La Buena Samaritana: Primer «apóstol», de Iglesia. Dom 3 Cuaresma, ciclo A (Jn 4, 5-42)
Éste es el domingo de la Samaritana, cuya figura debe completarse con la del del Samaritano de Lc 10, 25‒36, formando un espléndido retablo de la Iglesia de Jesús judío, culminando la historia de los samaritanos, tenidos como “herejes” por los judíos. Éstos son los rasgos principales de la escena, que evocaré de forma introductoria, para presentar después el texto y un comentario algo más extenso.
- La Samaritana es el primer apóstol, fundadora de la Iglesia de Samaría. El texto evoca el surgimiento de esa Iglesia, tema al que Juan ha dedicado este capítulo (Jn 4, 5‒42) y Lucas un capítulo central del libro de los Hechos (4, 5‒42), aunque con una diferencia básica.
- Según Hechos, el fundador de la iglesia de Samaría fue Felipe, el diácono, pero su labor tuvo que ser completada por los apóstoles, Pedro y Juan, porque Felipe no tenía “autoridad para crear iglesias”. Según Jn 4 la fundadora es una mujer,que habla de su encuentro con Jesús en el pozo, sin que tengan que venir apóstoles de Jerusalén, Antioquía o Roma para completar su obra.
- Esta mujer es el primer apóstol y testigo de Jesús. Ella ha venido antes que Pedro y Juan, que todos los apóstoles varones, incluso antes que las otras mujeres de Juan (a excepción de la madre de Jesús, que aparece ya en Jn 2: Caná de Galilea). Antes que Marta y María, las de Betania y antes que María Magdalena. Ella es la Apóstola Fundadora de primera Iglesia de Samaría (por amor, por encuentro ante el pozo), mientras los varones andan por ahí comprando comida. Ella es, según Juan, el principio de todas las iglesias.
- La “historia” de esta mujer 4 ha sido recordada por la iglesia posterior de un modo “sentimental”, como mujer‒guapa, prostituta‒convertida, inspiración para devotas o contemplativas pero el evangelio de Juan la presenta como fundadora de Iglesia, una figura especial para siglo XXI, un momento clave en que la nueva iglesia “samaritana” ha de ser refundada por mujeres como ella, que buscan amor‒vida, nueva humanidad, junto al Pozo de Jacob, mientras los varones de iglesia buscamos comida (no para los pobres, sino para nosotros).
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Éstos son algunos de los rasgos que quiero destacar en lo que sigue. Presento primero el texto, luego un comentario, para el que tenga tiempo de seguir conmigo:
Juan 4,5-42
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber.» Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.» La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?» Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.» La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.»
[Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve.» La mujer le contesta: «No tengo marido.» Jesús le dice: «Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.»La mujer le dice: «Señor,] veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.» Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.» La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.» Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo.»
[En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?» La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: «Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que ha hecho; ¿será éste el Mesías?» Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.
Mientras tanto sus discípulos le insistían: «Maestro, come.» Él les dijo: «Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.» Los discípulos comentaban entre ellos: «¿Le habrá traído alguien de comer?» Jesús les dice: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.»]
En aquel pueblo muchos [samaritanos] creyeron en él [por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho.»] Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.»
UN TEXTO BÁSICO. DIEZ PRINCIPIOS
Hay una bibliografía infinita sobre el tema. Yo recomendaría dos obras. (a) Juan Mateos y Juan Barreto, El evangelio de Juan: análisis lingüístico y comentario exegético, Cristiandad, Madrid 1979, 230-251. (b) Gonzalo Fontana Elboj, El evangelio de Juan: la construcción de un texto complejo: orígenes históricos y proceso compositivo, Universidad de Zaragoza 2014






























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