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“Aprendiendo a rezar”. Domingo 17 del Tiempo Ordinario. Ciclo C

domingo, 28 de julio de 2019
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Jesús-y-sus-discípulos-Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

El domingo pasado, el evangelio nos animaba a escuchar a Jesús, como María. Hoy nos anima a hablarle a Dios. Ante una persona importante es fácil quedarse sin palabras, no saber qué decir. Mucho más ante Dios. Quizá por eso, los discípulos no rezan. Pero les suscita curiosidad ver a Jesús rezando. ¿Qué dice? ¿Por qué no les enseña a hablarle a Dios? Este será el tema del evangelio. La primera lectura ofrece un tipo de oración muy curioso: la intercesión a través del regateo.

Primera lectura: Un regateo inútil (Génesis 18, 20-32)

            En aquellos días, el Señor dijo:

            ‒ La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte, y su pecado es grave; voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré.

            Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán.

            Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios:

            ‒ ¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti hacer tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?

            El Señor contestó:

            ‒ Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.

            Abrahán respondió:

            ‒ Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?

            Respondió el Señor:

            ‒ No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco.

            Abrahán insistió:

            ‒ Quizá no se encuentren más que cuarenta.

            Le respondió:

            ‒ En atención a los cuarenta, no lo haré.

            Abrahán siguió:

            ‒ Que no se enfade mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?

            Él respondió:

            ‒ No lo haré, si encuentro allí treinta.

            Insistió Abrahán:

            ‒ Me he atrevido a hablar a mi Señor. ¿Y si se encuentran sólo veinte?

            Respondió el Señor:

            ‒ En atención a los veinte, no la destruiré.

            Abrahán continuó:

            ‒ Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?

            Contestó el Señor:

            ‒ En atención a los diez, no la destruiré.

            He titulado este episodio “Un regateo inútil” porque, en definitiva, no sirve de nada. Sodoma y Gomorra desaparecen irremisiblemente porque no se encuentran en ella ni siquiera diez personas inocentes.

            En realidad, el mensaje fundamental de este episodio no es la oración de intercesión sino la dificultad de compaginar las desgracias que ocurren en la historia con la justicia y la bondad de Dios. Este tema preocupó enormemente a los teólogos de Israel, sobre todo después de la dura experiencia de la destrucción de Jerusalén y del destierro a Babilonia en el siglo VI a.C.

            En una religión monoteísta, como la de Israel, el problema del mal y de la justicia divina se vuelve especialmente agudo. No se le puede echar la culpa a ningún dios malo, o a un dios secundario. Todo, la vida y la muerte, la bendición y la maldición, dependen directamente del Señor. Cuando ocurre una desgracia tan terrible como la conquista de Jerusalén y la deportación, ¿dónde queda la justicia divina?

            El autor de este pasaje del Génesis lo tiene claro: la culpa no es de Dios, que está dispuesto a perdonar a todos si encuentra un número mínimo de inocentes. La culpa es de la ausencia total de inocentes.

            El lector moderno no está de acuerdo con esta mentalidad. Tiene otros recursos para evitar el problema. El más frecuente, no pensar en él. Si piensa, decide que Dios no es el responsable de invasiones, destrucciones y deportaciones. De eso nos encargamos los hombres, que sabemos hacerlo muy bien. Con este planteamiento salvamos la bondad y la justicia divina. Los antiguos teólogos judíos veían la acción de Dios de forma más misteriosa y profunda. No eran tan tontos como a veces pensamos.

Evangelio: la oración modelo y la importancia de insistir (Lucas 11,1-13)

            El evangelio recoge dos cuestiones muy distintas: la oración típica del cristiano, la que distingue a sus discípulos, y la importancia de ser insistentes y pesados en nuestra oración, hasta conseguir que Dios se harte y nos conceda… ¿Qué nos concederá Dios?

            Demasiada materia para un solo domingo. Comentaré los dos temas por separado.

            Aprendiendo a rezar (Lucas 11, 1-4)


            Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:

            ‒ Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos. 

            Él les dijo:

            ‒ Cuando oréis decid:

            “Padre,

            santificado sea tu nombre,

            venga tu reino,

            danos cada día nuestro pan del mañana,

            perdónanos nuestros pecados,

            porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo,

            y no nos dejes caer en la tentación.”

Nota previa: En Lucas faltan dos peticiones que conocemos por Mateo: “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, y “líbranos del mal”. La liturgia traduce “nuestro pan del mañana; debería traducir, como en la misa, “nuestro pan de cada día”, ya que la fórmula griega es la misma en Mateo y Lucas (to.n a;rton h`mw/n to.n evpiou,sion). Pero existe una discusión muy antigua sobre si epiousion se debe interpretar del alimento cotidiano o como referencia a la eucaristía. Parece que la liturgia se ha inclinado en este caso por la interpretación eucarística.

            El “Padre nuestro” es la síntesis de todo lo que Jesús vivió y sintió a propósito de Dios, del mundo y de sus discípulos. En torno a estos temas giran las peticiones (sean siete como en Mateo o cinco como en Lucas).

            Frente a un mundo que prescinde de Dios, lo ignora o incluso lo ofende, Jesús propone como primera petición, como ideal supremo del discípulo, el deseo de la gloria de Dios: “santificado sea tu Nombre”; dicho con palabras más claras: “proclámese que Tú eres santo”. Es la vuelta a la experiencia originaria de Isaías en el momento de su vocación, cuando escucha a los serafines proclamar: “Santo, santo, santo, el Señor, Dios del universo” (Is 6). La primera petición se orienta en esa línea profética que sitúa a Dios por encima de todo, exalta su majestad y desea que se proclame su gloria.

            Ante un mundo donde con frecuencia predominan el odio, la violencia, la crueldad, que a menudo nos desencanta con sus injusticias, Jesús pide que se instaure el Reinado de Dios, el Reino de la justicia, el amor y la paz. Recoge en esta petición el tema clave de su mensaje (“está cerca el Reinado de Dios”), en el que tantos contemporáneos concentraban la suma felicidad y todas sus esperanzas.

            Como tercer centro de interés aparece la comunidad. Ese pequeño grupo de seguidores de Jesús, que necesita día tras día el pan, el perdón, la ayuda de Dios para mantenerse firme. Peticiones que podemos hacer con sentido individual, pero que están concebidas por Jesús de forma comunitaria, y así es como adquieren toda su riqueza.

            Cuando uno imagina a ese pequeño grupo en torno a Jesús recorriendo zonas poco pobladas y pobres, comprende sin dificultad esa petición al Padre de que le dé “el pan nuestro de cada día”.

            Cuando se recuerdan los fallos de los discípulos, su incapacidad de comprender a Jesús, sus envidias y recelos, adquiere todo sentido la petición: “perdona nuestras ofensas”.

            Y pensando en ese grupo que debió soportar el gran escándalo de la muerte y el rechazo del Mesías, la oposición de las autoridades religiosas, se entiende que pida “no caer en la tentación”.

            El Padre nuestro nos enseña que la oración cristiana debe ser:

            Amplia, porque no podemos limitarnos a nuestros proble­mas; el primer centro de interés debe ser el triunfo de Dios;

            Profunda, porque al presentar nuestros problemas no podemos quedarnos en lo superficial y urgente: el pan es importante, pero también el perdón, la fuerza para vivir cristianamente, el vernos libres de toda esclavitud.

            Íntima, en un ambiente confiado y filial, ya que nos dirigimos a Dios como “Padre”.

            Comunitaria. Padre nuestro», danos, perdónanos, etc.

            En disposición de perdón.

Necesidad de ser insistentes en la oración (Lucas 11,5-13)

            Y les dijo:

            ‒ Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.” Y, desde dentro, el otro le responde: “No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.” Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. 

            Pues así os digo a vosotros:

            Pedid y se os dará,

            buscad y hallaréis,

            llamad y se os abrirá;

            porque quien pide recibe,

            quien busca halla,

            y al que llama se le abre. 

            ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?

            ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente?

            ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

            Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?

            El ejemplo del amigo importuno

            En las casas del tiempo de Jesús los niños no duermen en su habitación. De la entrada de la casa a la cocina no se va por un pasillo. No existe luz eléctrica ni linterna. Un solo espacio sirve de todo: cocina y comedor durante el día, dormitorio por la noche. Moverse en la oscuridad supone correr el riesgo de pisar a más de uno y tener que soportar sus quejas y maldiciones.

            El “amigo” trae a la memoria un simpático proverbio bíblico: “El que saluda al vecino a voces y de madrugada es como si lo maldijera”. Este amigo no saluda, pide. Y consigue lo que quiere.

            Este individuo merecería que le dirigiesen toda la rica gama de improperios que reserva la lengua castellana para personas como él. Sin embargo, Jesús lo pone como modelo. Igual que más tarde, también en el evangelio de Lucas, pondrá como modelo a una viuda que insiste para que un juez inicuo le haga justicia.

            La bondad paternal de Dios y un regalo inesperado

            En realidad, no haría falta ser tan insistentes, porque Dios, como padre, está siempre dispuesto a dar cosas buenas a sus hijos.

            Aquí es donde Lucas introduce un detalle esencial. Las palabras tan conocidas “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá…” se prestan a ser mal entendidas. Como si Dios estuviera dispuesto a dar cualquier cosa que se le pida, desde un puesto de trabajo hasta la salud, pasando por aprobar un examen. Esta interpretación ha provocada muchas crisis de fe y la conciencia diluida de que la oración no sirve para nada.

            El evangelio de Mateo, que recoge las mismas palabras, termina diciendo que Dios “dará cosas buenas a los que se las pidan”. La oración de Jesús en el huerto de los olivos demuestra que Dios tiene una idea muy distinta de nosotros, incluso de Jesús, de lo que es bueno y lo que más nos conviene.

            Pero las palabras del evangelio de Mateo a Lucas le resultan poco claras y ofrece una versión distinta: “vuestro Padre celestial dará Espíritu Santo a los que se lo piden”. Para Lucas, tanto en el evangelio como en el libro de los Hechos, el Espíritu Santo es el gran motor de la vida de la iglesia. En medio de las dificultades, incluso en los momentos más duros de la vida, la oración insistente conseguirá que Dios nos dé la fuerza, la luz y la alegría de su Espíritu.

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Domingo XVII del Tiempo Ordinario. 28 julio, 2016

domingo, 28 de julio de 2019
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Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»

(Lc 11,1- 13)

Lo habitual en la vida de Jesús es orar,  los textos hacen referencia a su oración muchas veces. En esta ocasión Jesús no está solo, cerca de él están sus discípulos, que oran con él. Jesús ora con frecuencia, y se deja ver orando. No se esconde el testimonio creíble del poder de la oración. Y despierta el deseo de Dios en los corazones que lo ven: «Enséñanos a orar».

Son ellos, sus discípulos, quienes toman la iniciativa, de donde sale la propuesta… Esto no deja de ser un reto para nosotras y para todas las personas que llevan en el corazón la Buena Noticia y desean contarla a quienes están a su lado. A veces, nos perdemos en fórmulas y teorías que no despiertan ningún deseo en quienes nos miran; y eso que los textos de nuestra tradición ya nos dicen que «la letra mata y el Espíritu da vida». (2 Cor. 3,6).

Estamos viviendo tiempos convulsos, violentos, agresivos. Duele vernos tan perdidas, tan rapaces…. Indigna verse tan manipulada por las noticias, donde nos presentan buenos buenísimos y malos malísimos, como en las películas de indios y vaqueros. Como si no existieran las personas que trabajan por la paz, que oran por la paz, que encuentran en la religión la consistencia de la vida. Como si no fueran muchos más quienes mueren fieles a Dios que quienes matan por un pseudodios. Y en este tsunami la gente busca, y busca con deseo de algo más profundo, y aparecen los guías espirituales, gurús, chamanes…

¿Y en la Iglesia? ¿Dónde están los maestros de oración que tanto estamos necesitando? Esos que despiertan el deseo de Dios, como lo hace Jesús.

El Papa escribe a las monjas: «Vivid (….) contribuyendo a que Cristo nazca y crezca en el corazón de las gentes sedientas, aunque a menudo de manera inconsciente, de Aquel que es camino, verdad y vida.» (cfr. Vultum Dei nº.37). El reto está en mostrarnos, en dejarnos ver orando, con hondura, sencillamente, sin fórmulas vacías, con espontaneidad y sobre todo, sobre todo, con profunda confianza. Y Cristo nacerá en los corazones sedientos, nacerá y crecerá con raíces hondas, libres, fuertes.

¿Cómo, dónde, cuándo? No tenemos respuestas, ni teorías, solo deseo, un profundo deseo de relacionarnos con Dios, Abba, como Jesús lo hace. Deseo de sumergirnos en la relación amorosa de la Trinidad. Para ello ya nos lo dice Jesús, ¡pidamos el Espíritu a nuestro Padre!

Oración

Enséñanos a orar, también a nosotras, como hiciste aquellos primeros discípulos.

 

*

Fuente:  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Abba, la manera de llamar a Dios más desconcertante.

domingo, 28 de julio de 2019
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img_20180706_085745Lc 11,1-13

El Padrenuestro es mucho más que una oración de petición. Es un resumen de las relaciones de un ser humano con el absoluto, consigo mismo y con los demás. Es muy probable que el núcleo de esta oración se remonte al mismo Jesús, lo cual nos pone en contacto directo con su manera de entender a Dios. El Padrenuestro nos trasmite, en el lenguaje religioso de la época, toda la novedad de la experiencia de Jesús. La base de ese mensaje fue una vivencia única de Dios, que no tuvo más remedio que expresar en el paradigma de su cultura.

Esto no quiere decir que Jesús se sacó el Padrenuestro de la manga. Todas y cada una de las expresiones que encontramos en él se encuentran también en el AT. No es probable que lo haya redactado Jesús tal como nos ha llegado, pero está claro que tiene una profunda inspiración judía. Tanto Jesús como los primeros cristianos eran judíos sin fisuras. No nos debe extrañar que la experiencia de Jesús se exprese o se interprete desde la milenaria religión judía. Esto no anula la originalidad de la nueva visión de Dios y de la religión. La originalidad no está en la letra sino en la nueva relación del hombre con Dios que destila.

Entendido literalmente, el Padrenuestro no tiene sentido. Ni Dios es padre en sentido literal; ni está en ningún lugar; ni podemos santificar su nombre, porque no lo tiene; ni tiene que venir su Reino de ninguna parte, porque está siempre en todos y en todo; Ni su voluntad tiene que cumplirse, porque no tiene voluntad alguna. Ni tiene nada que perdonar, mucho menos, puede tomar ejemplo de nosotros para hacerlo; ni podemos imaginar que sea Él el que nos induzca a pecar; ni puede librarnos del mal, porque eso depende solo de nosotros.

Es imposible abarcar todo el padrenuestro en una homilía. Cuentan de Sta. Teresa, que al ponerse a rezar el padrenuestro, era incapaz de pasar de la primera palabra. En cuanto decía “Padre” caía en éxtasis… ¡Qué maravilla! Efectivamente, esa palabra es la clave para adentrarnos en lo que Jesús vivió de Dios. Comentar esa sola palabra nos podía llevar varias horas de meditación. De todas formas, vamos a repasar brevemente el de Lc.

Padre. En el AT se llama innumerables veces a Dios padre. Sin embargo, el “Abba” es la piedra angular de todo el evangelio. Se pone una sola vez en labios de Jesús, pero lo hace con tal rotundidad, que se ha convertido en clave de su mensaje. El llamar a Dios Papá supone sentirse niño pequeño, que ni siquiera sabe lo que debe pedir. Esta actitud es muy distinta de la nuestra que nos comportamos como personas mayores que podemos decir a Dios lo que nos debe dar. La aparente oración debe convertirse en confianza absoluta en aquel que sabe mejor que yo mismo lo que necesito y está siempre dándomelo.

Dios es Padre en el sentido de origen y fundamento de nuestro ser, no en el sentido de dependencia biológica. Queremos decir mucho más de lo que esas palabras significan, pero no tenemos el concepto adecuado; por eso tenemos que intentar ir más allá de las palabras. Procedemos de Él sin perder nunca esa dependencia, que no limita mis posibilidades de ser, sino que las fundamenta absolutamente. El padre natural, da en un momento determinado la vida biológica. Dios nos está dando constantemente todo lo que somos y tenemos.

Por aplicar a Dios una falsa idea de padre, le hemos aplicado también la idea de dominador y represor. Esto nos ha llevado a proyectar sobre Él los complejos que con frecuencia sufrimos con relación al padre natural. Por eso es liberador atrevernos a llamarle Madre. No se trata de un superficial progresismo. Se trata de superar la literalidad de las palabras y de tomar conciencia de que Dios es más de lo que podemos decir y pensar de Él. Uniendo el concepto de padre y el de madre, superamos la dificultad de dejar cojo el concepto de Dios, pero además nos obligamos a ampliar el abanico de los atributos que le podemos aplicar.

No hay padre ni madre si no hay hijo; y no puede haber hijo si no hay padre y madre. Para la cultura semita, Padre era, sobre todo, el modelo a imitar por el hijo. Este es el verdadero sentido que da Jesús a su advocación de Dios como Padre. “Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre” Cuando Jesús dice que no llaméis a nadie padre, quiere decir que el único modelo a imitar por el seguidor de Jesús es únicamente el mismo Dios. Si todos somos hijos, todos somos hermanos y debemos comportarnos como tales. Ser hermano supone el sentimiento de pertenencia a una familia y de compartir todo lo que se tiene y lo que se es.

Santificado sea tu nombre. Aquí “nombre” significa persona, ser. En el AT se manifiesta, en numerosas ocasiones, que la tarea fundamental del buen judío es dar gloria a dios. Nada ni nadie puede añadir algo a Dios. Está siempre colmado su ser y no se puede añadir ni una gota más. Lo que quiere decir es que nosotros debemos descubrir esa presencia en nosotros y en los demás. Debemos vivir esa realidad y debemos darla a conocer a los demás tal como es a través de nuestra propia existencia. Santificamos su nombre cuando somos lo que tenemos que ser, respondiendo a las exigencias más profundas de nuestra naturaleza.

Venga tu reino. El Reino es la idea central del mensaje evangélico. Pero el mismo Jesús nos dijo que no tiene que venir de ninguna parte, ni está aquí ni está allí, está dentro de vosotros. Nuestra tarea consiste en descubrirlo y manifestarlo en la vida con nuestras obras. Debemos contribuir a que ese proyecto de Dios, que es el Reino, se lleve a cabo en nuestro mundo de hoy. Todo lo que tiene que hacer Dios para que su Reino llegue, ya está hecho. Al expresar este deseo, nos comprometemos a luchar para que se haga patente.

Danos cada día nuestro pan de mañana. Encontramos aquí una clara alusión al maná, que había que recogerlo cada mañana. Dios no puede dejar de darnos todo lo que necesitamos para ser nosotros mismos. Sería ridículo un dios que se preocupara de dar solo al que le pide y se olvidara del que no le pide nada. No se trata solo del pan o del alimento en general, sino de todo lo que el ser humano necesita, tanto lo necesario material como lo espiritual. Jesús dijo: “Yo soy el pan de Vida”. Al pedir que nos dé el pan de mañana, estamos manifestando la confianza en un futuro que se puede adelantar.

Perdónanos, porque también nosotros perdonamos. En la biblia hay muchas referencias a que Dios solo perdona cuando nosotros hemos perdonado. Sería ridículo (Abrahán en la primera lectura) que nosotros pudiéramos ser ejemplo de perdón para Dios. Más bien deberíamos aprender de Él a perdonar. Dios no perdona, en Él los verbos no se conjugan, porque no tiene tiempos ni modos. Dios es perdón. El descubrir que Dios me sigue amando sin merecerlo es la clave de toda relación con Él y con los demás.

No nos dejes ceder en tentación. Encontramos en el AT muchos pasajes en los que se pide a Dios que no tiente a los que rezan. Se creía efectivamente, que Dios podía empujar a un hombre a pecar. De ahí que tanto el griego como el latín apuntan a que “no nos induzca a pecar” el mismo Dios, lo cual no tiene para nosotros ni pies ni cabeza. Los intentos que se hacen al traducirlo no terminan de aclarar los conceptos. Pensar que Dios puede dejarnos caer o puede hacer que no caigamos es ridículo. La única manera de no caer es precisamente la oración, es decir, la toma de conciencia, de lo que soy y de lo que es Dios.

Meditación

Como Padre, es fundamento de todo lo que yo soy.
Mi existencia depende totalmente de Él en todo momento.
Como Padre es el único modelo al que debo imitar.
Cuando experimente que yo y el Padre somos uno,
habrá terminado mi camino de perfección.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Petite et dabitur vobis.

domingo, 28 de julio de 2019
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rezacruzAl final sólo se tiene lo que se ha dado (Isabel Allende)

28 de Julio. DOMINGO XVII DEL TO

Gén 18, 20-32

Abrahám siguió: Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más (v 32)

Lc 11, 1-13

Y yo os digo, pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y os abrirán, pues quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abre (v 9-10)

Y se le abre un camino y un destino. Al igual que con su danza rítmica, las sabias abejas de mi colmena indican a sus compañeras de trabajo dónde se encuentran las flores con más noble néctar, que libado, llevarán a los panales donde -fabricantes expertos-, elaboran la rica miel para mi mesa.

La forma de orar también es un camino, un proyecto que empeña toda la vida del hombre.

 

El objetivo de todo discípulo es ser como su Maestro. Como cristiano, discípulo de Jesús, estás llamado a imitar a Jesús, a reproducir su imagen. Esto es lo que se llama “cristificación”. Nuestra meta y objetivo debería ser, sin duda“alcanzar la estatura de Cristo” (Rm 8,30), es decir, ser otro Cristo.

Pero para alcanzar este objetivo, es preciso tan solo una forma de trabajo organizada, disciplinada y constante: un Proyecto personal de Vida, lo que no implica que dejemos de hacer las cosas que normalmente hacemos o que cambiemos de vida. Jesús no nos pide que declinemos tal o cual actividad, o tal o cual relación. Sólo espera que centremos el corazón en Él, de manera que veamos las cosas desde otra perspectiva.

No se trata, entonces, de inventar un Proyecto para tu vida. El Proyecto ya existe y es Cristo mismo al que debes conocer, acoger e imitar para vivir en Él y como Él. Esta es finalmente la condición de un discípulo. Es la amistad la que nos lleva a acoger los sentimientos de Jesús, a imitarle. Por eso el proyecto de vida implica sobre todo tener “fijos los ojos en Jesús, autor y consumador de nuestra fe” (Hb 12,2).

La amistad profunda con Jesús es una gracia que tenemos que pedir de manera continua. Ella es la que asegura la progresiva transformación, hasta llegar a decir como el apóstol: “Para mí la vida es Cristo” (Flp 1,21). ¡Este es el proyecto de todo verdadero cristiano!

Visto de este modo, el Proyecto de Vida es un itinerario de formación personal y de conversión. Y su finalidad es que te vayas configurando con Cristo a través de un trabajo continuo y constante.

Porque como dijo Isabel Allende, Al final sólo se tiene lo que se ha dado”

En Evangélico Cuarteto, escribí este Poema:

“Danos el pan de mañana” (Lc 11, 3)

EL HOMBRE QUE HACÍA MILAGROS

Se llamaba Jesús, y su mochila iba cargada siempre de milagros.
Milagros terrenales del amor que tenía a sus hermanos.
Los repartía a manos llenas entre los más necesitados.
Señor Jesús, escucha mi plegaria: soy un sin techo desahuciado.
Te ruego pan del cielo para el alma como tantos entonces te rogaron.
En Lucas pides pan para mañana: lo necesitan los desheredados.
Yo te suplico me lo des hoy mismo como tú mismo prometiste darnos.
¡¡Hay mucho pan en tu mochila, Nuestro Señor de los Desamparados!!

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Enséñanos a orar como tú.

domingo, 28 de julio de 2019
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jesus orandoDomingo XVII TO. Lc 11, 1-13.

Enséñanos porque necesitamos aprender a orar como tú. Jesús enseña desde su ejemplo. Jesús es un modelo y un maestro de oración. A lo largo de su vida, Jesús fue un hombre de asidua oración. Sus seguidores aprendemos de él y queremos ser como él.

Los textos litúrgicos de hoy hablan de la cercanía, compasión y misericordia de Dios con los hombres y de la posibilidad y necesidad que los hombres sienten de la relación, búsqueda y encuentro con Dios. El diálogo de Abrahán con Dios sobre Sodoma y Gomorra (Gén 18, 20-32) es un ejemplo: Abrahán “regatea” con Dios acerca del posible castigo sobre esas ciudades. Vemos a Abrahán ganando terreno a Dios y a Dios dejándose ganar. El Salmo 68 ratifica la gratitud y confianza en el Señor: “Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste” y en Lucas 11, 1-13 tenemos la enseñanza práctica que Jesús nos da para aprender a relacionarnos con Dios como él se relacionaba. Lucas en varias ocasiones nos presenta a Jesús retirándose en la noche o en la madrugada, a la montaña, a la soledad, al silencio para orar: bautismo en el Jordán, elección de los doce, confesión de Felipe en Cesarea, Transfiguración, Padrenuestro…

En el Evangelio de hoy, cuando Jesús está orando, los discípulos perciben que Jesús se transforma y expresan su deseo de aprender a orar como Jesús. “Enséñanos a orar”. Jesús aprovecha la ocasión para dar una catequesis sobre el papel de la oración en la vida e identidad de sus discípulos y utiliza como ejemplo de su enseñanza la oración del Padrenuestro.

Jesús utiliza la oración del Padrenuestro para enseñarnos cómo tiene que ser nuestra oración. En el Padrenuestro podemos ver el modelo de oración según la entendía Jesús: Comunicación en profundidad con Dios. Jesús es un creyente que necesita orar. Pertenece a un pueblo creyente y orante. Pero también en esto, Jesús es la novedad con respecto a la oración judía. Para Jesús la oración es el vehículo de comunión con Dios, de encuentro con Él. Para Jesús la oración es una necesidad, de ella saca la fuerza necesaria para cumplir la misión a la que se siente enviado. La practica con frecuencia porque encuentra en ella el alimento de su fidelidad y obediencia a la misión que sabe tiene que cumplir. Su ejemplo mueve a los discípulos a pedirle que les enseñe a orar como él.

La originalidad de Jesús expresada en la oración del Padrenuestro tiene dos aspectos principales. En primer lugar la oración se dirige al Abbá. Sabemos que Dios es para Jesús ‘Abbá’. Su oración no es al Poderoso, al Juez, al Amo, es a Abbá. La nuestra tampoco. Los que oramos no somos los esclavos, los temerosos, los asalariados… sino los hijos. Esto supone un giro de 180 grados en la imagen de Dios en el Padrenuestro, de cómo entender a Dios y, consecuentemente de cómo debemos relacionarnos con Él. Nuestra oración es una relación de un hijo con su padre. Esto trae como consecuencia primera que el planteamiento esencial es la seguridad de ser escuchado y atendido. No tenemos que ablandar a Dios. La segunda novedad del Padrenuestro es “nuestro”, de todos. Nos dirigimos al Abbá de todos los creyentes. El Padrenuestro es una oración desde la filiación divina y la fraternidad humana. Es la oración de los hijos, de los hermanos. Sentido personal y comunitario del Padrenuestro. A partir de este modelo, en cristiano, no vale el yo en singular sino el nosotros. Primera persona en plural.

Y lo que le pedimos a nuestro Padre es principalmente “que venga tu reino”. Todo lo demás es relativo a este deseo y anhelo principal. Danos cada día nuestro pan de mañana, que tiene poco que ver con la subsistencia material y mucho con la confianza en Dios y la petición del alimento espiritual. Pedimos perdón presentando nuestra propia actitud de perdonar. En realidad, nosotros perdonamos porque nos sentimos perdonados. En esta «petición» manifestamos por tanto que vivimos en el perdón, en la reconciliación, hacia Dios y entre nosotros. Y al final se manifiesta nuestra desconfianza en nuestras propias fuerzas, rogando a Dios que no nos ponga a prueba, porque sabemos de nuestra debilidad.

Al hilo de la catequesis del Padrenuestro y como conclusiones a sacar: El Padrenuestro resume el sentido que la oración tiene para Jesús y para nosotros. Nuestra limitación y el anhelo de Dios, su búsqueda. La oración como búsqueda de Dios, deseo, anhelo de Dios. Encuentro con lo más profundo de nuestra interioridad o ser verdadero y encuentro con la Presencia que nos habita. Dios es nuestro Padre y nosotros hermanos. Es la oración de los hijos que se dirigen al Padre común para hablarle de las cosas que todos comparten, el amor y el perdón.

La oración es un diálogo íntimo con Dios. Trato de amistad con Dios que transforma la vida del orante. La oración no es un quehacer reservado para algunos tiempos y lugares. En la oración de Jesús descubrimos que la oración es un ambiente vital en el que respira, crece y se desarrolla la vida del discípulo. La oración es un quehacer de todos los días, en todos los lugares y en todas las situaciones. Si es un diálogo íntimo con el amigo, con el Padre y con el Huésped del alma, es posible realizarla siempre y en todo lugar.

La metáfora que puede resumir todo lo dicho sobre el sentido de la oración cristiana es la fragua. La oración se parece a los trabajos sobre el hierro, al fuego ardiente, que facilita la transformación de la rigidez del metal en docilidad. El fuego unifica carbón y metal, “ignifica el hierro” y así se moldea con facilidad.

Para el cristiano la oración es una actitud y una práctica indispensables. Hasta convertirse en hábito de oración. La oración como experiencia humana de encuentro con Dios es la experiencia más transformadora que le cabe al hombre. Poder orar a Dios es un privilegio, es un don del Espíritu que Jesús nos facilitó. Si vivimos así nuestra actitud orante surgirá la necesidad de orar, en las alegrías y en las tristezas propias y ajenas.

Si experimentamos esa necesidad de la oración y la ponemos en práctica continuada hasta constituirse en hábito, en modo de vida, en estilo personal, nuestra oración será una constante, no vinculada a un espacio y un tiempo, sino una actitud orante que impregnará toda nuestra existencia. Esta debería ser nuestra aspiración como imitadores del estilo de vida de Jesús.

Necesitamos orar para mantener nuestro compromiso creyente. Para profundizar nuestra fe y entrega a las tareas del Reinado de Dios. Para mantener y mejorar nuestros compromisos como seguidores de Jesús. Para alimentar la vida interior, en el Espíritu. Para mejorar nuestro autoconocimiento. Para renovarnos cada día y volver a empezar de nuevo. Sin oración no hay resistencia ni perseverancia. Por necesidad de nutrirse para nutrir. De la abundancia del corazón habla la vida, el comportamiento.

El evangelio de hoy insiste: ¡¡Pedid, buscad y llamad!! Dios no deja de dar su Espíritu a quien lo pide, busca y llama. Este es el fundamento de la actitud de confianza y seguridad en la vida de un cristiano. Actitud de confianza en nuestro Padre Dios que no nos falla. Actitud proactiva, con iniciativas, con impulso y persistencia. Nosotros queremos y a veces no podemos (limitación, finitud) pero contando con Dios podemos mucho más de lo que imaginamos. Arriesgamos y estiramos nuestros límites y a veces los superamos.

Por todo esto y mucho más: ¡¡Señor, enséñanos a orar como tú!!

África de La Cruz Tomé

Fuente Fe Adulta

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Insistir para comprender.

domingo, 28 de julio de 2019
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parabola-del-amigo-inoportuno-o-insistente-2Domingo XVII del Tiempo Ordinario

28 julio 2019

Lc 11, 1-13

La petición brota de la carencia. Mientras persista la identificación con el yo separado, absolutizaremos nuestra vulnerabilidad y, con ella, nuestro sentimiento de indigencia. Llevado al campo religioso, no es de extrañar que, en la oración, haya ocupado siempre un lugar predominante la petición.

Es indudable que la persona en la que nos experimentamos se caracteriza por la debilidad, la fragilidad y la vulnerabilidad. Negar tal hecho nos instala en la mentira y hace que tratemos de acorazarnos, sin mucho éxito, en los más variados mecanismos de defensa, para aparentar una fortaleza y seguridad que nos eluden.

Si somos honestos, habremos de reconocer que mientras nos identificamos con el yo separado, la percepción de nosotros mismos aparece siempre coloreada por la carencia –el yo es un manojo de miedos y necesidades–, de la cual brota la petición e incluso la búsqueda, más o menos compulsiva, de “algo” (“Alguien”) que nos colme.

Todo se modifica cuando comprendemos que somos Plenitud, no porque el ego se infle y se atribuya una cualidad ilimitada. No, el sujeto de la Plenitud no es el yo separado –de hecho, mientras nos identifiquemos con él, no podremos percibir nuestra realidad profunda–, sino Eso que es consciente, el Fondo común que compartimos con todo lo que es.

“Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre”. Ya se nos ha dado todo y todas las puertas se hallan abiertas ante nosotros. Se trata solo de caer en la cuenta, saliendo del estado hipnótico que nos mantiene encerrados en la creencia que nos identifica con el yo separado.

Y ahí es justamente donde necesitamos “insistir”. Pero no para conseguir los favores de un Dios aparentemente poco generoso, sino para romper la inercia que arrastramos y que erróneamente nos reduce al yo separado.

Una tal inercia solo puede superarse gracias a un trabajo constante de reeducación. Porque, aunque hayamos comprendido –o simplemente atisbado– que nuestra identidad es Eso que es consciente –una realidad ilimitada y transcendente, que se halla siempre a salvo–, nos veremos llevados, una y otra vez, de modo insistente, a percibirnos y comportarnos como si fuéramos el yo separado.

El único modo de superar la inercia pasa por detenernos, tomar distancia de la mente y re-situarnos, una y mil veces, en la comprensión de lo que realmente somos. En esta tarea, cualquier malestar repetitivo así como todo sufrimiento mental constituyen un aliado valioso, al hacernos ver que nos atrapan cuando –y porque– hemos desconectado de nuestra verdadera identidad y nos mantenemos apegados a la antigua creencia que nos reducía al yo vulnerable.

La persona en la que nos experimentamos seguirá siendo extremadamente vulnerable y su horizonte será la muerte pero, gracias a la comprensión, podremos acogerla con serenidad. Porque habremos comprendido que, tras la forma transitoria de la persona, somos Plenitud de presencia. Hemos encontrado el tesoro y la puerta se halla siempre abierta.

¿Me reconozco como Plenitud? ¿Cómo vivo la sensación de carencia?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Con el Dios del infierno mejor guardar distancias

domingo, 28 de julio de 2019
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imagesDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Invitación a la oración.

La primera lectura (Abraham) y el evangelio que acabamos de escuchar son una invitación a orar.

Jesús oraba siempre. A lo largo de su vida, le podemos ver frecuentemente orando, confrontaba sus cosas, su vida, sus problemas con Dios Padre.

Los discípulos no le piden que les enseñe un “catón” o una serie de oraciones para repetirlas miméticamente. Esas oraciones se los sabían de memoria desde niños.

Los discípulos -la iglesia naciente- sienten la necesidad de aprender unas formas de oración, deseosos de unas formas ritualizadas que dieran solida identidad al grupo que se estaba constituyendo. Le piden que les enseñe a orar como Él, del mismo modos que Juan enseñó a los suyos.

Y Jesús le enseña a orar.

A pesar de los maestros de espiritualidad y de los muchos métodos de oración, que van surgiendo hoy en día para orar, la oración es algo sencillo: métete en tu habitación, cierra la puerta y ponte en brazos de Dios Padre. Guarda silencio y escucha a Dios Padre: Padre nuestro…

Con gran respeto para otras religiones y formas de oración, nuestra oración es ponernos en brazos e Dios Padre.

  1. La oración supone niveles más bien altos de consciencia.

En la vida tenemos diversas actividades: trabajamos, pensamos, tenemos vida familiar, relación con los amigos, relación social, en otros momentos, leemos, también tenemos un sentido celebrativo, deportivo, etc.

La oración supone un nivel de consciencia y lucidez más bien alto, sencillo, pero profundo. La oración de es un momento de consciencia personal ante Dios y también en la asamblea eclesial.

La oración supone un abrirse a la ultimidad de Dios. Orar es la actitud del ser humano que se abre a Dios y se pone en sus manos En la oración vemos y ponemos nuestra vida, nuestros criterios, nuestros caminos, nuestros problemas y nuestras esperanzas desde la luz de Dios.

En las diversas circunstancias de la vida: en la enfermedad, en el sufrimiento, en los peligros de la vida, en el trabajo, en un nacimiento en la familia, ante  la muerte, etc. una persona creyente ora, es decir, ve esas realidades desde Dios y ante Dios.

La oración es un acto de confianza en Dios Padre.

La vida y la fe pueden ser oradas, que no significa organizar vísperas o una Misa en la catedral, (otra cosa es que hayamos de tener fórmulas comunes), sino que la vida y la fe,  las vivimos ante y desde Dios.

  • o Ante un nacimiento no es igual la visión que tiene el médico que ha ayudado a dar a luz, que la familia que agradece a Dios esa vida que se hace presente entre ellos.
  • o Ante la creación no es lo mismo la estupidez capitalista que te quiere vender un viaje turístico a unas islas maravillosas, que quien agradece a Dios la belleza y bondad de la naturaleza. Con el salmo 8, por ejemplo.
  • o Ante determinadas encrucijadas de la vida: es muy distinto confrontar la vida ante Dios o ante el dinero que me van a pagar por tal trabajo, o el éxito que me va a reportar la sumisión a tal partido o el servilismo eclesiástico.

En la oración abrimos nuestra vida y la ponemos en manos de Dios.

  1. ¿Confrontar la vida ante qué tipo de Dios? Padre.

Naturalmente que es muy distinto confrontar la vida ante un tipo de Dios u otro.

Si he de presentarme ante un Dios del Derecho Canónico o ante el Dios del Santo Oficio o del juicio final de Miguel Ángel de la capilla Sixtina “es mejor morirse”. Ante un Dios -o una persona- judicial y justiciero uno no puede orar. Con un Dios que se parece a Hacienda o a la Inquisición, es mejor no hablar.

En nuestra experiencia cotidiana esto lo vivimos continuamente. Hay personas que tienen siempre una actitud de prepotencia y juicio: en el orden familiar, laboral, en la vida normal, en el campo episcopal: sistemáticamente su actitud es de juicio, de culpabilización. (Una existencia en medio de culpabilidades y condenas no puede orar).

La experiencia que Jesús tiene de Dios y lo que nos ha dicho es que Dios es Padre.

Es muy distinto orar, charlar y confrontar la vida con un amigo, a tener que tener que rendir cuentas a un Dios justiciero de cierta moral o del derecho canónico, o del mundo episcopal.

Uno puede charlar y pedirle consejo, dejarse iluminar por su Padre. Con el Dios y Padre de Jesús se puede tratar y charlar, orar. Con el Dios de ciertos entramados e instituciones católicas, no es posible orar.

  1. 04. Conclusión. No somos extraños para Dios.
  • o Tal vez, la lección más importante del evangelio de hoy acerca de la oración es que: no somos extraños para Dios, somos hijos de Dios, familia de Dios.
  • o Desde la visión católica: todos estamos imputados y culpabilizados ante Dios. Luego veremos quién se salva.
  • o Es todo lo contrario de Jesús: Dios es Padre. Con el Dios de Jesús, Padre, se puede tratar: es bueno hablar y tratar. Con el Dios de la moral, de muchos confesores católicos, con el Dios del juicio final y del infierno, mejor guardar distancias.

Jesús nos dice: No eres un extraño para Dios: somos sus hijos. Dios es mi, nuestra- familia. Por eso, cuando os dirijáis a Dios decidle:

Padre nuestro.

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“Nada hay más necesario”. 16 Tiempo ordinario – C (Lucas 10,38-42)

domingo, 21 de julio de 2019
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16-TO-CEl episodio es algo sorprendente. Los discípulos que acompañan a Jesús han desaparecido de la escena. Lázaro, el hermano de Marta y María, está ausente. En la casa de la pequeña aldea de Betania, Jesús se encuentra a solas con dos mujeres que adoptan ante su llegada dos actitudes diferentes.

Marta, que sin duda es la hermana mayor, acoge a Jesús como ama de casa, y se pone totalmente a su servicio. Es natural. Según la mentalidad de la época, la dedicación a las faenas del hogar era tarea exclusiva de la mujer. María, por el contrario, la hermana más joven, se sienta a los pies de Jesús para escuchar su palabra. Su actitud es sorprendente pues está ocupando el lugar propio de un «discípulo» que solo corresponde a los varones.

En un momento determinado, Marta, absorbida por el trabajo y desbordada por el cansancio, se siente abandonada por su hermana e incomprendida por Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano». ¿Por qué no manda a su hermana que se dedique a las tareas propias de toda mujer y deje de ocupar el lugar reservado a los discípulos varones?

La respuesta de Jesús es de gran importancia. Lucas la redacta pensando probablemente en las desavenencias y pequeños conflictos que se producen en las primeras comunidades a la hora de fijar las diversas tareas: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa por muchas cosas cuando en realidad solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y nadie se la quitará».

En ningún momento critica Jesús a Marta su actitud de servicio, tarea fundamental en todo seguimiento a Jesús, pero le invita a no dejarse absorber por su trabajo hasta el punto de perder la paz. Y recuerda que la escucha de su Palabra ha de ser prioritaria para todos, también para las mujeres, y no una especie de privilegio de los varones.

Es urgente hoy entender y organizar la comunidad cristiana como un lugar donde se cuida, antes que nada, la acogida del Evangelio en medio de la sociedad secular y plural de nuestros días. Nada hay más importante. Nada más necesario. Hemos de aprender a reunirnos mujeres y varones, creyentes y menos creyentes, en pequeños grupos para escuchar y compartir juntos las palabras de Jesús.

Esta escucha del Evangelio en pequeñas «células» puede ser hoy la «matriz» desde la que se vaya regenerando el tejido de nuestras parroquias en crisis. Si el pueblo sencillo conoce de primera mano el Evangelio de Jesús, lo disfruta y lo reclama a la jerarquía, nos arrastrará a todos hacia Jesús.

José Antonio Pagola

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” Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor”. Domingo 21 de julio de 2019. 16º domingo del Tiempo Ordinario

domingo, 21 de julio de 2019
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41-ordinarioC16 cerezoLeído en Koinonia:

Génesis 18, 1-10a: Señor, no pases de largo junto a tu siervo.
Salmo responsorial: 14: Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
Colosenses 1, 24-28: El misterio escondido desde siglos, revelado ahora a los santos.
Lucas 10, 38-42: Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor

El texto de la primera lectura nos presenta una escena familiar. Abraham, sentado ante la tienda, recibe la visita del Señor. Abraham lo recibe con hospitalidad. Dios lo premia con la fecundidad de Sara.

Tres rasgos fundamentales caracterizan el texto: la fe de Abraham al reconocer al Señor. La hospitalidad con que se recibe al Señor y la familiaridad de Dios con Abraham y su familia. Es un bello ejemplo de la relación y acogida de Dios por el ser humano, la única posible para caminar.

Volvemos a encontrar en la segunda lectura de hoy el pensamiento de Pablo sobre el misterio de Dios y su revelación por medio de la predicación y lo que Pablo aporta a esa revelación por el sufrimiento. Cristo revela la riqueza de Dios en la pobreza de la cruz y el apóstol será el distribuidor de la misma a hombres y mujeres.

Un primer comentario al evangelio de hoy:

Lucas nos presenta finalmente una anécdota perteneciente al fondo de las tradiciones recibidas por el evangelista en el círculo de sus discípulos, especialmente mujeres. Marta y María, hermanas de Lázaro, reciben en su casa al Señor.

El caso de Marta y María es aprovechado una vez más por Lucas para resaltar el valor de la escucha de la Palabra de Dios. Sin entrar en la teoría del valor de la contemplación sobre la acción, que se ha querido ver en las dos actitudes opuestas de Marta y María, lo cierto de la anécdota es que el Reino de Dios no puede dejarse distraer por una preocupación demasiado exclusiva por las realidades terrenas. Por otra parte escuchar la Palabra de Dios es todo, menos ocasional.

Nos encontramos con un cuadro familiar en el que Jesús visita en su casa a unas amigas suyas. Ellas, Marta y María lo reciben en su casa. Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio para atender al huésped, y Jesús la reprende porque anda inquieta “con tantas cosas”.. Marta no encuentra la colaboración de nadie. La hermana, en efecto, se ha sentado a los pies de Jesús y está ocupada completamente en la escucha de su palabra.

El Maestro no aprueba el afán, la agitación, la dispersión, el andar en mil direcciones “del ama de casa”. ¿Cuál es, pues, el error de Marta? El no entender que la llegada de Cristo significa, principalmente, la gran ocasión que no hay que perder, y por consiguiente la necesidad de sacrificar lo urgente a lo importante.

Pero el desfase en el comportamiento de Marta resulta, sobre todo, del contraste respecto a la postura asumida por la hermana. María, frente a Jesús, elige “recibirlo”, Marta, por el contrario, toma decididamente el camino del dar, del actuar; María se coloca en el plano del ser y le da la primacía a la escucha.

Marta se precipita a “hacer” y este “hacer” no parte de una escucha atenta de la palabra de Dios, por lo que corre el peligro de convertirse en un estéril girar en el vacío. Marta se limita, a pesar de todas sus buenas intenciones, a acoger a Jesús en su casa. María lo acoge “dentro de sí”, se hace recipiente suyo. Le ofrece hospitalidad en aquel espacio interior, secreto, que ha sido dispuesto por él, y que está reservado para él. Marta ofrece a Jesús cosas, María se ofrece a sí misma.

Según el juicio de Jesús, María ha elegido inmediatamente, “la mejor parte” (que, a pesar de las apariencias, no es la más cómoda: resulta mucho más fácil moverse que “entender la palabra”). Marta, desgraciadamente, que no quiere que falte nada al huésped importante, que pretende llegar a todo, acaba dejando pasar clamorosamente por alto “la única cosa necesaria”. Marta reclama a Jesús, no sabe lo que él prefiere. El problema es precisamente éste: descubrir poco a poco qué es lo que quiere Jesús de mí. Por eso es necesario parar, dejar el ir y venir, y sacar tiempo para escuchar la Palabra de Jesús y comprender cuál es realmente la voluntad de Dios sobre mi vida.

Un segundo comentario al evangelio de hoy:

En el evangelio de Lucas el camino de Jesús a Jerusalén marca una progresiva manifestación del Reino. A medida que avanza va formando a los discípulas y discípulos en actitudes de misericordia, de abandono de las pretensiones de poder, y en la atenta escucha de la Palabra. En ese camino, al igual que los misioneros que han venido anunciando su presencia, Jesús es recibido por dos mujeres en una casa de familia.

Allí se topa con dos actitudes diferentes. Una de total atención y escucha, la otra, de afán por los quehaceres habituales y de distracción. El trajín de la vida cotidiana había atrapado a Marta y, probablemente, la había vuelto sorda a la Palabra de Dios. Ella recibe a Jesús pero no lo escucha. Aunque Jesús entra a su casa, ella lo deja por puertas. Jesús propone un plan encaminado a formar verdaderos oyentes de la Palabra -auténticos discípulos- que Marta no está dispuesta a atender.

María, al contrario, comprende bien el proyecto de Jesús y rompe con los prejuicios culturales de su época. En lugar de andar atareada con los oficios domésticos “propios de las mujeres” (las “labores propias de su sexo”, como se ha dicho y pensado durante tanto tiempo), se pone “a los pies del Señor para escuchar su palabra”. Este gesto, reservado entonces culturalmente a los discípulos varones, la acredita como discípula.

Marta, al fatigarse con el interminable trabajo de la casa, cuestiona la contradictoria actitud de María e interpela al Maestro para que “ponga a la mujer en su sitio”. Jesús le da una respuesta inesperada: felicita a María porque ha acertado en su elección y reprende a Marta por dejarse envolver en las preocupaciones cotidianas sin atender a lo importante. Efectivamente, María ha hecho la mejor opción, la única necesaria para ponerse en el camino de Jesús y ser su discípulo: ha decidido aprender a escuchar la Palabra y se deja interpelar por la presencia del Maestro.

En su camino Jesús va formando, pues, a sus seguidores en las actitudes indispensables para llegar a ser verdaderos discípulos. Una de esas actitudes es la de escuchar atenta y serenamente su Palabra. Actitud que exige romper con el ritmo loco e interminable de la vida cotidiana para ponerse, serena y atentamente, a los pies del Maestro. Esta elección que a los ojos de la eficiencia puede parecer superficial e inútil, es una condición fundamental para llegar a ser un auténtico discípulo.

Nosotros hoy nos enfrentamos a un ritmo de vida más agitado que el de épocas anteriores. Los medios proporcionados por la tecnología para ahorrar tiempo… también multiplican las ocupaciones y acaban haciéndonos caer en un activismo desenfrenado. Y el exceso de preocupaciones nos lleva a olvidarnos de lo fundamental…

Nuestro cristianismo se convierte así en un tímido cumplimiento de algunas obligaciones religiosas, sin espacio para la escucha de la Palabra. Se nos exhorta, se nos bombardea continuamente con mensajes que nos invitan a ser “eficaces, productivos y competitivos”… Pero con Marta y María, Jesús nos interpela y nos llama a respetar la jerarquía de valores y a poner en su sitio la “opción por lo fundamental”: ponernos a sus pies y escuchar su palabra. Jesús nos invita a que nuestro cristianismo sea un verdadero discipulado.

Para aprender la lección del Maestro, debemos formarnos en la escucha atenta de la Palabra en la Biblia y en la vida. La Biblia no puede permanecer guardada en un cajón mientras nosotros nos ahogamos en el interminable torbellino de los quehaceres cotidianos. La Palabra de Dios está hecha para caminar con nosotros paso a paso, día a día, minuto a minuto. Para enseñarnos a vivir en comunidad la solidaridad que hace efectivo aquí y ahora el reinar de Dios. Para ayudarnos a escuchar la Palabra que Dios nos dirige en la difícil realidad de nuestros pueblos: en las inhumanas condiciones de las grandes ciudades, en la soledad y el aislamiento de los campos. Debemos pues optar por las actitudes que nos conviertan en verdaderos discípulos de Jesús y auténticos cristianos. Leer más…

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Dom 21.7.19. Mujeres e Iglesia: Marta y María, la iglesia de las dos hermanas

domingo, 21 de julio de 2019
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Mary-Martha-cropDel blog de Xabier Pikaza:

Una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa (Lc 10, 38-42)

Culmina con este pasaje (Lc 10, 38-42) el espléndido conjunto de imágenes de Iglesia de Lc 10, que hemos venido comentando en domingos pasados:

  1. La Iglesia es Jesús con sus 72 discípulos, varones y mujeres, enviados por el mundo entero para anunciar e iniciar el Reino (Lc 10,1‒12)
  2. La Iglesia es el buen samaritano, el hombre libre (varón y/o mujer), que es Crito‒Mesías al servicio de la acogida y curación de todos los heridos y aplastados del camino (Lc 10,21‒37)
  3. 3. La iglesia es finalmente una casa de aldea (la aldea global) donde Marta y María (cf. de dos en dos: Lc 10, 1) reciben a Jesús y a sus 72, ofreciéndoles servicio y palabra, en un contexto de gran tensión (evangelio de hoy: Lc 10, 37‒42).

             Se advertirá que este tema y evangelio de la casa‒aldea de Marta‒María) viene inmediatamente después de del Buen Samaritano, como una concreción y expansión de su mensaje: Ésta es la casa‒hospedaje (mesón) donde el samaritano lleva al herido, la casa donde llegan (están, crean familia) Jesús y sus discípulos, la casa de la iglesia instituida, formada (animada) por dos mujeres, una más de servicio‒administración (Marta) y otra más de escucha y comprensión de la Palabra de Jesús.

            Entendido así el tema, vemos que Marta y María son dos “hermanas” (es decir, dos creyentes), que administran y animan una casa al servicio del evangelio de Jesús, una domus‒ecclesiae, una casa‒iglesia.  Para decirlo con palabras de hoy: Ellas son el Papa y los Obispos, los diáconos y teólogos de una Iglesia entendida como casa de mujeres.

La iglesia posterior, en general, a lo largo de más de 18 siglos y medio (desde el 150 d.C. en adelante) se ha esforzado por “silenciar” el mensaje de este evangelio, y así lo ha hecho a partir del “desgraciado” glosista de 1 Cor 13, 34 que, en nombre de un Pablo domesticado, pontifica diciendo que las mujeres callen en la Iglesia. En esa línea de silenciamiento de las mujeres se sitúan las llamadas “pastorales”, de un pastor casi anti‒paulino que organiza la Iglesia partiendo de hombres‒patriarcas (marginando a las mujeres y casados).

            De esa manera, este pasaje ha servido para “domesticar” a las mujeres en la Iglesia, de tres formas complementarias:

  1. Convirtiendo a Marta en pura criada material (de trabajos “domésticos” de servicio)…, olvidando que en el texto ella es la Dueña de la Iglesia, el primer “obispo/papa” conocido del evangelio de Lucas.
  2. Convirtiendo a María en pura “oyente pasiva”, una mística marginal o heráldica (es decir, monja de clausura, sin hombres a quienes enseñar), para decir que las mujeres pueden escuchar la palabra, pero no hablar, ni dirigir iglesias, cuando aquí ella aparece como la única que entiende la palabra de Jesús, como la primera “doctora/teóloga” de la Iglesia.
  3. En general, la Iglesia posterior, a partir de finales del siglo III d.C., no ha sabido qué hacer con estas y otras mujeres del evangelio, y las ha “metido” a todas en un mismo saco, identificando a las varias “marías”: La Magdalena, María/Marta las hermanas del muerto Lázaro, que es Jesús (en Jn 11), la mujer de la unción de Mc 14, 3‒4… todas ellas, al final, bajo el poder y al servicio de varones/patriarcas que han asaltado y tomado el poder en la Iglesia de Jesús.

41lD2GaqRXL._SX355_BO1,204,203,200_Pero al principio no era así, como seguiré indicando mañana o pasado, pues, por fortuna, tras o con este domingo 21.7.19 celebramos la fiesta de María Magdalena, que nos permitirá precisar los temas.

    Tómese un poco de tiempo y siga leyendo quien quiera entender mejor este pasaje de Marta‒María, la primera gran visión de conjunto de la Iglesia como casa de mujeres en Lc 10,38‒42, el evangelio grande de Marta y María. El texto es algo largo; es el resumen  de un trabajo publicado hace ya tiempo en un libro sobre la Mujer en Lucas (I. Gómez Acebo (ed.), En clave de Mujer, Relectura de Lucas, libro agotado descatalogado hace tiempo).

TEXTO

 38 Mientras iban ellos de camino, él entró en cierta aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.39 Y ella tenía una hermana que se llamaba María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

40 Marta, en cambio, estaba afanada (distraída) con mucho servicio; y acercándose {a El, le}dijo: Señor ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el servicio? Dile, pues, que me ayude. 41 Respondiendo el Señor, le dijo: Marta, Marta, te preocupas y estás perturbada por muchas cosas; 42 una (sola) cosa es necesaria; en efecto, María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada.

COMENTARIO

Cristo_en_casa_de_Marta_y_María,_by_Diego_VelázquezJesús entró en cierta aldea… Este Jesús acogido en la aldea (o casa) es símbolo del conjunto eclesial. No aparece ya en forma individual histórica, como un hombre del pasado, sino como figura pascual: es el Señor al que se acoge, el Señor que forma parte profunda de la vida de la comunidad. Esta aldea es la de “Marta” (la iglesia de marta, que tiene una hermana llamada María).

– Solemos identificar la iglesia misionera con varones, conforme a una visión usual de los Doce, todos ellos varones (cf. Lc 9, 1-6). Pero Lc 8,1-3 ha mostrado que esa iglesia misionera está formada también por mujeres que acompañan a Jesús y le sirven (o sirven al grupo, según las lecturas posibles del texto).

– También solemos identificar a la iglesia que acoge con mujeres/esposas sometidas, conforme a una visión que ha sido popularizada por la imagen de la «iglesia esposa» (tal como ha culminado en Ef 5, 22-30 y Ap 21-22), o con monjas apartadas, que pueden ser místicas, pero que no dirigen la iglesia. Pero tampoco esta visión puede universalizarse, a pesar de que en nuestro texto sean precisamente dos mujeres (Marta y María) las que representan al conjunto de la iglesia. En diversos lugares de Lunas, la casa donde Jesús es recibido (signo de una iglesia) es propia de un varón, no de una mujer (cf. 5. 27-32; 7, 36-50; 19, 1-10 etc).

– Una mujer, llamada Marta le recibe en su «aldea» (en su casa). Ella tiene que actuar como representante de la aldea, es decir, del conjunto de la población: no le recibe en un lugar aislado, ni es una casa «especial», a nombre individual, sino en una aldea. Todo nos permite suponer que ella aparece, al menos simbólicamente, como representante y autoridad.

Marta aparece como «dueña» y/o responsable de la comunidad (o de la casa). No depende de nadie: no aparece como hija o esposa de un varón, sino simplemente como mujer autónoma, como persona que puede recibir y recibe a Jesús (o al conjunto de la iglesia misionera). Como veremos después, ella tiene que organizar el servicio de la comunidad.

Así aparecen, frente a frente, Jesús,el Salvador, como aquel a quien deben recibir los humanos en camino de reino) y Marta (=que significa en arameo la Señora, emparentada con la raíz Mar, Maran, Señor), como aquella que le recibem y María, su hermana, que es quien aprende y sabe. Si la narración acabara aquí tendríamos un paradigma normal de acogida: una comunidad cristiana, simbolizada por una mujer, recibe al Señor en el camino del reino. Pero resulta evidente que la narración tiene que complicarse, para volverse de esa forma paradigma o ejemplo verdadero de la vida de la iglesia.

mujeressacerdocio

María, la hermana de Marta: sentada a los pies del Kyrios, escuchando la Palabra. Significativamente, el texto no ha precisado más la función de Marta. De ella se dice sólo que «recibe» (en palabra que dentro del NT sólo aparece en nuestro texto y en el paralelo de Lc 19:6 donde se dice que Zaqueo, bajando apresurado del árbol, recibió a Jesús con alegría. Pues bien, en contra de lo que aparece en Zaqueo, ella no dialoga directamente con Jesús en torno a problemas de organización o riqueza, sino que su diálogo (su problema) se establece a través de su hermana.

 La relación de Marta con Jesús va a quedar profundizada y completada a través de la hermana María. Así aparecen enfrentadas (y completándose) las dos hermanas, por razón  de Jesús, a quien acogen, de formas complementarias.

  Es evidente que el texto ha presentado a Marta como figura positiva, contrapuesta a los samaritanos (de un pasaje inmediatamente anterior que no reciben a Jesús, no forman Iglesia…, cf. Lc 9, 55) que no reciben a Jesús. También es evidente que ella aparece como signo de la «totalidad acogedora» de la iglesia. Pero a partir de ella, el texto desarrolla la figura de su hermana María. Pues bien, a la luz de todo lo anterior, el término hermana   puede interpretarse de dos formas:

– María Puede ser hermana de Marta en el sentido familiar, de sangre (conforme a la interpretación usual, recogida por Jn 11, donde ellas, las dos hermanas posiblemente carnales, tienen un tercer hermano llamado Lázaro). Si leemos el texto así podemos suponer que María es más joven. No aparece como «dueña» de la casa (no es la que recibe a Jesús), aunque puede realizar y realiza una función importante.   Leer más…

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Todas contra Jesús. Domingo 16 del Tiempo Ordinario. Ciclo C

domingo, 21 de julio de 2019
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marta-maria-jesusDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

El domingo pasado, la parábola del buen samaritano terminaba con una invitación a la acción: «Ve, y haz tú lo mismo». Imaginemos que quien tenemos delante no es un pobre hombre apaleado y medio muerto, sino Jesús. Se ha presentado en la casa a mediodía. ¿Qué es más importante: afanarnos por darle bien de comer o sentarnos a escucharle?

            Como el evangelio va de invitación a comer, para la primera lectura se ha elegido la famosa escena en la que Abrahán invita a tres personajes misteriosos que llegan a su tienda.

            La preciosa miniatura que adjunto contiene todos los elementos del relato: la encina de Mambré, los tres hombres, representados como ángeles, Abrahán y Sara. El artista ha convertido la tienda de Abrahán en una casa, casi una iglesia. El texto nos ayudará a comprender mejor el evangelio.

Salterio. Museo Conde. Chantilly,

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo:

            ‒ Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo.

            Contestaron:
‒ Bien, haz lo que dices.

            Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo:

            ‒ Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza.

            Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron.

            Después le dijeron:

            ‒ ¿Dónde está Sara, tu mujer?

            Contestó:
‒ Aquí, en la tienda.

            Añadió uno:

            ‒ Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.

¿Cuántos son los invitados?

            Este breve relato ha supuesto uno de los mayores quebraderos de cabeza para los comentaristas del Génesis. Empieza diciendo que el Señor se aparece a Abrahán, pero lo que ve el patriarca son tres hombres.

            Al principio se dirige a ellos en singular, como si se tratara de una sola persona (“no pases de largo”), pero luego utiliza el plural (“os lavéis, descanséis, cobréis fuerzas”). El plural se mantiene en las acciones siguientes (“comieron, dijeron”), pero la frase capital, la gran promesa, la pronuncia uno solo.

            En resumen, un auténtico rompecabezas, resultado de unir tradiciones distintas. No faltaron comentaristas cristianos que vieron en esta escena un anticipo de la Santísima Trinidad. Aunque la idea carece de fundamento serio, sirvió de base para una de las creaciones artísticas más maravillosas: el icono de Andréi Rubliov, pintado hacia 1422-1428.

Trinidad-Rubliov

            Hospitalidad

            La ley de hospitalidad es una de las normas fundamentales del código del desierto. El hombre que recorre estepas interminables sin una gota de agua ni poblados donde comprar provisiones, está expuesto a la muerte por sed o inanición. Cuando llega a un campamento de beduinos o de pastores no es un intruso ni un enemigo. Es un huésped digno de atención y respeto, que puede gozar de la hospitalidad durante tres días; cuando se marcha, se le debe protección durante otros tres días (unos 100 kilómetros). Esta ley de hospitalidad es la que pone en práctica Abrahán.

El menú, dos cocineros y un maître.

            Abrahán no se limita a hospedar a los visitantes. Entre él y su mujer, con la ayuda también de un criado, organiza un verdadero banquete con un ternero hermoso, cuajada, leche y una hogaza de flor de harina. A diferencia de las comidas actuales, no hay prisa. Pasan horas desde que se invita hasta que se preparan los alimentos y se termina de comer.

La cuenta

            Al invitado no se le cobra. Pero el huésped principal paga de forma espléndida: prometiendo que Sara tendrá un hijo. El tema de la fecundidad domina toda la tradición de Abrahán y se cumple a través de muchas vicisitudes y de forma dramática.

Marta invita a comer a Jesús (Lucas 10, 38-42)

            El texto del evangelio también se ha prestado a mucho debate. Este relato es exclusivo de Lucas, no se encuentra en Mateo, Marcos ni Juan.

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo:

            ‒ Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.

            Pero el Señor le contestó:

            ‒ Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.

¿Cuántos invitados a comer?

            En la historia de Abrahán resultaba difícil saber si los invitados eran uno o tres. El relato de Lucas nos deja en la mayor duda. Jesús siempre iba acompañado, no sólo de los Doce, sino también de muchas mujeres, como afirman expresamente Marcos y Lucas, citando el nombre de algunas de ellas. ¿Los recibe a todos Marta? ¿Se limita a invitar a Jesús? Las palabras “Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio” sugieren que no se trataba de un solo invitado. Pero la escena parece tan simbólica que resulta difícil imaginar la habitación abarrotada de gente.

El menú, y una cocinera sin ayudante

            No sabemos el número de invitados, pero sí está claro el de cocineras. Aquí no ocurre con en el relato del Génesis, donde Sara amasa y cuece la hogaza, mientras Abrahán colabora corriendo a escoger el ternero, dando órdenes de prepararlo, encargándose de la cuajada y de la leche.

            En la casa del evangelio hay también dos personas, Marta y María. Pero María se sienta cómodamente a los pies de Jesús mientras Marta se mata trabajando. ¿Por qué tanto esfuerzo? ¿Porque son muchos los invitados? ¿O porque Marta pretende prepararle a Jesús un banquete tan suculento como el de Abrahán, y le faltan tiempo y manos para el ternero, la hogaza, la cuajada y la leche?

            Desgraciadamente, ignoramos el menú. Según algunos comentaristas, las palabras que dirige Jesús a Marta, “sólo una cosa es necesaria” significarían: “un plato basta”, no te metas en más complicaciones.

Dos actitudes

            El contraste entre María sentada y Marta agobiada se ha prestado a muchas interpretaciones. Por ejemplo, a defender la supremacía de la vida contemplativa sobre la activa, sin tener en cuenta que esas formas de vida no existían en tiempos de Jesús ni en la iglesia del siglo I. Entre los judíos de la época existían grupos religiosos con tintes monásticos (los esenios de los que habla Flavio Josefo y los terapeutas de los que habla Filón de Alejandría), pero Lucas no presenta a María como modelo de las monjas de clausura frente a Marta, que sería la cristiana casada o la religiosa de vida activa.

            El evangelio no contrapone pasividad y trabajo. Jesús no reprocha a Marta que trabaje sino que “andas inquieta y nerviosa con tantas cosas”. Esa inquietud por hacer cosas, agradar y quedar bien, le impide lo más importante: sentarse un rato a charlar tranquilamente con Jesús y escucharle.

            Todos tenemos la tendencia a sentirnos protagonistas, incluso en la relación con Dios. Nos atrae más la acción que la oración, hacer y dar que escuchar y recibir. Nos sentimos más importantes. La breve escena de Marta y María nos recuerda que muy a menudo andamos inquietos y nerviosos con demasiadas cosas y olvidamos la importancia primaria del trato con el Señor.

Marta-María y el buen samaritano

            Como indiqué al comienzo, este episodio sigue inmediatamente a la parábola del buen samaritano, que leímos el domingo pasado. Los dos textos son exclusivos del evangelio de Lucas, y pienso que se iluminan mutuamente.

            La parábola del buen samaritano es una invitación a la acción a favor de la persona que nos necesita: “ve y haz tú lo mismo”.

            Para mantener la acción a favor del prójimo la mejor preparación es sentarse, como María, a escuchar la palabra de Jesús.

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Domingo XVI del Tiempo Ordinario. 21 julio, 2019

domingo, 21 de julio de 2019
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Según iban de camino, Jesús entró en una aldea…

(Lc 10, 38-42)

 “Según iban de camino…”, así empieza el evangelio de hoy. Nada más leer estas cuatro palabras tal vez nos surjan dos preguntas: ¿quiénes iban además de Jesús?, y de camino ¿a dónde?

Dos pistas a las que, sin duda, damos importancia en nuestra cotidianidad. El quién, el otro. Infinidad de veces buscamos a alguien, un culpable o un cómplice, pero alguien: ¿quién ha hecho esto?, ¿a quién se le ha roto un plato?… El «a dónde», el destino, la meta, el objetivo o como lo queramos llamar en cada situación.

¿Y qué pasa si como cristianas que somos nos tomamos la vida, nuestro paso por el mundo, como el camino hacia el banquete eterno?, ¿también queremos atajar para llegar antes?

Así vamos, queriendo “ahorrarnos” camino, trayecto y que lo que hay en él nos distraiga lo menos posible, que no desvíe nuestra atención tan bien dirigida a nuestro propio ombligo… y en el fondo, lo sabemos. Nos ponemos los auriculares a todo volumen y no escuchamos, fijamos la mirada en la pantalla del móvil, de la tablet o del libro que vamos leyendo y no vemos lo que hay ni quién hay a nuestro lado, si vamos en un trayecto largo en transporte público incluso somos capaces de simular que estamos durmiendo y no hablamos con la persona con la que compartimos asiento.

Jesús de Nazaret entró en una y en muchas aldeas, comió en una y decenas de casas con gente que sufría y que pasaba por épocas malas, habló, escuchó, miró, animó, curó a una y a un montón de personas, también se retiró del grupo para orar a solas al Padre una y mil veces. Todo esto lo hizo según iba de camino, sin prisas por llegar a su destino; interrumpía su marcha porque veía y escuchaba lo que ocurría a su alrededor. Disfrutaba del camino, disfrutaba de la vida. Algo me dice que Jesús también cantaba por ese camino, animando, alegrando y facilitando el caminar de quienes iban con él.

Oración

Ojalá, Jesús, aprendamos a disfrutar del camino. Y de la vida.

Ojalá, aprendamos a cantar por el camino como sólo tú, Señor, lo sabes hacer.

Amén.

 

 

*

Fuente:  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Ni de Marta ni de María podemos prescindir.

domingo, 21 de julio de 2019
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marta-y-mariaLc 10,38-42

Si queremos entender el verdadero sentido del texto, no debemos olvidar el contexto en el evangelio de Lc. Enmarcado dentro del viaje a Jerusalén, este relato intenta determinar el perfil de aquellos que quieren seguir a Jesús. Durante esa subida, va formando a sus discípulos. Lc es el único que relata este episodio y no es casualidad que una vez más se sienta interesado en destacar la importancia de la mujer en la vida pública de Jesús. No debemos interpretar el texto como una condena de la actitud de Marta. Es solo el contrapunto para resaltar la necesidad que todo cristiano tiene de escuchar al único Maestro.

No tiene ningún sentido haber sacado, de este relato, una distinción entre la vida contemplativa y la vida activa. Mucho menos si, en vez de distinción, lo que se pretende es una oposición. Tampoco aparece por ninguna parte la pretendida superioridad de la vida contemplativa sobre la vida activa. No es correcto interpretar este evangelio como proclamación del cristianismo a dos velocidades: 1ª los de la vida contemplativa: 2ª los que se dedican a la vida activa. Parece que el primero que levantó esta falsa liebre fue Orígenes, y durante 18 siglos hemos seguido corriendo detrás de un señuelo de trapo.

El domingo pasado terminaba el evangelio con esta frase: “Anda, haz tú lo mismo”. Del evangelio se deduce que no puede darse un amor a Dios directo, que no se refleje en el amor a los demás. Aplicado a tema que nos ocupa, no puede haber auténtica contemplación que no se manifieste en la acción. Tampoco puede haber una acción verdaderamente espiritual que no surja de la contemplación. Claro que puede haber acciones buenas sin contemplación, pero serán solo programaciones, que no nos enriquecen espiritualmente. Y puede haber contemplación sin acción, pero será siempre una falsa ilusión.

Una vez más debemos superar la aparente contradicción del evangelio. En otro lugar dice Jesús: “el que escucha estas palabras mías, y no las pone en práctica, se parece a un hombre necio, que edificó su casa sobre arena”. Edificar sobre roca es escuchar y obrar en consecuencia. Por lo tanto, nada más lejos puede estar este relato de un espiritualismo desencarnado. Eso sí, para actuar con verdadero sentido espiritual, debemos primero escuchar a Jesús y descubrir en su vida y enseñanzas los motivos de la acción. Esto, que parece tan sencillo, es la clave para entrar en la dinámica del mensaje de Jesús. Todo lo que no sea entrar por este camino, será engañarnos.

Marta, al quejarse, no tiene en cuenta lo que María está haciendo. Solo tiene en cuenta las consecuencias de esa actitud que le perjudica. Jesús no critica a Marta por estar ocupada, sino por estar preocupada e inquieta por realidades materiales, que tienen muy poca importancia. Tampoco dice que lo que hace sea malo. Fijaos, que dice: “María ha escogido la parte mejor; lo cual significa que lo que hacía Marta era también bueno. El mensaje es que toda acción verdaderamente cristiana debe nacer de la contemplación.

Todos tenemos que ser a la vez, Marta y María. No es fácil mantener el equilibrio. En un árbol frutal, ¿qué es lo más importante, las raíces o el fruto? La pregunta es absurda. Sin las raíces es impensable el árbol. Sin los frutos, el árbol sería completamente inútil. Es muy fácil resbalar hacia una u otra dirección. En todas las épocas ha habido místicos que despreciaron el trabajo y hombres y mujeres de acción que despreciaron como inútil la contemplación.

El maestro Eckhart tiene una interpretación desconcertante de este relato. Suponiendo que la primera consecuencia de una escucha de la Palabra sería el servicio y descubriendo que Marta ya está cumpliendo esa tarea, deduce que Marta adelanta a María porque ella ha escuchado y ya está cumpliendo. Viniendo esta reflexión de uno de los más grandes místicos de todos los tiempos, nada sospechoso de menospreciar la contemplación, debemos tomar muy en serio esta advertencia. La contemplación es lo primero, pero no es más importante.

A la luz de este relato, se abre una nueva perspectiva para la mujer. María, es aceptada por Jesús como interlocutora válida. Tal vez sea el relato más subversivo de todo el evangelio. “Sentada a los pies de Jesús escuchaba su palabra”. María está allí como discípula. Esto trastoca todos los valores en que estaba fundada la sociedad de la época. Algunos dichos rabínicos nos dan una pista de lo que pensaban de la mujer: “El que enseña la Torá a una mujer, le enseña necedades”. “Mejor fuera que desapareciera en las llamas la Torá, antes de ser entregada a la mujer”. “Maldito el padre que enseña a su hija la Torá”.

La mujer tiene que crecer como ser humano. Tiene que descubrir que humanizarse es más importante que todas las tareas asignadas a la mujer. Jesús invita a las mujeres a desarrollar sus valores espirituales. La actitud de María ayuda a Jesús a descubrir todo eso. Vio que había adquirido unos valores espirituales que a él mismo le servían de referencia. Después de esto, Jesús está en condiciones de responder a la mujer que le hizo una alabanza: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero él responde: «Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen». No es el parir el valor fundamental de la mujer, aunque el varón sigue empeñado en mantener esta valoración.

Esta actitud de Jesús para con la mujer se manifiesta también en otros muchos lugares del evangelio. El comportamiento de Jesús con la mujer está completamente libre de misoginia o antifeminismo. Ni asomo de miedo al sexo o machismo, ni siquiera paternalismo. Los evangelios nos dicen que en el grupo de seguidores había también mujeres. Los relatos de la mujer adúltera, la pecadora, la Magdalena, la Cananea, la Hemorroísa, nos indican esa preocupación constante por la mujer, que en su tiempo estaba completamente marginada. Lástima que esa actitud de Jesús haya quedado relegada al olvido en la Iglesia, que sigue manteniendo, después de dos mil años, una ideología machista.

El Concilio Vaticano II rechazó toda forma de discriminación por razón de sexo como contraria al plan de Dios; pero a renglón seguido nos demuestra, en la práctica, que eso no tiene vigencia en la institución. Las mujeres que se sintieron comprendidas y liberadas por Jesús son discriminadas por sus sucesores. La opresión de las mujeres en la Iglesia es solo una manifestación externa de la represión de lo femenino en la jerarquía. Es hora de superar un patriarcado ciego, inconsciente y fanático. Si la mujer hubiera tenido algo que ver en las decisiones de la Iglesia, no se habrían cometido tantas barbaridades.

No es que el cristianismo haya incrementado la marginación de la mujer, pero sí ha mantenido actitudes ancestrales que habían sido superadas por Jesús. Lo que los cristianos hemos hecho con la mujer no es solo mantener una mala costumbre; con el evangelio en la mano podemos afirmar que es una injusticia en toda regla. Contra esa injusticia no solo tienen que luchar las mujeres, tenemos que luchar todos; y no por hacer un favor a la mujer, sino porque es un despilfarro de energías prescindir de un plumazo de más de la mitad de sus miembros a la hora de buscar soluciones a sus problemas.

Meditación

No hay parte mejor o peor.
Como en el frutal, raíz y fruto son igualmente importantes.
En el tiempo, echar raíces (escuchar a Jesús) es lo primero.
El objetivo será siempre el fruto (el servicio a todos).
Intenta ser cada día más Marta y más María.
Cada día más enraizado en Cristo. Y más volcado hacia los demás.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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¿Eligió María la mejor parte?

domingo, 21 de julio de 2019
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gesu-maria-martaSi persigues dos conejos, ambos se escaparán (Anónimo)

21 de julio. DOMINGO XVI DEL TO

Lc 10, 38-42

Marta se afanaba en múltiples servicios. Hasta que se paró y dijo:

Maestro, ¿No te importa que mi hermana me deje sola en esta tarea? Dile que me ayude

Un buen ejemplo para discernir qué es más importante, si lo que se hace, establecido por la Ley y las prácticas culturales, o lo instituido por el reino.

¿No será mejor decir que, a pesar de lo que nos dicen que dijo Jesús, los dos quehaceres -contemplación y acción- son necesarios? Seguro que cuando los invitados llegaron a la cena del reino -también casi seguro que el propio Maestro hizo de recepcionista- se sentaron todos juntos al banquete, ley, acogida y prácticas culturales, sin distinción de origen, edad y sexo.

En Diarios de Adán y Eva, Mark Twain, dice Adán de Eva:

“Eva ha llenado la propiedad entera de nombres detestables inofensivos como los siguientes: Hacia el remolino, Hacia la Isla de la Cabra, Hacia la gruta de los Vientos”.

¿Era acaso esto lo que, es cierto modo, ocurría en casa de las hermanas de Lázaro? Al menos yo así me lo he imaginado: había en el ambiente un cierto revuelo, como en la gruta de los Vientos. Pero sonó la Orquesta del Universo -Jesús batuta en mano- y los violines calmaron la tempestad surgida entre ellas.

Las religiones orientales han tenido esto siempre muy claro: Ramana Maharshi nos muestra un camino por el que podemos, incluso en esta vida, recuperar y habitar en nuestra verdadera naturaleza como Existencia-Conciencia-Dicha. En la filosofía de la existencia dice: “No cabe duda de que esta filosofía tiene un atractivo mayor, y merece más esperanza y propósito a la humanidad que cualquier visión del mundo que considere nuestra verdadera naturaleza como mortal, finita e imperfecta. Nos provee una base racional para considerar la trascendencia del ego como uno de los objetivos más elevados de la vida”.

La historia se repite en cada encuentro: la Sociedad del Sur con la del Norte, Poniente contra Occidente, Ricos contra Pobres. Y a veces, -vergüenza soberana-, entre los mismos cristianos.

Si persigues dos conejos, ambos se escaparán (Aforismo). Mucho mejor aunar voluntades.

Marta se afanaba en los quehaceres de la casa, mientras María, contemplaba fascinada el rostro de Jesús y escuchaba sus palabras. Luego entendieron todos que los dos estilos de vida se complementaban.

Y desde ese momento, el remolino y el viento se calmaron, como también los ánimos de las hermanas, y lo violines prosiguieron calmando tempestades.

“¿Qué quiere decir Jesús? ¿Cuál es esa sola cosa que necesitamos? Ante todo es importante comprender que no se trata de la contraposición entre dos actitudes: la escucha de la Palabra del Señor, la contemplación, y el servicio concreto al prójimo. No son dos actitudes contrapuestas, sino, al contrario, son dos aspectos, ambos esenciales para nuestra vida cristiana; aspectos que nunca se han de separar, sino vivir en profunda unidad y armonía” (Papa Francisco)

EL AMOR DESPUÉS DEL AMOR

Un tiempo vendrá
en el que, con gran alegría,
te saludarás a ti mismo,
al tú que llega a tu puerta,
al que ves en tu espejo
y cada uno sonreirá a la bienvenida del otro,
y dirá, siéntate aquí. Come.

Seguirás amando al extraño que fuiste tú mismo.
Ofrece vino, Ofrece pan. Devuelve tu amor
a ti mismo, al extraño que te amó
toda tu vida, a quien no has conocido
para conocer a otro corazón
que te conoce de memoria.
Recoge las cartas del escritorio,
las fotografías, las desesperadas líneas,
despega tu imagen del espejo.
Siéntate. Celebra tu vida.

(Derek Walkott)

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Seguir a Jesús, ¿nos libera o nos agobia?

domingo, 21 de julio de 2019
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1102013266_univ_cnt_3_xlLucas 10, 38-42

¿Podemos decir algo nuevo sobre Marta y María? ¿Y si las descubrimos junto a nosotros?

La hermana Marta es muy eficaz. Desde que la han destinado a la comunidad saca cualquier trabajo adelante. Es la última que se acuesta y la primera que se levanta. Su cabeza es como un ordenador de última generación que calcula, programa, diseña, organiza…

Pero hace pocos días hizo Ejercicios Espirituales y se ha encontrado “cuerpo a cuerpo” con Jesús. Marta desplegó ante él la lista impoluta de sus servicios por el Reino: las noches que acorta para ser más eficaz en su trabajo, el agotamiento continuo porque se carga con trabajos que no le corresponden y un largo etcétera. Su manera de trabajar agobia a los demás. No desarrolla las capacidades de sus hermanas, sino que las abruma con su sabiduría y eficacia.

Llevaba años esperando que Jesús la felicitara, que le reconociera la cantidad y calidad del trabajo que realizaba y que espabilara a sus hermanas porque no dan la talla que ella desearía que dieran. Pero, en este encuentro con Jesús, Marta se ha quedado sobrecogida y descolocada.

Se ha descubierto inquieta, cansada y agobiada. Y, lo que es peor… ha descubierto que es una magnífica “ejecutiva”, pero no da la talla como discípula. Tiene mucho que aprender todavía.

Ahora busca la perla preciosa, como cuando entró en la vida religiosa. Jesús le ha ayudado a conectar con sus deseos más hondos, le ha recordado los sueños que motivaron su decisión de ser religiosa.

La hermana María, también forma parte de la comunidad y tiene fama de transgresora. Fue de las primeras hermanas que estudiaron teología en la congregación, cuando ni siquiera estaba bien visto porque había mucho trabajo que hacer. Se suponía que esa tarea le correspondía a los hombres, porque “teólogos tiene la santa madre Iglesia”

Desde entonces, intenta estar al día a través de cursos, publicaciones y páginas webs. Habitualmente participa en las manifestaciones del barrio pidiendo que se reconozcan los derechos fundamentales. Recoge el legado de muchas santas y de su propia fundadora, para dar a conocer caminos de encuentro con Dios y con el prójimo. Ora por las calles presentando a Dios el sufrimiento de los hombres y mujeres con los que se encuentra. Cuida tanto esos encuentros que a menudo llega tarde a rezar vísperas.

La hermana Marta le ha pedido varias veces a la Provincial que recuerde a esta hermana lo importante que es ser puntual, y trabajar más, en lugar de estudiar y leer tanto. La Provincial le responde con las palabras de JESÚS: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».

Muchas hermanas de la Congregación están enredadas en el trabajo, como si la cantidad de trabajo que sacan adelante indicara la calidad de su vida religiosa; pero ella ha encontrado la perla preciosa en la formación permanente, en los encuentros con cada persona y en los espacios dedicados a la oración y contemplación en los que saborea la cercanía del Señor de su vida. Muchas veces vuelve a recordar el carisma que un día cautivó tu corazón, y se siente afortunada. Sí, ella ha escogido la mejor parte.

Muy cerca de allí vive una laica llamada Marta. Es madre de familia y cuida a los suyos de tal modo que intenta tener todo bajo control: que la casa esté ordenada, la comida a punto, la ropa de cada uno limpia y planchada… Incluso recuerda sus obligaciones y horarios a los hijos y al marido, “porque a veces se despistan”.

Casi nunca participa en los juegos de los niños, ni se sienta con los mayores a ver una película o simplemente a charlar, ¡tiene tanto que hacer! En el fondo, se siente agobiada y cansada. Tiene la sensación de que nadie le ayuda y no se da cuenta de que su forma de controlar todo espanta a quienes la rodean. Intenta continuamente que reconozcan su trabajo dejando caer frases que son como dardos que hieren.

Este domingo, en la eucaristía de la parroquia, le ha pedido al Señor, una vez más, que haga algo para que su marido y sus hijos le ayuden. Y, al volver de comulgar, le ha parecido que en su corazón resonaba la voz de Jesús que le decía: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria…» Se ha quedado impactada, descolocada. Por primera vez, se ha preguntado ¿qué estoy haciendo? ¿Qué es importante para mí? ¿Qué sentido tiene mi vida?

A la salida de Misa, Marta se ha encontrado con María, otra mujer laica que colabora también en la parroquia. A menudo María es criticada porque no da la talla que se esperaría de una madre de familia. Estudia teología, participa en el consejo de pastoral, escribe para la revista de la diócesis y al llevar la comunión a los enfermos les explica el evangelio sin prisas, con un lenguaje claro y sencillo. La gente le pregunta: ¿Por qué no dices tú la homilía los domingos en misa? Nos hablas de Dios con un lenguaje que entendemos y con imágenes de la vida diaria…

María siente que ha escogido la mejor parte, que le ha tocado un buen lote.

El evangelio de hoy nos invita a preguntarnos con Marta: ¿Dónde nace nuestro servicio? ¿En el deseo de cuidar al prójimo o en una actitud perfeccionista que humilla a quienes nos rodean?

¿Nos parece que la prudencia es la virtud cristiana por excelencia? ¿Nos damos cuenta de que la prudencia, a veces, conduce a la sumisión, al miedo, a la obediencia irracional…? ¿Dónde quedan la valentía, la parresía, el atrevimiento y la libertad del Espíritu para enriquecer y dar vitalidad al Reino? ¿Nos atrevemos a romper los esquemas, como María, para vivir un discipulado propio de hombres y mujeres adultos del s. XXI, sin tantos lastres heredados del pasado?

¿Qué tipo de mujer, de discípula, están fomentando las comunidades y parroquias a las que pertenecemos? ¿Cómo se dividen las tareas entre hombres y mujeres en nuestras familias y en nuestras comunidades cristianas? ¿Cómo se justifica que unas tareas sean de unos o de otras? ¿Se nota el estilo de Jesús en el hecho de que vivimos una igualdad y una corresponsabilidad que provocan escándalo y son profundamente evangélicas?

Hombres y mujeres, todos estamos llamados a ser seguidores de Jesús, a sentarnos a sus pies y escuchar su palabra, a recibirlo en nuestra casa y a servirle en los hermanos… sin agobios, disfrutando de su compañía y su presencia. Estamos llamados no solo a vivirlo, sino a denunciar y suprimir todo aquello que impida que los demás lo vivan así en la Iglesia.

Mª Guadalupe Labrador, fmmdp

Fuente Fe Adulta

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Lo único necesario.

domingo, 21 de julio de 2019
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pictures-of-jesus-mary-martha-1104492-galleryDomingo XVI del Tiempo Ordinario

21 julio 2019

Lc 10, 38-42

Ha sido frecuente leer este texto en clave dualista, como si abogara por la superioridad de la “vida contemplativa” sobre la “vida activa”. De ese modo, ha servido de soporte ideológico para ponderar “lo religioso” por encima de “lo profano”.

El sentido original (histórico) del mismo parece que era diferente: trataría de afirmar la primacía del discipulado por encima de cualquier otra actividad. En efecto, la expresión “estar sentado(a) a los pies de Jesús” constituía una fórmula estereotipada para referirse al hecho de “ser discípulo” (o discípula). No es difícil entender que, para aquellas primeras comunidades, surgidas al calor de la figura de Jesús, el objetivo primero fuera precisamente el de vivir como discípulos del Maestro de Nazaret.

Sin embargo, desde una clave espiritual (o universal), más allá del contexto histórico en que nace, el texto adquiere una riqueza mayor. La “única cosa necesaria”“la mejor parte”, que nadie podrá quitarnos, es la comprensión de lo que somos.

A falta de esta comprensión, podemos “multiplicar” nuestra actividad e incluso nuestro servicio, pero será imposible superar la “inquietud” y el “nerviosismo”…, incluso –como manifiesta María en el relato– la queja contra quienes no actúen como nosotros.

Nerviosismo, inquietud, queja, confusión, sufrimiento… nacen siempre como consecuencia de nuestra identificación con el yo separado. Ese es el único “pecado”, y “pecado original”, porque en esa creencia errónea se origina la ignorancia radical que se traduce irremisiblemente en sufrimiento.

Ahora bien, aunque errónea, tal creencia se halla fuertemente enraizada en nuestro psiquismo y en nuestras neuronas: la hemos mamado con la leche materna y ha sido constantemente sostenida, a lo largo de nuestra existencia, en todos los ámbitos en los que nos hemos movido. Hasta el punto de que nuestra propia mente tiende, de entrada, a revolverse contra cualquiera que la cuestione.

Sin embargo, es una creencia que únicamente se sostiene por la adhesión que le brindamos. La respuesta adecuada a la cuestión “¿qué soy yo?” es inmediata, directa y autoevidente: Soy Eso que es consciente. No puedo ser ningún “objeto” que pueda observar, sino Eso que es consciente de todos ellos y permanece estable. Esta comprensión es “lo único necesario”: todo lo demás, incluida la actividad y el compromiso, será consecuencia y fruto de aquella.

Nos hallamos, pues, entre la comprensión –autoevidente en ella misma– y la inercia que nos lleva a mantenernos en la creencia antigua que nos identifica con el yo separado. ¿Qué hacer? Ejercitarnos constantemente, a lo largo de todo el día, en hacernos conscientes de lo que realmente somos, como si fuera un “recordatorio” permanente: “no soy este yo con el que me había identificado, sino Eso que es consciente y uno con todo, pura consciencia ilimitada y no-local, Presencia consciente. Y me entreno en vivir todo desde ahí. Y luego veo qué sucede…, para aprender a partir de la propia experiencia.

¿Qué es para mí “lo único necesario”?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín semanal

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Echar una pensada a la vida

domingo, 21 de julio de 2019
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38303B2E-B2D6-4C5C-AE8D-48763297C94CDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

Hospitalidad.

La primera lectura de hoy (Génesis – Abrahán) y el Evangelio nos hablan de acogida y hospitalidad. Acogida y hospitalidad de Abrahán, de Marta y María.

Hay muchas palabras que significan esta realidad de saber recibir y acoger: hospital, hospitalidad, hospicio, huésped, etc.

Es una actitud noble y cristiana saber acoger a los demás, especialmente en situaciones de debilidad y sufrimiento.

Abrahán, Marta y María.

Abrahán, atendiendo a aquellos tres hombres, estaba acogiendo a Dios mismo. Abrahán les recibe y les da lo mejor que tiene: les recibe en su casa, en su tienda, se sienta con ellos, les ofrece pan y carne. Abrahán era un hombre hospitalario

Lo mismo hacen Marta y María. Marta se pone a trabajar en la casa para que todo esté limpio y preparar una buena mesa a Jesús. Igualmente escuchan a Jesús, (María).

Marta y María

Podemos pensar que Marta y María más que dos personas son dos actitudes, dos tendencias que todos tenemos y somos en la vida. En parte es lo que decía ya San Benito: ora et labora.

Se trata de la actividad que el ser humano despliega en la vida, que al mismo tiempo necesita de la calma, de la serenidad y contemplación, del pensamiento que todos necesitamos en la vida.

Activismo

Muchas veces vivimos en un activismo desaforado: volcados hacia afuera: trabajo, compras, viajes, etc. Perdemos el “estar en sí” conscientemente, que es necesario para ser persona (“estar en otro: enajenado” es algo muy distinto y peor). Incluso decimos que tal persona está bien porque “tiene ganas de hacer cosas”. A ciertas edades y en ciertas circunstancias “no hay que hacer nada”, sencillamente estar en la vida”.

La tendencia al activismo es una actitud muy presente incluso en la vida pastoral:

o A un cura fácil y ligeramente le pueden hacer párroco de 6 ú 8 parroquias, o más. ¡Eso no puede ser! Uno puede estar, “estar en sí”, en una parroquia, uno puede servir humildemente a una comunidad parroquial, no a 8, a no ser que todo se convierta en un transporte de productos sacramentales. (El problema de la escasez de ministerios en la Iglesia lo debieran resolver los Obispos desde otros criterios, otra cosa es que no se atrevan).

o Un presbítero, un anciano, que eso significa la palabra presbítero, ha de estar serenamente en la comunidad eclesial, su ministerio es el bueno criterio del anciano, sin activismos, sin suplencias forzadas. Un anciano en la familia está sencillamente, sin pretender llevar las riendas de todos los asuntos. (Claro que a lo mejor hoy en día ya no existen ancianos y vivimos en un juvenilismo estúpido).

o Hay personas que critican zafiamente a los monjes y monjas de clausura la ineficacia de su vida. “Mejor sería que se dedicasen a cuidar ancianos o a la enseñanza”. Pues mire usted, mi vocación, “la mía”, es la de María. Soy, quiero contemplar; quiero vivir la llamada de la ultimidad, la contemplación del horizonte absoluto es una vida y vivencia hermosa, realizadora y legítima.

o Incluso en determinadas congregaciones religiosas de vida activa, muchos superiores pretenden forzar en trabajos exhaustivos a religiosos y religiosas que quieren vivir su vocación en paz y sin maratones de trabajo

Pensamiento y contemplación.

El pensamiento, la calma, la contemplación, la actitud de María nos son necesarias y no sola ni principalmente como cuestión religiosa, sino como modo de ser y estar en la vida, como actitud existencial.

En la contemplación, en el “estar en sí” hallamos horizonte y sentido para la vida. (No es que la contemplación sea una meditación blanda que confiera paz o un relajamiento como un “Valium”, sino que hallamos sentido y encuentro con la ultimidad).

Esto es lo importante, la mejor parte, lo que dará sentido a la actividad humana.

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“No pasar de largo”. 15 Tiempo ordinario – C (Lucas 10,25-37)

domingo, 14 de julio de 2019
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15-TO-C-600x400«Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo». Esta es la herencia que Jesús ha dejado a la humanidad. Para comprender la revolución que quiere introducir en la historia, hemos de leer con atención su relato del «buen samaritano». En él se nos describe la actitud que hemos de promover, más allá de nuestras creencias y posiciones ideológicas o religiosas, para construir un mundo más humano.

En la cuneta de un camino solitario yace un ser humano, robado, agredido, despojado de todo, medio muerto, abandonado a su suerte. En este herido sin nombre y sin patria resume Jesús la situación de tantas víctimas inocentes maltratadas injustamente y abandonadas en las cunetas de tantos caminos de la historia.

En el horizonte aparecen dos viajeros; primero un sacerdote, luego un levita. Los dos pertenecen al mundo respetado de la religión oficial de Jerusalén. Los dos actúan de manera idéntica: «ven al herido, dan un rodeo y pasan de largo». Los dos cierran sus ojos y su corazón, aquel hombre no existe para ellos, pasan sin detenerse. Esta es la crítica radical de Jesús a toda religión incapaz de generar en sus miembros un corazón compasivo. ¿Qué sentido tiene una religión tan poco humana?

Por el camino viene un tercer personaje. No es sacerdote ni levita. Ni siquiera pertenece a la religión del Templo. Sin embargo, al llegar, ve al herido, se conmueve y se acerca. Luego, hace por aquel desconocido todo lo que puede para rescatarlo con vida y restaurar su dignidad. Esta es la dinámica que Jesús quiere introducir en el mundo.

Lo primero es no cerrar los ojos. Saber «mirar» de manera atenta y responsable al que sufre. Esta mirada nos puede liberar del egoísmo y la indiferencia que nos permiten vivir con la conciencia tranquila y la ilusión de inocencia en medio de tantas víctimas inocentes. Al mismo tiempo, «conmovernos» y dejar que su sufrimiento nos duela también a nosotros.

Pero lo decisivo es reaccionar y «acercarnos» al que sufre, no para preguntarnos si tengo o no alguna obligación de ayudarle, sino para descubrir que es un ser necesitado que nos necesita cerca. Nuestra actuación concreta nos revelará nuestra calidad humana.

Todo esto no es teoría. El samaritano del relato no se siente obligado a cumplir un determinado código religioso o moral. Sencillamente, responde a la situación del herido inventando toda clase de gestos prácticos orientados a aliviar su sufrimiento y a restaurar su vida y su dignidad. Jesús concluye con estas palabras. «Vete y haz tú lo mismo».

José Antonio Pagola

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“¿Quién es mi prójimo?”. Domingo 14 de julio de 2019. Domingo 15º Ordinario

domingo, 14 de julio de 2019
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40-ordinarioC15 cerezoLeído en Koinonia:

Deuteronomio 30, 10-14: El mandamiento está muy cerca de ti; cúmplelo.
Salmo responsorial: 68: Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Colosenses 1, 15-20: Todo fue creado por él y para él.
Lucas 10, 25-37: ¿Quién es mi prójimo?

Primera lectura. La época del destierro fue para Israel una situación que confrontó el modelo de Alianza entre Dios y su pueblo, como principio de cambio y conversión. Esta conversión incluye la vuelta personal a Dios y el cumplimiento de todos su mandatos, “con todo corazón” como pide Dt 6,4.

Aunque el capítulo 30 está redactado en segunda persona del singular, es de sentido plural en la época del exilio: “cuando te sucedan estas cosas” (v. 1) ya les han sucedido. Todo el capítulo presupone la destrucción de Judá y Jerusalén el año 587 a.e.c..

La buena nueva para el pueblo se centra en el capítulo 30. Se presenta mostrando que el precepto no supera las fuerzas, ni está fuera del alcance (v. 11) aunque el pueblo esté en el exilio. No está en el cielo, ni más allá de los mares (vv. 12-13). La Palabra de Dios ya ha sido pronunciada y se encuentra en nuestra boca y en nuestro corazón. Si nos llenamos de su palabra, se realizará su voluntad en nosotros (v. 14). Tener cerca la Palabra es amar a nuestro prójimo.

Hoy necesitamos también estar abiertos a la palabra que se nos dirige en los signos de los tiempos y los lugares, como palabra reveladora de la acción de Dios en nuestra historia, con el compromiso de escucharla y vivirla en radicalidad y compromiso

El himno de Colosenses presenta poéticamente la primacía de Cristo, como hijo de Dios y como principio de toda la nueva humanidad que renace en él. Conecta la acción salvadora de Cristo con la obra de la creación, unidas a un mismo tronco, con las raíces profundas de la fe.

La nueva creación que surge con Cristo, en esta visión entusiástica de Pablo, se presenta en el modelo de nueva humanidad, por el mundo y la historia, donde hay que trabajar por ellas para cumplir el plan salvador de Dios en su Hijo. Es una confesión de amor, más que confesión de fe o de toelogía, por parte de Pablo.

Visión panorámica de esta parábola del evangelio de Lucas. Sólo él nos trnsmite esta parábola.

La mentalidad judía del tiempo de Jesús, absorbida por el legalismo, se había convertido en una conciencia fría, sin calor humano, a la que no le importaban las necesidades ni los derechos del ser humano. Solo se hacía lo que permitía la estructura legal y rechazaba lo que prohibía dicha estructura. El legalismo impuesto por la estructura religiosa era la norma oficial de la moral del pueblo. Se había llegado, por ejemplo, a establecer, desde la legalidad religiosa, que la ley del culto primaba sobre cualquier ley, así fuera la ley del amor al prójimo. Esto asombraba y preocupaba a Jesús pues no era posible que en nombre de Dios se establecieran normas que terminaran deshumanizando al pueblo.

Este era el contexto en que nació la parábola del buen samaritano: un hombre necesitado de ayuda, caído en el camino, más muerto que vivo, sin derechos, violentado en su dignidad de persona, es abandonado por los cumplidores de la ley (sacerdotes y levitas) y en cambio es socorrido por un ilegal samaritano (que no tenían buenas relaciones con los israelitas). Jesús hizo una propuesta de verdadera opción por los derechos de ese ser humano caído, condenado por las estructuras sociales, políticas, económicas y religiosas que aparecen excluyentes (estructuras que se encargan de no respetar los derechos de las personas y no les permitan vivir en libertad y en autonomía). Jesús quiere decirnos cómo la solidaridad es un valor que hay que anteponer no solo a la ley del culto, sino también a la misma necesidad personal, buscando el bienestar social y comunitario, la defensa de los derechos de tantos y tantas que viven en situaciones de falta de solidaridad y de reconocimiento de sus derechos, nos hace pensar en la opción por continuar el camino de compromiso y de trabajo en nuestras comunidades y organizaciones, desde el compromiso solidario con los hermanos y hermanas que están caídos en el camino, por el no reconocimiento de sus derechos.

La parábola es todo menos un juego de palabras bonitas, es algo más que una pieza literaria de la antigüedad. Es una constante interpelación para hoy.

Este texto, tan ampliamente conocido en la liturgia, se inicia con una pregunta de un maestro de la ley, o letrado, frente lo que hay que hacer para ganar la vida eterna. Jesús, a su vez, le devuelve la pregunta para que el letrado la busque en su especialidad, él tiene la respuesta en la ley… El letrado, citando de memoria Dt 6,5 y Lv 19,18, hace una apretada síntesis del sentido frente a los 613 preceptos y obligaciones que se alcanzaban a contar en la cuenta de los rabinos, para responder en dos que son fundamentales: Amar a Dios y al prójimo… Jesús aprueba la respuesta..

El letrado interroga nuevamente, pues en el Levítico el prójimo es el israelita y en el Deuteronomio se reserva el título de hermanos únicamente para los israelitas…Jesús, en lugar de discutir y entrar en callejones sin salidas, no busca plantear nuevas teorías e interpretaciones frente a la ley antigua y su práctica, sino que propone una parábola como ejemplo vivo de quién es el prójimo.

Podemos contemplar en la parábola los personajes y sacar de allí las consecuencias de enseñanza para el día de hoy: un hombre (v. 30) anónimo que es victima de los ladrones y cae medio muerto en el camino; un samaritano (v. 33) un medio pagano – o tal vez un pagano completo- cuyo trato y relación con los judíos era casi un insulto a sus tradiciones; un sacerdote (v. 31) y un levita (v. 32), la contraposición y la diferencia entre dos rangos de poder religioso, pues el levita era un clérigo de rango inferior que se ocupaba principalmente de los sacrificios, “testimonios” de un culto oficial y de los rituales a seguir en la religión establecida.

La relación entre cada uno de los personajes de la parábola es distinta: el sacerdote y el levita frente al hombre caído en el camino no se basa en el plan de la necesidad que tiene este último, sino en el de inutilidad que presentaría ante la ley y el desempeño del oficio, el prestarle cualquier atención al hombre caído, impediría a estos representantes del culto oficial poder ofrecer los sacrificios agradables a Dios. El samaritano, por el contrario, no encuentra ninguna barrera para prestar su servicio desinteresado al desconocido que está tendido y malherido, que necesita la ayuda de alguien que pase por ese camino. El samaritano únicamente siente compasión por la necesidad de ese hombre anónimo y se entrega con infinito amor a defender la vida que está amenazada y desposeída.

Prójimo, compañero, dice Jesús en esta parábola, debe ser para nosotros, en primer lugar el compatriota, pero no sólo él, sino todo ser humano que necesita de nuestra ayuda. El ejemplo del samaritano despreciado nos muestra que ningún ser humano está tan lejos de nosotros, para no estar preparados en todo tiempo y lugar, para arriesgar la vida por el hermano o la hermana, porque son nuestro prójimo. Leer más…

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No es saber quién es mi prójimo, sino hacerme prójimo. 14.07.19. Dom 15, t.ordinario. Lc 10, 25-37. Jesús Samaritano

domingo, 14 de julio de 2019
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un-judio-marginal-nueva-vision-del-jesus-historico-v---epubJ. P. Meier, Un judío marginal V. El libro de las parábolas

No se trata de saber quién es mi prójimo; eso lo sabemos, el mundo es pequeño, y más con FB, TV y demás “media”, sino de hacernos prójimos, cercanos en presencia y ayuda, unos a los otros.

No se trata ni siquiera de saber qué dice el Credo sobre el prójimo, eso lo sabe hasta el escriba (amar a “dios” y amar al prójimo). El tema es hacernos prójimos a los otros.

Hemos aprendido a subir a la luz y a bajar al fondo de los océanos; sabemos enriquecer uranio, pero lo queremos saber para nosotros, no que otros prójimos (como los iranios) lo sepan, no sea que utilicen mal el invento. Sabemos casi todo lo sabible, pero  no queremos hacernos prójimos.

Baste leer la prensa española o británica estos días, lo que dicen los de Voz/Vox y los  llamados Ciudadanos del mundo,  los Populares de pueblo o los Sociales de socio.

El tema de hacerse o no hacerse prójimos de todos, en especial de los caídos del camino, como en la parábola de hoy, de los heridos por mafias‒bandidos, o los encerrados/expulsados por grandes “estados”. El tema no es si Podemos, sino si queremos y lo hacemos, como le dijo Jesús al escriba‒político de turno, tras contarle la parábola del Samaritano: Vete y haz tú lo mismo.

Éste es quizá el tema (dos amores) y la parábola (sacerdote+levita+publicano, con ladrones y heridos de la vida…) quizá más importante de la historia, tal como se cuenta en Lc 10, 30‒37. Quien quiera conocerla bien, vaya al libro de J. P. Meier, Un Judío Marginal V, el tomo dedicado a las parábolas  (o al libro que escribimos J. A.Pagola y un servidor) y descubrirá cosas sorprendentes, que pueden resumirse así:

entrañable-diosINTRODUCCIÓN. DIEZ “TESIS PREVIAS”

  1. Jesús no contó esta parábola al pie de la letra, tal como está en Lc 10, pero ella ofrece quizá el mejor retrato de Jesús, el resumen más certero de su pensamiento y de su vida: No se trata de saber en teoría quién es mi (nuestro) prójimo, sino de hacerme (hacernos) prójimos de los demás, como aquel samaritano.
  2. Entones ¿Quién inventó esta parábola…? (Lc 10, 30‒37). Inventarla nadie; estaba ahí, estaba ahí, en el “aire”, como la estatua de Moisés en el mármol de Carrara, con todos sus elementos. Pero fue posiblemente Lucas quien la formuló de esta manera, como explicación y aplicación del texto anterior (Lc 10, 25‒29), que sí parece haber sido formulada por Jesús, uniendo en uno los dos “mandamientos”: amar a Dios y amar al prójimo.
  3. ¿Pero esta parábola no habla de Dios? No habla, no. De Dios habla el texto anterior, con los dos mandamientos: amar a Dios y amar al prójimo, y parece que la gente ya sabía (creía que sabía) lo que es amar a Dios. El tema es “quién es mi prójimo” para así poder amarle. Así pregunta el “escriba”, una especie de abogado de la iglesia.
  4. El evangelio de Lucas responde poniendo en la boca de Jesús la parábola del Buen Samaritano, que muy posiblemente no la dijo Jesús, pero que refleja a maravilla su enseñanza y movimiento mesiánico‒social, para acabar de forma paradójica, diciendo no importa la teoría (quién es mi prójimo), sino la práctica: cómo hacerte prójimo.
  5. Ciertamente, como prueba J. P. Meier, Jesús enseñó en parábolas (y los evangelios le atribuyen por lo menos unas 40), aunque de forma estricta sólo cuatro parecen seguramente suyas: Grano de mostaza, invitados al banquete, viñadores homicidas y talentos… (como indicaré un próximo día).
  6. La mayoría de las parábolas (¡las más famosas! Hijo pródigo, ovejas y cabras, diez novias…) han sido “inventados” por cristianos, en la línea de Jesús, pero eso que parece “pérdida” es quizá la mejor ganancia: Jesús fue un hombre que no sólo enseñó, sino que enseño a enseñar, contando parábolas, y así, en su línea, para precisar su mensaje y movimiento, la iglesia primitiva fue una exuberancia de parábolas, creadas, recreadas y contadas por gentes cuyo nombre ignoramos. Pablo, que sabía otras cosas interesantes, era un poco negado para contar parábolas, otros le ganaban. Lo mismo pasa con Juan, que era un místico, pero que apenas cuenta parábolas.
  7. Las parábolas de los evangelios sinópticos fueran formuladas por cristianos imaginativos y valientes, entre el 30 y 100 d.C. Pero después, la iglesia posterior en su conjunto ha dejado de contar parábolas, y ha escrito sobre cosas mucho menos importantes: Ha formulado una teología muy seria, ha creado una jerarquía muy vistosa, ha organizado el derecho canónico… pero de parábolas casi nada. Esa es la desgracia: La primera iglesia, cuya memoria recogen Marcos, Mateo y Lucas inventó muy pronto has casi 50 parábolas, que nos siguen sosteniendo hasta el día de hoy… Después prácticamente ninguna. ¡Así nos va!
  8. No, no puedo echar la culpa a la iglesia. Yo me dedico a cosas de estas cosas de Iglesia, y he escrito quizá hasta casi 50 libros de gorda teología, pero parábolas ninguna… ¡Me da mucha vergüenza! Tendría que haber sido al revés: ¡Unos cuatro libros de teología, pero 5 parábolas! Así nos va, hemos hecho una iglesia sin parábolas. Pienso que Jesús y sus “evangelistas” Lucas y Mateo (tejedores de parábolas) se avergonzarían de nosotros…

APUNTES PARA UN COMENTARIO A LA PARÁBOLA DEL BUEN SAMARITANO

Van Gogh-Buen Samaritano (1890)Y con esto dejo el pórtico del libro de J. P. Meier, y paso a al texto y parábola de hoy, Lc 10, 25‒37, que consta de dos partes, con el debate entre Jesús y el buen escriba sobre la buena ley (los mandamientos) y la parábola siguiente. Empiece el lector, si le parece, leyendo por sí mismo el texto.

 Empezará viendo que el “credo” cristiano incluye en principio dos mandamientos de amor (amar a Dios y amar al prójimo), ninguno de doctrina (un tipo de dogmas teológico), ni de prácticas sagradas (ir a mira o celebrar determinadas ceremonias). Este doble mandamiento recoge la experiencia más profunda de la teología israelita, que se funda en el Shema, que trata del amor a Dios, es decir, al principio de la vida (a partir de Dt 6, 4-9; cf. también Dt 11, 13-21 y Num 15, 37-41) y se amplía en la llamada al amor al prójimo, (tomada de Lev 19, 10). Así empieza el texto:

En aquel tiempo, se presentó un Maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Él le dijo:¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»Él contestó: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo. Él le dijo: Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida (Lc 10, 29‒29)

Dos mandamientos. Fe común para judíos y cristianos

 El Maestro de la ley, hombre del Libro, interpreta a Dios como alguien que tiene poder para mandar, es decir, para imponer unos preceptos a sus criaturas, en este caso a los judíos. Ciertamente, su pregunta es buena y veremos que Jesús la admite, pero está sesgada al suponer que en el principio se halla la entolê, es decir, aquello que Dios ha mandado cumplir a los hombres. El problema no está en que los mandatos sean numerosos (más tarde se recopilan 248 positivos y 365 negativos, en total 613), pues muchos de ellos resultan obvios para los que viven dentro de una sociedad organizada en esa base.

Por eso, situados en su propio contexto, los judíos del tiempo de Jesús y sus sucesores no se pueden tomar como legalistas en el sentido peyorativo del término. No son legalistas, pero piensan que su vida se encuentra fundada sobre leyes de Escritura/Tradición que se presentan como voluntad de Dios. De todas maneras, es importante discernir: saber dónde se encuentra el centro y clave de los mandamientos, como hace nuestro escriba. No los discute; quiere organizarlos de forma que puedan integrarse como un todo armonioso. Esta es la función de los escribas: traducir una Escritura histórica/narrativa en formas de código legal. Por eso, en el fondo de los mandamientos buscan el mandamiento, como si los 613 preceptos se pudieran condensar en una misma y única raíz. Pues bien, este escriba sabe, es un buen judío: sabe que todos los mandamientos se resumen en dos.

Es un amor en dos amores, dos artículos del “credo” cristiano

Este credo es un credo fácil y en principio pueden aceptarlo no sólo los cristianos, sino también los judíos, y otros creyentes (budistas, hindúes) e incluso no creyentes, siempre que ‘Dios’ sea símbolo de aquello que define y sustenta en plenitud a los humanos, sabiendo que ha llegado el ‘tiempo’ de la plenitud. Pero es un credo exigente, pues implica descubrir al prójimo y amarle (es ‘como yo’).

Teóricamente parece más fácil creer en la Trinidad y otros ‘dogmas’ cristianos, judíos o musulmanes, pues lo que ellos piden puede aceptarse básicamente, sin cambiar vida de los fieles. Pero, de hecho, este mandato de amor al prójimo, unido al del amor de Dios, es más exigente y define toda la vida y acción de los fieles. Este es un credo de racionalidad comunicativa y supone que los hombres pueden y deben comunicarse, pues se encuentran fundados en una Gracia antecedente de Amor que es Dios, a quien conciben como principio de toda unión de amor. Este es un credo de comunión inter-humana: el creyente encuentra a Dios como Amor en las raíces de su vida (en su corazón y en su mente), descubriendo que puede y debe amar a los demás como ‘otro yo’, aceptarles como diferentes.

El tema es entender el sentido del prójimo

             Hay una tendencia a entender el prójimo en línea de grupo nacional, familiar, social, distinguiendo así los de “cerca” (los nuestros) y los otros.

 Prójimo sería ante todo el cercano, aquel que forma parte de mi grupo social y religioso, del buen sistema. Con él me debo vincular, a él he de amar de modo peculiar, al menos mientras dura el tiempo de prueba y división de nuestra historia. De esa forma, el shema (escucha…) puede encerrar a quien lo afirma en los muros de un grupo (Israel), de manera que el amor a Dios confirme y ratifique la identidad de los elegidos de la alianza (los judíos). El amor se interpreta así en sentido restrictivo y se aplica conforme al talión: «Habéis oído que se ha dicho: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo» (Mt 5, 43). Prójimo es el hermano israelita: es ‘como yo’, es de mi pueblo. Leer más…

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