Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Cuaresma’

Ceguera, periferias y vulnerabilidades.

domingo, 22 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en Ceguera, periferias y vulnerabilidades.

ojos-cremalleraJn 9, 1- 41, Domingo 22 de marzo 2020

La ceguera es uno de los temas más repetidos en los Evangelios, pero en el Evangelio de Juan aparece siempre planteada como causa de la tiniebla o de la “ideología de la ley”. Así sucede en este texto. El ciego al que libera Jesús representa a un grupo dentro de Israel que ha vivido una opresión ancestral y no conoce más realidad que la oscuridad en la que transcurre su vida. Su sufrimiento y aislamiento es externo. Su desesperación le lleva a dejar que Jesús le unte los ojos con barro y saliva, como expresión de una nueva creación y recuperación para la vida y a bañarse en la piscina de Siloé. La alegría de su liberación contrasta con la sospecha de los fariseos y su acusación a Jesús por transgredir el sábado. La observancia les hace esclavos de la ley. Su ceguera es mucho mayor que la del ciego de nacimiento porque sus sospechas y la defensa de sus intereses les incapacitan para reconocer la misericordia actuante de Dios. Frente a los hombres de la ley, el ciego de nacimiento es capaz de reconocer la Buena Noticia de Dios que los fariseos niegan.

 

También nosotros y nosotras necesitamos liberar la mirada de múltiples cegueras que terminamos por naturalizar. Por eso eso necesitamos convertirla e invertirla y exponerla a las periferias sociales y existenciales, que son lugar preferente de la revelación de Dios. Recorrer quizás el mismo itinerario que hizo el ciego del texto de hoy, conscientes que para ir viendo con los ojos del Evangelio no bastan sólo las buenas intenciones, ni los buenos análisis, ni la mera voluntad, sino que hemos de dejar que sea Jesús quien nos tome de la mano, y como a otro ciego, el de Betsaida, nos saque de la ciudad (Mc 8, 23). Porque la mirada del Evangelio se aprende de forma privilegiada e inaudita en las afueras y en los abajo de la historia. En ellos podemos experimentar que la pedagogía desconcertante de Jesús con nosotras y nosotros, su modo de untarnos los ojos con saliva es la de aproximarnos a todos los orillados y expulsados, de manera que sean ellos, sus relatos, sus significaciones, los que vayan dándonos las instrucciones, las pistas, para aprender a mirar de manera nueva. Es este un aprendizaje lento que requiere paciencia, fidelidad y una gran confianza en Aquel que nos guía. Requiere también tocar fondo, perder miedo al vacío y desde esa desnudez, una vuelta a lo esencial que nos permita distinguir las sombras de la luz.

Quizás la crisis del corona-virus, sin quitarle un ápice a su dureza y la gran de tragedia que va a ser- que está siendo ya- para los y las más pobres, pueda ser un buen colirio para liberarnos de la ceguera de unas vidas centradas en la globalización de la indiferencia y el “sálvese quien pueda” y nos abra los ojos a la interdependencia, la solidaridad y el cuidado de la vida más vulnerable.

Pepa Torres Pérez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Sólo el que no sabe, mira.

domingo, 22 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en Sólo el que no sabe, mira.

Anteojeras.2Domingo IV de Cuaresma 

22 marzo 2020

Jn 9, 1-41

Se cuenta que, al ser cuestionada su teoría heliocéntrica, Galileo pidió al cardenal presidente del consejo que lo juzgaba que mirara por el telescopio para poder apreciar por sí mismo el movimiento de los planetas. A tal invitación, el cardenal contestó con tanta rapidez como vehemencia: “No necesito mirar por ningún sitio. Yo sé bien cómo son las cosas”. La creencia no indaga, pontifica; no le interesa la verdad, sino su propia autoafirmación.

          Indudablemente, el que sabe no mira –afirma que no necesita mirar–, porque su creencia constituye para él la única verdad. Sin duda, una de las características más peligrosas de toda creencia es su tendencia a identificarse con la verdad. En cuanto eso ocurre, la creencia constituye el mayor obstáculo para abrirse a la verdad, porque actúa como unas anteojeras que no permiten ver sino lo que previamente se ha aceptado. Por ese motivo, el que sabe –el que cree saber– no mira, no indaga e incluso llega a negar lo evidente.

         Es lo que les sucede a los fariseos en este magnífico relato compuesto por la comunidad de Juan, como catequesis bautismal. Aferrados a sus creencias –“quien no guarda el sábado no puede venir de Dios”, “nosotros sabemos que este hombre es un pecador”–, no pueden ver la realidad, llegando incluso a extremos patéticos.

      “Los que ven se quedan ciegos”, dice Jesús. Que podría traducirse de este modo: quienes creen ver están incapacitados para abrirse a la verdad.

       Solo el que no sabe mira. El reconocimiento socrático de que “solo sé que no sé nada” nos sitúa en actitud de indagación. Pero eso requiere soltar todas las creencias: religiosas y antirreligiosas, psicológicas, culturales e incluso “científicas” –también la ciencia que, por definición, estaría libre de toda creencia, suele caer en esa trampa al dar por supuestos determinados apriori nada científicos, como aquel que afirma que solo existe lo que puede ser medido o comprobado en un laboratorio–.

        Soltar las creencias significa, no solo no confundirlas con la verdad –la creencia no es la verdad, como la miel no es el dulzor–, sino aprender a tomar distancia de la mente y de todas sus construcciones –toda creencia no es sino un constructo mental, un pensamiento al que le otorgamos nuestra adhesión–, al advertir que la verdad no cabe en la mente ni puede ser dicha con palabras. Como bien dijera Krishnamurti, “solo una mente en silencio puede ver la verdad, no una mente que se esfuerza por verla”.

¿Cómo me posiciono ante las creencias?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Hoy la ética siempre, pero hoy en día más, es tratar de curar y sanar a ls personas

domingo, 22 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en Hoy la ética siempre, pero hoy en día más, es tratar de curar y sanar a ls personas

Cathedral-of-Monreale-mosaic-leper-wikipedia-Pd-1-740x493Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

La enfermedad, el coronavirus nos rodea o, más bien, ha invadido la sociedad, nos ha invadido, nos ha cambiado el ritmo de vida y nos ha sumido en una honda crisis no solo externa, sino interna.

                Vayan pues unas cuantas -pocas y breves- consideraciones al hilo de la situación que estamos viviendo.

CONSIDERACIONES:

  1. A Jesús le preocuparon poco -más bien nada- los ritos del Templo, los horarios, la ley a cumplir, el sábado, etc. A Jesús le preocupó la vida del ser humano; por eso Jesús pasó la vida haciendo el bien, sanando enfermos, curando dolencias.
  1. En estos momentos nuestra ética / moral no es “a ver cómo salvamos la Misas, el precepto dominical, la comunión en la boca en la mano, etc.”, no. Hoy, para nosotros el cristianismo supone cuidarse para cuidar a los demás, solidaridad y ayuda, en la medida en que nos sea posible, “cuarentena”. Siempre, pero más en estos momentos, nuestra moral es cuidar la vida.

E l complejo mundo de la medicina es también ética.

  1. La iglesia no se cierra; se cierran los locales de culto. La iglesia somos todos y cada creyente que estamos en estos momentos “recluidos” en casa. Todo somos cuerpo del Señor JesuCristo. Cristianos estamos en todas partes.
  1. Esta pandemia le puede recordar a alguien las plagas de Egipto. El Evangelio de este domingo es el de la curación del ciego de nacimiento, (Jn 9, 1-41). A los fariseos no se les ocurre otra cosa mejor que preguntarle a Jesús: “¿Quién pecó, éste o sus padres para que sea ciego? Jesús les contestó: no ha pecado nadie, ni éste ni sus padres

Que no se nos ocurra pensar que el coronavirus  es consecuencia de un pecado de nadie y, por tanto sea un castigo de Dios. Hay gente que es muy dada a culpabilizarlo todo y también estas situaciones. No, Dios no castiga. Más bien Dios está sufriendo con nosotros. Dios no es “impasible”. Dios padece cuando el ser humano sufre. Dios sufre con nosotros. Dios padece con los enfermos.

  1. En la soledad de estos días, semanas, cuidemos un poco también la salud mental: la “vida monacal” requiere alguna fortaleza psicológica.

         Tenemos un sin fin de entretenimientos, pero, quizás podamos echar también una “pensada” a la vida, pensar un poco las situaciones y problemas de la vida.

         La oración pone nuestra existencia personal y comunitaria en manos de Dios.

         Una palabra de ánimo, y cuando tengamos que saludar a la gente, es mejor saludar con el alma y no solo ni principalmente porque así evitamos el contacto físico, sino porque saludar con el alma es saludar desde lo profundo.

         Saludos, que viene de salud.

No abandonarás mi vida, Señor, (Salmo 16)

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Algo no va bien en la Iglesia”. 15 de marzo de 2020. 3 Cuaresma(A). Juan 4, 5-42.

domingo, 15 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en “Algo no va bien en la Iglesia”. 15 de marzo de 2020. 3 Cuaresma(A). Juan 4, 5-42.

La-bona-samaritanaLa escena ha sido recreada por el evangelista Juan, pero nos permite conocer cómo era Jesús. Un profeta que sabe dialogar a solas y amistosamente con una mujer samaritana, perteneciente a un pueblo impuro, odiado por los judíos. Un hombre que sabe escuchar la sed del corazón humano y restaurar la vida de las personas.

Junto al pozo de Sicar, ambos hablan de la vida. La mujer convive con un hombre que no es su marido. Jesús lo sabe, pero no se indigna ni le recrimina. Le habla de Dios y le explica que es un «regalo»: «Si conocieras el don de Dios, todo cambiaría, incluso tu sed insaciable de vida». En el corazón de la mujer se despierta una pregunta: «¿Será este el Mesías?».

Algo no va bien en nuestra Iglesia si las personas más solas y maltratadas no se sienten escuchadas y acogidas por los que decimos seguir a Jesús. ¿Cómo vamos a introducir en el mundo su evangelio sin «sentarnos» a escuchar el sufrimiento, la desesperanza o la soledad de las personas?

Algo no va bien en nuestra Iglesia si la gente nos ve casi siempre como representantes de la ley y la moral, y no como profetas de la misericordia de Dios. ¿Cómo van a «adivinar» en nosotros a aquel Jesús que atraía a las personas hacia la voluntad del Padre revelándoles su amor compasivo?

Algo no va bien en nuestra Iglesia cuando la gente, perdida en una oscura crisis de fe, pregunta por Dios y nosotros le hablamos del control de natalidad, el divorcio o los preservativos. ¿De qué hablaría hoy con la gente aquel que dialogaba con la samaritana tratando de mostrarle el mejor camino para saciar su sed de felicidad?

Algo va mal en nuestra Iglesia si la gente no se siente querida por quienes somos sus miembros. Lo decía san Agustín: «Si quieres conocer a una persona, no preguntes por lo que piensa, pregunta por lo que ama». Oímos hablar mucho de lo que piensa la Iglesia, pero los que sufren se preguntan qué ama la Iglesia, a quiénes ama y cómo los ama. ¿Qué les podemos responder desde nuestras comunidades cristianas?

 

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”. Domingo 15 de marzo de 2020. Domingo 3º de Cuaresma, ciclo A.

domingo, 15 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en “Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”. Domingo 15 de marzo de 2020. Domingo 3º de Cuaresma, ciclo A.

16-CuaresmaA3Leído en Koinonia:

Ex 17,3-7: Danos agua de beber
Salmo responsorial 94: Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: “No endurezcan el corazón”
Rom 5,1-2.5-8: El amor ha sido derramado en nosotros con el Espíritu que se nos ha dado
Jn 4,5-42: Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna

 Recordemos el carácter más o menos aleatorio que tiene la distribución de los textos bíblicos en la liturgia católica. No existe ninguna explicación de cómo se ha hecho tal distribución, ni de por qué tal texto en tal fecha. Una comisión lo decidió así, y no se conocen los criterios que siguió. Quien quiera puede conjeturar sobre ellos. Se observa una “asociación de ideas” o de imágenes entre la primera y la tercera lecturas, mientras la segunda con frecuencia va por sus caminos propios, sin ninguna relación a las otras. La sucesión de los domingos tampoco muestra un criterio claro (como podría ser el de dar pie a un proceso sistematizado de formación teológica o bíblica), ni se da oficialmente la libertad para que al menos algunas comunidades especiales (jóvenes, grupos de formación, ambientes especiales…) pudieran hacer su propio «calendario litúrgico»… Son temas que quedan pendientes para una próxima reforma litúrgica…

 Por lo demás, es claro que los textos propuestos en la liturgia están siempre a disposición de una interpretación libre. Son como una poesía o una imagen simbólica: cada comunidad es libre de abordarlos desde el punto de vista que prefiera, y es casi imposible que dos cristianos, dos biblistas o agentes de pastoral encuentren la misma resonancia ante un mismo texto: a cada uno le evocará recuerdos y sugerencias de acción distintos. «Lo que se recibe, se recibe según el modo de ser de quien recibe», dice el adagio clásico. Aquí también.

 Nuestro Servicio Bíblico Latinoamericano ofrece estos comentarios teológico-pastorales a los textos bíblicos de la liturgia (católica) también desde una sensibilidad propia, con un transfondo de opciones, de visión del mundo y de vivencia de la fe, propios. Y los ofrece con humildad, sabiendo que no son los únicos, ni los mejores; son simplemente los nuestros, los que podemos compartir con quienes sintonizan con esta espiritualidad que con frecuencia llamamos «latinoamericana», no necesariamente de un modo geográfico-material, sino en referencia a una «geografía espiritual»…

 Después de esta introducción que no es “propia de este domingo”, entremos de lleno al comentario de los textos.

 El texto estrella es el de la samaritana. Prácticamente, el capítulo cuarto entero del evangelio de Juan. El famoso episodio del encuentro de Jesús con la samaritana.

 Algo que nos parece importante siempre que se comenta un texto del evangelio de Juan, es la apelación a su carácter simbólico peculiar. Juan no es un evangelio sinóptico, no es un texto narrativo, ni lo que nos cuenta es probablemente histórico. Juan es un evangelio enteramente simbólico, en el que los símbolos han sido extrapolados hasta desplazar a la realidad. En Juan no hay símiles, sino identificaciones: «Yo soy la vid», le hará decir Juan a Jesús; no “yo soy como la vid”. Más aún: “yo soy la vid verdadera”, las demás vides -las de la realidad- no son verdaderas. “Yo soy el Pan verdadero”: el resto de los panes serían… sucedáneos. Yo tengo el agua verdadera, la que “salta hasta la vida eterna”; la otra, la del H2O, tal vez no quita la sed…

 Al comenzar a comentar cualquier texto del evangelio de Juan es bueno recordar este estilo literario y simbólico enteramente peculiar de Jesús. Por respeto al público oyente sencillo, es conveniente recordar muy claramente que no estamos escuchando sencillamente la narración de una conversación tal como fue, sino que se trata de una sofisticada composición teológica, con intenciones muy profundas y nada fáciles de detectar. Y que, claro está, se inscribe en el mundo mental e ideológico peculiar de Juan, enormemente alejado del nuestro; y que esta barrera cultural que nos separa del autor exige prudencia para no dar por válida cualquier conclusión.

 De entre las muchas interpretaciones de que este texto puede ser objeto, nos vamos a fijar en dos dimensiones menos acostumbradas, y muy elocuentes para hoy: la de la superación de la religión y, consecuentemente, la apertura al diálogo interreligioso.

 Está de moda el diálogo interreligioso en la teología y en el cristianismo en general. La situación del mundo actual no sólo lo posibilita sino que lo hace inevitable. El mundo actual está “barajado’ religiosamente. A diferencia del pasado, en el mundo actual las sociedades son plurales, cultural y religiosamente. Las migraciones, los intercambios de todo tipo, y la misma «mundialización», hacen que todas las religiones se encuentran hoy diariamente con las demás, mientras que durante milenios vivieron prácticamente aisladas, tan distantes, que cómodamente podían pensarse a sí mismas como únicas.

 Jesús no vivió en un contexto religiosamente plural, como el nuestro, pero sí tenía que pasar por Samaria en sus viajes entre Galilea y Jerusalén. Este episodio simbólico del evangelio de Juan nos permite representarnos el comportamiento de Jesús respecto a este pueblo que, si bien no era propiamente de “otra religión”, era considerado incluso como más distante, por ser tenido como hereje, o cismático.

 Jesús dialoga con la samaritana, incluso por propia iniciativa. Juan no nos lo presenta como a la defensiva o sólo respondiendo. La iniciativa original, el acercamiento al diálogo es de Jesús.

 Puede ser importante destacar que Jesús dialoga interreligiosamente porque tiene un transfondo de «teología pluralista de las religiones», como podríamos decir en lenguaje actual, con evidente anacronismo. No es primero el diálogo, y después la teología de las religiones, sino al revés: porque se tiene una visión abierta de la relación entre las religiones, es por eso por lo que se puede dialogar interreligiosamente.

 «¿Dónde hay que adorar, en Jerusalén o en Garitzín?», le pregunta la samaritana. O sea, más claramente, ¿cuál es la religión verdadera? Y Jesús tiene una respuesta verdaderamente revolucionaria, que todavía no han asimilado los teólogos del pluralismo religioso. Jesús no dice que Jerusalén o Gartizín resulten opciones inválidas (religiones falsas), pero sí dice que quien quiera ir más al fondo («los verdaderos adoradores») no va a tener que ir ni a un lugar ni a otro, no van a tener que vivir con una u otra religión, sino «en espíritu y en verdad», es decir, adentrándose verdaderamente en la «religación» profunda.

 Es una respuesta revolucionaria: las religiones son relativas, hay algo más allá de ellas, a cuyo servicio están todas –o debieran estarlo–. No hay «una religión absoluta», a la que todas las demás deban ceder el paso. La única religiosidad absoluta (la “única religación verdadera”) es la «adoración en espíritu y en verdad», más allá de una u otra religión.

 Un autor como Thomas Sheehan (The First Coming: How the Kingdom of God Became Christianity, Random House 1986), sostiene que la novedad de Jesús consiste en la abolición de todas las religiones, de forma que podamos redescubrir nuestra relación con Dios («religación») en el mismo proceso de la creación y de la vida, en la historia. Puede asustar semejante afirmación, pero sólo de entrada. Pensándolo bien, recordaremos que Jesús no «fundó» la Iglesia (es ésta la que se fundó después, y se fundó en Jesús). Jesús siempre se mantuvo judío, y nunca pensó en fundar otra religión, sino en todo caso en superarla. ¿Habrá sido el cristianismo una dimidiada inteligencia de lo que Jesús quería, aquello que luego cristalizó en el siglo IV en medio de los enormes condicionamientos históricos de aquella época marcada por un imperio en decadencia? ¿Será que hoy, en medio de una grave crisis de las religiones y particularmente de las instituciones religiosas, se nos presenta una nueva y mejor oportunidad de entender y poner en práctica el mensaje de Jesús? No sabemos, pero la vuelta a Jesús nos invita a reflexionar y discernir con humildad, y a buscar con paciencia.

 Se extiende y se cita cada día más la distinción entre «religión y religación»… y aparece como más importante la segunda, la «religación» -sin atarse demasiado a su etimología-, mientras que la religión, las religiones, no serían más que formas concretas diferentes que esa dimensión profunda del ser humano ha adoptado en una determinada época de la historia. Lo importante -es obvio- no son las formas, sino el contenido que vehiculan, la dimensión profunda a la que responden. ¿Y quién nos dice que esa dimensión profunda de «religación» no puede asumir otras formas diferentes, o que no las está asumiendo ya, y que eso que llamamos «crisis de la religión» no sea más que una transformación hacia las formas que la religación va a adoptar en el próximo futuro? Probablmente la crisis de la religión va a ser -o está siendo ya- la mejor oportunidad de la religación. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

La Buena Samaritana: Primer «apóstol», de Iglesia. Dom 3 Cuaresma, ciclo A (Jn 4, 5-42)

domingo, 15 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en La Buena Samaritana: Primer «apóstol», de Iglesia. Dom 3 Cuaresma, ciclo A (Jn 4, 5-42)

B3E35AA6-C07B-45E8-84B1-2235A4445F52Del blog de Xabier Pikaza:

Éste es el domingo de la Samaritana, cuya figura debe completarse con la del del Samaritano de Lc 10, 25‒36, formando un espléndido retablo de la Iglesia de Jesús judío, culminando la historia de los samaritanos, tenidos como “herejes” por los judíos.  Éstos son los rasgos principales de la escena, que evocaré de forma introductoria, para presentar después el texto y un comentario algo más extenso.

  1. La Samaritana es  el primer apóstol, fundadora de la Iglesia de Samaría. El texto evoca el surgimiento de esa Iglesia, tema al que Juan ha dedicado este capítulo (Jn 4, 5‒42) y Lucas un capítulo central del libro de los Hechos (4, 5‒42), aunque con una diferencia básica.
  2. Según Hechos, el fundador de la iglesia de Samaría fue Felipe, el diácono, pero su labor tuvo que ser completada por los apóstoles, Pedro y Juan, porque Felipe no tenía “autoridad para crear iglesias”. Según Jn 4 la fundadora es una mujer,que habla de su encuentro con Jesús en el pozo, sin que tengan que venir apóstoles de Jerusalén, Antioquía o Roma para completar su obra.
  3. Esta mujer  es el primer apóstol y testigo de Jesús. Ella ha venido antes que Pedro y Juan, que todos los apóstoles varones, incluso antes que las otras mujeres de Juan (a excepción de la madre de Jesús, que aparece ya en Jn 2: Caná de Galilea). Antes que Marta y María, las de Betania y antes que María Magdalena. Ella es la Apóstola Fundadora de primera Iglesia de Samaría (por amor, por encuentro ante el pozo), mientras los varones andan por ahí comprando comida. Ella es, según Juan, el principio de todas las iglesias.
  4. La “historia” de esta mujer 4 ha sido recordada por la iglesia posterior de un modo “sentimental”, como mujer‒guapa, prostituta‒convertida, inspiración para  devotas o contemplativas pero el evangelio de Juan la presenta como fundadora de Iglesia, una figura especial para siglo XXI, un momento clave en que la nueva iglesia “samaritana” ha de ser refundada por mujeres como ella, que buscan amor‒vida, nueva humanidad, junto al Pozo de Jacob, mientras los varones de iglesia buscamos comida (no para los pobres, sino para nosotros).
  5.              Éstos son algunos de los rasgos que quiero destacar en lo que sigue. Presento primero el texto, luego un comentario, para el que tenga tiempo de seguir conmigo:

    Juan 4,5-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber.» Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.» La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?» Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.» La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.»

[Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve.» La mujer le contesta: «No tengo marido.» Jesús le dice: «Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.»La mujer le dice: «Señor,] veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.» Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.» La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.» Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo.»

[En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?» La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: «Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que ha hecho; ¿será éste el Mesías?» Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.

Mientras tanto sus discípulos le insistían: «Maestro, come.» Él les dijo: «Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.» Los discípulos comentaban entre ellos: «¿Le habrá traído alguien de comer?» Jesús les dice: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.»]

En aquel pueblo muchos [samaritanos] creyeron en él [por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho.»] Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.»

UN TEXTO BÁSICO. DIEZ PRINCIPIOS

 Hay una bibliografía infinita sobre el tema. Yo recomendaría dos obras. (a) Juan MateosJuan Barreto, El evangelio de Juan: análisis lingüístico y comentario exegético, Cristiandad, Madrid 1979, 230-251. (b) Gonzalo Fontana Elboj, El evangelio de Juan: la construcción de un texto complejo: orígenes históricos y proceso compositivo, Universidad de  Zaragoza  2014

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Jesús en Samaria y un borracho en La Coruña. Domingo 3º de Cuaresma. Ciclo A.

domingo, 15 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en Jesús en Samaria y un borracho en La Coruña. Domingo 3º de Cuaresma. Ciclo A.

02Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Acto I: Jesús y la mujer

Al alzarse el telón, se ve un valle, no muy grande, entre dos montes; a la derecha el Ebal, a la izquierda el Garizim. En el centro un pozo. Los discípulos han ido al pueblo a comprar provisiones. Solo se ve a Jesús, sentado en el brocal, con aspecto cansado. Entra por el fondo una mujer con un cántaro. Lo mira un momento, deja el cántaro en tierra y se dispone a sacar agua del pozo. Jesús, sin ningún preámbulo, sin saludar siquiera, le dice.

― Dame de beber.

(La mujer lo mira sorprendida y le responde con tono irónico.)

― ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? Los judíos no se tratan con los samaritanos.

(Jesús sonríe ligeramente y le habla con igual ironía)

― Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.

(La mujer lo mira con recelo, pensando que se trata de un loco inofensivo. Ata la soga al cubo y se dispone a tirarlo al pozo)

― Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva? ¿Eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?

― El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.

(Se oye el golpe seco del cubo contra el agua. Al cabo de un momento, la mujer comienza a tirar mientras le dice sonriendo).

― Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.

(Jesús también sonríe. Cuando la mujer apoya el cubo en el brocal, antes de que empiece a llenar el cántaro, le dice)

― Anda, llama a tu marido y vuelve.

― No tengo marido.

― Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.

(La mujer lo mira sorprendida)

― Señor, veo que tú eres un profeta.

(Su actitud cambia por completo, ya no lo mira como a un bicho raro ni le habla en broma. Se siente desconcertada y curiosa. Cuando termina de llenar el cántaro mira a la montaña que tiene enfrente, el Garizim, y le comenta).

― Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.

― Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.

(La mujer no se ha enterado de mucho, pero no pide aclaraciones).

― Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.

― Soy yo, el que habla contigo.

            (La mujer lo mira con una mezcla de asombro y miedo. Está a punto de decir algo pero en ese momento comienzan a entrar los discípulos. Coge el cántaro, pero cuando se lo lleva a la cintura, se detiene un momento y lo deja en tierra, junto al pozo. Sale apresurada sin llevárselo.)

Acto II: La mujer y sus paisanos

(La escena se desarrolla en Sicar, pueblecito cercano al pozo. Pocas casas, niños pequeños jugando. La mujer entra corriendo y llama a las vecinas.)

― Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho.

(Una vecina, irónica)

― ¿Todo?

― Sí, todo. Que he tenido cinco maridos.

― ¿Y te ha dicho algo del que tienes ahora?

― Sí. También lo sabe. ¿Será éste el Mesías?

(Comienzan a entrar hombres que vuelven del campo. La mujer les repite lo ocurrido)

― Está en el pozo. Si queréis, vamos a verlo.

(Todos se ponen en marcha)

Acto III: Jesús y los discípulos

            El mismo escenario del primer acto. Jesús sigue sentado en el brocal del pozo. Los discípulos le ofrecen pan y queso, pero no los toca. Ellos se sientan en el suelo y empiezan a comer. Al cabo de un rato, Pedro y Juan se acercan a Jesús.

― Maestro, come.

(Jesús no se dirige a ellos, habla a todo el grupo)

― Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.

(Andrés le comenta a Santiago)

― ¿Le habrá traído alguien de comer?

― Como no haya sido la mujer que estaba aquí cuando llegamos… Pero ésa sólo llevaba un cántaro cuando nos la cruzamos por el camino.

(Jesús oye el comentario y se dirige de nuevo a todos)

― Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: «Uno siembra y otro siega». Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.

(Felipe mira a Tomás)

― ¿Te has enterado de algo?

― De nada. Bueno, de lo primero que dijo: que cumplir la voluntad de Dios le alimenta tanto como el pan y el queso.

― Pues tiene mérito. Ya lo quisiera yo para mí.

Acto IV: Jesús y los samaritanos

            Van entrando los habitantes de Sicar con la mujer al frente y rodean a Jesús mientras lo miran con curiosidad. La mujer le habla esta vez con enorme respeto.

            ― Señor, nos gustaría que te quedaras unos días en nuestro pueblo.

            (Jesús los mira con una sonrisa irónica)

― ¿Cómo vosotros, que sois samaritanos, le pedís a un judío que se quede en el pueblo?

― La mujer dice que tú lo sabes todo. Y que la salvación viene de los judíos.

(Jesús guarda silencio mientras los del pueblo lo miran expectantes)

― Está bien. Me quedaré con vosotros dos días.

― ¿No pueden ser más? ¿Tanta prisa tienes?

― Yo no tengo que enseñarlo todo. Como dice el proverbio: «Uno siembra y otro siega». Más adelante vendrán algunos de éstos a recoger el fruto de lo que yo he sudado.

Final

Han pasado los dos días. En el centro de la escena un grupo numeroso de samaritanos rodea a la mujer mientras contemplan cómo Jesús y sus discípulos desaparecen camino de Galilea.

― ¿Llevaba yo razón cuando os dije que podía ser el Mesías?

― Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.

COMENTARIO

Los evangelios de los domingos 3º, 4º y 5º de Cuaresma del ciclo A, tomados de san Juan, presentan a Jesús como fuente de agua viva (Samaritana), luz del mundo (ciego de nacimiento) y vida (resurrección de Lázaro). Son tres símbolos de nuestras necesida­des más fuertes (agua, luz, vida), y de cómo Jesús puede llenar­las.

Tres aguadores y tres tipos de agua

Las lecturas del domingo 3º hablan de tres personajes famosos (Jacob, Moisés, Jesús) relacionándolos con el don del agua. En gran parte del mundo, beber un vaso de agua no plantea problemas: basta abrir el grifo o servirse de una jarra. Pero quedan todavía muchos millones de personas que viven la tragedia de la sed y saben el don maravilloso que supone una fuente de agua.

            En el evangelio, la samaritana recuerda que el patriarca Jacob les regaló un pozo espléndido, del que se puede seguir sacando agua después de tantos siglos. En la primera lectura, Moisés sacia la sed del pueblo golpeando la roca. De vuelta al evangelio, Jesús promete un manantial que dura eternamente.

            Aparentemente, el mismo problema y la misma solución. Pero son tres aguas muy distintas: la de Jacob dura siglos, pero no calma la sed; la de Moisés sacia la sed por poco tiempo, en un momento concreto; la de Jesús sacia una sed muy distinta, brota de él y se transforma en fuente dentro de la samaritana. Este milagro es infinitamente superior al de Moisés: por eso la samaritana, cuando termina de hablar con Jesús, deja el cántaro en el pozo y marcha al pueblo. Ya no necesita esa agua que es preciso recoger cada día, Jesús le ha regalado un manantial interior.

Interpretación histórica y comunitaria

            Quizá la intención primaria del relato era explicar cómo se formó la primera comunidad cristiana en Samaria. Aquella región era despreciada por los judíos, que la consideraban corrompida por multitud de cultos paganos. De hecho, en el siglo VIII a.C., los asirios deportaron a numerosos samaritanos y los sustituyeron por cinco pueblos que introdujeron allí a sus dioses (2 Reyes 17,30-31); serían los cinco maridos que tuvo anteriormente la samaritana, y el sexto (“el que tienes ahora no es tu marido”) sería Zeus, introducido más tarde por los griegos. Sin embargo, mientras los judíos odian y desprecian a los samaritanos, Jesús se presenta en su región y él mismo funda allí la primera comunidad. Los samaritanos terminan aceptándolo y le dan un título típico de ellos, que sólo se usa aquí en el Nuevo Testamento: «el Salvador del mundo». En esa primera comunidad samaritana se cumple lo que dice Jesús a los discípulos: «uno es el que siembra, otro el que siega». Él mismo fue el sembrador, y los misioneros posteriores recogieron el fruto de su actividad. Y en esa labor misionera tendría especial valor la actividad de aquella mujer que puso en contacto a sus paisanos con la persona de Jesús.

Interpretación individual

            Pero el mensaje de este evangelio no se limita a esta interpretación. Hay dos detalles que obligan a completar la lectura comunitaria con una lectura más personal. El primero es la curiosa referencia al cántaro de la samaritana. Lo ha traído para buscar agua, pero al final, después de hablar con Jesús, lo deja en el pozo. Jesús le ha dado un agua distinta, que se ha convertido dentro de ella en un manantial. El segundo detalle es la relación estrecha entre la promesa de Jesús de dar agua, su invitación posterior, durante la fiesta en Jerusalén: «el que tenga sed, que venga a mí y beba» (Juan 7,37-38), y lo que ocurre en el calvario, cuando lo atraviesan con la lanza y de su costado brota sangre y agua (Juan 19,34). El tema central no es ahora la fundación de una comunidad, sino la relación estrecha de cualquier creyente con él. La persona que tiene su sed material cubierta, aunque sea con el esfuerzo diario de buscarse el agua, pero que siente una distinta, una insatisfacción que sólo se llena mediante el contacto directo con Jesús y la fe en él.

Otra agua y otro pan

            Un último detalle sobre la enorme riqueza simbólica de este episodio. La samaritana se olvida de beber. Jesús se olvida de comer. Aunque los discípulos le animen a hacerlo, él tiene otro alimento, igual que la mujer tiene otra agua.

            ¿Cuál es esa agua que Jesús ha dado a la samaritana? Releyendo el relato, se advierte que la mujer va cambiando su imagen de Jesús. Al principio lo considera un simple judío, que no le merece gran respeto. Luego lo descubre como profeta, conocedor de cosas ocultas. Más tarde se pregunta si no será el Mesías, alguien que merece toda su consideración, aunque destruya sus convicciones religiosas precedentes; alguien que le revela la recta relación con Dios.

            En el Antiguo Testamento se usa a veces la metáfora de la sed y del agua para expresar el deseo de Dios: «Como suspira la cierva por las corrientes de agua, así suspira mi alma por ti, Dios mío» (Sal 42). Ese nuevo conocimiento de Dios y de Jesús es el agua que se ha llevado la samaritana, la que no necesita el viejo cántaro, que puede quedar olvidado junto al pozo de Jacob.

Tres policías mueren por salvar a un borracho (Romanos 5,1-2.5-8)

            Ocurrió en La Coruña en la madrugada del 27 de enero de 2012, cuando un universitario eslovaco, con más cubatas de la cuenta, se empeñó en bañarse por la noche en la playa a pesar de que las condiciones del mar lo desaconsejaban. Cuando se estaba ahogando, tres policías se lanzaron al agua para salvarlo. Los tres murieron ahogados, igual que el muchacho. Me indignan estas personas irresponsables que ocasionan la muerte de gente inocente, mejores que ellos.

Playa de la coruña

            Pero este hecho me trae a la memoria las palabras de Pablo en la segunda lectura: «Por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros». Nosotros nos parecemos al universitario borracho; si arriesgamos estúpidamente nuestra vida, nadie debe perder la suya por salvarnos. Sin embargo, eso es precisamente lo que hizo Jesús y lo que celebraremos en la próxima fiesta de Pascua. Algo que nunca podremos agradecer debidamente.

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Tercer Domingo de Cuaresma. 15 Marzo, 2020

domingo, 15 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en Tercer Domingo de Cuaresma. 15 Marzo, 2020

643A47B3-FAC0-4180-9D51-93B194881159

«Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que quienes quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así.

Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.”

(Jn 4,5-42)

Damos un paso más en este camino de la Cuaresma y dejamos atrás el monte, el día de retiro y convivencia, el día de intimidad y experiencia de Dios.

El evangelio de este domingo nos planta en medio de Sicar, un pueblo de Samaría. Junto a un manantial a una hora tranquila. El paisaje de hoy es un encuentro.

Un hombre junto a un pozo y una mujer con un cántaro. Jesús que, una vez más, se ha querido quedar solo. Dice el texto que estaba cansado del camino.

Quizá también nosotras a estas alturas de la Cuaresma también necesitamos sentarnos junto a un pozo y descansar. Y si además de descansar llega alguien que nos puede dar un poco de agua todavía mejor.

Así pasó aquella tarde. Jesús cansado junto al pozo ve llegar a una mujer y le pide de beber. Provoca un encuentro. Se cuela en la vida de esta mujer y la transforma.

Todo el diálogo entre Jesús y la mujer es precioso y profundo, daría para muchas páginas de reflexión, pero sobre todo, para muchos ratos de oración. Nos introduce de lleno en esa manera de adorar a Dios en espíritu y en verdad.

Una manera de relacionarnos con Dios que supera y trasciende geografías, culturas e incluso religiones. Que desborda leyes, preceptos y normas.

El Dios que nos anuncia Jesús se nos escapa del Templo y sobre todo de sus mentiras y anda de pueblo en pueblo, de corazón en corazón con la verdad desnuda.

Oración

Danos, Trinidad Santa, el agua de tu Espíritu, el agua de la verdad que apaga nuestra sed. Amén

 

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Dios es Espíritu y es vida

domingo, 15 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en Dios es Espíritu y es vida

samaritanaJn 4, 5-42

Hoy y los dos próximos domingos vamos a leer evangelios de Juan: La Samaritana, el ciego de nacimiento y Lázaro. El “yo soy” característico de Jn, se repite en los tres: yo soy agua viva, yo soy luz, yo soy vida. Todo son símbolos que quiere trasmitirnos la teología más avanzada de todo el NT. El relato de hoy es una catequesis, que invita al seguimiento de Jesús como dador de Vida. Ni en este templo, ni en Jerusalén, ni en ningún otro templo se puede dar el verdadero culto a Dios. Nuestro culto no es más que idolatría.

Jesús se encuentra de paso por Samaría. Samaría y Galilea eran una misma nación antes de la división entre Judea y Palestina. Aunque tenía los mismos antecedentes religiosos, su trayectoria había sido muy distinta. Por eso, los samaritanos eran despreciados por los judíos como herejes. El peor insulto para un judío era llamarle samaritano.

Jesús va ocupar el lugar del pozo. Él es el agua viva, que va a sustituir la Ley y el Templo. La sustitución, de Templo y Ley por Jesús, es la clave de todo el relato. La mujer no tiene nombre, representa la región de Samaría que va a apagar su sed en la tradición (el pozo). Jesús está solo. Se trata del encuentro del Mesías con Samaría, la prostituta, la infiel. El profeta Oseas de Samaría había denunciado la prostitución de esta tierra.

Jesús toma la iniciativa y pide de beber a la Samaritana. Se acerca a la mujer implorando ayuda. Ella tiene lo que a él le falta y necesita, el agua. Es lógica la extrañeza de la mujer. Jesús acaba de derribar una doble barrera: la que separaba a judíos y samaritanos y la que separaba a hombres de mujeres. Se presenta  como un ser humano sin pretensiones por el hecho de ser judío. Reconoce que una mujer puede aportarle algo valioso.

Jesús le ha pedido un favor, pero está dispuesto a corresponder con otro mucho mayor. Jesús se muestra por encima de las circunstancias que separan a judíos y samaritanos; se niega a reconocer la división, causada por las ideologías religiosas. La mujer no conoce más agua que la del pozo (figura de la ley) que solo se puede conseguir con el esfuerzo humano. No ha descubierto que existe un don de Dios gratuito.

El agua-Espíritu que da Jesús, se convierte en manantial que continuamente da Vida. Esa Vida contiene la energía suficiente para desarrollar a cada ser humano desde su dimensión personal más profunda. No se trata de añadidos externos (Ley). El Hombre recibe Vida en su raíz, en lo profundo de su ser. Como el agua hay que extraerla del pozo, el agua del Espíritu hay que sacarla de lo hondo de uno mismo.

La dificultad para comprender el mensaje está muy bien expresada con el equívoco que se mantiene durante la conversación. Jn es un experto en la utilización de la falsa comprensión de un aserto para insistir en la explicación. Jesús habla de la Vida y la Samaritana habla del agua para beber. La mejor demostración de que mantenemos la ambivalencia es que nos han puesto como primera lectura el pasaje de Éxodo donde la prueba de que Dios está  o no está con el pueblo es que les dé o no el agua para beber.

El sentido de los versículos, que se refieren a los maridos, hay que buscarlo en el trasfondo profético, que nos lleva a la infiel relación de Samaría con Dios. En Os 1,2 la prostituta y en Os 3,1 la adúltera, son la imagen del reino de Israel que tenía a Samaría como capital. Su prostitución consistía en haber abandonado al verdadero Dios, con el que había hecho una ‘alianza’ y haberse ido detrás de los cinco ídolos.

Los samaritanos eran descendientes de dos grupos: a) resto de los israelitas que no fueron deportados cuando cayó el reino del norte en el 722 a, C.: b) Colonos extranjeros traídos de Babilonia y Media por los conquistadores. Estos trajeron también sus dioses que con el tiempo, fueron aceptados por el resto de los habitantes.

El número 5 es simbólico: Los samaritanos admitían solo los 5 libros del Pentateuco. Los colonos traídos por los asirios eran de 5 ciudades y de cada una habían traído su propio dios. En 2 Re 17,24 se mencionan 5 ermitas en Samaría. Se usaba el termino «Ba´al» para designar al esposo, pero era también el nombre de una divinidad. Samaría ha tenido cinco dioses, y el que tiene ahora (Yahvé) al compartirlo, tampoco es su (Ba´al).

Samaría se ha entregado a otros maridos-señores-dioses. Está pues alejada de Yahvé. Debe recuperar su verdadero esposo (Dios). Os 2,18: “Aquel día… me llamarás esposo mío, ya no me llamarás baal mío. Le apartaré de la boca los nombres de los baales”. Jesús le dice que su culto está prostituido, por eso ella pasa luego al tema del templo.

Los samaritanos del momento pretendían dar culto a Yahvé, pero al admitir otros dioses en realidad habían roto con él. En Jesús se personifica la actitud de Dios que no ha roto con Samaria sino que la busca. El agua tradicional (Ley) no había conseguido apagar la sed del pueblo que seguía buscando. La búsqueda les había llevado a la multiplicidad de maridos-señores-dioses. El agua que da Jesús es el encuentro definitivo con Yahvé.

La Samaritana descubre que Jesús es un profeta por la profundidad del planteamiento religioso. La imagen de profeta que tiene la mujer es la de (Dt 18,15) profeta semejante a Moisés (Taheb) que restauraría el verdadero culto. La mujer sigue aferrada a la tradición: «nuestros padres». Piensa que hay que encontrar la solución sin salir de lo antiguo, que es la única realidad que conoce. No ha descubierto aún la novedad de la oferta de Jesús.

Jesús no parte de la perspectiva de la mujer, sino de otra muy distinta. También el templo de Jerusalén está prostituido. Las dos alternativas son equivocadas. Su oferta es algo nuevo. Se trata de un cambio radical. Jesús mismo será el lugar de encuentro con Dios. Dios adquiere un nombre nuevo: «Padre». Esta paternidad excluye privilegios y exclusiones. Esta relación con Dios directa, sin intermediarios, hará posible la unidad.

«Dios es Espíritu». Debemos tener en cuenta que ‘Espíritu’, desde la mentalidad griega, significa simplemente un ser no material. Desde la mentalidad judía, tiene una gama de significados mucho más rica. Significa que Dios es fuerza, dinamismo de amor, Vida para todos los hombres. El agua viva es la experiencia constante de la presencia y el amor del Padre. Padre, porque comunica su propia Vida, trasformando al hombre en Espíritu.

El culto antiguo exigía del hombre una renuncia de sí. Era una humillación ante un Dios soberano. El nuevo culto no humilla, sino que eleva al hombre, haciéndole cada vez más semejante al Padre. El culto antiguo subrayaba la distancia; el nuevo la suprime. Dios no necesita ni espera dones. Los samaritanos aceptan a Jesús y le piden que se quede un tiempo con ellos. Los herejes están más cerca de Dios que los ortodoxos judíos.

Meditación

Dios es todo Espíritu y solo Espíritu.
Como Espíritu (Neuma, Ruaj) está difundido por toda la realidad.
Adorarle en espíritu, es tomar conciencia de lo que es en nosotros.
Es experimentarlo como el aspecto fundamental de nuestro ser.
Como verdadero centro del ser, irradia el resto de nuestro ser.
Como Absoluto, nos invade, identificarnos con él.

Para profundizar

1) Ni en Garicín ni en Jerusalén ni en Roma ni en la Meca ni en Prado Nuevo,
nuestro culto sigue siendo idolátrico.
Seguimos cosificando y localizando a Dios.
2) Dios es Espíritu. No es un espíritu más.
Es el Único Espíritu que lo llena todo.
Es la Única Realidad. Lo que no es Realidad es apariencia.
Yo mismo soy esa Realidad y nunca dejaré de serlo.
Lo que creo ser, es una ilusión que me he creado.
3) No tiene sentido buscar lo que siempre he sido.
Si creo que lo he encontrado, me he fabricado el ídolo.
4) Soy el pez que busca desesperadamente el océano.
Soy la ola que nunca deja de ser mar.
Si me considero ola, pensaré que nada sería sin el mar.
5) Nunca podrás conseguir lo que ya eres.
Esta es la mayor trampa de la espiritualidad.
Nunca vas a ser más de lo que en este instante eres.
6) Abandona toda búsqueda y queda donde estás.
Toma conciencia de que eres el Absoluto sin limitaciones.
Vive la Realidad que eres sin complejos ni miedos.
7) Abandona todos tus proyectos y programaciones.
En este instante eres lo que siempre has sido y lo que siempre serás.
No existe ningún dios-ídolo que te pueda dar nada.
8) No esperes nada porque tu vaso está colmado.
Derrámate en los demás sin miedo, nunca podrás ser menos.
Nunca más sientas sed porque el Agua Viva te llena.
9) Confía en lo que eres y no en lo que puedes llegar a ser.
Vive en la paz absoluta porque nada ni nadie te puede aniquilar.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Epístola al Reino animal y vegetal.

domingo, 15 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en Epístola al Reino animal y vegetal.

pajaro-comerMi deseo es quedarme así siempre: viviendo con tranquilidad en un pequeño rincón de la naturaleza (Claudio Monet)

15 de marzo. DOMINGO III DE CUARESMA

Jn 4, 5-42

Jesús les dijo: Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis

¿Se alimentaba Jesús como las aves del cielo y se vestía de blanco como los lirios del campo? Los que le conocían me dijeron que todo eso era cierto, y yo, queridos Reinos animal y vegetal, me limito a ser telediario de la Historia.

“El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos (…) además del árbol de la vida” (Génesis 1, 26)

Con relación a la existencia, el hombre ha defendido sus derechos, escudándose en el primer relato de la creación: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza para que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos y los reptiles del suelo”.

Pero, en cambio, hemos desconocido el segundo relato: “El señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el Parque del Edén para que lo cuidara y cultivara”.

Debería inspirar, como dicen Gonzalo Haya y Vicente Haya en el libro Encuentros con el Jesús arameo, a que el hombre ejerciera como hermano, y los signos de los tiempos nos están mostrando a través de las ciencias biológicas, que entre los animales y los hombres existe mayor continuidad de la que creíamos.

Y yo me atrevería a ir más lejos afirmando que somos Hijos de las estrellas, como se titula el libro de la chilena María Teresa Ruiz: es decir, de la materia primigenia.

Ignacio de Loyola quería que sus ejercitantes vieran “cómo Dios habita en las criaturas, en los elementos, dando el ser en las plantas vegetando, en los animales sensando, en lo hombres dando a entender”.

Y ya Jesús, que no podía ser menos hablando acerca de esta materia, nos exhortó diciendo: “Mirad las aves del cielo, no siembran ni cosechan, ni recogen en graneros, pero vuestro Padre celestial los alimenta (…), observad los lirios del campo cómo crecen, no se fatigan ni hilan; pero yo os digo que ni Salomón en toda su gloria, se vistió como uno de ellos” (Lc 12, 27).

El pintor Claudio Monet, que pintaba cuadros como el de Las amapolas, decía con sus pinceles: “Mi deseo es quedarme así siempre: viviendo con tranquilidad en un pequeño rincón de la naturaleza”.

Un pensamiento el suyo, verde y rojo, en el que pocos no se sentarían, para pasarse tardes enteras contemplándolo, acompañados de las aves del cielo, de los lirios del campo, y de Salomón, vestido con toda su gloria.

Los animales, los árboles y las plantas son símbolos de la Naturaleza, así como el agua y el aire son símbolos naturales que forman el ambiente y que estamos destruyendo, olvidándonos del mandato genesíaco de cuidarlo.

El poeta canario Luis Alfonso Ramos, se preocupa por esto en su poema

LA NATURALEZA

El mar es azul pues es el gran reflejo del cielo,
la vida se vive aquí en este planeta llamado tierra y con,
el cantar de las aves expresa una sincera alegría
y un astro ilumina con gozo y felicidad cada día.

La lluvia cae como símbolo de pureza que existe,
desafortunadamente son pocos hoy en día
los que respetan la naturaleza.

Pero lo que sí es cierto es que nosotros vivimos gracias a ella,
necesitamos de ella, aunque no lo sabemos,
pues lo único que hacemos es maltratarla.

Cada noche me duermo escuchando un sonido,
un sonido que me dice
que tengo la naturaleza cerca, tan cerca
que respiro el aroma de una flor sencilla.

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

De pozos en el desierto a manantiales de agua viva.

domingo, 15 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en De pozos en el desierto a manantiales de agua viva.

samaritanaJuan 4, 1-41

El encuentro con Jesús invita a la samaritana y, nos invita a nosotros, a descubrir el manantial de agua viva que fluye en nuestras entrañas en lugar de seguir siendo buscadores de “pozos en el desierto”

El evangelio de este domingo nos presenta una catequesis larga y preciosa del evangelio de Juan, en la que todos los detalles son significativos. Nos acercamos a la experiencia que nos narra, dejando que “resuene” en nosotros y reavive nuestras propias experiencias.

  1. Experiencia de una mujer, experiencia de vida rutinaria, de insatisfacción y búsqueda

Nos encontramos en primer lugar con la experiencia de esta mujer, la samaritana. Su vida está ocupada, enredada en tareas rutinarias, muchas de ellas pesadas y repetitivas, como sacar el agua necesaria para la vida de la familia “todos los días”, bajo el sol, trabajosamente… Experiencia que ella vive como algo “cerrado”, determinado, no elegido… Cuando lo que desea es poder dejarlo, salir de ello… Por eso, tras las primeras palabras de Jesús lo que expresa es un deseo de librarse de esta tarea: “No tener que volver aquí…”

¿No es esta de alguna forma nuestra experiencia? ¿Cuántos de nosotros no hemos experimentado y sentido alguna vez en nuestra vida que son esas tareas rutinarias, esos trabajos que no podemos dejar, los que nos impiden vivir plenamente, incluso nuestra fe? Lo que menos puede esperar ella y nosotros, es que en medio de esa rutina, nuestra vida pueda dar un giro y ser otra, por encima de las tareas y circunstancias.

Además, podemos descubrir en el texto que, su situación es para ella una experiencia de insatisfacción y búsqueda. Insatisfacción de esa agua que ella cada día acude a sacar y que no sacia su sed más que unas horas. Insatisfacción más honda, que reconoce guiada por las palabras de Jesús: “no tengo marido”. No tengo un proyecto de vida compartido con un hombre, con otra u otras personas, en el matrimonio y en otros ámbitos de relación y convivencia, aunque reconoce, por las palabras de Jesús, que “ha tenido cinco baales”, cinco “señores” o realidades que han acaparado su vida y no le han llevado a la salvación ni a la felicidad…

Sin casi darse cuenta, a ella como a nosotros, Jesús le empieza a hablar de “otra agua” y a mostrarle el camino hacia esa fuente que está en su corazón y ella empieza a dar el paso. Pero, como muchas veces nos pasa a nosotros, rápido retrocede y le devuelve una pregunta menos personal, desvía el dialogo intimo al dilema de su pueblo… se parapeta y defiende en el grupo, tras las etiquetas, “vosotros los judíos”, “nosotros los samaritanos”… No sea que lo descubierto la desestabilice demasiado…

¡Qué bien representa la samaritana a las mujeres y los hombres de hoy! También en nosotros aflora esta insatisfacción profunda, en nuestra oración, en esos momentos de compartir hondo… Cuando nos preguntamos, y yo ¿para quién trabajo?  ¿Quiénes son o han sido mis baales? ¿Quién es el dueño de mi corazón?

Buscamos, sí, como ella, pero con horizontes muy estrechos y definidos. Porque nos da miedo y pensamos ¿no será mejor este presente que controlo que ese “agua viva” y ese “espíritu” desconocido de los que me hablas?

  1. La experiencia de encuentro con Jesús, un encuentro en la entraña de la propia vida, que abre al deseo y a la promesa.

Jesús espera a la samaritana, como nos espera a nosotros, allí donde está la trama de nuestra vida. Inicia siempre el encuentro pidiéndonos de aquello que ya hemos recibido, de lo que tenemos… Junto a Sicar o al lado de nuestros propios pozos… No hace falta recorrer un camino distinto, no se le pide a ella, ni a nosotros, ir a ningún “templo” ni lugar sagrado, la propia vida con las circunstancias en las que la vivimos es el lugar en que Jesús se hace presente. A veces le escuchamos y otras ni siquiera le vemos.

Allí nos pide, como a la samaritana, que entremos dentro de nosotros mismos, que bajemos a nuestro propio centro, a nuestra realidad honda, que estemos atentos a nuestra propia verdad y a la realidad de los demás… No se realiza el encuentro con Jesús en la superficie de nuestra vida, en lo banal o impersonal, en las apariencias o falsas imágenes que tantas veces alimentamos. Es estando a solas con nosotros mismos, bajando a nuestro centro… allí donde la propia vida adquiere consistencia, donde abrimos la puerta a las preguntas últimas, con ellas se “cuela” Jesús.

Jesús le dice a la samaritana y a nosotros: “Si me conocieras…”  Si supieras desear lo que de verdad importa, si abrieras tu mirada y tu corazón a mí…  Centra en su persona las expectativas de la mujer y de su pueblo, también las nuestras: “Si fueras capaz de salir de tus enredos y descubrir en el fondo de tu vida que yo te espero ahí… en lo cotidiano, en lo doloroso y pesado… si no intentases escaparte…”.

“Tú me pedirías…” No que te ayude a llenar tu pequeño cántaro, no librarte de tus pesadas tareas… me pedirías algo mucho mayor, que está en otra clave: “El agua viva”, la que trasciende esta vida y llega a la eterna…  Jesús va despertando nuestra sed mayor, va dirigiendo nuestra mirada y nuestro deseo… Algo así como si nos dijera, “No mires el cubo ni el pozo, mírame a mí”.

El encuentro con Jesús invita a la samaritana y, nos invita a nosotros, a descubrir el manantial de agua viva que fluye en nuestras entrañas en lugar de seguir siendo buscadores de “pozos en el desierto”

Nos invita a dejar nuestros cántaros, como lo hace ella, porque ya sacar agua del pozo no es lo que nos preocupa, ya no estamos pendientes del pozo, sino del manantial. Ese manantial que nos da el “agua viva” que el Espíritu hace brotar en nuestras entrañas, que transforma nuestra realidad y hace crecer nuestra fe, nos hace libres y felices.

Junto al pozo de nuestra vida hoy se nos regala el poder elegir entre seguir cargando con nuestros cántaros y repartiendo el agua sacada del pozo con esfuerzo, o entrar en la apasionante misión de repartir el agua del manantial que brota en nuestras entrañas.

“Me ha dicho todo lo que he hecho” El saber que solo Dios nos conoce y nos ama así, totalmente, sin condicionar su amor a nuestra pobre realidad, nos da fuerza para anunciarle a los demás, para invitarlos a vivir la misma aventura, a recorrer el camino hacia el manantial que, en cada uno, alimenta el Espíritu.

Mª Guadalupe Labrador Encinas, fmmdp.

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Entre el deseo y el anhelo

domingo, 15 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en Entre el deseo y el anhelo

AlegríaDomingo III de Cuaresma 

15 marzo 2020

Jn 4, 5-26

El autor del evangelio construye este relato para mostrar a Jesús como quien sacia por completo la búsqueda del ser humano, representado en la figura de la mujer samaritana.

     En una consciencia mítica, la salvación se sigue buscando “fuera”, como obra de un Dios que viniera al rescate de nuestra carencia. En la medida en que se va superando ese nivel de consciencia se empieza a advertir que la salvación –plenitud, felicidad– no está fuera ni en el futuro; tampoco es un “objeto” que tendría que completarnos.

      Con esos términos se alude, más bien, a nuestra identidad profunda, a aquello que realmente somos. Y esto no tiene nada de narcisismo ni de orgullo porque el sujeto no es el yo, sino aquella identidad, una y compartida, que constituye nuestro fondo más íntimo y, a la vez, más transcendente.

      Lo contrario significa proyectar fuera –en un supuesto dios separado– aquello que somos en profundidad, con lo cual nuestra verdadera identidad quedaría irremisiblemente secuestrada por una figura creada por nuestra propia mente.

    El ser humano –siempre la paradoja– es un ser deseante y anhelante. El deseo nace de nuestra carencia y busca algo en beneficio propio; el anhelo, por el contrario, es gratuito y se percibe como un impulso que nos desegocentra.

    Es legítimo responder a los deseos, si bien será necesario estar vigilantes para no caer en la trampa del apego. Cuando se cae en ella, el deseo se convierte en adicción, en una fuerza tiránica que nos esclaviza y nos ciega, reduciéndonos a lo que no somos: hemos perdido la libertad y la comprensión.

      El anhelo es la “voz” de nuestra identidad profunda, que quiere expresarse en nuestra vida cotidiana y, por ello, clama en nosotros impulsándonos a secundarla. Si el deseo es siempre “interesado”, el anhelo es gratuito e incondicional, porque no nace del yo, sino de la propia vida que somos.

      Cuando vivimos desde el anhelo, no buscamos los intereses del ego, sino que nos percibimos como cauces por los que la vida se expresa. Este inédito modo de vivirse es el que queda plasmado en las palabras que el evangelista pone en boca de Jesús, en el mismo capítulo 4 del evangelio de Juan que leemos hoy: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra” (Jn 4,34).

    El deseo, siendo legítimo y en ciertos casos irrenunciable, alimenta al yo; el anhelo transciende el yo y nos sitúa en actitud de docilidad para que pueda vivirse en nosotros lo que realmente somos (“el que nos ha enviado”).

¿Me doy tiempo para escuchar en mí la voz del Anhelo?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

De noche iremos, de noche, que para encontrar la fuente, sólo la sed nos alumbra, (Luis Rosales)

domingo, 15 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en De noche iremos, de noche, que para encontrar la fuente, sólo la sed nos alumbra, (Luis Rosales)

samaritan-woman-with-jesusDel blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

  1. 01. un encuentro

         Las imágenes y los símbolos que entran en juego en las densas catequesis joánicas, y en concreto en la narración de hoy: el encuentro de Jesús con la samaritana, son sugestivos y por sí mismo elocuentes: la sed, el agua, el cansancio del camino de la vida, el hombre y la mujer, el esposo y los varios maridos, el pozo de Jacob, el Templo (las instituciones), la honradez y la verdad.

         El relato del encuentro de Jesús con la samaritana es una historia de amor, un diálogo -intenso- en el que Jesús quiere llevar a la mujer a conocer su don: el agua que sacia la sed humana siempre profunda. Jesús no le reprocha nada a la samaritana, no le prohíbe nada, no le impone nada. Solamente le ofrece saciar la sed.

         El agua de las instituciones político-religiosas simbolizadas en el pozo de Jacob y en el Templo, no apaciguan la sed humana. Yo soy el agua que salta hasta la vida eterna.

  1. Dame de beber

         La sed de la samaritana y la de Jesús es la misma sed de todo ser humano: es nuestra insatisfacción radical que no puede ser saciada por nada humano.

         Probablemente la sed más profunda del ser humano es la sed de amar y ser amado.

Podemos vivir -hemos vivido- sin justicia, sin libertad, sin derechos humanos, sin dinero, pero el ser humano no puede vivir serena y sensatamente sin amar y ser amado.

Muchas veces y muchas personas no le daremos el nombre de Dios, pero en el fondo de la sed humana, está el deseo, la nostalgia de Dios.

En forma más oracional: el ser humano, todos, tenemos “sed del Dios vivo” (Salmo 42,3), que brota en nuestra tierra reseca, angostada, sin agua, (Salmo 63,2): suspiramos como la cierva por las corrientes de agua, por Dios, (salmo 41). El Señor nos guía hacia fuentes tranquilas, (salmo 22).

         Sentimos sed en la vida

  1. Jesús acompaña al ser humano

Casi psicoanalíticamente, Jesús ayuda a la samaritana a descubrir el oscuro, el encubierto deseo de agua fresca, la nostalgia humana: el amor, la felicidad.

En forma más oracional: el ser humano, todos tenemos “sed del Dios vivo” (Salmo 42,3), que brota en nuestra tierra reseca, angostada, sin agua, (Salmo 63,2).

         La cuestión del marido en este texto, no es un asunto matrimonial. Aquella mujer samaritana (extranjera, pagana) había buscado el agua de vida por diversos caminos: había adorado a cinco ídolos (baales / maridos). Aquella mujer, como todos, se había puesto en manos de cinco o “cincuenta” “baales”: ídolos, dinero, eros, poder, vanidad, templos, etc., pensando que esos “maridos” le iban a aportar la verdadera felicidad. Pero no fue así; seguía teniendo sed. Había bebido de cinco pozos, pero había terminado desengañada y con más sed, como siempre y como todos.

         La samaritana y los samaritanos somos todos nosotros, especialmente en esta postmodernidad en la que ponemos nuestra vida en manos de superficialidades y abundantes baales. Bebemos y comemos de aguas y panes que no sacian.

  1. Jesús pide de beber dos veces en su vida.

         En la tradición -evangelio- de San Juan, Jesús expresa su sed, pide de beber dos veces. En el relato de hoy, Jesús le pide de beber a la mujer. La segunda vez en la que Jesús expresa su sed será en la cruz: Tengo sed, (Jn 19,28).

         Llama la atención que, las dos veces en las que Jesús muestra su sed y pide de beber, es Él, Jesús, quien da de beber.

  • ü A la samaritana le ofrece el agua con la que ya no tendrá más sed, el agua que salta hasta la vida eterna.
  • ü Del costado de Cristo en la cruz brota la sangre y el agua (Jn 19,34) de la vida (bautismo) y redención.

El encuentro con Cristo sacia, plenifica la vida. Él es el agua de vida eterna.

La sed está ahí y siempre busca el agua. Lo expresó muy bien el poeta Luis Rosales:

De noche iremos, de noche,

que para encontrar  la fuente,

sólo la sed nos alumbra.

  1. Un cristianismo SIN RELIGIÓN.

         El pastor (en nuestro lenguaje, el presbítero) y teólogo Bonhoeffer, allá por 1944 estando encarcelado y pocos meses antes de ser ejecutado escribió clandestinamente un puñado de cartas a un amigo suyo (E. Betghe). En una de ellas le decía (y nos decía): ha llegado la época en que hemos de vivir un cristianismo sin religión. Decía Bohoeffer:

         En el fondo es algo de lo que hoy hemos escuchado a Jesús en el evangelio. A la pregunta de la samaritana acerca de dónde hay que adorar a Dios: en el templo del monte Garizím (Samaría) o en el templo de Jerusalén (Judea). Jesús no se anda con contemplaciones: a Dios se le adora en espíritu y lealtad.

         Estamos viviendo una época en la que escasean por una parte el espíritu y la lealtad y, por otra, se está potenciando lo religioso, el Templo en el sentido más judaizante de la Palabra. Pero quizás estamos recibiendo una “religión muerta”, propia del Templo que Jesús critica y detesta.

         Quizás habrá llegado el momento de beber del manantial no del pozo de Jacob o del Templo de Garizím o Jerusalén o de los sistemas religiosos, para beber del agua de Jesús, que es la que nos hace llegar a la vida eterna. Hoy se cierran templos por miedo al “coronavirus”, pero lo peor de los templos es la religión muerta que transmiten.

Para apagar nuestra sed no necesitamos templos, ni Garizím, ni liturgia espectacular, ni músicas, ni masas, necesitamos nacer del Espíritu de Jesús como Nicodemo (Jn 3,6) y en ese espíritu noble (santo) vivir honradamente, que eso es ser cristiano.

Hay momentos en la historia, y creo que estamos viviendo en uno de ellos, en los que el Templo, la norma, la intransigencia, el miedo eclesiástico están suplantando al Espíritu y al agua viva, a JesuCristo.

¿Son necesarios los Templos? Los templos son necesarios pero como las tuberías, en tanto en cuanto llevan agua. Lo decisivo no es la tubería, sino el agua.

La sed la ponemos nosotros, el agua Cristo.

Quien beba de esta agua no pasará sed.

 

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Los miedos en la Iglesia”. 08 de marzo de 2020. 2. Cuaresma (A). Mateo 17, 1-9.

domingo, 8 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en “Los miedos en la Iglesia”. 08 de marzo de 2020. 2. Cuaresma (A). Mateo 17, 1-9.

je2Probablemente es el miedo lo que más paraliza a los cristianos en el seguimiento fiel a Jesucristo. En la Iglesia actual hay pecado y debilidad, pero hay sobre todo miedo a correr riesgos. Hemos comenzado el tercer milenio sin audacia para renovar creativamente la vivencia de la fe cristiana. No es difícil señalar alguno de estos miedos.

Tenemos miedo a lo nuevo, como si «conservar el pasado» garantizara automáticamente la fidelidad al Evangelio. Es cierto que el Concilio Vaticano II afirmó de manera rotunda que en la Iglesia ha de haber «una constante reforma», pues «como institución humana la necesita permanentemente». Sin embargo, no es menos cierto que lo que mueve en estos momentos a la Iglesia no es tanto un espíritu de renovación cuanto un instinto de conservación.

Tenemos miedo para asumir las tensiones y conflictos que lleva consigo buscar la fidelidad al evangelio. Nos callamos cuando tendríamos que hablar; nos inhibimos cuando deberíamos intervenir. Se prohíbe el debate de cuestiones importantes, para evitar planteamientos que pueden inquietar; preferimos la adhesión rutinaria que no trae problemas ni disgusta a la jerarquía.

Tenemos miedo a la investigación teológica creativa. Miedo a revisar ritos y lenguajes litúrgicos que no favorecen hoy la celebración viva de la fe. Miedo a hablar de los «derechos humanos» dentro de la Iglesia. Miedo a reconocer prácticamente a la mujer un lugar más acorde con el espíritu de Jesús.

Tenemos miedo a anteponer la misericordia por encima de todo, olvidando que la Iglesia no ha recibido el «ministerio del juicio y la condena», sino el «ministerio de la reconciliación». Hay miedo a acoger a los pecadores como lo hacía Jesús. Difícilmente se dirá hoy de la Iglesia que es «amiga de pecadores», como se decía de su Maestro.

Según el relato evangélico, los discípulos caen por tierra «llenos de miedo» al oír una voz que les dice: «Este es mi Hijo amado… escuchadlo». Da miedo escuchar solo a Jesús. Es el mismo Jesús quien se acerca, los toca y les dice: «Levantaos, no tengáis miedo». Solo el contacto vivo con Cristo nos podría liberar de tanto miedo.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

” Su rostro resplandecía como el sol”. Domingo 08 de marzo de 2020. Domingo 2º de Cuaresma.

domingo, 8 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en ” Su rostro resplandecía como el sol”. Domingo 08 de marzo de 2020. Domingo 2º de Cuaresma.

15-CuaresmaA2Leído en Koinonia:

Gn 12,1-4ª: Vocación de Abrahán, padre del pueblo de Dios
Salmo responsorial 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti
2Ti 1, 8b-10: Dios nos llama y nos ilumina
Mt 17,1-9: Su rostro resplandecía como el sol

Abraham y Sara pertenecían a un clan de pastores seminómadas, de los muchos que buscaban pastos para sus rebaños lejos de las ciudades-estado que, por los años 1800 a.C. se estaban organizando en Mesopotamia y a lo largo de las costas del Mediterráneo. Abraham fue uno de los muchos grupos que emigraban, lo mismo que hoy, «buscando la vida». En ese andar luchando por la vida descubrieron el llamado de Dios a dejarlo todo y fiarse de su promesa de vida. Dios promete a Abraham que será padre de un pueblo numeroso y que tendrá una tierra, la “tierra prometida”. Es lo que anhelan sus corazones, lo que necesitan para vivir una vida humana y digna. Hoy son muchas las “minorías abrahámicas” que siguen escuchando el llamado de Dios, que les invita a buscar nuevas formas de “vida prometida” para todos los hijos de Dios. Hoy también hay muchísimos desplazados por el sistema neoliberal globalizado, que crea marginación y expulsa a los más débiles de sus tierras. Y millones de desplazados por efecto de las guerras y los problemas políticos. Son los nuevos Abrahán y Sara, que se ven forzados a dejarlo todo en busca de la vida digna que la realidad les niega en su lugar de origen.

La Biblia pone el origen de Israel en esta mitológica «migración» desde Oriente Próximo, «justificándolo» en la voluntad de Dios de elegirse un pueblo… Así, en unos textos que son «Palabra de Dios» y que hablan de Dios… en realidad es el pueblo judío el que habla de sí mismo, y se da una identidad a sí mismo, que consiste en la voluntad del Dios altísimo de crearse un pueblo eligiendo a la persona de cuyas entrañas lo haría nacer. Además de padre «biológico» de Israel, a Abraham la Biblia le atribuye el ser «padre en la fe» de Israel, y por tanto de las tres religiones en que derivó la fe de Israel: el judaísmo, el cristianismo y el islam.

Como el problema de la historicidad de los «mitos» bíblicos de la creación, de la primera pareja humana, y del pecado original que abordábamos en el domingo pasado, También los Patriarcas y los orígenes de Israel hoy están sometidos a un nuevo abordaje. Es algo muy nuevo. Hoy en Biblia se habla de un «nuevo paradigma arqueológico», una generación de arqueólogos desprendida de las adherencias y condicionamientos teológicos clásicos, que cree hallar en el subsuelo israelita un nuevo libro que nos habla fehacientemente de los demás libros que componen la Biblia. Israel Finkelstein es el nombre abanderado de este nuevo paradigma bíblico. «La Biblia desenterrada» (editorial Siglo XXI, Madrid 2003, original: The Bible Unearthed. Archeology’s New Vision of Ancient and the Origin of its Sacred Texts). Han aparecido también investigaciones importantes sobre el papel que la creación de la Biblia tuvo respecto a la construcción de la identidad de Israel; así por ejemplo, el libro de Shlomon SAND, Comment le peuple juïf fut inventé (Fayard, Paris 2008, original en hebreo). La visión que actualmente se está imponiendo desde un plano científico respecto al mundo de los patriarcas bíblicos significa una verdadera revolución, un conjunto de descubrimientos muy importantes que transforman el contexto en el que deben ser interpretados. No se trata de una intuición vaga o una primer anticipo, sino de una corriente fundamentada que merece más respecto incluso que las simples «hipótesis» sobre las que hasta ahora estaba basada la ciencia bíblica. Es urgente para los biblistas, los predicadores y todos los agentes de pastoral asomarse cuanto antes a este nuevo panorama, para no ser sorprendidos cualquier día proponiendo interpretaciones que hoy, a estas alturas del desarrollo de las ciencias, no tienen razón de ser.

La segunda carta de Timoteo nos asegura que la Palabra de Dios no está encadenada. Ella hace su propio camino en medio de los muchos caminos del pueblo. Aunque hagamos muchas lecturas interesadas de ella, el Espíritu siempre encontrará las formas de echarla a volar, sobre todo en manos de los que buscan mejores situaciones de vida en dignidad y justicia, como Abrahán y Sara, o como los desplazados de hoy. Todos ellos, minorías abrahámicas o mayorías desplazadas, están pronunciando con su vida el rechazo a este sistema excluyente que ha perdido la brújula, y que podría encontrarla con la Buena Noticia de Jesucristo.

La escena de la transfiguración que nos relatan los evangelios es, obviamente, otro símbolo. No tiene sentido hablar de ella con un «realismo ingenuo», como si la entendiéramos literalmente y a juzgáramos rigurosamente histórica. Escribieron el relato con mucha libertad –o a partir de un relato oral recontado y reelaborado en su transmisión– y hoy nosotros lo podemos interpretar también «de un modo puramente simbólico». En efecto: esa transfiguración de Jesús que el evangelio de Mateo nos cuenta es un símbolo de esas otras muchas «experiencias de transfiguración» que todos experimentamos. La vida diaria tiende a hacerse gris, monótona, cansada, y a dejarnos desanimados, sin fuerzas para caminar. Pero he aquí que hay momentos especiales, con frecuencia inesperados, en que una luz prende en nuestro corazón, y los ojos mismos del corazón nos permiten ver mucho más lejos y mucho más hondo de lo que estábamos mirando hasta ese momento. La realidad es la misma, pero nos aparece transfigurada, con otra figura, mostrando su dimensión interior, esa en la que habíamos creído, pero que con el cansancio del caminar habíamos olvidado. Esas experiencias, verdaderamente místicas, nos permiten renovar nuestras energías, e incluso entusiasmarnos para continuar marchando luego, ya sin visiones, pero «como si viéramos al Invisible».

Todos necesitamos esas experiencias, como los discípulos de Jesús la necesitaron. Nosotros no podemos encontrarnos con Jesús en el Tabor de Galilea. Necesitamos buscar nuestro Tabor particular, las fuentes que nos dan fuerzas, las formas con las que nos arreglamos para lograr renovar nuestro compromiso primero, siendo la oración, sin duda, el más importante Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

8.2.20 Domingo 2 de Cuaresma. La transfiguración de Jesús según Mateo

domingo, 8 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en 8.2.20 Domingo 2 de Cuaresma. La transfiguración de Jesús según Mateo

la transfiguracionDel blog de Xabier Pikaza:

En este domingo de la Transfiguración (en medio de la Cuaresma) me limito a comentar el texto de Mateo, con los matices propios de su evangelio: 

17 1 Y después de seis días, tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano, y les hizo subir en privado a un monte alto. 2 Y fue transfigurado delante de ellos. Su rostro resplandeció como el sol, y sus vestiduras se hicieron blancas como la luz. 3 Y he aquí que les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. 4 Entonces intervino Pedro y dijo a Jesús: Señor, es bueno que nosotros estemos aquí. Si quieres, levantaré aquí tres tabernáculos: uno para ti, otra para Moisés y otra para Elías. 5 Mientras él aún hablaba, de pronto una nube brillante les introdujo en la sombra, y salió una voz de la nube diciendo: «Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. Escucharle. 6 Al oír esto, los discípulos se postraron sobre sus rostros y temieron en gran manera. 7 Entonces Jesús se acercó, los tocó y dijo: Levantaos y no temáis. 8 Y cuando ellos alzaron los ojos, no vieron a nadie sino al mismo Jesús solo[1].

Pasados seis días, una semana después del anuncio de la pasión (Mt 16, 21-28). Subió Jesús con tres discípulos a una montaña (que parece tener un sentido pascual, como la de Mt 28, 16, aunque no se dice que sea  “la” de Galilea, pues aparece en general, sin artículo, y se transfigura ante ellos, como ser luminoso (¡sol!), de vestiduras blancas, como viviente del cielo, con Moisés y Elías a su lado. El texto nos lleva así de las dos montañas anteriores, bien determinadas, una de enseñanza (5, 1) y otra de curación-alimentación (15, 29), a esta montaña general de la luz de Dios, que es la transformación pascual.

La escena tiene un sentido positivo, de ratificación de un misterio,  y ha de entenderse en forma de culminación del pasado (Moisés y Elías dan testimonio de Jesús) y de anticipación (como si se adelantara la pascua). Mateo la sitúa en el camino hacia Jerusalén (16, 21) de manera que sólo en ese contexto se entiende, pero Pedro (¡que debía ser la Roca de la Iglesia, el que protestaba contra la  entrega de Jesús!) quiere permanecer allí (¡gozar del triunfo de Dios y del cumplimiento de las Escrituras sin entregar la vida!), construyendo tres tabernáculos, que expresan la culminación del tiempo, con Moisés y Elías dando testimonio de Jesús. De esa manera, estos privilegiados (Pedro, Santiago y Juan) quieren compartir la gloria de Jesús (con Moisés y Elías), sin compartir su entrega.

 − Transfiguración o metamorfosis, lenguaje paulino (17, 2). Metemorphôthê , en pasiva, significa “fue trans-figurado” por Dios (de metamorfô, metamorfosis), tomando una apariencia distinta, y mostrando así su realidad profunda. Esa transformación ilumina y desvela la verdad del Cristo que, según el himno de Flp 2, 6-11, existiendo en la forma o morfe de Dios  tomó la forma de siervo, haciéndose como nosotros, para entregar de esa manera su vida hasta la muerte y muerte de Cruz.

En este camino de entrega en el que se ha situado ya 16, 21, Jesús muestra en la montaña, su rostro verdadero de Dios. Eso significa que la cruz  forma parte del camino y verdad de Dios (cf. 17, 5), pues  Jesús se ha transfigurado para que también nosotros nos transfiguremos con él (2 Cor 3,18) reproduciendo su imagen. Éste es, pues, un lenguaje paulino (de la iglesia antigua), que ha visto en Jesús al mismo Dios en forma  humana[2].

 ‒ Como el sol, como la luz, icono de Dios (17, 2). El texto de Mc 9, 2-3 era más sobrio, sólo decía que se transfiguró y que sus vestiduras quedaron blancas (como ningún batanero podría haberlas blanqueado…). Mateo, en cambio, elaborando una tradición ya evocada en Lc 9, 29, describe los rasgos de las transfiguración de un modo muy preciso: Brilló su rostro como el sol. Esta imagen poderosa proviene de la tradición de las religiones “solares”, que presentan al Gran Dios o a su enviado como Astro del día. Pues bien, Mateo evoca aquí con toda precisión al Cristo-Sol, como rostro que mira y que irradia, expandiendo su luz.

Por eso, el texto sigue diciendo que sus vestiduras eran blancas como la luz , luz de Dios que todo lo alumbra y transforma en Jesús. Ya no estamos ante el signo de la Estrella que viene a la cuna de Jesús nacido (2, 1-4), sino ante el mismo Sol crecido, que desde su montaña alumbra todo lo que existe. Ésta es evidentemente la montaña de la transfiguración, que definirá desde ahora toda la experiencia religiosa y la “mística” cristiana, una transfiguración que sólo se despliega y expresa en el camino de entrega de la vida, a favor de los demás, subiendo a Jerusalén[3].

 ‒ Moisés y Elías (17, 3). De manera muy significativa, este Cristo Icono de Dios, sol divino cuyos vestidos son luz, no está con serafines como el Dios de Is 6, 1, cuyo manto llenaba con sus vuelos todo el templo, sino acompañado por Moisés y Elías. Éste es un Dios que se “encarna” en el camino de los profetas, de manera que no está en Jerusalén, sino que va a morir allí, dando su vida… Esta diferencia entre el Dios del templo (Is 6) y el Cristo de la montaña (Mt 17) marca la conexión y diferencia entre Israel y el cristianismo.

La conexión viene dada por la presencia de Moisés y Elías. De una forma lógica,  Mateo corrige el orden en que ellos aparecían en Marcos, poniendo a Moisés (Ley), antes que a Elías (profecía; Mt 17, 3; cf. Mc 9, 4), para mantener  en principio el esquema “canónico” de Israel, con la Ley antes de los profetas. De todas maneras, en la discusión que sigue, el referente fundamental para entender el camino de Jesús será Elías, vinculado a Juan Bautista, más que Moisés. Están los dos con Jesús,  pero sólo Jesús irradia luz como sol, sólo a él se dirige la palabra de Dios que dice “este es mi Hijo”, como centro y meta del camino “epifánico” de Israel, subiendo a Jerusalén para dar la vida de Dios a los hombres[4].

 − Kyrios, Hijo de Dios (17, 4-5). Pedro llama a Jesús “Kyrie” (Señor), en vez de Rabbi (Maestro), a diferencia de Mc 9, 5, destacando así su grandeza y soberanía, como Señor Pascual, signo divino, por encima (a diferencia) de Moisés y Elías. Esta denominación y título ha de entenderse en sentido estricto; y a ella se debe añadir la voz de la nube del Dios de Israel diciendo: ¡Este es mi Hijo… escuchadle!

La nube es signo de la presencia y providencia de Dios que guía al pueblo de Israel (Ex 13, 21-22), como ha recordado Pablo al afirmar que todos los israelitas se hallaban bajo la nube de Dios (cf. 1 Cor 10, 1-2). Pues bien, la Voz de la Nube es la voz de Dios, que da testimonio de Jesús, llamándole su Hijo Querido, a quien los hombres deben escuchar, ratificando así la palabra del bautismo (comparar Mt 17, 5 con 3, 17). Quizá se puede evocar en ese contexto la voz grande  ( 27, 46) de Jesús que grita a Dios ante la muerte, con la voz de la nube  que Dios dirige aquí a Jesús, diciendo “este es mi Hijo querido” (17, 5).

 ‒ Terror divino, experiencia de resurrección  (17, 6-7). En esa línea se sitúa estos versos en los que Mateo pone de relieve el poder sobrecogedor de la experiencia de Dios que habla a Jesús en la montaña y deja a los tres discípulos (Pedro, Santiago y Andrés) paralizados, llenos de terror, de manera que el mismo Jesús tiene que tocarles y despertarles, diciendo levantaos, resucitad, para que así vuelvan a la vida. Al oír la voz de Dios, los discípulos han caído sobre el rostro, llenos de temor), pues han  descubierto a Dios en Jesús, han ido más allá de los límites del mundo, tienen que morir (y en el fondo han muerto), como bien sabe la tradición israelita (cf. Is 6, 5).

De esa forma, Jesús viene a ellos desde más allá de la muerte, desde el lado de Dios, y les despierta, es decir, les eleva, diciéndoles   resucitad. Esta experiencia es un toque de resurrección, y así se dice que  tocándoles…  ) les levantó de nuevo, para que siguieran viviendo en este mundo, pero bien fundados en el más allá, desde la presencia del Dios de Jesús que nos resucita.

 ‒  Y abriendo los ojos sólo vieron a Jesús (17, 8). Ésta ha sido una experiencia de muerte, y los  tres discípulos de Jesús han desbordado los límites de este mundo, han entrado en eso que podría llamarse el “espacio celeste”, contemplando más allá de la muerte la gran Luz de Dios en Jesús, la palabra que dice “éste es mi hijo, escuchadle”. Lógicamente tendrían que haber muerto sin retorno a este mundo, pero ésta ha sido una muerte para retornar, y por eso Jesús les toca y les despierta (cf. 9, 25: tomó de la mano a la niña y resucitó…). Pues bien, Jesús toca aquí a los tres y les resucita, para que vivan desde el otro lado, como testigos de la resurrección que supera a la muerte (cf. 16, 21).

Esta experiencia define a los cristianos, que han descubierto la presencia y acción de Dios en la muerte de Jesús, que han experimentado a Jesús como el viviente, aquel a quien deben seguir, como ha dicho Dios (escuchadle: 17, 5). Por eso, lógicamente, abriendo de nuevo los ojos   tras la luz cegadora de la montaña sagrada y la Palabra de Dios, sólo ven a Jesús hombre, al mesías concreto de la historia, que les lleva hacia Jerusalén[5].

      Mateo acentúa así el valor de gloria y muerte (renacimiento) de la transfiguración sobre una montaña, cuyo nombre no indica (la tradición habla del Tabor, en Galilea), poniendo de relieve la confesión mesiánica de Dios, que reconoce ante los discípulos que Jesús es su Hijo Amado, aquel a quien deben escuchar (17,5: a ), y la experiencia de resurrección de los discípulos, a quienes Jesús ha debido tocar y levantar[6].

    Notas

[1] Cf. H. Baltensweiler,Die Verklärung Jesu: Historisches Ereignis und synoptische Berichte, ATANT 33, Zürich 1959; J. A. McGuckin, The Transfiguration of Christ in Scripture and Tradition, Mellen Press. Lewiston 1986; B. D. Chilton, The Transfiguration: NTS 16 (1969/70) 305-317; A. Feuillet, Les perspectives propres à chaque évangéliste dans les récits de la transfiguration: Bib 39 (1958) 281-301; P. Heil, The Transfiguration of Jesus. Narrative Meaning and Function of Mark 9:2-8, Matt 17:1-8 and Luke 9:28-36, AnBib 144, Roma 2000.

[2] Según el pensamiento antiguo, la forma (morfh/|) no es una apariencia externa (objeto de una visión imaginativa ilusoria), sino la verdad o la realidad más honda (como si dijéramos el “alma” de una realidad). Esta comprensión de la morfh/|, ha sido desarrollada por el pensamiento griego, extendido incluso en el área israelita. En esa línea, la morfé es la realidad esencial, como ha puesto de relieve todo el hile-morfismo, con sus diversas maneras de entender la relación entre materia (visibilidad) y forma (esencia). En esa línea, la transfiguración es una meta-morfosis, el descubrimiento de la  realidad de Jesús, que no es divino sólo al final (resurrección), sino en el mismo camino hacia Jerusalén (cf. Flp 2, 6-11).

[3] Gran parte de la teología e iconografía, especialmente en la Iglesia Oriental, constituye una reflexión y comentario de esta experiencia, como he puesto de relieve en No hará ídolos:Imágenes de la Fe 1000, PPC, Madrid 2016. Cf. A. Andreopoulos,  Metamorphosis: The Transfiguration in Byzantine Theology and Iconography, St Vladimir, New York. 2005; F. Boespflug y N. Lossky, Nicée II: 787-1987. Douze siècles d’images religieuses, Cerf, Paris 1987; P. Eudokimov, El Arte del Ícono, Claretianas, Madrid 1991; D. Lee, Transfiguration, Bloomsbury, London 2004; L. Oupensky, Teología del icono, Sígueme, Salamanca 2013; A. M. RamseyThe Glory of God and the Transfiguration of Christ, Longmans, London 1949; P. A. Sáenz, El icono, esplendor de los sagrado, Gladius, Buenos Aires 1991; Ch. Schönborn, El Icono de Cristo. Una Introducción Teológica, Encuentro, Madrid 1999.

[4] Sobre visión de Dios en Is 6, cf. A. Colunga. La vocación profética de Isaías, CiTom (1924) 5-23; O. Keel, Yahwe-Visionem und Siegelkunst. Eine neue Deutung der Majestätsschilderungen in Jes 6, Ez 1 und 10 undSach 4, SBS 84/85, Stuttgart 1988; B. Renaud, La vocation d’Isaïa. Expérience de la foi: VieSpir 119 (1968) 129-145. O. H. Steck, Bermenkungen zu Jesaja 6: BZ 16 (1972) 188-206; E. Eichrodt, Teología del AT I, Cristiandad, Madrid 1975, 307-356.

[5] A diferencia de Mc 9, 6, cuando afirmaba que Pedro “no sabía lo que decía”, proponiendo elevar tres tiendas (para Jesús, Elías y Moisés), Mateo ha tratado a Pedro con más respeto, de manera que no dice kai. poih,swmen (y haremos), sino “si tú quieres yo haré” (17,4:eiv qe,leij( poih,sw) poniéndose así, con su propia autoridad (cf. 16, 16-19), al servicio de Jesús y de su obra. De esa manera. Mateo ha evocado de algún modo la dignidad y conocimiento mesiánico de Pedro, que no entiende a Jesús, pero no le rechaza, sino que se pone a su servicio, de manera que no tiene que añadir “pues no sabía lo que decía”. Sobre Jesús como Señor (Kyrios, invocación de Pedro), sobre la palabra de Dios que de llama Hijo,y sobre el mensaje de conjunto de la Transfiguración, cf. GDB.

[6] Igual que en Marcos, esta escena viene tras la “confesión” de Pedro, con el anuncio de la pasión y la llamada al seguimiento, y conserva la referencia temporal de los seis días (17,1) que evocan la semana que transcurre entre el anuncio de la pasión y la transfiguración (resurrección). Esta escena tendría que haber detenido el camino de los discípulos de Jesús, que han caído de bruces, llenos de miedo, ante la confesión divina, en experiencia pascual de muerte. Pero Mateo, lo mismo que Marcos y Lucas, ha querido situarla en el camino que lleva a Jerusalén, como anticipo pascual, en un contexto contemplativo (como ha puesto de relieve la tradición de la Iglesia ortodoxa), pero también activo, de compromiso mesiánico. Así lo ha puesto de relieve Juan Pablo II en su exhortación Vita Consacrata (1996), fundada en gran parte sobre este icono de la Transfiguración. Visión de conjunto en R. Silva, Hechos de Jesús. Bautismo, tentación, transfiguración, Follas Novas, Santiago de C. 2000; E. Divry, La lumière du Christ transfiguré chez les saints: nouvelles approches dogmatiques sur la lumière thaborique I-II, Univ. Fribourg 2000; La Transfiguration selon l’Orient et l’Occident. Grégoire Palamas – Thomas d’Aquin: vers un dénouement œcuménique, Croire et Savoir 54, Paris 2009.

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

“Por la renuncia al triunfo”. Domingo. 2º de Cuaresma. Ciclo A.

domingo, 8 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en “Por la renuncia al triunfo”. Domingo. 2º de Cuaresma. Ciclo A.

08-transfiguaracionDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Dentro de poco más de un mes, cuando comience la Semana Santa, si el coronavirus lo permite, nuestras calles verán pasar diversas imágenes de Jesucristo crucificado. La gente las mirará con mayor o menor respeto. Pero nadie dirá: “Era un terrorista y un blasfemo. Hicieron muy bien en matarlo”.  Si nuestra imagen de Jesús es positiva a pesar de su destino tan trágico se debe, en gran parte, al evangelio de hoy.

            El tema común a las tres lecturas de este domingo es “por la renuncia al triunfo”. En la primera, Abrahán debe renunciar a su patria y a su familia, experiencia muy dura que sólo conocen bien los que han tenido que emigrar. Pero obtendrá una nueva tierra y una familia numerosa como las estrellas del cielo. Incluso todas las familias del mundo se sentirán unidas a él y utilizarán su nombre para bendecirse.

En la segunda lectura, Timoteo deberá renunciar a una vida cómoda y tomar parte en el duro trabajo de proclamar el evangelio. Pero obtendrá la vida inmortal que nos consiguió Jesús a través de su muerte.

En el evangelio, si recordamos el episodio inmediatamente anterior (el primer anuncio de la pasión y resurrección) también queda claro el tema: Jesús, que renuncia a asegurarse la vida, obtiene la victoria simbolizada en la transfiguración. Así lo anuncia a los discípulos: «Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar a este Hombre como rey». Esta manifestación gloriosa de Jesús tendrá lugar seis días más tarde.

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:

«Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.»

Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:

«Levantaos, no temáis.»

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:

«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

El relato podemos dividirlo en tres partes: la subida a la montaña (v.1), la visión (vv.2-8), el descenso de la montaña (9-13). Desde un punto de vista litera­rio es una teofanía, una manifestación de Dios, y los evangelistas utilizan los mismos elementos que empleaban los autores del Antiguo Testamento para describirlas. Por eso, antes de analizar cada una de las partes, conviene recordar algunos datos de la famosa teofanía del Sinaí, cuando Dios se revela a Moisés.

            La teofanía del Sinaí

Dios no se manifiesta en un espacio cualquiera, sino en un sitio especial, la montaña, a la que no tiene acceso todo el pueblo, sino sólo Moisés, al que a veces acompaña su hermano Aarón (Ex 19,24), o Aarón, Nadab y Abihú junto con los setenta dirigentes de Israel (Ex 24,1). La presen­cia de Dios se expresa mediante la imagen de una nube espesa, desde la que habla (Ex 19,9). Es también frecuente que se mencione en este contexto el fuego, el humo y el temblor de la montaña, como símbolo de la gloria y el poder de Dios que se acerca a la tierra. Estos elementos demuestran que los evangelistas no pretenden ofrecer un informe objetivo, “histórico”, de lo ocurrido, sino crear un clima semejante al de las teofanías del Antiguo Testa­mento.

            La subida a la montaña

Jesús sólo elige a tres discípu­los, Pedro, Santiago y Juan. La exclusión de los otros nueve no debemos interpretarla sólo como un privilegio; la idea principal es que va a ocurrir algo tan importante que no puede ser presen­ciado por todos. Se dice que subieron «a una montaña alta y apartada». La tradición cristiana, que no se contenta con estas indicaciones generales, la ha identificado con el monte Tabor, que tiene poco de alto (575 m) y nada de aparta­do. Lo evangelistas quieren indicar otra cosa: usan el frecuente simbolismo de la montaña como morada o lugar de revelación de Dios. Entre los antiguos cananeos, el monte Safón era la morada del panteón divino. Para los griegos se trataba del Olimpo. Para los israelitas, el monte sagrado era el Sinaí (u Horeb). También el Carmelo tuvo un prestigio especial entre ellos, igual que el monte Sión en Jerusalén. Una montaña «alta y apartada» aleja horizontalmente de los hombres y acerca verticalmente a Dios. En ese contexto va a tener lugar la mani­festación gloriosa de Jesús, sólo a tres de los discípulos.

            La visión

En ella hay cuatro elementos que la hacen avanzar hasta su plenitud. El primero es la transformación del rostro y las vestiduras de Jesús. El segundo, la aparición de Moisés y Elías. El tercero, la aparición de una nube luminosa que cubre a los presentes. El cuarto, la voz que se escucha desde el cielo.

  1. La transformación de Jesús la expresaba Marcos con estas pala­bras: «sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no es capaz de blanquearlos ningún batanero del mundo» (Mc 9,3). Mateo omite esta comparación final y añade un dato nuevo: «su rostro brillaba como el sol». La luz simboliza la gloria de Jesús, que los discípulos no habían percibido hasta ahora de forma tan sorprendente.
  2. «De pronto, se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él». Moisés es el gran mediador entre Dios y su pueblo, el profeta con el que Dios hablaba cara a cara. Sin Moisés, humana­mente hablando, no habría existido el pueblo de Israel ni su religión. Elías es el profeta que salva a esa religión en su mayor momento de crisis, hacia el siglo IX a.C., cuando está a punto de sucumbir por el influjo de la religión cananea. Sin Elías habría caído por tierra toda la obra de Moisés. Por eso los judíos concedían especial importancia a estos dos personajes. El hecho de que se aparezcan ahora a los discípu­los (no a Jesús) es una manera de garantizarles la importancia del personaje al que están siguiendo. No es un hereje ni un loco, no está destruyendo la labor religiosa de siglos, se encuentra en la línea de los antiguos profetas, llevando su obra a plenitud.

En este contexto, las palabras de Pedro proponiendo hacer tres chozas suenan a simple despropósito. Pero son simple conse­cuencia de lo que dice antes: «qué bien se está aquí». Cuando el primer anuncio de la pasión, Pedro rechazó el sufrimiento y la muerte como forma de salvar. Ahora, en la misma línea, considera preferible quedarse en lo alto del monte con Jesús, Moisés y Elías que seguir a Jesús con la cruz.

  1. Como en el Sinaí, Dios se manifiesta en la nube y habla desde ella.
  2. Sus primeras palabras reproducen exactamente las que se escucharon en el momento del bautismo de Jesús, cuando Dios presentaba a Jesús como su siervo. Pero aquí se añade un imperativo: «¡Escuchadlo!» La orden se relaciona directamente con las anteriores palabras de Jesús, que han provocado tanto escán­dalo en Pedro, y con la dura alternativa entre vida y muerte que ha planteado a sus discípulos. Ese mensaje no puede ser eludido ni trivializado. «¡Escuchadlo!»

            El descenso de la montaña

Dos hechos cuenta Mt en este momento: La orden de Jesús de que no hablen de la visión hasta que él resucite y la pregunta de los discípulos sobre la vuelta de Elías.

Lo primero coincide con la prohibición de decir que él es el Mesías (Mt 16,20). No es momento ahora de hablar del poder y la gloria, suscitando falsas ideas y esperanzas. Después de la resurrección, cuando para creer en Cristo sea preciso aceptar el escándalo de su pasión y cruz, se podrá hablar con toda libertad también de su gloria.

            El segundo tema, sobre la vuelta de Elías, lo omite la liturgia.

Resumen

Este episodio no está contado en beneficio de Jesús, sino como experiencia positiva para los apóstoles y para todos nosotros. Después de haber escuchado a Jesús hablar de su pasión y muerte, de las duras condiciones que impone a sus seguidores, tenemos tres experiencias complementarias: 1) vemos a Jesús transfigurado de forma gloriosa; 2) contemplamos a Moisés y Elías; 3) escuchamos la voz del cielo.

Esto supone una enseñanza creciente: 1) al ver transformados su rostro y sus vesti­dos tenemos la expe­riencia de que su destino final no es el fracaso, sino la gloria; 2) la aparición de Moisés y Elías confirma que Jesús es el culmen de la historia religiosa de Israel y de la revela­ción de Dios; 3) la voz del cielo nos dice que seguir a Jesús no es una locura, sino lo más conforme al plan de Dios.

Tres ideas que ayudan a superar el escándalo de Jesucristo crucificado.

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Segundo Domingo de Cuaresma. 08 Marzo, 2020

domingo, 8 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en Segundo Domingo de Cuaresma. 08 Marzo, 2020

046E4090-09A3-4C90-AFE0-D7B3BD914637

«Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándolos les dijo:
Levantaos, no temáis».

(Mt 17, 1-9)

El domingo pasado nos encontrábamos en el desierto, solas y al mismo tiempo acompañadas de nuestras luces y nuestras sombras, y veíamos que nuestra libertad es la que va marcando nuestro camino.

Hoy el paisaje ha cambiado completamente. Pasamos del desierto a la montaña, y de la soledad a la intimidad.

Jesús se encuentra en un momento crucial de su existencia. Descubre que su vida debe dar una respuesta cada vez más concreta. Hace ya un tiempo que ha comenzado a predicar, se ha acercado a la gente y ha tocado su dolor. La gente lo sigue, su fama se extiende.

Pero la muerte de Juan Bautista le hace ver claramente que su compromiso puede traerle problemas. Así que reúne a sus amigos, a los más íntimos y marchan juntos al monte. Se van un día de retiro y convivencia. Y ahí los cuatro amigos oran y comparten.

Ahí, en el monte, Jesús tiene una experiencia de Dios y sus amigos, que son testigos, se estremecen. Se asustan.

La experiencia de Dios nos transforma y quienes lo ven se llenan de espanto. Nos asusta a pesar de que sea bueno. Mateo nos dice que los discípulos cayeron de bruces.

Sin embargo quien tiene esa experiencia, en este caso Jesús, siente confirmados todos sus anhelos. Recibe la fuerza y la esperanza para continuar avanzando en medio de las dificultades y peligros.

Por eso Jesús baja del monte con el ánimo renovado, con nuevas fuerzas e ilusiones. La situación no ha cambiado, pero él ahora la ve desde otra perspectiva.

Oración

Recuérdanos, Trinidad Santa, esos momentos fuertes en los que tu luz nos ha iluminado y hemos sido capaces de continuar en medio de las dificultades. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Lo divino en Jesús no puede verse ni oírse

domingo, 8 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en Lo divino en Jesús no puede verse ni oírse

trasfigurazione2Mt 17, 1-9

El domingo pasado, tirarse del alero del templo para ser recogido por los ángeles y manifestar ante la muchedumbre quién era, se nos presentó como una tentación. Pero hoy, una espectacular puesta en escena de luz y sonido, se nos presenta como la cosa más divina del mundo. Desde la razón, es una contradicción, pero en el orden trascendente, una formulación puede ser verdad y la contraria también.

Aunque no sabemos cómo se fraguó este relato, debe ser muy antiguo, porque Mc, ya lo narra completamente elaborado. Una vez que, descubrieron en la experiencia Pascual, lo que Jesús era, trataron de comunicar esa vivencia que les había dado Vida. Para hacerlo creíble, lo colocaron en la vida terrena de Jesús, justo antes del anuncio de la pasión. Así disimulaban la ceguera que les había impedido descubrir quién era.

No podemos pensar en una puesta en escena por parte de Jesús; no es su estilo ni encaja con la manera de presentarse ante sus discípulos. Por lo tanto, debemos entender que no es la crónica de un suceso. Se trata de una teofanía, construida con los elementos y la estructura de las muchas relatadas en el AT. Probablemente es un relato pascual, retrotraído a la época de su vida pública, tiempo después de haberse elaborado.

El relato está tejido con los elementos simbólicos, aportados por las numerosas teofanías que se narran en el AT. Nada en él es original; ni siquiera la voz de Dios es capaz de aportar algo nuevo, pues repite exactamente lo que dijo en el bautismo. Se trata de expresar la presencia divina en Jesús, con un lenguaje que todos podían reconocer. Lo importante es lo que quiere comunicar, no los elementos que utiliza para la comunicación.

No es verosímil que esta visión se diera durante la vida de Jesús. Si los apóstoles hubieran tenido esta experiencia de lo que era Jesús, no le hubieran negado poco después. Tampoco fue un intento de preparar a los apóstoles para el escándalo de la cruz. Si fue ese el objetivo, el fracaso fue absoluto: “Todos le abandonaron y huyeron”.

En la experiencia pascual descubrieron los discípulos lo que era Jesús. Todo lo que descubrieron después de su muerte, estaba ya presente en él cuando andaban por los caminos de Palestina. Los exégetas apuntan a que estamos ante un relato pascual. Si se retrotrae a la vida terrena es con el fin de hacer ver que Jesús fue siempre un ser divino.

No podemos seguir pensando en un Jesús que lleva escondido el comodín de la divinidad, para sacarlo en los momentos de dificultad. En la oración del huerto quedó muy claro. Lo que hay de Dios en él está en su humanidad. Lo divino nunca podrá ser percibido por los sentidos. Es hora de que tomemos en serio la encarnación y dejemos de ridiculizar a Dios.

La única gloria de Dios es su ser. Nada que venga del exterior puede afectarle ni para bien ni para mal. El aplicar a Dios nuestras perspectivas de grandeza, es sencillamente ridiculizarle. La única gloria del hombre es manifestar que en él está ya ese mismo amor. Manifestar amor hasta la muerte, por amor, es la mayor gloria de Jesús y del hombre.

Jesús vivió constantemente transfigurado, pero no se manifestaba externamente con espectaculares síntomas. Su humanidad y su divinidad se expresaba cada vez que se acercaba a un hombre para ayudarle a ser él. La única luz que transforma a Jesús es la del amor y solo cuando manifiesta ese amor ilumina. En lo humano se trasparenta Dios.

Los relatos de teofanía que encontramos en el AT, son intentos de trasmitir experiencias personales de seres humanos. Esa vivencia es siempre interior e indecible. La presencia de Dios es el punto de partida. Esa presencia es nuestro verdadero ser. La gloria no es una meta a la que hay que llegar sino el punto de partida para llegar al don total.

Tomó consigo a tres: La experiencia interior es siempre personal, no colectiva, por eso los presenta con sus nombres propios. Moisés también subió al Sinaí acompañado por Aarón. El monte: Es el ámbito de lo divino. Si Dios está en el cielo, la montaña será el mejor lugar para que se manifieste. El monte alto es el lugar donde siempre está Dios.

Rostro resplandeciente: la gloria de Dios se comunica a aquellos que están cerca de Él. A Moisés, al bajar del monte, después de haber hablado con Dios, tuvieron que taparle el rostro porque su luminosidad hería los ojos. La luz: ha sido siempre símbolo de la presencia de la Gloria de Dios. La nube: Símbolo de la presencia protectora de Dios. A los israelitas les acompañaba por el desierto una nube que les protegía del calor del sol.

Moisés y Elías: Jesús conectado con el AT. La Ley y los Profetas en diálogo con Jesús. El evangelio es continuación del AT pero superándolo. La voz: la palabra ha sido siempre la expresión de la voluntad de Dios. ¡Escuchadlo! Es la clave del relato. Solo a él, ni siquiera a Moisés y a Elías. El miedo, aparece en todas las teofanías. Ante la presencia de lo divino, el hombre se siente empequeñecido. Miedo incluso de morir por ver a Dios.

El relato propone a Jesús como la presencia de Dios entre los hombres, pero de manera muy distinta a como se había hecho presente en el AT. Por eso hay que escucharlo. Su humanidad llevada a plenitud es Palabra definitiva. Escuchar al Hijo no es aceptar un doctrina que él trasmite por su palabra sino transformarse en él y vivir como él vivió, ser capaces de manifestar el amor a través del don total de sí.

Ni la plenitud de Jesús ni la de ningún ser humano están en un futuro propiciado por la acción externa de Dios. La plenitud del hombre está en la entrega total. No está la resurrección después de la muerte ni la dicha después del sufrimiento. La Vida y la gloria están allí donde hay amor. La vida de Jesús se presenta como un éxodo, pero el punto de llegada será el Padre, que era el punto de partida al empezar el camino.

A los cristianos nos queda aún un paso por dar. No se trata de aceptar el sufrimiento y la prueba como un medio para llegar a “la gloria”. Se trata de ver en la entrega, aunque sea con sufrimiento, la meta de todo ser humano. El amor es lo único que demuestra que somos hijos de Dios. Darse a los demás por una recompensa no tiene nada de cristiano.

Jesús nos descubre un Dios que se da totalmente sin pedirnos nada a cambio. No es la esperanza en un premio, sino la confianza de una presencia, lo que me debe animar. La transfiguración nos está diciendo lo que era realmente Jesús y lo que somos realmente cada uno de nosotros. ¡Sal de tu tierra! Abandona tu materialidad y adéntrate por los caminos del Espíritu. Vives exiliado en tierra extraña, que no es el lugar que te pertenece.

Meditación

Jesús era todo luz porque Dios lo inundaba.
Ese es el punto de partida para él y para nosotros.
No debemos esperar ninguna transfiguración
sino descubrir nuestro ser no desfigurado.
No tengo que caminar hacia una meta fantástica que me prometen,
sino descubrir ya en mí el más sublime don, Dios mismo.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

La gloria de su rostro

domingo, 8 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en La gloria de su rostro

7B9FFDFF-FE98-4A57-B774-C38572DA468DConcordia, solidaridad y ayuda mutua son los medios más importantes que permiten sobrevivir a los animales (Christian Lous Lange)

8 de marzo. DOMINGO II DE CUARESMA

Mt.17, 1-9

Delante de ellos se transfiguró: su rostro resplandeció como el sol, sus vestidos se volvieron blancos como la luz

Su transfiguración nos ofrece un mensaje de esperanza porque nos invita a encontrar a Jesús para estar al servicio de los demás, palabras que podría haber añadido Mateo al capítulo 17 de su Evangelio.

Al escucharlas me puse los prismáticos en los ojos del alma, y empecé a ver el mundo de distinta manera: la transfiguración de la historia, se volvieron mis vestidos blancos.

Miré a Jesús con mis prismáticos, y luego se los presté a él para que me mirara; me miró atentamente unos segundos recorriendo toda mi geografía, y al devolverme los me dijo, después de darme las gracias: “¿Te has dado cuenta de que somos bastante parecidos?”.

Ahora, con los prismáticos enfocados sobre mi mismo, pude ver que mis vestidos eran un poco menos blancos que los suyos.

Y pude ver también una leyenda que decía que la transfiguración tiene el sentido de que hay que dejarse iluminar, para que la iluminación que nos llega de rostro y las vestiduras de Jesús, sirva para que iluminemos a los cuantos se nos acerquen y nos miren.

Este es un verdadero milagro: que ese ahora sol luciente delegado, nos impulse a ser nosotros mismos hasta hacernos más y más humanos, haciendo más humanos a los otros.

Y en donde no hay lugar para “El silencio de los corderos”, de la película de Jodie Foster y Anthony Hopkins, ni tampoco hay lugar para pulverizar a quienes ni piensan ni sienten de la misma manera que nosotros, pues como señala uno de sus protagonistas:

“Si la ve como una persona no como un objeto, es más difícil hacerla añicos”.

Christian Lous Lange, historiador y periodista noruego, galardonado con el premio Nobel de la Paz en 1921, dijo en cierta ocasión que “Concordia, solidaridad y ayuda mutua son los medios más importantes que permiten sobrevivir a los animales”, y por supuesto que, si esta ley rige el mundo de los animales, ¡con cuanta mayor razón debiera estar vigente en el de las personas!

TRANSFIGURACIÓN

Domingo a mediodía.

Vi a Jesús transfigurado sobre un monte elevado,
y me pareció tan hermoso aquello,
que me arrebaté con él en un instante.

Era domingo a mediodía,
y el sol circunvalaba el cielo brillando como nunca.

María Magdalena,
que también estaba vestida de blanco como la luz,
observaba la escena arrobada
y me di cuenta de que sobre los labios de Jesús
se posaba un beso que había volado de unos a otros labios.

En ese momento me hubiera apetecido decirle al Maestro:
“¿Te das cuenta de que sois casi iguales?”,
pero cuando quise hacerlo,
habían emprendido el ascenso.

Una nube luminosa les hizo sombra, y nuestros ojos se apagaron.

Yo me quedé en el monte elevado
con Pedro, Juan y Santiago:
Elías y Moisés habían ascendido con ellos.

Y Pedro, impetuoso como siempre, nos dijo:
“¡¡Qué bien se está en este lugar!!”,
y comenzó a armar cuatro tiendas.

Era domingo a mediodía.

Vicente Martínez

 Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Recordatorio

Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.

Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.

Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada. no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.

Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.