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Moverse trae abundancia

domingo, 10 de febrero de 2019
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jesus e a pesca milagrosaLc 5,1-11

Sería muy difícil precisar, en este texto, lo que es recuerdo o tradición y lo que ha ido evolucionando desde la actividad redaccional de Lucas. Aun así, nos interesa adentrarnos en el significado de lo que acontece en esta trama. Comienza situando a Jesús como un gran predicador-maestro, un guía capaz de congregar a muchas personas para escuchar “la palabra de Dios”. Su liderazgo, en medio del pueblo, parece ya en proceso de consolidación. Observemos que la posición de Jesús muestra un doble movimiento en la puesta en escena: primero está “en pie”, después “sentado en la barca”, una expresión que no puede pasar desapercibida porque nos refiere a una solidez personal, en el primer caso, y un alto grado de poder ejercido desde la predicación, en el segundo. Se trataría de enmarcar bien el rol de Jesús y su fuerza frente a la relación con los que van a seguirle.

Hasta este momento no tiene seguidores, tan sólo oyentes curiosos algunos, cuestionados otros. Con este relato, Jesús muestra su deseo de aglutinar en torno a sí cooperantes que den fuerza y vigor al movimiento mesiánico en el que se había embarcado y al que se siente llamado. Se encuentra con unos pescadores de profesión; Jesús entra en la cotidianeidad de estos personajes que viven la frustración propia de la improductividad en el trabajo cuando parece que no hay ni recursos ni condiciones favorables. Jesús les invita a echar las redes de nuevo, pero no en el mismo sitio donde lo hacían sino “mar adentro”. Es muy importante esta indicación porque les muestra algo tan sensato y básico como que, si queremos obtener resultados diferentes, no podemos hacer siempre lo mismo. Y sabemos que esto nos ocurre con cierta frecuencia. Estos pescadores se fían de esa indicación, la siguen y obtienen una gran pesca. La reacción es de asombro y de reconocer que tal vez no merecían tanto. Aún así, superado el primer nivel emocional, estos pescadores encuentran un sentido nuevo y una dirección diferente para avanzar en la vida. Jesús les llama explícitamente, “os haré pescadores de hombres”, es decir, os invito a que me ayudéis a situar a las personas en una posición diferente para recuperar la verdadera esencia de la vida.

Y es esta una clave importante en el proceso del seguimiento a Jesús. Se intuye la llamada en la misma vida, en los quehaceres cotidianos, no hay nada especial ni sobrenatural. El verdadero milagro no es la llamada a una vida diferente sino cuando esa llamada te lleva a un cambio de posición existencial, cuando te das cuenta de que en la zona de confort todo es plano, te dejas llevar por las circunstancias, no hay movimientos, hay quietud, pero tal vez sequía interior. ¿Para qué me voy a mover si ya no necesito nada más? Sólo cuando aparece una nueva conciencia, una nueva mirada sobre lo que se vive, se puede percibir que la desesperanza y el desánimo frente a lo que no nos llena la vida, reaviva ese deseo de movernos y dirigirnos a otros espacios que den un nuevo sentido.

Otra clave importante son las palabras “rema mar adentro”; el cambio de posición frente a la vida ya no es buscar en el mismo sitio sino cambiar de plano y conectar con las corrientes más profundas que nos traen un mensaje de “abundancia”. Los pescadores reventaron las redes, la mirada hacia la fuente de lo que somos nos hace vivir en una conciencia de sobreabundancia y no de carencia; evidentemente no me refiero a lo material; una sobreabundancia de sentido, de asiento en un suelo que conecta con lo que trasciende lo puramente limitado. Nos sitúa en el milagro de una nueva visión de la vida y del ser humano. El seguimiento a Jesús es una experiencia vital de abundancia que moviliza a dar, no lo que me sobra sino lo que soy en esencia.

Os invito a llevar la mirada ahora a nuestra manera de vivir la fe, la religiosidad, la dimensión creyente de nuestra vida. Este texto también nos invita a movernos. Como decía al principio, si queremos otros resultados ¿por qué seguir en la misma posición? ¿qué sentido tiene seguir en la queja de que las Iglesias están vacías, que en nuestros jóvenes no cuaja el mensaje cristiano, que las vocaciones religiosas apenas remontan, que no hay ya presencia cristiana en nuestro mundo? ¿realmente nos creemos que no hay nada que cambiar o que los que tienen que cambiar son otros? Quizá nuestro compromiso ya no es mantener una tradición que nos mantiene paralizados y en modo de carencia, más bien atrevernos a generar una nueva tradición desde la creatividad y valentía. Son ingredientes imprescindibles, hoy, para hacer más visible y creíble el mensaje de Jesús, el mensaje de que es posible una nueva humanidad transida de igualdad, justicia, inclusión, liberación y sentido. ¿No sería este un gran milagro en este momento de nuestra historia?

¡¡FELIZ DOMINGO!!

 Rosario Ramos

10 de febrero de 2019

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¿Desde dónde me vivo?

domingo, 10 de febrero de 2019
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05_pescadorDomingo V del Tiempo Ordinario

Lc  5, 1-11

Tal como ha llegado hasta nosotros, el texto presenta un “relato de vocación” en el marco de un “relato de milagro” que, leído simbólicamente, constituye una profunda catequesis eclesiológica y, sobre todo, cristológica. Trataré de hacer una lectura en consonancia con el modo como debió leerlo aquella primera comunidad de discípulos para, a continuación, afrontarlo desde el modelo no-dual.

El relato de vocación es un género literario que, en el evangelio, sigue las mismas pautas: Jesús llama, ellos lo dejan todo y lo siguen. Por su parte, en el relato de milagro lo que importa es percibirlo como signo de la actuación de Dios en Jesús que se traduce en salud, liberación y vida.

La barca es símbolo de la comunidad –más tarde se hablará de la Iglesia como de la “barca de Pedro”– y la pesca evoca el llamado “trabajo apostólico o pastoral”, que se entendía como “traer a todos a la verdad”, identificada esta con la creencia de la propia comunidad.

En esa tarea, en la que se halla comprometida la Iglesia –es, por ello, una catequesis eclesiológica–, el cansancio y el desaliento han hecho presa en los discípulos, tras una noche de trabajo en la que no han conseguido nada. Pues bien, al actuar en nombre de Jesús –“por tu palabra”–, el resultado supera todas las expectativas y produce en Simón una actitud de asombro que le hace postrarse ante Jesús en adoración. Este es el núcleo de la catequesis cristológica: cuando se actúa en el nombre de Jesús el fruto del trabajo está siempre asegurado.

Esa es la lectura que nace de una postura creyente, en clave religiosa teísta, que cree en Jesús como el Hijo de Dios (separado), al que se reconoce como “Salvador”. En este “mapa”, se identifica la propia creencia con la verdad en sí misma, por lo que la tarea apostólica se convierte, en la práctica, en proselitismo, orientado a traer a toda la humanidad a la verdad que nos ha sido revelada.

Sin embargo, esta lectura encuentra cada vez más disonancias con lo que es nuestro modo de leer la realidad. No solo por el cuestionamiento radical de la idea de un “dios” separado, sino por el propio modo de entender la verdad. No es extraño, por tanto, que se vaya abriendo camino otra lectura, no “religiosa”, sino “espiritual”, desde una clave no-dual. Tal como lo veo, esta clave resulta más adecuada desde nuestra comprensión.

Desde esta nueva perspectiva, Jesús no es un ser separado, ni un salvador venido de fuera, sino un hombre sabio que ha visto lo que somos todos y lo ha vivido en profundidad. Lo que es Jesús lo somos todos –compartimos la misma y única identidad–, por lo que constituye un “espejo” que nos refleja; su palabra, como toda palabra sabia, nos hace crecer en comprensión y celebrar y vivir lo que somos.

Desde aquí podemos aproximarnos al relato. En él vemos nuestro trabajo y nuestro cansancio, el desaliento y, al mismo tiempo, la esperanza. Todo se ventila en el “desde dónde” vivimos la tarea: desde nuestro interés alicorto y la búsqueda de una gratificación individual o desde la comprensión de lo que somos. En este último caso, nos experimentamos, al igual que Jesús, como cauce o canal limpio por el que la Vida (“Dios”) se expresa.

En el primer caso, nos sentiremos frustrados, abatidos y desesperanzados siempre que no obtengamos el fruto deseado. Por el contrario, en el segundo, viviremos con paz lo que acontezca ya que, como dijera el propio Jesús, “no busco hacer mi voluntad, sino la voluntad de quien me ha enviado” (Jn 5,30).

Acertamos cuando nos alineamos con la Vida (“Dios”), cuando queremos lo que la Vida (“Dios”) quiere, cuando vivimos la aceptación radical, entre la resistencia que genera sufrimiento y la resignación que paraliza.

¿Desde dónde me vivo? ¿Qué busco con lo que hago?

Enrique Martínez Lozano

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La llamada de la Vida

domingo, 10 de febrero de 2019
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indumar432Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. LA VIDA NOS LLAMA. TODOS SOMOS LLAMADOS.

Las dos lecturas de hoy nos hablan e invitan a seguir la llamada de JesuCristo; y -si no se es muy creyente-, o, tal vez, queremos ampliar un poco la cuestión: seguir la llamada de la vida
Hemos asistido a la llamada de Isaías que siente miedo: ¡ay de mí estoy perdido!, sino embargo acoge la llamada: “aquí estoy, mándame”. Aquel puñado de pescadores con Pedro, mejor o peor, siguieron a Cristo. Samuel, los profetas, Pablo y tantos otros, siguieron la llamada…

Todos somos llamados. A todos nos llama la voz de la vida, del amor, nos seduce la felicidad, la verdad, la libertad, la justicia, la paz.

No confundamos la llamada de la vida y de Dios con un seminario o con la vocación sacerdotal. No caigamos en un clericalismo barato y cerrado.

En el fondo es Dios quien nos atrae a todos con una fuerza irresistible. Tras las realidades y mediaciones de la vida cotidiana, es Dios quien nos llama.

Cuando Isaías se siente llamado por Dios, “habría preferido morirse”, “meterse bajo tierra”: soy “hombre de labios impuros, pobre de mí”. Lo mismo siente Pedro y el grupo: “apártate de mí que soy pecador…

También nosotros hemos seguido la llamada de Dios como buenamente hemos podido y sabido. También nosotros, cuando sentimos el peso de la llamada, nos vemos abrumados.
Toda llamada, tiene momentos y matices de dificultad y dureza

o Cuando una pareja se casa, sin duda que es un momento muy hermoso y en el fondo es decirse mutuamente: “aquí estoy” para hacer juntos la travesía de la vida. Sin embargo me imagino que si son conscientes, se preguntarán más de cuatro cosas: ¿seré capaz de hacer feliz a mi compañero/a? ¿Acertaremos a recorrer bien nuestro camino?

o Cuando uno quiere servir a la comunidad eclesial como presbítero, uno se pregunta ¿seré capaz? ¿seré digno? ¿qué haré en la vida? Estoy pedido, soy hombre de labios impuros…

o En la vida religiosa – monacal se experimenta el gozo de la entrega y la preocupación por la propia debilidad.

Vivir es ir respondiendo como buenamente podemos a las llamadas fundamentales de la vida (de Dios). Hacemos lo que podemos en la vida: unas veces porque no tenemos capacidad, otras porque no tenemos ganas, otras veces porque somos débiles: ay de mí, estoy perdido; la cuestión es que hay mareas, galernas y noches en las que no hemos pescado nada, pero nada de nada.

02. PROFESIÓN TRABAJO Y LLAMADA.

pescador.red_Sabemos que no es sencillo, muchas veces no es posible desplegar los talentos y responder a la llamada.

Pero, si posible fuera, el ideal sería que la profesión, el trabajo coincidiera con la llamada de la vida. En muchos casos no es posible.

Hay profesiones que no son simples puestos de trabajo, sino que requieren una vocación: responden a una llamada. Ser maestro, médico, personal sanitario, trabajar cuidando ancianos, ser sacerdote o religioso no es meramente una profesión, sino que tienen mucho de vocación y si no estaríamos en lo del evangelio de San Juan: hay mucho asalariado en la vida, pero hacen falta buenos pastores, (Cfr Jn 10).

Me parece a mí que algunas profesiones se lo tienen que pensar dos veces a la hora de hacer una huelga. Maestros, personal de ancianos, curas, médicos, etc. tienen derechos como todo el mundo, pero no pueden dejar “tirados” a unos ancianos, o niños-adolescentes en la escuela o a unos enfermos. Hay problemas que no se resuelven, al menos no se resuelven únicamente en el sindicato o con un aumento de sueldo. Hay algo vocacional, de respuesta a una llamada

03. LA LLAMADA TIENE DIVERSOS MOMENTOS.

La vida tiene diversas etapas, momentos diferentes. La ´fuerza de la llamada de la vida en la juventud no tiene las mismas características que la serena y responsable vida de adulto; en la ancianidad se vive la llamada en la sabia experiencia de un lento declive.

La vida y JesuCristo nos llaman siempre, pero con matices y características diversas. Conviene ser consciente de estas cosas para no creemos que somos los “reyes del universo” sobre todo cuando ya las fuerzas, la creatividad, las capacidades disminuyen.
Por cierto, Jesús fue “de todo” menos viejo.

04. SOMOS PECADO (PEDRO) Y DEBILIDAD (ISAÍAS).

La gente se reunía para escuchar a Jesús…

Por tu Palabra, echaré la red…

Si somos conscientes, nos daremos cuenta de nuestras debilidades, pero si escuchamos la Palabra de JesuCristo, seremos “eficaces” y la pesca será abundante.

Cuando la comunidad eclesial escucha y sigue al Señor, la pesca es abundante.

Este texto evangélico de hoy tiene un claro colorido eclesial: el mar, la barca, las redes, los peces.

Si no hemos pescado nada, es porque ni escuchamos ni seguimos al Señor. ¿A qué se debe, si no, la poca o nula presencia de lo eclesial en la sociedad, en el momento cultural, en la vida socio-política?

05. CONFÍO EN TU PALABRA.

Por tu palabra, echaré las redes.

Es un acto de confianza en quien nos envía y va en la barca con nosotros.

Así lo entienden los discípulos: Por tu Palabra, echaré las redes.

Isaías tiene una metáfora preciosa sobre la Palabra de Dios; dice que es como la lluvia, que no vuelve al cielo sin haber fecundado la tierra (Isaías, 55,10-11). La Palabra tiende a realizar lo que significa. Cuando la Palabra impregna nuestra tierra, tiende a brotar el trigo de la vida.

Fiarse de esa Palabra hace posible que acontezca lo impensable o, lo que es lo mismo, la utopía, la cual jamás será posible desde la lógica del pragmatismo.

Fiarse de la Palabra de Jesús nos introduce en una dinámica nueva. Nos libra de nuestras prepotencias más o menos inconfesadas y nos hace descansar en la esperanza.

Aceptar la PALABRA es un acto de plena confianza en algo capaz de llenar y dar sentido a la existencia humana. Es el abandono pleno en la ultimidad de Dios.

AQUÍ ESTOY, SEÑOR, PARA HACER TU VOLUNTAD.

***

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«Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»

domingo, 10 de abril de 2016
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No te he negado

Por causa de Tú causa me destrozo
como un navío, viejo de aventura,
pero arbolando ya el joven gozo
de quien corona fiel la singladura.

Fiel, fiel…, es un decir. El tiempo dura
y el puerto todavía es un esbozo
entre las brumas de esta Edad oscura
que anega el mar en sangre y en sollozo.

Siempre esperé Tú paz. No Te he negado,
aunque negué el amor de muchos modos
y zozobré teniéndote a mi lado.

No pagaré mis deudas; no me cobres.
Si no he sabido hallarte siempre en todos,
nunca dejé de amarte en los más pobres.

*

Pedro Casaldáliga,
El Tiempo y la Espera, Sal Terrae 1986

***

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:

Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice:

«Me voy a pescar.»

Ellos contestan:

«Vamos también nosotros contigo.«

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice:

«Muchachos, ¿tenéis pescado?»

Ellos contestaron:

«No.»

Él les dice:

«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.»

La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro:

«Es el Señor.«

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.

Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:

– «Traed de los peces que acabáis de coger

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice:

«Vamos, almorzad.«

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro:

«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»

Él le contestó:

«Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»

Jesús le dice:

«Apacienta mis corderos

Por segunda vez le pregunta:

«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»

Él le contesta:

Sí, Señor, tú sabes que te quiero.«

Él le dice:

«Pastorea mis ovejas.»

Por tercera vez le pregunta:

– «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?«

Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó:

Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.«

Jesús le dice:

– «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.«

Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió:

«Sígueme.»

*

Juan 21, 1-19

***

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Remar en la noche…

domingo, 7 de febrero de 2016
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Habrá siempre que remar por la noche
contra las olas y el viento…

¡Pero por qué te asustas siempre!
¿Te toca a ti remediarlo?

¿ Por qué, infeliz,
no pides auxilio?
¿A qué esperas para hacerlo?

Tentación siempre recurrente
de bajar los brazos,
en lugar de gritar tu desconcierto …

¡No porque estés en la oscuridad
estás obligado a rechazar la luz!

No te aferres a nada, se entiende,
pero no olvides la Corriente que te lleva!

Grano de polvo en el espacio infinito,
no olvides sin embargo
de qué Cuerpo eres sólo una parte ínfima…

Que tu mirada interior
permanezca vuelta, pase lo que pase,
hacia él, más allá de tus miedos, de tu cansancio
y de tus pensamientos débiles…

Porque es de Él, y sin cesar,
De quien tienes que recibir todo…
*
Philippe,
hermano de la Communion Béthanie.
***

 

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.

Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:

– «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar

Simón contestó:

«Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo:

– «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»

Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón:

«No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

*

Lucas 5, 1-11

***indios

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«Reconocer el pecado». 5 Tiempo ordinario – C (Lucas 5,1-11)

domingo, 7 de febrero de 2016
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5-TO-CEl relato de «la pesca milagrosa» en el lago de Galilea fue muy popular entre los primeros cristianos. Varios evangelistas recogen el episodio, pero solo Lucas culmina la narración con una escena conmovedora que tiene por protagonista a Simón Pedro, discípulo creyente y pecador al mismo tiempo.

Pedro es un hombre de fe, seducido por Jesús. Sus palabras tienen para él más fuerza que su propia experiencia. Pedro sabe que nadie se pone a pescar al mediodía en el lago, sobre todo si no ha capturado nada por la noche. Pero se lo ha dicho Jesús y Pedro confía totalmente en él: «Apoyado en tu palabra, echaré las redes».

Pedro es, al mismo tiempo, un hombre de corazón sincero. Sorprendido por la enorme pesca obtenida, «se arroja a los pies de Jesús» y con una espontaneidad admirable le dice: «Apártate de mí, que soy pecador». Pedro reconoce, ante todos, su pecado y su absoluta indignidad para convivir de cerca con Jesús.

Jesús no se asusta de tener junto a sí a un discípulo pecador. Al contrario, si se siente pecador, Pedro podrá comprender mejor su mensaje de perdón para todos y su acogida a pecadores e indeseables. «No temas. Desde ahora, serás pescador de hombres». Jesús le quita el miedo a ser un discípulo pecador y lo asocia a su misión de reunir y convocar a hombres y mujeres de toda condición a entrar en el proyecto salvador de Dios.

¿Por qué la Iglesia se resiste tanto a reconocer sus pecados y confesar su necesidad de conversión? La Iglesia es de Jesucristo, pero ella no es Jesucristo. A nadie puede extrañar que en ella haya pecado. La Iglesia es «santa» porque vive animada por el Espíritu Santo de Jesús, pero es «pecadora» porque no pocas veces se resiste a ese Espíritu y se aleja del evangelio. El pecado está en los creyentes y en las instituciones; en la jerarquía y en el pueblo de Dios; en los pastores y en las comunidades cristianas. Todos necesitamos conversión.

Es muy grave habituarnos a ocultar la verdad pues nos impide comprometernos en una dinámica de conversión y renovación. Por otra parte, ¿no es más evangélica una Iglesia frágil y vulnerable que tiene el coraje de reconocer su pecado, que una institución empeñada inútilmente en ocultar al mundo sus miserias? ¿No son más creíbles nuestras comunidades cuando colaboran con Cristo en la tarea evangelizadora, reconociendo humildemente sus pecados y comprometiéndose a una vida cada vez más evangélica? ¿No tenemos mucho que aprender también hoy del gran apóstol Pedro reconociendo su pecado a los pies de Jesús?

José Antonio Pagola

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«Dejándolo todo, le siguieron». Domingo 7 de febrero de 2016. Domingo 5º Ordinario.

domingo, 7 de febrero de 2016
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13-ordinario5 (C) cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 6, 1-2a. 3-8: Aquí estoy, mándame.
Salmo responsorial: 137: Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.
1Corintios 15, 1-11: Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.
Lucas 5, 1-11: Dejándolo todo, lo siguieron.

El autor de la primera lectura ubica la escena en un tiempo concreto, año 740 a.C. que corresponde a la muerte del rey Osías (740 a.C). El relato se divide en dos partes: la visión (vv. 1-4) y la reacción del profeta (vv. 5-8). Una tercera parte, que ha sido excluida en nuestro texto litúrgico (vv. 9-13), cuenta la misión que recibe el profeta. Realmente todo el capítulo 13 forma una unidad literaria. Por su similitud con los relatos de vocación de Jeremías y Ezequiel, que tienen estas mismas tres partes, algunos consideran este relato como de vocación. Sin embargo, el contenido nos lleva a pensar en un relato de misión.

La escena comienza a desarrollarse probablemente en el templo de Jerusalén, donde el profeta recibe la visión de una liturgia celeste. El profeta ve a Yahvé con los rasgos de un rey, ejerciendo su poder. También sobresale un lenguaje de plenitud expresado en frases como “el ruedo de su manto llenaba el templo”, “su gloria llena la tierra toda”… Los serafines (serafín = ardiente), seres alados de fuego, que no son todavía los ángeles de la tradición posterior, están por encima del rey, en actitud de servicio. Los serafines entonan el canto del «santo, santo, santo». La santidad de Dios se hace visible a través de su gloria, y la gloria de Dios se manifiesta a través de sus obras en la creación y de sus acciones liberadoras a favor de su pueblo.

En los vv. 5-7 se nos muestra la reacción de Isaías ante la visión, poniendo el acento en la impureza de sus labios y los de su pueblo. Se siente perdido por que tal vez no habló en el momento que lo debía hacer, esto lo hace impuro e incapacitado para ejercer su vocación de hablar en le nombre de Yahvé. La exclamación angustiosa que expresa conversión es atendida con un serafín quien a través de un carbón encendido toca su boca para que le sean perdonados sus pecados. Isaías entonces está habilitado de nuevo como profeta, no sólo para hablar sino para escuchar la voz de Dios que busca un profeta. Pasando de la angustia del pecado a la seguridad de estar acreditado para hacer de profeta, responde de inmediato “aquí me tienes”, manifestando así su disponibilidad y pertenencia absoluta a la voluntad del Señor.

Todo el capítulo 15 de 1 Corintios tiene como eje temático la resurrección de Jesucristo, puesta en duda en el v.12: “¿cómo dice alguno que no hay resurrección de los muertos?”. Al comenzar el capítulo Pablo recuerda la Buena Nueva como el mejor regalo entregado a la comunidad de Corinto, regalo que fue recibido y mantenido con fidelidad a las palabras anunciadas. Aparece claro que el elemento común a los cristianos de todos los pueblos, culturas y tradiciones es la palabra de Dios. El contenido de la Buena Nueva lo describe Pablo citando un fragmento del primer credo cristiano que tiene como protagonista a Cristo, como testimonio de solidaridad, su muerte por nuestros pecados, como punto de referencia, las Escrituras, como respuesta solidaria humana, su sepultura, como intervención directa de Dios, su resurrección, como testigos de la resurrección, a todos los que se les apareció. El Dios de la Vida y la vida de nuestro pueblo es la razón de ser de toda vocación cristiana, que es vocación a defender y acrecentar la vida. «Para que tengan Vida y Vida en abundancia».

En el evangelio de hoy nos encontramos con un diálogo entre Jesús y Pedro, sencillo y profundo a la vez, diálogo que podríamos hacer nuestro en medio de las aguas tempestuosas de este mundo mientras nos esforzamos en nadar contra corriente. Pedro, por el oficio, era el experto en lugares y horas precisas para pescar. Sabía que en la noche y con las aguas tranquilas se pesca mejor, eso había estado haciendo toda la noche ¡y no habían cogido ni un pececito! Pero llega Jesús que sin ser pescador le dice sencillamente, que eche las redes para pescar…

Pedro, el experto, pudo haber dicho que no, que no era ni la hora ni el lugar para pescar y todo hubiera quedado ahí. Pero no, calla su experiencia y sabiduría (“hemos pasado toda la noche bregando”); reconoce su fracaso y desilusión (“no hemos cogido nada”), y “en nombre de Jesús echa las redes”. Y ya conocemos el final del relato: ¡una pesca maravillosa! Cuando Jesús le pide a Pedro que “reme mar adentro” lo está invitando a una aventura que lo lleva más allá de las playas cotidianas en busca de un horizonte mucho más amplio. Y Pedro cree en la palabra de Jesús.

Éste es el verdadero milagro: creer cuando todo parece ilógico. La abundante pesca y las redes llenas de peces son sólo la consecuencia de la fe. Todos los relatos de milagros en el evangelio comienzan con la fe o la suscitan, es la condición para ver la acción de Jesús. Cuando no la hay, Jesús simplemente se va a la otra orilla como veremos en las próximas semanas. Si creemos en Jesús entonces se realiza el milagro!

Claro, la cosa no es tan sencilla, se necesita una fe muy grande dada por Dios. Pidamos esa fe para que igual que Pedro, creamos en Jesús, obedezcamos su palabra, rememos mar adentro y echemos las redes para pescar, entonces, veremos otro milagro en nuestras vidas y en nuestra comunidad.

Y es que ser discípulos de Jesús exige confiar en su palabra. La misión a la que Jesús nos quiere enviar es osada y, hoy por hoy, con pocas probabilidades de éxito. Jesús quiere contar con nosotros y nosotras para el proyecto de Reino. Jesús convoca a los Apóstoles para que sean pescadores de personas, por eso toda vocación exige «remar mar adentro» para abandonar las seguridades de la orilla, tener un horizonte ilimitado asumir responsabilidades y meterse en una gran obra: el servicio al Reinado de Dios, es decir, una utopía de la que serán beneficiaros todos los hombres y mujeres del mundo.

Sin que desmerezca el oficio de los pescadores, lo que le propone Jesús a Pedro es una superación en el oficio que hasta ahora había desempeñado: pescar hombres y mujeres para el Reino es una empresa más noble y difícil que pescar peces, es algo más milagroso que la pesca que acaban de hacer.

Pero algunos llamados a esta nueva labor son también invitados a “dejarlo todo” para seguir a Cristo. Los necesita dedicados a tiempo completo, dedicándole a esta “misión” todas las fuerzas. Pescar hombres y mujeres para el Reino exige renunciar a todo lo demás y asumir a Jesús como única posesión. La misión a la que se llama exige desprenderse por completo, para apegarse totalmente a Jesús. En el relato de hoy se van con Jesús, que vale mucho más que las dos barcas llenas de pescados que les acaba de regalar. Dejan esa abundante pesca que los había admirado tanto porque comprenden que la vocación compromete al ser humano en un trabajo que está por encima de los trabajos humanos ordinarios. La vocación–misión es una invitación a colaborarle a Dios, un trabajo milagroso. Oremos hoy por aquellos que dejándolo todo se han ido tras el Señor. Leer más…

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Dom 7.2.16. Arriésgate ya, no tengas miedo

domingo, 7 de febrero de 2016
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pescamilagrosaDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 5. Ciclo C. Lc 5, 1-11. Este es el evangelio de la nueva Pesca, tras la noche inútil. Evangelio de Pedro y de la Iglesia, de todos los cristianos.

Simón (a quien Jesús llamará después Pedro) y sus compañeros aparecen como pescadores cansados, tras una noche en blanco, pero que se arriesgan a iniciar de nuevo la tarea de la pesca, en un mar más profundo.

Hay dos barcas, con al menos cuatro pescadores, que arreglan las redes vacías pero estropeadas al sol de la mañana, mientras Jesús habla en la orilla a la gente. No les queda más que reparar los daños de la noche. No tienen ya faena

Vuelven de haber trabajado la noche entera, no han conseguido nada. Pero Jesús les pide que vuelvan, que inicien la tarea mar adentro, en lugares que no habían explorado todavía. Las palabras de Jesús a Simón y a sus compañeros son significativas:

‒ Les dice en griego (en la versión conservada por Lucas) epanagage eis to bathos, que significa que avancen (que naveguen y se arriesguan) más al interior (en zona más profunda de aguas, sin miedo a quedar lejos de la orilla).

‒ La traducción latina que se ha hecho tradicional dice duc in altum: lleva el barco a más hondura (altura), profundiza, elévate…, no te quedes pasmado donde estás. Esta traducción ha hecho fortuna y se utiliza como signo de llamada vocacional, dirigida no sólo a Pedro, sino a todos los cristianos: ¡Hay profundidades y alturas que debes explorar aún!
barca
‒ La versión castellana (rema mar adentro) pone de relieve el esfuerzo personal de los pescadores que se supone que han de remar (en teoría podían navegar a vela)… Éste es el Jesús que les lleva a remar, que les invita a esforzarse tras la noche inútil.

Simón y sus compañeros han de ser unos arriesgados, incluso aventurados por creer en Jesús y cumplir su encargo. Jesús les pide imaginación y esfuerzo, les lleva a nuevos mares… y asumen la tarea, y van a cuerpo, sin demora.

Desde ese fondo quiero interpretar esta historia de Jesús pescador y Pedro, las dos barcas con los compañeros, la historia de la iglesia, y en especial de los papas, en las reflexiones que siguen, tras la cita del texto.

Retomo el pulso y tarea de la historia, desde el pasado de Jesús y desde el presente de la iglesia, diciéndole a Francisco-Pedro: Duc in Altum, arriésgate ya, no tengas miedo…

Retomo esa tarea diciéndome, diciéndote lo mismo, pues todos en la Iglesia son (somos) de alguna forma Pedro y Papa, con sus compañeros, las dos barcas de la orilla… que han de estar dispuestas a levar el ancla con su esperanza. Buen domingo.

Texto: Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

san pedro el pescador
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»

Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

1. EL TEXTO EN LA HISTORIA. SIETE DATOS DE FONDO

Este pasaje, de de fondo histórico, refleja la historia del cristianismo primitivo, desde la perspectiva de Pedro y de sus primeros compañeros; al mismo tiempo ofrece una parábola de la situación tarea de la Iglesia en el momento actual. Éstos son siete datos de su historia:

1. Se llamaba Simón (nombre hebreo-arameo, como Simeón, el segundo hijo de Jacob, pero helenizado en forma de Simón)… y era de Betsaida, de oficio pescador, casado en Cafarnaúm (y viviendo posiblemente en la casa de su suegra, sin autonomía laboral). Tenía un hermano llamado Andrés, también de nombre helenizado. Debía ser hombre de cierto carácter.

2. Había sido discípulo de Juan Bautista (Jn 1, 36-42) donde Jesús le encontró probablemente, y le atrajo para su misión de Reino. Eso significa que era un hombre entrenado en cuestiones de “espíritu” o de religión. Había aceptado como Jesús la visión espiritual y de juicio de Juan Bautista (los bautista, penitentes…), pero se convirtió a Jesús (o con Jesús)… en un camino de conversiones que siguió a lo largo de su vida.

3. El Evangelio de Marcos (Mc 1, 16-42) ha recreado la vocación de este Simón y de sus tres compañeros (Andrés y los dos zebedeos) de un modo típico, en un contexto de pesca y playa. Es posible que esa recreación tenga un fondo histórico. Pedro y sus compañeros siguieron de algún modo pescando durante el tiempo del mensaje de Jesús… Jesús les conoció también en la playa, y ellos le enseñaron tareas de pesca.

4. Jesús llamó a Simón de un modo especial y le apellidó Pedro (Kefas, Roca…), quizá de un modo irónico… confiándole una tarea especial de firmeza en el comienzo de su tarea… Pero Pedro dejó a Jesús… en el momento de su detención en Getsemaní y le negó después ante una mujer insistente en el patio del sacerdote (Mc 15). Tenía, sin duda, iniciativas y propuestas, pero también vacilaciones; quiso el poder (cf. Mc 8), no le parecían buenas algunas ideas de Jesús, que llegó a llamarle “Satanás”, aunque le conservó a su lado.

5. Pedro creyó en Jesús tras su crucifixión e inició (con las mujeres y con otros discípulos) el camino de la Iglesia, ofreciendo el mensaje en especial a los judíos. Así le va Pablo, que mantiene con él una relación tirante pero de reconocimiento mutuo. Era un hombres convencido de Jesús, pero tuvo que irse convirtiendo (es decir, tuvo que ir precisando su visión del evangelio) en una historia larga de encuentros y desencuentros con Pablo (y con Santiago, el hermano de Jesús). No tuvo miedo a equivocarse, y, quizá por eso, parece que acabó terminó acertando, y de esa forma llegó hasta Roma, donde le mataron por los disturbios que surgían en torno al recuerdo y tarea de Jesús.

6. Pedro asumió por tanto la misión a los gentiles, en una línea cercana a la de Pablo…, aunque con ciertos matices distintos, por lo que tuvieron diferencias, que aparecen reflejadas en Gal 2 y Hch 15. Pero al fin asumió la tarea de Pablo, interpretando así el evangelio como misión universal, para lo que vino a Roma, que era un buen sitio entonces plantar el evangelio.

7. Cuando más tarde el Evangelio de Mateo quiso “centrar” la Iglesia, y buscar una figura que pudiera ser vínculo de unión entre las iglesias aún divididas, se fijó en Pedro, y rehízo el texto de su “confesión”, con la promesa de Jesús “Tú eres un pedrusco (petros), pero sobre esta roca (petra) fundaré mi iglesia… Te daré la llaves… (Mt 18) Leer más…

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Isaías y Pedro: Dos vocaciones muy distintas. Domingo 5º. Ciclo C.

domingo, 7 de febrero de 2016
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20131016_1668203955Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Después del fracaso en Nazaret (que leímos el domingo pasado), Lucas presenta a Jesús predicando y haciendo milagros en Cafarnaúm e incluso más al sur, en las sinagogas de Judea. Pero la liturgia dominical no lee nada de esto (Lc 4,34-44), sino que pasa a la vocación de los primeros discípulos. Así titulan este episodio la mayoría de las Biblias, aunque el relato de Lucas podríamos titularlo, con más razón, “La vocación de Pedro”.

                A propósito de la visita de Jesús a Nazaret vimos que Lucas se basa en el evangelio de Marcos, pero lo modifica para enfocar el episodio de forma nueva. Hoy ocurre lo mismo con la vocación de los primeros discípulos. Para comprender el relato de Lucas conviene recordar el de Marcos.

El escueto relato de Marcos sobre la vocación de los primeros discípulos

Caminando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban las redes al lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres”. Al punto, dejando las redes, le siguieron. Un trecho más adelante vio a Santiago de Zebedeo y a su hermano Juan, que arreglaban las redes en la barca. Inmediatamente los llamó. Y ellos dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron con él.

                El relato, que cambiará la vida de los protagonistas, no puede ser más breve. Parecen simples notas para ser desarrolladas por Marcos en su comunidad. Dos parejas de hermanos, un lago, unas redes, una barca, el padre de dos de ellos, unos jornaleros. En este ambiente tan sencillo y cotidiano, Jesús se encuentra por primera vez con estos cuatro muchachos, los llama, y ellos lo siguen dejándolo todo. Una reacción que desconcierta a cualquier lector atento.

La versión de Lucas

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara, un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:

– «Remad mar adentro, y echada las redes para pescar

Simón contestó:

«Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo:

– «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»

 Y es que el asombro- se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón:

– «No temas; desde ahora serás pescador de hombres

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Los tres cambios que introduce Lucas

  1. El primero pretende hacer más comprensible el seguimiento de los discípulos. No es la primera vez que se encuentran con él. Jesús ya ha estado antes en Cafarnaúm, incluso ha comido en casa de Simón y ha curado a su suegra. Luego ha seguido su vida de predicador itinerante y solitario, pero, cuando vuelve a Cafarnaúm, no es un desconocido. Es un maestro famoso y la gente se agolpa para escucharle. El lector no se extraña de que lo sigan.
  2. Si el primer cambio tiene su lógica, el segundo nos desconcierta: mientras Marcos cuenta la vocación de cuatro discípulos, Lucas centra su atención en Pedro, hasta el punto de que ni siquiera nombra a su hermano Andrés. Jesús sube a la barca de Simón, le pide que se aleje un poco de tierra; con él dialoga después de hablar a la multitud, ordenándole adentrarse en el lago y echar las redes; y Simón Pedro es el único que reacciona arrojándose a los pies de Jesús y reconociéndose pecador. Aunque luego se menciona a Santiago y Juan, que también seguirán a Jesús, las palabras finales y decisivas las dirige Jesús solo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”.
  3. El tercero consiste en reforzar la importancia de Jesús. No se limita a pasear por el lago (como cuenta Marcos) sino que está predicando a la gente, que se agolpa a su alrededor hasta el punto de necesitar subirse a una barca. Luego, Simón le da el título de “Maestro” y le obedece, volviendo a pescar, aunque parece absurdo. Finalmente, Simón cae de rodillas y lo reconoce como un personaje santo, no un pobre pecador como él. La vocación de los discípulos supone un mayor conocimiento de Jesús.

               

¿Qué pretende decirnos Lucas con estos cambios?

                La finalidad del primero es clara: hacer más comprensible el seguimiento de los discípulos.

                El segundo pretende poner de relieve la figura de Pedro. Lo mismo hace Lucas al final de su evangelio, cuando pone en boca de los discípulos estas palabras: “Realmente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón” (Lc 24,34). Simón protagonista al comienzo y al final del evangelio de Lucas. Es posible que algunos cristianos, basándose en el duro ataque de Pablo a Pedro en Antioquía (contado en la carta a los Gálatas), pusiesen en discusión su autoridad, y Lucas quisiera ponerla a salvo.

                El tercer cambio nos recuerda que cualquier vocación sirve para conocer mejor a Jesús. El relato de Marcos dice que Jesús no es un francotirador cuya obra desaparecerá con su muerte; quiere y busca colaboradores que continúen su misión. Lucas añade el aspecto de la enseñanza y la autoridad. Pero sugiere también algo mucho mayor: es un personaje santo, que provoca en Simón un sentimiento de indignidad. Para comprender este aspecto hay que recordar la vocación de Isaías, primera lectura de este domingo.

El relato de la vocación de Isaías (1ª lectura)

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro, diciendo: “¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!” Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.  

                Yo dije: “¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.”

                Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: “Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.”

                Entonces, escuché la voz del Señor, que decía: “¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?”

                Contesté: “Aquí estoy, mándame.”

               

                Retrocedamos ocho siglos, al 739 a.C., año de la muerte del rey Ozías. En ese momento sitúa Isaías su vocación. Pero la cuenta de un modo muy distinto. En ese encuentro inicial con Dios lo que más le llama la atención es su majestad y soberanía, que destaca mediante tres contrastes. El primero con Ozías, muerto; del rey mortal se pasa al rey inmortal. El segundo, con los serafines, a los que describe detenidamente, mientras de Dios solo puede decir que “la orla de su manto llenaba el templo”. El tercero, con Isaías, que se siente impuro ante el Señor. Tenemos tres binomios que subrayan la soberanía de Dios (vida-muerte, invisibilidad-visibilidad, santidad-impureza). Todo esto, enmarcado en un terremoto que hace temblar los umbrales y llena de humo el templo.

                Basándose en la queja de Isaías (“soy un hombre de labios impuros”), un serafín purifica sus labios, como símbolo de la purificación de toda la persona. Por eso, la consecuencia final no es que Isaías ya tiene los labios puros, sino que “ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado”. Cuando Dios pregunte “¿A quién mandaré? ¿Quién irá de mi parte?”, Isaías podrá ofrecerse voluntariamente: “Aquí estoy, mándame”.

La vocación de Isaías y la vocación de Simón

                Lucas, gran conocedor del Antiguo Testamento, parece ofrecer en su relato de la vocación de Simón Pedro una relectura de la vocación de Isaías. Al menos es interesante advertir las diferencias.

                El escenario. La vocación de Isaías tiene lugar en el ámbito sagrado del templo, con Dios en un trono alto y excelso, rodeado de serafines. La de Pedro, en una barca dentro del lago, rodeado de los compañeros y jornaleros.

                La persona que llama. En el caso se Isaías se subraya la majestad y santidad de Dios. A Jesús se lo presenta inicialmente de forma muy humana, aunque capaz de congregar a una multitud y de convencer a Pedro para que vuelva a pescar. Solo después de la pesca advertirá Pedro que se encuentra ante un personaje excepcional.

                La reacción inicial del llamado. En ambos casos el protagonista se siente pecador. La reacción de Isaías es más trágica (“estoy perdido”) porque parte de la idea de que nadie puede ver a Dios y seguir con vida. Pedro se reconoce simplemente ante un personaje sagrado junto al cual no puede estar (“apártate de mí”).

                La preparación del enviado. A Isaías, un serafín lo purifica como paso previo para poder realizar su misión. Jesús no realiza nada parecido con Pedro. La forma de prepararse es seguir a Jesús. “Dejándolo todo lo siguieron”.

                La misión. La liturgia ha suprimido la parte final del relato de Isaías, donde recibe la desconcertante misión de endurecer el corazón del pueblo judío y cegar sus ojos; la misión principal de Isaías consistirá en transmitir un mensaje durísimo. En cambio, la de Pedro será positiva, “pescador de hombres”.

                La reacción final del elegido. Aquí no hay diferencia. En ambos casos se advierte la misma disponibilidad, aunque en los discípulos se subraya que lo dejan todo para seguir a Jesús.

Sugerencia final

                Según cuenta el evangelio de Juan, en cierta ocasión comentó Jesús a los discípulos: “La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies”. Es de los pocos casos en los que Jesús da una orden. En una época como la nuestra, en la que la crisis de vocaciones es tan fuerte, convendría recordar y poner en práctica este mandato del Señor.

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