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El Templo convertido en refugio de ladrones y asesinos.

domingo, 4 de marzo de 2018
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jesus-cleanses-the-temple-900x450Jn 2, 13-25

En las tres primeras lecturas de los domingos que llevamos de cuaresma, se nos ha hablado de pacto. Después de la alianza con Noe (Dom. 1) y con Abraham (Dom. 2), se nos narra hoy la tercera alianza, la del Sinaí. La alianza con Noe, fue la alianza cósmica del miedo. La de Abrahán fue la familiar de la promesa. La de Moisés fue la nacional de la Ley. ¿Cómo debemos entender hoy estos relatos? Noe, Abrahán y Moisés, son personajes legendarios.

La historia “sagrada” que narra la vida y milagros de estos personajes empezó a escribirse hacia el s. VII antes de Cristo. Son míticas leyendas que no debemos entender al pie de la letra. Se trata de experiencias vitales que responden a las categorías religiosas de cada época. Hoy nadie, en su sano juicio, puede pensar que Dios le dio a Moisés unas tablas de piedra con los diez mandamientos. No fue Dios quien utilizó a Moisés para comunicar su Ley, sino Moisés el que utilizó a Dios para hacer cumplir unas normas que él elaboró sabiamente.

Dios no hace pactos porque no puede ser “parte”. Una cosa es la experiencia de Dios que los hombres tienen según su nivel y otra muy distinta lo que Dios es. Jesús no habló del Dios de la “alianza eterna”. Dios actúa de una manera unilateral y desde el amor, no desde un «toma y da acá» con los hombres. Dios se da totalmente sin condiciones ni requisitos, porque el darse (el amor) es su esencia. En el Dios de Jesús no tienen cabida pactos ni alianzas. Lo único que espera de nosotros es que descubramos el don total de sí mismo.

No se trata de purificar el templo sino de sustituir. El relato del Templo lo hemos entendido de una manera demasiado simplista. Una vez más la exégesis viene en nuestra ayuda para descubrir el significado profundo del relato. Como buen judío, Jesús desarro­lló su vida espiritual en torno al templo; pero su fidelidad a Dios le hizo comprender que lo que allí se cocía no era lo que Dios esperaba. Recordemos que cuando se escribió este evangelio, ni existía ya el templo ni la casta sacerdotal tenía ninguna influencia en el judaísmo. Pero el cristianismo se había convertido ya en una religión que imitó la manera de dar culto a Dios.

Es casi seguro que, algo parecido a lo que nos cuentan sucedió realmente, porque el relato cumple perfecta­mente los criterios de historici­dad. Por una parte lo narran los cuatro evangelios. Por otra es algo que podía interpretarse por los primeros cristianos, (todos judíos) como desdoro de la persona de Jesús, no es fácil que nadie se lo pudiera inventar si no hubiera ocurrido y no hubiera estado en las primeras fuentes.

Nos han dicho que lo que hizo Jesús en el templo fue purificarlo. Esto no tiene fundamento, puesto que, lo que estaban haciendo allí los vendedores era imprescindible para el desarrollo de la actividad del templo. Se vendían bueyes ovejas y palomas, que eran la base de los sacrifi­cios. Los animales vendidos estaban controlados por los sacerdotes; así se garantizaba que cumplían todos los requisitos de pureza legal. También eran imprescindibles los cambistas, porque al templo solo podía recibir dinero puro, es decir, acuñado por el templo. En la fiesta de Pascua, llegaban a Jerusalén israelitas de todo el mundo, a la hora de hacer la ofrenda no tenían más remedio que cambiar su dinero romano o griego por el del templo.

Jesús quiso manifestar, con un acto profético, que aquella manera de dar culto a Dios no era la correcta. En esos días de fiesta podía haber en el atrio del templo 8000 personas. Es impensable que un solo hombre con unas cuerdas pudiera arrojar del templo a tanta gente. El templo tenía su propia guardia, que se encargaba de mantener el orden. Además, en una esquina del templo se levantaba la torre Antonia, con una guarnición romana. Los levantamientos contra Roma tenían lugar siempre durante las fiestas. Eran momentos de alerta máxima. Cualquier desorden hubiera sido sofocado en unos minutos.

Las citas son la clave para interpretar el hecho. Para citar la Biblia se recordaba una frase y con ella se hacía alusión a todo el contexto. Los sinópticos citan a (Is 56,3-7) «mi casa será casa de oración para todos los pueblos; y a (Jer 7,8-11) «pero vosotros la habéis convertido en cueva de bandidos». Is hace referencia a los extranjeros y a los eunucos, excluidos del templo, y dice: “yo los traeré a mi monte santo y los alegraré en mi casa de oración. Sus sacrificios y holocaus­tos serán gratos sobre mi altar, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.» Dice que en los tiempos mesiánicos, los eunucos y los extranjeros podrán dar culto a Dios. Ahora no podían pasar del patio de los gentiles.

El texto de (Jer 7,8-11) dice así: «No podéis robar, matar, adulterar, jurar en falso, incensar a Baal, correr tras otros dioses y luego venir a presentaros ante mí, en este templo consagrado a mi nombre, diciendo: ‘Estamos seguros’ y seguir cometiendo los mismos crímenes. ¿Acaso tenéis este templo por una cueva de bandidos?” Los bandidos no son los que venden palomas y ovejas, sino los que hacen las ofrendas sin una actitud mínima de conversión. Son bandidos, no por ir a rezar, sino porque solo buscaban seguridad. Lo que Jesús critica es que, con los sacrificios, se intente comprar a Dios. Como los bandidos se esconden en las cuevas, seguros hasta que llegue la hora de volver a robar y matar.

Juan cita un texto de (Zac 14,20) «En aquel día se leerá en los cascabeles de los caballos: «consagrado a Yahvé», y serán las ollas de la casa del Yahvé como copas de aspersión delante de mi altar; y toda olla de Jerusalén y de Judá estará consagrada a Yahvé y los que vengan a ofrecer comerán de ellas y en ellas cocerán; y ya no habrá comerciantes en la casa de Yahvé en aquel día». Esa inscripción «consagrado a Yahvé» la llevaban los cascabeles de las sandalias de los sacerdotes y las ollas donde se cocía la carne consagrada. Quiere decir que en los tiempos mesiánicos, no habrá distinción entre cosa sagrada y cosa profana.

Los vendedores interpelados (los judíos) le exigen un prodigio que avale su misión. No reconocen a Jesús ningún derecho para actuar así. Ellos son los dueños y Jesús un rival que se ha entrometido. Ellos están acreditados por la institución misma, quieren saber quién le acredita a él. No les interesa la verdad de la denuncia, sino la legalidad de la situación, que les favorece. Pero Jesús les hace ver que sus credenciales han caducado. Las credenciales de Jesús serán: hacer presente la gloria de Dios a través de su amor.

Suprimid este santuario y en tres días lo levantaré. Aquí encontramos la razón por la que leemos el texto de Jn y no el de Mc. Esta alusión a su resurrección da sentido al texto en medio de la cuaresma. Le piden una señal y contesta haciendo alusión a su muerte. Su muerte hará de él el santuario definitivo. La razón para matarlo será que se ha convertido en un peligro para el templo. El fin de los tiempos, en Jn está ligado a la muerte de Jesús.

Si dejásemos de creer en un Dios ‘que está en el cielo’, no le iríamos a buscar en la iglesia (edificio), donde nos encontramos tan a gusto. Si de verdad creyésemos en un Dios que está presente en todas y cada una de sus criaturas, trataríamos a todas con el mismo cuidado y cariño que si fuera él mismo. Nos seguimos refugiando en lo sagrado, porque pensando que hay realidades que no son sagradas. Una vez más el evangelio está sin estrenar.

Meditación

¿He salido ya de un ‘toma y da acá’ en mis relaciones con Dios?
¿He descubierto que Él me lo ha dado todo y que yo tengo que hacer lo mismo?
Mis relaciones con Dios tienen como base su amor total.
Nada puedo pedir ni esperar de él que no me haya dado ya.
Mi tarea consiste en tomar conciencia de ese don total.
Mi vida responderá entonces a esa realidad.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Palomas en el mercado.

domingo, 4 de marzo de 2018
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jesus-echa-a-los-mercaderes-del-templo2¿Quieres ser rico? Pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia. (Epicuro)

4 de marzo. III Domingo de Cuaresma

Jn 2, 13-25

A los que vendían palomas les dijo: Quitad eso de ahí y no convirtáis la casa de mi Padre en un mercado (16)

María y José Ignacio López Vigil, hacen este conciso retrato de la personalidad vehemente de Jesús, en su libro Otro Dios es posible parte I, ante las sinrazones sociales:

“Como profeta que era, Jesús debió de estar dotado de una personalidad apasionada y sensible ante el sufrimiento humano y ante las injusticias que veía en su sociedad. Debió ser impaciente, ardiente, con gran capacidad para las relaciones humanas y con la fuerza de una palabra poética y llena de convicción”.

Ya el evangelista Lucas advertía en 12, 5 que nuestra existencia no se deriva de las riquezas que poseemos: “Y les dijo: ¡Atención! ¡Guardaos de cualquier codicia que, por más rico que uno sea, la vida no depende de los bienes!”. Un refrán atribuido a Buda el príncipe indio que abandonó el palacio de su padre, dice: “No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita”.

La verdadera riqueza está en el hecho de repartir con los demás lo que tenemos, en ofrecer a los que sufren y están tristes, un ramo de flores pleno de rosas de felicidad y de alegría.

Lo recordaba Erasmo de Rotterdam en su Elogio de la locura: Habéis de saber que no hay goce alguno de las cosas si no se comparten con otros”. Goce que Rodolfo, protagonista de la ópera La Bohéme de Puccini, comparte con Mimí en una de sus arias, poética y musicalmente más hermosas: Che gelida manina. Para este consumado poeta, Mimí es una joven cegada por la admiración que le causa el hombre que le inició en el arte y en la vida espiritual. He asistido el sábado pasado a una sesión de cine en la que se representaba la obra en directo desde el Metropolitan de Nueva York. Confieso que no puede contener las lágrimas ante la escena final, en la que los restantes protagonistas, más pobres que las ratas, entregan sus únicas pertenencias para que se vendan y para que Mimí se pueda curar de su enfermedad: Shaunard, el abrigo; Musetta, los pendientes… etc., etc. El drama se consuma con la muerte de la protagonista.

Amy Jill-Levine lo deja claro en Relatos cortos de Jesús, refiriéndose a la parábola del hijo pródigo (Lc 16, 19-31): “Cada vez que una parábola empieza con la frase “había una vez un rico que…”, sabemos que el rico constituye un modelo negativo. Las Escrituras de Israel, la literatura judía del período del Segundo Templo, las fuentes rabínicas y numerosos dichos atribuidos a Jesús de Nazaret concuerdan en afirmar que la riqueza es una trampa, que los ricos deberían –aunque en general no lo hacen– atender a los pobres y que Dios tiene una preocupación especial por los desfavorecidos”.

En el versículo 16 del evangelio de Juan de este domingo leemos este párrafo: “A los que vendían palomas les dijo: Quitad eso de ahí y no convirtáis la casa de mi Padre en un mercado”. Y el filósofo griego Epicuro de Samos (341-270 aC.) dijo: ¿Quieres ser rico? Pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia”.

El pastor bautista protestante Calvin George (1971), pronunció en uno de sus sermones dominicales esta frase con notable resonancia de las de Jesús en los suyos: “Hay muchas bendiciones que no consisten en riquezas materiales. En realidad, hay muchas cosas que el dinero no puede comprar”.

DINERO

El dinero comprará:
Una cama pero no sueño,
libros pero no sabiduría,
comida pero no apetito,
adornos pero no belleza,
atención pero no amor,
una casa pero no un hogar,
un reloj pero no tiempo,
medicina pero no salud,
lujo pero no cultura,
admiración pero no respeto,
póliza de seguros pero no paz,
diversión pero no felicidad,
un crucifijo pero no un Salvador.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Él hablaba del templo de su cuerpo.

domingo, 4 de marzo de 2018
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cuerpo-cristoÉl hablaba del templo de su cuerpo y del nuestro. Formamos con todo el universo un cuerpo por el que corre la vida de Dios.

En estos años del siglo XXI experimentamos un profundo y rápido cambio en la concepción de la diferencia entre lo sagrado y lo profano. La línea divisoria se va haciendo cada vez más invisible.

Todas las religiones, incluso las que nos parecen que tienen más adeptos están en crisis y sin embargo reviven y con fuerza las espiritualidades.

Mientras la religión queda reducida a monólogos, preceptos, normas y leyes para vivir una vida ética sin hacer daño al prójimo, es una religión muerta, de hecho no es religión.

Religión, del latín “religio” significa acción y efecto de ligarse fuertemente a Dios. Eso es lo que hizo Moisés, ante el encargo de sacar al pueblo israelita de la opresión de Egipto para conducirle por el desierto a la Tierra Prometida.

En ese caminar, en medio de muchas dificultades, Moisés rompe con los miedos de su religión y sube al monte para hablar “cara a cara” con Dios. El monólogo se convierte en diálogo y el decálogo que Dios le entrega no es una ley muerta sino la base de una relación con Dios y con los demás.

El pueblo de Israel a lo largo de la historia explicó estos diez mandamientos en más de 600 normas que un judío había de cumplir si quería estar a bien con Dios. Muchas personas quedaban excluidas por su incapacidad real de cumplirlas.

Jesús en el Nuevo Testamento reduce el decálogo al amor a Dios y al prójimo. Podemos decir que amamos a Dios si amamos a los demás de una manera concreta y real. Así lo realiza él, liberando a las personas de las cargas absurdas que les imponen los que creen hablar con la autoridad de Dios. Les devuelve así la dignidad de hijos e hijas de Dios.

Pero se gana la indignación, el cuestionamiento y la persecución de escribas y fariseos que tienen bien “atado” lo que viene y lo que no viene de Dios: el límite entre lo sagrado y lo profano.

Han hecho del templo de Jerusalén un lugar para el mercadeo con Dios. El centro religioso y símbolo nacional de Israel, se ha convertido en lugar de comercio y explotación. La tendencia humana es hacer transacciones con Dios a través de dinero, sacrificios y cambiar a Dios por el dinero.

Jesús se encoleriza porque ve cómo la perversidad se aprovecha de los pobres e ignorantes. Él instaura el lugar de la relación definitiva con Dios: la persona misma.

Las ovejas representan al pueblo que debe ser liberado. Los cambistas, a quienes desparrama las monedas por el suelo volcando sus mesas, representan el sistema bancario del templo y el tributo que todos los judíos habían de pagar. Los vendedores de palomas se aprovechaban de los pobres prometiéndoles la reconciliación con Dios a través del sacrificio de estos animales.

No en vano Jesús había repetido: “No podéis servir a Dios y al dinero”. No iba dirigido al mensaje a los pobres de las aldeas de Galilea donde predicaba, sino a los que se enriquecían a costa de los pequeños usando para ello la religión del temor.

Jesús enfatiza en este momento la auténtica relación con Dios como Padre. Reduce a cero la religión falsa para dar paso a la relación familiar de amor y confianza.

Para nosotros cristianos, el templo está en Jesús y en todos y todas las que están poseídas por el Espíritu. Ese es el lugar del verdadero culto, que no se expresa en ritos vacíos, sino en una vivencia del recuerdo vivo de Jesús que nos impulsa a vivir como El. Esa es la espiritualidad: dejarnos conducir por el Espíritu.

“Los templos” están hoy bastante vacíos, los admiramos como mucho como obras de arte de un pasado glorioso. Los templos son nuestros cuerpos, los de nuestros hermanos y hermanas que sufren huyendo de la violencia en busca de hogar, los cuerpos de los sin techo, las víctimas de la trata de personas… El templo es hoy la tierra, explotada y expoliada, en peligro por nuestra avaricia de poseer cada vez más.

No vamos a volver por mucho que nos empeñemos a lo de antes. No se trata tanto de restaurar el templo con todas sus implicaciones, como de volver a los orígenes de ese movimiento itinerante que comenzó Jesús por las aldeas de Galilea. Unos pocos, entusiasmados por el reino reuniéndose en las casas  y compartiendo pan y vida.

Jesús no tiene miedo de lo que puedan hacer con su cuerpo. Llega hasta el final entregando su vida hasta las últimas consecuencias. Quitándole de en medio no tendrán que oír más esa crítica que pone en evidencia el montaje que han hecho en nombre de Dios.

“Nadie tiene amor más grande por los amigos que uno que entrega su vida por ellos. Vosotros sois amigos míos si hacéis lo que yo os mando”. Juan 14,13

Serán sus discípulos y nosotros y nosotras hoy los que tendremos que recordar, que el templo no es un edificio de piedra sino la vida en medio del mundo; que  el culto que a Dios le agrada es nuestra relación con Él, y que tiene consecuencias concretas en cómo nos relacionamos con los demás. Tenemos una responsabilidad en cuidar de nuestro planeta y de toda forma de vida.

Eso supondrá cambiar nuestra mente, nuestro corazón y sobre todo nuestro estilo de vida.

Todo lo que hacemos está en el ámbito de lo sagrado porque la vida es sagrada.

Carmen Notario

www.espiritualidadintegradoracristiana.es

Fuente Fe Adulta

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Jesús no se llevó muy bien ni con el templo ni con los del templo

domingo, 4 de marzo de 2018
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250px-concepcion_churchDel blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

01. JESÚS Y EL TEMPLO.

Jesús no tuvo muchas ni muy buenas relaciones con el Templo y con el sistema religioso-económico del mismo.

El encuentro de Jesús con el sistema del Templo es un tanto agresivo: les vuelca las mesas, el negocio.

Los evangelios sinópticos sitúan este hecho pocos días antes de la detención, pasión y muerte de Jesús. Históricamente bien pudo ocurrir en este momento final de la vida de Jesús. Sin embargo Juan, cuya versión hemos escuchado hoy, presenta este encontronazo de Jesús con el Templo de los judíos al comienzo de su Evangelio, en el cp. 2. Con ello la tradición joánica está diciendo dos cosas:

a. Que Jesús desde el principio y por principio está enfrentado al sistema religioso judío.

b. Se nos dice también en esta tradición joánica que Jesús desde el comienzo está condenado a muerte. Ponerse contra el poder lleva a la muerte.

02. LA PASCUA, PERO DE LOS JUDÍOS. ALGUNOS DATOS.

215px-missa_tridentina_002Según el evangelio de San Juan, Jesús adulto conoció y celebró tres Pascuas, (Jn 2,13; 6,4; 11,55). Lo cual significa que -según San Juan- la actividad pública de Jesús habría durado unos tres años.

La celebración de la Pascua era recordar y celebrar el Éxodo y la libertad, la tierra de promisión.

San Juan, con la ironía que le caracteriza, habla siempre de la Pascua de los judíos, que no es la Pascua del Señor. Ya no es la celebración del Éxodo, de la libertad, sino que la Pascua era para los judíos -como para nosotros- la comercialización de la Navidad, de Semana Santa, el día del padre o de San Valentín. Esas son las “Pascuas de los judíos”: comerciales, rentables, pero nada evangélicas.

Algunos datos:

Por Pascua se acercaban a Jerusalén más de 100.000 personas. Por Pascua se sacrificaban alrededor de 18.000 corderos-ovejas. El negocio del Templo estaba, pues, asegurado durante la Pascua y fuera de ella.

DOS CONSIDERACIONES:

02.1 El Templo y la religión pueden llegar fácilmente a convertirse en un mercado. Toda realidad buena se pervierte cuando es usada como instrumento de poder o de comercio, que -más o menos- es lo mismo.

Son cuestiones delicadas, pero es triste que se trate de volver a cobrar los aranceles por los “servicios religiosos”, incluso algunas cuestiones como las indulgencias llevan una componente económica teológicamente poco clara y económicamente turbia, ¿estipendios por las Misas?

Es más humano y cristiano ser pobre que ser vendedor del Templo.

02.2 El Templo y lo religioso pueden convertirse también en un mercado en sentido figurado, pero real. Las religiones, también la católica, tienen mucho peligro de convertirse en el lugar de “compraventa” de Dios y sus beneficios, cuando en realidad el Dios de Jesús es amor y el amor es gratuito. Dios es de balde, gracia, gratitud. ¿Se vende lo gratuito? ¿Se vende la gracia?

03. A DIOS SE LE ADORA EN ESPÍRITU Y EN VERDAD (Jn 4,19.20.21.23ª).

Cuando llegue el Mesías, no habrá ningún comerciante en el Templo, había anunciado el profeta Zacarías (Zac 14,21).

En el largo diálogo entres Jesús y la mujer samaritana (Jn 4), ésta le pregunta a Jesús: ¿dónde hay que adorar a Dios: aquí en el templo de Garizím (Samaria) o en Jerusalén? Jesús le responde con gran potencia: A Dios no se le adora en ningún Templo, sino en espíritu y en verdad.

El culto que agrada a Dios no es el de los ritos y sacrificios, sino la honradez y honestidad en la vida: Misericordia quiero y no sacrificios, (Mt 9,13);

Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. (Salmo 50,18-19).

Hoy en día llama la atención el restauracionismo de lo sacral en los templos, en las liturgias: campanillas, bandejas, lavabos, inciensos, roquetes y ornamentos, etc.

El Templo y el culto cristiano es ante todo el ser humano: ¿No sabéis que sois Templos del Espíritu? (1Cor 3,16). Templo de Dios es el Universo, la vida, la bondad y compasión.

El culto cristiano es la limosna, la comprensión, acogida y ayuda al débil, al refugiado.

04. LOS TEMPLOS SON ÚTILES, PERO NO ABSOLUTOS

235879395_34c30ea9a2_zAl comienzo los cristianos se reunían en sus propias casas. Probablemente por necesidades sociológicas fueron surgiendo en la historia templos de diversos estilos arquitectónicos: desde la basílica romana, al románico, el gótico, el renacimiento, el barroco, hasta Meier o Moneo. Cada estilo subraya alguna perspectiva antropológica y teológica.

Pero creo que el estilo y el culto cristiano es otro y es otra cuestión: A Dios no se le encuentra ni se le adora en la sacralidad de las piedras, del cemento o de las relaciones religiosas, sino que a Dios se le encuentra en las relaciones humanas, en la laicidad de las relaciones humanas.

Señor,
¿quién puede vivir en tu Templo?
¿Quién puede habitar en tu santo monte?
Solo el que vive sin tacha y hace lo bueno;
el que dice la verdad de todo corazón;
el que no habla mal de nadie;
el que no hace daño a su amigo
ni ofende a su vecino;
(Salmo 15)

A la casa del Padre vamos todos: pecadores, publicanos, Zaqueos, Magdalenas, hijos pródigos. (Y estamos muchos en la historia).

El Templo lo hace el espíritu y talante (espíritu y verdad) con el que nos reunimos los que acudimos él. Tienes una familia cuando acoges y eres bien acogido y querido, no cuando compras un piso (Templo).

744679_105. EL TEMPLO ES LA VIDA, EL CULTO LA MISERICORDIA

Destruid este Templo y lo reconstruiré. La Resurrección, la vida, es el cumplimiento del designio de Dios. El Templo es la vida, el Universo de Dios.

Jesús hablaba del templo de su cuerpo, que es lo que celebramos en la Eucaristía: la presencia de Cristo en medio de nosotros.

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«¿Qué es la Cuaresma y qué implica para los creyentes?»

lunes, 26 de febrero de 2018
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cuaresma_portada_01No pocos cánticos chirigoteros y cuchufletas (*) habrían de ser otros tantos puntos de reflexión y examen de conciencia para corregir comportamientos, también jerárquicos, dentro y fuera de la Iglesia.

De «tiempo santo y aceptable» califica la liturgia a los 46 días comprendidos entre el «Miércoles de Ceniza» y el Domingo de la Pascua de la Resurrección –«quadragésimo dies»– y que se consagra a la penitencia y al ayuno «modelado sobre el ejemplo de Moisés y Elías antes de ser admitidos ante la visión de Dios». Las siguientes reflexiones podrán contribuir a la reconversión de tiempo tan sagrado en marco y academia doctrinal y ascética para la auténtica vida cristiana.

Ya en el concilio de Nicea (a.325), en su cánon 5, se da por supuesta en las principales Iglesias de Oriente la dedicación de este tiempo litúrgico al ayuno riguroso, a veces mitigado, como preparación adecuada para el bautismo- y con-resurrección de Cristo Jesús. «Como el líquido no rompe el ayuno», las fórmulas para sobrellevarlo en conformidad con el ritual litúrgico no siempre resultaban tan enfadosas e incómodas como para llegar a impedir el trabajo propio o ajeno.

Además, a los ricos, con bulas e indulgencias, se les facilitaban cuantas dispensas fueran precisas para eximirles de las culpas y pecados, aún los incluidos en el apartado de la gula y la glotonería.

El número «cuarenta» se hace reiteradamente presente en los textos bíblicos, por lo que la consideración e interpretación literales, no siempre tienen por qué ser fieles, sino más o menos aproximadas y simbólicas. El diluvio universal duró cuarenta días. La estancia de los israelitas en Egipto perduró cuatrocientos años. La peregrinación por el desierto, camino de la Tierra Prometida, fue de cuarenta años.

Las horas que permaneció enterrado Cristo en el sepulcro resultaron ser cuarenta, al igual que los días de su ayuno antes de haber sido bautizado por Juan. Alrededor de cuarenta años se aceptaba en aquellas épocas el tiempo transcurrido entre una y otra generación entre los humanos…

La Cuaresma, es decir, toda la vida, es también el tiempo del segundo bautismo, no habiéndose insistido catequísticamente en que también lo es la penitencia, en igualdad de condiciones que la abstinencia, la limosna y la oración, que son valores tan cuaresmales, o más, que los sacrificios y actos de mortificación corporales.

Estos, como otros tantos frutos y consecuencias de la pujanza y validez de la fe, convirtieron la vida de muchos en constantes programaciones de tristezas, incomodidades y desesperanzas, sin posibilidad de disfrutar de lo bueno que con legitimidad proporciona la vida en esferas familiares, sociales y amistosas, no confiando ser verdad aquello de que «Dios creó el mundo para nuestra satisfacción y servicio».

La certeza de esta aseveración está documentada hasta en el propio organigrama de la liturgia cuaresmal. Exactamente el cuarto domingo -«dominica laetare«- se denomina de esta manera, por la generosa aportación de santa alegría y apacible serenidad contenida en los textos sagrados de la misa y del Oficio Divino, permitiéndose además que el altar sea revestido de flores, que suene el órgano, y que los celebrantes usen las dalmáticas «jucunditatis», con el color rosa, y no el morado habitual.

La bendición de la «Rosa de Oro», que les era concedida por el papa a benefactores de la Iglesia y a determinadas instituciones u obras, exactamente en este domingo, y las bullanguerías populares que se organizaban en tal ceremonia cívico-religiosa, manifiesta con claridad y tersura que la tristeza, por tristeza, es menos, mucho menos, religiosa, que la fe verdadera. La fe es alegría, por lo que cualquier Cuaresma que se ritualice sobre textos y símbolos de desesperanza y tristeza, reclama hoy revisión y restructuración esencialmente litúrgica y piadosa.

Es religiosamente constructivo desvelar que los términos «carnestolendas» y «carnaval» definen el periodo de tres días que precede a la Cuaresma y a la fiesta popular, que consiste generalmente en mascaradas, bailes y comparsas. Los dos términos están compuestos con las palabras «carne» y «tollere» o «levare», que significa la desaparición de este alimento de la dieta, además del uso y disfrute de determinados encuentros en la intimidad amorosa. «Antruejo», equivalente también a carnestolendas y a carnaval, procede en su etimología de «introito» o entrada.

Merece destacarse además y penitencialmente que no pocos cánticos chirigoteros y cuchufletas habrían de ser otros tantos puntos de reflexión y examen de conciencia para corregir comportamientos, también jerárquicos, dentro y fuera de la Iglesia. Lo de «irreverente» no deja de ser, normalmente, y por vulgar, un simple, disculpable y anecdótico episodio.

Como punto y aparte de estas sugerencias aporta la anécdota de que el obispo de una diócesis española prohibió la celebración de un festival taurino en el que intervendrían los más «famosos y notables espadas» en beneficio de la promoción de un grupo de viviendas para pobres…

La razón «oficial» aportada no fue otra que la coincidencia del citado festival con el tiempo litúrgico de la sagrada Cuaresma. (Si a alguien le asaltara la tentación de pensar que se trata de un invento antiepiscopal por mi parte, estoy dispuesto a proporcionales cuantos datos, circunstancias, nombres y apellidos, precisen). Algunos lo justificarán aseverando que se trataba de otros tiempos y hasta de otros obispos…

(*) Bromas, con letras llenas de ingenio, que se cantan en los carnavales en España y más propiamente en Cádiz.

Antonio Aradillas

Fuente Religión Digital

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“Liberar la fuerza del Evangelio”. 2º Cuaresma – B (Marcos 9,2-10)

domingo, 25 de febrero de 2018
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808110Este relato de la «transfiguración de Jesús» fue desde el comienzo muy popular entre sus seguidores. No es un episodio más. La escena, recreada con diversos recursos de carácter simbólico, es grandiosa. Los evangelistas presentan a Jesús con el rostro resplandeciente mientras conversa con Moisés y Elías.

Los tres discípulos que lo han acompañado hasta la cumbre de la montaña quedan sobrecogidos. No saben qué pensar de todo aquello. El misterio que envuelve a Jesús es demasiado grande. Marcos dice que estaban asustados.

La escena culmina de forma extraña: «Se formó una nube que los cubrió y salió de la nube una voz: Este es mi Hijo amado; escuchadlo». El movimiento de Jesús nació escuchando su llamada. Su Palabra, recogida más tarde en cuatro pequeños escritos, fue engendrando nuevos seguidores. La Iglesia vive escuchando su Evangelio.

Este mensaje de Jesús encuentra hoy muchos obstáculos para llegar hasta los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Al abandonar la práctica religiosa, muchos han dejado de escucharlo para siempre. Ya no oirán hablar de Jesús si no es de forma casual o distraída.

Tampoco quienes se acercan a las comunidades cristianas pueden apreciar fácilmente la Palabra de Jesús. Su mensaje se pierde entre otras prácticas, costumbres y doctrinas. Es difícil captar su importancia decisiva. La fuerza liberadora de su Evangelio queda a veces bloqueada por lenguajes y comentarios ajenos a su espíritu.

Sin embargo, también hoy lo único decisivo que puede ofrecer la Iglesia a la sociedad moderna es la Buena Noticia proclamada por Jesús y su proyecto humanizador del reino de Dios. No podemos seguir reteniendo la fuerza humanizadora de su Palabra.

Hemos de hacer que corra limpia, viva y abundante por nuestras comunidades. Que llegue hasta los hogares, que la puedan conocer quienes buscan un sentido nuevo a sus vidas, que la puedan escuchar quienes viven sin esperanza.

Hemos de aprender a leer juntos el Evangelio. Familiarizarnos con los relatos evangélicos. Ponernos en contacto directo e inmediato con la Buena Noticia de Jesús. En esto hemos de gastar las energías. De aquí empezará la renovación que necesita hoy la Iglesia.

Cuando la institución eclesiástica va perdiendo el poder de atracción que ha tenido durante siglos, hemos de descubrir la atracción que tiene Jesús, el Hijo amado de Dios, para quienes buscan verdad y vida. Dentro de pocos años nos daremos cuenta de que todo nos está empujando a poner con más fidelidad su Buena Noticia en el centro del cristianismo.

José Antonio Pagola

Audición del comentario

Marina Ibarlucea

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“Éste es mi Hijo amado”. Domingo 25 de Febrero de 2018. Domingo segundo de Cuaresma

domingo, 25 de febrero de 2018
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20-cuaresma B2 cerezoLeído en Koinonia:

Génesis 22,1-2.9-13.15-18: El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe.
Salmo responsorial: 115: Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
Romanos 8,31b-34: Dios no perdonó a su propio Hijo.
Marcos 9,2-10: Éste e mi Hijo amado.

Después del anuncio de la pasión y del llamado al seguimiento, Marcos introduce el relato de la transfiguración (Mc 9,2-8). Algo así como una “Pascua anticipada”, junto a una crucifixión igualmente “anticipada”. Después viene la discusión sobre la resurrección y el retorno de Elías (Mc 9,9-13) y la historia de la sanación del niño mudo (Mc 9,14-29). Según Xavier Pikaza, los tres relatos tejen un tríptico eclesial que vincula la experiencia de oración, la fe sanadora y el anuncio de la pasión y la resurrección. Así la experiencia pascual (transfiguración) está unida a la acción liberadora.

Veamos en primer lugar la fuerza simbólica del relato, y después “ataremos cabos” para resaltar el mensaje para nuestro HOY:

“Seis días” que evocan los “seis días” de la creación, o los “seis años” de trabajo antes del “año sabático”. Es pues, tiempo productivo, de siembra, de actividad, de preparación. En este ambiente sucede la transfiguración. Pudiéramos decir que la transfiguración pertenece a “otro tiempo”, que irrumpe en el “tiempo ordinario”, con el fin de producir un contraste, un desequilibrio, un llamado de atención, una corrección.

“Tres discípulos”: Pedro, Santiago y Juan, en representación de la comunidad discipular conducida por Jesús. La humanidad masculina en camino al encuentro transformador con la divinidad. Quizá por ello más necesitada de la corrección que va a desarrollarse en lo alto del monte.

“Vestidos resplandecientes” para resaltar la transformación, en donde el resplandor y la blancura expresan la profundidad y la integridad del cambio operado. Las primeras comunidades cristianas usaron vestidos blancos recién lavados para simbolizar la nueva vida que se proponían vivir. Los vestidos exteriores son expresión de los profundos cambios en el interior de las personas.

“Tres seres resplandecientes”: Jesús, Moisés y Elías, en representación de la “comunidad celestial” en comunión. También masculina. Quizá por ello, el encuentro de las dos comunidades sólo suman “seis”. La plenitud del “siete” tendrá lugar mediante la inclusión de la comunidad femenina.

“Tres tiendas”, simbolismo del éxodo y del Dios del éxodo, experiencia tribal originaria y fundacional de Israel. El tiempo de las tiendas es también tiempo de alianza tribal, de solidaridad, de igualdad. En la fiesta de las tiendas sukkot cada familia hacía una choza y habitaba en ella, recordando la salida de Egipto.

Tenemos un énfasis en el simbolismo trinitario: 3 seres celestiales (Jesús, Moisés, Elías), 3 discípulos (Pedro, Juan, Santiago), 3 chozas (éxodo); tres veces tres junto con la gloria de Dios. Tres significa comunidad, perfección, plenitud. Es la propuesta comunitaria de Dios para la humanidad a partir del mismo ser trinitario de Dios. Es el proyecto a construir una vez que se regrese a la llanura.

“Nube”, para los pueblos del desierto significa sombra, lluvia, vida, alegría, bendición. Por eso, siempre está relacionada con Dios. Es un signo visible de la presencia y la compañía gratificante de Dios. Así lo fue durante la travesía del pueblo por el desierto, Dios caminaba delante de él señalando el camino. La voz y la nube van junto al pueblo, cuando este decide construir el proyecto de Dios.

“Subir el monte alto”: evocando Horeb-Sión, lugar donde Moisés y Elías se vieron “cara-a-cara” con Dios. Epifanía que revela el proyecto de Dios y que da fuerza y sabiduría para llevarlo a cabo. Ascenso humanizador, en cuanto capacidad y decisión para realizar lo revelado por Dios.

“Descender del monte”: a la llanura, para el encuentro y la transformación humana y social. En el descenso, quienes experimentaron la resurrección, discuten sobre la “resurrección de los muertos”. El monte está relacionado con la resurrección y la llanura con la muerte. Evocación de los orígenes de Israel en las montañas tribales en contraste con las llanuras tributarias e idolátricas. Producir tal contraste es la tarea permanente de quienes “descienden del monte”. De ahí el imperativo a descender.

En el camino a Jerusalén era necesaria la transfiguración. Galilea había mostrado el “éxito” del reino de Dios. La comunidad discipular identificó allí la realización de los tiempos mesiánicos relacionados con los milagros de Jesús y con las multitudes necesitadas. La expectativa judía de un Mesías liberador de la opresión romana estaba siendo respondida. La comunidad discipular aún no salía de estos moldes mesiánicos. Cuando Jesús anuncia su pasión y crucifixión, hay alarma y desconcierto. No se entiende un mesianismo que pase por la cruz. Para “corregir” esta situación vivida por la comunidad post-pascual de Marcos, el relato introduce la transfiguración.

No sabemos cuál sea el contenido materialmente histórico de este relato teológico, ni es importante conocerlo; este relato, como todo el evangelio, no está escrito tanto “para que sepamos” un dato material de la vida de Jesús, sino “para que creamos”, para alimentar nuestra fe subrayando un aspecto de una verdad salvífica (no una verdad física). Para comunicarnos un mensaje espiritual (una verdad profunda), sin que importe la veracidad fáctica del hecho que sirve de símbolo-vehículo para la transmisión de ese mensaje (o sea, aunque como verdad superficial no fuera cierto tal hecho).

Lo que en el sentido profundo se trasmite en el texto es una vivencia fundamental para toda persona humana, que lo fue sin duda también para Jesús: la necesidad de transcender la superficie de las cosas para captar su sentido profundo. En un momento privilegiado de gracia, los discípulos pudieron acceder a una visión más honda de lo que significaba aquél Jesús humilde que les acompañaba “como uno de tantos”. Y eso les dio ánimos y les fortaleció para continuar la “subida a Jerusalén”.

La fe es la que opera esa “transfiguración”; por ella la vida real, tantas veces chata y sin relieve, rutinaria o hasta decepcionante, se “trasfigura”, mostrándonos sus riquezas de sentido, su trasfondo de dimensiones transcendentes, hasta hacernos experimentar incluso que “todo es gracia”, como dijo Bernanos. Ante esa visión transfigurada de la realidad, uno se extasía, sentimos el deseo de detener el tiempo para contemplar y saborear… Pero esos momentos privilegiados, transfigurados, son excepciones; a lo largo del camino hacia Jerusalén hay pocos montes Tabor…

La fe es la que debe suplir y hacer posible en el fondo del corazón la fuerza para subir al monte Tabor, incluso cuando podamos estar más cerca del otro monte, el Calvario… La fe nos puede dar “una visión contemplativa de la realidad”, una visión mayor, penetrante, transfiguradora, anticipadamente escatológica incluso. Este poema de Casaldáliga que les ofrecemos parece expresar algo semejante.

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva”

Entonces veré el sol con ojos nuevos
y la noche y su aldea reunida;
la garza blanca y sus ocultos huevos,
la piel del río y su secreta vida.

Veré el alma gemela de cada hombre
en la entera verdad de su querencia;
y cada cosa en su primero nombre
y cada nombre en su lograda esencia.

Confluyendo en la paz de Tu mirada,
veré, por fin, la cierta encrucijada
de todos los caminos de la Historia

el reverso de fiesta de la muerte.
Y saciaré mis ojos en Tu gloria,
para ya siempre más ver, verme y verte.

El evangelio de hoy es dramatizado Leer más…

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25.2.18. Transfiguración: Orar en el monte, curar al niño enfermo

domingo, 25 de febrero de 2018
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28467627_938624499648076_4596070768342998757_nDel blog de Xabier Pikaza:

Domingo 2º de Cuaresma. Iniciado el camino que lleva a la pascua, la liturgia nos sitúa ante una escena simbólica de hondo sentido mesiánico:

— Para llevarnos al Monte de la Cruz, el evangelio nos hace pasar por el Tabor, para que contemplemos allí a Jesús transfigurado, con Elías y Moisés, mientras en la parte inferior un grupo de discípulos discute con escribas y familiares sobre la curación de un niño lunático (Imagen 1, cuadro de Rafael, en el Vaticano).

— El relato del Tabor traza un camino de subida y bajado con Jesús, como indica la imagen 2 (icono oriental), con los tres discípulos subiendo por un lado y bajando por otro, con Jesús, primero para ver a Jesús, después para decir al mundo lo que hemosvisto.

Subimos con Jesús y él nos revela el misterio radiante de su vida floriosa, para abrir nuestros ojos y darnos la mano en la noche de la contemplación, y en la mañana del compromiso.

Caminemos con Jesús y con sus tres discípulos cercano (Pedro, Juan, Santiago), no tengamos miedo, nos espera el Señor en la Montaña, con sus dos grandes testigos, Elías y Moisés, toda la Biblia, toda la historia.

28055979_938625106314682_5543057415022609950_nÉsta es una de las escenas más queridas de la piedad y del arte cristiano. El relato y el Icono de la Transfiguración ha acompañado y sigue acompañando a millones de cristianos en su peregrinación. Es bueno que la liturgia lo ponga ante nosotros, para tomar con más fuerza el camino, ahora que va avanzando la cuaresma.

El primer Icono es quizá la obra maestra de Rafael Sanzio, y así he querido reproducirlo en grande, para que el lector y orante se fije y obre en consecuencia. Tiene dos planos, sensiblemente iguales:
(a) En el superior Jesús con Elías y Moisés, mientras yacen admirados y con miedo los tras discípulos principales.
(b) En el plano inferior están los otros nueve discípulos que han quedado en el llano, discutiendo con escribas y parientes de un niño «lunático», al que no logran curar… hasta que Jesús baje de la montaña…

El segundo Icono recoge la tradición oriental, ortodoxa, y nos sitúa también ante dos planos. (a) Arriba Jesús transfigurado, con Elías y Moisés y los tres videntes. (b) En la parte inferior los tres discípulos, que por un lado suben con Jesús para «verle» (contemplación) y por otro bajan (también con Jesús) para curar el niño enfermo.

He desarrollado extensamente el tema en Comentario a Marcos(Estella 2017). Aquí sólo ofrezco una introducción a la lectura histórica y temática de esta escena central del evangelio, invitando a mis lectores a vincular las dos lecturas, la occidental (de Rafael) y la oriental del icono contemplativo de oriente.

Las tres partes del texto

1. Transfiguración (9, 2-8).

images(a. Situación) 2 Y seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, los llevó a solas a un monte alto y se transfiguró ante ellos. 3 Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como ningún batanero del mundo podría blanquearlos. 4 Se les aparecieron también Elías y Moisés, que conversaban con Jesús.
(b. Pedro) 5 Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: Rabbi (=Maestro) (que bien estamos aquí! Vamos a hacer tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. 6 Estaban tan asustados que no sabía lo que decía.
(c. Dios) 7 Vino entonces una nube que los cubrió y se oyó una voz desde la nube: Este es mi Hijo amado; escuchadlo. 8 De pronto, cuando miraron alrededor, vieron sólo a Jesús con ellos.

b. Discusión en el camino de bajada (9, 9-13).

(a. Resucitar de entre los muertos) 9 Al bajar del monte, les ordenó que no contaran a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del humano hubiera resucitado de entre los muertos. 10 Ellos guardaron el secreto, pero discutían entre sí sobre lo que significaría aquello de resucitar de entre los muertos.
(b. Elías) 11 Y le preguntaron: )Cómo es que dicen los escribas que primero tiene que venir Elías? 12 Él, por su parte, les dijo: Es cierto que Elías ha de venir primero y ha de restaurarlo todo, pero )no dicen las Escrituras que el Hijo del humano tiene que padecer mucho y ser despreciado? 13 Os digo que Elías ha venido ya y han hecho con él lo que han querido, como estaba escrito de él.

c. Milagro del niño lunático (9, 14-29).

(a. Situación)14 Cuando llegaron a donde estaban los otros discípulos, vieron mucha gente alrededor y a unos escribas discutiendo con ellos. 15 Toda la gente, al verlo, quedó sorprendida y corrió a saludarlo. 16 Y les preguntó: )De qué estáis discutiendo con ellos? 17 Uno de entre la gente le contestó: Maestro, te he traído a mi hijo, pues tiene un espíritu mudo. 18 Cada vez que se apodera de él, lo tira por tierra, y le hace echar espumarajos y rechinar los dientes hasta quedarse rígido. He pedido a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.

(b. Creo: la fe del padre) 19 Él (Jesús), respondiéndoles, les dijo: (Generación incrédula!) Hasta cuando tendré que estar entre vosotros? )Hasta cuándo tendré que soportaros? Traédmelo.20 Se lo llevaron y, en cuanto el espíritu le vio, sacudió violentamente al muchacho, que cayó por tierra y se revolcaba echando espumarajos. 21 Entonces le preguntó al padre: )Cuánto tiempo hace que le sucede esto? El padre contestó: Desde pequeño. 22 Y muchas veces lo ha tirado al fuego y al agua para acabar con él. Si algo puedes, compadécete de nosotros y ayúdanos.23 Jesús le dijo: (Dices si puedo. Todo es posible a quien cree.24 El padre del niño gritó al instante: (Creo, pero ayuda mi incredulidad!
(c. Lo levantó: la acción de Jesús)25 Jesús, viendo que se aglomeraba la gente, increpó al espíritu impuro, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, te ordeno que salgas y no vuelvas a entrar en él. 26 Y el espíritu salió entre gritos y violentas convulsiones. El niño quedó como muerto, de forma que muchos decían que había muerto. 27 Pero Jesús, tomándole de la mano, lo levantó, y él se puso en pie.
(d. Oración) 28 Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas:)Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?29 Les contestó: Esta tipo (de demonios) no puede salir si no es con oración.

TRES PERSPECTIVA, TRES CONTEXTOS DE LA TRANSFIGURACIÓN (9, 2-8)

Hemos leído detenidamente el texto. Leámoslo de nuevo, sintámulos por dentro. No olvidemos que, conforme a la exégesis tradicional, este pasaje pude entenderse en tres planos o perspectivas

– Perspectiva historicista. Un día Jesús subió a la montaña.

En esa línea, este relato habla de un “hecho” que pasó una vez, durante el tiempo de la vida pública de Jesús, cuando él estaba subiendo hacia Jerusalén, y para sentir mejor lo que hacía quiso subir con tres de sus discípulos a un monte del camino. Leer más…

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La anticipación del triunfo de Jesús. Domingo 2º de Cuaresma. Ciclo B

domingo, 25 de febrero de 2018
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Ecce Homo +Elisabeth Ohlson Wallin+1998Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo 1º de Cuaresma se dedica siempre a las tentaciones de Jesús, y el 2º a la transfiguración. El motivo es fácil de entender: la Cuaresma es etapa de preparación a la Pascua; no sólo a la Semana Santa, entendida como recuerdo de la muerte de Jesús, sino también a su resurrección. Este episodio, que anticipa su triunfo final nos ayuda a enfocar adecuadamente estas semanas.

El contexto

Jesús ha anunciado que debe padecer mucho, ser rechazado, morir y resucitar. Pedro, que no quiere oír hablar de sufrimiento y muerte, lo lleva aparte y lo reprende, provocando la respuesta airada de Jesús: «Retírate, Satanás». Luego llama a toda la gente junto con los discípulos, y les dice algo más duro todavía: no sólo él sufrirá y morirá; los que quieran seguirle también tendrán que negarse a sí mismos y cargar con la cruz. Pero tendrán su recompensa cuando él vuelva triunfante. Y añade: «Algunos de los aquí presentes no morirán antes de ver llegar el reinado de Dios con poder». ¿Se cumplirá esa extraña promesa? ¿Hay que hacerle caso a uno que pone condiciones tan duras para seguirle?

El cumplimiento: la transfiguración

Seis después tiene lugar esta extraño episodio.

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.

Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»  Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.» De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.» Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

El relato podemos dividirlo en tres partes: la subida a la montaña, la visión, la bajada. Desde el punto de vista litera­rio es una teofanía, una manifestación de Dios, y Marcos utiliza los mismos elementos que empleaban los autores del Antiguo Testamento para describirla.

            La subida a la montaña

Es significativo el hecho de que Jesús sólo elige a tres discípu­los, Pedro, Santiago y Juan. La exclusión de los otros nueve no debemos interpretarla sólo como un privilegio; la idea principal es que va a ocurrir algo tan importante que no puede ser presen­ciado por todos. Por otra parte, se dice que subieron «a una montaña alta». Mc usa el frecuente simbolismo de la montaña como morada o lugar de revelación de Dios. Entre los antiguos cananeos, el monte Safón era la morada del panteón divino. Para los griegos se trataba del Olimpo. Para los israelitas, el monte sagrado era el Sinaí. También el Carmelo tuvo un prestigio especial entre ellos, igual que el monte Sión en Jerusalén.

            La visión

En la visión hay cuatro elementos que la hacen avanzar hasta su plenitud.

1) La transformación de las vestiduras de Jesús, que se vuelven «de un blanco deslumbrador, como no es capaz de blanquearlos ningún batanero del mundo». Mc parece sugerir que del interior de Jesús brota una luz deslumbradora que transforma sus vestidos. Esa luz simboliza la gloria de Jesús, que los discípulos no habían percibido hasta ahora de forma tan sorprendente.

2) Elías y Moisés. Curiosamente, el primer plano lo ocupa Elías, considerado en el judaísmo el precursor del Mesías (Eclesiástico 48,10); el puesto secundario que ocupa Moisés resulta difícil de explicar. Moisés es el gran mediador entre Dios y su pueblo, el profeta con el que Dios hablaba cara a cara. Sin Moisés, humana­mente hablando, no habría existido el pueblo de Israel ni su religión. Elías es el profeta que salva a esa religión en su mayor momento de crisis, hacia el siglo IX a.C., cuando está a punto de sucumbir por el influjo de la religión cananea. Sin él, habría caído por tierra toda la obra de Moisés. Por eso los judíos concedían especial importancia a estos dos personajes. El hecho de que se aparezcan ahora a los discípu­los (no a Jesús), es una manera de confirmarles la importancia del personaje al que están siguiendo. No es un hereje ni un loco, no está destruyendo la labor religiosa de los siglos pasados, se encuentra en la línea de los antiguos profetas, llevando su obra a plenitud.

3) En este contexto, las palabras de Pedro proponiendo hacer tres tiendas suenan a simple despropósito. Mc lo justifica aduciendo que estaban espantados y no sabía lo que decía. Generalmente nos fijamos en las tres tiendas. Pero esto es simple conse­cuencia de lo anterior: «qué bien se está aquí». Pedro no quiere Jesús no sufra. Mejor quedarse en lo alto del monte con Jesús, Moisés y Elías que tener que seguirle con la cruz.

4) La nube y la voz. Como en el Sinaí, Dios se manifiesta en la nube y habla desde ella. Sus primeras palabras repiten exactamente las que se escucharon en el momento del bautismo de Jesús, cuando Dios presentaba a Jesús como su siervo. Pero aquí se añade un imperativo: «¡Escuchadlo!». La orden se relaciona con las anteriores palabras de Jesús, que han provocado tanto escán­dalo en Pedro, y con la dura alternativa entre vida y muerte que ha planteado a sus discípulos. Ese mensaje no puede ser eludido ni trivializado. «¡Escuchadlo!»

Este episodio está contado como experiencia positiva para los apóstoles y para todos nosotros. Después de haber escuchado a Jesús hablar de su pasión y muerte, de las duras condiciones que impone a sus seguidores, tienen tres experiencias complementarias: 1) ven a Jesús transfigurado de forma gloriosa; 2) se les aparecen Moisés y Elías; 3) escuchan la voz del cielo.

Lo cual supone una enseñanza creciente: 1) al ver transformados sus vesti­dos tienen la expe­riencia de que su destino final no es el fracaso, sino la gloria; 2) al aparecérseles Moisés y Elías se confirman en que Jesús es el culmen de la historia religiosa de Israel y de la revela­ción de Dios; 3) al escuchar la voz del cielo saben que seguir a Jesús no es una locura, sino lo más conforme al plan de Dios.

            El descenso de la montaña

La orden de Jesús de que no hablen de la visión hasta que él resucite (v.9) se inserta en la misma línea de la prohibición de decir que él es el Mesías (16,20). No es momento ahora de hablar del poder y la gloria, suscitando falsas ideas y esperanzas. Después de la resurrección, cuando para creer en Cristo sea preciso aceptar el escándalo de su pasión y cruz, se podrá hablar con toda libertad también de su gloria.

Dos padres, dos hijos, dos escándalos

Las dos primeras lecturas de este domingo se relacionan por oposición. En la primera, Abrahán está dispuesto a sacrificar a su único hijo si Dios se lo pide, cosa que no ocurre. En la segunda, Dios entrega a su hijo para demostrarnos que está dispuesto a concedernos todo. Los dos textos extrañan, incluso escandalizan, a muchos cristianos.

Primer escándalo: el sacrificio de Abrahán (Génesis 22,1-2. 9-13.15-18)

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán,  llamándole: 

̶  ¡Abrahán!

Él respondió:

̶  Aquí me tienes.

Dios le dijo:

̶  Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio, en uno de los montes que yo te indicaré.

Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:

̶ ¡Abrahán! Abrahán!

Él contestó:

̶  Aquí me tienes.

El ángel le ordenó:

̶  No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo tu único hijo.

Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.

El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo:

̶  Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.

La práctica de los sacrificios humanos está muy extendida en los más diversos pueblos y culturas, desde Escandinavia al Japón. Pero el Antiguo Testamento nos informa también de algo más terrible: el sacrificio del primogénito. En casos de extrema necesidad, el rey o el jefe militar ofrecía en sacrificio a los dioses lo más valioso que poseía: el hijo o la hija primogénito. No sabemos si esta práctica estaba difundida también a nivel privado. Si lo que dice el profeta Jeremías no es exageración, cabe pensar que sí.

En esa práctica, desde la óptica de aquellos siglos, hay algo muy valioso: se reconoce el derecho de Dios a lo más querido para cualquier persona. Pero en Israel intuyeron pronto que Dios no quiere esa forma de piedad. Había que compaginar dos cosas aparentemente contradictorias: Dios tiene derecho a la vida del primogénito, pero no quiere ejercer ese derecho.

El relato del sacrificio de Abrahán cumple perfectamente este objetivo: el patriarca reconoce el derecho de Dios, pero Dios no quiere que lo ponga en práctica. Cuando se conocen las circunstancias históricas y culturales, el relato no escandaliza sino que alegra.

Segundo escándalo: el sacrificio de Jesús (Romanos 8, 31b-34)

Hermanos: Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?

Más difícil de explicar es este segundo escándalo. Porque nadie comprende que Dios sacrifique a su hijo para salvar a esa panda de indeseables que somos nosotros. Lo curioso es que los primeros autores cristianos (los evangelistas y los apóstoles en sus cartas) nunca se escandalizaban de este hecho. Se admiraban, pero no se escandalizaban. Pienso que por un motivo muy sencillo: no se quedaban en la muerte de Jesús, todo lo pensaban a partir de la resurrección. La historia había terminado maravillosamente bien. Y eso les capacitaba para ver de forma positiva incluso los aspectos más escandalosos. Las palabras de Pablo en esta lectura no pueden ser más duras: Dios «no perdonó a su propio Hijo». Sin embargo, Pablo no deduce de ahí que Dios es cruel, sino que está dispuesto a darnos todo con él.

Ya que la idea del juicio final se ha utilizado a menudo para angustiar a la gente, conviene advertir cómo lo enfoca Pablo. El Juez es Dios; pero no el Dios justiciero, sino un juez corrupto que se pone de parte de los culpables. Y el fiscal es Jesús, que ha muerto y sigue intercediendo por nosotros. Es el caso más escandaloso de corrupción de la justicia. Afortunadamente para nosotros.

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Segundo Domingo de Cuaresma. La Transfiguración. 25 de febrero, 2018

domingo, 25 de febrero de 2018
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“Mientras bajaba de la montaña, Jesús les mandó que no explicaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre hubiera resucitado de entre los muertos. Ellos retuvieron estas palabras, pero discutían entre ellos qué quería decir eso de “resucitar de entre los muertos”.

(Mc 9, 2-10)

En el camino de preparación hacia la Pascua, hoy leemos en el Evangelio el texto de la Transfiguración de Jesús. Se trata de un episodio que prepara a los apóstoles para lo que se acerca: la pasión, muerte y resurrección de su Maestro. En él vemos que Jesús sabía muy bien lo que iba a pasar, mientras que los apóstoles tienen dificultades para comprenderlo y aceptarlo.

Desde que Jesús comenzó a predicar y a sanar, sus acciones y palabras han ido mostrando quién es. Los apóstoles han sido testigos de lo que ha dicho y hecho. Sin embargo, Jesús es muy cauteloso a la hora de revelar su identidad, porque sabe que puede ser fácilmente malinterpretada. Él es el Mesías, sí, pero no un Mesías poderoso y triunfador, sino uno que será rechazado y abandonado por todos, que sufrirá y hasta morirá violentamente, pero que después resucitará. Jesús trata de hacer comprender a sus discípulos esto tan chocante.

En este contexto, la Transfiguración es una confirmación por parte de Dios Padre de quién es Jesús verdaderamente. Nos encontramos en un ambiente de intimidad y propicio para la manifestación de Dios. Solo los tres apóstoles más cercanos suben con Jesús a una montaña; allí, la ropa de Jesús se vuelve resplandeciente, aparecen Moisés y Elías, los envuelve una nube y la propia voz del Padre confirma que aquél es su Hijo, y que todo se hará como él dice.

Tal experiencia tiene que dar fuerza y certeza a Pedro, Santiago y Juan para todo lo que seguirá, que no será fácil. En efecto, no acaban de entender que Jesús resucitará porque no se creen que morirá realmente. La verdadera transformación de Jesús no será esta transfiguración, que parece tan agradable, delante de tres de sus amigos. Sino que será la resurrección desde la muerte para liberar de ésta a toda la humanidad. O, en otras palabras: se transformará en Vida sin ningún rasguño de muerte para dar Vida plena a cada persona.

Como los apóstoles, sentimos la tentación de quedarnos en la montaña. En la intimidad, de rehuir lo que pide una entrega de nosotros, generosidad, confianza, disponibilidad para dejarnos transformar. Pero nosotros sabemos cómo sigue la historia. La narración de la Transfiguración de Jesús y de la experiencia que de ella tienen Pedro, Santiago y Juan nos sitúa delante de todo el ciclo. Recibimos de Dios fuerza y certeza de lo que somos y de lo que estamos llamados a ser. Entregamos lo que somos y en este desprendimiento encontramos la vida verdadera. La Vida con mayúsculas, la vida en Dios. Tenerlo presente nos da fuerza, serenidad, esperanza y coraje.

Oración

“Danos valor, Padre, para atrevernos a vivir recordando que tú llevas vida nueva a todas la cosas. Renuévanos para que seamos testigos de tu fidelidad hasta el final.”

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El AT quedó superado por Jesús.

domingo, 25 de febrero de 2018
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transfiguracion-fondo1Mc 9, 1-9

En los tres ciclos litúrgicos leemos, el segundo domingo de cuaresma, el relato de la transfiguración. Hoy leemos el de Mc, que es el más breve, aunque hay muy pocas diferencias con los demás sinópticos. Lo difícil para nosotros es dar sentido a este relato. Marcos coloca este episodio entre el primer anuncio de la pasión y el segundo. Parece que hay una intención clara de contrarrestar ese lenguaje duro y difícil de la cruz.

Es muy complicado entender el significado de este relato. Para mí, es inaceptable que Jesús se dedicara a hacer una puesta en escena particular. Mucho menos que tratara de dar un caramelo a los más íntimos para ayudarles a soportar el trago de la cruz (cosa que no consiguió). Con ello estaría fomentando lo que tanto critica Mc en todo su evangelio: El poner como objetivo último la gloria; aceptar que lo verdaderamente importante es el triunfo personal, aunque sea a través de la cruz.

La estructura del relato, a base de símbolos del AT, nos advierte de que no se trata de un hecho histórico, sino de una teofanía. No quiere decir que Dios en un momento determinado,  realice un espectáculo de luz y sonido. Son solo experiencias subjetivas que, en un momento determinado, atestiguan la presencia de lo divino en un individuo concreto. La presencia de lo divino es constante en toda la realidad creada, pero el hombre puede descubrir esa cercanía y vivirla de una manera experimental en un momento determinado de su vida.

A Dios nunca podemos acceder por los sentidos. Si en esa experiencia se dan percepciones aparentemente sensoriales, se trata de fenómenos paranormales o psicológicos. Dios está en cada ser acomodándose a lo que es como criatura, no cambiando o violentando nada de ese ser. Es más, la llegada a la existencia de todo ser es la consecuencia de la presencia divina en él. Esto no quiere decir que la experiencia de Dios no sea real. Quiere decir que Dios no está nunca en el fenómeno, sino en el noúmeno. “Si te encuentras al Buda, mátalo”.

Jesús, plenamente humano tuvo que luchar en la vida por descubrir su ser. El relato de hoy quiere decir que, aun siendo hombre, había en él algo de divino. Seguramente se trate de un relato pascual que, en un momento determinado, se consideró oportuno retrotraer a la vida de Jesús. En los relatos pascuales se insiste en que ese Jesús Vivo es el mismo que anduvo con ellos por las tierras de Galilea. En la trasfiguración se dice lo mismo, pero desde el punto de vista contrario. El Jesús que vive con ellos es el mismo Cristo glorificado.

La manera de construir el relato quiere demostrar que lo que descubrieron de Jesús después de su muerte, ya estaba en él durante su vida, solo que no fueron capaces de apreciarlo. Jesús fue siempre lo que se quiere contar en este relato, antes de la muerte y después de ella. Lo que hay de divino en Jesús está en su humanidad, no está añadido a ella en un momento determinado. Este mensaje es muy importante a la hora de superar visiones demasiado maniqueas de Jesús con el fin de manifestar de manera apodíctica su divinidad.

Pedro, Santiago y Juan, los únicos a los que Jesús cambió el nombre. Era buena gente, pero un poco duros de mollera. Necesitaron clases de apoyo para poder llegar al nivel de comprensión de los demás. Los tres acompañan a Jesús en el huerto. Los tres son testigos de la resurrección de la hija de Jairo. Pedro acaba de decir a Jesús que de pasión y muerte, ni hablar. Santiago y Juan van a pedir a Jesús, en el capítulo siguiente, que quieren ser los primeros en su reino. Los tres demuestran que no entendieron el mensaje de su Maestro.

La montaña alta, la nube, la luz, la voz, el miedo, son todos elementos que aparecen en las teofanías del AT. El monte es una clara referencia al Sinaí. La nube fue signo de que Dios les acompañaba, sobre todo en el desierto. La nube trae agua, sombra, vida. Los vestidos blancos son signo de la divinidad. El hecho de que todos sean símbolos no disminuye en nada la profundidad del mensaje que nos quieren transmitir, al contrario, el lenguaje bíblico asegura la comprensión de los destinatarios, que eran todos judíos.

Moisés y Elías, además de ser los testigos de grandes teofanías, representan todo el AT, la Ley y los profetas. Me pregunto, cómo supieron que se trataba de esos dos personajes. También me gustaría saber en qué lengua hablaban. Está claro que lo que se intenta es manifestar el traspaso del testigo a Jesús. Hasta ahora, La Ley y los profetas eran la clave para descubrir la voluntad de Dios. Desde ahora, la clave de acceso a Dios será Jesús.

¡Qué bien se está aquí! Para Pedro era mucho mejor lo que estaba viendo y disfrutando que la pasión y muerte, que les había anunciado unos versículos antes Jesús para dentro de muy poco. Cuando les anuncia por primera vez la pasión, Pedro había dicho a Jesús: ¡Ni hablar! Ahora se encuentra a sus anchas. El mismo afán de gloria que a todos nos acecha.

Vamos a hacer tres chozas. Pedro está en la “gloria”, y pretende retener el momento. Pedro, diciendo lo que piensa, manifestando su falta total de comprensión del mensaje de Jesús. Le ha costado subir, pero ahora no quieren bajar, porque se habían acercado a Jesús con buena voluntad, pero sin descartar la posibilidad de medrar. Al poner al mismo nivel a los tres personajes, Pedro niega la originalidad de Jesús. No acepta que la Ley y los profetas han cumplido su papel y están ya superados. La voz corrige esta visión de Pedro.

¡Escuchadlo! En griego, “akouete autou” significa escuchadle a él solo. A Moisés y Elías los habéis escuchado hasta ahora. Llega el momento de escucharle a él solo. El AT es el mayor obstáculo para escuchar a Jesús. Hoy lo son los prejuicios que nos han inculcado sobre Jesús. “Escuchar” es la actitud del discípulo. En el Éxodo, escuchar a Dios no es aprender de Él, sino obedecerle. La Palabra que escuchamos nos compromete y nos arranca de nosotros mismos.

No contéis a nadie… Es la referencia más clara a la experiencia pascual. No tiene sentido hablar de lo que ellos no estaban buscando ni habían descubierto. No sólo no contaron nada, sino que a ellos mismos se les olvidó. En el capítulo siguiente nos narra Mc la petición de los primeros puestos por parte de Santiago y Juan. Pedro termina negándolo ante una criada. Hechos que hubieran sido impensables después de una experiencia como la transfiguración.

Lo importante no es que Jesús sea el Hijo amado. Lo determinante es que, cada uno de nosotros somos el hijo amado como si fuéramos únicos. Dios nos está comunicando en cada instante su misma Vida y habla en lo hondo de nuestro ser en todo momento. Esa voz es la que tenemos que escuchar. No tenemos que aceptar la cruz como camino para la gloria. No llegamos a la vida a través de la muerte. En la “muerte” está ya la Vida.

Con relación al AT, tenemos un mensaje muy claro en el relato de hoy: Hay que escuchar a Jesús para poder comprender La Ley y Los Profetas, no al revés. Seguimos demasiado apegados al Dios del AT. El mensaje de Jesús nos viene demasiado grande. Como Pedro, lo más que nos hemos atrevido a hacer, es ponerlo al mismo nivel que la Ley y Los Profetas.

Meditación

En Mc, Jesús nos habla con sus hechos.
El mayor atractivo de Jesús es su coherencia.
En él, lo que pensaba, lo que decía y lo que hacía era todo uno.
Esa autenticidad es la clave de un verdadero ser humano.
Jesús era verdad, le miraras por donde le miraras.
Ahí tenemos el modelo de la divinidad.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El fuego invisible.

domingo, 25 de febrero de 2018
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transfiguracion011La palabra puede transformar la realidad, pero solo el silencio nos transforma a nosotros mismos (Pablo D’Ors)

25 de febrero. Domingo II de Cuaresma

Mc 9, 2-10

Este es mi hijo muy amado. Escuchadle

El compositor vanguardista John Cage (1912-1992) escribió una obra basada en no hacer sonar una sola nota, y en cuya partitura lo único escrito es la palabra “Tacet”, indicando al intérprete que ha de guardar silencio y no tocar ningún instrumento. Su título es 4’33”, el tiempo de duración de la pieza musical en tres movimientos. Cage quería suscitar en el público la necesidad de tomar conciencia de la riqueza sonora que el hombre lleva dentro. Una riqueza que hay que escuchar prestos y disfrutar de ella. Javier Sierra, premio Planeta 2017, insiste en esta misma idea cuando pone en boca de Don Arístides la siguiente frase: Estas piedras, -las ha señalado orgulloso- se tallaron cinco siglos antes del descubrimiento de América. Están esculpidas por los cuatro costados. Estos capiteles hablan, señoras. Tienen su propio idioma. Sólo hay que detenerse a escucharlo”.

La ausencia de sonido es algo natural en la música. Por ejemplo, cuando Ludwig van Beethoven nos enfrenta con el “ta ta ta taaaa…”  de su Quinta Sinfonía a la llamada del Destino en Allegro con brío, lo más interesante para mí, son las cesuras, las pausas que hace entre las notas, el silencio que se produce entre los sonidos.

Cage resalta este necesario mutismo: El silencio que nos rodea puede albergar mucho, pero para mí es más interesante el silencio que llevo dentro. Un silencio que, en cierto modo creo yo mismo. De ahí que ya no busque el silencio absoluto a mi alrededor. El silencio que busco es una vivencia personal.

Posturas plenamente humanas en las que no nos contentamos con arañar la superficie de las cosas, si no que buscamos su sentido profundo: una sorprendente manera de transfigurar el alma.

No hace mucho tuve ocasión de asistir a una conferencia titulada El silencio como camino de contemplación. La daba Olga Cebrián, del grupo Amigos del desierto, y nos hacía la siguiente propuesta del silencio: “buscar ese espacio para estar dentro, para estar conmigo mismo, con la vida, con el misterio, con Dios, con lo que nos refuerza. Así que sin tanto ruido, sin tanto extravío, volvamos al centro, volvamos a casa para desde allí poder relacionarnos mejor con los demás, con la vida, con nosotros”.

Promueve este movimiento el sacerdote Pablo d’Ors, autor de Biografía del silencio, quien nos regala esta enjundiosa sentencia: “La palabra puede transformar la realidad, pero solo el silencio nos transforma a nosotros mismos” (Pablo D’Ors).

Anne Christine Girardot (1970) es una directora francesa reubicada en Holanda. En 2005 fundó junto con John Gruter, la productora Nachtzon Media (Night Sun Media) con la que han hecho numerosos trabajos para la TV pública holandesa. En una sociedad del ruido interesan las historias llenas de Verdad. El año pasado se llevó a los cines un documental, titulado “La isla de los monjes”, que nos acerca a la vida de ocho monjes trapenses.

Según declaró Gi­rar­dot a ACI Prensa, el mensaje de esta cinta es “principalmente un mensaje de esperanza para decir a la gente que todos estamos buscando profundamente nuestra vocación en la vida y que es muy importante ser fiel a lo que estás llamado”.

También aseguró que con su película pretende explicar que “no importa dónde vives tu fe, si dentro de los muros de un monasterio u otro, o en la calle, sino que lo esencial es la relación con Dios y eso tan sólo se encuentra en el interior de cada uno”.

Una vez alguien le preguntó a uno de los monjes: “¿Cuál es vuestra utilidad?” A lo que respondió: “¿Utilidad?” Ninguna. Nuestra misión en la vida es ser signos de la presencia de Cristo en el mundo.

LA LLAMADA DEL DESTINO

Sol

        Sol,

                Sol

                        Miii…

notas-musica

Como Beethoven lo escribió en su Quinta Sinfonía.
En Morse, punto, punto, punto, raya … _
son uve de Victoria
que Churchill eligió para los vencedores. 

Los teletipos y la radio la emitieron
como señal de desembarco en Normandía. 

………………………

Llamada del Destino: Luces radiantes
sobre la noche oscura del de la Cruz y de la mía,
que destruyen las sombras y construyen
un jubiloso anhelo de infinito. 

Un coro de pasiones
que me llaman, me piden y me exigen,
en un clímax que asciende sin cesar
hasta el Reino de Dios.

Hasta donde la pena y la alegría
se abrazan en sonido.

(EN HIERRO Y EN PALABRAS. La llamada del Destino)

 Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Habla un miembro de la comunidad de Roma.

domingo, 25 de febrero de 2018
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la transfiguracionEstábamos pasando por momentos duros en la comunidad de Roma que lideraba Marcos. Ya desde los comienzos habíamos sido un grupo mirado con sospecha y críticas. Resultábamos odiosos tanto para los judíos que vivían en la ciudad, como para los romanos y ser fieles a la doctrina de Jesús acarreaba el riesgo de ser despreciados, maltratados e incluso perseguidos.

Marcos estaba ausente y entre nosotros habían surgido ciertos problemas de liderazgo, pero era sobre todo la sombra de la calumnia y la persecución la que se cernía como una sombra sobre nosotros. En la fracción del Pan de aquel primer día de la semana faltaron muchos, seguramente por miedo a ser identificados como partidarios de Jesús, y los pocos que habíamos acudido nos sentíamos una insignificante presencia de excluidos en medio de una ciudad que no nos aceptaba como suyos.

Natanías propuso que leyéramos el relato de la transfiguración de Jesús, tal como Marcos nos lo había dejado en su evangelio y asentimos sin demasiado entusiasmo. Ya conocíamos la tradición según la cual Jesús había subido a una montaña alta, el Tabor seguramente, llevándose con él a Pedro, Santiago y Juan (Mc 9,2-13). Eran los mismos que le habían acompañado cuando entró en casa de Jairo y devolvió la vida a su hija, y los que más tarde eligió para estar con él en aquella noche terrible de su oración en Getsemaní.

En la comunidad muchos provenían de la gentilidad y éramos los judíos quienes conocíamos bien las Escrituras y podíamos reconocer todas las alusiones a la historia de nuestro pueblo que aparecían en el relato:

– Si Moisés y Elías estuvieron con el Maestro, quiere decir que Jesús es Aquel de quien hablaron la Ley y los Profetas. ¡Ahora el centro lo ocupa él!

– Dicen nuestros sabios que Elías no murió, sino que fue arrebatado en un carro de fuego (2Re 2,11; Ml 3,23) y que volverá al final de los tiempos. Pienso que Mateo ha querido decirnos que será Jesús quien vuelva envuelto en majestad para juzgar el mundo.

– ¿No recordáis cómo también irradiaba luz el rostro de Moisés cuando hablaba con Yahvé en el Sinaí? (Ex 34,29). El Señor hacía sentir la intensidad de su presencia en medio de una nube (Ex 24, 12-18)…

– Seguramente están también detrás el éxodo y al desierto, por eso Pedro dice lo de “hacer tres tiendas”, lo mismo que la Tienda de la Reunión albergaba el arca de la alianza…

– La “montaña alta” y la voz de Dios hablando de su Hijo primogénito ¿no será para tener presente a nuestro padre Abraham que en el monte Moria estuvo dispuesto a ofrecer a Dios a Isaac, su primogénito? (Gen 22)

– Yo pienso que detrás de Jesús está más bien la figura misteriosa del Siervo de Yahvé del que hablaba Isaías: «Mirad a mi Siervo a quien sostengo, mi elegido a quien prefiero» (Is 42,1).

 Pero también el hijo del hombre que aparece en las profecías de Daniel resplandecía como el sol… (Dan 10,5-6)

De pronto intervino Lisias que no era judío, sino un griego afincado en Roma que había abrazado el Camino y se había bautizado. En su voz notamos una mezcla de apasionamiento e indignación:

 ¡Vuestros comentarios me hacen pensar que estoy entre un grupo de fariseos que comentan un pasaje de la Torah! ¿Por qué no dejáis de dar vueltas al pasado y os enfrentáis con lo que el relato de la transfiguración nos dice sobre el misterio de Jesús? ¿Cómo es que ninguno de vosotros ha recordado que al bajar de la montaña él ordenó a sus discípulos: «No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que este Hombre resucite de la muerte…?» Y luego les habló de lo que él mismo tendría que sufrir. ¿No os hace pensar eso que es el Calvario el monte en el que está pensando también Marcos? Por un lado responde a la pregunta que se hacían todos los que le conocieron a Jesús acerca de quién era él y contesta: «Es el Hijo único del Padre». Pero está sobre todo enfrentándose al escándalo que a todos nos ronda al recordar que seguimos a Alguien que fue crucificado en medio del peor de los fracasos y en un suplicio que sólo merecen los esclavos.

En la cruz Jesús estaba desfigurado, lo mismo que el Siervo de Yahvé de quien leemos que todos apartaban la mirada (Is 53,3). Pero encontramos fuerza para contemplarle ahí gracias a que la gloria futura del Hijo se manifestó por un momento en el Tabor, inundado de luz y participando de la gloria de su Padre. Allí se manifestó algo del esplendor de su divinidad y esa visión es como una luz que nos ayuda a “transfigurar la cruz” que tanto nos escandaliza y nos cuesta aceptar. ¿No creéis que también le dio fuerza a él? Porque no plantó su tienda en la montaña como quería Pedro, sino que bajó de nuevo al camino que iba a conducirle a Jerusalén…

Las palabras de Lisias fueron para mí un fogonazo de luz que me hizo sentirme como Moisés ante la zarza ardiente, pero ahora no era un hombre solo quien escuchaba la Voz, sino que sus destinatarios éramos todos. Ya no era sólo la zarza la que ardía, sino que todo el monte estaba en llamas. Y las palabras que oíamos venían de Aquél a quien Jesús nos había enseñado a llamar “Padre” y que decía: «Este es mi Hijo amado. ¡Escuchadle!».

Me di cuenta de que esa escucha nos daba la llave para descifrar el sentido de lo que estábamos viviendo y conseguía que nuestras tinieblas quedaran invadidas de luz. Los momentos de persecución que atravesábamos se transfiguraban y aparecían como una realidad que tenía en su raíz el leño de la cruz, cargado de un fruto de Vida.

Tomé la palabra para decir: – Hermanos, vamos a orar según la costumbre del propio Jesús cuando pronunciaba la bendición: ¡Bendito seas Señor, Dios del universo, porque en el rostro transfigurado de tu Hijo nos has permitido descubrir el resplandor de tu rostro tres veces santo!

¡Bendito seas porque nos llamas a acompañar a tu Hijo por el camino de las contradicciones y de la persecución! Y bendito seas por revelarnos la luz que se esconde detrás de la muerte cuando ésta es abrazada con amor.

Dolores Aleixandre

Fuente Fe Adulta

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Transfigurar es ver más allá de la Realidad

domingo, 25 de febrero de 2018
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9436bede23a1fc8bf3fe09f59a072ec5_1Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. UN RECUERDO CERCANO.

Pablo VI estaba ya agonizando. Era el sábado 5 de agosto de 1978 por la noche en la paz de Castelgandolfo. Dom Macchi, secretario de Pablo VI, le leyó algunos párrafos, quizás páginas, de un pequeño catecismo que Jean Guitton, amigo personal de Pablo VI, había escrito para niños. Terminada la lectura, el papa Montini dijo unas palabras premonitorias: adesso viene la notte, la notte trasfigurata: ahora llega la noche, la noche transfigurada.

El 6 de agosto de 1978, fiesta de la Transfiguración, fallecía Pablo VI.

La noche, la muerte se transfiguraba en amanecer.

Las últimas palabras del testamento de Pablo VI, fueron: Cierro los ojos a esta tierra dolorosa, dramática y magnífica tierra.

02. LA TRANSFIGURACIÓN.

El relato de la Transfiguración recuerda la permanencia de Moisés ante la gloria del Señor en el Sinaí, cubierto por la nube, y el resplandor de su rostro por haber tratado con Dios.

El texto de la Transfiguración es un mosaico de temas teológicos: la montaña (lugar cercano a los cielos, a Dios), la nube es el signo de la presencia de Dios, la luz: el rostro resplandeciente, los vestidos refulgentes, la voz: Este es mi Hijo, escuchadle.

03. LA TRANSFIGURACIÓN ES LA EXPERIENCIA (CONTEMPLACIÓN) CRISTIANA.

No pensemos que la Transfiguración fue una especie de desfile de moda con vestidos elegantes y resplandecientes.

Aquellos tres discípulos: Pedro, Santiago y Juan, los primeros cristianos discípulos de Jesús, conocían y convivían con Jesús, pero les costó llegar a ver a Cristo en Jesús.

En algún momento, en algún camino, recoveco o “montaña” de la vida vieron, contemplaron a Cristo en Jesús. La Transfiguración es como un adelanto de la resurrección de Jesús. La experiencia contemplativa del Señor resucitado es lo que les llevó a de los primeros cristianos (Pedro, Santiago, Juan, etc…) a componer este relato de la Transfiguración.

Jesús se les transfiguró en el Cristo resucitado. La transfiguración no es algo externo, un cambio de disfraces como en carnaval, sino que la Transfiguración es abrir la realidad cotidiana y caer en la cuenta de que la vida y la historia están llenas de sentido, de vida. La realidad es un lenguaje que nos habla de algo más que la pura materialidad.

o Hay personas que todo lo que tocan o el ambiente en que viven lo transforman (transfiguran) en nervios y lo problematizan todo; sea en la vida familiar, comunitaria, laboral, eclesial, etc. Otros, más bien, trasfiguran la vida y los problemas en un clima de paz; hay quien transforma la vida, la enfermedad, los problemas en paz y serenidad.

o Hay quien transfigura la guerra en paz, el pecado en gracia, el odio en respeto y amor, la enfermedad en fuente de reflexión y aceptación de la propia finitud, la desesperación en esperanza.

o Es también el caso del arte, de la estética: en el fondo es una transfiguración del hierro, de la madera, de la piedra, del lenguaje, de los sonidos y nos transportan un “paso más allá”.

o Cuando escuchamos una misa de réquiem, quizás evocando la muerte de los seres queridos, nos transporta, nos transfigura, nos lleva a otras realidades de esperanza, casa del Padre, del cielo, etc.

o Un atardecer, un encuentro, una oración pueden transfigurar nuestro ser, nuestra existencia hacia la verdad, la bondad o la belleza.

o Nos llegará la noche, la noche de la transfiguración, que decía Pablo VI en sus últimos momentos

Vivir es transfigurar la existencia, transcenderla.

¿Soy persona que transfigura un nacimiento en la familia, un sufrimiento, que transforma el trabajo, la convivencia? ¿Estaré abierto a la transfiguración de la gran noche de la vida?

Lo contrario de transfigurar, de transcender es la intranscendencia.

Vivir es transfigurar la existencia.

03. ¿ATEOS O INTRANSCENDENTES?

16El hombre de hoy tiene, tenemos una dificultad especial para vislumbrar otras dimensiones en el corazón de la realidad terrestre. Solamente vemos la pura materialidad de las cosas. El hombre moderno parece incapaz de descubrir algo más en la realidad que la pura materialidad.

El ateo moderno-postmoderno no es el que no cree en Dios, sino aquel que está privado de capacidad para sobrepasar y TRANSFIGURAR la existencia, la realidad y ver otras dimensiones.

Las capacidades y dimensiones del ser humano hemos de vivirlas pero transfiguradas.

La comida del ser humano no es mero engullir alimentos, sino encuentro, celebración, fiesta. La sexualidad humana no es mera genitalidad, sino que es entrega y amor. Los humanos no vivimos en manada, sino en convivencia.

Un regalo no se limita a un mero objeto, sino que en ese disco o libro que nos regalamos hay una transcendencia, una transfiguración que se llama afecto, empatía, celebrar la vida del cumpleaños, etc.

Persona humana y cristiana es quien transfigura la realidad hacia la luz, hacia el bien, hacia la verdad más profunda. De ahí que no coincida persona religiosa con el ser humano capaz de contemplar.

Antonio Machado, Pío Baroja, M Unamuno, Juan R Jiménez, Gabriel Celaya, Jorge Oteiza, Joan Manuel Serrat, Paco Ibáñez y tantos otros, no han sido personas (poetas, cantantes, etc.) o no son personas especialmente religiosas, pero sí personas capaces de transformar, de transfigurar, de sugerir una Palabra de verdad, de bondad, de estética, de ideales, valores, caminos…

05. ESTE ES MI HIJO AMADO: ESCUCHADLE

240px-giovanni_bellini_-_trasfigurazione_di_cristoLa experiencia, el encuentro con Cristo transforma, transfigura nuestra vida y la llena de paz, de luz, de sentido. Se está bien aquí…

Es cierto que luego vendrá otro monte: el Calvario, el sufrimiento de la vida, pero al final está la Resurrección.

Tal transfiguración es íntima, personal, probablemente no de masas. Acontece en el silencio y la contemplación interior.

En mi opinión habríamos de cambiar una pastoral de sociología religiosa, masiva y de grandes números y concentraciones, por una evangelización personal del encuentro silente y contemplativo con Cristo. (Las masas son siempre inconsistentes y “peligrosas”). Quizás hayamos de vivir a lo “Nicodemo”, uno a uno, en el diálogo personal, más que en las grandes masas.

Por otra parte, Cristo es el Hijo amado a quien hay que escuchar.

Cuando las cosas no van bien en el ámbito eclesiástico o en el ámbito personal propio, la Palabra es Cristo: escuchadle.

ESTE ES MI HIJO AMADO, ESCUCHADLE.

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Cuaresma 2018: Isaías actual.

jueves, 22 de febrero de 2018
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Del blog de Amigos de Thomas Merton:

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“Así dice el Señor tu Dios …

No ayunéis como ahora, haciendo oír en el cielo vuestras voces.

¿Es ese el ayuno que el Señor desea, para el día que el hombre se mortifica? Mover la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza, ¿a eso le llamáis ayuno, día agradable al Señor?

El ayuno que yo quiero es este: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no cerrarte a tu propia carne.

Entonces romperá tu luz como la aurora, enseguida te brotará la carne sana, te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor. Entonces clamará y te responderá, gritarás y te dirá:

“Aquí estoy”.

Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.

El Señor te dará reposo permanente; en el desierto saciará tu hambre, hará fuertes tus huesos, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena nunca engaña, reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre cimientos de antaño; te llamarán reparador de brechas, restaurador de casas en ruinas.”

*

Isaías 58, 4 al 12

***

«Hay un Dios de ayuno negativo, como un ídolo de rostro cabizbajo, como desfigurado, que va echando en cara a los hombres sus delitos y sus transgresiones… Éste es el Dios del ayuno falso, sediento de sacrificios y sangre, de castigos e infiernos, para así sentirse seguro a sí mismo. Pues bien, en contra de eso, el Dios del evangelio (que mora en lo secreto y no se impone por la fuerza) goza amando a los hombres, y se alegra así con ellos (¡se lava el rostro herido, perfuma su cara…!), para que nosotros podamos vivir en concordia, en justicia, en misericordia. «

*

Xabier Pikaza.
Religión de Cuaresma, tres pilares: limosna, oración, ayuno.
El blog de X.Pikaza. 13/2/18 (Religión Digital)

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***

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Eco-cuaresma

lunes, 19 de febrero de 2018
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eco-cuaresma

Del blog del Monasterio de las Monjas Trinitarias de Suesa:

ECO-CUARESMA

Hemos querido encaminar así la cuaresma de este año, volviendo a lo más justo de nuestra vida, lo más sostenible, lo más limpio.

Desde hace tiempo se habla mucho de conversión ecológica, procurando que nuestra mirada se dirija más hacia el cuidado de la casa común, como nos recordaba Francisco en su encíclica Laudato Si.

Os animamos a vivir una eco-cuaresma, una cuaresma en clave de conversión, ecológica, y de cualquier otro aspecto que necesite un giro de tuerca.

No es necesario realizar grandes aspavientos para vivir una cuaresma convertida, o conversa. La historia ha teñido la cuaresma de un morado doloroso, cuando no es así su origen. Este tiempo previo a la Pascua es eso, un tiempo de preparativos, y para eso no es preciso flagelarse o abusar de la palabra sacrificio como si esta significara “dolor o pérdida” cuando en realidad expresa “hacer algo sagrado” (una aclaración importante).

Así  pues vivamos una eco-cuaresma, haciendo cada cosa de manera sagrada. Procurando no tener asuntos pendientes.

La tradición, que suele acertar (no siempre, es cierto), propone tres claves que podemos aprovechar para realizar esa nueva versión del corazón.

Limosna: Compartir aquello que tenemos con lleva a ser conscientes de lo afortunados que somos. ¿Qué es lo que tienes? No es necesario que sea únicamente dinero, comparte lo que posees. Si haces una lista de tus posesiones es probable que te encuentres con otras propiedades: ropa, tiempo, alegría, capacidad de servir, posibilidades de hacer gestos de bondad y de cariño,… y dinero, sí, también eso.

En esta eco-cuaresma la limosna la relacionamos con la abundancia de la naturaleza, que da de manera generosa, desbordándose, que de una semilla salen varios frutos y de ellos cientos de docenas de semillas, en un gesto multiplicador.

Ayuno: todas las tradiciones religiosas conceden una gran importancia al ayuno, no solo porque beneficia al cuerpo, que también, sino porque ayuda a tener la mente y el espíritu más despierto, más atento a lo que sucede. Podemos relacionar el ayuno con la contención de la voracidad de nuestros deseos más cotidianos: la inmediatez de los resultados, la prisa, la ausencia de autocrítica, la fe ciega en nuestras opiniones,…

En esta eco-cuaresma el ayuno nos recuerda que también podemos modificar nuestros hábitos de consumo injusto y degradante. Quizás a partir de ahora puedas cambiar tus infusiones habituales de un comercio convencional sencillamente por unas de comercio justo. ¿Se resentirá en exceso tu presupuesto?, pero a lo mejor mejora tu autoestima humana, además de colaborar con un mundo más de Dios.

Oración: esto es lo que más nos cuesta, porque no se ve, porque no se obtienen resultados inmediatos. Es lo que tiene amar, que suele ser gratis.  Orar es adquirir un hábito saludable, por eso te animamos a proponerte un tiempo de oración, pero con realismo, algo que verdaderamente puedas llevar a cabo (mira que no usamos la palabra “cumplir”); proponerse metas ambiciosas que no son realistas genera frustración y abandono de proyecto, y… el proyecto no es otro que aumentar la relación con Dios.

Probablemente tengas cerca una iglesia a la que poder acudir algún rato a lo largo de la semana, o una comunidad con la que compartir alguna celebración, o un ratito en tu habitación, respirando y agradeciendo, respirando y agradeciendo.

A quienes estáis cerca de nuestro monasterio os proponemos compartir con nosotras la oración de la tarde de los sábados, que es la que da comienzo al domingo. Os esperamos a las 19:30 h.

Y en clave de eco-cuaresma la oración nos ayuda a mirar la creación como la mira Dios, con ternura, cuidado y mimo. Creación es todo: tú, el resto de la humanidad, los seres vivos, las montañas, el aire, la nieve, el agua, el cosmos,… Siéntela tuya, como lo más preciado. Y actúa.

Mira este “Decálogo verde”.

Acabamos con algunas líneas de la canción “Asuntos pendientes”.

Miré dentro y pensé que algo debe cambiar,
no puedo caminar con rencor en la piel y en los ojos la sal.
Confiar otra vez en la humanidad,
disfrutar de tus besos, oler en tus manos toda tu bondad.
Encontrar la razón de las horas perdidas,
entender el perdón como un gesto de amor para toda la vida.
Aceptar que hoy es hoy y que ayer fue pasado,
que aprender a vivir es saber descubrir que el futuro está actuando.
Olvidar el dolor de palabras hirientes
y cambiar la razón ojos que no te ven corazón que te siente.
Entregarme a la luz cuando llegue el momento
y buscarte en mi alma, encontrarte, saber y sentir que no tengo asuntos pendientes.
Asuntos pendientes…

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“Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.”

domingo, 18 de febrero de 2018
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En oración

El Espíritu empujó a Jesús al desierto.

Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás;

vivía entre alimañas, y los ángeles le servían.

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.

Decía: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.”

*

(Marcos 1, 12-15)

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Hacerse hombre significa hacerse «pobre», no tener nada con que presentarme fuerte frente a Dios, ningún apoyo, ninguna fuerza o seguridad fuera del compromiso y el sacrificio del propio corazón. El llegar a ser hombre viene a ser como la confesión de la pobreza del espíritu humano frente a la reivindicación total de la inaccesible trascendencia de Dios. Con la valentía de esta pobreza comenzó la aventura divina de nuestra salvación. Jesús no se tuvo por nada ni se defendía con nada, ni siquiera con su origen. Satanás, por el contrario, trata de impedir esta pobreza radical. Quiere hacer a Jesús fuerte, porque sólo teme una cosa: la impotencia de Dios en la naturaleza humana que asumió, Dios en un corazón humano destinado al sacrificio, que desde la fidelidad incondicional a su innata pobreza sufre desde dentro – y por lo tanto salva la necesidad y perdición del hombre.

Por eso la tentación de Satanás es un atentado contra el  autoaniquilamiento de Dios, una tentación contra la seguridad y «riqueza de espíritu», contra la divinidad de Jesús, un sondeo a la seriedad y grandeza de su humanidad. Desde los comienzos hizo y hace lo mismo, y siempre le reconoceremos por las palabras: «Seréis como dioses». Esta es la tentación de las tentaciones, con mil variaciones: la tentación contra la verdad de la naturaleza asignada al hombre. El pretende que la tierra sea exclusivamente suya, y con la tierra también el hombre: el hombre, en torno al cual se combatía antes de despertarse al alba de su libertad de suerte que ya nunca se le podía pedir e invitar a tomar una decisión libre por sí mismo de manera desinteresada, pero siempre o cortejado amigablemente o astutamente atacado.

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J. B. Metz,
Pobreza en el Espíritu. Meditaciones teológicas,
Brescia 1968, 105.

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“Entre conflictos y tentaciones”. Domingo 1 Cuaresma – B (Marcos 1,12-15)

domingo, 18 de febrero de 2018
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808109-204x300Antes de comenzar a narrar la actividad profética de Jesús, Marcos nos dice que el Espíritu lo impulsó hacia el desierto. Se quedó allí cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas y los ángeles le servían. Estas breves líneas son un resumen de las tentaciones o pruebas básicas vividas por Jesús hasta su ejecución en la cruz.

Jesús no ha conocido una vida fácil ni tranquila. Ha vivido impulsado por el Espíritu, pero ha sentido en su propia carne las fuerzas del mal. Su entrega apasionada al proyecto de Dios le ha llevado a vivir una existencia desgarrada por conflictos y tensiones. De él hemos de aprender sus seguidores a vivir en tiempos de prueba.

«El Espíritu empuja a Jesús hacia el desierto»

No lo conduce a una vida cómoda. Lo lleva por caminos de pruebas, riesgos y tentaciones. Buscar el reino de Dios y su justicia, anunciar a Dios sin falsearlo, trabajar por un mundo más humano es siempre arriesgado. Lo fue para Jesús y lo será para sus seguidores.

«Se quedó en el desierto cuarenta días»

El desierto será el escenario por el que transcurrirá la vida de Jesús. Este lugar inhóspito y nada acogedor es símbolo de pruebas y dificultades. El mejor lugar para aprender a vivir de lo esencial, pero también el más peligroso para quien queda abandonado a sus propias fuerzas.

«Tentado por Satanás»

Satanás significa «el adversario, la fuerza hostil a Dios y a quienes trabajan por su reinado. En la tentación se descubre qué hay en nosotros de verdad o de mentira, de luz o de tinieblas, de fidelidad a Dios o de complicidad con la injusticia.

A lo largo de su vida, Jesús se mantendrá vigilante para descubrir a «Satanás» en las circunstancias más inesperadas. Un día rechazará a Pedro con estas palabras: «Apártate de mí, Satanás, porque tus pensamientos no son los de Dios». Los tiempos de prueba los hemos de vivir, como él, atentos a lo que nos puede desviar de Dios.

«Vivía entre alimañas y los ángeles le servían»

Las fieras, lo seres más violentos de la tierra, evocan los peligros que amenazarán a Jesús. Los ángeles, los seres más buenos de la creación, sugieren la cercanía de Dios, que lo bendice, cuida y sostiene. Así vivirá Jesús: defendiéndose de Antipas, al que llama «zorro», y buscando en la oración de la noche la fuerza del Padre.

Hemos de vivir estos tiempos difíciles con los ojos fijos en Jesús. Es el Espíritu de Dios el que nos está empujando hacia el desierto. De esta crisis saldrá un día una Iglesia más humana y más fiel a su Señor.

José Antonio Pagola

Audición del comentario

Marina Ibarlucea

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“Se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le servían”. Domingo 18 de febrero de 2018. Domingo primero de cuaresma

domingo, 18 de febrero de 2018
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19-cuaresma B1 cerezoLeído en Koinonia:

Génesis 9,8-15: El pacto de Dios con Noé salvado del diluvio.
Salmo responsorial: 24:Tus sendas, Señor, son mi misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza.
1Pedro 3,18-22: Actualmente os salva el bautismo.
Marcos 1,12-15:Se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le servían.

La primera lectura, Génesis 9, contiene la «alianza de Dios con Noé». La alianza famosa, la más importante, tendrá lugar más tarde, la alianza con Abraham. La Alianza con Noé pertenece a un segundo plano de “la economía de la salvación”. ¡Nunca más habrá diluvio para destruir la tierra!, le asegura Dios a Noé (Gn 9,11). Y esta promesa va acompañada de un memorial: el arco iris, señal del nuevo pacto entre Dios y la humanidad.

¡El miedo al “diluvio” ha sido quebrado! Ahora tenemos una nueva alianza a partir de una alternativa de vida para todos los seres vivientes. El arca que ha abrigado a la familia se transforma en una gran casa acogedora de la vida, en donde el cuidado con los animales se destaca de una manera especial (Gn 9,1-7). Es la casa de la vida que coloca al ser humano en comunión con la tierra, con la naturaleza, con el cosmos.

El río Jordán, el desierto, y la Galilea son como un mismo “hilo conductor” de un desplazamiento fundamental que da inicio al evangelio de Marcos. Ahí percibimos el movimiento del reino de Dios que nos invita a movilizarnos en búsqueda de nuestros propios “lugares del Reino” donde se concreten y desarrollen nuestras opciones por la vida, por la dignificación de las personas y de las comunidades.

El río Jordán evoca grandes y significativos hechos de la historia de Israel. El más importante, sin duda, cuando Josué y el grupo del desierto atraviesan el río para entrar en la tierra prometida (Jos 3-4). Relato de los orígenes de aquel proyecto de vida igualitaria revelado por Dios a los esclavos fugitivos de Egipto. A partir de esta memoria primordial, Juan el Bautista convoca al pueblo alrededor de una nueva esperanza mesiánica. Allí también acude Jesús, procurando “las aguas de Juan”.

El desierto es muy frecuentemente mediación de discernimiento, formación y maduración en el proyecto de Dios. Jesús es llevado por el Espíritu al desierto, lugar por excelencia donde Israel aprendió a ser pueblo. Sujeto y proyecto anudados alrededor de la memoria del éxodo dando inicio al evangelio de Jesús.

Galilea es el lugar donde Jesús concreta su opción de humanidad y de humanización. Esta geografía es para Jesús el espacio vital del Reino. Es un mar, una tierra y un pueblo abierto a las naciones del entorno. Las fronteras se “cruzan” dando lugar a la inclusión de lo diverso en múltiples “misturas”. Favorabilidad donde madura e irrumpe el kairós del reino de Dios.

El paso del Jordán al desierto, plantea la articulación de movimientos mesiánicos proféticos que tienen en esos lugares, sus fuentes de inspiración y de organización. La confrontación con Satanás, como principio cósmico del mal que Marcos lo vincula con la enfermedad, la marginación y la muerte de los pobres, será para Jesús la definición de su vida por la ruta del reino de Dios. El desierto deja de ser lugar de prueba y penitencia según la tradición judía, para convertirse en lugar de aprendizaje definitivo en la confrontación y el desequilibrio. El Espíritu de Dios lleva a Jesús hasta la memoria fundacional de Israel, donde, venciendo a Satán, la vida se torna en fidelidad hacia Dios y hacia lo humano.

El simbolismo de los “cuarenta” tiene que ver con el trauma del nuevo nacimiento. Los poderes de la historia se hallan enfrentados: Jesús como principio de la humanidad liberada desde Dios, y Satanás, que es signo y causa de la muerte en el mundo. Nos hallamos frente al relato de un nuevo origen. Marcos re-escribe la historia, llevándonos del agua del bautismo a la re-construcción de la humanidad, para decirnos que Jesús está ahí apostando por una opción de vida, dignidad y felicidad humana. Pero Jesús no asume el combate solitario. Está junto con los animales y los ángeles como evocando un nuevo paraíso. El servicio angélico comunica esperanza y porta salvación. Al retomar el “paraíso” para re-iniciar el camino de lo humano, Jesús cuenta con fuerzas naturales y angelicales (la tierra y el cielo) favorables. Jesús se encuentra entre la tentación satánica y el servicio angélico. Es el dilema que permanentemente enfrentaremos. Marcos ha evocado estos poderes como en un espejo para que podamos mirarnos en ellos. Nos ha dicho lo que es tentar y servir, nos ha arraigado en la “historia original”. Ya en la historia concreta esos actores sobrenaturales desaparecen y es cuando Jesús nos enseña a servir, sirviendo a su comunidad discipular.

Obviamente, los cuarenta días del desierto no desaparecen. Duran todo el evangelio, toda la vida. Son paradigma de la contradicción y el desequilibrio que permanentemente atraviesan la historia. En la trama de la vida humana se ha venido a introducir y decidir la trama de pecado y esperanza de todos los vivientes (incluidos los animales, los ángeles y los diablos).

En definitiva, la liturgia nos presenta este evangelio del comienzo del ministerio de Jesús, por paralelo con el comienzo de la cuaresma. La Cuaresma es la vida humana… Leer más…

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D 18. 2. 18. Cuaresma, el mito de la tentación: ¡Entre Dios y el Diablo!

domingo, 18 de febrero de 2018
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27971909_935161956660997_3972509272901833610_nDel blog de Xabier Pikaza:

Domingo 1 Cuaresma. Ciclo b. Mc 1, 12-13. Conforme al evangelio de Marcos, tras haber sido bautizado, antes de iniciar su ministerio Jesús permanece cuarenta días con el Diablo, en el desierto, para ser probado y superar la prueba, realizando así la primera cuaresma de la historia cristiana.

Éste es un relato mítico, pero (¡y por eso!) extrañamente actual y verdadero, pues sólo en forma simbólica pueden contarse las cosas más profunda, como sabe la poesía como cuenta el buen cine.

Este relato recoge el primero de los grandes dramas de la historia, el de la vida del hombre como tensión y prueba, un tema que ha sido contado en casi todas las culturas, y que el evangelio sitúa en el comienzo de la vida pública de Jesús, allí donde tiene que escoger entre Dios y el Diablo, entre la fidelidad a su llamada (al servicio de los hombres) y el deseo de huir, de escaparse, o de refugiarse en su propio Diablo.

Entre Dios y Satán habitará Jesús, en su desierto. Entre Dios y Satán seguimos encontrándonos simbólicamente, nosotros, ante el tema y tarea de la guerra final, que suele presentarse como lucha entre imperios e imperios, ángeles y diablos, la última de todas las guerras de la historia.

Pero el evangelio de Marcos sabe y nos dice que esa guerra se ha librado en el mismo corazón de Jesús y se sigue librando en el nuestro, entre la llamada de Dios y la «tentación» del Diablo, que habla, nos llama y nos prueba, para que entreguemos en sus manos nuestra vida.

evangelio-de-marcosSiendo humano, según el evangelio, Jesús se ha introducido en esa guerra (¡nuestra guerra!), buscando y encontrado su tarea (¡que es la tarea!), la de proclamar e iniciar la llegada del Reino de Dios entre aquellos a quienes la gente tomaba como abandonados de Dios (locos, posesos y enfermos), de forma que esa guerra personal se vuelve guerra social, universal, de la historia entera.

Ésta es la guerra que libramos cada uno de nosotros, pues somos desde antiguo un campo de batalla, entre Dios y Satán; pero ésta es, al mismo tiempo, la guerra universal por el dominio del mundo, por la supremacía económica, la guerra de Mammón (Mt 6, 24), en la que mueren cada día más de 40 personas de hambre.
El evangelio ha contado esta batalla de un modo simbólico (mítico), y quien piense que él no está implicado en ella no entiende nada… Quien se olvide de esa lucha y viva como si no le afectara se ha olvidado de sí mismo, no comprende nada de nada.
(lo que sigue está tomado de mi Comentario de Marcos).

Buen domingo a todos.

Texto. Mc 1, 12-13

12 Y de pronto, el Espíritu lo expulsó al desierto;
13 y estaba en el desierto durante cuarenta días, siendo tentado por Satanás.
Y estaba con las fieras y los ángeles le servían

Lleno del Espíritu del Dios, que le ha llamado Hijo Querido, tras salir del agua del bautismo (habiendo superando así el nivel de conversión de Juan Bautista), Jesús debe asumir la tentación satánica, en un gesto donde se vinculan, en clave simbólica, los rasgos principales de la trama de Marcos, que presenta a Jesús entre fieras y ángeles.

Éste es un relato anticipatorio, de tipo especular (un texto espejo) que permite comprender desde el principio lo que sigue. Es como si pudiéramos quitar por un momento los velos que ocultan la verdad de los personajes, para ver la identidad de cada uno.

Introducción. Jesús probado.

No es Hijo (ni ha recibido el Espíritu) para encerrarse y vivir en aislamiento, sino para extender la filiación, como indica el texto al afirmar que de pronto (euthys, 1, 12), el mismo Espíritu que había recibido le arrojó al desierto, que ya no es lugar de “metanoia” o conversión (como para el Bautista), sino de prueba mesiánica, signo de las dificultades y problemas que Jesús ha de vencer en su camino de Hijo de Dios, a lo largo de su vida, en lucha con Satanás.

Así lo dice este breve texto, construido a modo de parábola fundante, que proyecta sobre Jesús los cuarenta años de prueba de los israelitas de antaño en el desierto. Es posible que el autor del evangelio de Marcos ignore los motivos más concretos de la tentación, que aparecen en el documento Q (Lc 4 y Mt 4: pan, poder, milagro). Pero parece más probable suponer que Marcos no quiso introducirlos, aunque fueran conocidos y narrados en algunos ambientes, construyendo, en cambio, este relato de tipo más general, que resulta necesario para entender su Evangelio, pues sirve para presentar a un personaje clave de su trama (Satán).

Ciertamente, él ha comenzado hablando del Bautista como iniciador profético y ha descubierto a Dios como agente principal (trascendente), pero a fin de comprender la vida y obra de Jesús, él debe presentar también a Satanás como antagonista, acudiendo para ello a unos motivos importantes de su tradición israelita (y de la primera Iglesia).

Para situar el tema

Marcos ha querido presentar desde el principio a Satanás, para que se sepa quién ha sido (y está siendo) el antagonista de Jesús. Por otra parte, como irá mostrando todo el evangelio, Satanás y/o los espíritus inmundos sólo actúan de manera expresa hasta un momento de la trama (dejamos de sentir a Satanás en 8,33 y a los espíritus malignos en 9,29).

¿A qué se debe? Probablemente al hecho de que Satanás es ante todo un «indicador» de los poderes perversos que se adueñan de la humanidad. Por eso, cuando los seres humanos llegan a su maldad extrema (en los relatos del juicio de Jesús en Jerusalén y en los motivos centrales de su muerte), son ellos mismos y no Satanás ni sus demonios, los que tientan a Jesús.

Pero vengamos ya al pasaje. Tras la gran revelación que sigue al Bautismo, allí donde parece que Jesús (Hijo Querido) debería vencer toda oposición, sin dificultades, Marcos ha querido mostrar que su camino mesiánico, definido por el descenso del Espíritu y la palabra de Dios, estará marcado por la tentación y el conflicto.

En un primer momento, este pasaje nos resulta extraño
, con mezcla de fábula (presencia de fieras), de mito religioso (oponen ángeles y diablo) y de relato edificante (el héroe Jesús vence a Satanás). Ciertamente hay esos y otros rasgos en el texto. Pero al estudiarlo con más detenimiento, descubrimos que los diversos rasgos quedan de tal forma ensamblados que se integran en un tipo de unidad de oposición revelatoria, en cuyo centro está Jesús, entre ángeles y fieras, entre el Espíritu y Satán, en un espacio y tiempo muy especial (del desierto y los cuarenta días):

Y de pronto el Espíritu lo «expulsó» (1, 12).

Se trata, sin duda, del Espíritu de Dios (santo), que él ha recibido tras el bautismo (1, 9; cf. 1, 8), que no le deja ya estar junto al río de la conversión (el Jordán, con el Bautista), sino que le “expulsa” (ekballei), como expulsó a Adán del paraíso (exeballen, con el mismo verbo: Gen 3, 24), para que habite así en el mundo de la prueba.

Según Gen 2, 3, Dios había ofrecido a los hombres su Espíritu (aliento), haciéndoles capaces de vivir en sí mismos (de discernir y decidirse). Pues bien, ese mismo Espíritu de Dios “arroja” ahora a Jesús (le expulsa del lugar de una filiación que resolvería todos sus problemas) para llevarle al desierto de la prueba, de manera que él aparece como un “poseído” del Espíritu.

El texto dice que le expulsó al Desierto (1, 12). Por exigencia de la tradición israelita, según el relato de Marcos, el lugar de prueba no es ya el paraíso (como en Gen 2-3), sino el desierto: espacio inhabitado, donde el hombre ha de moverse entre las fuerzas primigenias de la realidad. Este desierto donde el Espíritu expulsa a Jesús no es el de Juan, en 1, 4, junto al río del bautismo, sino el lugar de las “tentaciones y pruebas” de los israelitas, según el Pentateuco (en Éxodo, Números y Deuteronomio).

Cuarenta días. Éstos son los días de su prueba (1, 13), reflejo y concreción de los cuarenta años de prueba del antiguo Israel. En algún sentido se puede añadir que ese desierto (espacio) y esos cuarenta días (tiempo) responden también al paraíso de Gen 2, que aparece así como lugar donde Jesús, nuevo Adán, invierte el antiguo pecado y despliega la verdad del ser humano.

Jesús ha vuelto así al principio (los cuarenta días), para convocar, como Hijo de Dios y con la fuerza del Espíritu, la auténtica familia de Dios sobre la tierra. En ese principio de Jesús se encuentran incluidos sus seguidores . Leer más…

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