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Descanso merecido y frustrado. Domingo 16. Ciclo B.

domingo, 18 de julio de 2021
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3f02b10accf0550a398b114bd281506696794857d72ba75d8dc1d37fa69a1e4fDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

¿Un relato imposible o un relato simbólico?

El evangelio empalma con el del domingo anterior, cuando Jesús envía a los discípulos de misión.

Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él entonces, les dice: “Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.” Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario.

Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

A primera vista, el relato se entiende tan bien que no precisa comentario. Pero hay un detalle sorprendente e inexplicable: cuando Jesús y los discípulos se montan en la barca en busca de un lugar solitario, cuenta Marcos que muchos los vieron marcharse, fueron corriendo de todos los poblados y llegaron allí antes que ellos.

¿Es posible que la gente vaya corriendo desde Cafarnaúm, Betsaida, Magdala, y llegue antes que la barca a un sitio que nadie sabe cuál es? Imposible. Esto demuestra que el relato no hay que leerlo desde un punto de vista meramente histórico (lo que ocurrió aquel día) sino también simbólico.

El primer detalle que indica Marcos es la preocupación de Jesús por sus discípulos. Después del trabajo apostólico llevado a cabo, merecen un poco de descanso, imposible a causa de la cantidad de gente que se interesa por Jesús. Es un detalle muy humano de Jesús, que no encontramos en los textos paralelos de Mateo y Lucas.

La solución consiste en buscar «un lugar desierto». Esta referencia al desierto es fundamental en el relato, porque evoca la situación del pueblo de Israel durante su camino desde Egipto a la tierra prometida. Entonces, en el desierto, fue alimentado por Dios. Ahora, en un lugar desierto, el nuevo pueblo de Dios será alimentado por Jesús.

El enorme interés de la gente por Jesús queda claro al comienzo, donde se dice que eran tantos los que iban y venían en su busca que no tenían tiempo ni para comer. Y se repite cuando «de todas las aldeas fueron corriendo por tierra y se les adelantaron».

Cuando se acercan a la orilla y ve a la multitud reunida, no le dice a Pedro que reme mar adentro y busque otro sitio. Siente compasión de ellos porque los ve abandonados, como ovejas sin pastor. Pero no se dedica a hacer milagros, sino a enseñar. Solo después se preocupará por darles de comer.

Cuando Marcos leyese este texto en su comunidad, es posible que les obligara a preguntarse: ¿sentimos nosotros el mismo interés por Jesús? ¿Vamos corriendo detrás de él, o preferimos quedarnos cómodamente sentados en casa?

Pero el relato sirve también de autoexamen a los responsables de la comunidad. ¿Siento compasión de la gente, o procuro quitarme de en medio cuando me van a fastidiar mi merecido descanso?

A muchos misioneros y catequistas les consolaría ver que, aunque no podían hacer milagros como Jesús, sí podían dedicar su esfuerzo a enseñar muchas cosas.

Pastores malos, pastores buenos, descendiente de David (Jeremías 23,1-6)

La idea de que Jesús se compadeció de la gente «porque andaban como ovejas que no tienen pastor», ha motivado la inclusión de este texto, que recoge ideas típicas de mediados del siglo VI a.C., durante el destierro de Babilonia. Es el resultado de unir diversas intervenciones proféticas, muy breves y tenidas en diversos momentos. No debe extrañarnos que existan diferencias.

Por entonces era frecuente acusar a los reyes, los pastores, de haberse despreocupado del pueblo y provocar que marchara al destierro. La primera intervención de Dios se centrará en castigar a los monarcas.

¡Ay de los pastores que dispersan y dejan que se pierdan las ovejas de mi rebaño -oráculo del Señor-. Por tanto, esto dice el Señor, Dios de Israel, a los pastores que pastorean a mi pueblo: «Vosotros dispersasteis mis ovejas y las dejasteis ir sin preocuparos de ellas. Así que voy a pediros cuentas por la maldad de vuestras acciones -oráculo del Señor.

Pero el castigo no basta. Si los israelitas están dispersos, la siguiente intervención de Dios consistirá en reunirlos de todos los países.

Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países adonde los expulsé, y las volveré a traer a sus dehesas para que crezcan y se multiplique.

¿Qué ocurrirá después? Los textos proféticos difieren bastante en este aspectos, y se pueden distinguir tres tendencias: 1) Dios mismo será el rey de Israel, mentalidad que se mantiene en el Padrenuestro cuando pedimos: «Venga a nosotros tu reino». 2) Habrá una restauración de la monarquía, con buenos reyes, no como los anteriores. 3) Dios suscitará un rey maravilloso.

La liturgia recoge las dos últimas ideas: en primer lugar se habla de una restauración de la monarquía con una serie de “pastores”, en plural.

 Les pondré pastores que las apacienten, y ya no temerán ni se espantarán. Ninguna se perderá -oráculo el Señor-.

 Pero la última promesa se refiere a un único descendiente de David que gobernará rectamente, practicando el derecho y la justicia.

Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que daré a David un vástago legítimo: reinará como monarca prudente, con justicia y derecho en la tierra. En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y le pondrán por nombre: «El-Señor-nuestra-justicia.

En cualquier caso, restauración de la monarquía con una serie de reyes, o rey único ideal, los israelitas que escuchaban estas promesas proféticas imaginaban a un soberano poderoso y respetado, con capacidad de implantar la justicia y traerles el bienestar.

Ya que esta lectura se ha elegido por su relación con el evangelio, es importante advertir cómo cambia la imagen. Jesús no es un monarca sentado en su trono; no es temido, como la mayoría de los reyes antiguos; se mueve en un ambiente sencillo, humilde, de campesinos y pescadores; y su misión principal no consiste en administrar justicia, sino en enseñar. Algo que puede parecer decepcionante, pero que a sus contemporáneos entusiasma hasta el punto de seguirlo de todas partes.

De Galilea y de todo el mundo (Efesios 2,13-18)

Según el evangelio, los galileos siguieron a Jesús desde todas partes. Años más tarde, el seguimiento se produjo en muchos países, y la iglesia adquirió un aspecto nuevo al estar formada por cristianos de origen judío y de origen pagano. La experiencia actual de Estados Unidos y Europa con respecto a los migrantes ayuda a comprender lo difícil que resulta sentirse unidos, iguales y hermanos los miembros de distintos pueblos.

Desde el punto de vista religioso, en el siglo I, el mayor motivo de conflicto era la Ley de Moisés, con sus mandamientos y decretos. El judío que los practicaba se consideraba «cerca de Dios». El pagano, que ni los conocía ni los practicaba, estaba «lejos». ¿Cómo podría conseguirse la unión de judíos y paganos? Para los judíos contemporáneos de Jesús y de Pablo, la respuesta era clara: el pagano debía ser circuncidado y observar la Ley de Moisés. Pero lo que hace Jesús, según el autor de la carta, es revolucionario: en vez de obligar a observar la Ley, la anula con sus mandamiento y decretos. Al morir por todos, destruye la enemistad y hace que todos, lejanos y cercanos, tengamos acceso al Padre en un mismo Espíritu.

Hermanos, ahora estáis unidos a Cristo Jesús gracias a su muerte, los que antes estabais lejos, ahora estáis cerca. Él es nuestra paz; el que de ambos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad; anulando en su propio cuerpo la ley, sus mandamientos y decretos. Él ha formado de los dos, en su propia persona, una nueva humanidad, haciendo así la paz. Él hizo de los dos un solo cuerpo y los ha reconciliado con Dios por medio de la cruz, destruyendo en sí mismo la enemistad; con su venida anunció la paz a los que estabais lejos y a los que estaban cerca; porque por él los unos y los otros tenemos acceso al Padre en un mismo Espíritu.

Por desgracia, lo que dice este autor no siempre se cumple. En muchos conflictos políticos, económicos, sociales, entre cristianos, lo que triunfa no es la paz sino la enemistad. No somos una «nueva humanidad» sino una multitud de inhumanidades. Necesitamos ir en busca de Jesús para que él nos enseñe.

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Domingo XVI del Tiempo Ordinario. 22 de julio de 2018

domingo, 18 de julio de 2021
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“En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.”

(Mc 6, 30-34)

Esto del seguimiento de Jesús es una cosa muy completa. Hoy nos encontramos con que los apóstoles acaban de regresar de sus primeras “prácticas” y le cuentan al Maestro cómo les ha ido.

Probablemente recordarían muchas veces ese momento en el que compartirían mil anécdotas y en el que, en mitad de un ambiente tan familiar e íntimo, Jesús querría llevárselos a descansar.

Sí, Jesús pensó en su descanso y marcharon a un lugar tranquilo. Luego las cosas fueron diferentes, pero seguro que aquellos corazones entusiasmados y cansados sintieron el alivio que provoca que alguien vele por tu descanso.

Es seguro que cayeron en la cuenta de este detalle y también es seguro que no lo olvidaron. Y es seguro porque lo sabemos gracias a que ellos lo contaron. Lo contaron una y otra vez hasta que esta pequeña anécdota se convirtió en parte de la Buena Noticia.

Gracias al alivio y alegría que sintieron aquellos primeros discípulos podemos seguir escuchando ahora nosotras el susurro de la voz del Maestro que nos dice: –Venid vosotras solas a un sitio tranquilo a descansar un poco.

Y también a nosotras se nos vuelve en cansancio más ligero porque esa es la magia del cuidado. Más allá de las medicinas, una persona enferma que se siente querida y cuidada es capaz de afrontar incluso la muerte con mejor ánimo.

Seguro que todos recordaremos alguna vez en la que alguien ha pensado en nuestro descanso. El solo hecho de saber que alguien está preocupado por nosotras nos ha dado nuevas fuerzas.

La infinita ternura de Dios siempre está pensando en nuestro alivio y descanso. Siempre quisiera llevarnos a un lugar tranquilo, pero más de una vez se encuentra asaltada por una muchedumbre que la reclama como le sucedió a Jesús.

A nosotras nos toca hacernos conscientes de esta solicitud divina tan real como cualquiera de nuestros cansancios. Sí, debemos despertar a la ternura de Dios que cuida con esmero de cada una de nosotras, que se esconde en cada repliegue de nuestra cotidianidad para acariciarnos con una brisa suave y fresca, para saciar nuestra sed o para arrancarnos una sonrisa.

Oración

Despierta, Trinidad Santa, nuestra conciencia y nuestro espíritu para que sepamos reconocer la Ternura que derramas sobre la humanidad y que alivia cualquier cansancio.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Buscan un merecido descanso.

domingo, 18 de julio de 2021
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jesus-woman-taken-adultery_1344951_tmbMc 6, 30-38

Mc 6,30-38

Tenemos que tener presente el contexto. Los apóstoles acaban de volver de la misión a la que Jesús les ha enviado. Entre el envío y el regreso, nos ha contado la muerte de Juan Bautista. Terminada la misión de los doce, se vuelven a reunir y se cuentan las peripecias de la tarea que acaba de concluir. Parece ser que les ha ido bien y vienen encantados (Lc lo dice expresamente). La euforia de la gente que les busca ratifica esa visión. El éxito se les está subiendo a la cabeza y no les deja tomar la postura adecuada.

Para entender este pasaje, debemos recordar que después de los primeros éxitos en Cafarnaún, Jesús se retira al desierto para poner en orden sus ideas. En este pasaje, son los enviados los que tienen éxito y deben ser también ellos los que se retiren a examinar su actitud vital. Marcos nos está diciendo que los discípulos necesitan una seria reflexión sobre el éxito de su misión, como Jesús necesitó meditar sobre su mesianismo.

Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco. El mismo Jesús que les empujó a una actividad febril entre la gente, les lleva ahora a un alejamiento de esa misma gente para dedicarse a ellos mismos. No se trata solamente de la preocupación por su cansancio. Se trata, sobre todo, de que entiendan bien el sentido de lo que está sucediendo y no se dejen llevar por falsos espejismos. Por dos veces se dice que van al desierto, para dejar claro que necesitan una reconversión.

El texto griego no dice ‘lugar tranquilo’ o ‘despoblado’ sino ‘lugar desértico’. La diferencia es importante si tenemos en cuenta el significado que Marcos da al desierto, como lugar de lucha contra el mal. Inmediatamente después de ser bautizado coloca a Jesús en el desierto, para que allí aclare cuál va a ser su verdadera misión, superando la tentación del un mesianismo triunfalista. Después del éxito en la sinagoga de Cafarnaún y la curación de la suegra de Pedro, cuando todo el mundo le buscaba, se marcha él solo al desierto.

Se les adelantaron. Los planes van a ser frustrados por una urgencia mayor, la de la gente. En la profunda humanidad manifestada hoy, tenemos que descubrir su verdadera divinidad. El relato habla del grupo. “Los reconocieron”, “se les adelantaron”. Al incorporar a los doce a su propia misión, queda establecido el grupo como comunidad. La búsqueda de la gente refleja una carencia de apoyo y estímulo que posibilita la tarea de Jesús. 

Como ovejas sin pastor. Es una imagen clásica en el AT. En una cultura en que la ganadería era el principal medio de sustento, todos sabían perfectamente lo que se estaba insinuando con la imagen del pastor. Siguiendo la primera lectura, Jesús hace una crítica a los dirigentes que, en vez de cuidar de las ovejas, las utilizan en beneficio propio. Siempre ha pasado lo mismo. Nunca han faltado pastores, pero han sido tantas las falsas ofertas, hechas con tanta persuasión, que el pueblo se ha sentido indefenso ante tales ofertas.

Le dio lástima. Hoy no le conmueve un ciego o leproso, sino la gente descarriada. La ‘compasión’ sería una manera más adecuada de expresar el amor, superando los malentendidos que la palabra ‘lástima’ comporta. Podemos sentir lástima de una persona, pero no mover un dedo para sacarla de su situación. En todos los tiempos podemos constatar políticos y eclesiásticos que no tienen en cuenta al pueblo a la hora de tomar sus decisiones. La actitud de Jesús es el mejor antídoto contra la búsqueda del aplauso.

Y se puso a enseñarles con calma. Por encima de los planes de Jesús está la necesidad de la gente. El texto griego no dice “con calma” sino “muchas cosas”. Del contexto se deduce que dedicó todo el día a esa tarea, pues a continuación Marcos narra la primera multiplicación de los panes, que empieza advirtiendo de que ‘se hizo tarde’. El tiempo es lo más preciado que tenemos; dedicarlo a los demás es la mejor manera de responder a las exigencias del evangelio. La vocación del cristiano es ser para los demás.

Se cumple la promesa de Jeremías. Jesús es el único pastor. Como dice Juan, él es el modelo de pastor, el único que no nos va a engañar ni se va a aprovechar de nosotros. Con todos los demás hay que tener cuidado, porque nos pueden desviar poniendo sus intereses por delante de los nuestros. Es una tentación en la que los seres humanos caemos casi siempre; incluso cuando hablamos de Dios es para ponerlo a nuestro servicio.

Hoy, más que nunca, andan las ovejas desorientadas. Si hay una característica de nuestro tiempo, es precisamente la desorientación. Es urgente distinguir el verdadero mensaje del evangelio de tanta ideología y partidismo en que hoy está envuelto. Cuando Pablo dice que derribó el muro que los separaba, no se refiere a una situación externa, sino a una actitud de fidelidad a sí mismo, que permite superar la barrera del odio. Lo que nos separa es siempre nuestro falso yo. Nuestro verdadero ser es idéntico en todos.

Cuando en el evangelio Jesús invita a los apóstoles a retirarse al “desierto”, está tratando de decirnos que solo en el silencio y en el recogimiento interior, podemos encontrar el verdadero ser y solo después de encontrarlo, podemos indicar a los demás el camino. Sin vida interior, sin meditación profunda, no puede haber espiritualidad. Sin esa vivencia no podemos ayudar a los demás a descubrir la viva que llevan dentro. Si encontramos a Dios en nosotros, llevarlo a los demás será la tarea más urgente y más fácil de nuestra vida.

El evangelio de hoy es un reconocimiento de la necesidad del silencio para recuperar la armonía interna, amenazada por el exceso de actividad en cualquier orden. El estrés que hoy padecemos se debe a que no tenemos tiempo para nosotros mismos. Esta falta de tiempos tranquilos nos impide asimilar y ordenar los acontecimientos que, de esa manera, nos pueden destrozar, como la comida no digerida y por lo tanto indigesta.

Busca en tu interior y descubre allí el verdadero guía. No mendigues más agua que se te da a cuentagotas. Busca la fuente que está siempre manando y a tu entera disposición. El dedicarse a los demás y la dedicación a uno mismo no son dos aspectos que se puedan separar. La contemplación y la acción no pueden disociarse. Todo acercamiento a Dios lleva directamente a los demás. Si en nuestra vida somos capaces de olvidar uno de los dos aspectos, será la señal de que nos estamos alejando del evangelio.

Meditación

La acción sin contemplación sería programación estéril.
La contemplación sin acción sería una falacia.
La vida espiritual te llevará a la preocupación por el otro.
Un verdadero contacto con Dios en la oración
es, ya en sí, una acción en beneficio de todos.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Dadles de comer vosotros.

domingo, 18 de julio de 2021
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D8C9A1B9-A807-47D0-8CFC-360D8B33DD49Una comida bien equilibrada es como un poema al desarrollo de la vida”. Anthoni Burguess

DOMINGO XVI DEL TO

Mc 6, 30-34

“Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado, y él les dijo: Vosotros venid aparte a un paraje despoblado, para descansar un rato, pues no les quedaba tiempo ni para comer”

Así que se fueron solos en barca, a un paraje despoblado, pero muchos los vieron y se dieron cuenta. De todos los poblados fueron corriendo hasta allá y se les adelantaron, cuando desembarcaron, vio Jesús un gran gentío y se compadeció, porque eran como ovejas sin pastor.

El evangelista Marcos dice en su evangelio: Jesús subió a la montaña y les fue llamando a los que él quiso, y se marcharon con él. Aparece el título de Apóstoles, que significa enviado, aunque Marcos prefiere hablar de discípulos, lo cual hace en numerosas ocasiones.

La expresión ovejas sin pastor (Números 27, 17 y Reyes 22, 17) ratifica la crítica de Jesús a los dirigentes religiosos y políticos de Israel que dispersan y extravían a su pueblo y en El Libro de los Reyes se comenta: Entonces el profeta Miqueas dijo: “Estoy viendo a Israel desparramado por los montes como ovejas sin pastor” y el Señor dice: “No tienen amo, vuelva cada cual a su casa, y en paz”.

Isaías dice en 56, 9-12: “Fieras salvajes, venid a comer, fieras todas de la selva porque los guardianes están ciegos y no se dan cuenta de nada, son perros mudos incapaces de ladrar, vigilantes tumbados y amigos del buen dormir, son perros con un hambre insaciable, pastores incapaces de comprender, ya que cada cual va por su camino, sin excepción, a su ganancia”

Poema de mi Libro Naturalia:

EL LORO

Mi vecino de enfrente tiene un loro.
Un regalo del cura.
Si llamas a la puerta te responde:
Ave María Purísima. Hermano ¿quiere confesarse?”.
Y luego al despedirse,
en penitencia te larga diez rosarios.
Habla latín, y dice:
Ubi charitas et amor, Deus ibi est”.
A mí, que soy ateo,
me repatea el latinajo.
A mi vecino, en cambio, el meapilas,
le chifla lo de “charitas et amor”.
Si tantos años ha vivido con cristianos,
¿por qué jamás citará el loro historias
de compasión y ayuda a los hermanos?

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Compartiendo proyecto con Jesús.

domingo, 18 de julio de 2021
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magdalena-jesus-640x480DOMINGO XVI DEL TO

18-7-2021

(Mc 6, 30-34)

«Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco».

El domingo pasado, el Evangelio nos presentaba el envío de los Apóstoles a continuar la misión de Jesús. En el texto de hoy, los Doce regresan a encontrarse con Jesús y le cuentan todo lo que ha sucedido. Vienen muy contentos de lo que han hecho y enseñado. Lo que han hecho es liberar a las gentes de sus males físicos y morales, como han visto hacer a Jesús. Lo que han dicho es lo que Jesús les ha enseñado: el anuncio de la llegada del reinado de Dios.

Los apóstoles se sienten enviados como colaboradores en la misión de Jesús. Como representantes del estilo de vida que Jesús les ha mostrado. Se sienten orgulloso de que Jesús haya depositado su confianza en ellos. De que les haya asociado a la tarea de hacer un mundo más justo y humano. Son los amigos con los que ha querido compartir su proyecto de humanización.

Y ahora vuelven contentos a dar cuenta de la misión realizada. Quieren contar sus éxitos. Quieren demostrar a Jesús que puede confiar en ellos. Que han cumplido con lo que se esperaba de ellos. En ese momento, Jesús les dice: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco” ¡Propuesta entrañable!

Jesús quiere compartir con ellos su alegría. Y les invita a retirarse juntos a un lugar tranquilo. Es oportuno un tiempo y un lugar de calma para saborear y evaluar el resultado de esta primera actuación evangelizadora. Es importante aprender de esta primera experiencia lo que es más necesario para la gran misión apostólica que realizarán después de la experiencia pascual cuando Jesús les envíe, al mundo entero, a hacer discípulos.

Es un descanso merecido. Es una oportunidad de compartir alegrías. En esta escena, lo que más me interesa señalar es la sensibilidad de Jesús ante los sentimientos de los apóstoles. ¡Qué humanidad muestra Jesús! Todos los evangelios señalan esta característica de Jesús. Pero el evangelio de Marcos sobre todos. Yo veo en esta escena que Jesús es el Maestro que sintoniza y comparte con sus discípulos los resultados positivos de su enseñanza y aprovecha la ocasión para seguir enseñando. El buen maestro aprovecha este clima positivo para recompensar el esfuerzo y la obra bien hecha. Recompensa para motivar y guiar los nuevos aprendizajes. Realmente Jesús sabe enseñar. También en esto, tenemos en Jesús un modelo de evangelización. Sus discípulos debemos imitarle. Jesús nos da ejemplo de vida. Hagamos y digamos lo que él dijo e hizo y a la manera como él lo hizo.

Marcos, al presentarnos un Jesús tan humano, tan igual a nosotros, nos lo facilita. Jesús sigue depositando su confianza en nosotros. Como en los Doce. Nos envía a continuar su misión: Construir el Reinado de Dios en la tierra. Es decir, trabajar por un mundo más justo y más humano para todos.

El texto del evangelio, a renglón seguido, nos muestra una muchedumbre de gente que necesita escuchar el  mensaje de salvación y de gracia que Jesús venía ofreciendo por todas las aldeas y pueblos de Galilea. Al verlo, Jesús “sintió compasión de ellos porque estaban como ovejas que no tienen pastor, y comenzó a enseñarles con calma” Quiero subrayar tres ideas: Al verlo sintió compasión, ovejas sin pastor y enseñar con calma.

Sentir compasión, ternura, cercanía, sintonía, misericordia. Todo esto es necesario para empezar. Es el motor de las mejores actuaciones. De Jesús y de todo evangelizador. De todo maestro. La compasión y la misericordia es el ADN de Dios y de Jesús. También tiene que ser el nuestro. Es condición de posibilidad para evangelizar. Este talante de Jesús es un compromiso para sus discípulos.

Ovejas sin pastor. En el Antiguo Testamento, con frecuencia, se presenta  al pueblo que estaba siendo defraudado por sus jefes políticos y religiosos, como ovejas sin pastor y sin guía (Num 27,17; 1Re 22,17; Ez 34,5; 2Cro 18,16; Jud 11,19). Jesús utiliza esa imagen para referirse a la multitud que le busca con la esperanza de encontrar en él cumplimiento de sus anhelos  y deseos.

Con calma. Jesús había invitado a sus discípulos a un lugar solitario, agradable para descansar. Pero la compasión ante la muchedumbre como ovejas sin pastor puede más que el descanso y relajamiento. Era cuestión de prioridades. Y el amor y la misión son lo primero. De nuevo, la sensibilidad, la disponibilidad y la generosidad de Jesús (en pocas palabras, su humanidad) marcan el camino a seguir.

África de la Cruz

Fuente Fe Adulta

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Descanso

domingo, 18 de julio de 2021
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1C1E85EF-5974-4CA2-86D9-178F05F2DB83Domingo XVI del Tiempo Ordinario

18 julio 2021

  Hay diferentes formas de cansancio: el que es resultado de un trabajo físico o mental, el provocado por situaciones de sobreexigencia o estrés, el que es consecuencia de un malestar psíquico debido a alguna tensión o fractura interna que requiere un gasto considerable de energía, el derivado de la cavilación o rumiación mental…

  Todos los tipos de cansancio psíquico o mental demandan cuidado y reclaman tomar medidas adecuadas, sobre todo, para ir quitando las causas que se hallan en su origen.

  El descanso requiere armonizarse y retirarse. La armonía consigo mismo es unificación y paz interior, sin las que es imposible descansar. Retirarse significa, sobre todo, y sin negar la importancia de alejarse por un tiempo del lugar y de las actividades habituales, tomar distancia de la mente pensante y de sus cavilaciones.

  En ese sentido, retiro es sinónimo de silencio de la mente y del ego. Y gracias a ese silencio, no solo nos sentimos más descansados -porque cesa la resistencia y nos alineamos con lo que es-, sino que accedemos a nuestra dimensión profunda (espiritual), donde experimentamos que, aun en medio de todo lo que nos sucede, somos Descanso. Y aquí es necesario escribirlo con mayúscula. Porque comprendemos -y podemos experimentar- que el descanso del que hablamos no es solo “algo” a cuidar y disfrutar, sino otro nombre de nuestra verdadera identidad.

  Con ello -no podía ser de otro modo-, se nos hace presente nuestra paradoja: somos Descanso estable y somos, también, seres limitados y frágiles, que se cansan con facilidad. La sabiduría (o espiritualidad) consiste en articular adecuadamente este doble nivel, y ello requiere, desde mi perspectiva, ejercitarse en la práctica meditativa, como herramienta en la que nos disponemos a experimentar el silencio y el Descanso que somos.

   Este descanso no solo repara, sino que nos sitúa en el buen lugar, desde el que podremos dejar que la vida fluya en todas las direcciones.

¿Cómo vivo y qué es el descanso para mí?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Entre cansacios y canseras: compasión

domingo, 18 de julio de 2021
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2020-07-05-Glosa-Jesús-enseñandoDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Cansancios en la vida.
  1. Una distinción inicial.

     En castellano hay dos palabras que definen bien la condición de fatiga del ser humano:

     cansancio: Dice el Diccionario de la Real Academia: Cansancio es la falta de fuerzas que resulta de haberse fatigado.

     El cansancio tiene una solución más o menos sencilla: un poco de reposo, alimentación, sueño, algo de diversión, etc.

cansera: Es una situación de agotamiento más profundo con dosis de hastío, tedio, languidez. Se tiene cansera cuando uno ya está harto de lo que fuere: problemas, defectos propios y ajenos, instituciones, etc.

La cansera nos puede llevar a la pasividad, a la acedia, a un decirse a sí mismo: “ya vale”, “me bajo del carro”.

Tal vez la cansera es tocar a vísperas de depresión

La cuestión es que en nuestro caminar por la vida, sentimos cansancios y canseras. En algunas ocasiones los cansancios y canseras derivan en tedio, agobio, angustias. A veces la cansera nos sobreviene por la debilidad física y / o psíquica, quizás por problemas de salud y enfermedad, por la misma edad. Quizás nos agobian problemas familiares o institucionales. La misma religión o los sistemas eclesiásticos férreos y militares (de poder y moralina barata) abruman nuestra alma. Tal vez alguna situación personal de pecado profundo puede abatirnos. Esta cansera tal vez la hemos experimentado durante los largos tiempos de confinamiento por la pandemia…

La cuestión es que el cansancio se hace presente en nuestra vida.

  1. Verano.

Por otra parte, estamos en verano y, quien más, quien menos -y a pesar de la pandemia-, estamos pensando en las vacaciones, si bien no es lo mismo vacaciones que descansar.

El fenómeno turístico es relativamente nuevo entre nosotros ¿Pudo comenzar en nuestro país por los años 1950-1960 y con el ministro de información y turismo de turno? Más o menos…

El capitalismo nos programa los cansancios para programarnos las vacaciones en la playa o lugar de moda.

  1. Venid a descansar un poco

     El descanso es necesario, pero probablemente el descanso no consista en unas vacaciones tan “agotadoras” como vacías. El descanso es una cuestión personal e interior. Los problemas y dificultades que nos causan cansancio no desaparecen por el mero hecho de viajar a la playa de moda. Los cansancios, como los problemas viajan con nosotros aunque viajemos huyendo. El cansancio se solventa en principio entrando en nosotros y preguntándonos amablemente ¿Qué me ocurre en la vida? ¿En qué momento me encuentro?  Lo demás es una salida de estampida hacia ningún lado.

El Señor se refiere al descanso existencial, a vivir en la paz profunda del alma y de la psicología humana.

Venid a un lugar aparte hace referencia al “desierto”, allí se encuentra la paz fundamental y profunda del corazón Solamente nos encontramos a nosotros mismos en el silencio, en “un lugar aparte”. Lo demás son fugas, huidas, retenciones de coches en colas de 15 kms, playas abarrotadas…

La expresión “descanso” en Jesús evoca la liberación de la esclavitud de Babilonia, (Is 14, 3). Descansamos cuando nos liberamos de esclavitudes profundas…

Recordemos lo que Jesús decía en el evangelio: venid a mí los que estáis cansados y agobiados … (Mt 11,28)

Descansar es un arte, no se descansa sin más ni más en un viaje low cost, ni en una dispersión “completa”. Se trata de apaciguar la ansiedad y los nerviosismos.

El descanso nos viene de poner serenidad en nuestra vida, de “poner en orden las cosas”, la propia existencia. Descansar en alguien, en último término en Dios.

Solamente en Dios descansa mi vida. (Salmo 61).

     Y desde ahí encuentra sentido la playa, la montaña, los paseos, los encuentros entre amigos – familias, la música, el teatro, el cine, etc.

  1. Jesús siente compasión de la gente.

Jesús se retira con los suyos a descansar un poco. Pero Jesús no huye de la gente. A Jesús nunca le estorba la gente. Jesús se acerca siempre con misericordia y bondad al ser humano, al pueblo y se acerca sobre todo cuando ve necesidades, enfermedad,  etc.

Jesús se acerca a nosotros, a las personas, con misericordia: siente compasión, lástima porque la gente vivía como ovejas sin pastor. Jesús no viene con leyes y mandatos, ordenando esto o aquello, Jesús nos mira con afecto, con el corazón. Jesús lo vive todo desde el corazón, desde la compasión. Era su manera de ser.

Jesús no pasa de largo ante el dolor, el sufrimiento, se acerca, cura, sana, perdona. Así fue recordado por las primeras generaciones cristianas.

La cercanía, la compasión, la bondad sanan, alivian en el sufrimiento. Jesús sufre con nosotros.

  1. ¿Nos sentimos queridos y guiados por el Buen Pastor?

     Es sanante y cristiano sentirnos no abandonados, mucho menos condenados, sino acompañados por el Buen Pastor.

     Disfrutemos de la bondad de Dios y transmitámosla especialmente a los más sencillos.

     Muchas gentes, personas humildes han dejado la Iglesia porque no perciben que ésta transmita bondad ni la misericordia de Dios.

     Sintámonos bien en la fe, en el grupo cristiano porque:

El Señor es mi Pastor:

Nada me falta.

En verdes praderas me hace descansar. (Salmo 22)

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Dom 11.7.21. La Iglesia será mañana Galilea. Una guía de la misión cristiana

martes, 13 de julio de 2021
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imagen_1_1559144956Del blog de Xabier Pikaza:

Mc 16, 1-8 quiere que el movimiento de Jesús empiece en Galilea, donde muchos le acompañaron  mientras él vivía y recrearon su camino tras su muerte. Así lo quiere también Mt 28, 12-20: Volver al monte de Galilea, para salir de allí a todos los pueblos del mundo.

Esa misión de Galilea ha sido descrita en Mc 6,7-13 (evangelio del 11,7, 21) con sus paralelos de Mateo y Lucas.  Esa misión presenta a Jesús como portador del Reino de Dios, principio y centro de una nueva comunidad mesiánica, como supone Hech 10, 37 al afirmar que “la cosa empezó en Galilea”.

Esos primeros cristianos misioneros de Galilea no querían sólo recordar lo que allí había pasado (como turistas de Jesús), sino recuperar su camino de Jesús, como saben Mc 16, 7-8, Mt 28, 16-20 y Jn 21.

Aquí ofrezco una visión de conjunto esa vuelta a Galilea, que define (o debe definir) la experiencia y testimonio de Jesús en este año 2021. Sin esa “vuelta” arriesgada, radical, a Galilea, la iglesia actual corre el riesgo de estancarse y morir, como hubiera muerto la de Pedro y los Doce. He desarrollado   estos motivos en Historia de Jesús, Comentarios de Marcos  y La Novedad de Jesús. 

LOS DE LA VUELTA A GALILEA. PROFETAS DEL REINO [1]

         Estos galileos tuvieron que dejar Jerusalén, con la riqueza de un tipo de judaísmo que parecía esplendoroso (templo, sacerdotes…), para empezar su tarea de vida y testimonio desde la desnuda altitud de la montaña del evangelio (Mt 28, 16-20), allí donde todo lo demás desaparece (o pasa a segundo plano), pues sólo importa el amor [2].

            En sentido estricto (al menos en principio), ellos no quisieron formar (ni formaron) una iglesia organizada al modo posterior (con jerarquía y estructuras fijas), sino un movimiento mesiánico universal de Jesús, partiendo del judaísmo. No tuvieron que crear un pueblo nuevo: el pueblo existía, eran los hombres y mujeres del entorno, especialmente los pobres y enfermos.

Jesús había proclamado el Reino, éstos siguieron haciendo lo mismo; Jesús fue judío mesiánico, éstos lo siguen siendo. De un modo semejante, muchos cristianos actuales (año 2019) sienten la necesidad de superar un tipo de iglesia “romana”, para reiniciar desde Galilea el camino que lleva a la verdadera Roma[3].

 Autoridad carismática: itinerantes y establecidos

              No empezaron creando estructuras, sino abriendo caminos de evangelio. Habían empezado antes de la muerte de Jesús con Doce, pero fueron pronto muchos mas.

    Básicamente, ellos parecen hombres (varones), pero en sentido estricto son por igual varones o mujeres. Ellos representan la primera autoridad de la iglesia, y se encuentran en el fondo del envío misionero recogido por Marcos y por el documento Q, como muestran los cuatro testimonios de este esquema que ofrece el primer y más profundo de todos los modelos de envío de Jesús:

Mc 6, 7-11

[1. Identidad, misión]:7 Entonces llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos,

[2. Autoridad]: dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos;

[3. Posesión, titulación]  8 y les ordenó no llevar nada para el camino, sino sólo un bastón; ni pan, alforja o dinero en el cinto; 9 sino calzar sandalias y no llevar dos túnicas.

[4. Iglesia-casa] 10 Y les dijo: dondequiera que entréis en una casa, quedaos allí hasta que salgáis del lugar.

[5. Iglesia-provisional]

11 Y donde no os reciban ni os escuchen, al salir de allí, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.

Lc 9: 1-5 (tema Mc)

1 Reuniendo a los doce (les envió…),les dio poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades. 2 Y los envió a proclamar el reino de Dios…

3 Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengáis dos túnicas cada uno.

4 En cualquier casa donde entréis, permaneced allí, y salid de allí.

 5 Y en cuanto a los que no os reciban, al salir de esa ciudad, sacudid el polvo.

Lc 10, 1-8 (tema Q)

1. Después designó a otros setenta y dos y los envió de Dos en dos. Y les dijo: La mies es mucha, los obreros pocos. Rogad al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies (9 curad los enfermos… y decidles: se acerca el reino).

 4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino.

5 En la casa donde entréis, decid…: Paz a esta casa…7 Permaneced en ella y comed y bebed lo que tengan, pues el obrero merece salario….En la ciudad donde entréis y os reciban, comed lo que os pongan.

Mt 10, 5-13 (une Mc y Q)

 5 A estos doce los envió diciendo… 6. No vayáis a los gentiles, sino a las ovejas perdidas de Israel…

 7 Decid: El reino de los cielos se ha acercado. 8 Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios; gratis recibisteis, dadlo gratis.

9 No toméis oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos, 10 ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón [porque el obrero es digno de su sustento].

11 Y en cualquier ciudad o aldea donde entréis, averiguad quién es digno en ella, y quedaos allí hasta que marchéis.

 12 Al entrar en la casa saludadla 13 Y si la casa es digna, que vuestra paz venga sobre ella; pero si no es digna, que vuestra paz vuelva a vosotros.

Estos pasajes exponen el esquema básico de la primera misión eclesial, tomada de las tradiciones de Marcos y el Q, que Lucas trasmite por separado (Lc 9, 1-5; Lc 10, 1-9) y que Mateo ha combinado. Los textos originales de Marcos y el Q (recreado y transmitido por Mt y Lc) tienen muchas semejanzas, pero matizan e interpretan desde su propia perspectiva eclesial, el primer envío histórico y pascual de Jesús.

Todos ellos vinculan (y en algún sentido distinguen, como muestran los matices de sus textos) el envío de Jesús, el pasado de las comunidades más antiguas de Galilea y el presente de la iglesia. Éstos son sus rasgos principales, ellos marcan de algún modo la primera autoridad cristiana.

 Identidad y misión: profetas. La autoridad y tarea posterior de todas las iglesias se funda en elenvío de Jesús, que ha querido expandir su tarea de reino, a través de discípulos-profetas. Ellos, los Doce (o los Setenta y dos), son signo de todos los mensajeros (apóstoles) y profetas (testigos) que Jesús irá enviando a lo largo de la iglesia. La memoria del Jesús histórico (cf. Mc 1, 16-20; 3,7-19 par) se expresa en este envío: el fue profeta mesiánico, y profetas serán sus primeros enviados[4].  Leer más…

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“Con pocas cosas”. 15 Tiempo Ordinario – B (Marcos 6,7-13)

domingo, 11 de julio de 2021
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36_15_TO_B_1467540¿Qué ha podido pasar para distanciarnos tanto de aquel proyecto inicial de Jesús? ¿Dónde ha quedado el encargo del Maestro? ¿Quién sigue escuchando hoy sus recomendaciones?

Pocos relatos evangélicos nos descubren mejor la intención original de Jesús que este que nos presenta a Jesús enviando a sus discípulos de dos en dos, sin alforjas, dinero ni túnica de repuesto.

Basta un amigo, un bastón y unas sandalias para adentrarse por los caminos de la vida, anunciando a todos ese cambio que necesitamos para descubrir el secreto último de la vida y el camino hacia la verdadera liberación.

No desvirtuemos ligeramente el encargo de Jesús. No pensemos que se trata de una utopía ingenua, propia quizá de una sociedad seminómada ya superada, pero imposible en un mundo como el nuestro.

Aquí hay algo que no podemos eludir. El evangelio es anunciado por aquellos que saben vivir con sencillez. Hombres y mujeres libres que conocen el gozo de caminar por la vida sin sentirse esclavos de las cosas. No son los poderosos, los financieros, los tecnócratas, los grandes estrategas de la política los que van a construir un mundo más humano.

Esta sociedad necesita descubrir que hay que volver a una vida sencilla y sobria. No basta con aumentar la producción y alcanzar un mayor nivel de vida. No es suficiente ganar siempre más, comprar más y más cosas, disfrutar de mayor bienestar.

Esta sociedad necesita como nunca el impacto de hombres y mujeres que sepan vivir con pocas cosas. Creyentes capaces de mostrar que la felicidad no está en acumular bienes. Seguidores de Jesús que nos recuerden que no somos ricos cuando poseemos muchas cosas, sino cuando sabemos disfrutarlas con sencillez y compartirlas con generosidad. Quienes viven una vida sencilla y una solidaridad generosa son los que mejor predican hoy la conversión que más necesita nuestra sociedad.

José Antonio Pagola

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“Los fue enviando”. Domingo 11 de julio de 2021. Domingo 15º de tiempo ordinario

domingo, 11 de julio de 2021
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40-ordinarioB15 cerezoLeído en Koinonia

Amós 7,12-15: Ve y profetiza a mi pueblo.
Salmo responsorial: 84: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Efesios 1,3-14: Nos eligió en la persona de Cristo, antes de Crear el mundo.
Marcos 6,7-13: Los fue enviando.

El santuario de Betel tenía también su significación política para el Reino del Norte. Por eso el sacerdote Amasías tiene que cuidar su puesto defendiendo los intereses del rey. Amós, en el comienzo de su misión profética, encuentra rechazo de parte de la estructura religiosa, esto le augura problemas y dificultades pero está dispuesto a enfrentarlos. Vive de lo que hace, su vida no depende de su labor profética, de ahí que puede actuar con libertad tanto frente a la estructura religiosa como a la estructura política. Yahvé mismo le ha pedido que vaya a profetizar a Betel, así que Amasías va a tener que escucharlo aunque se incomode y aunque él no sea del Reino del Norte.

El papel político e «ideológico» (justificativo) que toda religión juega –en un sentido o en otro- en el contexto sociológico en el que se mueve, es ya un descubrimiento de la conciencia moderna que a nadie se le escapa. Ya nadie es tan ingenuo como para pretender que su discurso o su práctica religiosa no hagan ninguna referencia a lo social, a lo político o a lo económico. El apoliticismo de la religión es simplemente imposible, o bien ilusorio o ingenuo. La religión hace política de alguna manera, inevitablemente, como Jesús asumió definidamente su postura social y política frente a la realidad de su momento. No se trata de negar las implicaciones sociales y políticas de nuestra práctica cristiana: lo que es necesario es que esa política sea secundum Marcum, secundum Matheum, secundum Lucam. O sea, «según el Evangelio». Es el Evangelio mismo el que nos obliga a hacer política. Pero no una política según los intereses del rey, o los intereses de los poderosos, o los intereses del sistema, o nuestros propios intereses, sino según el interés del amor, de la fraternidad, de la justicia, de la opción por los pobres, de la Utopía (del Reino, del «otro mundo posible» del Evangelio).

Aparte de los casos individuales locales (cada templo, cada comunidad cristiana…) ¿qué papel ideológico-político está jugando el cristianismo respecto al capitalismo occidental y su sistema explotador? La visión de «otros» puede ayudarnos: el mundo musulmán, por ejemplo, mira al sistema económico occidental como capitalista, explotador, invasor, imperialísticamente globalizador, fuera de todo derecho internacional y del mínimo respeto a la convivencia entre los pueblos, y como «el sistema cristiano», el de los actuales «cruzados»… Para muchos pensadores musulmanes, el cristianismo es el sistema religioso ideológico justificador del capitalismo mundial. El cristianismo como conjunto hace política y economía, y no precisamente «según el Evangelio».

Por su parte, los movimientos populares emancipatorios, la izquierda mundial, sabe que, excepto la gloriosa excepción de la teología de la liberación y sus comunidades eclesiales y sus mártires, en la gran mayoría de los casos el cristianismo ha «justificado» a -y se ha identificado con- la derecha, el capital, el patriarcalismo, el «orden», el poder… como sucesor del imperio romano, que es. Lo contrario ha sido –y sigue siendo- minoritario y excepcional dentro del cristianismo. Veinte siglos de historia están ahí para demostrarlo. El cristianismo como conjunto es un «santuario de Betel», en el que Amasías tiene como punto de referencia al Rey, y Amós no es acogido en él. Amós –que no era sacerdote, que ni siquiera era «profeta profesional»- es la personificación de los cristianos individuales y grupos de base de corazón sencillo, que sienten la exigencia de la Justicia de Yahvé y denuncian la complicidad del Santuario. Los representados aquí por Amós no son sólo los teólogos críticos, ni los obispos proféticos, sino todos los cristianos de a pie de corazón limpio de intereses y sensibles a las exigencias del Evangelio.

Ef 3, 1-14: El misterio que no fue dado a conocer en tiempos pasados…

Para Pablo es claro que no sólo los judíos sino también los gentiles están ahora en Cristo y participan de la bendición de Dios que tiene lugar también en Cristo.

La gran dificultad en el comienzo de la Iglesia fue aceptar a los gentiles. Pablo se esfuerza en esta alabanza de bendición a Dios por mostrar que quien se bautiza participa también de la elección, de la gracia o remisión de los pecados y de la iniciación en el misterio de Dios. Los miembros de la Iglesia somos, según el apóstol, los que hemos recibido la bendición: elegidos desde siempre y antes de todas las cosas, elegidos y destinados por Cristo para la condición santa de hijos y para que lleguemos a la plenitud de nuestro ser al transformarnos en imágenes de su Hijo, gracias a la acción del Espíritu y al haber sido agraciados en el Amado con el perdón de los pecados mediante la sangre de Cristo, elegidos para que mediante la sabiduría y la prudencia que, proceden del mismo Espíritu, penetremos en el misterio de Dios.

En el misterio de la voluntad de Dios, de su propósito y realización en Cristo, nos hallamos incluidos también nosotros los cristianos procedentes tanto del judaísmo como de la gentilidad, porque en él está definida nuestra esencia, en él experimentamos el perdón de los pecados.

Pablo siente que esta realidad terrena tiene que evolucionar, que el plan de Dios es recapitular todas las cosas en Cristo y que los cristianos no debemos permanecer al margen de las transformaciones sociales. Hemos sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo para ser sensibles a la acción transformadora de Dios, acción transformadora que tampoco es exclusiva de los cristianos. El compromiso del cristiano es hacer que este mundo de injusticia se transforme en una sociedad de hermanos pues se supone que entendemos cuál es la voluntad y el plan de Dios sobre la humanidad y el cosmos. Esta tarea no es fácil, porque no vivimos aislados de los demás y porque el mal ha sido institucionalizado por el ser humano.

Mc 6, 7-13: Jesús envía a los doce.

Comienza una nueva etapa en el proceso del seguimiento, la etapa de la misión. Ahora les corresponde a los Doce proclamar lo que han visto y oído. Jesús es consciente de que tendrán que enfrentar el mal en todas sus dimensiones por eso les da poder para hacerlo y les da algunas recomendaciones, les indica que es necesario un cierto estilo de pobreza, tener capacidad para acomodarse a las circunstancias y saber que van a ser aceptados o rechazados. La proclamación de la Buena Nueva debe hacerse en libertad, a nadie se puede obligar a aceptarla. Jesús les está hablando desde su propia vida, les está aportando desde su práctica pastoral.

Todos los comienzos tienen sus dificultades -así lo vemos también en la experiencia de Amós-, pero además están llenos de esperanza y de alegría porque se tiene la motivación de sacar a adelante un proceso. Jesús les advierte a los discípulos cómo son las cosas, para que nada los tome por sorpresa. Sin embargo, la experiencia para cada evangelizador será siempre diferente y a veces donde creemos que nos va a ir bien quizá no logramos nada. Quien evangeliza debe tener presente que es Dios quien hace que surja el fruto, pero también debe disponerse para que el mensaje que transmita motive, inquiete y sea más creíble.

Jesús sabe lo que les espera a los Doce. Los envía de dos en dos. La compañía es apoyo, fuerza y motivación para cumplir mejor con la misión y para resistir a las dificultades. La tarea que van a realizar es una tarea liberadora pero, ¿están capacitados para hacerla? Al final del texto se nos dice cómo los discípulos expulsaron muchos demonios y curaron muchos enfermos. De esta forma los Doce van adquiriendo autonomía y confianza en sí mismos, se dan cuenta de que son capaces de hacer lo mismo que hace Jesús.

El que es enviado sabe que debe permanecer en el lugar hasta que cumpla con su misión, así lo vemos en Amós y en las indicaciones que Jesús les da a los Doce. El enviado no va a nombre personal, va en nombre de quien lo envió. Además Jesús cuenta con la buena voluntad de muchos hombres y mujeres que son solidarios, que abren la puerta de su casa para compartir, de ahí que se atreva a decirles que se queden en la casa donde entren hasta que vayan a otro lugar. Pero también les dice que donde no los reciban ni los escuchen, al marcharse sacudan el polvo de los pies. El gesto de sacudir los pies se hacía públicamente y expresaba condena y separación. Este gesto lo podemos leer también como señal de intolerancia de parte del evangelizador que no soporta que lo rechacen y que no lo reciban. No se puede obligar al otro a que reciba la Buena Nueva, también los demás tienen derecho a disentir, a manifestar que no están de acuerdo y el evangelizador debe tener una actitud más tolerante y comprensiva, debe esperar una nueva oportunidad.

Contrariamente a lo que fue la práctica de Jesús, el anuncio del Evangelio, en la mayoría de los casos y de los tiempos, se ha impuesto a los demás, unas veces en forma violenta empleando la fuerza del poder o de las armas, otras veces con las leyes o con la presión social o la presión psicológica, manejando el miedo por la amenaza de la condenación. También ejercemos una cierta violencia cuando insistimos en la costumbre de bautizar a los niños en vez de arriesgarnos a que sean ellos quienes elijan hacerse cristianos libremente cuando sean adultos. Entre las grandes religiones, el cristianismo por lo menos tiene una historia que desacredita mucho la supremacía numérica mundial de la que está tan orgulloso. Su gran magnitud cuantitativa deja mucho que desear y suscita muchas dudas sobre su futuro en un mundo cada vez menos susceptible de coerción religiosa. Se adivina un futuro –que ya es presente en regiones de vieja cristiandad- de disminución y abandono, una situación que no debería interpretarse catastróficamente, sino como la oportunidad de recuperar la calidad que se sacrificó a la cantidad.

Jesús dice a sus enviados que si no es recibido el mensaje, sacudan el polvo de sus pies y se vayan, y es claro que no quiere que obliguen a nadie a aceptar el mensaje. Es más coherente con la «política de Dios» ser menos en número -por ser celosamente respetuosos de la libertad religiosa-, que ser más cuantitativamente a base de bajar el nivel de la calidad evangélica de los métodos evangelizadores. Leer más…

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De dos en dos. ¿Obispos en pareja o de uno en uno? (Dom 15, TO)

domingo, 11 de julio de 2021
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27544641_1908014062542956_2057584964807173923_nDel blog de Xabier Pikaza:

Me ha dicho el vecino: Con un obispo sobra ¿cómo quieres dos a la vez, dos papas…?Le he dicho: No estoy del todo seguro, la propuesta tiene riesgos, pero Jesús les mandó en parejas. Lo de un obispo a solas, monarca de diócesis (varón) es de la iglesia posterior.

Las cosas no fueron así al principio, cambiaron después, con obispos y párrocos a solas (un sólo poder)… Por eso pueden (quizá deben) cambiar otra vez, no para ser sin más (externamente) como fueron, sino para responder al espíritu de Jesús y a los signos de nuestro tiempo.

Sería un cambio importante, pero podría pensarse y ensayarse, no por afán de novedades, sino para «insuflar» entre aire fresco en la Iglesia: Espíritu de Jesús, amor mutuo, autoridad en diálogo, familia. Esperemos y recemos para que Francisco cure pronto y pueda pensar también en esto.

Les mandó de dos en dos

    Así lo dice el evangelio de este domingo (Mc 6, 7-13) que con frecuencia olvidamos. Jesús mandó como delegados suyos a parejas(de dos en dos”, ana duo‒duo; shenaym‒ shenaym).

No les pone más condición: Pueden ser ser jóvenes o mayores, varones o mujeres, hermanos o amigos, casados o solteros, dos varones, dos mujeres, varón y mujer… Sólo la condición de que vivan y vayan “de dos en dos”, como testigos de evangelio (Reino de Dios), pues sólo siendo dos pueden ser signo de evangelio.

Donde hay sólo un cristiano no hay ningún cristiano. Por eso han de ser al menos dos. Eso no lo inventó Jesús, sino que viene de una tradición judía milenaria (Dt 19, 15), que afirma que el testimonio de una sola persona no es nunca. Han de ser al menos dos, como indica también Ap 11. Quien no es capaz de convivir con otro no puede ser testigo de Jesús, porque el testimonio de Jesús es el amor mutuo.

Lo sabía bien Pablo, que anunciaba siempre el evangelio con otros, primero con Bernabé (cf. Hch 13, 2), luego con Silas o Timoteo…  Además, el escribe y firma siempre sus cartas con otros, menos la Romanos, por motivos explicables).

              Por otra parte, Pablo nos ofrece el testimonio fundamental de que los “hermanos” de Jesús y Pedro realizaban su ministerio (eran obispos) con otros, en especial sus hermanas/mujeres) (cf. 1 Cor 9, 5).  Ellos no misionaban con sus mujeres por “debilidad” (eran incapaces de vivir solos), ni porque deseaban tener una criada (servidora), sino por cumplir el mandato de Jesús, que les dijo que fueran de dos en dos.

 Texto de Marcos

            Jesús mando a los doce, pero no de uno en uno, ni a todos juntos, sino de dos en dos. Los enviados son “doce”, signo de la misión judía (doce tribus), pero los manda de dos en dos,  como signo de universalidad humana, en parejas en parejas de vida y testimonio de evangelio:

(Jesús) llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos,  dándoles poder sobre los espíritus impuros. Les ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto un bastón. Ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja. Que calzaran sandalias, pero que no llevaran dos túnicas. Les dijo además: Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de aquel lugar etc. (Mc 6, 7‒30).

 Mt 10 y Lc 9 omiten la referencia a la pareja

              Una lectura posterior, que parece tomar ese motivo del envío y misión  del llamado documento Q, prescinde de esa condición. Así aparece en Lc 9,1‒5 y en Mt 10, 5‒13.

              Los portadores de esa tradición, en un contexto diferente (abierto no sólo a los judíos, sino a los paganos), prescinden pues del motivo de la parece, no ponen ya “de dos en dos”, no porque lo nieguen, sino porque no la juzguen necesario en su contexto.

De esa forma dejan en libertad la composición de los creadores y gestores de las iglesias. En esa línea culmina la legislación de las cartas pastorales donde se dice que el “obispo” (o el diácono) sea un “anêr”, esto es, un varón (1 Tim 3, 2), de una sola mujer, buen gestor de su casa etc.

              En esa línea, los misioneros-obispo, liberados para el evangelio, acaban siendo “patriarcas” monárquicos de una casa rica, con una mujer que les ayuda (pero en un estrato inferior, como los obispos auxiliares de la actualidad), con unos hijos sumisos… Ese es modelo que ha triunfado después, por presión social del imperio romano.

    En otra línea, por un celibato ascético-místico (propio de otro contexto), la Iglesia de Roma ha prescrito (¡quizá en contra de Jesús!) que los enviados/obispos/presbíteros de Jesús han de ser solitarios, una condición que tiene grandísimas ventajas, pero riesgos todavía superiores, en línea de «separación», como si sólo los «solitarios» (tema gnóstico, del evangelio de Tomas 49, contrario a los evangelios de la Iglesia) pudieran ser testigos y promotores de una vida en comunión.

Otra vez de dos en dos (Lc 10, 1-12)

               Pero el modelo “de uno en uno y buen patriarca varón” (con mujer e hijos “sumisos”)… o de uno en uno y buen solitario gnóstico  no ha triunfado y se ha impuesto de un modo universal en la iglesia antigua, como muestra el evangelio de Lucas, el más tardío de los sinópticos, que reelabora retoma en otro lugar el motivo del envío y misión cristiana, otra vez de dos en dos:

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies, etc.(Lc 10, 1).

Conforme a la visión de conjunto del evangelio de Lucas, Jesús quiso fundar la Iglesia y para ello envió a Doce discípulos y les envió por todo Israel, para para preparar su camino, de dos en dos. Pero este envío, centrado en los Doce y dirigido a Israel, fracasó: los israelitas no se convirtieron, los Doce (que habían ido de dos en dos anunciando la llegada del Reino) desertaron de Jesús, y las autoridades de Israel con Roma condenaron a Jesús a muerte, siendo ajusticiado por los romanos.

Por eso Lucas quiso añadir este “segundo envío” del mismo Jesús, un envío que refleja la misión universal a los gentiles, diciendo a sus discípulos  que fueron por todo el mundo, de dos en dos (no los Doce apóstoles judíos del principio, como signo de las doce tribus de  Israel), sino un grupo más grande de 70 (o 72, según los manuscritos), como signo de todos los pueblos de la tierra (que según las tradiciones del Génesis eran 70 o 72).

Se han hecho y se siguen haciendo averiguaciones sobre la identidad de esos 70/72 enviados de Lc 10, 1‒12, de forma que algunos Padre antiguos de la Iglesia han buscado nombres para cada uno de ellos (varones y/o mujeres), llamándoles “apóstoles” (lo mismo que a los 12 de la misión anterior) y celebrando su fiesta (algo que la Iglesia romana no se ha atrevido a hacer, quedando “fijada” en los doce primeros). Este intento de “nombrar” uno a uno a los 70/72 apóstoles de Lc 10. 1‒12 y darles fiesta como “santos” es piadoso y laudable, pues quiere indicar que en ellos están representados todos los “misioneros” de Jesús, enviados al conjunto de los pueblos.

Otra vez la condición básica: De dos en dos

           Como he dicho, el texto del envío de Lc 9 (con Mt 10 o 28, 16‒20)  no incluyen la condición del dos a dos: No exigen expresamente que los misioneros vayan en parejas, aunque pueden suponerlo. Lucas en cambio, como último testigo de la tradición del envío y misión eclesial lo resalta expresamente: A su juicio, también los 70/72 fueron a realizar la misión de dos en dos, como han de ir todos los enviados de la iglesia.

              Se puede discutir y se discute, exegéticamente, el origen textual de esta condición (de dos en dos). ¿De dónde la ha tomado Lucas? Algunos suponen que la ha tomado de Mc 6, 7, de manera que este mandato tendría solamente un testimonio/apoyo fuerte en la tradición de la iglesia antigua, por lo que algunos se atreven a decir que ese mandato de ir de dos en dos que no provino de Jesús (sino que fue creación particular de la Iglesia de Marcos). Pero otros (y a mi juicio con más razón) afirman que ese mandato o condición (ir de dos en dos) forma parte del material más antiguo, que venía de Jesús (no sólo de Marcos), y que había estado incluso en el primer estrado de Q (aunque no quiero discutir aquí esa conjetura). Leer más…

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De discípulos a misioneros. Domingo 15. Ciclo B

domingo, 11 de julio de 2021
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jesus-marcos-6-7-13-aDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El fracaso en Nazaret no desanima a Jesús. Al contrario. Además de continuar predicando, como veíamos el domingo pasado, envía también a los discípulos a realizar su misma misión. Los profetas del Antiguo Testamento tenían a veces discípulos; pero, que sepamos, solo Eliseo encargó a uno de ellos realizar una misión concreta: ungir rey a Jehú (2 Re 9,1-10); la función del discípulo del profeta consiste en servirle de apoyo social y espiritual, memorizar sus palabras y transmitirlas a la posteridad. El enfoque que tiene Jesús de sus discípulos es distinto, más dinámico: no se limitan a aprender, deben también poner en práctica lo aprendido, y ampliar desde ahora la actividad de Jesús.

Las instrucciones a los discípulos (Marcos 6,7-13)

En aquel tiempo Jesús llamó a los doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevaran sandalias, pero no una túnica de repuesto.

Y decía:

-Quedaos en la casa donde entréis hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies en testimonio contra ellos.

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

El texto de Marcos trata brevemente cinco puntos:

  1. La autoridad. Cualquier embajador o misionero debe estar investido de una autoridad. La que reciben los discípulos es sobre los espíritus inmundos. Esta idea, tan extraña a la cultura de nuestra época, debemos considerarla en el contexto del evangelio de Marcos. Jesús, desde el primer momento, en la sinagoga de Cafarnaúm, ha demostrado su autoridad sobre un espíritu inmundo. Sus discípulos reciben el mismo poder. Son embajadores plenipotenciarios.
  2. Equipaje y provisiones. Es interesante advertir lo que se permite y lo que se prohíbe: solo se permite llevar un bastón y sandalias; en cambio, se prohíbe llevar comida (ni pan, ni alforja) y túnica de repuesto. El permiso del bastón y las sandalias contrastan con lo que dice el evangelio de Mateo, donde se prohíben. Es un caso interesante de cómo los evangelistas adaptan el mensaje de Jesús a las circunstancias de su comunidad: Marcos tiene en cuenta el apostolado posterior de largos viajes, por terrenos difíciles, que requieren el bastón y las sandalias. En cambio, la prohibición de comida y vestido de repuesto demuestra la enorme preocupación de Jesús por dar ejemplo de pobreza en una época en la que los predicadores religiosos eran acusados con frecuencia de charlatanes en busca de dinero.
  3. Alojamiento. Para evitar tensiones y peleas entre las personas que quisieran acogerlos en sus casas, Jesús ordena que se alojen siempre en la misma.
  4. Rechazo. El apostolado no tendrá siempre éxito. Igual que Jesús fue rechazado en Nazaret, ellos pueden ser rechazados en cualquier lugar.
  5. La actividad. Curiosamente, lo que deben hacer los discípulos no aparece hasta el final: «Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.» Lo mismo que hacía Jesús, a excepción del uso de aceite para curar enfermos. Esta práctica parece haber entrado en la iglesia en un momento posterior y está atestiguada en la carta de Santiago: «¿Que uno de vosotros cae enfermo? Llame a los ancianos de la comunidad para que recen por él y lo unjan con aceite invocando el nombre del Señor.» (Snt 5,14).

El rechazo (Amós 7,12-15)

En las instrucciones de Jesús, este tema es el que ocupa menos espacio. Solo se menciona como posibilidad. En cambio, la primera lectura nos recuerda que esta posibilidad fue y sigue siendo muy real.

En aquellos días Amasías, sacerdote de Betel, dijo a Amós:

– Vidente, vete, huye al territorio de Judá. Allí podrás ganarte el pan y allí profetizarás. Pero en Betel no vuelvas a profetizar, porque es el santuario del rey y la casa del reino.

Pero Amós respondió a Amasías:

– Yo no soy profeta ni hijo de profeta; yo era un pastor y un cultivador de sicómoros. Pero el Señor me arrancó de mi rebaño y me dijo: «Ve, profetiza a mi pueblo Israel».

A mediados del siglo VIII a.C., el profeta Amós, originario del sur (Judá) fue enviado por Dios a predicar en el Reino Norte (Israel), para denunciar las injusticias terribles que se cometían, favorecidas por la corte y el clero. El enfrentamiento más fuerte tiene lugar en el santuario de Betel (= Casa de Dios), con el sumo sacerdote Amasías, que lo expulsa. En el fondo, Amós tuvo suerte. A otros les cortaron la cabeza.

Si el texto de Amós se hubiera leído completo (cosa que horroriza a los liturgistas), se habría advertido una diferencia capital entre la reacción del profeta y la que deben tener los discípulos de Jesús. Cuando el sacerdote Amasías expulsa a Amós de Betel, este le responde anunciándole que su mujer será violada, sus hijos e hijas morirán a espada, perderá sus tierras y será deportado. El discípulo de Jesús, si es rechazado, debe limitarse a sacudirse el polvo de los pies. Ni una palabra de amenaza o condena. El juicio corresponde a Dios.

Una síntesis del mensaje (Efesios 1,3-14)

El evangelio no concreta lo que los discípulos deben predicar. Solo dice que «predicaban la conversión», igual que Jesús. Al pasar los años, especialmente después de su muerte y resurrección, el mensaje de los apóstoles se fue enriqueciendo con lo que Jesús hizo y dijo, y también con una elaboración teológica de lo que él supuso para nosotros.

La introducción de la carta a los Efesios es un excelente ejemplo de esto último. Pero su estilo tan denso, barroco y recargado se presta a que los asistentes a la misa no se enteren de nada. Una pena, porque las ideas son espléndidas.

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales y celestiales. Él nos ha elegido en Cristo antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables a sus ojos. Por puro amor nos ha predestinado a ser sus hijos adoptivos, por medio de Jesucristo y conforme al beneplácito de su voluntad, para hacer resplandecer la gracia maravillosa que nos ha concedido por medio de su querido Hijo. Él nos ha obtenido con su sangre la redención, el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia, que ha derramado sobre nosotros con una plenitud de sabiduría y de prudencia, dándonos a conocer el designio misterioso de su voluntad, según los planes que se propuso realizar por medio de Cristo cuando se cumpliera el tiempo: recapitular todas las cosas en Cristo, las de los cielos y las de la tierra. En Cristo también hemos sido hechos herederos, predestinados según el designio del que todo lo hace conforme a su libre voluntad, a fin de que nosotros, los que antes habíamos esperado en Cristo, seamos alabanza de su gloria; también vosotros los que habéis escuchado la palabra de la verdad, el evangelio de vuestra salvación, en el que habéis creído, habéis sido sellados con el Espíritu Santo prometido, el cual es garantía de nuestra herencia, para la plena liberación del pueblo de Dios y alabanza de su gloria.

Adviértase que el texto habla generalmente de «nosotros» («nos ha bendecido», «nos eligió», «nos ha destinado», «nos ha obtenido», «hemos heredado», «nosotros, los que ya esperábamos en Cristo»). Pero termina hablando de «vosotros»y también vosotros», «habéis escuchado», «habéis creído», «habéis sido sellados». Parece lógico aplicar el «nosotros» a los cristianos de origen judío; el «vosotros», a los efesios, de origen pagano.

Ante la persona y la obra de Jesús, la reacción de los primeros debe ser bendecir a Dios por todos los beneficios que nos ha concedido a través de Cristo, que se resumen en estos cinco puntos: nos eligió; nos destinó a ser hijos suyos; por su sangre, nos perdonó los pecados; nos dio a conocer su proyecto de recapitular en Cristo todas las cosas; nos convirtió en herederos.

¿Y los efesios? ¿Y nosotros? La carta toma un rumbo muy distinto. No comienza hablando de lo que Dios ha hecho por nosotros, sino de lo que nosotros hemos hecho al escuchar la extraordinaria noticia de que hemos sido salvados: «habéis creído». Y entonces, Cristo nos ha marcado con el Espíritu Santo, «prenda de nuestra herencia». Muy pocas palabras, en comparación con los párrafos dedicados al «nosotros», pero con la novedad de la acción de Cristo y el don del Espíritu.

En cualquier caso, al recapitular Dios todas las cosas en Cristo, todo lo que se dice es válido para todos. También nosotros podemos y debemos proclamar: «Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales y celestiales».

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Domingo XV del Tiempo Ordinario. 11 de julio de 2021

domingo, 11 de julio de 2021
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Les ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto un bastón”

(Mc 6, 7-13)

Aquí estamos, en el domingo XV del tiempo ordinario que, además, coincide con el día 15 de julio: operación salida de vacaciones para unos, retorno para otros. ¿Es tu caso? Veamos, ¿a dónde te vas?, ¿en plan playa, monte, o tal vez algún circuito por Europa, Asia… al pueblo, o quizá a un monasterio? Mira tu maleta. Estas zapatillas para caminar, estas chanclas para la playa, la sombrilla…, este modelito para el paseo de la tarde, este otro para la terraza de la noche, esta chaqueta por si refresca, el chubasquero y el plegable por si llueve que con el cambio climático ya se sabe, crema solar, hidratante, repelente de mosquitos, el bastón de trecking, el portátil por si tienes asuntos pendientes del trabajo… Vuelve a mirar tu maleta. Si ya lo decía mi madre… “¡con el por si acaso se llena la maleta!”.

Resulta que hoy los discípulos de Jesús también están en operación salida. Párate a contemplarlos unos minutos. Observa sus maletas. ¿Qué ocurre?, ¿no las ves? ¡Ah! Es que Jesús les ha dicho que no lleven nada, solo un bastón. Ni pan, ni zurrón, ni dinero en la faja. Vaya tela, ¿te imaginas ir por ahí sin bolso, sin dinero, sin móvil…? También les ha dicho que calcen sandalias pero que no lleven dos túnicas. Vuelve a tu maleta y empieza a sacar la variedad de calzado que has metido, los modelitos de pasear, de la terraza de la noche… Vamos, quédate con lo puesto y el bastón de trecking. Entonces no necesitas maleta.

Como tampoco la necesitamos en el camino de la vida y sin embargo nos empeñamos en llevarla. Bien llena, hasta los topes, por si acaso: preocupaciones, miedos, ataduras, complejos, egoísmo, resentimientos, dudas, comparaciones… ¡Cuánto pesa y cuánto entorpece nuestra marcha!

Oración

Tú que también eres discípula del Maestro, escucha lo que te dice: “suelta todo eso, suelta, suelta… solamente un bastón”. ¿Quién es tu bastón?

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Si necesitas seguridades externas, no confías en lo esencial.

domingo, 11 de julio de 2021
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discipulosMc 6, 7-13

El párrafo que acabamos de leer es continuación del que leíamos el domingo pasado, pero con él comienza una nueva etapa en el evangelio de Marcos. Los discípulos van a tomar parte en la tarea que desarrolla el Maestro. Después de la experiencia de fracaso en su pueblo, Jesús no solo no deja de anunciar la “buena noticia” del Reino sino que compromete a sus discípulos en esa tarea. El rechazo de los dirigentes y familiares le obligan a buscar otros interlocutores que no estén maleados por la enseñanza oficial. Las tres lecturas no hablan de la elección, pero esa elección lleva implícita la misión.

Es Jesús quien toma la iniciativa. Les llamó y les envió”. Si hacía ya mucho tiempo que estaban con él, no necesitaba llamarlos, pero el poner los dos verbos juntos tiene una intención especial. La llamada y la misión están siempre unidas. No se precisa ni a dónde van ni cuanto va a durar la misión. Con ello está precisando las características de todas las llamadas y de todos los envíos. Todo los que vayan en nombre de Jesús deben ir en las mismas condiciones, en todos los tiempos. El evangelista está retrotrayendo al tiempo de Jesús una práctica que comenzó muy pronto en las primeras comunidades.

De dos en dos”, apunta al sentido comunitario de toda misión. No se trata de actuar como francotiradores, sino de ir en nombre de la comunidad. Así se evita cualquier clase de superioridad de uno sobre otro. Con demasiada frecuencia olvidamos que todos somos enviados por y desde una comunidad. Tenemos que superar la tendencia a actuar por nuestra propia cuenta. Tiene también un aspecto legal. En un juicio, solo se admitía el testimonio que fuera atestiguado por dos. No se espera que sean maestros, sino testigos.

“Les da autoridad sobre los espíritus inmundos”. Hay que tener mucho cuidado. El texto griego no dice “dynamis” sino “exousia”. No es fácil apreciar la diferencia entre los dos conceptos, pero es claro que no se trata de un poder mágico, sino de una superioridad sobre el mal. Se trata de una fuerza para superar no solo los demonios de los demás sino también sus propios demonios; es decir, la superación personal de toda ideología que les impediría comunicar el verdadero mensaje. Esta lucha de los apóstoles contra sus propios prejuicios nacionalistas está presente en todo el evangelio de Marcos.

“Les encargó…” El verbo Griego significa ordenó. Es curioso que el texto hace más hincapié en lo que no deben llevar. Lo importante es el espíritu de los enviados. El bastón y las sandalias eran imprescindibles; el primero ayuda a caminar y puede ser muy útil contra las alimañas. Las sandalias era el calzado de los pobres. El pan era signo de todo alimento. No van como mendigos, solo deben aceptar lo que necesitan en cada momento. La alforja era propia de los mendigos, que aseguraban así las próximas comidas. El dinero es símbolo de las seguridades. En griego no dice “túnica de repuesto”, sino “no llevéis puestas dos túnicas”, que era característica de la gente rica.

Los judíos nunca se hospedaban en casa de paganos. Para Jesús cualquier casa es buena para hospedarse, y cualquier alimento digno de comerse. Para quedarse basta que les acoja una “casa”; para marcharse tiene que existir el rechazo de un “lugar”. Lo importante es que les acepten y ellos acepten. En todo caso, deja clara la posibilidad de rechazo que acaba de sufrir el mismo Jesús en su tierra. El sacudir el polvo de los pies era una costumbre de los judíos cuando salían de un lugar de paganos. No se trata de maldición alguna, sino de dar testimonio de un hecho.

“Predicaban la conversión, echaban demonios y curaban”. Es curioso que ninguna de esas acciones fue descrita en el envío. La conversión, de la que nos habla el evangelio, no debe entenderse desde el punto de vista moral. Se trata de “metanoia”. Un cambio de mentalidad que llevaría consigo un cambio en la manera de vivir. Sin emprender ese nuevo camino, de nada servirán los arrepentimientos y los propósitos. Seguimos sin entenderlo hoy. El echar demonios y curar son signos de la preocupación por los demás. El signo de que ha llegado el Reino es la ayuda a los demás.

La primera lectura nos pone ya en guardia. Los profetas de Betel quieren convertir a Amós en un profeta “al uso”: alguien que vive de un oficio siguiendo las directrices oficiales. Muy poco han cambiado las cosas. La Iglesia sigue siendo un santuario de Betel. Estar de parte de los poderosos y no denunciar la injusticia ha sido una apostasía del cristianismo desde Constantino. A nadie entusiasma hoy nuestra predicación, mucho menos nuestra trayectoria vital. La misión no puede ser una programación venida de fuera, sino una exigencia vital, consecuencia de la llamada interna de Dios.

La clave está en que, al depender de los demás, se elimina toda tentación de superioridad. No son normas de ascetismo sino de confianza. Se trata de aprender a confiar en los demás, esperándolo todo de ellos. Saber dar eficazmente supone haber aprendido antes a recibir con humildad. No hay nada más humillante para un ser humano que el tener que recibir de otro algo sin reciprocidad. La realidad que más une a los hombres es el saber que tienen algo que dar y algo que recibir. En la gratuidad se alcanza el máximo de humanidad, tanto por parte del que da, como del que recibe.

La confianza de toda misión evangélica debe centrarse en el mensaje, no en los medios desplegados. Por ello hay que prescindir de lo superfluo, y ni siquiera querer asegurar lo necesario. Al enviarlos, está diciendo que lleven el Reino de Dios a todos los hombres. Él no es su dueño ni ellos sus propietarios. Ese Reino es la “buena noticia” que todos deben descubrir. El Reino predicado por Jesús trata de purificar toda religión. Jesús no creó una nueva religión ni dejó de pertenecer a la judía. Él haber hecho de la predicación de Jesús una religión más ha impedido que sea fermento para todas.

La misión no es tarea de unos pocos, sino la consecuencia inevitable de la adhesión a Jesús. La misión no consiste en predicar sino en hacer un mundo cada vez más humano. No se trata de salvaguardar a toda costa doctrinas trasnochadas o normas morales que no humanizan. Menos aún en conservar unos ritos fosilizados que ya no dicen nada a nadie. El mensaje de Jesús no se puede meter en fórmulas.

Meditación

Si confías en Dios, confiarás también en el hombre.
Pero también potenciarás la confianza en ti mismo.
Si has superado el afán de seguridades, surgirá la gratuidad.
Precisamente hoy, que por todo hay que pagar un precio,
es más necesario que nunca el dar sin esperar nada.
Darse, sin esperar nada a cambio, es hacer presente a Dios.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Predicar y dar trigo.

domingo, 11 de julio de 2021
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ar_codigo-jesus-s01e02-los-huesos-de-juan-bautista_p_m«–Señor, ¿pues qué hemos de hacer nosotros? – Dijo Sancho. –¿Qué? –dijo don Quijote–: favorecer y ayudar a los menesterosos y desvalidos». (Miguel de Cervantes)

Domingo XV del TO

Mc 6, 7-13

«Les encargó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja, que calzaran sandalias pero que no llevaran dos túnicas».

En Montecasino, cuentan los anales del monacato, había un abad benedictino que desde la altura de su silla patriarcal, y sin lugar a preguntas, predicaba a monjes callados la sabiduría de los Padres de la Iglesia. La comunidad, prisionera de las reglas coventuales, se limitaba a asentir con la cabeza a sus celestiales peroratas. El testimonio de pobreza, sencillez, inserción en la realidad, respeto y atención a las necesidades del pueblo, brillaba por su ausencia en la abadía.

En aquella colina rocosa, con ecos de una antigua construcción pagana –un templo de Apolo– sonaban ahora en desacorde con el Evangelio, los ecos del silencio. En el sucesor de San Benito se esfumó el sueño del fundador del monasterio: «despertar la solidaridad en el mundo dentro y fuera del convento». ¿Es que aquel santo varón no había logrado entender que donde no se manifieste la solidaridad hay que sacudir el polvo de las sandalias y largarse? (Mt 10, 14 y Hch 13, 51)

Las comunidades se rigen por las mismas dos reglas de oro que el gran director de orquesta y compositor, Sir Thomas Beecham (1879-1961) aplicaba a una orquesta de éxito: empezar juntos y acabar juntos. Su contemporáneo Charles Ives (1874-1974) lo expresó en melodía en su obra Desde los Campanarios y las Montañas. Los bronces repican desde los múltiples campanarios de los pueblos y se produce un eco con las cúspides pétreas. La música, escribió Marcel Proust, quizás sea el único ejemplo de lo que había podido ser -al no existir el lenguaje, la formación de las palabras, el análisis de las ideas- la comunicación de las almas».

El cavernícola Hombre del Neandertal usó el lenguaje de los sonidos en esta comunicación, como lo evidencia el descubrimiento de la flauta slovena fabricada con el fémur del extinto oso europeo. Posiblemente este antepasado nuestro pensó ya con Shakespeare, en su rudimentario cerebro, que «La música es el alimento del amor». Del amor que da frutos en todas las estaciones del año, como decía la gente de Basilio el Grande, uno de los Santos Padres de la Iglesia Griega: «El obispo Basilio predica a todas horas: en las misas, en las reuniones, en las catequesis, y cuando no está hablando con sus labios, está predicando con las buenas obras que hace en favor de los demás».

A Don Quijote se lo demandaban sus Leyes de la Caballería Andante: Señor, pues ¿qué hemos de hacer nosotros?», dijo Sancho. A lo que el Caballero de la Triste Figura respondió: «¿Qué? Favorecer y ayudar a los menesterosos». Blas de Otero (1919-1979), poeta profundamente comprometido con la condición humana y con su tiempo, y cuya poesía reclama hombres en paz en un mundo justo y libre, lo dijo con gemido del alma sumida en lo terreno:

«Ya sabes
lo que hay que hacer en este mundo: andar
como un arado, andar entre la tierra».

Era el modo de hacer Jesús su tarea. Como Maestro «hombre de hechos», según descripción de la tradición rabínica. Y así le ve Mateo en 2, 23: «recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas (…) y sanando entre el pueblo toda clase de enfermedades y dolencias» (Mt 2, 23).

Para cumplir esta misión de Predicar y dar trigo envió el rabí galileo a los suyos. Para que la música de las esferas eclesiales deje de entenderse solo con Dios, como según Cioran ocurría antes de Beethoven, y empiece a dirigirse a los hombres. En versión masculina, podrían atribuirse a Jesús las entrañables palabras de Malatesta cuando relata a Don Pasquale las humanas virtudes de  su hermana Sofronia, pretendida novia del protagonista: «Generosa con los pobres, tierna, dulce y amorosa. El cielo la creó para hacer feliz a un hombre».

Con ese mismo espíritu realiza su misión el Papa Francisco. Le hemos visto subiendo al avión con su cartera en la mano. En ella, mucha generosidad para con los pobres porque, como a Sofronia, el cielo le creó para hacer feliz a los hombres. En su agenda: visitar cárceles y barrios marginados. Otro que, como Jesús, sabe predicar y dar trigo en abundancia.

EL PAPA DE LA GENTE

– «Un pontífice austero, amigo de los pobres y párroco del mundo.

– Bendijo a todos con la sencilla sotana blanca y el crucufijo de plata que llevaba usando desde su primer día de obispo, sin reemplazarla por el oro, símbolo del poder y del sometimiento.

– Francisco, un nombre que ningún Papa había elegido en 2000 años de historia, tomó el timón de la Iglesia y viró la nave hacia un rumbo nuevo, hacia el encuentro con la gente, para ofrecerle esfuerzo, oración y humildad, no solo con palabras sino, especialmente, con gestos.

– …como resultado de su formación jesuitica, una de cuyas características es el encuentro con quienes expresan los mismos valores desde otra perspectiva cultural.

– «Nunca olvidemos que el verdadero poder es servicio y que, también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio», alertó Francisco en la misa de inicio de su pontificado, ante más de 200.000 personas que llenaron el 19 de marzo de 2013, día de San José, la Plaza de San Pedro».

(Selecciones Readers Digest. Diciembre 2014).

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Comunidad: llamada y envío.

domingo, 11 de julio de 2021
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envio-misioneroDOMINGO 11 de Julio 

Mc 6,7-13

También Jesús no envía hoy como comunidades cristianas a expulsar demonios, a sanar la vida y las relaciones allá donde el egoísmo, el poder, la violencia y la injusticia fractura lo humano y la creación. Es un envío desde la sencillez de nuestras vidas y la solidaridad con los vulnerados y vulneradas. Es un envío humilde, pues nuestra fortaleza es Jesús mismo y la confianza en que Él viene con nosotros y nosotras urgiéndonos a salir de los caminos trillados para abrirnos a la novedad del Evangelio en las periferias sociales y existenciales de las que a veces preferimos huir. En este envío somos sanados y sanadas por el poder liberador del sacramento del encuentro y la projimidad humana, donde el rostro de Dios se nos revela con más nitidez y nos abraza como un misterio accesible en la cotidianidad de nuestra vida.

Nos envía de dos en dos, sin embargo, nuestra fe y nuestro compromiso frecuentemente tienen déficit de comunidad y una de las amenazas permanente del cristianismo es convertirse en una religión individualista e intimista, lo cual nada tiene que ver con su esencialidad. También hemos terminado por relativizar la opción por la pobreza y la sencillez como estilo de vida, de manera que con nuestras prácticas y omisiones domesticamos la memoria peligrosa y subversiva de Jesús en la historia, haciendo del cristianismo una religión burguesa.

Pero el cristianismo es la religión del amor que se hace carne, cuerpo social, comunitario, amor político. La comunidad es lugar de reconocimiento del Resucitado como dinamismo de vida y liberación en nuestro mundo, que nos mueve a no pactar con la injusticia ni con la deshumanización en nuestros ambientes, y es también lugar de envío. Nos urge a salir de la autoreferencialidad, la sacristía y el gueto para ser iglesia en salida. ¿Cómo fortalecer y suscitar el sentido comunitario y de envío frente al sálvese quien pueda y la deriva individualista hacia la que el sistema nos empuja?

Pepa Torres Pérez

Fuente Fe Adulta

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Ligeros de equipaje.

domingo, 11 de julio de 2021
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59E43EF1-4632-43AC-B755-1B97A7A3703BDomingo XV del Tiempo Ordinario

11 julio 2021

Mc 6, 7-13

En su radicalidad, estas palabras de Jesús apuntan a uno de los signos más claros de la espiritualidad. Cuando alguien se vive en profundidad, comprende que todo es gracia; esa comprensión se transforma en gratitud y se manifiesta en gratuidad. Quien sabe que todo lo ha recibido gratis, deja que todo fluya a través de él.

Esto no significa demonizar el dinero ni renunciar a una remuneración adecuada, aunque impide hacer “negocio”, particularmente con todo lo que tenga que ver con la espiritualidad.

La vivencia espiritual hace posible vivir la experiencia de estar siendo recibido y regalado en permanencia. De ahí brotan una actitud y un comportamiento caracterizados por la desapropiación -en la que insiste el texto que estoy comentando y que han recalcado todos los maestros y maestras espirituales-, un rasgo diametralmente opuesto a la pulsión acaparadora que rige en nuestra cultura.

La espiritualidad permite pasar del tener al compartir, del poder al servir, del tener al ser. Y todo ello, no en virtud de un imperativo ético, sino como fruto de la comprensión.

La comprensión profunda -otro sinónimo de la espiritualidad- se despliega en una triple dirección, que puede resumirse en tres palabras: plenitud, fluir y fraternidad.

Regala una vivencia de plenitud, porque permite comprender y saborear lo que realmente somos, más allá del yo en el que temporalmente nos experimentamos. Somos pura presencia consciente -plenitud de presencia-, y lo saboreamos en el silencio de la mente. Espiritualidad es experiencia de plenitud.

A partir de ahí, comprendemos que la vida fluye a través de nuestra “forma” o persona concreta. No tenemos la vida ni nos la apropiamos, sino que permitimos que fluya en nosotros, a la vez que aprendemos y agradecemos el hecho de vivirnos como cauce, que busca ser cada vez más limpio y desapropiado. Espiritualidad es vivir diciendo sí a lo que la vida nos trae.

En paralelo, la misma comprensión que nos ancla en el centro donde experimentamos la plenitud nos hace ver que ese centro es compartido con todos los seres, que la identidad es común. La consecuencia es clara: todo otro soy yo; más allá de nuestras diferencias, somos lo mismo. Por tanto, si todo otro es no-otro de mí, la fraternidad constituye una dimensión constitutiva de lo que somos. Espiritualidad es fraternidad.

Plenitud, fluir, fraternidad: brotan de la comprensión y vivencia de lo que somos, implican un proceso de desidentificación del ego y dejan en la persona un sabor de gratuidad.

¿Qué produce en mí la vivencia espiritual?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Mucho haremos si expulsamos algún que otro espíritu inmundo

domingo, 11 de julio de 2021
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envio misioneroDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Jesús envía a los suyos.

     El mismo Jesús enviaba a los suyos a evangelizar dándoles autoridad sobre los “espíritus inmundos”: llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos

         Jesús envía a evangelizar y por evangelizar entiende expulsar los espíritus inmundos. Jesús les da autoridad (no poder) sobre los espíritus inmundos.

Por espíritus inmundos no hemos de entender unos seres extraños, algo así como demonios que andan por la historia “zarandeando” al personal. Hablar de demonios era (y es) hablar de enfermos del cuerpo y de la mente (problemas psicológico- psiquiátricos). Y la autoridad de los discípulos es para liberar a la gente de esos males.

Evangelizar es transmitir el mensaje sanador y liberador de JesuCristo.

     Evangelizar es comunicar vitalmente a la gente la liberación de la ley, del pecado y de la muerte.

  1. Autoridad (no poder) y pobreza.

     Jesús les da y les envía con autoridad sobre el sufrimiento físico – espiritual humano.

Autoridad no es poder.

Poder es la potestas que una persona o institución ostenta porque se la ha conferido quien puede hacerlo. Un político, un obispo tienen poder porque han sido instituidos en tal cargo por quien puede hacerlo.

Sin duda que tal poder será legítimo.

Autoridad es otra cuestión mucho más noble. Auctoritas (autor) proviene del latín «augere» (hacer crecer) e indica la capacidad que una persona tiene para “hacer crecer” a los demás, para hacerlos más adultos y más capaces de una vida digna. Una persona tiene autoridad por su bondad y sana presencia en un grupo, en la familia, en la comunidad, pueblo, Iglesia…

Autoridad es el que tiene una relevancia moral porque esa persona es competente, amable, razonable, bondadosa, sensata, etc.

     Es evidente que hay personas que tienen poder, porque se lo ha conferido quien puede hacerlo (los votos, la máxima jerarquía, etc.), pero puede ser que esa misma persona constituida en poder, no tenga la más mínima autoridad ni relevancia moral en el grupo, en la sociedad, en la diócesis, en la comunidad religiosa, etc.

   Jesús no fue una persona de poder, no impuso nada por la fuerza, nunca utilizó el poder para controlar o dominar a sus discípulos. Jamás excluyó a nadie. Fue libre y liberador. Escuchaba a los pobres, paralíticos, leprosos, ciegos, a los soldados extranjeros, se negó a condenar a la adúltera e invitaba a Pedro –y a nosotros-  «perdonar hasta setenta veces siete». Ponía salud y vida en las personas, sensatez y justicia en la sociedad. No ostentó ningún poder oficial pero, actuaba como quien tiene autoridad (Mc 1,22).

Por eso, cuando envía a sus discípulos a evangelizar, «les dio autoridad sobre los espíritus inmundos», es decir, les dio capacidad para liberar del mal, no para dominar y controlar a las personas.

Necesitamos personas con autoridad y -casi- sólo contamos con personas poderosas.

Lo que quiere el Señor Jesús no es la “carrera” que hacen no pocos clérigos para tener una dignidad, unos poderes, una seguridad económica. Y si es posible, trepar y llegar muy alto, hasta tener altos cargos. Da vergüenza solo pensar en semejante proyecto. Lo malo es que abundan los clérigos que aspiran a esta “trapacerías”, pensando que así es como tienen que servir a la Iglesia. ¡Qué desgracia para la causa del Evangelio de Jesús, el Cristo!, (JM Castillo).

Jesús no les da poder, sino autoridad.

  1. Misión.Somos país de misión.[1]

     Hace 50 años se publicó un libro en Francia que causó un gran escándalo: “Francia, país de misión”.[2]

 ¿Y nosotros?

     La transmisión de la fe, del evangelio está muy dificultada, si no impedida, incluso sociológicamente está mal visto ser creyente, cristiano.

Los tres puntales en los que se cimentaba la socialización (la misión), la transmisión de la cultura y, por tanto, de la fe, están hondamente en crisis: la familia, la escuela y la iglesia. Quizás el substrato socio.cultural es lo que ha cambiado enormemente y la “plantilla de este ordenador da –por defecto-increyentes”.

     Europa es país de misión.

     En el fondo Jesús nos envía a la misión, a evangelizar. Y evangelizar no es cuestión del clero, de los curas… Todos estamos enviados a evangelizar, a sanar los corazones afligidos. Todos los cristianos tenemos esta noble tarea en la vida: expulsar los espíritus inmundos, liberarnos de la miseria, del sufrimiento, de la enfermedad, de la injusticia, de la droga, etc…

     La misión fue la principal dedicación de la iglesia naciente. Pablo hace tres largos viajes misionales por el Imperio romano: Asia Menor, Grecia, Roma, quizás Hispania. Pedro igualmente fue un misionero.

     Si hay misión es porque el Evangelio es lo que es: eu –angelion: buena noticia que tiende a comunicarse.

     Hoy en día transmitimos poco el evangelio, más bien “sacramentalizamos” al personal utilizando los sacramentos no tanto como expresión de la fe, sino como ritos con un tono mágico, más que cristiano.

     La nueva evangelización posiblemente será cuestión de décadas, que en unos primeros momentos requerirá sensatez y “discernimiento” personal y comunitario. Habrá que olvidar el régimen de cristiandad y todo nacional-catolicismo y pensar en un cristianismo más personal que sociológico. Es necesario volver al Evangelio de JesuCristo, más que a determinadas etapas de la historia de la Iglesia.

  1. Ni pan ni alforja. Bastón y sandalias

La pobreza e inseguridad de los débiles.

La Iglesia después de haber sido la religión oficial del Imperio romano y haber ejercido durante siglos un poder hegemónico -al menos- en occidente. En muchas etapas  la Iglesia no ha sabido caminar sin el apoyo de algún poder político, económico, ideológico o de su propio poder eclesiástico. Está demasiado acostumbrada a vivir y actuar desde un nivel de superioridad poco -nada- evangélico.

Gracias a Dios que en estos momentos el papa Francisco está recuperando el sentido de servicio, su autoridad no es el castigo, sino la bondad, la misericordia.

Sin embargo, es bueno para la Iglesia ir perdiendo poder económico y político, pues ese despojamiento acerca a la Iglesia al movimiento que puso en marcha Jesús cuando envió a sus discípulos de dos en dos, sin alforjas, sin dinero ni túnica de repuesto, y con una sola misión: «predicar la conversión».

Jesús no necesita de poderosos o prepotentes, ni de ricos que sostengan el evangelio. La Iglesia es de y para la gente sencilla que sabe vivir la fe con pocas cosas y trata de vivir sanando y curando enfermos y sufrimientos.

Jesús no puso el Evangelio en manos del poder y del dinero. No acumuléis tesoros en la tierra, no busquéis el poder. El dinero se convierte en signo de poder, de seguridad, de ambición y dominio sobre los demás. El dinero le resta credibilidad al evangelio. Desde el poder económico no se puede predicar la conversión que necesita nuestra sociedad ni crear un espacio de solidaridad para todos.

     Estamos llamados y enviados por el Señor a hacer el bien, a aliviar, curar, expulsar demonios. Sanemos corazones afligidos y curemos las enfermedades y los males que podamos.

[1] Es de tener en cuenta que la Iglesia, la misión no es una ong. La misión lleva el evangelio con todo lo que el evangelio implica. Las ong desempeñan un papel, cada una tendrá su tarea con toda seguridad que noble, pero evangelizar es otra cosa. El evangelio no es un libro, es una persona: Cristo, la buena noticia de Cristo.

[2] La France, pays de mission? GODIN, H. – DANIEL, Y., Paris, du Cerf, 1962 Cerf

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Jesús, familia pendiente (2) Hijo de Dios, nacido de mujer

viernes, 9 de julio de 2021
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Jesús-y-María-ft-imgDel blog de Xabier Pikaza:

Este es un tema complejo y debe plantearse desde diversas perspectivas exegéticas e históricas, biológicas y antropológicas, existenciales y  culturales, eclesiales y dogmáticas… Es un tema poliédrico, que ha de mirarse desde planos distintos, con respeto ante los textos, con fidelidad ante las tradiciones de la Biblia (libro poliédrico) y de la la tradición eclesial, que es también multiforme.

Yo mismo presente hace algún tiempo (Orígenes de Jesús, Salamanca 1976)  lo que entonces se sabía y decía. Han pasado decenios, son muchas las cosas que se han dicho, y tendrán que decirse todavía en un plano bíblico y simbólico, existencial y antropológico.

El tema no se centra en el posible “milagro biológico” de Jesús, sino en milagro total de su vida, que es divina, siendo totalmente humana, conforme al dogma de Calcedonia (año 451). Hoy estamos en condiciones de plantear y entender mejor, no en clave apologética (para defender posibles dogmas separados del contexto), sino evangélica y eclesial,  sabiendo que en el nacimiento y vida de Jesús todo es humano, siendo al mismo (¡por eso!) totalmente divino.

Significativamente se ha elaborado más y mejor la vertiente de la madre (mujer, María), y se ha dejado en la sombra la función de Jesús, un “hijo de David” destronado. Los textos le han visto como signo de superación del patriarcalismo davídico, pero no han elaborado (que yo sepa) su aportación masculina. Queda pendiente ese tema, y su relación con María, madre de Jesús,  a quien la Iglesia ha presentado gozosamente como arquetipo de mujer, virgen y madre, en una línea que hoy (2021)debe replantearse.

1. Interpretación del nacimiento, una historia fecunda.

‒ Pablo.Hacia el 52/56 d.C., él afirma que Jesús nació de mujer, bajo la “ley” (Gal 4, 4), y que era descendiente (hijo) de David según la carne (Rom 1, 3-4), descendiente de los israelitas (Rom 9, 5), pero su vida y familia “carnal” resultaba secundaria, pues él pensaba que, en ese plano, Jesús había sido un mesías judío “fracasado” (muerto en Cruz, por “gracia” de Dios), y que su novedad mesiánica (salvadora) comenzaba con la resurrección, en el momento en el que Dios le había constituido Hijo suyo, superando así la “ley”, es decir, el mesianismo davídico.

            Por eso, en principio, Pablo no se interesó por la “familia” histórica de Jesús, sino por su muerte y su resurrección. Y, sin embargo, paradójicamente, él reconoció la importancia de Santiago y de otros hermanos de Jesús, a quienes cita con gran respeto, como “hermanos del Señor” (Gal 1, 19; 2, 9; 1 Cor 9, 5; 15, 7).

‒ Marcos.Hacia el 70/74, escribe una biografía mesiánica de Jesús Hijo de Dios, insistiendo como Pablo en su muerte-resurrección, pero añadiendo (en mirada retrospectiva) que él (Jesús) era ya Hijo de Dios en su vida “adulta” (a partir de su bautismo: Mc 1, 9-11), como mensajero del Reino, de manera que ya no vivió ni murió como un “hombre cualquiera” (cf. Flp 2, 6-11), sino como Hijo de Dios. De todas formas, Marcos no ha dado importancia al nacimiento de Jesús, ni a su filiación davídica (discutida y posiblemente negada en 12, 35-37), sino que ha destacado su mesianismo a partir de su misión en Galilea y Jerusalén, tras el bautismo.

            Marcos sabe que la madre de Jesús se llamaba María y que tenía varios hermanos (cf. 6, 2-4), pero no ha querido contar su nacimiento, añadiendo además que él tuvo que distanciarse de esos hermanos y de su misma madre (Mc 3, 20-22. 31-35), que no supieron comprender ni aceptar (al menos al principio) el carácter universal (no davídico) de su misión y de su entrega por el Reino.

‒ Mateo y Lucas recogieron algunos años más tarde, hacia el 80-90 d.C., una tradición ya establecida que presenta a Jesús como Hijo de David en un plano judío (como supone Rom 1, 34 y ratifica Rom 15, 8), pero añadiendo que él no es sólo Cristo, Hijo de Dios, a partir de su bautismo (Mc 1, 9-11), sino que lo es desde (a partir de) su mismo nacimiento, por obra del Espíritu, asumiendo y superando su genealogía “física” davídica (que sólo se ha cumplido en un plano de “carne”). Desde ese fondo, con gran finura teológica, Mateo y Lucas afirman que Jesús es Hijo de Dios habiendo sido engendrado por obra del Espíritu Santo y habiendo nacido de María Virgen, de manera que toda su vida puede y debe interpretarse como historia de Dios.

  En un nivel, esos motivos (concebido por el Espíritu Santo, nacido de la Virgen María) podrían entenderse en forma mitológica, como si el Espíritu divino fuera un agente físico/biológico, capaz de fecundar a María de manera que ella siguiera conservando intacta su “virginidad” biológica. Pero de hecho, superando ese nivel mitológico/biológico, Mt 1-2 y Lc 1-2 suponen que él Espíritu actúa y engendra por María de un modo “divino”, no como sustituto del semen masculino, sino como fuente de vida trascendente, como signo y sentido de todo nacimiento humano (pues cada persona brota de un modo especial de Dios, a través de sus padres y/o educadores)[1].

 2.Mateo 1-2. Cumplimiento y superación de la paternidad de José. Más allá del mesías davídico

Mateo comienza ofreciendo una genealogía masculina de Jesús (de Abrahán a David, y de David, por el exilio, a José, esposo de María), pero introduce en ella cuatro mujeres irregulares (Tamar, Rahab, Rut, Betsabé) que simbolizan y expresan la acción divina (Mt 1, 1-17) que José, hijo de David, debe aceptar:

 El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María, su madre, con José, antes que cohabitaran, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su esposo, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla en secreto. Y mientras pensaba en esto, un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella ha sido engendrado es del Espíritu Santo…Mt 1, 18-23).

           Estamos ante un nacimiento perfectamente humano, siendo totalmente divino. Así se dice en forma simbólica que antes de que José cohabitara con María, su “desposada”, ella aparece “encinta”, por obra del Espíritu de Dios. José no lo sabe y, lógicamente, siendo justo (fiel a la ley), debe abandonarla, aunque quiere hacerlo en secreto, para no difamarla. Pues bien, en este contexto se introduce el ángel de Dios, que revela a José el misterio, exigiéndole que se convierta y que acepte a María como esposa, reconociendo a su hijo. Solamente así, José, el padre/patriarca, se vuelve verdadero padre de Jesús, en el sentido radical de la palabra, colaborando con María; no es que sea “menos” padre, sino “más”, padre en sentido verdadero, humano, colaborando con Dios, que es quien actúa en María, la madre de Jesús.

‒ José, hijo de David (Mt 1, 20),un padre convertido. Naciendo de María, Jesús rompe el orden patriarcal (=nacional) de Israel, de forma que en un nivel antiguo su origen resulta irregular: No es “mesías” por genealogía física (davídica), como anunciaban las tradiciones nacionales, sino por “promesa” y acción salvadora de Dios (cf. Rom 9, 8). Por eso, José debe renunciar a su paternidad mesiánica impositiva (en clave israelita), superando el nivel de la generación biológica (que convertiría a su hijo en una propiedad suya), para aceptar de un modo “personal”, por fe (como don superior de Dios), al hijo de María, convirtiéndose de esa forma en padre verdadero, no en menos, sino en más, en línea verdaderamente humana.

Más que la colaboración materna de María (que se da por supuesta) a Mateo le interesa la transformación paterna de José, de manera que él aparezca como verdadero padre, superando el nivel biológico y patriarcal, para situarse en el nivel de la palabra y del servicio humano. José debe transformarse así en nuevo esposo y padre creyente, superando el nivel biológico/patriarcal, para volverse “marido y padre creyentes”, un hombre que confía en su mujer. a quien acepta como portadora de un mensaje de Dios, y confía también en su hijo, a quien recibe, educa y acompaña como don y presencia de Dios.

María, madre del Hijo de Dios. De ella no se dice nada, sino que ha concebido por obra del Espíritu (cf. Mt 1, 18-25), para añadir que los magos, viniendo de Oriente, para adorar al Rey de los Judíos (Mt 2), le descubrieron en sus brazos (Mt 2, 11). Por encima de todo posible argumento, esta imagen de la madre con el niño nos sitúa en el centro de una más alta dinámica familiar, en la línea de la “profecía” del Emmanuel (Is 7, 23), cuyo cumplimiento ha destacado el evangelista al afirmar que todo sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el profeta: “La virgen ha concebido y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel” (Mt 1, 23). Ésta es la palabra esencial de la nueva revelación de la familia (centrada en la madre y el hijo) según el evangelio de Mateo. José no puede ya actuar como “señor” de la familia (patriarca), sino como protector y amigo de la madre, y como educador humano de su hijo, al que introduce en el camino de la filiación davídica, que Jesús recreará, superando (rechazando) la visión antigua de su mismo padre.

 José aparece así como custodio y garante de una palabra que le transciende, es decir, de la vida de Dios que se expresa y despliega a través de María, su prometida. El texto (Mt 1-2) no dice cómo ha sido, no se detiene a precisar la forma de colaboración que se ha dado entre el Espíritu de Dios y María, pues ello pertenece al misterio superior de lo divino, pero afirma que María pertenece al despliegue generador de Dios y que se encuentra así en el centro de la nueva familia mesiánica, con Jesús en sus brazos. Pues bien, en ese contexto, José resulta necesario para guiarles a los dos (María y Jesús), de modos distintos, acompañando a María y educando mesiánicamente a Jesús, hasta que supera los peligros de la infancia, la persecución de Herodes, y vuelva a Nazaret (Mt 2, 1-23). De esa manera actúa y se convierte en verdadero padre humano[2].

3. Concepción por el Espíritu, palabra de María (Lc 1-2)

El evangelio de la infancia de Lucas constituye quizá, con el de Mateo, la revelación más alta de la familia en la Biblia, y nos sitúa en el lugar donde la maternidad (y paternidad) puede entenderse como diálogo con Dios, retomando y recreando el motivo de Gen 2-4. Por eso, más que en José, Lucas ha insistido en la importancia y colaboración de María, la mujer, que aparece ya, implícitamente, como nueva Eva.

1. Un relato de nueva creación.Eva, la mujer del principio (Gen 3) parecía inclinarse a dialogar con la serpiente (no con Dios) para descubrir el sentido y meta de su maternidad, como iniciadora de un camino de creatividad personal en el que venía a implicarse luego Adán, a quien daba también la manzana (cf. cap. 1). Pues bien, María, la nueva mujer de Lc 1-2, dialoga con el “ángel”, que le promete un niño, que será el mesías, la nueva humanidad, y así, estando desposada con un hombre llamado José, de la casa de David, acepta la palabra de Dios que le promete un hijo, y lo hace dialogando con autoridad, como persona madura, dueña de sí misma, poniendo una dificultad esencial: “¿Cómo será esto, pues no conozco varón?” (Lc 1, 34). Es como si dijera que su relación con José resulta insuficiente, que nunca un hombre saciará su deseo, que hay algo en su vida, y en la palabra de Dios, que se abre más allá de su relación con un varón. En ese contexto se sitúa la respuesta del ángel, que eleva de nivel su pregunta y su argumento:

          El ángel le respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, la Fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, lo que nazca será Santo, se llamará Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios (Lc 1, 35-37).

        Todo esto sucede al sexto mes, como había anunciado el narrador al comienzo de la escena (Lc 1, 26) evocando la historia de Isabel, esposa del anciano Zacarías, que había concebido conforme a la promesa del ángel, por obra Zacarías (cf. Lc 1, 5-25). María concebirá por gracia del Espíritu santo, como le ha prometido el mismo ángel Gabriel. El texto no dice que Dios sustituya con su Fuerza en clave seminal el esperma de Abraham, de David o de José, sino que actúa en un plano de trascendencia, sin negar lo humano, sino expresándose como divino en la misma trama de la historia, superando así un nivel de patriarcado humano.

       La tradición del NT supone en varios casos que el esperma de Abraham o David, es decir, la potencia engendradora de la vida, que se transmite a través de una historia de varones, forma parte de la promesa mesiánica (cf. Lc 1, 55; Hch 3, 35; 13, 29; Gal 3, 16-19; Rom 1, 3; Jn 7, 42). Es claro que ese esperma no aparece en esos textos como simple semen masculino, sino como signo de Dios y promesa de vida. Pues bien, en esa línea, pero superando ese nivel de “esperma humano”, ha de entenderse la palabra del ángel a María: ¡El Espíritu Santo vendrá sobre ti…! Toda concepción y nacimiento humano es signo y presencia del Espíritu de Dios, y de un modo muy especial la concepción y nacimiento de Jesús por María.

       Ella ha preguntado a Dios (como Moisés en Ex 3,11-12): ¿Quién soy yo, cómo será? Y Dios le ha escuchado y respondido, mostrándole el sentido más profundo de su acción, como diciendo: “No importa ahora lo que seas tú, sino Quién soy yo…”. El mismo Dios se revela de esa forma en la concepción de María, que no es una mujer sometida a José, sino que tiene palabra y dialoga con Dios, diciendo de algún modo “yo soy”, de manera que Dios se hace presente (como Yahvé, el que es) por medio de Jesús, su hijo. La objeción de la madre (¡no conozco varón!, Lc 1, 34) nos hace superar así el patriarcalismo entendido como dominio del hombre sobre la misma mujer y la vida.

Fiat. Maternidad dialogada con Dios.Ningún varón como tal (por sí mismo), pero tampoco ninguna mujer, puede hacer que surja una persona humana. Es necesaria una presencia superior, la acción y vida de Dios, y así lo entiende María, respondiendo: «He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu Palabra» (1, 38). El tema biológico queda así “velado”, pues en sí mismo resulta insuficiente para que se produzca un verdadero nacimiento “humano”. Los hijos, en cuanto humanos (personas) nacen de la palabra de los padres y de la presencia de Dios, que aparece así como fuente radical de la vida humana. Ninguna persona es “producto” fabricado por otras personas humanas, sino que cada una presencia y revelación de Dios.

       El nacimiento de Jesús revela, según eso, un elemento esencial de toda concepción y nacimiento humano y de esa forma nos sitúa ante el lugar y sentido del verdadero engendramiento, que es la “palabra”. Dios habla (le ofrece y le pide la palabra), y María empieza respondiendo he aquí (=aquí estoy, en griego idou, en hebreo hinneni), para así comprometerse con su vida entera, en cuerpo y alma, en lo divino (Lc 1, 38). Dios no le ha obligado, no le ha impuesto ninguna carga, pues María no es su esclava, sino que le ha pedido permiso, ha dialogado con ella. Sólo por eso, porque Dios libremente ha llamado, ella puede responderle ¡he aquí la sierva!

       Dios ha pedido, ella responde. Ella ha esperado y Dios le ofrece su palabra hecha carne, el Hijo de su entraña, Jesucristo. Sólo cuando dice fiat (genoito, hágase), Dios pues hacerse y ser Trinidad de amor en la historia. María responde así, y se compromete, libremente. Al situarse en el lugar donde la Palabra de Dios se encarna (Jn 1, 14), ella actúa como signo de la humanidad, a favor de todos (cf. Lc 1, 26-38). Ella ha dicho que no conoce varón en un determinado plano de matrimonio patriarcal, dominado por los esposos. Pero ahora descubre, por encima de ese plano, un nivel más alto de presencia y acción de Dios, que realiza su acción a través de ella, que tiene la última palabra, pero no a solas, sino con Dios, diciendo fiat (genoito), que significa “hágase, hagamos”.

4. Excurso. La madre, presencia y mediadora de Dios en el Antiguo Testamento

          Desde ese fondo quiero evocar algunos textos básicos del AT, que nos permiten comprender la mediación de María, Madre de Jesús, en el nacimiento de su hijo. Por un lado, el AT es radicalmente “patriarcal”. Pero en otro sentido en el surgimiento de los niños en el vientre de la madre desaparece la función del madre. Como he dicho, éste es un tema que debe “recrearse”. Aquí me limito a citar unos textos que nos permiten  situar el contexto judíos del “surgimiento de Jesús”, hijo de Dios, en el vientre de su madre. Desde ese fondo debemos afirmar que cada niño es “hijo de nacido”, nacido de mujer (de virgen), lo mismo que Jesús.

a) Sal 22, 10 Tú eres quien me sacó del vientre, | me tenías confiado en los pechos de mi madre;11 desde el seno pasé a tus manos, | desde el vientre materno tú eres mi Dios.

Cuando el orante afirma que ha sido concebido y sacado del vientre de su madre por el mismo Yahvé,  está poniendo de relieve la acción y presencia de Dios en el proceso de concepción del niño (del hombre mesiánico de Sal 22). Leer más…

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No hay varón ni mujer (Gal 3,28). La familia, una historia pendiente

lunes, 5 de julio de 2021
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206451771_1881792688664581_3729314558188041040_nDel blog de Xabier Pikaza:

«Una historia pendiente, no sólo para la iglesia, sino para el conjunto de la humanidad»

Los medios siguen hablando de la diversidad sexual (día-gay, grupos Lgtbi) y de la identidad personal de los seres humanos, que pueden escoger su género “real” (ley-trans), de forma que en el DNI se pueda poner no sólo V (varón), M (mujer), sino tercera casilla con O (=otras identidades).

El tema DNI es secundario y se podría resolver quitando esas casillas de sexo. Lo importante es el fondo, la identidad humana. Es un tema complejo complejo y no hay respuestas fijas, pero podemos plantearlo mejor, desde el principio bíblico, en este año 2021, dedicado oficialmente a la “la familia”.

No se trata de negar la realidad (como algunos piensan), ni de decir que todo da lo mismo, sino todo lo contrario, de poner a los seres humanos ante su «verdad personal». Estos cambios nos sitúan ante la mayor tarea humana de los últimos siglos, y aquí tiene mucho que decir el cristianismo.

Sin duda, el sexo influye mucho: Parece haber un “núcleo dominante” bi-sexual en los seres humanos, que se identifican (=les identifican) como varones o mujeres. Pero hay espacios liminares, o, quizá mejor, núcleos borrosos (=enriquecedores) en los que las personas se definan de otras formas, en línea homo- y/o trans-sexual (en la línea de los eunucos de Mt 19, 12).

Esos “bordes y/ nucleos porosos” puede resultar amenazantes, para algunos que se creen “seguros” porque son muy inseguros, de forma que ellos responden con críticas, desprecios e incluso violencia a los que piensan y viven de un modo distintos. Pero esos “distintos” (¡todos lo somos de algún modo!) pueden ofrecer y ofrecen muchas veces formas de comprensión y vivencia humana más alta.

Esa diversidad no es amenaza o maldición para la “clase” bi-sexual  (que es una forma intensa de expresar el amor), sino que puede y deber ser una bendición y camino de enriquecimiento de la humanidad, según el evangelio y la nueva sensibilidad antropológica.

Algo he pensado sobre este tema e incluso he publicado un estudio desde la perspectiva de las religiones y otro desde la Biblia, con subtítulo programático: «Una historia pendiente». El tema de familia es, sin duda, una historia pendiente, no sólo para la iglesia, sino para el conjunto de la humanidad.

Divido mi reflexión en cuatro partes. Por favor, quien quiera ver pronto mi respuesta vaya a la cuarta parte. Los demás pueden empezar por la primera.Buen de día a todos, y buena familia.    

1. Hay un Antiguo Testamento… Una historia pendiente

     Nuestro “Antiguo Testamento” (es decir, la ley antigua), interpreta la familia en forma jerárquica (supremacía del varón) y bi-sexual (matrimonio de varón como mujer). Ciertamente, en sentido estricto, el Dios de ese Antiguo Testamento no es varón ni mujer (aunque suele tomar formas y signos de varón patriarcal). Eso significa que no hay una “pareja sexual divina” (Dios y Diosa). La divino es más bien la Vida en plenitud (eso que los judíos llamaban Yahvé: el que es, el que hace ser-vivir).

De todas formas, en ese contexto antiguo, los profetas judíos aplicaban la dualidad sexual de amor a la relación entre Dios y los hombres. Dios era padre-marido amoroso de la humanidad; la humanidad era la esposa-amada (y en el fondo protegida) por el Dios esposo superior. Esa clave de amor esponsal, que se refleja sobre todo en los profetas, sigue siendo aún conmovedora. Así nos emocionan y remueven palabras como ésta:

 imagesYa no te llamarán abandonada, ni a tu tierra devastada,porque el Señor te prefiere a ti y tu tierra tendrá marido. Como un joven se casa con su novia así te desposa el que te ha creado;la alegría que el esposo encuentra con su esposa la hallará tu Dios contigo (Is 62, 4-5).

Ese símbolo esponsal nos sigue emocionando porque alude a la existencia como encuentro de amor y habla de Dios como el padre/amigo varón cuyo gozo consiste en dar gozo a los hombres. Pero este modelo está fundado sobre una experiencia asimétrica y jerárquica del matrimonio. El esposo es a la vez amigo y dueño: ama y se entrega a su mujer, pero se encuentra siempre arriba, dominando y dirigiendo la existencia de su esposa. La esposa, por su parte, se introduce en ámbito de amor, pero sigue estando dominada por el esposo: por eso es símbolo del pueblo de Israel que está en las manos del Señor-Esposo transcendente.

     Este simbolismo matrimonial, interpretado así en forma jerárquica, puede aplicarse después de un modo cristiano (cristológico y eclesial) de un modo que no responde al principio radical del evangelio de Jesús, expresado en forma de libertad e igualdad entre seres humanos, varones y/o mujeres, que no se definen ya como varones o mujeres, sino como personas. Pues bien, en contra de esa igualdad se ha elevado una tradición de san Pablo insistiendo en el “matrimonio” como relación entre desiguales, apoyándose en una forma muy parcial de entender a Jesucristo:

Cristo es cabeza de todo varón;el varón es cabeza de la mujer;y la cabeza de Cristo es Dios» (1 Cor 11, 3).

Por eso, la iglesia puede presentarse como esposa de Jesús porque en su misma condición de esposa-mujer se encuentra sometida ya al esposo universal que es Cristo. Esta línea simbólica culmina en el texto fundamental de la tradición (post-)paulina:

            Las mujeres deben someterse a sus propios maridos como al Señor. Porque el varón es cabeza de la mujer, como el Cristo es cabeza de la iglesia, el mismo Cristo que es el salvador del cuerpo. Pues bien, como la iglesia se somete a Cristo también así las esposas a sus maridos en todo. Los varones que amen a sus mujeres, como Cristo amó a su iglesia y se entregó por ella… Así conviene que los varones amen a sus mujeres como a su propio cuerpo (Ef 5, 22-28).

      El texto continúa en esa línea, reinterpretando en clave de dominio masculino la unidad primaria del varón y la mujer que ha establecido Gen 2, 24 cuando dice que ellos forman «un cuerpo». Ahora es la mujer la que aparece más directamente como cuerpo del esposo: ella es objeto de amor y de cuidado, pero no tiene autonomía; carece así de personalidad frente al marido, al que «debe obedecer en todo» (Ef 5, 33).

     Desde el momento en que el matrimonio se estructura en línea jerárquica, Dios y Jesucristo se conciben en clave de varón, dentro de eso que puede llamarse patriarcalismo del amor. Ciertamente, el varón tiene que amar, como ama Cristo; pero ama desde arriba, como patriarca y responsable que dirige y organiza la marcha de la casa. La esposa es una especie de sierva muy amada, como realidad inferior a la que debe cuidarse y ayudarse. Lógicamente, la humanidad entera aparece ante Dios (y ante Jesús) como mujer: realidad inferior y muy amada a la que el mismo Dios eleva al misterio de sus bodas, en símbolo que asume de forma impresionante ApJn 21-22.

Ciertamente, el amor vincula en forma estrecha a los esposos; pero Cristo sigue siendo la cabeza, en forma de varón, frente a una iglesia que se entiende como femenina. De esta forma se vinculan los rasgos de lo masculino-femenino, en relación con Dios y con los hombres, en esquema jerárquico de amor y de sometimiento.

 2. Modelo dual. Igualdad y diferencia entre varón y mujer. Una historia recomenzada

la-familia-en-la-bibliaEL modelo anterior tiene ventajas y valores, que deben conservarse y potenciarse. Pero muchos creyentes, y especialmente las mujeres, han pensado que el esquema jerárquico que emplea resulta inadecuado. En nuestro tiempo no se puede hablar de la mujer como inferior o sometida; no se puede utilizar el simbolismo de la unión matrimonial de tal manera que la esposa venga a interpretarse como dominada, dirigida por el gesto activo del esposo.

Hemos superado (o queremos superar) ya para siempre la visión jerárquica del matrimonio, donde las funciones del esposo y de la esposa resultan asimétricas. Por eso no podemos hablar de un «Dios esposo» (superior, varón) que se vincula con la «humanidad esposa» (inferior, mujer). ¿Tendremos que dejar por siempre el simbolismo matrimonial?

     Algunos han pensado que ese símbolo matrimonial es importante, y han buscado una respuesta nueva en la misma palabra de la Biblia cuando alude a la unión en igualdad del varón y la mujer, conforme a la palabra primigenia: y creó Dios al hombre (=ser humano) a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó (Gen 1, 27).

     En esta palabra se supone que el varón no es anterior a la mujer (ni lo contrario). Ambos surgen en su mutua referencia formando la unidad primera de lo humano. Por eso, «el hombre» no es varón: es el varón y la mujer. Más aún, en esa línea se puede hablar de formas distintas de realizar la travesía humana de la vida.

Desde aquí puede entenderse también otro texto de la creación. Hay un  Adán solitario que da nombre a plantas y animales, no es aún estrictamente humano. Ese Adán, ser humano en general, se humaniza cuando encuentra y acepta, cuando asume y potencia la existencia de otros seres humanos que le acogen le impulsan… Leer más…

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