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Curó a muchos.

domingo, 4 de febrero de 2018
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The hand of Christ is depicted by Lucas Turnbloom in an illustration for Easter. The Easter season begins with the celebration of the Resurrection, April 16 this year in the Latin Church. (CNS illustration/Lucas Turnbloom, The Southern Cross) (April 4, 2006)

Cuando ayudas a los demás te ayudas a ti mismo (S. Agustín, sermón 355, 2)

4 de febrero. Domingo V del TO

Mc 1, 29-39

Jesús sanó a muchos que sufrían de diversas enfermedades

El Salmo 46 es un cántico de consolación, de poder y bondad de Dios, presentándole como quien sana corazones y venda heridas. En sus versículos leemos el momento histórico difícil que atravesaba el pueblo de Israel, destruido su reino y su templo, sin tierra y deportado al exilio en Babilonia: “El Señor reconstruye Jerusalén, reúne a los deportados de Israel; él sana los corazones destrozados y venda sus heridas” (Sal 146, 2-3), entona el salmista. Y el evangelio del domingo se hace eco de este lamento.

Una actitud bíblica mantenida tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. En este caso centrado en las viudas, aunque podríamos comprobar que todos cuantos necesitan algún tratamiento paliativo –sea del orden que sea- tienen ventanilla abierta las veinticuatro horas del día al hospital del Evangelio. En 1 Reyes 17, 12, la viuda de Sarepta responde a Elías: “¡Por la vida del Señor, tu Dios! No tengo pan; solo me queda un puñado de harina en el jarro y un poco de aceite en la aceitera”. Baruc dice en 4, 12: “Que nadie se alegre viendo a esta viuda abandonada de todos”, e Isaías maldice a los notarios: “que hacen su presa de las viudas y saquean a los huérfanos” (Is 10,2). El Deuteronomio propone dar el diezmo de todas las cosechas: “al huérfano y a la viuda para que coman hasta hartarse” (Dt 26, 12).

En el NT las viudas aparecen también como objeto de especial afecto por parte de Jesús, especialmente en Lucas. En 7, 13, al ver a la viuda de Naín: “sintió compasión y le dijo: No llores”; y en 20, 47 lanza esta invectiva contra los escribas que devoran las fortunas de las viudas: “Ellos serán juzgados con mayor severidad”. Y como colofón Santiago nos recuerda que: “Una religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre consiste en cuidar de huérfanos y viudas”.

Este particular afecto lo muestra también en el caso de los publicanos y pecadores. Y de nuevo Lucas. “Todos los publicanos y pecadores se acercaban a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: “Este acoge a los pecadores y come con ellos” (15, 1-2). “Algunos de los que se acercan a Juan el Bautista en señal de arrepentimiento son publicanos” (3, 12); como publicano es Leví, uno de los discípulos de Jesús (5, 27). Y, por supuesto, no falta Zaqueo (cuyo nombre especialmente significa Sr. Justo), jefe de publicanos y el hombre más rico de la ciudad, que, por su baja estatura, se sube a un sicomoro para ver a Jesús cuando entra en Jericó (19, 1-10).

A Jesús le traían ciegos, tullidos y todo tipo de enfermos para que los curara. Les miraba por dentro, les daba confianza en sus propias fuerzas, y muchos se curaban. ¿Cómo explicar estos supuestos milagros? La fe mueve montañas (Mt 17, 20). Lo que Jesús no podía saber, porque en su tiempo nadie lo sabía es que la fe mueve endorfinas.

La felicidad sólo vive, respira y crece si se comparte y se transmite. Como dijo un sabio en una ocasión: “Lo que das, lo ganas. Lo que te quedas, lo pierdes. San Agustín, había puntualizado en su sermón 355, 2: “Cuando ayudas a los demás te ayudas a ti mismo”.

John Boynton Priestley, fue un escritor, dramaturgo, locutor y activista político británico, autor de la obra teatral Llama un inspector. La representación termina, dirigiéndose a Eva, con esta reflexión: Pero, reténgalo bien, ha muerto una Eva Smith… ¡Quedan millones y millones de Evas Smiht y de Johns Smith entre nosotros! Con sus vidas, sus esperanzas, sus temores, sus sufrimientos y sus posibilidades de ser felices: todos ellos ligados a nuestras vidas, a lo que pensamos, decimos o hacemos. Nadie vive aislado. Somos miembros de una comunidad, y dependemos los unos de los otros.

El poeta alicantino Miguel Hernández nos invita a colaborar con él en la generosa tarea del dar y darse.

LAS MANOS

Dos especies de manos se enfrentan en la vida,
brotan del corazón, irrumpen por los brazos,
saltan, y desembocan sobre la luz herida
a golpes, a zarpazos.

La mano es la herramienta del alma, su mensaje,
y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente.
Alzad, moved las manos en un gran oleaje,
hombres de mi simiente.

Ante la aurora veo surgir las manos puras
de los trabajadores terrestres y marinos,
como una primavera de alegres dentaduras,
de dedos matutinos.

Endurecidamente pobladas de sudores,
retumbantes las venas desde las uñas rotas,
constelan los espacios de andamios y clamores,
relámpagos y gotas.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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¿Quién es ella?

domingo, 4 de febrero de 2018
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6a00d8341c3e3953ef0168e65ddbae970c-600wi-1Palabras habitadas. Así suenan y resuenan en el alma las palabras de Jesús: él se acercó, la cogió de la mano y la levantó.

Palabras habitadas de cariño, de justicia, de autoridad interior. Todo lo que le faltaba a la religión oficial lo aporta este judío diferente, retador, que no funciona por las leyes canónicas memorizadas sino por un corazón y una mente integrados, a lo Dios.

¿Quién es ella? Como de costumbre para la inmensa mayoría de las mujeres de todos los tiempos, es “la suegra de”, podría ser la mujer de, la cuñada de, la hija de, la pareja de… anonimato de la mujer todavía hoy.

En nuestra “suegra de” ese anonimato con sus múltiples y severas implicaciones, se somatiza, y su “fiebre” nos indica un cierto fuego interior que le sale por los poros, una fuerza no canalizada, una energía desaprovechada, una vida anonimizada por los de antes y los de ahora, tanta injusticia, tanto dolor y frustración hace que su cuerpo arda. Ya que no puede hablar porque su palabra no está autorizada, lo comunica con su cuerpo, cuerpo de mujer, anónima e identificada con un varón: en este caso es la “suegra de Pedro” como siempre en el patriarcado.

Hace unos días en una asamblea de varias parroquias, al proponer una iniciativa, un varón laico, de los históricos, me pregunta en público, ante todo el mundo: “y tú ¿eres religiosa o “vas de por libre”? La educación y el amor incluso a los hijos de Dios que menos me gustan me hizo responder con serenidad, pero el “vas de por libre” tenía un tono habitado de rabia, dominio, necesidad de someter: demonios que se pasean por nuestra sociedad y por supuesto por nuestras iglesias, disfrazados de “servicios”.

Estos demonios bloquean iniciativas, impiden el crecimiento porque siembran la sospecha, desautorizan, ningunean… no me extraña que Jesús, que también iba “de por libre”, se acercara a aquella mujer. Tal vez le movió la empatía, porque en su yo profundo también se sentía no aceptado por “los oficiales, los correctos”.

Es ahora el cuerpo de Jesús el que habla a través de varios gestos potentes y evocadores: no le suelta una perorata desde arriba y ella abajo, yaciendo sin fuerza, no, se acerca: acorta la distancia histórica que separa a las personas por su género, religión, raza, orientación sexual… ¡qué poco nos acercamos unos a otros para interesarnos por la persona! y es que acercarse significa tener resueltos temas como el de la igualdad, el del respeto por encima de la explotación, el de la humildad por encima del dominio y autoritarismo. Acercarse significa también quitarte la máscara, dejar que te vean como eres, sin maquillajes. No siempre es fácil.

La cogió de la mano, hoy nos parece normal, pero no lo era. ¿Cuántas manos has cogido para acariciarlas, besarlas, empoderarlas, desde la semana pasada, por decir algo? Coger a alguien de la mano supone estar muy cerca: es una conexión directa con el corazón. La mano alarga la presencia, coger la mano significa aceptar y aprobar lo que la persona es y hace. En el texto, queda reflejada la osadía de Jesús, ya que no se podía tocar a una mujer que no fuera la propia. Jesús rompe de nuevo la distancia y además todo ocurre en Sábado. No podía hacer esas cosas.

La levantó, porque cogerle la mano para dejarla en el lecho tirada no es propio del amor, como no lo es una pastoral mediocre… Jesús la levanta de una situación mortífera y le ayuda a ponerse de pie, de nuevo firme en la vida y sin fiebre porque la causa de la fiebre había desaparecido; ¿cómo? ahora es tratada con respeto, con igualdad, mirada a los ojos, no de arriba abajo, como a alguien a quien hay que ayudar, sino tratada de tú a tú. Suena a resurrección, a una vida profunda y digna desde otras claves.

Y se pone a servirles, de nuevo, depende de la tendencia del exégeta significa una cosa u otra. Yo me decanto por los y las que nos dicen que este servicio era el servicio de la Palabra en la casa-comunidad que “ella” ofreció al Maestro. Ella fue la primera discípula que sepamos, también en lenguaje posterior la primera diaconisa.

También nos cuentan que posiblemente era la dueña de la casa por estudios realizados sobre las costumbres de la época. Y si era la dueña de la casa y servía a los varones significa que posiblemente bendecía la mesa, lo que luego en las casas-comunidad seguirá haciéndose y que se llamará Eucaristía o acción de gracias de la comunidad de discípulos y discípulas.

Servir la palabra habitada del Maestro a todos los hambrientos y hambrientas de dignidad. Ella supera el sábado judío, rompe con ese rito y comienza a realizar la obra de Jesús. La ha experimentado en su propio cuerpo, en su propia vida. Ella se convierte en una extensión de sus manos, de su palabra habitada de presencia y vida.

¡Cómo me gustaría conocerla! Como dicen los jóvenes debía ser un “crac de señora”. Me encantan esas, y hacen mucha falta en nuestras asambleas y comunidades. Pero todavía hoy muchas mujeres están tumbadas por la fiebre. Me imagino que nuestra amiga, “la suegra de”, de nuestro texto debió dedicarse a “levantar” a vecinas y amigas. “Hagamos lo mismo” pero no vayamos sin haber sido “cogidas de la mano y levantadas nosotras primero, por el amor”.

Tal vez personas de Latino América que lean esto piensen que en sus países sí lo hacen, y tienen razón. Pero aquí hermanas, lo hacemos poquito. Una pena. Es cuestión de “cercanía” con el que quita fiebres y miedos, parálisis y mudeces.

El texto pasa de la sinagoga a la casa. ¿Y nosotros? Desde la casa-comunidad la Palabra está más habitada de hogar, de apoyo, de compromiso, de todo lo que le falta muchas veces a los espacios más oficialmente religiosos. Maravilloso reto.

Magdalena Bennásar Oliver

www.espiritualidadintegradoracristiana.es

Fuente Fe Adulta

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No era gripe, sino ansias de poder

domingo, 4 de febrero de 2018
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suegra-de-pedro14Del blog de Tomas Muro La verdad es libre:

01. DE LA SINAGOGA A CASA DE PEDRO.

Este sencillo relato de la curación de la suegra de Pedro, es de una clara coloración y significado eclesial.

Jesús sale de la sinagoga y va a la casa de Pedro. No se trata de salir del edificio de la sinagoga, atravesar la plaza y entrar en una casa. Jesús sale, se marcha del viejo sistema del AT, de la sinagoga, etc., y “va” a casa de Pedro, a la Iglesia naciente. Jesús pasa del mundo judío a la comunidad eclesial, significada en la casa de Pedro, en su familia y los discípulos. (En los comienzos la iglesia, la comunidad eclesial se reunía en las casas, eran iglesias domésticas). Del AT al NT, de la ley a la libertad, de la fiebre de poder al servicio.

02. PEOR EL REMEDIO QUE LA ENFERMEDAD.

En este texto, la familia de Pedro es un retazo del comienzo de la comunidad cristiana, de la Iglesia. Jesús se encuentra entre los suyos, incluso con los más íntimos: Pedro, Santiago y Juan. Pero resulta que los suyos, la familia, la suegra de Pedro, los discípulos tienen fiebre, en griego: fuego: (piresousa: pirotecnia, pirómano, pirograbado). No es que hubiera una epidemia de gripe, sino que había fiebre de poder.

El fuego, la fiebre de aquel grupo, concretada en la suegra de Pedro es de la fiebre, el ansia de poder. Parte del grupo de Jesús tenía ansiedad incluso violenta de poder. Había que expulsar a los romanos de Israel como fuere. El zelotismo (movimiento radical y violento) pretendía ocupar las primeras carteras del futuro e inmediato Reino o gobierno que Jesús iba a instaurar. Entre Los discípulos de Jesús había zelotas. La familia de Pedro sentía ganas de mandar.

Pero lo de Jesús no es el poder, ni instaurar un sistema religioso de poder que violara las conciencias. Tampoco es un asunto racial, nacional. Mi Reino no es a golpe de talonario o de escaños parlamentarios, ni de poder eclesiástico.

03. LA SUEGRA DE PEDRO.

La suegra de Pedro, el grupo eclesial pasan de tener fiebre, ansia de poder, a servir. Y el poder es algo con lo que Jesús no puede:

Los príncipes de este mundo tiranizan y oprimen a los suyos, entre vosotros no ha de ser así, sino que quiere quiera ser el primero, que se haga servidor de todos / pues el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida. (Mc 10,45; 9,33).

Una mujer, judía (cultura judía), ya mayor y suegra es la primera persona que encarna y da testimonio del Espíritu de Jesús: el servicio.

dibujo-curacion-de-la-suegra-de-pedroCon toda normalidad, Jesús va a casa de Pedro, se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Gestos familiares, espontáneos. Jesús no hace ningún rito, ningún exorcismo. Simplemente Jesús la toma de la mano y aquella mujer “resucita”, se levanta. La que estaba postrada por la fiebre, el ansia de poder, queda totalmente curada está en condiciones de servir la comida festiva del sábado. Se puso a servirles: señal evidente de su total curación.

04. LEVANTAR: RESUCITAR.

El pobre Job (1ª lectura) se encuentra desesperado por el abandono de Dios, por la enfermedad y la marginación. Job se angustia: la noche se alarga ¿cuándo me levantaré?

La suegra de Pedro estaba también postrada por el fuego del poder. Jesús la cura y la levanta. La expresión griega para hablar de esta curación (y de otras) es: levantar, que es una de las dos palabras que usa el NT para hablar de resurrección.

Cuando Jesús cura-resucita a la hija de Jairo, la levanta, (Mc 5,41)

Jesús “levanta” a un niño endemoniado (Mc 9,36).

Dios levantó (resucitó) a Jesús de la muerte (Rom 10,9)

“Levantar” es una de las expresiones que el NT emplea para expresar la resurrección de JesuCristo.

Cuando uno se encuentra con Cristo (con Dios) recupera la dignidad, la vida personal. Los paralíticos, los ciegos, etc. dicen que levantándose le seguían por el camino.

¿No es una resurrección cuando una persona se levanta de su depresión, de su drogadicción, o cuando se cura de raíz una vieja ruptura familiar o personal enquistada? ¿No fue una resurrección la del hijo perdido cuando se levantó y volvió a casa? Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida. Lázaro resucitó, se levantó.

Cuando nos encontramos postrados, abatidos, muertos como el hijo menor, Cristo nos devuelve a la vida.

05. LA IGLESIA ÁMBITO DE CERCANÍA, CURACIÓN Y SERVICIO.

La Iglesia necesita -necesitamos- levantarse: resucitar, espabilar y servir. Hemos de dejarse de tanta fiebre de poder: círculos, ámbitos, cargos, títulos, nombramientos, signos y símbolos de poder y mostrar cercanía, levantar y servir a los pobres a los heridos. La Iglesia ha de pasar del AT a la comunidad del lavatorio de los pies, a curar heridas y a servir.

200x128En la tradición de San Juan, en la última cena Jesús se levantó, se quitó el manto de Señor, se ciñó la toalla de esclavo y se puso a lavar los pies de sus discípulos. El lavatorio de los pies, la actitud de servicio es un momento fundacional de la Iglesia.

La preocupación eclesial del papa Francisco no es la doctrina ni la ultraortodoxia, sino ser a los más débiles y pobres, a los refugiados, a los que intentan pasar en pateras.
¿Cuál es nuestra actitud cristiana?

LA SUEGRA DE PEDRO, LEVANTÁNDOSE, SERVÍA A LA COMUNIDAD

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“Curador”. Domingo 4 Tiempo ordinario – B (Marcos 1,21-28)

domingo, 28 de enero de 2018
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04-to-b-300x300Según Marcos, la primera actuación pública de Jesús fue la curación de un hombre poseído por un espíritu maligno en la sinagoga de Cafarnaún. Es una escena sobrecogedora, narrada para que, desde el comienzo, los lectores descubran la fuerza curadora y liberadora de Jesús.

Es sábado y el pueblo se encuentra reunido en la sinagoga para escuchar el comentario de la Ley explicado por los escribas. Por primera vez Jesús va a proclamar la Buena Noticia de Dios precisamente en el lugar donde se enseñan oficialmente al pueblo las tradiciones religiosas de Israel.

La gente queda sorprendida al escucharle. Tienen la impresión de que hasta ahora han estado escuchando noticias viejas, dichas sin autoridad. Jesús es diferente. No repite lo que ha oído a otros. Habla con autoridad. Anuncia con libertad y sin miedos un Dios bueno.

De pronto, un hombre se pone a gritar: «¿Has venido a destruirnos?». Al escuchar el mensaje de Jesús se ha sentido amenazado. Su mundo religioso se le derrumba. Se nos dice que está poseído por un «espíritu inmundo», hostil a Dios. ¿Qué fuerzas extrañas le impiden seguir escuchando a Jesús? ¿Qué experiencias dañinas y perversas le bloquean el camino hacia el Dios bueno que anuncia Jesús?

Jesús no se acobarda. Ve al pobre hombre oprimido por el mal y grita: «¡Cállate y sal de este hombre!». Ordena que se callen esas voces malignas que no le dejan encontrarse con Dios ni consigo mismo. Que recupere el silencio que sana lo más profundo del ser humano.

El narrador describe la curación de manera dramática. En un último esfuerzo por destruirlo, el espíritu «lo retorció violentamente y, dando un fuerte alarido, salió de él». Jesús ha logrado liberar al hombre de su violencia interior. Ha puesto fin a las tinieblas y al miedo a Dios. En adelante podrá escuchar la Buena Noticia de Jesús.

No pocas personas viven en su interior de imágenes falsas de Dios que les hacen vivir sin dignidad y sin verdad. Lo sienten no como una presencia amistosa que invita a vivir de manera creativa, sino como una sombra amenazadora que controla su existencia. Jesús siempre empieza a curarnos liberándonos de un Dios opresor.

Sus palabras despiertan la confianza y hacen desaparecer los miedos. Sus parábolas atraen hacia el amor de Dios, no hacia el sometimiento ciego a la Ley. Su presencia hace crecer la libertad, no las servidumbres; suscita el amor a la vida, no el resentimiento. Jesús cura porque nos enseña a vivir solo de la bondad, el perdón y el amor, que no excluye a nadie. Sana porque nos libera del poder de las cosas, del autoengaño y de la egolatría.

José Antonio Pagola

Audición del comentario

Marina Ibarlucea

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” Enseñaba con autoridad.” Domingo 28 de enero de 2018. Domingo cuarto del tiempo ordinario

domingo, 28 de enero de 2018
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13-ordinarioB4 cerezoLeído en Koinonia:

Deuteronomio 18,15-20: Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca.
Salmo responsorial: 94: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: “No endurezcáis vuestro corazón.”.
1Corintios 7,32-35: La soltera se preocupa de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos.
Marcos 1,21-28: Enseñaba con autoridad.

La palabra Deuteronomio viene de Deuteros = segundo, y Nomos = ley. Es la segunda versión de la legislación mosaica. El Deuteronomio fue elaborado a partir de pequeños fragmentos que fueron compilados por el autor o los autores a lo largo de más de seiscientos años. El material que conocemos tuvo un origen muy diverso. Una parte pertenece a la gran tradición oral que la confederación de tribus empleó para regular la aplicación de la justicia al interior de la comunidad y entre las tribus durante el tiempo de los Jueces. Otra parte proviene de las tradiciones del reino del Norte, elaborada por grupos que se oponían a la monarquía y proponían legislaciones alternativas para tratar de cambiar el despótico gobierno instalado en Samaría. Otra parte, es elaboración de tradiciones orales del reino del Sur vigentes en tiempos del rey Josías. Esta diversidad fue re-elaborada después del destierro por los sacerdotes y los sabios, hasta alcanzar la forma que hoy conocemos.

El documento tuvo varias ediciones en las que fue sucesivamente ampliado. Insiste en la necesidad de vivir unas relaciones interhumanas justas. La ley no es, en este documento, un fárrago de decretos aislados. Cada precepto está en función de defender la vida y la dignidad de cada persona en la comunidad. La ley expresa la vida íntima de la comunidad, la necesidad de que cada persona tenga lo mínimo para sobrevivir y nadie viva en una situación oprobiosa y miserable. De este modo, la ley deja de ser una ominosa obligación y pasa a ser un «don» que otorga Dios a todo el pueblo. Este don o alianza se fundamenta en el derecho de cada familia a poseer lo mínimo necesario, esto es, un pedazo de tierra donde pueda cultivar y donde pueda vivir sin ser una carga para los demás: “Como Yavé ha hecho don de este país su pueblo, nadie puede apropiarse de la tierra” (Dt 15, 4).

Para este autor la alianza, la ley o «don» debe ser interiorizada. La convivencia en el país que Dios ha dado al Pueblo peregrino exige un cambio de mentalidad que se traduce en una organización social donde el derecho divino prevalece sobre todas las instituciones. Lo central de este derecho es la justicia interhumana, entendida como fundamento de la convivencia social. “El rey debe ser hermano y recortar ventajas e intereses personales. Este abrirse generosamente a los otros es lo que demuestra la pertenencia a Yavé y lo que permite la pertenencia a este pueblo”.

En esta misma línea se ubica la promesa acerca del profeta venidero. Ese profeta se compara con Moisés. No viene a recordar al pueblo una u otra cosa. Viene para indicar cuál es el rumbo que el pueblo debe seguir. El profeta se preocupará por mantener vivo el Espíritu de la Ley, tema en el que insiste el Deuteronomio, de modo que no se convierta en una mera formalidad, sino que exprese las necesidades vitales de la comunidad y de cada ser humano.

El Deuteronomio da inicio a una tendencia que Jesús llevará adelante. Para Jesús, y en general para todos los profetas, lo fundamental de la ley es preservar la dignidad, la intimidad y el valor de cada ser humano, el derecho a vivir en una comunidad donde sea valorado por lo que es y no por lo que tiene. De este modo, la legislación deja de ser un precepto que rige alguna cosa en particular, y se convierte en expresión de las necesidades vitales del ser humano. A esto llama la Biblia “llevar la Ley en el corazón”.

Esta nueva manera de ver la ley es la que aplica Pablo en la carta a los corintios. Él aconseja, sugiere, opina, exhorta y amonesta teniendo en cuenta la situación de la comunidad, en el marco social, y la situación de la persona, en el marco de la comunidad. No impone criterios rígidos que agobien la conciencia de las personas, sino que busca que cada persona esté a gusto con su situación.

La comunidad, preocupada por opiniones adversas al matrimonio, le pregunta al apóstol Pablo: ¿sería preferible no casarse? Para Pablo lo importante es que cada persona de la comunidad cristiana se sienta a gusto y motivada para servir. Por eso su mensaje no orienta a los que están casados, sino que se preocupa por los judíos y por los esclavos. Los judíos para que no renieguen de su cultura y tradiciones, pero para que tampoco se la impongan a los demás. A los esclavos los anima a no desanimarse por su condición y a buscar una oportunidad para liberarse. De este modo, ninguno se puede sentir ni inferior ni superior a los otros. Todos son iguales porque al interior de la comunidad se respeta la diferencia. Este es el principio de igualdad.

En todos los casos, situaciones, estados civiles, posiciones sociales… Pablo insiste en la urgencia de buscarse un camino para vivir la libertad que nos dejó Cristo y, siendo libres, preparar la irrupción del Reino. El Señor vuelve cuando la comunidad, libre ya de trabas sociales, culturales o ideológicas, da testimonio de un modo de vivir alternativo y liberador.

Esta capacidad, para discernir cada situación en particular, fue una de las cosas que más admiró la multitud en Jesús. Mientras otros maestros y líderes respondían con exhaustivas explicaciones y citando códigos, preceptos y doctrinas, Jesús respondía con la verdad simple y llana.

Jesús estaba interesado en la situación particular de cada ser humano: en sus sufrimientos, en las ideas que lo atormentaban, en aquellas cosas que le impedían ser libre y espontáneo. Este interés no obedecía a un interés político encubierto, sino a una genuina valoración de cada persona que encontraba en el camino. Muchos movimientos y grupos muestran interés por los individuos mientras estos sirven a sus intereses proselitistas, mientras son sus adeptos, luego, si disienten, los ignoran o los marginan. Jesús se manifestó abiertamente contra este modo de actuar y lo declaró abiertamente: el sábado, o sea la ley, las costumbres, todo lo prescrito, está al servicio de cada ser humano y no al contrario.

Precisamente, su lucha contra los demonios fue una lucha contra las ideologías instaladas en las sinagogas, que buscaban un mesías glorioso, un militar implacable, un reformador religioso. Jesús nunca se identificó con estos propósitos. Por esta razón, conmina a los “espíritus inmundos” o ideologías opresoras a guardar silencio y a no tratar de seducirlo con falsas aclamaciones y reconocimientos.

El pueblo sencillo reconocía esta lucha contra el formalismo de la ley la ideología que la sustentaba. La propuesta de Jesús los liberaba de la pesada carga moral, económica y cultural que suponía cumplir los más de seis mil preceptos que estaban vigentes para regular todos los aspectos de la vida personal y comunitaria. Mucha gente se preguntaba: ¿no será este hombre el nuevo legislador? ¿No será el hombre prometido como reemplazo del profeta Moisés? ¿No será la propuesta de Jesús, el Reinado de Dios, la “nueva Ley?” ¿Por qué sus acciones liberadoras y su lucha contra el mal es tan eficaz?

Hoy debemos preguntarnos: ¿hemos seguido la propuesta de Jesús de que cada ser humano tenga un valor inalienable? ¿Creemos que nuestra tarea, como anunciadores de la buena nueva, es ayudar a todos los seres humanos a liberarse de las trabas que nos les permiten crecer con libertad y espontaneidad? ¿Tiene carácter normativo la Buena Nueva de Jesús, o la tomamos a la ligera como las noticias de cada día?

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Dom 28. 2. 18. Echó al demonio de la sinagoga

domingo, 28 de enero de 2018
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md22588230946Del blog de Xabier Pikaza:

Dom 4 tiempo ordinario. Ciclo B. Tras la llamada de los primeros seguidores de Jesús, junto al lago, el evangelio de la misa de hoy, tomado de Marcos, nos lleva con ellos a la sinagoga, que era la escuela y casa de oración de los judíos.

En este misa es también sabroso el tema de la epístola (sobre las mujeres vírgenes/solteras según Pablo), y así lo dejaré para mañana. Hoy me interesa más el motivo la escuela-iglesia-sinagoga, entendida como casa donde piadosos y entendidos se juntaban para decidir los temas importantes, pero sin advertir que entre ellos se agazapa el diablo (o que ellos mismos proyectan allí sus diablos sobre un pobre hombre marginadoI.

Pues bien,lo primero que hizo Jesús al comenzar su tarea de Reino, según Marcos, fue acudir al «santuario» de la escuela para echar de allí al demonio, porque la sinagoga del pueblo era entonces capilla, colegio y sala del concejo, todo junto, como saben bien los expertos en historia judía. Echar a ese demonio significaba transformar la escuela-sinagoga, para convertirla en lugar de diálogo abierto, liberador, de curación.

Fue a la escuela y ¿qué hizo? Echar al demonio que había por allí, un demonio que curiosamente no estaba en un niño, sino en un tipo mayor (no sé si era cura o albañil, maestro o carpintero). Quiero que leáis vosotros mismos texto para leer quizá después mi comentario.

evangelio-de-marcosHoy os recomiendo además, como homenaje a J. Gnilka, que acaba de fallecer (cf. postal de ayer), su comentario a Marcos, junto al mío. De él (Gnilka) aprendí algunas de las mejores cosas que he sabido y dicho sobre Marcos. De ambos esta tomado el argumento de esta postal sobre el hombre de la sinagoga.

A veces, las mismas sinagogas-iglesias-escuelas son casas del diablo (donde se demoniza a los demás) más que espacios de libertad. A nosotros nos toca convertirlas en lo que deben ser. Pidamos a Dios que Jesús venga a nuestras sinagogas-escuelas-iglesias, y que nosotros vayamos con él. Buen domingo a todos.

Buen domingo.

Texto. Marcos 1, 21-28.

21 Y fueron a Cafarnaum y de pronto, llegado un sábado, entró en la sinagoga y se puso a enseñar. 22 La gente estaba admirada de su enseñanza, porque los enseñaba con autoridad, y no como los escribas. 23 Había precisamente en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que se puso a gritar:
24 ¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quien eres: ¿El Santo de Dios!
25 Jesús lo increpó diciendo:
¡Cállate y sal de él!
26 El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un fuerte alarido, salió de él.
27 Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: ¿Qué es esto? (Una doctrina nueva con autoridad! (Manda incluso a los espíritus inmundos y éstos le obedecen!
28 Pronto se extendió su fama por todas partes, en toda la región de Galilea.

Éste es un paradigma o ejemplo de la enseñanza de Jesús.

Además del templo de Jerusalén (sacralidad máxima) había sinagogas donde acudían los fieles para escuchar la Palabra de Dios y comentar (aplicar) sus enseñanzas, resolviendo además los temas comunitarios, con bastante democracia (casi todos podían leer y comentar lo que leían). Pues bien,precisamente donde el pueblo cultivaba y mantenía su pureza, ha encontrado Jesús al hombre impuro. La ley sinagogal no ha podido curarle, la escuela no ha podido educarle. Sólo la nueva enseñanza de Jesús le sana.

Viene Jesús a crear Reino. Para eso ha llamado a cuatro agentes de su “gran misión” (evangelio del domingo pasado: los cuatro pescadores) y el primer lugar donde va con ellos para cumplir su tares es una sinagoga: casa de enseñanza y oración donde se juntan los judíos para cultivar su ley sagrada. Lógicamente, el evangelio de Marcos está proyectando hacia la historia anterior su propia experiencia de evangelio: está contando lo que tiene que pasar cuando llega Jesús a una escuela/capilla.

Jesús no ha comenzado ofreciendo su palabra en los lugares que se dicen más contaminados. No se dice que empiece acudiendo a las casas públicas, cuarteles romanos, mercados judíos, caminos de todos. El evangelio dice que ha venido al corazón de la pureza judía (sinagoga) como indicando que precisamente allí, en el espacio que debía ser más limpio, se encontraba un hombre hundido en gran necesidad, poseído por un espíritu impuro.

Precisamente en la escuela-sinagoga está el problema; precisamente en la escuela está el demonio, un demonio sucio y malo, que impide pensar a la gente, de forma que el lugar donde se debía enseñar aparece como lugar donde se engaña más a la gente.

Era difícil encontrar un signo más hiriente. La sinagoga debería ser espacio de total pureza, un hogar y una escuela donde hombres y mujeres forman la auténtica familia de Dios, en libertad y amor mutuo. Pues bien, en contra de eso, Jesús sabe que la misma sinagoga o escuela y capilla, la casa del Gran Concejo, sirve para endemoniar a los hombres.

Jesús viene a “limpiar” la Escuela, comienza por el Ministrio de Educación. No, no es que los maestros sean peores que los otros ciudadanos; al contrario, tienden a ser mejores, lo sé por experiencia de sesenta años… Pero en la escuela también hay demonios.

Qué hace Jesús en la escuela

Él viene con cuatro acompañantes (sus amigos) para liberar en gesto solemne al pobre endemoniado, primer destinatario de su reino. Viene a buscarle allí donde debía encontrarse todo limpio. En esa sinagoga/escuela sufren y malviven los humanos oprimidos por los varios «demonios» de este mundo: enfermos, marginados, destruidos por la patología religiosa. Con ellos, para ellos, quiere construir Jesús su reino. Por eso se oponen los escribas, que eran los maestros oficiales (cf. 1, 22):

Una mala escuela. Los escribas (los que saben leer/escribir, que para enseñar eso están en la escuela) mantenían en la sinagoga una enseñanza vinculada a tradiciones de ley que deja al hombre en manos en su propia enfermedad, dominado por espíritus impuros que brotan de su misma religión.

La ley sacral del judaísmo (la mejor que ha existido hasta ahora…) aparece de esta forma como mala o, por lo menos, como inútil: no consigue sanar al enfermo, quizá aumenta su opresión con nuevas opresiones. La misma estructura religiosa (en este caso sinagoga) es fuente de impureza.

Lo que aquí decimos de la sinagoga puede aplicarse en otra perspectiva a la iglesia: ella debería ser espacio de máxima limpieza y libertad, curación y esperanza para los enfermos; muchas veces, ella aparece, sin embargo, como espacio donde malviven (sufren oprimidos) marginados de tipo social y religioso. Limpiar la escuela… esa es la tarea de Jesús.

Jesús ha ofrecido en esa sinagoga su enseñanza nueva (didakhê kainê: 1, 27) con autoridad para sanar a los enfermos. Jesús no viene a la escuela a enseñar matemáticas, que eso no está mal, pero no es lo más importante. Viene a curar a niños y maestros, para que puedan ser personas…

No cura como mago, con ensalmos de misterio sino como maestro humano, con la palabra, con la nueva enseñanza. La enseñanza de Jesús desata, libera, purifica al ser humano que se hallaba oprimido dentro de una escuela/sinagoga que educa para la opresión Frente a la esclavitud de una escuela oficial que se utiliza para oprimir ha elevado Jesús su palabra de poder que libera a los enfermos.

De la escuela al templo. La pedagogía de Jesús

Conforme al evangelio de Marcos, Jesús empezó su tarea limpiando una escuela/sinagoga, expulsando los demonios que allí había, para que hombres y mujeres pudieran vivir en libertad, pudieran pensar… Pues bien, la tarea de Jesús en Marcos termina en el templo: Jesús va al templo (Mc 11) para acabar de hacer lo que había empezado en la escuela: expulsar de allí a los traficantes de ideas perversas, a los opresores de niños y mayores.

La autoridad pedagógica de Jesús se identifica con su misma palabra sanadora que cura al oprimido por la escuela ritual de las autoridades oficiales. La escuela/sinagoga no era mala, líbreme Dios, pero en el fondo servia para oprimir. Frente a la sinagoga que impone una enseñanza que no cura, ofrece Jesús la enseñanza que cura y transforma, superando la opresión del espíritu impuro. Leer más…

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Dos reacciones opuestas ante Jesús. Domingo 4º. Ciclo B

domingo, 28 de enero de 2018
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Healing_of_the_demon-possessedDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Marcos ha presentado a Jesús recorriendo Galilea para anunciar la buena noticia del reinado de Dios. Pero no ha dicho nada de cómo reaccionaba la gente. Sabemos que cuatro muchachos, atraídos por su persona, lo dejan todo para seguirle. ¿Y el resto? ¿Cómo reacciona? Este será el tema del primer relato extenso del evangelio.

El asombro del auditorio

            Marcos nos sitúa en uno de los pueblos más importantes de Galilea, Cafarnaúm, nudo de comunicaciones con Damasco. Un sábado, Jesús entra en la sinagoga y enseña. Pero Marcos no se detiene a concretar su enseñanza. Lo que le interesa es la reacción del auditorio.

            En aquel tiempo, Jesús y sus -discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad.

            “No como los escribas, sino con autoridad”. La idea es curiosa, porque los escribas no eran gente impreparada e ignorante que decían cualquier tontería para salir del paso. Tenían una larga y profunda formación. Pero, en opinión de la gente, enseñaban sin autoridad, incapaces de tener una idea propia, de aportar algo nuevo. Jesús, en cambio, los asombra por esa autoridad. ¿Qué dijo para suscitar esa impresión? Marcos no lo concreta, porque su táctica consiste en despertar la curiosidad del lector y animarle a seguir leyendo el evangelio con interés.

El rechazo de un pobre diablo

            Sin embargo, no todos están de acuerdo con lo escuchado. Hay uno que reacciona en contra: un endemoniado. En realidad se trata de un pobre diablo. No opone resistencia. Sólo puede protestar, reconocer que los suyos están derrotados y abandonar, retorciéndose y huyendo, el campo de batalla.

            Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenla un espíritu inmundo, y se puso a gritar:

            ̶  ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.

            Jesús lo increpó:

            ̶  Cállate y sal de él.

            El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió.

            Las palabras que Marcos pone en su boca son esenciales: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.» En ellas se condensa el misterio de Jesús y de su actividad.

            El que aparentemente es sólo un hombre natural de Nazaret llamado Jesús, es en realidad “el Santo de Dios”. Este título es muy raro. Sólo se encuentra aquí, en el texto paralelo de Lucas, y en el evangelio de Juan, cuando Pedro, después de que muchos abandonen a Jesús, afirma: “Nosotros hemos creído y reconocemos que tú eres el Santo de Dios.” (Juan 6,69). Lo que Pedro y los demás discípulos han terminado creyendo, superando una gran prueba de fe, el endemoniado lo sabe de entrada. Descubrir el misterio de Jesús será una de las misiones del lector del evangelio.

            En cuanto a su actividad, la pregunta del endemoniado la deja claro: ha venido a acabar con los demonios y el poder de Satanás. Al lector moderno, puede resultarle un lenguaje extraño. Prefiere hablar de lucha contra el mal, de victoria del bien sobre las fuerzas del mal. Pero Marcos se mueve en otras coordenadas culturales y religiosas.

La guerra contra Satanás y los espíritu inmundos

            Marcos concibe su evangelio como una guerra entre el bien y el mal. Inmediatamente después del bautismo, Jesús es impulsado por el Espíritu al desierto, y allí es tentado por Satanás, mientras los ángeles le sirven. Marcos no cuenta ninguna de las famosas tentaciones. Se limita a presentar a los dos adversarios en lucha: Jesús y Satanás. Y esa guerra continúa con una batalla, vencida fácilmente por Jesús, contra un soldado de Satanás.

            Ya que nuestra idea del demonio está muy marcada por ideas posteriores, recuerdo que en el evangelio de Marcos los espíritus inmundos aparecen con dos rasgos principales:

  1. a) sirven para explicar casos muy complicados para la medicina de la época. En Mc hay dos episodios especialmente famosos: el del endemoniado gadareno (Mc 1,23.26; 5,2.8.13) y el del niño sordomudo que padece epilepsia (9,14-29), al que se presenta como poseído por un espíritu mudo (v.17), mudo y sordo (v. 25). En el caso de la hija de la cananea (7,25) no sabemos en qué consiste la enfermedad.
  2. b) expresan la oposición radical al plan de Dios. Lo esencial no es que hagan daño a las personas, sino que protestan de la actividad de Jesús. El endemoniado reconoce su poder, sabe quién es y la misión que tiene: destruirlo. Con este mismo aspecto se menciona a los espíritus inmundos en 3,11.

            Un aspecto esencial de la actividad de Jesús es expulsar demonios (1,34.39). Los discípulos reciben de Jesús ese poder contra ellos (6,7), pero algunos son muy difíciles de echar, hace falta oración (9,28-29).

            Pero Marcos dejará claro a lo largo de su evangelio que los enemigos más peligrosos de Jesús no son los demonios sino los hombres. Serán ellos quienes terminen matándolo.

La admiración final

            Todos se preguntaron estupefactos:

            ̶  ¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.

            Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

            Tras la huida del demonio, el protagonismo pasa a los presentes en la sinagoga. Antes se admiraron de la autoridad con la que enseña Jesús. Ahora se quedan estupefactos al ver que, además, tiene también poder sobre los espíritus inmundos. Y se preguntan: “¿Qué es esto?” ¿Qué está ocurriendo aquí?

¿Cuál será nuestra reacción?

            Marcos ha presentado dos reacciones muy opuestas ante la persona y la actividad de Jesús: admiración y rechazo. Con ello queda claro lo que espera de cada uno de sus lectores. Decía un pensador griego que “el asombro llevó a los hombres a filosofar”. Marcos, de forma parecida, sugiere que la admiración es el punto de partida para creer en Jesús. Poco a poco, la pregunta de la gente “¿qué es esto?” se convertirá en “¿quién es éste?”.

Nota sobre la primera lectura

            Dios promete que, tras la muerte de Moisés, suscitará a un profeta, más bien a una serie de profetas, que transmitirán al pueblo su palabra. Al situar este texto del Deuteronomio como primera lectura, la liturgia nos recuerda que ese profeta prometido es Jesús. De todos modos, el evangelio no pretende presentar a Jesús como profeta ni dice que la respuesta a su palabra sea la obediencia, sino el asombro. La lectura está bastante traída por los pelos.

            Moisés habló al pueblo, diciendo:

            ̶  Un profeta, de entre los tuyos, de entre tus hermanos, como yo, te suscitará el Señor, tu Dios. A él lo escucharéis. Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea: “No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios, ni quiero ver más ese terrible incendio; no quiero morir.” El Señor me respondió: “Tienen razón; suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande. A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá.”

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Domingo IV del Tiempo Ordinario. 28 de enero, 2018

domingo, 28 de enero de 2018
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d4

“Llegó Jesús a Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su enseñanza…”

(Mc 1, 21-28)

Ahora que las Navidades nos empiezan a quedar lejanas y que la rutina acecha mezclada con nuestra cotidianidad, nos viene bien ser Cafarnaún.

Sí, este domingo IV nos podríamos convertir en Cafarnaún y dejar que llegue Jesús. ¡Qué bueno que ande por nuestras calles y que se “meta” en nuestras cosas!

Y qué sorpresa tan agradable si este domingo viniera Jesús a enseñar (o a lo que Él quisiera) a nuestra iglesia. Sería estupendo verle entrar por la puerta y saber que ha querido venir a estar con nosotros. Le escucharíamos con gusto, quizá también con asombro.

¿Nos llamaría la atención su manera de enseñar? ¿Qué espíritus inmundos tendría que sacar fuera? ¿De qué tendría que liberarnos?

Impresiona ver que son los espíritus inmundos quienes primero reconocen a Jesús. “Sé quién eres, el Santo de Dios.” También es llamativa la facilidad que tiene Jesús para deshacerse de estos espíritus. “Cállate y sal de él.

Dejemos que Jesús “llegando” a nosotras nos convierta en Cafarnaún (que significa “Aldea del Consuelo”). Que entre en nuestros espacios, tanto públicos como privados, y nos libere de cualquier mal espíritu que se nos haya colado. Hoy somos Cafarnaún. Y con Jesús en nuestro interior podemos ser una “Aldea de Consuelo” a la que se puedan acercar todas aquellas personas que necesitan un lugar acogedor donde encontrarse con Dios. Hoy podemos convertir nuestra oración en una plaza amplia, una plaza de pueblo, de aldea, donde tengan cabida los pequeños y los grandes sufrimientos de la humanidad. Que la unión de nuestra oraciones ensanche ese espacio de consuelo.

Oración

Bendícenos, Trinidad Santa, con el don del consuelo para que, como decía Etty Hillesum, “seamos bálsamo para toda herida”.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Jesús enseña con la autoridad de la experiencia interior.

domingo, 28 de enero de 2018
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mark3-1-6Mc 1, 21-28

En la primera lectura, Moisés, después de convencer a los israelitas de que Dios les hablaba desde la tormenta con voz de trueno, promete que no va a meterles más miedo. Pero eso solo será posible si prometen hacerle caso a él y a los profetas. Les habla de una futura figura profeta que liberaría de verdad al pueblo. Los primeros cristianos vieron en Jesús a ese profeta. Era la figura anunciada y esperada por el pueblo. Esa identificación garantiza que las palabras de Jesús son las palabras de Dios. Esta es la clave para interpretar todo el evangelio de Mc. Hablará con la autoridad propia del mismo Dios. Sus palabras tendrán la fuerza creadora y sus acciones serán liberadoras como las acciones del mismo Dios.

Pablo, con una visión de Dios muy cercana a la del “Júpiter tonante” del Sinaí, llega a la conclusión de que preocuparse del marido, o de la mujer o de los hijos, es alejarse de Dios. El Dios de Jesús es muy distinto. El mensaje de Jesús nos dice que a Dios solo se puede ir a través del hombre. Buscar a Dios prescindiendo del prójimo es idolatría. Creer que el tiempo dedicado a las personas es tiempo negado a Dios es una trampa. No me explico de dónde pudo sacar Pablo una doctrina tan contraria al evangelio.

Primer día de actividad de Jesús. Su primer contacto con la gente tiene lugar en la sinagoga. Es un signo de que la primera intención de Jesús fue enderezar la religiosidad del pueblo. Por dos veces en el relato se hace referencia a la enseñanza de Jesús, pero no se dice nada de lo que enseña. Se habla de sus obras. Lo que Jesús hace es liberar a un hombre de un poder opresor. Jesús libera, cuando actúa. La buena noticia que anuncia Mc es la liberación de la fuerza del mal y de la fuerza opresora de la Ley. La intención de Mc es que la gente se haga la pregunta clave: ¿Quién es Jesús? Todo lo que sigue en este evangelio, será la respuesta.

Enseñaba como quien tiene autoridad. La palabra clave es “exousia”. No es nada fácil penetrar en el verdadero significado de este término. Debemos distinguirlo de “dynamis”. Esta distinción es relativamente fácil: “Dynamis” sería la fuerza bruta que se impone a otra fuerza física. “Exousía” sería la capacidad de hacer algo en el orden jurídico, político, social o moral, siempre en un ámbito interpersonal. La palabra griega significa, además de autoridad, facultad para hacer algo, libertad para obrar de una manera determinada. Otra característica de la “exousía” es que la persona la puede tener por sí misma o recibirla de otro que se la otorga.

Qué quiere decir el evangelista cuando le aplica a Jesús esa “autoridad”. Se trata de una autoridad que no se impone, de una potestad que se manifiesta en la entrega, de una facultad de acción que se pone al servicio de los demás. Sería la misma autoridad de Dios dándose a todas sus criaturas sin necesitar nada de ninguna de ellas. El concepto de Dios “Todopoderoso” que exige un sometimiento absoluto, nos impide entender la exousía de Jesús. Solo desde la experiencia del Dios-Amor de Jesús podremos entenderla.

Jesús enseñaba con autoridad, porque no hablaba de oídas, sino de su experiencia interior. Trataba de comunicar a los demás sus descubri­mientos sobre Dios y sobre el hombre. Los letrados del tiempo de Jesús, (y los de todo tiempo) enseñaban lo que habían aprendido en la Torá. De ella tenían un conocimiento perfecto, y tenían explicaciones para todo, pero el objetivo de la enseñanza era la misma Ley, no el bien del hombre. Se quería hacer ver que el objetivo de Dios al exigir los preceptos, era que le dieran gloria a Él, no al hombre.

Les llamó la atención ver que Jesús hablaba con la mayor sencillez de las cosas de Dios tal como él las vivía. Su experiencia le decía que lo único que Dios quería, era el bien de la persona. Que Dios no pretendía nada del ser humano, sino que se ponía al servicio del hombre sin esperar nada a cambio. Esta manera de ver a Dios y la Ley no tenía nada que ver con lo que los rabinos enseñaban. Todos los problemas que tuvo Jesús con las autorida­des religiosas se debieron a esto. Todos los problemas que tienen los místicos y profetas de todos los tiempos con la autoridad jerárquica, responden al mismo planteamiento.

Cállate y sal de él. La expulsión del “espíritu inmundo” refleja el planteamiento del evangelio como una lucha entre el bien y el mal. “Mal” es toda clase de esclavitud que impide al hombre ser él mismo. Nadie se asombra del “exorcismo”, que era corriente en aquella época. Lo que les llama la atención es la superioridad que manifiesta Jesús al hacerlo. Jesús no pronuncia fórmulas mágicas ni hace ningún signo estrafalario. Simplemente con su palabra obra la curación. Lo que acaban de ver les suscita la pregunta: ¿Qué es esto?

Hablar con autoridad hoy sería hablar desde la experiencia personal y no de oídas. Lo único que hacemos, también hoy, es aprender de memoria una doctrina y unas normas morales, que después trasmitimos como papagayos. Eso no puede funcionar. En religión, la única manera válida de enseñar es la vivencia que se trasmite por ósmosis, no por aprendizaje. Esta es la causa de que nuestra religión sea hoy completamente artificial y vacía, que no nos compromete a nada porque la hemos vaciado de todo contenido vivencial.

Espíritu inmundo sería hoy todo lo que impide una auténtica relación con Dios y con los demás. Fijaos hasta qué punto estamos todos poseídos por un espíritu inhumano. Esas fuerzas las encontramos tanto en nuestro interior como en el exterior. Nunca, a través de la historia, ha habido tantas ofertas falsas de salvación. Una de las tareas más acuciantes del ser humano es descubrir sus propios demonios; porque solo cuando se desenmascara esa fuerza maléfica, se estará en condiciones de vencerla. Muchas de las fuerzas que actúan en nombre de Dios también oprimen, reprimen, comprimen y deprimen al ser humano.

Una importante tarea en esta liturgia, sería descubrir nuestras ataduras y tratar de desembarazarnos de ellas. Todos estamos poseídos por fuerzas que no nos dejan ser lo que debiéramos ser. Hoy sigue habiendo mucho diablo suelto que trata por todos los medios de que el hombre no alcance su plenitud. La manera de conseguirlo es la manipulación para que no consiga alcanzar libremente su plena humanidad.

Nuestra vida debía ser un acopio de autoridad para ayudar al hombre a liberarse de sus demonios. Jesús emplea su autoridad, no contra hombre alguno sino contra las fuerzas que los oprimen. Como individuos, como comunidad y como Iglesia, estamos siempre tratando de aumentar nuestra autoridad, pero no la que desplegó Jesús, sino la que nos permite creernos superiores a los demás. Si utilizamos esa autoridad para someterlos a nuestro capricho, aunque sea bajo pretexto de hacer la voluntad de Dios o de buscar el bien de los demás, estamos en la antípoda del evangelio.

Todos los seres humanos necesitamos ayuda para superar nuestros demonios, y todos podemos ayudar a los demás a superarlos. Es verdad que existe mucho dolor que no podemos evitar, pero debíamos distinguir entre el dolor y el sufrimiento que ese dolor puede infligir. Soportar el dolor, antes de que alcance la categoría de sufrimiento, sería la tarea decisiva de cada ser humano. Aquí tenemos un margen increíble para la maduración personal, pero también para desplegar cauces de ayuda a los demás. Estoy seguro que las curaciones de Jesús fueron encaminadas a suprimir el sufrimiento, no el dolor.

Meditación

Toda autoridad que se ejerce desde el poder viene del diablo.
Solo la autoridad que da el servicio viene de Dios
Tu tarea primera como ser humano,
es liberarte de todo lo que te impide ser tú.
La segunda es ayudar a los demás a liberarse
de todos los demonios que andan sueltos.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Un profeta.

domingo, 28 de enero de 2018
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jesusmultitud“Los textos deben hablar a cada generación y a cada individuo de forma nueva o dejan de ser escritura y literatura y se convierten solamente en etiquetas” (Amy-Jill Levine)

28 de enero. Domingo IV del TO

Mc 1, 21b-28

Les enseñaba con autoridad

En Jesús se cumple plenamente el anuncio hecho por Dios a Moisés: “Suscitaré un profeta de entre sus hermanos como tú”Así aparece Jesús en el Evangelio enseñando con autoridad y apoyando sus palabras con las acciones salvadoras de los hombres, en este caso concreto con la expulsión de un demonio inmundo. Extendamos esa Palabra, junto con nuestras buenas obras de amor salvador, a todo el mundo.

En el s IV a C, “profeta era aquel capaz de ver lo que los demás no ven. El que daba voz a lo invisible para que éste se manifestase en nuestro mundo. Era el portavoz de lo divino”, escribe Javier Sierra en El fuego invisibleUnos personajes bíblicos que sabían vivir en su tiempo, y responder a las demandas de sus coetáneos.

Flavio Josefo, fue un historiador judío fariseo, descendiente de familia de sacerdotes. En su obra Antigüedades, nos ofrece un juicio muy favorable del ejercicio de la autoridad de estos defensores acérrimos de la Ley: “A causa de sus doctrinas disfrutan de tanta autoridad ante el pueblo que todo lo perteneciente a la religión, súplicas y sacrificios se lleva a cabo según su interpretación. Los pueblos han dado testimonio de sus muchas virtudes, rindiendo homenaje a sus esfuerzos tanto por la vida que llevan como por sus discursos”. También ellos gobernaban y enseñaban al pueblo con autoridad.

La portuguesa Guilhelmina Suggia (1885-1950) fue la primera mujer en tocar profesionalmente el violonchelo. “Joven de esbelta figura, es un temperamento artístico verdaderamente extraordinario”, decía el periódico Abc de su espectáculo con la Filarmónica de Madrid en 1923. Y el poeta Álvaro Pombo escribió: “Tenía personalidad, era apasionada y llamativa. Cuidaba su aspecto porque para ella actuar era comunicar, algo que debía hacerse con todo el cuerpo”.

Con todo el cuerpo y con toda el alma necesitamos comunicar cuanto creemos. Con ello revelamos, como se decía de Guilhermina, nuestros anhelos de muchas causas culturales y humanitarias. Releyendo una Historia del Arte me encontré con un sorprendente Retrato de Madame Suggia -Tate Gallery de Londres- en óleo sobre lienzo, en el que el autor, Augustus John (1878-1861), identifica y destaca la pose de sus actuaciones: armoniosa, sujetando el chelo y vestida con un pomposo vestido escotado en tonos rojos. Su contemplación, me ha sugerido las siguientes reflexiones.

En sus intervenciones en la vida profesional, proyecta con pasión al público cuanto es, cree, ama y siente. Su imagen trae a mi memoria la imagen de Jesús en su vida pública. El retrato de la portuguesa en el escenario, como el del galileo en mi mente, revela una concentración profunda. Con sus ojos cerrados, su mano derecha pulsando el arco sobre las cuerdas del chelo y, con su mano izquierda, seleccionando la nota adecuada al momento. Aire de profetisa vaticinando un futuro de gozo para sus seguidores.

Para dar continuidad a ese ideal soñado por ella creó en los últimos años de su vida un premio anual para elegir al mejor violonchelista menor de 21 años. Y, a modo de legado dejó dicho: “No quiero cacatúas ni monos imitadores”. Proponía que, en sus actuaciones, cada músico fuera único y con una visión personal del instrumento. Tampoco a Jesús le gustaban las fotocopias.

La teóloga norteamericana Amy-Jill Levine, escribe en Relatos cortos de Jesús“Los textos deben hablar a cada generación y a cada individuo de forma nueva o dejan de ser escritura y literatura y se convierten solamente en etiquetas”.

Visionar las imágenes planas en 3D (tres dimensiones) de la publicación Magic Eye: A New Way of Looking at the World, es una experiencia sorprendente. El ojo entra en una dimensión desconocida. Un viaje exótico: es como frotar la lámpara mágica de Aladino. Observando las imágenes con la vista divergente se ve una fantástica y más completa versión del objeto en cuestión. La clave está en relajarse y dejar que la imagen venga a ti. Otro tanto acaece cuando agudizamos la mente y tratamos de ver e interpretar lo que aparentemente nos parece estar escrito sólo en páginas planas.

“Una gran actitud hace mucho más que encender las luces en nuestros mundos; parece mágicamente conectarnos a todo tipo de oportunidades fortuitas que estuvieron de alguna manera ausentes antes del cambio”, decía Earl Nightingale.

Thich Nhat Hanh, monje budista vietnamita nacido en 1926, nos invita en el siguiente poema a caminar con él por estos senderos, cogidos de su mano.

CÓGEME LA MANO

Cógeme la mano, amigo,
Ven, vamos a caminar
simplemente por caminar. 

Deleitándonos con nuestros pasos,
con cada uno de nuestros pasos,
sin pensar en llegar a ningún sitio,
caminemos en paz.
Caminemos felices.
Acariciemos la Tierra con los pies, amigo,
dejemos sobre ella la huella
de nuestro amor y nuestra alegría.

Cuando todos nosotros no sintamos seguros,
la Tierra estará salvada.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Enseña con autoridad.

domingo, 28 de enero de 2018
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maxresdefaultIV Domingo del TO (Mc 1, 21-28).

La audiencia de la sinagoga de Cafarnaún debe de estar harta de oír siempre lo mismo. Por eso se sorprende ante la enseñanza de ese día. Jesús enseña otras cosas y de otra manera. Jesús habla del Reinado de Dios y usa una pedagogía activa, enseña haciendo lo que dice, ofreciendo buenos ejemplos. En la misma sesión tiene lugar el primer acto liberador de Jesús. Expulsa un espíritu inmundo con la fuerza de su palabra: “¡Cállate y sal de él”. El evangelista lo expresa con concisión: “Les enseñaba como quien tiene autoridad, no como los letrados” y pone en boca de los que ese día están escuchando a Jesús “¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen”.

En el evangelio de hoy Marcos nos sigue presentando a Jesús, al Jesús de Galilea, el humano. Ya nos ha relatado, en versículos anteriores, la escena del bautismo, por Juan en el Jordán; el retiro en el desierto con las tentaciones y la elección y seguimiento de los primeros discípulos. Hoy nos presenta la primera jornada de la actividad pública de Jesús. Es un sábado en la sinagoga de Cafarnaún. Allí Jesús empieza a enseñar y a curar.

Es como el primer día de curso de un buen maestro. Jesús presenta su programa y la audiencia queda asombrada del contenido de su doctrina y de su metodología de enseñanza. Le comparan con otros maestros, los letrados de todos los sábados y constatan la diferencia: Jesús enseña con autoridad (exousía, “de lo que uno es”).

¿Qué vieron los galileos en Jesús para llegar a la conclusión de que enseña con autoridad, no como los letrados? ¿Dónde está la diferencia? ¿Por qué les parece que el enseñar de Jesús es nuevo? Lo que están presenciando es la coherencia en Jesús entre lo que enseña y hace. Enseña curando. Predica y libera del espíritu inmundo.

Marcos, al presentar a Jesús, lo primero que dice a sus comunidades es que Jesús es la Buena Noticia de Dios para los hombres: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios ha llegado; convertíos y creed la Buena Nueva”. Para Marcos Jesús es una buena noticia y además nos trae a los hombres buenas noticias de parte de Dios. Y eso lo empiezan a comprobar los presentes en la sinagoga de Cafarnaún aquel primer sábado de la vida pública de Jesús. Y quedaron impresionados de su enseñanza y su actuación liberadora, de la autoridad con que hablaba y cura. En otro momento de su evangelio Marcos (11, 27-33) vuelve a hablar de la autoridad con que Jesús actúa. Ahora es en Jerusalén, paseando por el templo; se le acercan a Jesús los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos y le preguntaron ¿Con qué autoridad dices lo que dices y haces lo que haces? ¿Quién te ha dado tal autoridad para hacerlo? Y Jesús, con toda su autoridad, ni les contesta. Aquí observamos la diferencia: La gente sencilla y sufriente de la sinagoga de Cafarnaún está seducida por la autoridad con que Jesús habla y actúa. Para las autoridades religiosas de Jerusalén la “autoritas” de Jesús es sospechosa ¿De dónde le viene? ¿Quién se la ha dado? ¿Quién está detrás? Jesús es un peligro para los líderes religiosos. De nuevo la diferencia entre la enseñanza de Jesús y la enseñanza de los letrados: enseñar con autoridad.

Llegados a este punto vamos a examinar la “autoridad” que nosotros reconocemos en las enseñanzas Jesús. ¿Qué razones tenemos para justificarla? Empecemos por contestar a la pregunta: ¿Qué es para nosotros enseñar con autoridad? Pensemos en alguno de nuestros buenos maestros. Los aspectos que más valoramos son: 1. Si conocía en profundidad y tenía experiencia en el área de conocimiento que enseñaba 2. Si hacía fácil lo difícil. Enseñar es facilitar el aprendizaje. Un maestro es bueno si crea buenos aprendices. Si despierta mi necesidad de saber más. Si su enseñanza me hace crecer como aprendiz. 3. Si era feliz al enseñar. Si contagiaba su entusiasmo y motivación.

En Jesús se cumplen en grado óptimo estas condiciones. Conoce profunda y vivencialmente lo que nos va a enseñar. Desde la experiencia del Jordán se siente Hijo de Dios y lleno de su espíritu. Habla del Reinado de Dios desde su sentir a Dios como Padre-madre. Se sabe hijo y actúa como tal. Es como el Padre, se parece a Él y se dedica a las cosas de su Padre. Intuye que su tarea es continuar la obra del Padre. En suma, Jesús habla desde lo que es y lo que vive.  Enseña desde su ser verdadero. Desde su sabiduría natural descubre que Dios está con él y se siente con la misión de enseñar a los hombres esa presencia de Dios en cada ser, en toda la humanidad, en toda la creación.

La Buena Noticia de Jesús para nosotros es que somos hijos de Dios y hemos sido creados por amor, para que seamos felices. Y Jesús es nuestro maestro y modelo al que queremos seguir porque tiene autoridad y nos garantiza el éxito final si seguimos sus pasos. En el catecismo que de pequeños estudiamos nos decían que Jesús había venido a darnos ejemplo de vida. Y en muchos momentos importantes de la vida de Jesús leemos en el Evangelio la recomendación: “Haz tú lo mismo”. Con los ojos puestos en Jesús tenemos fácil descubrir en cada momento qué hacer, cómo comportarnos. ¿Cómo lo haría Jesús en mis circunstancias? En el Evangelio, Jesús nos ofrece muchos ejemplos prácticos, como buen maestro.

Y como conclusión, brota desde lo más profundo de nuestro ser la oración: ¡Señor ayúdanos en el aprendizaje para enseñar como tú, con autoridad!

África de La Cruz Tomé

Fuente Fe Adulta

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El poder crucifica, la autoridad sana

domingo, 28 de enero de 2018
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270px-christ_pantokrator_cathedral_of_cefalu_sicilyDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. LOS DEMONIOS Y DIABLOS, MALOS ESPÍRITUS.

En las culturas primitivas, en la historia de la filosofía y de la teología, en la misma historia de la Iglesia se han empleado muchas expresiones para explicar el mal. En la Biblia se habla de la serpiente, de los espíritus inmundos, azufres, fuegos, convulsiones, sepulcros, etc.

Los demonios y los malos espíritus no existen como seres personales, como seres malos que no son de este mundo y buscan hacer daño a algunas personas desgraciadas de las que misteriosamente se apoderan y en las que se instalan, hasta que son expulsados por un ritual de exorcismo. Todo eso no está demostrado en ninguna parte. (José M Castillo).

En la antigüedad las gentes -como es natural- no sabían cómo explicar las situaciones de las enfermedades -especialmente- psiquiátricas: convulsiones, epilepsias, tristezas-depresiones profundas, autismos, etc.

Por ello echaban mano de los demonios, que era una manera de hablar de las fuerzas del mal

El mal, el pecado serio existe. Por desgracia es evidente que el mal existe:

S. Freud decía que los espíritus malignos son deseos reprimidos que se originan en la vida interior, en lo profundo de la persona.

A la hora de hablar y explicar los malos espíritus, endemoniados hoy en día hemos de mirar y escuchar más a la psicología y a la psiquiatría que a la moral.

Y cuando hablemos del mal y del pecado, habremos de fijarnos más en el uso que podamos hacer de nuestra débil y finita libertad, que en un señor, o en muchos señores a los que Dios les haya dado licencia para tentar a los seres humanos. ¿Dios pacta con el diablo?

Diablo es una palabra griega, precisamente la contraria de símbolo:

o Los SÍMBOLOS son los que unen, encauzan sentidos. Una bandera, unos colores, un anagrama, la cruz, darnos la mano, son gestos que concentran un significado.

o Lo DIABÓLICO. Hay realidades humanas que, por su enorme fuerza y porque somos libres, nos pueden descentrar, despistar al ser humano: el poder en cualquier orden de la vida, el dinero, el placer, son pasiones y pulsiones buenas, pero que, si no las trabajamos y disfrutamos bien, nos pueden hacer daño y podemos hacer daño.

Diabólico es lo que se opone al designio salvífico de Dios.

02. PODER Y AUTORIDAD.

250px-codex_bruchsal_1_01v_croppedJesús NO ENSEÑABA COMO LOS ESCRIBAS, SINO CON AUTORIDAD. Jesús habla y actúa con autoridad.

NO ES LO MISMO PODER QUE AUTORIDAD.

El PODER es exterior, viene de afuera. Una persona tiene poder porque se lo han dado las urnas (los votos), porque ha sido instituido desde “afuera” en una presidencia, en una sede episcopal, en un escaño parlamentario, etc. Se puede tener, pues, poder: títulos cargos, sedes, etc., PERO EL PODER NO CONFIERE AUTORIDAD.

La AUTORIDAD, por el contrario, es interna a la persona, y no consiste en tener títulos, nombramientos, sino que AUTORIDAD ES LA CUALIDAD DE AQUELLAS PERSONAS QUE TIENEN EL CARISMA DE SOBRELLEVAR LAS CARGAS Y ALIVIAR EL SUFRIMIENTO DE LOS DEMÁS. Unos padres de familia, un buen cura, un buen médico, un buen obispo tienen autoridad porque desde su interior son “buena gente” y sale bondad, alivio, competencia.

Una persona puede tener poder, poder legítimo, pero puede que no tenga la más mínima autoridad. No pocos políticos, maestros, obispos, curas pueden tener poder, pero ninguna autoridad. Y qué peligro tiene una persona que actúa con poder, pero sin autoridad.

Por el contrario hay personas que no tienen poder en la sociedad o en la Iglesia, pero tienen autoridad. JESÚS MISMO NO TENÍA NINGÚN PODER EN EL TEMPLO, EN LA LEY, ANTE LOS ESCRIBAS, FARISEOS, SADUCEOS, ETC., PERO JESÚS TENÍA AUTORIDAD: hablaba y actuaba con autoridad.

El poder no vuelve buenas a las personas, ni al que ostenta el poder ni sobre quien recae el poder.

La autoridad hace bien.

El poder impone, la autoridad acompaña.

El poder dispone, la autoridad libera.

El poder crucifica, la autoridad está crucificada o al pie de la cruz.

No por casualidad, San Marcos sitúa al endemoniado, el mal, en Cafarnaúm (centro de la actividad de Jesús), en la sinagoga (religión – iglesia) y en sábado (día de culto y oración) y entre los escribas, que tenían poder sobre la asamblea y sobre la interpretación de la Palabra. Pero quienes tenían poder no curaron a aquel hombre de su espíritu inmundo, de su mal.

Jesús con su autoridad curó, liberó a aquel hombre de su mal: cállate y sal de Él.

04. CUANDO EL PODER DEGENERA EN FANATISMO.

El poder tiene un gran atractivo. Es la pasión más fuerte del ser humano. El ser humano puede perder la cabeza por un puñado de poder político, económico, eclesiástico o en la misma familia; lo estamos viendo todos los días en todos los contextos.

En el ansia de poder, o de las actitudes de poder, se esconde una ansiedad de dominio, de prepotencia, al mismo tiempo que un miedo -una angustia- profunda a perder prestigio, pánico a quedarse sin escaño, sin cátedra, sin sede.

En estos casos el poder deriva hacia el fundamentalismo fanático. La persona fanática es alguien cuyo esquema cognitivo es rígido, está bloqueado por el miedo y pánico basal a la verdad en sus diversas formas. Por ello el fanatismo se identifica con el pensamiento dogmático más intransigente. Es la actitud de algunas religiones, de alguna jerarquía católica.

No es lo mismo un esquema de pensamiento firme que un sistema cognitivo fanático. Uno puede tener y mantener noblemente unas convicciones en muchos aspectos de la vida, pero no tiene esclerotizada la mente.

En algunas ideologías políticas y en algunas posiciones eclesiásticas se da una actitud de poder despótico, agresivo (violento), porque el poder fanático no es capaz de pensar, de dialogar, solamente agrede. El poder crucifica.

04. NUESTRA PROPIA LIBERACIÓN

Seguramente que también nosotros tenemos algún “mal espíritu” perdido por los entresijos de nuestra psicología y de nuestra vida, por lo que necesitamos ser liberados.

Pelear a brazo partido con el poder es perder el tiempo, la salud y el humor.

Será la autoridad bondadosa de Cristo y de muchas personas la que nos libere. Una persona bondadosa tiene autoridad en la familia, entre los amigos, en la vida laboral, etc.

Acojamos con paz y gozo cuando oigamos en el fondo de nuestro ser la voz de quien tiene no poder, sino autoridad:

CÁLLATE Y SAL DE ÉL

POST DATA: Una pregunta: ¿Voy por la vida de creído y altivo prepotente poderoso o, más bien -y mejor- con una humilde autoridad de servicio bondadoso y callado?

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“Otro mundo es posible”. 3º Tiempo Ordinario – B (Marcos 1,14-20)

domingo, 21 de enero de 2018
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No sabemos con certeza cómo reaccionaron los discípulos del Bautista cuando Herodes Antipas lo encarceló en la fortaleza de Maqueronte. Conocemos la reacción de Jesús. No se quedó en el desierto. Tampoco se refugió entre sus familiares de Nazaret. Comenzó a recorrer las aldeas de Galilea predicando un mensaje original y sorprendente.

El evangelista Marcos lo resume diciendo que «marchó a Galilea proclamando la buena noticia de Dios». Jesús no repite la predicación del Bautista ni habla de su bautismo en el Jordán. Anuncia a Dios como algo nuevo y bueno. Este es su mensaje.

«Se ha cumplido el plazo»

El tiempo de espera que se vive en Israel ha acabado. Ha terminado también el tiempo del Bautista. Con Jesús comienza una era nueva. Dios no quiere dejarnos solos ante nuestros problemas, sufrimientos y desafíos. Quiere construir junto con nosotros un mundo más humano.

«Está llegando el reino de Dios»

Con una audacia desconocida, Jesús sorprende a todos anunciando algo que ningún profeta se había atrevido a declarar: «Ya está aquí Dios, con la fuerza creadora de su justicia, tratando de reinar entre nosotros». Jesús experimenta a Dios como una Presencia buena y amistosa que está buscando abrirse camino entre nosotros para humanizar nuestra vida.

Por eso toda la vida de Jesús es una llamada a la esperanza. Hay alternativa. No es verdad que la historia tenga que discurrir por los caminos de injusticia que le trazan los poderosos de la tierra. Es posible un mundo más justo y fraterno. Podemos modificar la trayectoria de la historia.

«Convertíos»

Ya no es posible vivir como si nada estuviera sucediendo. Dios pide a sus hijos colaboración. Por eso grita Jesús: «Cambiad de manera de pensar y de actuar». Somos las personas las que primero hemos de cambiar. Dios no impone nada por la fuerza, pero está siempre atrayendo nuestras conciencias hacia una vida más humana.

«Creed en esta buena noticia»

Tomadla en serio. Despertad de la indiferencia. Movilizad vuestras energías. Creed que es posible humanizar el mundo. Creed en la fuerza liberadora del Evangelio. Creed que es posible la transformación. Introducid en el mundo la confianza.

¿Qué hemos hecho de este mensaje apasionante de Jesús? ¿Cómo lo hemos podido olvidar? ¿Con qué lo hemos sustituido? ¿En qué nos estamos entreteniendo si lo primero es «buscar el reino de Dios y su justicia»? ¿Cómo podemos vivir tranquilos observando que el proyecto creador de Dios de una tierra llena de paz y de justicia está siendo aniquilado por los hombres?

José Antonio Pagola

Audición del comentario

Marina Ibarlucea

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“Convertíos y creed en el Evangelio”. Domingo 21 de enero de 2018. Domingo tercero del tiempo ordinario

domingo, 21 de enero de 2018
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12-ordinarioB3 cerezoLeído en Koinonia:

Jonás 3,1-5.10: Los ninivitas se convirtieron de su mala vida. Salmo responsorial: 24: Señor, enséñame tus caminos. 1Corintios 7,29-31: La representación de este mundo se termina. Marcos 1,14-20: Convertíos y creced en el Evangelio

Como es sabido, en las lecturas de la liturgia de los domingos, la primera y la tercera están siempre unidas temáticamente, mientras que la segunda suele ir por caminos independientes. Hoy la pareja de lecturas principales son la de la predicación de Jonás sobre la ciudad Nínive, y la predicación de Jesús al comenzar su ministerio, precisamente «cuando arrestaron a Juan», o sea, al faltar el profeta.

La lectura sobre Jonás hoy presenta un contenido positivo: el profeta atiende el mandato de Dios que le envía a predicar, va, predica, y además tiene éxito su predicación, pues la ciudad se arrepiente.

El comentario más simple a este texto puede ir por la línea de la importancia de la predicación profética para la conversión de los que están alejados de Dios. Es un tema conocido. Y, como decíamos, hace un paralelismo con el texto del evangelio: Jesús es un nuevo profeta, que empalma con la línea de los profetas clásicos, que también se lanza por los caminos para predicar un mensaje de conversión.

Para unos oyentes más críticos, esta segunda lectura es preocupante. Porque el conjunto entero de lo que en ella se expresa pertenece a un marco de comprensión hoy insostenible: un Dios arriba, directamente imaginado como un gran rey, que envía su mensajero para predicar un mensaje de conversión, mensaje que antes no pudo surtir efecto porque el profeta no quiso ir a predicar, pero que ahora es atendido y obedecido por los ninivitas. «Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció, y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó». Esta imagen de un Dios arriba, que toma decisiones, envía mensajeros, les insiste, se comunica con los seres humanos por medio de esos mensajeros profetas, y que «al ver» las obras de penitencia «se compadece y se arrepiente de la catástrofe con que había amenazado a la ciudad»… es, obviamente, humana, muy humana, demasiado humana, sin duda. Es, claramente, un «antropomorfismo». Dios no es un Señor que esté ahí «arriba, ahí afuera», ni que esté enviando mensajeros, ni es alguien que pueda amenazar, ni que se pueda arrepentir… Hoy sabemos que Dios no es así, que lo que llamamos «Dios» es en realidad un misterio que no puede ser reducido a una imagen o una imaginación antropomórfica semejante.

Sería bueno, incluso necesario, referirse a esta calidad de antropomorfismo que tiene esta lectura –como tantísimas otras–, y hacer caer en la cuenta a los oyentes que no los estamos tomando por niños, sino que, simplemente, estamos utilizando un texto compuesto hace más de veinticinco siglos, y que la imagen de Dios que aparece en él nos resulta hoy inviable. Es importante decirlo, y no es bueno darlo por sobreentendido, porque puede haber –con razón- personas que se sientan mal al escuchar estas imágenes, como si se sintieran retrotraídas al tiempo de la catequesis infantil. Y, desde luego, es recomendable abordar –en esta u otra ocasión– el tema de las imágenes de Dios, y aclarar que si somos personas de hoy, lo más probable es que no nos encaje bien el lenguaje clásico (o ancestral) sobre Dios, y que tenemos todo el derecho a ser críticos y a utilizar otro.

Éste podría ser, sin más, el buen tema de reflexión central para la homilía de hoy. Es más que suficientemente importante. Recomendamos el libro del obispo anglicano John Shelby SPONG, Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo, colección «Tiempo axial», Abya Yala, Quito 2011, tiempoaxial.org).

La lectura de la 1ª carta de Pablo a los corintios también puede iluminarse hoy con la del evangelio de Marcos: ante el reinado de Dios que ha sido instaurado por la actuación de Jesús -su predicación, sus milagros, sus controversias, especialmente su muerte y resurrección-, todas las realidades humanas adquieren un nuevo sentido: comprar, vender, llorar, reírse, casarse o permanecer célibe, todo es diferente y su valor distinto. Lo absolutamente definitivo es el ejercicio de la voluntad salvífica de Dios que Jesús vino a poner en marcha. Por eso Pablo puede afirmar que “la presentación de este mundo se termina”, es decir, que Dios hace nuevas todas las cosas realizando la utopía de su Reino en donde pobres y tristes, enfermos y condenados, excluidos y ofendidos de la tierra son rescatados y acogidos, y en donde los ricos y los poderosos son llamados urgentemente a la conversión.

Después de narrarnos los comienzos del evangelio con Juan Bautista, con la unción mesiánica de Jesús en el río Jordán y con sus tentaciones en el desierto, Marcos nos relata, en unas frases muy condensadas, los comienzos de la actividad pública de Jesús: es el humilde carpintero de Nazaret que ahora recorre su región, la próspera pero mal–afamada Galilea, predicando en las aldeas y ciudades, en los cruces de los caminos, en las sinagogas y en las plazas. Su voz llega a quien quiera oírlo, sin excluir a nadie, sin exigir nada a cambio. Una voz desnuda y vibrante como la de los antiguos profetas. Marcos resume el entero contenido de la predicación de Jesús en estos dos momentos: el reinado de Dios ha comenzado –es que se ha cumplido el plazo de su espera– y ante el reinado de Dios sólo cabe convertirse, acogerlo, aceptarlo con fe.

Muchos reinados recordaban los judíos que escuchaban a Jesús: el muy reciente reinado de Herodes el Grande, sanguinario y ambicioso; el reinado de los asmoneos, descendientes de los libertadores Macabeos, reyes que habían ejercido simultáneamente el sumo sacerdocio y habían oprimido al pueblo, tanto o más que los ocupadores griegos, los seléucidas. Recordaban también a los viejos reyes del remoto pasado, convertidos en figuras de leyendas doradas, David y su hijo Salomón, y la lista tan larga de sus descendientes que por casi 500 años habían ejercido sobre el pueblo un poder totalitario, casi siempre tiránico y explotador. ¿De qué rey hablaba ahora Jesús? Del anunciado por los profetas y anhelado por los justos. Un rey divino que garantizaría a los pobres y a los humildes la justicia y el derecho y excluiría de su vista a los violentos y a los opresores. Un rey universal que anularía las fronteras entre los pueblos y haría confluir a su monte santo a todas las naciones, incluso a las más bárbaras y sanguinarias, para instaurar en el mundo una era de paz y fraternidad, sólo comparable a la era paradisíaca de antes del pecado.

Este «reinado de Dios» que Jesús anunciaba hace 2000 años por Galilea, sigue siendo la esperanza de todos los pobres de la tierra. Ese reino que ya está en marcha desde que Jesús lo proclamara, porque lo siguen anunciando sus discípulos, los que Él llamó en su seguimiento para confiarles la tarea de pescar en las redes del Reino a los seres humanos de buena voluntad. Es el Reino que proclama la Iglesia y que todos los cristianos del mundo se afanan por construir de mil maneras, todas ellas reflejo de la voluntad amorosa de Dios: curando a los enfermos, dando pan a los hambrientos, calmando la sed de los sedientos, enseñando al que no sabe, perdonando a los pecadores y acogiéndolos en la mesa fraterna; denunciando, con palabras y actitudes, a los violentos, opresores e injustos.

A nosotros corresponde, como a Jonás, a Pablo y al mismo Jesús, retomar las banderas del reinado de Dios y anunciarlo en nuestros tiempos y en nuestras sociedades: a todos los que sufren y a todos los que oprimen y deben convertirse, para que la voluntad amorosa de Dios se cumpla para todos los seres del universo. Leer más…

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Dom 21.1.18. Reino de Dios, pescadores de hombres

domingo, 21 de enero de 2018
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D85a61ff3-0df2-4ac4-91d4-0f8cc200d75fel blog de Xabier Pikaza:

Domingo 3 tiempo ordinario. Ciclo B. Mc 1, 14-20.

 El domingo anterior presenté, siguiendo al evangelio de Juan 1,35-42, la llamada de Jesús a sus discípulos, a la orilla del río Jordán. Se decía allí que Jesús buscó a su gente de entre la gente de Juan Bautista, todos ellos especialistas en cuestiones religiosas, expertos en ayuno y conversión de vida.

— Pero la liturgia de este domingo, siguiendo al evangelio de Marcos, presenta a Jesús junto al lago, llamando para acompañarle y realizar su tarea de Reino a uno hombres expertos en redes y pesca de peces (imagen 1).

Anuncié y expuse ya el sentido de estas dos «vocaciones» en la postal del pasado domingo y en la siguiente del lunes, para mostrar que las cosas importantes se pueden contar siempre al menos de dos formas, las dos verdaderas, aunque diferentes.

Para comentar este evangelio del dom 3, ciclo B, utilizaré mi Comentario de Marcos, pero comparando de nuevo su versión con la de Juan, distinguiendo sus partess:

— Jesús anuncio la llegada del Reino Dios

–Jesús llama a cuatro colaboradores, que son principio y signo de todos sus discípulos, hombres y mujeres (imagen 2)

0261cedc-2524-48ca-9b71-0162071ec452Se trata de dos pasajes de hondo sentido teológico, que recogen el principio del mensaje de Jesús, pero que han sido recreados por el mismo Marcos, desde su perspectiva eclesial y teológica.

— Comentaré en sí mismo el primer pasaje, el anuncio y llegada del Reino de Dios, la tarea de Jesús y de la Iglesia al servicio de los hombres.
— Comentaré el segundo pasaje en dos partes: primero analizo el texto paralelo del Evangelio de Juan; luego explico el de Marcos.

Buen domingo a todos.

a. Galilea: mensaje de reino (1, 14-15)

Texto 1

14 Después que Juan fue entregado marchó Jesús a Galilea, proclamando el evangelio de Dios. 15 Decía:
El tiempo se ha cumplido. El reino de Dios ha llegado.
Convertíos y creed en el evangelio.

Tema

evangelio-de-marcosEste es un texto puente que cierra el prólogo (Mc 1, 1-13) y abre la narración propiamente dicha del evangelio:

— Después que Juan fue entregado… Este dato sirve de contrapunto histórico y teológico de la historia posterior. Juan ha sido y seguirá siendo lugar de referencia. Jesús viene después (meta), en indicación más teológica que cronológica. La entrega de Juan (paradothênai: 1,14; cf. 6, 14-39) anuncia la de Jesús (cf. 9, 33; 10, 33; 14, 10-11 etc).

 Vino Jesús a Galilea. El espacio geográfico (y teológico) de Juan era el desierto con el río. El de Jesús, en cambio, es Galilea. No se retira al lugar de la prueba, ni se instala al borde de la tierra prometida; tampoco busca un lugar de salvación junto a los atrios de Jerusalén, en gesto de sacralidad nacional. Jesús se encuentra vinculado a la tierra y gente normal de Galilea, junto a un mar simbólicamente abierto a las naciones del entorno. Esta evocación culmina en 14, 28 y 16, 7 donde Jesús (o el joven pascual) manda a los discípulos a Galilea, lugar que será para Mc espacio fundante y el signo duradero de la iglesia.

— Kerigma. Galilea en sí no basta, como no basta la entrega del Bautista. El evangelio de la iglesia se funda en el mensaje de Jesús: Se ha cumplido el tiempo y ha llegado el reino de Dios; convertíos y creed en el evangelio (1, 15).

Esta es la palabra clave, que consta de dos frases paralelas dobles, cada una con dos partes, unidas por un kai (y). Como resulta usual en Mc, la segunda sirve para precisar el sentido de la primera: se ha cumplido el tiempo «y» llega el reino (el reino define y da sentido al tiempo); convertíos «y» creed en el evangelio (la fe da sentido a la conversión.

El progreso temático es claro: pasamos del Bautista (desierto/río) a Galilea, descubriendo allí el mensaje de Jesús, abierto a todos los humanos. No se encierra Jesús en las casas, susurrando al oído un secreto de iniciados; no se instala en la escuela, ofreciendo cursos largos de enseñanza especializada, no ofrece su palabra a la vera del templo sagrado (a los puros), ni a la orilla del río/desierto (a los especialistas de la penitencia).

Viene a Galilea, ofreciendo su evangelio para todos; lo hace con claridad (que se entienda bien), en voz alta (que lo escuchen), como heraldo o pregonero de buenas noticias que deben extenderse por el pueblo.

La Buena Noticia del Reino

La buena noticia o evangelio es Dios (con genitivo epexegético) o aquello que Dios hace (con genitivo de objeto). En el lugar donde estaba la conversión y penitencia del Bautista viene a situarse la buena noticia de Jesús que expande a hombres y mujeres de su tierra aquello que Dios mismo le ha dicho (¡eres mi Hijo…!) y que se expresa en la victoria sobre lo diabólico. Su experiencia es buena noticia; la palabra de su vida puede hacerse ya palabra y principio de existencia para aquellos que quieran escucharle, acompañarle. De esa forma el camino de Jesús se hace camino para todos los humanos, empezando en Galilea:

— El tiempo se ha cumplido «y» ha llegado el Reino de Dios. El cielo se ha rasgado y Dios se hace presente en Jesús (1, 9-11). Por eso él puede expresar su experiencia, ofreciendo espacio de vida filial y fraterna (de amor) a quienes quieran escucharle. El Reino de Dios se identifica con aquello que Jesús ha recibido en su bautismo. Quiere que todos escuchen (escuchemos) la voz de Dios que dice (eres mi Hijo!, recibiéndola de forma compartida, fraterna, solidaria. Porque el reino de Dios ha llegado podemos y debemos afirmar que el tiempo se ha cumplido, han culminado las promesas de 1, 2-3.

— Convertíos «y» creed en el evangelio. La pertenencia al reino no se logra por la carne y sangre, es decir, por los principios naturales de la historia (poder genealógico, imposición política) sino por meta-noia o con-versión interpretada como cambio de existencia. Superando el nivel previo de lucha, viene a desplegarse ahora un extenso y gozoso continente de existencia filial, hecha de gratuidad y expresada como fe en el evangelio, es decir, como acogida de la buena noticia de Dios. No es la conversión la que causa el evangelio sino al revés: el evangelio de Dios, que aceptamos por Jesús con fe gozosa, nos convierte, nos transforma, haciéndonos capaces de acoger y construir la familia mesiánica o iglesia.

Marcos ha superado el nivel biológico (no alude a la familia carnal de Jesús); también ha superado el plano cultural (no sitúa a Jesús en una escuela exegética o filosófica). El grupo cristiano empieza a surgir y se despliega allí donde varones y mujeres asumen con Jesús una experiencia de nuevo nacimiento en amor, desde Dios Padre. Juan era la línea divisoria: podía suscitar un grupo de discípulos penitentes, pero nada más: no ha visto el cielo abierto, no ha escuchado la voz (eres mi Hijo!

Donde Juan Bautista se ha detenido sigue Jesús: ha escuchado la palabra, se ha descubierto Hijo de Dios, se ha mantenido en la prueba, ha recibido un mensaje de vida para todos. Por eso ha comenzado a expandir su experiencia, ofreciendo su evangelio universal, en el cruce de caminos de su patria, en Galilea.

Jesús no ha pedido nada a Dios. No aparece en el texto como un suplicante que implora a Dios agua para el campo, hijos para la familia, fortuna para la casa, vida para los enfermos… Simplemente ha venido en busca de Dios, con los penitentes del Bautista y ha escuchado la voz (eres mi Hijo!, empezando a reunir a los humanos.

Tampoco Dios ha empezado pidiendo algo a Jesús; no le dice que se convierta, no le impone una ley (¡cumple! (tu debes!), no le amenaza. Al principio del evangelio no está el imperativo categórico (deber), ni un tipo de moral impositiva o casuística.

En el principio está el amor de Padre que dice: (eres mi Hijo! En ese amor se funda el camino de la iglesia. Los que aceptan la experiencia de Jesús forman con él una familia, son iglesia. Este es el cambio categórico, el principio del evangelio, el surgimiento de la familia de Dios. En la base de Mc hallamos una experiencia de filiación gozosa que se expande por gozo a todos los humanos. Por eso, en los momentos fundamentales de la trama evangélica (transfiguración, viñadores homicidas, oración del huerto, crucifixión: cf. 9, 7; 12, 6; 14, 36; 15, 39), Mc retorna a la experiencia del bautismo, descubriendo lo que significa Jesús como Hijo de Dios para los humanos

.b- Pescadores de hombres. Los primeros compañeros (1, 16-20).

Texto 2

16 Y pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que estaban echando las redes en el mar, pues eran pescadores. 17 Jesús les dijo: Venid en pos de mí y os haré pescadores de seres humanos.
18 Ellos dejaron inmediatamente las redes y lo siguieron.
19 Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan. Estaban en la barca reparando las redes. 20 Jesús los llamó también; y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.

Antes de comentar el texto de Marcos… debemos presentar y comentar el paralelo del evangelio de Juan.

Evangelio de Juan.

Significativamente, el Nuevo Testamento conserva dos relatos distintos de su «vocación» y los dos están muy teologizados. Posiblemente, el más cercano a la historia sea el del evangelio de Juan:

Al día siguiente, de nuevo estaba Juan con dos de sus discípulos. Al ver a Jesús que andaba por allí, dijo: ¡He aquí el Cordero de Dios! Los dos discípulos le oyeron hablar y siguieron a Jesús. Jesús, al dar vuelta y ver que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Y ellos le dijeron: Rabí – que significa maestro – ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Por lo tanto, fueron y vieron dónde moraba y se quedaron con él aquel día, porque era como la hora décima.
Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Éste encontró primero a su hermano Simón y le dijo: Hemos encontrado al Mesías, que significa Cristo. Él lo llevó a Jesús, y al verlo Jesús le dijo: Tú eres Simón hijo de Jonás. Tú serás llamado Cefas – que significa Piedra. (Jn 1, 36-42).

Éste es, sin duda, un relato teológico, es decir, muy marcado por la propia visión religiosa del evangelista, pero es posible que tenga un fondo histórico. El cuarto evangelio supone que el Juan Bautista ofreció el primer testimonio mesiánico de Jesús, al que presentó públicamente como «Cordero de Dios». No es verosímil que Juan Bautista le hubiera dado un testimonio de ese tipo y, sin embargo, es verosímil y probable que entre los discípulos de Juan (Andrés, Pedro, Jesús…) hubiera conexiones e intercambios como los que vemos aquí. En este contexto, algunos discípulos del Bautista «descubrieron» a Jesús y se comprometieron a seguirle y/o a trazar con él un proyecto mesiánico propio.

Entre los que hallaron a Jesús (o entre aquellos a los que Jesús llamó) estaban Andrés y Simón, dos hermanos. Eso significaría que Simón había dejado ya la pesca, de manera que se hallaba «liberado» para las tareas y esperanzas de la culminación escatológica de Israel, al lado del Bautista, lo mismo Jesús.

De esa forma empezaron siendo compañeros, discípulos de un mismo maestro, que era Juan. Según eso, cuando Jesús tuvo una vocación especial y llamó a Simón, no llamó a un pescador cualquiera, ajeno a los afanes de Dios, sino a un comprometido o voluntario de Dios, prometiéndole que sería Pedro (piedra, roca) del edificio escatológico (una promesa que debe entenderse como anticipación de algo que sucede en un tiempo posterior). Leer más…

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“Jonás, Donald Trump y Jesús”. Domingo 3º del Tiempo Ordinario. Ciclo B

domingo, 21 de enero de 2018
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vocacion-apostoles-2Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado, el evangelio de Juan nos contó cómo Jesús entró en contacto con algunos de los que más tarde serían sus discípulos. Este domingo volvemos al evangelio de Marcos, que será el usado básicamente durante el Ciclo B. En tres escenas, las dos últimas estrechamente relacionadas, nos cuenta la forma sorprendente en que comienza a actuar Jesús.

1ª escena: Actividad inicial de Jesús.

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:

̶  Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.

Marcos ofrece tres datos: 1) momento en que comienza a actuar; 2) lugar de su actividad; 3) contenido de su predicación.

Momento. Cuando encarcelan a Juan Bautista. Como si ese acontecimiento despertase en él la conciencia de que debe continuar la obra de Juan. Nosotros estamos acostumbrados a ver a Jesús de manera demasiado divina, como si supiese perfectamente lo que debe hacer en cada instante. Pero es muy probable que Dios Padre le hablase igual que a nosotros, a través de los acontecimientos. En este caso, el acontecimiento es la desaparición de Juan Bautista y la necesidad de llenar su vacío.

Lugar de actividad. A diferencia de Juan, Jesús no se instala en un sitio concreto, esperando que la gente venga a su encuentro. Como el pastor que busca la oveja perdida, se dedica a recorrer los pueblecillos y aldeas de Galilea, 204 según Flavio Josefo. Galilea era una región de 70 km de largo por 40 de ancho, con desniveles que van de los 300 a los 1200 ms. En tiempos de Jesús era una zona rica, importante y famosa, como afirma el libro tercero de la Guerra Judía de Flavio Josefo (BJ III, 41-43), aunque su riqueza estaba muy mal repartida, igual que en todo el Imperio romano.

Los judíos de Judá y Jerusalén no estimaban mucho a los galileos: “Si alguien quiere enriquecerse, que vaya al norte; si desea adquirir sabiduría, que venga al sur”, comentaba un rabino orgulloso. Y el evangelio de Juan recoge una idea parecida, cuando los sumos sacerdotes y los fariseos dicen a Nicodemo: “Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta” (Jn 7,52).

Mensaje. ¿Qué dice Jesús a esa pobre gente, campesinos de las montañas y pescadores del lago? Su mensaje lo resume Marcos en un anuncio (“Se ha cumplido el plazo, el reinado de Dios está cerca”) y una invitación (“convertíos y creed en la buena noticia”).

El anuncio encaja en la mentalidad apocalíptica, bastante difundida por entonces en algunos grupos religiosos judíos. Ante las desgracias que ocurren en el mundo, y a las que no encuentran solución, esperan un mundo nuevo, maravilloso: el reino de Dios. Para estos autores era fundamental calcular el momento en el que irrumpiría ese reinado de Dios y qué señales lo anunciarían. Jesús no cae en esa trampa: no habla del momento concreto ni de las señales. Se limita a decir que “está cerca”.

Pero lo más importante es que vincula ese anuncio con una invitación a convertirse y a creer en la buena noticia.

Convertirse implica dos cosas: volver a Dios y mejorar la conducta. La imagen que mejor lo explica es la del hijo pródigo: abandonó la casa paterna y terminó dilapidando su fortuna; debe volver a su padre y cambiar de vida. Esta llamada a la conversión es típica de los profetas y no extrañaría a ninguno de los oyentes de Jesús (la 1ª lectura, del libro de Jonás, se centra en ese tema).

Pero Jesús invita también a “creer en la buena noticia” del reinado de Dios, aunque los romanos les cobren toda clase de tributos, aunque la situación económica y política sea muy dura, aunque se sientan marginados y despreciados. Esa buena noticia se concretará pronto en la curación de enfermos, que devuelve la salud física, y el perdón de los pecados, que devuelve la paz y la alegría interior.

2ª y 3ª escenas: llamamientos de Simón y Andrés, Santiago y Juan

Pasando junto al lado de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo:

̶  Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. 

Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Jesús ha pasado unas semanas, quizá meses, recorriendo él solo Galilea. Hasta que decide buscar unos discípulos que lo acompañen y continúen su obra. No los busca en Jerusalén, entre los alumnos de los grandes rabinos. Los busca entre los pescadores. Económicamente no son unos miserables, tienen barca e incluso les ayudan unos jornaleros. Pero en una sociedad agraria, como la del Imperio romano, el obrero manual estaba por debajo del campesino, y sólo por encima de las clases de la gente impura y de los despreciables (en la clasificación de Gerhard Lenski).

El relato de Marcos resulta desconcertante. ¿Es posible que cuatro muchachos sigan a Jesús sin conocerlo, abandonando su familia y su trabajo? El lector moderno, buscando una respuesta, acude al cuarto evangelio, donde se dice que Jesús ya los conoció cuando el bautismo. Pero el lector antiguo, que sólo tenía a su disposición el evangelio de Marcos, se queda admirado del poder de atracción que ejerce Jesús y de la disponibilidad absoluta de los discípulos.

Estos cuatro discípulos representan el primer fruto de la predicación de Jesús: muchachos que creen en la buena noticia del Reinado de Dios, siguen a Jesús y cambian radicalmente de vida.

Donald Trump y Jonás (1ª lectura)

La primera lectura ha sido elegida porque los ninivitas, al convertirse gracias a la predicación de Jonás, nos sirven de modelo, ya que mucho más motivo tenemos nosotros para convertirnos al escuchar la predicación de Jesús.

En aquellos días, vino la palabra del Señor sobre Jonás:
«Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.»

               Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando:

               – «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!»

               Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños.

               Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.

Sin embargo, los motivos que aducen Jesús y Jonás son muy distintos: Jesús anima anunciando la cercanía del reinado de Dios; Jonás asusta anunciando que «dentro de cuarenta días, Nínive será destruida».

Donald Trump no podría haber calificado a los ninivitas y al imperio asirio de «pueblos de mierda». Eran la gran potencia militar de la época, dominadora desde Mesopotamia hasta Egipto. Trump le habría dirigido sus típicas bravatas e insultos, pero no habría hecho nada.

Jonás recuerda en parte a Trump. Él sí considera a los ninivitas «unos paganos de mierda», aunque no lo diga expresamente. Los odia por todas las canalladas que han cometido durante más de un siglo. Por eso, cuando Dios lo manda a Nínive, se embarca en dirección contraria, hacia Cádiz. Hará falta una tormenta y un pez grande para obligarlo a cumplir su misión. (Esta primera parte del relato ha sido suprimida en la liturgia).

Cuando Dios vuelve a enviarlo, Jonás no tiene más remedio que obedecer, pero no quiere que Nínive se convierta, quiere que Dios la destruya. Y eso es lo que anuncia cuando recorre la ciudad: «Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida». Pero los ninivitas se convierten, Dios los perdona, y Jonás agarra un terrible cabreo (con perdón), porque considera intolerable que Dios se muestre tan bueno y perdonador con «esos paganos de mierda».

La lección es clara. Nadie puede decir: «Yo no me convierto porque Dios no me va a perdonar». Como los ninivitas, todos podemos convertirnos de nuestra mala vida.

Nota sobre el librito de Jonás:

Es una pena que un relato tan espléndido, lleno de humor y autocrítica por parte de un autor judío, quede limitado a las pocas frases de la liturgia. Y es más penoso todavía que lo único que recuerda la gente, si lo recuerda, es «la ballena que se tragó a Jonás». Se trata de un cuento, no es una historia real. Pero su mensaje es tan verdadero como el de otras historias que contaba Jesús: la del hijo pródigo y la del buen samaritano.

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Domingo III del Tiempo Ordinario. 21 de enero, 2018

domingo, 21 de enero de 2018
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d3*

Pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés.

Mc 1, 16-20

Te invito a ponerte en situación. Vas por la calle, un viernes por la tarde, por ejemplo; es una calle céntrica de tu ciudad, llena de tiendas, de cafeterías, de tráfico… y está repleta de gente. Caminas sola, e inevitablemente inmersa en tus pensamientos. Da igual cuáles sean, si son sobre tus preocupaciones o tus alegrías, incluso tus quehaceres; lo que sea, vas enfrascada. De pronto alguien te llama al mismo tiempo que te coge del brazo:  “¡Lolaaa!”. Contestas un poco alterada: “¡Ay!, perdona Marta, no te había visto”.

No la habías visto. Por un momento puedes pensar en la razón de ese no ver. Había mucha gente, está claro, o tal vez por el ruido, o porque te distraen las luces de la calle, los carteles, los escaparates, los bocinazos del tráfico… bla, bla, bla, todas son razones externas a ti.

Si quieres ponte en esta otra situación. Un atardecer de invierno vas caminando sola por el paseo de la playa, del faro o del puerto, con la vista y la mente perdidas a ratos en el horizonte, a ratos en las olas. La pobre Marta aquí también te tiene que hacer parar para oirte decir lo mismo: “¡no te había visto!”.

Ahora no vale que busques echar la culpa de tu distracción a los escaparates y a los bocinazos. Piensa, más bien, en tu mirar. ¿Cómo miras para no ver?

Jesús pasa junto al lago y ve a Simón y a Andrés, a Santiago y a Juan. Ve lo que son, no su apariencia o su vestimenta. Ve lo profundo de su ser, porque él mira el corazón.

Y cuando sientes su mirada, tu corazón desnudo ante él, haces lo mismo que Simón, Andrés y tantos hombres y mujeres a lo largo de los siglos que se han encontrado con la mirada del Maestro… lo dejas todo y le sigues.

Oración

Trinidad Santa, ayúdanos a mirar con amor.
Ayúdanos a mirar como tú.

Amén.

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Cambia tu manera de pensar.

domingo, 21 de enero de 2018
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fishermenMc 1, 14-20

Seguimos con el evangelio de Marcos que vamos a leer durante todo este año. Es el primero que se escribió y tiene aún la frescura de los comienzos. Es el más conciso. No tiene grandes discursos de Jesús ni cuenta muchas parábolas. Le interesa sobre todo la vida cotidiana de Jesús. Su actitud vital para con los pobres y oprimidos es la verdadera salvación. Las curaciones y la expulsión de demonios, entendidos como liberación, son la clave para comprender el verdadero mensaje de salvación de este evangelio.

Cuando arrestaron a Juan. Quiere resaltar el evangelista que Jesús va a continuar la tarea del Bautista, pero a la vez, deja clara la diferencia. ¡Recordad! Los datos cronológicos no tienen importancia en la elaboración de un “evangelio”. En el evangelio de Jn, después de haber narrado el seguimiento de los primeros discípulos. Después de contarnos la boda en Caná, la purificación del templo y el encuentro con Nicodemo, nos dice que Jesús fue con sus discípulos a la región de Judea y bautizaba allí, a la vez que Juan estaba bautizando en otro lugar y dice: esto ocurrió antes de arrestar Juan.

Llegó Jesús a Galilea. Está claro que el evangelista quiere desligar la predicación de Jesús de toda connotación oficial. Lejos de las autoridades religiosas, lejos del templo y de todo lo que significaba ambas cosas. Galilea era tierra fronteriza y en gran parte habitada por gentiles. Esto para un judío era, de entrada, una descalificación.

Se puso a proclamar la “buena noticia” de parte de Dios. Había empezado él su evangelio diciendo que se trataba de exponer los orígenes de la “buena noticia de Jesús”. Estos textos son los que dieron origen a la palabra “evangelio”, cuyo género literario se inaugura con el escrito de Mc. Jesús no espera, como Juan, a que la gente venga a él.

Se ha cumplido (colmado) el kairos. En la fiesta de Año Nuevo, hablamos del significado de “Cronos” y “kairos”. Aquí el texto dice kairos, es decir, se trata del tiempo oportuno para hacer algo definitivo. No es que algún cronos sea especial. Cualquier cronos lo podemos convertir en kairos si nuestra actitud vital es adecuada. El texto nos está recordando que todo los Kairos se han concentrado en el que ahora está presente.

Está despuntando el Reino de Dios. Esta expresión es la clave. No se trata de que Dios reine. Se trata de que Dios se haga presente entre nosotros, gracias a las actitudes de los seres humanos. Jesús hace presente ese Reino, que es Dios, porque sus relaciones con los demás, basadas en el amor y la entrega, hacen surgir en cada instante a Dios. Dios es amor, de modo que está allí donde exista una verdadera empatía y compasión. Ese Reino está ya presente en Jesús que fue capaz de hacer presente a Dios, amando.

¡Cambiad de mentalidad! “Convertíos”, no expresa bien el sentido del texto, porque  hemos inventado un concepto de conversión que no está en el original. Para nosotros convertirse es salir de una situación de pecado. Lo que pide Jesús es una manera nueva de ver la realidad que no tiene por qué partir de una situación depravada. Es más, el cambio se exige como actitud que no de debe abandonarse nunca. “Metanoeite” significa cambia de rumbo, cambia de mentalidad, no significa hacer penitencia.

La llamada de los discípulos a continuación les obliga a hacer su personal cambio de rumbo (metanoya): “Dejan la barca y a su padre y le siguieron”. Aquí debemos hacer todos, un serio examen de conciencia. Cuantas veces hemos descubierto nuestros fallos y nos hemos conformado con ir a confesarlos, pero no hemos cambiado el rumbo. ¿De qué puede servir toda esa parafernalia, si continuamos con la misma actitud?

Tened confianza en la buena noticia. La traducción oficial del griego “pisteuete” nos puede llevar a engaño. No se trata de creer la noticia, sino de confiar en que es buena noticia para nosotros. Tanto en el AT como en el nuevo, la fe no es el asentimiento a unas verdades, sino la confianza en una persona. Si la buena noticia que Jesús predica, viene de parte de Dios, podemos tener confianza plena en que es buena.

También debemos recordar que, por extraño que parezca, “euangelio” no significa “evangelio”. Nosotros hemos colocado detrás de la palabra evangelio, un concepto muy concreto y preciso. Evangelio = uno de los escritos de las primeras comunidades donde intentan expresar lo que Jesús vivió y predicó. Hemos caído en un monumental fraude. Hemos confundido el estuche con la joya que debía contener. Aquí “euangelio” significa esa estupenda noticia que Jesús descubrió y nos comunicó de parte de Dios.

A la llamada de Jesús que acabamos de comentar, corresponden las primeras respuestas personales, de parte de unos simples pescadores sin preparación alguna, que se fiaron detrás de Jesús. Es muy significativo que el primer instante de su andadura pública, Jesús cuenta con personas que le siguen de cerca y están dispuestas a compartir con él su manera de entender la vida. La comunidad, por muy reducida que sea es clave para poder emprender una vida cristiana.

Darse cuenta de que hemos emprendi­do un camino equivocado es la única manera de evitarlo. Cada vez que rechazamos un camino falso, nos estamos acercando al verdadero. Todos tenemos que convertirnos porque todos estamos haciéndonos. Convertirse es rectificar la dirección para que apunte mejor a la meta. Pecado en el AT era errar el blanco. Da por supuesto que intentas dar en el blanco, pero te has desviado. Somos flechas disparadas que tienden a desviarse del blanco y que constantemente tienen que estar contrarrestando esas fuerzas que nos distorsionan.

Convertirse no es abandonar el mal por el bien, porque el mal y el bien en el ser humano, no se pueden separar nunca del todo. Para el maniqueísmo está todo demasiado claro: Son realidades distintas que deben estar separadas. Nunca hemos superado esa tentación. La realidad es muy distinta: ni el bien ni el mal se pueden dar químicamente puros. Siempre que trazamos una línea divisoria entre el bien y el mal, nos estamos equivocando. Lo que llamamos mal no tiene entidad propia, es solo ausencia de bien.

El mal (ausencia de perfección) no es un accidente, sino que pertenece a la misma estructura del hombre. Sin esa limitación, que hace posible el error, pero que también hace posible el crecimiento, no habría persona humana. La hondura del misterio del mal está precisamente ahí. Del mismo mal surge el bien, y el mal acompaña siempre al bien.

Con frecuencia necesitamos la advertencia de alguien que nos saque del error en que estamos. Aún con la mejor voluntad, podemos estar equivocados. Las mayores barbaridades de la historia se hicieron en nombre de Dios. Aún caminando hacia la meta, siempre estaremos necesitados de rectificar la dirección. Tenemos que aprender de los errores. Como seres humanos, no tenemos otra manera de progresar.

Meditación

Lo que Jesús nos ha dicho es increíble, pero cierto.
Dios es amor, don total, absoluto y eterno.
Jesús me invita a experimentar esta realidad.
Seguirle es entrar en la misma relación con Dios que él mantuvo.
Esa relación hará cambiar mi existencia
y empezaré al ver el mundo de otra manera.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Seguir a Jesús.

domingo, 21 de enero de 2018
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pescatoridiuominiLos amantes no se encuentran en ningún lugar. Se encuentran el uno al otro todo el tiempo (Rumi)

21 de enero. Domingo III del TO

Mc 1, 14-20

Al punto, dejando las redes le siguieron

Como modelos de conversión se nos presenta a Simón, Andrés, Santiago y Juan, que dejaron lo que era su seguridad –sus barcas, sus redes–  y se arriesgaron a seguir a Jesús. Y en él descubrieron –sobre todo Juan, el “águila de Patmos” que no caminaba al paso de su tiempo, que era un adelantado en el descubrimiento y conquista de nuevas tierras. ¡Cómo no habría de serlo! El Evangelio, un embarazo de treinta años, un Steinway en cuyo teclado interpretó magistralmente sus mejores composiciones: “La parábola de la oveja perdida” (Lc 15, 4-7), “El amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 23, 39), “Yo tampoco te condeno: vete y no peques más” (Juan 8, 11) etc., etc.

En el cuadro del holandés Johannes Vermeer (1632-1675) El geógrafo, el protagonista –comenta Cristophe André en El arte de la felicidad– levanta la cabeza, la luz se refleja en su frente permitiendo que su mirada se evada más allá de la ventana. Ya ha reflexionado bastante. Abriga el presentimiento de que ya no le bastan para la búsqueda la ciencia, el trabajo y la inteligencia. Comprende que ahora debe permitir que le sobrevenga algo que pertenece al plano de la intuición o de la emoción. Adivina que la solución a esa cuestión que le atormenta no se encuentra en el exterior de sí mismo, en los mapas, en los globos, en la punta del compás, sino en su interior.

Jesús es nuestro geógrafo particular, que nos invita a recorrer su camino; una autopista con múltiples vías, abiertas a las pretensiones de cada conductor, de cada vehículo. Puede dar opción a elegir caminos en el exterior de ella, o a encontrar el personal de uno mismo. A veces está ahí expectante, para abrirnos una nueva vía por si alguna vez queremos transitarla: «¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: «Ya reina tu Dios!»» (Is 52, 7)

Hay quienes viajan indefinidamente huyendo de sí mismos, y se pierden en desiertos de arenas movedizas; en ningún lugar, como canta Rumi. ¿Ignoran que los amantes se encuentran el uno al otro todo el tiempo? Y con los demás, por supuesto, y consigo. Quizá ha llegado el momento de despertar a la vida, de darle verdadero significado, de jugar a ganar y no a no perder, de encontrarse realmente con uno mismo”, han escrito en un artículo Olga Fariña y Antonio Pablo García.

“Al punto, dejando las redes le siguieron”, dice el evangelista en 1, 18. Como el delfín de nuestro Poema de hoy, posiblemente también ellos hubieron de bajar luego al fondo del mar para entender cuanto Jesús les quiso decir con su invitación a ser pescadores de hombres. Apenas media docena de vocablos claramente expresados, sin los circunloquios en los que han enredado nuestro simple y llano pensamiento centenares de nebulosas divagaciones y arrecifes peligrosos. En el Evangelio, la letra ha sido sofocada por la melodía repleta de florituras, que acaba en indigesta. En la salmodia gregoriana, la música no tiene otra función que expresar lo que surge de las palabras, las cuales jamás son asfixiadas por las notas ni acostumbran a alargar el espectáculo en exceso. Resulta difícil prolongar la frase “te amo”, por ejemplo, con cien notas cuando la naturaleza las ha limitado a dos.

Esta lacónica invitación de Jesús amorosamente salida del corazón “Venid conmigo”, hizo que Simón y su hermano Andrés dejaran inmediatamente las redes y le siguieran.

¿En qué caminos? Posiblemente en todos, aunque sobre todo en los que recorren la geografía interior de cada persona: Los amantes no se encuentran en ningún lugar. Se encuentran el uno al otro todo el tiempo, dice Rumi.

SINTOMATOLOGÍA DE UN DIVORCIO

“Sintomatología de un divorcio”,
pronosticaba el protocolo.

Yo no podía entenderlo.
¡Matrimonial ruptura del alma con el alma!
-“Doctor, acláreme el secreto”.

No había nadie ni nada ya en consulta.
Lo blanco se hizo negro.

Llegó un delfín color de rosa
y con un gesto,
“Ven al fondo del mar”, me dijo.
…………………..
Allí empecé a entenderlo.

(EN HIERRO Y EN PALABRAS. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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¿Las mujeres dejaron inmediatamente a su marido y a sus hijos?

domingo, 21 de enero de 2018
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jesus-y-los-nic3b1os-1Mc 1, 14-20

Un mal comienzoCuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar la Buena Noticia…

Juan predicó la conversión, habló con claridad de lo que era justo e injusto y lo arrestaron. A continuación Jesús se fue a Galilea, un nido de víboras, para predicar algo semejante. Extraña elección.

Jesús había estado en el desierto. Había experimentado la confrontación entre el bien y el mal. Y había optado.

La región más marginal y castigada de todo Israel era buen lugar para comenzar a predicar la Buena Noticia de su Abbá. En Galilea vivían grupos terroristas, muy activos, que se oponían al poder de Roma, por ejemplo los celotes. Los romanos habían hecho numerosas redadas y detenciones; habían crucificado a muchos jóvenes galileos. Sin duda, la gente de Galilea necesitaba que se le ofreciera una Buena Noticia.

Una doble invitación: convertíos y creed en el Evangelio.

Es una lástima que muchas veces se haya traducido “reino de Dios” por “reino de los cielos”. Como si Jesús hubiera venido a saciar nuestra curiosidad diciéndonos lo que hay más allá de las nubes y de la muerte. La expresión reino de Dios era muy sugerente en el Antiguo Testamento, una especie de compendio de lo que Israel esperaba cuando el Mesías inaugurara un tiempo nuevo y el proyecto llegara a su plenitud.

Para acoger esa novedad, para poder vivir ese “sueño de Dios sobre la humanidad” es necesaria la conversión. Ya lo sabemos. Pero eso no impide que necesitemos convertirnos cada día.

En tiempos de Jesús, la palabra conversión significaba cambiar de dirección; incluso significaba dar la vuelta para llegar hasta el lugar donde se perdió el camino, y retomar desde allí el bueno. Al ir de un lugar a otro era fácil perderse, las señales eran escasas y la lluvia desdibujaba las sendas.

Un reto: acoger la conversión.

Jesús recoge la experiencia de conversión que tenían todos los caminantes y le da un sentido mucho más profundo: se trata de nacer de nuevo, como dijo a Nicodemo. Se trata también de sumergirnos en el cambio, de dejarnos rehacer para que nuestro corazón fariseo, cumplidor y de piedra, pueda ser transformado en un corazón compasivo y misericordioso, como el del Abbá.

Este proceso se nos va a ir de las manos, una y otra vez. ¿Realmente deseamos ser transformados radicalmente como san Pablo o nos quedamos satisfechos con algunos gestos de conversión en los momentos fuertes del año?

¿Pedimos, desde lo más hondo, llegar a vivir como hijos e hijas amados? ¿Queremos descubrir a cada hombre y mujer como iconos del Abbá, por muy deteriorados que estén su rostro y su comportamiento moral?

Unos encuentros: Jesús vio a Simón y a su hermano Andrés y les invitó a ser pescadores de hombres. Ellos, inmediatamente le siguieron…

¿Inmediatamente? Hay más probabilidades de que sea un recurso literario que un hecho histórico. En una sociedad tan patriarcal como aquella, hubiera sido escandaloso dejar a la mujer, hijos, padres, etc., a la intemperie para seguir a un “don nadie” que pasó por allí. Había unas normas de comportamiento, y una de ellas consistía en trabajar con los padres y cuidarlos cuando fueran mayores. No tenía sentido dejar de cumplir la ley para irse con un varón judío que no podía gloriarse de tener esposa, ni hijos, ni casa, ni tierras.

¿Por qué nos narran el seguimiento de este modo? San Marcos presenta a lo largo de su evangelio diversos encuentros con Jesús y diferentes formas de responderle y seguirle. De este modo, quienes se acercaban a las primeras comunidades tenían muchos ejemplos que les servían de referencia para aprender a seguir a Jesús.

Esta catequesis de Marcos nos presenta a dos hombres que dejan las redes, es decir, pierden su medio de vida y su seguridad, pero encuentran la perla escondida, el tesoro. “Pescar hombres” era una imagen sugerente que les insertaba en la corriente profética; dejar las redes de pescador les merecía la pena.

No importa que lo descubrieran en un instante o poco a poco. Que siguieran a Jesús dejando todo tirado, y la familia a la intemperie o en un proceso que duró un tiempo.

Al interpretar la inmediatez de manera literal corremos el riesgo de que en el trabajo pastoral con los jóvenes no se tenga en cuenta que han pasado veinte siglos y se han descubierto unos principios básicos de sicología. En muchas jornadas y encuentros se pone el acento en el impacto emocional del momento, en la urgencia de la respuesta… como si Jesús hubiera puesto en marcha el cronómetro de la vocación. Luego nos lamentamos de los frutos inmaduros…, sobradamente conocidos.

También vio a Santiago y a Juan, dos hermanos que no quedan en muy buen lugar en los evangelios. Les puso como apodo “hijos del trueno” (Mc 3, 17), con las connotaciones que tenían los truenos en aquella época. Los dos hermanos sugieren a Jesús que baje fuego del cielo para consumir a los samaritanos que no les reciben en una aldea (Lc 9, 51-56). Se presentan, junto con su madre, a pedir a Jesús los dos mejores puestos del Reino (Mt 20, 20-28), lo que muestra que no habían entendido nada de ese Reino que querían gobernar.

A pesar de todo esto, lo más probable es que en las homilías de este domingo se idealicen estas llamadas y no se tenga en cuenta que los cuatro evangelistas han silenciado los relatos de vocación de la mayoría de las mujeres que aparecen acompañando a Jesús.

Nos dice Lucas que cuando las mujeres regresaron del sepulcro y contaron a los once y a los demás lo que habían vivido “aquellas palabras les parecieron un delirio y no las creyeron” (Lucas 24, 8-11)

¿Pasó lo mismo cuando cada mujer fue contando cómo experimentó la mirada de Jesús y su llamada?

Este domingo ¿nos dirán en las homilías que las mujeres que acompañaban a Jesús desde Galilea y le sostenían con sus bienes, habían dejado inmediatamente a su marido y a sus hijos? ¿Nos animarán a que hagamos lo mismo? ¿Era ejemplar la actitud de los apóstoles? ¿Es una actitud escandalosa si se trata de mujeres?

¿Por qué reaccionaríamos de modo diferente ante el comportamiento de un hombre y una mujer en el seguimiento radical de Jesús? El evangelio y el seguimiento ¿tienen una versión para hombres y otra para mujeres?

 Marifé Ramos (www.mariferamos.com)

Fuente Fe Adulta

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