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Jaime Vázquez, Guía de la Biblia

Jueves, 2 de mayo de 2019

6FA78C2C-F499-4105-A691-B84B2E3704C1Un interesante introducción al libro de los libros… Del blog de Xabier Pikaza:

Introducción general a la Sagrada Escritura,

Jaime Vázquez Allegue, Guía de la Biblia. Introducción general a la Sagrada Escritura, El mundo de la Biblia, Verbo Divino, Estella 2019,170 x 240 mm346 págs.

 Jaime Vázquez Allegue(1968- ):Doctor en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia de Salamanca y en periodismo por la Universidad de Sevilla;.profesor del CESAG de Palma de Mallorca (Univ. de Comillas).   Ha sido profesor invitado en la Universidad Católica de Los Ángeles (California), en la de Concepción (Chile) y profesor titular (Encargado de Cátedra) y Vice-Decano de reología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Es Miembro del Consejo Directivo de la Asociación Bíblica Española y de la Asociación Española de Estudios Hebreos y Judíos y director de la revista Reseña Bíblica (Verbo Divino, Estella).   Entre sus libros:

Los Hijos de la Luz y los Hijos de las Tinieblas. El prólogo de la regla de la comunidad de Qumrán  (Estella 2000)

Diccionario Bíblico Hebreo-Español Español-Hebreo (Estella 2002);

Para comprender los manuscritos del Mar Muerto (Estella 2004);

La Regla de la Comunidad de Qumrán (Estella 2006)

Qué se sabe de los manuscritos del Mar Muerto (Estella 2014).

En este nuevo, J. Vázquez libro ofrece una “guía completa” de la Biblia.

Todo viaje necesita su preparación. Las guías de viajes son imprescindibles para descubrir en profundidad una ciudad, una tierra, una cultura. En ellas encontramos itinerarios, mapas, esquemas, resúmenes, lugares para visitar, espacios por conocer. Este libro es una guía para hacer un gran viaje por la Biblia. Sus páginas contienen la información necesaria para acercarnos a la Sagrada Escritura y recorrer su geografía, descubrir su arqueología, recordar su historia y escuchar la riqueza de sus textos. Con esta guía daremos un paseo por cada uno de los libros del Antiguo y Nuevo Testamento y descubriremos los materiales necesarios para poder leer y entender cualquier texto de la Biblia.

Índice:

PRIMERA PARTE: LA TIERRA DE LA BIBLIA

1.Geografía de la Biblia 2. Arqueología bíblica 3. Historia de la Bibl

SEGUNDA PARTE: LA LETRA DE LA BIBLIA

1. El texto de la Biblia 2. Las lenguas de la Biblia 3. Escritura de la Biblia 4. Soportes de la Biblia 5. Versiones de la Biblia 6. El canon de la Biblia

TERCERA PARTE: LA PALABRA DE LA BIBLIA

1. Antiguo Testamento  1.1. El Pentateuco  1.2. Libros históricos  1.3. Libros proféticos  1.4. Libros poéticos y sapienciales 2. Nuevo Testamento  2.1. Evangelios  2.2. Hechos de los Apóstoles 2.3. Corpus paulino  2.4. Cartas católicas  2.5. Las cartas de Juan  2.6. La carta de Judas  2.7. Libro del Apocalipsis  3. Intertestamento

CUARTA PARTE: LA VIDA DE LA BIBLIA

1. Palabra de Dios  2. Interpretación de la Biblia  3. Métodos de interpretación

 Visión de conjunto

 Vázquez presenta estos temas de un modo unitario, destacando algunos más significativos, ordenándolos de un modo histórico, cultural y religioso, libro a libro, en cuatro unidades básicas: la tierra de la Biblia, la letra, la palabra, la vida, desde una perspectiva pedagógica, entender la revelación bíblica,para asimilarla y explicarla a los estudiantes, compartiéndola con ellos, en forma de curso escolar/universitario, que puede  convertirse en viaje no sólo por la tierra, sino por el mismo interior de la Biblia, en forma básicamente cultura.

La Biblia: un libro, un mundo

La Biblia es un libro grande o, mejor dicho, una Biblioteca Sagrada que consta de muchos libros, con un argumento muy rico, profundo y variado, tanto en plano cultural como literario y religioso. Por eso, a fin de promover la lectura concreta de sus libros, para “habitar” en ellos (es decir recrearlos por dentro), el prof. Jaime Vázquez ha querido ofrecer un esquema global, un desarrollo unitario de sus temas, en el contexto de la historia de la cultura, para universitarios y para todos aquellos que quieran entrar en el mundo de la Biblia.

Este libro ofrece una especie de “mapa de lectura” o, mejor dicho, una “visita guiada” de la Biblia que nos vaya situando ante sus diversos temas y libros, para comprenderlos de un modo personal y organizado, pudiendo así convertirnos en guías y acompañantes de otros. El mismo “camino bíblico”  (por la tierra, la letra, la palabra y la vida de la Biblia) constituye una interpretación de  la Escritura de judíos y cristianos, en la base de la cultura occidental.

  J. Vázquez utiliza los nuevos métodos de los estudios científicos que hoy existen sobre el tema. Pero, al mismo tiempo, ha querido mantener la continuidad con la tradición de la cultura de fondo de occidente, siguiendo en la línea de los grandes métodos de estudio y conocimiento que se han ido desarrollando desde tiempos antiguos: las Historias Bíblicas (Sagradas), los libros sobre los Misterios de la vida de Jesús, las Biblias de los Pobres (con dibujos, para comprensión de aquellos que no sabían leer), los Mosaicos, Retablos y altares historiados de las iglesias etc.

Una perspectiva abarcadora

               La Biblia se puede estudiar desde diversas  vías, lo mismo que el acceso y subida a una montaña, que puede realizarse partiendo de varias vertientes. Ciertamente, en un primer momento, la Ruta de la Biblia resulta difícil para algunos menos acostumbrados al despliegue y compromiso de la Palabra de Dios, pero a lo largo del camino, con algo de entrenamiento ella resulta no sólo provechosa, sino también entretenida.

Así lo ha hecho J. Vázquez, con una sorprendente erudición (sabe de todo, dice siempre mucho, más allá de los clichés normales y simplistas). Su libro no es sólo una guía de la Biblia, sino una guía de la fuente de la cultura occidental. Todo lo que somos y sabemos, no sólo en occidente sino en el mundo entero, depende de la Biblia (y de la cultura griega, con el derecho romano). Quien no conozca la Biblia sigue siendo un analfabeto. Quizá sabe muchas cosas, pero no conoce su propia historia, su realidad personal y social, su cultura.

 Este guía está escrita para leerse y estudiarse   en grupos de estudio y trabajo, aunque también se puede seguir en forma de lectura individual, pero siempre con una buena Biblia en la mano. No es un libro que se cierra en sí, sino que se abre a la lectura de la Biblia y al conocimiento de la vida. Sus temas han sido pensados, divididos y organizados pedagógicamente para el estudio académico y personal de la Biblia, encuadrada para los creyentes dentro de la Revelación de Dios y para todos los hombres cultos en el conocimiento del sentido de su historia.

Éste es un libro trabajado y probado con los estudiantes universitarios del CESAGy de otros centros académicos. Pero puede utilizarse también en grupos de estudio de la Biblia, en un tiempo y momento en que muchos (al menos en España) parece que tendemos a olvidar nuestros orígenes.  En ese sentido, es un libro “necesario”, con ilustraciones y mapas, organizado de un modo pedagógico, con inmensa claridad.

 El desarrollo de este curso implica y exige un contacto permanente con la Biblia. Sería ideal que los lectores tuvieran acceso al texto original (en hebreo y griego). Pero dado que resulta difícil para los no especialistas (¡y los muy especialistas ya no necesitan ya un curso como éste!), es imprescindible que se utilice como complemente una buena traducción de la Biblia, a poder ser con introducciones y notas que ayuden a situar los textos y a entenderlos en su contexto.  Pero todo eso lo indica en su guía J. Vázquez, con enorme claridad y precisión. Felicidades Jaime, y gracias a la editorial Verbo Divino por este libro.

Apéndice personal. Los tres libros de la Biblia

Tengo el honor de haber sido y ser compañero, amigo y colega universitario de J. Vázquez, de forma que sus cosas y caminos son caminos y cosas de mi misma vida.  En esa línea,  a modo de recuerdo personal y de continuación de largas conversaciones, con ocasión de este libro suyo, que considero de algún modo como si fuera mío, quiero ofrecerle ofrecerle una pequeña reflexión sobre las “tres biblias”:

Tres biblias, tres tipos de palabra originaria.

1. Hay una Biblia de la naturaleza, es decir, del mundo, pues Dios habla por ella, como saben los que han dicho que hay dos “revelaciones”, una natural (por el mundo) y otra sobrenatural (en la historia de la salvación culminada en Cristo). Desde nuestra perspectiva, la revelación “natural” ha de entenderse también como “sobrenatural”, es decir, como expresión de la gracia universal de Dios, que actúa a través del mundo, de la naturaleza. En ese sentido, los cristianos seguimos siendo de alguna forma paganos: vemos a Dios y oímos su voz en el hermano sol, en la hermana luna, en la madre tierra y en la hermana muerte. El primer libro de Dios es el mundo/vida del que formamos parte. Por eso, una Biblia escrita posterior, que no nos ayude a reconocer el valor sagrado de la naturaleza y a dialogar con las religiones cósmicas no es cristiana.

             La Biblia no quiere destruir el valor de las religiones cósmicas (paganas), sino abrir con ellas un camino de humanidad, en una línea de respeto mayor hacia la naturaleza sagrada, como han puesto de relieve algunos movimientos ecológicos. En esa perspectiva debemos recuperar el carácter religioso del mundo y de la misma vida humana, el valor del varón y la mujer, en igualdad y complementariedad. Sólo un Jesús que recupere y potencia la Palabra cómica y vital de Dios podrá ser inspirador y fuente de una Biblia abierta a todos los seres humanos. De un modo convergente, debemos recuperar por Jesús el valor de todos los pueblos y culturas de la tierra (con su biblia cósmica y vital), superando el exclusivismo de algunos grupos judíos que se consideraban depositarios privilegiados (y a veces únicos) de la revelación de Dios, como si ellos solos fueran dueños de la Palabra de Dios.

             La Biblia de los seguidores de Jesús sólo será Palabra de Dios en la medida en que nos permita recuperar, por tanto, el valor sagrado de la naturaleza, la igualdad entre varones y mujeres y la apertura a todos los pueblos y culturas de la tierra. No será una Biblia para algunos, en contra de otros, sino Libro abierto a todos, desde el mundo (en fidelidad al cosmos), en una historia dirigida al encuentro universal. Sólo leída en esa línea puede entenderse de verdad.

2. Hay una Biblia de la interioridad, como ha sabido San Pablo cuando dice que la Escritura o Carta de Dios está escrita en nuestros propios corazones (cf. 2 Cor 3-4). Sin esa voz interior, sin esta Palabra de Dios que resuena en la intimidad de cada ser humano, no se puede hablar después de una Biblia de Jesús. La primera Palabra de Dios no es un libro exterior (que puede escribirse con tinta o grabarse en un soporte electrónico), sino aquella Voz que se graba de una forma viva en cada corazón de hombre o mujer que la escucha o responde.

             Según eso, el libro exterior está al servicio de ese “libro interno”, que es la verdadera Biblia de la Vida de Dios en cada uno de los hombres y mujeres. De esa Biblia interior (del Dios que inscribe su vida en aquellos que le acogen) han hablado no sólo las religiones orientales (budismo, hinduismo…), sino también los judíos y los musulmanes, que saben que existen un “libro celeste” que es la Voz del único Dios (como totalidad del ser y de la vida) que se expresa en muchas voces (pues habla y se deja grabar-acoger en cada uno de aquellos que le acogen).

             No tiene sentido hablar de un libro externo (de una Biblia multiplicada en miles y miles de letras hebreas o arameas, griega o árabes) si es que no hablamos antes de ese libro o Biblia interior, universal, que se expresa y se despliega en cada ser humano en la medida en que es capaz de escuchar la gran “Voz” y de dejarse llenar por la presencia sagrada. Al servicio de esa Biblia interior está la Toráh de los judíos, lo mismo que el Nuevo Testamento de los cristianos y el Corán de los musulmanes. Por eso, antes que hablar de disputa entre libros, debemos hablar de la unidad del Libro de Dios que se expresa en aquellos que le acogen en su interior, en una línea que vincula a todos los pueblos de oriente y occidente. Sólo leída así se entiende y aplica de verdad la Biblia cristiana.

3.  Hay, finalmente, una Biblia Histórica y escrita, fijada en un libro, que, estrictamente hablado, sólo se ha dado en las religiones proféticas, que han puesto de relieve la función de unos hombres especiales (Moisés, Jesús, Mahoma) por medio de los cuales Dios se ha manifestado o encarnado de un modo intenso, como dicen sus libros sagrados. Pero las religiones que admiten una “Biblia histórica” no pueden negar ni rechazar las biblias anteriores, sino que suponen su existencia, pues su Dios se manifiesta también por la naturaleza (como saben las religiones cósmica) y por la vida interior de cada ser humano (como saben las religiones de la interioridad). Pero, suponiendo eso, ellas añaden que ha existido una teofanía o manifestación histórica de Dios, que se ha expresado de un modo especial en unos librossagrados.

             Aceptando lo anterior, estas religiones proféticas añaden que Dios se ha manifestado de un modo especial, diciendo una Palabra intensa, a lo largo de un proceso histórico o en momentos especiales, a través de ciertos individuos privilegiados, que son los profetas, cuya memoria se conserva en unos libros sagrados. A veces se ha pensado que este “revelación especial” inutiliza (o condena) las revelaciones, como si fueran menores, imperfectas o perversas. Así, los magos y sacerdotes paganos, que conciben a Dios como poder del cosmos, serían impostores, puros idólatras a quienes se debe “convertir” por la fuerza o exterminar. Por su parte, los místicos de la interioridad, que buscan a Dios dentro de sí mismos, estarían al fin equivocados, pues Dios no habla en el interior de cada uno, sino que lo ha hecho sólo a través de un profeta especial (Moisés, Cristo Muhammad).

Pues bien, en contra de eso, los auténticos cristianos (y judíos y musulmanes) saben que sus profetas y sus “biblias” no van en contra de los libros de la naturaleza y de la interioridad, sino que nos ayudan a entenderlos, descubriendo y desarrollando mejor su sentido. Los profetas (autores de los libros sagrados de las religiones monoteístas) no son puros sacerdotes cósmicos, ni expertos en mística interior, sino hombres y mujeres que se atreven a escuchar y recoger la palabra de Dios en la historia, asumiendo así un camino y tarea de revelación que se expresa en la liberación de los oprimidos (judaísmo), de los pobres (Jesús) y de los marginados de su tiempo (Muhammad).

           Las religiones proféticas pueden afirmar en un nivel la existencia de una teofanía y biblia cósmica, diciendo que Dios se manifestara por los grandes fenómenos y procesos de la naturaleza. Ellas admiten también la Biblia interior del corazón, por la que Dios habla directamente a cada hombre. Pero eso no les basta. Ellas añaden que existe una teofanía histórica, que ha quedado fijada en unos librossagrados.

Esas religiones confiesan que Dios se ha manifestado diciendo su Palabra personal, a lo largo de la historia o en momentos especiales, a través de ciertos hombres privilegiados, que son los profetas, vinculados de un modo especial con sus libros sagrados. En esa línea anterior, podemos afirmar que para judíos, musulmanes y cristianos teofanía y profecía se acaban identificando y las dos se concretizan por fin en las Escrituras. «De muchas maneras puede revelarse y se ha revelado Dios en otro tiempo, pero básicamente lo ha hecho a través de los profetas…  de la Biblia (cf. Hebr 1,1).

Biblia judeo-cristiana, una Biblia de profetas:

El profeta es un hombre que sabe escuchar la palabra de Dios. No es un chamán (extático), ni un contemplativo interior (un místico), ni un sacrificador (sacerdote). Ordinariamente es un hombre de acción, alguien que se encuentra inmerso dentro de las tareas y trabajos de este mundo y que allí, en el centro de este mundo, descubre y discierne la el misterio de Dios. Siendo oyente de la palabra de Dios, el profeta es un hombre comprometido en la tarea social: ha descubierto la voluntad de Dios y la proclama: por eso denuncia los males de la sociedad, anuncia el juicio de Dios y quiere que los hombres respondan en gesto de conversión y fidelidad intensa.

En ese aspecto, el profeta bíblico  es un vigía, un testigo de la obra de Dios entre los hombres. Hay profetas en otras religiones, pero los auténticos creadores del monoteísmo abrahámico, los inspiradores de la Biblia (judía, cristiana, musulmana) surgieron en los siglos VIII al V a. C. En esa línea, en el credo cristiana, que en el sentido más profundo pueden admitir y admiten judíos y musulmanes, decimos que el Espíritu santo de Dios habló por los profetas, pudiendo añadir que su palabra ha quedado fijada en la Biblia (o en el Corán).

Biblia, Biblioteca, General ,

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