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Notre Dame en llamas… Notre Drame… pero Notre-Dame va renaiître!!!

Martes, 16 de abril de 2019

imagesDjwgEvQU4AAYNGO_block-socialnetworkLa catedral de París es un símbolo que va mucho más allá de lo religioso. Es un monumento a todo lo que Europa quiso ser, y a lo que no está dispuesto a dejar morir entre las llamas

Notre Dame resurgirá de las cenizas, y volverá a alzarse, inmensa, en mitad del Sena y del corazón del Viejo Continente

El 30 de mayo de 1431, tras haber sido confesada y haber comulgado, Juana de Arco, vestida con una túnica, escoltada por los ingleses, fue llevada hasta la plaza del Viejo Mercado (place du Vieux-Marché) de Ruan, donde previamente se habían levantado tres estrados. El primero para el cardenal Winchester y sus invitados, el segundo para los miembros del tribunal y el tercero para la sentenciada a muerte. Tras ser leída su sentencia, fue guiada hasta la hoguera.

Tras su muerte, los ingleses apartaron los trozos de madera empleados en la hoguera para asegurarse de que no había escapado y de que el cuerpo desnudo era el de la condenada. El fuego se avivó con brea y aceite y permaneció así durante varias horas hasta que lentamente el cuerpo fue reducido totalmente a cenizas, a excepción de algunos restos óseos que fueron posteriormente esparcidos en el río Sena. La metódica cremación del cuerpo pretendía evitar el culto posterior…

Y Juana renació de sus cenizas y fue canonizada…

El español Calixto III (Alfonso de Borja) el 8 de abril de 1456,  dispuso que se reabriera el proceso. La inocencia de Juana fue reconocida ese mismo año en un proceso donde hubo numerosos testimonios y se declaró herejes a los jueces que la habían condenado. El 7 de julio de 1456, el veredicto de la comisión rehabilitó plenamente a Juana. Finalmente, ya en el siglo XX, en 1909 fue beatificada por el papa san Pío X y posteriormente declarada santa en 1920 por el papa Benedicto XV. Ese mismo año fue declarada como la santa patrona de Francia.

La noche que ardió Notre Dame, un escalofrío recorrió toda Europa. La catedral de París es un símbolo que va mucho más allá de lo religioso. A lo largo de su casi milenio de vida, sus muros de piedra han visto erguirse y hundirse imperios y revoluciones, han escuchado rezar a papas y mendigos, han guardado mil y un silencios, millones de oraciones y lágrimas. Notre Dame es el tesoro de la vieja Europa.

La noche que ardió Notre Dame, se vinieron a nuestra mente docenas de películas y canciones, paseos inolvidables, carreras al alba, río Sena arriba, río Sena abajo, por la isla de la ciudad, el Museo D’Orsay, el Louvre, la torre Eiffel. La luz que se refleja en el río a medianoche, el sol que entra por los inmensos rosetones al mediodía, la espléndida girola donde, desde el siglo XII, el pueblo de París se encaminaba a aprender la historia de la Salvación entre sus bajorrelieves. Los incontables escalones que llevan al campanario donde una vez todos soñamos con ser jorobado, o gárgola, o guardián de la ciudad sin límites.

Porque Nuestra Señora de París siempre fue un templo de puertas abiertas, como siempre debió ser el proyecto de la Europa de la que es centro. Una Europa de fronteras abiertas, de manos unidas, de corazones entrelazados como los de los miles que, en París y en el resto del mundo, se unieron en oración, triste y compungida, rabiosa y esperanzada, por la salvación de este templo. Y no la Europa de quienes, mientras aún arde el templo, se inventan absurdas teorías sobre ataques terroristas y azuzan el fuego del odio y la xenofobia que estuvo a punto de hacer caer nuestra civilización entre las llamas.

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Teresa de Lisieux vestida como Juana en Prisión…

La gran aguja construida en el siglo XIX y la techumbre han sido arrasadas, pero la estructura, finalmente, ha logrado aguantar. La noche que ardió Notre Dame vimos, de nuevo, reflejada la imagen de la Europa que quiso ser, y que no está dispuesta a dejarse morir entre las llamas. Una Europa que resiste, y que volverá a resurgir, de la mano de tantos que se encargarán de reconstruirla. La catedral, y el proyecto que soñaron nuestros antepasados.

La noche que ardió Notre Dame fue la noche en que todos descubrimos que seguíamos siendo hermanos de un proyecto común llamado Europa. También la Iglesia, sin la que no puede entenderse el sueño de una Europa abierta.

Notre Dame resurgirá de las cenizas, y volverá a alzarse, inmensa, en mitad del Sena y del corazón del Viejo Continente. Esta noche ya repicaban todas las campanas de París. Esta noche, al pie del fuego, eran muchos los que rezaban, sin importar demasiado el credo. Pues Europa, como el Evangelio, va mucho más allá de una simple profesión de fe. Porque Notre Dame, también, es un símbolo de la esperanza.

Fuente Religión Digital

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Con la ayuda de Juana de Arco y de todos, seamos  creyentes o increyentes, porque, no hace falta ser católico para ver que Notre Dame es… Notre Drame, nuestro drama cultural y espiritual…

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General, Iglesia Católica

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