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Manso y humilde de corazón.

Domingo, 9 de julio de 2017

4893ee3cc57351cd95610f11a8672e3dLa mansedumbre y humildad de corazón, en modo alguno significan debilidad (Juan Pablo II)

9 julio XIV domingo del TO

Mt 11, 25-30

Acudid a mí, los que andáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré (v. 28)

El Salmo 25, 9 dice que Yahweh enseña a los mansos su camino. Y el 144 canta la clemencia y misericordia del Señor con todas las criaturas. Bondad divina que Jesús revela repetidamente en el Evangelio. En Mateo nos invita a paliar nuestro cansancio por las vicisitudes de la vida acudiendo a él llenos de confianza, y vincula a sus seguidores a su propia persona humana. Mantuvo con los necesitados un trato particularmente próximo y cordial.

Por contraposición, los rabinos eran maestros expertos en la ley judía y en la interpretación de la Torá, que imponían dicha ley a los suyos vetándoles el ejercicio de la libertad e impidiéndoles el desarrollo natural como personas. Juan lo expresó con fuerza en su Evangelio: “la verdad os hará libres” (Jn 8, 32). Una de las magníficas formulaciones del evangelista, como apunta Schökel, que todavía no ha perdido nada de su resplandor, y que es la fuerza de la vida que redime al ser humano.

Sólo dos personas en la Biblia fueron llamados mansos: Jesús y Moisés. Y ninguno de los dos era débil o cobarde; eran hombres de fuerte convicción en su vida e ideas. Se destaca en ella la mansedumbre como actitud mental que se tiene en primer lugar hacia Dios y luego hacia el prójimo. En Isaías 29 está escrito que “Los mansos aumentarán su regocijo en Jehová mismo”, y en el Salmo 25 se dice que “Jehová enseñará a los mansos su camino”.

“La mansedumbre y humildad de corazón, en modo alguno significan debilidad”. Lo dijo Juan Pablo II en una audiencia sobre la misión de Cristo.

Moisés “era con mucho el hombre más manso de todos los hombres que había sobre la superficie del suelo”, como relata Nm 12, 3. El Salmo 37, 11 dice que “Los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz”. Y el 22, 26: Los mansos comerán y quedarán satisfechos”.

Jesús manifiesta constantemente en su vida pública la mansedumbre y humildad de corazón. San Pablo invita en Flp 2, 6-8 a los habitantes de la Macedónica, ciudad de Filipos, a tener los mismos sentimientos de Jesús y tomarlo como inspiración y modelo. Razones por las cuales San Pedro nos propone el seguimiento de sus huellas (1Pe 2, 21).

“Tener los mismos sentimientos”. Es lo que ha hecho madrileño Pedro Halffter (1971), internacionalmente reconocido como compositor y director de orquesta. El jueves de la semana pasada tuve la fortuna de poder asistir en el Auditorio Príncipe de Vergara al estreno de su obra Sigfrido sin palabras. Una condensación musical en la que, los espectadores hemos podido apreciar la enorme diversidad de colores y matices de la música wagneriana. Halffter “ha desnudado a Sigfrido y le ha dejado sin palabras, arropado solo por la orquesta”, como él mismo afirma en una reciente entrevista.

Mi mente volaba sobre violines, flautas y trompetas, permutando al héroe del Anillo del Nibelungo por Jesús y el Evangelio. Yo era ahora el revestido de los vientos, haciendo sonar mi personal orquesta, y haciendo que mi sonido anegara de vida la existencia de cuantos pudieran escucharme.

El poeta leonés Antonio Colinas, nacido en La Bañeza en 1946, nos presenta en su obra Libro de la mansedumbre (Ediciones Seruela 2016) una dimensión universal y profunda de tan cristiana virtud, en este fragmento de su poema Descenso a la mansedumbre:

¡Cómo revela el mar la mansedumbre!
Aquí en la playa, donde están los límites
verdaderos del ser, filósofa francesa
-los de la mar, la tierra, el cielo-
todo es infinito.
Mansa es el agua y mansas son las rocas,
Y hasta la noche que desciende es mansa.

 

HAY TORMENTAS EN MI MAR

Se levantan tempestades
en los caminos del mar.

(¡De mi mar y mi camino!)

Cansado estoy de remar.

……………………….

Señor del trueno y del viento:
¡No me dejes naufragar!

Apacigua mis tormentas
que tanto encrespan mi mar.

En tu andar de peregrino…
¡¡calma mi peregrinar!!

(SOLILOQUIOS. Ediciones Feadulta)

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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