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Misericordia y Personalismo

Martes, 3 de mayo de 2016

mounier2“Perentoria necesidad de mutua compasión”

“La misericordia se enrolla así en la caridad incondicional e incondicionada”!

(Andrés Ortiz-Osés).- En la reunión del grupo Mounier en Zaragoza se ha planteado la teología de la misericordia del Papa Francisco y la filosofía propia del personalismo.

En esta reflexión trato ambos temas de la misericordia franciscana y del personalismo cristiano comparativamente.

1. Misericordia

Según Schopenhauer, la clave de la auténtica religión está en la compasión, tal y como la representa el budismo. Pero la compasión búdica es típicamente oriental, extática, mientras que la compasión cristiana es más occidental, dinámica, y se expresa por la misericordia. El Papa Francisco ha recogido la tradición cristiana dotándola de un fuerte componente perdonador: quién soy yo para juzgar, Dios es más grande que nuestros pecados, todo santo tiene su pasado y todo pecador su futuro, la caridad es incondicional…

La misericordia se enrolla así en la caridad incondicional e incondicionada, quintaesencia del cristianismo originario de Jesús. La misericordia es un amor básico, por cuanto se basa o fundamenta paradójicamente en el desfundamento de nuestra común miseria humana, de ahí la compasión como pasión o padecimiento mutuo, compartido no solo pasiva sino activamente. Por eso es necesario en este contexto el mutuo perdón, el perdón por lo hecho y lo no-hecho, por acción u omisión. Esta mutua misericordia es lo que funda la alegría del amor, el cual es una autoafirmación abierta al otro, la afirmación propia y ajena, la apertura radical.

Así que el amor de misericordia dice caridad, la cual obtiene un componente cuasi “matriarcal” de heteroafirmación o afirmación del otro. Como mostró Erich Fromm, el componente matricial del amor se caracteriza por su incondicionalidad, así pues por su positividad o positivación del negativo o negatividad de lo real. Se trata entonces de un amor asuntivo o afirmativo, transustanciador o regenerador, recreador o reconversor (metánoia). Kierkegaard hablaba de trascender la inmanencia, de salto o abrimiento radical; nosotros hablamos más discretamente de la misericordia como asunción autocrítica de nuestra miseria a nivel personal e interpersonal.

2. Personalismo

Decimos que la misericordia tiene un componente matriarcal-femenino, por cuanto es compasión junto al otro. Por su parte, la persona es el individuo no solipsista sino solidario o social, comunitario, por ello se define por su apertura o comunicabilidad. Ahora bien, esta comunicabilidad propia de la persona obtiene el contrapunto de la autonomía o autarquía, de modo que la persona es comunicable e incomunicable, extrovertida e introvertida, heteroafirmativa y autoafirmativa, abierta y propia. Por eso los clásicos hablan de la persona como comunicación de lo incomunicable o inefable, logos íntimo o interior, mismidad. Esta mismidad de la persona la hace “suya” (sui ipsius, sui iuris), y nadie puede usurpar su propia conciencia personal (ni siquiera el Papa, como ha dicho el propio Francisco).

La persona es entonces abierta y propia, matriarcal y patriarcal, anima y animus, como dice C.G.Jung. Digamos que el amor de caridad o misericordia es efusivo y refrenda sobre todo la igualdad, mientras que el amor personal es afectivo y refrenda la libertad. Hay así una cierta “dualéctica” entre la misericordia y la persona, entre la posición horizontal del amor y la posición vertical de la persona, una cierta tensión entre amor ajeno y amor propio.

No se trata de distingos escolásticos, sino del encuentro entre la igualdad compasiva y la libertad personal. Ambos, igualdad y libertad, constituyen la auténtica coexistencia democrática, en la cual debe realizarse la mutua corrección de la igualdad por la libertad, y de la libertad por la igualdad. Si prevalece la igualdad frente a la libertad, accedemos a una especie de populismo comunistoide; pero si prevalece la libertad frente a la igualdad asistimos a un neoliberalismo fascistoide.

Hay que coafirmar pues la igualdad y la libertad, ya que todos somos iguales y diferentes a un tiempo. Es cierto que afirmar a la vez la igualdad compasiva y la libertad personal es una contradicción, pero tenemos que encontrar el equilibrio democrático entre ambos extremos, equilibrio significado hoy simbólicamente por una democracia liberal de carácter social.

3. Misericordia y personalismo

Alguno ha interpretado la teología de la misericordia del Papa Francisco como populismo (y se señala la simpatía de Pablo Iglesias por el Pontífice), aunque en verdad se trata de una teología popular o teología del pueblo. En su significativo viaje a Cuba y Estados Unidos este Papa se ha distanciado tanto del viejo comunismo como del nuevo capitalismo neoliberal, propugnando una especie de personalismo o interpersonalismo compasivo, basado en la fraternidad de inspiración cristiana. Pero esta fraternidad es precisamente la hermandad de igualdad y libertad, o sea, de política social y espíritu libre.

Al respecto la figura de E.Mounier recobra sentido actual. Este filósofo cristiano predica y practica a la vez lo matriarcal y lo patriarcal, la apertura cuasi femenina y la autoafirmación cuasi viril. La persona es ex/sistencia o salida al otro, empatía, pero también alma o espíritu, libertad. Por eso precisamente critica en la Iglesia tradicional su “castratismo”, que ha reprimido el deseo humano en lugar de trasfigurarlo y espiritualizarlo, como Francisco de Asís. El afrontamiento cristiano de Mounier no es un enfrentamiento frente al otro, pero tampoco una regresión o ensimismamiento cavernario.

A partir de viejos textos de la patrística, Hugo Rahner redefinió a la Iglesia como “Luna patiens”, luna compasiva que recibe la luz no de sí misma sino del Sol (Cristo). El peligro está en quedarse alucinada/alunizada dentro de la caverna lunar (platónica) sin salir a la luz del sol, al aire libre, al mundo del hombre en el que se encarna la divinidad cristiana. Pues si desde las catacumbas de la Iglesia el mundo aparece en crisis, desde el mundo es la Iglesia la que aparece en crisis. Pero está en crisis la Iglesia y el mundo, como siempre, de ahí la perentoria necesidad de la mutua compasión, perdón y misericordia: crítica.

Fuente Religión Digital

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“¿Qué podemos hacer?”

Martes, 16 de febrero de 2016

compromiso-social-1Imagen Universidad de Cádiz

Gabriel Mª Otalora
Bilbao (Vizcaya)

ECLESALIA, 01/02/16.- Demasiadas veces percibimos que muchas cosas malas no las podemos cambiar; y es verdad. A nuestro nivel, tenemos muy poco que aportar ante situaciones tremendas que se sufren y se mantienen a muchos kilómetros de donde estamos… o cada vez más cerca, como el millón de refugiados en la puerta de Europa: poderes fácticos, violencia a gran escala, injusticias enormes e imposibles de erradicar con nuestras manos… Sentimos impotencia. Esta impotencia suele dar lugar al desánimo que a su vez, puede deslizarse hacia la añoranza del pasado, idealizándolo, mientras dejamos sin vivir el presente; o puede derivar en cinismo y/o en indiferencia.

La frustración de no poder arreglar casi nada nos conduce a lo fácil: “si nos ponemos a pensar en todas las desgracias del mundo empezamos a llorar y no paramos”. Y pasamos a otra cosa. Emmanuel Mounier decía que no basta con estar contra la injusticia sino que es preciso hacer algo contra la injusticia. ¿Qué podemos hacer? Para que la respuesta no sea nada, tenemos que elegir una hoja de ruta cercana, sencilla y realista:

Solucionar algo es accesible para cualquiera de nosotros. Tenemos mucho por hacer siempre que no pidamos resultados a corto plazo, apuntemos a problemáticas inalcanzables o busquemos agradecimientos para calmar la vanidad o la inmadurez.

Cerca nuestro. No hay que ir lejos para toparnos con personas en situaciones difíciles o amargas. Baste agudizar la sensibilidad humana que todos llevamos dentro -más o menos embarrada- para impedir que la indiferencia salga vencedora. A nuestro lado, existen personas que nos necesitan.

Muchos pocos pueden hacer muchísimo. Ante una situación ominosa de alguien que nos es cercano, no es fácil que seamos solución del problema. Alrededor neceistan de nuestra sonrisa, de nuestra escucha y nuestro tiempo. Intentando comprender, perdonando… se puede aliviar bastante dolor. Hay situaciones que tienen un curso inexorable pero depende de nosotros el que el trago sea menos amargo. La fuerza invisible de lo pequeño es muy grande.

¿Somos parte de las soluciones o de los problemas? No está de más reflexionar si, a la vez que disertamos sobre las grandes injusticias del mundo con el fatalismo de quien no atisba soluciones, mirásemos también si somos parte directa del problema como causantes del dolor a otros.

Nuestra actividad, en nuestro círculo de influencia. Estamos donde la vida nos ha puesto y ahí es donde podemos mejorar el mundo. Y no es una exageración: sí, mejorar o empeorar el mundo de una sola persona es algo trascendental, en una dirección o en otra.

Lo importante es la actitud, no la cantidad de cosas que se hagan. Las más de las veces, los gestos humanizadores no son noticia en los periódicos pero supone una experiencia transformadora para los que sienten una mano tendida cercana, que ayudan a hacer visible el Reino.

Esperanza más allá de los acontecimientos puntuales. Hoy no es siempre, y la ayuda “estéril” de hoy puede ser válida mañana. Sentirte escuchado o ayudado sin ningún interés a cambio, es gratuidad que humaniza y predispone a quien lo experimenta para predisponer a realizarlo después con otros; y viceversa.

Rezar tiene fuerza. El creyente tiene la posibilidad de compartir con su Padre el dolor del otro. La eficacia de la oración sólo se puede entender desde la fe… Y desde el fruto de sus obras.

¿Y qué no debemos hacer? Minimizar nuestras posibilidades de mejorar la vida de otras personas. Pero debemos querer. La psicología afirma que cuando no orientamos nuestro interior hacia la solidaridad y la generosidad torpedeamos nuestro equilibrio vital y nuestra capacidad de sentirnos alegres. Pura ciencia, puro evangelio

 (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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