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26.8.18. Muchos entonces se fueron ¿Nos vamos también o seguimos con Cristo?

domingo, 26 de agosto de 2018
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39941017_1068105143366677_1754508159189254144_nDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 21, ciclo b. Jn 6, 60-69. Termina este domingo el “sermón de Jesús” sobre la Iglesia y muchos se marcharon, diciendo que “éste no es nuestro camino». A su lado quedaron sólo Pedro y unos pocos, diciendo que tiene palabras de vida, aunque no le entienden del todo tampoco.

Han pasado desde entonces veinte siglos, y muchos, que han venido y quedado hasta hoy con Jesús, el menos en sentido externo fundando una iglesia importante, aunque muy clerical, empiezan a marcharse otra vez, entrado este siglo XXI, pero con la diferencia de que ahora algunos de ellos echan en parte la culpa a Pedro y a sus clérigos, en medio de una gran catástrofe moral.

Con grandes dificultades, Pedro y sus amigos (compañeros) habían edificado a lo largo de siglos una iglesia, que era de gloria de propios y admiración de extraños… Pero, tras siglos de gloria externa, parece que la luz de la Iglesia se apaga, de forma que Jesús vuelve a mirar, como hizo entonces en Cafarnaúm, sintiéndose nuevamente solo (y alguno diría “mal acompañado”) y nos dice: ¿Os vais también vosotros?.

Aquella primera vez quedó Pedro (históricamente hacia finales del I d.C.), para fundar y dirigir un tipo de iglesia que ha tenido grandes valores. Pero hoy (2018) muchísimos cristianos se preguntan si no ha llegado de verdad la hora de marcharse de ella, de crear otra iglesia… o de apartarse para siempre de todas las iglesia? Quizá nunca se ha dado una crisis tan fuerte como ésta, de manera que muchos empiezan a sentirse perplejos, y piensan incluso en el fin de la Iglesia del Cristo de Pedro y de sus primeros seguidores. ¿Qué haremos?

39940243_1067573923419799_2292974243517825024_n‒ ¿Irse de Jesús, abandona la Iglesia?
‒ ¿Quedarse con Jesús, pero sin esta iglesia de Pedro?
— ¿No tener más Dios ni evangelio que el mercado, como indica la imagen?

Muchos han planteado unas preguntas como esas en este mismo portal (RD), echando la culpa a tirios y troyanos, clérigos y legos… No se puede resolver en unas línea, pero el evangelio de hoy nos ayuda a plantearlas mejor, pues indica que la crisis no es nueva, que hubo una parecido en los primeros decenios de la Iglesia, y que muchos marcharon, dejaron a Pedro y los doce. Así lo he querido mostrar de algún modo en las imágenes que he salpicado en el texto.

Entre ellas he querido poner cuatro principales (algunas se repiten):

1. Salir de la Iglesia o convertirla en mercado (como la de San Antonio de los Conventuales de Salamanca, convertida en área comercial).

2. ¿Cómo seguir en una iglesia antigua, oscura…? toda del pasado, sin más luz que la puerta de salida?

39983970_1069025539941304_7685582459928313856_n3. ¿Cómo seguir en una Iglesia que ha sacralizado hasta hoy (24.8.18) la llamada “cruzada” hispana, y a los 40 años de la muerte del Autócrata guerrero allí enterrado?

4. ¿Cómo seguir en una iglesia con un clero que, en parte pequeña pero significativa, ha podido apelar a su su poder «sagrado»para «utilizar» sexualmente a menores, de un modo mentiroso y quizá malvado?

Como he dicho, y vuelvo a repetir, en esta circunstancia, hoy mucho más que en tiempos del evangelio de Juan, millones de hombres y mujeres abandonan la práctica eclesial, al menos en el viejo Occidente. ¿Qué podemos hacer en estas circunstancias?

‒ ¿Echar la culpa a Jesús, porque su mensaje está obsoleto y es hoy inviable?
‒ ¿Condenar a las “masas” de esta nueva sociedad, que no quiere ya consumo religioso?
‒ ¿Retomar el camino de Jesús como hicieron entonces Pedro y unos pocos… o dejar un tipo de iglesia de Pedro, para caminar con Jesús sin ella. ?

39982242_1069028803274311_6956065505740324864_n— La “historia” antigua del abandono de Jesús (proyectada hacia el tiempo de su vida), sucedió hacia el año 90-100 d.C., cuando una parte de las comunidades cristianas entraron en crisis y pasaron a una especie “gnosis” pre-cristiana, o dejaron simplemente de creer…

‒ Ahora, casi dos mil años más tarde, sentimos que vuelve un tipo de crisis semejantes: miles y millones de creyentes abandonan a Jesús, no pueden o no quieren escuchar su mensaje, ni seguir camino ¿Qué se puede hacer?
Responda cada uno tras leer este evangelio. Buen domingo a todos.

Texto. Juan 6, 60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes?
El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen. «Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.»

Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?» Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

Gran desencanto

39957051_1068107646699760_5003574008633884672_nEn la mayor parte de los países “avanzados”, y en amplias capas sociales, sobre todo urbanas, de América Latina se está produciendo una fuerte ruptura, un gran desencanto ante los valores de un tipo de modernidad y cristianismo. Los grandes ideales de las revoluciones (sociales, económicas y culturales) no han llegado a cumplirse y muchos han perdido ya toda esperanza en la historia.

En este contexto, la fe religiosa que sostenía la vida de grandes capas de la población parece apagarse, y muchos (desde diversas perspectivas) afirman que no hay remedio, ni emancipación, ni redención posible.

Tres males

‒ El primero de los males es quizá la desintegración personal que crece allí donde, fallando los bienes tradicionales y el entorno afectivo, el hombre queda encerrado en sus propias limitaciones, sin saber qué hacer de sí mismo, y sin encontrar en Jesús una salida, en medio de una sociedad y un mercado de opulencia que ofrece mucho, pero que abandona a grandes masas y quita a muchos el deseo vivir.

‒ El segundo parece la crisis social de un mundo que no tiene más Dios que el dinero y el mercado… con la gran mayoría deiglesias de países como España convertidas en lamento del pasado, objeto de lucha económica (inmatriculaciones), simples museos… o centros comerciales como el de Salamanca.

39990203_1067573523419839_4504793782897606656_o‒ El tercero es un tipo de fracaso del estamento clerical… La Iglesia universal parece que había terminado por identificarse con el “clero”, como una gran empresa dirigida por “sacerdotes” (obispos, presbíteros) superiores… Pero el estamento clerical han tendido a convertirse en un tipo de superestructura ideológica, que quizá ha tenido y tiene grandes ideales, pero que está perdiendo el pie en la realidad (y quizá en el evangelio)

Las utopías de diverso tipo han perdido su capacidad de convocatoria, de manera que en boca de un tipo de iglesia el evangelio se a podido convertir en dys-angelia, la utopía del Reino en distopia.

‒ Por otra parte, las reacciones integristas de los poderes fácticos, encabezadas por grupos, económicos y nacionales, vinculados con frecuencia a las mismas iglesias, no han logrado cumplir sus promesas, ni han liberado al pueblo al que decían representar.

‒ El Estado ha perdido gran parte de las funciones que se le habían atribuido, cayendo en manos de una economía supra-estatal, dirigida por las grandes corporaciones-multinacionales, al servicio del Capital, convertido de hecho en único poder dominante.

En esa línea, más que signo de evangelio, buena nueva, cierta Iglesia parece convertirse en museo de ideas y experiencias ya muertas. En

Pedro dijo ¿dónde iremos?

39922771_1067579640085894_1477760193419804672_nEs esta momento, la Iglesia tiene que dejarlo todo (¡digo todo!), para dárselo a los pobres y para vivir en seguimiento de Jesús, como buena nueva de vida.

— fe en la libertad creadora de Jesús, en la libertad y autonomía de los hombres y mujeres…
— fe en el valor y tarea de la comunión por la que los hombres y mujeres crean “cuerpo” (se vuelven Cuerpo Mesiánico) como ha venido diciendo Jesús en el Sermón de la Carne y de la Sangre del Hijo del Hombre (Jn 6).

‒ No se trata de crear partidos religiosos, ni de bendecir naciones y estados, ni en mantenerse en lugares como el Valle de los Muertos, sino de animar y potenciar la vida personal y social, en libertad y solidaridad, en todos los planos, sin tomar el poder de ningún modo, pero potenciando el surgimiento de una conciencia más honda de humanidad concreta, personal y social, en libertad plena, en comunión social.

No se trata sólo de una comunión de meros “indignados” que protestan en contra de las condiciones sociales de injusticia que han surgido, pero es evidente que la unión de los cristianos en forma de Iglesia tiene un elemento fuerte de “protesta”, es decir, de indignación en contra del poder social injusto que domina en gran parte del mundo. Sin esta fuerte “reserva profética” al servicio de la justicia y de la solidaridad carece de sentido la iglesia.

Nosotros preguntamos: ¿Dónde iremos?

‒ Se trata de encarnar la autoridad liberadora de Jesús y su experiencia de comunión en un mundo que parece condenado a la expulsión y división social. La Iglesia no es un estado frente al Estado, pero tampoco es una institución meramente privada, sino que supera la oposición entre lo estatal y lo privado, situándose en el plano de lo “público”, no en línea de poder sino de autoridad social, como fermento de humanidad. Leer más…

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Abandono, seguimiento y traición. Domingo 21. Ciclo B.

domingo, 26 de agosto de 2018
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3b32a400-f8f1-4ffa-bc94-18d9c966940dDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado terminamos de leer el debate de Jesús sobre el pan de vida. Lo curioso, y extraño, es que el evangelista no cuenta la reacción final del auditorio. Anteriormente, en dos ocasiones, los judíos ha interrumpido a Jesús mostrando su desacuerdo. Ahora no dicen nada, como si no mereciera la pena seguir discutiendo. Sin embargo, se cuenta la reacción de los discípulos de Jesús, con dos posturas muy distintas (unos lo abandonan, otros lo siguen) y el aviso de la traición de uno de ellos.

Evangelio (Jn 6, 60-69)

En aquel tiempo muchos de los discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:

-«Esto que dice es inadmisible. ¿Quién puede admitirlo?».

    Jesús, conociendo que sus discípulos hacían esas críticas, les dijo:

«¿Esto os escandaliza? ¡Pues si vierais al hijo del hombre subir adonde estaba antes! El espíritu es el que da vida. La carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Pero entre vosotros hay algunos que no creen». (Jesús ya sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a traicionar).

Y añadió:

-«Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no le es dado por el Padre».

     Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y no andaban con él.

     Jesús preguntó a los doce:

«¿También vosotros queréis iros?».

   Simón Pedro le contestó:

-«Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el santo de Dios».

Abandono

     «Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y no andaban con él.» Es un momento de crisis muy fuerte. Hasta ahora, los discípulos de Jesús no han tenido ningún problema, aunque debemos reconocer que las noticias del cuarto evangelio sobre ellos son escasas hasta este momento. Ha contado la vocación de los cinco primeros (Juan, Andrés, Pedro, Felipe, Natanael), pero no la de los otros muchos que se fueron agregando, ni siquiera la elección del grupo de los Doce. Las referencias de pasada son positivas. En las bodas de Caná se dice que «creyeron en él» (Jn 2,11). Cuando purifica el templo, se acordaron de lo que dice un salmo («El celo por tu casa me devora») y justifican su actitud violenta (Jn 2,17). No lo conocen todavía muy a fondo, porque cuando les dice: «Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis», lo único que se les ocurre pensar es que alguien le ha traído de comer (Jn 4,32-33). En el importante episodio de la curación del enfermo de la piscina, con el largo discurso posterior de Jesús, el evangelista ni siquiera los menciona (Jn 5).

     Tras este extraño silencio, en la multiplicación de los panes y los peces y el debate en la sinagoga de Cafarnaúm, los discípulos adquieren gran protagonismo. Pero divididos en dos grupos: la mayoría y los Doce.

     La mayoría abandona a Jesús. ¿Por qué? Ellos lo justifican diciendo que «este discurso» (o` lo,goj ou-toj) es duro, intolerable, inadmisible. No se refieren solo a la idea de comer su carne y beber su sangre; se refieren a todo lo que ha dicho Jesús sobre sí mismo: que es el enviado de Dios, que ha bajado del cielo, que resucitará el último día a quien crea en él, que él es el verdadero pan de vida. En el fondo, comer el cuerpo y beber la sangre de Jesús equivalen a «tragárselo», a aceptarlo tal como él dice que es. Y eso, la mayoría de los discípulos, no está dispuesto a admitirlo. Lo han visto hacer milagros, pero eso no les extraña. También en el Antiguo Testamento se habla de personajes milagrosos. Sin embargo, ninguno de ellos, ni siquiera Moisés, dijo haber bajado del cielo y ser capaz de resucitar a alguien.

     Jesús interpreta el abandono desde un punto de vista muy distinto. Empieza echando leña al fuego: si se escandalizan de lo que ha dicho, podría darles más motivos de escándalo. El problema es que enfocan todo desde un punto de vista humano, carnal; y para creer en él hay que dejarse guiar por el espíritu. Pero esto solo lo consigue aquel a quien el Padre se lo concede. Estas palabras de Jesús resultan desconcertantes: por una parte, cargan la culpa sobre los discípulos que se sitúan ante él con una mirada puramente humana; por otra, responsabiliza a Dios Padre, ya que solo él puede conceder el acceso a Jesús («nadie puede venir a mí si no le es dado por el Padre»).

    Quizá el evangelista está pensando en los cristianos que han abandonado la comunidad a causa de las persecuciones o por cualquier otro motivo. ¿Qué les ha pasado a esas personas? ¿Es solo culpa suya? ¿Hay un aspecto misterioso, en el que parte de la culpa parece recaer sobre Dios? Pensando en la gente que conocemos y cómo han evolucionado en su vida de fe, estas preguntas siguen siendo de enorme actualidad.

Seguimiento

    El momento más dramático se cuenta con enorme concisión. Tras el abandono de muchos solo quedan los Doce. La pregunta de Jesús («¿También vosotros queréis iros»), sugiere cosas muy distintas: desilusión, esperanza, sensación de fracaso… La respuesta inmediata de Pedro, como portavoz de los Doce, recuerda a su confesión en Cesarea de Filipo, según la cuentan los Sinópticos: «Tú eres el Mesías».

     Pero hay unas diferencias interesantes. Pedro no comienza confesando, sino preguntándole: «Señor, ¿a quién iremos?» Abandonar a Jesús y volver a sus trabajos es algo que no se les pasa por la cabeza. Necesitan un maestro, alguien que los guíe. ¿Dónde van a encontrar uno mejor que él? ¿Uno cuya palabra te hace sentirte vivo? Lo primero que hace Pedro es reconocer que necesitan a Jesús, no pueden vivir sin él. Luego sigue la confesión de fe. Pero no dice que Jesús sea el Mesías, sino «el Santo de Dios».

      No queda claro que quiere decir Pedro con este título, que solo aparece una vez en el Antiguo Testamento, aplicado al sumo sacerdote Aarón, con sentido honorífico o por su estrecha relación con el culto (Sal 106,16). En el Nuevo Testamento, Mc y Lc lo ponen en boca del endemoniado de la sinagoga de Cafarnaúm, que lo aplica a Jesús (Mc 1,24 = Lc 4,34; Mt omite este pasaje). Sin duda, Pedro confiesa que Jesús está en una relación especial con Dios, sin meterse a discutir si ha bajado del cielo.

Traición

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     En el texto litúrgico, este tema solo aparece de pasada: Jesús sabía «quien lo iba a traicionar». Si no hubiesen mutilado el evangelio, quedaría mucho más claro. Porque, inmediatamente después de la intervención de Pedro, Jesús añade: «“¿No os he elegido yo a los Doce? Pero uno de vosotros es un diablo.” Lo decía por Judas Iscariote, uno de los Doce, que lo iba a entregar.»

     Con ello surge una nueva pregunta y un nuevo misterio: ¿por qué Judas no abandona a Jesús en este momento, cuando tantos otros lo han hecho? ¿Por qué Jesús, si lo sabe, lo mantiene en el grupo? ¿Cómo puede llegar alguien a desilusionarse de Jesús hasta el punto de traicionarlo?

1ª lectura: el compromiso de los israelitas con Dios (Josué 24,1-2.15-18)

     Estamos en el capítulo final del libro de Josué. Los israelitas, a las órdenes de Josué, han conquistado todo el territorio que Dios les había prometido (es preferible no recordar cómo lo consiguieron, porque lo que ocurre actualmente en la frontera de Gaza resulta un juego entretenido). En ese momento, Josué reúne a todas las tribus en Siquén, les recuerda los beneficios pasados de Dios y les ofrece la alternativa de servir o no servir a Yahvé. Es un diálogo espléndido, dramático, en el que Josué, contra lo que cabría esperar, se esfuerza por convencer al pueblo de que no sirva a Yahvé. Es un dios celoso que no los perdonará si lo traicionan. Sin embargo, los israelitas porfían en que quieren servirlo, y todo termina con la alianza entre el pueblo y Dios.

     Quienes han seleccionado el texto han demostrado, una vez más, que no les entusiasma la Biblia: han mutilado la intervención de Josué, el diálogo con el pueblo, y el final. De 28 versículos, solo se han salvado 6.

En aquellos días Josué reunió a todas las tribus de Israel en Siquén. Convocó a los ancianos, jefes, jueces y escribas, y en presencia del Señor dijo a todo el pueblo:

-«Esto dice el Señor, Dios de Israel: Vuestros padres, Téraj, padre de Abrahán y de Najor, vivían antiguamente al otro lado del río Éufrates y adoraban a otros dioses. Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir, si a los dioses a los que sirvieron vuestros padres al otro lado del río o a los dioses de los amorreos, cuya tierra ocupáis; yo y mi casa serviremos al Señor».

El pueblo respondió:

-«Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses, porque el Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de la casa de la esclavitud; ha realizado ante nuestros ojos estos grandes prodigios y nos ha protegido durante todo el camino que hemos recorrido y en todos los pueblos por los que hemos pasado. Nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios».

     Si se hubiera leído completo, el texto ofrecería una relación más estrecha con el evangelio. Tanto Josué como Jesús hablan de manera clara y dura, como queriendo desanimar a sus seguidores. La gran diferencia radica en la diversa reacción de los oyentes. El texto de Josué ofrece un final feliz, ajeno por completo a la realidad: los israelitas siguieron sirviendo a otros dioses y abandonando a Yahvé. El evangelio traza un cuadro más realista, incluso pesimista: muchos discípulos abandonan a Jesús; solo quedan doce, y uno de ellos será un traidor.

2ª lectura: ¿Sería mejor suprimirla? (Efesios 5,21-32)

     Este es el texto que ninguna novia quiere que se lea el día de su boda. En los tiempos que corren, decirle que «sea sumisa a su marido», que «le debe estar sujeta en todo», porque no hay igualdad entre ambos, sino que «el marido es la cabeza de la mujer», no es lo más agradable. Aunque luego le diga al marido que ame a su esposa como a su propio cuerpo. De esta segunda parte de la lectura, ni se entera.

      Me limito a dos aclaraciones.

    1) Este texto, que tanta crítica le ha valido a Pablo de misógino y machista, no es suyo. La carta a los Efesios no la escribió él, sino un discípulo suyo. «Al Cesar lo que es del César».

    2) Esta mentalidad sobre el matrimonio, que hoy día nos escandaliza, era progresista en el siglo I. Basta mirar lo que ocurre en algunos países árabes. La mujer acepta con naturalidad estar sometida al marido. Pero el marido no siempre es consciente del cariño y delicadeza con que debe tratar a su mujer. La corrupción moral, tan extendida en el siglo I, explica que el autor exija a los matrimonios cristianos un comportamiento fundado en el respeto mutuo, por fidelidad a Cristo. Ojalá en todos los matrimonios cristianos actuales hubiera ese mismo respeto.

Hermanos, respetaos unos a otros por fidelidad a Cristo. Que las mujeres sean sumisas a sus maridos como si se tratara del Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, del mismo modo que Cristo es cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, del cual él es el Salvador. Así como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las mujeres lo deben estar a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras esposas, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó él mismo por ella, a fin de santificarla por medio del agua del bautismo y de la palabra, para prepararse una Iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa parecida, sino santa y perfecta. Así los maridos deben también amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer se ama a sí mismo. Porque nadie odia jamás a su propio cuerpo, sino que, por el contrario, lo alimenta y lo cuida, como hace Cristo con la Iglesia, pues somos miembros de su cuerpo. Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Éste es un gran misterio, que yo aplico a Cristo y a la Iglesia.

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Domingo XXI del Tiempo Ordinario. 26 de agosto de 2018

domingo, 26 de agosto de 2018
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“Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: -¿También vosotros queréis marcharos?”

(Jn 6, 60-69)

Cabe una primera reacción ante este texto: Pensar así como: “¡menudos discípulos! ¡Qué gente tan inconsistente! ¡Qué falta de compromiso!”

Es una reacción de pura lógica humana. Las cosas no salen bien, no tienen éxito, porque siempre hay personas que vienen a estropearlo todo. Y en este caso concreto la cosa está muy clara. Los que criticaron a Jesús y se marcharon son los malos de la película.

Sin embargo, aquí el evangelio no nos está hablando ni de buenos ni de malos. Habla, más bien, de un Reino que se abre camino en medio de las dificultades, de una fuerza amorosa que atraviesa la existencia humana; toda la existencia humana, también la parte más oscura.

A lo largo de todo el Antiguo Testamento hay una enseñanza constante que llegadas a este punto parece que se nos olvida: Dios siente debilidad por lo pequeño.

Elige a Sara, a Jacob, a Raquel, a José… que son los pequeños, los que no cuentan; que son las estériles, las que no valen. Y elige también ejércitos pequeños, casi ridículos, para vencer a quienes se creen poderosos.

El amor de Dios no avanza “gracias” a los méritos humanos, sino, muchas veces, a pesar de los errores humanos.

No es Jesús quien necesita a sus discípulos, son los discípulos los que tienen que optar por Jesús.

El Reino sigue creciendo. Crece hoy gracias a la crisis de vocaciones que vive la Iglesia. Crece a pesar de los errores de la jerarquía y también a pesar de cada uno de nuestros fallos. El Amor de Dios sigue imparable, seduciendo corazones dentro y fuera de los límites de nuestra Iglesia.

Así son las cosas de Dios: sorprendentes, imparables y gratuitas. Siempre gratuitas, generosas, metidas de lleno en el ámbito del exceso. Porque el Amor, por definición, es siempre excesivo y generoso.

Entonces puede libremente preguntarnos: ¿también vosotros queréis marcharos?

Ahora la pelota está en nuestro tejado.

Oración

Aumenta, Trinidad Santa, nuestra fe y nuestra confianza para que podamos caminar con la libertad que solo el Amor nos puede brindar.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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¡Triste desenlace! A la inmensa mayoría no le interesa el Espíritu y la Vida que Jesús ofrece.

domingo, 26 de agosto de 2018
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juan-6-60-69-3-660x330Jn 6, 61-71

Llegamos al final del c. 6 del evangelio de Jn. Llega la hora del desenlace. La disyuntiva es clara: o acceder a la verdadera Vida, o permanecer enredados en la pura materialidad. Recordar lo que decíamos el primer día: no tomar ninguna decisión es mantener el camino fácil del hedonismo, en el que estamos. ¿Qué resultado tiene hoy la oferta de Jesús?

Este modo de hablar es inaceptable. ¿Quién puede hacerle caso? Son inaceptables estas propuestas, para ellos y para nosotros. Van en contra de toda lógica, pues contradicen nuestras apetencias más íntimas. Quieren llevarnos más allá de lo razonable. Todo aquel que se deje guiar por el sentido común, se “escandalizará”. Lo que nos pide Jesús es salir del egoísmo y entregarse a los demás. ¡Qué disparate! Desde el punto de vista religioso, se trata de sustituir a Dios por el hombre. ¿Cómo podemos dejar de servir a Dios para dedicarnos a los demás?  ¿No es el primer deber de todo ser humano dar “gloria” a Dios?

La incapacidad de comprender es consecuencia de entender desde la carne. Y ojo, que no se trata de despreciar y machacar la carne. Entendido de esa manera maniquea, tampoco tiene ninguna salida el mensaje de Jesús. Se trata de descubrir que el verdadero sentido de la vida fisiológica y terrena, para un ser humano, el verdadero sentido de la carne, está en la trascen­dencia; es decir desplegar las posibilidades más sublimes que el ser humano tiene de crecer y ser más que simple biología. La vida terrena no puede ser meta para el hombre.

El espíritu es el que da Vida, la carne no sirve para nada. Este versículo es clave para entender todo el capítulo. Aquí, carne y espíritu no se refieren a dos realidades concretas y opuestas, sino a dos maneras de afrontar la existencia humana. Solo una actitud espiritual puede dar pleno sentido a una vida humana. Vivir desde las exigencias de la carne sola cercena la meta del ser humano. En teoría no se entiende y en la práctica, ¿quién de nosotros se cree, de verdad, que la carne no vale para nada? ¿Por qué luchamos? ¿Cuál es nuestra mayor preocupación? ¿Cuánto tiempo dedicamos al cuerpo y cuánto al Espíritu?

Después de remachar por activa y por pasiva que había que comer su carne, ahora nos dice que la carne no vale para nada; que lo único que vale es el espíritu. Estas palabras nos obligan a hacer un esfuerzo sobrehumano para poder comprender lo que nos quiere decir. No es ninguna contradicción. Se trata de descubrir que el valor de la “carne” le viene de estar informada por el espíritu. Con el espíritu, la carne lo es todo. Sin el espíritu, la carne no es nada. De nuevo queda claro el profundo sentido que da Jn a la encarnación.

Las propuestas que os he hecho son Espíritu y son Vida. Las palabras no tienen valor por sí mismas, debemos ir más allá de ellas y descubrir el Espíritu al que hacen referencia. Como en el discurso de Nicodemo y el de la Samaritana, la referencia al Espíritu es clave para entender a Jesús. “Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del espíritu es espíritu”. “Dios es espíritu, y hay que acercarse a Él en espíritu y en verdad”. Todo el capítulo viene diciendo que él es el pan… Ahora nos dice que son sus palabras las que dan la Vida. Para el hombre, la única propuesta que le llevará a la plenitud es la que hace Jesús.

Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. En este proceso de alejamiento entre Jesús y los que le siguen, se da el último paso, el abandono. Fijaos bien que, hasta ahora, los que le criticaban y murmuraban eran «los judíos»; ahora son «los discípulos» los que deciden abandonar a Jesús. Tal vez la mayoría de los oyentes ya le habían abandonado antes. Recordemos que todo el capítulo se ha planteado como un proceso de iniciación. Terminado el proceso, hay que tomar una decisión.

¿También vosotros queréis marcharos? Jesús no busca la aprobación general. Tanto los políticos como los medios lo condicionan todo a la audiencia. Lo importante es vender. Jesús acepta el reto que su doctrina provoca. Está dispuesto a quedarse completamente solo antes que ceder en la radicalidad de su mensaje. La pregunta manifiesta un deje de profunda amargura. Pero también deja muy clara la convicción que tiene en lo que está proponiendo.

¿Con quién nos vamos a ir? Tus exigencias comunican Vida definitiva. Pedro, da la única respuesta adecuada: “Nosotros creemos”. La mayoría de los que escuchan a Jesús, se sienten más seguros con el cumplimiento de la Ley. En la comida eran cinco mil. Quedan doce. Más tarde demostrarían que ellos tampoco lo entendieron. Para entenderlo tuvieron que pasar por la experiencia pascual. Juan deja claro que el fundamento de la Iglesia que se empieza a organizar, son los doce, y que Pedro es la cabeza que la dirige.

También en los sinópticos, Jesús empieza siendo aclamado con entusiasmo por la multitud, pero termina siendo abandonado por todos. Si hoy nos declaramos cristianos dos mil millones de personas, se debe a que no se exige la radicalidad de su mensaje y estamos en el engaño de lo que nos puede dar, no en la conciencia de lo que nos exige. Si descubriéramos que la médula del mensaje de Jesús es que tenemos que dejarnos comer, ¿Cuántos quedarían? Eso es lo que nos pide Jesús. Antes que morder debo dejarme comer.

Jn intenta aclarar las condiciones de pertenencia a la comunidad de Jesús: La adhesión a Jesús y la asimilación de su propuesta de amor. Su ‘exigencia’ es una dedicación al bien del hombre a través de la entrega personal. El mesianismo triunfal queda definitivamente excluido. En contra de lo que se nos sigue diciendo, Jesús ni busca gloria humana o divina, ni la promete a los que le sigan. Seguirlo significa renunciar a toda ambición personal.

Hoy seguimos ignorando la propuesta de Jesús. En nombre del evangelio seguimos ofreciendo unas seguridades derivadas del cumplimiento de unas normas. No se invita a los fieles a hacer una elección de la oferta de Jesús, porque no se les presenta dicha oferta. Hemos manipulado el evangelio para salirnos con la nuestra. No nos interesa el mensaje de Jesús, sino nuestros propios anhelos de salvación que no van más allá de la sola carne.

Es decepcionante que la celebración de la eucaristía no tenga ninguna repercusión en nuestra vida real. No es casualidad que en el evangelio se hable de Vida al tratar de expresar la realidad espiritual que descubrió Jesús más allá de la vida. El paralelismo nos puede llevar a comprender que no existe una VIDA separada de la materia. Ni en el orden espiritual, ni en el biológico, la vida puede andar por ahí separada de la materia sensible. Dios es Vida, pero no está en algún lugar del universo y desde allí nos hace partícipes de ella.

En el orden biológico, a la hora de definir la vida, tenemos que recurrir a su manifestación. Nunca nos encontraremos con la vida, sino con un ser vivo. En el orden espiritual sucede lo mismo. Nunca nos encontraremos con el Espíritu pero podemos encontrarnos con un ser atravesado por el Espíritu. ¿Cómo lo sabremos? Solo a través de sus relaciones con los demás seres. Si es capaz de descentrarse y descubrir en los demás seres aquello que le identifica con ellos, se trata de un ser que tiene Vida espiritual.

Meditación-contemplación

Jesús manifiesta en su vida, esa Vida plena y definitiva.
La experiencia pascual llevó a los discípulos a hacer suya esa Vida.
No fue fácil superar el apego a las seguridades de su religión.
Nosotros, con una religión tan anclada en la Ley como la judía,
también tenemos que arriesgarnos
si no queremos caminar hacia la nada.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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La Eucaristía, banquete celestial.

domingo, 26 de agosto de 2018
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eucaristia-720_270x250“Veo descender del cielo a la Música como una voz sonora que nos invita a pasear por los jardines del Señor. Cantar ha sido para mí la alegría de abrir mi alma a la más pura elevación ¡Gracias a ti, Música” (Federico García Lorca)

26 de agosto. Domingo XXI del TO

Jn 6, 60-69

El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida 

El ancla es un espléndido símbolo de la esperanza: “Ella es como un ancla firme y segura del alma”, dice Pablo en Hebreos 6, 19, pero, por definición se trata de un objeto que impide, precisamente, que el barco avance. Personalmente me gusta más la imagen de Le Petit Prince de Antoine de Saint-Exupéry: “Lo que embellece el desierto es que esconde un pozo en alguna parte”. Y lo más apremiante es descubrir dónde se encuentra.

En su novela para espíritus selectos, El tonto emocional, J. Maronna y D. Samper relatan que “El Viajero llevaba meses, años, siglos buscando a alguien que le diera razón sobre la Razón Última de la Razón, y no le pareció excesivo emprender un nuevo periplo hacia el sur”. El mencionado personaje, que nos puede ahorrar un viaje interminable, es Jesús de Nazaret.

“Él siempre supo adónde llevaban los caminos, y nos ayudará a encontrar las adecuadas respuestas”, decía Juan Ramón Jiménez. Platero tenía un agudo sentido de la orientación, y lleva a su dueño siempre a su destino.

“Jesús vino a mostrar la misericordia y la compasión de Dios, cuyo amor es un refugio que nos protege, incluso, del rigor de la Ley. Jesús vino a mostrar la misericordia y la compasión de Dios, cuyo amor es un refugio que nos protege, incluso, del rigor de la Ley”, dice Paramahansa Yogananda en su obra El Yoga de Jesús. Lo demostró durante toda su vida pública dándose plenamente a los demás:  invitando a todos al banquete en su reino (Lc 14, 15-24), cuando dice a los fariseos que no ha venido a llamar a los justos, sino a los pecadores (Mt 9, 13), o en la última cena (Mt 26, 28).

“Veo descender del cielo a la Música como una voz sonora que nos invita a pasear por los jardines del Señor. Cantar ha sido para mí la alegría de abrir mi alma a la más pura elevación ¡Gracias a ti, Música” (Federico García Lorca). Voz que nos invita a ser escuchada en las palabras de Jesús: El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida” (Jn 6, 63).

Jon Kabat-Zinn, hablando de la generosidad, nos da en Maindfulness en la vida cotidiana, este saludable consejo: “Lo que sugiero es más bien que practique el hecho de compartir la plenitud de su ser, la mejor parte de usted, su entusiasmo, su vitalidad, su espíritu, su confianza, su apertura y, sobre todo, su presencia. Compártala con usted mismo, con su familia, con el mundo”.

Una vez que nuestros corazones se liberan de apegos, el estrecho círculo de la familia y los amigos crece. Incluso vemos que los animales y las plantas son hermanos nuestros, y sentimos la interdependencia con todos los seres. Como fue el corazón de tu madre, querida Inma: dando luz y calor a toda nuestra vida, siempre entregada a todos.

EUCARISTÍA
(A Conchita Torrejón, esplendoroso sol de nuestras vidas)

II. Comunión

Florecerán en tu jardín del alma
jazmines, ruiseñores y camelias.

Era un amanecer en mediodía…
un otoño, estación de recogida
de frutos sazonados
del multiforme árbol de tu vida.

Los vendimiamos todos,
y todos los colgamos en el nuestro.
Gracias por tanta gracia y don, Conchita.

Se adelantó la Primavera:
en tu jardín del alma han florecido
jazmines, ruiseñores y camelias.
Y en él ha florecido tu Feadulta.

Un jardín donde tú sigues viviendo
dando luz y calor
a toda nuestra vida,
a todos nuestros sueños.

Coros, Ángeles, Arcángeles,
Tronos y Potestades celestiales,
entonan ya evangélicas canciones
al Amor que en su seno te ha acogido.

Y tú, Conchita,
de tan divina-humana orquesta
has sido nominada concertino.

En este amanecer en medio día,
desde esta brecha abierta
del costado del cielo,
serena y cordialmente
te decimos mientras te comulgamos:

-“¡Contigo, amiga, unidos para siempre!

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Tiempo de prueba y criba.

domingo, 26 de agosto de 2018
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caminante%2520by%2520stevewalkercomJn 6, 60-69

Paso a paso, domingo a domingo, con este cinco en total, nos llevas por un tiempo de prueba y criba, sintetizada en la pregunta a los Doce que resuena con un eco de tristeza: “¿También vosotros queréis marcharos?”.

Intentar comprender la contestación de Pedro (“Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”), me llevó hasta  al versículo 1 del capítulo 6 de Juan.

Te siguen  multitudes que buscan ser alimentados, pero no conocen más que el alimento del cuerpo y el anhelo de una vida mejor. Les enseñas que, con lo poco puesto en común, haces milagros. Pero no entienden: quieren soluciones rápidas y convertirte en el líder que les provea y saque de problemas. Te fuiste, pero volvieron en tu busca… “me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros”. Murmuran, critican, debaten… Tus palabras descolocan, escandalizan.

Y tú seguías avanzando en tu mensaje directo a tus discípulos, esos que se iban uniendo por los caminos y que se sentían atraídos por ti, justo hasta el momento en que tus palabras… “este modo de hablar es duro”… se convirtieron en incomprensibles… “El que come de mi carne y bebe de mi sangre tiene vida eterna… Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”. Quizás ese compromiso de unión les resultara demasiado complicado y comprometido.

Dejaron de escucharte, taparon sus oídos y muchos se marcharon buscando otros “profetas” más light. No sabían que tus palabras eran, y siguen siendo hoy, espíritu y vida, preludio de la Eucaristía.

Tiempo de poner a prueba. Tiempo de criba. Tiempo de preguntar a los Doce, a los cristianos de nuestro tiempo, a la Iglesia: “¿También vosotros queréis marcharos?… Tiempo de respuestas comprometidas: personales y en comunidad.

Abrámonos desde el silencio interior a la escucha de tu pregunta. Sólo creerá quién se deje tocar por el Espíritu descubriendo ese sutil toque de vida eterna que emana de cada palabra que sale de tu boca.

Mari Paz López Santos

Para FEADULTA 26  agosto 2018

Fuente Fe Adulta

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No es lo mismo ateo que frívolo.

domingo, 26 de agosto de 2018
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discipulos-detalle-300x193Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

Las lecturas de hoy reflejan situaciones humanas que se repiten constantemente en la historia.

JOSUÉ REUNIÓ A LAS TRIBUS DE ISRAEL.

¿Qué otra cosa son los parlamentos y la democracia?

Las personas, los grupos humanos vivimos en sociedad y como seres sociales hemos de comportarnos. No somos seres aislados, que hacemos cada cual lo que nos parece: la familia, el trabajo, los bienes, la cultura, la amistad, la sexualidad, la familia, la fiesta, etc. son cuestiones comunitarias

Conviene reavivar nuestra conciencia social, comunitaria.

SI NO OS PARECE BIEN SERVIR AL SEÑOR, ESCOGED HOY A QUIÉN QUERÉIS SERVIR:

icr_6403-265x198Aquella asamblea convocada por Josué en el fondo era, como nuestros parlamentos, para ver ante quién nos postramos y cómo vivimos. Si no os parece bien nuestra traditio, escoged cómo vivir y a qué dioses queremos servir, porque siempre habrá algún dios o ídolo en nuestra vida.

¿A quién servimos y cómo configuramos nuestra vida? ¿Adoramos al dios Dionisios y vivimos desde el placer? ¿Quizás nos postramos ante el dios patria? ¿tal vez nos fascina el dinero o la magia del poder?

02. ¿DOCTRINA DURA?

Resulta un poco extraño que después de haber multiplicado los panes, el trabajo ¿Cómo o por qué pudieron decir aquellos discípulos que multiplicar los panes y el trabajo, dar de comer a la gente es una doctrina dura? Resulta una postura un tanto absurda.

A los primeros cristianos -como a todos- les costó mucho esfuerzo abandonar la idea de poder, de un Mesías militar poderoso. Cristo hubo de trabajar a fondo para liberar de la fiebre de poder a la suegra y a la familia de Pedro, (Mt 8,14-15). El ansia de poder está presente en gran parte de los discípulos de Jesús: ¿Quién va a ser el mayor en tu Reino? (Mt 18,1ss).

Lo de Cristo va por otros derroteros: el servicio y el amor (Jn 13 / Jn 15). El amor y el servicio crean solidaridad, que es por donde comienza este capítulo del pan de vida, 6º de Juan: la multiplicación de los panes.

El milagro no consiste en que Cristo diera de comer a la gente por arte de magia, sino porque el “asunto Cristo” trastoca los criterios humanos, cambia nuestra mentalidad y comenzamos a ser solidarios.

Esto resulta una doctrina dura. La dificultad está en el servicio, en el amor y en la solidaridad. Es más frecuente y habitual creer en el poder, en la ley del más fuerte y en tener lo mío aumentándolo, si puedo, y los demás que se pudran.

La doctrina dura es que ningún país europeo quiere acoger a los que pasan en pateras, ni ayudarles en sus lugares de origen.

En estos momentos en un lugar de “acogida” de inmigrantes subsaharianos en Andalucía solamente tienen como medicamento “Almax” y los escasos tres médicos que atienden a estas pobres gentes recetan para todo y para todos tal medicamento.

03. MUCHOS DEJARON DE SEGUIR A JESÚS. TRÁNSFUGAS HA HABIDO SIEMPRE.

50ordinariob21Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.

No se trata de la marcha al estilo del hijo pródigo. El hijo menor se marcha de casa, es una cuestión moral, pero aquel hijo tenía siempre en la cabeza la referencia de la casa de su padre. Las referencias las tenía bien puestas, la “cabeza bien amueblada” aunque en aquel momento de su vida se había despistado. ¿Y quién no ha tenido despistes en su vida?

Cuando san Juan dice que dejaron de seguir o de estar con Jesús, es que se acabó la “conversación”. Rompieron el “carnet” y rompieron con todo. Hasta aquí hemos llegado y no quiero saber nada.

Esta historia del abandono nos es muy familiar en nuestro tiempo y en nuestro pueblo. Mucha gente, muchos estratos de la sociedad han marchado del seno de la Iglesia, otros muchos no han estado dentro nunca. Pensemos en el recorrido de los últimos cincuenta / setenta y cinco años. Entre los compañeros de Jesús, -y en nuestro tiempo- hubo y hay muchos tránsfugas.

04. EL ATEÍSMO ES UNA POSIBILIDAD RAZONABLE. JESÚS NO SE ASUSTA. (ENTRE CREYENTES Y ATEOS HAY DIÁLOGOS / ABSTÉNGANSE FRÍVOLOS).

o En nuestra vida personal nos lamentamos de que tanta gente no esté ya en la Iglesia, sean increyentes, el laicismo, la secularización, los jóvenes que no se casan, la mitad de los niños que nacen no son bautizados, etc.

o Con una ingenuidad que pretende sedar la situación, decimos: ya volverán a la Iglesia, los seminarios se repoblarán, etc.

o Pastoralmente se funciona como si nada hubiese ocurrido y como si todos “continuásemos siendo del partido”, cuando en realidad somos conscientes de que las cosas no van a volver a una cristiandad ya desaparecida.

Ser creyente es una opción razonable y seria. Ser ateo, también.

Para ser un buen cristiano, hay que ser un buen pagano.

Quien llega a la conclusión de configurar su vida desde la ultimidad, que denominamos Dios, plasmada en una traditio: Cristo, iglesia, cultura cristiana, etc. tal opción -que es la nuestra- es muy razonable. Puede que haya personas que por circunstancias de recorridos personales, sociales, históricos, vivencia eclesiásticas, etc. piensen (que viene de pensar) que configurar su vida desde otras posturas laicas, ateas. Quien, tras una seria reflexión, decide vivir y estructurar su vida en otros ámbitos, es digno de ser respetado y es una opción seria y válida.

Otra cuestión es la frivolidad. Frívolo es, según el diccionario de la real Academia: Ligero, veleidoso, insustancial. Es cierto que en la vida hay de todo y todos podemos tener algo de todo. Pero una cosa es ser “ateo como Dios manda” y otra muy distinta es ser ligero, veleidoso e insustancial.

Me parece a mí que hoy en día tenemos frívolos, ligeros y superficiales. ¡Ya quisiéramos tener ateos como Dios manda!

05. PRIMER PASO HACIA LA FE:

Pastoralmente nuestra diócesis -y otras- está haciendo jeroglíficos y juegos de malabar para salvar no tanto la seriedad de la fe y de la vida, sino para salvar “los muebles” de un sacramentalismo barato.

Quizás las cosas se puedan ver y plantear de otras maneras, pero como no seamos serios en la fe, en la solidaridad, lo eclesiástico va a terminar siendo una “carrocería de chapa y pintura”

Posiblemente evangelizar hoy en día entre nosotros signifique

o Ser conscientes de que “muchos han dejado de seguir a Jesús”. Pero ser conscientes significa “enterarnos”. No digamos que las cosas están muy mal, hay pocos cristianos, menos curas, para luego seguir funcionando mentalmente como si estuviésemos en la cristiandad tridentina.

o En segundo lugar, no asustarse. Jesús tampoco se rasga las vestiduras y comienza a lamentarse de los pocos curas que tenía. El ateísmo es posible.

o En tercer lugar, ayudar y enseñar a pensar las cosas, los problemas, las situaciones, la vida. La frivolidad, la ligereza, veleidad, e insustancialidad de en la vida no se resuelven con más la ligereza, veleidad, e insustancialidad eclesiásticas.

06. «¡LEJOS DE NOSOTROS ABANDONAR AL SEÑOR PARA SERVIR A DIOSES EXTRANJEROS! EL SEÑOR ES NUESTRO DIOS; SEÑOR, ¿A QUIÉN VAMOS A ACUDIR? TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA ETERNA HUMILDAD DE LA FE

Una vez que hemos echado una “pensada” a la vida llegamos a las opciones y decisiones. Al acto de fe en Cristo Jesús.

Hasta cierto punto hemos de vivir como el hijo pródigo la fascinación de la “herencia”, del dinero, de los “dioses extranjeros”, para entrando en nosotros mismos “recapacitar”. El hijo menor, entrando en sí, recapacitó, (Lc 15,17).

Cristo es hombre de Palabra y su Palabra es Luz y Vida (Jn 1).

A ciertas alturas de la vida uno ya no cree, ni estamos para medias palabras, medias verdades y tontadas político, cultural, eclesiásticas.

¿A dónde vamos a ir? Solamente Cristo tiene palabras de vida eterna.

Cuando ya más que adulto uno comienza a ser anciano, creer, lo que se dice creer solamente cree en Dios por medio de JesuCristo y desde Él confíanos, servimos, respetamos y amamos la vida y el ser humano. Amemos la Palabra y seamos personas de palabra y amemos la Luz y la Vida.

La fe es algo muy humilde, incluso frágil y pobre. Creer en unas utopías como la solidaridad, el amor, la justicia, es tan poca cosa… Pero, como la semilla, que también es pequeña, pero llena de vida. La semilla de la fe es la que da sentido a nuestra vida y su transcurrir.

Nosotros creemos que tú eres el Santo de Dios.

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“Alimentarnos de Jesús”. 20 Tiempo Ordinario – B (Juan 6,51-58)

domingo, 19 de agosto de 2018
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20_to_bSegún el relato de Juan, una vez más los judíos, incapaces de ir más allá de lo físico y material, interrumpen a Jesús, escandalizados por el lenguaje agresivo que emplea: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». Jesús no retira su afirmación, sino que da a sus palabras un contenido más profundo.

El núcleo de su exposición nos permite adentrarnos en la experiencia que vivían las primeras comunidades cristianas al celebrar la eucaristía. Según Jesús, los discípulos no solo han de creer en él, sino que han de alimentarse y nutrir su vida de su misma persona. La eucaristía es una experiencia central en los seguidores de Jesús.

Las palabras que siguen no hacen sino destacar su carácter fundamental e indispensable: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida». Si los discípulos no se alimentan de él, podrán hacer y decir muchas cosas, pero no han de olvidar sus palabras: «No tendréis vida en vosotros». Para tener vida dentro de nosotros necesitamos alimentarnos de Jesús, nutrirnos de su aliento vital, interiorizar sus actitudes y sus criterios de vida. Este es el secreto y la fuerza de la eucaristía. Solo lo conocen aquellos que comulgan con él y se alimentan de su pasión por el Padre y de su amor a sus hijos.

El lenguaje de Jesús es de gran fuerza expresiva. A quien sabe alimentarse de él le hace esta promesa: «Ese habita en mí y yo en él». Quien se nutre de la eucaristía experimenta que su relación con Jesús no es algo externo. Jesús no es modelo de vida que imitamos desde fuera. Alimenta nuestra vida desde dentro.

Esta experiencia de «habitar» en Jesús y dejar que Jesús «habite» en nosotros puede transformar de raíz nuestra fe. Ese intercambio mutuo, esta comunión estrecha, difícil de expresar con palabras, constituye la verdadera relación del discípulo con Jesús. Esto es seguirlo sostenidos por su fuerza vital.

La vida que Jesús transmite a sus discípulos en la eucaristía es la que él mismo recibe del Padre, que es Fuente inagotable de vida plena. Una vida que no se extingue con nuestra muerte biológica. Por eso se atreve Jesús a hacer esta promesa a los suyos: «El que coma de este pan vivirá para siempre».

Sin duda, el signo más grave de la crisis de la fe cristiana entre nosotros es el abandono tan generalizado de la eucaristía dominical. Para quien ama a Jesús es doloroso observar cómo la eucaristía va perdiendo su poder de atracción. Pero es más doloroso aún ver que desde la Iglesia asistimos a este hecho sin atrevernos a reaccionar. ¿Por qué?

José Antonio Pagola

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“Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida”. Domingo 19 de agosto de 2018. Domingo 20º ordinario

domingo, 19 de agosto de 2018
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46-ordinarioB20 cerezoDe Koinonia:

Proverbios 9,1-6: Comed de mi pan y bebed el vino que he mezclado:
Salmo responsorial: 33: Gustad y ved qué bueno es el Señor.
Efesios 5,15-20: Daos cuenta de lo que el Señor quiere.
Juan 6,51-58: Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

Esta primera lectura de hoy es como un anuncio de lo que Jesús, sabiduría del Padre, va a decir en el evangelio que leemos en este domingo. Jesús, Sabiduría encarnada, ha preparado para nosotros su banquete, ha mezclado el vino, y ha puesto la mesa eucarística, y despacha a sus evangelizadores a todos los sitios a invitar a las gentes a su Eucaristía. Y nos sigue diciendo a todos nosotros: «vengan a comer mi pan». El pan y el vino que la sabiduría ofrece, son el pan y el vino que nos ofrece Jesucristo, Sabiduría eterna, son su Cuerpo y su Sangre. En estos pocos renglones es fácil descubrir la figura de Cristo. La Sabiduría es figura y representación del Hijo de Dios. En el evangelio de San Mateo (22,4) se leen unas palabras de Jesús muy parecidas a estas: «»vengan, que mi banquete está preparado». Este banquete es para todos, para sabios e ignorantes, para prudentes e imprudentes. Es lo que dirá San Bernardo: «si eres imprudente, acércate al que es Fuente de toda Sabiduría, y El te dará la prudencia que necesitas». Para algunos parece que la vida no nos hubiera enseñado nada. Como que no somos capaces de sacar lecciones de nuestras amargas experiencias. No saber sacar lecciones provechosas de las experiencias de la vida es la «inexperiencia». La lectura de hoy nos invita a dejar la inexperiencia y a adquirir la «prudencia», que es la virtud por medio de la cual cuando tenemos que escoger entre dos cosas, escogemos la que mejor nos aproveche para nuestra vida. Los entendidos dicen que por inexperiencia se entiende aquí el no saber gobernar y dirigir la propia vida.

En la segunda lectura de hoy encontraremos una frase muy parecida a esta que acabamos de comentar en el libro de los Proverbios, cuando la carta a los Efesios nos invita a no ser insensatos, sino sensatos. Este texto distingue tres exhortaciones. La primera se concreta en una doble llamada a aguzar la inteligencia para orientar la propia vida como corresponde al momento especial que se está viviendo y que, por el hecho mismo de poder vivirlo es de suyo el mejor. Lo que debe preocupar al cristiano es en realidad saber en cada momento, y en medio de la maldad dominante, qué es lo que Dios quiere realmente de él. La segunda exhortación es concreta: no emborracharse. Refleja las llamadas de los sabios a tener cuidado con el vino, pero también puede ser que se piense en los cultos paganos a Dionisios, donde el vino era el medio para unirse más estrechamente a la divinidad. Por último, la exhortación es a la alabanza, que el creyente debe dirigir siempre a Dios Padre en nombre del Hijo y a impulsos del Espíritu, y con sentimientos de gratitud por todos sus dones.

Juan desarrolla el tema de la «incomprensión» para adentrarnos de forma didáctica en el conflicto entre los practicantes de la religión judía y los cristianos. La eucaristía desató sospechas entre israelitas, romanos y griegos. No podían entender como una comunidad de creyentes podían celebrar con gozo y entusiasmo la muerte de su Señor y Maestro. Sin embargo, lo que en realidad no entendían era el misterio pascual. Jesús había resucitado, superando el cerco de una muerte violenta e injusta, y ahora vivía en medio de sus seguidores. Él se había convertido en principio de vida para aquellos que yacían inermes bajo la opresión de una religión agobiada por un sinnúmero de preceptos o por una religión que adoraba al déspota de turno. La presencia de Jesús liberaba a sus seguidores del caos informe de religiones mistéricas que abundaban en el mundo antiguo y de las rígidas disposiciones de una religión étnica.

Jesús era el pan vivo, bajado del cielo, para alimentar a una muchedumbre que añoraba una vida de paz y plenitud. Para ellos la verdad no residía en un sistema abstracto de proposiciones o en la adecuación lógica de la ideología a la realidad. Para ellos la verdad era una praxis de vida que transformaba al ser humano y lo habilitaba para vivir en comunión con sus congéneres y con el universo.

Hace unos meses, José Antonio Pagola, reconocido especialista en cristología, se publicaba estas reflexiones en torno a la eucaristía:

Los estudios sociológicos lo destacan con datos contundentes: los cristianos de nuestras iglesias occidentales están abandonando la misa dominical. La celebración, tal como ha quedado configurada a lo largo de los siglos, ya no es capaz de nutrir su fe ni de vincularlos a la comunidad de Jesús.

Lo sorprendente es que estamos dejando que la misa «se pierda» sin que este hecho apenas provoque reacción alguna entre nosotros. ¿No es la eucaristía el centro de la vida cristiana? ¿Cómo podemos permanecer pasivos, sin capacidad de tomar iniciativa alguna? ¿Por qué la jerarquía permanece tan callada e inmóvil? ¿Por qué los creyentes no manifestamos nuestra preocupación con más fuerza y dolor?

La desafección por la misa está creciendo incluso entre quienes participan en ella de manera responsable e incondicional. Es la fidelidad ejemplar de estas minorías la que está sosteniendo a las comunidades, pero ¿podrá la misa seguir viva solo a base de medidas protectoras que aseguren el cumplimiento del rito actual?

Las preguntas son inevitables: ¿No necesita la Iglesia en su centro una experiencia más viva y encarnada de la cena del Señor que la que ofrece la liturgia actual? ¿Estamos tan seguros de estar haciendo hoy bien lo que Jesús quiso que hiciéramos en memoria suya?

Reflexiones para hacer nos pensar a todos, principalmente a los responsables de la inmovilidad de la liturgia de la Iglesia. Leer más…

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D 19.8.18. Jn 6: Mi carne es comida. Nueva eucaristía, una iglesia distinta

domingo, 19 de agosto de 2018
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e3800fb3-d475-41f3-9844-be918377945bDel blog de Xabier Pikaza:

Tiempo ordinario. Juan 6,51-58. He venido presentando en los domingos anteriores el “sermón del pan de vida” de Jn 6, con diversos rasgos de su visión de la eucaristía, desde una perspectiva mística, personal y social.

Desde ese fondo, sabiendo que “nuestra carne” es comida, quiero proponer y celebrar una nueva eucaristía.

Eso implica un cambio total, pues la iglesia católica ha sido, en los últimos siglos, un inmenso “aparato” litúrgico y jerárquico, personal y social, encargado de mantener un tipo de celebración, que ahora, entrado el siglo XXI, ha quedado “seco” (al menos en el hemisferio norte), pues no queda ya casi nada de la vieja eucaristía. Los números son claros;

‒ Donde antes (hace cincuenta años) venían a celebrar (oír) misa 300 personas ahora muy a duras penas llegan a 30 (y el número descenderá)

‒ El “aparato clerical” montado para esa celebración se resquebraja, por más heroicos y santos que sean la mayoría de sus miembros (a pesar de los escándalos que algunos pregonan).

Por exigencia de este tiempo y por fidelidad al evangelio, ha llegado el momento de replantear el tema de forma muy “mística” (de comprensión de la vida en Cristo) y muy personal y social”,redescubriendo el sentido de la “celebración” cristiana de Jesús, como experiencia y tarea radical de comunicación (de ser y vivir unos en otros).

Nos hallamos ante una nueva y antigua misión (misa y misión significa en realidad lo mismo: envío): re-descubrir y re-crear el evangelio, partiendo del evangelio de hoy, que con lenguaje durísimo y muy dulce (comernos: comer unos la carne de los otros) nos sitúa ante la experiencia radical de la fe (creer y crear la vida como don compartido: eso es Dios), expresada y realizada en forma de comida.

Lo que la “misa” celebra es que los unos vivimos de (en) los otros, para formar así un “pueblo en Dios” (=una humanidad solidaria), en gozo mutuo, en experiencia y esperanza de resurrección (resucitamos y vivimos en la vida de aquellos a quienes damos la vida).

En la primera imagen, tomada de un icono armenio, vemos a Jesús que se identifica con la “cruz abierta en forma de pan/circunferencia/mesa”, como Vida que se entrega y comparte (en forma universal) con todos los hombres representados por los once (doce menos Judas que prefiere salir con su bolsa del círculo de vida compartida).

Jesús nos introduce así en su mesa redonda (un cuerpo, un pan), de forma su somos “eucaristía”, pues somos (nos hacemos) Dios en Cristo al dar y compartir la vida unos con otros, esto es, al decir «que mi carne es comida», haciendo que así sea.

Las imágenes que siguen evocan otros aspectos y elementos de la eucaristía, con rasgos que quizá debemos abandonar y otros que debemos potenciar (otras). Vea el lector lo que conviene en cada caso.

Sólo me queda recordar que el tema de fondo está tomada de un par de entradas de mi Diccionario de la Biblia. Buen domingo a todos, y siga leyendo quien lo quiere (quien esté dispuesto a ser eucaristía, haciendo a la vez que las eucaristía litúrgicas que celebramos sean distintas, según el evangelio.

Juan 6,51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que como este pan vivirá para siempre.

Un tema escandaloso, un tema necesario.

A un tipo de religión, le resulta escandaloso todo intento de buscar una comunión divina (es decir con Dios) y, al mismo tiempo, una intercomunión humana, pues Dios es trascendente y nadie puede introducirse en su misterio, y los hombres y mujeres se entienden como autosuficientes, separados unos de los otros..

En esa línea, Dios se define como lejanía de poder, grandeza y fuerza, de tal forma que ningún viviente puede acompañarle en su existencia… y los hombres y mujeres se entienden a sí mismos como solitarios, aislados unos de los otros.

Sin embargo, una vez que eso está dicho, después de haber fijado la independencia de Dios y la separación entre los hombres (cada uno responsable de sí mismo), el Antiguo Testamento ha empezado a descubrir que Dios es «el que es» (el ser de todo lo que existe) y que los hombres sólo pueden ser si comparten la vida unos con otros.

Jesús vive enraizado en la experiencia de Israel, de tal manera que sigue interpretando la comunión con lo sagrado en términos de alianza entre personas. Pero, al mismo tiempo, al aceptar como principio la presencia de Dios en Jesucristo, el Nuevo Testamento ciertos de la comunión universal de Dios, de los hombres como inmersos en la misma comunión divina:

Heb 2, 14

afirma que el mismo Dios ha decidido «comulgar» con nosotros, entrando en relación con nuestra historia, de tal forma que participa de la carne y de la sangre de los hombres (cf. también 2 Ped 1, 4: estamos en comunión con la naturaleza divina).

Dios ha querido “comulgar” con nuestra carne y nuestra sangre, hacerse mundo entre nosotros, tomar parte en nuestra historia. Sólo porque hallamos esta primera koinonia incarnatoria, sólo porque Dios asume en Cristo, Logos-hijo, nuestras «especies humanas» (carne y sangre), de una vez y para siempre, nosotros − simples hombres – tenemos un acceso en comunión divino, podremos comulgar divina, comulgando al mismo tiempo unos con otros (haciendo que nuestra propia vida sea alimento para los demás).

Ésta es la experiencia de fondo de1 Jn 4,10:

En esto consiste el misterio, no en que nosotros pretendamos estar en comunión con lo sagrado sino en que Dios, el santo, haya querido comulgar con nuestra historia, haciéndose así vida y principio de amor entre los hombres. Fundado en esta experiencia, Pablo puede definir a los cristianos como aquellos que «han sido convocados a vivir en koinonia con Jesucristo, Hijo de Dios» (1 Cor 1, 9). Éste es el sentido de fondo del sermón del pan de vida de Jn 6 que hoy comentamos.

Comulgar, ser unos en otros

Comulgar significa en un plano “eucarístico” participar en Cristo: aceptar su palabra, seguir su camino, revestirse de su muerte, incorporarse a su resurrección, transformarse con su gloria. Para entender mejor la comunión resultaría necesario comen¬tar todos los textos donde Pablo y las cartas postpaulinas van hablando de aquello que nosotros somos en el Cristo:

Convivimos y con-sufrimos con él; somos con-crucificados, con-sepultados, co-resucitados, con-glorificados; con él coheredamos y correinamos (cf. Rom 6, 4-8; 8, 17; 2 Cor 7, 3; Gál 2, 19; Col 2, 12-13; Ef 2, 5-6; 2, 2). Toda nuestra existencia de creyentes se interpreta en forma de comunión de vida y muerte, de camino y esperanza con el Cristo. Por eso, la comunión «en lo santo» significa «participación en la santidad de Dios», a través de Jesucristo.

Esta comunión se realiza de un modo visible en el gesto eucarístico: «El cáliz… es la comunión con la sangre de Cristo; el pan…, es la comunión con el cuerpo de Cristo» (1 Cor 10, 16-17). Así se invierte y recupera el gesto del Dios que se hace humano. Carne y sangre eran primero el lugar en el que Dios se ha humanizado. Ahora, en contexto de celebración eclesial, fundada en el recuerdo y la palabra de Jesús, carne y sangre son la realidad del gran misterio del Cristo, Hijo de Dios, presente entre los hombres.

Allí donde la comunidad se reúne y celebra a su Señor, los creyentes, unidos entre sí «comulgan con el Cristo,comulgando de esa forma unos con otros,
participan de su vida y de su muerte, se introducen en su pascua. Este es el sentido radical de aquello que la iglesia afirma cuando cree en la «comunión de los hombres con lo Santo»; es lo que la iglesia celebra alborozada y llena de temor en el misterio de su fiesta dominical. Leer más…

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El sagrario somos nosotros. domingo 20. Ciclo B

domingo, 19 de agosto de 2018
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e2380818-9888-4b6e-a36b-f944d3bb4435Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Un final duro y sorprendente (Evangelio: Juan 6, 51-58)

        Llegamos al final del discurso del pan de vida. El domingo pasado, Jesús terminó diciendo: «Yo soy el pan del cielo…  el pan que yo daré es mi carne». Como en las series de televisión, el pasaje de hoy comienza repitiendo ese final, para recordarnos dónde estamos y entender la reacción de los judíos: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Es la pregunta que se haría cualquier persona normal, incluso la predispuesta a favor de Jesús. Pero él no responde a esta pregunta. Los oyentes o lectores cristianos del discurso saben la respuesta: no se trata de comer un trozo del cuerpo de Jesús, sino de comer el pan eucarístico. Pero el autor del cuarto evangelio no lo dice, prefiere que el lector experimente la misma duda que los judíos.

            En una lectura precipitada, parece que esta última parte del discurso no ofrece ninguna novedad, que se limita a repetir la promesa de la vida eterna para quien coma «el pan que ha bajado del cielo».

En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». Los judíos discutían entre ellos: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del hijo del hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él. Como el Padre que me ha enviado vive y yo vivo por el Padre, así el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el que comieron los padres, y murieron. El que come este pan vivirá eternamente».

Sin embargo, hay aspectos nuevos e importantes.

  1. Beber la sangre. Hasta ahora, solo se ha hablado del pan. En esta sección final se hace referencia cuatro veces a la sangre, verdadera bebida, igual que el pan es verdadera comida. Dado la relación del discurso con la eucaristía, esta referencia era imprescindible. La iglesia primitiva siempre recordó el doble gesto de Jesús durante la última cena: al comienzo, partiendo el pan; al final, bendiciendo y pasando la copa. Pan y vino son esenciales. Un discurso sobre la eucaristía no puede dejar de mencionar la sangre, el vino.
  1. La dureza del lenguaje. Hasta ahora, el discurso ha sido polémico y ha provocado discusión y rechazo. Jesús, en vez de echarse atrás e intentar justificar sus expresiones, usa fórmulas escandalosas que se prestan a ser interpretadas como canibalismo: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida». Hay que comerla y beberla. Sin explicación alguna ni matices. ¿Por qué? Jesús no quiere seguidores inconscientes y rutinarios. En los evangelios sinópticos hay otras muchas expresiones suyas, durísimas, desanimando a seguirlo a quienes no estén dispuestos a cargar con la cruz, a renunciar a todo, a abandonar al padre y a la madre… En una línea distinta, estas palabras del discurso son también una forma de seleccionar a sus seguidores, como quedará claro el próximo domingo.
  1. La vida. La repetición frecuente de «la vida eterna» y de «yo lo resucitaré en el último día» parece sugerir que es algo que solo se consigue después de la muerte. Ahora se deja claro que «el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna». La tiene ya, ahora, antes de morir. Sin decirlo expresamente, el texto supone que hay dos formas de vida: la normal, física, y la espiritual o eterna. La primera la tienen todos los seres humanos; la segunda, quienes comen el cuerpo y la sangre de Jesús. ¿En qué consiste esa vida?
  1. Jesús dentro de nosotros. La respuesta la ofrecen estas palabras: «El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él». Es la única vez que aparece este tema en el discurso, que recuerda la experiencia de Pablo: «Vivo yo, pero no yo; es Cristo quien vive en mí». Pero la imagen que mejor puede expresarlo es la del feto en el vientre de su madre: habita en ella, y ella en él. Esa intimidad absoluta y misteriosa es la que se produce en la eucaristía. Y esa presencia de Jesús en los que comulgamos no termina al cabo de un cuarto de hora, como nos enseñaban a veces de niño. Una educación religiosa bienintencionada, pero deficiente, hace pensar a muchos que Jesús está principalmente en el sagrario, olvidando que está dentro de nosotros tan realmente como allí.
  1. El final. Tras las cuatro intervenciones de la gente al comienzo del discurso y las dos preguntas escandalizadas que encontramos más tarde, resulta curioso que el autor no diga nada de la reacción del auditorio, de los judíos. Todo termina con unas palabras suprimidas por la liturgia: «Esto dijo [Jesús] enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm». Quien prescindió de estas palabras no debería aprobar un examen sobre el cuarto evangelio. Son esenciales para distinguir la reacción de los judíos (el silencio, no discuten más) y la de los discípulos de Jesús, que leeremos el próximo domingo.

Jesús y la Sabiduría como anfitriones (1ª lectura: Proverbios 9,1-6)

            Ninguno de nosotros se extraña de ver a la justicia representada como una mujer con los ojos vendados, una espada en la mano derecha y una balanza en la izquierda. En los últimos siglos antes de Jesús, algunos autores bíblicos, para oponerse a la idea griega de que la sabiduría es algo humano, y reside especialmente en Atenas, comenzaron a presentarla como una criatura de Dios, que lo acompaña desde el momento de la creación y termina residiendo en Jerusalén. La primera lectura la describe como una gran señora que construye un palacio, prepara un banquete, e invita a los jóvenes a compartir su pan y su vino, su sabiduría y su enseñanza, que les darán la vida.

            Los cristianos aplicaron estas imágenes e ideas a Jesús. Él es la verdadera sabiduría de Dios, que baja del cielo y reside entre nosotros, como dice el prólogo de Juan. Es lógico que se haya elegido este breve fragmento del libro de los Proverbios como primera lectura (en este caso debo reconocer, sin que sirva de precedente, el acierto de quienes seleccionaron los textos). Habla de comer mi pan y beber del vino, y de conseguir la vida.

La sabiduría edificó su casa, labró sus siete columnas, inmoló sus víctimas, preparó su vino e igualmente aderezó su mesa. Envió sus criados y proclamó sobre los puntos más altos de la ciudad: «Jóvenes inexpertos, venid aquí». A los insensatos ella les dice: «Venid, comed de mi pan y bebed del vino que yo he preparado. Dejad de ser imprudentes y viviréis, y caminad por la senda de la inteligencia».

         Indico, no obstante, dos diferencias entre este texto y el evangelio.

  1. La Sabiduría invita solamente a los jóvenes. Cosa lógica, porque es presentada como una maestra que enseña a «sus hijos», sus discípulos, a comportarse rectamente. Jesús invita a todos.
  2. El pan y el vino de la Sabiduría no dan la vida; la vida la da la prudencia: «Dejad de ser imprudentes y viviréis». El simbolismo del evangelio es más fuerte: la sabiduría no se adquiere a través de una serie de enseñanzas, se come y bebe y termina habitando dentro de nosotros.

La sabiduría cotidiana del cristiano (2ª lectura: Efesios 5,15-20)

         Por pura casualidad, porque la segunda lectura nunca se elige por relación con la primera ni con el evangelio, existe un punto de contacto con los Proverbios. También aquí se exhorta a la inteligencia y la sensatez, a no actuar neciamente. Y la forma de vivir de acuerdo con la voluntad de Dios se concretan en dos datos: 1) No llenarse de vino. 2) Llenarse del Espíritu Santo, cantando, alabando y dando gracias a Dios.

Hermanos: a ver cómo os comportáis; que no sea como insensatos, sino como inteligentes, aprovechando el tiempo, porque los días son malos. Por consiguiente, no actuéis como necios, sino procurad conocer cuál es la voluntad del Señor. No bebáis vino hasta emborracharos, pues eso lleva al desenfreno; al contrario, llenaos del Espíritu Santo recitando entre vosotros salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones, dando siempre gracias por todo a Dios Padre en nombre de nuestro Señor Jesucristo

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Domingo XX del Tiempo Ordinario. 19 de agosto de 2018

domingo, 19 de agosto de 2018
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d-xx

“Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Quien come de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.”

(Jn 6, 51-58)

Hoy seguimos leyendo el discurso que hace Jesús sobre él mismo como el pan de la vida, como venimos haciendo los últimos domingos.

Nos encontramos muchas veces que Jesús habla de comer y de vida. Él es el “pan vivo”. “Quien come de este pan vivirá para siempre”. Da su carne “por la vida del mundo”. Nos advierte: “si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros”. Y al contrario: “quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”, “quienes me comen a mí vivirán gracias a mí”.

Y es que el comer está muy relacionado con la vida. Estamos tan acostumbrados a comer todo lo que queremos que se nos pasa por alto que es gracias al hecho de comer que estamos vivos. Es más, lo que comemos, y cómo lo comemos, determina nuestra vida, y al mismo tiempo dice mucho de ella. Podemos comer alimentos producidos de una u otra manera, en un lugar u otro. Podemos comer con avidez, con conciencia, con agradecimiento, engullendo, saboreando… Todo esto hablará de nuestra relación con nosotras mismas, con la humanidad, con la creación, con Dios.

Dicho esto, entendemos más por qué Jesús relaciona tanto el hecho de comerle con tener vida. Él no es cualquier comida: lo que nos ofrece es la Vida verdadera, la Vida con mayúsculas, la Vida plena. Nos invita a participar en la Vida de Dios, es decir, a vivir en la bondad, el amor, la entrega, la comunión, la confianza, el perdón. Aceptar a Jesús en nuestra vida significa abrirnos a todo esto y empezar a recibirlo. Si esta Vida de Dios encuentra espacio en nuestro corazón, después marcará toda nuestra manera de vivir: nuestros actos, pensamientos, sentimientos, interioridad, decisiones, relaciones…

Dios nos da vida cada día, nos demos cuenta o no. Pero si somos conscientes de ello, si nos ocupamos de “comerla” con conciencia, de acogerla con cuidado, nuestra vida se va modelando más y más según la Vida de Dios. Esto se puede hacer, por ejemplo, buscando en nosotras el deseo de que Dios nos alimente. Preguntándonos cuáles son nuestras sedes más profundas. Dedicando tiempo a encontrarnos con él, poniendo atención en estos encuentros para evitar que se vuelvan rutinarios y superficiales. Aceptando y agradeciendo lo que nos da, ofreciéndolo nosotras a otros a su vez…

De esta manera la Vida que recibimos de Dios irá encontrando en nosotras más caminos donde desplegarse, nos irá llenando y se hará presente en todos los aspectos de nuestra vida.

Oración

Trinidad Santa, ayúdanos a descubrir en nosotras la sed de ti, y a acoger la Vida plena que nos ofreces.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El concepto “Vida” aplicado a Dios es una metáfora.

domingo, 19 de agosto de 2018
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bread-and-wineJn 6, 51-59

El evangelio del hoy, no solo es continuación del domingo pasado, sino que se repite el último versículo, para que no perdamos el hilo. Ya dijimos que todo el capítulo está concebido como un proceso de iniciación. Partiendo del pan compartido, ha ido progresando hasta la oferta definitiva de hoy. Después de esa oferta, ya no queda más alternativa: o seguir a Jesús o abandonar la empresa y seguir cada uno el camino de su ego.

¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Para los judíos del tiempo de Jesús, el ser humano era un bloque monolítico, ni siquiera tenían un término para designar lo que nosotros llamamos alma sin el cuerpo o cuerpo sin el alma. Hablar de carne, era hablar de la persona entera. Esa carne es su misma realidad humana, no la carne física separada. Para un judío, la idea de comer (masticar) la carne de otro, era sencillamente repugnante, porque significaba que se tenía que aniquilar al otro para hacer suya la sustancia vital del otro.

Si no coméis la carne de este Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. Jesús, en vez de intentar suavizar su propuesta, la hace aún más dura; porque si era ya inaceptable el comer la carne, fijaros qué tendría que suponer para un judío la sola idea de beber la sangre, que para ellos era la vida, propiedad exclusiva de Dios, con prohibición absoluta de comerla. Jesús les pone como condición indispensable para seguirle que coman su carne y beban su sangre. Jn insiste en que, eso que les repugna, es lo que deben hacer con Jesús. Apropiarse de su energía, hacer suya su misma vida.

Debemos tener muy en cuenta que en este capítulo se habla de  sarx  “carne”, pero en todas las referencias a la eucaristía de los sinópticos y de Pablo se habla de swma “cuerpo”. Para nosotros los dos términos son intercambiables, pero para la antropología judía eran aspectos muy diferentes. Carne es el aspecto más bajo del hombre, la causa de todas sus limitaciones. Cuerpo, por el contrario, significa el aspecto humano que le permite establecer relaciones; sería el sujeto de todos los verbos: yo, tú, él… Es la persona, el yo como posibilidad de enriquecerse o empobrecerse en sus relaciones con los demás seres humanos.

La cultura griega introdujo un concepto que no existía en la mentalidad judía. Al entender “cuerpo” como la parte física hemos tergiversado la comprensión del sacramento de la eucaristía. Para ser fieles al relato evangélico, tendríamos que traducir: “esto en mi persona, esto soy yo”. Sin olvidar, que lo  esencial, no es lo que dijo, sino lo que hizo. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. En esto coinciden los tres sinópticos. No se trata de un pan cualquiera, sino de un pan, tomado, eucaristizado, partido y repartido. Después de hacer eso, Jesús queda identificado con ese pan, que se parte y se reparte.

Al hablar de “carne”, Jn está en otra dinámica. Trata de decirnos que lo que tenemos que hacer nuestro de Jesús es su parte más terrena, la realidad más humilde y baja de su ser. Tenemos que imitar lo que él es en la carne pero gracias al Espíritu. Sin duda está pensando en el significado más profundo de la encarnación, a la que Jn da tanta importancia.

En la concepción falseada de “cuerpo”, no hay ninguna diferencia entre el cuerpo y la sangre, porque la sangre es también cuerpo. Pero si hacemos la distinción adecuada, resulta que son dos signos diferentes. El primero hace referencia a la persona en su vida normal de cada día. El segundo, sangre, hace referencia a la vida. En efecto, cuando la sangre se escapa por la herida, la vida también desaparece. Cuando Jesús dice que tenemos que comer su cuerpo y beber su sangre, está diciendo que tenemos que apropiarnos de su persona y de su vida. La prueba de que está hablando de símbolos y no de palabras que hay que tomar al pie de la letra, está en que, unas líneas más abajo, nos dice: “El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada”.

El comer y el beber son símbolos increíblemente profundos de lo que tenemos que hacer con la persona de Jesús. Tenemos que identificarnos con él, tenemos que hacer nuestra su propia Vida, tenemos que masticarlo, digerirlo, asimilarlo, apropiarnos de su sustancia. Esta es la raíz del mensaje. Su Vida tiene que pasar a ser nuestra propia Vida. Solo así haremos nuestra la Vida de Dios. Lo que Jesús les dice es precisamente lo que hiere su sensibilidad. No se trata de la biología, ni en Jesús ni en nosotros. Se está hablando de la VIDA de Dios.

Por activa y por pasiva, insiste Jesús en la necesidad de comer su carne y beber su sangre. El que come mi carne… tiene vida definitiva. Si no coméis la carne… no tendréis vida en vosotros. Si hemos comprendido de qué Vida está hablando, descubriremos lo que significa: Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. Es comida y es bebida porque alimentan la Vida. La Vida verdadera no es la biológica. Esto fue difícil de aceptar para ellos y sigue siendo inaceptable para nosotros. A continuación lo explica un poco mejor.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Cuando nos referimos a la eucaristía, nos fijamos en la segunda parte de la proposición, “yo recibo a Jesús y Jesús está en mí”, pero olvidamos la primera. Pero resulta que lo primero y más importante es que “yo esté en él”. De nosotros depende hacernos, como Jesús, pan partido para dejar que nos coman. Estamos muy acostumbrados a considerar la “gracia” como consecuencia automática de unos ritos, sin darnos cuenta que en la vida espiritua­l no puede haber automatismo.

Como a mí me envió el Padre que vive y así yo vivo por el Padre, también aquel que me come vivirá por mí. Una vez más hace referencia al Padre. El designio de Dios, es comunicar Vida a Jesús y a nosotros. La actitud del que se adhiere a Jesús, debe ser la misma que él tiene hacia su Padre: recibir la Vida y comunicarla a los demás. Jesús nos está pidiendo que hagamos con él, lo que él mismo ha hecho con su Padre. Al hacer nuestra su Vida, hacemos nuestra la misma Vida de Dios. Cuando Jesús dijo: “Yo y el Padre somos uno”, está manifestando cuál es la meta de todo ser humano: esa identificación con Dios.

Este es el pan bajado del cielo, no como el que comieron vuestros padres y murieron; quien come pan de este vivirá para siempre. Una y otra vez se repite la idea, señal de la importancia que el evangelista quiere darle. Seguramente la polémica seguía con los judíos que no acababan de aceptar el significado de Jesús. Al evangelista lo que le interesa es dejar claro el sentido de la adhesión a Jesús. Existen dos panes bajados del cielo (venidos de Dios), uno espiritual, su persona; otro material, el maná.

La eucaristía, el discurso del pan de vida y el lavatorio de los pies, están conectados, pero cada uno tiene un matiz diferente que ayuda a entender la realidad a la que hacen referencia. La eucaristía resalta el aspecto de entregarse a los demás. El discurso del pan de vida acentúa el aspecto de alimento de la verdadera Vida y la necesidad de descubrir ese alimento en la carne, es decir, en lo perceptible de Jesús. En el lavatorio de los pies, se resalta el aspecto de servicio a los demás. Lavar los pies era una tarea de esclavos. El servicio a los demás (diaconía) es la clave para entender la nueva comunidad.

Meditación

Una misma Vida atraviesa a Dios, a Jesús y a todo ser humano.
No son vidas distintas que se suceden, sino la misma y única VIDA.
La tarea fundamental de todo ser humano
es nacer a esa Vida que se le ofrece gratuitamente.
Aunque para ello tenga que morir
a todo lo que signifique egoísmo e individualidad.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Dos en Uno.

domingo, 19 de agosto de 2018
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joven-caminando-con-jesus“Todos son el otro y ninguno es él mismo” (Heidegger)

19 de agosto. Domingo XX del TO

Jn 6, 52-59

Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él

Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564), pintor, escultor y arquitecto, reconocido como uno de los grandes del renacimiento y de la historia del arte, dejó cuadros inacabados como El Santo Entierro, actualmente en la National Gallery de Londres. Los críticos nos dicen que justo cuando apenas comenzamos a aprehender sus figuras, sus gestos, sus palabras, se nos escapan de las manos. Y el artista nos deja sorprendidos, invitándonos a seguir soñando en el misterio, con palomas vestidas de deseos que en un mundo ideal se van del nuestro palomar hasta los cielos. ¿Nos han dejado solos?

O, quizás más bien, en ninguna parte, porque no necesitamos espacio ni tiempo para encontrarnos. “Los amantes no se encuentran en ningún lugar. Se encuentran el uno al otro todo el tiempo”, dijo Rumi. Y Martín Heidegger lo exageró en esta sentencia: “Todos son el otro y ninguno es él mismo”. O, como remachó John Dee: “Tú eres tu propio santuario”.

En una divertida comedia, Como gustéis, William Shakespeare escribió estos sugestivos versos en los que resalta la idea -como hizo también Calderón de la Barca en El Gran teatro del mundo– de que el “dos en uno” que parece insinuar Jesús en el evangelio de este domingo, es un par inmensamente abierto:

“La vida entera es un escenario,
y hombres y mujeres, meros actores.
Entran en escena, entran en escena,
salen de ella, y cada uno utiliza
su tiempo para representar muchos papeles”.

Cuando queremos entender algo, no podemos simplemente quedarnos fuera y observarlo. Tenemos que entrar profundamente dentro de ello y ser uno con ello para realmente entender. Si queremos entender a una persona debemos sentir sus sentimientos, sufrir sus sufrimientos y disfrutar con su alegría, comentó Tich Nhat Hanh en Sabiduría eterna.

Y Proverbios 8, 29-31, dicen “Cuando al mar dio su precepto -las aguas no rebasarán su orilla-, cuando asentó los cimientos de la tierra, yo estaba allí, como arquitecto, y era yo todos los días su delicia, jugando en su presencia en todo tiempo, jugando por el orbe de su tierra; y mis delicias están con los hijos de los hombres”

Albert Einstein escribió que “Un ser humano es una parte de este todo a que llamamos universo, una parte limitada en el tiempo y en el espacio. Se experimenta a sí mismo y experimenta sus pensamientos y sentimientos como algo separado de todo lo demás, lo cual es una especie de ilusión óptica de la conciencia. Este engaño constituye una prisión para nosotros, pues nos limita a nuestros deseos personales y a sentir afecto por unas pocas personas que sentimos más próximas. Nuestra tarea debería ser liberarnos de esta prisión ampliando nuestro círculo de compasión, con el fin de abarcar a la totalidad de seres vivos y a la naturaleza con todo su esplendor”.

Jesús era una persona humana tan abierta, que en las palabras por él dichas en Jn 6, 56, “Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”, está con todos nosotros como dice el Poema, afuera y dentro despejando sombras y encendiendo farolas en todas las autopistas de las autovías de nuestras existencias.

MÁS ALLÁ

Más allá de Dios está Dios.
Y yo estoy con él afuera y dentro
despejando sombras en la noche
y, en el amanecer, farolas encendiendo.

El sonido del pulso
del corazón de Dios y el mío
marcan el latido del mundo
con armónico ritmo.

Luz humana y divina
que despeja en la mente pensamientos
-los de Dios y los míos-
y rompe en el Poniente ardientes besos.

(EL LEGENDARIO REINO DE LOS SENTIMIENTOS.
Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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¿Comer la carne o compartir un proyecto vital?

domingo, 19 de agosto de 2018
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Frank White, Dayton Moore, David DeJesus, Kevin Uhlich and Royals staff serve Thanksgiving lunch at City Union MissionHace muchos años tuve en mis manos un manual de teología para enfermeras. El autor afirmaba que morderse los padrastros (pielecillas que están junto a las uñas), o las propias uñas, rompía el ayuno eucarístico.

No he podido olvidar semejantes tonterías. ¿Qué hemos hecho con lo que se refiere al Cuerpo y la Sangre de Cristo? Jesús utilizó la comida como una de las claves de su mensaje. En una sociedad hambrienta y con profundas diferencias sociales, el proyecto de Jesús se parecía a un banquete en el que estaban invitadas las personas pobres, enfermas, pecadoras y marginadas.

Sus seguidores, poco a poco, aprendieron a abrir el zurrón para compartir los panes y los peces que antes guardaban con recelo. Se saciaban en el banquete y al acabar, salían por los caminos a dar de comer a los hambrientos y de beber a los sedientos.

En la predicación de Jesús, y más tarde en la experiencia de las primeras comunidades, se produjo un salto cualitativo: del pan se pasó al pan vivo; del agua a los ríos de agua viva que emanan en las entrañas; del vino a la sangre que es expresión de la vida.

Jesús pidió “ir más allá” de lo que ofrecían los cinco sentidos para abrirse al misterio de la vida compartida y entregada. Pero, con el paso del tiempo, extrañas teologías y muchos miedos quieren situarnos de nuevo en el “más acá”.

Por ejemplo, se sigue pidiendo que los laicos comulguemos en la boca para que nuestras manos, supuestamente impuras o sucias, no toquen la forma. Pero la tocan los dientes, la lengua, la saliva, el estómago y un largo etcétera. ¿Por qué no recuperamos el sentido común?

Al comulgar, nuestro cuerpo y todo nuestro ser tocan algo del misterio de la Encarnación de Jesús. La comunión es –o debería ser– una sacudida comunitaria y eclesial que nos impulsa a retomar el proyecto vital de Jesús, del que nos alejamos continuamente.

Hay textos del evangelio que nos invitan al compromiso. Otros a la interioridad. Creo que el Evangelio de hoy nos invita a preguntarnos: ¿qué se nos ha ido de las manos?

Marifé Ramos

Fuente Fe Adulta

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La Eucaristía es vida, no precepto.

domingo, 19 de agosto de 2018
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b0925ab8-d164-4e0e-8eef-5f63c71d426aDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. COMO POR CÍRCULOS CONCÉNTRICOS. LA VIDA.

Continuamos profundizando en los recovecos de este largo capítulo sobre “pan de vida”. San Juan piensa y profundiza como por círculos concéntricos en los diversos temas en los que expone su fe en JesuCristo. Se podría decir que el evangelio de San Juan son largas narraciones en torno a un símbolo sobre Cristo: YO SOY EL AGUA (la samaritana, Jn 4), YO SOY LA LUZ (la curación del ciego, Jn 9), YO SOY EL BUEN PASTOR, Jn 10, YO SOY EL PAN (Jn 6), YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA, (Lázaro, Jn 11), etc.

También como por círculos concéntricos, el texto del evangelio de hoy menciona al menos once veces el tema de la VIDA. La vida lo es todo para el ser humano.

02. LA EUCARISTÍA ES CELEBRAR LA VIDA.

Cuántas veces hemos celebrado y celebramos la Eucaristía en las más diversas circunstancias.

La Eucaristía la celebramos conforme a lo que sucede en nuestro acontecer humano. Y en nuestro camino acaece de todo: Celebramos la Pascua del Señor, sí, pero la Pascua nos pilla como nos pilla en la vida:

o a veces en momentos de abrir caminos: el matrimonio, el ministerio eclesial, la vida religiosa.

o otros momentos son más sombríos y están más cercanos al “Huerto de los Olivos – Getsemaní” por la enfermedad o la tristeza, por la depresión.

o En ocasiones estamos más cerca de la intimidad del “cenáculo” que del Templo.

o Muchas veces la Eucaristía la celebramos conforme a la cotidianeidad de la vida: sin grandes altibajos.

o A veces estamos hartos del maná, que no sabe a nada, en ocasiones hay más calor de Emaús, a veces junto al lago.

o No pocas veces celebramos la muerte, la dormición, el tránsito hacia la vida.

Cada etapa y acontecimiento de la vida da un color a la Eucaristía y recibe de ella luz, como las vidrieras del Gótico.

03. CUANDO LA EUCARISTÍA PASA A SER RITO, NORMA, COSTUMBRE.

Tanto la multiplicación de los panes como los muchos encuentros de Jesús con “publicanos y pecadores”, Zaqueo, Emaús, la fiesta que el padre prepara a la vuelta a la vida de su hijo menor, Caná de Galilea y los banquetes de bodas no fueron, ni mucho menos, ritos ni la misa de 10,30. Fueron encuentros de comidas fraternas, de perdón, de alimento, de fiesta. Había que celebrar una fiesta, (padre e hijo perdido).

¿Nuestras Eucaristías tienen o caminan hacia esa sencillez amable, porque el Señor está en medio de nosotros? ¿Nuestras Eucaristías son vida, encuentro, alimento, celebración? ¿O más bien la Misa es rito y cumplimiento? A veces uno piensa que hoy en día se pretende sustituir la nulidad y falta de creatividad eclesiásticas con ritos, ornamentos y bisutería. Pero la Eucaristía es Pascua, “arder el corazón”, “fiesta”, “banquete”, “cena de entrega”, encuentro, alimento de vida.

Una anotación:

Llama la atención la ansiedad con que se pretende volver al rito de san Pío V, no solamente a celebrar la misa en latín, sino a celebrar en el rito proveniente del concilio de Trento. ¿En aras de la comunión? ¿En aras de Emaús o de la fiesta del hijo perdido? ¿Se sentiría “cómodo” Jesús en tales Misas? ¿Y en las nuestras?

José I Gzlez Faus escribía hace unos meses: “Le pido a Dios que nuestras gentes no pierdan la fe en nuestras Misas”.

04. ENTRE SABIOS Y ENTERADOS.

Estos textos y estas cosas las hemos de pensar y profundizar en la vida.

Hay personas que andan entre cuestiones importantes: en la universidad, en la vida socio-política, en la vida eclesiástico-religiosa y son unos superficiales macizos. Basta mirar y escuchar a muchos parlamentarios, o lo que emanan muchos obispados, publicaciones, medios de comunicación, etc. Hay mucho enterado con nula “sabiduría” humana y evangélica.

Y hay muchas personas sencillas y humildes: campesinos que siembran trigo, obreros, madres de familia que han de sacar adelante su familia, que no son ni están enterados, pero son sabios: saben vivir, al menos tratan de vivir sabiamente y así lo transmiten

05. No es lo mismo ciencia que sabiduría.

Desde el siglo XVIII, más o menos, andamos a bofetadas en el diálogo -o falta del mismo- entre “ciencia y fe”, “ciencia y sabiduría”.

De diversos modos el evangelio de San Juan presenta a Cristo como pan de vida. Quien se alimenta del pan del Señor, vive.

La primera lectura de hoy (Proverbios) nos invita a vivir sabiamente: con sabiduría. Nosotros podemos confundir sabiduría y ciencia.

o La ciencia es el conjunto de conocimientos que se obtienen por verificación, comprobación. Es un mundo y un ámbito importante: en medicina, en tecnología, medios de comunicación, transporte, etc.

o La sabiduría viene de sapere: saborear, saber vivir.

Son dos ámbitos distintos. Uno puede tener muchos conocimientos científicos y puede que no sepa vivir: miremos a nuestra propia experiencia o la que podemos ver o haber visto en nuestro derredor. Hay gente que tiene ciencia, pero “no tiene cabeza”, aunque tenga poder.

eucaristia0Por otra parte, los conocimientos no científicos y más bien existenciales son más envolventes que los científicos. Por ejemplo los convencimientos personales o grupales: sociedad, pueblo, amor, libertad, masas, etc. “agarran” más profundamente la existencia humana (para bien o para mal): convencimientos deportivos, convencimientos de pueblos y patrias, convencimientos religiosos, políticos, son enormemente envolventes, te “pillan” -más o menos- toda la existencia.

JesuCristo no fue un profesor de religión que enseñara unos conocimientos de historia de las religiones o cosa parecida. Jesús no fue un hombre culto, un “enterado” de la religión. Jesús fue maestro en el sentido más clásico: quien enseña no cosas, sino que enseña a vivir. Jesús fue sabio.

Podemos ser personas humildes, de condición económica y cultural sencilla y vivir en paz de Dios.

06. LA EUCARISTÍA ES MESA COMPARTIDA.

La Eucaristía se ha ido reduciendo al campo intimista de mi lo eclesiástico y de mi interior. Pero la Eucaristía es solidaridad: guardar la presencia del Señor para dadles vosotros de comer. La Eucaristía no acontece en mi alma, sino que acontece en y para la humanidad.

Quizás para celebrar la Eucaristía hayamos de preguntar ¿qué hago yo por la vida?

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Miércoles 15 de Agosto de 2018. La Asunción

miércoles, 15 de agosto de 2018
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SSCC DelegacioPlata7

1ª LECTURA

Apocalipsis 11,19a;12,1.3-6a.10ab

Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo:

“Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.

Salmo responsorial: 44

De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.

Hijas de reyes salen a tu encuentro,

de pie a tu derecha está la reina,

enjoyada con oro de Ofir. R.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,

olvida tu pueblo y la casa paterna;

prendado está el rey de tu belleza:

póstrate ante él, que él es tu Señor. R.

Las traen entre alegría y algazara,

van entrando en el palacio real. R.

2ª LECTURA

1Corintios 15,20-27a

Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo

Hermanos:

Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.

Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

EVANGELIO

Lucas 1,39-56

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:

“¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.”

María dijo:

“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.”

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

*

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy (15 de Agosto de 1977)

***

SU CUMPLEAÑOS

… todo este gesto tan amable de su presencia y sobre todo de su oración, por este servidor de ustedes, a quien abruma este cariño del pueblo y por el cual estoy dispuesto a seguir dando los años que el Señor me conceda. Y considero como un bello regalo de cumpleaños, que la Iglesia misma se hace, este nuevo diácono que vamos a ordenar.

LA ASUNCIÓN DE MARIA

Y en el ambiente del misterio que celebramos hoy, cómo recobra encanto toda esa fiesta de la Arquidiócesis en su Catedral. La asunción en cuerpo y alma de la Virgen al cielo no es una opinión piadosa. Es un dogma de fe, el dogma diríamos, de moda, el más reciente. Fue al clausurar el año de 1950 aquel gran Año Santo, que llevaba a Roma muchedumbres y que recibía aquel gran Pontífice que fue Pío XII. Durante esos años, se hizo una consulta muy interesante a todos los obispos del Mundo: ¿Cómo estaba en el pueblo la creencia de esta verdad, de que María ha sido llevada en cuerpo y alma al cielo? Al mismo tiempo que recogía la tradición de la liturgia, de la teología, y todo lo profundo que la Iglesia tiene en sus estudios, pudo tener la seguridad, el 1º de noviembre de aquél Año Santo, de proclamar como dogma de fe, y que por tanto es obligatorio creerlo todos los católicos, que María, después de terminar su curso mortal en la tierra, fue asunta, como recogida por Dios, en cuerpo y alma. Podemos decir, hermanos, porque una verdad que corresponde a los orígenes de nuestro cristianismo, a los orígenes del mismo Cristo, apenas en nuestro tiempo se proclama dogma de fe, no es que el Papa Pío XII inventó que María ha sido llevada en cuerpo y alma, como si hubiera inventado esa verdad hoy en 1950. Los dogmas no los hace el Papa. El Papa lo que hace es poner el sello de su autoridad, de su magisterio, para darle seguridad al pueblo de que esa verdad está contenida en la divina revelación. Y lo creemos no sólo porque lo dice el Santo Padre, sino sobre todo porque lo ha dicho Dios y lo ha revelado en la Sagrada Biblia y en la tradición viviente de la Iglesia. Leer más…

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La Asunción de la Virgen María (B)

miércoles, 15 de agosto de 2018
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corazonmariaMi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.

Los evangelistas presentan a la Virgen con rasgos que pueden reavivar nuestra devoción a María, la Madre de Jesús. Su visión nos ayuda a amarla, meditarla, imitarla, rezarla y confiar en ella con espíritu nuevo y más evangélico.

María es la gran creyente. La primera seguidora de Jesús. La mujer que sabe meditar en su corazón los hechos y las palabras de su Hijo. La profetisa que canta al Dios, salvador de los pobres, anunciado por él. La madre fiel que permanece junto a su Hijo perseguido, condenado y ejecutado en la cruz. Testigo de Cristo resucitado, que acoge junto a los discípulos al Espíritu que acompañará siempre a la Iglesia de Jesús.

Lucas, por su parte, nos invita a hacer nuestro el canto de María, para dejarnos guiar por su espíritu hacia Jesús, pues en el «Magníficat» brilla en todo su esplendor la fe de María y su identificación maternal con su Hijo Jesús.

María comienza proclamando la grandeza de Dios: «mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava». María es feliz porque Dios ha puesto su mirada en su pequeñez. Así es Dios con los sencillos. María lo canta con el mismo gozo con que bendice Jesús al Padre, porque se oculta a «sabios y entendidos» y se revela a «los sencillos». La fe de María en el Dios de los pequeños nos hace sintonizar con Jesús.

María proclama al Dios «Poderoso» porque «su misericordia llega a sus fieles de generación en generación». Dios pone su poder al servicio de la compasión. Su misericordia acompaña a todas las generaciones. Lo mismo predica Jesús: Dios es misericordioso con todos. Por eso dice a sus discípulos de todos los tiempos: «sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso». Desde su corazón de madre, María capta como nadie la ternura de Dios Padre y Madre, y nos introduce en el núcleo del mensaje de Jesús: Dios es amor compasivo.

María proclama también al Dios de los pobres porque «derriba del trono a los poderosos» y los deja sin poder para seguir oprimiendo; por el contrario, «enaltece a los humildes» para que recobren su dignidad. A los ricos les reclama lo robado a los pobres y «los despide vacíos»; por el contrario, a los hambrientos «los colma de bienes» para que disfruten de una vida más humana. Lo mismo gritaba Jesús: «los últimos serán los primeros». María nos lleva a acoger la Buena Noticia de Jesús: Dios es de los pobres.

María nos enseña como nadie a seguir a Jesús, anunciando al Dios de la compasión, trabajando por un mundo más fraterno y confiando en el Padre de los pequeños.

José Antonio Pagola

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15.8.18. María (1). Mujer histórica, símbolo del cristianismo

miércoles, 15 de agosto de 2018
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39102662_1056753577835167_3360614439408631808_nDel blog de Xabier Pikaza:

Celebramos el próximo 15, el día de la “dormición” o “asunción” de María, la más importante de sus fiestas en la Iglesia de occidente.

En ese contexto, en la línea de otras postales que he dedicado en este blog a su figura, quiero presentar nuevamente algunos rasgos de su historia, como mujer concreta (madre y seguidora de Jesús) y de su memoria creyente (María de la fe) en el principio de la Iglesia, partiendo de la misma Biblia.

La visión mariana de la Iglesia ha sido obra de la gente, más que de la reflexión de los teólogos o de algún tipo de planificación jerárquica. Gran parte del pueblo cristiano antiguo (y moderno) se ha identificado de algún modo con María, la mujer histórica, la madre de Jesús, convertida en gran símbolo cristiano.

39070673_1056753837835141_4319958946191245312_nSeguirán tras esta dos «postales», que quieren ofrecer una pequeña mariología de verano, desde la perspectiva católica, en el hemisferio norte. Irán dedicadas a todos los que, manteniendo de un modo agradecido la memoria de María, que fue una mujer «gebira» (como verá quien siga leyendo), llegando a ser quizá el signo más importante de la iglesia católica en los últimos siglos, como han dicho, con evidente exageración algunos protestantes, que nos acusan (a los católicos) de ser papistas y mariólatras.

Será bueno saber lo que puede haber detrás de esa acusación, desde una perspectiva de María. Posiblemente, los católicos debemos saber lo que implica María en nuestra forma de vida cristiana, pero también han de saberlo (y aprender) muchos protestantes. Buenos días de víspera del Día de María 2018.

Será bueno pre-sentir lo que ella (María) puede seguir ofreciendo como judía histórica y como cristiana originaria a la vida y tarea del evangelio en este siglo XXI.
Imagen 1: La Virgen de la aldea (de Chagall, pintor judío)
Imagen 2: María y el niño (una mujer oriental)

1. Quién fue, los datos principales de una vida.

Fue una mujer histórica, que vivió en Nazaret de Galilea, y después (presumiblemente), tras el asesinato de Jesús, en Jerusalén, entre el 20 a.C. y el 40/50 d.C., dentro de un contexto cultural, social y familiar muy definido. No ha sido un puro signo sagrado, una idea general (eterno femenino), ni una diosa, sino una mujer, madre discutida y seguidora de Jesús, pretendiente mesiánico judío, crucificado el año 30 d.C.

Hubo a su lado otras mujeres (en especial María Magdalena), pero sólo su recuerdo ha sido cultivado y recreado de un modo tan fuerte en la historia posterior del cristianismo. Los seguidores de Jesús no sólo la han recordado, sino que han agrandado su figura, con una intensidad única en la historia de occidente.

Tuvo una vida compleja, de manera que se relaciona no sólo con el judaísmo (en cuyo seno nace y vive), sino con la historia de Jesús (con quien se relaciona de forma materna y dramática) y con el principio de la Iglesia. No hay ningún otro personaje del Nuevo Testamento (ni siquiera Pedro, ni María Magdalena) que haya recogido (catalizado) en el arco de su vida tantos rasgos y aspectos como ella. Éstos son los datos principales de su historia:

1. Fue judía galilea, del Mediterráneo oriental, de comienzos de nuestra era, y, como otros miles de mujeres, vivió en unas condiciones de sometimiento femenino, bajo el cuidado y vigilancia de sus padres, y después de su marido. Fue creyente y encarnó su vida la tradición de las madres mesiánicas judías, que confiaron en el Dios de su pueblo y revivieron la esperanza de una salvación nacional, pero el canto de Lc 1, 47-56 la presenta vinculada con los pobres de todas las naciones. En esa línea se ha podido decir que ella ha expresado los rasgos primordiales de lo humano, en clave de mujer y de mujer judía .

2. Fue esposa de José, un “descendiente de David”, nazoreo de Galilea, un hombre comprometido al servicio de la libertad nacional de su pueblo judío, en unas condiciones duras de sometimiento social y militar, bajo el dominio de los reyes herodianos, vasallos Roma. A Jesús, el hijo de José, le llamarán “el nazoreo”, pero no directamente por su madre, sino por José, su “padre”. Vivió en ese contexto de compromiso de liberación nacional.

3. Fue madre de Jesús, pretendiente mesiánico judío, de una línea al parecer “nazorea” , pero con rasgos propios y muy significativos, dentro de un ambiente de duro enfrentamiento cultural y social. Tuvo probablemente otros hijos de los que habla Mc 6, 1-6, que al parecer no estaban de acuerdo con la pretensión mesiánica de Jesús, lo que fue causa de duros enfrentamientos en la familia. Todo nos permite suponer que estaba viuda cuando Jesús inició su vida pública, de manera que debió que actuar como “gebîra” o mujer de autoridad sobre su familia. De manera sorprendente, Mc 6, 3 llama a Jesús “el hijo de María”.

4. Su relación con Jesús fue compleja, y parece que al principio no aceptó su mesianismo, permaneciendo así al lado de sus otros hijos, que tampoco la aceptaban (como supone no sólo Mc 3, 31-35 y 6, 1-6, sino Jn 7, 1-9). En ese contexto ha de entenderse su posible presencia ante la cruz, donde Jesús murió condenado como pretendiente mesiánico (Jn 19, 25-27; cf. Mc 15, 50); sea como fuere, ella acabó siendo “cristiana”.

5. Se integró en la iglesia o comunidad de los discípulos de Jesús, con el resto de sus hijos (cf. Hch 1, 13-14), viniendo a jugar así un papel importante en la comunidad, que le recuerda de un modo crítico (rechazando su “pretensión” de imponer sus derechos sobre Jesús: cf. Mc 3, 31-35), pero también en un sentido ejemplar y edificante, de tal forma Lc 1-2 y en algún sentido Jn 19, 25-27 la presentan como modelo de cristiana.

6. Finalmente, María ha sido “creída” dentro de la iglesia. Por razones que algunos suponen evidentes, y que otros piensan que se deben precisar y justificar, ella vino a convertirse pronto en lugar de referencia o modelo para la comunidad cristiana, como testifica en perspectivas diferentes el conjunto del NT. En esa línea, Lucas le llama “gebîra”, Madre del Señor (cf. 1, 43) y afirma que la llamarán bienaventurada todas las generaciones (Lc 1, 48).

2. Historia e interpretaciones

Entre los primeros grupos que han ido formando la iglesia de Jesús, su Madre ha sido recordada e interpretada en líneas distintas, y su imagen ha quedado reflejada en algunos de los textos más significativos del Nuevo Testamento. En ese aspecto podemos hablar y hablaremos de una mariología de la historia y de varias mariologías de la fe:

− Una mariología de la historia. No son muchas las cosas que de ella sabemos en un nivel de pura historicidad factual, pero son muy importantes. Estas parecen (resumiendo lo antes dicho), las más significativas. 1) Era una mujer judía, de familia creyente y significativa, de Nazaret de Galilea; se llamaba María y estaba casada con José. 2) Fue madre de Jesús, con quien se vinculó de forma dramática; pero tuvo también una familia más extensa, compuesta por varones y mujeres que el Nuevo Testamento llama normalmente hermanos de Jesús y que parecen ser hijos de María. 3) Tras la muerte de Jesús, ella perteneció a su comunidad de seguidores, y ejerció un papel importante dentro de la iglesia, que la ha recordado.

− Varias mariologías: María de la fe. Los textos del Nuevo Testamento y de la primera iglesia no recuerdan a María por afán historicista, sino porque ha formado parte del misterio de una fe, que se centra en Jesús, su hijo, y que se expresa y configura de formas distintas en las comunidades. En principio, no existe una fe mariana (o mariología) única y normativa, que pudiera imponerse sobre todos los creyentes, sino diversas formas de mariología y fe mariana, que se diversifican según los lugares y formas de vida de las comunidades, según el Nuevo Testamento. Este fenómeno no ha sido a veces suficientemente valorado y define a nuestro juicio todo el tema. Pero esas mariologías pueden vincularse y se vinculan en el credo de la iglesia cuando afirman que Jesús «concebido por obra del Espíritu Santo y nacido de la Virgen María». Leer más…

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(2) Dormitio (Asunción). Gebira, el primer «culto» mariano de la Iglesia

miércoles, 15 de agosto de 2018
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39177662_1057847694392422_770753721175900160_nDel blog de Xabier Pikaza:

La tradición antigua hablaba de la “dormitio” (dormición, muerte venerable), de María, Madre de Jesús, cuya memoria más antigua se conserva en la Iglesia del Valle Cedrón de Jerusalén (imagen 1).

La tradición posterior de occidente ha preferido hablar de “asunción” (elevación) de María, pero sin olvidar que ella es la Gebira, origen y signo más hondo de la «carne/autoridad» humana de de Jesús, Dios Encarnado

Dese desde ese fondo, siguiendo en la línea de la postal de ayer quiero o presentar a María como signo hondo de la humanidad/divinidad de Jesús (nacido de mujer, Gal 4,4), poniendo de relieve, ya desde el principio, los tres rasgos principales de su identidad, según el evangelio:

− María forma parte de la historia de Jesús. No es un “espíritu” aparecido sobre el mundo (docetismo), ni es un ser extramundano, sino que pertenece esencialmente a la historia de Jesús (pues de ella nacido), lo mismo que Pilato (responsable de su muerte). Por eso, rechazando a María como mujer histórica se rechaza el cristianismo. Sólo porque ha nacido de hecho como “hijo de mujer” (Gal 4, 4), Jesús ha podido resucitar de hecho, como salvador. Las interpretaciones de ese nacimiento y resurrección pueden ser distintas, pero todas comparten la referencia al Jesús histórico a quien interpretan de un modo mesiánico.

− María, un signo universal. Al principio, María forma parte de la iglesia judeo-cristiana de Jerusalén (como parecen suponer todavía Pablo y Marcos), de manera que su figura no importa para el resto de las iglesias. Pues bien, en un momento posterior ella aparece en el conjunto de las iglesias como madre humana (universal, para todos), superando, por obra del Espíritu-Santo, un tipo de límites “carnales-cerrados” del judaísmo), de manera que puede concebirse como signo de presencia de Dios para todos los cristianos. Esta opción por la universalidad está fundada en la tendencia helenista de la iglesia (desarrollada sobre todo por Pablo), pero los evangelios de Mateo, de Lucas y de Juan la vinculan ya a figura concreta de María, madre de Jesús.

39119401_1057849314392260_2499822570027614208_n− María, carne de Dios. Esta visión universa de María supera un tipo de “exclusivismo intra- judío”, pero no para “excluir la carne” (la vida real, la historia), sino para fundar la historia y vida de Jesús en la “carne humana, universal”, de María, que se no entiende de un modo espiritualista, como pura gnosis interior, sino de un modo concreto, vital, económico, social, en la línea de Jn 1, 14, donde se dice que la Palabra de Dios se hizo carne.

María no es carne en oposición a espíritu, no es “tierra” en oposición a cielo, sino que es humanidad llena de Dios, como mujer, como persona. Sin esta afirmación de la “carne” (historia, humanidad) de María Jesús hubiera sido un fantasma, el cristianismo pura “ideología”.

Desde ese fondo tenemos que poner de relieve el origen judío de la «mariología», es decir, de la importancia de María en la visión del cristianismo (en la comunidad judeo-cristiana de Jerusalen, dejando ahora a un lado la tradición de Galilea).Buen día de María a todos los amigos y lectores de este blog.

Santa María de Jerusalén, la primera Iglesia

Ciertamente, el movimiento de Jesús ha seguido vinculado a su misión prepascual de Galilea, con su anuncio profético-escatológico del Reino de Dios, su enseñanza sapiencial y su acción carismática, centrada en gestos milagrosos, que se concretizaron en la acogida y curación de los enfermos y expulsados. Estos elementos (cf. Mt 4, 23; 9, 35), constituyen la base galilea del movimiento de Jesús y le definen como profeta, maestro y sanador .

En ese contexto podemos añadir que su propuesta fue al menos parcialmente escuchada y recibida, de manera que muchos parecían dispuestos a iniciar con él un camino de reino. Pues bien, entre ellos no se hallaba María, su madre, ni tampoco sus hermanos, como atestigua Mc 3, 31-35 y 6, 1-6. Esa “falta de fe” de María (cf. Jn 7, 1-9) no se puede entender como infidelidad o pecado, sino como opción mesiánica distinta, dentro de una familia de intenso compromiso “nazoreo”, en una línea de esperanza davídica .

Pues bien, con ocasión de las fiestas de Pascua, Jesús subió a Jerusalén, para ofrecer allí su proyecto de Reino. Le siguieron los Doce, algunas mujeres y otros simpatizantes. Todo parece suponer que su propuesta fue aceptada por algunos, pero rechazada por los sacerdotes del Templo, que se sintieron amenazados por las consecuencias sociales y sacrales de su mensaje. Todo nos permite suponer que la propuesta de Jesús fue discutida y que las autoridades del Templo actuaron por miedo (cf. Mc 11, 15-15; 14, 1-2.57). Algunos discípulos le traicionaron y negaron (cf. 14, 43-50.66-72). Intervino también la autoridad romana que condenó a muerte a Jesús.

Es muy posible que la madre de Jesús estuviera en Jerusalén en ese momento de fiesta (habría subido para cumple la ley de peregrinación judía, quizá para “ver” la suerte de su hijo). Sigue siendo posible que ella estuviera entre las mujeres que Mc 15, 40 sitúa ante la cruz de Jesús (como ratifica Jn 19, 25-27). Pero no es seguro que estuviera allí como creyente; pudo haberlo hecho simplemente como madre. Sea como fuere, la muerte de Jesús fue un acontecimiento desencadenante, que marca la nueva experiencia pascual de la Iglesia.

Pues bien, en el comienzo de esa experiencia hay unas mujeres, entre las que podría hallarse su madre (cf. Mc 16,1-8 par), pero no podemos asegurarlo. Los primeros “creyentes” oficiales, aceptados por la tradición cristiana fueron galileos (como supone de Mc 16, 1-8; cf. Mc 26, 69 par; Hch 1, 16; 2, 7; Hch 9, 31; 13, 31) y, sobre todo, aquellas donde se supone que Pedro y los restantes discípulos vieron a Jesús resucitado en Galilea, iniciando desde allí la misión eclesial (cf. Mc 16, 7-8 y la reinterpretación de Mt 28, 16-20, con el mandato misionero que; cf. Jn 21) .

Los primeros seguidores de Jesús se llamaron nazarenos (nazoreos) o galileos y allí, en el entorno donde Jesús había realizado la mayor parte de su anuncio de Reino, siguieron manteniendo su misión, como portadores de su mensaje. Algunos, en especial los Doce elegidos por Jesús para simbolizar el retorno y cumplimiento de las doce tribus de Israel pudieran haber residido en Jerusalén, esperando el pronto retorno de Jesús resucitado

Pues bien, al lado de esa iglesia primitiva de los Doce, surgió pronto en Jerusalén una iglesia de tipo más judeo-cristiano, representada ante todo por los «parientes de Jesús», que interpretan de un modo algo distinto su mensaje, aunque siempre en conexión con Pedro y con los Doce (y también con Pablo y su línea, aunque siempre con dificultades). En esta iglesia judeo-cristiana se sitúa sin duda la Madre de Jesús

Iglesia judeo-cristiana de Jerusalén. María y los parientes de Jesús

Como indican los textos anteriores, el movimiento de Jesús ha creado divisiones y rupturas entre sus parientes, porque él ha querido suscitar una familia universal, abierta a los expulsados y excluidos de la comunidad israelita. En ese contexto se entiende el surgimiento y riesgo del grupo eclesial de los seguidores judeo-cristianos de Jerusalén, con Santiago y los ‘hermanos’ de Jesús, entre los que se encuentra sin duda la Madre María .

Según el testimonio de 1 Cor 15, 7 y al conjunto de la obra paulina, confirmada de algún modo por Hch 1, 13-14 (y 12, 17), podemos suponer que la comunidad judeo-cristiana de Jerusalén, reunida en torno a Santiago, no ha nacido por escisión o separación, ni a través de un posible «golpe de mano» de los parientes de Jesús, sino por una experiencia pascual de Santiago y de esos familiares de Jesús, que han establecido en Jerusalén su propia iglesia, entre el año 30-33 d.C.

No han vuelto a Galilea como Pedro y los doce (cf. Mc 16, 7-8), para continuar allí el tipo de misión de Jesús, sino que han fundado un nuevo tipo de «sacralidad mesiánica», en torno al templo, esperando, sin duda, el próximo retorno de Jesús como Hijo de David, mesías escatológico .

Como Jn 7, 1-9 recoge de forma tardía pero exacta, los parientes no habían aceptado la misión mesiánica de Jesús en Galilea, pero le “vieron” tras su muerte y le aceptaron como mesías de Israel. Nos gustaría saber la relación que tenían con la madre de Jesús y la posibilidad de que su visión pascual estuviera vinculada al ‘luto’ funerario por la muerte de su hermano, pero carecemos de datos para precisarlo . También nos gustaría conocer mejor sus vinculaciones con Pedro y los Doce (las comunidades de Galilea), pero tampoco tenemos testimonios más precisos de ello. Leer más…

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