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Aplazada en Malasia la condena a latigazos de dos mujeres por tener sexo lésbico.

Miércoles, 29 de agosto de 2018

2393cec1-316c-4170-9274-34205bab2e3fComo anunciábamos el pasado día 18,  este martes, dos mujeres tenían que ser sometidas a seis latigazos en Malasia, un país en el que día a día se incrementan las cotas de LGTBfobia de Estado. Las víctimas de esta inhumana tortura, además, tendrán que abonar sendas multas de 800 euros. «Estamos profundamente angustiados y absolutamente consternados por la inhumana sentencia de infligida a estas dos mujeres», denuncia la organización igualitaria The Human Rights Campaign (HRC). Asimismo, el grupo malasio Justice for Sisters y otras nueve organizaciones civiles han emitido una declaración conjunta en la que condenan la sentencia, al calificarla de «tortura». La declaración también dice que la dura sentencia viola tanto la Constitución de Malasia como la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

El fiscal Muhamad Khasmizan Abdullah ha explicado, en declaraciones a los medios, que el pasado mes de abril agentes islámicos «encargados de hacer cumplir la ley» en el estado conservador de Terengganu, al noreste del país, descubrieron supuestamente a las dos mujeres musulmanas «intentando participar en actos sexuales en un automóvil»durante una de sus «patrullas». Para el director de HRC, Ty Cobb, en cambio, esto «debe ser detenido. Nos solidarizamos con los defensores de Malasia que están condenando esta sentencia y pidiendo que se revoque de inmediato».

Lo cierto es que los latigazos estaban previstos para este martes 28 de agosto, pero el el Tribunal Superior de la Sharía en Terengganu, sin embargo, ha pospuesto el castigo físico hasta el 3 de septiembre, alegando «razones técnicas». El secretario del citado tribunal, Nurul Huda Abdul Rahman, dice que «varias agencias estarán involucradas en el castigo y hay algunos problemas técnicos que aún deben resolverse».

Las declaraciones del fiscal ejemplifican la situación en Malasia, que venimos recogiendo en las últimas semanas: no solo las tímidas expectativas de mejora de la realidad del colectivo LGTB han caído en agua de borrajas sino que, además, parece empeorar día a día. Muhamad Khasmizan Abdullah defiende que «las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo están prohibidas en el Islam. Es una ofensa y moralmente incorrecto». Además, agrega que es la primera vez que se dicta sentencia por relaciones sexuales entre personas del mismo sexo en Terengganu.

Malasia: LGTBfobia política y social

Malasia, una de las economías emergentes del sudeste asiático, es un país de variada composición étnico-religiosa, aunque de mayoría musulmana, en el que conviven leyes civiles, de obligado cumplimiento para todos, y leyes islámicas, de aplicación a los ciudadanos musulmanes. Las relaciones homosexuales, en cualquier caso, son ilegales y se castigan con penas de hasta 20 años de cárcel. De hecho, en 2011 nos hacíamos eco de las intenciones de varios líderes musulmanes malasios de endurecer las medidas contra la homosexualidad y en 2015 el entonces primer ministro, Najib Razak, comparaba a las personas LGTB con el Estado Islámico, alegando que carecen de derechos humanos.

La LGTBfobia social y política imperante en Malasia ha llevado, de hecho, a situaciones que rozan el absurdo, y que hemos recogido en esta misma página. El pasado mes de febrero, en un vídeo promovido por el Departamento de Desarrollo Islámico de Malasia, se sugería a los homosexuales que “aprender” a ser hetero es igual que iniciarse en la equitación. Otros ejemplos son el anuncio de censura de programas con personajes homosexuales; la censura de una escena de La Bella y la Bestia y de una canción de Lady Gaga o la cancelación de un Festival que se celebraba desde 2008 para promover el respeto a la diversidad sexual. Especialmente preocupante fue lo sucedido en 2012, cuando un joven gay musulmán recibió amenazas de muerte por difundir un vídeo en el que animaba a otros homosexuales a salir del armario.

En junio del año pasado conocíamos la muerte de un adolescente, T. Nhaveen, después de cinco días en coma y sufrir una dura agresión de carácter homofóbica que le había dejado con varias heridas y quemaduras en la espalda, además de ser sodomizado con una barra. T. Nhaveen, de dieciocho años de edad, había quedado con su mejor amigo, T. Previin, de 19 años de edad, el sábado, 10 de junio, alrededor de las 11 de la mañana en una hamburguesería de Gelugor, un zona residencial de George Town, en Penang, para celebrar que iba a comenzar su vida como estudiante de música en Kuala Lumpur, pero falleció el jueves, 15 de junio, tras ser víctima de una dura agresión homofóbica que le deja en coma durante cinco días. Un episodio más de bullying homofóbico que en esta ocasión había consternado a la sociedad de Malasia por su dureza y violencia. Ante este escenario, podría pensarse que un suceso tan terrible como este debería servir de acicate para que el respeto a la diversidad gane posiciones en Malasia. Mucho nos temíamos que no iba a ser así, a la vista del hecho de que los mismos medios locales y autoridades que han reaccionado con horror ni siquiera precisan que el acoso que el joven sufría era de naturaleza homofóbica. Esperemos, al menos, que se haga justicia con los asesinos de  T. Nhaveen. Está claro, sin embargo, que ni siquiera un hecho tan terrible como este ha servido de acicate para que el respeto a la diversidad gane posiciones en Malasia, como ya entonces pronosticábamos. Y para corroborarlo, en julio radicales religiosos de Malasia e Indonesia se rebelaban contra Starbucks por su apoyo al colectivo LGBT

En febrero de este año nos hacíamos eco de un artículo que ejemplificaba la estigmatización de la comunidad LGTB también desde los medios de comunicación. En abril, nos enterábamos de que la Universidad de Ciencias de Malasia (USM) celebró un concurso de carteles para “convertir”alumnos gays en heterosexuales. Y en mayo que el gobierno de Malasia ha comenzado a bloquear páginas LGTB+, incluido el portal Utopia-Asia que es la principal fuente de información para viajeros gais en la región.

Fuente Dosmanzanas/Cristianos Gays

General, Homofobia/ Transfobia., Islam , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

El Gobierno de Malasia aprueba la redada a un bar de ambiente gay para «mitigar que la cultura LGTB se extienda a nuestra sociedad»

Miércoles, 22 de agosto de 2018

legendary-30-year-old-gay-club-in-kl-raided-world-of-buzz-4Siguen llegándonos preocupantes avisos de la LGTBfobia de Estado auspiciada por el nuevo Gobierno de Malasia (constituido tras las elecciones federales del pasado mes de mayo). No solo han dejado claro su apoyo a la redada que el sábado de madrugada se realizaba en un bar de ambiente gay de Kuala Lumpur sino que, en boca del ministro del Territorio Federal, Khalid Samad, expresan que «esperamos que esta iniciativa pueda mitigar que la cultura LGTB se extienda a nuestra sociedad». Al parecer, es la primera vez en sus 30 años de existencia que este local sufre un registro de estas características en el que, por cierto, intervinieron la Real Policía de Malasia, las autoridades municipales de Kuala Lumpur, el Departamento de Religiones Islámicas de los Territorios Federales y la Agencia Nacional Antidrogas. Con la escalada de declaraciones LGTBfóbicas en el país se va evidenciado que, salvo sorpresa, el ansiado cambio de signo gubernamental de Malasia no supondrá avances para el colectivo.

Crecen la preocupación y la decepción con respecto al nuevo Gobierno de Malasia conforme se van sucediendo las semanas. Hace solo unos días recogíamos, precisamente que el ejecutivo alentaba la LGTBfobia al insinuar que el colectivo no debe visibilizarse porque incomoda «a la mayoría» del país. Lo hacía a cuenta de la censura de los retratos de los activistas Pang Khee Teik y Nisha Ayub en una exposición de George Town (ciudad del Estado de Penang) por orden administrativa. Ahora, tras la redada al bar de ambiente gay Blue Boy de Kuala Lumpur, siguen sucediéndose las alocuciones públicas de intolerancia por parte de cargos nacionales, regionales y locales.

«En esta división de operaciones, varias agencias diferentes de aplicación están llevando a cabo controles en las instalaciones y los visitantes, para detectar varios tipos de delitos», explicaba el secretario general del Ministerio Regional, Datuk Seri Adnan Md Ikshan. El mismo cargo regional ha añadido que «la inspección preliminar determina que el centro de entretenimiento tiene una licencia comercial válida, pero si detectamos una ofensa, revisaremos la licencia y tomaremos medidas».

A pesar del recorrido de LGTBfobia social y de Estado en Malasia, este local de ambiente lleva funcionando tres décadas sin que, hasta el pasado sábado, haya recibido ningún tipo de presión ni ninguna inspección extraordinaria. En el momento de la redada había más de 100 personas en el club, tanto malasios como turistas. Aunque no ha trascendido si se ha realizado alguna detención, lo preocupante es que parece un intento de amedrentar a la comunidad LGTB de cara a cualquier tipo de visibilización. Un objetivo que queda patente con las declaraciones del ministro del Territorio Federal, Khalid Samad, expresando que «esperamos que esta iniciativa pueda mitigar que la cultura LGTB se extienda a nuestra sociedad».

Malasia: LGTBfobia política y social

Malasia, una de las economías emergentes del sudeste asiático, es un país de variada composición étnico-religiosa, aunque de mayoría musulmana, en el que conviven leyes civiles, de obligado cumplimiento para todos, y leyes islámicas, de aplicación a los ciudadanos musulmanes. Las relaciones homosexuales, en cualquier caso, son ilegales y se castigan con penas de hasta 20 años de cárcel. De hecho, en 2011 nos hacíamos eco de las intenciones de varios líderes musulmanes malasios de endurecer las medidas contra la homosexualidad y en 2015 el entonces primer ministro, Najib Razak, comparaba a las personas LGTB con el Estado Islámico, alegando que carecen de derechos humanos.

La LGTBfobia social y política imperante en Malasia ha llevado, de hecho, a situaciones que rozan el absurdo, y que hemos recogido en esta misma página. El pasado mes de febrero, en un vídeo promovido por el Departamento de Desarrollo Islámico de Malasia, se sugería a los homosexuales que “aprender” a ser hetero es igual que iniciarse en la equitación. Otros ejemplos son el anuncio de censura de programas con personajes homosexuales; la censura de una escena de La Bella y la Bestia y de una canción de Lady Gaga o la cancelación de un Festival que se celebraba desde 2008 para promover el respeto a la diversidad sexual. Especialmente preocupante fue lo sucedido en 2012, cuando un joven gay musulmán recibió amenazas de muerte por difundir un vídeo en el que animaba a otros homosexuales a salir del armario.

En junio del año pasado conocíamos la muerte de un adolescente, T. Nhaveen, después de cinco días en coma y sufrir una dura agresión de carácter homofóbica que le había dejado con varias heridas y quemaduras en la espalda, además de ser sodomizado con una barra. T. Nhaveen, de dieciocho años de edad, había quedado con su mejor amigo, T. Previin, de 19 años de edad, el sábado, 10 de junio, alrededor de las 11 de la mañana en una hamburguesería de Gelugor, un zona residencial de George Town, en Penang, para celebrar que iba a comenzar su vida como estudiante de música en Kuala Lumpur, pero falleció el jueves, 15 de junio, tras ser víctima de una dura agresión homofóbica que le deja en coma durante cinco días. Un episodio más de bullying homofóbico que en esta ocasión había consternado a la sociedad de Malasia por su dureza y violencia. Ante este escenario, podría pensarse que un suceso tan terrible como este debería servir de acicate para que el respeto a la diversidad gane posiciones en Malasia. Mucho nos temíamos que no iba a ser así, a la vista del hecho de que los mismos medios locales y autoridades que han reaccionado con horror ni siquiera precisan que el acoso que el joven sufría era de naturaleza homofóbica. Esperemos, al menos, que se haga justicia con los asesinos de  T. Nhaveen. Está claro, sin embargo, que ni siquiera un hecho tan terrible como este ha servido de acicate para que el respeto a la diversidad gane posiciones en Malasia, como ya entonces pronosticábamos. Y para corroborarlo, en julio radicales religiosos de Malasia e Indonesia se rebelaban contra Starbucks por su apoyo al colectivo LGBT

En febrero de este año nos hacíamos eco de un artículo que ejemplificaba la estigmatización de la comunidad LGTB también desde los medios de comunicación. En abril, nos enterábamos de que la Universidad de Ciencias de Malasia (USM) celebró un concurso de carteles para “convertir”alumnos gays en heterosexuales. Y en mayo que el gobierno de Malasia ha comenzado a bloquear páginas LGTB+, incluido el portal Utopia-Asia que es la principal fuente de información para viajeros gais en la región.

Este mismo mes de agosto, dos noticias nos preocupaban: El Gobierno de Malasia alienta la LGTBfobia al insinuar que el colectivo no debe visibilizarse porque incomoda «a la mayoría» del país y la más desagradable, que el próximo día 18, dos mujeres serán azotadas por tener sexo lésbico.

Fuente Dosmanzanas/Cristianos Gays

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El Gobierno de Malasia alienta la LGTBfobia al insinuar que el colectivo no debe visibilizarse porque incomoda «a la mayoría» del país

Martes, 14 de agosto de 2018

240_f_91794336_7p8lv2bh0kbuky7jtsfknzjnmrl2bndyEmpiezan a frustrarse las esperanzas de mejora para el colectivo LGTB de Malasia. A cuenta de la censura de los retratos de los activistas Pang Khee Teik y Nisha Ayub en una exposición de George Town (ciudad del Estado de Penang) por orden administrativa, están desfilando por los medios de comunicación distintos representantes públicos y miembros del Gobierno para dejar claro que la comunidad LGTB no debe visibilizarse porque «la mayoría de la gente en este país no quiere que su cultura sea promovida abiertamente». Son declaraciones de Fuziah Salleh, viceministra de la Oficina del Primer Ministro, miembro del parlamento nacional y vicepresidenta del Partido de la Justicia Popular de Malasia (PKR o «Parti Keadilan Rakyat», en malasio); una formación integrada en la coalición de gobierno constituida tras las elecciones federales del pasado mes de mayo. El líder juvenil de los musulmanes moderados de Penang Amanah, Saifullah Abdul Nasir, ha asegurado, en referencia al colectivo LGTB, que «respetamos que merecen los derechos humanos básicos y tienen derechos como malasios también, pero su estilo de vida debe mantenerse en un espacio privado».

fuziah-salleh-1El Ejecutivo de Malasia se basa en prejuicios populistas sin ninguna base científica para apoyar el ostracismo del colectivo LGTB. La viceministra de la Oficina del Primer Ministro, Fuziah Salleh, ha dicho que es importante para el gobierno «proteger la sensibilidad y la voz de la mayoría» con respecto al tema, especialmente a «los padres que temen que sus hijos se sintieran atraídos por ese estilo de vida» si se promueve abiertamente la cultura de la diversidad.

Con estas y otras alegaciones de similar calado, el gobierno pone de manifiesto su respaldo a la censura de los retratos de los activistas Pang Khee Teik y Nisha Ayub de la exposición «Stripes and Strokes» que se celebra en George Town, en el marco del festival cultural de la ciudad. Pero también permite entrever su postura de cara a la promoción de políticas públicas igualitarias, desfigurando las esperanzas que se abrieron con el cambio político del pasado mes de mayo en este país asiático.

PENANG 09/08/18: Penang Amanah Youth Cheif Mohd Saifullah Abd Nasir speaks to the press regarding the Lesbian, Gay, Bisexual and Transgender (LGBT) issue in front of Penang Island Municiple Council. PICTURE BY SAYUTI ZAINUDIN Por su parte, el líder juvenil de los musulmanes moderados de Penang Amanah, Saifullah Abdul Nasir, ha pedido que no se le permita al activismo LGTB «transgredir el espacio público». Incluso ha aprovechado el foco mediático para realizar un llamamiento «a todos los que no están de acuerdo con la promoción abierta LGTB en los espacios públicos para que hablen en contra, ya sea en sus redes sociales o a través de declaraciones oficiales en los medios de comunicación». No obstante, este representante se conforma con la invisibilización y añade que «respetamos que merecen los derechos humanos básicos y tienen derechos como malasios también». Eso sí, insiste en que «su estilo de vida debe mantenerse en un espacio privado».

Por su interés, reproducimos íntegramente la declaración que Nisha Ayub (una de las activistas LGTB cuyo retrato fue censurado) ha publicado en su cuenta de Facebook:

12234885_112470142452355_2040189451014128890_n«Todavía estoy orgullosa de ser malaya, donde todavía tengo ESPERANZA por una Malasia mejor. Muchas gracias a todos y cada uno de ustedes que se adelantaron para solidarizarse con esa opresión para las minorías. ¡Estoy tan conmovida de ver que se extiende ese amor y apoyo! Esto no se trata de mí y de la angustia, sino de todas las personas que han sido víctimas de cualquier forma de discriminación o acoso.

Me gustaría preguntar a todos los que constantemente han atacado y extendido el odio hacia mí, por favor siéntanse libres de llamarme cualquier término degradante o dibujarme una cara de cerdo o como quieran llamarme.

No guardo rencor a nadie, pero por favor no condenen a mis padres o familiares que no tengan ninguna relación en este asunto. El nombre de mi padre es mi apellido, él falleció cuando yo era menor. Por favor, no lo juzguen a él ni a los miembros de mi familia solo por mi culpa. Dejen que el alma de mi padre descanse en paz.

Mi quehacer ahora es mi propia acción, soy una adulta consciente y responsable de mi propia acción.

En solidaridad con todos… dejemos de difundir el odio, pero diseminemos el amor y la paz …

Después de todo, todos somos Seres Humanos, ¿no?»

Malasia: LGTBfobia política y social

Malasia, una de las economías emergentes del sudeste asiático, es un país de variada composición étnico-religiosa, aunque de mayoría musulmana, en el que conviven leyes civiles, de obligado cumplimiento para todos, y leyes islámicas, de aplicación a los ciudadanos musulmanes. Las relaciones homosexuales, en cualquier caso, son ilegales y se castigan con penas de hasta 20 años de cárcel. De hecho, en 2011 nos hacíamos eco de las intenciones de varios líderes musulmanes malasios de endurecer las medidas contra la homosexualidad y en 2015 el entonces primer ministro, Najib Razak, comparaba a las personas LGTB con el Estado Islámico, alegando que carecen de derechos humanos.

La LGTBfobia social y política imperante en Malasia ha llevado, de hecho, a situaciones que rozan el absurdo, y que hemos recogido en esta misma página. El pasado mes de febrero, en un vídeo promovido por el Departamento de Desarrollo Islámico de Malasia, se sugería a los homosexuales que “aprender” a ser hetero es igual que iniciarse en la equitación. Otros ejemplos son el anuncio de censura de programas con personajes homosexuales; la censura de una escena de La Bella y la Bestia y de una canción de Lady Gaga o la cancelación de un Festival que se celebraba desde 2008 para promover el respeto a la diversidad sexual. Especialmente preocupante fue lo sucedido en 2012, cuando un joven gay musulmán recibió amenazas de muerte por difundir un vídeo en el que animaba a otros homosexuales a salir del armario.

En junio del año pasado conocíamos la muerte de un adolescente, T. Nhaveen, después de cinco días en coma y sufrir una dura agresión de carácter homofóbica que le había dejado con varias heridas y quemaduras en la espalda, además de ser sodomizado con una barra. T. Nhaveen, de dieciocho años de edad, había quedado con su mejor amigo, T. Previin, de 19 años de edad, el sábado, 10 de junio, alrededor de las 11 de la mañana en una hamburguesería de Gelugor, un zona residencial de George Town, en Penang, para celebrar que iba a comenzar su vida como estudiante de música en Kuala Lumpur, pero falleció el jueves, 15 de junio, tras ser víctima de una dura agresión homofóbica que le deja en coma durante cinco días. Un episodio más de bullying homofóbico que en esta ocasión había consternado a la sociedad de Malasia por su dureza y violencia. Ante este escenario, podría pensarse que un suceso tan terrible como este debería servir de acicate para que el respeto a la diversidad gane posiciones en Malasia. Mucho nos temíamos que no iba a ser así, a la vista del hecho de que los mismos medios locales y autoridades que han reaccionado con horror ni siquiera precisan que el acoso que el joven sufría era de naturaleza homofóbica. Esperemos, al menos, que se haga justicia con los asesinos de  T. Nhaveen. Está claro, sin embargo, que ni siquiera un hecho tan terrible como este ha servido de acicate para que el respeto a la diversidad gane posiciones en Malasia, como ya entonces pronosticábamos. Y para corroborarlo, en julio radicales religiosos de Malasia e Indonesia se rebelaban contra Starbucks por su apoyo al colectivo LGBT

En febrero de este año nos hacíamos eco de un artículo que ejemplificaba la estigmatización de la comunidad LGTB también desde los medios de comunicación. En abril, nos enterábamos de que la Universidad de Ciencias de Malasia (USM) celebró un concurso de carteles para “convertir” alumnos gays en heterosexuales. Y en mayo que el gobierno de Malasia ha comenzado a bloquear páginas LGTB+, incluido el portal Utopia-Asia que es la principal fuente de información para viajeros gais en la región.

Fuente Dosmanzanas

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