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El culto que no me obliga a mejorar mis relaciones con los demás es idolátrico.

domingo, 7 de marzo de 2021
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jesus-cleanses-the-temple-900x450Jn 2, 13-25

En las tres primeras lecturas de los domingos que llevamos de cuaresma, se nos ha hablado de pacto. Después de la alianza con Noe (Dom. 1) y con Abraham (Dom. 2), se nos narra hoy la tercera alianza, la del Sinaí. La alianza con Noé fue la alianza cósmica del miedo. La de Abrahán fue la familiar de la promesa. La de Moisés fue la nacional de la Ley. ¿Cómo debemos entender hoy estos relatos? Noé, Abrahán y Moisés, son personajes legendarios.

La historia “sagrada” que narra la vida y milagros de estos personajes se escribió hacia el s. VII antes de Cristo. Son leyendas míticas que no debemos entender al pie de la letra. Se trata de experiencias vitales que responden a las categorías religiosas de cada época. Hoy nadie, en su sano juicio, puede pensar que Dios le dio a Moisés unas tablas de piedra con los diez mandamientos. No fue Dios quien utilizó a Moisés para comunicar su Ley, sino Moisés el que utilizó a Dios para hacer cumplir unas normas que él elaboró sabiamente.

Dios no puede hacer pactos porque no puede ser “parte”. Una cosa es la experiencia de Dios que los hombres tienen según su nivel y otra muy distinta lo que Dios es. Jesús habló del Dios de la “alianza eterna”. Dios actúa de una manera unilateral y desde el ágape, no desde un «toma y daca» con los hombres. Dios se da totalmente sin condiciones ni requisitos, porque el darse (el amor) es su esencia. En el Dios de Jesús no tienen cabida pactos ni alianzas. Lo único que espera de nosotros es que descubramos el don total de sí mismo.

No se trata de purificar el templo sino de sustituir. El relato del Templo lo hemos entendido de una manera demasiado simplista. Siempre interpretamos la Escritura de manera que nos permita tranquilizar nuestra conciencia echando la culpa a los demás. Como buen judío, Jesús desarro­lló su vida espiritual en torno al templo, pero su fidelidad a Dios le hizo comprender que lo que allí se cocía no era lo que Dios esperaba. Recordemos que cuando se escribió este evangelio, ni existía ya el templo ni la casta sacerdotal tenía ninguna influencia en el judaísmo. Pero el cristianismo se había convertido ya en una religión que imitó la manera de dar culto a Dios. Es el culto de ayer y de hoy el que debe ser purificado.

Es casi seguro que algo parecido a lo que nos cuentan, sucedió realmente, porque el relato cumple perfecta­mente los criterios de historici­dad. Por una parte, lo narran los cuatro evangelios. Por otra es algo que podía interpretarse por los primeros cristianos, (todos judíos), como desdoro de la persona de Jesús. No es fácil que nadie se pudiera inventar un relato que critica todo el organigrama del culto desde una mayor fidelidad a Dios.

Nos han dicho que lo que hizo Jesús en el templo fue purificarlo. Esto no tiene fundamento, puesto que lo que estaban haciendo allí los vendedores era imprescindible para el desarrollo de la actividad del templo. Se vendían bueyes, ovejas y palomas, que eran la base de los sacrifi­cios. Los animales vendidos estaban controlados por los sacerdotes y así se garantizaba que cumplían todos los requisitos de pureza legal. También eran imprescindibles los cambistas, porque el templo solo podía recibir dinero puro, es decir, acuñado por el templo. En la fiesta de Pascua, llegaban a Jerusalén israelitas de todo el mundo y a la hora de hacer la ofrenda no tenían más remedio que cambiar su dinero romano o griego por el del templo.

Jesús quiso manifestar con un acto profético, que aquella manera de dar culto a Dios no era la correcta. En esos días de fiesta podía haber en el atrio del templo 8.000 personas. Es impensable que un solo hombre con unas cuerdas pudiera arrojar del templo a tanta gente. El templo tenía su propia guardia, que se encargaba de mantener el orden. Además, en una esquina del templo se levantaba la torre Antonia, con una guarnición romana. Los levantamientos contra Roma tenían lugar siempre durante las fiestas. Eran momentos de alerta máxima. Cualquier desorden hubiera sido sofocado en unos minutos.

Las citas son la clave para interpretar el hecho. Para citar la Biblia se recordaba una frase y con ella se hacía alusión a todo el contexto. Los sinópticos citan a (Is 56,3-7): «mi casa será casa de oración para todos los pueblos”; y a (Jer 7,8-11): «pero vosotros la habéis convertido en cueva de bandidos». Is hace referencia a los extranjeros y a los eunucos, excluidos del templo, y dice: “yo los traeré a mi monte santo y los alojaré en mi casa de oración. Sus sacrificios y holocaus­tos serán gratos sobre mi altar, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos”. Dice que, en los tiempos mesiánicos, los eunucos y los extranjeros podrán dar culto a Dios. Ahora, no podían pasar del patio de los gentiles.

El texto de (Jer 7,8-11) dice así: «No podéis robar, matar, adulterar, jurar en falso, incensar a Baal, correr tras otros dioses y luego venir a presentaros ante mí, en este templo consagrado a mi nombre, diciendo: Estamos seguros, para seguir cometiendo los mismos crímenes. ¿Acaso tenéis este templo por una cueva de bandidos?”. Los bandidos no son los que venden palomas y ovejas, sino los que hacen las ofrendas sin una actitud mínima de conversión. Son bandidos, no por ir a rezar, sino porque solo buscaban seguridad. Lo que Jesús critica es que, con los sacrificios, se intente comprar a Dios. Como los bandidos se esconden en las cuevas, están seguros hasta que llegue la hora de volver a robar y matar.

Juan cita un texto de (Zac 14,20) que en aquel día se leerá en los cascabeles de los caballos: «consagrado a Yahvé», y “serán las ollas de la casa del Yahvé como copas de aspersión delante de mi altar”; y “toda olla de Jerusalén y de Judá estará consagrada a Yahvé y los que vengan a ofrecer, comerán de ellas y en ellas cocerán; y ya no habrá comerciantes en la casa de Yahvé en aquel día». Esa inscripción «consagrado a Yahvé» la llevaban los cascabeles de las sandalias de los sacerdotes y las ollas donde se cocía la carne consagrada. Quiere decir que, en los tiempos mesiánicos, no habrá distinción entre cosa sagrada y cosa profana.

Los vendedores interpelados (los judíos), le exigen un prodigio que avale su misión. No reconocen a Jesús ningún derecho para actuar así. Ellos son los dueños y Jesús un rival que se ha entrometido. Ellos están acreditados por la institución misma y quieren saber quién le acredita a él. No les interesa la verdad de la denuncia, sino la legalidad de la situación, que les favorece. Pero Jesús les hace ver que sus credenciales han caducado. Las credenciales de Jesús serán: hacer presente la gloria de Dios a través de su amor.

Suprimid este santuario y en tres días lo levantaré. Aquí encontramos la razón por la que leemos el texto de Jn y no el de Mc. Esta alusión a su resurrección da sentido al texto en medio de la cuaresma. Le piden una señal y contesta haciendo alusión a su muerte. Su muerte hará de él el santuario definitivo. La razón para matarlo será que se ha convertido en un peligro para el templo. El fin de los tiempos, en Jn está ligado a la muerte de Jesús.

Si dejásemos de creer en un Dios “que está en el cielo”, no le iríamos a buscar en la iglesia (edificio), donde nos encontramos tan a gusto. Si de verdad creyésemos en un Dios que está presente en todas y cada una de sus criaturas, trataríamos a todas con el mismo cuidado y cariño que si fuera él mismo. Nos seguimos refugiando en lo sagrado, porque seguimos pensando que hay realidades que no son sagradas. El evangelio está sin estrenar.

Meditación

Mis relaciones con Dios siguen siendo un “toma y daca”,
sin ninguna repercusión en mis relaciones con los demás.
Dios se me ha dado totalmente para que yo haga lo mismo.
Mi tarea consiste en tomar conciencia de ese don total.
Mi entrega a los demás corresponderá entonces a esa realidad.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Saber lo que hay dentro del hombre.

domingo, 7 de marzo de 2021
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jesus-echa-a-los-mercaderes-del-templo2“El cristiano que está en verdadera intimidad con Jesús nunca atraerá la atención a sí mismo” (Oswald Chambers)

Domingo 7 de marzo DOMINGO III DE CUARESMA

Jn 2, 11-25 “cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron de que había dicho esto; y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jesús había hablado». (v 22)

El tema de este relato es Jesús mismo presentado por el evangelista como el nuevo y definitivo templo. Su acción no parece que sea un acto revolucionario, de hecho, los discípulos no intervienen. Sin embargo, se cumple la profecía de Malaquías, que dice:

“Mirad, yo envío a mi mensajero a preparar el camino, y de pronto entrará en el santuario, el Señor que buscáis”.

Jesús aparece con espíritu profético para purificar la casa de Dios, y en el evangelio de Juan se expresa de una manera más viva y dinámica que en los sinópticos. El templo no es para Jesús, sin más, una casa de oración, como se dice en los sinópticos sino la casa de mi Padre (Juan). Este celo ardiente por la gloria del Padre, le va a devorar, y conducirle finalmente a la muerte.

Los judíos no entienden las misteriosas palabras de Jesús: “quien obra mal detesta la luz y no se acerca a la luz para que no le delate sus acciones” (v 20); están en otro nivel.

 

Cuando el Maestro profetiza sobre la caída del Templo y su reconstrucción en tres días, se refería al templo de cuerpo, que se estaba exponiendo a la muerte. Recuperar su cuerpo glorioso es un signo de victoria más que una realidad.

El cuerpo de Jesús muerto y resucitado se convierte en el lugar donde Dios se manifiesta, en el único centro de oración, el único templo, para ponernos en contacto con el Señor.

Más adelante los discípulos se acuerdan y entienden estas misteriosas palabras de Jesús: Por eso, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron de que había dicho esto; y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jesús había hablado. (v 22)

“El cristiano que está en verdadera intimidad con Jesús nunca atraerá la atención a sí mismo” (Oswald Chambers)

Poema ¡Oh Cristo! De Amado Nervo

«ya no hay un dolor humano que no sea mi dolor;
ya ningunos ojos lloran, ya ningún alma se angustia
sin que yo me angustie y llore;
ya mi corazón es lámpara fiel de todas las vigilias,
¡oh cristo!

en vano busco en los hondos escondrijos de mi ser
para encontrar algún odio: nadie puede herirme ya
sino de piedad y amor. Todos son yo, yo soy todos,
¡oh cristo!

¡qué importan males o bienes! para mí todos son bienes.

El rosal no tiene espinas: para mí sólo da rosas.
¿Rosas de pasión? ¡qué importa! rosas de celeste esencia,
purpúreas como la sangre que vertiste por nosotros,
¡oh cristo!

 

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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El encuentro con Dios ni se compra ni se vende.

domingo, 7 de marzo de 2021
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cuerpo-cristoLa acción simbólica que Jesús realiza en el recinto del Templo es narrada por los cuatro Evangelios, aunque con acentos y perspectivas diferentes. El hecho de que todos la recuerden muestra su historicidad y nos sitúa ante un hecho de la vida de Jesús que, sin duda, nos desconcierta porque expresa una indignación que no estamos acostumbrados/as a ver en Jesús.

Al contrario de los evangelios sinópticos (que sitúan esta escena al final de la vida de Jesús) el texto de Juan narra esta historia al comienzo de la vida itinerante de Jesús por Palestina. De este modo la acción que el Maestro realiza se muestra como un acto que revela el horizonte de su misión y su propuesta salvadora.

El templo de Jerusalén

El Templo de Jerusalén era el referente central en la experiencia religiosa de Israel. A su sombra se fue fraguando su identidad como pueblo. Las normas, ritos y festividades que han ido conformando su vida cultual orientaban el camino de encuentro con Dios, pero también delimitaban el modo en que hombres y mujeres judías debían comprender y relacionarse con él. El recinto se dividía en diferentes espacios que se iban desplegando desde los más profanos a los más sagrados a través de los cuales se visibilizaban las fronteras sociales y religiosas que determinaban lo que era puro o impuro en relación con Dios[1].

El relato comienza con la llegada de Jesús a Jerusalén en un momento próximo a la celebración de la fiesta de la Pascua. Se dirige al Templo, pero lo que allí ve no le gusta. Con frecuencia pensamos que Jesús se indignó porque se encuentra con gente que está haciendo negocios, no siempre lícitos en el lugar sagrado. Pero, en realidad las cosas eran un poco diferentes.

Con motivo de la fiesta Jerusalén se llenaba de creyentes judíos que venían de todos los lugares del Imperio para vivir uno de los momentos más significativos del calendario religioso. Al templo se accedía a través de un patio, denominado “atrio de los gentiles”, al que podían entrar cualquier persona y en él se situaban los/as vendedores/as de animales y de objetos que cumplían los requisitos legales y rituales que los hacían aptos para los sacrificios y ofrendas. Además, como se consideraba impura cualquier moneda que no fuese acuñada en el recinto sagrado había también puestos que, a modo de banco, cambiaba ese dinero por dinero no contaminado. Todo esto era necesario para que se pudiese llevar a cabo de forma adecuada el culto sacrificial que se consideraba era digno de Dios. Nadie por tanto consideraba esto sacrílego o pecaminoso, aunque sin duda, existiesen abusos o prácticas fraudulentas.

La casa de mi Padre/Madre

En este contexto tenemos que preguntarnos por qué Jesús se indignó tanto al ver en el patio la actividad habitual en medio de las celebraciones religiosas. El problema no era lo que se hacía sino cómo se entendía lo que se hacía. Jesús actúa de ese modo porque entiende que el modo en que se pretende dar culto a Dios no es el adecuado. Al estilo profético, Jesús denuncia que ese no es el culto que Dios, su abba, desea[2]. Y no lo es porque el culto se sostenía en fronteras rituales que separaban lo sagrado y lo profano, los buenos de los malos, los puros de los impuros, y Dios quería un encuentro sin fronteras con cualquier ser humano que lo buscase, lo necesitase o sencillamente lo invocase.

L@s discípul@s vieron, escucharon y recordaron

El autor del evangelio de Juan, después de narrar el hecho, intenta explicarlo y lo hace introduciendo dos textos de la Escritura: Zac 14, 20-21 y el Salmo 69, 10. Ambos textos visibilizan la tradición mesiánica, la narrativa que sostenía la esperanza de Israel en alguien, que, en nombre de Dios, les trajese liberación y reconstruyese al pueblo amenazado por tantas crisis y oprimido una y otra vez.

El texto del profeta Zacarias se pone en boca de Jesús de forma bastante libre cuando dice: “no convirtáis la casa de mi Padre en un mercado”. La alusión hace referencia a unas palabras del profeta que busca hacer entender a Israel que la autentica salvación no llega por sacralizar espacios personas u objetos, sino que llegará cuando se deje habitar a Dios en cualquier espacio, persona u objeto porque toda la realidad es casa de Dios, es lugar de su presencia[3].

Las palabras del salmo 69 que l@s discipul@s recuerdan “el celo por tu casa me cuesta la vida”, evocan el camino que las primeras comunidades hicieron para entender la muerte de Jesús y la relación que ésta tiene con su actitud hacia el templo. En la vida de Jesús y en su final se revelaba un modo diferente de entender a Dios y su relación con los seres humanos. Un modo que lo enfrentó a las autoridades religiosas y civiles de su tiempo y que se expresaba con claridad en su indignación al tirar las mesas del mercado en el Templo. Jesús cuestiona y rechaza ese lugar sagrado de Israel porque no sirve como mediación para un culto basado en la misericordia, la inclusión y el perdón que Dios quiere regalar a los seres humanos.

Para el evangelista y su comunidad queda claro que con Jesús se ha inaugurado un tiempo nuevo, se ha ampliado la tienda en la que Dios nos encuentra, se han roto las barreras que nos separan, porque ahora es Jesús en su historia concreta (su cuerpo), en su palabra y en su actuación quien señala el camino auténtico hacia Dios y quien revela su autentico rostro.

Escuchando el relato joánico quizá podamos preguntarnos si hoy en nuestra Iglesia estamos siguiendo el modelo cultual del templo o el que nos ofreció Jesús. Si seguimos poniendo un mercado sagrado para preservar nuestros ritos o caminamos descalz@s por los caminos polvorientos de la vida refrescando nuestro corazón con una espiritualidad despojada de fardos ajenos y sostenida en la confianza en un Dios que es siempre compañero y amigo.

Carme Soto Varela

[1] Cfr. Junkal Guevara, “Templo y templos. Arquitectura sagrada en la Biblia”, Reseña Bíblica, 106 (2020), 11-21.

[2] José Ramón Busto Saiz, Cristología para empezar, Sal Terrae 1991, 75-76.

[3] Ib, 80-83.

 Fuente Fe Adulta

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Espiritualidad trans religiosa

domingo, 7 de marzo de 2021
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DBF61C33-B7D1-4EB5-AE58-C8B03BC723FEDomingo III de Cuaresma

7 marzo 2021

Jn 2, 13-25

  Hay quien ha visto este relato como demostración de la ira de Jesús contra quienes habían mercantilizado el templo o incluso como expresión de su fanatismo religioso, “devorado por el celo” de la casa de Dios.

  Sin embargo, el texto parece que apunta en otra dirección. Las actividades de los vendedores y cambistas estaban bien reguladas y contaban con un espacio en el propio templo. No solo estaban permitidas, sino que resultaban imprescindibles para los sacrificios religiosos y para asegurar las ofrendas en la propia moneda del templo.

  El de Jesús parece, más bien, un “gesto simbólico” –en la línea de los grandes profetas de Israel–, una parábola en acción, que contenía un mensaje subversivo: Dios no está encerrado en el templo.

  Tal mensaje se halla avalado por parábolas –como la del “buen samaritano” o la del “juicio universal”–, en las que se pone de manifiesto que existe un camino para encontrarse con Dios que no pasa por el templo. O por aquellas palabras que el propio evangelio de Juan pone en boca de Jesús: “Ha llegado la hora en que, para dar culto al Padre, no tendréis que subir a este monte ni ir a Jerusalén… Ha llegado la hora en que los que rinden verdadero culto al Padre, lo adoran en espíritu y en verdad. El Padre quiere ser adorado así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad” (Jn 4,21-24).

 La espiritualidad transciende templos y religiones. Incluye ciertamente una dimensión comunitaria (colectiva) y ritual, por lo que será necesario ir encontrando prácticas que permitan vivirla, expresarla, celebrarla y operativizarla, pero no queda constreñida dentro de los muros de ningún templo.

  El templo es el “cuerpo”, es decir, toda la realidad. Toda ella se halla habitada, sostenida y constituida por aquella Profundidad que transciende –a la vez que se expresa en– todas las formas.

¿Cómo expreso, celebro, comparto y vivo la espiritualidad?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Hoy en día algunos quieren reconstruir el Templo que Jesús derribó

domingo, 7 de marzo de 2021
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215px-missa_tridentina_002Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

  1.  v 13 La Pascua, pero de los judíos. Algunos datos.

Según el evangelio de San Juan, Jesús adulto celebró tres Pascuas judías, (Jn 2,13; 6,4; 11,55). En la tercera Pascua Jesús fue inmolado.

Estas tres Pascuas significan que -según San Juan- la actividad pública de Jesús habría durado unos tres años.

En los evangelios sinópticos, la escena del Templo se sitúa pocos días antes de la pasión y muerte de Jesús. San Juan sin embargo, dispone esta escena al comienzo del evangelio (Jn 2) como diciendo que Jesús, desde el comienzo, está enfrentado al sistema religioso, por lo que, también desde el comienzo, Jesús “va a terminar mal”.

         La celebración de la Pascua era el recuerdo y la celebración del Éxodo y la libertad, la tierra de promisión.

         San Juan, con la ironía que le caracteriza, habla siempre de la Pascua de los judíos, que no es la Pascua del Señor. En el AT la Pascua era la Pascua del Señor, en el NT es la Pascua de JesuCristo. Pero San Juan habla de la Pascua de los judíos;es decir, viene a decir que ese tipo de religión: “Pascua de los judíos” es “cosa vuestra”, no de Dios, ni de Jesús. La “Pascua de los judíos” ya no era la celebración del Éxodo, de la libertad, de la tierra de promisión, sino que la Pascua era para los judíos la comercialización de lo religioso: de la Navidad, de Semana Santa, el día del padre o de la madre, San Valentín, etc., ¿Como para nosotros?

Algunos datos:

+       El templo de Jerusalén constituía el centro comercial-mercantil del pueblo israelita:

  •  Por Pascua se acercaban a Jerusalén más de 100.000 personas.
  •  Por Pascua se sacrificaban alrededor de 18.000 corderos-ovejas.
  •  Era el lugar de los sacrificios y ofrendas.
  •  (El templo de Jerusalén tenía 1500 mts. de perímetro).

+       El Templo funcionaba como banco donde los fieles depositaban (y los sacerdotes administraban) grandes sumas de dinero.

+       El templo simbolizaba y expresaba la presencia de Dios en el pueblo. En ese sentido aparecía como lugar privilegiado de oración y purificación, especialmente de perdón de los pecados. Pues bien, esa función del templo había sido devaluada o declarada inútil por Juan Bautista. El templo se había convertido en un “mercado persa”. El Templo se había convertido en el “Banco o la Kutxa”

+       Jesús vio el templo como patología económico-religiosa, centrada en el poder de los sacerdotes, en el dinero del tributo y en los animales que se compran y venden para ser sacrificados.

+       Jesús condenó el culto del templo porque lo entendió como religión de bandidos-sacerdotes o de comerciantes de un emporio económico, que se valen de Dios y de su culto para oprimir a los pobres, no para servirles.

  1. v 14 Jesús va al templo y se encuentra con “una gran superficie”

Jesús se acerca al Templo, y lo que encuentra en él es una “gran superficie”, un supermercado muy rentable con sus ovejas, bueyes, palomas, pichones, etc. y con sus correspondientes sucursales bancarias, los cambistas de dinero.

El negocio del Templo estaba asegurado durante la Pascua y fuera de ella.

Esto hizo que “saltaran las alarmas” porque Jesús –seguramente- evocó en su interior lo que tantas veces había orado: misericordia quiero y no sacrificios, (Oseas 6,6).

  1. Algunas consideraciones cristianas como terapia.

03.1  El Templo y la religión pueden llegar fácilmente a convertirse en un mercado. Toda realidad buena se pervierte cuando es usada como instrumento de poder o de comercio, que -más o menos- es lo mismo.

Son cuestiones delicadas, pero es triste que se trate de volver a cobrar los aranceles por los “servicios religiosos”, incluso algunas cuestiones como las indulgencias llevan una componente económica[1], ¿estipendios por las Misas?[2]

No es menos cierto que en estos tiempos de pandemia, al no poder asistir los fieles al templo por los aforos limitados y porque no asistir al culto, es sencillamente una medida higiénica, la recaudación en las colectas es mucho menor. Pero es preferible ser pobre a comercializar el templo.

03.2  El Templo y lo religioso pueden convertirse también en un mercado en sentido figurado, pero real. Las religiones, también la católica, tienen mucho peligro de convertirse en el lugar de “compraventa” de Dios, cuando en realidad el Dios de Jesús es amor y el amor es gratuito. Dios es de balde, gracia, gratitud. ¿Se vende lo gratuito? ¿Se vende la gracia?

         Tenemos el peligro de convertir las relaciones con Dios en un mercado. Yo “te pago” con misas, rosarios y tú, Dios, me pagas…

         En esta pandemia que estamos viviendo, por razones obvias sanitarias, a muchas personas que mueren, no se les puede celebrar un funeral. Pero no pensemos que se van a salvar cuando pase esta situación y se pueda celebrar un funeral. ¡No, por Dios! Para “cuando nosotros vamos, Dios ya vuelve, ha vuelto con el perdón” y el abrazo salvífico.[3]

Y esto pensémoslo también para todos los seres humanos. Cuántas personas han muerto en la historia de la humanidad, y mueren sin bautismo, sin funeral, sin bendición apostólica, sin “la presencia del Templo”, etc… en países de misión, en nuestros propios pueblos…

         La salvación no depende de los ritos del Templo, sino de la gracia del Dios JesuCristo, que es nuestro Padre y hace las cosas “gratis”.

03.3 A Dios se le adora en espíritu y en verdad, (Jn 4,23-24))

 MADAGASCAR-1        En un momento de la conversación entre Jesús y la samaritana (Jn 4), ésta le pregunta a Jesús: ¿dónde hay que adorar a Dios: aquí en el templo de Garizím (Samaria) o en templo de Jerusalén? (¿En la catedral u otro templo?). Jesús le responde con gran potencia: A Dios no se le adora en ningún Templo, sino en espíritu y en verdad.

El culto que agrada a Dios no son los ritos y sacrificios, sino la honradez y honestidad en la vida: en espíritu y verdad: Misericordia quiero y no sacrificios, (Mt 9,13);

Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.(Salmo 50,18-19).

         Hoy en día llama la atención el restauracionismo de lo sacral en los templos, en el estilo de muchos obispos y curas, en las liturgias: campanillas, bandejas, lavabos, inciensos, roquetes y ornamentos, etc. En no pocas diócesis se está volviendo al sistema de Templo que Jesús destruyó. Les preocupa más el ritualismo que el evangelio. “¿No estarán reconstruyendo el esplendor del Templo que Jesús derribó?

El Templo y el culto cristiano es ante todo el mismo ser humano: ¿No sabéis que sois Templos del Espíritu? (1Cor 3,16). Templo de Dios es el Universo, el ser humano, la vida, la bondad y compasión.

El culto cristiano es la limosna, el banco de alimentos, la comprensión, acogida y ayuda al débil, al refugiado.

Jesús comía con pecadores y publicanos, que eran también” Eucaristías”. La multiplicación de los panes tiene también el tono de una Eucaristía: Jesús tomó en sus manos los panes, y después de dar gracias a Dios los repartió entre los que estaban sentados. Hizo lo mismo con los peces, dándoles todo lo que querían, (Jn 6,11).

El culto que Dios quiere está en la honradez en la vida, en vivir en verdad.

03.4 Cuando vayas a orar, métete en tu habitación, cierra la puerta y ora. (Mt 6,6)

         En este desierto que estamos atravesando, en esta pandemia, muchas personas, muchos creyentes no van, no pueden ir al Templo, no conviene que vayan al Templo.

         Haríamos bien seguir el consejo de Jesús, que no creo fuera ningún teólogo revolucionario ¿o sí?: Cuando vayas a orar, métete en tu habitación, cierra la puerta y ora. Y tu Padre del cielo estará contento y te lo agradecerá…

         La soledad “acompañada” de nuestra habitación puede ser también nuestro “pequeño templo”, quizás con la televisión, la radio, quizás -mejor- en silencio.

         En la primera lectura de hoy (Éxodo), hemos escuchado el Decálogo, los diez mandamientos que es la moral, la ética fundamental.

         La ética y la moral no la dictan únicamente los eclesiásticos, sino también pueden contribuir a actualizar la ética los científicos, los médicos, los que piensan en la vida. Y si los médicos nos dicen que, mejor quedarse un tanto confinados, pues hagamos caso y, si no somos buenos, que no lo somos, al menos seamos inteligentes. “Quédate en casa, cierra la puerta y ora”.

  1. Jesús hace un látigo, un azote. Jesús saca las ovejas.

Cuando llegue el Mesías, no habrá ningún comerciante en el Templo, había anunciado el profeta Zacarías (Zac14, 21). (A juzgar por lo que podemos ver, un poco optimista fue Zacarías…)

Se trata de un gesto profético para derogar aquel sistema mercantil-religioso de la religión, del Templo.

         Llama la atención que Jesús, que es el Buen Pastor, saca también las ovejas del Templo. Cuando venga el Mesías no habrá mercaderes ni “trapicheos” en el Templo.

         Sin embargo las monedas quedan dispersas en el Templo. Y es que uno ora como cree: lex orandi, lex credendi. Y el nuevo “dios” de aquellos sacerdotes del Templo era el dinero. El dinero domina el Templo.

El gesto de sacar las ovejas del templo recuerda lo que le ocurrió al ciego del Templo, que cuando ve, es cuando está fuera del Templo (Jn 9,25.34).

Jesús al enterarse que le habían echado del Templo, le lleva hacia la luz, hacia la fe.

  1. Los templos son útiles, pero no absolutos

No es menos cierto también que la iglesia, el templo de nuestra parroquia evoca el lugar en el que fuimos bautizados, donde celebramos la Eucaristía… Los retablos son -al menos eran- catequesis en los que el pueblo expresaba y “veía” su fe. En el templo hemos compartido y crecido en la fe en grupos de formación de jóvenes o adultos.

         Al comienzo los cristianos se reunían en sus propias casas. Probablemente por necesidades sociológicas, fueron surgiendo en la historia templos de diversos estilos arquitectónicos: desde la basílica romana, al románico, el gótico, el renacimiento, el barroco, hasta Meier o Moneo. Cada estilo subraya alguna perspectiva antropológica y teológica.

         Pero creo que el estilo y el culto cristiano es otro y es otra cuestión:

         A Dios no se le encuentra ni se le adora en la sacralidad de las piedras, del cemento o de las relaciones religiosas, sino que a Dios se le encuentra en la honradez y limpieza, en la laicidad de las relaciones humanas:

Señor, ¿quién puede vivir en tu Templo?

¿Quién puede habitar en tu santo monte?

Solo el que vive sin tacha y hace lo bueno;

el que dice la verdad de todo corazón;

el que no habla mal de nadie;

el que no hace daño a su amigo,

ni ofende a su vecino;

(Salmo 15)

         A la casa del Padre vamos todos: pecadores, publicanos, “Zaqueos”, samaritanas, “Magdalenas”, hijos pródigos. (Y estamos muchos en la historia).

El Templo lo hace el espíritu y talante (espíritu y verdad) con el que nos reunimos los que acudimos él. Tienes una familia cuando acoges y eres bien acogido y querido, no cuando compras un piso (Templo).

El Templo del cristiano es el Universo, la creación. Damos gracias a Dios en la vida, la naturaleza, la creación, nuestra propia existencia. ¡Señor, Dios nuestro, que admirable es tu nombre en toda la tierra! (Salmo 8).

El Templo del cristiano es el silencio y la interioridad, porque a ciertas alturas de la vida ya está todo dicho y es más realizador escuchar que hablar.

[1] La cuestión de la comercialización de las indulgencia fue una de las causas de la ruptura entre el protestantismo naciente (Lutero) y Roma.

[2] Otra cuestión mucho más noble es la limosna.

[3] Ciertamente es triste no poder despedir a nuestros difuntos, que es algo muy noble. Pero esta es una cuestión sanitaria, no teológica.

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“Nueva identidad cristiana”. 2º Cuaresma – B (Marcos 9,2-10)

domingo, 28 de febrero de 2021
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808110Para ser cristiano, lo más decisivo no es qué cosas cree una persona, sino qué relación vive con Jesús. Las creencias, por lo general, no cambian nuestra vida. Uno puede creer que existe Dios, que Jesús ha resucitado y muchas cosas más, pero no ser un buen cristiano. Es la adhesión a Jesús y el contacto con él lo que nos puede transformar.

En los evangelios se puede leer una escena que, tradicionalmente, se ha venido en llamar la «transfiguración» de Jesús. Ya no es posible reconstruir la experiencia histórica que dio origen al relato. Solo sabemos que era un texto muy querido entre los primeros cristianos, pues, entre otras cosas, los animaba a creer solo en Jesús.

La escena se sitúa en una «montaña alta». Jesús está acompañado de dos personajes legendarios en la historia judía: Moisés, representante de la Ley, y Elías, el profeta más querido en Galilea. Solo Jesús aparece con el rostro transfigurado. Desde el interior de una nube se escucha una voz: «Este es mi hijo querido. Escuchadlo a él».

Lo importante no es creer en Moisés ni en Elías, sino escuchar a Jesús y oír su voz, la del Hijo amado. Lo más decisivo no es creer en la tradición ni en las instituciones, sino centrar nuestra vida en Jesús. Vivir una relación consciente y cada vez más comprometida con Jesucristo. Solo entonces se puede escuchar su voz en medio de la vida, en la tradición cristiana y en la Iglesia.

Solo esta comunión creciente con Jesús va transformando nuestra identidad y nuestros criterios, va curando nuestra manera de ver la vida, nos va liberando de esclavitudes, va haciendo crecer nuestra responsabilidad evangélica.

Desde Jesús podemos vivir de manera diferente. Ya las personas no son simplemente atractivas o desagradables, interesantes o sin interés. Los problemas no son asunto de cada cual. El mundo no es un campo de batalla donde cada uno se defiende como puede. Nos empieza a doler el sufrimiento de los más indefensos. Nos atrevemos a trabajar por un mundo un poco más humano. Nos podemos parecer más a Jesús.

José Antonio Pagola

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“Éste es mi Hijo amado”. Domingo 28 de Febrero de 2021. Domingo segundo de Cuaresma

domingo, 28 de febrero de 2021
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20-cuaresma B2 cerezoLeído en Koinonia:

Génesis 22,1-2.9-13.15-18: El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe.
Salmo responsorial: 115: Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
Romanos 8,31b-34: Dios no perdonó a su propio Hijo.
Marcos 9,2-10: Éste e mi Hijo amado.

Después del anuncio de la pasión y del llamado al seguimiento, Marcos introduce el relato de la transfiguración (Mc 9,2-8). Algo así como una “Pascua anticipada”, junto a una crucifixión igualmente “anticipada”. Después viene la discusión sobre la resurrección y el retorno de Elías (Mc 9,9-13) y la historia de la sanación del niño mudo (Mc 9,14-29). Según Xavier Pikaza, los tres relatos tejen un tríptico eclesial que vincula la experiencia de oración, la fe sanadora y el anuncio de la pasión y la resurrección. Así la experiencia pascual (transfiguración) está unida a la acción liberadora.

Veamos en primer lugar la fuerza simbólica del relato, y después “ataremos cabos” para resaltar el mensaje para nuestro HOY:

“Seis días” que evocan los “seis días” de la creación, o los “seis años” de trabajo antes del “año sabático”. Es pues, tiempo productivo, de siembra, de actividad, de preparación. En este ambiente sucede la transfiguración. Pudiéramos decir que la transfiguración pertenece a “otro tiempo”, que irrumpe en el “tiempo ordinario”, con el fin de producir un contraste, un desequilibrio, un llamado de atención, una corrección.

“Tres discípulos”: Pedro, Santiago y Juan, en representación de la comunidad discipular conducida por Jesús. La humanidad masculina en camino al encuentro transformador con la divinidad. Quizá por ello más necesitada de la corrección que va a desarrollarse en lo alto del monte.

“Vestidos resplandecientes” para resaltar la transformación, en donde el resplandor y la blancura expresan la profundidad y la integridad del cambio operado. Las primeras comunidades cristianas usaron vestidos blancos recién lavados para simbolizar la nueva vida que se proponían vivir. Los vestidos exteriores son expresión de los profundos cambios en el interior de las personas.

“Tres seres resplandecientes”: Jesús, Moisés y Elías, en representación de la “comunidad celestial” en comunión. También masculina. Quizá por ello, el encuentro de las dos comunidades sólo suman “seis”. La plenitud del “siete” tendrá lugar mediante la inclusión de la comunidad femenina.

“Tres tiendas”, simbolismo del éxodo y del Dios del éxodo, experiencia tribal originaria y fundacional de Israel. El tiempo de las tiendas es también tiempo de alianza tribal, de solidaridad, de igualdad. En la fiesta de las tiendas sukkot cada familia hacía una choza y habitaba en ella, recordando la salida de Egipto.

Tenemos un énfasis en el simbolismo trinitario: 3 seres celestiales (Jesús, Moisés, Elías), 3 discípulos (Pedro, Juan, Santiago), 3 chozas (éxodo); tres veces tres junto con la gloria de Dios. Tres significa comunidad, perfección, plenitud. Es la propuesta comunitaria de Dios para la humanidad a partir del mismo ser trinitario de Dios. Es el proyecto a construir una vez que se regrese a la llanura.

“Nube”, para los pueblos del desierto significa sombra, lluvia, vida, alegría, bendición. Por eso, siempre está relacionada con Dios. Es un signo visible de la presencia y la compañía gratificante de Dios. Así lo fue durante la travesía del pueblo por el desierto, Dios caminaba delante de él señalando el camino. La voz y la nube van junto al pueblo, cuando este decide construir el proyecto de Dios.

“Subir el monte alto”: evocando Horeb-Sión, lugar donde Moisés y Elías se vieron “cara-a-cara” con Dios. Epifanía que revela el proyecto de Dios y que da fuerza y sabiduría para llevarlo a cabo. Ascenso humanizador, en cuanto capacidad y decisión para realizar lo revelado por Dios.

“Descender del monte”: a la llanura, para el encuentro y la transformación humana y social. En el descenso, quienes experimentaron la resurrección, discuten sobre la “resurrección de los muertos”. El monte está relacionado con la resurrección y la llanura con la muerte. Evocación de los orígenes de Israel en las montañas tribales en contraste con las llanuras tributarias e idolátricas. Producir tal contraste es la tarea permanente de quienes “descienden del monte”. De ahí el imperativo a descender.

En el camino a Jerusalén era necesaria la transfiguración. Galilea había mostrado el “éxito” del reino de Dios. La comunidad discipular identificó allí la realización de los tiempos mesiánicos relacionados con los milagros de Jesús y con las multitudes necesitadas. La expectativa judía de un Mesías liberador de la opresión romana estaba siendo respondida. La comunidad discipular aún no salía de estos moldes mesiánicos. Cuando Jesús anuncia su pasión y crucifixión, hay alarma y desconcierto. No se entiende un mesianismo que pase por la cruz. Para “corregir” esta situación vivida por la comunidad post-pascual de Marcos, el relato introduce la transfiguración.

No sabemos cuál sea el contenido materialmente histórico de este relato teológico, ni es importante conocerlo; este relato, como todo el evangelio, no está escrito tanto “para que sepamos” un dato material de la vida de Jesús, sino “para que creamos”, para alimentar nuestra fe subrayando un aspecto de una verdad salvífica (no una verdad física). Para comunicarnos un mensaje espiritual (una verdad profunda), sin que importe la veracidad fáctica del hecho que sirve de símbolo-vehículo para la transmisión de ese mensaje (o sea, aunque como verdad superficial no fuera cierto tal hecho).

Lo que en el sentido profundo se trasmite en el texto es una vivencia fundamental para toda persona humana, que lo fue sin duda también para Jesús: la necesidad de transcender la superficie de las cosas para captar su sentido profundo. En un momento privilegiado de gracia, los discípulos pudieron acceder a una visión más honda de lo que significaba aquél Jesús humilde que les acompañaba “como uno de tantos”. Y eso les dio ánimos y les fortaleció para continuar la “subida a Jerusalén”.

La fe es la que opera esa “transfiguración”; por ella la vida real, tantas veces chata y sin relieve, rutinaria o hasta decepcionante, se “trasfigura”, mostrándonos sus riquezas de sentido, su trasfondo de dimensiones transcendentes, hasta hacernos experimentar incluso que “todo es gracia”, como dijo Bernanos. Ante esa visión transfigurada de la realidad, uno se extasía, sentimos el deseo de detener el tiempo para contemplar y saborear… Pero esos momentos privilegiados, transfigurados, son excepciones; a lo largo del camino hacia Jerusalén hay pocos montes Tabor…

La fe es la que debe suplir y hacer posible en el fondo del corazón la fuerza para subir al monte Tabor, incluso cuando podamos estar más cerca del otro monte, el Calvario… La fe nos puede dar “una visión contemplativa de la realidad”, una visión mayor, penetrante, transfiguradora, anticipadamente escatológica incluso. Este poema de Casaldáliga que les ofrecemos parece expresar algo semejante.

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva”

Entonces veré el sol con ojos nuevos
y la noche y su aldea reunida;
la garza blanca y sus ocultos huevos,
la piel del río y su secreta vida.

Veré el alma gemela de cada hombre
en la entera verdad de su querencia;
y cada cosa en su primero nombre
y cada nombre en su lograda esencia.

Confluyendo en la paz de Tu mirada,
veré, por fin, la cierta encrucijada
de todos los caminos de la Historia

el reverso de fiesta de la muerte.
Y saciaré mis ojos en Tu gloria,
para ya siempre más ver, verme y verte.

El evangelio de hoy es dramatizado Leer más…

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Dom 2º Cuaresma, Mc 9, 2-9. Transfiguración: Camino judío, mutación cristiana

domingo, 28 de febrero de 2021
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xtabor2_israeltourism-flickr3.jpg.pagespeed.ic.tjUjjFGDjUsy272YGejF Del blog de Xabier Pikaza:

Presenté ayer una reflexión sobre la (im-)posible transfiguración del hombre, conforme al pensamiento de  M. Weber que puede condensarse así:  La “ciencia” moderna nos ha encerrado en una cárcel de hierro en la que estamos presos, bajo el poder de una razón absolutizada y el orden de un dinero/capital esclavizante. Para salir de esa cárcel necesitamos que venga otro Dios y que sea distinto del que ahora nos domina:  O viene y nos saca de esta cárcel o moriremos todos (dejaremos de ser humanos) en unas pocas generaciones.

En ese contexto recuerdo que un judío argentino, oficial de Guerra del Estado de Israel, me dijo un día: Ese Dios del que hablas está viniendo y yo le veo cuando subo al Tabor de Galilea, para reparar mi espíritu cansado o a preparar el futuro de la guerra final de Israel.

‒  Dios viene allí con Moisés, hombre de Ley, y con Elías, el profeta. Se me aparecen con toda claridad, los veo con ojos cerrados, les siento con ojos abiertos, se apoderaban de mi espíritu y escucho la gran voz de la Altura Infinita, lo mismo que Jesús: ¡Yo soy, tú eres, libera de la mano de los enemigos, como quiso hacerlo Jesús, tu Jesús, pero no pudo!

‒  Jesús descubrió en el Tabor el  buen camino de la Transfiguración, pero que no lo supo culminar… o no lo habéis culminado sus seguidores, los cristianos. Por eso, nosotros, los buenos judíos, herederos de Jesús,en la línea de Moisés y Elías, estamos llamado a transfigurar la tierra, a ser signo de Dios sobre el mundo.

Transfiguración judía

    Así seguimos, hace algún tiempo, aquel soldado judeo-argentino y un servidor, leyendo junto el evangelio de Marcos: 

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.” Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: “Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.” De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos (Mc 9, 8) Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: “No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.” Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de “resucitar de entre los muertos” (Mc 8, 2-11).

 Transfiguración militar. Tras un silencio, el judío añadió:

‒ Es un texto hermoso, pero ustedes los cristianos olvidan que  el Tabor es el monte de Barac, el Rayo, el guerrero de Israel, con Débora, la Abeja, la profetisa más grande. Allí subieron los soldados escogidos, como sabe el libro de los Jueces 4, y de allí bajaron, con la ayuda del Dios   para vencer en la llanura encharcada por la gran tormenta a los los cananeos y palestinos enemigos, que no pudieron manejar sobre el barro sus carros de combate.

No hace falta que se lo recuerde, Usted lee la Biblia, y sabe que este monte, antes de lo que llaman Transfiguración de Jesús, era y sigue siendo la Montaña de la Transfiguración militar y victoriosa de Israel, con Barac y Débora.

             No quise argumentar, guardé silencio, a pesar de que estaba comentado por entonces el salmo 69, que habla de esa transfiguración. Pero, al poco rato, poniéndose en un el plano personal, el judío y me preguntó:

– Y usted, cristiano ¿ve a Jesús?  Yo veo a Dios en la guerra final victoriosa de Israel  contra los enemigos de la humanidad. Pero usted: ¿Ve a Jesús de verdad como liberador final, como hombre transfigurado? ¿No habrá espiritualizado a Jesús, no le habrá convertido en una evocación evanescente, “sin carne” y sin historia? Tengo la impresión de que ustedes los cristianos ya no creen en la transfiguración; parece que han convertido la religión en un sistema de poder espiritual cerrado, sin capacidad transformadoras. Tengo la impresión de que ustedes no creen ya en nada.

  No dije nada al buen porteño-israelita, que interpretaba con armas de guerra el relato de la Transfiguración y que subía a Tabor para retomar la experiencia de Jesús, con signos de Barac/Débora y para así cumplirla liberando toda la tierra de Israel, el mundo entero, e iniciando la era mesiánica anunciada por Moisés y Elías.

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La anticipación del triunfo de Jesús. Domingo 2º de Cuaresma. Ciclo B

domingo, 28 de febrero de 2021
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Ecce Homo +Elisabeth Ohlson Wallin+1998Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo 1º de Cuaresma se dedica siempre a las tentaciones de Jesús, y el 2º a la transfiguración. El motivo es fácil de entender: la Cuaresma es etapa de preparación a la Pascua; no sólo a la Semana Santa, entendida como recuerdo de la pasión y muerte de Jesús, sino también a su resurrección. Este episodio, que anticipa su triunfo final, nos ayuda a enfocar adecuadamente estas semanas.

            La primera lectura recuerda otro episodio clave de la historia de la salvación: el sacrificio de Abrahán, en el que siempre se vio prefigurada la muerte de Jesús. La segunda lectura saca las consecuencias de esta entrega: si Dios no se reservó a su propio Hijo, ¿cómo no nos dará todo con él?

 Dos padres, dos hijos, dos escándalos

 Las dos primeras lecturas de este domingo se relacionan por oposición. En la primera, Abrahán está dispuesto a sacrificar a su único hijo si Dios se lo pide, cosa que no ocurre. En la segunda, Dios entrega a su hijo para demostrarnos que está dispuesto a concedernos todo. Los dos textos extrañan, incluso escandalizan, a muchos cristianos.

 Primer escándalo: el sacrificio de Abrahán (Génesis 22,1-2. 9-13.15-18)

 En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo: 

̶ ¡Abrahán!

Él respondió:

̶ Aquí estoy.

Dios dijo:

̶ Toma a tu hijo único, al que amas, a Isaac, y vete a la tierra de Moria y ofrécemelo allí en holocausto en uno de los montes que yo te indicaré.

Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña. Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:

̶ ¡Abrahán! Abrahán!

Él contestó:

̶ Aquí estoy.

El ángel le ordenó:

̶ No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo.

Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.

El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo:

̶ Juro por mí mismo, oráculo del Señor, por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra se bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz.

La práctica de los sacrificios humanos estaba muy extendida en los más diversos pueblos y culturas, desde Escandinavia al Japón. Pero el Antiguo Testamento nos informa también de algo más terrible: el sacrificio del primogénito. En casos de extrema necesidad, el rey, o el jefe militar, ofrecía en sacrificio a los dioses lo más valioso que poseía: el hijo o la hija primogénito. No sabemos si esta práctica estaba difundida también a nivel privado. Si lo que dice el profeta Jeremías no es exageración, cabe pensar que sí.

En esa práctica, desde la óptica de aquellos siglos, hay algo muy valioso: se reconoce el derecho de Dios a lo más querido para cualquier persona. Pero en Israel intuyeron pronto que Dios no quiere esa forma de piedad. Había que compaginar dos cosas aparentemente contradictorias: Dios tiene derecho a la vida del primogénito, pero no quiere ejercer ese derecho.

El relato del sacrificio de Abrahán cumple perfectamente este objetivo: el patriarca reconoce el derecho de Dios, pero Dios no quiere que lo ponga en práctica. Cuando se conocen las circunstancias históricas y culturales, el relato no escandaliza, sino que alegra.

Segundo escándalo: el sacrificio de Jesús (Romanos 8, 31b-34)

Hermanos: Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, que murió, todavía, resucitó y está a la derecha de Dios, y que además intercede por nosotros?

Más difícil de explicar es este segundo escándalo. Porque nadie comprende que Dios sacrifique a su hijo para salvar a gente como nosotros. Lo curioso es que los primeros autores cristianos (los evangelistas y los apóstoles en sus cartas) nunca se escandalizaban de este hecho. Se admiraban, pero no se escandalizaban. Por un motivo muy sencillo: no se quedaban en la muerte de Jesús, todo lo pensaban a partir de la resurrección. La historia había terminado maravillosamente bien. Y eso les capacitaba para ver de forma positiva incluso los aspectos más escandalosos. Las palabras de Pablo en esta lectura no pueden ser más duras: Dios «no perdonó a su propio Hijo». Sin embargo, Pablo no deduce de ahí que Dios es cruel, sino que está dispuesto a darnos todo con él.

Ya que la idea del juicio final se ha utilizado a menudo para angustiar a la gente, conviene advertir cómo lo enfoca Pablo. El fiscal es Dios; pero no el Dios justiciero, sino un fiscal que se pone de parte de los culpables. Y el juez es Jesús, que ha muerto y sigue intercediendo por nosotros. Es el caso más escandaloso de corrupción de la justicia. Afortunadamente para nosotros.

La mejor forma de ser agradecidos con este fiscal y este juez es vivir de acuerdo con sus palabras en el evangelio: «Este es mi Hijo amado, escuchadlo».

La anticipación del triunfo de Jesús: la Transfiguración (Marcos 9,2-10)

Jesús ha anunciado que debe padecer mucho, ser rechazado, morir y resucitar. Pedro, que no quiere oír hablar de sufrimiento y muerte, lo lleva aparte y lo reprende, provocando la respuesta airada de Jesús: «Retírate, Satanás». Luego llama a toda la gente junto con los discípulos, y les dice algo más duro todavía: no solo él sufrirá y morirá; los que quieran seguirle también tendrán que negarse a sí mismos y cargar con la cruz. Pero tendrán su recompensa cuando él vuelva triunfante. Y añade: «Algunos de los aquí presentes no morirán antes de ver llegar el reinado de Dios con poder». ¿Se cumplirá esa extraña promesa? ¿Hay que hacerle caso a uno que pone condiciones tan duras para seguirle? Seis días después tiene lugar este extraño episodio.

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, subió aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.

Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: 

-Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. 

No sabía qué decir, pues estaban asustados. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: «Éste es mi Hijo, el amado; escuchadlo».

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de «resucitar de entre los muertos.

El relato podemos dividirlo en tres partes: la subida a la montaña, la visión, la bajada. Desde el punto de vista litera­rio es una teofanía, una manifestación de Dios, y Marcos utiliza los mismos elementos que empleaban los autores del Antiguo Testamento para describirla. Por eso, antes de analizar cada una de las partes, recordaré brevemente algunos datos de la famosa teofanía del Sinaí, cuando Dios se revela a Moisés.

En primer lugar, Dios no se manifiesta en un espacio cualquiera, sino en un sitio especial, la montaña, que por su altura se concibe como la morada de Dios. A esa montaña no tiene acceso todo el pueblo, sino solo Moisés, al que a veces puede acompañar su hermano Aarón (Ex 19,24), o Aarón, Nadab y Abihú junto con los setenta dirigentes de Israel (Ex 24,1). La presen­cia de Dios se expresa mediante la imagen de una nube espesa, desde la que Dios habla (Ex 19,9). Es también frecuente que se mencione en este contexto el fuego, el humo y el temblor de la montaña, como símbolos de la gloria y el poder de Dios que se acerca a la tierra. Estos elementos, sobre los que volveremos al comentar el relato, demuestran que los evangelistas no pretenden ofrecer un informe objetivo, «histórico», de lo ocurrido, sino crear un clima semejante al de las teofanías del Antiguo Testa­mento.

La subida a la montaña

Es significativo el hecho de que Jesús solo elige a tres discípu­los, Pedro, Santiago y Juan. La exclusión de los otros nueve no debemos interpretarla solo como un privilegio; la idea principal es que va a ocurrir algo tan importante que no puede ser presen­ciado por todos. Por otra parte, se dice que subieron «a un monte alto». Mc usa el frecuente simbolismo de la montaña como morada o lugar de revelación de Dios. Entre los antiguos cananeos, el monte Safón era la morada del panteón divino. Para los griegos se trataba del Olimpo. Para los israelitas, el monte sagrado era el Sinaí. También el Carmelo tuvo un prestigio especial entre ellos, igual que el monte Sión en Jerusalén.

La visión

En la visión hay cuatro elementos que la hacen avanzar hasta su plenitud.

1) La transformación de las vestiduras de Jesús, que se vuelven «de un blanco deslumbrador, como no es capaz de blanquearlos ningún batanero del mundo». Mc parece sugerir que del interior de Jesús brota una luz deslumbradora que transforma sus vestidos. Esa luz simboliza la gloria de Jesús, que los discípulos no habían percibido hasta ahora de forma tan sorprendente.

2) Elías y Moisés. Curiosamente, el primer plano lo ocupa Elías, considerado en el judaísmo el precursor del Mesías (Eclesiástico 48,10); el puesto secundario que ocupa Moisés resulta difícil de explicar. Moisés es el gran mediador entre Dios y su pueblo, el profeta con el que Dios hablaba cara a cara. Sin Moisés, humana­mente hablando, no habría existido el pueblo de Israel ni su religión. Elías es el profeta que salva a esa religión en su mayor momento de crisis, hacia el siglo IX a.C., cuando está a punto de sucumbir por el influjo de la religión cananea. Sin él, habría caído por tierra toda la obra de Moisés. Por eso los judíos concedían especial importancia a estos dos personajes. El hecho de que se aparezcan ahora a los discípu­los (no a Jesús), es una manera de confirmarles la importancia del personaje al que están siguiendo. No es un hereje ni un loco, no está destruyendo la labor religiosa de los siglos pasados, se encuentra en la línea de los antiguos profetas, llevando su obra a plenitud.

3) En este contexto, las palabras de Pedro proponiendo hacer tres tiendas suenan a simple despropósito. Mc lo justifica aduciendo que estaban espantados y no sabía lo que decía. Generalmente nos fijamos en las tres tiendas. Pero esto es simple conse­cuencia de lo anterior: «qué bien se está aquí». Pedro no quiere que Jesús sufra. Mejor quedarse en lo alto del monte con Jesús, Moisés y Elías que tener que seguirle con la cruz.

4) La nube y la voz. Como en el Sinaí, Dios se manifiesta en la nube y habla desde ella. Sus primeras palabras repiten exactamente las que se escucharon en el momento del bautismo de Jesús, cuando Dios lo presentaba como su siervo. Pero aquí se añade un imperativo: «¡Escuchadlo!». La orden se relaciona con las anteriores palabras de Jesús, que han provocado tanto escán­dalo en Pedro, y con la dura alternativa entre vida y muerte que ha planteado a sus discípulos. Ese mensaje no puede ser eludido ni trivializado. «¡Escuchadlo!»

Este episodio está contado como experiencia positiva para los apóstoles y para todos nosotros. Después de haber escuchado a Jesús hablar de su pasión y muerte, de las duras condiciones que impone a sus seguidores, tienen tres experiencias complementarias: 1) ven a Jesús transfigurado de forma gloriosa; 2) se les aparecen Moisés y Elías; 3) escuchan la voz del cielo.

Lo cual supone una enseñanza creciente: 1) al ver transformados sus vesti­dos tienen la expe­riencia de que su destino final no es el fracaso, sino la gloria; 2) al aparecérseles Moisés y Elías, se confirman en que Jesús es el culmen de la historia religiosa de Israel y de la revela­ción de Dios; 3) al escuchar la voz del cielo saben que seguir a Jesús no es una locura, sino lo más conforme al plan de Dios.

El descenso de la montaña: necesidad del sufrimiento (vv.9-13).

Dos hechos se cuentan en este momento. La orden de Jesús de que no hablen de la visión hasta que él resucite (v.9-10) y la pregunta de los discípulos sobre la vuelta de Elías (vv.11-13).

Lo primero se inserta en la línea de la prohibición de decir que él es el Mesías (16,20). No es momento ahora de hablar del poder y la gloria, suscitando falsas ideas y esperanzas. Después de la resurrección, cuando para creer en Cristo sea preciso aceptar el escándalo de su pasión y cruz, se podrá hablar con toda libertad también de su gloria. Es interesante la indicación de que los discípulos ignoran qué significa resucitar de los muertos.

El segundo dato, la pregunta sobre Elías, no es simple anécdota. Según la teología tradicional, basada en un texto de Malaquías (3,23) y otro del Eclesiás­tico (48,10), antes de que llegue el Mesías debe volver el profeta Elías para renovarlo todo. Lo que dicen los escribas constituye una objeción muy seria para aceptar que Jesús es el Mesías. Si Elías no ha vuelto, Jesús no puede ser el Mesías. Y si ha vuelto, y ha arreglado todo, el Mesías no puede sufrir.

Jesús resuelve el problema de un plumazo. Elías ya ha vuelto, era Juan Bautista, y lo trataron a su antojo. La respuesta de Jesús demuestra una autoridad asombrosa, porque es totalmente desmiti­ficadora. Frente a una interpretación mítica de la revelación, Jesús propone una interpretación realista y simbólica al mismo tiempo.

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Segundo Domingo de Cuaresma. La Transfiguración. 28 de febrero, 2021

domingo, 28 de febrero de 2021
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«Mientras bajaba de la montaña, Jesús les mandó que no explicaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre hubiera resucitado de entre los muertos. Ellos retuvieron estas palabras, pero discutían entre ellos qué quería decir eso de «resucitar de entre los muertos».
(Mc 9, 2-10)

En el camino de preparación hacia la Pascua, hoy leemos en el Evangelio el texto de la Transfiguración de Jesús. Se trata de un episodio que prepara a los apóstoles para lo que se acerca: la pasión, muerte y resurrección de su Maestro.

Desde que Jesús comenzó a predicar y a sanar, sus acciones y palabras han ido mostrando quién es. Los apóstoles han sido testigos de lo que ha dicho y hecho. Sin embargo, Jesús es muy cauteloso a la hora de revelar su identidad, porque sabe que puede ser fácilmente malinterpretada. Él es el Mesías, sí, pero no un Mesías poderoso y triunfador, sino uno que será rechazado y abandonado por todos, que sufrirá y hasta morirá violentamente, pero que después resucitará. Jesús trata de hacer comprender a sus discípulos esto tan chocante.

En este contexto, la Transfiguración es una confirmación por parte de Dios Padre de quién es Jesús verdaderamente. Nos encontramos en un ambiente de intimidad y propicio para la manifestación de Dios. Solo los tres apóstoles más cercanos suben con Jesús a una montaña; allí, la ropa de Jesús se vuelve resplandeciente, aparecen Moisés y Elías, los envuelve una nube y la propia voz del Padre confirma que aquél es su Hijo, y que todo se hará como él dice.

Tal experiencia tiene que dar fuerza y certeza a Pedro, Santiago y Juan para todo lo que seguirá, que no será fácil. En efecto, no acaban de entender que Jesús resucitará porque no se creen que morirá realmente. La verdadera transformación de Jesús no será esta transfiguración, que parece tan agradable, delante de tres de sus amigos. Sino que será la resurrección desde la muerte para liberar de ésta a toda la humanidad. O, en otras palabras: se transformará en Vida sin ningún rasguño de muerte para dar Vida plena a cada persona.

Como los apóstoles, sentimos la tentación de quedarnos en la montaña. De rehuir lo que pide una entrega de nosotras. Pero nosotros sabemos cómo sigue la historia. Recibimos de Dios fuerza y certeza de lo que somos y de lo que estamos llamados a ser. Entregamos lo que somos y en este desprendimiento encontramos la vida verdadera. La Vida con mayúsculas, la vida en Dios. Tenerlo presente nos da fuerza, serenidad, esperanza y coraje.

Oración

«Danos valor, Padre, para atrevernos a vivir recordando que tú llevas vida nueva a todas la cosas. Renuévanos para que seamos testigos de tu fidelidad hasta el final.»

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Lo que hay de divino en Jesús está en su humanidad, no viene de fuera.

domingo, 28 de febrero de 2021
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transfiguracion-fondo1Mc 9, 1-9

En los tres ciclos litúrgicos leemos, el segundo domingo de cuaresma, el relato de la transfiguración. Hoy leemos el de Marcos que es el más breve, aunque hay muy pocas diferencias con los demás sinópticos. Lo difícil para nosotros es dar sentido a este relato. Marcos coloca este episodio entre el primer anuncio de la pasión y el segundo. Parece que hay una intención clara de contrarrestar ese lenguaje duro y difícil de la cruz.

Es descabellado que Jesús se dedicara hacer una puesta en escena particular. Mucho menos que tratara de dar un caramelo a los más íntimos para ayudarles a soportar el trago de la cruz (cosa que no consiguió). Con ello estaría fomentando lo que tanto critica Marcos en todo su evangelio: El poner como objetivo último la gloria; aceptar que lo verdaderamente importante es el triunfo personal, aunque sea a través de la cruz.

La estructura del relato a base de datos del AT nos advierte de que no se trata de un hecho histórico, sino de teología. No quiere decir que Dios en un momento determinado realice un espectáculo de luz y sonido. Son solo experiencias subjetivas que, en un momento determinado, atestiguan la presencia de lo divino en un individuo concreto. La presencia de lo divino es constante en toda la realidad creada, pero el hombre puede descubrir esa cercanía y vivirla de una manera experimental en un momento determinado de su vida.

A Dios nunca podemos acceder por los sentidos. Si en esa experiencia se dan percepciones aparentemente sensoriales, se trata de fenómenos paranormales o psicológicos. Dios está en cada ser acomodándose a lo que es como criatura, no cambiando o violentando nada de ese ser. Es más, la llegada a la existencia de todo ser es la consecuencia de la presencia divina en él. Esto no quiere decir que la experiencia de Dios no sea real. Quiere decir que Dios no está nunca en el fenómeno, sino en la esencia. “Si te encuentras al Buda, mátalo”.

Jesús, plenamente humano, tuvo que luchar en la vida por descubrir su ser. El relato de hoy quiere decir que, aun siendo hombre, habitaba en él lo divino. Seguramente se trate de un relato pascual que, en un momento determinado, se consideró oportuno retrotraer a la vida de Jesús. En los relatos pascuales se insiste en que ese Jesús Vivo es el mismo que anduvo con ellos por las tierras de Galilea. En la trasfiguración se dice lo mismo, pero desde el punto de vista contrario. El Jesús que vive con ellos es ya el Cristo glorificado.

La manera de construir el relato quiere demostrar que lo que descubrieron de Jesús después de su muerte, ya estaba en él durante su vida, solo que no fueron capaces de apreciarlo. Jesús fue siempre lo que se quiere contar en este relato, antes de la muerte y después de ella. Lo que hay de divino en Jesús está en su humanidad, no está añadido a ella en un momento determinado. Este mensaje es muy importante a la hora de superar visiones demasiado maniqueas de Jesús con el fin de manifestar de manera apodíctica su divinidad.

Pedro, Santiago y Juan, los únicos a los que Jesús cambió el nombre. Era buena gente, pero un poco duros de mollera. Necesitaron clases de apoyo para poder llegar al nivel de comprensión de los demás. Los tres acompañan a Jesús en el huerto. Los tres son testigos de la resurrección de la hija de Jairo. Pedro acaba de decir a Jesús que, de pasión y muerte, ni hablar. Santiago y Juan van a pedir a Jesús, en el capítulo siguiente, que quieren ser los primeros en su reino. Los tres demuestran que no entendieron el mensaje de su Maestro.

La montaña alta, la nube, la luz, la voz, el miedo, son todos elementos que aparecen en las teofanías del AT. El monte es una clara referencia al Sinaí. La nube fue signo de que Dios los acompañaba, sobre todo en el desierto. La nube trae agua, sombra, vida. Los vestidos blancos son signo de la divinidad. El hecho de que todos sean símbolos no disminuye en nada la profundidad del mensaje que nos quieren transmitir, al contrario, el lenguaje bíblico asegura la comprensión de los destinatarios que eran todos judíos.

Moisés y Elías, además de ser los testigos de grandes teofanías, representan todo el AT, la Ley y los profetas. Significa que Jesús no se sacó su mensaje de la manga, sino que está en total acuerdo con el AT. Está claro que lo que se intenta es manifestar el traspaso del testigo a Jesús. Hasta ahora, La Ley y los profetas eran la clave para descubrir la voluntad de Dios. Desde ahora, la clave de acceso a Dios será Jesús.

¡Qué bien se está aquí! Para Pedro era mucho mejor lo que estaba viendo y disfrutando que la pasión y muerte, que les había anunciado unos versículos antes Jesús para dentro de muy poco. Cuando les anuncia por primera vez la pasión, Pedro había dicho a Jesús: ¡Ni hablar! Ahora se encuentra a sus anchas. El mismo afán de gloria que a todos nos acecha.

Vamos a hacer tres chozas. Pedro está en la “gloria”, y pretende retener el momento. Pedro, diciendo lo que piensa, manifiesta su falta total de comprensión del mensaje de Jesús. Le ha costado subir, pero ahora no quieren bajar, porque se habían acercado a Jesús con buena voluntad, pero sin descartar la posibilidad de medrar. Al poner al mismo nivel a los tres personajes, Pedro niega la originalidad de Jesús. No acepta que la Ley y los profetas han cumplido su papel y están ya superados. La voz corrige esta visión de Pedro.

¡Escuchadlo! En griego, “akouete autou” significa escuchadle a él solo. A Moisés y Elías los habéis escuchado hasta ahora. Llega el momento de escucharle a él. El AT es el mayor obstáculo para escuchar a Jesús. Hoy lo son los prejuicios que nos han inculcado sobre Jesús. Escuchar es la actitud del discípulo. En el Éxodo, escuchar a Dios no es aprender de Él, sino obedecerle. La Palabra que escuchamos nos compromete y nos arranca de nosotros mismos.

No contéis a nadie… Es la referencia más clara a la experiencia pascual. No tiene sentido hablar de lo que ellos ni estaban buscando ni habían descubierto. No solo no contaron nada, sino que a ellos mismos se les olvidó. En el capítulo siguiente nos narra la petición de los primeros puestos por parte de Santiago y Juan. Pedro termina negándolo ante una criada. Hechos que hubieran sido impensables después de una experiencia como la transfiguración.

Lo importante no es que Jesús sea el Hijo amado. Lo determinante es que, cada uno de nosotros somos el hijo amado como si fuéramos únicos. Dios nos está comunicando en cada instante su misma Vida y habla en lo hondo de nuestro ser en todo momento. Esa voz es la que tenemos que escuchar. No tenemos que aceptar la cruz como camino para la gloria. No llegamos a la vida a través de la muerte. En la “muerte” está ya la Vida.

Con relación al AT, tenemos un mensaje muy claro en el relato de hoy: Hay que escuchar a Jesús para poder comprender La Ley y Los Profetas, no al revés. Seguimos demasiado apegados al Dios del AT. El mensaje de Jesús nos viene demasiado grande. Como Pedro, lo más que nos hemos atrevido a hacer es ponerlo al mismo nivel que la Ley y Los Profetas. El afán de interpretar a Jesús desde el AT nos ha jugado una mala pasada.

Meditación

En Marcos, Jesús nos habla con sus hechos.
El mayor atractivo de Jesús es su coherencia.
En él, lo que pensaba, lo que decía y lo que hacía era todo uno.
Esa autenticidad es la clave de un verdadero ser humano.
Jesús era verdad, modelo de humanidad y divinidad.
Ahí tenemos la divinidad, manifestada.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Estar en compañía de Jesús.

domingo, 28 de febrero de 2021
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transfiguracion011DOMINGO II DE CUARESMA

Mc 9-2-10. De pronto miraron entorno y no vieron más que a Jesús con ellos

Seis después del primer anuncio de la pasión, Jesús se transfiguró. La presencia de Moisés y Elías representan la Ley y los Profetas respectivamente.

La propuesta de Pedro para quedarse a vivir en la montaña responde al miedo de ir a Jerusalén, por eso intenta impedir a toda costa que Jesús baje de la montaña. Como Pedro, son muchos los que prefieren la comodidad de lo idílico antes que enfrentar los riesgos de la vida cotidiana.

De los tres personajes que se presentan, solamente permanece Jesús, el mal llamado hijo de Dios, pues realmente lo fue de José y su mujer María, dos jóvenes galileos, y de esta manera Jesús inaugura el Nuevo Testamento en continuidad con el Antiguo.

El mandato de no contar a nadie lo sucedido forma parte de lo que se conoce como secreto mesiánico de Jesús después de su resurrección, hecho este último que corresponde a la mitología, ya que Jesús se quedó en el lugar donde le enterraron (posiblemente en una fosa común, que es lo que solían hacer les romanos en estas circunstancias) si bien la historia igualmente mitológica del entierro y aparición de Jesús a su amada María Magdalena y demás relatos de los evangélicos canónicos y apócrifos, personalmente me parecen bien y me agrada escucharlos en la misa los domingos de Pascua.

Como ya expusimos hace algún tiempo comentando este mismo domingo cuaresmal, la trasfiguración de Jesús no es único en el evangelio de Marcos. Una transfiguración similar sucedió dos veces en la vida de Buda, justamente antes de su muerte y en la que se relatan hechos similares: “su cuerpo brilló tanto, que los nuevos mantos dorados que estaba portando, parecían haber perdido su lustre”

En Jesús se repite la historia con el episodio del Monte Tabor: “Delante de ellos se transfiguró y su rostro resplandeció como el sol, sus vestidos se volvieron blancos como la luz”

El relato de todos estos hechos está en la historia de diferentes religiones: en la cristiana en arameo, en la budista en sánscrito.

El deseo de una realidad trascendente ha tomado formas muy diversas desde que el ser humano habita la Tierra. Copio un poema de mi libro “El legendario reino de los sentimientos”:

notas-musica

MÚSICA DIVINA

Un cielo sin música,
para mí no es un cielo
a menos que su Dios sea música
con notas y libreto,
y en él hagan sonar trompetas
celestiales coros arcangélicos.
No quiero un Dios de Truenos en las nubes
que a los niños asusta
y en los abuelos origina miedos.

 Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Mª Luisa Paret: Una subida desconcertante en la que tú estás implicado/a.

domingo, 28 de febrero de 2021
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la transfiguracionDOMINGO 2º CUARESMA (B) Mc 9, 1-9

Una de las características del mundo moderno es la transformación, la evolución, el cambio. El evangelio de este segundo domingo nos sugiere que es posible transfigurarse si somos capaces de descubrir la Presencia transformadora de Jesús en nosotros/as en el camino que nos toca vivir, en la subida al monte (Sinaí, Hermón o Tabor), símbolo de lo Divino. Es el ascenso de la conciencia, del conocimiento interior, a un nivel más hondo y profundo, más allá de los signos externos con que se nos narra este desconcertante relato.

Todos estos símbolos, el monte, los vestidos blancos, el miedo, la nube, la voz, aparecen en las teofanías del Antiguo Testamento que, por otra parte, a los jóvenes de hoy ya no les dice nada. Pero es quizá, el evangelio de Marcos el más idóneo para mostrar a alguien que está alejado de lo religioso o indiferente. La lectura de este pasaje suscita la pregunta: ¿Quién es este hombre para mí?, y nos lleva a responder desde la propia experiencia de vida. Es un evangelio muy vivo, concreto y puede ayudar a un cristiano encerrado en sus ideas, a preguntarse: ¿soy capaz de reconocer a Jesús en esta situación tan desconcertante de pandemia en que vivimos?

Ya sabemos que no es un relato histórico. Es probable que se trate de un relato pos-pascual con el fin de hacer ver a la comunidad de Marcos, y a nosotros, que Aquel que recorrió Galilea y “se abajó haciéndose uno de tantos”, es el mismo Cristo glorificado, transfigurado. Recurso que utilizan con frecuencia los autores bíblicos para dar autoridad o reforzar su mensaje.

Dice el texto que acompañan a Jesús, Pedro, Santiago y Juan, uno, duro de mollera, los otros dos le siguen con buena voluntad para sacar alguna ventajilla. Como todo hijo de vecino.

¿Qué fue lo que vieron? Algo tan natural como darse cuenta, en un momento concreto de la existencia, de un chispazo, una sensación que va más allá de los signos superficiales: la percepción de la presencia de lo divino en uno/a mismo/a y a raíz de la cual se experimenta un antes y un después. Podríamos llamarlo una experiencia fundante, gozosa o dolorosa, casi nunca espectacular e incluso, ni siquiera asumida en ese mismo momento sino poco después. En esa situación, puede surgir una expresión tan humana como la de Pedro: ¡qué bien se está aquí!, o por el contrario, si ha sido dolorosa: ¿por qué a mí?

Marcos sitúa este relato entre el primer anuncio de la pasión y el segundo. Se vislumbra, pues, la muerte biológica, inevitable, pero el horizonte es la Vida. En cualquier caso, Jesús, hoy, sube contigo para que seas testigo del encuentro con Dios. En su bautismo, y ahora, aquí, acontece el hecho esencial de su vida: se experimenta como Hijo amado. ¿Te has parado a pensar lo que realmente significa para ti ser Hijo/a Amado/a? ¿Cómo vivir hoy de ese modo?

Jesús conoce nuestras necesidades, nuestros anhelos, nos ofrece la oportunidad de re-nacer, de transfigurarnos. En todo momento nos comunica su misma Vida, la Única. Llevamos dentro lo divino. En lo más íntimo de nuestro ser, oímos su voz: ¡Escuchadlo a Él!

No a las voces que aturden, confunden o violentan, a las palabras falsas, vacías, cargadas de promesas y mentiras que, lamentablemente, son pronunciadas sin pudor.

La escena de la transfiguración representa la experiencia anticipada del reino que ha de llegar si sabemos acoger la simiente de Verdad inserta en el ADN de nuestro ser. Con frecuencia, lo establecido, las viejas fórmulas ahogan la posibilidad de transformación. Moisés y Elías representan el Antiguo Testamento, la Ley y los profetas. Eran la clave para descubrir la voluntad de Dios.

Con Jesús todo se transforma, se renueva. Nos invita a acompañar y dar testimonio entre los hombres y mujeres de hoy, poner en el centro la Palabra de Dios, escucharla, vivirla, practicar la autenticidad y la verdad. No es una mercancía que se compra o se vende. La veracidad está ligada a la conciencia, a la persona. Somos veraces en la medida que nos revelamos, nos entregamos. Jesús nos insta a bajar a la realidad de nuestro entorno, de lo cotidiano y traducirlo en hechos. ¡Esta es la clave!

Decía más arriba, que es natural darse cuenta de lo que acontece en el corazón de cada ser humano, lo cual no significa que sea fácil. Me fijo en las familias, jóvenes y adultos en estos momentos de gran dificultad. Algunos han dejado de escuchar la Palabra de Dios que aprendieron, ¿y vivieron?, si no es de forma casual. La vivencia de la Comunidad es cada vez más escasa, e incluso dentro de ésta, la “fuerza liberadora del Evangelio queda a veces bloqueada por lenguajes y comentarios ajenos a su espíritu” (J. A. Pagola).

Sin embargo, jóvenes, adultos, mayores, aun estando alejados, como hijos/as amados/as, seguimos sosteniendo y realizando cambios con creatividad y pasión. Enseñamos, oramos, predicamos, celebramos, asumiendo nuestro compromiso profético en la sociedad y en la iglesia para quienes buscan verdad y vida en los caminos que surcan la vida transfigurada de quienes se dejan encontrar por Él.

El papa Francisco dice con valentía en su encíclica Laudato si: “Vivimos en una cultura de la mentira y de la ocultación que dificulta la toma de conciencia de la gravedad de la situación actual (LS 25, 30, 49). Los poderes económicos, junto a la débil reacción política internacional, nos distraen para no tomar conciencia de nuestras acciones inmorales y vicios autodestructivos (LS 56) intentando no verlos, luchando para no reconocerlos, postergando las decisiones importantes, actuando como si nada ocurriera” (LS 59). La Iglesia en salida de Francisco es una “Iglesia-pueblo de Dios que hace de todos hermanos y hermanas: una inmensa comunidad fraternal”, “que toma partido a favor de las víctimas y que llama por su nombre a los causantes de las injusticias”.

Somos vida transfigurada en la que todos/as estamos implicados.

¡Shalom!

Mª Luisa Paret

Fuente Fe Adulta

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Ser y hacer.

domingo, 28 de febrero de 2021
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Silencio.2Domingo II de Cuaresma

28 febrero 2021

Mc 9, 2-10

Con imágenes que resultaban familiares al judaísmo, se relata aquí la condición “transfigurada” de Jesús. Sin embargo, la lectura habitual del texto ha estado condicionada por dos claves que no parecen muy acertadas: la separatividad y la desconfianza hacia nuestra realidad profunda.

  Por un lado, la condición de ser “transfigurado” parece que se restringía a Jesús, de acuerdo con la creencia en su divinidad separada y exclusiva. Por otro, se insistía en la “necesidad” de bajar rápidamente en el monte, como si la comprensión de aquella realidad vislumbrada pudiera adormecernos y nos hiciera obviar nuestra acción y compromiso en el mundo.

  Ambas claves definen bien el modo de funcionar de la mente y del ego. Aquella es, por su propia naturaleza, separadora; este se autoafirma en la acción tanto como teme al silencio, en el que se diluye.

  Desnudando el engaño oculto en esa lectura, en la comprensión se hace manifiesto que la realidad “contemplada” en Jesús es una realidad compartida: todos somos seres “transfigurados”; más allá de la apariencia de las formas diferentes, somos Aquello que las transciende, luminosidad y gozo. Y de esta misma comprensión brota la acción y el compromiso, como su expresión natural, ahora caracterizados por la desapropiación. Si el ego exige “hacer” para poder sentirse vivo, en la comprensión la acción fluye sin que haya alguien que se la apropie: el compromiso sabio no viene firmado.

  Todo encaja de manera admirable: lo que somos y lo que hacemos son las dos caras de la misma realidad. Sin comprensión no salimos del engaño de una “identidad pensada” (el yo), aunque nos empeñemos en un activismo desbordante, siempre sospechoso porque aparece marcado por la resistencia –como si la vida debiera responder a nuestra expectativas– y la apropiación.

  La comprensión nos conduce a la aceptación lúcida –superando las trampas de la resistencia y de la resignación– y a la desapropiación en todo lo que emprendemos.

¿Cómo vivo la aceptación y la desapropiación?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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La humanidad de Jesús a transfigurar hoy son los pobres

domingo, 28 de febrero de 2021
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9436bede23a1fc8bf3fe09f59a072ec5_1Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Un recuerdo cercano.

         Al leer este relato de la Transfiguración me gusta evocar la muerte de Pablo VI.

         El papa Montini, Pablo VI, estaba agonizando. Era el sábado 5 de agosto de 1978 por la noche serena de Castelgandolfo, víspera del día de la Transfiguración. Dom Macchi, secretario de Pablo VI, le leyó algunos párrafos de un pequeño catecismo, que Jean Guitton, amigo personal de Pablo VI, había escrito en forma de diálogo con un niño. Terminada la lectura, el papa Montini dijo unas palabras premonitorias: adesso viene la notte, la notte trasfigurata: ahora llega la noche, la noche transfigurada.

El 6 de agosto de 1978, fiesta de la Transfiguración, fallecía Pablo VI.

         La noche, la muerte se transfiguraba en amanecer.

         Las últimas palabras del testamento de Pablo VI, fueron: Cierro los ojos a esta tierra dolorosa, dramática y magnífica tierra.

El creyente acoge con gozo la transformación, la transfiguración de la muerte en vida, en resurrección.

¿Recuerdo yo los tiempos, personas, contenidos estilo y vivencias conciliares?

  1. Un relato teológico.

         El relato de la Trasfiguración no es un alarde –“moda-fashion”-, de prepotencia de Jesús que en el monte Tambor dejó deslumbrado de luz al personal con su rostro y vestidos relucientes.

Este relato es una catequesis, quizás un poema, un modo de expresar el camino que hubieron de recorrer los discípulos de Jesús para llegar a ver en él, en Jesús, a Cristo. Los evangelistas ofrecen una compresión más profunda de Jesús, del Hijo del hombre y terminaron viendo y creyendo en Jesús a Cristo.

  1. Mundo de símbolos

Muchos vieron y conocieron físicamente a Jesús en Nazaret, en Jerusalén, Betania, junto al lago, etc., pero no fueron tantos los que vieron en Jesús, el hijo de María, a Cristo, hijo de Dios.

Apenas un puñado de discípulos, hombres y mujeres, vieron en Jesús a Cristo. “Para andar por casa”: Jesús es el hijo de María, que es Cristo: hijo, expresión de Dios (logos).

¿Cómo iban a ver en Jesús al hijo de Dios (Cristo) si comía con pecadores y pecadoras, publicanos, se saltaba la ley a la torera en beneficio y curación del ser humano, discutía a brazo partido con fariseos, publicanos y eclesiásticos de turno, que volcaba las mesas de los vendedores del Templo?

La Transfiguración es un relato compuesto de elementos simbólicos que recogen el paso, el proceso a la fe de aquellos primeros discípulos, que pasan de ver en Jesús a ver y creer en Cristo. No les fue tarea sencilla pasar de Jesús, un hombre como ellos, a Cristo expresión, hijo de Dios.

         Los creyentes de la iglesia naciente, los evangelios sinópticos (Mc 9, 2-8; Mt 17, 1-8; Lc 9, 28-36) componen este relato para expresar cómo ellos llegaron a la fe en JesuCristo, transfigurando, traspasando de Jesús a Cristo.

         Y este paso lo realizaron y lo expresaron con un “universo” de símbolos”:

+       La montaña es el lugar cercano al cielo donde vive Dios. Jesús está cercano a Dios, es Dios. (Los montes son de gran significado en el mundo bíblico: Sinaí, monte Tabor, monte de las bienaventuranzas, Gólgota, etc.).

+       La nube es la protección de Dios. La nube protegía al pueblo en su marcha por el desierto. La nube es la que “ocultó” a Jesús de la vista de los primeros creyentes (discípulos) en el relato de la Ascensión. Las nubes se rasgaron en el Bautismo de Jesús y se oyó la voz: Este es mi hijo amado… La nube, Dios protege a Jesús. La nube es también símbolo del día final (Parusía): El Hijo del hombre vendrá sobre las nubes… (Mt 24,30).

+       La luz, los vestidos refulgentes son característica (en lenguaje apocalíptico) de Dios, del mismo modo que en el monte Sinaí resplandeció el rostro de Moisés por su cercanía a Dios.

+       Los cielos se abren y se escucha: este es mi hijo amado: escuchadle, como en el bautismo de Jesús.

+       Hagamos tres tiendas: evoca la fiesta judía de las tiendas (Sucot: cabaña). Esta fiesta recuerda a los judíos el Éxodo, los 40 años caminando por el desierto tras la liberación de la esclavitud de Egipto.

Con todo esto, lo que se nos está diciendo en los relatos de la Transfiguración es que Jesús está en Dios, es Dios, protegido por Dios, querido por Dios.

La dimensión histórica de este relato queda absorbida completamente por su significado teológico.

Entre paréntesis y aunque resulte un poco volteriano, muchas personas del mundo del deporte, de la moda, de la política, de la cultura, de la iglesia lo más brillante y espectacular que tienen es la camisa o el uniforme, porque dentro no tienen nada o, si tienen algo, no vale la pena.

         El relato de la Transfiguración es, pues, un mosaico de símbolos de gran significado teológico.

  1. Este es mi hijo amado: escuchadle

Jesús subió al monte con tres discípulos nada más: Pedro, Santiago y Juan, los mismos que le acompañarán en la otra “transfiguración” de Jesús: en el huerto de Getsemaní horas antes de su muerte.

En esa montaña, en la cercanía de Dios, en un clima de oración y contemplación es donde podemos “ver” la manifestación luminosa de Dios en Jesús.

Por otra parte, el relato de la Transfiguración es muy semejante al del Bautismo de Jesús: Este es mi hijo amado: escuchadle.

La experiencia de Cristo es libre. En nuestro pueblo y sociedad posiblemente hoy en día la experiencia de Cristo es minoritaria.

¿A qué puede ser debido que en los dos últimos siglos se haya producido una fuga tan grande de miembros de la Iglesia?

Es un infantilismo más bien fanático pensar que el catolicismo volverá a ser masivo, al menos en los años que nosotros podamos conocer. Quizás podrá darse un catolicismo sociológico y cargado de ritos, pero creyentes en el Señor resucitado no parece que tengamos coraje ni audacia para escuchar y transmitir a Jesús, el Evangelio de Jesús.

En mi opinión habríamos de cambiar una pastoral de sociología religiosa, masiva y de grande números y concentraciones, por una evangelización personal del encuentro con Cristo. (Las masas son siempre muy pasionales y pulsionales, pero inconsistentes y “peligrosas”). Quizás hayamos de vivir a lo “Nicodemo”, al modo de la “samaritana”, de Zaqueo, uno a uno, en el diálogo personal con el Señor, más que en las grandes masas.

Por otra parte, a quien hemos de escuchar es a Cristo el hijo amado.

  1. Vivir es transfigurar la vida

Si somos un poco observadores, nos daremos cuenta de que en la vida cotidiana hay personas e instituciones que “todo lo convierten en algo”, lo transforman o transfiguran. Hay personas que todo lo que tocan, lo transforman en nervios, lo problematizan y lo imponen “manu militari”: sea en la vida familiar, comunitaria, laboral, eclesiástica, etc. Otros, más bien trasfiguran la vida y los problemas en un clima de paz; hay quien transforma la vida, la enfermedad, los problemas en armonía y serenidad.

  • o Hay quien transfigura la guerra en paz, el pecado en gracia, el odio en respeto y, tal vez, amor, la enfermedad en fuente de reflexión y aceptación de la propia finitud, la desesperación en esperanza.
  • o Es también el caso del arte, de la estética: en el fondo es una transfiguración del hierro, de la madera, de la piedra, del lenguaje, de los sonidos y nos transportan un “paso más allá”.
  • o Cuando escuchamos una misa de réquiem, quizás evocando la muerte de los seres queridos, nos transporta, nos transfigura, nos lleva a otras realidades de esperanza, casa del Padre, del cielo, etc.
  • o Un atardecer, un encuentro, una oración pueden transfigurar nuestro ser, nuestra existencia hacia la verdad, la bondad o la belleza.
  • o Nos llegará la noche, la noche de la transfiguración, que decía -y vivió- Pablo VI en sus últimos momentos

         Vivir es transfigurar la existencia, transcenderla.

¿Soy persona que transfigura un nacimiento en la familia, un sufrimiento, que transforma el trabajo, la convivencia? ¿Estaré abierto a la transfiguración de la gran noche de la vida?

Lo contrario de transfigurar, de transcender es la intranscendencia.

  1. Ver a Cristo en la humanidad de Jesús

         Resulta curioso cómo los sectores más conservadores del catolicismo actual van “desempolvando” en la liturgia altares y candelabros dorados, custodias igualmente brillantes, casullas y ornamentos no tridentinos, sino rancios. Y parece que en esos elementos quieren ver a Cristo. Pero eso, en gran parte de los casos es mera quincallería utilizada para afirmar una ideología religiosa ultramontana. En esos brillos no vemos a Cristo.

         ¿Cuándo te vimos hambriento o sediento, enfermos, en la cárcel, etc.?

         Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mi hermanos más débiles. Nosotros vemos, transfiguramos a Cristo para nuestras vidas, cada vez que lo hacemos con uno que sufre coronavirus, o pasan necesidad por el paro, o cada vez que damos de comer a un niño hambriento (misiones). La humanidad de Cristo hoy son los pobres, los marginados, los enfermos, los encarcelados y en ellos veremos a Cristo.

  1. Conocimiento y contemplación

Probablemente los grandes conocimientos que iluminan y guían la existencia no sean los científicos, sino los que provienen de la simbolización de la vida: de los afectos, de la intimidad, de la experiencia estética, del pueblo, de la fe, la contemplación.

Las prisas, el consumismo exacerbado, los fanatismos no crean espacios ni momentos para la contemplación. La tecnología es el queroseno de la ansiedad y angustia. Las cuestiones penúltimas impiden poner la atención, contemplar, en la realidad que nos lleva hacia el infinito.

La superficialidad y la intranscendencia son caminos hacia la nada. La contemplación de lo luminoso del monte Tabor abre vías hacia el ser.

Quien ama la luz y la profundidad de la vida, es alguien cercano a la Transfiguración.

Cuando las cosas no van bien en el ámbito eclesiástico o en el ámbito personal propio, volvamos a los pobres que son la humanidad de Jesús hoy.

Este es mi Hijo amado, escuchadle.

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Estás buscando una experiencia: Dios, la Belleza…

martes, 23 de febrero de 2021
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Del blog de José Arregi Umbrales de Luz:

kurt-markus

Estás buscando una experiencia: Dios, la Belleza… Esto significa que ves lo que estás buscando como un objeto. En este caso: explora simplemente quién ve.

Cuando explores realmente, comprenderás que buscas a quien ve. Es el camino más directo, si es que se puede hablar de camino.

Ten claro que lo que estás buscando nunca puede ser un objeto, porque tú eres lo que estás buscando, así que no podrás verlo ni comprenderlo nunca: solo podrás serlo. Serlo significa que no hay una interpretación, una idea acerca de ello. Estarás libre de conceptos.

Cuando la mente llega a esta situación, se aquieta. Hay una suspensión. Todas las ideas sobre ti, todos tus atributos deben suspenderse. Entonces te encontrarás en una suerte de desprendimiento.

Tú eres ese desprendimiento, esa presencia libre de atributos. De manera que sé eso, completamente en sintonía con ello.

*

Jean Klein
En Rafael Redondo,
El milagro de vivir despierto

***

(Foto Kurt Markus)

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

“Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.”

domingo, 21 de febrero de 2021
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En oración

Pregón para empezar la Cuaresma.

Empezar la Cuaresma bien lavado y aseado;
despierto, como la creación que gime y canta;
limpio, como el firmamento allá arriba;
luminoso y fresco, como son las alboradas;
y perfumado, como el aire de mi tierra.

Empezar la Cuaresma sin barreras ni murallas;
con las puertas y ventanas abiertas;
con las antenas altas y bien orientadas;
sin miedos, con esperanza y muchas ganas,
y con la casa barrida y bien oreada.

Empezar la Cuaresma sin hacer trampas;
caminando, sin fijar la vista en las renuncias,
ni retener el carnaval que susurra otras cosas;
dejándonos llevar por el Espíritu
y exponiéndonos, desnudos, a su brisa y fuego.

Empezar la Cuaresma desmarcándose con firmeza
de políticas partidarias y corruptas,
de compromisos con plebendas,
de privilegios huecos y egoístas
y de dobles contabilidades con cajas oscuras.

Empezar la Cuaresma ayunando sin complejos,
orando en lo secreto al Padre que nos ama
pidiendo por su proyecto y lo que necesitamos,
y haciendo de la limosna, tan denostada,
causa alegre, generosa y muy humana.

Empezar la Cuaresma con un saludo de bienvenida;
dejando las tinieblas en sus cuevas;
dando gracias por la vida; recibida
con ganas infinitas de recorrer sus sendas
y con la mochila preparada y ligera.

Empezar la Cuaresma en tu compañía, Señor,

…¡y a la aventura, cada día!

*

Florentino Ulibarri

***

El Espíritu empujó a Jesús al desierto.

Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás;

vivía entre alimañas, y los ángeles le servían.

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.

Decía: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.”

*

(Marcos 1, 12-15)

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Hacerse hombre significa hacerse “pobre”, no tener nada con que presentarme fuerte frente a Dios, ningún apoyo, ninguna fuerza o seguridad fuera del compromiso y el sacrificio del propio corazón. El llegar a ser hombre viene a ser como la confesión de la pobreza del espíritu humano frente a la reivindicación total de la inaccesible trascendencia de Dios. Con la valentía de esta pobreza comenzó la aventura divina de nuestra salvación. Jesús no se tuvo por nada ni se defendía con nada, ni siquiera con su origen. Satanás, por el contrario, trata de impedir esta pobreza radical. Quiere hacer a Jesús fuerte, porque sólo teme una cosa: la impotencia de Dios en la naturaleza humana que asumió, Dios en un corazón humano destinado al sacrificio, que desde la fidelidad incondicional a su innata pobreza sufre desde dentro – y por lo tanto salva la necesidad y perdición del hombre.

Por eso la tentación de Satanás es un atentado contra el  autoaniquilamiento de Dios, una tentación contra la seguridad y “riqueza de espíritu”, contra la divinidad de Jesús, un sondeo a la seriedad y grandeza de su humanidad. Desde los comienzos hizo y hace lo mismo, y siempre le reconoceremos por las palabras: “Seréis como dioses”. Esta es la tentación de las tentaciones, con mil variaciones: la tentación contra la verdad de la naturaleza asignada al hombre. El pretende que la tierra sea exclusivamente suya, y con la tierra también el hombre: el hombre, en torno al cual se combatía antes de despertarse al alba de su libertad de suerte que ya nunca se le podía pedir e invitar a tomar una decisión libre por sí mismo de manera desinteresada, pero siempre o cortejado amigablemente o astutamente atacado.

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J. B. Metz,
Pobreza en el Espíritu. Meditaciones teológicas,
Brescia 1968, 105.

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“La conversión nos hace bien”. Domingo 1 Cuaresma – B (Marcos 1,12-15)

domingo, 21 de febrero de 2021
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808109-204x300La llamada a la conversión evoca casi siempre en nosotros el recuerdo del esfuerzo exigente, propio de todo trabajo de renovación y purificación. Sin embargo, las palabras de Jesús: «Convertíos y creed en la Buena Noticia», nos invitan a descubrir la conversión como paso a una vida más plena y gratificante.

El evangelio de Jesús nos viene a decir algo que nunca hemos de olvidar: «Es bueno convertirse. Nos hace bien. Nos permite experimentar un modo nuevo de vivir, más sano y gozoso. Nos dispone a entrar en el proyecto de Dios para construir un mundo más humano». Alguno se preguntará: pero ¿cómo vivir esa experiencia?, ¿qué pasos dar?

Lo primero es detenerse. No tener miedo a quedarnos a solas con nosotros mismos para hacernos las preguntas importantes de la vida: ¿quién soy yo?, ¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿es esto lo único que quiero vivir?

Este encuentro consigo mismo exige sinceridad. Lo importante es no seguir engañándonos por más tiempo. Buscar la verdad de lo que estamos viviendo. No empeñarnos en ocultar lo que somos y en parecer lo que no somos. Es fácil que experimentemos entonces el vacío y la mediocridad. Aparecen ante nosotros actuaciones y posturas que están arruinando nuestra vida. No es esto lo que hubiéramos querido. En el fondo deseamos vivir algo mejor y más gozoso.

Descubrir cómo estamos dañando nuestra vida no tiene por qué hundirnos en el pesimismo o la desesperanza. Esta conciencia de pecado es saludable. Nos dignifica y nos ayuda a recuperar la autoestima. No todo es malo y ruin en nosotros. Dentro de cada uno está actuando siempre una fuerza que nos atrae y empuja hacia el bien, el amor y la bondad. Es Dios, que quiere una vida más digna para todos.

La conversión nos exigirá sin duda introducir cambios concretos en nuestra manera de actuar. Pero la conversión no consiste en esos cambios. Ella misma es el cambio. Convertirse es cambiar el corazón, adoptar una postura nueva en la vida, tomar una dirección más sana. Colaborar en el proyecto de Dios.

Todos, creyentes y menos creyentes, pueden dar los pasos evocados hasta aquí. La suerte del creyente es poder vivir esta experiencia abriéndose confiadamente a Dios. Un Dios que se interesa por mí más que yo mismo, para resolver no mis problemas, sino «el problema», esa vida mía mediocre y fallida que parece no tener solución. Un Dios que me entiende, me espera, me perdona y quiere verme vivir de manera más plena, gozosa y gratificante.

Por eso el creyente vive su conversión invocando a Dios con las palabras del salmista: «Ten misericordia de mí, oh Dios, según tu bondad. Lávame a fondo de mi culpa, limpia mi pecado. Crea en mí un corazón limpio. Renuévame por dentro. Devuélveme la alegría de tu salvación» (Sal 51 [50]).

José Antonio Pagola

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“Se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le servían”. Domingo 21 de febrero de 2021. Domingo primero de cuaresma

domingo, 21 de febrero de 2021
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19-cuaresma B1 cerezoLeído en Koinonia:

Génesis 9,8-15: El pacto de Dios con Noé salvado del diluvio.
Salmo responsorial: 24:Tus sendas, Señor, son mi misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza.
1Pedro 3,18-22: Actualmente os salva el bautismo.
Marcos 1,12-15:Se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le servían.

La primera lectura, Génesis 9, contiene la «alianza de Dios con Noé». La alianza famosa, la más importante, tendrá lugar más tarde, la alianza con Abraham. La Alianza con Noé pertenece a un segundo plano de “la economía de la salvación”. ¡Nunca más habrá diluvio para destruir la tierra!, le asegura Dios a Noé (Gn 9,11). Y esta promesa va acompañada de un memorial: el arco iris, señal del nuevo pacto entre Dios y la humanidad.

¡El miedo al “diluvio” ha sido quebrado! Ahora tenemos una nueva alianza a partir de una alternativa de vida para todos los seres vivientes. El arca que ha abrigado a la familia se transforma en una gran casa acogedora de la vida, en donde el cuidado con los animales se destaca de una manera especial (Gn 9,1-7). Es la casa de la vida que coloca al ser humano en comunión con la tierra, con la naturaleza, con el cosmos.

El río Jordán, el desierto, y la Galilea son como un mismo “hilo conductor” de un desplazamiento fundamental que da inicio al evangelio de Marcos. Ahí percibimos el movimiento del reino de Dios que nos invita a movilizarnos en búsqueda de nuestros propios “lugares del Reino” donde se concreten y desarrollen nuestras opciones por la vida, por la dignificación de las personas y de las comunidades.

El río Jordán evoca grandes y significativos hechos de la historia de Israel. El más importante, sin duda, cuando Josué y el grupo del desierto atraviesan el río para entrar en la tierra prometida (Jos 3-4). Relato de los orígenes de aquel proyecto de vida igualitaria revelado por Dios a los esclavos fugitivos de Egipto. A partir de esta memoria primordial, Juan el Bautista convoca al pueblo alrededor de una nueva esperanza mesiánica. Allí también acude Jesús, procurando “las aguas de Juan”.

El desierto es muy frecuentemente mediación de discernimiento, formación y maduración en el proyecto de Dios. Jesús es llevado por el Espíritu al desierto, lugar por excelencia donde Israel aprendió a ser pueblo. Sujeto y proyecto anudados alrededor de la memoria del éxodo dando inicio al evangelio de Jesús.

Galilea es el lugar donde Jesús concreta su opción de humanidad y de humanización. Esta geografía es para Jesús el espacio vital del Reino. Es un mar, una tierra y un pueblo abierto a las naciones del entorno. Las fronteras se “cruzan” dando lugar a la inclusión de lo diverso en múltiples “misturas”. Favorabilidad donde madura e irrumpe el kairós del reino de Dios.

El paso del Jordán al desierto, plantea la articulación de movimientos mesiánicos proféticos que tienen en esos lugares, sus fuentes de inspiración y de organización. La confrontación con Satanás, como principio cósmico del mal que Marcos lo vincula con la enfermedad, la marginación y la muerte de los pobres, será para Jesús la definición de su vida por la ruta del reino de Dios. El desierto deja de ser lugar de prueba y penitencia según la tradición judía, para convertirse en lugar de aprendizaje definitivo en la confrontación y el desequilibrio. El Espíritu de Dios lleva a Jesús hasta la memoria fundacional de Israel, donde, venciendo a Satán, la vida se torna en fidelidad hacia Dios y hacia lo humano.

El simbolismo de los “cuarenta” tiene que ver con el trauma del nuevo nacimiento. Los poderes de la historia se hallan enfrentados: Jesús como principio de la humanidad liberada desde Dios, y Satanás, que es signo y causa de la muerte en el mundo. Nos hallamos frente al relato de un nuevo origen. Marcos re-escribe la historia, llevándonos del agua del bautismo a la re-construcción de la humanidad, para decirnos que Jesús está ahí apostando por una opción de vida, dignidad y felicidad humana. Pero Jesús no asume el combate solitario. Está junto con los animales y los ángeles como evocando un nuevo paraíso. El servicio angélico comunica esperanza y porta salvación. Al retomar el “paraíso” para re-iniciar el camino de lo humano, Jesús cuenta con fuerzas naturales y angelicales (la tierra y el cielo) favorables. Jesús se encuentra entre la tentación satánica y el servicio angélico. Es el dilema que permanentemente enfrentaremos. Marcos ha evocado estos poderes como en un espejo para que podamos mirarnos en ellos. Nos ha dicho lo que es tentar y servir, nos ha arraigado en la “historia original”. Ya en la historia concreta esos actores sobrenaturales desaparecen y es cuando Jesús nos enseña a servir, sirviendo a su comunidad discipular.

Obviamente, los cuarenta días del desierto no desaparecen. Duran todo el evangelio, toda la vida. Son paradigma de la contradicción y el desequilibrio que permanentemente atraviesan la historia. En la trama de la vida humana se ha venido a introducir y decidir la trama de pecado y esperanza de todos los vivientes (incluidos los animales, los ángeles y los diablos).

En definitiva, la liturgia nos presenta este evangelio del comienzo del ministerio de Jesús, por paralelo con el comienzo de la cuaresma. La Cuaresma es la vida humana… Leer más…

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Cuaresma (cuarentena) cristiana: Desierto/escuela para el amor que cura: «Este año 2021 estamos llenos de cuarentenas, con vacuna o sin ella»

domingo, 21 de febrero de 2021
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A4EFA3DA-12AA-4CF3-AD3C-C750FEE466C6Del blog de Xabier Pikaza:

Cuaresma es igual que «cuarentena» y significa cuarenta días de «separación», vigilancia y cambio: Cuarenta años de desierto del pueblo esclavo que camina hacia su libertad, cuarenta días de camino de Elías, buscando a Dios por el desierto, cuarenta días y noches de vigilia de Jesús antes de salir a la calle para anunciar y ofrecer el amor de la Buena Nueva.

Este año 2021 estamos llenos de cuarentenas, con vacuna o sin ella, cuarenta día o algo menos (a veces más) para ver cómo responde el virus o como respondemos nosotros, imitando de esa forma a la Iglesia antigua, que en el siglo IV-V creó la cuaresma, pero no para todos los cristianos, sino para aquellos que parecían «infectados», pero querían volver otra vez a la comunidad de los cristianos normales.

Por eso, en este tiempo de cuarentenas de virus quiero recordar el sentido de la cuaresma cristiana, que ha empezado el pasado Miércoles de Ceniza, que se instituye oficialmente el próximo domingo 21 y culmina en Vigilia de Pascua (el próximo 4 de abril).

La iglesia «inventó»la cuarentena para los «pecadores públicos» (asesinos, adúlteros, traidores, ladrones…), que debían pasar 40 días de oración, reflexión y preparación para poder integrarse de nuevo con la comunidad el día de Pascua (si la comunidad les admitía).

Era una especie de «cárcel personal» y voluntaria (un cursillo acelerado de cristianismo), aislados en casa o separados en el campo, para volver a la comunidad y pedirle. Sólo más tarde, en la Edad Media, se suprimió la cuaresma de los «pecadores mortales», que querían «repararse» y transformar su vida…

Por un lado quedaron los «pecadores públicos» a quienes se encargó de castigar o reparar la sociedad civil, con pena de muerte, tortura, destierro o cárcel. Y por otros todos los cristianos a quienes se invitaba y se invita a celebrar esta cuaresma light en la que entramos ahora.

Desde este fondo quiero recordar tres pasajes centrales que marcaron (y siguen marcando) el sentido de la cuaresma cristiana, según el evangelio de Marcos, evangelio del año 2021

19.02.2021 Xabier Pikaza

 1.- Mc 1,9-15. La cuaresma viene después, lo primero es la experiencia de Dios (del perdón)

8E23E7AD-F6C2-4185-A12F-92841E114D69 Jesús ha venido al desierto de la vera del Jordán donde proclama penitencia Juan Bautista, para pasar con él una cuaresma de toda la vida. Se ha puesto en la cola de los penitentes, pecadores y proscritos de su pueblo, buscando con ellas la voluntad de Dios. Al salir del agua vio los cielos rasgándose y el Espíritu bajando sobre él como paloma; y se oyó un voz del cielo ¡este es mi Hijo muy querido, en él me complazco! (1,10).

   En vez de «cuaresma» de penitencia oyó la voz de perdón de Dios.  Por eso, el principio de la cuaresma cristiana no es decir «yo soy pecador, voy a hacer penitencia», sino escuchar la voz que dice «tú eres mi hijo», puedes cambiar de vida.

 – Tú eres mi Hijo. En el origen y principio de Dios escuchamos la voz del Padre que nos dice con Jesús (como a Jesús): eres mi Hijo, yo hago que tú seas, yo te constituyo. Sólo quien escucha esta palabra puede luego transformarse y convertirse, si hace falta. En el origen de la vida no está la convesión sino la gracia filial.

 El Querido …En ti me he complacido. Dios no se limita a querernos, dice que nos quiere, lo muestra y se goza al decirlo, haciéndonos felices. Sólo quien escucha esta puede recorrer luego la cuaresma, el camino posterior de conversión transformadora. Sólo quien se sabe amado puede luego convertirse.

  El Dios de la cuaresma cristiana empieza siendo el Padre bueno y feliz que habla a Jesús diciéndole ¡Tú eres mi Hijo! Es un Dios que sabe dar vida y gozar, diciendo que se goza, haciéndonos felices al saber que él es feliz. Por eso podemos afirmar que en el principio de toda conversión cristiana está el reconocimiento y gozo del Padre Dios que engendra y sostiene en amor exultante a su Hijo. Del amor y gozo de Dios hemos nacido. En amor y gozo podemos realizarnos, sabiendo que Dios nos ha dado en Jesús lo más grande que tiene: el misterio y fuerza de su Espíritu.

36FA2E51-7230-4115-9BEE-62CBA2F3BD00El Bautista vivía en nivel de penitencia (conversión), obsesionado por los ritos de purificación del judaísmo (¡siempre el agua!). Jesús ha superado ese nivel de servidumbre y penitencia. Por eso añade Mc, con toda precisión, que saliendo del agua (superando el nivel de servidumbre familiar y ritual del judaísmo) escuchó la voz que le decía: ¡Eres mi Hijo!. Luego sigue el texto, diciendo que Jesús impulsado por el Espíritu Jesús fué al desierto donde estuvo cuarenta días y cuarenta noches, tentado por Satanás; y los ángeles le servían (1,13). Este es el principio de toda cuaresma (=cuarenta días) cristiana:

 – Cuaresma es descubrir que somos hijos de Dios y comenzar a vivir desde su fuente de amor: nacer a la vida verdadera, en situación de absoluta desnudez, desde el desierto en que la vida empieza.

– Cuaresma es prueba. No prueba de ayunar sino de estar y mantenerse ante Satán, el Tentador, a lo largo de cuarenta días de tensión y nuevo nacimiento. Así se contraponen: Jesús como principio de amor y libertad (¡eres mi Hijo!) y Satanás, que es opresión y violencia sobre el mundo.

– Estaba entre las fieras como Adán (Gen 2-3). Es evidente que Jesús no se ha quedado en lo animal, no es un mesías ecológico al que bastan los vivientes inferiores de la estepa. Quiere a los humanos y por eso sale del desierto para proclamar la nueva vida humana, en fraternidad de reino.

– Y los ángeles le servían. Ellos aparecen como signo de transparencia y comunicación; son para Jesús animadores, compañeros de evangelio en el tiempo de la prueba. Allí donde el ser humano se dispone a realizar su tarea en gesto de total entrega, allí donde penetra en su más honda soledad, descubre la presencia de los ángeles de Dios entendidos como expresión de servicio y compañía.

 Jesús no ha ido al desierto para así evadirse. No se essconde ni separa de la sociedad por fracaso o victimismo, como muchos que se escapan de la compañía de los hombres porque les angustia su presencia. Al contrario, para penetrar más intensamente los problemas el mundo se introduce Jesús en el desierto, conducido por la fuerza del Espíritu. Evidentemente, no está solo, no se encuentra aislado: en la dureza y soledad del desierto, allí donde parece que todas las voces se apagan, escucha con más fuerza Jesús los dolores de los hombres.

El texto sigue. Juan ha cumplido su tarea y el han prendido para matarle. Jesús puede venir a Galilea, proclamando su buena noticia: Se ha cumplido el tiempo, ha llegado el reino de Dios, convertíos y creed en el evangelio (1,15). Ha superado la prueba, ha descubierto su tarea de hijo de Dios y, viniendo del desierto, como nuevo Adán, puede empezar su misión salvadora.Por eso vuelve al lugar donde habitan los hombres y mujeres de su pueblo, en Galilea para marcarles el camino de la auténtica cuaresma:

 –El tiempo se ha cumplido, llega el Reino de Dios. Reino es la forma de vida y familia que surge allí donde Jesús expande la fuerza de su Espíritu. El Reino de Dios se identifica con el surgimiento y despliegue universal de la filiación de Jesús. Se trata de que todos los humanos puedan (podamos) escuchar la palabra de Dios ¡tú eres mi hijo!, traduciéndola en un modo de vida compartida, fraterna, solidaria.

 Convertíos y creed en el evangelio. El reino de Jesús se expresa a través de una profunda meta-noia, es decir, de una con-versión interpretada como cambio de mente, de vida. Hay una vida o “mente” (noia) que está hecha de disputas de dominio y exclusiones. Pues bien, transcendiendo ese nivel (que eso significa meta-noia) se eleva ahora un extenso y gozoso continente de vida hecha de gratuidad y expresada como fe en el evangelio, es decir, en la buena noticia de Dios. De esta conversión y fe de la que brota la nueva familia mesiánica quiere tratar nuestro libro.

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