Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Resurrección’

“Vivir en la Verdad de Jesús”. 17 de mayo de 2020. 6 Pascua (A). Juan 14, 15-21.

domingo, 17 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en “Vivir en la Verdad de Jesús”. 17 de mayo de 2020. 6 Pascua (A). Juan 14, 15-21.

1398445799_315714_1398446224_album_normalNo hay en la vida una experiencia tan misteriosa y sagrada como la despedida del ser querido que se nos va más allá de la muerte. Por eso el evangelio de Juan trata de recoger en la despedida última de Jesús su testamento: lo que no han de olvidar nunca.

Una cosa es muy clara para el evangelista. El mundo no va a poder «ver» ni «conocer» la verdad que se esconde en Jesús. Para muchos, Jesús habrá pasado por este mundo como si nada hubiera ocurrido; no dejará rastro alguno en sus vidas. Para ver a Jesús se necesitan unos ojos nuevos. Solo quienes lo amen podrán experimentar que está vivo y hace vivir.

Jesús es la única persona que merece ser amada de manera absoluta. Quien lo ama así no puede pensar en él como si perteneciera al pasado. Su vida no es un recuerdo. El que ama a Jesús vive sus palabras, «guarda sus mandamientos», se va «llenando» de Jesús.

No es fácil expresar esta experiencia. El evangelista la llama el «Espíritu de la verdad». Es una expresión muy acertada, pues Jesús se va convirtiendo en una fuerza y una luz que nos hace «vivir en la verdad». Cualquiera que sea el punto en que nos encontremos en la vida, acoger en nosotros a Jesús nos lleva hacia la verdad.

Este «Espíritu de la verdad» no hay que confundirlo con una doctrina. No se encuentra en los libros de los teólogos ni en los documentos del magisterio. Según la promesa de Jesús, «vive con nosotros y está en nosotros». Lo escuchamos en nuestro interior y resplandece en la vida de quien sigue los pasos de Jesús de manera humilde, confiada y fiel.

El evangelista lo llama «Espíritu defensor», porque, ahora que Jesús no está físicamente con nosotros, nos defiende de lo que nos podría separar de él. Este Espíritu «está siempre con nosotros». Nadie lo puede asesinar, como a Jesús. Seguirá siempre vivo en el mundo. Si lo acogemos en nuestra vida, no nos sentiremos huérfanos y desamparados.

Tal vez la conversión que más necesitamos hoy los cristianos es ir pasando de una adhesión verbal, rutinaria y poco real a Jesús hacia la experiencia de vivir arraigados en su «Espíritu de la verdad».

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor”. Domingo 17 de mayo de 2020. 6º Domingo de Pascua.

domingo, 17 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en “Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor”. Domingo 17 de mayo de 2020. 6º Domingo de Pascua.

28-PascuaA6 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 8,5-8.14-17: Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo
Salmo responsorial: 65: Aclamad al Señor, tierra entera.
1Pedro 3,15-18: Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida
Juan 14,15-21: Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor

La palabra de Felipe, un misionero que lleva el mensaje de Jesús a nuevas fronteras, es escuchada con atención porque hay coherencia entre lo que dice y lo que hace. La palabra y el poder sanador de Felipe son motivo de alegría para la comunidad samaritana. Para que una comunidad se mantenga firme en el evangelio es necesario tener la fuerza y la gracia del Espíritu Santo, algo que solo se logra con la oración, la imposición de las manos como signo de herencia fraterna y el bautismo comprometido con la misión de Jesús. Los discípulos y discípulas de ayer y de hoy tenemos la gracia de haber recibido el Espíritu Santo a través del Bautismo y la imposición de las manos. El Espíritu Santo es el único que puede garantizar el éxito y la eficacia de la misión. Discipulado, Espíritu y misión son las marcas que identifican al misionero de Jesús.

El pasaje de la carta de Pedro insta a la comunidad a ser santos. Una santidad que está siempre ligada al seguimiento y a las consecuencias que esta opción misionera imponga en nuestras vidas.

El Evangelio de Juan nos da la clave del verdadero seguimiento: AMAR. Este amor es el mandamiento que Jesús da a quienes quieran seguirlo. Ser discípulos o discípulas de Jesús implica tener como norma de vida el amor, un amor activo, liberador y eficaz. Ésta es la esencia del Evangelio, éste es el corazón de la vida y la práctica de Jesús, esto es lo que identifica a todos aquellos y aquellas que han asumido su misión.

Jesús teme por el futuro de sus discípulos. Sabe que las fuerzas del mal son poderosas y no escatiman esfuerzos para eliminar a las fuerzas del bien. Reconoce que sus discípulos no tienen todavía la formación y la convicción necesaria para enfrentar estas fuerzas malignas. Por esto, en un gesto de amor profundo, Jesús le pide al Padre que derrame el Espíritu sobre los discípulos de ayer y de hoy, para no dejarnos huérfanos, para que permanezca siempre con nosotros en la continuidad de la misión. Mientras el mundo permanece ciego, el Espíritu permite a los discípulos de Jesús reconocerlo en los hermanos. En el amor a los demás se reconoce el verdadero rostro de Jesús. Sólo el amor, al que somos llamados, es garantía de la presencia de Dios en nosotros y en nuestras comunidades. Si el amor es la clave del seguimiento de Jesús, tendremos que preguntarnos que estamos haciendo en nuestra vida y en nuestras comunidades para impregnar el mundo de amor, un amor que con la fuerza del Espíritu, permita que la verdad, la justicia y la fraternidad sean las huellas del Reino en el mundo de hoy.


La 1ª lectura, tomada del libro de los Hechos, nos presenta a Felipe predicando a los samaritanos en su capital. Es una noticia inusitada si tenemos en cuenta la enemistad tradicional entre judíos y samaritanos, tan presente en los evangelios, en pasajes como la parábola del buen samaritano (Lc 10,29-37), o la conversación de Jesús con la samaritana (Jn 4,1-42) o en otros pasajes más breves (Mt 10,5; Lc 9,51-56; 17,16; Jn 8,48). Los judíos consideraban a los samaritanos como herejes y extranjeros (cfr. 2Re 17,24-41) pues, aunque adoraban al único Dios y vivían de acuerdo con su ley, no querían rendir culto en Jerusalén, ni aceptaban ninguna revelación ni otras normas que las contenidas en el Pentateuco. Los samaritanos pagaban a los judíos con la misma moneda, pues los habían hostigado en los períodos de su poderío y habían llegado a destruir su templo en el monte Garitzín. Por todo esto nos parece sorprendente encontrar a Felipe predicando entre ellos, en su propia capital, y con tanto éxito como sugiere el pasaje que hemos leído, hasta concluir con un hermoso final: que su ciudad, la de los samaritanos, “se llenó de alegría”.

Esta obra evangelizadora que rompe fronteras nacionales, que supera odios y rivalidades ancestrales, provocando en cambio la unidad y la concordia de los creyentes, es obra del Espíritu Santo, como comprueban los apóstoles Pedro y Juan, que con su presencia en Samaria confirman la labor de Felipe. Se trata de una especie de Pentecostés, de venida del Espíritu Santo sobre estos nuevos cristianos procedentes de un grupo tan despreciado por los judíos. Para el Espíritu divino, no hay barreras ni fronteras. Es Espíritu de unidad y de paz.

La 2ª lectura sigue siendo, como en los domingos anteriores, un pasaje de la 1ª carta de Pedro. Escuchamos una exhortación que con frecuencia se nos repite y recuerda: que los cristianos debemos estar dispuestos a «dar razón de nuestra esperanza» a todo el que nos la pida. ¿Por qué creemos, por qué esperamos, por qué nos empeñamos en confiar en la bondad de Dios en medio de los sufrimientos de la existencia, las injusticias y opresiones de la historia? Porque hemos experimentado el amor del Padre, y porque Jesucristo ha padecido por nosotros y por todos, para darnos la posibilidad de llegar a la plenitud de nuestra existencia en Dios. Por esta misma razón el apóstol nos exhorta a mostrarnos pacientes en los sufrimientos, contemplando al que es modelo perfecto para nosotros, a Jesucristo, el justo, el inocente, que en medio del suplicio oraba por sus verdugos y los perdonaba. La breve lectura termina con la mención del Espíritu Santo por cuyo poder Jesucristo fue resucitado de entre los muertos.

A quince días de que termine la cincuentena pascual, la Iglesia comienza a prepararnos para la gran celebración que la concluirá: la de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. La manifestación pública de la Iglesia. Podríamos decir que su inauguración –teológicamente hablando, no históricamente hablando–. En la lectura del evangelio de san Juan, tomada de los discursos de despedida de Jesús que encontramos en los capítulos 13 a 17 de su evangelio, el Señor promete a sus discípulos el envío de un “Paráclito”, un Defensor o Consolador, que no es otro que el Espíritu mismo de Dios, su fuerza y su energía, Espíritu de verdad porque procede de Dios que es la verdad en plenitud, no un concepto, ni una fórmula, sino el mismo Ser Divino que ha dado la existencia a todo cuanto existe y que conduce la historia humana a su plenitud.

Los grandes personajes de la historia permanecen en el recuerdo agradecido de quienes les sobreviven, tal vez en las consecuencias benéficas de sus obras a favor de la humanidad. Cristo permanece en su Iglesia de una manera personal y efectiva: por medio del Espíritu divino que envía sobre los apóstoles y que no deja de alentar a los cristianos a lo largo de los siglos. Por eso puede decirles que no los dejará solos, que volverá con ellos, que por el Espíritu establecerá una comunión de amor entre el Padre, los fieles y El mismo.

El «mundo» (en el lenguaje de Juan) no puede recibir el Espíritu divino. El mundo de la injusticia, de la opresión contra los pobres, de la idolatría del dinero y del poder, de las vanidades de las que tanto nos enorgullecemos a veces los humanos. En ese mundo no puede tener parte Dios, porque Dios es amor, solidaridad, justicia, paz y fraternidad. El Espíritu alienta en quienes se comprometen con estos valores, esos son los discípulos de Jesús.

Esta presencia del Señor resucitado en su comunidad ha de manifestarse en un compromiso efectivo, en una alianza firme, en el cumplimiento de sus mandatos por parte de los discípulos, única forma de hacer efectivo y real el amor que se dice profesar al Señor. No es un regreso al legalismo judío, ni mucho menos. En el evangelio de San Juan ya sabemos que los mandamientos de Jesús se reducen a uno solo, el del amor: amor a Dios, amor entre los hermanos. Amor que se ha de mostrar creativo, operativo, salvífico. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

17.5.20 Las siete obras de Cristo ¿Cumple hoy la Iglesia las siete obras de Cristo, y aún mayores? ¿Como las cumple?

domingo, 17 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en 17.5.20 Las siete obras de Cristo ¿Cumple hoy la Iglesia las siete obras de Cristo, y aún mayores? ¿Como las cumple?

Codexaureus_25Del blog de Xabier Pikaza:

Unos milagros al alcance de las manos

15.05.2020 | Pikaza

En un sentido, parece la Iglesia no cumple esas siete obras de Cristo, y aún mayores…, como seguirá viendo quien lea. Ciertamente, hace mucho en esa línea, es quizá el grupo social que más hace. Pero muchos añaden que no las cumple de un modo suficiente, quizá porque no sabe (¡cree que lo de Jesús es otra cosa!) o porque  no puede o porque prefiere hacer otras cosas.

No es que la Iglesia en conjunto piense que el evangelio de Juan se ha equivocado al insistir en la siete obras que presentaré a continuación. Pero da la impresión de que algunos suponen que esas obras de Jesús eran de otro tiempo, y que los buenos ministros de la Iglesia tienen que hacer otras cosas.Juzgue quien siga leyendo.

Sea como fuere, quienes mejor cumplen esas obras de Cristo no son los ministros oficiales de la iglesia, sino otros, menos oficiales, pero quizá más evangélicos:  Miles de «religiosas» de caridad, voluntarios de cáritas y de servicios sociales, hombres y mujeres de toda raza, lengua y lugar que creen en el evangelio y en las siete obras de Jesús.

El pasado domingo (10.5.20) escribí una postal sobre estas obras según el evangelio del día (Jn 14, 1‒12), donde Jesús terminaba diciendo Os aseguro: quien cree en mí, hará él también las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo voy al Padre (Jn 14, 12).

Puse la postal también en FB y casi nadie se dio por aludido. Me puse a ver la TV y a escuchar las misas de la radio, y todos los curas y obispos hablaban de cosas importantes, con vírgenes de mayo y coronavirus, pero nadie planteó el tema central de esas obras (como si no lo hubieran leído hasta el evangelio hasta el final, o no supieran qué decir sobre el tema): hacer la obras de Cristo y aún mayores.

El que más se acercó fue mi querido alumno Atilano de Sigüenza, en la 13, pero también él se quedó con la Virgen amada de Barbantona… Por eso pensé, voy a esperar una semana y hacer yo un sermoncito en RD sobre las siete obras de Cristo, tal como aparecen en el evangelio de Juan, que para eso estudié el tema en mi tesis de Roma sobre R. Bultmann, y el otro libro sobre  las obras de misericordia.

51Sz-4Rc1dLVolveré a decir que estás palabras (¡quien cree en mí harás las obras que yo hago, y aún mayores!) son quizá las más escandalosas y urgentes del evangelio de Juan (y quizá del NT). Hemos creído en Jesús, le hemos divinizado en el sentido fuerte de la palabras (ya en el Concilio de Nicea, año 325); le hemos puesto en la gran peana de todos los altares de la Iglesia para adorarle, pero no sé si hacemos sus obras y aún mayores. Así me ha dicho un amigo:

O se equivoca Jesús cuando nos dice que las hagamos o nos equivocamos nosotros, que no sabemos, no queremos o no podemos. Ciertamente, hay que distinguir las obras

‒ La más importante es que creamos. En el fondo, según el evangelio de Juan,  lo que importa es que creamos. Que creamos en Dios, en la vida, en nosotros mismos, unos en otros. La obra es creer, es decir, vivir de fe, de amor activo… Por eso el dicho de Jesús empieza “quien crea en mí” (quien crea como yo, conmigo…). Esta es la obra “crear”, es decir, crear queriendo…

Pero esa fe se expresa en las siete obras ejemplares de Jesús…  En un sentido se les puede llamar “milagros”, pero no son milagros externos, de esos de “mago”, sino los “milagros de la vida”, los milagros de la fe. Por eso el evangelio les llama «señales» (sêmeia), signos de la fe, de la transformación de la vida.

Todas son obras humanas:  que la gente crea, vida, ande… El  evangelio de Juan dice quee Jesús hizo muchas más obras (Jn 20, 30‒31), de manera que si se escribieran todas no cabrían en todos loe libros del mundo (Jn 21,25 ), pero las siete son las principales

    evangelio-juan  Dicen los expertos que Juan empezó ordenando las siete obras  en un librito pequeño, y que después, cuando podía, añadía un largo comentario a cada obra, o a las más importantes (el sermón del paralítico, el de la multiplicación, el del ciego etc.). Y sin más introducción presentó ya cada una de las obras:

1º Obra: Bodas de Caná, que la gente se case bien casada, con fiesta de vino para toda la vida (Convertir el agua en vino: Jn 2, 1‒11).

 Éste es el tema: Pasar de la religión y de la vida como agua penitencial y de leyes y leyes a las bodas con vino abundante. Fijaos bien, el evangelio empieza con un chico y una chica que parece que se quieren, pero después no pueden, falta vino. Fijaos mejor, a la boda viene “todo cristo”, hasta la Virgen María, con un “arquitriclino”, que es un tipo experto en leyes, ceremonias y vino. Pero nada, sigue la boda, hay mucha agua, mucha ley, hasta seis “hidrias” de las grandes. Pero pronto se acaba el vino.

En la gran tristeza de las bodas sin vino (la gente se casa, descasa y recasa, con toda ceremonia… pero falta el vino) está el “resquicio de la buena madre” que dice a Jesús “aquí falta el vino, tiene que hacer algo…”. Esta es la primera obra de Jesús, la primera obra de la iglesia. No sé si los curas de iglesia se tienen que casar o no, eso sigue siendo un tema de leyes de hidrias de agua de purificaciones.  El tema es si los curas con obispos y toda la parafernalia están ahí para animar a la gente (chicos, chicas y mayores) a casarse bien con mucho amor de vino.

Animar a la gente a que se case, y se case con vino, no con aguas de leyes. Esa es la primera obra de Jesús… que nos dice “yo hice lo que pude”, pero añadiendo “le pediré al Padre Dios, os mandaré el Espíritu santo, y tendréis que hacerlo mejor.

54ea45ae6c2bf8427b20c4e7137dbc62¿Qué hace la iglesia en general con esta obra de Jesús? Ciertamente, la cuenta y explica de un modo más o menos moralista. Pero, va la iglesia a las bodas de la gente para animar la fiesta con vino.  Normalmente solemos andar por el mundo con miedo en los ojos, con mucho derecho, con poco evangelio, si se abre la iglesia para la misa de las 11 o no se abre, si hay o distancia en los bancos, si el cepillo electrónico funciona… Pero de vino más bien poco.  ¿Qué significaría en general que la Iglesia fuera a las bodas con más evangelio y menos miedo. ¿A todas las bodas? ¿Incluso o, sobre todo, a las homosexuales, a las bodas de la gente a la que se le acaba el vino?

2ª obra. Jesús cura al hijo enfermo del “reyezuelo” (4, 46‒ 54). Después de las bodas, celebradas de un modo o de otro suelen venir los niños… Y así vuelve Jesús, como si nada, para ver cómo andas las cosas, y se acerca a Caná, y le sale e “reyezuelo” diciendo que se le muere el niño.

81hrEdwXBpL Ésta es una obra extraña, que el evangelio de Juan no comenta después como las otras. Quizá no hace falta. El hecho está claro. Sucede, como dicho,  en el entorno de Caná, el sitio de las bodas. El protagonista es un “reyezuelo” (es decir, un funcionario de la corte de Antipas, a quien el texto le llama “basilicós” (de la casa real, reyecito).

Este reyezuelo debe ser un tipo con cierto poder. Forma parte de la “corte de los milagros del rey Herodes Antipas”. Normalmente se decía que este tipo de gentes de la administración eran hábiles y se hacían ricos con el dinero que robaban a los “hijos” de los pobres. Así, sin más…  Debe ser rico, no se dice que sea buena (al contrario, el texto supone que, siendo quien era, debía ser malo… pero su hijo está muriendo viene a Jesús para decirlo que su hijo se muere. Toma a Jesús como el “milagrero de la zona”: Tiene que hacerle un milagro

El texto no habla de la mujer de la mujer/madre (debe estar por Cafarnaúm, en la casa de familia, con el niño que se muere, mientras el padre anda por ahí haciendo política y sacando dinero de ello, mientras y el propio hijo se le muere. ¿Por qué se le muere? ¡No le sabe ni quiere cuidar‒educar a pesar de su dinero (o por su mismo dinero). Así viene a  Jesús y le pide ayuda… y se la ofrece, pero diciéndole que lo resuelva él mismo, que crea y quiere de verdad a su hijo, que asuma la vida, que se fije en lo importante.

Jesús no le pide “dinero” a este reyezuelo, no baja con él a Cafarnaum, simplemente le dice que “crea”, que cuide a su hijo, que se olvide de negocios de “régulos”.Ésta a la obra, éste es el milagro: Que Jesús convenza a este tipo duro, reyezuelo, que deje de andar merodeando por ahí, por dinero, y se vaya con su mujer y su hijo, que crea en el hijo, que le escuche, que le abrace, que le cure.

¿Qué hace la iglesia con los hijos de los reyezuelos de este mundo? ¿Cómo dice a los padres que cuiden y animen a sus hijos, día a día, hora tras hora, sin dejarlos ante la TV sin más o sin “echarlos” a la escuela de pago o pago para que hagan otros lo que ellos no hacen? Éste es la tarea: No basta que los padres se casen con vino, sino que les llegue el vino bueno de la vida para los niños. Ésta es la segunda obra de la iglesia. Jesús no dice si los curas han de tener hijos propios o no, eso es secundario,  sino que les dice que animen y ayuden a los padre para cuidar, animar, hacere crecer en amor a los hijos. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Alegría, esperanza, amor. Domingo 6º de Pascua.

domingo, 17 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en Alegría, esperanza, amor. Domingo 6º de Pascua.

jsalvDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Las lecturas continúan las tres situaciones de la iglesia que comenté el domingo pasado.

Iglesia naciente: modelo de una nueva comunidad (Hechos de los apóstoles)

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aún no había bajado sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Tras la institución de los diáconos, Lucas nos cuenta la actividad de uno de ellos, Felipe, en la fundación de la comunidad de Samaria. Esto le sirve para indicar las características que debería tener cualquier nueva comunidad.

1) No debe excluir a nadie. Felipe se dirige a Samaria, la región más despreciada y odiada por un judío.

2) Felipe predica a Cristo. Los misioneros no proponen una filosofía moral ni una ética; su intención primordial no es reformar las costumbres sino dar a conocer a Jesús.

3) La palabra va acompañada de la acción. Lucas la concreta en signos y prodigios semejantes a los que realizaron Jesús y los apóstoles: curación de todo tipo de enfermos.

4) El fruto de esta actividad es que «la ciudad se llenó de alegría». El evangelio no es un mensaje triste.

5) Sólo falta algo que el diácono Felipe no puede dar: el Espíritu Santo. Eso lo concede la oración de los apóstoles Pedro y Juan, que simbolizan al mismo tiempo con su presencia la unión entre la nueva comunidad y la iglesia madre de Jerusalén.

Iglesia sufriente: calumnias y esperanza (1 de Pedro)

Queridos hermanos: Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo; que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal. Porque también Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.

La carta de Pedro menciona el tema de las calumnias que sufrían los primeros cristianos. Recuerdo dos de ellas, tomadas de textos de Tertuliano y Minucio Félix.

Se decía que cuando uno iba a incorporarse a la comunidad e iniciarse en los misterios, se tomaba a un niño muy pequeño, se lo recubría por completo de harina y se lo colocaba sobre una mesa. Cuando el neófito entraba en la sala, le ordenaban golpear con fuerza aquella masa. Él lo hacía, pensando que no se trataba de nada grave. Y golpeaba una y otra vez hasta matar al niño. Entonces, todos se lanzaban sobre el niño muerto para lamer su sangre y repartirse sus miembros, sellando de ese modo la alianza con Dios.

Otra acusación era la del incesto. Según ella, los cristianos se reúnen en sus días de fiesta para celebrar un gran banquete. Acuden con sus hijos, hermanas, madres, personas de todo sexo y edad. La sala está iluminada sólo por un candelabro, al que se encuentra atado un perro. Cuando han comido y bebido abundantemente, ya medio borrachos, excitan al perro tirándole trozos de carne a un sitio al que no puede llegar, hasta que el perro tira el candelabro, se apaga la luz, y todos se abrazan al azar y se entregan a la mayor orgía entre hermanos y hermanas.

En este contexto, la carta de Pedro recomienda:

1) Saber dar razón de nuestra esperanza con mansedumbre y respeto. Es decir, saber explicar qué creemos y esperamos, pero sin usar condenas y descalificaciones.

2) Es mejor padecer haciendo el bien que padecer haciendo el mal.

Esta conducta, humanamente tan difícil, sólo se puede conseguir recordando el ejemplo de Jesús que, siendo inocente, murió por los culpables. E igual que él resucitó, también nosotros recibiremos el premio de nuestra paciencia.

Iglesia creyente: «obras son amores» (evangelio de Juan)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.»

El evangelio, en pocas palabras, reúne temas tan distintos que resulta difícil encontrar un elemento común. No se puede pedir un discurso lógico y ordenado a una persona que se despide de sus seres más queridos poco antes de morir. Destaco tres temas.

1) Este breve fragmento comienza y termina con palabras muy parecidas: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.» «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama». Como dice el refrán: «Obras son amores, y no buenas razones».

La relación entre el amor y la observancia de los mandamientos es muy antigua en Israel: se remonta al Deuteronomio, donde amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser, se concreta en la observancia de sus leyes, mandatos y decretos. En el caso de Jesús hay una gran diferencia, sus mandamientos se resumen en uno solo: «Esto os mando: que os améis los unos a los otros como yo os he amado».

2) Teniendo en cuenta la proximidad de la fiesta de Pentecostés, son importantes las palabras: «Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.» Parece una contradicción manifiesta pedir al Padre que nos dé algo que ya vive en nosotros. Son los dos tiempos en los que se mueven a menudo estos discursos: el de Jesús, que mira al futuro y pide al Padre que nos dé un defensor; y el nuestro, que ya hemos recibido el Espíritu y vive en nosotros.

3) La unión plena del cristiano con el Padre y con Jesús. «No os dejaré huérfanos, volveré.» «Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

17 de Mayo. Sexto Domingo de Pascua. Ciclo A

domingo, 17 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en 17 de Mayo. Sexto Domingo de Pascua. Ciclo A

CFA4913D-EAA6-48BC-B3B1-E1358F8291D0

Las lecturas de este sexto domingo de Pascua nos pasean por nuestro interior a modo de guía turística para despertarnos a lo esencial, que, como decía El Principito, es invisible a los ojos. Nos llevan hacia lo que habita dentro, nuestros amores, lo que escuchamos, lo que vemos y conocemos y, muy importante, nuestros descubrimientos. Esas experiencias que anclan la existencia en Dios.
Felipe en Samaría es capaz de alegrar a toda la ciudad hablando de Jesús, de Cristo. Contando que vive y que su presencia es sanadora, liberadora, permite volar al viento del Espíritu.

La calle de la alegría

Así que la primera parada en nuestra ruta turística interior, es la calle de la alegría. Aquella que descubrimos cuando Dios se hizo presente en nuestra vida, o nos dimos cuenta de que siempre había estado ahí, acompañándonos con su mirada enamorada. ¿Cómo andamos de alegría? Atención, cuidado con desviarse por la calle de la amargura porque se nos avinagra la sonrisa.

Si pasamos a la segunda lectura, nos encontramos con una carta de Pedro. Nos anima a ser valientes y explicar abiertamente a quien nos lo pregunte, sin pudor, qué es lo que llena nuestra vida de esperanza, de confianza, de serenidad. Nos invita a hablar de Dios a quien nos quiera escuchar… pero nos pide que lo hagamos con delicadeza y respeto. Nada de caer en la tentación de imponer nuestra experiencia a otras personas, o despreciarlas y sentirnos por encima.

Nuestra guía turística interior después de mostrarnos la calle de la alegría nos para frente a la fuente de la esperanza… Agua fresca y gratuita, para todas las personas que se quieran acercar. Y digo que nos para porque es precisamente lo que se necesita, parar. Parar para comprender y contemplar cuál es nuestra verdadera fuente, qué aguas bebemos que a veces nos arrugan la mirada y nos decoloran la sonrisa.
Para escuchar las palabras de Jesús la Iglesia durante la Pascua nos acerca al Evangelio de Juan, que para algunas personas es belleza y poesía y para otras es más bien enigmático y filosófico. Este domingo, igual es porque escribimos desde una monasterio trinitario, lo que más resuena en el corazón es la presencia de las Tres Divinas Personas a lo largo del texto. Y, como no puede ser de otra manera, para hablar de Dios Trinidad habla de amar, del amor que damos, del que recibimos, del Amor. Y lo hace como simulando una danza de entrega y acogida.

«el Espíritu mora en vosotros»… «yo estoy en mi Padre, vosotros en mí, yo en vosotros»… «quien me ama, será amado por mi Padre, y y también lo amaré»

(Jn 14, 6-14)

Si leemos el texto con serenidad nos está invitando a participar en la danza del Amor, con Jesús, con Abba, con el Espíritu Santo. Así que, para nuestras sorpresa, esta ruta por nuestro interior no nos lleva a una clase teórica de dogmática cristiana sino a un taller de danza. La torpeza no es una excusa, porque el taller está preparado para quien se decida a dejar a un lado el pequeño mundo de los razonamientos y dejarse llevar por el ritmo trinitario del Amor. El Amor que habita en ti. Tan solo escucha, y que el latir del corazón se acompase con el latir de Dios. ¡A danzar!

Oración.

Tus palabras refrescan nuestra alma,
todo se hace posible,
envueltas y a la vez habitadas por Ti,
nos hacemos música para Ti.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros.

domingo, 17 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en Yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros.

enfants1Juan 14,15-21

Se habla de la presencia de Dios, de Jesús y del Espíritu en la primera comunidad. Se trata de hacer ver a los cristianos de finales del s. I, que no estaban en inferioridad de condiciones con relación a los que habían conocido a Jesús; por eso es tan importante este tema, también para nosotros hoy. Nos pone ante la realidad de Jesús vivo que nos hace vivir a nosotros con la misma Vida que él tenía antes y después de su muerte; y que ahora se manifiesta de una manera nueva. Se trata de la misma Vida de Dios (Zoe). Esto explica que entre en juego un nuevo protagonista: el Espíritu.

No debemos dejarnos confundir por la manera de formular estas ideas sobre la relación de Jesús, Dios y el Espíritu por aquellos cristianos de finales del s. I. No se trata de una relación con alguna entidad exterior al ser humano. Tampoco se está hablando de tres realidades separadas, Dios, Jesús, Espíritu. Si uno se fija bien en el lenguaje, descubrirá que se habla de la misma realidad con nombres distintos. Una y otra vez insisten los textos en la identidad de los tres. Después de morir, el Jesús que vivió en Galilea, se identificó absolutamente con Dios que es Espíritu. Ahora los tres son indistinguibles.

Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Mandamientos que en el capítulo anterior quedaron reducidos a uno solo: amar. Quien no ama a los demás no puede amar a Jesús, ni a Dios. Los mandamientos son exigencia del amor. Las “exigencias” no son obligaciones impuestas desde fuera sino la exigencia que viene del interior y que se debe manifestar en cada circunstancia concreta. Para Jn, “el pecado del mundo” era la opresión, que se manifiesta en toda clase de injusticias. El “amor” es también único, que se despliega en toda clase de solidaridad y entrega a los demás.

Yo pediré al Padre que os mande otro defensor que esté con vosotros siempre. Cuando Jesús dice que el Padre mandará otro defensor, no está hablando de una realidad distinta de lo que él es o de lo que es Dios. Está hablando de una nueva manera de experimentar el amor, que será mucho más cercana y efectiva que su presencia física durante la vida terrena. Primero dice que mandará al Espíritu, después que él volverá para estar con ellos, y por fin que el Padre y él vendrán y se quedarán. Esto significa que se trata de una realidad múltiple y a la vez única: Dios.

“Defensor” (paraklêtos)=el que ayuda en cualquier circunstancia; abogado, defensor cuando se trata de un juicio. Se trata de una expresión metafórica. La defensa a la que se refiere, no va a venir de otra entidad, sino que será la fuerza de Dios-Espíritu que actuará desde dentro de cada uno. Tiene un doble papel: interpretar el mensaje de Jesús y dar seguridad y guiar a los discípulos. El Espíritu será otro valedor. Mientras estaba con ellos, era el mismo Jesús quien les defendía. Cuando él se vaya, será el Espíritu el único defensor, pero será mucho más eficaz, porque defenderá desde dentro.

“El Espíritu de la verdad”. La ambivalencia del término griego (alêtheia) = verdad y lealtad, pone la verdad en conexión con la fidelidad, es decir con el amor. “De la verdad” es genitivo epexegético; quiere decir, El Espíritu que es la verdad. Jesús acaba de decir que él era la verdad. “El mundo” es aquí el orden injusto que profesa la mentira, la falsedad. El mundo propone como valor lo que merma o suprime la Vida del hombre. Lo contrario de Dios. Los discípulos tienen ya experiencia del Espíritu, pero será mucho mayor cuando esté en ellos como único principio dinámico interno.

No os voy a dejar desamparados. En griego órfanoús=huérfanos se usa muchas veces en sentido figurado. En 13,33 había dicho Jesús: hijitos míos. En el AT el huérfano era prototipo de aquel con quien se pueden cometer impunemente toda clase de injusticias. Jesús no va a dejar a los suyos indefensos ante el poder del mal. Pero esa fuerza no se manifestará eliminando al enemigo sino fortaleciendo al que sufre la agresión, de tal forma que la supere sin que le afecte lo más mínimo.

El mundo dejará de verme; vosotros, en cambio, me veréis, porque yo tengo vida y también vosotros la tendréis. La profundidad del mensaje puede dejarnos en lo superficial de la letra. “Dejará de verme” y “me veréis”, no hace referencia a la visión física. No se trata de verlo resucitado, sino de descubrir que sigue dándoles Vida. Esta idea es clave para entender bien la resurrección. El mundo dejará de verlo, porque solo es capaz de verlo corporalmente. Ellos, que durante la vida terrena lo habían visto como el mundo, externamente, ahora serán capaces de verlo de una manera nueva.

Aquel día experimentaréis que yo estoy identificado con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. Al participar de la misma Vida de Dios, de la que él mismo Jesús participa, experimentarán la unidad con Jesús y con Dios. Es el sentido más profundo del amor (ágape). Ya no hay sujeto que ama ni objeto amado. Es una experiencia de unidad e identificación tan viva, que nadie podrá arrancársela. Es una comunión de ser absoluta entre Dios y el hombre. Por eso, al amar ellos, es el mismo Dios quien ama. El amor-Dios se manifiesta en ellos como se manifestó en Jesús.

“El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; a quien me ama le amará mi Padre y le amaré yo y yo mismo me manifestaré a él”. Su mensaje es el del amor al hombre y no el del sometimiento. La presencia de Jesús y Dios se experimenta como una cercanía interior, no externa. En (14,2) Jesús iba a preparar sitio a los suyos en el “hogar”, familia del Padre. Aquí son el Padre y Jesús los que vienen a vivir con el discípulo. En el AT la presencia de Dios se localizaba en un lugar, la tienda del encuentro o el templo, ahora cada miembro de la comunidad será morada de Dios. No será solo una experiencia interior; el amor manifestado hará visible esa presencia.

Un versículo después de lo que hemos leído dice: el que me ama cumplirá mi mensaje y mi Padre le demostrará su amor: vendremos a él y permaneceremos con él. Los discípulos tienen garantizada la presencia del Padre y la de Jesus. Esa presencia no será puntual, sino continuada. Dios no tiene que venir de ninguna parte porque está en nosotros antes de empezar a ser. Una vez más se utiliza el verbo “permanecer” que expresa una actitud decidida de Dios. También queda una vez más confirmada la identidad del Jesús con Dios, una vez que ha terminado su trayectoria terrena.

Jesús vivió una identificación con Dios que no podemos expresar con palabras. “Yo y el Padre somos uno.” A esa misma identificación estamos llamados nosotros. Hacernos una cosa con Dios, que es espíritu y que no está en nosotros como parte alícuota de un todo que soy yo, sino como fundamento de mi ser, sin el cual nada puede haber de mí. Se deja de ser dos, pero no se pierde la identidad de cada uno. Esa presencia de Dios en mí no altera para nada mi individualidad. Yo soy totalmente humano y totalmente divino. El vivir esta realidad es lo que constituye la plenitud del hombre.

Meditación

No nos empeñemos en meter en conceptos lo indecible.
Solo la vivencia puede saciar el ansia de conocer y amar.
Lo que te empeñas en buscar fuera, no existe más que dentro.
El ojo ya no existe, ni hay nada que mirar.
Vete al centro de ti y descubre tu esencia.
Ese descubrimiento colmará tus anhelos.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

El mundo no le reconoce.

domingo, 17 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en El mundo no le reconoce.

766c2beac81bb1ac7b41ec146ec21e38La forma de desarrollar la confianza en ti mismo es hacer lo que temes y llevar un registro de tus experiencias exitosas (William Jennings Bryan)

17 de mayo. DOMINGO VI DE PASCUA

Jn 14, 15, 21

El Espíritu de la verdad, que el mundo no puede recibir, puesto que no lo ve ni lo conoce; vosotros lo conocéis, pues permanece y está con vosotros y en vosotros

Entonces su descendencia será conocida entre las naciones, y sus vástagos en medio de los pueblos; todos los que los vean los reconocerán, porque son la simiente que el Señor ha bendecido (Isaías 16, 9).

Natanael le dijo: ¿Cómo es que me conoces? Jesús le respondió y le dijo: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi (Juan 1, 48)

Al llegar a cada nueva ciudad el viajero encuentra un pasado suyo que ya no sabía que tenía: la extrañeza de lo que no eres o no posees más te espera al paso de los lugares extraños y no poseídos, escribió Italo Calvino en Las ciudades invisibles.

Y viajar a las ciudades, que todos llevamos dentro de nuestra personal geografía, nos enriquece y divierte, por lo mucho que en sus museos, plazas, calles y personas aprendemos, pues como decía Martin Buber, filósofo y escritor judío conocido por su filosofía de diálogo, por sus obras de carácter existencialista, y partidario de “una tierra para dos pueblos” buscando el diálogo entre judíos y árabes en Palestina: “Todos los viajes tienen destinos secretos sobre los que el viajero nada sabe”.

Viajamos para aprender que el amor divino, el tuyo y el nuestro, es un sentimiento que da la vida, y que nos lleva a entregarnos a él sin condiciones: un corazón es su meta, una diana, cuyo amor es la flecha que se dirige a ella orientada por la mano imantada de los sueños.

En el libro de Italo Calvino, Las ciudades invisibles, y una de ellas, Andria, -una ciudad colgada del cielo- con arquitectos, ingenieros, urbanistas, bancos y politicastros, para construir ciudades más humanas, vivibles y sostenibles, menos ciudades de la cultura y más cultura, menos ciudades de la justicia y más justicia y menos ciudades de la imagen y más imaginación.

Nuestro débil e imperfecto yo, recarga sus baterías con solo reconocerte y aproximarse a ti, Jesús, fuente, camino y verdad de cuanto vivimos.

hidroelectrica

 

Y por esa y otras muchas más razones nos negamos a vivir aislados, desenchufados de la corriente, que alimentada por la fuerza de tu Hidroeléctrica tanto divina como humana, nos mantiene iluminando la casa de nuestra y la de los demás, avivándonos el deseo de pasar a la vía iluminativa y unitiva, como sucedía en la vida real de los místicos.

Para William Jennings Bryan, la forma de desarrollar la confianza en ti mismo es hacer lo que temes y llevar un registro de tus experiencias exitosas.

Yo las llevo, y os las envío a todos por correo para que estéis al corriente de todo cuanto hago, para que lo que el evangelista dice en 14, 17.

“La verdad, que el mundo no puede recibir, puesto que no lo ve ni lo conoce; vosotros lo conocéis, pues permanece y está con vosotros y en vosotros”.

Hubo redoble de tambores en la calle y tú, Blas de Otero, respondiste con tu redoble de conciencia, y con tu poesía social, intimista y profundamente religiosa, nos acercaste a la Iglesia y a reconocer a Jesús en ella.

REDOBLE DE CONCIENCIA

Imaginé mi horror por un momento
que Dios, el solo vivo, no existiera,
o que, existiendo, sólo consistiera
en tierra, en agua, en fuego, en sombra, en viento.

Y que la muerte, oh estremecimiento,
fuese el hueco sin luz de una escalera,
un colosal vacío que se hundiera
en un silencio desolado, lento.

Entonces ¿para qué vivir, oh hijos
de madre, a qué vidrieras, crucifijos
y todo lo demás? Basta la muerte.

Basta. Termina, oh Dios, de maltratarnos.
O si no, déjanos precipitarnos
sobre Ti, ronco río que revierte

 

 Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

¿Nos sentimos hijos amados o vamos por la vida como “huérfanos”?

domingo, 17 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en ¿Nos sentimos hijos amados o vamos por la vida como “huérfanos”?

holy-spirit-3Jn 14, 15-21

El evangelio de este domingo habla de amor y de presencia. Un amor que es la clave y la garantía de todo, y una presencia distinta a la que habitualmente estamos acostumbrados. Después de tantas apariciones, Jesús mismo nos prepara para otro tipo de presencia, la de su Espíritu, menos tangible, pero no menos real.

En estos momentos quizá estamos más preparados para entenderlo. Hasta hace unas semanas, nos veíamos y nos encontrábamos con mucha frecuencia. Nos saludábamos y nos abrazábamos, a veces rápida y distraídamente. Pero posiblemente, nunca como ahora que no podemos encontrarnos, hemos oído y nos hemos dicho tantas veces: “Te quiero”. Por teléfono o por WhatsApp, por videoconferencia o por email, lo repetimos y nos aseguramos de que nuestros seres queridos sepan eso, que los queremos. Que nos sientan cercanos aun estando lejos.

Vamos a leer el evangelio de hoy en esta misma clave. Jesús, consciente de que no va estar físicamente con nosotros, nos habla de amor. De su amor y el nuestro, del amor del Padre a Él y a nosotros.

Nos puede sorprender que empiece con una condición: Si me amáis… una condición que parece depende de nosotros, que nos da el protagonismo ¿hemos decidido amarle? Todo lo demás, incluso la capacidad de hacerlo surge de aquí. Primero es amarle a Él, luego su mandamiento, como respuesta a una experiencia muy honda. Ese mandamiento que en los versículos anteriores a este texto ha expresado: “Amaos unos a otros como yo os he amado” (Jn 13, 34)

Es una imagen sugerente de lo que es ser cristianos: amar a Jesús y por ello vivir como Él, cumplir sus mandamientos. Es una clave distinta a la que muchas veces usamos. Lo primero no son los mandamientos y preceptos, con los que nos ganamos su amor, lo primero no es ser perfectos… lo primero, la condición única es amar. Amarle a Él, el centro y el Señor de nuestra vida. Si le amamos, Él mismo hará posible esa otra forma de vida, la que se vive desde el amor. Y lo hará por esa nueva forma de presencia, la del Espíritu en nosotros. Esa presencia que nos asegura que conoceremos y gozaremos, aunque no la conozca ni goce el mundo.

Aquí “el mundo” no se refiere a nuestra sociedad, ni al planeta… representa todo lo que se opone al proyecto de Dios, lo que destruye la verdad y fomenta la injusticia, por eso una parte de la humanidad no quiere acoger esta presencia ni experimentar que el Espíritu de la verdad está en su interior.

Y aún da un paso más y afirma: “¡No os dejaré huerfanos!”. Esta es quizá una de las frases más esperanzadoras del evangelio. Es la gran promesa, el gran consuelo y la gran confianza.

Muchos hemos vivido la experiencia de la orfandad. Cuando mueren los padres, aunque sean mayores y dependientes, se apodera de nosotros un profundo sentimiento de desamparo y desarraigo, aunque seamos adultos y perfectamente capaces de vivir solos. ¡Y más si hemos tenido que afrontar esta pérdida en estos últimos meses, en soledad y en la distancia! Sentirnos huerfanos, enfrentarnos como huerfanos a las dificultades de la vida, es como hacerlo “sin estar a cubierto”, sin retaguardia, solos… sin nadie que nos sostenga desde atrás. Posiblemente es uno de los sentimientos más hondos del ser humano. Nos mete de lleno en una adultez distinta, más solitaria.

Pues hoy dejemos que en nosotros resuene con fuerza esta consoladora promesa de Jesús: Yo no os dejaré huerfanos nunca. Si por el bautismo, por nuestro primer encuentro con Jesús, se nos dio la gracia de sabernos y sentirnos hijos e hijas, ahora se nos asegura que esto es para siempre. Que siempre podremos vivir como hijos, con esa confianza básica de que hay alguien que nos ama, nos defiende y nos apoya, gratuita e incondicionalmente, para afrontar lo que venga. Que ser hijos e hijas define nuestra permanente relación con Dios, nos da una identidad propia. Que después de la resurrección, en este tiempo Pascual que es el definitivo, se nos asegura la presencia del Espíritu, del Padre y de Jesús mismo, en nosotros, de forma definitiva.

El evangelio de hoy que empieza con una condición referida a nuestro amor acaba con una afirmacion referida al suyo: “… será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él”. Sin exigencias, sin medidas… solo si me amáis. Lo demás viene luego. Esta nueva presencia que Jesús nos promete, la del Espíritu, presencia amorosa que nos une al Padre y a Jesús mismo, nos capacita para vivir amando. Amando a su estilo, es decir, estando, como Él, siempre dispuestos a lavar los pies, a liberar de dolores y esclavitudes, a perdonar, a salir a buscar al que está perdido, a hacernos pan, partirnos y repartirnos, para aliviar las necesidades de los hermanos y hermanas, hasta dar la vida…

Es, en definitiva, conocer y reconocer agradecidos su presencia en nosotros, anunciarla, testificarla y extenderla en nuestro entorno como amor, vida y esperanza.

Que el evangelio de este domingo nos ayude a saborear esta inabarcable experiencia y podamos sentirnos plenamente gozosos fiados en la palabra de Jesús, aun en estos tiempos de oscuridad.

Mª Guadalupe Labrador Encinas fmmdp

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

El espíritu que somos es Amor

domingo, 17 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en El espíritu que somos es Amor

Zaunstreicher-Paar verschoenert den Gartenzaun im saechsischen Kroptewitz. (c) Martin Langer, Bahrenfelder Steindamm 37, 22761 Hamburg, Germany, Tel. +491772085095, http://www.langerphoto.de, Postbank Hannover BLZ 25010030 Kto.-Nr. 183264-306, MwSt. 7% Domingo VI de Pascua

17 mayo 2020

Jn 14, 15-21

El cuarto evangelio nombra al Espíritu como “Defensor” (“Paráclito”, si se traduce literalmente del griego) y afirma algo completamente novedoso: “vive en vosotros y está con vosotros”.

          Es así: el Espíritu –otro nombre para referirse a Aquello que está más allá de todos los nombres– constituye sencillamente nuestra más profunda identidad. Nuestra existencia no es sino el despliegue del Espíritu, viviendo en cada uno y cada una de nosotros una aventura humana.

          Tal reconocimiento no significa –como alguien a veces critica– una inflación del ego sino, más bien al contrario, su disolución. Porque no se está identificando al yo con el Espíritu, sino afirmando que el Espíritu es la identidad real que transciende por completo el yo, desegocentrándonos por completo.

          En cuanto salimos de la hipnosis que nos lleva a creer que somos el yo separado, se abre paso en nosotros la comprensión que nos permite ver lo único realmente real, “Eso” que, siendo lo más transcendente, es a la vez lo más íntimo. Y Eso es lo que somos.

          Y “Eso” –lo nombramos en neutro con el fin de evitar el riesgo de apropiación o de identificación con cualquier forma– no es algo impersonal, frío o amorfo. Eso es amor. No el amor en cuanto sentimiento o emoción que nace y muere en el nivel sensible de la persona y se halla, por tanto, sometido a los vaivenes inexorables de todo lo impermanente, sino el amor en cuanto certeza de no separación.

          Por eso, tal como se expresa en el relato que estoy comentando, todo es amor: estamos todos en todos (“vosotros conmigo y yo con vosotros”) y vivimos en el amor: “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama, lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él”.

          Más allá del tono moralista e incluso excluyente del autor del evangelio –“el que acepta mis mandamientos y los guarda”–, lo que resalta el texto es simple y sublime a la vez: todo es amor. Somos amor que abraza toda la realidad, incluyendo nuestra propia persona.

¿Dejo vivir el amor que soy?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

No estamos solos en la vida. No os dejaré huérfanos

domingo, 17 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en No estamos solos en la vida. No os dejaré huérfanos

samaritano_03122015_okDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Quien está sano ha de hablar poco de la enfermedad

         Las palabras de hoy no son propiamente una homilía, sino unas consideraciones acerca de la condición de debilidad humana especialmente en la enfermedad o de pandemia como la que estamos viviendo hoy.

         Estas notas son para un momento de reflexión y oración.

En estos momentos personal o sociológicamente estamos en situación de enfermedad física y también afecta a la psyjé y afecta, en mayor o menor medida a toda la humanidad (por eso se denomina pandemia).

         Ante el dolor, la única postura razonable y cristiana es la de aliviar el sufrimiento de la mejor manera posible: medicina y fe a la par. Pero también hemos de saber asumir nuestra condición de debilidad en espera (esperanza) de vernos libres y salvados de la enfermedad.

         Además, en estas situaciones de enfermedad todo el mundo sabe, “conoce a uno que dicen que…”, todo el mundo aconseja, cuando no engaña (bulos) al enfermo con una técnica y un tratamiento maravillosos que en Houston o no sé qué médico de tal universidad dice que…  y cosas por el estilo.

         Y lo mismo nos ocurre en el plano eclesiástico. Todo discurso sobre el dolor está condenado a ser tan necio y pecaminoso como la palabrería de los amigos que se acercan a Job cuando entró en aquella situación de hundimiento personal. El pobre Job se encontraba en la más “absoluta miseria” y los teólogos de turno le vienen a dar la vara diciendo que Dios te ha castigado, has pecado…

Llama la atención que la Iglesia oficial (la Jerarquía a excepción de Francisco) haya dicho tan poco y tan pobre durante esta pandemia. Se limita a unas misas por radio o por tv, a abrir los templos al son que marcan las autoridades sanitarias y políticas, a unos “geles”, a eximir del precepto dominical, etc. ¿No tenemos nada que decir con buena voluntad a nuestros hermanos enfermos, a quienes tienen miedo, a quienes mueren o a quienes van perdiendo seres queridos en una fría soledad, (¡qué solos se quedan los muertos!) ¿La Iglesia ya no sabe lo que es la compasión de Jesús por los enfermos, los débiles? (¿Ya no sabemos decir ni una palabra de esperanza?

Tal vez, lo que podíamos hacer es guardar silencio y cada cual y adentrarnos en nuestras situaciones de debilidad física, psíquica, moral.

¿Hemos estado alguna vez o en alguna etapa de la vida seriamente enfermos?

  1. Salud y enfermedad.

Nadie queremos estar enfermo. El ser humano con salud (“sano”) vive en armonía y en la actividad que le es propia.

Vivir es también un cuidado continuo ante la enfermedad, (finalmente ante la muerte).[1]

         La enfermedad, una enfermedad seria nos introduce en una gran inestabilidad e incertidumbre acompañada de dolor y sufrimientos físicos y psíquicos; en ocasiones con alguna angustia ante el futuro que se nos presenta y su posible desenlace. Las reacciones de un enfermo, o cuando estamos enfermos, pueden ser extrañas y anárquicas. Si ya estando más o menos sanos, tenemos reacciones extrañas, el cuerpo y el alma del ser humano enfermo puede tener reacciones confusas. Calma.

         La enfermedad es una gran crisis (crisol) en la vida, que puede incluso cambiar la perspectiva y orientación de la existencia.

  1. Cuerpo y alma.

         El ser humano es uno, una unidad compleja, que en nuestra tradición filosófico-teológica (griega) hemos dado en llamar: cuerpo y alma: soma y psyje.

         Hay “enfermedades del alma, del espíritu” (psíquicas): es el complejo mundo de las enfermedades nerviosas, neurosis, depresiones. La psiquiatría y la psicología tienen mucho que decir en este campo.

         Hay enfermedades corporales que afectan a una parte o función del ser humano. Desde que nacemos experimentamos la enfermedad somática más o menos leve o grave.

Siempre se da un influjo e interacción entre soma y psyjé (cuerpo y alma). Probablemente no hay enfermedad somática que no influya en el alma, en el espíritu y no hay estado de ánimo que no afecte al cuerpo. Al fin y al cabo el alma es la totalidad de ser “por dentro”, y el cuerpo es la totalidad de ser vista “hacia fuera”, el cuerpo es la expresión del alma.

  1. La enfermedad nos sitúa en lo más íntimo de nosotros mismos.

         En la enfermedad el ser humano está “muy cerca y muy dentro de sí mismo”. Seguramente no falta la compañía de la familia, de los amigos, de todo el “universo” médico, pero el enfermo vive sólo la enfermedad en su intimidad. Es uno quien vive su propia interioridad enferma, dañada.

         Una enfermedad seria sobreviene como un “tsunami” y te sume en un mar de dudas, preocupaciones, preguntas, amenazas de todo tipo: desde la rebeldía de Job (¡maldito el día en que nací!), pasando por los dilemas que se me presentan, hasta la inseguridad del futuro. Y todo ello agravado por el dolor, el sufrimiento.

Quizás la única  actitud que no se adopta cuando se está enfermo es el escepticismo. El dolor y el sufrimiento son demasiado serios y profundos como para jugar con un frívolo o postmoderno escepticismo.

  1. El enfermo es un paciente, que no es lo mismo que ser cliente de médicos y hospitales.

         Paciencia y paciente vienen del griego: pathos: padecer. El enfermo sufre, padece. Los padecimientos son diversos en la situación de enfermedad: dolor físico, sufrimientos morales, padecimiento por la decrepitud de la vida que se va o que no está en plenitud de energías y facultades. Nos pueden asaltar un montón de preguntas ¿qué será de mí? ¿Qué será de mi familia, los hijos, etc.? ¿Qué será de mí en el “más allá”? ¿Habrá más allá?

         La enfermedad no es solamente una cuestión médica. Es evidente que las ciencias contribuyen mucho a sanar o paliar la enfermedad; pero la enfermedad (y la muerte) la afrontamos también con valor, con afecto, con fe, con esperanza. La enfermedad “acontece” no solamente en un órgano de mi cuerpo, sino en lo más íntimo de mi ser. La vida es una enfermedad mortal, al menos humanamente hablando.

  1. Jesús pasó su vida sanando enfermos.

         La actitud de Jesús no fue la de una invitación estoica a la conformidad. Jesús no fue un ascético o un maestro de espiritualidad, un maestro de religión que amara el dolor y el sufrimiento como fuente de purificación. Él mismo pidió a Dios que pasaran de él los sufrimientos que tenía y que se le avecinaban: que pase de mí este cáliz.

Jesús pasó toda su vida sanando dolencias y enfermedades. Jesús no le dijo nunca a nadie: Dios te ha enviado esta enfermedad, ten paciencia, soporta, te servirá de purificación, etc. Más bien, Jesús cura ciegos, leprosos, neuróticos – epilépticos (endemoniados), a la mujer hemorroísa, paralíticos, etc.

«Los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva» (Mt 11,5)

  1. No os dejaré huérfanos.

         ¡Cuántas veces vemos a Jesús en los evangelios expresando su sentimiento de compasión hacia los pobres y débiles.  Jesús tiene misericordia, sintió lástima… En el evangelio de hoy Jesús nos dice: no os dejaré huérfanos,os enviaré quien os ayude y consuele en la vida (defensor). Jesús camina con nosotros como con los dos de Emaús. Jesús está con nosotros como con los Once. Dios nos protege como protegía con la nube al pueblo en el camino del desierto. No os dejaré huérfanos.

Es la actitud central cuando nos decidimos a ser cristianos: la compasión, el respeto, el amor, la ayuda. El ceremonial y los ritos es cosa secundaria. Tal vez a alguno le suene un poco blasfemo, pero la Eucaristía en estos momentos ¿no se estará celebrando en los bancos de alimentos, en cáritas, en los “comedores sociales”, en la ayudas sociales y familiares?

         El salmo 27,10 dice: «Porque aunque mi padre y mi madre me hayan abandonado, el Señor me recogeráNo os dejaré huérfanos«, nos dice Jesús hoy…

         El sufrimiento, el dolor pueden dominar nuestra existencia. El Señor no nos abandona a nuestra suerte. Está con nosotros aun y sobre todo en las situaciones más duras de enfermedad, de depresión, de sufrimiento, de hundimiento moral, de pecado. Jesús está con nosotros: descendió a los infiernos de la persona y de historia humana para consolarnos (defensor) y devolvernos a la vida.

«No tengáis miedo, que no tiemble vuestro corazón (Jn 14,28), no os dejaré huérfanos

  1. Buenos samaritanos.

         Siempre en la vida, pero más en las situaciones de sufrimiento físico o moral seamos buenos samaritanos.

         Acerquémonos no con palabrería, sino en silencio al enfermo, con simpatía. Simpatía no es ser un charlatán y llenar la vida de risotadas. Simpatía significa exactamente “padecer con”: compadecer con calma y amor, en discreción y respeto. Las personas: familiares, amigos, el pueblo, la Iglesia nos acompañamos en la salud, en el trabajo, en la fiesta, también en el dolor y la enfermedad.

         No abandonemos a los débiles de la tierra.

         Oremos por ellos, por todos.

En este día del enfermo tomemos conciencia de que no podemos abandonar a los que sufren la enfermedad, la pandemia.

         ¿Cuándo te vimos hambriento, enfermo …? Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis pequeños hermanos.

Veamos a Cristo en los enfermos.

[1] ¿Habrá habido algún ser humano que no haya sido “tocado” en su vida por la enfermedad? La muerte no es el punto final de la vida, sino que la muerte está presente en medio de la existencia humana. Vivir es lucha todos los días y a brazo partido contra la muerte.

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“No os quedéis sin Jesús”. 10 de mayo 2020. 5 Pascua (A). Juan 14, 1-12.

domingo, 10 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en “No os quedéis sin Jesús”. 10 de mayo 2020. 5 Pascua (A). Juan 14, 1-12.

joven-caminando-con-jesusAl final de la última cena, Jesús comienza a despedirse de los suyos: ya no estará mucho tiempo con ellos. Los discípulos quedan desconcertados y sobrecogidos. Aunque no les habla claramente, todos intuyen que pronto la muerte lo arrebatará de su lado. ¿Qué será de ellos sin él?

Jesús los ve abatidos. Es el momento de reafirmarlos en la fe, enseñándoles a creer en Dios de manera diferente: «Que no tiemble vuestro corazón. Creed en Dios y creed también en mí». Han de seguir confiando en Dios, pero en adelante han de creer también en él, pues es el mejor camino para creer en Dios.

Jesús les descubre luego un horizonte nuevo. Su muerte no ha de hacer naufragar su fe. En realidad, los deja para encaminarse hacia el misterio del Padre. Pero no los olvidará. Seguirá pensando en ellos. Les preparará un lugar en la casa del Padre y un día volverá para llevárselos consigo. ¡Por fin estarán de nuevo juntos para siempre!

A los discípulos se les hace difícil creer algo tan grandioso. En su corazón se despiertan toda clase de dudas e interrogantes. También a nosotros nos sucede algo parecido: ¿no es todo esto un bello sueño? ¿No es una ilusión engañosa? ¿Quién nos puede garantizar semejante destino? Tomás, con su sentido realista de siempre, solo le hace una pregunta: ¿cómo podemos saber el camino que conduce al misterio de Dios?

La respuesta de Jesús es un desafío inesperado: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». No se conoce en la historia de las religiones una afirmación tan audaz. Jesús se ofrece como el camino que podemos recorrer para entrar en el misterio de un Dios Padre. Él nos puede descubrir el secreto último de la existencia. Él nos puede comunicar la vida plena que anhela el corazón humano.

Son hoy muchos los hombres y mujeres que se han quedado sin caminos hacia Dios. No son ateos. Nunca han rechazado a Dios de manera consciente. Ni ellos mismos saben si creen o no. Tal vez han dejado la Iglesia porque no han encontrado en ella un camino atractivo para buscar con gozo el misterio último de la vida que los creyentes llamamos «Dios».

Al abandonar la Iglesia, algunos han abandonado al mismo tiempo a Jesús. Desde estas modestas líneas yo os quiero decir algo que bastantes intuís. Jesús es más grande que la Iglesia. No confundáis a Cristo con los cristianos. No confundáis su evangelio con nuestros sermones. Aunque lo dejéis todo, no os quedéis sin Jesús. En él encontraréis el camino, la verdad y la vida que nosotros no os hemos sabido mostrar. Jesús os puede sorprender.

José Antonio Pagola

 

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”. Domingo 10 de mayo de 2020. 5º Domingo de Pascua.

domingo, 10 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”. Domingo 10 de mayo de 2020. 5º Domingo de Pascua.

27-PascuaA5 cerezoLeído en Koinonia:

Hch 6,1-7: Eligieron a siete hombres llenos de espíritu
Salmo responsorial 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti
1Pe 2,4-9: Ustedes son una raza elegida, un sacerdocio real
Jn 14,1-12: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida

En la comunidad lucana descrita en la primera lectura, los apóstoles tienen plena conciencia que no lo pueden hacer todo y que necesitan valerse de otros para atender a las necesidades urgentes de la comunidad pero sin desatender el ministerio de la Palabra. Pero ellos no imponen. Invitan a la comunidad a escoger sus propios servidores, animadores. Les presentan a siete personas que son «autorizados» por los apóstoles para satisfacer las necesidades de la comunidad. No son servidores de segunda. Son personas encargadas o enviadas a realizar ministerios diferentes. Pero todos estaban empeñados en la difusión de la Palabra y en el crecimiento numérico y cualificado de la comunidad.

Así mismo, el autor de la carta de Pedro quiere subrayar el papel de todos los miembros de la comunidad creyente en la construcción del templo vivo de Dios. Jesús es la piedra viva, el fundamento, la base para construir la casa de Dios. Sobre esa piedra se instalan las demás piedras, los seguidores de Jesús. De manera pues que no somos sólo espectadores de la construcción. Somos artífices y al mismo tiempo materia fundamental para alcanzar la construcción del gran edificio humano, levantado sobre la roca, Jesucristo, sostenido por la columna del Espíritu Santo y estructurado con la activa cooperación de cada uno de los bautizados. El sacerdocio, más que un honor, un privilegio, una casta… es un dinamismo desatado por el Espíritu para el servicio de la comunidad eclesial. Todos somos ministros, todos sacerdotes, todos servidores en una densa experiencia fraternal al servicio del Reinado de Dios.

El evangelio de Juan revela la situación crítica que vive la comunidad naciente provocada por el ambiente hostil y peligroso en que se va desarrollando. Jesús no sólo es la piedra fundamental, sino que Jesús es también camino, verdad y vida. Los discípulos están confundidos ante las Palabras de Jesús. En los anteriores versículos Jesús ha anunciado la traición de Judas y la negación de Pedro. Este episodio refleja la situación de crisis de los discípulos porque no entienden el camino de Jesús. Las palabras que Jesús pronuncia pretenden alentarles en la esperanza, fortalecerlos en medio de la angustia, devolverles el horizonte de vida.

Jesús es camino, es decir, es proyecto, horizonte de vida para muchos. Su muerte está llena de sentido porque en ella se manifiesta el amor de Dios por la Humanidad y les devuelve la razón de vivir en momentos de confusión y desesperación.

Jesús es verdad: la mentira, el engaño, la corrupción se apodera del corazón de la persona humana. La Palabra anunciada y testimoniada por Jesús, que es la Palabra del Padre, se convierte en criterio de verdad, en transparencia que devuelve la luz.

Es vida: frente a las fuerzas de la muerte que causan terror, Jesús da sentido a la vida, se revela como Señor de la vida y vencedor de la muerte. Y en él todos los que apuestan a favor de un proyecto de vida, de verdad y amor como horizonte que puede salvar a la Humanidad del caos, la injusticia, la corrupción, la exclusión y la maldad.

Quién cree en Jesús cree en el Padre y será transparencia del Resucitado. En el fondo eso es ser cristiano, que es una forma de ser en plenitud hijos/hijas de Dios. Pero la propuesta de Jesús no es un asunto meramente individual, intimista, espiritualista. El proyecto de su seguimiento es exigente y radical. También la persona cristiana, integrada al cuerpo comunitario, debe ser camino, verdad y vida. Estamos llamados a ser una alternativa de vida, junto con otras alternativas de vida -representadas por otras personas y comunidades inspiradas por otras religiones- en medio de un mundo desorientado que con frecuencia no encuentra el sentido de la existencia. Somos servidores de la Vida aún en medio de la muerte que siembra el egoísmo humano cuando desatiende la sabiduría que se manifiesta «por los muchos caminos de Dios». La desatención a esta sabiduría divina manifestada por tantos caminos, repercute en las crecientes injusticias sociales y guerras que pretenden justificarse con apelos a la defensa de la libertad y de la seguridad, o a la imposición de la democracia o de la «libertad de comercio»… pero que en el fondo esconden mezquinos intereses económicos y hegemónicos de las grandes potencias y plagan de hambre y de miseria a los pueblos pobres.

Nuestra misión, pues, como personas cristianas, es juntarnos con muchas otras personas y comunidades creyentes, practicantes de otras religiones, y ser alternativa de vida, de resistencia y esperanza para todos.

En una época como la que vivimos, marcada por la entrada en curso en un nuevo paradigma, el paradigma pluralista, hemos de leer y proclamar con cuidado tanto la expresión de Pedro de un «linaje escogido», como la expresión de Juan, que él pone en labios de Jesús: «Yo soy ‘el’ Camino»… Esta última sobre todo no deja de ser una expresión propia de un lenguaje confesional, un lenguaje de amor y de fe, cultual, y en ese contexto hay que entenderla. No hay que perder de vista que, en otro sentido, son muchos los caminos de Dios, «sus caminos, que no son nuestros caminos», y que nos pueden sorprender siempre con el descubrimiento de «nuevos caminos» de Dios. Recomendamos la lectura de la serie «Por los muchos caminos de Dios», de la Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo, en la colección «Tiempo axial» (http://latinoamericana.org/tiempoaxial). O el libro de José María VIGIL Teología del pluralismo religioso, disponible en la red (http://cursotpr.adg-n.es/?page_id=3). Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

Dom 5 Pascua, 10.5.2020 “Haréis las obras que yo hago, y aún mayores… ” (Jn 14, 12)

domingo, 10 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en Dom 5 Pascua, 10.5.2020 “Haréis las obras que yo hago, y aún mayores… ” (Jn 14, 12)

E62DFB81-63BD-4AF7-8316-AE4D7460C96FDel blog de Xabier Pikaza:

Obras de Jesús, de la Iglesia, del cristiano

 08.05.2020 | Xabier Pikaza
 Éste es un evangelio provocador y escandaloso que termina con unas palabras increíbles (que quizá nadie se cree en esta iglesia):Os aseguro: quien cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo voy al Padre.

Las obras (erga) de Jesús han sido claras a lo largo del evangelio de Juan, en una línea semejante a la  Mt 11, 2-4 (cf. Lc 7, 18-23):los ciegos ven, los cojos andan, que los leprosos quedan limpios, los sordos oyen… los pobres reciben la buena noticia.

Estas obras se entienden en un sentido integral, no exclusivamente «biológico», en una línea que ha sido desarrollada a partir de los profetas (especialmente Isaías): Se trata de ver-conocer, de vivir-caminar, de compartir con todos la limpieza y verdad de la vida, de resucitar, de entender… En ese sentido, los milagros externos de Jesús sólo reciben sentido como signo y motivo de una transformación integral humana.

Juan evangelista ha reinterpretado esas «obras» en sentido de «señales» (sêmeia) signo intenso de una transformación total del hombre… A eso ha dedicado su evangelio, comentando el sentido profundo de las «obras» de Jesús: Curación del paralítico, del ciego, resurrección de marcos… para crear de esa manera iglesia.

La iglesia es según eso el lugar (la comunidad) donde se realizan las obras de Jesús y aún mayores...

Pues bien, Jesús termina el evangelio de este domingo (Jn 14, 1-12) diciendo que ellos seguirán haciendo la obras que él ha hecho y aún mayores.  Pues bien, yo me atrevo a pensar humildemente que, en sentido general, la iglesia posterior no ha creído ni cree en esto que ha dicho aquí Jesús: ¡Ella no se cree capaz de hacer las obras que hacía Jesús y aún mayores! Ha renunciado a ellas, ha tirado la toalla como se dice vulgarmente. Voy a poner tres ejemplos, después de haber leído alguna docenas de comentarios del evangelio de Juan:

  • Los protestantes, en general (a no ser algunos pentecostales menos creíbles) tienden a decir que la única obra de Jesús es la fe,  y que por eso los cristianos no podemos seguir haciendo las obras que Jesús hacía y aún mayores. Es decir que han renunciado al evangelio.
  • Los católicos, en general, también hemos renunciado… y así piensan (pensamos) que Jesús estaba exagerando al decir (harán las obras que yo hago y mayores…). Claro que somos capaces de hacer obras mayores que las de Jesús, pero de un tipo muy distinto, que a él no se le pasaron por la cabeza: Organizamos un gran sistema religioso, celebramos sacramentos que él no celebraría así, somos capaces de hacer obras como la Catedral de San Pedro del Vaticano o de la Almudena que él no habría hecho así… Pero las obras que hacía Jesús…las ponemos en un «escudo» y se las dejamos a él. Parece que hemos renunciado a ellas.
  • Los ortodoxos… No quiero detenerme en ellos, pero creo que van por el mismo camino. Ellos han tendido a convertir las obras de Jesús en una obra litúrgica, icónica, bellísima… que no es mayor ni menor que las de Jesús, sino que es distinta…

 Por eso me produce miedo leer y comentar este evangelio, donde Jesús me dice a mí (que le llamo cristiano), precisamente a mí, no al cura de le esquina, ni a la monja del piso de arriba, ni a la diócesis de Petersburgo: Tú has de hacer las obras que yo hago, y aún mayores…  Y yo le pregunto ¿pero cómo? Antes de seguir con el tema paso al texto:

Texto. Jn 14, 1-12

En la casa de mi Padre hay muchas estancias (moradas) ; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»

Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas,¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»

Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí?

Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: los que creéis en mí haréis las obras que yo hago y aún mayores. Porque yo me voy al Padre. (Jn 14, 1-12).

Reflexión general sobre el  texto:

F67674EC-4840-4F45-B9C0-22F8BA43E143Quizá nunca se han dicho las cosas que aquí se están diciendo, condensadas, luminosas, palabras como rayos que rasgan la oscuridad e iluminan la noche de la vida. Éstos son algunos de los temas:

Las moradas del Padre. “En la casa de mi Padre hay muchas moradas o estancias…”. Todos los caminos llevan no a Roma, sino al Padre, a las Moradas del amor, que supo describir Santa Teresa. Del Padre/Madre venimos y al Padre/Madre vamos… Esa es la experiencia suprema de la vida.

Jesús, el Camino. Caminantes somos, y todos los caminos  del mar y de la tierra condensan para los creyentes en el Cristo. Por eso, quien toma su camino, que es camino de Evangelio, está ya en manos del Padre.

Hay en este evangelio dos grandes maestros que preguntan Uno es Tomás, otroFelipe. Significativamente, ellos aparecen más tarde como autores de los dos evangelios apócrifos más significativos de la Iglesia. Pues bien, aquí no actúan como autores des evangelios, sino como discípulos del único Cristo

El “yo” de Jesús: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida… Éste es el Jesús pascual que se atreve a decir “yo”, como el Dios del Antiguo Testamento (¡Yo soy el que soy!), pero no un yo aislado en sí, sino abierto al Padre (un yo-camino) y dirigido a todos los que quieran acogerle (un yo-ensanchado, que se hace verdad y vida para todos).

El que me ve a mí ve al Padre… Ésta es la experiencia de los cristianos: ver a Jesús resucitado es ver a Dios. No hay un “más allá” de Jesús en un sentido de verdad o vida más alta. En Jesús, abierto al Padre, en Jesús que es Camino, está la verdad, está la vida.

El que cree en mí hará las “obras que yo hago”. Jesús no está cerrado, como maestro exclusivo, sino como maestro que ofrece y comparte, que enseña y promueve. Por eso, sus seguidores, que somos nosotros, podemos hacer no sólo sus obras, sino aún mayores… Y aquí me paro de nuevo, con ese rabino discutiendo con Jesús sobre sus obras.

Las obras de Jesús y aún mayores...

EE9AE413-A10D-4736-9F94-B12A1A24E19BÉste es el tema del evangelio este 10 de Mayo del 2020, en tiempos de coronavirus. Jesús fue haciendo una obras, y al final, cuando se iba, nos dijo que el Padre quería hacer pos nosotros sus obras, y aún mayores… No sé si alguno de mis lectores cree que esto es verdad, que él, que nosotros, podemos hacer obras mayores que las Jesús, en línea de sanación, de conocimiento radical, de iluminación de los ojos del alma, de fortalecimiento de manos y piernas para anda, de resurrección o renacimiento vital…

Yo, X. Pikaza, sé hacer una obras grandes que Jesús no sabía o no quería hacer, escribir libros… Pero eso ¿es una obra de Jesús? ¿No será una obra equivocada, que no es de Jesús, sino de otros que precisamente le criticaban?

Y tu ¿qué obras de Jesús sabes hacer, y aún mayores, en este tiempo de des-escalada del coronavirus?  ¿Decir misas, organizar colectas, hacer procesiones, abrir iglesias, repartir comuniones a niños…?Pienso que todas esas otras muchas pueden estar relacionadas con las de Jesús, pero a lo mejor no coinciden del todo con las que él hacía…

A806F1D3-8551-45CC-8F05-60232941E6AC

El caso sigue siendo hoy, domingo de coronavirus:¿Que obras de Jesús tiene que hacer hoy la iglesia, y aún mayores? ¿Qué obras podemos hacer tú y yo?  Quizá alguno me (nos) ayude a responde a esta pregunta. Mientras tanto, a todos -¡Buen domingo! Feliz y santa desescalada de Coronavirus, con este Cristo Famoso de mi paisano I. Zuloaga, con los devotos  «penitentes», con Ávila al fondo, como ciudad de penitencia.

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

Iglesia naciente, sufriente, creyente. Domingo 5º de Pascua

domingo, 10 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en Iglesia naciente, sufriente, creyente. Domingo 5º de Pascua

Caminando-con-Jesus-300x300Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Las tres lecturas de este domingo nos hablan de los orígenes de la Iglesia, de las persecuciones de la Iglesia, y de nuestra relación con Jesús.

Iglesia naciente

            La primera lectura nos cuenta la institución de los diáconos y el aumento progresivo de la comunidad, subrayando el hecho de que se uniesen a ella incluso sacerdotes.

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el   suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron:

-«No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.»

La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

            La comunidad de Jerusalén estaba formada por judíos de lengua hebrea y judíos de lengua griega (probablemente originarios de países extranjeros, la Diáspora). Los problemas lingüísticos, tan típicos de nuestra época, se daban ya entonces. Los de lengua hebrea se consideraban superiores, los auténticos. Y eso repercute en la atención a las viudas. Lucas, que en otros pasajes del libro de los Hechos subraya tanto el amor mutuo y la igualdad, no puede ocultar en este caso que, desde el principio, se dieron problemas en la comunidad cristiana por motivos económicos.

            Los diáconos son siete, número simbólico, de plenitud. Aunque parecen elegidos para una misión puramente material, permitiendo a los apóstoles dedicarse al apostolado y la oración, en realidad, los dos primeros, Esteban y Felipe, desempeñaron también una intensa labor apostólica. Esteban será, además, el primer mártir cristiano.

Dignidad de la Iglesia sufriente

            La primera carta de Pedro recuerda las numerosas persecuciones y dificultades que atravesó la primitiva iglesia. Lo vimos el domingo pasado y lo veremos en los siguientes. Pero este domingo, aunque se menciona a quienes rechazan a Jesús y el evangelio, la fuerza recae en recordar a cristianos difamados e insultados la enorme dignidad que Dios les ha concedido.

            Mientras los judíos, después de la caída de Jerusalén (año 70), se encuentran sin templo ni posibilidad de ofrecer sacrificios al Señor, los cristianos se convierten en un nuevo templo, en nuevos sacerdotes que ofrecen víctimas a Dios por medio de Jesucristo.

            Al final, recogiendo diversas alusiones del Antiguo Testamento, traza una imagen espléndida de la comunidad cristiana: «Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa».

            En nuestra época, cuando la Iglesia parece cada vez menos importante y se ve atacada y condenada en numerosos ambientes, estas palabras de la carta nos pueden servir de ánimo y consuelo.

Queridos hermanos: Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo. Dice la Escritura: «Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado.» Para vosotros, los creyentes, es de gran precio, pero para los incrédulos es la «piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra angular», en piedra de tropezar y en roca de estrellarse. Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino. Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. 

Camino, verdad y vida

Iglesia creyente

            El evangelio nos sitúa en la última cena, cuando Jesús se despide de sus discípulos. En el pasaje seleccionado podemos distinguir tres partes: el hotel, el camino hacia él, los huéspedes.

            El hotel

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-«Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»

            En la primera parte, Jesús sabe el miedo que puede embargar a los discípulos cuando él desaparezca y queden solos. Y los anima a no temblar, insistiéndoles en que volverán a encontrarse y estarán definitivamente juntos en el gran hotel de Dios, repleto de estancias. Como diría san Pablo, hablando de lo que ocurrirá después de la muerte: «Y así estaremos siempre con el Señor». Esta primera parte, válida para todos los tiempos, adquiere especial significado en esto meses en los que la epidemia del coronavirus ha causado tantas muertes y miles de personas no han podido ni siquiera despedirse de su seres queridos. No están solos. Están con el Señor.

            El camino.

Tomás le dice:

-«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»

Jesús le responde:

-«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»

            La objeción lógica de Tomás, realista como siempre, le permite a Jesús ofrecer una de las mejores definiciones de sí mismo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.» ¿Cómo hablar de Jesús a quienes no lo conocen o lo conocen poco? La mejor fórmula no es la del Concilio de Calcedonia: «Dios de Dios, luz de luz…». Es preferible esta otra: camino, verdad y vida.

            Sugiere que para llegar a Dios hay muchos caminos, pero para llegar a Dios como Padre el único camino es Jesús. El musulmán alaba a Dios como Fuerte (Alla hu akbar). El cristiano lo considera Padre.

            Jesús es también la verdad en medio de las dudas y frente al escepticismo que mostrará más tarde Pilato. La pregunta correcta no es: «¿Qué es la verdad?», sino «¿Quién es la verdad?». La verdad no es un concepto ni un sistema filosófico, se encarna en la persona de Jesús.

Jesús es también la vida que todos anhelamos, la vida eterna, que empieza ya en este mundo y que consiste «en que te conozcan a ti, único dios verdadero, y a quien enviaste, Jesucristo».

Los huéspedes

Felipe le dice:

-«Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»

Jesús le replica:

-«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.»

            Una nueva interrupción, esta vez de Felipe, desemboca en el pasaje más difícil y desconcertante. Ahora no hace falta recorrer ningún camino para llegar al Padre. Para verlo, basta con mirar a Jesús. Estas palabras, que a oídos de los judíos sonarían como pura blasfemia, nos invitan a creer en Jesús como se cree en Dios; a creer que, quien lo ve a él, ve al Padre; quien lo conoce a él, conoce al Padre; que él está en el Padre y el Padre en él. Y al final, el mayor desafío: creer que nosotros, si creemos en Jesús, haremos obras más grandes que las que él hizo. Parece imposible. El padre del niño epiléptico habría dicho: «Creo, Señor, pero me falta mucho. Compensa tú a lo que en mí hay de incrédulo».

            La Iglesia debatirá durante siglos la relación entre Jesús y el Padre, y no llegará a una formulación definitiva hasta casi cuatrocientos años más tarde, en el concilio de Calcedonia (año 452). El evangelio de Juan anticipa la fe que hemos heredado y confesamos.

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

Quinto Domingo de Pascua. 10 Mayo, 2020

domingo, 10 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en Quinto Domingo de Pascua. 10 Mayo, 2020

AC30A917-4E02-4EF6-B87A-44B074A6E8DC

Llevo tanto tiempo con vosotros, ¿y todavía no me conoces, Felipe?”.

(Jn 14, 1-12)

Así, de primeras, ¿cómo te imaginas a Jesús en este momento?

Sí, sí, así. Me refiero a eso que percibes que puede haber detrás de sus palabras, de esta frase, además, sin reparar en el contexto. Más bien tal vez te suene algo así como “Llevo taaaaaaanto tiempo…, ¡¡¿y todavía no me conoces, Felipeee?!!”, a modo mosqueo in crescendo. Aunque también se me ocurre que tal vez, solo tal vez, te lo imagines desanimado; Jesús desanimado, frustrado, triste, encontrándose con sus límites y su ser de barro. En definitiva, Jesús humano.

Pero vamos a entrar en el contexto. Este evangelio nos sitúa en la que llamamos última cena. Jesús ha hecho un gesto de servicio a sus discípulos, les ha lavado los pies; un servicio en esa época asignado a las mujeres y a los esclavos. Y ahí se ha encontrado con la objeción de Pedro, un tanto fanfarrón: “no me lavarás los pies”, pero también con su seguimiento incondicional cuando le responde: “Señor, no sólo los pies, también las manos y la cabeza”. En definitiva, Pedro humano.

Cenan, y al terminar Jesús parte un pan y se lo reparte, toma una copa de vino y se la pasa. Hace un gesto de entrega. Y ahí, se encuentra con que otro discípulo, Judas, sale del lugar en el que están porque ha quedado con las autoridades religiosas para llevarles, a cambio de unas monedas, hasta Jesús. Judas el oportunista, el “por interés te quiero Andrés”, el negociante. Judas humano, al fin y al cabo.

Y ahora, después de estos gestos tan significativos y culmen de su vida, ahora que les está hablando del Padre, que se reconoce Hijo y Hermano… es aquí cuando descubre que otro de los suyos, Felipe, o no se ha enterado de nada o de muy poco. Felipe el despistado, distraído, tal vez incluso el “mente embotada”. Felipe humano, claramente humano.

Ahora sí. Ahora, ¿cómo te imaginas a Jesús en este momento? Adéntrate a verlo, apostando por los suyos una vez más, dándoles otra oportunidad a pesar de todo. En definitiva… Jesús humano.

Oración

Abre nuestros ojos, Señor.

Y abre nuestro corazón, Señor.

Abre nuestra escucha a tu susurro “no temáis, soy yo”.

Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

En Jesús podemos encontrar al Dios-Vida.

domingo, 10 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en En Jesús podemos encontrar al Dios-Vida.

homiliaJn 14, 1-12

El contexto de este evangelio es el discurso de despedida después de la cena en el evangelio de Jn. En el capítulo 13 el centro es Jesús. Termina con la despedida, diciendo: a donde yo voy vosotros no podéis venir. En este capítulo 14 el centro es el Padre. El ambiente es de profunda inquietud y zozobra. La traición de Judas, el anuncio de la negación de Pedro, el anuncio de la partida. Todo es terriblemente inquietante. Está justificada la repetida invitación a la confianza. La clave del mensaje en este capítulo es la relación de Jesús y la de cada uno de sus discípulos con el Padre.

Aunque Jn pone en boca de Jesús todo el discurso, en realidad se trata de reflexiones de la comunidad a través de muchos años de vivencia cristiana. Lo que se propone como futuro es ya presente para el que escribe y para aquella comunidad para la que se escribe. Pero este presente deja entrever un nuevo futuro que el Espíritu irá realizando. Se percibe la dificultad que tiene la comunidad de expresar su experiencia. Esta vivencia pascual está anclada en la presencia viva de Jesús, del Espíritu y del Padre. Los tres forman parte de una Realidad que les acompaña y les transforma.

Creed en Dios y creed también en mí. “Pisteuete eis”, no significa creer, en el sentido que damos hoy a esa palabra. Sería “creer” en sentido bíblico, es decir, poned vuestra confianza en… Jn utiliza esta construcción 30 veces, aplicada a Jesús. Solo en 12,44 y aquí pone como término a Dios, indicando claramente la identidad de ambas adhesiones. La confianza en Jesús y la confianza en Dios son la misma realidad. Si buscan a Dios, están en el buen camino, porque están con él. No tienen nada que temer porque Jesús les acercará al Padre con el que está identificado.

En el hogar de mi Padre hay muchas estancias. Jesús va al Padre para procurarles un tipo de relación con Dios, similar a la suya. No hay diferencia entre unas moradas y otras. No se trata de un lugar, sino del ámbito del amor de Dios. En el corazón de Dios, todos tienen cabida. También podía traducirse: en la familia de Dios hay sitio para todos. Todos los seres humanos están llamados a formar parte de la familia del mismo Dios. Jesús está en el seno del Padre y todos pueden sentirse allí.

Todo el lenguaje es mítico-simbólico. Me voy, me quedo, vuelvo, no se puede entender literalmente. Esta teología es clave para entender la marcha de Jesús y a la vez, su permanencia. Aunque la formulación es mítica, el mensaje sigue siendo válido. Hoy tendríamos que decir que la meta de todo está en Dios. Esa identificación con Dios es la que tenemos que descubrir y vivirla ya aquí. En Jesús, Dios ha manifestado su proyecto para el hombre, que se tiene que realizar en cada uno.

Yo soy Camino. Yo soy Verdad. Yo soy Vida. Sin artículo ni determinado ni indeterminado, porque lo que se quiere decir que está más allá de ambos. Se trata del texto más profundo de todo el evangelio. Camino, Verdad, Vida hacen referencia al Padre. No se pueden separar los conceptos. La Realidad a la que se refieren está más allá de tiempo y espacio. Se han dado infinidad de interpretaciones desde los primeros padres y siguen hoy los exégetas intentando desentrañar el significado del texto.

Jesús es Camino, que empieza y termina en Dios. En medio está Jesús, pero no significa espacio ninguno. Desde Dios hasta Dios no puede haber ningún trecho. Jesús es, como todo ser humano, un proyecto ya realizado, porque recorrió el camino que le llevó a la plenitud humana. Ese camino es el amor total que abarca toda su vida. Los que le siguen deben recorrer también ese camino, es decir, ir de Dios que es su origen hasta Dios que es la meta. En el AT el camino era la Ley. Jesús la sustituye por su persona.

Yo soy verdad, es decir soy lo que tengo que ser. No se trata de la verdad lógica sino de la verdad ontológica que hace referencia al ser. Jesús es auténtico, hace presente a Dios, que es su verdadero ser. Es lo que tiene que ser. Lo contrario sería ser falso. “Yo soy” es el nombre que se dio a sí mismo Dios en la zarza. Jn repite hasta la saciedad el “yo soy”. El complemento puede ser cualquiera: puerta, pastor, camino, vida, verdad, vid. Si descubro y vivo que Dios está identificado conmigo, ya lo soy todo.

Yo soy Vida, es decir, lo esencial de mi ser está en la energía (Dios) que hace que sea lo que soy. Recordad: «El Padre que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me coma, vivirá por mí.» Está hablando de la misma Vida que es Dios, que se le ha comunicado a él y que se nos comunica a nosotros. De la misma manera que no podemos encontrar la vida biológica independientemente de un ser que la posea, así no podemos encontrarnos con un Dios ahí fuera separado de un ser que lo manifieste.

Nadie va al Padre sino por mí. También se podía decir: a nadie viene el Padre si no es por mí. En c. 6 había dicho: “nadie viene a mí si el Padre no lo atrae”. Las dos ideas se complementan. Para el que nace del Espíritu, el Padre no es alguien lejano ni en espacio ni en tiempo, su presencia es inmediata. Hacerse hijo es hacer presente al Padre. La identificación con Jesús, hace al discípulo participar de la misma Vida-Dios. Ni el Padre tiene que venir de ninguna parte ni nosotros que ir. Él está ya en nosotros.

Si llegáis a conocerme del todo, conoceréis también a mi Padre”. Una vez más se refleja el “ya, pero todavía no” de la primera comunidad. El seguimiento de Jesús es un dinamismo constante. No se trata de progresar en el conocimiento, sino en la comunión por amor. El conocimiento vivencial de Jesús, hará que el Padre se manifieste en el discípulo. Lo que pide Felipe es una teofanía como las narradas en el AT. Piensa que Jesús es un representante de Dios, no la presencia misma de Dios.

¿Cómo dices tú, muéstranos al Padre? Esta queja es una clara reflexión pascual. En su vida pública, sus seguidores no entendieron ni jota de lo que era Jesús. Felipe sigue separando a Dios del hombre. No ha descubierto el alcance del amor-Dios ni su proyecto sobre el hombre. No se han enterado de que Dios sólo es visible en el hombre. Desde esta perspectiva, Jesús podía decir: quien me ve a mí, ve a mi Padre. Y: si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre porque el Padre es más que yo. Seguimos cayendo en la trampa de querer ver a Dios de manera rotunda y segura.

Las exigencias que os propongo no lo hablo por cuenta propia”. “Remata” no significa dicho o palabra sino propuesta, exigencia realizada y manifestada a través de la vida. Fíjate que a continuación habla de obras: “el Padre que permanece en mí, él mismo hace las obras”. Y a continuación: “si no me creéis a mí, creed a las obras”. Las obras son la manifestación de que Dios está en Jesús. El Padre ejerce su actividad creadora a través de Jesús. Él, a partir de su propia experiencia, propone las “exigencias” que Dios le pide a él. Jesús, a través de sus obras, realiza el designio creador.

Meditación

Jesús descubrió el camino que le llevo a su Centro.
Ese Centro fue su Verdad y allí encontró la Vida,
la misma VIDA de Dios que se le comunica.
Tengo que encontrar mi propio camino,
que me llevará también al mismo Centro.
En él encontraré mi Verdad, que me dará la misma Vida.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

Yo creo en tí.

domingo, 10 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en Yo creo en tí.

293034B9-10D6-438E-BB33-14DB84928620Ve con confianza en la dirección de tus sueños y vive la vida que has imaginado (Henry David Thoreau)

10 de mayo. DOMINGO V DE PASCUA

Jn 14, 1-12

No os tu turbéis, creed en Dios en mí (v14, 1)

Muchas veces escuchamos decir a la gente que las personas religiosas no piensan, no se cuestionan las cosas, no son inteligentes; los católicos repiten lo que dice el Papa, creen en dogmas, pero no saben explicar lo que creen.

Y si bien, como en todo, existen personas que quizás repiten sin reflexionar, o creen sin cuestionar, no son la mayoría, pues todo buen cristiano debe conocer lo que cree. La fe no es ciega, es luz, lo cual nos permite ver profundamente y comprender la realidad de un modo único.

La fe no es irracional; si bien va más allá de la razón, no queda limitada por ella. La fe es racional, es lógica.

“Las esperanzas vanas y engañosas son para el imbécil, los sueños dan alas a los insensatos; tratar de asir una sombra o perseguir el viento es buscar apoyo en los sueños” (Eclesiástico 34, 1-2)

Pero las palabras de Jesús no es suficiente soñarlas, hay que oírlas bien primero, y luego llevarlas a la práctica.

Quienes no nos engañan nunca, porque la trampa sería una traición a su propia naturaleza, son los animales y las plantas, y porque según el Antiguo Testamento, “todo lo creado es carne mortal (Génesis 6, 13), o Isaías 40, 6: “Toda carne mortal como hierba, y toda su belleza flor campestre”.

En La vida secreta de las plantas, Peter Tompkins y Christopher Bird dicen:

“Las plantas son seres vivos maravillosos, únicas criaturas que en medio del silencio producen su propio alimento y constituyen la mayor fuente de riqueza de nuestro planetay que todos los seres existentes -el hombre, las plantas, la Tierra, los planetas y las estrellas- se relacionan íntimamente entre sí: lo que afecta a uno de ellos afecta a los demás, manteniendo relaciones físicas, emocionales y espirituales entre las plantas y el hombre.

Si yo no creyera en ti, Jesús, pensaría que te estoy traicionando, a ti y a mí de algún modo, y sentiría y tendría grandes remordimientos en las ideas de mi conciencia.

Escribió Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray: Todos los impulsos que nos esforzamos por estrangular se multiplican en la mente y nos envenenan. Después no queda nada, excepto el recuerdo de un placer o la voluptuosidad de un remordimiento.

Lo ideal sería estar convencidos de que Dios hizo desde el principio un mundo distinto, que está dentro y fuera de nosotros mismos, donde deberíamos intentar vivir.

Zaida C. de Ramón dice así en uno de sus Poemas:

COMO UN BARCO A LA DERIVA

Nunca olvidaré aquel día
cuando a mi vida llegaste
en tinieblas yo me hallaba,
mas Tú mi senda alumbraste.

Entre multitud de gente
vagaba sin esperanza
como un barco a la deriva
naufragando, iba mi alma.

A inquirir comencé un día
¿qué pasaba? no sabía
entre temores y dudas,
existía, mas no vivía.

¿Qué pasa conmigo, Dios?
¿Qué es lo que me está pasando?
Quiero reír y no puedo;
siempre termino llorando.

Ayúdame mi buen Dios;
ayúdame, te lo pido
sana ya mi corazón
y llena hoy mi vacío

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

Camino, Verdad y Vida.

domingo, 10 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en Camino, Verdad y Vida.

publicacionvdomingo-de-pascuaJn 14, 1-12

10 de mayo de 2020

El Evangelio de Juan siempre es catalogado como el más complejo, elevado, teológico; no falta razón si accedemos a él intentando comprenderlo del tirón o como un relato histórico. Pero también se le puede definir como muy profundo en cuanto a la visión de Dios y del ser humano. En ese sentido, el texto de este 5º domingo de Pascua nos revela la vida interior de Jesús, donde está Dios y desde donde Dios se revela a la humanidad. Parece un juego de palabras, pero están apuntando a lo más íntimo de nuestra existencia desde una perspectiva cristiana.

Estas palabras de Jesús forman parte de los discursos de despedida antes de su muerte. Cuando es pronunciado, el clima entre ellos era de máxima tensión y de espera incierta del desenlace. Era un momento paradójico, incomprensible pues tenían que sincronizar, por un lado, el mensaje del mandamiento del amor que acababan de escuchar con la decepcionante traición de Judas; por otro, el ejemplo radical del lavatorio de los pies con la predicción de la negación de Pedro. En medio de esta situación planteada, el Evangelio de Juan pone en escena a Jesús cuyas primeras palabras intentan situar a los oyentes en una posición de aliento y de nueva mirada: “no estéis angustiados, confiad en Dios y confiad en mí”. La angustia, el miedo, nos paralizan y nos permiten ver por una rendija la realidad y, a veces, bastante distorsionada. Jesús propone vivir desde la confianza profunda porque amplía el campo de visión y genera descanso y mayor lucidez. Lo contrario al miedo no es la valentía sino la confianza, la valentía es una consecuencia de esa confianza profunda en la energía vital y trascendente que todos tenemos. Buen mensaje para vivir así los tiempos que corren.

Pero Jesús quiere que demos un paso más como creyentes. Su discurso tiene una clara pretensión de revelar cómo es nuestro interior y cómo manejarlo para no convertir la fe en una creencia sino en una experiencia. Que no nos asustemos si nos asomamos a lo que hay dentro de nosotros y que lo podamos comprender. Dice que ahí está el Padre, es decir, el origen de nuestra existencia, la fuerza creadora que sostiene nuestra vida. Esa Presencia puede ser creíble a los ojos de los demás a través de las obras, de lo que somos, decimos, decidimos, omitimos, pensamos…Y nos propone mirarle de una manera nueva, mirarle como Camino, como Verdad y como Vida. Como Camino y no como un código ético que excluye a los no entran en esta ruta o a los que, creativamente, descubren nuevas formas de acceder a Él. Camino es una dirección que conduce a un horizonte y que es esencial saber adónde se va a llegar como comunidad humana. Ese horizonte nos habla de la plenitud, una plenitud bien aireada en este tiempo de Pascua. Como Verdad, es decir, como la conciencia humana de Dios, la evidencia en nuestra historia de que existe. No es una Verdad excluyente, todo lo contrario, es una Verdad liberadora y para todo el género humano. Como Vida, una vida que, como nos muestran los escritos joánicos, recorre las profundidades humanas y es eterna, ilimitada, nos une con la Divinidad y nos sostiene en cada momento de la existencia.

A veces, nos invade el pragmatismo cuando nos situamos ante el mensaje del Evangelio. Parece que siempre hay que sacar un compromiso, una forma de actuar, un acto para mejorar la vida. Mirarnos y mirar a Dios de una manera nueva es mucho más pragmático a largo plazo porque nos cambia desde dentro. Hoy recibimos una revelación que no tiene precio: somos prolongación de Jesús; como bien rezamos en el Credo, “de la misma naturaleza que el Padre”, de la misma esencia, compartiendo raíz, origen y horizonte. Esta es nuestra fuerza y nuestra nueva mirada.

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , , ,

La fuente de la Paz

domingo, 10 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en La fuente de la Paz

Felicidad-verdaderaDomingo V de Pascua

10 mayo 2020

Jn 14, 1-12

Hay personas que buscan la calma en la relajación, la práctica del yoga o del mindfulness. Y está bien. El cuidado integral de la persona requiere prácticas que relajen el cuerpo y acallen la mente. Sin embargo, la fuente real de la calma o de la paz es la comprensión experiencial de lo que somos.

          En lenguaje teísta se habla de “creer en Dios”, en el sentido de “confiar”. En un sentido más amplio y en un lenguaje no religioso (universal), equivale a decir: “Confía en el fondo de lo real, confía en la vida”

         Ese “Fondo” último, como bien expresara el Maestro Eckhart, es a la vez nuestro propio Fondo. Cuando lo comprendemos, dejamos de vernos como el yo separado para reconocernos en nuestra verdadera identidad.

          Parece que, por venir de donde históricamente venimos y por la propia naturaleza de nuestra mente, unido a la necesidad infantil de seguridad en alguien exterior (padre “todopoderoso”, madre…), el ser humano sueña con alguna presencia “exterior” protectora que le pueda aportar confianza, sobre todo en tiempos de incertidumbre o de angustia.

          Eso explica que se haya vivido la religión en esa clave, en la espera de un “Padre todopoderoso” –que recuerda mucho al del sueño infantil– en quien confiar y a cuyo amparo acudir.

          Por eso, al caer la idea de un Dios separado que habitara en otro “piso” superior –al ir descomponiéndose la creencia–, no pocas personas experimentan una sensación de soledad, como si hubieran quedado de pronto a la intemperie.

          Sin embargo, si se lee bien, el propio texto ofrece la clave de comprensión: “Quien me ve a mí, ve al Padre”. El término “Padre” es una metáfora que apunta a ese Fondo inefable, que transciende la mente y la palabra. Y Jesús, hombre sabio, afirma que ese Fondo es lo que somos; que, miremos donde miremos, estamos viéndolo permanentemente.

          Con todo ello, las palabras con que empieza el texto podrían traducirse” de este modo: No perdáis la calma, comprended lo que sois. “Creer en Dios” equivale a confiar en el Fondo último de lo real; “creer en mí” es una invitación a reconocer en cada uno y cada una de nosotros lo que el propio Jesús reconocía en sí mismo.

          Cuando comprendemos vivencialmente lo que somos, brilla “la paz que supera todo lo que podemos pensar” (Filp 4,7). Porque, como dijera el sabio chino Huanchu Daoren en el siglo XVII, “la calma en medio de la quietud no es verdadera calma; mantenerse tranquilo en medio de la turbulencia, esa es la verdadera calma. La felicidad en medio del bienestar no es verdadera felicidad; mantenerse feliz al enfrentar la adversidad, ese es el verdadero potencial de tu mente”.

¿He encontrado el “lugar” de la paz?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

No perdamos la calma en la vida.

domingo, 10 de mayo de 2020
Comentarios desactivados en No perdamos la calma en la vida.

D25D0E6D-599F-48EC-B4A6-F9D156E29E16Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

  1. mi alma está triste hasta la muerte.

La invitación a la calma con la que comienza el evangelio de hoy se sitúa en un contexto de mucha agitación: Judas ha salido ya de la cena, los acontecimientos últimos de Jesús se van precipitando, los discípulos presienten la pérdida de Jesús. El mismo Jesús en el huerto de los olivos (Getsemaní va a sentirse angustiadoy con una tristeza mortal (Mc 14,33-34) ante lo que se le venía encima. Mi alma está triste hasta la muerte, (Mt 26,38).

         También nosotros estamos o podemos atravesar violentas turbulencias y vivir en tristeza y angustia. “Getsemaníes” hay muchos y para todos en la vida: por razones de salud-enfermedad, por desestabilizaciones físicas, psíquicas, por decepciones profundas, por el mismo pecado, por los cansancios existenciales.

         Si somos sensibles, nos causan indignación y coraje la actitud y criterios de muchos políticos, de no pocos obispos, el mal trato a muchos emigrantes, las personas indefensas ante el poder civil y eclesiástico, los ancianos maltratados o despreciados. La pandemia nos puede causar una sensación no tanto de aburrimiento, que sería lo de menos, sino de una incertidumbre difusa: ¿qué será de nosotros, de nuestras gentes? ¿Cómo irán las cosas?

         En la situación actual podemos sentir miedo y / o angustia.

El miedo es una vivencia fuerte e intensa que sentimos ante la presencia de un peligro más o menos inmediato y concreto.

La angustia (palabra originaria que significa angosto, estrecho) es un estado afectivo sufriente que aparece como reacción ante un peligro más bien desconocido, difuso pero que afecta embarga a toda la persona hasta su última célula o neurona.

El miedo y la angustia pueden impregnar nuestra vida y pueden provenir de las causas más diversas: miedo ante una enfermedad, problemas afectivos, económicos, etc.

  1. No perdáis la calma

         El mismo Jesús que tantas veces les dijo a los suyos y a nosotros: no perdáis la calma, no temáis:

Jn 6,20       (saliendo del lago) Jesús les dijo: Soy yo; no temáis.

Jn 14,1       No perdáis la calma, creed en Dios: creed también en mí.

Jn 14,17     La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Jn 16, 33    Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tenéis tribulación; pero confiad, yo he vencido al mundo

Jn 20,19-21         Entonces, al atardecer de aquel día, el primero de la semana, y estando cerradas las puertas los discípulos encontraban por miedo a los judíos, Jesús vino y se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros.

         No tengáis miedo en la vida, confiad.

La confianza (fe) no es ni sedación, ni seguridad.

Por una parte la confianza no es una sedación química de la farmacopea, necesaria en algunos casos, pero no es el estado de ánimo humano habitual, (no es lo mismo estar dormido-sedado, que estar en paz).

Tampoco la confianza viene de una seguridad doctrinal  o legal que proviene de que está permitido o prohibido; o, ésta doctrina es así y yo la digo así, luego tengo razón. Eso tiene que ver más con el legalismo y fariseísmo, que con la paz del Señor, la serenidad profunda.

La confianza se ventila en la intimidad del alma, en lo hondo del ser donde nos encontramos con nosotros mismos y con Dios: ese encuentro último es causa de una gran serenidad  y paz, incluso alegría.

         La confianza, la fe, es fuente de serenidad y calma. La desconfianza es causa de gran ansiedad y angustia.

         El vacío, el miedo, la angustia no se superan con estructuras, con poder, ni con dinero sino con la confianza, la fe que acontece en el silencio ante Dios.

  1. El futuro absoluto: en la casa de mi Padre hay muchas estancias.

         Jesús no se refiere a tener una casa, una estancia o un hotel de lujo medicalizado. Tampoco la casa del Padre es el Templo: Jesús habla de destruir este templo y comienza volcando las mesas y el negocio de los cambistas, etc.

         La casa del Padre es la intimidad y cercanía de Dios. El cielo no es un lugar, sino la vivencia en la confianza con Dios. El lugar del ser humano es Dios.

En la confianza, en el amor no hay temor, (1Jn 4,18). No tenemos miedo a aquella persona en la que confiamos, más bien todo lo contrario, la estimamos, la queremos, nos fiamos de tal persona.

Quien me ve a mí, ve al Padre.

A Cristo le vemos el ser humano. El hombre es sacramento de Cristo: ¿Cuándo te vimos hambriento, sediento, enfermo, encarcelado, desnudo? Cada vez que lo hicimos con uno de los pobres hermanos de Jesús.

Ahí radica la fe, la confianza. Cuando amamos y trabajamos por el hermano, estamos en calma.

Mal que bien parece que estamos saliendo de esta pandemia. Eso también es evangelio: buena noticia. Pero lo decisivo es el futuro absoluto, la esperanza en que la historia y el Universo terminan bien en las “estancias”, en Dios.

  1. la esperanza es la hija de la confianza.

         La esperanza es la relación amable que establecemos con el futuro. La relación amable nace de la confianza. Confío, me fío, por eso espero.

         Yo no pongo mi confianza en la institución, en las estructuras, en el poder. Siempre que haya instituciones humanas habrá lucha por el poder y por tanto, desasosiego y ansiedad.

         Confiamos y esperamos en el futuro, en el horizonte, en la Vida. ¿Quién sabe cómo será el futuro? De algún modo hemos de hablar. La cuestión no es cómo será el futuro, el cielo, sino lo decisivo es que será.

         Confiad, esperad.

  1. Yo soy el camino, la verdad y la vida.

         Ya desde el prólogo, desde el comienzo del evangelio de San Juan, la Palabra, Jesús es la luz, la verdad y la vida.

         No se trata de una cuestión moral

  • o El camino no es el juridicismo, menos el legalismo. El camino es el Señor, el Hijo, expresión del Padre, que nos guía y orienta siempre. El camino hacia Dios es el ser humano.
  • o La Verdad no es una “pedrada dogmática” que ya nadie entiende, sino una nostalgia infinita del encuentro con el Señor: La Verdad en el cristianismo no es un libro, sino una persona: Cristo.
  • o La vida es la vida, ámala y defiéndela. Cristo es la vida: el que cree tiene ya la Vida.

No hay caminos, sino horizontes, estelas en la mar  (A Machado), búsquedas, Éxodos y Emaús.

No perdáis la calma, confiad.

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

Recordatorio

Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.

Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.

Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada. no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.

Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.