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Dar buenos frutos

domingo, 8 de octubre de 2017
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uva-vite-prunottoDebo a esta religión, y por tanto a esta Iglesia (en mi caso la católica), una parte fundamental de lo que yo soy, o de lo que intento ser. Mi moral, desde mis años piadosos, apenas ha cambiado (André Comte-Sponville)

8 de octubre- Domingo XXVII del TO

Mt 21, 33-43

Le respondieron: Acabará con aquellos malvados y arrendará la viña a otros viñadores que le entreguen su fruto a su debido tiempo.

El profeta Isaías hace un canto de amor a la viña de su amigo (Is, 5), y en Oseas se dice que Israel era una vid frondosa que daba fruto abundante (Os 10, 1-8). El Salmista recuerda la vid traída de Egipto, cuya sombra cubría montañas (Sal 79). Textos que identifican a la viña con la casa de Israel que, infiel, deserta por enésima vez de los planteamientos de su Dios.

En la parábola de los viñadores malvados, el evangelista relata la ilusión del hacendado con su viña y el abandono con que la trataron los arrendatarios. El culmen de tamaña osadía acabó con el maltrato y la matanza de los emisarios, incluido el propio hijo del señor de la viña. Jesús nos cuenta el final de tan triste historia: “Por eso os digo que a vosotros os quitarán el reino de Dios y se lo darán a un pueblo que produzca sus frutos” (Mt 21, 43).

Los exégetas y comentaristas afirman que “tanto la Iglesia primitiva como la de hoy sabe que su razón de ser está ligada a la fidelidad a la misión de Jesús, que no se define tanto por la ortodoxia de la doctrina como por la praxis de la liberación de los pobres” (Schökel). En dicha parábola recogida por Mt 21, 33-43, y sus paralelos Mc (12, 1-8) y Lc (20, 9-15) nos damos cuenta de que Jesús se está enfrentando a todos los “grandes” de Israel: fariseos, sacerdotes, doctores, ancianos.

Pero lo que Jesús busca siempre unión frente a separación. Willigis Jäger, lo expuso claramente en Sabiduría eterna“Superamos nuestra existencia escindida y experimentamos la unidad con todo ser. Por tanto, la experiencia mística no conduce al apartamiento de los hombres y al retiro del mundo. Por el contrario, dice sí a la vida y lleva a un acercamiento a los hombres”.

Un acercamiento como el que propone la protagonista de la película Ida (2013), dirigida por el polaco Pawel Pawlikowski: “La religiosidad personal profunda de la vida está sobre la religión arbitraria y superficial del convento”.   

El filósofo francés André Comte-Sponville (1952), confesado ateo, reconoce los valores cristianos en estos términos: “Debo a esta religión, y por tanto a esta Iglesia (en mi caso la católica), una parte fundamental de lo que yo soy, o de lo que intento ser. Mi moral, desde mis años piadosos, apenas ha cambiado”.

Por otra parte, el birmano Sri Satya Narayan Goenka (1924-2013), uno de los principales maestros de la meditación vipassana, dice que Buda enseñó algo de lo que se puede beneficiar gente de cualquier procedencia: Un arte de vivir.

En el texto que hoy proponemos, reflexiona sobre la universalidad de este arte, y que Teresa de Calcuta repetirá más tarde.

EL ARTE DE VIVIR

“Un cristiano se convertirá en un buen cristiano, un judío se convertirá en un buen judío, un musulmán será un buen musulmán, un hindú será un buen hindú, un budista se convertirá en un buen budista. Lo primero que hay que hacer es ser un digno ser humano, pues en otro caso no se puede ser un buen cristiano, ni un buen judío, ni un buen musulmán, ni un buen hindú, ni un buen budista. Lo más importante es cómo convertirse en un buen ser humano”.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Un canto de amor a la viña.

domingo, 8 de octubre de 2017
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red-vineyards-vincent-van-gogh-12483405-723-575Mt 21, 33-43

El símbolo de la viña nos está acompañando desde hace varias semanas. Dos domingos atrás contemplábamos a Jesús explicando a sus discípulos a qué se asemeja el Reino de los Cielos, a través de una parábola sobre un propietario que, desde el amanecer hasta el anochecer, contrata jornaleros para su viña y, al final del día, paga lo mismo a todos.

El domingo pasado el evangelio nos presentaba al Maestro contando una nueva historia –esta vez a los sumos sacerdotes y a los ancianos- en la que los protagonistas son los dos hijos de un hombre que pide a ambos que vayan a trabajar a la viña. La respuesta del primero fue negativa sin embargo, más tarde, se arrepintió de lo dicho y fue a trabajar. El segundo hijo, en cambio, respondió afirmativamente a su padre, pero finalmente no cumplió su palabra. La narración acaba con una sentencia de Jesús acusando a sus oyentes de ser como el segundo hijo y afirmando que los publicanos y las prostitutas les llevan la delantera en el Reino de Dios.

Hoy el evangelio nos invita a escuchar a Jesús dirigiéndose, de nuevo, a los sumos sacerdotes y senadores del pueblo y escogiendo, una vez más, el símbolo de la viña. En esta ocasión, y en progresión ascendente con respecto a las anteriores, la parábola que Jesús cuenta es tremendamente impactante. Tal y como comienza la narración y, después de haber leído la primera lectura de Isaías con su canto de amor a la viña (Is 5,1ss), no podemos más que imaginarnos el amor y la ternura del propietario de una viña que, con sus propias manos la planta, la rodea con una cerca, cava en ella un lagar y hasta construye, para protegerla, la casa del guarda. La mima y cuida y, tras atender hasta el último detalle, la confía a unos labradores.

Lo doloroso comienza en el momento en el que, al enviar a sus criados para recibir los frutos de la viña, el dueño ve cómo uno tras otro es apaleado, apedreado o asesinado por estos labradores hasta llegar a un final desgarrador: el asesinato del heredero de la viña, de su propio hijo. Jesús concluye el relato declarando con firmeza a los oyentes: “se os quitará a vosotros el Reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

Tras todo este recorrido se hace innecesario explicar el símbolo de la viña y, puesto que el evangelio de Mateo fue escrito en el seno de unas primeras comunidades cristianas procedentes del judaísmo, podemos entender aún mejor que, para este evangelista, la viña es símbolo del pueblo elegido y que el propietario no es otro sino Dios que ha ido enviando uno a uno a sus profetas hasta llegar a enviar a su propio hijo Jesucristo. Los labradores son esos sumos sacerdotes, senadores y ancianos que le escuchan, los jefes religiosos de su tiempo, que en lugar de entregar los frutos de la viña -el derecho y la justicia a las que se refiere el texto de Isaías-, entregaron lo que el mismo profeta expresa como asesinatos y lamentos.

Una parábola dura, pero que hoy es también Palabra que se dirige a nosotros. Puede suceder que nos cueste identificarnos con esos labradores “egoístas y malvados” que parecen querer la viña para ellos solos. Sin embargo, seguramente se nos hará más cercana la historia si pensamos que esa alegoría hace referencia a la actuación de los responsables religiosos judíos. Aún más si somos capaces de observar a estos dirigentes sin prejuicios adquiridos y comprender que su actuación no surge del egoísmo y la maldad, sino de un celo real por la Ley, por el culto, por aquello que ellos habían aprendido como “lo deseado por Dios”.

Cuando, en nuestra jerarquía de valores, lo relativo queda por encima del Absoluto; cuando nos preocupamos por “cumplir”, pero no por cuidar la relación con el Propietario de la viña a la que hemos sido enviados, podemos estar actuando como los trabajadores de la parábola. Los labradores, de hecho, hicieron bien su trabajo. A diferencia de la lectura de Isaías, en la que se explica que en lugar de dar uvas, la viña da agrazones, en el evangelio no se cuestiona que la viña haya dado frutos. Lo que se pone en cuestión es el modo en el que los labradores se han situado en esa viña, no llegando a reconocer que dichos frutos no les pertenecían a ellos sino al dueño de la misma.

También la viña puede ser para nosotros hoy símbolo de nuestra casa común, la Madre Tierra. El Dios de la ternura, de la humanidad y el cuidado ha puesto en nuestras manos una viña que ha embellecido y preparado para dar abundantes frutos. Como a los labradores de la parábola, también a nosotros nos hace co-creadores con Él en su obra, para que la cuidemos, protejamos y amemos, posibilitándole dar todos sus frutos. También para que la disfrutemos, pero conscientes de ser obreros en ella, no dueños de la misma. El Dios de la entrega y del amor extremo nos invita a relacionarnos con Él, a acoger esta encomienda y a reconocer que todo es del Hijo, quien será la piedra angular de nuestra vida si lo acogemos y sabemos entregarle todo lo que hemos recibido. Sólo de esa manera nuestra viña dará su fruto y sabremos trabajar en ella desde la creación de lazos de fraternidad y entendimiento, junto a otras y otros que también fueron llamados a cuidar de ella. Y así, unidos en el Hijo, continuaremos cantando un canto de amor a la viña.

Inma Eibe, ccv

Fuente Fe Adulta

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Le empujaron fuera de la viña y lo mataron.

domingo, 8 de octubre de 2017
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

tn_vinadores0401. LE EMPUJARON FUERA DE LA VIÑA Y LE MATARON.

Llevamos tres domingos escuchando parábolas que Jesús dirige a la clase religiosa dirigente: la de los que van a trabajar a distintitas horas del día, pero todos reciben el mismo salario: un denario (Mt 20,1-16), la parábola de los dos hijos que van o novan a trabajar (Mt 21, 28 32) y esta parábola de hoy, de los viñadores homicidas, (Mt 21,33-43).

Los viñadores homicidas es la parábola más dura de los evangelios contra los dirigentes religiosos del judaísmo. Describe la causa de la muerte de Jesús en cruz. Fue el poder religioso, unido al poder civil, quienes planificaron su muerte. Jesús, consciente de la muerte que le esperaba, con esta parábola les echa en cara su rechazo y su ingratitud.

¿Por qué los religiosos del judaísmo rechazaron a Jesús e hicieron fracasar el plan de Dios sobre Israel? Porque no quisieron perder su seguridad, su poder prestigio, poder, bienestar económico, etc.

Probablemente esta parábola se escribió después del año 70 (destrucción de Jerusalén) y los cristianos quedaron excluidos del mundo judío. La viña (Jerusalén) quedó arrasada y los cristianos pudieron interpretar como que pasó a otro pueblo, a la Iglesia.

Esta parábola no debe dar pie para un antisemitismo larvado.

Esa misma actitud de búsqueda y afincamiento en el poder, en la seguridad puede darse también en nosotros. La visión y lectura de la vida que se tiene cuando se confía en el poder en la política, en la religión, es muy distinta a la visión que tenía Jesús de la vida. Si alguna “alergia” tenía Jesús era al poder y se lo hizo notar muchas veces a sus discípulos. Los príncipes de la tierra tiranizan y oprimen, entre vosotros no ha de ser así, (Mt 20-26). Jesús tampoco fue un hombre de poder ni político, ni religioso, ni económico. Más bien fue pobre, crítico con los poderes religiosos.

Las religiones dividen y enfrentan a las gentes religiosas (JM Castillo): pensemos es las rupturas y conflictos a lo largo de la historia de la Iglesia, pensemos en el Islam. Cuando las religiones creen que son las únicas, las que poseen la verdad, pretenden autoafirmarse y son motivo de odios, divisiones y conflictos.

Es la misma situación con la que se enfrentaron los sacerdotes del templo de Jerusalén y los poderosos de su tiempo (viñadores homicidas) ante el mensaje de Jesús.

¿Qué otro sentido puede tener el actual enfrentamiento religioso de cardenales, obispos, curas, movimientos religiosos ante el espíritu evangélico de Francisco?

02. LA PIEDRA QUE DESECHARON LOS ARQUITECTOS ES AHORA LA PIEDRA ANGULAR.

La imagen de la piedra angular es muy empleada en la Biblia. El salmo 117 está construido en torno a la alegoría de la piedra angular. También se emplean símbolos semejantes: el fundamento de la vida, (salmos 17 / 30). Dios es la roca que nos salva, (salmo 94).

En la vida necesitamos:
o por una parte, estar bien cimentados: fundamentación en Dios, criterios, saber “dónde pisamos.
o Por otra parte necesitamos apoyarnos en alguien. ¡Cuánto se agradece -especialmente en momentos de dificultad- encontrar apoyo y comprensión en una persona amiga, en un familiar, en el médico, etc!

¡Cuántas veces nos sobreviene la dificultad: una crisis, un problema grave de salud, una mala situación psicológica, familiar, una crisis con las instituciones, etc! En esos casos y siempre, necesitamos un cimiento sólido, una roca donde apoyarnos, la piedra angular.

Para el pensamiento cristiano la piedra angular de la existencia, el fundamento y la roca que cimienta la vida, no está en las urnas, ni en el poder militar ni en las urnas, ni en los parlamentos, ni en la religión que pretende “comprar a Dios”, ni en el dinero, ni en la ciencia sino en aquello que desecharon los arquitectos, la confianza en la hondura, en la profundidad de la vida, que es Dios.

images02. LA SUPERFICIALIDAD Y LA PROFUNDIDAD DE LA VIDA.

Digo en la profundidad de la vida

Nuestra vida puede transcurrir en la “cresta de la ola”, en la superficialidad de las cuestiones políticas, nacionales, económicas, eclesiásticas, etc. Podemos perdernos en diatribas jurídicas, institucionales, reuniones, palabrería y / o divertimentos.
Hay “un momento” en la vida en el que “tocamos fondo”, la profundidad. La profundidad de la vida es Dios. Dice un teólogo que: Si sabéis que Dios es la profundidad de la vida, sabéis mucho acerca de Él. Esa es la roca que nos salva. Esa es la piedra angular. Ahí hemos de llegar, afincarnos.

Los caminos de la profundidad pueden ser muy dispares. A veces la angustia, en otras ocasiones el fracaso, quizás la enfermedad, en ocasiones la amabilidad, también la estética.

Es como la música: Mozart es claro, diáfano, pero se ve la profundidad en las aguas cristalinas. Wagner son mareas de aguas oscuras y turbulentas (como Simón and Garfunkel) en los que la profundidad es más confusa y abisal.

Siempre hay un nivel, una cota mayor de profundidad. No existe nada realmente importante que sea demasiado profundo para nadie. Nunca hemos tocado el fondo del amor, de la libertad, de la justicia, de la paz. Siempre hay una profundidad mayor y esa profundidad es Dios

03. EL EVANGELIO DE JESÚS NOS LLAMA A LA PROFUNDIDAD.

JesuCristo no nos llama a un sistema religioso, a una moral, a una ultra-ortodoxia eclesiástica. JesuCristo no coincide con lo eclesiástico. Estas cosas les gustan y son el arma que emplean muchos jerarcas de las iglesias, pero JesuCristo nos llama a la profundidad donde Tú, Señor, me sondeas y me conoces, (Salmo 139)

La historia de la humanidad es un continuo adentrarse por la terra ignota que somos nosotros mismos. Místicos, poetas, filósofos, científicos, han pensado y han recorrido largos tramos de introspección humana. Siempre hay un nivel mayor de profundidad, porque la profundidad es Dios:

El nombre de esta profundidad infinita e inagotable y el fondo de todo ser es Dios. Esta profundidad es lo que significa la palabra Dios. Y si esta palabra carece de suficiente significación para vosotros, traducidla y hablad entonces de las profundidades de vuestra vida, de la fuente de vuestro ser, de vuestro interés último, de lo que os tomáis seriamente, sin reserva alguna. Para lograrlo, quizá tendréis que olvidar todo lo que de tradicional hayáis aprendido acerca de Dios, quizás incluso esta misma palabra, pero si sabéis que Dios significa profundidad, ya sabéis mucho acerca de Él. Entonces ya no podréis llamaros ateos o incrédulos. Porque ya no os será posible pensar o decir: la vida carece de profundidad, la vida es superficial, el ser mismo no es sino superficie. Si pudierais decir esto con absoluta seriedad, seríais ateos; no siendo así, no lo sois. Quien sabe algo acerca de la profundidad, sabe algo acerca de Dios.

Esa es nuestra piedra angular. Podemos vernos débiles y hundidos en la vida, al descansar en Dios, todo está en su sitio y en paz. Descansemos en esa piedra angular que es Dios, un Dios que es amor y en el amor no hay lugar al temor, (1Jn 1,18).

images-104. AL FINAL, EN LA PROFUNDIDAD ESTÁ LA ALEGRÍA.

La vida se ventila y se resuelve en la profundidad. Allá es donde uno piensa, ama, decide y se entrega, en “el país de la profundidad”.

Al fondo del camino, en la profundidad de la vida, encontramos el ser: Dios.

El camino que nos lleva hacia el ser es la actitud de Éxodo y de Emaús. El desierto siempre es duro. Pero al final de este camino nos espera un gozo profundo. La profundidad de la vida entraña el encuentro consigo mismo y con la verdad. El encuentro con la Verdad y la aceptación de la propia verdad produce un humilde realismo, serenidad y gozo.

El mundo es profundo, y más profundo de lo que pensaba el día; profundo es su dolor; la alegría es más profunda que la pena. El dolor dice: ¡Pasa y termina! Pero toda alegría quiere la eternidad, quiere la profunda, honda eternidad.

CRISTO ES NUESTRA PIEDRA ANGULAR

 

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“Por delante de nosotros”. 01 de octubre de 2017. 26 Tiempo ordinario (A). Mateo 21, 28-32

domingo, 1 de octubre de 2017
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two_sonsUn día Jesús pronunció estas duras palabras contra los dirigentes religiosos de su pueblo: “Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de de Dios”. Hace unos años pude comprobar que la afirmación de Jesús no es una exageración.

Un grupo de prostitutas de diferentes países, acompañadas por algunas Hermanas Oblatas, reflexionaron sobre Jesús con la ayuda del libro Jesús. Aproximación histórica. Todavía me conmueve la fuerza y el atractivo que tiene Jesús para estas mujeres de alma sencilla y corazón bueno. Rescato algunos de sus testimonios.

.“Me sentía sucia, vacía y poca cosa, todo el mundo me usaba. Ahora me siento con ganas de seguir viviendo porque Dios sabe mucho de mi sufrimiento… Dios está dentro de mí. Dios está dentro de mí. Dios está dentro de mí. ¡Este Jesús me entiende!…”.

.“Ahora, cuando llego a casa después del trabajo, me lavo con agua muy caliente para arrancar de mi piel la suciedad y después le rezo a este Jesús porque él sí me entiende y sabe mucho de mi sufrimiento… Jesús, quiero cambiar de vida, guíame porque tú solo conoces mi futuro…”

.“Yo pido a Jesús todo el día que me aparte de este modo de vida. Siempre que me ocurre algo, yo le llamo y él me ayuda. El está cerca de mí, es maravilloso… Él me lleva en sus manos, él me carga, siento la presencia de él…”

. “En la madrugada es cuando más hablo con él. Él me escucha mejor porque en este horario la gente duerme. Él está aquí, no duerme. Él siempre está aquí. A puerta cerrada, me arrodillo y le pido que merezca su ayuda, que me perdone, que yo lucharé por él…”

. “Un día yo estaba apoyada en la plaza y dije: Oh, Dios mío, ¿será que yo solo sirvo para esto? ¿Solo para la prostitución?… Entonces es el momento en que más sentí a Dios cargándome, ¿entendiste?, transformándome. Fue en aquel momento. Tanto que yo no me olvido. ¿Entendiste?…”

. “Yo ahora hablo con Jesús y le digo: aquí estoy, acompáñame. Tú viste lo que le sucedió a mi compañera (se refiere a una compañera asesinada en un hotel). Te ruego por ella y pido que nada malo suceda a mis compañeras, Yo no hablo, pero pido por ellas pues ellas son personas como yo…”

. “Estoy furiosa, triste, dolida, rechazada, nadie me quiere, no sé a quien culpar, o sería mejor odiar a la gente y a mí, o al mundo. Fíjate, desde que era niña yo creí en Ti y has permitido que esto me pasara… Te doy otra oportunidad para protegerme ahora. Bien, yo te perdono, pero por favor no me dejes de nuevo…”

José Antonio Pagola

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“Recapacitó y fue.” Domingo 01 de octubre de 2017. 26º Domingo de Tiempo Ordinario

domingo, 1 de octubre de 2017
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49-OrdinarioA26Leído en Koinonia:

Ezequiel 18,25-28: Cuando el malvado se convierte de su maldad, salva su vida.
Salmo responsorial: 24: Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna.
Filipenses 2,1-11: Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.
Mateo 21,28-32: Recapacitó y fue.

La conversión de aquellos que el sistema religioso considera pecadores debería ser una señal profética con el poder de arrastrar a todos hacia el camino del bien. Sin embargo, esto no es lo que ocurre. Cada sistema religioso organiza sus valores en escalas jerárquicas en las que cuenta más la posición que la propia conciencia. El profeta Ezequiel y el evangelio se refieren a esta terrible realidad: los que se consideran a sí mismos salvados son incapaces de cambiar su manera de pensar para abrirse a la acción de Dios. Los más ilustres representantes de la religión (sacerdotes judíos, fariseos, escribas, etc.) incurren en el pecado de la falsa conciencia religiosa, es decir en la pretensión injustificada de considerarse salvados por sus propios méritos y no por la gracia de Dios. Pablo nos presenta una aguda reflexión sobre este problema y nos llama la atención sobre aquellos elementos de discernimiento que nos permiten evaluar nuestras prácticas cotidianas a la diáfana luz del amor misericordioso y del servicio solidario.

El profeta Ezequiel llama la atención a su pueblo, envuelto en intrigas, enajenado por las permanentes conspiraciones contra el imperio babilonio. La situación era extremadamente precaria luego de la primera deportación en el año 597 a.e.c. Los líderes del pueblo habían sido obligados a marchar a tierras extranjeras y vivían en condiciones extremadamente precarias. La situación en Jerusalén era extremadamente volátil. La falta de discernimiento, la manipulación de los sentimientos patrióticos y el oportunismo de los nuevos lideres los dejaban a la merced de una nueva y devastadora intervención de Babilonia como efectivamente ocurrió en el año 587 a.e.c. En medio de tanta tensión, caos y confusión el profeta hace un llamado a la cordura y al buen juicio. La falsa consciencia religiosa estaba inflando los planes de las autoridades del Templo y de los altos funcionarios de la corte. Se consideraban a sí mismos propietarios de la salvación y personas más allá del ‘bien y del mal’. Ezequiel los llama a la humildad y la honestidad, al servicio al pueblo y a la justicia, pues, en nombre del bien de la patria no cesaban de cometer crímenes e injusticias que contradecían el fundamento jurídico y ético de la alianza de Yahvé con su pueblo. Considerarse a si mismo justo, mientras se comenten las peores atrocidades no es sino un engaño inútil. El bien consiste en el respeto del derecho y en la práctica de la justicia.

La parábola que hoy nos propone Jesús, denuncia igualmente la falsa conciencia religiosa. La viña es la realidad del mundo, en la que el trabajo siempre es arduo y urgente. A esa viña el Padre envía a sus dos hijos. La respuesta de los dos es ambigua. Sin embargo, sólo el compromiso del que inicialmente se había negado al trabajo nos permite descubrir quién actúo coherentemente. De este modo Jesús denuncia a aquellos dirigentes y a todo el pueblo que públicamente se compromete a servir al Señor, pero que es incapaz de obrar de acuerdo con sus palabras. Actitud que contrasta con aquellos que aunque parecen negarse al servicio, terminan dando lo mejor de sí en la transformación de la viña.

Esta parábola plantea un dilema que pone al descubierto la praxis de sus oyentes y que, leída a la luz de los acontecimientos de la época de Jesús nos muestra cómo los que eran considerados pecadores por el aparato religioso eran, en realidad, los únicos atentos a la voz del profeta. La conversión no es un asunto de solemnes proclamas o de prolongados ejercicios piadosos, sino un llamado impostergable a la justicia y al discernimiento. Las palabras de Jesús herían la sensibilidad religiosa de sus contemporáneos que se consideraban auténticos seguidores de Yavé e inigualables hombres de fe, porque colocaba delante de ellos el testimonio de aquellas personas que eran consideradas una lacra social: las prostitutas y los publicanos.

Prostitutas y publicanos no sólo eran profesiones terriblemente despreciadas, sino que quienes las ejercían eran considerados personas asquerosas e inadmisibles entre la gente de bien. Jesús ridiculiza todas esas valoraciones lanzadas desde los pedestales del sistema religioso y muestra, con los hechos, que ni siquiera la presencia de un profeta tan grande como Juan Bautista es capaz de transformar las conciencias anquilosadas y estériles de aquellos que se consideran salvados únicamente por el alto cargo que ejercen en el aparato religioso.

Pablo nos muestra la misma realidad, desde el interior de la comunidad cristiana. Los creyentes, por sus mismas buenas intenciones, están más expuestos a crearse una falsa conciencia religiosa que los lleve a considerarse superiores a los demás o definitivamente salvados. El único criterio para determinar la autenticidad de las prácticas cristianas es lo que el llama ‘entrañas de misericordia’, o sea, el amor incondicional por aquellas personas excluidas y víctimas de la opresión y la miseria. Para Pablo, los cristianos no se pueden examinar únicamente a la luz de criterios piadosos, sino a la luz de la práctica de Jesús que actuó siempre en el mundo con entrañas de misericordia.

Más allá de una interpretación limitada al contexto judío del momento de Jesús, esta palabra suya puede y debe elevarse a categoría universal y a principio teórico: el de la primacía del hacer sobre el decir, de la praxis sobre la teoría. Un hermano dijo que sí, muy dispuesto, pero sus hechos desmintieron sus palabras: su palabra verdadera, su palabra práctica, fue un no. El otro hermano pareció estar desde el princpio fuera del camino de la salvación, por sus palabras negativas e inaceptables; pero a pesar de sus palabras, él de hecho fue a la viña, «hizo» la voluntad del Padre. Decir/hacer, teoría/praxis: el Evangelio está claramente decantado a un lado, sin vacilaciones, en estas disyuntivas. Leer más…

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Dom 01.10.17. Publicanos y prostitutas os preceden en el Reino

domingo, 1 de octubre de 2017
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22089859_863339983843195_3322836024810394500_nDel blog de Xabier Pikaza:

Domingo 26. Mt 21, 28-32. Evangelio escandaloso, consolador. exigente:

 Jesús no dice “os precederán” (en el cielo futuro), sino que os están precediendo ya (en este mundo), en el camino concreto de Jerusalén, para instaurar el Reino, abriendo con Jesús el camino de la nueva humanidad (libertad, justicia), desde su sufrimiento y opresión, no los grandes «gurús» (sacerdotes) y los diputados (presidentes de reinos o repúblicas)

— Jesús no dice esta palabra a la gente de la calle en general , que bastante tienen con vivir, sino a los «sumos sacerdotes y ancianos/senadores»(Mt 21, 23), que son las autoridades religiosas y civiles. A diferencia de esos sacerdotes/senadores, enrocados en su verdad parcial (y en el fondo falsa), «ellas y ellos», en pareja de hecho, prostitutas y publicanos, pueden toman y toman el camino de la nueva humanidad liberada, porque sufren y «creen», y pueden convertirse al amor.

— Jesús viene de «discutir» con sacerdotes y políticos (senadores), y ha visto que no cambian, no pueden cambiar, de manera que (al menos por ahora) les ve irrecuperables, en Roma y Samarcanda,en Madrid y Barcelona, para iniciar con ellos el camino de la nueva humanidad. Han tomado «sus puestos de mando» y no los dejan. Navegan sin vacilación hacia el desastre. Por eso inicia el camino con publicanos y prostitutas, que tienen al menos un resquicio de amor, una bocanada de esperanza.

— En este momento (1.10.17) muchos «sacerdotes/senadores» de Madrid y Barcelona hablan de justicia, legalidad y futuro…pero nuestro Jesús de publicanos y prostitutas, tras haber discutido mucho con ellos, descubre que no pueden cambiar, están enrocados en su pequeña verdad falsa, no quieren que haya una para todos. Quizá se puedan salvar para el cielo futuro, pero en ese mundo no tienen ya nada que hacer, bien lo han demostrado.

Ciertamente, hay otros poderes importantes, civiles y/o religiosos, empresarios y gente del «teatro», jueces y soldados del imperio que hace lo que saben y pueden en su campo. Pues bien, tampoco en ellos confía Jesús para cambiar la humanidad y crear el Reino… Al contrario, él escoge como primeras en el camino, como compañeras y colaboradoras a las prostitutas (con los publicanos).

Texto para temblar, texto para saltar de alegría. Si no estuviera en el evangelio habría que inventarlo, pues nos habla de los verdaderos constructores del «reino», es decir, de la nueva humanidad, ya aquí, en ese mundo.

Hombres como M. Foucault (Historia de la sexualidad), han comprendido esta palabra de Jesús mejor que miles de eclesiásticos. Miles de prostitutas (prostituidas, víctimas sexuales, utilizadas y expulsadas de la buena sociedad…) han sido y son el punto de partida y centro del camino de Reino de Jesús. No sé si lograré decir algo de lo que quiso afirmar Jesús, que sabía bien.

Como en días anteriores, tomo la base del texto de mi Comentario al Evangelio de Mateo. Buen día a todos, día alegre, porque si nos preceden puede haber también lugar para nosotros.

TEXTO

imagesEn aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acerco al primero y le dijo: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.» Él le contestó: «No quiero.» Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: «Voy, señor.» Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?» Contestaron: «El primero.» Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis. (Mt 21, 28-32)

INTRODUCCIÓN

De los publicanos (tema de dinero) he hablado con más frecuencia en este blog, por eso insisto hoy más en el casode las prostitutas, para ocuparme después, sencillamente, del texto de Jesús, dejándolo ante los lectores, para que ellos vean, entiendan, comenten.

Prostitutas

La prostitución aparece en la Biblia desde los tiempos más antiguos tanto en la tierra de Israel como en los países del entorno (Gen 28, 15), como en los países del entorno (Jc 16, 1; Prov 2, 16; 29, 3). Podemos citar dos casos que tratan de ella: (a) un sacerdote, y sobre todo el Sumo Sacerdote, no puede casarse con una prostituta, pues ello implicaría un riesgo para su santidad y, sobre todo, para la limpieza genealógica de sus hijos (cf. Lev 21, 7.14); (b) un padre no puede prostituir a su hija para lograr así ganancias económica (cf. Lev 19, 29).

En estos casos, la prostitución se utiliza en su sentido literal. Pero, como suele suceder en otros pueblos, las palabras vinculadas con la prostitución han tomado pronto un carácter simbólico, de tipo casi siempre religioso y negativo.

En este contexto debemos poner de relieve el hecho de que, por contaminación patriarcalista, el Antiguo Testamento presenta como prostitutas a mujeres que no lo son en sentido alguno, sino que poseen y ejercen una independencia social que las hace autónomas ante la sociedad o ante su misma familia. Los casos más famosos son los de Rajab, la «hospedera» de Jericó, que recibe a los espías de Israel (Jos 2, 1-3; 6, 17-25), y la «concubina» del Levita de Jc 19, 1-3. Ellas no son prostitutas en el sentido normal del término, sino mujeres que gozan de una libertad especial, sea en contexto social, sea en contexto matrimonial.

(1) Casos especiales. Evocamos algunos casos en los que el simbolismo de la prostitución tiene un papel importante para la Biblia.

(a) Prostitutos sagrados. Han sido especialmente condenados en Israel los prostitutos y prostitutas agrados (llamados «santos» y «santas»: de la raíz qds), vinculados al culto de algunos tempos cananeos o de otras ciudades del entorno. En este contexto se sitúa la famosa ley del Deuteronomio: «No traerás la paga de una prostituta ni el precio de un perro [=prostituto sagrado] a la casa de Yahvé tu Dios por ningún voto; porque abominación es a Yahvé tu Dios tanto lo uno como lo otro» (Dt 23, 18); en este contexto parece suponerse que en algún momento ha existido dentro del mismo templo de Yahvé algún tipo de prostitución sagrada.

img_2596El caso más significativo de prostitución sagrada, de tipo perverso, es la que está vinculada con el culto a los ídolos que, al menos desde Oseas, aparecen como amantes falsos (vinculados a veces con prácticas sexuales que la religión de Yahvé condena como inmorales). Entendida así la prostitución es el pecado nacional de Israel, como supone Os 2, 1; Is 1, 21; Jer 13 27. Especialmente significativo es, en ese contexto, el largo capítulo de Ez 16, dedicado a las prostituciones de las dos doncellas de Dios, Israel y Judá.

(c) Las prostitutas os precederán en el Reino de los cielos.

El Nuevo Testamento conserva los diversos sentidos de la palabra. Así, dentro de la retórica moral del tiempo, hallamos algunas condenas generales de la prostitución, como la que aparece la crítica del hermano mayor de Lc 15, 30 o de 1 Cor 6, 15-16. Pero la novedad mayor del evangelio aparece allí donde Jesús viene presentarse como el Mesías o cristo de las prostitutas, a las que se acerca sin condenarlas (cf. Mt 21, 32; cf. Lc 7, 34), diciendo que ellas, con los publicanos, son los que “preceden” a los otros en el (camino del) Reino de Dios. Ellas son las primeras, las adelantadas de la gracia de Dios, son constructoras del Reino, es decir, de la nueva humanidad, ya aquí, en un sentido «social», personal.

¿Por qué dice Jesús que las prostitutas os precederán…?

PORQUE DIOS ES DIOS, Y ELLAS (Y ELLOS) SON SUS HIJOS

Está el hijo mayor que dice cumplir, pero no cumple; que dice que va, pero no va. Es como el hijo mayor de la parábola del hijo pródigo… ¡Qué pena de Dios Padre con estos hijos!

Pero Dios tiene otros hijos… que dicen que no van… pero en el fondo van. Éstos son como el hijo pródigo: son los capaces de escuchar al Padre… Son los que pueden hacer camino de Reino, porque dejan que el Padre les alumbre con su amor.

PORQUE FUERON CON JESÚS DONDE JUAN BAUTISTA

Jesús no habla de oídas… Él conoce bien a los publicanos y prostituías, porque ha compartido con ellos la escuela de Juan Bautista. Ciertamente, no todos los publicanos y prostitutas fueron… pero fueron algunas, las suficientes para descubrir que Dios abre con ellas un camino de salvación. Ellas formaron parte de “la escuela” de Jesús, es decir, de la escuela donde Jesús escuchó la voz de Dios, con pecadores y prostitutas.

Jesús no vino a aprender a un “seminario de santos” (para que le dieran un buen Master de Buen Reino) sino a una escuela donde se juntaban publicanos y prostitutas, para dejarse cambiar por la gracia de Dios, por el Reino.

PUBLICANOS Y PROSTITUTAS LE CREYERON

Creyeron a Juan, creyeron en Dios… Muchos de los “grandes” constructores del Templo Oficial (piedras sublimes de la masonería de Nueva Humanidad) sólo quieren construirse a sí mismos, construir su templo. No creen en Dios, no creen en la gracia, creen en sí mismos… Por el contrario, muchos publicanos y prostitutas “creyeron”, es decir, aceptaron la existencia de un misterio de gracia… No buscaban “su” salvación, se dejaron encontrar por “la salvación de Dios” (como dirá San Pablo, en el centro de todo su mensaje). Leer más…

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Los gais y lesbianas os llevan la delantera. Domingo 26. Ciclo A.

domingo, 1 de octubre de 2017
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4-April-Orthodox-Calendar-2013Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El título intenta ser tan provocador e hiriente como las palabras del evangelio. Pero los únicos que deben sentirse heridos son los que desprecian a gais y lesbianas, igual que los antiguos judíos que despreciaban a prostitutas y publicanos (recaudadores de impuestos)

Lucha a muerte en el recinto del templo

La liturgia, saltándose numerosos relatos evangélicos, nos traslada de repente a la inmensa explanada del templo de Jerusalén, en el día que nosotros conocemos como lunes santo. El día antes, Jesús ha entrado triunfalmente en Jerusalén, ha purificado el templo, expulsando a vendedores de animales y cambistas de monedas, y ha curado en el recinto sacro a cojos y ciegos, personas a las que les estaba absolutamente prohibida la entrada en el templo. Es fácil imaginar la indignación de los sacerdotes y de los escribas (representantes de moralistas, canonistas y teólogos). Ese día, domingo de ramos, se limitan a protestar. Pero al día siguiente, cuando Jesús vuelve a Jerusalén y al templo, todos los grupos con poder religioso y político se irán turnando para ponerlo en aprieto con las preguntas más comprometidas y poder condenarlo.

            La primera pregunta, la más directa, la formulan los sacerdotes y los senadores (representantes del poder político), pensando en lo ocurrido el día antes: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado esa autoridad?» Jesús se encuentra ante una disyuntiva. Si responde: «De Dios», lo pueden acusar de blasfemo. Si dice: «de mí mismo», lo considerarán un loco o un vulgar revolucionario. Evita la respuesta directa y les tiende una trampa. Ya que ellos son los jueces religiosos de Israel, y como tales lo interrogan, que den su opinión sobre otro personaje famoso: Juan Bautista. «El bautismo de Juan, ¿de dónde venía, de Dios o de los hombres?» Ellos, viendo el peligro de comprometerse en un sentido o en otro, responden: «No lo sabemos». Y Jesús termina con un escueto: «Pues yo tampoco os digo con qué autoridad hago esto». E inmediatamente pasa al contrataque, con una parábola que sólo transmite el evangelio de Mateo: la de los dos hijos (21,28-32).

Obras son amores, y no buenas razones

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

― ¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”  Él le contestó: “No quiero.” Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor” Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?

Contestaron:

― El primero.

Jesús les dijo:

― Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.

           La historieta que propone Jesús es tan fácil de entender que sus enemigos caen en la trampa. Un padre y dos hijos. ¿Quién cumple la voluntad del padre? ¿El hijo protestón y maleducado que termina haciendo lo que le piden, o el hijo amable y sonriente que hace lo que le da la gana? La respuesta es fácil: el primero. Lo importante no es decir palabras bonitas; tampoco importa protestar mucho. Lo importante es hacer lo que el padre desea. «Obras son amores, y no buenas razones».

            Pero Jesús saca de aquí una consecuencia asombrosa. Es preferible vivir de mala manera, si al final haces lo que Dios quiere, que vivir de forma aparentemente piadosa y negarse a cumplir la voluntad de Dios. Dicho con las palabras hirientes del evangelio: es preferible ser prostituta o ladrón, si al final te conviertes, que pertenecer a cualquier organización o institución religiosa y ser incapaz de convertirse.

            ¿En qué consiste la conversión? Nueva sorpresa. No se trata de aceptar a Jesús y su mensaje, sino a Juan Bautista, que mostraba el camino de la justicia, de la fidelidad a Dios, como primer paso hacia el evangelio. Con ello, Jesús responde indirectamente a la pregunta que no habían querido responder las autoridades: «¿de dónde procedía el bautismo de Juan, de Dios o de los hombres?» El bautismo de Juan era cosa de Dios, su predicación marcaba el camino recto. Las prostitutas y los recaudadores, representados por el hijo protestón, pero obediente, creyeron en él. Las autoridades religiosas, representadas por el hijo tan amable como falso, no le creyeron.

¿Tirando piedras contra el propio tejado?

Lo curioso de esta interpretación de la parábola es que parece volverse contra Juan y contra Jesús. Los que dan testimonio a su favor son gente indigna de crédito, prostitutas y explotadores; quienes lo rechazan o se abstienen, personalidades religiosas de buena fama, los sacerdotes. Puestos a elegir, ninguna persona piadosa aceptaría la opinión de unos cuantos drogatas y unas pocas prostitutas en contra de lo que decida una Conferencia Episcopal.

            Además, el judío piadoso de tiempos de Jesús (como muchos cristianos piadosos de nuestro tiempo) está convencido de que no necesita convertirse. Y si en algo tiene que cambiar, el camino no deben indicárselo personas tan extrañas y discutibles como Juan Bautista, Martin Lutero King, Oscar Romero, Pedro Casaldáliga o el Papa Francisco.

Así adquieren pleno sentido las palabras de Jesús: «los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios». Para entrar en ese reino, hay que abrirse a una nueva forma de vida, aunque suponga un corte drástico y doloroso con la vida anterior. La institución religiosa seguirá firme en sus trece, incluso utilizará el argumento de la parábola para recha­zar a Juan y a Jesús. Pero el Reino se irá incrementando con esas personas indignas de crédito, pero que creen en quien les muestran el camino de una nueva forma de fidelidad a Dios. Esas personas que, como dice el profeta Ezequiel en la primera lectura, son capaces de recapacitar y convertirse.

Así dice el Señor: Comentáis: “No es justo el proceder del Señor”. Escuchad, casa de Israel: ¿es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto? Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá.

Nota final

Para explicar el evangelio de este domingo he tenido que remontarme a diversos episodios anteriores. Por desgracia, la liturgia usa la técnica del zapping, saltando de un episodio a otro sin la menor lógica. Espero que dentro de dos o tres siglos se realice una mejor selección de los textos litúrgicos. Que así sea.

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Domingo XXVI. 01 de octubre, 2017

domingo, 1 de octubre de 2017
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d26

“Luego se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él respondió: “Voy, Señor”. Pero no fue.”

(Mt 21, 28-30)

Supongo que a todos nos gustaría ser el tercer hijo. El que no sale en la parábola, quizá porque es el que nos la cuenta. Ser como Jesús, que dice que va a la viña y no solo va sino que se deja matar por la viña. Se entrega.

Sí, nos gustaría. Por eso el cristianismo es precisamente eso: el seguimiento de Jesús. Pero cuando miramos a nuestra Iglesia, a nuestras comunidades. Cuando nos miramos cara a cara a nosotras mismas quizá encontramos más del “segundo hermano” de lo que nos gustaría.

¿Cuantas veces hemos dicho que íbamos a la viña y nos hemos quedado en nuestras comodidades? ¡Y cuántas veces esperamos a que vayan los demás o nos quejamos de que nadie quiere ir mientras discutimos sentadas en el sofá!

Esta viña, a la que nos llama el Padre, es más que un trabajo. Mucho más. Sabemos que debemos ir. Queremos de verdad ir. Y muchos días emprendemos el camino. Muchas horas las pasamos en esa viña. Más de una vez somos el “primer hermano” que dice que no con la boca, pero dice que sí con la vida.

Sin embrago, todavía no somos lo que estamos llamados a ser. No acabamos de ser como Jesús. La buena noticia es que eso no importa. Ni nuestras negativas, ni nuestras ausencias conseguirán que el Padre cambie de opinión. Él volverá, puntualmente, constantemente, con su invitación. Asaltará nuestras vidas una y otra vez, sin cansarse, sin decepcionarse.

Y nosotras seguiremos siendo el primer hermano, el segundo y por supuesto nos iremos pareciendo cada vez más al tercero. Volveremos a levantarnos, quizá con menos fuerzas, pero con un amor más probado, más acrisolado.

Oración

Trinidad Santa, renueva nuestros corazones con tu invitación siempre nueva y retadora. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Rectificar es más humano que hacer alarde de bondad.

domingo, 1 de octubre de 2017
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d-3-14-3a-semana-tiempo-adviento1-436x321Mt 21, 28-32

Jesús acaba de realizar la “purificación del templo”. En el episodio inmediatamente anterior, los sumos sacerdotes y los senadores, preguntan a Jesús con qué autoridad actúa así. Él les responde con otra pregunta: ¿El bautismo de Juan era cosa de Dios o cosa humana? No se atreven a contestar, y Jesús les cuenta esta parábola. Mateo trata de justificar que la comunidad cristiana se apartara del organigrama religioso judío, pero quiere advertir también a la nueva comunidad, que no debe caer en el mismo error.

En este capítulo, siguen las advertencias a la comunidad. Es muy peligroso creerse perfecto. Lo importante es descubrir los fallos y rectificar lo que has hecho mal. La pura teoría no sirve para nada, solo la vida salva. Lo que digamos o lo que proclamemos son palabras vacías, mientras no vayan acompañadas por una actitud vital, que inevitablemente se manifestará en las obras. En el evangelio de Juan, Jesús pone como instancia definitiva sus obras. “Si no me creéis a mí, creed a las obras”.

El domingo pasado nos hablaba de jornaleros. Hoy nos habla de hijos. En el AT, el pueblo en su conjunto, se consideraba hijo de Dios. Jesús distingue ahora dos hijos: los que se consideran verdaderos israelitas y los que los jefes religiosos consideran pecadores. Recordemos que ser hijo significaba hacer en todo la voluntad del padre. Un buen hijo era el que salía al padre. El que dejaba de hacer la voluntad del padre, dejaba de ser hijo. “¿Quién hizo la voluntad del padre?” quiere decir “¿quién es verdadero Hijo?

Jesús se enfrenta a los jefes religiosos, como respuesta a la radical oposición que ellos le han manifestado. Todos los evangelios dejan clara esa lucha a muerte de las instancias religiosas contra Jesús. Sin embargo, no podemos sacar de estas parábolas argumentos antisemitas. Las prostitutas y los recaudadores de impuestos, que Jesús pone por delante de los jefes religiosos, eran también judíos; y los primeros cristianos eran todos judíos.

Los fariseos no tenían nada de qué arrepentirse, eran perfectos, porque decían “sí” a todos los mandamientos. Consideraban que tenían derecho al favor de Dios, por eso rechazan de plano, el cambio que les propone Jesús. Como los de primera hora del domingo pasado exigen la paga justa por su trabajo. Para ellos es intolerable que Dios pague lo mismo al que no ha trabajado. No se dan cuenta de que su respuesta es solamente formal, sin compromiso vital alguno. El espíritu de la Ley les importaba un pito.

El escándalo está servido: Para Jesús no hay duda, los que se consideran buenos son los malos, y los malos son los buenos. Los primeros eran lo estrictos cumplidores de la Ley, los segundos ni la conocían, ni podían cumplirla. Los primeros ponían su empeño en el cumplimiento externo de las normas. Los otros buscaban una posibilidad de hacerse más humanos, porque se sabían pecadores. Jesús deja claro cual es la voluntad de Dios, y quién la cumple. Pero Jesús da a entender que tanto los unos como los otros, son hijos.

Los recaudadores y las prostitutas os llevan la delantera en el Reino. Es una de las frases más hirientes que pudo decir Jesús a los jerifaltes religiosos. Eran las dos clases de personas más denigradas y odiadas por las instancias religiosas. Pero Jesús sabía muy bien lo que decía. El organigrama religioso-social de su tiempo era represivo e injusto. Que esa situación se mantuviera en nombre de Dios no podía aguantarlo quien había descubierto un Dios, que lo único que quiere es el bien del hombre.

No se alude en el relato a las otras dos situaciones que se pueden dar: El hijo que dice sí y va a trabajar a la viña; y el hijo que dice no, y no va. En estos dos casos no hay posibilidad de equivocarse ni cabe la pregunta de quién cumple la voluntad del padre. Lo que pretende el relato es advertir sobre el engaño en que puede caer el que interprete superficialmente la situación del que dice “sí” y no va; y del que dice “no” pero va.

No debemos engañarnos. La simplicidad del relato esconde una enseñanza fundamental. Como conclusión general, tenemos que decir que los hechos son lo importante, y que las palabras sirven de muy poco. La praxis prevalece siempre sobre la teoría. El evangelio no nos invita a decir primero no y después sí. El ideal sería decir sí y hacer; pero lo maravilloso del mensaje está precisamente ahí: Dios comprende nuestra limitación y admite la posibilidad de rectificación, después de “recapacitar”, dice el texto.

Nuestras actitudes religiosas son incoherentes. Llevamos muchos siglos haciendo una religión de ritos, doctrinas y preceptos. Desde el bautismo decimos “sí voy”, pero nos quedamos siempre en donde estamos. No hay más que ver lo que se entiende por “practicante” para darse cuenta de que no tiene nada que ver con la vida real. Nos estamos yendo cada vez más por las ramas y alejándonos de la raíz del evangelio.

Se nos llena la boca proclamando pomposamente que somos cristianos, pero hay muchos que sin serlo, cumplen el evangelio mucho mejor que nosotros. El fariseísmo se ha convertido en moneda corriente entre nosotros, y damos por hecho que basta hablar del evangelio u oír hablar de él para tranquilizar nuestra conciencia. Hay un refrán que lo expresa muy bien: “Una cosa es predicar y otra dar trigo”.

En la primera lectura ya se nos dice que ni siquiera los mayores fallos son definitivos. Podemos en cualquier momento rectificar la trayecto­ria equivocada. Los errores cometidos pueden ayudarnos a encontrar el camino verdadero. Somos limitados y tenemos que aceptar esta condición porque es parte de nuestra naturaleza. No podemos pretender, ni para nosotros ni para los demás, la perfección. Cuando exigimos a un ser humano ser pluscuamperfecto estamos exigiéndole que deje de ser humano.

Solo la experiencia me dice qué es lo que me deteriora como ser humano y qué es lo que me enriquece. Cuando damos por absoluta una norma nos anclamos en el pasado y nos negamos a progresar. El gran peligro para esta fijación es creer que Dios nos ha dado directamente esa norma. Desde esa perspectiva se siguen cometiendo verdaderas barbaridades en contra del ser humano. El Dios de Jesús nunca puede ir en contra del hombre; las normas que hemos promulgado en su nombre, sí. Entender la religión como verdades, normas y ritos absolutos, es fundamentalismo puro.

También hoy podemos ir un poco más allá de la parábola. Ni siquiera las obras tienen valor absoluto. Las obras pueden ser la manifestación de una actitud vital, pero pueden ser reacciones automáticas desconectadas de nuestro verdadero ser, y conectadas solo al interés egoísta. Los fariseos cumplían escrupulosamente todas las normas, pero lo hacían mecánicamente, sin ninguna sinceridad de corazón. No pierdas el tiempo tratando de situarte en una de las partes. Todos estamos diciendo “no” cada tres por cuatro, y todos estamos diciendo “sí” con una pasmosa ligereza. La vida es una constante rectificación.

Meditación-contemplación

Si a la primera no somos capaces de decir sí,
Dios acepta siempre nuestra rectificación.
Casi siempre acertamos a costa de rectificaciones.
No estamos capacitados para descubrir la meta a la primera.
No deben preocuparnos las equivocaciones.
Pero me debe preocupar que sea incapaz de rectificar.

 Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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No quiero.

domingo, 1 de octubre de 2017
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imagen114Un buen arrepentimiento es la mejor medicina que tienen las enfermedades del alma (Miguel de Cervantes)

1 de octubre. Domingo XXVI del TO

Mt 21, 28-32

El hijo le respondió: No quiero: pero luego se arrepintió y fue (v 29)

En las anotaciones al presente evangelio, Schokel comenta que lo que importa no son las apariencias externas, sino el interior de la persona; la observación de unos ritos externos es secundario. En tiempo de Jesús, el legalismo había creado una forma de ser centrada en las apariencias. Jesús sabía que para Dios, que conoce lo secreto del corazón, el hijo verdadero es el que, de hecho, practica la justicia. Esta parábola lo expresa con claridad: las relaciones auténticas con Dios y con los hombres se establecen sobre el compromiso.

Mateo da mucha importancia a las obras. Tanta, que con ellas “Los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el Reino de Dios”. El hijo del “sí, voy” representa a los indiferentes, el de “no voy” pero va luego, a los observadores estrictos de la ley, jefes y fariseos. Y en la película estadounidense de 1988, dirigida por Sidney Lumet, “Un lugar en ninguna parte”le dice el hijo a su padre: “Tenemos que cuestionar la autoridad; eso me lo enseñaste tú”.

Otro ejemplo nos lo muestra Krzysztof Penderecki (1933), compositor vanguardista y director de orquesta polaco, eterno rebelde de la música clásica, como lo fueron los Beatles de la música moderna en los años sesenta. “Toda mi vida nadé contra corriente”, dijo en una ocasión. Por eso su música no suele dejar indiferente a nadie, y desde hace más de medio siglo entusiasma a gente de todo el mundo, aunque también genera protestas. Cuando no compone, se dedica a plantar árboles y a cuidar de su Jardín Botánico con más de mil seiscientas especies de árboles y arbustos: todo un símbolo de lo que él es y de lo que cree debe ser la vida. Para él, el árbol nos enseña que toda obra de arte –y el vivir lo es– debe tener doble raíz, tanto en el cielo como en la tierra, es decir, en lo mundano y lo divino“Sin raíces, ninguna obra puede persistir”, advierte.

Por mi parte me he sentido árbol creciendo para arriba y para abajo, recorriendo los caminos blancos de la Luz y el Evangelio. Y al recorrerlo, he podido percatarme de que los seres humanos sentimos desilusión cuando, lo que deseamos, no lo conseguimos. Y he conseguido también darme cuenta de que quien conoce las reglas de la vida, acoge sin objeción lo que sucede. Porque, con demasiada frecuencia, el ser humano es afortunado no obteniendo lo que desea. Con frecuencia, lo que suele llamarse mal, no es más que el instrumento que permite que el bien apetecido sea realizado.

Miguel de Cervantes Saavedra fue soldado, y de estas batallas de la vida era gran experto. Lo confirmó diciendo que “Un buen arrepentimiento es la mejor medicina que tienen las enfermedades del alma”.

Pido al águila –ave de altos vuelos– que me enseñe a ver la Tierra desde las alturas, mis iluminaciones y mis sombras, que también son mías y las quiero.

El ÁGUILA

Tu sueño, a velas desplegadas,
que sienten la montaña, el mar, el bosque.
Que subes sus entrañas
hasta el cielo.
Enséñame a elevar mis pensamientos.

Que descansen
en tu corona real y en el regazo
del Dios que los creó.
Enséñame a ver la tierra
desde las alturas.
Si de día, mis iluminaciones;
si de noche, mis oscuridades,
que también son mías y las quiero.

(NATURALIA. Los sueños de las criaturas. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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¿Sí o no?

domingo, 1 de octubre de 2017
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1Hay tantos modos de evitar dar una respuesta clara, de no definirnos, y eso que los españoles tenemos fama de ser directos. En el mundo anglo norteamericano hay una expresión que lo dice todo cuando no quieren mojarse, que como en todos sitios, es frecuente: “creative postponing”, creo que lo entendemos todos, y además con creatividad, con excusas convincentes. Nuestro “dar largas”. Me decía una mujer joven de allí, “eso de ser hija de Dios me resulta fuerte, yo me conformo con ser sobrina”. Sincera la mujer.

Decir sí o decir no, es rotundo, es radical. Es lo que Jesús pide de sus seguidores, sobre todo de aquellas personas que se consideran discípulas. El texto de hoy nos invita a entrar en el significado del sí y del no en nuestro seguimiento y en nuestra vida.

Primero entendamos el texto en su contexto: El pueblo judío dijo “sí” al aceptar la ley de Moisés, pero se niega, a través de los dirigentes, a aceptar la propuesta de Jesús. Sin embargo, los paganos y los pecadores, que primero dijeron “no”, al final son los que aceptan el reino, acogen el proceso de ir entrando en el modo diferente que propone Jesús.

Para Jesús, la fidelidad a Dios no pasa por la observancia de la Ley, sino por la práctica de un amor sin excepciones. Jesús cambia el modo de relación con Dios, al que presenta como él lo vive, no como el distante Dios del Templo, sino como el Abba cercano y comprometido con la vida. Esto desmonta el tinglado de una religión súper estructurada alrededor de las normas y las leyes de pureza, de impureza, de sacrificios como paga por los pecados los cuales han sido determinados por unos jerarcas que imitan a un dios lejano, frío, a quien hay que calmar con ofrendas, que se quedan los sacerdotes…

En lenguaje de hoy diríamos que Jesús “flipa” con esa doblez, y para denunciarla utiliza el inteligente y oriental lenguaje de las parábolas.

La que nos ocupa hoy, la de los dos hijos, va dirigida especialmente a la infidelidad de los dirigentes: dicen pero no hacen; son fieles por fuera pero podridos por dentro… Toda esa gama de expresiones que expresa una indignación en aumento y una compasión más profunda hacia aquellos marginados, considerados pecadores por las leyes hipócritas.

Serán, de hecho, ellos los que acogerán la radicalidad de Jesús, aunque en apariencia sean unos pasotas o critiquen la institución.

Tal vez hoy, uno de octubre, que nuestro país vive una situación muy complicada por falta de diálogo, cuyo término es repetido pero no se practica, podemos preguntarnos qué significa un sí o un no: a un sistema, a unas políticas corruptas… todos y todas debemos reflexionar, ¿por qué quiere separarse una pareja, un país, una autonomía…? La autenticidad del sí y del no nos daría claves de interpretación de la realidad y perspectiva de futuro.

Propongo una segunda o tercera lectura, como en la Lectio Divina, en clave de conversión personal. Ver que estos dos hijos, estas dos posturas o actitudes, conviven dentro de nosotras. Yo soy la hija buena que dice que sí al proyecto de Jesús, y me apunto a muchas movidas, pero cuando me tocan el ego, o el bolsillo, o mi tiempo… entonces doy un «creative postponing”, es decir, no me defino, no me comprometo, no me pillo los dedos.

Y también convive en mí la rebeldilla, la indignada, la que dice que no porque, entre muchas otras cosas que no me gustan, una especialmente me duele en las entrañas: a las mujeres nos tienen retiradas, nos utilizan para lo que necesitan, cuando ellos no llegan… pero cuando dejo que la mirada de Jesús sea más potente que la de “los monseñores de turno” entonces voy, entonces me mojo, me abro, corro para que su proyecto siga, para que nadie lo ahogue, para que nadie pueda estropearlo. Porque he escuchado por dentro algo que ha autentificado mi respuesta “si tú me miras, yo me vuelvo hermosa, como la hierba a que bajó el rocío” (G. Mistral)

Cuando no hay coherencia con nuestras posturas, con nuestro “sí” y nuestro “no”, los psicólogos dicen que se produce ansiedad. Es decir, que el alma chirría porque la persona sufre cierta angustia que puede hacerse crónica. La angustia que produce la doblez, que se puede convertir en rigidez, en un atarse a la ley, o en un sarcasmo hiriente, o en tristeza interior causada por la mediocridad, por la falta de fuelle para correr a colaborar con el proyecto de Jesús.

Es su legado el que está hoy en nuestras manos. La disponibilidad o la pereza, la decepción, la excusa repetida de necesidades familiares que no se acaban nunca, es tema de conciencia. Será lo que tú y yo decidamos. El reino espera, Jesús espera, la tarea está ahí. ¿Quieres colaborar? ¿Sí o no? Tú dirás, yo diré, con la vida.

Magdalena Bennàsar Oliver

www.espiritualidadintegradoracristiana.es

Fuente Fe Adulta

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La verdad no se dice, se hace

domingo, 1 de octubre de 2017
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imagesDel blog de Tomás Muro, La verdad es libre:

01. SIEMPRE DOS HERMANOS.

Resulta curioso las veces que en la Biblia aparecen dos hermanos: Caín y Abel, (Gn 4,1-2); Esaú y Jacob, (Gn 25,24ss); un padre tenía dos hijos en la parábola del padre y el hijo pródigo, (Lc 15,11ss); en la parábola de hoy también un padre tenía dos hijos… Dos hermanas: Marta y María

Tal vez más que dos hermanos se trata de dos aspectos de un único personaje, que todos llevamos dentro en una especie de “esquizofrenia inevitable”. Probablemente todos somos algo de Caín y de Abel; algo tenemos de hermano mayor cumplidor, prepotente; y algo de hijos pródigos. Todos hablamos mucho y hacemos poco, como en la parábola de hoy.

Al mismo tiempo, en todo ser humano hay algo de la bondad de Abel y del arrepentimiento del hijo menor, además de las incoherencias del hijo al que le dio un “perrenque”, dijo que no iba a trabajar, pero luego se lo pensó y fue.

Las “esquizofrenias” y los dobles momentos antes que de la psicología y de la psiquiatría son de la vida misma y algo de sentido común. Como se dice en estos tiempos, todos somos algo “bipolares”.

02. LA VIÑA.

La viña, los campos de trigo son el pueblo de Dios, la humanidad, la historia en la que hay mucho que trabajar; las más de las veces el trabajo son sencillas, pequeñas tareas, pero son trabajos nobles.

Todos estamos llamados a trabajar en la mies, en la viña del Señor. San Pablo dice un poco estentóreamente aquello de que: quien no trabaje que no coma, (2Tes 3,10).

El trabajo no es solamente un medio de ganarse la vida, sino un modo de construir la propia persona-personalidad y la historia.

Trabajar -en la medida en que uno puede- es bueno y hace bien.

03. OBRAS SON AMORES, QUE NO BUENAS RAZONES.

Así acuñó Santa Teresa esta afirmación que ha pasado a ser un refrán: obras son amores, que no buenas razones. De grandes palabras (palabrería) están llenos los espacios políticos, eclesiásticos y también los personales. Las promesas de las campañas electorales duran hasta el día siguiente de las elecciones. ¡Si la Iglesia fuese conforme a lo que leemos en el Nuevo Testamento, en las encíclicas y documentos!, etc.

O4. ORTODOXIA Y ORTO PRAXIS.

imagessORTO significa: recto / correcto. DOXA: doctrina / pensamiento y praxis: práctica / acción.

Corren tiempos en los que se disfruta buscando recuperar una ultra-ortodoxia que anquilosa la vida y el evangelio, cuando lo que importa es la ortopraxis, es decir la vida.

Muchas veces la ortodoxia tiene poco que ver con lo que hacemos, con la ortopraxis.

o A veces la ortodoxia no es más que una trinchera donde se defienden miedos y posicionamientos ideológicos y religiosos. Algunos movimientos religiosos modernos viven afincados en una super-ortodoxia intransigente, sin significado, pero es el “santo y seña”.

o Otras personas y actitudes hacen la verdad: están con los que sufren, los pobres, el SIDA, ancianos etc., incluso con una doctrina (ortodoxia) muy elemental, incluso no muy puritana para el orden establecido.

La verdad no se dice, se hace.

Esta veta la recogió con energía la Teología de la Liberación.

Es evidente que el papa Francisco se sitúa en la praxis, en el hijo que va a trabajar, incluso aunque sus palabras no lo parezcan. Es también vidente que los que se oponen y se enfrentan con la línea de Francisco son ultramontanos fanáticos que guardan con celo la doctrina, pero no mueven un dedo para ayudar a la humanidad a cargar con el peso de la vida y de la historia (Mt 23,1-12)

Quiera Dios que la ultraortodoxia fundamentalista no pise la praxis evangélica.

05. ¿QUIÉN HIZO LA VOLUNTAD DE DIOS PADRE?

imagess1Lo de Jesús tiene su retranca.

No es un diletantismo exegético, pero conviene leer con atención el cp 21 de Mateo.

Mt 21, 1-27: Jesús, tras expulsar con energía del Templo a los comerciantes, Jesús pronuncia tres parábolas contra los dirigentes religiosos, es decir contra el poder (no contra el pueblo):
Mt 21,29-32 Parábola de los dos hijos

Mt 21,33-46 Parábola de los viñadores homicidas, (el poder crucifica)

Mt 22,1-14 Parábola del banquete del Reino al que no quieren asistir los invitados

La conclusión de la parábola de hoy es desconcertante y osada. Jesús pone modelos de vida algo que escandaliza a los estamentos oficiales. Probablemente nadie se lo creyó entonces, ni hoy, que los publicanos (ladrones legales de impuestos) y las prostitutas, la gente de los cruces de los caminos estarán, están, por delante de nosotros en la viña del Señor, en el Reino.

Nos puede resultar escandaloso y molesto, pero en el cristianismo de Jesús las cosas -gracias a Dios- son así.

 

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“No desvirtuar la bondad de Dios”. 24 de septiembre de 2017. 25 Tiempo ordinario (A). Mateo 20 , 1-16

domingo, 24 de septiembre de 2017
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img_2595A lo largo de su trayectoria profética, Jesús insistió una y otra vez en comunicar su experiencia de Dios como “un misterio de bondad insondable” que rompe todos nuestros cálculos. Su mensaje es tan revolucionario que, después de veinte siglos, hay todavía cristianos que no se atreven a tomarlo en serio.

Para contagiar a todos su experiencia de ese Dios Bueno, Jesús compara su actuación a la conducta sorprendente del señor de una viña. Hasta cinco veces sale él mismo en persona a contratar jornaleros para su viña. No parece preocuparle mucho su rendimiento en el trabajo. Lo que quiere es que ningún jornalero se quede un día más sin trabajo.

Por eso mismo, al final de la jornada, no les paga ajustándose al trabajo realizado por cada grupo. Aunque su trabajo ha sido muy desigual, a todos les da “un denario”: sencillamente, lo que necesitaba cada día una familia campesina de Galilea para poder vivir.

Cuando el portavoz del primer grupo protesta porque ha tratado a los últimos igual que a ellos, que han trabajado más que nadie, el señor de la viña le responde con estas palabras admirables: “¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno?”. ¿Me vas a impedir con tus cálculos mezquinos ser bueno con quienes necesitan su pan para cenar?

¿Qué está sugiriendo Jesús? ¿Es que Dios no actúa con los criterios de justicia e igualdad que nosotros manejamos? ¿Será verdad que Dios, más que estar midiendo los méritos de las personas como lo haríamos nosotros, busca siempre responder desde su Bondad insondable a nuestra necesidad radical de salvación?

Confieso que siento una pena inmensa cuando me encuentro con personas buenas que se imaginan a Dios dedicado a anotar cuidadosamente los pecados y los méritos de los humanos, para retribuir un día exactamente a cada uno según su merecido. ¿Es posible imaginar un ser más inhumano que alguien entregado a esto desde toda la eternidad?

Creer en un Dios, Amigo incondicional, puede ser la experiencia más liberadora que se pueda imaginar, la fuerza más vigorosa para vivir y para morir. Por el contrario, vivir ante un Dios justiciero y amenazador puede convertirse en la neurosis más peligrosa y destructora de la persona.

Hemos de aprender a no confundir a Dios con nuestros esquemas estrechos y mezquinos. No hemos de desvirtuar su Bondad insondable mezclando los rasgos auténticos que provienen de Jesús con trazos de un Dios justiciero tomados del Antiguo Testamento. Ante el Dios Bueno revelado en Jesús, lo único que cabe es la confianza.

José Antonio Pagola

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“¿Vas a tener tú envidia porque soy bueno?”. Domingo 24 de septiembre de 2017. 25º domingo de tiempo ordinario.

domingo, 24 de septiembre de 2017
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48-OrdinarioA25Leído en Koinonia:

Isaías 55,6-9: Mis planes no son vuestros planes
Salmo responsorial: 144: Cerca está el Señor de los que lo invocan.
Filipenses 1,20c-24.27a: Para mí la vida es Cristo
Mateo 20,1-16: ¿Vas a tener tú envidia porque soy bueno?

La gracia y la misericordia de Dios se contrapone a la mentalidad religiosa judía de los tiempos de Jesús. Frente a la teología del mérito del sistema religioso se opone la teología de la gracia predicada por Jesús. Desde esta perspectiva, la salvación no se alcanza solamente por méritos propios sino por la misericordia de Dios que nos la concede a pesar de que no la merezcamos.

El texto del segundo Isaías centra su actividad profética en el tema de la consolación del pueblo desterrado. Pero el destierro fue por la desobediencia del pueblo y de sus dirigentes que se apartaron de Dios y quebrantaron la alianza. Sin embargo, Dios no abandona a su pueblo. Si el pueblo es infiel a la alianza, Dios permanece siempre fiel. Los caminos del Señor son muy distintos de los caminos humanos. El profeta insiste en la invitación a buscar al Señor. Hace un llamado a la conversión y al arrepentimiento porque Dios es Clemente y misericordioso y siempre está dispuesto al perdón. Los planes de Dios no son tan limitados y mezquinos como los de nosotros.

Pablo, en la carta a los Filipenses, plantea una seria disyuntiva: o morir para estar con Cristo o quedarse en medio de ellos para ayudarles en sus dificultades. Pablo, prisionero por Cristo, presiente que sus días ya están llegando a su fin. Perseguido, calumniado, encarcelado, azotado y despreciado de muchos ha vivido en su propia persona la pasión de su Señor. Consecuente con su predicación, si se ha esforzado por vivir el evangelio de Jesús, entonces es normal que corra la misma suerte que su maestro. Pero también tiene la plena convicción de participar de la gloria de la resurrección. Tanto su vida como su muerte está en función de Cristo. Si está vivo es para seguir anunciando el evangelio, si muere es para entrar en la plena comunión de los justificados por El. Así las cosas, Pablo siente que su misión ha llegado a su fin. Como Jesús, puede decir todo está cumplido. Pero a Pablo le queda la gran preocupación de la fragilidad de las comunidades, cuya fe está fuertemente amenazada por el ambiente cultural y religioso de las colonias del Imperio.

En la parábola de los trabajadores descontentos con la paga se refleja el modo de actuar de Dios contrario a nuestra mentalidad utilitarista. El contexto de la parábola debió se la controversia de Jesús con las autoridades judías por su continua relación con personas de dudosa reputación como publicados, pecadores, enfermos, niños, paganos y mujeres. Precisamente aquellos que estaba considerados impuros y, por tanto, excluidos del círculo de santidad. Pero en el contexto de la comunidad mateana se percibe el conflicto producido entre los judeocristianos y paganos cristianos que confluyen en la misma comunidad. Era inaceptable que los recién conversos tuvieran el mismo trato de los que han pertenecido desde tiempos antiguos al pueblo elegido. Es claro que el encuentro entre judaísmo y cristianismo en el seno de una misma comunidad resultó bastante complicado. Así lo manifiestan otros escritos del nuevo testamento como la carta a los gálatas.

La parábola, narrada por Jesús, parte de un hecho real. El propietario representa a los terratenientes que a base de aranceles habían quitado las tierras a los campesinos. Así mismo, los desocupados eran los que lo habían perdido todo y se alquilaban por cualquier cosa para poder vivir. Por supuesto que había quienes siempre eran clientes fijos del propietario, es decir, aquellos a quienes siempre se les contrataba, y estaban los que iban apareciendo a última hora. La clave de la parábola no está en la actitud equitativa del patrón, pues el podría pagar como quisiera. Lo que llamó la atención a los oyentes es que haya preferido a los que no eran sus trabajadores (los de la última hora) sobre los que si lo eran (los de la primera hora). Situación incomprensible desde todo punto de vista.

El sistema religioso del tiempo de Jesús y de las primeras comunidades centraba la práctica religiosa en el mérito y la paga. La salvación se había convertido en un mercado de compra y venta. Jesús cuestiona a fondo esta mentalidad que tanto mal le ha hecho al pueblo. La salvación es don gratuito de Dios. Y la gracia tiene que ver con el amor misericordioso. Dios no maneja nuestros esquemas contables interesados y lucrativos. Para Dios, tanto los primeros como los últimos son objeto de su inmenso amor y misericordia.

Hoy tenemos que superar todo espíritu de competencia y codicia. Tenemos que superar sobre todo el «exclusivismo» que todavía late en el subconsciente cristiano: ya no lo decimos ni lo sostenemos, pero muchos lo siguen pensando: nosotros, nuestra religión, sería la única verdadera, y por tanto la superior, la definitiva, la insuperable, aquella a la que las demás religiones (¡y culturas!) deberán confluir… Si ya muchos han abandonado aquella visión veterotestamentaria de que «las naciones y los pueblos vendrán a adorar a Dios en Sión» -porque sociológicamente ya no parece previsible ni viable que el mundo vaya un día a ser todo él cristiano-, no dejamos de tener esa conciencia de «exclusivismo» cuando nuestras autoridades y jerarquías condenan autoritariamente y sin diálogo alguno opiniones sociales, criterios éticos, que se dan en distintas sociedades, apoyados en el convencimiento de que nuestra verdad es incuestionablemente superior a la de los demás, por principio, y que tendríamos derecho a imponerla en la sociedad (laica, aconfesional) sin necesidad siquiera de dialogar y convencer a la población… Es una actitud de complejo de superioridad que no tiene ninguna justificación.

La apertura a todos, el reconocimiento sincero de que no tenemos un «gratuito e inmerecido derecho de primogenitura», que no somos «los (únicos) elegidos», que los que hemos considerado tradicionalmente «últimos» (o en todo caso, posteriores a nosotros) no lo son, que Dios es «gratuito» y sin favoritismos… son asignaturas pendientes todavía para las Iglesias cristianas…

No cabe duda de que aceptar en profundidad el mensaje evangélico de hoy de que «los primeros serán los últimos», nos exige un cambio de mentalidad a fondo. También el pluralismo religioso y el diálogo intercultural hay que elencarlos entre esos grandes desafíos generados por el descubrimiento más profundo de la «gratuidad de Dios» que la parábola del evangelio de hoy vuelve a poner ante nuestros ojos. Leer más…

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Dom 24.9.17. Del salario justo a la superación del sistema salarial

domingo, 24 de septiembre de 2017
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comentario-mateo-20-1-16-el-logos-cruz-L-XKvM8fDel blog de Xabier Pikaza:

La parábola de este domingo, propia de Mateo, nos sitúa ante uno de los temas centrales de la historia, el tema quizá más trascendente y escandalosos (¡novedosos!) de la experiencia cristiana:

El paso de un sistema de retribución salarial, que se formula y establece según ley (¡te pagaré lo que sea justo: to dikaion, Mt 20, 5), según los méritos y aportaciones de cada uno, dentro de un mercado de trabajo, a un modelo de gratuidad y comunicación personal, donde el “amor” (señor de casa) da a los últimos, igual que a los primeros, gratuitamente, porque es bueno (agathos: Mt 20, 15).

En uno y otro caso, lo justo y bueno, igual para todos, es un denario (20, 2.13), lo que necesita cada uno para vivir, él y su familia, con independencia de lo que realice, sea Rey de España, Arzobispo de Toledo, extranjero de Vallecas o parado del Rio Grande de USA.

Evidentemente, este modelo irrita al “personal” más concienciado, que se cree con méritos para recibir mayor salario, porque ha trabajado más horas, porque está más preparado (es ingeniero y no peón de construcción).

Irrita sobre todo en este tiempo en que las diferencias salariales se han disparado casi del uno al mil en ciertos sectores, un modelo donde el ministro gana más que el ordenanza, y el banquero infinitamente más que el guardavías o el parado de la esquina (sin contar las tarjetas negras, ahora se dicen black), los incentivos y lo que cada uno puede apañarse desde el lugar en que se encuentre.

Éste es un pasaje en el que vengo pensando desde toda la vida. Creo que viene de Jesús, sólo él pudo decirlo así, con esa dureza y ternura. Ha sido, sin duda, el centro del mensaje de Jesús, el paso de la ley salarial que distingue a judíos de gentiles, a la experiencia de la fe y gratuidad de su Abba, Padre. Ésta ha sido finalmente la clave del evangelio de Mateo, en su disputa con un tipo de judeo-cristianos que apelaban a su derecho a un salario mayor.

img_2596(Así he pensado que el San Mateo de C. Rusconi, de la portada del libro del que tomo estas reflexiones, que está que se sale de su marco, en la Catedral de Roma, está mirando admirado lo que él mismo ha escrito en su evangelio… como queriendo fijar bien el sentido de esta parábola, y quizá marcharse a la calle para explicarla a los romanos).

En esa línea, me ha parecido genial que mi colega, el prof. J. L. Sicre (en Religión Adulta y en RD), haya retomado un viejo y castizo (bíblico) adjetivo (terrateniente cab.) para llamar a ese patrono, que al fin del día paga igual a todos, el denario de la vida.

Ciertamente, es un “cabrón divino” (el tema es de Lev 16) este “amo” que sabe bien que los trabajos han sido distintos en la viña, tanto por el tiempo (uno ha estado allí todo el día, otro sólo media hora), como por la “dignidad” (uno ha sido Director general de las Viñas del Reino, ministro de Vinos y otro un simple “botillero”, encargado de llevar agua fresca a los siguen sudando cepa a cepa)… Éste es el terrateniente divino, que nos ofrece un campo de gratuidad para ser, para amar, para esperar… sabiendo que al fin y en fondo todo es graciaq.

Eso es el amo, alguien que nos quiere hacer pasar del sistema salarial corrupto de este tiempo (con diferencias de uno a mil, al menos) al orden gratuito de la vida humana, donde trabajar es un gozo (cada uno según sus posibilidades) y cobrar una gracia (a cada uno según sus necesidades)… Esto lo han sabido y saben muchas tribus antiguas, más sabias que nuestras megápolis, lo saben millones de familias y grupos religiosos en los que se comparte en amor trabajo y “sueldo…”. Lo han sabido los grandes socialistas utópicos del siglo XIX. Quizá a la doctrina oficial de cierta Iglesia Católica, con ciertos catecismos de méritos, a un tipo de DSI le ha costado saberlo. Pero es el centro del evangelio.

Una parábola molesta y esperanzada

Mt 20 1 El Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que al amanecer (=hora de prima) salió a contratar jornaleros para su viña. 2 Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. 3 Salió otra vez a media mañana (=hora de tercia), vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, 4 y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido. 5 Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde (=hora de sexta, hora de nona) e hizo lo mismo. 6 Salió al caer la tarde (=hora undécima) y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? 7 Le respondieron: Nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a mi viña.

8 Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al administrador: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. 9 Vinieron los del atardecer (hora undécima) y recibieron un denario cada uno. 10 Cuando llegaron los primeros pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. 11 Y recibiendo (el denario) se pusieron a protestar contra el amo, diciendo: 12 Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor. 13 Él replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario?
14 Toma lo tuyo y vete. Yo quiero darle a este último igual que a ti. 15 ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? 16 Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

((Además de comentarios a Mateo, y en especial al mío del que tomo estas reflexiones, cf. D. Aleixandre, Mujeres de la hora undécima, Sal Terrae, Santander 1991; J. D. Derrett, Workers in the Vineyard: A Parable of Jesus: JJS 25 (1974) 64-91; A. Orbe, Parábolas evangélicas en San Ireneo I, BAC, Madrid 1972, 411-460; G. de Ru, Conception of Reward in the Teaching of Jesus: NT 8 (1966) 202-222; M. Theobald, Die Arbeiter im Weinberg (Mt 20,1- 16), en D. Mieth (ed.), Christliche Sozialethik im Anspruch der Zukunft: SThE 41 (1992) 107-127)).

Esta parábola condena de raíz el sistema salarial establecido (que un tipo de Iglesia ha defendido) por siglos, mandando sin más (¡a menudo!) al infierno a los “malos”, poco trabajadores, y al cielo a los ganan méritos sin más referencia a la gracia), el sistema de sueldo por tiempo y dignidad del trabajo de un tipo de sociedad salarial… pues esta Gran Amo de la Parábola concede por gracia, al final, a cada uno un mismo “denario”, pasando así de un sistema salarial que debería ser “justo” (¡claro!) al gozo gratuito de la colaboración en el trabajo y en la vida.

Estamos tan acostumbrados a leer esta “parábola” que no nos damos cuenta de su pólvora explosiva, y así la espiritualizamos diciendo que ella vale para salarios místicos del alma… Pero no, aquí no se habla de salarios del alma, en el mal sentido de la palabra, sino de jornales o salarios reales por trabajos en la “viña”, bajo el sol duro de un otoño largo. En esta parábola de la viña de Dios entran todos, desde el Rey de España al Papa, desde el primer ministro de Barcelona o Madrid al mozo de caballos y al gitano, al emigrante y al enferma… A todos un mismo “denario”: El sueldo de la vida.

Estamos ante un modelo tribal de trabajos y pagas comunes,ante los programas del socialismo utópico del siglo XIX: Cada uno según sus posibilidades… y a cada uno según sus necesidades propias y de familia (que eso es un denario). Esto se parece al salario social asegurado para cada uno de los hombres y familias, trabaje o no trabaje, el sueldo “de caridad parroquial” de los pobres de Inglaterra, en el siglo XVIII (o la pensión no contributiva de todos los que viven sin trabajar, o sin haber cotizado, como es mi caso). A todos lo mismo, algo así como unos “mil euros al mes”, en España, pues eso sería un ¿qué os parece? (Para un estudio económico del tema recomiendo el libro clave de L. Polanyi, La Gran Transformación, 1944, el texto de economía del siglo XX más importante que conozco).

Este es un tema discutido, como muestran dos titulares de la prensa española de ayer (21.9.217):

̶ El PP se opone a la renta mínima de los sindicatos y pide crear un grupo de trabajo… Esa renta mínima sería el “denario” que el Amo de la parábola ofrece a todos… Ciertamente, el PP de España piensa que un tipo de renta mínima crea “vagos” y que los incentivos salariales salariales (quizá con tarjetas negras) son importantes para que la gente trabaje… Leer más…

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Parábola del terrateniente cabrón. Domingo 25. Ciclo A.

domingo, 24 de septiembre de 2017
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vinadoresDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Nota: De los numerosos insultos que enriquecen la lengua castellana, “cabrón” es el único tomado de la Biblia (Ezequiel). Por consiguiente, nadie debe escandalizarse de que lo use, aunque tampoco es preciso que añada: “Palabra de Dios”.

Una parábola provocadora

Durante el período de formación de los discípulos, tal como lo cuenta el evangelio de Mateo, Jesús parece disfrutar desconcertándolos con sus ideas sobre el matrimonio, la importancia de los niños, la riqueza. Pero el punto culminante del desconcierto lo constituye esta parábola sobre el pago por el trabajo realizado.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.” Ellos fueron.

Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo.

Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:

¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?

Le respondieron:

Nadie nos ha contratado.

Él les dijo:

Id también vosotros a mi viña.

Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz:

Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: 

Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.

Él replicó a uno de ellos:

Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»

           El protagonista es un terrateniente con capacidad para contratar a gran número de obreros. No es un señorito que se dedica a disfrutar de los productos del campo. Al amanecer ya está levantado, en la plaza del pueblo, contratando por el jornal habitual de la época: un denario. Y tres veces más, a las 9 de la mañana, a las 12, incluso a las 5 de la tarde, vuelve del campo al pueblo en busca de más mano de obra. A estos no les dice cuánto les pagará. Pero les da lo mismo. Algo es algo.

            Hasta ahora todo va bien. Un propietario rico, preocupado por su finca, atento todo el día a que rinda el máximo. Se intuye también un aspecto más positivo y social: le preocupa el paro, el que haya gente que termine el día sin nada que llevar a su casa.

            Pero este personaje tan digno se comporta al final como un cabrón. Al atardecer, cuando llega el momento de pagar, ordena al administrador que no empiece por los primeros, sino por los últimos. Cuando estos, sorprendidos, reciben un denario por una sola hora de trabajo, los demás, especialmente los de las 6 de la mañana, alientan la esperanza de recibir un salario mucho más elevado. Con gran indignación de su parte, reciben lo mismo. Es lógico que protesten.

¿Por qué no empezó el propietario por los primeros, los dejó marcharse, y luego pagó a los otros sin que nadie se enterase? ¿Por qué quiso provocar la protesta? Porque sin el escándalo y la indignación no caeríamos en la cuenta de la enseñanza de la parábola.

¿Cabrón o bueno?

Los jornaleros de la primera hora plantean el problema a nivel de justicia. En cambio, el terrateniente lo plantea a nivel de bondad. Él no ha cometido ninguna injusticia, ha pagado lo acordado. Si paga lo mismo a los de la última hora es por bondad, porque sabe que necesitan el denario para vivir, aunque muchos de ellos sean vagos e irresponsables.

¿Quiénes son los de las 6 de la mañana y los de las 5 de la tarde?

            En la comunidad de Mateo, formada por cristianos procedentes del judaísmo y del mundo pagano, predicar que Dios iba a recompensar igual a unos que a otros podía levantar ampollas. El judío se sentía superior a nivel religioso: su compromiso con Dios se remontaba a siglos antes, a Moisés; llevaba el sello de la alianza en su carne, la circuncisión; había cumplido los mandatos y decretos del Señor; no habían faltado un sábado a la sinagoga. ¿Cómo iban a pagarles lo mismo a estos paganos recién convertidos, que habían pasado gran parte de su vida sin preocuparse de Dios ni del prójimo? Usando unas palabras del profeta Daniel, ¿cómo iban a brillar en el firmamento futuro igual que ellos? En este planteamiento se comprende el reproche que les hace el propietario (Dios): vuestro problema no es la justicia sino la envidia, os molesta que yo sea bueno.

            Desde la época de Mateo han pasado veinte siglos; la interpretación anterior ya no resulta actual y podemos sustituirla por otra: los cristianos que han cumplido desde niños la voluntad de Dios, que no han faltado un domingo a misa, ni han tomado la píldora anticonceptiva, y se enteran de que Dios va compensar igual que a ellos a gente que sólo pisa la iglesia para entierros y bodas y que interpretan la moral de la Iglesia según les convenga. A algunos de ellos puede parecerles una gran injusticia. Dios no lo ve así, porque piensa recompensarles como se merecen. Si da lo mismo a los otros no es por justicia, sino por bondad.

¿No es de hipócritas indignarse?

            Si alguno se sigue indignando con la actitud de Dios, debería preguntarse si es hipócrita o tonto. En el fondo, el que se indigna es porque piensa que lleva trabajando desde las 6 de la mañana, que lo ha hecho todo bien y merece una mayor recompensa de parte de Dios. Si examina detenidamente su vida, quizá advierta que empezó a trabajar a las 11 de la mañana, y que se ha sentado a descansar en cuanto pensaba que el capataz no lo veía. A buen entendedor, pocas palabras.

            En cambio, el que es consciente de haber rendido poco en su vida, de no haberse comportado en muchos momentos como debiera, de haber empezado a trabajar a las 5 de la tarde, se sentirá animado con esta parábola.

Las cinco de la tarde

            Cabe el peligro de interpretar lo anterior como “Dios es muy bueno y podemos dedicarnos a la gran vida”. La invitación a ir a trabajar a las 5 de la tarde, aunque sólo sea una hora, es un toque de atención No se trata de seguir vagueando irresponsablemente. Siempre hay tiempo para echar una mano al propietario de la finca.

            Este es el tema de la 1ª lectura, tomada de Isaías, que usa un lenguaje mucho más severo.

Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos -oráculo del Señor-. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes.

No habla de desocupados sino de malvados y criminales. Pero los exhorta a regresar al Señor, que “tendrá piedad” porque “es rico en perdón”. En el evangelio, con fuerte contraste, no son malvados y criminales los que van en busca de Dios; es el mismo Dios quien sale al encuentro, cuatro veces al día, de todas las personas que necesitan de su ayuda.

            Tanto el evangelio como Isaías coinciden en afirmar, cada uno a su estilo, que los planes y los caminos de Dios son muy distintos y más elevados que los nuestros.

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Domingo XXV del Tiempo Ordinario. 24 septiembre, 2017

domingo, 24 de septiembre de 2017
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“– Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.”

(Mt 20, 1-16)

Si los dos domingo anteriores teníamos como tema central del Evangelio el tema del perdón, este domingo Mateo nos presenta el tema de la envidia.

La envidia no es otra cosa que el dolor y la rabia que nos provoca el bien ajeno. Es fácil, nos sale casi de forma natural, el conmovernos ante las desgracias ajenas. El dolor de otras personas es capaz de sacar lo mejor de mucha gente.

Pero, tristemente, el bien ajeno, no solo no nos alegra sino que en ocasiones nos pone en contacto con la parte más oscura y sombría del ser humano. Nos parece que nuestro esfuerzo merece mejores recompensas. Y nos llena de envidia ver cómo otras personas reciben más que nosotras. Entonces nos sentimos injustamente tratadas. Igual que los jornaleros de la primera hora: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.

He oído muchas veces, a distintas personas, quejarse de que los telediarios dan solamente malas noticias. Pero ¿soportaríamos un telediario de buenas noticias ajenas? Seguramente no, y las televisiones lo saben y cuidan sus audiencias dando aquello que se demanda.

¡Ay, la envidia!esa fiel compañera que se abre paso en nuestra vida desde nuestra más tierna infancia. Muchas veces se les da lo mismo a dos hermanitos para que ninguno tenga envidia, pero ¿ayuda eso a lidiar con la envidia en la vida?

¿Qué podemos hacer para que el bien ajeno no nos haga profundamente infelices? ¿Cual es el antídoto que contrarresta los efectos de la envidia? ¡La misericordia!

Si la envidia es mirar con malos ojos el bien ajeno, la misericordia es la capacidad de mirar con buenos ojos incluso la miseria ajena. La misericordia es la manera de ver que tiene Dios. Es mirar con los ojos de Dios que cuando nos mira ve por todas partes hijas e hijos amados.

Si al mirar veo a una persona amada es más fácil que consiga alegrarme con su alegría. Si descubrimos que lo bueno que les pasa a las demás es también un bien para mí viviré con más alegría y menos preocupación.

Al reconocer que el “denario” que recibo por mi trabajo es justamente lo que habíamos acordado de ante mano y por lo mismo es el salario que merece mi esfuerzo, podré contentarme con lo mío. Y podré también ir abriendo camino para que la alegría ajena provoque también mi alegría.

Oración

Danos, Trinidad Santa, una mirada misericordiosa como la tuya. Libéranos de la envidia que nos separa y enfrenta y llénanos de la ternura que une y complementa.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Un relación de toma y daca con Dios no tiene sentido.

domingo, 24 de septiembre de 2017
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matthew-20Mt 20, 1-16

Cuando se escribió este evangelio, las comunida­des llevaban ya muchos años de rodaje pero seguían creciendo. Los veteranos, seguramente reclamaban privilegios, porque en un ambiente de inminente final de la historia, los que se incorporaban no iban a tener la oportunidad de trabajar como lo habían hecho ellos. La parábola advierte a los cristianos que no es mérito suyo haber accedido a la fe antes, sería ridículo esperar mayor paga.

El contexto inmediato es muy interesante. Jesús acaba de decir al joven rico que venda todo lo que tiene y le siga. A continuación, Pedro se destaca y dice a Jesús: “Pues nosotros lo hemos dejado todo, ¿qué tendremos?” Jesús le promete cien veces más, pero termina con esa frase enigmática: “Hay primeros que serán últimos, y últimos que serán primeros”. A continuación viene el relato de hoy, que repite, al final, la misma frase pero invirtiendo los términos; dando a entender que la frase de marras se ha hecho realidad.

Las lecturas de los tres últimos domingos han desarrollado el mismo tema, pero en una progresión de ideas interesante: el domingo 23 nos hablaba de la corrección fraterna, es decir, del perdón al hermano que ha fallado. El 24 nos habló de la necesidad de perdonar las deudas sin tener en cuenta la cantidad. Hoy nos habla de la necesidad de compartir con los demás sin límites, no con un sentido de justicia humano, sino desde el amor. Todo un proceso de aproximación al amor que Dios manifiesta a cada uno de nosotros.

Hoy tenemos una mezcla de alegoría y parábola. En la alegoría, cada uno de los elementos significa otra realidad en el plano trascendente. En la parábola, es el conjunto el que nos lanza a otro nivel de realidad, a través de una quiebra en el relato. Está claro que la viña hace referencia al pueblo elegido, y que el propietario es Dios mismo. Pero también es cierto que en el relato, hay un punto de inflexión cuando dice: “Al llegar los primeros pensaron que recibirían más, pero también ellos recibieron un denario”.

Desde la lógica humana, no hay ninguna razón para que el dueño de la viña trate con esa deferencia a los de última hora. Por otra parte, el propietario de la viña actúa desde el amor absoluto, cosa que solo Dios puede hacer. Lo que nos quiere decir la parábola es que una relación de ‘toma y da acá’ con Dios no tiene sentido. El trabajo en la comunidad de los seguidores de Jesús, tiene que imitar a ese Dios y ser totalmente desinteresado.

Con esta parábola, Jesús no pretende dar una lección de relaciones laborales. Cualquier referencia a ese campo en la homilía de hoy no tiene sentido. Jesús habla de la manera de comportarse Dios con nosotros, que está más allá de toda justicia humana. Que nosotros seamos capaces de imitarle es otro cantar. Desde los valores de justicia que manejamos en nuestra sociedad, será imposible entender la parábola.

Hoy todos trabajamos para lograr desigualdades, para tener más que el otro, estar por encima y así marcar diferencias con él. Esto es cierto, no solo respecto a cada individuo, sino también a nivel de pueblos y naciones. Incluso en el ámbito religioso se nos ha inculcado que tenemos que ser mejores que los demás para recibir un premio mayor. Ésta ha sido la falsa filosofía que ha movido la espiritualidad cristiana de todos los tiempos.

La parábola trata de romper los esquemas en los que está basada la sociedad, que se mueve únicamente por el interés. Como dirigida a la comunidad, la parábola pretende  unas relaciones humanas que estén más allá de todo interés egoísta de individuo o de grupo. Los Hechos de los Apóstoles nos dan la pista cuando nos dicen: “nadie consideraba suyo propio nada de lo que tenía, sino que lo poseían todo en común”.

Hay una segunda parte que es tan interesante como la misma parábola. Los de primera hora se quejan del trato que reciben los de la última. Se muestra aquí la incapacidad de comprensión de la actitud del dueño. No tienen derecho a exigir, pero les sienta mal que los últimos reciban el mismo trato que ellos. El relato demuestra un conocimiento muy profundo de la psicología humana. La envidia envenena las relaciones humanas hasta tal punto, que a veces prefiero perjudicarme con tal de que el otro se perjudique más.

En realidad lo que está en juego es una manera de entender a Dios completamente original. Tan desconcertante es ese Dios de Jesús, que después de veinte siglos, aún no lo hemos asimilado. Seguimos pensando en un Dios que retribuye a cada uno según sus obras (el dios del AT). Una de las trabas más fuertes que impiden nuestra vida espiritual es creer que podemos merecer la salvación. El don total y gratuito de Dios es siempre el punto de partida, no algo a conseguir gracias a nuestro esfuerzo.

Podemos ir incluso más allá de la parábola. No existe retribución que valga. Dios da a todos los seres lo mismo, porque se da a sí mismo y no puede partirse. Dios nos paga antes de que trabajemos. Es una manera equivocada de hablar, decir que Dios nos concede esto o aquello. Dios está totalmente disponible a todos. Lo que tome cada uno dependerá solamente de él. Si Dios pudiera darme más y no me lo diera, no sería Dios.

La salvación de Jesús no está encaminada a cambiar la actitud de Dios para con nosotros; como si antes de él, estuviésemos condenados por Dios, y después estuviésemos salvados. La salvación de Jesús consistió en manifestarnos el verdadero rostro de Dios y cómo podemos responder a su don total. Jesús no vino para hacer cambiar a Dios, sino para que nosotros cambiemos con relación a Dios, aceptando su salvación.

Con estas parábolas el evangelio pretende hacer saltar por los aires la idea de un Dios que reparte sus favores según el grado de fidelidad a sus leyes, o peor aún, según su capricho. Por desgracia hemos seguido dando culto a ese dios interesado y que nos interesaba mantener. En realidad, nada tenemos que “esperar” de Dios; ya nos lo ha dado todo desde el principio. Intentemos darnos cuenta de que no hay nada que esperar.

El mensaje de la parábola es evangelio, buena noticia: Dios es para todos igual: amor, don infinito. Queremos decir para todos sin excepción. Los que nos creemos buenos y cumplimos todo lo que Dios quiere, lo veremos como una injusticia; seguimos con la pretensión de aplicar a Dios nuestra manera de hacer justicia. Cómo vamos a aceptar que Dios ame a los malos igual que a nosotros. Debe cambiar nuestra religiosidad que se basa en ser buenos para que Dios nos premie o, por lo menos, para que no nos castigue.

El evangelio propone cómo tiene que funcionar la comunidad (el Reino). ¿Sería posible trasladar esta manera de actuar a todas las instancias civiles? Si se pretende esa relación imponiéndola desde el poder, no tendría ningún valor salvífico. Si todos los miembros de una comunidad, sea del tipo que sea, lo asumieran voluntariamente, sería  una riqueza humana increíble, aunque no partiera de un sentido de trascendencia.

Meditación

El amor de Dios no tiene su fundamento en mí, sino en Él.
No tenemos que amar para que Dios nos ame,
sino amor como Dios nos ama y porque Él ya nos ama.
Para poder imitar a Dios, primero debemos conocerlo.
Lo que Jesús intenta una y otra vez en el evangelio,
es llevarnos al descubrimiento del verdadero Dios.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Envidia

domingo, 24 de septiembre de 2017
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parabola_talentos_1La envidia es mil veces más terrible, porque es hambre del alma (Miguel de Unamuno)

24 de septiembre. Domingo XXV del TO

Mt 20, 1-16

¿O no puedo yo disponer de mis medios como me parezca? ¿Por qué tomas a mal que yo sea generoso?

El Génesis 4, 8 dice: “Caín dijo a su hermano Abel: -Vamos al campo. Cuando estaban en el campo se echó Caín sobre su hermano Abel y lo mató”. Rubens ilustró la escena en cuadro, hoy en el museo del Prado. Es el primer asesinato humano, donde la protagonista es la envidia.

Reiterativos son los textos bíblicos a este respecto. En Job 5, 2 leemos: “Es cierto que al necio lo mata la ira, y al codicioso lo consume la envidia”. El Eclesiastés advierte en 4, 4: “He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. 

Algunos autores dicen que la envidia es el pecado humano por antonomasia, y que hace al hombre diferente de los animales. Éstos son capaces de cometer todo pecado humano –gula, asesinato, robo, etc. – excepto la envidia. Se insiste mucho en ella, aunque en el Evangelio apenas hay tres citas, todas referidas al hecho de la condena de Jesús por el pueblo, ante la propuesta de Pilatos, que sabía que le habían entregado por envidia, de si Barrabás o Jesús: Mt cap. 27; Mc cap. 15; y Lc cap. 15.

En los otros escritos, el tema es abundante. En los Hechos de los Apóstoles 7, 9 se recuerda que “los patriarcas, envidiosos de José, lo vendieron para que lo llevaran a Egipto”. Pablo dice en 13, 4 de su primera Carta a los Corintios que “El amor es paciente, es amable, no es envidioso ni fanfarrón, no es orgulloso ni destemplado”. Y en los Gálatas 5, 26: “No seamos vanidosos, provocadores, envidiosos”. Pedro, por su parte, en su primera Epístola a la dispersión 2, 1, aconseja despojarse de dicha envidia: “Ahora, pues, despojados de toda maldad, fraude e hipocresía, toda envidia y difamación”.

Los griegos la divinizaron en la figura de Némesis, un verdadero escollo para el desarrollo y el cambio social. Para los romanos era la diosa que personificaba la venganza y los celos, y la nombraron hija de la noche. El filósofo inglés Bertrand Russell sostenía que la envidia es una de las más potentes causas de infelicidad del ser humano. Brueghel el Viejo, el Bosco, Botticelli, Rubens, Poussin… etc, la hicieron objeto de sus pinceles.

Miguel de Unamuno dijo que “La envidia es mil veces más terrible, porque es hambre del alma”. Quizás la misma que el evangelista nos relata en la parábola de los jornaleros de la viña. Dijo el dueño: “¿Acaso no puedo yo disponer de mis medios como me parezca? ¿Por qué tomas a mal que yo sea generoso?” (Mt 20, 15).

ENVIDIA

Invidia: “la de los ojos verdes” color de la esperanza
en altares romanos.
“Mirar con malos ojos”, para griegos.

Dante, a los envidiosos
en un ilusionado Purgatorio dio cobijo.
Caín envidió a Abel porque era bueno,
y Narciso se ahogó al enamorarse.
Los dioses le premiaron transformándole en flor:
él sea bendito.

Hay santa envidia también, y yo la tengo
del narciso amarillo, del que se enamoraban
las doncellas.
De tantas cosas bellas
que ellas tienen,
y que yo no tengo. 

(EN HIERRO Y EN PALABRAS. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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¿Qué más quieres?

domingo, 24 de septiembre de 2017
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vina-1Mt 20, 1-16

La parábola de este domingo es de esas que escuecen, de las que, a medida que avanza la narración, vamos descubriendo que el personaje menos amable –el que deja entrever su envidia y un concepto poco caritativo de la justicia– se parece más a nosotros de lo que nos gustaría. Aceptar que todos los obreros contratados por el propietario de la viña terminan cobrando lo mismo a pesar de que cada uno invierte diferente número de horas y, por tanto, un esfuerzo desigual, resulta difícil de digerir. Era predecible que los primeros se pusieran a protestar contra el amoEstos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros que hemos aguantado el peso del día. Pocos directivos permanecerían en el puesto si tomaran medidas de este tipo. Tendrían que lidiar, sin duda, con unas cuantas denuncias y alguna que otra huelga. No están los tiempos para una generosidad que roza lo extravagante. Lo aceptable es que “a cada uno le den lo suyo” y “aquí paz y después gloria”. Mejor no meterse en innovaciones arriesgadas que solo los beneficiados de forma directa van a defender.

Este relato pone patas arriba, por un lado, el modo habitual que tenemos de aplicar la justicia, a la que no dejamos salir de los parámetros de la proporcionalidad exacta; y por otro, el perfil de las personas a las que el Señor encomienda una tarea para la que no descarta ni a los descartados –vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo–. Bendito Dios al que todo ser humano le resulta valioso y considera que tiene algo que aportar. La situación que plantea Jesús en la parábola, sorprendente y en parte irrealizable a nivel empresarial, es un buen recurso para remover nuestras conciencias y hacernos ver mejor cuáles son los cimientos de ese reino de Dios al que el propietario se parece. Porque aquí lo importante es el carácter de ese dueño que actúa de un modo tan particular y en el que conviene que nos fijemos, pues nos aporta datos interesantes para reconocer ese reino que queremos descubrir y al que el Maestro nos llama a pertenecer:

Y el primer dato que nos revela su comportamiento es que llama a todos y a todos trata por igual. Lo importante no es tanto nuestro trabajo, la satisfacción personal por “nuestra obra” (que en realidad es suya), cuanto su corazón.

El segundo es que cumple sus promesas; y por tanto, nunca deberíamos sentirnos defraudados por alguien que mantiene la palabra que nos ha dado.

Y tercero, que precisamente da lo mismo a todos para evitar envidias, pues en el reino de Dios no existen las desigualdades sino la fraternidad universal. No se trata, por tanto, de una cuestión de salario o de propiedades para acumular según nuestros méritos, sino de poder aspirar a tener, unos y otros, la misma relación con el “patrono”, padre de todos. Y ese es el mejor premio, mucho más gratificante que cualquier salario. Pero, claro, son los últimos, los que alguna vez perdieron la dignidad (o se la arrebataron) los que están más capacitados para comprender el valor de este “contrato”. ¿Cómo no alegrarse por ello? ¿Qué más queremos?

María Dolores López Guzmán

Fuente Fe Adulta

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