Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Ciclo A’

“No te bajes de la Cruz”. 05 de Abril de 2020. Domingo de Ramos (A). Mateo 26, 14-27, 66.

domingo, 5 de abril de 2020
Comentarios desactivados en “No te bajes de la Cruz”. 05 de Abril de 2020. Domingo de Ramos (A). Mateo 26, 14-27, 66.

301C5C44-AAD7-4136-8B7F-634D03691885Según el relato evangélico, los que pasaban ante Jesús crucificado se burlaban de él y, riéndose de su sufrimiento, le hacían dos sugerencias sarcásticas: si eres Hijo de Dios, «sálvate a ti mismo» y «bájate de la cruz».

Esa es exactamente nuestra reacción ante el sufrimiento: salvarnos a nosotros mismos, pensar solo en nuestro bienestar y, por consiguiente, evitar la cruz, pasarnos la vida sorteando todo lo que nos puede hacer sufrir. ¿Será también Dios como nosotros? ¿Alguien que solo piensa en sí mismo y en su felicidad?

Jesús no responde a la provocación de los que se burlan de él. No pronuncia palabra alguna. No es el momento de dar explicaciones. Su respuesta es el silencio. Un silencio que es respeto a quienes lo desprecian y, sobre todo, compasión y amor.

Jesús solo rompe su silencio para dirigirse a Dios con un grito desgarrador: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». No pide que lo salve bajándolo de la cruz. Solo que no se oculte ni lo abandone en este momento de muerte y sufrimiento extremo. Y Dios, su Padre, permanece en silencio.

Solo escuchando hasta el fondo este silencio de Dios descubrimos algo de su misterio. Dios no es un ser poderoso y triunfante, tranquilo y feliz, ajeno al sufrimiento humano, sino un Dios callado, impotente y humillado, que sufre con nosotros el dolor, la oscuridad y hasta la misma muerte.

Por eso, al contemplar al Crucificado, nuestra reacción no puede ser de burla o desprecio, sino de oración confiada y agradecida: «No te bajes de la cruz. No nos dejes solos en nuestra aflicción. ¿De qué nos serviría un Dios que no conociera nuestros sufrimientos? ¿Quién nos podría entender?».

¿En quién podrían esperar los torturados de tantas cárceles secretas? ¿Dónde podrían poner su esperanza tantas mujeres humilladas y violentadas sin defensa alguna? ¿A qué se agarrarían los enfermos crónicos y los moribundos? ¿Quién podría ofrecer consuelo a las víctimas de tantas guerras, terrorismos, hambres y miserias? No. No te bajes de la cruz, pues, si no te sentimos «crucificado» junto a nosotros, nos veremos más «perdidos».

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Domingo de Ramos en la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, según san Mateo” Domingo 05 de abril de 2020. Domingo de Ramos.

domingo, 5 de abril de 2020
Comentarios desactivados en “Domingo de Ramos en la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, según san Mateo” Domingo 05 de abril de 2020. Domingo de Ramos.

imageLeído en Koinonia:

Is 50,4-7: No oculté el rostro a insultos; y sé que no quedaré avergonzado
Salmo responsorial 21: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Flp 2,6-11: Se rebajó a sí mismo; por eso Dios lo levantó sobre todo
Mt 26,14−27,66: Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, según san Mateo

 De entrada, pedimos disculpas a quienes buscarán aquí un comentario bíblico-litúrgico «normal» -que esperamos podrán encontrar fácilmente en la red-. Esta vez nosotros vamos a tratar de hacer un comentario pensando en aquellas personas que -como también nosotros ante el comentario que teníamos ya redactado- se sienten mal ante ese ámbito de conceptos bíblicos que se repiten y enlazan indefinidamente sin salir de un ambiente en el que muchos de nosotros -que pensamos como personas seculares, de la calle, con las preocupaciones diarias de la vida- nos sentimos incómodos.

 En efecto, muchos de nuestros comentarios bíblicos al uso, todo ese conjunto de conceptos e imágenes que se manejan en las homilías, pareciera que se mueven en «otro mundo», un mundo propio de referencias bíblicas intrasistémicas, que funcionan con una lógica particular diferente, y que están de antemano inmunizadas contra toda crítica, porque, en ese ambiente bíblico-litúrgico al que están destinados, en las homilías, los «fieles» deben recibirlo todo sin chistar, sin siquiera preguntar, y, mejor aún, sin espíritu crítico y «con mucha fe». Quienes tenemos una fe más o menos crítica, una fe que no quiere dejar de ser de personas de hoy y de la calle, nos preguntamos: ¿es posible celebrar la semana santa de otra manera? ¿Así como buscamos «otra forma de creer», hay «otra forma de acoger y celebrar la semana santa»?

 Veamos. Comencemos preguntándonos: ¿qué sienten, qué sentimos, ante la semana santa, muchas personas creyentes de hoy?

 Muchos creyentes adultos (trabajadores, profesionales de las más variadas ramas, y también intelectuales, o simples personas cultas) se sienten mal cuando, en semana santa, por la especial significación de tales días, o por acompañar a la familia -y con el recuerdo de una infancia y juventud tal vez religiosa-, entran en una iglesia, captan el ambiente, y escuchan la predicación. Se sienten de pronto sumergidos de nuevo en aquel mundo de conceptos, símbolos, referencias bíblicas… que elaboran un mensaje sobre la base de una creencia central que fuera del templo uno nunca se encuentra en ningún otro dominio de la vida: la «Redención». Estamos en semana santa, y lo que celebramos -así perciben en el templo- es el gran misterio de todos los tiempos, lo más importante que ha ocurrido desde que el mundo es mundo: la «Redención»… El «hombre» fue creado por Dios (sólo en segundo término la mujer, según la Biblia), pero ésta, la mujer, convenció al varón para que comieran juntos una fruta prohibida por Dios. Aquello fue la debacle del plan de Dios, que se vino abajo, se interrumpió, y hubo de ser sustituido por un nuevo plan, el plan de la Redención, para redimir al ser humano que está en «desgracia de Dios» desde la comisión de aquel «pecado original», debido a la infinita ofensa que dicho «pecado» le infligió a Dios.

 Ese nuevo plan, de Redención, exigió la «venida de Dios al mundo», mediante su encarnación en Jesús, para así «asumir nuestra representación jurídica ante Dios y pagar» por nosotros a Dios una reparación adecuada por semejante ofensa infinita. Y es por eso por lo que Jesús sufrió indecibles tormentos en su Pasión y Muerte, para «reparar» aquella ofensa y redimir así a la Humanidad, y consiguiéndole el perdón de Dios y rescatándola del poder del demonio bajo el que permanecía cautiva.

 Ésta es la interpretación, la teología sobre la que se construyen y giran la mayor parte de las interpretaciones en curso durante la semana santa. Y éste es el ambiente ante el que muchos creyentes de hoy se sienten mal, muy mal. Sienten que se asfixian. Se ven trasladados a un mundo, que nada tiene que ver ni con el mundo real de cada día, ni con el de la ciencia, el de la información, o el del sentido más profundo de su vida. Por este malestar, otros muchos cristianos no sólo se han marchado de la semana santa tradicional, sino que se han alejado de la Iglesia.

 ¿Hay otra forma de entender la Semana Santa, que no nos obligue a transitar por el mundo manido de esa teología en la que tantos ya no creemos?

 ¿«No creemos», hemos dicho? Ante todo hay que decir -para alivio de muchos- que efectivamente, se puede no creer en tal teología. No se trata de ningún «dogma de fe» (aunque lo fuera, tampoco ello la haría creíble). Se trata de una genial construcción interpretativa del misterio de Cristo, debida a la intuición medieval de san Anselmo de Canterbury, que desde su visión del derecho romano, construyó, «imaginó» una forma de explicarse a sí mismo el sentido de la muerte de Jesús. Estaba condicionado por muchas creencias propias de la Edad Media, e hizo lo que pudo, y lo hizo admirablemente: elaboró una fantástica interpretación que cautivó las mentes de sus coetáneos tanto, que perduró hasta el siglo XX. Habría que felicitar a san Anselmo, sin duda.

 El Concilio Vaticano II es el primer momento eclesial que supone un cierto abandono de la hipótesis de la Redención, o una interpretación de la significación de Jesús más allá de la Redención. Por supuesto que en los documentos conciliares aparece la materialidad del concepto, numerosas veces incluso, pero la estructura del pensamiento y de la espiritualidad conciliar van mucho más allá. El significado de Jesús para la Iglesia posconciliar -no digamos para la Iglesia con espiritualidad de la liberación- deja de pasar por la redención, por el pecado original, por los terribles sufrimientos expiatorios de Jesús y por la genial «sustitución penal satisfactoria» ideada por Anselmo de Canterbury… Desaparecen estas referencias, y cuando sorpresivamente se oyen, suenan extrañas, incomprensibles, o incluso suscitan rechazo. Es el caso de la película de Mel Gibson, que fue rechazada por tantos espectadores creyentes, no por otra cosa que por la imagen del «Dios cruel y vengador» que daba por supuesta, imagen que, evidentemente, hoy no sólo ya no es creíble, sino que invita vehementemente al rechazo.

 ¿Cómo celebrar la semana santa cuando se es un cristiano que ya no comulga con esas creencias? Uno se siente profundamente cristiano, admirador de Jesús, discípulo suyo, seguidor de su Causa, luchador por su misma Utopía… pero se siente mal en ese otro ambiente asfixiante de las representaciones de la pasión al nuevo y viejo estilo de Mel Gibson, de los viacrucis, los pasos de las procesiones de semana santa, las meditaciones las siete palabras, las horas santas que retoman repetitivamente las mismas categorías teológicas del san Anselmo del siglo XI… estando como estamos en el siglo XXI…

 Bajo la semana santa que oficialmente se celebra, no dejan de estar, allá, lejos, bien adentro de sus raíces ancestrales, las fiestas que los indígenas originarios ya hacían sus celebraciones sobre la base cierta del equinoccio astronómico. Se trata de una fiesta que ha evolucionado muy diferentemente en cada cultura, y muy creativamente al ser heredada de un pueblo a otro, y al contagiarse de una religión a otra. Una fiesta que fue heredada y recreada también por los israelitas nómadas como fiesta del cordero pascual, y después transformada por los israelitas sedentarios como fiesta de los panes ácimos, en recuerdo y como reactualización de la Pascua, piedra angular de la identidad israelita… Fiesta que los cristianos luego cristianizaron como la fiesta de la Resurrección de Cristo, y que sólo más tarde, con el devenir de los siglos, en la oscura Edad Media, quedó opacada bajo la interpretación jurídica de la redención…

 ¿Por qué quedarse, pues, prendidos de una interpretación medieval, cautivos de una teología y una interpretación que no es nuestra, que ya no nos dice nada, y que podríamos abandonar porque ya cumplió su papel? ¿Por qué no sentirse parte de esta procesión tan humana y tan festiva de interpretaciones y hermenéuticas, de mitos y «grandes relatos» incesantemente renovados y recreados, y aportar nosotros también a esta trabajada historia nuestra propia parte, lo que nos corresponde hoy, con creatividad, responsabilidad y libertad? No podemos dejar de pensar que «Otra semana santa es posible»… ¡y urgente! Al menos, legítima también.

 No vamos a desarrollar aquí nosotros una nueva interpretación de estas fiestas. Bástenos ahora cumplir una pretensión doble: aliviar a los que se sentían culpables por desear que «otra semana santa fuera posible», por una parte, y, por otra, de invitar a todos a la creatividad, libre, consciente, responsable y gozosa. No en todas partes o en cualquier contexto será posible, pero sí lo será en muchas comunidades concretas. Si no lo es en la mía, podría serlo en alguna otra comunidad más libre y creativa que tal vez no esté muy lejos de la mía… ¿por qué no preguntar, por qué no buscarla?

+++

Aunque los señalaremos concretamente en los próximos días, recordamos que los temas de la Pasión de Jesús están recogidos ampliamente en la serie «Un tal Jesús», principalmente en los episodios 106 a 126. Los audios y los guiones de estos episodios pueden recogerse libremente de http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/ Por su carácter dramatizado, y por la mentalidad crítica con la que ya pudo ser escrita hace treinta años, la serie «Un tal Jesús» presenta, de un modo muy pedagógico, la visión de la vida de Jesús desde la perspectiva de la teología de la liberación. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Una borrica prestada con su borriquilla. Domingo de Ramos (Mt 21, 1‒11).

domingo, 5 de abril de 2020
Comentarios desactivados en Una borrica prestada con su borriquilla. Domingo de Ramos (Mt 21, 1‒11).

Entrada-de-Cristo-en-Jerusalén-fresco-de-San-Baudelio-de-Berlanga-Wiki-commonsDel blog de Xabier Pikaza:

El asno de Jesús, comienzo de Pascua

 Este año humilde de coronavirus  nos permite  entender mejor la historia del comienzo pascual, con el asna y su pollino, conforme a la extraña y preciosa historia del evangelio de Mateo, que toca este año (imagen de S. Baudilio de Berlanga, Museo de Indianápolis, con la borrica y el pollino).

Éste suele llamarse domingo de ramos, porque algunos discípulos o amigos alfombraron de ramos el camino; en otros lugares de dice domingo de palmas (dominica in palmis), porque en vez de ramas en general se habla de palmas de palmera, de gloria o victoria. Podría decirse también domingo de los mantos, pues algunos de los que vienen con Jesús ponen sus mantos sobre el asno de Jesús o sobre el suelo por el que tienen que pasar el asno que lleva a Jesús en su grupa. Pero yo prefiero llamarle domingo de la borrica con su borriquillo.

Jesús no viene en las nubes del cielo (como en los apocalipsis, desde Daniel), con el rayo que fulgura y rompe de luz las sombras de las nubes; Jesús no es el Dios que cabalga en un trono de nubes, como en las grandes visiones del Antiguo Testamento (en Salmos y en Ezequiel).

Jesús no viene tampoco montado sobre un caballo espléndido de guerra, con la espada victoriosa en la mano… No es uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis (Ap 6). Ni es tampoco el jinete de la espada de Ap 19, que vence con ella a las bestias.

No viene sobre una nave de los espacios estelares, como en las guerras de galaxias… ni con inventos nuevos de ciencias extrañas… Viene con lo más simple, uno de los primeros animales domesticados, que han permitido que los hombres y mujeres se extiendan por todo el mundo.

 Él viene sobre un asna prestada, animal de campesino, borrica de tierra humilde, de labradores pobres, que camina a paso de hombre… Como he dicho, no viene en carro de guerra, ni avión militar, ni en un intergaláctico, sino con una “pobre burra” y encima prestado para la ocasión, pues él no tenía burro que llevara sus enseres, sino que llevaba su ropa y sus pertenencias a cuestas.

Este signo animal de Jesús resulta central para entender su vida y mensaje… Éste Jesús de la pascua empieza siendo amigo de animales domésticos, cercanos, de esos que nos han permitido vivir, trabajar, caminar durante milenios, desde el extremo de China en Oriente hasta el Finisterre europeo. Vino así en una burra,  para situarse y situarnos en la madre tierra de la que venimos y a la que volvemos como nos recuerda la historia de coronavirus,  imagen fuerte de nuestra grandeza humilde, cercana a la del asna madre, animal de Jesús.

           El asno de oro Jesús vino sobre una humilde asna carga y compañía, sobre una asna prestada, acompañada de su pollino, como dirá el evangelio de Mateo que comentaré. Éste es uno de los signos más hermosos del evangelio: Un Asna a la que sigue su Pollino, madre y cría, ternura animal, gozo humano…  

Este pasaje central del evangelio de Mateo nos sitúa ante un Jesús muy cercano, Jesús del asna madre, no del caballo de guerra, como mostrará el texto de Job, que cito al final…

Este Jesús del Asna y de cría se parece y se diferencia infinitamente del Asno macho de Oro de Apuleyo (el Asno de Oro…, Imagen 2). Este Jesús del asna se parece más  Asno de la Cruz,  quizá la primera representación burlesca (y certera) del misterio de la cruz…  (imagen 3).

jesus-grafiti-oldAsno Bíblico, no caballo.

            El asno suele vincularse en Israel al “sacrificio de la alianza”, que se celebraría en Siquem, cuyos habitantes se llamaban “hijos de Hamor” (=del Asno). Aparece en Zac 9, 9 como signo de un rey pacífico que no vendrá montado en un caballo de guerra, sino en un animal de trabajo. Jesús se aplica ese signo de “realeza pacífica” cuando entra en Jerusalén montado en un asno.

 Gran paradoja: Como conquistador sobre un asno (Mc 11, 2-6 y paralelos).Jesús venía de Jericó y, para llegar a Jerusalén, debía pasar por el Monte de los Olivos, lugar clave en la tradición mesiánica de Israel (cf. Zac 14, 4), como recuerda Flavio Josefo, al hablar de un judío egipcio, que anunció desde allí la caída de los muros de la ciudad (cf. Ant 20, 169-172). Pero Jesús quiso entrar pacíficamente, montado sobre un asno de labranza, sin armas.

Vino como mesías davídico, pero, a diferencia de David, no quiso tomar la ciudad por la fuerza, ni provocar militarmente a Roma, de manera que los soldados del César le vieron entrando, desde la Torre Antonia, sin intervenir, aunque Pilatos, el gobernador, debió tener miedo y por eso, después, le condenó a morir con la acusación de ser “Nazoreo, Rey de los Judíos” (Jn 19, 19).

Vino como peregrino, con (como) otros galileos y con sus discípulos (por el camino de Jericó), para celebrar en la ciudad de las promesas, la fiesta de la libertad del pueblo. Era tiempo de Dios, y llegó en su nombre, realizando el signo del asno. Había cumplido su misión en Galilea, y llegó a culminarla en Jerusalén, ante las autoridades, entrando abiertamente sobre un asno, de forma no militar, pero muy provocadora, condenando a los poderes de la ciudad, e invitando a todos al Reino.

Evangelio de Mateo

21 1 Cuando se aproximaron a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, entonces, envió Jesús a dos discípulos, 2 diciéndoles: Id a la aldea que está frente a vosotros, y enseguida encontraréis un asna atada y un pollino con ella; desatadlos y traédmelos. 3 Y si alguien os dice algo, diréis: El Señor los necesita, pero enseguida los devolverá.

4 Esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del profeta: 5 Decid a la hija de Sión: He aquí que viene a ti tu Rey, manso y montado en un asna y un pollino, hijo de animal de yugo.

6 Fueron, pues, los discípulos e hicieron como Jesús les había encargado: 7 trajeron el asna y el pollino; luego pusieron sobre ellos sus mantos, y él se sentó encima de ellos. 8 La gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino. Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! 10 Y cuando él entraba en Jerusalén, se conmovió toda la ciudad, diciendo: ¿Quién es éste? 11 Y la muchedumbre decía: Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea[1].

(Resumen de mi comentario de Mateo)

 Esta escena ofrece una historia teologizada (entendida como revelación de Dios) y una teología o profecía historizada en unos acontecimientos concretos. Ambas perspectivas no se oponen, como a veces se ha pensado, sino que se implican mutuamente. En esa línea, la novedad del pasaje no está en el hecho de que evoca y despliega varios elementos simbólicos, sino en el hecho de que todo transcurre de un modo verosímil[2].

 ‒- Cuando se aproximaron a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos… (21, 1). Mateo ha corregido la versión quizá confusa de Mc 11, 1, que hablaba de Betfagé y Betania de una forma al parecer equivocada, invertida. Para ello ha simplificado el tema, omitiendo la referencia a Betania y situando correctamente a Betfagé cerca de Jerusalén. En este contexto resulta importante la referencia al Monte de los Olivos, que Zac 14, 2 colocaba con exactitud, frente a Jerusalén, diciendo que Dios lo partiría para culminar su obra.

Jesús viene, pues, por el lugar por donde ha de entrar el mismo Dios, y prepara de la manera más humilde su manifestación en la ciudad, como pretendiente mesiánico montado en una cabalgadura ajena (21, 2-3). No tiene ni siquiera un asno propio, ha venido a pie desde Galilea. Pero quiere entrar sobre un asna y por eso la pide prestada, en una aldea (kw,mh) del entorno, frente a Betfagué y el Monte de los Olivos. El asna y su pollino pertenecen por tanto a Jerusalén. Jesús no los trae de fuera (¡no son suyos!), los pide prestados (21, 3). Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Domingo SIN ramos.

domingo, 5 de abril de 2020
Comentarios desactivados en Domingo SIN ramos.

untitledDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El coronavirus ha conseguido lo que no lograron guerras civiles o mundiales en algunos países católicos desde hace tiempo: que no se celebre la procesión de los Ramos. Es el primer acto de la liturgia de este domingo, que recuerda la entrada solemne (y suicida) de Jesús en Jerusalén. Parafraseando a Geza Vermes, «el acto más temerario en el momento más inadecuado».

            La segunda parte de la liturgia no tiene ese carácter alegre y festivo. Se centra en la lectura de la Pasión según Mateo, precedida de dos textos que pretenden desvelar su sentido. ¿Qué sentido tiene el sufrimiento y muerte de Jesús? ¿Termina todo en el fracaso?

            Sufrir para poder consolar (Isaías 50,4-7)

            Un profeta anónimo, al que los cristianos identificamos con Jesús, cuenta parte de su experiencia. Ha recibido la misión de «transmitir al abatido una palabra de aliento». En el momento que vivimos, al menos en España, todos necesitamos esa palabra que nos anime en medio de tanta muerte, enfermedad y sufrimiento. Pero la experiencia de este profeta es que, para poder animar al que sufre, él mismo tiene que sufrir. Y acepta ese destino de inmediato: «Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos».

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados.
El Señor Dios me ha abierto el oído; y yo no me he rebelado ni me he echado atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos. Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido; por eso ofrecí el rostro como pedernal, y sé que no quedaré avergonzado.

            Humillarse para ser como cualquier otro (Filipenses 2,6-11)

            Frente a la tentación tan frecuente de presumir, de aparentar ser más de lo que somos, Jesús no hace alarde de su categoría divina y se despoja de su rango. Dice Pablo que de ese modo «pasó por uno de tantos». En realidad, se colocó en el escalón más bajo, ya que se rebajó incluso a la muerte más vergonzosa que existía en el imperio romano: la muerte en cruz.

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble —en el Cielo, en la Tierra, en el Abismo—, y toda lengua proclame: «¡Jesucristo es Señor!», para gloria de Dios Padre.

            Sufrir y humillarse para triunfar

            Las dos primeras lecturas terminan con la certeza del triunfo. «Mi Señor me ayudaba… sé que no quedaré avergonzado», dice el poema de Isaías. «Dios lo levantó sobre todo» y hará que todos adoren y alaben a Jesús, termina Pablo. Con esta certeza de la victoria debemos terminar la lectura de la Pasión y enfocar nuestros propios sufrimientos.

            La Pasión según san Mateo

            Como ocurre en otros momentos de la vida pública, los evangelios no coinciden en todos los detalles de la pasión. Teniendo especialmente en cuenta los episodios que añade o modifica Mateo, podemos distinguir los siguientes aspectos en su relato:

  1. Enfoque cristológico: Jesús es consciente de que va a la pasión, no le ocurre de sorpresa, su muerte no es fruto de la imprudencia o la imprevisión.
  2. Enfoque jurídico: Mateo subraya la injusticia del proceso y la culpabilidad de las autoridades judías.
  3. Enfoque eclesial. Los paganos son los que perciben mejor la inocencia y dignidad de Jesús: la mujer de Pilato, el centurión en la cruz. Esta idea empalma con la visita inicial de los Magos de Oriente a adorar a Jesús niño.

Entrada en Jerusalén

Ya que en estos días se dispone de más tiempo libre del habitual, envío otro documento con un comentario a todo el relato de la pasión en Mateo.

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Domingo de Ramos. 05 de Abril, 2020

domingo, 5 de abril de 2020
Comentarios desactivados en Domingo de Ramos. 05 de Abril, 2020

9533C7BC-53FE-4E25-94A6-A5E5ECC9E870

“Tomad y comed, esto es mi cuerpo…

…esta es mi sangre.”

(Mt26, 14-27,66)

Con los gritos de: ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Viva el Altísimo! el Domingo de Ramos nos introduce en el núcleo del Evangelio, en la Pasión y Muerte de Jesús.

Lo más genuinamente cristiano, el anuncio de la Pasión, nos une directamente con las primeras comunidades, que se reunían para la fracción del pan y recordaban juntas los últimos días de su Maestro.

Precisamente de los relatos de la Pasión brotaron después el resto de los evangelios, las parábolas, los milagros, los encuentros…

Por eso hoy es un buen día para sentarnos entre aquellos primeros seguidores y seguidoras del Maestro. Entrar en una casa o acercarnos a la orilla del río donde se reunían…. ¡Y abrir el corazón! Para que la escucha de la Pasión de Jesús se convierta en algo nuevo. Para que recupere la fuerza de convertir nuestra mente y nuestro corazón.

Busca un momento tranquilo y un lugar silencioso. Lee lentamente la Pasión en el evangelio de Mateo.

Deja que la traición de Judas te sorprenda, te incomode o te llene de incomprensión. Observa como los poderosos ponen precio y deciden sobre la vida de quien les estorba.

Detente también en la infidelidad y la flaqueza de los amigos que no son capaces de acompañar el dolor y la angustia de Jesús. Mira como huyen quienes alardeaban de acompañar al Maestro hasta la muerte si era necesario.

Piensa en como somos capaces de convertir un gesto de amor, de amistad. Un beso. En un gesto de traición.

No rehúyas la tensión de un juicio injusto, clandestino, lleno de irregularidades. Donde la mentira y la corrupción campan a sus anchas.

Nadie, absolutamente nadie es capaz de ponerse de parte del inocente. Ni siquiera Pilatos, el más poderoso, es capaz de encontrar la manera de liberarlo y es que su prestigio y sus intereses están en juego.

Las multitudes, que unos días antes habían aclamado a Jesús como Bendito, como Hijo de David, ahora gritan pidiendo su condena, su muerte.

El mal, la oscuridad, la más profunda tiniebla crece y se cierne sobre Jesús.

Y ahora contempla cómo Jesús es la luz que no vencen las tinieblas. Como responde con amor a la traición y a la infidelidad. Como corta la espiral de la mentira sin dejarse sobornar.

El protagonista de la Pasión es el AMOR con mayúsculas, no la maldad humana. El pecado no tiene la última palabra. El egoísmo y la traición, aunque fuertes y poderosos no pueden vencer a la verdad ni menos aun al amor misericordioso.

El último aliento de Jesús sobre la cruz nos devuelve a la VIDA. Es la fuerza del Amor Entregado.

Oración

Enséñanos, Trinidad Santa, a contemplar tu amor entregado recorriendo la pasión de la historia humana.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Jesús nos salvó viviendo.

domingo, 5 de abril de 2020
Comentarios desactivados en Jesús nos salvó viviendo.

odresnuevos-evangelio-09-abril-color-libreta-2017Mt 26,14-27,66

Hoy la liturgia comienza con el recuerdo de la entrada “triunfal” en Jerusalén. Es muy difícil precisar el sentido exacto que pudo dar Jesús a la entrada en Jerusalén de ese modo tan peculiar. Seguramente no coincidió con la interpretación que le dieron sus discípulos y la gente que le seguía. Cuando se fijaron por escrito estos relatos, ya habían pasado cuarenta o cincuenta años, y sus seguidores habían cambiado radicalmente la comprensión de Jesús. En estos textos se han mezclado datos históricos, prejuicios sobre el Mesías y tradiciones del AT sobre otra clase de mesianismo que no era el oficial.

Con los datos que tenemos no podemos pensar en una entrada “triunfal”. Si era política, no lo hubiera permitido el poder romano. Si era religiosa, no lo hubiera permitido el poder religioso. Ambos tenían medios más que suficientes para actuar contra una manifestación masiva. Mucho más en Pascua, que era momento de máxima alerta política y religiosa. No cabe duda de que algo pasó históricamente, pero no debemos imaginarlo como un acto espectacular sino como un acto profético desplegado por pocas personas. De hecho todos los grupos de peregrinos llegaban en ambiente festivo: ¡Que alegría cuando me dijeron…!

Seguramente se trató de una muestra de adhesión por parte del pequeño grupo que acompañaba a Jesús, a los que posiblemente se unieron otros que venían de Judea y Galilea. Recordemos que la subida a la fiesta de Pascua se hacía siempre en grupos numerosos, en los que se manifestaba el júbilo por acercarse a la ciudad santa y al Templo. Los gritos son intentos de dar una explicación a lo que estaba ocurriendo. Lo mismo los mantos y ramos expresan la actitud de los que seguían a Jesús.

La inmensa mayoría del pueblo estuvo siempre del lado de los jefes. Estos son los que piden la muerte de Jesús. No tiene sentido insistir en que el mismo pueblo que lo aclama hoy como Rey, pida el viernes su crucifixión. Tampoco podemos minimizar el número de los seguidores de Jesús. Los evangelios nos dicen que en varias ocasiones los dirigentes no se atrevieron a detenerle en público por el gran número de seguidores. El hecho de que lo detuvieran de noche con la ayuda de un traidor, indica el miedo de los dirigentes.

Pasión y muerte de Jesús

Pocos aspectos de la vida de Jesús han sido tan manipulados como su muerte. Llegar a pensar que a Dios le encanta el sufrimiento humano y que por lo tanto no solo hay que aceptarlo, sino buscarlo voluntariamente, ha sido tal vez la mayor tergiversación del Dios de Jesús. Desde esta perspectiva, es lógico que se pensara en un Dios que exige la muerte de su propio hijo para poder perdonar los pecados de los seres humanos. Esta idea es la más contraria a la predicación de Jesús sobre Dios que pudiéramos imaginar.

La muerte de Jesús no fue ni exigida, ni programada, ni permitida por Dios. El Dios de Jesús no necesita sangre para poder perdonarnos. Seguir hablando de la muerte de Jesús como condición para que Dios nos libre de nuestros pecados, es la negación más rotunda del Dios de Jesús. Esa manera de explicar el sentido de la muerte de Jesús no nos sirve hoy de nada, es más, nos mete en un callejón sin salida. La muerte de Jesús, desvinculada de su predicación y de su vida, no tiene el más mínimo valor o significado.

La muerte en la cruz no fue el paso obligado para llegar a la gloria. El domingo pasado veíamos que la muerte biológica no quita ni añade nada a la verdadera Vida. Con Vida plena puede uno estar muerto, y en la misma muerte biológica puede haber plenitud de Vida. Jesús murió por ser fiel a Dios. Jesús quiso dejar claro que seguir amando, como Dios ama, es más importante que conservar la vida biológica. No murió para que Dios nos amara, sino para demostrar que ya nos ama, con un amor incondicional.

A Jesús le mataron porque estorbaba a aquellos que habían hecho de Dios y la religión un instrumento de dominio y opresión de los más débiles. La muerte de Jesús no se puede separar de su profetismo, es decir, de su denuncia de la injusticia; sobre todo la que se ejercía en nombre de la Ley y el templo. Su opción por los pobres y excluidos fue su mensaje fundamental. Esta actitud, defendida en nombre de Dios, resultó inaguantable para los que sólo buscaban su interés y mantener sus privilegios.

Al demostrar que, para él, el amor era más importante que la vida biológica, Jesús nos enseña el camino hacia la Vida definitiva que no es afectada por la muerte física. Ese camino nos lleva a la plenitud humana, que no está en asegurar nuestro “ego”, ni aquí ni en un más allá, sino en alcanzar la plenitud del amor que nos identifica con Dios. Amando como Dios ama potenciamos nuestro verdadero ser y lo llevamos al máximo de sus posibilidades. La única cualidad exclusiva del hombre es la capacidad de entrega.

Tenemos que descubrir la presencia de ese Dios en nuestro sufrimiento, en nuestra misma muerte. No podemos seguir buscando nuestra plenitud en el triunfo y en la gloria. La prueba de esta incomprensión es que seguimos preguntando: ¿Por qué tanto sufrimiento y tanta muerte? ¿Dónde está el Dios Padre? Seguimos pensando que el dolor y la muerte son incompatibles con Dios. Un Dios que no nos dé seguridades no nos interesa. Un Dios que no garantice la permanencia del yo egoísta no nos interesa.

Está claro que una parte de nosotros está con los dirigentes judíos y no quiere saber nada del dolor y de la muerte. “No quiero cantar ni puedo…” Otra parte de nosotros se siente atraída por ese hombre que viene a manifestar la verdadera Vida y que en ese camino hacia la plenitud, no da ninguna importancia a la vida terrena. En el fondo de nosotros mismos, algo nos dice que Jesús tiene razón, que el único camino hacia la Vida es aceptar la muerte. Pero despegarnos de nuestro “yo” sigue siendo una meta inalcanzable.

Si tomamos conciencia de que Jesús llegó al grado máximo de humanidad cuando fue capaz de amar por encima de la muerte, descubriremos dónde está la verdadera Vida. El secreto está en descubrir que no puede haber Vida si no se acepta la muerte. También la muerte física, pero sobre todo la muerte a nuestro “ego” individualista. Jesús nos enseña que estamos aquí para deshacernos de todo lo que hay en nosotros de terreno, de caduco, de material, para que lo que hay de Divino se manifieste en Unidad-Amor.

A través de discursos racionales, por muy brillantes que estos sean, nunca podré entender el mensaje de Jesús. Solamente profundizando en lo más hondo de mí mismo, llegaré a comprender el sentido profundamente humano de mi existencia. Lo paradójico es que cuando descubra mi verdadera humanidad, entenderé lo que tengo de divino y se producirá la unidad de todo mi ser. En la recuperación de la unidad de lo que no era más que un dualismo maniqueo, encontraré la verdadera armonía, paz y felicidad.

Nota: por motivos de salud pública, en medio de la pandemia por el virus Covid-19, están prohibidos los actos de culto en numerosos países. Por si alguien quiere vivir de esta forma virtual la celebración dominical, facilitamos el enlace con el audio de la Eucaristía correspondiente al Domingo de Ramos (ciclo A), que se grabó hace tres años.

Meditación

Escucha con atención la Pasión, pero ve más allá del relato.
Deja que te empape el misterio de la VIDA, manifestado en Jesús.
Su muerte es el signo inequívoco del amor absoluto.
La VIDA es más fuerte que la muerte en Jesús y en todo el que la viva.
La VIDA está ya en ti, pero puede que no la hayas descubierto.
Aprovecha estos días para ahondar en tu propio pozo y descubrirla.

Para profundizar

Vivir lo que vamos a celebrar no es tan sencillo

Llevamos tanto tiempo acomodándolo

Que resulta imposible llenarlo de sentido

Entra Jesús triunfante y va a la muerte

Pero nadie aceptamos que es muerte de verdad

Y la hemos convertido en un salvoconducto

Para alcanzar la gloria que es lo nuestro

Esa necesidad de gloria es concesión al ego

Que de manera astuta se sale con la suya

La muerte por amor es la meta absoluta

Aniquilado el ego, solo queda lo eterno

Ni Jesús entregado necesita otra gloria

Ni nosotros encontrar otra meta

Si el Dios de Jesús hubiera organizado el calendario

Solo había una fiesta: la del Viernes

Jesús allí consuma su carrera

Y allí alcanza la Gloria pues no hay otra

Dar otra gloria a Jesús es engañarnos

Dos mil años y aún vivimos en la inopia

Entregarme sin esperar un premio

Será mi meta pues he llegado al límite

Seguir buscando cinco pies al gato

Será frustrante pues solo tiene cuatro

Si intentas comprender lo que has leído

Es que aún estás muy lejos de vivirlo

No rumies más y quédate en silencio

Tal vez descubras la esencia de lo humano

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Pan partido y repartido.

domingo, 5 de abril de 2020
Comentarios desactivados en Pan partido y repartido.

mateo-26-14-27-27-1-66-10-660x330Yo sigo la religión del amor con independencia del lugar al que se dirija su caravana. Pues el amor es para mí religión y fe (Ben Arabí)

5 de abril. DOMINGO DE RAMOS

Mt 26, 14-27

Mientras cenaban, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a sus discípulos diciendo: Tomad y comed esto es mi cuerpo.

El sentido básico de ágape eucarístico está, dice Fray Marcos, en el partirse y repartirse entre los demás como espiritual alimento.

El tema central del Triduo Pascual es el AMOR. El Jueves se manifiesta en los gestos y palabras que lleva a cabo Jesús en la entrañable cena, y en la liturgia de estos días intentamos manifestar, de manera plástica, la realidad del amor supremo que se manifestó en Jesús. Lo importante no son los ritos, sino el significado que éstos encierran.

La liturgia del Jueves Santo está estructurada como recuerdo de la última cena.

Fue una cena entrañable, pero el carácter de despedida se lo dieron después los primeros cristianos. El gesto de partir el pan y de repartir la copa de vino era un gesto normal que el cabeza de familia realizaba en toda cena pascual. Lo que pudo añadir Jesús, o los primeros cristianos, es el carácter de símbolo de lo que en realidad fue la propia vida de Jesús.

Existe un AMOR con mayúsculas que supone el amor supremo de la filantropía y de la solidaridad. Su cualidad más destacada es la gratuidad porque se da indiscriminadamente y sin esperar nada a cambio.

La Consagración de la Primavera de Stravinski, describe la historia, sucedida en la Rusia antigua, del rapto y sacrificio pagano de una doncella al inicio de la primavera que debía bailar hasta su muerte -como le sucedió a Jesús- a fin de obtener la benevolencia de los dioses al comienzo de la nueva estación. Para ello, se sirve de imágenes musicales de gran plasticidad, evocando escenas primitivas en cuanto a diversos ámbitos de la vida.

Cézanne -también como Jesús- tenía el don de ver en las cosas la vida interior y convertir una taza de té en un ser animado, y como apunta Matisse con su pincel, separándonos de la belleza externa acostumbrada y, partiendo de un objeto, creando una imagen con resonancia interior.

“¡Empieza a florecer, cristiano congelado!, gritó el místico Angelus Silesius, “La primavera está al alcance de la mano. ¿Cuándo florecerás si no es aquí y ahora?”

Y Husayn ibn Mansur (858-922), conocido como Al-Hallaj, en honor al oficio de su abuelo, que era zoroastriano, fue un sufí iraní que predicó por la India y por la región donde se halla actualmente Pakistán su mensaje extático sobre la unión con Dios y la plena identidad con él, escribió este recado para los discípulos de Jesús y los de Zoroastro, y en los que nos recuerda los hechos de la Última Cena:

“Tu espíritu se ha mezclado poco a poco con mi espíritu. / Y alternando acercamientos y alejamientos / ahora yo soy Tú mismo. Tu existencia es la mía, tuyo es mi querer. / En aquella gloria no hay yo, ni nosotros, ni tú. Yo, nosotros, tú y él”.

 

ultima_cena

Y Ben Arabí (1165-1240), un místico sufí musulmán andalusí: “Yo sigo la religión del amor con independencia del lugar al que se dirija su caravana. Pues el amor es para mí religión y fe”.

Y como dijo Aristóteles en Ética a Nicómaco, es propio del hombre prudente ser capaz de deliberar rectamente sobre lo que es bueno y conveniente para el sí mismo, para vivir bien en general.

Todo lo cual daba cumplida respuesta a las palabras de versículo 26 de Mateo:

“Mientras cenaban, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a sus discípulos diciendo: Tomad y comed esto es mi cuerpo”.

Blas de Otero canta hechos significativos en un poema de su Antología poética:

MUJER

Y volver a nacer. Cerrar la puerta,
abrir los ojos y el entendimiento,
mirar la pared, oír el viento
entre los framboyanes de la huerta.

Sentarse. Sonreír de dicha cierta,
sobre una alfombra del Renacimiento.
Consentir que camine el pensamiento
A plena mar, a plena mar abierta.

Y volver a nacer. Y arar la tierra
del amor. Y encontrarse una mañana
que el surco el fruto del amor encierra.

Canta, canario, canta. Reíd, flores
azules, amapolas de oro y grana.
A ti, mujer, amor de mis amores

 

 Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Domingo de Ramos.

domingo, 5 de abril de 2020
Comentarios desactivados en Domingo de Ramos.

10098679944_95fb40f811_zMt 26, 14-27,66

El domingo de Ramos nos sitúa de nuevo en los últimos días de la vida de Jesús. El relato de la mujer que, en Betania unge la cabeza de Jesús con perfume (Mt 26, 6-13), introduce y señala de forma anticipada los énfasis que en el evangelio de Mateo orientan la narración de los hechos acaecidos en Jerusalén. El mesianismo que anuncia su entrada en Jerusalén se va progresivamente definiendo hasta convertirse en el del siervo de Yahvé, un mesianismo que se aleja de los triunfalismos, de los hechos milagrosos para definirse desde el servicio, la entrega, la confianza y la fidelidad.

En primer lugar, nos encontramos con una mujer. Las figuras femeninas en los relatos de la pasión tienen un valor central, ellas son las testigos privilegiadas de todo lo que acontece en esos días y su testimonio será central para sostener la fe de las primeras comunidades cristianas. Una mujer anónima unge la cabeza de Jesús con un perfume muy caro. Este gesto gratuito y audaz supone un acto profético (Mt 26, 12) que anuncia el desenlace de la historia, pero también denuncia la hipocresía de una sociedad que se escandaliza por gestos como el de esta mujer, pero permite y alienta el egoísmo de muchos para su propio beneficio.

En contraste con la actuación de esta mujer está la de Judas que traiciona al maestro por unas pocas monedas. Ella, al derramar el perfume, está demostrando su fe en Jesús y el valor de su entrega. Judas, al vender al maestro por dinero, escenifica su desconfianza en el proyecto de Jesús y quiere darle fin.

Otra mujer, la esposa de Pilato, es capaz de descubrir que Jesús es un hombre justo. Los acontecimientos que se desarrollan tras el prendimiento de Jesús actualizan las palabras del profeta Isaías cuando describe al siervo de Yahvé. El siervo de Yahvé es el justo por excelencia porque entrega su vida por el bien de todos/as y pone toda su confianza en el Dios que los sostiene (Is 50, 4-7). La mujer del dignatario romano, una mujer gentil, testimonia la inocencia de Jesús al contrario de lo que hace su esposo que duda y de las autoridades judías que lo condenan.

Por último, Mateo señala que un grupo importante de mujeres, que habían seguido a Jesús desde Galilea contemplan desde lejos la crucifixión y muerte de Jesús. Ellas, discípulas del maestro, permanecen cerca de él hasta el final. Sienten miedo, impotencia y dolor, pero no huyen. Su camino creyente les posibilitará hacer la experiencia del encuentro de Jesús resucitado.

En segundo lugar, la memoria de fe. A lo largo del relato de la pasión se alza con fuerza la llamada a hacer memoria, a recordar como un modo de fortalecer la esperanza y confiar en la acción salvadora de Dios.

Las palabras de Jesús que concluyen el relato de la unción en Betania (Mt 26, 13) invitan a recordar a la mujer y el gesto que ha hecho. Ella y su acción encarnan la Buena Noticia del Reino, pero lo hacen, no con un entusiasmo ingenuo sino con el realismo de quien conoce las dificultades, y sabe que el camino no es fácil. Los episodios que se narran a continuación muestran con crudo realismo esa verdad. Por eso, recordarla a ella y a su gesto implica incorporarla a la memoria pasionis, al camino de Jesús que abrazaba el abismo de la impotencia y la muerte para poder ofrecer su salvación a todo ser humano sin distinción (Filp 2, 6-11).

Jesús vuelve a invitar a hacer memoria en la cena con sus discípulos y discípulas la víspera de su muerte. Toma el pan y el vino para expresar a través de ellos su entrega y su renuncia, su fidelidad y la gratuidad que brota de su existencia. En el pan y el vino seguimos actualizando nuestra fe y nuestro seguimiento, conscientes de que el camino no es fácil porque la cruz es locura, injusticia y, con frecuencia, la esperanza se quiebra y parece abrirse una ventana al absurdo. Por eso es necesario recordar, hacer presente la Buena Noticia, ungir la vida con el perfume de la profecía.

Al final, la invitación es hacer memoria de la esperanza que sostienen nuestra fe. En los momentos difíciles que nos toca vivir, quizá, el miedo y la desconfianza puedan oprimir nuestro corazón, pero como las mujeres que ungieron y acompañaron a Jesús en sus últimos días en Jerusalén hoy seguimos llamadas y llamados a acompañar la cruz, a sostener la esperanza, a ungir la vida para que la Buena Noticia del Reino siga tendiendo un lugar en el mundo.

Que en estos tiempos recios la experiencia pascual fortalezca nuestro caminar y sea luz y sentido para cada uno de nosotros y nosotras.

Carmen Soto Varela, ssj

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Pecado – Cruz – Dolor.

domingo, 5 de abril de 2020
Comentarios desactivados en Pecado – Cruz – Dolor.

263E8EA4-6512-42B8-84EF-615344392E10Domingo de Ramos

5 abril 2020

Mt 27, 11-54

Tal como la presenta el catecismo, la llamada “historia de la salvación” pivota sobre dos ejes inseparables: la doctrina del “pecado original” y la doctrina de la “redención”, el pecado y la cruz.

Durante siglos, el catecismo fue petrificando esa creencia hasta llegar a configurar el imaginario colectivo cristiano. Aun a riesgo de caer en la caricatura, el núcleo de la misma podría expresarse de este modo: el designio de Dios se frustró debido al pecado de “nuestros primeros padres”, que fueron expulsados del paraíso y condenados a vivir con dolor en este “valle de lágrimas”. Ahí podría haber terminado todo, pero Dios fue sacando adelante su proyecto de salvación. Para ello se eligió un pueblo (Israel o el pueblo judío) del que habría de nacer el Mesías, su propio Hijo. Este, por medio del suplicio de la cruz, expiaría aquel pecado primero y, de ese modo, redimiría (rescataría) a toda la humanidad que creyera en él.

En esa apretada síntesis quedan claros los dos pilares sobre los que se asienta la creencia: el pecado originaly la cruz. La conexión entre ambos es sustancial, hasta el punto de que si uno de ellos se tambalea, el otro se viene abajo. Tal vez ello explique las resistencias de la autoridad eclesiástica a reconocer el carácter mítico del relato del Génesis. Quizás teme que, si se niega historicidad al llamado “pecado original”, resulte insostenible la doctrina de la redención tal como habitualmente se ha explicado.

Pero es justamente esa doctrina la que es necesario desmitificar, porque a lo largo de los siglos ha generado culpabilidad y dolorismo hasta extremos no fácilmente imaginables. Culpa, porque el ser humano se veía “pecador” incluso antes de nacer: la humanidad entera era vista, desde san Agustín, como “massa damnata” (masa corrompida). Y dolorismo porque, tal como se leían los designios de Dios, el modo como Jesús nos habría librado de la culpa fue a través del sufrimiento de la cruz. A partir de ahí, era fácil deslizarse hacia la idea de que el dolor en sí mismo era bueno y agradaba a Dios. ¿No es evidente que todo el ceremonial característico de la “Semana Santa” se hallaba impregnado de culpabilidad y dolorismo?

Desmontar todo ese imaginario pasa por reconocer que el relato bíblico del Génesis es solo un mito –de la “caída” o del “paraíso perdido”– con el que los primeros humanos trataron de explicarse el porqué del mal en el mundo. Por tanto, si no existió tal “pecado” tampoco se necesita una “expiación”.

Jesús murió ajusticiado. Pero eso no se debió al arbitrio de un Dios ofendido que así lo dispusiera, ni tampoco a que el propio Jesús valorara el dolor o entendiera su existencia en clave de expiación. Todo ello sería muy posterior. Jesús fue ejecutado porque estorbaba al poder dominante.

No hay culpa ni valoración alguna del dolorismo. El único vicio de la humanidad –dijo ya Platón– es la ignorancia acerca de lo que somos. Lo que nos salva no es, por tanto, el dolor sino la comprensión.

¿Qué consecuencias te parece que se han derivado de la doctrina del “pecado original” y de la “redención”?

Quien esté interesado en esta cuestión o desee profundizar en los argumentos que este comentario da por supuestos puede leer “¿Qué Dios y qué salvación? Claves para entender el cambio religioso”, publicado por Desclée De Brouwer.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

¿Por qué nos has abandonado?

domingo, 5 de abril de 2020
Comentarios desactivados en ¿Por qué nos has abandonado?

índiceDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Semana Santa.

Este año la Semana Santa «la llevamos puesta» y a cuestas. La celebraremos -¿celebrar?- en nuestra propia casa, en nuestra propia persona, en nuestros miedos y angustias personales y de la sociedad. La Semana Santa de este año es cuarentena, confinamiento, pandemia, es sufrimiento.

         En cierto sentido este año nosotros estamos subiendo, como Jesús, a Jerusalén, al Calvario.

  1. Más allá de los medios informativos.

         Tal vez esta, pudiera ser la pandemia más grande que el ser humano haya vivido no ya en la historia, sino en la evolución; y ello sobrecoge, abruma. Somos una «nada» en el universo, en la evolución, en la humanidad. Pero somos mucho para Dios.

         Para la ciencia, la economía, para la política existen problemas, y han de tratar de intentar solucionarlos con la investigación médica, las medidas sanitarias, económicas, etc.

Para quien piensa y quien cree existe el misterio y las preguntas más radicales de la existencia humana.

Sería una pena que viviéramos este tiempo de desierto duro, de confinamiento únicamente con el divertimento, la distracción y los “WhatsApp”. El capitalismo tiene como método y objetivo que la gente no se entere que se aburre, por eso todo consiste en pasarlo lo mejor posible: viajes, internet, huidas, pero no pienses, no dejes que broten las grandes cuestiones de la vida.

         Más allá del alud de informaciones de los medios de comunicación, más allá incluso de la misma medicina y de la ciencia, muy por encima del problema económico y de la crisis que pueda acarrear, esta situación nos sitúa ante el problema del misterio del ser humano, ante el misterio de la fragilidad humana, ante el misterio del sentido de la vida y de la muerte. En último término estamos ante el misterio de Dios.

         Esta enfermedad de muerte nos sitúa también ante el silencio de Dios, ante la «ausencia de Dios», ante el misterio de Dios. ¿Dónde está Dios?

  1. ¿Por qué nos has abandonado?

         En el relato de la pasión y muerte de Jesús según San Mateo[1], las últimas palabras de Jesús en vida, en la cruz, Jesús muere sintiendo el abandono de Dios: Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado, (Mateo 27,46). Fueron las últimas palabras de Jesús (en la versión de Mateo).

         Seguro que Jesús recitó muchas veces y por diversos motivos esas palabras (que son el salmo 21). ¿Por qué nos has abandonado?

         También nosotros podemos experimentar el abandono de Dios.

         Quizás nuestra oración hoy pueda ser un clamor a Dios: ¿Por qué nos has abandonado?

         No es menos cierto que en el evangelio de Lucas Jesús muere confiando en Dios: Padre a tus manos encomiendo mi espíritu, (Lc 23,46).

Es momento de activar la esperanza

         Nadie puede vivir sin preguntarse: qué será de mí –hoy mismo, mañana, pasado mañana, dentro de poco, dentro de algunos años, en el futuro lejano- qué será de mí mismo, de mi trabajo, de mis proyectos y de mis aspiraciones, de mi familia, de mis seres cercanos, de mis semejantes a los que estoy unido de algún modo. ¿Qué será del estado, de los desarrollos políticos, de nuestro planeta? ¿Qué será del universo?

La esperanza está vinculada inseparablemente a la existencia humana. El ser humano es esperante.

Este año, el domingo de Ramos leemos la pasión según S Mateo

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Ojos nuevos”. 22 de marzo de 2020. 4 Cuaresma (A). Juan 9,1- 41.

domingo, 22 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en “Ojos nuevos”. 22 de marzo de 2020. 4 Cuaresma (A). Juan 9,1- 41.

timthumb-php_-682x1024El relato del ciego de Siloé está estructurado desde la clave de un fuerte contraste. Los fariseos creen saberlo todo. No dudan de nada. Imponen su verdad. Llegan incluso a expulsar de la sinagoga al pobre ciego: «Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios». «Sabemos que ese hombre que te ha curado no guarda el sábado». «Sabemos que es pecador».

Por el contrario, el mendigo curado por Jesús no sabe nada. Solo cuenta su experiencia a quien le quiera escuchar: «Solo sé que yo era ciego y ahora veo». «Ese hombre me trabajó los ojos y empecé a ver». El relato concluye con esta advertencia final de Jesús: «Yo he venido para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos».

A Jesús le da miedo una religión defendida por escribas seguros y arrogantes, que manejan autoritariamente la Palabra de Dios para imponerla, utilizarla como arma o incluso excomulgar a quienes sienten de manera diferente. Teme a los doctores de la ley, más preocupados por «guardar el sábado» que por «curar» a mendigos enfermos. Le parece una tragedia una religión con «guías ciegos» y lo dice abiertamente: «Si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán al hoyo».

Teólogos, predicadores, catequistas y educadores, que pretendemos «guiar» a otros sin tal vez habernos dejado iluminar nosotros mismos por Jesús, ¿no hemos de escuchar su interpelación? ¿Vamos a seguir repitiendo incansablemente nuestras doctrinas sin vivir una experiencia personal de encuentro con Jesús que nos abra los ojos y el corazón?

Nuestra Iglesia no necesita hoy predicadores que llenen las iglesias de palabras, sino testigos que contagien, aunque sea de manera humilde, su pequeña experiencia del evangelio. No necesitamos fanáticos que defiendan «verdades» de manera autoritaria y con lenguaje vacío, tejido de tópicos y frases hechas. Necesitamos creyentes de verdad, atentos a la vida y sensibles a los problemas de la gente, buscadores de Dios capaces de escuchar y acompañar con respeto a tantos hombres y mujeres que sufren, buscan y no aciertan a vivir de manera más humana ni más creyente.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

“Fue, se lavó, y volvió con vista”. Domingo 22 de marzo de 2020. Domingo 4º de Cuaresma, ciclo A.

domingo, 22 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en “Fue, se lavó, y volvió con vista”. Domingo 22 de marzo de 2020. Domingo 4º de Cuaresma, ciclo A.

17-CuaresmaA4Leído en Koinonia:

1Sm 16,1b.6-7.10-13ª: David es ungido rey de Israel
Salmo responsorial 22: El señor es mi pastor, nada me falta
Ef 5,8-14: Levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz
Jn 9,1-41: Fue, se lavó, y volvió con vista

El pueblo de Dios se planteó desde antiguo un gran problema: ¿cómo saber quién es el enviado de Dios? Muchos aparecían haciendo alarde de sus habilidades físicas, de su astucia, de su sabiduría, incluso, de su profunda religiosidad, pero era muy difícil saber quien procedía de acuerdo con la voluntad del Señor y quien quería ser líder únicamente para obtener el poder.

En la época de Samuel la situación era realmente complicada. El profeta, movido por el Espíritu de Dios, buscó un líder que sacara al pueblo del difícil atolladero de la crisis interna de las instituciones tribales y de la amenaza de los filisteos. Surgió Saúl, un muchacho distinguido, de buena familia y de extraordinaria complexión física. Los hebreos más pudientes lo apoyaron de inmediato, esperando que el nuevo rey lograra controlar el avance de los filisteos. Sin embargo, el nuevo rey en poco tiempo se convirtió en un tirano insoportable que agravó el conflicto interno y que, por sus constantes cambios de comportamiento, comprometió seriamente la seguridad de las tierras cultivables. Samuel, entonces, pensó que la solución era ungir un nuevo rey, una persona que se pudiera hacer cargo de la situación. La unción profética se convirtió, en aquel momento, en el medio por el cual se legitimaba la acción de un nuevo líder ‘salvador’ del pueblo. Siglos más tarde, los profetas se dieron cuenta de que no bastaba cambiar el rey para cambiar la situación, sino que era necesario buscar un sistema social que respetara los ideales tribales, lo que luego se llamo ‘el derecho divino’. Sin embargo, subsistió la idea de que el ‘líder salvador’ tenía que ser designado por un profeta reconocido. De este modo, la unción de los caudillos de Israel pasó a ser un símbolo de esperanza en un futuro mejor, más acorde con los planes de Dios.

En la época del Nuevo Testamento, el pueblo de Dios que habitaba en Palestina enfrentó un gran reto: ¿cómo hacer reconocer a Jesús como ungido del Señor? Aunque Jesús había conocido a Juan Bautista y, luego, había retomado su predicación, se cernía aún sobre él la duda, debido a su origen humilde, a la manera tan diferente de interpretar la ley y a su poca vinculación con el templo y sus rituales. Muchos se oponían a reconocer que él era un profeta ungido por el Señor, movidos simplemente por prejuicios culturales y sociales. La comunidad cristiana tuvo que abrirse paso en medio de estos obstáculos y proclamar la legitimidad de la misión de Jesús. Solamente quien conociera la obra del Nazareno, su entrañable amor a la vida, su dedicación a los pobres, su predicación del reinado de Dios, podía reconocer que él era el “ungido”, el “Mesías” (como se dice en hebreo), o el “Cristo” (como se dice en griego).

Las ‘señales y prodigios’ que Jesús actuó en medio de la gente pobre causaron gran impacto y, por esto, fueron motivo de controversia. Los opositores del cristianismo veían en las sanaciones que Jesús obraba, simplemente la labor de un curandero. Sus discípulos, por el contrario, comprendían todo su valor liberador y salvífico. Pues, no se trataba sólo de poner remedio a las limitaciones humanas, sino de devolverle toda la dignidad al ser humano. La persona que recuperaba la visión podía descubrir que su problema no era un castigo de Dios por los pecados de sus antepasados, ni una terrible prueba del destino. Era una persona que pasana de la desesperación a la fe y descubría en Jesús al profeta, al ungido del Señor. Su problema, una limitación física, se le había convertido en una terrible marca social y religiosa. Pero, el problema no era su limitación visual, sino la terrible carga de desprecio que la cultura le había impuesto. Jesús lo libera del insufrible peso de la marginación social y lo conduce hacia una comunidad donde lo aceptan por lo que él es, sin importar las etiquetas que los prejuicios sociales le habían impuesto.

En el evangelio se nos relata una especie de drama entre los vecinos del lugar donde el ciego solía pedir limosna, los fariseos que eran un grupo de judíos piadosos y cumplidores de la ley y los “judíos” en general, una expresión genérica con la que el evangelista designa a las altas autoridades religiosas del pueblo judío de la época de Jesús. Hasta los padres del ciego son involucrados en el drama.

Se trata de un verdadero «drama teológico», simbólico, de una gran belleza literaria. De ninguna manera se trata de una narración cuasiperiodística de unos hechos históricos, o de un relato que nos describa ingenuamente cómo sucedieron las cosas. No olvidemos que es Juan quien escribe, y que su evangelio se mueve siempre en un alto nivel de sofisticación, de recurso al símbolo y a la insinuación indirecta. Si tenemos que dirigir la palabra en la homilía, conviene no «contar» las cosas como quien cuenta hechos históricos tal cual, como si estuviera entreteniendo a unos niños. Los oyentes son adultos y agradecen que se les trate como a tales, sin abusar de que se tiene la palabra en un ámbito litúrgico donde por respeto nadie va a levantar la mano ni menos a contradecir, y que por eso se puede decir cualquier cosa, que «todo cuela» en ese ambiente.

En el «drama teológico» que hoy leemos, de Juan, el ciego se convierte en el centro. Todos se preguntan cómo es posible que un ciego de nacimiento sea ahora capaz de ver. Sospechan que algo grande ha sucedido, preguntan por el que ha hecho ver al ciego, pero no llegan a creer que Jesús sea la causa de la luz de los ojos del ciego. Un simple hombre como Jesús no les parece capaz de obrar tales maravillas. Menos aún habiéndolas obrado en sábado, día sagrado de descanso que los fariseos se empeñaban en guardar de manera escrupulosa. Y menos aún siendo el ciego un pobretón que pedía limosna al pie de una de las puertas de la ciudad. Todos interrogan al pobre ciego que ahora ve: los vecinos, los fariseos, los jefes del templo. Jesús se hace encontradizo con él, solidariamente, al enterarse de que lo han expulsado de la sinagoga. Y en este nuevo encuentro con Jesús el ciego llega a «ver plenamente», a «ver» no sólo la luz, sino la «gloria» de Dios, reconociendo en él al enviado definitivo de Dios, el Hijo del hombre escatológico, el Señor digno de ser adorado… Es el mensaje que Juan nos quiere transmitir narrando un drama teológico -como es su estilo- más que afirmando proposiciones abstractas -como hubiera hecho si hubiera sido de formación filosófica griega-.

Al final del texto las palabras que Juan pone en labios de Jesús hacen explotar el mensaje teológico del drama: Jesús es un juicio, es el juicio del mundo, que viene a poner al mundo patas arriba: los que veían no ven, y los que no veían consiguen ver. ¿Y qué es lo que hay que ver? A Jesús. Él es la luz que ilumina.

No haría falta echarle metafísica y ontología griega a este drama… Es un lenguaje de «confesión de fe». La comunidad de Juan está «entusiasmada», llena de gozo y de amor, poseída realmente por el descubrimiento que ha hecho en Jesús. Sienten que Él les cambia el mundo, que ven las cosas al revés que antes, y que es en Él en quien Dios se les ha hecho patente. Y así lo confiesan. No hace falta más. La ontología de los siglos subsiguientes es cultural, occidental, griega. Para el caso, sobra.

¿Qué significa hoy para nosotros? Lo mismo, sólo que a 20 siglos de distancia. Con más perspectiva, con más sentido crítico, con más conciencia de la relatividad (no digamos “relativismo”) de nuestras afirmaciones, sin fanatismos ni exclusivismos, sabiendo que la misma manifestación de Dios se ha dado en tantos otros lugares, en tantas otras religiones, a través de tantos otros mediadores. Pero con la misma alegría, el mismo amor y el mismo convencimiento. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

22.3.20. Dom 4. Cuaresma Ciclo A: Contra los que imponen a otros su ceguera (Jn 9, 1-41)

domingo, 22 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en 22.3.20. Dom 4. Cuaresma Ciclo A: Contra los que imponen a otros su ceguera (Jn 9, 1-41)

69136AB8-E09F-436D-9AC4-67F7B13EF2F2Del blog de Xabier Pikaza:

En un mundo de ciegos (con E. Sábato)

  Hoy es el domingo del ciego de nacimiento, pero más que su curación externa, el evangelio describe la polémica de Jesús contra aquellos que le critican y persiguen porque cura a los ciegos no para someterles mejor a su Ley, sino para que sean libres y libremente vean y viva. El tema  no es, por tanto, la curación externa en sí misma, sino el enfrentamiento entre un tipo de malos fariseos, que quieren mantener a los hombres ciegos (oprimidos), bajo una ley que ellos han impuesto a su servicio, y unos hombres como Jesús, que quieren curar  los ciegos, para que vivan y vean en libertad, sin ser oprimidos por otros.

Ésta no es una doctrina nueva, que se me haya ocurrido ahora (año 2020), sino el tema central de un largo curso dirigido en el Bíblico de Roma, el año 1976/7, por I. de la Potterie, un exegeta, por otra parte, muy tradicional, que podía titularse así: Unos fariseos conspiran contra Jesús porque cura a los ciegos.

            Según el evangelio de Juan, hay una religión falsamente farisea  que ciega a los hombres, para mantenerles sometidos. Desde ese fondo pueden leerse algunos rasgos  de la pandemia del coronavirus, que nos sitúa, por un lado, ante una gran ceguera (no sabemos en realidad lo qué pasa) y por otro ante rumores de una gran conspiración, que podría hallarse dirigida por chinos, norteamericanos u otros grupos de presión para  tenernos así a todos ciegos (bajo su dominio).

B8D35247-147D-4489-BC6D-D40BAB412E38         Quiero decir de antemano que no creo en ese tipo de conspiración, aunque formo parte de una generación a la que nos han maleducado y engañado (dominado) con conspiraciones de diverso tipo, dirigidas por sabios de Sion o contubernios judeo‒masónicas. Se habla por ahí de conspiraciones comunistas o capitalistas, musulmanas o norteamericanas, vaticanas  o protestantes, masónicas, diabólicas, sectarias etc.  No creo en conspiraciones, pero es evidente que existe un miedo a la luz con gentes y grupos que quieren impedir que los ciegos vean, como expone con toda claridad el evangelio de Jn 9.

No creo en una conspiración del coronavirus,  el  tema se explica de otra forma,  por fragilidad biológica, como efecto de un tipo de globalización, por  el cambio climático que libera gentes dormidos de siglos, o simplemente por azares impredecibles. En esa línea, en el comienzo de Jn 9, el mismo Jesús dice a sus discípulos que el problema no está en saber el saber el origen de la ceguera, sino en curar a los cielos. Pero, dicho eso, el texto  describe con todo lujo de detalles la conspiración de un tipo de “fariseos” (seguros de su ley) que se oponen a la curación de Jesús, porque prefieren que los ciegos sigan ciegos. 

 Este es un evangelio importante, pero solemos leerlo pasando de puntillas ante su argumento, pensando que se dirige en contra de otros fariseos, cuando de hecho se dirige, hoy más que nunca, a nuestra iglesia, a nuestro mundo,  que sigue conspirando en contra de los “dadores de luz”, como fue Jesús. Así lo mostraré en esta postal,  que consta de tres partes. (1) El texto: Jn 9. (2) Una explicación general de tipo exegético. (3) Situar en ese fondo la teoría visionaria de la conspiración de los ciegos que ofrece E. Sábato en Informe sobre ciegos  (cf. imagen siguiente)

1. TEXTO. JUAN 9,1-41

 37472613-40C9-4AEA-8B1C-305562E36916Es largo, puede pasarlo quien ya lo conoce. A pesar de ello lo voy a reproducir entero. Es un prodigio, he dicho. Basta con leerlo y dejarse impresionar. Si alguien quiere puede pasar luego a mi comentario. El que tenga más tiempo puede leer, finalmente, el Informe sobre Ciegos de E. Sábato, y sacar por sí mismo las consecuencias:

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. [Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quien pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?» Jesús contestó: «Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»

Dicho esto,] escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado.» Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?» Unos decían: «El mismo.» Otros decían: «No es él, pero se le parece.» Él respondía: «Soy yo.»

[Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto los ojos?» Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver.» Le preguntaron: «¿Dónde está él?» Contestó: «No sé.»]

Llevaron ante LOS FARISEOS al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.» Algunos de los FARISEOS comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban: ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?» Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?» Él contestó: «Que es un profeta.»

[Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?» Sus padres contestaron: «Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse.» Sus padres respondieron así porque tenían miedo los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.»

Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: «Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.» Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.» Le preguntan de nuevo: ¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?» Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?» Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.

» Replicó el ciego: «Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.»]

1D8E7938-FD6C-48E5-8146-E002B6AD9A8CLe replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?» Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús les dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.» Él dijo: «Creo, señor.» Y se postró ante él.

[JESÚS añadió: «Para un juicio he venido ya a este mundo; para que los que no ve vean, y los que ven queden ciegos.»

LOS FARISEOS que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?»

JESÚS les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.»]

2. COMENTARIO DE X. PIKAZA

Introducción

Los fariseos de este pasaje, parásitos controladores de la luz (que quieren mantener al ciego en su ceguera), no son “los judíos”, en contra de los cristianos (que seriamos los buenos alumbradores), sino un tipo especial de personas (judíos o cristianos, ateos o creyentes…) que diciendo que diciendo que tienen la ley de la ley la acaparan para su servicio e impiden que otros hombres (en especial los marginados) vean.

Por eso quiero empezar este comentario diciendo que hay dos tipos de religión, como decía un judío mesiánico llamado H. Bergson (Las dos formas de religión y de moral): (a) Hay una religión que crea y alumbra, que da luz a los ciegos, que ensancha la vida y libera como la de Jesús y otros muchos judíos, cristianos, budistas, musulmanes… (b) Hay una religión explotadora, propia de conspiradores, que viven de controlar e impedir que los otros vean por sí mismos, como los fariseos de este pasaje de Juan, y como muchos otros cristianos, judíos etc etc.

Un texto litúrgico

            Este pasaje de Jn 9 fue desde el principio un texto de “liturgia”, una catequesis que la Iglesia vuelve a presentar en cuaresma, entre el pasaje del agua (3ª Semana, Samaritana: Jn 4, 5-42) y el de la vida (5ª semana, de Lázaro: Jn 11,1-45)

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Una historia en siete escenas y quince preguntas”. Domingo 4º de Cuaresma. Ciclo A.

domingo, 22 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en “Una historia en siete escenas y quince preguntas”. Domingo 4º de Cuaresma. Ciclo A.

ciego-de-nacimientoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

De nuestro corresponsal en Jerusalén

«A mi hijo lo citaron como testigo, lo estuvieron interrogando más de dos horas y, al final, lo condenaron como culpable. ¿Usted ha oído hablar de algo parecido?» Me lo dice el padre de un ciego de nacimiento, en voz baja, por miedo a las autoridades. Un caso que tiene conmocionada a Jerusalén en estos días de la gran fiesta.

Todo comenzó el sábado pasado, cuando un muchacho ciego de nacimiento fue curado de su ceguera por un galileo llamado Jesús. Al parecer, entre sus discípulos se planteó la discusión de si era ciego por culpa propia o de sus padres. Jesús dijo que nadie tenía la culpa, se agachó a recoger un poco de polvo, escupió sobre él y untó el barro en los ojos del ciego. Luego le mandó lavarse en la piscina de Siloé. Lo hizo y comenzó a ver.

Este corresponsal ha intentado ponerse en contacto con el ciego pero le ha resultado imposible. Tampoco hay noticias de Jesús, que parece haber abandonado la ciudad. Según algunos, este galileo se considera superior a Abrahán y Moisés y no se siente obligado a observar el sábado. Las autoridades, preocupadas por el escándalo que está provocando en la población, convocaron al ciego como testigo de cargo contra Jesús. Según su padre, se comportó de manera imprudente y de testigo terminó en acusado y condenado. No se extrañen. Jerusalén no es Alejandría. En Jerusalén todo es posible.

Un relato en seis escenas

La curación del ciego de nacimiento en una joya literaria, por su dinamismo, diálogo, ironía. Podemos distinguir siete escenas: 1) Jesús, los discípulos y el ciego. 2) El ciego y sus vecinos. 3) El ciego y los fariseos. 4) Los judíos y los padres del ciego. 5) Los judíos y el ciego. 6) Jesús y el ciego. 7) Los fariseos y Jesús

  1ª escena: Los discípulos y Jesús. 1ª pregunta

(La escena tiene lugar al comienzo de las escaleras que conducen al templo de Jerusalén. Un hombre de unos veinte años, ciego, está sentado pidiendo limosna. Jesús y sus discípulos se aproximan a él entrando por la izquierda. Felipe mira al ciego con detenimiento y comienza a discutir con Bartolomé. Luego se acercan a Jesús.)

Al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron:
-«Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?»
Jesús contestó:
-«Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»

    La relación entre pecado y castigo estaba muy difundida en el antiguo Israel (y también entre bastantes de nosotros). Jesús mismo ha dicho poco antes al paralítico: «no peques para que no te ocurra algo peor». Sin embargo, en este caso, niega cualquier relación de la enfermedad con un hipotético pecado del ciego o de sus padres. Nació ciego «para que se manifiesten en él las obras de Dios». Una respuesta que puede escandalizar a más de uno. ¿Es preciso que una persona sufra para que Dios manifieste su poder? Dejemos de momento este tema.

            En la respuesta de Jesús a los discípulos hay unas palabras esenciales, claves para entender todo el relato: «Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo». ¿Cómo ilumina Jesús? ¿En qué consiste esa luz? Lo descubriremos al final.

            La forma de realizar el milagro es desconcertante a primera vista. En el evangelio de Juan, igual que en los Sinópticos, la palabra de Jesús es poderosa. Lo demostrará sobre todo poco más tarde resucitando a Lázaro con la simple orden: «Lázaro, sal fuera». Sin embargo, para curar al ciego adopta un método muy distinto y complicado. Forma barro con la saliva, le unta los ojos y lo envía a la piscina del Enviado (Siloé). El barro en los ojos recuerda a la curación del ciego de Betsaida que cuenta Marcos, donde Jesús le aplica saliva en los ojos y luego le aplica las manos (Mc 8,22-25). La idea de lavarse en la piscina recuerda la orden de Eliseo a Naamán de bañarse siete veces en el Jordán.

            ¿Se trata de la reminiscencia de un gesto mágico? La clave está en la cuádruple referencia al barro, unida a la indicación: «era sábado el día que Jesús hizo barro». Una contravención expresa del descanso sabático, igual que ocurrió en la curación del paralítico de la piscina. Una de las acusaciones más fuertes que se hacen a Jesús en el cuarto evangelio.

En esta primera escena el ciego no dice nada. Se limita a obedecer.

2ª escena: el ciego y los vecinos

Diálogo cargado de ironía. En el conjunto, es importante advertir que el ciego sabe que el hombre que lo ha curado se llama Jesús, pero no sabe dónde está.

Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir
limosna preguntaban:
—¿No es ése el que se sentaba a pedir?
Unos decían: —El mismo.
Otros decían: —No es él, pero se le parece.
El respondía: —Soy yo.
Y le preguntaban: —¿Y cómo se te han abierto los ojos?
El contestó: —Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver.
Le preguntaron: —¿Dónde está él?
Contestó: —No sé.

3ª escena: los fariseos y el ciego

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. (Era sábado el día que Jesús hizo
barro y le abrió los ojos.) También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la
vista.
El les contestó:
—Me puso barro en los ojos, me lavé y veo.
Algunos de los fariseos comentaban:
—Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.
Otros replicaban:
—¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
—Y tú ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?
El contestó:
—Que es un profeta.

            Plantea el problema del sábado. Comienza advirtiendo el evangelista que «era sábado el día que Jesús hizo barro», y algunos fariseos concluyen: «Este hombre no viene de Dios porque no guarda el sábado». Sin embargo, otros se sienten desconcertados, como le ocurrió a Nicodemo: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?».

            El ciego habla poco. Repite la curación, pero con menos palabras que cuando la contó a sus vecinos. En cambio, su visión de Jesús ha mejorado notablemente. Ya no lo considera «un hombre» sino «un profeta». Lo mismo que dijo la samaritana, aunque por motivos distintos: ella, porque Jesús conocía toda su vida; el ciego, porque Jesús ha realizado un prodigio sorprendente.

4ª escena: los judíos y los padres del ciego

Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:
—¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora
ve?
Sus padres contestaron:
—Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego;pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse.
Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.»

Esta escena, que la liturgia permite suprimir, es esencial para comprender el mensaje del episodio a finales del siglo I. En la época de Jesús los fariseos no tenían poder para expulsar de la sinagoga; ese poder lo consiguieron después de la caída de Jerusalén en manos de los romanos (año 70), cuando el sacerdocio perdió fuerza y ellos se hicieron con la autoridad religiosa. A finales del siglo I, bastante después de la muerte de Jesús, es cuando comenzaron a enfrentarse decididamente a los cristianos, acusándolos de herejes y expulsándolos de la sinagoga. El relato de Juan refleja muy bien, a través de los padres del ciego, el miedo de muchos judíos piadosos a sufrir ese castigo si reconocían a Jesús como Mesías. Y las tensiones dentro de la familia cuando uno de sus miembros se hacía cristiano.

5ª escena: los fariseos y el ciego

Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron:

—Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.
Contestó él:
—Si es un pecador, no lo sé;sólo sé que yo era ciego y ahora veo:
Le preguntan de nuevo:
—¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?
Les contestó:
—Os le he dicho ya, y no me habéis hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?

Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:
—Discípulo de ése lo serás tú;nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene.
Replicó él:
—Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento, si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.
Le replicaron:
—Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?
Y lo expulsaron.

El ciego terminó su declaración anterior diciendo que Jesús es «un profeta». Los fariseos le exigen ahora que reconozca que «ese hombre es un pecador». Ante esa acusación, el ciego no lo defiende con argumentos teológicos sino de orden práctico: «Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.» Luego no teme recurrir a la ironía, cuando pregunta a los fariseos si también ellos quieren hacerse discípulos de Jesús. Y termina haciendo una apasionada defensa de Jesús: «si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.»

La tensión entre cristianos y judíos a finales del siglo I queda clara en las palabras de los fariseos: ellos se consideran «discípulos de Moisés», al que Dios habló, no de Jesús, del que «no sabemos de dónde viene». Resuena aquí un tema típico del cuarto evangelio: ¿de dónde viene Jesús? Es una pregunta ambigua, porque no se refiere a un lugar físico (Nazaret, de donde no puede salir nada bueno, según Natanael; Belén, de donde algunos esperan al Mesías) sino a Dios. Jesús es el enviado de Dios, el que ha salido de Dios. Y esto los fariseos no pueden aceptarlo. Por eso, Jesús es para ellos un pecador, aunque realice un signo sorprendente. Dios no puede salirse de los estrictos cánones que ellos le imponen. Por eso, terminan expulsado al ciego de la sinagoga.

6ª escena: Jesús y el ciego

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
—¿Crees tú en el Hijo del hombre?
El contestó:
—¿Y quién es, Señor, para que crea en él?
Jesús le dijo:
—Lo estás viendo: el que te está hablando ese es.
El dijo:
—Creo, Señor.

Y se postró ante él.      

Hasta ahora, el ciego sólo sabe que la persona que lo ha curado se llama Jesús. Él lo considera un profeta, está convencido de que no es un pecador y de que debe venir de Dios. El ciego ha empezado a ver. Pero la visión completa la recupera en la última escena, cuando se encuentra de nuevo con Jesús, cree en él y se postra a sus pies. Lo importante no es ver personas, árboles, nubes, muros, casas, el sol y la luna… La verdadera visión consiste en descubrir a Jesús, creer en él y adorarlo.

7ª escena: Jesús y los fariseos

Dijo Jesús:
—Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que
ven, se queden ciegos.
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:
—¿También nosotros estamos ciegos?
Jesús les contestó:
—Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado;pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.

La reacción del ciego da paso a la enseñanza final de Jesús. Al principio dijo que él era la luz del mundo. Ahora aclara en qué consiste su misión: «que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos». Volviendo a la situación de finales del siglo I, «los que ve» son los fariseos, las autoridades religiosas de Israel, que no dudan de nada y niegan que Jesús sea el Mesías; «los que no ven» son los judíos y paganos de buena voluntad que pueden descubrir poco a poco la persona de Jesús y creer en él.

Si tenemos en cuenta el valor simbólico de la figura del ciego, resulta más fácil entender las palabras iniciales de Jesús de que nació ciego «para que se manifiesten en él las obras de Dios». No se trata de ceguera física, sino de la ceguera espiritual de no conocer a Jesús.

La samaritana y el ciego

Hay un gran parecido entre estas dos historias tan distintas del evangelio de Juan. En ambas, el protagonista va descubriendo cada vez más la persona de Jesús. Y en ambos casos el descubrimiento los lleva a la acción. La samaritana difunde la noticia en su pueblo. El ciego, entre sus conocidos y, sobre todo, ante los fariseos. En este caso, no se trata de una propagación serena y alegre de la fe sino de una defensa apasionada frente a quienes acusan a Jesús de pecador por no observar el sábado.

Relación con la primera lectura: 1Samuel 16, lb. 6-7. 10-13a

En aquellos días, el Señor dijo a Samuel:
-«Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de vete Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mi».

Cuando llegó, vio a Eliab y se dijo: «Seguro que está su ungido ante el Señor».

Pero el Señor dijo a Samuel:
-«No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, mas el Señor mira el corazón». Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel.

Pero Samuel dijo a Jesé:
-«El Señor no ha elegido a estos».

Entonces Samuel preguntó a Jesé:
-«¿No hay más muchachos?».

Jesé respondió:
-«Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño».

Samuel dijo:
-«Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa mientras no venga».

Jesé mandó a por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia.

Entonces el Señor dijo a Samuel:
-«Levántate y úngelo de parte del Señor, porque es éste».

Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante.

Sin la ayuda de Dios, Samuel es incapaz de ver cuál es la persona elegida como rey de Israel. Sin la ayuda de Jesús, el hombre es incapaz de reconocerlo como su salvador.

Relación con la segunda lectura: Efesios 5, 8-14

Hermanos:
En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz -toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz-, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciadlas.
Pues hasta da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas.
Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.»

La luz que recibimos de Jesús debe manifestarse en nuestra forma de vivir, «como hijos de la luz»: con bondad, justicia, verdad.

 

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Cuarto Domingo de Cuaresma. 22 Marzo, 2020

domingo, 22 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en Cuarto Domingo de Cuaresma. 22 Marzo, 2020

Cuaresma4

“- Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y me lavase.

Entonces fui, me lavé y empecé a ver”.

(Jn 9, 1-41)

Para esta etapa del viaje que nos propone la Cuaresma tenemos un guía especial: el ciego de nacimiento.

El evangelio de este domingo es largo y muy rico en matices pero si nos fijamos en el ciego hay algo que llama poderosamente la atención: la fuerza de la experiencia personal.

No parece que este ciego estuviera interesado en la persona de Jesús, no es como aquel otro ciego (Mc 10, 46-52) que gritaba cuando supo que Jesús estaba cerca. Este ciego de nacimiento fue visto por Jesús.

La iniciativa fue toda de Jesús que sin preguntarle le puso barro en los ojos y lo mandó a lavarse. Él se dejó hacer y también hizo lo que le mandó Jesús. Y en ese intercambio de dejarse hacer y de hacer tuvo una profunda experiencia de la persona de Jesús. Tan honda y transformadora que le quitó todo el miedo (llega incluso a retar a los fariseos y parece que le trae sin cuidado que lo expulsen de la sinagoga).

Ciertamente no sabe quién es Jesús, no sabe nada de él pero su experiencia es irrefutable por eso cuando vuelve a encontrarse con Jesús cae de rodillas confesando: “-Creo, Señor.

Cuando Dios irrumpe en nuestras vidas, cuando hacemos experiencia de su gracia transformadora, hay muchas preguntas que seguimos sin saber responder. Pero hay una certeza tan intensa y personal que no logran empequeñecerla las dudas y menos aún las amenazas externas.

No, no sabemos explicarlo, no podemos dar detalles. Solo tenemos la evidencia de una luz que nos hace ver con claridad. Unos ojos recién estrenados que llenan nuestra vida de formas y colores.

Vayamos, de la mano de este guía que había sido ciego, a recobrar la mirada que descubre a Jesús como Señor.

Oración

Danos, Trinidad Santa, la valentía y la humildad necesarias para descubrir nuestras cegueras y para dejarnos curar por ti. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

La luz está ya en ti, deja que te inunde y desborde.

domingo, 22 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en La luz está ya en ti, deja que te inunde y desborde.

pictures-of-jesus-blind-man-thanks-1138184-galleryJn 9, 1-41

Todo el relato es simbólico, como la Samaritana del domingo pasado y la resurrección de Lázaro del próximo. Se propone un proceso catecumenal que lleva al hombre de las tinieblas a la luz; de la opresión a la libertad; de no ser nada a ser plenamente hombre. Jesús acaba de decir: “Yo soy la luz del mundo”. Lo repite y lo va a demostrar con hechos, dando la vista al ciego. Jesús no le consulta, pero no suprime su libertad, le da la oportunidad, pero la decisión queda en sus manos. Tendrá que ir a lavarse. Los demás personajes siguen en su ceguera: fariseos, apóstoles, paisanos, padres.

Al mezclar la tierra con su saliva está simbolizando la creación del hombre nuevo, compuesto por la tierra-carne y la saliva-Espíritu. De ahí la frase que sigue: le untó su barro en los ojos. El barro, modelado por el Espíritu, es el proyecto de Dios realizado ya en Jesús, y con posibilidad de realizarse en todos los seres humanos. Jn usa dos verbos para indicar la aplicación del barro en los ojos: aquí untar-ungir, en relación con el apelativo de Jesús «Mesías». Más adelante dirá sencillamente aplicar.

Aquí está la clave de todo el relato. El ciego es ahora un “ungido”, como Jesús. El hombre carnal ha sido transformado por el Espíritu. La duda de la gente sobre la identidad del ciego refleja la novedad que produce el Espíritu. Siendo el mismo, es otro. El hombre ciego ya era libre pero no lo había descubierto todavía. De ahí que el ciego utilice las mismas palabras que tantas veces, en Jn, utiliza Jesús para identificarse: «Soy yo«. Esta fórmula refleja la identidad del hombre transformado por el Espíritu. Descubre la transformación que se ha operado en su persona y quiere que los demás la vean.

El ciego, que hasta entonces era solo carne, se dejó transformar por el Espíritu. Debemos tomar conciencia de que el relato no da ninguna importancia al hecho de la curación física. Lo despacha con media línea. Lo que de verdad importa es que este hombre estaba limitado y carecía de toda libertad antes de encontrarse con Jesús. Su vida era anodina y dependiente de los demás. Ahora está llena de sentido. Pierde todo miedo y comienza a ser él mismo, no solo en su interior sino ante los fariseos que le acosan.

La piscina de Siloé estaba fuera de los muros de la ciudad. Recogía el agua de la fuente de Guijón que llegaba a ella conducida por un canal-túnel (de ahí el nombre arameo de «siloah»=emisión-envío, agua emitida-enviada). Jn aplica el nombre a Jesús, el enviado. La doble mención de untar-ungir y la de la piscina, término que era utilizado para designar la fuente bautismal, nos muestra que se está construyendo este relato a partir de los ritos de iniciación (bautismo) de la primera comunidad.

Al principio del relato no se había mencionado que era mendigo, incapacitado y dependiente de los demás. El punto de partida es clave para resaltar el punto de llegada. Jesús le va a dar la independencia. Le hace un hombre cabal. Tampoco se había mencionado que era sábado. Jesús no tiene en cuenta esa circunstancia a la hora de hacer bien al hombre. Amasar barro estaba explícitamente prohibido por la Ley. El amasar el barro el día séptimo, prolonga el día sexto de la creación. Jesús termina la creación del hombre.

A los fariseos no les importa que un hombre haya sido curado. No se alegran del bien del hombre. Solo les interesa la Ley y creen que a Dios tampoco le importa el hombre. Acuden a los padres para desvirtuar el hecho que no pueden negar. Los padres son gente sometida, en tinieblas. La pregunta es triple: ¿Es vuestro hijo? ¿Nació ciego? ¿Cómo recobró la vista? Los padres responden a las dos primeras preguntas, pero a la tercera, la más importante, no se atreven a responder. El miedo les impide aceptar cualquier complicidad con el hecho. Tienen miedo de ser expulsados de la institución.

Al fallarles la argucia empleada con los padres, intentan confundir al ciego. Quieren, por todos los medios, conseguir la lealtad del ciego aún en contra de la evidencia. Condenan a Jesús en nombre de la moral oficial y pretenden que le condene también el que ha sido curado. Ellos lo tienen claro, Dios no puede estar de parte del que no cumple la Ley. Dios no puede actuar contra el precepto ni siquiera en benefició del hombre. Quieren hacerle ver que la vista de que ahora goza es contraria a la voluntad de Dios.

El ciego no tiene miedo. Expresa lo que piensa ante los jefes. A las teorías opone los hechos. Puede que se haya quebrantado la Ley, pero lo que ha sucedido es tan positivo para él, que se hace la pregunta: ¿No estará Jesús por encima del sábado? Ha visto el amor gratuito y liberador. Él sabe ahora lo que es ser un hombre y sabe también lo que es Dios. Él ahora ve, los maestros están ciegos. Descubre que, en Jesús, está presente Dios. El hombre utiliza una teología admitida por todos. Dios no está de parte de un pecador.

Los fariseos están tan seguros de sí, que dudan de la misma realidad. El ciego no sabe nada, pero le es imposible negar lo que personalmente ha vivido. Por no negar su propia experiencia ni renunciar al bien que ha recibido, lo expulsan. Con su mentira han querido apagar la luz-vida. Al no conseguirlo, el hombre no puede permanecer dentro del ámbito de la muerte-tiniebla, que es la sinagoga. Lo mismo que Jesús tuvo que salir del templo, el ciego, que ha recibido la luz, tiene que salir de la institución judía.

«Fue a buscarlo». El (euron) griego no significa un encuentro fortuito, sino el fruto de una búsqueda. El contraste salta a la vista. Los fariseos lo expulsan, Jesús lo busca. No le dice, como al inválido de la piscina, que no vuelva a dejarse someter, porque ya se había mantenido firme ante los fariseos. Con su pregunta acaba la obra de iluminación. La acción de Jesús había hecho descubrir al ciego una nueva manera de ser hombre, cuyo modelo era Jesús, «el Hombre». Jesús quiere que tome conciencia de esta realidad.

El relato termina con la plena aceptación de Jesús por parte del ciego. «Se postró» (prosekinesen en griego) es el mismo verbo con que se designa la adoración debida a Dios en (Jn 4,20-24). El gesto de postrarse para adorar a Jesús no es infrecuente en los sinópticos, sobre todo en Mt, pero éste es el único pasaje de Jn en que aparece. Jesús, el Hombre, es el nuevo santuario donde se puede verificar la presencia de Dios. El ciego, expulsado, encuentra en Jesús el verdadero santuario, donde se puede rendir el culto a Dios ‘en espíritu y verdad’, anunciado a la Samaritana.

Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean y los que creen ver se queden ciegos. Era inconcebible que alguien pudiera tener por ciegos a los que estaban encargados de indicar el camino a los demás. Estas no son palabras de Jesús sino de los cristianos de finales del s. I. Clara alusión a los fariseos que se habían erigido en guías del pueblo. ¿También nosotros estamos ciegos? Eran los conocedores y cumplidores de la Ley, que tenían por ciegos a los demás. La respuesta de Jesús deja clara la realidad: Los que más cerca se creen de Dios, son los que menos le conocen.

Meditación

Creer en Jesús es creer en el Hombre.
Él es el modelo de hombre, el hombre acabado según el designio de Dios
Jesús es, a la vez, la manifestación de Dios y el modelo de hombre.
En su humanidad, se ha hecho presente lo divino.
Mi meta es también dejarme transformar en Espíritu.
Para ello hay que nacer de nuevo.

 

Para profundizar 

¿En qué grupo me encuentro yo?

¿Soy de los que ven pero no ven

O de los que no ven pero ven?

Si está leyendo esto, es que algo ves

Sé consciente de que tienes que aclararte algo más

El relato se propone como un proceso

Empieza con una experiencia personal

Y termina postrándose ante Jesús.

Conocimiento y experiencia inseparables.

Jesús es la luz del mundo porque vio la Luz dentro de él

No me va a iluminar desde fuera

Sino ayudándome a descubrir mi propia Luz

La luz-vida ya está en el fondo de mi ser

Si miro hacia fuera, nunca la descubriré

Vivir mi verdadero ser me hará libre

Pero lo esencial de mí, no se ve con los ojos

Solo desde la verdad que soy, seré hombre cabal

Ninguna de mis limitaciones me impedirá ser yo

Debo procurar superar toda limitación

Pero lo que soy no dependerá nunca de ellas

Solo el ciego ve lo que hay que ver

No se trata de una curación médica y fisiológica

La curación es solo el pretexto para hablar de otra visión

La verdadera visión del ciego está más allá de la vista

Mi error será dejarme llevar por lo que ven los ojos

También yo estaré ciego, mientras no me deje iluminar desde dentro

Toda la Luz del mundo está ya en mí

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

¿Ha pecado alguien?

domingo, 22 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en ¿Ha pecado alguien?

el-gran-mirlagroDesear a la mujer de tu prójimo no es pecado, es tener buen gusto (Alejandro Sanz)

22 de marzo. DOMINGO IV DE CUARESMA

Jn 9, 1-41

Les contestó: Si es pecador, no lo sé, una cosa me consta, que yo era ciego y ahora veo

En torno al sistema solar del término pecado, orbitan otras muchas, en otros idiomas, que pueden aclararlo.

En el acadio (Siglo XXII a.C.) significaba error, en árabe, equivocarse, en Jueces, 20, 16, errar en el blanco: “Toda esa gente, incluyendo los setecientos hombres escogidos eran zurdos, y sin embargo, cada uno de ellos podía lanzar piedras con la honda a un cabello si errar el tiro”.

Eran unos expertos lanzadores, como Guillerrmo Tell, famoso ballestero suizo que disparó la ballesta contra una manzana verde colocada sobre la cabeza de su propio hijo.

En el griego clásico, hamartein, significaba errar en el blanco, como ocurre cuando se dispara una flecha del arco y que hierra su blanco.

sombras-paraguasEl concepto de pecado, erróneamente traducido por San Jerónimo en la Vulgata, ha caído como un sunami de granizo, apedreando cuantas conciencias se paseaban tranquilas por la calle, arruinando totalmente las cosechas, y eso que era domingo de Laetare.

¡¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

gritaban las campanas de todas las iglesias.

Dicho concepto se ha expandido durante siglos sobre la cristiandad como una pandemia similar a la del coronavirus.

confesionario“La confesión, dice Fray Marcos, es un proceso que nos debe llevar a una conciencia de la superación de estos fallos, de una desesperanza a una total confianza”, o como otros dicen, por ejemplo, José Arrregui, un concepto bastante descabellado imposible de ser creído.

Personalmente me atribuló de joven, pero desde hace mucho tiempo, ni caso, y los confesionarios de las iglesias se han venido abajo, pues hace más de treinta años que no los visito: los considero un Museo considerablemente trasnochado.

“Desear a la mujer de tu prójimo no es pecado, es tener buen gusto”, decía el cantautor español Alejandro Sanz, con las cuerdas de su artística guitarra.

 

CONFESIONARIO

Tarde de domingo en un oscuro templo madrileño.

Personas en la cola esperando confesarse con un cura retrógrado
que repartía en un crecido
ego te absolvo in pecatis tuis,
in nomine Patris, vade in pace.

Y se iban a la calle satisfechos,
después de haber vaciado en el cubo de la basura
los pesados pecados de su conciencia culpable.

Llamé al cura retrógrado,
y cuando salió fuera vestido de absolvos y de vades in pace,
les agarré a todos por el cuello de la camisa,
y les arrojé a la basura, apartándome el rostro,
porque el olor a podrido era grande

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Ceguera, periferias y vulnerabilidades.

domingo, 22 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en Ceguera, periferias y vulnerabilidades.

ojos-cremalleraJn 9, 1- 41, Domingo 22 de marzo 2020

La ceguera es uno de los temas más repetidos en los Evangelios, pero en el Evangelio de Juan aparece siempre planteada como causa de la tiniebla o de la “ideología de la ley”. Así sucede en este texto. El ciego al que libera Jesús representa a un grupo dentro de Israel que ha vivido una opresión ancestral y no conoce más realidad que la oscuridad en la que transcurre su vida. Su sufrimiento y aislamiento es externo. Su desesperación le lleva a dejar que Jesús le unte los ojos con barro y saliva, como expresión de una nueva creación y recuperación para la vida y a bañarse en la piscina de Siloé. La alegría de su liberación contrasta con la sospecha de los fariseos y su acusación a Jesús por transgredir el sábado. La observancia les hace esclavos de la ley. Su ceguera es mucho mayor que la del ciego de nacimiento porque sus sospechas y la defensa de sus intereses les incapacitan para reconocer la misericordia actuante de Dios. Frente a los hombres de la ley, el ciego de nacimiento es capaz de reconocer la Buena Noticia de Dios que los fariseos niegan.

 

También nosotros y nosotras necesitamos liberar la mirada de múltiples cegueras que terminamos por naturalizar. Por eso eso necesitamos convertirla e invertirla y exponerla a las periferias sociales y existenciales, que son lugar preferente de la revelación de Dios. Recorrer quizás el mismo itinerario que hizo el ciego del texto de hoy, conscientes que para ir viendo con los ojos del Evangelio no bastan sólo las buenas intenciones, ni los buenos análisis, ni la mera voluntad, sino que hemos de dejar que sea Jesús quien nos tome de la mano, y como a otro ciego, el de Betsaida, nos saque de la ciudad (Mc 8, 23). Porque la mirada del Evangelio se aprende de forma privilegiada e inaudita en las afueras y en los abajo de la historia. En ellos podemos experimentar que la pedagogía desconcertante de Jesús con nosotras y nosotros, su modo de untarnos los ojos con saliva es la de aproximarnos a todos los orillados y expulsados, de manera que sean ellos, sus relatos, sus significaciones, los que vayan dándonos las instrucciones, las pistas, para aprender a mirar de manera nueva. Es este un aprendizaje lento que requiere paciencia, fidelidad y una gran confianza en Aquel que nos guía. Requiere también tocar fondo, perder miedo al vacío y desde esa desnudez, una vuelta a lo esencial que nos permita distinguir las sombras de la luz.

Quizás la crisis del corona-virus, sin quitarle un ápice a su dureza y la gran de tragedia que va a ser- que está siendo ya- para los y las más pobres, pueda ser un buen colirio para liberarnos de la ceguera de unas vidas centradas en la globalización de la indiferencia y el “sálvese quien pueda” y nos abra los ojos a la interdependencia, la solidaridad y el cuidado de la vida más vulnerable.

Pepa Torres Pérez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Sólo el que no sabe, mira.

domingo, 22 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en Sólo el que no sabe, mira.

Anteojeras.2Domingo IV de Cuaresma 

22 marzo 2020

Jn 9, 1-41

Se cuenta que, al ser cuestionada su teoría heliocéntrica, Galileo pidió al cardenal presidente del consejo que lo juzgaba que mirara por el telescopio para poder apreciar por sí mismo el movimiento de los planetas. A tal invitación, el cardenal contestó con tanta rapidez como vehemencia: “No necesito mirar por ningún sitio. Yo sé bien cómo son las cosas”. La creencia no indaga, pontifica; no le interesa la verdad, sino su propia autoafirmación.

          Indudablemente, el que sabe no mira –afirma que no necesita mirar–, porque su creencia constituye para él la única verdad. Sin duda, una de las características más peligrosas de toda creencia es su tendencia a identificarse con la verdad. En cuanto eso ocurre, la creencia constituye el mayor obstáculo para abrirse a la verdad, porque actúa como unas anteojeras que no permiten ver sino lo que previamente se ha aceptado. Por ese motivo, el que sabe –el que cree saber– no mira, no indaga e incluso llega a negar lo evidente.

         Es lo que les sucede a los fariseos en este magnífico relato compuesto por la comunidad de Juan, como catequesis bautismal. Aferrados a sus creencias –“quien no guarda el sábado no puede venir de Dios”, “nosotros sabemos que este hombre es un pecador”–, no pueden ver la realidad, llegando incluso a extremos patéticos.

      “Los que ven se quedan ciegos”, dice Jesús. Que podría traducirse de este modo: quienes creen ver están incapacitados para abrirse a la verdad.

       Solo el que no sabe mira. El reconocimiento socrático de que “solo sé que no sé nada” nos sitúa en actitud de indagación. Pero eso requiere soltar todas las creencias: religiosas y antirreligiosas, psicológicas, culturales e incluso “científicas” –también la ciencia que, por definición, estaría libre de toda creencia, suele caer en esa trampa al dar por supuestos determinados apriori nada científicos, como aquel que afirma que solo existe lo que puede ser medido o comprobado en un laboratorio–.

        Soltar las creencias significa, no solo no confundirlas con la verdad –la creencia no es la verdad, como la miel no es el dulzor–, sino aprender a tomar distancia de la mente y de todas sus construcciones –toda creencia no es sino un constructo mental, un pensamiento al que le otorgamos nuestra adhesión–, al advertir que la verdad no cabe en la mente ni puede ser dicha con palabras. Como bien dijera Krishnamurti, “solo una mente en silencio puede ver la verdad, no una mente que se esfuerza por verla”.

¿Cómo me posiciono ante las creencias?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Hoy la ética siempre, pero hoy en día más, es tratar de curar y sanar a ls personas

domingo, 22 de marzo de 2020
Comentarios desactivados en Hoy la ética siempre, pero hoy en día más, es tratar de curar y sanar a ls personas

Cathedral-of-Monreale-mosaic-leper-wikipedia-Pd-1-740x493Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

La enfermedad, el coronavirus nos rodea o, más bien, ha invadido la sociedad, nos ha invadido, nos ha cambiado el ritmo de vida y nos ha sumido en una honda crisis no solo externa, sino interna.

                Vayan pues unas cuantas -pocas y breves- consideraciones al hilo de la situación que estamos viviendo.

CONSIDERACIONES:

  1. A Jesús le preocuparon poco -más bien nada- los ritos del Templo, los horarios, la ley a cumplir, el sábado, etc. A Jesús le preocupó la vida del ser humano; por eso Jesús pasó la vida haciendo el bien, sanando enfermos, curando dolencias.
  1. En estos momentos nuestra ética / moral no es “a ver cómo salvamos la Misas, el precepto dominical, la comunión en la boca en la mano, etc.”, no. Hoy, para nosotros el cristianismo supone cuidarse para cuidar a los demás, solidaridad y ayuda, en la medida en que nos sea posible, “cuarentena”. Siempre, pero más en estos momentos, nuestra moral es cuidar la vida.

E l complejo mundo de la medicina es también ética.

  1. La iglesia no se cierra; se cierran los locales de culto. La iglesia somos todos y cada creyente que estamos en estos momentos “recluidos” en casa. Todo somos cuerpo del Señor JesuCristo. Cristianos estamos en todas partes.
  1. Esta pandemia le puede recordar a alguien las plagas de Egipto. El Evangelio de este domingo es el de la curación del ciego de nacimiento, (Jn 9, 1-41). A los fariseos no se les ocurre otra cosa mejor que preguntarle a Jesús: “¿Quién pecó, éste o sus padres para que sea ciego? Jesús les contestó: no ha pecado nadie, ni éste ni sus padres

Que no se nos ocurra pensar que el coronavirus  es consecuencia de un pecado de nadie y, por tanto sea un castigo de Dios. Hay gente que es muy dada a culpabilizarlo todo y también estas situaciones. No, Dios no castiga. Más bien Dios está sufriendo con nosotros. Dios no es “impasible”. Dios padece cuando el ser humano sufre. Dios sufre con nosotros. Dios padece con los enfermos.

  1. En la soledad de estos días, semanas, cuidemos un poco también la salud mental: la “vida monacal” requiere alguna fortaleza psicológica.

         Tenemos un sin fin de entretenimientos, pero, quizás podamos echar también una “pensada” a la vida, pensar un poco las situaciones y problemas de la vida.

         La oración pone nuestra existencia personal y comunitaria en manos de Dios.

         Una palabra de ánimo, y cuando tengamos que saludar a la gente, es mejor saludar con el alma y no solo ni principalmente porque así evitamos el contacto físico, sino porque saludar con el alma es saludar desde lo profundo.

         Saludos, que viene de salud.

No abandonarás mi vida, Señor, (Salmo 16)

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Recordatorio

Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.

Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.

Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada. no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.

Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.