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El Presidente de Cuba Miguel Díaz-Canel apoya inclusión del matrimonio igualitario en la nueva Constitución

Lunes, 26 de noviembre de 2018

220px-miguel_diaz_canelEn febrero de 2019 en la isla caribeña se votará por una nueva Carta Magna, hecho que ha generado polémica por la definición en uno de sus artículos del matrimonio como “la unión consensuada entre dos personas”, sin especificar sexo. 

Cuba avanza hacia la igualdad de derechos de las personas del colectivo LGBT+, algo impensable en los albores de la Revolución cuando las personas homosexuales eran fuertemente perseguidas y obligadas a trabajo forzoso para su “recuperación”.

Ahora, la nación caribeña está a las puertas de permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo. “Reconocer al matrimonio entre personas, sin limitaciones, responde a un problema de eliminar cualquier tipo de discriminación en la sociedad”, dijo en entrevista a Telesur el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel.

El país ha ido cambiando, las concepciones también van cambiando, el país evoluciona. No estamos en una burbuja y vamos viviendo realidades (…) En estos años que hemos vivido hay una evolución tremenda en el pensamiento, se han roto muchos tabúes que antes eran cosas muy establecidas y hay una juventud que empuja mucho“, aseveró el mandatario, quien ha manifestado públicamente su apoyo al artículo 68 del nuevo texto constitucional.

cuba-600x385El mencionado artículo, que ha centrado la atención de los ojos del mundo en Cuba, establece el matrimonio como “la unión voluntaria consensuada entre dos personas”, sin especificar sexo. Como era de esperarse esta medida ha provocado posturas a favor y en contra. La iglesia católica y la evangélica se han unido para promover el rechazo a los derechos del colectivo LGBT+. Mientras, Cristianos LGBTI cubanos afirman que ‘Dios es poliamoroso y radicalmente inclusivo’

La nueva Carta Magna -que se debate actualmente en todo el país y que se votará en febrero de 2019- reemplazará a la de 1976. Además del artículo 68 que abre las puertas al matrimonio igualitario, también está el inciso 40 que establece igualdad y no discriminación por razón de género u orientación sexual.

mariela-castro-hija-del-dictador-cubano-raul-castro-es-una-militante-contra-la-discriminacion-a-homosexuales-_595_429_1054983-300x216Manuel Vázquez, subdirector del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), indicó a la prensa que “con la nueva Constitución, toda la población ganará en derechos, no solo los homosexuales. El 68, y el 40, que es su fundamento, nos permitirá avanzar hacia una sociedad más diversa. No se trata solamente de celebrar nuestro orgullo, sino de reivindicar nuestras vivencias como una forma legítima y legal en el seno de una sociedad más inclusiva”.

El Cenesex es una institución presidida por Mariela Castro Espín, hija del expresidente Raúl Castro, una de las principales defensoras de los derechos de las personas LGBT+ en la isla.

Fuente Universogay

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La isla de las delicias

Martes, 28 de julio de 2015

ed04fo05Comenzamos con una serie de tres artículos sobre la realidad LGBTI cubana, que hemos leído en Página 12:

Todo indica que está próximo el deshielo entre las relaciones diplomáticas y económicas entre Cuba y Estados Unidos. Cabe preguntarse también por el destino de las relaciones carnales. La misma tierra que desde el norte es vista como la meca latinoamericana del turismo sexual –de la prostitución femenina y de los pingueros, como se conoce a los taxiboys habaneros–, ha sido durante mucho tiempo un infierno para las sexualidades entendidas como diferentes. Lo cierto es que, desde hace unos pocos años, Cuba emprende un proceso de cambio que va mucho más allá del contacto con Washington. Miles de personas marchan contra la homofobia y la transfobia, y en los últimos años la diversidad se ha ido abriendo paso en la agenda de la revolución. ¿Cómo continuará? Versiones enfrentadas del futuro se dan cita en esta reflexión.

 Por Dolores Curia

Aún hoy, aunque todas las personas que se dedican a la prostitución están, junto con el chivato (delator), en un último peldaño de la sociedad, es tan fuerte el machismo que se censura más la prostitución femenina que la masculina, que corre por circuitos invisibles.

“La Habana, la ciudad más sexy del mundo.” Ese es el slogan con el que el mundo anglo asocia a la capital de la revolución permanente; así se refieren a ella desde el Reader’s Digest hasta Vanity Fair. La Habana es una gloria tropical, con el plus de idealización que para el caso norteamericano agrega lo prohibido. Sobre todo desde principios del siglo XX hasta 1959, antes de convertirse en paraíso perdido, Cuba había sido, a los ojos del turista primermundista, el tramo más caliente del patio trasero. En palabras del historiador neoyorquino Louis Pérez: ha sido considerada un apéndice para placer estadounidense, un espejismo sensual para “experimentar con drogas, alcohol y placeres exóticos, carnales, primitivos y con matices raciales explícitos”. Y todo a menos de una hora de avión.

Ahora que las relaciones entre Cuba y Estados Unidos muestran signos de deshielo, es lógico que se avive la esperanza de que aquel edén húmedo de habanos y ron esté por fin al alcance de la mano. Hace pocos meses el gobierno de Barack Obama empezó a emitir licencias a empresas estadounidenses para que operen servicios de ferry con pasajeros a Cuba, lo que ocurre por primera vez en más de medio siglo. Por ahora los norteamericanos que quieran ir a La Habana deberán entrar en alguna de las doce categorías: visitas familiares, académicas, culturales, deportivas o religiosas. El turismo sigue estando prohibido para los estadounidenses, pero no por mucho tiempo. La palabra que más suena en torno al acercamiento (simbolizado por el apretón de manos entre ambos presidentes en la última Cumbre de las Américas) es “normalización”. Está por verse si el “orden normal” tiene la forma de un sometimiento sin chistar a las leyes del libre mercado –con las que también es ley que el que gana siempre es el Imperio– o si se trata de una “actualización” con signo propio. Por el momento Cuba viene ganando la primera partida: ha logrado salir de la lista negra (compuesta por aquellos países que, según Estados Unidos, patrocinan el terrorismo) sin hacer ninguna concesión. ¿Cómo se concilia el socialismo del siglo XXI con la paulatina liberalización de la economía, que es anterior a este deshielo formal (hoy, con excepción de salud, educación y defensa, en Cuba, todos los sectores están abiertos a capitales extranjeros)? ¿Qué va a pasar si se levanta el bloqueo, en caso de que así lo permita el Congreso estadounidense?

Mercado de la carne

El cubano Amir Valle es el autor de los libros Habana Babilonia y Jineteras, en los que se ha dedicado a ahondar en las señas particulares de la prostitución cubana. Para Valle, aunque la postal de la Cuba hipersexual viene desde la Colonia –tiempos en los que el primer gobernador de la isla, Diego Velázquez, podría haberse llevado el título de primer proxeneta habanero–, fueron los ’20 y los ’30 los momentos clave. En esos años las mafias norteamericanas asentadas en Cuba empezaban a percibir la prostitución como negocio masivo y exportar mujeres con rumbo norte. También, la prostitución masculina empezaba a asentarse en las avenidas céntricas de La Habana. Aparece la figura del proxeneta de jóvenes gay que ofrecía, como dicen las crónicas de la época con folclórico racismo, “mulatos bien dotados” a turistas anglo. Cuenta Valle que “ya para los ’40 estaba bien exacerbado el mito del cubano como ‘animal de dar amor’. El boom prostibulario se da en los ’40 y ’50. Aún hoy, aunque todas las personas que se dedican a la prostitución están, junto con el chivato (delator), en un último peldaño de la sociedad, es tan fuerte el machismo que se censura más la prostitución femenina que la masculina, que corre por circuitos invisibles”. Con el triunfo de la Revolución recorrió el mundo la imagen de los machos barbudos y sudorosos que bajaban de Sierra Maestra: “Con la revolución la prostitución no desaparece pero disminuye –dice Valle–. Hasta los ’90. Con la crisis económica, de nuevo, el estallido del turismo sexual. Esta vez los consumidores no son norteamericanos, claro, porque no podían venir, sino canadienses y europeos. Muchos venían a la isla a buscar muchachos. Hoy con esta apertura existe el miedo de qué va a pasar si no se ejercen controles sobre el proxenetismo y los consumidores. El grueso del turismo aquí no es ‘turismo intelectual’ que viene a nutrirse de nuestra cultura, sino a gozar, y ese goce incluye consumir mulatos y mulatas”.

¿No soy de aquí?

¿Qué formas adquiere la Cuba nueva para los cubanos que no viven ahí? Richard Blanco leyó el poema “One Today” en la asunción de Obama en enero de 2013. Fue el poeta más joven en la historia de Estados Unidos en mostrar lo suyo en un evento presidencial. Y no sólo eso: también, el primer inmigrante latino y la primera persona abiertamente gay. Blanco es un ciudadano del in between: hecho en Cuba, ensamblado en España y exportado a Estados Unidos. Este sentido de pertenencia difuso es lo que explora sin perder el sentido del humor en su novela autobiográfica The Prince of Los Cocuyos. Allí describe su infancia en Miami, su despertar sexual y la sensación de vivir entre dos mundos imaginarios. Uno: el de los ’50 y ’60 en Cuba, el de la comunidad de sus padres y abuelos, ese lugar donde nació y adonde recién volvió a los 26 años. El otro: el lugar en el que creció, Estados Unidos, visto a través de la lente de la comunidad excluyentemente conformada por cubanos, que “me hacía creer que América estaba en otro lado”. Cuenta Blanco que al escuchar “los anuncios de Obama sobre la normalización de las relaciones entre ambos países, para mi propia sorpresa empecé a temer que esta transformación pudiera lavar la autenticidad de la isla, que la desvencijada granja de mi abuelo fuera demolida, así como el resto de la historia de mi familia. ¿Sobre esas ruinas se construirían shoppings? ¿Se vería mi tío Chilo forzado a trabajar en Starbucks sirviendo café-lattes sabor mojito? ¿Cuáles serán los costos del cambio, qué cosas se tendrán que negociar en nombre de la prosperidad? ¿Y, yo? ¿Seré ya muy gringo para la Cuba del mañana o seré capaz de reinventarme, volverme un híbrido y fundir mis dos mundos imaginarios en uno?”.

Prehistoria del hombre viejo

La homosexualidad para las concepciones más reaccionarias de la izquierda latinoamericana de los ’60 y ’70 era sinónimo de decadencia burguesa y penetración colonial. De ahí, las estrategias de higiene social que fueron (la peor) parte de la construcción del hombre nuevo que llevó adelante el Partido Comunista cubano. Tristemente célebres fueron las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), campos de trabajo forzado donde se recluía a personas lgbtti. Después de 1971 se le prohibió a cualquier persona no heterosexual ocupar cargos relevantes. A partir de 1985, se implementaron los sidarios para recluir a las personas que vivían con VIH. Pero, si bien el conservadurismo, el machismo y la homofobia no se han barrido, Cuba hoy no es lo que era. Las tensiones entre masas y minorías sexuales se están recalculado gracias al trabajo de Mariela Castro Espín, sobrina de Fidel, hija de Raúl, y conductora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex). Mariela Castro ha declarado al asumir su banca en la Asamblea Nacional que peleará por una ley de identidad de género que siga los pasos de la argentina y por el matrimonio igualitario. Desde 2007, cada mayo se celebran las Jornadas contra la Homofobia. Y con dosis iguales de activismo y fiesta, cada año tiene lugar en las calles principales de La Habana una conga diversa, gracias a Mariela pero con el visto bueno de su tío. Un punto de contacto, predeshielo, que acerca a Obama y Raúl Castro: ambos, con más o menos eufemismos, se han manifestado a favor de la ampliación de derechos lgbtti.

Fuente Página 12

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En Cuba persiste la homofobia como conducta social: Castro Espín

Martes, 25 de noviembre de 2014

Mariela-Castro-CENESEX-La-JornadaDurante su estadía en la ciudad de México, en el marco de la Conferencia Mundial de ILGA, la directora del CENESEX habló de los logros y pendientes de Cuba en materia de derechos LGBT. 

Existe una política de Estado que prohíbe la discriminación por orientación sexual, pero aún no se ha logrado el reconocimiento legal de la identidad de género y siguen pendientes reformas al Código de Familia para incluir esos derechos, reconoce la directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) de Cuba, Mariela Castro Espín, durante la entrevista con La Jornada en la residencia del embajador de Cuba en México, ubicada en Lomas de Chapultepec.

Las conciencias no cambian rápidamente. Cuba lleva más de 50 años de revolución y todavía persisten pensamientos dogmáticos que insisten en imponer una visión de la sexualidad basada en prejuicios y exclusiones. Nada más que esos sectores tienen un problema: en la isla hay una política de Estado que promueve la educación integral desde la infancia y prohíbe la discriminación por cuestiones de orientación sexual.

Ha costado trabajo: la homofobia persiste como conducta social, no como política, asegura Mariela Castro Espín, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) de Cuba, e hija del presidente Raúl Castro y de la fallecida revolucionaria Vilma Espín.

Sin embargo, agrega, una sociedad como la cubana, socialista, que promueve la justicia y la equidad no puede reproducir desigualdades, prejuicios y discriminación en contra de personas homosexuales, lesbianas o transgénero.

Todavía no se ha logrado el reconocimiento legal de la identidad de género, aunque existe un proyecto de ley y es momento de retomarlo y actualizarlo. En la agenda legislativa cubana también están pendientes reformas al Código de Familia para incluir los derechos por orientación sexual e identidad de género, apunta.

Promotora incansable de los derechos sexuales y reproductivos, Mariela Castro también subraya la importancia de asegurar la educación integral de la sexualidad porque es dar las herramientas a los ciudadanos, en las diferentes etapas de su vida, para que sean libres. Y al ser libres demuestran su capacidad y responsabilidad.

Y agrega: en la medida que adquieres responsabilidad sobre tu vida, tu capacidad reproductiva y de relación social, adquieres una gran libertad. Eso es lo que busca Mariela: que termine la manipulación por los prejuicios, por los intereses de poder heredados y que cada individuo sepa hacerse cargo de sus decisiones.

La activista estuvo de visita en México para participar en la Conferencia Mundial de la ILGA. En entrevista comenta sobre los temas pendientes en Cuba y América Latina, como el matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción.

Lo tienen en el Distrito Federal y es muy bueno, porque si los heterosexuales tenemos la oportunidad de elegir casarnos o no, tener familia dentro o fuera del matrimonio, las parejas del mismo sexo deben tener ese mismo derecho.

La sexóloga cubana insiste en que el cambio de actitudes se logra luego de un proceso de análisis y reflexión, el cual debe iniciar con la familia y la comunidad. Dar la información sólo a los niños los coloca en una contradicción si esos conocimientos carecen del aval de la familia. Es difícil, pero vale la pena y en la isla existe el interés de que los hijos no se pierdan de nada.

Un sector, que generalmente no se toma en cuenta es el de la tercera edad. Los adultos mayores tuvieron otro aprendizaje y experiencias de vida diferentes. Mariela recuerda algunas investigaciones realizadas en Cuba, las cuales detectaron que entre los malestares reportados están los relacionados con el género: la mujer se ha sentido aplastada en la relación de pareja.

Cuando ellas piden ayuda en el Cenesex, se dan cuenta de que su vida pudo haber sido distinta. Y aun a esa edad, ha habido varias mujeres que cambian y ya no quieren ser la camarera del marido. “Y los viejitos tienen que aprender y cambiar también. Es fuerte, pero también su convicción y dicen: ‘antes de morirme lo voy a pasar mejor’ ”.

Eso implica otro reto, que es no irse al extremo y estigmatizar a los hombres. Ellos son parte de la misma trampa cultural que asignó a las mujeres determinadas tareas y otras a los varones. Ambos quedaron una situación de vulnerabilidad de salud y social.

El trabajo de Mariela Castro va más allá de la isla. Participa en una red de alianzas con organizaciones civiles de países de América Latina porque al parecer, son las que pueden impulsar los cambios ante la falta de voluntad política de los gobiernos. Han organizado reuniones regionales donde conocen por dónde va cada país y se ponen de acuerdo. La idea es avanzar para ampliar el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos, aprender de los errores y aciertos de los otros, dice.

En América Latina, uno de los retos principales es el poder que aún conserva la iglesia católica, incluso, en la toma de decisiones de la política pública. La evidencia de ello es la precaria situación de las mujeres que son criminalizadas cuando deciden interrumpir sus embarazos.

Es increíble, afirma, que en pleno siglo XXI no puedan tomar decisiones sobre su cuerpo como si fueran mujeres sin alma, incapaces, seres inferiores.

Mariela reconoce que las resistencias seguirán, pero también nuestros puntos de vista son incansables. No nos vamos a rendir.

(Imagen: La Jornada / Francisco Olvera).

Fuente La Jornada (UNAM) / Ángeles Cruz Martínez

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