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«La Iglesia del fin del mundo», por Óscar Fortín.

miércoles, 2 de febrero de 2022
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sddefaultPreámbulo

Cuando Jorge Bergolio, cardenal de Buenos Aires, Argentina, fue elegido Papa en 2013, inmediatamente fue llamado Papa del fin del mundo. Los especialistas de Nostradamus y del monje Malaquías del siglo XI que predijo, en los años 1143-1144,  los 112 Papas à venir, pusieron de relieve el hecho de que el Papa Francisco era el último papa de la lista y que respondía bien, como papa jesuita,  a las predicciones de estos dos profetas de que, él sería el último Papa.

Con la llegada del Papa Francisco, la imagen de una Iglesia Santa Católica y Apostólica, sin olvidar la llamada infalibilidad, fue rápidamente reducida a una realidad que puso de manifiesto los escándalos, las manipulaciones, las omisiones sobre muchos hechos que estas mismas autoridades preferían silenciar. Lo que permaneció oculto pronto salió a la luz. Fue la toma de conciencia de abusos sexuales por parte de varios integrantes de esta institución. Fueron también los escándalos relacionados con la gestión del Banco del Vaticano y manejados por cardenales y obispos sin escrúpulos. Nos queda siempre sin respuesta las causas de la muerte del Papa Juan Pablo I, cuya muerte queda con interrogantes. A esto se suman las alianzas del Vaticano y varios episcopados con la gran potencia, Estados Unidos, que controla el mundo y es generoso con quienes cooperan con él. Habría toda una historia que contar sobre estas diversas alianzas donde «los pastores, en todos los niveles, se transforman en figuras políticas, detrás de la imagen que los presenta como representantes de Dios».

Hay que reconocer en el Papa Francisco, el coraje que tuvo para que salgan a luz esos escándalos. Muchos cristianos y cristianas  denunciaron, públicamente, toda esta doble vida, protagonizada por quienes dirigen la Iglesia: sacerdotes, obispos, cardenales y sin olvidar a la Curia Romana, una verdadera CIA del Vaticano. En la misma línea, muchos creyentes alzan la voz para denunciar a estos personajes de doble cara. Todo esto lleva al Pueblo de Dios a desvincularse cada vez más de estos personajes en los que habían depositado toda su confianza. La credibilidad que podrían haber tenido en ellos se deteriora día a día. Atrás quedaron los días en que se les permitía cualquier cosa. La fe, don de Dios, se basa ante todo en el testimonio y el mensaje que Jesús de Nazaret dejó a todas las personas de buena voluntad. No se puede servir a dos maestros a la vez, nos dice Jesús Nazareno.  El “dejarlo todo para seguir a Jesús” no se nota mucho cuando vemos a estos personajes, vestidos de tejidos finos, con aire patriarcal.

Al lanzar el gran movimiento de la Sinodalidad, a nivel de la Iglesia universal, el Papa Francisco abre la puerta a todos los cristianos del mundo para que ellos mismos se hagan cargo de la organización de su propia vida de fe con todos los recursos y poderes que el Evangelio de Jesús de Nazaret pone a su disposición. Ya, Él y su Espíritu están presentes en cada persona. También tienen los mismos poderes que Jesús confió a Pedro: «lo que atares en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo». Este mismo poder se da también a la comunidad de los cristianos, unidos en la fe. A estos, Jesús les dijo las mismas cosas que le dijo a Pedro.

Mateo 16,19: a Pedro: “A ti te daré las llaves del reino de los cielos: todo lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos. 

Mateo 18,18: al Pueblo “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. «

LOS PRIMEROS PASOS DE LA IGLESIA DEL FIN DE LOS TIEMPOS

Ya, sólo en esta etapa, la Iglesia como institución que conocemos en las jerarquías católicas y los poderes del Estado Vaticano está en vía de desaparecer sin  que sea para los creyentes el fin de la fe cristiana y del Pueblo de Dios. De una Iglesia institucional unipolar pasamos gradualmente a una Iglesia multipolar, rica en toda la diversidad humana, sostenida por el Resucitado y animada por su Espíritu que distribuye sus dones como le parece. Esta presencia viva del Resucitado y de su Espíritu es el fundamento de nuestra fe y la fuente del cumplimiento de la voluntad del Padre, más atenta a nuestra fraternidad que a rituales que no la tienen en cuenta.

Estamos pasando de una Iglesia unipolar a una Iglesia multipolar. Esta última ya no se basa en la Institución de la Iglesia que hemos conocido durante siglos, sino en centenares de comunidades de todas las partes del mundo. Esta última deja espacio a las comunidades locales de creyentes que deciden por sí mismas del camino a seguir para testimoniar del Espíritu de Jesús de Nazaret en su propio entorno. El “Amaos los unos a los otros” es el mandato más importante de Jesús a sus discípulos.» Este mandato se aclara con lo que nos dijo Jesús, poco tiempo antes de ser crucificado, que seremos juzgados. 

El juicio sobre las naciones” Mateo 25: “el culto que más agrada al Padre”

 “Cuando venga el Hijo del hombre rodeado de esplendor y de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.   Todas las naciones se reunirán delante de él, y él separará a unos de otros como el pastor separa las ovejas de las cabras.  Pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.  Y dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid vosotros, los que mi Padre ha bendecido: recibid el reino que se os ha preparado desde la creación del mundo.  Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me recibisteis,  anduve sin ropa y me vestisteis, caí enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y vinisteis a verme.’  Entonces los justos preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿O cuándo te vimos forastero y te recibimos, o falto de ropa y te vestimos? ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’  El Rey les contestará: ‘Os aseguro que todo lo que hicisteis por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicisteis.’

“Luego dirá el Rey a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos: id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.  Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me recibisteis, anduve sin ropa y no me vestisteis, caí enfermo y estuve en la cárcel, y no me visitasteis.’  Entonces ellos preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o falto de ropa, o enfermo o en la cárcel, y no te ayudamos?’  El Rey les contestará: ‘Os aseguro que todo lo que no hicisteis por una de estas personas más humildes, tampoco por mí lo hicisteis.’  Estos irán al castigo eterno, y los justos, a la vida eterna.”

Si hay una moral que obliga a cualquier persona de buena voluntad, es la de este Juicio Final. Nadie puede escaparse de ella que indica el camino a seguir para entrar en la casa del Padre como nos revela el libro del Apocalipsis:

“Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe más. Y vi la ciudad santa, la Nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, dispuesta como una novia ataviada para su marido. Y oí una gran voz desde el trono que decía: ¡He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres! Él morará con ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos. Enjugará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, y no habrá lamento, ni llanto, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron. Y dijo el que estaba sentado en el trono: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y él dijo: Escribe; porque estas palabras son ciertas y verdaderas. Y él me dijo: ¡Hecho está! Soy el alfa y el omega, el principio y el fin. 

CONCLUSIÓN

A partir del momento en que se anticipa el paso de una Iglesia unipolar a una Iglesia multipolar a partir de las decisiones resultadas del Pueblo de Dios, a través la sinodalidad, todas las autoridades de la «Institución eclesial» ya no son necesarias en la Iglesia multilateral. Lo que estamos viviendo actualmente nos obliga a asumir por nosotros mismos la cotidianidad de nuestra fe que nos conduce a la solidaridad con todos y todas que sufren lo que está sucediendo. El amor de los unos con los otros se impone más que nunca. «Yo les reconoceré no por lo que dicen sino por lo que hacen» 

En la fe, tenemos el privilegio de contar con Jesús de Nazaret, el Hombre que venció la muerte y a quien, el Padre le dio todos los poderes para abrirnos las puertas de la casa del Padre. Nunca olvidemos que él está siempre en el corazón de nuestra vida y con el cual podemos hablar con toda confianza.

La humanidad, creada a imagen de Dios Padre, debe recuperar su verdadera naturaleza, a la que nos conduce Jesús, el salvador de nuestra humanidad. En él nos espera un mundo nuevo, liberados de las fuerzas del mal, para experimentar plenamente la gran fraternidad humana en la persona del Resucitado. Para los cristianos y las personas de buena voluntad, la muerte no es aniquilamiento, sino renacimiento a la imagen del Padre y del Hijo.

Detrás de los sufrimientos que vivimos está la esperanza de un nuevo día y un nuevo mundo que nos llenará con la plenitud de una eternidad de felicidad.

Óscar Fortín

Religión Digital

Versión en francés:

https://humanisme.blogspot.com/2022/01/leglise-de-la-fin-des-temps-preambule.html

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“ Jesús, ¿un coach para tu éxito?, ¿qué éxito?”, por Rubén Bernal

martes, 1 de febrero de 2022
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Todo gira en torno a la nueva imagen de Dios que se revela en la cruz de Jesús: una imagen paradójica que mostraba su fuerza en la debilidad (2Co 12,9-10), su sabiduría en la simpleza (1Co 1,23-35), su riqueza en la pobreza (2Co 8,9), su divinidad en la humillación (Flp 2,6-8). [1]

La teología evangélica sensible a la theologia crucis que no se deja seducir por el ángel de luz de la theologia gloriae apenas existe en el contexto devocional hispanohablante. Este contexto aún bebe mayoritariamente (con grandes excepciones) de los planteamientos triunfalistas de la versión evangelical de la american religion y sus libros de superventas traducidos a nuestra lengua. El triunfalismo, el éxito, el poder, la fuerza… todo lo contrario al camino de Jesús se presenta como el paradigma que la Iglesia debe seguir. Incluso eso de «negarse a uno mismo», no está permitido en estos modelos de importación.

Si a veces, en el ámbito evangélico, quedan suficientemente desenmascarados aquellos rasgos de la teología de la prosperidad a los que no se debe sucumbir, por desgracia los planteamientos triunfalistas son todavía asumidos acríticamente. Estos vienen reforzados por personas famosas del mundo de la fe, cantantes, escritores, predicadores, locutores radiofónicos… ¿a caso van a estar equivocados tantos patrocinadores de productos de consumo espiritual?

¿Cuántos proyectos y modelos de «éxito» ajenos al seguimiento a Jesús tratan de venderle hoy a la Iglesia? ¿Cuántos proceden de esquemas del mundo empresarial definiendo el éxito por los resultados?, ¿cuántos asumen paradigmas piramidales?, ¿cuántos toman para la vida de fe patrones de dudosos libros de autoayuda?, ¿cuántos tienen ideas sobre el liderazgo que poco o nada tienen que ver con el Nazareno?, ¿cuántos toman elementos prescindibles de determinado tipo de coaching? Pensaba que eso era una moda de los años noventa y de la primera década del dos mil, pero estaba equivocado, sigue aunque con palabras nuevas.

Dios no entiende el éxito como lo entiende el mundo, los parámetros del reinado de Dios no son los mismos que la sociedad tiene como guía. No se debe olvidar que nuestra victoria consta en una cruz, en el Logos humanado que es ejecutado como un criminal. Tomar nuestras cruces y negarnos a nosotros mismos no es la vida de éxito que promocionan autores de blancas sonrisas, que anuncian haber descubierto secretos ocultos que casualmente nadie los conocía en todos estos años de cristianismo. Eso sí, en sus castillos de humo encontraremos algunos versículos por aquí y por allá, desanclados de sus contextos y empleados como recetas mágicas, como fórmulas de conquista bajo el eufemismo de «principios bíblicos».

Estos vendedores de éxito que quieren sacar «todo tu potencial» centran la atención mayormente en ellos, en la legitimidad y garantía que dan sus años de experiencia, su longevidad en el ministerio, sus logros, sus alcances, sus finanzas (¡cómo no!), su sonrisa… no hay centralidad en Cristo ni en su cruz. Son ellos los que tienen la receta para tu éxito personal. En tal caso, para restarse algo de protagonismo, aparece un Jesús amaestrado a capricho, un Jesús adiestrado como efecto de marketing para ratificar el producto, pero el resultado no deja de ser un éxito conforme el espíritu de este mundo.

Jesús Misionero 0001El programa de Jesús, su proyecto, no es capitaneado por el sistema de este mundo, su reinado «no es de este mundo», es más, consecuentemente, la Iglesia no debe funcionar desde paradigmas triunfalistas, ni descansar en el poder político, ni en el poder económico, ni en el poder de los medios de comunicación, ni en la fuerza bruta, ni promoverse desde palabras persuasivas de humana sabiduría, ni en la charlatanería, ni en el potencial humano de tu liderazgo, ni en las mejores luces de colores, ni en el mejor logotipo para pulseras y camisetas… Buscamos la excelencia, desde luego, hacer las cosas lo mejor posible y con la mejor calidad, pero tanto nuestro modelo como nuestra confianza están en Jesucristo.

El reinado de Dios, parece funcionar como un mundo al revés, va a la contra de lo que nuestra sociedad y cultura entiende como éxito (aunque para nosotros, los creyentes, sí sea un éxito). Reconocemos a Jesús como nuestro rey, pero él no tiene nada que ver con la forma en la que reinan los reyes de este mundo. Él mismo se desmarcó de ciertas suposiciones que la gente tenía sobre el mesianismo regio (davídico). Estas palabras de Jesús en el evangelio de Lucas son maravillosas:

Jesús les dijo: ―Los reyes de las naciones oprimen a sus súbditos, y los que ejercen autoridad sobre ellos se llaman a sí mismos benefactores. No sea así entre vosotros. Al contrario, el mayor debe comportarse como el menor, y el que manda como el que sirve. Porque, ¿quién es más importante, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No lo es el que está sentado a la mesa? Sin embargo, yo estoy entre vosotros como uno que sirve. (Lc 22,25-27)

Nuestro maestro, ¡nuestro rey! cambió los roles, y vivió como un sirviente porque el reinado de Dios es… como el mundo al revés.

Cuando Pedro reconoció a Jesús como el Mesías (Mt 16, 15-17), Jesús le indicó, junto al resto de discípulos, que su tipo de mesiazgo no se parecía en nada a lo que en la sociedad se esperaba. No iba a ser el mesías militar ni político que muchos ansiaban tener, por tanto, no impondría el reinado de Dios mediante el poder o la autoridad belico-política. Jesús se desmarcó de esa idea tan arraigada en el judaísmo de su época, pero muchos creyentes en la actualidad revisten (¡disfrazan!) a Jesús de esa falsa imagen mesiánica que el mismo rechazó. En las actuales tensiones políticas puede verse. Por su parte, Jesús propondría un camino alternativo, asumiría la vía del siervo sufriente expresada en Isaías (cf. Is 42,1-7; 49,1-9; 50,4-11; 52,13-53,12). Este modelo de Jesús es también modelo para su Iglesia.

En aquel momento, Jesús les siguió enseñando a sus discípulos que, en vez del prestigioso favor y apoyo de las autoridades religiosas (que lógicamente serían para la sociedad personas autorizadas y de renombre que darían públicamente garantías de su mesiazgo), lo que tendría de ellos sería su rechazo y feroz oposición, tal es así, que le conducirán a la muerte (Mt 16,21). ¿Es esto un modelo de éxito según el mundo?, ¿no sería considerado un fracaso? pues en este «aparente fracaso» está nuestra victoria. ¡Crux sola est nostra theologia!

A Pedro, a pesar de que había confesado un rato antes a Jesús como el Mesías, no le encajó esta enseñanza. Pedro ve que, lo que dice Jesús de sí mismo es muy duro, no se parece en nada a las expectativas mesiánicas triunfalistas que él, como judío, deseaba que Jesús cumpliera. ¿Cómo va a ser rechazado el Mesías? ¿Cómo va a ser llevado a la muerte? Por eso dijo: «Señor, ten compasión de ti mismo. ¡En ninguna manera esto te acontezca» (v.22). Lo que Pedro no sabía es que sus palabras estaban planteadas desde otro modelo de mesiazgo, uno cómodo, triunfalista, uno similar al que Satanás propone a Jesús en el relato de las tentaciones (Mt 4,1-11).

Aunque no me quiero extender aquí para desarrollarlo, la mayoría de especialistas entienden las tentaciones en el desierto como una forma seductora de enfocar el ministerio mesiánico de Jesús, una seducción a los medios políticos, económicos-materiales y religiosos. Tanto Satanás en Mt 4 como Pedro ahora, representan la idea de ambición y dominio que tienta a los seres humanos. Ambos tientan a Jesús a abandonar el modelo de siervo sufriente con el que se identifica y adoptar un camino fácil. No es casual que Jesús diga a Pedro: «apártate de mí, Satanás!» (v.23).

En el evangelio de Lucas, vemos que el programa de Jesús, su proyecto vital que anuncia en la Sinagoga de Nazaret (Lc 4,14-30), viene presentado justo después de las tentaciones en el desierto, para que de ese modo el programa satánico de poder y triunfalismo sea contrastado con el que Jesús toma de Isaías 61.

Cuando Jesús lee al profeta Isaías, presenta el modelo mesiánico que va a seguir, y ese modelo no es el de un líder de éxito, bajo el estilo de una vida fácil o el estilo de un dictador al que todos sirven. Él no vino para lucrarse, ni para escalar en grandes posiciones sociales, ni para ser servido, vino para servir y darse enteramente por amor (Cf. Mt 20,28).

En vez de un modelo exitoso conforme a los parámetros del mundo, vemos que su propuesta, vivida hasta las últimas consecuencias, va a tener mucho rechazo. Es un rechazo que vemos a lo largo de su ministerio, que le conduce a la cruz.

En este pasaje de Lucas donde Jesús presenta su programa en la sinagoga, vemos ya, en el v.29 que después de oírle, los asistentes quieren tirarle por un acantilado.

Ir contra viento y marea es duro, es incómodo. Ir a la contra del sistema y de los poderes de este mundo es gratificante cuando estamos en el camino de fe, pero es duro, te toca cargar con tu cruz en vez de vivir cómodamente sin complicarte. Y es que, quien quiera salvar su vida guardándose de complicaciones, viviendo para sí mismo, buscando acrecentar su potencial desde paradigmas de nuestro mundo, estará perdiendo su vida. En cambio, quien rechaza eso de vivir egoístamente, buscando el bien propio, quien rechaza salvar su vida para servir a la causa de Cristo y del reinado de Dios, habrá descubierto realmente la vida plena (Mt 16,25-26).

Según Lucas 4, después de sufrir las tentaciones triunfalistas de poder, riqueza, milagrería… el proyecto de Jesús es perfilado con claridad: le corresponde transitar un camino peligroso donde muchas veces tendrá que ir a la contra de los poderes del sistema humano. A nosotros, a su Iglesia, nos corresponde seguir a Jesús, pues somos, nada más y nada menos, que su cuerpo actuando en el mundo, que recibe las mismas tentaciones que él recibió, las cuales nos toca también superar.

Pido que tengamos criterio, discernimiento del Espíritu, para dejar de tragarnos modelos exitosos que nada tienen que ver con la dirección que debe tener la Iglesia según el propio programa marcado por Jesús.


[1] C. GIL ARBIOL; «El fracaso del proyecto de Pablo y su reconstrucción». Estudios Bíblicos LXXIII (2015), p.377.

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6987F026-6E11-4B89-B523-79246B737748Rubén Bernal Pavón (Málaga, España), es graduado en Teología por la Facultad de Teología SEUT (Madrid) con un máster en Teología Fundamental por la Universidad de Murcia. Ha realizado estudios teológicos en el Instituto Superior de Teología y Ciencias Bíblicas CEIBI (Santa Cruz de Tenerife). Tiene una diplomatura en Religión, Género y Sexualidad por UCEL/GEMRIP (Rosario, Argentina). Pastor de la Iglesia Protestante del Redentor de Málaga (IEE). Rubén es uno de los directores de Lupa Protestante.

Fuente Lupa Protestante

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“El miedo a ser diferentes”. 4 Tiempo ordinario – C (Lucas 4,21-30)

domingo, 30 de enero de 2022
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Pronto pudo ver Jesús lo que podía esperar de su propio pueblo. Los evangelistas no nos han ocultado la resistencia, el escándalo y la contradicción que encontró, incluso en los ambientes más cercanos. Su actuación libre y liberadora resultaba demasiado molesta. Su comportamiento ponía en peligro demasiados intereses.

Jesús lo sabe desde el inicio de su actividad profética. Es difícil que alguien que se decide a actuar escuchando fielmente a Dios sea bien aceptado en un pueblo que vive de espaldas a él. «Ningún profeta es bien mirado en su tierra».

Los creyentes no lo debiéramos olvidar. No se puede pretender seguir fielmente a Jesús y no provocar, de alguna manera, la reacción, la crítica y hasta el rechazo de quienes, por diversos motivos, no pueden estar de acuerdo con un planteamiento evangélico de la vida.

Nos resulta difícil vivir a contracorriente. Nos da miedo ser diferentes. Hace mucho tiempo que está de moda «estar a la moda». Y no solo cuando se trata de adquirir el traje de invierno o escoger los colores de verano. El «dictado de la moda» nos impone los gestos, las maneras, el lenguaje, las ideas, las actitudes y las posiciones que hemos de defender.

Se necesita una gran dosis de coraje para ser fieles a las propias convicciones, cuando todo el mundo se acomoda y adapta a «lo que se lleva». Es más fácil vivir sin un proyecto personal de vida, dejándonos llevar por el convencionalismo. Es más fácil instalarnos cómodamente en la vida y vivir según lo que nos dictan desde fuera.

Al comienzo, quizá uno escucha todavía esa voz interior que le dice que no es ese el camino acertado para crecer como persona ni como creyente. Pero pronto nos tranquilizamos. No queremos pasar por un «anormal» o un «extraño». Se está más seguro sin salirse del rebaño.

Y así seguimos caminando. En rebaño. Mientras desde el Evangelio se nos sigue invitando a ser fieles al proyecto de Jesús, incluso cuando pueda acarrearnos la crítica y el rechazo por parte de la sociedad, e incluso dentro de la Iglesia.

José Antonio Pagola

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“Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado sólo a los judíos”. Domingo 30 de enero de 2022.4º domingo del Tiempo Ordinario

domingo, 30 de enero de 2022
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12-ordinario4 (C) cerezoLeído en Koinonia:

Jeremías 1, 4-5. 17-19: Te nombré profeta de los gentiles.
Salmo responsorial: 70: Mi boca contará tu salvación, Señor.
1Corintios 12, 31-13, 13: Quedan la fe, la esperanza, el amor; la más grande es el amor.
Lucas 4, 21-30: Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado sólo a los judíos

El texto de Jeremías tiene dos partes, la primera (vv. 4-5) se refiere a su vocación, y la segunda (vv. 17-19) a su envío profético. El llamado de Jeremías está marcado desde el inicio por la palabra: “me llegó una palabra de Yahvé”. El profeta es llamado por la palabra para ser palabra de Dios en medio de su pueblo. La palabra lo conoce desde antes de su nacimiento, lo que significa una intimidad profunda de Dios con el profeta. La palabra lo consagra, es decir, Dios se lo reserva para sí, desde antes de nacer. Conocer y consagrar son el marco para la misión de Jeremías: ser profeta de las naciones.

A partir del v. 17 Jeremías se convierte en palabra de Dios ambulante. Debe decir en público lo que Dios le mande. Pero decir la verdad siempre ha sido problemático y peligroso porque se tocan los intereses de muchas personas y de las estructuras sociales. Por esto Dios se anticipa a decirle que no tenga miedo de afrontar su misión. El temor no es ajeno a la vocación profética; lo importante es no abandonar la vocación porque entonces sería Dios el que podría asustarnos, es decir, dejar de llamarnos, de elegirnos y de consagrarnos, dejar de confiar en nosotros, y ¿qué susto peor puede recibir un profeta?

La promesa de Dios no plantea su intervención para salvar al profeta en tiempos difíciles, sino que a él, personalmente, lo fortalecerá internamente como un “pilar de hierro”, y externamente lo consolidará como una “muralla de bronce”. La palabra será su fuerza en su lucha contra las autoridades (reyes, ministros, sacerdotes y propietarios), que han olvidado la alianza de Yahvé, oprimiendo y marginando a su propio pueblo. La fortaleza también la encuentra el profeta en la obediencia a la palabra que recibe y anuncia. Esto le asegura la compañía permanente de Yahvé.

Este bello canto al amor, tiene como contexto la discusión de los corintios en torno a los carismas. Con el texto de hoy, Pablo afirma categóricamente que el único “carisma” absoluto es el del amor. El amor al que se refiere el autor no es el amor helenista (eros), sino el amor cristiano (ágape), que es un amor que se recibe, se entrega, se sirve y hasta da la vida por los hermanos. Sin amor, no tiene sentido ni el mejor de los carismas; sin amor, la palabra profética queda en el vacío, sin amor el amor de Dios pasa de largo en nuestras vidas.

Podemos dividir el canto en tres partes. En la primera (vv. 1-3) se enumera una serie de carismas que no son nada si falta el amor. En la segunda (vv. 4-7) se enumeran quince características del amor cristiano; siete se plantean de forma positiva y ocho de forma negativa. En la tercera parte (vv. 8-13) Pablo termina su canto reafirmando la eternidad del amor. El amor, que puede cambiarlo todo, es el único que no cambiará, que será el mismo eternamente. Entre la fe, la esperanza y el amor, este último es el mayor, quedando clara, para los corintios y para los cristianos de todos los tiempos, la superioridad del amor sobre cualquier otro carisma.

El domingo pasado, después de la lectura que hizo Jesús del profeta Isaías, el evangelioterminaba diciendo que “todos los presentes tenían fijos los ojos en él…”. El evangelio de hoy continúa la escena, que —recordemos— se desarrolla en la sinagoga de Nazaret. Jesús dice que en él se cumplen las palabras de Isaías, es decir, que es «el ungido» (Mesías) para anunciar la Buena Noticia a los pobres y oprimidos… y el «año de gracia» del Señor.

Los vv. 22-30 los podemos dividir así: v. 22: la reacción de la gente; vv. 23-27: la respuesta de Jesús; vv. 28-29: indignación e intentos de matar a Jesús por parte de los nazarenos; vv. 30: Jesús continúa su camino.

Es interesante constatar el contraste entre la reacción de la gente en el v. 22 y la de los versículos 28-29. Inicialmente los de su pueblo aprobaban, y se admiraban de su paisano, pero no alcanzaban a ver en Jesús la gracia de Dios que salía de sus labios, ni al profeta anunciado por Isaías, sino simplemente al Jesús hijo de José. Jesús percibe que sus paisanos no están interesados en sus palabras sino en sus hechos, les interesa ante todo un espectáculo milagrero, que cure los enfermos del pueblo y basta. Jesús les responde con otro refrán: “ningún profeta es bien recibido en su patria”, dejando claro que en Nazaret no hará ningún milagro.

Entre los vv. 25-27 Jesús acude al AT para explicar su situación. El verdadero profeta no se deja acaparar ni mucho menos presionar para satisfacer a un auditorio interesado sólo por el espectáculo o por intereses individuales, aunque sean los de sus familiares o su propio pueblo. El profeta es libre y se debe a la palabra de Dios. La historia de Elías y Eliseo recuerda a los nazarenos cómo éstos tuvieron que irse a tierra de paganos porque su propio pueblo no quería escucharlos. La característica de la mujer de Sarepta es su confianza en Dios, confiando su vida y la de su propio hijo en un extraño como Elías; y característico del sirio Naamán es que depone su orgullo y soberbia nacionalistas ante las palabras de Eliseo. La misma Iglesia reconocerá en este texto su misión de anunciar la Buena Noticia a los más alejados, es decir, que la Palabra echa sus primeras raíces en las personas y en las familias, pero ése no es su destino final; tiene que ser una palabra que busque siempre el camino de los más alejados y necesitados.

Las palabras finales de Jesús enfurecen a los presentes e intentan arrojar a Jesús por un barranco en las afueras del pueblo. Es curioso cómo los pobres de Nazaret, sujetos preferenciales del Anuncio de la Buena Nueva, desprecian la palabra presente en su tierra. Pero la palabra no puede morir, y Jesús continúa su camino misionero al servicio de los pobres, marginados y excluidos, con una palabra de vida, aunque amenazada siempre de muerte por quienes hacen de su vida una mala noticia de egoísmo.

Algunos recursos para trabajar catequéticamente estos temas: Leer más…

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Dom 30.1.22: A fin de despeñarle (Lc 4, 21-30). Del linchamiento «frustrado» de Jesús al «deseado» de Francisco

domingo, 30 de enero de 2022
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76781-Jesus Cliff Luke 4 Chrisian artDel blog de Xabier Pikaza:

He iniciado el tema el domingo pasado (23.1.22), evocando la controversia de Jesús en Nazaret. Lo he retomado el 25.1.22, mostrando el rechazo de Pablo entre su gente. Desde ese fondo comparo aquí el linchamiento «fracasado» de Jesús en Nazaret con el de Francisco («deseado» por algunos en el Vaticano). conforme al tema del evangelio del próximo domingo

Los judíos «establecidos» de Nazaret intentaron despeñar a Jesús conforme a un «ley»bien establecida y estudiada de linchamiento. Todos hablan de gentes del entorno vaticano que quieren linchar a Jesús, a través de una campaña, también bien conocida, de desprestigio y condena mediática.

Ciertamente, la comparación no se puede establecer de forma simplista. Ni Francisco es Jesús. Ni los del Vaticano son los nazarenos que quisieron linchar a Jesús, todos a una,  despeñándole desde desde la cresta de su monte.  Pero las semejanzas son muchas, como podrá seguir viendo el lector.

Es extraño que los exegetas no hayamos destacado más el  lichamiento nazareno de Jesús por despeñamiento, comparándolo con el Jn 10, 31-42, por lapidación. En esto han sido más agudos algunos antropólogos, como R. Girard, que han visto aquí la clave del destino de Jesús.

Quizá el hecho no haya sido histórico, en el sentido positivista del término, pero lo es en el sentido más profundo, como seguiré indicando. Sus «sombras» se alargan hasta el linchamiento mediático de algunos en contra del Papa Francisco. Está en el fondo el tema de que los  profetas no son bien recibido en su tierra, con la afirmación convergente de que todos los profetas han sido asesinados.

Controversia y crisis profética (Lc 1, 21- 30)

A Jesús no le mataron en Nazaret, pero su “causa de muerte” siguió pendiente  y lo harán en Jerusalén. A Francisco no le han matado ni expulsado del papado,, pero muchos quisieran hacerlo (al menos de un modo simbólico, sin lapidación por linchamiento).

   Al fondo de este motivo,  esgrime y formula Jesús un eslogan sorprendente: Un profeta no es bien recibido entre su gente y en su tierra. Un eslogan  ampliado en una formulación que aparecen en muchos textos judíos y cristianos: Los judíos antiguos mataron a (casi todos) los profetas.

(a) Si Jesús hubiera sido defensor de los intereses del sistema no sería profeta, sino ideólogo al servicio de unos “privilegiados”.

(b) Un verdadero profeta, tiene que defender a todos los pobres (de fuera y dentro de Israel, por encima del sistema); lógicamente, los que viven y medran por su servicio al sistema tienen que “perseguirle” a muerte, pues son peligros peligro para ellos.

(c) En ese fondo se cita la tesis judía de los antiguos «deuteronomistas» (desde el siglo VI a.C. en adelante) según la cual vuestros (nuestros) padres mataron a los profetas. En en fondo, muchos judíos como Jesús pensaban que sus antepasados habían matado a los profetas, es decir, que ser profeta implica un fuerte riesgo de muerte.

Sigan leyendo estas reflexiones quienes quieran plantear el tema desde el evangelio de Lucas.

 Texto (Lc 4, 21-30)

Jesús comenzó a decir en la sinagoga: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. «Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

Pero decían: «¿No es éste el hijo de José?». Y Jesús les dijo: «Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm.»

Y añadió: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio. Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarle. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Difícilmente se podrían haber condensado mejor los momentos de la acción liberadora universal de Jesús, que supera las fronteras “nacionales” de un tipo de judaísmo o iglesia y sistema, y el proyecto de Jesús que se abre a todos, de un modo especial a los extranjeros, como siguen mostrando proféticamente sus palabras, desde la tradición del mensaje y milagros de Elías y Eliseo, que ofrecieron su ayuda a enfermos extranjeros.

De un modo consecuente, en vez de alegrarse por ello y de tomar las acciones liberadoras de Elías y Eliseo como modelo de la apertura universal de Jesús (que acoge y ofrece salvación a los de fuera: Enfermos e “impuros” sexuales y sociales), sus paisanos de Nazaret le expulsan y quieren asesinarle, conforme a una ley de linchamiento colectivo (cf. Lc 4, 20-29).

No pueden aceptar que Dios cure (trasforme) por igual a nacionales y extraños: no quieren libertad para todos, ni evangelio para aquellos que, a su juicio, no lo merecen (como son los encarcelados y extraños, los oprimidos y “extranjeros” sociales y sexuales). Leído así, el conjunto del pasaje (Lc 4, 16-30) cobra una inquietante y escandalosa actualidad. Es evidente que a los buenos nazarenos del judaísmo establecido les extraña y escandaliza la actitud de Jesús, lo mismo que extraña y escandaliza a muchos hombres del sistema “social” y sacral de la Iglesia la “tímida” pero evidente apertura universal del Papa Francisco.

También a muchos nosotros nos turba y extraña ese universalismo: queremos libertad, pero sólo para algunos, para los buenos paisanos de mi pueblo o mi grupo; queremos prosperidad, pero sólo para los que pertenecen al sistema del “buen capitalismo” (como dicen otros). Así añadimos que las “divisiones” y fronteras siguen siendo para defender el buen sistema de los “nazarenos” (de una iglesia y sociedad establecida frente al riesgo los de otros grupos sociales y raciales, sexuales y culturales, empezando incluso por las mujeres.

Pues bien, en contra de eso, este pasaje de Jesús (con la actitud inicial del Papa Francisco) empieza mostrando que, para ser verdadera, la libertad ha de ser universal, abriendo estructuras de comunicación y vida, de acogida y de misión salvadora para todos, sin cerrarse en una iglesia propia del sistema establecido. Si Jesús quiere ser de verdad profeta no puede ser bien recibido por su “pueblo”. Desde aquí ha de entenderse la continuación del pasaje.

Todos daban testimonio sobre ély estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca. Y (pero) decían: –¿No es este el hijo de José? (Lc 4, 22)

Los nazarenos parecen admirarse por las palabras de gracia que Jesús ha proclamado, como empiezan haciendo muchos hombres del sistema de la Iglesia, en especial entre sus clérigos del “orden vaticano”. Pero pronto descubrimos que esa admiración esconde una condena. Admiran a Jesús, pero le rechazan. Admiran a Francisco, pero les molesta su actitud abierta a todos, en contra del sistema.

Ciertamente, los nazarenos (judíos del sistema)  aceptaban entonces y siguen aceptando ahora la palabras de gracia (logoi tês kharitos) de Jesús; pero les parece esas palabras y esa gracia sólo valen para ellos, no para los de fuera, los paganos del tiempo de Elías y Eliseo, los enfermos e impuros del mensaje de Jesús, los emigrantes y exilados, los homosexuales y excluidos del sistema a quienes quiere dirigirse hoy Francisco.

Es fácil amar a los demás y perdonar, siempre que ello no ponga en riesgo los privilegios del sistema nazareno o vaticano. En esa línea, los nazarenos del tiempo de Jesús descubren que las palabras de gracia de Jesús (gracia que él ofrece a todos) se vuelven amenazadoras para ellos, pues les hacen perder sus privilegios, ya que ahora todos son privilegiados.

Una aceptación sesgada de Jesús y los profetas

 En esa línea, los nazarenos preguntan con admiración: «¿No es ese el hijo de José?». Ciertamente, saben que es hijo de José (en plano legal, nacional). Por eso, su pregunta no es para que respondamos «sí» y de esa manera ratifiquemos el origen familiar de Jesús, sino para que  le distingamos de José, que a los ojos de esos nazarenos tenía que haber sido un buen “luchador” nacional, un partidario de la separación entre los “buenos” israelitas legales y los malos extranjeros. Por eso, la pregunta puede sonar de esta manera: «¿Cómo siendo hijo de José puede este Jesús comportarse como hace?».

Jesús inicia un camino de apertura universal que le separa de los buenos “nazarenos”, que quieren «capitalizar» la gracia de Dios sea para ellos. mientras que y la justicia o venganza de Dios caiga sobre los de fuera.

En este contexto se sitúa el refrán de Jesús que les responde diciendo, «un profeta no es bien recibido en su tierra» (Lc 4, 24), porque el profeta, si lo es de verdad, debe proclamar la gracia de Dios para todos (rompiendo así el monopolio de los nazarenos legales y de unos “fieles del sistema vaticano”, que parecen colocarse por encima del evangelio). Por eso, en general, los profetas verdaderos han sido y son asesinados, como seguían diciendo muchísimos judíos (y cristianos) desde el siglo VI a.C. en adelante. Leer más…

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Fracaso de Jesús en Nazaret. Domingo 4º. Ciclo C.

domingo, 30 de enero de 2022
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Jesus - expulsoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Como en una serie de televisión, el evangelio de este domingo comienza recordando lo contado en el episodio anterior. Jesús ha leído en la sinagoga de Nazaret un texto de Isaías que proclama una buena noticia a los pobres, ciegos, prisioneros, oprimidos. Cuando termina, afirma: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». ¿Cómo reaccionará el auditorio a estas palabras? Es lo que se cuenta en el evangelio de hoy, en el que podemos distinguir tres momentos: la reacción inicial del auditorio, un ataque desconcertante de Jesús, y la reacción final de los nazarenos.

La reacción inicial del auditorio

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»

            Aparte de leer a Isaías, Jesús no ha dicho prácticamente nada. Sin embargo, Lucas indica de inmediato la triple reacción de los presentes: aprobación, admiración y desconcierto. Al parecer, les gusta lo que han oído, pero no comprenden que lo diga alguien a quien conocen desde pequeño.

Un ataque desconcertante de Jesús

            Si Jesús hubiera sido un político, habría aprovechado la ocasión para ganarse más aún al auditorio, solventando las posibles dudas sobre su autoridad. Sabe lo que esperan de él: no que lea textos de la Biblia sino que haga milagros. Le bastaría realizar algunos parecidos a los que ha hecho en Cafarnaúm para que todos le aplaudan y crean en él.

            Sin embargo, se niega a ello e incluso adopta una postura agresiva. Sin que los nazarenos hayan dado motivo, Jesús da por supuesto que lo van a rechazar. No se basa en nada concreto que hayan hecho o dicho, sino en un proverbio:“Ningún profeta es bien mirado en su tierra”. En consecuencia, tampoco él mira bien a los nazarenos y no hará allí ningún milagro. Igual que Elías fue enviado por Dios a ayudar a una viuda fenicia, y Eliseo a un leproso sirio, él también se siente enviado a los paganos.

Y Jesús les dijo:

– «Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm.» Y añadió: «Os aseguro ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel habla muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos habla en Israel en tiempos del profeta Elíseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»

Reacción final de los nazarenos

            ¿Cuál sería la reacción lógica de los nazarenos? Levantarse e irse de la sinagoga, soltando probablemente bastantes maldiciones contra Jesús. Sin embargo, lo que cuenta Lucas es mucho más fuerte:

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.

. Un relato desconcertante

           Cuando se lee con atención el relato de Lucas surgen varias preguntas:

            ¿Por qué adopta Jesús una postura tan agresiva?

            ¿Por qué da por supuesto que lo van a rechazar?

            ¿Por qué compara su actitud con la de Elías y Eliseo, enviados a los paganos, cuando reconoce haber hecho milagros en Cafarnaúm, que no es una ciudad pagana sino israelita?

            ¿Por qué reaccionan los nazarenos de forma tan terrible, queriendo matarlo?

            Para responder a estas preguntas conviene recordar cómo cuenta Marcos la visita de Jesús a Nazaret.

La versión de Marcos

            Marcos cuenta la visita de forma muy distinta. Jesús ya es bastante conocido cuando vuelve a Nazaret con sus discípulos. Y ocurre lo siguiente:

“Un sábado se puso a enseñar en la sinagoga. Muchos al escucharlo comentaban asombrados: ¿De dónde saca éste todo eso? ¿Qué clase de sabiduría se le ha dado? Y, ¿qué hay de los grandes milagros que realiza con sus manos? ¿No es éste el artesano, el hijo de María, el hermano de Santiago y José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas? Y esto lo sentían como un obstáculo. Jesús les decía: “A un profeta sólo lo desprecian en su tierra, entre sus parientes y en su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo sanar a unos pocos enfermos a quienes impuso las manos. Y se asombraba de su incredulidad.”

            Las diferencias son claras. En Marcos, la reacción del auditorio no es de aprobación, admiración y desconcierto, sino de desconcierto y rechazo. Entonces es cuando Jesús recuerda que “a un profeta solo lo desprecian en su tierra”. Pero nadie intenta matarlo. Simplemente, no creen en él ni en su poder. Y Jesús se admira de su incredulidad.

Nazaret como símbolo

            ¿Por qué ha escrito Lucas un relato tan distinto? Porque él no ha pretendido contar lo ocurrido, sino convertir la visita de Jesús a Nazaret en símbolo de la relación de Jesús con el pueblo judío y con los paganos.

            Para ello, lo primero que hace es comenzar la actividad de Jesús con esta visita. Mientras Mateo y Marcos dicen que Jesús comenzó predicando por los pueblos y aldeas de Galilea, sin concretar cuáles, Lucas nos sitúa en la sinagoga de Nazaret. Sabe que Jesús no fue aceptado por los nazarenos, ni tampoco por su familia, que lo consideraba medio loco. Recoge y lleva al límite ese rechazo, convirtiéndolo en símbolo de la oposición de la mayor parte del pueblo judío, que terminó provocando su muerte.

            En el Nuevo Testamento se indican distintos motivos por los que Jesús entró en conflicto con las autoridades judías: por no observar el sábado, por ser un peligro desde el punto de vista político… En el relato de Lucas, el motivo principal de conflicto es el nacionalismo de los que quieren un Mesías al servicio exclusivo de Israel, mientras que Jesús se ve enviado a toda la humanidad. Pero nadie debe escandalizarse de eso, mucho menos los judíos: también Elías y Eliseo fueron enviados por Dios a los paganos en unos momentos en que los israelitas estaban muy necesitados de ayuda.

La primera lectura (Jeremías 1,4-5. 17-19)

            Ha sido elegida para probar que “ningún profeta es bien visto en su tierra”. Al contrario, encuentra la oposición de los más diversos estamentos del país: reyes, príncipes, sacerdotes, grandes propietarios (el término “gente del campo” fue cambiando de sentido, pero parece que aquí se refiere a los propietarios de grandes fincas).

En los días de Josías, recibí esta palabra del Señor:

«Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta de los gentiles.

Tú cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando.

No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos.

Mira; yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo.

Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte.»

Oráculo del Señor.

Las palabras finales coinciden muy bien con el final del evangelio, donde Jesús pasa serenamente entre quienes intentan matarlo y se aleja. Con una gran diferencia: Jeremías se verá libre gracias a la compañía de Dios; Jesús tiene en sí mismo el poder para enfrentarse al enemigo. Cuando muera será porque él lo acepta libremente.

Reflexión final

            El evangelio de hoy podría interpretarse como un ataque al nacionalismo político. En parte lo es, porque los judíos identificaban religión y política. Pero el ataque de Jesús se dirige sobre todo al “nacionalismo” religioso. Aplicándolo a nuestros días, a los cristianos que pensasen que son los elegidos de Dios y los únicos que merecen su atención. Cabe el peligro de parecernos a los nazarenos, de pecar de exclusivistas al hablar de la salvación de Dios.

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30 de Enero. Domingo IV. Tiempo Ordinario

domingo, 30 de enero de 2022
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“Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo… Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.”

(Lc 4, 21-30)

Con lo bien que había empezado todo… La semana pasada Jesús volvía con la fuerza del Espíritu y anunciaba una Buena Noticia. Y, además, nos decía que más que una noticia era una realidad, era nuestra realidad, pero veinte versículos después todo ha cambiado.

El clima ha dado un vuelco radical. Quienes “expresaban su aprobación y se admiraban” ahora están furiosos y quieren acabar con Jesús.

¿Qué ha pasado? Que Jesús nos ha dicho nuestra verdad, toda nuestra verdad, la imagen que somos, pero también las sombras que queremos ocultar. No se ha callado nuestra mediocridad. Nunca se calla. Y nuestro orgullo se revela.

Viene y despierta nuestros demonios, aquellos con los que ya nos hemos acostumbrado a vivir. A fin de cuentas no somos malas personas. Es más, para lo que se ve por ahí, somos de lo mejorcito que hay.

Este Jesús, ¿quién se cree que es?

Somos buena gente y acabamos pensando que tienen que pasarnos cosas buenas. ¿Por qué va a ser Jesús menos generoso con nosotras que somos buenas que con los de Cafarnaúm?

Queremos los milagros, queremos los dones y bueno, Jesús también se puede quedar… Pero que no nos falte la salud, ni tampoco a nuestros seres queridos. Que tengamos trabajo y un buen sueldo. Que gane mi equipo de futbol y ya de paso que el año que viene me toque la lotería de Navidad. A fin de cuentas, soy buena gente.

Pero ahora viene Jesús a decirnos lo que nos falta, a decir en voz alta aquello que tanto nos esforzamos por silenciar. ¿Quién se ha creído que es? Nos enfadamos, y con razón.

¿Quién se cree que es ese conductor para pitarme? ¿O esa dependienta para ponerme mala cara? ¿Quiénes se creen que son los funcionarios para hacerme esperar? ¿Quién se cree que es el crío ese para faltarme al respeto? Todos juntos y cada uno por separado son Jesús viniendo a despertar nuestros demonios, nuestras mediocridades. ¡Ah! Y también viene con la apariencia cercana de: marido, hijos, mujer, hermanos. En sus gestos más desagradables, precisamente en los que nos enfurecen.

Por eso también nosotros, más de una vez, queremos despeñarlo. Sacar a ese molesto Jesús de nuestro pueblo. Sí, también nos pasa. Pero tampoco es para asustarse. Jesús no se asusta. Solo se aleja para que podamos tomar la perspectiva necesaria.

Oración

Te presentamos, Trinidad Santa, nuestras oscuridades, esas que son el verdadero motivo de nuestros enfados. ¡Ilumínalas! y serán luz. Amén.


*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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La verdadera salvación no vendrá de fuera, ya la tenemos dentro.

domingo, 30 de enero de 2022
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DOMINGO 4º (C)

Lc 4,21-30

Seguimos con el tema del domingo pasado. “Hoy se cumple esta escritura”, pero no va a ser como esperan los de su pueblo. En todos los evangelios se habla de los milagros de Jesús como manifestación de su divinidad pero, a la vez, se critica que pretendan poner en las curaciones la salvación ofrecida por Jesús. Una salvación por el poder de Dios, directo o a través de un intermediario, no tiene sentido. Seguimos arrastrando la idea de un dios todopoderoso que pondrá su poder a mi servicio si cumplo unos requisitos.

Hoy se cumple esa Escritura en cada uno de nosotros. Dios la cumple siempre sin tener que hacer nada. Que se cumpla hoy depende exclusivamente de mí. Por no tener en cuenta estos dos planos, la religión nos ha metido por un callejón sin salida y nos ha hundido en la miseria. Seguimos esperando que Dios haga que me toca hacer a mí. Soy yo el que tengo que preguntarme: ¿cumplo yo hoy esa escritura que acabáis de oír?

La Iglesia, ya desde muy pronto, prefirió potenciar en Jesús la idea de Hijo de Dios y se olvidó de la de Mesías; aunque está claro que en los orígenes querían decir lo mismo. Así, la salvación que se pensaba como acontecimiento que debía darse en la historia, se convirtió en la salvación trascendente y ahistórica para el más allá. El mordiente que encerraba la imagen del Mesías se disolvió como un azucarillo. Jesús ya no necesita hacer presente la liberación desde la historia sino desde la estratosfera de su divinidad.

Hemos leído: “todos le daban su aprobación y se admiraban”. Pero hay una alternativa: El verbo (martyreo) = dar testimonio, que se traduce por “dar su aprobación”, cuando está construido con dativo, significa “testimoniar en contra”. Por otra parte, (thaumazo) = Admirarse, significa también extrañarse. La traducción sería: “todos se declaraban en contra, extrañados del discurso sobre la gracia (para todos) que salía de sus labios”. Así cobra sentido la respuesta de Jesús, que de otro modo, parece que inicia él la gresca.

La importancia de suprimir la última frase del texto de Isaías queda más clara con la explicación que da hoy Jesús. Tiene que rectificar el texto de Isaías, pero menciona a otros dos profetas que avalan esa aparente mutilación. Elías y Eliseo son ejemplos de cómo actúa Dios con relación a los no judíos. Para entenderlo hoy, podíamos decir que Elías atendió a una viuda libanesa y Eliseo a un general sirio. ¡Qué poco han cambiado las cosas! La atención a la viuda de Sarepta y Naamán el sirio deja en evidencia la pretensión de salvación exclusiva que los judíos, como pueblo elegido, pretendían.

El evangelista quiere subrayar que este argumento contundente, no solo no les convence, sino que provoca la ira de sus vecinos que se sienten agredidos porque les echa en cara su ceguera. La tradición de Mc, que copia Mt, no hace alusión ni al texto de Isaías ni a Elías y Eliseo. Esto indica la intención de recalcar la oposición de sus paisanos. Los primeros cristianos se esforzaron por proponer a Jesús como continuación del AT aprovechando cualquier resquicio para demostrar que en él “se cumplen las Escrituras”. Jesús sobrepasó, con mucho, todo lo que pudieron insinuar las Escrituras.

¿No es este el hijo de José? La razón para rechazar las pretensiones de Jesús es que es uno del pueblo, conocido de todos. La grandeza de Jesús está en que, siendo uno de tantos, fue capaz de descubrir lo que Dios esperaba de él. Jesús no es un extraterrestre que trae de otro mundo poderes especiales, sino un ser humano que saca de lo hondo de su ser lo que Dios ha puesto en todos. Habla de lo que encontró dentro de sí mismo y nos invita a descubrir y vivir en nosotros lo mismo que él descubrió y vivió.

El primer rechazo que sufre Jesús en Mateo no viene de los sumos sacerdotes ni de los escribas o fariseos, sino del pueblo sencillo. Sus paisanos ven que no va a responder a las expectativas del judaísmo oficial, y se enfadan. Cualquier visión que vaya más allá de los intereses del gueto (familia, pueblo, nación) será interpretada como traición a la institución. Las instituciones tienen como primer objetivo la defensa de unos intereses frente los intereses de los demás. Incluso nuestra manera de entender el ecumenismo responde, la mayoría de las veces, a esta dinámica contraria al evangelio.

No pueden aceptar un mesianismo para todos. Ellos esperaban un Mesías poderoso que les iba a librar de la opresión de los romanos y a solucionar todos los problemas materiales. Si Jesús se presenta como tal liberador, ellos tenían que ser los primeros beneficiarios de ese poder. Al darse cuenta de que no va a ser así, arremeten contra él. El odio es siempre consecuencia de un amor imposible. El evangelista echa mano del AT para demostrar que los profetas ya habían manifestado esa actitud de Dios a favor de los extranjeros. Quiere decir que su mensaje no es contrario ni ajeno a la Escritura.

El Dios de Jesús no puede tener privilegios, ama a todos infinitamente. Dios no nos ama por lo que somos o por lo que hacemos. Dios nos ama por lo que Él es. Ama igual al pobre y al rico, al blanco y al negro, al cristiano y al musulmán, a la prostituta y a la monja de clausura, a Teresa de Calcuta y a Bin Laden. En algún momento de esta escala progresiva nos patinarán las neuronas. Es más de lo que podemos aguantar. Nos pasa lo que a los paisanos de Jesús. Mientras sigamos pensando que Dios me ama porque soy bueno, nadie nos convencerá de que debemos amar al que no lo es.

Jesús viene a anunciar una salvación de todas las opresiones. Pero esa salvación no depende de Dios ni de un intermediario sino de cada uno de nosotros. Su salvación no va contra nadie, sino a favor de todos. Ahora bien, no debemos ser ingenuos, lo que es buena noticia para los oprimidos, es mala noticia para los opresores. De ahí que, en tiempo de Jesús, y en todos los tiempos, los que gozan de privilegios se opongan a esa práctica liberadora. Si no estamos dispuestos a liberar al oprimido, somos opresores.

Tenemos que comprender que el opresor no hace mal porque daña al oprimido, sino que hace mal porque se hace daño a sí mismo. El que explota a otro le priva de unos bienes que pueden ser vitales, pero lo grave es que él mismo se está deteriorando como ser humano. El daño que hace le afecta al otro en lo accidental. El daño que se hace a sí mismo le afecta en lo esencial. El que muere por mi culpa puede morir repleto de humanidad; pero yo, al causar su muerte, me hundo en la más absoluta miseria.

¿Hemos caído en la cuenta de que lo único que puede garantizar mi religiosi­dad es el servicio a los demás? ¿Nos hemos parado a pensar que sin amor no soy nada? Ahora bien, el único amor del que podemos hablar es el amor a los demás. Sin éste, el amor que creemos tener a Dios, es una falacia. La única pregunta a la que debo contestar es esta. ¿Amo sin exclusión? Sin amor, nuestra vida cristiana se convertirá en un absurdo.

Meditación

Ignoramos lo que realmente somos.
Tú eres, como Jesús, ungido.
Estás capacitado para la tarea que debes realizar.
Cuando despliegues tu verdadera salvación,
estarás en condiciones de ayudar a otros a encontrarla.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Camino de espinas

domingo, 30 de enero de 2022
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Lc 4, 21-30

«… lo llevaron a un barranco del monte sobre el que estaba edificada la ciudad…»

Tenemos tendencia a pensar que la vida pública de Jesús tuvo dos etapas distintas; la primera gloriosa en Galilea con multitudes que le seguían entusiasmadas, y la segunda dramática en Jerusalén, donde fue sometido a pasión y muerte.

Pero ésta es una percepción errónea, o al menos incompleta, porque la predicación de Jesús estuvo siempre marcada por la incomprensión. Ni sus discípulos más cercanos le entendían, y aunque le seguían fascinados, tuvo que morir para que le entendiesen y creyesen en él (Jn 20,8). En esta situación, no es difícil imaginar que en muchos momentos Jesús se habría sentido frustrado y fracasado.

¿Pero, por qué no le entendían?…

Pues porque eso era lo natural. Su misión era proclamar a Abbá —el Padre que nos ha engendrado por amor y nos perdona siempre y sin condiciones—, y precisamente en el origen de la misión estaba también el origen del problema; porque Abbá tenía poco que ver con el Dios que proclamaban los doctores y los santos de Israel.

Ambos colectivos habían rechazado su mensaje desde el principio y se habían posicionado inequívocamente en su contra. Y no les faltaba razón. Habían consagrado su vida al Dios de Abraham, al Dios de Moisés, en definitiva, al Dios de la Tradición, y aquella nueva doctrina era para ellos la mayor de las imposturas. No les cabía duda de que aquel nazareno que la pregonaba era un farsante; y además un farsante peligroso, porque si triunfaba, ellos —junto a los sacerdotes— serían los más perjudicados.

Pero, aparte de escribas y fariseos, para cualquier israelita la conversión a Abbá suponía abandonar al Dios de sus padres, renunciar a la tradición y lanzarse al vacío, y éste era un plato demasiado fuerte para el que no estaban preparados. Por eso, todo cuanto le oían decir lo amoldaban a la horma de sus tradiciones, y todo acababa interpretándose en clave política. Les entusiasmaba lo de Jesús, pero no podían aceptar que aquello pudiese entrar en conflicto con sus creencias milenarias.

Como decía Ruiz de Galarreta: «Los judíos estaban dispuestos a aceptar que “Jesús era el Mesías”, pero Jesús les invita a otra aceptación: aceptar que “el Mesías era él”, y no lo que esperaban, sino otra cosa muy distinta…»

La consecuencia fue que sufrió un permanente acoso, que en Nazaret trataron de despeñarlo, que los fariseos le acusaron de blasfemo y de actuar en nombre de Belcebú, y que sus familiares se lo quisieron llevar porque pensaban que estaba loco. Finalmente, una muchedumbre quiso proclamarle rey, y al negarse, se produjo tal desbandada entre sus seguidores que tuvo que replantearse todos sus planes.

Cuando subió a Jerusalén por la Pascua, ocurrió que los levitas lo prendieron, el sanedrín lo condenó a muerte y los romanos lo crucificaron… Ciertamente no fue un camino de rosas, pero tuvo el coraje de mantener su compromiso hasta el final.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

 Fuente Fe Adulta

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Una larga tradición profética que llega hasta hoy.

domingo, 30 de enero de 2022
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Domingo IV T.O. ciclo C

Lc 4, 21-30

Jesús ofrece su enseñanza en diferentes lugares. A veces enseña en la montaña o en lugares abiertos. Otras veces, como en este caso (Lc 4,21-30), enseña en la sinagoga. Sigue los métodos de enseñanza de los judíos, que proclaman un texto profético y lo explican. Lo que dice Jesús es que los textos no son algo del pasado. La acción de Dios, al igual que aconteció en tiempos de los profetas, sigue estando vigente: “Hoy se ha cumplido esta Escritura”. Esta no es una enseñanza solo para el tiempo de los profetas o para el tiempo de Jesús. El hoy es siempre actual. Hoy, podemos decir también nosotros los habitantes del año 2022, que se cumple la palabra de Dios anunciada por los profetas y recordada y enseñada por Jesús.

Los oyentes, según el relato, no entienden esto y creen que la cuestión se centra solo en Jesús. Para ellos él es un judío normal, el hijo de José. Pero Jesús vuelve a indicar que se trata de una larga tradición de profetas, de la que él es parte, y que la profecía es también actual. Pero que, en esa misma línea, los profetas fueron rechazados y, por lo tanto, él también lo será. En principio no parece que nadie lo rechace. Sin embargo, al advertirles Jesús de una actitud de no aceptación, se muestra la verdadera intención de los oyentes. Quieren signos y milagros que muestren la autenticidad de sus palabras, que corroboren lo que dice. Pero las acciones de Jesús nunca responden a reclamos soberbios, sino que son acciones de misericordia ante los sencillos y necesitados. Jesús no va a acceder a sus pedidos. Y eso genera rechazo. Al igual que todos los profetas, Jesús será rechazado porque muestra la misericordia de Dios para con los humildes y rechaza a los que se creen dueños de la verdad.

La larga tradición profética sigue vigente hoy. Las acciones de misericordia de Dios siguen siendo percibidas entre los necesitados y los que tienen una fe confiada. Por el contrario, quienes reclaman signos, no los verán. El hoy de la salvación está en juego.

Paula Depalma

Fuente Fe Adulta

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Fanatismo: El peligro de absolutizar las creencias.

domingo, 30 de enero de 2022
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8A8E4B2E-88B0-4AE0-8BA1-710D6ED28D66Domingo IV del Tiempo Ordinario

30 enero 2022

Lc 4, 21-30

Más allá de que algún redactor mezcló aquí dos textos que no guardaban relación entre sí -solo así se explica la contradicción manifiesta que, sin solución de continuidad, transforma la aprobación en escepticismo e incluso en furia-, resulta llamativa la reacción de sus paisanos: les bastó que Jesús manifestase una actitud “universalista” para que quisieran despeñarlo.

En la etapa mítica de la humanidad -y en las personas que viven en ese nivel de consciencia-, el propio grupo y la propia creencia se absolutizan: el propio punto de vista se identifica con la verdad y el propio grupo (tribu, pueblo, raza, partido político, comunidad religiosa…) es el único portador de la misma.

La absolutización de la creencia se halla en el origen de todo dogmatismo, fundamentalismo y fanatismo excluyente. Quien se cree poseedor de la verdad apenas podrá tolerar a quien piensa diferente. De hecho, a lo largo de la historia, la pretensión de poseer la verdad se ha traducido en amenaza para todos aquellos que no compartían las creencias del grupo dominante. Una amenaza que iba desde el afán de convencerlos (“convertirlos” a la verdad) a la eliminación o la condena de quienes eran tachados de “herejes”.

Apenas tomamos un poco de distancia y conocemos mejor cómo funciona nuestra mente, unido a la capacidad de relativizar la propia perspectiva, nos hacemos conscientes de que toda creencia es solo un constructo mental -una creación de la mente- en el que intentamos plasmar nuestra particular lectura de la realidad. En ese sentido, se trata apenas de un “mapa” que, en el mejor de los casos, puede orientarnos en la búsqueda del “territorio”.

El problema surge siempre que el mapa se absolutiza, hasta el extremo de confundirlo con el propio territorio. Una vez generada la confusión, el sufrimiento será inevitable: la creencia se habrá convertido en un arma arrojadiza contra cualquier persona discrepante. En ese mismo instante, deja de interesar la verdad; lo que se busca es la imposición a cualquier precio.

Se ha olvidado que el mapa no es el territorio, la miel no es el dulzor y la creencia no es la verdad.

¿Soy capaz de relativizar mis puntos de vista?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Todos en la vida necesitamos amar y ser amados.

domingo, 30 de enero de 2022
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islas-de-misericordia-amor-corintios-pDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Hoy nos fijamos en la lectura de San Pablo a los corintios:

  • Un canto al amor.

La reforma litúrgica que realizó el Concilio Vaticano II (Constitución: Sacrosanctum Concilium) dispuso que en las Eucaristías de los días de fiesta leyéramos tres lecturas: normalmente la primera lectura tomada del Antiguo Testamento, la segunda del Nuevo T y la tercera tomada del Evangelio.

En la práctica, las homilías versan normalmente sobre el Evangelio.

Sin embargo hoy vamos a centrarnos en el texto sobre el amor que S Pablo escribió a los cristianos de Corinto. Es un canto al amor.

02.- La dimensión humana del amor.

    El amor no es una dimensión, un valor específicamente cristiano, es una dimensión y una necesidad humana. Probablemente el amor es la dimensión más importante y más primaria y necesaria de la vida.

    Todos en la vida necesitamos amar y ser amados.

    Podemos vivir –hemos vivido- sin libertades cívicas en la época de la dictadura, podemos vivir en una gran escasez humana (como la que todavía recordamos de la “época del hambre” en la larga posguerra), podemos vivir con poco dinero, nos puede amenazar la represión sociopolítica y eclesiástica.

    Lo que no podemos vivir sanamente es sin amor.

    Me parece a mí que el no haber conocido, no haber experimentado el amor familiar, el amor que la misma condición humana despierta en el transcurrir de la vida, el no sentirse querido en la vida, en la comunidad, en la amistad, es fuente de graves problemas personales, psicológicos, problemas de madurez personal y de serenidad en la vida, y es fuente, a su vez, de desequilibrios, de fanatismos fundamentalistas político-religiosos, etc. (El que se siente amado y ama no es fanático, no es, no puede ser fundamentalista).

Quien más, quien menos, hacemos cábalas y nuestras quinielas acerca de quien pueda ser el próximo obispo de San Sebastián. Quiera Dios que nos manden (triste afirmación: “que nos manden”), pero cuando menos que sea un hombre bueno y bondadoso. ¿Progresista? ¿guipuzcoano? ¿Muy inteligente? Que sea bueno, que sepa amar: basta.

Juan XXIII no era un hombre especialmente progresista, ni brillante intelectualmente, pero Juan XXIII era un hombre bueno, amaba.

03.- Amor.

El amor es lo único que hacer salir al ser humano de su guarida, de su propio “yo”. Quien se pasa la vida pensando en sí mismo, es imposible que llegue a abrirse por el amor a los demás: ni a la Verdad, ni se alegre del bien ajeno, ni respete los modos y estilos de vida de los demás. Quien vive pensando todo el día –y toda la vida- en sí mismo, en su salud, en su economía, en sus derechos, en su patria, en su dogma, en lo que le corresponde, ese tal no vive, porque no ama.

    En el fondo el amor es una postura inteligente propia solamente del ser humano. Las posiciones de odio y venganza, de mantener enfrentamientos, las posiciones enquistadas, de agresión fanática no es que sean solamente éticamente malas, sino que más bien son poco inteligentes: aunque solamente sea por el hecho de que se vive mejor en paz que en guerra. Los odios, enrocamientos, los “no diálogos”, los atrincheramientos fanáticos político-eclesiásticos son posiciones poco inteligentes, propias de etapas anteriores a Atapuerca.

Por otra parte El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. (1Juan 4,8.21).

04.- Dimensión política del amor.

    Llama poderosamente la atención cómo en la vida social, política, incluso eclesiástica, hay dimensiones casi completamente ausentes, entre ellas el amor, el perdón, la verdad, la esperanza, la alegría por el bien ajeno, la afabilidad, que curiosamente son los valores de Cristo y son valores que construyen personas. Más bien en nuestra sociedad predominan la competitividad, la lucha, el poder, la venganza, el brillo social, las multinacionales que explotan y son los rectores del poder.

    Curiosamente estos valores: amor y perdón no tienen cabida en la vida sociopolítica.

Sin embargo, el amor, el amor cristiano tiene una vertiente política (polis significa: ciudad), que nos ha de llevar al compromiso cívico con los pobres, con una sociedad más justa, con trabajo, con perdón.

Hay problemas sociales que no verán la solución solamente con medidas políticas, legislativas, policiales, etc. La violencia de género, la agresividad (agresiones) sexuales, la higiene-salud mental necesitan “otros tratamientos” como son la educación para el respeto, el amor, la esperanza, la educación, el valor de la persona en sí misma.

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Cuarto domingo después de Epifanía, por el pastor Rubén Bernal Pavón

domingo, 30 de enero de 2022
Comentarios desactivados en Cuarto domingo después de Epifanía, por el pastor Rubén Bernal Pavón

jesus-christ-light-of-the-world-1401917-galleryEl programa inclusivo de Jesús

Comentario del San Lucas 4: 21-30

Continuamos el pasaje de la semana anterior. Jesús ha expuesto el texto de Isaías ante la audiencia de la sinagoga y tiene sobre él toda la atención (v. 20). Explica a los asistentes que estas palabras de las Escrituras han sido cumplidas delante de ellos (v. 21). Si bien el programa de Jesús está volcado hacia las personas pobres, excluidas u oprimidas, ahora veremos que el evangelista ha querido enseñar que este ministerio del Mesías no se circunscribe únicamente al pueblo judío.

En el v. 22 la gente reacciona con asombro planteando la pregunta “¿no es éste el hijo de José?” Esta familiaridad de conocerle a él o a su familia les lleva a considerarle incapaz de ser la persona a través de quien se cumpliría aquella promesa. La pregunta esconde un segundo prejuicio que queda manifestado en los vv. 25-29, pues no toleran que el mensaje y la acción de Jesús les recuerden el favor de Dios hacia los gentiles.1

Jesús podría haber mantenido un discurso que le hubiese conservado su “honor” conforme a los paradigmas sociales, pero prefiere realizar una defensa de sí mismo y de su programa que le conduce al menosprecio de la gente.2 El desprecio va a ser tan grande que sus nuevos enemigos, en vez de humillarle a golpes,3 van más allá prendiéndolo para despeñarle y atentar contra su vida. Esto se debe a que Jesús pasa a ser considerado una amenaza para el orden social. De este modo, al principio de su evangelio, Lucas enseña que el mesianismo de Jesús tendrá oposición y rechazo, y que su legítimo honor, como veremos a lo largo del evangelio, será únicamente reconocido por quienes creen en él, principalmente personas socialmente indefensas e incapaces de defender el honor propio (según la Biblia esta indefensión es ejemplificada principalmente por huérfanos, viudas, extranjeros, etc.).4 Jesús no solo se pone de lado de los débiles, sino que pierde su propio honor por defender el de ellos. Es más, en lugar de regirse por los estereotipos sociales y las apariencias (Mc 12:14), en su trato con los demás no hace acepción de personas.

Lucas, que redacta su evangelio para una comunidad compuesta por judíos y gentiles, también trata de explicar cómo Jesús, siendo el Mesías, tiene el rechazo de la mayor parte del pueblo escogido mientras que, por el contrario, es acogido por muchos paganos (sugeridos en la viuda de Sarepta mencionada en el v. 26 y Naamán el sirio mencionado en el v. 27). En los años en que Lucas escribe, los creyentes se enfrentan al problema teológico de la incredulidad judía respecto a Jesús.5

Cuando Jesús expone en los vv. 24-27 la atención de Dios a personas paganas como la viuda de Sarepta y Naamán el sirio, la audiencia de la sinagoga se siente herida en su honor por estas pretensiones inclusivas y se llenan de ira (v. 28). Por tanto, no es que el auditorio allí congregado se ofenda porque Jesús se aplique a sí mismo y a su ministerio el tiempo del fin,6 ni se trata meramente de personas que en su orgullo rechazan la voluntad de Dios (aunque hay algo de eso).7 El problema es que Jesús argumenta que ante Dios no hay ningún favoritismo por el hecho de ser judío. La noticia de liberación conforme al texto de Isaías que Jesús expone es una buena noticia para todas las personas. Sin embargo, como ya se insinúa en el pasaje, la misión de Jesús tendrá que pasar por un aparente fracaso y por el continuo rechazo que finalmente le conducirá a la muerte.8

El evangelista apunta que el pueblo, desde su nacionalismo exclusivista, había renegado del propósito original de ser una nación escogida para ser luz de las naciones (Dt 7:6-8; Is 49:6,8), y que Jesús recupera y cumple este propósito universal hacia todos los pueblos (cf. Is 49:6). La cuestión está ahora en manos de su comunidad de seguidores.

Resulta evidente que Jesús, tras la lectura del pasaje de Isaías en la sinagoga, está declarando que entre los beneficiarios del jubileo, del perdón y la liberación, están también los extranjeros, lo que supone una auténtica bofetada para los oyentes que sufrían la dominación romana.9 Por tanto, hay una relación con su enseñanza pública sobre el amor a los enemigos (Mt 5:44).10 El jubileo escatológico esperado, desde la óptica de Jesús, contiene el perdón de las deudas de Israel, pero, en vez de incluir el castigo a los enemigos como lo expresaba Isaías, Jesús expone que las buenas noticias son también para esas mismas naciones enemigas.11 Implica la reconciliación de Dios con los seres humanos, y de los seres humanos entre ellos.

Tenemos un pasaje potente contra las actitudes exclusivistas, clasistas o racistas,12 y contra quienes hacen “uso” de Dios para estas causas. Al mismo tiempo es un texto que nos habla de inclusión y de aceptación en el pueblo de Dios y nos abre la esperanza de un jubileo escatológico para toda la humanidad.

Durante el discurso en la sinagoga, Jesús habló a un número de personas que podían haberse unido a su proyecto. Sin embargo, la sujeción a la normatividad social y los prejuicios les impidieron el seguimiento. ¿Qué prejuicios sociales nos llevan hoy a rechazar a Jesús con nuestros actos? ¿Cuál es nuestro trato hacia las personas social y culturalmente rechazadas?

El Espíritu nos lleva a aceptar incluso a quienes consideramos socialmente impuros pues, como señala un texto lucano de Hechos: “… a mí me ha mostrado Dios que a nadie llame común o impuro” (Hch 10:28b), puesto que “Dios no hace acepción de personas” (Hch 10:34b).


Notas

  1. S. S. PARK, La fe del carbonero, 1ª ed. (Valladolid: Camino Viejo, 2020), 28.
  2. Es decir, en el paradigma honor y vergüenza, la vergüenza es entendida como un valor positivo que sirve para conservar la dignidad dentro de las reglas de la interacción humana. Cf. B. J. MALINA, El mundo del Nuevo Testamento. Perspectivas desde la antropología cultural. 2ª ed. (Estella: Verbo Divino, 2016), 70-71.
  3. MALINA, El mundo del Nuevo Testamento.59-60.
  4. MALINA, El mundo del Nuevo Testamento.63.
  5. RODRIGUEZ CARMONA, “La obra de Lucas (Lc-Hch),” en: R. AGUIRRE y A. RODRIGUEZ, Evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles. Nueva edición actualizada y ampliada (Estella: Verbo Divino, 2012), 447.
  6. Esta opinión aparece en: C. S. KEENER, Comentario del contexto cultural de la Biblia. Nuevo Testamento (El Paso: Mundo Hispano, 2003), 196.
  7. M. HENRY, Comentario de la Biblia Matthew Henry. 1ªed. (Miami: Unilit, 1999), 779.
  8. D. MARGUERAT- Y. BOURQUIN, Cómo leer los relatos bíblicos. Iniciación al análisis narrativo (Santander: Sal Terrae, 2000), 277.
  9. N. T. WRIGHT, Sencillamente Jesús. 2ª ed. (Madrid: PPC, 2018), 98-99.
  10. WRIGHT, Sencillamente Jesús, 99.
  11. WRIGHT, Sencillamente Jesús, 100.
  12. L. M. RUSSELL, La Iglesia como comunidad inclusiva: una interpretación feminista de la Iglesia (San José/Buenos Aires: Universidad Bíblica Latinoamericana/ISEDET, 2004), 144.

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“La paradoja de Lucas”, por Gabriel Mª Otalora

miércoles, 26 de enero de 2022
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BD01ED67-A8EC-451E-8E32-BA6198E24846De su blog Punto de Encuentro:

15.01.2022 | Gabriel Mª Otalora

Lucas es el evangelista considerado más social. Vivió en la marginalidad respecto a los centros de poder, conscientemente asumida, donde su comunidad trata de convertirse en Buena Noticia para que la evangelización llegue a ser socialmente relevante a través de la proclamación de la Palabra y con el ejemplo.

La preocupación lucana se centra en exhortar al uso adecuado de las riquezas. Su Evangelio es el que más habla de los pobres, aunque se dirige especialmente a los ricos y a un uso evangélico de las riquezas. En este contexto, propone también el ideal de compartir los bienes. Concretamente, en los Hechos de los Apóstoles nos dice: En la comunidad se vivía el servicio, no había pobres porque los que tenían bienes los ponían en común, y cada uno recibía según su necesidad.

  Sin embargo, resulta paradójico que Lucas, que es, si se me permite la expresión, el evangelista más “social” de los cuatro, sea el que a la vez muestra un interés especial en presentar a Jesús rezando en los momentos fundamentales de su vida, como algo que debemos entender dirigido también a cada uno de nosotros: en su bautismo (Lc 3, 21); en la elección de los Doce (Lc 6, 12); antes de forzar la elección en sus discípulos (Lc 9,18); en la transfiguración (Lc 9, 28); en la oración espontánea de alabanza (Lc 10, 21), cuando les enseña la oración de relación filial con el Padre (Lc 11) y por supuesto, antes del prendimiento y en su pasión y su muerte (Lc 22,32-41; 23,46).

Jesús acudía a la sinagoga como un judío cumplidor más, pero dedicaba muchos más ratos de oración. Nos dice Lucas Jesús se retiraba con frecuencia a lugares solitarios a orar (Lc 5, 16), incluso apartándose de la gente o aprovechando la madrugada para ir a un descampado a buscar esa relación íntima con el Padre que llamamos oración. Este era su alimento principal.

Es cierto que una fe sin obras es una fe muerta, pero la oración es esencial para vivir el ejemplo de Cristo. Y esto lo hemos arrinconado. La actitud que mostramos, el cómo hacemos es esencial y para eso necesitamos luz y fuerza. Pero se nos ha olvidado rezar y estar atentos a la escucha; no nos parece importante o nos parece difícil y por eso le dedicamos en todo caso un tiempo accesorio, como si evangelizar fuese obra nuestra, y no el plan de Dios. No es así como actuó Jesús, según nos cuentan los cuatro evangelios, especialmente el texto lucano, tan orientado a lo que hoy llamaríamos justicia social.

La oración cristiana es relación con el Padre, y eso hay que alimentarlo si queremos dar fruto en humildad, en la escucha mutua, la comprensión y el diálogo, ahora en la clave sinodal del Papa. Por eso es necesario orar siempre y no únicamente cuando estamos en una situación apurada.

Tomemos el ejemplo de la santa Teresa de Calcuta, incansable cada día con el sari blanco y sus listas azules, que pasaba por lo menos tres horas al día en oración. Esto suponía para ella el motor de toda su labor activa. Cuenta un periodista que le entrevistó que, ante la cantidad de necesitados que se agolpaban en su centro, él no entendía que esta mujer dedicara tanto tiempo a rezar, cada día. La respuesta de la Madre Teresa fue muy concreta: Sin oración yo no podría trabajar ni media hora. La fuerza que tengo, Dios me la da a través de la oración… Y añadía: “Lo más importante que puede hacer un ser humano es rezar”.

¿Y cómo rezar? Teresa responde: “Siempre empiezo a rezar en silencio, porque es en el silencio del corazón donde habla Dios. Dios es amigo del silencio: necesitamos escuchar a Dios porque lo que importa no es lo que nosotros le decimos sino lo que Él nos dice y nos transmite”.

Me parece que estamos ante nuestra principal asignatura pendiente, que no es otra que la desvalorización de la oración fiándolo todo a la acción. La paradoja de Lucas es la misma que encontramos en Teresa de Calcuta… en Teresa de Jesús, en Ignacio de Loyola, y en tantos más.

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“Buena Noticia para los pobres”. 3 Tiempo ordinario – C (Lucas 1,1-4; 4,14-21)

domingo, 23 de enero de 2022
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973BFAAA-8F7E-4DB4-8D9D-BC310988551BUno de los rasgos más escandalosos e insoportables de la conducta de Jesús es su defensa decidida de los pobres. Una y otra vez, los cristianos tratamos de escamotear algo que es esencial en su actuación.

No nos engañemos. Su mensaje no es una buena noticia para todos, de manera indiscriminada. Él ha sido enviado para dar una buena noticia a los pobres: el futuro proyectado y querido por Dios les pertenece a ellos.

Tienen suerte los pobres, los marginados por la sociedad, los privados de toda defensa, los que no encuentran sitio en la convivencia de los fuertes, los despojados por los poderosos, los humillados por la vida. Ellos son los destinatarios del reino de Dios, los que se alegrarán cuando Dios «reine» entre sus hijos e hijas.

Pero ¿por qué son ellos los privilegiados? ¿Es que los pobres son mejores que los demás para merecer de Dios un trato especial? La posición de Jesús es sencilla y clara. No afirma nunca que los pobres, por el hecho de serlo, sean mejores que los ricos. No defiende un «clasismo moral». La única razón de su privilegio consiste en que son pobres y oprimidos. Y Dios no puede «reinar» en el mundo sino haciéndoles justicia.

Dios no puede ser neutral ante un mundo desgarrado por las injusticias de los hombres. El pobre es un ser necesitado de justicia. Por eso la llegada de Dios es una buena noticia para él. Dios no puede reinar sino defendiendo la suerte de los injustamente maltratados.

Si el reinado de Dios se impone, los pobres serán felices. Porque donde Dios «reina» no podrán ya reinar los poderosos sobre los débiles ni los fuertes sobre los indefensos.

Pero no lo olvidemos. Lo que es buena noticia para los pobres resuena como amenaza y mala noticia para los intereses de los ricos. Tienen mala suerte los ricos. El futuro no les pertenece. Sus riquezas les impiden abrirse a un Dios Padre.

José Antonio Pagola

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“Hoy se cumple esta Escritura”. Domingo 23 de enero de 2022. Domingo 3º del Tiempo Ordinario

domingo, 23 de enero de 2022
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11-ordinario3 (C) cerezoLeído en Koinonia:

Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10: Leían el libro de la Ley, explicando el sentido.
Salmo responsorial: 18: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
1Corintios 12, 12-30:  Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.
Lucas 1, 1-4; 4, 14-21: Hoy se cumple esta Escritura.

En el libro de Nehemías se nos cuenta de una lectura pública y solemne del libro de la ley de Dios, el que nosotros los cristianos llamamos Pentateuco y en cambio los judíos designan como “Toráh”, Ley. Estamos a finales del siglo V AC, los judíos hace pocos años que han regresado del destierro en Babilonia y a duras penas han logrado reconstruir el templo, las murallas de la ciudad, sus propias casas. Les hace falta urgentemente una norma de vida, una especie de “constitución” por medio de la cual puedan regirse en todos las aspectos de la vida personal, social y religiosa. Esdras, un líder carismático, respetado por todos y considerado levita y escriba, es decir, sacerdote y maestro, les da esa ley, esa constitución que necesitan, proclamando solemnemente, ante todo el pueblo reunido, la santa Ley de Dios. Ya vimos como respondió la gente: comprometiéndose a cumplirla y guardarla, llorando sus infidelidades y, a instancias de sus líderes, celebrando una fiesta nacional: la fiesta de la promulgación de la Ley divina. Desde ese remoto día, quinientos años antes de Jesucristo, hasta hoy, los judíos ordenan sus vidas según los mandatos de la Toráh o Pentateuco.

El texto de Lc 4, 14ss era un texto sin relevancia en la vida práctica de la comunidad cristiana hasta hace sólo 50 años, un texto olvidado, como tantos otros que hoy nos parecen fundamentales. Fue la teología latinoamericana la que puso de relieve este texto como capital. Lucas lo pone al inicio de la vida pública de Jesús. Puede que no corresponda a algo que aconteciera realmente al principio (Juan, de hecho, pone otros pasajes como comienzo de su evangelio), pero lo fue en su significación. O sea, tal vez no ocurrieron las cosas así (y no es posible saberlo históricamente), pero Lucas tiene razón cuando sitúa esta escena en su evangelio como un inicio programático que contiene ya, en germen, simbólicamente, toda su misión.

Jesús, sin duda, tuvo que interpretar muchas veces su propia vida con estos textos proféticos de Isaías. Parece obvio que Jesús vio su vida como el cumplimiento, como la prolongación de aquel anuncio profético de la “Buena Noticia para los pobres”. La misión de Jesús es el anuncio de la Buena Noticia de la Liberación. La “ev-angelización” (“eu-angelo” = buena noticia) no es más que una forma de la liberación, la “liberación por la palabra”.

Las aplicaciones son muchas, y bastante directas:

-La misión cristiana hoy, continuando la misión de Jesús, tiene que ser… eso mismo, o sea: “continuación de la misión de Jesús”, en sentido literal y directo. Ser cristiano, en efecto, será «vivir y luchar por la Causa de Jesús», sentirse llamado a proclamar la Buena Noticia de la Liberación, entendiéndolo en su literalidad más material también: la “Buena Noticia” tiene que ser «buena» y tiene que ser «noticia». No se puede sustituir semánticamente por el «catecismo» o la «doctrina». Jesús no vino a enseñar “la doctrina”; la “evangelización” de Jesús no fue una «catequesis eclesiástico-pastoral»…

-La misión de Jesús no puede pretender ser neutral, “de centro”, “para todos sin distinción”, no inclinada ni para los ricos ni para los pobres… como pretenden tantas veces quienes confunden la Iglesia con una especie de anticipo piadoso de la Cruz Roja… Lo peor que podría decirse del evangelio es que fuese neutral, que no se pronuncia, que no opta por los pobres… La peor ideología sería la que ideologiza el evangelio de Jesús diciendo que es neutro e indiferente a los problemas humanos, sociales, económicos y políticos, porque se referiría sólo a “lo espiritual”…

-Puede ser bueno recordar una vez más: Jesús está lejos de la beneficencia y del asistencialismo… No se trata de “hacer caridad” a los pobres, sino de inaugurar el orden nuevo integral, el único que permite hablar de una liberación real… Es importante caer en la cuenta de que muchas veces que se habla de opción “preferencial” por los pobres se está claramente en una mentalidad asistencial, muy alejada del espíritu de Lc 4, 14ss.

-La palabra evangelizadora, o es activa y práctica en la praxis de liberación, o es anti-evangelizadora. La palabra evangelizadora no es palabra de teoría abstracta. Es una palabra que hace referencia a la realidad y la confronta con el proyecto de Dios. “Evangelizar es liberar por la palabra” (Nolan). Una palabra que no entra en la historia, que no se pronuncia, que se mantiene por encima de ella o en las nubes, que no moviliza, no sacude, no provoca solidaridad (ni suscita enemigos)… no es heredera de la «pasión» del Hijo de Dios.

Algunos recursos para trabajar catequéticamente este evangelio y este tema: Leer más…

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23.1.22. Manifiesto de Nazaret. A vosotros: Pobres, prisioneros, cegados y oprimidos… (Lc 4, 16-30)

domingo, 23 de enero de 2022
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AD8CEBC3-0F88-4142-A695-09F169F27473Del blog de Xabier Pikaza:

Dom 3. Tiempo ordinario. Ciclo c. Jesús proclama y expone en Nazaret (Lc 4, 16-30) su manifiesto mesiánico, a favor de pobres, prisioneros, cegados y oprimidos, partiendo del programa de Isaías Is 61, 1-3. Esta es la Carta Magna de su Reino, en contra del Imperio Romano que Lucas él conocía bien, como intelectual y ciudadano.

Cada evangelio tiene su estilo y programa. Marcos era un inmenso narrador, Mateo un catequista judeo-cristiano, Juan era un místico en la línea de la gnosis.

Lucas, en cambio, es un escritor de oficio, un intelectual greco-romano, que quiere promover un camino de transformación social del imperio, empezando desde Nazaret, para culminar en Roma donde presentrá a Pablo encadenado anunciando el evangelio de la transformación universal que Jesús empezó anunciando en Nazaret.

Introducción. Manifiesto en contra de un judaísmo y cristianismo entendidos como poder  establecido.

Lucas ha estudiado, ha comparado, ha descubierto la singularidad del evangelio de Jesús (Lc 1,1-4) y así quiere proponerla, desarrollando de un modo ordenado su argumento. Ha comenzado presentando la “prehistoria” del evangelio, con la anunciación y nacimiento de Juan Bautista y de Jesús (Lc 1-2).

Ha seguido exponiendo el mensaje del Bautista, con el bautismo y las tentaciones de Jesús, es decir, con las falsas propuestas de un “mesianismo diabólico” que él quiere superar (Lc 3,1-4, 13). Y en esa línea quiere proclamar la “novedad” del mensaje y camino de Jesús, escogiendo para ello el lugar propio (Nazaret) y un lugar apropiado (un sábado, en la sinagoga del oficial judaísmo).

Este manifiesto de Jesús, fundado en el programa mesiánico de Isaías, sigue siendo escandaloso. Lo fue para los judíos “nacionalistas” de Nazaret, que querían poner la religión al servicio de su “pueblo” (es decir, de su iglesia particular). Y lo sigue siendo para gran parte de los cristianos actuales, que ponen sus iglesias al servicio del “orden establecido”:

  1. Es contrario a los que ponen sus intereses de Iglesia, sus posibles dogmas y estructuras sacrales por encima de los pobres y excluidos, los oprimidos y esclavizados del mundo, sean de la religión y país que fueren.
  2. Es contrario a los que defienden su “cristianismo sociológico” (su forma de entender un tipo de Estado, Capital, Empresa, TV o radio) por encima de la liberación de los pobres.
  3. Los judíos nacionales de Nazaret tenían razón en contra de Jesús, pues Jesús iba en contra de su estructura socio-religiosa, esto es, de su judaísmo de clan egoísta, al servicio de sí mismo.
  4. Este manifiesta de Jesús va también en contra de un tipo de cristianismo sociológico, propio de un tipo de jerarcas que creen en su religión, no en la liberación y libertad de todos los pobres del mundo…
  5. Va también en contra de un “cristianismo establecido” como poder social, en defensa del orden, poder y riqueza de algunos en contra de los oprimidos del mundo.

Anuncio profético: cinco obras mesiánicas (Lc 4, 16-21).

             Lucas lleva a Jesús a Nazaret, su pueblo, para que presente allí su Manifiesto de Dios; pero los nazarenos, sus paisanos, no le aceptan, y parecen preguntarle: ¿tú, quién eres? y él responde citando unas palabras de Isaías. Vengamos al  texto:

Entró en la sinagoga, tomó el libro… y encontró el pasaje donde está escrito: El Espíritu del Señor esta sobre mí; ‒ por eso me ha ungido para evangelizar a los pobres; – por eso me ha enviado: para ofrecer la libertad a los presos y la vista a los ciegos; para enviar en libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor. Enrolló el volumen… y dijo: Hoy… se ha cumplido esta Escritura (cf. Lc 4, 16-21).

Como Ungido de Dios (=Mesías), Jesús retoma J las palabras de Is 61, 1-3, introduciendo en ellas una novedad significativa, tomada de Is 58, 6: “Me ha ungido para enviar en libertad a los oprimidos». No es mensajero de un Dios puramente interior, ni maestro intimista (¡que lo es!), sino que declara cumplidas para todos, de un modo social, en su vida y persona, las promesas de la misericordia:

  1. (Dios…) me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres (ptôkhois). El Espíritu de Dios le ha ungido, y por eso puede anunciar su presencia, evangelizando a los pobres, hambrientos de pan y/o carentes de esperanza. Ésta es la raíz de su programa de Reino, expandido en los momentos que siguen. No habla de Dios en sí, ni de una Iglesia separada, no de unos derechos de los bien establecido (eclesiásticos, civiles, económico o culturales). Empieza hablando del derecho divino de los pobres.
  2.  Me ha enviado para proclamar la libertad a los prisioneros (aikhmalôtois), esclavizados en cárcel o destierro, víctimas de la violencia. Prisioneros son los que han caído bajo el poder de los fuertes, los vencidos, expulsados y encadenados, víctimas de guerra… Prisioneros son los que no pueden vivir en libertad y autonomía, en conocimiento y gozo,  porque el conocimiento y poder lo han “copado” los poderosos y ricos del mundo. Tampoco ahora habla Jesús de Dios, ni de sus derechos como “cristo”, ni de la iglesia. Sigue hablando del derecho divino de los pobres-oprimidos.
  3.  Me ha enviado para proclamar (=ofrecer) vista a los invidentes, aquellos a quienes luna enfermedad propia o la violencia del sistema “cultural” les impide que vean.  Jesús proclama su “palabra de verdad” (su iluminación, su conocimiento) por encima y en contra de las redes de un sistema de “medios” que se han puesto al servicio del poder, condenando a la ceguera cultural y social a los pobres.
  4. Para enviar en libertad a los oprimidos. Los antes pobres y prisioneros aparecen ahora como “oprimidos” en sentido económico, social, personal.  No son “oprimidos por sí mismos”, están oprimidos por otros. “Enviar en libertad a los oprimidos” significa enfrentarse con los opresores, quitarle el poder de opresión que ellos han tomado por la fuerza. Éste programa de Jesús (y de aquellos que quieren seguirle) es peligroso y le constará al vida. Le matarán al fin lo que no quieren la libertad de los pobres…
  5. Para proclamar el año de gracia (dekton= aceptable) del Señor. El “año” significa aquí el “tiempo nuevo” de la rehabilitación, de la redención, de la liberación… A Jesús pueden matarle, pero su programa y camino de liberación sigue adelante, porque es el programa y camino de Dios.

 Jesús puede afirmar así, de un modo público, ante todos: Hoy se ha cumplido esta Escritura (Lc 4, 21), que se expresa y despliega en las cinco obras de misericordia liberadora, de mesianismo socialmente transformador, que empiezan con la buena noticia a los pobres, siguen con la liberación de prisioneros/oprimidos (y la curación de ciegos), y culminan en el cumplimiento del jubileo de la redención universal.

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Jesús en Nazaret (1ª parte). Domingo 3º. Ciclo C.

domingo, 23 de enero de 2022
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Escrituras-Jesús-Sinagoga-MVCDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Después de celebrar las tres epifanías (a los magos, en el Jordán, en Caná), volvemos al evangelio de Lucas. Cuando lo escribió tomó como punto de partida el de Marcos. Incluso lo copió a veces al pie de la letra. Pero, en bastantes ocasiones, lo cambia y completa. Uno de los casos más curioso de cambio y añadido lo tenemos en el evangelio de este domingo.

            La liturgia ha complicado las cosas al unir dos textos muy distintos: la introducción de Lucas a su evangelio (1,1-4) y la actuación de Jesús en Nazaret (4,14-21). Quien pretenda tratar los dos temas en la homilía puede provocar que sus oyentes terminen con la cabeza caliente y los pies fríos. Aconsejaría limitarse al segundo. Dejo el comentario a la introducción para un apéndice.

Actuación de Jesús en Nazaret (Lc 4,14-21)

            Marcos cuenta que Jesús, cuando metieron en la cárcel a Juan Bautista, se dirigió a Galilea y proclamaba: “Se ha cumplido el plazo y está cerca el reinado de Dios. Convertíos y creed la buena noticia”.

            Lucas también dice que Jesús se dirigió a Galilea y predicaba en las sinagogas, pero no dice qué predicaba. Las primeras palabras públicas las pronunciará en la sinagoga de Nazaret, y no hablan del plazo que se ha cumplido ni de la cercanía del reinado de Dios; tampoco piden la conversión y la fe.

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.»

            Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:

            – Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.

El reinado de Dios no está cerca, se ha hecho presente en Jesús

Lo primero que hace Jesús es leer un texto de Isaías que pretende consolar a los pobres, los cautivos, los ciegos, los oprimidos. Son imágenes que no debemos interpretar al pie de la letra. No se trata de ciegos físicos ni de presos. Este texto, escrito probablemente en el siglo VI o V a.C., describe la triste situación en la que se encontraba por entonces el pueblo de Israel, sometido al imperio persa. Una situación bastante parecida a la de los judíos del tiempo de Jesús, sometidos al imperio romano. Los presentes en la sinagoga de Nazaret podían verse reflejados perfectamente en esas palabras del libro de Isaías. Pero lo importante es lo que Jesús añade: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.

            Cuando se comparan las primeras palabras de Jesús en Marcos y Lucas se advierte una interesante diferencia. En Marcos, lo esencial es el reinado de Dios y la actitud que debemos adoptar ante su cercanía (conversión y fe). En Lucas, la fuerza recae en el personaje sobre quien Dios ha enviado su Espíritu: Jesús. No se trata de que el reinado de Dios esté cerca, se ha hecho ya presente en Jesús.

¿Qué se cumple hoy?

            El texto de Isaías se puede interpretar, a la ligera, como si el personaje del que habla (para nosotros, Jesús) fuese a llevar a cabo la mejora social de los pobres, la liberación de los cautivos, la curación de los ciegos, la libertad de los oprimidos. Sin embargo, el texto no pone el énfasis en la acción, sino en el anuncio. La traducción litúrgica usa tres veces el verbo “anunciar” (en griego sería una vez “evangelizar” y dos “anunciar”). Este matiz es importante, porque coincide con lo que hizo Jesús. Es cierto que curó a algún ciego, pero no liberó de los romanos ni mejoró la situación económica de los pobres. Lo que hizo fue “anunciar el año de gracia del Señor”, hablar de un Dios Padre, que nos ama incluso cuando las circunstancias de nuestra vida siguen siendo muy duras.

Un optimismo desafiante

La liturgia ha dividido el relato de Lucas en dos domingos. Con ello, nos quedamos sin saber cómo reaccionará el auditorio a lo que ha dicho Jesús. La sabremos el próximo domingo. Lo que hoy debe quedarnos es el profundo optimismo del mensaje de Isaías, que, al mismo tiempo, supone un desafío para nuestra fe. ¿Se ha cumplido realmente esa Escritura que anuncia la mejora y la salvación a pobres, ciegos, cautivos y oprimidos? Una rápida lectura del periódico bastaría para ponerlo en duda. Cuando Lucas escribió su evangelio, cuarenta o cincuenta años después de la muerte de Jesús, también tendría motivos para dudar de esta promesa. Sin embargo, no lo hizo. Jesús había cumplido su misión de anunciar el año de gracia del Señor, había traído esperanza y consuelo. Había motivo más que suficiente para creer que esa palabra se había cumplido y se siguen cumpliendo hoy.

La 1ª lectura (Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10)

En aquellos días, el sacerdote Esdras trajo el libro de la Ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era mediados del mes séptimo. En la plaza de la Puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la Ley. Esdras, el escriba, estaba de pie en el púlpito de madera que había hecho para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -pues se hallaba en un puesto elevado- y, cuando lo abrió, toda la gente se puso en pie. Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: «Amén, amén.» Después se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra.

            Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura. Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero: «Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis.» Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley. Y añadieron: «Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.»

            Este episodio se interpreta generalmente como el punto de partida histórico de la lectura pública de los textos sagrados judíos y ayuda a comprender lo ocurrido en la sinagoga de Nazaret. La escena se sitúa en la segunda mitad el siglo V a.C., en tiempos de Esdras, y representa una gran novedad. Hasta entonces, quienes hablaban en público eran los profetas. Ahora se lee el libro de la Ley de Moisés (quizá alguna parte del Deuteronomio), de acuerdo con un ritual muy preciso, que se mantuvo parcialmente en las sinagogas: Esdras se sitúa en un púlpito, la gente se pone en pie, Esdras bendice al Señor y todos adoran. Según otra versión, quienes leen son los levitas, que, al mismo tiempo, explican el sentido de lo que han leído.

La introducción al evangelio (Lc 1,1-4)

            Ya que el ciclo C está dedicado al evangelio de Lucas, se recoge el prólogo, en el que Lucas ofrece cuatro datos esenciales: a) por qué escribe la obra; b) a quién la dedica; c) qué método usa; d) qué pretende. [La traducción litúrgica ha cambiado el orden, colocando el primer lugar al destinatario].

Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo, después de informarme, he resuelto, ilustre Teófilo, escribirte todo por orden y exactamente, comenzando desde el principio; para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

            Justificación. Llama la atención la referencia a esos muchos que emprendieron la tarea de contar lo sucedido. Si Lucas escribe en la década de los años 80-90, ¿quiénes son esos muchos? Podemos citar con seguridad el evangelio de Marcos, que usará como punto de partida, y el documento con dichos de Jesús conocido como «fuente Q». También otra serie de documentos menores, fragmentarios, utilizados por Lucas en la redacción de su evangelio. Más importante es que los califica de «testigos oculares», convertidos más tarde en «servidores de la Palabra».

            Destinatario. ¿Quién es Teófilo? Normalmente se ha pensado en un pagano convertido al cristianismo, de buena posición social y económica, dispuesto a costear los gastos que suponen viajes, investigación y redacción de la obra. Otros no ven claro que se trate de un pagano convertido; podría ser un judío.

            Método. Volviendo a los precursores, Lucas no se siente satisfecho con su labor. Encuentra que no han escrito «desde el principio» (a;nwqen), «todo» (pa/sin), «exactamente» (avkribw/j) y «por orden» (kaqexh/j). Estas cuatro deficiencias son las que pretende mejorar. En un breve resumen, podemos decir que «desde el principio» lo lleva a comenzar por la infancia; «todo», a incluir en el relato de Marcos la gran aportación de los Dichos (Q) y de otras tradiciones que él ha descubierto; «exactamente», a situar los hechos en su contexto histórico preciso: censo de Quirino (2,1-2), actividad de Juan Bautista (3,1-2); «por orden», a componer la obra de forma coherente, cuidando al mismo tiempo su calidad literaria.

            Finalidad. Se indica claramente: «para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido». Esto sugiere que Teófilo ha sido «catequizado» (kathch,qhj) solo oralmente. La obra de Lucas servirá para dar autoridad y solidez a esa enseñanza, confirmando y ampliando lo aprendido anteriormente. Este dato es fundamental para no extrañarse de ciertas «incongruencias» de Lucas. Por ejemplo, en 5,3 habla de Simón como si fuera conocido para el lector, aunque es la primera vez que lo nombra. De hecho, un lector que ya ha sido catequizado sabe muy bien quién es Simón Pedro.

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Quien desee completar estas ideas puede consultar J. L. Sicre, El evangelio de Lucas. Una imagen distinta de Jesús. Verbo Divino. Estella 2021, pp. 63-67.

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23 Enero. III Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C

domingo, 23 de enero de 2022
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TO-III

 

“En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea, con la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la comarca.”

(Lc 1, 1-4; 4, 12-14)

Volvió” y nosotros volvemos a estrenar tiempo litúrgico. Bueno, en rigor empezamos hace casi dos semanas. El tiempo de Navidad terminó con el Bautismo del Señor y desde entonces empezamos el “Tiempo Ordinario”. Es el más largo de los tiempos litúrgicos y sin embargo parece que le damos poca importancia.

El Adviento y la Cuaresma son tiempos fuertes, llenos de compromisos y anhelos. La Navidad y la Pascua son tiempos de mucha fiesta y alegría. El Tiempo Ordinario pasa más desapercibido, es silencioso, pero es aquí donde se “cuece” la vida.

Lo que decíamos, lo estamos estrenando y durante este año la liturgia nos presenta el evangelio de Lucas. Tenemos treinta y pico semanas para saborear la experiencia de Jesús que tuvo la comunidad de Lucas.

Y así, de una volada, nos hemos plantado en el capítulo 4, en la vida pública de Jesús. Los relatos del anuncio y el nacimiento los hemos recordado en Navidad. Ahora estamos de nuevo en la línea de salida. Jesús vuelve a Galilea y volverá alguna vez más, y también nos hará volver. Pero no vuelve de cualquier manera, vuelve “con la fuerza del Espíritu”. ¿Qué tal si también nosotras nos animamos a volver así, con la fuerza del Espíritu?

Ahora que las fiestas de Navidad nos han devuelto a nuestras rutinas, a nuestra cotidianidad, volvamos con ganas. Volvamos con novedad.

Lo conocido no es menos emocionante o más pobre, las cosas buenas no solo suceden en vacaciones. Toda nuestra vida está llena de regalos por abrir. Muchas veces no llevan papel de colores ni son objetos que podamos almacenar. Quizá por ello a penas los percibimos y se quedan esperando.

¡Anímate! Y vuelve tú también a tu Galilea. Pero vuelve con la fuerza del Espíritu para que en ti se cumpla el Sueño de Dios.

Oración

Derrama, Trinidad Santa, tu Espíritu sobre nosotras para que nos acerquemos a tu Palabra y descubramos la Buena Noticia. Para que nuestras vidas sean signos de libertad. Amén.


*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El Espíritu libera y capacita para liberar

domingo, 23 de enero de 2022
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D98CCDEF-8944-45B9-ACC0-30DA9086D90BDOMINGO III (C)

Lc 4,14-21

Este ciclo (C) toca leer el evangelio de Lucas, que empieza con un paralelismo de la infancia entre el Bautista y Jesús en los dos primeros capítulo. A partir de aquí, se olvida de todo lo dicho y comienza solemnemente su evangelio: “En el año quince del gobierno de Tiberio Cesar… vino la palabra de Dios sobre Juan… Después del bautismo y las tentaciones, propone un nuevo comienzo con un resumen: Regresó a Galilea con la fuerza del Espíritu, enseñaba en las sinagogas y su fama se extendió.

No es la primera vez que entra en una sinagoga pues dice: “como era su costumbre”. Y “haz aquí lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm. El texto de Isaías es el punto de partida. Pero más importante aún que la cita, es la omisión voluntaria de la última parte que decía: “… y un día de venganza para nuestro Dios” (estaba expresamente prohibido añadir o quitar un ápice del texto). Los que escuchaban se dieron cuenta de la omisión. Atreverse a rectificar la Escritura era inaceptable.

Isaías habló en metáforas, no habla de curación física. Jesús se niega a entrar en la dinámica que ellos esperan. Ni la misión de Elías ni la de Eliseo fue remediar necesidades materiales. Continúa Lucas con un texto en que Jesús realiza toda clase de curaciones, ahora en Cafarnaúm. Pero termina orando en descampado y diciendo a los que le buscan: Vámonos a otros pueblos a predicar, que para eso he venido.

No comenta un texto de la Torá, que era lo más sagrado para el judaísmo sino un texto profético. El fundamento de la predicación de Jesús se encuentra más en los profetas que en el Pentateuco. Para los primeros cristianos estaba claro que el mismo Espíritu, que ha inspirado la Escritura, unge a Jesús a ir mucho más allá de ella, superando el carácter absoluto que le habían dado los rabinos. Ninguna teología,  ninguna norma tiene valor absoluto. El ser humano debe estar siempre abierto al futuro.

Al aplicarse a sí mismo el texto, está declarando su condición de “Ungido”. Seguramente es esta pretensión la que provoca la reacción de sus vecinos, que le conocían de toda la vida y sabían quién era su padre y su madre. En otras muchas partes de los evangelios se apunta a la misma idea: La mayor cercanía a la persona se convierte en el mayor obstáculo para poder aceptar lo que es. Para un judío era impensable que alguien se atreviera a cambiar la idea de Dios de la Escritura.

Partiendo de Isaías, Jesús anuncia su novedoso mensaje. A las promesas de unos tiempos mesiánicos por parte de Isaías, contrapone Jesús los hechos: “hoy se cumple esta Escritura”. Toda la Biblia está basada en una promesa de liberación. No debemos entender literalmente el mensaje y seguir esperando lo que ya nos han dado. Dios no nos libera, Dios es la liberación. Soy yo el que debo tomar conciencia de ello.

La libertad es el estado natural del ser humano. La “buena noticia” de Jesús va dirigida a todos los que padecen cualquier clase de sometimiento, por eso tiene que consistir en una liberación. No debemos caer en una demagogia barata. La enumeración que hace Isaías no deja lugar a dudas. En nombre del evangelio no se puede predicar la simple liberación material, pero tampoco podemos conformarnos con una salvación espiritual, desentendiéndonos de las esclavitudes materiales.

Oprimir a alguien, o desentenderse del oprimido, es negar el Dios de Jesús. El Dios de Jesús no es el aliado de unos pocos. No es el Dios de los buenos, de los piadosos ni de los sabios; es, sobre todo, el Dios de los marginados, de los excluidos, de los enfermos y tarados, de los pecadores. Solo estaremos de parte Dios si estamos con ellos. Una religión, compatible con cualquier clase de exclusión, es idolátrica.  “Id y contarle a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan…”

Hoy el ser humano busca con ahínco la liberación de las opresiones externas, pero descuida la liberación interior que es la verdadera. Jesús habla de liberarse antes de liberar. En el evangelio de Juan, está muy claro que tan grave es oprimir como dejarse oprimir. El ser humano puede permanecer libre a pesar de los sometimientos externos; hay una parte de su ser que nadie puede doblegar. La primera obligación del hombre es no dejarse esclavizar y el primer derecho, verse libre de toda opresión.

¿Cómo conseguirlo? El evangelio nos lo acaba de decir: Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu. Ahí está la clave. Solo el Espíritu nos puede capacitar para cumplir la misión que tenemos como seres humanos. Tanto en el AT como en el NT, ungir era capacitar a uno para una misión. Pablo nos lo dice con claridad meridiana: Si todos hemos bebido de un mismo Espíritu, seremos capaces de superar el individualismo, y entraremos en la dinámica de pertenencia a un mismo cuerpo.

La idea de que todos formamos un solo cuerpo es genial. Ninguna explicación teológica puede decirnos más que esta imagen. La idea de que somos individuos con intereses contrapuestos es tan demencial como pensar que una parte de nuestro cuerpo pueda ir en contra de otra parte del mismo cuerpo. Cuando esto sucede le llamamos cáncer. El individualismo solo puede ser superado por la unidad del Espíritu.

Pablo nos invita a aceptarnos los unos a los otros como diferen­tes. Esa diversidad es precisamente la base de cualquier organismo. Sin ella el ser vivo sería inviable. Tal vez sea una de las exigencias más difíciles de nuestra condición de criaturas, aceptar la diversidad, aceptar al otro como diferente, encontrando en esa diferencia, no una amenaza sino una riqueza. Es fácil descubrir que estamos en la dinámica opuesta. Seguimos empeñados en rechazar y aniquilar al que no es como nosotros.

Lo único que predicó Jesús fue el amor, es decir, la unidad. Eso supone la superación de todo egoísmo y toda conciencia de individuali­dad. Los conocimientos científicos adquiridos en estos dos últimos siglos vienen en nuestra ayuda. Somos parte del universo, somos parte de la vida. Si seguimos buscando el sentido de mi existencia en la individualidad terminaremos todos locos. El sentido está en la totalidad, que no es algo separado de mi individualidad, sino que es su propio constitutivo esencial.

El Espíritu no es más que Dios presente en lo más hondo de nuestro ser. Eso que hay de divino en nosotros es nuestro verdadero ser. Todo lo demás, no solo es accidental, transitorio y caduco, sino que terminará por desaparecer. No tiene sentido que sigamos potenciando aquello de lo que tenemos que despegarnos. Querer poner en lo caduco el sentido a mi existencia es ir en contra de nuestra naturaleza más íntima.

Meditación

Hoy se cumple esa Escritura también en ti.
El Espíritu que actuó en Jesús, está actuando en ti.
El ego nos separa. El Espíritu nos identifica.
Conecta con esa energía divina que ya está en ti,
y la espiritualidad será lo más espontáneo y natural de tu vida.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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