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«Lista o no, aquí voy!»

lunes, 4 de diciembre de 2023
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IMG_1671La reflexión de hoy es de Michael Sennett, colaborador de Bondings 2.0.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Primer Domingo de Adviento se pueden encontrar aquí.

«¡Listo o no, ahí voy!»

El escondite es un placer para “A”, el hijo de cinco años de mi prometido. Cubrirme los ojos y contar hasta diez se ha convertido en una parte habitual de mi rutina con él. Meditar en la anticipación y la alegría del Adviento me llevaba constantemente de vuelta a la anticipación y la alegría de A. por jugar al escondite.

En el Evangelio de hoy, Jesús insta a sus discípulos a “estar alerta” y “estar alerta”, enfatizando la incertidumbre de cuándo vendrá el Señor. Al igual que el Adviento, el escondite requiere que estemos alerta y vigilantes. Ya sea que seamos el que esconde o el que busca, existe incertidumbre sobre cuándo y dónde se producirá el hallazgo. Eventualmente seremos encontrados o haremos el hallazgo, pero el momento exacto de la revelación sigue siendo un misterio.

A., como la mayoría de los niños pequeños, tiene la habilidad de esconderse en lugares visibles. En un esfuerzo por prolongar el juego, me acercaré a donde se esconde y luego daré la vuelta antes de encontrarlo «oficialmente«. Durante un juego reciente, ver a A. escondido a plena vista me pareció una imagen de mis propios intentos de ocultarme como un hombre trans católico. Sin embargo, por más que lo intentemos, no podemos escondernos de Dios.

Para los católicos LGBTQ+, ocultar nuestras identidades no es un juego. A menudo es necesario evitar el juicio, la discriminación y, en ocasiones, la violencia. No todos los católicos queer tienen el privilegio de una parroquia o comunidad de fe acogedora. Pero así como A. no siempre es tan invisible como cree, nosotros nunca estamos escondidos de la mirada de Dios, incluso cuando creemos que estamos bien escondidos. Una comprensión tan poderosa habla del corazón de nuestra existencia: Dios nos creó en amor, exactamente como somos. Nuestro yo auténtico nunca está oculto a Ella, que ve más allá de la superficie, más allá de las máscaras y en las profundidades de nuestra verdadera identidad.

Despertar a esta verdad permite a los católicos LGBTQ+ estar atentos a la presencia duradera de Dios en nuestras vidas y nos ayuda a cultivar la disposición para encontrarnos con el Espíritu. Dios es un buscador vigilante que está ansioso por encontrarnos pero no revela cuándo sucederá ese momento. Mantenernos alerta abre nuestros corazones a Su amor, una relación que afrontamos con anticipación y alegría.

Mi propio despertar ha tenido sus raíces en el enfoque ignaciano de encontrar a Dios en todas las cosas. Dios no es sólo el buscador; Ella también está presente en lo ordinario, esperando ser descubierta en los momentos cotidianos de nuestras vidas. Pero, al igual que mi estrategia con mi compañero de escondite, ¿con qué frecuencia pretendemos no notar a Dios en nuestras vidas, dando vueltas alrededor de Su presencia, tanto visible como oculta? Podemos acercarnos a los escondites pero dudar en reconocer plenamente la existencia de Dios. Ya sea que lo evitemos por miedo, ira, tristeza, confusión u otra emoción, Dios todavía permanece cerca de nosotros, esperando pacientemente a ser encontrado.

Permanecer despierto al encuentro con Dios es un acto de presencia consciente. Significa reconocer Su presencia en los altibajos, en las alegrías y las tristezas, en lo ordinario y extraordinario de nuestras vidas como católicos LGBTQ+. Nuestro viaje de Adviento es una oportunidad para encontrar a Dios, abrir nuestros corazones a Su amor y regocijarnos juntos.

Las palabras de Jesús resuenan no como una orden severa sino como una invitación. El buscador divino grita: «¡Mirad!» no para tomarnos desprevenidos sino para participar en una danza de revelación y respuesta. El desafío es estar plenamente presente, deshacernos de las capas que nos ocultan y despertar a la verdad de que, a los ojos de Dios, somos vistos, conocidos y profundamente amados.

Entonces, listo o no, aquí viene el Amor Encarnado, incondicional y siempre presente. En el amor de Jesús está la alegría de ser encontrado, de encontrar lo divino en los momentos ordinarios de nuestra vida. Que aceptemos la invitación a estar atentos, alertas y abiertos a las infinitas posibilidades de encontrar el amor de Dios en todas las cosas durante el tiempo de Adviento.

—Michael Sennett, 3 de diciembre de 2023

Fuente New Ways Ministry

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“Cuando el horizonte se vuelve sombrío”. 1 Adviento – B (Marcos 13,33-37)

domingo, 3 de diciembre de 2023
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IMG_1544La falta de esperanza está generando entre nosotros cambios profundos que no siempre sabemos captar. Casi sin darnos cuenta van desapareciendo del horizonte políticas orientadas hacia una vida más humana. Cada vez se habla menos de programas de liberación o de proyectos que busquen mayor justicia y solidaridad entre los pueblos.

Cuando el futuro se vuelve sombrío, todos buscamos seguridad. Que nada cambie, a nosotros nos va bien. Que nadie ponga en peligro nuestro bienestar. No es el momento de pensar en grandes ideales de justicia para todos, sino de defender el orden y la tranquilidad.

Al parecer no sabemos ir más allá de esta reacción casi instintiva. Los expertos nos dicen que los graves problemas medioambientales, el fenómeno del terrorismo desesperado o el acoso creciente de los hambrientos penetrando en las sociedades del bienestar no están provocando, al parecer, ningún cambio profundo en la vida personal de los individuos. Solo miedo y búsqueda de seguridad. Cada uno trata de disfrutar al máximo de su pequeño bienestar.

Sin duda, muchos sentimos una extraña sensación de culpa, vergüenza y tristeza. Sentimos, además, una especie de complicidad por nuestra indiferencia y nuestra incapacidad de reacción. En el fondo no queremos saber nada de un mundo nuevo, solo pensamos en nuestra seguridad.

Las fuentes cristianas han conservado una llamada de Jesús para momentos catastróficos: «Despertad, vivid vigilantes». ¿Qué significan hoy estas palabras? ¿Despertar de una vida que discurre suavemente en el egoísmo? ¿Despertar de la frivolidad que nos rodea en todo instante impidiéndonos escuchar la voz de la conciencia? ¿Liberarnos de la indiferencia y la resignación?

¿No deberían ser las comunidades cristianas un lugar privilegiado para aprender a vivir despiertos, sin cerrar los ojos, sin escapar del mundo, sin pretender amar a Dios de espaldas a los que sufren?

José Antonio Pagola

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” Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa”. Domingo 03 de diciembre de 2023. Domingo 1º de Adviento.

domingo, 3 de diciembre de 2023
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01advientoB1cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 63,16b-17.19b;64,2b-7: ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!.
Salmo responsorial: 79: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
1Corintios 1,3-9: Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Marcos 13,33-37: Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa.

La comunidad judía que retorna del exilio enfrenta un gran desafío: reconstruir los fundamentos de la nación, la ciudad y el Templo. No era una tarea fácil. La mayoría de los exiliados ya se habían organizado en Babilonia y en otras regiones del imperio caldeo. La mayor parte de los que habían llegado desde Judea cincuenta años antes ya habían muerto y los descendientes no sentían gran nostalgia por la tierra de sus padres. Los profetas los habían invitado continuamente a reconocer los errores que habían conducido a la ruina, pero la mayor parte de los exiliados ignoraban a los mediadores de Yahvé.

Algunos tomaron entre sus manos el proyecto de reconstruir la identidad, las instituciones y la vida de la nación. Sin embargo, no contaron inicialmente con mucho apoyo, Parecía una idea loca e innecesaria: para qué volver a Jerusalén si ya no haía remedio… Lo mismo nos ocurre a veces a nosotros, vivimos de la nostalgia del pasado pero no nos comprometemos a transformar la realidad del presente. Añoramos otros tiempos en que se vivía mejor, pero no rescatamos los valores que hacen posible una convivencia humana justa y equitativa.

Jesús hace a sus discípulos una recomendación que hoy nos sorprenden: mantenerse despiertos. ¡Todo lo contrario de lo que nosotros haríamos! Pero él tiene sus razones. Si cada día estamos embargados por las preocupaciones más superfluas, lo más seguro es que se nos pase la hora apropiada para realizar la misión que Jesús nos encomienda. Jesús, en el evangelio, nos enseña a estar en guardia contra los que creen que las enseñanzas cristianas son algo superfluo. El evangelio debe ser proclamado donde sea necesario, deber ser colocado donde se vea, debe ponerse al alcance de todos. Nuestra misión es hacer del evangelio una lámpara que ilumine el camino de la vida y nos mantenga en actitud vigilante.

 La interpretación que se daba a estos textos del evangelio que apuntan hacia el futuro o hacia la escatología estuvo casi siempre revestida de un tinte apocalíptico y de temor: el Señor había establecido un plazo, que se nos podría acabar en cualquier momento, imprevisiblemente, por lo cual necesitábamos estar preparados para un juicio sorpresivo y castigador que el Señor podría abrir en cualquier momento contra nosotros. «Que la muerte nos sorprenda confesados». Este miedo funcionó durante mucho tiempo, durante tantos siglos como duró una imagen mítica de Dios, excesivamente calcada de la imagen del señor soberano feudal que dispone despóticamente sobre sus súbditos. El miedo a la condenación eterna, tan impregnado en la sociedad cristiana medieval y barroca, hizo que la «huelga de confesonarios» pudo ser en determinados momentos un arma esgrimida por el clero contra las clases altas, por ejemplo por parte de los misioneros defensores del pueblo contra los conquistadores españoles dueños de esclavos (recuérdese el film La misión). Causa sonrisas pensar en la eficacia que una tal «huelga de confesionarios» pudiera tener hoy día… Y es que la estrella de la «vida eterna», el dilema de la salvación/condenación eternas, brillaba con su potencia indiscutible en el firmamento de la cosmovisión del hombre y la mujer premodernos… Pero son tiempos idos. Sería un error enfocar el comentario a evangelios como el que hoy leemos en esa misma perspectiva, pensando que nuestros contemporáneos son todavía premodernos…

El estado de alerta, la mirada atenta al futuro que evita el adocenamiento o la rutina… sí que es una categoría y una dimensión del hombre y de la mujer modernos. Si lo interpretamos como «esperanza», la pertinencia del mensaje aún es más vigente.

¿Qué puede significar «Adviento» para la sociedad actual? Como nombre de un tiempo litúrgico significa bien poco, y no habría que lamentarse mucho ni gastar pólvora inútilmente, pues cualquier día –tal vez más pronto que tarde- la Iglesia cambiará el esquema de los ciclos de la liturgia, que clama a gritos por una renovación. Lo que importa no es el tiempo litúrgico, sino el Adviento mismo, el «Advenimiento» –que eso significa la palabra–, el «noch nicht Sein» como diría Ernst Bloch, aquello cuya forma de ser consiste en «no ser todavía pero tratando de llegar a ser»… Ateo como era, Bloch construyó toda su poderoso edificio filosófico sobre la base de la utopía y la esperanza, y presentó en bellas páginas inolvidables la grandeza heroica del santo y del mártir ateo, capaz de dar la vida en aras de su esperanza… Ebeling, en la misma línea decía: «lo más real de lo real, no es la realidad misma, sino sus posibilidades»… Lo real más real no es sin más lo real, sino las posibilidades de ser que lo que hoy es lleva consigo.

Después de los años 90 del siglo pasado, estamos en un tiempo en el que se dice que se ha dado un «desfallecimiento utópico». Con el triunfo del neoliberalismo y la derrota de las utopías (no «de las ideologías», alguna de las cuales siguen muy vivas), la cultura moderna –o mejor posmoderna- castiga al pensamiento esperanzado y utopista. El ser humano moderno-posmoderno está escarmentado. Ya no cree en «grandes relatos». Se nos ha impuesto una cultura anti-utópica, antimesiánica, a-escatológica, ¿sin esperanza?, a pesar de la brillantez de que hacen gala los productos de la industria mundial del entretenimiento; detrás del atractivo seductor de ese entretenimiento, la imagen de ser humano que queda está ayuna de toda esperanza que trascienda siquiera mínimamente el «carpe diem» o el «disfruta la vida». ¿Qué advenimiento («adviento») espera el hombre y la mujer contemporáneos? ¿Cómo vivir el adviento en una sociedad que no espera ningún «advenimiento»? Desde luego, no reduciendo el adviento a un «tiempo litúrgico», o a un tiempo pre-navidad… ¿Cómo pues?

El Advenimiento que esperamos los cristianos no es la Navidad… Ni siquiera es «el cielo»… ¡Es el Reino! No es otro mundo… es este mismo mundo… ¡pero «totalmente otro»! Se puede ser cristiano sin celebrar el adviento, ¡pero no sin preparar el Advenimiento! Ser cristiano es hacer propia en el corazón la nostalgia de Aquel que decía: «fuego he venido a traer a la tierra, y ¡cómo deseo que arda…!». Los cristianos no pueden inculturarse del todo en esta cultura anti-utópica y sin «grandes relatos», porque somos hijos de la gran Utopía de la Causa de Jesús, y tenemos el «gran relato» del Proyecto de Dios… Podríamos no celebrar el adviento, pero no podemos dejar de darnos la mano con los santos y mártires ateos (quedan pocos) y con todos los hombres y mujeres de la tierra, de cualquier religión del planeta, para trabajar denodadamente por el Advenimiento del Nuevo Mundo.

Cada vez se perfila mejor: crear un Mundo Nuevo, fraterno-sororal y solidario, sin imperios ni instituciones transnacionales o mundiales explotadoras de los pobres, lo que Jesús llamó «malkuta Yahvé» en su boca aramea, Reino de Dios, pero dicho con palabras y hechos de este ya tercer milenio, ése es el Advenimiento que esperamos, el sueño que nos quita el sueño, lo que nos hace estar en «alerta». Leer más…

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3.12.23. Dom 1 Adviento: Ni el Hijo (=Cristo) sabe cuándo ni cómo, pero Dios es Padre: Velad en la noche

domingo, 3 de diciembre de 2023
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IMG_1649Del blog de Xabier Pikaza:

No hay evangelio más fuerte y esperanzado que éste: Ni los ángeles, ni el Hijo (=Cristo) saben; pero lo sabe Dios y es Padre (Mc 13, 32; cf. Mt 24, 36) que  deja en manos de los hombres su futuro, la responsabilidad de la historia.

Un tipo de teología y piedad ha olvidado este texto. Por eso quiero destacarlo, en este tiempo de guerras “justicieras” (Ucrania, Gaza), en los días del COB 28, que parece celebrarse de un modo suicida  sobre barriles encendidos de petróleo … Ni el Hijo/Cristo sabe cómo, pero Dios es Padre y Cristo nos pide que confiemos y vivamos en vela/vigilancia, de Adviento, según Mc 13, 32. 

Lectura extendida:  Mc 13, 27-39 La lectura del domingo es sólo la parte final (Mc 13, 33-37)  pero quiero situarla en su contexto para entenderla mejor. Tiene tres partes:

 (a. Parábola de la higuera: Mc 13, 27-32: A la higuera seca de la humanidad un tallo verde le ha salido) 28 Aprended la parábola de la higuera. Cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, conocéis que se acerca el verano. 29 Pues lo mismo vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que ya está cerca, a las puertas.

(b. Declaración: ni el Hijo (=Cristo) sabe, sino sólo el Padre. Mc 12, 20-32:)30 Os aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 32 En cuanto al día y la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre.

(c. Vigilancia: Mc 13, 33-37: Estad atentos en medio de la noche) 33 ¡Cuidado! Estad alerta, porque no sabéis cuándo llegará el momento. 34 Entones sucederá lo mismo que con aquel que se ausentó de su casa, encomendó a cada uno de los siervos su tarea y encargó al portero que velase. 35 Así que velad, porque no sabéis cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a media noche, al canto del gallo o al amanecer. 36 No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. 37 Lo que a vosotros os digo, lo digo a todos: ¡Velad!

1. Parábola: A la higuera seca unos brotes verdes le han nacido (13, 28-29).

Jesús ha declarado ya el signo de higuera estéril que no da fruto… (Mc 11, 12-26). Pues bien, Marcos vuelve a presentar el signo de la higuera: Este es el signo de un adviento amenazados por grandes persecuciones y derrumbamientos sin remedio, pero un adviento que nos  evangelio nos sitúa ante el signo de la higuera, que no es ya una señal del templo estéril, sino expresión y signo de un tiempo de esperanza, de Adviento de Dios.

Adviento es primavera en plano invierno, anticipo y adelanto de una cosecha de vida, como indican los nuevos brotes de la higuera, que se ablandan, de forma que por ellas se expanda la blanca y fuerte savia de la vida, y brotan de nuevo las hojas, pues va a llegar pronto la cosecha. ¿Cuándo? Muy pronto. Faltan sólo unos meses, el tiempo en que madure la cosecha dulce de los higos.

2. Declaración: Ni el Hijo (Cristo) sabe, ni puede asegurar cuándo será (13, 30-32)… Pero hay Dios (=existe el Padre).Este pasaje dice dos cosas inseparables.

(a) Por un lado asegura que todas estas cosas han de suceder en esta generación(13, 30), conforme a una palabra que se puede atribuir al Jesús histórico (en la línea de 9, 1, donde se dice algo semejante), pues estamos en los últimos tiempos: ahora, cuando se proclama esta palabra, sucederán estas cosas, en el tiempo que tardan en madurar los hijos de la higuera.

(b) Por otro afirma que del día y hora nadie sabe nada,ni siquiera Cristo (el Hijo) a quien mataban echándole de la viña (parábola de los viñadores: (Mc 12, 6). Le matan, en un sentido no entiende, pero confía en el Padre.  que aquí aparece en sentido absoluto, no como un hijo, sino como el Hijo.

El Hijo/Cristo no sabe cómo ni cuándo, pero confía  en  Padre, en (Mc 13, 32). El Hijo (Cristo, la humanidad) sabe que es Padre y confía en la noche (como enseña siempre Juan de la Cruz).  El Hijo/Cristo confía, se deja matar,  confiando  en el Padre/Dios en medio de la noche, sin saber cuando llegará la aurora, eso es Adviento.

  El tiempo de Dios es Camino en la noche… Una apuesta de vida en medio de la gran tiniebla Ni el Hijo querido sabe,  ni en Mesías/Cristo conoce cómo… Pero confía en el padre… Dios viene porque es Dios; pero, al mismo tiempo, viene porque se ha encarnado en la vida de los hombres que son (somos) Adviento de Dios.  Viene, pero no sabemos cómo…

 3. Vigilancia (13, 33-37). Vivir alerta en Dios, estamos en vela, ante la hora de Dios…

No sabemos  cuándo, cómo vendrá (no los sabe Cristo, no lo sabe el Hijo, tampoco lo saben los ángeles…?. ¿Qué se puede hacer en estas circunstancias? La respuesta normal es comamos y bebamos, que mañana (no sabemos cuándo) moriremos (Is 22, 13; 1 Cor 15, 32). Esta es la respuesta, que est está tomando el COP 288 de Dubai, que se celebra hoy mismo, bailando con fuego sobre barriles de petróleo (como dice desde la ONU el secretario General Antonio Guterres,  como dice desde el Vaticano el   Papa Francisco). Frente a esa respuesta  comamos, bebamos  el evangelio de Marcos responde: Velad, estar atentos, de la noche a l mañana. No sabemos cuándo, ni cómo y, sin embargo debemos  “velar” (tener cuidado, actuar siempre a favor de la vida y del futuro del amor de Dios, en forma de amor interhumano).  La responsabilidad, la respuesta, la tiene el hombre que confía en Dios Padre.

Aquí se centra el mensaje de Mc 13, ésta es la palabra central del Adviento:

  1. Ni Cristo/Hijo sabe… Dios no le ha dicho cuándo, ni como (¡ni los ángeles saben)
  2. Por eso velad… Pero Dios es Padre…Podemos confiar en él, podemos y debemos velar.

Estamos en los días finales (no pasará esta generación: Mc 13,30), pero al mismo tiempo descubrimos que el adviento de Dios nos trasciende, y así tenemos que dejarlo en manos de Dios (sólo el Padre conoce la hora: 13,32).

Sobre ese fondo puede y debe repetirse la palabra “vigilad”, como último sentido y exigencia del mensaje escatológico (13,37). Limitado y sujeto a la muerte es el mundo, como ha recordado Jesús cuando nos habla de caída del sol y terremotos. Violento y destructivo es el mismo ser humano que introduce el miedo de la guerra universal sobre el tortuoso camino de este cosmos. Pues bien, superando ese riesgo de fragilidad y muerte, los discípulos de Jesús podrán anunciar el evangelio, como una vela o vigilia de Dios.

¿Cuándo? No lo saben ni los ángeles, ni tampoco el Hijo (cf. 1, 11; 9, 7) ¡Sólo el Padre! Será cuando él lo quiera (13, 32).  No hay por tanto revelaciones de cuando/cómo, no las ha tenido ni el Hijo Cristo…  Pero hay algo más grande, Dios es Padre. Hay algo más grande: Podemos mantenernos en vela en el tiempo del adviento de Dios.

De esta forma ratifica Marcos la experiencia radical de la transcendencia de Dios, marcada en los lugares clave de su texto (cf. 8, 33; 10, 18.40). Al servicio de Dios ha realizado Jesús su tarea. No puede usurpar sus funciones. No hay un tiempo limitado de venida de Dios. El Adviento es “siempre”, hasta que culmine Dios y sea todo en todos por Cristo (1 Cor 15, 28)

¿Dónde? Tampoco lo dice. Pero es claro que Marcos rechaza un tipo idea judeocristiana de la venida y cumplimiento mesiánico en el templo. Jesús ha pedido a los discípulos que huyan de la ciudad que no esperen allí la victoria del mesías (cf. 13, 14). Jerusalén ha matado a Jesús y sólo tiene un sepulcro vacío. El Adviento de Dios se realiza en todo el mundo, en los cuatro ángulos o “vientos” de la tierra, en el cosmos entero.

REFLEXIÓN. PODEMOS DESTRUIR EL ADVIENTO DE DIOS

‒ Velar es superar la bomba, superar de la guerra universal (tarea de Isaías 2,2-4: De las espadas forjarán arados…). Esto le dice Isaías a Israel (pueblo de bombas), esto nos dice todos nosotros. Leer más…

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Súplica, admiración, vigilancia. Domingo 1º de Adviento. Ciclo B

domingo, 3 de diciembre de 2023
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 IMG_1629Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

¿Cuatro semanas para prepararnos a recordar el nacimiento de Jesús? No. El Adviento es más que eso. No se trata de recordar románticamente un hecho pasado, sino de comprender a fondo lo ocurrido y prepararnos para el encuentro definitivo con el Señor. Para ello, la liturgia nos sugiere tres actitudes: súplica (1ª lectura), admiración ante los bienes recibidos (2ª lectura) y vigilancia (evangelio).

            Suplica (Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7)

            La primera lectura nos sitúa unos cinco siglos antes de la venida de Jesús, cuando la situación en Jerusalén y Judá dejaba mucho que desear desde todos los puntos de vista: político, social, religioso. El pueblo de Israel se ve como un trapo sucio, un árbol de ramas secas y hojas marchitas. La situación no sería muy distinta de la nuestra. Pero el pueblo, en vez de culpar a los políticos, a los independentistas, a los banqueros, al FMI, a los Presidentes de las grandes potencias, se reúne en asamblea litúrgica y entona una lamentación.

Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es Nuestro redentor. Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te tema? Vuélvete, por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad. ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia! Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia. Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en e1. Sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos. Estabas airado, y nosotros fracasamos: aparta nuestras culpas, y seremos salvos. Todos éramos impuros, nuestra justicia era un paño manchado; todos nos marchitábamos como follaje, nuestras culpas nos arrebataban como el viento. Nadie invocaba tu nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas en poder de nuestra culpa. Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano.

            Las palabras del pueblo ofrecen un curioso contraste al hablar de Dios. A veces destaca sus rasgos positivos: es «nuestro padre», «nuestro redentor», «sales al encuentro del que practica la justicia», «somos todos obra de tu mano». Otras se queja de que «nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón», «estabas airado y nosotros fracasamos», «nos ocultabas tu rostro». Pero el pueblo reconoce que la culpa no es de Dios, sino suya: «todos éramos impuros, nuestra justicia era un paño manchado, nuestras culpas nos arrebataban como el viento, nadie invocaba tu nombre, ni se esforzaba por aferrarse a ti».

            ¿Cuál es la solución? Sorprendentemente, que Dios se convierta: «vuelve por amor a tus siervos», «ojalá rasgases el cielo y bajases», «aparta nuestras culpas». Los profetas anteriores (Amós, Isaías, Jeremías…) habían concedido gran importancia a la conversión, al hecho de que el pueblo volviese a Dios y cambiase su forma de actuar. Quienes rezan esta lamentación no confían en ellos mismos. Debe ser Dios mismo quien vuelva y, como buen alfarero, moldee una nueva vasija.

            En el contexto del Adviento, la frase que más llama la atención y ha motivado la inclusión de este texto en la liturgia es: «¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!». Aunque el profeta piensa en una venida de Dios, la liturgia nos hace pensar en la venida de Jesús. Pero ese recuerdo debe ir acompañado del reconocimiento de nuestra debilidad y la necesidad de ser salvados.

            Admiración (1 Corintios 1,3-9)

            La respuesta de Dios supera con creces lo que pedía el pueblo en la lectura de Isaías, aunque de modo distinto. Dios Padre no rasga el cielo, no sale a nuestro encuentro personalmente. Envía a Jesús, y desde el momento en el que lo aceptamos, nuestra vida cambia por completo.

            Hermanos: La gracia y la Paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros. En mi acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús. Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado, el testimonio de Cristo. De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de que acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. ¡Y él es fiel!

            Pablo habla de nuestro pasado, nuestro futuro y nuestro presente.

            En el pasado, Dios nos ha enriquecido en todo; nos ha llamado a participar de la vida de su Hijo, Jesucristo. La imagen es potente y extraña. Recuerda a la experiencia de un hijo con su madre, de la que recibe la vida. Pero esa relación vital no termina cuando se corta el cordón umbilical, perdura siempre.

            Con respecto al futuro, aguardamos la manifestación de Jesucristo, la segunda y definitiva venida del Señor, tema esencial para los primeros cristianos y que debería serlo para nosotros en este tiempo de Adviento.

            En el presente, «no carecemos de nada». Cuando tanta gente se lamenta, a veces con razón, de las muchas cosas de que carece, estas palabras pueden resultar casi hirientes: «No carecéis de ningún don». Buen momento, este del Adviento, para pensar en qué cosas valoramos: si las materiales, que a menudo faltan, o la riqueza espiritual que proporciona Jesús.

            Esta enseñanza de Pablo no se produce en un contexto de fría reflexión teológica, sino de oración y acción de gracias al pensar en sus cristianos de Corinto, la más complicada y problemática de sus comunidades.

            Vigilancia (Marcos 13, 33-37)

            No deja de ser irónico que precisamente el evangelio no hable de Dios Padre ni de Jesús. Se centra en nosotros, en la actitud que debemos tener: «vigilad», «velad», «velad». Tres veces la misma orden en pocas líneas. Porque el Adviento no solo pretende recordar la venida del Señor, sino también prepararnos para el encuentro final con Él.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuando es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejo su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!»

            La actividad pública de Jesús termina con un discurso sobre el fin del mundo y su segunda venida, que no está dirigido a todos los discípulos, como sugiere la introducción del evangelio de hoy, sino solo a los cuatro primeros llamados por Jesús: Pedro, Santiago, Juan y Andrés (Mc 13,3-37). Jesús ha dicho poco antes que de los grandes edificios del templo no quedará piedra sobre piedra. Para estos cuatro, el fin del templo de Jerusalén equivale al fin del mundo, y desean saber cuándo ocurrirá y qué señales lo precederán. Un tema que a nosotros nos parece más propio de los Testigos de Jehová, pero que creaba enorme preocupación en las primeras comunidades cristianas. El discurso responde a estas cuestiones, pero termina con esta exhortación a la vigilancia, que la liturgia, con pleno sentido, aplica a todos los discípulos y a todos nosotros.

            ¿En qué consiste la vigilancia? Se sugiere con muy pocas palabras: «dio a cada uno de sus criados su tarea». Esa es, en parte, la misión del Adviento: reflexionar sobre la propia tarea recibida de Dios y examinar si la cumplimos debidamente.

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Primer Domingo de Adviento. Ciclo B. 03 de diciembre, 2023

domingo, 3 de diciembre de 2023
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Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos. ¡Velad!”

(Mc 13, 33-37)

¡Ya está cerca! Es lo que nos dice y nos repite a todos este tiempo de Adviento. Es la cuenta atrás de algo querido y esperado. La emoción empieza a hacernos cosquillas en el corazón porque lo que esperamos, mejor dicho, a quien esperamos es bueno, ¡muy bueno!

Como sucede cuando esperas a alguien miramos el reloj una y otra vez, como si al mirarlo hiciéramos que el tiempo pasara más deprisa. Y repetimos con emoción: ¡Ya llega!, ¡Ya queda menos! ¡MARANATHA!

Es Jesús mismo quien, al empezar el Adviento, nos aconseja que estemos despiertas. ¡Velad!  El día de Navidad tiene fecha en el calendario, pero el momento en el que Él se va a hacer presente en nuestra vida no sabemos cuál es.

Nos puede sorprender en la oración, pero también en el autobús, en una enfermedad, o en la mirada de una persona querida.

No, no sabemos el día ni la hora. Tampoco el lugar. En este primer domingo de Adviento te invitamos a traer al corazón algún momento de encuentro con Dios que haya sido significativo en tu vida, ese momento, o momentos, que guardas como un tesoro.

Acércate a él, destápalo despacio, como quien saca un objeto valioso de su caja y contémplalo. Deja que haga vibrar tu corazón, que lo ponga en marcha para empezar este Adviento. No tengas prisa; saborea tu recuerdo. Y cuando termines, no lo guardes, déjalo visible. Sí, como un adorno navideño. O como ese objeto que solo tú y otra persona sabéis que tiene mensaje.

Los símbolos nos conectan con nuestra realidad más profunda, por eso ante ellos experimentamos algo más que recuerdos. Son aliento y confianza, experiencia que se renueva.

Oración.

Enciende, Trinidad Santa, en nosotras, esos recuerdos de tu paso por nuestras vidas, para que nuestro corazón pueda ser un lugar acogedor en el que vengas a nacer.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Él está adviniendo siempre.

domingo, 3 de diciembre de 2023
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jesus-meditando-600x400DOMIGO 1º DE ADVIENTO (B)

Mc 13,33-37

Estamos en el primer día del Nuevo Año litúrgico. El Adviento no es solamente un tiempo litúrgico, sino toda una filosofía de vida. Se trata de una actitud vital que tiene que atravesar toda nuestra existencia. Adviento viene de la palabra “adventum” del verbo “advenio” que no significa venir sin sobrevenir. Este matiz es muy importante, porque nos obliga a pensar en algo que se añade a lo que ya somos. Lo importante no es recordar la primera venida de Jesús; eso es solo el pretexto para descubrir que ya está aquí. Mucho menos prepararnos para la última, que solo es una gran metáfora.

Todo el AT está atravesado por la promesa y por la espera. Según el relato bíblico, Dios les va prometiendo lo que ellos más ansían. A Abrahán, descendencia; a los esclavos en Egipto, libertad; En el desierto, una tierra que mana leche y miel; cuando han conquistado Canaán, una nación fuerte y poderosa; cuando están en el Exilio, volver a su tierra; cuando destruyen el templo, reconstruirlo; en aquel momento librarles de los romanos. En el AT siempre les promete cosas terrenas porque es lo único que ellos esperan. Jesús promete algo muy distinto. «He venido para que tengan Vida y la tengan abundante.»

Según el AT Dios les puso la zanahoria delante de las narices o el palo en el trasero para hacerles caminar según su voluntad. Tomado al pie de la letra sería ridículo. Dios no puede hacer promesas para el futuro, porque ni tiene nada que dar ni tiene futuro. Las promesas de Dios son hechas por los profetas, para ayudar al pueblo a soportar momentos de adversidad. Nada de lo que anunciaron los profetas se cumplió en Jesús. Gracias a Dios, porque todos los textos están encaminados hacia una salvación material. Hoy podemos entender aquellas imágenes como metáforas de la verdadera salvación.

La clave del relato evangélico está en la actitud de los criados. Nos quiere decir que Dios está siempre viniendo. Él es “el que viene”. La humanidad vive un constante adviento, pero no por culpa de un Dios cicatero que se complace en hacer rabiar a la gente obligándola a infinitas esperas antes de darle lo que ansía. Estamos todavía en Adviento, porque estamos dormidos o soñando con logros superficiales, y no hemos afrontado con la debida seriedad la existencia. Todo lo que espero de Dios, lo tengo ya dentro de mí.

Vigilad. Para ver no solo se necesita tener los ojos abiertos, se necesita también luz. No se trata de contrarrestar el repentino y nefasto ataque de un ladrón. Se trata de estar despierto para afrontar la vida con una conciencia lúcida. Se trata de vivir a tope una vida que puede transcurrir sin pena ni gloria. Si consumes tu vida, dormido, no pasa nada. Esto es lo que tenía que aterrarte; que pueda transcurrir tu existencia sin desplegar las posibilidades de plenitud que te han dado. La alternativa no es salvación o condenación. Nadie te va a condenar. La alternativa es o plenitud humana o simple animalidad.

Pues no sabéis cuando es el ‘momento’. En griego hay dos palabras que traducimos al castellano por “tiempo”: “kairos” y “chronos”. Chronos significa el tiempo astronómico, relacionado con el movimiento de los cuerpos celestes. Kairos sería el tiempo psicológico, el momento oportuno para tomar una decisión. Por no tener en cuenta esta sencilla distinción, se han hecho interpretaciones descabelladas. En el evangelio que acabamos de leer, se habla de kairos. Naturalmente que el hombre, como criatura se encuentra siempre en el chronos, pero lo verdaderamente importante para él es vivir el kairos.

El punto clave de nuestra reflexión debe ser: ¿Esperamos nosotros la misma salvación que esperaban los judíos? Si es así, también nosotros hemos caído en la trampa. Jesús no puede ser nuestro salvador. La mejor prueba de que los primeros cristianos, verdaderos judíos, no estaban en la auténtica dinámica para entender a Jesús, es que no respondió a sus expectativas y creyeron necesaria una nueva venida. Esta vez sí, nos salvará de verdad, porque vendrá con “poder y gloria”. No os parece un poco ridículo. La médula de su mensaje es que la salvación que Dios nos ofrece está en la entrega y el don total.

Las primeras comunidades oraban: “Maranatha” (ven Señor). Vivieron la contradicción de una escatología realizada y otra futura. “Ya, pero todavía no”. “Ya” por parte de Dios, que nos ha dado ya la salvación. “Todavía no” porque seguimos esperando una salvación a nuestra medida y no hemos descubierto la verdadera salvación, que ya poseemos. Aquí radica el sentido del Adviento. Porque “todavía no” ha llegado la verdadera salvación, tenemos que tratar de adelantar el ya. Eso no lo conseguiremos si seguimos dormimos.

Luchar por un mayor consumismo y creyendo que en él está la verdadera salvación sería una trampa. Descubrir ese engaño sería estar despiertos. El ser humano sigue esperando una salvación que le venga de fuera, sea material, sea espiritual. Pero resulta que la verdadera salvación está dentro de cada uno. En realidad, Jesús nos dijo que no teníamos nada que esperar, que el Reino de Dios estaba ya dentro de nosotros. En este mismo instante está viniendo. Si estamos dormidos, seguiremos esperando.

La falta de encuentro se debe a que nuestras expectativas van en una dirección equivocada. Esperamos un Dios que llegue desde fuera. Esperamos actuaciones espectaculares por parte de Dios. Esperamos una salvación que se me conceda como un salvoconducto, y eso no puede funcionar. Da lo mismo que la espere aquí o para el más allá. Lo que depende de mí no lo puede hacer Jesús ni lo puede hacer Dios. Esta es la causa de nuestro fracaso. Seguimos esperando que otro haga lo que solo yo puedo hacer.

La religión me ofrece salvación, pero solo me salva de los lazos que ella misma me ha colocado. Dios es la salvación y ya está en mí. Lo que de Dios hay en mí es mi verdadero ser. No tengo que conseguir nada ni cambiar nada en mí auténtico ser, simplemente tengo que despertar y dejar de potenciar mi falso yo. Tengo que dejar de creer que soy lo que no soy. Esta vivencia me descentrará de mí mismo y me proyectará hacia los demás. Me identificaré con todo y con todos. Mi falso ser y mi individualidad serán disueltos.

El verdadero problema está en la división que encontramos en nuestro ser. En cada uno de nosotros hay dos fieras luchando a muerte: Una es mi verdadero ser que es amor, armonía y paz; otra es mi falso yo, que es egoísmo, soberbia, odio y venganza. ¿Cual de los dos vencerá? Muy sencillo y lógico. Vencerá aquella a quien tú mismo alimentes.

Como los judíos, seguimos esperando una tierra que mane leche y miel; es decir mayor bienestar material, más riquezas, más seguridades de todo tipo, poder consumir más… Seguimos pegados a lo caduco, a lo transitorio, a lo terreno. No necesitamos para nada la verdadera salvación o, a lo máximo, para un más allá. Si no sientes necesidad no habrá verdadero deseo, y sin deseo no hay esperanza. Hoy, ni los creyentes ni los ateos esperamos nada más allá de los bienes materiales. También Dios sigue esperando.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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¡Viene el Señor!

domingo, 3 de diciembre de 2023
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Mc 13, 33-37

«Velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa»

La Navidad es una de las dos cumbres del calendario litúrgico, y viene precedida de un tiempo de preparación para celebrarla mejor; el Adviento. Pero una celebración será importante para mí en la medida en que lo sea el hecho que se celebra, y cuanto más lo sea, más me afanaré en prepararla bien. Por tanto, me importará preparar bien la Navidad si lo que ocurre en ella es importante; y si no, no.

Pero ¿qué ocurre en Navidad?…

En Navidad celebramos el nacimiento de Jesús, su aniversario; podríamos decir que celebramos su cumpleaños, pero Jesús murió hace mucho tiempo y nadie celebra el cumpleaños de los muertos. Si lo seguimos celebrando es porque no está muerto, sino tan vivo en nosotros que lo consideramos parte de nuestra vida; porque la llegada de Jesús es algo que sucedió y que sigue sucediendo. Pero, ¿Quién es Jesús para mí? …  ¿Qué importancia tiene en mi vida?

Jesús es importante para mí porque es el que da sentido a mi vida. Porque en Jesús he descubierto que Dios no es un arcano inaccesible, sino que es Abbá, la madre que nos acompaña en esta vida y nos espera al otro lado de la muerte. En Jesús hemos aprendido que la forma de vivir es perdonando, compartiendo, compadeciendo, ayudando, sirviendo, trabajando por la paz y la justicia… y de Jesús hemos recibido una misión: ser sal, ser luz, ser semilla, ser levadura… para que el mundo tenga sabor, para que no camine en tinieblas, para que dé buena cosecha; para que de buenos frutos.

Jesús es para nosotros presencia de Dios salvador en el mundo, y al encontrarnos con él, nos estamos encontrando con Dios mismo. Y desde esta perspectiva, la Navidad cobra toda su importancia. Estamos celebrando que “Dios está con nosotros”, que ha apostado por nosotros, es decir, que la aventura humana —la mía en particular y la de del conjunto de la humanidad en general— tiene sentido, que nuestra vida es mucho más de lo que ven los ojos, que está pensada por Dios y que nuestro destino no es morir, sino Vivir.

La venida histórica de Jesús marcó una encrucijada para el pueblo de Israel, y también es una encrucijada para nosotros. Hay que elegir entre conformarse con esta vida, con sus valores y sus satisfacciones, y resignarse a morir… o no conformarse, fiarse de la Palabra de Jesús y aspirar a más, a más vida, a otros valores que el orín no puede corroer. Por eso, nosotros, la Iglesia, aprovechamos todos los años la Navidad para que Jesús vuelva a nacer con más fuerza en cada uno, para que conociéndole mejor, aceptándole más, creyendo más en él, nuestra vida se vaya trasformando todos los días y tenga sentido.

El Adviento es por tanto un tiempo de urgencia, de despertar si nos habíamos dormido, de avivar nuestra fe. ¡Viene el Señor! ¡Qué alegría! Dios está con nosotros, es nuestro aliado y nunca nos abandona.

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche

Fuente Fe Adulta

 

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Mirada apocalíptica en tiempos coyunturales.

domingo, 3 de diciembre de 2023
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IMG_1321Mc 13, 33-37

El relato de Mc 13,33-37 se inserta al final de un discurso llamado de género apocalíptico. En él se ven reflejados momentos que pueden ser críticos en la historia o también que son propicios para el desenlace de determinados acontecimientos. Este capítulo 13 se enmarca en una etapa ciertamente decisiva: comienza con la plausible destrucción de Jerusalén y está ubicado justo antes del complot para arrestar a Jesús. ¿Cómo vivir estas situaciones que conmueven las mismas bases religiosas? La respuesta apunta en primer lugar a la atención, a la observación vigilante e incluso la aceptación, tanto de los acontecimientos globales (caída del templo, guerras, destrucción…) como de los individuales (los azotarán, los entregarán…). En segundo lugar, el texto da pistas espirituales para vivir en estos momentos: la constancia, el cuidado recíproco, la confianza… son algunas de las actitudes para sobrellevar las situaciones conflictivas. Y, en tercer lugar, el relato agrega unas “tareas” (cf. Mc 13,34: “asignó a cada uno una tarea”) que se deben realizar durante este tiempo que tiene un plazo determinado y concreto.

Como venimos describiendo, el género apocalíptico es muy sugerente sobre todo para leer en momentos difíciles, por ejemplo, durante una pandemia o una guerra, o incluso con la cercanía de la muerte de algún ser querido. Los relatos apocalípticos desarrollan, explican, y hasta dan detalles acerca del devenir de los acontecimientos que son ciertamente coyunturales. Y además proponen cómo vivir y afrontar este tipo de situaciones: con atención a la realidad -sin huir de ellas-, con la mirada atenta y conscientes de que el desenlace está próximo -no durará mucho-.

Este texto de género tan marcadamente apocalíptico se proclama en la liturgia del tiempo de Adviento. Probablemente se debe a que la tradición de la Iglesia asocia el Adviento a un momento sumamente decisivo en la historia: la esperanza de una próxima y radical venida de Jesús. La Iglesia trae al recuerdo cómo los primeros cristianos, pasada la muerte de su maestro y aun percibiendo las señales de su resurrección, lo esperan y desean apasionadamente que vuelva. En este tiempo de esperanza era posible ser radicales en todas las opciones y acciones porque era “por poco tiempo”. La motivación para vivir los principios del Reino era exigente entonces y el tiempo estrechamente limitado. Como dice el relato de Marcos, al igual que un señor que se va de viaje y deja tareas a sus empleados, así también cada uno tiene una misión que cumplir, durante este “corto tiempo intermedio”. Pasados los años y las primeras generaciones, la esperanza se alarga, el tiempo se prolonga, y se espera que el Señor venga “pronto”, que «no tarde» (como rezan muchos himnos).

El Adviento pretende entonces volver a acortar el tiempo y sugiere afrontar la realidad con una mirada clara y profunda, podríamos decir desde la proximidad de un devenir que lo transforma todo. Los acontecimientos, todos ellos, han de leerse con ojos atentos, confiados e incluso vivirse con la radicalidad de un desenlace próximo. Atención a cada instante, a cada momento. La hondura del presente, siempre y en toda circunstancia, se consolida como el tiempo propicio para acoger una presencia próxima y transformadora. ¡Que este Adviento nos encuentre alerta!

Paula Depalma

Fuente Fe Adulta

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Vivir en la atención

domingo, 3 de diciembre de 2023
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IMG_1320Domingo I de Adviento

03 Diciembre 2023

Mc 13, 33-37

Algunas parábolas, probablemente por influjo de los responsables de las primeras comunidades, acabaron tomando un tono, no ya solo moralizante, sino incluso amenazador: el “dueño de la casa” podría aparecer en el momento menos pensado, dispuesto a castigar el menor descuido.

Es una pena, porque el tono moralizante y amenazador, no solo desvirtúa la sabiduría que la parábola contiene, sino que hace que sea desechada por una mente adulta.

La sabiduría se mueve en otra dirección: no hay que “velar” para que no nos castiguen, sino para vivir cada vez más en plenitud, es decir, en coherencia con lo que realmente somos.

Velar significa estar despierto, por contraposición al sueño, que es sinónimo de despiste, ignorancia y confusión, que acaban en sufrimiento. Así entendida, la parábola plantea esta cuestión: ¿quieres vivir despierto, consciente de quien eres, acogiendo la vida y permitiendo que la vida se viva en ti, o prefieres seguir sobreviviendo en la superficie, a merced de lo que suceda, ignorante de tu referencia interna o brújula interior?

Pues bien, lo que marca la diferencia entre vivir despierto o sobrevivir adormilado es la atención: eso significa la invitación a “velar”. Atención no es tensión, como alguien parece entenderla, sino todo lo contrario: descanso consciente apoyado en la confianza.

Vivir en la atención -la única manera de vivir con gusto y sentido- significa vivir en presente. Desde ahí, podemos recordar el pasado e incluso preparar el futuro, utilizar la mente -como una herramienta- cuando la necesitamos y comprometernos en procesos de cambio individual o colectivo. Peri nada de eso tiene por qué sacarnos del presente y, en último término, de la presencia que somos.

Vivir en la atención significa vivir en conexión con nuestra verdadera identidad, en ese “lugar” donde, más allá de los movimientos mentales y emocionales, experimentamos de manera estable la paz y la vida.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Nadie invocaba tu nombre, nadie salía del letargo (Isaías) … Como hoy

domingo, 3 de diciembre de 2023
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IMG_1560Del blog de Tomás Muro, La Verdad es libre:

Primer Domingo de Adviento (ciclo B)

01.- Adviento.

    Comencemos serena y esperanzadamente el Adviento. Es un tiempo de calma y de despertar la esperanza.

    Por mal que vayan las cosas, a pesar de nuestras propias limitaciones y debilidades, confiemos, “esperemos contra toda desesperanza” (S Pablo).

02.- Dios es nuestro Padre y nuestro libertador.

Es espléndida la primera lectura del libro de Isaías.

El pueblo de Israel se ha olvidado de Dios y vive a la deriva. Nadie invocaba tu nombre, nadie salía del letargo para adherirse a ti. Como siempre y como todos, como nuestro propio pueblo. Las Iglesias se van vaciando, nadie se acuerda de Dios…

Posiblemente muchos no estaréis de acuerdo, pero un pueblo que vive sin Dios, buscando simplemente crecer económicamente y subsistir, el “Friday black”, vegetar y porno en el móvil, no tiene futuro, porque no tiene esperanza en Dios Padre.

El profeta Isaías nos presenta un pensamiento y una forma de vida sana y liberadora: Dios es nuestro Padre y nuestro liberador.

Isaías tiene nostalgia y ora para que los cielos se rasguen  y Dios descienda sobre nosotros: que las nubes lluevan al justo. San Pablo, en la segunda lectura subraya la misma idea: aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo

La manifestación de JesuCristo ya ha acontecido: Jesús está ya en medio de nosotros y nos ha dicho que Dios es nuestro Padre y nuestro liberador.

03.- Esperamos a Cristo. Vivir en esperanza.

    El ser humano por naturaleza es un ser esperanzado.

     3.1. La esperanza es la materia de la que estamos hechos los seres humanos. El ser humano es esperanza.

Vivir es esperar. Esperanza es la relación de confianza que establezco con el futuro. Esperamos un futuro mejor del que actualmente somos y tenemos, sobre todo aguardamos un futuro absoluto y pleno, que es Dio: Padre y libertador.

Cuando no se confía en el futuro comienzan a abrirse brechas a la desesperanza, si no desesperación, lo cual comienza a ser más que problemático.

    El médico Laín Entralgo decía que el ser humano espera por naturaleza “algo” que no está en su naturaleza”. Estamos abiertos Dios, caminamos hacia Él fragmentariamente, con pequeños pasos, por lo que cualquier pequeño paso de verdad, de amabilidad, de ayuda, de esperanza, es enormemente valioso.

      3. 2. Segunda venida:

El Adviento (y toda la vida es un Adviento) es aguardar la “segunda” venida del Señor, es decir esperar  el encuentro personal y de toda la humanidad con quien ha dado sentido a la historia.

Este mundo y el hombre creado por Dios y redimido por Jesucristo no terminará en el vacío.

Somos barro, pero: Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú nuestro alfarero: todos somos obra de tu mano.

 En el Adviento de la vida Dios alentará en nosotros la esperanza cristiana, el aliento vital, el espíritu: todo acabará bien, en las manos de Dios.

       3.3. Velad, estad preparados:

Vivamos lúcidos y despiertos. ¡Alegres en la esperanza! La esperanza de lo que aguardamos es la alegría del presente. Lo decisivo en la vida no es lo que tenemos, sino lo que esperamos.

El Señor viene a concluir la historia. Él es nuestra fortaleza. Esperemos contra toda esperanza.

Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú nuestro alfarero: todos somos obra de tu mano.

Ven pronto, Señor.

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15 de Agosto. Asunción de la Virgen María: “El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes”

lunes, 15 de agosto de 2022
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corazonmariaDe Koinonia:

Apocalipsis 11,19a;12,1.3-6a.10ab: Una mujer vestida del sol, la luna por pedestalSe abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario.
Salmo responsorial: 44. De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.
1Corintios 15,20-27a: Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo.
Lucas 1,39-56: El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes.

La primera lectura nos enseña a mostrar las señales con que Dios invita a la esperanza. Aparece la lucha a muerte del dragón contra la mujer y su descendencia (Cristo y los cristianos). La aparición del arca de la alianza de Dios (cf. Nm 10,33-36); 1Sam 4,6-7) señala el hoy de la presencia de Dios en medio de los seres humanos, ya derrotados el pecado y el mal (21,3). Las dos señales que aparecen en el cielo, la mujer y el dragón, deben ser interpretadas por la asamblea litúrgica en el espacio-tiempo. La mujer es el pueblo de Dios; es más, representa la asamblea del pueblo de Dios reunida ya, ahora y aquí, en la Eucaristía dominical. El dragón es el mal, que actúa insertándose en la historia humana, y sobre todo desde los centros de poder (las siete cabezas con siete diademas), para intentar destruir la unidad y la comunión de la asamblea dominical (arroja a la tierra parte de las estrellas). El poder de este mundo se opone al alumbramiento de la mujer (se opone a Cristo) y quiere destruir su fruto (los cristianos). El Cristo elevado y sentado en el Trono de Dios señala la derrota de Satanás. La Iglesia en el desierto, huye del mal y es sostenida por Dios, como Jesús. La glorificación de Cristo, una vez para siempre, es la garantía que nunca jamás nada impedirá que El sea dado a luz por la asamblea eucarística dominical en el hoy, en el espacio-tiempo, hasta su venida en la plenitud de la gloria. María asunta es figura de la Iglesia, tanto la celestial como la que camina dando a luz a Cristo para el ser humano de hoy, y prefigura la victoria final de toda la Iglesia con Cristo, por él y en él.

La segunda lectura nos presenta la afirmación central sobre la resurrección de Cristo y de los muertos: Cristo no es un cadáver que revive, sino que es le Resucitado (el vencedor de la muerte) que causa la resurrección de los muertos. Cristo ha derrotado la muerte (la vencedora de la vida) en su propio terreno, la ha destituido (le ha arrebatado todo su poder sobre la vida), a fin de liberar a todos los que estaban bajo su poder. Cristo resucitado garantiza la resurrección de todos los muertos. Conviene notar el paralelismo alternado: por un ser humano, la muerte; por otro ser humano, la resurrección de los muertos; en Adán, todos murieron; en Cristo, todos vivirán. En definitiva, Pablo afirma que el don de la vida se da en la resurrección de Cristo. María, al frente de los que son de Cristo (15,23), goza de la vida de la gloria del Reino y ya celebra la destitución del único y último enemigo: la muerte.

La escena evangélica de hoy se centra en el encuentro de las dos madres y de sus respectivos niños, en la continuidad del designio de Dios (AT y NT), une teológicamente los relatos paralelos de la infancia de Juan (el último profeta del AT) y de Jesús. Y es el Espíritu quien marca esta continuidad. Toda la escena rebosa de teología, y para que no se pierda ni un ápice, Lucas la concluye con el mutis de María (1,56). En este encuentro, Lucas pone en boca de María este himno judeocristiano (1,47-55), que se inspira en el cántico de Ana (1Sam 2,1-10) y en toda la tradición bíblica (sobre todo de los salmos). Himno que expresa la fe y la esperanza de los pobres y humildes del pueblo de Dios. Son los «hijos de Sión», «los pobres del Señor», quienes, en María y con ella, alaban a Dios por las grandes obras que ha hecho en ellos/en ella (1,46-49), por lo que hace en su favor (1,50-53) y, finalmente, por su amor misericordioso a favor de Israel, en conexión con las promesas realizadas y selladas con la bendición de Abraham y a su descendencia (1,54-55). María es también hija de Abraham. Así, en María, en este encuentro entre el AT y el NT, se une la espera con la realización y, al mismo tiempo, se manifiesta la predilección histórica del Señor de Abraham y de María por los pobres de todos los tiempos.

Hoy celebramos la «asunción gloriosa» de María. No se trata de ninguna elevación vertical, de ninguna traslación física, de ningún viaje sideral. No fue ascensión real, física, la «ascensión» de Jesús; mucho menos será asunción física la asunción de María. Esa «asunción gloriosa» es una manera de hablar, que quiere decir algo, algo importante, pero no precisamente un traslado físico, un sentido literal inmediato de las palabras. Podemos –y deberíamos– ser creyentes de hoy, maduros, conscientes del valor simbólico y metafórico de muchas de las expresiones clásicas de nuestra fe. Valor «simbólico», «metafórico», no significa, en absoluto, falta de valor, carencia de sentido, ausencia de contenido. Muy al contrario. Significa que la verdad expresada es una verdad profunda, no susceptible de ser expresada con palabras fáciles, descriptivas, meramente referenciales de lo físico o material.

Nuestra fe expresa que en María Dios ha dignificado a todos los seres humanos, en especial a las mujeres, convirtiéndolos en plenos participantes de su obra salvífica. El ser humano había echado a perder los planes de Dios con opresiones, violencias y desigualdades. Dios, en Jesús, llama el mundo al nuevo orden, donde todos los seres humanos son igualmente dignos y de este modo se inaugura una nueva era de plenitud.

La fiesta de la «asunta», como la llama el pueblo cristiano en muchos lugares de América Latina, nos invita a vivir en el presente el futuro de Dios. María vivió su existencia como una manifestación de la obra salvadora de Dios. No hubo momento de su humilde existencia en el que el amor misericordioso del padre no se hiciera solidaridad, misericordia y compasión con todas las personas que, como ella, vivían situaciones de pobreza y exclusión. María encarnó todos aquellos valores que nos permiten comprender como el futuro de Dios se manifiesta en las limitaciones de nuestro presente. María nos invita a vivir gozosamente la vida como un encuentro permanente con el Dios de la vida y la historia que realiza su obra redentora en las miserias de nuestro mundo y en las limitaciones de nuestra existencia.

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Cristo Rey: ¿La fiesta sagrada oficial de los católicos LGBTQ?

lunes, 22 de noviembre de 2021
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imageLa reflexión de hoy es de Michaelangelo Allocca, cuya breve biografía se puede encontrar haciendo clic aquí.

Las lecturas litúrgicas de hoy para la solemnidad de Cristo Rey se pueden encontrar haciendo clic aquí.

Propongo que la Solemnidad de Cristo Rey se convierta en la fiesta sagrada oficial de la comunidad católica LGBTQ. Antes de que me aten a la estaca y se encienda un fuego bajo mis pies, permítanme un minuto para explicarme.

Soy muy consciente de que muchos (incluido yo mismo) que nadan en el extremo más progresista y orientado a la justicia del grupo católico se sienten incómodos con la fiesta de hoy. Incluso con el ajuste fino teológico aplicado para explicarlo, una imagen tan triunfalista y monárquica del Salvador es muy problemática.

Pero este aspecto problemático es clave en mi propuesta de que nuestra comunidad tome como patrón a Cristo Rey… de la Ironía. Celebrar a Cristo como “rey” es el epítome de la ironía, y por eso, diría yo, es la posición de las personas LGBTQ en la Iglesia Católica: absolutamente central y esencial, pero abominablemente irrespetada y marginada.

Las lecturas litúrgicas de hoy resaltan la ironía del título de «Rey». Como algunas otras fiestas (la Asunción; la Inmaculada Concepción), las lecturas no hablan explícitamente sobre el tema del día, ya que no hay escrituras que hablen directamente sobre él. Hoy escuchamos un salmo real que describe a Dios como un rey «vestido de majestad» y el título mesiánico de «Hijo del Hombre» en la profecía de Daniel. Escuchamos la visión de Apocalipsis que describe a Jesucristo gobernando después de su muerte, lo que solo llama la atención de que durante su vida, Jesús nunca aceptó el título de rey.

Sí, se llamó a sí mismo «Hijo del Hombre», que tenía asociaciones mesiánicas. Pero esto es lo más cerca que estuvo de llamarse a sí mismo rey, y en realidad no está tan cerca. El Mesías sugirió «rey» a muchos judíos en ese momento. La palabra significa literalmente “ungido”, como lo eran los reyes; pero también fueron ungidos sacerdotes, e incluso ocasionalmente profetas. Más concretamente, Jesús mismo dejó en claro que «rey» no era la forma en que entendía su papel como mesías.

Plutarco y Shakespeare dijeron que muchos estaban impresionados por la humildad mostrada por Julio César al rechazar una corona tres veces. Pero esto es algo estrictamente amateur comparado con la persistencia de Jesús en rechazar los esfuerzos por coronarlo. En el evangelio de hoy, Pilato le pregunta sin rodeos si él es «un rey«, y específicamente, «rey de los judíos». Jesús da un paso lateral o redirige la pregunta; los lectores del evangelio de Juan se preguntan si el “tú lo dices” de Jesús es un “sí” tácito o simplemente un exasperado, “no tienes idea de lo que soy en realidad, y esa palabra probablemente se acerca más a tu vocabulario, así que seguro, multa.»

En varios puntos de los evangelios, Jesús evade y rechaza repetidamente los esfuerzos por convertirlo en rey; y, sin embargo, es precisamente el cargo de pretender ser rey lo que se utiliza para que sea condenado por un delito capital. Es una de las mayores ironías en la historia de la Iglesia que el título que Jesús evitó enérgicamente en vida, y que se convirtió en el instrumento de su muerte, se le fijó póstumamente y se perpetuó en esta fiesta.

Y por eso propongo que nosotros, como católicos LGBTQ, nos identifiquemos con este epítome contraintuitivo de ironía, debido a la ironía de nuestro estatus dentro de la iglesia. Dudo que tenga que convencer a alguien de que, a pesar de que el Papa Francisco avanza en la dirección correcta, gran parte de la Iglesia todavía apenas tolera (si es que eso) nuestra presencia. Casi todas las semanas trae una nueva historia de un maestro en una escuela católica, o un organista parroquial, que fue despedido debido a su condición públicamente gay, ya que ‘no se ajusta a la enseñanza de la Iglesia’. Pero como se ha señalado durante mucho tiempo, elimine todo los empleados homosexuales y no tendrías escuelas católicas; Elimina a todos los músicos alegres, y las iglesias estarían en silencio. Y, por supuesto, ¿cuántos sacerdotes quedarían si todos los homosexuales fueran despedidos?

A principios de este mes, el pastor de una parroquia de Chicago escribió una columna en el National Catholic Reporter declarando rotundamente que su parroquia bien podría haberse derrumbado por la pandemia, si no fuera por los heroicos esfuerzos de sus miembros LGBTQ. Este pastor está afirmando la irónica verdad de que posiblemente la comunidad más despreciada y menospreciada de la Iglesia es quizás su mayor fortaleza y su alma.

El Salvador que siempre se puso del lado de los pobres y oprimidos, que estuvo a punto de ser asesinado en la infancia por un rey, que fue ejecutado por un imperio, es celebrado todos los años como «el Rey». Cuando imagino a Jesús riéndose de esta divina ironía, no tengo ninguna duda de que estaría encantado si hiciéramos de esta nuestra fiesta religiosa especial.

—Michaelangelo Allocca, 21 de noviembre de 2021

Fuente New Ways Ministry

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“Testigos de la Verdad”. Jesucristo, Rey del universo – B (Juan 18,32-37)

domingo, 21 de noviembre de 2021
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55_34_TO_B_1480687El juicio tiene lugar en el palacio donde reside el prefecto romano cuando acude a Jerusalén. Acaba de amanecer. Pilato ocupa la sede desde la que dicta sus sentencias. Jesús comparece maniatado, como un delincuente. Allí están, frente a frente, el representante del imperio más poderoso y el profeta del reino de Dios.

A Pilato le resulta increíble que aquel hombre intente desafiar a Roma: «Con que, ¿tú eres rey?». Jesús es muy claro: «Mi reino no es de este mundo». No pertenece a ningún sistema injusto de este mundo. No pretende ocupar ningún trono. No busca poder ni riqueza.

Pero no le oculta la verdad: «Soy rey». Ha venido a este mundo a introducir verdad. Si su reino fuera de este mundo tendría «guardias» que lucharían por él con armas. Pero sus seguidores no son «legionarios», sino «discípulos» que escuchan su mensaje y se dedican a poner verdad, justicia y amor en el mundo.

El reino de Jesús no es el de Pilato. El prefecto vive para extraer las riquezas de los pueblos y conducirlas a Roma. Jesús vive «para ser testigo de la verdad». Su vida es todo un desafío: «Todo el que es de la verdad escucha mi voz». Pilato no es de la verdad. No escucha la voz de Jesús. Dentro de unas horas intentará apagarla para siempre.

El seguidor de Jesús no es «guardián» de la verdad, sino «testigo». Su quehacer no es disputar, combatir y derrotar a los adversarios, sino vivir la verdad del evangelio y comunicar la experiencia de Jesús, que está cambiando su vida.

El cristiano tampoco es «propietario» de la verdad, sino testigo. No impone su doctrina, no controla la fe de los demás, no pretende tener razón en todo. Vive convirtiéndose a Jesús, contagia la atracción que siente por él, ayuda a mirar hacia el evangelio, pone en todas partes la verdad de Jesús. La Iglesia atraerá a la gente cuando vean que nuestro rostro se parece al de Jesús, y que nuestra vida recuerda a la suya.

José Antonio Pagola

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“Tú lo dices: soy rey.” Domingo 21 de noviembre de 2021. Domingo 34 del tiempo ordinario. Fiesta de Cristo Rey

domingo, 21 de noviembre de 2021
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61-ordinarioB34 cerezoLeído en Koinonia:

Daniel 7, 13-14: Su dominio es eterno y no pasa.
Salmo responsorial: 92: El Señor reina, vestido de majestad.
Apocalipsis 1, 5-8: El príncipe de los reyes de la tierra nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios.
Juan 18, 33b-37: Tú lo dices: soy rey.

Problemática pastoral concreta de la festividad de Cristo Rey

Vamos a comenzar removiendo obstáculos, porque hay problemas respecto a los posibles significados de esta fiesta. Veamos algunos:

a) El origen de esta fiesta y su contexto original. Esta fiesta fue establecida en un contexto anterior al Vaticano II, en 1925, por Pío XI, y con un espíritu muy cercano al de cristiandad, cuando el Vaticano expresaba claramente su deseo de que el cristianismo fuera la religión oficial, la religión de los Estados cristianos. Al confesar a Cristo como Rey universal se quería con ello vehicular el deseo de que también la Iglesia fuese testigo y participante ya aquí en la tierra de esa realeza: una realeza de Cristo reconocida, redundaba inevitablemente en una Iglesia respetada, favorecida por el Estado, con alto estatus en la sociedad, fuerte y organizada, que aunque no podía ya revestirse de poder político temporal, al menos podía participar de él por una relación estrecha y armoniosa con los poderes sociales. Durante mucho tiempo, el título de “Cristo Rey”, el “reinado social del Corazón de Jesús”… incluyeron esos aspectos de autoencumbramiento de la Iglesia, olvidando que la práctica de Jesús de Nazaret fue muy distinta, incluso totalmente contraria.

b) El concepto de Reino-monárquico. El Reino no es hoy día la forma más frecuente de organización sociopolítica. La mayor parte de los países son repúblicas, de diferentes rostros, y los reinos que persisten, ya no lo son en su forma clásica, sino en adaptaciones a la cultura política actual (por ejemplo las monarquías “parlamentarias”) que, al superarla, niegan en el fondo la esencia misma de lo que era un “reino”.

Aun siendo conscientes de la limitación inevitable que todo lenguaje teológico tiene por su misma naturaleza analógica, figurada, simbólica, apofática… cada vez más se viene insistiendo en que la palabra “reino” no sería la más adecuada para expresar la utopía bíblico-mesiánica del Reino de Dios, porque en esta altura de la historia la palabra «Reino» ya no expresa una forma de organización sociopolítica deseable para los humanos. Cada vez se evidencia más la dificultad de hablar de Dios (y de Cristo) como “rey”, y de su proyecto escatológico como un “reino”. ¿Estamos seguros de que un reino, una monarquía, podría ser una analogía del “Reino de Dios” realizado? La realización del reino de Dios, ¿no exigiría la superación de muchos aspectos de lo que es una monarquía, un “reino”? Acaso una comunidad, ¿puede ser comparada con un «reino», con una «monarquía»? ¿Y una familia?

Pablo Suess viene proponiendo la expresión “democracia participativa del RD” para corregir la evocación que el término clásico conlleva. Ya sabemos que no se puede simplemente sustituir una expresión por otra, pero es bueno aludir con frecuencia a esa insuficiencia de la expresión clásica, para hacer caer en la cuenta a los oyentes, y para liberar al contenido (el Reino mismo, el significado), de las limitaciones del significante (una palabra no completamente adecuada).

Para hablar del Reino puede ser mejor hablar del Proyecto, de la Utopía de Dios… que hacemos nuestra: queremos «construir la Democracia de Dios, cósmica, pluralista, inclusiva, y por eso, amorosa, encarnación viva del Dios de los mil rostros, colores, géneros, culturas, etnias, sentidos…».

c) Connotación de género en la palabra “Reino”.

Es útil saber que en el ámbito de la teología feminista angloparlante se rechaza también la expresión (God’s Kingdom), a causa de su machismo larvado (kingdom alude directamente a king, no a queen…). En castellano no tenemos ese problema en esta expresión, pero el saber que existe en otras lenguas invita a prevenirlo en su uso consciente.

Los grandes temas de la fiesta de hoy y de la semana

Hay varios grandes temas que podrían servir para orientar la reflexión de la homilía o la reflexión del círculo bíblico o la comunidad cristiana en torno a los textos de este domingo. Habrá que elegir entre ellos. Aquí sólo los apuntamos:

a) El Reino de Dios, como contenido del mensaje de Jesús. Jesús nunca se proclamó Rey: nada más lejos de Él. Lo que Jesús hizo fue ponerse al servicio total del Reino, de forma que éste fue el centro mismo de su predicación y de su vida, la Causa por la que dio la vida. Importa pues hacer honor a la identidad verdadera de Jesús: Él no fue rey, ni lo quiso ser nunca, por mucho que algunos cristianos crean que llamándolo así lo honran… La intención puede ser buena, pero el título que de hecho se le atribuye no podría ser de su agrado.

Jesús habló del Reino, fue su servidor y su mensajero, pero sus seguidores se olvidaron del Reino. y lo constituyeron a él como el Reino mismo, como el Rey… El mensaje fue sustituido por el mensajero. Jesús nos indicaba el Reino, como la Causa por la que estaba apasionado y por la que dio su vida, y un buen grupo de seguidores se olvidaron de esa causa, y se enamoraron de Jesús. Es preciso volver a Jesús, y su Causa…

Para hablar concretamente del Reino es bueno reparar en el texto del prefacio de esta fiesta, que da una «descripción» muy plástica de su contenido. Esa idea fue recogida en el conocido estribillo del Salmo 71 del compositor Manzano, que dice: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia… es Paz… es Gracia… es amor, ¡venga a nosotros tu Reino, Señor». Bien glosada, y debidamente justificada esa perspectiva teológica, puede ser un buen guión para la homilía. Y no debería faltar ese canto en la celebración de hoy.

b) La relación entre cristocentrismo y reinocentrismo. Una cierta interpretación de esta fiesta –muy común por lo demás en el cristianismo en general– propicia un cristocentrismo exagerado, absoluto, que no hace justicia a la verdad de la revelación, al mensaje real de Jesús, a lo que Jesús realmente dijo, no a lo que después dijeron que había dicho. Importa pues pastoralmente discernir una «correcta jerarquía de valores», que la teología de la liberación fue la primera que dio en llamar “reinocentrismo”, con tal fuerza de persuasión, que no hay teología ni espiritualidad honesta que se puedan resistir.

c) El mesianismo de Jesús. La aclamación o la espera de Jesús como Rey se dio en el contexto del mesianismo: se esperaba un liberador. Hoy la postración es tal que ni siquiera se espera nada, pudiendo hacer de la aclamación de Jesús como Rey algo bien alejado de lo que el mesías supuso realmente para los que lo esperaron.

d) La dimensión escatológica: el final de los tiempos, nuestro ineludible caminar en la historia, el “juicio final”… El final del año litúrgico nos hace tematizar en nuestra reflexión el final mismo de la historia, y el final también de nuestras vidas personales. Pero ya en un contexto mental diferente, en el que sabemos que nuestra aventura humana no es la razón del cosmos, que el mundo no acabará el día que Dios decida acabar el ciclo de la humanidad y pasar a la vida eterna, y que no se trata de que estemos aquí para una prueba que se verificará en el día del juicio final, tras lo cual iríamos al cielo o al infierno… Leer más…

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21.11.21.Domingo de Cristo Rey. Pilato le preguntó: ¿Eres el rey de los judíos? Jesús respondió: Para eso he nacido y he venido al mundo; para ser testigo de la verdad (Jn 18, 33-37).

domingo, 21 de noviembre de 2021
Comentarios desactivados en 21.11.21.Domingo de Cristo Rey. Pilato le preguntó: ¿Eres el rey de los judíos? Jesús respondió: Para eso he nacido y he venido al mundo; para ser testigo de la verdad (Jn 18, 33-37).

0BE201FB-A8FF-480B-9374-20D457608119Del blog de Xabier Pikaza:

El texto es algo más complejo, pero esas son sus palabras centrales: El Reino de Dios consiste en decir/hacer la verdad. No se trata de expresar una verdad que ya existía fuera, en un tipo de cielo independiente de la tierra, sino de hacerse (ser-vivir) en verdad.

1) Muchos pensaron (y siguen pensando) que Jesús debería ser como David, Alejando, César o Napoleón: conquistador guerrero, creador de dinastía eterna de reyes triunfadores. Pero se equivocaban. Ni esos fueron reyes de verdad, ni Jesús fue rey por armas o dinero, sino por ser testigo de la verdad y así le mataron, pero fue y sigue siendo rey verdadero.

2) Así le presenta el evangelio de Juan como Cristo-rey ante Pilato, representante del César Augusto de Roma. Fue y sigue siendo Rey en el sentido más alto, en un mundo como el nuestro (año 2021) donde (en nombre de Dios, de la paz, del orden mundial, del capital o del progreso) se siguen inventando e imponiendo reinos de muerte, imposición y mentira. Un día como hoy se sigue crucificando  a muchos hombres y mujeres simplemente porque son testigos de la verdad, como Jesús.  

Juan 18, 33b-37

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?» Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?» Jesús le contestó:

«Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.» Pilato le dijo: «Conque, ¿tú eres rey?» Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»

Interpretación básica: soy rey. para eso he nacido y para eso he venido: para dar testimonio de la verdad ( jn 18, 37)

 Juan Bautista de Jerusalén había sido profeta del juicio de Dios, y así pensaba que este mundo debía pasar por el fuego (siendo destruido por el hacha y huracán), a fin de que surgiera después un mundo distinto, para un grupo pequeño de liberados (Mt 3, 1-10 par), el Reino de Dios. Augusto o Tiberio de Roma era entonces Rex, gran Basileus por imponer su dominio militar (imperium) sobre todo el mundo conocido.

 Jesús, en cambio, no anunció un como Bautista, ni conquistó un imperio con legiones como Augusto, sino que inició un programa de liberación por la verdad, anunciando y preparando así la llegada del Reino de Dios para todos los que buscan y aceptan la verdad (cf. Mc 1, 14-15).

La respuesta del Bautista era más fácil: Dios había fracasado con el mundo y debía destruirlo, para crear después uno distinto (con hombres limpios, ya purificados). La respuesta de César Augusto era más visible: Las legiones de su imperio se extendían por todos los caminos como testimonio de un imperio mundial, llamado a extenderse sobre el orbe de la tierra.

Jesús, en cambio, se atrevió a pregonar y anunciar la verdad (ser verdadero) ese un mundo que parecía condenado, para crear de esa manera el Reino de Dios que es la Verdad, desde los pobres y excluidos.

            De esa forma, en un mundo como aquel, obsesionado por pecados, faltas e impurezas, en un tiempo en que el templo de Jerusalén funcionaba como máquina de expiación y purificaciones, al servicio de la remisión de los pecados, dentro de un imperio obsesionado por perfeccionar su máquina militar, Jesús vino a presentarse como un hombre de Dios, había enviado para dar testimonio de la verdad, anunciando de esa forma la llegada de un Reino en el que todos los hombres y mujeres serían “reyes”, seres libres, abiertos a Dios, comunicándose entre sí, por amor y salud, en la la Verdad.

 Ciertamente, habló de la llegada del Reino, pero no en sentido de dominio económico, social o militar, sino de servicio mutuo, de establecimiento de la vedad por el amor. Por eso no vino anunciando una guerra apocalíptica, ni la destrucción de los perversos, sino sembrando humanidad, desde Galilea, ofreciendo a los enfermos, marginados y pobres la Palabra, pues otros se habían apropiado de ella, dejándoles sin nada, sin riqueza ni semilla humana. Quiso así que todos fueran reyes, en un Reino fundado en la verdad Dios y en la fraternidad entre los hombres.

No sabía de antemano la forma en que vendría ese Reino (ni qué día), pero estaba seguro de que había comenzado a revelarse, y que culminará muy pronto, desde Galilea, transformando a los artesanos y pobres, a los expulsados y enfermos de las aldeas de su tierra, que se convertirán en portadores de la Verdad de Dios.

No quiso ni pudo evocar sus detalles, pero estaba convencido de que el Reino estaba viniendo a través de campesinos, artesanos y pobres, a quienes él concibió como portadores de la verdad de Dios, para culminar así la obra de la creación (Gen 1). No fue a las ciudades mayores de Galilea (Séforis, Tiberíades) o de su entorno helenista (Tiro, Escitópolis, Gadara, Gerasa, Damasco), pues, aunque en ellas había muchos pobres, su núcleo dominante se hallaba pervertido, al servicio del poder.

Así inició su marcha entre las aldeas de Galilea, con la certeza de que Dios le enviaba a recoger y transformar a las “ovejas perdidas” (cf. Mt 10, 6), para iniciar con ellas un movimiento al servicio de la Verdad de Dios (que es el Reino), para Israel y para la humanidad entera.

 En esa línea debemos superar un gran malentendido, propio de aquellos que creen que el Reino de Dios vendría de repente, a través de algún tipo de estallido espectacular, como la descarga de un rayo que brilla en el horizonte y sacude la tierra de repente (cf. Mt 24, 27), sin que los hombres puedan hacer nada para impedirlo. Ciertamente, en un sentido, la llegada del Reino será como relámpago que alumbra y transforma de pronto el espacio y tiempo de los hombres. Pero en otro ha de entenderse como resultado de un proceso que habían puesto en marcha los profetas y que Jesús ha ratificado y acelerado con su vida, siendo testigo de la verdad de Dios.

Jesús no fue inventor de empresas productoras, ni organizó nuevos mercados laborales, como los que estaban imponiendo en aquel tiempo los magnates de Galilea, ni promotor de una alternativa política, pero hizo algo mucho más profundo y duradero: Inició desde (con) los pobres (enfermos, excluidos) de su entorno un camino de humanidad, es decir, de Reino de Dios, siendo así testigo de la verdad de Dios y de su vida entre los hombres.

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Domingo 34. Ciclo B. Fiesta de Cristo Rey

domingo, 21 de noviembre de 2021
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J026_PantocratorDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Como la Iglesia siempre va por sus caminos, el próximo domingo termina el año litúrgico, con más de un mes de anticipación al año civil. Los domingos posteriores los dedicaremos a preparar la Navidad (tiempo de Adviento) y a celebrarla. Pero ahora nos toca cerrar el año, y la Iglesia lo hace con la fiesta de Cristo Rey.

Motivo y sentido de la fiesta

No se trata de una fiesta muy antigua, la instituyó Pío XI en 1925. Por eso, cuando se buscan imágenes de Cristo Rey en Internet, aparece una serie de estampitas horribles, de pésimo gusto, en las que siempre lleva una corona en la cabeza. En cambio, el arte románico y el gótico, cuando representan a Jesús en majestad lo hacen como Maestro, con la mano derecha levantada en señal de enseñar, no como Rey.

            ¿Por qué quiso Pío XI subrayar este aspecto? Para comprenderlo hay que recordar la fecha de la institución de la fiesta: 1925. La Primera Guerra Mundial ha terminado hace siete años. Alemania, Francia, Italia, Rusia, Inglaterra, Austria, incluso los Estados Unidos, han tenido millones de muertos. La crisis económica y social posterior fue tan dura que provocó la caída del zar y la instauración del régimen comunista en Rusia en 1917; la aparición del fascismo en Italia, con la marcha sobre Roma de Mussolini en 1922, y la del nazismo, con el Putsch de Hitler en 1923. Mientras en los Estados Unidos se vive una época de euforia económica, que llevará a la catástrofe de 1929, en Europa la situación de paro, hambre y tensiones sociales es terrible.

            Ante esta situación, Pío XI no hace un simple análisis socio-político-económico. Se remonta a un nivel más alto, y piensa que la causa de todos los males, de la guerra y de todo lo que siguió, fue el “haber alejado a Cristo y su ley de la propia vida, de la familia y de la sociedad”; y que “no podría haber esperanza de paz duradera entre los pueblos mientras los individuos y las naciones negasen y rechazasen el imperio de Cristo Salvador”. Por eso, piensa que lo mejor que él puede hacer como Pontífice para renovar y reforzar la paz es “restaurar el Reino de Nuestro Señor”. Las palabras entre comillas las he tomado del comienzo de la encíclica Quas primas, con la que instituye la fiesta.

            La posible objeción es evidente: ¿se pueden resolver tantos problemas con la simple instauración de una fiesta en honor de Cristo Rey?, ¿conseguirá una fiesta cambiar los corazones de la gente? Los noventa años que han pasado desde entonces demuestran que no.

            Por eso, en 1970 se cambió el sentido de la fiesta. Pío XI la había colocado en el mes de octubre, el domingo anterior a Todos los Santos. En 1970 fue trasladada al último domingo del año litúrgico, como culminación de lo que se ha venido recordando a propósito de la persona y el mensaje de Jesús.

            Ahora, la celebración no pretende primariamente restaurar ni reforzar la paz entre las naciones sino felicitar a Cristo por su triunfo. Como si después de su vida de esfuerzo y dedicación a los demás hasta la muerte le concedieran el mayor premio.

Las lecturas

            La primera lectura, de Daniel, anuncia el triunfo del Hijo del Hombre, que recibe el poder y la gloria.

Yo seguía contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el anciano y fue llevado a su presencia. A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás.

            La segunda, del Apocalipsis, llama a Jesús “Príncipe de los reyes de la tierra”. Pero no se considera por encima de nosotros ni lejos de nosotros. “Nos ama y nos ha lavado con su sangre”, y nos hace compartir su dignidad convirtiéndonos en un “reino de sacerdotes”. Tras la desaparición de la monarquía judía, esta expresión significaba que el pueblo estaría regido por sacerdotes. El Apocalipsis lo enfoca de manera distinta: no exalta el poder de los sacerdotes, sino el carácter sacerdotal del pueblo de Dios.

Y de parte de Jesucristo, el Testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados y ha hecho de nosotros un Reino de Sacerdotes para su Dios y Padre, a él la gloria y el poder por los siglos. Amén. Mirad, que viene acompañado de nubes; todo ojo le verá, hasta los que le traspasaron, y por él harán duelo todas las razas de la tierra. Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, Aquel que es, que era y que va a venir, el Todopoderoso.

            La tercera, del evangelio de Juan, ofrece una visión más crítica de la realeza. Es un auténtico interrogatorio, en el que Pilato formula cuatro preguntas; pero Jesús no es un acusado que se limita a responder. A la primera pregunta responde con otra pregunta casi insultante para un prefecto romano. A la segunda, “¿Qué has hecho?”, tampoco responde. Se remonta a la pregunta inicial de Pilato sobre si es el rey de los judíos, y se expresa de forma tan desconcertante, hablando de “un reino que no es de aquí”, que a Pilato no le quedan las ideas claras. Su pregunta final no es “¿Eres tú el rey de los judíos”, sino “¿Luego tú eres rey?”. La dimensión nacionalista desaparece; lo importante es la realeza misma de Jesús. Después de lo anterior, lo lógico sería que Jesús se limitase a responder: “Sí, soy rey”. En cambio, añade algo absolutamente nuevo: no ha venido a gobernar, ni a recibir honor y gloria, sino a dar testimonio de la verdad. Si recordamos que él es “el camino, la verdad y la vida”, Jesús ha venido a dar testimonio de sí mismo, a darse a conocer, a demostrar a la gente que “tanto amó Dios al mundo, que le dio a su hijo unigénito”. Un testimonio por el que lo acusarán de blasfemo y que, entre otros motivos, le costará la vida.

Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: “¿Eres tú el Rey de los judíos?” Respondió Jesús: “¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?”  Pilato respondió: “¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?” Respondió Jesús: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí.” Entonces Pilato le dijo: “¿Luego tú eres Rey?” Respondió Jesús: “Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.”

Reflexión personal

 Generalmente esperamos de la homilía que nos ilumine y nos anime a ser mejores, a vivir de acuerdo con la enseñanza y el ejemplo de Jesús. Y esto es esencial si tenemos en cuenta las últimas palabras del evangelio: “Todo el que es de la verdad escucha mi voz”. Pero la fiesta de Cristo Rey nos invita también a felicitar, dar la enhorabuena a quien tanto ha hecho por nosotros.

Al mismo tiempo, el sentido primitivo de la fiesta encaja perfectamente con la situación que vivimos hoy de problemas sociales, políticos y económicos. No podemos ser ingenuos en las soluciones, pero tampoco podemos negarle la razón a Pío XI: si el mundo viviese de acuerdo con el evangelio, otro gallo nos cantaría.

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Jesucristo Rey del Universo. Último Domingo del Tiempo Ordinario. 21 de Noviembre de 2021

domingo, 21 de noviembre de 2021
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“Tú lo dices: Soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.”

(Jn 18, 33-37)

Jesús es Rey. Hoy celebramos precisamente eso: Jesucristo Rey del Universo. Pero hay que reconocer que después de tantos reyes (¡y de tantos tiranos!) la imagen de rey no nos cae simpática. Tampoco los gobernantes nos ofrecen una imagen en la que apoyarnos.

Vivimos un cambio de época en el que las instituciones y los organismos de poder se encuentran en crisis, algo que sucede en la historia con una rítmica periodicidad.

El poder tiende a convertir a todos en lo mismo. Da exactamente igual si uno llega al poder por heredar un apellido o por aclamación popular, una vez en el poder se sucumbe al propio bienestar y al de los más cercanos. Pasa con los grandes poderes y pasa con los pequeños.

Tal vez por eso Jesús se apartó siempre del poder. Cuando las multitudes quieren proclamarlo rey él se aparta. Él había venido para servir. Parece que el único antídoto contra la tiranía es precisamente el servicio al estilo de Jesús.

Pero no nos engañemos, el servicio es desagradable. Ponerse a los pies de los demás facilita el ser pisoteado. Y también se corre el peligro de caer en el servilismo que denigra.

El camino que recorre Jesús es estrecho y poco claro. Caminar tras sus huellas es decidirse a dejarse confrontar continuamente.

El mismo Jesús se pasa medio evangelio “retirándose a orar”. Jesús se hizo ser humano y pasó por las mismas dudas y las mismas tentaciones que pasamos todas las personas.

Su reinado estaba al servicio de la verdad. Y la verdad suele ser siempre más amplia. Nuestros puntos de vista, nuestra claridad meridiana suelen palidecer cuando se descubre la verdad. La verdad no se deja poseer por una sola persona. Al contrario, se reparte. Todas tenemos algo de verdad. El problema es creer que esa pequeña verdad que tenemos es la verdad completa. Ese es el principio de la tiranía y del fanatismo.

Oración

¡Que venga tu reino, Trinidad Santa! Ábrenos la mente para que podamos reconocer que Tu Verdad es siempre más amplia de lo que alcanzamos a ver.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Tú has nacido para ser rey.

domingo, 21 de noviembre de 2021
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corona-hombre-6DOMINGO 34º (B) CRISTO REY

Jn 18,33-37

Es muy importante que tengamos una pequeña idea del momento y del motivo por el que se instituyó esta fiesta. Fue Pío XI en 1925, cuando la Iglesia estaba perdiendo su poder y su prestigio acosada por la modernidad. Con esta fiesta se intentó recuperar el terreno perdido ante un mundo secular, laicista y descreído. En la encíclica se dan las razones para instituir la fiesta: “recuperar el reinado de Cristo y de su Iglesia”. Para un Papa de aquella época, era inaceptable que las naciones hicieran sus leyes al margen de la Iglesia.

Ha sido para mí una gran alegría y esperanza el descubrir en una homilía sobre esta fiesta del papa Francisco, una visión mucho más de acuerdo con el evangelio. Pío XI habla de recuperar el poder de Cristo y de su Iglesia. El papa Francisco habla, una y otra vez, de Jesús y su Iglesia poniéndose al servicio de los más desfavorecidos. No se trata de un cambio de lenguaje sino de la superación de la idea de poder en el que la Iglesia ha vivido durante tantos siglos. El cambio debía ser aceptado y promovido por todos los cristianos.

El contexto del evangelio, que hemos leído, es el proceso ante Pilato, a continuación de las negaciones de Pedro, donde queda claro que Pedro ni fue rey de sí mismo ni fue sincero. Es muy poco probable que el diálogo sea histórico, pero nos está transmitiendo lo que una comunidad muy avanzada de finales del s. I pensaba sobre Jesús. Dos breves frases puestas en boca de Jesús nos pueden dar la pauta de reflexión: “mi Reino no es de este mundo” y “yo para eso he venido, para ser testigo de la verdad”.

¿Qué significa un Reino que no es de este mundo? Se trata de una expresión que no podemos “comprender” porque todos los conceptos que podemos utilizar son de este mundo. ¿En qué estamos pensando los cristianos cuando, después de estas palabras, nombramos a Cristo rey, no solo del mundo sino del universo? Con el evangelio en la mano es muy difícil justificar el poder absoluto que la Iglesia ha ejercido durante siglos.

Tal vez encontremos una pista en la otra frase: “he venido para ser testigo de la verdad”. Pero solo si no entendemos la verdad como verdad lógica (adecuación de una formulación racional a la realidad) sino entendiéndola como verdad ontológica, es decir, como la adecuación de un ser a lo que debe ser según su naturaleza. Jesús siendo auténtico, siendo verdad, es verdadero Rey. Pero lo que le pide su verdadero ser (Dios) es ponerse al servicio de todo aquel que le necesite, no imponer nada a los demás.

No se trata de morir por defender una doctrina. Se trata de morir por el hombre. Se trata de dar testimonio de lo que es el hombre en su verdadera realidad. El Hijo de hombre (único título que Jesús se aplica a sí mismo), nos da la clave para entender lo que pensaba de sí mismo. Se considera el hombre auténtico, el modelo de hombre, el hombre acabado, el hombre verdad. Su intención es que todos lleguen a identificarse con él. Jesús es la referencia para el que quiera manifestar la verdadera calidad humana.

Pilato saca afuera a Jesús, después de ser azotado, y dice a la multitud: Este es el hombre”. Jesús no solo es el modelo de hombre y exige a sus seguidores que respondan al modelo que vean en él. Jesús dice soy rey, no dice soy el rey. Indicando así que todo el que se identifique con él será también rey. Esa es la meta que Dios quiere para todos los seres humanos. Rey de poder solo puede haber uno. Reyes servidores debemos ser todos. No se trata de que un hombre reine sobre otro, sino de un Reino donde todos se sientan reyes.

Cuando los hebreos (nómadas) entran en contacto con la gente que vivía en ciudades, descubren las ventajas de aquella estructura social y piden a Dios un rey. Los profetas lo interpretaron como una traición (el único rey de Israel es Dios). El rey era el que cuidaba de una ciudad o un pequeño grupo de pueblos. Era responsable del orden; les defendía de los enemigos, se preocupaba de los alimentos, impartía justicia… El Mesías esperado siempre respondió a esta dinámica. Los seguidores de Jesús no aceptaron un cambio tan radical.

Solo en este contexto podemos entender la predicación de Jesús sobre el Reino de Dios. Sin embargo el contenido que él le da es más profundo. En tiempo de Jesús, el futuro Reino de Dios se entendía como una victoria del pueblo judío sobre los gentiles y una victoria de los buenos sobre los malos. Jesús predica un Reino de Dios del que nadie va a quedar excluido. El Reino que Jesús anuncia no tiene nada que ver con las expectativas de los judíos de la época. Por desgracia tampoco tiene nada que ver con las expectativas de los cristianos hoy.

Jesús, en el desierto, percibió el poder como una tentación: “Te daré todo el poder de estos reinos y su gloria”. En Jn, después de la multiplicación de los panes, la multitud quiere proclamarle rey, pero él se escapa a la montaña, él solo. Toda la predicación de Jesús gira entorno al “Reino”; pero no se trata de un reino suyo, sino de Dios. Jesús nunca se propuso como objeto de su predicación. Es un error confundir el Reino de Dios con el reino de Jesús. Mayor disparate es querer identificarlo con la Iglesia, que es lo que pretendió la fiesta.

La característica fundamental del Reino predicado por Jesús es que ya está aquí, aunque no se identifica con las realidades mundanas. No hay que esperar a un tiempo escatológico, sino que ha comenzado ya. «No se dirá, está aquí o está allá, porque mirad: el reino de Dios está entre vosotros”. No se trata de preparar un reino para Dios, se trata de un reino que es Dios. Cuando decimos “reina la paz”, no estamos diciendo que la paz tenga un reino. Se trata de hacer presente a Dios entre nosotros, siendo lo que tenemos que ser.

Cualquier connotación que el título tenga con el poder tergiversa el mensaje de Jesús. Una corona de oro en la cabeza y un cetro de brillantes en las manos, son mucho más denigrantes que la corona de espinas. Si no nos damos cuenta de esto, es que estamos proyectando sobre Jesús nuestros propios anhelos de poder. Ni el “Dios todopoderoso” ni el “Cristo del Gran Poder” tienen absolutamente nada que ver con el evangelio.

Jesús nos dijo: el que quiera ser primero, sea el último y el que quiera ser grande, sea el servidor. Ese afán de identificar a Jesús con el poder y la gloria es una manera de justificar nuestro afán de poder. Nuestro yo, sostenido por la razón, no ve más futuro que potenciarse al máximo. Como no nos gusta lo que dice Jesús, tratamos por todos los medios de hacerle decir lo que a nosotros nos interesa. Eso es lo que siempre hemos hecho con la Escritura.

Meditación

Jesús está hablando de la autenticidad de su ser.
Falso es todo aquello que aparenta ser lo que no es.
Ser Verdad es ser lo que somos, sin falsearlo.
El objetivo de tu vida es descubrir tu verdadero ser
y manifestarlo en todo momento.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Venga a nosotros tu Reino.

domingo, 21 de noviembre de 2021
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Lectio-Divina-verdad-1200x800Jn 18, 33-37

«¿Luego tú eres Rey?» … Respondió Jesús: «Sí, … para esto he nacido y para esto he venido al mundo»

Sí, Jesús es rey. Es rey de los que no acumulan tesoros en la Tierra, de los que no amparan la violencia, de los que lloran, de los que tienen hambre y sed de justicia, de los misericordiosos, de los limpios de corazón, de los que trabajan por la paz, de los perseguidos por causa de la justicia.

Es rey de los que se reconcilian con su hermano antes de ir a orar, de los que ofrecen la otra mejilla, de los que dan a quienes les piden, de los que perdonan setenta veces siete, de los que se sienten servidores de todos y esclavos de todos, de los que hacen el bien a los que les aborrecen, de los que bendicen a los que les maldicen y oran por quienes les atormentan, de los que no juzgan ni condenan, de los que hacen a los demás lo que quisieran que los otros hiciesen con ellos.

Pero su reino no es como los de este mundo. En su reino todo es al revés: desde dentro, por conversión; desde abajo, desde el servicio, no desde el poder. Para el mundo, el primero es el que más tiene; para el Reino, el primero es el que más sirve. Para el mundo, el más importante es el más dotado; para el Reino, el más importante es el más necesitado.

Porque el Reino que nos ofrece Jesús es el reinado de los criterios de Abbá en el mundo, y por esa razón el objeto primero de su mensaje fue el Reino: por eso, también, nos invitó a pedirle a Abbá que viniese a nosotros su Reino, porque ése es el mayor anhelo del cristiano; su mayor esperanza; su misión; el sentido de su vida… «Buscad primero el Reino y su justicia y lo demás se os dará por añadidura».

Para imaginar el Reino pensemos en una pizca de levadura que fermenta toda la masa, en un grano de mostaza que cuando germina y crece se convierte en un gran arbusto que todo lo invade. Porque el Reino no se impone, el Reino se siembra, y cuando cae en buena tierra da el ciento por uno. El Reino es cosecha. Es abundancia. Las primeras comunidades cristianas eran fértiles y crecían sin cesar. Como la mostaza. El Reino es como un tesoro escondido en un campo, que cuando alguien lo encuentra, vende cuanto tiene para comprarlo, y lo hace “lleno de alegría” —esa es la clave de todo—, y ya solo le interesa el tesoro que acaba de descubrir; lo demás deja de tener valor para él.

Nuestra mayor tentación es dudar de que vaya a llegar un momento de la historia en que el reinado de Dios acabe imponiéndose a tanto reyezuelo que rige nuestro destino, y así lo expresaba Ruiz de Galarreta: «El consumo desenfrenado parece más fuerte que la bondad, la generosidad y la austeridad. Pero Jesús creía en la pujanza de la semilla, en el poder de la levadura, en la fuerza imparable del Espíritu de Dios…»

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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