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Deshumanizar a Jesús para divinizarlo, ha sido la gran trampa.

domingo, 25 de febrero de 2024
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"Transfiguration" by Carl H. Bloch, Danish Painter, 1834-1890. Oil on Copper Plate. Public domain. Source: www.carlbloch.com. «Transfiguration» by Carl H. Bloch, Danish Painter, 1834-1890. Oil on Copper Plate. Public domain. Source: www.carlbloch.com.

DOMINGO 2º DE CUARESMA (B)

Mc 9,1-9

En los tres ciclos litúrgicos leemos, el segundo domingo de cuaresma, el relato de la transfiguración. Hoy leemos el de Marcos que es el más breve, aunque hay muy pocas diferencias con los demás sinópticos. Lo difícil para nosotros es dar sentido a este relato. Marcos coloca este episodio entre el primer anuncio de la pasión y el segundo. Hay una intención clara de contrarrestar ese lenguaje duro de la cruz.

Es descabellado que Jesús se dedicara a hacer una puesta en escena. Mucho menos que tratara de dar un caramelo a los más íntimos para ayudarles a soportar el trago de la cruz (cosa que no consiguió). Con ello estaría fomentando lo que tanto critica Marcos en todo su evangelio: El poner como objetivo último la gloria; aceptar que lo verdaderamente importante es el triunfo personal, aunque sea a través de la cruz.

La estructura del relato a base de datos del AT, nos advierte de que no se trata de un hecho histórico, sino de teología. No quiere decir que Dios realice un espectáculo de luz y sonido. Son solo experiencias subjetivas que, en un momento determinado, atestiguan la presencia de lo divino en un ser humano. La presencia de lo divino es constante en toda la realidad creada, pero el hombre puede descubrir esa realidad y vivirla de una manera experimental en un momento determinado de su vida.

A Dios nunca podemos acceder por los sentidos. Si en esa experiencia se dan percepciones sensoriales, se trata de fenómenos paranormales. Dios está en cada ser acomodándose a lo que es como criatura, no violentando nada de ese ser. La llegada a la existencia de todo ser es la consecuencia de la presencia divina en él. Esto no quiere decir que la experiencia de Dios no sea real. Quiere decir que Dios no está nunca en el fenómeno, sino en la esencia. “Si te encuentras al Buda, mátalo”.

Jesús, como ser humano, tuvo que luchar en la vida por descubrir su ser. El relato de hoy quiere decir que habitaba en él lo divino. Seguramente se trate de un relato pascual que se consideró oportuno retrotraer a la vida de Jesús. En los relatos pascuales se insiste en que ese Jesús Vivo es el mismo que anduvo con ellos por las tierras de Galilea. En la trasfiguración, se dice lo mismo, pero desde el punto de vista contrario. El Jesús que vive con ellos es ya el Cristo glorificado.

El relato, quiere demostrar que lo que descubrieron de Jesús después de su muerte, ya estaba en él durante su vida, aunque no fueron capaces de apreciarlo. Jesús fue siempre lo que nos hace ver el relato, antes de la muerte y después de ella. Lo que hay de divino en Jesús está en su humanidad, no está añadido a ella. Este mensaje es muy importante a la hora de superar visiones demasiado maniqueas de Jesús.

Pedro, Santiago y Juan, los únicos a los que Jesús cambió el nombre. Eran buena gente, pero un poco duros de mollera. Necesitaron clases de apoyo para poder llegar al nivel de comprensión de los demás. Los tres acompañan a Jesús en el huerto. Los tres son testigos de la resurrección de la hija de Jairo. Pedro acaba de decir a Jesús, que de pasión y muerte, ni hablar. Santiago y Juan van a pedir a Jesús que quieren ser los primeros en su reino. Los tres demuestran que no entendieron el mensaje.

La montaña alta, la nube, la luz, la voz, el miedo, son todos elementos que aparecen en las teofanías del AT. El monte es una clara referencia al Sinaí. La nube fue signo de que Dios los acompañaba, sobre todo en el desierto. La nube trae agua, sombra, vida. Los vestidos blancos son signo de la divinidad. El hecho de que todos sean símbolos no disminuye en nada la profundidad del mensaje, al contrario, el lenguaje bíblico asegura la comprensión de los destinatarios, que eran todos judíos.

Moisés y Elías, además de ser los testigos de grandes teofanías, representan todo el AT, la Ley y los profetas. Significa que Jesús no se sacó su mensaje de la manga, sino que está en total acuerdo con el AT. Lo que se intenta es manifestar el traspaso del testigo a Jesús. Hasta ahora, La Ley y los profetas eran la clave para descubrir la voluntad de Dios. Ahora, la clave de acceso a Dios será Jesús.

¡Qué bien se está aquí! Para Pedro era mucho mejor lo que estaba viendo y disfrutando que la pasión y muerte que les había anunciado. Cuando les anuncia por primera vez la pasión, Pedro había dicho a Jesús: ¡Ni hablar! Ahora se encuentra a sus anchas. Manifiesta el mismo afán de gloria que a todos nos invade.

Vamos a hacer tres chozas. Pedro está en la “gloria”, y pretende retener el momento diciendo lo que piensa y manifestando su falta total de comprensión del mensaje de Jesús. Le ha costado subir, pero ahora no quieren bajar. Se habían acercado a Jesús con buena voluntad, pero sin descartar la posibilidad de medrar. Al poner al mismo nivel a los tres personajes, Pedro niega la originalidad de Jesús. No acepta que la Ley y los profetas están superados. La voz corrige la visión de Pedro.

¡Escuchadlo! En griego, “akouete autou” significa escuchadle a él solo. A Moisés y Elías los habéis escuchado hasta ahora. Llega el momento de escucharle a él. El AT es el mayor obstáculo para escuchar a Jesús. Hoy lo son los prejuicios que nos han inculcado sobre Jesús. Escuchar es la actitud del discípulo. En el Éxodo, escuchar a Dios es obedecerle. La Palabra que escuchamos nos arranca de nosotros mismos.

No contéis a nadie… Es la referencia más clara a la experiencia pascual. No tiene sentido hablar de lo que ellos ni estaban buscando ni habían descubierto. No sólo no contaron nada, sino que a ellos mismos se les olvidó. En el capítulo siguiente nos narra la petición de los primeros puestos por parte de Santiago y Juan. Pedro termina negándolo ante una criada. Hechos impensables después de una tal visión.

Lo importante no es que Jesús sea el Hijo amado, sino que cada uno de nosotros somos el hijo amado como si fuéramos únicos. Dios nos está comunicando en cada instante su misma Vida y habla en lo hondo de nuestro ser en todo momento. Esa voz es la que debemos escuchar. No tenemos que aceptar la cruz para alcanzar gloria. No llegamos a la vida a través de la muerte. En la muerte está ya la Vida.

Debemos escuchar a Jesús para poder comprender la Ley y los Profetas, no al revés. Seguimos apegados al AT. El mensaje de Jesús nos viene grande. Como Pedro, lo más que hemos hecho, es ponerlo al mismo nivel que la Ley y los Profetas. El interpretar a Jesús desde el AT nos ha jugado una mala pasada.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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¿Quién soy yo?

domingo, 25 de febrero de 2024
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transfiguracion011

Mt 17, 1-9

«Y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz»

Es probable que el relato de la Transfiguración sea la forma que elige el evangelista para recordarnos que ése que está a punto de subir a Jerusalén, que va a ser prendido por las autoridades, escarnecido y crucificado, es “el Hijo, el amado, el predilecto”, y que, aunque parezca lo contrario, Dios estaba con él, y no con los sacerdotes que aparentemente logran vencerle; que es a él a quien hay que escucharle.

También hay quien afirma que en la Transfiguración se manifiesta la auténtica realidad de Jesús, y por consiguiente nuestra auténtica realidad libres de las ataduras de este mundo material. Y esta última interpretación nos plantea una pregunta crucial para nosotros: ¿Quiénes somos?…

Los seres humanos somos conscientes de nuestros actos, nuestros anhelos, deseos, ilusiones, frustraciones y esperanzas; de nuestros sentimientos, y emociones, de nuestros semejantes, de nuestro entorno y de muchas cosas más. Ahora bien, esa conciencia es lo más subjetivo que puede existir, y en ella no cabe el plural, no cabe el “nosotros”, y eso nos obliga a utilizar la primera persona del singular para reformular estas frases. En ese caso hubiésemos dicho que yo soy consciente de que yo existo, de que yo pienso, de que yo siento, de que yo anhelo, de que yo decido, de que yoactúo… Pero, ¿cuál es la índole de “ese yo” alrededor del cual gira todo mi ser?…

La primera consideración es que yo debe ser tratado siempre como sujeto, y no como objeto o predicado: yo pienso, yo siento, yo anhelo…  No es correcto hablar de “mi yo”, porque yo no puedo poseerme a mí mismo. Tampoco es correcto decir que “tengo un yo”, pues la cosa es justamente al contrario: yo tengo un cuerpo, un cerebro, una conciencia y unas facultades que conforman mi ser. Esto hace que no sea fácil hablar con rigor “del yo”, y que sea habitual en los autores consultados caer en la trampa de convertirlo en objeto para poder reflexionar sobre él. En la medida de lo posible vamos a intentar no caer en ella, y para tratar de lograrlo, los próximos párrafos se van a redactar en la primera persona del singular y poniendo el énfasis en el sujeto.

Yo soy yo. Ya lo era cuando acababa de ser concebido y lo seguiré siendo aunque me corten un brazo o pierda la razón. Antes tenía dos brazos y después sólo uno, pero eso no cambia mi identidad; antes tenía consciencia y después no, pero eso tampoco la cambia. Cuando era un bebé todos a mi alrededor admitían mi identidad, e incluso después de la muerte seguiré siendo yo en la memoria de mi gente.

Hemos dicho que yo tengo un cuerpo y un cerebro, pero también tengo un conjunto de conocimientos que se va acrecentando con el paso del tiempo. Pero mis conocimientos no son yo, sino algo de mi posesión. Por mucho que cambien, yo seguiré siendo el mismo, y si pierdo la razón perderé todo mi conocimiento, pero seguiré siendo yo. El mismo razonamiento se puede aplicar al conjunto de mi experiencia. Antes acumulaba pocas experiencias y después muchas más: pero sigo siendo yo.

Y tras este repaso a mis pertenencias ya sé lo que “tengo”, pero sigo sin saber lo que “soy”. Sé que no soy mi cerebro, ni mi cuerpo, ni mi experiencia de la vida, ni mis conocimientos (porque mientras ellos cambian, yo sigo siendo el mismo). No sé hasta qué punto soy los valores arraigados en mí, o mis capacidades (como mi capacidad de amar o de sentir felicidad), mi personalidad, mi conciencia o el conjunto de todo ello… pero en definitiva no sé lo que soy.

Ahora bien, al menos tengo una pista, pues si considero la parte material de mi ser (la cosa extensa) como una simple posesión, tendré que admitir que yo estoy hecho de sustancia inmaterial. Los eleáticos, con Parménides a la cabeza, defienden que “somos lo que pensamos”, pero esta interpretación se nos antoja reduccionista, porque no explica otros atributos como la libertad o el amor. Por eso, y aunque quizás en la práctica signifique lo mismo, prefiero considerarme de naturaleza espiritual; entendiendo el término espiritual como lo opuesto a lo material.

Los racionalistas del Barroco ponen en duda la existencia de toda realidad ajena a nuestra mente (estamos encerrados en nuestro mundo mental). A mí no se me ocurre negar la realidad de mi cuerpo ni del mundo exterior, porque me parece razonable que existan —porque mis vivencias son tan vívidas, complejas y coherentes, que resulta muy difícil sustraerse a ello—, pero me permito cuestionar si mi cuerpo forma parte de mi esencia o es una simple posesión que me permite vivir en este mundo material; es decir, si mi esencia no es puramente espiritual.

Esta concepción del yo coincide básicamente con el alma inmortal cristiana puesta por Dios en cada uno de nosotros. El cuerpo muere y el alma le sobrevive para toda la eternidad. Pero si estamos destinados a gozar de más vida tras la muerte, lo lógico es pensar que sobreviviremos íntegros, sin mutilaciones, aunque dejemos en esta orilla aquellas posesiones que no necesitamos en la “otra vida”.

Desde una óptica teológica y según la concepción de ser humano que acabamos de exponer, es posible que la forma más coherente de concebirnos sea como el soplo de Dios del que habla el cronista del Génesis. El cronista afirma que en nosotros “sopla” el viento de Dios, pero según esta concepción, sería oportuno interpretarlo como que “somos” soplo de Dios; que la arcilla es una simple morada transitoria que en ningún caso forma parte de nosotros.

Yo soy soplo de Dios, espíritu de Dios, con todo lo que ello implica; amor, compasión, tolerancia, libertad… en busca de felicidad. Lo demás son unas pertenencias que perderé cuando ya no las necesite.

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Escuchadlo.

domingo, 25 de febrero de 2024
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la transfiguracionDOMINGO 2º CUARESMA (B)

Mc 9,2-10

Como cada año, la liturgia del segundo domingo de Cuaresma nos acerca al relato de la Transfiguración de Jesús. En esta ocasión de la mano del evangelista Marcos y, por tanto, con sus toques redaccionales y sus claves teológicas. Por eso encontramos la prominencia de la figura escatológica de Elías (nombrado antes que Moisés en Mc 9,4, a diferencia de Mt 17,3 y Lc 9,30) o el hincapié en el secreto mesiánico.

Pero, si hay algo que se repite en cada relato, más allá de la comunidad que subyazca tras su redacción final, es la expresión situada en el centro del texto como núcleo de la narración. Una afirmación puesta en boca de Dios mismo: “Este es mi Hijo amado”, que finaliza con un rotundo imperativo: “¡Escuchadlo!.

La descripción de los discípulos muestra la complejidad del momento que viven. El evangelio nos dice que Pedro “no sabía que decir” porque todos estaban asustados (“aterrorizados” podría ser la traducción del término griego ἔκφοβοι). No hay que olvidar que este acontecimiento tiene lugar, según los evangelios, en pleno camino hacia Jerusalén, después de que Jesús les ha anunciado por primera vez que allí padecerá, será rechazado (por los ancianos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley) y acabará muriendo. Aún más, les ha asegurado que “si alguno quiere venir detrás de mí”, ha de renunciar a sí mismo, cargar con su cruz y seguirle (cf. Mc 8,34). Junto a ello también les ha anunciado su resurrección al tercer día, pero los discípulos, tal y como nos recuerda el final del evangelio de hoy, aún no están capacitados para entender eso.

Seguramente todos podemos sentirnos identificados con Pedro, Santiago y Juan. No resulta fácil el camino hacia Jerusalén al lado de Jesús. Humanamente huimos de la cruz, del dolor y el sufrimiento. Como a los discípulos, nos cuesta entender a fondo lo que esto significa. A quienes hoy le seguimos nos alienta la experiencia pascual, la certeza de que nuestro camino cuaresmal finaliza en una Pascua alegre y plena. Pero, aunque es esta experiencia la que nos posibilita reconocer que el Resucitado no es otro que el Crucificado y que sin Cruz no hay Vida, a nuestros ojos se les hace difícil distinguirlo, a nuestra mente entenderlo y a nuestros pies ahondar sobre unas huellas que atisbamos profundas por el peso de la cruz…

Es Dios mismo, cuya presencia es simbolizada en esa nube que nos recuerda que Él nunca nos abandona (cf. Ex 13,21-22), quien nos posibilita reconocer en Jesús, -ese Jesús, el que camina hacia Jerusalén- al Hijo Amado y nos impele a escucharlo (audire), como paso previo y necesario para poder obedecerle (ob-audire). Escucharle es lo que posibilitará que su Palabra nos saque de nuestros “sustos” y nos transforme para vivir como hijas e hijos amados en el Hijo Amado.

Dice Marcos que “esto se les quedó grabado” a los discípulos. Graba, Señor, tu Palabra en nuestros corazones para que también nosotros, permaneciendo junto a ti en el camino, te escuchemos.

Inma Eibe, ccv

Fuente Fe Adulta

 

 

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Sólo en casa se está bien.

domingo, 25 de febrero de 2024
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IMG_3151Domingo II de Cuaresma

25 febrero 2024

Mc 9, 2-10

Tengo para mí que una persona únicamente puede decir “¡Qué bien se está aquí!” cuando, de manera consciente o inconsciente, se halla en conexión con lo que realmente somos.

En ocasiones, podemos decir que estamos bien, pero quizás queramos decir que no tenemos ningún malestar que nos agobie. Pero, ¿eso es estar bien? ¿Cómo decir que estoy bien cuando basta cualquier contratiempo para sentir que todo se derrumba?

Cuando el estar bien depende de circunstancias ajenas, eso es algo pasajero y, en cierto modo, superficial. Es un estar bien que se halla bajo la amenaza de lo efímero. Y resulta llamativo que, a pesar de ello, lo persigamos con todo nuestro afán. Sin embargo, mientras sea en esa dirección, habremos errado el camino porque buscamos el estar bien en un lugar equivocado, el lugar de las formas.

En ese lugar, estar bien es lo opuesto a estar mal. Y así como lo primero es ansiado con todas nuestras fuerzas, lo segundo es temido como la mayor amenaza. Nuestra mente cree trazar con exactitud la línea divisoria entre lo uno y lo otro. Y siempre que, según mis parámetros mentales, yo mismo o una persona querida “no está bien”, puedo entrar en pánico.

Sin embargo, más allá de ese «estar bien» siempre efímero y bajo amenaza, siempre perseguido y nunca totalmente atrapado, que buscamos aferrar pero se nos escurre entre los dedos, hay otro “estar bien” que no tiene opuesto ni es objeto de amenaza. Y únicamente lo experimentamos cuando vivimos en conexión con lo que somos en profundidad.

Hay un lugar en nosotros siempre disponible y siempre a salvo: es nuestra “casa”. En nuestra existencia habrá oleaje de todo tipo que nos envuelva emocionalmente, pero el fondo de lo que somos es siempre quietud, aun en las circunstancias más oscuras y dolorosas. Y aun en medio del dolor más oscuro, gracias al silencio de la mente, podremos escuchar la voz que clama en nuestro interior: “¡Qué bien se está aquí!”.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Transfigurado (Tabor), Desfigurado (Calvario), Resucitado

domingo, 25 de febrero de 2024
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IMG_3208Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

1.- TEOFANÍAS. (TEO: DIOS / FANO: MOSTRAR)

El relato de la Transfiguración se sitúa en el ámbito de las Teofanías (manifestaciones de Dios) del Antiguo Testamento.

La transfiguración es un relato de revelación con semejanzas al del bautismo de Jesús en el trío Jordán en el que también se oye una voz que dice: “Este es mi hijo amado, escuchadle”.

Por otra parte el texto de Transfiguración es como un mosaico de símbolos y alusiones religiosas:

+ La montaña como lugar cercano a los cielos donde habita Dios).

+ La nube es el signo de la presencia y protección de Dios al pueblo. Cuando las tribus hebreas caminaban por el desierto, la nube de Dios les protegía del rigor del sol.

+ La luz: el rostro resplandeciente, los vestidos refulgentes es el ámbito de Dios.

+ Las “tiendas” hace alusión a la fiesta de las tiendas en las que los judíos se encontraban con Dios.

+ La voz: Este es mi Hijo, escuchadle.

2.- JESÚS SE TRANSFIGURÓ.

El relato de la Transfiguración no es un hecho espectacular, histórico, sino que es expresión de la experiencia del encuentro de aquellos tres discípulos con JesuCristo.

Jesús era hombre como cualquier otro. Humana e históricamente hablando Jesús era un judío del siglo I en el que no era fácil ver en él a Cristo como expresión, como hijo de Dios

¿No es éste el carpintero, el hijo de María, y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven sus hermanas aquí con nosotros? (Mc 6,3).

De hecho la mayor parte de los contemporáneos y conciudadanos de Jesús no vieron, no creyeron en Jesús como Cristo, sino como el hijo de María…

Los discípulos para intuir en Jesús a Dios, al hijo de Dios, tuvieron que dar pasos y procesos de fe.

El relato de la Transfiguración está ubicado inmediatamente después del acto de fe de Pedro. «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.»

La Transfiguración acontece únicamente en la fe, por tanto para quien es creyente.

Desde la experiencia de Jesús llegaron a creer en Cristo. Desde la materialidad de las palabras y acontecimientos de Jesús, llegaron a intuir y creer que aquel hombre, Jesús, era expresión de Dios: Este es mi Hijo amado, escuchadle.

03.- TRANSFIGURAR LA VIDA.

La vida es más amplia de lo que vemos o palpamos.

Jesús, -el encuentro con Jesús- les ayudó a ver la existencia humana abierta a toda la realidad, que es más amplia que la mera materialidad.

Como personas inteligentes (homo sapiens) y como creyentes, los seres humanos tenemos la capacidad, la noble capacidad de transfigurar la vida, las realidades de la vida. Los símbolos son “pequeñas o grandes” transfiguraciones.

Transfigurar es transcender las realidades de la vida.

El cristiano -y en gran medida el ser humano- vive las mismas realidades que todo el mundo, pero las vive de modo transfigurado desde la voz que resuena en el monte Tabor.

+ Un regalo: un libro, un DVD tiene más significado que la mera materialidad del regalo. Un regalo queda transfigurado y significa afecto, amistad, agradecimiento.

+ Los seres humanos comemos, pero las comidas humanas no son la mera ingestión de unos alimentos sino que quedan transfiguradas en encuentros, amistad, amor, fiesta, celebración.

+ La sexualidad humana no es mera genitalidad zoológica, sino que es encuentro, amistad, amor.

+ Es también el caso del arte, de la estética: en el fondo es una transfiguración del hierro, de la madera, de la piedra, del lenguaje, de los sonidos, que nos transportan un “paso más allá”.

+ Cuando escuchamos una misa de réquiem, quizás evocando la muerte de los seres queridos, nos transporta, nos transfigura, nos lleva a otras realidades que se llaman recuerdo, amor, esperanza, casa del Padre, cielo, etc.

+ Un atardecer, un encuentro, una oración pueden transfigurar nuestro ser, nuestra existencia hacia la verdad, la bondad o la belleza.

+ Nos llegará la noche, la noche de la transfiguración, que dijo Pablo VI en sus últimos momentos

Así pues, cuando alguien te enseñe las estrellas, no te quedes mirando el dedo: mira al cielo, al horizonte.

Transfiguremos la vida, los acontecimientos, las realidades de la vida

04.-  ¿NOS HEMOS VUELTO INTRANSCENDENTES?

Una sociedad, una etapa cultural que no transfigura, una ideología y una iglesia que no transciende las realidades de la vida, se vuelve intranscendente y superficial.

¿No será este el caso del momento que estamos viviendo? Quizás hoy en día no se da ya el ateísmo, sino la intranscendencia.

Vivir es transfigurar la existencia, transcenderla.

Antonio Machado, Pío Baroja, M Unamuno, Juan R Jiménez, Gabriel Celaya, Jorge Oteiza, Joan Manuel Serrat, Paco Ibáñez y tantos otros, no han sido personas (poetas, cantantes, escultores etc.) o no son personas especialmente religiosas, pero sí personas capaces de transformar, de transfigurar, de sugerir una Palabra de verdad, de bondad, de estética, de ideales, valores, caminos…

05.- EL TRANSFIGURADO VA A SER DESFIGURADO.

Jesús está subiendo a Jerusalén en vísperas de ser crucificado.

Del monte Tabor Jesús subirá a otro monte: al Calvario, al sufrimiento de la vida, pero al final está la Transfiguración de la Resurrección.

El Viernes santo leeremos los cantos del Isaías sobre el siervo de Dios: no tiene aspecto humano, humillado, desfigurado …

El mismo desfigurado es quien se ha transfigurado.

¿Cómo dar respuesta y salida a lo que se avecinaba, a la cruz del Calvario y a todos nuestros “calvarios”, a nuestra muerte?.

La única forma que tiene Jesús de romper la barrera de la crucifixión y de la muerte es hacer ver a los suyos que tras la barrera de la muerte está la vida. Antes de “desfigurarse”, Jesús se transfigura. El relato de la Transfiguración tiene una función pedagógica. Es un relato de resurrección; la vida es la transfiguración de la muerte.

Entonces una luz les embargó y vivían en paz: se está bien aquí, en la fe.

Este es mi Hijo amado, escuchadle.

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El reino va realizándose y podemos saborear sus frutos en muchos momentos

domingo, 25 de febrero de 2024
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IMG_3224Comentario al evangelio del 2° domingo de cuaresma (25-02-2024)

A pesar del camino de cruz que, de hecho, van a tener que recorrer en su seguimiento, la promesa de la resurrección es una realidad y han podido saborearla en esta experiencia de la transfiguración

En nuestra vida cristiana también nos movemos entre el entender el camino de Jesús y el dudar de este

Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. Se les aparecieron Elías y Moisés y conversaban con Jesús. Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: “Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”; -pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados-. Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra y vino una voz desde la nube: “Este es mi Hijo amado, escuchadle”. Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos. Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí que era eso de “resucitar de entre los muertos” (Marcos 9, 2-10).

El domingo pasado comentábamos que el reino de Dios supone la conversión al nuevo horizonte del amor inconmensurable de Dios. Decíamos también que no es fácil entenderlo. Precisamente eso relata Marcos en el cap. 8 (antes del texto correspondiente al evangelio de hoy) cuando Jesús anuncia su pasión a los discípulos: “el Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos …”. Ellos no le entienden y Jesús los reprende: “sus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres” (Mc 8, 31-33). Tal vez por eso, en el texto de hoy, Jesús toma a sus discípulos más cercanos -los primeros que fueron llamados- y les va a revelar el sentido de su misión: Él es más grande que Moisés y Elías y la voz desde la nube lo confirma llamándole Hijo amado quien ha de ser escuchado. Por supuesto el pasaje, como todos los textos bíblicos, no ha de tomarse al pie de la letra sino entender su significado y el papel que juega en el evangelio. De este texto se dice que es un texto post pascual, es decir, cómo los evangelios se escriben después de la resurrección de Jesús, el escritor sagrado puede adelantar experiencias post pascuales que ayudan a entender al Jesús de la historia.

Lo que interesa descubrir es cómo en la vida de Jesús, de alguna manera los discípulos van descubriendo poco a poco que son llamados por alguien que es mayor que todos los profetas y que, a pesar del camino de cruz que, de hecho, van a tener que recorrer en su seguimiento, la promesa de la resurrección es una realidad y han podido saborearla en esta experiencia de la transfiguración. Pero el texto muestra que no acaban de entenderla. Quieren hacer tres tiendas para quedarse allí y discuten sobre qué significará el resucitar de entre los muertos. Jesús les dice que no cuenten a nadie lo que han visto respondiendo al objetivo de Marcos de ir manteniendo en secreto la revelación de Jesús como Mesías hasta que llegue el desenlace final.

En nuestra vida cristiana también nos movemos entre el entender el camino de Jesús y el dudar de este.  Tenemos momentos que podríamos llamar de “transfiguración” -todo parece claro, sencillo y reconfortante- y momentos de incertidumbre, duda y ganas de dejarlo todo. Así es el discipulado y se ha de caminar con ello. Pero este texto nos recuerda, una vez más, que seguimos a un Mesías crucificado pero que nos promete la resurrección. En otras palabras, el sí de Dios a la vida de Jesús sigue vigente para sus discípulos y nada de lo vivido queda perdido. El reino va realizándose y podemos saborear sus frutos en muchos momentos. Agradezcámoslo y que esas experiencias positivas nos fortalezcan para mantener la fidelidad al seguimiento hoy y hasta el final.

Consuelo Vélez

Fuente Un grano de mostaza.

(Foto tomada de: https://www.epifania.es/parroquia/retablo/la-transfiguracion/)

 

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¿Cuáles son sus pactos (bajo el arco iris de Dios) en esta Cuaresma?

lunes, 19 de febrero de 2024
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IMG_3150La reflexión de hoy es del colaborador invitado John Huân Vũ. John es un líder del ministerio laico en la Diócesis de San José y miembro del consejo asesor LGBTQ+ del Departamento de Policía de San José. Es gerente de producto en PayPal y ex voluntario que trabaja en la empresa como presidente de oración interreligiosa global.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el primer domingo de Cuaresma se pueden encontrar aquí.

En este primer domingo de Cuaresma, nos sumergimos en la historia de Noé y su familia, quienes acaban de sobrevivir a una inundación masiva en la tierra. Dios reconoció la destrucción y estableció un pacto, una declaración o una promesa a Noé y sus descendientes de que “nunca más toda vida será destruida por el agua de un diluvio; nunca más habrá diluvio que destruya la tierra” (Génesis 9:11 NVI).

Demos un paso atrás e imaginemos cómo se habrían sentido Noé y su familia en ese momento. Me imagino que sintieron miedo, tristeza, confusión o incluso enojo. Al reconocer estos sentimientos, Dios ofreció una “señal” de su alianza: un arco iris.🏳️‍🌈

¿No es hermoso que la primera aparición de la palabra “arco iris” en las Escrituras Hebreas apareciera en un acontecimiento tan significativo? Casi todos hemos visto un arcoíris, especialmente aquellos que miran a través de las nubes después de un poco de lluvia. Un día lluvioso puede ser deprimente, pero ver un arcoíris puede levantarnos el ánimo. Un arcoíris es un hermoso regalo para recordarnos que debemos seguir esperando en el pacto de Dios.

Cuando ves un arcoíris, ¿qué significa para ti? ¿Qué tal una bandera arcoíris, un cartel o incluso un pin en un edificio gubernamental, una casa o las pertenencias personales de otra persona?

En junio de 2022, estaba en un crucero de Alaska que hizo escala en el puerto de Skagway. Temprano en la mañana, antes de emprender una excursión ese mismo día, decidimos aventurarnos por el pueblo de camino a una caminata en un bosque cercano. Mientras caminábamos por este pequeño y tranquilo pueblo, notamos que varias tiendas tenían algo inesperado: banderas de arcoíris, pancartas y parafernalia. ¡Nunca esperé que esta ciudad de Alaska tuviera tantos artículos de arcoíris!

Más tarde, ese mismo día, Skagway estaba lleno de turistas y tiendas abiertas. Caminando por la ciudad, notamos a una mujer marimacha de aspecto estereotipado ayudando a los visitantes. Le preguntamos si Skagway era una ciudad amigable con LGBTQ+ dada la cantidad de arcoíris que vimos a lo largo del día. Ella sonrió y nos dijo que este era el inicio del tercer Skagway Pride anual. Unos minutos más tarde, esta ciudad tuvo un pequeño pero poderoso desfile del Orgullo compuesto por cinco autos decorados con banderas arcoíris, con las drag queens y los reyes del festival. ¡Si parpadearas, te perderías el desfile!

En el evento de inauguración del Orgullo más tarde esa noche, éramos los únicos pasajeros que conocimos a varios residentes para escuchar cómo se unieron para el Skagway Pride. Fue conmovedor escuchar al alcalde compartir lo importante que era para él que la asamblea municipal aprobara una resolución que daba la bienvenida a Skagway a personas de todas las identidades de género y orientaciones sexuales.

IMG_3149Mientras caminábamos de regreso a nuestro crucero, reflexioné sobre lo que significó toda esta experiencia para mí. Ver esos artículos del arcoíris representó un pacto, una declaración o una promesa de que la pequeña ciudad de Skagway realmente les da la bienvenida a todos. Esos arcoíris reflejaron la esperanza intrínseca de que Dios estará con nosotros para ayudar a la humanidad a ser inclusiva, acogedora y amorosa.

Cuando miramos a nuestra sociedad, esa esperanza intrínseca parece cada vez más imposible. Aunque podemos elegir fácilmente el miedo, la tristeza, la confusión o incluso la ira como Noé y su familia, sabemos que eventualmente aparecerá un arcoíris. Vemos ese arco iris cuando extraños ayudan a extraños. Vemos ese arcoíris cuando las personas se ofrecen como voluntarias en un refugio, abren sus hogares, donan sus pertenencias o ayudan a otros a encontrar a sus seres queridos. Vemos ese arco iris cuando las personas pueden dejar de lado sus creencias, sus diferencias y sus puntos de vista políticos para trabajar juntos para ser inclusivos, acogedores y amorosos.

Entonces, la próxima vez que seas testigo de un “arco iris en las nubes” en forma de compasión y bondad humana, piensa en el pacto que Dios está haciendo contigo. ¿Es un pacto de protección? ¿Es un pacto de vida plena? ¿Es una alianza de amor? ¿Es un pacto de servicio? ¿Es algo más?

En todos estos años que existió la humanidad, Dios ha sostenido su arco iris. ¿Confías en que el pacto de Dios se ha hecho contigo “y con todos los seres vivientes de toda especie”?

¿Qué pacto harás para ti, para los demás y para Dios durante este tiempo de Cuaresma?

–John Huân Vũ, 18 de febrero de 2024

Fuente New Ways Ministry

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“Escuchar la llamada a la conversión”. Domingo 1 Cuaresma – B (Marcos 1,12-15)

domingo, 18 de febrero de 2024
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IMG_3019«Convertíos, porque está cerca el reino de Dios». ¿Qué pueden decir estas palabras a un hombre o una mujer de nuestros días? A nadie nos atrae oír una llamada a la conversión. Pensamos enseguida en algo costoso y poco agradable: una ruptura que nos llevaría a una vida poco atractiva y deseable, llena solo de sacrificios y renuncia. ¿Es real mente así?

Para comenzar, el verbo griego que se traduce por «convertirse» significa en realidad «ponerse a pensar», «revisar el enfoque de nuestra vida», «reajustar la perspectiva». Las palabras de Jesús se podrían escuchar así: «Mirad si no tenéis que revisar y reajustar algo en vuestra manera de pensar y de actuar para que se cumpla en vosotros el proyecto de Dios de una vida más humana».

Si esto es así, lo primero que hay que revisar es aquello que bloquea nuestra vida. Convertirnos es «liberar la vida» eliminando miedos, egoísmos, tensiones y esclavitudes que nos impiden crecer de manera sana y armoniosa. La conversión que no produce paz y alegría no es auténtica. No nos está acercando al reino de Dios.

Hemos de revisar luego si cuidamos bien las raíces. Las grandes decisiones no sirven de nada si no alimentamos las fuentes. No se nos pide una fe sublime ni una vida perfecta; solo que vivamos confiando en el amor que Dios nos tiene. Convertirnos no es empeñarnos en ser santos, sino aprender a vivir acogiendo el reino de Dios y su justicia. Solo entonces puede comenzar en nosotros una verdadera transformación.

La vida nunca es plenitud ni éxito total. Hemos de aceptar lo «inacabado», lo que nos humilla, lo que no acertamos a corregir. Lo importante es mantener el deseo, no ceder al desaliento. Convertirnos no es vivir sin pecado, sino aprender a vivir del perdón, sin orgullo ni tristeza, sin alimentar la insatisfacción por lo que deberíamos ser y no somos. Así dice el Señor en el libro de Isaías: «Por la conversión y la calma seréis liberados» (30,15).

José Antonio Pagola

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“Se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le servían”. Domingo 18 de febrero de 2024. Domingo primero de cuaresma

domingo, 18 de febrero de 2024
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19-cuaresma B1 cerezoLeído en Koinonia:

Génesis 9,8-15: El pacto de Dios con Noé salvado del diluvio.
Salmo responsorial: 24:Tus sendas, Señor, son mi misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza.
1Pedro 3,18-22: Actualmente os salva el bautismo.
Marcos 1,12-15:Se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le servían.

La primera lectura, Génesis 9, contiene la «alianza de Dios con Noé». La alianza famosa, la más importante, tendrá lugar más tarde, la alianza con Abraham. La Alianza con Noé pertenece a un segundo plano de “la economía de la salvación”. ¡Nunca más habrá diluvio para destruir la tierra!, le asegura Dios a Noé (Gn 9,11). Y esta promesa va acompañada de un memorial: el arco iris, señal del nuevo pacto entre Dios y la humanidad.

¡El miedo al “diluvio” ha sido quebrado! Ahora tenemos una nueva alianza a partir de una alternativa de vida para todos los seres vivientes. El arca que ha abrigado a la familia se transforma en una gran casa acogedora de la vida, en donde el cuidado con los animales se destaca de una manera especial (Gn 9,1-7). Es la casa de la vida que coloca al ser humano en comunión con la tierra, con la naturaleza, con el cosmos.

El río Jordán, el desierto, y la Galilea son como un mismo “hilo conductor” de un desplazamiento fundamental que da inicio al evangelio de Marcos. Ahí percibimos el movimiento del reino de Dios que nos invita a movilizarnos en búsqueda de nuestros propios “lugares del Reino” donde se concreten y desarrollen nuestras opciones por la vida, por la dignificación de las personas y de las comunidades.

El río Jordán evoca grandes y significativos hechos de la historia de Israel. El más importante, sin duda, cuando Josué y el grupo del desierto atraviesan el río para entrar en la tierra prometida (Jos 3-4). Relato de los orígenes de aquel proyecto de vida igualitaria revelado por Dios a los esclavos fugitivos de Egipto. A partir de esta memoria primordial, Juan el Bautista convoca al pueblo alrededor de una nueva esperanza mesiánica. Allí también acude Jesús, procurando “las aguas de Juan”.

El desierto es muy frecuentemente mediación de discernimiento, formación y maduración en el proyecto de Dios. Jesús es llevado por el Espíritu al desierto, lugar por excelencia donde Israel aprendió a ser pueblo. Sujeto y proyecto anudados alrededor de la memoria del éxodo dando inicio al evangelio de Jesús.

Galilea es el lugar donde Jesús concreta su opción de humanidad y de humanización. Esta geografía es para Jesús el espacio vital del Reino. Es un mar, una tierra y un pueblo abierto a las naciones del entorno. Las fronteras se “cruzan” dando lugar a la inclusión de lo diverso en múltiples “misturas”. Favorabilidad donde madura e irrumpe el kairós del reino de Dios.

El paso del Jordán al desierto, plantea la articulación de movimientos mesiánicos proféticos que tienen en esos lugares, sus fuentes de inspiración y de organización. La confrontación con Satanás, como principio cósmico del mal que Marcos lo vincula con la enfermedad, la marginación y la muerte de los pobres, será para Jesús la definición de su vida por la ruta del reino de Dios. El desierto deja de ser lugar de prueba y penitencia según la tradición judía, para convertirse en lugar de aprendizaje definitivo en la confrontación y el desequilibrio. El Espíritu de Dios lleva a Jesús hasta la memoria fundacional de Israel, donde, venciendo a Satán, la vida se torna en fidelidad hacia Dios y hacia lo humano.

El simbolismo de los “cuarenta” tiene que ver con el trauma del nuevo nacimiento. Los poderes de la historia se hallan enfrentados: Jesús como principio de la humanidad liberada desde Dios, y Satanás, que es signo y causa de la muerte en el mundo. Nos hallamos frente al relato de un nuevo origen. Marcos re-escribe la historia, llevándonos del agua del bautismo a la re-construcción de la humanidad, para decirnos que Jesús está ahí apostando por una opción de vida, dignidad y felicidad humana. Pero Jesús no asume el combate solitario. Está junto con los animales y los ángeles como evocando un nuevo paraíso. El servicio angélico comunica esperanza y porta salvación. Al retomar el “paraíso” para re-iniciar el camino de lo humano, Jesús cuenta con fuerzas naturales y angelicales (la tierra y el cielo) favorables. Jesús se encuentra entre la tentación satánica y el servicio angélico. Es el dilema que permanentemente enfrentaremos. Marcos ha evocado estos poderes como en un espejo para que podamos mirarnos en ellos. Nos ha dicho lo que es tentar y servir, nos ha arraigado en la “historia original”. Ya en la historia concreta esos actores sobrenaturales desaparecen y es cuando Jesús nos enseña a servir, sirviendo a su comunidad discipular.

Obviamente, los cuarenta días del desierto no desaparecen. Duran todo el evangelio, toda la vida. Son paradigma de la contradicción y el desequilibrio que permanentemente atraviesan la historia. En la trama de la vida humana se ha venido a introducir y decidir la trama de pecado y esperanza de todos los vivientes (incluidos los animales, los ángeles y los diablos).

En definitiva, la liturgia nos presenta este evangelio del comienzo del ministerio de Jesús, por paralelo con el comienzo de la cuaresma. La Cuaresma es la vida humana… Leer más…

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18.2.24 Metanoia: Con-versión, supra-conocimiento (Mc 1, 14-15, Dom 1 Cuaresma)

domingo, 18 de febrero de 2024
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IMG_3085Del blog de Xabier Pikaza:

Si no cambiamos de forma de pensar y vivir, de trabajar y relacionadas (en un plano ecológico, económico, afectivo, social, militar…) moriremos pronto como individuos y especie.

Del polvo venimos y al polvo cósmico volvemos (pulvis es et in pulverem reverteris), a no ser que nos convirtamos (meta-noeîte),subiendo de nivel de pensamiento y obra). Así dice la palabra clave de la cuaresma: el “plazo (kairos) se ha cumplido, llega el reino de Dios (o la muerte cósmica); convertíos y creed en el evangelio (Mc 1,14-15).

Introducción.

Esta es la palabra y experiencia clave que voy a comentar al comienzo de cuaresma, como palabra de iglesia (evangelio) que puede y debe aplicarse en un plano personal y social, familiar y eclesial, económico, político, militar. Del polvo venimos, ante la muerte estamos, a no ser que nos con-virtamos (que cambiemos de vertiente, vertedera, arada).

Así comienza el cuerpo evangelio de Marcos (Mc 1,14-15), con una formulación que vincula el mensaje/vida de Jesús básico y la teología de Pablo. Entendida en esa línea, la conversión ha sido, en formas diversas y convergentes la palabra clave de la modernidad, desde la ilustración al marxismo, desde el nazismo a Heidegger (su famosa Kehre o vuelta), desde el capitalismo a las revoluciones post-nacionales, con las “terceras olas” sexuales y afectivas, ecológicas, económicas, y los diversos tipos de dependencias y drogadicciones.  Si  no nos convertimos y cambiamos moriremos

Pequeña historia bíblica.

Entre los elementos de la religión se suelen citar la conversión o trans-formación del ser humano y de la historia (por presencia de Dios y por cambio humano), con el arrepentimiento, el perdón (vinculado a unos ritos sagrados y a la gracia de Dios) y a un tipo de mutación humana

En esa línea ha destacado el judaísmo, que ha sido y  es religión de gracia y amor (elección, alianza), siendo también religión de conversión y arrepentimiento, como muestran algunos de los textos centrales de la Biblia, desde Ex 34,5-7 y Sal 51 (¡Miserere!), hasta Lev 16 y Dan 3,23-34. En esa línea destaca el texto clave de penitencia y conversión titulado Oración de Manasésde la Biblia Griega (de algunas ediciones los LXX), escrito hacia el siglo II a.C., que ha tenido y sigue teniendo un gran influjo en el “ordo” penitencial de las iglesias, especialmente en las comunidades cristianas ortodoxas y en muchas tradiciones católica

            «Pues tú, Señor, Dios de los justos, no estableciste la conversión (metanoia) para los justos, para Abrahán, Isaac y Jacob, que no pecaron contra ti, sino que estableciste la conversión para mí, pecado porque he cometido más pecados que las arenas del mar, se han multiplicado mis culpas, Señor, se han multiplicado, y no soy digno de volver la mirada hacia la altura del cielo por la multitud de mis injusticias (OrMan 8-9). A ti pido, Señor: ¡perdóname, Señor, perdóname! Porque tú eres, oh Dios, el Dios de los que se arrepienten» (OrMan 13, libro de Joel).  

            La Oración de Manasés y el judaísmo en general)tiende a interpretar la conversión como algo que los hombres pueden realizar, por misericordia de Dios; ellos, por sí solos, serían incapaces, pero Dios ha establecido en su favor un nuevo principio de vida: les ofrece tiempo y camino de conversión. A diferencia de eso, conforme al mensaje de Jesús y a la teología de Pablo, Dios no empieza estableciendo un tiempo de conversión para los hombres, sino ofreciendo un tiempo de perdón, de manera que la conversión podrá venir después, como efecto del perdón anterior de Dios.

            Conforme a un esquema de pacto legal, la Oración de Manasés y el judaísmo rabínico en general supone que los hombres son capaces de realizar la obra buena de la conversión, de manera que la salvación empieza por ella. Así lo muestran otros  textos como la Vida de Adán-Eva, Sabiduría y los Testamentos de los XII Patriarcas. Según ellos, Dios ofrece a los judíos un camino de conversión; no les deja perderse en el pecado, no se desentiende de ellos, sino que les busca y ayuda a fin de que se transformen. Pero al final son ellos, los judíos los que deben convertirse y hacerse así merecedores del perdón. Les salva Dios, si ellos se salvan; les convierte, si ellos se convierten. Ésta es la grandeza y límite del judaísmo en su visión de lo divino. Dios necesita que el hombre se convierta, para así volverse justo.

En esa línea, OrMan define al Señor como Dios de los justos(=Theos tôn dikaiôn). No es el Dios que justifica a los pecadores, según la formulación mesiánica de de Jesús y de Pablo, sino el amigo de los que ya son justos, según la teología del judaísmo. Por eso, el pecador se debe convertir, de manera que su justicia se expresa precisamente allí donde confiesa su pecado para superarlo. Lógicamente, cuando más intensa sea su confesión de culpas mayor será su mérito.

A través de su metanoia o penitencia creadora, el pecador se vuelve justo, llegando de esa forma a ser amigo de Dios. Por eso, para mostrar su conversión tiene que multiplicar y multiplica sus palabras de confesión de pecados. En el fondo, esta OrMan nos sitúa dentro de la más fuerte retórica de confesión de culpas. En este contexto podemos hablar de una de una antropología penitencial, es decir, del hombre que llega a ser justo a través de la conversión. El pecado era destrucción del humano; la conversión es recreación. Dios quiere perdonar todo… pero necesita que los hombres se confiesen pecadores y le invoquen: ¡Perdóname, Señor, perdóname! (OrMan 13, Sal 51 ).

  Novedad de Jesús  

 En ese contexto, pero superando la obsesión penitencial de Manasés y de otros textos semejantes se sitúa el mensaje de Jesús quien,  superando la praxis penitencial de los sacerdotes (y la enseñanza de los escribas oficiales de su tiempo que aparecen como agoreros de la ira de Dios y administradores de un pequeño perdón según sus  leyes d intereses), proclama ante los pecadores un perdón gratuito, superior, antecedente, sin exigir que ellos se conviertan primero (sin necesidad de que empiecen recitando un tipo de oración como la de Manasés). Según eso, antes que hablar de un Dios de los justos hay que hablar de un Dios de los justificados,  Dios que justifica y cura, Dios que perdona y llama, potenciando así a los hombre y mujeres para que le respondan,  pero no por ley, sino por gratuidad.

Éste es el ensanchamiento de Dios, en línea de impulso de vida: Dios perdona (acoge, impulsa, promete salvación y vida) de antemano, por principio, sin exigir que los hombres cambien previamente de conducta, es decir, sin necesidad de conversión legal (sin sacerdotes o templos). Dios se ensancha introduciéndose como potencial de amor en la vida de los hombres, de forma que ellas no sólo puedan acogerle (pistis, fe),  sino que se transformen. Ese Dios no está fuera, sino que como aliento vital (Gen 2, 7) forma la parte/dimensión más honda de la vida de los hombres.

           Sobre el polvo de la tierra en que vivimos, superando el miedo cósmico y la obsesión de pecado y muerte, Dios ofrece a los hombres perdón (esto es, camino y futuro de vida),   sin exigir que empiecen haciendo hagan penitencia, ni siquiera después de haber sido perdonados. No lo hace desde fuera, por arriba, sino desde dentro de ellos: como Padre que alienta amando en sus hijos, amigo que habita por dentro en los amigos.

           Jesús empieza ofreciendo a los hombres el perdón, es decir, la vida,  confiando que ellos se “convertirán” y cambiarán, pero no por amenaza y Ley (para seguir siempre sometidos), sino por gracia, es decir, por impulso interior y comunitario de vida, en una línea de comunión de amor y esperanza de Reino (de nueva humanidad).

           En ese sentido estricto, Jesús perdona sin condiciones antecedentes (que los hombres confiesen primero sus pecados), ni consecuentes (que reparen el mal que han cometido de un modo legal, por sometimiento), pues la misma vida nueva, en fe, en comunicación gratuita es ya perdón. Dios no exige arrepentimiento al estilo de un tipo templo de Jerusalén, donde los sacerdotes perdonaban o declaraban perdonados a los arrepentidos (según la ley sagrada, conforme a un talión sacrificial), sino que se sitúa y sitúa a los hombres por encima de un modelo de ley o talión, perdonando por pura gracia de Dios,  para que así los hombres y mujeres puedan perdonarse a sí mismos a través de una vida renovada..

Un tipo  judaísmo rabínico (y después un tipo  cristianismo oficial) ha tenido a legalizar la conversión, en la línea de la Oración de Manasés, elevando a unos hombres especiales (sacerdotes, rabinos) por encima de los otros,  como ejecutores y garantes de un perdón establecido y sancionado por ley, instaurando una ley penitencial, de acción/reacción, culpa/castigo, manejada por un tipo de jueces aliados del poder..

En contra de eso, Juan Bautista había confesado ya que el pecado es demasiado grande para ser perdonado a través de un arrepentimiento. Eso significa que este mundo, cerrado en sí mismo, carece de perdón, de forma que no tiene más salida que la muerte (muerte cósmica/ecológica, muerte socia y militar etc.). Lógicamente, los hombres no pueden hacer otra cosa que “confesar sus pecados” e introducirse en el agua del bautismo, esperando el juicio de Dios, para poder entrar en la tierra prometida.

Situándose en la línea del Bautista y suponiendo que la conversión del hombre cerrado en sí resulta insuficiente,  pero añadiendo que Dios actúa, se expresa y perdona a través (desde dentro) de los hombres, Jesús proclama y ofrece ya el perdón de Dios como expresión y presencia de su Reino; no se limita a anunciar un perdón para el final del mundo sino que acoge a los pecadores y abre ante ellos un camino de vida (un Reino, una Reconciliación, un futuro de esperanza, una resurrección).

Eso significa que Jesús no ha sido un profeta de conversión, sino un mensajero de la gracia de Dios, esto es, de la gracia y esperanza humana que se expresa no sólo en el perdón de los pecados, sino en la curación de los enfermos, en la acogida de los excluidos, en la purificación de los manchados  y  en la apertura a una vida distinta de amor y de gracia, no por ley impuesta desde fuera, sino por transformación personal y social de gracia y amor.

Desde ese fondo, actúa Jesús como promotor de un movimiento de trasformación radical de la vida humana, no por imposición militar (celotas), ni por sumisión sacerdotal (templo de Jerusalén), ni por orden imperial (Roma), sino por conversión (meta-noia, supra-conocimiento, metamorfosis de acción vida en gratuidad, desde  los campesinos galileos, empezando por abajo, partiendo de los pobres y expulsados del sistema, para iniciar con ellos un camino gratuito de “conversión”, es decir, de Reino. Así lo muestra su gran proclamación, formulada de un modo clásico por Pablo y colocada por el evangelio de Marcos como principio y lema de la nueva experiencia de Dios, expresada en forma de transformación humana en un par de versos en paralelismo  sintético  de tipo creciente (Mc 1, 15):

  • se ha cumplido (llenado) el tiempo (kairos) ↔ y se ha acercado (está presente) el Reino de Dios
  • con-vertíos (metanoeite) cambiad de mente (gnosis) ↔ y creed (piestêute) en el evangelio

Se ha cumplido/llenado (peplèrôtai) el tiempo (kairos). Se ha cumplido el tiempo, que no aparece como kronos (tiempo cronológico, de astros o reloj: cronología), sino como kairos (tiempo humanizado, en la línea de acontecimiento, mutación antropológica, histórica y socia). Nosotros, occidentales modernos, que simplificamos las cosas, solemos utilizar para todo el mismo término (tiempo, time), aunque la filosofía moderna comenzó precisamente analizando los diversos sentidos de tiempo, partiendo de M. Heidegger, Sein und Zeit (Ser y tiempo, 1927), retomando motivos que habían sido analizados en otro tiempo por los clásicos bíblicos (cf. Kohelet 3).

Lo que se ha cumplido, según Mc 1, 15 no es el kronos cósmico (a pesar de Gal 4, 4: al llegar la plenitud del kronos, tiempo), sino el kairos de la historia humana.  Ese kairos (tiempo de la acción y del pecado de los hombres, tiempo de la manifestación de Dios) se había cumplido/llenado cuando Jesús anunciaba el reino: Había crecido de forma insoportable la maldad histórico/social de los hombre, se había cumplido la paciencia/esperanza de Dios.

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Jesús contra el Diablo: demonios del mundo y de la iglesia (Mc 1, 12-13)

domingo, 18 de febrero de 2024
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Del blog de Xabier Pikaza:

El evangelio de este Dom 1 Cuaresma (Mc 1, 12-15) consta de dos partes. De la segunda (1, 14-15: Mensaje de Jesús: conversión o metanoia) traté ayer. De la primera (1, 12-13: Jesús y el Diablo) trato aquí de forma esquemática. He desarrollado el tema con mucha extensión en otros trabajos. Aquí lo presento de un modo esquemático, como introducción al evangelio de Marcos y reflexión sobre el drama de Dios y la tarea de los hombres. Buen domingo.

Texto, Marcos 1,12-15

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre animales, y los ángeles le servían.

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»

Introducción  

            Hoy comento la primera parte del texto, que retoma el  motivo del paraíso (Gen 2-3) y lo aplica a Jesús, como hombre nuevo (verdadero Adán/Eva), principio de la nueva humanidad, presentación de los dos personajes del evangelio de Marcos:  el Diablo y Jesús.  Estos son sus cuatro temas.

— Jesús estuvo en el desierto cuarenta días. Cuarenta días son el tiempo de prueba de la vida, camino que en Éxodo lleva de la esclavitud (Egipto) a la libertad de la tierra. Primitiva. Jesús es la Nueva humanidad, en él condensada, varón y mujer, judíos y gentiles. Esos cuarenta días no son tiempo “cronológico”, sino kairológico (kairos, condición de la vida humana)

— Siendo tentado por Satanás. Jesús es el Hijo (la humanidad de Dios, como acaba de decir la voz de 1,9-11). Es Dios encarnado, realizando la travesía de la humanidad. Satanás (Diablo/Tentador) forma parte de la humanidad/encarnación de Dios. Se le puede entender como condición de la finitud (Dios haciéndose tierra, vida humana) y riesgo de culpabilidad. No  un Satán Externo (Dios o diablo con cuernos y poderes cósmicos). Es la misma tentación o riesgo de la vida.

Dios no lo crea (no es creación, sino anti-creación, un tipo de antimateria). Ese Diablo/tentación es la misma prueba de la vida humana. Es por una parte lo más grande que somos/tenemos (libertad, poder dudar del mismo Dios, de nosotros mismos), siendo por otra parte lo más arriesgado y peligroso (poder de destruirnos, poder de muerte). Según eso, el Diablo/tentación forma  parte necesaria y peligrosa de nuestra vida. No es un diablo material externa, es la condición diabólico/divina de nuestra vida humana.

— Y vivía con las animales (theriôn), es decir de los animales (no de las alimañas como pone de un modo equivocado la traducción litúrgica española). Éste es el nuevo Adán, que pone nombre a los animales, como dice Gen 2-3, pero que esta sólo ante ellos y con ellos, pues no le dan verdadera compañía. La buena nueva de Jesús es un retorno de nuestro origen cósmico y animal, el descubrimiento de que somos tierra/polvo, de que somos árbol/planta, de que somos animales, ha puesto de relieve la tradición ecológica.

—Y los ángeles le servían (Mc 1, 12-13). Siendo parte del mundo animal, el hombre es parte del mundo angélico, es decir, del espíritu y palabra de Dios…Sabiendo que todo está al servicio de los hombres… Igual que los animales están al servicio de los hombres, también están a su servicio los ángeles, las “inteligencias, la vida”, como dice de un modo radical Pablo: “  todo es vuestro: sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios. (1 Cor 3, 22-23).

Esta es la nueva humanidad, condensada en Jesús, a quien el mismo Dios ha llamado (creado, instituido, como Hijo: Mc 1, 10-11) es un relato simbólico, de intenso contenido existencial, que ha de entenderse bien, pues indica la hondura abismal y la tarea de la vida de Jesús (y de los que en él creen/creemos), en términos de fondo sagrado y de intenso compromiso, como ayer mostraba. Es un texto que ha de entenderse como relato de nueva creación (como Rom 5), pero con unas  anotaciones fundamentales

  1. Este Cristo, hijo de Dios, es la humanidad entera, varón y mujer, judíos y gentiles (cf. Gal 3, 28), humanidad que no comienza en un paraíso (Gen 2-3), sino en un desierto que debemos atravesar, para convertirlo en paraíso. El mundo del que nacemos, en el crecemos no es aún paraíso, sino que es desierto que debemos convertir en paraíso.
  2. Esta nueva humanidad no se transmite por generación varón-mujer (como en Gen 2-3), sino por comunicación humana, a través de la palabra y testimonio, por humanidad compartida. No se niega la generación biológico-personal, pero se abre un tipo más alto de comunicación humana.
  3. Desde aquí (a partir de Mc 14-15: tema de la conversión, metanoia o nueva conocimiento-ser) comienza la nueva humanidad, el evangelio como conocimiento nuevo, recreación humana.
  4. Desde ese fondo hay que re-interpretar el tema de las “fieras” (animales, sería), que no son alimañas como he dicho sino el fondo animal de la vida humana… Conforme a la tradición apocalíptica, los animales puede convertirse en fieras destructoras (Dan 7), en un tipo de monstruos demoniacos.
  5. Éste es el prólogo de todo el evangelio. El conjunto de Marcos será la concreción y desarrollo de este comienzo… Este es el tema del Apocalipsis de Juan, pero expresado en forma biográfica, no de escatología consecuente.

Entorno bíblico. Los judíos, un pueblo experto en “satanismo ·

IMG_3147División de “espíritus”. Israel ha trazado una separación de campos: ángeles y demonios han dejado de ser equivalentes: Partiendo de un dualismo moral, que adquiere caracteres muy intensos, los ángeles se muestran como poderes buenos, al servicio de Dios y para ayuda de los hombres; los demonios son, en cambio, negativos, destructores.

a) La separación de campos no llega al dualismo teológico: El Diablo no tiene verdadera categoría de antidiós; es simplemente un principio del mal que en ámbito de cosmos y, sobre todo, en un plano de división antropológica. Lo demoníaco forma parte de una historia humana que se destruye a sí misma.

b) Jerarquización de lo demoníaco: El ámbito de poderes o espíritus perversos se halla dominado y dirigido por un príncipe del mal que ha recibido el nombre de Satán, Mastema, Diábolos o Diablo, Belial y Beelzebú, según las tradiciones; los demonios son sus ayudantes y seguidores, son la expresión concreta de lo demoníaco/satánico en la vida de los hombres.

c) Ángeles y demonios realizan (simbolizan) funciones contrarias que se centran, básicamente, en estos cinco espacios: sostenimiento o destrucción de la vida humana, apertura y cierre de la historia, origen del mal, libertad o esclavitid del cosmos, plenitud  (cielo, resurrección) o destrucción de la vida humana (muerte, infierno: retorno al abismo/caos del que ha surgido la humanidad de Dios por medio de la palabra y el amor).

d) Conclusión cristiana: Jesús, gran ángel encarnado en la historia, Hijo de Dios. El Nuevo Testamento reasume esos rasgos y supone esas funciones, pero las transforma y retraduce de una forma que juzgamos decisiva. Para ello, significativamente, rompe el paralelo entre los dos espacios: quien se enfrenta con lo demoníaco no es ya el mundo de los ángeles, sino el mismo Hijo de Dios, que es Jesucristo. Por eso, los ángeles pierden su importancia, al menos desde un punto de vista teológico; la función que ellos podían realizar, como enviados de Dios y amigos de los hombres, vienen a cumplirla Cristo y el Espíritu.

Teología satánica del Antiguo Testamento. Las tres perversiones

             Entre los ángeles que forman la corte de Yahvé y que de acuerdo con la vieja terminología politeísta reciben el nombre de sus «hijos», debe haber como en las cortes de este mundo un funcionario que defienda el interés de Dios y observe los pecados de los hombres, acusándoles delante de su trono. Tal es el personaje que aparece en Job 1 y que se llama, con su nombre de trabajo, el «satán», que significa «aquel que prueba» o adversario.

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Tentación sin tentaciones. Primer domingo de Cuaresma. Ciclo B

domingo, 18 de febrero de 2024
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IMG_3074“… y los ángeles le servían”

Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Un relato sin tentaciones (Marcos 1,12-13)

Si se hiciera una encuesta a los cristianos sobre las tentaciones de Jesús, algunos mencionarían la de convertir una piedra en pan; otros, que Satanás le ofreció toda la gloria y riqueza si lo adoraba; los más listos incluso recordarían lo de tirarse desde el pináculo del templo. Con eso, demostrarían conocer los relatos de las tentaciones que cuentan Mateo y Lucas. Pero Marcos no dice nada de eso.

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían.

Más que un relato parece un guion con seis datos que el catequista deberá desarrollar.

El Espíritu. En la tradición bíblica, el Espíritu es el que impulsa a los Jueces y a los profetas a realizar la misión que Dios les encomienda: salvar al pueblo de sus enemigos o transmitir su palabra. En este caso, con notable diferencia, el Espíritu impulsa a Jesús al desierto.

El desierto es el lugar de la prueba, como lo fue para el pueblo de Israel cuando salió de Egipto, camino de la Tierra Prometida. Allí fue tentado para ver si era fiel. Y la inmensa mayoría sucumbió en la prueba, mostrándose un pueblo de corazón duro y obstinado. Jesús, en cambio, superará en el desierto la tentación.

Los cuarenta días equivalen a los cuarenta años que, según la tradición bíblica, pasó Israel en el desierto. Es número de plenitud, de tiempo redondo (recuérdense los cuarenta días del diluvio, los cuarenta días de Moisés en el Sinaí, los cuarenta días entre la resurrección de Jesús y la Ascensión, etc.).

Satanás. Nosotros hemos adornado este personaje con tantos elementos (incluidos cuernos y rabo) que conviene dejar claro cómo lo concibe Marcos. El evangelista usa el nombre de Satanás en cinco ocasiones (1,13; 3,23.26; 4,15; 8,33), y desaparece en la segunda parte del evangelio (cc.9-16); curiosamente, la última vez que se menciona a Satanás no se refiere al demonio sino el apóstol Pedro, que quiere apartar a Jesús de la pasión y la cruz. Por consiguiente, Satanás es el símbolo de la oposición al plan de Dios. Satanás quiere apartar a Jesús del camino que Dios le ha trazado en el bautismo: hacer que se olvide de pobres y afligidos, dejar de consolar a los tristes, de anunciar la buena noticia. O, como hará Pedro más adelante, pedirle que cumpla su misión, pero sin pensar en cruz ni sufrimientos.

Fieras y ángeles. Esta curiosa mención está cargada de simbolismo. Los animales del desierto no son los que ve cualquier campesino galileo a su alrededor: mulos, vacas, ovejas… Son escorpiones, alacranes, etc. Y esto nos recuerda el Salmo 91,11-13, donde aparecen mencionados junto con los ángeles:

  «A sus ángeles ha dado órdenes

  para que te guarden en todos tus caminos;

  te llevarán en sus palmas

  para que tu pie no tropiece en la piedra;

  caminarás sobre chacales y víboras,

  pisotearás leones y dragones».

Jesús, en el desierto, sufre la tentación de Satanás. Pero Dios está a su lado, lo protege mediante sus ángeles, y hace que triunfe en todos los peligros.

Estos elementos (tentación, vivir con los animales, servicio de los ángeles) recuerdan al relato de Adán en el paraíso, tal como se contaba en las tradiciones rabínicas. De este modo, Marcos presenta a Jesús como el nuevo Adán, que, a diferencia del primero, no sucumbe a la tentación, sino que la supera.

Primera actividad de Jesús y síntesis de su predicación (Marcos 1,14-15)

El relato de las tentaciones en Marcos es tan breve que la liturgia ha añadido las frases siguientes. Aunque tratan un tema muy distinto (el comienzo de la actividad de Jesús), la invitación a la conversión encaja muy bien al comienzo de la Cuaresma.

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».

Esas palabras ya las leímos el domingo 3º del Tiempo Ordinario. Marcos ofrece tres datos: 1) momento en el que Jesús comienza a actuar; 2) lugar de su actividad; 3) contenido de su predicación.

Momento. Cuando encarcelan a Juan Bautista. Como si ese acontecimiento despertase en él la conciencia de que debe continuar la obra de Juan. Nosotros estamos acostumbrados a ver a Jesús de manera demasiado divina, como si supiese perfectamente lo que debe hacer en cada instante. Pero es muy probable que Dios Padre le hablase igual que a nosotros, a través de los acontecimientos. En este caso, la desaparición de Juan Bautista y la necesidad de llenar su vacío.

Lugar de actividad. A diferencia de Juan, Jesús no se instala en un sitio concreto, esperando que la gente venga a su encuentro. Como el pastor que busca la oveja perdida, se dedica a recorrer los pueblecillos y aldeas de Galilea, 204 según Flavio Josefo.

Los judíos de Judá y Jerusalén no estimaban mucho a los galileos: «Si alguien quiere enriquecerse, que vaya al norte; si desea adquirir sabiduría, que venga al sur», comentaba un rabino orgulloso. Y el evangelio de Juan recoge una idea parecida, cuando los sumos sacerdotes y los fariseos dicen a Nicodemo: «Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta» (Jn 7,52).

Mensaje. ¿Qué dice Jesús a esa pobre gente, campesinos de las montañas y pescadores del lago? Su mensaje lo resume Marcos en un anuncio («Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios») y una invitación («convertíos y creed en el Evangelio»).

El anuncio encaja en la mentalidad apocalíptica, bastante difundida por entonces en algunos grupos religiosos judíos. Ante las desgracias que ocurren en el mundo, y a las que no encuentran solución, esperan un mundo nuevo, maravilloso: el reino de Dios. Para estos autores era fundamental calcular el momento en el que irrumpiría ese reinado de Dios y qué señales lo anunciarían. Jesús no cae en esa trampa: no habla del momento concreto ni de las señales. Se limita a decir que «está cerca».

Pero lo más importante es que vincula ese anuncio con una invitación a convertirse y a creer en la buena noticia.

Convertirse implica dos cosas: volver a Dios y mejorar la conducta. La imagen que mejor lo explica es la del hijo pródigo: abandonó la casa paterna y terminó dilapidando su fortuna; debe volver a su padre y cambiar de vida. Esta llamada a la conversión es típica de los profetas y no extrañaría a ninguno de los oyentes de Jesús.

Pero Jesús invita también a «creer en la buena noticia» del reinado de Dios, aunque los romanos les cobren toda clase de tributos, aunque la situación económica y política sea muy dura, aunque se sientan marginados y despreciados. Esa buena noticia se concretará pronto en la curación de enfermos, que devuelve la salud física, y el perdón de los pecados, que devuelve la paz y la alegría interior.

El recuerdo del bautismo (dos primeras lecturas)

Desde antiguo, la celebración de la Pascua quedó vinculada con el bautismo de los catecúmenos el Sábado Santo, y eso ha influido en la selección de las lecturas. Ya la primera carta de Pedro ve en la salvación de ocho personas del diluvio atravesando el agua un símbolo del bautismo que ahora nos salva. Este texto se recoge en la segunda lectura. La primera, como es lógico, recuerda el relato del Génesis.

Génesis 9.8-15

Dios dijo a Noé y a sus hijos:

Yo establezco mi alianza con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañan, aves, ganados y fieras, con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra. Establezco, pues, mi alianza con vosotros: el diluvio no volverá a destruir criatura alguna ni habrá otro diluvio que devaste la tierra.

Y Dios añadió: Esta es la señal de la alianza que establezco con vosotros y con todo lo que vive con vosotros, para todas las generaciones: pondré mi arco en el cielo, como señal de mi alianza con la tierra. Cuando traiga nubes sobre la tierra, aparecerá en las nubes el arco y recordaré mi alianza con vosotros y con todos los animales, y el diluvio no volverá a destruir a los vivientes.

La carta de Pedro (llamada así, aunque no la escribió san Pedro) ve en el diluvio un simbolismo del bautismo: Noé y sus hijos se salvaron cruzando las aguas del diluvio, el cristiano se salva sumergiéndose en el agua bautismal.

  1 Pedro 3, 18-22

Queridos hermanos: Cristo sufrió su pasión, de una vez para siempre, por los pecados, el justo por los injustos, para conduciros a Dios. Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu; en el Espíritu fue a predicar incluso a los espíritus en prisión, a los desobedientes en otro tiempo, cuando la paciencia de Dios aguardaba, en los días de Noé, a qué se construyera el arca, para que unos pocos, es decir, ocho personas, se salvaran por medio del agua. Aquello era también un símbolo del bautismo que actualmente os está salvando, que no es purificación de una mancha física, sino petición a Dios de una buena conciencia, por la resurrección de Jesucristo, el cual fue al cielo, está sentado a la derecha de Dios y tiene a su disposición ángeles, potestades y poderes.

Jesús y nuestro bautismo

La presentación de Jesús como nuevo Adán está estrechamente relacionada con la nueva vida que comienza en el cristiano con el bautismo. La Cuaresma es el mejor momento para profundizar en este sacramento que, en la mayoría de los casos, recibimos sin ser conscientes de lo que recibíamos.

 

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Primer Domingo de Cuaresma. Ciclo B. 18 de febrero, 2024

domingo, 18 de febrero de 2024
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El Espíritu impulsó a Jesús al desierto”.

(Mc 1, 12-15)

Parece que al leer esto, lo primero que nos sale es: «¡Ay, ay, Jesús no vayas! ¡Ten cuidado! Van a intentar liarte y hacerte mal… «. Pero se nos olvida, o no prestamos atención, al sujeto de la frase: el Espíritu. Es Dios quien le empuja… No va a estar solo… Además, el evangelista Marcos nos lo presenta justo después del Bautismo donde Jesús escuchó: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”.

Nos olvidamos de la acción del Espíritu de Dios en nuestro día a día. Nos podemos preguntar: ¿qué pasaría si fuésemos consciente de la acción de Dios en cada momento, en este mismo instante? ¿Cómo sería si nos dejásemos empujar libremente por su Espíritu? Nuestra vida cambiaría, ¿verdad? Seríamos personas llenas de agradecimiento, de confianza, de esperanza.

El desierto… ese lugar que nos atrae y nos da miedo al mismo tiempo… Silencio y soledad. Escucha atenta. Mirada profunda. Encuentro con nuestras sombras, con aquello que tratamos de esconder en nuestra vida porque duele… Dios está aquí, con nosotras, siempre.

Jesús fue puesto a prueba, y no solo en el desierto. Dios decidió hacerse persona, y eso incluía las pruebas, los miedos y el dolor. Conoce nuestra fragilidad, nuestros límites. Y, con toda nuestra realidad, nos llama a amar, a servir y a anunciar su Reino.

Se nos invita hoy también a convertirnos, a volver el corazón a Dios, a creer en el Evangelio. ¿Creemos en la Buena Noticia de Jesús? ¿Nos habla la Palabra de Dios? ¿Nos interpela y nos mueve a hacerla vida?

Tenemos tarea para esta Cuaresma (y para toda nuestra vida): volver nuestro corazón a Dios, creer en la Buena Noticia de Jesús y ponerla en práctica, y dejarnos impulsar por el Espíritu. ¡Ánimo, que promete salir bien!

Oración

Trinidad Santa, vuelve nuestro corazón a ti. Haz que nos dejemos impulsar por tu Espíritu en cada momento de nuestra existencia.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Jesús fue al desierto para dilucidar el sentido de su mesianismo.

domingo, 18 de febrero de 2024
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ar_codigo-jesus-s01e02-los-huesos-de-juan-bautista_p_mDOMINGO 1º DE CUARESMA (B)

Mc 1,12-15

Durante siglos, hemos puesto en el perdón de Dios la meta de nuestras relaciones con Él. Esta idea de Dios está en las antípodas del evangelio. Jesús nos dice que el perdón es el punto de partida. Nuestro concepto de pecado se basaba en el mito de la ruptura. A partir de ahí, la religiosidad consistía en una recuperación de lo perdido. Hoy tenemos datos para intentar otra solución al problema. Somos fruto de la evolución y seguimos avanzando. Vamos de menos a más y nuestra preocupación debe ser acelerar la marcha.

El pecado es una de las experiencias más dolorosas y humillantes del ser humano. Lo que tenemos que superar es una explicación demasiado primitiva de “fallo” y descubrir un modo de afrontarlo que pueda ser útil para superarlo eficazmente. El mal no tiene nada de misterio. Es consecuencia inevitable de nuestra condición de criaturas limitadas. Una inercia de tres mil millones de años de evolución, que nos empuja hacia el individualismo, no puede ser contrarrestada por unos cientos de miles de años de trayectoria humana.

El primer objetivo del ser vivo fue mantener esa vida contra todas las agresiones externas e internas. Esta experiencia se va almacenando en el ADN. Gracias a él, la vida no solo se conservó, sino que fue alcanzando cotas más altas de perfección, hasta llegar al “homo sapiens”. Su relativa perfección permite al hombre unas relaciones completamente distintas; ahora fundadas en la armonía. Pero permanece el instinto de conservación que le lleva al individualismo. Debemos superar esa visión miope por un nuevo conocimiento.

Fijaos bien que los tres temas clásicos de la cuaresma son: Oración, ayuno, limosna. En ellos quedan resumidas todas las posibles relaciones humanas: con Dios, con uno mismo, con los demás. Con las cosas tendríamos que añadir hoy. Nuestra calidad humana depende de la calidad de las relaciones. Si no sobrepasan lo instintivo, esas relaciones estarán basadas en un individualismo feroz. Si esas relaciones están basadas en el conocimiento de tu auténtico ser, te llevarán a la armonía con todos los demás seres.

El hecho de que Marcos sea tan breve, siendo el primero que escribió, nos está diciendo que, en Mateo y Lucas, se trata de una elaboración progresiva, y no de un olvido de los detalles por parte del primero. También pudiera ser que Mateo y Lucas encontraran ya el relato ampliado en la fuente Q, anterior a Marcos. En todo caso, esas diferencias nos están demostrando el carácter simbólico del relato, más allá de las limitaciones de tiempo y lugar. Mc está planteando en tres líneas toda la trayectoria humana de Jesús.

El objetivo del relato es distinto en cada uno de los sinópticos. Mc no pretende ponernos en guardia sobre las clases de tentaciones que podemos experimentar. En él no hay tres tentaciones, porque plantea toda la vida de Jesús como una constante lucha contra el mal. En el evangelio de Marcos no vuelve a aparecer Satanás. Su lugar lo van a ocupar instituciones y personas de carne y hueso, que a través de toda la obra intentarán apartar a Jesús de su misión liberadora. La tentación está siempre a nuestro alrededor. De aquí parte la necesidad que nosotros también tenemos de ayuno, oración y limosna.

Inmediatamente. Comienza la lectura de hoy con la anodina frase de siempre “en aquel tiempo”. Es interesante saber que en el versículo anterior nos habló de la bajada del Espíritu sobre Jesús en el bautismo. Es muy significativo que el Espíritu se ponga a trabajar, de inmediato. Toda la actuación de Jesús se realiza bajo la fuerza del Espíritu. El Espíritu, no es todavía el “Espíritu Santo” según la idea que se desarrolló en los siglos VI y V; se trata de la fuerza de Dios que le capacita para actuar.

El Espíritu le empujó. El verbo griego empleado es “ekballo” = Empujar, echar fuera. No se trata de una amable invitación, sino de una acción que supone violencia. El mismo verbo que el domingo pasado empleó Jesús para despedir al leproso. El Espíritu le arrastra al desierto. Al recibir el Espíritu en el bautismo, Jesús no queda inmunizado de la lucha contra el maligno. Como todo hijo de vecino (hijo de hombre), Jesús tiene que debatirse en la vida para alcanzar su plenitud. Precisamente por haber alcanzado la meta como ser humano, está capacitado para marcarnos el camino a nosotros.

Al desierto. El desierto es el lugar teológico de la lucha, de la prueba; y, superada la prueba, del encuentro con Dios. Es imposible comprender todo el simbolismo del desierto para el pueblo judío. La clave de su historia religiosa se encuentra en el desierto. Jesús sufre las mismas tentaciones que Israel, pero las supera. No se trata del desierto físico, sino del símbolo de la lucha. Es muy significativo que todos los evangelios nos hagan ver cómo Jesús encontrará a Satanás en su mismo pueblo.

Se quedó en el desierto cuarenta días. El número cuarenta es otra clave simbólica para entender el relato: 40 días duró el diluvio, 40 años pasó el pueblo judío en el desierto. 40 días estuvo Moisés en el Sinaí. 40 días fueron necesarios para que se conviertan los ninivitas. 40 días camina Elías por el desierto. No se trata de señalar un tiempo cronológico, sino de evocar una serie de acontecimientos salvíficos en la historia del pueblo judío, que quedarán superados por la experiencia de Jesús.

Tentado por Satanás.Peireo” indica más bien una prueba que hay que superar. No puede haber un aprobado si no hay examen. ‘Satán’ significa el que acusa en el juicio, exactamente lo contrario que ‘paráclito’, el que defiende en un juicio. En Mateo y Lucas las tentaciones tienen lugar al final de los cuarenta días de ayuno. En Marcos no aparece el ayuno por ninguna parte y la tentación abarca todo el tiempo que duró el retiro en el desierto. Marcos no nos habla de penitencia, sino de lucha por comprenderse en Dios.

Estaba entre las fieras. La traducción oficial de alimañas condiciona la interpretación. El texto griego y el latino dice: animales salvajes concretos, conocidos por todos. Puede entenderse como que Jesús está en la vida en medio de todas las fuerzas que condicionan al hombre, unas buenas (Espíritu, ángeles), otras malas (Satanás, fieras) Pero también podría aludir a los tiempos idílicos del paraíso, donde la armonía entre seres humanos y la naturaleza entera será total. Recordemos que el tiempo mesiánico se había anunciado como una etapa de armonía entre hombres, naturaleza y fieras.

Y los ángeles le servían. El verbo que emplea es “diakoneô” que significa servir, pero con un matiz de afecto personal en el servicio. En el NT “diaconía” es un término técnico que expresa la actitud vital de servicio, de los seguidores de Jesús. Su primer significado en griego clásico era “servir a la mesa”. Pero aquí este significado iría en contra de todo el sentido del relato, porque indicaría que, en vez de ayunar, era alimentado por los ángeles. Seguramente quieren hacer un contrapeso al diablo que le tentaba.

 Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Convertíos

domingo, 18 de febrero de 2024
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Mc 1, 12-15

«El reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la buena Noticia»

La cuaresma se inspira en los cuarenta días de oración y penitencia que Jesús pasó en el desierto, y por eso tradicionalmente se le ha dado un carácter penitencial. Pero no es ése su sentido. No es un periodo de expiación por la vida mundana que llevamos el resto del año ni de penitencia por nuestros pecados, sino tiempo de conversión.

Convertirse es “volverse”, “cambiar de dirección”. Vamos caminando por la vida, nos encontramos con Jesús y tomamos su misma dirección porque nos convence su forma de vida, porque el encuentro con él produce cambio; cambio de criterios, de valores; cambio de Dios. Y Ahí está la buena Noticia, porque el Dios al que nos tenemos que convertir no es el que nos estropea la vida con exigencias, no es el que nos amenaza con castigos, sino el que salva nuestra vida de la trivialidad y el sinsentido. Convertirse es abrazar la buena Noticia.

Convertirse es ante todo desterrar el “mal espíritu” con el que nos tienta el mundo; es vivir con el “espíritu de Jesús”. El mal espíritu es el que nos mueve a banalizar la vida, a vivirla ajenos al espíritu de Dios; ajenos a Dios. Es el que nos impide aceptar la buena Noticia y nos arrastra a seguir viendo a Dios como juez que premia y castiga, y no como Padre que se desvive por sus hijos. Es el que nos imposibilita aceptar la vida como misión de Dios; una misión de salvar y de servir.

Con el espíritu de Jesús la vida tiene un sentido, y ese sentido es colaborar en la obra de Dios. Tiene una meta que es lograr la plenitud humana; el sueño de Dios. Y también tiene un camino que recorrer; el camino que nos muestra Jesús. Con el espíritu de Jesús la vida es algo diferente, es una vida nueva, renovada, con sabor, salvada de la oscuridad y de la muerte. Y todo ello animados por la fuerza de Dios, empeñado en que sus hijos lleguen a la meta.

Convertirse es también cambiar nuestro concepto del bien y del mal. “Bien” no es lo que me apetece, lo que me produce contento o placer, sino lo que me sirve para caminar hacia la Vida. “Mal” no es lo que me contraría, lo que me produce sufrimiento, sino lo que me estorba para caminar. Ni siquiera se trata de que viviendo así vayamos a ser más felices, pues no recibimos gratificación alguna por ello. Si somos más felices (el ciento por uno en esta vida) es una buena señal, es que vamos por el buen camino, pero el premio es simplemente vivir así, vivir válidamente, no tirar la vida. El premio es salvar la vida.

La cuaresma no es por tanto un esfuerzo nuestro para ver si Dios me perdona, para ver si Dios me escucha. Es un esfuerzo de Dios para que yo le escuche, una oferta de vida. “Convertíos” significa simplemente, hacedle caso a Dios, aceptad la oferta de Dios salvador.

(Entresacado de un artículo de J. E. Ruiz de Galarreta)

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Un buen empujón.

domingo, 18 de febrero de 2024
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IMG_2725Mc 1, 12-15

“En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto…”

Verdaderamente suena muy fuerte el verbo “empujar” refiriéndose a la acción del Espíritu hacia Jesús.

Empujar a alguien implica cierta violencia: no se respeta lo que está haciendo, no se tiene en cuenta su elección, su forma de actuar.

Subir al monte a orar en la soledad de la noche es una cosa, pero adentrarse en el desierto por cuarenta días (esa cifra tan presente en momentos claves a lo largo de toda la Biblia) a enfrentarse con lo que vivía por dentro y lo que se complicaba en el camino que tenía por delante, debió ser complejo.

El Espíritu a veces susurra, otras empuja. Aquí se impuso un buen empujón, amoroso pero contundente. Había que prepararse para el combate en el mundo venciendo las tres conocidas tentaciones, tan comunes en el ser humano: apego a las cosas materiales, poner a prueba a Dios y las ansias de poder.

Se inicia la Cuaresma. Otra vez el número cuarenta nos sirve de referencia de preparación, entrenamiento y discernimiento en el desierto de cada día.

¿Qué le pido al Espíritu? Un buen empujón, como el de Jesús, para adentrarme en el desierto estos cuarenta días. Me refiero al desierto interior, ese que todos llevamos dentro y que tantas veces dejamos de lado o rodeamos para no aclarar cómo va nuestra vida interior.

Decía Thomas Merton*: “El verdadero desierto es esto: enfrentarse a las limitaciones reales de la existencia y el conocimiento de uno y no intentar manipularlas ni disfrazarlas” (1).

Merton se hace también una pregunta más directa: “¿Qué es mi desierto? Su nombre es ‘compasión’. No hay desierto más terrible, más hermoso, más árido y fructífero que el desierto de la compasión. Es el único de desierto que florecerá verdaderamente como el lirio. Se convertirá en un lago, brotará y florecerá y se regocijará con alegría. Es en el desierto de la compasión donde la tierra sedienta se convierte en manantiales de agua, donde el pobre posee todas las cosas” (2)

Cuando Jesús dejó el desierto tras los cuarenta días “se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios”, lo que me hace pensar que su corazón compasivo, lleno de todas las gentes que se le habían acercado por los caminos, le impulsó a expandir el mensaje de conversión y de creer en el Evangelio. En definitiva, continuar su Misión.

El mensaje sigue estando de total actualidad en nuestro tiempo, así que habrá que ir compartiendo cuando salgamos del desierto interior tras la puesta a punto de la Cuaresma.

Mari Paz López Santos

2024.02.18 – FEADULTA

I Domingo de Cuaresma

*DICCIONARIO DE THOMAS MERTON, Ediciones Mensajero, 2015, (1) pág. 142, (2) pág.143

Fuente Fe Adulta

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Desierto

domingo, 18 de febrero de 2024
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IMG_2982Domingo I de Cuaresma

18 febrero 2024

Mc 1, 12-15

   En la Biblia, desierto significa, a la vez y de manera paradójica, lugar de prueba y lugar de intimidad con Dios. Aunque, si lo miramos detenidamente y, sobre todo, si lo experimentamos, apreciaremos el sentido de aquella paradoja.

Lo que solemos designar como “prueba” -pérdidas de todo tipo, dificultades, contratiempos, crisis…- saca a flor de piel nuestra vulnerabilidad. Y cuando la vulnerabilidad se acoge y se acepta, abre la puerta a nuestra humanidad profunda y, con ella, al amor y la compasión. De ese modo, la prueba se convierte en puerta que nos introduce en la profundidad.

El ser humano tiende a buscar e instalarse en cualquier zona de confort. Como si en cada uno de nosotros viviera un pequeño burgués amante de la comodidad y del bienestar. Y eso no está mal. Lo malo suele ser que esa misma dinámica tiende a mantenernos en la superficie, alejados de lo mejor de nosotros mismos, de los demás y de la vida. Porque en la superficie fácilmente nos conformamos con “sobrevivir”.

Las pruebas nos zarandean y, al hacerlo, si no nos hundimos ni nos endurecemos, nos obligan a buscar aquello que nos sostiene; la experiencia de lo impermanente -doloroso en sí mismo, antes o después- nos pone en camino de aquello que permanece. El propio dolor nos muestra nuestra vulnerabilidad, haciéndonos conscientes de que no podemos escamotearla.

Y es ahí, al abrazarla, cuando nos hace más humanos. Y eso ocurre porque, como escribe Eckhart Tolle, solo en la medida en que aceptamos nuestra vulnerabilidad, descubrimos nuestra invulnerabilidad verdadera. Absolutamente vulnerables en la forma, somos, a la vez, aquello que permanece siempre estable. por ese motivo, también el desierto, cuando sabemos vivirlo, nos conduce a casa.

La experiencia del desierto nos humaniza porque nos hace pasar de la superficialidad a la profundidad, del narcisismo a la empatía y la compasión, del egocentrismo a la ofrenda, del despiste sobre nosotros mismos a la comprensión y el gozo de lo que realmente somos, de sobrevivir a vivir en plenitud…

Enrique martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Del Paraíso al desierto y del desierto al Paraíso

domingo, 18 de febrero de 2024
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IMG_3026Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.-  COMENZAMOS LA CUARESMA: CUARENTA DÍAS.

La cuaresma son los cuarenta días de preparación a la Pascua del Señor.

Cuarenta es un número simbólico que aparece en momentos decisivos de la Biblia, de la cultura del pueblo de Israel y de Jesús.

El número cuarenta aparece más de 100 veces en la Biblia:

+ Cuarenta días y cuarenta noches estuvo lloviendo en el diluvio “bautismal” en tiempos de Noé.

+ De Moisés se dice que vivió 120 años: 40 en Egipto, cuarenta como pastor en Madián y cuarenta años peregrinando con las tribus hebreas tras el Éxodo hasta llegar a la libertad y la tierra de promisión.

+ Cuarenta son los días que Jesús estuvo en el desierto superando las tentaciones del desierto.

+ Jesús asciende a los cielos a los cuarenta días de la resurrección.

Cuarenta Significa un tiempo -toda la vida- de una experiencia humano-religiosa intensa, decisiva.

Llegar a la tierra de promisión, a la felicidad, a la realización personal (y comunitaria), nos va a costar “cuarenta años”, toda la vida de desierto.

02.- EL DESIERTO

El desierto no es solamente algo geográfico, un lugar árido y hostil, el desierto del Sahara…

El desierto en la Biblia tiene un sentido teológico y es una actitud de vida humano-religiosa.

El desierto es el lugar de la austeridad, del silencio, de la oración, es el lugar o la situación de prueba: la dureza de la vida. El desierto es camino y búsqueda.

La vida es un desierto. A lo largo de nuestro caminar atravesamos por un desierto muchas veces entre alimañas de todo tipo como escuchábamos en el evangelio, con tentaciones de todo tipo, con crisis y penas.

Nos hará bien huir del “mundanal ruido”, retirarnos de la algarabía social al desierto, escapar del zapping y cosas por el estilo.

Mejor nos encerramos en nuestra habitación para encontrarnos con nosotros mismos y con Dios.

Por otra parte, una cierta austeridad en la vida nos hace bien.

Parece como que el ideal de vida es pasarlo bien, todo fácil, cuantas menos horas de trabajo, mejor.

Facilitar todo a las generaciones más jóvenes -y a las nuestras- ¿no está creando personas más bien blandas? La vida es desierto, camino, esfuerzo, crisis, gracia, Éxodo, libertad y liberación.

03.- NOSTALGIA DE PLENITUD

Todos tenemos un anhelo infinito de vida y felicidad. Somos un eterno deseo de bienestar, de vivir bien. Somos una pasión infinita.

Nuestra vida, nuestro Éxodo, siempre está marcado también por el esfuerzo, heridas y alimañas: el mal, la culpa y muerte ¿Tres heridas incurables?

Somos siempre una asignatura pendiente para nosotros mismos. Somos una diferencia entre lo que somos y lo que quisiéramos vivir, incluso somos un pequeño abismo entre lo que somos y lo que deberíamos ser.

El hombre moderno (Ilustración) piensa que puede darse a sí mismo la felicidad y la plenitud, pero eso no es cierto. Pensamos que el progreso, la técnica, los políticos nos van a traer el paraíso terrenal, pero seamos conscientes de que no está en nuestras manos concedernos la plena felicidad.

Ninguna realidad humana llena nuestro corazón. Nunca el placer es bastante, nunca el dinero, ni el poder colman el corazón de ser humano.

Nuestro corazón no se aquieta con la simple realización de nuestras necesidades.

El ser humano no puede, no podemos colmar nuestra vida.

San Agustín escribía aquello de: Nos hiciste para Ti y nuestro corazón está inquieto, pues solamente descansará cuando te encuentre.1

Un salmo expresa muy bien estas cosas:

Mi alma tiene sed de ti, mi vida ti ansia de Ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua,

(Salmo 63,2)

04.-  LA CUARESMA TIEMPO DE GRACIA.

Es cierto que la cuaresma es tiempo de penitencia y de conversión, pero, sobre todo, es tiempo de gracia.

No carguemos las tintas en el pecado y la penitencia con sus secuelas de culpabilidades, miedos, angustias, condenaciones, etc.

Convertirse no es un esfuerzo titánico contra el mal a base de penitencias y castigos, ayunos, cilicios y disciplinas. Nuestra conversión es comprender y vivir que Dios es bueno. Convertirnos es pasar de la imagen de un Dios justiciero a la realidad de un Dios de bondad y misericordia.

La cuaresma, el Éxodo es mirar al futuro con esperanza. Lo que esperamos de la bondad de Dios es la alegría del presente.

Que tengamos una serena travesía creyendo en el Evangelio de la gracia: Dios está de nuestra parte,

Dios hizo un pacto con la humanidad (Noé – alianza).

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Convertirse a la misericordia de Dios sería una buena manera de comenzar este tiempo de cuaresma

domingo, 18 de febrero de 2024
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Del blog de Consuelo Vélez Fe y Vida:

Comentario al evangelio del 1° domingo de cuaresma (18-02-2024)

Considerar las tentaciones mesiánicas de Jesús es, entonces, confrontar nuestra propia fidelidad a la misión encomendada

Como nos cuesta creer y vivir el reino anunciado por Jesús, el anuncio del evangelio que hacemos no tiene la fuerza de transformación que Jesús nos dijo que tendría

A continuación, el Espíritu empuja a Jesús al desierto y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentando por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían. Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea y proclamaba la Buena Nueva de Dios: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca, conviértanse y crean en la Buena Nueva”(Marcos 1, 12-15).

Comienza el tiempo de cuaresma y el evangelista Marcos, en cuatro versículos, nos relata las tentaciones y el contenido de la predicación de Jesús. Sabemos que Mateo y Lucas describen más detalladamente las tentaciones. Aquí sólo se nos dice que Jesús fue tentado durante cuarenta días lo cual podría ser más semejante a nuestra propia vida. Las crisis, dudas, retrocesos y caídas no son solo en un momento puntual, superándolas en el acto. Por el contrario, la vida es ese continuo caminar con toda la ambigüedad, dificultad, avances y retrocesos que nuestra condición humana implica. En el caso de Jesús sabemos que sus tentaciones son mesiánicas, es decir, respecto a su misión y no a lo que comúnmente llamamos tentaciones en la vida cotidiana. Jesús permanece firme en la misión encomendada, Jesús no cambia la radicalidad de la misma. De ahí que se gane la cruz y la asuma con todas las consecuencias. Precisamente porque se conoce el final de la vida de Jesús, el evangelista puede afirmar, desde el inicio del evangelio, la fidelidad durante toda su vida. Considerar este pasaje de la vida de Jesús es, entonces, confrontar nuestra propia fidelidad a la misión encomendada preguntándonos seriamente si mantenemos el vigor primero o si lo hemos acomodado a nuestros intereses o a lo socialmente aceptado para evitar conflictos y persecuciones.

Pero ¿cuál es la misión de Jesús y, por ende, la nuestra? En otro versículo, Marcos nos presenta a Jesús anunciando que el tiempo se ha cumplido, es decir, lo que anunciaba Juan el Bautista ya se hace realidad con su presencia y es hora de dar una respuesta contundente: convertirse y creer en la buena nueva. La palabra “convertirse” no significa lo que comúnmente entendemos de arrepentirnos de algo malo que hemos hecho. En este caso es situarse en otro horizonte -el del reino de Dios-, cambiar de mirada, darse la vuelta para iniciar un camino distinto. En eso consiste la vida cristiana. Es encontrar en la vida de Jesús lo que Dios espera de la humanidad y por eso disponernos a vivir como Él vivió, a mirar el mundo desde el horizonte que Él lo hizo.

Ese horizonte no es otro que el amor inconmensurable de Dios sobre la humanidad. En Dios solo hay misericordia y generosidad. En Él no hay castigo, ni reproches. Por eso mismo escandaliza y se rechaza. Nos gustaría más que Dios castigue a los malos y premie a los buenos -entre los cuales creemos estar nosotros- y nos cuesta creer que la metodología de Dios es transformar el corazón humano a punta de amor y no de miedo. Y como nos cuesta creerlo y vivirlo, el anuncio del evangelio que hacemos no tiene la fuerza de transformación que Jesús nos dijo que tendría.

Pero la Palabra de Dios nos sigue insistiendo por dónde se hace presente el reino. Tal vez en esta cuaresma podríamos poner el énfasis no en sacrificios o confesiones de los pecados de siempre sino en mirar la vida de Jesús a ver si le logramos entenderlo a fondo y convertirnos al Reino de Dios, muy distinto de normas, liturgias, confesiones, inciensos y sermones de castigo que surgen con tanta fuerza en este tiempo. Convertirse al amor, a la misericordia, a la generosidad del mismo Dios sería una buena manera de comenzar este tiempo de cuaresma.

(Foto tomada de: https://liturgia.jesuitas.pe/2019/03/08/las-tentaciones-de-jesus-en-el-desierto/)

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“Jesús transforma la exclusión en nombre de Dios en acogida sin reparos ni límites”, por Consuelo Vélez.

martes, 13 de febrero de 2024
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Comentario al evangelio del domingo 4-02-2024 6° del Tiempo Ordinario

Jesús pone en marcha el reino de Dios curando enfermos para mostrar la inclusión, acogida, misericordia que Dios trae

Hoy en día no se necesitan guardianes de las normas sino constructores de inclusión, acogida y respeto a la diversidad y pluralidad de nuestro mundo

Se le acerca un leproso, suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: “si quieres, puedes limpiarme”. Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: “quiero, queda limpio” y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: “Mira, ni digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio”. Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentare en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios y acudían a él de todas partes (Mc 1,40-45).

 Hay muchos relatos de curación en los evangelios y este es uno de los más conocidos. Sin embargo, casi siempre el texto se toma al pie de la letra, pensando en la enfermedad física curada por Jesús y no se pasa al plano de su significado. Las enfermedades en esos tiempos se consideraban castigo de Dios y, enfermedades como la lepra, añadían la connotación de impureza que exigía la exclusión del individuo de todos sus entornos. Es importante hacer esta aclaración para entender bien el texto.

Jesús pone en marcha el reino de Dios curando enfermos para mostrar la inclusión, acogida, misericordia que Dios trae. El énfasis no está en la salud física sino en las consecuencias sociales y religiosas de la enfermedad. Es interesante que Jesús “toca” al leproso. Al tocarlo, Jesús queda impuro como el leproso y, aunque el texto no hace alusión a esto, conociendo el contexto bien puede señalarse. Es decir, Jesús no tiene miedo a “mancharse o herirse” -como invita el papa Francisco a la Iglesia para ser en verdad una Iglesia en salida-, con tal de que el reino de Dios se haga realidad entre los suyos.

El leproso es el quien pide a Jesús que lo limpie -es decir lo libre de la impureza ritual que su enfermedad significa- y la respuesta de Jesús es más que un prestarle atención. El texto dice “compadecido”, o sea, la situación del leproso afecta a Jesús desde “sus entrañas”, “se conmueve” y, precisamente, por esa capacidad de sentir con los otros, no duda en responder a su petición. Es tan verdadera y sincera está actitud de Jesús que “al instante”, señala el texto, el leproso quedó limpio. No se está hablando de tiempo cronológico simplemente sino de transformación de la situación, de inclusión decidida y sin reparos a aquel que todos colocaban al margen, en nombre de Dios.

Muy distinta es la realidad eclesial en algunos contextos. ¡Cuánta duda para ofrecer las bendiciones a todos! ¡Cuántos escrúpulos y temores y preguntas de si lo merecen o no! Esta manera de actuar es muy distinta a la que tuvo Jesús y a la dinámica de la misericordia infinita que supone la buena noticia que hemos de comunicar.

Jesús manda al leproso a presentarse ante el sacerdote para que lo libere “institucionalmente” de la exclusión que pesaba sobre él y le pide no decirlo a nadie más. Pero ha sido tal la liberación experimentada que no consigue mantenerlo en secreto. Por su parte, Jesús prefiere no quedar tan visible para poder seguir su misión porque le interesa comunicar la misericordia infinita de Dios sin quedar atado a los halagos de la multitud.

Conviene pensar qué buena noticia estamos llamados a anunciar a todos aquellos que también hoy viven la exclusión, incomprensión o rechazo en nombre de Dios. Bajo una supuesta “pureza” exigida a nuestros contemporáneos se esconden tantos juicios que nada tienen que ver con el amor de Dios. Ojalá miremos a Jesús y aprendamos a realizar la misión como Él la realiza. Hoy en día no se necesitan guardianes de las normas sino constructores de inclusión, acogida y respeto a la diversidad y pluralidad de nuestro mundo que, la mayoría de veces, no significa pérdida de valores sino apertura a la riqueza del ser humano -imagen y semejanza de Dios- que excede en mucho nuestras comprensiones y pequeños entornos.

(Foto tomada de: https://www.dominicaslerma.es/home-2/rincon-para-orar/1303-jesus-cura-a-un-leproso.html)

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