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“Dejándolo todo, le siguieron”. Domingo 09 de febrero de 2025. Domingo 5º Ordinario.

domingo, 9 de febrero de 2025
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13-ordinario5 (C) cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 6, 1-2a. 3-8: Aquí estoy, mándame.
Salmo responsorial: 137: Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.
1Corintios 15, 1-11: Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.
Lucas 5, 1-11: Dejándolo todo, lo siguieron.

El autor de la primera lectura ubica la escena en un tiempo concreto, año 740 a.C. que corresponde a la muerte del rey Osías (740 a.C). El relato se divide en dos partes: la visión (vv. 1-4) y la reacción del profeta (vv. 5-8). Una tercera parte, que ha sido excluida en nuestro texto litúrgico (vv. 9-13), cuenta la misión que recibe el profeta. Realmente todo el capítulo 13 forma una unidad literaria. Por su similitud con los relatos de vocación de Jeremías y Ezequiel, que tienen estas mismas tres partes, algunos consideran este relato como de vocación. Sin embargo, el contenido nos lleva a pensar en un relato de misión.

La escena comienza a desarrollarse probablemente en el templo de Jerusalén, donde el profeta recibe la visión de una liturgia celeste. El profeta ve a Yahvé con los rasgos de un rey, ejerciendo su poder. También sobresale un lenguaje de plenitud expresado en frases como “el ruedo de su manto llenaba el templo”, “su gloria llena la tierra toda”… Los serafines (serafín = ardiente), seres alados de fuego, que no son todavía los ángeles de la tradición posterior, están por encima del rey, en actitud de servicio. Los serafines entonan el canto del «santo, santo, santo». La santidad de Dios se hace visible a través de su gloria, y la gloria de Dios se manifiesta a través de sus obras en la creación y de sus acciones liberadoras a favor de su pueblo.

En los vv. 5-7 se nos muestra la reacción de Isaías ante la visión, poniendo el acento en la impureza de sus labios y los de su pueblo. Se siente perdido por que tal vez no habló en el momento que lo debía hacer, esto lo hace impuro e incapacitado para ejercer su vocación de hablar en le nombre de Yahvé. La exclamación angustiosa que expresa conversión es atendida con un serafín quien a través de un carbón encendido toca su boca para que le sean perdonados sus pecados. Isaías entonces está habilitado de nuevo como profeta, no sólo para hablar sino para escuchar la voz de Dios que busca un profeta. Pasando de la angustia del pecado a la seguridad de estar acreditado para hacer de profeta, responde de inmediato “aquí me tienes”, manifestando así su disponibilidad y pertenencia absoluta a la voluntad del Señor.

Todo el capítulo 15 de 1 Corintios tiene como eje temático la resurrección de Jesucristo, puesta en duda en el v.12: “¿cómo dice alguno que no hay resurrección de los muertos?”. Al comenzar el capítulo Pablo recuerda la Buena Nueva como el mejor regalo entregado a la comunidad de Corinto, regalo que fue recibido y mantenido con fidelidad a las palabras anunciadas. Aparece claro que el elemento común a los cristianos de todos los pueblos, culturas y tradiciones es la palabra de Dios. El contenido de la Buena Nueva lo describe Pablo citando un fragmento del primer credo cristiano que tiene como protagonista a Cristo, como testimonio de solidaridad, su muerte por nuestros pecados, como punto de referencia, las Escrituras, como respuesta solidaria humana, su sepultura, como intervención directa de Dios, su resurrección, como testigos de la resurrección, a todos los que se les apareció. El Dios de la Vida y la vida de nuestro pueblo es la razón de ser de toda vocación cristiana, que es vocación a defender y acrecentar la vida. «Para que tengan Vida y Vida en abundancia».

En el evangelio de hoy nos encontramos con un diálogo entre Jesús y Pedro, sencillo y profundo a la vez, diálogo que podríamos hacer nuestro en medio de las aguas tempestuosas de este mundo mientras nos esforzamos en nadar contra corriente. Pedro, por el oficio, era el experto en lugares y horas precisas para pescar. Sabía que en la noche y con las aguas tranquilas se pesca mejor, eso había estado haciendo toda la noche ¡y no habían cogido ni un pececito! Pero llega Jesús que sin ser pescador le dice sencillamente, que eche las redes para pescar…

Pedro, el experto, pudo haber dicho que no, que no era ni la hora ni el lugar para pescar y todo hubiera quedado ahí. Pero no, calla su experiencia y sabiduría (“hemos pasado toda la noche bregando”); reconoce su fracaso y desilusión (“no hemos cogido nada”), y “en nombre de Jesús echa las redes”. Y ya conocemos el final del relato: ¡una pesca maravillosa! Cuando Jesús le pide a Pedro que “reme mar adentro” lo está invitando a una aventura que lo lleva más allá de las playas cotidianas en busca de un horizonte mucho más amplio. Y Pedro cree en la palabra de Jesús.

Éste es el verdadero milagro: creer cuando todo parece ilógico. La abundante pesca y las redes llenas de peces son sólo la consecuencia de la fe. Todos los relatos de milagros en el evangelio comienzan con la fe o la suscitan, es la condición para ver la acción de Jesús. Cuando no la hay, Jesús simplemente se va a la otra orilla como veremos en las próximas semanas. Si creemos en Jesús entonces se realiza el milagro!

Claro, la cosa no es tan sencilla, se necesita una fe muy grande dada por Dios. Pidamos esa fe para que igual que Pedro, creamos en Jesús, obedezcamos su palabra, rememos mar adentro y echemos las redes para pescar, entonces, veremos otro milagro en nuestras vidas y en nuestra comunidad.

Y es que ser discípulos de Jesús exige confiar en su palabra. La misión a la que Jesús nos quiere enviar es osada y, hoy por hoy, con pocas probabilidades de éxito. Jesús quiere contar con nosotros y nosotras para el proyecto de Reino. Jesús convoca a los Apóstoles para que sean pescadores de personas, por eso toda vocación exige “remar mar adentro” para abandonar las seguridades de la orilla, tener un horizonte ilimitado asumir responsabilidades y meterse en una gran obra: el servicio al Reinado de Dios, es decir, una utopía de la que serán beneficiaros todos los hombres y mujeres del mundo.

Sin que desmerezca el oficio de los pescadores, lo que le propone Jesús a Pedro es una superación en el oficio que hasta ahora había desempeñado: pescar hombres y mujeres para el Reino es una empresa más noble y difícil que pescar peces, es algo más milagroso que la pesca que acaban de hacer.

Pero algunos llamados a esta nueva labor son también invitados a “dejarlo todo” para seguir a Cristo. Los necesita dedicados a tiempo completo, dedicándole a esta “misión” todas las fuerzas. Pescar hombres y mujeres para el Reino exige renunciar a todo lo demás y asumir a Jesús como única posesión. La misión a la que se llama exige desprenderse por completo, para apegarse totalmente a Jesús. En el relato de hoy se van con Jesús, que vale mucho más que las dos barcas llenas de pescados que les acaba de regalar. Dejan esa abundante pesca que los había admirado tanto porque comprenden que la vocación compromete al ser humano en un trabajo que está por encima de los trabajos humanos ordinarios. La vocación–misión es una invitación a colaborarle a Dios, un trabajo milagroso. Oremos hoy por aquellos que dejándolo todo se han ido tras el Señor. Leer más…

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Dom 9.2. 25. Lo mismo que Pedro (Lc 5, 1-11): Duc in altum, ir más al fondo

domingo, 9 de febrero de 2025
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IMG_9887Del blog de Xabier Pikaza:

Dom 5. Ciclo C. Lc 5, 1-11. Este  pasaje,   escrito por Lucas hacia  el año 90 d.C.,  sitúa a la iglesia actual (2025) ante una  decisión antigua de los cuatro primeros convocados de Marcos 1, 16-20 (Pedro y su hermano Andrés; los dos zebedeos: Juan y Santiago).

Aquella decisiónes la nuestra  (siglo XXI) para recrear la iglesia en un momento crucial, tras las pequeñas reformas cosméticas del siglo XX (movimientos cristianos, Vaticano II, nueva evangelización,  proyecto sinodal) que, al parecer, están fracasando. Llevamos mucho tiempo sin pesca. La decisión antigua puede ayudarnos a tomarla nuestra.

SITUACIÓN. Duc in altum, más al fondo  en el mar de la vida, en la vida de cada persona

Han pasado una crisis muy fuerte, años de pesca inútil; pero Jesús les ha llamado de nuevo, han retomado la tarea y han pescado mucho. Éste es el argumentó del evangelio del domingo (Lc 1, 1-11), con la decisión de Pedro y los zebedeos, que Jn 21 plante teniendo en cuenta la tarea de Pedro y de los siete helenistas, con la intervención esencial del Discípulo amado. Por eso pido a mis lectores que lean ambos textos: Lc 5 y Jn 21.

Lucas ha retomado y contado esta la historia de un modo algo distinto, desde la perspectiva de los helenistas (Heh 6-8) y de Pablo, y ha escrito en esa línea todo el libro de los Hechos. También ha contado esa historia desde la perspectiva de Marta y María, en Lc 10, 38-42, suponiendo que las cosas han ido bien en esta iglesia de mujeres

 Varias iglesias, una iglesia.

Nuestro texto (Lc 5) nos sitúa ante la glesia de los cuatro primeros pescadores de Mc 1, 16-20 par. (Pedro-Andrés con Juan y Santiago), que aparecen en la escena y anuncio del juicio final, en Mc 13, recibiendo la enseñanza conclusiva de Jesús, ante el templo, con el anuncio de la destrucción del templo, con la guerra judía de fondo (67-70).

Está la iglesia de los Doce, elegidos por Jesús como nuevo Israel (Mc 3, 13-16,) para enviarlos después a las a las 12 tribus de Israel…, con Pedro entre ellos y también su hermano Andrés y los zebedeos, en Mac 6, 6-13 par). Es la iglesia del nuevo Israel, que aparece también en Pablo (1 Cor 1 15).Esta iglesia de los doce es la iglesia dominante, que Lucas sitúa en el Cenáculo de Jerusalén, tras la ascensión de Jesús, antes de la venida del Espíritu Santo (Hechos 1, 13-14), unida a los parientes de Jesús y las mujeres.

Está la iglesia de los hermanos parientes de Jesús, que aparecen en Hech 1, 13-14….Y de un modo especial en Hech 6-15 (y en 2 Cor 15 Se apareció a Jacob), cuando se distinguen la iglesia de los helenistas y la de los hebreos…. que pactan en el Concilio de Jerusalén (Hech 15). A esta iglesia de Santiago y los hermanos de Jesús (los hebreos) la conocemos después por la polémica constante de Pablo con ellos, en Gal, 1 Cor… y por la visita final de Pablo a Jerusalén, conforme al final de Hechos….donde parece que no hay acuerdo final entre Pablo y los hebreos cristianos.

Está la iglesia de los 7 helenistas de Hech 6, con Esteban, con Felipe el evangelista… y luego con Pablo. En la línea de esta iglesia establece Lucas el segundo envío de Jesús, el de los 72… que no se dirigen ya a Israel (como los 12), sino a todos los pueblos… (Lc 10-1-16)…. En un contexto en el que aparece también la iglesia de Marta y María. Parece evidente que este envío de los 72… se relaciona con el de los siete helenistas de Hech 6 y de  un modo especial con el de Pablo más tarde.

 Está la iglesia de las mujeres, de Marta y María(Lc 10, 38-42), que acogen a Jesús y a sus enviados, iglesia de la casa de la contemplación y del servicio mutuo,  iglesia de amor y de acogida.

Está la iglesia del Discípulo amado con Pedro… en Jn 21. Lucas ha desarrollado después en Hechos la línea que va de Pedro a Pablo; los sinópticos se han quedado más bien en la iglesia de los cuatro (Pedro y su hermano con los Zebedeos)…. Y el Cuarto Evangelio ha desarrollado más, en Jn 21 la iglesia que va de Pedro al Discípulo Amado.

Son iglesias distintas… que se irán uniendo en forma de una Gran Iglesia…  pero que por otra parte siguen siendo diferentes en la actualidad (año 2025) con católicos, ortodoxos protestantes y otras comunidades… entre las que podemos y debemos contar la iglesia de Santiago Nazireo (hermano de Jesús),  con otras como la de Tomás, los gnósticos etc.

Aquí no puedo desarrollar y seguir todos los hilos de esas iglesias,  que, en parte, he empezado a contar en algunos libros, especialmente en Compañeros y amigos de Jesús, la iglesia antes de Pablo (Sal Terrae 2024). Mañana (8.2.25) voy a contar para el CELAM   de Bogotá Marta y María. Ahora voy a presentar en esta postal la historia de fondo de este pasaje de Lc 5, 1-11, pidiendo a mis lectores que tengan muy presente el texto paralelo de Jn 21, donde el Cuarto evangelio cuenta la misma historia desde la perspectiva de Pedro y el Discípulo Amado.

INTRODUCCIÓN CON PEDRO. LA MISIÓN FRACASADA DE LOS 4

  Simón (a quien Jesús llamará después Pedro) y sus compañeros aparecen como pescadores cansados, tras una noche en blanco, pero que se arriesgan a iniciar de nuevo la tarea de la pesca, en un mar más profundo.

Hay dos barcas, con al menos cuatro pescadores, que arreglan las redes vacías pero estropeadas al sol de la mañana, mientras Jesús habla en la orilla a la gente. No les queda más que reparar los daños de la noche. No tienen ya faena Vuelven de haber trabajado la noche entera, no han conseguido nada (podemos compararles con nosotros, después de 2000 años de Iglesia… y sin nada).

 Pero Jesús les pide que vuelvan, que inicien la tarea mar adentro, en lugares que no habían explorado todavía. Las palabras de Jesús a Simón y a sus compañeros son significativas:

‒ Les dice en griego (en la versión conservada por Lucas) epanagage eis to bathos, que significa que avancen (que naveguen y se arriesguen) más al interior (en zona más profunda de aguas, sin miedo a quedar lejos de la orilla).

‒ La traducción latina que se ha hecho tradicional dice duc in altum: lleva el barco a más hondura (altura), profundiza, elévate…, no te quedes pasmado donde estás. Esta traducción ha hecho fortuna y se utiliza como signo de llamada vocacional, dirigida no sólo a Pedro, sino a todos los cristianos: ¡Hay profundidades y alturas que debes explorar aún!

‒ La versión castellana (rema mar adentro) pone de relieve el esfuerzo personal de los pescadores que se supone que han de remar (en teoría podían navegar a vela)…

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Tres vocaciones muy distintas: Isaías, Pablo y Pedro. Domingo 5º. Ciclo C.

domingo, 9 de febrero de 2025
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IMG_9874Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Después del fracaso en Nazaret (que leímos el domingo pasado), la liturgia dominical omite algunos episodios y pasa a la vocación de los primeros discípulos, aunque el relato de Lucas podríamos titularlo, con más razón, “La vocación de Pedro”. Como paralelo del Antiguo Testamento, la primera lectura cuenta la vocación de Isaías. Y la segunda, aunque se centra en el contenido de la primera predicación cristiana, hace una referencia clara a la vocación de Pablo. Buen tema de reflexión en una época en la que tanto nos preocupa la escasez de vocaciones.

            A propósito de la visita de Jesús a Nazaret vimos que Lucas se basa en el evangelio de Marcos, pero lo modifica para enfocar el episodio de forma nueva. Hoy ocurre lo mismo con la vocación de los primeros discípulos. Para comprender el relato de Lucas conviene recordar el de Marcos.

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El escueto relato de Marcos sobre la vocación de los primeros discípulos

Caminando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban las redes al lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo:

“Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres”.

Al punto, dejando las redes, le siguieron.

Un trecho más adelante vio a Santiago de Zebedeo y a su hermano Juan, que arreglaban las redes en la barca. Inmediatamente los llamó. Y ellos dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron con él.

            El relato no puede ser más breve. Parecen simples notas para ser desarrolladas por Marcos en su comunidad. Dos parejas de hermanos, un lago, unas redes, una barca, el padre de dos de ellos, unos jornaleros. En este ambiente tan sencillo y cotidiano, Jesús se encuentra por primera vez con estos cuatro muchachos, los llama, y ellos lo siguen dejándolo todo. Una reacción que desconcierta a cualquier lector atento.

La versión de Lucas

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara, un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:

– «Remad mar adentro, y echada las redes para pescar

Simón contestó:

«Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo:

– «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»

Y es que el asombro- se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón:

«No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Los tres cambios que introduce Lucas

  1. Pretende hacer más comprensible el seguimiento de los discípulos. No es la primera vez que se encuentran con Jesús. Él ya ha estado antes en Cafarnaúm, incluso ha comido en casa de Simón y ha curado a su suegra. Luego ha seguido su vida de predicador itinerante y solitario, pero, cuando vuelve a Cafarnaúm, no es un desconocido. Es un maestro famoso y la gente se agolpa para escucharle. El lector no se extraña de que lo sigan.
  2. Centra su atención en Pedro, no en los cuatro discípulos, hasta el punto de que ni siquiera nombra a su hermano Andrés. Jesús sube a la barca de Simón, le pide que se aleje un poco de tierra; con él dialoga después de hablar a la multitud, ordenándole adentrarse en el lago y echar las redes; y Simón Pedro es el único que reacciona arrojándose a los pies de Jesús y reconociéndose pecador. Aunque luego se menciona a Santiago y Juan, que también seguirán a Jesús, las palabras finales y decisivas las dirige Jesús solo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres.
  3. Subraya la importancia de Jesús. No se limita a pasear por el lago (como cuenta Marcos) sino que está predicando a la gente, que se agolpa a su alrededor hasta el punto de necesitar subirse a una barca. Luego, Simón le da el título de “Maestro” y le obedece, volviendo a pescar, aunque parece absurdo. Finalmente, Simón cae de rodillas y lo reconoce como un personaje santo, no un pobre pecador como él. La vocación de los discípulos supone un mayor conocimiento de Jesús.

El relato de la vocación de Isaías (1ª lectura)

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro, diciendo: “¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!” Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.

            Yo dije: “¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.

            Y voló hacia mí uno de los serafines, con una ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: “Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.

            Entonces, escuché la voz del Señor, que decía: “¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?

            Contesté: “Aquí estoy, mándame.”

            Retrocedamos ocho siglos, al año 739 a.C., cuando muere el rey Ozías. En ese momento sitúa Isaías su vocación. Pero la cuenta de un modo muy distinto. En ese encuentro inicial con Dios lo que más le llama la atención es su majestad y soberanía, que destaca mediante tres contrastes. El primero con Ozías, muerto; del rey mortal se pasa al rey inmortal. El segundo, con los serafines, a los que describe detenidamente, mientras de Dios solo puede decir que “la orla de su manto llenaba el templo. El tercero, con Isaías, que se siente impuro ante el Señor. Tenemos tres binomios que subrayan la soberanía de Dios (vida-muerte, invisibilidad-visibilidad, santidad-impureza). Todo esto, enmarcado en un terremoto que hace temblar los umbrales y llena de humo el templo.

            Basándose en la queja de Isaías (“soy un hombre de labios impuros”), un serafín purifica sus labios, como símbolo de la purificación de toda la persona. Por eso, la consecuencia final no es que Isaías ya tiene los labios puros, sino que ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado. Cuando Dios pregunte ¿A quién mandaré? ¿Quién irá de mi parte?”, Isaías podrá ofrecerse voluntariamente: Aquí estoy, mándame.

La vocación de Isaías y la vocación de Simón

            Lucas, gran conocedor del Antiguo Testamento, parece ofrecer en su relato de la vocación de Simón Pedro una relectura de la vocación de Isaías. Al menos es interesante advertir las diferencias.

            El escenario. La vocación de Isaías tiene lugar en el ámbito sagrado del templo, con Dios en un trono alto y excelso, rodeado de serafines. La de Pedro, en una barca dentro del lago, rodeado de los compañeros y jornaleros.

            La persona que llama. En el caso se Isaías se subraya la majestad y santidad de Dios. A Jesús se lo presenta inicialmente de forma muy humana, aunque capaz de congregar a una multitud y de convencer a Pedro para que vuelva a pescar. Solo después de la pesca advertirá Pedro que se encuentra ante un personaje excepcional.

            La reacción inicial del llamado. En ambos casos el protagonista se siente pecador. La reacción de Isaías es más trágica (“estoy perdido”) porque parte de la idea de que nadie puede ver a Dios y seguir con vida. Pedro se reconoce simplemente ante un personaje sagrado junto al cual no puede estar (apártate de mí).

            La preparación del enviado. A Isaías, un serafín lo purifica como paso previo para poder realizar su misión. Jesús no realiza nada parecido con Pedro. La forma de prepararse es seguir a Jesús. Dejándolo todo lo siguieron”.

            La misión. La liturgia ha suprimido la parte final del relato de Isaías, donde recibe la desconcertante misión de endurecer el corazón del pueblo judío y cegar sus ojos; la misión principal de Isaías consistirá en transmitir un mensaje durísimo. En cambio, la de Pedro será positiva, “pescador de hombres”.

            La reacción final del elegido. Aquí no hay diferencia. En ambos casos se advierte la misma disponibilidad, aunque en los discípulos se subraya que lo dejan todo para seguir a Jesús.

La breve referencia de Pablo a su vocación (2ª lectura)

            Al enumerar las apariciones de Jesús, Pablo no evita una referencia a sí mismo: por último, como a un aborto, se me apareció también a mí. La gran diferencia con Isaías y Pedro es que Pablo ha sido un perseguidor de la iglesia. Pero también él recibe una misión, y ha respondido con toda generosidad. Incluso con cierto orgullo confiesa: he trabajado más que todos ellos”. Para corregirse inmediatamente: “Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo.

Reflexión y pregunta

            La generosidad de los cuatro primeros discípulos, dejándolo todo para seguir a Jesús, nos recuerda a tantas personas que siguen dejando todo, incluso la familia y la patria, a veces para ser pescadores de hombres”, otras para ayudar a cualquiera que lo necesite, incluso de religión distinta. Un ejemplo que sirve de estímulo y demuestra el poder de la llamada de Jesús.

            La pregunta: ¿Cuántas veces a la semana cumplo su mandato: Rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies”?

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09 de Febrero. Domingo V. Tiempo Ordinario

domingo, 9 de febrero de 2025
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“Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.”

(Lc 5, 1-11)

Y hay que decir que esta vez “todo” era mucho. Eran dos barcas tan llenas de peces que casi se hundían…

Lo normal hubiera sido que Pedro o los hijos de Zebedeo hubieran contratado a Jesús como pescador. Con él en la empresa los beneficios hubieran aumentado considerablemente. Sus familias se habrían enriquecido y con parte de los beneficios podrían haber ayudado a otras muchas personas. Podrían haber fundado una escuela de predicadores y una ONG, por ejemplo.

Así son las cosas como las pensamos nosotros. Dios suele tener otras ideas y aquí es cuando estos pescadores, el mejor día de toda su carrera laboral deciden dejarlo TODO.

Una decisión absolutamente absurda desde el punto de vista humano. Es una pena no conocer la reacción de las familias y amigos de estos pescadores. Pero seguro que fue similar a la de tantas familias que ven como una hija, un hermano, una sobrina o un primo se encuentra con Dios y lo deja todo.

Quienes lo ven desde fuera no lo comprenden. Una vez, hace años, una persona que vino a la hospedería, conversando con la hospedera, se interesaba por una hermana. Había oído decir que en el monasterio había una hermana que era médico y preguntaba si era cierto. Ante la respuesta afirmativa dijo: “-¡Qué desperdicio de vida!”

Que una persona que tenía una buena profesión decida meterse monja suscita incomprensión e incluso desprecio. No hay lógica humana que comprenda que alguien sea capaz de dejar dos barcas llenas de peces y seguir a un Maestro medio desconocido. No se comprende, pero sigue sucediendo.

Jamás podrá comprenderse porque es una respuesta que tiene que ver con el corazón, no con la razón. El amor nunca es razonable. Y ahí van quedando barcas llenas de peces en muchas orillas. Porque cuando Dios irrumpe en la vida de alguien primero la hace rebosar y después se lo pide TODO.

Oración

Ven, Trinidad Santa, a nuestras orillas, cuando repasamos nuestras redes vacías, cuando dejamos nuestras barcas llenas. Amén.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Si no alcanzas el mar profundo de tu ser, nunca serás tú.

domingo, 9 de febrero de 2025
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E7714C27-2A36-4F7B-BF00-2D8A4FDEC734DOMINGO 5º (C)

Lc 5,1-11

Empezamos Hoy el c 5 del evangelio de Lucas con un episodio múltiple: La multitud que se agolpa en torno a Jesús para escuchar la palabra de Dios; la enseñanza desde la barca; la invitación a remar mar adentro; pesca inesperada; la confesión de la indignidad de Pedro; la llamada de los discípulos y el inmediato seguimiento. No nos dice de qué les habla Jesús, pero lo que sigue nos da la verdadera pista para descubrir de qué se trata. Este relato es muy parecido al que narra Juan en el capítulo 21. Los dos abren un horizonte nuevo. Los dos nos invitan a conocer a Jesús y a conocernos nosotros mejor para parecernos a él.

Hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada. El hecho de que la pesca abundante sea precedida de un total fracaso tiene un significado teológico muy profundo. ¿Quién no ha tenido la sensación de haber trabajado en vano durante décadas? Solo tendremos éxito cuando actuemos en nombre de Jesús. Esto quiere decir que debemos actuar de acuerdo con su actitud vital, más allá de nuestras posiciones raquíticas y a ras de tierra. Lo que se nos pide es muy distinto a decir: por Jesucristo nuestro Señor.

Rema mar adentro. La multitud se queda en tierra, solo Pedro y los suyos (muy pocos) se adentran en lo profundo. Esta sugerencia de Jesús es también simbólica. En griego “bados” y en latín “altum” significan profundidad (alta mar), y expresa mejor el simbolismo. Solo de las profundidades del hombre se puede sacar lo más auténtico. Todo lo que buscamos en la superficie, en vano, está ya dentro de nosotros mismos. Pero ir más adentro exige traspasar las falsas seguridades del yo superficial y adentrarse en aguas incontrolables. Adentrarse en lo que no controlamos exige fe-confianza. Decía Teilhard de Chardin: Cuando bajaba a lo hondo de mi ser, dejé de hacer pie y parecía que me deslizaba hacia el vacío.

Fiado en tu palabra, echaré las redes. El que Pedro se fíe de la palabra de Jesús que le manda, contra toda lógica, echar las redes a una hora impropia, tiene mucha miga. Las tareas importantes las debemos hacer siempre fiándonos de otro. Tenemos que dejarnos conducir por la Vida. Cuando intentamos controlar lo que es más que nosotros, aseguramos nuestro fracaso. El mismo Nietzsche dijo: “El ser humano nunca ha llegado más lejos que cuando no sabía a dónde le llevaban sus pasos”. Lo que trasciende a nuestro ser consciente es mucho más importante que el pequeñísimo espacio que abarca nuestra razón. Dejarnos llevar por lo que es más que nosotros, es signo de verdadera sabiduría.

No temas. El temor y el progreso son incompatibles. Mientras sigamos instalados en el miedo, la libertad mínima indispensable para crecer será imposible. Más de 130 veces se habla en la Biblia del miedo ante lo divino. Casi siempre, sobre todo en los evangelios, se afirma que no hay motivo para temer nada. El miedo nos paraliza e impide cualquier decisión hacia la Vida. Si el acercamiento a Dios nos da miedo, ese Dios es falso. Cuando la religión sigue apostando por el miedo, está manipulando el evangelio y abusando de Dios.

El mar era el símbolo de las fuerzas del mal. Pescar hombresera un dicho popular que significaba sacar a uno de un peligro grave. No quiere decir, como se ha entendido con frecuencia, pescar o cazar a uno para la causa de Jesús. Aquí quiere decir: ayudar a los hombres a salir de todas las opresiones que le impiden crecer. Solo puede ayudar a otro a salir de la influencia del mal el que ha encontrado lo auténtico de sí mismo. Crecer en mi verdadero ser es lo mejor que puedo hacer por los demás. La principal tarea de todo ser humano está dentro de él. Dios quiere que crezcas, siendo lo que ya eres de verdad.

Y, dejándolo todo, lo siguieron. Seguimos en un lenguaje simbólico, teológico. Es imposible que Pedro y sus socios dejaran las barcas los peces cogidos, la familia y se fueran físicamente detrás de Jesús desde aquel instante. El tema de la vocación es muy importante en la vida de todo ser humano. La vida es siempre ir más allá de lo que somos, por lo tanto, el mismo hecho de vivir nos plantea las posibilidades que tenemos de ir en una dirección o en otra. Con demasiada frecuencia se reduce el tema de la «vocación» al ámbito religioso. Nada más ridículo que esa postura. Quedaría reducido el tema a una minoría.

La vocación no es nada distinto de mi propio ser. No es un acto puntual y externo de Dios en un momento determinado de mi historia. Dios no tiene otra forma de decirme lo que espera de mí, que a través de mi propio ser. Elige a todos de la misma manera, sin exclusiones ni preferencias. La meta es la misma para todos. Dios no puede tener privilegios con nadie. Soy yo el que tengo que adivinar todas las posibilidades de ser que yo debo desarrollar a lo largo de mi existencia. Ni puede ni tiene que añadir nada a mi ser. Desde el principio están en mí todas esas posibilida­des, no tengo que esperar nada de Dios.

Mi vocación sería encontrar el camino que me llevará más lejos en esa realización. Los distintos caminos no son ni mejores ni peores. Lo importante es acertar con el que mejor se adecúe a mis aptitudes. La vocación la tenemos que buscar dentro de nosotros mismos, no fuera. No debemos olvidar nunca que toda elección lleva consigo muchas renuncias que no se tienen que convertir en obsesión, sino en la conciencia clara de nuestra limitación. Si queremos avanzar hacia la meta, debemos encontrar nuestro camino. El riesgo de equivocarnos no debe paralizarnos, porque, aunque nos equivoquemos, si hacemos todo lo que está de nuestra parte, llegaremos a la meta, aunque sea con un mayor esfuerzo.

Este relato está resumiendo el proyecto vital de todo ser humano. Jesús desarrolló su proyecto de vida y quiere que los demás desarrollen el suyo. No se trata de una imitación externa como tantas veces nos han insinuado, sino de un vivir lo que él vivió desde nuestro ser más auténtico y profundo. Pedro lo ve como imposible y hace patente su incapacidad. Está instalado en su individualidad y en su racionalidad y es figura de todos nosotros que no somos capaces de superar el ego psicológico y el ego mental. Es lo que hacemos todos nosotros. Lo que no son mis proyectos racionales lo considero inalcanzable.

Pero la verdad es que más allá de lo que creo ser, está lo que soy de verdad. Aquí está la clave de nuestro fracaso espiritual. Descubrimos que hay seres humanos que han alcanzado ese nivel superior de ser, pero a mí me parece inalcanzable porque “soy un pecador”. “¿Quién te ha dicho que estabas desnudo?” Dios da por supuesto que Él no ha sido. Notad el empeño que ha tenido la religión en convencernos de que estábamos empecatados. Ojalá superásemos esa tentación y aspirásemos todos a la plenitud a la que podemos llegar. Ni lo biológico ni lo psicológico ni lo racional constituyen la meta del hombre.

La traducción alternativa nos abre un nuevo horizonte para la interpretación simbólica. Rema a lo profundo. Abandona la superficialidad. Echa las redes en lo más hondo de ti mismo. Superados los monstruos, los fantasmas y las sombras, encontrarás la pesca inagotable, descubrirás lo que de verdad eres y encontrarás la paz y quietud absolutas.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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La catedral

domingo, 9 de febrero de 2025
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pescatoridiuominiLc 5, 1-11

«Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron»

En mayor o menor medida, todos nos sentimos llamados a hacer algo en la vida.

El hedonista se siente llamado a aprovechar los placeres y momentos gratos que le brinda la vida, el existencialista a construirse a sí mismo para dotar de una esencia personal a la existencia que ha recibido, el místico a buscar a Dios en lo más íntimo de su ser, el hinduista a cultivar el equilibrio interior que le permita mantener la armonía con los demás y con la Naturaleza, el cristiano a responder al amor de Dios con amor a los demás…

Para un cristiano hay muchas formas de responder a esta llamada dependiendo de su personalidad, aunque si levantamos un poco la vista hacia el horizonte, todas ellas están encaminadas a la misión última que está en el fondo de todas ellas: construir humanidad; es decir, colaborar en la obra de Dios porque Dios ha confiado en nosotros para sacarla adelante.

Es probable que conozcan la leyenda de aquel maestro de obra que en plena Edad Media visitaba la sección de cantería en el solar donde se estaba construyendo una catedral. Dice la leyenda que se acercó a uno de los canteros, y le preguntó: «¿Qué estás haciendo?», y él le respondió: «Estoy tallando este bloque de mármol». Le hizo la misma pregunta a un segundo cantero, y éste le dijo: «Estoy fabricando un capitel». Siguió su camino, y ante la misma pregunta, un tercer cantero le respondió: «Estoy construyendo una catedral»… Los tres estaban haciendo lo mismo, pero con una perspectiva y una motivación muy diferentes.

Nuestra catedral es la humanidad, y para construirla es necesario convertirse en servidor, compartir lo que tenemos con los que no tienen, perdonar setenta veces siete, trabajar por la paz y la justicia. En definitiva, hace falta que «los hombres vean en nuestras buenas obras el amor del Padre». Nosotros creemos en Abbá porque lo hemos visto reflejado en Jesús, y “los hombres” solo podrán creer en Jesús si ven en nosotros que sus criterios de vida más sólidos y convincentes que los que les ofrece el mundo.

Vista desde esta perspectiva, responder a la llamada comporta una gran responsabilidad. Por eso, Ruiz de Galarreta proponía el siguiente lema como propio del cristiano: «Máximo compromiso, máxima confianza»… Máximo compromiso porque la envergadura de la tarea así lo requiere, y máxima confianza porque ese compromiso es con nuestra Madre.

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Confiar te hace discípulo/a.

domingo, 9 de febrero de 2025
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ob_01d814_appelLc 5, 1-11

En este relato, Lucas, nos presenta el inicio del seguimiento de Jesús por parte de sus primeros discípulos varones. El evangelista presenta este camino que ellos inician como el paradigma de todo proceso de discipulado. Más allá de la fuerza narrativa que la pesca milagrosa imprime a la historia, lo que el autor quiere transmitir es que para seguir a Jesús no solo es importante empatizar o ilusionarse con sus enseñanzas y signos sino arriesgarse a vivir desde el horizonte del Reino asumiendo un modo de vida alternativo y, muchas veces contracultural, que pone en el centro al Dios de la misericordia y de la inclusión.

La palabra de Jesús es la Palabra de Dios

Jesús no es un charlatán que mueve los sentimientos y emociones de la gente para que se unan a sus propuestas, ni un líder que mueve a la gente hacia un objetivo. Jesús invita a acoger el mensaje liberador y sanador de Dios.

Como Lucas nos había contado previamente en la escena de la sinagoga de Nazaret (Lc 4, 14-30), Jesús se siente enviado a una misión: encarnar lo que siglos antes el profeta Isaías había proclamado (Is 61,1-2).  Para él las palabras del profeta ya no son solo una esperanza sino una realidad que se encarna en su actuar y en su modo de nombrar a Dios. Junto al lago de Genesaret la gente se agolpa para escucharlo porque su mensaje suena a buena noticia, ofrece esperanza y sentido y, sobre todo, porque anuncia a un Dios que no condena ni se rodea de los perfectos, sino que perdona y consuela, acoge y escucha, poniendo en el centro de sus preocupaciones a quienes sufren, son excluidos/as o invisibilizados/as.

Ni tan lejos ni tan cerca

Pedro y sus compañeros están afanados en el duro trabajo de repasar y guardar las redes después de una larga noche de pesca que había dado poco fruto. Ellos empatizaban con el mensaje de Jesús y seguramente lo escuchaban mientras faenaban, pero seguían muy ocupados en la ardua tarea de sobrevivir, de ganarse un pan precario para ellos y sus familias.

Jesús sabe y entiende sus preocupaciones, pero intuye que puede pedirles algo más.  Se acerca y se sube a una de sus barcas para seguir enseñando. Con este gesto reclama toda su atención y les ofrece un sentido y un objetivo nuevo a sus vidas.

Escuchando a Jesús estos hombres van descubriendo que resignarse a lo que hay solo perpetua su fracaso y su impotencia.  Volver a echar las redes y hacerlo más lejos de lo previsto es un acto de confianza que supone riesgo y audacia, pero les posibilita conseguir una pesca mejor. El milagro es posible poque confiaron, no tanto en los conocimientos pesqueros de Jesús sino en su palabra que los empujaba a un nuevo comienzo.

La pesca abundante les hizo caer en la cuenta de que no era suficiente escuchar a Jesús y vibrar con sus palabras había que comprometerse con su causa y construir comunidad junto a él.  De eso se trataba la invitación a ser pescadores de hombres…

Arriesgarse a creer

Para Lucas este relato quiere ser una invitación al seguimiento. Pedro se presenta como figura paradigmática que encarna el proceso de hacerse discípulo/a e incorporarse a la nueva familia del Reino que Jesús propone.

Pedro inicialmente reconoce en Jesús un maestro que le ofrece un mensaje novedoso y desafiante pero sus expectativas no van más allá de lo que la vida le ofrece.  Su encuentro con Jesús le había ilusionado y fortalecía sus esperanzas, pero no se planteaba cambios significativos.

Ese día en el lago todo cambia. La invitación de remar más adentro hace que se replantee sus pertenencias y deja de ser un oyente para convertirse en discípulo. Ahora, ya no se trata de mejorar su existencia sino de comprometerse en la transformación de la realidad para que la Buena Noticia de Jesús llegue a los confines del mundo. Para ello necesita dejar todo lo que lo ata a su pequeño espacio cotidiano y disponerse a seguir a Jesús. No solo por los caminos de Galilea sino hasta Jerusalén. No solo para ayudar en la misión sino para ser misión.

Confiar en Jesús y echar de nuevo las redes lo llenó de asombro, pero no fue eso lo que lo cambió. Lo que lo cambió fue descubrir, a través de ese hecho, quién era de verdad Jesús y qué suponía incorporarse a su misión.

Con circunstancias diferentes y ya lejos de los comienzos, los miembros de la comunidad lucana pueden encontrar en la figura de Pedro su propia experiencia y desde ahí discernir su camino de seguimiento y su implicación en la misión.

Descubrir a Pedro acogiendo la llamada de Jesús es, para ellos y ellas, un motivo de impulso para su propio proceso. Ellos y ellas también pueden escuchar a Jesús llamándolos/as a remar mar adentro, a no desfallecer en los intentos y seguir confiando en la Buena Noticia de Jesús en su propia realidad y en sus desafíos concretos.

Carme Soto Varela

Fuente Fe Adulta

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El camino de la abundancia.

domingo, 9 de febrero de 2025
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Confianza.5-640x360Comentario al evangelio del domingo 9 febrero 2025

Lc 5, 1-11

En forma de “relato de milagro”, el texto busca hacer un elogio de la confianza radical, como fuente de fruto abundante. La creencia cristiana deposita tal confianza en Jesús (en Dios), y anima a ello, queriendo mostrar el poder de su sola palabra, como si dijera: Basta creer en él para que obtengas un derroche de bienes.

Lo que choca, sin embargo, con la consciencia moderna es el hecho de situar la confianza “fuera” de nosotros, en un ser o en una fuerza externa a la que deberíamos someternos. Y, aunque es cierto que en ocasiones cae en una especie de locura autosuficiente, no lo es menos el hecho de que la humanidad acumula demasiadas experiencias dolorosas de sometimientos y alienaciones de todo tipo.

Más aún: desde mi punto de vista, las resistencias a depositar la confianza en alguien exterior no solo provienen de ese tipo de experiencias frustrantes, sino de algo más profundo, que late en todo ser humano, al menos en forma de intuición. Me refiero justamente a la intuición de que la Fuente de la confianza es una con lo que realmente somos. Quizás no se sepa formular, ni siquiera incluso reconocer, pero esa especie de “guía interior” sigue ahí: más allá de nuestra persona (yo), impermanente, frágil, vulnerable y con tendencias a la autosuficiencia egoica, percibimos en nosotros otra realidad, profunda, amplia, gratuita, incondicional, que es una con la Vida y que, a la vez, nos sostiene y nos constituye. No es necesario buscar fuera ni lejos, es inútil perseguir sustitutivos engañosos. Basta comprender nuestra verdad profunda y vivirnos en conexión y docilidad a ella.

Se entiende que el ser humano haya puesto -tienda a poner- la fuente de seguridad y de confianza fuera de sí mismo. No solo por la extrema vulnerabilidad que experimentó desde su propia aparición en el planeta, sino porque ese modo de hacer remite a la primera experiencia infantil, que quedó grabada a fuego e nuestras neuronas. El niño, más allá del narcisista sentimiento de omnipotencia infantil, sabe bien que su seguridad y su confianza dependen de los otros. No es extraño que ese mismo esquema perdure a lo largo de su existencia, aun adoptando diversas formas (religiosas o no). Con todo, aquella voz de la intuición seguirá clamando en nuestro interior invitándonos a regresar a “casa”.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Rema mar adentro (los peces muertos se los lleva el río)

domingo, 9 de febrero de 2025
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19977047906_3b2893fd6b_bDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Relato de colorido eclesial

        Esta narración de la pesca nula o abundante tiene un marcado colorido eclesial: el mar, la barca, las redes, los peces, la pesca son símbolos de tono eclesial…

        Este texto refleja la experiencia de las primeras (y de todas) las comunidades cristianas: dificultades, galernas, noches, ineficacia pastoral, etc.

02.-La mar es siempre difícil y peligrosa.

        La mentalidad bíblica consideraba la mar, como morada de Satanás y de las fuerzas contrarias a Dios.

Realmente el mar impresiona y agobia por su fuerza caótica y abismal, agobian las aguas abisales.

Tal es, por otro lado, el sentido del descenso a los infiernos (inferi: aguas inferiores) o aquello que se cantaba en el ofertorio de los funerales: Domine,Iesu Christe, Rex gloriæ libera animas defunctorum de poenis inferni et de profundo lacu: Señor JesuCristo, rey de la gloria, libra las almas de los difuntos delas penas del infierno y de las aguas del lago profundo.

        El mar es el ambiente duro y peligroso en el que los hombres trabajan por sobrevivir.

        En cierto sentido la existencia humana es una singladura, una travesía por un  mar siempre caótico.

03.- Nos hemos pasado la noche, la vida sin pescar nada.

        Podemos tener en la vida la sensación que tuvo Pedro y los primeros creyentes: nos hemos pasado la noche, la vida sin pescar nada… Podemos tener la misma impresión que tuvieron Isaías y Pedro: Soy hombre de labios impuros, poca cosa, soy un pecador.

        Podemos tener la impresión de que hemos hecho poco o que hemos perdido el tiempo en la vida.

        Una actitud de no pocos  obispos ultramontanos de hoy en día es la de culpabilizar a las generaciones conciliares de haber deformado el cristianismo, de que todo lo que se trabajó en aquellos años no sirvió para nada y habéis perdido el tiempo y el cristianismo: lo que hicimos y trabajamos en tiempos del concilio y postconcilio fue contraproducente. Basta leer las reiterativas soflamas de algunos obispos.

04.- No temas. Por tu palabra…

        Jesús le dice a Pedro -y a nosotros- lo mismo que se repite tantas veces en el Evangelio a Zacarías, a María, a los discípulos: no temas, no temáis.

        No tengamos miedo. Echemos las redes, trabajemos por la Palabra del Señor.

Cuando Cristo está en la barca de Pedro y navega con nosotros en el mar de la vida, se pueden capear los temporales, incluso se pueden salvar personas (pescar hombres) en abundancia y sustraerlos a las garras del abismo y de la muerte.

05.- Rema mar adentro.

        Jesús invita a sus compañeros, especialmente a Pedro, a remar mar adentro. En el mar de la vida hay que remar siempre. Solamente los peces vivos nadan contracorriente y “cuesta arriba”, los peces muertos se los lleva el río.

        Remar mar adentro significa salir del puerto a mar abierta, salir de  las propias seguridades y confiar en JesuCristo

        No es lo mismo buscar la seguridad que confiar en la Palabra. El temperamento religioso y lleno de miedo busca la seguridad de sus dogmas, de sus ritos, de sus leyes. Las instituciones, el poder religioso y político buscan seguridad, el cristiano confía en la Palabra del Señor y rema confiadamente más adentro.

        No es lo mismo seguridad que confianza.

        Por tu Palabra, echaré las redes.

        Fiarse de esa Palabra hace posible que acontezca lo impensable o, lo que es lo mismo, la utopía, la cual jamás será posible desde la lógica del pragmatismo y de la ley.

    Fiarse de la Palabra de Jesús nos introduce en una dinámica nueva. Nos libra de nuestras prepotencias más o menos inconfesadas y nos hace descansar en la esperanza.

Le siguieron. Sigamos confiadamente al Señor

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«Un discipulado que implica a toda la persona», por Consuelo Vélez

domingo, 9 de febrero de 2025
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discipulado-implica-toda-persona_2747435231_17533511_660x371De su blog Fe y Vida:

Comentario al evangelio del V domingo del Tiempo Ordinario 9-02-2025

La vida pública de Jesús se va caracterizando por su predicación

En ese contexto, comienzan las llamadas al seguimiento de los primeros discípulos: Simón Pedro y sus compañeros Juan y Santiago, hijos de Zebedeo.

Lo interesante es el diálogo que, valiéndose de la realidad de la pesca, hace que ellos comprendan algo más del seguimiento.

Será la confianza puesta en las palabras de Jesús la que lleve a Pedro y a sus compañeros a echar las redes y, es ahí, donde la abundancia de peces muestra la eficacia de la palabra de Jesús

Comienza así el discipulado de estos primeros seguidores de Jesús, no tanto asombrados por los milagros como, posiblemente, lo hacía la multitud, sino por el reconocimiento a la persona de Jesús por quien vale la pena dejarlo todo para seguir tras sus mismos pasos.

La gente se agolpaba junto a él para escuchar la Palabra de Dios, mientras él estaba a la orilla del lago de Genesaret. Vio dos barcas junto a la orilla, los pescadores se habían bajado y estaban lavando sus redes. Subiendo a una de las barcas, la de Simón, le pidió que se apartase un poco de tierra. Se sentó y se puso a enseñar a la multitud desde la barca. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:

– Navega lago adentro y echa las redes para pescar.

Le replicó Simón:

– Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos sacado nada; pero, ya que lo dices, echaré las redes.

Lo hicieron y capturaron tal cantidad de peces que reventaban las redes. Hicieron señas a los socios de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Llegaron y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al verlo, Simón Pedro cayó a los pies de Jesús y dijo:

– ¡Apártate de mí, Señor, que soy un pecador!

Ya que el temor se había apoderado de él y de todos sus compañeros por la cantidad de peces que habían pescado. Lo mismo sucedía a Juan y Santiago, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón. Jesús dijo a Simón:

– No temas, en adelante serás pescador de hombres.

Entonces, amarrando las barcas, lo dejaron todo y le siguieron

(Lucas 5, 1-11).

La vida pública de Jesús, según los evangelistas, se va caracterizando por su predicación, primero con mucho éxito -así como comienza este evangelio: “se agolpaban junto a él para escuchar la Palabra de Dios”-, pero después, esas multitudes van desapareciendo e incluso serán las que estén en su contra en los momentos finales.

En este contexto inicial de éxito, comienzan las llamadas al seguimiento de los primeros discípulos y aquí tenemos la llamada a Simón Pedro y a sus compañeros Juan y Santiago, hijos de Zebedeo. En realidad, el protagonista del texto es Simón porque es con quien se da el diálogo. De los otros dos solo dice que “les sucedía lo mismo que a Simón Pedro”. Podríamos pensar que el milagro por la abundancia de peces hizo que “inmediatamente” ellos siguieran a Jesús. Pero, en realidad, si vemos los textos anteriores a este, en el evangelio de Lucas, Jesús había curado a la suegra de Pedro y había hecho muchas otras curaciones. De ahí que sea algo -relativamente normal- que Jesús pueda subir a la barca de Pedro y desde allí siga la predicación a las multitudes.

Pero lo interesante es el diálogo que, valiéndose de la realidad de la pesca, hace que ellos comprendan algo más del seguimiento. La predicación de Jesús puede ser muy atrayente pero la realidad es contundente: no han pescado nada en toda la noche. Será la confianza puesta en las palabras de Jesús la que lleve a Pedro y a sus compañeros a echar las redes y, es ahí, donde la abundancia de peces muestra la eficacia de la palabra de Jesús. El contraste entre el desaliento de los pescadores y los frutos dados al poner la confianza en Jesús hace que Pedro reconozca su pequeñez o su ser un pecador, como dice el texto. De alguna manera está haciendo referencia al “temor sagrado” frente a la persona de Jesús, reconociendo quién es él realmente.

Comienza así el discipulado de estos primeros seguidores de Jesús, no tanto asombrados por los milagros como, posiblemente, lo hacía la multitud, sino por el reconocimiento a la persona de Jesús por quien vale la pena dejarlo todo para seguir tras sus mismos pasos. El dejarlo todo supone ese cambio de valores hacia el reino de Dios predicado por Jesús que implica a toda la persona en esa misión encomendada. A este mismo seguimiento nos sigue invitando hoy Jesús, seguirlo a Él, la novedad de su reino, la puesta en práctica de sus convicciones.

 (Foto tomada de: https://radiorsd.pe/iglesia-en-marcha/echad-la-red-la-derecha-de-la-barca-y-encontrareis-2)

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“Dios me necesita”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 9 de febrero de 2025
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IMG_9846Comentario a la lectura evangélica (Lucas 5, 1-11) de la Misa del V Domingo del Tiempo Ordinario – 9 febrero 2025 -.

Todo vibra

Los postes del templo de Jerusalén vibran, porque Dios lo llena con el borde de su manto. E Isaías, fascinado, estremecido, sobrecogido por tanta belleza, mide la distancia entre su poca fe y la inmensa belleza de Dios.

Vibra de pasión el más pequeño de los apóstoles que defiende a la comunidad que ha evangelizado y que se ve perturbada por supuestos «superapóstoles» que denigran su anuncio, el primero de una larga serie de autoproclamados defensores de Dios.

Vibra el corazón de Simón, desencantado y cansado tras una larga e infructuosa noche de pesca, que se encuentra, él, hombre de cuerda y agua, de olor a pescado y noches en vela, escuchando a aquel carpintero perezoso y prestándole la barca.

Nuestros sentidos vibran, nuestra inteligencia, cuando bebemos en la Palabra que ilumina y dirige nuestra semana. Brújula para dirigir nuestra barca en estos tiempos de olas agitadas, de miedos no resueltos, de comunidades atribuladas.

Las jambas vibran, porque Dios llena nuestras pequeñas vidas.

La multitud se agolpaba a su alrededor para escuchar la palabra de Dios

Sedientos de palabras divinas, palabras que construyan, iluminen, orienten, animen, desvelen, sacudan, llenen.

Escuchan las reflexiones de los rabinos, de los curanderos, de los escribas, y las severas y creíbles de los fariseos, pero ninguna de las palabras apunta a Dios como las del Nazareno.

Ninguna de aquellas palabras acaricia el alma. La enciende. La provoca. Ninguna.

Así que se agolpan, se apresuran a ponerse a su lado. Han caminado durante horas, atraídos por las noticias del lago, y por fin se sientan, sedientos.

Y Jesús les sacia la sed.

Cuando alguien con sus palabras nos conmueve y nos empuja hacia un mundo nuevo, todo en nosotros florece.

Por supuesto, algunos nos manipulan, nos adulan, son vendedores, expertos en seducción.

Entonces sus palabras prenden primero, pero pronto se desvanecen y no dejan rastro.

Otros, en cambio, golpean como una sacudida en el alma.

Y nos cambian la vida.

Jesús es así. Porque dice las palabras de Dios.

Desilusiones

Mientras habla, ve con el rabillo del ojo a los que están arreglando las redes.

Están cansados, se da cuenta por sus gestos de fatiga. Imagina que están decepcionados al ver los cestos tristemente vacíos de peces. Guardan silencio. En sus corazones, probablemente están juzgando a ese perdedor de tiempo que arenga a las multitudes. Y a las multitudes que no tienen nada mejor que hacer que perder el tiempo escuchando a un idiota.

Y él decide involucrarlos. Necesita su barco.

Un vacío.

Les ruega que se alejen un poco de tierra… ¿O no será más bien que levanten un poco el vuelo?

Jesús le ruega a Simón. Es amable. Respeta su dolor. No irrumpe en su vida descaradamente. Sabe que, en determinados momentos de la vida, las palabras tienen peso. Y definitivamente pueden quebrar y destruir.

Lo mismo hace con nosotros, el Señor.

Nos alcanza al final de la noche. Cuando las cestas están vacías. Y todavía tenemos un día muy largo por delante para completar.

Sube a mi barca de viaje, encallada. Llena sólo de fracasos, de juicios negativos, de pecados, de decepciones, de amargura. Como sucede a menudo. Aunque seamos discípulos. Aunque lo hayamos sido durante mucho tiempo. Aunque, generosamente, hayamos entregado nuestra vida al Señor, gastándola por el Evangelio.

Y, con suavidad, pidiendo y suplicando, nos invita a movernos del puerto. Un poco, al principio.

Esa pequeña distancia necesaria para poder escuchar sus palabras divinas y no el sordo murmullo de nuestro desánimo y nuestras quejas.

Luego, cuando Pedro, y nosotros, empezamos a confiar, se atreve.

Despega… desapégate

No tiene sentido. No tienes fuerzas. Tal vez ni siquiera quieras. Pero la invitación es demasiado amable. Y comienzas.

Por tu palabra. Porque tus palabras me han sacudido.

Asombros

Pescan, y sucede. El barco casi se hunde, se necesita ayuda.

Todos están ocupados y excitados por la inesperada y superabundante pesca.

Todos menos Pedro. Éste se estremece. Sobrecogidos por el asombro, él y los demás, toma nota Lucas.

Asombrados y estupefactos. Las emociones se desbordan. Invaden cada rincón de su mente.

Jesús pidió una barca vacía. Se la devuelve llena.

El corazón de Pedro también se llena. Asustado.

¿Así que es eso? ¿Dios te ruega que lo ayudes? ¿Incluso cuando estás agotado, desmotivado y enfadado? ¿Incluso cuando ya no tienes fuerzas ni ganas? Sí, por supuesto.

Pedro ve su sombra frente a toda esa luz. Una sombra que Jesús ni siquiera mencionó. Que él no tuvo en cuenta. Vio la barca vacía. Vio su cara de decepción. Vio su limitación.  Pero no se detuvo.

Ahora se arrodilla, Pedro.

Aléjate de mí, soy un pecador

Sí, lo eres. ¿Y qué? ¿De verdad crees, Pedro, que tus limitaciones limitan a Dios?

Ser consciente de las propias limitaciones es la mejor condición para acercarse a los hermanos, para convertirse en pescador de humanidad.

Somos nosotros los que quisiéramos ser puros y perfectos. Somos nosotros los que quisiéramos estar limpios y sin mancha. Y siempre aptos. Y coherentes. Y creíbles. Y admirables. Y ejemplares.

Dios necesita un barco. Mejor si está vacío.

Si está limpio de todas nuestras ansiedades y sueños de gloria.

Ese es el verdadero milagro.

Vibran los postes de nuestros corazones.

Dios me necesita.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

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Dom 2.2.25. Presentación de Jesús ante Dios. Saber morir (Simeón), querer vivir (María) (Lc 2, 22-32)

domingo, 2 de febrero de 2025
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IMG_9791Del blog de Xabier Pikaza:

He comentado ya este pasaje el último día, insistiendo con cierta extensión en los personajes: Un antiguo Simeón guerrero vengativo  y un nuevo hombre de paz,  dispuesto a morir, para que el niño viva. Una judía antigua (Judit) que degüella con rabia al enemigo ,  y una nueva judía (María), dispuesta a sufrir, dejando que atraviese su alma la espada para que el niño-humanidad viva.

Vuelvo hoy al mismo motivo insistiendo en el himno del anciano Simeón, Nunc Dimittis, puedes dejar que tu siervo muera: la última oración de cada día de la iglesia,  (completas, por la noche) y  la tarea de espada de la joven madre María, con su compromiso a favor de la vida.

Supongo conocido el texto (Lc 2, 22-32). Váyase a la Biblia o léase m postal del  último día. Piense cada uno en la función de los personajes: Simeón, anciano Israel que acepta la muerte, por bien de la humanidad que nace). Joven María, madre que asume el sufrimiento/espada y tarea de la nueva humanidad. Niño de Dios (Jesús) por quien celebran la fiesta el anciano y la doncella. Nosotros que somos la humanidad de Dios.

Comienzo hoy, 1.2.25 un pequeño curso sobre el evangelio de Lucas, impartido por el CELAM (Conferencia Episcopal Latino-American) desde Bogotá. Al final del tema dejo  propaganda, por si a alguien le interesa. Al principio va imagen.

El tema de hoy empieza con el amor de Simeón que muere, con el dolor amante de María que empieza, la fiesta del fuego de Dios y  la luz de Candelas.

Simeón. Saber morir, el último servicio de la vida

Madre e Hijo han asumido según ley los sacrificios de la sangre (2, 27). Simeón vive tan sólo para desplegar su sacrificio de esperanza. Nada le mantiene atado al mundo viejo; no tiene cosa alguna que defender, ni ley que cumplir, ni patrimonio social o familiar que mantener. Es un verdadero israelita a quien sostiene sólo en vida la promesa del mesías, la nueva humanidad que ha de llegar.

Es evidente que un hombre como éste (de quien no se dice ni siquiera que es anciano) lleva en sí la ancianidad de la ley, toda la historia de Israel y de los hombres. Por eso sabe ver: allí donde los otros sólo han visto la escena familiar de un niño pobre, llevado al santuario por sus padres, él descubre al Cristo de Dios por su Espíritu. Toma al niño en brazos y canta la más bella canción de despedida:

Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz…,

  • porque han visto mis ojos tu Salvación,
  • luz para revelación de los pueblos
  • y gloria de tu pueblo Israel (Lc 2, 29-32)

Esta es canción de muerte y vida creadora para un buen israelita. Al decir a Dios que quiere (puede) ya morir, Simeón hace suya la historia del pueblo de la alianza: ha cumplido su tarea de vigía mesiánico en la historia de los hombres. Ha mantenido por siglos (milenios) la esperanza y ahora ha visto y ha palpado la presencia de Dios en un niño… (el tema de palpar a Dios a tientas es un elemento central del discurso de San Pablo en el areópago, Hch 17).

No conocemos a Dios ni le vemos  con un kata-lejos y menos con un micro-scopio, sino que le vamos palpando a Dios hasta la ancianidad. Como portavoz de sus hermanos, buen israelita, gozoso de poder morir en paz, Simeón acoge y bendice al niño en sus manos. No podía haberse presentado de manera más hermosa el verdadero cumplimiento israelita.

Todo final es una muerte y Simeón es hombre que sabe (está dispuesto a) morir. Por eso, su canto de bendición de Dios con el niño en brazos es una verdadera ofenda de vida.  Está dispuesto a morir ya, en amor colmado de esperanza, con todo lo que ha hecho y ha sentido a lo largo de los siglos el pueblo israelita. Con él termina el templo, se han cumplido ya los ritos de preparación; ahora sólo queda el nuevo porvenir del Cristo (en contra de aquellos israelitas que como los gobernantes del estado actual de Israel prefieren morir matando).

IMG_9794Sabe morir tras una vida cargada de esperanza: deja todo, absolutamente todo, para que se eleve así la luz mesiánica del Cristo. Esta es  su palabra y canto, es la actitud de Simeón. Parece una actitud hermosa, muy judía, pero es claro que no todos los judíos se hallarán dispuestos a compartirla, uniendo como aquí se hace la luz de los gentilescon la gloria del pueblo de Israel (2, 32). Un tipo de luz, un tipo de fuego de candela tiene que morir (tema latente de Ex 3; muere porque no muere, se alegra muriendo).

Ahora puedes dejar a tu siervo morirse en paz, morir con gozo, cantando el último canto de la vida. Lo que muere así no es sólo Simeón; muere una forma de entender el pueblo israelita; acaba un tipo de templo, una experiencia de la historia y nacionalidad judía, tal como lo muestra toda la obra de Lucas (Lc y Hech).

Jesús suscita así una crisis de muerte y nuevo nacimiento. Para que el camino de  promesa triunfe (en plano universal) tiene que morir Simeón (un modo de entender y de asumir el pueblo israelita de forma particular). Simeón  acepta esa muerte, pero muchos judíos se alzarán con fuerza en contra de la crisis que Jesús suscita. Por eso, al vincularse al nuevo niño mesiánico, María misma queda dentro de esa crisis.

Ésta ha de ser la oración de nuestra iglesia-humanidad 2025.Sólo si estamos dispuestos a morir en paz, dando gracias a Dios, podremos vivir en lo que viene, es decir, en los que vienen. Sólo si muere nuestra iglesia podrá nacer la verdadera, la nueva iglesia.

-María debe aceptar su espada. María es Israel, es la iglesia, es la nueva humanidad (Lc 2, 33-35)

 Simeón muere, no mata. Muere gozoso porque la historia cambia culmine, se consume y se consuma. Él representa al Israel que muere…. María, en cambio representa al Isael que nace, asumiendo la espada de la vida, con Jesús…,

Las palabras de Simeón crean gran sorpresa: son como una puerta que se abre al dolor de lo desconocido. Ellas no pueden discutirse o razonarse, nunca lograremos entenderlas, pues son como misterio de Dios que llega al alma, revelando su verdad más honda.

Así las reciben María y José, admirándose por ellas (2, 33). Simeón no les responde; simplemente les bendice (2, 34). Ha bendecido a Dios, dándole gracias por el niño que colma su esperanza y le permite ya morir en paz (2, 28). Ahora bendice a los padres (2, 34), pidiendo a Dios que ellos consigan cumplir bien su tarea, para estar acompañando al niño en los caminos de su crecimiento y entrega mesiánica.

Hasta aquí todo es normal: los padres (María y José) participan de la suerte y tarea del niño. Pero de pronto Simeón  prescinde del padre José  (como suponía la escena de las purificaciones: 2, 22-24) y se centra en el destino y suerte de la madre, asociándola de un modo abismalmente profundo con el hijo. Ella aparece aquí como el espejo limpio donde el futuro de Jesús puede mirarse: ella es su madre y a la vez su compañera. Leer más…

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“Presentación del Señor en el Templo”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 2 de febrero de 2025
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IMG_9641De su blog Beste aldera joan zen Jesus / Jesús se fue a la otra orilla:

Comentario a la lectura evangélica (Lucas 2, 22-40) de la Misa del IV Domingo del Tiempo Ordinario –
2 febrero 2025
-. Presentación del Señor.

Iluminados

Antiguamente, en este día se bendecían las velas que servían para iluminar nuestras iglesias cuando aún no existía la iluminación eléctrica. Y este día, también hoy, representa un momento importante para las personas consagradas que renuevan su adhesión total a Cristo, la donación de sí mismas al Padre, gesto recordado por la presentación de Jesús en el templo.

Y el valor de esta celebración ha quedado tan grabado en la memoria de la liturgia que este año, al caer en domingo, acaba sustituyéndola.

Es una fiesta que recuerda la Navidad que acaba de terminar, una fiesta con sabor sagrado que huele a incienso: con la imaginación volvemos a ver las altas columnas que sostenían el pórtico de Salomón y los amplios patios pavimentados que conducían a la zona más sagrada del Templo de Jerusalén.

María y José, un joven matrimonio de Galilea asustado, ocho días después del nacimiento de su primogénito, cumplieron el precepto de la Ley de la circuncisión, signo fuerte en la carne que testimonia la pertenencia del Pueblo de Israel al Dios revelado a Moisés.

Un signo que consagra toda vida al Dios que la dio.

Hermosa historia.

Obedientes

Me fascina este gesto de María y José, gesto de obediencia a la tradición, de respeto a las Leyes de Israel. Ellos saben bien que ese niño es mucho más que un primogénito para ser consagrado, saben y acaban de experimentar el misterio infinito que lo habita.

Podrían pensar que es superior a las Leyes, que no tiene necesidad de ellas porque tienen en sus brazos a aquel que dio la Ley y que, misteriosamente, decidió hacerse hombre. En cambio, no, van al Templo como cualquier otra pareja, realizan ese gesto sin hacerse demasiadas preguntas.

Es conmovedor imaginar al matrimonio de Nazaret paseando tímidamente por los amplios espacios del Templo reconstruido, entre el ir y venir de la gente atareada, las oraciones dichas en voz alta, el olor acre del incienso mezclado con carne quemada…

Están allí para realizar un gesto de obediencia según la Ley mosaica: una ofrenda que hay que hacer para redimir al primogénito, un rito que nos recuerda que la vida pertenece a Dios y que hay que reconocerlo como don de ella.

Jesús obedece la Ley, Dios se somete a las tradiciones de los hombres. En obediencia quiere cambiar las reglas, siguiendo la tradición quiere devolver vitalidad y sentido a los gestos de su pueblo.

Donado

Jesús es ofrecido al Padre, es entregado inmediatamente y ese gesto se repetirá infinitas veces en su vida luminosa. Jesús es y sigue siendo un don, se hace don al Padre que lo da como don a la humanidad.

Y en esta lógica del don, hoy deseamos con fuerza hacer de nuestra pequeña vida una ofrenda a Dios. La hemos recibido de Él, queremos dársela: que lo que somos sea útil a la realización del Reino. Que nos ayude a hacer de cada gesto, de cada día, un acto consciente de amor hacia Dios y su plan de salvación…

El mismo Jesús se comportará de la misma manera, sin rechazar las prescripciones rituales, sin ponerse por encima de la tradición religiosa de su pueblo, sin ser anarquista sino viviendo las normas de la Torá con autenticidad y verdad.

El gesto de ir al Templo nos anima a vivir nuestra fe por los caminos seguros de la tradición, recorriendo la experiencia que coaguló la experiencia de los discípulos en torno a momentos muy específicos, celebrando la presencia del Señor en la vida también a través de signos muy concretos, como los sacramentos.

Con demasiada frecuencia, quienes intentan vivir su fe con mayor intensidad y verdad se sienten “mejor” que quienes la viven sin mucho involucramiento. La tentación, sin embargo, es construir una fe que mira desde arriba y menosprecia las devociones, las tradiciones y los caminos habituales hacia la santidad.

No debemos ignorarlos ni evitarlos, sugieren María y José, sino llenarlos de verdad.

Transfigurados

El viejo Simeón ve al recién nacido y comprende.

En la espléndida oración que Lucas nos refiere, ve en aquel niño la luz que ilumina a todo hombre, la luz de las naciones.

En realidad, Jesús no emana luz, no tiene ninguna característica que lo distinga de cualquier otro niño. Ningún milagro, ningún discurso alentador, ningún gesto milagroso: sólo un niño durmiendo felizmente en los brazos de su madre.

La luz está en el corazón de Simeón. En su mirada.

Así es la fe: también nosotros estamos llamados a ver con los ojos del corazón, a comprender que todo está iluminado. ¡Y cuánta luz necesitamos hoy! De una clave interpretativa que nos ayude a ver más allá, por encima y por dentro de la evidencia desalentadora de una sociedad replegada sobre sí misma.

En los primeros tiempos del cristianismo, los seguidores del Nazareno eran llamados, entre otras cosas, “iluminados”.

¡Y sólo Dios sabe cuánta luz necesita este mundo! Traemos luz porque estamos iluminados, como las velas que bendecimos hoy.

Simeón

Jesús es llevado al Templo para ser circuncidado: es signo de obediencia a la Ley por parte de sus padres que no se sienten diferentes ni mejores, sino pertenecientes a un pueblo rico en tradiciones religiosas que quieren respetar. En el momento de la ofrenda del primogénito a Dios, María y José se encuentran con el anciano y desanimado Simeón.

Simeón es el símbolo de la fidelidad del Pueblo de Israel que espera con confianza la llegada del Mesías. Lleva toda su vida subiendo al Templo esperando ver al Mesías. Lucas nos hace comprender su interioridad su cansancio, que es el cansancio de tantas personas que encontramos cada día.

Simeón es el símbolo de la profunda angustia de todo hombre, porque la vida es deseo insatisfecho, la vida es camino, la vida es espera.

Esperando la luz, la salvación, algún sentido que pueda desenredar la maraña de nuestras preocupaciones y de nuestros “por qué”.

Es bella la oración intensa de Simeón que finalmente ve lo esperado: ahora está pleno, satisfecho, ahora ha comprendido, ahora puede marchar, ahora todo vuelve.

Unos pocos minutos son suficientes para dar sentido y luz a una vida de sufrimiento… Unos pocos minutos para dar luz a una vida de espera…

Que el Señor nos conceda, en el transcurso de nuestra vida, al menos unos pocos minutos… que concedió a Simeón.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

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“Dios me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos”

martes, 28 de enero de 2025
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IMG_9697La reflexión de hoy es de Yunuen Trujillo, colaboradora de Bondings 2.0.

Las lecturas litúrgicas de hoy del Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, están disponibles aquí.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos y a predicar un año de gracia del Señor.” Lucas 4:18-19

Hoy es el primer domingo después de la toma de posesión presidencial de los Estados Unidos en 2025. Muchos de ustedes pueden sentirse confundidos, asustados, molestos o incluso desesperados. Escribo esta reflexión con mis hermanos transgénero e indocumentados especialmente en mi corazón y mente.

Las lecturas de hoy son exactamente lo que necesitamos en este momento porque nos recuerdan verdades fundamentales a las que la sociedad, y nosotros mismos, debemos aferrarnos ahora más que nunca. La primera verdad fundamental proviene de la segunda lectura de hoy. Pablo le dice a la iglesia primitiva, y a nosotros, que a pesar de nuestras diferencias, todos somos parte de un solo cuerpo. Cada uno de nosotros es importante y necesario; en nuestra diversidad radica nuestra fuerza, y todos pertenecemos unos a otros.

“Porque todos fuimos bautizados en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” 1 Corintios 12:13

Pablo también nos recuerda que las partes del cuerpo que a menudo se consideran “más débiles o menos honorables” deben ser tratadas con mayor honor. Esto hace eco de un principio bien establecido de la doctrina católica: la opción preferencial por los pobres y vulnerables. Todos pertenecemos unos a otros, y ahora más que nunca, debemos cuidarnos unos a otros como si cuidáramos una parte de nuestro propio cuerpo. Debemos estar al lado de los más vulnerables en este momento.

Esta verdad fundamental es nuestra vocación cristiana y la misión de Jesús. En el Evangelio de hoy, Lucas nos recuerda que Jesús vino a liberar a los oprimidos y a llevar la buena noticia a los pobres. En la ley judía, el Año del Jubileo era un momento en el que se liberaba a los esclavos, se perdonaban las deudas y se devolvía la tierra a sus dueños originales, actos que simbolizaban la reconciliación y la justicia. La liberación de Jesús es doble. Es una liberación espiritual que nos recuerda que todos somos hijos de Dios, creados a imagen de Dios y dotados de dignidad inherente. También es una liberación social que nos llama a apoyarnos unos a otros en tiempos difíciles y a luchar por la justicia social, recordando a los que están en el poder que las categorías utilizadas para marginarnos y separarnos ya no nos impedirán amarnos y protegernos unos a otros.

Esta liberación no es principalmente política, pero a menudo resulta en victorias sociales. Aquellos que buscan marginarnos solo tienen éxito si estamos divididos. Nuestras luchas interseccionales están interconectadas: “Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; si un miembro es honrado, todos los miembros comparten su alegría”.

Pero, ¿cómo vivimos nuestra misión cristiana en estos tiempos? La primera lectura de hoy nos da una pista:

“No estén tristes ni lloren. Vayan, coman manjares y beban bebidas dulces, y repartan porciones a los que no tenían nada preparado; porque hoy es un día santo para nuestro Señor. No os entristezcáis hoy, porque el regocijo en el Señor será vuestra fuerza”. Nehemías 8:8-10

Este no es el momento de perder la esperanza. Quienes tienen esperanza deben compartirla con los demás. Debemos resistir la tentación de caer en la desesperación, que es exactamente lo que quieren los poderes opresores. En cambio, debemos recordar quiénes somos: hijos de Dios.

Díganlo conmigo: “Soy un hijo de Dios. He heredado la misión y el sello profético de Jesús. El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Dios me ha ungido para traer buenas nuevas a los pobres. Dios me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos”. Ahora, más que nunca, debemos liberarnos unos a otros y defendernos, en nuestras propias comunidades, contextos y dentro de nuestras propias posibilidades, unos a otros, tanto dentro como fuera de la comunidad LGBTQ+. Somos un solo cuerpo. Debemos tener la valentía de líderes como la obispa episcopal Mariann Budde, quien dijo la verdad al poder y se puso de pie por la misericordia esta semana, creando un efecto dominó de esperanza en todos nosotros.

Les dejo con la oración de esta semana, traducida del español, de la serie de libros titulada Diálogos Semanales con Jesús:

Querido Jesús, qué difícil es predecir el futuro. No tengo idea de lo que sucederá ni de cómo se verán afectados mis hermanos, pero quiero seguir tus pasos. Muéstrame lo que quieres de mí en este momento. Dame tu Espíritu Santo, el mismo Espíritu que te llenó cuando comenzaste tu misión, y permíteme servir y amar como lo haces Tú. Amén.

—Yunuen Trujillo, 26 de enero de 2025

Yunuen Trujillo, miembro de la Junta Directiva del Ministerio New Ways, será panelista en un próximo evento de Zoom titulado Conversations in the Spirit: Understanding and Honoring the Lived Experience of Our LGBTQ+ Catholic Siblings, Parents, Family, Priests, and Allies,” (“Conversaciones en el Espíritu: Entendiendo y honrando la experiencia vivida de nuestros hermanos, padres, familiares, sacerdotes y aliados católicos LGBTQ+), patrocinado por la Association of U.S. Catholic Priests. (Asociación de Sacerdotes Católicos de EE. UU.).

El evento es en honor a la fallecida Alana Chen, una joven lesbiana católica que se suicidó después de recibir consejos negativos de los ministros de la iglesia.

El evento se llevará a cabo el miércoles 5 de febrero de 2025, de 3:00 a 4:30 p. m., hora del este de EE. UU.

Entre los panelistas se encuentran el padre Bryan Massingale, teólogo y sacerdote abiertamente gay; Joyce Calvo, madre de Alana Chen, y el obispo John Stowe, OFM, Conv., obispo de Lexington, Kentucky.

Para obtener más información, haga clic aquí.

Para volver a inscribirse, haga clic aquí.

Fuente New Ways Ministry

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“La primera mirada”. 3 Tiempo ordinario – C (Lucas 1,1-4; 4,14-21)

domingo, 26 de enero de 2025
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IMG_9592La primera mirada de Jesús no se dirige al pecado de las personas, sino al sufrimiento que arruina sus vidas. Lo primero que toca su corazón no es el pecado, sino el dolor, la opresión y la humillación que padecen hombres y mujeres. Nuestro mayor pecado consiste precisamente en cerrarnos al sufrimiento de los demás para pensar solo en el propio bienestar.

Jesús se siente «ungido por el Espíritu» de un Dios que se preocupa de los que sufren. Es ese Espíritu el que lo empuja a dedicar su vida entera a liberar, aliviar, sanar, perdonar: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista, para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor».

Este programa de Jesús no ha sido siempre el de los cristianos. La teología cristiana ha dirigido más su atención al pecado de las criaturas que a su sufrimiento. El conocido teólogo Johann Baptist Metz ha denunciado repetidamente este grave desplazamiento: «La doctrina cristiana de la salvación ha dramatizado demasiado el problema del pecado, mientras ha relativizado el problema del sufrimiento». Es así. Muchas veces la preocupación por el dolor humano ha quedado atenuada por la atención a la redención del pecado.

Los cristianos no creemos en cualquier Dios, sino en el Dios atento al sufrimiento humano. Frente a la «mística de ojos cerrados», propia de la espiritualidad del Oriente, volcada sobre todo en la atención a lo interior, el que sigue a Jesús se siente llamado a cultivar una «mística de ojos abiertos» y una espiritualidad de responsabilidad absoluta para atender al dolor de los que sufren.

Al cristiano verdaderamente espiritual –«ungido por el Espíritu»– se le encuentra, lo mismo que a Jesús, junto a los desvalidos y humillados. Lo que le caracteriza no es tanto la comunicación íntima con el Ser supremo cuanto el amor a un Dios Padre que lo envía hacia los seres más pobres y abandonados. Como ha recordado el cardenal Martini, en estos tiempos de globalización, el cristianismo ha de globalizar la atención al sufrimiento de los pobres de la Tierra.

José Antonio Pagola

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“Hoy se cumple esta Escritura”. Domingo 26 de enero de 2025. Domingo 3º del Tiempo Ordinario

domingo, 26 de enero de 2025
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11-ordinario3 (C) cerezoLeído en Koinonia:

Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10: Leían el libro de la Ley, explicando el sentido.
Salmo responsorial: 18: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
1Corintios 12, 12-30:  Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.
Lucas 1, 1-4; 4, 14-21: Hoy se cumple esta Escritura.

En el libro de Nehemías se nos cuenta de una lectura pública y solemne del libro de la ley de Dios, el que nosotros los cristianos llamamos Pentateuco y en cambio los judíos designan como “Toráh”, Ley. Estamos a finales del siglo V AC, los judíos hace pocos años que han regresado del destierro en Babilonia y a duras penas han logrado reconstruir el templo, las murallas de la ciudad, sus propias casas. Les hace falta urgentemente una norma de vida, una especie de “constitución” por medio de la cual puedan regirse en todos las aspectos de la vida personal, social y religiosa. Esdras, un líder carismático, respetado por todos y considerado levita y escriba, es decir, sacerdote y maestro, les da esa ley, esa constitución que necesitan, proclamando solemnemente, ante todo el pueblo reunido, la santa Ley de Dios. Ya vimos como respondió la gente: comprometiéndose a cumplirla y guardarla, llorando sus infidelidades y, a instancias de sus líderes, celebrando una fiesta nacional: la fiesta de la promulgación de la Ley divina. Desde ese remoto día, quinientos años antes de Jesucristo, hasta hoy, los judíos ordenan sus vidas según los mandatos de la Toráh o Pentateuco.

El texto de Lc 4, 14ss era un texto sin relevancia en la vida práctica de la comunidad cristiana hasta hace sólo 50 años, un texto olvidado, como tantos otros que hoy nos parecen fundamentales. Fue la teología latinoamericana la que puso de relieve este texto como capital. Lucas lo pone al inicio de la vida pública de Jesús. Puede que no corresponda a algo que aconteciera realmente al principio (Juan, de hecho, pone otros pasajes como comienzo de su evangelio), pero lo fue en su significación. O sea, tal vez no ocurrieron las cosas así (y no es posible saberlo históricamente), pero Lucas tiene razón cuando sitúa esta escena en su evangelio como un inicio programático que contiene ya, en germen, simbólicamente, toda su misión.

Jesús, sin duda, tuvo que interpretar muchas veces su propia vida con estos textos proféticos de Isaías. Parece obvio que Jesús vio su vida como el cumplimiento, como la prolongación de aquel anuncio profético de la “Buena Noticia para los pobres”. La misión de Jesús es el anuncio de la Buena Noticia de la Liberación. La “ev-angelización” (“eu-angelo” = buena noticia) no es más que una forma de la liberación, la “liberación por la palabra”.

Las aplicaciones son muchas, y bastante directas:

-La misión cristiana hoy, continuando la misión de Jesús, tiene que ser… eso mismo, o sea: “continuación de la misión de Jesús”, en sentido literal y directo. Ser cristiano, en efecto, será «vivir y luchar por la Causa de Jesús», sentirse llamado a proclamar la Buena Noticia de la Liberación, entendiéndolo en su literalidad más material también: la “Buena Noticia” tiene que ser «buena» y tiene que ser «noticia». No se puede sustituir semánticamente por el «catecismo» o la «doctrina». Jesús no vino a enseñar “la doctrina”; la “evangelización” de Jesús no fue una «catequesis eclesiástico-pastoral»…

-La misión de Jesús no puede pretender ser neutral, “de centro”, “para todos sin distinción”, no inclinada ni para los ricos ni para los pobres… como pretenden tantas veces quienes confunden la Iglesia con una especie de anticipo piadoso de la Cruz Roja… Lo peor que podría decirse del evangelio es que fuese neutral, que no se pronuncia, que no opta por los pobres… La peor ideología sería la que ideologiza el evangelio de Jesús diciendo que es neutro e indiferente a los problemas humanos, sociales, económicos y políticos, porque se referiría sólo a “lo espiritual”…

-Puede ser bueno recordar una vez más: Jesús está lejos de la beneficencia y del asistencialismo… No se trata de “hacer caridad” a los pobres, sino de inaugurar el orden nuevo integral, el único que permite hablar de una liberación real… Es importante caer en la cuenta de que muchas veces que se habla de opción “preferencial” por los pobres se está claramente en una mentalidad asistencial, muy alejada del espíritu de Lc 4, 14ss.

-La palabra evangelizadora, o es activa y práctica en la praxis de liberación, o es anti-evangelizadora. La palabra evangelizadora no es palabra de teoría abstracta. Es una palabra que hace referencia a la realidad y la confronta con el proyecto de Dios. “Evangelizar es liberar por la palabra” (Nolan). Una palabra que no entra en la historia, que no se pronuncia, que se mantiene por encima de ella o en las nubes, que no moviliza, no sacude, no provoca solidaridad (ni suscita enemigos)… no es heredera de la «pasión» del Hijo de Dios. Leer más…

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26.1.25. Discurso de Nazaret, programa «eclesial» de Jesús ( Lc 4, 14-21, Dom 3 TO)

domingo, 26 de enero de 2025
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Jesus Unrolls the Book in the Synagogue James Tissot 1894

Jesus Unrolls the Book in the Synagogue James Tissot 1894

Del blog de Xabier Pikaza:

En el contexto de la toma de posesión y discurso inaugural del Presidente USA en el Capitolio, la liturgia nos pide hoy que escuchemos el Programa de Investidura de Jesús en Nazaret. Los contrastes con obvios. A Jesús quisieron matarle por su discurso, conforme a una «tradición»  de linchamiento, vinculada en USA con Ch. Lynch. Esta vez logró escapar. La siguiente le amarraron al madero y le crucificaron.  Buen domingo a todos.

Lucas sitúa el comienzo del mensaje y misión de Jesús en Nazaret de Galilea, su patria, retomando y transformando el anuncio que Isaías aplicaba a los oprimidos de Israel. Parecen preguntarle ¿quién eres?, y el responde «¡Dios me ha enviado…. Es como si el mundo fuera una cárcel y él hubiera venido a romperla:

  • Entró en la sinagoga, tomó el libro… y encontró el pasaje donde está escrito
  • El Espíritu del Señor esta sobre mi;
  • por eso me ha ungido para evangelizar a los pobres;
  • me ha enviado para ofrecer libertad a los presos y vista a los ciegos;
  •  para enviar en libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.
  • Enrolló el volumen y dijo: Hoy se ha cumplido esta Escritura (cf. Lc 4, 16-21).

 Jesús se presenta como Ungido de Dios (=Mesías), con palabras de Is 61, 1-3, pero introduciendo en ellas una novedad muy significativa: ha venido para «enviar en libertad a los oprimidos» (cf. Is 58, 6), pero no el año de venganza de Dios, completando y precisando de esa forma el tema de 61, 1-3.  El texto puede dividirse así:

 (a) Principio:«El Espíritu del Señor está sobre mi» (Lc 4, 18 a). No está poseído por Satán, espíritu impuro (como decían los escribas de Mc 3, 22 al acusarle), sino que está lleno del Espíritu Santo, como dice el texto paralelo de Mt 12, 28: «Si expulso a los demonios con (la fuerza de) el Espíritu de Dios, es que el reino de Dios ha llegado a vosotros». Este es para Lucas el punto de partida de la obra mesiánica. Jesús ha recibido el Espíritu de Santidad (cf. Mc 1, 10) y puede presentarse como «ungido”: le llena Dios y le libera para ser liberador; le llena con su Espíritu, de forma que pueda actuar como mesías.

(b) Ampliación. «Por eso me ha ungido…, por eso me ha enviado»(Lc 4, 18-19). El Espíritu suscita y consagra a Jesús, para que proclame y realice su acción liberadora. En ese fondo se entienden las dos mitades del pasaje: – Dios le ha ungido para evangelizar a los pobres; – le ha enviado para proclamar la libertad etc. Todo el texto tiene un sentido mesiánico. Se ha venido diciendo, de forma errada, que la Biblia israelita promete y ofrece sólo bienes materiales, mientras que Jesús concede a los cristianos los bienes interiores del Espíritu. En contra de eso, aquí vemos que Jesús ofrece libertad real y completa

 Jesús es Cristo, Ungido de Dios, no porque concede simples bienes interiores, sino porque declara cumplidas, en su vida y persona, las promesas de la antigua profecía que se expresan en la liberación de los oprimidos y, en especial, de los encarcelados. Su redención  no es materialista ni espiritualista, sino humana en sentido integral, cumpliendo de esa forma la esperanza de los pobres, encarcelados, ciegos, oprimidos… Así estaban los hombres, condenados en el mundo, como en cárcel, oprimidos por el hambre y falta de libertad, sin ojos para ver, sin fiesta para celebrar y Jesús ha venido a ofrecerles los dones del Reino. De esa forma es evangelio para los marginados. Aquellos a quienes ayudaba eran israelitas oprimidos, pero el texto ira mostrando que esa ayuda y evangelio de libertad se abre a todos los oprimidos y necesitados:

Me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres. Jesús es Ungido por excelencia (=Mesías, Cristo): Dios le ha regalado su Espíritu para que exprese su don y presencia en el mundo, evangelizando a los pobres o necesitados, hambrientos de pan o carentes de otros bienes importantes. Evangelizar significa ofrecer vida, camino de esperanza.

  1. Me ha enviado para proclamar la libertad a los prisioneros (=cautivos, presos), es decir, a los hombres y mujeres a quienes la violencia de la historia ha esclavizado. Prisioneros son los derrotados, aquellos que han caído bajo el poderío de los fuertes. Prisioneros de una violencia universal son todos y en especial los últimos del mundo, vencidos y esclavos, expulsados y encadenados de la historia, víctimas de la guerra, encarcelados por la justicia.
  2. (Me ha enviado) para proclamar (=ofrecer) vista a los ciegos… Ciegos son los pobres y presos, aquellos a quienes la violencia del sistema ha reprimido. Sólo libera de verdad a los demás quien les enseña a descubrir las cosas y entenderlas, de manera que se valgan y piensen por sí mismos. Por eso, en el centro de este texto (Lc 4, 18-19) hallamos la experiencia de Jesús que ofrece a los ciegos un tipo de visión más alta, que les permite conocerse y expresarse como humanos.
  3. (Me ha enviado) para «enviar» en libertad a los oprimidos. Lo que antes era anuncio (proclamar la libertad a los encarcelados) aparece ahora como gesto ya realizado: Jesús ha venido para «enviar en libertad». Leído el texto de manera literal, deberíamos suponer que Jesús quiere romper los muros de las cárceles, abriendo de par en par sus puertas. Dios le ha enviado para lograr que los oprimidos puedan marchar en libertad, iniciando el acto final de transformación, que precede a la concordia universal.
  4. (Me ha enviado) para proclamar el año de gracia (=aceptable) del Señor. Así culmina la unción de Jesús y se completan los momentos anteriores de su obra. La plenitud humana (apertura de los ojos, libertad de la vida) se expresa como fiesta jubilar: año de gracia, tiempo de gozo que, conforme a la tradición de Israel, se vuelve celebración de fraternidad, perdón de las deudas, liberación de los esclavos, reparto de las tierras. Este era el año en que se abrían las cárceles y todo comenzaba de nuevo, repartiéndose los bienes de la tierra (cf. Lev 25).

 Jesús puede afirmar que eso se cumple en el hoy del tiempo mesiánico iniciado por su vida y mensaje (Lc 4, 21). Así se cumple la libertad mesiánica, como anuncio profético (con la esperanza israelita de Isaías 58 y 61) y como verbo performativo (que realiza aquello que proclama). Esta no es una palabra aislada, un mensaje teórico de tipo espiritualista, sino la voz creadora de Jesús que incluye en su «yo» liberador y jubilar a todos sus discípulos mesiánicos. Esa palabra introduce a los cristianos en la mejor tradición jubilar del judaísmo, haciéndoles portadores de un mensaje y camino de liberación, que se expresa por ellos, pero les desborda, haciéndoles testigos y promotores de un mensaje universal de libertad.

Controversia y crisis (Lc 4, 28-29).

 Los momentos anteriores del programa mesiánico de liberación se encuentran implicados, ofreciendo amor y curación a judíos y extranjeros, como seguirá suponiendo Jesús, cuando interpreta proféticamente sus palabras, desde la tradición del mensaje y milagros de Elías y Eliseo. Pues bien, en vez de alegrarse por ello, sus paisanos de Nazaret le expulsan de la sinagoga y quieren asesinarle, conforme a una ley de linchamiento colectivo (cf. Lc 4, 20-29). No pueden aceptar que Dios cure (trasforme) por igual a nacionales y extranjeros: no quieren libertad, ni evangelio para aquellos que no lo merecen (encarcelados y extraños).

Leído así, el conjunto del pasaje (Lc 4, 16-30) cobra una inquietante y esperanzada actualidad. También a nosotros nos turba y extraña ese universalismo: queremos libertad, pero sólo para algunos paisanos de mi pueblo o mi grupo; queremos prosperidad, pero sólo para los que pertenecen   a los del propo grupo. Así añadimos que cárceles y castigos siguen siendo necesarias para los de otros grupos sociales, raciales, culturales… Pues bien, en contra de eso, este pasaje afirma que, para ser verdadera, la libertad ha de ser universal, en igualdad para todos. Desde aquí ha de entenderse la continuación del pasaje.

  •  Todos daban testimonio sobre él,
  • maravillados por las palabras de gracia que salían de su boca  y decían:
  •  ¿No es éste el hijo de José? (Lc 4, 22)

 Los nazarenos parecen admirarse por las palabras de gracia que Jesús ha proclamado, pero pronto descubrimos que esa admiración esconde una condena. Ciertamente, los oyentes de la sinagoga quieren palabras de gracia (logoi tês kharitos), pero sólo para ellos, no para los de fuera. Los oyentes nazarenos saben que las palabras de gracia de para todos son amenazadoras para ellos, pues les hacen perder sus privilegios particulares. Por eso preguntan de forma acusadora: «¿No es éste el hijo de José? 

Saben que es hijo de José (en plano legal, nacional). Por eso, su pregunta no es para que respondamos «sí, éste es el hijo de José» y de esa manera ratifiquemos su origen familiar, sino para le distingamos de José, que a los ojos de los nazarenos había sido un luchador nacional, un partidario de la separación entre los buenos israelitas y los malos extranjeros.

Los oyentes nazarenos acusan a Jesús de citar mal a Isaías, incluyendo sólo las palabras de gracia “para todo” y suprimiendo las de condena para los enemigos. Desde ese fondo se entiende refrán: «Un profeta no es bien recibido en su tierra» (Lc 4, 24). Én contra de eso, Jesús se presenta como profeta de gracia para todos, judíos y gentiles, cambiando así la profecía antigua de Isaias 61, pasando por alto (suprimiendo) las palabras de condena contra los enemigos.

– El texto de Isaías 61, 2 nos situaba en un contexto de jubileo: perdonar las deudas y liberar a los presos y cautivos. Pero los oyentes de Nazaret pensaban que ese perdón y liberación debía aplicarse sólo a los israelita, no a los de fuera, de manera que el perdón para unos debía completarse y ratificarse con la condena y opresión para otros, Como proclamaba Isaías 61, 1-2:

  •   El Espíritu del Señor está sobre mí. |
  • me ha ungido. | Me ha enviado para publicar la buena noticia a los pobres…,
  •   curar los corazones desgarrados, | anuncia la amnistía a los cautivos…
  • para proclamar un año de gracia del Señor,
  • | un día de venganza de nuestro Dios…

           Liberación de los amigos y venganza (condena) contra los enemigo formaban la cara y cruz de una misma sentencia antitética. Pues bien, Jesús rompe esa antítesis, esa oposición (evangelio para unos, opresión para otros. Así entendida, desde su original de Primer Testamento, ésta es una profecía de gracia y condena, en la línea de “amarás a tus amigos y odiarás a tus enemigos” (Lc 6, 27-35; Mt 5, 38-38). Desde esa perspectiva de doble sanción (Año de Gracia, Día de Venganza),   este pasaje  de Is 61 sigue dividiendo a los hombres, pues Dios les deja en manos de su juicio,  como en el caso de los frutos del árbol del conocimiento del bien y  el mal de Gen 2-3, marcado por la lucha entre  buenos y  malos.

                   De un modo consecuente, en su mensaje programático en su pueblo, este Jesús, nazoreo de Nazaret, ha venido a superar (condenar) el mesianismo particular de los habitantes de su patria. No es una pequeña variación, sino una transformación del primer testamento (lo mismo que Dan 7, 14. 27 en Mc 10, 45). Eso significa que cesan los antiguos privilegios de los nazarenos («buenos» judíos); las normas de la ley sacral de perdón para bien de algunos y de castigo para otros se acaban. Esta “corrección” de Jesús se inscriben dentro de la lógica del Sermón de la Montaña que supera la oposición entre amigos (a quienes debe amarse) y enemigos (a quienes se combate o rechaza) [1].

           Jesús ha roto ese esquema de elección y ventaja propia, ofreciendo perdón sin venganza, una libertad que desborda el nivel del buen sistema (de los nazarenos). Lógicamente, los partidarios (privilegiados) del sistema, representados aquí por los “buenos” nazarenos le condenan y quieren matarle porque rompe su seguridad, ofreciendo la curación y libertad a todos los (incluidos los enemigos seculares de Israel: fenicios y sirios).

Los colectivos religiosos, igual que los estados «legales», necesitan defender su identidad y para ello han expulsar a los extraños o encerrarlos en la cárcel. Lógicamente, junto al “año de gracia” (para ellos), necesitan un «día de venganza» (para los enemigos). Así ha sido y así será. Los defensores de un tipo de iglesia o nación impositiva, los partidarios de unas minorías rectoras empeñadas e defender su identidad, tendrán que seguir apelando a la venganza o cárcel del sistema. Pero Jesús insiste en lo dicho y continúa:

  • Ningún profeta es bien recibido en su tierra.
  • Muchas viudas había en Israel en los días de Elías…
  • y a ninguna  fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en Sidón.
  • Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo,
  • pero ninguno  fue limpiado, sino Naamán el sirio».
  • Y todos en la sinagoga se llenaron de ira  y levantándose,
  • le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre
  • para despeñarle… (Lc 4, 28-29).

 Para defender su actitud, Jesús apela a dos figuras venerables (Elías y Eliseo), que eligieron y ayudaron a paganos.  Es normal que los nazarenos (representantes de los buenos israelitas) se sientan defraudados, pues pierden sus ventajas anteriores. Quieren defender su privilegio; por eso se enfurecen e intentan lincharle.

-Jesús se funda en la tradición de los milagros proféticos que Elías y Eliseo realizaron con enfermos extranjeros, desbordando las fronteras de Israel (cf. 1 Rey 17, 1.7-9; 18, 1; 2 Rey 5, 1-14). De esa forma, las mismas escrituras sagradas le permiten superar el egoísmo grupal de sus oyentes.

-Los nazarenos, representantes de la “buena” ley nacional, apoyados por el orden de su religión), rechazan esa interpretación universalista de Isaías y deciden matar a Jesús, a través de un juicio popular que se expresa a través de una violencia unánime, que se ha manifestado muchas veces a lo largo de la historia [2]

Esta escena  nos sitúa en el centro del evangelio de Lucas (y de todo el Nuevo Testamento). No es un gesto casual. Los nazarenos no quieren matar a Jesús por asesino o violador, por adúltero o idólatra (como manda la ley israelita), sino por algo más profundo: porque pone en riesgo la distinción y seguridad legal del pueblo, ofreciendo el evangelio a los de fuera (a los antes rechazados), sin distinguir a nacionales y extranjeros, silenciando así la “venganza” de Dios contra estos últimos. Por eso, sus mismos paisanos intentan matar a Jesús  y lo hacen precisamente porque defienden la institución nacional, fundada en la distinción de legales e ilegales (de los que pueden vivir en libertad y de los encarcelados). Para ser verdadera, la profecía de gracia ha de extenderse a todos, por encima de los muros privilegiados de un tipo de nazarenos.

NOTAS

[1] J. Klausner, Jesús de Nazaret, Paidós, Barcelona 1991, ha mostrado la novedad de esta “anti-lógica” de Jesús.

[2] J. P. Meier, Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico I-IV, Verbo Divino, Estella 1998-2005, ha mostrado las conexiones de la historia de Jesús y la tradición profética de Elías-Eliseo,

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Jesús en Nazaret (1ª parte). Domingo 3º. Ciclo C.

domingo, 26 de enero de 2025
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Escrituras-Jesús-Sinagoga-MVCDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

      Después de celebrar las tres epifanías (a los magos, en el Jordán, en Caná), volvemos al evangelio de Lucas. Cuando lo escribió tomó como punto de partida el de Marcos. Incluso lo copió a veces al pie de la letra. Pero, en bastantes ocasiones, lo cambia y completa. Uno de los casos más curioso de cambio y añadido lo tenemos en el evangelio de este domingo.

            La liturgia ha complicado las cosas al unir dos textos muy distintos: la introducción de Lucas a su evangelio (1,1-4) y la actuación de Jesús en Nazaret (4,14-21). Quien pretenda tratar los dos temas en la homilía puede provocar que sus oyentes terminen con la cabeza caliente y los pies fríos. Aconsejaría limitarse al segundo. Dejo el comentario a la introducción para un apéndice.

Actuación de Jesús en Nazaret (Lc 4,14-21)

            Marcos cuenta que Jesús, cuando metieron en la cárcel a Juan Bautista, se dirigió a Galilea y proclamaba: “Se ha cumplido el plazo y está cerca el reinado de Dios. Convertíos y creed la buena noticia”.

            Lucas también dice que Jesús se dirigió a Galilea y predicaba en las sinagogas, pero no dice qué predicaba. Las primeras palabras públicas las pronunciará en la sinagoga de Nazaret, y no hablan del plazo que se ha cumplido ni de la cercanía del reinado de Dios; tampoco piden la conversión y la fe.

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.»

Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:

Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.

El reinado de Dios no está cerca, se ha hecho presente en Jesús

           Lo primero que hace Jesús es leer un texto de Isaías que pretende consolar a los pobres, los cautivos, los ciegos, los oprimidos. Son imágenes que no debemos interpretar al pie de la letra. No se trata de ciegos físicos ni de presos. Este texto, escrito probablemente en el siglo VI o V a.C., describe la triste situación en la que se encontraba por entonces el pueblo de Israel, sometido al imperio persa. Una situación bastante parecida a la de los judíos del tiempo de Jesús, sometidos al imperio romano. Los presentes en la sinagoga de Nazaret podían verse reflejados perfectamente en esas palabras del libro de Isaías. Pero lo importante es lo que Jesús añade:Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.

            Cuando se comparan las primeras palabras de Jesús en Marcos y Lucas se advierte una interesante diferencia. En Marcos, lo esencial es el reinado de Dios y la actitud que debemos adoptar ante su cercanía (conversión y fe). En Lucas, la fuerza recae en el personaje sobre quien Dios ha enviado su Espíritu: Jesús. No se trata de que el reinado de Dios esté cerca, se ha hecho ya presente en Jesús.

¿Qué se cumple hoy?

            El texto de Isaías se puede interpretar, a la ligera, como si el personaje del que habla (para nosotros, Jesús) fuese a llevar a cabo la mejora social de los pobres, la liberación de los cautivos, la curación de los ciegos, la libertad de los oprimidos. Sin embargo, el texto no pone el énfasis en la acción, sino en el anuncio. La traducción litúrgica usa tres veces el verbo “anunciar” (en griego sería una vez “evangelizar” y dos “anunciar”). Este matiz es importante, porque coincide con lo que hizo Jesús. Es cierto que curó a algún ciego, pero no liberó de los romanos ni mejoró la situación económica de los pobres. Lo que hizo fue “anunciar el año de gracia del Señor”, hablar de un Dios Padre, que nos ama incluso cuando las circunstancias de nuestra vida siguen siendo muy duras.

Un optimismo desafiante

            La liturgia ha dividido el relato de Lucas en dos domingos. Con ello, nos quedamos sin saber cómo reaccionará el auditorio a lo que ha dicho Jesús. La sabremos el próximo domingo. Lo que hoy debe quedarnos es el profundo optimismo del mensaje de Isaías, que, al mismo tiempo, supone un desafío para nuestra fe. ¿Se ha cumplido realmente esa Escritura que anuncia la mejora y la salvación a pobres, ciegos, cautivos y oprimidos? Una rápida lectura del periódico bastaría para ponerlo en duda. Cuando Lucas escribió su evangelio, cuarenta o cincuenta años después de la muerte de Jesús, también tendría motivos para dudar de esta promesa. Sin embargo, no lo hizo. Jesús había cumplido su misión de anunciar el año de gracia del Señor, había traído esperanza y consuelo. Había motivo más que suficiente para creer que esa palabra se había cumplido y se siguen cumpliendo hoy.

La 1ª lectura (Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10)

En aquellos días, el sacerdote Esdras trajo el libro de la Ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era mediados del mes séptimo. En la plaza de la Puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la Ley. Esdras, el escriba, estaba de pie en el púlpito de madera que había hecho para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -pues se hallaba en un puesto elevado- y, cuando lo abrió, toda la gente se puso en pie. Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: «Amén, amén.» Después se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra.

Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura. Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero: «Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis.» Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley. Y añadieron: «Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza

           La escena se sitúa en la segunda mitad el siglo V a.C., en tiempos de Esdras, y representa una gran novedad. Hasta entonces, quienes hablaban en público eran los profetas. Ahora se lee el libro de la Ley de Moisés (quizá alguna parte del Deuteronomio). El texto une dos formas distintas de lectura:

                 La primera, solemne, tiene a Esdras de protagonista: se sitúa en un púlpito, la gente se pone en pie, Esdras bendice al Señor y todos adoran.

                  La segunda, más sencilla: “Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura”. Esta segunda forma coincide con lo que hace Jesús en Nazaret

La introducción al evangelio (Lc 1,1-4)

            Ya que el ciclo C está dedicado al evangelio de Lucas, se recoge el prólogo, en el que Lucas ofrece cuatro datos esenciales: a) por qué escribe la obra; b) a quién la dedica; c) qué método usa; d) qué pretende. [La traducción litúrgica ha cambiado el orden, colocando el primer lugar al destinatario].

Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo, después de informarme, he resuelto, ilustre Teófilo, escribirte todo por orden y exactamente, comenzando desde el principio; para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

 Justificación. Llama la atención la referencia a esos muchos que emprendieron la tarea de contar lo sucedido. Si Lucas escribe en la década de los años 80-90, ¿quiénes son esos muchos? Podemos citar con seguridad el evangelio de Marcos, que usará como punto de partida, y el documento con dichos de Jesús conocido como «fuente Q». También otra serie de documentos menores, fragmentarios, utilizados por Lucas en la redacción de su evangelio. Más importante es que los califica de «testigos oculares», convertidos más tarde en «servidores de la Palabra».

 Destinatario. ¿Quién es Teófilo? Normalmente se ha pensado en un pagano convertido al cristianismo, de buena posición social y económica, dispuesto a costear los gastos que suponen viajes, investigación y redacción de la obra. Otros no ven claro que se trate de un pagano convertido; podría ser un judío.

 Método. Volviendo a los precursores, Lucas no se siente satisfecho con su labor. Encuentra que no han escrito «desde el principio» (a;nwqen), «todo» (pa/sin), «exactamente»(avkribw/j) y «por orden» (kaqexh/j). Estas cuatro deficiencias son las que pretende mejorar. En un breve resumen, podemos decir que

        «desde el principio» lo lleva a comenzar por la infancia;

      «todo», a incluir en el relato de Marcos la gran aportación de los Dichos (Q) y de otras tradiciones que él ha descubierto;

       «exactamente», a situar los hechos en su contexto histórico preciso: censo de Quirino (2,1-2), actividad de Juan Bautista (3,1-2);

       «por orden», a componer la obra de forma coherente, cuidando al mismo tiempo su calidad literaria.

Finalidad. Se indica claramente: «para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido». Esto sugiere que Teófilo ha sido «catequizado» (kathch,qhj) solo oralmente. La obra de Lucas servirá para dar autoridad y solidez a esa enseñanza, confirmando y ampliando lo aprendido anteriormente. Este dato es fundamental para no extrañarse de ciertas«incongruencias» de Lucas. Por ejemplo, en 5,3 habla de Simón como si fuera conocido para el lector, aunque es la primera vez que lo nombra. De hecho, un lector que ya ha sido catequizado sabe muy bien quién es Simón Pedro.

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Quien desee completar estas ideas puede consultar J. L. Sicre, El evangelio de Lucas. Una imagen distinta de Jesús. Verbo Divino. Estella 2021, pp. 63-67.

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26 Enero. III Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C

domingo, 26 de enero de 2025
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TO-III

 

“En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea, con la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la comarca.”

(Lc 1, 1-4; 4, 12-14)

Volvió” y nosotros volvemos a estrenar tiempo litúrgico. Bueno, en rigor empezamos hace casi dos semanas. El tiempo de Navidad terminó con el Bautismo del Señor y desde entonces empezamos el “Tiempo Ordinario”. Es el más largo de los tiempos litúrgicos y sin embargo parece que le damos poca importancia.

El Adviento y la Cuaresma son tiempos fuertes, llenos de compromisos y anhelos. La Navidad y la Pascua son tiempos de mucha fiesta y alegría. El Tiempo Ordinario pasa más desapercibido, es silencioso, pero es aquí donde se “cuece” la vida.

Lo que decíamos, lo estamos estrenando y durante este año la liturgia nos presenta el evangelio de Lucas. Tenemos treinta y pico semanas para saborear la experiencia de Jesús que tuvo la comunidad de Lucas.

Y así, de una volada, nos hemos plantado en el capítulo 4, en la vida pública de Jesús. Los relatos del anuncio y el nacimiento los hemos recordado en Navidad. Ahora estamos de nuevo en la línea de salida. Jesús vuelve a Galilea y volverá alguna vez más, y también nos hará volver. Pero no vuelve de cualquier manera, vuelve “con la fuerza del Espíritu”. ¿Qué tal si también nosotras nos animamos a volver así, con la fuerza del Espíritu?

Ahora que las fiestas de Navidad nos han devuelto a nuestras rutinas, a nuestra cotidianidad, volvamos con ganas. Volvamos con novedad.

Lo conocido no es menos emocionante o más pobre, las cosas buenas no solo suceden en vacaciones. Toda nuestra vida está llena de regalos por abrir. Muchas veces no llevan papel de colores ni son objetos que podamos almacenar. Quizá por ello a penas los percibimos y se quedan esperando.

¡Anímate! Y vuelve tú también a tu Galilea. Pero vuelve con la fuerza del Espíritu para que en ti se cumpla el Sueño de Dios.

Oración

Derrama, Trinidad Santa, tu Espíritu sobre nosotras para que nos acerquemos a tu Palabra y descubramos la Buena Noticia. Para que nuestras vidas sean signos de libertad. Amén.


*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Las expectativas de sus paisanos eran materiales.

domingo, 26 de enero de 2025
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SINAGOGADOMINGO III (C)

Lc 4,14-21

Este ciclo (C) toca leer el evangelio de Lucas, que empieza con un paralelismo de la infancia entre el Bautista y Jesús en los dos primeros capítulos. A partir de aquí, se olvida de todo lo dicho y comienza solemnemente su evangelio: “En el año quince del gobierno de Tiberio César… vino la palabra de Dios sobre Juan. Después del bautismo y las tentaciones, propone un nuevo comienzo con un resumen: Regresó a Galilea con la fuerza del Espíritu, enseñaba en las sinagogas y su fama se extendió.

No es la primera vez que entra en una sinagoga pues dice: “como era su costumbre”. Y “haz aquí lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm. El texto de Isaías es el punto de partida. Pero más importante aún que la cita es la omisión voluntaria de la última parte que decía: “… y un día de venganza para nuestro Dios” (estaba expresamente prohibido añadir o quitar un ápice del texto). Los que escuchaban se dieron cuenta de la omisión. Atreverse a rectificar la Escritura era inaceptable.

Isaías habla en metáforas, no de curación física. Jesús se niega a entrar en la dinámica que ellos esperan. Este relato es el mejor resumen de toda la vida pública de Jesús. Mientras atendía a sus necesidades materiales, grandes aplausos. Cuando intenta haceres ver que su mensaje consiste en darse a los demás, absoluto fracaso. Hace muy bien Lucas en ponerlo como principio de todo su evangelio.

No comenta un texto de la Torá, que era lo más sagrado para el judaísmo sino un texto profético. El fundamento de la predicación de Jesús se encuentra más en los profetas que en el Pentateuco. Para los primeros cristianos estaba claro que el mismo Espíritu que ha inspirado la Escritura, unge a Jesús a ir mucho más allá de ella, superando el carácter absoluto que le habían dado los rabinos. Ninguna teología, ninguna norma tiene valor absoluto. Es hombre debe estar siempre abierto al futuro.

Al aplicarse a sí mismo el texto, está declarando su condición de “Ungido”. Seguramente es esta pretensión la que provoca la reacción de sus vecinos, que le conocían de toda la vida y sabían quién era su padre y su madre. En otras muchas partes de los evangelios se apunta a la misma idea: La mayor cercanía a la persona se convierte en el mayor obstáculo para poder aceptar lo que es. Para un judío era impensable que alguien se atreviera a cambiar la idea de Dios de la Escritura.

Partiendo de Isaías, Jesús anuncia su novedoso mensaje. A las promesas de unos tiempos mesiánicos por parte de Isaías, contrapone Jesús los hechos: “hoy se cumple esta Escritura”. Toda la Biblia está basada en una promesa de liberación. No debemos entender literalmente el mensaje, y seguir esperando lo que ya nos han dado. Dios no nos libera, Dios es la liberación. Yo solamente debo tomar conciencia de ello.

La libertad es el estado natural del ser humano. La “buena noticia” de Jesús va dirigida a todos los que padecen cualquier clase de sometimiento, por eso tiene que consistir en una liberación. No debemos caer en una demagogia barata. La enumeración que hace Isaías no deja lugar a dudas. En nombre del evangelio no se puede predicar la simple liberación material, pero tampoco podemos conformarnos con una salvación espiritual, desentendiéndonos de las esclavitudes materiales.

Oprimir a alguien, o desentenderse del oprimido, es negar el Dios de Jesús. El Dios de Jesús no es el aliado de unos pocos. No es el Dios de los buenos, de los piadosos ni de los sabios; es, sobre todo, el Dios de los marginados, de los excluidos, de los enfermos y tarados, de los pecadores. Solo estaremos de parte Dios, si estamos con ellos. Una religión, compatible con cualquier clase de exclusión, es idolátrica.  “id y contarle a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan…

Hoy el ser humano busca con ahínco la liberación de las opresiones externas, pero descuida la liberación interior, que es la verdadera. Jesús habla de liberarse antes de liberar. En el evangelio de Juan, está muy claro que tan grave es oprimir como dejarse oprimir. El ser humano puede permanecer libre, a pesar de sometimientos externos, hay una parte de su ser que nadie puede doblegar. La primera obligación del hombre es no dejarse esclavizar y el primer derecho, verse libre de toda opresión.

¿Cómo conseguirlo? El evangelio nos lo acaba de decir: “Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu”. Ahí está la clave. Solo el Espíritu nos puede capacitar para cumplir la misión más importante que tenemos como seres humanos. Tanto en el AT como en el NT, ungir era capacitar para una misión. Pablo nos lo dice con claridad meridiana: Si todos hemos bebido de un mismo Espíritu, seremos capaces de superar el individualismo, y entraremos en la dinámica de pertenencia a un mismo cuerpo.

La idea de que todos formamos un solo cuerpo es genial. Ninguna explicación teológica puede decirnos más que esta imagen. La idea de que somos individuos con intereses contrapuestos es tan demencial como pensar que una parte de nuestro cuerpo pueda ir en contra de otra parte del mismo cuerpo. Cuando esto sucede le llamamos cáncer. El individualismo solo puede ser superado por la unidad del Espíritu.

Pablo nos invita a aceptarnos los unos a los otros como diferen­tes. Esa diversidad es precisamente la base de cualquier organismo. Sin ella los seres vivos superiores serían inviables. Una de las exigencias más difíciles de nuestra condición de criaturas consistiría en aceptar al otro como diferente, encontrando en esa diferencia no una amenaza, sino una riqueza. Es fácil aceptar que estamos en la dinámica opuesta. Seguimos empeñados en rechazar y aniquilar al que no es como nosotros.

Lo único que predicó Jesús fue el amor, la unidad. Eso supone la superación de todo egoísmo y toda conciencia de individuali­dad. Los conocimientos científicos adquiridos en estos dos últimos siglos vienen en nuestra ayuda. Somos parte del universo, somos parte de la vida. Si seguimos buscando el sentido de nuestra existencia en la individualidad, terminaremos todos locos. El sentido está en la totalidad, que no es algo separado de mi individualidad, sino su propio constitutivo esencial.

El Espíritu no es más que Dios presente en lo más hondo de nuestro ser. Eso que hay de divino en nosotros es nuestro verdadero ser. Todo lo demás, no solo es accidental, transitorio y caduco, sino que terminará por desaparecer. No tiene sentido que sigamos potenciando aquello de lo que tenemos que despegarnos. Querer poner el sentido a mi existencia en lo caduco es ir en contra de nuestra naturaleza más íntima.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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