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Isaías y Pedro: Dos vocaciones muy distintas. Domingo 5º. Ciclo C.

domingo, 10 de febrero de 2019
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VocacionesDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

En la comunidad internacional en la que he vivido estos últimos meses hemos hablado a menudo del problema de las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Con notables excepciones, como la India, en general se advierte un descenso alarmante. Las lecturas de hoy no resolverán el problema, pero animan a reflexionar sobre la vocación y a recordar una de las pocas órdenes que nos dio Jesús: “La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies”.

* * *

Después del fracaso en Nazaret (que leímos el domingo pasado), Lucas presenta a Jesús predicando y haciendo milagros en Cafarnaúm e incluso más al sur, en las sinagogas de Judea. Pero la liturgia dominical no lee nada de esto (Lc 4,34-44), sino que pasa a la vocación de los primeros discípulos. Así titulan este episodio la mayoría de las Biblias, aunque el relato de Lucas podríamos titularlo, con más razón, “La vocación de Pedro”.

            A propósito de la visita de Jesús a Nazaret vimos que Lucas se basa en el evangelio de Marcos, pero lo modifica para enfocar el episodio de forma nueva. Hoy ocurre lo mismo con la vocación de los primeros discípulos. Para comprender el relato de Lucas conviene recordar el de Marcos.

El escueto relato de Marcos sobre la vocación de los primeros discípulos

Caminando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban las redes al lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo:

“Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres”.

Al punto, dejando las redes, le siguieron.

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Un trecho más adelante vio a Santiago de Zebedeo y a su hermano Juan, que arreglaban las redes en la barca. Inmediatamente los llamó. Y ellos dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron con él.

Vocación Santiago y Juan

            El relato no puede ser más breve. Parecen simples notas para ser desarrolladas por Marcos en su comunidad. Dos parejas de hermanos, un lago, unas redes, una barca, el padre de dos de ellos, unos jornaleros. En este ambiente tan sencillo y cotidiano, Jesús se encuentra por primera vez con estos cuatro muchachos, los llama, y ellos lo siguen dejándolo todo. Una reacción que desconcierta a cualquier lector atento.

La versión de Lucas

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara, un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:

– «Remad mar adentro, y echada las redes para pescar

Simón contestó:

«Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo:

– «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»

Pesca milagrosa

Y es que el asombro- se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón:

«No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Los tres cambios que introduce Lucas

  1. Pretende hacer más comprensible el seguimiento de los discípulos. No es la primera vez que se encuentran con Jesús. Él ya ha estado antes en Cafarnaúm, incluso ha comido en casa de Simón y ha curado a su suegra. Luego ha seguido su vida de predicador itinerante y solitario, pero, cuando vuelve a Cafarnaúm, no es un desconocido. Es un maestro famoso y la gente se agolpa para escucharle. El lector no se extraña de que lo sigan.
  2. Centra su atención en Pedro, no en los cuatro discípulos, hasta el punto de que ni siquiera nombra a su hermano Andrés. Jesús sube a la barca de Simón, le pide que se aleje un poco de tierra; con él dialoga después de hablar a la multitud, ordenándole adentrarse en el lago y echar las redes; y Simón Pedro es el único que reacciona arrojándose a los pies de Jesús y reconociéndose pecador. Aunque luego se menciona a Santiago y Juan, que también seguirán a Jesús, las palabras finales y decisivas las dirige Jesús solo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”.
  3. Subraya la importancia de Jesús. No se limita a pasear por el lago (como cuenta Marcos) sino que está predicando a la gente, que se agolpa a su alrededor hasta el punto de necesitar subirse a una barca. Luego, Simón le da el título de “Maestro” y le obedece, volviendo a pescar, aunque parece absurdo. Finalmente, Simón cae de rodillas y lo reconoce como un personaje santo, no un pobre pecador como él. La vocación de los discípulos supone un mayor conocimiento de Jesús.

¿Qué pretende decirnos Lucas con estos cambios?

            La finalidad del primero es clara: hacer más comprensible el seguimiento de los discípulos.

            El segundo pone de relieve la figura de Pedro. Lo mismo hace Lucas al final de su evangelio, cuando pone en boca de los discípulos estas palabras: “Realmente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón” (Lc 24,34). Simón protagonista al comienzo y al final del evangelio de Lucas. Es posible que algunos cristianos, basándose en el duro ataque de Pablo a Pedro en Antioquía (contado en la carta a los Gálatas), pusiesen en discusión su autoridad, y Lucas quisiera ponerla a salvo.

            El tercero nos recuerda que cualquier vocación sirve para conocer mejor a Jesús. El relato de Marcos dice que Jesús no es un francotirador cuya obra desaparecerá con su muerte; quiere y busca colaboradores que continúen su misión. Lucas añade el aspecto de la enseñanza y la autoridad. Pero sugiere también algo mucho mayor: es un personaje santo, que provoca en Simón un sentimiento de indignidad. Para comprender este aspecto hay que recordar la vocación de Isaías, primera lectura de este domingo.

El relato de la vocación de Isaías (1ª lectura)

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro, diciendo: “¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!” Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.

            Yo dije: “¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.

Vocación Isaías

            Y voló hacia mí uno de los serafines, con una ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: “Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.”

            Entonces, escuché la voz del Señor, que decía: “¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?”

            Contesté: “Aquí estoy, mándame.”

            Retrocedamos ocho siglos, al 739 a.C., año de la muerte del rey Ozías. En ese momento sitúa Isaías su vocación. Pero la cuenta de un modo muy distinto. En ese encuentro inicial con Dios lo que más le llama la atención es su majestad y soberanía, que destaca mediante tres contrastes. El primero con Ozías, muerto; del rey mortal se pasa al rey inmortal. El segundo, con los serafines, a los que describe detenidamente, mientras de Dios solo puede decir que “la orla de su manto llenaba el templo”. El tercero, con Isaías, que se siente impuro ante el Señor. Tenemos tres binomios que subrayan la soberanía de Dios (vida-muerte, invisibilidad-visibilidad, santidad-impureza). Todo esto, enmarcado en un terremoto que hace temblar los umbrales y llena de humo el templo.

            Basándose en la queja de Isaías (“soy un hombre de labios impuros”), un serafín purifica sus labios, como símbolo de la purificación de toda la persona. Por eso, la consecuencia final no es que Isaías ya tiene los labios puros, sino que “ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado”. Cuando Dios pregunte “¿A quién mandaré? ¿Quién irá de mi parte?”, Isaías podrá ofrecerse voluntariamente: “Aquí estoy, mándame”.

La vocación de Isaías y la vocación de Simón

            Lucas, gran conocedor del Antiguo Testamento, parece ofrecer en su relato de la vocación de Simón Pedro una relectura de la vocación de Isaías. Al menos es interesante advertir las diferencias.

            El escenario. La vocación de Isaías tiene lugar en el ámbito sagrado del templo, con Dios en un trono alto y excelso, rodeado de serafines. La de Pedro, en una barca dentro del lago, rodeado de los compañeros y jornaleros.

            La persona que llama. En el caso se Isaías se subraya la majestad y santidad de Dios. A Jesús se lo presenta inicialmente de forma muy humana, aunque capaz de congregar a una multitud y de convencer a Pedro para que vuelva a pescar. Solo después de la pesca advertirá Pedro que se encuentra ante un personaje excepcional.

            La reacción inicial del llamado. En ambos casos el protagonista se siente pecador. La reacción de Isaías es más trágica (“estoy perdido”) porque parte de la idea de que nadie puede ver a Dios y seguir con vida. Pedro se reconoce simplemente ante un personaje sagrado junto al cual no puede estar (“apártate de mí”).

            La preparación del enviado. A Isaías, un serafín lo purifica como paso previo para poder realizar su misión. Jesús no realiza nada parecido con Pedro. La forma de prepararse es seguir a Jesús. “Dejándolo todo lo siguieron”.

            La misión. La liturgia ha suprimido la parte final del relato de Isaías, donde recibe la desconcertante misión de endurecer el corazón del pueblo judío y cegar sus ojos; la misión principal de Isaías consistirá en transmitir un mensaje durísimo. En cambio, la de Pedro será positiva, “pescador de hombres”.

            La reacción final del elegido. Aquí no hay diferencia. En ambos casos se advierte la misma disponibilidad, aunque en los discípulos se subraya que lo dejan todo para seguir a Jesús.

Reflexión y pregunta

            La generosidad de los cuatro primeros discípulos, dejándolo todo para seguir a Jesús, nos recuerda a tantas personas que siguen dejando todo, incluso la familia y la patria, a veces para ser “pescadores de hombres”, otras para ayudar a cualquiera que lo necesite, incluso de religión distinta. Un ejemplo que sirve de estímulo y demuestra el poder de la llamada de Jesús.

            La pregunta: ¿Cuántas veces a la semana cumplo su mandato: “Rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies”?

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10 de Febrero. Domingo V. Tiempo Ordinario

domingo, 10 de febrero de 2019
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“Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.”

(Lc 5, 1-11)

Y hay que decir que esta vez “todo” era mucho. Eran dos barcas tan llenas de peces que casi se hundían…

Lo normal hubiera sido que Pedro o los hijos de Zebedeo hubieran contratado a Jesús como pescador. Con él en la empresa los beneficios hubieran aumentado considerablemente. Sus familias se habrían enriquecido y con parte de los beneficios podrían haber ayudado a otras muchas personas. Podrían haber fundado una escuela de predicadores y una ONG, por ejemplo.

Así son las cosas como las pensamos nosotros. Dios suele tener otras ideas y aquí es cuando estos pescadores, el mejor día de toda su carrera laboral deciden dejarlo TODO.

Una decisión absolutamente absurda desde el punto de vista humano. Es una pena no conocer la reacción de las familias y amigos de estos pescadores. Pero seguro que fue similar a la de tantas familias que ven como una hija, un hermano, una sobrina o un primo se encuentra con Dios y lo deja todo.

Quienes lo ven desde fuera no lo comprenden. Una vez, hace años, una persona que vino a la hospedería, conversando con la hospedera, se interesaba por una hermana. Había oído decir que en el monasterio había una hermana que era médico y preguntaba si era cierto. Ante la respuesta afirmativa dijo: “-¡Qué desperdicio de vida!”

Que una persona que tenía una buena profesión decida meterse monja suscita incomprensión e incluso desprecio. No hay lógica humana que comprenda que alguien sea capaz de dejar dos barcas llenas de peces y seguir a un Maestro medio desconocido. No se comprende, pero sigue sucediendo.

Jamás podrá comprenderse porque es una respuesta que tiene que ver con el corazón, no con la razón. El amor nunca es razonable. Y ahí van quedando barcas llenas de peces en muchas orillas. Porque cuando Dios irrumpe en la vida de alguien primero la hace rebosar y después se lo pide TODO.

Oración

Ven, Trinidad Santa, a nuestras orillas, cuando repasamos nuestras redes vacías, cuando dejamos nuestras barcas llenas. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Todos estamos llamados a ser más, sin límites.

domingo, 10 de febrero de 2019
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E7714C27-2A36-4F7B-BF00-2D8A4FDEC734Lc 5, 1-11

Empezamos hoy el c 5 del evangelio de Lc con un episodio múltiple: La multitud que se agolpa en torno a Jesús para escuchar la palabra de Dios; la enseñanza desde la barca; la invitación a remar mar adentro; pesca inesperada; la confesión de la indignidad de Pedro; la llamada de los discípulos y el inmediato seguimiento. No nos dice de qué les habla Jesús, pero lo que sigue, nos da la verdadera pista para descubrir de qué se trata.

Este relato tiene gran parecido con el que Jn narra en el capítulo 21, después de la resurrección. Allí es Pedro el que va a pescar en su barca. Se habla de una noche de pesca sin fruto alguno y Jesús les manda, contra toda lógica, que echen las redes a esa hora de la mañana. El mismo resultado de abundante pesca y la precipitada decisión de Pedro de ir hacia Jesús. Dado el simbolismo que envuelve el relato, tiene más sentido en un ambiente pascual. Pedro llama a Jesús “Señor”, título que solo los primeros cristianos le dieron.

Hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada. El hecho de que la pesca abundante sea precedida de un total fracaso tiene un significado teológico muy profundo. ¿Quién no ha tenido la sensación de haber trabajado en vano durante décadas? Solo tendremos éxito cuando actuemos en nombre de Jesús. Esto quiere decir que debemos actuar de acuerdo con su actitud vital, más allá de nuestras posiciones raquíticas y a ras de tierra. Esa actitud vital no se puede dar por hecho solo por decir: por Jesucristo nuestro Señor.

Rema mar adentro. La multitud se queda en tierra, solo Pedro y los suyos (muy pocos) se adentran en lo profundo. Esta sugerencia de Jesús es también simbólica. En griego “bados” y en latín “altum” significan profundidad (alta mar), y expresa mejor el simbolismo. Solo de las profundidades del hombre se puede sacar lo más auténtico. Todo lo que buscamos en vano en la superficie, está dentro de nosotros mismos. Pero ir más adentro exige traspasar las falsas seguridades del yo superficial y adentrarse en aguas incontroladas. Adentrarse en lo que no controlamos exige una fe-confianza auténtica. Decía Teilhard de Chardin: “Cuando bajaba a lo hondo de mi ser, dejé de hacer pie y parecía que me deslizaba hacia el vacío”.

Fiado en tu palabra, echaré las redes. El que Pedro se fíe de la palabra de Jesús, que le manda contra toda lógica, echar las redes a una hora impropia, tiene mucha miga. Las tareas importantes las debemos hacer siempre fiándonos de otro. Tenemos que dejarnos conducir por la Vida. Cuando intentamos domesticar y controlar lo que es más que nosotros, aseguramos nuestro fracaso. El mismo Nietzsche dijo: “El ser humano nunca ha llegado más lejos que cuando no sabía a donde le llevaban sus pasos”. Lo que trasciende a nuestro ser consciente es mucho más importante que el pequeñísimo espacio que abarca nuestra razón. Dejarnos llevar por lo que es más que nosotros es signo de verdadera sabiduría.

No temas. El temor y el progreso son incompatibles. Mientras sigamos instalados en el miedo, la libertad mínima indispensable para crecer será imposible. Más de 130 veces se habla en la Biblia del miedo ante lo divino. Casi siempre, sobre todo en los evangelios, se afirma que no hay motivo para ello. El miedo nos paraliza e impide cualquier decisión hacia la Vida. Si el acercamiento a Dios nos da miedo, ese Dios es falso. Cuando la religión sigue apostando por el miedo, está manipulando el evangelio y abusando de Dios.

El mar era el símbolo de las fuerzas del mal. “Pescar hombres” era un dicho popular que significaba sacar a uno de un peligro grave. No quiere decir, como se ha entendido con frecuencia, pescar o cazar a uno para la causa de Jesús. Aquí quiere decir: ayudar a los hombres a salir de todas las opresiones que el impiden crecer. Solo puede ayudar a otro a salir de la influencia del mal, el que ha encontrado lo auténtico de sí mismo. Crecer en mi verdadero ser es lo mejor que puedo hacer por todos los demás. La principal tarea de todo ser humano está dentro de él. Dios quiere que crezcas, siendo lo que debes ser.

Y, dejándolo todo, lo siguieron. Seguimos en un lenguaje teológico. Es imposible que Pedro y sus socios dejaran las barcas, los peces cogidos, la familia y se fueran físicamente detrás de Jesús desde aquel instante. El tema de la vocación es muy importante en la vida de todo ser humano. La vida es siempre ir más allá de lo que somos, por lo tanto, el mismo hecho de vivir nos plantea las posibilidades que tenemos de ir en una dirección o en otra. Con demasiada frecuencia se reduce el tema de la «vocación» al ámbito religioso. Nada más ridículo que esa postura. Quedaría reducido el tema a una minoría. Todos estamos llamados a la plenitud, a desplegar todas nuestras mejores posibilidades.

La vocación no es nada distinto de mi propio ser. No es un acto puntual y externo de Dios en un momento determinado de mi historia. Dios no tiene manera de decirme lo que espera de mí, más que a través de mi ser. Elige a todos de la misma manera, sin exclusiones ni preferencias. La meta es la misma para todos. Dios no puede tener privilegios con nadie. Soy yo el que tengo de adivinar todas las posibilidades de ser que yo debo desarrollar a lo largo de mi existencia. Ni puede ni tiene que añadir nada a mi ser. Desde el principio están en mí todas esas posibilida­des, no tengo que esperar nada de Dios.

Mi vocación sería el encontrar el camino que me llevará más lejos en esa realización personal, aprovechando al máximo todos mis recursos. Los distintos caminos no son, en sí, ni mejores ni peores unos que otros. Lo importante es acertar con el que mejor se adecúe a mis aptitudes personales. La vocación la tenemos que buscar dentro de nosotros mismos, no fuera. No debemos olvidar nunca que toda elección lleva con sigo muchas renuncias que no se tienen que convertir en obsesión, sino en la conciencia clara de nuestra limitación. Si de verdad queremos avanzar hacia una meta, no podemos elegir más que un camino. El riesgo de equivocarnos no debe paralizarnos, porque aunque nos equivoquemos, si hacemos todo lo que está de nuestra parte, llegaremos a la meta, aunque sea con un mayor esfuerzo.

Este relato está resumiendo el proyecto de todo ser humano. Jesús había desarrollado su proyecto de vida y quiere que los demás desarrollen el suyo. Pedro lo ve como imposible y hace patente su incapacidad. Está instalado en su individualidad y en su racionalidad. Es figura de todos nosotros que no somos capaces de superar el ego psicológico y el ego mental. Todo lo que no son mis sentimientos y mis proyectos racionales lo considero inalcanzable. Todas las posibilidades de ser que están más allá de esta ridícula acotación no me interesan.

Pero la verdad es que más allá de lo que creo ser, está lo que soy de verdad. Aquí está la clave de nuestro fracaso espiritual. Descubrimos que hay seres humanos que han alcanzado ese nivel superior de ser, pero nos parece inalcanzable porque “soy un pecado”. “¿Quién te ha dicho que estabas desnudo?” Dios se lo pregunta a Adán, dando por supuesto que Él no ha sido. Notad el empeño que ha tenido la religión en convencernos de que estábamos empecatados y que no debíamos aspirar más que a reconocer nuestros pecado y hacer penitencia. Ojalá superásemos esa tentación y aspirásemos todos a la plenitud a la que podemos llegar. Ni lo biológico, ni lo psicológico, ni lo racional, constituyen la meta del hombre.

Meditación

Llega a lo profundo de tu ser.
Sin esa profundización, no es posible la plenitud humana.
La contemplación es el único camino.
Aprende a pescar en tu propio pozo.
Lo que con tanto afán buscas fuera de ti,
lo tienes al alcance de la mano dentro de ti.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Misión de todos los seres.

domingo, 10 de febrero de 2019
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pescatoridiuomini“No corras, ve despacio, adonde tienes que ir es a ti mismo” (Juan Ramón Jiménez)

10 de febrero. Domingo V del TO

Lc 5, 1-11

Cuando acabó de hablar dijo a Simón: boga mar adentro y echa las redes para pescar (V 4)

Un rey encargó un cuadro que fuera lo más real posible. Para pintarlo se presentaron varios pintores. Pero el último tardaba mucho tiempo, por eso le preguntaban los asesores: “¿Cómo va?” Y no acababa. Por fin, al terminarlo, se presentó el rey.  El cuadro era un camino por el bosque, un camino sin fin. Estaban mirándolo y el pintor le dijo: “¿Damos un paseo, majestad?” Se internaron por el bosque y aún no han regresado todavía.

Las palomas batieron con urgencia sus alas, los árboles sus ramas y gritaron, las nubes su vestido blanco gritando a coro todos: “No nos va a impedir nadie que gritemos: ¡La libertad es nuestra, iremos hasta donde nuestro corazón quiera llevarnos, haciendo el bien a nuestro paso!”

Jesús deja clara la misión de los cristianos, de todos los seres: comprometerse en la mejora de la existencia. Jesús dijo a Simón: No temas, en adelante te haré pescador de hombres. Arriesgada misión que debe orientarse hacia dentro y cargar sus baterías para salir luego hacia fuera y ser luego eficaz en la tarea. Lo cual requiere voluntad y tiempo. Decía Juan Ramón Jiménez: “No corras, ve despacio, adonde tienes que ir es a ti mismo”. Despacio, por un camino incierto, aunque seguro, que pocos saben dónde va, lo cual no es poco.

Las flores mejoraron su perfume, el rey su gobierno, los asesores, el pueblo, el bosque, el pintor y su cuadro, se hicieron todos más cristianamente humanos.

En Del alba al crepúsculo aceptado, Rabindranath Tagore canta en su poema El tránsito:

Sé que esta vida, aunque no madure el amor,
no está perdida del todo.
Sé que las flores que se mustian al amanecer,
las corrientes que se extraviaron en el desierto,
no están perdidas del todo.
Sé que cuanto se regaza en esta vida, cargado
de lentitud, no está perdido del todo.
Sé que mis sueños no realizados, mis melodías
sin cantar, están cogidos a una cuerda tuya del laúd;
que no están perdidos del todo.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Moverse trae abundancia

domingo, 10 de febrero de 2019
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jesus e a pesca milagrosaLc 5,1-11

Sería muy difícil precisar, en este texto, lo que es recuerdo o tradición y lo que ha ido evolucionando desde la actividad redaccional de Lucas. Aun así, nos interesa adentrarnos en el significado de lo que acontece en esta trama. Comienza situando a Jesús como un gran predicador-maestro, un guía capaz de congregar a muchas personas para escuchar “la palabra de Dios”. Su liderazgo, en medio del pueblo, parece ya en proceso de consolidación. Observemos que la posición de Jesús muestra un doble movimiento en la puesta en escena: primero está “en pie”, después “sentado en la barca”, una expresión que no puede pasar desapercibida porque nos refiere a una solidez personal, en el primer caso, y un alto grado de poder ejercido desde la predicación, en el segundo. Se trataría de enmarcar bien el rol de Jesús y su fuerza frente a la relación con los que van a seguirle.

Hasta este momento no tiene seguidores, tan sólo oyentes curiosos algunos, cuestionados otros. Con este relato, Jesús muestra su deseo de aglutinar en torno a sí cooperantes que den fuerza y vigor al movimiento mesiánico en el que se había embarcado y al que se siente llamado. Se encuentra con unos pescadores de profesión; Jesús entra en la cotidianeidad de estos personajes que viven la frustración propia de la improductividad en el trabajo cuando parece que no hay ni recursos ni condiciones favorables. Jesús les invita a echar las redes de nuevo, pero no en el mismo sitio donde lo hacían sino “mar adentro”. Es muy importante esta indicación porque les muestra algo tan sensato y básico como que, si queremos obtener resultados diferentes, no podemos hacer siempre lo mismo. Y sabemos que esto nos ocurre con cierta frecuencia. Estos pescadores se fían de esa indicación, la siguen y obtienen una gran pesca. La reacción es de asombro y de reconocer que tal vez no merecían tanto. Aún así, superado el primer nivel emocional, estos pescadores encuentran un sentido nuevo y una dirección diferente para avanzar en la vida. Jesús les llama explícitamente, “os haré pescadores de hombres”, es decir, os invito a que me ayudéis a situar a las personas en una posición diferente para recuperar la verdadera esencia de la vida.

Y es esta una clave importante en el proceso del seguimiento a Jesús. Se intuye la llamada en la misma vida, en los quehaceres cotidianos, no hay nada especial ni sobrenatural. El verdadero milagro no es la llamada a una vida diferente sino cuando esa llamada te lleva a un cambio de posición existencial, cuando te das cuenta de que en la zona de confort todo es plano, te dejas llevar por las circunstancias, no hay movimientos, hay quietud, pero tal vez sequía interior. ¿Para qué me voy a mover si ya no necesito nada más? Sólo cuando aparece una nueva conciencia, una nueva mirada sobre lo que se vive, se puede percibir que la desesperanza y el desánimo frente a lo que no nos llena la vida, reaviva ese deseo de movernos y dirigirnos a otros espacios que den un nuevo sentido.

Otra clave importante son las palabras “rema mar adentro”; el cambio de posición frente a la vida ya no es buscar en el mismo sitio sino cambiar de plano y conectar con las corrientes más profundas que nos traen un mensaje de “abundancia”. Los pescadores reventaron las redes, la mirada hacia la fuente de lo que somos nos hace vivir en una conciencia de sobreabundancia y no de carencia; evidentemente no me refiero a lo material; una sobreabundancia de sentido, de asiento en un suelo que conecta con lo que trasciende lo puramente limitado. Nos sitúa en el milagro de una nueva visión de la vida y del ser humano. El seguimiento a Jesús es una experiencia vital de abundancia que moviliza a dar, no lo que me sobra sino lo que soy en esencia.

Os invito a llevar la mirada ahora a nuestra manera de vivir la fe, la religiosidad, la dimensión creyente de nuestra vida. Este texto también nos invita a movernos. Como decía al principio, si queremos otros resultados ¿por qué seguir en la misma posición? ¿qué sentido tiene seguir en la queja de que las Iglesias están vacías, que en nuestros jóvenes no cuaja el mensaje cristiano, que las vocaciones religiosas apenas remontan, que no hay ya presencia cristiana en nuestro mundo? ¿realmente nos creemos que no hay nada que cambiar o que los que tienen que cambiar son otros? Quizá nuestro compromiso ya no es mantener una tradición que nos mantiene paralizados y en modo de carencia, más bien atrevernos a generar una nueva tradición desde la creatividad y valentía. Son ingredientes imprescindibles, hoy, para hacer más visible y creíble el mensaje de Jesús, el mensaje de que es posible una nueva humanidad transida de igualdad, justicia, inclusión, liberación y sentido. ¿No sería este un gran milagro en este momento de nuestra historia?

¡¡FELIZ DOMINGO!!

 Rosario Ramos

10 de febrero de 2019

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¿Desde dónde me vivo?

domingo, 10 de febrero de 2019
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05_pescadorDomingo V del Tiempo Ordinario

Lc  5, 1-11

Tal como ha llegado hasta nosotros, el texto presenta un “relato de vocación” en el marco de un “relato de milagro” que, leído simbólicamente, constituye una profunda catequesis eclesiológica y, sobre todo, cristológica. Trataré de hacer una lectura en consonancia con el modo como debió leerlo aquella primera comunidad de discípulos para, a continuación, afrontarlo desde el modelo no-dual.

El relato de vocación es un género literario que, en el evangelio, sigue las mismas pautas: Jesús llama, ellos lo dejan todo y lo siguen. Por su parte, en el relato de milagro lo que importa es percibirlo como signo de la actuación de Dios en Jesús que se traduce en salud, liberación y vida.

La barca es símbolo de la comunidad –más tarde se hablará de la Iglesia como de la “barca de Pedro”– y la pesca evoca el llamado “trabajo apostólico o pastoral”, que se entendía como “traer a todos a la verdad”, identificada esta con la creencia de la propia comunidad.

En esa tarea, en la que se halla comprometida la Iglesia –es, por ello, una catequesis eclesiológica–, el cansancio y el desaliento han hecho presa en los discípulos, tras una noche de trabajo en la que no han conseguido nada. Pues bien, al actuar en nombre de Jesús –“por tu palabra”–, el resultado supera todas las expectativas y produce en Simón una actitud de asombro que le hace postrarse ante Jesús en adoración. Este es el núcleo de la catequesis cristológica: cuando se actúa en el nombre de Jesús el fruto del trabajo está siempre asegurado.

Esa es la lectura que nace de una postura creyente, en clave religiosa teísta, que cree en Jesús como el Hijo de Dios (separado), al que se reconoce como “Salvador”. En este “mapa”, se identifica la propia creencia con la verdad en sí misma, por lo que la tarea apostólica se convierte, en la práctica, en proselitismo, orientado a traer a toda la humanidad a la verdad que nos ha sido revelada.

Sin embargo, esta lectura encuentra cada vez más disonancias con lo que es nuestro modo de leer la realidad. No solo por el cuestionamiento radical de la idea de un “dios” separado, sino por el propio modo de entender la verdad. No es extraño, por tanto, que se vaya abriendo camino otra lectura, no “religiosa”, sino “espiritual”, desde una clave no-dual. Tal como lo veo, esta clave resulta más adecuada desde nuestra comprensión.

Desde esta nueva perspectiva, Jesús no es un ser separado, ni un salvador venido de fuera, sino un hombre sabio que ha visto lo que somos todos y lo ha vivido en profundidad. Lo que es Jesús lo somos todos –compartimos la misma y única identidad–, por lo que constituye un “espejo” que nos refleja; su palabra, como toda palabra sabia, nos hace crecer en comprensión y celebrar y vivir lo que somos.

Desde aquí podemos aproximarnos al relato. En él vemos nuestro trabajo y nuestro cansancio, el desaliento y, al mismo tiempo, la esperanza. Todo se ventila en el “desde dónde” vivimos la tarea: desde nuestro interés alicorto y la búsqueda de una gratificación individual o desde la comprensión de lo que somos. En este último caso, nos experimentamos, al igual que Jesús, como cauce o canal limpio por el que la Vida (“Dios”) se expresa.

En el primer caso, nos sentiremos frustrados, abatidos y desesperanzados siempre que no obtengamos el fruto deseado. Por el contrario, en el segundo, viviremos con paz lo que acontezca ya que, como dijera el propio Jesús, “no busco hacer mi voluntad, sino la voluntad de quien me ha enviado” (Jn 5,30).

Acertamos cuando nos alineamos con la Vida (“Dios”), cuando queremos lo que la Vida (“Dios”) quiere, cuando vivimos la aceptación radical, entre la resistencia que genera sufrimiento y la resignación que paraliza.

¿Desde dónde me vivo? ¿Qué busco con lo que hago?

Enrique Martínez Lozano

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La llamada de la Vida

domingo, 10 de febrero de 2019
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indumar432Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. LA VIDA NOS LLAMA. TODOS SOMOS LLAMADOS.

Las dos lecturas de hoy nos hablan e invitan a seguir la llamada de JesuCristo; y -si no se es muy creyente-, o, tal vez, queremos ampliar un poco la cuestión: seguir la llamada de la vida
Hemos asistido a la llamada de Isaías que siente miedo: ¡ay de mí estoy perdido!, sino embargo acoge la llamada: “aquí estoy, mándame”. Aquel puñado de pescadores con Pedro, mejor o peor, siguieron a Cristo. Samuel, los profetas, Pablo y tantos otros, siguieron la llamada…

Todos somos llamados. A todos nos llama la voz de la vida, del amor, nos seduce la felicidad, la verdad, la libertad, la justicia, la paz.

No confundamos la llamada de la vida y de Dios con un seminario o con la vocación sacerdotal. No caigamos en un clericalismo barato y cerrado.

En el fondo es Dios quien nos atrae a todos con una fuerza irresistible. Tras las realidades y mediaciones de la vida cotidiana, es Dios quien nos llama.

Cuando Isaías se siente llamado por Dios, “habría preferido morirse”, “meterse bajo tierra”: soy “hombre de labios impuros, pobre de mí”. Lo mismo siente Pedro y el grupo: “apártate de mí que soy pecador…

También nosotros hemos seguido la llamada de Dios como buenamente hemos podido y sabido. También nosotros, cuando sentimos el peso de la llamada, nos vemos abrumados.
Toda llamada, tiene momentos y matices de dificultad y dureza

o Cuando una pareja se casa, sin duda que es un momento muy hermoso y en el fondo es decirse mutuamente: “aquí estoy” para hacer juntos la travesía de la vida. Sin embargo me imagino que si son conscientes, se preguntarán más de cuatro cosas: ¿seré capaz de hacer feliz a mi compañero/a? ¿Acertaremos a recorrer bien nuestro camino?

o Cuando uno quiere servir a la comunidad eclesial como presbítero, uno se pregunta ¿seré capaz? ¿seré digno? ¿qué haré en la vida? Estoy pedido, soy hombre de labios impuros…

o En la vida religiosa – monacal se experimenta el gozo de la entrega y la preocupación por la propia debilidad.

Vivir es ir respondiendo como buenamente podemos a las llamadas fundamentales de la vida (de Dios). Hacemos lo que podemos en la vida: unas veces porque no tenemos capacidad, otras porque no tenemos ganas, otras veces porque somos débiles: ay de mí, estoy perdido; la cuestión es que hay mareas, galernas y noches en las que no hemos pescado nada, pero nada de nada.

02. PROFESIÓN TRABAJO Y LLAMADA.

pescador.red_Sabemos que no es sencillo, muchas veces no es posible desplegar los talentos y responder a la llamada.

Pero, si posible fuera, el ideal sería que la profesión, el trabajo coincidiera con la llamada de la vida. En muchos casos no es posible.

Hay profesiones que no son simples puestos de trabajo, sino que requieren una vocación: responden a una llamada. Ser maestro, médico, personal sanitario, trabajar cuidando ancianos, ser sacerdote o religioso no es meramente una profesión, sino que tienen mucho de vocación y si no estaríamos en lo del evangelio de San Juan: hay mucho asalariado en la vida, pero hacen falta buenos pastores, (Cfr Jn 10).

Me parece a mí que algunas profesiones se lo tienen que pensar dos veces a la hora de hacer una huelga. Maestros, personal de ancianos, curas, médicos, etc. tienen derechos como todo el mundo, pero no pueden dejar “tirados” a unos ancianos, o niños-adolescentes en la escuela o a unos enfermos. Hay problemas que no se resuelven, al menos no se resuelven únicamente en el sindicato o con un aumento de sueldo. Hay algo vocacional, de respuesta a una llamada

03. LA LLAMADA TIENE DIVERSOS MOMENTOS.

La vida tiene diversas etapas, momentos diferentes. La ´fuerza de la llamada de la vida en la juventud no tiene las mismas características que la serena y responsable vida de adulto; en la ancianidad se vive la llamada en la sabia experiencia de un lento declive.

La vida y JesuCristo nos llaman siempre, pero con matices y características diversas. Conviene ser consciente de estas cosas para no creemos que somos los “reyes del universo” sobre todo cuando ya las fuerzas, la creatividad, las capacidades disminuyen.
Por cierto, Jesús fue “de todo” menos viejo.

04. SOMOS PECADO (PEDRO) Y DEBILIDAD (ISAÍAS).

La gente se reunía para escuchar a Jesús…

Por tu Palabra, echaré la red…

Si somos conscientes, nos daremos cuenta de nuestras debilidades, pero si escuchamos la Palabra de JesuCristo, seremos “eficaces” y la pesca será abundante.

Cuando la comunidad eclesial escucha y sigue al Señor, la pesca es abundante.

Este texto evangélico de hoy tiene un claro colorido eclesial: el mar, la barca, las redes, los peces.

Si no hemos pescado nada, es porque ni escuchamos ni seguimos al Señor. ¿A qué se debe, si no, la poca o nula presencia de lo eclesial en la sociedad, en el momento cultural, en la vida socio-política?

05. CONFÍO EN TU PALABRA.

Por tu palabra, echaré las redes.

Es un acto de confianza en quien nos envía y va en la barca con nosotros.

Así lo entienden los discípulos: Por tu Palabra, echaré las redes.

Isaías tiene una metáfora preciosa sobre la Palabra de Dios; dice que es como la lluvia, que no vuelve al cielo sin haber fecundado la tierra (Isaías, 55,10-11). La Palabra tiende a realizar lo que significa. Cuando la Palabra impregna nuestra tierra, tiende a brotar el trigo de la vida.

Fiarse de esa Palabra hace posible que acontezca lo impensable o, lo que es lo mismo, la utopía, la cual jamás será posible desde la lógica del pragmatismo.

Fiarse de la Palabra de Jesús nos introduce en una dinámica nueva. Nos libra de nuestras prepotencias más o menos inconfesadas y nos hace descansar en la esperanza.

Aceptar la PALABRA es un acto de plena confianza en algo capaz de llenar y dar sentido a la existencia humana. Es el abandono pleno en la ultimidad de Dios.

AQUÍ ESTOY, SEÑOR, PARA HACER TU VOLUNTAD.

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La Alegría

viernes, 8 de febrero de 2019
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La alegría no es un estado espontáneo del hombre, sino el resultado de una concepción de la vida y una fatigosa conquista hecha posible por la gracia de Dios. Los enemigos de la alegría son más numerosos de lo que a primera vista podría parecer. El camino hacia la alegría requiere con frecuencia que abdiquemos de nuestros propios derechos, con la firme certeza de que arriba hay alguien que se preocupa de ellos y que los hará valer, pero del modo y en el momento que considere más oportuno.

La fe no elimina los obstáculos que el hombre encuentra en su camino, pero ayuda a superarlos a la luz de la paternidad de Dios. No se trata tanto de tener una simple visión superior de la realidad como de conseguir una profunda comunión con Dios, dejándonos ¡luminar por la fuerza penetrante de su Espíritu. La alegría cristiana es siempre una participación en la alegría de Dios. En medio de las sombras y de las oscuridades de la vida presente, el ánimo se eleva sobre las alas de la alegría para superarlas. El don de la vida, la alianza, la promesa, las bendiciones, la salvación, son «acontecimientos» que inundan el ánimo del creyente.

La seguridad de la alegría cristiana se fundamenta en el abandono en Dios-Padre, en la certeza de que Dios nos ama. Si cualquier «buena noticia vigoriza el cuerpo» (Prov 15,30), el Evangelio hace estremecerse al ánimo con una alegría inefable e inenarrable, porque anuncia no una simple doctrina consoladora, sino un acontecimiento real de salvación, que tiene su inicio en la alianza y concluye en la encarnación, en la resurrección y, finalmente, en el Reino de los Cielos. La alegría no es, para un cristiano, un simple sentimiento, sino una persona: Jesucristo.

Él ha muerto y resucitado por todos los hombres. Jesús, al remover la piedra del sepulcro, disipaba para siempre las tinieblas del mal y de la muerte y abría a todos las puertas de la bienaventuranza eterna.

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F. Gioia,
El libro de la alegría,
Cásale Monf. 1997, pp. 201-206, passim.

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“Privados de espíritu profético”. 4 Tiempo ordinario – C (Lucas 4,21-30)

domingo, 3 de febrero de 2019
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04-TO-C-600x447Sabemos que la oposición a Jesús se fue gestando poco a poco: el recelo de los escribas, la irritación de los maestros de la ley y el rechazo de los dirigentes del templo fueron creciendo hasta acabar en su condena y ejecución en la cruz.

También lo sabe el evangelista Lucas. Pero, intencionadamente, forzando incluso su propio relato, habla del rechazo frontal a Jesús en la primera actuación pública que describe. Desde el principio han de tomar conciencia los lectores de que el rechazo es la primera reacción que encuentra Jesús entre los suyos al presentarse como Profeta.

Lo sucedido en Nazaret no es un hecho aislado. Algo que sucedió en el pasado. El rechazo a Jesús cuando se presenta como Profeta de los pobres, liberador de los oprimidos y perdonador de los pecadores, se puede ir produciendo entre los suyos a lo largo de los siglos.

A los seguidores de Jesús nos cuesta aceptar su dimensión profética. Olvidamos casi por completo algo que tiene gran importancia. Dios no se ha encarnado en un sacerdote, consagrado a cuidar la religión del Templo. Tampoco en un letrado ocupado en defender el orden establecido por la Ley. Se ha encarnado y revelado en un Profeta enviado por el Espíritu a anunciar a los pobres la Buena Noticia y a los oprimidos la liberación.

Olvidamos que la religión cristiana no es una religión más, nacida para proporcionar a los seguidores de Jesús las creencias, ritos y preceptos adecuados para vivir su relación con Dios. Es una religión profética, impulsada por el Profeta Jesús para promover un mundo más humano, orientado hacia su salvación definitiva en Dios.

Los cristianos tenemos el riesgo de descuidar una y otra vez la dimensión profética que nos ha de animar a los seguidores de Jesús. A pesar de grandes manifestaciones proféticas que se han ido dando en la historian cristiana, no deja de ser verdad lo que afirma el reconocido teólogo H. von Balthasar: A finales de siglo segundo «cae sobre el espíritu profético de la Iglesia una escarcha que no ha vuelto a quitarse del todo».

Hoy, de nuevo, preocupados por restaurar «lo religioso» frente a la secularización moderna, los cristianos corremos el peligro de caminar hacia el futuro privados de espíritu profético. Si es así, nos puede suceder lo que a los vecinos de Nazaret: Jesús se abrirá paso entre nosotros y «se alejará» para proseguir su camino. Nada le impedirá seguir su tarea liberadora. Otros, venidos de fuera, reconocerán su fuerza profética y acogerán su acción salvadora.

José Antonio Pagola

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“Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado sólo a los judíos”. Domingo 03 de enero de 2018. 4º domingo del Tiempo Ordinario

domingo, 3 de febrero de 2019
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12-ordinario4 (C) cerezoLeído en Koinonia: 

Jeremías 1, 4-5. 17-19: Te nombré profeta de los gentiles.
Salmo responsorial: 70: Mi boca contará tu salvación, Señor.
1Corintios 12, 31-13, 13: Quedan la fe, la esperanza, el amor; la más grande es el amor.
Lucas 4, 21-30: Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado sólo a los judíos

El texto de Jeremías tiene dos partes, la primera (vv. 4-5) se refiere a su vocación, y la segunda (vv. 17-19) a su envío profético. El llamado de Jeremías está marcado desde el inicio por la palabra: “me llegó una palabra de Yahvé”. El profeta es llamado por la palabra para ser palabra de Dios en medio de su pueblo. La palabra lo conoce desde antes de su nacimiento, lo que significa una intimidad profunda de Dios con el profeta. La palabra lo consagra, es decir, Dios se lo reserva para sí, desde antes de nacer. Conocer y consagrar son el marco para la misión de Jeremías: ser profeta de las naciones.

A partir del v. 17 Jeremías se convierte en palabra de Dios ambulante. Debe decir en público lo que Dios le mande. Pero decir la verdad siempre ha sido problemático y peligroso porque se tocan los intereses de muchas personas y de las estructuras sociales. Por esto Dios se anticipa a decirle que no tenga miedo de afrontar su misión. El temor no es ajeno a la vocación profética; lo importante es no abandonar la vocación porque entonces sería Dios el que podría asustarnos, es decir, dejar de llamarnos, de elegirnos y de consagrarnos, dejar de confiar en nosotros, y ¿qué susto peor puede recibir un profeta?

La promesa de Dios no plantea su intervención para salvar al profeta en tiempos difíciles, sino que a él, personalmente, lo fortalecerá internamente como un “pilar de hierro”, y externamente lo consolidará como una “muralla de bronce”. La palabra será su fuerza en su lucha contra las autoridades (reyes, ministros, sacerdotes y propietarios), que han olvidado la alianza de Yahvé, oprimiendo y marginando a su propio pueblo. La fortaleza también la encuentra el profeta en la obediencia a la palabra que recibe y anuncia. Esto le asegura la compañía permanente de Yahvé.

Este bello canto al amor, tiene como contexto la discusión de los corintios en torno a los carismas. Con el texto de hoy, Pablo afirma categóricamente que el único “carisma” absoluto es el del amor. El amor al que se refiere el autor no es el amor helenista (eros), sino el amor cristiano (ágape), que es un amor que se recibe, se entrega, se sirve y hasta da la vida por los hermanos. Sin amor, no tiene sentido ni el mejor de los carismas; sin amor, la palabra profética queda en el vacío, sin amor el amor de Dios pasa de largo en nuestras vidas.

Podemos dividir el canto en tres partes. En la primera (vv. 1-3) se enumera una serie de carismas que no son nada si falta el amor. En la segunda (vv. 4-7) se enumeran quince características del amor cristiano; siete se plantean de forma positiva y ocho de forma negativa. En la tercera parte (vv. 8-13) Pablo termina su canto reafirmando la eternidad del amor. El amor, que puede cambiarlo todo, es el único que no cambiará, que será el mismo eternamente. Entre la fe, la esperanza y el amor, este último es el mayor, quedando clara, para los corintios y para los cristianos de todos los tiempos, la superioridad del amor sobre cualquier otro carisma.

El domingo pasado, después de la lectura que hizo Jesús del profeta Isaías, el evangelio terminaba diciendo que “todos los presentes tenían fijos los ojos en él…”. El evangelio de hoy continúa la escena, que —recordemos— se desarrolla en la sinagoga de Nazaret. Jesús dice que en él se cumplen las palabras de Isaías, es decir, que es «el ungido» (Mesías) para anunciar la Buena Noticia a los pobres y oprimidos… y el «año de gracia» del Señor.

Los vv. 22-30 los podemos dividir así: v. 22: la reacción de la gente; vv. 23-27: la respuesta de Jesús; vv. 28-29: indignación e intentos de matar a Jesús por parte de los nazarenos; vv. 30: Jesús continúa su camino.

Es interesante constatar el contraste entre la reacción de la gente en el v. 22 y la de los versículos 28-29. Inicialmente los de su pueblo aprobaban, y se admiraban de su paisano, pero no alcanzaban a ver en Jesús la gracia de Dios que salía de sus labios, ni al profeta anunciado por Isaías, sino simplemente al Jesús hijo de José. Jesús percibe que sus paisanos no están interesados en sus palabras sino en sus hechos, les interesa ante todo un espectáculo milagrero, que cure los enfermos del pueblo y basta. Jesús les responde con otro refrán: “ningún profeta es bien recibido en su patria”, dejando claro que en Nazaret no hará ningún milagro.

Entre los vv. 25-27 Jesús acude al AT para explicar su situación. El verdadero profeta no se deja acaparar ni mucho menos presionar para satisfacer a un auditorio interesado sólo por el espectáculo o por intereses individuales, aunque sean los de sus familiares o su propio pueblo. El profeta es libre y se debe a la palabra de Dios. La historia de Elías y Eliseo recuerda a los nazarenos cómo éstos tuvieron que irse a tierra de paganos porque su propio pueblo no quería escucharlos. La característica de la mujer de Sarepta es su confianza en Dios, confiando su vida y la de su propio hijo en un extraño como Elías; y característico del sirio Naamán es que depone su orgullo y soberbia nacionalistas ante las palabras de Eliseo. La misma Iglesia reconocerá en este texto su misión de anunciar la Buena Noticia a los más alejados, es decir, que la Palabra echa sus primeras raíces en las personas y en las familias, pero ése no es su destino final; tiene que ser una palabra que busque siempre el camino de los más alejados y necesitados.

Las palabras finales de Jesús enfurecen a los presentes e intentan arrojar a Jesús por un barranco en las afueras del pueblo. Es curioso cómo los pobres de Nazaret, sujetos preferenciales del Anuncio de la Buena Nueva, desprecian la palabra presente en su tierra. Pero la palabra no puede morir, y Jesús continúa su camino misionero al servicio de los pobres, marginados y excluidos, con una palabra de vida, aunque amenazada siempre de muerte por quienes hacen de su vida una mala noticia de egoísmo.

Algunos recursos para trabajar catequéticamente estos temas: Leer más…

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03.02.19. Disputa de Nazaret: Sólo para los nuestros o mesías para todos

domingo, 3 de febrero de 2019
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50666062_1162442780599579_1068189200085417984_nDel blog de Xabier Pikaza:

Domingo 4 tiempo ordinario. Ciclo C. Lc 4, 21-30. El evangelio del domingo anterior presentaba el comienzo del Sermón de Jesús en Nazaret. Éste sigue presentando la disputa posterior. Como buen hijo de José, Jesús tendría que haberse preocupado sólo de sus paisanos “nazoreos” (judíos mesiánicos nacionalistas, como se supone que era José). Pero él supera la visión «ortodoxa» de su padre y ofrece su buena nueva a todos los necesitados (como los antiguos profetas «galileos»: Elías y Eliseo). Por eso nace la disputa.

‒ Insiste en la liberación de los pobres, poniendo como lema de su misión la apertura a los necesitados, y no el triunfo nacional israelita.‒ Deja a un lado el tema de la venganza (la victoria sobre los enemigos), presentando así implícitamente un programa de liberación para todos los pueblos.

Sus paisanos de Nazaret le acusan de ello y quieren lincharle. El discurso de Jesús, proclamado en el centro neurálgico del mesianismo judío en Galilea (ante sus paisanos nazarenos/nazoreos, defensores de una política fuerte de defensa nacional) va en contra de los intereses de su gente. Por eso, ellos rompen con él….y Jesús tiene que “romper” con ellos.

Ésta es la primera gran disputa de Jesús, y ella nos sitúa ante un tema todavía no resuelto: la relación de Jesús (y del cristianismo) con el judaísmo nacional , con los intereses de una Iglesia establecida.

rechazadoÉste es el problema actual sangrante de la buena sociedad actual… que defiende sus intereses de grupos.., expulsando (dejando fuera) a millones y millones de personas de otros pueblos, de otros grupos sociales, extranjeros y distintos.

El resultado de esta disputa de Jesús con los nazoreos/nazareos y en el fondo con José sigue definiendo la esencia del cristianismo, aunque es posible que muchos (que seguimos leyendo el pasaje de forma «piadosa») tenemos dificultad en entenderlo.

— Imagen 3: Una escena normal de linchamiento, en contra de un «negro», alguien que rompe la unidad social de los «buenos» en la «vieja» USA
Buen domingo a todos.

Texto. Lucas 4, 21-30

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.» Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»Y Jesús les dijo: «Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.»

Y añadió: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino sólo una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, sino sólo Naamán, el sirio.»

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

1. Introducción. Para situar el tema

El contraste entre Jesús y su pueblo (su familia) aparece en Mc 6, 1-6 y de forma parecida en Mt 15, 35-38, aunque todo nos permite suponer que la versión de Marcos (y Mateo) es históricamente menos exacta, porque ellos quisieron eliminar los “rasgos” nacionalistas de Jesús. Lucas, en cambio, conserva mejor el tenor original de la escena, “difuminado” por Marcos, en un sentido teológico, pero históricamente menos verosímil.

El texto de Luchas sigue siendo “teológico” (recrea una escena ideal de controversia mesiánica), pero es mucho más histórico que el de Marcos. Además, tiene la ventaja de hacernos ver mejor el trasfondo familiar de Jesús, vinculándole y separándole de “padre” José.

No sabemos si Jesús se enfrentó en su juventud a José (transmisor de las promesas nazoreas, educador primordial de Jesús), ni sabemos cuando debió morir José. Pero lo cierto es que, según el evangelio de Lucas, los vecinos de Nazaret (sus vecinos) suponen que Jesús no siguió en la “buena línea” de su “padre”, que fue de hecho un “renegado” (rebelde a su padre, y digno de muerte por ello).

1) Lucas presenta la escena de un modo solemne, como introducción de todo el evangelio, citando aquí el sermón programático de Nazaret (¡Anunciar la libertad a los cautivos!: Lc 6, 18-20), que aparecía en la liturgia del domingo anterior. Éste no es un sermón más de Jesús, es “su sermón”, su declaración básica de intenciones, ante los nazoreos de Nazaret, que van a “expulsarle” de su grupo (van a condenarle, por contrario a su padre José, por contrario a los verdaderos principios nazoreos). ((Varias veces he presentado en este blog la identidad y “teología” básica de los nazoreos mesiánicos)).

2) En vez de referirse a la madre y hermanos, Lucas cita a José de un modo muy significativo. Es evidente que todos en el pueblo conocen a José y que al preguntar ¿no es éste el hijo es José? no están refiriéndose a un parentesco biológico (dado por supuesto), sino “ideológico y práctico”. Los nazoreos/nazarenos están afirmando retóricamente que Jesús no sigue en la línea de su “padre” que para ello es la buena, de forma que Jesús aparece así como “renegado”.

3) Jesús se defiende apelando a dos famosos profetas del entorno galileo (Elías y Eliseo), quienes, siendo muy israelitas, han abierto su acción sanadora a personas del “odiado” entorno: fenicios y sirios. Él no niega su identidad “nazorea”, sino todo lo contrario. Pero en vez de vincularse directamente con el David rey nacional (al que apelan sus adversarios, al menos implícitamente) apela a los grandes profetas universales de la historia israelita, que siendo creadores de Israel fueran, al mismo tiempo, hombres abiertos a los gentiles, a quienes ofrecieron su servicio (sus curaciones).

4) Todo culmina en un linchamiento frustrado. Jesús ha roto con Nazaret, que parece una aldea de nazoreos mesiánicos; ha roto con sus principios mesiánicos, rechazando los ideales de su padre José y de su gente nazorea. Evidentemente, es digno de muerte (los que van en contra de los padres deben morir, según una norma esencial del Deuteronomio: 21, 18-21). Quieren matarle, y tienen derecho para hacerlo. Pero Jesús podrá escaparse, porque es sábado… Ésta “herida y ruptura” entre Jesús y su “padre” (y su gente nazorea) está en el origen del mensaje cristiano.

5) La figura de José ha sido recuperada “piadosamente” (en ámbito de fe) por Mt 1-2 y Lc 1-2 y así la venera la Iglesia (aunque de forma quizá muy insuficiente e incluso vergonzante). Todo nos permite suponer que la figura del José real, un recio nazareo, nacionalista mesiánica (en una línea que estaría más cerca de los celotas posteriores), aparece aquí mejor esbozada (lo mismo que en Jn 1, 45 y 6, 42, confirmándose así, una vez más, las conexiones entre Lc y Jn). La Iglesia necesita una recuperación del auténtico José, padre real de Jesús (no putativo, en sentido piadosito), nacionalista judía…, un José a quien Jesús se opone, según sus paisanos.

6) Se plantea así un tema apasionante, tanto en relación a José (un “justo” nazareo, buen judío mesiánico), como en relación con Jesús, su “hijo”, que aparece abriendo un camino de mesianismo universal, que está en la base del cristianismo. Es claro que no puedo desarrollar todos los temas aquí implicados, pero intentaré esbozar los más importantes, dejando quizá para otro día la figura de José y el sentido de la evocación de Elías-Eliseo. Quien se sienta interesado por el tema sigue leyendo.

2. Conexión con el texto anterior (Lc 4, 16-20).

Este pasaje es una continuación (y desenlace) del que hemos comentado en el domingo anterior: Jesús presenta en la sinagoga de su pueblo (de su gente nazorea) su programa mesiánico, su discurso de investidura:

a) Jesús viene a cumplir la gran promesa mesiánica de la liberación de los cautivo, el anuncio del año de Gracia del Señor… (cf. Lc 4, 18-20). Es una palabra central del mensaje israelita, una promesa de salvación mesiánica de Isaías… Pero como indiqué el domingo anterior Jesús no ha citado el texto de un modo completo, pues ha dejado a un lado (quizá ostentosamente) la parte relacionada con el juicio de Dios y la condena contra los enemigos de Israel.

b) Sus paisanos de Nazaret (nazoreos) le echan en cara su ruptura y diferencia respecto de José, con cuya tradición quieren enfrentarle. Así le presentan como un hombre que no es fiel a las tradiciones patriarcales de los nazareos, al abrir la promesa de Dios a los de fuera.

c) Jesús invoca para defenderse a Elías y Eliseo, figuras importantes de la tradición popular de Israel, vinculadas de un modo especial con Galilea. De ellos hablan con extensión los libros de 1 y 2 Reyes. Elías se abre a los extranjeros, alimenta a la viuda de Sarepta y resucita a su hijo… En esa línea de apertura hacia los de fuera se sitúa el mensaje y camino de Jesús. Por su parte, Eliseo: cura a Naamán el sirio… Su acción de sanador se abre más allá de las fronteras de Israel, rompiendo los límites de un nacionalismo religioso estricto.

3. Disputa de Nazaret: todos los pobres

Como he dicho, Jesús empieza afirmando que todo el programa de Isaías (entendido como promesa de liberación universal) se ha cumplido “hoy”, en el hoy de Nazaret, que aparece así como signo y principio de una misión universal. Es evidente que, en esta línea, la “iglesia” o movimiento de Jesús empieza en Nazaret. De “Nazaret a todo el mundo”, ese sería su programa. Jesús se presenta así “nazoreo” universal de la liberación mesiánica. Pero los “nazoreos” nazarenos no le admiten. Éste es el centro de la trama:

1. Los nazoreos-nazarenos condenan a Jesús, aunque al principio parecen admirarlo. Le condenan porque, al parecer, no actúa como José (¿no es éste el hijo de José?), es decir, porque quiere ayudar a todos los pobres y cautivos del mundo, no sólo a los judíos, porque cita y aplica mal el texto de Isaías.

4. Jesús se apoya en los profetas Elías y Eliseo, que ayudaban a los pobres de los pueblos del entorno, no sólo a los judíos (ayudaban y curaban a los sirios y fenicios), preocupándose no sólo de los nacionales (los judíos, los buenos cristianos, los españoles), sino también de los de fuera (no judíos, no cristianos, no españoles…).

4. Jesús y la ley Charles Lynch (1736‒1796), juez de Virginia

LincharLos nazarenos quieren “ajusticiar a Jesús”, porque no responde a los ideales de su nación, porque no es buen judío, y lo quieren hacer a través de un proceso de linchamiento (Ley de Lynch) colectivo, perfectamente estudiado por los antropólogos. Se trata de matar entre todos (como en la lapidación), pero de matar sin golpear directamente, acorralando al “ajusticiado” de tal forma que él mismo tiene que caer al precipicio y matarse. Es además un día de Sábado, y los buenos israelitas no pueden tirar piedras, ni dar golpes, pero pueden ir acorralando a Jesús hasta que se despeñe por el mundo.

Como he dicho, todos los textos clásicos de antropología citan casos como éste. Pero Jesús logra marcharse, abriéndose paso entre el gentío airado, aunque el texto no dice cómo (con qué resortes psicológicos o sociales)… Quizá simplemente abriéndose paso con decisión, porque es sábado y no pueden tocarle y empujarle. Leer más…

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Fracaso de Jesús en Nazaret. Domingo 4º. Ciclo C.

domingo, 3 de febrero de 2019
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Jesus - expulsoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Como en una serie de televisión, el evangelio de este domingo comienza recordando lo contado en el episodio anterior. Jesús ha leído en la sinagoga de Nazaret un texto de Isaías que proclama una buena noticia a los pobres, ciegos, prisioneros, oprimidos. Cuando termina, afirma: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». ¿Cómo reaccionará el auditorio a estas palabras? Es lo que se cuenta en el evangelio de hoy, en el que podemos distinguir tres momentos: la reacción inicial del auditorio, un ataque desconcertante de Jesús, y la reacción final de los nazarenos.

La reacción inicial del auditorio

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»

            Aparte de leer a Isaías, Jesús no ha dicho prácticamente nada. Sin embargo, Lucas indica de inmediato la triple reacción de los presentes: aprobación, admiración y desconcierto. Al parecer, les gusta lo que han oído, pero no comprenden que lo diga alguien a quien conocen desde pequeño.

Un ataque desconcertante de Jesús

            Si Jesús hubiera sido un político, habría aprovechado la ocasión para ganarse más aún al auditorio, solventando las posibles dudas sobre su autoridad. Sabe lo que esperan de él: no que lea textos de la Biblia sino que haga milagros. Le bastaría realizar algunos parecidos a los que ha hecho en Cafarnaúm para que todos le aplaudan y crean en él.

            Sin embargo, se niega a ello e incluso adopta una postura agresiva. Sin que los nazarenos hayan dado motivo, Jesús da por supuesto que lo van a rechazar. No se basa en nada concreto que hayan hecho o dicho, sino en un proverbio:“Ningún profeta es bien mirado en su tierra”. En consecuencia, tampoco él mira bien a los nazarenos y no hará allí ningún milagro. Igual que Elías fue enviado por Dios a ayudar a una viuda fenicia, y Eliseo a un leproso sirio, él también se siente enviado a los paganos.

Y Jesús les dijo:

– «Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm.» Y añadió: «Os aseguro ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel habla muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos habla en Israel en tiempos del profeta Elíseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»

Reacción final de los nazarenos

            ¿Cuál sería la reacción lógica de los nazarenos? Levantarse e irse de la sinagoga, soltando probablemente bastantes maldiciones contra Jesús. Sin embargo, lo que cuenta Lucas es mucho más fuerte:

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.

. Un relato desconcertante

           Cuando se lee con atención el relato de Lucas surgen varias preguntas:

            ¿Por qué adopta Jesús una postura tan agresiva?

            ¿Por qué da por supuesto que lo van a rechazar?

            ¿Por qué compara su actitud con la de Elías y Eliseo, enviados a los paganos, cuando reconoce haber hecho milagros en Cafarnaúm, que no es una ciudad pagana sino israelita?

            ¿Por qué reaccionan los nazarenos de forma tan terrible, queriendo matarlo?

            Para responder a estas preguntas conviene recordar cómo cuenta Marcos la visita de Jesús a Nazaret.

La versión de Marcos

            Marcos cuenta la visita de forma muy distinta. Jesús ya es bastante conocido cuando vuelve a Nazaret con sus discípulos. Y ocurre lo siguiente:

“Un sábado se puso a enseñar en la sinagoga. Muchos al escucharlo comentaban asombrados: ¿De dónde saca éste todo eso? ¿Qué clase de sabiduría se le ha dado? Y, ¿qué hay de los grandes milagros que realiza con sus manos? ¿No es éste el artesano, el hijo de María, el hermano de Santiago y José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas? Y esto lo sentían como un obstáculo. Jesús les decía: “A un profeta sólo lo desprecian en su tierra, entre sus parientes y en su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo sanar a unos pocos enfermos a quienes impuso las manos. Y se asombraba de su incredulidad.”

            Las diferencias son claras. En Marcos, la reacción del auditorio no es de aprobación, admiración y desconcierto, sino de desconcierto y rechazo. Entonces es cuando Jesús recuerda que “a un profeta solo lo desprecian en su tierra”. Pero nadie intenta matarlo. Simplemente, no creen en él ni en su poder. Y Jesús se admira de su incredulidad.

Nazaret como símbolo

            ¿Por qué ha escrito Lucas un relato tan distinto? Porque él no ha pretendido contar lo ocurrido, sino convertir la visita de Jesús a Nazaret en símbolo de la relación de Jesús con el pueblo judío y con los paganos.

            Para ello, lo primero que hace es comenzar la actividad de Jesús con esta visita. Mientras Mateo y Marcos dicen que Jesús comenzó predicando por los pueblos y aldeas de Galilea, sin concretar cuáles, Lucas nos sitúa en la sinagoga de Nazaret. Sabe que Jesús no fue aceptado por los nazarenos, ni tampoco por su familia, que lo consideraba medio loco. Recoge y lleva al límite ese rechazo, convirtiéndolo en símbolo de la oposición de la mayor parte del pueblo judío, que terminó provocando su muerte.

            En el Nuevo Testamento se indican distintos motivos por los que Jesús entró en conflicto con las autoridades judías: por no observar el sábado, por ser un peligro desde el punto de vista político… En el relato de Lucas, el motivo principal de conflicto es el nacionalismo de los que quieren un Mesías al servicio exclusivo de Israel, mientras que Jesús se ve enviado a toda la humanidad. Pero nadie debe escandalizarse de eso, mucho menos los judíos: también Elías y Eliseo fueron enviados por Dios a los paganos en unos momentos en que los israelitas estaban muy necesitados de ayuda.

La primera lectura (Jeremías 1,4-5. 17-19)

            Ha sido elegida para probar que “ningún profeta es bien visto en su tierra”. Al contrario, encuentra la oposición de los más diversos estamentos del país: reyes, príncipes, sacerdotes, grandes propietarios (el término “gente del campo” fue cambiando de sentido, pero parece que aquí se refiere a los propietarios de grandes fincas).

En los días de Josías, recibí esta palabra del Señor:

«Antes de formarte en el vientre, te escogí;

antes de que salieras del seno materno, te consagré:

te nombré profeta de los gentiles.

Tú cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando.

No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos.

Mira; yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá,

frente a los sacerdotes y la gente del campo.

Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte.»

            Oráculo del Señor.

Las palabras finales coinciden muy bien con el final del evangelio, donde Jesús pasa serenamente entre quienes intentan matarlo y se aleja. Con una gran diferencia: Jeremías se verá libre gracias a la compañía de Dios; Jesús tiene en sí mismo el poder para enfrentarse al enemigo. Cuando muera será porque él lo acepta libremente.

Reflexión final

            El evangelio de hoy podría interpretarse como un ataque al nacionalismo político. En parte lo es, porque los judíos identificaban religión y política. Pero el ataque de Jesús se dirige sobre todo al “nacionalismo” religioso. Aplicándolo a nuestros días, a los cristianos que pensasen que son los elegidos de Dios y los únicos que merecen su atención. Cabe el peligro de parecernos a los nazarenos, de pecar de exclusivistas al hablar de la salvación de Dios.

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03 de Febrero. Domingo IV. Tiempo Ordinario

domingo, 3 de febrero de 2019
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“Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo… Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.”

(Lc 4, 21-30)

Con lo bien que había empezado todo… La semana pasada Jesús volvía con la fuerza del Espíritu y anunciaba una Buena Noticia. Y, además, nos decía que más que una noticia era una realidad, era nuestra realidad, pero veinte versículos después todo ha cambiado.

El clima ha dado un vuelco radical. Quienes “expresaban su aprobación y se admiraban” ahora están furiosos y quieren acabar con Jesús.

¿Qué ha pasado? Que Jesús nos ha dicho nuestra verdad. Toda nuestra verdad, la imagen que somos, pero también las sombras que queremos ocultar. No se ha callado nuestra mediocridad. Nunca se calla. Y nuestro orgullo se revela.

Viene y despierta nuestros demonios, aquellos con los que ya nos hemos acostumbrado a vivir. A fin de cuentas no somos malas personas. Es más, para lo que se ve por ahí, somos de lo mejorcito que hay.

Este Jesús, ¿quién se cree que es?

Somos buena gente y acabamos pensando que tienen que pasarnos cosas buenas. ¿Por qué va a ser Jesús menos generoso con nosotras que somos buenas que con los de Cafarnaúm?

Queremos los milagros, queremos los dones y bueno, Jesús también se puede quedar… Pero que no nos falte la salud, ni tampoco a nuestros seres queridos. Que tengamos trabajo y un buen sueldo. Que gane mi equipo de futbol y ya de paso que el año que viene me toque la lotería de Navidad. A fin de cuentas, soy buena gente.

Pero ahora viene Jesús a decirnos lo que nos falta, a decir en voz alta aquello que tanto nos esforzamos por silenciar. ¿Quién se ha creído que es? Nos enfadamos, y con razón.

¿Quién se cree que es ese conductor para pitarme? ¿O esa dependienta para ponerme mala cara? ¿Quiénes se creen que son los funcionarios para hacerme esperar? ¿Quién se cree que es el crío ese para faltarme al respeto? Todos juntos y cada uno por separado son Jesús viniendo a despertar nuestros demonios, nuestras mediocridades. ¡Ah! Y también viene con la apariencia cercana de: marido, hijos, mujer, hermanos. En sus gestos más desagradables, precisamente en los que nos enfurecen.

Por eso también nosotros, más de una vez, queremos despeñarlo. Sacar a ese molesto Jesús de nuestro pueblo. Sí, también nos pasa. Pero tampoco es para asustarse. Jesús no se asusta. Solo se aleja para que podamos tomar la perspectiva necesaria.

Oración

Te presentamos, Trinidad Santa, nuestras oscuridades, esas que son el verdadero motivo de nuestros enfados. ¡Ilumínalas! y serán luz. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

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La salvación que Jesús ofrece no es la que esperamos.

domingo, 3 de febrero de 2019
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maxresdefaultLc 4, 21-30

Seguimos con el tema del domingo pasado. “hoy se cumple esta escritura” pero no va a ser como esperan los de su pueblo. En todos los evangelios se habla de los milagros de Jesús como manifestación de su divinidad, pero a la vez se critica que los que le conocieron pretendan poner en las curaciones la salvación ofrecida por Jesús. Una salvación material que debía consistir en librarles de sus limitaciones desde fuera y por el poder de Dios, directo o a través de un intermediario. Seguimos arrastrando la idea de Dios del paleolítico: el todopoderoso que va a poner su poder a mi servicio si cumplo unos requisitos.

Hoy se cumple esa Escritura en cada uno de nosotros. Dios la cumple siempre sin tener que hacer nada. Que se cumpla hoy depende exclusivamente de mí. Por no tener en cuenta estos dos planos, la religión nos ha metido por un callejón sin salida y nos ha hundido en la miseria. Seguimos esperando que Dios haga que me toca hacer a mí. Soy yo el que tengo que preguntarme: ¿cumplo yo hoy esa escritura que acabáis de oír?

La misma iglesia, ya desde muy pronto, prefirió potenciar en Jesús la idea de Hijo de Dios y se olvidó de la de Mesías; aunque está claro que en los orígenes querían decir lo mismo. Así, la salvación, que se pensaba como acontecimiento que debía darse en la historia, se convirtió en la salvación trascendente y ahistórica para el más allá. El mordiente que encerraba la imagen del mesías, se disolvió como un azucarillo. Jesús ya no necesita hacer presente la liberación desde la historia sino desde la estratosfera de su divinidad.

Hemos leído: “todos le daban su aprobación y se admiraban…” Pero hay una traducción alternativa: El verbo griego (martyreo) = dar testimonio, que se traduce por “dar su aprobación”, cuando está construido con dativo, significa “testimoniar en contra”. Por otra parte, (thaumazo) = Admirarse, significa también extrañarse, es decir, una admiración negativa. Entonces la traducción sería: “todos se declaraban en contra, extrañados del discurso sobre la gracia (para todos) que salía de sus labios”. Así cobra pleno sentido la respuesta de Jesús, que de otro modo, parece que inicia él la gresca provocando al personal.

La importancia de suprimir la última frase del texto de Is, queda más clara con la explicación que da hoy Jesús. Tiene que rectificar el texto de Is, pero menciona a otros dos profetas que avalan esa aparente mutilación. Elías y Eliseo son ejemplos de cómo actúa Dios con relación a los no judíos. Para entenderlo hoy, podíamos decir que Elías atendió a una viuda libanesa y Eliseo a un general sirio. ¡Qué poco han cambiado las cosas! La atención a la viuda de Sarepta y Naamán el sirio deja en evidencia la pretensión de salvación exclusiva que los judíos, como pueblo elegido, pretendían.

El evangelista quiere subrayar que este argumento contundente, no solo no les convence, sino todo lo contrario, provoca la ira de sus vecinos que se sienten agredidos porque les echa en cara su ceguera. La tradición de Mc, que copia Mt, no hace alusión ni al texto de Is ni a Elías y Eliseo. Esto indica la intención de recalcar la oposición de sus paisanos en Lc. Los primeros cristianos se esforzaron por proponer a Jesús como continuación del AT, aprovechando cualquier resquicio para demostrar que en él “se cumplen las Escrituras”. Jesús sobrepasó, con mucho, todo lo que pudieron insinuar las Escrituras.

¿No es este el hijo de José? La única razón que dan los de su pueblo para rechazar las pretensiones de Jesús, es que no es más que uno del pueblo, conocido de todos. Me parece muy importante este planteamiento por parte del evangelista. La grandeza de Jesús está en que, siendo uno de tantos, fue capaz de descubrir lo que Dios esperaba de él. Jesús no es un extraterrestre que trae de otro mundo poderes especiales, sino un ser humano que saca de lo hondo de su ser lo que Dios ha puesto en todos los seres. Habla de lo que encontró dentro de sí mismo y nos invita a descubrir y vivir en nosotros lo mismo que él descubrió y vivió.

La primera oposición que sufre Jesús en este evangelio no viene de los sumos sacerdotes ni de los escribas o fariseos, sino del pueblo sencillo. Sus paisanos ven que no va a responder a las expectativas del judaísmo oficial, y se enfadan. Cualquier visión que vaya más allá de los intereses del gueto, (familia, pueblo, nación) será interpretada como traición a la institución. Las instituciones tienen como primer objetivo la defensa de unos intereses frente los intereses de los demás. Incluso nuestra manera de entender el ecumenismo responde, la mayoría de las veces, a esta dinámica completamente contraria al evangelio.

Los de su pueblo no pueden aceptar un mesianismo para todos. Ellos esperaban un Mesías poderoso que les iba a librar de la opresión de los romanos y a solucionar todos los problemas materiales. Si Jesús se presenta como tal liberador, ellos tenían que ser los primeros beneficiarios de ese poder. Al darse cuenta de que no va a ser así, arremeten contra él. El odio es siempre consecuencia de un amor imposible. El evangelista echa mano del AT para demostrar que los profetas ya habían manifestado esa actitud de Dios a favor de extranjeros en apuros. Quiere decir que su mensaje no es contrario ni ajeno a la Escritura.

El Dios de Jesús es Amor incondicional. No puede tener privilegios, porque ama a todos infinitamente. Dios no nos ama por lo que somos o por lo que hacemos. Dios nos ama por lo que Él es. Dios ama igual al pobre y al rico, al blanco y al negro, al cristiano y al musulmán, a la prostituta y a la monja de clausura, a Teresa de Calcuta y a Bin Laden… En algún momento de esta escala progresiva nos patinarán las neuronas. Es más de lo que podemos aguantar. Nos pasa lo que a los paisanos de Jesús. Mientras sigamos pensando que Dios me ama porque soy bueno, nadie nos convencerá de que debemos amar al que no lo es.

Jesús viene a anunciar una salvación de todas las opresiones. Pero esa salvación no depende de Dios ni de un intermediario de su poder sino de cada uno de nosotros. Su salvación no va contra nadie, sino a favor de todos. Ahora bien, no debemos ser ingenuos, lo que es buena noticia para los oprimidos, es mala noticia para los opresores. De ahí que, en tiempo de Jesús, y en todos los tiempos, los que gozan de privilegios, se opongan, con uñas y dientes, a esa práctica liberadora. Si no estamos dispuestos a liberar al oprimido, somos opresores.

Tenemos que hacer un esfuerzo por comprender que el opresor no hace mal porque daña al oprimido, sino que hace mal porque se hace daño a sí mismo. El que explota a otro le priva de unos bienes que pueden ser vitales, pero lo grave es que él mismo se está deteriorando como ser humano. El daño que hace le afecta al otro en lo accidental. El daño que se hace a sí mismo, le afecta en lo esencial. El que muere por mi culpa puede morir repleto de humanidad; pero yo, al ser la causa de su muerte, me hundo en la más absoluta miseria.

¿Hemos caído en la cuenta de que lo único que puede garantizar mi religiosi­dad es el servicio a los demás? ¿Nos hemos parado a pensar que sin amor no soy nada? Ahora bien, el único amor del que podemos hablar es el amor a los demás. Sin éste, el amor que creemos tener a Dios es una falacia. La única pregunta a la que debo contestar es ésta: ¿Amo sin exclusión? Sin amor, toda nuestra vida cristiana se convertirá en un absurdo.

Meditación

Ignoramos lo que realmente somos.
Tú eres, como Jesús, ungido.
Estás capacitado para la tarea que debes realizar.
Cuando despliegues tu verdadera salvación,
estarás en condiciones de ayudar a otros a encontrarla.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Enseñando en la sinagoga

domingo, 3 de febrero de 2019
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Untitled-1“El sabio puede cambiar de opinión, el necio nunca” (Kant)

3 de febrero. Domingo IV del TO

Lc 4, 21-30

Levantándose, lo sacaron fuera de la ciudad y lo llevaron a un barranco del monte sobre el que estaba edificada la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero él, abriéndose paso entre la gente, se marchó.

Los jerarcas -personas de una categoría superior y principal dentro de una organización, especialmente en el orden de la Iglesia, como lo define el diccionario- representan una estructura que se establece en orden a su criterio de subordinación entre persona, animales, valores y dignidades. La palabra española “jerarquía” procede de la latina hierarquia, y ésta de la griega ἱεραρχία. A Jesús, a quien las normas y los ritos le traían al pairo, interpretaba en la sinagoga de Nazaret las rocosas palabras de la Biblia, a su aire. Un aire fresco y reconfortante que, en este caso, acatarraba a los jerarcas y al pueblo. Solución: despeñarle. Precio que, incluso, habría de pagar más tarde el Calvario como lo han pagado tantos otros rebeldes en la historia. Pero es el necesario tributo que hay que pagar para poder seguir creciendo.

El monje budista Walpola Rahula (1907-1997) dice en “Lo que Buda enseñó: “Las enseñanzas del Buda surgieron en la india como una fuerza espiritual contra la justicia social, contra los ritos supersticiosos degradantes, las ceremonias y los sacrificios, denunciaban la tiranía del sistema de casta, y abogaban por la igualdad de todos los hombres; emancipaban a las mujeres y les dieron la libertad espiritual”.

El Cristianismo nació en la misma fuente, aunque llegaron pronto los jerarcas, defensores de la Ley con ínfulas bien puestas en la mitra, y comenzaron a congelar las aguas, sin percatarse de que en tan rígidas condiciones, ideas, sueños y sentimientos, se quedarán enanos. Para ellos lo verdaderamente importante eran las palabras:

“Ya entendí”, dijo la rosa.

“No lo entiendas, vívelo”, dijo el pequeño príncipe.

Y ese mismo día empezaron a crecer en su Planeta las ideas, los sueños, los sentimientos, … ¡y los árboles!

“Nunca hace daño tener una opinión elevada de alguien; a menudo más personas se sienten ennoblecidas y actúan mejor como consecuencia”, dijo Nelson Mandela. Y también empezaron a prosperar en el mundo todas las especies naturales. ¿Fue aquí quizás entonces, cuando los de las ínfulas mitrales se quedaron enanos para siempre?

¡¡Por favor, Jesús, ven a salvarlos!! A ellos y posiblemente también a nosotros, pues el riesgo lo corremos todos. No podemos amarrar la barca a la luna, y descender luego hasta el mar para remar sobre las olas. Sería infinitamente mejor “abrirnos paso entre la gente y marcharnos” para impedir que nos lleven a un barranco.

“El sabio puede cambiar de opinión, el necio nunca”, dijo Kant, si bien yo he de confesar que no siempre he sido suficientemente sabio y prudente como hubiera sido necesario.

En un libro titulado Poesía china, el sabio y poeta Li Bai nos habla de un Maestro que, aunque funcionario del estado, era sabio con los sueños y rompía las normas estatales, pues no escuchaba al emperador. Toda autoridad oficial tiene por habitual cometido el mantenimiento de los cánones que tutelan su gobierno y el de los súbditos con ansias de desarrollo; y también el de vulnerar dichos cánones cuando las reglas se convierten en freno que paraliza su evolución normal como persona. En mi jardín tengo unas encinas nacidas en los huecos de las rocas; y a medida que sus tenaces troncos se han desarrollado, han quebrado el rígido granito.

UN MENSAJE AL MAESTRO LENG (Li Bai)

Maestro, te saludo desde mi corazón,
tu fama es bien conocida por todo el mundo.
Renunciando a esa juventud ardiente de la nación
con sombrero y carro de funcionarios de alto rango,
ahora con el pelo blanco, eliges los pinos y las nubes
ebrio con la luna, sabio con los sueños,
flor hechizada, no escuchas al emperador…
¡Como una alta montaña, de qué manera podré llegar a tiempo
a la respiración de su dulzura desde aquí.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Pase lo que pase

domingo, 3 de febrero de 2019
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images(Lc 4, 14-30)

Impacta la absoluta y radical disponibilidad al Espíritu en cada paso de tu vida, Jesús. Vuelves a donde saliste, tu pueblo, Nazaret, el sitio donde creciste. Vuelves con el eco del día de tu bautismo: “Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy” (Lc 3,22) que sigue resonando por dentro.

Te reconoces y revalidas el envío, tu misión: ir a los pobres, esclavos, oprimidos y proclamar la libertad; la interior, la que dignifica, para anunciarla a todos los que no la conocen, la han olvidado o perdido. Animas a dejarse hacer por la fuerza del Espíritu; volviendo una y otra vez al instante primero de comprensión para seguir adelante con el mismo ímpetu y comprensión que a Ti te movió.

Una cosa es que te escuchen los de fuera y queden entusiasmados, y otra muy distinta que te escuchen los que saben de ti desde la infancia: “¿No es éste el hijo de José? Esperan recibir de ti, como mínimo, lo que han recibido los de fuera. No se dan cuenta de que una cosa es la fe y otra muy distinta sentirse con derechos sobre tu misión por aquello de ser convecinos. Te están retando.

“En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su tierra”, les dices y nos dices. Es cierto y sigue sucediendo en todos los tiempos: en las familias, entre amigos, en grupos y comunidades, y en la propia Iglesia.

Por el bautismo, además de sacerdotes y reyes, nos dicen que estamos llamados a ser profetas. ¿Quiénes? ¿Cómo? Todo aquel que permanezca abierto al Espíritu con la misma radicalidad y disponibilidad que nos muestras en cada paso de Tu vida.

Si el profeta es consciente de su misión se abrirá paso, pase lo que pase, entre los que no le reconocen, le critican, le retan e incluso quieren quitárselo de encima, y seguirá tu Camino contra viento y marea.

Tengo una pregunta: ¿Crees que la voz femenina suena en la Iglesia como sinfonía profética?

Mari Paz López Santos

FEADULTA 3 febrero 2019

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De la intolerancia a la comprensión

domingo, 3 de febrero de 2019
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jesus_e_expulso_da_sinagoga(Lc 4, 14-30)

Incluso el lector menos atento advertirá rápidamente la disonancia que aparece en este relato: a la aprobación y admiración que manifiestan sus paisanos, Jesús responde con reproches, y la escena concluye con sentimientos de furia que a punto estuvieron de terminar en tragedia.

Parece que solo cabe una explicación: en un mismo relato se han mezclado dos episodios diferentes, probablemente porque ambos ocurrieron en el mismo lugar, la sinagoga de Nazaret. En uno de ellos, Jesús cosechó aplausos por parte de sus paisanos; en el otro, vivió un duro enfrentamiento con ellos.

Si atendemos al texto, el motivo del enfrentamiento y de la furia de sus oyentes parece claro: aun citando a dos grandes profetas del pueblo –Elías y Eliseo–, Jesús colocaba a personas extranjeras por encima de los propios connacionales. Para un judío piadoso resultaba inadmisible que cualquier pagano recibiera un favor divino antes que alguien perteneciente al “pueblo elegido”.

Los humanos –quizás como animales gregarios que somos– tendemos a marcar distancia entre el propio grupo –tribu, parentela, familia, club, pueblo, religión, nación…– y todos los demás. Se trata, sin duda, de un movimiento de autoafirmación, de búsqueda de seguridad y de defensa frente a lo diferente. Si, unido a todo ello, advertimos que nuestras propias creencias son cuestionadas, es probable que se despierten sentimientos de agresividad, que no son sino expresión del propio miedo.

Frente a esa tendencia atávica y, con frecuencia, virulenta, la comprensión relativiza muros y fronteras, reconociendo la identidad común y compartida, haciendo posible la vivencia de la alteridad en el respeto y la confianza. Es lo que apreciamos en las personas sabias, como se muestra en este caso en Jesús. Sarepta, Siria, Israel…, ¿por qué la diferencia debería entenderse como enfrentamiento o exclusión?

Al comprender lo que somos, se aflojan las rigideces instintivas del ego y la intolerancia de los esquemas mentales. Unas y otra no eran sino mecanismos de defensa activados automáticamente, pero carentes de sentido cuando nos situamos en la comprensión de lo que somos.

Es esa misma comprensión la que nos permite “abrirnos paso” y “alejarnos” de los errores de percepción que nos aíslan, empobrecen y enfrentan, en ocasiones hasta extremos crueles. Solo con tomar un mínimo de distancia de nuestros propios mapas mentales, seríamos capaces de sonreír ante tan ciegos patrones de pensamiento, ablandar durezas, ampliar horizontes y celebrar y vivir la unidad compartida en tanta variedad de formas diferentes.

¿Qué signos de intolerancia percibo en mi vida cotidiana? ¿Cuándo aparecen?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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Católico es universal, no ultramontano

domingo, 3 de febrero de 2019
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teologia_liberacion101. LECTURAS DE GRAN CONTENIDO.

Las lecturas de este domingo son especialmente potentes dado su hondo calado y nos hacen tomar conciencia de dos dimensiones, dos valores más que notables en la existencia: el UNIVERSALISMO, y el AMOR.

02 UNIVERSALISMO.

El profeta Elías es enviado a ayudar a una viuda de Sarepta (Sidón), y Eliseo es enviado a un leproso sirio: a Naamán, ambos extranjeros, paganos. Jesús es de talante universal, abiertos y vive en esa tesitura.

TRES CONSIDERACIONES O POSTURAS SOBRE EL UNIVERSALISMO

1. Amar la propia familia, el pueblo en el que uno ha nacido, la propia cultura es bueno y es un modo sensato de ser en el mundo.

Ahora bien, de esa actitud no se puede derivar que lo mío es lo único y lo mejor del universo y tampoco es sensato pensar que lo que no es como yo soy o como yo pienso, como yo vivo y quiero, es malo o de segunda división.

La estima de lo nuestro: nuestra cultura, nuestro pueblo, nuestros idiomas, nuestra música, gastronomía, no significa que hayamos de despreciar a los demás ni mirarles por encima del hombro.

2. Por otra parte, universalismo no es lo mismo que globalización. La globalización tiene sus aspectos positivos -especialmente en el orden científico y tecnológico- pero el universalismo no significa estandarización de la vida, el arrasar con todas las culturas y que todo el mundo se pliegue ante un poder hegemónico. Globalización es que todo el mundo tenga ordenador, móvil, vaya a la moda de EEUU y beba coca-cola. Universalismo es acoger al que pasa en pateras, respetar el pensamiento de los demás, no imponer mis modos y maneras…

3. El universalismo consiste también en vivir un evangelio que es para todos, no para la jerarquía y los poderosos, sino sobre todo para los pobres, como son pecadores. Al mismo tiempo el evangelio requiere explicaciones y aplicaciones diversas según los momentos, los problemas, las situaciones, etc.

La verdad, el evangelio es uno, pero sus aplicaciones y mediaciones pueden ser diversas.
4. El universalismo es la actitud personal de vivir abiertos de mente y corazón a todos, y ello desde la igualdad fundamental de los seres humanos, creados a imagen y semejanza de Dios. El universalismo cree firmemente que la salvación es para todos. Dios ofrece su salvación a todos los seres humanos.

Católico significa universal. Somos católicos por nuestra apertura los demás, a los demás pueblos y culturas, a otras mentalidades de dentro y fuera de la Iglesia. Muchas veces donde no hay apertura y universalismo es el propio seno de la Iglesia católica. Muchos obispos y curas de la Iglesia católica, determinados movimientos religiosos de la iglesia católica, no son universales ni abierto, no son católicos Demos gracias a Dios por que el papa Francisco es hombre de mentalidad abierta y universal.

03. AMOR.

San Pablo en la primera carta a los Corinitos hace un espléndido canto al amor. Todos los aspectos que apunta san Pablo son importantes y superan el marco del comentario de una homilía; más bien son para meditarlos.

El amor es lo único que hacer salir al ser humano de su guarida, de su propio “yo”. Quien se pasa la vida pensando en sí mismo, es imposible que llegue a abrirse por el amor a los demás: ni a la Verdad, ni que se alegre del bien ajeno, ni respete los modos y estilos de vida de los demás. Quien vive pensando todo el día –y toda la vida- en sí mismo, en su salud, en su economía, en sus derechos, en lo que le corresponde, en su poder, ese tal no vive, porque no ama.

En el fondo el amor es una postura inteligente propia solamente del ser humano. Las posiciones de odio, de mantener enfrentamientos, las posiciones enquistadas, de agresión fanática no es que sean solamente éticamente malas, sino que más bien son poco inteligentes: aunque solamente sea por el hecho de que se vive mejor en paz que en guerra y odio. Los odios, enrocamientos, los “no diálogos”, los atrincheramientos fanáticos político-eclesiásticos son posiciones poco inteligentes, propias de etapas anteriores a Atapuerca.

04. DIMENSIÓN POLÍTICA DEL AMOR.

Llama poderosamente la atención cómo en la vida social, política, incluso eclesiástica, hay dimensiones casi completamente ausentes, entre ellas el amor, el perdón, la verdad, la esperanza, la alegría por el bien ajeno, la afabilidad, que curiosamente son los valores de Cristo y son valores que construyen personas. Más bien en nuestra sociedad predominan la competitividad, la lucha, el poder, el brillo social, las multinacionales que explotan y son los rectores del poder.

La democracia es una buena manera de gobernar los pueblos. Pero, probablemente, la sola democracia no lleve a una sana convivencia. Una justicia sin caridad fácilmente terminará en venganza. El amor, el perdón, los encuentros, acuerdos, etc. son elementos necesarios de toda convivencia.

El amor cristiano tiene una vertiente política (polis significa: ciudad y por derivación: comunidad, convivencia).

Por desgracia se suele decir que la iglesia no debe entrar en política. La función de mediación, de propiciar el diálogo, la paz y la pacificación es algo muy humano y evangélico. En el fondo es abrir caminos a la paz y al amor.

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“Profeta”. 3 Tiempo ordinario – C (Lucas 1,1-4; 4,14-21)

domingo, 27 de enero de 2019
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973BFAAA-8F7E-4DB4-8D9D-BC310988551BEn una aldea perdida de Galilea, llamada Nazaret, los vecinos del pueblo se reúnen en la sinagoga una mañana de sábado para escuchar la Palabra de Dios. Después de algunos años vividos buscando a Dios en el desierto, Jesús vuelve al pueblo en el que ha crecido.

La escena es de gran importancia para conocer a Jesús y entender bien su misión. Según el relato de Lucas, en esta aldea casi desconocida por todos, va a hacer Jesús su presentación como Profeta de Dios y va a exponer su programa aplicándose a sí mismo un texto del profeta Isaías.

Después de leer el texto, Jesús lo comenta con una sola frase: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». Según Lucas, la gente «tenía los ojos clavados él». La atención de todos pasa del texto leído a la persona de Jesús. ¿Qué es lo que nosotros podemos descubrir hoy si fijamos nuestros ojos en él?

Jesús actúa movido por el Espíritu de Dios. La vida entera de Jesús está impulsada, conducida y orientada por el aliento, la fuerza y el amor de Dios. Creer en la divinidad de Jesús no es confesar teóricamente una fórmula dogmática elaborada por los concilios. Es ir descubriendo de manera concreta en sus palabras y en sus gestos, en su ternura y en su fuego, el Misterio último de la vida que los creyentes llamamos «Dios».

Jesús es Profeta de Dios. No ha sido ungido con aceite de oliva como se ungía a los reyes para transmitirles el poder de gobierno o a los sumos sacerdotes para investirlos de poder sacro. Ha sido «ungido» por el Espíritu de Dios. No viene a gobernar ni a regir. Es profeta de Dios dedicado a liberar la vida. Solo lo podremos seguir si aprendemos a vivir con su espíritu profético.

Jesús es Buena Noticia para los pobres. Su actuación es Buena Noticia para la clase social más marginada y desvalida: los más necesitados de oír algo bueno; los humillados y olvidados por todos. Nos empezamos a parecer a Jesús cuando nuestra vida, nuestra actuación y amor solidario puede ser captado por los pobres como algo bueno.

Jesús vive dedicado a liberar. Entregado a liberar al ser humano de toda clase de esclavitudes. La gente lo siente como liberador de sufrimientos, opresiones y abusos; los ciegos lo ven como luz que libera del sinsentido y la desesperanza; los pecadores lo reciben como gracia y perdón. Seguimos a Jesús cuando nos va liberando de todo lo que nos esclaviza, empequeñece o deshumaniza. Entonces creemos en él como Salvador que nos encamina hacia la Vida definitiva.

José Antonio Pagola

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“Hoy se cumple esta Escritura”. Domingo 27 de enero de 2018. Domingo 3º del Tiempo Ordinario

domingo, 27 de enero de 2019
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11-ordinario3 (C) cerezoLeído en Koinonia:

Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10: Leían el libro de la Ley, explicando el sentido.
Salmo responsorial: 18: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
1Corintios 12, 12-30:  Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.
Lucas 1, 1-4; 4, 14-21: Hoy se cumple esta Escritura.

En el libro de Nehemías se nos cuenta de una lectura pública y solemne del libro de la ley de Dios, el que nosotros los cristianos llamamos Pentateuco y en cambio los judíos designan como “Toráh”, Ley. Estamos a finales del siglo V AC, los judíos hace pocos años que han regresado del destierro en Babilonia y a duras penas han logrado reconstruir el templo, las murallas de la ciudad, sus propias casas. Les hace falta urgentemente una norma de vida, una especie de “constitución” por medio de la cual puedan regirse en todos las aspectos de la vida personal, social y religiosa. Esdras, un líder carismático, respetado por todos y considerado levita y escriba, es decir, sacerdote y maestro, les da esa ley, esa constitución que necesitan, proclamando solemnemente, ante todo el pueblo reunido, la santa Ley de Dios. Ya vimos como respondió la gente: comprometiéndose a cumplirla y guardarla, llorando sus infidelidades y, a instancias de sus líderes, celebrando una fiesta nacional: la fiesta de la promulgación de la Ley divina. Desde ese remoto día, quinientos años antes de Jesucristo, hasta hoy, los judíos ordenan sus vidas según los mandatos de la Toráh o Pentateuco.

El texto de Lc 4, 14ss era un texto sin relevancia en la vida práctica de la comunidad cristiana hasta hace sólo 50 años, un texto olvidado, como tantos otros que hoy nos parecen fundamentales. Fue la teología latinoamericana la que puso de relieve este texto como capital. Lucas lo pone al inicio de la vida pública de Jesús. Puede que no corresponda a algo que aconteciera realmente al principio (Juan, de hecho, pone otros pasajes como comienzo de su evangelio), pero lo fue en su significación. O sea, tal vez no ocurrieron las cosas así (y no es posible saberlo históricamente), pero Lucas tiene razón cuando sitúa esta escena en su evangelio como un inicio programático que contiene ya, en germen, simbólicamente, toda su misión.

Jesús, sin duda, tuvo que interpretar muchas veces su propia vida con estos textos proféticos de Isaías. Parece obvio que Jesús vio su vida como el cumplimiento, como la prolongación de aquel anuncio profético de la “Buena Noticia para los pobres”. La misión de Jesús es el anuncio de la Buena Noticia de la Liberación. La “ev-angelización” (“eu-angelo” = buena noticia) no es más que una forma de la liberación, la “liberación por la palabra”.

Las aplicaciones son muchas, y bastante directas:

-La misión cristiana hoy, continuando la misión de Jesús, tiene que ser… eso mismo, o sea: “continuación de la misión de Jesús”, en sentido literal y directo. Ser cristiano, en efecto, será «vivir y luchar por la Causa de Jesús», sentirse llamado a proclamar la Buena Noticia de la Liberación, entendiéndolo en su literalidad más material también: la “Buena Noticia” tiene que ser «buena» y tiene que ser «noticia». No se puede sustituir semánticamente por el «catecismo» o la «doctrina». Jesús no vino a enseñar “la doctrina”; la “evangelización” de Jesús no fue una «catequesis eclesiástico-pastoral»…

-La misión de Jesús no puede pretender ser neutral, “de centro”, “para todos sin distinción”, no inclinada ni para los ricos ni para los pobres… como pretenden tantas veces quienes confunden la Iglesia con una especie de anticipo piadoso de la Cruz Roja… Lo peor que podría decirse del evangelio es que fuese neutral, que no se pronuncia, que no opta por los pobres… La peor ideología sería la que ideologiza el evangelio de Jesús diciendo que es neutro e indiferente a los problemas humanos, sociales, económicos y políticos, porque se referiría sólo a “lo espiritual”…

-Puede ser bueno recordar una vez más: Jesús está lejos de la beneficencia y del asistencialismo… No se trata de “hacer caridad” a los pobres, sino de inaugurar el orden nuevo integral, el único que permite hablar de una liberación real… Es importante caer en la cuenta de que muchas veces que se habla de opción “preferencial” por los pobres se está claramente en una mentalidad asistencial, muy alejada del espíritu de Lc 4, 14ss.

-La palabra evangelizadora, o es activa y práctica en la praxis de liberación, o es anti-evangelizadora. La palabra evangelizadora no es palabra de teoría abstracta. Es una palabra que hace referencia a la realidad y la confronta con el proyecto de Dios. “Evangelizar es liberar por la palabra” (Nolan). Una palabra que no entra en la historia, que no se pronuncia, que se mantiene por encima de ella o en las nubes, que no moviliza, no sacude, no provoca solidaridad (ni suscita enemigos)… no es heredera de la «pasión» del Hijo de Dios.

Algunos recursos para trabajar catequéticamente este evangelio y este tema: Leer más…

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