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“Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos”. Domingo 27 de agosto de 2017. 21º domingo de tiempo ordinario

domingo, 27 de agosto de 2017
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44-OrdinarioA21De Koinonia:

Isaías 22,19-23: Colgaré de su hombro la llave del palacio de David
Salmo responsorial: 137:
Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.
Romanos 11,33-36: Él es el origen, guía y meta del universo
Mateo 16,13-20:
Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos

El texto de Isaías se refiere, con mucha probabilidad, a la época inmediatamente anterior a la primera deportación. Recordemos que como represalia a un intento de rebelión, el imperio babilónico exilió, en el año 597 a.e.c, a los miembros más prestantes de la sociedad y los trasladó a varias ciudades y campos de Mesopotamia. Esto significó un duro golpe para las pretensiones de la familia monárquica que se consideraba inamovible del trono.

La profecía de Natán que, en realidad, era una exhortación para que el rey se mantuviera fiel a la voluntad del Señor, se había convertido ya en la época salomónica en un recurso ideológico para legitimar el monopolio del poder. Al inicio del siglo VI la situación de Judá cambió completamente, con la entrada en escena del imperio babilónico, que pretendió crear un imperio mediante el sometimiento de todos los pequeños reinos y el control de las tribus dispersas por toda el llamado «Creciente Fértil». Jerusalén era sólo una fortaleza más a conquistar.

La profecía de David se dirige contra las pretensiones de la clase dirigente que se consideraba la propietaria perpetua del trono. El caso más patético era el de los primeros ministros, que remplazaban al rey en su ausencia. Estos personajes, casi siempre provenientes de la alta aristocracia, cobraban singular importancia cuando podían gobernar el país y darse todos los honores regularmente reservados al rey.

Parece que el mayordomo del palacio real de Jerusalén, llamado Sobna, se excedió en sus pretensiones y no se contentó con ostentar la ‘banda’ del rey sino que convirtió las llaves del palacio en símbolo de su creciente poder. Todas estas manifestaciones de arrogancia ponían en evidencia cuán arruinadas estaban las instituciones monárquicas y el grado extremo de decadencia en el que había caído la corte. Isaías pronuncia un oráculo de condenación contra este ministro presuntuoso, denunciando todas las arbitrariedades que había cometido y anunciándole cuál sería el final de todas sus hazañas. El que se había construido una tumba elegante moriría en un campo desolado en tierras extranjeras. La llave que el primer ministro ostentaba, terminaría en manos de otra persona más capaz. Los caminos del Señor no son los del individuo engreído y alienado. Todo lo que un sistema social construye sobre la explotación, el abuso del derecho y la falsedad, termina irremediablemente condenado a la insignificancia.

Pablo, haciendo eco de los himnos a la sabiduría, recuerda la distancia enorme que hay entre las absurdas pretensiones individualistas y megalómanas, y el sabio designio de Dios que dispone únicamente lo que es provechoso para el ser humano.

Esa contraposición entre las desmedidas pretensiones de ciertos individuos y grupos sedientos de poder y los insondables caminos del Señor, se hace patente en el episodio del evangelio. A la mitad del camino de Jerusalén, o sea, en la exacta mitad del proceso de formación de los discípulos, Jesús los interroga sobre aquello que han podido captar en el tiempo en que los ha acompañado y orientado.

Las respuestas nos sorprenden. De una parte el gentío que sigue a Jesús lo identifica correctamente como uno de los profetas. De otra, el grupo en la voz de Pedro lo reconoce correctamente como Mesías e Hijo de Dios. Pero, subsiste un problema de fondo: tanto la multitud como los discípulos quieren imponerle a Jesús un estilo de ser profeta y una manera de ser Mesías. Discípulos y muchedumbre piden lo que es contrario a la voluntad de Dios e inconsecuente con la enseñanza de Jesús. Parecería que el enorme esfuerzo de Jesús no hubiese surtido el efecto esperado, y que los discípulos, en lugar de cambiar de mentalidad, hubieran afianzado sus antiguas y erráticas ideas. Sin embargo, el evangelio nos quiere mostrar que los discípulos aún deben pasar por la experiencia de la cruz para comprender el verdadero alcance de las palabras y obras de Jesús.

Jesús sí es el Mesías, pero no el Mesías triunfalista y prepotente del nacionalismo exacerbado, sino una persona al servicio de las más hondas y profundas Causas humanas. Jesús sí es el profeta; pero no el profeta que anuncia la supremacía de la propia religión o de la ideología de su grupo, sino el profeta del amor, la justicia y la paz.

Las tres lecturas nos muestran cuán impredecibles y certeras son las sendas de Dios y cuán caducos y esquemáticos son nuestros trillados caminos. El evangelio nos invita a aprender de Jesús cuál es el camino auténtico que nos conduce al Padre, porque «no todo el que dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos». Leer más…

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25. 8.16. Pedro, la Roca. Una decisión de la Iglesia de Mateo

domingo, 27 de agosto de 2017
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20708066_841876389322888_6787966425053980405_nDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 21, A. Mateo 16, 13-20. Los judeo-cristianos apelaban a Santiago como intérprete de Jesús, fundamento de su iglesia. Muchos pagano-cristianos miraban a Pablo como pionero de la misión universal (Efesios), el iniciador del gran camino salvador de la Iglesia.

— Mateo asume las tradiciones más helenistas de Marcos y las integra en una iglesia que toma como base el judeo-cristianismo de Santiago, pero definiéndose a sí misma como auténtico Israel, pues en ella se cumple de un modo universal (abierto a todos) la verdadera ley judía (cf. Mt 5-7). De esa manera, él ha vinculado la tradición de Santiago (ley judía) y la de Pablo (apertura universal), y para ello, partiendo de Marcos y de la tradición de su Iglesia, recrea la figura y función histórica de Pedro.

— Ciertamente, este texto viene de Jesús, pero del Jesús pascual, tal como ha sido interpretado por Mateo, escribiendo así un evangelio universal, que asume las tradiciones opuestas de Santiago y Pablo, y las vincula en la figura y tarea de Pedro.

20729722_841877649322762_5672154457517123949_nLeído así, este pasaje supone que había posturas cristianas contrapuestas (simbolizadas por Santiago y Pablo), pero, a juicio de Mateo, no eran excluyente, pues habían quedado asumidas por Pedro que es, al mismo tiempo, testigo de la misión universal de Jesús (línea de Pablo) y garante de la ley judía (como Santiago).

Mateo no inventa esa función de Pedro, sino que interpreta y ratifica lo que ha sido su tarea al servicio de la iglesia, al asumir la misión universal de los helenistas (Pablo), y vincularla con la visión israelita de los judeocristianos, garantizando y fundando así la unidad de las iglesias, desde la confesión de Jesús como Cristo, Hijo de Dios vivo (Mt 16, 16). Mateo habla pues del Pedro histórico, pero interpreta su función a la luz de su experiencia eclesial, unos veinte años después de su muerte, superando así la visión restrictiva de Mc 8, 29.

Texto. Primera parte

Mt: 16 13 Llegando a la zona de Cesárea de Felipe Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? 14 Ellos contestaron: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. 15 Él les preguntó: Y vosotros ¿quién decís que soy yo? 16 Y, respondiendo, Simón dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente

Este pasaje recoge con algunas variantes la confesión de Pedro (cf. Mc 8, 27-30), tal como ha sido reinterpreta por la Iglesia:

Pregunta de Jesús, identificaciones: 16, 13-14. Los discípulos de Mc 8, 28 comparaban a Jesús con el Bautista, con Elías o algún otro profeta. Mt 16, 14 añade la figura de Jeremías, quizá porque le permite entender mejor a Jesús como profeta inmerso en una historia de sufrimiento al servicio de Dios. Elías era profeta de fuego y juicio, en la línea del Bautista. Jeremías, en cambio, es profeta de denuncia y entrega (muerte), en la línea del Jesús Mateo. Otros le han visto como nuevo Jeremías, no sólo por su sufrimiento, sino por su forma de criticar un tipo de culto del templo (cf. 21, 14 y Jer 7, 11).

Respuesta de Pedro: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente (16, 15-16). Donde Mc 8, 29 decía “tú eres el Cristo”, Mt 16, 16 añade: “el Hijo de Dios Viviente”, destacando el carácter más elevado de su misión, pues no es simplemente mesías israelita, sino presencia radical y universal de Dios (cf. Mt 11, 25-30). Quizá por eso, al final de la escena, allí donde, según Mc 8, 30, Jesús prohibía a sus discípulos que hablaran de él, sin más matizaciones (=que no manipularan su figura), Mt 16, 20 les prohíbe que digan que es el Cristo de Israel (¡no que él es el Hijo del Dios Viviente!), porque la figura y función del Cristo puede ser manipulada.

Pedro define a Dios como Viviente, en contra de los dioses muertos o ídolos, siguiendo la más honda confesión israelita, en una línea que ha puesto de relieve la tradición de Pablo (1 Tes 1, 9; Rom 9, 26; 2 Cor 3, 3; 6,16; etc.), como hará la de Juan (cf. Jn 6, 57.6). Mateo y su comunidad asumen, una confesión que ratifica el carácter salvador de Jesús (Hijo de Dios) y el sentido de la iglesia, que supera un tipo de judaísmo nacional, una salvación que se extiende a todos los pueblos.

Jesús recrea de esa forma a Pedro y le presenta como receptor de una revelación que es la Roca fundante de la Iglesia. Mateo ha introducido para ello (entre Mc 8, 30 y 8, 31) una cuña poderosa (Mt 16, 17-19), que, en un nivel, parece ir en contra del contexto, pero que, en otro, desarrolla su sentido. Sólo más tarde (16, 20) retoma la prohibición de decir que Jesús es el Cristo (no de hablar de él, ni presentarle como hijo de Dios, cf. Mc 8, 31).

Texto, segunda parte:

Mt 16 17 Pero Jesús respondiendo le dijo: Bienaventurado eres tú, Simón, hijo de Jonás, porque ni la carne ni la sangre te lo ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos. 18 Y yo te digo que tú eres piedra, pero sobre esta Roca edificaré mi iglesia, y las puertas del hades no prevalecerán sobre ella. 19 Te daré las llaves del Reino de los cielos: y lo que atares en la tierra será atado en los cielos, y lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

Esta inserción bien precisa, muy ajustada, define la identidad del evangelio de Mateo, con su visión de Pedro como intérprete del mesianismo de Jesús, en un momento clave de apertura eclesial a los gentiles. Estamos ante una doble confesión (Pedro confiesa a Jesús, Jesús a Pedro) que marca el centro del evangelio de Mateo, en un camino ascendente (de Pedro a Jesús Hijo del Dios viviente) y descendente (de Jesús a Pedro y a la iglesia) .

1. Tú eres el Cristo, el hijo del Dios Viviente. Revelación del Padre. Jesús empieza presentando a Pedro con su nombre oficial: “Bienaventurado eres tu Simón, hijo de Jonás, porque ni la carne ni la sangre te lo ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos” (16, 17). Se llamaba Symeôn (cf. Hch 15, 14 y en 2 Ped 1,1), nombre que ha sido helenizado como Simón (Si,mwn, cf. Mt 4, 18; 17, 25), y su padre era Jonás (=Juan, cf. Jn 1, 41-42; 21, 15). Pues bien, ese Simón hijo de Juan ha sido destinatario de una revelación superior, que no proviene de la carne y sangre (es decir, de los poderes normales de la inteligencia humana), sino del mismo Dios Padre de Jesús.

Esta revelación es para Mateo un (=el) acontecimiento definitivo del despliegue de la Iglesia, en la línea de 11, 25, donde se hablaba del misterio de Dios, escondido para los grandes y prudentes, pero revelado a los pequeños, entre los que sobresale Simón, como objeto de una revelación comparable a la que se atribuye personalmente Pablo (cf. Gal 1, 16). Como he dicho en la introducción, Pedro aparece así como receptor de una revelación semejante (superior) a la de Pablo, y como fundamento de la Iglesia, por confesar a Jesús como el Cristo, Hijo del Dios Viviente .

Esta iglesia de Simón había corrido el riesgo de perder su identidad en la disputa entre judaizantes (=nomistas) y partidarios de la separación total respecto al judaísmo. Pero el mismo Dios Padre le ha revelado que Jesús es no sólo el Cristo, en una línea que podría ser discutida, quizá como en Mc 8, 20 (en la línea del Hijo de David según la carne, de Rom 1, 3), sino el Hijo de Dios Vivo (16, 16:,en la línea del Hijo de Dios, por la resurrección, de Rom 1, 4). Éste es el principio de la identidad cristiana, el objeto de la revelación definitiva, un tema que la primera tradición ha puesto en el centro de su fe.

Jesús no es un Hijo en general, sino el Hijo, en absoluto (ho uios), revelación definitiva, el mismo Dios en la historia humana. Éste es el centro de la confesión, que la primera carta de Pablo ha vinculado a la llegada del fin de los tiempos (1 Tes 1, 9-10), el punto de partida de la fe pascual de los creyentes, conforme a la confesión central de Rom 1, 3-4, la gran revelación proclamada por los grandes teólogos testigos: Pablo (Gal 4, 4; Rom 8, 3. 32) y Juan (3, 16-17) .

Por gracia de Dios Padre, Simón Baryona ha formulado de manera definitiva la fe cristiana, confesando que Jesús es el Cristo, Hijo del Dios Viviente, vida encarnada del mismo Dios. Ésta ha sido según Mateo la revelación pascual de Simón, el principio de la fe cristiana, como de algún modo ha reconocido incluso Pablo, cuando ha presentado como primera la “aparición” pascual de Cefas, en el principio de la fe de la Iglesia (2 Cor 15, 5). Es muy posible que Mateo esté evocando aquí esa primera revelación, realizada de un modo especial por “mi Padre que está en los cielos”, sobre todos los poderes de la carne y de la sangre (cf. en esa línea Mt 1, 18-25; 3, 17; 11, 22-27 y 28, 16-20).

Estas dos revelaciones especiales de Dios, una a Simón (Mt 16, 17-19) y la otra a Pablo (Ef 2-3), se han formulado desde perspectivas complementarias, de manera que han de verse unidas, pues se vinculan con dos de los grupos más significativos en la vida y conciencia de la Iglesia: un grupo ha fundado su experiencia y tarea en la revelación de Pablo, que habría recibido el encargo de Dios para iniciar la misión de Jesús a los gentiles (Efesios); otro en la experiencia y compromiso de Pedro (según Mateo), como he puesto de relieve en la introducción de este comentario. Lasdos revelaciones (de Pedro y Pablo) abren un espacio y camino de universalidad no excluyente, de manera que pueden vincularse y enriquecerse entre sí, aunque cierta Iglesia posterior haya dado primacía a la de Pedro y una parte considerable de la exégesis haya insistido más en la de Pablo.

20729276_841875825989611_3697320692019792147_n2. Tú eres una piedra (16, 18). Como he mostrado en la introducción de este libro, pienso que la fórmula más antigua es la de Efesios, y que Mateo responde de alguna forma a ella; ciertamente, no niega la versión efesina de Pablo, pero la matiza y completa, en un contexto más judeo-cristiano, desde Antioquía, para indicar que la revelación de Pedro es anterior y más amplia, pues Simón Baryona ha sido el primero en confesar a Jesús resucitado como Cristo (1 Cor 15, 5), de manera que su confesión de fe ha sido de hecho fundamento de una Iglesia (en la que se inscribe la misión de Pablo). Sea como fuere, ambas declaraciones (petrina y paulina) se han vinculado, y han sido acogidas en el único canon del NT, sin que las iglesias hayan visto contradicción entre ellas.

Jesús ha empezado diciendo Bienaventurado eres Simón, evocando su nombre completo y oficial, que le define como “hijo de Yona” (=Jonás, Juan; cf. Jn 1, 42; 21, 15-17). Éste Simón lleva el nombre del segundo de los patriarcas (hijos de Israel/Jacob), y su padre es Juan/Yona. Al presentarle así, con una bienaventuranza personal (cosa que el NT sólo atribuye además de él a la madre de Jesús: Lc 1, 45. 48; cf. 11, 27), Mateo anuncia la importancia de lo que va a decir (como revelación especial de Dios Padre: cf. Mt 16, 17).

Y yo te digo: tú eres una piedra (petros sin artículo, 16, 18). Es muy posible que Jesús haya puesto a Simón ese nombre (Cefas, pe,troj, Piedra, Pedro) en el tiempo de su vida (cf. Mc 3, 16; Jn 1,42), destacando así (quizá irónicamente) su dureza o también su falta de estabilidad, como guijarro del camino, canto rodado del arroyo, piedra de escándalo/tropiezo (como recordará Mt 16, 23), aunque, paradójicamente (por una inversión común en el Nuevo Testamento) ese nombre haya recibido después un sentido positivo. En su forma aramea (Cefas, apak) aparece sin traducción en ocho pasajes significativos de Pablo (1 Cor 12; 3, 22; 9, 5; 15, 5; Gal 1, 18; 2, 8.11.14), que reconoce así la singularidad de Cefas, a quien una vez llama también Petros, en griego (Gal 2, 7), lo que indica que ese nombre/apodo era bien conocido en las comunidades.

‒ Pedro ¿nombre personal o apelativo impersonal: el piedra? No es fácil responder. Ciertamente, Petros, Piedra, termina apareciendo como nombre propio de Simón, en la tradición (de Mc 8, 19 a Hch 15, 7; de Mt 10, 2 hasta Jn 21, 21. Es el nombre más utilizado en Mateo (15 veces), y fue sin duda muy importante en las iglesias, pudiendo tener un sentido positivo (la piedra es dura), pero también negativo o irónico, pues las piedras son cantos rodados de camino, sin estabilidad, causa de escándalo, tropiezo o caída .

Parece claro que petros/Pedro fue ya el apodo que Jesús quiso darle a Simón, pero no es seguro que tenga un sentido positivo, pues puede suponerse que Jesús dice a Simón algo así como: Tú eres sólo un petros (pe,troj), simplemente una piedra. Eso parece haber sido Simón en principio, para Jesús y para la comunidad más antigua. Pero Mateo añade ahora que él ha recibido una revelación especial ¡definitiva! de Dios, de tal forma que por ella (por don del Padre), por su confesión de fe, sin dejar de ser petros/guijarro, él se ha convertido en Pe,tra/Roca firme de la fe, cimiento de la Iglesia de Jesús.

3. Y (pero) sobre esta Roca… (Petra: 16, 18). En sentido estricto, Simón es petros, piedra, y ese apodo parece haber sido originalmente ambiguo, de tipo irónico (piedra movediza, guijarro sin estabilidad ni fundamento). Pues bien, paradójicamente, a través de un proceso que vemos también en otros casos, lo que empieza siendo palabra de ironía o condena tiende a convertirse en expresión de dignidad y distinción, de manera que lo más débil (un petros/guijarro) viene entenderse en otro plano como roca de la fe. En esa línea, escribiendo este pasaje en torno al 85 dC, Mateo ha querido vincular con ese apodo, petros/Pedro, en masculino, otro más significativo, que es petra/Roca en femenino, con el sentido de peña o fundamento firme (como en Mt 7, 24), palabra que la tradición de Pablo había relacionado ya con Cristo (cf. 1 Cor 10, 4). Leer más…

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“Pedro, entre Dios y Satanás”. Domingo 21. Ciclo A.

domingo, 27 de agosto de 2017
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cristo-ordenando-a-sus-apostoles1Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El evangelio de este domingo y el del siguiente forman un díptico indisoluble. En el de hoy, Pedro recibe una revelación de Dios y una misión. En el siguiente, se convierte en portavoz de Satanás. De este modo, Mateo deja claro que lo importante es la misión recibida, no la santidad del receptor.  El pasaje de este domingo se divide en tres partes: 1) lo que piensa la gente a propósito de Jesús; 2) lo que afirma Pedro; 3) las promesas de Jesús a Pedro.

  1. Lo que piensa la gente a propósito de Jesús

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

― ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?

Ellos contestaron:

― Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.

¿Cómo es posible que la gente ofrezca respuestas tan extrañas? La culpa es en gran parte de Jesús por usar una expresión que se presta a equívoco: bar enosh puede entenderse de formas muy distintas, y podríamos traducirlo con minúscula o con mayúscula.

Con minúscula, «hijo del hombre», significa «este hombre», «yo», y es frecuente en boca de Jesús para referirse a sí mismo. Por ejemplo: «Las zorras tienen madrigueras, las aves del cielo nidos, pero el hijo del hombre [este hombre] no tiene dónde recostar la cabeza» (Mt 8,20); «El hijo del hombre [este hombre, yo] tiene autoridad en la tierra para perdonar los pecados» (Mt 9,6), etc.

            Con mayúscula, «Hijo del Hombre», hace pensar en un salvador futuro, extraordinario. «Os aseguro que no habréis recorrido todas las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del Hombre» (Mt 10,23); «El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles para que recojan de su reino todos los escándalos y los malhechores» (Mt 13,41); «El Hijo del Hombre ha de venir con la gloria de su Padre y acompañado de sus ángeles» (Mt 16,27).

            La gente que escuchaba a Jesús, como en La vida de Brian, podía sentirse desconcertada. Cuando usaba la expresión «el Hijo del Hombre», ¿hablaba de sí mismo, de un salvador futuro o de un gran personaje religioso? Por eso no extrañan las respuestas que recogen los discípulos. Para unos, el Hijo del Hombre es Juan Bautista; para otros, de mayor formación teológica, Elías, porque está profetizado que volverá al final de los tiempos; para otros, no sabemos por qué motivo, Jeremías o alguno de los grandes profetas. Lo común a todas las respuestas es que ninguna identifica al Hijo del Hombre con Jesús, y todas lo identifican con un profeta, pero un profeta muerto, bien hace nueve siglos (Elías) o recientemente (Juan Bautista). Es obvio que Jesús no se explicaba en este caso con suficiente claridad o era intencionadamente ambiguo.

  1. Lo que afirma Pedro: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Él les preguntó:

― Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

― Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.

Estamos tan acostumbrados a escuchar la respuesta de Pedro que nos parece normal. Sin embargo, de normal no tiene nada. Los grupos que esperaban al Mesías lo concebían como un personaje extraordinario, que traería una situación maravillosa desde el punto de vista político (liberación de los romanos), económico (prosperidad), social (justicia) y religioso (plena entrega del pueblo a Dios). Jesús es un galileo mal vestido, sin residencia fija, que vive de limosna, acompañado de un grupo de pescadores, campesinos, un recaudador de impuestos y diversas mujeres. Para confesarlo como Mesías hace falta estar loco o tener una inspiración divina.

  1. Las promesas de Jesús a Pedro

Jesús le respondió:

― ¡Dichoso tú, Simón hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.

Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Esta tercera parte es exclusiva de Mateo. En los evangelios de Marcos y Lucas, el pasaje de la confesión de Pedro en Cesarea de Felipe termina con las palabras: «Prohibió terminantemente a los discípulos decirle a nadie que él era el Mesías». Sin embargo, Mateo introduce aquí estas palabras de Jesús a Pedro.

Comienzan con una bendición, que subraya la importancia del título de Mesías que Pedro acaba de conceder a Jesús. No es un hereje ni un loco, sus palabras son fruto de una revelación del Padre. Nos vienen a la memoria lo dicho en 11,25-30: «Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y aquel a quien el Padre se lo quiere revelar».

Basándose en esta revelación, no en los méritos de Pedro, Jesús le comunica unas promesas: 1) sobre él, esta roca, edificará su Iglesia; 2) le dará las llaves del Reino de Dios; 3) como consecuencia de lo anterior, lo que él decida en la tierra será refrendado en el cielo.

Las afirmaciones más sorprendentes son la primera y la tercera. En el AT, la «roca» es Dios. En el NT, la imagen se aplica a Jesús. Que el mismo Jesús diga que la roca es Pedro supone algo inimaginable, que difícilmente podrían haber inventado los cristianos posteriores. (La escapatoria de quienes afirman que Jesús, al pronunciar las palabras «y sobre esta piedra edificaré mi iglesia» se refiere a él mismo, no a Pedro, es poco seria).

La segunda afirmación («te daré las llaves del Reino de Dios») se entiende recordando la promesa de Is 22,22 al mayordomo de palacio Eliaquín, tema de la primera lectura de hoy: «Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá». Se concede al personaje una autoridad absoluta en su campo de actividad. Curiosamente, el texto de Mateo cambia de imagen, y no habla luego de abrir y cerrar sino de atar y desatar. Pero la idea de fondo es la misma.

El texto contiene otra afirmación importantísima: la intención de Jesús de formar una nueva comunidad, que se mantendrá eternamente. Todo lo que se dice a Pedro está en función de esta idea.

¿Por qué pone de relieve Mateo este papel de Pedro? ¿Le guía una intención eclesiológica, para indicar cómo concibe Jesús a su comunidad? ¿O tienen una finalidad mucho más práctica? Ambas ideas no se excluyen, y la teología católica ha insistido básicamente en la primera: Jesús, consciente de que su comunidad necesita un responsable último, encomienda esta misión a Pedro y a sus sucesores.

Es posible que haya también de fondo una idea más práctica, relacionada con el papel de Pedro en la iglesia primitiva. Uno de los mayores conflictos que se plantearon desde el primer momento fue el de la aceptación o rechazo de los paganos en la comunidad, y las condiciones requeridas para ello. Los Hechos de los Apóstoles dan testimonio de estos problemas. En su solución desempeñó un papel capital Pedro, enfrentándose a la postura de otros grupos cristianos conservadores (Hechos 10-11; 15). En aquella época, en la que Pedro no era «el Papa», ni gozaba de la «infalibilidad pontificia», las palabras de Mateo suponen un espaldarazo a su postura en favor de los paganos. «Lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo». Es Pedro el que ha recibido la máxima autoridad y el que tiene la decisión última.

Apéndice 1. El papel de Pedro en la iglesia primitiva

            Un detalle común a las más diversas tradiciones del Nuevo Testamento es la importancia que se concede a Pedro. El dato más antiguo y valioso, desde el punto de vista histórico, lo ofrece Pablo en su carta a los Gálatas, donde escribe que tres años después de su conversión subió a Jerusalén «a conocer a Cefas [Pedro] y me quedé quince días con él» (Gálatas 1,18). Este simple detalle demuestra la importancia excepcional de Pedro. Y catorce años más tarde, cuando se plantea el problema de la predicación del evangelio a los paganos, escribe Pablo: «reconocieron que me habían confiado anunciar la buena noticia a los paganos, igual que Pedro a los judíos; pues el que asistía a Pedro en su apostolado con los judíos, me asistía a mí en el mío con los paganos» (Gálatas 2,7).

            Esta primacía de Pedro queda reflejada en diversos episodios de los distintos evangelios. Por no alargarme, basta recordar el triple encargo («apacienta mis corderos», «apacientas mis ovejas», «apacientas mis ovejas») en el evangelio de Juan (21,15-17), equivalente a lo que acabamos de leer en Mateo.

            Lo mismo ocurre en los Hechos de los Apóstoles. Después de la ascensión, es Pedro quien toma la palabra y propone elegir un sustituto de Judas. El día de Pentecostés, es Pedro quien se dirige a todos los presentes. Su autoridad será decisiva para la aceptación de los paganos en la iglesia (Hechos 10-11). Este episodio capital es el mejor ejemplo práctico de la promesa: «lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo».

Apéndice 2. Mateo: ¿falsario o teólogo?

            Lo anterior ayuda a responder una pregunta elemental desde el punto de vista histórico: si las promesas de Jesús a Pedro sólo se encuentran en el evangelio de Mateo, ¿no serán un invento del evangelista? Así piensan muchos autores.

            Pero el término «invento» se presta a confusión, como si todo lo que se cuenta fuera mentira. Los escritores antiguos tenían un concepto de verdad histórica muy distinto del nuestro, como he intentado demostrar en mi libro Satán contra los evangelistas. Para nosotros, la verdad debe ir envuelta en la verdad. Todo, lo que se cuenta y la forma de contarlo, debe ser cierto (esto en teoría, porque infinitos libros de historia se presentan como verdaderos, aunque mienten en lo que cuentan y en la forma de contarlo). Para los antiguos, la verdad se podía envolver en un ropaje de ficción.

La verdad, testimoniada por autores tan distintos como Pablo, Juan, Lucas, Marcos, es que Pedro ocupaba un puesto de especial responsabilidad en la iglesia primitiva, y que ese encargo se lo había hecho el mismo Dios, como reconocen Pablo y Juan. Lo único que hace Mateo es envolver esa verdad en unas palabras distintas, quizá inventadas por él, para dejar claro que la primacía de Pedro no es cuestión de inteligencia, ni de osadía, se debe a una decisión de Jesús.

Y para corroborar que no son los méritos de Pedro, añade el episodio que leeremos el próximo domingo.

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Domingo XXI del Tiempo Ordinario. 27 Agosto, 2017

domingo, 27 de agosto de 2017
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d-21

Vosotros, ¿quién decís que soy yo?”

Mt 16, 13-20

Sí, ya lo sé. Son muchísimas las veces que este evangelio te invita a reflexionar y orar quién es Jesús para ti. Es un pasaje que a menudo abre ante ti este interrogante que una y otra vez nos repite Jesús: “y tú, ¿quién dices que soy yo?”

Pero no estamos hablando de una novela, sino de la Palabra. Palabra viva, Palabra que da Vida, Palabra en movimiento. Palabra que nos habla directamente al corazón y que no siempre nos dice lo mismo. Escúchala.

A mí hoy me habla de dos ideas nuevas en las que no había caído en la cuenta anteriormente.

Una está relacionada con la pregunta: “vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Y pregunto, ¿por qué insistimos en pasarla a “tú”?; es decir, si Jesús se refiere a nosotros por qué tantas veces nos ponemos en medio dejando aparecer nuestro “yo-mí-me-conmigo” y nos regocijamos en pensar quién es Jesús para “mí”. Está bien que lo pensemos y nos interroguemos, evidentemente, pero mucho mejor si lo hacemos sin perder de vista a los demás… nuestra fe no la vivimos como seres aislados, sino que lo hacemos en comunión, la celebramos en comunidad. Lo que tú vives en tu camino a mí me enriquece, me da luz, y viceversa, a imagen y semejanza de Dios Trinidad, relación y comunión.

Y la segunda idea, es esa cercanía de Jesús a sus discípulos, en definitiva a nosotras. Hace dos preguntas, en la primera utiliza la tercera persona, tanto al dirigirse a los demás como al referirse a sí mismo: “¿quién dice la gente que es el hijo del hombre?” pero seguido pregunta a los suyos: “vosotros, ¿quién decís que soy yo?”; vosotros y yo. Y contesta Pedro: “tú eres el Mesías”. Y contestamos cada una: “tú eres…”

Oración

Trinidad Santa, ojalá cada día nos parezcamos más a ti, comunión, relación, escucha. A tu imagen y semejanza. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

 

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Conocer a Jesús es vivir lo que él vivió.

domingo, 27 de agosto de 2017
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53f3fcc388079_img-interior_20140819_21_41Otra vez Jesús se retira con sus discípulos; ahora a la región de Cesarea de Filipo. Se van a tratar temas que desbordan la problemática estrictamente judía, y por eso Mt coloca la escena en territorio gentil, fuera de una concepción del Mesías demasiado nacionalista, para dar a entender que estamos en una apertura a los gentiles. Ni lo que dice sobre Jesús, ni lo que dice sobre la Iglesia podía ser aceptado por un judío normal.

Dos temas nos proponen hoy las lecturas: Quién es Jesús y el poder de las llaves. Lo primero que hay que tener en cuenta es que los evangelios están escritos mucho después de la muerte de Jesús, y por lo tanto reflejan, no lo que entendieron mientras vivieron con él, sino lo que las primeras comunidades pensaban de él. También es lógico que se preocuparan por la estructura de la nueva comunidad: El texto expresa vivencias pascuales de la primera comunidad. Esto no le quita importancia sino que se la da.

Se quiere diferenciar la opinión de la gente de la de los discípulos. Mejor sería decir que la diferencia sería entre lo que la gente y los discípulos pensaron de Jesús mientras vivía y lo que pensaron de él después de la Pascua. Mientras vivieron con él le mostraron una gran estima, pero no se dieron cuenta de la novedad que aporta. A los discípulos les costó Dios y ayuda dar el paso de una interpretación nacionalista del Mesías, a la del verdadero mesianismo que representaba Jesús. Solo después de Pascua consiguieron dar el paso.

Antes de esa experiencia, Pedro nunca pudo decir a Jesús que era el Hijo de Dios. Los judíos ni siquiera tenían un concepto de Hijo de Dios en sentido estricto. En el AT se llamaba hijo de Dios al rey, a los ángeles, al pueblo judío, pero en sentido simbólico. Para un judío lo más que se podía decir de un ser humano es que era el Ungido (Mesías). Los griegos sí tenían un concepto de Hijo de Dios. Gracias al contacto con la cultura griega, los cristianos pudieron expresar la experiencia pascual con el término Hijo de Dios.

A Jesús nunca le pasó por la cabeza el fundar una Iglesia. Él era judío por los cuatro costados y no podía pensar en una religión distinta. Lo que quiso hacer con su mensaje, fue purificar la religión judía de todas las adheren­cias que la hacían incompatible con el verdadero Dios. Tampoco los primeros seguidores de Jesús pensaron en apartarse del judaísmo. Fue el rechazo frontal de las autoridades judías, sobre todo de los fariseos después de la destrucción del templo, lo que les obligó a emprender su propio camino.

¿Quién es Jesús? La respuesta teórica es imposible. La pregunta está mal formulada. Jesús fue un ser humano concreto, ese es el punto de partida para su comprensión. Si partimos de la alternativa de que pudo ser hombre o pudo ser Dios, imposibilitamos una respuesta coherente. Si Jesús fue Dios es porque es hombre, y si es hombre cabal es porque es Dios. No hay incompatibilidad entre ambas realidades. Todo lo contrario, Dios está en lo humano y el hombre solo puede llegar a su plenitud en lo divino, que ya es.

La respuesta que pone Mt en boca de Pedro parece, a primera vista, certera, aunque no supone ninguna novedad, porque todos lo evangelistas lo dan por supuesto desde las primeras líneas. Está claro que el objetivo del relato es afianzar una profesión de fe pascual. Si Pedro hubiera pronunciado esa frase antes de la experiencia pascual, lo hubiera hecho pensando en un “hijo de Dios” en el sentido en que lo entendían los judíos; como persona muy cercana a Dios o que tiene un encargo especial de su parte.

No podemos definir con dogmas a Jesús, pero tampoco podemos dejar de hacernos la pregunta. Lo que es Jesús, nunca lo descubriremos del todo. ¿Quién es este hombre? Todo intento de responder con fórmulas cerradas no solucionará el problema. La respuesta tiene que ser práctica, no teórica. Mi vida es la que tiene que decir quién es Jesús para mí. Del esfuerzo de los primeros siglos por comprender a Jesús debemos hacer nuestras, no las respuestas que dieron, sino las preguntas que se hicieron.

Dar por definitivas las respuestas de los primeros concilios nos ha sumido en la rutina. Lo que nos debe importar es descubrir la calidad humana de Jesús y descubrir la manera de llegar nosotros a esa misma plenitud. Se trata de responder con la propia vida a la pregunta de quién es Jesús. Y tú, ¿quién dices que soy yo? ¿Qué dice tu vida de mí? Si creemos que lo importante es la respuesta, como ya está dada, todos en paz y eso es lo grave. Hoy sabemos que lo importante es que sigamos haciéndonos la pregunta.

Desde el punto de vista doctrinal la historia se encarga de demostrarnos que nunca nos aclararemos del todo. O exageramos su divinidad convirtiéndole en un extraterrestre o afianzamos su humanidad y entonces se nos hace muy difícil aceptar que sea plenamente hombre y a la vez divino. Una vez más tenemos que decir que la solución nunca la encontraremos a nivel teórico. Solo desde la vivencia interior podremos descubrir lo que significa Jesús como manifestación de Dios. Solo si nos identificamos con Jesús, haciendo nuestra su vivencia de Dios, comprenderemos lo que fue Jesús.

Respecto a la segunda cuestión, tenemos que aclarar algunos puntos. En primer lugar, los textos paralelos de Mc y de Lc no dicen nada de la promesa de Jesús a Pedro. Es éste un dato muy interesante, que tiene que hacernos pensar. Mc es anterior a Mateo. Lc es posterior. Tanto la confesión de Hijo de Dios como la promesa de Jesús a Pedro es un texto exclusivo de Mt. Si tenemos en cuenta que Mt y Lc copian de Mc, descubriremos el verdadero alcance del relato de Mt. Lo añadido está colocado ahí con una intención determinada: Revestir a Pedro de una autoridad especial frente a los demás apóstoles.

Es la primera vez que encontramos el término “Iglesia” para determinar la nueva comunidad cristiana. Utiliza la palabra que en la traducción de los setenta se emplea para designar la asamblea (ekklesian). El texto intenta afianzar a Pedro en la presidencia de esa organización, pero es exagerado deducir de él lo que después significó el papado. Hay que tener en cuenta que existe otro texto paralelo, también de Mt, que leeremos dentro de dos domingos, que va dirigido a la comunidad: “Porque lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo; y lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo”.

Es curioso que en dos lugares tan próximos del mismo evangelio dé el poder de atar y desatar a Pedro y a la comunidad. Los textos no se contradicen, se complementan. La última palabra la tiene siempre la comunidad, pero esta tiene que tener un portavoz. Pedro o su sucesor, cuando hablan expresando el común sentir de la comunidad, tienen la garantía de acertar en los asuntos importantes para la comunidad. No es la comunidad la que tiene que doblegarse ante lo que diga una persona, sino que es el representante de la comunidad el que tiene que saber expresar el común sentir de ésta.

Meditación

Y tú, ¿quién dices que soy yo?
Ser cristiano significa responder a esta interpelación de Jesús.
No de manera teórica y aprendida,
sino con las actitudes vitales que él me exige hoy.
En el momento que deje de hacerme la pregunta,
he dejado de ser cristiano.
Si tengo ya la respuesta definitiva,
me he colocado fuera del camino.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Yo, Jesús y el Evangelio.

domingo, 27 de agosto de 2017
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pelicula-la-vida-de-jesusLo importante no es el número acciones que hagamos, sino la intensidad del amor que ponemos en cada acción (Teresa de Calcuta)

27 de agosto. Domingo XXI del TO

Mt. 16, 13-20

Y vosotros, ¿quién decís que soy?

Difícil tarea me propones, Maestro, lamentaría cualquier discípulo sensato; particularmente cuando se toma conciencia de quién es el Maestro. Me atreveré no obstante -la ignorancia es atrevida- a intentar exponer lo que de Jesús y del Evangelio dice mi persona.

Pedro lo tuvo claro, aunque sus entendederas no estuvieron acertadas en demasía, al menos en este caso: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. No obstante, tanto Jesús como el Evangelio son mi patria espiritual, y en ella me siento plenamente satisfecho. Y me uno al coro de prisioneros, que en la ópera Fidelio de Beethoven cantan: “¡Qué delicia, respirar el aire, el aire libre a nuestro alrededor! ¡Qué delicia! ¡Sólo aquí está la vida!”

De lo que digo queda constancia en mis artículos semanales de Feadulta y en mis libros de Poemas, pues me aplico lo que en la película El balcón de las mujeres se dice: “Dios no bajó del cielo para ti, te dio un cerebro”. Y con este mi cerebro, curioso siempre, me pregunto y pregunto, y doy respuestas.

Respuestas que procuro estén siempre presentes no solo en las palabras, sino también en los hechos. Y yo también quisiera que quien me vea a mí te vea a ti, Jesús, como tú dices en Jn 14, 9 refiriéndote al Padre. ¡Cómo me gustaría descubrir contigo la paz de la casa común, y alcanzar la certeza de no solo estar contigo, sino de ser tú mismo!

Me gustaría que mis débiles manos completaran tus manos extendidas en las calles y plazas de todo el universo. Y que unidas a ellas trabajaran en la sólida construcción de un mundo más humano, donde como se comenta en el Libro de los Hechos capítulo 4, todos los creyentes vivían unidos, considerándose comunidad, incluso con todo cuanto existe en la Naturaleza. Y quisiera también seguir pisando tus pasos a doquier lugar que vayas, y acompañarte en la mirada a cualquier dirección que se dirija. Porque, como le dice Lola Flores a Mottola en la obra de teatro Prefiero que seamos amigos: “Los problemas, contigo se ausentan”.

Teresa de Calcuta escribió: “Lo importante no es el número de acciones que hagamos, sino la intensidad del amor que ponemos en cada acción”. ¿No es esto acaso lo que Jesús insinuó en el versículo 15 del evangelio de Mateo, cuando dijo a sus discípulos “Id por todo el mundo predicando la Buena Noticia a toda la humanidad”?

LA GRAN SALA DE CONCIERTOS

Sobre el podio, miró Jesús al foso
y la orquesta atacó con gran denuedo.
No había batuta, había sólo manos
tejiendo en el jardín rayos de luna.

Un jardín de palomas y trombones
con sonido blindado de Evangelio,
que volaban sobre todos los campos
vistiendo y encendiendo corazones.

Acto Tercero de la partitura:
“Tempo Largo” del Gloria de la misa,
entonado en la Sala de Conciertos
por Sala, Director y Ejecutantes.

Fuera del Auditorio suena el eco
de un coro universal con voces mixtas,
modulado en todos los idiomas:

¡¡…y el Telón del Teatro sigue abierto…!!

(EVANGÉLICO CUARTETO. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Tú eres; yo soy.

domingo, 27 de agosto de 2017
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med-2

Mt 16, 13-20

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? (v.15). Esta es la cuestión. La gran pregunta de Jesús. Porque de la respuesta que demos pende lo demás: la consideración en la que le tengamos, la resonancia de sus palabras en nosotros, y en definitiva, el replanteamiento (o no) de nuestro modo de vivir.

Los acontecimientos y, sobre todo, la gente que encontramos a lo largo de la existencia son los que van haciéndonos cambiar. Por eso, cuando contamos nuestra historia, casi siempre mencionamos a alguien en particular que nos ha marcado “de por vida”. Uno no es el mismo después de haber conocido a ciertas personas que se convierten en especiales. Nuestra mirada y nuestra memoria vuelven a ellas una y otra vez por su constante inspiración y compañía. Por eso la pregunta que hace Jesús no es trivial.

Había muchos rumores sobre Él. Pero de decir que era un profeta o un rabino a afirmar que se trata del Mesías, El Hijo de Dios vivo (v.16), hay un abismo. A los hombres y mujeres coherentes y respetables, como el Bautista, se les escucha con atención porque su autenticidad atrae y sus acciones resultan admirables; pero si quien se pone ante mí no es solo un ser humano excepcional, sino Dios mismo “en Persona”… todo cambia y la vida nos da un vuelco de 180 grados:

Lo primero, porque ya no habría nada comparable a Él; y por tanto, se convertiría en nuestro “objeto de deseo” principal. Escucharle, seguirle, amarle y servirle, sería nuestra ocupación central.

Lo segundo, porque dejándonos guiar por el verdadero Dueño y Señor de todas las cosas encontraremos el sentido de nuestra existencia y del mundo. Quien nos ha creado sabe mejor que nosotros mismos lo que damos de sí y el valor de las criaturas.

Y tercero, porque sólo reconociendo la identidad de Jesús estaremos capacitados para escuchar lo que tiene que decirnos a nosotros. Por eso, cuando Pedro declaró quién era de verdad Aquel al que habían seguido, el Señor le cambió el nombre –Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia (v.18)–. Únicamente Jesús sabe bien quiénes somos y qué podemos hacer.

Si nos atrevemos a dejar que el Espíritu nos inspire y nos anime a proclamar que Jesucristo es el Señor, despejaremos la incógnita no solo de su identidad, sino de la nuestra, y descubriremos que el verbo “ser” se conjuga poniendo la segunda persona en primer lugar.

María Dolores López Guzmán

Fuente Fe Adulta

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“Jesús es de todos”. 20 de agosto de 2017. 20 Tiempo ordinario (A). Mateo 15, 21-28

domingo, 20 de agosto de 2017
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1touchoffaithUna mujer pagana toma la iniciativa de acudir a Jesús aunque no pertenece al pueblo judío. Es una madre angustiada que vive sufriendo con una hija “atormentada por un demonio”. Sale al encuentro de Jesús dando gritos: “Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David”.

La primera reacción de Jesús es inesperada. Ni siquiera se detiene para escucharla. Todavía no ha llegado la hora de llevar la Buena Noticia de Dios a los paganos. Como la mujer insiste, Jesús justifica su actuación: “Solo me han enviado a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.

La mujer no se echa atrás. Superará todas las dificultades y resistencias. En un gesto audaz se postra ante Jesús, detiene su marcha y de rodillas, con un corazón humilde pero firme, le dirige un solo grito: “Señor, socórreme”.

La respuesta de Jesús es insólita. Aunque en esa época los judíos llamaban con toda naturalidad “perros” a los paganos, sus palabras resultan ofensivas a nuestros oídos.: “No está bien echar a los perros el pan de los hijos”. Retomando su imagen de manera inteligente, la mujer se atreve desde el suelo a corregir a Jesús: “Tienes razón, Señor, pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los señores”.

Su fe es admirable. Seguro que en la mesa del Padre se pueden alimentar todos: los hijos de Israel y también los perros paganos. Jesús parece pensar solo en las “ovejas perdidas” de Israel, pero también ella es una “oveja perdida”. El Enviado de Dios no puede ser solo de los judíos. Ha de ser de todos y para todos.

Jesús se rinde ante la fe de la mujer. Su respuesta nos revela su humildad y su grandeza: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! que se cumpla como deseas”. Esta mujer le está descubriendo que la misericordia de Dios no excluye a nadie. El Padre Bueno está por encima de las barreras étnicas y religiosas que trazamos los humanos.

Jesús reconoce a la mujer como creyente aunque vive en una religión pagana. Incluso encuentra en ella una “fe grande”, no la fe pequeña de sus discípulos a los que recrimina más de una vez como “hombres de poca fe”. Cualquier ser humano puede acudir a Jesús con confianza. Él sabe reconocer su fe aunque viva fuera de la Iglesia. Siempre encontrarán en él un Amigo y un Maestro de vida.

Los cristianos nos hemos de alegrar de que Jesús siga atrayendo hoy a tantas personas que viven fuera de la Iglesia. Jesús es más grande que todas nuestras instituciones. Él sigue haciendo mucho bien, incluso a aquellos que se han alejado de nuestras comunidades cristianas.

José Antonio Pagola

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“Mujer, qué grande es tu fe”. Domingo 20 de agosto de 2017. 20º domingo de tiempo ordinario.

domingo, 20 de agosto de 2017
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43-OrdinarioA20Leído en Koinonia:

Isaías 56, 1.6-7: A los extranjeros los traeré a mi monte santo
Salmo responsorial: 66: Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
Romanos 11, 13-15.29-32: Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel.
Mateo 15, 21-28: Mujer, qué grande es tu fe

A la vuelta del exilio, los discípulos de Isaías recobran las enseñanzas del profeta del siglo VII y proponen al nuevo Israel, en proceso de formación, que se abra a los valores de la universalidad y el ecumenismo. La apertura, sin embargo, no se basa en un compromiso diplomático ni en una ilusión quimérica sino en la causa universal de la Justicia. La tercera parte del libro de Isaías no propone que todas las religiones de su época se reúnan bajo la única bandera del pontificado de Jerusalén, sino que el pueblo que está naciendo después de cincuenta años de exilio sea el aglutinador de las aspiraciones más legítimas de la humanidad.

Los discípulos de Isaías son conscientes del peligro que subyace al nacionalismo exacerbado. La unidad étnica, cultural e ideológica de un pueblo no le da derecho a despreciar a los demás, bajo el pretexto de una falsa superioridad. Cada pueblo puede sólo ser superior a sí mismo en cada momento de la historia. Y esta superioridad consiste en transformar todas las decadentes tendencias centralistas, alienadoras y clasistas, en una consciencia de sus propias potencialidades de apertura universalista y de esfuerzo de comunión.

El nuevo Templo, como símbolo de la esperanza y la resurrección de un pueblo, debía convertirse en una institución que animara los procesos de integración universal. El Templo, como casa de Dios, debía estar abierto a los creyentes en el Dios de la Justicia y el Amor, cuya religión se inspira en el respeto por los más débiles y en la defensa de los excluidos.

Sin embargo, esta propuesta no tuvo casi resonancia y se convirtió en un sueño, en una esperanza para el futuro, en una utopía que impaciente aguarda a su realizador. Cuando Jesús expulsa a los mercaderes del Templo proclama a voz en cuello «Mi casa será casa de oración», la propuesta del libro de Isaías. El Templo, aun desde mucho antes de que apareciera Jesús, se había convertido en el fortín de los terratenientes y en el depósito de los fondos económicos de toda la nación. Había pasado de ser patrimonio de un pueblo a ser una cueva donde los explotadores ponían a salvo sus riquezas mal habidas. El enfrentamiento con los mercaderes tenía por objetivo no sólo reivindicar la sacralidad del espacio, sino, sobretodo, la necesidad de devolverle al Templo su función como baluarte de la justicia y de la apertura económica. Los guardias del templo cerraban el paso a los creyentes de otras nacionalidades, pero abrían las puertas a los traficantes que venían a hacer negocios sucios.

En ese proceso de ruptura con la decadencia del Templo y con la élite que lo manipulaba se enmarca el episodio de la mujer cananea. Jesús se había retirado hacia una región extranjera, no muy lejos de Galilea. Las fuertes presiones del poder central imponían fuertes limitaciones a su actividad misionera. Su obra a favor de los pobres, enfermos y marginados encontraba una gran resistencia, incluso entre el pueblo más sencillo y entre sus propios seguidores. El encuentro con la mujer cananea, doblemente marginada por su condición de mujer y de extranjera, transforma todos los paradigmas con los que Jesús interpretaba su propia misión. La mujer extranjera rompe todos los esquemas de cortesía y buen gusto que en las sociedades antiguas tenían un carácter no sólo indicativo sino obligatorio. Existían reglas estrictas para controlar el trato entre una mujer y un varón que no fuera de la propia familia. Los gritos desesperados de la mujer y sus exigencias ponían los pelos de punta no solo a los discípulos sino al evangelista que nos narra este relato. Con todo, la escena nos conmueve porque muestra cómo la auténtica fe se salta todos los esquemas y persigue, con vehemencia, lo que se propone.

Los discípulos, desesperados más por la impaciencia que por la compasión, median ante Jesús para ponerle fin a los ruegos de la mujer. El evangelista, entonces, pone en labios de Jesús una respuesta típica de un predicador judío: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel», para explicar cuál debería ser la actitud de Jesús. Por fortuna, la mujer, haciendo a un lado los prejuicios raciales ajenos, corta el camino a Jesús y lo obliga a dialogar. Cuál no sería la sorpresa de Jesús al encontrar en esta mujer, sola y con una hija enferma, una fe que contrastaba con la incredulidad de sus paisanos. Como Elías al comienzo de su misión, Jesús comprende que aunque la misión comienza por casa, no puede excluir a aquellos auténticos creyentes en el Dios de la Solidaridad, la Justicia y el Derecho. Por esta razón, su palabra abandona la pedantería del discurso nacionalista y se acoge a la universal comunión de los seguidores del Dios de la Vida.

Pablo, en la misma línea, abandona los inútiles esfuerzos por abrir a Israel a la esperanza profética y acepta la propuesta de los creyentes de otras naciones que están dispuestas a formar las nuevas comunidades abiertas, ecuménicas y solidarias.

En nuestro tiempo continuamos sin romper con tantos mecanismos que marginan y alejan a tantos auténticos creyentes en el Dios de la Vida, únicamente porque son diferentes a nosotros por su nacionalidad, clase social, estado civil o preferencia afectiva. ¡Esperemos que alguna buena mujer nos dé la catequesis de la misericordia y la solidaridad!

Por lo que se refiere a la misión «misionera» de los cristianos, bien sabemos que la letra del texto del evangelio de hoy bien podría inducirnos a error, pues hoy día la misión no puede estar centrada en ninguna clase restrictiva de ovejas, ni las de Israel, ni las del cristianismo, ni mucho menos las «católicas». La misión ha roto todas las fronteras, y sólo reconoce como objetivo el reinado del Dios de la Vida y de la Justicia. La misión ya no es ni puede ser chauvinista, porque hoy no cabe entenderla sino como «Misión por el Reino», es ecir, por la Utopía del Dios de la Vida, por el Ben Vivir que desea Dios para sus hijos e hijas, un Dios inabarcablemente plural en sus manifestaciones, en sus revelaciones, en sus caminos… Leer más…

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Dom 20.8.17. Pan de hijos ¿pan para los «perros»). La «conversión» de Jesús

domingo, 20 de agosto de 2017
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 20, ciclo A. Mt 15, 21-28. Éste es un evangelio inquietante y actual, con cuatro elementos principales:

— La mujer cananea, símbolo de la humanidad, presenta ante Jesús (ante la buena sociedad) el dolor de su vida. Su hija muere, sus hijos mueren.

— Jesús (la buena sociedad) responde con el dogma antiguo, el más actual de todos. El pan es para los hijos, no para los perros.

— La mujer argumenta: También los perros comen, aunque sea bajo la mesa… En la buena casa de los hijos hay pan para todos…

— Jesús acepta el argumento de la mujer y se «convierte»: El pan es para todos, por encima de los dogmas y argumentos de la buena sociedad.

images1Éste es el tema clave de nuestra sociedad: Hay pan para todos, pero sólo se lo damos a los «buenos hijos»… expulsando a la miseria y al hambre a los pobres, a los perros (que se mueran).

Una mujer cambió la mente de Jesús, una madre abrió su corazón y le convirtió: No hay hijos y perros, tiene que haber pan para todos.

¿Quién abrirá nuestra mente y corazón, el corazón de nuestra Iglesia, de todos los hombres, para que la casa del mundo sea lugar para todos?

Texto: Mt 15, 21-28

15 21 En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. 22 Y he aquí que una mujer cananea, saliendo de aquellos lugares, se puso a gritarle: Ten misericordia de mí, Señor, Hijo de Da-vid. Mi hija está duramente oprimida por un demonio. 23 Él no le respondió nada. Entonces los discí-pulos se le acercaron a decirle: Despídela, pues nos sigue gritando. 24 Él contestó: No he sido enviado, sino las ovejas perdidas de la casa de Israel. 25 Pero ella, llegando, se postró ante él, diciendo: Señor, socórreme. 26 Él le contestó: No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos. 27 Pero ella repuso: Tienes razón, Señor; pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de los amos. 28 Y entonces Jesús respondiendo le dijo: Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas, En aquel momento quedó curada su hija .

Dios le ha enviado para los suyos, no para los «perros»

De un modo lógico, asumiendo las tradiciones de su pueblo, como Hijo del David nacional, en la línea del primer envío misionero de sus discípulos (10, 6), Jesús responde a la mujer diciendo que Dios le ha enviado solamente a las ovejas perdidas (15, 24) de la casa de Israel, y que no es bueno echar el pan de los hijos a los perritos.

Supone así que los israelitas son hijos queridos de Dios; los gentiles, en cambio, son perros, en la línea de 7, 6: “No echéis lo santo a los perros… (kysin: en el sentido de perros asilvestrados)”. Pues bien, esta mujer cananea acepta ese lenguaje, y pide a Jesús sólo las sobras, pues también a los perritos (kynarioi: ahora en el sentido de perros pequeños, caseros) se les dejan las migajas que caen de la mesa de los hijos. Ante esa palabra, de un modo sorprendente, Jesús se deja convencer, descubriendo y aceptando la gran fe de esta mujer.

– Señor, Hijo de David (15, 21-22). El título que la mujer concede a Jesús (Hijo de David) le arraiga en la his-toria mesiánica de Israel, desde una perspectiva pagana, cosa que no hacía el texto paralelo de Marcos. Es como si los paganos empezaran reconociendo el mesianismo judío, pero con un matiz muy novedoso, pre-sentando a ese Mesías, Hijo de David, como sanador universal. Dos ciegos judíos le habían pedido que tu-viera compasión de ellos (eleêson êmás: 9, 27), llamándole también “Hijo de David” pero ellos eran en principio judíos. Ahora, en cambio, es una mujer cananea la que le pide que se apiade de ella (15, 22), porque su hija (es decir, la humanidad pagana) se encuentra enferma, suponiendo así que ante la enfermedad no hay diferencia entre judíos y gentiles. De esa forma, una mujer pagana (cana-nea, de los enemigos de Israel) interpreta el mesianismo de Jesús en línea de misericordia sanadora.

‒ La hija de la cananea y el pan de los “hijos” (15, 22.26). El texto empieza oponiendo dos tipos de “hijos”: por un lado la hija de la cananea (15, 22); por otro los hijos (ta tekna: 15, 26) de los israelitas, como hijos especiales del mismo Dios. Esta madre no es una “grie-ga” en general, aunque de nación siro-fenicia (cf. Mc 7, 26), sino cananea, de la raza de aquellos enemigos que los libros antiguos habían mandado exterminar (Mt 15, 22; cf. Ex 23, 23-33; 34, 11-16; Dt 7, 1-6; 20, 17; Js 24, 11).

Pues bien, como veremos, tras un diálogo de maduración, en vez de dejar que mueran (de matar) a las hijas de las cananeas, para que los buenos israelitas no se casen y perviertan con ellas (como seguía mandando la legislación de Esdras-Nehemías), Jesús cura a esa hija cananea, con lo que eso implica en la historia de Israel, invirtiendo la historia anterior de rechazo de los cananeos (y especialmente de las cananeas) .

‒ No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos (15, 26). Este pasaje distingue entre perros (los de fuera) e hijos (los de dentro, los buenos judíos y/o cristianos). La tradición del Antiguo Testamento y del judaísmo se refiere casi siempre a los perros de un modo negativo, de manera que llamarle a un hombre «perro» era un insulto (cf. 1 Sam 17, 43; Is 56, 10-11).

Quizá esta visión negativa se debe a que en el entorno de la Biblia los perros eran generalmente asilvestrados, de tipo carroñero y no domésticos: merodeaban al exterior de las ciudades (cf. Ap 22, 15) y se alimentaban de carnes im-puras e incluso de cadáveres humanos (cf. Ex 22, 30; 1 Rey 4, 11). Por otra parte, en Mt 7, 6, ellos se asocian a los cerdos, y en otros pasajes se vinculan a los herejes o enemigos (cf. 2 Ped 2, 22; Flp 3, 2; Ap 22, 15 etc.), aunque hay textos como Tob 6, 1 y 11, 4 que ofrecen una visión más positiva de ellos. Leer más…

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La mujer que calló a Jesús. Domingo 20 Ciclo A

domingo, 20 de agosto de 2017
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548290_4706116344630_2034407079_nDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

A Jesús nadie era capaz de callarlo. Ni los sabihondos escribas, ni los piadosos fariseos, por no hablar de sacerdotes y políticos. La única persona que lo calló fue una mujer. Y encima, pagana.

El Mesías antipático y la pagana insistente

            Para entender la versión que ofrece Mateo de este episodio hay que conocer la de Marcos, que le sirve como punto de partida.

            Marcos cuenta una escena más sencilla. Jesús llega al territorio de Tiro, entra en una casa y se queda en ella. Una mujer que tiene a su hija enferma, acude a Jesús, se postra ante él y le pide que la cure. Jesús le responde que no está bien quitar el pan a los hijos para echárselo a los perritos. Ella le dice que tiene razón, pero que también los perritos comen de las migajas de los niños. Y Jesús: «Por eso que has dicho, ve, que el demonio ha salido de tu hija».

            Mateo describe una escena más dramática cambiando el escenario y añadiendo detalles nuevos, todos los que aparece en cursiva y negrita en el texto siguiente.

«En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:

― Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:

― Atiéndela, que viene detrás gritando.

Él les contestó:

― Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.

Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió:

― Señor, socórreme.

Él le contestó:

― No está bien echar a los perros el pan de los hijos.

Pero ella repuso:

― Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen  de la mesa de los amos.

Jesús le respondió:

― Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.

En aquel momento quedó curada su hija.

Los cambios que introduce Mateo

–  El encuentro no tiene lugar dentro de la casa, sino en el camino. Esto le permite presentar a Jesús y a los discípulos andando, y la cananea detrás de ellos.

–  La cananea no comienza postrándose ante Jesús, lo sigue gritándole: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Pero Jesús, que siempre muestra tanta compasión con los enfermos y los que sufren, no le dirige ni una palabra.

–  La mujer insiste tanto que los discípulos, muertos de vergüenza, le piden a Jesús que la atienda. Y él responde secamente: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»

–  La cananea no se da por vencida. Se adelanta, se postra ante Jesús, obligándole a detenerse, y le pide: «Señor, socórreme». Vienen a la mente las palabras de Mt 6,7: «Cuando recéis, no seáis palabreros como los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán más caso». Esta pagana no es palabrera; pide como una cristiana. Imposible mayor sobriedad.

–  Sigue el mismo diálogo que en Marcos sobre el pan de los hijos y las migajas que comen los perritos.

– Pero el final es muy distinto. Jesús, en vez de decirle que su hija está curada, le dice: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»

Estos cambios se resumen en la forma de presentar a Jesús y a la cananea.

1) A Jesús lo presenta de forma antipática: no responde una palabra a pesar de que la mujer va gritando detrás de él; parece un nacionalista furibundo al que le traen sin cuidado los paganos; es capaz de avergonzar a sus mismos discípulos.

2) En la mujer, acentúa su angustia y su constancia. Ella no se limita a exponer su caso (como en Marcos), sino que intenta conmover a Jesús con su sufrimiento: «Ten compasión de mí, Señor», «Señor, socórreme». Y lo hace de manera insistente, obstinada, llegando a cerrarle el paso a Jesús, forzándolo a detenerse y a escucharla.

Ni obstinación ni sabiduría, fe

Jesús podría haberle dicho: «¡Qué pesada eres! Vete ya, y que se cure tu hija». O también: «¡Qué lista eres!» Pero lo que alaba en la mujer no es su obstinación, ni su inteligencia, sino su fe. «¡Qué grande es tu fe!». Poco antes, a Pedro, cuando comienza a hundirse en el lago, le ha dicho que tiene poca fe. Poco más adelante dirá lo mismo al resto de los discípulos. En cambio, la pagana tiene gran fe. Y esto trae a la memoria otro pagano del que ha hablado antes Mateo: el centurión de Cafarnaúm, con una fe tan grande que también admira a Jesús.

Con algunas mujeres no puede ni Dios

El episodio de la cananea recuerda a otro aparentemente muy distinto: las bodas de Caná. También allí encontramos a un Jesús antipático, que responde a su madre de mala manera cuando le pide un milagro (las palabras que le dirigesiempre se usan en la Biblia en contexto de reproche), y que busca argumentos teológicos para no hacer nada: «Todavía no ha llegado mi hora». Sólo le interesa respetar el plan de Dios, no hacer nada antes de que él se lo ordene o lo permita.

            En el caso de la cananea, Jesús también se refugia en la voluntad y el plan de Dios: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.» Yo no puedo hacer algo distinto de lo que me han mandado.

            Sin embargo, ni a María ni a la cananea les convence este recurso al plan de Dios. En ambos casos, el plan de Dios se contrapone a algo beneficioso para el hombre, bien sea algo importante, como la salud de la hija, o aparentemente secundario, como la falta de vino. Ellas están convencidas de que el verdadero plan de Dios es el bien del ser humano, y las dos, cada una a su manera, consiguen de Jesús lo que pretenden.

            Gracias a este conocimiento del plan de Dios a nivel profundo, no superficial, Isabel alaba a María «porque creíste» y Jesús a la cananea «por tu gran fe».

            En realidad, el título de este apartado se presta a error. Sería más correcto: «Dios, a través de algunas mujeres, deja clara cuál es su voluntad». Pero resulta menos llamativo.

«Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»

            Con estas palabras pretende justificar Jesús su actitud con la cananea. Si los discípulos hubieran sido tan listos como la mujer, podrían haber puesto a Jesús en un apuro. Bastaba hacerle dos preguntas:

1) «Si sólo te han enviado a las ovejas descarriadas de Israel, ¿por qué nos has traído hasta Tiro y Sidón, que llevamos ya un montón de días hartos de subir y bajar cuestas?»

2) «Si sólo te han enviado a las ovejas descarriadas de Israel, ¿por qué curaste al hijo del centurión de Cafarnaúm, y encima lo pusiste como modelo diciendo que no habías encontrado en ningún israelita tanta fe?»

            Como los discípulos no preguntaron, no sabemos lo que habría respondido Jesús. Pero en el evangelio de Mateo queda claro desde el comienzo que Jesús ha sido enviado a todos, judíos y paganos. Por eso, los primeros que van a adorarlo de niño son los magos de Oriente, que anticipan al centurión de Cafarnaúm, a la cananea, y a todos nosotros.

Primera lectura y evangelio

La primera lectura ofrece un punto de contacto con el evangelio (por su aceptación de los paganos), pero también una notable diferencia. En ella se habla de los paganos que se entregan al Señor para servirlo, observando el sábado y la alianza. Como premio, podrán ofrecer en el templo sus holocaustos y sacrificios y serán acogidos en esa casa de oración. La cananea no observa el sábado ni la alianza, no piensa ofrecer un novillo ni un cordero en acción de gracias. Experimenta la fe en Jesús de forma misteriosa pero con una intensidad mayor que la que pueden expresar todas las acciones cultuales.

Lectura del libro de Isaías 56, 1. 6-7

Así dice el Señor:

«Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria. A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos.»

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Domingo XX del Tiempo Ordinario. 20 Agosto, 2017

domingo, 20 de agosto de 2017
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d-20

“Ella replicó: —Es verdad, Señor; pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños.”

Mt 15,21-28

Jesús se retira a tierra pagana y allí le pide ayuda una mujer cananea.

La respuesta de Jesús es dura, tajante. Expresa el sentimiento de superioridad del pueblo judío que considera a los paganos como perros.

Sin embargo la mujer cananea no cesa de implorar su ayuda. Su corazón de madre le hace insistir, su vivencia del amar…, se postra ante Jesús para suplicar su ayuda.

Jesús sigue convencido de que su misión sólo ha de realizarla con el pueblo elegido, el pueblo judío.

Sin embargo la mujer, con una humildad inmensa, le suplica que le conceda sólo “las migajas”, el resto, lo que sobra “de lo que entregue a los elegidos”. Jesús en ese momento queda admirado de la fe de la mujer. Jesús  se conmueve y se “convierte” siendo consciente que Él ha venido para tod@s.

Deja de ejercer su papel de superioridad como judío observante. Pasa a ser Jesús, el Cristo, el enviado de Dios para todas las personas, sin distinciones ni exclusiones.

Hay una transformación en Jesús. Primero actúa desde la perspectiva dual. Con categorías opuestas, los elegidos, los judíos, los desechados, los paganos pero al ver la fe de la mujer cananea se transforma, y actúa desde la perspectiva no dual, que comprende la unidad de todo y todos.

En la relación con su Abbá se da cuenta de que las formas solo nos separan. Son fronteras que no nos dejan convivir como hijos del mismo Padre. Hay una ley universal, que es la vida en el espíritu y conlleva la unidad de conciencia, el Amar Amando.

No hay paganos ni judios, tod@s somos hij@s de Dios. Qué maravilla traspasar la observancia estricta de la ley para vivir según la voluntad de Abbá al soplo del Espiritu.

ORACIÓN

Dios Padre y madre, ayúdanos a vivir sin clasificar ni etiquetar a las personas por sus formas, sino a mirar el corazón donde vive la esencia que somos y nos habita, tu hijo Jesús, lleno de la Ruah.

 

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Un auténtico diálogo que enriquece a ambos.

domingo, 20 de agosto de 2017
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canaanite2bwoman1Mt 15, 21-28

Hoy las tres lecturas y hasta el salmo van en la misma dirección: La salvación universal de Dios. El tema de la apertura a los gentiles fue de suma importancia para la primera comunidad. Muchos cristianos judíos pretendían mantener la pertenencia al judaísmo como la marca y seña de la nueva comunicad, conservando la fidelidad a la Ley. Esta postura originó no pocas discusiones entre los discípulos y no se vio nada claro hasta pasado casi un siglo de la muerte de Jesús. Por eso es tan importante este relato.

Mateo relata este episodio inmediatamente después de una violenta discusión de Jesús con los fariseos y letrados, acerca de los alimentos puros e impuros. Seguramente la retirada a territorio pagano está motivada por esa oposición. Jesús viendo el cariz que toman los acontecimientos prefiere apartarse un tiempo de los lugares donde le estaban vigilando. El relato pretende romper con los esquemas estereotipados que algunos cristianos pretendían mantener: Judío=creyente y extranjero=pagano y ateo.

El evangelista no pretende satisfacer nuestra curiosidad sobre un acontecimiento más bien anodino. Quiere dejar claro, que si una persona tiene fe en Jesús, no se puede impedir su pertenencia a la comunidad aunque sea “pagana”. Es un relato magistral que plantea el problema desde las dos perspectivas posibles. En él se quiere insistir tanto en la actitud abierta de los cristianos como en la necesidad de que lo paganos vinieran unas disposiciones adecuadas de reconocimiento y humildad.

Los perros son considerados impuros en muchas culturas. La idea que nosotros tenemos de hiena, es lo que más se aproxima a la idea de perro inmundo. Pero hay gran diferencia entre los perros salvajes y los de compañía que son considerados como familia. A esta diferencia se aferra la mujer para salir airosa. Jesús no podía prescindir de los prejuicios que el pueblo judía arrastraba. Jesús tenía motivos para no hacer caso a la Cananea; pero nos encontramos con un Jesús dispuesto a aprender, incluso de una mujer pagana.

En el AT hay chispazos que nos indican ya la apertura total por parte de Dios a todo aquel que le busca con sinceridad. La primera lectura nos lo confirma: «A los extranje­ros que se han dado a Señor les traeré a mi monte santo». No cabe duda de que Jesús participa de la mentalidad general de su pueblo, que hoy podíamos calificar de racista, pero que, en tiempo de Moisés, fue la única manera de garantizar su supervivencia.

Gracias a que para Jesús la religión no era una programación, fue capaz de responder vivencialmente ante situacio­nes nuevas. Su experiencia de Dios y las circunstancias le hicieron ver que solo puede uno estar con Dios si está con el hombre. Las enseñanzas de Jesús no son más que el intento de comunicarnos su experiencia personal de Dios. Pero para poder comunicar una experiencia, primero hay que vivirla. Jesús, como todo hombre, no tuvo más remedio que aprender de la experiencia.

Jesús toma en serio a la mujer Cananea; no como los discípulos. El texto litúrgico quiere suavizar la expresión de los discípulos y dice ‘atiéndela’. Pero el “apoluson” griego significa también despedir, rechazar; exactamente lo contrario. La respuesta de Jesús: “Solo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel”, no va dirigida a los apóstoles, sino a la Cananea. La dureza de la respuesta no desanima a la mujer, sino todo lo contrario. Le hace ver que el atenderla a ella no va en contra de la atención que merecen los suyos.

Por ser auténtico y sincero por ambas partes, el diálogo es fructífero. Jesús aprende y la cananea también aprende. Se produce el milagro del cambio en ambos. Lo que este relato resalta de Jesús, es su capacidad de reacción. A pesar de su actitud inicial, sabe cambiar en un instante y descubrir lo que en aquella mujer había de auténtica creyente. Jesús descubre que esa mujer, aparentemente ajena al entorno de Jesús, tiene más confianza en él que los más íntimos que le siguen desde hace tiempo.

Jesús es capaz de cambiar su actitud porque la Cananea demuestra una sensibilidad mayor de la que muestra Jesús. De ella aprendió Jesús que debía superar sus prejuicios. Aprendió que hay que proteger ante todo a los débiles; una idea femenino-maternal. Le sorprendió la confianza absoluta que en él tenía la mujer; otro valor femenino. Lo que más maravilla en el relato es la capacidad de Jesús de aceptar, es decir, hacer suyos los valores femeninos que descubre en aquella mujer. Jesús descubre su «anima» y la integra.

La mujer representa a todos los que sufren por el dolor de un ser querido. La profunda relación entre ambas impide delimitar donde empieza el problema de su hija. La madre es también parte del problema; de hecho le dice; socórreme. La enfermedad de la hija no es ajena a la actitud de la madre. Curar a la madre supone curar a la hija. La enfermedad de la hija nos hace pensar en problemas de relación materno-filial. Cuando la madre se encuentra a sí misma con la ayuda de Jesús, se soluciona el problema de la hija.

Los cristianos hemos heredado del pueblo judío el sentimiento de pueblo elegido y privilegiado. Estamos tan seguros de que Dios es nuestro, que damos por sentado que el que quiera llegar a Dios tiene que contar con nosotros. Esta postura que nos empeñamos en mantener, es tan absurda y está tan en contra del evangelio de Jesús, que me parece hasta ridículo tener que desmontarlo. Todos los seres humanos son iguales para Él.

Juzgar y condenar en nombre de Dios, a todo el que no pensaba o actuaba como nosotros, ha sido una práctica constante en nuestra religión a través de sus dos mil años de existencia. Va siendo hora de que admitamos los tremendos errores cometidos por actuar de esa manera. Debemos reconocer, que Dios nos ama a todos, no por lo que somos, sino por lo que Él es. Esta simple verdad bastaría para desmantelar todas nuestras pretensiones de superioridad y como consecuencia, todo atisbo de intolerancia y rechazo.

El texto nos enseña que ser cristiano es acercarse al otro, superando cualquier diferencia de edad, de sexo, cultura o religión. El prójimo es siempre el que me necesita. Los cristianos no hemos tenido, ni tenemos esto nada claro. Nos sigue costando demasiado aceptar a “otro”, y dejarle seguir siendo diferente; sobre todo al que es “otro” por su religión. Tenemos que aprender del relato, que el que me necesita es el débil, el que no tiene derechos, el que se ve excluido. También en este punto está la lección sin aprender.

Debemos aceptar, como la Cananea, que muchas de las carencias de los demás, se deben a nuestra falta de compromiso con ellos. Sobre todo en el ambiente familiar, una relación inadecuada entre padres e hijos es la causa de las tensiones y rechazo del otro. Muchas veces, la culpa de lo que son los hijos la tienen los padres por no ponerse en su lugar e intentar comprender sus puntos de vista. El acoger al otro con cariño y comprensión podía evitar muchísimas situaciones que pueden llegar a ser crónicas y por lo tanto enfermizas.

Meditación-contemplación

La Cananea tiene una confianza ilimitada en Jesús.
Esa confianza no se fundamenta en lo que yo soy,
sino en lo que Dios es en mí
y para todos los seres humanos sin excepción.
Mi relación con un dios abstracto será siempre ilusoria.
El verdadero Dios está en mí y está en el otro.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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De prostituta a Princesa.

domingo, 20 de agosto de 2017
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planyourvisit_robertlentz_marymagdalene-1La mujer es la armonía, es la poesía, es la belleza, sin ella el mundo no sería tan bello. (Papa Francisco)

20 de agosto. Domingo XX del TO

Mt 15, 21-28

Mujer, qué grande es tu fe

El contenido de nuestro artículo semanal de este domingo va a tomar como fuentes el cine y la ópera. Un par de películas para el primer caso, y varias incursiones operísticas en el segundo. La figura de María Magdalena, siempre como telón de fondo del relato.

En la cinta Joyeux Nöel (2005) –del cineasta francés Christian Carion (1965)–, Su Alteza el Príncipe de Finlandia le dice a Anna Sorensen: «Quisiera felicitarla por su iniciativa, señorita. Ha tenido que ser una mujer la que nos ha recordado que, a pesar de la guerra, es Navidad».

Los contendientes bélicos, piensan habitualmente más en la guerra de los fusiles que en la paz de los corazones. Como pensaba Judas Iscariote cuando María tomó una libra de perfume de nardo puro muy caro, lo derramó sobre los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Judas, que como buen economista juzgó aquel acto como un intolerable despilfarro, la criticó airado: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?»

La identidad de María Magdalena como María de Betania fue reconocida en la homilía 33 que el papa Gregorio I dio el año 591. Y según el apócrifo Evangelio de Tomás, también Simón Pedro manifiesta cierta animadversión hacia ella poniendo en su boca estas palabras: «Que se aleje Mariham de nosotros». Aparece en los textos como la discípula predilecta y compañera de Jesús. Una situación de privilegio que provoca celos en algunos apóstoles. Según el Evangelio apócrifo de Pistis Sophia, Pedro reacciona en estos términos: «Maestro, no podemos soportar a María Magdalena, porque nos quita todas las ocasiones de hablar; en todo momento está preguntando y no nos deja intervenir».

Algunos exégetas la denominan «La primera apóstol», elegida por Jesús para transmitir su mensaje evangélico, y la consideran verdadera fundadora del cristianismo. ¿Acaso ignoraba el impulsivo apóstol las muestras de sincero y profundo afecto que le tuvo y demostró durante su vida pública el Maestro? Mateo nos cuenta hoy la curación de la hija de la gentil cananea y alaba su fe, gracias a la cual la libera de un demonio. ¿Cuán agradecida no estaría aquella de quién, según Lc 8, 1-2, había expulsado siete?

¿Sería porque el sexo femenino, como dice una de las protagonistas del film El balcón de las mujeres (2017), del judío Emil Ben-Shimon: «Además de la Ley, Dios nos da el sentido común»? ¿O fue porque el Resurrexit de Jesús resonó también victorioso en el corazón amante de su entrañable Magdalena?

En el mundo operístico no faltan ejemplos aplicables a nuestro personaje. Y el amor, siempre también protagonista de la escena.

En Mefistófeles, del italiano Arrigo Boito (1842-1918), refiriéndose a que la auténtica felicidad está en servir a los demás –como hizo Jesús y repitió María– Fausto le dice a Margarita: «El amor es el milagro de la vida».

El compositor alemán Richard Wagner (1813-1833) pone el énfasis en la relación interpersonal amorosa sentida. En el Acto III, Loh le suspira a Elsa: «Siento que mi corazón se abrasa dulcemente junto al tuyo, respiro delicias que tan sólo Dios puede otorgar».

Y, para finalizar, una bella muestra del barroco inglés: este cuadro de La Reina de las Hadas, del británico Henry Purcell (1659-1695). En este caso el personaje es un chino. Canta a Dafne, que para mí representa nuestros modelos de amor: Jesús y María Magdalena.

Nos cabe recordar igualmente, lo que otro enamorado, el papa Francisco, dijo en la Homilía en Santa Marta el 9 febrero de este año: «La mujer es la armonía, es la poesía, es la belleza, sin ella el mundo no sería tan bello».

«Jesús le dice: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, tomándolo por el hortelano le dice: Señor, si tú te lo has llevado dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo» (Jn 20, 15)

AMOR DE ENAMORADA

Yo quiero estar enamorado
del Jesús Jardinero
que cultiva las rosas.
Y una mujer que llore y que me busque
como hacía María Magdalena.
Quiero que con Jesús
sea ella Jardinera
y vengan a buscarme,
pues nadie sabe como ellos
cultivar mi enamoramiento.

(EVANGÉLICO CUARTETO. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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La mujer que cambió a Jesús.

domingo, 20 de agosto de 2017
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9-1

Así reza el título de una tesis doctoral que analiza de manera pormenorizada el paralelo marcano (Mc 7,24-30) del texto equivalente de Mateo (Mt 15,21-28), que es precisamente el propuesto para este XX domingo del tiempo ordinario. Ciertamente en el proyecto narrativo de este último evangelista la unidad está colocada estratégicamente.

Como es sabido, Mateo es uno de los evangelistas que más trabaja la cuestión sobre la relación entre Jesús e Israel. De hecho, una de las características más singulares del evangelio es la apertura universalista, que a modo de inclusión, se halla al principio y al final del evangelio, en neto contraste con el particularismo que se respira en el interior de su obra.

En este trenzado narrativo este episodio situado en el centro resulta paradigmático para la comprensión cristológica y eclesial. Pues aunque a lo largo del evangelio, y en este mismo episodio, se indica que Jesús ha sido enviado a las ovejas perdidas de Israel (Mt 10,6; 15,24), también otros textos, y el nuestro en concreto, muestra una cierta apertura universalista hacia otros pueblos (Mt 8,5-13; 10,18; 15,21-28; 24,14).

Sin embargo, la singularidad de esta escena es que a esta apertura se llega en diálogo con esta mujer de la que no se dice el nombre pero de la que se indica que es cananea. Un término para designar a un pagano en general, o bien, un gentilicio empleado para los fenicios de la costa Siria. De hecho, el episodio se ubica en Tiro y Sidón.

Tanto en lo que dice como en lo que hace, esta mujer extranjera muestra una gran fe. Algo que luego reconocerá Jesús: ¡Qué grande es tu fe, mujer! (v. 28). De hecho, utiliza el apelativo Hijo de David y la fórmula litúrgica: ten piedad de mí (v.22), así como se postra (v.25). La reacción de Jesús es desconcertante. Primero el silencio (v.23) y luego sus palabras dirigidas a los discípulos: me han enviado solo para las ovejas descarriadas de Israel (v.24). Y a ella: no está bien quitarle el pan a los hijos para echárselo a los perritos (v.26).

Lo sorprendente del texto es que ella le replica, situándose al mismo nivel argumentativo que Jesús y dándole una vuelta de tuerca: Cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos (v.27). Como ella impugna no se trata de quitarle la comida a los hijos, sino de ser partícipes de los «restos» de la salvación. Y, en este sentido, como en otros pasajes bíblicos la salvación debe entenderse de manera universal. Jesús se conmueve ante la fe de la mujer que ensalza y le concede la curación de su hija.

La osadía de esta mujer encuentra eco en otras expresiones del AT que, especialmente en el libro de los Salmos, el orante sugiere a Dios lo que debería hacer, le argumenta y le insta a actuar. En este sentido, esta cananea muestra cómo la fe es ante todo audacia, asunción del riesgo de dialogar hasta el punto de ponerse al mismo nivel que Jesús para argumentarle con familiaridad, acercarse sin miedo y llegar incluso a cambiarle de opinión.

Como en otras ocasiones creer en Jesús es el desencadenante de la salvación y no otras distinciones o fronteras. Pero aquí el texto da un paso al frente, porque presenta a un Jesús dejándose interpelar y cambiar por la fe de una mujer pagana. Y este dato topa con un punto teológico que en algunas épocas ha sido neurálgico y es la del tipo de conocimiento de Jesús sobre su identidad y misión y, si esto, fue o no gradual.

La cuestión no es baladí ya que afecta de lleno al dogma cristológico sobre la naturaleza humano-divina de Jesús. Efectivamente el conocimiento divino está dotado de omnisciencia, mientras el humano es parcial y progresivo. Nosotros no vamos a entrar en cuestiones dogmáticas, simplemente a partir del texto señalar que según este la respuesta de la mujer modifica el posicionamiento de Jesús que aparecerá manifiesto al final en el mandato de evangelizar a todas las gentes (Mt 28,18-20).

Por una parte, desde la perspectiva de la resurrección probablemente la comunidad mateana leyera este episodio como una señal de ese cambio radical que se operaría tras la pascua. Por otra parte, desde un punto de vista más existencial el texto es una llamada a estar despiertos ya que el confín entre ser cristiano o no cristiano no es una cuestión nominal sino de creer y actuar (Mt 25,31-46). Es más, aquellos que consideramos paganos pueden ser precisamente quienes nos descubran quiénes somos y para qué estamos aquí, abriendo nuevos espacios de comunión allí donde antes había fronteras.

Marta García Fernández

Fuente Fe Adulta

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Ni amos ni perros.

domingo, 20 de agosto de 2017
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ni-perros-ni-amosDel blog La Verdad es libre. Reflexiones para las homilías:

(Tomas Muro Ugalde).- Desde Jesús ya no tiene sentido hablar de Pueblo de Dios, de Iglesia en un sentido limitado a la raza o nación; ya no hay perros ni amos, judíos ni griegos, siervos ni libres, hombres ni mujeres (cfr. Romanos 10,12 y Gálatas 3, 28).

01. Jesús judío: La encarnación se abre a todos.

Es difícil encontrar en los cuatro evangelios una imagen de Jesús tan judía como la que nos ofrece Mateo en este relato que hemos escuchado.

Jesús se muestra judío. En alguna persona (pueblo) había de encarnarse la salvación: en Jesús, un judío del siglo I.

Al mismo tiempo, es difícil encontrar otro texto como éste en el que esa historia concreta se quiebra y cambia de rumbo. Mateo lo ha conseguido con una imagen de mujer sencilla, extranjera: cananea pero pobre, enferma y creyente.

Mateo escribe a cristianos de origen judío y le ofrece esta (y otras) catequesis de modo que pasen del particularismo étnico, incluso racial, al universalismo.

Esta mujer extranjera y pagana, no es miembro del Pueblo de Dios, pero encarna el ideal de lo que debe ser un miembro del Pueblo de Dios.

Dos breves -pero importantes- conclusiones:

a. La simplicidad (con matices fanáticos) con que se utilizan algunos términos tales como Pueblo de Dios e Iglesia, porque ni están todos los que son ni son todos los que están. Ni todos los creyentes (como la mujer siro fenicia) están en la Iglesia, ni todos los que están en la Iglesia son creyentes. Pasaba ayer y pasa hoy.

b. San Pablo fue quien, años después, daría forma teológica a estas cosas y formuló una antropología y eclesiología racista: Ya no hay judío ni griego, pues toda diferencia entre judío y no judío ha quedado superada, (Rom 10, 12). «Todos vosotros, los que creéis en Cristo Jesús, sois hijos de Dios… Ya no hay distinción entre judío y no judío, ni entre esclavo y libre, ni entre varón y mujer. Todos sois uno en Cristo Jesús”, (Gál 26, 28).

El cristiano, es universal por esencia. Bonhoeffer clamaba y rompió con la iglesia oficial del Reich porque no se puede (no se debe) preguntar si uno es judío (español, vasco o de tal partido) al entrar en la Iglesia.

¿Somos católicos en serio: es decir, universales?

Dietrich Bonhoeffer 02. Los perros y los amos

Los perros son los no judíos. Pero entonces -y hoy- esta expresión funciona como insulto.

Vivimos tiempos de grandes migraciones, de pateras, de refugiados, etc… Son la mujer cananea: extranjeros y pobres.

Incluso la misma mujer cananea da por válido el presupuesto cuando le dice a Jesús: También los perros se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.

En tiempos no lejanos hemos conocido insultar a personas con expresiones como “maquetos, coreanos, manchurrianos”, hoy también los despreciamos y decimos de ellos: “sudacas, moros, etc.

La escena del evangelio de hoy se desarrolla, dentro de las más puras coordenadas de la religiosidad étnica. Pero Jesús va a dar una superación de lo racial, de lo étnico.

¿Quiénes son los perros y quiénes los amos? Más aún: ¿tiene sentido seguir hablando de perros y de amos desde el cristianismo?

Jesús no desprecia a nadie, no se impone por la fuerza de la ley, de la tradición.

03. Mujer, qué grande es tu fe

Esta afirmación rompe los esquemas religiosos hasta ahora vigentes en el Pueblo de Dios.

Desde Jesús ya no tiene sentido hablar de Pueblo de Dios, de Iglesia en un sentido limitado a la raza o nación; ya no hay perros ni amos, judíos ni griegos, siervos ni libres, hombres ni mujeres (cfr. Romanos 10,12 y Gálatas 3, 28).

Nacionalidad, condición social y sexo quedan eliminados como factores determinantes de pertenencia al Pueblo de Dios.

Que una mujer sea protagonista de este relato es un hecho significativo. Si alguien no tenía voz en el interior del Pueblo de Dios, eran precisamente las mujeres. Eligiendo a una mujer primero, extranjera después, y cananea por último, Mateo acaba con todos los esquemas religiosos hasta entonces vigentes.

Desde Jesús lo que determina la pertenencia al Pueblo de Dios es la fe en Jesús, la adhesión a su persona. No olvidamos nunca que, en el contexto de Mateo, esta fe significa la relativización de la Ley y de la Tradición, importantes y necesarias, pero nunca prioritarias ni con valor de absolutos.

04. Ten compasión de mí

juntosAquella mujer cananea es como los que pasan en pateras: pobre gente, sin papeles, necesitan compasión. Los amos, Europa, ni les acogemos; les pedimos mil papeles, les hacemos la vida imposible.

Tengamos compasión, misericordia. Es lo más cristiano, quizás lo único cristiano que pueda tener la Iglesia: compasión.

Jesús cura, perdona, sana, alivia, acompaña a todo el mundo sea de la nación que sea, sin hacer acepción de personas, (Rom 2,11). A Jesús le da lo mismo da que seamos leprosos, endemoniados, medio locos, paralíticos, hombres o mujeres, samaritanos y samaritanas, centurión romano, cananeos, cobradores de impuestos, o que estemos muertos moral o físicamente. Jesús cura, salva.

Parece que las naciones y las Iglesias tienen fronteras, pero la salvación de Jesús no tiene límites.

Salid a los cruces de los caminos e invitad a todos los que encontréis, buenos y malos. (Mt 22).

Como la hija de aquella mujer pagana y atea, confiemos en el Señor, sintámonos compadecidos

Y EN ESE MOMENTO QUEDAREMOS CURADOS.

Fomás Muro Ugalde

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María nos ha hecho descubrir lo femenino de Dios.

jueves, 17 de agosto de 2017
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SONY DSC Lc 1, 39-56 LA ASUNCIÓN

No debemos caer en el error de considerar a María como una entidad paralela a Dios, sino como un escalón que nos facilita el acceso a Él. El cacao mental que tenemos sobre María, se debe a que no hemos sido capaces de distinguir en ella dos aspectos: uno la figura histórica, la mujer que vivió en un lugar y tiempo determinado y que fue la madre de Jesús; otro la figura simbólica, mitológica que hemos ido creando a través de los siglos, siguiendo los mitos ancestrales de la Diosa Madre y la Madre Virgen. Las dos figuras han sido y siguen siendo importantes para nosotros, pero no debemos mezclarlas.

De María real, con garantías de historici­dad no podemos decir casi nada. Los mismos evangelios son extremadamente parcos en hablar de ella. Una vez más debemos recordar que para aquella sociedad la mujer no contaba. Podemos estar completamente seguros de que Jesús tuvo una madre y además, de ella dependió totalmente su educación durante los once o doce primeros años de su vida. El padre en la sociedad judía del aquel tiempo, se desentendía totalmente de los niños. Solo a los 12 ó 13 años, los tomaban por su cuenta para enseñarles a ser hombres, hasta entonces se consideraban un estorbo.

De lo que el subconsciente colectivo ha proyectado sobre María, podíamos estar hablando semanas. Solemos caer en la trampa de equiparar mito con mentira. Los mitos son maneras de expresar verdades a las que no podemos llegar por vía racional. Suelen ser intuiciones que están más allá de la lógica, que son percibidas desde lo hondo del ser. Los mitos han sido utilizados en todos los tiempos, y son formas muy valiosas de aproximarse a las realidades más misteriosas y profundas que afectan a los seres humanos.

En una sociedad machista, en la que Dios es signo de poder y autoridad, el subconsciente ha encontrado la manera de hablar de lo femenino de Dios a través de una figura humana, María. No se puede prescindir de la imagen de lo femenino si queremos llegar a los entresijos de la divini­dad. Hay aspectos de Dios, que solo a través de las categorías femeninas podemos expresar. Claro que llamar a Dios Padre o Madre, son solo metáforas para poder expresarnos. Usando solo una de las dos, la idea de Dios queda falsificada.

Durante milenios, se ha utilizado la idea de Dios Padre, de una manera machista para identificar al varón con Dios y de ese modo creerse el detentador del poder con relación a la mujer. Esto sigue pasando hoy día a todos los niveles, y no tenemos más remedio que denunciarlo como una tergiversación de la idea de Dios y una devaluación de todo lo femenino, incluida la parte de feminidad que existe en cada ser humano masculino.

La idea de la Madre Virgen es un mito ancestral que no tiene en absoluto connotaciones sexuales. Se trata de la Madre primordial que no necesita concurrencia de nadie para producir la vida. Seguramente la “Madre”, origen de todo lo que existe, fue la primera idea de divinidad que surgió entre los humanos. Un Dios Padre hace la creación. Un Dios Madre da a luz, procrea. La diferencia entre estos conceptos es enorme. El Padre puede desentenderse de lo creado. La Madre seguirá pendiente de lo que ha nacido de ella.

El hecho de que la Asunción sea una de las fiestas más populares de nuestra religión no garantiza que se haya entendido correctamente. Todo lo que se refiere a María tiene que ser tamizado por un poco de sentido común, que ha faltado a la hora de colocarle toda clase de capisayos que la desfiguran hasta hacerla incapaz de ser expresión de lo divino. La imagen mitológica de María será positiva, mientras no distorsione su figura, alejándola tanto de la realidad, que la convierte en inservible para acercarnos a lo divino.

La Asunción de María fue durante muchos años una verdad de fe aceptada por el pueblo sencillo. Solo a mediados del siglo pasado, se proclamó como dogma de fe. Es curioso que, como todos los dogmas, se defina en momentos de dificultad para la Iglesia, con el ánimo de apuntalar los privilegios que la sociedad le estaba arrebatando.

Hay que tener en cuenta que una cosa es la verdad que se quiere definir y otra muy distinta la formulación en que se mete esa verdad. Ni Jesús, ni María, ni ninguno de los que vivieron en su tiempo, hubieran entendido nada de esa definición. Sencillamente porque está hecha desde una filosofía completamente ajena a su manera de pensar. Para ellos el ser humano no es un compuesto de cuerpo y alma, sino una única realidad que se puede percibir bajo diversos aspectos, pero sin perder nunca su unidad.

No podemos entender literalmente el dogma. Pensar que un ser físico, María, que se encuentra en un lugar, la tierra, es trasladado localmente a otro lugar, el cielo, no tiene ni pies ni cabeza. Hace unos años se le ocurrió decir al Papa Juan Pablo II que el cielo no era un lugar, sino un estado. Pero me temo que la inmensa mayoría de los cristianos no ha aceptado la explicación, aunque nunca la doctrina oficial había dicho tal cosa.

Cuando el dogma habla de “en cuerpo y alma”, no debemos entenderlo como lo material o biológico por una parte, y lo espiritual por otra. El hilemorfismo, mal entendido, nos ha jugado un mala pasada. Los conceptos griegos de materia y forma, son ambos conceptos metafísicos. El dogma no afirma que el cuerpo biológico de María está en alguna parte, sino que todo el ser de María ha llegado a identificarse con Dios.

Cuando nos dicen que fue un privilegio, porque los demás serán llevados de la misma manera al cielo, pero después del juicio final, ¿De qué están hablando? Para los que han terminado el curso de esta vida, no hay tiempo. Todos los que han muerto están en la eternidad, que no es tiempo acumulado, sino un instante. Concebir el más allá, como si fuera continuación del más acá, nos ha metido en un callejón sin salida; y parece que muchos se encuentran muy a gusto en él. Del más allá no sabemos nada.

El dogma es un intento de proponer que la salvación de María fue absoluta y total, es decir, que alcanzó su plenitud. Esa plenitud solo puede consistir en una identificación con Dios. Como en el caso de la ascensión, se trata de un cambio de estado. María ha terminado el ciclo de su vida terrena y ha llegado a su plenitud, no a base de añadidos externos sino por un proceso interno de identificación. En esa identificación con Dios no cabe más. Ha llegado al límite de las posibilidades. Esa meta es la que nos espera. En lenguaje bíblico “cielos” significa el ámbito de lo divino. María está ya en “el cielo”.

Los relatos de la infancia son teología. No tiene sentido entenderlos literalmente. Inspirándose en el AT, Lc nos traza los rasgos fundamentales de lo que descubrieron en Jesús los primeros cristianos. Lo que afirma de Jesús, es lo que pensaban de él cuando ya había desarrollado su actividad. María, una vez concebido Jesús, se convierte en cristiana. Va a ayudar a su prima que la necesitaba. Lo que sucede entre Jesús y Juan en el vientre de sus madres, pretende dejar claro que Jesús es más que Juan.

Meditación

El Magníficat: resumen de las aspiraciones de un pueblo.
Este cántico pone en boca de María estos sentimientos
y nos invita a desarrollarlos interiormente.
Su mejor obra la desplegó Dios en María, al decir “Fiat”.
La seguirá desplegando en cada uno de nosotros,
En la medida que sepamos estar, como ella, disponibles.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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La Asunción

martes, 15 de agosto de 2017
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ASUNCION

Plenitud de agosto,
vuelo de Asunción.
Bodega con mosto
de tu Corazón.

Rutas de Araguaia,
con mi pueblo en cruz.
Mi «seca» y tu playa:
la Paz de Jesús.

Lograda María,
llegada Asunción,
que reclama y guía
nuestra romería
de Liberación.

*

Pedro Casaldáliga

***

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María de todos nuestros deseos
y de todas nuestras esperanzas …

Te saludo María,
madre de todos nuestros deseos de ser felices.
Eres la tierra que dice sí a la vida.
Eres la humanidad que consiente en Dios.
Eres la fruta de las promesas del pasado
y el futuro de nuestro presente.
Eres la fe que acoge lo imprevisible,
eres la fe que acoge lo invisible

Te saludo María,
madre de todas nuestras búsquedas
de este Dios imprevisto.
Del Templo donde lo pierdes,
al Calvario donde es colgado
su camino te parece una locura.
Eres cada uno de nosotros que busca a Jesús,
sin comprender bien su vida y sus palabras.
Eres la madre de las oscuridades de la fe,
tú quien observas todos los acontecimientos en tu corazón,
profundizas y meditas todos nuestros ” ¿por qué? ”
Y quien confía en el futuro de Dios, tu Señor.

Te saludo María,
madre de todos nuestros sufrimientos.
Eres la mujer de pie
al pie del hombre crucificado,
eres la madre de todos los que lloran
la inocencia masacrada y el preso torturado.

Te saludo María,
madre de Jesús y del discípulo que creyó.
Eres la madre de los Hombres y de la Iglesia,
estás en la encrucijada de la historia de la salvación
que Dios inventa desde Abraham y Moisés.

Te saludo María,
madre de todos nuestros pentecostés.
Eres, con los apóstoles,
la Iglesia que ruega y acoge los dones del Espíritu Santo.

Te saludo María,
madre de todas nuestras esperanzas.
Eres la estrella radiante de pueblo en marcha hacia Dios.
Eres el anuncio de la humanidad transfigurada,
eres el éxito de la creación
que Dios hizo para su eternidad.

*

Michel Hubaut
Oración extraída de « Cristo nuestra felicidad, aprender a orar con san Francisco de Asís y Santa Clara de Asís», Éditions Fayard, 1986

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Martes 15 de Agosto de 2014. La Asunción

martes, 15 de agosto de 2017
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1ª LECTURA

Apocalipsis 11,19a;12,1.3-6a.10ab

Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo:

-“Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.”

Salmo responsorial: 44

De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.

Hijas de reyes salen a tu encuentro,

de pie a tu derecha está la reina,

enjoyada con oro de Ofir. R.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,

olvida tu pueblo y la casa paterna;

prendado está el rey de tu belleza:

póstrate ante él, que él es tu Señor. R.

Las traen entre alegría y algazara,

van entrando en el palacio real. R.

2ª LECTURA

1Corintios 15,20-27a

Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo

Hermanos:

Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.

Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

EVANGELIO

Lucas 1,39-56

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:

“¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.”

María dijo:

“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.”

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

*

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy (15 de Agosto de 1977)

***

SU CUMPLEAÑOS

… todo este gesto tan amable de su presencia y sobre todo de su oración, por este servidor de ustedes, a quien abruma este cariño del pueblo y por el cual estoy dispuesto a seguir dando los años que el Señor me conceda. Y considero como un bello regalo de cumpleaños, que la Iglesia misma se hace, este nuevo diácono que vamos a ordenar.

LA ASUNCIÓN DE MARIA

Y en el ambiente del misterio que celebramos hoy, cómo recobra encanto toda esa fiesta de la Arquidiócesis en su Catedral. La asunción en cuerpo y alma de la Virgen al cielo no es una opinión piadosa. Es un dogma de fe, el dogma diríamos, de moda, el más reciente. Fue al clausurar el año de 1950 aquel gran Año Santo, que llevaba a Roma muchedumbres y que recibía aquel gran Pontífice que fue Pío XII. Durante esos años, se hizo una consulta muy interesante a todos los obispos del Mundo: ¿Cómo estaba en el pueblo la creencia de esta verdad, de que María ha sido llevada en cuerpo y alma al cielo? Al mismo tiempo que recogía la tradición de la liturgia, de la teología, y todo lo profundo que la Iglesia tiene en sus estudios, pudo tener la seguridad, el 1º de noviembre de aquél Año Santo, de proclamar como dogma de fe, y que por tanto es obligatorio creerlo todos los católicos, que María, después de terminar su curso mortal en la tierra, fue asunta, como recogida por Dios, en cuerpo y alma. Podemos decir, hermanos, porque una verdad que corresponde a los orígenes de nuestro cristianismo, a los orígenes del mismo Cristo, apenas en nuestro tiempo se proclama dogma de fe, no es que el Papa Pío XII inventó que María ha sido llevada en cuerpo y alma, como si hubiera inventado esa verdad hoy en 1950. Los dogmas no los hace el Papa. El Papa lo que hace es poner el sello de su autoridad, de su magisterio, para darle seguridad al pueblo de que esa verdad está contenida en la divina revelación. Y lo creemos no sólo porque lo dice el Santo Padre, sino sobre todo porque lo ha dicho Dios y lo ha revelado en la Sagrada Biblia y en la tradición viviente de la Iglesia. Leer más…

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“Seguidora fiel de Jesús”. Asunción de María – A (Lucas 1,39-56)

martes, 15 de agosto de 2017
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20-Asunción-385x1024Los evangelistas presentan a la Virgen con rasgos que pueden reavivar nuestra devoción a María, la Madre de Jesús. Su visión nos ayuda a amarla, meditarla, imitarla, rezarla y confiar en ella con espíritu nuevo y más evangélico.

María es la gran creyente. La primera seguidora de Jesús. La mujer que sabe meditar en su corazón los hechos y las palabras de su Hijo. La profetisa que canta al Dios, salvador de los pobres, anunciado por él. La madre fiel que permanece junto a su Hijo perseguido, condenado y ejecutado en la cruz. Testigo de Cristo resucitado, que acoge junto a los discípulos al Espíritu que acompañará siempre a la Iglesia de Jesús.

Lucas, por su parte, nos invita a hacer nuestro el canto de María, para dejarnos guiar por su espíritu hacia Jesús, pues en el «Magníficat» brilla en todo su esplendor la fe de María y su identificación maternal con su Hijo Jesús.

María comienza proclamando la grandeza de Dios: «mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava». María es feliz porque Dios ha puesto su mirada en su pequeñez. Así es Dios con los sencillos. María lo canta con el mismo gozo con que bendice Jesús al Padre, porque se oculta a «sabios y entendidos» y se revela a «los sencillos». La fe de María en el Dios de los pequeños nos hace sintonizar con Jesús.

María proclama al Dios «Poderoso» porque «su misericordia llega a sus fieles de generación en generación». Dios pone su poder al servicio de la compasión. Su misericordia acompaña a todas las generaciones. Lo mismo predica Jesús: Dios es misericordioso con todos. Por eso dice a sus discípulos de todos los tiempos: «sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso». Desde su corazón de madre, María capta como nadie la ternura de Dios Padre y Madre, y nos introduce en el núcleo del mensaje de Jesús: Dios es amor compasivo.

María proclama también al Dios de los pobres porque «derriba del trono a los poderosos» y los deja sin poder para seguir oprimiendo; por el contrario, «enaltece a los humildes» para que recobren su dignidad. A los ricos les reclama lo robado a los pobres y «los despide vacíos»; por el contrario, a los hambrientos «los colma de bienes» para que disfruten de una vida más humana. Lo mismo gritaba Jesús: «los últimos serán los primeros». María nos lleva a acoger la Buena Noticia de Jesús: Dios es de los pobres.

María nos enseña como nadie a seguir a Jesús, anunciando al Dios de la compasión, trabajando por un mundo más fraterno y confiando en el Padre de los pequeños.

José Antonio Pagola

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