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Según el evangelio, somos amigos de Dios (Teófilo), no clientes de la Iglesia

domingo, 23 de enero de 2022
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20110816144535df618aDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Ilustrísimo Teófilo (theos: Dios / Filos: amigo)

    Teófilo no es tanto un individuo, sino que hemos de entenderlo en el sentido etimológico de la palabra: “Theos” Dios / “philos”: amigo. Lucas dirige su evangelio a los amigos de Dios. Dios es amigo, amigo nuestro, amigo de todos. (S Juan dirá que Dios es amor (1 Juan 4,8).

Así pues, excelentísimos amigos de Dios.

No es cosa de poca monta saber que sois -somos- amigos y que Dios os -nos- tiene a todos por amigos (incluidas nuestras calamidades). ¡Tantas veces hemos sido denostados por pecadores, tantas predicaciones nos han llamado y nos llaman de casi todo! Ya cansa tanto pecado y tanto infierno.

Es un bálsamo escuchar a san Lucas que nos llama: excelentísimos amigos de Dios. Dios es nuestro amigo.

El evangelio de Jesús es, pues, un evangelio dirigido a los amigos de Dios. El Dios de Jesús no es un justiciero temible al que hemos de contentar y aplacar. Dios es amigo.

Mientras Dios nos quiere, muchas veces vivimos como “clientes” de lo eclesiástico.

¿Me siento querido por Dios?

02.- ¿A qué ha venido Cristo?

    El pasado domingo “asistíamos” al comienzo de la actividad de Jesús según el evangelio de Juan: las bodas de Caná: un vino nuevo de amor.

Hoy, hemos escuchado en el texto evangélico “el discurso programático”, el comienzo de la vida y actividad adulta de Jesús según el Evangelio de Lucas.

03.- Lo que caracteriza la tarea, la misión de Jesucristo.

“¿Cuál es el programa de Jesús?”

Buena noticia a los pobres Y liberación

  1cf8f3_evangelistas1  La palabra eu – angelion significa buena noticia.

    Jesús es la última y definitiva palabra de Dios.

Jesús -Él mismo- es ya buena noticia para los pobres.

    Jesús estaba y está cerca de los débiles: de los enfermos físicos y psíquicos, estaba cerca de las personas problemáticas, de los pecadores.

    Hay personas que en sí mismas son una buena noticia, un don, tienen y transmiten paz, serenidad.

04.- Liberación a los cautivos y oprimidos.

    Dos veces aparece la libertad – liberación de los cautivos / oprimidos.

    Desde Egipto y el destierro de Babilonia, cautividades y opresiones hay muchas en la vida, en la historia de los pueblos y de las personas. Opresiones económicas, sociales, eclesiásticas, políticas, raciales. Cautividades también en el orden personal, esclavitudes morales.

    Es hermoso y cristiano sentirse, ser libre y ayudar a que los demás vivan en libertad.

05.- Un tiempo y una eternidad amables: gracia.

    El texto que hemos escuchado en el evangelio lo toma Jesús del profeta Isaías. Jesús podía -¡debía!- haber continuado con el texto de Isaías: he sido enviado a anunciar el día de venganza de nuestro Dios, pero no lo hizo. Lo de JesuCristo es otra cuestión. Jesús no predica la venganza de Dios, sino que  viene a anunciar el tiempo amable de Dios, un tiempo, una historia de gracia, de amabilidad.

 06.- Y esta gracia y salvación está presente ya hoy

Hoy estamos salvados. Es el “hoy” lucano

Lc 2, 11:    Hoy Os ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor.

Lc 4, 21:    Hoy se cumple ante vosotros esta profecía».

Lc 5, 26:    Hoy hemos visto cosas extraordinarias, dice la gente tras la curación del paralítico

Lc 19, 5.9: Hoy tengo que alojarme en tu casa le dice Jesús a Zaqueo.

                  Hoy ha llegado la salvación a esta casa.

Lc 23, 43:  Hoy estarás conmigo en el paraíso le dice Jesús

Hoy, no mañana, estamos salvados los pobres, oprimidos, esclavos y pecadores.

Esto infunde una gran paz y serenidad en nuestra vida.

Amigo de Dios, la buena noticia de Jesús es que Dios es nuestro amigo y que estamos en un tiempo de gracia y salvación.


 

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“Vino bueno”, 2º Tiempo ordinario – C (Juan 2,1-11)

domingo, 16 de enero de 2022
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02-TO-CJesús ha sido conocido siempre como el fundador del cristianismo. Hoy, sin embargo, comienza a abrirse paso otra actitud: Jesús es de todos, no solo de los cristianos. Su vida y su mensaje son patrimonio de la humanidad.

Nadie en Occidente ha tenido un poder tan grande sobre los corazones. Nadie ha expresado mejor que él las inquietudes e interrogantes del ser humano. Nadie ha despertado tanta esperanza. Nadie ha comunicado una experiencia tan sana de Dios sin proyectar sobre él ambiciones, miedos y fantasmas. Nadie se ha acercado al dolor humano de manera tan honda y entrañable. Nadie ha abierto una esperanza tan firme ante el misterio de la muerte y la finitud humana.

Dos mil años nos separan de Jesús, pero su persona y su mensaje siguen atrayendo a muchos. Es verdad que interesa poco en algunos ambientes, pero también es cierto que el paso del tiempo no ha borrado su fuerza seductora ni amortiguado el eco de su palabra.

Hoy, cuando las ideologías y religiones experimentan una crisis profunda, la figura de Jesús escapa de toda doctrina y trasciende toda religión, para invitar directamente a los hombres y mujeres de hoy a una vida más digna, dichosa y esperanzada.

Los primeros cristianos experimentaron a Jesús como fuente de vida nueva. De él recibían un aliento diferente para vivir. Sin él, todo se les volvía de nuevo seco, estéril, apagado. El evangelista Juan redacta el episodio de la boda de Caná para presentar simbólicamente a Jesús como portador de un «vino bueno», capaz de reavivar el espíritu.

Jesús puede ser hoy fermento de nueva humanidad. Su vida, su mensaje y su persona invitan a inventar formas nuevas de vida sana. Él puede inspirar caminos más humanos en una sociedad que busca el bienestar ahogando el espíritu y matando la compasión. Él puede despertar el gusto por una vida más humana en personas vacías de interioridad, pobres de amor y necesitadas de esperanza.

José Antonio Pagola

Grupos de Jesús

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“En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos”. Domingo 16 de enero de 2022. 2º domingo del Tiempo Ordinario.

domingo, 16 de enero de 2022
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10-ordinario2 (C) cerezoDe Koinonia:

Isaías 62, 1-5:La alegría que encuentra el esposo con su esposa.
Salmo responsorial: 95. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.
1Corintios 12, 4-11: El mismo y único Espíritu reparte a cada uno como a él le parece.
Juan 2, 1-11: En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos.

La vida de Jesús se desarrolló dentro de la normalidad propia del ambiente cultural y la religiosidad de un judío del primer siglo de nuestra era. Los discípulos descubren a Jesús como un hombre normal, en un ambiente normal y sin ningún tipo de manifestaciones espectaculares o extraordinarias. Esta realidad de una vida normal en Jesús, hace que entre los discípulos y él no haya ningún tipo de distanciamiento, antes por el contrario, una vida verdaderamente humana como la de Jesús, hace que su experiencia del Dios sea más creíble y mucho más accesible a la conciencia y a la vida de los que le escuchan y le siguen. La actitud de Jesús, sin ningún tipo de pretensión, va revelando una nueva imagen y un nuevo concepto de Dios. Dios ha dejado de ser ese ser extraño y lejano, que atemoriza al ser humano, y toma la característica del Dios original de Israel, el Dios que camina con su pueblo.

Para la lógica del Evangelio de Juan, el Banquete es un tema fundamental en la teología del evangelio de Juan. La teología del banquete se abre con la misión de Jesús en Caná de Galilea, y se cierra con la última Cena, fundamento de la Eucaristía. El Banquete es por tanto un signo mesiánico, donde se anuncia la llegada del Reino y se presenta a Jesús, Soberano del Reino. Es un símbolo fundamental que explica en la cotidianidad la presencia del Reino en medio de la historia.

Las bodas de Caná están en el imaginario de los primeros cristianos y de todo la Iglesia a lo largo de la historia, por ese hecho inolvidable: en lo mejor de la boda, el vino se acaba. ¿Cómo es posible que no se haya previsto esta parte en la fiesta? La acción de Jesús de Nazaret frente a la falta de vino, hará que este relato de las bodas de Caná, quede inmortalizado en la simbología cristiana.

El milagro de las bodas en Caná de Galilea, no es simplemente por la falta de vino. El asunto es otro: el relato tiene que ser entendido en perspectiva de Reino, en dinámica de tiempo mesiánico. El texto indica, que había allí en un lugar de la casa, unas tinajas de piedra vacías, seis en total. El texto hace énfasis en que están vacías. Son tinajas destinadas para contener el agua de la purificación ritual de los creyentes judíos. Pero están secas. Este símbolo, indica la sequedad en que se encuentra el modelo religioso judío. En la visión de los cristianos primeros, que acabaron separándose del judaísmo, la ley judía, antes que ayudar, terminó dificultando la relación de Dios con su pueblo. Les resultaba una ley vacía, sin sentido, que sólo generaba cargas y no posibilitaba la libertad y la alegría. Las tinajas, destinadas a la purificación, eran un símbolo que dominaba la ley antigua. Ese modelo de ley creaba con Dios una relación difícil y frágil, mediatizada por ritos fríos y carentes de sentidos.

No se dice sin embargo que las tinajas estuvieran con agua. Son llenadas cuando Jesús lo ordena. Al estar llenas, las tinajas que no prestaban ya ningún servicio, más bien estorbaban en la vida normal de la gente, permiten una nueva manifestación del proyecto de Jesús: el agua está convertida en vino. ¿Qué nos indica ese signo? La ritualidad, el legalismo, la norma fría y vacía, es trasformada en vino, símbolo de la alegría, del gozo mesiánico, de la fiesta de la llegada del tiempo nuevo del Reino de Dios. Tenemos que acabar en nuestra vida y en la vida comunitaria, con los sistemas religiosos deshumanizantes, para lograr entrar en la dinámica liberadora, incluyente y festiva que Jesús inauguró.

¿Complicada esta interpretación? Efectivamente, es complicada, con la complicación que brota de un texto sofisticado, muy elaborado, con toda una trastienda de alusiones veladas y crípticos mensajes. Leer, proclamar, comentar el evangelio de Juan como si se tratara de una simple y llana historieta de unas bodas, en las que además Jesús funda el sacramento del matrimonio, sin más complicaciones… resultaría una lectura fácil y cómoda, pero sería profundamente carente de veracidad. Aunque sea más laborioso y menos grato, es mejor tratar a nuestros oyentes como adultos, y no ahorrarles la complejidad de unos textos que interpretados directamente a la letra nos llevarían solamente por caminos de fundamentalismo. Leer más…

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16.1.22. Bodas de Caná (Jn 2, 1-11) ¿Qué hace Jesús en las bodas? ¿Qué hace la iglesia?

domingo, 16 de enero de 2022
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Del blog de Xabier Pikaza:

Tres son los signos de la “epifanía” o manifestación de Jesús. (a) La estrella de los “magos” (día de Reyes). (b) Bautismo, nueva creación (dom. 1º). (c) Bodas: “Consagración” del amor (dom 2º)

Hoy me centro en las bodas de Caná, el primero de los signos de Jesús según el evangelio de Juan. En contra de una religión penitencial (con seis hidrias de piedra para el agua) y de otra “espiritualista” (gnóstica, que condenan las bodas humanas), el evangelio de Juan empieza consagrando las bodas como fiesta de encuentro humano de amor con buen vino.            

| X.Pikaza

Introducción y texto evangélico

Las bodas son actualmente campo de disputa en la iglesia: (a) Si son sólo de hombre-mujer, o si son de dos seres humanos, sean varones o mujeres. (b) Si se admiten sólo bodas, o si hay también posibilidades de divorcio. (a) ¿Qué significa invitar a Jesús, es decir, que se hagan bodas por la iglesia de Jesús, en un tiempo como éste, año 2022, donde parece que en España sólo se casan por la iglesia una cuarta parte de los que viven en pareja

            El tema es serio y así lo ha sentido evangelio de Juan. Y por eso, después de hablar de Juan Bautista (Jn 1), es decir, de los temas penitenciales y del agua del bautismo (tema del domingo pasado), pasa a las bodas. La gente, en general, tiende a vivir en pareja, esto es, casarse (crear una familia), pero quizá sin boda formal, y menos con boda por la Iglesia.

 ¿Qué sentido tiene invitar o no invitar a Jesús para las bodas? ¿Para qué tipo de bodas,para todas, incluso para las de amigos del mismo sexo? ¿Qué sentido tiene decir que Jesús aporta el vino? ¿Tiene algo que ver la iglesia con esto?

La mayoría de los lectores de mi blog tendrán ya una respuesta. Yo sólo puedo ofrecerles un planteamiento bíblico, no para resolver los temas de fondo, sino para entenderlos mejor. El tema es pues éste: ¿Puede la iglesia decir algo sobre las bodas? ¿Podemos invitar a un cura para casarnos?

Esta escena de las “bodas” “religiosas”, con la madre de Jesús presente como iniciadora y la transformación del agua de la Ley en vino del Reino, ofrece un signo privilegiado de la Iglesia (el primero, según el evangelio de Juan), y puede (debe) aplicarse muy bien a la “transformación de la vida cristiana”, entendida como experiencia fuerte de evangelio, como signo intenso de una iglesia que ha pasado de las purificaciones legales de un judaísmo de ley a la experiencia de las Bodas Mesiánicas del Reino, con la Nueva Humanidad como Novia del Cordero (cf. Ap 20‒21)[1].

Juan 2, 1-11

En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos. En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino.»Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.»Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga.»

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.»Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.»

Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.» A sí, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

COMENTARIO

 Al tercer día había una boda en Caná de Galilea (Jn 2, 1) [2].

Había una boda en Caná… Viene al mundo la Palabra de Dios, que es Jesús, y se ha introducido en el contexto de la misión de Juan Bautista y sus discípulos, que se mantenía todavía en un plano de agua, es decir, de purificaciones, en línea de ley (Jn 1). Pero después, cumplido el rito de Juan Bautista, la Palabra de Dios se introduce el escenario concreto de la vida de los hombres y mujeres, en el momento clave de su despliegue, de ley de vida, que una boda, todas las bodas de la historia humana.

La vida humana está hecha de bodas, esto es, de vinculaciones concretas de amor y generación, de atracción mutua y de ley, de hombres y mujeres que se casan, hace “hacen casa”, para vivir, para engendrar, para esperar, para morir… Las bodas revelan y realizan lo más grande (son una especie de centro y latido de la historia humana). Pero ellas pueden terminar y muchas veces terminan siendo lo más triste o pequeño (no logran realizar el amor pleno, no hay en ellas vino de existencia renovada, de fiesta que se abre para siempre a la eucaristía del vino de la vida eterna). Las bodas son lo más grande de la vida humana; pero tal como se celebran en Caná de Galilea son bodas de purificación, de agua de limpieza por los pecados, más que de vida de amor[3].

Y la Madre de Jesús estaba allí (Jn 2, 1)

1611887B-259B-43CC-9B60-28ECC41ADAE7 Esta anotación nos causa sorpresa. Según el evangelio de Juan, podía parecer  que Jesús carecía de padres de la tierra, pues había provenido como pura Palabra de Dios, de la altura de los cielos (Jn 1, 1-18). Después se nos decía casi de pasada que era el hijo de José de Nazaret, en afirmación cuyo sentido concreto no quedaba claro en el texto (Jn 1, 45; cf. 6, 42). Pues bien, de pronto, como indicando algo que es obvio y significativo, el texto alude a la Madre de Jesús y añade que estaba allí (2, 1). Todo nos permite pensar que ella es “signo de Israel”, de la familia judía de Jesús.

Parece claro que esa Madre de Jesús es importante, pues se la conoce por su título (es la Madre, sin más) y no por su nombre (igual que en Jn 19, 26-27, ante la Cruz). Sin duda alguna, ella pertenece al espacio y tiempo de las bodas de la humanidad. No era necesario invitarla, porque las bodas son el paso de una humanidad anterior a la nueva humanidad a la que alude el mismo Adán, en el principio de la creación (Gen 2, 23‒24). Por eso se dice sin más que la madre ¡estaba allí!

Las bodas para para la madre un espacio normal (natural), forman parte de su preocupación y de su historia. No está fuera, como invitada, en actitud pasiva; está muy dentro y, actuando como supervisora, ha de mostrarse atenta a todo lo que pasa; forma parte de la organización, es responsable de todo lo que pasa. Significativamente, José no está, quizá porque ha muerto; quizá porque el Evangelio de Juan no quiere introducir simbólicamente su figura, en un mundo presidido por la madre.

Jesús, en cambio, empieza siendo sólo un invitado, viene de fuera, no pertenece por sí mismo al espacio de bodas: él y sus discípulos parecen formar un mundo aparte, están como de paso. Lógicamente, no se preocupan de los temas de organización, al menos en un primer momento. Esta es la paradoja de la escena: Jesús viene como por casualidad y, sin embargo, luego actúa como responsable verdadero de las viejas y las nuevas bodas de la tierra. En este contexto se vuelven centrales las relaciones entre la madre (que es signo de la humanidad anterior, es decir, del judaísmo de ley, de la esperanza mesiánica) y Jesús (que será el iniciador de las nuevas bodas del Vino del Reino).

La madre es la mujer  que introduce la nueva pascua de Jesús. Ella marca la diferencia entre las antiguas y las nuevas bodas, el paso del agua al vino. Es la mujer de dos mundos, de dos épocas, de dos bodas. Por eso puede ver lo que falta en la boda anterior y decírselo a Jesús.

Y faltando vino la madre de Jesús le dijo: ¡no tienen vino! (2,3).

             Cuidadosamente debemos situar y comentar cada uno de los rasgos de esta frase, pues en ella se contiene como en germen todo lo que sigue: la carencia humana, la atención cuidadosa de la Madre, el gesto creador de Jesús, las nuevas bodas de la Iglesia, tal como pueden y deben ser actualizadas en la vida religiosa.

Lo primero es la carencia:¡faltando el vino! Todas las explicaciones puramente historicistas de ese dato quedan cortas: los novios serían pobres, se habrían descuidado en la hora del aprovisionamiento, habrían llegado (con los discípulos de Jesús) demasiados invitados, diestros bebedores… El mensaje y conjunto de la escena es demasiado importante como para cortarlo a ese nivel[4].

Anticipando un poco lo que sigue, podemos afirmar que la carencia de vino es un elemento constitutivo de la escena. Si Jesús no estuviera allí quizá no se hubiera notado esa falta: ¡Por siglos y siglos los hombres se habían arreglado sin (buen) vino, viviendo a pan y agua, como se decía en Castilla! Sólo ahora, cuando llega Jesús, se nota la carencia y se establece una especie de fuerte desnivel entre lo antiguo (bodas sin vino) y lo nuevo (el posible regalo del Cristo, vivir de pan y vino, como en una Eucaristía perpetua). Se puede sospechar ya desde aquí que los novios antiguos son el agua (en amor de purificación, que nunca limpia ni ama de verdad), y que ellos mismos deben convertirse en vino.

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En vez de ayuno, banquete de bodas. Domingo 2º del Tiempo Ordinario. Ciclo C. Domingo, 16 de enero de 2022

domingo, 16 de enero de 2022
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canc3a1Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

 El domingo pasado leímos el relato del bautismo de Jesús. Si hubiéramos seguido el orden del evangelio de Lucas (base de este ciclo C), hoy deberíamos leer el ayuno de Jesús en el desierto y las tentaciones. Sin embargo, con un salto imprevisible, la liturgia cambia de evangelio y nos traslada a Caná. ¿Por qué?

Las tres epifanías (o “manifestaciones”)

            Para la mayoría de los católicos, solo hay una fiesta de Epifanía, la del 6 de enero: la manifestación de Jesús a los paganos, representados por los magos de oriente. Sin embargo, desde antiguo se celebran otras dos: la manifestación de Jesús en el bautismo (que recordamos el domingo pasado) y su manifestación en las bodas de Caná.

Un comienzo sorprendente

Si recordamos lo que ha contado hasta ahora el cuarto evangelio, el relato de la boda de Caná resulta sorprendente. Juan ha comenzado con un Prólogo solemne, misterioso, sobre la Palabra hecha carne. Sin decir nada sobre el nacimiento y la infancia de Jesús, lo sitúa junto a Juan Bautista, donde consigue sus primeros discípulos. ¿Qué hará entonces? No se va al desierto a ser tentado por Satanás, como dicen los otros evangelistas. Tampoco marcha a Galilea a predicar la buena noticia. Lo primero que hace Jesús en su vida pública es aceptar la invitación a una boda.

¿Qué pretende Juan con este comienzo sorprendente? Quiere que nos preguntemos desde el primer momento a qué ha venido Jesús. ¿A curar unos cuantos enfermos? ¿A enseñar una doctrina sublime? ¿A morir por nosotros, como un héroe que se sacrifica por su pueblo? Jesús vino a todo eso y a mucho más. Con él comienza la boda definitiva de Dios y su pueblo, que se celebra con un vino nuevo, maravilloso, superior a cualquier otro.

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: “No les queda vino.” Jesús le contestó: “Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.” Su madre dijo a los sirvientes: “Haced lo que él diga.”

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: “Llenad las tinajas de agua.” Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: “Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.” Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes si lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.”

Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

El simbolismo de la boda: 1ª lectura (Is 62,1-5)

           Para los autores bíblicos, el matrimonio es la mejor imagen para simbolizar la relación de Dios con su pueblo. Precisamente porque no es perfecto, porque se pasa del entusiasmo al cansancio, porque se dan momentos buenos y malos, entrega total y mentiras, el matrimonio refleja muy bien la relación de Dios con Israel. Una relación tan plagada de traiciones por parte del pueblo que terminó con el divorcio y el repudio por parte de Dios (simbolizado por la destrucción de Jerusalén y la deportación a Babilonia).

            Pero el Dios del Antiguo Testamento no conocía el Código de Derecho Canónico y podía permitirse el lujo de volver a casarse con la repudiada. Es lo que promete en un texto de Isaías:

“El que te hizo te tomará por esposa:

su nombre es Señor de los ejércitos.

Como a mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor;

como a esposa de juventud, repudiada –dice tu Dios–.

            La primera lectura de hoy, tomada también del libro de Isaías, recoge este tema en la segunda parte.


Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia, y su salvación llamee como antorcha. Los pueblos verán tu justicia, y los reyes tu gloria; te pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor. Serás corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios.

Ya no te llamarán «Abandonada», ni a tu tierra «Devastada»; a ti te llamarán «Mi favorita», y a tu tierra «Desposada», porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá marido. Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo.

            Para el evangelista, la presencia de Jesús en una boda simboliza la boda definitiva entre Dios e Israel, la que abre una nueva etapa de amor y fidelidad inquebrantables.

El simbolismo del vino

            En el libro de Isaías hay un texto que habría venido como anillo al dedo de primera lectura:

“El Señor de los ejércitos prepara para todos los pueblos en este monte

un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera;

manjares enjundiosos, vinos generosos”.

            Este es el vino bueno que trae Jesús, mucho mejor que el antiguo. Además, este banquete no se celebra en un pueblecito de Galilea, con pocos invitados. Es un banquete para todos los pueblos. Con ello se amplía la visión. Boda y banquete simbolizan lo que Jesús viene a traer e Israel y a la humanidad: una nueva relación con Dios, marcada por la alegría y la felicidad.

El primer signo de Jesús, gracias a María   

A Juan no le gustan los milagros. No le agrada la gente como Tomás, que exige pruebas para creer. Por eso cuenta muy pocos milagros, y los llama “signos”, para subrayar su aspecto simbólico: Jesús trae la alegría de la nueva relación con Dios (boda de Caná), es el pan de vida (multiplicación de los panes), la luz del mundo (ciego de nacimiento), la resurrección y la vida (Lázaro).

            Pero lo importante de este primer signo es que Jesús lo realiza a disgusto, poniendo excusas de tipo teológico (“todavía no ha llegado mi hora”). Si lo hace es porque lo fuerza su madre, a la que le traen sin cuidado los planes de Dios y la hora de Jesús cuando está en juego que unas personas lo pasen mal. Jesús dijo que “el hombre no está hecho para observar el sábado”; María parece decirle que él no ha venido para observar estrictamente su hora. En realidad no le dice nada. Está convencida de que terminará haciendo lo que ella quiere.

            Juan es el único evangelista que pone a María al pie de la cruz, el único que menciona las palabras de Jesús: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”, “Ahí tienes a tu madre”. De ese modo, Juan abre y cierra la vida pública de Jesús con la figura de María. Cuando pensamos en lo que hace en la boda de Caná, debemos reconocer que Jesús nos dejó en buenas manos.

La tercera Epifanía

El final del evangelio justifica por qué se habla de una tercera manifestación de Jesús. “Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.” Ahora no es la estrella, ni la voz del cielo, sino Jesús mismo, quien manifiesta su gloria. Debemos pedir a Dios que tenga en nosotros el mismo efecto que en los discípulos: un aumento de fe en él.

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16 de Enero. Domingo II. Tiempo Ordinario

domingo, 16 de enero de 2022
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“Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: -Llenad las tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.”

(Jn 2, 1-12)

¿No había ningún fariseo en aquella boda?, para que se indignara y le dijera a la gente algo parecido a lo del episodio de la mujer encorvada (“seis días tenéis para venir a curaros…”). Algo así como: -“Otros recipientes tenéis para llenarlos de vino, dejad las tinajas de las purificaciones”.

Desde luego, si en esa casa había seis tinajas para las purificaciones, parece indicar que la gente que vivía allí era religiosa y cumplidora de la Ley. Pero nadie se queja, bueno, Jesús un poco, le dice a su madre que no ha llegado su hora. Todos los demás se callan. Solo abren la boca para beber vino.

Con todo, el gesto de Jesús es osado, casi escandaloso. En lugar de decirles a los siervos que traigan las jarras vacías del vino y las llenen de agua les hace llenar las tinajas de las purificaciones.

Bien pensado poco podría decirnos a nosotros que Jesús convirtió 600 litros de agua en vino, a regañadientes, en una boda. El sentido de ese gesto tiene un algo más. Y creo que los tiros tampoco van por el piadoso empeño de ver aquí el papel de intercesora de María.

El gesto de Jesús

El gesto de Jesús es mucho más subversivo pero se nos pasa desapercibido con tanto vino. Jesús convierte el agua de las purificaciones, de la Ley, en vino de fiesta. Y no para una fiesta religiosa sino para una fiesta “mundana”, humana. En una boda se celebra el amor humano, el inicio de una nueva familia.

Y es ahí donde Jesús transforma el agua de la Ley en vino de boda. El Dios de Antiguo Testamento que se ha cansado de repetir que el Templo se le queda pequeño, se escapa ahora también de la Ley y se mete en nuestras fiestas.

La novedad de Jesús no es que Dios venga a habitar en medio de su pueblo, eso ya era una realidad para el pueblo de Israel. Yahvé tenía su morada en medio de Israel. Israel tenía el Templo y la Ley. La novedad es que Dios en Jesús dice que Él es mucho más que el Templo y la Ley. Que a Dios no le podemos poner unos límites. Él ocupa TODO nuestro espacio, todos nuestros espacios.

Es más, nos está diciendo que Él quiere ser la alegría de nuestras fiestas. El vino abundante, desbordante, esplendido. Dios no quiere que se acabe nuestra fiesta.

Oración

Danos, Trinidad Santa, de ese vino para que nos embriaguemos de la alegría que viene de ti. Que sepamos entrar en la fiesta sin fin de tu Reino. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El agua-Ley limpia por fuera. El vino-amor vivifica desde dentro.

domingo, 16 de enero de 2022
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693d39cd99e5ab83560037a6d04e605aDOMINGO 2º (Boda de Caná) (C)

Jn 2,1-12

Celebramos hoy la tercera manifestación de Jesús que, junto a las otras dos durante siglos, se celebraban el día de Epifanía. El evangelio que hemos leído, entendido literalmente, no tiene ni pies ni cabeza. Es absurdo que Jesús saque de la chistera un regalo para los novios. No, como todos los “milagros” narrados por este evangelista se trata de un signo que nos lleva a realidades profundas y decisivas para nuestra verdadera trasformación interior.

Es impensable que el mayordomo no hubiera previsto el vino suficiente, cuando era su principal cometido. Es difícil de entender que fuera una invitada la que se diera cuenta y se preocupara por solucionar el problema. Tampoco es lógico que sea Jesús el que solucione el problema. No es normal que en una casa particular hubiera seis tinajas de cien litros, dedicadas a las purificaciones. No tiene sentido que el maestresalas increpe al novio por haber dado el vino malo al principio. Era él quien ordenaba qué vino se servía.

El relato no es una crónica de lo sucedido. Es fruto de una minuciosa y larga elaboración. No nos dice ni quiénes eran los novios ni qué relación tienen con Jesús. Lo que normalmente llamamos “el milagro” pasa casi desapercibido. Ni siquiera nos dice cuándo se convierte el agua en vino. Sería imposible separar lo que pudo suceder realmente de los símbolos que envuelven el relato. Pero lo que hoy nos cuenta Juan es teología. La clave para entenderlo es el trasfondo, la “hora” de la glorificación de Jesús en la cruz.

La boda era, desde Oseas, el signo más empleado por los profetas para designar la alianza de Dios con su pueblo. La idea de Dios novio y el pueblo novia se repite una y otra vez en el AT. La boda lleva inseparablemente unida la idea de banquete; símbolo de tiempos mesiánicos. El vino era un elemento inseparable del banquete. En el AT era signo del amor de Dios a su pueblo. La abundancia de vino era la mejor señal del favor de Dios.

La Mujer es un misterio en este relato. Nos aporta un poco de luz la segunda carta del Tarot: la Sacerdotisa. Un mujer madura, pero en plenas facultades, que simboliza lo nuevo, la sabiduría. María no le llama hijo, ni Jesús le llama Madre. María, símbolo de la Alianza que está ya caducada. Jesús y los discípulos son el nuevo pueblo, que están allí de paso. Es completamente inverosímil que María pidiera a Jesús un milagro y menos aún que adelantara la hora de hacerlo. La hora para Juan es siempre la hora de la muerte de Jesús.

El vino es símbolo del amor entre el esposo y la esposa. En la boda, (Antigua Alianza) no existe relación de amor entre Dios y el pueblo. La Madre, por pertenecer a la boda se da cuenta de la falta. María representa al Israel fiel que espera en el Mesías. Jesús nace del verdadero Israel y va a dar cumplimiento a las promesas. El primer paso es mostrarle la carencia: «No tienen vino«. No se dirige al presidente, ni al novio. Se dirige a Jesús, que para Juan es el único que puede aportar la salvación que Israel necesita y espera.

Jesús invita a su madre a desenten­derse del problema. No les toca a ellos intervenir en la alianza caducada. Está indicando la necesidad de romper con el pasado. Ella espera que el Mesías arregle lo ya existente, pero Jesús le hacer ver que aquella realidad no se puede rehabilitar. Jesús aporta una novedad radical. Juan está haciendo referencia a la «hora» (la cruz). Jesús invita a la esperanza, pero la realización no va a ser inmediata. El vino nuevo depende de aquella hora. Anunciar la hora significa que la salvación está cerca.

Haced lo que él os diga. Solo en el contexto de la Alianza, la frase puede cargarse de sentido. El pueblo en el Sinaí había pronunciado la misma frase: «Haremos todo lo que dice el Señor«. También el Faraón dice a los servidores: haced lo que él (José) os diga. Se ve con claridad el trasfondo del relato y lo que quiere significar. Como en el AT, el secreto de las relaciones con Dios está en descubrir su voluntad y cumplirla.

Las tinajas estaban allí colocadas, inmóviles. Se ve el carácter simbólico que van a tener en el relato. El número 6 es signo de lo incompleto. El número de la perfección era el 7. Es el número de las fiestas que relata este evangelio. La séptima será la Pascua. Eran de piedra, como las tablas de la ley. La ley es inmisericorde, sin amor. La ley (imposible de cumplir) es la causa del pecado (falta de amor-vino). Jesús les hace tomar conciencia de que están vacías; es decir, que el sistema de purificación era ineficaz.

Jesús ofrece la verdadera salvación, pero ésta no va a depender de ninguna ley (tinajas). El agua se convertirá en vino fuera de ellas. «Habían sacado el agua«. La nueva purificación no se hará con agua que limpia el exterior, sino con vino que penetra dentro y transforma el interior del hombre. Solo después de beberlo se da cuenta el mayordomo de lo bueno que es. Esta presencia de Dios dentro de uno es la oferta original de Jesús.

Lo que sacan los criados de las tinajas es agua. El mayordomo (clase dirigente) no se enteró de la falta de vino. Significa que los jefes se despreocupan de la situación del pueblo. Les parece normal que no se experimente el amor de Dios, porque esa es la base de su poder. No conoce el don mesiánico, los sirvientes sí. El vino-amor, como don del Espíritu, es el que de verdad purifica, lo único que puede salvar definitivamente.

El vino es de calidad. “Kalos” indica siempre excelencia. El maestresala reconoce que el vino nuevo es superior al que tenían antes. Pero le parece irracional que lo nuevo sea mejor que lo antiguo. Por ello protesta. Lo antiguo debe ser siempre lo mejor. Esta actitud es la que impidió a los jefes religiosos aceptar el mensaje de Jesús. Para ellos la situación pasada era ya definitiva. Toda novedad debe ser integrada en el pasado o aniquilada.

El último versículo es la clave para la interpretación de todo el relato. Nos habla del “primer signo” de una serie que se va a desarrollar durante todo el evangelio. Además, como signo, va a servir de prototi­po y pauta de interpretación para los que seguirán. El objetivo de todos los signos es siempre el mismo: manifestar “su gloria”. Ya sabemos que la única gloria que Jesús admite es el amor de Dios manifestado en él. La gloria de Dios consiste en la nueva relación con el hombre, haciéndole hijo, capaz de amar como Él ama.

Dios se manifiesta en todos los acontecimientos que nos invitan a vivir. Dios no quiere que renunciemos a nada de lo que es verdaderamente humano. Dios quiere que vivamos lo divino en lo que es cotidiano y normal. La idea del sufrimiento y la renuncia como exigencia divina es antievangélica. El mensaje para nosotros hoy es muy simple, pero demoledor. Ni ritos ni abluciones pueden purificar al ser humano. Solo cuando saboree el vino-amor, quedará todo él limpio y purificado. Cuando descubramos a Dios dentro de nosotros seremos capaces de vivir la inmensa alegría que nace de la unidad-amor. Que nadie te engañe. El mejor vino está sin escanciar, está escondido en el centro de ti.

Meditación

Con apaños exteriores no puedo llegar a Dios.
Dogmas, ritos y preceptos, o los vivo o están muertos.
Nuestra religión es falsa si no nos da Vida auténtica.
La doctrina será el agua que solo te dará vida
si la bebes y trasformas en lo más hondo de ti.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Caná: el primer signo.

domingo, 16 de enero de 2022
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Jn 2, 1-12

«Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él»

Cuando se escribe el evangelio de Juan —a finales del siglo primero— hace ya mucho tiempo que los sinópticos están circulando por las comunidades cristianas, lo que significa que los hechos y dichos de Jesús son ya sobradamente conocidos por los fieles. Quizá por esta razón, el cuarto evangelio se plantea como un gran tratado teológico y su estilo es tan distinto del resto de evangelios.

Juan —su comunidad— organiza el evangelio en torno a siete hechos milagrosos sobre los que desarrolla siete mensajes —signos—, con tal carga teológica, que resulta imposible reconstruir lo que realmente sucedió. Además, no tiene ningún empacho en poner sus palabras (las palabras de Juan) en boca de Jesús, lo que significa que los textos que leemos no se corresponden con dichos de Jesús, sino con la elaboración teológica realizada en el seno de sus comunidades.

A veces Juan nos exaspera con su empeño de presentar un Jesús mucho más cercano a una deidad disfrazada, que al hombre verdadero que fascinaba a la gente con sus hechos y sus dichos (no en vano, algunos especialistas descubren en su evangelio no poco elementos gnósticos), pero eso no quita para que los signos que narra nos sigan pareciendo esenciales para una correcta interpretación del mensaje evangélico.

Y este primer signo que nos ofrece es muy sencillo: Jesús es invitado a una boda, se acaba el vino y hace el milagro de convertir el agua ritual en vino de la mejor calidad. Aunque aparentemente es un signo trivial, encierra una trascendencia notable y no es casual que Juan lo sitúe justamente al comienzo de su evangelio.

Y es que nos quiere trasmitir desde el principio la novedad de Jesús, la plenitud que representa. Y lo hace enviándonos un mensaje de fiesta, de abundancia, de felicidad. El Reino no tiene nada que ver con ganarse el cielo a base de renuncias y sacrificios; el Reino es cosecha, es abundancia, es perla preciosa, es tesoro escondido en el campo, es la alegría de quien los encuentra y no duda en venderlo todo por conseguirlo.

Pero hay más, porque se trata un signo sorprendente, casi paradójico, en cuyo texto se dice que «Dios manifestó su gloria»… alegrándoles el día a un puñado de aldeanos que celebraban una boda de pueblo.

El pueblo de Israel — y nosotros exactamente lo mismo— creía manifestar la gloria de Dios construyéndole Templos soberbios, utilizando ornamentos suntuosos, ofreciéndole sacrificios y liturgias solemnes, acatando escrupulosamente la Ley… y Juan les dice —nos dice— que cuando mejor manifestamos la gloria de Dios es cuando somos felices. Como decía Ruiz de Galarreta: «La gloria de Dios es siempre la felicidad de sus hijos».

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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El poder de la transformación.

domingo, 16 de enero de 2022
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03Jn 2, 1-11

16 de enero de 2022

El evangelio de este domingo nos regala un texto extremadamente simbólico, muy propio de Juan; un episodio considerado como bisagra que permite un giro entre la introducción del Evangelio y el ministerio público de Jesús. No es muy justo hacer responsable al Evangelio de la historicidad de los acontecimientos, pero sí de lo esencial de su mensaje, más allá de los elementos periféricos que nos pueden enredar en inútiles reflexiones. Este pasaje podría considerarse como una reseña de la gran obra del cristianismo según la perspectiva de Juan.

La escena comienza en Caná, una ciudad pequeña, de gente humilde y agobiada por impuestos. Estamos en la segunda fase de una boda cuando ya la mujer se va a vivir a casa del novio. Solían durar mucho tiempo, tal vez una semana. El detonante de esta historia es que les falta vino, por lo visto muy habitual en estas fiestas y que, en este caso, adquiere una importancia capital. Que se acabara el vino era una prueba de vergüenza y de situación precaria. En cualquier caso, nos encontramos ante un texto que revela un gran poder de transformación en diferentes planos.

El primer plano: del rol a la identidad; Podemos ver claramente el protagonismo que adquiere María en esta historia. María, la madre de Jesús, en un primer momento, aparece separada del grupo de Jesús y sus discípulos. A ella se hace referencia primero, lo que nos puede llevar a suponer que el texto tiene una clara intención inclusiva y de integración de la mujer en el movimiento de Jesús. De hecho, termina el pasaje dejando claro que se fueron todos juntos a Cafarnaúm. Ha llegado, por tanto, el signo de la unidad, todos incluidos y anclados en el nuevo tiempo de Dios.

Es María-mujer la primera que toma la palabra en la escena. No usa su palabra para juzgar, para condenar, para explicar nada. María ejerce su liderazgo personal de una manera libre, con firmeza y proactivamente: “No tienen vino”. Se limita a hacerse cargo de una situación a través de una nueva mirada, una mirada integradora, más desarrollada en lo femenino, nada egocéntrica, vislumbrando una realidad de carencia para conducirla a la plenitud-ABUNDANCIA. La confianza en su hijo, creer en su capacidad de transformación, en su talento, en su potencial, hace que la situación cambie por completo.

Jesús se dirige a su madre denominándola como “mujer”, igual que en el momento de la cruz. Sin duda, María no es reconocida por su rol sino por su identidad…¡¡cuánto hay que aprender de esta escena!! …y su rol queda redefinido, “transformado” no ya por la maternidad biológica sino por su función profética, histórica, social, al servicio de un nuevo modo de existir. María empuja hacia la transformación desde una osadía extraordinaria, empoderada y consciente de su papel en la historia; arraigada en la historia humana introduce los nuevos tiempos y una nueva visión de la humanidad.

El segundo plano: de la carencia a la abundancia; sería el milagro de Jesús en sí mismo como signo de transformación. Supone una ruptura clara del movimiento de Jesus con respecto al judaísmo; un judaísmo en decadencia y radicalizado hasta el extremo. Vuelve la fuerza de la palabra de María para contribuir a esta transformación que cambia el curso de la historia: “haced lo que él os diga”. Las 6 tinajas eran un símbolo del carácter judío de la población de Galilea. Puesta ya la confianza en Jesús, nos introduce a todos los oyentes en la nueva ruta del cristianismo como una nueva forma de vivir en la que la “abundancia” no es solo un sentimiento sino una manera de situarnos ante la vida.

Vivir anclados en la carencia, en lo que nos falta, en lo que no somos, nos convierte en personas frustradas, ansiosas por completar lo que no tenemos o no creemos ser; nos lleva a colocar la referencia en otras realidades-personas para compensar ese vacío existencial. María nos vincula a Jesús para que avancemos desde lo que realmente somos en nuestro plano más profundo. En realidad, el verdadero milagro no es tanto transformar nada sino conectarnos a nuestra verdadera naturaleza donde todo es abundancia y plenitud.

El tercer plano: del tiempo humano al tiempo de Dios. Ya aparece en las primeras palabras del texto al situar este pasaje al “tercer día”. Sabemos que esta expresión bíblica es un signo pascual, es decir, nos ubica en el tiempo de la trascendencia de la historia. Cuando Jesús entiende que ha llegado su “hora” nos introduce en el tiempo de Dios fluyendo la auténtica vida simbolizada en el mejor vino que se podría tener. Ahora es la abundancia, la plenitud, la alegría de encontrar el verdadero sentido y significado de la vida, lo que se convierte en signo de nuestro vínculo con la Divinidad; la conexión entre el Cielo y la Tierra sincroniza la humanidad y la Divinidad generando un derroche de Amor que justifica el valor de lo que somos.

Ser conscientes de nuestra dignidad y conectar con la dignidad de todos los seres humanos tiene unas tremendas consecuencias éticas que serían la verdadera transformación de nuestro planeta: la consecuencia de leer la realidad personal, social, eclesial, con anchura, sin egos, con altura, sin sesgos, con hondura, sin ligerezas; la consecuencia de hacer posible, de una vez, que las mujeres dejemos de ser las “mujeres de” para ser “mujeres con” en conexión con el liderazgo de María; la consecuencia de aprender a mirar, por dentro y por fuera, desde la posibilidad, la abundancia, y no desde los límites y los vértices de la vida.

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

 Fuente Fe Adulta

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Alegría

domingo, 16 de enero de 2022
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callealegria-blog_imagenDomingo II del Tiempo Ordinario

16 enero 2022

“La alegría es señal inequívoca de que la vida triunfa”, escribía el filósofo Henri Bergson. Y no parece casual que el “primer signo” que el evangelio de Juan atribuye a Jesús tenga que ver justamente con esa actitud vital.

La alegría es el primer fruto natural de la vida que no ha sido bloqueada, porque es una con ella. Sin negar nuestra vulnerabilidad, que explica los altibajos emocionales y condicionamientos de todo tipo con los que nos vemos obligados a lidiar en nuestra existencia cotidiana, la alegría se sitúa en un “lugar” que se halla siempre a salvo. Porque es una realidad transpersonal.

Ello significa que no se trata de “algo” que podemos (o no) tener; no es una “cualidad” que hayamos de conquistar. Es lo que somos en nuestra identidad profunda. Y podemos experimentarla como un anhelo que busca fluir a través de nuestra persona.

Puede ocurrir, sin embargo, que nos vivamos desconectados de ella, debido a dos factores que se alimentan mutuamente. Por un lado, hemos podido crecer con carencias o dolencias de todo tipo -físicas, económicas, psicológicas, relacionales…- que siguen pesándonos y, en mayor o menor medida, nos mantienen atrapados en la tristeza, la decepción, la angustia, el enfado, el resentimiento o incluso la apatía. Por otro, en relación con lo vivido, nuestra mente ha podido generar un modo de funcionar alejado de la vida y de la verdad de lo que somos, dando lugar a patrones de pensamiento erróneos y a creencias irracionales que, en última instancia, son la fuente de nuestra desdicha.

Redescubrir la alegría que somos y reconectar con ella requiere un trabajo de “limpieza” o “higiene mental”, que no consiste únicamente en modificar unas creencias (irracionales) por otras (más ajustadas), sino en tomar distancia de la mente porque aprendemos a vivir en “otro lugar”: en la atención. en el no-pensamiento (el «no-saber», del que han hablado siempre los sabios), en el no-juicio, en el silencio de la mente…, en el Testigo.

Así como la mente es el lugar del razonamiento y necesitamos utilizarla para desenvolvernos adecuadamente en nuestra vida cotidiana, el Testigo es el lugar de la Comprensión que, más allá de los recurrentes y cansinos mensajes mentales, nos permite entrar en contacto y vivir en conexión con lo que realmente somos. Con lo cual, venimos a descubrir que el camino para descubrir y vivir nuestra verdad pasa por el silencio de la mente.

Cuando la mente se silencia, fluye la alegría, de la misma manera que fluye la gratitud. Es por esto que, tal como reza el dicho, no necesitas nada para ser feliz; en cambio, necesitas algo para estar triste.

¿Qué me da resultado para conectar con la alegría?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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El sistema eclesiástico se ha quedado sin vino, sin amor

domingo, 16 de enero de 2022
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6D89C307-307F-4177-80AC-03ECA3F1BEB7bodascana-asombro400Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- v 1. BODA EN CANÁ DE GALILEA

    El signo de las bodas de Caná es como el primer paso de la actividad de Jesús en su vida adulta.

    Había una boda

Toda boda, el matrimonio hace referencia siempre al amor, a la vida. En toda boda, que sea tal, hay amor y vida.

Dios amaba a su pueblo, a la humanidad. La relación entre Dios y su pueblo era vivida como una comunicación de bondad y amor: boda.

La imagen de la boda, del amor está muy presente en los profetas y en el mundo bíblico a la hora de anunciar los tiempos del Mesías. A esta relación de amor en el lenguaje bíblico se le llamaba: “Alianza”.

Dios quiere, ama, y es siempre fiel al pueblo, al ser humano.

Dios no nos manda(ley), nos quiere.

02.- v 3 Faltó el vino

Vamos a convenir en que esto de que faltó el vino es una ficción literaria del evangelista, porque “no es posible” que en una boda judía falte el vino.

El vino es el símbolo del espíritu y del amor. El pueblo de Israel se quedó sin espíritu, sin amor, únicamente vivían de la ley. El judaísmo terminó por entender y vivir la religión como un entramado de normas y ritos sin alma, sin vida y sin espíritu, sin amor. Se quedaron solamente con las tinajas (las tinajas eran de piedra, porque el barro contamina el agua. Que las tinajas fuesen de piedra hace referencia a las piedras del Sinaí, al decálogo, la ley). La religión judía terminó siendo un “carrefour” de leyes y preceptos. ¿Como nosotros, como como nuestra Iglesia?

En muchas de las actitudes de nuestras parroquias e instituciones eclesiásticas no hay espíritu, hay estructuras, servilismo, leyes, miedo, ritos, cumplimiento, pero no hay alma ni amor.

Para ser católico no hace falta amar, basta con cumplir. El católico cumple, el cristiano ama.

Si usted no da una limosna en su vida, si no visita un enfermo, si no dedica tiempo y energías a los demás, moral y canónicamente nadie le podrá decir nada, nadie le dirá nada. Pero como no cumpla con la normativa, con la ley eclesiástica, como se desvíe un ápice de las rúbricas litúrgicas, o de las normas morales de natalidad, etc., probablemente le dirán que se está descarriando de la Iglesia, si no le amenazan con la condenación.

    En Caná, en Israel faltó el amor, y hoy el entramado eclesiástico está carente de espíritu, de libertad, de audacia, de amor.

    Menos mal que Francisco trata de corregir el rumbo eclesiástico hacia lo eclesial y hacia las bodas de Caná.

03.- vv 2.3 En la boda de Caná está presente la madre de Jesús y también los discípulos: la asamblea cristiana, la Iglesia

La familia se constituye en torno al amor. Se trata ahora de la nueva familia de Jesús: su madre y sus hermanos (discípulos).

Es curioso que el evangelio de Juan solamente mencione dos veces a María y Jesús no llama a María “madre”, sino “mujer”. (Ni tan siqueira aparece el nombre de María en el evangelio de Juan). Ahora en Caná: “Mujer, no ha llegado mi hora” y al pie de la cruz: “mujer ahí tienes a tu hijo” (Jn 19,26-27)

La mujer, la nueva Eva como creación de la nueva vida. Las bodas de Caná como “encuentro” de amor. (En la cruz está el discípulo al que Jesús tanto quería).

La nueva familia de Jesús se constituye no por las tinajas, por las piedras de la ley, sino por el amor.

Hay iglesia donde hay amor, lo demás es una agencia de servicios litúrgicos.

En algunas diócesis (iglesias locales) como la nuestra,  esto se ve claramente. Se cuida toda la tramoya litúrgica, la adoración perpetua al santísimo, la normativa moral, pero no tenemos espíritu, vino, amor.

    No tienen, no tenemos vino, tono vital.

04.- v 4. No ha llegado mi hora

    El tema de la “hora” es en portante en Juan: aparece veintitantas veces en este evangelio y en un movimiento ascendente y un tanto dramático, porque la hora llega cuando Jesús va a morir: sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre… (Jn 13,1). Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa. (Jn 19,27).

    En el evangelio de San Juan la comunidad cristiana, la Iglesia nace al pie de la cruz donde reciben la redención, el Espíritu, el bautismo (agua y sangre).

    En tiempos de tristezas y desánimos eclesiásticos, volvamos la mirada personal y eclesial a la hora del Señor, a la redención y al amor.

05.- v 6 Había seis tinajas de piedra – las llenaron de agua.

El mundo religioso del AT se había quedado exhausto y sin vida, pues lo habían reducido todo a piedras (las tablas del la ley del Sinaí) y agua (ritos sin vida).

El número 6 (tinajas) significa la imperfección. El número perfecto es 7. [1] Aquel pueblo se había quedado con 6 piedras, que evocan imperfectamente las piedras de la ley del Sinaí.

La restauración del cristianismo (de la Iglesia) no vendrá por la ley más rígida, por la involución y castigo que ya lleva décadas navegando en la Iglesia (probablemente desde la muerte de Pablo VI hasta el papa Francisco).

La recuperación de la Iglesia vendrá por el amor.

06.- v 9 El mayordomo probó el agua convertida en vino.

JesuCristo transforma la religión en fe y vida. Ya no sirve la vieja Alianza, el viejo vino. La Alianza de Cristo es nueva. Es la sustitución de la vieja Alianza. JesuCristo cambia el cumplimiento por la confianza, la ley por la libertad, el agua en amor. Jesús cambia la dureza, el cilicio por el buen vino en el espíritu.

En el restauracionismo que se nos quiere imponer, no volvamos a la vieja Alianza, no volvamos a la esclavitud de Egipto. Cristo es la nueva alianza de amor y libertad.

07.- v 11-12 Con las bodas de Caná Jesús comienza sus signos. Creció la fe de sus discípulos.

Por este signo –por el amor- creció la fe de sus discípulos. El creyente y toda comunidad crece en la fe y como persona por el amor.

El signo (el milagro) no es magia. El signo es que Cristo cambia la ley (tinajas: piedra) y la el rito (agua) por un nuevo vino, es decir por el amor. El signo es que estamos llamados a la libertad y al amor, no a la ley. Uno no cree en un prestidigitador, sí creemos en el amor y en quien ama.

Los símbolos tienen valor por lo que apuntan, no por lo que son en sí. El estilo del evangelio de Juan es hermosamente simbólico. El evangelio de Juan está construido a partir de un hecho y un largo discurso o “catequesis” que explica el hecho simbólico:

Agua / samaritana (Jn 4),

Multiplicación de los panes / pan de Vida (Jn 6), Ceguera / luz: yo soy (Jn 9)

Cuando alguien te enseñe las estrellas, no te quedes mirando el dedo

08.- v 5 Haced lo que él os diga.

María, presente en el amor de aquellas bodas, les dice a los sirvientes: haced lo que Él os diga.

Solamente habrá espíritu, nuevo vino, amor en la Iglesia y en la sociedad si hacemos lo que Él nos dice y lo que Él nos dice es servicio y amor.

Haced lo que él os diga.

[1] El número 666 es la suprema imperfección, la bestia – el antiCristo (Ap 13,18): por tres veces -el 6- no llega a la perfección.

 

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“¿Para qué creer?”. Bautismo del Señor – C (Lc 3,15-16.21-22)

domingo, 9 de enero de 2022
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Bautismo_C

Son bastantes los hombres y mujeres que un día fueron bautizados por sus padres y hoy no sabrían definir exactamente cuál es su postura ante la fe. Quizá la primera pregunta que surge en su interior es muy sencilla: ¿para qué creer? ¿Cambia algo la vida por creer o no creer? ¿Sirve la fe realmente para algo?

Estas preguntas nacen de su propia experiencia. Son personas que poco a poco han arrinconado a Dios de su vida. Hoy Dios no cuenta en absoluto para ellas a la hora de orientar y dar sentido a su existencia.

Casi sin darse cuenta, un ateísmo práctico se ha ido instalando en el fondo de su ser. No les preocupa que Dios exista o deje de existir. Todo eso les parece un problema extraño que es mejor dejar de lado para asentar la vida sobre bases más realistas.

Dios no les dice nada. Se han acostumbrado a vivir sin él. No experimentan nostalgia o vacío alguno por su ausencia. Han abandonado la fe y todo marcha en su vida tan bien o mejor que antes. ¿Para qué creer?

Esta pregunta solo es posible cuando uno «ha sido bautizado con agua», pero no ha descubierto qué significa «ser bautizado con el Espíritu de Jesucristo». Cuando uno sigue pensando erróneamente que tener fe es creer una serie de cosas enormemente extrañas que nada tienen que ver con la vida, y no conoce todavía la experiencia viva de Dios.

Encontrarse con Dios significa sabernos acogidos por él en medio de la soledad; sentirnos consolados en el dolor y la depresión; reconocernos perdonados del pecado y la mediocridad; sentirnos fortalecidos en la impotencia y caducidad; vernos impulsados a amar y crear vida en medio de la fragilidad.

¿Para qué creer? Para vivir la vida con más plenitud; para situarlo todo en su verdadera perspectiva y dimensión; para vivir incluso los acontecimientos más triviales e insignificantes con más profundidad.

¿Para qué creer? Para atrevernos a ser humanos hasta el final; para no ahogar nuestro deseo de vida hasta el infinito; para defender nuestra libertad sin rendir nuestro ser a cualquier ídolo; para permanecer abiertos a todo el amor, la verdad, la ternura que hay en nosotros. Para no perder nunca la esperanza en el ser humano ni en la vida.

José Antonio Pagola

Grupos de Jesús

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“Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo”. Domingo 09 de enero de 2022. Bautismo del Señor

domingo, 9 de enero de 2022
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09-bautismodelsenor (C) cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 42, 1-4. 6-7: Mirad a mi siervo, a quien prefiero. 
Salmo responsorial: 28: El Señor bendice a su pueblo con la paz. 
Hechos de los apóstoles 10, 34-38: Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo.
Lucas 3, 15-16. 21-22: Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo

Hoy celebra la liturgia el bautismo de Jesús. Las lecturas de este día nos ofrecen tres elementos para reflexionar sobre el bautismo en el Señor.

Un primer elemento lo encontramos en el texto de Isaías, quien nos habla de la actitud del siervo de Dios; éste ha sido llamado y asistido por el Espíritu para llevar a cabo una especial misión en el pueblo de Israel: hacer presente con su vida la actitud misma de Dios para con la humanidad; es decir, evidenciar que Dios instaura su justicia y su luz por medio de la debilidad del ser humano. Por tanto, es tarea de todo bautizado testimoniar que Dios está actuando en su vida; signo de ello es su manera de existir en medio de la comunidad; debe ser una existencia que promueva la solidaridad y la justicia con los más débiles, pues en ellos Dios actúa y salva; en ellos se hace presente la liberación querida por Dios.

El segundo elemento está presente en el relato de los Hechos de los Apóstoles. La intención central de este relato es afirmar que el mensaje de salvación, vivido y anunciado por Jesús de Nazaret, es para todos. La única exigencia para ser partícipe de la obra de Dios es iniciar un proceso de cambio (respetar a Dios y practicar la justicia), que consiste en abrirse a Dios y abandonar toda clase de egoísmo para poder ir, en total libertad, al encuentro del otro, pues es en el otro donde se manifiesta Dios. A ejemplo de Jesús, todo bautizado tiene el deber de «pasar por la vida haciendo el bien»; tiene la tarea constante de cambiar, de despojarse de todo interés egoísta para poder así ser testigo de la salvación.

El evangelio de Mateo desarrolla el tercer elemento que identifica el verdadero bautismo: La obediencia a la voluntad del Padre. “La justicia plena” a la que se refiere Jesús en el diálogo con Juan el Bautista manifiestamente la íntima relación existente entre el Hijo de Dios y el proyecto del Padre. Esto significa que el bautismo es la plenitud de la justicia de Dios, ya que las actitudes y comportamientos de Jesús tienen como fin hacer la voluntad de Dios. Esta obediencia y apertura a la acción de Dios afirma su condición de hijo; es hijo porque obedece y se identifica con el Padre. Esta identidad de Jesús con el Padre (ser Hijo de Dios) se corrobora en los sucesos que acompañan el bautismo: el cielo «se abre», desciende el Espíritu, y una voz comunica que Jesús es Hijo predilecto de Dios. Es «hijo» a la manera del siervo sufriente de Isaías (Is 42,1): hijo obediente que se encarna en la historia y participa completamente de la realidad humana. El bautismo, en consecuencia, provoca y muestra la actitud de toda persona abierta a la divinidad y voluntad de Dios; y hace asumir, como modo normal de vida, el llamado a ser hijos de Dios, identificándonos en todo con el Padre y procurando, con nuestro actuar, hacer presente la justicia y el amor de Dios.

Por desgracia, en la actualidad el bautismo se ha limitado al mero rito religioso, desligándolo de la vida y la experiencia de fe de la persona creyente. Se ha olvidado que el bautismo es un hecho fundamental del ser cristiano, pues tendría que ser la expresión de la opción fundamental de la persona, opción que toma a la luz del ejemplo de Jesús y por la que se compromete a ser cristiano. Leer más…

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9.1.22 Domingo del Bautismo. Nacer de Dios, ser en Dios. Crisis de bautismo en la iglesia

domingo, 9 de enero de 2022
Comentarios desactivados en 9.1.22 Domingo del Bautismo. Nacer de Dios, ser en Dios. Crisis de bautismo en la iglesia

86C0FC36-F34A-48BB-91E4-E3818E03BA2EDel blog de Xabier Pikaza:

La navidad (Nacimiento de Jesús: 25.12.2021) y la epifanía (su manifestación a las naciones:6.1.21) culmina este Domingo del Bautismo (6.1.22), cuando Dios dice a Jesús “tú eres mi hijo” (Lc 3, 21-22). El nacimiento de Jesús sólo es Navidad si desemboca de esa forma en el Bautismo (Dios «reconoce» a Jesús y le confía la tarea de «crear» una Iglesia o comunidad de renacidos). Pues bien, en este contexto, esta mañana (8.1.22) me han impactado y descolocado especialmente tres noticias de la página inicial de RD (Religión digiral):

1. El Gobierno de España ha propuesto un obispo especial para las fuerzas militares, y él se ha defendido diciendo que eso no es “necesariamente negativo”. No entiendo, quizá se trata de una “excusatio non petita”, pero me da la impresión de que por ahí se mantiene un pasado,  no se crea nueva iglesia.

2. Otro obispo ha tomado “posesión” de una Diócesis cercana, y algunos piensan que con eso se ilumina el futuro del cristianismo, mientras el 50% de la “gente-gente”, que hace unos era (se decía)100% cristiana está dejando de bautizar a los hijos. Ese es el tema. 

3. Otro obispo, nombrado también para una diócesis en discusión, por «salida» del obispo anterior ha dicho que “la manera en que ha salido es lamentable». No sé por qué. Como dicen en 1º de sociología, el problema de una institución no es cómo entras, sino cómo puedes salir… y actualmente, en ciertos lugares, estamos más en salidas de iglesia que en entradas.

Desde ese fondo, ésta víspera del bautismo de Jesús que es el culmen de la Navidad, nacimiento de la Iglesia, he querido reflexionar sobre el bautismo, en una iglesia está dejando de bautizar, quizá porque no vienen, quizá porque ella no les busca ni invita. El panorama parece triste, pero creo que en el fondoes esperanzador. Puede nacer una nueva iglesia.

| X Pikaza Ibarrondo

1.El bautismo se ha vuelto un problema en países de “arraigo” cristiano, como España

Hace unos años bautizaba a todos, prácticamente a todos los nacidos. Hoy está bautizando a poco más que a la mitad. Se podrían “buscar” culpas:

-El bautismo era un “hecho social”, no un acontecimiento espiritual, de comunidad creyente, una experiencia de renacimiento. Ahora que ese hecho ha perdido relevancia social la gente-gente está dejando de bautizar a sus hijos.

Por otra parte, la Iglesia había relegado en parte el bautismo al trastero de los edificios parroquiales, como celebración privada, de unos pocos familiares, con “padrinos” traídos a lazo… De un modo  lógico, ahora que la pertenencia eclesial ha perdido el sentido que antes tenía (y nadie-nadie cree que los no bautizados van al limbo o al infierno, o están en pecado) mucha gente está dejando de bautizar a los hijos y de educarles en cristiano (¡ellos verán cuando se hagan mayores! Y evidentemente la mayoría no ven). La vida es corta, los garbanzos caros, los temas urgentes son otros ¿para qué bautizarse?

     Por eso, mientras sigue habiendo cristianos, nos vamos entreteniendo con obispos castrenses, sí o no, con el poder social de los obispos… y con los posibles escándalos de obispos  que dejan el episcopado por crisis de otro tipo y de obispos que acceden al episcopado con declaraciones que a la gente-gente no le suenan

     En ese contexto me he animado a retomar y re-escribir para este blog un par de paginitas tomadas en parte de mi teología de la Biblia (la Palabra hace carne). Mañana es el día del bautismo. Para mí es un día grande, uno de los mayores días de la Iglesia. Quizá sería bueno empezar por el bautismo, no por los obispos.

   Yo me atrevería a decir: “Si uno quiere ser obispo” (animador de una comunidad de seguidores de Jesús) empiece haciendo cristianos. ¿Cómo hacerlo hoy, año 2022, cuando muchos cristianos están dejando de ofrecer el bautismo a sus hijos? ¿Habrá que empezar casi de cero? Buen día a todos.

 2.Comunidad de renacidos. Nacer por bautismo

La Iglesia no es una comunidad de nacimiento físico o raza, como otras religiones, ni un estado político‒militar, fundado en el poder de algunas, o en la riqueza de otros, sino una comunión de “renacidos”, es decir, de personas “re-nacidas”, que tienen la experiencia de “haber nacido de “ y de vivir en él.   Éste es el tema: La iglesia es una comunidad de bautizados, que tienen la experiencia de “haber nacido” de Dios, a ejemplo de Jesús, y de vivir en una comunidad de “renacidos” a la vida en Dios.

No tomo por tanto el bautismo como rito de una iglesia particular, sino como signo del “nacimiento superior” de todos los cristianos, que no se vinculan por biología o raza, ni por presión político‒económica (o militar), sino por asociación voluntaria de fidelidad (de fe en el Dios de Jesús, que es fe de unos en otros) … En ese sentido, los creyentes‒bautizados de la Iglesia se integran entre sí como iniciados, renacidos en un grupo que les acoge y sella como “hijos de Dios”, en la línea del bautismo de Jesús (Mc 1, 9‒11) o del mandato pascual de Mt 28, 16‒20 (bautismo en la trinidad).

El arquetipo inicial de la Iglesia cristiana como tal es el bautismo, como expresión de un nacimiento superior, universal, de hombres y mujeres, de pueblos y razas, como iniciación mesiánica universal, que tiene un precedente en el judaísmo, pero que lo desborda. Los judíos “nacían” biológicamente por pertenencia a un pueblo (judío es el hijo de una judía) y ratificaban ese nacimiento por la circuncisión realizada en familia y por unas leyes de tipo alimenticio, sexual y social. Por el contrario, los cristianos no nacen, sino que se hacen por re-nacimiento, por integración personal, ratificada por el bautismo, que no se realiza en pequeña familia, sino en la comunidad de los cristianos, sin más exigencia o compromiso que la fidelidad mutua de todos los hermanos, dentro de un espacio de vida entendida como regalo y experiencia de comunicación humana, en línea de Jesús.

 3.Prehistoria judía.Bautismo en el Jordán

Las casas de los judíos puros (ricos) teníanpiscinas purificatorias (miqvot), para «limpiarse» a través de bautismos rituales. Los esenios de Qumrán se bautizaban al menos una vez al día, para la comida pura (cf. 1Q 5, 11-14). Había también hemero-bautistas, como Bano, que se purificaban cada día (incluso varias veces), para estar limpios ante Dios, compartiendo la pureza del principio de la creación. En aquel tiempo había surgido además la figura y mensaje de Juan Bautista, que anunciaba e impartir un bautismo, para purificación de los pecados (cf. cap 13‒14)[1].

Pues bien, en un momento dado, Jesús fue a bautizarse, haciéndose discípulo de Juan. Abandonó la familia, dejó el trabajo como tekton y se integró en una intensa “escuela bautismal”, asentada en el río Jordán, que era límite de la tierra prometida. Superando así la cultura social del entorno, en unión con Juan Bautista, Jesús pensó que el orden socio‒sacral de este mundo acaba, y que todo termina con un juicio de Dios, que hará posible la nueva entrada de los verdaderos israelitas, que cruzarán el Jordán, como en tiempos de Josué (cf. Jos 1-6) y podrán vivir en la Tierra Prometida. En ese contexto se inscribe su bautismo, con su gran novedad:

 Y sucedió entonces que llegó Jesús, de Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio los cielos rasgados y al Espíritu descendiendo sobre él como paloma. Se oyó entonces una voz desde los cielos: Tú eres mi Hijo Querido, en ti me he complacido (Mc 1, 9-11).

El bautismo fue expresión de su “estado naciente”, es decir, de su nuevo nacimiento mesiánico, para el Reino de Dios, que trazó una ruptura respecto a lo anterior, definiendo su nueva opción mesiánico‒profética al servicio de la presencia creadora de Dios:

Iniciación y promesa mesiánica. Así lo ha destacado la tradición cuando afirma que vio los cielos abiertos y escuchó la voz de Dios Padre diciéndole ¡tú eres mi Hijo! y confiándole su tarea creadora y/o salvadora (¡por medio del Espíritu Santo!). Ciertamente, esa escena (cf. Mc 1, 9-11 par.), ha sido recreada por la Iglesia, pero en su fondo hay un gesto histórico firme, que anticipa la acción posterior de Jesús, vinculada a la promesa del Hijo de David: “Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo” (2 Sam 7, 14), tal como ha sido proclamada por Sal 2, 7: “Tú eres mi hijo, yo hoy te he engendrado”.

Inversión, cumplimiento profético y revelación mesiánica. El bautismo es la visualización y celebración comunitaria de esa experiencia de inversión, en la que viene a revelarse un Dios que actúa a contrapelo de un tipo de egoísmo humano. Precisamente allí donde, habiendo llegado al fin de su mensaje apocalíptico, Juan se había colocado ante una meta de juicio y destrucción de la humanidad anterior, Jesús experimentó y descubrió su vocación davídica, como impulso y llamada mesiánica de Reino, como si aquello que Juan anunciaba se hubiera cumplido, de tal forma que allí donde todo había terminado (ha llegado el juicio) vino a comenzar de otra manera todo, en línea de vida y no de muerte[2].

‒ Nacimiento de Dios, para su Reino. No fue un proceso racionalista en plano objetivo, algo que se puede demostrar por argumentos, sino una “intuición” vital, un acontecimiento que recompuso las coordenadas de su imaginación y de su voluntad, su forma de estar en el mundo y su decisión de transformarlo. En ese sentido decimos que el bautismo de Jesús fue un signo de su “vocación”, una llamada que Jesús ha “recibido” y acogido en lo más profundo de su ser. En un momento crucial de su vida, él escuchó la voz de Dios que le llamaba Hijo y sintió la experiencia del Espíritu, confiándole su tarea de Reino.

Es difícil trazar suposiciones de tipo psicológico sobre lo que Jesús sintió en el bautismo, pero es evidente que, al recibirlo, él se vinculó con los “pecadores” de su pueblo, con su carga de trabajo y/o falta de trabajo, como tekton, artesano galileo (Mc 6,1‒5), en una sociedad que se desintegraba. Venía a bautizarse para asumir el camino de Juan, quizá para “despedirse” del Dios de las promesas fracasadas, como Elías sobre el Horeb (1 Rey 19). Pero el Dios de su fe más profunda, vinculada a su tradición familiar mesiánica, el Dios de sus deseos más hondos, le salió al encuentro tras (en) el agua, en la brisa del Espíritu, y escuchó una voz que decía: ¡Tú eres mi Hijo Querido, en ti me he complacido!

La primera voz del Cielo (de Dios) no es ya Soy el que soy, Yahvé; (cf. Ex 3, 14 9), sino la afirmación engendradora del Dios Padre, que sale de sí y suscita al otro (a su Hijo), diciéndole ¡Tú eres! Un tipo de judaísmo había partido del Yo Soy de Dios como misterio incognoscible. El evangelio en cambio se fundamenta y expresa en el descubrimiento del Dios que es en sí mismo diciendo Tú Eres. Dios no empieza asegurando su dominio, sino dando ser al otro; no es un Yo soy en mí, sino un Yo soy para y contigo, diciendoTú eres mi Hijo. En el origen de la vida no está un Yo-Soy, planeando por encima de las cosas, ni la voz del hombre angustiado pidiendo la ayuda de Dios o de los dioses, sino la Palabra (Dios) que dice ¡Tú eres mi hijoquerido! (jhjd, agapêtos), y la respuesta del Hijo (Jesús), como Oyente original de esa Palabra[3].

4. Bautismo cristiano. Nacimiento personal y eclesial

                      Al asumir como propio el bautismo (signo fundante) de Jesús, reinterpretado desde la experiencia de su muerte, la iglesia ha ratificado su opción fundacional, definiéndose a sí misma como nuevo pueblo, por gracia de Dios, por inmersión creyente de sus miembros. No sabemos quién fue el primero en impartirlo, quizá Pedro (cf. Hech 3, 38). Tampoco sabemos si al principio entraban todos en el agua o bastaba el «bautismo en el Espíritu», como renovación interior. Sea como fuere, el bautismo vino a convertirse en paradigma de iniciación y pertenencia cristiana: la primera institución o sacramento visible y escondido, público y privado, paradigma) de los seguidores de Jesús, como signo de renacimiento personal y eclesial, como nueva creación (en cada bautizado se actualiza la misma experiencia de Jesús), para todos los pueblos.

 ‒ Bautismo escatológico y pascual. Por un lado, el bautismo mantiene a los creyentes en continuidad con Juan Bautista y su judaísmo. Pero, al mismo tiempo, expresa y expande la experiencia de la vida, muerte y pascua de Jesús, en cuyo nombre se bautizan sus seguidores, identificándose con él, ya en este mundo, sin esperar la llegada del Reino futuro, pues el Reino ha comenzado aquí, es la vida de Cristo en los creyentes.

Iniciación y demarcación. Quienes lo reciben renacen, insertándose en la vida, muerte y resurrección de Jesús, por obra de Dios Padre en el Espíritu (cf. Rom 6). De esa forma se distinguen y definen los creyentes, como indicará la fórmula trinitaria de Mt 28, 16-20 (en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu: cf. cap. 20), que les introduce creyentes en el espacio total del Dios de Cristo.

Entendido así, el bautismo supera la división de naciones, estados sociales y sexos, como sabe Gal 3, 28, retomando un pasaje clave de la liturgia: «ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, macho ni hembra…». La circuncisión discriminaba, como signo en la carne del sexo masculino, a judíos de los no judíos, a varones de las mujeres… Por el contrario, el bautismo es el mismo para varones y mujeres, libres y esclavo, judíos y gentiles, como sacramento de nuevo nacimiento personal en la comunidad de los creyentes.

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“Bautismo de Jesús”. Ciclo C

domingo, 9 de enero de 2022
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20160WDel blog  El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

 

Un ejercicio sencillo y una sorpresa

            Imagina todo lo que has hecho o te ha ocurrido desde que tenías doce años hasta los treinta (suponiendo que hayas llegado a esa edad). Si pones la lista por escrito necesitarás más de una página. Si la desarrollas con detalle, saldrá un libro.

            La sorpresa consiste es que de Jesús no sabemos nada durante casi veinte años. Según Lucas, cuando subió al templo con sus padres tenía doce años de edad; cuando se bautiza, “unos treinta años”. ¿Qué ha ocurrido mientras tanto? No sabemos nada. Cualquier teoría que se proponga es pura imaginación.

            Este silencio de los evangelistas resulta muy llamativo. Podían haber contado cosas interesantes de aquellos años: de Nazaret, con sus peculiares casas excavadas en la tierra; de la capital de la región, Séforis, a sólo 5 km de distancia, atacada por los romanos cuando Jesús era niño, y cuya población terminó vendida como esclavos; de la construcción de la nueva capital de la región, Tiberias, en la orilla del lago de Galilea, empresa que se terminó cuando Jesús tenía poco más de veinte años. Nada de esto se cuenta; a los evange­listas no les interesa escribir la biografía de su protagonista.

            Pero más llamativo que el silencio de los evangelistas es el silencio de Dios. Al profeta Samuel lo llamó cuando era un niño (según Flavio Josefo tenía doce años); a Jeremías, cuando era un muchacho y se sentía incapaz de llevar a cabo su misión; a Isaías, con unos veinte años. ¿Por qué espera hasta que Jesús tiene “unos treinta años”, edad muy avanzada para aquella época? No lo sabemos. “Los caminos de Dios no son nuestros caminos”. Buscando explicaciones humanas, podríamos decir que Isaías y Jeremías tenían como misión transmitir lo que Dios les dijese; Jesús, en cambio, además de esto formará un grupo de seguidores, será para ellos un maestro, “un rabí”, y esto no puede serlo a los veinte años. Pero esto no soluciona el problema. Seguimos sin saber qué hizo Jesús durante tantos años. Para los evangelistas, lo importante comienza con el bautismo.

El bautismo de Jesús

            Es uno de los momentos en que más duro se hace el silencio. ¿Por qué Jesús decide ir al Jordán? ¿Cómo se enteró de lo que hacía y decía Juan Bautista? ¿Por qué le interesa tanto? Ningún evangelista lo dice. La versión de Lucas es la siguiente:

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: “Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.”

            En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.”

            Lucas sigue muy de cerca al relato de Marcos, pero añade dos detalles de interés: 1) Jesús se bautiza, “en un bautismo general”; con ello sugiere la estrecha relación de Jesús con las demás personas; 2) la venida del Espíritu tiene lugar “mientras oraba”, porque Lucas tiene especial interés en presentar a Jesús rezando en los momentos fundamentales de su vida, para que nos sirva de ejemplo a los cristianos.

            Por lo demás, Lucas se atiene a los dos elementos esenciales: el Espíritu y la voz del cielo.

            La venida del Espíritu tiene especial importancia, porque entre algunos rabinos existía la idea de que el Espíritu había dejado de comunicarse después de Esdras (siglo V a.C.). Ahora, al venir sobre Jesús, se inaugura una etapa nueva en la historia de las relaciones de Dios con la humanidad. Porque ese Espíritu que viene sobre Jesús es el mismo con el que él nos bautizará, según las palabras de Juan Bautista.

            La voz del cielo. A un oyente judío, las palabras «Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto» le recuerdan dos textos con sentido muy distinto. El Sal 2,7: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy», e Isaías 42,1: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero». El primer texto habla del rey, que en el momento de su entronización recibía el título de hijo de Dios por su especial relación con él. El segundo se refiere a un personaje que salva al pueblo a través del sufrimiento y con enorme paciencia. Lucas quiere evocarnos las dos ideas: dignidad de Jesús y salvación a través del sufrimiento.

            El lector del evangelio podrá sentirse en algún momento escandalizado por las cosas que hace y dice Jesús, que terminarán costándole la muerte, pero debe recordar que no es un blasfemo ni un hereje, sino el hijo de Dios guiado por el Espíritu.

El programa futuro de Jesús

            Pero las palabras del cielo no sólo hablan de la dignidad de Jesús, le trazan también un programa. Es lo que indica la primera lectura de este domingo, tomada del libro de Isaías (42,1-4.6-7).

Así dice el Señor: Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.

            El programa indica, ante todo, lo que no hará: gritar, clamar, vocear, que equivale a amenazar y condenar; quebrar la caña cascada y apagar el pabilo vacilante, símbolos de seres peligrosos o débiles, que es preferible eliminar (basta pensar en Leví, el recaudador de impuestos, la mujer sorprendida en adulterio, la prostituta…).

            Dice luego lo que hará: promover e implantar el derecho, o, dicho de otra forma, abrir los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la prisión; estas imágenes se refieren probablemente a la actividad del rey persa Ciro, del que espera el profeta la liberación de los pueblos sometidos por Babilonia; aplicadas a Jesús tienen un sentido distinto, más global y profundo, que incluye la liberación espiritual y personal.

            El programa incluye también cómo se comportará: «no vacilará ni se quebrará». Su misión no será sencilla ni bien acogida por todos. Abundarán las críticas y las condenas, sobre todo por parte de las autoridades religiosas judías (escribas, fariseos, sumos sacerdotes). Pero en todo momento se mantendrá firme, hasta la muerte.

Misión cumplida: pasó haciendo el bien

            La segunda lectura, de los Hechos de los Apóstoles, Pedro, dirigiéndose al centurión Cornelio y a su familia, resumen en estas pocas palabras la actividad de Jesús.

Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»

            Un buen ejemplo para vivir nuestro bautismo.

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09 de Enero. Bautismo del Señor. Ciclo C

domingo, 9 de enero de 2022
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“Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”

(Lc 3, 15-16. 21-22)

Todavía con la resaca de Navidad, del comienzo de año y de la Epifanía, y ya se nos presenta a Jesús tomando sus propias opciones.

En los versículos anteriores Lucas nos presenta a Juan anunciando un tiempo nuevo y aclarando que él no era el Mesías esperado. Jesús, como tantos israelitas, también escucha esta buena noticia por boca de Juan. También quiere Jesús participar de este cambio comenzando por el bautismo. Se mezcla con el pueblo, es uno más de tantos; también hace fila, también espera en el calor del desierto… ¿Y nosotras? ¿En qué nos toca esperar? ¿Cómo esperamos? ¿En qué situaciones optamos por ser una persona entre tantas?

Para Jesús, este momento está cargado de contenido, se da una íntima comunión con el Padre y con su Espíritu. En ese momento en el que Jesús está orando es cuando recibe la confirmación personal: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”.

El destinatario de ese mensaje es exclusivamente Jesús. Será más adelante en su vida cuando tres discípulos (Pedro, Santiago y Juan) escuchen esta misma frase, en el monte Tabor, al ser testigos de la Transfiguración de Jesús (Lc 9, 28-36). En esa ocasión se les pedirá que lo escuchen.

¿Y nosotras? ¿Hemos escuchado nuestro mensaje personal de parte de Dios? ¿Estamos atentas para escucharlo? ¿Nos sabemos sus hijos e hijas amadas?

Dios Trinidad se hace presente en este pasaje de forma palpable. También el Espíritu Santo, al que parece que es más difícil describir, aparece hoy en forma de paloma. Dios Trinidad se hace presente en la historia, también en la actualidad. Dios es comunión, una comunión a la que también estamos llamadas nosotras.

Oración

Trinidad Santa, que nuestras esperas sean oportunidades de comunión íntima contigo.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Celebramos hoy el verdadero nacimiento de Jesús.

domingo, 9 de enero de 2022
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DOMINGO 1º BAUTISMO DE JESÚS (C)

Lc 3,15-22

Comenzamos el “tiempo ordinario”. El bautismo es el primer acontecimiento que los evangelios nos narran de la vida de Jesús. Es además, el más significativo desde su nacimiento hasta su muerte. Lo importante no es el hecho en sí, sino la carga simbólica que el relato encierra. El bautismo y las tentaciones hablan de la profunda transformación que produjo en él una experiencia que se pudo prolongar durante años. Jesús descubrió el sentido de su vida, lo que Dios era para él y lo que tenía que ser él para los demás.

Los cuatro evangelistas resaltan la importancia que tuvo para Jesús el encuentro con Juan el Bautista y el descubrimiento de su misión. A pesar de que es un reconoci­miento de cierta dependencia de Jesús con relación a Juan. Ningún relato nos ha llegado de los discípulos de Juan. Todo lo que sabemos de él lo conocemos a través de los escritos cristianos. Si a pesar de que se podía interpretar como una subordinación, lo han narrado todos los evangelistas, quiere decir que tiene grandes posibilidades muy de ser histórico.

Celebramos hoy el verdadero nacimiento de Jesús. Él mismo nos dijo que el nacimiento del agua y del Espíritu era lo importante. Si seguimos celebrando con mayor énfasis el nacimiento carnal, es que no hemos entendido el mensaje evangélico. Nuestra religión sigue empeñada en que busquemos a Dios donde no está. Dios no está en lo que podemos percibir por los sentidos. Dios está en lo hondo del ser y allí tenemos que descubrirlo. El bautismo de Jesús tiene un hondo calado porque nos lanza más allá de lo sensible.

Lucas no da ninguna importancia al hecho físico. Destaca los símbolos: Cielo abierto, bajada del Espíritu y voz del Padre. Imágenes que en el AT están relacionadas con el Mesías. Se trata de una teofanía. Según aquella mentalidad, Dios está en los cielos y tiene que venir de allí. Abrirse los cielos es señal de que Dios se acerca a los hombres. Esa venida tiene que ser descrita de una manera sensible para poder ser percibida. Lo importante no es lo que sucedió fuera, sino lo que vivió Jesús dentro de sí mismo.

El gran protagonista de la liturgia de hoy es el Espíritu. En las tres lecturas se hace referencia directa a él. En el NT el Espíritu es entendido a través de Jesús; y a la vez, Jesús es entendido a través del Espíritu. Esto indica hasta qué punto se consideran mutuamente implicados. Comprenderemos esto mejor si damos un repaso a la relación de Jesús con el Espíritu en los evangelios, aunque no en todos los casos  “espíritu” significa lo mismo.

Marcos:      1,10 Vio rasgarse los cielos y al Espíritu descender sobre él.

                   1,12 El Espíritu lo impulsó hacia el desierto.

Mateo:        3,16 Se abrieron los cielos y vio el Espíritu de Dios que bajaba como paloma.

Lucas:         3,22 El Espíritu Santo bajó sobre él en forma corporal como una paloma.

                   4,1 Jesús salió del Jordán lleno del Espíritu Santo.

                   4,14 Jesús, lleno de la fuerza del Espíritu, regresó a Galilea.

                   4,18 El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.

Juan:          1,32 Yo he visto que el Espíritu que bajaba del cielo y permanecía sobre él.

                   1,33 Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu, es quien bautiza con E. S. y fuego.

                   3,5 Nadie puede entrar en el Reino, si no nace del agua y del Espíritu.

                   6,63 El Espíritu es el que da vida, la carne no sirve de nada.

 

Hay que recordar que estamos hablando de la experiencia de Jesús como ser humano, no de la segunda o de la tercera persona de la Trinidad. Lo que de verdad nos debe importar a nosotros es el descubrimiento de la relación de Dios para con él, como ser humano, y la respuesta que el hombre Jesús dio a esa toma de conciencia. Lo singular de esa relación es la respuesta de Jesús a esa presencia de Dios-Espíritu en él. El bautismo no es la prueba de la divinidad de Jesús, sino la prueba de una verdadera humanidad.

En el discurso de Juan en la última cena, Jesús hace referencia al Espíritu que les enviará, pero también les dice que no les dejará huérfanos. Esas dos expresiones hacen referencia a la misma realidad. También dice que el Padre y él vendrán y harán morada en aquel que le ama. Jesús se siente identificado con Dios, que es Espíritu. No tenemos datos para poder adentrarnos en la psicología de Jesús, pero los evangelios no dejan ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios. Fue una relación mucho más que personal. Se atreve a llamarle Abba, (papá) cosa inusitada en aquella época y aún en la nuestra.

Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar su experiencia de Dios. El único objetivo de su predica­ción fue que también nosotros lleguemos a esa misma experiencia. La comunicación de Jesús con su «Abba«, no fue a través de los sentidos ni a través de un órgano portentoso. Se comunicaba con Dios como nos podemos comunicar cualquiera de nosotros. Tenemos que descartar cualquier privilegio en este sentido. A través de la oración, de la contemplación, el Hombre Jesús descubrió quién era Dios para él. En este caso, Lucas dice que esa manifestación de Dios en Jesús se produjo “mientras oraba”.

El descubrimiento de esa presencia nace sencillamente de su concien­cia de criatura. Dios como creador está en la base de todo ser creado, constituyéndolo en ser. Yo soy yo porque soy de Dios. Todo lo que tengo de positivo me lo está comunicando Dios; es el mismo ser de Dios en mí. Solo una cosa me diferencia de Dios: mis limitaciones. Esas sí son mías y hacen que yo no sea Dios, ni criatura alguna pueda identificarse absolutamente con Dios. Lo importante para nosotros es intentar descubrir lo que pasó en el interior de Jesús y ver hasta qué punto podemos nosotros aproximarnos a esa misma experiencia.

La experiencia de Dios que tuvo Jesús no fue un chispazo que sucedió en un instante. Más bien tenemos que pensar en una toma de conciencia progresiva que le fue acercando a lo que después intentó transmitir a los discípulos. Los evangelios no dejan lugar a duda sobre la dificultad que tuvieron los primeros seguidores de Jesús para entender esto. Eran todos judíos y la religiosidad judía estaba basada en la Ley y el templo, es decir, en una relación puramente externa con Dios. Para nosotros esto es muy importante. Una toma de conciencia de nuestro verdadero ser no puede producirse de la noche a la mañana.

¿Cómo interpretaron los primeros cristianos, todos judíos, este relato? Dios, desde el cielo, manda su Espíritu sobre Jesús. Para ellos Hijo de Dios y ungido era lo mismo. Hijo de Dios era el rey, una vez ungido; el sumo sacerdote, también ungido; el pueblo elegido por Dios. Lo más contrario a la religión judía era la idea de otro Dios o un Hijo de Dios. ¿Cómo debemos interpretar nosotros esa interpretación? Hoy tenemos conocimientos suficientes para recuperar el sentido de los textos y salir de una mitología que nos ha despistado durante siglos. Jesús es hijo de Dios porque salió al Padre, imitó en todo al Padre, le hizo presente en todo lo que hacía. Pero entonces también yo puedo ser hijo como lo fue Jesús.

Meditación

Jesús nació del Agua y del Espíritu.
Este segundo nacimiento dará a luz mi verdadero ser.
Ya está en mí, pero tengo que descubrirlo.
No te identifiques con tus limitaciones.
Tus fallos son carencias, pero tú eres lo positivo que hay en ti.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Lleno del Espíritu.

domingo, 9 de enero de 2022
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BAUTISMO DE JESUSLc 3, 21-22

«Tú eres mi hijo amado; en ti tengo complacencia»

Lo que vieron los ojos fue un galileo entrando en las aguas del Jordán y siendo bautizado por Juan el Bautista. La teofanía que recoge el texto a continuación —el cielo abierto, la paloma, la voz…— es fruto de la fe de sus autores, y solo con los ojos de la fe puede ser percibida.

Los evangelistas van a iniciar el relato de la vida pública de Jesús y quieren dejar claro desde el principio quién es el protagonista. Quieren anticiparnos que ese hombre capaz de mostrar con sus palabras la sabiduría de Dios y con sus hechos su misericordia; que es capaz de llegar hasta el final por ser consecuente con los criterios que nos propone, ese hombre —decíamos— es así, se comporta así, porque está lleno del espíritu de Dios.

El capítulo segundo del Génesis define al ser humano como barro con aliento de Dios; con espíritu de Dios, y esta definición formulada por el yahvista hace más de tres mil años todavía hoy sigue siendo válida para muchos de nosotros. En todo ser humano sopla el viento de Dios, su espíritu, aunque en algunos este soplo sea apenas perceptible, y en la mayoría de nosotros no pase de ser una brisa que solo en ocasiones pone de relieve nuestra humanidad.

Pero a lo largo de la historia, ese soplo, ese aliento, esa acción de Dios en definitiva, se ha manifestado de forma poderosa en muchos hombres y mujeres de cualquier tiempo, lugar o condición. Y no es preciso acudir a la biografía de grandes personajes para sentir el soplo de Dios en los seres humanos; basta que miremos a nuestro alrededor para que lo veamos en ese pariente, o ese amigo, o aquel compañero de trabajo… Es muy difícil sustraerse a esta realidad si uno va un poco atento por la vida.

Ahora bien, por encima de todos, hubo un hombre en quien el espíritu de Dios se manifestó de una forma tan extraordinaria que somos incapaces de entenderla o formularla. Su amigo íntimo, Simón —Pedro, como a él le gustaba llamarle—, lo definió luego como “Ungido por Dios con Espíritu Santo y con poder”.

Pedro recorrió con él Galilea, Judea y la tierra de gentiles, y conoció a un hombre que hacía propios los problemas ajenos y estaba siempre rodeado de enfermos, lisiados, pobres y pecadores. Que se compadecía de ellos, les sanaba, les enseñaba y les devolvía la esperanza que habían perdido. Que les decía que no eran unos pobres desgraciados como todos aseguraban, sino los más importantes a los ojos de Dios.

Y es que en Jesús hemos visto que el espíritu de Dios mueve a compadecer, a servir, a sanar, a enseñar, a dar esperanza… Y no solo vemos en él cómo es Dios para nosotros, sino también cómo es el ser humano en plenitud; libre de la opresión del pecado. Como decía Ruiz de Galarreta: «La Palabra le anuncia al ser humano que es más que un animalillo destinado a sobrevivir lo más cómodamente que pueda. Le dice: «Eres más, no te conformes, no te dejes engañar»».

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Bautismo de Jesús.

domingo, 9 de enero de 2022
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Lc 3, 15-16. 21-22

Siempre son difíciles de trasmitir las experiencias profundas porque difícilmente caben en las fronteras de las palabras, se escapan de los límites de los significados y por eso es necesario acudir a los símbolos y a los espacios amplios del relato para poder acoger, aunque sea de forma incompleta lo que se experimenta en lo hondo del corazón.

Para los compañeros y compañeras de Jesús contar a otros y otras lo que supuso para él su bautismo en el Jordán no fue una tarea fácil. Tenían que transmitir una vivencia honda y determinante en la vida del Maestro y para ello necesitaban poner en juego no solo toda su habilidad narrativa sino también hacer memoria de su experiencia religiosa y su camino de fe en Jesús.

Lucas, en concreto, nos presenta este momento crucial de la vida de Jesús como una experiencia vocacional, como el punto de partida desde el que se va a desplegar su vida a partir de ese momento. En la historia, narrada en pocos versículos, confluyen a la vez la experiencia íntima de Jesús con la proclamación pública de su identidad y su misión. El bautismo de Jesús expresará así su doble vinculación con Dios y con su pueblo.

Esperaban y se preguntaban en su interior. La difícil situación política, económica y social que vivía Palestina en el siglo I había despertado la esperanza en el pueblo de una intervención divina que les abriese caminos de futuro y les ofreciese un valedor ante tanta injusticia e impotencia sufrida (Mesías). La voz crítica de Juan, su modo diferente de actuar y su enfrentamiento con el poder herodiano hacía que muchos se preguntasen si él era quien traería la salvación de Dios tan anhelada. (Lc 3, 1-14). Juan, sin embargo, es consciente de que su papel es otro (Lc 3, 16-17). Él inspiraba en el corazón de la gente esperanza, pero será Jesús quien les invite a cambiar su vida desde Dios (Lc 3, 18).

Tod@s se bautizaban y Jesús también se bautizó. El relato recoge en breves pinceladas la vivencia de Jesús en el momento del bautismo. En primer lugar, Lucas indica que Jesús al introducirse en las aguas del Jordán oraba (Lc 3, 21). Este dato expresa la hondura del momento. No se trata de un rito sin más sino de una experiencia de encuentro con Dios que se revela como Padre (Lc 3, 22). En segundo lugar, este encuentro se expresa a través de imágenes (se abrió el cielo, el espíritu como paloma, la voz de Dios) que subrayan la fuerza existencial del momento y legitiman el camino que Jesús emprenderá a partir de ahora.

En el bautismo de Jesús la fuerza no está en la conversión, como proclamaba Juan, sino en la revelación. Todas las personas presentes son testigos de la experiencia que Jesús vive. Los que esperaban y se preguntaban, los que anhelaban en su corazón la salvación encuentran ahora una respuesta. Se trata de escuchar a aquel que ha recibido el Espíritu para ser Buena Noticia, para sanar, liberar, reconstruir (Lc, 4, 18). Aquel que es Hijo y nos hace hij@s invitándonos a acoger también el amor misericordioso de su Abba que nos levanta en nuestras caídas y nos reviste de una humanidad nueva.

El relato termina sin aplausos ni reconocimientos por parte de quienes estaban presentes. Quizá porque nos quiere invitar al silencio, a reencontrarnos con nuestra propia experiencia de encuentro con ese Dios que hace nuevas toda las cosas, a acoger  a la Santa Ruaj que nos ayuda a reconocer en Jesús la encarnación de su Palabra y una vez más hacernos compañer@s de camino, agentes de liberación y perdón en nuestro mundo herido.

Hoy necesitamos de nuevo recordar este episodio de la vida de Jesús. Quizá, no tanto, por los hechos portentosos que narra, sino por la experiencia que sostiene. En ella encontramos a Jesús escuchando en su corazón al Dios Padre/madre que sostiene su vida, que lo fortalece y le hace sentir la profunda libertad que lo hace hijo y lo envía. Esta experiencia abre para nosotr@s un camino que nos lleva al centro de nuestro corazón y ahí escuchar la palabra que Dios pronuncia en nuestra vida. Una palabra en la que confiar, desde la que esperar y que nos vincula como hermanas y hermanos, como hijas e hijos de un Padre/Madre que nos acompaña en la vida, nos invita a las preguntas y nos acoge en la respuesta amorosa de su amor y nos bautiza en la honda certeza de que solo el amor salva. Así lo hizo Jesús.

Carme Soto Varela

Fuente Fe Adulta

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Bautismo y comprensión

domingo, 9 de enero de 2022
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dezeen_reflet-by-claire-lavabre_ssFiesta del Bautismo de Jesús

9 enero 2022

Lc 3, 15-16.21-22

El rito del bautismo -conocido en diferentes tradiciones- posee una profunda carga simbólica: introducida en el agua, la persona sale “limpia”, purificada, renovada. Ese gesto evoca, por tanto, un “nuevo nacimiento”.

Ahora bien, visto desde la comprensión, el “nuevo nacimiento” no es producido por ninguna causa “externa”: un dios separado, un rito particular, una creencia determinada, una fe o una práctica religiosa… Porque -en una profunda paradoja, tal como han visto siempre las personas sabias- nacemos a lo que ya somos.

Lo que tiene de “nuevo”, por tanto, no es el hecho en sí -siempre hemos sido eso que ahora llamamos “nuevo”-, sino la comprensión de lo que realmente somos. El “nuevo nacimiento” se opera gracias a la comprensión experiencial de lo que somos.

A quienes se hallan identificados con el estado mental, este planteamiento les parece alucinatorio. Y suelen recurrir a lo que consideran, según ellos, constataciones simples y elementales que no invalidarían por completo. Dicen, por ejemplo: “Me miro al espejo y me reconozco: soy YO”… Con lo que la conclusión que plantean parece tan obvia que no entienden cómo se pueda poner en cuestión: caer en la cuenta de que soy mi “yo” es algo evidente para cualquier persona.

Sin embargo, este aparentemente simple razonamiento parece olvidar la facilidad con que nuestros sentidos (y nuestra mente) nos engañan en cosas que parecen absolutamente “evidentes”: ¿durante cuánto tiempo creímos los humanos que la tierra era plana o que el sol giraba en torno a ella? ¿Quién se hubiera atrevido a ponerlo en cuestión? ¿Cuánta gente sigue afirmando que la materia es sólida y no, esencialmente, vacío? ¿Y no ocurre algo parecido en los sueños? Todo lo que soñamos nos parece absolutamente real…, hasta que despertamos.

Estos ejemplos nos hacen ver que lo que asumimos como “evidencias”, tal vez no lo sean tanto. Y más tras los descubrimientos neurocientíficos que nos alertan de que no vemos nunca la realidad, sino solo una imagen mental de la misma. ¿Quién te asegura, pues, que lo que ves en el espejo eres realmente tú, sino simplemente tu creencia previa que has absolutizado? Del mismo modo que para ver la “irrealidad” de los sueños necesitamos despertar, también para ver más allá de la apariencia que nos devuelve el espejo acerca de nosotros mismos, necesitamos comprender: una cosa es la apariencia -forma, personalidad, yo…- y otra es la realidad -fondo, identidad…- que la sostiene. En resumen: no soy lo que veo en el espejo. Soy Eso que es consciente del personaje que ve.

Esta es la comprensión que nos hace “nacer de nuevo”, es decir, caer en la cuenta de que somos realmente Eso que había quedado oculto u olvidado, el tesoro escondido, del que hablaba el propio Jesús.

¿Me quedo en las apariencias o sé ir más allá de ellas?

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