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26.1.2020. Fiesta de la Palabra de Dios Una Palabra de Dios y tres biblias

Domingo, 26 de enero de 2020

A023D056-01AC-44A4-93BC-122F73FB8A89Del blog de Xabier Pikaza:

Biblia judeo-cristiana: Por los caminos “adversos” De Dios

 El Papa Francisco ha creado ha creado la Fiesta de la Palabra de Dios, que ha de celebrarse el domingo más cercano a la Conversión de San Pablo (25 de enero). Ésta es la fiesta que celebramos este año, por primera vez, el 26 de enero, como introducción al Año de la Biblia, al que me he referido ya en otra postal (en referencia a mi libro Ciudad‒Biblia).

Esta Fiesta de la Biblia es la Fiesta de la Palabra como encuentro  de los hombres con Dios. Esta fiesta toma como punto de partida y clave el enunciado de Jn 1, 14 (la Palabra se hizo carne, es decir, se hizo hombre, humanidad). En esa línea, haciéndose “carne”, podemos decir que Dios se ha hecho Palabra en la Historia, una Palabra evocada y expresada de un modo especial en el libro de la Historia de Israel y de los Evangelios de Jesús, como expresión de la presencia de Dios entre los hombres.  Una Biblia judeo‒cristiana, tres biblias. Pero esta Biblia de la historia judeo‒cristiana es inseparable de la Biblia Universal, esto es, de la Palabra de Dios, que se expresa en la vida de los hombres. En esa línea se puede hablar de tres religiones y tres biblias:

1. TRES RELIGIONES

 Religiones de la naturaleza, esto es, del cosmos. Suelen ser “paganas” y divinizan los poderes del mundo y de la vida, de una forma que para otras, que se dicen más avanzada, resulta “idolátrica”. En general no tienen libros sagrados, aunque sí mitos y tradiciones que se han transmitido y recreado a lo largo de milenios. En un sentido extenso, en esas religiones se puede hablar de una Biblia Cósmica, que es el mundo entero, la vida sagrada, como saben sus tradiciones

Religiones místicas, de la interioridad.Son más propias del Oriente (India, China). Tienden a descubrir lo sagrado (divino) en la misma vida interior, en el proceso de maduración personal, de inmersión en la realidad absoluta. La primera Palabra de Dios no es un libro exterior (en piedra, ladrillo, papiro o pergamino), sino la Voz que Dios o lo divino graba de una forma viva en cada corazón de hombre o mujer que la escucha o responde.

 Religiones históricas o proféticas.Son más propias del occidente “semita”: judaísmo, cristianismo, Islam. Han tendido a fijar la revelación de Dios en unos libros sagrados, revelados por un Dios personal, que actúa en la historia a los grandes profetas (Moisés, Jesús, Muhammad), de forma distintas, aunque complementarias. Sólo estas religiones tienen libros “canónicos” o normativos estrictamente dicho

 2. TRES BIBLIAS

 Biblia de la Naturaleza

Es la más antigua, y suele identificarse con la “revelación natural”, que viene dada por la misma vida (el mundo), antes de las revelaciones positivas o posteriores.Las escrituras posteriores, judeo/cristiano/musulmanas, dependen de aquella Biblia Universal del cosmos, que se expresa en mil mitos o relatos sagrados que han ido fundando la historia religiosa de la humanidad.

              La Biblia Cristiana no quiere destruir el valor de ese Libro de la Naturaleza, sino dialogar con él y completarlo. Ella sólo será Palabra de Dios en la medida en que permita recuperar el valor sagrado de la naturaleza y la vida de los hombres y mujeres del mundo. Esta Biblia Universal (propia de la mayoría de la humanidad actual) es variada y unitaria, desplegada a lo largo de toda la cultura humana. Ella ha tenido y tiene infinidad de variantes, pero se funda en el hecho de que Dios (lo divino) habla a los hombres en el mundo y en la vida.

Biblia de la interioridad.

Está vinculada a la capacidad de penetración interior de los hombres, pues como dice San Pablo hay una Escriturao Carta de Dios, escrita en nuestros propios corazones(cf. 2 Cor 3-4).  Sin esa voz interior, sin esta Palabra que resuena en la intimidad de cada ser humano (como sabe también Jr 31, 33), no se puede hablar después de una Biblia judía o cristiana.

          No tiene sentido hablar de un libro externo (de una Biblia multiplicada en miles y miles de letras escritas) si es que no hablamos antes de ese libro o Biblia interior, universal, que se expresa y se despliega en cada ser humano en la medida en que es capaz de escuchar la gran “Voz” y dejarse llenar por la presencia sagrada. Pero esa Biblia interior no puede separarse tampoco de las Escrituras sagradas donde los diversos pueblos han reflejado su experiencia de lo divino, sin negar el valor de la experiencia de la interioridad, sino para potenciarla de manera más amplia.

Biblia Histórica: judía, cristiana, musulmana

Es aquella que ha quedado fijada en un libro “canónico”, cosa que, que, estrictamente hablado, sólo se ha dado en las religiones ya bien orga­nizadas, sobre todo en las monoteís­tas (judaísmo, cristianismo, Islam). Las religiones que admiten una “Bi­blia histórica” no pueden negar ni rechazar las biblias anteriores (natu­raleza, interioridad), sino que supo­nen su existencia.

              En esa línea se ha dicho que Dios se manifiesta de diversas formas (Hbr 1, 1), no sólo en la historia, sino también por la naturaleza (como saben las religiones cósmica) y por la vida interior de cada ser humano (como saben las religiones de la interioridad). Pues bien, suponiendo que existe la Biblia del Cosmos y de la interioridad humana, las religiones proféticas añaden algo más y afirman que ha existido una teofanía o manifestación histórica de Dios, que se ha expresado de un modo especial en unos librossagrados (Biblia Judía, Nuevo Testamento cristiano, Corán).

Cuatro biblias cristiana: Antiguo Testamento hebreo, Antiguo Testamento Griego, Nuevo Testamento Griega… Traducción castellana de toda la Biblia(Editorial Verbo Divino:

POR LOS CAMINOS ADVERSOS DE DIOS: LA BIBLIA JUDEO‒CRISTIANA

            Ésta es una Biblia especial, no porque sea mejor o peor que las otras (la de la Naturaleza, la de la Interioridad), con las que se encuentra internamente emparentada, sino porque tiene unos rasgos particulares que la definen de un modo particular en la historia de la cultura y de la vida de la humanidad.

La Biblia judeo‒cristiana es un libro de iniciación, es decir, de introducción en los caminos de Dios. No es un manual de historia, ni un tratado de filosofía, sino una exposición razonada del despliegue (marcha, pascua) del Dios que está en el fondo del complejo y fascinante relato del AT y el NT, en línea de maduración humana (Hch 17, 28).

‒ No es un libro de pura historia, aunque sitúa cuidadosamente a Dios y al hombre en un arco de tiempo que va desde el siglo XII a.C. (tradiciones patriarcales) hasta el II d.C. (origen de la Iglesia). En esa línea, más que el despliegue de la idea de Dios en cuanto tal la Biblia nos ofrece su identidad, la forma en que emerge y se revela, vinculándose a los hombres que responden y actúan según su palabra.

‒ La Biblia no es un de libro de filosofía o filología, que ha de ser estudiado y acogido sólo en línea de investigación académica de los textos originales, en hebreo, arameo y griego, aunque   ellos son importantes. Ciertamente, al afirmar que “la Palabra (Dios) se hizo carne” estoy diciendo que se expresa y de algún modo se “encarna” en las lenguas propias (hebreo, arameo, griego…), pero pienso que ellas pueden traducirse, y las traduzco al castellano, idioma aquí empleado.

Es un libro que nos hace avanzar por los caminos “adversos de Dios“, entendidos “adversos” en el sentido de paradójicos, contrarios a eso que podría llamarse la lógica de la identidad interior (mi mente es todo) o de la totalidad cósmica (la naturaleza es Dios sin más)… La Biblia judeo-cristiana es el libro de la paradoja del Dios que se encarna como historia (es historia) en la vida de los hombres, como seguiré indicando hoy (y en las postales que siguen).

La Biblia judeo‒cristiana es el libro del Dios que es Señor y Salvador de judíos y cristianos, un libro importante, entre las religiones y culturas, pero no el único, de forma que no puede imponerse en el mundo entero.Por eso este año de Encuentro con la Biblia no está dedicado sólo al estudio de las ideas religiosas comparadas, antiguas y modernas, de oriente y occidente, sino al estudio y experiencia el camino del Dios de la Biblia, con sus elementos distintivos de tipo personal y social, en línea de justicia y esperanza escatológica.

 ‒ Siendo texto literario de gran calidad, la Biblia es el testimonio de la historia judeo‒cristiana de Dios, como muestra Eclo 24, cuando dice que el Dios de Israel se hizo Palabra en los libros de Ley (vida) de su pueblo. Avanzando en esa dirección, los cristianos aseguran que Dios se ha revelado plenamente en la “carne” de Jesús, entendida como centro y nervio de la historia universal.

La Biblia, así entendida, forma una biblioteca de textos, con dos testamentos o alianzas (AT y NT) que se unen y completan (conforme a la visión cristiana). No se limita a contar la historia de Israel o de su Ley particular (AT), ni a presentar los temas de Jesús en el  NT, sino que ha recogido y condensado la visión progresiva y unitaria de los dos testamentos, suponiendo que, en su diversidad, ellos ofrecen una visión unitaria de Dios como Palabra.

La Biblia cristiana es un libro dual, con dos partes bien marcadas, aunque inseparables (AT y NT), pues entiende y explica su primera (el AT) desde la perspectiva de Jesús de Nazaret, judío mesiánico, a quien sus seguidores veneran como Cristo (Hijo de Dios), según el NT. Tanto judíos como cristianos seguimos leyendo y aplicando la misma Biblia Hebrea (AT), pero desde perspectivas distintas.

 Los judíos la toman como Biblia entera, Testamento de Dios y documento de identidad israelita, aunque su testimonio puede abrirse al conjunto de la humanidad. Los cristianos, en cambio, toman la Biblia Hebrea (y/o su traducción al griego: LXX) como Antiguo o Primer Testamento que culmina y se cumple en la “carne” de Jesús y de la iglesia (atestiguada por el NT), en apertura a todos los pueblos.

Los judíos en general se alegran de que los cristianos leamos su Biblia, pero tienden a pensar que lo hacemos de un modo menos conveniente, pues nos atrevemos a decir que ella culmina en Cristo, de forma que, añadiendo al AT un NT, corremos el riesgo de tergiversar su sentido. En contra de eso, los cristianos piensan (pensamos) que la interpretación judía puede ser reductiva, pues cierra el contenido y despliegue de la Biblia en unos libros y temas que se desarrollan plenamente y se entienden mejor al abrirse por Jesús a todos los hombres.

La Biblia judía forma parte del cristianismo, La Iglesia cristiana ha debido oponerse a la postura de Marción y de otros gnósticos del II-III d.C. que rechazaban el AT por contrario al Evangelio, añadiendo que la biblia judía es no sólo insuficiente, sino incluso falsa. En una línea algo distinta, otros cristianos posteriores, hasta el mismo siglo XX, han rechazado (e incluso perseguido y matado) a los judíos como enemigos de Jesús, corriendo así el riesgo de condenar también (al menos, implícitamente) su Biblia (el AT) y con ella la raíz del cristianismo.

Pues bien, en contra de eso, la Iglesia cristiana optó por la Biblia entera, judía y cristiana, declarando canónicos no sólo los libros del NT, sino también los del AT, a diferencia de los musulmanes que, absolutizando el Corán, prescindieron de los dos “testamentos” anteriores (de la ley judía y del evangelio cristiano). En esa línea, al aceptar en su “canon” la historia religiosa de Israel, la Biblia sea abre desde dentro a la vida y religión de todos los pueblos.

 ‒ La Iglesia ha mantenido el camino y palabra de Israel, no sólo como recuerdo pasado, sino como revelación permanente de Dios, centrada en el pueblo elegido, pero abierta, desde ese pueblo, a las naciones, de forma que Israel, al descubrir su verdadera identidad, ha debido trascenderla (no perderla), a fin de que todos los pueblos, siendo distintos, puedan vincularse a través del Dios de Jesucristo (que es el mismo de Israel). Eso significa que, siendo tesoro muy particular de los judíos, que hacen bien al amarlo y a estudiarlo, el AT no es un libro exclusivamente suyo, sino que es también de los cristianos (que lo deben compartir con ellos), siendo, al mismo tiempo, un patrimonio universal de la humanidad.

La Iglesia ha tomado y entendido la Biblia de Israel desde la perspectiva de Jesús, no para cerrar su contenido, ni para tomarlo como propiedad exclusiva), sino para reconocer por un lado su origen judío, y para afirmar, al mismo tiempo, que ella está abierta a todos los pueblos, a fin de que llegue a su plenitud o cumplimiento mesiánico. En esa línea, los judíos nacionales, pueden y deben seguir leyendo su Biblia no sólo para beneficio suyo, sino para bien de los cristianos. Por su parte, los cristianos han de sentirse honrados de compartir con los judíos esos Biblia Hebrea (su AT), pero abriendo su historia, contenido y promesa a la humanidad entera.

La Biblia es el libro del Dios infinito en la finitud de la historia humana, tal como lo confiesan de maneras distintas aunque convergentes (inseparables) judíos y cristiano.. En esa línea se pueden trazar unas líneas comparativas entre judaísmo y cristianismo, en clave histórico‒teológica, desde la perspectiva del Dios de Moisés, que es la Ley, siendo, al mismo tiempo, el Dios de Jesús, respetando sus matices y sus diferencias, pero trazando al mismo tiempo su más honda identidad.

 ‒El Dios bíblico es infinito (más allá de toda Palabra), haciéndose al mismo tiempo finito en Jesucristo, para ratificar así su trascendencia. No es ley impositiva, ni principio físico‒matemático que se demuestra, sino presencia y comunión personal, que dice su verdad (se dice) al expresarse y crear (poner en marcha) el mundo, dialogando por y con los hombres, haciéndose “carne”, identidad y/o vida humana en Jesucristo. No es libro‒ley de la Ciudad Santa de Jerusalén (como supone Eclo 24), ni se expresa sólo en (por) un pueblo, con sus normas nacionales (como supone el judaísmo), sino que se encarna en un hombre Jesucristo (cf. Hch 17, 28‒31), para hacerse, por su muerte y resurrección, “todo en todos” (1 Cor 15, 28).

Este Dios bíblico cristiano ha sido y sigue siendo el Dios originario, de forma que resulta incomprensible (perdería su sentido) sin la historia y libro del Antiguo (=Primer) Testamento, que prepara y sostiene la novedad de Cristo. Ciertamente, para los cristianos, la verdadera Palabra de Dios no es la Biblia, sino Jesús, pero un Jesús sin Biblia no sería el mesías cristiano.En esa línea, el argumento central de esta Teología Bíblica Cristiana es el mismo Jesús, preparado en Israel (NT) y testimoniado en la Iglesia (NT).

Este Dios bíblico cristiano es el Dios del conjunto de la humanidad, en diálogo con todos los pueblos de la tierra, en contra de algunos judeo‒cristianos que querían reducir su mensaje en línea puramente intra‒judía, intra‒cristiana. La Biblia es verdaderamente judía y cristiana si se abre a la cultura y vida de todos los pueblos

 

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