer una relación nueva con los hombres. Con la venida de Jesús no ha cambiado nada por parte de Dios. Él ha estado siempre inundándolo todo. Lo que ha cambiado es la toma de conciencia por parte de Jesús de esa realidad y la actitud ante los hombres. Entrar en el Reino es tomar conciencia de esa realidad de Dios en mí e inmediatamente actuar en consecuencia. La dinámica del Reino se despliega de dentro a fuera, no imponiendo unas normas obligatorias.

En el evangelio de hoy está muy clara esta dinámica. Primero propone lo que Jesús decía, pero termina el relato diciendo que, eso que decía, lo practicaba. “Y recorría toda Galilea enseñando en la sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando todas las enfermedades y dolencias del pueblo”. Un cristianismo que no me empuje a darme a los demás, no tiene nada que ver con Jesús. El Reino se manifiesta en el que “cura”, no en el curado. Es Jesús, al preocuparse del débil, quien hace presente a Dios, no el cojo o el ciego cuando dejan de serlo.

El Reinado de Dios, significa la radical fidelidad y entrega de Dios al hombre. Por lo tanto, la realidad primera de ese Reino la constituye Dios que se derrama y se funde con cada ser humano. No es una realidad que hace referencia en primer lugar al hombre, sino a Dios. El hombre debe descubrirla y vivirla. Dios no hace un favor al hombre, sino que responde a su ser, que es amor. Esto sí que es un evangelio, es decir, “buena noticia”. El Reino de Dios surge cuando despliego mi verdadero ser, que no es ni materia ni espíritu sino ambas cosas a la vez.

El hombre, para ser fiel a Dios no tiene que renunciar a sí mismo, al contrario, la única manera de ser él mismo, es descubrir lo que Dios es en él. Por eso no puede haber otra perspectiva para el ser humano. En cuanto pone su fin fuera de Dios (fuera de sí mismo), el hombre falla estrepitosamente a su verdadero ser y no hay ya posibilidad de ser fiel ni a Dios ni a sí mismo, de una manera extrínseca, cumpliendo unas órdenes que vienen de fuera. Solamente si soy fiel a mí mismo puedo ser fiel a Dios. La plenitud de humanidad, en Jesús y nosotros, es lo divino.

Meditación

Es muy difícil afrontar un cambio de mentalidad
El punto de partida es una toma de conciencia:
Soy un diamante, pero lleno de impurezas adheridas.
El valor absoluto ya está ahí, aunque camuflado.
Mi tarea es limpiar, tallar, pulir; pero nada que añadir.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Reparando redes.

domingo, 26 de enero de 2020
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redes-manosEra imposible volver atrás para reparar lo que había ocurrido; es inútil poner una tirita sobre un alma herida (Michael Connelly)

26 de enero. DOMINGO III DEL TO

Mt 4,12-23

Arreglando las redes

Estaban Santiago y Juan su hermano, reparando redes en la barca de su padre; les vio Jesús y les dijo: Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres, como les había dicho a otros dos hermanos: Andrés y Pedro.

Esta mañana, al pasear por la playa de mi mente, me encontré con Jesús y me dijo:

¿Te gustaría seguirme?

Le miré sorprendido, pero no me atreví a mirarle, pues sus ojos eran un espejo, aunque en realidad todo su cuerpo lo era, y en él se relejaba la música de todo mi cuerpo y mi alma.

Me vi en esos dos espejos desnudo de cuerpo y reflejado, sus ojos y su cuerpo eran tan cristalinos, que no sentí vergüenza alguna, y continuamos juntos paseando por aquella, ahora desnudos los dos, él solo de alma, y yo de alma y vida.

Las aguas de la mar también se desnudaron, y un par de cormoranes sin vergüenza, se zambulleron en ellas.

En aquella playa mía no había redes que pudieran cogerlos, y siguieron pescando hasta la tarde.

Yo les dije:

No tengáis miedo, yo no apreso cormoranes, soy pescador de hombres, y Jesús me miró muy satisfecho.

El papa Francisco dijo en una Homilía:

Hoy el Señor te invita a caminar con Él la ciudad, te invita a caminar con Él tu ciudad. Te invita a que seas discípulo misionero, y así te vuelvas parte de ese gran susurro que quiere seguir resonando en los distintos rincones de nuestra vida: ¡Alégrate, el Señor está contigo!

En estos menesteres no basta con soñar, hay que lanzar las redes y sacar peces del agua.

Era imposible volver atrás para reparar lo que había ocurrido; es inútil poner una tirita sobre un alma herida (Michael Connelly)

Y si los que, por vocación, lo que debes pescar son personas, no lances las redes en la iglesia, y menos en las calles, extiéndelas simplemente, y deja que se dejen pescar en ella cuantos quieran.

Victor Solano dice

QUIERO REPARAR TU CORAZÓN

Hoy estoy buscando la mejor
manera de  decir te amo
y al mirarte, el amor despierta
mi emoción por ti.
Hoy mis ojos miran
y contemplan el otoño gris.
Cuando muera el día piensa
que hay alguien que vive por ti.
Quiero que llegue el día,
que mi tiempo sea para ti.
Quiero que mi poesía
sea para ti.
Quiero que cantes solo para mí.
Piensa en mí, que tus ojos brillen
y seas feliz.
Yo sé que el tiempo ha pasado.
Yo te prometo ser tuyo
y lo digo con orgullo.
Sin que me quede nada por dentro
yo sé que te has sentido
feliz sentada junto a mi
dejando tu primavera pasar.
Recuérdame y vive tus quince años.
Quiero reparar tu corazón.
Dime Dios cómo quererla
con todo mi corazón. Como manda tú
palabra sin que yo pierda la calma.
Dame valor para esperar
y para poder aguantar a que me
diga que sí y hacerla feliz
como disponen los santos escritos,
te lo suplico por favor.

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Convertíos porque está cerca el reino de los cielos. En el año de la Biblia y el Domingo de la Palabra de Dios.

domingo, 26 de enero de 2020
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47702_430163937461_92187362461_5294011_7048196_n26.1.2020. (Mt 4, 12-23)

En el evangelio de hoy, Mateo sitúa a Jesús en Cafarnaún, la Galilea de los gentiles, para que se cumpliera lo que había dicho el profeta Isaías que leemos hoy en la primera lectura: “El pueblo, que habitaba en tinieblas, vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló”. Jesús es esa luz porque está lleno del Espíritu de Dios.

Estamos en el principio de la vida pública de Jesús. El evangelio de hoy nos presenta tres elementos muy importantes de esa vida pública: 1. El mensaje inicial de Jesús: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. 2.  La elección de los primeros discípulos: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”. 3. Breve preludio- resumen de lo va a ser la misión de Jesús: “Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo”. En hacer esto consistió, para Jesús y consiste para nosotros, la realización del reinado de Dios en la tierra. Así de sencillo, así de claro, así de exigente.

Todo empezó en Galilea, con los que están en tinieblas y sombras de muerte. Los gentiles. Los que están perdidos, extraviados y descarriados. Los enfermos que necesitan un médico. Con los “nadie”, los necesitados. Y allí la tiniebla se vuelve luz. Jesús sabía para qué y para quién estaba en el mundo: “no necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores”. Nosotros también sabemos por dónde hay que empezar: Los últimos tienen que ser los primeros. Iglesia en salida hacia las periferias sociales y existenciales.

“Convertíos, porque está cerca el reinado de Dios”. Y para que esté cerca.  El mensaje inicial y programático de Jesús vincula la conversión y el reinado de Dios. Ya Juan había pedido conversión pero los motivos y fines de Jesús para ella son distintos que los de Juan. No porque se ha cumplido el plazo (parusía) sino porque lo exige el Reino para que éste sea una realidad en todos los hombres. Convertíos, cambiad de mentalidad, de estilo de vida. Cambiad el corazón. De un corazón de piedra a un corazón de carne, a un corazón fraterno y solidario, más humano. Convertíos en mejores personas. Como Jesús que pasó la vida haciendo el bien, así tienen que ser y hacer sus seguidores. El termómetro de nuestra conversión será nuestra capacidad de hacer el bien siempre y a todos. Es decir, nuestra humanidad. La conversión supone una renovación permanente. Siempre inacabada. Cambiar a algo nuevo y mejor. Siempre plus ultra. Esto es lo que exige la conversión al Reino, sus criterios, valores y estilo.

Elección de los primeros discípulos: ”Venid y seguidme”, en imperativo. Desde el inicio de su vida pública, Jesús quiso incorporar a los hombres en la tarea de construir el reinado de Dios en la tierraEl reinado de Dios no está hecho, hay que trabajar para su implantación. Para ayudarle en esta misión Jesús llamó a los primeros discípulos y hoy nos convoca a nosotros que aún vivimos porque el reinado de Dios está inacabado mientras haya un ser humano que necesite de nuestra palabra y nuestras obras. Jesús escoge a sus discípulos para que le acompañen y ayuden en la implantación y desarrollo de su proyecto. Desde ese momento en el movimiento de los seguidores de Jesús la vocación y la misión en el Reino son inseparables. Lo propio y diferencial de ese movimiento es que se trabaja en “compañía-comunidad y en ayuda mutua, en equipo”.

Tareas del Reino: El final del evangelio de hoy es un resumen-anticipo de las actividades de Jesús durante su vida pública. Enseñar y cuidar. Palabra y sanación. Dichos y hechos. Sus enseñanzas explican el misterio del Reino. Las curaciones son anticipos y “signos” del Reino.  Pasó la vida haciendo el bien y diciendo cómo se hace el bien. Y esto para darnos ejemplo, para que nosotros hagamos lo mismo que él y como él. Como buen maestro nos enseña a nosotros, sus discípulos y seguidores, a hacer lo mismo y hacerlo como él lo hizo. Nuestra tarea es continuar la obra empezada por él. Es una cuestión de actitudes y comportamientos identificados con las actitudes y comportamientos de Jesús. Nosotros tenemos que hacer presente el Reinado de Dios con nuestra vida, transparencia de la de Jesús.  Como Jesús, siendo contemplativos en la acción y sobre todo en la relación. Cuidar y curar el dolor y el sufrimiento, sanear la vida, trabajar por una vida más sana, digna y dichosa para todos. Esta es la vida que Dios quiere para todos los hombres. Nosotros hoy somos su providencia, su amor y cuidado, su presencia en medio de los hombres. Dios nos necesita y cuenta con nosotros. De nosotros depende la respuesta.

Y este mensaje del evangelio de hoy contextualizado en…

En el año de la Biblia y el Domingo de la Palabra de Dios.

La Biblia es la historia de la presencia de Dios en la vida de los hombres. Es la Palabra de Dios en vocabulario humano. Y es Palabra viva porque nos habla hoy a nosotros, nos interpela, nos ofrece caminos de salvación que intuimos pertinentes. En la Biblia podemos descubrir el plan -proyecto de Dios para los hombres. La Biblia es una Buena Noticia de Dios para nosotros. La Biblia es la historia de la salvación y fue dicha para nuestra salvación. Nos dice cómo podemos conseguir nuestra plenitud, nuestros anhelos. Nos habla de salvación, felicidad, plenitud. Es nuestra luz, guía y fortaleza.

El 30 de septiembre de 2019 el papa Francisco publicó una Carta Apostólica en forma de “Motu Proprio” Aperuit Illis (Les abrió el entendimiento. Lc 24, 13-35. Los discípulos de Emaús). En ella establece que el III Domingo del Tiempo Ordinario esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios. Se instituye así el Domingo de la Palabra de Dios: «un domingo completamente dedicado a la Palabra de Dios para comprender la riqueza inagotable que proviene de ese diálogo constante de Dios con su con su pueblo».

África de la Cruz

Fuente Fe Adulta

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Luz en medio de la oscuridad

domingo, 26 de enero de 2020
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Luz.4Domingo III del Tiempo Ordinario 

26 enero 2020

Mt 4, 12-17

“El pueblo que habitaba en tinieblas y vio una luz grande” somos nosotros. A quienes habitan “en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló”.

          Ahí se nombra nuestra paradoja: la oscuridad, la tiniebla y la muerte en todas sus formas constituyen el alimento cotidiano para estos descendientes de primates, que se denominan a sí mismos como “homo sapiens sapiens”. Con frecuencia, es muy poco lo que se requiere para que una persona se vea sumida en la tiniebla del desconcierto y de la inseguridad. Es cierto que tenemos cierta habilidad para sortear dificultades y capear circunstancias adversas. Pero mientras no salgamos de la ignorancia –la fuente de toda oscuridad–, nos veremos privados de la Luz.

          Es solo aquella primera ignorancia la que nos reduce con facilidad a la oscuridad que nos rodea y que aparece a primera vista, a la vez que nos ciega, ocultándonos –negando incluso– la Luz que somos.

         La comprensión experiencial no elimina oscuridades ni evita el dolor, pero nos hace verlos en su justo lugar, y de ese modo nos capacita para vivir con sabiduría la paradoja que somos.

          Luz y tinieblas, Plenitud y carencia, Vida y muerte…: las dos caras de la paradoja. Pero no son realidades “simétricas”. No es que seamos, a la vez, Luz y tinieblas: somos Luz que se está experimentado en una forma limitada donde la oscuridad es inevitable; somos Vida que adopta la forma tanto de nacimiento como de muerte… Hay paradoja, no-dualidad, pero no simetría: una cosa es lo que somos y otra la manera en que, temporalmente, nos estamos experimentando.

          Cuando se regala la comprensión, todo es Luz. Y tampoco es una luz que viniera desde “fuera” –¿desde dónde?– o desde algún Ser separado. Es la Luz de lo que es, de lo que somos. La Luz que es una con lo Real.

¿Me dejo atraer por el anhelo de la Luz?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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El pueblo ¿siempre camina en tinieblas?

domingo, 26 de enero de 2020
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68C0C71B-463F-4E5F-9E0F-1B93ECFF71DFDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Galilea de los gentiles.

         El evangelio de hoy sitúa a Jesús dejando Judea (la región religiosa por excelencia: Jerusalén, el Templo, sacerdotes, etc.) y dice el texto que Jesús se retiró a la Galilea de los gentiles, tierra de paganos, al territorio de Neftalí y Zabulón, (los dos hijos de Jacob).

Jesús comienza su ministerio en esta región de Galilea en la que nació el movimiento mesiánico zelota, grupo revolucionario armado del que la mayor parte eran galileos. (Hasta el punto de que galileo era sinónimo de “subversivo”).

El cristianismo no se desenvuelve en territorios piadosos, sino en el mundo, en el paganismo, en la sociedad. Recordemos aquello que decía nuestro obispo Don José Mª Setién: el cristiano -por y desde su fe- ha de adentrase en la sociedad, en la vida y “mancharse las manos”, precisamente como Jesús: para sembrar el Reino. Algo de esto es lo que dice también el papa Francisco: prefiero una Iglesia que se equivoque, a una iglesia que se quede en sus trincheras o, quizás, oliendo ya a formol.

Una fe aséptica, lejos de la vida y del mundo es un “falso pietismo”.

2. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz.

         Las tinieblas son el caos primordial del Génesis: al comienzo era una oscuridad(Gn 1,2). Dios es e hizo la luz. Jesús es luz: Yo soy la luz del mundo, (Jn 8,12).

El ser humano busca la luz como el centinela la aurora (Salmo 129,6).

La humanidad, nuestro pueblo, los pueblos vivimos en tinieblas. (Solamente algunos fanáticos e iluminados pretenden poseer la luz).

La luz, la verdad, son una búsqueda continua en la vida.

En nuestro propio país bajan turbias y turbulentas las aguas de la luz, de la verdad. En el mundo de la educación se eliminan aquellas materias que pudieran aportar un poco de luz: se desprecia, si no se elimina la filosofía, la ética, la misma religión.

         ¿De dónde nos vendrá luz?

         ¿De una investidura? ¿de los parlamentos? ¿del fanatismo de algunas ideologías? ¿de los fundamentalismos religiosos? ¿de las comunidades eclesiales? ¿Quién y cómo ha de estructurar los planes de educación?

         No son iguales los planes de educación que puedan emanar de los grandes valores que los planes que surjan de unos intereses de las ideologías políticas o de fundamentalismo religiosos.

         Que el estado sea laico y en ocasiones la iglesia haya gestionado estas cuestiones peor que regular, no significa que no hayamos de “echar una pensada a la vida” y transmitirla a la sociedad y a las nuevas generaciones.

Dios quiere que despleguemos todas las posibilidades de alcanzar plenitud humana. El modo de alcanzarlo es asunto nuestro, pero no tiene que ser uniforme para todos. (Fray Marcos, A la fuente de cada día, Ediciones Feadulta.com, martes segunda semana).

         La razón ilumina. El pensamiento cristiano ilumina.

         Si no somos buenos -que no lo somos-, al menos seamos inteligentes.

3. Convertíos. / Y le siguieron

         La palabra “conversión” en el evangelio griego de Mateo se dice: metanoia, que significa cambiar de mentalidad, de pensamiento. Cuando en la conversión se inyectó el pecado nos hicieron un flaco favor, porque se culpabilizó todo el cristianismo.

         La conversión es cambiar la mentalidad en lo que hace referencia a las perspectivas de la vida, cambiar el pensamiento sobre el principio y fundamento de la existencia, el sentido de la vida, la persona humana, la justicia, la sexualidad, el trabajo, el dinero, etc. En un segundo momento llegarán en la medida de lo posible las consecuencias morales

Aquellos primeros discípulos no eran muy distintos de nosotros: El dinero de Zaqueo era el mismo que el de la Kutxa, es decir el dinero es el mismo (y el dinero no cree ni en Dios ni en los hombres).

La “fiebre” de poder de la suegra -familia- de Pedro, Santiago y demás, no era muy diferente del ansia de poder de una campaña electoral actual o del gusto eclesiástico por el poder.

El robo, la injusticia y prostitución de entonces no eran cosas distintas de las nuestras.

La pérdida de la vida (sangre) de la hemorroísa o del hijo pródigo eran más o menos como las nuestras.

¿Pero los pocos que le siguieron por qué le siguieron?

Si uno ve y se pone a pensar en lo que barajamos en nuestros andamiajes religiosos y eclesiásticos, ¿vale la pena? Aquellos primeros ¿le habrían seguido a Jesús por nuestras Misas y ritos? ¿le habrían seguid por el trato que parte de la jerarquía ofrece a los divorciados, homosexuales o por los dogmas, por los ritos y viajes que realiza el mundo eclesiástico?

Lo dudo.

Muchos sectores y estilos eclesiásticos ni divierten ni convierten. El evangelio de Jesús es luz.

4. El Reino de Dios está cerca.

         Jesús recorría toda Galilea proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

         Jesús curaba, sanaba las enfermedades y las dolencias del pueblo. Pasó su vida haciendo el bien.

         El Reino de Dios está cerca no por el número de bautizados ni de los que asistimos a Misa.

¿El momento eclesiástico en que vivimos es bondadoso, sana a la gente, quiere a la gente?

         Es cierto que en muchos ámbitos eclesiales hemos conocido y experimentado la sanación, la promoción del ser humano, de la mujer, de los marginados, etc. La labor de muchos misioneros es realmente evangélica, la dedicación a los más pobres del P. Ángel, el movimiento creado por la madre Teresa, la noble tarea de las comunidades que viven en el ámbito de la Teología de la Liberación son realmente un seguimiento de Cristo.

         Es más, muchas veces hemos tenido experiencia de la bondad de Dios fuera de los ámbitos eclesiásticos. No olvidemos que también hay gente que no son de los nuestros, pero expulsan demonios.

El Reino de los cielos “está cerca” en “Alcohólicos Anónimos”, en “Proyecto hombre”, en los comedores sociales: Aterpe, en la escucha callada de una persona hundida en la miseria “en tristeza y angustia”, en la experiencia de la bondad y ayuda a quien lo necesita, en sentirnos amados por Dios, etc.

         La conversión cristiana es, pues, a la bondad, al amor, a la salud-sanación de Dios expresada en JesuCristo. Y ser cristiano es ser testigo comprometido de la sanación de Dios en el mundo.

Jesús recorría toda Galilea proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

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Éste es el Cordero de Dios.

domingo, 19 de enero de 2020
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El Cordero

Oh Corderillo, ¿quién te ha hecho?
¿Aún no sabes quién te ha hecho?
Te ha dado vida y alimento
junto al arrollo y sobre el prado;
te ha dado ropas deliciosas,
suavísima lana brillante;
y te ha dado una voz tan tierna
que el valle todo se alboroza.
Oh Corderillo, ¿quién te ha hecho?
¿Aún no sabes quién te ha hecho?

Oh Cordero, yo he de decirlo,
Oh Cordero, yo he de decirlo:
se llama por tu mismo nombre,
pues que Cordero a sí se llama:
es apacible y bondadoso,
de un niño tuvo la apariencia:
a nosotros, niño y cordero,
por su nombre nos llaman todos.
Cordero que Dios te bendiga.
Cordero que Dios te bendiga.

*

William Blake
The Lamb

*

Agnus

*

Hambre de ti

«Amor de Ti nos quema,
blanco Cuerpo».
Unamuno

Hambre de Ti nos quema, Muerto vivo,
Cordero degollado en pie de Pascua.

Sin alas y sin áloes testigos,
somos llamados a palpar tus llagas.

En todos los recodos del camino
nos sobrarán Tus pies para besarlas.

Tantos sepulcros por doquier, vacíos
de compasión, sellados de amenazas.
Callados, a su entrada, los amigos,
con miedo del poder o de la nada.

Pero nos quema aun tu hambre, Cristo,
y en Ti podremos encender el alba.

*

Pedro Casaldáliga
El Tiempo y la espera.
Editorial Sal Terrae, Santander 1986

***

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:

“Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.” Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.”

Y Juan dio testimonio diciendo:

“He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.” Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.”

*

Juan 1, 29-34

***

Con cada hombre viene al mundo un ser nuevo que no ha existido nunca, alguien original y único. «Cada israelita esta obligado a reconocer y considerar que es único en el mundo, que jamás ha existido nunca ningún hombre idéntico a él: si ya hubiera existido un hombre idéntico, no tendría sentido su existencia. Cada persona es diferente y debe realizar su propio ser. Que esto no suceda es lo que retrasa la llegada del «Mesías». Todos están llamados a desarrollar y realizar personalmente esta unicidad e irrepetibilidad, y a no volver a repetir mas lo ya realizado por otro, por muy grande que fuese ésta persona.

Ya viejo, el sabio Rabí Bunam dijo un día: «No me cambiaría por el padre Abrahán ¿Qué le reportaría a Dios si el patriarca Abrahán se convirtiera en el ciego Bunam y el ciego Bunam en Abrahán?.» La misma idea ha sido expresada con mayor agudeza por el Rabí Sussja, quien a punto de morir exclamó: «»En la vida Futura no me preguntaran: ”¿Por qué no has sido Moisés?”; me preguntarán; «¿Porque no has sido Sussia?”».

Estamos ante una enseñanza basada en la inigualdad natural de las personas y la imposibilidad, por tanto, de hacerlos iguales. Todos los hombres tienen acceso a Dios, pero cada uno tiene una senda diferente. La diversidad humana, la diferenciación de sus cualidades y tendencias, es la grandeza del género humano. La universalidad de Dios consiste en la multiplicidad infinita de caminos que conducen hasta él, y cada uno de ellos está reservado a un hombre […]. Así, el camino a través del cual cada hombre tiene acceso a Dios le viene indicado únicamente por la conciencia de su propio sen; por el conocimiento de su especificidad y la singularidad de su existencia. «En cada persona hay algo único que no existe en ninguna otra».

*

Martin Buber,
El camino del hombre.
Magnano 199o, 27-29

***

***

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“Lo primero”. 2 Tiempo ordinario – A (Juan 1,29-34)

domingo, 19 de enero de 2020
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09-02-to-a-600x873Algunos ambientes cristianos del siglo I tuvieron mucho interés en no ser confundidos con los seguidores del Bautista. La diferencia, según ellos, era abismal. Los «bautistas» vivían de un rito externo que no transformaba a las personas: un bautismo de agua. Los «cristianos», por el contrario, se dejaban transformar internamente por el Espíritu de Jesús.

Olvidar esto es mortal para la Iglesia. El movimiento de Jesús no se sostiene con doctrinas, normas o ritos vividos desde el exterior. Es el mismo Jesús quien ha de «bautizar» o empapar a sus seguidores con su Espíritu. Y es este Espíritu el que los ha de animar, impulsar y transformar. Sin este «bautismo del Espíritu» no hay cristianismo.

No lo hemos de olvidar. La fe que hay en la Iglesia no está en los documentos del magisterio ni en los libros de los teólogos. La única fe real es la que el Espíritu de Jesús despierta en los corazones y las mentes de sus seguidores. Esos cristianos sencillos y honestos, de intuición evangélica y corazón compasivo, son los que de verdad «reproducen» a Jesús e introducen su Espíritu en el mundo. Ellos son lo mejor que tenemos en la Iglesia.

Desgraciadamente, hay otros muchos que no conocen por experiencia esa fuerza del Espíritu de Jesús. Viven una «religión de segunda mano». No conocen ni aman a Jesús. Sencillamente creen lo que dicen otros. Su fe consiste en creer lo que dice la Iglesia, lo que enseña la jerarquía o lo que escriben los entendidos, aunque ellos no experimenten en su corazón nada de lo que vivió Jesús. Como es natural, con el paso de los años, su adhesión al cristianismo se va disolviendo.

Lo primero que necesitamos hoy los cristianos no son catecismos que definan correctamente la doctrina cristiana ni exhortaciones que precisen con rigor las normas morales. Solo con eso no se transforman las personas. Hay algo previo y más decisivo: narrar en las comunidades la figura de Jesús, ayudar a los creyentes a ponerse en contacto directo con el evangelio, enseñar a conocer y amar a Jesús, aprender juntos a vivir con su estilo de vida y su espíritu. Recuperar el «bautismo del Espíritu», ¿no es esta la primera tarea en la Iglesia?

José Antonio Pagola

 

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“Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Domingo 19 de enero de 2020. Domingo 2º del Tiempo Ordinario, ciclo A

domingo, 19 de enero de 2020
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10-ordinarioa2Leído en Koinonia:

Isaías 49,3.5-6: Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación.
Salmo responsorial: 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
1Corintios 1,1-3: La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesús sean con vosotros.
Juan 1,29-34: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Las lecturas de este domingo tienen como eje transversal la invitación de Dios a toda la humanidad a asumir como propio el proyecto del Reino, de retarle, en libertad y sinceridad, a una manera nueva ser hombre y mujer, de ser creación y sociedad. El texto que leemos en la primera lectura forma parte del segundo Cántico del Siervo (Is 49,1 – 50,7) en el que se identifica al pueblo de Israel como el servidor de Dios; este Israel mencionado aquí no representa la totalidad del pueblo de Dios, sino que, tal vez, se refiera a aquella pequeña comunidad creyente desterrada en Babilonia, a ese grupo reducido que mantiene viva la esperanza y la fe. Ese grupo que, a pesar de estar lejos de su tierra, mantiene su confianza en Yahvé es el que traerá la salvación a todo el pueblo de Israel y al mundo entero, pues Dios ha puesto sus ojos en él y le ha asignado la misión de expresar a toda la creación su deseo más profundo: salvar a todos sin excepción. El profeta que escribe este cántico marca una gran diferencia en cuanto a la comprensión de la salvación prometida por Yahvé; siendo el tiempo del exilio, el profeta anuncia una salvación para todas las naciones, no únicamente para el pueblo de Israel.

Pablo inicia su carta confirmando la universalidad del Reino de Dios; expresando que el mensaje de salvación es para todos los que en cualquier lugar -y tiempo- invocan el nombre de Jesucristo. Este saludo es dirigido a los cristianos de Corinto; sin embargo, por la manera solemne en que Pablo escribe (a la Iglesia de Dios de Corinto), se puede afirmar que el apóstol se está refiriendo a la única y universal Iglesia de Cristo, que se hace presente históricamente en los creyentes de Corinto. Es decir, que aunque Pablo escriba de manera particular a esta comunidad, su mensaje desborda los límites de espacio y tiempo, adquiriendo en todo momento actualidad y relevancia, pues es una Palabra dirigida a la humanidad entera. Hombres y mujeres hemos recibido la gracia de ser hijos de Dios, por medio de Jesús; hemos sido consagrados por Dios para realizar en nuestras vidas la “vocación santa”, que en nuestro lenguaje correspondería a la “misión” de hacer presente, aquí y ahora, el reino de Dios: hacer de este mundo un lugar más justo y solidario, menos violento y destructor, más libre y fraterno. Quien asume como modo normal de vida este horizonte liberador está invocando el nombre de Jesús.

El evangelio de Juan manifiesta la universalidad de la salvación de Dios por medio de la vida y misión de Jesús de Nazaret, visto éste como cordero de Dios, que se sacrifica, se entrega obedientemente a la voluntad del Padre para salvar de la muerte (del pecado) a toda la Humanidad… Jesús es el enviado del Padre, el ungido por el Espíritu de Dios, el servidor de Yahvé del profeta Isaías (49,3) que tiene como especial misión establecer en el mundo la justicia del reino; es quien verdaderamente trae la salvación de Dios a la humanidad. Juan el Bautista ya había comprendido su propia misión y la misión de Jesús; por tal razón el profeta del desierto dice que detrás de él viene alguien más importante que él, pues el que viene es el Mesías, una Palabra nueva de Dios para el mundo. El Bautista reconoce a Jesús como el Hijo de Dios, y por eso da testimonio de él. Y lo hace -lo recoge así el evangelio de Juan-, con las imágenes de aquel tiempo, unas imágenes que hace mucho tiempo se quedaron sin base y que han perdido incluso parte de su inteligibilidad.

En efecto, hablar de Cordero de Dios, sacrificado, que expía nuestros pecados, que quita «el pecado del mundo» con su sangre, que nos «redime»… es hablar en unas categorías que hoy sólo podemos conocerlas por estudio histórico-bíblico, por cultura especializada religiosa, pero que no se pueden captar en nuestra vida diaria por simple sentido común, por una evidencia que se respira en subconsciente colectivo social, como han de ser captadas las buenas imágenes, las imágenes que están vivas, no las que ya murieron aunque sigan siendo leídas o repetidas. Una tarea pendiente de la comunidad creyente hoy es testimoniar ese encuentro profundo con Jesús con unas metáforas nuevas, para que expresen y comuniquen ese encuentro, que sólo de esa manera se concretizará en una vida fundada entregada al amor, a la Justicia y a la comunión con Naturaleza.

(Recordemos que el lenguaje religioso es siempre metafórico, y que las metáforas no describen la realidad, sino que la aluden simbólicamente, con frecuencia de un modo inexpresable en conceptos. El lenguaje religioso no es de ideas «claras y distintas», como tantas veces ha confundido la teología dogmática, pensando que está describiendo una realidad religiosa ontológica que está ahí como un ob-jeto que puede ser descrito objetivamente… El lenguaje religioso es más bien como la poesía: nos habla con metáforas, imágenes, símbolos… que muchas veces evocan nuestro subconsciente, personal y colectivo. Jesús no puede ser el cordero de Dios, porque no es, en absoluto, un cordero… Sin embargo, para los cristianos de aquel tiempo, decir que lo era, resultaba una afirmación religiosa conmovedora, porque evocaba un gran conjunto de sentimientos, tradiciones, doctrinas, imágenes, etc. Traducir aquella expresión no es traducirla a nuestro idioma actual, sino encontrar genialmente una correspondencia válida con otra imagen o imágenes que pudieran expresar una vivencia religiosa semejante a la que suscitaba esa expresión en aquel tiempo. Pero esto no es fácil hacerlo –si es que es realmente posible–. Mientras, lo que podemos/debemos hacer es no «»idolatrar aquellas expresiones antiguas, no sentirnos atados, y ser suficientemente creativos para aportar nuestro granito de arena al desarrollo del lenguaje religioso, que también es nuestra responsabilidad). Leer más…

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09. 01. 2020. Dom 2, tiempo ord. Ciclo A. Tú eres el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo

domingo, 19 de enero de 2020
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vienna-agnus-dei-relief-side-altar-carmelites-church-dobling-geyling-workroom-38093808Del blog de Xabier Pikaza:

Del animal sagrado al pan compartido

Domingo 2, tiempo ordinario. Ciclo A. Jn 1, 29-34.    Entre los motivos centrales de este pasaje destaca el de Jesús Cordero de Dios (Agnus Dei) que quita el Pecado del Mundo.

Así lo indica la liturgia de la misa romana, cuando el «presidente», al presentar el Pan “consagrado”, que se ha de compartir en comunión, dice: Agnus Dei, éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo

Muestra un trozo de pan y proclama éste es el Cordero de Dios, diciendo así que el Dios-Cordero es Jesús,  que tú mismo lo eres, siendo Pan Compartido.  De esa forma, la liturgia nos traslada del cordero sacrificial antiguo (un animal sagrado, cuya sangre se ofrece al Dios externo de la vida y de la muerte)  a la vida nueva de Jesús,  compartida en comunión, de forma que los creyentes (comulgantes) son en él Cordero de Dios, vida compartida en amor.

Esta palabra expresa la gran transmutación:

images11) Juan Bautista (que es el primero en decir esa palabra) retoma el motivo del Cordero Sacrificial externo y lo identifica con Jesús, a quien Jn 1, 14 ha presentado ya como Palabra de Dios encarnada. Termina así la religión «externa», hecha de ritos sacrificiales de tempo (con corderos santos), de forma que la presencia de Dios (=Dios mismo) se identifica con el hombre-Jesús.

2) Ya no hay religión externa de corderos y machos cabrios, de templos y sacrificios animales, manejados (matados, ofrecidos) por santos sacerdotes, pues, como sabe y dice en otro contexto la Carta a los Hebreos, la religión es Jesús, es la misma vida entendida como presencia de Dios, como experiencia de comunión, esto es, de amor mutuo.

3) Ésta es la gran salida, el éxodo cristiano al que está apelando el Papa Francisco: La religión, el Cordero de Dios, es la misma vida de Jesús, con la de aquellos que aceptan su camino, que salen de la vía de los sacrificios animales de templo, y se descubren a sí mismos como Cordero de Dios (Dios encarnado en la vida de los hombres y mujeres).

4) Por eso, cuando el Bautista dice a Jesús «tú eres el Cordero de Dios» nos lo está diciendo en él  y por él a todos nosotros, pues somos el mismo Dios hecho presente, la vida como don, el perdón del pecado… en una línea que culmina en el pan compartida de la vida, tal como se celebra en la eucaristía.

5) Este Cordero de Dios no quita «pecados» concretos, sino el pecado, esto es, una vida de separación y muerte, de caída… Este Jesús-Cordero no perdona pecados desde fuera, sino que «quita el pecado del mundo», lo aparta, lo borra, lo niega… Eso significa que la vida de los hombres no es ya alejamiento de Dios, sino presencia, Vida de Dios en nuestra vida…

 gran-diccionario-de-la-bibliaÉstos y otros motivos definen la nueva religión de Jesús, donde ya no existen corderos externos sagrados, ni sacerdotes sacrificiales, ni templos para sacrificios externos, ni poderes superiores que se imponen sobre el «común» de los fieles sometidos. En esa línea al decir tú eres el cordero de Dios se está diciendo tú eres la religión.

Evidentemente, que al fondo el signo hermoso de cordero sagrado, en varias formas, pero sólo como signo de una historia de descubrimiento de Dios que ha culminado (y ha sido superada) por Jesús, el auténtico cordero de Dios, que vive en tí, en cada uno de nosotros.

Éste es un motivo complejo, una historia fascinante que merece la pena de comprender, y así quiero presentarla retomando unas páginas de Gran Diccionario de la Biblia (Verbo Divino, Estella 2017).

Texto: Jn 1, 29-34

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.» Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.»

Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.» Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.

El signo del Cordero.  

Josefa_de_Ayala_-_The_Sacrificial_Lamb_-_Walters_371193_Wikimedia-924x600El cordero es para el Antiguo Testamento un importante animal sagrado,  y así lo entiende el evangelio de Juan, cuando presenta a Jesús como «cordero de Dios (amnos tou Theou) que quita (ho airôn) el pecado (tên hamartian)  del cosmos» (Jn 1, 29; cf. 1, 36).

a) Juan nos sitúas ante el Dios Cordero (amnos), no antes el Dios León Furioso, ni Águila celeste, ni Elefante… El Dios Cordero es el Señor de la Suma Debilidad, que se hace poderosa, pues no actúa por violencia sino por Amor sacrificado.

b) El Dios Cordero, que es Jesús, “quita” (airei) el Pecado… No lo perdona, como prometía Juan Bautista (cf. Mc 1, 4), ni lo limpia…, sino que lo “quita”, es decir, lo arranca, lo destruye (como si no hubiera existido).

c) Quita el pecado del mundo (tên hamartian tou kosmou), nos unos pecados concretos, unas faltas morales, sino “el pecado” (el singular), que tenía dominado, esclavizado el mundo.

   Será bueno evocar desde ese fondo algunos elementos de este signo del Cordero de Dios, que la liturgia identifica con el Pan compartido de la “misa”.

(1) Juan Bautista puede aludir al cordero de la Aquedah (ligadura).

zmEse cordero aparece vinculado al sacrificio de Isaac (atado sobre el altar, de ahí viene el nombre “Ligadura”: cf. Gen 22, 7-8). El Dios antiguo pedía la “sangre” de los hombres, es especial, de los primogénitos, y así lo sintió todavía Abraham, que aparece en la “muga” o linde de los tiempos, en la frontera entre el Dios de Sangre (Moloc de Sacrificios) y el Dios amoroso que quiere la vida de los hijos.

Dios no quiere que Abrahán le ofrezca la sangre de su hijo Issak (el atado) sino que le dice que “detenga su mano”, y le muestra un Cordero, como sacrificio sustitutivo. Desde ese fondo se puede afirmar que Dios «perdonó» a Isaac,  pero no “se ha reservado” a su propio Hijo, quien ha muerto por fidelidad a su mensaje de Reino. En ese sentido se puede afirmar que Jesús ha sido el “Cordero de Dios”, el símbolo de su perdón.

Dios no ha querido ni quiere matar a los hombres, pero acepta el amor de los que dan su vida hasta la muerte, a favor de los demás, como su Hijo, Jesús. De esa manera, desde la perspectiva de San Pablo, se le podría presentar a Jesús como el Cordero salvador (cf. Rom 8, 32).  Leer más…

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El testimonio de Juan Bautista Segundo domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

domingo, 19 de enero de 2020
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sandalsDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado recordamos el Bautismo de Jesús. En la versión de Marcos y de Lucas, Juan Bautista no dice nada. En la de Mateo, entabla un breve diálogo con Jesús, porque no comprende que venga a bautizarse. El cuarto evangelio sigue un camino muy distinto: Jesús va al Jordán, pero no cuenta el bautismo; en cambio, introduce un breve discurso de Juan Bautista. Es el texto que se lee este domingo (Jn 1,29-34).

En aquel tiempo; al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:

            ‒ Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.» Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.

Y Juan dio testimonio diciendo:

            ‒ He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.»

Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.

Triple esfuerzo de imaginación

            Para entender este texto conviene realizar un triple esfuerzo de imaginación: 1) imaginar que somos jóvenes; 2) imaginar que vivimos hace veinte siglos en Palestina; 3) imaginar que somos discípulos de Juan Bautista, y no hemos oído hablar nunca de Jesús. Hemos hecho quizá un largo y molesto viaje para escuchar a Juan y hacernos bautizar por él, hemos renunciado a todo para convertirnos en discípulos suyos. Juan es el personaje más grande en nuestra vida. De repente, aparece Jesús, un desconocido, y lo que Juan dice nos desconcierta por completo.

            Al desconocido lo presenta, en primer lugar, como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Fórmula extraña, que ninguno entiende muy bien, pero que sugiere una estrecha relación con Dios y con el perdón de los pecados. Hemos ido buscando un bautismo para el perdón de los pecados, y ahora encontramos a un personaje que los quita.

            Sigue Juan diciendo que ese desconocido está por delante de mí, porque existía antes que yo. Y lo miramos extrañados, intentando convencernos de que Jesús es más viejo, aunque Juan lo parece mucho más, quizá por culpa de tantas penitencias y por alimentarse solo de saltamontes y miel silvestre. Pero tenemos la sensación de que Juan no se refiere sólo a la edad: está sugiriendo que ese desconocido es mucho más importante que él.

            Y esto queda claro cuando añade: He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Entre nosotros hay algunos conocedores de la teología judía, y se asombran de esto porque muchos rabinos afirman que el Espíritu de Dios lleva siglos sin manifestarse. Muy grande tiene que ser ese desconocido, sobre todo teniendo en cuenta que no solo recibe el Espíritu, sino que también lo transmite en un nuevo bautismo, distinto del de Juan.

            Finalmente, termina dando testimonio de que éste es el Hijo de Dios, una forma de referirse al rey de Israel, al que Dios adopta como hijo. (Lo dejan claro las palabras que pronunciará poco más tarde Natanael, dirigiéndose a Jesús: «Tú eres el hijo de Dios, tú eres el rey de Israel»: Jn 1,49).

            Los oyentes de Juan se preguntarían asombrados: ¿quién es este que quita el pecado del mundo, que es más importante que Juan, sobre el que se ha posado el espíritu, que da el espíritu en un nuevo bautismo, que es el rey de Israel? Sin duda, debe tratarse del Mesías, aunque no lo parezca.

Leyendo el evangelio (Juan 1,29-34).

            Contemplar la escena es un recurso magnífico para profundizar en el evangelio y entenderlo, pero la lectura «científica» ayuda también a descubrir nuevos aspectos.

            El más importante es que Juan Bautista no pronunció este discurso: sus palabras son un recurso del evangelista para suscitar en nosotros, desde el primer momento, la curiosidad y el interés por el protagonista de su historia. Y no sólo esto, sino también una respuesta personal, idéntica a la que refleja el episodio inmediatamente posterior (Jn 1,35-37, que no se lee este domingo). Al día siguiente estaba Juan con dos de sus discípulos. Viendo pasar a Jesús, dijo: Ahí está el Cordero de Dios. Los discípulos, al oírlo hablar así siguieron a Jesús. Esta vez no pronuncia Juan un largo y complicado discurso. Basta una simple referencia, enigmática, al cordero de Dios. Lo importante es que la curiosidad y el interés dan paso al seguimiento.

            Cuando se relee el texto diez o quince veces (algo imprescindible para entender el cuarto evangelio) se advierten dos bloques de afirmaciones:

            El primero se refiere a Jesús, del que Juan dice: 1) Es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo; 2) está por delante de mí porque existía antes que yo; 3) el Espíritu su posó sobre él y bautizará con Espíritu Santo; 5) es el Hijo de Dios.

            Son afirmaciones que se complementan, componiendo un mosaico de la figura de Jesús: empieza hablando de su relación con el mundo, del que borra sus pecados; luego de su relación con Juan; finalmente de su relación con Dios y con su Espíritu. Un personaje del que solo se puede esperar lo mejor y que provoca asombro y deseo de conocerlo.

            El segundo bloque de afirmaciones se refiere a Juan: 1) he anunciado la venida de uno más importante; 2) dos veces repite «yo no lo conocía»; 3) pero «he salido a bautizar para que sea manifestado a Israel»; 4) he contemplado al Espíritu bajar sobre él; 4) lo he visto y doy testimonio.

            También estas afirmaciones se complementan, esbozando la misión del Bautista y su descubrimiento de Jesús, desde que Dios lo envía a bautizar hasta que se encuentra con el personaje anunciado. En la visión que ofrece el cuarto evangelio, la vida de Juan Bautista solo tiene sentido al servicio de Jesús, dándolo a conocer a los demás. Algo que podría desilusionar o desconcertar a sus discípulos, pero que debe moverlos a aceptar a Jesús, igual que hizo su maestro.

            Dos notas:

            ‒ La imagen del «cordero de Dios», que no coincide exactamente ni con la del cordero pascual, ni con la del chivo expiatorio del Yom Kippur, recuerda bastante al personaje misterioso de Isaías 53 que se ofrece a morir por el pueblo y marcha a la muerte «como un cordero llevado al matadero», sin protestar ni abrir la boca. Teniendo en cuenta que en ámbito cananeo el símbolo de la divinidad era el toro, por su fuerza y bravura, elegir al cordero significa un cambio radical, una opción por lo débil y suave.

            ‒ «El pecado del mundo» es una fórmula que solo se encuentra aquí, y resulta difícil saber en qué consiste el pecado del mundo. Una pista la ofrece la primera carta de Juan: «Cuanto hay en el mundo, la codicia sensual, la codicia de lo que se ve, el jactarse de la buena vida, no procede del Padre, sino del mundo» (1 Jn 2,16). Todo eso sería lo que elimina Jesús. Pero la cuestión es discutida.

La doble misión del Siervo de Dios y de Jesús (Is 49,3.5-6)

El Señor me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.»

Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel -tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza-. «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

            El protagonista de esta lectura es un personaje misterioso que aparece al final del libro de Isaías. Uniendo diversos poemas de los capítulos 42, 49, 50 y 53 se esboza la figura de un “Siervo de Yahvé”, al que Dios encomienda la misión de convertir a los judíos desterrados en Babilonia (de la salvación política se encargará el rey persa Ciro). El Siervo, después de una etapa inicial de entusiasmo, atraviesa una profunda crisis, pensando que todo su esfuerzo ha sido inútil. Entonces, el Señor le renueva la misión con respecto a Israel e incluso se la amplía, extendiéndola a todo el mundo.

            Este poema de Isaías ayuda a entender la misión de Jesús de “quitar los pecados del mundo”. Una misión que implica dos aspectos. El primero, relativo al pueblo de Israel, consiste en convertirlo al Señor; de hecho, su mensaje inicial será “convertíos y creed en la buena noticia”. El segundo se refiere al mundo entero: iluminar a todas las naciones para que la salvación de Dios alcance hasta el fin del mundo; sus rápidas visitas a Fenicia y la Decápolis, su buena relación con los despreciados samaritanos, simbolizan y anticipan la misión universal de la Iglesia, sin fronteras ni muros.

Nota sobre la segunda lectura (1 Corintios 1,1-3)

            Desde este domingo hasta el séptimo del Tiempo Ordinario (este año 2020 la Cuaresma comienza el 25 de febrero), la segunda lectura se dedica a diversos fragmentos de la Primera Carta a los Corintios (solo de los capítulos 1-3). El deseo de la liturgia de conocer a san Pablo leyendo breves pasajes de sus cartas cada domingo resulta utópico. No es esa la forma de conocerlo. Pero puede animarnos a leer en privado esta carta, una de las más interesantes del apóstol, en la que trata problema de enorme actualidad.

            En los volúmenes II (“El macedonio) y III (“La profecía”) de mi obra Hasta los confines de la tierra (Verbo Divino, Estella) dedico diversos capítulos a 1 Corintios. En un Apéndice del volumen III (pp. 319-330) ofrezco una introducción a la carta mezclando la narración y lo “científico”, como hice en El cuadrante.

 

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